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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Ariel Wilkis]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/ariel-wilkis/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Ariel Wilkis]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Dolarizaciones en plural]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/dolarizaciones-plural_1_11867580.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d6762b0-2503-4313-9932-4d74dda37197_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dolarizaciones en plural"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es conocido el rol que tuvo el dólar para afianzar la hegemonía de EE.UU. desde mediados del siglo XX, pero su conversión en una “moneda global” aún es un fenómeno que necesita ser comprendido. "Dolarizaciones. Historias nacionales de una moneda global" es el primer estudio transnacional que analiza cómo se desarrolló este proceso en diez países del Sur Global. </p></div><p class="article-text">
        La vuelta de Donald Trump al poder en los EEUU augura una nueva intensificaci&oacute;n de la &ldquo;guerra de monedas&rdquo; globales entre el d&oacute;lar y el yuan chino. Estamos lejos de predecir el futuro de esta contienda pero las p&aacute;ginas de <em>Dolarizaciones</em> proponen una caja de herramientas que ayuda a comprender c&oacute;mo una moneda global (hoy el d&oacute;lar, ma&ntilde;ana puede ser otra) condiciona y transforma la vida de millones de personas en el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En pa&iacute;ses donde las personas han atravesado el colapso de los mercados, la ca&iacute;da de reg&iacute;menes pol&iacute;ticos, guerras, m&uacute;ltiples reformas monetarias, devaluaciones bruscas e hiperinflaci&oacute;n, qu&eacute; activos conservan valor es una pregunta vital que la dolarizaci&oacute;n viene a resolver.
    </p><p class="article-text">
        Si habitualmente la dolarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a de un pa&iacute;s se mide a trav&eacute;s de los indicadores financieros (cantidad de cuentas bancarias nominadas en d&oacute;lares, por ejemplo) el movimiento aqu&iacute; propuesto es comprender c&oacute;mo las dolarizaciones -en plural- se convirtieron en cap&iacute;tulos centrales de la historia y el presente de Argentina, Venezuela, Ecuador, Cuba, Hait&iacute;, El Salvador, M&eacute;xico, Zimbabwe, Vietnam y Georgia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estos contextos nacionales, por un lado, el protagonismo del d&oacute;lar alcanza un rol preponderante en la sociedad, la pol&iacute;tica, la sociedad e incluso en la configuraci&oacute;n de las identidades personales y colectivas. Por otro lado, este protagonismo es un lente para comprender fen&oacute;menos m&aacute;s amplios que han marcado el &uacute;ltimo medio siglo y configuraron las trayectorias de esos pa&iacute;ses: los procesos de descolonizaci&oacute;n, el derrumbe del bloque sovi&eacute;tico y las transiciones postsocialistas, los procesos hiper-inflacionarios y las grandes crisis sociales, la financiarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a y el debilitamiento de los estados de bienestar, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        La definici&oacute;n corriente del t&eacute;rmino dolarizaci&oacute;n es el <em>reemplazo</em> legal o extralegal por parte del d&oacute;lar&nbsp;estadounidense en todas o algunas funciones de una moneda nacional. Son las fallas en cumplir las funciones monetarias las que operan como causante para el reemplazo de las monedas nacionales por el d&oacute;lar, las monedas &ldquo;d&eacute;biles&rdquo; o &ldquo;enfermas&rdquo; por las &ldquo;fuerte&rdquo; o &ldquo;sana&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las narrativas expertas sobre la dolarizaci&oacute;n proponen una definici&oacute;n estrecha sobre el rol del dinero en la vida social. Nos ofrecen una lectura pobre sobre c&oacute;mo efectivamente una moneda global como el d&oacute;lar condiciona y transforma la sociedad, la pol&iacute;tica, y la econom&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de los EEUU, y m&aacute;s all&aacute; su rol en el sistema monetario internacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Parafraseando al soci&oacute;logo Marcel Mauss,&nbsp;con el d&oacute;lar circula mucho m&aacute;s que una moneda &ldquo;fuerte&rdquo; (circula poder, signos de estatus, pertenencias sociales, memorias, imaginarios colectivos y personales) y se producen muchas otras cosas diferentes a la l&oacute;gica del reemplazo como determinadas din&aacute;micas pol&iacute;ticas (la puesta en juego de la autoridad pol&iacute;tica), sociales (la puesta en juego de modos de estratificaci&oacute;n, diferenciaci&oacute;n y desigualdad), personales (la puesta en juego de ideas de libertad, estima, autonom&iacute;a, bienestar) e hist&oacute;ricas (la puesta en juego relaciones con los legados del pasado).
    </p><p class="article-text">
        Este libro repone estos procesos invisibilizados cuando en las conversaciones p&uacute;blicas, expertas o acad&eacute;micas las perspectivas del reemplazo dominan las interpretaciones sobre las dolarizaciones.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, la imagen del reemplazo invisibiliza significados y usos del d&oacute;lar no tan evidentes y cambiantes a lo largo del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Las historias de exclusiones y tolerancias en contextos socialistas y postsocialistas (Cuba, Vietnam, Georgia), por ejemplo, muestran transformaciones de los significados y usos de la moneda norteamericana muy marcadas a lo largo del tiempo, inflexiones profundas sobre los modos en que el d&oacute;lar est&aacute; excluido o integrado en la vida social y pol&iacute;tica de estos pa&iacute;ses. Desde ser sin&oacute;nimo de contrabando e ilegalidad a representar un estatus social acomodado y afianzamiento de una identidad personal moderna y global en Vietnam, de significar un orden pol&iacute;tico contrarrevolucionario hasta ser aceptada y tolerada por un gobierno socialista como el cubano son, entre otras, inflexiones de significados y usos que exceden la esfera econ&oacute;mica y marcan la trayectoria y los cambios de esas sociedades desde el prisma del lugar de la moneda norteamericana.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de la imagen de reemplazo no llegamos a captar estas transformaciones may&uacute;sculas que impactan en imaginarios colectivos y nacionales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La entrada de Vietnam en la econom&iacute;a capitalista global se se&ntilde;alaba mediante la visibilidad del d&oacute;lar estadounidense. Caricaturas, cuentos cortos y programas de televisi&oacute;n utilizaban el s&iacute;mbolo del d&oacute;lar estadounidense para narrar la fuerza desestabilizadora pero deseada de la globalizaci&oacute;n en la sociedad vietnamita.&nbsp;En Zimbabwe las estimas de s&iacute; personales y colectivas estaban relacionados a la idea de naci&oacute;n. La perdida de confianza del dinero estatal empujada por la dolarizaci&oacute;n trajo desconfianza en la naci&oacute;n. En el a&ntilde;o 2000, en El Salvado el ex presidente Francisco Flores promet&iacute;a m&aacute;s dinero y riqueza para los salvadore&ntilde;os si todos cambiaban a d&oacute;lares estadounidenses. La dolarizaci&oacute;n lleg&oacute; inicialmente envuelta en promesas y deseos que que el Col&oacute;n no pod&iacute;a cumplir. La dolarizaci&oacute;n contin&uacute;a en El Salvador, pero ahora compite con dram&aacute;ticas afirmaciones proyectadas al futuro asociadas con el Bitcoin y la insatisfacci&oacute;n generalizada entre los salvadore&ntilde;os de promesas no cumplidas en m&aacute;s de dos d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, estos significados y usos tienen fuertes impactos en c&oacute;mo se moldea materialmente y simb&oacute;licamente la desigualdad social. Aspectos desentendidos desde la perspectiva del reemplazo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El acceso y la distribuci&oacute;n de la riqueza no es indiferente a los circuitos diferenciados entre monedas. En El Salvador, la r&aacute;pida afluencia de remesas nominadas en d&oacute;lares estadounidenses que caracteriz&oacute; los a&ntilde;os que van desde la d&eacute;cada de los 2000 a principios de 2020 cre&oacute; una microclase receptora de estos env&iacute;os desde el exterior que permiti&oacute; a algunos salvadore&ntilde;os experimentar una sensaci&oacute;n de movilidad econ&oacute;mica, eclipsando lo que era imaginable a trav&eacute;s de la configuraci&oacute;n monetaria limitada a la ex moneda nacional (el col&oacute;n). En Cuba en los a&ntilde;os 90&rsquo;, aunque la creaci&oacute;n de la moneda CUC (peso cubano convertible) respond&iacute;a al objetivo de mantener la pol&iacute;tica de centralizaci&oacute;n-redistribuci&oacute;n amenazada por las dificultades que siguieron al derrumbe de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, las esferas de transacciones monetarias resultantes pusieron de relieve el desarrollo de una econom&iacute;a de mercado en ciertos sectores, as&iacute; como el desarrollo de las desigualdades en la sociedad cubana.
    </p><p class="article-text">
        Los casos de Zimbabwe, Venezuela y Argentina iluminan como los mercados de cambio formales e informales y las cambiantes regulaciones estatales para acceder a las divisas son dispositivos centrales en los procesos de diferenciaci&oacute;n social de esas sociedades. En Zimbabwe, por ejemplo, las &eacute;lites dentro del partido gobernante estaban entre actores principales de los mercados paralelos que se garantizaban divisas a trav&eacute;s de redes opacas, formales e informales, y ten&iacute;an pr&aacute;cticas bien desarrolladas de fuga de activos. En la parte baja de la sociedad Zimbabwense, la escasez de divisas llev&oacute; a que muchos recurrieran a lo que parec&iacute;a ser transacciones de trueque, como un n&uacute;mero espec&iacute;fico de pollos por un viaje en autob&uacute;s o un gal&oacute;n de combustible por moler una canasta de ma&iacute;z. En Georgia, el acceso a la propiedad est&aacute; dado por la participaci&oacute;n de circuitos de prestamos dolarizados. En Vietnam, las personas asociaban el <em>&#273;&#7891;ng </em>emitido por el estado con gastos cotidianos y los d&oacute;lares con bienes importados altamente deseables.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, la imagen de reemplazo deja afuera otro proceso: c&oacute;mo las autoridades de los Estados son desafiadas o afianzadas a partir de un orden monetario dolarizado.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, los procesos de descolonizaci&oacute;n (Zimbabwe, Vietnam, Hait&iacute;) o de crisis y salida del r&eacute;gimen sovi&eacute;tico (Georgia, Cuba) son momentos desafiantes para rearmar una autoridad estatal capaz de imponer una jerarqu&iacute;a monetaria. Los ordenes monetarios dolarizados informales que se erigen contra esas pretensiones enlazan a la sociedad contra el estado, eludiendo sus regulaciones e imposiciones. Esto se puede observar en la indisciplina haitiana frente al intento del estado de prohibir el d&oacute;lar haitiano.&nbsp;El caso de Vietnam ilustra como los d&oacute;lares estadounidenses median una forma de riqueza privada que escapaba al estado territorial.&nbsp;En Vietnam, como en Argentina, prolifera la idea del d&oacute;lar como &ldquo;pasaje&rdquo; para eludir las regulaciones del estado.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, las dolarizaciones formales muchas veces son legalizaciones o estatizaciones de ordenes monetarios ya aceptados socialmente como fue el caso de Argentina en la d&eacute;cada del 90&rsquo; o El Salvador en los 2000. El primero bajo el impacto de una gran hiperinflaci&oacute;n que generaliz&oacute; la moneda norteamericana como unidad de cuenta e intercambio, el segundo bajo el impacto de una migraci&oacute;n masiva a los EEUU que convirti&oacute; a las remesas en d&oacute;lares en la principal fuente de ingresos de la econom&iacute;a salvadore&ntilde;a. Apoyados sobre esos ordenes monetarios dolarizados ya aceptados socialmente estos gobiernos construyeron la autoridad pol&iacute;tica del Estado, anteriormente debilitada o amenazada.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/dolarizaciones-plural_1_11867580.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Dec 2024 09:39:50 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una historia de cómo nos endeudamos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/historia-endeudamos_1_11348703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9aec361f-8f22-4cca-8db8-0941afc7ab9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una historia de cómo nos endeudamos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adelanto del nuevo libro de Ariel Wilkis, de editorial Siglo XXI. El autor lee la historia argentina a través de las formas que adquirieron las deudas de los hogares y las familias desde 1983, entrelazando las políticas económicas de los sucesivos gobiernos con los relatos de experiencias personales y familiares.</p></div><p class="article-text">
        Un presidente debilitado, a la cabeza de un Estado endeudado, sin apoyo financiero externo y frente a un peronismo esperando volver al poder que se les hab&iacute;a escapado en 1983 solo pudo tomar medidas sin efecto: hacer rotar a sus ministros de Econom&iacute;a y entregar la banda presidencial antes del fin de su mandato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El domingo 14 de mayo de 1989 el candidato opositor, el peronista Carlos Menem, gan&oacute; las elecciones. El viernes 19 de mayo el d&oacute;lar lleg&oacute; a 210 australes. En poco m&aacute;s de cuatro meses hab&iacute;a aumentado casi un 1000% y la corrida estaba lejos de detenerse. Entre febrero y agosto el aumento acumul&oacute; un 3600 por ciento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El presidente Alfons&iacute;n adelant&oacute; a julio la entrega del poder. En el &uacute;ltimo trimestre de su presidencia, la inflaci&oacute;n conoci&oacute; un incremento exacerbado (mayo 78,5%, junio 115% y julio 197%). Esos fueron los picos de una hiperinflaci&oacute;n que en los 12 meses de 1989 lleg&oacute; a acumular un incremento de precios al consumidor del 4924 por ciento.
    </p><p class="article-text">
        La desaparici&oacute;n del valor de la moneda nacional empuj&oacute; a una extrema dolarizaci&oacute;n <em>de facto</em> pero tambi&eacute;n a un estallido interminable de deudas. D&oacute;lar y deudas fueron dos caras de una moneda pulverizada. La divisa norteamericana actu&oacute; como protagonista en la campa&ntilde;a presidencial de Menem. El d&oacute;lar se hab&iacute;a convertido en instituci&oacute;n informal de la democracia recuperada en 1983. Hab&iacute;a ganado ese por su rol de ordenador de expectativas ciudadanas y de aspiraciones pol&iacute;ticas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La generalizaci&oacute;n de las deudas tambi&eacute;n marc&oacute; los tiempos de la hiper. Fueron una experiencia axial para una sociedad que mir&oacute; el abismo de frente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el hurac&aacute;n inflacionario, la indexaci&oacute;n de pagos y cuotas hizo sentir su fuerza may&uacute;scula. &ldquo;Los presupuestos familiares est&aacute;n siendo avasallados por los hiperinflacionarios gastos de subsistencia y por el explosivo vuelo de las cuotas. Cada vez son m&aacute;s los argentinos que antes viv&iacute;an al mes y ahora apenas pueden vivir al d&iacute;a.&rdquo; Con esta conclusi&oacute;n cerraba una nota del diario <em>Clarin</em> del 18 de junio de 1989 donde se repasaba qu&eacute; estaba sucediendo con las cuotas en el contexto de la hiper. Los pagos de alquileres, tarjetas de cr&eacute;dito y c&iacute;rculos de ahorro se ajustaban por una indexaci&oacute;n que buscaba representar el aumento de la inflaci&oacute;n. En ese mes de junio de 1989 se estimaba que llegar&iacute;a a un 120 por ciento.
    </p><p class="article-text">
        La indexaci&oacute;n corr&iacute;a y los salarios gateaban. Entre enero y junio un seguro todo riesgo de un Peugeot 505 (auto &iacute;cono del momento) hab&iacute;a aumentado 271%; el alquiler de una vivienda, 254%; las expensas, 306%; el costo de los pr&eacute;stamos personales en el banco, 456%; las cuotas en el c&iacute;rculo de ahorro para minicomponentes, 837%; la financiaci&oacute;n del saldo de la tarjeta de cr&eacute;dito, 937%; y el descubierto en cuenta bancaria, 1265%. Los 30.000 juicios de desalojos, seg&uacute;n la Asociaci&oacute;n de Inquilinos, obedec&iacute;a al cese de pagos de los alquileres, pero tambi&eacute;n a las moras con expensas e impuestos (<em>Clar&iacute;n</em>, 18 de junio 1989). En junio de 1989 se aprob&oacute; una ley del Congreso para paliar la situaci&oacute;n de los inquilinos frente a la indexaci&oacute;n descontrolada, que establec&iacute;a una rebaja del 50% para los alquileres menores de 10.000 australes. Las organizaciones representativas de los inquilinos consideraron &ldquo;irrisoria&rdquo; la medida. Reclamaban un congelamiento de los alquileres, denunciaban los 30.000 juicios de desalojo y ped&iacute;an por las &ldquo;entre 800 y 1000 familias que quedan en la calle cada d&iacute;a&rdquo; (<em>Clar&iacute;n</em>, junio de 1989).&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El humor gr&aacute;fico suele sintetizar el humor social de una &eacute;poca. M&aacute;s todav&iacute;a cuando el autor es un humorista de la talla del rosarino Roberto Fontanarrosa, que public&oacute; por aquellos d&iacute;as en el diario <em>Clar&iacute;n</em> el siguiente dialogo en una de sus habituales vi&ntilde;etas:
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;<em>Viejo&iexcl; &iquest;Qu&eacute; es el retraso tarifario?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>-Bueno&hellip; nosotros ya nos atrasamos tres meses en el pago de la tarifa de agua&hellip;</em>
    </p><p class="article-text">
        El humor hac&iacute;a serie con las coberturas period&iacute;sticas del periodo que narraban las experiencias de endeudamiento producidas por la pulverizaci&oacute;n de los ingresos ante la hiperinflaci&oacute;n. La se&ntilde;ora Grandier sent&iacute;a verg&uuml;enza de mostrar su casa venida a menos, refiere el cronista del diario de <em>La Naci&oacute;n,</em> que recupera la experiencia de la &ldquo;clase pasiva&rdquo; durante la hiper. La se&ntilde;ora Sosa siente pudor al pedir alimentos a sus hijos. Y el matrimonio Funes -vive en Bernal marido y mujer con una sola jubilaci&oacute;n m&iacute;nima- recuerda que la primera vez que se avergonzaron fue cuando dejaron de pagar los impuestos. &ldquo;No nos van a rematar la casa con nosotros adentro&rdquo;. Ya les hab&iacute;an cortado la luz (<em>La Naci&oacute;n</em>, 20 de junio de 1989).
