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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Natalí Incaminato]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/natali-incaminato/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Natalí Incaminato]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Importaciones y réplicas: las coordenadas intelectuales de los libertarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/importaciones-replicas-coordenadas-intelectuales-libertarios_129_10598094.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/efc080b8-9eb2-4faa-a9db-7269325d6262_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Importaciones y réplicas: las coordenadas intelectuales de los libertarios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El partido de Javier Milei es quizás el avatar más reciente e intenso de una serie de "traducciones" de ideas y prácticas, en especial de Estados Unidos. La espectacularización de la ofensa y las extravagancias faciales, por ejemplo, están en el libertario argentino y antes, en Donald Trump.</p><p class="subtitle">“Hasta acá llegaste, hornero”: memes y reflexión en redes sobre el dólar imparable</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El nombre del dios Mercurio se vincula con la palabra latina merx,&lsquo; mercanc&iacute;a&rsquo;. La palabra &lsquo;mercurial&rsquo; se usa com&uacute;nmente para aludir a algo o alguien err&aacute;tico, vol&aacute;til o inestable.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Argentina es un gran traductora e importadora de ideas: desde el Belgrano traductor del fisi&oacute;crata Quesnay, o Mariano Moreno de <em>El contrato social</em> de Rousseau, no hubo iniciativa cultural y pol&iacute;tica que no est&eacute; atravesada, por lo menos en parte, por el devenir siempre refractado de ideas europeas o norteamericanas. <strong>Los libertarios son, quiz&aacute;s, el avatar m&aacute;s reciente e intenso de una serie de importaciones y r&eacute;plicas de ideas y pr&aacute;cticas, en especial de Estados Unidos.</strong> No hay copia sin diferencia, claro est&aacute;, y no hay miembro o adepto del partido de Javier Milei que en un punto no sea un Pierre Menard libremercadista. Sin embargo, en estas l&iacute;neas me interesa recuperar algunos n&uacute;cleos que, lejos de ser invenciones criollas, poseen modos de configuraci&oacute;n y coordenadas ya conocidas y estudiadas. De ninguna manera se trata de totalizar los sentidos que se receptan del &ldquo;fen&oacute;meno&rdquo;, asediado desde hace d&iacute;as por una hermeneusis frondosa: lo que los adeptos o votantes interpretan, imaginan o esperan de la Libertad Avanza no es el objeto privilegiado aqu&iacute;.Por otra parte, son temas largamente tratados por soci&oacute;logos y antrop&oacute;logos que nos han aleccionado sobre las complejidades de esta conformaci&oacute;n pol&iacute;tica. S&oacute;lo intentar&eacute; dar cuenta de algunos aspectos que riman mucho, demasiado, con tradiciones neoconservadoras internacionales.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Leones y outsiders: una &eacute;pica del individuo</strong></h3><p class="article-text">
        Lejos de ser novedosa, la mirada que Milei propone obedece a una articulaci&oacute;n conocida entre pol&iacute;tica, econom&iacute;a e individuo, que puede rastrearse en varios cr&iacute;ticos de distintas formas del &ldquo;Estado de bienestar&rdquo;. El desaf&iacute;o de estos autores no era solo proponer otras claves econ&oacute;micas sino <strong>cuestionar el tipo de sujeto que se consideraba el centro de la econom&iacute;a: el trabajador y el consumidor.</strong> En contrapartida,&nbsp; propusieron una visi&oacute;n distinta de la sociedad y de los agentes m&aacute;s valiosos. Hayek entroniza al individuo y sus planes en un juego con ciertas reglas que s&oacute;lo consisten en un marco, que de ninguna manera dirige los fines, tal como hace el intervencionismo estatal. Otros llamados &ldquo;neoliberales&rdquo; proponen al individuo empresa como el hombre econ&oacute;mico. Schumpeter, en 1927, define al emprendedor como voluntad y fuerza. Con claros tintes nietzscheanos, elogia su energ&iacute;a f&iacute;sica y nerviosa, su capacidad para reconocer una ocasi&oacute;n y para revolucionar los negocios. Se trata de un l&iacute;der marcado por su fanatismo, su oportunismo y su capacidad de fundar nuevos &oacute;rdenes. Estas formas de entender al sujeto econ&oacute;mico hace tiempo que han contagiado el universo pol&iacute;tico, en especial en &eacute;pocas de irradiaci&oacute;n neoliberal, pero tambi&eacute;n tienen sus hilos en tradiciones m&aacute;s viejas, que hacen a las divergencias del pensamiento conservador. Edmund Burke, un autor del siglo XVIII considerado uno de los primeros pensadores del liberalismo conservador brit&aacute;nico, recurri&oacute; a las alegor&iacute;as animales para sugerir que, a diferencia de la fuerza del le&oacute;n, una fuerza que s&oacute;lo se usa para el propio bienestar y comodidad no puede ser sublime, no puede dar con lo grandioso e imponente. Seg&uacute;n Corey Robin, estas insinuaciones muestran una tensi&oacute;n dentro del conservadurismo: un malestar con los peligros de un gobierno establecido desde hace mucho tiempo y con un modo de autoridad demasiado c&oacute;moda y segura. <strong>Este descontento conservador con las clases dominantes radica en elementos de fuerza y voluntad: la seguridad del establishment hace que las clases dominantes