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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Abel Gilbert]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/abel-gilbert/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Abel Gilbert]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Historia Mínima del rock en América Latina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/historia-minima-rock-america-latina_1_12272883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/97faae55-6d11-4045-87ee-e45560ac403d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Historia Mínima del rock en América Latina"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Abel Gilbert y Pablo Alabarces presentan esta obra el 8 de mayo a las 16 en la Sala Alejandra Pizarnik de la Feria del Libro. En la charla, estarán los autores y Pablo Yankelevich. Presentan Valeria Manzano y Martín Rodríguez. Este es un adelanto.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Introducci&oacute;n: </strong><em><strong>romper mucho, poquito, nada</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Despu&eacute;s crecimos y nos fuimos del barrio</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pato trabaja en una carnicer&iacute;a&rdquo;, Moris (Mauricio Birabent), 1970
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una introducci&oacute;n a la introducci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Construir una historia del rock en Am&eacute;rica Latina implica un problema que se reitera en cada intento de <em>latinoamericanizar</em> la narrativa o el an&aacute;lisis de un fen&oacute;meno: la pregunta sobre su mera existencia. Sabemos que existi&oacute; algo a lo que podemos llamar <em>m&uacute;sica rock</em> en toda Am&eacute;rica Latina &ndash;con dificultades para definirla, como veremos; pero son dificultades mucho m&aacute;s ligadas a su amplitud y abundancia, a su extensi&oacute;n temporal y geogr&aacute;fica, que a su escasez&ndash;. Sabemos, tambi&eacute;n, que esa producci&oacute;n musical, y a la vez po&eacute;tica, est&aacute; asociada a movimientos ampliamente culturales y generacionales &ndash;que, tambi&eacute;n, se definieron como francamente contraculturales y se construyeron, simult&aacute;neamente, como contra-generacionales: movimientos juveniles, enfrentados al mundo adulto; el tenor de ese enfrentamiento es un punto clave para analizar&ndash;. Sin embargo, nunca ha sido estudiado el modo en que, si as&iacute; ocurri&oacute;, esos lenguajes se pusieron en movimiento a trav&eacute;s del continente: de qu&eacute; maneras, en qu&eacute; direcciones, con qu&eacute; acentos y con qu&eacute; lenguas. El brasile&ntilde;o Caetano Veloso cant&oacute; su &ldquo;Alegr&iacute;a, alegr&iacute;a&rdquo; en el Tercer Festival de la M&uacute;sica Popular Brasile&ntilde;a de 1967, lo que signific&oacute; una suerte de nacimiento del movimiento tropicalista: los m&uacute;sicos que lo acompa&ntilde;aban eran cinco argentinos, el grupo Beat Boys. Se trataba de un &ldquo;conjunto i&eacute;-i&eacute;-i&eacute;&rdquo;, como dice la prensa del momento, que un a&ntilde;o m&aacute;s tarde grababan su primer disco, inaugurado por una versi&oacute;n en portugu&eacute;s, &ldquo;A felicidade&rdquo;, del hit del tambi&eacute;n argentino Palito Ortega, &ldquo;La felicidad&rdquo;, cantado en un &ldquo;portu&ntilde;ol&rdquo; desopilante.
    </p><p class="article-text">
        Esa mescolanza parece contradecir la posibilidad de construir historias estrictamente locales: sin el di&aacute;logo que las m&uacute;sicas entablaron, una historia meramente local es fatalmente incompleta &ndash;incluso la argentina, que se autopercibe y se autopresenta como autosuficiente, como discutiremos&ndash;. Y ese recorrido ocurre casi desde el mismo momento en que se grab&oacute; &ldquo;Rock around the clock&rdquo; y se difundi&oacute; por todo el continente entre 1954 (la grabaci&oacute;n de Bill Haley), 1955 (la grabaci&oacute;n de Nora Ney en Brasil), 1957 (la grabaci&oacute;n del argentino Eddie Pequenino y sus Rockers) y 1958 (la grabaci&oacute;n de la mexicana Gloria R&iacute;os) &ndash;si aceptamos esa canci&oacute;n y su puesta en escena en los t&iacute;tulos del filme <em>Blackboard Jungle</em>,<em> </em>de 1955, como un punto de partida consensuado&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        (Ese consenso, sin embargo, no ha reparado en que dos de las tres primeras grabaciones de rock en Am&eacute;rica Latina fueron interpretadas por mujeres. Como veremos, la ignorancia frente al rol de las mujeres en el rock no es para nada distinta a la que impera en otras &aacute;reas de la vida latinoamericana).
    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
        (&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Complementando la hip&oacute;tesis de N&eacute;stor Garc&iacute;a Canclini de una hibridaci&oacute;n finisecular y posmoderna, las culturas &ndash;y las m&uacute;sicas&ndash; nacionales fueron muy tempranamente transnacionales, moldeadas por relaciones pan-latinoamericanas y por la industria cultural de Estados Unidos &ndash;lo que se advierte con claridad en el caso de<strong> </strong><em>nuestro</em> rock, pero tambi&eacute;n en la llamada &ldquo;canci&oacute;n de protesta&rdquo;, con la inestimable mediaci&oacute;n cubana&ndash;. El &ldquo;Rock de la c&aacute;rcel&rdquo; es grabado por el mexicano Enrique Guzm&aacute;n y sus Teen Tops en 1960. En el mismo a&ntilde;o, se edita en Madrid, M&eacute;xico y Buenos Aires. El twist &ldquo;Despeinada&rdquo;, del argentino Palito Ortega, se lanza casi simult&aacute;neamente en 1963 en el original porte&ntilde;o y en la versi&oacute;n mexicana de Los Hooligans. El &ldquo;descubrimiento&rdquo; de la cantante folcl&oacute;rica &ldquo;de protesta&rdquo; argentina Mercedes Sosa, en el Festival de la Canci&oacute;n de Cosqu&iacute;n en 1965, se produce cuando canta <em>a capella </em>la &ldquo;Canci&oacute;n del derrumbe indio&rdquo;, del ecuatoriano Fernando Figueredo Iramain &ndash;y luego la edita, para complicar un poco m&aacute;s las cosas, un sello discogr&aacute;fico subsidiario de la holandesa Phillips, que pocos a&ntilde;os m&aacute;s tarde grabar&aacute; su disco dedicado a la obra de la chilena Violeta Parra&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos llegar hasta Carlos Gardel, nacido en el sur franc&eacute;s, reclamado por Uruguay como hijo de su sangre y por Argentina como nacionalizado, un &ldquo;zorzal&rdquo; al menos rioplatense, de una u otra manera, muerto en Medell&iacute;n, Colombia, en medio de una gira latinoamericana por Puerto Rico, Venezuela, Aruba, Curazao, Colombia, Panam&aacute;, Cuba y M&eacute;xico, que hab&iacute;a comenzado en New York, luego de filmar nueve filmes para la compa&ntilde;&iacute;a estadounidense Paramount Pictures. Pero ya nos ir&iacute;amos del campo y estar&iacute;amos proponiendo otro libro. Ejemplos como estos, sobran.
    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
        <strong>Una trama (pero no un cat&aacute;logo)</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una historia del rock en Am&eacute;rica Latina, entonces, puede ser escrita, pero s&oacute;lo si se organiza en la explicaci&oacute;n de una trama, antes que en &ldquo;historizar&rdquo; una largu&iacute;sima lista de discos, autores, int&eacute;rpretes. Largu&iacute;sima y fatalmente incompleta: s&oacute;lo un mapa de China del tama&ntilde;o de China podr&iacute;a dar cuenta de todo lo que se present&oacute;, escuch&oacute;, escribi&oacute; o simplemente percibi&oacute; como &ldquo;rock&rdquo; en toda Am&eacute;rica Latina desde finales de los a&ntilde;os 50.
    </p><p class="article-text">
        Eso mismo constituye un problema que no puede ser resuelto: a qu&eacute; llamaremos rock y, en consecuencia, a qu&eacute; dedicaremos esta historia. No hay una definici&oacute;n de diccionario ni de enciclopedia; no hay una definici&oacute;n r&iacute;tmica ni t&iacute;mbrica, ni tampoco estil&iacute;stica. Las etiquetas de las bateas en las disquer&iacute;as &ndash;mientras fueron el punto de encuentro natural con esos objetos&ndash;<strong> </strong>han cambiado sucesivamente de denominaci&oacute;n, y no siempre han coincidido en distintas ciudades del continente: m&uacute;sica joven, beat, moderna, progresiva, rock, rock nacional. La &uacute;nica posibilidad de recortar el campo y proponer un objeto &ndash;inevitablemente sujeto a pol&eacute;mica, nacional o regionalmente&ndash; es sujetarse a su propia auto postulaci&oacute;n y a la percepci&oacute;n de sus consumidores. Por ejemplo: fue rock, sin dudas, toda la m&uacute;sica exhibida o <em>performada</em> entre 1970 y 1971 en los sucesivos festivales de Santiago de Chile, Buenos Aires, Bogot&aacute;, Medell&iacute;n y Av&aacute;ndaro. Ninguno de los asistentes a esos festivales dud&oacute;, en ning&uacute;n momento, de que estaban recreando Woodstock, y que eso significaba su inscripci&oacute;n personal y colectiva en una contracultura que era, adem&aacute;s, contra-generacional, como propusimos. Como dice el cr&iacute;tico literario uruguayo Gustavo Verdesio, el rock es hoy (y posiblemente siempre fue), tanto un tipo de m&uacute;sica como una actitud, y un concepto adem&aacute;s de una forma de recibirlo &ndash;lo que lo transforma en un fen&oacute;meno tan complejo de explicar como de interpretar&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los p&uacute;blicos de esos festivales pensaban (&iquest;sab&iacute;an?) que eso significaba ser <em>modernos</em>: incorporarse a una modernidad acelerada que en el mundo juvenil se defin&iacute;a centralmente por un consumo musical &ndash;que acarreaba otros consumos<strong> </strong>laterales, contestatarios, y por eso se pretend&iacute;a una contracultura&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        La hip&oacute;tesis que organiza esta historia, entonces, es que el rock latinoamericano se despliega en procesos de modernizaci&oacute;n truncos<strong> y</strong> en relaci&oacute;n con estados de excepci&oacute;n pol&iacute;ticos. En todos los casos <em>nacionales</em> &ndash;aunque lo m&aacute;s frecuente es que se propongan como <em>nacionales</em> lo que suelen ser escenas metropolitanas: en Buenos Aires, Santiago de Chile, Montevideo o Ciudad de M&eacute;xico&ndash; es notorio un momento epigonal inicial, una invenci&oacute;n ligada a la reproducci&oacute;n de la escena <em>rocker</em> iniciada en torno a Elvis Presley en los EE.UU.: lo que el historiador estadounidense Eric Zolov llam&oacute; el <em>Refried Elvis</em>, los refritos de Elvis. Pero, luego, el desarrollo de cada escena del rock est&aacute; en profunda conexi&oacute;n con los modos de modernizaci&oacute;n de esas sociedades a lo largo y ancho del desarrollismo de los a&ntilde;os sesenta, modernizaciones contradictorias, variadas, <em>electr&oacute;nicas </em>(seg&uacute;n afirmara Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Brunner) o h&iacute;bridas (siguiendo la categor&iacute;a popularizada por N&eacute;stor Garc&iacute;a Canclini). (&hellip;)
    </p><p class="article-text">
        Los que los finales de los a&ntilde;os cincuenta y comienzos de los sesenta pusieron en juego a trav&eacute;s del rock &amp; roll fue, como es bien sabido, una serie de imaginarios y otra serie de datos econ&oacute;micos. Entre los primeros, la invenci&oacute;n de la juventud como actor social, pol&iacute;tico y cultural; entre los segundos, la invenci&oacute;n de la juventud como sujeto de consumo, al que se pod&iacute;a dedicar una parte, incluso importante, del mercado de bienes materiales y simb&oacute;licos. Autos, ropas, filmes o discos, todo formaba parte de los nuevos productos especialmente pensados para su consumo masivo por los y las j&oacute;venes, incluso cuando no estuvieran incorporados al mercado productivo &ndash;pero s&iacute; sus padres&ndash;. La veloc&iacute;sima adquisici&oacute;n e incorporaci&oacute;n de estas novedades en los pa&iacute;ses latinoamericanos se explica por varias razones: la primera es la difusi&oacute;n de la industria cultural a trav&eacute;s del cine y la radio &ndash;los discos extranjeros estar&iacute;an reservados, durante mucho tiempo, a los grupos de alto poder adquisitivo o con acceso a los viajes internacionales&ndash;, pero junto a ella es decisivo el impacto de la fantas&iacute;a modernizadora. Am&eacute;rica Latina se percib&iacute;a como un continente atrasado, rural, tradicional &ndash;una percepci&oacute;n compartida por sus elites y por sus clases populares&ndash;. Modernizarse, entonces, fue el imperativo del momento.
    </p><p class="article-text">
        Provisoriamente, modernizaci&oacute;n fue, a lo largo del siglo XX, la confluencia de procesos de urbanizaci&oacute;n, alfabetizaci&oacute;n, secularizaci&oacute;n y desarrollo de instituciones modernas, que en Am&eacute;rica Latina tuvo ritmos distintos. Incluso, puede hablarse de varias modernizaciones &ndash;la mayor&iacute;a, autoritarias, de arriba hacia abajo, vinculadas con la integraci&oacute;n en el mercado mundial capitalista&ndash;; pero, en particular, los a&ntilde;os 1960 describen esa modernizaci&oacute;n como <em>desarrollismo</em>, vinculado a procesos de urbanizaci&oacute;n acelerada e industrializaci&oacute;n dependiente de las inversiones estadounidenses. En ese paquete, estaba incluido la aparici&oacute;n de la televisi&oacute;n como el gran nuevo medio de comunicaci&oacute;n que ven&iacute;a a reemplazar a los grandes modernizadores de los a&ntilde;os 1930 y 1940 &ndash;la radiofon&iacute;a y el cinemat&oacute;grafo&ndash;. El reemplazo, como sabemos, jam&aacute;s se produjo, sino que deriv&oacute; en complementaci&oacute;n y sinergia, junto a la prensa popular y la industria discogr&aacute;fica: ese mecanismo explota desde comienzos de la d&eacute;cada de 1960, y est&aacute; presente en todas las historias locales de desarrollo del rock en las distintas ciudades latinoamericanas &ndash;aunque con un peso especial en M&eacute;xico, Argentina y Brasil, porque es all&iacute; donde se instalan las subsidiarias de las grandes discogr&aacute;ficas estadounidenses&ndash;. Un cantante graba discos que se reproducen por la radio, para que luego act&uacute;e en televisi&oacute;n, mientras le hacen entrevistas en la prensa del espect&aacute;culo antes de filmar su primera pel&iacute;cula. El proceso se repiti&oacute; hasta el aburrimiento y la saturaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero, dijimos, son modernizaciones <em>truncas</em>, fallidas: el proceso desarrollista culmina, a mediados de los a&ntilde;os 70, en dictaduras militares en buena parte del continente, que compiten entre s&iacute;, no por sus grados de modernidad, sino por su salvajismo represivo.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, la modernizaci&oacute;n se teje en relaci&oacute;n con historias pol&iacute;ticas <em>regularmente excepcionales</em>: que van desde el desarrollismo autoritario argentino hasta la crisis de la democracia uruguaya, desde la <em>dictadura blanda</em> brasile&ntilde;a hasta la violencia colombiana, para se&ntilde;alar s&oacute;lo algunos ejemplos. Si la aparici&oacute;n del rock en el continente est&aacute; ligada a la emergencia de nuevas culturas juveniles, la hip&oacute;tesis de la modernizaci&oacute;n trunca permite leer los pliegues particulares, as&iacute; como los puntos de contacto: se trata de una m&uacute;sica que, en varios pa&iacute;ses, se despliega en medio de fuertes tensiones pol&iacute;ticas que van desde el golpe militar (Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Per&uacute;) a la fuerte agitaci&oacute;n o el conflicto armado (Colombia), pasando por una situaci&oacute;n, nuevamente, excepcional: una democracia regulada y represiva que censura al rock como ninguna dictadura (M&eacute;xico).
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La fricci&oacute;n rockera con la fracci&oacute;n de izquierda</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por eso, esta historia postula una<strong> </strong>suerte de segunda hip&oacute;tesis: la de una reiterada fricci&oacute;n del rock con las izquierdas continentales, tanto las educadas en los mandatos del realismo cultural sovi&eacute;tico como las seducidas por la experiencia de la Revoluci&oacute;n Cubana. El castrismo provoca ondas tect&oacute;nicas en la regi&oacute;n. Se pod&iacute;a llegar al socialismo saltando etapas. Esa hoja de ruta intent&oacute; ser ejemplar. No es este libro el lugar de revisarla. Digamos s&iacute; que, &ldquo;entre la pluma y el fusil&rdquo;, como se titula el libro de Claudia Gilman sobre los &ldquo;dilemas y debates&rdquo; del escritor que hab&iacute;a adoptado a La Habana como nuevo centro de gravedad, se col&oacute; tambi&eacute;n una guitarra. Es en la isla donde se configura un modo de recepci&oacute;n del rock que, con mayor o menor reconocimiento de sus argumentaciones condenatorias, se replic&oacute; hacia el sur. La Cordillera de los Andes no fue una Sierra Maestra, como anhelaba Fidel Castro, pero s&iacute; un conducto metaf&oacute;rico de esas aprensiones. Ese es el motivo por el cual este ensayo comienza en aquella isla deseada. El recelo de las izquierdas hacia el rock se extiende en Am&eacute;rica Latina hasta el final de las transiciones democr&aacute;ticas en los a&ntilde;os ochenta del siglo pasado, donde pueden aparecer ciertas aproximaciones &ndash;o, incluso, el desplazamiento de esas izquierdas a manos de movimientos juveniles despolitizados&ndash;. Como veremos, el rock latinoamericano se cuida, en general, de ser capturado por los protocolos de la Guerra Fr&iacute;a: le concede ese privilegio a la canci&oacute;n de protesta, aunque a veces coquetee, ocasionalmente, con ella &ndash;con m&aacute;s franqueza, hacia el final de las dictaduras y el inicio de los procesos de transici&oacute;n, ya cuando ninguno de los dos (ni el rock ni la protesta) son los mismos&ndash;. Lo suyo es, fundamentalmente, una paradoja que no se organiza pol&iacute;ticamente: ser una cr&iacute;tica a la cultura de masas creada en el centro de la cultura de masas y sin tener otra aspiraci&oacute;n que ser cultura de masas. Este aparente galimat&iacute;as no es nuestro, sino del cr&iacute;tico estadounidense Greil Marcus, aunque podemos suscribirlo. En ese lugar y esa aspiraci&oacute;n, el rock afirma que &ldquo;rompe estructuras&rdquo;, pero no se asume como insurreccional, sino s&oacute;lo como contravencional: el corte de cabello y<strong> </strong>una noche o dos en una c&aacute;rcel es suficiente. El martirio en 1973 de V&iacute;ctor Jara, figura central de la Nueva Canci&oacute;n chilena, pero con sus simpat&iacute;as y entreveros con el rock de su pa&iacute;s, funciona como alerta, antes que como modelo; como l&iacute;mite, no como posibilidad. Lo mismo ocurre con el encarcelamiento, en 1967, de los brasile&ntilde;os Caetano Veloso y Gilberto Gil: se trata de situaciones excepcionales que definen una posibilidad que ser&aacute; minuciosamente evitada &ndash;y por eso mismo, no repetida&ndash;. Quince a&ntilde;os m&aacute;s tarde, los distintos rocks nacionales podr&aacute;n construir, sin ninguna verg&uuml;enza o pudor revisionista, hagiograf&iacute;as autobiogr&aacute;ficas y geogr&aacute;ficas que insistan sobre una resistencia que no se verifica en demas&iacute;a; cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, ese relato puede consagrarse como leyenda y como documental de Netflix. Pero los propios narradores, esas voces &ldquo;nativas&rdquo; de los rockeros &ndash;&iexcl;todos hombres, para colmo!&ndash;, ya se han transformado en <em>rockstars, </em>en estrellas del espect&aacute;culo; han sido actores de dramas pol&iacute;ticos que no reclamaron su martirio, o que supieron apartarse a tiempo de su posibilidad.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de los puntos en com&uacute;n, el rock y la pol&iacute;tica fueron &ndash;&iquest;son? &ndash; sensibilidades en colisi&oacute;n. Entendemos aqu&iacute; <em>sensibilidades </em>en un sentido que evoca el de <em>estructura de sentimiento </em>propuesto por Raymond Williams; porque trabaja con los mundos simb&oacute;licos y con los mundos afectivos, y porque habla de lo que est&aacute; emergiendo como nuevo, en respuesta a lo <em>arcaico </em>y a lo <em>residual</em>, pero con distinciones que las ponen en conflicto. Comparten, entre otros, el juvenilismo, pero difieren en el tratamiento de sus adultos correlativos &ndash;la guerrilla peronista argentina, por ejemplo, conf&iacute;a en los dictados de un militar setent&oacute;n&ndash;; comparten la rebeld&iacute;a, pero no la revuelta; comparten la confianza en la novedad, pero no en todas las novedades (la pol&iacute;tica duda de la guitarra el&eacute;ctrica y de las sustancias alteradoras de conciencia, lo que la acerca, parad&oacute;jicamente, al campo del conservadurismo art&iacute;stico m&aacute;s tradicionalista, confluencia que veremos en la &ldquo;Marcha contra la guitarra el&eacute;ctrica&rdquo; que encabeza la cantante Elis Regina en Rio de Janeiro, en 1967; el rock, por su parte, duda del socialismo hasta el punto de no nombrarlo). Comparten, parad&oacute;jicamente, una sensibilidad: la homofobia. Pero el mundo de las izquierdas continentales lo ejercita, como veremos, como advertencia anti-rockera: &ldquo;Los jipis son todos maricones y drogones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una contracultura</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que, como una frontera m&aacute;s que como una definici&oacute;n, el rock se propone, asume o nombra como una contracultura. Para ser m&aacute;s precisos: esa definici&oacute;n es tan potente que organiza nuestra periodizaci&oacute;n y, por ende, toda nuestra historia. Como dijimos, el consenso historiogr&aacute;fico afirma que hay un primer momento &ldquo;importador&rdquo;, al influjo de la invenci&oacute;n estadounidense de 1954, que produce una &ldquo;m&uacute;sica joven&rdquo;. A eso lo sigue un segundo momento en que el influjo de la &ldquo;ola Beatle&rdquo; &ndash;en todo el mundo occidental&ndash;, en confluencia con otros elementos que analizaremos, construye al rock como una contracultura y lo pone en relaci&oacute;n con otra contracultura juvenil que insiste en llamarse a s&iacute; misma &ldquo;revolucionaria&rdquo;. Nuestra historia est&aacute; centrada especialmente en ese segundo momento, especialmente cuando los Beatles <em>maduran</em>, a partir de 1966, y abandonan los conciertos para convertirse en m&uacute;sicos de estudio y, por ende, artistas cabales. El an&aacute;lisis de los modos de esa relaci&oacute;n (mucho m&aacute;s conflictiva que amistosa, mucho m&aacute;s mutuamente excluyente que colaborativa) incluye un tercer per&iacute;odo: aquel en que las dictaduras latinoamericanas se dedican a exterminar a los movimientos juveniles de la izquierda revolucionaria &ndash;donde &ldquo;exterminar&rdquo;, lo sabemos, no es una exageraci&oacute;n ni una met&aacute;fora&ndash; y el rock sufre censuras y persecuciones, aunque no exterminio. Un cuarto per&iacute;odo es aquel en que se producen las condiciones de internacionalizaci&oacute;n latinoamericana del rock que emerge de esa tercera etapa; el momento en que puede hablarse ampliamente de un rock latino o de un rock latinoamericano &ndash;no necesariamente denominan lo mismo&ndash;, la etapa en la que la banda argentina Soda St&eacute;reo convoca multitudes y vende millones de placas en Buenos Aires, Santiago de Chile o Ciudad de M&eacute;xico. Ese momento ser&aacute; narrado m&aacute;s sucintamente, aunque ocupar&aacute; nuestras conclusiones.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que, como dice el soci&oacute;logo jamaiquino Stuart Hall en 1969, una contracultura es una <em>weltanschauung</em>, una concepci&oacute;n del mundo, pero no una ideolog&iacute;a: se pronuncia &ldquo;en contra de&rdquo;, lo que la vuelve potencialmente revolucionaria, pero nunca define el sentido posible de esa posible revoluci&oacute;n. Puede llevar a sus sujetos hacia la protesta y la rebeli&oacute;n personal, pero no olvidemos que toda sociedad tiene &ldquo;sus &aacute;reas de disidencia tolerada&rdquo;: es decir, su locura permitida. La contracultura <em>hippie</em> &ndash;Hall habla de ella, y nosotros lo usamos por homolog&iacute;a&ndash; parece ser m&aacute;s esa disidencia tolerada que una contra-definici&oacute;n revolucionaria de una sociedad. Se trata de un &ldquo;momento expresivo&rdquo; m&aacute;s que &ldquo;activista&rdquo;, dice Hall; aunque, en el caso estadounidense, contamina a los grupos militantes en el estilo, la dramaturgia, la definici&oacute;n de contra-valores y en el establecimiento de una nueva subjetividad. Los hippies estadounidenses compart&iacute;an visiones del mundo con la militancia radical blanca y tambi&eacute;n, aunque con diferencias importantes, con la militancia negra. Hall no cree que el hipismo haya sido una mera reacci&oacute;n antipol&iacute;tica: hay retirada y disociaci&oacute;n, se&ntilde;ala, pero no una oposici&oacute;n abierta y absolutamente disonante (para usar un adjetivo musical).
    </p><p class="article-text">
        El rock latinoamericano tambi&eacute;n permite leer su construcci&oacute;n como contracultura de un modo enf&aacute;tico; pero su relaci&oacute;n con la militancia pol&iacute;tica revolucionaria parece perseverar m&aacute;s en la reacci&oacute;n y el rechazo que en el di&aacute;logo, salvo excepciones que deber&aacute;n ser objeto privilegiado de nuestro an&aacute;lisis y nuestro relato. Simult&aacute;neamente, implica ciertas definiciones de clase: el momento contracultural del rock latinoamericano es blanco y de clases medias &ndash;quiz&aacute;s, con las &uacute;nicas excepciones de los brasile&ntilde;os Gilberto Gil y Milton Nascimento, a quienes incluimos como parte de esta diversa familia por razones que ser&aacute;n debidamente explicadas&ndash;, porque esa misma construcci&oacute;n como tal exige determinados capitales culturales que no pueden adquirirse f&aacute;cilmente en sociedades tan estructuradas y estratificadas socialmente como las nuestras. (Por eso mismo, su relaci&oacute;n con las militancias, mayormente universitarias, se vuelve tan necesaria de ser repensada). No se trata de &ldquo;resistencias populares&rdquo;, como dir&iacute;a el soci&oacute;logo franc&eacute;s Pierre Bourdieu: &ldquo;La resistencia puede ser alienante y la sumisi&oacute;n puede ser liberadora. Tal es la paradoja de los dominados, y no se sale de ella&rdquo;. Pero, adem&aacute;s, la contracultura supone siempre &ldquo;un cierto capital cultural&rdquo;. Como veremos, ese capital abreva en formas a veces muy sofisticadas de las filosof&iacute;as orientales o en sabidur&iacute;as originarias ocultas por las concepciones burguesas tradicionales del mundo letrado; pero no necesariamente en el mundo de las clases populares &ndash;hasta, posiblemente, la aparici&oacute;n del <em>punk</em>&ndash;.
    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
        <strong>Una historia descentrada</strong>
    </p><p class="article-text">
        El orden de esta narraci&oacute;n no es completamente cronol&oacute;gico, como hemos dicho, ni reviste tampoco la condici&oacute;n de un cat&aacute;logo. Ni siquiera hay un orden geogr&aacute;fico: de sur a norte o viceversa. Cre&iacute;mos necesario mantener ciertas autonom&iacute;as &ndash;el rock mexicano, el rock brasile&ntilde;o, el chileno&ndash; porque constitu&iacute;an experiencias incomparables en torno de los problemas que estamos planteando y las preguntas que quer&iacute;amos hacer. En cambio, preferimos unir al rock argentino y al uruguayo, convencidos de que el primero se fund&oacute; en Montevideo. Por su parte, el mundo andino nos exig&iacute;a una entrada cruzada y combinada &ndash;a sabiendas minuciosas de que ni Colombia ni Per&uacute; son exclusivamente andinos&ndash;, que a su vez se intersectara con los devaneos incaicos de los argentinos de Arco Iris &ndash;como veremos, decisivos en una &uacute;ltima etapa de esta historia&ndash;. Pero, asimismo, postulamos que la relaci&oacute;n entre modernizaci&oacute;n y revoluci&oacute;n, definitiva para la invenci&oacute;n del rock latinoamericano, no comenzaba sino en Cuba, donde el debate adquiri&oacute; un peso decisivo para un c&uacute;mulo de prescripciones y prohibiciones, la mayor&iacute;a de ellas bastante parad&oacute;jicas, pero performativas. A los fines de nuestra interpretaci&oacute;n, la relaci&oacute;n entre rock y pol&iacute;tica es mucho m&aacute;s interesante en M&eacute;xico, Brasil y Chile que en el resto del continente; del mismo modo, los modos en que el mundo intelectual participa animadamente del debate sobre esa relaci&oacute;n, tomando partido con intervenciones period&iacute;sticas o incluso militantes, es desproporcionado en los dos primeros casos respecto de todo el resto: para decirlo con alguna simpleza, los significados del rock se debaten en 1968 en la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico o en la Universidade de S&acirc;o Paulo, pero no en la de Buenos Aires. Por eso, podemos &ndash;propusimos&ndash; comenzar con el alzamiento zapatista de 1994, continuar con la <em>passeata </em>organizada por Elis Regina en Rio de Janeiro en 1967, saltar al triunfo de Allende en la Chile de 1970, acompa&ntilde;ar a una banda de montevideanos que va de Punta del Este a Buenos Aires en 1965 y culminar con la declaraci&oacute;n como Patrimonio Musical de la Naci&oacute;n peruana de &ldquo;El c&oacute;ndor pasa&rdquo; en 2004. Todos esos hilos van construyendo el tapiz que queremos describir e interpretar.
    </p><p class="article-text">
        Esta es, entonces, una historia descentrada, que no s&oacute;lo no comienza en Buenos Aires, y que ni siquiera comienza en el continente, sino en las islas. Despu&eacute;s de todo, hay cierto consenso en las historias pol&iacute;ticas latinoamericanas en que, para hablar de la cultura en la d&eacute;cada de 1960, hay que comenzar por La Habana en 1959. No tenemos por qu&eacute; transgredir ese acuerdo.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Historia M&iacute;nima del rock en Am&eacute;rica Latina </strong></em>(Buenos Aires, El Colegio de M&eacute;xico/Prometeo Libros, 2025; M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 2025)
    </p><p class="article-text">
        <em>Se presenta en la Feria del Libro el jueves 8 de mayo a las 16 en la Sala Alejandra Pizarnik</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert, Pablo Alabarces]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/historia-minima-rock-america-latina_1_12272883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 May 2025 17:52:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Historia Mínima del rock en América Latina]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Rock,América Latina,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la farsa es peor que la tragedia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/farsa-peor-tragedia_129_10995817.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3ad3fc5-6de2-47dd-ab8c-22f30c5d3917_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando la farsa es peor que la tragedia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La era mile(i)narista carece de plumas exasperadas e idelógicas, pero abunda, en cambio, lo farsesco. Escenas costumbristas de un presente que nos lleva a abandonar toda presunción de superioridad intelectual y tomarnos en serio los derrapes de un presidente que se siente capaz de demostrar “matemáticamente” que el aborto es un crimen. </p></div><p class="article-text">
        Una ministra que se encarga de asuntos exteriores (podr&iacute;a pensarse en puras superficies) advierte sobre la presencia de agentes cubanos y venezolanos en el pa&iacute;s. Se han camuflado con fines aviesos, como si esos esperpentos caribe&ntilde;os fueran en la actualidad revoluciones que, sobre la base de su prestigio internacional, buscaran expandirse. 
    </p><p class="article-text">
        Un usuario de Instagram con 17 seguidores es objeto de una cacer&iacute;a policial por estar &ldquo;apegado a la propaganda de la exUni&oacute;n Sovi&eacute;tica&rdquo; y exhibir en su remera la sigla &ldquo;CCCP&rdquo; que identificaba al difunto socialismo real.
    </p><p class="article-text">
        Un ni&ntilde;o se desmaya al lado del jefe de Estado, quien atribuye la ca&iacute;da a una palabra que no es <em>expecto patronus</em>, propia de los nigromantes en Harry Potter, sino <em>zurdo</em>.
    </p><p class="article-text">
        Escenas costumbristas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pasamos de <em>El cuento de la criada </em>a un probable <em>Cuento del arquero de f&uacute;tbol</em> que se representa en tiempo real? Llama la atenci&oacute;n la insistencia con la que se convoca la figura de un fantasmal <em>enemigo interno</em>, el mismo que el peronismo isabelino agit&oacute; con desmesura antes de pasarle la posta a los militares, en 1976 (bastar&iacute;a revisar <em>Un enemigo para la naci&oacute;n</em>, de <strong>Marina Franco</strong>, para detectar los or&iacute;genes de ese discurso paranoico y disciplinador). En adelante, &iquest;citar al alem&aacute;n de nombre Karl y apellido ac&aacute; sugerido con tres puntos ser&aacute; motivo de una causa judicial? &iquest;Sentiremos la culpa de nombrarlo o no sabremos la raz&oacute;n del castigo?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;...&rdquo;, entonces.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a parecer un chiste, pero, &iquest;lo es? O, en todo caso, &iquest;no estamos ante una recreaci&oacute;n de <em>La broma</em>, aquella novela de <strong>Milan Kundera</strong>? Recordemos sucintamente el argumento: el joven Ludvik, afiliado al Partido Comunista, le env&iacute;a una carta socarrona a su novia. &ldquo;&iexcl;El optimismo es el opio del pueblo!&rdquo;, escribe, pero la iron&iacute;a le saldr&aacute; muy caro. Lo toman por un <em>desviacionista</em> ideol&oacute;gico. Transcurre la Guerra Fr&iacute;a y las palabras todav&iacute;a se toman en serio. Lo mismo sucede en <em>Nuestro hombre en La Habana</em>, de<strong> Graham Greene</strong>: Wormold, agente brit&aacute;nico por azar, informa sobre la existencia en la Cuba batistiana de una instalaci&oacute;n nuclear. Presenta un plano que dise&ntilde;a con componentes de una aspiradora el&eacute;ctrica y produce un verosimil que nos desternilla porque no se puede tomar por cierto. Las dos narraciones tuvieron sin embargo un efecto anticipatorio: tras la intervenci&oacute;n sovi&eacute;tica en Checoslovaquia, en 1968, Kundera ser&iacute;a objeto de persecuci&oacute;n. Seis a&ntilde;os antes, en la isla hab&iacute;a estallado la Crisis de los misiles que puso al mundo al borde del holocausto nuclear. 
    </p><h3 class="article-text">M&aacute;s all&aacute; de la derecha</h3><p class="article-text">
        Lo que nos lleva a abandonar toda presunci&oacute;n de superioridad intelectual y tomarnos en serio los derrapes de un presidente que se siente capaz de demostrar &ldquo;matem&aacute;ticamente&rdquo; que el aborto es un crimen. &iquest;Habr&aacute; tambi&eacute;n una f&oacute;rmula, tabla o ecuaci&oacute;n que nos incrimine? Qu&eacute; se&ntilde;alar sobre una de sus escuderas m&aacute;s elocuentes, <strong>Lilia Lemoine</strong>. Su ojo avizor detecta hoces y martillos en todas partes, hasta en el radicalismo de <strong>Gerardo Morales</strong>, aunque, reconoce, en estado embrionario. Su reciente di&aacute;logo con<strong> Ernesto Tenembaun</strong> podr&iacute;a entrar en los anales del disparate. 
    </p><p class="article-text">
        La cosplayer-diputada es una artista de otro disfraz, aquel capaz de cancelar el lenguaje. &ldquo;Socialdem&oacute;crata quiere decir socialista&hellip;es un paso previo al comunismo&rdquo;. &iquest;Socialcristiano tambi&eacute;n? &iquest;Y turismo social? Debe pensar que las palabras y las cosas son lo mismo. El <em>di&aacute;logo </em>radiof&oacute;nico de d&iacute;as atr&aacute;s provocar&aacute; estupor en los arque&oacute;logos del futuro. &ldquo;No soy conspiranoica&rdquo;, asegura a su interlocutor. Pero la acci&oacute;n comunicativa se frustra y Tenembaun, un hombre de sosiego y equilibrios, incluso sobre alambres de p&uacute;a, se rinde esta vez, dice basta con amabilidad, esto es inveros&iacute;mil, debe pensar para s&iacute;, y la despide porque no hay intercambio. Ha cesado, la lengua es puro ruido. Un aturdimiento peligroso.
    </p><p class="article-text">
        En una de las novelas m&aacute;s interesantes de <strong>Jorge As&iacute;s</strong>, <em>Lesca, el fascista irreductible</em>, se recrea el mundo de la intelectualidad francesa de entreguerras, inclinada sin miramientos m&aacute;s all&aacute; de la derecha: <strong>Pierre Drieu de la Rochelle</strong>, <strong>Jacques Bainville</strong>, <strong>Robert Brasillach</strong>, <strong>Louis-Ferdinand Celine</strong>. La era mile(i)narista carece de esas plumas exasperadas e idel&oacute;gicas (<strong>Agust&iacute;n Laje</strong> y <strong>Agust&iacute;n M&aacute;rquez</strong> son apenas divulgadores, por ahora). Abunda, en cambio, lo farsesco. Hay una sentencia de Karl &ldquo;&hellip;&rdquo; que ha tomado con los a&ntilde;os el car&aacute;cter de vulgata. &ldquo;&hellip;&rdquo; comenz&oacute; su <em>Dieciocho brumario de Luis Bonaparte</em> con una enmienda a la idea de Hegel de que la historia necesariamente se repite a s&iacute; misma. La transcribo textual: &ldquo;Hegel observa en alguna parte que todos los grandes acontecimientos y personajes de la historia mundial se producen, por as&iacute; decirlo, dos veces. Se le olvid&oacute; a&ntilde;adir: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Recuerda al respecto <strong>Slavoj Zizek</strong> que ese complemento de la noci&oacute;n de Hegel sobre la repetici&oacute;n hist&oacute;rica era una figura ret&oacute;rica que &ldquo;&hellip;&rdquo; hab&iacute;a utilizado en su <em>Contribuci&oacute;n a la cr&iacute;tica de la filosof&iacute;a del derecho de Hegel</em>. All&iacute; diagnostica la decadencia del Antiguo R&eacute;gimen alem&aacute;n en las d&eacute;cadas de 1830 y 1840 como una absurda &ldquo;repetici&oacute;n&rdquo; de la tr&aacute;gica ca&iacute;da del Antiguo R&eacute;gimen franc&eacute;s. Y a&ntilde;ade algo que, le&iacute;do desde nuestro presente, recobra actualidad: el Antiguo R&eacute;gimen &ldquo;no hace m&aacute;s que imaginarse que cree en s&iacute; mismo y exige del mundo la misma fantas&iacute;a&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Hay algunos que creen que creen y otros que se resisten a la incredulidad. &iquest;No sucede acaso eso cuando la vemos <em>actuar </em>a la ministra de Seguridad, tambi&eacute;n obsesionada con la presencia subrepticia de cubanos y venezolanos dispuestos a encender la mecha de conjura (CCPP o un recuerdo onomatop&eacute;yico del<em> eaeapep&eacute;</em> de <strong>Carlitos Bal&aacute;</strong> cuando hac&iacute;a de polic&iacute;a encubierto en <em>Brigada en acci&oacute;n</em>, de <strong>Palito Ortega</strong>)? Ella aspira a ser una <strong>Nayib Bukele</strong> de segunda o tercera marca y exhibe im&aacute;genes de una prisi&oacute;n rosarina con los reclusos en cuero y en fila india, al estilo de lo que ocurre en El Salvador, como ejemplo de rigor, templanza e implacabilidad. 
    </p><h3 class="article-text">La argentinizaci&oacute;n de Rosario</h3><p class="article-text">
        Claro que, d&iacute;as m&aacute;s tarde, el narcotr&aacute;fico le responde con un reguero de sangre que paraliza a la ciudad y deja a sus ciudadanos ateridos por el miedo. Aunque se presenta como el azote del crimen, no es m&aacute;s que una versi&oacute;n corregida de <em>La pistola desnuda</em>. El protagonista de esa pel&iacute;cula, <strong>Leslie Nielsen</strong>, el teniente Frank Drebin, resuelve el crimen despu&eacute;s de tropezones hilarantes,&nbsp;deudores de Maxwell Smart, el superagente 86. El absurdo es el camino que conduce a la dilucidaci&oacute;n del enigma. El Estado argentino no puede desenrollar la madeja del delito por medio de la risa. No ser&iacute;a Estado. Sin embargo, incita a la risa con sus sobreactuaciones, mientras Rosario amenaza con <em>argentinizarse</em>. Lo sabemos: el desastre urbano no es solo responsabilidad de esta administraci&oacute;n, pero su altisonancia y pasos de comedia nos hacen temer un inexorable crecimiento y diseminaci&oacute;n de la violencia y el delito m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites provinciales. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Rosario siempre estuvo cerca&rdquo;, cantaba <strong>Fito P&aacute;ez</strong> en 1993. Debemos tomar nota de lo que la canci&oacute;n <em>ahora </em>nos avisa en las p&aacute;ginas policiales. Hubo un tiempo, 1969 y 1971, en que <em>El</em> <em>Rosariazo</em> tuvo la marca de la convulsi&oacute;n social. La fuerza de las heroicas protestas contra la dictadura militar contribuy&oacute; a su retroceso. Las encabezaba una clase obrera que, d&eacute;cadas m&aacute;s tarde, ha sido reducida a la m&iacute;nima expresi&oacute;n y corre peligro de perder a&uacute;n m&aacute;s su peso espec&iacute;fico (solo resta seguir las noticias sobre la suerte de Acindar y Villa Constituci&oacute;n). El cord&oacute;n industrial de la ciudad y alrededores amenaza a su vez con convertirse en una f&aacute;brica de soldaditos del narco. Se reproducen al comp&aacute;s del aumento de la pobreza. El nuevo <em>rosariazo.</em> La ministra quiere resolverlo con la intervenci&oacute;n castrense. &iquest;Sabr&aacute; sobre lo ocurrido en M&eacute;xico?