    </p><p class="article-text">
        Las deudas indexadas en los meses pico de la hiper produjeron un nivel de incertidumbre extremo. Horacio Aranda conf&iacute;a en el canal que propone <em>Clar&iacute;n</em> para hacer o&iacute;r la voz de sus lectores. Escribe una carta que en el diario titulan &ldquo;Indexaci&oacute;n y flagelo&rdquo;. El sistema indexatorio tornaba ilusoria cualquier amortizaci&oacute;n y pon&iacute;a al deudor en situaci&oacute;n de mal vender su propiedad con el solo objeto de frenar la terrible deuda que se retroalimentaba d&iacute;a a d&iacute;a. En su carta al diario, Aranda recuerda que durante los a&ntilde;os de la circular 1050 se hab&iacute;a vivido algo parecido. Reclama soluciones pol&iacute;ticas para morigerar la nocividad del sistema financiero. Las cuentas y las fechas revelan la experiencia extrema de las deudas indexadas en el pico de la hiper. El 9 de junio abona por una hipoteca la suma de 20.253, 74 australes; el pago en mayo hab&iacute;a sido de 9648,98; para julio proyecta que ser&aacute;n 49.824. &ldquo;Ya no podr&eacute; pagar&rdquo;, cierra su misiva.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La desaparici&oacute;n del valor del austral empuj&oacute; a la dolarizaci&oacute;n y al acaparamiento de alimentos sin mediaci&oacute;n monetaria. En todas las grandes ciudades se repet&iacute;an frente a los bancos las filas interminables de &aacute;vidos compradores de d&oacute;lares, con una desesperaci&oacute;n proporcional a la feroz devaluaci&oacute;n del Austral. Los sectores m&aacute;s castigados por el aumento de los precios y el desabastecimiento encontraron su propia estrategia defensiva en saqueos de comercios y supermercados. Entre fines de mayo y principios de junio de 1989, en los conglomerados de grandes ciudades como Buenos Aires, Mendoza, C&oacute;rdoba o Rosario, pobladores de las barriadas populares se proveyeron de manera violenta de alimentos y otros bienes b&aacute;sicos de consumo en un contexto donde el abastecimiento a trav&eacute;s del mercado se hab&iacute;a vuelto imposible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El auge del que en a&ntilde;os previos hab&iacute;an gozado los c&iacute;rculos de ahorro se torn&oacute; fuente de malestar colectivo. La prensa prest&oacute; mucha atenci&oacute;n. &ldquo;No llego a la cuota&rdquo;, titulaba <em>Clar&iacute;n</em> una nota que daba cuenta de las experiencias configuradas por la indexaci&oacute;n de las deudas. Mario Gallo iba por la cuota 43 de un plan de ahorro previo por un televisor color. &ldquo;El mes pasado tuve que pagar 1778 australes de cuota. Este mes me vinieron 7608 australes que son un 300 o 400% m&aacute;s. Yo quiero saber qu&eacute; sucede, por qu&eacute; seguir as&iacute;. &iquest;Cu&aacute;nto me va a venir en agosto? &iquest;20.000 australes? Mi sueldo ahora es de 13.400 australes. &iquest;C&oacute;mo voy a hacer para pagar?&rdquo; (<em>Clar&iacute;n,</em> 8 de julio de 1989). La experiencia de Mario Gallo se replicaba por cientos de miles. Alberto Rodr&iacute;guez, obrero del barrio de Mataderos, se&ntilde;ala a <em>Cr&oacute;nica:</em> &ldquo;Yo ven&iacute;a pagando 2328 australes por el televisor pero ahora vino una factura de 13.842&hellip; Si ma&ntilde;ana no pago 36.000 australes, pasado van a ser 51.000. &iquest;Qu&eacute; hago? Yo gano 20.000 por mes&rdquo; (<em>Cr&oacute;nica</em>, 12 julio de 1989).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las coberturas fotogr&aacute;ficas en los diarios de tirada nacional se detienen en las largas colas frente a las casas de electrodom&eacute;sticos, en algunas ocasiones son descritas escenas de nerviosismo, de insultos y alg&uacute;n intento de agresi&oacute;n. La multitud se agolpa en la casa central de <em>Aurora Grundig</em> ubicada en la esquina c&eacute;ntrica de Paraguay y Cerrito. Son los primeros d&iacute;as de julio y vence el pago de las cuotas. El clima est&aacute; caldeado. Los aumentos fueron exorbitantes. <em>La Prensa</em> registra un aumento del 400% que llev&oacute; a &ldquo;miles de adherentes&rdquo; a protestar ante la puerta del negocio y describe como &ldquo;confusa&rdquo; e &ldquo;insostenible&rdquo; la situaci&oacute;n de aquellos que no pueden pagar la cuota (<em>La Prensa</em>, 7 de julio de 1989). <em>Cr&oacute;nica</em> menciona &ldquo;disturbios&rdquo; y la intervenci&oacute;n de la polic&iacute;a montada para reprimir a los &ldquo;usuarios que intentaban depredar el edificio de Paraguay y Cerrito&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No falt&oacute; lugar para la risa. &ldquo;Usted pagar&hellip; usted perder...&rdquo;. <em>Cr&oacute;nica </em>se mofaba de una publicidad de <em>Aurora Grundig</em> que fue furor en los a&ntilde;os 80: &ldquo;Ahorra grande, Aurora Grundig&rdquo; En auge de los c&iacute;rculos de ahorro, el protagonista del comercial era el &ldquo;cacique&rdquo; de una tribu ind&iacute;gena norteamericana caracterizado por su forma rudimentaria de hablar: con verbos sin conjugar, en infinitivo, invitaba a adquirir para el hogar productos Grundig y comprar v&iacute;a los c&iacute;rculos de ahorro. Ahora <em>Cr&oacute;nica</em> convocaba esa media lengua racista para resaltar la trampa en que hab&iacute;an ca&iacute;do quienes estaban pagando las cuotas indexadas por la hiper.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A fines del mes de julio de 1989 retornaron los incidentes en la puerta de la casa central de <em>Aurora Grundig</em>. Largas colas para protestar, forcejeos con la polic&iacute;a, indignaci&oacute;n. Nuevamente, las voces enardecidas de los usuarios se hac&iacute;an o&iacute;r para denunciar deudas indexadas imposibles de pagar.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Los a&ntilde;os 80, una &ldquo;nueva&rdquo; clase media y las deudas de la ca&iacute;da</strong></h3><p class="article-text">
        La d&eacute;cada &ldquo;perdida&rdquo; es la d&eacute;cada de la &ldquo;ca&iacute;da&rdquo;. Los a&ntilde;os 80 pueden leerse en esas dos claves. Una econom&iacute;a que retrocedi&oacute; en sus indicadores clave (enorme endeudamiento externo y enorme reducci&oacute;n del PBI nacional) y una sociedad que experiment&oacute; su primer gran espiral de descenso en el siglo XX. Las expectativas de la democracia fueron escurri&eacute;ndose entre esas dos duras realidades que la pol&iacute;tica no logr&oacute; torcer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La transformaci&oacute;n may&uacute;scula de la estructura social tuvo su mayor exponente en la &ldquo;nueva pobreza&rdquo;. La ca&iacute;da de amplios sectores de clase media por debajo ese umbral constituye una biograf&iacute;a familiar y social, como narr&oacute; magistralmente el soci&oacute;logo Gabriel Kessler.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las deudas no fueron accesorios de este proceso de desclasamiento generalizado. El retorno sobre textos sobre la &ldquo;nueva pobreza&rdquo; que auscultaron la sociedad de los a&ntilde;os 80 nos confronta con deudas impagas, cr&eacute;ditos imposibles de sostener, cuotas de c&iacute;rculos de ahorro que dejan de estar al d&iacute;a y &ldquo;deudas para salir del paso&rdquo;. Las deudas fueron antesala o preludio de la &ldquo;ca&iacute;da&rdquo;. Miradas retrospectivamente, el signo de estas deudas es la irracionalidad econ&oacute;mica, interpreta Kessler.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las deudas se podr&iacute;an haber evitado, se lamentan las personas entrevistadas por Kessler, como si hubieran sido accesorios o accidentes. En realidad, le dieron forma y contenido, c&aacute;lculo y malestar a la singular experiencia social del proceso de desclasamiento. Fueron un modo de habitar la transformaci&oacute;n del mundo social que rodeaba a esos sectores y un modo consistente de aplazar lo m&aacute;s posible la toma de conciencia de la nueva situaci&oacute;n. Fueron deudas para ganar tiempo, para estirar la distancia entre la realidad objetiva y la experiencia subjetiva, entre el desclasamiento y una identidad social que se resist&iacute;a a reconocerse en el nuevo contexto. Evitar estas deudas habr&iacute;a sido imposible: est&aacute;n cargadas de la singularidad hist&oacute;rica de una trayectoria de clase.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las &ldquo;deudas de la ca&iacute;da&rdquo; son el s&iacute;mbolo y el m&eacute;todo de una &eacute;poca. La clase media descendi&oacute; en masa por debajo del umbral de la pobreza, que entonces incluy&oacute; m&aacute;s del 40% de la poblaci&oacute;n, desandando d&eacute;cadas de movilidad social ascendente.&nbsp;
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                Una historia de cómo nos endeudamos, de Ariel Wilkis                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/historia-endeudamos_1_11348703.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 May 2024 09:34:57 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Dólar, institución de la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/dolar-institucion-democracia_129_10716706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/39acf262-f290-4c49-8329-0d347f4275b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1085366.jpg" width="1995" height="1122" alt="Dólar, institución de la democracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La crisis del 2001 legó a parte de la sociedad un convicción muy fuerte: el acceso al dólar funda un derecho. En los últimos cuarenta años, los argentinos forjaron una voluntad democrática pero junto a ella, incentivada por una economía en crisis permanente, creció la idea de una vida dolarizada. Y así, el Estado argentino termina fracasando  en la posibilidad de ofrecer una moneda que permita reforzar la democracia. </p><p class="subtitle">Piquetes: Del Cutralcazo y Teresa Rodríguez, al desafío reaccionario de Milei con la calle</p><p class="subtitle">Un país siempre en llamas</p></div><p class="article-text">
        El realismo sociol&oacute;gico parado en la primera fila de la conversaci&oacute;n p&uacute;blica postula: &ldquo;Sin dinero no hay pol&iacute;tica ni mucho menos democracia&rdquo;. Pero el dinero existe en la vida pol&iacute;tica de muchas formas y produciendo muchas consecuencias. No siempre es igual a s&iacute; mismo. &iquest;C&oacute;mo los significados y usos del dinero han formateado la pol&iacute;tica democr&aacute;tica <em>realmente existente</em>?, se preguntan mis investigaciones desde hace tiempo y algunas de sus respuestas se ti&ntilde;en de color verde. Si, como afirma Max Weber, la democratizaci&oacute;n de una sociedad depende de su organizaci&oacute;n monetaria, en las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas este proceso estuvo indisolublemente atado a<strong> la popularizaci&oacute;n del d&oacute;lar sobre la cual se erigi&oacute; el mercado cambiario como instituci&oacute;n informal pero fundante de la democracia argentina</strong>.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Jefe de campa&ntilde;a&nbsp;</strong></h3><p class="article-text">
        El <strong>Plan Primavera</strong> fue el &uacute;ltimo intento sistem&aacute;tico del gobierno de Alfons&iacute;n por controlar la inflaci&oacute;n. Los sucesivos fracasos que siguieron al <strong>Plan Austral</strong> impon&iacute;an concertar una nueva estrategia para estabilizar la econom&iacute;a. En septiembre de 1988 fue anunciada una bater&iacute;a de medidas. A fines de 1988, ya asomaban claras evidencias de que el Plan Primavera no hab&iacute;a cumplido su cometido. El atraso cambiario rondaba el 20% o 25% seg&uacute;n algunos observadores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A fines de enero ni las altas tasas ni la venta de d&oacute;lares por el Banco Central (500 millones la primera semana de febrero de 1988 y 1800 millones desde principios de agosto) lograron contener el precio de la moneda estadounidense. En la prensa, en las &ldquo;mesas de dinero&rdquo; y entre los directivos de los bancos una palabra empezaba a resonar: <em>corrida</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 6 de febrero se declar&oacute; de manera imprevista un feriado cambiario y bancario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un presidente debilitado, a la cabeza de un Estado endeudado, sin apoyo financiero externo y frente a un peronismo esperando volver al poder que se les hab&iacute;a escapado en 1983 solo pudo tomar medidas sin efecto</strong>: hacer rotar a sus ministros de Econom&iacute;a y entregar la banda presidencial antes del fin de su mandato. La divisa norteamericana actu&oacute; como protagonista en la campa&ntilde;a presidencial de Menem.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El ex ministro de Economía, Juan Vital Sourrouille, comandó el plan Austral durante el gobierno de Raúl Alfonsín.                            </span>
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        El domingo 14 de mayo de 1989 el candidato opositor gan&oacute; las elecciones. El viernes 19 de mayo el d&oacute;lar lleg&oacute; a 210 australes. En poco m&aacute;s de cuatro meses hab&iacute;a aumentado casi un 1000% y la corrida estaba lejos de detenerse. Entre febrero y agosto el aumento acumul&oacute; un 3600 por ciento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras esa experiencia de crisis monetaria terminal, que tuvo en la profundizaci&oacute;n del bimonetarismo una de sus principales expresiones, no llama la atenci&oacute;n que el r&eacute;gimen de convertibilidad (1991-2001) haya sido planteado como un intento de legalizaci&oacute;n de pr&aacute;cticas que ya estaban extendidas, es decir, calcular, pagar, ahorrar e invertir en d&oacute;lares. Los diez a&ntilde;os de estabilidad cambiaria fueron tambi&eacute;n de cierto disciplinamiento econ&oacute;mico, de la mano de una profunda transformaci&oacute;n del sistema financiero, que se concentr&oacute; y abri&oacute; al capital extranjero al tiempo que creci&oacute; la dolarizaci&oacute;n de los dep&oacute;sitos y los cr&eacute;ditos bancarios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El enorme costo social, econ&oacute;mico y pol&iacute;tico del del 1 a 1 no tard&oacute; en salir a la luz. Tras unos primeros a&ntilde;os de buenos resultados, crecimiento econ&oacute;mico y prosperidad relativa, la econom&iacute;a comenz&oacute; a estancarse. La alarma de un desempleo que aumentaba se hizo escuchar con estridencia.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        La reelecci&oacute;n de Menem en 1995 encerr&oacute; uno de los enigmas mayores de la Argentina democr&aacute;tica: &iquest;C&oacute;mo un gobierno cuyas pol&iacute;ticas destruyeron el empleo y llevaron la desocupaci&oacute;n por primera vez a dos d&iacute;gitos obtuvo un s&oacute;lido mandato en las urnas? <strong>&ldquo;A Menem lo vot&oacute; el partido&nbsp;de los endeudados en d&oacute;lares&rdquo;, afirmaba el humor gr&aacute;fico de la &eacute;poca.</strong> Para explicar la rotunda victoria del riojano, los analistas apelaron a un concepto nuevo:<strong> el voto cuota</strong>. Convertibilidad o muerte. Una salida de la paridad peso-d&oacute;lar -que muchos cre&iacute;an que s&oacute;lo la continuidad de Menem era capaz de garantizar- arrastrar&iacute;a consigo a millones de consumidores, que perder&iacute;an viviendas y bienes de confort al faltarles los pesos para pagar una deuda que ven&iacute;an saldando en cuotas dolarizadas (en d&oacute;lares convertibles).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El enigma de la democracia de los 90 ten&iacute;a su respuesta en cada extracto bancario, que hac&iacute;a evidente su saldo con cifras de color verde: cuota al d&iacute;a o deuda.
