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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Federico Delgado]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/federico-delgado/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Federico Delgado]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Politeia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/politeia_1_10758001.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad57bb97-cf8e-4472-8dbe-ffc2d78ca17c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Politeia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Antes de morir el 26 de agosto último, el fiscal Federico Delgado escribió Politeia, que se publicó luego de su fallecimiento. Aquí un adelanto sobre sus ideas en torno a la política y la elección entre "la pastilla roja" y "la pastilla azul", uno de los tramos del libro. Su obra explica por qué vivimos un momento en el que aparecen las condiciones sociales para las salidas autoritarias. </p></div><p class="article-text">
        Por momentos, en la Argentina estamos condenados a las repeticiones eternas. Cambian las m&aacute;scaras, a veces tambi&eacute;n los actores, pero no determinados comportamientos. Estos, que de alguna manera se imponen a las personas, son los engranajes de una suerte de m&aacute;quina que se volvi&oacute; aut&oacute;noma y parece actuar por encima y m&aacute;s all&aacute; de los argentinos. Una m&aacute;quina que nos hace decir que &ldquo;esto no cambia m&aacute;s&rdquo;, que &ldquo;los argentinos somos as&iacute;&rdquo; y que hay que bajar la cabeza y tirar para adelante porque &ldquo;las cosas siempre fueron iguales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en la inflaci&oacute;n, en el aumento de la pobreza, en los d&eacute;ficits de infraestructura, en la decadencia de la educaci&oacute;n, en los problemas con el sistema judicial, en la corrupci&oacute;n general, en la inseguridad, en los bajos salarios, en la econom&iacute;a informal, en la inequidad tributaria, en la fragmentaci&oacute;n social, en la corrupci&oacute;n, en la deuda externa. La lista podr&iacute;a ser inagotable. Estos fen&oacute;menos nos condenaron a pensar solo en sobrevivir al d&iacute;a a d&iacute;a y, en consecuencia, nos privaron y nos privan de pensar en el futuro; de proyectarnos sobre una idea y de arrojarnos hacia ella. Nos privaron y a&uacute;n nos privan de aspirar a tener una buena vida. De alguna manera, generan la falsa sensaci&oacute;n de que las cosas son irreversibles.
    </p><p class="article-text">
        Recordemos a Neo, el protagonista de Matrix, que deb&iacute;a elegir entre una pastilla azul y una roja. La azul prolonga el estado de las cosas. La roja, en cambio, puede cambiar la realidad. Este libro est&aacute; enmarcado en esa met&aacute;fora, que utilizo para analizar el modo en que se ha sedimentado una forma de ejercicio del poder pol&iacute;tico en la Argentina. M&aacute;s all&aacute; de las coaliciones que ocasionalmente ocupan los roles de gobierno, siempre nos sentimos condenados a la repetici&oacute;n. Esta es la pastilla azul.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n voy a plantear que est&aacute; en nuestras manos desenredar esa madeja que constri&ntilde;e la potencia de las grandes mayor&iacute;as. Hablar&eacute;, por lo tanto, sobre la posibilidad de generar nuevos escenarios desde los cuales pensar ejercicios diferentes del poder pol&iacute;tico. Si lo logro, se ver&aacute; con mucha claridad que la condena no existe, que vivir de otro modo es posible, que para ello no hacen falta grandes traumas sociales sino tomar algunas decisiones atadas a una idea diferente de sociedad, a sue&ntilde;os grandes, pero alcanzables. Estas decisiones quiz&aacute; no tengan la capacidad de llamar la atenci&oacute;n p&uacute;blica pero, en cambio, tal vez sean capaces de transformar la realidad desde nuevas bases. Esta es la perspectiva de la pastilla roja.
    </p><p class="article-text">
        La pastilla azul, la de la permanencia, es la concepci&oacute;n cient&iacute;fica de la pol&iacute;tica, que no es otra que la del liberalismo pol&iacute;tico. Sin embargo, no es el liberalismo pol&iacute;tico en s&iacute; mismo el problema, sino la forma en que ese liberalismo fue recibido en estas tierras. Es decir, su imbricaci&oacute;n con formas culturales muy espec&iacute;ficas. Desde mi punto de vista, all&iacute; est&aacute; la clave de que en nuestro pa&iacute;s las mayor&iacute;as no logren tener una buena vida. Transformar la perspectiva liberal &mdash;es decir, dejar de consumir la pastilla azul&mdash; es un imperativo moral que se completa con la decisi&oacute;n firme de tomar la pastilla roja, que contiene como principio activo la milenaria tradici&oacute;n republicana y democr&aacute;tica.
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                Politeia profundiza sobre la pérdida de legitimidad política, la bronca, el miedo y los prejuicios, un cóctel que atrae las soluciones rápidas y sencillas.                            </span>
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        Recordemos que, de acuerdo con las constituciones de Occidente, todos deber&iacute;amos tener una vida relativamente buena y feliz. Y, de hecho, la tradici&oacute;n republicana pivotea sobre dos grandes principios que deber&iacute;an generar las condiciones para que la vida del hombre de carne y hueso sea como las constituciones occidentales la describen: garantizar a todos el derecho a la existencia y conseguir la extensi&oacute;n universal del derecho de propiedad. Juntos hacen posible una concepci&oacute;n diferente de la libertad. Esta se define por no reconocer otro se&ntilde;or&iacute;o que el de la ley, entendida como expresi&oacute;n de la voluntad com&uacute;n, y que no acepta siquiera la posibilidad de una interferencia externa. Se distingue as&iacute; de la concepci&oacute;n liberal de la libertad, concebida en t&eacute;rminos negativos frente a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La pastilla roja contiene el principio activo del cambio. Los elementos que la componen no son externos al mundo, no est&aacute;n fuera de la historia. Yacen en el interior de cada persona, son parte constitutiva de la condici&oacute;n humana. Dios, o la Naturaleza, nos dot&oacute; de raz&oacute;n. A la par, nos hizo criaturas d&eacute;biles para otras cosas. No toleramos el fr&iacute;o sin abrigos o el calor sin la sombra de los &aacute;rboles, por ejemplo; no tenemos velocidad para huir de los depredadores, ni fuerza f&iacute;sica suficiente para vencerlos. Pero Dios, o la Naturaleza, nos hizo naturalmente sociables para paliar nuestras debilidades. Esta es una gran diferencia, porque los humanos tendemos a asociarnos para hacer posible el milagro de sobrevivir y vivir la vida en com&uacute;n, aun en medio de la discordia constante o potencial.
    </p><p class="article-text">
        Kant sosten&iacute;a que el antagonismo era la fuente de desarrollo de las disposiciones del hombre y la causa de los &oacute;rdenes legales, espec&iacute;ficamente por lo que llamaba &ldquo;insociable sociabilidad&rdquo; de los hombres. Esto es, la inclinaci&oacute;n natural a formar una sociedad que convive con la amenaza de disolverla. Pero es la misma sociabilidad la que nos vuelve perfectibles. En palabras de Rousseau, &ldquo;existe una cualidad muy espec&iacute;fica que los distingue [a los hombres]&hellip; y ella es la facultad de perfeccionarse; facultad que, con ayuda de las circunstancias, desarrolla sucesivamente todas las dem&aacute;s&hellip;&rdquo;. Esto es genial. Los humanos modificamos nuestra forma de vida en la intersubjetividad. Es decir, afect&aacute;ndonos con los semejantes.
    </p><p class="article-text">
        Gracias al rasgo de la sociabilidad, tendemos a juntarnos con otros. Tambi&eacute;n tendemos a tomar productos de la naturaleza, transformarlos e intercambiarlos para poder garantizar nuestra existencia. Los seres humanos tambi&eacute;n nos organizamos naturalmente para vivir en com&uacute;n, bajo algunas reglas establecidas por acuerdo. Sin los dem&aacute;s no podemos lograrlo. Pero tampoco nos gusta someternos a nadie. Por eso nos servimos de sistemas de reglas basadas en nuestro consentimiento. Se trata de crear las condiciones para que los m&aacute;s fuertes no sometan a los m&aacute;s d&eacute;biles. Sin embargo, a veces un conjunto de reglas, por m&aacute;s perfectas que sean, no alcanzan. Es preciso tambi&eacute;n crear algunas condiciones b&aacute;sicas como sustrato para vivir juntos en una comunidad. Por esa raz&oacute;n nos servimos, adem&aacute;s de las leyes, de algunas disposiciones institucionales que las complementan. De ello va la pastilla roja.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, los argentinos consumimos la pastilla azul. Sus principios activos van en contra de las disposiciones de la condici&oacute;n humana. Sus efectos, o sus posibilidades de hacerse reales, lo revelan con claridad. No obstante, el paradigma de la pastilla azul se nos impone y la realidad se nos presenta como un conjunto de hechos consumados. Veamos algunos ejemplos. Desconfiamos de los dem&aacute;s. Vivimos en una competencia destructiva latente (y a veces permanente) con otras personas. Nos aprovechamos o sufrimos las asimetr&iacute;as de poder. Asignamos dispensas morales a los amigos y exigimos una severa aplicaci&oacute;n de la ley con los que no lo son. Trazamos fronteras artificiales para dividir la vida en p&uacute;blica y privada, aunque la vida es una.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una escisi&oacute;n m&aacute;s profunda que separar las esferas p&uacute;blicas &mdash;como puede ser una instancia de di&aacute;logo colectivo&mdash; de los t&oacute;picos de la vida privada, como los h&aacute;bitos de vida en el hogar. Es distinto porque fija las fronteras de lo que se puede modificar y lo que no. Es en definitiva la base real que hace posible la gobernanza de la pastilla azul.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>ED</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/politeia_1_10758001.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Dec 2023 13:02:16 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El derecho al Estado y la pobreza legal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/elecciones-2023/derecho-pobreza-legal_129_10451432.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5161f631-644f-4a53-bf57-da79c749a1f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El derecho al Estado y la pobreza legal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La forma en que se define a la “gobernabilidad” apunta a un pacto entre élites políticas, que no tiene en consideración la voluntad del verdadero soberano, el ciudadano, señala el autor quien contrapone la idea del "derecho público a un Estado para participar de la construcción del bien común", el cual depende, entre otras cosas del cumplimiento de la ley.</p></div><p class="article-text">
        Durante estos tiempos tan agitados de nuestra vida p&uacute;blica, derivados del proceso electoral en el que se define nada menos que un premio que es indivisible como la Presidencia de la Naci&oacute;n, a veces de manera muy clara y a veces no tanto, se utiliza mucho el recurso al &ldquo;Estado de derecho&rdquo; y al de la &ldquo;gobernabilidad&rdquo;. De ello, me voy a ocupar. Son conceptos que pueden ir juntos o ingresar en una contradicci&oacute;n muy costosa para la vida de todos los ciudadanos. Se trata de esas oraciones que parecen abstractas, pero que nos pueden cambiar la vida a todos.
    </p><p class="article-text">
        En un texto exquisito, <strong>Guillermo O&rsquo;Donnell</strong> se&ntilde;al&oacute; que &ldquo;<em>como ciudadanos/as y miembros de la naci&oacute;n/pueblo tenemos un derecho p&uacute;blico irrenunciable al Estado&hellip;a uno que&hellip;se conviert[a] en un co-constructor&hellip;del bien com&uacute;n</em>&rdquo;. Esta afirmaci&oacute;n l&oacute;gicamente est&aacute; anclada en una justificaci&oacute;n te&oacute;rica. Pero me interesa desarrollar brevemente esa premisa en relaci&oacute;n con un concepto muy en boga en estos tiempos, que atraviesa a nuestras &eacute;lites pol&iacute;ticas. Por razones que no puedo se&ntilde;alar aqu&iacute;, hay una cierta obsesi&oacute;n por conseguir &ldquo;gobernabilidad&rdquo;. Hay un consenso relativo en que &ldquo;gobernabilidad&rdquo; significa ocupar los roles de gobierno y tener la capacidad de dise&ntilde;ar y, sobre todo, implementar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. El interrogante es qui&eacute;n y c&oacute;mo lo hace.
    </p><p class="article-text">
        El derecho p&uacute;blico irrenunciable a un Estado es una de las cosas m&aacute;gicas que tiene la vida en com&uacute;n, porque nacemos arropados y protegidos por derechos que nos obligan a ser protagonistas de la construcci&oacute;n de una vida organizada en base a esos propios derechos, ya que nuestras decisiones son fuente de leyes. Sin embargo, la forma en que se define a la &ldquo;gobernabilidad&rdquo; apunta a un pacto entre &eacute;lites pol&iacute;ticas, que no tiene en consideraci&oacute;n la voluntad del verdadero soberano, el ciudadano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se trata de conceptos contradictorios. Son compatibles con la condici&oacute;n de que la relaci&oacute;n entre gobernantes y gobernados sea firme, porque los acuerdos entre las &eacute;lites ser&iacute;an el resultado de discusiones plurales derivadas de la arena institucional. Esto es, el resultado de la apuesta democr&aacute;tica. Pero la realidad es diferente. En nuestro caso esa relaci&oacute;n entre los gobernantes y los gobernados esta da&ntilde;ada. Las &eacute;lites pol&iacute;ticas tienen de hecho una autonom&iacute;a relativa con respecto a los ciudadanos y, por lo tanto, su din&aacute;mica no tiene mayormente en cuenta a la ciudadan&iacute;a que, adem&aacute;s, tambi&eacute;n se mueve con cierta indiferencia con respecto a la vida p&uacute;blica. Eso se vio con claridad en los procesos electorales de este a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        No puedo detenerme en ese hiato, pero lo que hay que retener es que de la tensi&oacute;n deriva un riesgo. &iquest;En una rep&uacute;blica democr&aacute;tica, puede haber gobernabilidad a expensas de un Estado de derecho? El Estado de derecho es el gobierno de la ley y no el de la voluntad de los hombres. Si ello fuese as&iacute;, las leyes que organizan la vida se ver&iacute;an reemplazadas por otro tipo de acuerdos. En consecuencia, nuestro derecho p&uacute;blico a un Estado quedar&iacute;a, como hip&oacute;tesis de m&iacute;nima, suspendido. Dejar&iacute;amos de tener la chance de participar de la construcci&oacute;n del bien com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un fen&oacute;meno extra&ntilde;o. Uno de los rasgos que distingue al Estado es el monopolio leg&iacute;timo de la fuerza, es decir, la capacidad de emitir decisiones autoritativas y que se cumplan. En el supuesto de la &ldquo;gobernabilidad&rdquo; aut&oacute;noma de las &eacute;lites, las decisiones podr&iacute;an tomarlas grupos sociales por intereses alejados del bien com&uacute;n. Podr&iacute;an colonizar las instituciones. Por ejemplo, tener a su servicio a las fuerzas de seguridad, a los tribunales, a los ministerios y la burocracia en general responder&iacute;an a intereses que no son los de la naci&oacute;n/pueblo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta es la tensi&oacute;n. No se bien como se resuelve. Pero es evidente que la democracia nos proporciona un insumo important&iacute;simo. Me refiero al sistema legal. Todo el andamiaje institucional esta sostenido en una infraestructura legal. En lo que aqu&iacute; interesa, las leyes organizan el funcionamiento del Estado y, esto es decisivo, nos reconocen a los ciudadanos como sujetos de derecho. Esto es, nos asignan voz y voto. Nos permiten participar. Nos permiten aprobar y desaprobar. Nos permiten hablar entre nosotros, reunirnos, organizarnos, interpelar a las &eacute;lites y, de acuerdo con los procedimientos legales, nos permiten sentarnos a las mesas de discusiones. Nos permiten exigir rendiciones de cuenta a los funcionaros y a los propios ciudadanos. 
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que, sobre todo en materia de igualdad, las leyes no tienen capacidad de cambiar la realidad. No obstante, nos abren un abanico de posibilidades para cambiar lo que nos plazca, siempre que cumplamos con la propia ley.&nbsp;De hecho, las recientes PASO del 13 de agosto exhibieron la autonom&iacute;a de los ciudadanos que fueron a votar, cuyas consecuencias fueron analizadas por expertos en este medio. Lo interesante es que todas esas acciones fueron un resultado de un procedimiento legal.
    </p><p class="article-text">
        A lo mejor el rol que le asigno al sistema legal suena a quimera en nuestro pa&iacute;s. Somos testigos que, salvo la ley de gravedad, el resto de las normas se cumplen solo si nos favorecen. De lo contrario se eluden, tuercen o se incumplen. Pero es evidente que nuestro derecho p&uacute;blico a un Estado para participar de la construcci&oacute;n del bien com&uacute;n depende, entre otras cosas del cumplimiento de la ley. Hoy, la ley pasa de mano en mano. Es un deber de los ciudadanos corregir eso, ya que la ley tiene un componente moral muy importante. Insisto. Nos reconoce como agentes que podemos organizar la sociedad. Es maravilloso.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;gobernabilidad&rdquo; definida por &eacute;lites nos aleja de todo ello. Eventualmente, vivir&iacute;amos bajo un r&eacute;gimen en condici&oacute;n de sujetos pasivos cuya libertad se limitar&iacute;a a cumplir las directivas de los grupos que ocasionalmente ocupen los roles de gobierno. Por esa raz&oacute;n, O&rsquo;Donnell advirti&oacute; sobre los riesgos derivados de la pobreza legal. La pobreza legal, tiene m&uacute;ltiples causas. Me interesa se&ntilde;alar dos. La primera es que se trata de una fuente muy poderosa para la construcci&oacute;n de &ldquo;gobernabilidad&rdquo; a expensas de los ciudadanos. La segunda, es que se alimenta de nuestra indiferencia hacia el sistema legal. El sistema legal es la base del r&eacute;gimen democr&aacute;tico. Sostenerlo, cumplirlo, engordarlo, luchar por su significado y exigir que quienes lo violen rindan cuentas, es una tarea irrenunciable de los ciudadanos. Tan irrenunciable como el derecho a la construcci&oacute;n de un Estado capaz de garantizar el bien com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>FD/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/elecciones-2023/derecho-pobreza-legal_129_10451432.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Aug 2023 13:33:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El derecho al Estado y la pobreza legal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[PASO 2023,gobernabilidad,estado de derecho]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La memoria histórica y el crimen de Cecilia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/memoria-historica-crimen-cecilia_129_10319597.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4cdfa271-0313-4110-b7e5-9f71fa6b1caa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La memoria histórica y el crimen de Cecilia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El aparente femicidio de  Cecilia Strzyzowski en Chaco muestra la distancia que existe entre la promesa constitucional que garantiza un buen servicio de justicia y la vida real, sostiene el autor. </p></div><p class="article-text">
        En t&eacute;rminos conceptuales, parte de la reacci&oacute;n social frente al crimen de Cecilia nos muestra en carne viva la distancia que existe entre la promesa constitucional que garantiza un buen servicio de justicia y la vida real. A 40 a&ntilde;os de la recuperaci&oacute;n de la apuesta democr&aacute;tica, una parte importante de la sociedad chaque&ntilde;a en particular y de los argentinos en general, sospechan acerca del desempe&ntilde;o del sistema judicial. B&aacute;sicamente perciben que el poder instituido tiene la capacidad de incidir en la resoluci&oacute;n del caso. El de Cecilia es un hecho policial. Pero sus protagonistas tienen fuertes lazos con el poder pol&iacute;tico, como lo demostraban las boletas electorales del domingo pasado. Esa combinaci&oacute;n genera la representaci&oacute;n de una posible impunidad.
