REPORTAJE

Sexo consentido, también en los rodajes: “Me he sentido muy vendida”

El set de rodaje debería ser el hábitat natural de un actor de cine y televisión. Pero también es un espacio de exposición y vulnerabilidad extremas. Cada cierto tiempo se suceden testimonios de intérpretes que fueron vejados o presionados por sus directores o por la propia producción: los pájaros reales que Hitchcock lanzó contra Tippi Hedren en la película homónima; Jorge Sanz acusando a Almodóvar de “romper” a sus actores; o Kubrick obligando a Shelley Duvall a rodar 127 veces la misma escena de El resplandor.

La incertidumbre es aún mayor si la secuencia a grabar tiene que ver con sexo. Una sola escena, casi sin guion, tan pronto puede desnudar a los personajes como suponer un calvario para quienes los interpretan delante de la cámara. El pudor, la inseguridad, la desconfianza y los complejos no desaparecen al gritar “acción”. Al revés, se mezclan con el trabajo y eso siempre es delicado. Para evitarlo, surgió la figura del coordinador de intimidad.

Tábata Cerezo y Lucía Delgado, fundadoras de IntimAct, han sido las encargadas de abrir el camino en España. Las dos actrices han tenido la oportunidad de formarse como coordinadoras de intimidad por un programa de Netflix y empezar a trabajar en algunas de sus producciones.

“Descubrí que existía con la serie Normal People”, desvela Delgado. “Sus escenas íntimas tienen una sensibilidad especial, así que me puse a investigar y llegué al trabajo de los coordinadores”, cuenta. Por fin pusieron nombre a algo que tanto ella como su compañera habían echado de menos en su etapa actoral. “Cuántos problemas hay y qué necesario era que esto sucediera”, confiesa Cerezo.

En Estados Unidos y Reino Unido esta figura existe desde hace años. Está detrás de las escenas de sexo o intimidad de algunas producciones actuales como Mare of Eastown, Sex Education, Euphoria, Podría destruirte o Secretos de un matrimonio. Pero ¿en qué consiste exactamente?

La labor del coordinador es que los rodajes que incluyan desnudos, relaciones sexuales o incluso un beso o un roce de una mano estén bien coreografiados, medidos y sean cómodos y seguros para los actores que los interpretan. “Tenemos muchas reuniones con la producción, el director o directora y el reparto, porque una parte muy importante es saber cuáles son los límites de cada actor y actriz y desde ahí montar el puzle”, cuenta Cerezo.

Por mucha confianza que tenga con las actrices, no deja de ser un tema delicado e incómodo

Daniel Sánchez Arévalo, director de Primos y La gran familia española, ha sido uno de los primeros en trabajar con IntimAct y con Tábata Cerezo en su nueva película. “Por mucha confianza que tenga con las actrices, no deja de ser un tema delicado e incómodo. Al final soy el director y tengo una posición de poder y con la coordinación de intimidad todo fluyó de una manera mucho más positiva”, reconoce a este diario. Asegura que no cambiaría nada de sus anteriores filmes, pero que a partir de ahora prefiere trabajar siempre con ayuda.

El mayor cambio, sin embargo, lo notan los intérpretes. La actriz navarra Itsaso Arana también ha tenido este apoyo en su último rodaje. “Se materializa en asegurar un equipo reducido en el set, consensuar y aclarar las escenas previamente y facilitar protecciones físicas si hacen falta. Parecen cosas de sentido común, pero a veces el sentido común es el menos común de todos”, asegura. La comunicación previa es la asignatura pendiente de la industria española según estas voces, lo que puede llegar a transformar por completo la experiencia en el set de placentera a espeluznante.

¿Dónde están los límites?

Las líneas rojas de un actor pueden ser muy personales, pero hay otras que en IntimAct piensan que no deberían cruzarse jamás. “Es muy normal que un castin consista en una escena íntima y no es necesario, porque es un momento muy vulnerable. Y por supuesto no pueden pedirte que muestres ninguna parte de tu cuerpo en una audición”, deja claro Lucía Delgado.