pierdan su voluntad de poder, atrofien la velocidad de sus m&uacute;sculos e inteligencias. </strong>Esta l&iacute;nea, entre otras, anima a <strong>Donald Trump</strong> y encuentra su destino sudamericano en Milei. En &eacute;l tambi&eacute;n se da una interesante <strong>tensi&oacute;n entre un modo de hacer pol&iacute;tica bajo el signo de la guerra y la confrontaci&oacute;n sin atenuantes y su concepci&oacute;n del mercado como la se&ntilde;al y a la vez el garante de la paz</strong>, tensi&oacute;n que se encuentra tambi&eacute;n en el expresidente de los Estados Unidos y los choques que se daban entre, por un lado, su ret&oacute;rica e imagen de hero&iacute;smo, la gloria del campo de batalla pol&iacute;tico y sus confrontaciones y, por otro lado, el valor del mercado y el intercambio, la comodidad de la acumulaci&oacute;n de la riqueza. El conflicto ya viejo entre el guerrero y el hombre de negocios encuentra en ciertas figuras del mundo financiero, en los emprendedores <em>tech </em>y en los &ldquo;animales&rdquo; empresariales algunas s&iacute;ntesis, pero permanece en otras arenas.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, la creciente concepci&oacute;n de la pol&iacute;tica desde una grilla econ&oacute;mica no es nueva tampoco, y en los &uacute;ltimos a&ntilde;os <strong>fue el macrismo el encargado de configurar e instalar una racionalidad econ&oacute;mica</strong>; en este sentido, no es raro que Mauricio Macri tenga simpat&iacute;as con la visi&oacute;n de Milei: en definitiva, &eacute;l tambi&eacute;n se imagina como un h&eacute;roe del mercado, un ejecutor de las l&oacute;gicas competitivas de la empresa en el mundo de la pol&iacute;tica. Es elocuente el hecho de que <strong>tanto el libro </strong><em><strong>Para qu&eacute;</strong></em><strong> del ex presidente como </strong><em><strong>El camino del libertario</strong></em><strong> de Javier Milei se organicen a partir de similares tropos y estructura que </strong><em><strong>The Art of the Deal</strong></em><strong>, el bestseller de Donald Trump. </strong>Sobre el primer t&iacute;tulo, Macri afirma &ldquo;Este libro trata sobre este misterioso camino hacia la felicidad. Es sobre mi viaje personal y lo que aprend&iacute; en &eacute;l&rdquo;. En el texto de Milei, tambi&eacute;n acompa&ntilde;amos al protagonista en un camino a la felicidad y a la iluminaci&oacute;n intelectual, un viaje personal plagado de secretos que se presenta como valioso y digno de estudio. La misma idea general estructura el libro de Trump, publicado hace varios a&ntilde;os, en 1987: un viaje que incluye memorias y consejos, &eacute;xitos y fracasos, que en conjunto revelan a un protagonista al borde de la epicidad.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>El mercado moral</strong></h3><p class="article-text">
        En las invectivas de Milei a la &ldquo;Justicia social&rdquo; se ha le&iacute;do un ataque frontal al kirchnerismo y al peronismo, una arremetida a la consigna privilegiada de esas tradiciones pol&iacute;ticas. Pero esa lectura cierra el problema a nuestras fronteras y litigios nacionales, cuando en rigor <strong>el desprecio a la justicia social como centro pol&iacute;tico-econ&oacute;mico es de vieja data y, espec&iacute;ficamente, es uno de los nudos de la escuela austr&iacute;aca. </strong>A fines del siglo XIX, Carl Menger puso en duda la calificaci&oacute;n de &ldquo;inmoralidad&rdquo; al hecho de que un propietario de la tierra tenga mayores ingresos que el de un trabajador. La escuela austr&iacute;aca, que luego fue tan influyente en la derecha norteamericana, se constituy&oacute; antes que nada como anti marxista y anti socialista, enemigos que se convirtieron en verdaderos tropos trans hist&oacute;ricos, usados caprichosamente, tal como demuestra Milei. <strong>Parte de esa construcci&oacute;n de un enemigo socialista o marxista implic&oacute;, hace d&eacute;cadas, el desaf&iacute;o de disputar el terreno moral, y sacarle ese basti&oacute;n al socialismo</strong>. Mises lo planteaba quejumbroso en 1932: &ldquo;Cualquier defensor de medidas socialistas es considerado un amigo del Bien, de lo Noble y de la Moral, como un pionero desinteresado de las reformas necesarias, en resumen, como un hombre que sirve desinteresadamente a su propio pueblo y a toda la humanidad&rdquo;, y la noci&oacute;n de &ldquo;Justicia social&rdquo; era la contrase&ntilde;a de esa buena moral. Hayek y el propio Mises propusieron otra, la del mercado. Ante una perspectiva tradicionalista que, m&aacute;s bien, visualizaba la b&uacute;squeda de dinero como una pr&aacute;ctica problem&aacute;tica desde el punto de vista moral, esto es, generadora de atascos irresolubles o crisis de conciencia, <strong>estos autores encuentran en el mercado el establecimiento de condiciones para que los sujetos prueben y cultiven valores morales.</strong> La econom&iacute;a es productora &eacute;tica: en sus circunstancias materiales, el sentido moral crece y los valores se recrean. Por eso, los defensores del libre mercado son &ldquo;moralmente superiores&rdquo;. En un nivel m&aacute;s concreto, hubo otro gran mecanismo de disputa &eacute;tica en demonizar en t&eacute;rminos morales ciertas medidas en favor de los trabajadores, tal como hicieron los conservadores norteamericanos en sus cr&iacute;ticas a las pol&iacute;ticas del <em>New Deal</em>, alegando que los altos impuestos a los ricos eran un robo a los trabajadores, lo cual los hac&iacute;a menos libres.
