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SOY GORDA (ESEGÉ)

Vecinos solidarios

Mural en la Isla Maciel
3 de octubre de 2026 11:36 h

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Me acuerdo de cierta polémica dilemática de otra época que, vista hoy, me resulta banal: ¿ayudar al semejante dándole comida o proveerlo de herramientas para que genere su propio alimento? Como si una descartara la otra en vez de incluirla. Ser un activista social o militar políticamente, como opciones excluyentes. Actuar para la urgencia del corto plazo, organizando comedores y pedagogías populares, o esperar a que sean los tiempos y la Historia los que decidan cuándo y cómo llenar las panzas y el espíritu.

¿Educar en las barriadas creando nuevas formas para los que no pueden acceder a las instituciones oficiales? ¿O esperar que se produzca una “revolución cultural”?

Un recorrido por el trabajo callejero y voluntario que realizan algunas organizaciones me convoca a ser testigo de algunas experiencias solidarias. Se va bordando, enlazando, construyendo puentes con el corazón y con las manos.

En esas vivencias con cooperación hay personas que se cayeron del sistema o, mejor dicho, que fueron expulsadas. También, se encuentran los vecinos que, a pesar de atravesar también la escasez material, deciden dar una mano a sus semejantes.

Compartir con los demás nos constituye, lo que no significa que no haya quienes, por mezquindad, voracidad, alguna patología mental y falta de sensibilidad son indiferentes a las necesidades de sus semejantes. El individualismo está cada vez más de moda. Una moda triste que debe cambiar.

No se trata acá de dilucidar como llegamos al escenario actual, aunque es evidente que la apropiación de la riqueza por parte de unos pocos, un gobierno que favorece la quita de derechos básicos, la toma alocada de deuda externa y la ausencia de una Justicia productiva y distributiva estarían entre las causas.

Lo que me interesa es poner la lupa en el funcionamiento de algunos sustitutos del estado ausente, cuyo pequeño gran poder tiene como destino beneficiar a los más vulnerados, aunque no alcanza.

El Volun nace en 2019, “cuando se cierra el voluntariado del Hospital de Clínicas y empezamos a salir con changuitos por la avenida Corrientes para distribuir sandwichitos, ropa y kits de higiene hasta que se complicó por la pandemia”, cuenta Miranda Carini Levit, integrante de la ONG.

“Como teníamos ganas de tener un punto fijo, nos unimos al Centro Cultural La Ronda, que es recopado. Empezamos a cocinar en Caballito y nos ubicamos los viernes en Plaza Flores. Al comienzo, éramos cuatro o cinco entregando unas quince viandas y hoy somos sesenta, cada domingo, repartiendo entre cien y ciento cincuenta. Los viernes preparamos meriendas de sesenta kilos de facturas y 50 litros de bebida caliente. Lo hacemos de 17.30 a 19.30, junto a otra organización que se llama Flores Emerge que, a su vez, arma una merienda los martes, cuando también colaboramos. Nuestra propuesta es compartir con la gente que pasa y con los vecinos. Además, tenemos ajedrez gratis y actividades en fechas especiales. Para el Día del Niño hubo panchos, metegol, maquillaje y juguetes nuevos de regalo que aportó Juegos del Caracol. El 31 de octubre celebraremos Halloween, con premios a los mejores disfraces y con una barra solidaria. Contamos con la colaboración de algunas Pymes y comercios del barrio. Tenemos una logística de traslado de heladeras y demás. También se puede colaborar a alias EL.VOLUN y nuestro Instagram es @elvolun”.

Miranda destaca que “Queremos que las comidas sean sabrosas y que estén bien presentadas. Cada mes y medio armamos una charla para los voluntarios ingresantes. Les transmitimos nuestros valores, funcionamiento, objetivos. Pedimos un mínimo de compromiso al mes y tenemos prácticamente prohibida la voz pasiva, es decir el habría que. Nos autogestionamos, no nos banca ningún partido político ni religión”.   Los estudiantes de Isla Maciel, en el Dock Sud de Avellaneda, crearon más de mil murales en las fachadas de las casas, como efecto del proyecto artístico y social Pintó la isla, surgido hace unos diez años. Hace un par de semanas, las calles fueron la sede del Primer Encuentro Internacional de Turismo Comunitario, algo que pocos hubieran imaginado tiempo atrás. A la vera del Riachuelo, tras atravesar el Puente Transbordador Nicolás Avellaneda, llegaron gestores viajeros de otras partes de América Latina que asistieron a una experiencia de valorización de lo propio. Los isleños atraen así a un turismo local y del exterior, dándole un plus de belleza a su hábitat y activando el comercio.  

La identidad de la isla está ligada al tango y a la cumbia, a la actividad portuaria de otros tiempos y a la memoria de los inmigrantes y los conventillos. Las visitas organizadas por los moradores actuales convocan a variadas caminatas que rescatan el presente y la historia de Maciel para contarse a sí mismos. Reciben donaciones de pinturas y pinceles, escribiendo a su IG @museocomunitario

“Empecé yo y después se sumaron mis hijos, fue sanador”, dice Romina Cabaña Vargas. “Me siento muy orgullosa de vivir en este lugar de la Argentina, aunque muchos opinen con desprecio que es una villa miseria. Cuesta llegar a fin de mes para sostenernos, pero me gusta mucho hablarles a los demás de nuestro barrio. Antiguamente era empleada doméstica y decían: se cree guía turística, alguien superior y antes limpiaba mi casa”.

En la Facultad de Agronomía de la UBA, entre ceibos, pinos, aguaribayes y sembradíos, se juntan los Vecinos en Flor. Realizan capacitaciones gratuitas de cultivo, huerta, compostaje y jardinería, promoviendo la inclusión laboral y la autonomía de personas con discapacidad a través del trabajo con la tierra“. Florencia Calonge, coordinadora de discapacidad, explica que buscan ”que cada participante encuentre un lugar para aportar y crecer junto a otros. Trabajamos desde una mirada que no infantiliza, sino que reconoce los deseos y las ganas de construir“.

Analía Cobas llega con su bicicleta al predio de la facultad de la UBA y cuenta que “acá se aprende a cuidar el medio ambiente, darle continuidad a la producción sustentable y a la producción de plantas aromáticas y nativas. Hay visitas guiadas una vez por mes y en este momento tan difícil buscamos donaciones de materiales, herramientas e insumos. Para colaborar, hay que acercarse a avenida Beiró 2424. CABA.

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