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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Fabián Casas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/fabian-casas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Fabián Casas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Alguien viaja furiosamente hacia vos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alguien-viaja-furiosamente-vos_129_12377169.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c8c30e4d-3bc4-417f-b612-c095d4b4e035_16-9-discover-aspect-ratio_default_1032924.jpg" width="5369" height="3020" alt="Alguien viaja furiosamente hacia vos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El sistema virtual está atado con alambres virtuales y se viene el gran apagón y vamos a tener que convivir de nuevo con gente real. Hay que aprender en los colegios a escalar terrazas, a plantar fruta y verduras, hay que enseñar a vivir el apocalipsis. Mirar el cielo para guiarse: volver a descubrir la noche.   


</p></div><p class="article-text">
        Pensar un arquitecto inteligente detr&aacute;s de la creaci&oacute;n del universo siempre es una posibilidad. Pero hay otras. Por ejemplo, en los sistemas din&aacute;micos y complejos de la f&iacute;sica est&aacute; la teor&iacute;a de los atractores. Que le ponen nombre al hecho de que quiz&aacute; podamos imaginar una serie de organismos complejos que se repelen y atraen colisionando de manera casual hasta lograr, mediante infinitas combinaciones de prueba y error, cosas tan incre&iacute;bles como el ojo humano. El concepto de atractor tambi&eacute;n se usa en las ciencias sociales y, por ejemplo, se le da el nombre de atractor negativo a alguien que atrae gente para utilizarla por pura negatividad. Ejemplo com&uacute;n: Hitler. A muchas personas les gusta pensar que est&aacute;n predestinados para hacer ciertas cosas o establecer determinados v&iacute;nculos. Otras se sienten mejor nadando en el caos, incluso con la posibilidad de desaparecer en &eacute;l. En el principio fue el caos &ndash;podr&iacute;an decir&ndash; y tal vez siga si&eacute;ndolo bajo las apariencias tranquilizadoras de los sistemas sociales.  
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a unos amigos que hac&iacute;an un programa en la Rock &amp; Pop hace muchos a&ntilde;os. Iba los s&aacute;bados por la noche, en vivo, casi cay&eacute;ndose de la programaci&oacute;n de la radio. Lo hac&iacute;an dos conductores y un movilero. El programa se llamaba Mal elemento porque pasaba una m&uacute;sica que no era muy usual en esa estaci&oacute;n radial. Eran la oveja negra musical de esa emisora. Sol&iacute;an pasar post punk, punk, krautrock y cualquier tipo de m&uacute;sica que escucharan cinco personas muy informadas. Tambi&eacute;n mucho indie, tanto nacional como internacional. Recuerdo una emisora de Iowa City que escuchaba mientras viv&iacute;a all&aacute; que pasaba la m&uacute;sica de las bandas universitarias o de garage. &ldquo;Esto es Iowa city rapids&rdquo;, dec&iacute;a una voz genial, aguardentosa, en el cuarto a oscuras de la residencia de la beca. Es incre&iacute;ble c&oacute;mo una voz en la radio puede consolarte en la oscuridad del &eacute;ter. Qu&eacute; bueno era no ver a qui&eacute;n emit&iacute;a esa voz, poder imaginar todo.  
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        Estos amigos de Mal elemento a veces me invitaban para que pasara por la radio a buscarlos y despu&eacute;s sali&eacute;ramos a tomar algo &ndash;el s&aacute;bado puede ser la noche m&aacute;s triste de la ciudad si no est&aacute;s preparado&ndash; y a veces, cuando llegaba temprano, me dejaban quedarme con ellos haciendo el programa, opinando y entrevistando a los m&uacute;sicos que invitaban como si yo fuera uno m&aacute;s del equipo. Tambi&eacute;n ven&iacute;an bandas a tocar en vivo. Para eso armaban en el estudio de al lado un set.  
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hice ese s&aacute;bado cuando me levant&eacute;? Ni idea. Lo tengo completamente borrado. Me imagino que alguno de los conductores me debe haber llamado por mi tel&eacute;fono de l&iacute;nea &ndash;yo no us&eacute; celular hasta los cuarenta y cinco a&ntilde;os&ndash; y me debe haber invitado al programa. Lo que recuerdo es que estoy hablando con el encargado de seguridad &ndash;los s&aacute;bados a la noche la radio no ten&iacute;a movimiento y ese hombre era casi un sereno&ndash; quien despu&eacute;s de preguntarme el nombre y hablar con alguien por fono me dej&oacute; pasar. Esa noche &ndash;me enter&eacute; ah&iacute;&ndash; iba a tocar en vivo una banda nueva que ten&iacute;a un nombre muy curioso: El mat&oacute; a un polic&iacute;a motorizado. Cuando me dijeron el nombre record&eacute; que hab&iacute;a visto una rese&ntilde;a muy breve pero elogiosa en una revista musical. El nombre de la banda me parec&iacute;a extra&ntilde;o, pero no me escandalizaba &ndash;no tengo familiares en la Fuerza&ndash; y por otra parte hab&iacute;a crecido escuchando nombres como: Massacre Palestina, Cad&aacute;veres de ni&ntilde;os o V&iacute;ctimas de c&aacute;ncer terminal. Frente a esos nombres la remera de Johnny Rotten diciendo &ldquo;Odio a Pink Floyd&rdquo; era una estupidez. En la rese&ntilde;a de la que hablo tambi&eacute;n hab&iacute;a una foto. Eran unos ni&ntilde;os. Y lo que resaltaba su juventud (me acuerdo que pens&eacute; que como eran de La Plata pod&iacute;an vivir en la Ciudad de los Ni&ntilde;os) era que en la foto uno de ellos cuatro estaba subido a caballito de otro.  
    </p><p class="article-text">
        Creo que primero estuve un rato en el estudio con mis amigos mientras la banda preparaba su set al lado. Creo que los fui a escuchar cuando empezaron a tocar y, como estaba yo solo vi&eacute;ndolos, me sent&iacute; inc&oacute;modo y volv&iacute; al estudio donde mis amigos charlaban mientras escuch&aacute;bamos un tema que se llamaba Chica rutera. Era un set corto el que se usaba y despu&eacute;s de eso los integrantes de la banda vinieron al estudio para que los entrevist&aacute;ramos. A m&iacute; no se me ocurri&oacute; nada para preguntarles. Pero uno de los integrantes, el que cantaba y tocaba el bajo, que con el pelo cortado a lo Guillermo Tell ten&iacute;a algo medieval en su aspecto (podr&iacute;a haber andado por el bosque platense tirando flechas), se acerc&oacute; &ndash;y la verdad que no s&eacute; por qu&eacute;&ndash; me regal&oacute; un CD que se llamaba Un mill&oacute;n de euros. Despu&eacute;s en casa, cuando me puse a observarlo y a escucharlo, vi que estaba ilustrado por &eacute;l. Era un EP de siete canciones. Y en la tapa se ve&iacute;an sobre un fondo verde, camiones blancos inmensos como el que hab&iacute;a usado una vez Maradona para llegar a la pr&aacute;ctica de Boca.  
    </p><p class="article-text">
        El sonido de la grabaci&oacute;n del CD era irregular. Todas las letras juntas del disco pod&iacute;an entrar en el hor&oacute;scopo del chicle Bazooka. Eso me llam&oacute; la atenci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;an hecho s&oacute;lo temas instrumentales? Era una escasez de l&iacute;rica llamativa y repetitiva. Ten&iacute;an algo de los graffitis urbanos y de los haikus japoneses. Por ejemplo: Chica rutera. Dec&iacute;a la letra: &ldquo;Espero que vuelvas, chica rutera&rdquo;. Amigo Piedra era un poco m&aacute;s larga: &ldquo;Sos mucho mejor que los dem&aacute;s. Todo el d&iacute;a pensando, pensando, vos so&ntilde;&aacute;s con un mundo mejor y te quedaste mirando la nada. Amigo piedra necesito que, me ayudes con mi auto otra vez, para viajar a ese lugar nuevo&rdquo;. En la primera canci&oacute;n se esperaba a alguien, en la otra se le ped&iacute;a a alguien ayuda. En el tema Provicia de Buenos Aires, ya no hab&iacute;a letra. Pero creo que el surco con el que me agarr&eacute; de una grieta de la monta&ntilde;a para no caerme del disco, como cuando se escala sin arneses ni ganchos, fue Vienen bajando. Era tambi&eacute;n breve, pero ten&iacute;a algo de pura imagen como el poema de Ezra Pound &ldquo;A la salida del subte&rdquo;. Pound dec&iacute;a que la imagen es para el poeta como el pigmento para los pintores. Yo no sab&iacute;a en ese entonces que Santiago Motorizado &ndash;el compositor&ndash; hab&iacute;a estudiado Bellas Artes y pintaba y dibujaba. Esta es la letra: &ldquo;Vienen bajando las multitudes inquietas. Con su espalda rota en los festejos de primavera&rdquo;. Cada uno de los que leyera esa letra o la escuchara, pod&iacute;a imaginarse su propia multitud quebrada: yo pensaba en la de mi primo Carlos desconcentrando la plaza despu&eacute;s de haber sido echado por Per&oacute;n en un d&iacute;a soleado.  
    </p><p class="article-text">
        En el disco hab&iacute;a una peque&ntilde;a advertencia, en letra chica &ndash;como la de los contratos&ndash; estaba la canci&oacute;n El rey de la TV italiana: &ldquo;Guiando mi propio poder, duplicando mi propio poder&rdquo;. Parec&iacute;a algo que ellos se dec&iacute;an a s&iacute; mismos para sostenerse en las aguas turbulentas de lo emergente.  
    </p><p class="article-text">
        Otra cosa m&aacute;s: en la repetici&oacute;n de las estrofas hab&iacute;a algo de p&eacute;rdida de sentido. Los ni&ntilde;os suelen hacerlo cuando exploran el lenguaje como exploran sus excrementos. Muchas veces inventamos palabras porque no podemos pronunciar exactamente las que sirven o tienen utilidad y es genial cuando otra persona encuentra en esa palabra inventada una conexi&oacute;n, es como si de golpe form&aacute;ramos parte de una comunidad con gente que usa el lenguaje fuera de su mera raz&oacute;n utilitaria: yo creo que eso es la poes&iacute;a. Tambi&eacute;n sabemos que la repetici&oacute;n es parad&oacute;jica, vuelve el verano, pero ya no es el verano que nos marc&oacute;.   
    </p><p class="article-text">
        Claro que a una banda que escuchaste en CD despu&eacute;s, si te interes&oacute; un poco, quer&eacute;s conocerla. Y eso se hace vi&eacute;ndola en vivo, si es que pod&eacute;s, si la banda vive cerca de donde vos est&aacute;s, si las entradas son accesibles. Por ejemplo, Sumo siempre me pareci&oacute; muy buena en sus discos, pero en vivo era algo intransferible. No se pod&iacute;a enviar por CBU a Sumo. Era una banda aur&aacute;tica. Fui a ver El mat&oacute; una noche en un teatro de San Telmo. No recuerdo si tocaron otras bandas, pero ellos hicieron un set corto y hab&iacute;a algo de p&uacute;blico, es decir que se pod&iacute;a caminar por el lugar, ir al ba&ntilde;o, decidir ponerte cerca o lejos. Un grupo de chicos que estaba cerca del escenario parec&iacute;a conocer todas las canciones y hac&iacute;an pogo, como suele pasar en los casamientos en el momento en que alzan al novio y lo tiran por los aires. Qu&eacute; momento. Una vez estuve en un casamiento en el que el novio no ten&iacute;a amigos y pasaban por la mesas pidiendo por favor que fu&eacute;ramos a alzarlo y arrojarlo por los aires para que se pudiera ir tranquilo de su boda.  
    </p><p class="article-text">
        El show fue desprolijo. El cantante, Santiago, parec&iacute;a tener super terror a la exposici&oacute;n p&uacute;blica. Hablaba poco y cuando hablaba dec&iacute;a: Hola hola hola. Bueno bueno bueno, &iquest;est&aacute;n bien? Como si probara el micr&oacute;fono. Estaba claro que el escenario era un lugar hostil que iba a tener que conquistar. Ricardo Zelaray&aacute;n dec&iacute;a que a los escritores no hab&iacute;a que conocerlos, hab&iacute;a que leerlos. Detr&aacute;s de un genio de la prosa puede estar un imb&eacute;cil profundo. Pero si yo no hubiera visto en vivo a El mat&oacute; no s&eacute; si los hubiera propuesto para una nota larga en una revista en la que escrib&iacute;a de vez en cuando. Me acuerdo que en ese momento el jefe de redacci&oacute;n me pregunt&oacute; si daba para una nota larga. Y yo le dije que s&iacute;, aunque no estaba seguro. Pens&eacute; por un momento: me hablar&aacute;n en la nota o ser&aacute;n como en el escenario. Las letras eran parcas, pero yo sent&iacute;a que conectaban con algo. No ve&iacute;a detr&aacute;s de ellos la influencia del rock nacional: nada de Spinetta, ni Nebbia, ni Manal, ni Charly. Salvo en San Antonio de Areco donde la tradici&oacute;n parece heredarse y son todos gauchos en formol, uno sabe que a la tradici&oacute;n hay que ir a buscarla y que puede estar compuesta con muchas influencias, de cualquier estilo y de cualquier pa&iacute;s. La tradici&oacute;n es metaestable. La tradici&oacute;n es traici&oacute;n.  
    </p><p class="article-text">
        Ayer escuchaba un cover de Jesus Mary Chain tocado por Pixies. El mat&oacute; ten&iacute;a algo de los Strokes, de Jesus Mary Chain, y tambi&eacute;n del subid&oacute;n adrenal&iacute;nico de las canciones de Frank Black antes de que Nirvana las lograra meter en la g&oacute;ndola del mercado. Lo que no sab&iacute;a o no se vislumbraba en ese momento es que al compositor principal &ndash;Santiago&ndash; le gustaba el folklore, por influencia de su padre, tambi&eacute;n m&uacute;sico vocacional, el tango y cierta zona de la m&uacute;sica mel&oacute;dica. Pero para que eso hiciera eclosi&oacute;n todav&iacute;a faltaba mucho. Y sobre todo le gustaban las pel&iacute;culas de acci&oacute;n, las de ciencia ficci&oacute;n, las comedias, las de serie b de Corman y, por encima de todo, como si fuera la biblia de la televisi&oacute;n: Lost. Lo cual no es casual porque Lost es la historia de un grupo de personas que se salvan de un accidente a&eacute;reo pero caen en una isla misteriosa. Algo similar les pasa a los chicos del accidente a&eacute;reo de la novela de William Golding, El se&ntilde;or de las moscas, que inspira en parte a Lost. Lo curioso en Lost y en la novela de Golding es la repetici&oacute;n: frente a la posibilidad de organizar un nuevo sistema, siempre volvemos al mismo de opresi&oacute;n y salvajismo, aunque ligeramente cosmetizado, que es la civilizaci&oacute;n. Los ni&ntilde;os de Golding est&aacute;n solos, sin adultos, pero terminan matando a uno de ellos para justificar sus acciones. Una vez Santiago me cont&oacute; que cuando trabajaba en una escuela como profesor de pintura, le pas&oacute; que hab&iacute;a un grandote de otro curso que entraba al aula para pegarle siempre al mismo gordito. Una vez el gordito se defendi&oacute; y le peg&oacute; al grandote y le rompi&oacute; la cara. Santiago los reprendi&oacute; a los dos, pero &iacute;ntimamente estaba contento de que el gordito hubiera cortado con el bullying. Pero dur&oacute; poco: envalentonado con su nuevo superpoder, ahora el gordito le pegaba a los de su clase. La multiplicaci&oacute;n es esclavo por esclavo.   
    </p><p class="article-text">
        Hay d&iacute;as en los que siento que estamos en una &eacute;poca banal: la m&uacute;sica que escucho por todos lados parece cantada por el mismo cantante portorrique&ntilde;o. Hay d&iacute;as en los que siento que vivo en una &eacute;poca inspirada: una persona puede ser una mujer a la ma&ntilde;ana, un hombre a la tarde y a la noche un perro. Tambi&eacute;n siento que se viene un colapso inminente dentro de pocas generaciones. Los colegios deber&iacute;an ense&ntilde;ar, como quer&iacute;a Gilbert Simondon, c&oacute;mo funciona el motor de un auto. Los hijos de nuestros hijos van a tener que saber c&oacute;mo extraer agua de una piedra, c&oacute;mo hacer funcionar de nuevo una m&aacute;quina como hacen esos personajes extraordinarios del cuento de Fogwill &ldquo;Camino, campo, lo que sucede, gente&rdquo;. El sistema virtual est&aacute; atado con alambres virtuales y se viene el gran apag&oacute;n y vamos a tener que convivir de nuevo con gente real. Hay que aprender en los colegios a escalar terrazas, a plantar fruta y verduras, hay que ense&ntilde;ar a vivir el apocalipsis. Mirar el cielo para guiarse: volver a descubrir la noche.   
    </p><p class="article-text">
        Cuando lleg&oacute; la pandemia tuve que cuidar a mi padre que se mor&iacute;a &ndash;lo alimentaba, lo ba&ntilde;aba, lo cambiaba&ndash; era agotador. Record&eacute; que hab&iacute;a un m&eacute;todo para aprender ingl&eacute;s que consist&iacute;a en estudiarlo con un grabador al lado encendido con las lecciones mientras uno dorm&iacute;a. Yo me acercaba a mi padre cuando se dorm&iacute;a y le dec&iacute;a: Dale, ya est&aacute;, pone el punto final. Una de esas noches en que volv&iacute;a a casa recorriendo la ciudad vac&iacute;a por el toque de queda sanitario, llegu&eacute; agotado y decid&iacute; rendirme, pero no s&oacute;lo de manera simb&oacute;lica, sino de manera pr&aacute;ctica: hice con una escoba y una toalla blanca una bandera de rendici&oacute;n y la plant&eacute; en el balc&oacute;n de casa bajo una llovizna tenue. Como me hab&iacute;a rendido, dorm&iacute; pl&aacute;cidamente y al otro d&iacute;a volv&iacute; con renovadas fuerzas a ocuparme de mi viejo.  
    </p><p class="article-text">
        Le cont&eacute; esto al Chango &ndash;el cantante de El mat&oacute;&ndash; y al poco tiempo escuch&eacute; una canci&oacute;n que sac&oacute; en su primer disco solista que hablaba de esta experiencia. La canci&oacute;n empieza as&iacute;: &ldquo;Hoy colgu&eacute; en el balc&oacute;n mi bandera blanca&rdquo;. Pero r&aacute;pidamente pasa a otro registro que no tiene nada que ver con lo que le hab&iacute;a contado: &ldquo;Esa ni&ntilde;a bonita que todo lo atrapa/ Voy a rendirme no quiero volver a intentar&rdquo;. Siempre me interes&oacute; esa capacidad que tienen ciertos letristas para hacer funcionar la realidad a su favor y no quedar prisioneros de la an&eacute;cdota que los inspir&oacute;. Federico Moura tambi&eacute;n lo hizo. Recordando una tarde en su casa de City Bell con toda su familia, a&ntilde;or&oacute; el rostro de su hermano mayor posteriormente desaparecido por la dictadura militar y escribi&oacute; la canci&oacute;n Pronta entrega: &ldquo;Recordando tu expresi&oacute;n/ vuelvo a desear/ esas noches de calor/llenas de ansiedad&rdquo;. Pero el tema sale del registro personal, vivencial, y pasa a otra dimensi&oacute;n: &ldquo;Sofocado por el sue&ntilde;o y la pasi&oacute;n/ busco un cuerpo para amar/ la distancia va perdiendo su espesor/ pronta entrega por favor&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es lo que hace que alguien que era un completo extra&ntilde;o se convierta en tu amigo o amiga y por lo mismo en algo esencial de tu vida? &iquest;C&oacute;mo funcion&oacute; el atractor para que esto suceda? Un amiga o amigo es un bien en s&iacute; mismo, nunca lo vas a poder reificar, quer&eacute;s estar con ella o con &eacute;l porque s&iacute;, porque hace mejor tu d&iacute;a. Porque lo potencia. Ahora estoy yendo en un auto hacia Tolosa, el remisero absoluto que me lleva me pregunta si voy por trabajo. Le digo que no, que un amigo m&uacute;sico est&aacute; haciendo un video y me pidi&oacute; que participara. El remisero me pregunta si hago m&uacute;sica. Le digo que no, que no s&eacute; tocar ning&uacute;n instrumento y que no puedo tararear ninguna canci&oacute;n. Me mira por el espejo. Tal vez est&eacute; pensando qu&eacute; mierda voy a hacer en el video. Pienso en el poema de John Ashbery que tanto me gusta: Alguien viaja furiosamente hacia vos/ a una velocidad incre&iacute;ble/viaja d&iacute;a y noche/a trav&eacute;s de la nieve y el calor del desierto/a trav&eacute;s de torrents/ a trav&eacute;s de gargantas/ Aunque &iquest;podr&aacute; encontrarte, reconocerte cuando te vea,/ Darte lo que tiene para vos?&ldquo;.  