    </p><h3 class="article-text">La pol&iacute;tica de la ofensa y el show de la contradicci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        <strong>Las llamadas &ldquo;nuevas derechas&rdquo; alimentaron ese car&aacute;cter novedoso a fuerza de &ldquo;tomar prestados&rdquo; ciertos estilos y formas de intervenci&oacute;n en la esfera p&uacute;blica</strong>; se ha propuesto la era Nixon como un momento clave de esos pr&eacute;stamos. Desde la d&eacute;cada del ochenta se perfil&oacute; uno de los grandes robos ret&oacute;ricos y actitudinales de te&oacute;ricos del partido republicano, entre ellos David Horowitz, que visualiz&oacute; un atractivo en la causa del desvalido, la performance shockeante y la b&uacute;squeda del esc&aacute;ndalo propias de las izquierdas del sesenta y el setenta. El conservadurismo norteamericano se revitaliz&oacute; a partir de tomar esas pr&aacute;cticas, el <strong>tono beligerante y tambi&eacute;n la ventaja argumentativa de hacer acusaciones constantemente</strong>. En la era de las redes, el trajinado Steve Bannon capitaliz&oacute; varios reductos de internet asociados a las guerras culturales de la <em>Alt-right</em>, y los gigantes televisivos de l&iacute;nea conservadora se pusieron a tono, aggiornando su men&uacute;. Como se imaginar&aacute;,<strong> es una estrategia clave y efectiva para el ascenso r&aacute;pido de figuras ignotas, especialmente en la era de los algoritmos</strong>: nadie puede dejar de mirar el exabrupto, todo el mundo quiere meter su cuchara y probar un poco del dulce n&eacute;ctar de la influencia otorgada como man&aacute; del cielo por gracia de la pol&eacute;mica eterna. Se trata de un entramado pol&iacute;tico espectacular eficiente por su inevitabilidad y por la baja cantidad de recursos que necesita: por eso tanto los <em>MAGA boys</em> como los libertarios m&aacute;s adeptos pueden crecer y crecer sin estructuras comunicacionales s&oacute;lidas, ya sean estatales o privadas. Cuando todo el mundo come, se valora y multiplica hasta el pan m&aacute;s mohoso. As&iacute;, copiamos y recreamos la transitada <a href="https://www.jstor.org/stable/26297928" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">simbolog&iacute;a b&eacute;lica de los cruzados</a> y las guerras religiosas, los fandom de hombres dedicados al influenciariado forista, el lenguaje financiero y el optimismo crypto, las esquirlas de las batallas culturales en contra de la &ldquo;ideolog&iacute;a de g&eacute;nero&rdquo; y el &ldquo;marxismo cultural&rdquo; y, en el plano del l&iacute;der, las motosierras, los gritos y los gestos exc&eacute;ntricos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esta espectacularizaci&oacute;n de la ofensa y los sentimientos exaltados, los insultos, las extravagancias faciales, las reacciones inapropiadas para un pol&iacute;tico, el minado activo y constante de la seriedad o de la solemnidad, est&aacute;n en Milei y antes en Donald Trump</strong>, quien sentenci&oacute; &ldquo;<em>Sometimes it pays to be a little wild</em>.&rdquo; En este espect&aacute;culo,<strong> la contradicci&oacute;n y la inconsistencia es parte del entrem&eacute;s;</strong> estar en contra de los pol&iacute;ticos de la casta y querer formar parte de la casta o abrazar a Barrionuevo no es un problema, as&iacute; como tampoco lo es proponer l&iacute;neas conservadoras pro &ldquo;familia&rdquo; y luego aconsejar pornograf&iacute;a como sustituto de la ESI. Trump ejerc&iacute;a el mismo show de la contradicci&oacute;n abierta y, lejos de ser un problema, en Estados Unidos se ley&oacute; y experiment&oacute; como una manera de contrariar el racionalismo de la izquierda: a su l&oacute;gica y su deseo de complejizar se le opon&iacute;a una ambivalencia orgullosa, seg&uacute;n la cual vale todo o, m&aacute;s precisamente, que las cosas pueden afirmarse y negarse a la vez, sin que eso genere un problema. Esta suerte de igualaci&oacute;n valorativa o relativismo desconflictualista aparece tambi&eacute;n en varias figuras cercanas a la cultura libertaria, tales como Maslat&oacute;n o Fantino. Estas actitudes, claro est&aacute;, se dan en un marco espec&iacute;fico de una Argentina de crisis, falta de respuestas y fragmentaci&oacute;n de verdades pol&iacute;ticas al calor de la inflaci&oacute;n, pero tienen or&iacute;genes discursivos previos. La conjunci&oacute;n es extra&ntilde;a pero funcional:<strong> una l&uacute;dica apuesta por la contradicci&oacute;n abierta en contra de toda solemnidad, y, a la vez, una solemnidad extrema encarnada en Milei como Quijote</strong>, como un iracundo decidido y singular que puede, tal como hizo Trump, asegurar que est&aacute; solo contra todos.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Una nueva Edad de oro</strong></h3><p class="article-text">