    </p><p class="article-text">
        Con el avance de la d&eacute;cada del 90, el endeudamiento del Estado y de las familias - ingresos en pesos pero deudas en d&oacute;lares- aument&oacute; peligrosamente.<strong> </strong>El fin de la convertibilidad tuvo como protagonista a las deudas en default, las de &ldquo;arriba&rdquo; (el Estado y las empresas) y las de &ldquo;abajo&rdquo; (las personas). En diciembre del 2001, el Estado declaraba la cesaci&oacute;n del pago de su deuda soberana, que llegaba a 144 mil millones de d&oacute;lares (50% del PBI de entonces), mientras los deudores dolarizados ganaban las calles y se multiplicaban las demandas judiciales por deudas, una vez ca&iacute;da la paridad cambiaria, se hab&iacute;an vuelto impagables.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La crisis del 2001 leg&oacute; a parte de la sociedad un convicci&oacute;n muy fuerte: el acceso al d&oacute;lar funda un derecho</strong>.&nbsp;No hay en la historia previa nada que se asemeje a esta idea.&nbsp;Al implosionar la convertibilidad, un sector de la sociedad argentina rearm&oacute; a su manera la promesa de equivalencia entre el peso y el d&oacute;lar que el Estado empez&oacute; a incumplir a partir de la crisis del 2001:&nbsp;donde antes hubo una ley, ahora nac&iacute;a un derecho a reclamar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este reclam&oacute; no logr&oacute; torcer los expedientes que se amontonaban en sede judicial y que durmieron acurrucados durante los primeros a&ntilde;os del kirchnerismo, caracterizados  por el alto crecimiento, la inflaci&oacute;n y los super&aacute;vits gemelos. Pero su historia oprimi&oacute; la memoria de quienes se movilizaron contra la reinstalaci&oacute;n de<strong> los controles cambiarios (&ldquo;el cepo&rdquo;) entre 2011 y 2015</strong>, cuando el gobierno de Cristina Kirchner limit&oacute; la venta de d&oacute;lares. Este reclamo implic&oacute; un giro que lo alej&oacute; del emprendido sobre las ruinas de la convertibilidad. El reclamo hacia el Estado no se basaba ya en una promesa incumplida sino en una idea m&aacute;s positiva.&nbsp;Si en el 2001 el derecho a acceder a los d&oacute;lares tuvo su origen en una desilusi&oacute;n, una &ldquo;estafa&rdquo; producida por el Estado, a partir de 2011 la demanda por la compra de la divisa norteamericana se apoy&oacute; en el valor de la libertad de mercado.&nbsp;El reclamo no apuntaba a un Estado que no hab&iacute;a cumplido una propia promesa sino contra un gobierno que avasallaba las libertades.&nbsp;
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                Domingo Cavallo, el padre de la convertibilidad                            </span>
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        De este modo, la sociedad, que hab&iacute;a salido del 2001 reclamando m&aacute;s Estado, diez a&ntilde;os despu&eacute;s comenzaba a mostrar indicios de un anti-estatismo beligerante.&nbsp;El mercado cambiario, escena primordial de la vida pol&iacute;tica argentina, fue el terreno en el que se expres&oacute; este cambio.<strong> En cierta forma, una parte de la sociedad fue libertaria antes de que lleguen los libertarios</strong> de Milei, y fue apa&ntilde;ada por una oferta electoral de derecha que, en este punto, no mostraba divergencias.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, Macri cumpli&oacute; la promesa con su electorado de levantar el cepo. Si en otros aspectos de la gesti&oacute;n se movi&oacute; lentamente, en este actu&oacute; sin gradualismos. A una semana de asumir, el gobierno liber&oacute; el mercado de cambios y la cuenta capital. Fue tambi&eacute;n, claro, el principio del fin del plan econ&oacute;mico, que lleg&oacute; en el verano de 2018, cuando el financiamiento externo se interrumpi&oacute; y se allano el camino para volver a endeudarse con el FMI . El compromiso con su base electoral llev&oacute; al gobierno de Cambiemos a liberar el mercado cambiario y preferir tomar la deuda soberana m&aacute;s grande en la historia argentina antes de traicionar a quienes los hab&iacute;an votado y consideraban el cepo un s&iacute;mbolo de los tiempos del populismo kirchnerista. Todav&iacute;a faltaba quemar el pr&eacute;stamo m&aacute;s grande en la historia del FMI antes de &ndash;ya en spetiembre de 2019, en los ca&oacute;ticos meses finales de su gobierno-&ndash;dar marcha atr&aacute;s con esa promesa y reinstaurar los controles cambiarios.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Dolar contra la casta</strong></h3><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n vot&oacute; a Milei? &iquest;Qu&eacute; incidencia tivo en su victoria su propuesta de dolarizar la econom&iacute;a? Gran parte de su electorado no puede calificarse simplemente de furibundo, pragm&aacute;tico o anti-po&iacute;tico. Entre sus votantes est&aacute;n aquellos que quieren mejorar econ&oacute;micamente, que creen en el valor de su propio esfuerzo, exigen orden y mercado. Y lo hacen menos por estar de acuerdo con intelectuales y publicistas de derecha que por una larga experiencia social en la que esas ideas &ndash;de derecha&ndash; parecen volverse preferibles.
    </p><p class="article-text">
        Las demandas neoliberales que tras la crisis de 2001 se hab&iacute;an quedado casi sin audiencia volvieron con fuerza: la dolarizaci&oacute;n llega acompa&ntilde;ada de la demanda de privatizaci&oacute;n de la educaci&oacute;n, el sistema cient&iacute;fico y la salud,en un marco en el que se celebra la iniciativa individual y se denuncian la crisis de los servicios p&uacute;blicos. El estado de &aacute;nimo de la sociedad respecto a la actuaci&oacute;n del Estado, que ya hab&iacute;a comenzado a cuestionarse antes de la pandemia, resulta muy favorable a los privatizadores libertarios. &ldquo;Si no me vas a ayudar, al menos no me molestes&rdquo;, tal el testimonio que recogi&oacute; Pablo Seman en sus investigaciones. Las promesas de dolarizaci&oacute;n expresan estos sentimientos.
    </p><p class="article-text">
        La convertibilidad implic&oacute; la construcci&oacute;n de una nueva moneda convertible que asegurase el retorno del orden social perdido con la hiper de 1989 y sus secuelas. La convertibilidad era tambi&eacute;n el sacrificio, como apunt&oacute; Alexandre Roig, de la moneda nacional. Sacrificar la moneda nacional para salvar a la patria: la formula del uno a uno. Un sacrificio que no dejaba afuera al peronismo ni al radicalismo. Eran los tempranos 90, la denuncia moral contra la pol&iacute;tica estaba en pa&ntilde;ales y todav&iacute;a el poder pod&iacute;a organizarse a trav&eacute;s de pactos y acuerdos entre las grandes figuras de los partidos nacionales. &nbsp;
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            </figure><p class="article-text">
        El d&oacute;lar mileista fue un pack pol&iacute;tico y econ&oacute;mico. Castigaba a la &ldquo;casta pol&iacute;tica&rdquo; al mismo tiempo que permit&iacute;a hablar de la mayor preocupaci&oacute;n de la sociedad (la inflaci&oacute;n). Los estudios cualitativos mostraban la afinidad entre la opci&oacute;n electoral, la preferencia por la moneda norteamericana y la experiencia de sacrificio cotidiano. Los estudios cuantitativos reflejaban un 30% de preferencia por la dolarizaci&oacute;n en la poblaci&oacute;n general y 80%/90% entre los electores de Milei. Al mismo tiempo que la propuesta del cambio de r&eacute;gimen monetaria le daba identidad al pueblo mileista ocupaba la escena de la conversaci&oacute;n p&uacute;blica. La iniciativa se &ldquo;llevaba la marca&rdquo; y giraba sobre ella las respuestas que economistas y pol&iacute;ticos daban sobre c&oacute;mo estabilizar los precios de la econom&iacute;a. No hubo economista que no fuera consultado sobre la viabilidad de la dolarizaci&oacute;n. No hubo economista (sacando a un circulo muy muy reducido cercano a Javier Milei y al propio candidato) que no rechazar&aacute; la propuesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las monedas nunca son iguales a si mismas. El peso, la moneda que surgi&oacute; con la convertibilidad, es distinto al austral alfonsinista. Pero ni el peso ni el d&oacute;lar de hoy tienen los mismos significados de ayer.<strong> La dolarizaci&oacute;n mileista es tan inviable t&eacute;cnicamente como poderosa socialmente</strong>. Como se&ntilde;alamos, los economistas explican por qu&eacute; dolarizar llevar&iacute;a a la ruina econ&oacute;mica a una enorme mayor&iacute;a social, incluyendo a muchos de los votantes de Milei. Pero en sus c&aacute;lculos sobre bases monetarias y devaluaciones comunican una aritm&eacute;tica que pareciera no sumar ni restar la econom&iacute;a moral del sacrificio que alimenta la rebeld&iacute;a contra la pol&iacute;tica. El d&oacute;lar invocado por Milei para reemplazar al peso es una moneda desprovista de la arbitrariedad del Estado argentino (y, fundamentalmente, de la &eacute;lite pol&iacute;tica que lo controla), un Estado al que se percibe como culpable de desorganizar y empeorar la vida cotidiana de la gente por su incapacidad para darle estabilidad al peso y alimentar el poder de la &ldquo;casta&rdquo; sobre la sociedad.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>La ley de hierro de la democracia argentina</strong></h3><p class="article-text">
        Las diferentes velocidades de la expansi&oacute;n, generalizaci&oacute;n e intensidad de la moneda norteamericana en nuestro pa&iacute;s ayudan a mostrar la &ldquo;relativa&rdquo; autonom&iacute;a entre el d&oacute;lar como moneda inserta en repertorios financieros y m&uacute;ltiples mercados y el d&oacute;lar como moneda de interpretaci&oacute;n y acci&oacute;n pol&iacute;tica. Esta dualidad del rol del d&oacute;lar en nuestra sociedad queda opacada si usamos el termino bimonetarismo, ya que &eacute;ste recupera solamente las funciones tradicionales de las monedas. Esta dualidad estalla recurrentemente en la cara de quienes asumen las gestiones econ&oacute;micas de los diferentes gobiernos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;stos deben responder a la pregunta que aguijona desde las entra&ntilde;as del mercado cambiario &ldquo;&iquest;C&oacute;mo un mercado tan &rdquo;chico&ldquo;, donde participa poca gente, genera problemas tan &rdquo;grandes&ldquo;? La respuesta es clara: la popularizaci&oacute;n del d&oacute;lar en la argentina implic&oacute; que las interpretaciones sobre los vaivenes del mercado cambiario sean no solo familiares para gran parte de la sociedad, sino que adem&aacute;s sean instrumentos poderosos de evaluaci&oacute;n y acci&oacute;n frente a coyunturas pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de un largo proceso de sedimentaci&oacute;n, la moneda norteamericana ha pasado a formar parte de los modos locales de hacer, pensar y tratar la econom&iacute;a. Podemos agregar que esta sedimentaci&oacute;n ha sido tambi&eacute;n pol&iacute;tica. El d&oacute;lar es un dispositivo de interpretaci&oacute;n para evaluar una realidad en continuo movimiento y, por momentos, profundamente inestable. Dif&iacute;cilmente podr&iacute;an los ciudadanos dejar de lado o renunciar a este recurso al d&oacute;lar sin que ello no significara tambi&eacute;n correr el riesgo de perder o de ver disminuida esa capacidad aprendida de interpretaci&oacute;n y acci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El polit&oacute;logo argentino Guillermo O&rsquo;Donnell apelaba a considerar a &ldquo;otras instituciones&rdquo;, m&aacute;s all&aacute; de las formales, para comprender el funcionamiento de la democracia. El mercado cambiario molde&oacute; expectativas y sanciones entre y hacia los actores pol&iacute;ticos democr&aacute;ticos durante estas cuatro d&eacute;cadas. Fue un largo proceso que se estabiliz&oacute; como una forma regular, leg&iacute;tima y dada por descontada desde 1983. Por lo tanto, podemos hablar del mercado cambiario como una instituci&oacute;n que contribuy&oacute; a dar forma a los comportamientos democr&aacute;ticos gracias a una cultura monetaria organizada en torno del d&oacute;lar. Durante estas cuatro d&eacute;cadas, los actores pol&iacute;ticos (oficialistas y opositores) midieron sus chances de &eacute;xito o fracaso a trav&eacute;s del escurridizo valor de la moneda norteamericana.&nbsp;En diferentes coyunturas, cuanto m&aacute;s aumentaba el d&oacute;lar y se mostraba fuera del control de las autoridades, m&aacute;s se alejaba para el gobierno la posibilidad de un triunfo electoral.<strong>&nbsp;</strong>Mientras tanto, los ciudadanos de a pie no pudieron dejar de prestar atenci&oacute;n a las oscilaciones del billete verde. En ellas leyeron el rumbo de la econom&iacute;a, y tambi&eacute;n las alternativas de la pol&iacute;tica. Ignorar esa cifra que los medios de comunicaci&oacute;n informaron a diario equival&iacute;a a quedar excluidos de la vida pol&iacute;tica. Unos y otros estuvieron condicionados por el mercado cambiario en su participaci&oacute;n en el juego democr&aacute;tico durante cuatro d&eacute;cadas. &nbsp;
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                El presidente Javier Milei, durante la campaña electoral  en Salta.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>La moneda de la democracia</strong></h3><p class="article-text">
        La sociedad argentina se encuentra desde hace d&eacute;cadas en un estrecho desfiladero donde el d&eacute;ficit estructural de su econom&iacute;a para generar los d&oacute;lares que necesita para su desarrollo y el aumento de la inflaci&oacute;n son pinzas que recortan el margen de maniobra de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Cada ciclo pol&iacute;tico democr&aacute;tico se enfrenta tambi&eacute;n con otra evidencia tan persistente como cualquier dato macroecon&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        El mercado de divisas ha condicionado la acci&oacute;n de pol&iacute;ticos profesionales y la participaci&oacute;n democr&aacute;tica de los ciudadanos durante los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os. En esta historia de cuatro d&eacute;cadas esta instituci&oacute;n econ&oacute;mica ha condicionado el horizonte de demandas y las expectativas democr&aacute;ticas. Por lo tanto, <strong>el bimonetarismo no afecta solo la coordinaci&oacute;n, eficiencia o el crecimiento econ&oacute;mico sino la calidad de la democracia</strong>. Mientras otros Estados latinoamericanos fallan al no poder controlar el territorio en todo su alcance y sucumben al narcotr&aacute;fico o a poderes f&aacute;cticos emergentes,&nbsp;el Estado argentino ha fracasado centralmente en la posibilidad de ofrecer una moneda que permita reforzar la democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sobre esta deuda se apoya, en parte, el nuevo ciclo pol&iacute;tico que se abre con la presidencia de Milei.&nbsp;<strong>La democracia argentina nuevamente es un experimento monetario a cielo abierto de resultado incierto y riesgoso.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>AW/MG</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/dolar-institucion-democracia_129_10716706.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Nov 2023 03:01:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dólar, institución de la democracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[40 años de democracia,Plan Austral,Convertibilidad,Dolarización]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sabag Montiel, hijo legítimo de la economía popular]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sabag-montiel-hijo-legitimo-economia-popular_129_9300758.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a1619db-c1d8-4e29-bb7e-2d36237879b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sabag Montiel, hijo legítimo de la economía popular"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vendedor ambulante e inquilino, el atacante de Cristina Fernández de Kirchner combinaba un cuentapropismo económico y un cuentapropismo existencial, sostiene Ariel Wilkis: juntar la moneda y juntar razones para darle sentido a la vida.</p></div><p class="article-text">
        Fernando Andr&eacute;s Sabag Montiel es un hijo leg&iacute;timo de la econom&iacute;a popular realmente existente. Trabajador por cuenta propia, vendedor callejero de copos de az&uacute;car,  inquilino de un mono-ambiente localizado en Villa Zagala, partido de General San Mart&iacute;n y con pasado laboral como chofer de aplicaci&oacute;n. Pareja con quien comparte emprendimiento de venta callejera y gestiona una p&aacute;gina en OnlyFan, se pronuncia contra &ldquo;los vagos&rdquo; que cobran planes, sin dejar de reconocer que ella misma fue en el pasado reciente beneficiaria de alguna asignaci&oacute;n social. &ldquo;Estaba preocupado por el d&oacute;lar, por la econom&iacute;a&rdquo;, dijo Brenda Uliarte antes de ser detenida como participe del intento de asesinato a la vicepresidenta Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner.&nbsp;&nbsp;Datos deshilachados que recibimos durante las primeras horas posteriores del intento de magnicidio. Caracterizaci&oacute;n sociol&oacute;gica necesaria sobre las condiciones de expansi&oacute;n de los discursos de odio en zonas de la sociedad donde crece la degradaci&oacute;n urbana, social y laboral. Caracterizaci&oacute;n rudimentaria, b&aacute;sica, incompleta y riesgosamente sociologista pero a modo de alerta. <strong>Los discursos sobre el discurso del odio corren el riego de llevarse por delante la sociedad y tramar una pol&iacute;tica moral sin cambio social. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Como las condiciones de vida no est&aacute;n igualmente repartidas tampoco las emociones que sustentan el odio. Las condiciones de eficacia de esos discursos son muy heterog&eacute;neas. La sobre-integraci&oacute;n de se&ntilde;oras acomodas de Recoleta y la sub-integraci&oacute;n de trabajadores precarizados. El miedo a perder privilegios y la rabia por que no se los tendr&aacute; por culpa de otros. El anti-peronismo cl&aacute;sico de las clases medias altas urbanas y el anti-populismo popular de los precarizados. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiplo.org/notas-web/el-espejo-roto/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Escribimos ac&aacute; con Pablo Seman</a>: &ldquo;La sociedad argentina sali&oacute; de la pandemia con una ideolog&iacute;a m&aacute;s fuertemente familiarista y anti-estatista, muy lejos de los sue&ntilde;os del 2001 y de las realidades del 2002, que mezclaban pol&iacute;ticas de un Estado social financiadas con retenciones, movilizaci&oacute;n colectiva y medidas pro tejido industrial&rdquo;. Para parte de la poblaci&oacute;n, las intervenciones estatales (ayudas monetarias de emergencia) significaron un quiebre biogr&aacute;fico, que lejos de producir un reconocimiento hacia el gobierno alimentaron su encono. 
    </p><p class="article-text">
        La pandemia arroj&oacute; un saldo demoledor para relaci&oacute;n entre parte de la sociedad y la pol&iacute;tica. A m&aacute;s Estado m&aacute;s bronca contra el gobierno y sus representantes.&nbsp;<strong>El anti-populismo popular de los precarizados se enciende m&aacute;s con el IFE y sus variaciones que con las palabras de Luis Majul o Joni Viale en el primetime de La Naci&oacute;n+. </strong>
    </p><p class="article-text">
        La inflaci&oacute;n no es un contexto, es parte del proceso que envuelve a Sabag Montiel y sus acciones. La lectura en clave de derechizaci&oacute;n pol&iacute;tica de esta fracci&oacute;n del electorado resuelve muy r&aacute;pido -en t&eacute;rminos interpretativos- el proceso profundo que implica la experiencia de alta inflaci&oacute;n en clave de ajuste y desorden y su impacto en una expectativa que achica su horizonte (cada vez m&aacute;s centrada en la lucha contra la inflaci&oacute;n) a medida que el futuro se percibe de manera cada vez m&aacute;s negativa. El consenso social anti-inflacionario fiscalista se expande y propone demandas de ajuste y achique del Estado y de la pol&iacute;tica en versiones moderadas y extremas (<a href="https://www.revistaanfibia.com/inflacion-record-politica-y-humor-social-cuando-los-precios-vuelan/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">escribimos con Esteban Foulkes sobre esto aca</a>). 