    </p><p class="article-text">
        A Zizek, astuto lector, no se le pas&oacute; por alto que la par&aacute;frasis de &ldquo;&hellip;&rdquo; sobre Hegel tuvo una interpretaci&oacute;n m&aacute;s inquietante de <strong>Herbert Marcuse</strong> en su pr&oacute;logo a una nueva edici&oacute;n del <em>Dieciocho Brumario</em>, en los a&ntilde;os sesenta: algunas veces, pensaba Marcuse, la repetici&oacute;n a modo de farsa puede &ldquo;ser m&aacute;s terror&iacute;fica que la tragedia a la que sigue&rdquo;. Y a&ntilde;ade: &ldquo;la mezcla de estupidez, codicia, bajeza y brutalidad que constituye la pol&iacute;tica deja sin palabras a la seriedad. Lo que ocurre entonces es c&oacute;mico: cada partido se sube a los hombros del primero que tiene enfrente hasta que lo deja caer, entonces se sube al siguiente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De esto se trata nuestra actualidad, con un agregado: detr&aacute;s de la carcajada que provocan los nost&aacute;lgicos de la Guerra Fr&iacute;a se esconden augurios y no demostraciones matem&aacute;ticas. Por eso son de temer esas voces, esos gritos. Que conste.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG / MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/farsa-peor-tragedia_129_10995817.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Mar 2024 03:04:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando la farsa es peor que la tragedia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Patricia Bullrich,Lilia Lemoine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lengua, los monstruos y las pesadillas de una época]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lengua-monstruos-pesadillas-epoca_129_10975659.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59e3c0cd-f2a2-48b4-a9c4-a97410c21d55_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lengua, los monstruos y las pesadillas de una época"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cuáles serán las palabras o frases de un futuro diccionario mile(i)narista? ¿Quién novelará, desde el submundo del capital financiero, el horror que nos acecha?</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No la ven&rdquo;, insiste Javi. El se&ntilde;alamiento de un d&eacute;ficit retiniano en los adversarios forma parte de un repertorio de palabras y sintagmas que definen estos casi tres meses. &nbsp;&ldquo;Pobre chico&rdquo;, &ldquo;Dep&oacute;sito&rdquo;, &ldquo;Playback&rdquo;, &ldquo;Si te gusta el durazno, bancate la pelusa&rdquo;, &ldquo;Nido de ratas&rdquo;, &ldquo;Ella empez&oacute;&rdquo;, &ldquo;Soretes&rdquo;, &ldquo;Basura&rdquo;, &ldquo;Mog&oacute;lico&rdquo;, &ldquo;Cucaracha&rdquo;, deber&aacute;n ser entradas de un futuro diccionario <em>mile(i)narista</em>. La noche del viernes anot&eacute;: &ldquo;Org&iacute;a&rdquo;, &ldquo;Funci&oacute;n de crecimiento geom&eacute;trico&rdquo;, &ldquo;Ox&iacute;moron&rdquo;, &ldquo;Organizaci&oacute;n criminal&rdquo;, &ldquo;Ensobrados&rdquo;, &ldquo;Macabeos&rdquo;, &ldquo;Sacrificio y dolor&rdquo;, &ldquo;Argentinos de bien&rdquo;, &ldquo;Degenerados fiscales&rdquo;, &ldquo;Mecanismo perverso&rdquo;, &ldquo;Esto no es opinable&rdquo;, &ldquo;Caja&rdquo;, &ldquo;Pauta&rdquo;, &ldquo;Vicio&rdquo;, &ldquo;Fiesta obscena&rdquo; y &ldquo;Sed de cambio&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n ser&aacute; nuestro <strong>Victor Klemperer</strong>? De origen jud&iacute;o, aunque profesaba la religi&oacute;n protestante, el fil&oacute;logo alem&aacute;n estaba casado con una mujer &ldquo;aria&rdquo;, seg&uacute;n el sistema clasificatorio nazi. Si bien salv&oacute; su vida, no pudo permanecer en la Universidad de Dresde, donde dirig&iacute;a el departamento de Rom&aacute;nicas y Literatura. Tampoco preservar su biblioteca. Trabaj&oacute; de lo que pudo y tom&oacute; nota de todo lo que <em>ve&iacute;a </em>y escuchaba en un pa&iacute;s que era hablado por un aparato ret&oacute;rico espeluznante. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Como juego par&oacute;dico al principio, como fugaz ayuda mnemot&eacute;cnica, como una especie de nudo en la corbata poco despu&eacute;s y a continuaci&oacute;n como leg&iacute;tima defensa, como un SOS que me enviaba a m&iacute; mismo durante todos los a&ntilde;os sucesivos de miseria, las siglas LTI se hallan en mis diarios&rdquo;. <em>LTI: Lingua Tertii Im perii, lengua del Tercer Reich.</em> As&iacute; se llama su documento de los a&ntilde;os de Hitler. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En aquellos a&ntilde;os, mis diarios me serv&iacute;an una y otra vez de balanc&iacute;n, sin el cual habr&iacute;a ca&iacute;do cientos de veces. En las horas de asco y desesperanza, en la infinita monoton&iacute;a de un trabajo absolutamente mec&aacute;nico en la f&aacute;brica, junto a las camas de enfermos y moribundos, junto a las tumbas, en los momentos de apuro o de suma humillaci&oacute;n o cuando el coraz&oacute;n ya no pod&iacute;a m&aacute;s f&iacute;sicamente, siempre me ayudaba esta exigencia que me planteaba a m&iacute; mismo: observa, analiza, guarda en la memoria lo que ocurre -ma&ntilde;ana ser&aacute; diferente, ma&ntilde;ana lo percibir&aacute;s de otra manera; reg&iacute;stralo tal como act&uacute;a y se manifiesta en el momento-. Y muy pronto esta exhortaci&oacute;n a ponerme por encima de la situaci&oacute;n y a conservar la libertad interna se plasm&oacute; en una sigla secreta cada vez m&aacute;s eficaz: &iexcl;LTI, LTI!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seguramente, en alg&uacute;n punto de esta ciudad, alguien ya hace anotaciones de esta lengua mile(i)narista en un diario personal de la perplejidad.
    </p><p class="article-text">
        II
    </p><p class="article-text">
        El 26 de julio de 1960, <strong>Fidel Castro Ruz</strong> convoca a una multitud en La Habana y subraya el sentido de la misi&oacute;n hist&oacute;rica que lleva adelante una isla. Cuba, dice en la Plaza de la Revoluci&oacute;n, es &ldquo;un ejemplo que puede convertir a la Cordillera de los Andes en la Sierra Maestra del continente americano&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pasemos por alto el derrotero del castrismo y una actualidad en la que sus autoridades le piden a la ONU que env&iacute;e leche en polvo. Lo que llama la atenci&oacute;n es lo siguiente: aquella exhortaci&oacute;n a transformar la extensa cadena monta&ntilde;osa que recorre el subcontinente en una nueva Sierra Maestra contrasta, 64 a&ntilde;os m&aacute;s tarde, con el impulso que cobra la<em> motosierra</em>, no solo en Argentina sino del otro lado de la cordillera. En Chile, <strong>Johannes Kaiser</strong> irrumpe como sos&iacute;as ideol&oacute;gico de nuestro presidente, convirtiendo al pinochetista <strong>Jos&eacute; Antonio Kast</strong> en un blandengue, de cara a las pr&oacute;ximas elecciones. Javi es popular en esa misma Cuba donde la existencia de millones de tel&eacute;fonos celulares quebr&oacute; la hegemon&iacute;a del Estado burocr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La victoria del castrismo arm&oacute; en su momento un tremendo revuelo en las izquierdas latinoamericanas que, bajo el predominio de los partidos comunistas, cre&iacute;an al pie de la letra en la revoluci&oacute;n &ldquo;por etapas&rdquo;. El socialismo no pod&iacute;a alcanzarse si antes no se cumpl&iacute;an las tareas &ldquo;democr&aacute;tico-burguesas&rdquo;. Los partidos comunistas se fraccionaron y los disidentes abrazaron la lucha armada. Cuba, dijeron, les hab&iacute;a demostrado que se pod&iacute;an &ldquo;saltar&rdquo; esas etapas e ir al socialismo de un tir&oacute;n (y a los tiros, pero ese es otro debate). 
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso de esta discusi&oacute;n en tiempos de inversiones es que ahora involucra a la derecha y a la nueva derecha, como la llama el publicista <strong>Agust&iacute;n Laje</strong> para evitar el prefijo &ldquo;ultra&rdquo;. El macrismo fue &ldquo;gradualista&rdquo; y desde el 10 de diciembre, se trata de pisar el acelerador para no volver a fracasar, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. &ldquo;Sed de cambio&rdquo;, &iquest;no? Los ecos deformados de aquellos debates de hace 60 a&ntilde;os se mezclan con las resonancias de lecturas b&iacute;blicas o sus traducciones cinematogr&aacute;ficas ya mencionadas en una columna anterior, y que vale la pena actualizar. Leemos en el <em>&Eacute;xodo</em> que el &ldquo;pueblo, sediento&rdquo;, protesta contra Mois&eacute;s. Le pregunta porque los sac&oacute; de Egipto, &ldquo;&iquest;para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y al ganado?&rdquo;. Entonces el profeta clama al Se&ntilde;or: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hago con este pueblo? Por poco me apedrean&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; hizo? Romper las tablas. El presidente cree que redita aquella escena. La record&oacute; en su cuenta de X, en letras indescifrables para los legos: &ldquo;Y aconteci&oacute; que cuando &eacute;l lleg&oacute; al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardi&oacute; la ira de Mois&eacute;s, y arroj&oacute; las tablas de sus manos, y las quebr&oacute; al pie del monte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        III
    </p><p class="article-text">
        En los ochenta lleg&oacute; a los cines <em>Tron</em>. La pel&iacute;cula escrita y dirigida por <strong>Steven Lisberger</strong> fue protagonizada por <strong>Jeff Bridges</strong>. Bridges es Kevin Flynn, un desarrollador de videojuegos y proto <em>hacker</em> que se transporta al mundo interior de una computadora central, un ciberespacio donde interact&uacute;a con humanoides cuando trata de escapar. 
    </p><p class="article-text">
        El presidente entra y sale del mundo virtual. Un sitio mide en Internet sus horas de estancia en la red X. A veces m&aacute;s de cuatro. Podr&iacute;a chatear o comunicarse con su novia. Pero parece que no. El tel&eacute;fono le abre la puerta a una segunda vida en las noches de insomnio. X es su <em>Tron</em> temporal y acaso ese acostumbramiento a la virtualidad el que le permite la fantas&iacute;a de un curioso biling&uuml;ismo. No hablamos del ingl&eacute;s sino del hebreo. Postea en la lengua sem&iacute;tica, acaso con ayuda de un rabino o de alg&uacute;n programa de traducci&oacute;n. Lo que importa finalmente es el resultado. Ese coeficiente de ininteligibilidad que impresiona por el tama&ntilde;o de las letras que en su origen estaban relacionadas con el fenicio. De ser una lengua escrita, lit&uacute;rgica y de oraci&oacute;n del juda&iacute;smo, escogida por Dios para transmitir su mensaje a hombres y mujeres, luego disuelta y reconstruida en el siglo XIX a partir de la proeza del ruso <strong>Eliezer Ben-Yehuda</strong>, a partir de su llegada a Palestina, convertida en lengua del Estado de Israel, el hebreo puja por encontrar un lugar en la cuenta oficial del estadista argentino. Algo m&aacute;s que un chiste gr&aacute;fico. 
    </p><p class="article-text">
        IV
    </p><p class="article-text">
        Hablando de anotaciones. Entre 1933 y 1938, un a&ntilde;o antes del inicio de la II Guerra Mundial, la periodista jud&iacute;o-alemana <strong>Charlotte Beradt</strong> recopil&oacute; eso que &ldquo;estaba medio dormido&rdquo; en centenares de sue&ntilde;os de alemanes. La lectura de <em>The Third Reich of Dreams. The nightmares of a nation 1933-1939</em> es una pesadilla despierta.&nbsp;&ldquo;Un m&eacute;dico est&aacute; en su casa, hojeando un libro de pintura. De pronto, repara en que las paredes de su habitaci&oacute;n han desaparecido. Extra&ntilde;ado, se levanta para echar un vistazo, y descubre estupefacto que ninguna casa del vecindario conserva sus paredes. Una voz lejana a&uacute;lla desde un altavoz: &iexcl;De acuerdo con el decreto del 17 de este mes sobre la abolici&oacute;n de las paredes!&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El historiador <strong>Reinhart Kosselleck</strong> sostiene que, aunque los sue&ntilde;os se hallan en el extremo m&aacute;s alejado de una escala imaginable de racionabilidad hist&oacute;rica, testimonian &ldquo;una inevitable facticidad de lo ficticio, por lo que un historiador no deber&iacute;a renunciar a ocuparse de ellos&rdquo;. El caso Beradt le resulta ejemplar. En ese libro, se&ntilde;ala Kosselleck, &ldquo;el terror no s&oacute;lo se sue&ntilde;a, sino que los sue&ntilde;os mismos son parte integrante de &eacute;l&rdquo;. Contienen &ldquo;una verdad interior que no s&oacute;lo fue cumplida por la realidad posterior del Tercer Reich, sino superada infinitamente&rdquo;. Beradt los llamaba &ldquo;sue&ntilde;os pol&iacute;ticos&rdquo;. <strong>Jacobo Siruela</strong> prefiere definirlos como &ldquo;sue&ntilde;os hist&oacute;ricos&rdquo;. &iquest;Qui&eacute;n transcribir&aacute; los sue&ntilde;os de estos d&iacute;as alucinados?
    </p><p class="article-text">
        V
    </p><p class="article-text">
        Dicen que se interesa por la C&aacute;bala. <strong>Idel Moshe</strong> es uno de los grandes eruditos e investigadores de ese sistema de interpretaci&oacute;n relacionado con el juda&iacute;smo jas&iacute;dico. Emigr&oacute; a Israel en 1963 y es catedr&aacute;tico en la Universidad Hebrea de Jerusal&eacute;n de C&aacute;bala y Pensamiento Jud&iacute;o. Moshe realiz&oacute; el primer tratamiento completo de los materiales textuales referidos a la creaci&oacute;n del Golem, desde los primeros manuscritos a la &eacute;poca moderna.&nbsp;La primera menci&oacute;n expl&iacute;cita, se se&ntilde;ala en <em>El Golem. Tradiciones m&iacute;sticas y m&aacute;gicas del juda&iacute;smo sobre la creaci&oacute;n de un hombre artificial</em>, es encontrada el Talmud de Babilonia (Sanedr&iacute;n 65b). Uno de los sabios, Rava, &ldquo;cre&oacute; un var&oacute;n&rdquo;. La palabra golem, que aparece s&oacute;lo una vez en el hebreo b&iacute;blico (Salmos 139, 16) para referirse a Ad&aacute;n, el hombre &ldquo;natural&rdquo;, no ser&aacute; utilizada como nombre de ese hombre artificial hasta la literatura m&aacute;s tard&iacute;a. La ambig&uuml;edad sem&aacute;ntica &ldquo;no carece de importancia&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Es en el medioevo que, seg&uacute;n la literatura talm&uacute;dica, un rabino conocido como el Maharal de Praga cre&oacute; a un ser animado a partir del barro. Lo hizo para proteger al gueto del vandalismo antisemita. Pero la criatura, y ese es el n&uacute;cleo de la leyenda, escapa f&aacute;cilmente del control de su inventor y provoca cat&aacute;strofes. 
    </p><p class="article-text">
        En 1915, <strong>Gustav Meyrink</strong> public&oacute; la novela <em>El Golem </em>como una reflexi&oacute;n sobre los aut&oacute;matas humanos. No fue otra cosa que una mirada muy pesimista sobre aquel presente europeo, marcado por una guerra brutal. La novela est&aacute; cargada de misterio (&ldquo;Sent&iacute; que mi esqueleto se convert&iacute;a en hielo y notaba cada uno de mis huesos como fr&iacute;as barras de metal, en las que se quedaba helada la carne&rdquo;) y errores tr&aacute;gicos (&ldquo;&iquest;Sabe usted ya que el Golem ha vuelto a aparecer? Hace muy poco que hemos hablado de eso, &iquest;se acuerda, Pernath? Todo el barrio jud&iacute;o est&aacute; excitado. Vrieslander mismo lo ha visto. Y otra vez ha comenzado, como siempre, con un asesinato&rdquo;). Aunque la presencia de esa figura es lateral en la historia, dialoga en todo momento con la tradici&oacute;n que le dio forma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jorge Luis Borges</strong> fue uno de los lectores entusiastas de la novela. &ldquo;Los disc&iacute;pulos de Paracelso acometieron la creaci&oacute;n de un hom&uacute;nculo por obra de la alquimia, los cabalistas, por obra del secreto nombre de Dios, pronunciado con sabia lentitud sobre una figura de barro&rdquo;. Meyrink escribi&oacute; a partir de esa figura que aparece cada treinta y tres a&ntilde;os en la inaccesible ventana de un cuarto circular que no tiene puertas, en el gueto de Praga, una ficci&oacute;n &ldquo;hecha de sue&ntilde;os que encierran otros sue&ntilde;os&rdquo;. A Borges le llamaba la atenci&oacute;n que Meyrink hubiera &ldquo;dejado la fe cristiana por la doctrina del Buddha&rdquo;. Sue&ntilde;os, conversiones y una creaci&oacute;n que escapa del tutelaje de las manos que le dieron vida p&uacute;blica para causas desastres. C&oacute;mo no revisar esas p&aacute;ginas a la sombra de nuestros acontecimientos (bastar&iacute;a cambiar las callejuelas de Praga por el submundo del capital financiero). &iquest;Qui&eacute;n novelar&aacute; el horror que nos acecha?
    </p><p class="article-text">
        <em>AG/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lengua-monstruos-pesadillas-epoca_129_10975659.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Mar 2024 03:11:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La lengua, los monstruos y las pesadillas de una época]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Golem,Gustav Meyrink]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elogio y declinación de la calvicie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elogio-declinacion-calvicie_129_10955409.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69a8cfa6-543b-497c-9122-17de3e0dab75_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Elogio y declinación de la calvicie"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El significado de la calvicie ha cambiado a través del tiempo. Las narrativas de la aceptación y el orgullo alopécico, también. Los pelados y su inciencia en la historia política argentina, de Domingo Faustino Sarmiento al presente.
</p></div><p class="article-text">
        Tanto macaneo sobre las fuerzas del cielo me llev&oacute; a indagar en lo que podr&iacute;a ser una fuente de inspiraci&oacute;n o deleite presidencial. Di entonces a modo de hip&oacute;tesis con <em>Los diez mandamientos</em>, la pel&iacute;cula de <strong>Cecil B. DeMille </strong>de 1957, con m&uacute;sica de <strong>Elmer Bernstein</strong>. Tal vez ha funcionado como un relato sobre su ascenso personal. Mois&eacute;s (<strong>Charlton Heston</strong>) es el favorito de la familia del fara&oacute;n. Sin embargo, rompe con la <em>casta</em> egipcia para conducir a su pueblo hacia la libertad. Avanza al comp&aacute;s de una m&uacute;sica que, bajo los par&aacute;metros rimbombantes de Hollywood, busca resaltar el car&aacute;cter &eacute;pico del &Eacute;xodo.
    </p><p class="article-text">
        Imagino a los hermanos frente a una pantalla gigante, de 115 pulgadas, armados de pochoclo, emocionados por la determinaci&oacute;n de Mois&eacute;s, azorados por la crueldad y los celos de Rams&eacute;s, quien no es otro que <strong>Yul Brynner</strong>, el actor ruso-norteamericano que hizo de su calvicie un signo de distinci&oacute;n cuando obraba sobre esa superficie el escarnio. Brynner es ah&iacute; tambi&eacute;n el que es: un pelado insigne. Nadie mejor para encarnar a un fara&oacute;n que, dada su condici&oacute;n divina, jam&aacute;s se muestra con la cabeza rapada al descubierto. La corona, el <em>pskent</em>, con la figura de la cobra en el medio, simbolizaba su poder terrenal. Qu&eacute; lustre el de ese actor, famoso tambi&eacute;n por pel&iacute;culas como <em>El rey y yo</em> y <em>Anastasia</em>. La testa de Brynner irradia una historia que nos pasear&aacute; por la pel&iacute;cula y la misma historia de la calvicie para, por &uacute;ltimo, ser testigos de otra escena, la de un hombre con la cabeza desnuda que, a diferencia de Rams&eacute;s, se rinde sin miramientos ante el nuevo patriarca paleo libertario.
    </p><p class="article-text">
        El significado de la calvicie ha cambiado a trav&eacute;s del tiempo. Durante la dinast&iacute;a Ching, los hombres eran obligados a raparse el tercio anterior de la cabeza. Solo les dejaban colgar una trenza, a modo de &ldquo;cola de caballo&rdquo;. Los manch&uacute;es, fundadores del linaje, eran a su modo estilistas. Aceptar el corte, suger&iacute;an, era salvar la vida. Lo contrario era in&uacute;til. A una cabeza cortada de nada le serv&iacute;a preservar el cabello. Se le atribuye a algunos pueblos originarios del norte de Am&eacute;rica cortar el cuero cabelludo del enemigo vencido y guardarlo como trofeo. La posesi&oacute;n de una victoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Silvio Sold&aacute;n</strong> debi&oacute; sentir el fr&iacute;o de la derrota sobre su mollera. Lo aterr&oacute; tanto la calvicie que se rerugi&oacute; en el biso&ntilde;&eacute;. Sus marcas de artificio eran mucho mejor que una superficie bru&ntilde;ida por la p&eacute;rdida de andr&oacute;genos. El pudor de Sold&aacute;n, la verg&uuml;enza de padecer alopecia y negar sistem&aacute;ticamente la evidencia, era heredera de una fantas&iacute;a que ven&iacute;a&nbsp; desde muy lejos: la asociaci&oacute;n entre el pelo largo de los hombres y su fuerza. No poseerlo era una afrenta, la ca&iacute;da en el estigma de Sans&oacute;n. Fue as&iacute; que <strong>Luis XIV</strong>, el &ldquo;Rey Sol&rdquo; luci&oacute; un enorme peluc&oacute;n para ponerlo a la altura de su fuerza soberana. &ldquo;Si tuviera que elegir un objeto para describir el sentido de la vida en la Tierra, una postal para enviar a los marcianos sobre nuestras obsesiones m&aacute;s fieles, me inclinar&iacute;a en primer lugar por la peluca. Mam&iacute;fera y artificial, insignia del poder y al mismo tiempo c&oacute;mplice de una idea maleable de belleza, remota pero siempre persistente, en esa cabellera falaz que parece encaminarse hacia la vida propia se reflejan nuestros excesos y nuestros temores, el despliegue del cuerpo entregado a la seducci&oacute;n, as&iacute; como los estragos psicol&oacute;gicos de ese suced&aacute;neo del oto&ntilde;o conocido como calvicie&rdquo;, se&ntilde;ala <strong>Luigi Amara</strong> en <em>Historia descabellada de la peluca. </em>En ese tejido se revela una propensi&oacute;n al doblez y al simulacro. Una forma de teatro.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        &iquest;Heston tambi&eacute;n utiliz&oacute; una peluca para <em>ser </em>Mois&eacute;s?Lo vemos ir al encuentro de la deidad. <em>Los diez mandamientos</em> se rod&oacute; en Egipto y el mismo Monte Sina&iacute;. Dios -as&iacute; se hace llamar en la pel&iacute;cula- le pide ah&iacute; que se quite los zapatos porque pisa Tierra Santa, y &eacute;l, Mois&eacute;s, le pregunta por qu&eacute; no escucha el llanto de sus hijos esclavos en Egipto, a lo que Dios, el dios de Abraham, Issac y Jacob, le dice que por supuesto <em>vio </em>el dolor de su gente, y tambi&eacute;n ha<em> o&iacute;do</em> su llanto, todo pasa por los sentidos, por lo que lo convoca a que enfrente al fara&oacute;n Rams&eacute;s, es decir, Brynner, el pelado, y saque a su pueblo del oprobio. Mois&eacute;s duda, qui&eacute;n es &eacute;l para ayudarlos, qu&eacute; palabras puede decirles para que lo <em>escuchen</em>. &ldquo;Te ense&ntilde;ar&eacute; lo que tengas que decir. Cuando hayas tra&iacute;do a la gente me servir&aacute;n en esta monta&ntilde;a. Pondr&eacute; mis leyes en sus corazones y en sus mentes las escribir&eacute;. Ve y yo estar&eacute; contigo&rdquo;. Mois&eacute;s quiere m&aacute;s pruebas. Qu&eacute; responder&aacute; cuando le pregunten por su nombre. &ldquo;Yo soy el que soy&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Los diez mandamientos </em>cont&oacute; con uno de los sets de filmaci&oacute;n m&aacute;s grandes en la historia del cine.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -S&iacute;, pero no los aport&oacute; el Estado, y adem&aacute;s, recaud&oacute; 65 millones de d&oacute;lares-, podr&iacute;a comentar el hermano.
    </p><p class="article-text">
        Y ella:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Tremenda taquilla.
    </p><p class="article-text">
        Y &eacute;l:
    </p><p class="article-text">
        -Perd&oacute;n, pero, digo, o sea, si nos atenemos a lo que obtuvo en m&aacute;s de medio siglo, m&aacute;s de medio siglo, digo, mis c&aacute;lculos, sigo, &iquest;me segu&iacute;s?, mis c&aacute;lculos me dan, a un valor presente del d&oacute;lar, 1.017 millones. &iquest;Te das cuenta?
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;an adem&aacute;s haberse deslumbrado con otros de los momentos claves de la pel&iacute;cula. La escena de Mois&eacute;s en la que abre un paso por el mar Rojo es considerada por muchos cr&iacute;ticos como se&ntilde;era. Es curioso, el compositor recurre a unos compases de la &ldquo;Cabalgata de las Walkirias&rdquo;, nada menos que en 1957, es decir, 12 a&ntilde;os despu&eacute;s de la Segunda Guerra, cuando las asociaciones entre el nazismo y <strong>Richard Wagner</strong> constitu&iacute;an un problema may&uacute;sculo de la m&uacute;sica y la cultura occidentales (signo ya de que toda informaci&oacute;n puede intercambiar sentidos y realizar brutales cabriolas). Dice Mois&eacute;s que hay que conducir al pueblo jud&iacute;o por el centro de las aguas. Le responden que se har&aacute; su voluntad (qu&eacute; palabra: el presidente cree que su potencia volitiva es de inspiraci&oacute;n celestial). El profeta retorna al monte y tiene lugar la situaci&oacute;n que resume la pel&iacute;cula, al punto que fue seleccionada para promocionarla. Mois&eacute;s alza la tabla en el monte, acaso equiparable en su peso para ellos a la Ley &Oacute;mnibus o el DNU, mamotretos destinados a impartir tundas b&iacute;blicas en un pa&iacute;s remoto, 74 a&ntilde;os m&aacute;s tarde.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Mir&aacute;, mir&aacute;, impresionante-, &iquest;dir&iacute;a ella?
    </p><p class="article-text">
        Y &eacute;l:
    </p><p class="article-text">
        -Shh, pasame un poco de pochoclo. Lo que sobra es para Conan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Rams&eacute;s es testigo del milagro. Lo observa imperturbable. Disimula su frustraci&oacute;n como su calva, esa met&aacute;fora de la esterilidad que ha visto en la abundancia pilosa un sin&oacute;nimo de lo fertil. Los hombres, a partir de los 50 a&ntilde;os, detectan muchas veces que la sombra de Brynner comienza a acechar en clave negativa. La p&eacute;rdida puede no tener consuelo. Sold&aacute;n ya era grande para confiar en los t&oacute;nicos enga&ntilde;osos del siglo que lo preced&iacute;a. Se parapet&oacute; debajo del biso&ntilde;&eacute;. Nada distinto a lo que hizo <strong>Andy Warhol</strong>, cuya peluca lleg&oacute; a venderse en 2006 por US$10.800 en una subasta en Christie&rsquo;s. Claro: Sold&aacute;n era apenas un locutor que amenizaba el programa televisivo <em>Grandes valores del tango. </em>Tener una cabellera <em>fake </em>supon&iacute;a no obstante un salto de calidad superior a convertirse en una versi&oacute;n sudamericana de Kojak, el detective pelado que protagoniz&oacute;<strong> Telly Savalas</strong>. La astucia podr&iacute;a ser superior al disimulo en esa serie de los setenta. No para los soldanes fuera de fase con las novedades t&eacute;cnicas. Desde hace a&ntilde;os, por suerte para ellos, existen los micro injertos.&nbsp; La oferta se ha sofisticado, as&iacute; como las narrativas de la aceptaci&oacute;n y el orgullo alop&eacute;cico.
    </p><h3 class="article-text">El Peluca</h3><p class="article-text">
        Para ser justos, fue el fil&oacute;sofo <strong>Sinesio de Cirene</strong> el primer vindicador de ese despojamiento. Natural de la Pent&aacute;polis de Cirenaica, en la actual Libia. Sinesio escribi&oacute; un <em>Elogio de la calvicie</em>. Se trataba de una &ldquo;batalla cultural&rdquo; con <strong>Di&oacute;n de Prusa</strong>, orador y fil&oacute;sofo griego que despunt&oacute; bajo la dominaci&oacute;n romana en el siglo I. Di&oacute;n alababa la melena de Aquiles, y su contendiente sosten&iacute;a que la alopecia era un rasgo humano que alejaba a los hombres de los animales, cubiertos de pelo, hirsutos y, por lo tanto, est&uacute;pidos. Por eso era frecuente entre sabios y maestros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sinesio de Cirene marcaba la diferencia entre una &ldquo;cabeza pelada&rdquo; y un &ldquo;entendimiento poblado&rdquo;. Recuerda Amara al respecto que todav&iacute;a a comienzos del siglo XIX segu&iacute;a viva esta asociaci&oacute;n &ldquo;m&aacute;s bien supersticiosa entre calvicie y sabidur&iacute;a&rdquo;. &iquest;Solo supersticiosa? Ah&iacute; los tenemos, por citar algunos y ubicarlos en una galer&iacute;a de la consagraci&oacute;n intelectual, a <strong>Theodor W. Adorno</strong>, <strong>Cornelius Castoriadis</strong>, <strong>Edgar Morin</strong>, <strong>Maurizio Lazzarato </strong>y <strong>Michel Foucault</strong>. <strong>Tom&aacute;s Abraham</strong> fue el gran difusor de <em>Las palabras y las cosas </em>y <em>Vigilar y Castigar </em>en la Universidad de la transici&oacute;n democr&aacute;tica. <strong>Jorge Telerman</strong>, quien hab&iacute;a estado en Par&iacute;s, tradujo algunos de sus textos y fungi&oacute; como ayudante de Abraham. Como en una carrera de relevos hacia abajo, le toc&oacute; a <strong>Luis Alberto Spinetta</strong>, en su condici&oacute;n de lector entusiasta, propagar en la prensa del rock el nombre del franc&eacute;s. Tres d&eacute;cadas m&aacute;s tarde, es <strong>Alejandro Fantino</strong> el que invoca su figura deportivamente y nos ofrece un indicio de &eacute;poca en <em>degrad&eacute;</em>. Seg&uacute;n <em>La Naci&oacute;n, </em>&ldquo;parado sobre las nociones del pensador Michel Foucault, el animador marc&oacute; dos puntos de ruptura en la profesi&oacute;n que ejerce&rdquo;. Habl&oacute; de rupturas, cortes hist&oacute;ricos y t&eacute;cnicas para reflexionar sobre la suerte del periodismo deportivo. Toda una arqueolog&iacute;a del sobar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Pelo fue aqu&iacute;, en donde calavero/ calva no s&oacute;lo limpia, sino hidalga/ h&aacute;seme vuelto la cabeza nalga/ antes greguescos pide que sombrero.</em> <strong>Francisco de Quevedo</strong> describe como un tercer gl&uacute;teo a la cabeza sin pelambre. Pero, &iquest;qu&eacute; decir de nuestros primeros pelados, aquellos que podr&iacute;an ser objeto de se&ntilde;alamiento cuando no exist&iacute;a la prescripci&oacute;n de hablar acerca de los cuerpos ajenos? El m&aacute;s grande, <strong>Domingo Faustino Sarmiento</strong>, sin dudas. <strong>Leopoldo Lugones</strong> lo pinta en sus inicios con &ldquo;peluca y barba unitaria, ojos melanc&oacute;licos, mejillas caedizas de dogo, patillas pata de cabra, migote marcial&rdquo; y una &ldquo;ceja encrespada&rdquo; que afiera la mirada. Sarmiento se despoj&oacute; de ese ornamento, asumi&oacute; el rev&eacute;s incontestable de la calvicie para que florezcan mejor sus pensamientos: civilizaci&oacute;n y barber&iacute;a.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ezequiel Mart&iacute;nez Estrada</strong>, quien ve&iacute;a al autor de <em>Facundo </em>como un resumen de todas las contradicciones argentinas, tambi&eacute;n era calvo. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es esto?&rdquo;, dir&iacute;a tal vez sobre este presente. <strong>Carlos Pagni</strong> irrumpe desde hace a&ntilde;os como una suerte de Yul Brynner ilustrado. Sus art&iacute;culos en <em>La Naci&oacute;n</em>, robustecidos siempre con la ayuda de alg&uacute;n nombre del canon, <strong>Jorge Luis Borges</strong>, por ejemplo, pueden ser le&iacute;dos como ensayos urgentes de un intelectual ladeado hacia la derecha. Su habla florida e ir&oacute;nica se materializa en las columnas de los d&iacute;as martes, que son transcripciones de un mon&oacute;logo televisivo. Pagni, historiador y ex profesor universitario, public&oacute; <em>El nudo</em>, un libro que discute las experiencias sociales del conurbano y el 2001 y sus efectos. &ldquo;En esos d&iacute;as turbulentos cayeron presidentes y colaps&oacute; un r&eacute;gimen monetario y cambiario. Pero, sobre todo, se aceler&oacute; la descomposici&oacute;n del Estado de bienestar tal como hab&iacute;a sido concebido desde los primeros gobiernos de Juan Domingo Per&oacute;n. El terremoto se desarroll&oacute; sobre todo en una geograf&iacute;a. El modelo econ&oacute;mico que hab&iacute;a entrado en convulsi&oacute;n estall&oacute; en el lugar donde se lo hab&iacute;a fundado. El conurbano de la provincia de Buenos Aires. En medio de esas ruinas hizo su aparici&oacute;n un nuevo drama: la pobreza&rdquo;. Argentina era un pa&iacute;s con pobres. &ldquo;Pero a partir de 2001 emergi&oacute; la pobreza como un fen&oacute;meno sist&eacute;mico&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El voluminoso y pol&eacute;mico ensayo estableci&oacute; un diferencial respecto de los dem&aacute;s periodistas pol&iacute;ticos. En varias entrevistas televisivas, Pagni eligi&oacute; el lugar que parece mejor representarlo: la biblioteca. Se coloc&oacute; delante de estanter&iacute;as atiborradas para que hablen e intimiden a los entrevistadores, a veces balbuceantes, temerosos al derrape. A su modo, forma parte de la estirpe se&ntilde;alada por Sinesio de Cirene. Sin embargo, esa articulaci&oacute;n entre libro y calvicie se quiebra, lo deja en la actualidad casi solo y acaso estupefacto frente a otros pelados que se rebelan contra el lenguaje: el diputado <strong>Jos&eacute; Luis Espert</strong> y, en especial, <strong>Esteban Marcos Trebucq</strong> (para una m&aacute;s pertinaz y disparatada descripci&oacute;n recomiendo <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/delantera-metegol_129_10934165.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la cr&oacute;nica</a> de <strong>Juan Jos&eacute; Becerra</strong> del pasado domingo). El presidente de los mandamientos y los mandatos far&oacute;nicos ha encontrado en el ahora periodista de <em>La Naci&oacute;n</em>+<em> </em>un interlocutor de privilegio. Dos caras de una misma moneda del esquilme econ&oacute;mico y gramatical: el cultor de la tierra arrasada, conocido por sus seguidores como &ldquo;El Peluca&rdquo;, y el hombre del casco rasurado, &uacute;ltimo eslab&oacute;n de la mencionada serie decreciente sobre las relaciones entre la ausencia de cabello y el verdor de las palabras y conceptos que comienza en lo m&aacute;s alto con Sarmiento, pasa por Mart&iacute;nez Estrada sin menguar, declina en un Pagni todav&iacute;a anal&oacute;gico y agoniza en este crep&uacute;sculo digital y &aacute;grafo con Trebucq. No solo han ca&iacute;do pelos sino un mundo.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/elogio-declinacion-calvicie_129_10955409.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Feb 2024 03:13:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Elogio y declinación de la calvicie]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Esteban Trebucq,Carlos Pagni,Michel Foucault,Domingo Faustino Sarmiento]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lali y los argentinos expósitos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lali-argentinos-expositos_129_10934016.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4e94792-2fb6-4c01-9878-bb1624ec81cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lali y los argentinos expósitos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con furia anarco capitalista, el presidente la llamó Lali "Depósito". Desde sus supertacos, Lali lo desafío a pie pequeño e, incluso, lo invitó a un espectáculo (pago) para bailar “Obsesión”. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Te cre&iacute;as cazador, pero sos la presa&rdquo;, canta <strong>Lali Esp&oacute;sito</strong> en &ldquo;KO&rdquo;. &ldquo;Ay, qu&eacute; bardo que est&aacute;s armando&rdquo;. Parece escrita esta semana. Pero no, unos meses atr&aacute;s. Dejemos de lado preferencias musicales. La escuchamos igual con un dejo de simpat&iacute;a. Ella se enfrent&oacute; a la furia de la hermandad anarco capitalista.&nbsp;&ldquo;Dep&oacute;sito&rdquo;, la llam&oacute; el presidente <strong>Javier Milei</strong> y se hizo a los codazos un lugar en la historia de las relaciones entre los hombres de Estado y la m&uacute;sica.&nbsp;Estos han pasado de la meloman&iacute;a program&aacute;tica (Hitler y Goebbels, adoradores de Wagner) a la jactancia de poseer un &ldquo;buen gusto&rdquo; (John Kennedy y su predilecci&oacute;n por Pablo Casals). Qu&eacute; m&aacute;s decir a estas alturas sobre <strong>Alberto Fern&aacute;ndez</strong> y su glosa de <strong>Litto Nebbia</strong>. Javi no se incluir&iacute;a en esta serie como <em>connoisseur </em>ni fan sino como creador de una enemiga imaginaria de una manera parecida a la que obr&oacute; <strong>Donald Trump</strong> con <strong>Taylor Swift</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Josef Stalin</strong> aborreci&oacute; <em>Lady Macbeth del Distrito de Mtsensk</em>, de <strong>Dimitri Shostakovich</strong>. &ldquo;Caos en lugar de m&uacute;sica&rdquo;, asegur&oacute; <em>Pravda</em>, en 1934, sobre la &oacute;pera. El &oacute;rgano oficial del Partido Comunista de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica (PCUS) habl&oacute; de una obra &ldquo;tosca, primitiva y vulgar&rdquo;, de car&aacute;cter &ldquo;cacof&oacute;nico&rdquo;. Si bien su autor era talentoso, hab&iacute;a optado &ldquo;deliberadamente&rdquo; por prescindir de un &ldquo;lenguaje musical sencillo y popular accesible a todos&rdquo;. Se impuso, dijo, &ldquo;el formalismo&rdquo;, la &ldquo;distorsi&oacute;n izquierdista&rdquo;. En suma: la &ldquo;innovaci&oacute;n&rdquo; peque&ntilde;oburguesa&ldquo;. La fil&iacute;pica hundi&oacute; al compositor. Dice <strong>Solomon Volkov</strong> en <em>Shostakovich and Stalin. The extraordinary relationship between the great composer and the brutal dictator</em> que la &rdquo;cr&iacute;tica&ldquo; period&iacute;stica le correspondi&oacute; al propio secretario general del PCUS, un declarado amante de la &oacute;pera rusa del siglo XIX. El presidente no tiene su propia<em> Pravda</em>. Apenas cuenta con un mundo de trolls y comunicadores empalagosos que lo alimentan y le permiten luego balbucear sus <em>cr&iacute;ticas</em>. 
    </p><p class="article-text">
        De repente, Lali se convirti&oacute; en una figura meton&iacute;mica para explicar la necesidad <em>moral </em>del ajuste draconiano. Lo que la cantante y otros de su especialidad se llevaron sobre la base de contratos presuntamente inflados, asegur&oacute; el estadista, impide al Gobierno desplegar la ayuda a los comedores populares. El hambre tiene una consecuencia musical. Si el Estado no promoviera esos conciertos al aire libre las cuentas p&uacute;blicas estar&iacute;an saneadas. 
    </p><p class="article-text">
        Desde sus super tacos, Lali desaf&iacute;o a pie peque&ntilde;o. Lo invit&oacute; incluso a un espect&aacute;culo (pago), para bailar &ldquo;Obsesi&oacute;n&rdquo;. Javi no pudo con su genio (su obsesi&oacute;n) y despu&eacute;s de que artistas, intelectuales y colectivos feministas salieran en defensa de Esp&oacute;sito se despach&oacute; en X con una clase virtual sobre la lucha por la hegemon&iacute;a. El problema, sostuvo, no es solamente Lali sino &ldquo;una arquitectura cultural dise&ntilde;ada para sostener el modelo que beneficia a los pol&iacute;ticos&rdquo; y con la cual la ultraderecha vino a terminar de cuajo.&nbsp;Parte de la responsabilidad, asegur&oacute;, la tiene un comunista que muri&oacute; en una prisi&oacute;n del <em>fascio </em>italiano en 1937. &ldquo;(Antonio) Gramsci se&ntilde;alaba que para implantar el socialismo era necesario introducirlo desde la educaci&oacute;n, la cultura y los medios de comunicaci&oacute;n. Argentina es un gran ejemplo de ello. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando uno expone la hipocres&iacute;a de cualquier vaca sagrada de los progres bienpensantes, se les detona la cabeza e inmediatamente acuden a todo tipo de respuestas emocionales y acusaciones falsas y disparatadas con el objetivo de defender a capa y espada sus privilegios&ldquo;. Leemos absortos. A ver, &iquest;qui&eacute;n escribe? &iquest;es un habitante de la ciudad letrada o un charlat&aacute;n? A&ntilde;ade el presidente con una p&aacute;tina de ilegibilidad: &rdquo;Lo m&aacute;s maravilloso de la batalla cultural llevada a la pol&iacute;tica versada sobre el principio de revelaci&oacute;n es que cuando uno se&ntilde;ala las vacas sagradas del edificio de Gramsci, autom&aacute;ticamente genera una l&iacute;nea de separaci&oacute;n entre los que viven de los privilegios del Estado y las personas de bien&ldquo;. La destrucci&oacute;n de las instituciones culturales tiene ac&aacute; su fundamento disfrazado de raz&oacute;n presupuestaria.
    </p><p class="article-text">
        O sea que Lali, con sus ojos s&uacute;per delineados, sus brillantinas y escotes, sus trajes de leopardo y vestidos a veces transl&uacute;cidos o negros (como cuando cant&oacute; el himno en Qatar); esos bailes sexy y mohines con labios color ladrillo es, lo sabe ahora, lo sabemos, c&oacute;mo lo desconoc&iacute;amos, una gramsciana. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Llegar&aacute;n los an&aacute;lisis de sus canciones en clave paranoica? &iquest;Ser&iacute;a inveros&iacute;mil? Insisto: &iquest;Acaso lo qu&eacute; sucede no desaf&iacute;a permanentemente nuestra capacidad de aceptaci&oacute;n? Imaginemos entonces una reuni&oacute;n de libertarios dispuestos de sumergirse en la tarea hermen&eacute;utica. Se discute sobre los significados ocultos de letras aparentemente inofensivas. De repente, y a modo de ejemplo, diseccionan &ldquo;Disciplina&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        	<em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>De rodillas, pidi&eacute;ndome una lecci&oacute;n (yeah, yeah)</em>
    </p><p class="article-text">
        	<em>Sabes que dominarte es mi motivaci&oacute;n (ah, ah)</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se abre al debate?&nbsp;Uno -lleva en su remera estampado el lema que no hay plata- podr&iacute;a decir: &ldquo;Esto no es otra cosa que una solapada intenci&oacute;n de conquistar subjetividades&rdquo;. Y otro: &ldquo;Un programa musical taimado: busca formar cuadros&rdquo;. Y un tercero: &ldquo;S&iacute;, el disfraz de <strong>Britney Spears</strong> es enga&ntilde;oso&rdquo;. El primero asiente y aporta: &ldquo;claro, es una mini <strong>Rosa Luxemburgo</strong> que libera la dopamina de la revoluci&oacute;n marxista mientras transpira y nos hace transpirar&rdquo;. El segundo se ve obligado a tomar distancia: &ldquo;&iquest;c&oacute;mo que <em>nos</em> hace?&rdquo;. Advierte que el tercero estaba marcando con el pie el ritmo machac&oacute;n de &ldquo;Ok&rdquo;, que nunca hab&iacute;a dejado de sonar. 
    </p><p class="article-text">
        Aquello que podemos considerar inadmisible, caricaturesco, una deriva al borde del delirio de interpretaciones de la actualidad, adquiere sin embargo carnadura cuando la vicepresidenta, hija de un oficial contrainsurgente de los setenta, repone aspectos de un discurso que cre&iacute;amos imposible de ser enunciados. Ella comparte el posteo del estadista y agrega: &ldquo;desarmando el Gramsci kultural&rdquo;. Lali ser&iacute;a portadora del virus de la ideolog&iacute;a disolvente. &ldquo;Ning&uacute;n adulto puede utilizar su posici&oacute;n de superioridad como docente para influir, adoctrinar o ideologizar menores de edad&rdquo;.	