        <strong>Parte de la apuesta conocida de las ultraderechas a nivel global es proponer un tiempo pasado que fue mejor, un imperio ido totalmente distinto a los conocidos</strong>. En general, se trata de configurar una era dorada sin conflictos, en especial sin los conflictos asociados a la emergencia de sectores que pugnaron por su participaci&oacute;n o por mejores condiciones de existencia. El de La Libertad Avanza es, como se sabe, el auge de la Argentina &ldquo;granero del mundo&rdquo;: hace 100 a&ntilde;os Argentina perdi&oacute; su para&iacute;so. Nuevamente, ya el macrismo hab&iacute;a esgrimido esta certeza, luego sofocada por los 70 a&ntilde;os de peronismo. El pasado que Milei propone como futuro se caracteriza, ha sido dicho, por p&eacute;simas condiciones de vida y de participaci&oacute;n democr&aacute;tica de los ciudadanos; se trata de una edad deseada s&oacute;lo por su capacidad de articulaci&oacute;n presuntamente virtuosa con el mercado global, por la falta de &ldquo;socialismo&rdquo; iniciado por Yrigoyen, quien habr&iacute;a instalado la homologaci&oacute;n entre necesidades y derechos. La hip&oacute;tesis de la larga decadencia centenaria toma su atractivo del poder de veros&iacute;mil para empresas idealizadoras que da todo presente de crisis. El valioso precio de la historia argentina ya hab&iacute;a sido valorado de forma similar por Rick Harrison, la estrella del reality famoso por el meme, que en los inicios de 2019 y en una conferencia de la Uni&oacute;n Conservadora Estadounidense critic&oacute; a nuestro pa&iacute;s y localiz&oacute; en 1920 el quiebre de la prosperidad por la llegada del socialismo al pa&iacute;s: en la Libertad Avanza deben compartir la biblioteca revisionista de Rick. Otra de las l&iacute;neas de pugna por el pasado es la <a href="https://www.eldiarioar.com/politica/dragon-ball-pakapaka-san-martin-ramiro-marra-estrategia-campana-troll_129_10557311.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reivindicaci&oacute;n de la &ldquo;Hispanidad&rdquo; y de la ciudadan&iacute;a espa&ntilde;ola</a>, blasones empolvados de Vox que Marra o Villarruel importan por una aduana demasiado laxa y, esperemos, poco pregnante en un pa&iacute;s que, aunque sea por razones futbol&iacute;sticas, sostiene cierto nacionalismo en sus s&iacute;mbolos.
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante de la era dorada propiamente nacional es que <strong>los libertarios logran proponer a las mayor&iacute;as un momento hist&oacute;rico que es el sue&ntilde;o eterno de las &eacute;lites aristocr&aacute;ticas: el privilegio se vuelve popular.</strong> Nuevamente, dimensiones observadas en una de las l&iacute;neas del pensamiento conservador norteamericano: cuestionar a los &ldquo;par&aacute;sitos privilegiados&rdquo; para defender &oacute;rdenes elitistas y fuertemente jerarquizados, prometer la innovaci&oacute;n, la libertad y el futuro a trav&eacute;s del pase m&aacute;gico de la fobia al Estado y a los acontecimientos claves de los dos partidos m&aacute;s importantes de la Historia argentina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>NI/DTC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalí Incaminato]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/importaciones-replicas-coordenadas-intelectuales-libertarios_129_10598094.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 Oct 2023 03:01:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Importaciones y réplicas: las coordenadas intelectuales de los libertarios]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Lo personal y lo político]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/personal-politico_129_10418161.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f6c82d88-a6e1-49b0-a9e8-a282b14a5fa4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo personal y lo político"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace unos días, dos episodios protagonizados por mujeres invocaron una de las frases más importantes del feminismo: “lo personal es político”. El primero surgió a partir de los dichos de la escritora Mariana Enríquez que, consultada por su mirada sobre la maternidad, enumeró una serie de aspectos negativos que ella simplemente no deseaba para su vida. El segundo episodio consiste en el fenómeno alrededor de la pelicula Barbie. Ambas intervenciones y sus efectos subrayan el lugar inestable de las implicancias de la mujer como sujeto social en nuestro tiempo.</p></div><p class="article-text">
        En el terreno de la fama, es muy dif&iacute;cil no ver una vida ejemplar en la narraci&oacute;n de una biograf&iacute;a. No hay razones para afirmar que esto es novedad, porque ciertamente no lo es, pero en la era de las redes y del descalabro de los l&iacute;mites entre lo &ldquo;personal&rdquo; y lo &ldquo;p&uacute;blico&rdquo;, la ejemplaridad est&aacute; al orden del d&iacute;a. La creaci&oacute;n de im&aacute;genes de autor, la subcultura influencer, el deseo del <em>engagement</em> y el marketing de productos<em> </em>hacen que la vida publicitada sea un <em>commodity </em>fundamental para la cultura audiovisual. Las afirmaciones identitarias o actitudinales de una figura generan, s&iacute; o s&iacute;, dos efectos premeditados: el &ldquo;todo lo que est&aacute; bien&rdquo; o