    </p><p class="article-text">
        Un gobierno nunca est&aacute; a la altura de una sociedad que demanda que realice un ajuste igual que lo hace ella cotidianamente. <strong>La inflaci&oacute;n como proceso social alimenta una moral donde la sociedad se encuentra tendencialmente por arriba de la pol&iacute;tica, donde la primera se vuelve contra la segunda y sus s&iacute;mbolos m&aacute;s poderosos.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        La soci&oacute;loga Evangelina Caravaca encontr&oacute; en su trabajo de campo para un proyecto de conjunto entre la EIDAES y la Revista Anfibia de la UNSAM desarrollado en el mismo partido donde vive Montiel Sabag las siguientes inquietudes existenciales entre vecinos preocupados por la inseguridad. El contexto es favorable a que no importe qu&eacute; se hace si de lo que se trata es escapar a sentirse un boludo y &ldquo;decir basta&rdquo;. En sus notas Evangelina se pregunta: &iquest;somos conscientes cu&aacute;n comprometidas est&aacute;n las personas en escaparle a ese sentimiento? Cagar a patadas a un chorro puede no tener eficacia punitiva, pero si rendimiento moral, la violencia permite &ldquo;salvar la cara&rdquo; en una situaci&oacute;n fuera de control, amenazante y degradante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El cuentapropismo econ&oacute;mico y el cuentapropismo existencial: juntar la moneda y juntar razones para darle sentido a la vida.</strong> Vender copos de az&uacute;car y decir basta.&nbsp;Lo primero a trav&eacute;s de un peso devaluado y lo segundo a trav&eacute;s de una Bersa cargada que, por suerte o por milagro, no se dispar&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        <em>AW</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sabag-montiel-hijo-legitimo-economia-popular_129_9300758.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Sep 2022 13:50:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Fernando André Sabag Montiel,Cristina Fernández de Kirchner]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dólar se está devorando a la Sociedad y a la Política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dolar-devorando-sociedad-politica_129_9195961.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/492f8c4f-aa9d-4b34-9db3-3146eaeea2c3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dime a cuando se cotiza el dólar y te diré si hay 2023, sostiene el autor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Estado argentino fracasa centralmente en la posibilidad de ofrecer una moneda que permita proteger a la sociedad, sostiene el autor y explica cómo el mercado cambiario se ha convertido en una institución informal de la democracia argentina.</p></div><p class="article-text">
        La cultura monetaria es el tinglado de la fr&aacute;gil pol&iacute;tica argentina. En los d&iacute;as &ldquo;aciagos&rdquo; que corren esta verdad nos es revelada en color verde. <strong>Decime cuanto cotizar&aacute; el d&oacute;lar y sabremos si habr&aacute; 2023</strong>. Pero no solo. Transferencias monetarias del Estado, &iquest;Ingreso o Salario Universal? &iquest;Con o sin intermediaci&oacute;n? Decime tu respuesta y sabremos de qu&eacute; lado de la interna te encontr&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El mercado cambiario es una instituci&oacute;n informal de la democracia argentina.</strong> Guillermo O&rsquo;Donnell, el gran polit&oacute;logo argentino que pesquis&oacute; en detalle el funcionamiento de las democracias, apelaba a prestarle atenci&oacute;n a esas instituciones no formalizadas o no convencionales que organizaban expectativas pol&iacute;ticas y estabilizaban decisiones e interpretaciones de electores y pol&iacute;ticos profesionales. Aunque afuera del radar de instituciones informales de O&rsquo;Donnell, el mercado cambiario molde&oacute; expectativas y sanciones entre y hacia los actores pol&iacute;ticos democr&aacute;ticos durante estas casi cuatro d&eacute;cadas. Y no lo hizo una vez ni de manera intermitente. Fue un largo proceso que se estabiliz&oacute; como una forma regular, leg&iacute;tima y dada por descontada desde 1983 hasta hoy.
    </p><p class="article-text">
        Las fluctuaciones del mercado cambiario configuran decisiones financieras pero tambi&eacute;n expectativas y experiencias pol&iacute;ticas. Seguir esas fluctuaciones es un modo de participar en vida pol&iacute;tica, permite evaluar el desempe&ntilde;o de un gobierno o las chances de los partidos de oposici&oacute;n. Las culturas monetarias son culturas pol&iacute;ticas. Los usos y significados que los ciudadanos atribuyen al d&oacute;lar impacta en las interpretaciones y decisiones de los pol&iacute;ticos profesionales. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La brecha es el hecho maldito del pa&iacute;s cambiario.</strong> Hace unos d&iacute;as en conferencia de prensa, la vocera presidencial cumpli&oacute; su rito de iniciaci&oacute;n frente a todo comienzo de una corrida. &ldquo;El mercado del blue es marginal&rdquo;, dijo. Bajarle el precio al mercado paralelo es agrandar la naci&oacute;n. Vocero, ministro o banquero central que denuncia lo &ldquo;ficticio&rdquo; o &ldquo;marginal&rdquo; del valor del d&oacute;lar del blue no se le niega a ning&uacute;n gobierno. La ficci&oacute;n del d&oacute;lar blue se escribe en cada coyuntura cambiaria critica que los gobiernos tratan de domar. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando la corrida est&aacute; en marcha, la brecha crece y la inflaci&oacute;n salta a niveles cada vez m&aacute;s altos. Separar lo real de lo ficticio es un lujo que ya no podemos darnos. Homenaje a Ricardo Piglia y sus tesis sobre las ficciones del dinero. El d&oacute;lar es el mejor novelista de la sociedad argentina realmente existente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Durante una corrida el mercado cambiario se devora a la sociedad y a la pol&iacute;tica.&nbsp;</strong>No sabemos en que momento de una corrida cambiaria nos encontramos. No hay forma de escaparle al efecto m&aacute;s generalizado que produce. Una corrida nos convierte, primero, en especuladores sobre el tiempo de la corrida, sobre su duraci&oacute;n y su fin. &nbsp;Nos convierte, segundo, en especuladores sobre la profundidad de los quebrantos que deja, sobre qu&eacute; sociedad y qu&eacute; pol&iacute;tica encontraremos una vez calmada la voracidad del mercado cambiario. 
    </p><p class="article-text">
        Los gobiernos atan su suerte a gobernar el mercado cambiario. La sociedad ata su destino a este mercado. La pol&iacute;tica cambiaria es el grado cero de la pol&iacute;tica argentina. Contra este hecho  se movilizan las organizaciones sociales reclamando otra soluci&oacute;n diferente a &ldquo;calmar a los mercados&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Valor del d&oacute;lar y porcentaje de poblaci&oacute;n indigente siguen en aumento. <strong>Son los n&uacute;meros p&uacute;blicos de una puja distributiva a cielo abierto. </strong>&nbsp;El mercado cambiario se devora a una sociedad donde crece el hambre de los que menos tienen. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras otros Estados latinoamericanos fallan al no poder controlar el territorio en todo su alcance y sucumben al narcotr&aacute;fico o a poderes f&aacute;cticos emergentes, <strong>el Estado argentino fracasa centralmente en la posibilidad de ofrecer una moneda que permita proteger a la sociedad.</strong> Frente a esta intemperie, la l&iacute;nea de fuga viene del litoral. Estos d&iacute;as se viralizaron las selfies de trabajadores municipales que retrataron sus anchas sonrisas mientras sosten&iacute;an en sus manos ajadas por la dureza laboral fajos de d&oacute;lares encontrados en un basural de Las Parejas, Santa F&eacute;. 
    </p><p class="article-text">
        En 1949 el General Per&oacute;n se preguntaba en una asamblea de trabajadores ladrilleros &iquest;Qui&eacute;n ha visto un d&oacute;lar?. Paradojas de la historia. Hoy, durante un gobierno peronista, la respuesta a esta pregunta viene en forma de autorretrato de felices laburantes. 
    </p><p class="article-text">
        <em>AW</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dolar-devorando-sociedad-politica_129_9195961.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Jul 2022 03:01:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El dólar se está devorando a la Sociedad y a la Política]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dólar,Dólar Blue]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La auditoría del FMI y la libertad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/auditoria-fmi-libertad_129_8610886.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cdeb9c6a-6608-49c0-9503-5a516e26fea1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La auditoría del FMI y la libertad"></p><p class="article-text">
        Pas&oacute; la auditor&iacute;a del FMI y estamp&oacute; en la frente de los responsables pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos del gobierno de Macri&nbsp;una leyenda: <strong>&ldquo;Con el cepo no alcanza pero sin el Cepo no se puede&rdquo;.</strong> El documento del Fondo vino a certificar lo que muchas voces cr&iacute;ticas advert&iacute;an sobre los enormes riesgos que el desapego de la conducci&oacute;n econ&oacute;mica del gobierno del PRO por los controles cambiarios y de la cuenta capital generaban. La sangr&iacute;a de d&oacute;lares, por arriba y por abajo, demandados por el &ldquo;chiquitaje&rdquo; como por los jugadores grandes de ac&aacute; y de afuera, no se detuvo en todo el periodo 2015-2019. 
    </p><p class="article-text">
        Algunos quisieron ver la fuente de ese desapego un revival cuatro d&eacute;cadas despu&eacute;s de similares medidas tomadas por el gobierno de la dictadura entre 1977-1978. Sin embargo, un dato distorsiona este reflejo y reenv&iacute;a esas medidas a otro contexto muy diferente. La libertad cambiaria que la dictadura instrumentaba en 1977 fue <strong>muy diferente a la libertad cambiaria que el gobierno de Macri sancion&oacute; en 2015.</strong> La relaci&oacute;n de la sociedad con el mercado cambiario tuvo sus contrastes en los dos contextos. No se trataba de la misma sociedad ni tampoco este mercado ocupaba el mismo lugar material y simb&oacute;lico. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La crisis del 2001 leg&oacute; a parte de la sociedad un convicci&oacute;n muy fuerte: el acceso al d&oacute;lar funda un derecho.</strong> No hay en la historia previa nada que se asemeje a esta idea. &nbsp;Al implosionar la convertibilidad, parte de la sociedad rearm&oacute; a su manera la promesa de equivalencia entre el peso y el d&oacute;lar que el Estado empez&oacute; a incumplir en enero de 2002: <strong>donde antes hubo una ley ahora nac&iacute;a un derecho a reclamar.</strong> Este reclam&oacute; no lograr&aacute; torcer los expedientes que se amontonaban en sede judicial y con el tiempo dormir&aacute; acurrucado por los primeros a&ntilde;os del kirchnerismo de muy baja inflaci&oacute;n y super&aacute;vits gemelos. Pero su historia reciente oprimir&aacute; la memoria de quienes se movilizaron contra la reinstalaci&oacute;n del &ldquo;cepo&rdquo; cambiario entre 2011 y 2015. Este reclamo har&aacute; un giro que lo alejar&aacute; del emprendido sobre las ruinas de la convertibilidad. El reclamo hacia el Estado no ser&aacute; sobre la base de una promesa incumplida sino sobre una idea m&aacute;s positiva. <strong>Si en el 2001 el derecho a acceder a los d&oacute;lares ten&iacute;a su origen en una desilusi&oacute;n producida por el Estado, en 2011-2015 la demanda por la compra de la divisa norteamericana se apoyaba en el valor de la libertad de mercado.</strong> El reclamo no era hacia un Estado que no hab&iacute;a cumplido su propia promesa sino contra un gobierno que avasallaba las libertades. La sociedad que sali&oacute; del 2001 reclamando m&aacute;s Estado 10 a&ntilde;os despu&eacute;s comenzaba a mostrar focos de un anti-estatismo beligerante. <strong>El mercado cambiario fue una escena privilegiada para expresarlo.</strong> Una parte de la sociedad fue libertaria antes que lleguen los libertarios y fue apa&ntilde;ada por una oferta electoral de derecha sin divergencias internas sobre este punto. 
    </p><p class="article-text">
        A esta promesa con su electorado el gobierno de Macri la cumpli&oacute; sin gradualismo. A una semana de asumir liber&oacute; el mercado de cambios y la cuenta capital. Era el principio del fin que lleg&oacute; cuando el financiamiento externo se interrumpi&oacute; en el verano del 2018. Pero todav&iacute;a faltaba quemar el pr&eacute;stamo m&aacute;s grande en la historia del FMI antes de dar marcha atr&aacute;s con esa promesa. 
    </p><p class="article-text">
        Muy r&aacute;pidamente nos liberamos de prestarle atenci&oacute;n a las condiciones sociol&oacute;gicas de las decisiones econ&oacute;micas y le atribuimos otras causas o motivos, muchos de los cuales sirven para desnudar una complicidad oculta. La auditor&iacute;a del FMI al pr&eacute;stamo de 2018 alimenta esta segunda y deja muy relegada la primera. Sus argumentos son agua para el molino de la denuncia de la complicidad del gobierno de Cambiemos con la fuga de capitales. <strong>Fuera del radar de la auditor&iacute;a, y no por eso menos importante, queda la inclinaci&oacute;n de parte de la sociedad de interpretar su participaci&oacute;n en el mercado cambiario como un derecho fundamental y la promesa de un gobierno de defenderla hasta las &uacute;ltimas consecuencias.</strong> &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema, entonces, es menos saber que hacemos con el mercado cambiario y m&aacute;s que hacemos nosotros con lo que &eacute;l hizo de la sociedad argentina. <strong>No hay auditor&iacute;a del FMI que nos resuelva este segundo enigma.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/auditoria-fmi-libertad_129_8610886.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Dec 2021 03:43:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La auditoría del FMI y la libertad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[FMI,Dólar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Deudas: símbolo y método de las crisis argentinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deudas-simbolo-metodo-crisis-argentinas_129_8565787.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0a13353d-547b-4c45-8ac0-0beac8a69c72_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Deudas: símbolo y método de las crisis argentinas"></p><p class="article-text">
        A cada crisis sus deudas. Saldo impago en las cuentas p&uacute;blicas, familiares o personales, <strong>las deudas son para las crisis su s&iacute;mbolo y su m&eacute;todo. En ellas se descifran el c&oacute;mo y tambi&eacute;n el porqu&eacute; de las crisis.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la Argentina apenas escuchamos la palabra deuda inmediatamente nos transportamos a la larga historia que conecta nuestro pa&iacute;s con acreedores externos, institucionales o privados. De manera c&iacute;clica nos convertimos en expertos espectadores de rondas de negociaciones entre los funcionarios argentinos con representantes del FMI, de los fondos buitres o bufets de abogados que los representan. Una historia menos sistematizada pero igualmente poderosa para el destino de amplios sectores de nuestra sociedad, son las deudas de las familias, las deudas llamadas personales o privadas. Una historia argentina a&uacute;n no escrita.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>2001-2002. </strong>Entre el &ldquo;corralito&rdquo; y el &ldquo;corral&oacute;n&rdquo;, entre el &uacute;ltimo intento de contener la convertibilidad y la primera sentencia de repartir perdedores y ganadores una vez estallada la paridad cambiaria, transcurren saqueos, rebeliones populares y presidentes. <strong>La patria sublevada se levanta sobre un pantano de deudas que crecen y transforman su fisonom&iacute;a</strong>. El corralito sec&oacute; de efectivo las econom&iacute;as informales y empuj&oacute; el crecimiento de las deudas por la interrupci&oacute;n de las cadenas de pago. El &ldquo;corral&oacute;n&rdquo; y la pesificaci&oacute;n asim&eacute;trica dibujaron una nueva frontera entre los sectores medios: de qu&eacute; lado de la deuda te encontr&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Durante la convertibilidad, el sistema bancario se hab&iacute;a extendido apalancado, en parte, por el cr&eacute;dito nominado en d&oacute;lares. En la pre-historia de mediados de los 90&rsquo; estuvieron las mujeres agropecuarias que resistieron los remates activados por la morosidad en el pago de esos cr&eacute;ditos en d&oacute;lares, que hab&iacute;an inundado el campo argentino y que de forma anticipatoria mandaron se&ntilde;ales sobre las fallas de un sistema que eclosionar&aacute; a&ntilde;os despu&eacute;s. Luego, fueron los deudores hipotecarios que hab&iacute;an aprovechado las oportunidades que el sistema bancario ofreci&oacute; para comprar o mejorar su vivienda, pero que con la crisis del 2001 se encontraron en una encerrona dif&iacute;cil de digerir: comer o pagar la deuda bancaria. Por otro lado, los ahorristas con dep&oacute;sitos en d&oacute;lares se movilizaron para demandar en la calle y luego en sede judicial a los bancos por las deudas que ahora ten&iacute;an con ellos cuando la pesificaci&oacute;n de sus dep&oacute;sitos corri&oacute; detr&aacute;s de la devaluaci&oacute;n de la econom&iacute;a. Estos ahorristas reescribieron la historia. Donde hay una deuda hay un derecho. <strong>La salida de la convertibilidad nos leg&oacute; la convicci&oacute;n que acceder de manera irrestricta a la moneda norteamericana es un derecho cuasi fundamental.&nbsp;</strong>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>2020-2021. </strong>A diferencia de la crisis de la salida de la convertibilidad, en un estudio para los proyectos PISAC de la Agencia I+D+I identificamos que las deudas que impactan sobre la vulnerabilidad financiera de los hogares indica un tipo de crisis diferente, donde <strong>la interrupci&oacute;n de cadenas de pagos se da en casi todos los circuitos de servicios y cr&eacute;ditos donde participan las familias</strong> sin que el sistema financiero y bancario est&eacute; organiz&aacute;ndolas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las deudas de ayer y las deudas de hoy son diferentes. La fisonom&iacute;a pol&iacute;tica de cada una de ellas tambi&eacute;n. El sistema financiero no est&aacute; para organizar las deudas ni tampoco para absorber la furia que ellas generan. El malestar social que las deudas de hoy producen no tienen protesta ni lenguaje p&uacute;blico que lo exprese y organice. Hay que recomponer sus din&aacute;micas para hacerlas legibles y comprender su impacto pol&iacute;tico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El malestar social que las deudas de hoy producen no tienen protesta ni lenguaje público que lo exprese y organice. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Fueron el crecimiento de las deudas para la manutenci&oacute;n de la vida cotidiana que reflejaron c&oacute;mo el hogar se volvi&oacute; en un &ldquo;problema financiero&rdquo; durante la pandemia (en los t&eacute;rminos de la soci&oacute;loga Eva Illouz). Las deudas se familiarizaron (las relaciones interfamiliares fueron fuentes principales de financiamiento) generando una presi&oacute;n extra sobre esos v&iacute;nculos y los recursos monetarios que circulan a trav&eacute;s suyo, acrecentando as&iacute; las m&uacute;ltiples demandas que recibieron durante la pandemia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otras deudas, otras violencias. La agresi&oacute;n contra los bancos de hace 20 a&ntilde;os ahora est&aacute; contenida en el per&iacute;metro del hogar. <strong>Las familias estuvieron para prestar y tambi&eacute;n para golpear, fuente de deudas y del aumento de la violencia interpersonal</strong>, como lo muestra <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/violencias-pandemicas-nuevo-sol_129_8549233.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otro estudio del PISAC</a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estas deudas evidenciaron desigualdades de g&eacute;nero (recayeron en las mujeres gestionar las deudas del hogar), de vivienda (quienes alquilan estuvieron m&aacute;s expuestos al endeudamiento), de inserci&oacute;n laboral (trabajadores sin ingresos regulares y quienes s&iacute; los tienen pero se ven m&aacute;s afectados por la inflaci&oacute;n se endeudaron m&aacute;s) y de inserci&oacute;n y trayectoria financiera (los hogares con menos ingresos se endeudaron con instrumentos de cr&eacute;dito m&aacute;s costos y con todo tipo de riesgo).