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alguien-viaja-furiosamente-vos_129_12377169.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Jun 2025 03:01:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alguien viaja furiosamente hacia vos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El mató a un policía motorizado,Cine,Cultura,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Taller asintomático: capítulo uno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/taller-asintomatico-capitulo_1_11825464.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/17cd611d-7ca8-4d00-8951-f5cf8feac1a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Taller asintomático: capítulo uno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adelanto de 'Taller asintomático. 16 clases de Fabián Casas', libro que recupera una serie de encuentros virtuales del escritor con sus alumnos durante la pandemia. Cada capítulo/clase incorpora dos textos de alumnos de su taller: uno como introducción, otro como cierre. </p><p class="subtitle">Entrevista, por Agustina Larrea - Fabián Casas: “Un taller literario es pura incertidumbre y un estado de pregunta, nunca de respuesta”</p><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        <strong>El Zoom y la nada. Por Fabio Lacolla&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Si el movimiento se demuestra andando, pues andemos.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Carlos Bal&aacute;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Un auto viejo circula por la ruta en una noche de lluvia. El asfalto brilla peligroso, y las ruedas est&aacute;n muy lisas, el viento lo hace tambalear, no es un coche&nbsp; para salir a la ruta. Las gotas, violentas, se estrellan contra el parabrisas. Los&nbsp; chasquidos del agua que impactan en el vidrio parecen piedras de canto rodado. La pintura est&aacute; descascarada por los bollos, el roce de los fierros hace&nbsp; mucho ruido. En la luneta trasera hay un calco de stp. Por una de las ventani llas chorreadas de tierra mojada, el agua salta del vidrio a los tapizados y se va&nbsp; hundiendo entre las manchas negras. En el tablero la aguja roja est&aacute; muy cerca&nbsp; del cero. Es incierta la distancia que queda hasta la pr&oacute;xima estaci&oacute;n de servicio. Adrenalina, incertidumbre, desconocimiento. El motor del auto deja de funcionar, el hombre se acerca a la banquina embarrada. La noche no da tregua, es&nbsp; indiferente al miedo que la ruta ofrece. La mano congelada del conductor abre&nbsp; la puerta desvencijada, se baja del coche. No hay &aacute;rboles, el descampado chifla.&nbsp; El hombre empieza a caminar con la lluvia de frente pisando el barro con sus&nbsp; alpargatas deshilachadas en busca de una estaci&oacute;n de servicio. Recorre kil&oacute;metros eternos sin saber d&oacute;nde estar&aacute; esa puta estaci&oacute;n. Mientras camina por la&nbsp; ruta h&uacute;meda piensa, convierte en ficci&oacute;n el barro que le entra por los dedos de&nbsp; los pies e inventa un poema con la lluvia que le perfora las c&oacute;rneas. Algunos, en&nbsp; esa situaci&oacute;n, piensan en la vida, otros en la muerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; est&aacute;bamos en marzo del 2020, caminando por la ruta bajo una cortina de&nbsp; agua sin saber a qu&eacute; distancia quedaba el futuro. Promediando el 2014, Fabi&aacute;n&nbsp; Casas lanza los talleres de escritura &mdash;no s&eacute; a esta altura si nombrarlos de este&nbsp; modo&mdash;, eran el <em>Taller N&oacute;made, </em>el <em>Taller Invencible </em>y <em>Nadadores</em>. Talleres peripat&eacute;ticos donde pod&iacute;a pasar cualquier cosa. Nos cuenta Deleuze que Nietzsche,&nbsp; al referirse a la tirada de dados, escribe que el juego tiene dos momentos: los&nbsp; dados que se lanzan y los dados que caen; y que se juegan en dos mesas diferentes, la tierra y el cielo. La tierra es donde se lanzan los dados, el cielo donde&nbsp; van a caer. El tema es que todo puede suceder mientras los dados est&aacute;n en el&nbsp; aire. En cada clase, los dados de Nietzsche volaban por el aire y es ah&iacute; donde&nbsp; pod&iacute;a ocurrir la epifan&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La restricci&oacute;n sanitaria nos dej&oacute; a todos presos de la conjetura, y los que ven&iacute;a mos participando de los talleres nos preguntamos si Fabi&aacute;n iba a poder superar&nbsp; la antipat&iacute;a a lo tecnol&oacute;gico con la ilusi&oacute;n de hacer el taller v&iacute;a Zoom. Durante&nbsp; el primer semestre esto fue imposible, ni vivos de Instagram, ni Zoom. Casas,&nbsp; rendido en su balc&oacute;n con un trapo blanco, no quer&iacute;a saber nada. Pero, prome diando el mes de septiembre, le dejo un mensaje dici&eacute;ndole: &laquo;Yo s&eacute; que ten&eacute;s&nbsp;una cosa con las redes y que prefer&iacute;s no participar de ninguna plataforma.&nbsp; Pero somos unas veinte personas que estamos dispuestas a encontrarnos con&nbsp; vos una vez por semana para pensar la poes&iacute;a, el cine y la literatura en general.&nbsp; Ser&iacute;a un taller peripat&eacute;tico, pero en sillas de ruedas. De paso nosotros te ayu damos con los talleres que no est&aacute;s dando y vos nos cort&aacute;s el s&iacute;ndrome de abs tinencia&raquo;. A lo cual &mdash;y sorprendentemente&mdash; Fabi&aacute;n me dijo que s&iacute;. &laquo;Justo mi&nbsp; hija usa Zoom para la escuela, as&iacute; que podemos probar. Pero con una condici&oacute;n,&nbsp; Fabio, de que sea algo colectivo y a la gorra, que cada uno pague lo que pueda y,&nbsp; si no puede pagar, que no pague. Esto lo tomo como algo mutuo. Cuando escu ch&eacute; tu mensaje, me emocion&oacute; mucho&raquo;. Luego de unos minutos, me escribe: &laquo;Se&nbsp;viene <em>El Taller Asintom&aacute;tico</em>&raquo;. Enseguida, se lo comuniqu&eacute; a mis compa&ntilde;eros y&nbsp; en unas horas &eacute;ramos casi treinta interesados e interesadas. Nos pusimos de&nbsp; acuerdo en el d&iacute;a y la hora, y al rato hab&iacute;a un <em>flyer </em>del <em>Taller Asintom&aacute;tico </em>cir culando por nuestros grupos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Seg&uacute;n Liliana Villanueva, en su libro <em>Maestros de la escritura</em>, Abelardo Castillo&nbsp; se arroga la invenci&oacute;n de los talleres literarios. &laquo;El taller literario es un invento&nbsp; argentino que aparece en los 70 por una raz&oacute;n pol&iacute;tica e hist&oacute;rica y no por una&nbsp; raz&oacute;n literaria. Con la dictadura desaparecen las revistas literarias y son reem plazadas por los talleres&raquo;. Fabi&aacute;n fue creando una nueva modalidad de trabajar&nbsp; los textos <em>in situ, </em>es decir, mientras los talleres iban sucediendo se iban inventa do<em>. </em>&laquo;Si sab&eacute;s escribir, ni vengas; ahora, si ven&iacute;s a poner tus textos en estado de&nbsp; pregunta, adelante&raquo;. Desde el primer d&iacute;a dijo que los escritos llegan despu&eacute;s de&nbsp; los halagos, eso, para m&iacute;, inauguraba una segunda fundaci&oacute;n de lo que com&uacute;n mente podr&iacute;a llamarse talleres literarios, aunque &eacute;l diga que el modelo de taller&nbsp; es un g&eacute;nero literario en s&iacute; mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me gusta m&aacute;s la idea de nombrar un taller como <em>entramado de letras </em>o <em>labo ratorio de palabras</em>. Un taller tiene la pretensi&oacute;n de querer arreglar una des compostura, reparar un error; y hemos aprendido, en estos a&ntilde;os de trabajo, que&nbsp; el error es un buen punto de llegada, o de partida, da igual. El error corrige al&nbsp; ideal, porque, seg&uacute;n Casas, el ideal te debilita. La prima hermana del error se&nbsp; llama ausencia, un concepto que deber&iacute;a sumarse a la trilog&iacute;a de Joyce cuan do, en <em>Retrato del artista adolescente</em>, le hace decir a una especie de <em>alter ego </em>llamado Stephen Dedalus que ha encontrado las herramientas con las que&nbsp; iniciar&aacute; una vida dedicada a la escritura: <em>silencio</em>, <em>destierro </em>y <em>astucia. </em>Siempre&nbsp; me pregunt&eacute; si eso era un triunvirato o un tridente. Estar ausente es estar en&nbsp; estado de ensayo. La ausencia busca la ventana para cazar un pensamiento, ese&nbsp; pensamiento entre dos citas del que hablaba Roland Barthes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estas clases &laquo;ausenciales&raquo; son espacios con ventanas abiertas donde podemos&nbsp; entrar y salir sin restricciones, tal vez es estar presente con otro tipo de cuerpo,&nbsp; como Madariaga. En la ausencia se encuentra el d&eacute;bil tallo, manchando con&nbsp; tinta la espina de un poema. &iquest;Puede escribirse poes&iacute;a a trav&eacute;s de una ventana?&nbsp; Pregunt&eacute;mosle a Giannuzzi, que puede pasarse unas lindas vacaciones frente a&nbsp; su ventana reflexionando que <em>hay algo en uno que no encaja con nada</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Decidimos trabajar por diecis&eacute;is semanas v&iacute;a Zoom, en dos tiempos de cuaren ta minutos. La mayor&iacute;a de lxs que participamos ya nos conoc&iacute;amos. Tambi&eacute;n&nbsp; fue para nosotrxs una buena oportunidad para el reencuentro. La planificaci&oacute;n&nbsp; de las diecis&eacute;is clases fue determinada por el devenir &mdash;un concepto robado en&nbsp; una salidera por Deleuze al amigo Simondon&mdash;, todos y todas nos subimos a la&nbsp; banana loca desafiando el embate de las olas de covid-19. A lo largo de las cla ses, fuimos cruzando a Carlos Castaneda con Mark Fisher, la pel&iacute;cula <em>Rojo </em>con&nbsp; la serie <em>Cobra Kai, </em>Mariano Blatt con Daniel Durand. H&eacute;ctor Viel Temperley&nbsp; con Francisco Madariaga, ah&iacute; descubrimos qu&eacute; es <em>el surrealismo controlado</em>.&nbsp; Estuvimos buceando en la pel&iacute;cula <em>Capturing Mary. </em>Caminamos junto a Rober ta Iannamico por los senderos dantescos. Nos paramos de manos ante Jos&eacute; Watanabe y John Ashbery. Vimos la pel&iacute;cula <em>Ratas de playa </em>y la magistral serie <em>We&nbsp; are who we are</em>. Hablamos de Kenneth Koch y de algunos textos del <em>Diario de&nbsp; Poes&iacute;a </em>y hasta pensamos en una <em>vanguardia invisible</em>. Pero tambi&eacute;n, a lo largo&nbsp; de las clases, fueron apareciendo peque&ntilde;as inserciones que trajeron a otros&nbsp; autores para que nos ayuden a pensar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes de la &uacute;ltima clase, le comento a Fabi&aacute;n la idea de poder desgrabar las&nbsp; clases y hacer una edici&oacute;n para publicar, ya que hab&iacute;amos trabajado en pro fundidad conceptos e ideas que, si nos sirvieron a nosotros, podr&iacute;an servirles&nbsp; a muchas personas m&aacute;s. &laquo;Me parece una idea muy fuerte, en general nunca es cucho una clase m&iacute;a. Pero avancemos, lo &uacute;nico que me gustar&iacute;a es que fuera un&nbsp;	trabajo colectivo&raquo;, dice Casas con esa forma natural de aglutinamiento. Mir&aacute;, le&nbsp; digo &mdash;para tratar de convencerlo&mdash;, el tema ser&iacute;a que cada uno de los compa &ntilde;eros tome una clase para desgrabar y luego de eso escriba tres mil caracteres&nbsp; al final de la clase a modo de resonancia, sea ensayo, poes&iacute;a o cuento. Veloz mente nos pusimos manos a la obra. Quedamos con Fabi&aacute;n en que, cuando tu vi&eacute;ramos una primera bajada, se lo pas&aacute;bamos para que &eacute;l le pusiera la magia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muchos pasamos por el <em>Taller Asintom&aacute;tico, </em>las personas que trabajamos en&nbsp; estos textos fuimos: <em>Virginia Avenda&ntilde;o, Gaby Blanco, In&eacute;s Busquets, Andr&eacute;s&nbsp; Correa, Laura Ivanier, Miranda Juejati, Fabio Lacolla, Graciela Loisi, Julio Man delbaum, Pablo Oubi&ntilde;a, Pedro Palacios, Mariano Parnes, Sof&iacute;a Presti, Celso Ro dr&iacute;guez, Jes&uacute;s Rodr&iacute;guez, Victoria Taylor, Paola Tula y Ver&oacute;nica Schiliro. </em>Pero&nbsp; adem&aacute;s pasaron por el asintom&aacute;tico aportando sus preguntas y sus ideas otros&nbsp; compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras: <em>Carolina Angriman, Diego Azcurra, Solange Ca ma&uuml;er, Lolo Cao, Carolina Di Palma, Mat&iacute;as Guillan, Andrea Malaspina, Carime&nbsp; Morales, Mart&iacute;n Mart&iacute;nez, Clarisa Pobliti, Daniel Quaranta, Mart&iacute;n Rimbre taud, Maximiliano Sacrist&aacute;n y Jazm&iacute;n S&aacute;enz</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos inaugurar este g&eacute;nero &aacute;ulico como <em>cat&aacute;strofe descomunal, </em>ya que&nbsp; es un latiguillo recurrente que usa Casas para decirnos que &laquo;ah&iacute; donde est&aacute; el&nbsp; peligro, est&aacute; la salvaci&oacute;n&raquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-captioned data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DCB9haORkAz/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/p/DCB9haORkAz/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; 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font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; 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margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/p/DCB9haORkAz/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de Estudioindia (@indiaediciones)</a></p></div></blockquote>
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>Clase uno: Rendirse&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hola, gente. Tenemos que vencer al Zoom y la nada. En principio, les quer&iacute;a&nbsp; contar una cosa. Hubo un d&iacute;a en que me rend&iacute;. No s&eacute; c&oacute;mo vienen ustedes&nbsp; atravesando la cuarentena, pero yo me rend&iacute;. Me di cuenta de que rendirse no&nbsp; es lo mismo que doblegarse. Es diferente. Los dos o tres primeros meses de la&nbsp; cuarentena, mi pap&aacute; estuvo enfermo hasta que falleci&oacute;. No falleci&oacute; de covid;&nbsp; fue un exc&eacute;ntrico, ten&iacute;a noventa y dos a&ntilde;os. Gaby, uno de mis hermanos, el m&aacute;s&nbsp; chico, que se hab&iacute;a quedado en cuarentena en Merlo, no pod&iacute;a volver. Entonces,&nbsp; nos est&aacute;bamos ocupando de mi pap&aacute; mi hermano Juan y yo. &Eacute;ramos enferme ros todo terreno: le cocin&aacute;bamos, lo ba&ntilde;&aacute;bamos. Hac&iacute;amos todo. Y hubo uno de&nbsp; los d&iacute;as en que yo llegu&eacute; a casa y, no me acuerdo en qu&eacute; momento fue, que que d&eacute; 	muy cansado, porque fue muy agotador hasta que logramos internarlo. Ese&nbsp; d&iacute;a dije: hoy me voy a rendir. Y me di cuenta de que era algo buen&iacute;simo. &iquest;Vieron&nbsp; que hay toda una cultura donde no te pod&eacute;s rendir? Ten&eacute;s que estar siempre&nbsp; haciendo cosas. Yo me rend&iacute;, ese d&iacute;a me acuerdo de que llegu&eacute; a casa y me rend&iacute;&nbsp; f&iacute;sicamente. Puse una bandera blanca en el balc&oacute;n de mi casa. Quer&iacute;a rendir me completamente, tambi&eacute;n de manera simb&oacute;lica. Cuando estaba poniendo la&nbsp; bandera blanca, una chica del balc&oacute;n de al lado me miraba. S&eacute; de ella solo cuan do salgo al balc&oacute;n. Como un cuc&uacute;. Es futbolista, porque la veo cuando vuelve&nbsp; de jugar al futbol. Inclusive pens&eacute; en escribir una novela sobre ella, pero con&nbsp; las poquitas cosas que s&eacute;: que juega al futbol y que es una vecina. Ella estaba&nbsp; justo en el balc&oacute;n cuando puse la bandera blanca y me pregunt&oacute; si lo hac&iacute;a por&nbsp; la pol&eacute;mica de Vicentin. No, le dije, lo hago porque me rend&iacute;, no por Vicentin. Se&nbsp; qued&oacute; paralizada y se encerr&oacute;, se meti&oacute; dentro de su pieza y baj&oacute; la persiana.&nbsp; Habr&aacute; dicho: este se pega un tiro en dos minutos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese d&iacute;a pude dormir superbi&eacute;n porque no es lo mismo rendirse que doblegar se. Lo pens&eacute; en ese momento, son dos cosas separadas. Vos pod&eacute;s rendirte, y&nbsp; eso produce un estado de relajaci&oacute;n y tambi&eacute;n de aceptaci&oacute;n de lo que est&aacute;&nbsp; pasando. Cuando te dobleg&aacute;s, te quiebran, te dominan; cuando te rend&iacute;s, dec&iacute;s&nbsp; basta, no soy Superman. De hecho, yo dej&eacute; la bandera dos o tres d&iacute;as y algunos&nbsp; amigos pasaban y me dec&iacute;an che, en tu balc&oacute;n hay una bandera blanca. Igual, al&nbsp; otro d&iacute;a de la rendici&oacute;n, me tuve que levantar para estar con mi pap&aacute; y ocupar me.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de unas semanas, me llega el libro <em>El optimismo cruel</em>, de Lauren Ber lant. &iquest;Vieron que los libros de Caja Negra tienen esos dibujos en la tapa, geom&eacute; tricos? Por ejemplo, la portada de <em>Realismo capitalista</em>, de Mark Fisher, es igual&nbsp; al tatami donde pelea el <em>Karate Kid</em>. &iquest;Vieron <em>Karate Kid</em>? B&uacute;squenla y van a ver&nbsp; que el tatami es exactamente igual. Yo vi con mis hijos el <em>Karate Kid</em>. Yo siem pre veo con mis hijos pel&iacute;culas y despu&eacute;s les pegunto: bueno, a ver, de qu&eacute; trata.&nbsp; Como hago con ustedes en los talleres. El otro d&iacute;a vimos <em>Una serie de eventos&nbsp; desafortunados</em>, una pel&iacute;cula que me hicieron ver ellos, y despu&eacute;s la debatimos&nbsp; y sacamos conclusiones. Vimos <em>Astroboy </em>tambi&eacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que les quer&iacute;a contar es que este libro de Berlant en un momento habla del&nbsp; giro afectivo. Que de alguna manera son conceptos que venimos desarrollan do en los talleres. Libros que tienen que ver con los discursos de las nuevas&nbsp; formas de pensar la sexualidad, la marginalidad, la vida de los chicanos, de los&nbsp; negros, de los rubios, la gente que tiene que construir su personalidad en deter minadas sociedades, construyendo instantes de felicidad a trav&eacute;s de determi nados objetos que representan una idea establecida socialmente de la felicidad&nbsp; y que la gente busca estar en contacto con esos objetos para creer que son feli ces al poseerlos. Otro de los libros que me llam&oacute; la atenci&oacute;n es <em>La promesa de la&nbsp;</em>	<em>felicidad</em>, de Sara Ahmed. Este me gust&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s que el de Lauren Berlant,&nbsp; aunque son buenos los dos. El de Ahmed es un ataque furibundo a la construc ci&oacute;n de la familia burguesa, a la idea de que todos tenemos que ser felices. Esa&nbsp;idea de que hay ciertas promesas que te obligan a trabajar para ser feliz. Lo&nbsp; que me llamaba la atenci&oacute;n es que son libros que est&aacute;n resumidos en esta idea,&nbsp; que nosotros trabajamos un mont&oacute;n de veces, que es el regalo envenenado, de&nbsp; Lacan. Yo le hago un regalo a Pedro, y ese regalo que le hago a Pedro lo liquida,&nbsp; lo destruye. Todos conocemos alg&uacute;n entusiasta del regalo envenenado. Vos les&nbsp; dec&iacute;s no quiero tal cosa y ellos van y te lo regalan. Y lo que te regalan te genera&nbsp; una cat&aacute;strofe. Estos libros hablan de esto&hellip; y tambi&eacute;n hablan centralmente&nbsp; de algo que en filosof&iacute;a se ha estudiado much&iacute;simo desde la &eacute;poca de Spinoza.&nbsp; Baruch Spinoza, que es un autor muy intenso. &Eacute;l toma un mont&oacute;n de discursos&nbsp; filos&oacute;ficos y los desarrolla en t&eacute;rminos geom&eacute;tricos, ah&iacute; se vuelve muy comple jo, pero, si trabaj&aacute;s toda la parte de la &eacute;tica, es impresionante. Pero lo que pasa&nbsp; es que lo que &eacute;l busca, igual que lo busc&oacute; much&iacute;simos a&ntilde;os despu&eacute;s Lacan, es&nbsp; esa construcci&oacute;n matem&aacute;tica de fondo que sostenga una idea de pensamiento&nbsp; positivista. Buscan en el &aacute;lgebra una promesa de eternidad. Spinoza dice que&nbsp; las personas luchan por ser esclavos en vez de luchar por liberarse. Eso me in teresa porque me parece muy cierto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Carolina Di Palma: La servidumbre voluntaria.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Saben qu&eacute; es el optimismo cruel? Aferrarte a cosas que te van a destruir la&nbsp; vida y construir la vida desde ah&iacute;, tenerla se&ntilde;alizada de una manera que, si te&nbsp; falla eso, que entre comillas te impide realizarte o emanciparte, te sent&iacute;s abso lutamente hu&eacute;rfano, desvalido y con una sensaci&oacute;n de v&eacute;rtigo que te est&aacute;s por&nbsp; caer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Pedro Palacios: Vos lo toc&aacute;s en tus clases cuando dec&iacute;s </em>&laquo;<em>la esperanza es demole dora</em>&raquo;<em>.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, eso lo vimos tambi&eacute;n en muchas de las pel&iacute;culas que trabajamos. Porque&nbsp; muchas veces la f&aacute;bula de Hollywood tiene cargada este sentimiento de que,&nbsp; si vos hac&eacute;s tal cosa y si sab&eacute;s esperar, vas a lograr lo que quer&eacute;s, el sue&ntilde;o&nbsp; americano de emanciparte de acuerdo con las normas del Capital. Esta idea de&nbsp; esperanza es bastante improductiva porque hace que siempre est&eacute;s esperando&nbsp; algo. En definitiva, lo que esper&aacute;s es encajar en alg&uacute;n lugar. Concretamente,&nbsp; a m&iacute; no me molesta ser feliz. Hay que ser feliz, pero hay que saber identificar&nbsp; con qu&eacute;, desde ese lugar me parece que est&aacute; bueno el trabajo que hacen estos&nbsp; libros, que es la idea de c&oacute;mo esta forma de apegarse a determinados objetos&nbsp; y a determinadas situaciones nos debilitan y que est&aacute;n en todos lados. Estas&nbsp; autoras siguen mucho a Slavoj &#381;i&#382;ek. Es el que yo siempre digo que es &laquo;S&iacute; s&eacute;&raquo;,&nbsp; porque sabe de todo; todo lo que le preguntan, lo sabe. Y lo hemos visto cuando&nbsp; empez&oacute; la pandemia. A veces tambi&eacute;n est&aacute; bueno que un fil&oacute;sofo diga que no&nbsp; sabe lo que va a pasar, est&aacute; bueno que diga que no tiene la m&aacute;s puta idea de lo&nbsp; que pasa. Por eso la idea de rendirse me tranquiliz&oacute;. Me acuerdo de que, al prin cipio de esta situaci&oacute;n tan in&eacute;dita que nos sucedi&oacute;, est&aacute;bamos, todo el tiempo,&nbsp; aturdidos por un mont&oacute;n de noticias falsas y raras. Y situaciones constantes&nbsp; donde dec&iacute;an que hab&iacute;a nuevos s&iacute;ntomas del virus, que la vacuna no se iba a&nbsp; conseguir hasta dentro de veintitr&eacute;s mil a&ntilde;os, fueron los chinos, es un plan&nbsp; de Trump, no s&eacute;, tuvo que ver Almod&oacute;var, cualquier cosa. Ah&iacute; est&aacute; bueno lo&nbsp; que cada uno aprende cuando trabaja en grupo, cuando trabaja con lo que sea.&nbsp; Porque yo pensaba: qu&eacute; importante es tener la idea de la <em>operaci&oacute;n mental</em>, de&nbsp; la que nosotros hablamos tanto, que es m&aacute;s compleja de transmitirle a otras&nbsp; personas cuando la escucha por primera vez. Es algo que aprend&iacute; con los talle res. Tambi&eacute;n que, frente a estas situaciones, uno tiene que aprender a tratar de&nbsp; tomar la operaci&oacute;n mental de lo que est&aacute; sucediendo y empezar a pensar por&nbsp; s&iacute; mismo y a tratar de estructurar algo que no necesariamente te d&eacute; una satis facci&oacute;n, sino como un peque&ntilde;o trozo de &laquo;certeza&raquo; que viene de lo que vos est&aacute;s&nbsp; hablando: tratar de diferenciar lo que est&aacute; pasando, lo que vos pens&aacute;s, y lo que&nbsp;vos quer&eacute;s que pase. Porque muchas veces en los pensamientos ponemos lo&nbsp; que queremos que pase y de alguna manera eso traba un poco el acercamiento&nbsp; a algo mucho m&aacute;s objetivo. Hay una pel&iacute;cula, no s&eacute; si Mariano me ayuda, que se&nbsp; llama <em>Mi novia Polly</em>, es del 2004 y la dirigi&oacute; Hamburg.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Mariano Parnes: La que se encuentra de grande con quien era el amor juvenil.&nbsp; Te pongo un par&eacute;ntesis: es una comedia, te hace re&iacute;r. Es dif&iacute;cil hacer re&iacute;r. Y te&nbsp; menciono otra que est</em>&aacute; <em>buena tambi&eacute;n, se llama </em>Divinas tentaciones<em>. Algo pa recido a </em>Mi novia Polly<em>, pero la novia de la infancia es el amor de un cura y de&nbsp; un rabino. Y es una peli que habla mucho de la identidad. Pero para cerrarte lo&nbsp; que dec&iacute;as del regalo envenenado, lo del regalo envenenado es lo del Caballo de&nbsp;Troya de alguna manera.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Es lo mismo, la misma idea. Pero por eso te digo, es antiqu&iacute;simo. Lo que quer&iacute;a&nbsp; decir es que, en un momento, en <em>Mi novia Polly, </em>el protagonista, Ben Stiller,&nbsp; tiene que decidir con cu&aacute;l de las dos chicas se va a quedar. Y, como es un neu r&oacute;tico que tiene todo organizado por Excel, pone en un programa de internet, a&nbsp; la exmujer y a la novia Polly, agrega en las columnas las caracter&iacute;sticas de cada&nbsp; 	una, y el programa determina que tiene que seguir con Polly. Lo que me pareci&oacute;&nbsp; importante es que, mientras el tipo est&aacute; intentando trabajar como Lacan, como&nbsp; un mont&oacute;n de fil&oacute;sofos en la historia, tratando de captar eso que se nos va por&nbsp; todos lados que es la realidad, las relaciones, los v&iacute;nculos, el afecto, &eacute;l est&aacute; im plicado afectivamente con las dos mujeres: una porque lo dej&oacute;, y la otra porque&nbsp; es su nueva novia Polly, que quiere estar con &eacute;l, pero a ella no le interesa la idea&nbsp; de pareja. El muchacho tiene que decidir y lo lleva todo a una estructura ma tem&aacute;tica, carga en un peque&ntilde;o programa las caracter&iacute;sticas de las dos. Pone:&nbsp; Nelly vs Polly y va cargando. Y se ve como si fuera una especie de videojuego.