el <em>hate</em>. En ese sustrato de yolleo incesante, sin embargo, destacan algunas voces por su singularidad, por su diferencia dada por qui&eacute;n habla, pero tambi&eacute;n por lo que dice de s&iacute; o por c&oacute;mo lo dice. <strong>Mariana Enr&iacute;quez</strong> es una de las escritoras argentinas que ha logrado reconocimiento internacional y a la vez un fandom muy anclado en las plataformas. En este contexto, era esperable que sus planteos sobre las implicancias de la maternidad sean motivo de opini&oacute;n y discusi&oacute;n. Lo m&aacute;s sensato ser&iacute;a abogar por una simple escucha desapasionada de su punto de vista, que acent&uacute;a todo lo que ella no podr&iacute;a hacer ni disfrutar si se dedicara a la crianza. Sin embargo, como planteamos, es muy dif&iacute;cil que el universo audiovisual no se experimente como un conjunto de modelos sociales a seguir y, a&uacute;n m&aacute;s, como un conjunto de im&aacute;genes y narrativas que contribuyen a construir o apuntalar nuestros deseos. Se han estudiado mucho los modos en que la maternidad tal como la conocemos (o tal como la conoc&iacute;amos) se configur&oacute; en ciertos periodos clave &mdash;seg&uacute;n algunos abordajes, desde el siglo XVIII<span class="highlight" style="--color:white;">&mdash; </span>&nbsp;y c&oacute;mo las im&aacute;genes y narraciones de lo deseable tuvieron un rol fundamental en esa construcci&oacute;n: parte de &ldquo;ser&rdquo; mujer implicaba ser esposa y madre. En plena desestabilizaci&oacute;n y discusi&oacute;n abierta de los roles de g&eacute;nero, que incluye el debate por la maternidad, las frases de la autora de <em>Nuestra parte de noche</em> no iban a pasar desapercibidas. Era muy dif&iacute;cil que tanto las mujeres que no quieren maternar como las que s&iacute; lo hacen o lo desean no se sintieran tocadas, incitadas, convocadas a hablar y hablarse. Algunas voces, en general masculinas, esgrimieron en oraciones cansadas la cr&iacute;tica a todo el tenor del episodio: hacer de las propias decisiones un tema p&uacute;blico es inadecuado porque <em>lo personal no es pol&iacute;tico</em>.
    </p><p class="article-text">
        Los cuestionamientos en esta l&iacute;nea de la famosa frase muestran un derrotero marcado por los desplazamientos de su uso pero tambi&eacute;n por la incomprensi&oacute;n fundamental de su significado y nacimiento, que es necesario recuperar. El art&iacute;culo &ldquo;'Lo personal es pol&iacute;tico' en contexto&rdquo; de la fil&oacute;sofa <strong>Danila Su&aacute;rez Tom&eacute;</strong> es muy &uacute;til para entender el potente significado del lema, que fue y es central porque plantea la inexistencia de algo natural e inamovible en la divisi&oacute;n sexual y en los papeles sociales asignados a partir de ella. A fines de los sesenta, el feminismo pugnaba por demostrar que muchas dimensiones de lo real confinadas a lo privado -tales como el amor, la reproducci&oacute;n, la sexualidad, los modelos ideales de belleza y de comportamiento-<span class="highlight" style="--color:white;"> </span>en rigor deb&iacute;an ser asediadas desde perspectivas no androc&eacute;ntricas y pensarse como zonas atravesadas por relaciones de poder. Y dado que lo p&uacute;blico se constituye en buena medida a partir de la exclusi&oacute;n de lo privado, lo &ldquo;femenino&rdquo; y lo &ldquo;particular&rdquo;, el feminismo tambi&eacute;n pens&oacute; de forma cr&iacute;tica todo lo que qued&oacute; en la esfera de lo p&uacute;blico y lo masculino: la econom&iacute;a, la ciencia, la pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Los hombres producen y las mujeres reproducen, y esa divisi&oacute;n, constitutiva de los mismos alcances de lo &ldquo;personal&rdquo;, es pol&iacute;tica: es una trama de relaciones de dominaci&oacute;n repetida y sostenida. Las feministas, tal como plantea Su&aacute;rez Tom&eacute;, cuestionaron la idea de que una revoluci&oacute;n de lo dom&eacute;stico no tiene sentido, porque all&iacute; es donde se encuentran relaciones de poder fundamentales. En este contexto de debates era esgrimida la frase &ldquo;lo personal es pol&iacute;tico&rdquo;; as&iacute; se titula un breve art&iacute;culo de la feminista norteamericana <strong>Carol Hanisch</strong>, escrito en 1969. El texto responde a la objeci&oacute;n sobre el car&aacute;cter pol&iacute;tico del movimiento de liberaci&oacute;n de las mujeres y de grupos terap&eacute;uticos promovidos por el feminismo de esa &eacute;poca, en los que las mujeres se reun&iacute;an y hablaban de su existencia cotidiana para tomar conciencia de los mecanismos opresivos que operaban en sus vidas. Mediante este m&eacute;todo, las participantes ca&iacute;an en la cuenta de que sus infortunios individuales en realidad se originan en un sistema transpersonal de dominaci&oacute;n sexista. Por este motivo, la autoconciencia implicaba comprender las condiciones objetivas que perjudican a las mujeres, o sea, comprender que los problemas personales tambi&eacute;n eran problemas pol&iacute;ticos. 