    </p><h3 class="article-text">Ecos de un viejo panfleto</h3><p class="article-text">
        &iquest;De d&oacute;nde viene esa jerga? Recuerda <strong>Federico Shinzato</strong> en <em>Narrativas militares sobre los 70: el general (r) D&iacute;az Bessone y el C&iacute;rculo Militar durante la transici&oacute;n democr&aacute;tica</em> el modo pre wikip&eacute;dico en que Gramsci comenz&oacute; a circular en boca de uniformados que hab&iacute;an sido parte vital de la dictadura y, en medio de los juicios por violaciones a los derechos humanos, denunciaban la transfiguraci&oacute;n del &ldquo;enemigo interno&rdquo;. <strong>Ram&oacute;n D&iacute;az Bessone</strong> hab&iacute;a sido comandante del II Cuerpo de Ej&eacute;rcito y ministro de Planeamiento de <strong>Jorge Videla</strong>. Lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que con la espada y la picana no hab&iacute;a alcanzado: se lanz&oacute; a <em>teorizar</em>. Cre&iacute;a que la &ldquo;lucha contra la subversi&oacute;n&rdquo; de los a&ntilde;os ochenta, es decir, la post dictatorial, se parec&iacute;a m&aacute;s a lo que el comunista italiano hab&iacute;a calificado metaf&oacute;ricamente como una guerra de trincheras. Cada esfera de la vida social y cada organizaci&oacute;n de la sociedad civil constitu&iacute;an espacios que &ldquo;el enemigo subversivo&rdquo; intentar&iacute;a conquistar. El autor de <em>Guerra Revolucionaria en la Argentina (1959-1978)</em> advert&iacute;a: &ldquo;Es hora de una lucha sin cuartel contra la agresi&oacute;n marxista-leninista y gramsciana, que particularmente desde el 10 de diciembre de 1983 nos ataca. Hay que destruir su propaganda, desenmascarar su rostro. El silencio y la inacci&oacute;n son c&oacute;mplices&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;az Bessone no estaba solo. Dice Shinzato: &ldquo;Adem&aacute;s de mantener viva la memoria militar sobre los a&ntilde;os setenta y de reproducir la doctrina del enemigo interno, el C&iacute;rculo Militar contribuy&oacute; a ampliar la mirada castrense al incorporar la figura de Gramsci para interpretar la realidad pol&iacute;tica durante el gobierno de (Ra&uacute;l) Alfons&iacute;n. As&iacute;, al enfocar la atenci&oacute;n en el marxismo gramsciano, los uniformados creyeron descubrir una nueva modalidad de actuaci&oacute;n de la subversi&oacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El general ser&iacute;a indultado por el presidente <strong>Carlos Menem</strong> en 1991 y vuelto a procesar a partir de 2006, cuando se declararon inconstitucionales las leyes de impunidad. Muri&oacute; en 2017, a los 91 a&ntilde;os. Siete a&ntilde;os m&aacute;s tarde, la vulgata de <em>Guerra Revolucionaria&hellip; </em>y otra antigua folleter&iacute;a castrense se convierten en credo oficial. Somos espectadores de una &ldquo;gran sci-fi&rdquo; dist&oacute;pica (&iquest;acaso el diario cat&oacute;lico de Roma, <em>Avvenire</em>, no calific&oacute; al presidente de &ldquo;alien&iacute;gena&rdquo;?).&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>El playback como falta de &eacute;tica</strong></h3><p class="article-text">
        Hay otro asunto llamativo de la <em>guerrilla digital</em> de Javi contra Lali. Ser&iacute;a del orden sonoro. O su emisi&oacute;n espuria. La acus&oacute; de hacer <em>playback.</em> El amante de la &oacute;pera italiana (amor confesado a la premier neofascista <strong>Giorgia Meloni</strong> durante su encuentro en Roma en calidad de se&ntilde;al inequ&iacute;voca de una <em>italianeidad</em> compatible con la Tor&aacute;) se indign&oacute; frente al posible ejercicio de una enga&ntilde;osa sincronizaci&oacute;n de movimientos labiales con la m&uacute;sica, tan propio de los videos y de conciertos multitudinarios. <strong>Michael Jackson</strong> recurri&oacute; a esta &ldquo;t&eacute;cnica&rdquo; cuando present&oacute; por primera vez &ldquo;Billie Jean&rdquo;, en 1983. A medida que los recitales reforzaron el componente visual y coreogr&aacute;fico, con movimientos sobre el escenario de gran destreza y precisi&oacute;n, como en el caso de <strong>Madonna</strong>, el <em>playback </em>se transform&oacute; en un recurso &ldquo;natural&rdquo;. Incluso en rituales de Estado. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo no recordar lo que sucedi&oacute; en Pek&iacute;n 2008? Los Juegos Ol&iacute;mpicos se abrieron con el canto de la &ldquo;Oda a la patria&rdquo; de una ni&ntilde;a de nueve a&ntilde;os. Una audiencia global llor&oacute; ante ese derroche de emoci&oacute;n. Pronto se descubri&oacute; que hab&iacute;a sido un simulacro. Muchos se sintieron enga&ntilde;ados. Naturalmente, hubo sucesos m&aacute;s escandalosos como el protagonizado por el d&uacute;o <strong>Milli Vanilli</strong>. &ldquo;Girl You Know It's True&rdquo; vendi&oacute; millones de discos, al punto de obtener el Grammy al mejor artista revelaci&oacute;n en 1990. Todo hab&iacute;a sido un ejercicio m&iacute;mico. Ellos ni sab&iacute;an cantar. 
    </p><p class="article-text">
        En algunas ocasiones, el <em>playback </em>es grosero porque ni siquiera las bocas se abren y cierran sincr&oacute;nicamente con lo que <em>se canta</em>. <strong>Las Primas</strong>, el grupo que se hizo famoso mientras D&iacute;az Bessone lanzaba sus diatribas con &ldquo;Saca la Mano, Antonio&rdquo;, hizo escuela de esa discordancia. <strong>Daniela Mori</strong>, una de sus integrantes, volvi&oacute; d&eacute;cadas despu&eacute;s a hacer gala de ese <em>out of phase </em>r&iacute;tmica con &ldquo;La bomba t&aacute;ntrica&rdquo;, la canci&oacute;n que le dedic&oacute; a&ntilde;os atr&aacute;s a su entonces novio y economista paleo libertario (no deja de ser curioso, aunque ajeno a este texto, el hecho de que su actual novia sea imitadora y haya sido integrante de Las Primas, en su versi&oacute;n peruana. &iquest;El <em>playback </em>le ha sido completamente ajeno? &iquest;Lo es cuando imita a Taylor Swift?).
    </p><p class="article-text">
        Tenemos, por lo tanto, un jefe de Estado que discute p&uacute;blicamente sobre la pureza de las emisiones que salen de una garganta. La ausencia de su aura y el reemplazo por una grabaci&oacute;n son denunciados como falta &eacute;tica. El playback ser&iacute;a, en un punto, m&aacute;s que una traici&oacute;n: una suerte de ventriloquismo. Una fuente sustituye a la que creemos escuchar. El presidente tambi&eacute;n conoce este procedimiento: D&iacute;az Bessone habla por &eacute;l.&nbsp;Y no solo aquel general de ce&ntilde;o amenazante. <strong>Agust&iacute;n Laje</strong> es un reciclador estilizado de las mismas argumentaciones. Dice en <em>La batalla cultural</em>, libro le&iacute;do a raudales en Am&eacute;rica Latina y que quiz&aacute; est&aacute; sobre la mesita de luz del presidente:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Utilizando lenguaje gramsciano, podr&iacute;a decirse que la funci&oacute;n de que se trata tiene que ver con la conducci&oacute;n de procesos hegem&oacute;nicos o contrahegem&oacute;nicos. Es decir, tiene que ver con distintos esfuerzos (simb&oacute;licos, expresivos, reflexivos, creativos, etc.) destinados a reforzar los componentes culturales que mantienen unida a la sociedad o bien que procuren subvertirlos para impulsar otra visi&oacute;n del mundo, otro tipo de sociedad. Por ello el intelectual es un agente indispensable de la batalla cultural: su funci&oacute;n es, precisamente, involucrarse de forma activa en estas batallas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lali nos ha recordado cu&aacute;n exp&oacute;sitos nos sentimos, hu&eacute;rfanos de proyectos, expuestos a la ira de las fuerzas del cielo en este viaje al fin de la noche.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lali-argentinos-expositos_129_10934016.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Feb 2024 03:01:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lali y los argentinos expósitos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lali Espósito,Javier Milei,Lali Depósito]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Palo, Palito, palazo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/palo-palito-palazo_129_10914059.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09c5cf9c-9830-46e1-a2eb-5eb01e3cece4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Javier Milei bailando en el Muro de los Lamentos, Palito Ortega de cumpleaños, Gendarmería reprimiendo en Congreso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Del baile del presidente Javier Milei en el Muro de los Lamentos al pogo del publicista más eficiente de la ultraderecha, pasando por el "fiestón" de aniversario de un represor con prisión domiciliaria animado por Palito Ortega.</p></div><p class="article-text">
        Se&ntilde;ala <strong>Annie-B. Parson</strong>, directora art&iacute;stica del Big Dance Theatre de Brooklyn, que hay cuestiones de <em>tempo </em>y espacio que son parte permanente en la escena p&uacute;bica. Hombres y mujeres se desplazan con gracia por la calle. Cuando el ritmo de una persona no sincroniza con el propio, &ldquo;se te niega la dualidad musical t&aacute;cita que tienen los desconocidos al caminar y cruzarse&rdquo;. Hay, para ella, una coreograf&iacute;a de la vida diaria. De hecho, as&iacute; se llama su libro. Esa coreograf&iacute;a tiene a veces un trasfondo pol&iacute;tico inequ&iacute;voco. Pensemos en Javi, el temible. Suele a&ntilde;adir a sus intervenciones un plus cin&eacute;tico, augur de tempestades. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando bailaba como un esp&aacute;stico &ldquo;La bomba t&aacute;ntrica&rdquo; en los estudios televisivos nos informaba hasta qu&eacute; punto el espect&aacute;culo era capaz de fusionarse con los asuntos p&uacute;blicos para capturar el Estado. Acaba de acompa&ntilde;ar su muy problem&aacute;tica decisi&oacute;n de mudar la embajada argentina desde Tel Aviv hacia Jerusal&eacute;n con arrebatos de danzar&iacute;n. Frente al Muro de los Lamentos dio rienda suelta a su conversi&oacute;n al palo. Quiz&aacute; su rabino de cabecera, <strong>Shimon Axel Wahnish</strong>, a quien design&oacute; como embajador argentino en Israel, lo alent&oacute; a agitar el esqueleto con algunos ejemplos del Antiguo Testamento. 
    </p><p class="article-text">
        En el &Eacute;xodo, por ejemplo, una vez alcanzado el Mar Rojo, &ldquo;Mar&iacute;a la profetisa, hermana de Aar&oacute;n, tom&oacute; un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron detr&aacute;s de ella con panderos y danzas&rdquo;. Tambi&eacute;n los hombres danzaban de manera separada, como David, con toda su fuerza, delante de Yahv&eacute;. Acaso el viaje no solo busc&oacute; escenificar el alineamiento con el premier <strong>Benjam&iacute;n Netanyahu</strong>. &iquest;El deseo de recibir ense&ntilde;anzas espirituales tuvo el a&ntilde;adido de otras instrucciones? &iquest;Habr&aacute; dado saltos inici&aacute;ticos, peque&ntilde;os, delicados y reducidos en el espacio, balanceando el peso entre las piernas, como se sugiere en Tza&rsquo;ad Temani, el baile yemenita? &iquest;Se inclin&oacute; por la danza jas&iacute;dica a la que algunos rabinos le dan car&aacute;cter obligatorio? Las im&aacute;genes que circularon lo muestran por lo pronto como participante de &ldquo;el hora&rdquo;, ese baile imperdible en una boda, donde se crea un c&iacute;rculo o l&iacute;nea en espiral alrededor de los novios que se desplaza en sentido contrario a las agujas del reloj (&iquest;sabr&iacute;a que esa danza de origen rumano tiene elementos comunes con la <em>debka</em> tan com&uacute;n entre palestinos, libaneses y sirios?). 
    </p><p class="article-text">
        Al comp&aacute;s de &ldquo;Am Israel Jai&rdquo;, inform&oacute; <em>La Naci&oacute;n</em>, el estadista de la campera de cuero bail&oacute; &ldquo;como si se tratara de un casamiento jud&iacute;o o un Bar Mitzva&rdquo;. Fue adem&aacute;s llevado en andas &ldquo;por estudiantes de yeshiv&aacute;s y otra vez una multitud, en la que, por supuesto estuvo el rabino Wahanish&rdquo;. Bailar hasta extasiarse como un bautismo en seco, sin el engorro de sumergirse en las aguas del Jord&aacute;n, pero autorizado a promover castigos b&iacute;blicos, dolarizantes, gritando desorbitado que <em>&eacute;l es el que es</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h3 class="article-text">Palito y un <em>d&eacute;j&agrave; vu</em></h3><p class="article-text">
        Otra situaci&oacute;n bailable, de disco setentista, suced&iacute;a casi al mismo tiempo en Vicente L&oacute;pez. Hombres y mujeres dieron rienda suelta a su felicidad, ja, ja, ja, ja mientras <strong>Palito Ortega</strong> cantaba &ldquo;Despeinada&rdquo;. El arresto domiciliario de <strong>Jorge Olivera</strong> se convirti&oacute; en jarana desbordante. Las bodas de plata del represor fueron animadas por el octogenario changuito ca&ntilde;ero, de cuerpo presente. Se report&oacute; que, adem&aacute;s de &ldquo;Coraz&oacute;n contento&rdquo;, cant&oacute; &ldquo;Viva la vida&rdquo;, para regocijo del hombre que era conocido como &ldquo;el carnicero de San Juan&rdquo; por su afici&oacute;n a la tortura. Estuvieron all&iacute; <strong>Cecilia Pando</strong>, una de las voces que con m&aacute;s vehemencia reclama al Gobierno de ultraderecha la libertad de los represores. &ldquo;Hermoso momento compartido con un grande&rdquo;, hizo saber, tom&aacute;ndose una foto con Palito. Olivera y su esposa renovaron el voto matrimonial con el asentimiento del hijo de la pareja, <strong>Javier Olivera Ravasi</strong>, un sacerdote conocido por su predisposici&oacute;n a orar acompa&ntilde;ado de un rosario de balas. El hijo, nos enteramos, expres&oacute; su orgullo por el papel que hab&iacute;a desempe&ntilde;ado el padre hace casi medio siglo. Su condena es una cruz, y la cruz, se sabe, eleva a quienes la cargan. 
    </p><p class="article-text">
        De repente, ah&iacute;, Palito, llamando a medio centenar de invitados a las cabriolas en la pista, como si hubiera sido succionado por la m&aacute;quina del tiempo. En <em>Dos locos en el aire</em>, de 1976, Ortega maneja aviones de combate. Es el teniente San Jorge, y en una de las escenas de su primer filme como director entretiene a los soldados con &ldquo;Yo canto porque me gusta. Lo vivan. &rdquo;De aquel poeta yo soy la voz&ldquo;, canta mientras la c&aacute;mara toma a dos guardias apostados con sus ametralladoras. Ese a&ntilde;o lleva &rdquo;Yo tengo fe&ldquo;, la gran canci&oacute;n esperanzadora de 1972, al &rdquo;Operativo Independencia&ldquo; que comandaba el general <strong>Antonio Bussi</strong>, a quien derrotar&iacute;a casi una d&eacute;cada m&aacute;s tarde en las elecciones tucumanas con esa canci&oacute;n como mantra. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>Brigada en acci&oacute;n</em> (1977) el &iacute;dolo popular encarna al suboficial y siempre polic&iacute;a encubierto Alberto Nadal. &ldquo;Pobre de esa gente que no sabe a d&oacute;nde va/ Los que se alejaron de la luz, de la verdad/ Esos que dejaron de creer tambi&eacute;n en Dios/ Los que renunciaron a la palabra amor&rdquo;. En <em>Amigos para la aventura</em>, de 1978, radicaliza su religiosidad y en <em>Qu&eacute; linda es mi familia </em>(1980) se viste de oficial naval para decir cu&aacute;nto le gusta el mar con su bandera adelante y su coraz&oacute;n detr&aacute;s.
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            </figure><p class="article-text">
        Palito, como hemos reconstruido con <strong>Pablo Alabarces</strong> en <em>Un muchacho como aquel. Una historia pol&iacute;tica cantada por el rey</em>, logr&oacute; con los a&ntilde;os que un manto de piadoso olvido lo cubriera ante cualquier interrogaci&oacute;n sobre ese pasado. Hablamos entonces de tres redenciones. La primera, haber derrotado en las urnas a un representante cabal de la dictadura. Luego, haber ido al rescate de <strong>Charly Garc&iacute;a</strong> para, en los hechos, auto rescatarse frente a la historia. Por &uacute;ltimo, una tercera redenci&oacute;n: la de padre del rock and roll argentino, avalada en un disco por parte de sus anteriores antagonistas, los roqueros de pura cepa. 
    </p><p class="article-text">
        Su figura, objeto de una suerte de patrimonializaci&oacute;n que lo llev&oacute; incluso al Teatro Col&oacute;n, qued&oacute; d&iacute;as atr&aacute;s expuesta a miradas suspicaces o de malestar cuando se lo vio en la fiestita de Olivera. Palito inform&oacute; oficialmente, a modo de descargo, que ya no es <em>aquel</em> de los a&ntilde;os setenta. La productora habl&oacute; en su nombre, con esa opacidad que cultiv&oacute; con destreza: &ldquo;Queremos dejar claro que ni el se&ntilde;or Ortega como tampoco su equipo ten&iacute;an conocimiento de la situaci&oacute;n&rdquo;. No sab&iacute;a que iban a amenizar la noche amorosa del ex abogado de <strong>Emilio Massera</strong>. &ldquo;La producci&oacute;n recibe contrataciones por parte de agencias privadas que organizan eventos y en la mayor&iacute;a de los casos los m&uacute;sicos asisten sin tener v&iacute;nculos con esas personas. A los 82 a&ntilde;os, el sr. Ortega hace dos o tres shows por semana de modo que es imposible saber con qui&eacute;n se saca una foto o tener antecedentes de la gente que asiste&rdquo;. Y esa &ldquo;gente&rdquo; bail&oacute; en Vicente L&oacute;pez con la desinhibici&oacute;n que le sugieren los tiempos.
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            </figure><h3 class="article-text">Palazos pa' gozar</h3><p class="article-text">
        De Jerusal&eacute;n y Vicente L&oacute;pez nos vamos a una escena m&aacute;s peque&ntilde;a: la de un imaginario recital de un grupo punk, supongamos, en 1976. La podemos observar brevemente con los ojos perplejos de <strong>Juan Carlos Kreimer</strong>, quien estaba exiliado en Londres. Kreimer escribi&oacute; entonces una cr&oacute;nica urgente y profunda: &ldquo;La palabra punk es el primer desaf&iacute;o: ha tomado el sentido de perverso, de oveja negra, de mediocre por excelencia y sin verg&uuml;enza de serlo, ant&iacute;poda del modelo James Bond, bueno o malo. Ser punk es estar pinchado, con o sin aguja. 
    </p><p class="article-text">
        Ser una v&iacute;ctima c&iacute;nica y al mismo tiempo burlona de su peque&ntilde;ez e insignificancia, autocomplacerse con su fealdad y hedores varios. La indigencia intelectual, f&iacute;sica y moral. B&uacute;squeda o destino, es un nihilismo bastante absoluto. Hacerse punk es en el fondo no poder o no querer aspirar a nada. Desde cualquier punto de vista, toda clase de realizaci&oacute;n personal ser&iacute;a incompatible con el grado cero de esta filosof&iacute;a. Aman a <strong>Johnny Rotten</strong> porque es el mayor traidor a su clase&ldquo;. En <em>Punk, la muerte joven, </em>define al pogo como &rdquo;una violaci&oacute;n del espacio f&iacute;sico del otro&ldquo;. Saltar para arriba y abajo es el &uacute;nico paso a aprender. Desde ah&iacute;, depende de lo que cada uno pueda agregarle y resistir. Cuando <strong>Sid Vicious</strong>, de <strong>Sex Pistols</strong>, inici&oacute; la moda, los bailarines parec&iacute;an pistones. Al poco tiempo aparecieron variantes y agregados: abrir las piernas y brazos en el aire, dar pasos en el vac&iacute;o, tirar golpes de pu&ntilde;o&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El cuerpo punk metaforizaba al ritmo de los empujones una violencia mayor. Sus traducciones en Argentina fueron relativamente tard&iacute;as. Y si nos detenemos en este peque&ntilde;o mundo de camperas de cuero, crestas de distintos colores, cinturones con tachas, borcegu&iacute;es, tatuajes, perforaciones y remeras de <strong>Ramones</strong> y Sex Pistols, es porque <strong>Agust&iacute;n Laje</strong>, el publicista m&aacute;s eficaz de la ultraderecha, el mismo que considera que &ldquo;cada balazo bien puesto en cada zurdo ha sido para todos nosotros un momento de regocijo&rdquo;, adora al pogo y el&nbsp;punk. 
    </p><p class="article-text">
        Laje debe ser tomado en serio porque su &aacute;mbito de irradiaci&oacute;n es grande, ac&aacute; y en Am&eacute;rica Latina. Sus libros <em>La batalla cultural </em>y <em>Generaci&oacute;n Idiota</em>, capturan la atenci&oacute;n de muchos j&oacute;venes. El autor ama lo que odia: los intelectuales cr&iacute;ticos. Los lee con un dejo de fascinaci&oacute;n. Esas p&aacute;ginas est&aacute;n atiborradas de par&aacute;frasis de Adorno, Benjamin, Debord, Deleuze, Guattari, Badiou, Aug&eacute;, Baudrillard, Foucault, adem&aacute;s de ensayistas de derechas como <strong>Daniel Bell</strong> y <strong>Carl Schmitt</strong> (como si quisiera ser una versi&oacute;n de cabotaje de ellos con el verbo y la gracia del <em>cut and paste</em>). Laje brega por una cultura conservadora robusta, expansiva, capaz de encender pasiones pol&iacute;ticas, crear un &ldquo;nosotros&rdquo; y disputar la centralidad de una tradici&oacute;n que lo seduce y a la vez aborrece. Defensor de las purezas, detesta adem&aacute;s la far&aacute;ndula, el espect&aacute;culo y los productos culturales uniformizados, entre ellos los musicales. &ldquo;No se vinculan a ninguna edad en particular, como hace no tanto tiempo pod&iacute;amos decir que ocurr&iacute;a, por ejemplo, con el rock y su estrecho v&iacute;nculo con la juventud&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aristot&eacute;lico de manual (en lo que respecta a su mirada despectiva sobre la mujer), acaso tomista, antimodernista y antifeminista radical, celoso custodio de los valores originales de un Occidente en crisis y, a la vez, s&iacute;, el&eacute;ctrico. &ldquo;Me gusta el punk. De hecho, tuve una bandita, esas banditas de garaje. Voy todav&iacute;a a recitales de <strong>Dos minutos</strong>, que es una banda argentina que hace un muy buen punk a la vieja usanza, esos pogos que son duros&rdquo;. Cree que &ldquo;el punk es antisistema y hoy la derecha es antisistema&rdquo;. En su adolescencia se fascinaba con <strong>Blink-182</strong>, el grupo de San Diego cuyo cantante, Tom DeLonge, abandon&oacute; la m&uacute;sica para salir a la caza de extraterrestres. Reivindica a Johnny Rotten, el cantante de los Sex Pistol, por ese derechismo que lo llev&oacute; a pedir el voto por <strong>Donald Trump</strong>. &ldquo;El punk, m&aacute;s que una ideolog&iacute;a pol&iacute;tica, es una actitud ante la vida, en el punk lo que se resuelve es una negaci&oacute;n del status quo, solamente que en mi caso no es una negaci&oacute;n por la negaci&oacute;n misma. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy circunstancialmente el punk si quiere negar realmente el sistema no puede ser ni feminista ni pro ideolog&iacute;a de g&eacute;nero, ni abortista ni globalista. No puede ser ni Dem&oacute;crata en Estados Unidos. Imaginate a los punks haci&eacute;ndose los deconstruidos. Los Ramones, otra banda que sigo bastante, su guitarrista era una persona de derechas&ldquo;, explic&oacute; a un periodista latinoamericano. &iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a acerca de &rdquo;The Kids Are Alt-Right&ldquo;, la canci&oacute;n de <strong>Bad Religion</strong> contra el trumpismo? &rdquo;La humanidad es una escena de ning&uacute;n lugar/ Cuando todo el mundo tiene un AR-15&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lectura y juventud. &iquest;Talento? <em>Ni a palos</em>. Su af&aacute;n de erudici&oacute;n se da de bruces con muchas intervenciones en YouTube donde se muestra agresivo e intimidante. Lo que lo lleva a exaltar a Nayib Bukele o exaltar la reciente incursi&oacute;n punitiva de los gendarmes alrededor del Congreso. Un pelot&oacute;n de robocops adiestrados en la pr&aacute;ctica de moverse en bloque. La voluntad de dar palazos y disparar, recordemos, tiene su protocolo coreogr&aacute;fico y una fascinaci&oacute;n con im&aacute;genes sonoras del mal que viene de la primera gesti&oacute;n de <strong>Patricia Bullrich</strong> al frente del ministerio de Seguridad, cuando la Gendarmer&iacute;a desfil&oacute; con la &ldquo;Imperial March&rdquo; de <em>La guerra de las Galaxias. </em>Darth Vader est&aacute; entre nosotros. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        <em>AG/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/palo-palito-palazo_129_10914059.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Feb 2024 03:01:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Palo, Palito, palazo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Muro de los Lamentos,Palito Ortega,Represión,Agustín Laje]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La nueva era K]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nueva-k_129_10893001.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/80f42fa8-9117-4b75-b331-e6fc47a0f7e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La nueva era K"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Retrato de Karina Milei, la hermana que ascendió al poder naturalizando la masculinización (El Jefe) y ejerciendo una temida "fuerza muda".</p></div><p class="article-text">
        La secretaria general de la presidencia se dej&oacute; ver la semana pasada en una situaci&oacute;n bailantera animada por <strong>Ulises Bueno</strong>. Algunos tel&eacute;fonos captaron el momento del contoneo. Instantes de despreocupaci&oacute;n jocosa antes de volver a administrar el Estado con su hermano mayor. <strong>Karina Milei</strong>, en adelante K, nos recuerda una escena quiz&aacute; olvidada porque se naturaliz&oacute;: Punta del Este, comienzos de los noventa, desparpajo menemista. Las fiestas de los vencedores, el lado B jocoso de las privatizaciones y el ajuste se nutrieron de m&uacute;sicas perif&eacute;ricas. Se practic&oacute; un canibalismo de bajas calor&iacute;as, se contrataron bufones, entre ellos <strong>Ricky Maravilla</strong>. <strong>Susana Gim&eacute;nez</strong> los abraz&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        El menemismo, tan en boga gracias a los libertarianos, supuso un triple r&eacute;gimen de conversi&oacute;n: monetario, pol&iacute;tico y est&eacute;tico. Pod&iacute;a apropiarse de lo popular y ser a la vez fundador de nuevas estratificaciones sociales. Cantar, en definitiva, la canci&oacute;n de despedida de la alianza de clases. La bailanta se naturaliz&oacute; como <em>soundtrack</em> en los guateques garcas como si fuera un ritual carnavalesco, aunque al rev&eacute;s. Pasado el frenes&iacute; se restituyen las jerarqu&iacute;as. <strong>Mauricio Macri</strong> se vali&oacute; de <strong>Gilda </strong>para avisar a los incautos desde el balc&oacute;n presidencial que no se arrepentir&iacute;a de nada.
    </p><p class="article-text">
        De repente, ah&iacute; estaba K, acompa&ntilde;ada de asesoras y guardaespaldas. Se balancea sola. Seguro que conoce la canci&oacute;n. No solo esa. Deben ser objeto de puro disfrute. &iquest;Acaso &ldquo;Algo para beber?&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute; no? <em>Traigan una birra/ traigan un fernet</em>, canta Ulises, el hermano de Rodrigo. &iquest;Podemos imaginarla en su despacho, cantando para s&iacute; cuando la sed llama a su garganta? Quiz&aacute; prefiere &ldquo;Esto es lo que traigo&rdquo;, con su elogio del cuarteto cordob&eacute;s O alguna que pudiera decirle algo sobre s&iacute; misma. <em>Loco loco loco loco/ todo sabe a poco/ si no es compartido</em>. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h3 class="article-text">Par&aacute;bolas</h3><p class="article-text">
        Se present&oacute; en el Congreso durante los debates de la Ley &Oacute;mnibus: imperturbable, misteriosa, instalada en uno de los balcones que rodean a la C&aacute;mara de Diputados. Pero, &iquest;d&oacute;nde estaba hace ocho a&ntilde;os? &iquest;Qu&eacute; mide ese per&iacute;odo de tiempo en la vida de una persona? A veces no explica transformaciones tan extraordinarias. En 2016, un 29 de enero, K particip&oacute; en un concurso televisivo. <em>Bienvenidos a bordo</em> le ofreci&oacute; la posibilidad de ganarse una Smart tv. Fue acompa&ntilde;ada de un inmaculado pastor suizo. A K le toc&oacute; hacer girar una rueda de la fortuna. El pichicho, Araon, deb&iacute;a ayudarla derribando nueve bolos. Solo cayeron cinco. No tuvo suerte en el certamen, pero s&iacute;, entonces, un minuto de notoriedad. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo eras estudiando?&rdquo;, quiso saber el presentador. &ldquo;Regular&rdquo;, confes&oacute; la concursante, lanzando una risita.&nbsp;&ldquo;&iquest;No eras muy buena?&rdquo;. La actual funcionaria dijo que no. &ldquo;&iquest;A qu&eacute; te dedicas?&rdquo;. Licenciada en Relaciones P&uacute;blicas. Los padres estaban en el estudio televisivo. Kazcka se acerc&oacute; con el micr&oacute;fono. Quiso saber qu&eacute; era lo mejor de K. &ldquo;El car&aacute;cter&rdquo;, asegur&oacute; la madre. A su lado estaba don Norberto, quien, seg&uacute;n la biograf&iacute;a del presidente, <em>El Loco</em>, de<strong> Juan Luis Gonz&aacute;lez</strong>, sol&iacute;a ejercer violencia f&iacute;sica y psicol&oacute;gica contra su hijo durante la infancia, al punto que ya en su camino ascendente lleg&oacute; a declarar que para &eacute;l no exist&iacute;a. &ldquo;&iexcl;Aaron! &iquest;No busca novia?&rdquo;, le pregunt&oacute; el presentador a la hermana. &ldquo;Si busca novia, blanquita...&rdquo;, le respondi&oacute;, y lanz&oacute; una carcajada (el pedigr&iacute; no es solo una cuesti&oacute;n canina, <em>la gente de bien</em> es su equivalente y no admite mestizajes). Los minutos en <em>Bienvenidos a bordo</em> dibujan una l&iacute;nea temporal entre esa escena insignificante y el presente. De <strong>Guido Kazcka</strong> a Kafka, me dice un amigo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h3 class="article-text">Naturalismo</h3><p class="article-text">
        Nos estamos acostumbrando a contar su ascenso al poder, mejor dicho, el de los hermanos, como una hagiograf&iacute;a as&eacute;ptica: cuadros realistas y solo aceptables por efecto de anestesiamiento (un bloqueo de lo sensible, no solo t&aacute;ctil, permite la familiaridad con el embuste). Se acepta as&iacute; tambi&eacute;n la masculinizaci&oacute;n de su pronombre (el Jefe) y su car&aacute;cter de Primera Dama en los hechos. Cuenta <span class="highlight" style="--color:white;">Gonz&aacute;lez</span> en su libro que ella contrat&oacute; a <strong>Celia Liliana Melamed</strong>, una especialista en &ldquo;comunicaci&oacute;n interespecies&rdquo; que trajo del m&aacute;s all&aacute; a Conan, el perro que el economista hab&iacute;a perdido y que vive a trav&eacute;s de los mastines clonados. K &ldquo;terminar&iacute;a entren&aacute;ndose con Melamed hasta desarrollar la misma habilidad&rdquo;. En su camino a la presidencia, el hermano nunca dud&oacute; en asignarle un m&eacute;rito superior al suyo. Y para explicarlo, recordaba la diferencia entre Mois&eacute;s y Aaron. La tarea de K pod&iacute;a equipararse a la del profeta. &Eacute;l, en cambio, apenas era el divulgador de las ense&ntilde;anzas b&iacute;blicas. Consecuente, ella hab&iacute;a llamado Aaron a su pastor suizo, derrotado en la TV pero a la larga victorioso. &iquest;Estamos frente a un mesianismo perruno?
    </p><h3 class="article-text">Sos&iacute;as</h3><p class="article-text">
        Volvamos a GEBA, donde Ulises Bueno se present&oacute; hace ocho d&iacute;as. Cuando se filtr&oacute; el v&iacute;deo con el <em>meneadito</em> de la secretaria general, hubo un esfuerzo para-oficial de negar la evidencia. La que bailaba era otra rubia, Beatriz Olave, madre del difunto Rodrigo. El ardid se desvaneci&oacute; por notables diferencias fison&oacute;micas. Pero, veamos, &iquest;a qui&eacute;n se parece K? A otra K. Nada menos que <strong>Kati Outinen</strong>, la actriz fetiche del director fin&eacute;s <strong>Aki Kaurism&auml;ki</strong>. Algo as&iacute; como una duplicidad n&oacute;rdica. Si nos fijamos en <em>Un hombre sin pasado</em> (2002) detectamos similitudes llamativas en los semblantes. La pel&iacute;cula gira alrededor de un hombre que pierde la memoria despu&eacute;s de ser linchado. Apenas vive el presente porque no puede recordar. En ese presente se enamora de Irma, es decir, Outinen, que pertenece al Ej&eacute;rcito de Salvaci&oacute;n: <em>salva</em> a un hombre golpeado. La actriz protagoniza adem&aacute;s uno de los filmes de la trilog&iacute;a proletaria, <em>La chica</em> <em>de la f&aacute;brica de f&oacute;sforos</em> (1990). Es una historia sombr&iacute;a, la de una joven de pocas palabras. Iris es ninguneada por los hombres, hasta que conoce a un empresario que la deja embarazada y le exige que se deshaga del &ldquo;renacuajo&rdquo;. Iris trama una venganza. Compra veneno para ratas y lo vierte en el trago que el padre de su hijo toma sin saber que ser&aacute; su &uacute;ltimo sorbo. Luego repite la operaci&oacute;n, extendiendo la venganza hacia otro hombre y sus padres maltratadores, hasta que la llevan presa. Demonios de la analog&iacute;a.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h3 class="article-text">Pol&iacute;tica de masas</h3><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la encuestadora Zub&aacute;n C&oacute;rdoba, K tiene 35.3% de imagen positiva. Hay algo cierto en ese criterio de valoraci&oacute;n: es pura imagen. Superficie silente e indolente. No deber&iacute;amos quedarnos con las apariencias. Se habla de su fuerza muda, tan temida por otras vertientes de la Libertad Avanza. D&iacute;as atr&aacute;s sali&oacute; de su despacho en la Casa Rosada y fue al encuentro de algunos seguidores. Firm&oacute; aut&oacute;grafos. Los beneficiados, un grupo de ni&ntilde;os, no solo se llevaron un tesoro gr&aacute;fico sino, seguramente, el sonido de su voz, la de quien tiene la palabra final puertas adentro del Gobierno de la hermandad. 
    </p><p class="article-text">
        Ese zambullido en la Plaza de Mayo result&oacute; desconcertante. &iquest;Atisbo de una inminente pol&iacute;tica de masas? &iquest;Qu&eacute; hacer con las masas? Esa pregunta taladr&oacute; la mente de los constructores de poder. &ldquo;Nadie ha puesto en duda hasta ahora que la fuerza del movimiento contempor&aacute;neo reside en el despertar de las masas&rdquo;, escribe Lenin en <em>Qu&eacute; hacer</em>. Hab&iacute;a que interrumpir el sue&ntilde;o alienante para cumplir las metas revolucionarias. &ldquo;No vengo a guiar corderos, vengo a despertar leones&rdquo;, predic&oacute; el hermano. &iquest;Leninista entonces?, &iquest;casualidad o una perversi&oacute;n m&aacute;s del juego de inversiones? Ahora bien, &iquest;qu&eacute; lugar le asigna &eacute;l a K en la tarea de despabilar a los enga&ntilde;ados por el <em>colectivismo</em>? &iquest;Una ex repostera podr&iacute;a dise&ntilde;arla?
    </p><p class="article-text">
        Incursion&oacute; en el dibujo y la pintura. Tuvo su propia gomer&iacute;a y un emprendimiento cal&oacute;rico, Sol Sweets, que ofrec&iacute;a a trav&eacute;s de Instagram &ldquo;scons caseros, reci&eacute;n salidos del horno&rdquo; y otras delicias. &iquest;Se habr&iacute;a inspirado en <em>Arte de Reposter&iacute;a</em>, un manual del siglo XVIII escrito por <strong>Juan de la Mata</strong>, encargado de empalagar a las cortes de <strong>Felipe V y Fernando VI</strong>? &iquest;Cocinaba con microondas o sobre la base de las antiguas recetas de los conventos (harina, az&uacute;car, miel, leche, almendras, canela, manteca o aceite de oliva para producir las Yemas de Santa Teresa o los Huesitos de Santo)? Tal vez, a la luz de las lecturas de la Tor&aacute; y el Talmud de su hermano, apegada a los preceptos de la cocina <em>kosher</em>, alguna vez prepar&oacute; en Januc&aacute; las monedas de chocolate que se reparten a los ni&ntilde;os, pero no deber&iacute;amos descartar las galletitas triangulares que se amasan para Purim o los pasteles con pasas, d&aacute;tiles, manzanas y miel de las mesas de Rosh Hashan&aacute;, porque recuerdan el <em>shofar</em> (el cuerno de carnero que supo sonar en los actos electorales de La Libertad Avanza). Ese pasado pastelero nos invita a afiebradas conjeturas. Sin embargo, no solo nos dejamos arrastrar por la especulaci&oacute;n. La revista <em>Noticias </em>public&oacute; una fotograf&iacute;a del pastel que elabor&oacute; para el cumplea&ntilde;os de su hermano en 2016 con la f&oacute;rmula de la teor&iacute;a cuantitativa del dinero (M x V = P x Y), de <strong>Milton Friedman</strong>. La ideolog&iacute;a tambi&eacute;n entra por el paladar, y quiz&aacute;, m&aacute;s que una pol&iacute;tica de masas, podemos entender mejor, a partir del dise&ntilde;o del bizcocho, el papel actual de K: su celo a la hora de participar del nuevo reparto de la torta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nuevos modos de distribuci&oacute;n de la torta (excurso)</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Chicos, ustedes tienen hambre? Vengan, les voy a anotar el DNI, nombre, de d&oacute;nde son y van a recibir ayuda individualmente&rdquo;, dijo la ministra de Capital Humano <strong>Sandra Pettovello</strong>. Que vengan de a uno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La firma</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Apru&eacute;bese el contrato de prestaci&oacute;n de servicios profesionales aut&oacute;nomos celebrado bajo el r&eacute;gimen del Decreto N&deg; 1109/17, de <strong>Santiago Luis Caputo</strong>, como Asesor Presidencial&rdquo;. La orden lleva la firma de K. Qu&eacute; es esa r&uacute;brica sino un ejercicio de m&aacute;xima autoridad. No nos ba&ntilde;amos nunca en un mismo r&iacute;o ni tenemos siempre la misma signatura. El cerebro ordena a la mano trazar sobre el papel el mismo recorrido, pero jam&aacute;s es una r&eacute;plica exacta del anterior. Los graf&oacute;logos sostienen que la firma es una estilizaci&oacute;n de la autoimagen de quien escribe. Expresa pulsiones, valores, sentidos de &eacute;xito o fracaso, sentimientos, aptitudes, pruritos, fantasmas. La legibilidad revela un modo de actuar en el mundo. La de ella es ilegible, un misterio, como el de su praxis a la vista de los intrusos. Observo en una foto su firma estampada en un documento electoral. Las letras no se entienden. La angulosidad de las l&iacute;neas no se aproxima a los grafemas que esperamos de un nombre y apellido. Tiene algo de garabato. No podemos seguir una direccionalidad, como si esa proyecci&oacute;n, levemente inclinada hacia abajo nos estuviera hablando de esta &eacute;poca incomprensible o, dir&iacute;an los especialistas, un pesimismo oculto e inconfesable. Ni siquiera es posible detectar la may&uacute;scula inicial.
    </p><p class="article-text">
        No es un asunto menor. Porque, &iquest;no ser&iacute;a ese el signo de esta era, una nueva era K?
    </p><p class="article-text">
        La letra, cu&aacute;nta historia. Y no hablo de la may&uacute;scula gen&eacute;rica que ha marcado estos &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os como expresi&oacute;n consonante de desprecio hacia un apellido. Abreviatura de la peor de las alteridades. No, K tiene un pasado m&aacute;s rico y problem&aacute;tico. Leo en los <em>Diarios</em> de<strong> Franz Kafka</strong> una entrada del 27 de enero de 1922: &ldquo;aunque en el hotel he escrito claramente mi nombre, aunque tambi&eacute;n ellos lo han escrito correctamente ya dos veces, en el registro de abajo ponen Josef K<em>.</em> &iquest;Debo aclar&aacute;rselo yo, o debo dejar que me lo aclaren ellos?&rdquo;. <em>El Proceso </em>lo presenta como personaje. &ldquo;Alguien ten&iacute;a que haber calumniado a Josef K, pues fue detenido una ma&ntilde;ana sin haber hecho nada malo&rdquo;. A veces, el narrador solo lo llama &ldquo;K&rdquo;, como de hecho se presenta el agrimensor en <em>El Castillo </em>(&ldquo;Cuando K lleg&oacute; era noche cerrada. El pueblo estaba cubierto por una espesa capa de nieve&rdquo;, leemos al inicio) y ser&aacute; esa inicial una verdadera usina interpretativa. &iquest;K como ep&iacute;tome de las v&iacute;ctimas de un poder an&oacute;nimo y burocr&aacute;tico o el <em>nonsense</em> de la racionalidad del capital? El lenguaje antikirchnerista se apropi&oacute; de la letra que resum&iacute;a un apellido, una pol&iacute;tica, una mirada at&oacute;nita del mundo, la sustrajo del universo avistado por el checo, ese &ldquo;dispositivo de enunciaci&oacute;n&rdquo; que hab&iacute;an detectado <strong>Gilles Deleuze</strong> y <strong>F&eacute;lix Guattari</strong>, y que llamaron la &ldquo;funci&oacute;n K.&rdquo;. Ahora nos encontramos frente a otra trashumancia de los significados. Una serie que nos devuelve a esta Argentina tras revisar lo kafkiano como rasgo inquietante. Josef K, K, a secas, JK, &iquest;Javi y Kari?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nueva-k_129_10893001.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Feb 2024 03:01:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La nueva era K]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Karina Milei]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sturzenegger, artista conceptual]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sturzenegger-artista-conceptual_129_10853903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6627dd46-0110-4312-b580-8c28ebb567c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sturzenegger, artista conceptual"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Retrato de Federico Sturzenegger, el "padrino" del plan de Javier Milei, en clave de arte y poesía. De la estetización del ajuste al libérrimo chamanismo de mercado.</p></div><p class="article-text">
        El pasado 10 de enero, <em>La Naci&oacute;n </em>ofreci&oacute; un almibarado perfil de <strong>Federico Sturzenegger</strong>. &ldquo;El padrino del plan de Javier Milei&rdquo;, lo llam&oacute; en clave bautismal. El texto se acompa&ntilde;a de una foto del economista. Sobre aquello que se ve detr&aacute;s suyo discurre esta cr&oacute;nica. A espaldas del <em>creador</em> de la Ley &Oacute;mnibus y el mega DNU cuelga una pintura abstracta. Su aura lo envuelve, colorea este presente de protagonismo. Como suele ocurrir, una imagen llama a otra y otra m&aacute;s, y en esa carrera se crean analog&iacute;as que componen un mosaico novedoso. 
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1745204990249951259?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        La foto me record&oacute; en principio a una escena de<em> Wall Street</em>, la pel&iacute;cula que <strong>Oliver Stone</strong> estren&oacute; en diciembre de 1987 y funcion&oacute; como un comentario de la gran crisis de la Bolsa neoyorquina de ese a&ntilde;o. <strong>Michael Douglas</strong> interpreta a Gordon Gekko, un poderoso y despiadado le&oacute;n burs&aacute;til. Gekko pasea por su despacho a Bud Fox (<strong>Charlie Sheen</strong>), un joven corredor que trabajar&aacute; bajo su alero. En una mano, un vaso de whisky. Con dos dedos de la otra sostiene un cigarrillo. De repente, se detiene frente a su pinacoteca personal y le cuenta: &ldquo;esta pintura la compr&eacute; hace 10 a&ntilde;os por 60.000 d&oacute;lares. Podr&iacute;a venderla hoy por 600.000 d&oacute;lares. La ilusi&oacute;n se ha vuelto real, y cuanto m&aacute;s real se vuelve, m&aacute;s desesperadamente la desean&rdquo;. Antes de un sorbito remata: &ldquo;capitalismo absoluto&rdquo;. El cuadro al que se hace referencia es <em>Paysage</em> de <strong>Joan Mir&oacute;</strong>. Gekko <em>decora </em>adem&aacute;s su entorno con lienzos de <strong>Jean Dubuffet</strong>, <strong>Lucas Samaras</strong>, <strong>Jim Cenar</strong>, <strong>Robert Mirmelin</strong>, <strong>Keith Haring</strong>, <strong>Julian Schnabell</strong>, <strong>James Rosenquist</strong>, nombres de peso en el mercado del arte. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Stoyan V. Sgourev</strong>, uno de los autores de <em>Aesthetics and Style in Strategy</em>, destac&oacute; en un art&iacute;culo publicado en la revista de arte y cultura <em>The smart set</em> la capacidad de Stone de resumir en su pel&iacute;cula un proceso social y econ&oacute;mico muy complejo en una sola frase: &ldquo;el dinero se transfiere de una percepci&oacute;n a otra como por arte de magia&rdquo;.&nbsp;Explicar el mercado financiero aludiendo al arte contempor&aacute;neo, se&ntilde;ala Sgourev, fue original y previsor. &ldquo;Este fue el terreno com&uacute;n que facilit&oacute; el acercamiento entre estos universos, reflejado en la creciente presencia de inversores como coleccionistas, donantes o miembros de juntas directivas de museos, o en el crecimiento de las colecciones de arte de los bancos&rdquo;. Los grandes due&ntilde;os del dinero, tipos como <strong>Jeff Bezos</strong>, quien pag&oacute; 52,5 millones de d&oacute;lares por <em>Hurting the Word Radio #2</em>, del artista pop <strong>Ed Ruscha</strong>, observaron al mundo del arte como &ldquo;una extensi&oacute;n del mundo en el que viv&iacute;an&rdquo;, un mundo &ldquo;que incorporaba principios similares de evaluaci&oacute;n y fijaci&oacute;n de precios y se reg&iacute;a por mecanismos similares de control de la informaci&oacute;n y exclusi&oacute;n social&rdquo;. <em>Wall Street </em>presagi&oacute; la aceleraci&oacute;n de ese alineamiento entre arte y finanzas que se origin&oacute; en Nueva York a finales de los a&ntilde;os 1980. Su impulso llega hasta la sala donde Sturzenegger se deja envolver por el plusvalor de la abstracci&oacute;n pict&oacute;rica. Ese proceso se ha resumido en el vertiginoso ascenso al estrellato del escultor minimalista Jeff Koons, tan requerido por el universo financiero. 