Hace unos años salieron a la luz los bochornosos cástines de Torrente 2, la película rodada por Santiago Segura en 2001. Allí pidieron a las actrices que se desnudaran y después subieron ese contenido a los extras del DVD. Aunque las expertas reconocen que este es el caso más “horroroso” que han escuchado, hubo una época en la que era normal exigir a los aspirantes que se quitaran prendas de ropa. “Sobre todo a los hombres, porque les daba menos reparo que decírselo a las mujeres y a mí me parece igual de violento”, compara Cerezo.

Que en España no haya testimonios públicos no quiere decir que no existan experiencias 'Me Too'

Tampoco creen que las audiciones sean el lugar donde preguntar a un actor por sus límites y hacer una criba en base a ese criterio. “El consentimiento debe ser expresado de una manera no coaccionada, clara y libre. Y en un castin tú puedes no ser honesto por miedo a quedarte sin la oportunidad. Al fin y al cabo, nuestro trabajo gira alrededor del consentimiento todo el rato”, expresa Lucía.

Después de los cástines, la tranquilidad de los actores en estas escenas depende en gran medida de la buena fe de los directores y del feeling con sus compañeros. “Es muy raro encontrar una ficción española donde no haya escenas de cama. Y hay veces que por torpeza o ignorancia, no se han hecho bien”, dice Cerezo. Daniel Sánchez Arévalo es de los que creen que “no se puede abusar ni ponerse por encima de las personas que lo van a ejecutar”, pero no todos los directores piensan igual.

“A mí no me ha tocado hacer nada muy explícito, pero hay conversaciones que nadie quiere tener, que se dejan hasta el último momento y que generan mucha confusión”, dice Cerezo. “¿Qué me quito, qué no, qué se ve, dónde está la cámara, cómo nos besamos, con qué intensidad, cuánto tiempo?”, se pregunta. Lucía Delgado, en cambio, se ha encontrado con peores praxis en los rodajes: “Ocurre mucho que llegas al set y de repente al director o directora se le ocurre que vas a mostrar una parte de tu cuerpo que no se había mencionado antes, y que no aparece en guion. Que llevabas un sujetador y ya no lo llevas. O que sueltan comentarios innecesarios”.

“Yo he tenido experiencias de todo tipo. Desde rodajes donde el respeto y la delicadeza eran máximos hasta otros donde no se me informaba de nada hasta el último momento y me he sentido muy vendida”, desvela Itsaso Arana. La actriz cree que el coordinador de intimidad es una figura que no les habían permitido sentir que necesitaban y que igual que “nadie lanzaría a improvisar una pelea a dos intérpretes, es natural y recomendable no hacerlo tampoco en las escenas de sexo” para asegurar su integridad.

Un #MeToo frente a las cámaras

Tanto Tábata Cerezo como Lucía Delgado reconocen que el surgimiento de IntimAct y de la coordinación de intimidad está estrechamente ligado al del Me Too. En 2016, las actrices del mundo sacaron a la luz las vulneraciones, abusos y vejaciones que sufrían en su entorno de trabajo y se produjo un cambio de paradigma. “Que en España no haya testimonios públicos no quiere decir que no existan experiencias”, aclara Delgado, y eso les dio aún más fuera para inculcar esta figura en la mayor parte de producciones posibles.

“Cuando escucho a compañeras narrando algunos hechos me doy cuenta de que yo también los he sentido y muchas veces ni siquiera me he dado el derecho a sentir que eso estaba mal. Hay un despertar imparable de dignificación en nuestro sector. Es contagioso y es una cuestión de tiempo”, coincide Itsaso Arana.

Aseguran que un rodaje siempre es un sitio con mucha prisa, mucha exigencia y muchas jerarquías. “Eso te puede llevar a hacer cosas que no querías hacer, pero a las que te ves presionada”, opina Cerezo. Ellas insisten en que, precisamente por eso, el consentimiento tiene que ser siempre retirable. Una vez grabadas, las escenas, el cuerpo y la intimidad de un actor ya no le pertenecen: es material de producción. “Aunque hayas firmado un contrato, aunque hayas dicho que sí, que vas a enseñar el pecho, tienes que poder cambiar de idea”, piden desde IntimAct.