&nbsp; Al final el programa le dice ten&eacute;s que quedarte con Polly. Y el amigo, que es este&nbsp; actor extraordinario que se llama Philip Seymour Hoffman, que tiene un pa pel lateral pero muy bueno, le dice: est&aacute;s haciendo trampa. Estoy notando que&nbsp; le est&aacute;s agregando cosas a Polly que no tiene. Es porque vos quer&eacute;s que gane&nbsp; Polly. Entonces, cuando uno se pone a pensar en situaciones de la realidad, es tructuras de la realidad, como esto que pas&oacute; que fue muy in&eacute;dito, muchas veces&nbsp; uno agrega cosas que tienen que ver con el deseo, con las ganas que vos ten&eacute;s y&nbsp; que muchas veces te impide tener en claro lo que ten&eacute;s en frente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Mariano: Un detalle, Fabi&aacute;n, ah&iacute; audiovisualmente tendr&iacute;as lo de Spinoza. Bus car n&uacute;meros duros para solventar pensamientos.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Por eso recordaba esto. Piensen que por lo general la gente que trabaja en filo sof&iacute;a&hellip;, o en Lacan mismo, que muchas veces termin&oacute; trabajando con los ma temas porque ten&iacute;a una necesidad cient&iacute;fica de poder justificar y desarrollar e&nbsp; instalar su pensamiento en un lugar que la matem&aacute;tica te genera. Como pasa&nbsp; en <em>El &uacute;ltimo teorema de Fermat</em>, de Simon Singh. Cuando las definiciones mate m&aacute;ticas son definiciones, para los matem&aacute;ticos son universales y para siempre.&nbsp; Cada uno de nosotros, de los que estamos ac&aacute;, hemos atravesado la pandemia&nbsp; como una peque&ntilde;a narraci&oacute;n. Cada uno tiene su narraci&oacute;n. Me pas&oacute; esto, a vos&nbsp; te pas&oacute; esto, yo la viv&iacute; de otra manera porque desde el primer d&iacute;a no pude que darme en mi casa porque tuve que salir. Pensaba tambi&eacute;n en Artaud, en <em>&laquo;El tea tro y la peste&raquo;</em>, est&aacute; dentro de <em>El teatro y su doble</em>, donde habla de la experiencia&nbsp; de la peste, de c&oacute;mo funciona el sistema de la peste, ya que se mezcla con el&nbsp; concepto de moralidad. Tambi&eacute;n sucedi&oacute; que, al comienzo de la pandemia,&nbsp; <em>La Peste</em>, de Albert Camus, se convirti&oacute;, en Francia, en un <em>best seller </em>porque la&nbsp; peste tiene tambi&eacute;n algo moral. Sabemos que todo el mundo puede padecer&nbsp; covid, aunque te encierres en tu casa, porque el virus puede llegar de cualquier&nbsp; manera. Hay gente que no quiere tener covid porque tiene miedo, porque tie ne temor a la enfermedad. Me parece superl&oacute;gico, pero hay personas que no&nbsp; quieren tener covid porque lo ven como algo moral, como una especie de se&ntilde;a lamiento moral de la sociedad sobre vos mismo. Si ten&eacute;s covid, ten&eacute;s algo de lo&nbsp; que no quer&eacute;s que se enteren los dem&aacute;s, y ah&iacute; se vuelve como una cosa medio&nbsp;individualista y me parece mucho m&aacute;s perniciosa porque no solamente est&aacute;s&nbsp; padeciendo una enfermedad, sino que est&aacute;s frente a lo desconocido. Los cient&iacute; ficos y los m&eacute;dicos no se ponen de acuerdo sobre c&oacute;mo va a mutar. Y tiene, ob viamente, una gran capacidad de contagio. Pero independientemente de eso, si&nbsp; vos est&aacute;s padeciendo una enfermedad, est&aacute;s padeciendo adentro una cosa que&nbsp; te debilita. Que es, por tener covid, sos alguien moralmente reprobable porque&nbsp; pod&eacute;s contagiar, porque podemos suponer que te fuiste a una fiesta electr&oacute;nica&nbsp; clandestina y te contagiaste ah&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Sof&iacute;a Presti: Un estigma.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Funciona como un estigma. Depende desde d&oacute;nde se plante el que te cuestiona.&nbsp; Les recomiendo que lean <em>La Peste</em>, de Camus. Es un libro hermoso. Piensen en&nbsp; el final de ese libro cuando lo lean. Si pueden leerlo hoy, mucho mejor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>In&eacute;s Busquets: Yo lo le&iacute; y a m&iacute; el final me mat&oacute;. No quiero espoliarlo.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Se puede espoliar porque es bueno! No s&eacute; si saben que Camus ten&iacute;a una tuber culosis que era diferente, que no contagiaba. Hay tuberculosis que contagian&nbsp; y que son m&aacute;s graves y otras que no contagian. Albert Camus se mat&oacute; en un&nbsp; accidente de auto con la pareja Gallimard, que eran sus editores. Y en el auto&nbsp; encontraron, en una valija, la &uacute;ltima novela que estaba escribiendo y no estaba&nbsp; todav&iacute;a terminada, que se public&oacute; y es hermosa, y se llama <em>El primer hombre</em>.&nbsp; <em>La Peste </em>es muy lindo para cruzarlo con otro franc&eacute;s que es Artaud, que reci&eacute;n&nbsp; nombramos con el libro <em>El teatro y su doble</em>. Ah&iacute; hay una alusi&oacute;n a que la gente&nbsp; que no cree en la peste o no se convence del todo de la peste o no se deja de bilitar por la peste la supera. Un poco lo que pasa con el covid. Y tambi&eacute;n me&nbsp; acordaba de lo que hace Napole&oacute;n. Napole&oacute;n entra en un momento en Egipto&nbsp; y lo agarra la peste ah&iacute;, y los soldados estaban todos muy mal porque durante&nbsp; mucho tiempo estuvieron en Egipto, hab&iacute;a como una especie de sublevaci&oacute;n,&nbsp; y Napole&oacute;n lo que hace es entrar a un hospital donde est&aacute;n atendiendo a los&nbsp; soldados: entra al lugar, levanta a un soldado, al soldado que estaba tirado en&nbsp; el piso, lo levanta, lo carga en s&iacute;. Algo que no se pod&iacute;a hacer porque el contacto&nbsp; con la persona infectada podr&iacute;a ser fatal, y lo pone sobre la camilla. Y los tipos&nbsp; quedan todos estupefactos cuando ven a Napole&oacute;n hacer eso. Pensaba en todas&nbsp; esas cosas que tienen que ver con registros dram&aacute;ticos que suceden en estas&nbsp; &eacute;pocas como la que nosotros estamos atravesando. Yo no s&eacute; si ustedes han le&iacute; do, de Defoe, <em>Diario del </em>a&ntilde;o de la <em>peste, </em>es un libro incre&iacute;ble. Defoe, el Robinson&nbsp; Crusoe.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Les quer&iacute;a leer un poema, &iquest;qu&eacute; les parece?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Andrea Malaspina: Hay uno de Susan Sontag que habla de la enfermedad como&nbsp; estigma.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, porque ella tuvo c&aacute;ncer. La enfermedad como s&iacute;ntoma o algo as&iacute;. <em>Andrea: &iexcl;</em>La enfermedad y sus met&aacute;foras<em>, ah&iacute; est&aacute;!&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Fabio Lacolla: Estuvimos viendo el video de Philip Larkin.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Alguien lo pudo subtitular? A m&iacute; me pareci&oacute; hermoso ese documental. Si no&nbsp; me equivoco es de la bbc.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Mariano: El documental empieza con el padre de familia. Con el artista que tie ne la doble vida, &iquest;no? Yo lo vi por ese lado. De afuera se lo ve&iacute;a como una perso na que no ten&iacute;a todas esas aristas.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, &eacute;l se va a vivir a Hull. Si vos est&aacute;s en Londres, ten&eacute;s que viajar bastante&nbsp; para llegar a ese pueblito. Hab&iacute;a gente que viajaba a ver a Larkin. Ten&iacute;a una&nbsp; vida muy ritualista. Trabajaba en la biblioteca, lo cuenta ah&iacute; en el documental.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s, a la noche, escuchaba <em>jazz</em>. Hay un libro de &eacute;l de cr&iacute;tica de <em>jazz</em>, edita do en Espa&ntilde;a; debe ser car&iacute;simo. &Eacute;l detestaba la vanguardia. El <em>Free jazz</em>. Miles&nbsp; Davis le parec&iacute;a una basura. Le gustaba el <em>jazz </em>antiguo. Tambi&eacute;n tienen algo de&nbsp; Borges. Primero los dos laburaron de bibliotecarios. Borges ha escrito ensayos,&nbsp; &eacute;l no. Pero &eacute;l ha escrito muchas rese&ntilde;as sobre <em>jazz</em>. Le gustaba el <em>jazz </em>tradicio nal. Era cultor de lo tradicional. Se nota tambi&eacute;n en su vida. No le interesaba&nbsp; la vanguardia. Picasso le parec&iacute;a una cosa horrenda, el cubismo. La poes&iacute;a, por&nbsp; ejemplo, erudita y con muchas citas, ni hablar de la poes&iacute;a que pudiera tener&nbsp; juego de palabras, la poes&iacute;a de Cummings, para poner un ejemplo. Piensen que&nbsp; &eacute;l empieza a escribir despu&eacute;s de Eliot, un escritor central en la literatura ingle sa, aunque Eliot era norteamericano, estaba escribiendo ah&iacute;, en Londres. Y el&nbsp; primer libro de Larkin, que nunca dej&oacute; que se volviera a publicar, se llamaba&nbsp; <em>The North Ship</em>, yo lo le&iacute;. Tambi&eacute;n tuve una biograf&iacute;a de Larkin en ingl&eacute;s. Es un&nbsp; libro muy deudor de Yeats. Estar&iacute;a genial que lo publiquen; yo no s&eacute; por qu&eacute; los&nbsp; poetas se niegan a eso. Estar&iacute;a genial que lo publiquen porque ah&iacute; te das cuen ta c&oacute;mo rob&oacute; 	Larkin, c&oacute;mo se fue modificando. Y despu&eacute;s cambia ese registro&nbsp; y empieza a acercarse a un poeta que tiene mucho m&aacute;s que ver con lo que va a&nbsp; hacer Larkin, que es Thomas Hardy. Larkin cuenta en el documental la relaci&oacute;n&nbsp; con dos mujeres y, a una de ellas, Monica Jones, le dedica uno de sus libros, creo&nbsp; que <em>The Less Deceived</em>. Muchos comparan su vida con la de Borges&hellip; Una vez le&nbsp; preguntaron a Larkin por Borges y dijo que no sab&iacute;a qui&eacute;n era. Hay un poema&nbsp; de Larkin &mdash;ah&iacute; se diferencia de Borges porque Borges ama los libros&mdash; que&nbsp; dice que los libros son un mont&oacute;n de mierda. Lo dice en un poema, que yo tra duje, un poco as&iacute;. Dice al final algo as&iacute; como dale, no le des mucha bola a esto,&nbsp; los libros son un mont&oacute;n de mierda. Era como un tipo medio amargo. &iquest;Por qu&eacute;&nbsp; estamos hablando de Larkin?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Fabio: Ibas a leer un poema.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Escuchen, &iquest;ustedes saben cu&aacute;ndo el Zoom est&aacute; por terminar? Para que no se&nbsp; corte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Mariano: Va a aparecer el cartelito.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde te lo dice?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Mariano: Arriba de todo hay un cartelito.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Quiero leer un poema de Joaqu&iacute;n Giannuzzi porque es un poeta que, de alguna&nbsp; manera, hubiera estado preparado para esta situaci&oacute;n que estamos viviendo&nbsp; nosotros. Porque, en general, la mayor&iacute;a de sus poemas suceden mientras &eacute;l&nbsp; est&aacute; sentado en su casa. Joaqu&iacute;n ten&iacute;a una casa muy linda en el barrio de Once.&nbsp; Era notable porque esa parte del barrio de Once estaba llena negocios. El de partamento de Joaqu&iacute;n era una puerta muy sencilla; cuando entrabas al ascen sor y despu&eacute;s entrabas a su casa, te quedabas impactado porque era una casa&nbsp; muy linda, entre tanta zona de negocios. Y la parte de atr&aacute;s de la casa de &eacute;l daba&nbsp; a un balc&oacute;n y a un jard&iacute;n. Era un jard&iacute;n de esos que la gente no puede habitar&nbsp; en los edificios. Que est&aacute;n en la parte de atr&aacute;s y que el consorcio proh&iacute;be habi tar. O sea que es un jard&iacute;n solamente para mirar. Un jard&iacute;n inmenso. Y Joaqu&iacute;n&nbsp; ten&iacute;a ah&iacute;, yo me acuerdo, una silla y miraba el jard&iacute;n. Y a veces ca&iacute;a una lib&eacute;lula&nbsp; sobre su mesa y entonces escrib&iacute;a un poema sobre la lib&eacute;lula; miraba una dalia&nbsp; que se inclinaba y escrib&iacute;a un poema sobre la dalia. Y por lo general toda la poe s&iacute;a de Giannuzzi es una poes&iacute;a que est&aacute; mirando, es siempre alguien que est&aacute;&nbsp; sentado en un lugar, que est&aacute; afuera y que est&aacute; mirando lo que sucede afuera:&nbsp; lo f&iacute;sico y lo metaf&iacute;sico. Lo que &eacute;l hered&oacute; del periodismo, porque &eacute;l era periodis ta, fue empezar algo, desarrollarlo y terminarlo. O sea, sus poemas tienen un&nbsp; comienzo, un desarrollo y un remate final. Su primer libro se llama <em>Nuestros&nbsp; d&iacute;as mortales</em>, un gran t&iacute;tulo, lo public&oacute; gracias a que Murena llev&oacute; su libro y lo&nbsp; publicaron en Sur, la editorial de Victoria Ocampo. Salvo ese primer libro que&nbsp; es muy muy l&iacute;rico, los dem&aacute;s tienen un lirismo muy extra&ntilde;o. Y a su vez utiliza&nbsp;palabras y adjetivos, bastante extempor&aacute;neos para la generaci&oacute;n del 40 en la&nbsp; cual &eacute;l escrib&iacute;a. Fue una poes&iacute;a rara la de Joaqu&iacute;n en su momento. Como ya se&nbsp; ha escrito mucho rob&aacute;ndole a Joaqu&iacute;n, lo le&eacute;s ahora y no pens&aacute;s &laquo;esto es tan&nbsp; raro&raquo;. Pero, en ese momento, uno pensaba que la poes&iacute;a pod&iacute;a ser Pablo Neru da, Rub&eacute;n Dar&iacute;o, poes&iacute;as l&iacute;ricas de ese tipo. Cuando al principio se le&iacute;a a Gian nuzzi produc&iacute;a un <em>shock </em>leerlo. En mi caso fue un <em>shock</em>. Sus poemas son como&nbsp; cuando la Polic&iacute;a dice &laquo;tenemos una situaci&oacute;n ac&aacute;&raquo;. &iquest;Qu&eacute; significa eso? Signifi ca que algo que aparentemente no amerita nada puede llegar a pasar a ser un&nbsp; acontecimiento. O sea que algo que est&aacute; sucediendo, que forma parte de la rea lidad, puede llegar a ser un acontecimiento. &iquest;Qu&eacute; es un acontecimiento? Tengo&nbsp; el recuerdo de que lo vimos en el taller de los martes a la noche una vez cuando&nbsp; invit&eacute; a un cr&iacute;tico de cine que se llama Domin Choi, y hablamos de una pel&iacute;cula&nbsp; donde dos amantes se escapaban y estaban atravesados por el acontecimien to. Una pel&iacute;cula de un director japon&eacute;s, no me acuerdo ahora el director, dos&nbsp; 	amantes que sab&iacute;an que si los descubr&iacute;an los iban a matar. Prefer&iacute;an escaparse&nbsp; y, cuando los capturan, el marido de la mujer no los denuncia porque prefiere&nbsp; que se escapen para que no los maten: un gesto incre&iacute;ble del marido. Y, cuando&nbsp; los capturan, el marido ve que la pareja est&aacute; atravesada por un acontecimiento.&nbsp; Algo que ha puesto su vida de manera vertical, y todo lo que va a pasar despu&eacute;s&nbsp; est&aacute; atravesado por esta situaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Joaqu&iacute;n era como la Polic&iacute;a. Empieza a desarrollar un poema, y &eacute;l cree que ah&iacute;&nbsp; hay una situaci&oacute;n. Y lo que hace que sea bueno el poema es que, a pesar de que&nbsp; el poema tenga una promesa de definici&oacute;n, no lo define, es ilusoria la definici&oacute;n:&nbsp; tiene siempre un excedente de sentido que se escapa. Este poema se llama &laquo;Va caciones junto a una ventana&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Vacaciones junto a una ventana&nbsp;</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Por el momento, vacaciones entre cosas vegetales&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>cuyas relaciones no intento modificar.&nbsp;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Est&aacute;n all&iacute;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y yo aqu&iacute;. Una tregua de espectador en mi confuso destino.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Bostezo y fumo lo m&aacute;s humanamente posible.&nbsp;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mi ventana&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>incluye un cielo excesivo y una fila de monta&ntilde;as verdes&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que no ofrecen respuesta. Y m&aacute;s abajo, en la calle desierta,&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>algunos perros que reparten el d&iacute;a&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>entre la acometida sexual y la disputa de un hueso,&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>con la rabiosa convicci&oacute;n&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de aferrarse a una &uacute;ltima oportunidad de estar vivos.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Estas son descripciones de ausente, pero yo&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>con una traducci&oacute;n de Eliot no voy a ninguna parte.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>De la ventana hacia adentro, dislocaciones. Pienso&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en la vida aut&eacute;ntica, su posible estilo, un modelo&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>para oponer a los &aacute;rboles y a los perros.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Porque hay algo en uno que no encaja en nada.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Vamos leyendo y vamos a ir parando, &iquest;les parece?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Por el momento, vacaciones entre cosas vegetales&nbsp;cuyas relaciones no intento modificar.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Empieza con ese gesto de &laquo;por el momento&raquo;. Pareciera que &eacute;l ha hecho un re corte para nosotros. Como que viene de largo el poema.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Est&aacute;n all&iacute;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y yo aqu&iacute;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Siempre la oposici&oacute;n entre la naturaleza y la segunda naturaleza que somos&nbsp; nosotros.<em>Una tregua de espectador en mi confuso destino.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Empieza a hablar del destino, de lo que va a hacer &eacute;l cuando se pone a pensar,&nbsp; ac&aacute; tenemos una situaci&oacute;n, de alguna manera se est&aacute; ausentando del poema.&nbsp; Se ausenta del poema para que nosotros podamos mirar. Ac&aacute;, nos va a explicar&nbsp; qu&eacute; est&aacute; pasando. Nos dice lo que est&aacute; viendo. Viene un tramo dif&iacute;cil de leer. Yo&nbsp; me imagino que cuando lo escribi&oacute; no le import&oacute; el tipo de m&uacute;sica que se cons tru&iacute;a en t&eacute;rminos l&iacute;ricos, porque va a decir mucho, un mont&oacute;n de cosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Y, </em>m&aacute;s abajo<em>, en la calle desierta&hellip; hueso.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Yo pondr&iacute;a un punto ah&iacute;. Inmediatamente reflexiona, hace una metarreflexi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>con una traducci&oacute;n de Eliot no voy a ninguna parte.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Por qu&eacute; dice esto: porque T. S. Eliot es un poeta que Joaqu&iacute;n le&iacute;a constantemen te; en uno de sus poemas en ingl&eacute;s hay una descripci&oacute;n de ausente. Nos dice:&nbsp; a m&iacute; la literatura de Eliot me sirve para muchas cosas, pero en este caso no me&nbsp; sirve para nada. De nuevo le interesa que estemos viendo las dos cosas. Piensen&nbsp; en la cuarentena, en la pandemia, el encierro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>De la ventana hacia adentro, dislocaciones. Pienso&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en la vida aut&eacute;ntica, su posible estilo, un modelo&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>para oponer a los &aacute;rboles y a los perros.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Porque hay algo en uno que no encaja en nada.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mariano: Tiene el ritmo y la sonoridad de alguien que se est&aacute; hamacando; como&nbsp; jugadores de futbol que se van hamacando. El arranque me parece muy bueno,&nbsp; como si pudiera detener el tiempo para mirarlo.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es un posible estilo para oponer a los perros? Yo pienso una cosa y me&nbsp; imagino que cada uno de ustedes debe estar pensando otra. Vos, Andrea, que&nbsp; sos veterinaria, a&uacute;n m&aacute;s. &iquest;Cu&aacute;l es la vida aut&eacute;ntica? &Eacute;l no lo dice.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Pedro: A m&iacute; me parece que Giannuzzi construye una burbuja de vida que es&nbsp; donde est&aacute;, su entorno inmediato, de la ventana hacia adentro. Tiene una acti tud solamente contemplativa; algo que no puede llegar a captar de lo que est&aacute;&nbsp; de la ventana a afuera. La sensaci&oacute;n que me dio es que su recreo para ser solo&nbsp; espectador es de una realidad que no es su realidad inmediata. Hay una diferen cia entre el adentro y el afuera.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Piensen el poema contempor&aacute;neo de un mont&oacute;n de l&iacute;ricas trabajadas de otra&nbsp; manera. &iquest;Se acuerdan cuando en el taller vimos a Alberto Girri? &iquest;Se acuerdan?,&nbsp; creo que le&iacute;mos en los talleres &laquo;Cuando la idea del yo se aleja&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Mariano: Le&iacute;mos la gaviota que es solo una gaviota. Ese amague que tiraba ri quelmiano.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Andr&eacute;s Correa: Girri tiene un momento un poco m&aacute;s l&iacute;rico.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Girri es m&aacute;s raro. Es de la generaci&oacute;n del 40 y su primer libro tiene un poema&nbsp; que se llama &laquo;T&uacute;, Delfina&raquo; que le escribe a la madre, y es hermoso. Es un poema&nbsp; terriblemente l&iacute;rico. Y rom&aacute;ntico. Pero despu&eacute;s empieza a trabajar en contra de&nbsp; eso. Y de alguna manera algo le pasa a su coraz&oacute;n. Se convierte en una especie&nbsp; de Astroboy. Es un robot con un coraz&oacute;n. Y los poemas tratan de eludir el yo.&nbsp; Girri tiene un comienzo l&iacute;rico, pero hace un trabajo en contra de eso. Adem&aacute;s,&nbsp; Alberto tiene una trayectoria de libros m&aacute;s larga que Joaqu&iacute;n. A diferencia de&nbsp; Joaqu&iacute;n, Girri es un especulador. Joaqu&iacute;n especula sobre la condici&oacute;n huma na, sobre la metaf&iacute;sica y los poemas; en cambio, Girri especula en libros. Hay&nbsp; un libro que se llama <em>Diario de un libro </em>donde escribe las reflexiones sobre lo&nbsp; que estaba escribiendo. Como Paul Val&eacute;ry y los franceses que estaban todo el&nbsp;tiempo reflexionando y gozando sobre la reflexi&oacute;n de lo que escriben; no solo&nbsp; sobre el poema. Se escribi&oacute; muy poco sobre Girri. Girri, como dec&iacute;a Borges, es&nbsp; un poeta que se olvida a medida que se lo lee. Yo creo que es un elogio. Les quer&iacute;a recomendar otro libro. Es un libro que empec&eacute; a leer y lo dej&eacute; un&nbsp; mont&oacute;n de veces. Me di cuenta de que la autora es extremadamente l&iacute;rica. Se&nbsp; llama Carolina San&iacute;n, y el libro es <em>Somos luces abismales. </em>Es como dijo Sof&iacute;a: es&nbsp; un libro empalagoso. &iquest;Por qu&eacute; es empalagoso? Porque lo que intenta la autora&nbsp; es sacarte del tiempo cotidiano. En ese sentido, Saer podr&iacute;a ser empalagoso. Es&nbsp; una autora compleja, y lo que a m&iacute; me llam&oacute; la atenci&oacute;n, despu&eacute;s de que logr&eacute;&nbsp; negociar con el libro, es que yo ten&iacute;a que bajar de la cosa cotidiana. Es como&nbsp; cuando vos ten&eacute;s que aprender a comer una nueva comida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Sof&iacute;a: Muy rico su lenguaje. Se siente Colombia. Hay un color en la lengua.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        No se sabe nunca si est&aacute;s leyendo un cuento o un ensayo. Tiene como una es tructura de cuento, pero, a la vez, tiene una estructura de ensayo. A ella no le&nbsp; importan nada las formas. Y a m&iacute; eso me result&oacute; interesante. Y otro libro que&nbsp; tambi&eacute;n quer&iacute;a recomendarles es uno que edit&oacute; Fiordo. El autor se llama Iain&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sinclair y el libro es <em>Los r&iacute;os perdidos de Londres y el sublime topogr&aacute;fico. </em>Sin clair rodea los r&iacute;os de Londres y empieza a escribir una biograf&iacute;a de los r&iacute;os. Te&nbsp; va contando d&oacute;nde nacen los r&iacute;os, qu&eacute; personas vivieron cerca. Es un gran ad mirador de William Blake. A m&iacute; me encant&oacute; porque yo pens&eacute; enseguida: c&oacute;mo&nbsp; me gustar&iacute;a escribir algo sobre Puerto Madero. Cuando yo era chico, mi padrino me dec&iacute;a vos ten&eacute;s que ir al puerto, ten&eacute;s que conocer el puerto. Y eso ya no existe m&aacute;s. Y hay una urbanizaci&oacute;n nueva, una gentrificaci&oacute;n, una nueva forma&nbsp;de vivir. Cosas que han quedado ocultas debajo de esta nueva ciudad. Esta nueva ciudad con determinadas promesas de vida, de lo que sea. Me pareci&oacute; que estaba buen&iacute;simo ir a ese lugar y tomarlo como objeto de investigaci&oacute;n y que&nbsp;tenga que ver algo con una narraci&oacute;n, un poema, un ensayo. Lo que sea. Dar&nbsp;cuenta de la gente que vive ah&iacute;, de c&oacute;mo pega la luz del sol. Que sepas, tal vez,&nbsp; que ah&iacute; Nisman se suicid&oacute; porque Puerto Madero no es un lugar para vivir. &iquest;Se acuerdan de <em>Las palmeras salvajes</em>? Es un libro de Faulkner que est&aacute; dividido en dos partes que aparentemente no se juntan nunca. Quiero que empiecen&nbsp; a trabajar dos cosas separadas que no se junten pero que de alguna manera se&nbsp; junten. &iquest;Se entiende?&nbsp;
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            <span class="title">
                Casas nació en el barrio porteño de Boedo, en 1965. Es escritor, poeta y durante varios años se dedicó al periodismo.                            </span>