    </p><p class="article-text">
        Los cuadros que Gekko interpreta como met&aacute;foras visuales de su voracidad hab&iacute;an sido facilitados por la Galer&iacute;a Sonnabend de Chelsea. Podr&iacute;an haber sido copias, pero en esa inclusi&oacute;n de los objetos originales en la ficci&oacute;n se colaba una idea de lo obsceno de una &eacute;poca que comenzaba a despuntar. &iquest;Habr&iacute;a visitado Sturzenegger esa galer&iacute;a durante alguna de sus peregrinaciones acad&eacute;micas? Porque, como Gekko, el hombre que ha puesto su ingenio y su <em>copy and paste</em> al servicio del gobierno de ultraderecha, es coleccionista. Dig&aacute;moslo con claridad: un ambicioso coleccionista, de aquellos que, en una conversaci&oacute;n ocasional sobre nombres de artistas podr&iacute;an decir est&aacute; obra la tengo, y esta, s&iacute;, tambi&eacute;n, ah, pero la otra me falta, no por mucho tiempo. &iquest;Habr&aacute; alguna vez una &ldquo;Colecci&oacute;n Sturzenegger&rdquo; como la de<strong> Amalia Fortabat</strong>?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Esa pulsi&oacute;n compradora me conecta con una deliciosa novelita de <strong>Georges Perec</strong>, <em>El gabinete de un aficionado.</em> Todo comienza con la exitosa muestra en 1913 de un cuadro llamado de la misma manera que el libro y que lleva la firma de un pintor estadounidense de origen alem&aacute;n, Heinrich K&uuml;rz. &iquest;Qu&eacute; se ha representado sobre la tela? A un magnate de la cerveza y coleccionista, Hermann Raffke, rodeado de sus obras preferidas. En el centro de la sala se encuentra &ldquo;El gabinete de un aficionado&rdquo;. Ese lienzo es a la vez una m&aacute;quina generativa: al interior del espacio definido por el marco repite en escalas cada vez menores el mismo cuadro, aunque siempre se presentan puntos de desv&iacute;o, sutiles pero importantes diferencias con respecto a las dem&aacute;s r&eacute;plicas. Deformaciones. Raffke, el due&ntilde;o, muere y deja sentado en su testamento que se subasten sus posesiones. La obra sale a la venta, junto con otras firmadas por K&uuml;rz que estaban en su poder. Los compradores pagaron fortunas. A&ntilde;os m&aacute;s tarde reciben una carta: todos esos cuadros eran falsos. Hab&iacute;an sido pintados por un sobrino de Raffke bajo la m&aacute;scara de K&uuml;rz. &iquest;C&oacute;mo no ubicar a Sturzenegger en una situaci&oacute;n contemplativa semejante de su peque&ntilde;o mundo del arte? Sobre su cabeza calva y bru&ntilde;ida se reflejar&iacute;an las obras como un caleidoscopio. Una pintura enga&ntilde;osamente realista que, adem&aacute;s de preocuparse por la figuraci&oacute;n y los colores, nos dir&iacute;a algo sustancioso sobre el estatuto de la verdad y su reverso, tan af&iacute;n a la lengua estatal. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando estaba al frente del Banco Central en la otra era, la <em>macriana</em>, es decir, en 2016, Sturzenegger se puso a la cabeza de su Premio Nacional de Pintura. &ldquo;Es un orgullo incentivar y difundir el arte contempor&aacute;neo argentino. El alcance federal de esta iniciativa y la convivencia entre artistas de distintas generaciones son cualidades destacadas del premio que permiten construir y consolidar la igualdad de oportunidades en nuestro pa&iacute;s&rdquo;. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en mayo de 2018, antes de que se lo devorara la crisis financiera, se lo vio en ArteBA. Seg&uacute;n el diario <em>El Cronista, </em>le llam&oacute; especialmente la atenci&oacute;n un conjunto de obras con alusiones econ&oacute;micas de la tucumana <strong>Lucrecia Lionti</strong>, en especial <em>Austeros y cuidadosos</em>, hecha sobre un acr&iacute;lico con forma de coraz&oacute;n que sobre una tela de la misma forma reproduce el t&iacute;tulo que Sturzenegger &ldquo;observ&oacute; con detenimiento&rdquo;. El hombre de gusto e inventor de las Letras de Liquidez (Leliq) convergiendo en una sola mirada. La obra fue interpretada sin dobleces como &ldquo;un gui&ntilde;o al mensaje oficial de achicar el gasto pol&iacute;tico para reducir el d&eacute;ficit del pa&iacute;s&rdquo;. Una estetizaci&oacute;n del ajuste.
    </p><p class="article-text">
        Casado con <strong>Josefina Rouillet</strong>, quien se desempe&ntilde;&oacute; en el Fondo Nacional de las Artes que se quiere ahora reducir a la nada, Sturzenegger no dice &ldquo;arte moderno&rdquo; sino &ldquo;contempor&aacute;neo&rdquo;. No s&eacute; trata de t&eacute;rminos equivalentes y damos por cierto que sabe de lo que habla, hasta podemos inferir que est&aacute; en condiciones de explic&aacute;rselo al propio presidente despu&eacute;s del espanto que le provoc&oacute; el precio que hab&iacute;a costado el seguro de las 33 obras que se encontraban en la residencia de Olivos. Son obras que pertenecen a la colecci&oacute;n de la Canciller&iacute;a Argentina y al Museo de la Casa Rosada, y hab&iacute;an sido cedidas a pr&eacute;stamo. Entre ellas se destacan las de <strong>Roberto Aizenberg</strong>, <strong>Antonio Berni</strong>,<strong> Le&oacute;n Ferrari</strong>,&nbsp;<strong>Emilio Pettoruti</strong> y <strong>Nicol&aacute;s Garc&iacute;a Uriburu</strong>. Supongamos que Milei, su hermana, con un pasado en la escultura, hubieran necesitado una explicaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de los costos operativos, una explicaci&oacute;n est&eacute;tica acerca de la importancia de esos cuadros. Bueno, Sturzenegger podr&iacute;a versar como un gu&iacute;a de perplejos. Decirles: el arte moderno se basa en la transgresi&oacute;n de las reglas de la &#64257;guraci&oacute;n cl&aacute;sica, es como si tus cinco perros ya no estuvieran representados seg&uacute;n las nociones de perspectiva y el ojo advirtiera tan solo un juego meton&iacute;mico de trazos geom&eacute;tricos. 
    </p><p class="article-text">
        El arte contempor&aacute;neo, en cambio, rompe la noci&oacute;n misma de obra de arte tal y como es aceptada. Ya no est&aacute; hecha por la propia mano del artista, sino por un tercero. El acto art&iacute;stico tampoco reside en la fabricaci&oacute;n del objeto sino en su concepci&oacute;n, en el discurso que lo acompa&ntilde;a y las reacciones que provoca. La obra puede ser ef&iacute;mera, evolutiva, biodegradable, blasfema o indecente. Bueno, s&iacute;, claro, nosotros no vamos a promocionarlas. Para eso demolemos el Fondo. No, Monetario no, el de las Artes.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No seríamos justos con Sturzenegger si su sensibilidad queda reducida al arte contemporáneo que acapara y dejamos de lado la poesía, no cualquiera, sino una poesía apasionada</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Supongamos de nuevo que, a partir de ese intercambio hipot&eacute;tico, el &ldquo;padrino&rdquo; ejerce, sin propon&eacute;rselo, un <em>padrinazgo</em> cultural, habla de <strong>Marcel Duchamp</strong> y su urinario como un cuestionamiento al paradigma retiniano y la misma naturaleza del arte. Como vos, un vanguardista. S&iacute;, &eacute;l tambi&eacute;n quiso romper todo. Esa perorata aduladora e instrumental le permitir&iacute;a dar a conocer una faceta m&aacute;s escondida, un rasgo que lo aleja de la presunci&oacute;n de que es apenas un calculador de beneficios, apegado a la certeza de los n&uacute;meros, y quiz&aacute;, quiz&aacute;, algo m&aacute;s: su viaje argumentativo lo llevar&iacute;a, frente al auditor azorado, a definir qu&eacute; es el arte conceptual y las razones la prevalencia de la idea por sobre la forma o la materialidad. Podr&iacute;a hacerlo porque tal vez &eacute;l mismo se considera parte de ese linaje. &iquest;Acaso no vieron que la Ley &Oacute;mnibus se <em>esconde </em>en una caja muy chuchi, rodeada de una cinta con su respectivo mo&ntilde;o? El objeto de dise&ntilde;o oculta un mandato. Desatarlo, podr&iacute;a argumentar, ser&iacute;a darle alas a la potencia que encierran las abstracciones api&ntilde;adas en su interior. Chamanismo de mercado lib&eacute;rrimo. 
    </p><p class="article-text">
        La cajita feliz podr&iacute;a en un futuro exhibirse en un museo de la venganza social. Los visitantes ser&iacute;an invitados a repetir el gesto y en ese develamiento de su interior aceptar&iacute;an que ya no son sujetos sino meras unidades econ&oacute;micas que se auto explotan gozosamente. Un curador escribir&iacute;a en sus fundamentos: &ldquo;la idea fuerza y la fuerza de una idea que llama a la conversi&oacute;n de multitudes en artistas del hambre, como en el cuento de <strong>Franz Kafka</strong> sobre aquel hombrecito que era aplaudido por ayunar 40 d&iacute;as seguidos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no ser&iacute;amos justos con Sturzenegger si su sensibilidad queda reducida al arte contempor&aacute;neo que acapara (hasta en su oficina de la Universidad de San Andr&eacute;s deja la impronta de coleccionista) y dejamos de lado la poes&iacute;a, no cualquiera, sino una poes&iacute;a apasionada, como la que dio a conocer la revista <em>Noticias. </em>&ldquo;Hay que ser valiente para amar&rdquo;, se titula una que public&oacute; en la web de la Universidad Torcuato Di Tella. Esa vertiente nos lleva a preguntarnos si no espera el momento de darse a conocer tambi&eacute;n en un oficio que tiene referentes descollantes, de <strong>Jorge Luis Borges </strong>y <strong>Juan L. Ortiz </strong>a <strong>Alejandra Pizarnik</strong>, de <strong>Juan Gelman</strong> a <strong>Juana Bignozzi</strong> y <strong>Susana Th&eacute;non</strong>. &iquest;Guarda sus poemas con conciencia hist&oacute;rica y sentido de la divisi&oacute;n del trabajo? Tal vez son parte de un libro, supongamos, llamado <em>Letras del tesoro (de tu coraz&oacute;n)</em> y en el que se leer&iacute;a:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>Tantos minutos en cada minuto</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Tiempo de encaje circular de la impaciencia</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>De NeUr&aacute;lgica necesidad y urgencia</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Porque en vos todo termina y en vos todo comienza</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sturzenegger-artista-conceptual_129_10853903.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Jan 2024 03:01:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sturzenegger, artista conceptual]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Federico Sturzenegger,Javier Milei,Ley Ómnibus,Gordon Gekko,Wall Street]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dimensión desconocida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dimension-desconocida_129_10817230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/51a7112d-9d73-4b64-af8a-d88a0ea418b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dimensión desconocida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sin una de sus cuatro patas y mucho, muchísimo más pequeño que el modelo original. Apenas un cusco, lejos de Conan y sus clones perfectos. Keynes, el perro que lleva el nombre del abominado economista, deambula por la calle y reflexiona, en voz alta, sobre castas y castidades.</p></div><p class="article-text">
        <em>Pod&eacute;s llamarlo Juan, John, o Maynard, si lo encontr&aacute;s en tus propias derivas o vigilias nocturnas. Asegura que lo prefiere antes que el grito de &ldquo;fuera, bicho&rdquo; o &ldquo;engendro&rdquo;. &Eacute;l, dice, lo hab&iacute;a bautizado Keynes por considerarlo una mala copia. Aquella tarde trat&oacute; de explicarme el estigma de llevar ese apellido. La que sigue es algo m&aacute;s que su historia: </em>
    </p><p class="article-text">
        Ya lo ves, me falta una de mis cuatro patas y soy mucho, much&iacute;simo m&aacute;s peque&ntilde;o de lo que se hab&iacute;a previsto. Un cusco que no recibi&oacute; los beneficios del modelo original. En un punto, la ciencia se mordi&oacute; la cola conmigo. Mis otros cinco yos salieron del laboratorio vivos y coleando, a imagen y semejanza de Conan. Ciento diez kilos cada uno. Conan-clonan, ja. Esos d&eacute;ficits (perd&oacute;n la jerga, remanencias de aprendizajes tempranos e in&uacute;tiles) me valieron un doble castigo. Primero, quedar asociado al economista que m&aacute;s abomina. Una forma de aludir a lo aberrante de un <em>corpus</em> y una teor&iacute;a. Luego, enviarme a la calle. &ldquo;Quien lo sostendr&aacute;&rdquo;, quiso saber la hermana. &ldquo;Las fuerzas del suelo&rdquo;, dijo &eacute;l, Ielim. No, macaneos. Call&oacute;, se&ntilde;alando con el ment&oacute;n la puerta de salida de la casa mientras los cinco clones miraban con un dejo de satisfacci&oacute;n y superioridad. Tuve que arreglarme solo.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto: la r&eacute;plica gen&eacute;tica fall&oacute;. Pero solo en lo que respecta a cuestiones morfol&oacute;gicas y de peso. Sin embargo, una piadosa gracia del resarcimiento me convirti&oacute; en alguien much&iacute;simo m&aacute;s inteligente que Conan, Murray, Milton, Robert y Lucas juntos y por diez (a veces me comunico telep&aacute;ticamente con alguno del quinteto. Qu&eacute; decir, son unos brutos, obtusos, meros repetidores de frases y f&oacute;rmulas econ&oacute;micas, igualitos al amo). No solo eso: ya te diste cuenta que hablo (hasta me atrevo a decir que canto en secreto). Pensar&aacute;s en la existencia de un ventr&iacute;locuo escondido: no lo vas a encontrar. Creer&aacute;s que hay una tramoya m&aacute;s sutil porque esto no podr&iacute;a ser cierto. Pero, m&iacute;rame: &iquest;qu&eacute; se reconoce como admisible bajo ciertas condiciones, las actuales? &iquest;Qui&eacute;n est&aacute; a la cabeza del Poder Ejecutivo? &iquest;Y la Secretar&iacute;a General de la Presidencia? Unbelievable, &iquest;no? Eso deber&iacute;a ser suficiente como para aceptar veros&iacute;miles menos ins&oacute;litos: por ejemplo, mi propia voz.
    </p><p class="article-text">
        Me falta mencionar otra cualidad. Si un perro puede escuchar frecuencias por encima de los 40.000 Hz, lo que ya es un factor diferencial (Los Beatles lo tuvieron en cuenta en los &uacute;ltimos segundos en loop de <em>Sargeant Pepper</em>), mis o&iacute;dos captan toda informaci&oacute;n sonora. La calle me ofrece por lo tanto su involuntaria m&uacute;sica cotidiana, conciertos matinales &ndash;soy capaz de diseccionar las frecuencias de una frenada, la nota n&iacute;tida de un bocinazo, la distancia a la que ha sonado un celular y un grito de coraz&oacute;n-, recitales electrizantes al mediod&iacute;a y otras texturas nocturnas. Yo, Maynard, digo que escuchar <em>tanto </em>no deja de ser un problema. Lo retengo todo. D&iacute;as atr&aacute;s, sin ir m&aacute;s lejos, hice un inventario casi en tiempo real del ruido de tantas botas de gendarmes y polic&iacute;as, el desplazamiento de los carros hidrantes, el zumbido de los drones en el cielo, las comunicaciones encriptadas. Qu&eacute; festival del escarmiento. Procto colon. Proctolog&iacute;a estatal. Qu&eacute; recto ese apellido, &iquest;no? Nunca se ha doblado. Debe ser por su origen anglo pecuario (Bull), al que se le suma ese anhelo incesante de acumulaci&oacute;n (rich). 
    </p><p class="article-text">
        Voy de aqu&iacute; para all&aacute;. La otra noche, un tarareo oligoafinado me condujo, como una celada, al hotel donde se aloja. &ldquo;La casta tiene miedo&rdquo;, cantaba un grupo de estos nuevos imberbes. Llevaban un cartel. Movimiento Aglutinante de la JUventud Libertaria (MAJUL). No deja de ser curioso el ecumenismo de &ldquo;It&rsquo;s a Heartache&rdquo;, un single grabado en 1978 la cantante galesa Bonnie Tyler. Se hizo popular por Rod Stewart. &ldquo;Alberto presidente&rdquo;, hab&iacute;an cantado con la misma melod&iacute;a los peronistas. Y cuando Alberto el guitarrero se devalu&oacute;, entonaron eso de que &ldquo;La patria no se vende&rdquo;. &ldquo;It&rsquo;s a Heartache&rdquo;, m&aacute;s que una idea de gusto, podr&iacute;a ser considerada un llamado inconsciente a la frustraci&oacute;n. &ldquo;Es una pena/ nada m&aacute;s que una pena&rdquo;, se escucha al comienzo de la canci&oacute;n original. Una voz de despecho. Alguien ha perdido su amor. El dolor en el coraz&oacute;n &ldquo;golpea cuando es demasiado tarde&rdquo; y te hace sentir &ldquo;como un payaso&rdquo;. Como si hubiera sido escrita para las debacles argentinas. &iquest;Todav&iacute;a no se dieron cuenta de que ese canto es maldito y conduce inexorablemente a la derrota? Bueno, que sigan cantando.
    </p><p class="article-text">
        Jam&aacute;s siento la soledad. Estoy rodeado de cosas, ruidos y palabras. De tanto en tanto acompa&ntilde;o o me dejo acompa&ntilde;ar. Suelo caminar con -podr&iacute;amos decir a estas alturas- un amigo por los bosques de Palermo. Le cost&oacute; reconocer que pod&iacute;amos conversar. 
    </p><p class="article-text">
        -Un chip, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        -Me autoeduqu&eacute; en todos los &oacute;rdenes.
    </p><p class="article-text">
        No sal&iacute;a del asombro al ver la facilidad con la que me desplazaba. El mundo natural, le dije, est&aacute; lleno de ejemplos similares en ciervos, tigres y otros animales. 
    </p><p class="article-text">
        -Devenir tr&iacute;pedos. 
    </p><p class="article-text">
        -Eso, eso.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a tenido suerte porque me faltaba una pata trasera y la que me quedaba pod&iacute;a sostenerme con fuerza y sin perder el equilibrio. Le era m&aacute;s f&aacute;cil asimilar mi desplazamiento que la idea de casta. Es cierto, dijo, creo que, para entender, &iquest;c&oacute;mo le dec&iacute;s?, ah, Ielim, Ielim, ja, para entenderlo y entender la situaci&oacute;n, insisto, es necesario reconocer la pirueta post electoral. Decir &ldquo;casta&rdquo; era apuntar contra una &eacute;lite gen&eacute;rica. Eso le vali&oacute; apoyos extraordinarios. Ahora se es parte de ella si se critica o sofoca la m&iacute;nima iniciativa privada. La Casta, con may&uacute;scula, ser&iacute;a, en definitiva y desde la mirada leonina, la portadora de una lengua colectivista imaginaria. Atraviesa el aire la velada sospecha que todos pueden integrarla en la medida que rechacen matices leguleyos del nuevo orden. Hasta el pol&iacute;tico profesional se convierte en un mediador inservible. Un obst&aacute;culo burocr&aacute;tico que la clase dominante debe sacudirse para depredar sin traductores en esta fase de acumulaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        -El signo casta flota como dato falso en los discursos estatales, es multiuso, aunque en esta actualidad exime a quienes deber&iacute;an ser comprendidos exclusivamente bajo esa nominaci&oacute;n. Con un a&ntilde;adido: la verdadera casta ha renunciado a todo voto de <em>castidad</em>. No puede ser <em>casta</em>. Solo quiere liberar sus pulsiones y arrasar con cualquier control normativo. Y algo m&aacute;s para completar este giro: no nos olvidemos que Tom&aacute;s de Aquino relacionaba la palabra latina <em>castus </em>con el verbo castigar. 
    </p><p class="article-text">
        -Todo cierra.
    </p><p class="article-text">
        Era insaciable.
    </p><p class="article-text">
        -Podemos darle otra vuelta.
    </p><p class="article-text">
        Me hab&iacute;a venido a la memoria el canto del MAJUL y otros tantos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -Hubo un tiempo, no tan lejano, digamos semanas, en que eso de &ldquo;la casta tiene miedo&rdquo; expresaba una jactancia desafiante. &iquest;Qu&eacute; supon&iacute;a convertirlo en canto?
    </p><p class="article-text">
        -Poner al descubierto la zozobra del supuesto antagonista ante la inminencia de cambios radicales que iban a arrasar con sus privilegios. 
    </p><p class="article-text">
        -Claro. Sin embargo, la consigna musical podr&iacute;a ser ahora tambi&eacute;n entendida como el &ldquo;miedo&rdquo; de un &ldquo;nosotros&rdquo; que se expresa por interp&oacute;sita persona, en este caso, el coro, de que el proyecto de edificar una sociedad completamente vertical y disciplinada se vuelva ut&oacute;pico, es decir, un no lugar. 
    </p><p class="article-text">
        -Temen que este veranito plutocr&aacute;tico sea pasajero.
    </p><p class="article-text">
        -Les romper&iacute;a el coraz&oacute;n, al igual que en &ldquo;It&rsquo;s a Heartache&rdquo;, recurrir de nuevo a los viejos administradores de sus intereses. Como si, en el fondo, desearan que existiera un sistema de castas similar al que divid&iacute;a a la India en la antigua sociedad v&eacute;dica. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata, le expliqu&eacute;, de un complejo andamiaje de estratificaci&oacute;n endog&aacute;mica. R&iacute;gido e inm&oacute;vil. Los gobernantes o guerreros (Kshatriyas) siempre ser&aacute;n lo mismo a lo largo de los tiempos. Los religiosos y profesores (Brahmins) extienden a sus herederos esa misma condici&oacute;n. La imposibilidad de movilidad social alcanza a artesanos o mercaderes (Vaishyas) y trabajadores o sirvientes (Shudras). Existen otra serie de restricciones. Cero mezclas. Las castas m&aacute;s elevadas viven en el centro. Las m&aacute;s bajas, en el conurbano, perd&oacute;n, qu&eacute; animal, en la periferia de la periferia. Los m&aacute;s pr&oacute;speros pueden explotar a los grupos inferiores. Shudra te parieron, Shudra morir&aacute;s y renacer&aacute;s, y and&aacute; a cantarle a Vishnu o Gandhi, a ver si te atienden. La Constituci&oacute;n de ese pa&iacute;s, al promover en clave moderna la separaci&oacute;n entre religi&oacute;n y Estado, prohibi&oacute; la discriminaci&oacute;n por cuestiones de casta. Sin embargo, el sistema no ha sido erradicado. India padece un resurgimiento de la violencia relacionada con la imposici&oacute;n de las viejas jerarqu&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Parece que estuvieras dando una clase magistral, dijo, y yo, no, no, las clases magistrales irritan, y &eacute;l, suspicaz, por qu&eacute;, a qu&eacute; te refer&iacute;s, y como me llam&eacute; a silencio dijo que bueno, partamos al medio, definamos esto que hacemos como una caminata magistral, a lo que asent&iacute; solo para cerrar mi idea, surgida, le subray&eacute;, de un intercambio entre iguales, porque no habr&iacute;a consentido otro pacto hablante. Segu&iacute; con lo m&iacute;o. 
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Sab&eacute;s que la palabra casta proviene del portugu&eacute;s y significa &ldquo;raza, linaje, estirpe&rdquo;? Si nos atenemos a ese origen, el sentido verdadero de ese canto se nos hace m&aacute;s transparente. Miedo a la impureza. Mucho m&aacute;s si tenemos en cuenta que durante los primeros siglos de la ocupaci&oacute;n espa&ntilde;ola en Am&eacute;rica Latina se la utiliz&oacute; como un r&eacute;gimen de ordenaci&oacute;n racial, seg&uacute;n la procedencia europea, originaria, africana o alg&uacute;n tipo de mestizaje. A mayor sangre de los &ldquo;conquistadores&rdquo;, mejor posici&oacute;n en la pir&aacute;mide social. Si aceptamos este razonamiento no se quiere volver a fines del siglo XIX sino al siglo XVII latinoamericano, o al universo v&eacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        Dijo que ten&iacute;a que pensarlo.
    </p><p class="article-text">
        Antes de despedirse, quiso saber porque invocaba su apellido al rev&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Superstici&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        -Tomalo como un juego, una apuesta, la m&oacute;dica esperanza de que alg&uacute;n d&iacute;a pudiera sucederle lo de Mister Mxyzptlk. 
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Mister qu&eacute;?, se desconcert&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Le expliqu&eacute; qui&eacute;n era Mxyzptlk: el p&iacute;caro personaje de las primeras aventuras de Superman, al que el hombre de acero forzaba a deletrear su nombre en sentido inverso, Kltpzyxm, para devolverlo a la quinta dimensi&oacute;n de donde ven&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        -Decir Ielim, si se quiere, es un pedido secreto y m&aacute;ntrico de que esto se pueda revertir. A veces se me escapa, perd&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        -Pero, &iquest;qui&eacute;n podr&iacute;a inducirlo a ese silabeo enga&ntilde;oso? 
    </p><p class="article-text">
        -Ellos, claro.
    </p><p class="article-text">
        Titube&oacute; y dej&oacute; la frase en el aire.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Los p&hellip;?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hac&iacute;a falta completarla.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Acaso no estamos en una dimensi&oacute;n desconocida?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dimension-desconocida_129_10817230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Jan 2024 03:02:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dimensión desconocida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Conan,John Maynard Keynes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Música y locura para un nuevo Mile(i)narismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/musica-locura-nuevo-mile-i-narismo_129_10773139.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f455f317-b212-4246-b748-3195a36fbc59_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Música y locura para un nuevo Mile(i)narismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras su discurso inaugural de espaldas al Congreso, Javier Milei volvió al Teatro Colón ya como presidente en ejercicio. Sin chiflidos ni marchitas, esta vez resonaron las estrofas de "Balada para un loco", la misma voz de la locura enunciada alegremente en primera persona.</p></div><p class="article-text">
        En el discurso inaugural de esta era, la transici&oacute;n entre <em>Sinceramente </em>y el comienzo del &ldquo;sinceramiento&rdquo; econ&oacute;mico, un <strong>Javier Milei</strong> de dicci&oacute;n enrarecida recit&oacute; de espaldas al Congreso su poema &eacute;pico del ajuste. Lo acompa&ntilde;&oacute; de c&aacute;lculos, silogismos y datos falsos. Le faltaba sin embargo un cantar de gesta. Vaya si lo tuvo. En el propio Teatro Col&oacute;n. Gesta y gesto. Celebratorio o indigesto, seg&uacute;n la oreja y el ojo que captaron los entremeses de la velada paqueta.
    </p><p class="article-text">
        Milei volvi&oacute; mejor al Col&oacute;n.<em> </em>Nada de chiflidos esta vez, ni glosas musicales de la marchita tan <em>marchita</em> o malas escuchas. &ldquo;Balada para un loco&rdquo;, de <strong>Astor Piazzolla</strong> y <strong>Horacio Ferrer</strong>, ocup&oacute; un momento central de la gala presidencial. <em>El Loco</em> &ndash;al menos as&iacute; se llama la jugosa biograf&iacute;a de nuestro hombre de Estado, escrita por Juan Luis Gonz&aacute;lez&ndash; tuvo ah&iacute; su canci&oacute;n personalizada, y no fue otra cosa que la misma voz de la locura enunciada alegremente en primera persona. &ldquo;&iexcl;Viva! &iexcl;viva! &iexcl;viva! / &iexcl;Loco &eacute;l y loca yo! / &iexcl;Locos! &iexcl;todos! &iexcl;locos! / &iexcl;Loco &eacute;l!&rdquo;, conclu&iacute;a en su versi&oacute;n de 1969, cuando la cantaba Amelita Baltar. Si lo hac&iacute;a <strong>Roberto Goyeneche</strong> se cambiaban los art&iacute;culos. El &ldquo;yo&rdquo; en la velada fue masculino y le toc&oacute; a <strong>Ra&uacute;l Lavi&eacute;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Veamos qu&eacute; puede haber detr&aacute;s de esto.
    </p><p class="article-text">
        I
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a <strong>Blas Pascal</strong>, a fines del siglo XVII: &ldquo;Los hombres est&aacute;n tan necesariamente locos que no estar loco ser&iacute;a estar loco por otra forma de locura&rdquo;. La locura ten&iacute;a un estatuto antes de llegar la instituci&oacute;n m&eacute;dica: el mon&oacute;logo de la raz&oacute;n sobre la locura, seg&uacute;n <strong>Michael Foucault</strong>. &ldquo;La locura, cuya voz el Renacimiento ha liberado, y cuya violencia domina, va a ser reducida al silencio por la &eacute;poca cl&aacute;sica, mediante un extra&ntilde;o golpe de fuerza&rdquo;. En el camino de la duda, recuerda en su <em>Historia de la locura, </em>Descartes la encuentra al lado del sue&ntilde;o y de todas las formas de error. Foucault se&ntilde;ala que la relaci&oacute;n Raz&oacute;n-Demencia constituye, para Occidente, &ldquo;una de las dimensiones de su originalidad&rdquo; y que esta se define a trav&eacute;s de ese abismo que la amenaza.&nbsp;Detr&aacute;s de la f&oacute;rmula de la locura se rechaza algo que representa lo Ajeno, un vac&iacute;o hueco, un espacio blanco mediante el cual se a&iacute;sla. Foucault es el arque&oacute;logo de todas experiencias amenazadoras. Y, en sus investigaciones, reclama &ldquo;hablar de la experiencia de la locura&rdquo;, recuperarla antes de su captura por el saber y el discurso cient&iacute;fico, dejarla que se exprese ella misma.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la locura tiene todav&iacute;a derecho de ciudadan&iacute;a en la sociedad, en pleno Renacimiento, existe ya un movimiento de escisi&oacute;n que act&uacute;a sobre dos formas de locura. Por un lado, la de los cuadros de <strong>El Bosco </strong>o <strong>Pieter Breugel</strong>. Parecen revelar el secreto profundo en el que se aniquilar&aacute; la verdad de nuestro mundo de apariencias: una locura que tiene que ver con las fuerzas del mal y las tinieblas. Por otro lado aparece <strong>Erasmo</strong> a mediados del siglo XV y, en su <em>Elogio a la locura</em>,<em> </em>la hace entablar un di&aacute;logo con la raz&oacute;n, pero guardando distancias. Se invoca a la locura para dirigir su fuerza cr&iacute;tica contra las ilusiones humanas y su prop&oacute;sito. Surge, entonces la separaci&oacute;n que se ir&aacute; acentuando con el correr de los siglos. De un lado, la ciencia m&eacute;dica. Por el otro, las figuras tr&aacute;gicas: <strong>Francisco Goya</strong>, <strong>Vincent Van Gogh</strong>, <strong>Friedrich Nietzsche</strong>, <strong>Antonin Artaud</strong>. Lo que cambia a partir del siglo XVIII es que la locura va a ser encerrada y proscrita. Se la interna.&nbsp;A su portador se lo funde con un grupo de reclusos. As&iacute; nacen las instituciones y las condiciones para constituir a la locura en &ldquo;enfermedad mental&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A principios del siglo XIX, la locura se instala en el arte con un doble rostro: provoca tanto atracci&oacute;n como terror. En su libro <em>Aurelia</em>, de 1855, el franc&eacute;s <strong>Gerard de Nerval</strong> describe sensaciones y visiones durante un per&iacute;odo de enfermedad mental. Escritores, pintores y m&uacute;sicos coquetean con esa otredad: la locura es imaginada como fuente de energ&iacute;a creativa. El escritor alem&aacute;n <strong>Johann Christian Friedrich H&ouml;lderlin</strong> pas&oacute; sus &uacute;ltimos a&ntilde;os completamente esquizofr&eacute;nico y tocando el piano en un altillo (lo mismo har&iacute;a Nietzsche: clusters y sintaxis que desafiaban la raz&oacute;n musical). La literatura de <strong>E.T.A Hoffmann</strong> ejerce especial fascinaci&oacute;n en <strong>Robert Schumann</strong>, alguien que ya desde los 17 a&ntilde;os teme volverse <em>tan </em>loco, como <strong>Charly Garc&iacute;a </strong>en 1982 y m&aacute;s all&aacute;. En esas historias, lo cotidiano coexiste con lo alucinatorio. Adem&aacute;s de gran apologista de Beethoven, Hoffmann es autor de la novela <em>El gato Mur</em> en la que la mascota se convierte en relator y autor de la biograf&iacute;a de un joven m&uacute;sico perturbado.&nbsp;Los miedos se hicieron realidad en Schumann. En 1854 y a los 44 a&ntilde;os, dos antes de morir, y tras un intento de suicidio, se encerr&oacute; por voluntad propia. El autor de <em>Kreisleriana</em> tambi&eacute;n rechazaba lo oscuro. Y la tensi&oacute;n entre esas dos polaridades tiene su mejor expresi&oacute;n musical previa a <strong>Richard Wagner</strong>. Se la puede encontrar en la suspensi&oacute;n de la l&oacute;gica musical, destruyendo en esa pieza, tan cabalmente comprendida por <strong>Martha Argerich</strong>, la sensaci&oacute;n de comp&aacute;s del oyente.
    </p><p class="article-text">
        II
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Recuerda <strong>John T. Hamilton</strong> en <em>Music, Madness, and the Unworking of Language</em> que m&uacute;sica y locura limitan el lenguaje desde los lados opuestos: &ldquo;desde arriba o desde abajo de la norma subjetiva&rdquo;, o bien desde una posici&oacute;n compartida: &ldquo;la esfera o el escenario de la inmediatez en oposici&oacute;n a la mediaci&oacute;n propia del acto de reflexionar&rdquo;. En cualquiera de los dos casos, esa m&uacute;sica despojada de palabras y la locura &ldquo;parecen constituir un origen del lenguaje que no es comprendido por el lenguaje&rdquo;. Lo desentra&ntilde;an ocupando espacios que residen &ldquo;como el n&uacute;cleo inaccesible de la obra&rdquo;. Constituir&iacute;an su &ldquo;propia interrupci&oacute;n interna&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si existen esos resquicios de lo incomunicable, c&oacute;mo entender hoy la canci&oacute;n de Piazzolla y Ferrer y su absurdo textual (solo aceptable si uno est&aacute; bajo los efectos embriagadores del amor, y en ese caso podr&iacute;a haber sido tambi&eacute;n <strong>Palito Ortega</strong> el que nos emociona con &ldquo;&acute;por querer como te quiero todos mis amigos dicen que estoy loco&rdquo;). &iquest;Puede pasar alegremente por el juicio cr&iacute;tico? S&iacute; y no. Razones afectivas, ante todo. Ese desprop&oacute;sito en tiempo de valsecito, tan piazzolleano en su bella configuraci&oacute;n mel&oacute;dica, funcion&oacute; como suceso discogr&aacute;fico 54 a&ntilde;os antes de que sea objeto de reconocimiento a un jefe de Estado. La balada nos ofrece claves del fin de la d&eacute;cada en la que se estren&oacute;. La canci&oacute;n no podr&iacute;a ser disociada de ciertos t&oacute;picos que circulaban como vulgata: el antipsiquiatrismo, la <em>desmanicomializaci&oacute;n</em>, el encanto que suscitaba la figura del poeta <strong>Jacobo Fijman</strong> y, tambi&eacute;n, el libro de <em>Conversaciones sobre arte y locura</em> entre <strong>Enrique Pich&oacute;n Rivi&eacute;re</strong>, uno de los fundadores de la Escuela de Psicolog&iacute;a Social, y <strong>Vicente Zito Lema</strong>. Recordemos que el tema del manicomio aparec&iacute;a adem&aacute;s en &ldquo;Ferm&iacute;n&rdquo;, la canci&oacute;n de <strong>Almendra</strong>, grabada en el mismo 69.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;III
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me llam&oacute; (Jorge) Telerman, tenemos un pedido especial del presidente&rdquo;, cont&oacute; Lavi&eacute; sobre su presencia en el Col&oacute;n. El pedido era la &ldquo;Balada&hellip;&rdquo;. Dicho de otra manera: el hombre a quien llamaron <em>Loco</em> hab&iacute;a pedido autocelebrarse con ese elogio a la locura de locos lindos. &ldquo;Gui&ntilde;o en la gala presidencial&rdquo;, explic&oacute; <em>Todo Noticas</em> en su siempre tan did&aacute;ctico z&oacute;calo durante una conversaci&oacute;n con el exClub del Clan ganado tempranamente por el tango. &ldquo;C&oacute;mo voy a pasar cachet. Lo hago de coraz&oacute;n. No debo cobrar una cosa semejante. Estar presente en este nuevo cambio que esperemos que sea exitoso&rdquo;, explic&oacute; Lavi&eacute;. Y el cambio, draconiano, con su brazo punitivo en alto, quiz&aacute; habr&iacute;a obligado a cambiar parte de la letra. Un estribillo posible ser&iacute;a este:
    </p><p class="article-text">
        <em>Ya s&eacute; que estoy pianta'o, pianta'o, pianta'o</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo miro a Buenos Aires desde un panopticon</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Y a vos que est&aacute;s tan fiero; sal&iacute;, raj&aacute;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Sent&iacute; el loco berret&iacute;n</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Del el&eacute;ctrico bast&oacute;n</em>
    </p><p class="article-text">
        IV
    </p><p class="article-text">
        La locura en la pol&iacute;tica y la literatura han sido temas de constante indagaci&oacute;n para <strong>Horacio Gonz&aacute;lez</strong>. &ldquo;La locura individual puede no ser fascinante pues solo parece entregarnos sus idiomas rotos, la incomprensi&oacute;n de sus signos, el enredo doloroso de sus formas de existencia. Pero sabemos que considerar como obra de la locura a toda la historia humana, con sus complicadas pasiones y ensue&ntilde;os, nos pone tambi&eacute;n frente a un hecho borrosamente atractivo&rdquo;. Gonz&aacute;lez ha diseccionado <em>La locura en la historia</em>, un libro olvidado de <strong>Jos&eacute; Mar&iacute;a Ramos Mej&iacute;a</strong>, de 1895, por su curioso abordaje en la Argentina que tanto fascina a Milei, la premoderna, de aquello que va del lenguaje privado al colectivo y que nos pone en guardia respecto a lo inesperado, lo irreproducible, lo ineluctable de la experiencia real. &ldquo;&iquest;Podemos capturar la misma voz de la locura cuando ella habla en los hombres o en el lugar de los hombres, y a&uacute;n m&aacute;s, saber explicar la falta de sentido radical con la que se presentan los hechos p&uacute;blicos?&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Foucault invertir&aacute;, como hemos visto, el t&iacute;tulo del texto de Ramos Mej&iacute;a: <em>Historia de la locura. </em>Entre ambos se cuela por estos d&iacute;as una <em>microhistoria de esta locura</em>, que tiene no solo al momento de la balada como su instante perturbador. Porque al salir del Gran Teatro, la diputada <strong>Lilia Lemoine</strong> se puso a cantar en castellano y frente a las c&aacute;maras &ldquo;Don't cry for me, Argentina&rdquo;, la canci&oacute;n insigne de <em>Evita, </em>el musical de <strong>Andrew Lloyd-Webber</strong> y <strong>Tim Rice</strong>. &ldquo;Don't cry&hellip;&rdquo; tuvo, desde 1976, el a&ntilde;o en que se conoci&oacute; el disco de la entonces llamada &ldquo;&oacute;pera-rock&rdquo;, centenares de versiones. La primera que la grab&oacute; en castellano fue <strong>Nacha Guevara</strong>, en 1977, tres a&ntilde;os antes que <strong>Paloma San Basilio</strong>. Ahora Lemoine se integra como inscripci&oacute;n pol&iacute;ticamente bizarra a una serie de grandes encarnaciones del personaje: <strong>Julie Covington</strong>, <strong>Elaine Paige</strong>, <strong>Patti Lu Pone</strong> y una argentina, <strong>Elena Roger</strong>. La diputada quiso ser una Evita cosplay y sobre las escaleras del Gran Teatro remed&oacute; la &ldquo;escena del balc&oacute;n&rdquo; en el musical, cada vez m&aacute;s apegada al imaginario del peronismo cl&aacute;sico a medida que este pa&iacute;s se aleja de las bases materiales que dieron sentido. No contenta, y como si se tratara de una Nana libertaria o una tercera marca de <strong>Madonna</strong>, Lemoine no dud&oacute; en volver sobre sus pasos y, en el ba&ntilde;o de su casa reincidi&oacute; en el canto evitero, esta vez en ingl&eacute;s. &ldquo;En mi casa la opini&oacute;n era dividida; mi abuela la odiaba... mi mam&aacute; la amaba. Yo no pod&iacute;a decir algo negativo sobre <strong>Eva Per&oacute;n</strong> porque ella LLORABA. Cr&eacute;ase o no. Y no es que desentonamos, no armonizamos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        V
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica incluye siempre una nota al pie de la insensatez. &iquest;Qu&eacute; sucede cuando amenaza con ocupar el centro del texto? &ldquo;La historia es un relato hecho por un loco, lleno de sonido y de furia y que significa nada&rdquo;, reconoce Macbeth cuando su suerte est&aacute; echada, despu&eacute;s de regar r&iacute;os de sangre. A veces la traducci&oacute;n de aquel descomunal mon&oacute;logo shakesperiano incluye las palabras &ldquo;idiota&rdquo; y &ldquo;ruido&rdquo;. Nada cambia. La frase, dice Gonz&aacute;lez, contiene un repetido castigo a la arrogancia humana al sustraer dos veces los significados: una vez a las palabras (por el exceso de la furia) y otra vez a los actos (por la ausencia de l&oacute;gica). Pocos prestan sin embargo atenci&oacute;n a la naturaleza de ese ruido/sonido y c&oacute;mo se articula con los dramas (la locura del poder y el poder de la locura). &iquest;Y se a&ntilde;adimos a la canci&oacute;n? &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a la nuestra por estos d&iacute;as? &iquest;&ldquo;Balada para un loco&rdquo;?&nbsp;&iquest;O ser&iacute;a &ldquo;No llores por m&iacute;, Argentina&rdquo;? 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; habr&aacute; que reactualizar el sentido de &ldquo;Loco, no te sobra una moneda&rdquo;. Escrita por de <strong>Billy Bond </strong>y popularizada <strong>Ser&uacute; Gir&aacute;n</strong> a fines de los setenta, pon&iacute;a en primera persona el deseo de un roquerito que no se quiere perder el recital de <strong>Pappo </strong>y pide dinero para escucharlo. Sin embargo, el vocativo, ajeno a cualquier designaci&oacute;n psiqui&aacute;trica, es ahora asociado a otra figura que retacea algo m&aacute;s que fondos p&uacute;blicos. Y es entonces que el final de aquella canci&oacute;n se nos vuelve advertencia de cuerpo presente. &ldquo;Tengo miedo de la ley/ Y un palazo en la nuca/ Que me trague la tierra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        VI
    </p><p class="article-text">
        En aquella obra cumbre del teatro isabelino, Banquo, se&ntilde;or de Lochaber, es asesinado por encargo de Macbeth para que no se interpusiera en el camino de este hacia el trono. Antes de que lo pasen por las armas, acompa&ntilde;a al mismo Macbeth al encuentro con las brujas. &ldquo;&iquest;Hubo algo aqu&iacute; como eso de que ahora hablamos? / &iquest;O ser&aacute; que hemos comido de esa ra&iacute;z loca/ que mete presa la raz&oacute;n?&rdquo;. <strong>Giuseppe Verdi</strong> descarta ese comentario cuando escribe su &oacute;pera y le hace cantar a Banquo: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;nes son? &iquest;Son de este mundo o de otro planeta? Quisiera llamarlas mujeres, pero me lo impiden vuestras repugnantes barbas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Christian Peregrino</strong> ha interpretado a Banquo en el ciclo de Buenos Aires l&iacute;rica y se aprestaba a participar del <em>Requiem </em>de Verdi en el Teatro Argentino de La Plata. &ldquo;Te vas reverenda HDP. Te vas al fin. Ojal&aacute; hoy te pongan una tobillera en la pata y no puedas salir m&aacute;s de tu casa, pedazo de excremento mal producido&rdquo;, escribi&oacute; previamente en su cuenta de Facebook cuando se consum&oacute; la victoria libertaria. El mensaje estuvo acompa&ntilde;ado de una imagen de la exvicepresidenta <strong>Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner</strong>. El cantante la compar&oacute; tambi&eacute;n con una &ldquo;bocha mortadela&rdquo; por su vestido en la ceremonia de traspaso de mando en el Congreso, donde se la vio re&iacute;rse en complicidad con Milei. 