    </p><p class="article-text">
        No tengo elementos para corroborar la hip&oacute;tesis. Pero me interesa reflexionar sobre la sospecha que es igual de grave, ya que pone en tela de juicio la palabra de la ley que es la gram&aacute;tica de la rep&uacute;blica democr&aacute;tica. Adem&aacute;s, aunque en este supuesto se trata del dispositivo judicial chaque&ntilde;o,<strong> me parece que la crisis de credibilidad se extiende desde Ushuaia a La Quiaca </strong>cuando se trata de hechos delictivos que de alguna manera est&aacute;n relacionados con el poder instituido. La pregunta es &iquest;Por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        Los ciudadanos tenemos un saber pr&aacute;ctico que deriva de nuestras propias experiencias de vida. Ello quiere decir que registramos las formas en que se dirimen -en este caso- los delitos que rozan al poder pol&iacute;tico. Esa memoria hist&oacute;rica nos ense&ntilde;&oacute; que la intensidad con que se aplica la ley es m&aacute;s d&eacute;bil en este tipo de sucesos. Tambi&eacute;n nos ense&ntilde;&oacute; que es vital el paso del tiempo porque las demoras generan posibilidades para la impunidad. En otras palabras,<strong> la memoria hist&oacute;rica muestra que la ley no se aplica de manera pareja y que en esa din&aacute;mica es crucial la administraci&oacute;n de los tiempos</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, estos d&iacute;as vimos a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n masiva intervenciones azarosas de ciudadanos chaque&ntilde;os que ligaban el temor a la impunidad con la visibilidad medi&aacute;tica del crimen. All&iacute; yace una de las claves de la sospecha. Ello es as&iacute; porque, en general, los casos que involucran al poder tienen dos velocidades. Ambas dependen de su visibilidad. Avanzan r&aacute;pidamente cuando la cobertura es alta y, a la inversa, caen en una meseta cuando la atenci&oacute;n de los medios disminuye. Ello es un problema, pero es real. Basta elegir cualquier caso de alto impacto y cotejar estas diferentes velocidades. Ello significa que la chance de administrar la aplicaci&oacute;n de la ley de formas no queridas por la constituci&oacute;n depende, en gran medida, de tener la posibilidad de controlar el tiempo del proceso. Es m&aacute;s, all&iacute; est&aacute; anclado el &ldquo;al final ac&aacute; nunca pasa nada&rdquo; Hay que retener, entonces, que uno de los vectores por los que se fabrica la impunidad se relaciona con el manejo del tiempo. La pregunta es &iquest;Para qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        Para responder es preciso hacer un ejercicio de abstracci&oacute;n y separar el crimen puntual de Cecilia de una din&aacute;mica mucho m&aacute;s general y profunda que se relaciona con el modo en que se ejerce el poder en nuestro pa&iacute;s. En efecto, el ejercicio del poder en la Argentina supone, de hecho, la ausencia de mecanismos de rendici&oacute;n de cuentas. La sedimentaci&oacute;n institucional funciona en la pr&aacute;ctica en derredor de esa premisa no escrita. Me ocupe de ello en &ldquo;Rep&uacute;blica de la Impunidad&rdquo; (Ariel, 2020)
    </p><p class="article-text">
        Ello genera que muchas veces la institucionalidad funcione &ldquo;como si&rdquo; Es decir, se cumplen solo formalmente los pasos institucionales. El aparato judicial puede hacer m&uacute;ltiples allanamientos, recabar innumerables testimonios y ordenar infinitas pericias, pero luego ese material puede no procesarse de acuerdo con los procedimientos legales. Para que ese &ldquo;como si&rdquo; sea viable, administrar el paso del tiempo es crucial. Solo el paso del tiempo permite narrativas diferentes a los hechos comprobados. Por eso los ciudadanos en base a su propia experiencia dictan sentencia y se&ntilde;alan que si esta el poder en el medio habr&aacute; impunidad. Para colmo de males, insisto, la historia no los desmiente. Recordemos, por ejemplo, que Mario Pontaquarto pidi&oacute; ser condenado en el caso de los &ldquo;sobornos en el senado&rdquo; y los magistrados lo absolvieron.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El precio de todo esto es alt&iacute;simo en t&eacute;rminos de calidad de vida individual y colectiva</strong>. En el caso del crimen de Cecilia, por ejemplo, hay una serie de conclusiones sociales contra las que los magistrados judiciales deber&aacute;n luchar, porque hay una presunci&oacute;n de un sector social que no cree en la palabra p&uacute;blica. No creer en la palabra p&uacute;blica equivale a no creer en el lenguaje de la rep&uacute;blica democr&aacute;tica que se expresa a trav&eacute;s de la ley y, a la par, equivale a cristalizar un orden social en el que los conflictos se resuelven sobre la base del poder particular de los ocasionales protagonistas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/memoria-historica-crimen-cecilia_129_10319597.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jun 2023 08:56:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La memoria histórica y el crimen de Cecilia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Chaco,Femicidio,Cecilia Strzyzowski]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La hora de la "voz oblicua": a propósito del caso Jey Mammon]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hora-voz-oblicua-proposito-caso-jey-mammon_129_10094282.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/551d68d1-3207-4096-8723-6a83b830f58d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La hora de la &quot;voz oblicua&quot;: a propósito del caso Jey Mammon"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para el autor, fiscal federal, recuperar la credibilidad en la justicia demanda que cada ciudadano ejerza todas las atribuciones que la Constitución le otorga. "La clave es preguntar. La clave es exigir", dice. </p><p class="subtitle">Jay Mammon, tras la acusación de abuso sexual: “Estoy en shock, tomo clonazepam todo el tiempo”
</p></div><p class="article-text">
        El sistema judicial se encuentra en medio de un tironeo institucional sin precedentes. Sus problemas son reales, concretos y dif&iacute;ciles de enumerar. En t&eacute;rminos pr&aacute;cticos digamos que <strong>su capital m&aacute;s importante, la credibilidad, est&aacute; bajo sospecha. </strong>Pero &ldquo;la cuesti&oacute;n judicial&rdquo; flota en medio de la tensi&oacute;n entre la indiferencia y el h&aacute;bito de intentar apropiarse de los tribunales para conseguir fines particulares. 
    </p><p class="article-text">
        El juego de la apropiaci&oacute;n es un juego cuyos actores m&aacute;s n&iacute;tidos son las &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas. Se verifica en las tensiones en derredor de la ley de organizaci&oacute;n del Consejo de la Magistratura, del juicio pol&iacute;tico a la Corte Suprema de Justicia de la Naci&oacute;n y de <strong>verdaderos procesos de demonizaci&oacute;n</strong> mediante los cuales las sentencias se definen como leg&iacute;timas o no, de acuerdo con los intereses que afectan. Pero otros actores, con menos capital pol&iacute;tico o simb&oacute;lico, tambi&eacute;n participan del juego de la apropiaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello tiene consecuencias pr&aacute;cticas que afectan los derechos humanos. Me voy a detener en el caso del artista Jey Mammon. No me interesa el devenir del proceso. Simplemente me quiero concentrar en los efectos sociales que tuvo su irrupci&oacute;n, porque all&iacute; reside una gran peculiaridad. Me refiero a que para la administraci&oacute;n de justicia, la causa termin&oacute;.<strong> Jey Mammon fue sobrese&iacute;do por prescripci&oacute;n</strong>. Pese a ello,<strong> la sociedad reclama una respuesta p&uacute;blica. Como si la justicia no hubiese hablado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay muchas explicaciones para comprender las razones de esa contradicci&oacute;n. Una de ellas tiene que ver con que la sentencia del juez que lo sobresey&oacute; y el dictamen del fiscal que le daba esa posibilidad<strong>, no fueron aceptados por la sociedad. </strong>Sus efectos se ignoraron. Pasaron como una de las tantas opiniones respecto al tema. Socialmente, se percibe que no hay una autoridad leg&iacute;tima capaz de zanjar la cuesti&oacute;n. Por ello, es la propia sociedad la que toma el toro por las astas, <strong>aunque con criterios diferentes a los de la ley.</strong> Esto es lo grave para la rep&uacute;blica democr&aacute;tica, porque est&aacute; en crisis el monopolio estatal relativo a definir con la ley qu&eacute; hacer con los delitos. 
    </p><p class="article-text">
        La idea del texto fundacional es que las sentencias judiciales pacifiquen las relaciones sociales, den por terminado un conflicto y generen las condiciones para que los ciudadanos tomen alguna postura sobre esa sentencia. La parte no negociable de esa din&aacute;mica es que la resoluci&oacute;n sea aceptada.<strong> Cuando eso no pasa, la sociedad discute formas alternativas para dirimir la cuesti&oacute;n. </strong>Ellas se vinculan con escraches y cancelaciones en las redes sociales, con juicios medi&aacute;ticos que absuelven o condenan en minutos y se vinculan tambi&eacute;n con propuestas m&aacute;s disgregadoras que incluyen la posibilidad del uso de la propia mano. Ello significa, palabras m&aacute;s palabras menos, que <strong>el Estado se revela impotente para imponer una decisi&oacute;n autoritativa como lo es una sentencia judicial. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias de todo ello para la vida p&uacute;blica son inconmensurables. B&aacute;sicamente nos acerca peligrosamente a la ley del m&aacute;s fuerte. Se trata del precio que debemos pagar por los problemas de credibilidad del dispositivo institucional encargado de resolver conflictos de acuerdo con la ley. Pero hay otra consecuencia que en parte explica que la sospecha que envuelve a la palabra de los jueces fomente el h&aacute;bito de intentar apropiarse de los tribunales. Veamos.
    </p><h3 class="article-text">Sentencias a medida</h3><p class="article-text">
        En efecto, el monopolio estatal de decir qu&eacute; es el derecho est&aacute; en crisis. Por eso, algunos grupos sociales asumen la tarea de definirlo mediante herramientas distintas a la ley. Por lo tanto, poder subordinar el aparato judicial se vuelve muy atractivo, ya que es posible elaborar un relato personal y hacerlo oficial a trav&eacute;s de los estrados judiciales. As&iacute;, cualquiera podr&iacute;a ser juez y parte. Esa suerte de &ldquo;privatizaci&oacute;n&rdquo; es letal para la apuesta democr&aacute;tica, porque ella est&aacute; edificada a partir de derechos inherentes a la condici&oacute;n humana que nadie puede alterar, salvo el dispositivo judicial. En este escenario, los derechos humanos dejan de ser inmunes a los caprichos de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ello explica la peculiaridad de que, pese a la sospecha que envuelve a la administraci&oacute;n de justicia, persistan los intentos de apropiarse de esa estructura burocr&aacute;tica para que tome el caso y elabore una respuesta a medida del portador. En el caso de Jey Mammon ello fue n&iacute;tido. Cuando realiz&oacute; la denuncia, Lucas Benvenuto <strong>admiti&oacute; que la prescripci&oacute;n de la acci&oacute;n penal pod&iacute;a haber operado. No obstante, igual la formul&oacute; para buscar una respuesta. </strong>A la par, los medios de comunicaci&oacute;n masiva enfatizaron que Jay Mammon buscar&iacute;a iniciar un &ldquo;juicio por la verdad&rdquo;, m&aacute;s all&aacute; de que la causa estaba t&eacute;cnicamente finalizada. &Eacute;l quer&iacute;a otro r&eacute;gimen de verdad<strong>. En ambos casos se busc&oacute; una sentencia a medida. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Vale la pena aclarar que, en nuestro pa&iacute;s, los denominados &ldquo;juicios por la verdad&rdquo;, fueron un mecanismo a trav&eacute;s del cual el estado utiliz&oacute; la arena judicial como escenario para intentar resolver las tensiones derivadas del terrorismo de estado de los a&ntilde;os &rsquo;70 y las leyes de obediencia debida y punto final, que imped&iacute;an al propio Estado ejercer su jurisdicci&oacute;n. Es evidente, entonces, que los &ldquo;juicios por la verdad&rdquo; constituyen formas de intervenci&oacute;n p&uacute;blica muy espec&iacute;ficas, para problemas concretos que <strong>exceden los intereses de las personas individuales y alcanzan a los de la sociedad en su conjunto</strong>
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, a&uacute;n en medio de tanto desprestigio, la capacidad que la Constituci&oacute;n le asigna a los jueces y fiscales permanece intacta, de manera que<strong> colonizar los juzgados y fiscal&iacute;as aparece como un camino atractivo</strong>. Espec&iacute;ficamente, porque el derecho conserva capacidad para incidir en la subjetividad de los ciudadanos. Entonces, poder &ldquo;decir qu&eacute; es el derecho&rdquo; a trav&eacute;s de los tribunales, es un recurso remunerativo. 
    </p><p class="article-text">
        Ello revela un rasgo complejo de nuestra vida p&uacute;blica, porque significa admitir que las instituciones pueden ser utilizadas como un instrumento. Esta peculiaridad atraviesa a toda la sociedad, como lo revel&oacute; el caso Jay Mammon. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que brilla por su ausencia es un proyecto real para encarar una transformaci&oacute;n que ajuste al aparato judicial al rol que le asign&oacute; la Constituci&oacute;n Nacional, para que los derechos humanos no dependan del arbitrio de terceros. La pregunta obvia es:<strong> &iquest;qu&eacute; hacer?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dudo que haya alguna receta m&aacute;gica, Es dif&iacute;cil que las &eacute;lites que se sirven del sistema judicial como instrumento tengan intenciones reales de transformarlo, porque tal como est&aacute; cumple una funci&oacute;n importante, como lo sostuve en &ldquo;Rep&uacute;blica de la Impunidad&rdquo; y en &ldquo;Injusticia&rdquo;. Es tambi&eacute;n dudoso que las grandes mayor&iacute;as tengan en su agenda de prioridades la cuesti&oacute;n judicial. Ello es as&iacute; porque, lamentablemente, hay una representaci&oacute;n social que ubica a los problemas del aparato judicial como t&oacute;picos lejanos a la vida cotidiana, aunque ello es exactamente al rev&eacute;s. Lo relevante es que por una cosa o por otra<strong>, no hay una base real capaz de encarar un proyecto capaz de generar las condiciones para que los argentinos tengamos &ldquo;una administraci&oacute;n de justicia para la democracia&rdquo;,</strong> a 40 a&ntilde;os de 1983.
    </p><h3 class="article-text">Argentina, 1983</h3><p class="article-text">
        En efecto, a partir de 1983 recuperamos y consolidamos la democracia como procedimiento de selecci&oacute;n de coaliciones para que ocupen los roles de gobierno. Pero la democracia es una forma de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica en base a derechos cuyo horizonte es inacabado. La posibilidad de extender la rep&uacute;blica democr&aacute;tica carece de l&iacute;mites porque sus l&iacute;mites, nunca fijos, dependen de la decisi&oacute;n del cuerpo pol&iacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        Durante los a&ntilde;os &rsquo;80 y &rsquo;90 del siglo pasado la ciencia pol&iacute;tica discuti&oacute; mucho qu&eacute; significaba consolidar la democracia. <a href="https://www.colibri.udelar.edu.uy/jspui/handle/20.500.12008/7022?mode=full" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Guillermo O&rsquo;Donnell </a>fue parte de ese debate. En cierta ocasi&oacute;n, se&ntilde;al&oacute; el peso de las voces ciudadanas en aquel sendero de la consolidaci&oacute;n. El poder de las voces, afirm&oacute;, reside en que la gente hablando crea poder. <strong>&nbsp;O&rsquo;Donnell distingui&oacute; la voz vertical, la voz horizontal y la voz oblicua</strong>. Digamos r&aacute;pidamente que la voz vertical se expresa en las elecciones. El pueblo cuando elige interpela. La voz horizontal es el medio que genera una identidad colectiva. Se trata del nosotros que luego se articula para expresar inquietudes al poder instituido. Pero me interesa la voz oblicua.
    </p><p class="article-text">
        La voz oblicua, nos dice O&rsquo;Donnell, existe en contextos de restricciones de derechos. Esto es en contextos sociales que tienen poco que ver con los escenarios que inspiraron a las constituciones. Pensemos en sociedades violentas, fragmentadas por la desigualdad y en las que los derechos rigen pero que se cumplen poco. En tales condiciones surge la voz oblicua. Su rasgo principal es que<strong> une a personas muy diferentes, pero que piensan parecido en algunas cosas</strong> como, por ejemplo, &ldquo;deshacerse de una dictadura&rdquo; o &ldquo;terminar con la corrupci&oacute;n&rdquo;. Cuando se hallan en juego cuestiones vitales de la vida p&uacute;blica, como contar con un sistema judicial cre&iacute;ble, <strong>la voz oblicua es capaz de crear las condiciones para que la regeneraci&oacute;n institucional trepe a la cima de la agenda p&uacute;blica. </strong>
    </p><p class="article-text">
        La voz oblicua, como articulador ciudadano del problema judicial, supone dar el primer paso para iniciar el camino de la recuperaci&oacute;n de las instituciones judiciales para la democracia. Es decir, transformar el h&aacute;bito que las concibe como un instrumento capaz de dotar de m&aacute;s insumos a un actor situado en un puntual conflicto social. Puede ser el caso Jey Mammon o una disputa de &eacute;lites. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;c&oacute;mo hacerlo?. Creo que aqu&iacute; no hay muchas recetas. Se trata de asumir que recuperar la credibilidad del sistema judicial, como parte de un saneamiento institucional sobre el que <em>oblicuamente</em> hay consenso,<strong> requiere que cada ciudadano ejerza toda la potencia que la Constituci&oacute;n le asigna a su condici&oacute;n de tal.</strong> &iquest;C&oacute;mo? Exprimiendo las herramientas que el mundo actual proporciona para hacerse escuchar seg&uacute;n las leyes. <strong>La clave es preguntar. La clave es exigir. </strong>
    </p><p class="article-text">
        La voz oblicua, en estas condiciones, constituye una obligaci&oacute;n moral. A 40 a&ntilde;os de 1983 se impone consolidar la rep&uacute;blica democr&aacute;tica. Esto es, extenderla para que todos los comportamientos se vean subordinados a la Constituci&oacute;n y evitar la impunidad. Pero para ello es preciso recuperar la credibilidad del dispositivo judicial. 