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        <strong>Fabi&aacute;n Casas, el &uacute;ltimo Torino. Por Julio Mandelbaum&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El Zoom intenta ordenarnos en una ret&iacute;cula aleatoria, el arriba y&nbsp;el abajo, la izquierda y la derecha nos arrean hacia el redil de la&nbsp; pantalla. Su trabajo se repite una y otra vez. Es que algunos de los&nbsp;cuadraditos con las caras se desplazan, otros patinan, algunos se&nbsp; suman y otros se restan. No es la intenci&oacute;n, pero el eje de la &laquo;y&raquo;&nbsp; se ha vuelto inestable, los &aacute;ngulos rectos dejan de serlo y sobre&nbsp;los escritorios caen algunas de las fotos carnet donde las caritas&nbsp;siguen mirando fijo, toman mate o se rascan una oreja. Los ejes&nbsp;cartesianos cambian su centenaria certeza por el estado de pregunta. Donde sea que quede el ordenador central del Zoom, detecta la anomal&iacute;a, una reuni&oacute;n programada se est&aacute; emancipando. El&nbsp; reparador autom&aacute;tico aplica su l&oacute;gica binaria, es tarde, la rebeli&oacute;n&nbsp; ha comenzado y prevalecer&aacute; durante dos tiempos de cuarenta minutos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Casas comienza el taller colgando de su balc&oacute;n una bandera blanca, luego, desafiando a Jean-Paul Sartre dice que debemos vencer&nbsp;al Zoom o la nada. Lo miro moverse en su cuadradito, y su voz&nbsp;&nbsp;gruesa de a poco va atravesando la pantalla. Casas tiene motor a&nbsp;&nbsp;carburador, te das cuenta por el sonido de su voz que ronronea&nbsp;como ca&ntilde;o de escape. Casas no arranca de una, como los modernos autos a inyecci&oacute;n, su combusti&oacute;n interna es lenta, la chispa&nbsp;enciende el dispositivo, pero el ralent&iacute; tardar&aacute; al menos unos tres&nbsp;minutos. Luego, &laquo;agarrate, Catalina&raquo;, sus razonamientos picar&aacute;n&nbsp;en punta tomando las curvas sin despeinarse. Pero &iquest;de d&oacute;nde sali&oacute; Casas? &iquest;Qui&eacute;n lo cre&oacute;? &iquest;C&oacute;mo se arm&oacute; ese Flaubert hincha de&nbsp;&nbsp;San Lorenzo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Creo tener la respuesta, Casas solo puede ser un producto nacional, uno at&iacute;pico, una rareza, Casas es un Torino.&nbsp;Nacieron para la misma &eacute;poca, Casas y el Torino son de esos poursang que nunca pasar&aacute;n de moda y, si por un momento no se los&nbsp;ve, a no preocuparse, la moda, despu&eacute;s de todo, es un acuerdo dudoso de los gustos, una tela habilitada para tapar solo una temporada. Casas viene en dos versiones, la canchera de dos puertas sin&nbsp;parantes y el cuatro puertas familiar, langa o no, el motor ser&aacute; el&nbsp;mismo, gruesos hierros encerrando una tropilla de caballos salvajes. Oreste Berta es T. S. Eliot y Pininfarina es Joaqu&iacute;n Giannuzzi,&nbsp;en alg&uacute;n lado, en alg&uacute;n bar o en alg&uacute;n taller se pusieron de acuerdo, ajustaron el dise&ntilde;o, probaron los motores, exigieron las partes&nbsp;hasta sus l&iacute;mites, algunas no resistieron, ya se sabe, la inestabilidad es inherente a la potencia. &laquo;No importa &mdash;le dijo Giannuzzi&nbsp;con ese tono tabacoso y argentino&mdash;, poneles a los engranajes una&nbsp;&nbsp;pisca de melancol&iacute;a y ya vas a ver&raquo;. Oreste Berta le hace caso, pero&nbsp;&nbsp;por las suyas tambi&eacute;n le ajusta la sumisi&oacute;n a la belleza, y la belleza&nbsp;&nbsp;para Eliot no son solo las l&iacute;neas perfectas de la aerodin&aacute;mica, son&nbsp;&nbsp;el ruido, la tensi&oacute;n y lo extra&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Casas est&aacute; sentado durante el Zoom de la pandemia, ya no camina&nbsp;como peripat&eacute;tico, raro, la road movie del taller sigue avanzando&nbsp;clavada en un mismo lugar. Sin moverse los cuadraditos con las caras, el paisaje va siempre hacia atr&aacute;s. Todo apunta a estarse quieto,&nbsp;sin embargo, bajamos las ventanillas y el viento de la carretera nos&nbsp;sugiere, nos obliga, a ponernos las antiparras.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/taller-asintomatico-capitulo_1_11825464.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Nov 2024 03:02:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Taller asintomático: capítulo uno]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Porque escribí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escribi_129_11785449.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d6022e3-7f18-435d-86c9-e18269166c50_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Porque escribí"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mi cerebro tiene que hibernar para poder utilizar el resto que me queda y tratar de estar bien. Ahora voy hacia lo que menos conozco, voy a hacia mis hijos.  </p></div><p class="article-text">
        Hoy, treinta y uno de octubre, la primavera mueve las esporas de los &aacute;rboles, ayudada por el viento. Un sol plomizo cae sobre la polis y empiezo a escribir mi &uacute;ltima columna de este tiempo en elDiarioAR. Tengo tan pocas palabras que simplemente quiero agradecer a las compa&ntilde;eras y compa&ntilde;eros que editaron mis textos y a los lectores que me escribieron estando de acuerdo o no, mostrando inter&eacute;s. Cuando uno escribe, celebra cosas y ofende a muchos. Les pido perd&oacute;n a todos los que ofend&iacute;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Simplemente una parte de mi cerebro tiene que hibernar para poder utilizar el resto que me queda y tratar de estar bien. Y el trabajo siempre ser&aacute; colectivo y nunca individual. Ahora voy hacia lo que menos conozco, voy a hacia mis hijos.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Hace poco un hombre mayor, muy elegante, se me cruz&oacute; en Santiago del Estero, donde yo estaba invitado por una actividad cultural. Este hombre era moreno, ten&iacute;a un traje marr&oacute;n muy simp&aacute;tico y estaba pein&aacute;ndose su pelo negro y brilloso mientras yo me lavaba las manos despu&eacute;s de una actividad duchampiana. El hombre me empez&oacute; a hablar y me cost&oacute; mucho entenderlo, simplemente porque yo no estaba disponible para percibir esos momentos &uacute;nicos de la vida que son asint&aacute;cticos. Pero sus palabras calaron en m&iacute; y finalmente entend&iacute; con todo mi cuerpo lo que me hab&iacute;a tratado de decir.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si uno no est&aacute; en estado de disponibilidad, los poemas pasan por todas partes y no los vemos, no los podemos capturar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace muchos a&ntilde;os, en Santiago de Chile, en la calle San Diego, encontr&eacute; un libro hermoso de Enrique Lihn. Ha venido conmigo en la sucesivas mudanzas y quisiera terminar esta columna compartiendo un poema suyo que vuelve a mi coraz&oacute;n una y otra vez:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Porque escrib&iacute;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ahora, que quiz&aacute;s, en un a&ntilde;o de calma,&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>piense: la poes&iacute;a me sirvi&oacute; para esto;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>no pude ser feliz, ello me fue negado&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pero escrib&iacute;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Escrib&iacute;: fui la v&iacute;ctima&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de la mendicidad y el orgullo mezclados&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y ajustici&eacute; tambi&eacute;n a unos pocos lectores;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>tend&iacute; la mano en puertas que nunca, nunca he visto;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>una muchacha cay&oacute;, en otro mundo a mis pies.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pero escrib&iacute;: tuve esta rara certeza,&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>la ilusi&oacute;n de tener el mundo entre las manos&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ndash;&iexcl;Qu&eacute; ilusi&oacute;n m&aacute;s perfecta! Como un cristo barroco&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>con toda su crueldad innecesaria&ndash;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Escrib&iacute;, mi escritura fue como la maleza&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de flores &aacute;cimas pero flores en fin,&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>el pan de cada d&iacute;a de las tierras eriazas:&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>una caparaz&oacute;n de espinas y ra&iacute;ces.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>De la vida tom&eacute; todas estas palabras&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>como un ni&ntilde;o un oropel, guijarros junto al r&iacute;o;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>las cosas de una magia, perfectamente in&uacute;tiles&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pero que siempre vuelven a renovar su encanto.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>La especie de locura con la que vuela un anciano&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>detr&aacute;s de las palomas imit&aacute;ndolas&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>me fue dada en lugar de servir para algo.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Me conden&eacute; escribiendo a que todos dudaran&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de mi existencia real&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>(d&iacute;as de mi escritura, solar del extranjero).&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Todos los que sirvieron y los que fueron servidos&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>digo que pasar&aacute;n porque escrib&iacute;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y hacerlo significa trabajar con la muerte&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>codo a codo, robarle unos cuantos secretos.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>En su origen el r&iacute;o es una veta de agua&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ndash;all&iacute;, por un momento, siquiera, en esa altura&ndash;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>luego, al final, un mar que nadie ve&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de los que est&aacute;n brac&eacute;andose la vida.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Porque escrib&iacute; fui un odio vergonzante,&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pero el mar forma parte de mi escritura misma:&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>l&iacute;nea de la rompiente en la que un verso se espuma&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>yo puedo reiterar la poes&iacute;a.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Estuve enfermo, sin lugar a dudas,&nbsp;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y no s&oacute;lo de insomnio,&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>tambi&eacute;n de ideas fijas que me hicieron leer&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>con obscena atenci&oacute;n a unos cuantos psic&oacute;logos,&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pero escrib&iacute; y el crimen fue menor,&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>lo pagu&eacute; verso a verso hasta escribirlo,&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>porque de la palabra que se ajusta al abismo&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>surge un poco de oscura inteligencia&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Porque escrib&iacute; no estuve en casa del verdugo&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ni me dej&eacute; llevar por el amor a Dios&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ni acept&eacute; que los hombres fueran dioses&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ni me hice desear como escribiente&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ni la pobreza me pareci&oacute; atroz&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ni el poder una cosa deseable&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ni me lav&eacute; ni me ensuci&eacute; las manos&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ni fueron v&iacute;rgenes mis mejores amigas&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ni tuve como amigo a un fariseo&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>ni a pesar de la c&oacute;lera&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>quise desbaratar a mi enemigo.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Pero escrib&iacute; y me muero por mi cuenta,&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Porque escrib&iacute; porque escrib&iacute; estoy vivo.&nbsp;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Fabi&aacute;n Casas se tomar&aacute; un descanso de este espacio, Columna n&oacute;made. Volver&aacute; en el verano, con un formato renovado.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escribi_129_11785449.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Nov 2024 03:01:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Porque escribí]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El niño que le tenía miedo a Los Redondos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nino-le-tenia-miedo-redondos_129_11765073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/30a24392-a472-433b-be0c-e986d812806a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El niño que le tenía miedo a Los Redondos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me doy cuenta de que me gusta estar en las terrazas con amigos. Estar por encima de la polis, mirando la calle, en terrazas altas o bajas.
</p></div><p class="article-text">
        Uno nunca termina de conocer a la gente. En la terraza, con mi amigo Caaman, nos ponemos a hablar sobre los arreglos musicales. Me cuenta de ciertos tipos de arreglos famosos y me explica detalladamente qu&eacute; es un arreglo musical. Me dice que uno puede componer una canci&oacute;n en la guitarra o en el piano y que esa canci&oacute;n est&aacute; desnuda, que despu&eacute;s se le empiezan a introducir arreglos para &ldquo;vestir&rdquo; a la canci&oacute;n. Por ejemplo, dice, en la canci&oacute;n Rezo por vos, &iquest;viste el comienzo? &ndash;hace con la voz el comienzo y mueve sus manos como si tocara una guitarra invisible&ndash; esa parte es el arreglo que es de Charly, todo lo dem&aacute;s es de Spinetta.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos ponemos a pensar c&oacute;mo ser&iacute;an los arreglos en literatura. Un arreglo, por ejemplo, ser&iacute;a la forma circular que toma la narraci&oacute;n en <em>El limonero rea</em>l en Saer, empezando siempre con esa frase mantra: Amanece y est&aacute; con los ojos abiertos. El tema es la historia de unos habitantes de una zona fluvial, que est&aacute;n atravesando la p&eacute;rdida de un hijo y el duelo lento en el que est&aacute; atrapada la madre. Esa es la historia. C&oacute;mo la cuento: ese es el arreglo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>Los detectives salvajes</em> un grupo de poetas sale a la b&uacute;squeda de una poeta de culto que est&aacute; escondida a la manera de Salinger. Esa es la historia. &iquest;C&oacute;mo la cuento? Bola&ntilde;o lo hace con estos arreglos: primero empieza con el diario de uno de los poetas, despu&eacute;s pasa a un relato coral y para terminar retoma el diario del poeta con el que hab&iacute;a empezado el libro.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un tema lleva a otro y de golpe Caaman me habla del disco Oktubre, de Los Redondos, me dice que ah&iacute; estuvo como productor Daniel Melero. &iquest;Melero?, le digo. S&iacute;, me dice. No sab&iacute;a. Para m&iacute; es el gran disco de Los Redondos, me dice. Y entonces me cuenta algo que me deja pasmado: Los Redondos es la banda de rock nacional que a mi m&aacute;s me gusta. &iquest;En serio?, le digo. Nunca me lo dijiste. No s&eacute; qu&eacute; me hab&iacute;a imaginado yo, pero me costaba pensar a Caaman cantando &ldquo;Vamos los Redondos, te sigo a todas partes, vamos a llegar a Obras todos juntos&rdquo;. Caaman es, f&iacute;sicamente, como un modelo que podr&iacute;a ser usado para erigir la estatua del joven que va al Bafici: pantalones negros que se terminan antes de los tobillos, anteojos delicados, remeras a rayas o negras, cierta sofisticaci&oacute;n descuidada. Y adem&aacute;s lo sabe todo: pel&iacute;culas, libros, qui&eacute;n dirigi&oacute; tal o cual toma, incluso entiende la pel&iacute;cula El Topo, basada en un relato de John le Carr&eacute;. La vio siete veces y le encanta deconstruir la semi&oacute;tica que tiene el film.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me doy cuenta de que me gusta estar en las terrazas con amigos. Estar por encima de la polis, mirando la calle, en terrazas altas o bajas. Me encanta hablar con Caaman.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fijate que Melero, me dice, toc&oacute; en Oktubre con los Redondos y tambi&eacute;n toc&oacute; con Cerati. Es decir, que estuvo con las dos bandas que en un momento fueron antag&oacute;nicas. Caaman se refiere a esa parte horrible de la historia del rock nacional cuando la escena se futboliz&oacute;. Y la gente iba a escuchar a sus bandas con banderas y pirotecnia y lo que pasaba abajo del escenario era m&aacute;s importante que lo que suced&iacute;a arriba, todo eso confluy&oacute; en una tragedia.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cual es el &ldquo;arreglo&rdquo; de Caaman? Le pregunto por qu&eacute; nunca fue a ver a Los Redondos en vivo. Porque me daba miedo, me dice. Pens&aacute; que yo los empec&eacute; a escuchar siendo muy chico pero ellos estaban ya por La mosca y la sopa. Me acuerdo que una vecina de mi mam&aacute; ten&iacute;a un hijo que era m&aacute;s grande que yo y &eacute;l los iba a ver cuando empezaron a tocar en estadios. Y que la vecina le tocaba el timbre a mi vieja y las dos se pon&iacute;an a fumar en casa esperando que el hijo volviera sano de los conciertos. Yo era chico y escuchaba lo que dec&iacute;an: &ldquo;Bulacio&rdquo;, &ldquo;noche&rdquo;, &ldquo;gent&iacute;o&rdquo;, &ldquo;polic&iacute;as&rdquo;, &ldquo;gases&rdquo;. Todos est&aacute;bamos nerviosos. Mi vieja y la vecina llenaban la casa de humo. Hasta que se escuchaba la puerta de abajo y era el hijo que estaba de regreso. Por eso, a pesar de que me gustaban mucho, nunca los fui a ver, me daba miedo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Caaman se llama Mart&iacute;n Caama&ntilde;o y tiene escritas dos novelas hermosas, P&aacute;lido reflejo y Oslo. Es traductor del portugu&eacute;s y acaba de publicar en el sello Metam&uacute;sica su primer disco: Son&aacute;mbulos. Juega al f&uacute;tbol cinco cada vez que puede, pero se lesiona demasiado. No tiene arreglo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nino-le-tenia-miedo-redondos_129_11765073.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Oct 2024 03:06:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El niño que le tenía miedo a Los Redondos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un gorila genial llega a Michigan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gorila-genial-llega-michigan_129_11742829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5e2530c-8e04-4f76-91fd-919705595a57_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un gorila genial llega a Michigan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rodolfo Walsh fue un escritor formidable y jamás lo cegó su posición ideológica. Evitó, en parte, que los Estados Unidos logren derrocar al gobierno cubano y tiempo después les envió a Borges para que les diera clases a los alumnos de la universidad.</p></div><p class="article-text">
        En la madrugada del 17 de abril de 1961 mil cuatrocientos exiliados cubanos desembarcaron en Bah&iacute;a de Cochinos, Playa Gir&oacute;n. Su misi&oacute;n era hacer una cabecera de playa, armar trincheras y establecer contacto con fuerzas internas hostiles al r&eacute;gimen de Fidel Castro. Pero los cubanos ya los estaban esperando porque Rodolfo Walsh, que en ese tiempo trabajaba en Prensa Latina, hab&iacute;a logrado descifrar, despu&eacute;s de una labor intensa, mensajes encriptados que el jefe de la CIA en Guatemala estaba recibiendo con informaci&oacute;n sobre la preparaci&oacute;n del desembarco.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Walsh fue un escritor formidable, sus relatos irlandeses son cuentos exactos. Sus trabajos de no ficci&oacute;n &ndash;Operaci&oacute;n Masacre, &iquest;Qui&eacute;n mat&oacute; a Rosendo?&ndash;, extraordinarios y emancipadores. Tambi&eacute;n fue un hombre valiente, consecuente. Jam&aacute;s lo ceg&oacute; su posici&oacute;n ideol&oacute;gica, algo tan com&uacute;n en estos d&iacute;as. Pienso esto mientras veo c&oacute;mo un grupo de gente le pega entre muchos a un s&oacute;lo hombre y pienso en Walsh con su rev&oacute;lver defendi&eacute;ndose solo frente a un grupo de tareas de la Esma.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Walsh consideraba a Jorge Luis Borges el mejor cuentista argentino y entre los grandes escritores contempor&aacute;neos. As&iacute; se lo hizo saber a Donald Yates, con quien manten&iacute;a correspondencia y quien estaba fascinado con un texto de Borges &ndash;La muerte y la br&uacute;jula&ndash; que hab&iacute;a le&iacute;do cuando estudiaba literatura hisp&aacute;nica. Por pedido de Yates, Walsh habl&oacute; con Borges y consigui&oacute; que &eacute;ste lo autorizara para traducir el cuento que lo hab&iacute;a fascinado. Ese fue el comienzo de una relaci&oacute;n entre traductor y escritor &ndash;Yates y Borges&ndash; que durar&iacute;a muchos a&ntilde;os y que despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de una selecci&oacute;n de relatos de Borges bajo el t&iacute;tulo de Laberintos, iniciar&iacute;a el culto borgeano en las universidades de los Estados Unidos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es decir que Rodolfo Walsh evit&oacute;, en parte, que los Estados Unidos logren derrocar al gobierno cubano y tiempo despu&eacute;s les envi&oacute; un gorila genial para que les diera clases a los alumnos de la Universidad de Michigan, a trav&eacute;s de la invitaci&oacute;n que le cursara Donald Yates. Ahora se acaba de publicar el Curso de literatura argentina que Borges dict&oacute; en esa universidad en 1976, con edici&oacute;n, pr&oacute;logo y notas de Nicol&aacute;s Helft, por Sudamericana. Las clases fueron para un reducido grupo de estudiantes yanquis de habla hispana y hoy las podemos leer tambi&eacute;n como producto de otra desgrabaci&oacute;n, ya que fueron registradas en cassettes por Yates y desgrabadas por Helft. &iquest;Qu&eacute; le dijo Borges a los alumnos americanos?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Les dijo, para empezar, que la literatura no se puede ense&ntilde;ar, que &eacute;l hab&iacute;a dado clases y se hab&iacute;a dado cuenta de eso. Este punto me parece central: la literatura es un terreno tan inestable que cualquiera que se proponga como maestro o maestra cae en el rid&iacute;culo. S&oacute;lo podemos acercar conjeturas. Dice Borges: &ldquo;Creo que lo que uno puede ense&ntilde;ar es el goce de ciertos libros, el h&aacute;bito de ciertos libros, y que un profesor no tiene derecho a imponer sus opiniones&rdquo;. Borges, que dict&oacute; clases en la Universidad de Buenos Aires &iquest;tomaba ex&aacute;menes? Dice Borges: &ldquo;Yo siempre le dec&iacute;a a mis estudiantes y repito ac&aacute; estas palabras: no tengan miedo, no voy a hacerles ninguna pregunta, no les preguntar&eacute; fechas porque yo mismo no las s&eacute; y se va a descubrir mi ignorancia, pero voy a invitarlos a hablar de cierto tema. El tema puede ser Emerson, puede ser el doctor Johnson, ahora ustedes elijan su vida, elijan su estilo, elijan alguna obra particular, elijan su poes&iacute;a y hablen, yo no voy a interrumpirlos con preguntas porque las preguntas siempre tienen algo de catequismo, de inquisici&oacute;n, que me parece desagradable&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el Curso de literatura argentina, podemos disfrutar del pensamiento borgeano en su etapa tard&iacute;a, las descripciones memorables que hace de Sarmiento, del recuerdo de las lecturas del Facundo. La obsesi&oacute;n filol&oacute;gica, escucharlo analizar el ciclo vital de una palabra como si fuera una animal vivo, las condiciones que &eacute;sta tuvo que soportar para adaptarse a determinados climas, a ciertos ripios ideol&oacute;gicos hasta, a veces, extinguirse.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es curioso: tanto Borges como Walsh no pudieron escribir novelas. El primero, tal vez, porque ten&iacute;a una tendencia a miniaturizar la &eacute;pica, algo as&iacute; como &ldquo;Querida encog&iacute; a los ni&ntilde;os&rdquo;. El segundo, porque la consideraba un g&eacute;nero burgu&eacute;s.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Canta Silvio Rodriguez en la canci&oacute;n Playa Gir&oacute;n: &ldquo;Compa&ntilde;eros poetas tomando en cuenta los &uacute;ltimos sucesos, en la poes&iacute;a, quisiera preguntar, me urge, qu&eacute; tipo de adjetivos se deben usar para hacer el poema de un barco, sin que se haga sentimental, fuera de la vanguardia o evidente panfleto&rdquo;. Las mismas preocupaciones atravesaron la obra de Borges y de Rodolfo Walsh.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gorila-genial-llega-michigan_129_11742829.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Oct 2024 03:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un gorila genial llega a Michigan]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[escritores,Literatura argentina,Literatura,Rodolfo Walsh,Jorge Luis Borges]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Viajemos hacia lo que no tiene sentido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/viajemos-no-sentido_129_11724414.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1385fa7-0b6d-47a1-9a4c-0b9aff942f3f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viajemos hacia lo que no tiene sentido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo mejor de estos festivales es que no se sabe bien quién es poeta y quién no, cualquiera puede serlo. 