    </p><p class="article-text">
        Deudas de clase y clase de deudas. Las trayectorias de endeudamiento de los sectores populares en contexto de pandemia no fueron experimentadas como rupturas sino como continuidad con la crisis previa generada durante el gobierno de Cambiemos y con un modo estabilizado de gestionar riesgos sociales en contextos de precariedad econ&oacute;mica. Para los sectores medios, en cambio, este crecimiento de las deudas de la vida cotidiana implic&oacute; otra cosa. Desahorro, reducci&oacute;n del consumo y otro r&eacute;gimen de endeudamiento. Para sus miembros las deudas fueron &ldquo;sin sentido&rdquo;. Estas son las deudas para llegar a fin de mes que se oponen a las deudas &ldquo;con sentido&rdquo;, que mejoran la calidad de vida o permiten una inversi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las deudas de la pandemia no empujan estallidos sociales ni protestas, sus aflicciones perdieron la plaza p&uacute;blica, pero tomaron el cuerpo y la noche de los endeudados.</strong>&nbsp;Dolores corporales, cansancio f&iacute;sico, dificultades para dormir, angustias y miedos se apilan junto al atraso de pagos de servicios y cr&eacute;ditos y la gesti&oacute;n de nuevas deudas para estirar la plata y llegar a fin de mes.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las deudas para llegar a fin de mes son &ldquo;deudas de pobres&rdquo;, sentenciaba un comerciante de la ciudad de Santa Fe a quien las cuentas impagas, el ajuste en el consumo y las deudas &ldquo;sin sentido&rdquo; lo lanzaban por el tobog&aacute;n del desclasamiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las deudas de hoy se acumulan las ruinas de las aspiraciones de ayer.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AW</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deudas-simbolo-metodo-crisis-argentinas_129_8565787.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Dec 2021 03:19:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Deudas: símbolo y método de las crisis argentinas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crisis,Pandemia,Deuda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando los transas prestan dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/transas-prestan-dinero_129_8445146.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b5184db-9545-4733-b3f2-94c51ce3f561_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando los transas prestan dinero"></p><p class="article-text">
        Juan va hasta lo del transa. La noche cae en C&aacute;rcova. No va a comprar falopa, va a pedir plata. Los conoce a los pibes que venden desde que son chiquitos, adem&aacute;s de vender droga son prestamistas. Juan les deja su tarjeta del plan como seguro de que va a devolver lo prestado. Necesitaba plata para comprar comida, no hab&iacute;a changas y la plata del plan no dur&oacute; nada.&nbsp;El trato es claro, pide 3 lucas y tiene que devolver 6. No hay tiempo para evaluar la tasa de inter&eacute;s exorbitante que acuerda. <strong>Es un servicio financiero con un costo alt&iacute;simo, pero el &uacute;nico disponible en la necesidad y urgencia</strong>.&nbsp;Si salen tres changuitas de pintura devuelve todo y recupera la tarjeta. Pactan una fecha de devoluci&oacute;n en una semana. Juan se va con la plata rumbo a uno de los almacenes del barrio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En otros barrios populares el mecanismo puede tener algunas diferencias. Los transas pueden prestar sin pedir&nbsp;seguro, pr&eacute;stamos a sola cara. Conocen a los vecinos y les dan el dinero. Como los transas est&aacute;n atentos a cada movimiento del barrio, esa vigilancia se acumula en un conocimiento para identificar a qui&eacute;n y cu&aacute;nto pueden prestar.&nbsp;Donde los bancos no est&aacute;n y en lugares donde las <em>fintech </em>a&uacute;n son vistas con desconfianza, qu&eacute; mejor que acudir a los transas: presentes y confiables. Los transas est&aacute;n siempre, atienden 7 por 24. Siempre disponibles. Un servicio hiperflexible. Adem&aacute;s proponen un acuerdo sin letras chicas o f&oacute;rmulas ocultas. Un banco a la vuelta de tu casa, abierto todos los d&iacute;as y todo el d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los vecinos saben que si no pagan se meten en l&iacute;os. El apriete tiene diferentes grados de violencia. Empieza como una amenaza y va escalando. Las reglas son claras para los vecinos: plazos, intereses y sanciones. Los plazos se negocian, pero nunca superan los dos o tres meses. Los intereses son com&uacute;nmente del 100%. Y a los morosos les cabe la violencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; las personas aceptan participar en estos servicios financieros que expl&iacute;citamente incluyen el trato violento y la usura? Hay dos cuestiones claves para responder esta pregunta. Por un lado, el ejercicio de la violencia expl&iacute;cita en una relaci&oacute;n de cr&eacute;dito no desentona con un universo social donde ella regula muchos aspectos de la vida cotidiana. Por otro lado, la existencia del uso de la fuerza violenta no deber&iacute;a opacar el hecho fundamental de que los transas prestan un servicio. Estos servicios poseen ciertas propiedades como la flexibilidad (todo se puede renegociar), estar disponibles frente a las urgencias (siempre est&aacute;n cuando los necesitan) y que las reglas son claras (es expl&iacute;cito el riesgo y la violencia).&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>El mecanismo de pr&eacute;stamo no es nuevo, pero se increment&oacute; con la pandemia. Los vecinos sufrieron la crisis y recurrieron m&aacute;s a los transas/prestamistas.</strong> El flujo de dinero aument&oacute;. Hay m&aacute;s deudas por la crisis y adem&aacute;s est&aacute;n obligados a no salir del barrio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cada vez m&aacute;s j&oacute;venes trabajan con los vendedores de drogas. Soldaditos, punteros, matones pululan por los barrios en empleos mejor pagos que el promedio de cualquier trabajo legal. La falopa mueve mucha plata y cada vez se nota m&aacute;s en los barrios como posibilidad de empleo. Ya por el a&ntilde;o 2017, en algunos barrios de San Mart&iacute;n, los vecinos &ldquo;punteros pol&iacute;ticos&rdquo; expresaban &ldquo;ya no alcanza con lo que ofrece el Estado, los planes, no&nbsp; (&hellip;) los transas te dan m&aacute;s guita (&hellip;) adem&aacute;s con los planes&nbsp;te hacen hacer trabajos muy basura o te suben a un micro todo el d&iacute;a por un pan con una feta de queso y paleta&rdquo;. Hay m&aacute;s guita y m&aacute;s beneficio simb&oacute;lico. Para muchos, nunca para todos y no siempre, estar en la movida es una posibilidad de ganar prestigio y reputaci&oacute;n. Prestigio que tener un plan no da. Adem&aacute;s, con la pandemia, el circuito de trabajos informales decay&oacute; al mismo tiempo que aumentaban las posibilidades de acceso al mundo ilegal.
    </p><p class="article-text">
        El consumo de drogas es un problem&oacute;n en los barrios. Las vecinas, las do&ntilde;as, nos dicen que sus hermanos, maridos, padrastros, hijos, tienen problema de consumo, &ldquo;se van a la consumici&oacute;n&rdquo;.&nbsp; Muchos, pero muchos varones, consumen o lo hicieron alguna vez. Las pibas tambi&eacute;n consumen y cada vez m&aacute;s.&nbsp;No todos ni todas pero muchas veces las adicciones se pagan con ilegalismos. Desde choreos a prostituci&oacute;n, de soldaditos a salideras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Los transas se vuelven actores m&aacute;s leg&iacute;timos en los barrios? Sin duda son actores cada vez m&aacute;s protag&oacute;nicos en las barriadas. Ya vimos que los transas diversifican sus funciones: dan pr&eacute;stamos, pero tambi&eacute;n trabajos y venden una codiciada mercanc&iacute;a. Su apuesta sigue siendo que una camiseta del Manchester garpe m&aacute;s que el buzo de las cooperativas.
    </p><p class="article-text">
        <em>RR/AW/JG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Rajoy, Ariel Wilkis, José Garriga Zucal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/transas-prestan-dinero_129_8445146.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Oct 2021 03:01:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando los transas prestan dinero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pandemia,Créditos,drogas,Seguridad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poner platita en el bolsillo y los rituales estatales del dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/elecciones-2021/poner-platita-bolsillo-rituales-estatales-dinero_129_8384162.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c631fb5c-b914-4169-a7a3-d88949ffdcaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Poner platita en el bolsillo y los rituales estatales del dinero"></p><p class="article-text">
        Poner dinero o &ldquo;platita&rdquo; en el bolsillo de la &ldquo;gente&rdquo; es la formula elegida por el gobierno para lograr que las elecciones del 14 de noviembre no confirmen los resultados de las PASO. No me interesa ponerme del lado de los que le pican el boleto al gobierno al acusarlo de populista o de chocar la macro con estas pol&iacute;ticas. Me interesa, por el contrario, se&ntilde;alar lo menos obvio: <strong>las condiciones de posibilidad de eficacia de esa formula.</strong> Voy a prestarle atenci&oacute;n a un cumulo de circunstancias que afectaron la valoraci&oacute;n de la sociedad, o parte de ella, sobre el dinero transferido por el Estado durante la emergencia. <strong>La pol&iacute;tica puede quedar pedaleando en el vac&iacute;o si no comprende que los uso y significados sociales del dinero desbordan a las normas, discursos y memorias estatales.</strong> Cuando las transferencias monetarias anudan la relaci&oacute;n entre la sociedad y el Estado esos desbordes son el grado cero de una pol&iacute;tica que no quiere morderse la cola.
    </p><p class="article-text">
        Las altas expectativas del gobierno sobre la ponderaci&oacute;n positiva del dinero de emergencia (como el IFE) chocaron con tres realidades. <strong>La primera</strong>, en muchos hogares esos ingresos fueron licuados para pagar deudas heredadas de la crisis del gobierno de Cambiemos y acrecentadas durante las restricciones de la pandemia. As&iacute; que este dinero llegaba a las cuentas en los bancos sin posibilidad de generar un recuerdo duradero sobre qu&eacute; se hizo con &eacute;l.  Los alivios monetarios del Estado se manifestaban bajo otras formas que poco incitaban a retener un recuerdo muy positivo para el futuro pr&oacute;ximo (el momento de votar). Las moratorias tuvieron efectos parad&oacute;jicos. Tomo el caso de las regulaciones del vencimiento del pago de las tarjetas de cr&eacute;dito. Algunos hogares sufrieron la necesidad de refinanciar a futuro en cuotas los saldos. &iquest;C&oacute;mo saber si se iba a estar en condiciones de afrontar esas cuotas? Al principio el alivi&oacute; mud&oacute; en incertidumbre y la incertidumbre, tiempo despu&eacute;s, en certeza de tener que enfrentar esas cuotas todav&iacute;a con ingresos afectados por la pandemia y la inflaci&oacute;n. El alivio del pasado retornaba al presente del votante bajo la forma de una deuda pesada.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La memoria sobre el dinero transferido por el Estado y las expectativas que este apuesta no siempre coinciden. </strong>E incluso algo peor: pueden llevarse a las patadas. 
    </p><p class="article-text">
        Ac&aacute;, la segunda realidad. Para una parte importante del universo de los beneficiarios del IFE entrar en el terreno de la asistencia del Estado fue un mazazo para su identidad social. Al calor de una econom&iacute;a en ca&iacute;da libre, un mercado de trabajo que dejaba solo espacio para el crecimiento de la precarizaci&oacute;n y que propon&iacute;a ingresos disminuidos y condiciones de la vida urbana deterioradas, abrazarse al orgullo de no caer en un &ldquo;plan&rdquo; fue un refugio de clase que ahora ven&iacute;a a ser cascoteado por la plata del IFE. <strong>Este dinero que para muchos era un s&iacute;mbolo del Estado que &ldquo;cuida&rdquo; para muchos otros era la evidencia m&aacute;s palpable de una tragedia biogr&aacute;fica.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Ya sea porque el dinero del Estado se evaporaba muy r&aacute;pido para pagar deudas o porque estaba cargado de un sufrimiento social que era mejor olvidar, en parte del electorado no hab&iacute;a condiciones para ritualizar ese dinero en el &aacute;mbito dom&eacute;stico (celebrarlo privadamente) de tal forma que genere una memoria con eficacia al momento de evaluar al gobierno d&aacute;ndole su voto (celebrarlo p&uacute;blicamente). Esta ruptura de la cadena de rituales y significaciones del dinero del Estado que enlaza la vida domestica con la vida p&uacute;blica estaba por fuera del radar que guiaba las expectativas del gobierno sobre la eficacia pol&iacute;tica de sus transferencias monetarias. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero adem&aacute;s, la tercera realidad, es que el dinero del Estado no aliment&oacute; el amor al Estado. </strong>Durante la pandemia mantener financieramente al hogar fue un problema y parte de la soluci&oacute;n fueron las familias (en especial por el rol de las mujeres) con el dinero del Estado pero no solo. Las deudas que m&aacute;s crecieron durante la pandemia fueron las contra&iacute;das con parientes y conocidos. Los sectores con menos ingresos de la sociedad encontraron en sus familias una fuente de financiamiento, los sectores con m&aacute;s ingresos la encontraron en las oportunidades que brindaban muy selectivamente los bancos para quienes ten&iacute;an ingresos altos y regulares. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>A medida que las familias buscaron salvar al hogar -aunque tambi&eacute;n lo pusieron en riesgo, el aumento de la violencia familiar es otro dato del per&iacute;odo- esta misi&oacute;n las fue dotando de una superioridad moral frente al Estado</strong>. El dinero que este fue transfiriendo aliment&oacute; menos el reconocimiento a su rol frente a la emergencia que la autovaloraci&oacute;n&nbsp;de las familias por el esfuerzo y sacrificio por transitar la crisis sanitaria y econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Este breve recuento nos sugiere algo muy sencillo: cuando el Estado transfiere dinero genera memorias y rituales sobre su recepci&oacute;n y uso que no domina. Este conclusi&oacute;n lejos de poner en cuesti&oacute;n esa pol&iacute;tica del Estado advierte sobre las condiciones reales de su eficacia e impulsa a tomar en cuenta que distribuci&oacute;n y reconocimiento no siempre coinciden y, que la sociedad, en este caso, como en muchos otros, presenta modos de funcionar demasiado escurridizos para la mirada convencional que la pol&iacute;tica tiene de ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AW</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/elecciones-2021/poner-platita-bolsillo-rituales-estatales-dinero_129_8384162.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Oct 2021 03:04:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Poner platita en el bolsillo y los rituales estatales del dinero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[IFE,Estado,PASO 2021]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No hay campaña electoral sin movimiento cambiario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/no-hay-campana-electoral-movimiento-cambiario_129_8166475.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/366ed6dc-5327-4392-af3c-4d965acfc5d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No hay campaña electoral sin movimiento cambiario"></p><p class="article-text">
        El tiempo suele cambiar los formatos del humor; los temas, en cambio, no se renuevan con la misma velocidad. Al menos en Argentina. Basta una medida de la Comisi&oacute;n Nacional de Valores para que los memes vuelvan a te&ntilde;irse de verde, como en aquel de Los 11 verdes que circul&oacute; en las redes sociales hace algunos d&iacute;as: un equipo completo de d&oacute;lares distintos formado en la cancha cual jugadores de futbol, el d&oacute;lar solidario al arco y el MEP entre los punteros.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Las restricciones para el acceso al d&oacute;lar contado con liquidaci&oacute;n anunciadas hace dos semanas volvieron a poner sobre la mesa la multiplicaci&oacute;n actual de cotizaciones, al tiempo que impulsaron una nueva alza del d&oacute;lar <em>blue</em> que lleg&oacute; a su valor m&aacute;s alto desde octubre pasado.
    </p><p class="article-text">
        	Distintos especialistas consultados por la prensa atribuyeron adem&aacute;s cierto car&aacute;cter &ldquo;estacional&rdquo; al aumento de la demanda de d&oacute;lares que, con las restricciones vigentes, no puede canalizarse en el mercado oficial. Por un lado, el cobro de aguinaldos por parte de los sectores con capacidad de ahorro tambi&eacute;n desemboca en el embudo del blue. Por otro, aunque la campa&ntilde;a de cara a las PASO comienza oficialmente este fin de semana, el cierre de las alianzas partidarias ya puso a la opini&oacute;n p&uacute;blica en modo preelectoral. Y, como se viene verificando desde 1983, <strong>en la Argentina no hay campa&ntilde;a electoral sin movimientos cambiarios.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	Desde la City, se repite con la fuerza del dogma: el escenario electoral genera ruido en la econom&iacute;a. Sin embargo, no por habitual esa relaci&oacute;n se convierte en necesaria. La democracia conquistada en 1983 se acerca a los 40 a&ntilde;os de vida. Atraves&oacute; indemne -aunque no exenta de turbulencias- las mayores crisis econ&oacute;micas de la historia nacional (en 1989 y 2001), neutraliz&oacute; la amenaza militar que durante d&eacute;cadas la hab&iacute;a tenido en vilo y aloj&oacute; tanto el esquema bipartidista que la caracteriz&oacute; en el siglo XX como el desarrollo de nuevas fuerzas pol&iacute;ticas que marcan el XXI. Desde hace un cuarto de siglo el esquema se repite puntual: cada dos a&ntilde;os hay elecciones; cada cuatro son presidenciales. Nada parece m&aacute;s alejado a una fuente de incertidumbre que este escenario, por dem&aacute;s previsible.
