La historia de los 'canelas negras', los futbolistas que desafiaron la discriminación en Brasil

Principios del siglo XX. Como en otros países, en Brasil las personas negras no podían compartir algunos espacios con las blancas. Esta segregación se dejaba notar en restaurantes y medios de transporte, pero también en el deporte rey del país: el fútbol.

Fue entonces cuando la Liga Canela “ayudó a demostrar que el deportista negro era igual que cualquier otro deportista”. Lo dijo en sus últimos años de vida Jayme Moreira da Silva, el último superviviente que participó en esta competición clandestina creada por los equipos de jugadores negros que no podían inscribirse en la liga de los blancos.

Ocurrió en Porto Alegre, capital del Estado de Río Grande del Sur. Uno de los grandes equipos gauchos, el Internacional, puso las primeras trabas a los equipos de futbolistas que no fueran blancos. Otro, el Grêmio, no aceptó a jugadores negros hasta 1952.

La respuesta ha pasado a la historia con el nombre de Liga Nacional de Football Portoalegrense, más conocida como Liga Canela Preta –Liga Canela Negra–, que disputaron nueve equipos: Rio Grandense, 8 de Setembro, Bento Gonçalves, Primavera, Primeiro de Novembro, União, Palmeiras, Aquidabã y Venezianos.

“Hubo apartheid en Porto Alegre y una de las pruebas es esta liga de negros. Ha habido pocas ligas de negros de fútbol: Porto Alegre, Pelotas (Río Grande del Sur), São Paulo y Sudáfrica”, asegura el documentalista Evandoir Carvalho dos Santos. En la actualidad intenta arrojar algo de luz sobre los 'canelas negras' a través de un rastreo de las informaciones que se han referido a ellos en alguna ocasión. 

Las pesquisas parten del popular compositor y cantante Lupicínio Rodrigues que escribía como columnista en el diario local Última Hora. En su texto del 6 de abril de 1963 contaba que su padre fue uno de los fundadores del Rio Grandense en 1907. “El día que el Rio Grandense solicitó la inscripción en la liga no fue aceptado porque justamente el Internacional, que había sido creado por el pueblo, votó en su contra”, relata.

“Vieron en ellos un gran semillero de jugadores”

Los demás equipos guardaron un silencio cómplice. “Por eso se fundó una nueva liga”, explica Rodrigues. Pronto surgió el interés de los equipos de la élite, de acuerdo con la narración del compositor. “Vieron en los 'canelas negras' un gran semillero de jugadores y trataron de modificar sus estatutos para poder aceptarlos en sus filas”, apunta.

La memoria continúa en la alineación de otro de los equipos de la Liga Canela Negra, el 8 de Setembro. “Comencé a investigar –relata Carvalho– junto con el escritor y poeta Oliveira Silveira y llegamos hasta uno de los jugadores que participó en ella, Jayme Moreira da Silva, que falleció hace poco tiempo”.

Moreira da Silva, punta izquierda del 8 de Setembro, fue el último superviviente de la Liga Canela Negra. En sus últimos años de vida se convirtió en el personaje clave para reconstruir la historia del campeonato. “Era un fútbol alegre”, rememoraba el exfutbolista. “La gente en las gradas era blanca. Se pagaba una entrada barata y ya había un gran comercio de jugadores. Siempre existieron los ojeadores”.

El mítico jugador amateur, que no consiguió estar entre los que lograron fichar finalmente por un equipo de la élite, aseguraba que, para él, era inolvidable la lucha social que desarrollaron aquellos años: “Ayudó a demostrar que el deportista negro era igual que cualquier otro deportista. Y lo demostramos dentro del campo”.

El profesor Gilmar Mascarenhas de Jesus, especializado en Geografía urbana, es otro de los grandes investigadores sobre la Liga Canela Negra. “Podemos situar su inicio a mediados de la década de 1910, a partir de la apropiación del abandonado campo del Internacional en 1912 por parte de la población negra local”, puntualiza.