    </p><p class="article-text">
        Peregrino, quien en su cuenta en la red social aparece con una remera que incluye la consigna del partido oficial, hab&iacute;a lanzado un grito de indignaci&oacute;n por la rechifla contra el anarco capitalista en el Col&oacute;n en el marco de <em>Madama Butterfly</em>.&nbsp;&ldquo;Los que entonaron la marcha Peronista desde el m&iacute;tico foso del Teatro Col&oacute;n, &iquest;van a renunciar o pueden cometer semejante falta de respeto sin sanciones?&rdquo;, se pregunt&oacute;. Pero lo sancionaron a &eacute;l y con su apartamiento del <em>Requiem </em>se sinti&oacute; blanco de la censura, ejecutada a trav&eacute;s del sindicato, que lo consider&oacute; <em>persona no grata</em> por agresiones virtuales a sus compa&ntilde;eras y compa&ntilde;eros. &ldquo;Me llam&oacute; gente del coro, de administraci&oacute;n, de sastrer&iacute;a, de prensa para decirme que lo que sucedi&oacute; era una locura&rdquo;, asegur&oacute;. &ldquo;La libertad de expresi&oacute;n condicionada&rdquo;, dijo <em>La Naci&oacute;n</em>. 
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;incomprensi&oacute;n de los signos&rdquo; es una regla de nuestra actualidad.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/musica-locura-nuevo-mile-i-narismo_129_10773139.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Dec 2023 03:01:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Música y locura para un nuevo Mile(i)narismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Raúl Lavié,Lilia Lemoine,Christian Peregrino]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ópera, venganza y "dolorización"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/opera-venganza-dolorizacion_129_10717979.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef134e6e-ec7e-4e91-99bb-16b41520cf71_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ópera, venganza y &quot;dolorización&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En entrevista con Alejandro Fantino, Javier Milei apeló a la fábula moralizante de la ópera "Rigoletto" para negar ánimo de venganza hacia quienes lo destrataron en campaña. "Tengo que trabajar en temas tan complejos que ni siquiera tengo tiempo”. 

</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No tengo un significante para contar que est&aacute; Javier ac&aacute;&rdquo;. <strong>Alejandro Fantino</strong> recibe a <strong>Javier Milei</strong>. Trato preferencial, &iacute;ntimo, si se quiere. Javi, le dice. Ale, se iguala ante &eacute;l con la ap&oacute;cope. El entrevistador logra que su invitado pueda hablar sobre cualquier cosa. &ldquo;Mir&aacute; para adelante, no mires atr&aacute;s con la venganza&rdquo;, le sugiere al gran privatizador, que responde: &ldquo;Con todas las cosas que tengo que estar resolviendo en este momento estoy trabajando de siete a 24, yo no puedo perder un minuto en tomar una venganza, ser&iacute;a un idiota. No s&eacute; si te gusta la &oacute;pera, hay una &oacute;pera maravillosa, una &oacute;pera de Verdi que se llama<em> Rigoletto</em>, no s&eacute; si la conoces&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hmmm, no conozco la trama&rdquo;, responde nuestro nuevo<strong> Mariano Grondona</strong>. A diferencia de aquel hombre de alcurnia y acci&oacute;n, escriba del decreto 150 de la facci&oacute;n azul del Ej&eacute;rcito en la crisis armada de 1962, Ale proviene del mundo del f&uacute;tbol y la TV <em>trash </em>donde esplende con citas de Lacan y Deleuze. El postestructuralista del tatuaje queda en <em>orsai</em> frente a la referencia del presidente electo. Ese <em>hmmm</em> es el reconocimiento de que lo han llevado a un territorio desconocido. Deja que Javi resuma el libreto. Podemos regodearnos con su capacidad expositiva y concordancia gramatical, a partir del 10 de diciembre lengua del Estado: &ldquo;Es la historia de un duque, el muchacho era&hellip;le gustaba estar con muchas se&ntilde;oritas, era un muchacho de coraz&oacute;n grande, entonces las tomaba y las descartaba, esa es la historia del duque de Mantua, y Rigoletto era su buf&oacute;n, y b&aacute;sicamente conoc&iacute;a c&oacute;mo era el duque de Mantua, por la muerte de la madre de su hija, Gilda, se va a vivir con &eacute;l. Obviamente quer&iacute;a que estuviera lejos del duque, y en ese contexto Gilda iba a la iglesia y lo conoce al duque, que no dejaba t&iacute;tere sin cabeza, y los s&aacute;trapas que estaban con Rigoletto, el buf&oacute;n, le hicieron una emboscada a Gilda y termina teniendo relaciones con el duque, entonces cuando ve esa situaci&oacute;n, Rigoletto jura venganza&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ale no tiene nada que aportar, ning&uacute;n <em>Par&aacute; par&aacute; par&aacute;</em> <em>ah&iacute;</em>, ni siquiera lo muestra la c&aacute;mara, as&iacute; que el futuro presidente contin&uacute;a, habla del aria &ldquo;Vendetta tremenda vendetta&rdquo;. Le cuenta: &ldquo;La mejor versi&oacute;n que escuch&eacute; en mi vida&rdquo; - aqu&iacute; aparece el <em>amante de la &oacute;pera</em>, no ya el antiguo <em>rollinga</em>- y es la del bar&iacute;tono <strong>Leo Nucci </strong>en la arena de Verona. Se permite una reflexi&oacute;n de <em>connoisseur</em>. Explica que si el aria se interpreta <em>tal cual</em>  la escribi&oacute; Giuseppe Verdi, el registro del bar&iacute;tono es insuficiente, y es de hecho lo que Nucci hace. Y cuando le piden un bis, &ldquo;lo hace mejor todav&iacute;a, es una cosa impresionante&rdquo;. Javi retoma el argumento: Rigoletto contrata a un sicario, Sparafucile. En las &oacute;peras como en la pol&iacute;tica se mata por encargo.
    </p><p class="article-text">
        Dejemos en suspenso unas l&iacute;neas su relato. Solo para puntualizar algo que el mel&oacute;mano pasa por alto, y es que, en el segundo acto, Rigoletto, le comenta al asesino: &ldquo;&iexcl;Somos iguales! Yo con la lengua y &eacute;l con el pu&ntilde;al. &iexcl;Yo soy el hombre que r&iacute;e, &eacute;l, el que mata!&rdquo;. Y esta semejanza entre la mofa o la difamaci&oacute;n y el crimen tiene actualidad, acompasa el presente. Ale sabe ahora que Sparafucile tiene una hermana, &ldquo;una chica que arrendaba su cuerpo&rdquo;. Es decir, una dupla formada para el delito. Ella deb&iacute;a estar con el duque, &ldquo;emborracharlo y cuando estaba grogui lo mataba y cumpl&iacute;a con la tarea&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero no. Y ah&iacute; Javi corrige ligeramente el libreto, soslaya el odio a la casta que profesa Rigoletto, se olvida del momento de travestismo -cuando Gilda se viste de hombre- y la expone sacrificialmente, de cuerpo presente, para morir de amor y salvar al conde. &iquest;Qu&eacute; hace Ale? Sigue la trama <em>boca chiusa</em>. &ldquo;Sparafucile tiene que entregarle el cuerpo a Rigoletto, lo entrega en una bolsa, Rigoletto estaba feliz, hab&iacute;a matado al duque, entonces de repente escuchaba que se cantaba <em>La donna &egrave; mobile</em>, de fondo. Estaba tan contento que lo escuchaba. Lo interesante es que en un momento esto le llama la atenci&oacute;n, abre el saco y encuentra a la hija, esa vendetta tremenda vendetta, termina matando a su propia hija&rdquo;. Fin. 
    </p><p class="article-text">
        La &oacute;pera le ha permitido, como sucede en numerosos dramas l&iacute;ricos, una f&aacute;bula moral que lo conecta supuestamente con las funciones que le esperan. &ldquo;La venganza no es buena consejera. Tengo que trabajar en temas tan complejos que ni siquiera tengo tiempo&rdquo;. Pero, &iquest;y si lo tuviera? &iquest;Se <em>tercerizar&aacute;</em> el trabajo? La entrevista ha tenido unos cuatro millones de visitas. Adem&aacute;s de un programa de Gobierno, constituy&oacute; una iniciaci&oacute;n al drama l&iacute;rico.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        II
    </p><p class="article-text">
        El traspaso de mando tiene su cap&iacute;tulo musical. Del guitarrero <strong>Alberto Fern&aacute;ndez</strong> a Milei, quien, m&aacute;s que el rock, como cre&iacute;amos, tiene en la &oacute;pera italiana un disfrute y una instancia formativa. El soci&oacute;logo <strong>Claudio Benzecry </strong>retrata en <em>El fan&aacute;tico de la &oacute;pera. Etnograf&iacute;a de una obsesi&oacute;n</em> a ese p&uacute;blico que se siente impulsado a hablar con extra&ntilde;os de lo que escucha y puebla su discurso de arias y referencias a fragmentos musicales. La &oacute;pera, &ldquo;un producto cultural en extremo complejo, hist&oacute;ricamente considerado un significante de la clase, la naci&oacute;n y el estatus&rdquo;, se convierte en ellos y ellas en una &ldquo;canci&oacute;n privada&rdquo; y una &ldquo;lecci&oacute;n emocional&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Estamos frente a un arte que ha perdido sus rasgos de <em>distinci&oacute;n</em>, elitista, y que incita a ese p&uacute;blico a participar de un juego social que no se agota en cuestiones ideol&oacute;gicas. El fan&aacute;tico habla como &ldquo;si la m&uacute;sica se hubiera apoderado de su cuerpo&rdquo;. Se entrega a una &ldquo;fuerza superior&rdquo;. Prefiere las arias sobre los interludios instrumentales, los instantes explosivos, cargados de dramatismo que aquellos que pueden ser tan abstractos como las f&oacute;rmulas econ&oacute;micas. &iquest;Entra Milei en esa categor&iacute;a?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        En 2019 se disfraz&oacute; de &ldquo;Capit&aacute;n Anarco Libertario&rdquo; para un evento de comics y anim&eacute;, la Otacon Party. Subi&oacute; luego al escenario para reescribir el aria del brindis de <em>La traviata, </em>tambi&eacute;n de Verdi. Recordemos: se trata de un drama &iacute;ntimo y realista que tiene como protagonista, una vez m&aacute;s, a un muchacho &ldquo;de buena familia&rdquo;, Alfredo, quien est&aacute; relacionado con una prostituta de lujo hasta que se la lleva la tuberculosis. &ldquo;Bebamos alegremente de este vaso/ resplandeciente de belleza/ y que la hora ef&iacute;mera/ se embriague de deleite&rdquo;, canta el amante con la copa en la mano.
    </p><p class="article-text">
        Sobre esa misma melod&iacute;a, Milei inscribi&oacute; su manifiesto oper&iacute;stico: &ldquo;Gastar, y gastar esa es nuestra regla fiscal/ Y si los ingresos no aguantar&aacute;n m&aacute;s/ Ah&iacute; iremos al Banco Central/ Y eso ser&aacute; inflacionario/ Si no le aflojan al gasto&rdquo;. Tanto le gust&oacute; el remozamiento que reincidi&oacute; en un congreso de economistas y varios programas televisivos. &ldquo;A algunos les molesta que yo me ponga a cantar&rdquo;<em>.</em> Incluso cuando version&oacute; &ldquo;Fuiste m&iacute;a un verano&rdquo;, de <strong>Leonardo Favio</strong>, le imprimi&oacute; ese vibrato l&iacute;rico y cubri&oacute; su cabeza con un pa&ntilde;uelo como lo usaba el director de <em>Juan Moreira. </em>M&uacute;sica y disfraz. 
    </p><p class="article-text">
        Pero algo m&aacute;s: aflora el gusto por la imitaci&oacute;n y el valor de aquello que tienen en com&uacute;n la &oacute;pera y el rid&iacute;culo: el exceso. &iquest;Qu&eacute; otra cosa es cantar que una ciudad se hunda? Exceso tambi&eacute;n porque la voz tiene que lidiar con la gran masa orquestal y el mismo peso de la palabra. El crecimiento de la audiencia, la sonoridad cada vez m&aacute;s potente de las orquestas, no solo requiri&oacute; de salas mayores sino de un modo de cantar a la altura de las circunstancias. Esa forma de cantar, con toda su estridencia, fue tomada como un valor en s&iacute; mismo por la audiencia, que festejaba el poder&iacute;o de los int&eacute;rpretes (es por eso que Javi se embelesa con el bar&iacute;tono Nucci). 
    </p><p class="article-text">
        El vibrato fue primero un recurso expresivo basado en la idea de peque&ntilde;os y r&aacute;pidos cambios en la altura. Esta habilidad para proyectar el sonido devino una marca de lo l&iacute;rico. Una elegante y controlada variable del grito. A mayor volumen, m&aacute;s aplausos (&iquest;no es lo que ha marcado tambi&eacute;n el ascenso pol&iacute;tico del libertario al calar en los o&iacute;dos de los indignados?).&nbsp;El realismo de la amplificaci&oacute;n y el cine (el <em>close up</em> de la c&aacute;mara y el micr&oacute;fono) pusieron en entredicho la eficacia de una vocalizaci&oacute;n tradicional. Se sobreact&uacute;a no obstante como si esos dispositivos no existieran. El capit&aacute;n anarco capitalista lo puso en pr&aacute;ctica en aquel evento <em>cosplay</em> como si se tratara, insisto, del personaje de un drama por escribirse. M&uacute;sica y disfraz para una tragedia en ciernes.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        III
    </p><p class="article-text">
        Perpleja por la expansi&oacute;n de la ola <em>bolsonarista</em>, la fil&oacute;sofa y artista pl&aacute;stica brasile&ntilde;a, <strong>Marcia Tiburi </strong>escribi&oacute; el ensayo <em>Rid&iacute;culo pol&iacute;tico</em>, pero para ir m&aacute;s all&aacute; de una categor&iacute;a relacionada con la apariencia y la representaci&oacute;n -aquello que es adem&aacute;s constitutivo de la &oacute;pera- y pensar eso que est&aacute; &ldquo;fuera de contexto&rdquo;, lo que &ldquo;escapa a lo razonable&rdquo; (que un economista <em>cante</em> su fundamento del gasto p&uacute;blico). 
    </p><p class="article-text">
        Tiburi parte de la visi&oacute;n carnavalesca de un &ldquo;mundo al rev&eacute;s&rdquo; que iguala a las clases y relativiza temporalmente verdades. Una <em>segunda vida</em> ocupa por unos d&iacute;as el lugar de la primera. Lo serio y lo no serio se confunden bajo la forma de una curiosa yuxtaposici&oacute;n de escenas. Pero el rid&iacute;culo pol&iacute;tico, dice, ya no crea esa <em>segunda vida</em> como en el carnaval, que se disuelve con el mi&eacute;rcoles de ceniza cuando todo se normaliza y restablecen las jerarqu&iacute;as. Es una forma de repetici&oacute;n que invade la realidad. El carnaval se vuelve incluso <em>serio </em>cuando un aria de <em>La traviata </em>sale de la garganta de un economista que lleva un antifaz y un tridente y, bajo la risue&ntilde;a caracterizaci&oacute;n augura el escarnio.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Toda expresi&oacute;n de la &oacute;pera seria se remonta a dos gestos: amenazar y suplicar&rdquo;, sostiene <strong>Ivan Nagel</strong> en <em>Autonom&iacute;a y gracia. Sobre las &oacute;peras de Mozart. </em>El presente argentino ya pone fuera de la escena teatral la primera de esas acciones. No solo la amenaza y la venganza, el perd&oacute;n y s&uacute;plica son t&oacute;picos del g&eacute;nero. Se&ntilde;ala<strong> Lawrence Kramer </strong>en <em>Musical meaning toward a critical history</em> que la &oacute;pera y las pel&iacute;culas de Hollywood comparten lo extravagante, los egos, la pasi&oacute;n, la traici&oacute;n, el sexo y la muerte a la en&eacute;sima potencia. &ldquo;Dif&iacute;cil no relacionar el incendio de Atlanta de <em>Lo que el viento se llev&oacute;</em> con el final de la Tetralog&iacute;a (de <strong>Richard Wagner</strong>)&rdquo;. O la preocupaci&oacute;n constante de Hollywood por la sexualidad y el sacrificio femeninos, sin antecedentes esc&eacute;nicos como <em>Tristan e Isolda</em> y <em>Madama Buterfly</em>, que Milei intent&oacute; presenciar en el Col&oacute;n con su novia imitadora. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; de esos rasgos detectaremos en breve? &iquest;Y qu&eacute; melod&iacute;a reclamar&aacute; esta cirug&iacute;a mayor sin anestesia que se anuncia? &iquest;<strong>La Renga</strong>, Puccini? &iquest;Verdi rengo? &iquest;Alcanzar&aacute; con gritar? La aparente fijaci&oacute;n de Milei con el verismo quiz&aacute; no le ha permitido adentrarse en otros repertorios ejemplares que podr&iacute;an reflejarse en el espejo argentino como premonici&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Pienso <em>en Ascenso y ca&iacute;da de la ciudad de Mahagonny</em>, la &oacute;pera que <strong>Kurt Weill </strong>y <strong>Bertolt Brecht</strong> estrenaron en 1930 en la inflacionaria Rep&uacute;blica de Weimar. Tres tr&uacute;hanes buscados por la polic&iacute;a crean una ciudad ficticia en medio del desierto. Mahagonny, la ciudad de las redes, a la que llegan visitantes en busca de lujuria y futuro. Pero la libertad ilimitada tiene sus costos si no se tiene dinero. &ldquo;El dinero te hace sexy&rdquo;, cantan. Esa carencia se penaliza con la muerte. La ciudad colapsa en medio del caos y la carest&iacute;a. Sobre el escenario se levantan carteles que pudieran ser titulares de nuestros diarios. &ldquo;Por el crecimiento del caos y de los precios&rdquo;, &ldquo;Por la lucha de todos contra todos&rdquo;. Vean esta puesta argentina. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        IV
    </p><p class="article-text">
        Lament&eacute; en parte el silencio de Ale cuando se ment&oacute; la m&uacute;sica delante suyo. Hubiera sido interesante que hiciera gala de ese capital simb&oacute;lico con el que apabulla a sus invitados y le dijera, mir&aacute; Javi, no s&eacute;, tal vez, en virtud de relaci&oacute;n afectiva con aquellos que llamas tus &ldquo;hijos de cuatro patas&rdquo;, y s&eacute; muy bien cu&aacute;nto te importan, podr&iacute;a llamarte la atenci&oacute;n, qui&eacute;n sabe, <em>A Dog's Heart</em>, par&aacute; par&aacute;, te cuento, es una &oacute;pera, una &oacute;pera que estren&oacute; en 2010, es la &oacute;pera de un compositor ruso <strong>Alexander Raskatov</strong>, pero no pongas cara de&hellip; &iquest;puedo seguir? Bueno, esta &oacute;pera se basa en la novela que <strong>Mija&iacute;l Bulg&aacute;kov </strong>escribi&oacute; en 1925 y fue prohibida por seis d&eacute;cadas. Cosas de comunistas podr&iacute;as decir, te digo yo, el estalinismo como obra de arte, dir&iacute;a Boris Groys, otro d&iacute;a te habl&oacute; sobre &eacute;l, sigamos con la &oacute;pera que cuenta la historia de Sharik, un perro callejero al que un cirujano al que llaman el Profesor, le trasplanta los test&iacute;culos y la gl&aacute;ndula pituitaria de un humano. Lo que deb&iacute;a ser un experimento en la Rusia bolchevique para rejuvenecer los cuerpos tiene una asombrosa derivaci&oacute;n: el pichicho se convierte en un espantoso hombre, Poligraf Poligrafovich Sharikov. Todos los personajes son ridiculizados, excepto el perro que interpreta una marioneta creada por titiriteros al estilo de una escultura del suizo Alberto Giacometti. Solo por eso tendr&iacute;as que verla con F&aacute;tima. La marioneta se mueve, salta, grita, como un animal bifronte. Su costado m&aacute;s humano lo interpreta un contratenor, mientras que el lado oscuro, el momento de los aullidos, queda a cargo de una soprano que utiliza un meg&aacute;fono.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Pero, claro, <em>A Dog's Heart</em> se encuentra en las ant&iacute;podas de las apetencias de Javi. Esas obras por lo general no tienen el signo del lucro asegurado. Las financia el erario p&uacute;blico. Una aberraci&oacute;n como la justicia social, dir&iacute;an. Que Ale entonces se ajuste en esta deriva a las afinidades electivas de su invitado. Acaso alg&uacute;n d&iacute;a, podr&iacute;a decirle, en una de esas durante una gira de Estado, podr&iacute;as coincidir con la puesta en escena <em>The Fall of Gondolin</em>. Es la &oacute;pera que <strong>Paul Corfield Godfrey</strong> compuso basada en <em>El Silmarillion</em> de <strong>J.R.R. Tolkien</strong>. En estos textos publicados tras la muerte del autor de <em>El se&ntilde;or de los anillos </em>nos enteramos c&oacute;mo surgieron los orcos, seguro que lo escuchaste a Mauricio hablar de ellos. A esto voy y tal vez te sirve. Porque solamente puede ser esencia aquello que hace que algo sea. La taza es taza porque tiene <em>taceidad</em>. La <em>arboreidad</em> hace ser a los &aacute;rboles. Los orcos, <em>orquedad</em>, son unos humanoides de apariencia bestial y terrible, al servicio de los villanos Melkor, Sauron y Saruman. Orejones y con los colmillos afilados. Te cierro con esto. &iquest;La t&eacute;cnica es esencia o accidente en el capitalismo? Aristot&eacute;licamente planteado, &iquest;eh?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a dicho Macri que no me atrevo a poner en boca de un imaginario Ale? Esto: &ldquo;Los j&oacute;venes no se van a quedar en casa si estos se&ntilde;ores empiezan a tirar toneladas de piedra, los j&oacute;venes van a salir a defender su oportunidad, entonces los orcos van a tener que medir muy bien cuando quieran salir a la calle a hacer desmanes&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        El expresidente hizo gala de una suerte de racismo <em>fantasy</em>. Una analog&iacute;a visual que, si escuchamos la banda sonora de la pel&iacute;cula, podemos advertir lo siguiente: cuando esos sujetos robustos,<em> morochos</em> y a veces jorobados avanzan hacia el combate, se percute un sonido grave que ilustra el movimiento: marchan al comp&aacute;s de algo semejante a un bombo. La &oacute;pera es tinglado y artificio. El Estado, ficci&oacute;n paranoica. Un Estado operado y oper&iacute;stico se vislumbra como temible. Las vendettas de <em>Las bodas de F&iacute;garo</em>, de Mozart, o <em>Tosca</em>, de Puccini, son un porotito frente a lo que se nos insin&uacute;a. La <em>dolorizacion</em>. &iquest;Tendremos un pucciniano Scarpia? Par&aacute;, par&aacute;&hellip;.&iquest;para estatal?
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/opera-venganza-dolorizacion_129_10717979.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Nov 2023 03:04:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ópera, venganza y "dolorización"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Alejandro Fantino,Giuseppe Verdi,Ópera,Teatro Colón,La Renga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inversión de sentidos y una nueva locura, la del vengador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/inversion-sentidos-nueva-locura-vengador_1_10702911.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c8a40ef7-7e5f-4947-8371-ce267f8fbe79_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Inversión de sentidos y una nueva locura, la del vengador"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Javier Milei marca el inicio de un nuevo bloque histórico o se trata, apenas, de un nuevo capítulo de nuestra historia en espiral descendente y sometida a la constante volatilidad? </p></div><p class="article-text">
        En la propuesta econ&oacute;mica de <strong>Javier Milei</strong> se habla, en su quinta secci&oacute;n acerca del &ldquo;fomento de las inversiones privadas&rdquo;. Pero, antes de atraer el capital privado para fundar la nueva Argentina decimon&oacute;nica, puso en marcha un proceso de <em>inversiones de sentido</em> que pudimos detectar a lo largo de la campa&ntilde;a y, especialmente, durante su noche triunfal. &ldquo;Que se vayan todos/ que no quede uno solo&rdquo;, cantaron sus seguidores. Ese &ldquo;canto de impugnaci&oacute;n nacido de una revuelta&rdquo; de 2001 y luego marginalizado como &ldquo;anti-pol&iacute;tica&rdquo;, seg&uacute;n <strong>Diego Sztulwark</strong>, ha sido succionado por esas gargantas sin pagar derecho de propiedad y para darlo vuelta como una media. La apropiaci&oacute;n incluye el uso de &ldquo;Se viene el estallido&rdquo;, de <strong>Bersuit Vergarabat</strong>. Si la figura y la ret&oacute;rica de <strong>Domingo Cavallo</strong> hab&iacute;a inspirado a los autores de la canci&oacute;n, a mediados de los noventa, ahora es la melod&iacute;a y la letra de un cavallismo 2.0. 
    </p><p class="article-text">
        Este juego de inversiones tuvo un gesto anticipatorio en las calles de la mano de Revoluci&oacute;n Federal. Ellos hicieron suyos las pr&aacute;cticas del <em>artivismo</em> y la performance que forman parte de colectivos contraculturales o de izquierda. &iquest;Qu&eacute; fueron sino sus bolsas mortuorias o la guillotina que avivaron la imaginaci&oacute;n de votantes de La Libertad Avanza? Son ultras ignorantes, pero, &iquest;nos sorprender&iacute;a que hubieran le&iacute;do en Wikipedia sobre <strong>Joseph Beuys</strong>, el artista alem&aacute;n que descoll&oacute; con sus instalaciones y happenings hace m&aacute;s de medio siglo? El mileismo (ilusi&oacute;n de milenarismo rampl&oacute;n) se devor&oacute; la idea del exceso. El arte ya no puede pensar en la transgresi&oacute;n como si no existieran esas autor&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        II
    </p><p class="article-text">
        A Milei le dicen &ldquo;el loco&rdquo;. As&iacute; se llama la biograf&iacute;a escrita por <strong>Juan Luis Gonz&aacute;lez</strong>, plagada de detalles que nos ofrecen indicios de que algo no funciona bien en sus emociones. &iquest;Pero <em>loco</em>? La relaci&oacute;n entre pol&iacute;tica y locura viene de lejos y<strong> Horacio Gonz&aacute;lez </strong>pas&oacute; revista del modo en que se articulan a lo largo del siglo XX, especialmente a la luz de la narrativa de <strong>Roberto Arlt</strong>. La idea de la <em>locura</em> tuvo un giro radical cuando fueron as&iacute; llamadas las Madres de la Plaza de Mayo durante la dictadura. La <em>locura</em>, entonces, puso entonces en juego el coraje de iluminar la calamidad humanitaria y formular una exigencia al Estado sobre el destino de los desaparecidos. 
    </p><p class="article-text">
        Circular alrededor del monumento de la Plaza supuso otro tipo de temporalidad. El tiempo se alisar&iacute;a hasta que la justicia se completara en su reparaci&oacute;n. Las agujas del reloj comienzan a ir en direcci&oacute;n contraria, en direcci&oacute;n a los tiempos de la arcadia agraria, porque el &ldquo;fuera de lugar&rdquo; pas&oacute; a encarnarlo Milei en las urnas como simulacro veraz. El tr&aacute;nsito de la <em>locura</em> como espacio de producci&oacute;n de subjetividad radical al &ldquo;loco&rdquo;, portador de una negatividad enga&ntilde;osa -<em>negatividad sin negatividad</em>- es tambi&eacute;n una inversi&oacute;n de significados, el signo trastocado de este tiempo. La <em>locura</em>, de un plumazo, ya no nos llama a pensar solamente sobre aquellas situaciones l&iacute;mite y a una condici&oacute;n que impugnaba la normatividad dominante: es el disparate restaurador. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los miles y miles de informalizados escucharon en boca de Milei apenas un relato de sus propias experiencias y un manual aceptado de las futuras oportunidades</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        III
    </p><p class="article-text">
        <em>Me gust&oacute; much&iacute;simo el tono llano de su intervenci&oacute;n en la televisi&oacute;n. &iexcl;Muy astuto de su parte, muy astuto! No hay que hilar demasiado fino &iquest;no es cierto?</em>
    </p><p class="article-text">
        No pude en estas horas sino recordar <em>Desde el jard&iacute;n</em>, una novela que el polaco norteamericano <strong>Jerzy Kosinski</strong> public&oacute; en 1971. Tras la debacle electoral del domingo recobra actualidad delante de mis ojos. Mr. Chance, recordemos, es un ignorante que vive apartado del mundo. Lo &uacute;nico que conoce es su jard&iacute;n. Ese es su modelo de realidad de donde extrae el material de comentarios pueriles que ser&aacute;n no obstante escuchados en clave metaf&oacute;rica y considerados de una gran hondura por empresarios, pol&iacute;ticos y medios de comunicaci&oacute;n. Podemos cambiar la bot&aacute;nica por las abstracciones econ&oacute;micas y encontrarnos con Milei en su camino a la presidencia. 
    </p><p class="article-text">
        A la lista de fascinados de la novela debemos a&ntilde;adir un mar de hartazgo colectivo propiciado por el Gobierno indolente, fabulador. El fracaso de sus liderazgos silentes fue el insumo que aliment&oacute; la bronca de los j&oacute;venes, al punto de crear las condiciones para que la jeringonza del anarco capitalista sea percibida como un discurso amigable (creo no obstante que el grito introdujo un valor a&ntilde;adido: m&aacute;s cerca del significante ruidoso y emocional). La devaluaci&oacute;n del peso arrastr&oacute; a las palabras. C&oacute;mo no azorarse de su confesi&oacute;n en C&oacute;rdoba, cuando explic&oacute; hasta d&oacute;nde llegaba su compromiso afectivo con la provincia si su perro Conan era oriundo de ella. Si es capaz de decir eso y ser aclamado, &iquest;no se puede a estas alturas enunciar cualquier cosa, hasta la m&aacute;s brutal, y ponderarla, al igual que en la novela de Kosinski? &iquest;Tendremos<em> chance</em> de comprenderlo y enfrentarlo?
    </p><p class="article-text">
        IV
    </p><p class="article-text">
        Hablando sobre el <em>cordobesismo</em>. La cuna de la Reforma Universitaria, el Cordobazo, el clasismo sindical (Sitrac-Sitram) y una intelectualidad rutilante fue atravesada por el sable corvo del general <strong>Benjam&iacute;n Men&eacute;ndez </strong>y el III Cuerpo de Ej&eacute;rcito. Casi medio siglo m&aacute;s tarde, tres cuartos de sus votantes optaron por la ultraderecha por un sinf&iacute;n de razones. Pero entre sus pliegues se encuentran siempre las marcas de la revoluci&oacute;n armada de 1976. Digo claramente revoluci&oacute;n pensando en <strong>Hannah Harendt</strong>: el nacimiento de una realidad enteramente nueva. La brusquedad de las transformaciones que se iniciaron en C&oacute;rdoba en 1974, antes del golpe, han tenido, La Perla mediante, un efecto residual que se aloja en el propio cuerpo de <strong>Juan Schiaretti</strong>. Las balas que lleva en su cuerpo, incrustadas bajo la represi&oacute;n en sus d&iacute;as estudiantiles, se introdujeron tambi&eacute;n en un cuerpo social. El nuestro.
    </p><p class="article-text">
        V
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Milei es el nombre de un nuevo bloque hist&oacute;rico o apenas un cap&iacute;tulo de nuestra historia en espiral descendente y sometida a la constante volatilidad que pronto nos traer&aacute; sorpresas? <strong>Lo eligieron por lo pronto los millonarios, deseosos de terminar con el </strong><em><strong>populismo</strong></em><strong> y engrosar su tasa de ganancia -siempre vistiendo la camiseta de la selecci&oacute;n en los partidos-, la clase media de un antiperonismo paranoico y millones de pobres que hab&iacute;an dejado de creer en nada porque lo han perdido casi todo y se agarran de la &uacute;ltima fe posible: la del peque&ntilde;o emprendedor sin tutelas ni horarios.</strong> Dice <strong>Byung-Chul Han</strong> que el hipercapitalismo disuelve por completo la existencia humana en una red de relaciones comerciales. Ya no queda ning&uacute;n &aacute;mbito vital que se sustraiga al aprovechamiento comercial. La autoexplotaci&oacute;n carece de l&iacute;mites. Desfallecer y levantarse porque ese es el &uacute;nico derecho en curso: exigirle al cuerpo no abandonar la cadena de reproducci&oacute;n del capital de la supervivencia o su maximizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La progresiva digitalizaci&oacute;n de la sociedad ha facilitado y ampliado esa l&oacute;gica. El teletrabajo, los Rappi y motoqueros lo saben desde hace mucho. Los miles y miles de informalizados, en tanto nuevo mundo del trabajo que discurre bajo el pan&oacute;ptico de los celulares y la proyecci&oacute;n en las pantallas de los algoritmos, con su naturalizaci&oacute;n de la ley de la selva y los cantos al instinto de supervivencia, escucharon en boca de Milei apenas un relato de sus propias experiencias y un manual aceptado de las futuras oportunidades (&ldquo;mi ley&rdquo;, debieron pensar, es tambi&eacute;n la suya). 
    </p><p class="article-text">
        VI
    </p><p class="article-text">
        Mercado Libre no es solo una plataforma de intercambio sino un programa pol&iacute;tico aceptado. El emblema entrecruza dos manos, como el escudo del Partido Justicialista. Pero donde hab&iacute;a una bandera argentina vemos ahora un trasfondo amarillo. El color tiene miles de significados, desgranados por <strong>Alexander Theroux</strong> en un hermoso libro. Me quedo con algunos: el amarillo es el sol, la cobard&iacute;a, el halo de los santos, la orina, la intuici&oacute;n, pero, tambi&eacute;n, el poder -lo &aacute;ureo del PRO- y la gloria, representado en esas manos del logo que much&iacute;simos sienten propias, <em>prestadas</em> para cada transacci&oacute;n. Ellas establecen un pacto que se explicita en el propio nombre del portal econ&oacute;mico y en las intervenciones de su CEO, <strong>Marcos Galperin</strong> (&ldquo;ce&oacute; ce&oacute;/ qu&eacute; grandes sos&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        No casualmente, en algunas villas de la ciudad se celebr&oacute; la victoria electoral con tanta o m&aacute;s estridencia que en barrios acomodados. Sztulwark estuvo en el Bajo Flores antes de los fastos y convers&oacute; con algunos de sus j&oacute;venes habitantes. La charla es iluminadora de lo extraviado que estamos. No se lo pierdan.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        No se puede, por lo tanto, entender ese sonoro estado de &aacute;nimo ni la Victoria de LLA sin el repliegue del mercado blanco y sus salarios de miseria, defendidos por el entonces ministro de Trabajo de<strong> Alberto Fern&aacute;ndez</strong>, <strong>Claudio Moroni</strong>. &ldquo;El sueldo digno es aquel que estemos en condiciones de pagar y de sostener&rdquo;. La frase debe acu&ntilde;arse en una moneda sin otro valor que el de ayudarnos a comprender en cu&aacute;nto contribuyeron al desastre. Lo mismo puede decirse de lo que fue la columna vertebral del peronismo, el movimiento obrero, tan timorata y balbuceante su conducci&oacute;n (&iquest;Se acuerdan de &ldquo;golpear y negociar&rdquo;, la frase atribuida al bur&oacute;crata<strong> Augusto Vandor</strong>, figura del envilecimiento sindical en los sesenta? Pues bien, hoy ser&iacute;a revulsiva). El desempe&ntilde;o de buena parte de la dirigencia nos invita a imaginar una pronta capitulaci&oacute;n. Ojal&aacute; la pifie en este ejercicio predictivo.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/inversion-sentidos-nueva-locura-vengador_1_10702911.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Nov 2023 09:24:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Inversión de sentidos y una nueva locura, la del vengador]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Smoke on the Waters, de The Wall a Milei en el Colón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/smoke-on-the-waters-the-wall-milei-colon_129_10698279.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef5ed55c-ca0f-4b1e-8c04-b04ac7f65e3e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Smoke on the Waters, de The Wall a Milei en el Colón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El alojamiento de Roger Waters en Buenos Aires, la bronca artificial que desprenden sus presentaciones en vivo, el devenir de la izquierda Pink Floyd y las indignaciones espontáneas.</p></div><p class="article-text">
        <em>Smoke on the water</em>. O, mejor dicho, Waters. Cu&aacute;nto humo alrededor de Roger. El ex <strong>Pink Floyd</strong> pone por estos d&iacute;as una cu&ntilde;a entre m&uacute;sica y pol&iacute;tica. Nos convoca a desmenuzar esa conjunci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; podemos decir de esa &ldquo;y&rdquo;? &iquest;Qu&eacute; a&ntilde;ade o separa el signo? &iquest;C&oacute;mo se reconceptualizan esaa relaciones ente tiempos de g&eacute;neros caducados, algoritmos y el ascenso de la ultraderecha (lo que nos permitir&aacute; pasar de &ldquo;Another brick in the wall&rdquo; a <strong>Javier Milei</strong> en el Teatro Col&oacute;n)? Ah&iacute; lo tenemos primero a <strong>Roger Waters</strong>, abriendo una posibilidad de discusi&oacute;n. Bajista errante, ingl&eacute;s y no holand&eacute;s, porque los hoteles de cinco estrellas de Buenos Aires, Montevideo y Bogot&aacute; se negaron a hospedarlo por sus posiciones sobre el conflicto en Medio Oriente. El derecho internacional caduca en Gaza, pero los hospedajes cinco estrellas de Argentina, Uruguay y Bogot&aacute; cierran sus filas indignadas por las intervenciones del m&uacute;sico. Hacen valer el derecho de admisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Waters (que no es <strong>Daniel Baremboim</strong>, no tiene su hondura) vol&oacute; desde San Pablo para presentarse en el estadio Centenario de Montevideo. &ldquo;No tengo ning&uacute;n lugar donde parar&rdquo;, le hab&iacute;a dicho d&iacute;as antes a <em>P&aacute;gina 12</em>. Curioso berrinche. 
    </p><p class="article-text">
        En septiembre de 1960, un <strong>Fidel Castro</strong> de 34 a&ntilde;os -para quien todav&iacute;a no pod&iacute;a haber pan sin libertad ni libertad sin pan, porque la revoluci&oacute;n cubana ser&iacute;a tan verde como las palmeras- fue a Manhattan en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Castro abandon&oacute; el hotel que lo iba a hospedar alegando una suba exorbitante de las tarifas. Se march&oacute; hacia el Theresa, en el Harlem, invitado por la comunidad afronorteamericana. Esa mudanza supuso un acontecimiento. All&iacute; recibi&oacute; a <strong>Malcolm X</strong>, el primer ministro indio <strong>Jawaharlal Nehru</strong> e incluso a <strong>Nikita Jruschov</strong>. Harlem se alborot&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Claro que el autor de &ldquo;Us and them&rdquo; no es tampoco Castro (por suerte en este caso). Apenas una instituci&oacute;n musical en s&iacute; misma que, desde siempre, ha tratado de encontrar la s&iacute;ntesis entre el confort que brota de su temprana renta y sus posiciones de izquierda declamativa. Quiz&aacute; por eso no estuvo en su horizonte ocupar de manera revulsiva una habitaci&oacute;n de menor coste que desafiara la interdicci&oacute;n. Algunos sindicatos argentinos le ofrecieron sus hoteles en solidaridad con Waters. Se desconoce cu&aacute;l fue su respuesta.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Recuerda <strong>Norberto Cambiasso</strong> en su extraordinario ensayo sobre el rock progresivo ingl&eacute;s, <em>Vendiendo Inglaterra por una libra, </em>c&oacute;mo taladraba la conciencia de Waters la compra de una villa en Volos, sobre la costa griega, en 1974, como fruto del impacto de ventas de <em>The dark side of the moon</em>. &ldquo;Debo aceptar que a esa altura me hab&iacute;a convertido en un capitalista. Ya no pod&iacute;a pretender m&aacute;s que era un verdadero socialista&rdquo;. Ese dilema lo acompa&ntilde;ar&iacute;a a lo largo de su carrera (y no solo la suya, para ser justos). Dice tambi&eacute;n Cambiasso: su padre, <strong>Eric Fletcher Waters</strong>, &ldquo;condensaba muchas de las contradicciones que m&aacute;s tarde aprisionar&iacute;an a su joven hijo. Cristiano devoto y objetor de conciencia, se afiliar&iacute;a al Partido Comunista durante la guerra hasta que un brusco cambio de opini&oacute;n lo llevara a alistarse. El 18 de febrero del &rsquo;44 se lo declaraba desaparecido en acci&oacute;n, presumiblemente muerto, en las playas de Anzio, en la costa italiana&rdquo;. Por entonces el ni&ntilde;o contaba con cinco meses de edad. &ldquo;Ser&iacute;a su madre Mary, maestra de escuela como su esposo y de convicciones pol&iacute;ticas a&uacute;n m&aacute;s radicales, la encargada de criar a Roger y a su hermano mayor, con la &uacute;nica ayuda de su f&eacute;rrea determinaci&oacute;n, en el desolado panorama de ruinas y racionamiento propio de aquella era de austeridad&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Roger respondió airado que la razón por la cual el país se estaba desintegrando se debía a los sindicatos en huelga y a la pereza de las clases trabajadoras</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El pasaje de la adolescencia a la madurez lo encontrar&iacute;a al frente de la rama juvenil de la CND (Campa&ntilde;a para el Desarme Nuclear) y &ldquo;saliendo con una ceramista devenida trotskista, Judy, que al cabo se convertir&iacute;a en su primera esposa&rdquo;. A&ntilde;ade el autor que el &ldquo;impecable background izquierdista&rdquo; de Waters ser&iacute;a sometido a prueba &ldquo;en cuanto la fama y el dinero golpearan a su puerta&rdquo;. Recupera una an&eacute;cdota de la artista y activista contracultural <strong>Caroline Coon</strong>, quien, en las vacaciones de verano de 1972, coincidi&oacute; con los Pink Floy y su entorno en la isla de Lindos en Grecia. &ldquo;A su argumento en favor de que los ricos cedieran dinero a los pobres y las bandas de rock hicieran m&aacute;s recitales gratis, Roger respondi&oacute; airado que la raz&oacute;n por la cual el pa&iacute;s se estaba desintegrando se deb&iacute;a a los sindicatos en huelga y a la pereza de las clases trabajadoras&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Las opiniones de Waters suelen tomarse demasiado en serio, como a Pink Floyd. S&eacute; que en esto hay lectoras y lectores que pueden estar en desacuerdo: espero poder explicarlo. Adoro <em>The Piper at the Gates of Dawn</em>, el primer disco, de 1967, contrapunto inevitable con el <em>Pepper </em>de los Beatles, atravesado por la imaginaci&oacute;n del malogrado <strong>Syd Barret</strong>. Tras la partida de su alma mater se edit&oacute; <em>A Saucerful of Secrets</em>, ya con <strong>David Gilmour</strong>, a&uacute;n bajo los efectos de la deliciosa estela de los or&iacute;genes. Tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde, despu&eacute;s de los artificiosos <em>Ummagumma</em> y <em>Atom Heart Mother </em>(puro humo ambos), lleg&oacute; lo mejor que hizo ese grupo: <em>Meddle</em>. El primer lado de ese disco, &ldquo;Echoes&rdquo;, es, con toda su veta concretista, propia de los laboratorios de la m&uacute;sica electr&oacute;nica en d&iacute;as anal&oacute;gicos, el cenit del grupo. 
    </p><p class="article-text">
        Recurro otra vez a Cambiasso: &ldquo;Habr&aacute; que concederles que el entrenamiento arquitect&oacute;nico del Regent Polythecnic los prepar&oacute; para construir un edificio s&oacute;lido y ordenado a partir de un ca&oacute;tico rompecabezas de piezas sueltas. Muchas de estas ideas (o del tema de apertura de<em> Meddle</em>, &rdquo;One of these Days&ldquo;) se repetir&iacute;an en sus piezas m&aacute;s famosas, como <em>Dark Side</em>... o <em>The Wall</em>. Y no siempre ser&iacute;an mejoradas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pink Floyd no descollar&aacute; por su ni sofisticaci&oacute;n arm&oacute;nica y mel&oacute;dica. Tampoco por la calidad de sus voces o el desenfado r&iacute;tmico. La singularidad textural que fue dejando en el camino la compenso con una m&uacute;sica legible y abierta a la masividad. Es interesante observar lo que sucede con &ldquo;On the run&rdquo;, en <em>The dark side&hellip;.</em>Todo el trabajo de profundidad en el espacio est&eacute;reo y el entramado de las cintas se pone en entredicho en la canci&oacute;n misma. Sin embargo, ha sido esa inclinaci&oacute;n pop la m&aacute;s celebrada. &nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Se&ntilde;ala <strong>Phil Rose</strong> en <em>Roger Waters and Pink Floyd. The concept albums,</em> que <em>Animals</em>, de 1977, es una cr&iacute;tica de los sistemas econ&oacute;micos e ideol&oacute;gicos de las democracias liberales de finales del siglo XX. La principal preocupaci&oacute;n del compositor fue aqu&iacute; &ldquo;revelar los efectos que las relaciones econ&oacute;micas capitalistas tecnocr&aacute;ticas tienen sobre la naturaleza de los seres humanos y las evidentes divisiones que las estructuras de poder no democr&aacute;ticas crean entre nosotros como individuos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero esa pedagog&iacute;a pol&iacute;tica, con sus alegor&iacute;as, es de una simpleza musical ramplona, una suerte de realismo socialista electrificado (basta comparar qu&eacute; tipo de praxis propon&iacute;a por entonces <em>Rock in opposition</em>, un movimiento encabezado por <strong>Henry Cow</strong> y los italianos de <strong>Stormy Six</strong>, entre otros, interesados en superar la did&aacute;ctica musical y las veleidades de las estrellas). Y ah&iacute; tenemos una clave de interpretaci&oacute;n, ya insinuada. La m&uacute;sica de Pink Floyd desde 1973 hasta <em>The final cut</em> es tan sobrevalorada como las opiniones mundanas de su principal fuerza compositiva. Resuenan tanto porque discute casi en soledad, salvo espor&aacute;dicas controversias como las que tuvo con <strong>Radiohead </strong>por su presentaci&oacute;n en Israel.