    </p><p class="article-text">
        Por fuera del feminismo, varios estudios hist&oacute;ricos y sociol&oacute;gicos tambi&eacute;n han demostrado el car&aacute;cter pol&iacute;tico de aquello articulado como &ldquo;personal&rdquo;: es extra&ntilde;o que tanta gente inteligente imagine que se puede despolitizar la sexualidad y la reproducci&oacute;n, dos territorios particularmente asediados y regulados por el Estado desde hace mucho tiempo. Desde el siglo XVIII hasta la relativamente reciente noci&oacute;n de &ldquo;capital humano&rdquo;, para todo gobierno es fundamental lo que hace una mujer con su maternidad y lo que sucede en el hogar y en la instituci&oacute;n familiar, porque all&iacute; se ven los pilares de la administraci&oacute;n de la sociedad y de la econom&iacute;a. La mujer fue uno de los objetos privilegiados de observaci&oacute;n y de intervenci&oacute;n de su cuerpo: edad de fertilidad, edad de matrimonio, nacimientos leg&iacute;timos e ileg&iacute;timos, la anticoncepci&oacute;n, todos fueron objetivos de la pol&iacute;tica, de la econom&iacute;a y de la ciencia. 
    </p><p class="article-text">
        Luego de este recorrido, podemos volver a interrogar los dichos de Mariana Enr&iacute;quez desde otra luz: adem&aacute;s de su experiencia personal, de sus deseos propios y sus gustos, la escritora le hace se&ntilde;as a una problem&aacute;tica pol&iacute;tica fundamental: la cuesti&oacute;n del tiempo y su v&iacute;nculo con el g&eacute;nero. En Argentina, el 90% de las mujeres realizan trabajo dom&eacute;stico no remunerado ante un 69 % de hombres que lo hacen, y de ese porcentaje que realizan esas tareas, ellas le dedican 4 horas por d&iacute;a, mientras que ellos le destinan 2:38 horas. Este estado de cosas demuestra que, dada esta desigualdad <em>objetiva</em>, los planteos sobre lo que se pierde en la maternidad tienen una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica. Por lo tanto, contar con esa reflexi&oacute;n y con otros modelos, distintos a las im&aacute;genes edulcoradas de las esposas con un buen pasar econ&oacute;mico que inundan la imaginer&iacute;a femenina audiovisual, colaboran en que nuestras decisiones sean genuinamente libres. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vidas ficcionales y vidas liberadas</strong>
    </p><p class="article-text">
        La barbieman&iacute;a colorea de rosa el receso invernal. Todos los n&uacute;meros que rodean la pel&iacute;cula dirigida por <strong>Greta Gerwig</strong> y protagonizada por <strong>Margot Robbie</strong> est&aacute;n glorificados por los laureles de los r&eacute;cords.
    </p><p class="article-text">
        Es un film, a todas luces, feminista: a partir de un gran trabajo con varios t&oacute;picos y procedimientos art&iacute;sticos cl&aacute;sicos y, en especial, mediante la parodia y la autoiron&iacute;a, el guion de Gerwig y Baumbach explora varios de los nudos propios del lema &ldquo;lo personal es pol&iacute;tico&rdquo;: las relaciones de poder, los mecanismos brutos y sutiles de la dominaci&oacute;n masculina, los roles de g&eacute;nero y las divisiones propias de un orden patriarcal en la era del feminismo mercantilizado se muestran y a la vez se satirizan. Consciente de que el hiperb&oacute;lico marketing constituye el &ldquo;pinkwashing&rdquo; definitivo para la empresa Mattel (y otras industrias tales como las de la belleza y la moda) la pel&iacute;cula se critica a s&iacute; misma desde el interior: ella misma es parte de una maquinaria consumista que replica aquello mismo que cuestiona en su mensaje y eso es parte del material para el humor. No es necesario leer a Slavoj &#381;i&#382;ek para comprender el tipo de movimiento ya conocido en la industria cultural de la actualidad; Mattel es capaz de producir un film que critica a la propia empresa, que pone en cuesti&oacute;n los aspectos negativos de la Barbie y de una industria para consumidoras mujeres manejada por hombres; el sistema ironiza sobre s&iacute; mismo y eso, lejos de afectar, lo fortalece, asegura su supervivencia. 