    </p><p class="article-text">
        	Y, sin embargo, se mueve. &iquest;Son efectivamente las elecciones las que prenden las alarmas de las mesas de cambio? &iquest;Puede la renovaci&oacute;n de una porci&oacute;n de las c&aacute;maras de diputados y senadores ser portadora, en s&iacute; misma, de inestabilidad econ&oacute;mica?
    </p><p class="article-text">
        	La pregunta no es ingenua. Desde luego, las elecciones de medio t&eacute;rmino constituyen pruebas claves para los gobiernos y son, en muchas oportunidades, ocasi&oacute;n de reacomodamientos en las alianzas y los elencos ministeriales, que a su vez pueden redundar en cambios en las pol&iacute;ticas implementadas. <strong>As&iacute; y todo, el car&aacute;cter del v&iacute;nculo entre elecciones e incertidumbre no es autom&aacute;tico ni forzoso.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        	La historia de los saltos del d&oacute;lar y de por qu&eacute; nos importan a los argentinos tiene al menos 60 a&ntilde;os. Como mostramos en <em>El D&oacute;lar, historia de una moneda argentina</em>, no fue el producto de un acontecimiento singular, ni se trat&oacute; de un proceso lineal. La <em>popularizaci&oacute;n </em>local de la moneda norteamericana, su progresiva instalaci&oacute;n como tema de discusi&oacute;n p&uacute;blica y su incorporaci&oacute;n en los repertorios financieros de agentes econ&oacute;micos de distinta talla, fue el resultado de un proceso de lenta maduraci&oacute;n que comenz&oacute; a mostrar signos claros a finales de la d&eacute;cada de 1950 para profundizarse de ah&iacute; en adelante. Ese camino, sin embargo, no fue de simple acumulaci&oacute;n; tambi&eacute;n registr&oacute; inflexiones importantes. <strong>La asociaci&oacute;n entre tensiones electorales y movimientos cambiarios, que nunca podr&iacute;a haber tenido lugar en un contexto de inestabilidad pol&iacute;tica como el que domin&oacute; de los a&ntilde;os 50 a los 70, fue una de ellas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	Desde 1983, y con mayor fuerza en los a&ntilde;os posteriores, el mercado cambiario y la pol&iacute;tica electoral se constituyeron como arenas espejadas. En la cercan&iacute;a de las elecciones, <strong>las decisiones y las apuestas de los actores pol&iacute;ticos aparecen mediadas por la cotizaci&oacute;n del d&oacute;lar, mientras que las apuestas de los agentes econ&oacute;micos est&aacute;n atravesadas por las expectativas respecto de los resultados electorales.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	Detr&aacute;s de esa din&aacute;mica se encuentra un proceso que abraza a la econom&iacute;a y a la pol&iacute;tica y las desborda por igual. En el d&oacute;lar, los argentinos encontramos un poderoso dispositivo de interpretaci&oacute;n de la realidad. Esa cotizaci&oacute;n que nos genera sobresaltos no solo sirve para tomar decisiones econ&oacute;micas: nos permite evaluar el presente y nos brinda claves sobre el futuro. Pero la moneda norteamericana tambi&eacute;n es una herramienta, <strong>una suerte de ticket dorado que ampl&iacute;a los m&aacute;rgenes de maniobra.</strong> Como gustan de decir los operadores financieros: &ldquo;da cobertura&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	El problema es que la respuesta efectiva en el plano individual, no lo es, en este caso, en el colectivo. Y las elecciones son la arena donde se dirime precisamente eso: la suerte de todos. No son entonces un arcano poderoso capaz de, por su sola aproximaci&oacute;n, hacer saltar la banca. Son el escenario donde vicios privados y virtudes p&uacute;blicas se retan a duelo. Un duelo que, en la Argentina, tiene en el d&oacute;lar a su mejor padrino.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Luzzi, Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/no-hay-campana-electoral-movimiento-cambiario_129_8166475.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Jul 2021 03:02:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No hay campaña electoral sin movimiento cambiario]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dólar,Dólar Blue,Elecciones 2021]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Pelle y el Buenos Aires, una ilusión en ruinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pelle-buenos-aires-ilusion-ruinas_129_7382586.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/63123075-3734-42f6-a291-4b6301d2e204_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Pelle y el Buenos Aires, una ilusión en ruinas"></p><p class="article-text">
        <strong>La pandemia es un laboratorio que produce desigualdades a cielo abierto.</strong> Estallan por todos lados, y sus efectos se filtran sin limites.&nbsp;&nbsp;<strong>La pandemia aceler&oacute; en tiempo real una nueva partici&oacute;n de los sectores medios urbanos.</strong> Entre quienes tienen ingresos regulares y quienes lo han perdido con la ca&iacute;da de la actividad econ&oacute;mica. Entre quienes tuvieron que &ldquo;quemar&rdquo; ahorros y quienes pudieron mejorar sus opciones de consumo e incluso acumular patrimonio (reactivaci&oacute;n de la construcci&oacute;n, del mercado automotriz). Entre quienes hicieron multiplicar el ecommerce y quienes debieron someterse a las reglas de mercado libre para reinventarse una salida a la crisis. Entre quienes se endeudaron con la tarjeta, en el pago del alquiler, las expensas, las cuotas de las prepagas y de los clubes de futbol y quienes durante septiembre-octubre de 2020 han contribuido en que el mercado de cambios ilegal vuelva a tensionarse por una demanda acrecentada del d&oacute;lar.
    </p><p class="article-text">
        Los padres y las madres tienen todo el derecho de expresar su descontento frente al modo en que los colegios preuniversitarios de la UBA, como el Pellegrini y el Colegio Nacional Buenos Aires,  han (no) resuelto la emergencia educativa en el contexto de la pandemia. De hecho, lo hacen, lo hacemos, desde muy temprano, cuando ya comenzada la pandemia las tibias reacciones de autoridades y sus desorientaciones se acumulaban a la par que aumentaban los casos de Covid19.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El breve recuento de desigualdades que estallaron sobre las clases medidas urbanas nos ayuda a recordar que lo personal no siempre es pol&iacute;tico, pero s&iacute; es social.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El mundo no pasa por lo que pasa en el Buenos Aires o en el Pellegrini&rdquo;, me invit&oacute; a descartar estas reflexiones un colega querido para evitar ese privilegio que amplifica nuestras voces como padres o madres de pibes y pibas adolescentes. Pero la sociolog&iacute;a me ense&ntilde;&oacute; dos cosas: solo que podemos hablar de esos privilegios sacando a la luz las condiciones sociales de su eficacia y que la empat&iacute;a sociol&oacute;gica supone comprender todas las causas del sufrimiento, incluso la de los privilegiados, porque ellas siempre remiten algo m&aacute;s amplio que las engloba.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuestras voces que se hacen escuchar en la prensa o las redes para expresar nuestro descontento sobre la conducci&oacute;n de los colegios preuniversitarios durante esta larga crisis son expresiones personales del desclasamiento que experimentamos como padres que &ldquo;enviamos a nuestros hijos al Pelle o al Buenos Aires&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Este proceso no es para nada nuevo pero abrazados a la ilusi&oacute;n de su rendimiento simb&oacute;lico y econ&oacute;mico preferimos patear para adelante esa realidad y seguir creyendo que esas instituciones guardan una eficacia inc&oacute;lume a las degradaciones de toda naturaleza. </strong>Pero vino la pandemia y la realidad nos pic&oacute; el boleto que nos permit&iacute;a transportarnos por esa ilusi&oacute;n de clase.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hemos socializado a nuestros pibes y pibas con ese mandato de merito y selecci&oacute;n que supone el ingreso a estos colegios. Pero las rutinas institucionales que refuerzan ese procedimiento de selecci&oacute;n han desaparecido. <strong>El &ldquo;pacto&rdquo; entre familia y colegio se quebr&oacute; donde m&aacute;s nos golpea. Las instituciones desaparecen cuando m&aacute;s las necesitamos, cuando tienen que cumplir su parte de la divisi&oacute;n del trabajo: validar la ilusi&oacute;n que les inculcamos a nuestros hijos e hijas, contra viento y marea en algunos casos, de manera m&aacute;s natural en otros.</strong> Pero el resultado es el mismo: nos chocamos de frente con la verdad de una instituci&oacute;n que se est&aacute; devorando la ilusi&oacute;n que la mantiene en pie y nosotros unida a ella.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No menos cierto que este golpe es a&uacute;n m&aacute;s fuerte cuando los colegios preuniversitarios poco pueden reclamar de excelencia o vanguardismo acad&eacute;mico cuando otras instituciones con menos capital simb&oacute;lico han dado respuestas mejores frente a la pandemia que el Pellegrini o el Buenos Aires.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la micro competencia del mercado educativo nuestros colegios que siempre picaron en punta en el campeonato del merito y el esfuerzo acad&eacute;mico est&aacute;n, en este contexto, peleando la mitad de la tabla para abajo. </strong>Nuestro desclasamiento se ve reflejado a&uacute;n m&aacute;s frente a instituciones educativas con un fuerte cierre econ&oacute;mico o social (colegios biling&uuml;es, privados con orientaci&oacute;n art&iacute;sticas) que han invertido recursos y mostrando capacidad organizativa para adaptarse al contexto de pandemia. <strong>Las desigualdades se sufren m&aacute;s cuando ellas separan a quienes se cre&iacute;an pr&oacute;ximos, cuando sus efectos producen una brecha que antes se pod&iacute;a compensar u ocultar.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nuestro descontento tiene esta raz&oacute;n social de fondo. Es la expresi&oacute;n subjetiva de un cambio de posiciones estructurales que nos afecta de lleno y que la pandemia vino a acelerar. <strong>Mientras nosotros tratamos de reanimar una ilusi&oacute;n en peligro de derrumbe, nuestros pibes y pibas ya est&aacute;n caminando sobre sus escombros.</strong>&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pelle-buenos-aires-ilusion-ruinas_129_7382586.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Apr 2021 21:27:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Pelle y el Buenos Aires, una ilusión en ruinas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Colegio Nacional Buenos Aires,Pandemia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A un año del inicio de la cuarentena, la mitad de los habitantes del AMBA duda que pueda contagiarse de Covid-19]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/coronavirus/ano-inicio-cuarentena-mitad-argentinos-duda-pueda-contagiarse-covid-19_1_7325553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e14091c5-df83-4e2e-8860-e03ac7c68e52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A un año del inicio de la cuarentena, la mitad de los habitantes del AMBA duda que pueda contagiarse de Covid-19"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Así lo revela un estudio de PASCAL-UNSAM para Escuela IDAES-UNSAM realizado en base a una muestra del Área Metropolitana de Buenos Aires. En su interpretación de los resultados, Pablo Semán y Ariel Wilkis resaltan que para la sociedad argentina la relación con la pandemia no entra en la grieta.</p></div><p class="article-text">
        La pandemia lo ha tocado todo. Hasta nuestra estructura pol&iacute;tica. A un a&ntilde;o de la declaraci&oacute;n del ASPO y ante la posibilidad inminente de una nueva ola de contagios impulsada por el cambio estacional y por mutaciones m&aacute;s agresivas del virus como las surgidas en Brasil y el Reino Unido, el an&aacute;lisis de la relaci&oacute;n entre la pol&iacute;tica y sociedad mediado por las controversias en torno a la gesti&oacute;n de la pandemia resulta revelador de un equilibrio din&aacute;mico, tenso e imposible entre los vectores de la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A finales de marzo de 2020, sin que hubiera unanimidad, parec&iacute;a haber un consenso sanitario extendido en la sociedad. El ASPO era apoyado y respetado y la agenda estaba escasamente desarrollada en temas e intensidad de las controversias. Hoy la situaci&oacute;n es diferente: la interacci&oacute;n entre las potencialidades poco a poco conocidas del virus, las voces partidarias, la actuaci&oacute;n de los epidemi&oacute;logos, las disposiciones estatales emergentes en ese contrapunto, las situaciones asociadas a la deriva de los mercados mundiales y locales afectados por fen&oacute;meno global han pluralizado e intensificado las controversias. al mismo tiempo que se han creado nuevas, pocas, &aacute;reas de consenso extendido. <strong>La &eacute;pica sanitaria ha sido sometida a las inclemencias del erosivo paso del tiempo sin soluciones definitivas. La sociedad convive con el virus sufriendo.</strong>&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El proceso social y pol&iacute;tico est&aacute; cada vez m&aacute;s formateado por la pandemia: entre sociedad y pol&iacute;tica emerge una agenda de temas y controversias que redefine las sensibilidades pol&iacute;ticas e incluye: el ASPO, el DISPO y sus diversas modulaciones, la temporada de verano, el horario y modo de cierre y apertura de la empresas gastron&oacute;micas y de entretenimiento, las escuelas y los modos de regular la convivencia en ellas y, finalmente, todo lo relativo a las vacunas. La pandemia complejiza la situaci&oacute;n pol&iacute;tica reforzando, pero tambi&eacute;n diversificando, los puntos de conflicto de la pol&iacute;tica&nbsp; En esa agenda que agrega dimensiones a la vida pol&iacute;tica conviven acuerdos, polarizaciones alineadas con la grieta y disensos pol&iacute;ticos transversales al binarismo de la grieta. Veamos cu&aacute;l es&nbsp; el estado actual de la relaci&oacute;n entre sociedad pol&iacute;tica y pandemia para estimar los efectos del a&ntilde;o transcurrido, como para comprender en qu&eacute; sentido este presente condiciona un futuro en el que habr&aacute;n de convivir la nueva ola de contagios con un&nbsp;proceso de vacunaci&oacute;n que avanza menos r&aacute;pido que lo necesario para que el virus pierda centralidad.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los datos de la encuesta* que aqu&iacute; comentamos, realizada entre habitantes del AMBA, permiten interrogar un hecho: &iquest;la emergencia de la dimensi&oacute;n sanitaria le pone propiedades irreductibles a la larga serie de crisis que ha vivido nuestro pa&iacute;s?</strong> Nuestra hip&oacute;tesis es que a las pendulaciones pol&iacute;ticas, los estrangulamientos econ&oacute;micos que conllevan reactivaciones cada vez m&aacute;s breves e inflacionarias y restricciones externas cada vez m&aacute;s marcadas y de peores consecuencias se ha sumado un factor global, disruptivo y pleno de efectos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Corresponde preguntarse entonces: &iquest;Qu&eacute; sucede cuando la sociedad y la pol&iacute;tica se ponen en relaci&oacute;n a trav&eacute;s de la disputa de normas, situaciones&nbsp; y conocimientos epidemiol&oacute;gicos que se ponen en tensi&oacute;n con el resto de las aspiraciones sociales y econ&oacute;micas?&nbsp; &iquest;De qu&eacute; manera la sociedad y la pol&iacute;tica han interiorizado la pandemia?
    </p><p class="article-text">
        Para responder este interrogante hicimos un estudio emp&iacute;rico basados en un hecho que hemos corroborado antes:&nbsp; <strong>a distancia del discurso oficial se despliega una amplia y heterog&eacute;nea epidemiolog&iacute;a &ldquo;popular&rdquo; que tiene modos propios de articular y expresar el conocimiento de la relaci&oacute;n entre situaciones y pr&aacute;cticas de contagio, la aceptaci&oacute;n o el rechazo de la importancia, peligrosidad o relevancia de la pandemia.</strong> En este contexto nos preguntamos c&oacute;mo interact&uacute;a esa variable inicialmente externa a posiciones pol&iacute;ticas previas: &iquest;C&oacute;mo se entraman en el proceso hist&oacute;rico las sensibilidades pol&iacute;tico-ideol&oacute;gicas previas, las controversias que genera la gesti&oacute;n de la pandemia y las epidemiolog&iacute;as populares?&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Un año del ASPO en Argentina                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Acuerdos, polarizaciones y disensos transversales</strong></h3><p class="article-text">
        De forma deliberada hicimos preguntas que intentaban captar matices m&aacute;s que extremar los puntos de vista sobre el virus, los cuidados y la evaluaci&oacute;n de la gesti&oacute;n de diversos segmentos de la pandemia para vincularlos a las posiciones pol&iacute;ticas. El an&aacute;lisis del conjunto de respuestas nos permiti&oacute; discernir tres formas de conjugar nociones de cuidado, gesti&oacute;n sanitaria y posicionamiento pol&iacute;tico: acuerdos, disensos correlativos al conflicto pol&iacute;tico dominante de la sociedad argentina y conflictos&nbsp;que no siguen ese eje vigente en los &uacute;ltimos lustros. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El 50% considera probable el contagio (un acuerdo sin distinci&oacute;n de posicionamientos pol&iacute;ticos, disminuido en todo caso por expectativas, conocimientos de distribuci&oacute;n bastante homog&eacute;nea).</strong>&nbsp; El 70% de los consultados considera que el contagio de Covid es algo grave. Esto sucede en un marco espec&iacute;fico: los votantes de los espacios pol&iacute;ticos mayoritarios en la &uacute;ltima elecci&oacute;n presidencial se comportan de manera homog&eacute;nea, alineados con la tendencia general de la sociedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cambio, la evaluaci&oacute;n general de la gesti&oacute;n de la pandemia muestra una clara polarizaci&oacute;n graficada en una distribuci&oacute;n sim&eacute;trica pero invertida entre los votantes de Alberto Fern&aacute;ndez y Mauricio Macri en las elecciones de 2019. Mientras la gesti&oacute;n tiene una aprobaci&oacute;n general del 39,5%, cuando vemos su distribuci&oacute;n por voto aumenta a 63% en votantes del oficialismo y tiene un rechazo del 70% de los opositores.