    </p><p class="article-text">
        <em>CC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hora-voz-oblicua-proposito-caso-jey-mammon_129_10094282.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Apr 2023 08:35:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La hora de la "voz oblicua": a propósito del caso Jey Mammon]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jay Mammon]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rosario y la Argentina: la propagación de las “zonas marrones”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rosario-argentina-propagacion-zonas-marrones_1_10005297.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc04a07d-7bb4-44fe-9f1b-0cdce83d3615_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rosario y la Argentina: la propagación de las “zonas marrones”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor, fiscal federal, reflexiona sobre el trasfondo de la crisis que atraviesa la ciudad santafesina, donde estuvo recientemente y que volvió al foco de los medios y la política por el ataque a la familia de Antonella Roccuzzo y la amenaza narco a Lionel Messi. Con una idea de Guillermo O’Donnell como disparador, nos explica que cuando el Estado no hace algo, está haciendo otra cosa porque la inacción es también una acción.</p></div><p class="article-text">
        Estuve en Rosario el 14 de febrero de este a&ntilde;o porque present&eacute; en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario mi &ldquo;Rep&uacute;blica de la Impunidad&rdquo; y con los presentes conversamos sobre la relaci&oacute;n entre el sistema judicial y la democracia. El encuentro se repiti&oacute; al d&iacute;a siguiente en la C&aacute;mara de Diputados de la provincia de Santa Fe, debido a una invitaci&oacute;n del pleno del cuerpo promovida por los legisladores Agustina Donnet y Rub&eacute;n Giustiniani.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El tema de la seguridad estuvo presente todo el tiempo. En particular, los efectos violentos del tr&aacute;fico de drogas ilegales. Hablamos mucho de lo que significa convivir con ese problema y discutimos largo y tendido sobre la relaci&oacute;n entre las instituciones p&uacute;blicas y aquel fen&oacute;meno, desde el punto de vista jur&iacute;dico y de la ciencia pol&iacute;tica. Ahora todo se agudiz&oacute; porque, como cualquiera puede imaginar y tambi&eacute;n constatar, el ataque al comercio de la familia de Antonella Roccuzzo le asign&oacute; a la cuesti&oacute;n un alcance global.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sobre la base de esa experiencia, me interesa identificar a t&iacute;tulo hipot&eacute;tico algunas causas que ayuden a entender un fen&oacute;meno que no est&aacute; acotado a la ciudad de Rosario.
    </p><p class="article-text">
        Antes de hacerlo, debo decir que no soy un experto en seguridad y tampoco en la din&aacute;mica del narcotr&aacute;fico. Por lo tanto, no voy a plantear una &ldquo;receta&rdquo; para terminar con el problema. Sobre esos aspectos, me parece interesante solamente compartir que, fruto de mi memoria institucional generada por el trabajo en el sistema penal, las recomendaciones de quienes se dedican a estudiar a las organizaciones que trafican ilegalmente drogas enfatizan ciertas cosas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &quot;Messi te estamos esperando&quot;, el mensaje que dio la vuelta al mundo.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">M&aacute;s all&aacute; de la violencia</h3><p class="article-text">
        Si bien es importante la identificaci&oacute;n y enjuiciamiento de quienes venden drogas en las calles, la cuesti&oacute;n nodal es diversa. Los que saben se&ntilde;alan que es central poner la lupa en el flujo de fondos. La venta de drogas ilegales es altamente remunerativa. Por ello los expertos aconsejan enfocar las energ&iacute;as en los grupos de profesionales que administran ese dinero ilegal para convertirlo en legal. Dicho esto, me concentro en algunas causas que ayuden a pensar el fen&oacute;meno.
    </p><p class="article-text">
        Los hechos que percibimos a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n masiva y del contacto con los ciudadanos de Rosario nos afectan por su reiteraci&oacute;n y por la violencia que los envuelve en ciertos momentos. Pero si logramos abstraernos lo m&aacute;ximo posible de la violencia y la repetici&oacute;n, r&aacute;pidamente podemos concluir en que lo que sucede en Rosario ocurre en muchas partes de la Argentina. Es cierto que bajo otras formas e intensidades. Pero sucede, ya que el problema b&aacute;sico es la inefectividad en la aplicaci&oacute;n de la ley.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si logramos abstraernos lo máximo posible de la violencia y la repetición, rápidamente podemos concluir en que lo que sucede en Rosario ocurre en muchas partes de la Argentina</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En efecto, en algunos barrios de la Ciudad Aut&oacute;noma de Buenos Aires y del conurbano de la provincia de Buenos Aires hay problemas an&aacute;logos con el tr&aacute;fico de drogas y con los cr&iacute;menes conexos a esos comportamientos ilegales. El punto en com&uacute;n que tienen estos acontecimientos, m&aacute;s all&aacute; de las distancias geogr&aacute;ficas, tiene que ver con que en algunos de los lugares de nuestro pa&iacute;s la ley que produce el estado rige, pero no se cumple. Ello significa que la vida real de esos sitios se rige por pautas de organizaci&oacute;n social informales. Dichas pautas las producen quienes controlan el territorio que, por definici&oacute;n, no son leales a la Constituci&oacute;n Nacional. Pero ese problema no es exclusivo del narcotr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Ello es as&iacute; pues, en nuestro pa&iacute;s, el Estado tiene muchos problemas para aplicar la ley de manera universal, homog&eacute;nea y con la misma intensidad en todas partes y a las diferentes personas. Hay otros comportamientos menos visibles que el tr&aacute;fico de estupefacientes, pero igual de graves que tambi&eacute;n se escapan de la perspectiva de la Constituci&oacute;n Nacional. Pienso en el lavado de dinero, en el contrabando, en la evasi&oacute;n tributaria y en los hechos de corrupci&oacute;n administrativa, por ejemplo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No estoy minimizando los acontecimientos que ocurren en la ciudad de Rosario. Al contrario. Creo que la cosa es m&aacute;s grave. Me parece que muchas actividades ilegales en nuestro pa&iacute;s adolecen del mismo problema. No puedo detenerme en cada una de ellas. Pero la realidad revela con nitidez que la capacidad estatal de aplicar la ley en general se ve resentida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En el país real hay grupos que logran eludir las leyes positivas y obligatorias que genera el país legal</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En otras palabras, me refiero a que la fuerza de la ley que produce la rep&uacute;blica democr&aacute;tica no se impone de manera universal e igualitaria, tal como lo contempla la Constituci&oacute;n. Ello tiene varios efectos. En lo que aqu&iacute; interesa, da lugar a lo que Guillermo O&rsquo;Donnell llam&oacute; &ldquo;zonas marrones&rdquo; para definir determinados lugares en los que el gobierno de hecho queda en manos de actores informales. Ello quiere decir, lisa y llanamente, que la soberan&iacute;a estatal est&aacute; en tela de juicio. Supone que no manda la ley, sino que manda el que tiene fuerza para tomar decisiones y conseguir obediencia.
    </p><p class="article-text">
        Desde este punto de vista, y m&aacute;s all&aacute; de la magnitud de los hechos que por estos d&iacute;as ocupan la cima de la agenda p&uacute;blica, creo que lo que ocurre en Rosario es b&aacute;sicamente un fen&oacute;meno que atraviesa a toda la Argentina y que tiene que ver con el hiato que separa al pa&iacute;s real del pa&iacute;s legal. Insisto. En el pa&iacute;s real hay grupos que logran eludir las leyes positivas y obligatorias que genera el pa&iacute;s legal. Ello resiente la soberan&iacute;a estatal porque determinados lugares no est&aacute;n subordinados a la perspectiva de la Constituci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; yace un punto de suma importancia para comprender la ilegalidad que atraviesa a nuestro pa&iacute;s.
    </p><h3 class="article-text">Ley selectiva</h3><p class="article-text">
        Hay otra raz&oacute;n complementaria que profundiza la extensi&oacute;n de las &ldquo;zonas marrones&rdquo; y que se relaciona con el modo en que se aplica la ley. Recordemos que las leyes pueden cumplirse, no cumplirse o se puede torcer su significado. En este &uacute;ltimo caso, mediante la actividad interpretativa, los judiciales a veces ubicamos a las reglas en una zona brumosa cuyo resultado es que la ley parece que rige pero, en rigor de verdad, la torcemos para que en la pr&aacute;ctica los efectos sean los opuestos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bajo esos h&aacute;bitos, propongo pensar el debate p&uacute;blico que se inscribe en derredor de la posibilidad que tienen los detenidos de usar tel&eacute;fonos en las c&aacute;rceles. Hay perspectivas muy claras sobre el punto. Pero casi todas eluden la expl&iacute;cita previsi&oacute;n legal que existe al respecto. Veamos.
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con el art&iacute;culo 18 de la Constituci&oacute;n Nacional la condena a prisi&oacute;n es el modo en que un ciudadano rinde cuentas frente a sus pares a trav&eacute;s de un juicio justo. Cuando una persona ingresa a prisi&oacute;n no pierde la condici&oacute;n de sujeto de derechos. Al contrario, como el fin del encierro es la resocializaci&oacute;n del reo, la ley 24.660 traza las pautas que tienen que cumplir los detenidos. Es un r&eacute;gimen progresivo. Quien respeta el marco legal adquiere beneficios que se traducen en la morigeraci&oacute;n del encierro.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La pregunta es obvia: ¿por qué los presos tienen teléfonos celulares si la ley lo prohíbe?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Entre los derechos que tienen los presos est&aacute; el de comunicarse. Sin embargo, la chance de tener celulares est&aacute; expresamente prohibida. &ldquo;Quedan prohibidas las comunicaciones telef&oacute;nicas a trav&eacute;s de equipos o terminales m&oacute;viles&rdquo;, dice el art&iacute;culo 160 de la citada ley.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, no hay posibilidades legales de discutir esa disposici&oacute;n, salvo que los magistrados comprueben que no es razonable y que ofende la Constituci&oacute;n Nacional.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No conozco ning&uacute;n caso en que ello haya pasado. S&iacute; s&eacute; que durante las restricciones derivadas del Covid-19, esa prohibici&oacute;n fue morigerada. Pero todo eso, felizmente, es parte del pasado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pregunta es obvia: &iquest;por qu&eacute; los presos tienen tel&eacute;fonos celulares si la ley lo proh&iacute;be? No lo s&eacute;. Pero quiz&aacute; el h&aacute;bito de torcer el significado de las leyes nos suministra algunas pistas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema de las &ldquo;zonas marrones&rdquo; y de las interpretaciones de las leyes que a veces atentan contra la eficacia de las propias leyes no agota el tema. Pero me parece que nos lleva a una discusi&oacute;n un tanto m&aacute;s profunda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n nos leg&oacute; O&rsquo;Donnell la idea de que cuando el Estado no hace algo, no tenemos que quedarnos con la sensaci&oacute;n de que esa impotencia se limita a los malos funcionarios, o a la corrupci&oacute;n, a la desidia institucional. Si el Estado no hace lo que tiene que hacer alguien gana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        O&rsquo;Donnell remarcaba que la inacci&oacute;n del Estado es una forma de acci&oacute;n. Cuando el Estado no hace algo est&aacute; haciendo otra cosa. Por ejemplo, no aplicar la ley de manera universal e uniforme permite que algunas zonas &ldquo;se liberen&rdquo; de la arquitectura legal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recordemos que el Estado tiene el monopolio leg&iacute;timo de la fuerza en un territorio. Puede imponer sus decisiones cuando no se cumplen las leyes que el propio Estado produce. Las &ldquo;zonas marrones&rdquo;, en esa clave, quiz&aacute;s tienen que ver con una determinada forma de ejercicio del poder pol&iacute;tico que no es la que contempla la Constituci&oacute;n Nacional y que concibe al Estado y a sus instituciones, no como la expresi&oacute;n del poder pol&iacute;tico de los ciudadanos, sino como un instrumento capaz de ser manipulado para conseguir beneficios sectoriales.
    </p><p class="article-text">
        <em>ED</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/rosario-argentina-propagacion-zonas-marrones_1_10005297.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Mar 2023 23:15:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rosario y la Argentina: la propagación de las “zonas marrones”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rosario,Tráfico de drogas ilegales,Guillermo O’Donnell,Constitución Nacional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De una sentencia se espera siempre mucho más de lo que puede dar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sentencia-espera-dar_1_9931930.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5f9f524-9f7c-4753-b29d-b3ab6621c03e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De una sentencia se espera siempre mucho más de lo que puede dar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La sentencia por el crimen de Fernando Báez Sosa, como era esperable, despertó polémica. Para el autor, fiscal federal, es clave entender que los jueces sólo pueden guiarse por la letra de la ley. Por esa razón es decisiva su credibilidad. "En la Constitución residen algunas pautas que nos ayudarían a comprender, antes que a juzgar, las razones de la violencia social", sostiene. </p></div><p class="article-text">
        El juicio realizado en los tribunales de Dolores para dirimir las responsabilidades derivadas del hecho que le cost&oacute; la vida a Fernando B&aacute;ez Sosa dej&oacute; muchas dimensiones para pensar la vida p&uacute;blica. Algunos aspectos son indiscutibles. Primero. <strong>Las &uacute;nicas v&iacute;ctimas de un hecho aberrante fueron Fernando y sus familiares.</strong> Segundo. Los magistrados del sistema judicial de la provincia de Buenos Aires dictaron una sentencia despu&eacute;s de un juicio que, seguramente, ser&aacute; discutida en las instancias de apelaci&oacute;n. Tercero. <strong>La sentencia, como era esperable, despert&oacute; pol&eacute;micas.</strong> Aqu&iacute; me quiero detener. 
    </p><p class="article-text">
        No har&eacute; un an&aacute;lisis jur&iacute;dico. Por lo tanto, no voy a ingresar en el debate sobre el monto de la pena. Me interesa, en cambio, se&ntilde;alar algunas <strong>diferencias entre el plano moral y el plano legal</strong>. Desde mi perspectiva, esos planos est&aacute;n peligrosamente superpuestos. Es por ello que <strong>se espera de una sentencia mucho m&aacute;s de lo que puede dar.</strong> Al colocar tanta energ&iacute;a en la sentencia, quiz&aacute; se escapa algo que es central para evitar que estas cosas pasen. Me refiero a detectar las condiciones sociales que hacen posible una <strong>matriz de violencia</strong> que atraviesa a toda la sociedad. En esto caso, nos detenemos en las formas de violencia que acompa&ntilde;a a lo que deber&iacute;a ser el momento de diversi&oacute;n de los j&oacute;venes. Pero esa matriz de violencia est&aacute; presente en el trabajo, en el tr&aacute;nsito, en los espect&aacute;culos deportivos, en la vida dom&eacute;stica y en la p&uacute;blica. No debemos olvidar que los hechos preceden al derecho. Hay sentencias porque pasaron algunas cosas no queridas. El desaf&iacute;o es c&oacute;mo hacer para que no pasen m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Durante los d&iacute;as previos a la sentencia se reclamaba &ldquo;justicia&rdquo; Pero los jueces no pueden hacer &ldquo;justicia&rdquo; &iquest;Por qu&eacute;? Nadie explic&oacute; mejor la discusi&oacute;n acerca de la justicia que Hans Kelsen en un libro de texto elocuente &iquest;Qu&eacute; es la justicia? (1) Dec&iacute;a Kelsen que &ldquo;<em>la raz&oacute;n humana s&oacute;lo puede acceder a valores relativos (&hellip;) Ello significa que no puede emitirse un juicio sobre algo que parece justo con la pretensi&oacute;n de excluir la posibilidad de un juicio de valor contrario</em>&rdquo;. Es una verdad autoevidente. 
    </p><p class="article-text">
        Cada persona tiene un juicio de valor individual al que es imposible darle un alcance universal. Si ello puede pasar, vivir&iacute;amos en una dictadura. Por ello, entre otras cosas, nos organizamos para vivir en sociedades edificadas en base a derechos y creamos instituciones. Una es el sistema judicial. &iquest;Qu&eacute; hace? Expropia los conflictos sociales y los resuelve por medio de juicios sobre la base del derecho. As&iacute;, evita que hagamos &ldquo;justicia por mano propia&rdquo;. <strong>Precisamente porque cada uno de nosotros tiene una visi&oacute;n distinta de lo &ldquo;justo&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo esto significa que al aparato judicial no dicta justicia. Lo que hace es resolver mediante la aplicaci&oacute;n del derecho problemas que giran en derredor de lo que es justo. Las leyes las produce el Estado, pero a trav&eacute;s de un sistema de representaci&oacute;n que depende de la voluntad de los ciudadanos. As&iacute;, las normas que hace el Congreso expresan los valores medios de la sociedad y constituyen la &uacute;nica herramienta que tienen los magistrados para resolver problemas en torno a lo que es justo. A Fernando le arrebataron el derecho a la vida<strong>. Los jueces resolvieron de acuerdo con la ley las responsabilidades por ello y fijaron una pena. As&iacute; funciona</strong>. En base a la ley. Esto es decisivo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando prometemos o juramos lealtad a la Constituci&oacute;n, a los 10 a&ntilde;os, renunciamos a hacer justicia y nos conformamos con que los jueces apliquen la ley. Por ello es tan importante tener un sistema judicial cre&iacute;ble y prestigioso, porque all&iacute; yace la autoridad de la ley que es la autoridad de la rep&uacute;blica. Retengamos esto. <strong>Siempre la ley tiene relaci&oacute;n con la moral.</strong> Pero a los efectos de estas l&iacute;neas, es decisivo entender que los jueces solo pueden guiarse por la letra de la ley. Repito<strong>, por ello es tan importante la credibilidad.</strong> La credibilidad les da espaldas anchas para aplicar las normas m&aacute;s all&aacute; de los reclamos individuales o grupales de &ldquo;justicia&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, una sentencia pone fin a un conflicto. Tiene autoridad porque es la palabra de la rep&uacute;blica. <strong>Debe ser aceptada por los ganadores y por los perdedores</strong>. Ratifica qu&eacute; est&aacute; prohibido y qu&eacute; est&aacute; permitido. Es un insumo para los comportamientos futuros de los ciudadanos. Pero poco m&aacute;s<strong>. Las sentencias no transforman la realidad. No tienen ese alcance</strong>. La realidad la transforman las pr&aacute;cticas de los ciudadanos que colectivamente deciden vivir de otra manera. Por ejemplo, deciden respetarse, tratarse bien, no insultarse en los sem&aacute;foros, deciden crear mediaciones institucionales que impiden la explotaci&oacute;n, deciden crear dispositivos institucionales que instituyan marcos para que los chicos puedan disfrutar de los momentos de diversi&oacute;n. En fin<strong>, es la praxis humana la que cambia el mundo y no las sentencias judiciales.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por estos d&iacute;as escuchamos que son necesarias &ldquo;sentencias ejemplares&rdquo; en el sentido de que la dureza de las penas puede transformar el mundo de la vida. Cesare Beccaria (2), en 1764, advirti&oacute; la ineficacia de esa apuesta discursivamente tan atractiva. Beccaria, en cambio, sosten&iacute;a que era muy importante que la pena de los delitos sea proporcional a la gravedad del hecho y enfatizaba <strong>que m&aacute;s importante a&uacute;n que el monto de la pena era que efectivamente se cumpla</strong>, porque los delitos violan el contrato social. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestra historia es una muestra palpable de ello. El sistema judicial federal somete a juicio, juzga poco y cuando lo hace rara vez la pena se cumple. La condena al expresidente Carlos Menem fue un indicador de eso. Me ocup&eacute; del tema en otras partes (3). Lo relevante es que sentencias duras en contextos de debilidad institucional pueden transformarse en oficinas que &ldquo;certifiquen&rdquo; con la autoridad de la ley las expectativas morales de algunos grupos sociales sobre la &ldquo;justicia&rdquo; Nada de ello nos va a servir para cambiar la matriz de violencia que yace en los cimientos de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        El camino para ello, repito, es m&aacute;s lento y fatigoso. Pero en lo que tiene que ver estrictamente con las posibilidades de una sentencia para cambiar el mundo de la vida, hay mucho que puede hacer el Estado, en los tres niveles de gobierno. El devenir del juicio de Fernando revel&oacute; la ausencia del Estado como docente. Escuchamos y vimos demasiado. No vale la pena entrar en ese terreno. Pero me parece importante destacar que las universidades, el sistema judicial y las instituciones p&uacute;blicas en general<strong> tienen que hacerse cargo de la tarea de difundir y ense&ntilde;ar c&oacute;mo funciona la rep&uacute;blica.</strong> En otras palabras, hay que explicar c&oacute;mo funciona la Constituci&oacute;n. All&iacute; residen algunas pautas que nos ayudar&iacute;an a comprender, antes que a juzgar, las razones de la violencia social. Pero para eso tenemos que aprehender qu&eacute; significa el republicanismo democr&aacute;tico.