    </p><p class="article-text">
        Si nos quedamos en esta l&iacute;nea, Gerwig, Baumbach y Robbie ser&iacute;an meros eslabones de una lavada de cara de la mu&ntilde;eca y del tipo de feminismo <em>girl boss</em> y neoliberal m&aacute;s apto para el 1 % que para el 99 % de las mujeres. El hecho de que las acciones de Mattel hayan crecido exponencialmente y que los mercados de moda y cuidado personal se alimenten hasta el hartazgo del <em>barbiecore </em>dar&iacute;an la raz&oacute;n a una cr&iacute;tica total de este tenor. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, algo resta: la pel&iacute;cula logra, por sus aciertos formales e ideol&oacute;gicos, imponer un peque&ntilde;o caballo de Troya (uno rosado, si se quiere) a un mainstream que siempre ser&aacute; desconflictualista. Es un logro por dos v&iacute;as: una es la distancia ir&oacute;nica y el humor sobre el tipo de feminismo que puede proponer una cultura a cargo de empresas que encuentran rentable la cultura &ldquo;woke&rdquo;. Otra de las v&iacute;as es una suerte de existencialismo rosa, que indaga <span class="highlight" style="--color:white;">&mdash;</span>bajo la apariencia de la banalidad<span class="highlight" style="--color:white;">&mdash; </span>las experiencias fundamentales de lo humano: la identidad, la ficci&oacute;n y el ideal que dan forma a una vida, la mirada de los otros y su prisi&oacute;n, la incomodidad inevitable de la libertad. No hay que olvidar, en este punto, que Greta Gerwig curs&oacute; estudios de filosof&iacute;a en sus a&ntilde;os de estudiante. Es imposible no apreciar el atractivo de ver a ni&ntilde;as vestidas de rosa acompa&ntilde;adas de sus padres siendo espectadoras de los efectos perturbadores de la pregunta por la muerte y de la pregunta por el poder, dos cuestiones subrayadas en el film. Es como si Gerwig, a trav&eacute;s de la infantilizaci&oacute;n nost&aacute;lgica de una cultura que quiere recrear en un mundo adulto el universo de las famosas mu&ntilde;ecas, hiciera entrar al poliz&oacute;n del problema de la desestabilizaci&oacute;n radical y el miedo que nos genera la finitud y el deseo de libertad. Es una trampa o una treta del d&eacute;bil, una estrategia conocida en las mujeres que producen en un orden hostil y que forma parte de la trama de la pel&iacute;cula. Tambi&eacute;n ingresa, claramente, un mensaje que desde el feminismo ya se ha buscado, hace d&eacute;cadas, en el c&eacute;lebre juguete para nenas; las mujeres pueden ser cualquier cosa en ese mundo: presidentas, constructoras, astronautas, abogadas. No obstante, hay un precio: se niega la maternidad, sus incomodidades y tensiones.
    </p><p class="article-text">
        Luego de salir del cine, al igual que Barbie, observamos que el mundo real est&aacute; muy lejos del ideal de ficci&oacute;n.<strong> En Argentina, reci&eacute;n este mes se derog&oacute; una ley vigente desde 1924 que prohib&iacute;a a las mujeres el desempe&ntilde;o en actividades consideradas &ldquo;masculinas&rdquo; y, obviamente, mejor remuneradas que las consideradas &ldquo;femeninas&rdquo;.</strong> La divisi&oacute;n del universo laboral explica la brecha salarial: las mujeres pueden insertarse en ramas menos valoradas y la diferencia de salario con los hombres es del 27,7 %; esto significa que las mujeres ocupadas debieron trabajar 8 d&iacute;as y 10 horas m&aacute;s que los varones para ganar lo mismo que ellos en un mes. Nuevamente: el tiempo, el poder y la finitud. En consonancia con esa desigualdad laboral, todos los sectores de poder econ&oacute;mico, judicial y sindical en Argentina son masculinizados en extremo. La figura pol&iacute;tica femenina m&aacute;s importante de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas est&aacute; proscripta y casi todas las campa&ntilde;as electorales han decidido que la &ldquo;agenda de g&eacute;nero&rdquo; es piantavotos, s&iacute;, a&uacute;n en el pa&iacute;s con cifras alarmantes de transfemicidios. 
    </p><p class="article-text">
        La <em>Barbie </em>de Gerwig tiene los elementos para generar el efecto de extra&ntilde;amiento ante este estado de cosas. Siempre queda en el terreno de las espectadoras la posibilidad de que la ficci&oacute;n cambie la conciencia y modifique la realidad. Aunque sea una sola la que se haga preguntas inusitadas a la salida del cine, ya vale la pena.