    </p><p class="article-text">
        Los datos del consenso sobre la gravedad del virus y la polarizaci&oacute;n sobre el modo de gestionar la pandemia por parte del gobierno son reveladores, pero es importante subrayar que los desacuerdos var&iacute;an en su distribuci&oacute;n pol&iacute;tica: no todos ellos acompa&ntilde;an la l&oacute;gica de la grieta, los acuerdos y desacuerdos con ciertas pol&iacute;ticas no se superponen con el eje oficialismo-oposici&oacute;n, Frente de Todos-Cambiemos.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Todos contra el virus</h3><p class="article-text">
        <strong>La mayor&iacute;a expresa un desacuerdo con respecto al comportamiento que privilegia la voluntad individual frente al acatamiento de normas sanitarias que tienen significado y ejecuci&oacute;n colectiva (53%).</strong> Pero este comportamiento tiene&nbsp;magnitudes muy diferentes seg&uacute;n el voto de los encuestados. Los votantes oficialistas se oponen m&aacute;s firmemente que los opositores a la afirmaci&oacute;n que reivindica la validez de la ruptura de normas colectivas (57 % y 40 % respectivamente). Los opositores, sin embargo, tambi&eacute;n est&aacute;n atravesados por una fuerte disidencia al respecto; el contingente que sostiene la prioridad de seguir el orden colectivo es del 40%, mientras el&nbsp;39,9% se opone.
    </p><p class="article-text">
        La obligatoriedad de la vacunaci&oacute;n es compartida por el 64,7% de la muestra. Con un aporte bastante mayor a esta postura de parte de votantes de Alberto Fern&aacute;ndez (75,4%) frente a votantes de Mauricio Macri (54,2%) aunque estos &uacute;ltimos expresan tanto un porcentaje mayoritario a favor de la vacunaci&oacute;n como una minor&iacute;a considerable contra esa posibilidad (28,5%).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Frente a una posible segunda ola de contagios, la disposici&oacute;n general de la sociedad es aumentar de manera mayoritaria los cuidados personales (72,2%). </strong>El antecedente del voto incide pero no evidencia clivajes considerables. El 77,5% de los votantes de Alberto Fern&aacute;ndez y el 64,3% de Mauricio Macri son proclives a intensificar los cuidados personales. La diferencia reside en que el polo opositor provee el doble de posiciones contrarias a esta disposici&oacute;n al cuidado entre la minor&iacute;a de la poblaci&oacute;n que opta por esta respuesta (20% vs 10,6%).
    </p><p class="article-text">
        <strong>La polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica no contiene los niveles de desacuerdo internos a cada coalici&oacute;n. </strong>En este caso, la mayoritaria propensi&oacute;n de los votantes de Juntos por el Cambio a intensificar los cuidados personales ante la perspectiva de una segunda ola contrasta con el discurso y las manifestaciones p&uacute;blicas de sus referentes pol&iacute;tico-partidarios y de sus int&eacute;rpretes medi&aacute;ticos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La posibilidad de un nuevo ASPO de cara a una segunda ola revela aceptaci&oacute;n mayoritaria (56,3%) con un polo de rechazo considerable.</strong> Esta respuesta est&aacute; coordinada con una distribuci&oacute;n claramente a favor en el caso de los votantes de Alberto Fern&aacute;ndez (68,3%) y con un espacio polarizado en el caso de los votantes de Mauricio Macri (43% a favor y 43% en contra).&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Pero no tanto</h3><p class="article-text">
        Es preciso contrastar lo que&nbsp; la gente dice y lo que hace o lo que dice sobre lo que ha hecho. Al identificar controversias sobre la gesti&oacute;n de la pandemia se verifican disensos que afectan la plenitud de las afirmaciones anteriores en un sentido que hace esperar conflictos si se vuelve necesaria la adopci&oacute;n de nuevas medidas de aislamiento. As&iacute;, la cuarentena del a&ntilde;o 2020 es evaluada como excesivamente larga por el 58,4% de los encuestados que, pese a que aportan caudales muy diferentes seg&uacute;n el voto, son mayoritarios en sus respectivos espacios pol&iacute;ticos. El 74% de los votantes de Mauricio Macri tiene esta evaluaci&oacute;n de la cuarentena y el 49% de los votantes de Alberto Fern&aacute;ndez&nbsp;coincide con ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y otro tanto ocurre con la disposici&oacute;n a priorizar la apertura del sistema educativo en cualquier circunstancia: esta es mayoritaria (53%) en el conjunto de la muestra, pero heterog&eacute;nea desde el punto de vista del voto.<strong> Los votantes oficialistas respondieron de manera m&aacute;s d&eacute;bil que los votantes de Mauricio Macri (43% vs 72%) y tambi&eacute;n dieron m&aacute;s respuestas negativas que los de la oposici&oacute;n (31% vs 16%). La disidencia en esta controversia se traslada al interior de los distintos espacios pol&iacute;ticos de este universo de encuestados y, m&aacute;s notablemente a&uacute;n, se acent&uacute;a entre los votantes del oficialismo.</strong>
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                    alt="El 53% está a favor de priorizar la apertura del sistema educativo en cualquier circunstancia"
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                El 53% está a favor de priorizar la apertura del sistema educativo en cualquier circunstancia                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Ante la conclusi&oacute;n apresurada de una disposici&oacute;n al ASPO mayoritaria revelada por la primera serie de datos cabe preguntarse si la mirada cr&iacute;tica sobre el pasado de la cuarentena y sobre el valor presente de la apertura educativa no son condicionantes de la disposici&oacute;n a aceptar efectivamente un nuevo ASPO.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las evaluaciones sobre la gesti&oacute;n no s&oacute;lo nos dan indicios de c&oacute;mo se dar&iacute;a esa disposici&oacute;n sino tambi&eacute;n la especificidad pol&iacute;tica de la pandemia. La obtenci&oacute;n de la vacuna Sputnik es considerada como un logro del Gobierno por el 51% de los encuestados y esta respuesta se explica porque los votantes del oficialismo aportan gran parte de la aprobaci&oacute;n (73% de ellos la aprueba) mientras los votantes de Mauricio Macri expresan la mayor parte de los rechazos que, adem&aacute;s, son dominantes en su propio espacio (48,3%).&nbsp; Sin embargo, a la hora de evaluar la prioridad en la distribuci&oacute;n y asignaci&oacute;n de las vacunas solo el 28,9% del total de encuestados est&aacute; de acuerdo que el Gobierno ha realizado una distribuci&oacute;n y asignaci&oacute;n correcta. <strong>Y si bien el espacio del voto opositor aporta gran parte de la disconformidad (71% de estos expresaron su desacuerdo) es en el espacio del oficialismo donde se observa una disidencia interna expresada en 23,6% que critica en este punto a la gesti&oacute;n del gobierno y un 43% que lo apoya. La crisis del vacunatorio vip ha ejercido sus efectos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y la pregunta sobre el car&aacute;cter de la pandemia como un evento extraordinario que restringe la capacidad de acci&oacute;n de los gobiernos resulta reveladora de una disposici&oacute;n que no cabe en la grieta. Si bien los votantes de Alberto Fern&aacute;ndez son mucho m&aacute;s proclives a aceptar esta afirmaci&oacute;n (65%) y los votantes de Mauricio Macri a rechazarlo (44%) hay un n&uacute;cleo de un 25% dentro de este &uacute;ltimo universo de encuestados que concede que la pandemia limita las acciones de todos los gobiernos.&nbsp;<strong>Las exigencias para con la gesti&oacute;n de la pandemia no son las mismas que para el resto de las pol&iacute;ticas.&nbsp;</strong>
    </p><h3 class="article-text"><strong>Visualizar la complejidad</strong></h3><p class="article-text">
        Hemos visto hasta aqu&iacute; informaci&oacute;n relativa a una serie de datos parciales: formas de&nbsp; percibir la pandemia y la gesti&oacute;n de la misma seg&uacute;n el voto de los encuestados en 2019. Los hallazgos de nuestro trabajo se hacen m&aacute;s tangibles y relevantes para responder las preguntas iniciales si disponemos esos resultados en un an&aacute;lisis que integra varios elementos. All&iacute; puede percibirse m&aacute;s claramente el hecho de que los posicionamientos frente a la&nbsp; pandemia mantienen un contrapunto con la grieta: por un lado, es imposible&nbsp; decir que la cuesti&oacute;n sanitaria es absolutamente independiente de la pol&iacute;tica partidaria. Pero por otro lado, tambi&eacute;n es imposible reducir esta cuesti&oacute;n a la grieta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Del &iacute;ndice que distribuye la poblaci&oacute;n seg&uacute;n posiciones anti-cuidados y pro-cuidados, se desprende que el universo del anti-cuidado no es sim&eacute;trico al universo de votantes opositores ni el universo de votantes oficialistas concentra todos los encuestados con actitudes pro-cuidados. <strong>Casi el 30% de los anti-cuidados han votado en la &uacute;ltima elecci&oacute;n Alberto Fern&aacute;ndez y alrededor del 40% del universo de los pro-cuidados han votado a la oposici&oacute;n.</strong> 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Índice de prácticas de cuidado según voto en última elección                            </span>
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        Tomando en cuenta el &iacute;ndice que distribuye a la poblaci&oacute;n de acuerdo a evaluaciones negativas y positivas a la gesti&oacute;n de la pandemia,&nbsp;estas proporciones se desbalancean. <strong>El 75% de los cr&iacute;ticos de esta gesti&oacute;n han votado a la oposici&oacute;n y un 25% lo hicieron por Alberto Fern&aacute;ndez. </strong>El universo de encuestados que eval&uacute;an positivamente la gesti&oacute;n de la pandemia est&aacute; compuesto en un casi 90% de votantes del oficialismo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Índice de evaluación de gestión según voto última elección                            </span>
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        El peso de estas din&aacute;micas recorta a la sociedad en cuatro posiciones (pro-gesti&oacute;n y pro-cuidados, pro-gesti&oacute;n y anti-cuidado, anti-gesti&oacute;n y pro-cuidados y anti-gesti&oacute;n y anti-cuidados) con incidencia variable seg&uacute;n voto oficialista o voto oposici&oacute;n en la &uacute;ltima elecci&oacute;n.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Tipología según voto en última elección                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>Esta tipolog&iacute;a es el resultado de un equilibrio provisorio de las din&aacute;micas de consensos, polarizaciones y disensos transversales a la grieta que&nbsp;formatean y condicionan el v&iacute;nculo entre sociedad, pol&iacute;tica y pandemia a un a&ntilde;o del ASPO.&nbsp; Tenemos entonces consensos (pocos), disensos alineados con la estructura de la grieta y, finalmente,&nbsp; disensos que no se corresponden con la grieta e introducen la especificidad de un conflicto societal plasmado por la pandemia.</strong> Hay que destacar aqu&iacute; una especificidad: si bien algunos&nbsp; disensos tienden a estructurarse a semejanza de la&nbsp;estructura de la grieta, pero otros, como lo hemos mostrado, no lo hacen y ello denota una dimensi&oacute;n hist&oacute;rica introducida por la pandemia y un interrogante relativo a su procesamiento pol&iacute;tico.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Horizontes ante la segunda ola</strong></h3><p class="article-text">
        Debido a la autonom&iacute;a y especificidad del eje sanitario es que se hace evidente la insuficiencia de la reducci&oacute;n de la pol&iacute;tica a la epidemiolog&iacute;a experta y, su complemento, la reducci&oacute;n de la experiencia de la pandemia a la &ldquo;grieta pol&iacute;tica&rdquo;. La primera normativiza a la sociedad (la sociedad debe entrar en la norma sanitaria y los desbordes frente a ella son interpretados como irracionalidad, ego&iacute;smo, etc). La segunda pasa de largo la especificidad de la experiencia de la pandemia, la sociedad debe entrar, podemos decir, en una norma pol&iacute;tica que es indiferente de alguna manera a la experiencia vivida de la pandemia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;grieta&rdquo; pol&iacute;tica no contiene todas las fracturas de la epidemiolog&iacute;a masiva:&nbsp;tiene l&iacute;neas de corte no codificadas con las l&iacute;neas pol&iacute;ticas m&aacute;s reconocidas. Conocer en profundidad esa nueva dimensi&oacute;n de la vida pol&iacute;tica nos lleva a entrever qu&eacute; hizo la pandemia con las sensibilidades pol&iacute;tico-ideol&oacute;gicas y c&oacute;mo estas pueden condicionar la pol&iacute;tica de pandemia futura. Y este conocimiento es clave para&nbsp; afrontar el interrogante que plantea el futuro inmediato: &iquest;cu&aacute;l ser&aacute; la reacci&oacute;n de la sociedad ante una muy probable ola de contagios? &iquest;Los consensos sanitarios se mantendr&aacute;n y podr&aacute;n ser movilizados e incluso ampliados en una pol&iacute;tica de cuidados cuyo alcance la pol&iacute;tica intentar&aacute; acuerdos? &iquest;Los disensos alineados con la grieta ser&aacute;n el combustible de una configuraci&oacute;n que agudiza los perfiles pre trazados de la grieta? &iquest;Cu&aacute;l ser&aacute; el papel de los disensos transversales a los espacios pol&iacute;ticos? &iquest;Ser&aacute;n en el fundamento&nbsp;de una relativa prudencia de las fuerza pol&iacute;ticas mayoritarias y el condicionante de una visi&oacute;n m&aacute;s compleja de la pol&iacute;tica sanitaria o ser&aacute;n arrasados por las pasiones encendidas del conflicto pol&iacute;tico, relanzado sobre las bases de la grieta con acusaciones cruzadas&nbsp;destinadas a producir el alineamiento de cada fuerza sobre su fracci&oacute;n mayoritaria: presenciaremos la alianza de los cr&iacute;ticos de los cuidados y la gesti&oacute;n con los opositores y la correlativa uni&oacute;n de los defensores de la gesti&oacute;n sanitaria, del gobierno y los cuidados?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Nota actualizada el 20 de marzo a las 13 hs para aclarar que se trata de un an&aacute;lisis basado en una muestra correspondiente al AMBA y no a todo el pa&iacute;s</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>*Encuesta realizada entre el 26 de febrero y el 1 de marzo de 2021 por el programa PASCAL-UNSAM para Escuela IDAES-UNSAM. Unidad de muestreo: tel&eacute;fonos celulares del &Aacute;rea Metropolitana de Buenos Aires contactados por m&eacute;todo IVR. T&eacute;cnica muestral: muestreo aleatorio simple. La muestra final fue calibrada en funci&oacute;n de las variables sociodemogr&aacute;ficas de edad, sexo y nivel educativo y del voto de la &uacute;ltima elecci&oacute;n presidencial. Tama&ntilde;o muestral: 969 casos. Margen de error: 3.6% Nivel de confianza: 95%. Procesamiento Factor-Data de Escuela IDAES-UNSAM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis, Pablo Semán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/coronavirus/ano-inicio-cuarentena-mitad-argentinos-duda-pueda-contagiarse-covid-19_1_7325553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Mar 2021 10:57:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A un año del inicio de la cuarentena, la mitad de los habitantes del AMBA duda que pueda contagiarse de Covid-19]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Pandemia,Alberto Fernández]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pandemia y su equilibrio imposible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pandemia-equilibrio-imposible_129_6739848.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40466881-695b-4659-819a-99ba6f441a28_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La pandemia y su equilibrio imposible"></p><p class="article-text">
        <strong>La pandemia ya se instal&oacute; en la serie hist&oacute;rica de las grandes crisis de la Argentina democr&aacute;tica,&nbsp;como lo fue la hiperinflaci&oacute;n de 1989 y el estallido de 2001. </strong>Son un modo recurrente de inflexiones que parecen ser totales en el sentido de que afectan la pol&iacute;tica, la econom&iacute;a y los lazos sociales en todas las escalas. As&iacute; la pol&iacute;tica de control de da&ntilde;os tiene una dimensi&oacute;n m&aacute;s a la cual atender: el desgaste de la autoridad presidencial y, al mismo tiempo, la distancia creciente con que los ciudadanos arrasados por la incertidumbre, las perdidas y los temores observan a la clase pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los encuentros cara a cara son los hechos sociales malditos de la sociedad pand&eacute;mica.&nbsp;</strong>A lo largo de estos meses descubrimos que esos encuentros pueden tener m&uacute;ltiples formatos -fortuitos, planificados, laborales, l&uacute;dicos, legales o clandestinos- y siempre suponen la copresencia f&iacute;sica. Econ&oacute;micamente y moralmente vitales, son el veh&iacute;culo para la expansi&oacute;n de contagios y muertes por Covid-19.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las decisiones recientes del gobierno nacional respecto de la gesti&oacute;n de esos encuentros (indicaciones que adaptar&aacute;n como puedan las autoridades locales y provinciales) reflejan este condicionamiento crucial. <strong>Todas las medidas sanitarias se instalan en un delicad&iacute;simo y a la larga imposible equilibrio entre las necesidades e interpretaciones de la sociedad, exigencias epidemiol&oacute;gicas, necesidades econ&oacute;micas y los recursos pol&iacute;ticos y estatales.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el doble contexto de especificidad de la pandemia y las tendencias de largo plazo a la crisis de nuestra sociedad es necesario que la promoci&oacute;n de cualquier medida destinada a prevenir los contagios se proponga m&aacute;s all&aacute; de acusaciones morales.</strong> <strong>Deben reconocerse los dolores de todos y bien lejos de la dicotom&iacute;a cuidados-solidaridad del Gobierno y la dicotom&iacute;a libertad-individualismo de la oposici&oacute;n.</strong> No es una preferencia caprichosa sino un deseo informado por datos y por an&aacute;lisis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Guste o no, es un hecho objetivo que la extensi&oacute;n, variaci&oacute;n y mediatizaci&oacute;n de la pandemia (y de los modos de enfrentarla) han transformado a la sociedad en varios aspectos incluida la masificaci&oacute;n de la opini&oacute;n respecto de casi todos los rubros de salud p&uacute;blica. <strong>A finales del mes de marzo, la sociedad no ten&iacute;a esa experiencia y por lo tanto tend&iacute;a a seguir los motivos y las razones de una cuarentena exigente que propon&iacute;an las autoridades pol&iacute;ticas apoyadas en el conocimiento de los expertos. A medida que pasa el tiempo la experiencia de la cuarentena -c&oacute;mo se la vive y significa- provee elementos poderosos para explicar por qu&eacute; se sigue o no esta norma.