</p></div><p class="article-text">
        Estoy presenciando una vez m&aacute;s el eterno retorno del fascismo, pero esta vez viene sin mi juventud. Encima, como escribi&oacute; alguna vez Apollinaire en su poema Zona, estoy cansado de este mundo nuevo. No me gusta el mundo virtual. Todo el mundo busca consejos para vivir muchos a&ntilde;os pero no se sabe bien para qu&eacute;. Cada vez siento de manera m&aacute;s precisa que las cosas que me impactan son las que no tienen ning&uacute;n sentido para el hipercapital. Ah&iacute; donde no hay sentido, hay vida. No soporto el culto a la celebridad, el abandono de la vida privada, que las personas ya no quieran tener experiencia. A Jimmy Hendrix ya hoy no le responde nadie.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vengo de pasar unos d&iacute;as en el Festival de Poes&iacute;a de Bah&iacute;a Blanca. Y estoy en &eacute;xtasis, como escribe Viel Temperley en su hermoso poema Crawl. En principio porque es un festival casero, hecho a mano, sin celebridades. Recuerdo un festival donde participaba John Coetzee y que a los que nos hab&iacute;an invitado a una cena con &eacute;l nos hab&iacute;an mandado una serie de reglas de tr&aacute;nsito: no lo mires a los ojos directo, no le preguntes cosas, etc. &iquest;Qu&eacute; es toda esa mierda?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bah&iacute;a Blanca es una ciudad portuaria que no tiene contacto con el mar. O el mar se ha vuelto un proceso anti rom&aacute;ntico, industrial. Donde en los a&ntilde;os sesenta hab&iacute;a playas y cantinas y lupanares, ahora hay un polo petroqu&iacute;mico, una inmensa planta de fertilizante. Lo curioso es que cuando vamos en auto visitando esos lugares parece una zona abandonada de todo vestigio humano. No hay gente que se mueva por estos complejos que arrojan humo y fuego por sus chimeneas. Es el escenario ideal para filmar otra de Mad Max. Me imagino un recital de poes&iacute;a nocturno frente a una de estas petroqu&iacute;micas, como si fuera la tapa de un disco de Pink Floyd.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo mejor de estos festivales hechos a escala humana es que pod&eacute;s conocer a personas muy diferentes y tambi&eacute;n diferentes modos de percibir y escribir poes&iacute;a. Voy a todos los recitales y me fascinan cada uno de los poemas que se leen. No porque me gusten, hago una suspensi&oacute;n del gusto, trato de llevarme algo de cada uno de los que leen. Y el gusto propio es una sombra que se interpone en lo que intentamos conocer. Lo mejor de estos festivales es que no se sabe bien qui&eacute;n es poeta y qui&eacute;n no, cualquiera puede serlo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el Museo del Puerto de Ingeniero White hay una comida con recital de poes&iacute;a inclu&iacute;do. Pero antes visitamos una usina el&eacute;ctrica que est&aacute; en desuso y que parece el set de filmaci&oacute;n de Stalker, de Tarkovski. Bah&iacute;a Blanca en primavera tiene una gran amplitud t&eacute;rmica, el clima es como el de una mujer que entr&oacute; en la menopausia: de golpe hace calor, de golpe fr&iacute;o, de nuevo calor y sobre todo viento, un viento que si es del norte trae aguas vivas a las playas de Monte Hermoso y cierta sensaci&oacute;n de querer matar a todo el mundo en la ciudad. Pero si la veleta negra gira enloquecida nos vamos al viento sur y hace fr&iacute;o.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La gente del museo de White, los amigos del museo, los que cuidan el lugar y organizan talleres de poes&iacute;a y hacen tortas y que pasaron sus vidas y las de sus padres en esta zona castigada de Bah&iacute;a Blanca, practican la resiliencia a full y el amor propio con una notable potencia. Tener amor propio es tener amor por tu destino. No ser un llor&oacute;n. No ser una v&iacute;ctima. Y cuando hablan de White dicen Guai, destruyendo el ingl&eacute;s. Hay una comida donde tanto los invitados al festival como los y las integrantes del museo nos recitan sus poemas y nos cantan canciones. Adolescentes que versionan poemas de William Carlos Williams y tambi&eacute;n poetas de m&aacute;s de setenta a&ntilde;os que leen poemas sobre objetos que est&aacute;n en desuso &ndash;una mujer lee sobre un descorchador de vino que ya nadie usa&ndash; y produce una profunda emoci&oacute;n. Pienso mientras los escucho que tendr&iacute;an que tener un desfibrilador a mano en este evento porque las oleadas de emoci&oacute;n son muy potentes. Una mujer de unos setenta a&ntilde;os o m&aacute;s &ndash;qui&eacute;n sabe&ndash; toma el micr&oacute;fono y canta canciones c&eacute;lebres con una voz espectacular.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a anterior hab&iacute;amos caminado por el arroyo Napost&aacute;. Ese d&iacute;a costaba avanzar por el viento intenso. Parte de la ciudad a&uacute;n se est&aacute; recuperando del temporal que hizo volar &aacute;rboles y casas hace poco, y que trajo al presidente Javier Milei vestido como un <em>seals </em>a pesar de que ese d&iacute;a hac&iacute;a un calor infernal. Me cuenta un lugare&ntilde;o que en el Napost&aacute; hay un monstruo que sale a veces de noche disfrazado de marinero y que es muy carism&aacute;tico y suele ir a los bares a emborrachar v&iacute;ctimas que despu&eacute;s se lleva al arroyo. Le digo que es una versi&oacute;n sincr&eacute;tica de ciertos relatos antiguos, como el del delf&iacute;n rosa que sale del Amazonas para enamorar gente y llev&aacute;rselo al fondo del r&iacute;o. Se r&iacute;e &ndash;es un hombre con una gorra visera, cincuent&oacute;n, morocho&ndash;&nbsp; y me dice: Pero esto es verdad.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El s&aacute;bado a la noche, Milton L&oacute;pez organiza una gala po&eacute;tica que va al tunt&uacute;n total. Para m&iacute; es el punctum del festival, nadie sabe bien que va a pasar, hay una inminencia de desastre &ndash;de que no haya gui&oacute;n&ndash; y eso libera totalmente a la gente. Si bien hay poetas que recitan poes&iacute;a y Milton los presenta de manera graciosa y l&iacute;rica, no hay un centro en la reuni&oacute;n, todo es importante, lo que se habla en los pasillos, la gente que indaga en la librer&iacute;a, los que fuman en la calle helada, los que vienen porque fueron invitados por invitados, los que pasaban y vieron gente y se sumaron: no hay nadie que no sea indispensable. Esta es la deconstrucci&oacute;n derridiana: hacer ver los engranajes maqu&iacute;nicos del capital, para resistirlos erosion&aacute;ndolos desde la periferia, sin ninguna necesidad de ocupar el centro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; deber&iacute;a ser la vida si uno pudiera vivir en poes&iacute;a.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/viajemos-no-sentido_129_11724414.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 Oct 2024 03:01:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Viajemos hacia lo que no tiene sentido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bahía Blanca,Poesía,Poesía argentina,Ingeniero White]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llevando la musa a tu casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/llevando-musa-casa_129_11705470.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/285d201b-ab75-445b-8c5d-55634d705167_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Llevando la musa a tu casa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El matrimonio de mis padres fue como una pyme. Los recuerdo haciendo cuentas en la noche, en la mesa familiar, bajo la cúpula del silencio de la casa. Eran empleados de su matrimonio, nada que ver con el amor romántico.
</p></div><p class="article-text">
        Encontr&eacute; un relato que escrib&iacute; hace mucho. Se llama La limpieza y nunca lo publiqu&eacute;. Recuerdo que se lo mostr&eacute; en su momento a Ricardo Zelaray&aacute;n para que me dijera algo y se limit&oacute; a leerlo y gru&ntilde;ir: grrrrrrr. No le gust&oacute;. El relato es sobre un hecho puntual. Fue cuando acompa&ntilde;ado por mi t&iacute;a Teresa &ndash;la hermana de mi padre&ndash; fuimos al cementerio de la Chacarita para sacar el cuerpo de mi madre que estaba enterrado &ndash;por voluntad de mi padre&ndash; y cremarlo. De esa manera sal&iacute;amos del sistema burocr&aacute;tico del cementerio.&nbsp;Recuerdo que fuimos muy temprano y que ni bien llenamos unos papeles, uno de los ordenanzas nos dijo que para cremarlo hab&iacute;a que sacar el cad&aacute;ver y ver si los huesos no ten&iacute;an grasa y que si todav&iacute;a ten&iacute;an grasa, hab&iacute;a que limpiarlos. Para eso hab&iacute;a que pagarle a alguien que hiciera la limpieza.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que muy temprano caminamos con el limpiador que con la pala, primero cav&oacute; sin parar hasta dar con el ata&uacute;d o lo quedaba de &eacute;l y, despu&eacute;s, con lo que quedaba de mi madre. Recuerdo que era un d&iacute;a de sol y que un sat&eacute;lite ruso &ndash;despu&eacute;s me enter&eacute;&ndash; orbitaba por encima nuestro. El limpiador me mostr&oacute; uno de los huesos de mi madre y me dijo que ten&iacute;a grasa que hab&iacute;a que limpiar. &iquest;Cu&aacute;nto es?, le pregunt&eacute;. Me inform&oacute;. Ten&iacute;a esa cantidad, le dije que lo hiciera. Sac&oacute; un cuchillo muy fino y empez&oacute; a limpiar. Al rato est&aacute;bamos esperando que saliera la urna de la cremaci&oacute;n. Esa noche habl&eacute; con Daniel Durand y le cont&eacute; por tel&eacute;fono lo que hab&iacute;a estado haciendo. Me dijo: te llevaste la musa a tu casa.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Supongo que me dijo eso porque yo hab&iacute;a estado escribiendo varios poemas sobre mi madre. Pero lo m&aacute;s interesante suced&iacute;a en mis sue&ntilde;os. Durante mucho tiempo so&ntilde;aba con mi madre pero yo sab&iacute;a que ella no estaba viva sino resucitada, lo cual le imprim&iacute;a al sue&ntilde;o un estado de ansiedad insoportable. Hasta que tuve un sue&ntilde;o en el que mi madre me dec&iacute;a que finalmente se iba a morir e iba a dejar de estar en los sue&ntilde;os y se desenroscaba un rulem&aacute;n que ten&iacute;a en el vientre y se mor&iacute;a. Nunca m&aacute;s so&ntilde;&eacute; con mi madre.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi mam&aacute; era una persona intensa, controladora. Mientras fui muy chico tuve una relaci&oacute;n f&iacute;sica con ella, la abrazaba, la besaba, le acariciaba sus piernas con mis piernas mientras trataba de dormirme en la cama matrimonial. Cuando crec&iacute; empezaron las diferencias. Mi madre y yo nunca llegamos a comprendernos. Ella me contaba siempre la historia de nuestro m&eacute;dico cl&iacute;nico &ndash;Nazareno Tajeri&aacute;n- que ten&iacute;a su consulta cerca de donde hoy vivo y que, seg&uacute;n mi madre, hab&iacute;a estudiado medicina porque por una mala praxis se hab&iacute;a muerto su padre y &eacute;l se jur&oacute; curar a todo el mundo. Creo que quer&iacute;a que fuera m&eacute;dico. Pero yo eleg&iacute; estudiar filosof&iacute;a y mi mam&aacute; no estaba de acuerdo para nada. Eso te calienta la cabeza, me dec&iacute;a. Es un momento dif&iacute;cil cuando uno trata de no quedar atrapado en los sue&ntilde;os del otro.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;les habr&aacute;n sido los sue&ntilde;os de mi madre? Se cas&oacute; muy joven y tuvo tres hijos en seguida. El matrimonio de mis padres fue como una pyme. Los recuerdo haciendo cuentas en la noche, en la mesa familiar, bajo la c&uacute;pula del silencio de la casa. Eran empleados de su matrimonio, nada que ver con el amor rom&aacute;ntico. Con&nbsp; el tiempo mi madre se fue desexualizando. Hasta convertirse en ese tipo de mujer que describe Jeanette Winterson en su libro &iquest;Por qu&eacute; ser feliz cuando pod&eacute;s ser normal?: &ldquo;Cuando una mujer ya no despierta el inter&eacute;s del sexo opuesto, s&oacute;lo resulta visible donde sirve para algo&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A los cuarenta tuvo un ataque de hipertensi&oacute;n arterial. Qued&oacute; en coma cuatro. Los m&eacute;dicos me dijeron que era imposible que se recuperara y que si lo hac&iacute;a iba a tener m&uacute;ltiples secuelas. Yo estaba todo el d&iacute;a y la noche en el hospital, esperando por los partes. El hospital ten&iacute;a un jard&iacute;n inmenso y una noche estaba sentado ah&iacute; bajo la luz de un farol leyendo Tr&oacute;pico de C&aacute;ncer de Miller mientras esperaba que alguien saliera a avisarme que mi madre hab&iacute;a muerto. Entonces un auto silencioso lleg&oacute; por la grama del camino y se estacion&oacute; enfrente de donde yo estaba. Era Alberto Olmedo. Me pregunt&oacute; por mi pap&aacute; y le dije que estaba en casa. Le dije que estaba solo. Voy a ver c&oacute;mo est&aacute; Julia, me dijo. Y entr&oacute; al hospital. Sali&oacute; a los treinta minutos y me inform&oacute; que mi mam&aacute; hab&iacute;a salido del coma, que estaba muy bien y que era un milagro, seg&uacute;n los m&eacute;dicos. Los m&eacute;dicos sab&iacute;an que yo estaba ah&iacute; afuera, pero nadie sali&oacute; a decirme nada, Olmedo, como era famoso, entr&oacute; como un Jedi. Me dio bronca.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Preparamos la casa para recibir a mi madre. Estaban sus hermanas, nosotros, amigas, amigos. Mi madre se meti&oacute; en su cuarto y me llam&oacute;. Me dijo que me quer&iacute;a contar algo. Durante el lapso que estuvo en coma, ella fue flotando hacia d&oacute;nde hab&iacute;a una luz muy intensa y sent&iacute;a que unas ramas se le cruzaban por la cara. Era, me dijo, un momento de paz extraordinario. Mucha gente vestida toda de blanco sal&iacute;a a recibirla con gestos fraternales. Nos quedamos callados y me dijo: &iquest;Me alcanz&aacute;s los cigarrillos que est&aacute;n en la c&oacute;moda? Yo la mir&eacute; con reprobaci&oacute;n. Pero se los pas&eacute;. Mientras se encend&iacute;a uno &ndash;Jockey club, suaves&ndash; me dijo: No tendr&iacute;as que tenerle miedo a la muerte, es como te acabo de contar. No es necesario que estudies m&aacute;s filosof&iacute;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/llevando-musa-casa_129_11705470.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Oct 2024 03:00:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Llevando la musa a tu casa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Muertes,Maternidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fábula del hombre misterioso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fabula-hombre-misterioso_129_11689749.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/327f295b-14a1-408d-ac12-a42dbdc9c3b3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fábula del hombre misterioso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El adversario, el testigo, ese por el que hacemos todo, en realidad es nuestro doble. Ese que toma muchas formas a lo largo de nuestra vida.
</p></div><p class="article-text">
        No se puede escribir solo. Ni siquiera al tenis se puede jugar solo. Necesit&aacute;s un adversario. En medio de la clase, el <em>sensei </em>nos dice que en Jap&oacute;n &ndash;&eacute;l fue unos a&ntilde;os a practicar en la universidad donde se ense&ntilde;a karate y otras disciplinas&ndash; antes de entrar en <em>kumite</em>, se dicen palabras celebrando la presencia del compa&ntilde;ero de <em>dojo </em>que te ense&ntilde;a a ser mejor, a dar m&aacute;s de lo que pensabas que pod&iacute;as dar.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n te puede dar un golpe letal en la cara si no te cubr&iacute;s.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el adversario, el testigo, ese por el que hacemos todo, en realidad es nuestro doble, ese que toma muchas formas a lo largo de nuestra vida. Mientras el <em>sensei </em>habla pienso en esos versos que tanto me gustan de John Ashbery. &ldquo;Siguiendo al doble que crece del otro lado del humo de mi cigarrillo&rdquo;.&nbsp; Muchas veces el gusto toma la forma de nuestro doble. Entonces el gusto&ndash;lo que pensamos que nos define&ndash; funciona como la sombra que se interpone en todo lo que intentamos conocer. En el mundo f&iacute;sico, el misterio sostiene las relaciones, pero cuando &eacute;ste se acaba, hasta los matrimonios m&aacute;s s&oacute;lidos empiezan a hablar un discurso castrense y terminan mal.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una mudanza que hice hace poco, se me apareci&oacute; un libro de Francis Scott Fitzgerald que no hab&iacute;a le&iacute;do, Suave es la noche. A diferencia de El gran Gatsby, que es una perfecta obra de relojer&iacute;a, este libro es m&aacute;s inestable, son como tres cajas que no terminan de encastrar. Tanto que Fitzgerald lo escribi&oacute; dos veces; en la primera, lo public&oacute; en r&aacute;fagas en una revista literaria y despu&eacute;s en formato de libro. En la segunda no lo lleg&oacute; a terminar porque su vida termin&oacute; antes &ndash;muri&oacute; muy joven, porque estaba pasado de rosca&ndash; y lo que estaba haciendo era alterando el orden cronol&oacute;gico del libro. De alguna manera, le estaba quitando misterio.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Suave es la noche &ndash;la primera versi&oacute;n&ndash; empieza lentamente. La maestr&iacute;a de Fitzgerald para meterte de a poco en el ambiente es total. Una joven actriz y su madre est&aacute;n en la playa glamorosa de la riviera francesa. Todo el comienzo es una obra maestra de c&oacute;mo crear personajes con pocas y precisas anotaciones, c&oacute;mo utilizar comparativos inusitados. Por ejemplo, cuando describe el lugar f&iacute;sico donde va a empezar la aventura, escribe que en la costa francesa, &ldquo;se alza orgulloso un gran hotel de color rosado. Unas amables palmeras refrescan su fachada ruborosa y ante &eacute;l se extiende una playa corta y deslumbrante&rdquo;. Y despu&eacute;s mete un <em>passing shot</em>: &ldquo;El hotel y la brillante alfombra tostada que era su playa formaban un todo&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo era la madre de esta chica? &ldquo;La madre ten&iacute;a un rostro de lindas facciones, ya algo marchito, que pronto iba a estar tocado de manchitas ros&aacute;ceas, su expresi&oacute;n a la vez era serena y despierta, de una manera que resultaba agradable. Sin embargo la mirada se desviaba r&aacute;pidamente hacia la hija&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo era la hija? &ldquo;Ten&iacute;a algo m&aacute;gico en sus palmas rosadas y sus mejillas iluminadas por un tierno fulgor, tan emocionante como el color sonrojado que toman los ni&ntilde;os peque&ntilde;os tras ser ba&ntilde;ados con agua fr&iacute;a al anochecer&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La chica y la madre se adentran en la playa del hotel rosado y m&aacute;gico y nosotros con ellas, mientras Fitzgerald se pone a describir a las personas que se mueven en grupos, gente aristocr&aacute;tica: bellos, inteligentes, quemados por dentro, fr&iacute;volos de todo el mundo que, como la camisa hawaiana, se convierten en turistas globales.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el epicentro de la novela, la fuerza centr&iacute;fuga que va a enloquecer de amor a la chica y provocar la desgracia de todos est&aacute; encarnada en el matrimonio que forman Dick y Nicole Diver, una pareja norteamericana que oculta un pasado inesperado y misterioso. &iquest;Queremos resolver el misterio o no?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la &uacute;ltima pel&iacute;cula de Luis Ortega hay un personaje que se parece f&iacute;sicamente al Malevo Ferreyra, casi un <em>cowboy</em> urbano. Este hombre misterioso no es nadie, trabaja en el centro vac&iacute;o de la narraci&oacute;n, es el que te hostiga en tu cabeza desde que te levant&aacute;s hasta que te acost&aacute;s, el pinche tirano, no tiene identidad porque est&aacute; hecho con la densidad ontol&oacute;gica de nuestro doble. No soporta tener identidad porque es asint&aacute;ctico.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fabula-hombre-misterioso_129_11689749.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Sep 2024 03:01:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La fábula del hombre misterioso]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La montaña mágica y el atractor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/montana-magica-atractor_129_11670857.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5c7e2ba-6e0a-4dd1-a56a-8fc3c065c57a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La montaña mágica y el atractor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un poema surge de una emoción, del caos de miles de percepciones, de una música que viene repentinamente a los oídos disponibles, pero poco a poco se va ordenando mientras colisionan muchas secuencias que podrían haber estado en la obra terminada pero que no dieron sus frutos.</p></div><p class="article-text">
        Me dice Fisher que est&aacute; estudiando stand up. Me cuenta que una de las t&eacute;cnicas b&aacute;sicas del stand up es salir a hacerlo en p&uacute;blico y soportar el bullying. Me dice que es imposible hacer stand up sin p&uacute;blico, ya que la presi&oacute;n que &eacute;ste provoca, el temor que provoca la desaprobaci&oacute;n, la adrenalina que se puede oler, forma, despu&eacute;s de muchas rutinas, una costra alrededor de uno, una especie de caparaz&oacute;n protector que te hace salir en cierto momento como si el p&uacute;blico no estuviera ah&iacute;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me resulta parad&oacute;jico esto. Por un lado, se trata de superar la presi&oacute;n del p&uacute;blico y que esta no te haga enmudecer, pero por otro se trata de la supresi&oacute;n de esa presi&oacute;n, para poder moverte libremente. De todas formas, entiendo que los estandaperos &ndash;&iquest;existe esta palabra?&ndash;&nbsp; deben estar midiendo al p&uacute;blico, deben funcionar tambi&eacute;n por tracci&oacute;n a p&uacute;blico, como si las risas, los silbidos y los aplausos espont&aacute;neos fueran combustible.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay determinadas personas, pienso, que desarrollan su vida como si fuera un stand up, est&aacute;n determinadas por la aceptaci&oacute;n o no de lo que ellos consideran su p&uacute;blico, real o imaginario. Por eso muchas veces logran en torno suyo una costra que se forma como el resultado final de la mezcla entre lo que ellos creen que el p&uacute;blico quiere, lo que ellos creen que deber&iacute;an ser y la narrativa que tienen que sostener para poder encontrar existencia, sustancialidad en su vida. No les entra una bala. De esa manera, a&uacute;n cuando marchen equivocados y lo &uacute;nico que hagan sea autodestruirse &ndash;es decir, empiezan a orbitar en torno a un atractor negativo&ndash; no pueden dar marcha atr&aacute;s porque ya est&aacute;n en el escenario, ya empezaron a hablar y &ldquo;el p&uacute;blico&rdquo; los lleva a un lento suicidio espiritual.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si buscamos la definici&oacute;n m&aacute;s elemental de atractor, dice: &ldquo;En los sistemas din&aacute;micos, un&nbsp; atractor es un conjunto de valores num&eacute;ricos hacia los cuales un sistema tiende a evolucionar, dada una gran variedad de condiciones iniciales en el sistema&rdquo;. Brigitte Baptiste &ndash;cient&iacute;fica y ensayista&ndash; dice que uno de los fen&oacute;menos dif&iacute;ciles de explicar en biolog&iacute;a, pero que resuena en muchas disciplinas es el origen de las estructuras complejas. La pregunta es si existe un dise&ntilde;o inteligente detr&aacute;s de todo, una mente creadora o, podemos pensar, existe una capacidad espont&aacute;nea de las cosas para organizarse. &iquest;C&oacute;mo se llega, por ejemplo, a una creaci&oacute;n tan extraordinaria como el ojo humano? &iquest;Es la casualidad en la naturaleza la que forz&oacute; a trav&eacute;s de miles de combinaciones azarosas la posibilidad de generar un sistema &oacute;ptico para poder observarse?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pienso ahora en ese pez que habita en las profundidades abismales de los oc&eacute;anos y que es casi ciego pero igual porta una antena con una peque&ntilde;a luz que le permite alumbrar y, eventualmente, cazar. &iquest;O s&oacute;lo tiene esa antena porque la naturaleza crea siguiendo los patrones del arte por el arte? Algo de eso conjetura Vladimir Nabokov cuando insiste en que los osos hormigueros se comen tanto a los insectos que est&aacute;n mimetizados como los que no lo est&aacute;n. Entonces &iquest;por qu&eacute; se mimetizan? Se mimetizan, dice Nabokov, por amor al arte.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un poema surge de una emoci&oacute;n, del caos de miles de percepciones, de una m&uacute;sica que viene repentinamente a los o&iacute;dos disponibles, pero poco a poco se va ordenando mientras colisionan muchas secuencias que podr&iacute;an haber estado en la obra terminada pero que no dieron sus frutos. Eso lo podemos comprobar cuando nos llegan a nuestras manos las versiones previas que fueron desechadas en funci&oacute;n de la definitiva.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Thomas Mann viaj&oacute; una ma&ntilde;ana al sanatorio de Davos para visitar a su mujer Katia, que estaba internada ah&iacute;. Pas&oacute; tres semanas en ese lugar m&aacute;gico de la alta monta&ntilde;a. Un lugar donde el aire no estaba enrarecido y los pulmones pod&iacute;an traccionar mejor. Uno de los m&eacute;dicos que atend&iacute;a a su mujer le encontr&oacute; un peque&ntilde;o problema en uno de sus pulmones y le aconsej&oacute; que se quedara internado. Pero Mann se las tom&oacute;, baj&oacute; a la llanura &ndash;como se le dice en la novela&ndash; y escribi&oacute; La monta&ntilde;a m&aacute;gica. Hans Castorp, el h&eacute;roe, es un joven que va a visitar a un primo enfermo y que, despu&eacute;s de ver a Claudia Chauchat, de quien se enamora, tiene todos los s&iacute;ntomas del covid para poder enfermarse y estar cerca de ella. Y va a permanecer en el limbo de La monta&ntilde;a m&aacute;gica durante siete a&ntilde;os. Esta novela tiene una de las m&aacute;s bellas declaraciones de amor que he le&iacute;do. Cuando Mann baj&oacute; del sanatorio, ten&iacute;a en mente una novelita corta, casi comedia, que hiciera contrapunto con Muerte en Venecia, la novela anterior. Pero hubo un atractor que empez&oacute; a trabajar uniendo diferentes motivos hasta llegar a miles de p&aacute;ginas e infinidad de personajes, pasillos silenciosos y olores de hospital por donde los enfermos deambulaban discurriendo sobre el sonido y la furia, las gracias, el coraje, el perd&oacute;n y la enfermedad como remedio o farmacon. Una novela para, como se dice ahora, maratonear. Una novela que te enferma.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/montana-magica-atractor_129_11670857.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Sep 2024 03:00:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La montaña mágica y el atractor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Buscando al soldado Salinger]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/buscando-soldado-salinger_129_11652959.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb1c8a66-7cd1-4186-ae72-df40ab433fac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Buscando al soldado Salinger"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A veces, cuentan sus compañeros de combate, estaban recibiendo fuego de artillería y Salinger se mantenía en un costado, escribiendo. Poder escribir lo mantenía vivo. Eso y la pura suerte: ahora sí, ahora no.  