La Liga Canela Negra se mantuvo a buen ritmo y con buena asistencia de público hasta 1925. Su importancia fue decayendo hasta desaparecer, seguramente allá por 1933. En 1922, la liga de los blancos creó una segunda división donde dejó espacios para algunos jugadores negros.

Aquellos equipos comenzaron a “robar” a los mejores jugadores. A continuación, empezaron a hacer lo mismo los principales equipos de la ciudad. “La liga utilizaba coherentemente el día 13 de mayo para abrir cada temporada, día de la abolición de la esclavitud en Brasil”, apunta Mascarenhas.

Falta de documentación

“Lamentablemente, según Genésio Martins dos Santos, exjugador y exdirector de clubes de esa liga, toda la documentación referente a esa competición quedó destruida por una inundación en 1941”, comenta el investigador.

La poca información sobre la Liga Canela Negra se explica también por el predominio de la tradición oral. “Somos griots –guardianes de la tradición oral–. Los negros contamos la historia. Solo hablamos, no escribimos”, precisa Maria Geneci Silveira, del Movimiento Negro Unificado, en una conversación con eldiario.es.

“Desde hace algunos años nos estamos acostumbrando a redactar y a guardar nuestros trabajos en las bibliotecas. Las Secretarías de Igualdad Racial y del Pueblo Negro nos ayudan en eso”, prosigue.

Tanto el Ayuntamiento de Porto Alegre como el Gobierno de Río Grande del Sur se ven sobrepasados por estos hechos históricos. “Teniendo en cuenta que la Secretaría Adjunta del Pueblo Negro fue creada en 2013, no contamos con suficientes registros de la época”, resume Rita de Cássia Gomes Cardoso, asistente social, en referencia a esta ramificación de la Secretaría Municipal de Derechos Humanos.

Una comunidad negra criminalizada

Tras la abolición de la esclavitud en Brasil, llegó el segregacionismo. La ley que prohibía cualquier forma de esclavismo data de 1888 –fue el último país americano en firmarla, tras arduos debates en el Parlamento– pero no vino acompañada por ningún programa de reinserción en la sociedad para la comunidad negra liberada. No tenían a dónde ir.

Desde el primer momento los esclavos recién emancipados fueron criminalizados. Tan solo dos años después, el 11 de octubre de 1890, salió adelante el Decreto 847 –en vigor hasta los años treinta, cuando fue levemente retocado–, por el cual se regía el Código Penal brasileño.

El capítulo dedicado a los “mendigos y ebrios”, estipulaba penas de entre ocho días y tres meses de prisión para diferentes tipos de mendicidad. En el capítulo sobre “vagabundos y capoeristas” figuraban penas de uno a tres años, en colonias penales en islas o en presidios militares, para aquellas personas sin ocupación ni domicilio. También se detallaban penas de entre dos y seis meses de cárcel para aquellos que practicasen capoeira, arte marcial afrobrasileño creado por los esclavos.

Las leyes de finales del siglo XIX y la Liga Canela Preta aglutinan la parte más visible del sistema de segregación racial vigente en Brasil durante la primera mitad del siglo XX, pero el día a día estaba repleto de limitaciones. “Era un apartheid. Blancos por un lado y negros por el otro. Y no solo en el fútbol. Los negros no podían entrar en los restaurantes, por ejemplo”, apunta Geneci Silveira.

“Los negros tampoco podían entrar en los clubes sociales de los blancos”, recuerda Maria Cristina dos Santos, esposa de Evandoir Carvalho, que trabaja codo a codo en las investigaciones. “En los medios de transporte y en las iglesias los negros solo podían estar en la parte del fondo”, recalcan desde el Movimiento Negro Unificado. “Tampoco podían quedarse en la calle hasta muy tarde, porque eran considerados vagabundos y los enviaban a prisión”, sentencian.