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li>Kelsen, Hans &ldquo;Que es la justicia&rdquo; Marcial Pons, Medell&iacute;n, Colombia 2013.</li>
                                    <li>Beccar&iacute;a, Cesare &ldquo;De los delitos y las penas&rdquo; Losada 2002</li>
                                    <li>Delgado, Federico &ldquo;Injusticia&rdquo;; &ldquo;Rep&uacute;blica de la Impunidad&rdquo; (Ariel 2018 y 2020)</li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        <em>FD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sentencia-espera-dar_1_9931930.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Feb 2023 14:37:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De una sentencia se espera siempre mucho más de lo que puede dar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fernando Báez Sosa,Crimen de Fernando Báez Sosa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hackeos: ante una universalización de la baja calidad institucional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hackeos-universalizacion-baja-calidad-institucional_129_9847717.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/94b09e8d-a872-418f-b5ae-6e9778654e9a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hackeos: ante una universalización de la baja calidad institucional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor, fiscal federal, advierte acerca de nuevas formas de acceso ilegal a las comunicaciones privadas que no requieren la intervención de funcionarios públicos. Asistimos, dice, a la extensión hacia nuevos grupos sociales de prácticas propias del mundo del crimen.</p></div><p class="article-text">
        En la agenda p&uacute;blica esta muy presente la cuesti&oacute;n de las pinchaduras ilegales de los tel&eacute;fonos. Nuestra historia registra pr&aacute;cticas estatales de espionaje ilegal que refuerzan la percepci&oacute;n de que los gobiernos de turno intervienen las comunicaciones sin permiso legal. No me voy a ocupar de ello. Me voy a concentrar en <strong>otras formas de acceso ilegal a las comunicaciones, que no necesariamente requieren la intervenci&oacute;n de funcionarios p&uacute;blicos</strong>, pero que inciden en la calidad de vida de los ciudadanos, porque nos impide el disfrute pleno del derecho a la intimidad que garantiza el art&iacute;culo 19 de la Constituci&oacute;n Nacional.
    </p><p class="article-text">
        En los tribunales circulan muchos casos que, motivados en venganzas personales o en la intenci&oacute;n de estafar, revelan cuan vulnerables somos frente a terceros que ingresan a nuestras comunicaciones (protegidas por el art&iacute;culo 19 de la Constituci&oacute;n Nacional) En estos tiempos, vemos que dichas pr&aacute;cticas se extendieron a otros grupos sociales. Es decir, asistimos a una suerte de <strong>universalizaci&oacute;n de la baja calidad institucional, </strong>ya que se incrementa la brecha entre lo que nos promete la constituci&oacute;n y lo que es la vida real.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que sigue no debe leerse como una suerte de tutorial sobre estas pr&aacute;cticas, sino como una simple descripci&oacute;n que apunta suministrar algunas pistas para estar m&aacute;s atentos y a marcar ciertos aspectos que podr&iacute;an reducir los problemas. Hay dos formas b&aacute;sicas de conseguir informaci&oacute;n violando la ley. Una es el <em>phishing</em> y la otra es la sustituci&oacute;n falsa de la identidad. El <em>phishing</em> <strong>es un enga&ntilde;o</strong>. Los usuarios recibimos un mensaje de una fuente que nos parece fiable, comenzamos a responder preguntas y, <strong>sin querer, permitimos que un tercero acceda a informaci&oacute;n privada</strong>. La sustituci&oacute;n de identidad es igual de lesiva, pero apenas un poco m&aacute;s sofisticada. Consiste en la acci&oacute;n de un tercero que consigue una nueva tarjeta sim mediante un fraude.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los casos de <em>phishing</em> se incrementaron cuando hab&iacute;a una necesidad social de acceder a las vacunas contra la Covid 19. Algunas personas fraguaban cuentas p&uacute;blicas y enviaban correos electr&oacute;nicos o mensajes de whatsapp para enga&ntilde;ar a los usuarios y as&iacute; conseguir el acceso a informaci&oacute;n privada. Por lo tanto, <strong>una de las claves es hacer una pausa y respirar hondo antes de responder preguntas sobre aspectos personal&iacute;simos</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        La sustituci&oacute;n de identidad es un tanto m&aacute;s sutil. Veamos los s&iacute;ntomas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En general, los usuarios detectan que el tel&eacute;fono empieza a funcionar mal. Casi siempre por problemas de conectividad. Por ello se comunican con la empresa que presta el servicio para reclamar. En ese instante se enteran de que<strong> un desconocido gestion&oacute; fraudulentamente un cambio de </strong><em><strong>sim card </strong></em>&iquest;Qu&eacute; significa ello? Las tarjetas <em>sim card </em>se asemejan al documento de identidad de la l&iacute;nea y es lo que permite activar el servicio. <strong>Quien la obtiene controla el tel&eacute;fono.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se gestiona ese cambio? <strong>Se realiza de manera virtual</strong>. El sistema exige unas preguntas de identificaci&oacute;n para validar la identidad que, si son respondidas con &eacute;xito, abren las puertas del aparato. El extra&ntilde;o realiza el tr&aacute;mite sin rastros, porque se supone que es el verdadero titular.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;Las preguntas de seguridad son complejas de responder? M&aacute;s o menos. Se trata de interrogantes que, una vez elegida la v&iacute;ctima, <strong>se pueden obtener de las redes sociales y de internet.</strong> Este es el camino que recorren los invasores. El da&ntilde;o se produce entre la sustituci&oacute;n de la tarjeta sim y el momento en que la v&iacute;ctima realiza los reclamos necesarios para recomponer la situaci&oacute;n. En ese espacio de tiempo, nuestra informaci&oacute;n privada queda en manos de terceros. <strong>La pregunta siguiente es obvia: &iquest;Qu&eacute; puede hacer la justicia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el caso del <em>phishing</em> casi nada, porque el autor usa cuentas de redes sociales falsas. Para conseguir su identidad hay que obtener informaci&oacute;n en el extranjero pues, all&iacute; tienen sus domicilios las empresas titulares de las redes sociales. <strong>Pero los estados solo en casos muy espec&iacute;ficos suministran los datos de los verdaderos titulares.</strong> Por lo tanto, sin esa colaboraci&oacute;n externa es muy dif&iacute;cil saber qui&eacute;n <strong>es el estafador.</strong> Es preciso trabajar en v&iacute;as de colaboraci&oacute;n para robustecer la prevenci&oacute;n y la sanci&oacute;n &iquest;Qui&eacute;n debe hacerlo? Las &aacute;reas del estado que gestionan las relaciones con otros pa&iacute;ses.
    </p><p class="article-text">
        En el otro caso hay para mejorar desde el punto de vista interno. La ley 25.891 regla las comunicaciones m&oacute;viles. La norma, en lo que aqu&iacute; interesa, establece que ninguna tarjeta sim card se puede comercializar &ldquo;sin una clara identificaci&oacute;n del adquirente&rdquo; (art&iacute;culo 2). Es decir, es una obligaci&oacute;n identificarse a la hora de comprar un tel&eacute;fono o un chip. Pero en la implementaci&oacute;n de la ley yace el hiato que permite que el diablo meta la cola. En efecto, la pr&aacute;ctica comercial deforma las previsiones de la norma. La voy a simplificar.
    </p><p class="article-text">
        Algunas empresas o personas f&iacute;sicas compran muchas tarjetas sim. En ese momento se identifican correctamente. Luego las revenden por todo el pa&iacute;s a locales grandes y peque&ntilde;os. En ese paso es cuando se produce el problema, ya que las transacciones se realizan de manera informal. Por ello, cuando los jueces y fiscales se enfocan en la trazabilidad de la tarjeta sim que se us&oacute; para acceder ilegalmente al tel&eacute;fono de la v&iacute;ctima, <strong>se topan con que no hay registros sobre la identidad del comprador final.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo esto constituye un tremendo problema operativo en la justicia. De hecho, en muchos casos las fuerzas de seguridad <strong>no tienen al autor del delito, pero tienen su n&uacute;mero. </strong>Si el tel&eacute;fono sigue activo o se us&oacute; un tiempo con ingenio los atrapan. Pero en casos de sustituci&oacute;n de identidad para robar informaci&oacute;n, <strong>una vez conseguido el objetivo no quedan rastros.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente hay una <strong>tensi&oacute;n entre la ley y la pr&aacute;ctica comercial. </strong>La forma en que se venden aquellas tarjetas resiente los requisitos de la ley. Ello se combina con las caracter&iacute;sticas vulnerables de validaci&oacute;n de identidad para cambiar una sim card. Los medios de pagos digitales, por ejemplo, tienen formas muchos m&aacute;s exigentes de validaci&oacute;n. El resultado es que todos los usuarios somos potencialmente v&iacute;ctimas de una violaci&oacute;n al derecho constitucional a la intimidad y no siempre por parte de funcionarios p&uacute;blicos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El objetivo de esta descripci&oacute;n, en definitiva, se vincula con mostrar una realidad m&aacute;s compleja de lo que parece. A caballo de nuestra memoria hist&oacute;rica, casi autom&aacute;ticamente atribuimos las violaciones a los derechos humanos, la intimidad lo es, a los funcionarios que ocasionalmente ocupan los roles de gobierno. Pero el panorama general es m&aacute;s complicado. Entre otros factores, porque <strong>existen baches entre los textos legales, las pr&aacute;cticas de los ciudadanos y la ineficacia de las mediaciones institucionales.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gran parte de estos problemas podr&iacute;an corregirse realizando algunos ajustes en el campo de la regulaci&oacute;n interna y en el de las relaciones internacionales, para conseguir que otros estados colaboren de manera m&aacute;s eficaz para evitar la impunidad de los estafadores y que los delitos no rindan beneficios. Se trata, simplemente, de acercarnos al desaf&iacute;o de la rep&uacute;blica democr&aacute;tica que exige subordinar todos los comportamientos al programa de la constituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>FD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hackeos-universalizacion-baja-calidad-institucional_129_9847717.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Jan 2023 03:02:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hackeos: ante una universalización de la baja calidad institucional]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Condena a CFK: ahora, lo que importa son los fundamentos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/condena-cfk-ahora-importante-son-fundamentos_129_9776928.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0fa3718a-84d4-4806-8949-13a6bd6d8961_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Condena a CFK: ahora, lo que importa son los fundamentos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor, fiscal federal, sostiene que el fallo por la causa de la obra pública quedará en los registros como uno de los más importantes de nuestra historia. Y dice que al tribunal le queda en adelante explicar a la gente de a pie por qué los funcionarios tienen que hacerse cargo de sus actos. "Parte de la legitimidad de la sentencia se juega en la legitimidad del tribunal", asegura. </p></div><p class="article-text">
        Finalmente, Cristina Fern&aacute;ndez fue condenada en el juicio conocido como &ldquo;Vialidad&rdquo;. Como se esperaba, la sentencia judicial se recibi&oacute; de manera diferente en los &ldquo;ismos&rdquo; que dividen a nuestra vida p&uacute;blica. <strong>Ambos confirmaron sus prejuicios. </strong>La representaci&oacute;n de un sector se inscribe en una reivindicaci&oacute;n frente a la corrupci&oacute;n. Mientras que desde el otro lado se confirma la percepci&oacute;n de una persecuci&oacute;n pol&iacute;tica. La primera impresi&oacute;n es obvia, la sentencia de los jueces es objeto de dos miradas irreconciliables.
    </p><p class="article-text">
        Por esas cosas que tiene la ley de enjuiciamiento criminal, <strong>no conocemos las razones en base a la que los jueces justificaron te&oacute;ricamente la condena por defraudaci&oacute;n y tampoco los motivos sobre los que descartaron la acusaci&oacute;n de asociaci&oacute;n il&iacute;cita.</strong> Esto quiere decir que se carecen de elementos para comprender y eventualmente criticar la expresi&oacute;n del sistema judicial. Sin embargo, a ambos lados de la grieta, hubo expresiones contundentes. Ello es un s&iacute;ntoma del modo en que funciona la vida p&uacute;blica. B&aacute;sicamente atravesada por una avidez de novedades. Se esperan con ansiedad novedades capaces de habilitar la presencia en los medios de comunicaci&oacute;n masiva y en las redes sociales para &ldquo;decir algo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa avidez de novedades para &ldquo;decir algo&rdquo; en el espacio p&uacute;blico no es neutral. En efecto, es una premisa obvia que nuestra institucionalidad es muy fr&aacute;gil y que quienes las ponen en movimiento permanecen envueltos en una sospecha generalizada. A veces justificada, a veces no, pero sospecha al fin. Lo que ocurri&oacute; el 6 de diciembre no es un hecho menor, porque el sistema judicial cerr&oacute; la primera etapa de un longevo proceso con la sentencia que condena a la actual vicepresidenta de la naci&oacute;n. <strong>La gravedad del tema es indiscutible y el desaf&iacute;o del aparato judicial es muy alto, </strong>porque el 9 de marzo pr&oacute;ximo debe comunicar a los ciudadanos por qu&eacute; lleg&oacute; a esa conclusi&oacute;n, tal como lo exige el art&iacute;culo 1 de la Constituci&oacute;n Nacional, que consagra la forma republicana de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        En medio de esa adversidad institucional, los jueces deber&aacute;n justificar su resoluci&oacute;n para dos destinatarios. Por un lado, a las partes del juicio. Por el otro, a todos los ciudadanos. Deber&aacute;n explicar en un lenguaje simple, pero te&oacute;ricamente s&oacute;lido,<strong> por qu&eacute; hubo condenas, por qu&eacute; hubo absoluciones, por qu&eacute; hubo diferencias en las escalas penales que aplicaron y c&oacute;mo funcionar&aacute; el decomiso de bienes</strong> porque, en nuestro sistema judicial, el art&iacute;culo 29 del C&oacute;digo Penal pone en cabeza de los jueces el deber de evitar que el delito rinda beneficios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n los magistrados seguramente disipar&aacute;n algunas dudas que envuelven al tribunal en particular y al sistema judicial en general. Me refiero al episodio del equipo de f&uacute;tbol Liverpool, al incidente del mate, etc. <strong>Es que parte de la legitimidad de la sentencia se juega en la legitimidad del tribunal. </strong>Por ello es importante que los ciudadanos podamos conocer en una sentencia todo lo que ocurri&oacute; en el juicio. Es vital tener condensado en un solo texto el devenir completo de un juicio que seguramente <strong>quedar&aacute; en los registros como uno de los m&aacute;s importantes de nuestra historia pol&iacute;tica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una sentencia judicial de estas caracter&iacute;sticas, para ser aceptada debe ser comprensible. Porque la comprensi&oacute;n de un texto es lo que permite su discusi&oacute;n seria. En particular, porque los jueces estar&aacute;n enviando un poderoso mensaje a la sociedad en general <strong>y especialmente a las &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas</strong>. De acuerdo con el resumen que el propio tribunal difundi&oacute;, se van a adentrar en un aspecto muy sensible de los actos de gobierno. Me refiero a la cuesti&oacute;n de la administraci&oacute;n del dinero com&uacute;n. Esto es, c&oacute;mo se debe administrar el dinero de todos los ciudadanos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un pa&iacute;s con los problemas que sobre ese punto existen desde hace mucho tiempo, <strong>es important&iacute;simo que los magistrados expliquen con claridad qu&eacute; se puede hacer, qu&eacute; no se puede hacer y cu&aacute;l es la forma de hacerlo. </strong>Tambi&eacute;n deber&aacute;n explicar c&oacute;mo los condenados tienen que devolver el dinero y responder con su patrimonio por el da&ntilde;o causado al tesoro p&uacute;blico. En otras palabras, los jueces tienen la posibilidad y el deber de elaborar un texto que explique a la gente de a pie <strong>por qu&eacute; los funcionarios tienen que hacerse cargo de sus actos y en qu&eacute; consiste ese hacerse cargo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a que en ese marco la avidez de novedades no contribuye al fortalecimiento de las instituciones de la democracia. La participaci&oacute;n en la vida p&uacute;blica es conflictiva porque supone los encontronazos entre diferentes visiones del mundo. En el mercado de las opiniones hay tensiones y pujas. La discusi&oacute;n para definir el significado del derecho integra el elenco de tensiones, aunque es una labor del sistema judicial saldar el debate. Me preocupa que desde ayer se inici&oacute; un debate muy fuerte acerca del significado del delito por el que se conden&oacute; a Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner y sobre el desarrollo de ese juicio. Y me preocupa porque no se conocen las razones de los jueces. Se trata de cr&iacute;ticas que responden a la avidez de novedades. Pero adem&aacute;s de ello, dec&iacute;a que esas perspectivas no son neutrales porque hieren a&uacute;n m&aacute;s la alica&iacute;da legitimidad de las instituciones. Coqueteando con Max Weber, se puede concluir que nuestras &eacute;lites se comportan de acuerdo con la &eacute;tica de la convicci&oacute;n, pero muchas veces dejando a un lado la responsabilidad por sus acciones. Weber recomendada a quien consagra su vida a la pol&iacute;tica balancear sus convicciones m&aacute;s &iacute;ntimas con los efectos de sus acciones, porque <strong>el buen pol&iacute;tico combina sus convicciones con la responsabilidad derivada de sus actos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para un ecosistema institucional tan fr&aacute;gil como el nuestro, en el que las mediaciones instituidas por la rep&uacute;blica democr&aacute;tica tienen muchos problemas para satisfacer las demandas ciudadanas, no creo que sea saludable un comportamiento de la dirigencia que, con sus acciones -porque los discursos son una forma de acci&oacute;n social-, adelante un debate que necesariamente debe darse, pero que sobre bases s&oacute;lidas solo puede empezar despu&eacute;s del 9 de marzo de 2023.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/condena-cfk-ahora-importante-son-fundamentos_129_9776928.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Dec 2022 16:38:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Condena a CFK: ahora, lo que importa son los fundamentos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Condena por Vialidad,Vialidad,TOF 2]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Causa “Vialidad”, una gran chance de recomponer la relación entre la Justicia y la sociedad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/causa-vialidad-gran-chance-recomponer-relacion-justicia-sociedad_129_9756042.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/550f5a15-e767-4e92-b6c1-592046f5a4df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Causa “Vialidad”, una gran chance de recomponer la relación entre la Justicia y la sociedad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El significado social y político de la causa “Vialidad”, opina el fiscal Federico Delgado, es una oportunidad magnifica para que el aparato judicial elabore una sentencia que sea aceptada por los ciudadanos.</p></div><p class="article-text">
        El martes que viene los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N&deg;2 dar&aacute;n a conocer su decisi&oacute;n en la causa denominada &ldquo;Vialidad&rdquo;. Ese d&iacute;a los ciudadanos sabremos si los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola convencieron o no a los jueces acerca de la existencia de una asociaci&oacute;n il&iacute;cita, liderada por la actual vicepresidenta que, entre otros delitos, direccion&oacute; contratos de obra p&uacute;blica en favor de las empresas de L&aacute;zaro B&aacute;ez en Santa Cruz.