    </p><p class="article-text">
        Esa distancia -entre el valor de la obra y su condici&oacute;n de ciudadano preocupado por juzgar una &eacute;poca- se refleja en <em>&Ccedil;a Ira</em>, (&ldquo;Todo ir&aacute; bien&rdquo;). Waters escribi&oacute; esa <em>&oacute;pera </em>en tres actos para tematizar la revoluci&oacute;n francesa. La versi&oacute;n original se grab&oacute; a finales de 1988. Al escucharla, el presidente franc&eacute;s, <strong>Fran&ccedil;ois Mitterrand</strong>, recomend&oacute; a la &Oacute;pera de Par&iacute;s que la programen para los fastos del bicentenario de 1789. El pedido no prosper&oacute;, debido, seg&uacute;n el ex Floyd, al &ldquo;chovinismo franc&eacute;s. <em>&Ccedil;a Ira</em>, cuyo libreto le pertenece a <strong>Etienne Roda-Gil</strong>, tropieza con los mismos anhelos de pomposidad de otros roqueros que quisieron tener su oropel <em>cl&aacute;sico</em> y apenas orquestan sus canciones. En este caso la tarea qued&oacute; en manos de <strong>Rick Wentworth</strong>. &rdquo;Algunos fans de Floyd lo entender&aacute;n y otros se sentir&aacute;n decepcionados&ldquo;, se ataj&oacute; Roger. La obra es un canto a la monoton&iacute;a, cerca del peor <strong>Andrew Lloyd Webber</strong>. <em>The New York</em> Times detect&oacute; no obstante algunos gestos a lo <strong>Giacomo Puccini </strong>(<em>Tosca </em>ser&iacute;a la &oacute;pera favorita de Waters). Pepitas de italianidad. Aunque el subt&iacute;tulo de <em>&Ccedil;a Ira</em> es &rdquo;hay esperanza&ldquo;, el resultado invita al desconsuelo. El ideario abstracto de la revoluci&oacute;n no es garant&iacute;a de una realizaci&oacute;n art&iacute;stica. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        La actual gira &ldquo;This is Not A Drill&rdquo; gira alrededor de esas polaridades: grandes <em>hits </em>mechados con un fuerte posicionamiento sobre la actualidad. Las canciones se acompa&ntilde;an de material documental asociado a la guerra, discursos de <strong>Ronald Reagan</strong>, capturas de tuits e incitaciones a resistir contra el capitalismo, el fascismo y la guerra. En Montevideo, Waters reivindic&oacute; los derechos de palestinos, yemen&iacute;es e ind&iacute;genas, as&iacute; como los derechos reproductivos y de los trans. Venga ac&aacute; una digresi&oacute;n. La misma noche en que el <em>pucciniano </em>Roger se presentaba en el Centenario, <strong>Javier Milei</strong> y su acompa&ntilde;ante, la imitadora <strong>F&aacute;tima Florez</strong>, ocuparon un palco del Col&oacute;n en la &uacute;ltima funci&oacute;n de <em>Madama Butterfly. </em>&iquest;Le habr&iacute;a cantado ella al o&iacute;do &ldquo;Un bel d&iacute; vedremo&rdquo; simulando ser <strong>Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner</strong>? Hablamos de la maravillosa aria de esa &oacute;pera de Puccini que habla sobre renuncias, traiciones, delirios y desesperaciones. &iquest;O fue al Gran Teatro en busca de un capital simb&oacute;lico de la distinci&oacute;n que lo sacara del mundo canino? El dictador <strong>Jorge Videla </strong>lo hab&iacute;a hecho en 1980. Se convirti&oacute; en <em>p&uacute;blico interesado</em> al estrenarse el <em>Segundo concierto para cello, </em>de <strong>Alberto Ginastera</strong>. La revista <em>Gente</em> lo fotografi&oacute; en estado meditativo. <strong>Mauricio Macri</strong>, m&aacute;s sincero, se qued&oacute; dormido durante la gala de reapertura del Col&oacute;n con la <em>IX Sinfon&iacute;a </em>de Beethoven. Ocurri&oacute; en 2010, en plena polarizaci&oacute;n, pero a nadie se le habr&iacute;a ocurrido lanzarle un insulto. Milei se encontr&oacute; con algo m&aacute;s que toses: un coro puteador, indignado. Se tuvo que ir sin el excedente que hab&iacute;a procurado. La pol&iacute;tica electoral, y algo m&aacute;s que eso, se meti&oacute; en el entreacto de la &oacute;pera y borr&oacute; de un plumazo los l&iacute;mites que plantea la autonom&iacute;a art&iacute;stica en medio de situaciones dram&aacute;ticas. Las autoridades municipales trataron de minimizar el incidente.
    </p><p class="article-text">
        Habr&iacute;a que viajar en el tiempo, hasta el 6 de junio de 1925 para encontrar un episodio de interferencia aproximado. Cuenta <strong>Osvaldo Bayer</strong> en su biograf&iacute;a sobre <strong>Severino Di Giovanni</strong> lo que sucedi&oacute; despu&eacute;s de que el embajador italiano en Buenos Aires, <strong>Luigi Aldrovandi Marescotti</strong>, conde de Viano, entrara al Teatro junto con el presidente <strong>Marcelo T. de Alvear</strong>, la Primera Dama y sus ministros. &ldquo;Todo est&aacute; magn&iacute;ficamente organizado y con la ostentaci&oacute;n propia de los actos fascistas. Cualquier intento de desorden ser&aacute; inmediatamente reprimido por la juventud camisas negras de la colectividad&rdquo;. Al entrar al palco presidencial, Alvear es recibido con aplausos. De pronto, la banda municipal interpreta el Himno. Luego, la marcha real italiana. Todo el mundo canta. &ldquo;Pero parece que hay alguien que quiere hacer amargar la noche a esa gente tan entusiasta. Desde la platea se comienza a percibir como un murmullo que va bajando desde el para&iacute;so&rdquo;. El grito es: &ldquo;Asesino&rdquo;. &nbsp;De inmediato, esa voz recuerda a <strong>Giacomo Matteotti</strong>, el parlamentario socialista asesinado por las hordas de Mussolini. &ldquo;Toda la sala se ha levantado y mira hacia arriba. Siguen cayendo volantes. La orquesta contin&uacute;a tocando, pero ya nadie le presta atenci&oacute;n&rdquo;. Batalla campal. A Severino lo arrastran por un pasillo. Pide a los gritos no olvidar a los 700 anarquistas asesinados. Otros nueve como &eacute;l son arrestados. 
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            </figure><p class="article-text">
        No hab&iacute;a &aacute;cratas en el Col&oacute;n durante la funci&oacute;n de <em>Madama Butterfly</em>. El car&aacute;cter excepcional de esos minutos de c&oacute;lera reside en que nadie los hab&iacute;a planificado. El azar juega tambi&eacute;n sus cartas del enfado. En cambio, durante los rituales de Waters sucede lo contrario: se trata de una bronca planificada con el estado del mundo. Casi todo ha pasa entre juegos de luces por el filtro de la codificaci&oacute;n. Se sabe qu&eacute; suceder&aacute;: una acci&oacute;n que invita, intercambio mediante, a purificar conciencias. Sin embargo, ese pacto, a&uacute;n con sus flecos, puede ser rechazado. 
    </p><p class="article-text">
        En 2018, Waters se present&oacute; en Brasil cuando conclu&iacute;a la campa&ntilde;a electoral que consagr&oacute; al ultraderechista<strong> Jair Bolsonaro</strong>. El ex Floyd mostr&oacute; la etiqueta #EleN&atilde;o y llam&oacute; a repudiarlo en las urnas. Sonaron abucheos (el car&aacute;cter consensual de su m&uacute;sica permite incluir a simpatizantes del ex capit&aacute;n del Ej&eacute;rcito: quiz&aacute; tambi&eacute;n a votantes del anarcocapitalista). &ldquo;Eso es lo que obten&eacute;s si sos un izquierdista de limusina que no sabe nada de Brasil y quiere parecer <em>cool</em>&rdquo;, escribi&oacute; en Twitter <strong>Roger Moreira</strong>, de <strong>Ultraje a Rigor</strong>, una banda bastante exitosa en los ochenta como <strong>Tit&atilde;s</strong> y <strong>Os Paralamas do Sucesso</strong>. <strong>Lob&atilde;o</strong>, otra figura de esa d&eacute;cada, conocida por sus pol&eacute;micas con <strong>Caetano Veloso</strong>, acus&oacute; por su parte al m&uacute;sico ingl&eacute;s de vivir en &ldquo;una burbuja&rdquo; e ignorar &ldquo;solemnemente el complejo contexto nacional&rdquo;. Votante de Bolsonaro, Lob&atilde;o calific&oacute; al ingl&eacute;s de &ldquo;irresponsable&rdquo; por &ldquo;practicar proselitismo pol&iacute;tico con sesgo demag&oacute;gico&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Nadie lanzar&iacute;a en Buenos Aires esas acusaciones en su contra por dos motivos. Waters, el incontinente, parece no tener nada que comentar acerca de nuestra coyuntura. De otro lado, su plus de politicidad, aun con aquello que pudiera detectarse como un gesto <em>comfortably numb</em>, se mira en un espejo invertido donde reconocemos los rostros de parte sus colegas argentinos. No polemizar&iacute;an. La contingencia los descoloca. En noviembre de 2019, la chilena <strong>Mon Laferte</strong> apareci&oacute; en los Latin Grammy con una inscripci&oacute;n en su cuerpo: &ldquo;En Chile torturan, violan y matan&rdquo;. Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, ning&uacute;n m&uacute;sico argentino presente en la velada espa&ntilde;ola sinti&oacute; al parecer el impulso de comentar el posible drama en ciernes en su pa&iacute;s: a ellos les vale la idea de la autonom&iacute;a tan preciada por la alta cultura. En esta encrucijada que es m&aacute;s que electoral, el arte del silencio ha prevalecido en roqueros consagrados, con una curiosa excepci&oacute;n que me recuerda a Lob&atilde;o, aunque no es mam&iacute;fero sino un <em>salm&atilde;o</em>. Y eso es lo que tambi&eacute;n el caso Waters pone en escena. 
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/smoke-on-the-waters-the-wall-milei-colon_129_10698279.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Nov 2023 03:01:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Smoke on the Waters, de The Wall a Milei en el Colón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Roger Waters,Javier Milei,Pink Floyd,The Wall,Teatro Colón]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La tos, la furia y la catástrofe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tos-furia-catastrofe_129_10686322.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f93d3f88-0f62-461b-9566-5111e28d4278_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La tos, la furia y la catástrofe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cuánta verdad es capaz de soportar el hombre?, se preguntaba Nietzsche. ¿Cuánto ruido político es capaz de soportar Javier Milei? Coincidencias, y diferencias, entre el "fastidio auditivo" en la platea del Teatro Colón y la tribuna de la Facultad de Derecho.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; puede tolerar un o&iacute;do? La pregunta admite al menos dos respuestas que se conectan por estas horas de intenso dramatismo.&nbsp;Una es del orden estrictamente vibratorio. El ruido arruina nuestra audici&oacute;n, y son los subterr&aacute;neos de la ciudad de Buenos Aires uno de los espacios m&aacute;s estruendosos. Una simple taxonom&iacute;a de la contaminaci&oacute;n deber&iacute;a incluir a las escaleras mec&aacute;nicas, los altavoces, las bocinas, las puertas de las unidades al abrir y cerrarse, el amontonamiento humano -con sus voces y toses (ya volveremos a eso)-, los chirridos de los frenos y los m&uacute;sicos que, a veces tocan al palo, y nos invitan a un recital no pedido de m&uacute;sica indigesta.&nbsp;Me impresiona la gente que viaja con sus auriculares a&ntilde;adidos como pr&oacute;tesis. Sordos en ciernes. En fin. 
    </p><p class="article-text">
        Hagamos lo que hagamos, el &iacute;ndice de poluci&oacute;n sonora es inequ&iacute;voco. La l&iacute;nea A, con sus unidades m&aacute;s <em>modernas, </em>tiene un promedio de ruido de 86 decibeles, mientras que los otros ramales B, C, D y H alcanzan promedios superiores a los 90 dba y pueden superar la barrera de los 100 dba a ciertas horas. Todos los viajes se encuentran por encima de los niveles &ldquo;claramente inaceptables&rdquo; de ruido. 
    </p><p class="article-text">
        Es decir, el <em>soundscape</em> de las entra&ntilde;as de la ciudad, con sus irrupciones <em>low fi </em>y otras frecuencias punzantes, forman una argamasa temible. Converge lo natural y lo cultural, lo fortuito y lo compuesto, lo improvisado y lo deliberadamente producido. No parece dejar mucho margen para la captaci&oacute;n de un sentido. Sin embargo, las peque&ntilde;as escenas en los vagones donde pasajeros, entre ellos v&iacute;ctimas de la &uacute;ltima dictadura, levantaron la voz para pedir un voto contra la pesadilla de la ultraderecha pudieron llegar a esas azarosas audiencias, al menos si tomamos en cuenta los aplausos de una parte significativa de los pasajeros (las im&aacute;genes muestran tambi&eacute;n a personas indiferentes, capturadas por sus pantallas, pero nunca saliendo en defensa de <strong>Javier Milei</strong>).
    </p><p class="article-text">
        Las intervenciones tienen un efecto estremecedor. <strong>Friedrich Nietzsche</strong> se preguntaba cu&aacute;nta verdad es capaz de soportar el hombre. &iquest;Cu&aacute;nta verdad podemos escuchar y, volviendo al principio, soportar? A riesgo de repetirme, vale la pena rescatar lo que cuenta <strong>Rodolfo Walsh</strong> sobre las motivaciones que lo llevaron a escribir <em>Operaci&oacute;n masacre.</em> Cuenta en su pr&oacute;logo que la primera noticia que tuvo sobre los fusilamientos clandestinos de junio de 1956 le lleg&oacute; en forma casual en un caf&eacute; de La Plata donde se jugaba al ajedrez. Ah&iacute; lo hab&iacute;a sorprendido una medianoche &ldquo;el cercano tiroteo con que empez&oacute; el asalto al comando de la segunda divisi&oacute;n y al departamento de polic&iacute;a, en la fracasada revoluci&oacute;n de Valle&rdquo;. Lo que Walsh no puede olvidar es que &ldquo;pegado a la persiana, o&iacute; morir a un conscripto en la calle y ese hombre no dijo: &acute;Viva la patria` sino que dijo: &acute;No me dejen solo, hijos de puta`&rdquo;. Le habr&iacute;a gustado librarse de esas inscripciones sonoras, no puede tolerar &ldquo;ni la voz del locutor en la madrugada anunciando que dieciocho civiles han sido ejecutados en Lan&uacute;s, ni la ola de sangre que anega al pa&iacute;s hasta la muerte de Valle&rdquo;.&nbsp;Pero su vida da un vuelco: un hombre le dice que hay un fusilado que vive. Es Juan Carlos Livraga. Su cara ha sido destrozada. &ldquo;Me siento insultado, como me sent&iacute; sin saberlo cuando o&iacute; aquel grito desgarrador detr&aacute;s de la persiana&rdquo;. Y Walsh cree en lo que cuenta el sobreviviente porque esta vez, m&aacute;s que o&iacute;r, puede escuchar como si leyera un libro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Le habr&aacute; sucedido lo mismo a alguien en el subterr&aacute;neo? Los episodios confrontaron a los viajeros con ese rel&aacute;mpago de verdad. En pleno traqueteo, cerca del grito, <strong>Elsa Lombardo</strong>, sobreviviente de El Olimpo pide &ldquo;por favor&rdquo; a su auditorio rechazar a Milei en las urnas &ldquo;en nombre de los que no est&aacute;n, que son miles, en nombres de los beb&eacute;s que nunca aparecieron, en nombre de los que estamos saliendo de la comodidad de nuestra casa y contar nuestra historia&rdquo;. Y cuando calla, unas pasajeras la abrazan. El subte, con toda su carga de violencia s&oacute;nica y otras incomodidades, ah&iacute;, en esa zona de lo <em>audible inaudible</em>, donde nos acostumbramos a escuchar no escuchando -de lo contrario enloquecer&iacute;amos-, en ese instante extraordinario, el llamado a prestar el o&iacute;do vino con una obligaci&oacute;n &eacute;tica y, por lo que advertimos en los vide&iacute;tos, tuvo su efecto. Redestribuy&oacute; el espacio sensible del viaje. Quiz&aacute; hasta gan&oacute; algo m&aacute;s que adhesiones espont&aacute;neas. Se ver&aacute; pronto.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Es interesante observar esos actos de espont&aacute;neo <em>agit prop</em> (una agitaci&oacute;n valiente y disruptiva) en contraste con las reacciones de fastidio auditivo de Milei. Ya me hab&iacute;a referido semanas atr&aacute;s al brote que le provocaron algunos ruidos en un estudio televisivo, poblados, repentinamente, de significados ominosos. Conocemos tambi&eacute;n su aversi&oacute;n al zumbido del aire acondicionado en la c&aacute;mara de Diputados. Nos hemos enterado el lunes que su p&eacute;simo papel durante el reciente debate con <strong>Sergio Massa</strong> obedeci&oacute; a las se&ntilde;ales que le llegaban desde la platea. &iquest;Invectivas? No. &iquest;Murmullos? Tampoco. Fueron las toses, un mar de carraspeos, los que, dijo, lo circundaron, dej&aacute;ndolo indemne frente a su maquinal contendiente en las elecciones (&ldquo;Solo se escucha a s&iacute; mismo&rdquo;, razon&oacute; luego el ministro de Econom&iacute;a al enterarse del justificativo de su rival).
    </p><h3 class="article-text">La tos y sus causas</h3><p class="article-text">
        La tos se puede disparar por diversas causas que irritan a la garganta. Tenemos, claro, toses nerviosas, que irrumpen sin esperarlas con la fuerza de un tic o un resfriado. Pero hay una reacci&oacute;n que suele tener lugar en estrictas situaciones de conciertos, especialmente de m&uacute;sica cl&aacute;sica y, en particular aquellos relacionados con repertorios m&aacute;s complejos y exigentes del siglo XX y XXI. Como si la propia m&uacute;sica incitara a la expectoraci&oacute;n. Se tose lo que no se puede reprimir. El inconsciente avisa sobre un rechazo o <em>desconcierto</em>. El espasmo deviene as&iacute; un modo no declarado de discusi&oacute;n est&eacute;tica que no se calma con un caramelo. Un automatismo que no es necesariamente activado por el polvo o la flema sino aquello que atraviesa el aire (una textura, una telara&ntilde;a polif&oacute;nica, melod&iacute;as angulares y no memorizables, una r&iacute;tmica irregular). Esa expulsi&oacute;n brusca del aire contenido en los pulmones suele ser a la vez escuchada como una falta social por parte del p&uacute;blico que, a veces se da vuelta porque siente esa intervenci&oacute;n como un hecho violento.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Milei no estaba en el Teatro Colón, donde reverberan tanto los micro catarros tan molestos y, por lo tanto, no queda circunscrito a esa lógica del malestar o la sanción. Participó de un hecho político</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Milei no estaba en el Teatro Col&oacute;n, donde reverberan tanto los micro catarros tan molestos y, por lo tanto, no queda circunscrito a esa l&oacute;gica del malestar o la sanci&oacute;n. Particip&oacute; de un hecho pol&iacute;tico. En la Facultad de Derecho se sinti&oacute; no obstante emboscado por una conjura de laringes, tr&aacute;queas y v&iacute;as respiratorias (&iquest;populistas?: todas las toses todas, parafraseando a la &ldquo;Canci&oacute;n con todos&rdquo;). No es que no se haya tosido. Esa es una posibilidad fisiol&oacute;gica latente. Pero en su caso tenemos algo as&iacute; como una escucha <em>inflacionaria</em> y parad&oacute;jica teniendo en cuenta su obsesi&oacute;n por los desequilibrios entre la producci&oacute;n y la demanda. El precio simb&oacute;lico de la informaci&oacute;n sonora se incrementa de modo alucinatorio al atravesar su sistema nervioso, aunque no tuviera en absoluto la intensidad de los que proliferan en los subtes. 
    </p><p class="article-text">
        Intolerancia auditiva y pol&iacute;tica se dan la mano en su membrana timp&aacute;tica. En un punto, insisto, solo puede escuchar aquello que espera: la genuflexi&oacute;n period&iacute;stica, los ladridos de sus perros (el lenguaje de los pichichos se compone de sonidos de unos 28 decibeles, pero puede duplicarse o ser insoportable en algunos casos) y el rugir de sus seguidores o el bramido embelesante del shofar. Nunca la disidencia. La peque&ntilde;a anomal&iacute;a lo sobrepasa, tambi&eacute;n, y por eso no tiene filtro. Es un peque&ntilde;o coeficiente del exceso. El s&iacute;ntoma de un problema mayor que nos conmina a percibir lo cerca que estamos de la cat&aacute;strofe.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tos-furia-catastrofe_129_10686322.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Nov 2023 09:18:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La tos, la furia y la catástrofe]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Sergio Massa,Debates presidenciales,Elecciones 2023]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los Beatles y la posverdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/beatles-posverdad_129_10677173.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/187264ac-4368-4a8a-a426-9af5363bb5ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los Beatles y la posverdad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cincuenta y tres años después de la disolución del grupo más grande de todos los tiempos,  los sobrevivientes Paul McCartney y Ringo Starr apelan a la inteligencia artificial para recomponer la que se presenta como su "última canción": "Now and Then". ¿Sobrevive el fuego creativo de los Fab Four?</p></div><p class="article-text">
        <em>La voz &aacute;spera de Lennon flotaba hacia nosotros desde alg&uacute;n lugar lejano y con eco de allende el horizonte, o de la tumba. No me importaba que me volvieran a decir cosas del amor</em>. <strong>Ian McEwan</strong> ubic&oacute; a <strong>Los Beatles</strong> en una temporalidad alternativa que permit&iacute;a volver a reunirlos. Sucede en <em>Machines like me</em>. Estamos nada menos que en 1982: el Reino Unido ha perdido las Malvinas. El dictador <strong>Leopoldo Galtieri</strong> festej&oacute; la victoria armada &ldquo;montado en su caballo blanco bajo una lluvia de confeti en la Avenida 25 de Mayo&rdquo;. Los Beatles hab&iacute;an vuelto al ruedo tras 12 a&ntilde;os de ruptura con el trasfondo de los tambores de guerra. Su &aacute;lbum <em>Love and Lemons</em> era no obstante ridiculizado debido al uso desmesurado de una orquesta sinf&oacute;nica. <em>Ni nosotros quer&iacute;amos que se nos dijera otra vez que lo &uacute;nico que necesit&aacute;bamos era amor, aun en el caso de que fuera cierto, que no lo era</em>, lo impugn&oacute; <em>The Times</em>.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de publicarse la novela nos encontramos con otro retorno de Los Beatles, esta vez supuestamente cierto. &ldquo;Now and Then&rdquo; - de temporalidad tambi&eacute;n alternativa, como veremos- me ha provocado sensaciones encontradas. Una disputa entre la emoci&oacute;n y la raz&oacute;n en cada escucha (y han sido much&iacute;simas). &iquest;Podr&iacute;a ser de otra manera? El pacto que tenemos con esa historia musical no pasa solo por el filtro de un an&aacute;lisis. Nos dejamos llevar por los viejos afectos y el poder de la historia, como si pudiera retomarse en el punto que hab&iacute;a sido clausurada. Una canci&oacute;n desgarradora, &ldquo;God&rdquo;, de Lennon, cerraba en 1970 su primer disco solista con un epitafio y nuevo devenir. <em>The dream is over/ What can I say?/ The Dream is over/ Yesterday/ I was the Dreamweaver/ But now I'm reborn</em>. Ahora, <strong>John Lennon</strong> ha renacido de las cenizas anal&oacute;gicas. Sue&ntilde;o dentro de un sue&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        El veros&iacute;mil admito, no cumple con un requisito fundamental: la interacci&oacute;n c&oacute;mplice, sin&eacute;rgica y a veces r&iacute;spida en el estudio de las dos fuerzas gravitantes de Los Beatles; tampoco los intentos de <strong>George Harrison</strong> de terciar entre Lennon y <strong>Paul McCartney</strong>. John hab&iacute;a grabado en su casa el boceto de &ldquo;Now and Then&rdquo; a los 37 a&ntilde;os y de una manera muy precaria. Se intent&oacute; exhumar la canci&oacute;n a 25 a&ntilde;os de su asesinato con el proyecto <em>Anthology.</em> &ldquo;Hab&iacute;a un zumbido notable y dif&iacute;cil de quitar, a la canci&oacute;n le faltaban estrofas y la banda nunca termin&oacute; la pista de acompa&ntilde;amiento, entre otros problemas, debido principalmente al desagrado de Harrison&rdquo;, record&oacute; el productor <strong>Jeff Lynne</strong>. En 1997, McCartney reconoci&oacute; que los sobrevivientes eran una instancia deliberativa y &eacute;l no pod&iacute;a hacer <em>siempre</em> lo que quer&iacute;a. &ldquo;A George no le gustaba. Siendo los Beatles una democracia, no lo hicimos&rdquo;, dijo a la revista<em> Q.</em> &ldquo;Now and Then&rdquo; constituy&oacute; un <em>Estado de excepci&oacute;n</em> frente a esa democracia imaginaria. 
    </p><p class="article-text">
        II
    </p><p class="article-text">
        Los avances tecnol&oacute;gicos permitieron limpiar el ruido y <em>engordar</em> la voz sobre la base de la AI. A partir de esa premisa, McCartney <em>recompuso </em>&ldquo;Now and Then&rdquo; como hab&iacute;a obrado con el esbozo de &ldquo;Strawbery fields forever&rdquo; en 1967, pese a la ofuscaci&oacute;n de Lennon por los niveles de complejidad que hab&iacute;an sido a&ntilde;adidos. A los 80 a&ntilde;os, Paul intent&oacute; en parte hacer lo mismo y demostrar, como queda en evidencia en el documental <em>Get Back, </em>que<em> </em>era el vector del grupo al menos desde <em>Pepper</em>. Como si nos dijera, una vez m&aacute;s:&nbsp;Los Beatles<em> c&acute;est moi</em>. Claro que esta vez sin John y George, quien apenas hab&iacute;a grabado una guitarra ac&uacute;stica en el primer intento de recuperar a &ldquo;Now and Then&rdquo;. Se quit&oacute; un fragmento de la canci&oacute;n original: <em>I don't wanna lose you, oh no, no/ Abuse you or confuse you/ Oh no, no, sweet darlin'/ But if you have to go, away/ If you have to go, well you the reason. </em>Como el estribillo hab&iacute;a sido cantado una sola vez (&ldquo;now and then I miss you / now and then I want you to be there for me&rdquo;) no qued&oacute; otra que cortar y pegar. 
    </p><p class="article-text">
        McCartney disfraza ese d&eacute;ficit con el primer solo de guitarra, las cuerdas aludidas por McEwan en su novela y la acostumbrada armonizaci&oacute;n vocal. Esta vez, Paul se vio obligado a sumar a los coros a <strong>Ringo Starr</strong> (se filmaron en distintas locaciones). Como se trata de las voces de dos octogenarios debieron ubicarse en la mezcla en un segundo plano. Una muestra de honestidad. No pasaron en ese caso por el remiendo de la AI. McCartney toc&oacute; el slide <em>a lo Harrison,</em> como lo hab&iacute;a hecho con la guitarra el&eacute;ctrica en tiempos <em>beatle</em> por cuestiones de practicidad y para el enervamiento del solista natural, seg&uacute;n el relato de <strong>Geoff Emerick</strong>, el ingeniero de sonido de los Fab Four en <em>Here, There, and Everywhere: My Life Recording the Music of The Beatles. </em>El resultado final a&ntilde;ade, m&aacute;s all&aacute; de su belleza nost&aacute;lgica y perturbadora, un elemento discutible: &ldquo;Now and Then&rdquo; suena con los niveles de compresi&oacute;n del audio en el bajo, el piano, la bater&iacute;a y la misma voz de Lennon. Es la manipulaci&oacute;n del rango din&aacute;mico que se espera de cualquier canci&oacute;n en la actualidad. No una de los Beatles. Quiz&aacute; <strong>George Martin</strong> no lo habr&iacute;a aceptado. Su hijo Giles, a cargo de las masterizaciones de <em>Revolver </em>y <em>The white album</em>, obr&oacute; en la direcci&oacute;n contraria. 
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        <em>The Guardian </em>estim&oacute; no obstante que la canci&oacute;n &ldquo;final&rdquo; de los <em>fab four</em> &ldquo;es un conmovedor acto de clausura&rdquo;, mucho mejor que &ldquo;Free as a bird&rdquo; y &ldquo;Real love&rdquo;. Los a&ntilde;adidos a un tema que estaba incompleto son &ldquo;perfectos&rdquo;. Los &ldquo;significantes&rdquo; beatles est&aacute;n por todos lados (los caracter&iacute;sticos ataques de las cuerdas y contracantos, el momento instrumenta y el intercambio modal). &ldquo;Si entrecierras los ojos, pod&eacute;s imaginarte que son Los Beatles tocando juntos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qu&eacute; pasa con nuestros o&iacute;dos? La respuesta vibra en el aire: <em>all you need is AI</em>. Ah&iacute; est&aacute; el coraz&oacute;n de un problema que excede la canci&oacute;n. Todo aquello que fundaba la idea grupal, un principio de combusti&oacute;n capaz de encender el fuego creativo, es reemplazado por operaciones a distancia y herramientas. Si los Beatles supusieron una promesa de horizontalizaci&oacute;n creativa que minaba las categor&iacute;as de lo <em>alto</em> y lo <em>bajo</em> en la m&uacute;sica (la tapa de Pepper era su emblema: ah&iacute; pod&iacute;an coexistir <strong>Karl Marx</strong>, <strong>Buster Keaton</strong>, <strong>Edgar Allan Poe </strong>y <strong>Karleinz Stockhausen</strong>) los<em> Beatles</em> de la post verdad extienden una l&iacute;nea de opacidad entre el ser humano y sus artificios: la voz limpia de Lennon, extra&iacute;da con ganancia de un repositorio canta la canci&oacute;n de la nueva antrotecnolog&iacute;a. &ldquo;I know it's true/ It's all because of you&rdquo;. Es como si lo dijera a la misma AI que transform&oacute; su materialidad sobre la base de los par&aacute;metros estipulados (Paul instala esa <em>verdad </em>en los mismos escenarios cuando canta <em>a d&uacute;o </em>con su excompa&ntilde;ero &ldquo;I got a feeling&rdquo;, en una invitaci&oacute;n a tomar el estribillo de &ldquo;Now and Then&rdquo; como certeza: &ldquo;I want you to be there for me/ always to return to me&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        III
    </p><p class="article-text">
        El humanismo de &ldquo;Eleanor Rigby&rdquo;, la disrupci&oacute;n<em> avant-garde </em>de &ldquo;A day in the life&rdquo; son sustituidos por formas de c&aacute;lculo estad&iacute;stico.&nbsp;Tratar&eacute; de explicarme. Hab&iacute;amos escuchado<em> </em>&ldquo;Now and Then&rdquo; <em>antes</em> de que adquiriera entidad como franquicia en las plataformas. Y no hablo necesariamente del demo ni de los grupos amateurs que la hab&iacute;an versionado. Su existencia previa estaba inscrita en el propio campo de probabilidades constituido a lo largo de m&aacute;s de medio siglo, y que podr&iacute;amos definir como <em>lo beatle</em>, algo m&aacute;s que un estilo y un tributo. Lo encontramos en <strong>The Rutles</strong> y<strong> Oasis</strong> o <strong>XTC</strong>, los mejores de todos. Qu&eacute; decir sobre las experiencias solistas de McCartney y Harrison imit&aacute;ndose a s&iacute; mismos. Dos ejemplos: &ldquo;Mi brave face&rdquo; y &ldquo;When we was fab (aqu&iacute; junto con Ringo en la bater&iacute;a y un bajista vestido como la morsa, mientras George invita a la aceptaci&oacute;n: <em>Long time ago when we was fab. But it's all over now, baby blue&rdquo;</em>)&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Cincuenta y tres a&ntilde;os despu&eacute;s de la disoluci&oacute;n del m&aacute;s grande grupo de todos los tiempos, y de un historial de repeticiones de repeticiones y acumulaci&oacute;n exponencial de pasado, no hacemos m&aacute;s que constatar que la ucron&iacute;a se consuma a un alto precio simb&oacute;lico (ya se encuentra en YouTube una versi&oacute;n AI de &ldquo;Now and Then&rdquo;, estilo 64). En un momento del video, creemos que Paul lo comprende. La c&aacute;mara lo toma en primer plano. Su mirada destila melancol&iacute;a. Algo nos hiere cuando aparecen en el video los fantasmas de John y George para acompasar el estribillo. Paul y su espectro sonriente. Dos Ringos de diferentes eras tocando a la vez (&iquest;cu&aacute;l es el real si, como los vampiros, no puede reflejarse en el espejo?). Lo <em>arty </em>que distingu&iacute;a a Los Beatles y su condici&oacute;n moderna se ha rendido a lo <em>artificial</em>. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        No deja de ser sugerente que la &ldquo;&uacute;ltima canci&oacute;n&rdquo; coincida con la protesta de actores y guionistas en Hollywood que ha exigido garant&iacute;as frente al avance voraz de la AI y el peligro de ser reemplazados por simulacros. No solo los actores y las voces pueden ser capturadas, clonadas y reinventadas a trav&eacute;s de los <em>deepfakes</em>. Hasta los l&iacute;deres de Estado quedan expuestos a transformarse en cantantes, como ha ocurrido con <strong>Emmanuel Macron</strong>. Dice al respecto el artista pl&aacute;stico y narrador canadiense <strong>Gregory Chatonsky</strong>: este paradigma de la simulaci&oacute;n permanente afectar&iacute;a no s&oacute;lo a las figuras humanas, &ldquo;sino a la propia constituci&oacute;n del tiempo, que a trav&eacute;s de tal resurrecci&oacute;n, muy diferente de la teolog&iacute;a cristiana, nos llevar&iacute;a a un eterno retorno de lo mismo, un eterno retorno idiota que repite la media estad&iacute;stica, a diferencia de la interpretaci&oacute;n de un eterno retorno de la diferencia que Deleuze o Klossowski hab&iacute;an hecho can&oacute;nica, por as&iacute; decirlo&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo no revisar &ldquo;Now and Then&rdquo; a trav&eacute;s de ese prisma?
    </p><p class="article-text">
        Si el Antropoceno designa a la &eacute;poca marcada por el impacto del hombre sobre la tierra, el <em>Algoroceno</em> incorpora una redefinici&oacute;n aceleracionista al desastre. El reservorio digital que amontonan las computadoras puede, de la mano de la inteligencia artificial, constituirnos a nosotros mismos en simulacros de John y Paul. Aquello de <em>Lennon vive </em>ya no remite a un modo de conmemoraci&oacute;n: es factible <em>ser</em> beatles por un d&iacute;a o hacer que<strong> Javier Milei </strong>o <strong>Kurt Cobain</strong> interpreten &ldquo;I love her&rdquo;. El pacto de verosimilitud que emerger&iacute;a en cada circunstancia es aterrador. M&uacute;sica y <em>fake news </em>encuentran en este camino su convergencia. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        A partir de estos mismos procedimientos y acuerdos de escucha los <em>Beatles</em> podr&aacute;n autogenerarse sobre la base de la informaci&oacute;n almacenada y el programa m&aacute;s <em>imaginativo</em>, continuar despu&eacute;s de que los fans se esfumen de la faz de la tierra, o lo que queda de ella. Ser&aacute;n hijos de la estad&iacute;stica y las configuraciones que faciliten la permanencia por otros medios:&nbsp;series de series, m&uacute;sicas de m&uacute;sicas imitando al mundo pret&eacute;rito. Si fuera as&iacute;, nunca habr&iacute;a un &uacute;ltimo beatle (como en aquel cuento de Leopoldo Marechal). Las especies vivas desaparecen en proporciones y a una velocidad nunca vistas en la Tierra como consecuencia de las actividades t&eacute;cnicas. Los <em>fab</em>, en cambio, podr&iacute;an permanecer en estado latente en un banco de datos.
    </p><p class="article-text">
        IV
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No es s&oacute;lo que estemos ense&ntilde;ando a las IA a crear im&aacute;genes, textos y sonidos que se parezcan a nosotros, es que nosotros nos parecemos a ellas y que, en relaci&oacute;n con el discurso reaccionario, no queremos otra cosa que alienarnos activamente. No creemos en hacer legible la IA mediante la transparencia del c&oacute;digo, ni en aislarnos de estos flujos para recuperar una autonom&iacute;a y una soberan&iacute;a imaginarias. Queremos experimentar que lo que creemos ser es tambi&eacute;n un producto de la tecnolog&iacute;a y de su parad&oacute;jica reproducci&oacute;n. Somos su recuperaci&oacute;n&rdquo;, reflexiona Chatonsky al analizar la reciente presentaci&oacute;n de la cantante belga <strong>Ang&egrave;le </strong>en el festival del diario de izquierdas, <em>L&acute;Humanit&eacute;</em>, en Par&iacute;s. Ella subi&oacute; al escenario precedida por uno de los efectos incontenibles de esta normalidad. 
    </p><p class="article-text">
        En agosto pasado, un productor afincado en Nancy, <strong>Lnkhey</strong>, public&oacute; en YouTube una remezcla de una canci&oacute;n de dos raperos franceses, &ldquo;Saiyan&rdquo;, pero con la voz clonada de Ang&egrave;le.&nbsp;Lnkhey utiliz&oacute; el software libre Retrieval-based-Voice. El artilugio fue escuchado por millones de personas. &ldquo;No s&eacute; qu&eacute; pensar de la inteligencia artificial, me parece una locura, pero al mismo tiempo temo por mi trabajo merde&rdquo;, reaccion&oacute; la cantante en Tik Tok. Acto seguido, hizo <em>playback</em> sobre su <em>propia</em> voz simulada. Ang&egrave;le recibi&oacute; tantos pedidos en las redes que finalmente, al subir al escenario parisino, el 17 de septiembre, cant&oacute; por fin &ldquo;Saiyan&rdquo;, de <strong>Gazo</strong> y <strong>Heuss l'Enfoir&eacute;</strong>. El p&uacute;blico, entusiasmado, sum&oacute; su coro mientras filmaba la escena y se autofilmaba. 
    </p><p class="article-text">
        La AI carece (por ahora) de una teor&iacute;a del gusto. Es una fuerza replicante que puede pasar de Lennon a <strong>Bad Bunny</strong>. El reguetonero acaba de estallar de ira al constatar que una canci&oacute;n que utiliza su voz y la de <strong>Daddy Yankee</strong> de manera artificial tuvo un rotundo &eacute;xito. &ldquo;Si a ustedes les gusta esa mierda de canci&oacute;n que est&aacute; viral en TikTok, s&aacute;lganse de este grupo ahora mismo. Ustedes no merecen ser mis amigos&rdquo;, se enfureci&oacute; en su canal de difusi&oacute;n. &ldquo;Slowly, slowly, la nostalgia est&aacute; viniendo&rdquo;, se canta. El bodrio circul&oacute; precisamente bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;NostalgIA&rdquo;, con millones de reproducciones. 
    </p><p class="article-text">
        El compositor acad&eacute;mico <strong>Daniele Ghisi </strong>hizo algo parecido para el espect&aacute;culo La Fabrique des Monstres: generar texturas musicales mediante modelos generativos de un corpus de Lieders contempor&aacute;neos. Un modelo inform&aacute;tico se someti&oacute; a un proceso de aprendizaje. Lo monstruoso como un capital intercambiable.
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            </figure><p class="article-text">
        V
    </p><p class="article-text">
        Poseer una voz, una imagen.
    </p><p class="article-text">
        La literatura nos ha ofrecido algunas anticipaciones. En <em>Le Ch&acirc;teau des Carpathes</em>, <strong>Julio Verne</strong>, cuenta los esfuerzos delirantes de un mel&oacute;mano, el Bar&oacute;n de Gortz, de mantener viva a su cantante l&iacute;rica preferida, Stilla. La electricidad y la mec&aacute;nica, portentos de fines del siglo XXI le permitir&aacute;n preservar su voz. El diletante Gortz hab&iacute;a entrado en desesperaci&oacute;n al enterarse que ella iba a abandonar la escena musical y convertirse en la esposa del conde Franz T&eacute;lek. Un cient&iacute;fico loco, Orfanik le propuso recoger por medio de aparatos fonogr&aacute;ficos, los principales trozos de su repertorio.
    </p><p class="article-text">
        <em>Estos aparatos estaban maravillosamente perfeccionados en aquella &eacute;poca, y Orfanik los hab&iacute;a hecho tan magn&iacute;ficos, que la voz humana no sufr&iacute;a alteraci&oacute;n alguna, ni en su encanto ni en su pureza. </em>
    </p><p class="article-text">
        Como si se tratara de una digitalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; fue como en sus placas se grabaron cavatinas, trozos de &oacute;pera y de concierto, as&iacute; como las melod&iacute;as previas a la muerte de Stilla mientras se presentaba en un teatro napolitano. Su canto truncado. Gortz se encerr&oacute; en su castillo de los C&aacute;rpatos, y all&iacute;, cada noche, pod&iacute;a escucharla adem&aacute;s de verla por un juego de espejos reflectantes de un cuadro hiperrealista de la cantante <em>con </em>su cabellera suelta y los brazos tendidos hacia el cielo. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Les cuesta admitir un sistema de reproducci&oacute;n de vida, tan mec&aacute;nico y artificial? </em>Quien habla as&iacute; no es Orfanik sino otro cient&iacute;fico, d&eacute;cadas m&aacute;s tarde, y lo hace en <em>La invenci&oacute;n de Morel,</em> de <strong>Adolfo Bioy Casares</strong>. El personaje principal, el Fugitivo, comienza a descubrir lo que sucede en la isla cuando el inventor revela a los turistas que ha estado grabando sus acciones de la semana anterior con una m&aacute;quina de su invenci&oacute;n que es capaz de reproducir la realidad. La grabaci&oacute;n capturar&aacute; sus almas. Al reproducirla, podr&aacute;n revivir esa semana para siempre.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Anota Morel en su diario algo que resuena en &ldquo;Now and Then&rdquo;:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;No debe llamarse vida lo que puede estar latente en un disco, lo que se revela si funciona la m&aacute;quina del fon&oacute;grafo, si yo muevo una llave? &iquest;Insistir&eacute; en que todas las vidas, como los mandarines chinos, dependen de botones que seres desconocidos pueden apretar? Y ustedes mismos, cu&aacute;ntas veces habr&aacute;n interrogado el destino de los hombres, habr&aacute;n movido las viejas preguntas: &iquest;Ad&oacute;nde vamos? &iquest;En d&oacute;nde yacemos, como en un disco m&uacute;sicas inauditas, hasta que Dios nos manda nacer?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/beatles-posverdad_129_10677173.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Nov 2023 03:01:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los Beatles y la posverdad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Los Beatles,John Lennon,Paul McCartney,George Harrison,Ringo Starr,Ian McEwan,Inteligencia Artificial,George Martin,Kurt Kobain]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rock y política, la victoria de la domesticación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/rock-politica-victoria-domesticacion_129_10657725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59fc639f-b223-4dc0-8dec-1cbff550ed8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rock y política, la victoria de la domesticación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una banda de sonido, con malos entendidos y confusos entreveros incluidos, que arranca con el complejo final de la dictadura y llega a hoy con un presente de sentidos deflacionados.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Las crisis en espiral descendente de estos 40 a&ntilde;os tuvo quien <em>cante la justa</em>? &iquest;Acaso la m&uacute;sica pudo puntuar este declive que amenaza ser abismo? &iquest;Cu&aacute;les son, por ejemplo, las lecturas que el rock dej&oacute; en estas d&eacute;cadas jalonadas por sucesos estremecedores? &iquest;Qu&eacute; informar&aacute; su repertorio a un historiador del futuro que avizoramos ruina sobre ruina?