</p></div><p class="article-text">
        La guerra tiene demasiado sentido, por eso no se puede filmar. Se pelea por recursos naturales, por religi&oacute;n, por el deseo de exterminar lo diferente. Una familia puede ser un pelot&oacute;n siniestro de fusilamiento, el &aacute;rbol geneal&oacute;gico que crece en medio del dolor m&aacute;s profundo. El sentido pasado de rosca impide la experiencia: conviene no hablar. Pod&eacute;s meter una c&aacute;mara en el casco de cada uno de los actores, o filmar con c&aacute;maras submarinas y tratar de capturar un desembarco y que todo quede como una disciplina ol&iacute;mpica para ver sentados, en el horario central del noticiero.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay una foto genial de J. D. Salinger en medio de la tropa de su regimiento &ndash;el 12 de infanter&iacute;a&ndash; poco despu&eacute;s del d&iacute;a D. En la mochila que carga, lleva la m&aacute;quina de escribir. A veces, cuentan sus compa&ntilde;eros de combate, estaban recibiendo fuego de artiller&iacute;a y Salinger se manten&iacute;a en un costado, escribiendo. Desde que hab&iacute;an desembarcado en el D&iacute;a D, lo cotidiano era estar bajo fuego o saltando entre minas y fuego de mortero. Salinger escrib&iacute;a partes de lo que iba a ser <em>El guardi&aacute;n entre el centeno</em> y cuando llegaba a alg&uacute;n lugar donde pod&iacute;a enviar la correspondencia, despachaba sus relatos a las revistas satinadas americanas que ten&iacute;an un gran tiraje. Poder escribir lo manten&iacute;a vivo. Eso y la pura suerte: ahora s&iacute;, ahora no.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gran parte de la obra de Salinger es un fresco de la guerra &ndash;sus primeros relatos, que despu&eacute;s impidi&oacute; que se republicaran&ndash; donde narra a los soldados despidi&eacute;ndose de sus familiares, los relatos de contienda y los relatos posteriores, los del estr&eacute;s post traum&aacute;tico: U<em>n d&iacute;a perfecto para el pez banana</em> o el genial <em>Para Esm&eacute;, con amor y sordidez.</em> Es incre&iacute;ble que un escritor que iba a ser emblema de la contracultura americana fuera, mientras dur&oacute; la Segunda Guerra Mundial, un miembro del contraespionaje americano, un afilado instructor del Servicio Secreto.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como miembro del Cuarto Cuerpo de Contraespionaje, Salinger ten&iacute;a que desembarcar en la playa de Utah en la primera oleada de las 6 y 30 de la ma&ntilde;ana, pero seg&uacute;n todos sus bi&oacute;grafos &ndash;French, Hamilton, Slawenski&ndash; el escritor desembarc&oacute; en la segunda oleada, diez minutos m&aacute;s tarde y eso, en principio, lo salv&oacute; de una masacre, ya que las corrientes del canal lo hab&iacute;an alejado de las fortificaciones alemanas que los esperaban en la playa. El regimiento de Salinger fue el que m&aacute;s avanz&oacute; en territorio ocupado por el enemigo. Y particip&oacute; de la batalla de Cherburgo que, seg&uacute;n los historiadores, fue terrible. Una vez que el regimiento hizo pie y logr&oacute; tomar el sitio, Salinger tuvo que interrogar a los civiles y a los prisioneros de guerra para conseguir informaci&oacute;n &uacute;til para su comando. Seg&uacute;n cont&oacute; en una carta: no dorm&iacute;an y estaban bajo los efectos de las pastillas, la ansiedad, el terror y la adrenalina de que no te mataran.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las cartas que Salinger enviaba a su familia, contaba que no recordaba ciertas partes de lo que le hab&iacute;a sucedido mientras peleaba. Hab&iacute;a logrado, para sobrevivir, desconectarse de los hechos, vivir en su imaginaci&oacute;n hablando con la futura familia Glass, sostener una forma fr&iacute;a de comportarse. Seg&uacute;n le dijo a un amigo cuando pas&oacute; la guerra, &eacute;l se jur&oacute; no hablar nunca m&aacute;s de eso. Salinger entr&oacute; en Par&iacute;s cuando la ciudad se rindi&oacute; a las fuerzas aliadas. Y, como relata John Keenan &ndash;uno de sus grandes amigos de la guerra y compa&ntilde;ero del jeep que los transportaba&ndash; Salinger fue designado para localizar colaboradores de los nazis entre los franceses. Siempre seg&uacute;n Keenan, acababan de capturar a uno cuando una multitud corri&oacute; hacia ellos y se los sac&oacute; de las manos y lo mat&oacute; a golpes. Salinger y Keenan no quisieron disparar sobre la gente y se quedaron fr&iacute;os, mirando. &ldquo;No pod&iacute;amos hacer nada&rdquo;, dijo Keenan. Y aunque la guerra estaba t&eacute;cnicamente terminada, Salinger y su batall&oacute;n no sab&iacute;an que iban a enfrentar todav&iacute;a lo peor, la batalla del bosque de H&uuml;rtgen, un bosque sombr&iacute;o de &aacute;rboles alt&iacute;simos, casi pegados uno al lado del otro donde estuvieron dos meses tratando de aniquilar a un regimiento alem&aacute;n que resist&iacute;a. Muchos de los compa&ntilde;eros de Salinger murieron de fr&iacute;o en las trincheras, con los pies mojados por el agua empantanada. &ldquo;A m&iacute; me salv&oacute; que mi madre me mandaba medias de lana que ella tej&iacute;a y pude tener los pies m&aacute;s o menos secos&rdquo;, dijo despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cuando regres&oacute; a casa, Salinger se volvi&oacute; adicto a cualquier tipo de disciplina espiritual que lo pudiera aislar del colapso nervioso con el que termin&oacute; la guerra. La &uacute;ltima parte de su obra publicada sobre la familia Glass &ndash;su hijo Matthew dice que est&aacute; clasificando los relatos que su padre dej&oacute; in&eacute;ditos&ndash; es un manual de autoayuda para lograr transmitirle a los americanos civiles las bondades de la religi&oacute;n oriental. Para eso cre&oacute; a los Glass, una familia de ni&ntilde;os sabios infumables. Como Franny, Salinger trataba de sincronizar los latidos de su coraz&oacute;n con la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s, para que se hicieran uno. Lati&oacute; hasta los noventa a&ntilde;os.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/buscando-soldado-salinger_129_11652959.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Sep 2024 03:00:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Buscando al soldado Salinger]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Practicando con la boca cerrada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/practicando-boca-cerrada_129_11635426.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da1d8128-f1b8-4095-80d4-4275952e6175_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Practicando con la boca cerrada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El karate no es normal, los movimientos que aprendemos a hacer, las patadas, las posiciones, son como el alfabeto milenario de alguien que se mueve en contra de nuestra naturaleza. </p></div><p class="article-text">
        Hay algo en el karate que no es normal. Me dice un karateca un poco m&aacute;s grande en edad que yo. Se ve que practica hace mucho porque tiene el cintur&oacute;n negro desgastado. En realidad el color del cintur&oacute;n es una convenci&oacute;n para venderle a los occidentales &ndash;que siempre buscan competir, que buscan lo lleno, la casa propia&ndash; que se puede avanzar. En la tradici&oacute;n del karate lo &uacute;nico que no se lavaba era el cintur&oacute;n &ndash;s&iacute;, el karategui&ndash; y por eso, despu&eacute;s de a&ntilde;os de pr&aacute;ctica, el cintur&oacute;n se pon&iacute;a negro de suciedad. Pero en el fondo es blanco, es decir que uno, pase los a&ntilde;os que pase practicando, es un eterno principiante. Esta idea me fascina: siento la necesidad de no dejar de aprender nunca, de no saber nada siempre. De moverme sencillo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estamos en un vestuario cambi&aacute;ndonos para pasar el fin de semana practicando como si nos hubi&eacute;ramos ido a un retiro. El s&aacute;bado desde las nueve de la ma&ntilde;ana hasta bien entrado el mediod&iacute;a y despu&eacute;s volver y seguir hasta las seis de la tarde. El domingo, de nuevo, pero s&oacute;lo por la ma&ntilde;ana y casi sobre el comienzo de la tarde, algunos tendremos que pasar el examen para primer dan. Para volver todo un poco con &aacute;nimo de thriller desde el viernes se habla de que se iba a venir una poderosa tormenta.&nbsp; Y as&iacute; fue: lluvia, vientos huracanados, alertas meteorol&oacute;gicas y &aacute;rboles ca&iacute;dos. Durante la noche que va del viernes al s&aacute;bado, despu&eacute;s de ordenar el bolso que voy a llevar y poniendo cuidado en no olvidarme de nada (el karategui, el cintur&oacute;n, las ojotas, los elementos para ba&ntilde;arme despu&eacute;s, etc) , escribo un poemita chiquito para divertirme: &ldquo;Ma&ntilde;ana me esperan bajo la lluvia torrencial/mil japoneses con gesto marcial/ deber&eacute; pelear con ellos/ si aspiro a llegar / al palacio de la monta&ntilde;a en invierno/pero la verdad/ me estoy por tomar / el ascensor de Prince&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es verdad, el karate no es normal, los movimientos que aprendemos a hacer, las patadas, las posiciones, son como el alfabeto milenario de alguien que se mueve en contra de nuestra naturaleza. &iquest;Por qu&eacute;? Porque lo que creo que busca el karate &ndash;se encarne en donde se encarne&ndash; es que nos despertemos, que dejemos de manejarnos dentro del formato del lugar com&uacute;n, que busquemos lo asint&aacute;ctico, lo inesperado, que es mucho mejor que lo imposible, que siempre es traum&aacute;tico. &ldquo;Cada uno debe ir de acuerdo a su ritmo&rdquo;, me dice mi sensei. Tambi&eacute;n me dice: &ldquo;No piense, pensar es tarde&rdquo;. Estar en un dojo haciendo karate, en mi caso personal, es como empobrecerme a todo lo que d&aacute;. Simplemente no s&eacute; hacerlo. Las posiciones me cuestan much&iacute;simo, pero cuando termino la pr&aacute;ctica algo en m&iacute;, rec&oacute;ndito, aprende a estar en el mundo de otra manera. Yo creo que el karate te ense&ntilde;a a escribir con la boca cerrada. Cuanto menos Ego haya en&nbsp; la pr&aacute;ctica, la disciplina se vuelve alegr&iacute;a. Hacer un kata &ndash;como el que tengo que hacer esta tarde, la Bassai Dai&ndash; es como vivir durante un rato adentro de los poemas de Alberto Girri, esos poemas extra&ntilde;os, que parecen rebuscados, pero altamente sencillos cuando uno los orbita una y otra vez hasta saberlos de memoria. Pienso, por ejemplo, en ese que tanto me gusta &ldquo;Cuando la idea del Yo se aleja&rdquo;: De lo que va adelante/ y de lo que sigue atr&aacute;s/de lo que dura y de lo que cae,/me deshago/ abandonado quedo/ del fuerte soplo/ del suave viento/ y quieto las espaldas/ vueltas las manos hacia arriba/apoyo en el suelo/coraz&oacute;n/abjurando de armas, faltas/ de oraciones donde borrar faltas,/ blando organismo, entidad/ que ignora como decir &ldquo;yo soy&rdquo;/ y en la enfermedad y la muerte/ vida y nacimiento/ ya no encontrar&aacute;n lugar/como no lo encontrar&iacute;a el tigre/ para meter su garra/ el rinoceronte el cuerno/ la espada su filo/ Antes hac&iacute;a, ahora comprendo&ldquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fijens&eacute; que en el comienzo del poema hay algo que el poema omite narrar, pero que es algo de lo que se desprende. Este comienzo vuelve al poema muy conceptual, de manera excesiva. Pero como si fuera poco empezar con esa rareza, inmediatamente invierte la frase coloquial &ldquo;quedo abandonado del fuerte soplo, del suave viento&rdquo;, para decir &ldquo;abandonado quedo&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute; M&iacute;ster Girri? En principio, ese cambio asint&aacute;ctico hace que mi atenci&oacute;n se fije en el poema no en quien lo escribe. S&oacute;lo existe el poema. Es como un mensaje grabado por una m&aacute;quina para ser escuchado en alguna civilizaci&oacute;n perdida. Y despu&eacute;s las oraciones forman una imagen que tarda en hacerse en la mente del lector: &ldquo;las espaldas vueltas/ las manos hacia arriba/ apoyo en el suelo/ coraz&oacute;n&rdquo;. Esta debe ser una posici&oacute;n de yoga. En karate muchas veces hacemos en los katas movimientos donde con los brazos mostramos la salida del sol o con las manos y las piernas, avanzando hacia adelante, rompemos la fortaleza. En los katas hay movimientos de lucha pero lo que sucede es que no est&aacute; el contrario, porque al adversario hay que imaginarlo, es un poco nuestro doble que viene para probarnos todo lo que puede un cuerpo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estrategias para que el tigre no encuentre el lugar para meter su garra, ni el rinoceronte su cuerno, ni la espada su filo.
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/MG</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/practicando-boca-cerrada_129_11635426.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Sep 2024 03:01:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Practicando con la boca cerrada]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No tendríamos que dejarle Los Redondos a la sociología]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-tendriamos-dejarle-redondos-sociologia_129_11619795.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/394b9bdd-8bdd-48d1-925c-a4be2ef21ef1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No tendríamos que dejarle Los Redondos a la sociología"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para la época en que Los Redondos habían sacado Gulp!, con un grupo de amigos hicimos una revista y le preguntamos al Indio Solari si le podíamos hacer un reportaje. Lo cruzamos a la salida de la discoteca Airport, donde habían tocado, y nos dijo que sí, que nos esperaba en su casa.</p></div><p class="article-text">
        Me acuerdo de aquella &eacute;poca cuando lo que importaba era la m&uacute;sica que hac&iacute;an, las letras que ten&iacute;an. A mediados de los ochenta llegu&eacute; a una parte del Amazonas brasile&ntilde;o. Nos met&iacute;amos a nadar en un r&iacute;o con un amigo pero antes hab&iacute;a que&nbsp;precaverse de que no hubiera un cardumen de pira&ntilde;as porque te pod&iacute;an hacer mierda. Uno de esos d&iacute;as en que nos est&aacute;bamos ba&ntilde;ando&nbsp;en ese r&iacute;o musculoso, inestable, mi amigo empez&oacute; a cantar una canci&oacute;n que me result&oacute; extra&ntilde;a tanto por la m&uacute;sica como por la letra, dec&iacute;a: &ldquo;A brillar mi amor, vamos a brillar mi amor&rdquo;. Le pregunt&eacute; de d&oacute;nde la hab&iacute;a sacado y me dijo que era de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota. El nombre me pareci&oacute; delirante. Mi amigo los hab&iacute;a visto una vez en La esquina del Sol, un reducto muy chico donde se tocaba m&uacute;sica independiente.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La nota que Fabián Casas le hizo al Indio Solari                            </span>
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        &nbsp;Cuando volv&iacute; a Argentina me puse a escuchar a los Redondos. Hab&iacute;a un disco circulando, Gulp!. El nombre del disco tambi&eacute;n me llam&oacute; la atenci&oacute;n. Y despu&eacute;s la voz del cantante, una voz arguadentosa, inc&oacute;moda, a la que hab&iacute;a que acostumbrarse, parec&iacute;a la voz que, uno imagina, tienen esos marineros de las novelas de Conrad que bajan en un puerto cualquiera y se ponen a cantar en las tabernas m&aacute;s precarias. Fui a varios de sus shows, eran como su m&uacute;sica, h&uacute;medos, densos, parec&iacute;amos estar en medio de un cabaret oscuro mientras afuera se desataba una guerra mundial. &ldquo;El club de mantis muy nervioso est&aacute;/ esas hembras no son dulces no&rdquo;. &ldquo;Puede alguien decirme &iquest;me voy a comer tu dolor?&rdquo;, las letras eran extraordinarias, nadie me hab&iacute;a hablado as&iacute; hasta ese momento.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Para ese entonces con un grupo de amigos hicimos una revista y le preguntamos al Indio Solari si le pod&iacute;amos hacer un reportaje. Me acuerdo que lo cruzamos a la salida de la discoteca Airport, donde hab&iacute;an tocado, y nos dijo que s&iacute;, que nos esperaba en su casa, que fu&eacute;ramos con Enrique Symns que &eacute;l sab&iacute;a llegar. La casa del Indio quedaba en Ramos Mej&iacute;a, en una esquina, en la calle Bolivar. Mi pap&aacute; ten&iacute;a un Dodge rojo que le hab&iacute;a comprado a Pepe Biondi. Mi viejo no sab&iacute;a manejar y nunca aprendi&oacute;, as&iacute; que lo manej&aacute;bamos sus hijos. El auto andaba de vez en cuando. Se quedaba sin frenos, era un desastre. Pero esa tarde nos llev&oacute; a mi hermano Juan, al Pelado Calderburg , a Laura Nessi y a m&iacute; hacia la primera entrevista de nuestra vida. La entrevista fue muy larga y me acuerdo que en un momento de la noche el Pelado le pregunt&oacute; al Indio: &iquest;Vos alguna vez transaste con el Diablo? Y el Indio le respondi&oacute;:<em> Dos veces.</em>&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Hace poco encontr&eacute; la revista en cuesti&oacute;n y me puse a leer lo que nos dijo el Indio esa noche. Le preguntamos si ser un <em>rocker</em> era su ideolog&iacute;a. Nos dijo que no. Que era su condici&oacute;n. Y nos puso un&nbsp; ejemplo: <em>&ldquo;Mir&aacute; hay una cosa que yo dije en los medios y que nadie la rescat&oacute; y es el ejemplo de Pete Townshend, de los Who. El dec&iacute;a que durante muchos a&ntilde;os hab&iacute;a estado preocupado en ver c&oacute;mo se vest&iacute;a un rocker, hasta que se dio cuenta que &eacute;l era un rocker, que los rocker se vest&iacute;an como &eacute;l&rdquo;</em>. Y despu&eacute;s de contar la f&aacute;bula de Townshend, nos dijo: <em>&ldquo;rocker es aquel que sabe que primero no debe perpetuar nada. No debe haber dogma en el rock, si te quita la libertad ya no es el rock que yo creo que es rock, el que me transforma a m&iacute; en un rocker&rdquo;</em>.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Est&aacute;bamos en el living de una casa humilde, tom&aacute;bamos cerveza, a veces el Indio se paraba e iba a la cocina donde Symns y Virginia, la pareja del Indio, charlaban. En alg&uacute;n momento me invit&oacute; a conocer su casa. Yo ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que no caminaba, que me mov&iacute;a gracias a una cinta transportadora. Nos paramos frente a la biblioteca. Era como la biblioteca de Messi: pocos libros.&nbsp; Pero cada libro era genial: Gurdjieff, Castaneda, Burroughs, Ouspensky. Me mostr&oacute; tambi&eacute;n una carpeta con un libro que estaba escribiendo de a poco. <em>&ldquo;Yo no estoy resignando mi vida&nbsp; para hacer esto: mi vida es as&iacute;.&nbsp; Yo ya decid&iacute; que para los redonditos esta es la primera y la &uacute;ltima noche&rdquo;.</em> Nos hab&iacute;amos tomado un &aacute;cido antes de llegar y , en lo que a m&iacute; respecta, escuchaba la voz del Indio muy potente y la casa se achicaba y se agrandaba a su antojo. Me fij&eacute; c&oacute;mo estaba vestido yo y c&oacute;mo estaba vestido &eacute;l. No nos parec&iacute;amos en nada. <em>&ldquo;Somos rockers, yo, Sky, la Negra. Cuando un rocker aprende a vivir como un rocker ya no tiene cuestionamientos&rdquo;</em>. M&aacute;s cervezas. Yo ten&iacute;a mucha sed, me acuerdo. Mi hermano ten&iacute;a los ojos achinados porque estaba fumando porro. El Indio prendi&oacute; unos sahumerios para que no saliera el olor de la marihuana a la calle. <em>&ldquo;No hay nadie que me garantice que el a&ntilde;o que viene tenga que salir a lavar platos porque soy un despose&iacute;do, no tengo nada: abandon&eacute; la vida sist&eacute;mica a los diescisiete a&ntilde;os&rdquo;</em>. Alguien le pregunt&oacute; qu&eacute; era ser poderoso en la cultura capitalista. Dijo esto: <em>&ldquo;Ser poderoso implica que a lo mejor pod&eacute;s tener una gran mansi&oacute;n con un gran parque para que juegue tu hijo: pero tienen que estar las c&aacute;maras de video barriendo el parque y los guardespaldas, y si vas a comer a un&nbsp;restaurant, tienen que ir un rato antes a ver que hay debajo de la mesa. Si ese es el premio por ser poderoso, si tu hijo no puede salir a la calle porque un chicano le va a cortar la oreja y te la va a mandar en un sobre pidi&eacute;ndote rescate, si ese es el m&aacute;ximo premio, entonces no se trata de una elecci&oacute;n &eacute;tico moral, se trata de una cuesti&oacute;n pr&aacute;ctica y a m&iacute; no me interesa&hellip;mir&aacute; yo no le puedo garantizar a nadie que no lo voy a defraudar, uno sabe en su intimidad que puede tener traiciones, pero estoy seguro que me van a doler en lo profundo de mi coraz&oacute;n&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Antes de irnos le preguntamos por sus letras, que es lo que quer&iacute;a lograr con ellas:<em> &ldquo;Atrapar la vida en un pu&ntilde;o, de eso se trata. Eso es zen. Algo que yo no puedo hacer ya que soy un tanito que est&aacute; atado al mundo de la &eacute;tica: pero se me cae la baba cuando leo un haiku..me emociono hasta las l&aacute;grimas&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-tendriamos-dejarle-redondos-sociologia_129_11619795.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Aug 2024 03:01:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No tendríamos que dejarle Los Redondos a la sociología]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[La chica que leía a Peirce]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/chica-leia-peirce_129_11604225.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2e2a2899-7943-4c0c-83c0-3ade185e5395_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La chica que leía a Peirce"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"> Charles Sanders Peirce fue adicto –para criticarlo– a la obra analítica de Kant. Lo llamativo de su manera de pensar era que nunca daba nada por terminado. Cuando murió dejó más de 100 mil páginas en manuscritos.</p></div><p class="article-text">
        Empec&eacute; a viajar en el colectivo con una chica que me llam&oacute; la atenci&oacute;n. Estaba siempre leyendo un libro. Ella sub&iacute;a en la mitad del trayecto entre mi casa y la facultad. Un d&iacute;a yo estaba en la fila larga de asientos de atr&aacute;s y ella subi&oacute; y se sent&oacute; a mi lado. Nos sonre&iacute;mos porque nos hab&iacute;amos visto por los pasillos de la facultad y al encontrarnos en el colectivo nos reconocimos. Era compa&ntilde;era m&iacute;a en el pr&aacute;ctico de antropolog&iacute;a que dictaba Carmen Guarini. Y despu&eacute;s me la cruzaba por los pasillos, en el bar, sentada en alg&uacute;n asiento sola o rodeada de un grupo de varones que parec&iacute;an&nbsp;los Grateful Dead. Ten&iacute;a una amiga flaca y larga que fumaba&nbsp; de manera intensa. Intent&eacute; coquetear con ella una vez que estaba sentada en los escalones de la entrada. Le pregunt&eacute; que libro le&iacute;a y me mir&oacute; y se ri&oacute; y me dijo: &ldquo;Estoy leyendo a Peirce. Nunca lo entender&iacute;as&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Me acord&eacute; de ella porque acaba de salir un libro hermoso de Pierce que se llama Claves semi&oacute;ticas. Est&aacute; editado y traducido de manera magistral por Sara Barrena. Es un libro dif&iacute;cil, con un lenguaje l&oacute;gico estricto, matem&aacute;tico, un libro que hay que leer una y otra vez, parando a hacer minuto como hacen los entrenadores con sus jugadores en el b&aacute;squet para entender el partido, para armar estrategias. Tal vez tambi&eacute;n ser&iacute;a bueno leerlo escuchando La m&aacute;quina de hacer p&aacute;jaros, mientras la banda canta ese estribillo: &ldquo;No te dejes desanimar..&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Antes de que empiece el libro hay una p&aacute;gina que no est&aacute; firmada por nadie, escrita en bastardilla y que puede ser de Peirce o de la editora o de Dios. Dice esto: &ldquo;El pensamiento no est&aacute; conectado necesariamente con un cerebro. Aparece en la obra de las abejas, en los cristales y en todo el mundo puramente f&iacute;sico; y no se puede negar que est&aacute; realmente ah&iacute;. Si uno se adhiere con consistencia a esa negaci&oacute;n sin fundamento ser&aacute; llevado a alguna forma de nominalismo idealista semejante al de Fitche. No solo est&aacute; el pensamiento en el mundo org&aacute;nico, sino que se desarrolla ah&iacute;. Pero as&iacute; como no puede haber algo general sin casos que lo encarnen, de la misma manera no puede haber pensamientos sin signos. Aqu&iacute; debemos darle a &rdquo;Signo&ldquo; un sentido muy amplio, sin duda, pero no tan amplio que no se pueda definir. Admitiendo que los signos conectados deben tener una cuasi- mente, puede m&aacute;s a&uacute;n afirmarse que no puede haber signos aislados&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Charles Sanders Peirce naci&oacute; en Cambridge, Massachusetts, en 1839. Su padre era un reconocido matem&aacute;tico. Peirce se interes&oacute; por la l&oacute;gica, la semi&oacute;tica, la filosof&iacute;a de la ciencia y fue adicto &ndash;para criticarlo&ndash; a la obra anal&iacute;tica de Kant. Lo llamativo de su manera de pensar era que nunca daba nada por terminado. Tuvo un pensamiento en constante evoluci&oacute;n y se fue corrigiendo una y otra vez sin problemas. Cuando muri&oacute;, en 1914, dej&oacute; m&aacute;s de 100 mil p&aacute;ginas en manuscritos, en su mayor parte in&eacute;ditos. Fue iniciador y fundador de muchas disciplinas, como el pragmatismo y la semi&oacute;tica moderna.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Me encanta esto que escribi&oacute; cuando estaba cerca de la muerte: &ldquo;El &uacute;nico lector al que le puedo ser de utilidad es aquel que lea lo que escribo y que reflexione cuidadosa y cr&iacute;ticamente sobre ello. Estoy seguro de que &eacute;l y s&oacute;lo &eacute;l se beneficiar&aacute;, aunque concluya que estoy equivocado de principio a fin&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Peirce todo era signo. El mundo es un gran signo de Dios y es tarea del cient&iacute;fico esclarecerlo e interpretarlo (tal vez este Dios sea parecido al Dios de Spinoza, el Dios de los ateos). Cuando Peirce se puso a estudiar la l&oacute;gica de la ciencia, le sum&oacute; el concepto de abducci&oacute;n. Para Peirce la abducci&oacute;n es un complemento de la inducci&oacute;n y de la deducci&oacute;n.&nbsp; Sosten&iacute;a que esto &uacute;ltimo no se encuentra s&oacute;lo en el m&eacute;todo cient&iacute;fico, sino que forma parte de nuestra vida cotidiana. Cuando nos encontramos frente a un fen&oacute;meno que dif&iacute;cilmente podemos explicar, uno despliega un abanico de creencias, que al no ofrecer soluci&oacute;n a nuestra dudas, nos llevan a generar m&uacute;ltiples hip&oacute;tesis. Despu&eacute;s tratamos de deducir estas hip&oacute;tesis y las ponemos a prueba mediante la experiencia. Lo cual no nos permite tal vez saber cu&aacute;l es la hip&oacute;tesis correcta si no en qu&eacute; consiste cada una y c&oacute;mo se distingue de las dem&aacute;s, lo que nos hace valorar cada uno de los recorridos emprendidos sin impugnar a los otros.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Algo parecido sucede cuando analizamos un poema. Le proponemos m&uacute;ltiples hip&oacute;tesis de correcci&oacute;n, pero ninguna es definitiva. Son solo conjeturas. Pero deber&iacute;amos tener en cuenta todas las versiones propuestas ya que entre el poema, y el que lo lee, hay un tercero inmaterial, al que podr&iacute;amos llamar con Peirce, el interpretante, que sabe cosas que nosotros no sabemos que sabemos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Para Peirce el pensamiento no tiene un caracter incognoscible. De hecho cuestiona a ciertos f&iacute;sicos&nbsp;a los que les dice que no deber&iacute;an sentirse demasiado seguros sobre el car&aacute;cter l&oacute;gico de la hip&oacute;tesis de la impenetrabilidad y sus consecuencias que &ndash;remarca- ya ha sido atacada por hombres de importancia. &iquest;D&oacute;nde empieza y termina mi mente? O como se pregunta Frank Black <em>&iquest;Where is my mind? </em>Para Peirce dos mentes pueden llegar a ser una sola: &ldquo;Pero &iquest;estamos encerrados en una caja de carne y hueso? Cuando comunico mi pensamiento y mis sentimientos a un amigo&nbsp; con el que estoy en perfecta sinton&iacute;a, de modo que mis sentimientos entran en &eacute;l y yo soy consciente de lo que &eacute;l que siente &iquest;no vivo en su cabeza tanto como &eacute;l en la m&iacute;a? Casi literalmente. Hay una noci&oacute;n probablemente materialista y b&aacute;rbara seg&uacute;n la cual el hombre no puede estar en dos lugares a la vez&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Y en su ensayo sobre la definici&oacute;n de la l&oacute;gica, deja p&aacute;ginas hermosas, como estas: &ldquo;El mundo interior es el mundo de la memoria , pues es claro que no podemos recordar nada excepto lo que est&aacute; adentro. Sin embargo el mundo de la memoria es el mundo del tiempo. Por lo tanto el mundo interior y el mundo del tiempo son lo mismo&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Despu&eacute;s habla de c&oacute;mo la experiencia se afinca en nuestra memoria, para ser nuestra experiencia. Y r&aacute;pidamente da un salto ornamental cualitativo: &ldquo;Hemos considerado ahora a la experiencia como una determinanci&oacute;n del objeto que modifica y del alma modificada: ahora bien, sostengo que puede ser y es naturalmente considerada tambi&eacute;n como una determinaci&oacute;n de una idea de la mente Universal, una idea preexistente, arquet&iacute;pica. La aritm&eacute;tica, la ley del n&uacute;mero, era antes de que se hubiera creado algo que numerar o alguna mente para numerar. Era, aunque no exist&iacute;a. No era un hecho ni un pensamiento, pero era una palabra no pronunciada&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;De la misma manera, hab&iacute;a poes&iacute;a en la tierra antes de la llegada de los humanos y seguir&aacute; habi&eacute;ndola cuando nos hayamos ido.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/chica-leia-peirce_129_11604225.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Aug 2024 03:01:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Filosofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Es la gastronomía, estúpido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gastronomia-estupido_129_11593770.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/229dcb02-cd57-4bc1-b138-84b28c323989_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Es la gastronomía, estúpido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una vez fui a un bar peruano muy célebre y me acuerdo que me impactó que un lugar tan caro y sofisticado te dejara la ropa con un olor intenso a morfi, un olor que tardó en irse más que este invierno. 