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esas interpretaciones expresan c&oacute;mo efectivamente se viven, sienten y piensan tanto el ASPO como el DISPO y alimentan reacciones de los ciudadanos que se distribuyen entre la adhesi&oacute;n y el rechazo pasando por todo tipo de fragmentaciones y negociaciones de la regla. Estas experiencias y sus interpretaciones tienen la propiedad de no ser experimentos, o discutibles como tales. Por eso no pueden ser contrastadas, ni tampoco descartadas por la pol&iacute;tica p&uacute;blica de un Estado que no goza de obediencia generalizada e inmediata, no posee recursos para paliar los costos de una nueva paralizaci&oacute;n de las actividades y no dispone f&aacute;cilmente de la posibilidad coercitiva que imponga la norma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>As&iacute; sucede que las interpretaciones de la sociedad no pueden ser descartadas, desconocidas, rechazadas ni negadas, sino comprendidas en sus motivos y en su eficacia en el proceso en el que es necesario gestionar diversas etapas y formas de combate al virus.</strong> La imagen piramidal y verticalista de la sociedad en que se sostienen las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, especialmente las destinadas a atender una emergencia, deben conceder a este hecho y complejizar esa imagen para poder mantener su capacidad de conducci&oacute;n. Y conste aqu&iacute; que la comprensi&oacute;n que reivindicamos como procedimiento nada tiene que ver con la justificaci&oacute;n y si, en cambio, con la captaci&oacute;n de los motivos plurales que desempe&ntilde;an el papel de contratendencias que erosionan o imposibilitan el cumplimiento de la norma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La prudencia pol&iacute;tica y el realismo sociol&oacute;gico evitan que el gobierno plebiscite su autoridad ante cada nueva medida de prevenci&oacute;n sanitaria que necesariamente debe aplicarse, pero cuyas condiciones de eficacia dependen de una sociedad que tiene esos modos polimorfos y contradictorios de relacionarse con las reglas.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El rechazo parcial o total a la norma puede significar adhesiones a otras comunidades adem&aacute;s de las pol&iacute;ticas, como las religiosas o las generacionales. <strong>El rechazo expresa tambi&eacute;n posibilidades que var&iacute;an con el nivel socioecon&oacute;mico y el tipo de empleo. Hay ciudadanos cuyos ingresos y subsistencias no solo dependen de circular para ir a&nbsp;trabajar sino de que haya sociabilidad f&iacute;sica.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los j&oacute;venes en los balnearios de clase media alta tienen el boleto picado para quienes miran escandalizados su irrespeto a las normas y la vida.</strong> <strong>Nos gustar&iacute;a acompa&ntilde;ar esta perturbaci&oacute;n y mirar para otro lado cuando la fiesta y el deporte no brotan de las playas de Pinamar, sino de las periferias m&aacute;s castigadas por la pobreza y por la pandemia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El vitalismo transclase, que no s&oacute;lo es juvenil, se hace fuerte en la idea de que &ldquo;no podemos tener miedo ante una cosa tan chiquita, cuya letalidad es &iacute;nfima y focalizada en los mayores&rdquo;.&nbsp;<strong>Un poco sobre la base de un recorte arbitrario de la informaci&oacute;n sobre qui&eacute;nes son las v&iacute;ctimas mortales privilegiadas del virus, o sobre las secuencias de contagio se saca una conclusi&oacute;n que al mismo tiempo es portadora de un discurso moral y pasible de ser moralizada: &ldquo;&iexcl;los j&oacute;venes son los que enferman!&rdquo; o la respuesta&nbsp;&ldquo;ustedes dicen eso porque no son emp&aacute;ticos con las consecuencias del encierro&rdquo;. En ese debate </strong>todos y nadie tienen la raz&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La grieta es un fen&oacute;meno de minor&iacute;as intensas.&nbsp;Activarla a prop&oacute;sito de la gesti&oacute;n de la pandemia es jugar con el peligro de que se amplifique y de que todo el mundo encuentre un lugar en ese falso refugio que oculta la complejidad de la sociedad y las fracturas reales.</strong> Con la grieta nunca ganan ni el pa&iacute;s ni el actual oficialismo que a veces se complace en el furor cortoplacista de la supuesta batalla definitiva. La grieta es una posibilidad que est&aacute; instalada en las disposiciones de los argentinos porque es el decantado de lo pol&iacute;tico en los esquemas de la acci&oacute;n social con que much&iacute;simos sujetos eval&uacute;an, perciben y act&uacute;an. <strong>La sociedad est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la grieta pol&iacute;tica, aunque no lo sepa y deba acudir a ella para hacer inteligible y decodificable p&uacute;blicamente sus opiniones e inter&eacute;s.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>La interpretaci&oacute;n que enfoca como criminales a los j&oacute;venes que vacacionan en Pinamar y rompen las normas omite que no son solo j&oacute;venes ni ricos los que por diversas razones cumplen de forma fragmentaria, limitada e incluso nula las recomendaciones del DISPO.</strong> Y con ello corre el riesgo de debilitar a&uacute;n m&aacute;s la adhesi&oacute;n a las medidas sanitarias e incluso incentivar el esp&iacute;ritu de insubordinaci&oacute;n que se legitima en el valor de la libertad con el efecto no deseado de aglutinar a quienes usan fragmentariamente la norma con aquellos que la rechazan activa y globalmente. La norma tiene usos con significados m&uacute;ltiples. La promoci&oacute;n de la misma o el combate a su incumplimiento no pueden alinearse en discursos morales que siguen las l&iacute;neas m&aacute;s twiteras de la grieta so pena de ayudar a que se produzca ese efecto de galvanizaci&oacute;n reactiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la promoci&oacute;n de la salud no debe confundirse el conjunto de la sociedad al que hay que contener con un segmento de la propia base electoral. <strong>La mirada estatal sobre la pandemia no puede alinearse s&oacute;lo con quienes tienen todas las posibilidades de ser epidemiol&oacute;gicamente correctos. </strong>El Estado debe encarnar un punto de vista m&aacute;s amplio&nbsp;que el de un sector que ha identificado en el objetivo salud la posibilidad de hacer valer la prioridad de lo colectivo (y de su versi&oacute;n de lo colectivo). Este sector es una parte visible de su base electoral, pero de ninguna manera su totalidad y menos todav&iacute;a de la sociedad argentina a la que debe gobernar. <strong>El decreto presidencial que gobernadores e intendentes deber&aacute;n interpretar y ejecutar de acuerdo a sus realidades es, justamente, una tentativa de armonizar todos los factores en un promedio: una medida de no muy alto impacto epidemiol&oacute;gico, de no tan alto costo pol&iacute;tico y con la esperanza de que la vacunaci&oacute;n genere otras condiciones. Gobernar la conjunci&oacute;n de la pandemia con los resultados de una de las m&aacute;s grandes crisis de endeudamiento de la historia no parece dejar muchas alternativas. Es gobernar un terremoto en c&aacute;mara lenta.</strong>&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>PS AW</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Semán, Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pandemia-equilibrio-imposible_129_6739848.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Jan 2021 01:45:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La pandemia y su equilibrio imposible]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gobernar la Argentina es gobernar el dólar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/argentina-dolar_129_6504002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2cab3689-4d03-47ae-b969-e1d040ab2559_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gobernar la Argentina es gobernar el dólar"></p><p class="article-text">
        Las grandes crisis de la democracia argentina tienen un hilo conductor que puede reconstruirse respondiendo a la pregunta: &iquest;c&oacute;mo &ldquo;desaparece&rdquo; el&nbsp;<em>cash</em>&nbsp;en esos contextos? Revelador clave de las perturbaciones colectivas, <strong>el dinero es s&iacute;mbolo y m&eacute;todo de las hecatombes financieras locales.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En 1989 la desaparici&oacute;n del valor del austral por el contexto hiperinflacionario fue un claro indicador de la desigualdad frente al acceso de bienes b&aacute;sicos de consumo. A medida que el d&oacute;lar americano se devoraba la moneda nacional las barriadas m&aacute;s pobres se plagaban de ollas populares y de saqueos. En 2001 la estabilidad cambiaria le restaba atenci&oacute;n a la cotizaci&oacute;n del d&oacute;lar para concentrarla al nivel de los dep&oacute;sitos. Cuando estos llegaron a &iacute;ndices insostenibles el gobierno opt&oacute; por poner un torniquete a la salida de dinero de los bancos. Este &ldquo;corralito&rdquo; produjo la segunda desaparici&oacute;n del&nbsp;<em>cash</em>&nbsp;de la era democr&aacute;tica. En ese verano caliente de principio de siglo, con la restricci&oacute;n a la circulaci&oacute;n de efectivo, los barrios vulnerables se secaron de pesos. Esta segunda desaparici&oacute;n reflejaba la desigualdad en el mercado de trabajo, los m&aacute;s afectados fueron los desempleados y quienes hac&iacute;an changas o trabajos informales. En marzo de 2020 el confinamiento dispuesto por el gobierno argentino produjo la tercera desaparici&oacute;n del&nbsp;<em>cash</em>&nbsp;de la era democr&aacute;tica. Esta no es igual a la de 1989 ni a la de 2001, tiene su origen en medidas de cuidado de la salud p&uacute;blica que dispararon una din&aacute;mica de desigualdades in&eacute;dita.
    </p><p class="article-text">
        Hasta mediados de septiembre esta fue la primera crisis de la era democr&aacute;tica donde la voz experta autorizada que ocupa el espacio p&uacute;blico no la tomaron los economistas sino los epidemi&oacute;logos. Los de cantidad de muertos, enfermos y test realizados fueron los n&uacute;meros p&uacute;blicos que reemplazaron a la cotizaci&oacute;n del d&oacute;lar (1989) y al riesgo pa&iacute;s (2001) para hacer inteligibles los acontecimientos que se desarrollan en el medio de la pandemia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La sociedad argentina se encuentra desde hace d&eacute;cadas en un estrecho desfiladero donde el d&eacute;ficit estructural de su econom&iacute;a para generar los d&oacute;lares que necesita para su desarrollo y el aumento de la inflaci&oacute;n son pinzas que recortan el margen de maniobra de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Cada ciclo pol&iacute;tico se enfrenta tambi&eacute;n con otra evidencia tan persistente como cualquier dato macroecon&oacute;mico.<strong> Gobiernos militares o democr&aacute;ticos, peronistas o radicales han chocado sistem&aacute;ticamente con el d&oacute;lar como moneda </strong><em><strong>popular</strong></em><strong> argentina.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como contamos en <em>D&oacute;lar. Historia de una moneda argentina</em> (Cr&iacute;tica, 2019) el lento pero progresivo proceso de la popularizaci&oacute;n del d&oacute;lar<em> </em>en la Argentina se despleg&oacute; desde la tercera d&eacute;cada del siglo XX hasta la segunda del XXI.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera etapa de la popularizaci&oacute;n se ubica entre fines de la d&eacute;cada de 1950 y principios de la de 1970, un per&iacute;odo signado por una fuerte inestabilidad pol&iacute;tica y econ&oacute;mica que se manifestaba, entre otras cosas, en una serie de devaluaciones peri&oacute;dicas de la moneda nacional. En ese per&iacute;odo el d&oacute;lar dej&oacute; de ser referencia exclusiva para los expertos de la econom&iacute;a o de la pol&iacute;tica y empez&oacute; a resultarle familiar a un p&uacute;blico m&aacute;s amplio. La prensa cubr&iacute;a los movimientos bruscos del mercado cambiario, la publicidad convirti&oacute; al d&oacute;lar en unos de sus &iacute;conos, la moneda norteamericana empez&oacute; a estabilizarse como term&oacute;metro de la realidad econ&oacute;mica y pol&iacute;tica. Desde mediados de la d&eacute;cada de 1970 hasta fines de la de 1980 &ndash;durante lo que los economistas suelen denominar r&eacute;gimen de alta inflaci&oacute;n&ndash; la popularizaci&oacute;n del d&oacute;lar se expandi&oacute; y profundiz&oacute;: una proporci&oacute;n creciente de distintos sectores sociales lo incorpora a sus repertorios financieros. Al mismo tiempo, algunos mercados dom&eacute;sticos pasan a utilizar el d&oacute;lar como unidad de referencia y medio de cambio. En 1977 aparecieron los primeros avisos clasificados que nominaron en d&oacute;lares los precios de los inmuebles a la venta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La hiperinflaci&oacute;n de 1989 se&ntilde;ala sin dudas una inflexi&oacute;n en ese proceso. Ese a&ntilde;o, que es tambi&eacute;n el del primer cambio presidencial posterior al regreso de la democracia en 1983, el d&oacute;lar ocup&oacute; toda la atenci&oacute;n p&uacute;blica: la fijaci&oacute;n de precios y la realizaci&oacute;n de pagos en esa moneda alcanzaron a los servicios m&aacute;s cotidianos.
    </p><p class="article-text">
        Tras esa experiencia de crisis monetaria terminal, que tuvo en la profundizaci&oacute;n del bimonetarismo una de sus principales expresiones, no llama la atenci&oacute;n que el r&eacute;gimen de convertibilidad (1991-2001) haya sido planteado como un intento de legalizaci&oacute;n de pr&aacute;cticas que ya estaban extendidas, es decir, calcular, pagar, ahorrar e invertir en d&oacute;lares. Las dram&aacute;ticas consecuencias de ese proceso quedaron al desnudo en la crisis de 2001.
    </p><p class="article-text">
        El nuevo ciclo pol&iacute;tico que se inici&oacute; en 2003 no signific&oacute; el fin del largo proceso de integraci&oacute;n de la moneda norteamericana en los repertorios financieros de los argentinos, pero s&iacute; introdujeron algunas novedades en esa historia de larga duraci&oacute;n. Cuando el gobierno de Cristina Kirchner restableci&oacute; controles cambiarios con el prop&oacute;sito de frenar la ca&iacute;da de reservas, los opositores a su gobierno se movilizaron para reclamar por un nuevo derecho fundamental en Argentina: poder comprar d&oacute;lares libremente. En ese periodo la desdolarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a fue definida como una batalla cultural central por el gobierno. La asociaci&oacute;n entre participaci&oacute;n en el mercado cambiario y reclamo de derechos tendr&aacute; gravitaci&oacute;n importante en el resultado de las elecciones que llevaron a Mauricio Macri a la presidencia de la rep&uacute;blica. En la campa&ntilde;a electoral de 2015 el candidato opositor prometi&oacute; a su electorado que una vez que asumiese iba a liberar el mercado cambiario y cumplir con esta demanda de derechos. A la semana de ganar las elecciones, puso fin al &ldquo;cepo&rdquo; aunque estas medidas dejaron severas consecuencias para el resto de su mandato. Mientras el gobierno logr&oacute; financiamiento externo &ndash; a condici&oacute;n de un feroz endeudamiento- pudo mantener el mercado cambiario liberado. Sin embargo, en el a&ntilde;o 2018 este financiamiento tuvo un final abrupto y durante largos meses la moneda argentina tuvo bruscas devaluaciones. La suerte del gobierno de Macri qued&oacute; atada a un d&oacute;lar que sin restricciones lo termin&oacute; sepultando. Con las elecciones de octubre de 2019 el peronismo volvi&oacute; al poder sin saber que durante su primer a&ntilde;o de gobierno Alberto Fern&aacute;ndez deber&iacute;a cursar un seminario intensivo de gesti&oacute;n de una pandemia global.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La cultura es una palabra maldita a la hora de analizar el lugar del d&oacute;lar en la sociedad argentina. Movilizada para iluminar cierta tendencia irreversible de la &ldquo;preferencia&rdquo; de los argentinos por la moneda norteamericana o estigmatizada como fuente de la ignorancia que oculta los verdaderos comportamientos racionales de los agentes econ&oacute;micos que orientan esta predilecci&oacute;n. Ni una cosa ni la otra. Por un lado, la socio-historia de la popularizaci&oacute;n del d&oacute;lar en la sociedad argentina muestra que el lugar que adquiri&oacute; la moneda norteamericana fue un proceso lento y de larga duraci&oacute;n. Por lo tanto, como todo proceso de esta naturaleza es susceptible de revertirse, transformarse, se encuentra lejos de ser un hecho inamovible. Por otro lado, la imagen de actor racional es &ldquo;desperfecta&rdquo; con respecto a una cultura monetaria que aloja significados y usos del d&oacute;lar no tan evidentes.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El estudio de las culturas monetarias importa porque las personas no son una tabula rasa en sus relaciones con el dinero ni el dinero funciona en la vida social siempre de la misma manera sin importar el contexto y el lugar. Una cultura monetaria formateada por la popularizacion del d&oacute;lar impone una ley de hierro a la democracia existente.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los actores pol&iacute;ticos (oficialistas y opositores) miden sus chances de &eacute;xito o fracaso a trav&eacute;s del escurridizo valor de la moneda norteamericana.&nbsp;<strong>M&aacute;s se escapa el d&oacute;lar, m&aacute;s se aleja para el gobierno la posibilidad de un triunfo electoral.&nbsp;</strong>Mientras tanto, los ciudadanos de a pie no pueden dejar de prestar atenci&oacute;n a las oscilaciones del billete verde. En ellas leen el rumbo de la econom&iacute;a, y tambi&eacute;n las alternativas de la pol&iacute;tica. Ignorar esa cifra que los medios de comunicaci&oacute;n informan a diario equivale a quedar excluidos de la vida pol&iacute;tica. Unos y otros atan su suerte al d&oacute;lar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta ley de hierro es tan fuerte que incluso en tiempos extraordinarios el valor del d&oacute;lar en el mercado cambiario opac&oacute; hasta el n&uacute;mero de muertos y enfermos por covid-19.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/argentina-dolar_129_6504002.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Dec 2020 16:51:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gobernar la Argentina es gobernar el dólar]]></media:title>
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