“Yo conozco compañeras que se niegan a hacer este tipo de escenas, porque cuando las han hecho se han sentido engañadas, traicionadas. O que rechazan papeles que tienen escenas sexuales porque no se quieren exponer a eso, porque no se han sentido cuidadas. Y es una pena, porque España es un país que produce contenido bastante íntimo”, reconoce Tábata. Ese también es el gran miedo de Daniel Sánchez Arévalo: “El mayor desafío tiene que ver con la comodidad de los actores, que no hagan nada que no quieran hacer” y que no se atrevan a decirlo.

He estado en rodajes donde no se me informaba de nada hasta el último momento y me he sentido muy vendida

Delgado piensa que el problema de España es que tiene “una industria muy pequeña y muy precaria, y donde la libertad para alzar la voz es mucho menor”. Eso es algo que quieren transformar con su trabajo. Que los actores y sobre todo las actrices puedan dibujar su propio terreno de juego sin sentir que se está jugando su trabajo actual o el futuro.

“Tristemente, en el inconsciente colectivo de los actores están grabadas a fuego las ganas de complacer a los creadores”, comparte Arana. “Nadie quiere ser problemático o difícil, ya que nunca podemos dar por hecho que vamos a volver a trabajar”, pero también cree que ha llegado el momento de “rebelarse ante ciertas prácticas”.

Lo contrario al puritanismo

El aterrizaje de IntimAct ha sido en general bien acogido por los creadores, pero Cerezo y Delgado saben que “hay un miedo” a que traigan “una cosa puritana”. “Pero es ignorancia sobre nuestro trabajo, porque al final nos encantan las escenas íntimas”, asegura Cerezo. La intención no es reducirlas, sino que sean más realistas, sensibles y significativas. “Si se hace todo bien, lo más normal es que que un actor o actriz sea capaz de ir un poco más allá porque está cómodo, porque sabe que está cuidado y porque sabe que no está en riesgo”, añade.

Daniel Sánchez Arévalo reconoce que “hubo un momento en el que sí se instrumentalizó en exceso, que había que enseñar, que hacer. Los actores estaban muy expuestos y de manera muy gratuita”. “A mí me encantan las escenas de sexo siempre y cuando estén justificadas”, diferencia. Algo que comparte Tábata Cerezo: “En España somos tan libres con nuestro cuerpo y tenemos la sensualidad y la sexualidad tan normalizada que parece que nuestro trabajo no hace falta, pero lo hace incluso más necesario”.

Tanto director como coordinadoras de intimidad lo comparan con las escenas de acción. Esa coreografía y preparación hace que “sean parte de la narración”, como expresa Lucía Delgado. “También siento que antes una escena de sexo era algo muy transgresor y ya no, y por eso creo que tiene que estar más justificada que antes”, explica Sánchez Arévalo. “Ahora no hace que tu producto sea más atrevido: hemos pasado a otra fase”. Se refiere a, precisamente, hacerla menos banal.

“¿Por qué una escena por ser de sexo es gratuita y una escena de una conversación banal no es gratuita? Si se dirige bien y se enfoca bien, puede servir mucho a la narración”, defiende Tábata. Menciona Podría destruirte, Sex education o Normal People, donde esas secuencias son “muy expresivas, para nada puritanas” y no tienen “esa cosa del edredoning desde lejos”. Quieren sacarla de lo obvio y que cuente en sí misma cosas: “Siempre propongo que se vea el método anticonceptivo que están usando, o puede ser que esa escena no sea satisfactoria para alguno, o que la chica tenga la regla”, pone la experta como ejemplo. “No va de puritanismo, va de cuidado, de hacerlo todo profesional”.

¿Por qué una escena por ser de sexo es gratuita y una escena de una conversación banal no es gratuita? Si se dirige y se enfoca bien, puede servir mucho

De hecho, Lucía recuerda que no solo se encargan de escenas de sexo, también de otras más sutiles o incluso del trabajo con adolescentes o niños actores “que no tienen por qué estar acostumbrados a tener contacto físico con los adultos que hacen de sus padres”. “Coordinar esto también es una oportunidad muy bonita”, destaca. Además de colaborar con Netflix, IntimAct quiere que se extienda a todas las producciones porque no es una cuestión que competa solo a grandes plataformas.

“Se trata de reeducarnos. No creo en absoluto que respetar y hacer crecer las escenas de intimidad pase por tener mayor presupuesto”, opina Itsaso Arana. “De hecho en mi experiencia ha sido muchas veces al revés. Es una cuestión de voluntad”.