    </p><p class="article-text">
        Rock y pol&iacute;tica, entonces. Digamos de entrada que esta es una historia abreviada de malos entendidos y confusos entreveros. Antes de pensarlos, una an&eacute;cdota necesaria de otras latitudes. Hablo de <strong>Frank Zappa</strong> y su aterrizaje en Praga, el 20 de enero de 1990. Apenas asumido, el presidente de Checoslovaquia, <strong>V&aacute;clav Havel</strong> lo hab&iacute;a invitado en calidad fan y para tributarle un agradecimiento en nombre del nuevo Gobierno. <strong>The Mothers</strong> hab&iacute;a sido una fuente inspiradora de la disidencia pol&iacute;tica, con <em>The Plastic People Of The Universe</em> a la cabeza. Y ah&iacute; estaba Zappa, despu&eacute;s de la llamada Revoluci&oacute;n de Terciopelo, hablando con Havel en su despacho sobre el insigne <strong>Capit&aacute;n Beefheart</strong>. &ldquo;&iquest;Esto es <em>The Twilight Zone</em> o qu&eacute;?&rdquo;, se pregunt&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ra&uacute;l Alfons&iacute;n</strong> debi&oacute; haber hecho lo mismo con <strong>Charly Garc&iacute;a</strong>, acaso el gran agitador cultural durante la dictadura, al tomar posesi&oacute;n de su cargo. Pero la escena checa no cab&iacute;a en el per&iacute;metro de nuestra compleja transici&oacute;n democr&aacute;tica. Entre Havel y Zappa hab&iacute;a cuatro a&ntilde;os de diferencia. Una mayor distancia generacional separaba al flamante mandatario del autor de &ldquo;Los dinosaurios&rdquo;.&nbsp;Nada diferente a lo que pod&iacute;a suceder en 1965. En <em>Mi primera novia, </em>la primera pel&iacute;cula protagonizada por <strong>Palito Ortega</strong> ese a&ntilde;o, el changuito ca&ntilde;ero tiene una banda de rock and roll. El saxofonista (Edgardo Su&aacute;rez) no puede tocar una noche porque el padre le proh&iacute;be salir. El grupo le pide explicaciones. &ldquo;Yo s&eacute; lo que hago, a m&iacute; nadie me ense&ntilde;a c&oacute;mo educar a mi hijo. En cuanto a vos (reprende al hijo), te quedar&aacute;s tres d&iacute;as sin salir, para que aprendas a obedecer&rdquo;. Su&aacute;rez se va de la casa. Asume su condici&oacute;n de <em>desviado</em>. Sostiene <strong>Howard Becker</strong> que la desviaci&oacute;n es una suerte de &ldquo;infracci&oacute;n a alg&uacute;n tipo de norma acordada&rdquo;. Un grupo o una persona define una actividad en t&eacute;rminos negativos. El soci&oacute;logo norteamericano investig&oacute; esas reacciones en su propia sociedad frente a los consumidores de marihuana y los m&uacute;sicos de sal&oacute;n, verdaderos infractores morales, <em>outsiders </em>que no aceptan las reglas por las cuales son juzgados, al punto de invertir los lugares. Para el infractor, es el otro quien est&aacute; en falta.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula de <strong>Enrique Carreras </strong>termina con la mutua aceptaci&oacute;n y reconocimiento entre padre e hijo. Los herederos de Palito asumieron con mayor elocuencia y orgullo la condici&oacute;n de <em>outsiders. </em>Ah&iacute; tenemos el manifiesto spinettiano: <em>Rock: m&uacute;sica dura, la suicidada por la sociedad</em>. La contracultura como punto de fuga frente a la extrema politizaci&oacute;n. As&iacute; se atravesaron los setenta y los peores a&ntilde;os del terrorismo de Estado. Charly puso el cuerpo y las palabras que ni siquiera estaban en la timorata dirigencia pol&iacute;tica (la Multipartidaria es de 1981 y ya hab&iacute;an sido editados <em>Pel&iacute;culas, </em>de <strong>La M&aacute;quina de Hacer P&aacute;jaros</strong>, y <em>La grasa de las capitales y Bicicleta</em>, de <strong>Ser&uacute; Giran</strong>). Alfons&iacute;n, el bonach&oacute;n joven de ayer 24 a&ntilde;os mayor que Garc&iacute;a, due&ntilde;o de otra discoteca y sentido de lo musical, no pod&iacute;a <em>ser </em>Havel. Cualquier otra reacci&oacute;n habr&iacute;a formado parte de una <em>dimensi&oacute;n desconocida</em> solo aceptable en a&ntilde;os venideros. 
    </p><p class="article-text">
        La transici&oacute;n supuso un giro festivo. <strong>Los Twist </strong>encarnaron esa alternativa. <em>La dicha en movimiento </em>es un documento sugerente de c&oacute;mo pod&iacute;an experimentarse los primeros d&iacute;as democr&aacute;ticos. &ldquo;Veinticinco estrellas de oro&rdquo; habla de una plaza colmada en la que no cabe un alfiler, y con la Bombonera ardiendo. &ldquo;Como dijo Sarmiento: las Masones en bicicleta/ y los radicales a pie&rdquo;. La fiesta republicana se te&ntilde;&iacute;a de boinas blancas y de un nuevo blanco que entraba por la nariz. &ldquo;Naso, naso, naso, naso, naso, naso/ se viene el cordonazo&rdquo;. El &ldquo;general&rdquo; es un fantasma que recorre una canci&oacute;n que se apropia de unas estrofas de la &ldquo;marchita&rdquo; para, despu&eacute;s de pasar revista a la alineaci&oacute;n del Boca campe&oacute;n 1969, aboga por una nueva s&iacute;ntesis: &ldquo;Los Twist, Gardel y Per&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El jolgorio ir&oacute;nico apunta contra la l&oacute;gica contravencional. &ldquo;Pens&eacute; que se trataba de cieguitos&rdquo; cuenta la experiencia sabatina de un joven que se topa con seis tipos de &ldquo;anteojos negros&rdquo; que lo interrogan en la calle. &ldquo;Acto seguido me invitaron a subir al Ford&rdquo;. Lo someten a un breve interrogatorio en la comisar&iacute;a. Y como era &ldquo;muy tarde&rdquo; le sugieren que se quede. Vaya cohabitaci&oacute;n. &ldquo;A los tres d&iacute;as de vivir con ellos/ de muy buen modo me dijeron v&aacute;yase&rdquo;. Pero, antes de irse, le advierten que volver&aacute;n a verse. &ldquo;No fueron las pastillas, fueron los hombres de gris&rdquo;, apostilla Charly en &ldquo;Nos siguen pegando abajo&rdquo;. El asunto es &ldquo;policial&rdquo;, incluso en &ldquo;Los dinosaurios&rdquo;. En la s&eacute;ptima canci&oacute;n de <em>Clics modernos, </em>de fuerte impronta renovadora, queda en suspenso la posibilidad de que a&uacute;n desaparezcan &ldquo;los amigos del barrio&rdquo;, &ldquo;los que est&aacute;n en los diarios&rdquo;, &ldquo;la persona que amas&rdquo;, y se manifestaba la certeza de que los depredadores &ldquo;van a desaparecer&rdquo;. Ese potencial peligro genera zozobra. &ldquo;No estoy tranquilo, mi amor/ Hoy es s&aacute;bado a la noche/ Un amigo est&aacute; en cana&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El horror pasado, su dimensi&oacute;n atroz, no se tematiza, se elude o menciona al pasar. &ldquo;Usualmente, solo flotan cuerpos a esta hora&rdquo;, canta <strong>Luis Alberto Spinetta</strong> en &ldquo;Resumen porte&ntilde;o&rdquo;, en su extraordinario <em>Bajo Belgrano</em>, presentado en diciembre de 1983. &ldquo;Los que sobrevivieron marcaron huellas&rdquo;, se&ntilde;ala el muy joven <strong>Fito P&aacute;ez</strong> en &ldquo;Viejo Mundo&rdquo;, su disco debut, y llama a no olvidar a &ldquo;los que se fueron&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Admito cierta arbitrariedad en este recorte (de hecho he soslayado la cuesti&oacute;n Malvinas y el Festival de la solidaridad). Lo que entra y queda afuera en el seguimiento de esta transici&oacute;n omite consideraciones estrictamente musicales. Se camina sobre un alambre de p&uacute;as, entre la &ldquo;teor&iacute;a de los dos demonios&rdquo; que ser&aacute; refutada en el mismo juicio a los excomandantes, y las inmediatas dificultades de materializar el nuevo <em>dictum</em> estatal &ldquo;con la democracia se come, se cura, se educa&rdquo;. Alfons&iacute;n sue&ntilde;a con un Tercer Movimiento hist&oacute;rico que resuma las mejoras aspiraciones del yrigoyenismo y el peronismo.&nbsp;Fito conjuga ese horizonte de expectativas en &ldquo;Yo vengo a ofrecer mi coraz&oacute;n&rdquo;. El Plan Austral marca no obstante el pulso de los latidos. Pero &eacute;l, en nombre de muchos, cree que no todo &ldquo;est&aacute; perdido&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El optimismo se atempera. &ldquo;Hoy te convocan a la plaza/ Y ma&ntilde;ana te la dan&rdquo;, rezonga <strong>Miguel Mateos</strong> en &ldquo;En la cocina faltan huevos&rdquo;. La cocina de la institucionalidad se ve desbordada de detritos. <em>Mano de obra desocupada</em>, la llaman. La CGT lanza huelgas. El radicalismo menguante hab&iacute;a aprendido la lecci&oacute;n. Vale la pena tutelar esa m&uacute;sica que convoca a los j&oacute;venes.<strong> Los Fabulosos Cadillacs</strong> no ser&aacute;n recordados por sus iluminaciones art&iacute;sticas, aunque s&iacute; por su desaire al diputado <strong>Jes&uacute;s Rodr&iacute;guez</strong>. C&oacute;mo sentarse a la mesa servida por un Gobierno al que le tuercen el brazo los uniformados. Se hab&iacute;a fundado no obstante una relaci&oacute;n entre el rock y el Estado.
    </p><p class="article-text">
        El estatuto del rock era cuestionado antes desde sus entra&ntilde;as por <strong>Los Redondos </strong>con sus propios deseos de autonom&iacute;a. &ldquo;&iquest;Y cu&aacute;nto vale se la banda Nueva/ y andar trepando radares militares?&rdquo;. El <strong>Indio Solari </strong>salpica frases reveladoras sobre el estado de la cuesti&oacute;n. A la distancia, &ldquo;atrapado en libertad&rdquo;, el verso que pone fin a &ldquo;Preso en mi ciudad&rdquo;, es una de las im&aacute;genes m&aacute;s di&aacute;fanas de aquel presente de condicionamientos. &ldquo;Entre las lluvias y los Falcon&rdquo;, tercia Spinetta. 
    </p><p class="article-text">
        Los ochenta avanzan entre tropezones. Escuchamos notas al pie del desencanto. &ldquo;Cultura y poder son esta porno baj&oacute;n&rdquo;, detecta el mismo LAS en &ldquo;La bengala perdida&rdquo;. Los militares presionan por el fin de los juicios. La deuda define los l&iacute;mites de la redenci&oacute;n. La ofrenda de P&aacute;ez es reemplazada, al comp&aacute;s de las desilusiones y las primeras leyes de impunidad, por un nuevo repliegue hacia adentro. Charly es el heraldo del menemismo aun cuando se encontraba germinando. &ldquo;No necesito a nadie alrededor&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La contingencia, con sus rispideces, no parece merecer m&aacute;s que un avistamiento lejano. Es interesante lo que sucede con los ascendentes <strong>Soda Stereo </strong>en el Festival de Vi&ntilde;a del mar, en febrero de 1987. Chile est&aacute; convulsionado. La lucha contra la dictadura de <strong>Augusto Pinochet</strong> es intensa y cuesta muchas vidas. La radicalizaci&oacute;n muestra sus l&iacute;mites. Y all&iacute; est&aacute; el talentoso <strong>Gustavo Cerati</strong>, al frente de su banda. &ldquo;Para todo el pueblo de Chile, para cuando pase el temblor&rdquo;, dice y arranca aclamaciones del p&uacute;blico. Esa solidaridad sugerida se pone en entredicho en la letra. &ldquo;Despi&eacute;rtame cuando pase el temblor&rdquo;. Se trata de resguardarse de las rugosidades mundanas. La pol&iacute;tica es tect&oacute;nica y no siempre se toleran sus cimbronazos. &ldquo;A veces tengo temor, lo s&eacute;/ a veces, verg&uuml;enza&rdquo;. Como tantos. 
    </p><p class="article-text">
        En diciembre de ese mismo a&ntilde;o aterriza <strong>Sting</strong> en Buenos Aires.<strong>&nbsp;Eduardo Berti </strong>y <strong>Gabriela Borgna</strong>, periodistas de P&aacute;gina 12 entraron a la conferencia de prensa previa a los recitales en River Plate con dos Madres de Plaza de Mayo. &ldquo;Recuerdo la cara de <strong>Daniel Grinbank</strong> cuando nos vio entrar con las Madres. Puso cara de <em>espero que no vengan a hacer l&iacute;o</em>&rdquo;, me record&oacute; Berti, el autor de <em>Un padre extranjero, </em>en un WhatsApp. &ldquo;Lo que tambi&eacute;n recuerdo es que ah&iacute; se gener&oacute; un debate sobre si el rock argentino era de izquierda ante la mirada de Sting&rdquo;. El ingl&eacute;s pidi&oacute; verlas cuando terminara la charla. Este que escribe, por entonces periodista de la agencia cubana Prensa Latina, acompa&ntilde;&oacute; luego a Berti y Borgna a la sede de las Madres. Lleg&oacute; Sting. &ldquo;Nunca hab&iacute;a venido un m&uacute;sico de rock&rdquo;, dice una madre.
    </p><p class="article-text">
        Al otro d&iacute;a fue el primer concierto. &ldquo;Cuando ellas subieron al escenario hubo gente que las silb&oacute;, hab&iacute;a personas emocionadas y otras que dec&iacute;an qu&eacute; hacen estas viejas ac&aacute;&rdquo;, me hizo acordar el escritor desde Par&iacute;s. La situaci&oacute;n da cuenta de complejas simbolizaciones cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de recuperada la democracia. El bajista retorna en 1988 como parte del mega concierto de Amnist&iacute;a Internacional, junto con <strong>Peter Gabriel </strong>y <strong>Bruce Springsteen</strong>, entre otros. <strong>Le&oacute;n Gieco</strong> y Charly se suman al concierto. Cuando concluye, Garc&iacute;a roba la escena a las luminarias. Se inmiscuye entre ellos. Les da letra a los astros caritativos y al p&uacute;blico. &ldquo;Derechos humanos ya, p&aacute;rense, luchen, nunca dejen nada por hacer&rdquo;. Lo que &eacute;l ya no podr&iacute;a.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        C&oacute;mo no escuchar un comentario ir&oacute;nico sobre las abstracciones humanitarias en <strong>Los Redondos</strong> al cruzar la d&eacute;cada. &ldquo;Y &iexcl;ay, ay! puede fusilarte hasta la Cruz Roja, nene/ &iexcl;En esta vieja cultura frita!&rdquo;. La ciudad no ofrece garant&iacute;as. &ldquo;Te encanar&aacute; un Robocop sin ley&rdquo;. <em>Tango Feroz </em>angeliza en 1993 la pret&eacute;rita adversidad de los sesenta. Esa biopic sobre el autor de &ldquo;Natural&rdquo; es una declaraci&oacute;n de impotencia. La primavera hab&iacute;a marchitado.&nbsp;Puesto en boca de Fito en el 2000: &ldquo;All&aacute; en los comienzos de los a&ntilde;os ochenta/ el mundo a&uacute;n se pod&iacute;a mover/ estaban altas las defensas/ no se com&iacute;a tanta mierda&rdquo;. Qu&eacute; notable revisi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La convertibilidad monetaria de Menem hab&iacute;a arrojado un extendido manto de conversiones. Mejor estar &ldquo;a un mill&oacute;n de a&ntilde;os luz de casa&rdquo;. No cito en vano <em>Canci&oacute;n animal. </em>Es un disco hermoso, pero sin signos de &eacute;poca, salvo por el hecho de... haberse grabado en Miami. Lo signa su equidistancia respecto del momento. Marca el escaso o nulo desdoblamiento ciudadano mientras se suceden los temblores. Nadie quiere ser un intelectual prof&eacute;tico. Adem&aacute;s, la autonom&iacute;a del arte cobija. Menem cree que todo es capitalizable y recibe a <strong>Los Rolling Stones</strong>.&nbsp;Materializa las fantas&iacute;as de la paridad cambiaria. A esas alturas, el Estado espectacularizado no necesita adalides culturales. Apenas monigotes. 
    </p><p class="article-text">
        Los noventa se devoran a Charly. La figura del &ldquo;desviado&rdquo; retorna con &eacute;l aunque &ldquo;medicalizada&rdquo; a partir de sus incidentes e internaciones cl&iacute;nicas.<strong> Hebe de Bonafini </strong>intenta rescatarlo. Garc&iacute;a juega su propio juego de desesperaci&oacute;n. No participa del festival de las Madres, realizado en 1997, nueve a&ntilde;os despu&eacute;s del recital de Amnist&iacute;a. &ldquo;Ni un paso atr&aacute;s&rdquo;, realizado bajo el peso de los indultos, cuenta con la participaci&oacute;n de Gieco, <strong>Los Piojos</strong>, <strong>La Renga</strong>, <strong>Divididos</strong>, <strong>Attaque</strong>, <strong>Los Caballeros de la Quema</strong>, <strong>Todos Tus Muertos</strong>, <strong>Bersuit Vergarabat</strong>, <strong>Las Pelotas</strong>, <strong>Actitud Mar&iacute;a Marta</strong>, <strong>A.N.I.M.A.L </strong>y <strong>Rata Blanca</strong>. Pasado y presente ya adquieren otra consistencia en el cancionero. Pensemos en &ldquo;El vuelo&rdquo;, de la Bersuit, en <em>La era de la boludez </em>(&ldquo;cuando la mentira es la verdad&rdquo; irrumpe como refutaci&oacute;n de los espejitos de colores primermundista), o &ldquo;La casa desaparecida&rdquo;, portentosa narrativa de P&aacute;ez. &ldquo;Se viene el estallido&rdquo; es una canci&oacute;n augur del desastre de 2001. &ldquo;No da m&aacute;s! La Murga de los Renegados&rdquo;, avisa Solari en <em>Momo sampler</em>. Al mismo tiempo, este impugnador de los noventa retrata la alienaci&oacute;n previa al derrumbe: &ldquo;est&aacute;n mis muertos tan lejos/ de la pantalla en que vos te mir&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El estallido post corralito encuentra en &ldquo;El &aacute;ngel de la bicicleta&rdquo;, de Gieco uno de los documentos m&aacute;s convincentes al revisar esos d&iacute;as incendiados. &ldquo;Bajen las armas que ac&aacute; hay pibes comiendo&rdquo;. Estamos todav&iacute;a en tiempos de video clip y el autor funge ante las c&aacute;maras como jefe de Estado. La neo-cumbia es poderosa. Homenajea a un joven militante social y auxiliar de cocina en un barrio popular, asesinado por la polic&iacute;a santafecina. Gieco incluye en la canci&oacute;n las &uacute;ltimas palabras de la v&iacute;ctima, <strong>Claudio Lepratti</strong>, pero podr&iacute;an haber sido las de <strong>Maximiliano Kosteki </strong>y <strong>Dar&iacute;o Santill&aacute;n</strong> (&ldquo;bajen las armas&rdquo;), ultimados por un oficial de la bonaerense en 2002. 
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            </figure><p class="article-text">
        En esos instantes inversivos en el barro del conflicto de una m&uacute;sica de espor&aacute;dica politizaci&oacute;n, no muy distinta a la de la sociedad (c&oacute;mo podr&iacute;a serlo), irrumpe el kirchnerismo. Comienza, de la mano de <strong>Alberto Fern&aacute;ndez</strong>, en su condici&oacute;n de jefe de Gabinete, un proceso de &ldquo;patrimonializaci&oacute;n&rdquo; del rock. Los conciertos en la Rosada de los &iacute;dolos del ministro -con el macabro trasfondo de Cromagnon- constituyen un punto de corte que coincidir&aacute; con la gradual p&eacute;rdida de negatividad de lo que en un momento fue el soporte sonoro de un movimiento cultural y devino solo un g&eacute;nero en las bateas antes de la desmaterializaci&oacute;n.&nbsp;Si, en 1973, Spinetta se val&iacute;a de un manifiesto acusador, el discurrir del siglo XXI, con las heridas sociales a flor de piel y la precarizaci&oacute;n, el culto al estrellato, el Grammy como paradigma y las reversiones celebratorias de viejos &eacute;xitos, transformaron por lo general a ese mismo rock en &ldquo;un can&iacute;bal desdentado ense&ntilde;ando a masticar&rdquo;, para citar otra vez al ineludible y septuagenario Solari.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n que ejemplifica ese entropismo nos reencuentra con Palito, en su calidad de redentor de Charly, su antiguo antagonista. Lo cura, alimenta y <em>educa</em>. Realiza a su estilo la promesa alfonsinista. Garc&iacute;a participa del disco de Ortega <em>Cantando con amigos</em>. Aquel cruce fue desmenuzado en <em>Un muchacho como aquel. Una historia pol&iacute;tica cantada por el rey</em>, el ensayo que escribimos con <strong>Pablo Alabarces</strong> en 2021. El tucumano hab&iacute;a juntado a su alrededor a <strong>Moris</strong>, <strong>Pedro Aznar</strong>, <strong>David Leb&oacute;n</strong>, <strong>Nito Mestre</strong>, <strong>Celeste Carballo</strong>, <strong>Daniel Melingo</strong>, <strong>Juanse</strong>, <strong>Tweety Gonz&aacute;lez</strong>, <strong>Fernando Samalea</strong>. Charly interviene en &ldquo;A mi amigo le gusta el rock&rdquo;, canci&oacute;n compuesta en su homenaje. &ldquo;Siempre hizo lo que tuvo ganas, se tir&oacute; tambi&eacute;n de una ventana/ Del noveno piso solo porque quiso darse un chapuz&oacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Palito reescribe al rock en todo su trayecto. En &ldquo;Dios lo hace todos los d&iacute;as&rdquo;, el bajo de Aznar parafrasea sus solos de 1979. El<strong> </strong>sonido<strong> </strong><em>fretless</em> tomado de <strong>Jaco Pastorius</strong> para &ldquo;Eiti Leda&rdquo; desemboca en las aguas menos esperadas: las de la reconciliaci&oacute;n de los supuestos extremos.&nbsp;Victoria del enderezamiento. El disco marca a su vez la transici&oacute;n del kirchnerismo al macrismo. &ldquo;Ey, &iquest;qu&eacute; te pasa, Buenos Aires?&rdquo;, cantaba Fito en &ldquo;El diablo en tu coraz&oacute;n&rdquo;, de 2000. <strong>Tan Bi&oacute;nica</strong> responde 14 a&ntilde;os m&aacute;s tarde &ldquo;Qu&eacute; noche m&aacute;gica ciudad de Buenos Aires&rdquo; y se convierte en banda sonora de una nueva derecha con veleidades culturales, al punto de ser distinguidos por el presidente <strong>Mauricio Macri</strong>. Falta poco para que el programa de Nicky Vainilla sea factible.
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        Al llegar al poder, mir&aacute;ndose al espejo de Alfons&iacute;n, Fern&aacute;ndez complet&oacute; la <em>rectificaci&oacute;n del desv&iacute;o</em> con la guitarra en la mano. Un fan de <strong>Litto Nebbia</strong> y Spinetta hab&iacute;a alcanzado las funciones ejecutivas mientras el trap y el hip-hop le robaban centralidad a la m&uacute;sica que lo hab&iacute;a educado y que contribuy&oacute; a <em>estatizar</em> (mucho m&aacute;s sencillo que expropiar una aceitera, desde ya). Algo m&aacute;s ominoso: a 40 a&ntilde;os de &ldquo;Nos siguen pegando abajo&rdquo; <strong>Javier Milei</strong>, excantante de rock, puede hacer suyo de un tema de La Renga y, nada menos, &ldquo;Se viene el estallido&rdquo;. Tr&aacute;fico de palabras. Deflaci&oacute;n de los sentidos. Ser&iacute;a escandaloso, pero no por completo inveros&iacute;mil, que la capacidad de fagocitar significados de la ultraderecha haga suya &ldquo;La pregunta&rdquo;, de <strong>Babas&oacute;nicos</strong>, y, estribillo mediante, desaf&iacute;e a sus huestes sedientas: <em>Qui&eacute;n est&aacute; dispuesto a matar</em> en favor del darwinismo absoluto.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/rock-politica-victoria-domesticacion_129_10657725.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Nov 2023 03:01:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rock y política, la victoria de la domesticación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Charly García,Luis Alberto Spinetta,Soda Stereo,Raúl Alfonsín,Carlos Saúl Menem,Democracia,40 años de democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El leoncito y los murmullos que matan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/leoncito-murmullos-matan_129_10639312.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/141aa947-d731-4da0-ab7c-0cfc3658244f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El leoncito y los murmullos que matan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Estamos ante un Javier Milei hiperacúsico y de bajísima tolerancia al sonido inarticulado? ¿O es el acufeno de la contingencia política -la imprevista adversidad que lo sacó de su condición de favorito- que lo desbarata? </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Me escuchan o puede irles mal&rdquo;, advierte a las hienas Scar, el carn&iacute;voro villano de <em>El rey le&oacute;n</em>, en su versi&oacute;n animada de Disney. &ldquo;Se ven sus miradas ausentes, no pueden en nada pensar&rdquo;, canta y ellas obedecen. Por eso se suman a la conjura contra Mufasa y desfilan ante leonino Scar como si estuvieran en N&uacute;remberg durante el congreso del partido nazi.
    </p><p class="article-text">
        Con una <em>mirada ausente</em>, <strong>Javier Milei</strong> acaba de poner en escena su <em>panic show</em>. Consecuencias de una<em> mala</em> escucha, la suya, violentada por una perturbaci&oacute;n que, dijo, no le permit&iacute;a <em>pensar bien</em>. Hab&iacute;a ido a los estudios de Am&eacute;rica 24 a explicar los alcances de una alianza con <strong>Patricia Bullrich</strong> que se hab&iacute;a representado en el abrazo infantilizado entre un leoncito y un patito. Un antropomorfismo que remite al antiguo Disney y, a la vez, la inteligencia artificial, para ilustrar la concordia entre los que se desprecian a la derecha de la derecha. Amor al espanto con vistas a los desaf&iacute;os electorales del 19 de diciembre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esteban Trebucq</strong>, el esperp&eacute;ntico anfitri&oacute;n de A24, intent&oacute; crearle a nuestro Scar las condiciones para el despliegue de la jeringonza econ&oacute;mica. Algo, sin embargo, lo alter&oacute;. &ldquo;&iquest;Podemos pedir que termine el murmullo detr&aacute;s de c&aacute;mara?&rdquo;. En su rostro se escribieron signos de la incomodidad. Con los ojos desorbitados a&ntilde;adi&oacute;: &ldquo;Es muy dif&iacute;cil hablar con tanta gente hablando. Son temas muy delicados y veo que no paran de hablar&rdquo;. El anarco capitalista <em>vio </em>que hablaban<em>. </em>Lo que observaba era un taladro al o&iacute;do<em>. </em>Solicit&oacute; entonces reducir el nivel de decibeles que lo circundaban y que, si nos dejamos llevar por lo que ofrece la transmisi&oacute;n televisiva, solo detect&oacute; &eacute;l como agresi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Milei insisti&oacute; ante el entrevistador que la molestia continuaba &ldquo;a pesar de mis cambios de tono para ped&iacute;rselos de manera impl&iacute;cita&rdquo;. Sus abstracciones de manual reclaman un auditorio sosegado. En cambio, el rumor, con su siseo punzante, interfer&iacute;a la comprensi&oacute;n de los oyentes y la suya misma. &ldquo;Convengamos que estamos con un nivel de bullicio no convencional para temas tan complejos como los que estamos tratando, y si yo le yerro a m&iacute; me destrozan p&uacute;blicamente y nadie va a decir que atr&aacute;s&rdquo;. Su mano intent&oacute; representar esa anomal&iacute;a. La llev&oacute; cerca de la oreja. Grafic&oacute; con ese gesto que un <em>soundtrack </em>ins&oacute;lito &ldquo;me estaba matando&rdquo;. El susurro era algo m&aacute;s que puro significante.&nbsp;Machacaba el t&iacute;mpano. La mirada subrayaba esa pesadumbre. Trebucq empatiz&oacute; con su invitado. Le pregunt&oacute; si quer&iacute;a volver a hablar. &ldquo;Yo creo que hice un buen esfuerzo a pesar del ruido&rdquo;, agradece.
    </p><p class="article-text">
        El hombre que d&iacute;as antes hab&iacute;a sentido ext&aacute;tico el rugir de su p&uacute;blico en los actos de campa&ntilde;a percib&iacute;a de repente como agravio un cuchicheo. Seg&uacute;n el periodista <strong>Carlos Burgue&ntilde;o</strong>, testigo presencial del desmadre de Milei, ten&iacute;a lugar una medida de fuerza de los trabajadores de A24 &ldquo;y en el momento en que se saca&rdquo; unas 10 personas &ldquo;entraban al estudio y otras tantas que se iban&rdquo;. Si bien &ldquo;es verdad que hab&iacute;a ruido&rdquo; eso &ldquo;no justifica la reacci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;Reviso el video una y otra vez y arriesgo: Milei, el que dicen que platica con Conan, su difunto perro y otros inquilinos de ultratumba, adem&aacute;s del &ldquo;n&uacute;mero Uno&rdquo;, escucha las propias alucinaciones sonoras mezcladas con lo que se propagaba por el ambiente. Aquello que el candidato de la Libertad Avanza (LLA) define como &ldquo;ruido&rdquo;, y que lo &ldquo;est&aacute; matando&rdquo;, es, por lo tanto, un arma, un instrumento del mal, aquello que parasita en el entorno. Un coeficiente del conflicto social (la protesta) que lo alcanza con su runr&uacute;n en el set televisivo y se recarga de sentido. Es lo que debe callarse.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo es ruidoso para aquellos que tienen miedo&rdquo;, reflexiona el music&oacute;logo italiano <strong>Alessandro Arbo</strong> en <em>Bruit et musique</em>, el libro que compila y re&uacute;ne una serie de ensayos iluminadores sobre la cuesti&oacute;n. El ruido es una categor&iacute;a atravesada por el relativismo cultural. Las guitarras distorsionadas de<strong> La Renga</strong> en &ldquo;Panic show&rdquo;, la canci&oacute;n que LLA transform&oacute; en emblema, podr&iacute;an entrar en esa categor&iacute;a para un oyente que no comparte el c&oacute;digo y solo se embelesa con, pongamos, las suites para cello de Bach. Dicho de otra manera: la frontera entre m&uacute;sica y ruido es tan m&oacute;vil como los gustos que se ponen en juego.
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        &iquest;Estamos ante un Milei hiperac&uacute;sico y de baj&iacute;sima tolerancia al sonido inarticulado? &iquest;O es el acufeno de la contingencia pol&iacute;tica -la imprevista adversidad que lo sac&oacute; de su condici&oacute;n de favorito- que lo desbarata? Podr&iacute;a ser tambi&eacute;n otro tipo de traumas, pero lo desconocemos. Digamos por lo pronto que el anarco capitalista esboz&oacute; frente a las c&aacute;maras de A24 algunos rasgos del personaje de <em>El silenciero</em>, la gran novela de <strong>Antonio Di Benedetto</strong>, publicada en 1964 y revisada 11 a&ntilde;os m&aacute;s tardes, pocos meses antes de su secuestro, la misma noche del golpe de Estado. Recordemos: el narrador-protagonista aspira a escribir una novela titulada &ldquo;El techo&rdquo;. Sin embargo, el ruido siempre estar&aacute; ah&iacute; para sacarlo de quicio. &ldquo;Un susurro opresivo y deprimente&rdquo;. No soporta aquello que le llega por diversas fuentes. Ese malestar roza al principio la paranoia y el aislamiento. El silenciero medita sobre distintos tipos de escuchas y las situaciones que trastocan su experiencia. &iquest;O el estruendo que estalla <em>suena </em>en su propia corriente mental? Lo que induce a Besari&oacute;n, su amigo, a preguntarle si no se trata de &ldquo;ruidos metaf&iacute;sicos&rdquo;. No entiende de qu&eacute; le hablan. &ldquo;Qu&eacute; son los ruidos metaf&iacute;sicos&rdquo;, quiere saber. &ldquo;Los que alteran el ser&rdquo;, le dicen. El silenciero solo sabe que carece de filtros. Esa exposici&oacute;n lo lleva a la locura. &ldquo;Realmente, es el &uacute;nico escape en que no he pensado: mi propia muerte&rdquo;. Pero es &eacute;l quien mata. El crimen no interrumpe la cesaci&oacute;n de los impulsos. Ni siquiera en la c&aacute;rcel. &ldquo;El zumbido me asedia. Se asienta en mi mejilla y no cesa su vibraci&oacute;n sonora. Lo golpeo y cae. No es una abeja, es una mosca&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Otras lecturas</h3><p class="article-text">
        El silenciero Milei me lleva a otras lecturas. Para no caer en la treta placentera de las mujeres con cuerpo de ave que lanzan melod&iacute;as desde unas rocas marinas, Odiseo ordena que la tripulaci&oacute;n cubra sus o&iacute;dos con cera mientras se ata al m&aacute;stil de pies y manos. Deben remar con toda energ&iacute;a. Es solo bajo esas circunstancias que puede resistir a la seducci&oacute;n e, incluso, &ldquo;deleitarse&rdquo; con lo que llega a sus o&iacute;dos. Circe, la diosa de la reconversi&oacute;n de los hombres en animales, advierte: en caso de que suplique a sus compa&ntilde;eros que lo suelten, estos deben reforzar los lazos. &ldquo;El encadenado asiste a un concierto, escuchando inm&oacute;vil como los futuros oyentes, y su grito apasionado por la liberaci&oacute;n se pierde ya como aplauso&rdquo;, recuerdan <strong>Theodor Adorno</strong> y <strong>Max Horkheimer</strong> en <em>Dial&eacute;ctica de la ilustraci&oacute;n. </em>Milei no puede ser como el viajero: de su propia broca brota el canto de sirenas. Y si no se siente en condiciones de entonarlo, <em>se le sale la cadena</em>. <strong>Franz Kafka</strong> tiene otra interpretaci&oacute;n, m&aacute;s provocadora, sobre el relato de <strong>Homero</strong>. Dice que las sirenas poseen un arma m&aacute;s terrible que el canto: la m&iacute;mica. Odiseo &ldquo;no escuch&oacute; su silencio&rdquo;. Crey&oacute; que cantaban y que estaba a resguardo. &ldquo;Fugazmente pudo ver c&oacute;mo giraban sus cuellos, c&oacute;mo respiraban profundamente, vio los ojos llenos de l&aacute;grimas, la boca medio abierta, y crey&oacute; que todo se deb&iacute;a a las arias, que, sin ser o&iacute;das, resonaban a su alrededor&rdquo;. El marino da por<em> escuchado</em> lo <em>visto</em>. &iquest;O tambi&eacute;n simula haber sido enga&ntilde;ado? &ldquo;Veo que no paran de hablar&rdquo;, se queja en cambio el economista. Quisiera que una capa de cera proteja el &oacute;rgano de la audici&oacute;n y no <em>morir</em>. Se siente desarmado. Su odisea es una desventura ac&uacute;stica.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Otra hip&oacute;tesis: ante el ruido, Milei encarn&oacute; la proyecci&oacute;n antropom&oacute;rfica del dibujito que lo ha simbolizado: se animaliza. <strong>Roland Barthes </strong>se&ntilde;alaba que existe un primer tipo de escucha en la que el hombre en nada se diferenciaba del animal. Orienta su audici&oacute;n hacia los &iacute;ndices como el lobo escucha el ruido de su presa o &ldquo;la liebre el (posible) ruido de un agresor&rdquo;. Una escucha de alerta m&aacute;s que desciframiento. La inminencia de una agresi&oacute;n en un territorio que est&aacute; &ldquo;jalonado&rdquo; de ruidos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me escuchan o puede irles mal (a los argentinos)&rdquo;, sugiere Milei al igual que Scar. <em>Scary </em>Scar. Los fans de <strong>Taylor Swift</strong> entienden lo que dice -efectos de una <em>buena </em>escucha-<em> </em>y por eso llamaron a no votar a la versi&oacute;n que hibrida a <strong>Murray Rothbard</strong> con <strong>Donald Trump</strong>, el clan Bolsonaro, <strong>Jos&eacute; Antonio Kast </strong>y <strong>Santiago Abascal</strong>. Ellas y ellos quieren obrar como su estrella de la canci&oacute;n en Estados Unidos. &ldquo;Tenemos la necesidad de estar en el lado correcto de la historia&rdquo;<em>.</em> 
    </p><p class="article-text">
        Los y las seguidoras de <strong>BTS</strong> arremetieron por su parte contra <strong>Victoria Villarruel </strong>por haber asociado al nombre de la banda surcoreana con una enfermedad de transmisi&oacute;n sexual. &ldquo;Repudiamos los dichos de odio y xenofobia&rdquo;. La candidata a vicepresidente quiz&aacute; ni debi&oacute; acordarse de su viejo tweet. Pero en tiempos de predominio digital todo puede ser recuperado con alcances incriminatorios, hasta los derrapes menores. Justo salieron a luz en momentos que Villarruel se lamentaba por la muerte de <strong>Ricardo Iorio</strong>. &ldquo;Me honraste con tu amistad, tu confianza, tus elogios y apoyo&rdquo;, dijo en la red social X e ilustr&oacute; su tristeza con una foto en la que sostienen juntos una bandera celeste y blanca. &ldquo;Se fue un hombre que am&oacute; profundamente a nuestra Argentina, que sufr&iacute;a con su ca&iacute;da y que anhelaba que alg&uacute;n patriota la pusiera de pie. Hasta siempre inmenso Ricardo Iorio. Me quedo con tu voz &uacute;nica y la argentinidad que duele&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Hay algo inquietante en el modo que se forman consensos musicales. Milei se inclina por Jagger por razones que un <em>rollinga</em> quiz&aacute; no necesariamente comparte. La abogada de represores prefiere la &ldquo;voz &uacute;nica&rdquo; del difunto metalero de inclinaciones antisemitas. En una de esas hac&iacute;a el signo de los cuernitos con sus dedos mientras cantaba la canci&oacute;n anti casta de <strong>Herm&eacute;tica </strong>sobre un politiquero, &ldquo;un doctor en la ley&rdquo;, que &ldquo;en un avi&oacute;n se llev&oacute; el dineral&rdquo;. <strong>Andr&eacute;s Calamaro</strong> sinti&oacute; el mismo pesar y la necesidad de la alabanza.&nbsp;&ldquo;Hasta siempre, Ricardo Iorio, el mejor de los nuestros. Me rompe el alma, pero te vamos a recordar todos los d&iacute;as&rdquo;. Zonas de horizontalidad y cohabitaci&oacute;n de antagonistas. Solo el ruido vuelve a fijar distancias irreconciliables.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG&nbsp;</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/leoncito-murmullos-matan_129_10639312.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Oct 2023 03:01:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El leoncito y los murmullos que matan]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,Patricia Bullrich,Ricardo Iorio,Andrés Calamaro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Milei, like un Rolling Stone]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/milei-like-rolling-stone_129_10618717.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/025f00e6-9346-4ddf-96fd-f06d4d34d07b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Milei, like un Rolling Stone"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La melena colegial en clave anarco capitalista del candidato libertario y el viaje a la próxima fiesta en la misma limusina de siempre Jagger-Richards, el mismo afán "doriangreiano" de permanecer impasible al paso de los años.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No s&eacute; qui&eacute;n es <strong>Lali Esp&oacute;sito</strong>, yo escucho a los <strong>Rolling Stones</strong>&rdquo;, dijo <strong>Javier Milei </strong>cuando le mentaron que una cantante <em>teen</em> sent&iacute;a pavor frente a su ascenso pol&iacute;tico. La denigra en un acto de afirmaci&oacute;n: la superioridad de sus afinidades musicales. No cualquieras. Las de su iniciaci&oacute;n. &ldquo;Es el arranque de 1983 en Argentina, al gobierno de la dictadura militar le quedan tan solo unos meses, y, mientras que los Rolling Stones triunfan con su rock demon&iacute;aco por el mundo, Milei sue&ntilde;a con ser Mick Jagger en el patio del colegio Cardenal Copello&rdquo;, relata en <em>El Loco, </em><strong>Juan Luis Gonz&aacute;lez</strong>. Tal era la fascinaci&oacute;n que, en los recreos de esa escuela de curas, bailaba como el cantante. A veces arrancaba aplausos. M&aacute;s tarde puso su voz al servicio de una banda tributo, <strong>Everest</strong>. &ldquo;Entonces empez&aacute;s a comprender de qu&eacute; va la forma en la cual me lookeo, por decirlo de alguna manera&rdquo;, dijo sobre su raro peinado viejo. Everest no solo realizaba covers. Las canciones, &ldquo;ten&iacute;an connotaciones sexuales&rdquo;. Eran &ldquo;una suerte de porno rock&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me despierta cierta curiosidad saber en qué radica la temprana fascinación de Milei por Jagger. ¿Su voluptuosidad?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Somos lo que escuchamos, quiere decirle el ultraderechista a Esp&oacute;sito. En plena veda electoral, decidi&oacute; llamarse a silencio y ser solo imagen. Fue a escuchar en el Luna Park un <em>A Beat Symphony</em>, un homenaje &ldquo;sinf&oacute;nico&rdquo; a los <strong>Beatles </strong>a cargo de <strong>&Aacute;ngel Malher</strong>. Un clip de TikTok lo muestra en primera fila moviendo los labios y la cabeza al comp&aacute;s de &ldquo;Let it be&rdquo;. Nadie puede controlar los recorridos ni las pertenencias simb&oacute;licas de las canciones. Asunto saldado, ese. Pero verlo cantar &ldquo;and in my hour of darkness&rdquo; cuando se nos viene la noche es m&aacute;s que perturbador. Su velada cultural coincidi&oacute; con la puesta en circulaci&oacute;n en todo el mundo de <em>Hackney Diamonds</em>, el &uacute;ltimo disco de la banda de <strong>Mick Jagger</strong> y <strong>Keith Richards</strong>. &nbsp;Malher agradeci&oacute; la presencia del libertario en la platea. Luego se tomaron una foto juntos. Malher con su batuta. Milei, a le espera de un bast&oacute;n de mando para zurrar comunistas fantasmales. 
    </p><p class="article-text">
        Surgi&oacute; de inmediato la especulaci&oacute;n de un nuevo salto a la pol&iacute;tica del m&uacute;sico, director y empresario, en caso de un triunfo en las urnas del ex-imitador de los Stones. Malher ya hab&iacute;a sido secretario de Cultura de <strong>Horacio Rodr&iacute;guez Larreta</strong>. Parece que <strong>Leo Cifelli</strong>, el productor de los espect&aacute;culos de<strong> &Aacute;ngel Jorge Pititto</strong>, el nombre que figura en los documentos del hombre que eligi&oacute; llamarse como el autor de <em>Das Lied von der Erde</em>, habr&iacute;a sido tentado para ocuparse de los asuntos culturales de un eventual gobierno de La Libertad Avanza (LLA). Lo cierto es que la foto que los junt&oacute; nos podr&iacute;a ayudar a pensar otras relaciones entre lo musical de la pol&iacute;tica y lo pol&iacute;tico de la m&uacute;sica, hasta desembocar en <em>Hackney Diamonds.</em>
    </p><p class="article-text">
        Primero, lo de <strong>Gustav Malher</strong>. Llamarse as&iacute;. &iquest;Por qu&eacute; no Debussy o Haendel? &iquest;&Aacute;ngel Bach? Quiz&aacute; habr&iacute;a sido excesivo. &iquest;Sibelius? No, el apellido de un compositor jud&iacute;o, v&iacute;ctima del antisemitismo vien&eacute;s de comienzos de siglo XX, y a la vez, una figura may&uacute;scula del sinfonismo. &iquest;Qu&eacute; se pone en juego en esa apropiaci&oacute;n? Quiz&aacute; nada, apenas un pr&eacute;stamo ingr&aacute;vido y sin reclamos de devoluci&oacute;n (como llamar Dad&aacute; a un vino o Picasso a un auto). Pero es Malher. <strong>Theodor W. Adorno</strong> lleg&oacute; a comparar su obra orquestal con &ldquo;la prosa &eacute;pico-objetiva&rdquo; de <strong>Franz Kafka</strong>. Su lenguaje revelaba, a pesar de sus arca&iacute;smos, un antagonismo de la sociedad. Malher, el austr&iacute;aco, hab&iacute;a forjado una &ldquo;provocativa alianza con la vulgaridad&rdquo; pero para se&ntilde;alarla de manera acusatoria. &ldquo;Las sinfon&iacute;as de &eacute;ste hacen sin pudor alarde de lo que todos tienen en el o&iacute;do, restos mel&oacute;dicos de la gran m&uacute;sica, insulsos cantos populares, coplas de ciego y canciones de moda&rdquo;. El compositor &ldquo;no quer&iacute;a encontrar en aquel lenguaje la paz que el curso del mundo perturba, sino que se apoder&oacute; de &eacute;l con violencia para con &eacute;l resistirse a la violencia&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">Memoriales sonoros</h3><p class="article-text">
        En julio de 2019, el empresario musical estren&oacute; en el Teatro Col&oacute;n un R&eacute;quiem/Kadish en homenaje a las ochenta y cinco v&iacute;ctimas del atentado terrorista que se perpetr&oacute; contra la mutual de la comunidad jud&iacute;a de Buenos Aires (AMIA) el 18 de julio de 1994. Se titula <em>El amor es m&aacute;s fuerte que la muerte</em>. Suena en esa inscripci&oacute;n <em>Tango feroz</em>, la pel&iacute;cula de <strong>Marcelo Pi&ntilde;eyro</strong>. El R&eacute;quiem/Kadish de Mahler deb&iacute;a ser observado como un instrumento de disputa. Adem&aacute;s de los aplausos de las autoridades de la AMIA, la obra del ex secretario de Cultura reuni&oacute; a toda la plana mayor del Gobierno de <strong>Mauricio Macri</strong>. Embelesados ellos, claro.