</p></div><p class="article-text">
        Nunca me llev&eacute; bien con la comida molecular. Me acuerdo de una nota que le hice hace mucho a un espa&ntilde;ol que ten&iacute;a un restaurant que era el &uacute;ltimo grito de la moda y que me mostraba unas porciones m&aacute;s chicas que los sueldos actuales y que me dec&iacute;a, gesticulando: &ldquo;Quiero que con este plato venga tambi&eacute;n un globo para que el comensal lo pinche y salga un aroma de jazm&iacute;n y se mezcle con el olor y el sabor de la comida&rdquo;. Le cuento esto a uno de los dos cincuentones que manejan una parrilla en Chacarita donde hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os van proletarios de la zona, trabajadores golondrinas, lo que sea. Y que fue noticia hace poco porque un periodista culinario del New York Time la celebr&oacute; en sus p&aacute;ginas virtuales. El periodista recomendaba la tapa de asado al horno con fritas. Yo estoy comiendo un sandwich de cuadril muy sabroso. &ldquo;&iquest;Molecular?&rdquo; me dice uno de los due&ntilde;os, canoso, aro en la oreja. &ldquo;&iquest;Tiene que ver con los platos voladores?&rdquo;. A mi lado, en la barra, un habitu&eacute; levanta la campana de pl&aacute;stico que est&aacute; sobre el mostrador y saca una empanada de carne, frita. &ldquo;&iquest;Son buenas?&rdquo;, le pregunto. &ldquo;Ma&ntilde;ana te cuento&rdquo;, me dice.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ac&aacute; toda la comida es fresca, la carne nunca est&aacute; marcada&rdquo;, me dice el del aro (nunca les pregunt&eacute; los nombres a ninguno de los dos due&ntilde;os, pero les pregunt&eacute; d&oacute;nde hab&iacute;an comprado los delantales de jean: &ldquo;Me los regal&oacute; un amigo&rdquo;, cu&aacute;nto hac&iacute;a que ten&iacute;an el local: &ldquo;M&aacute;s de treinta a&ntilde;os&rdquo;, si me regalar&iacute;an un delantal: &ldquo;No&rdquo;, si les cambi&oacute; la clientela desde que salieron en el NYT: &ldquo;Para nada, vienen siempre los mismos clientes y eso es genial, este local lo abri&oacute; mi viejo que era un alba&ntilde;il de la zona&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; hermosa la palabra alba&ntilde;il, que viene del &aacute;rabe, &eacute;se &ldquo;al&rdquo; que la encabeza no deja dudas. Pero despu&eacute;s dice en el diccionario que es &ldquo;Alguien que trabaja construyendo casas&rdquo;, lo cual si bien es cierto no parece rendirle tributo completo al significante &ldquo;alba&ntilde;il&rdquo;, y como sabemos que el significante y el significado son un matrimonio arreglado, yo pienso que alba&ntilde;il debe venir de las personas que salen al alba, para migrar desde sus casas a sus lugares de trabajo, para retornar despu&eacute;s del jornal. El alba&ntilde;il tiene algo de p&aacute;jaro migratorio en extinci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una vez fui a un bar peruano muy c&eacute;lebre &ndash;tambi&eacute;n aplicando el m&eacute;todo del periodismo jirafa: comer de arriba&ndash; y me acuerdo que me impact&oacute; que un restaurant tan caro y sofisticado te dejara la ropa con un olor intenso a morfi, un olor que tard&oacute; en irse m&aacute;s que este invierno. En el bar de Chacarita que vindic&oacute; el NYT, no hay olor que se te pegue en la ropa, como lo hace la niebla en La canci&oacute;n de amor de J. Alfred Prufrock, el genial poema de T.S Eliot: &ldquo;La niebla amarilla que frota el lomo en los cristales de las ventanas/ el humo amarillo que se refriega el hocico en los cristales de las ventanas/ meti&oacute; la lengua lamiendo los rincones del atardecer/ se demor&oacute; en los charcos quietos sobre las alcantarillas/ dej&oacute; que le cayera en el lomo el holl&iacute;n que cae de las chimeneas&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por la tarde estoy sentado en el bar La orqu&iacute;dea. Cada vez que vengo a este lugar me acuerdo que estaba abierto toda la noche y que a veces, estando con varios amigos pasando la madrugada, sol&iacute;a hacer su entrada, empujando las dos puertas a todo lo que da el &uacute;nico escritor argentino con genio: el infante Ricardo Zelaray&aacute;n. Y que ni bien se sentaba se ped&iacute;a una copita de vino y nosotros le hac&iacute;amos un lugar en nuestra mesa y en nuestro coraz&oacute;n simplemente porque escrib&iacute;a bien y el tiempo, que sabe escribir, protege a los que escriben bien.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En La Orqu&iacute;dea, cuando ped&iacute;s el caf&eacute;, te traen un pedacito de torta h&uacute;meda, muy rica. As&iacute; que le pregunto al mozo c&oacute;mo se llama esa torta y me dice: &ldquo;No es una torta es un pedazo de bud&iacute;n de pan&rdquo;. El mozo tiene cierto parecido a Walter Benjamin. &ldquo;Me pod&eacute;s traer una porci&oacute;n de bud&iacute;n&rdquo;, le digo. La trae. Es deliciosa, la recomiendo junto con un globo de color blanco, que estalle a la altura de tu cara y que desprenda ese olor que hay en las viejas diet&eacute;ticas, un olor sincr&eacute;tico que me recuerda a mi infancia. Y que no tiene nombre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gastronomia-estupido_129_11593770.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Aug 2024 03:04:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Es la gastronomía, estúpido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[bares,Gastronomía,Restaurantes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Confesiones de invierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/confesiones-invierno_129_11581971.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f4949129-dda8-4b08-b169-3d5403f169d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Confesiones de invierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una vez Leónidas Lamborghini me dijo que uno de los problemas que podía tener la poesía era que era oracular, que podía adivinar el futuro y eso era peligroso. </p></div><p class="article-text">
        Mi primo cruz&oacute; el patio cantando una canci&oacute;n, iba del ba&ntilde;o a su pieza o ven&iacute;a de su pieza e iba al ba&ntilde;o. Tal vez con la toalla al hombro, para darse una ducha en alguno de los tres ba&ntilde;os precarios que hab&iacute;a en la vieja casa de mis padres. Yo estaba en mi pieza, que quedaba arriba, sobre un balc&oacute;n que por medio de una escalera daba al patio donde mi primo, muy joven, con jeans y suecos, pasaba toalla en mano e iba a ducharse, o ven&iacute;a, tal vez, con su largo pelo mojado del ba&ntilde;o hacia su cuarto, que quedaba en la pieza de adelante, pegada al patio principal y donde yo entraba a veces para ver los comics que ten&iacute;a de Corto Malt&eacute;s o usar sus l&aacute;pices y t&eacute;mperas para pintar en sus telas. La pieza de mi primo &ndash;como todas las de los hermanos mayores&ndash; era un lugar de inspiraci&oacute;n y emancipaci&oacute;n: ah&iacute; se cocinaba algo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi primo cantaba un estribillo extra&ntilde;o mientras cruzaba el patio: &ldquo;Te encontrar&eacute; una ma&ntilde;ana dentro de mi habitaci&oacute;n y preparar&aacute;s la cama para dos&rdquo;. Pens&eacute; que era una historia sexual, o de amor. Lo mat&eacute; a preguntas. Era de un grupo que se hab&iacute;a separado recientemente y que se llamaba Sui Generis. Y la que lo esperaba en la habitaci&oacute;n para meterse en la cama era la muerte. Eso me rompi&oacute; la cabeza. Empec&eacute; a comprar los discos de Sui Generis y a escucharlos en mi winco blanco &ndash;lo hab&iacute;amos pintado con mi amigo el Tano Fuzzaro una tarde que nos pasamos con el Talasa&ndash; una y otra vez.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Supongo que Sui Generis es el basti&oacute;n de los que le gusta Charly por encima de todos. En su momento el grupo tuvo una difusi&oacute;n notable y llen&oacute; dos Luna Park, pero los m&uacute;sicos contempor&aacute;neos de ellos eran reticentes con Sui, les parec&iacute;an demasiado blandos, muy de fog&oacute;n, demasiados hippies para los duros, demasiados chicos para morir. Canciones, dec&iacute;an los detractores, como las de Mar&iacute;a Elena Walsh. Pero para m&iacute; en su momento Sui Generis fue clave. Y ahora cuando lo escucho, sigo sintiendo esa potencia que te queda en alg&uacute;n lado si de verdad fuiste adolescente alguna vez.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as de invierno, bajo la llovizna fr&iacute;a, me encontr&eacute; cantando varias veces Confesiones de invierno, la canci&oacute;n del disco hom&oacute;nimo que sacaron Charly y Nito en el 73 &ndash;junto a la obra maestra de Spinetta, Artaud&ndash;. Antonin Artaud ya hab&iacute;a entrado a la cl&iacute;nica de Rodez de donde iba a salir sobregirado por los golpes el&eacute;ctricos, y el disco que no entraba en ninguna batea por su formato me enloqueci&oacute;. Pero no se puede vivir solo con Artaud. Y Confesiones de invierno es un buen polo opuesto para entender ese tendal de fuerzas que es la vida en la tierra. De hecho, en la vida cotidiana, Charly iba a estar internado muchas veces e iba a estar m&aacute;s cerca de Artaud, en su vida, que Spinetta.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Charly y Spinetta son dos genios asint&oacute;ticos. Pero quiero hablar un poco de la canci&oacute;n Confesiones de invierno.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es el cuarto tema de un disco que desde el principio se electrifica m&aacute;s que el anterior Vida (1972), pero esta canci&oacute;n toma la operaci&oacute;n mental de Dylan. Es larga, ac&uacute;stica, cuenta una historia, una biograf&iacute;a y, como en algunas canciones de Dylan, donde deber&iacute;a aparecer el estribillo &ndash;ese que cantaba mi primo&ndash; esta vez hay tono de estribillo pero no hay letra de estribillo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo echan de su cuarto. Y le dicen que no tiene profesi&oacute;n. Despu&eacute;s viene una obviedad: en invierno no hay sol. Pero la canci&oacute;n la resiste porque la m&uacute;sica es encantatoria. El protagonista habla de alguien que debe estar entre las calles, pero que &eacute;l, nos dice, no sabe c&oacute;mo llegar. &iquest;Les suena? Y despu&eacute;s pasa a una de los momentos fundamentales para un adolescente. Dice: &ldquo;Dios es empleado en un mostrador/ da para recibir&rdquo;. Bien, yo hasta ese entonces no me hab&iacute;a imaginado a Dios como empleado &ndash;con un delantal gris&ndash; haciendo toma y daca en el capitalismo de nuestra vida privada. Pero inmediatamente la cr&iacute;tica a Dios se suaviza &ndash;el que canta duda, tal vez se pas&oacute; de rosca y Dios no es un empleado, y agrega: &ldquo;Qui&eacute;n me dar&aacute; un cr&eacute;dito mi Se&ntilde;or/ s&oacute;lo s&eacute; sonre&iacute;r&rdquo;. El Se&ntilde;or suena a la forma en que se alude a Dios o a su hijo &uacute;nico o adoptado Jes&uacute;s, o tal vez hable de el Se&ntilde;or due&ntilde;o de una discogr&aacute;fica. No importa, todas estas opciones est&aacute;n habilitadas por la potencia polis&eacute;mica de la letra.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la versi&oacute;n en vivo de Confesiones de invierno que debo haber escuchado mil veces en mi cuarto, cuando el joven de la canci&oacute;n se pelea con el polic&iacute;a, dice que &ldquo;la fianza la pag&oacute; un amigo/ las heridas son del oficial&rdquo;. Esos versos punk, antisistema, fueron muy celebrados en esas jornadas del Luna Park en el 75 . Y me pregunto si algo de ese tono no est&aacute; en el nombre de El Mat&oacute; a un polic&iacute;a motorizado.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Garc&iacute;a le pidi&oacute; a Mestre cuando grabaron el disco que &eacute;l quer&iacute;a cantar esa canci&oacute;n. Le pregunt&oacute; si no le molestaba. Nito no tuvo problemas. &iquest;Por qu&eacute; Garc&iacute;a querr&iacute;a cantar esta canci&oacute;n? Una vez Le&oacute;nidas Lamborghini me dijo que uno de los problemas que pod&iacute;a tener la poes&iacute;a era que era oracular, que pod&iacute;a adivinar el futuro y que eso era peligroso. Est&aacute;bamos en un departamento de Once donde yo lo estaba visitando. &Eacute;l reci&eacute;n hab&iacute;a vuelto de M&eacute;xico. En Confesiones&hellip;, sobre el final, el chico que narra, dice que termina en un lugar que uno puede suponer como una cl&iacute;nica de rehabilitaci&oacute;n: &ldquo;Hace cuatro a&ntilde;os que estoy aqu&iacute;/ y no quiero salir/ya no paso fr&iacute;o y soy feliz/Mi cuarto da al jard&iacute;n&rdquo;. Nosotros sabemos que en el futuro del adolescente van a existir sucesivas internaciones y que no va haber cuartos donde est&eacute; feliz, ni jard&iacute;n ni nada. Pero esa es la vida real.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la vida de la canci&oacute;n &ndash;donde vale la pena quedarse un rato largo para recuperar el aliento&ndash; el personaje se pregunta &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n me dar&aacute; algo para fumar?&rdquo; y aclara que &ldquo;aunque a veces me acuerdo de ella, dibuj&eacute; su cara en la pared&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fumar y dibujar, para qu&eacute; complicar.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/confesiones-invierno_129_11581971.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Aug 2024 03:06:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Confesiones de invierno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Good bye, Flash]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/good-bye-flash_129_11568628.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4c215345-d972-4f5c-b85a-2aec297a14e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Good bye, Flash"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El hermano de mi amigo tenía esa potencia de los jugos concentrados, estar un rato charlando con él era algo que te duraba después mucho tiempo. Te pulía con su labia, te convertía con su parloteo en una piedra preciosa.  </p></div><p class="article-text">
        Muri&oacute; Flash. Ese mensaje ten&iacute;a en mi tel&eacute;fono. Me lo dej&oacute; su hermano, mi amigo Duncan. Flash se llamaba V&iacute;ctor, pero le dec&iacute;amos Flash porque viv&iacute;a desde hac&iacute;a 30 a&ntilde;os en Estados Unidos y cada vez que pasaba algo ac&aacute;, en Buenos aires, por ejemplo cuando Duncan se enferm&oacute; y tuvo que pasar una semana internado, Flash lleg&oacute; antes de que le avis&aacute;ramos. Y cuando muri&oacute; Laurita, la mam&aacute; de ambos, tambi&eacute;n lleg&oacute; de golpe, es que viajaba a la velocidad del sonido.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo empez&oacute; a escuchar el sonido Flash? Cursaba quinto grado en un colegio de Ramos Mej&iacute;a &ndash;el mismo colegio, como me dijo una tarde&ndash; en el que se conocieron sus viejos. Ah&iacute; entr&oacute; en la banda musical del colegio. &ldquo;Al principio quer&iacute;an que tocara el violoncello, pero a m&iacute; me gustaba la trompeta&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute;? Porque el pap&aacute; de Flash, que era arquitecto, en sus a&ntilde;os mozos hab&iacute;a tocado una trompeta y este instrumento antiguo estaba en la casa familiar. Flash lo agarr&oacute; y empez&oacute; a tocar y no par&oacute; nunca. As&iacute; que a los 16 a&ntilde;os dej&oacute; el secundario y se puso a tocar en los piringundines de la ciudad. &ldquo;Tocaba sobre todo Chet Baker y Ella Fitzgerald&rdquo;, me dijo una tarde sentados en el balc&oacute;n de la casa de su madre. Hac&iacute;a calor y Flash ten&iacute;a puesta una camisa hawaiana roja, as&iacute; es como lo recuerdo siempre. Tal vez porque el rojo es el color del traje de Flash, el h&eacute;roe de Ciudad Central .&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando Flash &ndash;que es un nombre bastante cercano fon&eacute;ticamente a jazz&ndash;&nbsp; empez&oacute; a tocar en Buenos Aires, el jazz estaba dividido entre el tradicional y el moderno. El de orquesta de los a&ntilde;os 20 y 30 y el bebop de la posguerra. En ese entonces Flash empez&oacute; a hacer una vida de m&uacute;sico. Ganaba como para mantenerse, pero &ndash;me explic&oacute;&ndash; &ldquo;para mi novia de ese entonces y para m&iacute; mam&aacute; esa era una vida de vago&rdquo;. Los viernes y s&aacute;bados tocaba en el Tortoni, pero lo que &eacute;l quer&iacute;a era irse a estudiar a Berklee. As&iacute; que junt&oacute; 180 d&oacute;lares y se las tom&oacute;. Primero compr&oacute; un pasaje a R&iacute;o y estuvo tocando en donde pod&iacute;a, como bandas de salsa, hasta recalar en Estados Unidos donde har&iacute;a toda una vida de m&uacute;sico.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as estuve escuchando a Flash tocar la trompeta en internet. Era genial. Si bien lo vi pocas veces en mi vida, Flash ten&iacute;a esa potencia de los jugos concentrados, estar un rato charlando con &eacute;l era algo que te duraba despu&eacute;s mucho tiempo. Le dec&iacute;amos &ldquo;el Duncan bueno&rdquo; &ndash;creo que Duncan tambi&eacute;n pensaba que Flash era el bueno&ndash; porque ten&iacute;a una amabilidad y una sonrisa hermosa. Tambi&eacute;n se la pasaba hablando sin parar, como si las cosas que te contaba fueran solos que sacaba con su trompeta: Flash hablaba con todo el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me acuerdo cuando apareci&oacute; en el marco de la puerta del hospital donde estaba Duncan en la cama y yo sentado en la ventana. Empez&oacute; a hablar de m&uacute;ltiples temas que iba entrelazando como en una zapada. Me hizo acordar a un personaje que describe Henry Miller en Sexus, un tal Arthur Raymond, que vive en la misma casa con Miller y su mujer, Mona, y que cuando la pareja se met&iacute;a en la cama para dormir, Raymond aparec&iacute;a en los costados de la puerta para hablarles. Miller apenas le contestaba, pero Raymond era una fuerza de la naturaleza, un torrente como el Ni&aacute;gara que baja a toda velocidad erosionando las piedras que est&aacute;n debajo de la gran cascada. Flash te pul&iacute;a con su labia, despu&eacute;s de hablar con &eacute;l eras m&aacute;s luminoso, te convert&iacute;a con su parloteo en una piedra preciosa.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a hizo un solo incre&iacute;ble cont&aacute;ndome c&oacute;mo se hab&iacute;a puesto a hablar con una mujer en el restaurant del hospital donde estaba Duncan, de ah&iacute; pas&oacute; a sus d&iacute;as en una residencia para m&uacute;sicos en Estados Unidos y de ah&iacute; a una noche en la que, a trav&eacute;s de Bernardo Baraj toc&oacute; en la banda de Luis Spinetta. Esa noche &ndash;me dijo&ndash; se cort&oacute; la luz mientras tocaban y todos siguieron con los instrumentos no el&eacute;ctricos y Spinetta hizo subir a Del Guercio al escenario para cantar a capella Muchacha ojos de papel. Fue incre&iacute;ble, seg&uacute;n Flash.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Los m&uacute;sicos saben algo que nadie sabe. Es como un secreto esot&eacute;rico. &iquest;C&oacute;mo tocaba Flash? Tocaba con alegr&iacute;a y virtuosismo. Cuando terminaba sus solos, marcaba el ritmo de la banda con el pie. Hasta que, misteriosamente, volv&iacute;a a entrar. &iquest;C&oacute;mo sab&iacute;a cu&aacute;ndo ten&iacute;a que hacerlo? &iquest;C&oacute;mo sab&iacute;a d&oacute;nde terminar?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Toques lo que toques, te creas mil o cero, todos en definitiva somos bandas soportes del misterio. Eso lo aprend&eacute;s cada vez que alg&uacute;n ser querido sale de stock.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un libro hermoso en el que Mario Montalbetti analiza un poema de Blanca Varela, el ensayista se pregunta c&oacute;mo esta poeta tremenda pudo escribir versos como este: &ldquo;en el m&aacute;s crudo invierno&rdquo;, ya que es un lugar com&uacute;n. Tal vez, pienso, algo de lo que hacen los poetas es recuperar las frases hechas y darle una nueva vida en esta tierra para que los mortales las volvamos a usar. Por ejemplo, recib&iacute; el mensaje de la muerte de Flash en el m&aacute;s crudo invierno.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/good-bye-flash_129_11568628.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Aug 2024 03:01:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Good bye, Flash]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Simplemente sangre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/simplemente-sangre_129_11553031.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1cfa95e9-e18f-4054-9565-9e24b9839b12_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Simplemente sangre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me acuerdo de estar en el vestuario de karate y un compañero me cuenta que padeció una enfermedad en la sangre. Que fue, para él, por culpa de una relación desgraciada que tuvo con una persona.