    </p><p class="article-text">
        Resuelvan lo que resuelvan, los magistrados tienen un enorme desaf&iacute;o. De acuerdo con la apuesta democr&aacute;tica los ciudadanos renunciamos a resolver los problemas por mano propia. Cedemos esa facultad al estado que los dirime de acuerdo con las leyes. En clave republicana, se trata de reemplazar el gobierno de los hombres por el de las leyes. <strong>El desaf&iacute;o judicial es presentar una sentencia cre&iacute;ble, pero la palabra del sistema judicial argentino est&aacute; sospechada. Aunque hay muy buenos jueces y fiscales, en su conjunto, las sentencias judiciales aparecen envueltas en sospechas. </strong>Aqu&iacute; yace el desaf&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        El secreto de la eficacia del servicio p&uacute;blico de justicia pasa por la aceptaci&oacute;n social de sus decisiones. El tema no es nuevo. Esquilo, en la &ldquo;Orest&iacute;ada&rdquo;, que se represent&oacute; en el 458 ac, demostr&oacute; las tensiones que sufren las sociedades que empezaban a organizarse bajo las leyes y dejaban atr&aacute;s las supersticiones, pero enfatiz&oacute; el rol clave que en ese proceso cumple la aplicaci&oacute;n cre&iacute;ble de la ley por tribunales imparciales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El significado social y pol&iacute;tico de la causa &ldquo;Vialidad&rdquo;, entonces, es una oportunidad magnifica para que el aparato judicial elabore una sentencia que sea aceptada por los ciudadanos.</strong> Entre otros factores, deber&aacute; resolver el problema del lenguaje, porque normalmente el poder judicial utiliza una jerga que es expulsiva. Al problema del lenguaje se suma el de la extensi&oacute;n. Las sentencias suelen ser artefactos inasibles, reiterativos, voluminosos y con problemas de coherencia y cohesi&oacute;n. Las bases morales del propio tribunal son fr&aacute;giles luego del esc&aacute;ndalo del equipo de f&uacute;tbol &ldquo;Liverpool&rdquo;. No obstante, las caracter&iacute;sticas del caso no dejan de ser una gran chance de recomponer una relaci&oacute;n muy da&ntilde;ada entre la justicia y la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; de los problemas del dispositivo judicial, las &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas tienen una responsabilidad como actores de los juicios. Obviamente que tienen de su lado las protecciones de la Constituci&oacute;n Nacional que son sagradas. Pero deben hacerlas valer dentro de la propia l&oacute;gica de la constituci&oacute;n. La carta magna tolera y fomenta las cr&iacute;ticas, las querellas entre argumentos diversos y alienta posiciones firmes sobre el significado de la ley. Lo que la constituci&oacute;n no admite son las descalificaciones. Cuando los imputados, como en este caso la vicepresidenta, tienen dudas sobre el comportamiento de los jueces y de los fiscales, la constituci&oacute;n marca senderos de acci&oacute;n. Pero la ley fundamental no tolera la descalificaci&oacute;n porque ello se da de bruces con la gram&aacute;tica del estado que es el derecho. La oraci&oacute;n &ldquo;pelot&oacute;n de fusilamiento&rdquo;, entonces, no se inscribe en la l&oacute;gica constitucional y quienes han sido honrados con cargos p&uacute;blicos deben actuar en los juicios dentro de los l&iacute;mites que marca la constituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el Crit&oacute;n, Plat&oacute;n narr&oacute; como a S&oacute;crates ya condenado le ofrecieron huir de Atenas. Y narr&oacute; una suerte de di&aacute;logo entre S&oacute;crates y las leyes (si es que estas pudieran hablar). Dice Plat&oacute;n que S&oacute;crates escogi&oacute; enfrentar la sentencia injusta porque no hacerlo ser&iacute;a obrar en contra de las leyes y las leyes constituyen los cimientos de las sociedades. La met&aacute;fora viene a cuento, porque nuestras &eacute;lites pol&iacute;ticas se apropian de las decisiones que dictan nuestras alica&iacute;das instituciones judiciales, ya sea para defenderlas o para denostarlas. Ese h&aacute;bito corroe la legitimidad de la ley, vulnera las bases de la constituci&oacute;n y banaliza la rep&uacute;blica democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <em>FD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/causa-vialidad-gran-chance-recomponer-relacion-justicia-sociedad_129_9756042.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Nov 2022 00:40:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Causa “Vialidad”, una gran chance de recomponer la relación entre la Justicia y la sociedad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Causa Vialidad,Cristina Fernández de Kirchner,Justicia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A propósito de “Los Copitos" y "Revolución Federal”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/proposito-copitos-revolucion-federal_1_9694494.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/83d5e6ab-619c-437a-9230-807d51ab275c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A propósito de “Los Copitos&quot; y &quot;Revolución Federal”"></p><p class="article-text">
        A los casos p&uacute;blicamente conocidos como &ldquo;Los Copitos&rdquo; y &ldquo;Revoluci&oacute;n Federal&rdquo; se los puede pensar en dos niveles. Uno estrictamente jur&iacute;dico. El otro como punto de partida para extraer conclusiones sobre el desempe&ntilde;o del r&eacute;gimen pol&iacute;tico en el plano de la seguridad y la justicia. Me voy a concentrar en el segundo y solamente en tres dimensiones: <strong>el control de las calles por parte del poder administrativo</strong>; <strong>las formas en que el sistema judicial rinde cuentas frente a los ciudadanos</strong>, y <strong>el impacto de los vetustos reglamentos judiciales en la eficacia de las investigaciones. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Paso por alto los detalles sobre los hechos en s&iacute; mismos. Solo aclaro que cuando menciono a &ldquo;Los Copitos&rdquo; hago referencia al intento de asesinato de la Vicepresidente de la Naci&oacute;n, Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner. Cuando hablo de &ldquo;Revoluci&oacute;n Federal&rdquo; apunto al grupo cuyas acciones se investigan en la justicia federal de la Ciudad Aut&oacute;noma de Buenos Aires por hechos vinculados al orden p&uacute;blico. 
    </p><p class="article-text">
        El desarrollo de esos sucesos revela los problemas de las autoridades pol&iacute;ticas para controlar las calles. Muchos tenemos grabadas en las retinas las im&aacute;genes del 18 de agosto cuando &ldquo;Revoluci&oacute;n Federal&rdquo; arroj&oacute; antorchas encendidas a la Casa Rosada. La polic&iacute;a reaccion&oacute; despu&eacute;s, con gases lacrim&oacute;genos. Tambi&eacute;n recordamos las del s&aacute;bado 27 de agosto. Ese d&iacute;a, seguidores de Cristina Kirchner coparon la esquina de Uruguay y Juncal. Las fuerzas de seguridad intervinieron cuando las calles estaban inundadas de gente. Arrojaron agua con un cami&oacute;n hidrante, pero los manifestantes no dejaron de cantar y bailar. Las tensiones se agudizaron y el 1 de septiembre vimos por televisi&oacute;n a una persona apretando el gatillo en la cabeza de la Vicepresidente de la Naci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La secuencia de hechos es elocuente. Las fuerzas de seguridad actuaron como espectadores privilegiados. Intervinieron cuando los hechos se hab&iacute;an convertido en delitos. Es decir, cuando el Estado ya no ten&iacute;a chances de prevenir sino solo de juzgar y sancionar. Esa forma de acercarse a los conflictos es un patr&oacute;n com&uacute;n. <strong>La polic&iacute;a no previene pero m&aacute;s tarde realiza cargas para recuperar el control. Ese hiato entre el origen de los sucesos y la intervenci&oacute;n p&uacute;blica requiere una reflexi&oacute;n.</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La policía es soberana en las calles y debe impedir que se cometan delitos. El concepto de orden integra el monopolio legítimo de la fuerza que es patrimonio del Estado.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Es que el ejercicio del monopolio leg&iacute;timo de la fuerza, que es inherente al Estado naci&oacute;n en los tres niveles de gobierno, no significa que las alternativas se limiten a la tolerancia absoluta o la represi&oacute;n sin medias tintas. En medio de esos polos, las polic&iacute;as de seguridad (que dependen del poder ejecutivo) tienen el deber de administrar el orden en las calles &iquest;Qu&eacute; significa administrar? Significa que en la v&iacute;a p&uacute;blica la polic&iacute;a es la mano visible del poder del Estado. Deben ejercerlo de acuerdo con las capacidades que les asigna la ley. Tienen el deber de intervenir desde el principio para asegurar que todos los ciudadanos puedan ejercer sus derechos. Y, esto es importante, en ning&uacute;n caso necesitan la autorizaci&oacute;n de la justicia penal. La polic&iacute;a es soberana en las calles y debe impedir que se cometan delitos. El concepto de orden integra el monopolio leg&iacute;timo de la fuerza que es patrimonio del Estado.
    </p><p class="article-text">
        La segunda dimensi&oacute;n est&aacute; relacionada con los mismos acontecimientos. La espiral de violencia se agudiz&oacute;, los hechos se consumaron e intervinieron los magistrados de la justicia federal. La noticia trep&oacute; a la cima de la agenda p&uacute;blica. Muchos ciudadanos reclamaban el derecho constitucional a recibir informaci&oacute;n de parte de las autoridades judiciales. Sin embargo, el sistema judicial permanece en un fango comunicativo. Es razonable que los magistrados que llevan adelante las investigaciones guarden silencio. No obstante, ello no puede extenderse a la instituci&oacute;n judicial en su conjunto. En hechos de semejante trascendencia p&uacute;blica, los sitios web del Poder Judicial y del Ministerio P&uacute;blico Fiscal se revelan insuficientes. En esos supuestos, <strong>es necesaria la palabra institucional para que los ciudadanos reciban informaci&oacute;n directa de sus servidores p&uacute;blicos</strong> como lo exige el art&iacute;culo 1 de la Constituci&oacute;n Nacional.
    </p><p class="article-text">
        Es que el silencio institucional no impide que algunas cuestiones sean parte de la conversaci&oacute;n p&uacute;blica. Frente a la ausencia judicial, la conversaci&oacute;n se desarrolla envuelta en enunciados atravesados por intereses particulares. Cada actor presenta su versi&oacute;n. El resultado socava las bases de la rep&uacute;blica democr&aacute;tica, porque dichas perspectivas particularistas pujan por imponer un r&eacute;gimen de verdad parcial. Una verdad que, ir&oacute;nicamente, se atribuye al sistema judicial que no habla. El resultado es cantado. Aumenta el descreimiento en la palabra de los jueces y fiscales por que el sistema judicial permite que intereses particulares hablen en su nombre. En consecuencia, es el propio Estado el que empuja a los ciudadanos a alejarse de la apuesta democr&aacute;tica porque construye barreras comunicativas.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima dimensi&oacute;n tiene que ver con los reglamentos judiciales. La pregunta cae por peso propio &iquest;Cu&aacute;l es la relaci&oacute;n con la labor policial en las calles y con el d&eacute;ficit comunicacional de la justicia? Lo explico.
    </p><p class="article-text">
        Tanto el caso de &ldquo;Los Copitos&rdquo; como el de &ldquo;Revoluci&oacute;n Federal&rdquo; tienen un alto impacto social. Vivimos tiempos en los que la informaci&oacute;n circula a mucha velocidad. Esa velocidad retroalimenta la necesidad de respuestas m&aacute;s r&aacute;pidas. Nuestra administraci&oacute;n de justicia tiene problemas con sus temporalidades. Cualquier ciudadano que directa o indirectamente interactu&oacute; con la justicia conoce de primera mano la mora judicial. Es cierto que el trabajo de los jueces y fiscales no puede estar subordinado a los ritmos de la circulaci&oacute;n de las noticias. Pero tiene que existir un punto medio, capaz de balancear los ritmos de las investigaciones con la necesidad de cumplir con el deber de informar a los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        El 22 de septiembre la jueza Eugenia Capuchetti solicit&oacute; a la Corte Suprema de Justicia de la Naci&oacute;n que refuerce los medios materiales del juzgado. La jueza buscaba mayor eficacia en su trabajo. Pero, &iquest;por qu&eacute; la jueza tiene que recurrir a la corte? &iquest;No hay una forma m&aacute;s &aacute;gil? La verdad es que no. Los reglamentos son r&iacute;gidos. Cuando un juzgado esta pasado de trabajo, necesita que la corte (o la procuraci&oacute;n general para los fiscales) autoricen la incorporaci&oacute;n de m&aacute;s personas. Puede pasar, incluso, que el juzgado vecino est&eacute; m&aacute;s aliviado y que por compa&ntilde;erismo algunos quieran colaborar con sus pares. Pero no pueden hacerlo &iquest;Hace falta una ley para simplificar eso? No. &nbsp;Hace falta que las cabezas de las instituciones judiciales fomenten, mediante simples reglamentos, la cooperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tengo claro que los des&oacute;rdenes en las calles, la relaci&oacute;n entre las instituciones judiciales y la sociedad junto a los problemas de dise&ntilde;o institucional del aparato judicial, son m&aacute;s complejos. Pero el camino para enfrentarlos no siempre tiene que ver con hip&oacute;tesis de m&aacute;xima que busquen cambiar absolutamente todo. Existen algunas formas de mejorar paulatinamente nuestra alica&iacute;da vida p&uacute;blica. Las contracciones en una sociedad y la puja de intereses son inevitables porque ejercer las sagradas libertades genera ruidos. Sin embargo, algunos peque&ntilde;os ajustes ayudar&iacute;an a vivir mejor.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, las relaciones en las calles ser&iacute;an diferentes si, como busca la Constituci&oacute;n, estuviesen mediadas por las leyes. Para ello es preciso que las polic&iacute;as intervengan antes que los delitos ocurran. Detener la violencia en las calles exige aplicar las leyes. Para ello, las autoridades pol&iacute;ticas de los poderes ejecutivos tienen que exprimir las capacidades legales de sus fuerzas de seguridad.
    </p><p class="article-text">
        Algo parecido ocurre con la palabra judicial. Recuperar su credibilidad llevar&aacute; tiempo. Pero el primer paso es construir puentes con una sociedad &aacute;vida de respuestas. Ese puente solo lo pueden construir las palabras que no usa una instituci&oacute;n que, ir&oacute;nicamente, trabaja con palabras. Por ello el sistema judicial necesita hablar, necesita hacer docencia para que los ciudadanos conozcan los cimientos de sus resoluciones. El aparato judicial debe adem&aacute;s, crear los incentivos institucionales necesarios para fomentar la cooperaci&oacute;n interna de sus integrantes. As&iacute;, los magistrados podr&aacute;n hacer su trabajo m&aacute;s r&aacute;pido y mejor.
    </p><p class="article-text">
        <em>FD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/proposito-copitos-revolucion-federal_1_9694494.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Nov 2022 15:39:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A propósito de “Los Copitos" y "Revolución Federal”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Banda de los copitos,Revolución Federal,Poder Judicial,Policía,Estado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La justicia y el sentido común]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/justicia-sentido-comun_129_8508422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/639f8710-2ed4-41fe-aa2e-db75c156e9b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La justicia y el sentido común"></p><p class="article-text">
        La inseguridad es un problema que atraviesa a todos los estratos sociales, pero que impacta con mayor fuerza a las personas m&aacute;s vulnerables. Se trata de una cuesti&oacute;n compleja que tiene muchas aristas. Me voy a detener solamente en los problemas derivados de la aplicaci&oacute;n de la ley. Espec&iacute;ficamente, en narrar algunas de las razones por las que quienes cometen repetidamente delitos permanecen en libertad o la recuperan con mucha rapidez. En algunas cr&oacute;nicas se define el fen&oacute;meno como<strong> &ldquo;la puerta giratoria&rdquo;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Empecemos por las reglas. En nuestro pa&iacute;s cualquier persona y por cualquier clase de delito tiene garantizado el derecho a permanecer en libertad mientras dura el juicio. &iquest;Esa regla es absoluta? De ninguna manera. Los magistrados tienen la obligaci&oacute;n de analizar y explicar, en cada caso particular, si es necesario mantener a una persona en libertad o no. Por ejemplo, si tiene medios para destruir pruebas, para fugarse o para hostigar a v&iacute;ctimas o testigos o cometer nuevos delitos, los jueces pueden aplicar la prisi&oacute;n preventiva, utilizar medios de vigilancia electr&oacute;nica para que se alejen de algunos lugares, retener documentos, etc.