    </p><p class="article-text">
        Un pa&iacute;s que ha sufrido el peor bombardeo contra una poblaci&oacute;n civil desde la posguerra, el terrorismo de Estado, un conflicto b&eacute;lico en el Atl&aacute;ntico sur y la violencia de car&aacute;cter antisemita no tiene un solo memorial sonoro que recuerde expl&iacute;citamente a sus v&iacute;ctimas siguiendo una tradici&oacute;n amplia que incluye:<em> R&eacute;quiem de guerra</em>, de <strong>Benjamin Britten</strong>;&nbsp;<em>Babi Yar</em>, de <strong>Dmitri Shostakovich</strong>; <em>El sobreviviente de Varsovia</em>, de <strong>Arnold Sch&ouml;nberg</strong>; <em>Ricorda cosa ti hanno fatto ad Auschwitz</em>, de<strong> Luigi Nono</strong>; <em>Dies ir&aelig;,</em> el oratorio de Krzysztof Penderecki dedicado a las v&iacute;ctimas del mismo campo de concentraci&oacute;n y, llegando al siglo XXI, <em>On the Transmigration of Souls</em>, de<strong> John Adams</strong>, dedicada a los que perdieron la vida tras el ataque contra las Torres Gemelas, en 2001. Fue Mahler, el nacido en Villa Devoto, el que ha tratado de llenar ese vac&iacute;o. &ldquo;&lsquo;R&eacute;quiem&rsquo; quiere decir descanso. &lsquo;Requiem eternum&rsquo;, as&iacute; empieza el texto de la plegaria cristiana y adem&aacute;s adquiere contenido judaico&hellip; &rdquo;Un grito que busca la verdad&ldquo;, explic&oacute; su autor. Claro que el &rdquo;grito&ldquo; queda ahogado desde el momento en que Mahler apenas reitera gestualidades de musical de la calle Corrientes. Esa escritura t&oacute;pica que tambi&eacute;n se mira en las bandas sonoras de cierto cine norteamericano se encuentra en<em> El jorobado de Par&iacute;s</em>, <em>Excalibur</em> o su <em>Dr&aacute;cula</em>. Y, la semana pasada, Los Beatles.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Que buena empresa la de ustedes y qu&eacute; intuitivos han de ser al comprar para un cliente en Transilvania tres propiedades y por poder&rdquo;, dice el conde en el musical. El lenguaje del libre mercado se cuela en el escenario, tan lejos de la novela. El 5 de mayo de 1897 hab&iacute;a sido publicado en Londres aquel libro amorosamente terror&iacute;fico: <em>Dr&aacute;cula</em>, de <strong>Bram Stoker</strong>. Debe ser la primera novela en la que se describe una de las grandes invenciones del siglo XIX: el grabador. La naturaleza t&eacute;cnica se manifestaba en forma de cilindros met&aacute;licos cubiertos de cera negra. &ldquo;El fon&oacute;grafo es un aparato maravilloso, pero cruelmente sincero&rdquo;, dice Mina Harker. &ldquo;Esos cilindros contienen mucho m&aacute;s que lo que usted imagina&rdquo;, le contesta el profesor Van Helsing. 
    </p><p class="article-text">
        Setenta a&ntilde;os despu&eacute;s, en la misma ciudad, los Beatles graban en cuatro pistas <em>Sgt. Pepper Lonely Heart's Club Band </em>y <em>Magical Mistery Tour</em>, discos que conten&iacute;an, tambi&eacute;n, m&aacute;s que lo imaginable. Los hijos de la clase obrera de Liverpool clavaban los colmillos en la yugular de la exhausta modernidad: iban de La Marsellesa, su himno, a la &ldquo;Invenci&oacute;n a dos voces&rdquo; en Fa mayor de Bach, del iluminismo y el citar a los clusters orquestales de la vanguardia acad&eacute;mica. Un asombroso acto de vampirismo musical.
    </p><p class="article-text">
        Desde ya que el exsecretario de Cultura Malher no transita esa senda imaginativa. Su vampirismo extrae de los objetos musicales sangre de utiler&iacute;a. No nos remite a los Beatles ni Stocker. Se parece a las recreaciones hollywoodenses del conde como la de <strong>Leslie Nielsen</strong>. La &ldquo;alianza con la vulgaridad&rdquo; a la que se refiere Adorno para exaltar a Gustav no reviste en su caso ninguna intencionalidad secreta. &iquest;Le llegar&aacute; el turno del homenaje a Jagger y Richard, otros vampiros que se muerden a s&iacute; mismos?
    </p><p class="article-text">
        Hay palabras o nombres que nos llegan del pasado reciente, digamos medio siglo, y que se revisten de nuevas capas de significados. Nadie polemizar&iacute;a sin embargo sobre el sentido de la palabra <em>stone.</em> Se trata apenas de una piedra. Ahora bien, de qu&eacute; hablamos cuando hablamos de los Rolling Stones. El desacuerdo ser&iacute;a inmediato. Me despierta cierta curiosidad saber en qu&eacute; radica la temprana fascinaci&oacute;n de Milei por Jagger. &iquest;Su voluptuosidad? &iquest;El modo de silabear? &iquest;La simpat&iacute;a por <strong>Margaret Thatcher</strong>? &iquest;Su t&iacute;tulo nobiliario de caballero imperial? Tal vez esa admiraci&oacute;n se solapa en el presente con su amor canino/filial y le fascina <em>Dogs into Camera</em>, la fotograf&iacute;a de <strong>Michael Josep</strong> que iba a ilustrar <em>Beggars Banquet</em>. La imagen, considerada una de las m&aacute;s logradas en la larga historia de la banda y la propia iconograf&iacute;a del rock, fue tomada en junio de 1968. Los Stones llegaron puntuales a la sesi&oacute;n de fotos. Josep hab&iacute;a dise&ntilde;ado un espacio on&iacute;rico. Hab&iacute;a en la sala cabras y muchos perros. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> Las canciones llegan justo a tiempo para las dos bonanzas americanas a las que parece algorítmicamente destinado: el gasto navideño y la publicidad de la Super Bowl</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El diario <em>El Pa&iacute;s </em>acaba de preguntarle al cantante qu&eacute; piensa sobre las consecuencias del Brexit, el posible regreso de <strong>Donald Trump</strong>, la llegada a los parlamentos de los partidos de extrema derecha. &ldquo;Es una pregunta muy complicada para esta entrevista&rdquo;, dijo el autor de &ldquo;Street Fighting Man&rdquo; -la canci&oacute;n que, como pocas, represent&oacute; el esp&iacute;ritu de 1968- convertido al conservadurismo. Nada m&aacute;s. En rigor, la respuesta de Jagger y los Stones est&aacute; en <em>Hackney Diamonds.</em> Es objeto de &eacute;poca. El disco, se&ntilde;al&oacute; la revista <em>Pitchfork</em>, &ldquo;refuerza la peor parte de la otrora agresiva imagen de forajidos de los Stones: la eterna avaricia&rdquo;. Las canciones llegan justo a tiempo &ldquo;para las dos bonanzas americanas a las que parece algor&iacute;tmicamente destinado: el gasto navide&ntilde;o y la publicidad de la Super Bowl&rdquo;. Es &ldquo;el tipo de &aacute;lbum que le regalas a un padre de mediana edad, a mitad de divorcio, que se desvive por encontrar una direcci&oacute;n mientras recorre la ciudad a toda velocidad en su coche deportivo despu&eacute;s de la separaci&oacute;n, poniendo a todo volumen los desplantes anti-rom&aacute;nticos de los Stones&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">Gestos sobre el escenario</h3><p class="article-text">
        Canta Jagger en &ldquo;Depending on you&rdquo; como si tuviera 60 a&ntilde;os menos: &ldquo;Ahora ella est&aacute; dando mi amor a alguien nuevo/ Yo invent&eacute; el juego, pero perd&iacute; como un tonto/ Ahora soy demasiado joven para morir y demasiado viejo para perder&rdquo;. La letra te la debo. &nbsp;A&ntilde;ade <em>Pitchfork</em>: los Stones son, a estas alturas, &ldquo;tan ins&iacute;pidos como los polvos de talco&rdquo; aunque sean retocados por t&eacute;cnicos y media docena de ingenieros. Si lo leemos en clave argentina podr&iacute;a decirse: <em>alla</em> Malher<em>. </em>&ldquo;Jagger se pasa los primeros 30 minutos de Hackney Diamonds representando una versi&oacute;n m&aacute;s joven de s&iacute; mismo, todo gallito, pavone&aacute;ndose y fingiendo. S&oacute;lo resulta convincente cuando canta sobre lo que es real y est&aacute; cada d&iacute;a m&aacute;s cerca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Bite My Head Off&rdquo;, con la colaboraci&oacute;n de <strong>Paul McCartney</strong>, es, seg&uacute;n <em>Les Inrockuptibles</em>,<em> </em>una salida punk &ldquo;bastante c&oacute;mica&rdquo; que remeda a <strong>The Clash</strong>, aunque sin el perfume agresivo de su tiempo (m&aacute;s cerca de <em>El profesor punk</em>, la pel&iacute;cula que protagoniz&oacute; <strong>Jorge Porcel</strong> en 1988). &ldquo;En 1977 espero ir al cielo/ Porque llevo demasiado tiempo desocupado/ Y no puedo trabajar/ Extranjero peligroso/ Ser&aacute; mejor que te pintes la cara/ Ni Elvis, ni Beatles, ni The Rolling Stones&rdquo;, cantaba el grupo de <strong>Joe Strummer</strong> en &ldquo;1977&rdquo;. Jagger deber&iacute;a seguido su ejemplo e invertir el sentido: &ldquo;ni Clash, ni Pistols&rdquo;, pero habr&iacute;a sido tautol&oacute;gico. 
    </p><p class="article-text">
        La revista francesa les perdona al final la vida y dice que no es el &ldquo;peor&rdquo; de los discos de la banda. Recuerda una an&eacute;cdota de <em>Life</em>, la autobiograf&iacute;a de Richards y su jactancia de haber esnifado coca&iacute;na mezclada con las cenizas de su padre. &iquest;No inhala <em>Hackney Diamonds </em>los despojos de un estilo otrora poderoso y hoy disimulado a trav&eacute;s de los beneficios de la inteligencia artificial? Frente a discos crepusculares y estremecedores como <em>Blackstar</em> y <em>You Want It Darker,</em> los &uacute;ltimos &aacute;lbumes de <strong>David Bowie</strong> y<strong> Leonard Cohen</strong>, los Stones quieren seguir la fiesta en una limusina, siempre j&oacute;venes. La melena de Milei nos comunica lo mismo en clave anarco capitalista, ese af&aacute;n <em>doriangreiano </em>de permanecer impasible al paso de los a&ntilde;os y ser, a la vez, m&aacute;s indulgente y despiadado frente a los asuntos del mundo&nbsp;(otro pacto con la vulgaridad). El libertario preserva ciertos gestos de Sir Mick que trae del colegio. Fueron evidentes cuando irrumpi&oacute; en los escenarios de sus actos de campa&ntilde;a. &ldquo;Espero que adivines mi nombre, oh s&iacute;/ Ah, &iquest;qu&eacute; te desconcierta? / Es la naturaleza de mi juego&rdquo;, podr&iacute;a cantar si se cumplen los peores presagios.
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/milei-like-rolling-stone_129_10618717.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Oct 2023 03:02:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Milei, like un Rolling Stone]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei,The Rolling Stones,Lali Espósito]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mirtha y la trompeta del kitschnerismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mirtha-trompeta_129_10598039.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2abc57c0-fc8f-4f97-8029-c711b15017cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mirtha y la trompeta del kitschnerismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Emperatriz”, la pieza autoría de Luis María Serra que abre el programa televisivo de Mirtha Legrand, puede ser escuchada como la cortina musical de estás décadas de democracia de baja intensidad y sucesivos descensos en espiral.</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; llevan en sus o&iacute;dos? Digo, qu&eacute; m&uacute;sicas. <em>&iquest;Maravillosas?</em> &iquest;Solamente puro regodeo emocional? Seguro que alojan otra clase de inc&oacute;moda remanencia.&nbsp;Un gusanito: siempre est&aacute; ah&iacute;, acobachado en la memoria auditiva, tanto que, apuesto, lo reconocer&iacute;an de inmediato, casi fisiol&oacute;gicamente cuando el espacio vibra en su nombre. Me refiero a &ldquo;Emperatriz&rdquo;, la cortina que abre el programa televisivo de la Se&ntilde;ora Mirtha y que, a tono con la importancia <em>institucional </em>que tiene en Argentina -hablamos, en definitiva, de un <em>programa- </em>, sent&oacute; alrededor de su mesa a los principales candidatos para que le rindieran cuentas: <strong>Javier Milei</strong>, <strong>Patricia Bullrich</strong> y <strong>Sergio Massa</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Emperatriz&rdquo; -vaya t&iacute;tulo y titulaci&oacute;n- ha acompa&ntilde;ado desde sus inicios la restauraci&oacute;n democr&aacute;tica. Si aceptamos la figura del gusanito, y de que casi todas y todos pueden identificar su procedencia, con mayor o menor irritaci&oacute;n, es, en un punto LA m&uacute;sica de est&aacute;s d&eacute;cadas de democracia de baja intensidad y sucesivos descensos en espiral. Pero seamos precisos: la antecede, se escuch&oacute; por primera vez durante los almuerzos de 1980. Esa continuidad nos informa sobre algo: una trompeta que sutura &eacute;pocas. Porque si bien la cortina de los almuerzos y las cenas comienza con un movimiento descendente de las cuerdas, apoyados por los parches (un primer indicio de materiales l&iacute;pidos), es ese instrumento de viento que la define.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuerno, cornetita, trompa, trompeta. Lo de soplar un tubo viene de muy lejos. Antes, mucho antes de Bach, Haendel y la <em>Quinta Sinfon&iacute;a </em>de Malher, en las ant&iacute;podas de la notoriedad adquirida en la era de la reproducci&oacute;n t&eacute;cnica (Armstrong, Davis, Marsalis), siempre son&oacute; un trompetazo. Llamado. Cacer&iacute;a. Advertencia. Incitaci&oacute;n. Acorralamiento. Organizaci&oacute;n del combate. Recogimiento por los ca&iacute;dos.
    </p><p class="article-text">
        El <em>Antiguo Testamento</em> es nuestra principal fuente de informaci&oacute;n sobre las trompetas de los israelitas: el shofar y el hassrah de plata. El uso m&aacute;s famoso de la primera tuvo lugar en Jeric&oacute;.&nbsp;Al cruzar el r&iacute;o Jord&aacute;n en busca de la &ldquo;tierra prometida&rdquo; -debi&oacute; relatar a Milei su rabino ortodoxo de cabecera- el pueblo jud&iacute;o siti&oacute; la ciudad. Los sacerdotes, se cuenta, le cont&oacute;, hicieron sonar el cuerno con efectos devastadores. Las murallas se derrumbaron y se pudo escuchar con claridad estent&oacute;rea la relaci&oacute;n entre el sonido y las acciones de Dios. El shofar <em>de</em> Milei -utilizado en sus actos de campa&ntilde;a a trav&eacute;s de una grabaci&oacute;n- parece decirle a una nueva Jeric&oacute;: &ldquo;Abandonen los plazos fijos: soplar&eacute; como un le&oacute;n hasta pulverizar el peso&rdquo;. Shofar-d&oacute;lar, de eso se tratar&iacute;a para el aprendiz por correspondencia de los secretos de la Torah. &iquest;Habr&iacute;a percibido en clave de venganza b&iacute;blica la obertura &ldquo;Emperatriz&rdquo;?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        La pieza -dig&aacute;moslo finalmente-&nbsp;le pertenece a <strong>Luis Mar&iacute;a Serra</strong>. Al momento de escribirla ya ten&iacute;a varios pergaminos en su haber. Alumno de <strong>Alberto Ginastera</strong> y <strong>Roberto Caama&ntilde;o</strong>, avezado en el uso de la m&uacute;sica electroac&uacute;stica, Serra hab&iacute;a compuesto en 1973 la banda sonora de <em>Juan Moreira. </em>&nbsp;Si algo definir&aacute; el alcance de la pel&iacute;cula de <strong>Leonardo Favio</strong> ser&aacute; su <em>melos</em>, el canto del final, la propia voz del h&eacute;roe popular que migra de su boca a un colectivo despu&eacute;s de que el hombre perseguido realiza su &uacute;ltimo acto, ese &ldquo;Ac&aacute; est&aacute; Juan Moreira, mierda&rdquo;. Aquel Serra aport&oacute; varios detalles sugerentes. De un lado, el &oacute;rgano y la progresi&oacute;n arm&oacute;nica con aires barrocos, al igual de &ldquo;Here&rsquo;s to You&rdquo;, la canci&oacute;n final de Sacco y Vanzetti, la historia de otro martirologio, en ese caso obrero, interpretada por <strong>Joan Baez</strong>. De ese tema, todo un c&oacute;digo de barras de <strong>Ennio Morricone</strong>, Serra se apropia adem&aacute;s de la idea del crescendo gradual, al que a&ntilde;ade un coro mixto, para darle a ese final una proximidad con la idea de la pasi&oacute;n bachiana. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la pesquisa sobre las posibles emulaciones, un instrumento ajeno conecta a esta m&uacute;sica de manera sutil a lo cr&iacute;stico y una imaginer&iacute;a sonora de la &ldquo;tendencia&rdquo; revolucionaria del peronismo de esos a&ntilde;os: el parche, remedo del bombo. Serra podr&iacute;a haber prescindido de esa textura para reforzar el acento que se mezcla con la melod&iacute;a y los disparos. En esos dos golpes de negra -el coro parece, bajo ese impulso, marchar en procesi&oacute;n- se cuelan las escenas callejeras de los setenta.&nbsp;Moreira rebelde que va al encuentro con la muerte con una sensaci&oacute;n de haber vencido: parece avanzar no como un gaucho en fuga sino como un combatiente. Se gana no solo el lugar m&aacute;s riesgoso de la lucha, la primera fila, sino que le ofrece al espectador, m&uacute;sica mediante, un modo de muerte perfecta, la del que se ha arriesgado, ha dado todo y, por lo tanto, no solo merece ocupar un sitio en la vanguardia sino ser objeto de un himno sin palabras, porque en este caso, est&aacute;n de m&aacute;s.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Siete a&ntilde;os m&aacute;s tarde, &ldquo;Emperatriz&rdquo;, y, de nuevo, la sombra de las traducciones Bach, aunque de tercera y cuarta marca y, esta vez, de la mano de la trompeta. Un Juan Sebasti&aacute;n manco. En el camino Serra hab&iacute;a tomado otros pr&eacute;stamos. &ldquo;Como me hab&iacute;a enamorado de la m&uacute;sica del trompetista <strong>Jean-Claude Borelly</strong>, compuse algo que tuviera un gran protagonismo de ese instrumento&rdquo;, dijo Serra alguna vez. Y ese elogio a uno de los cultores del <em>easy listening</em> nos abre una puerta interpretativa mayor. Para entender su aporte a los almuerzos de la Se&ntilde;ora debemos dar algunos rodeos. 
    </p><p class="article-text">
        Relata<strong> Kenneth Womack</strong> en <em>Sound Pictures: The Life of Beatles Producer George Martin (The Later Years: 1966-2016)</em> el modo en que la trompeta se convirti&oacute; en elemento distintivo de &ldquo;Penny Lane&rdquo; a comienzos de 1967. Despu&eacute;s de un d&iacute;a de agotadores sobregrabaciones, <strong>Paul McCartney</strong> se fue a su casa en Cavendish Avenue. Encendi&oacute; la televisi&oacute;n. La BBC 2 presentaba el programa <em>Masterworks. </em>El episodio de esa noche inclu&iacute;a el <em>Concierto de Brandemburgo</em> 2, en FA mayor, con la participaci&oacute;n del trompetista <strong>David Mason</strong>. McCartney, un verdadero vampiro musical, qued&oacute; impresionado por las posibilidades del instrumento. Al otro d&iacute;a le pregunt&oacute; al productor de los <strong>Beatles</strong> qu&eacute; era esa trompeta tan peque&ntilde;a y fascinante. &ldquo;Se llama trompeta piccolo&rdquo;, le explic&oacute;. Y el que la tocaba era su amigo. &ldquo;Traig&aacute;moslo&rdquo;, pidi&oacute; Paul para sumar a los Beatles a una de las causas de posguerra: la apropiaci&oacute;n de Bach (<strong>The Modern Jazz Quartet</strong>, <strong>Astor Piazzolla</strong>, <strong>Wendy Carlos</strong>, <strong>Procol Harum</strong>). &ldquo;&iexcl;Me he pasado la vida tocando con las mejores orquestas, &iexcl;pero soy m&aacute;s famoso por haber tocado en &acute;Penny Lane`!&rdquo;, dir&iacute;a Mason. La canci&oacute;n tuvo una progenie en el mundo del <em>muzak</em>, desde la incluida en <em>Beatles song book</em>, de la <strong>Hollyridge Strings</strong> a la versi&oacute;n de <strong>Paul Muriat</strong>, un director franc&eacute;s especializado en m&uacute;sica ligera. Grab&oacute; &ldquo;Penny Lane&rdquo; el mismo 67 para amenizar ascensores, restaurantes, oficinas y, por qu&eacute; no, escenas familiares. 
    </p><p class="article-text">
        Muriat sustrajo las voces y los instrumentos el&eacute;ctricos, pero no se priv&oacute; de tener una trompeta cuyas reverberaciones llegaron a Buenos Aires y, sin duda, contribuyeron al dise&ntilde;o de &ldquo;Emperatriz&rdquo;. El mal gusto no se funda s&oacute;lo en lo mal hecho sino en este tipo de imitaci&oacute;n de imitaciones en sentido decreciente, como si se estuviera en una sala de espejos deformados. Un parque tem&aacute;tico de lo <em>kitsch</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        He escrito <em>kitsch</em>. Vale la pena expandirse.
    </p><p class="article-text">
        Si la experiencia est&eacute;tica es un encuentro, &iquest;con qu&eacute; nos topamos al escuchar &ldquo;&iquest;Emperatriz&rdquo;, ese soplido seboso que suelta la trompeta? Suerte de antagonista de la idea del buen gusto, lo <em>kitsch</em> nos tienda una trampa a veces cuando queremos asociarlo apenas a lo berreta, grasa y falsario. Recuerda Giorgio Agamben que el gusto supuso un problema desde el mismo momento en que se lo someti&oacute; a discusi&oacute;n (un saber que no puede dar raz&oacute;n en su conocer, pero goza de &eacute;l). Lo <em>kitsch</em>, con su presencia cotidiana y su densidad, canta la victoria por <em>nockout</em> de la subjetividad y destruye la anhelada uni&oacute;n entre el placer y el conocimiento. 
    </p><p class="article-text">
        El gusto -en tanto sentido, es un discernimiento sobre los elementos del mundo que manducamos- se expresa a trav&eacute;s de la boca y el decir. Comentamos lo que se ingiere. Nada mejor que un ciclo televisivo donde se come entre cada derrape lexical para que converjan lo gustativo y el gusto sobre las cosas, con &ldquo;Emperatriz&rdquo; de fondo. &iexcl;C&oacute;mo hablar de mal gusto mientras se mastica! La cortina musical tampoco necesita de las referencias textuales. Sus ademanes orquestales de seriedad son el fundamento y la anticipaci&oacute;n significante de todo lo que se comentar&aacute; con una copa en la mano. El men&uacute; que se ofrece a los invitados puede ser frugal. Lo op&iacute;paro es la banda sonora. Una cuant&iacute;a simb&oacute;lica.
    </p><p class="article-text">
        Lo bello excede al lenguaje y a lo conceptual. En cambio, la parafernalia <em>kitsch</em> invita a la diatriba y el desmenuzamiento de una <em>falta</em>. Todos podemos dar cuenta de nuestras preferencias, supongamos, los mentados Beatles, como si se tratara de un juicio personal y fundado, aunque tambi&eacute;n mediado por una escala preexistente y consensuada. Siempre puede haber alguien que no comparta esa escala valorativa y se le responder&aacute; que sobre gustos no hay nada escrito. Por lo tanto, la membres&iacute;a que se forja alrededor de un artista o una obra es apenas una convenci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&iquest;De qu&eacute; lado estar&iacute;a est&aacute; obertura imperial e imperativa si pens&aacute;ramos el gusto desde el inconsciente? &iquest;O acaso, como se sugiri&oacute; al principio, no podr&iacute;a silbarla un pa&iacute;s? &iquest;Por qu&eacute; casi todos quieren ser invitados a esa mesa (recuerdo en los setenta el peque&ntilde;o l&iacute;o que se arm&oacute; en la comunidad roquera con la presencia de <strong>Charly Garc&iacute;a</strong>)? Una hip&oacute;tesis: para ser <em>cantados</em> por esa trompeta. Podr&iacute;a decir al respecto un defensor recalcitrante de &ldquo;Emperatriz&rdquo; durante una imaginaria emisi&oacute;n del programa televisivo: &ldquo;a ver, &iquest;por qu&eacute; est&aacute; considerado arte el urinario de <strong>Marcel Duchamp</strong>? 
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que el valor no radica en el objeto. &iquest;C&oacute;mo se fijar&iacute;a la cotizaci&oacute;n de esta m&uacute;sica que tantas perturbaciones provoca (el invitado se acomodar&iacute;a la cabellera, mirando desafiante a las c&aacute;maras)? Pues bien, alrededor de esta mesa&ldquo;. Supongamos que luego dice esto: &rdquo;Una cosa devaluada en el mercado de los elogios puede transformarse en algo diferente por un chasquido de dedos. &iquest;Y si a un cr&iacute;tico, no yo, por favor, un cr&iacute;tico de veras, una voz autorizada, un Sebreli, pongamos, se le ocurriera aplicar la misma l&oacute;gica del arte moderno o conceptual a la melod&iacute;a en cuesti&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a? Dar&iacute;a un primer paso del arte al <em>kitsch</em> y, en un gesto inverso, del <em>kitsch</em> al arte. &iquest;Lo har&iacute;a para mofarse secretamente de la jerga de los especialistas y la presunci&oacute;n de superioridad? Podr&iacute;a argumentar que parodia el buen gusto, las reglas aristocratizantes y el concepto de distinci&oacute;n. Iron&iacute;a suprema que se descargar&iacute;a sobre aquellos que creen que Serra es una moto-sierra de la alta cultura. Fin de las disputas: es evidente que el compositor encontr&oacute; en la Se&ntilde;ora su veh&iacute;culo&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Lo <em>kitsch </em>encuentra su venganza cuando es exhibido en el museo, pero, qu&eacute; sucede cuando el museo es el ciclo televisivo. Hay que estar a la altura de esa melod&iacute;a, etiquetado frontal en cuyo dise&ntilde;o y textura se definen los intereses del almuerzo o la cena, el de la Se&ntilde;ora epic&uacute;rea. Ella disfruta de su superioridad y las condiciones que impone. Con la melod&iacute;a de fondo, los comensales se convierten y tamborillean el ritmo sobre el mantel: candidatos y banqueros, <em>influencers, </em>cantantes e imitadoras. Parte de la fuerza de la homologaci&oacute;n reside en esa musica. Peluche sonoro. La raz&oacute;n no domina el impulso y esa es la raz&oacute;n del triunfo de la obertura como tarareo ecum&eacute;nico al interior de una sociedad entumecida. &ldquo;<em>Emperakitsch</em>&rdquo; en una mesa K, porque es puro <em>Kitschnerismo</em> (tendencia y sistema).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;El coeficiente de lo <em>kitsch</em> sube al comp&aacute;s de la degradaci&oacute;n social y pol&iacute;tica? &iquest;Es la cualidad formal de un momento definido por el espect&aacute;culo? &iquest;Las advertimos mejor mientras m&aacute;s nos hundimos acompasados por &ldquo;Emperatriz&rdquo;? <em>Le grand desastre</em>. No podemos responsabilizar al autor de todas las derivas que tuvo su creaci&oacute;n. Pero esas posibilidades lat&iacute;an en su interior. &ldquo;Emperatriz&rdquo; habla por lo tanto de una coronaci&oacute;n, y no solo la de la figura nonagenaria a la que se la asocia. Est&aacute; ah&iacute;, imperturbable, y barniza todo comentario sobre la realidad, metiendo su cu&ntilde;a de un trompetazo. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de esa obertura triunfal, Serra compuso &ldquo;Brillando Mirtha&rdquo;, la canci&oacute;n que comienza: &ldquo;Mirtha ya lleg&oacute;, nuevamente est&aacute;, brillando fuerte&rdquo;. Pero, &iquest;c&oacute;mo va llegar lo que siempre est&aacute; y estar&aacute; hasta el fin de los tiempos?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mirtha-trompeta_129_10598039.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Oct 2023 03:01:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mirtha y la trompeta del kitschnerismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mirtha Legrand,The Beatles,Johann Sebastian Bach]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alejandro Horowicz: "Las miserias de la política son la expresión de la miseria real"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/alejandro-horowizc-miserias-politica-son-expresion-miseria-real_128_10579775.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66f41eb3-7c95-4660-bc92-104153dff24e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alejandro Horowicz: &quot;Las miserias de la política son la expresión de la miseria real&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Doctor en Ciencias Sociales, docente y periodista, el autor del provocador «Los cuatro peronismos» descartó tempranamente al kirchenerismo como una quinta reencarnación. En su nuevo libro, analiza la fuerza surgida después del 2001 esquivando la melancolía por lo que pudo haber sido: el problema argentino sigue remitiendo al trauma del 76.</p></div><p class="article-text">
        A mediados de los ochenta, con apenas 35 a&ntilde;os y ya una interesante trayectoria period&iacute;stica, <strong>Alejandro Horowicz</strong> public&oacute; <em>Los cuatro peronismos</em>, un ensayo fundamental que organiz&oacute; las lecturas del <em>movimiento</em> desde una perspectiva tan novedosa como provocadora: ni gorila ni condescendiente repetidor de narrativas, a esa altura del &ldquo;partido&rdquo; desvencijadas. El libro tuvo numerosas ediciones y comentarios valorativos, reunidos en <em>Qu&eacute; queda de Los cuatro peronismos</em>. 
    </p><p class="article-text">
        El kirchnerismo amag&oacute; con ser una quinta reencarnaci&oacute;n. Sin embargo, Horowicz no se demor&oacute; mucho en descartarla. Las razones de ese camino a medias se explican en un reciente libro que ha suscitado un r&aacute;pido como previsible inter&eacute;s, con sus secuelas de asentimientos y malestares. 
    </p><p class="article-text">
        <em>El kirchnerismo desarmado</em>, donde la idea del desarme, tomada de la teor&iacute;a militar, remite a la renuncia a una voluntad de dar pelea, se introduce con el filo de un cuchillo argumental en el coraz&oacute;n de un debate err&aacute;tico, muchas veces silencioso y tambi&eacute;n soslayado, sobre el horizonte de esa fuerza surgida despu&eacute;s del 2001 y un liderazgo que parece difuminarse. Libro que esquiva con elegancia y solidez las olas de lamentaciones y la melancol&iacute;a por lo que pudo haber sido. Pero que no deja de destilar en sus p&aacute;ginas amargura: el problema argentino sigue remitiendo al trauma del 76.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-</strong><em><strong>El kirchnerismo desarmado</strong></em><strong> comienza a circular cuando se advierte una crisis hist&oacute;rica de direcci&oacute;n pol&iacute;tica. &iquest;Milei es el nombre de esa crisis?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Las miserias de la pol&iacute;tica son, a la vez, expresi&oacute;n de la miseria real, tanto como protesta ilusoria contra la miseria real. El alarido de criaturas atormentadas, frente a la impotencia de la autodenominada acci&oacute;n pol&iacute;tica, expresada en nombre impropio. Sin poner fin a un orden donde la pol&iacute;tica queda reducida a los negocios del poder f&aacute;ctico, sostenido mediante la gesti&oacute;n de una casta corrupta, sin poner fin a un statu quo absolutamente desprestigiado, la &ldquo;cr&iacute;tica electoral&rdquo; oscila entre el comentario c&iacute;nico y el meme. Es decir, redobla nuestra angustiada y dolorosa impotencia. 
    </p><p class="article-text">
        -<strong>El libro pone en conceptos un estado de situaci&oacute;n que apenas se observa con perplejidad. &iquest;Cu&aacute;l es la raz&oacute;n por la que esa fuerza analizada y sus liderazgos solo admiten demonizaciones o apolog&iacute;as, y muy dif&iacute;cilmente miradas cr&iacute;ticas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Las miradas cr&iacute;ticas impiden la demonizaci&oacute;n, del kirchnerismo o de cualquier otra postura pol&iacute;tica, pero obligan a internarse por lo &ldquo;desconocido&rdquo;. Los presuntos realistas &ldquo;optan&rdquo; entre los t&eacute;rminos existentes. Ese modelo dif&iacute;cilmente exceda el <em>statu quo</em>, ya que no incluye jam&aacute;s un t&eacute;rmino potencial. No hay un m&aacute;s all&aacute; de lo dado. Por tanto, con aniquilar el kirchnerismo asunto resuelto. Esa es una direcci&oacute;n de la demonizaci&oacute;n, existe otra. Parten de tomar &ldquo;en serio&rdquo; el discurso &ldquo;liberador&rdquo; y comprobar que no libera. Entonces, promueven un doble movimiento. No se tratar&iacute;a tan solo de doble discurso &ndash; dicen lo que no hacen &ndash; sino de la imposibilidad de ese mismo hacer. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Del fondo del pozo, el estallido del 2001, se salió con “subsidios”. Sin tocar la matriz distributiva la recaudación fiscal permitió subsidiar la luz, el gas, el transporte público</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Dicho de otro modo: la justicia social es una mierda&ldquo;, ya que eso que se practica es la justicia social y por cierto resulta una mierda. Entonces, viene el segundo movimiento: reducen todo lo que sucede -todo el kirchnerismo- a &rdquo;puro relato&ldquo;. De esa tenaza surgen ambas posturas, que por cierto resultan complementarias. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Demonizaci&oacute;n y apolog&iacute;a como caras de una misma moneda de la impotencia anal&iacute;tica&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        -La cr&iacute;tica formal -por otra parte- no incide en la marcha de los acontecimientos; cree que con explicar lo que el otro <em>no es -</em>un revolucionario decidido a poner todo patas para arriba- alcanza. Sin advertir que no se analiza previamente<em> lo que s&iacute; es</em>. No se trata de una ausencia inocente. Ese discurso no debe contrastarse con ninguna pr&aacute;ctica eficaz. Y todav&iacute;a no es eficaz, nos informan, porque no alcanz&oacute; suficiente auditorio: la masa cr&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Suele se&ntilde;alarse que el mejor momento del kirchnerismo, su etapa m&aacute;s transformadora, se da despu&eacute;s de la derrota electoral de 2009 y hasta 2012, con su saga de estatizaciones hist&oacute;ricas. Sin embargo, vos fechas a 2008 como un punto crucial que explica el presente. &iquest;Pod&eacute;s explicarlo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Del fondo del pozo, el estallido del 2001, se sali&oacute; con &ldquo;subsidios&rdquo;. Sin tocar la matriz distributiva la recaudaci&oacute;n fiscal permiti&oacute; subsidiar la luz, el gas, el transporte p&uacute;blico. Esa pol&iacute;tica, acciones que permitieron recobrar el aliento a una sociedad ahogada, no tuvo un m&aacute;s all&aacute;. El subsidio existe porque la matriz distributiva no se modifica, y ni siquiera se toca la estructura impositiva. Por eso, los alimentos siguieron gravados por el IVA. Como los precios internacionales de los <em>commodities</em> siguieron su comportamiento ascensional (durante el 2008 la soja super&oacute; los USD500 la tonelada), el gobierno nacional se propuso morder un fragmento de la renta agraria. Intent&oacute; hacerlo aumentando las retenciones a las exportaciones agrarias. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Y se fracas&oacute;. La 125.</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Exacto. El peque&ntilde;o productor, que nunca recibe m&aacute;s que un fragmento del precio de Chicago, siente que le est&aacute;n metiendo la mano en el bolsillo. Y no era exactamente una falsedad, un plus de sus ingresos hipot&eacute;ticos quedar&iacute;a en las arcas del estado nacional. Los instrumentos dise&ntilde;ados para la crisis del 2001, los subsidios, no debieron ser -salvo desde una mirada asistencialista- una &ldquo;pol&iacute;tica permanente&rdquo;. Era preciso ponerles fin, poniendo a &ldquo;trabajar&rdquo; a los &ldquo;planeros&rdquo; con trabajo de otra calidad productiva.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;Qu&eacute; qued&oacute; en el camino como soluci&oacute;n alternativa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -El problema admit&iacute;a dos soluciones opuestas. Rehacer la matriz distributiva modificando el piso salarial en d&oacute;lares. Eliminando, por cierto, los subsidios que facilitan el capitalismo de amigos; o incrementar la autonom&iacute;a relativa del Poder Ejecutivo, para disponer de una masa mayor de ingresos. Algo qued&oacute; r&aacute;pidamente en claro: la pol&iacute;tica de subsidios, de volverse permanente, tend&iacute;a a la degradaci&oacute;n. Pero no es lo mismo eliminarlos para incrementar la masa salarial en d&oacute;lares, que ajustarlos por inflaci&oacute;n junto con el salario obrero.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>-Es provocadora la idea de que el kirchnerismo supuso la m&uacute;sica del tercer peronismo (el protagonismo juvenil y la victoria electoral de 1973) pero la letra del cuarto (lo que ocurri&oacute; tras la muerte de Per&oacute;n, en 1974). Cuando se canta, el habla se deforma. Muchas veces hay que escuchar una y otra vez (lo hac&iacute;amos con las tapas de los discos) para captura el significado. Si seguimos esa l&oacute;gica, la m&uacute;sica kirchnerista ha sido tan central que el texto muchas veces pas&oacute; completamente de largo, pero ahora lo tenemos delante de nuestros ojos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Podemos sostener, y vos lo sab&eacute;s, que existe una relaci&oacute;n de implicaci&oacute;n entre letra y m&uacute;sica. Sin embargo, esa relaci&oacute;n de ning&uacute;n modo es lineal. Es posible resignificar una m&uacute;sica con el sencillo tr&aacute;mite de cambiarle la letra. Entonces, el oyente siente un sonido c&aacute;lido a su memoria, mientras una letra g&eacute;lida organiza otro sentido. 
    </p><p class="article-text">
        La crisis del 2008 es el territorio m&aacute;s adecuado para entender ese conflicto. El gobierno nacional se propuso aumentar sus ingresos, sin explicar seriamente el para qu&eacute;. Y el bloque campero no solo no se lo permiti&oacute;, sino le hizo saber que no era particularmente complejo derrotarlo en todos los terrenos, porque no estaba dispuesto a dar batalla. Sucedi&oacute; tanto en las rutas como en el Congreso. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Desde que Cristina abandonó el gobierno en el 2015 se transformó en jefa que no conduce en un sentido estratégico; arrastra a sus seguidores a encerrona tras encerrona</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        De modo que la &ldquo;ideolog&iacute;a de pisar la caja&rdquo;, instrumento que sirvi&oacute; para disciplinar y organizar la &ldquo;liga de los intendentes&rdquo;, mostraba su hura&ntilde;o l&iacute;mite cuando se trata de chocar con los poderes f&aacute;cticos. Y la votaci&oacute;n en el Congreso, sobre todo en la C&aacute;mara de Senadores &ndash; donde el oficialismo pose&iacute;a abrumadora ventaja num&eacute;rica &ndash; mostr&oacute; hasta qu&eacute; punto nunca control&oacute; seriamente nada. Por eso Miguel &Aacute;ngel Pichetto pudo ser durante una d&eacute;cada jefe del bloque oficialista sin el menor inconveniente.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>-A&uacute;n en su declive, el kirchnerismo, mejor dicho, su figura principal, provoca aversi&oacute;n en el bloque dominante al punto de que se intent&oacute; el asesinato. El odio ni siquiera se mitiga cuando ella propone un acuerdo amplio. &iquest;C&oacute;mo se explica?&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Cristina propone un acuerdo con los que no necesitan ninguno. Y por tanto lo rechazan. Desde 1976 imponen sus propios t&eacute;rminos. No solo modificaron la matriz distributiva del ingreso nacional, reduciendo a menos de la mitad la participaci&oacute;n de los asalariados comparada con el ciclo anterior (1946 &ndash; 1975), sino que transformaron en te&oacute;ricos derechos reales. Desde que Cristina abandon&oacute; el gobierno en el 2015 se transform&oacute; en jefa que no conduce en un sentido estrat&eacute;gico; arrastra a sus seguidores a encerrona tras encerrona, y Alberto es el nombre de la ante&uacute;ltima. Votar a Massa es la &uacute;ltima. 
    </p><p class="article-text">
        -<strong> &iquest;Se ha tratado apenas de un nuevo caso de debilidad electoral?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -No solo de eso sino de ausencia de programa, cosa que, a su modo, reconoce. Esta situaci&oacute;n empuja a sus seguidores a optar en condiciones cada d&iacute;a menos vivibles, y lleg&oacute; al punto en que ya no puede certificar su propia seguridad. Basta observar la &ldquo;custodia&rdquo; que no custodia, seguida por la judicatura que no investiga y una sociedad entrenada para observar la impunidad como regla sist&eacute;mica para entender el tama&ntilde;o de la deuda pol&iacute;tica pendiente. 
    </p><p class="article-text">
        Tres atentados terribles, con decenas de muertos, no han sido jam&aacute;s investigados por gobiernos de todos los colores pol&iacute;ticos. Cuando la seguridad est&aacute; encabalgada a una crisis del orden pol&iacute;tico en su conjunto, podemos decir que no existe.&nbsp;Entonces, el odio hacia los gestos plebeyos de Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner alcanza sentido pleno. 
    </p><p class="article-text">
        La derecha se toma en serio las &ldquo;amenazas peronistas&rdquo; y act&uacute;a en consecuencia. En este caso del atentado no lo hizo org&aacute;nicamente, no se propuso seriamente asesinarla, pero de ning&uacute;n modo le molesta que tal cosa suceda, cosa que hace un rato que es simb&oacute;licamente clara.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La “defensa de los derechos”, desde que perdieron su vigencia plena, se transformó en privilegio de muy pocos o en fantasía discursiva de la compacta mayoría</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>-Es en este contexto que la campa&ntilde;a electoral oficialista, la advertencia de que &ldquo;vienen por tus derechos&rdquo;, parece no tener un o&iacute;do lo suficientemente atento en una masa hist&oacute;rica de votantes al peronismo. Como si el mensaje no impactara en aquellos que ya lo perdieron casi todo.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        -El derecho a la educaci&oacute;n se correspond&iacute;a con una educaci&oacute;n p&uacute;blica de alta calidad. Basta observar algunos datos elementales para entender. Para los nacidos en 1950 (a&ntilde;o del Libertador general San Mart&iacute;n) cuando llegaban a tercer grado sab&iacute;an leer de corrido (pasaban a leer al frente todos), y adem&aacute;s sumar, restar, multiplicar y dividir; la regla de tres simples compuesta. Junto con nociones b&aacute;sicas de historia y geograf&iacute;a organizaban su equipamiento. Buena parte de los que hoy salen de ese mismo edificio no saben ni leer ni escribir, cuando culmina el s&eacute;ptimo grado, porque la escuela es un merendero. Y sin escuela primaria, la secundaria resulta imposible. Menem lo hizo mediante la Ley Federal de Educaci&oacute;n y nadie lo deshizo. 
    </p><p class="article-text">
        El derecho a la salud, en tanto, se apuntalaba con el hospital p&uacute;blico, hoy desfondado y desabastecido con m&eacute;dicos y enfermeros precarizados y la instalaci&oacute;n desvencijada; las vacaciones de 15 d&iacute;as dejaron de existir; los 120 kilogramos de carne per c&aacute;pita (entre rojas y blancas) son pasados irrecuperables; las tres banderas del justicialismo hist&oacute;rico (soberan&iacute;a pol&iacute;tica, independencia econ&oacute;mica y justicia social) se manifiestan como una burla siniestra. La casa propia, a la que los trabajadores acced&iacute;an mediante el loteo en las proximidades de la Capital, entonces Federal, es un sue&ntilde;o excluyente; alquilar se est&aacute; volviendo prohibitivo en CABA. Y el esparcimiento no excede la televisi&oacute;n de aire. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>-O colgarse de una red p&uacute;blica con los celulares para encontrarse con Milei y la gram&aacute;tica de las redes sociales que todo lo pulverizan, hasta la discusi&oacute;n sobre los derechos y la manipulaci&oacute;n espectacularizada de un tema complejo y multicausal como el de la seguridad urbana.</strong>
    </p><p class="article-text">
        -La &ldquo;defensa de los derechos&rdquo;, desde que perdieron su vigencia plena, se transform&oacute; en privilegio de muy pocos o en fantas&iacute;a discursiva de la compacta mayor&iacute;a. Solo cuando la inseguridad, insisto, es minoritaria (como lo era la pobreza en 1970, 4 %) la seguridad est&aacute; garantizada. De lo contrario, la inseguridad permanente asegura la insensibilidad creciente por el destino de los dem&aacute;s, y el <em>propioculismo</em> se vuelve la &uacute;nica regla observada. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Abel Gilbert]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/alejandro-horowizc-miserias-politica-son-expresion-miseria-real_128_10579775.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 08 Oct 2023 03:01:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alejandro Horowicz: "Las miserias de la política son la expresión de la miseria real"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cristina Fernández de Kirchner,Javier Milei,Peronismos]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