</p></div><p class="article-text">
        Un amigo est&aacute; enfermo y piden dadores de sangre. La noche anterior hab&iacute;a estado leyendo un libro de Germ&aacute;n Carrasco que se llama Prestar ropa y que re&uacute;ne cr&oacute;nicas, aguafuertes, impresiones, bocetos memorables de esta pluma liviana y potente que escribe del otro lado de la cordillera de los Andes.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Uno de estos art&iacute;culos se llama Breve historia de la sangre. Carrasco cuenta ah&iacute; que, como no tiene un plan de salud, fue al antiguo hospital San Jos&eacute;, cuyas tejas coloniales imagin&oacute; te&ntilde;idas con la sangre de la peonada. &ldquo;Me percutieron la espalda con un martillito de siete puntas hasta sangrar y mi leve taquicardia y brote depresivo desaparecieron por arte de magia&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Carrasco se pregunta entonces si el principio milenario de la t&eacute;cnica del acupunturista tiene algo que ver con el de los presos que se cortan: &ldquo;En una ocasi&oacute;n hice una cl&iacute;nica en una c&aacute;rcel y los gendarmes me sacaron la latita del l&aacute;piz mina Staedtler que sostiene la goma de borrar y me explicaron que con eso las presas se cortaban y adem&aacute;s se facilitaban el admin&iacute;culo y se cortaban varias, con el riesgo sanitario que eso implica, tambi&eacute;n pod&iacute;an usar papel y hasta un caramelo que chupaban o part&iacute;an de manera tal que lograran un filo y se cortaban y tal vez sent&iacute;an el mismo alivio que sent&iacute; con ese martillito que parece un cepillo de dientes con alfileres en vez de cerdas que picotean la parte superior de la espalda, y no es doloroso&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Saca una primera conclusi&oacute;n: &ldquo;Esto me hace pensar que las autoflagelaciones cristianas tienen el mismo principio, que en mi aventurada hip&oacute;tesis ser&iacute;a sacarse la sangre pecadora en ese caso y el &lsquo;sicoseo&rsquo; que esta produce. Sangre residual que produce el pensamiento y el lavore estanca&rdquo;. Para Carrasco hay una sangre residual que se acumula por el uso constante de la m&aacute;quina corporal y que debe ser desechada. Sigue. &ldquo;El doctor Emilio Vivaldi dice que le llegan presos cortados y cuando les pregunta por qu&eacute; lo hicieron le responden que es para relajarse, me dice que quiz&aacute; los sentidos se concentran m&aacute;s en el cuerpo que en la mente, o que sucede algo como el yoga en donde se dejan los pensamientos de lado. Suena, se liberan sustancias y el cuerpo se alivia. &iquest;El coraz&oacute;n se ralentiza y se relaja?, le pregunto. Creo que al contrario, se acelera y eso produce alivio. O quiz&aacute; la mente quede en modo pausa. Me dice que en algunas medicinas primitivas era com&uacute;n extraer sangre. Agrega que donar sangre es bueno porque reduce las probabilidades de padecer accidentes cardiovasculares y elimina excedentes de hierro (parece que el excedente es el problema siempre: hay que comer menos y hasta respirar menos, creo, a veces)&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cierro el libro y me acuerdo de estar en el vestuario de karate y un <em>sempai </em>me cuenta que padeci&oacute; una enfermedad en la sangre. Que fue, para &eacute;l, por culpa de una relaci&oacute;n desgraciada que tuvo con una persona. &ldquo;Me hice mala sangre, por suerte ahora estoy bien&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llego temprano al hospital para donar sangre para mi amigo. Me pasan un formulario que tengo que llenar. Entre todas las preguntas que me hacen para saber si puedo donar sangre hay una que me intriga: &ldquo;&iquest;Estuvo en Inglaterra viviendo entre el 96 y el 97?&rdquo;. Estuve unos meses en el noventa y pico. As&iacute; que pongo: no. Pero la pregunta me queda flotando en la cabeza. Una vez que lleno el formulario me avisan que me van a llamar. Lo cual hace un rato despu&eacute;s una enfermera. Me pide que me siente y me dice que me va a tomar la presi&oacute;n. Ten&eacute;s la m&iacute;nima un punto arriba, si la tuvieras dos puntos arriba no podr&iacute;as donar sangre. &iquest;Est&aacute;s preocupado por algo? S&iacute;, le digo que estoy preocupado por mi amigo que est&aacute; internado. Ah, eso es, me dice. Entonces puedo donar, le pregunto. No, porque ac&aacute; pusiste que tomaste un analg&eacute;sico ayer. S&iacute;, digo. &iquest;Por qu&eacute;? Porque estaba un poco congestionado. Si bueno pero no vas a poder donar sangre porque imaginate si ten&eacute;s un virus y esta sangre que don&aacute;s se la dan a un beb&eacute; y se muere. La imagen del beb&eacute; muriendo como la de los paquetes de cigarrillos se acomoda en mi mente junto con la pregunta por si estuve en el Londres a fines de los noventa. Empiezo a tararear en mi mente el comienzo de &uacute;ltimo tren a Londres.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/simplemente-sangre_129_11553031.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jul 2024 03:01:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Simplemente sangre]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Barrio Chino como trauma y repetición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/barrio-chino-trauma-repeticion_129_11536975.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/98739f0a-7c8d-437d-82a1-03f8fa1b56aa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Barrio Chino como trauma y repetición"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La película de Roman Polanski trata de muchas cosas, pero hay una que me interesa sobremanera: esa en la que uno necesita volver a vivir su trauma para sanar o enfermar definitivamente. </p></div><p class="article-text">
        En el comienzo de El largo adi&oacute;s, una novela de Raymond Chandler, el personaje principal y quien la narra &ndash;el detective Philip Marlowe&ndash; tiene un gesto extraordinario de humanidad: se hace cargo de un borracho que es abandonado por su mujer a la salida de un bar y lo lleva a su casa y le hace el desayuno y le da de comer, para despu&eacute;s regresarlo a la casa. Todo esto por pura solidaridad, sin ning&uacute;n motivo. En este tipo de detective de la novela negra anida algo as&iacute; como cierta compasi&oacute;n por el g&eacute;nero humano, sobre todo si se trata de los descarriados, los que salen en los costados de las fotos y nunca en el centro, a&uacute;n cuando esa empat&iacute;a pueda poner al borde de la muerte al mism&iacute;simo Philip Marlowe. A Marlowe lo &uacute;nico que le importa es la verdad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Barrio Chino, la pel&iacute;cula de 1974 de Roman Polanski, el detective que encarna Jack Nicholson &ndash;Jack Gittes&ndash; tiene mucho de este amor por buscar la verdad oculta en todas las cosas. &ldquo;Quiero la verdad&rdquo; le dice en un momento a la<em> femme fatale</em> que lo est&aacute; enloqueciendo encarnada en Faye Dunaway. Barrio Chino se film&oacute; dos a&ntilde;os despu&eacute;s que El Padrino, los colores del ocaso ocres, anaranjados, e interiores oscuros son heredados de ese film. Como se sabe, el gui&oacute;n escrito por Robert Towne es uno de los m&aacute;s le&iacute;dos en las escuelas de cine porque se lo considera una obra maestra. Pero no hubiera sido tan bueno si Polanski no hubiese cambiado ciertas cosas. En principio sac&oacute; la voz en off del detective, pero decidi&oacute; filmar a Gittes en todas las tomas de la pel&iacute;cula y puso las c&aacute;maras a veces detr&aacute;s de su espalda para que podamos fisgonear la acci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Para qu&eacute; sirve el g&eacute;nero? En principio el g&eacute;nero sirve para pensar que la vida tiene sentido. Parad&oacute;jicamente, cuando hay muchas pel&iacute;culas de g&eacute;nero, la repetici&oacute;n de ciertas estrategias hacen que la vida vuelva a no tener sentido. S&oacute;lamente a la gente controladora le puede gustar el g&eacute;nero como repetici&oacute;n. Barrio Chino ten&iacute;a un final feliz, que Roman Polanski modific&oacute; discutiendo con el guionista. &ldquo;Mi madre muri&oacute; en un gueto asesinada por los nazis, a mi mujer la mat&oacute; el Clan Mason, en mi vida no hay finales felices&rdquo;. Barrio Chino trata de muchas cosas, pero hay una que me interesa sobremanera, esa en la que uno necesita volver a vivir su trauma para sanar o enfermar definitivamente. Jack Gittes fue polic&iacute;a en el barrio Chino de Los Angeles. Ah&iacute; le sucedi&oacute; algo de lo que apenas habla, pero todos saben. Por esos motivos que lo atormentan, muri&oacute; una mujer que &eacute;l quer&iacute;a. Gittes dej&oacute; la polic&iacute;a despu&eacute;s de eso, descre&iacute;do de que se pueda meter preso a los poderosos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula Barrio Chino, que sucede toda en las calles de Los Angeles y s&oacute;lo el final en el barrio Chino, es de alguna manera la repetici&oacute;n del trauma de Gittes. Y tambi&eacute;n era la repetici&oacute;n del trauma de mi pap&aacute; y sin saberlo a&uacute;n cuando la filmaba, del trauma de Jack Nicholson.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Barrio chico se estren&oacute; en cines en 1974. Yo la vi en televisi&oacute;n con mi padre al lado. Como era el mayor de los hermanos, y la pel&iacute;cula ten&iacute;a una tem&aacute;tica adulta, yo era el &uacute;nico que la estaba viendo con &eacute;l. Me impact&oacute; una escena que parece sacada de un film de Fellini, cuando un nenito se le cruza en el desierto a un hombre que Gittes est&aacute; observando con largavistas. El nenito es moreno, est&aacute; vestido de blanco y monta un caballo del mismo color. Es como un sue&ntilde;o. Habla con el hombre pero no podemos escuchar qu&eacute; le dice. M&aacute;s adelante en la pel&iacute;cula, va a volver a aparecer pero para hablar con Gittes. El nenito es portador de un secreto, del misterio. El misterio de mi pap&aacute;, me lo cont&oacute; mucho despu&eacute;s, era que &eacute;l se hab&iacute;a ido a vivir a los treinta a&ntilde;os con una novia de la juventud. Que puso una verduler&iacute;a en Mar del Plata con ella. Y que ah&iacute; ella lo abandon&oacute;, &eacute;l cay&oacute; enfermo y lo cur&oacute; durante su convalecencia la hermana, que tambi&eacute;n hab&iacute;a viajado con ellos. Pero, me dijo mi viejo despu&eacute;s, la hermana le cont&oacute; que era en realidad la madre de la chica. Por eso a mi pap&aacute; le gustaba tanto Barrio Chino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jack Nicholson despu&eacute;s de estrenar Barrio Chino se enter&oacute; que la que &eacute;l consideraba su hermana era en realidad su madre y que la que pensaba que era su madre era en realidad su abuela. Todo fruto de un embarazo no deseado. Por eso Jack Nicholson ama Barrio Chino, tanto que dirigi&oacute; una remake a&ntilde;os despu&eacute;s. Si tuviera a mi pap&aacute; y a Jack juntos y me contaran estas peripecias, les responder&iacute;a con esa frase con la que termina la pel&iacute;cula de Polanski y que sirve para todo: <em>forget it, is Chinatown. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/barrio-chino-trauma-repeticion_129_11536975.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jul 2024 03:00:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Barrio Chino como trauma y repetición]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine y series,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La familia salvaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/familia-salvaje_129_11521256.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e2bd188-59a4-45bf-858f-9a1e52f221fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_1098874.jpg" width="1600" height="900" alt="La familia salvaje"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las familias felices casi no existen o van en vías de extinción. Yo no conozco ninguna.  
</p></div><p class="article-text">
        Si hay algo que es notable con el fr&iacute;o es la precisi&oacute;n que toma la luz del alumbrado nocturno de la ciudad. Hasta ahora m&aacute;s de cinco d&iacute;as polares que me hacen acordar a ciertos momentos de mi infancia y adolescencia, cuando sal&iacute;a a la ma&ntilde;ana para ir al colegio y estaban los autos escarchados y llevaba mi pijama debajo del uniforme escolar. La bolsa de agua caliente. La estufa a gas o la que ten&iacute;a mi padrino en su taller que era a querosene. Y en la casa vieja y familiar los ba&ntilde;os grandes y abiertos en los que te mor&iacute;as de fr&iacute;o. La familia en invierno. Pienso en eso porque estoy viendo a una familia transpirando bajo las altas temperaturas de los cayos de la Florida. Los Rayburn, una familia prestigiosa de la zona costera que administra desde hace a&ntilde;os un complejo de caba&ntilde;as, una celebridad local cuyos integrantes nos hacen pensar que tal vez, la vida social con la estructura familiar como grupo sangu&iacute;neo, sea un error letal. Por lo menos en la primera temporada.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Bloodline es una serie del 2015. La empec&eacute; a ver ahora porque nunca nadie me la mencion&oacute; ni le&iacute; nada al respecto. Como trabaja uno de mis actores favoritos &ndash;Ben Mendelsohn&ndash; le di play con muchas expectativas. Y me cautiv&oacute; r&aacute;pidamente. Lo primero que me llam&oacute; la atenci&oacute;n es que cuando empec&eacute; a contarle a mis amigas y amigos que la estaba viendo y que era muy buena, casi todos ya la hab&iacute;an visto hace mucho y les hab&iacute;a gustado. &iquest;Y por qu&eacute; nunca hablamos de ella? &iquest;Y por qu&eacute; no me la recomendaste? Me puse a pensar qu&eacute; ten&iacute;a la serie que ide&oacute; Todd Kessler, uno de los guionistas de los Soprano, y cu&aacute;l era su particularidad que hac&iacute;a que la gente la olvidara a medida que la ve&iacute;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el comienzo tiene un flashback que uno desaconsejar&iacute;a. Nunca est&aacute;n buenos los flashbacks tanto en las pel&iacute;culas como en la vida real. Pero este flashback mostraba que los hermanos menores de Danny &ndash;Mendelsohn&ndash; le hab&iacute;an hecho algo muy malo. Con lo cual algo del final de la serie ya estaba resuelto. Y hacer que la veas de todas formas es una proeza porque en definitiva te muestra que no importa que sepas c&oacute;mo termina una historia, si es potente, lo que te impacta es ver el presente de la acci&oacute;n. La capacidad fenomenol&oacute;gica de las escenas, el armado y desarmado de las tramas y subtramas. En el comienzo de El T&uacute;nel, de Ernesto S&aacute;bato, el narrador dice: &ldquo;Soy Juan Pablo Castel, el pintor que mat&oacute; a Mar&iacute;a Iribarne&rdquo; y a pesar de que ya sabemos qui&eacute;n es el asesino, el libro nos mantienen en un vilo existencial hasta el final.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bloodline tiene cosas de muchas series y quiz&aacute; esto haga que se la olvide un poco. Tiene algo de Six feet under, no s&oacute;lo porque son una familia que administran un lugar, sino porque aparecen fantasmas o personajes del pasado actuando en el presente de los personajes. Tambi&eacute;n tiene algo de Succession o es mejor decir que Succession tiene algo de Bloodline, una familia que se disputa la atenci&oacute;n f&aacute;lica del padre &ndash;San Shepard&ndash; un padre golpeador e inestable pero que infunde un respeto reverencial y cierto odio en su progenitores. Como sucede en un resort, tambi&eacute;n hay ecos de White lotus. Y como es una familia, tiene cosas de Los Puccio, la familia de secuestradores argentina, con la diferencia que los Rayburn se secuestran a s&iacute; mismo todo el tiempo, cada miembro de la familia Rayburn hace un secuestro de su estado de &aacute;nimo manteniendo las apariencias mientras la l&iacute;nea sangu&iacute;nea est&aacute; coagulada por la culpa y el rencor. Es una familia infeliz y no sirve para nada. Pero creo que las familias felices casi no existen o van en v&iacute;as de extinci&oacute;n. Yo no conozco ninguna.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y todos transpiran sin parar. Sam Shepard transpira como el progenitor, mientras se mueve de una manera indolente, como si el pasado le marcara el paso y ya todo le importara poco. Kevin, el hermano inestable que se parece a Maguila Puccio, no puede controlar la ira y se la pasa pegando trompadas en el techo de sus camionetas mientras vive en un astillero destartalado, y transpira, tambi&eacute;n, por el clima t&oacute;rrido de la Florida. Meg &ndash;Linda Cardellini&ndash; es la abogada de la familia, la que maneja la legalidad del negocio y sale con un polic&iacute;a que la aburre profundamente mientras transpiran. Sissy Spacek es la madre, bastante estable como personaje en la primera temporada, gana un poco m&aacute;s de peso en la segunda.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s est&aacute;n Ca&iacute;n y Abel. Danny, el hijo descarriado, que fuma sin parar, el extranjero que vuelve para pudrirla mal y John, el alguacil que hace todo lo posible por salvaguardar a su familia. De hecho repite eso m&aacute;s que Don Corleone: &ldquo;No quiero que le pase nada a mi familia&rdquo;. Creo que una escucha lacaniana deber&iacute;a entender: &ldquo;Quiero que mi familia vuele en pedazos&rdquo;. John est&aacute; interpretado por Kyle Chandler en una gran actuaci&oacute;n en dueto con Mendelsohn. Chandler se parece a Gabriel Corrado. Y me gustar&iacute;a tener su voz. Mendelsohn simplemente es genial. Un actor con recursos infinitos, moviendo un personaje inestable, estas de su lado un rato y al segundo quer&eacute;s cruzar de vereda. Danny es el punto de almohadillado que est&aacute; mal cocido, esas personas que como pinches tiranos y carism&aacute;ticos, activan la acci&oacute;n hasta en un velatorio. Incluso si son el muerto.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/familia-salvaje_129_11521256.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jul 2024 03:09:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La familia salvaje]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El hombre que pudo salvar al mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-pudo-salvar-mundo_129_11501706.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/17262119-9510-4dbb-8288-a7967ce19c3c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El hombre que pudo salvar al mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy que estoy desesperado mirando un techo oscuro de una habitación rectangular de las afueras, me fijo la voz de mi amigo Circo –gruesa, espectacular– como un mantra.
</p></div><p class="article-text">
        Estoy viendo caminar a David Bowie hacia el centro del escenario. El teatro est&aacute; oscuro y &eacute;l camina tranquilo, elegante, hacia el micr&oacute;fono. Va a cantar una canci&oacute;n extraordinaria:<em> Life on Mars?</em>. Su cara est&aacute; un poco hinchada y en una mano sobresale una venda. &iquest;Se cay&oacute; y se dobl&oacute; la mu&ntilde;eca? &iquest;Es un truco esc&eacute;nico? Lo cierto es que est&aacute; performance va a ser una de las &uacute;ltimas veces que cante este tema en vivo. Problemas card&iacute;acos y un c&aacute;ncer con el que va a batallar hasta su muerte lo tienen demacrado. Pero la forma en que canta, su voz tan c&aacute;lida y a la voz potente, esa manera de verse extranjero en cualquier lado y la caracter&iacute;stica camale&oacute;nica de estar siempre desplazado, un poco en el pasado y otro poco en el futuro, me recuerdan una frase de Ernest Hemingway que siempre me gust&oacute; mucho y que le gustaba hacerme repetir a mi amigo Circo cada vez que nos ve&iacute;amos y est&aacute;bamos en situaciones, digamos, alarmantes: Elegancia en el sufrimiento.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pienso en Circo viviendo sus &uacute;ltimos a&ntilde;os en Tokio, donde hab&iacute;a ido contratado para bailar tango y donde se qued&oacute; a vivir. Ven&iacute;a al pa&iacute;s s&oacute;lo espor&aacute;dicamente. Recuerdo su voz gruesa, espectacular, una voz de esas que pueden tanquilizarte por un tel&eacute;fono de l&iacute;nea si la escuch&aacute;s en una noche mala. Hoy que estoy desesperado mirando un techo oscuro de una habitaci&oacute;n rectangular de las afueras, me la fijo como un mantra. Repito con Circo las palabras de la &uacute;ltima llamada telef&oacute;nica que recib&iacute; de &eacute;l mientras caminaba por la calle. Soy yo, desde Jap&oacute;n, amigo, me dijo. Y hablamos, despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os, un largo tramo, unas largas cuadras. Hasta que me detuve bajo el sol del invierno para que no se fuera la se&ntilde;al y pudiera escuchar mejor a mi amigo Circo que estaba all&aacute; donde se cre&oacute; el Karate Do, el imperio del sol, el pa&iacute;s de la ceremonia del t&eacute; y los rituales demenciales.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un departamento muy chico estamos en la televisi&oacute;n mirando Mala sangre, de Leos Carax. La pel&iacute;cula nos produce un subid&oacute;n de adrenalina. Ese es Hugo Pratt, le digo a Circo cuando aparece el creador del Corto Malt&eacute;s enfundado en un traje blanco haciendo de un g&aacute;nster. No, no me cuentes nada, le dice el personaje masculino a la chica de la pel&iacute;cula. Pero ella sigue hablando y &eacute;l le repite: Ahora me has condenado a las im&aacute;genes. Rodolfo, que est&aacute; con nosotros &ndash;somos cinco o seis treinta&ntilde;eros tirados a la marchanta&ndash; dice que esa frase es genial y despu&eacute;s la veremos aparecer en uno de sus poemas que tanto nos gustaban. Como escribi&oacute; Bajtin, nada se pierde para siempre, todo sentido tendr&aacute; su fiesta de retorno.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mala sangre es una pel&iacute;cula de g&aacute;nsters que esconde una pel&iacute;cula de amor no correspondido que esconde una reflexi&oacute;n sobre el Sida ya que los ladrones intentar&aacute;n robar un lote de vacunas que podr&iacute;a curar una enfermedad que afecta a los que hacen el amor sin estar enamorados. En el medio de la pel&iacute;cula hay un clip genial. El joven ladr&oacute;n que se llama Alex &ndash;protagonizado por el actor fetiche de Carax, Denis Lavant&ndash; corre desesperado y la c&aacute;mara lo sigue en esa carrera mientras se golpea a s&iacute; mismo en la cara y en el est&oacute;mago mientras de fondo se escucha Modern Love, de Bowie. La pel&iacute;cula se convierte en un musical, con ese efecto de vanguardia que tienen los musicales: la gente se pone a bailar y despu&eacute;s como si nada retoma el hilo realista de la escena.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa noche, cuando salimos a la calle prendidos fuego por Mala sangre, nos pusimos a correr con Circo sin parar mientras cant&aacute;bamos Modern Love y nos golpe&aacute;bamos y nos re&iacute;amos. Estoy bajo la lluvia, pero nunca digo adi&oacute;s, pero lo intento, lo intento: no creas en el amor moderno, nunca voy a caer en la trampa del amor moderno. Pero lo intento, lo intento.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llevo la maravillosa voz de Circo en mi memoria y salto de la cama. Camino por un escenario a oscuras y llego a la ventana. Titilando, se ve el planeta Marte. En su superficie roja, el hombre que pudo salvar al mundo cuida una rosa fr&aacute;gil y tiene branquias que le han salido detr&aacute;s de las orejas. Nunca para de evolucionar.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FC/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fabián Casas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-pudo-salvar-mundo_129_11501706.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jul 2024 03:01:17 +0000]]></pubDate>
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