    </p><p class="article-text">
        Esto quiere decir que la Constituci&oacute;n Nacional tolera el uso de muchos medios legales para equilibrar el derecho de los ciudadanos a tener un juicio justo y el derecho de la sociedad a que los delitos sean descubiertos, juzgados y sancionados sus responsables. El mandato constitucional para el sistema judicial es trabajar siempre con el horizonte normativo de ese equilibrio. Aqu&iacute; empiezan los desajustes.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        En efecto, el problema es la ausencia de aquel delicado equilibrio. Una de las razones que lo explica tiene que ver con que algunos magistrados no respetan la obligaci&oacute;n constitucional de considerar el impacto que sus decisiones tienen en la vida cotidiana. Los jueces y fiscales tienen que hacer el ejercicio de pensar los efectos de las sentencias en la vida de los ciudadanos. Las resoluciones del sistema judicial tienen dos p&uacute;blicos. Los protagonistas de los hechos y la sociedad en su conjunto. Muchas veces, los jueces aplican las leyes en abstracto. Es decir, sin considerar las particularidades de las situaciones. Por ejemplo, tratan de la misma manera el caso de una persona que sustrajo una cartera en el subte sin violencia que el caso de que aquel que tambi&eacute;n sustrajo una cartera, pero mediante golpes y empujones. De hecho, la Corte Suprema de Justicia de la Naci&oacute;n, el 28 de octubre de este a&ntilde;o, les record&oacute; a los jueces aquella obligaci&oacute;n en el caso &ldquo;Vidal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otra raz&oacute;n del desequilibrio se vincula con el divorcio que existe entre los h&aacute;bitos judiciales y la din&aacute;mica de la vida real del siglo XXI. La forma vetusta en que los funcionarios judiciales llevamos adelante los procedimientos muchas veces conspira contra el &eacute;xito de las investigaciones. Esto es importante. No siempre hay mala fe o comportamientos deliberadamente ilegales de los funcionarios p&uacute;blicos. A veces la cultura jur&iacute;dica frustra genuinos intentos de aplicaci&oacute;n de la ley. Esto no es una excusa, es un s&iacute;ntoma que explica el enorme desaf&iacute;o de encarar programas de actualizaci&oacute;n para cambiar la forma en que se administran los procesos.
    </p><p class="article-text">
        El caso paradigm&aacute;tico es el de los celulares robados. Las v&iacute;ctimas se acercan a los estrados judiciales y a las oficinas de las fuerzas de seguridad a realizar la denuncia y a proporcionar la ubicaci&oacute;n exacta del aparato, porque el servicio telef&oacute;nico les suministra el dato. Sin embargo, la burocracia insume tanto tiempo que los delincuentes logran disponer del artefacto antes de que la justicia se mueva para recuperarlo. Algo similar pasa con las personas que cometen peque&ntilde;os delitos y son liberadas para esperar el juicio en libertad. Concretamente, la lentitud de la justicia para hacer los juicios permite que los comportamientos delictivos se repitan. As&iacute;, se comenten muchos delitos y ninguno de ellos son enjuiciados. Si no hay juicios no hay condenas. Sin condenas firmes, todos los ciudadanos son inocentes. Es un c&iacute;rculo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La aplicaci&oacute;n en abstracto de la ley, los h&aacute;bitos de otros tiempos y, en general la cultura jur&iacute;dica que envuelve a nuestro sistema judicial, son t&oacute;picos que ayudan a comprender el fen&oacute;meno de la &ldquo;puerta giratoria&rdquo;.</strong> Adem&aacute;s, explican por qu&eacute; muchas decisiones de los jueces y fiscales, aunque son legales, la sociedad las percibe como injustas. Incluso, a veces la ciudadan&iacute;a se rebela contra las propias instituciones p&uacute;blicas por esa tensi&oacute;n entre la ley y la justicia. Se trata, en definitiva, de la naturalizaci&oacute;n de un fen&oacute;meno que hinca sus ra&iacute;ces en el uso privado de la estructura institucional. Me refer&iacute; al tema en <em>Rep&uacute;blica de la Impunidad </em>(Ariel 2020).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La aplicación en abstracto de la ley, los hábitos de otros tiempos y, en general la cultura jurídica que envuelve a nuestro sistema judicial, son tópicos que ayudan a comprender el fenómeno de la “puerta giratoria”.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Uno de los caminos para reconciliar a las leyes con las sentencias pasa por trabajar en la formaci&oacute;n de los funcionarios judiciales para conciliar las cl&aacute;usulas generales y universales de la ley con el sentido com&uacute;n. Las sentencias tienen que reconocer el &ldquo;aqu&iacute;&rdquo; y el &ldquo;ahora&rdquo;. No se pueden desentender del mundo de la vida. Cuando eso pasa, el sistema judicial se aleja de la sociedad y, en el mejor de los casos, la pr&aacute;ctica judicial se convierte en un ejercicio acad&eacute;mico. Pero el dise&ntilde;o institucional asigna a la justicia la funci&oacute;n de expropiar los conflictos sociales tipificados como infracciones y resolverlos de acuerdo con la ley. Una aplicaci&oacute;n de la ley que tiene que embridarse en el ethos social.
    </p><p class="article-text">
        Nada nuevo. Arist&oacute;teles en su <em>Ret&oacute;rica</em> advert&iacute;a que exist&iacute;an dos clases de leyes. Las comunes, que son las reconocidas por todo el mundo como los derechos naturales, y las leyes particulares. Dentro de esa categor&iacute;a distingu&iacute;a las leyes escritas de las no escritas, que son las &ldquo;definidas por cada pueblo en relaci&oacute;n consigo mismo&rdquo;. Las normas no escritas son, precisamente, parte de las dimensiones del sentido com&uacute;n que muchas veces desconocen nuestros magistrados quienes, a menudo sin querer, dictan sentencias legales pero injustas.
    </p><p class="article-text">
        <em>FD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/justicia-sentido-comun_129_8508422.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Nov 2021 03:51:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La justicia y el sentido común]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Justicia,Corte Suprema]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El juez más rockstar: alta notoriedad y baja justicia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/juez-rockstar-alta-notoriedad-baja-justicia_129_8267281.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/762561d9-3ec2-4491-8c63-bc6a4b6a3a68_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El juez más rockstar: alta notoriedad y baja justicia"></p><p class="article-text">
        Norberto Oyarbide no fue un buen juez, pero <strong>tampoco el peor de todos</strong>. Obviamente no fue el magistrado modelo que prev&eacute; la Constituci&oacute;n Nacional.&nbsp;Lleg&oacute; al cargo en 1994 envuelto en sospechas sobre su independencia y se jubil&oacute; en medio de una confusa trama (que nunca se aclar&oacute;) en 2016, bajo esas mismas sospechas. Lo conoc&iacute; en sus &uacute;ltimos meses como fiscal. Luc&iacute;a impecables trajes blancos que combinaba con zapatos del mismo color. A menudo organizaba eventos en su oficina, a los que concurr&iacute;an entonces importantes funcionarios judiciales. Tuvimos siempre buena onda en t&eacute;rminos personales, aunque la relaci&oacute;n profesional estuvo surcada por los desacuerdos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a muchos Oyarbides. Cuando le toc&oacute; resolver casos complejos y de alto impacto p&uacute;blico su trabajo fue coherente<strong>. Siempre se amold&oacute; a las necesidades del poder de turno o a las propias, ligadas a los pedidos de enjuiciamiento que lo acompa&ntilde;aron durante toda su trayectoria.</strong> Oyarbide se acerc&oacute; a ese modelo de juez que en &ldquo;Rep&uacute;blica de la Impunidad&rdquo; (Ariel 2020) llam&eacute; &ldquo;juez rockstar&rdquo;; para definir a los jueces<strong> que buscan notoriedad y no hacen justicia</strong>. Pero Oyarbide se comportaba as&iacute; en las causas que &eacute;l llamaba de &ldquo;ricos y famosos&rdquo;, que eran sus preferidas. Disfrutaba de las tensiones propias de un cargo tan complejo. Incluso de momentos de mucha tensi&oacute;n cuando, por ejemplo, poderosos imputados durante las audiencias le reprochaban en su cara su trabajo como juez. Vi como soportaba esos transes sin despeinarse. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n le gustaba la ansiedad de los cronistas judiciales para acceder a informaci&oacute;n en off. Jugaba con esas necesidades y administraba esa informaci&oacute;n con mucha eficacia.&nbsp;Supo mover los expedientes al ritmo de los requerimientos sociales. Por ejemplo, procedimientos judiciales en momentos del prime time televisivo, citaciones a personas reconocidas en horarios precisos, resoluciones procesales publicadas el d&iacute;a indicado. <strong>Oyarbide supo jugar como nadie los &ldquo;juicios medi&aacute;ticos&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando intervino en causas &ldquo;normales&rdquo; su trabajo era diferente. Recuerdo que en una &eacute;poca saludaba a todos los detenidos que pasaban por su juzgado y a todos les daba su tel&eacute;fono celular para que lo llamen ante cualquier problema. A las chicas que colaboraban con &eacute;l les regalaba flores los 21 de septiembre. Tambi&eacute;n recuerdo sus obsesiones por la atenci&oacute;n al p&uacute;blico y a los abogados en su juzgado. Lleg&oacute; a colocar c&aacute;maras en la mesa de entradas y personalmente monitoreaba la relaci&oacute;n entre los empleados y los litigantes. A punto tal que muchas veces abr&iacute;a el micr&oacute;fono y dejaba su opini&oacute;n en las t&iacute;picas discusiones entre abogados y empleados judiciales.
    </p><p class="article-text">
        Pero todos los diferentes &ldquo;Oyarbides&rdquo; conflu&iacute;an en un punto: la exageraci&oacute;n de sus actos. Teatraliz&oacute; gran parte de su vida p&uacute;blica.&nbsp;Narraba con orgullo por los pasillos de Comodoro Py, siempre seguido por sus fieles custodios (los gladiadores), que Mirtha Legrand lo felicit&oacute; por su trabajo investigando medicamentos truchos. Convirti&oacute; algunas audiencias en sesiones cinematogr&aacute;ficas.&nbsp;Recuerdo una tarde memorable, cuando recibi&oacute; en su juzgado a Chiche Gelblung, acusado de hacer apolog&iacute;a de las drogas. Protagonizaron escenas desopilantes. Uno en defensa de la libertad de prensa. El otro explicando la importancia del acto procesal de defenderse. Norberto Oyarbide tuvo muchos rostros como magistrados. Fue un modelo de juez, no un juez modelo, que dej&oacute; marcas muy importantes en el sistema judicial. Su pol&eacute;mico comportamiento, habla de &eacute;l. Es verdad. <strong>Pero Norberto Oyarbide fue juez por mas de 20 a&ntilde;os. Y ello habla del desempe&ntilde;o de nuestras instituciones.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        FD
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/juez-rockstar-alta-notoriedad-baja-justicia_129_8267281.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Sep 2021 14:41:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El juez más rockstar: alta notoriedad y baja justicia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Norberto Oyarbide,Justicia,Juez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mentiras en política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mentiras-politica_129_8140663.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10fba000-7806-4483-ad4a-a7c90715a08f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mentiras en política"></p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas<strong> los hechos que conmueven a Colombia, a Nicaragua, a Hait&iacute;, a Sud&aacute;frica y a Bolivia,</strong> por citar solo algunos ejemplos, <strong>revitalizaron la discusi&oacute;n sobre la mentira en la vida p&uacute;blica</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El uso de la mentira en la arena pol&iacute;tica se puede rastrear en el tiempo. Tomo dos casos. Plat&oacute;n en su <em>Rep&uacute;blica</em> la vio con buenos ojos. Dijo que &ldquo;Una mentira es &uacute;til solo como medicina para el hombre y el uso de estas mentiras debe reservarse s&oacute;lo a los m&eacute;dicos&rdquo; (recordemos que para Plat&oacute;n el ejercicio de la pol&iacute;tica estaba reservado a unos pocos). Maquiavelo aconsej&oacute; al Pr&iacute;ncipe el uso de la mentira, porque &ldquo;Si todos los hombres fueran buenos, este precepto ser&iacute;a mal&iacute;simo, pero ellos como son malos y no observar&aacute;n su fe con respecto a ti si se presentase la ocasi&oacute;n, no est&aacute;s obligado a guardarles tu fidelidad&rdquo;.&nbsp;En ambos casos, la mentira est&aacute; pensada como un recurso para mantener la cohesi&oacute;n de la ciudad (del Estado dir&iacute;amos hoy), despojada de componentes morales. Pero el devenir hist&oacute;rico modific&oacute; el uso de las mentiras en la vida p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        A partir del siglo XX, con la democracia de masas, la ampliaci&oacute;n del derecho al sufragio, la pol&iacute;tica como una profesi&oacute;n y el impacto de la tecnolog&iacute;a en la competencia por acceder a los roles de gobierno convirtieron a la mentira en un recurso de la pol&iacute;tica pr&aacute;ctica. Bernard Manin defini&oacute; el fen&oacute;meno como &ldquo;democracias de lo p&uacute;blico&rdquo;, en la que los partidos pol&iacute;ticos se limitan a crear candidatos que, como si fuesen productos, son consumidos por el electorado.&nbsp;En el caso argentino la promesa de una &ldquo;revoluci&oacute;n productiva&rdquo;, que fue el caballito de batalla de Carlos Menem en 1989, fue un ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, <strong>la revoluci&oacute;n comunicacional del siglo XXI expandi&oacute; la eficacia de la mentira y cambi&oacute; sus efectos</strong>. Las posibilidades de organizarlas y de difundirlas se volvi&oacute; pr&aacute;cticamente ilimitada, perfeccionando probablemente la experiencia nacionalsocialista de la Alemania de Hitler y Goebbels. Esto incidi&oacute; en los efectos de la mentira, porque permite construir verdaderas burbujas virtuales, que, aunque carecen a veces de v&iacute;nculo con la realidad, capturan la subjetividad de los espectadores.
    </p><p class="article-text">
        Los romanos distingu&iacute;an al sujeto de derecho, es decir, al que pod&iacute;a tomar decisiones por s&iacute; mismo -con la categor&iacute;a <em>sui iuris</em>- mientras que llamaban <em>alieni iuris </em>a los que no pod&iacute;an hacerlo. Mi intuici&oacute;n es que, en determinadas situaciones muy espec&iacute;ficas, la mentira debidamente organizada y exprimiendo al m&aacute;ximo las capacidades tecnol&oacute;gicas puede convertir a las personas en <em>alieni iruis</em>; es decir, en alineados. El mitin que en base a mentiras mont&oacute; Donald Trump el 6 de enero de 2021 y que culmin&oacute; con la invasi&oacute;n del Capitolio por parte de sus seguidores, es un indicador concreto de la potencia de la mentira planificada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que la mentira es una constante en la vida p&uacute;blica de las sociedades occidentales, aunque las formas en que se la utiliza actualmente permiten sospechar que son algo m&aacute;s que promesas falsas o acusaciones sin fundamento. Probablemente, se convirti&oacute; en un elemento decisivo para hacer posibles proyectos pol&iacute;ticos que, si bien invocan a la democracia como horizonte normativo, en rigor de verdad est&aacute;n pensando en &oacute;rdenes pol&iacute;ticos poco inclusivos. La mentira puede ser un insumo que apunta a crear una realidad diferente al lenguaje de los hechos. <strong>La mentira como vector de construcci&oacute;n pol&iacute;tica apunta a mantener o sustituir una forma de ejercicio del poder. </strong>Esto es decisivo.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, la mentira como elemento para representar un mundo diferente al de los hechos, es un intento de conservar o reemplazar el estado de las cosas. Fundamentalmente porque busca negar algo real y aturdir al receptor para expropiar su atenci&oacute;n. Este es su secreto, ya que significa la expropiaci&oacute;n de la atenci&oacute;n del receptor mediante el aturdimiento. Lo aturde porque la mentira se emite desde diversos canales y durante mucho tiempo: la prensa, la tv, las redes sociales, los memes.&nbsp;Lo aturde porque la intensidad de la lluvia de informaci&oacute;n que gira en derredor del mismo eje poco a poco aleja al receptor del mundo de la vida. En fin, esa multiplicaci&oacute;n de mensajes inunda los sentidos y obtura la capacidad de correr el barniz y mirar si hay algo tras esas capas espesas de mentiras. Su efecto principal tiene que ver con que desplaza la discusi&oacute;n. La realidad queda a un lado.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La mentira como vector de construcción política apunta a mantener o sustituir una forma de ejercicio del poder.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En la justicia nos pasa todo el tiempo. Los juicios tienen pasos que llevan tiempo. No es factible decir &ldquo;culpable&rdquo; o &ldquo;inocente&rdquo; en un d&iacute;a. Aunque la justicia es particularmente lenta en nuestro pa&iacute;s, necesariamente tiene una temporalidad distinta a la de otras actividades. As&iacute;, a menudo se usa la mentira organizada cuando los casos involucran a personas con importantes recursos econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos y/o simb&oacute;licos para crear una situaci&oacute;n distinta a la real. Se apuesta al fracaso de la investigaci&oacute;n. Cito un ejemplo. Cuando la Rep&uacute;blica Federativa de Brasil y la Rep&uacute;blica Oriental del Uruguay enviaron pruebas oficiales sobre las derivaciones de &ldquo;Odebrecht&rdquo; en nuestro pa&iacute;s, se dec&iacute;a que esos documentos oficiales eran falsos.&nbsp;Tan bien se organiz&oacute;, que la discusi&oacute;n se desplaz&oacute; hacia las mentiras. La intenci&oacute;n no era simplemente desprestigiar el proceso penal sino negarlo, porque en esos casos tan importantes es casi imposible que el &eacute;xito de la investigaci&oacute;n no altere la realidad material que, a trav&eacute;s de la mentira, se intent&oacute; en esos casos conservar.
    </p><p class="article-text">
        El eje que me interesa retener, entonces, no tiene que ver con aspectos &eacute;ticos que me preocupan y mucho. En este caso, el eje se vincula con el recurso que surge de combinar las posibilidades comunicacionales con mentiras debidamente planificadas para negar hechos que se presumen amenazantes. Ello se traduce en la chance concreta de reducir el espacio p&uacute;blico a trav&eacute;s de la acci&oacute;n de demonizar o invisibilizar hechos que alg&uacute;n grupo o persona catalogue como un riesgo para afectar determinadas posiciones. Significa que, quien pueda, tiene posibilidades para fijar de facto reglas de juego en la arena p&uacute;blica que distingan lo admisible de lo inadmisible, por fuera de la constituci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; yace una cuesti&oacute;n nodal y que tiene que ver con el pleno imperio de la ley. En una rep&uacute;blica democr&aacute;tica, son los ciudadanos a trav&eacute;s de las mediaciones institucionales, quienes definen lo permitido de lo prohibido. La transformaci&oacute;n de la mentira en el sentido precedentemente individualizado es un t&oacute;pico pendiente de regulaci&oacute;n espec&iacute;fica; es decir, acorde con los tiempos que corren. Pero en t&eacute;rminos individuales hay un terreno que debemos recuperar los ciudadanos y que tiene que ver con valorizar el honor &iquest;C&oacute;mo? Exigiendo mediante la ley que las ofensas personales sean reparadas. <strong>Naturalizar la devaluaci&oacute;n del honor y tolerar las ofensas son formas de matar por dentro la democracia y de reproducir la eficacia pol&iacute;tica de la mentira</strong>. Sobre todo, porque una sociedad constituida por v&iacute;nculos sociales que se nutren de la mentira es fr&aacute;gil y solo es remunerativa para aquellos sectores que tiene posibilidades de propagarla de manera sistem&aacute;tica. La mentira es&nbsp; hostil a las mayor&iacute;as y abre el camino hacia lo que Robespierre llam&oacute; &ldquo;la aristocracia del dinero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>FD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mentiras-politica_129_8140663.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Jul 2021 10:17:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Colombia,Nicaragua,Bolivia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El papa Francisco, la propiedad y la república]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/papa-francisco-propiedad-republica_129_8118792.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef5a5657-3a22-4635-8ac6-1a9336c45556_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El papa Francisco, la propiedad y la república"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir del mensaje sobre la propiedad privada como un derecho secundario y el que subordinó este derecho al destino universal de los bienes, el fiscal federal Federico Delgado escribe esta columna de opinión.</p></div><p class="article-text">
        Hace pocos d&iacute;as gener&oacute; un peque&ntilde;o debate en nuestra vida p&uacute;blica <a href="https://www.eldiarioar.com/mundo/papa-francisco-critico-corrupcion-convierte-sindicatos-seudopatrones_1_8048562.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el mensaje que el papa Francisco envi&oacute; al director general de la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo </a>Guy Ryder. Me interesan dos frases para discutir.&nbsp;<strong>La que defini&oacute; a la propiedad privada como un derecho secundario y la que subordin&oacute; este derecho al destino universal de los bienes.</strong>&nbsp;Me interesan porque no se trata solamente de cuestiones propias de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica, sino de t&oacute;picos pr&aacute;cticos sobre los que se asientan los cimientos de las sociedades occidentales y que definen la extensi&oacute;n de los derechos humanos, un tema que envuelve a toda la tradici&oacute;n republicana.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La palabra rep&uacute;blica est&aacute; un poco maltratada y sometida a un proceso de resignificaci&oacute;n que la alej&oacute; de todo su potencial emancipador original.</strong>&nbsp;B&aacute;sicamente recordemos que rep&uacute;blica se define por la capacidad de vivir en una sociedad sin reconocer otro dominio que el de la ley, que es la expresi&oacute;n de la voluntad ciudadana. Retengamos eso, la ley expresa nuestros acuerdos y es universal porque se aplica -al menos en teor&iacute;a- a todo el mundo. Recordemos tambi&eacute;n que al interior del republicanismo hay dos grandes vertientes. La aristocr&aacute;tica, que se remonta a Arist&oacute;teles y que grosso modo se limita a incluir en el r&eacute;gimen pol&iacute;tico como sujeto de derechos a los propietarios y el republicanismo democr&aacute;tico, que se remonta a la Atenas de Aspasia y Pericles, de vocaci&oacute;n universal.
    </p><p class="article-text">
        En ambas corrientes, la cuesti&oacute;n nodal es la relaci&oacute;n entre la libertad, la igualdad y la propiedad, porque se trata de esferas inescindibles para poder vivir sin reconocer ning&uacute;n se&ntilde;or&iacute;o o amenaza de un tercero. En esa clave,&nbsp;<strong>es importante tener en claro que la base material que suministra la propiedad es una fuente de igualdad, porque nos vuelve aut&oacute;nomos.</strong>&nbsp;No es lo mismo ser parte de la sociedad con casa y trabajo asegurado, que vivir en la incertidumbre del d&iacute;a a d&iacute;a para comer y dormir. La gran diferencia entre ambas es la extensi&oacute;n de aquella relaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a que la tradici&oacute;n del republicanismo democr&aacute;tico tiene un horizonte normativo universal, vinculado con la extensi&oacute;n del derecho de propiedad. Seg&uacute;n esta mirada, cuantos m&aacute;s propietarios haya, habr&aacute; m&aacute;s libertad definida como la chance de tomar decisiones sin pedir permiso a nadie (esta es la raz&oacute;n &eacute;tica de la Renta B&aacute;sica Universal).&nbsp;<strong>Para el republicanismo, en cualquiera de sus posiciones, el grado de libertad de una sociedad se define por la forma en que est&aacute; configurada la propiedad.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es por ello por lo que, en las facultades de derecho, en las primeras clases de derecho constitucional, a los alumnos nos ense&ntilde;an que hay derechos que se pueden disponer y otros de los que no se pueden disponer &iquest;Est&aacute; permitido firmar un contrato de esclavitud? No. Hay en juego derechos inalienables que no se pueden separar de la condici&oacute;n humana. &iquest;Se pueden comprar y vender cosas? Si. Ello tiene que ver con la forma en que regulamos la propiedad. Las palabras del Papa, entonces, toman partido por una perspectiva te&oacute;rica que se remonta a la reacci&oacute;n de la Escuela de Salamanca, a trav&eacute;s de Juan de Mariana y Bartolom&eacute; de las Casas, que en el siglo XVI reflexionaban sobre las implicancias de la &ldquo;Conquista de Am&eacute;rica&rdquo; y generaron lo que se conoce como el derecho natural revolucionario.
    </p><p class="article-text">
        El planteo del Papa introdujo, frente a los representantes de los trabajadores (a quienes Arist&oacute;teles llamaba &ldquo;esclavos a tiempo parcial&rdquo;), el debate sobre la propiedad que, obviamente, tiene que ver con discutir la libertad y la igualdad; es decir, las bases de la sociedad. Por eso dec&iacute;a que se trata de una cuesti&oacute;n pr&aacute;ctica, actual y pertinente en sociedades como la nuestra, atravesadas por la pobreza estructural.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; es la propiedad un derecho secundario?</strong>&nbsp;La respuesta a esta pregunta nos va a mostrar por qu&eacute; el Papa habl&oacute; del destino universal de los bienes. Veamos r&aacute;pidamente las dos grandes posiciones.
    </p><p class="article-text">
        Para el republicanismo la propiedad es el modo en que se controlan en una sociedad los recursos que hacen posible la existencia material. Esos recursos de la naturaleza son comunes. Para el cristianismo son obra del creador, para el racionalismo son obra de la naturaleza que no reconoce autoridad. Lo importante es que nadie nace con derecho a ser propietario. La propiedad es un problema, entonces, de dise&ntilde;o institucional.
    </p><p class="article-text">
        Por razones de espacio es imposible rastrear las huellas de la tradici&oacute;n republicana. Digamos que John Locke, Adam Smith, Immanuel Kant, Thomas Paine y Thomas Jefferson la representan magn&iacute;ficamente. Probablemente el discurso de Robespierre del 2 de diciembre de 1792 condensa a esta tradici&oacute;n. Afirm&oacute; que &ldquo;la primera ley social es aquella que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios para existir&rdquo;. Aqu&iacute; aparece claro el problema. Los bienes de la naturaleza son comunes. El derecho de propiedad es secundario porque es la sociedad es la que establece a trav&eacute;s de la ley su funcionamiento. La constituci&oacute;n de M&eacute;xico de 1917 delegaba en el parlamento dicho aspecto, como la constituci&oacute;n Alemana de la Rep&uacute;blica de Weimar. La nuestra es m&aacute;s taxativa. Pero lo importante es que fueron ciudadanos los que resolvieron el punto.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, desde fines del siglo XIX la propiedad se defini&oacute; de otra manera. El jurista brit&aacute;nico William Blackstone la entendi&oacute; como el exclusivo y desp&oacute;tico dominio que un hombre exige sobre las cosas externas del mundo, con total exclusi&oacute;n del derecho de cualquier otro individuo. Se trata de la concepci&oacute;n liberal de la libertad. &iquest;Cu&aacute;ndo naci&oacute;? Sigo a Mar&iacute;a Julia Bertomeu y a Antoni Domenech. Naci&oacute; en las Cortes de C&aacute;diz, en 1812, cuando la libertad fue separada de las condiciones materiales de existencia. Desde ese momento, libre es quien tiene propiedades y tambi&eacute;n quien solo tiene para vender su fuerza de trabajo. Esta es la innovaci&oacute;n liberal (alejada de Locke y Kant que murieron en 1704 y en 1804, respectivamente) y que nos coloca a todos en un pie de igualdad para contratar, m&aacute;s all&aacute; de nuestras condiciones de vida reales.
    </p><p class="article-text">
        Esto quiere decir que el planteo del papa Francisco, anclado en esa noci&oacute;n de derecho natural revolucionario que distingue derechos disponibles de los indisponibles, se inscribe en una disputa sobre el tama&ntilde;o de los derechos humanos y apunta a discutir el formato del mundo de la vida real. Aquella intervenci&oacute;n ante la OIT es similar a las discusiones de la OCDE, la Uni&oacute;n Europea y los pa&iacute;ses m&aacute;s poderosos que en estos d&iacute;as debaten temas tributarios que tambi&eacute;n se vinculan con el dise&ntilde;o de las sociedades.
    </p><p class="article-text">
        Hagamos una simple asociaci&oacute;n para reforzar la pertinencia de la tensi&oacute;n entre libertad, igualdad y propiedad. De acuerdo con el Indec, el muestreo del segundo semestre de 2020 revel&oacute; que el 42% de la poblaci&oacute;n de nuestro pa&iacute;s est&aacute; por debajo de la l&iacute;nea de pobreza.&nbsp;<strong>Es urgente discutir el funcionamiento de la sociedad y para ello hay que problematizar c&oacute;mo hacer para mejorar la rep&uacute;blica que, seg&uacute;n el art&iacute;culo 1 de la Constituci&oacute;n Nacional, tenemos que construir colectivamente.&nbsp;</strong>No se trata, entonces, de usar adjetivos calificativos para discutir la intervenci&oacute;n papal. Tampoco es una cuesti&oacute;n de fe, sino de reflexionar sobre el tipo de sociedad en la que nos interesa vivir. Recordemos c&oacute;mo empieza el pre&aacute;mbulo de nuestra Constituci&oacute;n. Dice: &ldquo;Nos, los representantes del pueblo&rdquo;. Esa f&oacute;rmula permite sostener que la soberan&iacute;a reside en el pueblo y que el pueblo cedi&oacute; su derecho a intervenir en los asuntos p&uacute;blicos a sus representantes. Pero esa cesi&oacute;n no desliga a los ciudadanos de la obligaci&oacute;n constitucional de construir una rep&uacute;blica democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <em>FD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/papa-francisco-propiedad-republica_129_8118792.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Jul 2021 10:19:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El papa Francisco, la propiedad y la república]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Papa Francisco,Propiedad Privada,Constitución]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué puede hacer la Corte Suprema en la definición de las clases presenciales y el uso privado de la cosa pública]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/corte-suprema-definicion-clases-presenciales-privado-cosa-publica_129_7849958.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8623cb76-e8bf-4c49-9925-970297099a2c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué puede hacer la Corte Suprema en la definición de las clases presenciales y el uso privado de la cosa pública"></p><p class="article-text">
        El conflicto entre la Presidencia de la Naci&oacute;n y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad Aut&oacute;noma de Buenos Aires por las clases presenciales ocupa la atenci&oacute;n p&uacute;blica. La pelea sobre si tiene raz&oacute;n uno u otro no creo que nos lleve muy lejos. <strong>Propongo pensar el tema en dos planos. Por un lado, por qu&eacute; la estructura institucional, desprovista de ciertos recaudos, incentiva estas querellas.&nbsp; Por otro, qu&eacute; puede hacer la Corte Suprema de Justicia de la Naci&oacute;n.</strong> Para ganar claridad har&eacute; a un lado las cuestiones jur&iacute;dicas finas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hasta el 18 de abril solamente sab&iacute;amos que el presidente hab&iacute;a tomado una decisi&oacute;n que conocimos d&iacute;as antes (mediante la que estableci&oacute; algunas restricciones producto de la evoluci&oacute;n de la pandemia) y que el gobierno porte&ntilde;o la hab&iacute;a impugnado ante la Corte Suprema de Justicia de la Naci&oacute;n. Pero aquel 18 nos enteramos que dos asociaciones civiles hab&iacute;an hecho un planteo similar, pero ante la justicia de la Ciudad Aut&oacute;noma de Buenos Aires. Si estos jueces resolv&iacute;an favorablemente el pedido, una parte de la decisi&oacute;n presidencial pod&iacute;a quedar sin efecto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa noche, los jueces de la Sala IV de la C&aacute;mara en lo Contencioso Administrativo de la ciudad ordenaron al ejecutivo local garantizar las clases presenciales en la ciudad. El lunes 19, a pedido del gobierno nacional, la justicia en lo contencioso administrativo federal bloque&oacute; la decisi&oacute;n de los jueces porte&ntilde;os. Pero la ciudad no la acat&oacute;. &iquest;C&oacute;mo es esto? Veamos primero por qu&eacute; ocurri&oacute; legalmente este entrecruzamiento legal. Luego, qu&eacute; puede hacer la corte. Finalmente, por qu&eacute; nos pasan estas cosas a los argentinos.
    </p><p class="article-text">
        La Rep&uacute;blica Argentina es un pa&iacute;s federal. Brevemente, significa que los estados provinciales conservan todo el poder no delegado al Estado central &iquest;Qu&eacute; conservan? La chance de elegir autoridades, de dise&ntilde;ar sus instituciones (ejecutivo, legislativo y judicial), la salud p&uacute;blica, etc. El Estado federal regula todas aquellas materias propiamente federales establecidas en la Constituci&oacute;n. En ciertos temas, todos tienen facultades concurrentes. Si hay un conflicto entre una provincia y la naci&oacute;n, lo resuelve la Corte Suprema.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pregunta obvia &iquest;la ciudad capital es una provincia? No.&nbsp;Es una ciudad aut&oacute;noma luego de la reforma de la Constituci&oacute;n de 1994. Pero la corte la equipar&oacute; a los efectos legales. En tanto ciudad aut&oacute;noma, Buenos Aires tiene su justicia, que dirime los conflictos entre los vecinos de la ciudad y entre los vecinos y el estado local.
    </p><p class="article-text">
        Retengamos que cada jurisdicci&oacute;n puede establecer normas en materia de salud p&uacute;blica y que el gobierno federal a veces tambi&eacute;n. Entonces, &iquest;qui&eacute;n puede dictar disposiciones para enfrentar la pandemia?&nbsp;Formalmente todos. De hecho, hasta estos d&iacute;as, el presidente fij&oacute; a trav&eacute;s de decretos las principales pol&iacute;ticas en materia sanitaria desde marzo de 2020 y cada nivel de gobierno las acat&oacute; y ajusto a sus realidades.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El federalismo supone cooperaci&oacute;n. Esto es decisivo. Requiere mucha destreza pol&iacute;tica y buena fe de los actores. </strong>Sobre todo, porque el Ejecutivo es muy fuerte seg&uacute;n el dise&ntilde;o institucional y est&aacute; en permanente tensi&oacute;n con las autonom&iacute;as de los estados que integran la federaci&oacute;n. Aqu&iacute; y ahora lo que pas&oacute; es que el Estado federal y la Jefatura de Gobierno porte&ntilde;o quieren regular de manera diferente la misma cuesti&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El presidente emiti&oacute; una decisi&oacute;n autoritativa que, por un tiempo limitado, anclado en la crisis sanitaria y en nombre del bienestar general como horizonte, avanz&oacute; sobre las autonom&iacute;as de la capital y de la provincia de Buenos Aires. Ser&iacute;a como soportar tener menos poder en beneficio de todos. El jefe de gobierno impugn&oacute; el decreto ante la Corte Suprema. <strong>La corte debe resolver si el decreto (el medio de intervenci&oacute;n que escogi&oacute; el presidente) es proporcional al mal que busca evitar (que la crisis aumente). Es decir, si la Constituci&oacute;n tolera el avance del Ejecutivo sobre el &aacute;rea metropolitana.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Corre por otro carril la discusi&oacute;n entre la justicia local y la federal por la suspensi&oacute;n de las clases, pero depende de lo que la corte diga sobre el decreto. Veamos. Opci&oacute;n a) la corte resuelve que el decreto del presidente es inconstitucional y cae. En tal caso la puja judicial por las clases se termina. Opci&oacute;n b) la corte resuelve que el decreto presidencial es constitucional. En ese caso queda sin efecto la decisi&oacute;n de la justicia porte&ntilde;a. Siguen las restricciones. Adem&aacute;s, se abre un escenario legal desafiante para la justicia, ya que debe analizar si las medidas que desconocieron la expresi&oacute;n de voluntad del presidente tienen consecuencias jur&iacute;dicas (penales, civiles, administrativas).
    </p><p class="article-text">
        Esta es la explicaci&oacute;n legal. Est&aacute; muy lejos de lo que quiere la Constituci&oacute;n.&nbsp;<strong>Se puede decir que es un caso de judicializaci&oacute;n de la pol&iacute;tica. Hay algo de ello, pero es m&aacute;s grave. Asistimos al uso privado de las instituciones. </strong>Me ocup&eacute; de esta cat&aacute;strofe en <em>Rep&uacute;blica de la Impunidad  </em>(Ariel, 2020). Dicho f&aacute;cil, los ciudadanos con la ley podemos hacer tres cosas: cumplirla, desobedecerla o torcer su significado para que nos calce a medida. Cuando la torcemos nos apropiamos. Por lo tanto, hacemos un uso privado de ella, aunque la ley es universal. Si, adem&aacute;s, conseguimos que algunos magistrados recepten favorablemente esa interpretaci&oacute;n particular, conseguimos hacer un uso tambi&eacute;n particular del expediente. Se trata de un producto dotado de autoridad p&uacute;blica, que subsidia intereses privados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, las instituciones de todos los ciudadanos se vuelven herramientas que sirven intereses privados. La llamada &ldquo;sentencia a medida&rdquo; es un caso paradigm&aacute;tico en nuestra vida p&uacute;blica. Pero es un s&iacute;ntoma de un problema mayor, ya que agudiza el proceso de expropiaci&oacute;n de lo p&uacute;blico. De este modo, las instituciones no nos mejoran la vida a todos. Sirven a pocos &iquest;Por qu&eacute; pasa? Entre otras cosas, porque no pasa nada. No hay costos para quienes participan de estos procesos, ya sean funcionarios p&uacute;blicos o particulares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nuestra estructura institucional federal esta desprovista de mecanismos eficaces que impidan estas pr&aacute;cticas desleales con la Constituci&oacute;n. </strong>El dise&ntilde;o legal da por sentado que nos vamos a comportar como lo indica el plano del deber ser. No hay costos reales para nadie. En algunos sistemas de nuestro pa&iacute;s, las medidas cautelares como la que suspende clases presenciales o la que las bloquea, exigen para quienes la piden que suministren un reaseguro para con el Estado. Pero no se aplica en todas partes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El uso privado de la cosa p&uacute;blica se transforma en una tentaci&oacute;n para quienes tienen recursos. Es casi una regla informal. En 1984 Guillermo O&rsquo;Donnell describi&oacute; el juego pol&iacute;tico de la argentina como un &ldquo;corporativismo an&aacute;rquico&rdquo;; esto es, un movimiento en que las facciones buscan imponer &ldquo;su&rdquo; inter&eacute;s en las instituciones sin respetar las formas y a caballo de su propio peso espec&iacute;fico. De prepo. <strong>Creo que el problema de fondo es una cultura pol&iacute;tica incentivada por una estructura institucional que no contempla costos y que solo profundiza la expropiaci&oacute;n de lo p&uacute;blico.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>La tensi&oacute;n por las clases presenciales se inscribe en esta matriz. Se traduce en la posibilidad de contar con sentencias judiciales como una herramienta propia. Es peligroso. Un martillo sirve para clavar un clavo, pero tambi&eacute;n para lastimar. El uso privado del expediente des-ciudadaniza y la rep&uacute;blica democr&aacute;tica se alimenta de ciudadanos.&nbsp;</strong> La corte no puede hacer milagros. Puede resolver el caso simplemente o ir m&aacute;s all&aacute;. Puede, coqueteando con John Austin, &ldquo;hacer cosas con palabras&rdquo; y, aprovechando el car&aacute;cter performativo del derecho, dotar a su sentencia de un poderoso mensaje moral.
    </p><p class="article-text">
        <em>FD</em>&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/corte-suprema-definicion-clases-presenciales-privado-cosa-publica_129_7849958.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Apr 2021 11:54:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Qué puede hacer la Corte Suprema en la definición de las clases presenciales y el uso privado de la cosa pública]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Corte Suprema,Clases Presenciales,Ciudad de Buenos Aires,Justicia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un orden social justo o el yugo de los guardianes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/orden-social-justo-yugo-guardianes_129_6827412.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/599b3a9a-7b2b-4d8d-a32f-d84daa660302_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un orden social justo o el yugo de los guardianes"></p><p class="article-text">
        La pregunta por el orden social justo atraviesa la <em>Rep&uacute;blica</em> de Plat&oacute;n.&nbsp;Y es la pregunta que subyace hoy a todo el debate que tensiona a Occidente. Une los hechos del 6 de enero en el Capitolio, las discusiones de nuestra vida p&uacute;blica sobre el aparato judicial, el sistema de salud, el r&eacute;gimen impositivo y tambi&eacute;n las tensiones entre pa&iacute;ses ricos y pa&iacute;ses pobres miembros de la Uni&oacute;n Europea. Recordemos que Tras&iacute;maco punz&oacute; a S&oacute;crates diciendo que lo justo es lo que beneficia al m&aacute;s poderoso. A partir de all&iacute; se desarroll&oacute; todo un andamiaje que, en el fondo, apunta a justificar las razones por las que los pobres libres no deber&iacute;an ser parte de la democracia. <strong>La pregunta que nos habita hoy es: &iquest;Puede la democracia producir un orden social justo? Dicha pregunta nos lleva a otra: &iquest;D&oacute;nde estamos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En medio de la combinaci&oacute;n de una crisis econ&oacute;mica y pol&iacute;tica envuelta en la pandemia, asistimos a una suerte de expropiaci&oacute;n de las instituciones heredadas de las Revoluciones Norteamericana y Francesa. De hecho, la toma de esas instituciones p&uacute;blicas trajo aparejada una exclusi&oacute;n de las mayor&iacute;as en el proceso de toma de decisiones. La pol&iacute;tica se volvi&oacute; corporativa, chata, opaca: las decisiones se toman a espaldas y a veces en contra de las grandes mayor&iacute;as. La impunidad, la violencia y las desigualdades distinguen a estos tiempos. &iquest;Por qu&eacute; no pasa nada?
    </p><p class="article-text">
        En su art&iacute;culo &ldquo;Poder y orden: La estrategia de la minor&iacute;a consistente&rdquo;, Norbert Lechner explic&oacute; por qu&eacute; un mundo injusto permanece en el tiempo. Sostuvo que el secreto de su duraci&oacute;n est&aacute; anclado en la &lsquo;seguridad&rsquo;, la cual -m&aacute;s all&aacute; de toda consideraci&oacute;n sobre la calidad de vida- vuelve predecible el proceso social. En nuestro pa&iacute;s, un ciudadano puede calcular c&oacute;mo hacer para violar la ley y que no le pase nada. Se tiende as&iacute; a &lsquo;invertir&rsquo; para conservar lo que se tiene, por poco que sea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la pregunta por los cimientos de esa situaci&oacute;n social, Lechner respond&iacute;a que obedec&iacute;an a un fen&oacute;meno subjetivo y a condiciones materiales que generan un ecosistema autoritario edificando disposiciones que tienden a hacer respetar las jerarqu&iacute;as, un rasgo propio de las sociedades estructuradas en base a las diferencias. El resultado de este proceso se asemeja al mundo actual: minor&iacute;as que gobiernan en contra de los intereses mayoritarios, pero que permanecen.
    </p><p class="article-text">
        Respecto al modo en que mantienen la dominaci&oacute;n, se&ntilde;al&oacute; que una vez en el poder las minor&iacute;as se las ingenian al administrar los recursos p&uacute;blicos para generar divisiones que hagan casi imposible crear una organizaci&oacute;n capaz de desafiar el esquema. A la par, hacen creer que conservar lo que existe es la &uacute;nica alternativa. En otras palabras, el secreto del &eacute;xito de las minor&iacute;as pasa por naturalizar determinado orden social creando un entorno que lo transforma en sentido com&uacute;n. Cualquier alternativa es percibida como el caos. A ese orden, que es el rostro de una forma de ejercer el poder, Lechner lo llam&oacute; el poder normativo de lo f&aacute;ctico. Su fuente de vida es la capacidad de generar anticuerpos para que los ciudadanos no se animen a interpelar su conciencia y, en consecuencia, a cuestionar la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;c&oacute;mo se sostiene el esquema en la vida cotidiana? Gracias al rol de los &lsquo;guardianes&rsquo;. Esto es, una serie de personas capaces de respaldar con la fuerza algunas decisiones y convertirlas en obligatorias.&nbsp;Es el caso de los jueces rock star y sus sentencias arbitrarias, de las voces de los &lsquo;mercados&rsquo; o de las empresas tecnol&oacute;gicas que definen -en lugar de hacerlo la Rep&uacute;blica- qui&eacute;n puede ejercer la libertad de expresi&oacute;n. Los guardianes intervienen tambi&eacute;n en la esfera simb&oacute;lica. Destilan una forma de ver el mundo que dice que no hay otro distinto al actual. Se presentan como t&eacute;cnicos que se mueven en base a un saber impersonal, objetivo y despolitizado. Esa &eacute;lite exige un consenso por adhesi&oacute;n a su visi&oacute;n petrificada del mundo, porque lo contrario es &lsquo;irracional&rsquo;. As&iacute;, una minor&iacute;a adquiere la capacidad de gerenciar sociedades en las que se naturaliza vivir mal. Cristalizan la respuesta que dio Tras&iacute;maco a S&oacute;crates.
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;a al principio, vivimos en tiempos de resignificaciones. &nbsp;Por ello es preciso reflexionar en torno al poder normativo de lo f&aacute;ctico. Sobre todo, porque esa cara del poder entra&ntilde;a apat&iacute;a pol&iacute;tica que engendra apat&iacute;a moral y lleva a que las grandes mayor&iacute;as acepten el mundo como algo externo, natural e incuestionable. Adem&aacute;s del t&oacute;pico racial, el fascismo se caracteriz&oacute; por impedirles a las mayor&iacute;as discutir la extensi&oacute;n de los derechos en la sociedad. Por eso, cuando discutimos acerca del orden social justo, debemos tener claro que cambiar el mundo tiene que ver con recuperar el poder, que es un producto humano. Tambi&eacute;n, con recordar que las experiencias hist&oacute;ricas constituyen una poderosa fuente de conocimiento para pensar el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Como ense&ntilde;&oacute; Antoni Domenech en <em>El eclipse de la fraternidad</em>, los griegos en el per&iacute;odo de Pericles lograron articular la vida p&uacute;blica en base a los pobres libres, algo que no le gustaba a Plat&oacute;n. Crearon rep&uacute;blicas democr&aacute;ticas que consiguieron grandes logros. &nbsp;Por ejemplo, prohibir la esclavitud por deudas, remunerar la funci&oacute;n p&uacute;blica de los pobres libres, gozar de la libertad de palabra en el &aacute;gora, asegurar la rotaci&oacute;n en los cargos p&uacute;blicos. Resolvieron con &eacute;xito uno de los problemas b&aacute;sicos de la vida en com&uacute;n: &iquest;qui&eacute;n toma las decisiones? Y dieron lugar a un verdadero estado de derecho en el que los ciudadanos vivieron obedeciendo a una ley que era la expresi&oacute;n colectiva de s&iacute; mismos.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, es preciso discutir los modos en que las grandes mayor&iacute;as pueden articularse para construir un orden social justo a partir del derecho a la existencia (el derecho que hace posible disfrutar de otros derechos). Un orden que genere las condiciones para sociedades que hagan posibles la libertad, la igualdad y la fraternidad.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>FD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/orden-social-justo-yugo-guardianes_129_6827412.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Jan 2021 03:01:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un orden social justo o el yugo de los guardianes]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Balance 2020: La Justicia sigue siendo injusta y una fábrica de impunidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/balance-justicia-sigue-injusta-fabrica-impunidad_129_6503903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8623cb76-e8bf-4c49-9925-970297099a2c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Balance 2020: La Justicia sigue siendo injusta y una fábrica de impunidad"></p><p class="article-text">
        En diciembre del a&ntilde;o pasado entregu&eacute; el manuscrito de <em>Rep&uacute;blica de la Impunidad</em> (Ariel, 2020). Tuve que cambiar la conclusi&oacute;n del texto. Lo hice estimulado por el discurso del presidente <strong>Alberto Fern&aacute;ndez </strong>en el Congreso el 10 de ese mismo diciembre, que con mucha precisi&oacute;n realizaba un diagn&oacute;stico impecable de la &ldquo;cuesti&oacute;n judicial&rdquo;. B&aacute;sicamente porque gran parte de la Justicia hace cosas no previstas ni queridas por la Constituci&oacute;n Nacional. Un a&ntilde;o despu&eacute;s Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner, vicepresidenta de la Naci&oacute;n, se expres&oacute; en una carta que se inscribe en una perspectiva an&aacute;loga. Nada nuevo. Mauricio Macri, cuando asumi&oacute; la presidencia, tambi&eacute;n dedic&oacute; un p&aacute;rrafo al sistema judicial y el exministro de Justicia Germ&aacute;n Garavano impuls&oacute; el proyecto &ldquo;Justicia 2020&rdquo;. No me interesan los actores institucionales en tanto tales. Tampoco discutir ahora los proyectos en s&iacute; mismos. <strong>Me preocupa que todo sigue igual.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un concurso preventivo se transforma muchas veces en un mecanismo heterodoxo que utilizan los deudores para financiarse a costa de los acreedores. Los trabajadores despedidos injustamente tardan demasiados a&ntilde;os en conseguir la indemnizaci&oacute;n. Los jubilados deben esperar d&eacute;cadas para percibir correctamente su remuneraci&oacute;n. Un cheque sin fondos no se puede cobrar casi nunca. Las c&aacute;rceles rebalsan de personas cosificadas que est&aacute;n lejos de cualquier instancia de resocializaci&oacute;n. Los delitos de los poderosos no son juzgados. Los ciudadanos esper&aacute;bamos con ansiedad ver en im&aacute;genes p&uacute;blicas los pol&eacute;micos juicios orales contra los exfuncionarios kirchneristas. No fue posible. Es verdad que la pandemia lo cambio todo, pero en la Justicia sus efectos a&uacute;n son tenues. De hecho, no sabemos bien c&oacute;mo reemplazar el viejo expediente que acumula papeles.&nbsp;Es m&aacute;s, las oficinas funcionan gracias a la creatividad y el esfuerzo de la gran mayor&iacute;a de los judiciales que hacen milagros con los vetustos sistemas inform&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        La Justicia, como expliqu&eacute; en mi libro, profundiz&oacute; en los &uacute;ltimos a&ntilde;os el h&aacute;bito de usar la ley con fines ilegales. Para decirlo r&aacute;pido, <strong>la Justicia no es justa y fabrica impunidad</strong>. Aunque, ir&oacute;nicamente, la mayor&iacute;a de sus integrantes son gente buena.&nbsp;La pregunta es: &iquest;C&oacute;mo se hace para salir de este tobog&aacute;n que parece no tener fin? Intuyo que hay dos caminos que recorrer. Uno de ellos ata&ntilde;e a la pol&iacute;tica. Es preciso hacer algunas reformas en la arquitectura del dispositivo judicial. Sobre todo, para reducir los niveles de discrecionalidad que tienen los magistrados sobre las vidas de los ciudadanos. Llamo a esa dimensi&oacute;n &ldquo;la reforma exterior&rdquo;. Por ejemplo, la Corte Suprema de Justicia debe tener plazos para dictar sentencias y tiene que haber incentivos institucionales para premiar a los leales a la Constituci&oacute;n y castigar a los que no hacen las cosas bien.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hace falta &ldquo;la reforma interna&rdquo; que tenemos que hacer los judiciales. Creo que a esa dimensi&oacute;n no se le presta la atenci&oacute;n adecuada. Normalmente se discuten grandes y pomposas reformas legales. Se olvida que las leyes son puestas en movimiento por hombres y, en consecuencia, se subestima el peso que tienen los comportamientos de jueces, fiscales, empleados de la Justicia, abogados, periodistas y todos aquellos que componen el ecosistema judicial. Casi siempre lo micro explica lo macro. En este texto no puedo extenderme sobre ello. Pero voy a tratar de graficarlo con un ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        El mi&eacute;rcoles 25 de noviembre, cuando muri&oacute; Diego Maradona, cerca de las 10.00 de la ma&ntilde;ana fui al edificio de la Obra Social del Poder Judicial, porque necesitaba bonos de consulta m&eacute;dica. En la entrada hab&iacute;a dos gendarmes y mucha gente agrupada en derredor de tres filas muy desprolijas y desparejas. Una llegaba casi hasta la esquina de la calle Rodr&iacute;guez Pe&ntilde;a. Otra se extend&iacute;a unos metros hacia Callao y una tercera estaba frente al ingreso. Los gendarmes me preguntaron si ten&iacute;a turno y me mandaron a la cola. Repentinamente, dos personas salieron del edificio hacia la calle. Uno le dijo a un afiliado: &ldquo;Tom&aacute;, llev&aacute; este papel, que el m&eacute;dico lo llene, lo firme y me lo tra&eacute;s de nuevo&rdquo;. La otra llamaba en voz alta a los afiliados por su apellido en medio de la vereda y a medida que se acercaban les entregaba papeles. Bastante ca&oacute;tico todo. Esper&eacute; veinte minutos hasta que medio aturdido por las discusiones en la vereda de la calle Lavalle tom&eacute; mis bonos y me fui.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra Obra Social nos describe. Desorden, malos tratos, vueltas y m&aacute;s vueltas. La obra social de los judiciales trabaja con bonos, credenciales impresas en papel, autorizaciones para servicios que hay que tramitar personalmente, atiende en la vereda, pero a trav&eacute;s de empleados y con la mediaci&oacute;n de la gendarmer&iacute;a, porque sus autoridades son como fantasmas. Cuando en 2018 (in)explicablemente un auto me atropell&oacute;, estuve cinco horas en una camilla esperando que una ambulancia me trasladase de un hospital a otro. Fue la primera vez que habl&eacute; con el responsable m&aacute;ximo de la entidad, quien me llam&oacute; a los dos o tres d&iacute;as para decirme que no era responsable de la demora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La an&eacute;cdota condensa un campo de problemas que trascienden el cambio de una ley, pero que explican gran parte del fracaso de la aplicaci&oacute;n de la ley.<strong> El desaf&iacute;o es mucho mayor que cambiar jueces y fiscales. </strong>Estoy de acuerdo en que hay que mejorar las designaciones y los controles. Pero hay que trabajar duramente sobre ese entramado cultural que se impone sobre las personas, transforma a quienes est&aacute;n del otro lado del mostrador y los vuelve hoscos, distantes, poco sensibles, arbitrarios y a las sentencias brutalmente incomprensibles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, es este ecosistema el que hace posible las sentencias a medida, las causas armadas, los jueces rockstars, los empleados infieles, las coimas, el v&iacute;nculo an&oacute;malo con los medios de comunicaci&oacute;n, los abusos en las prisiones preventivas, la corrupci&oacute;n en general. Vuelvo al ejemplo. Parece extra&ntilde;o que una obra social, cuyo esp&iacute;ritu es la solidaridad para enfrentar algunas de las desventuras de la vida, sea tan hostil. Pero, en alguna medida, no se aparta del funcionamiento general del sistema judicial que sufrimos los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Guillermo O&rsquo;Donnell cre&oacute; probablemente el mejor modelo te&oacute;rico para comprender los autoritarismos en Am&eacute;rica Latina. En particular, en nuestro pa&iacute;s. Lo llam&oacute; el &ldquo;Estado Burocr&aacute;tico Autoritario&rdquo;. Sosten&iacute;a que el autoritarismo de alguna manera permit&iacute;a hacer efectiva la dimensi&oacute;n econ&oacute;mica del nuevo patr&oacute;n de acumulaci&oacute;n, ya que hac&iacute;a posible la exclusi&oacute;n pol&iacute;tica de grandes sectores sociales. Tan solo con mirar a algunos pa&iacute;ses de la Am&eacute;rica Latina, del sur de Europa y estados del norte de nuestro continente, nace el interrogante angustiante que invita a pensar si la aplicaci&oacute;n arbitraria de la ley no se acerca peligrosamente a la funci&oacute;n que en otros tiempos ten&iacute;an los autoritarismos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de las escenas de est&eacute;riles pugilatos verbales, de tantos &ldquo;ismos&rdquo; que reivindican &ldquo;la&rdquo; verdad, en aquella tendencia yace la reforma judicial necesaria. Depende de la construcci&oacute;n colectiva de la rep&uacute;blica democr&aacute;tica. Coqueteando con Antoni Domenech, hay que trascender &ldquo;El eclipse de la fraternidad&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Delgado]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Dec 2020 10:31:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Balance 2020: La Justicia sigue siendo injusta y una fábrica de impunidad]]></media:title>
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