    </p><p class="article-text">
        <em>NI</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalí Incaminato]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/personal-politico_129_10418161.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Jul 2023 03:02:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo personal y lo político]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismos,Barbie,Mariana Enriquez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sombra terrible del neoliberarismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sombra-terrible-neoliberarismo_129_10362137.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57ac7bb4-14fe-4eb4-81f5-5db5afd28d54_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sombra terrible del neoliberarismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la postdictadura, el peronismo es impensable sin el neoliberalismo, sea para instalarlo en Argentina o para oponerse a él, plantea la autora que explora los porqué del "nuevo consenso de Washington" que impulsa la administración de Joe Biden, y la vincula con la oferta electoral argentina corrida a la derecha. Lo que expresa Massa en ese mapa desparejo y la paradoja de Cristina: invocaciones y límites.</p></div><p class="article-text">
        La novela de <strong>J. G. Ballard</strong> <em>El rascacielos</em> (<em>High-Rise</em>) imagina un edificio de cuarenta pisos que se convierte en un territorio de guerra violenta entre sus inquilinos. El colosal y lujoso proyecto de urbanizaci&oacute;n, lleno de comodidades, es habitado por un nutrido conjunto de profesionales que disfrutan de un h&aacute;bitat personalizado: &ldquo;El rascacielos hab&iacute;a sido dise&ntilde;ado como una vasta maquinaria destinada a servir no a la colectividad de los ocupantes sino al residente individual y aislado&rdquo;, se narra. Sin embargo, los antagonismos entre los vecinos, azuzados por problemas t&eacute;cnicos del edificio, rompe la id&iacute;lica morada y, muy a lo Ballard, los conflictos derivan en un frenes&iacute; de destrucci&oacute;n. Los estratos sociales se acent&uacute;an, la hostilidad no cesa, mientras los pisos superiores comandan las funciones y dominan la vida del edificio. El rascacielos permit&iacute;a la libertad de comportamiento y era un modelo que, a pesar de su inviabilidad social, &ldquo;crec&iacute;a al calor de la reducci&oacute;n de las inversiones en el &aacute;rea de la vivienda p&uacute;blica y la alta rentabilidad de las mismas en el sector privado&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La democracia es objeto de ansiedades e interrogaciones y su amenaza no es ya el fantasma del comunismo sino otro tipo de insurrecciones. El neofascismo crece en encuestas y en propuestas políticas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A medida que avanza la novela, aumentan los sentimientos de rencor hacia los habitantes m&aacute;s encumbrados, sin embargo a los menos favorecidos les es dif&iacute;cil organizar un contraataque dada la falta de cohesi&oacute;n e intereses propios de los vecinos en los pisos inferiores, una &ldquo;turba confusa&rdquo; solo unida por una com&uacute;n sensaci&oacute;n de impotencia. As&iacute;, se abre paso <strong>al &uacute;nico desenlace posible: una violencia desbocada y sin norte que coexiste con las rutinas de la vida cotidiana, hasta finalizar en la anomia de un desierto edilicio homicida.</strong> Este es el &ldquo;Nuevo mundo&rdquo; de ruinas, un &ldquo;futuro que hab&iacute;a llegado ya, un futuro agotado&rdquo; que avizora Ballard en 1975.
    </p><h3 class="article-text">Fallas m&uacute;ltiples</h3><p class="article-text">
        Cuarenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde, la adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica de <em>High-Rise </em>dirigida por<strong> Ben Wheatley </strong>realiza la conexi&oacute;n directa con el neoliberalismo: la pel&iacute;cula termina con un discurso de Margaret Thatcher articulando sus cl&aacute;sicas loas al libre mercado, su voz emana desde la punta del rascacielos y corona la destrucci&oacute;n social, al mismo tiempo que reafirma el intento de ciertas ficciones de alertar sobre los da&ntilde;os del neoliberalismo.
    </p><p class="article-text">
        En ese horizonte estamos: un periodo marcado por la crisis de 2008 y por la pandemia, en el que el orden actual delata sus fallas por m&uacute;ltiples lugares y sus resoluciones distan de ser un&iacute;vocas y estables. La democracia es objeto de ansiedades e interrogaciones y su amenaza no es ya el fantasma del comunismo sino otro tipo de insurrecciones. El neofascismo crece en encuestas y en propuestas pol&iacute;ticas. Las ficciones de Hollywood y de plataformas exploran, de manera mucho m&aacute;s intensa y did&aacute;ctica que en d&eacute;cadas anteriores, el viejo y conocido t&oacute;pico de la lucha de clases.
    </p><p class="article-text">
        En la compilaci&oacute;n<em> Otro capitalismo tiene que ser posible. Pensar por fuera de la ortodoxia </em>(Siglo XXI, 2023) la editora <strong>Mariana Mazuccato</strong> resume el panorama y, en l&iacute;nea con otros autores, reafirma la incompatibilidad entre este capitalismo y la democracia. <strong>La desigualdad, la exclusi&oacute;n y la polarizaci&oacute;n ponen en jaque el ideal liberal de un </strong><em><strong>locus </strong></em><strong>com&uacute;n, un umbral de comunicaci&oacute;n que es fundamental para la vida democr&aacute;tica.</strong> Los ajustes fiscales fueron defectuosos, la tercerizaci&oacute;n y la globalizaci&oacute;n tuvieron consecuencias negativas y el sector financiero cada vez gasta m&aacute;s en s&iacute; mismo y no en bienes como infraestructura o innovaci&oacute;n. La mayor parte de la sociedad queda en desventaja ante estos cambios, excluida o con salarios estancados, lo cual genera una profunda sensaci&oacute;n de impotencia, una desconfianza profunda hacia las &eacute;lites y hacia las instituciones conocidas: el caldo de cultivo perfecto para el miedo, los chivos expiatorios y los l&iacute;deres que se ofrecen como los aniquiladores de los par&aacute;sitos. El rascacielos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nacionalismo, industrialismo, crítica a la desigualdad, regulaciones estatales: la tentación de bromear sobre una peronización de Estados Unidos es demasiado fuerte y varios incurrieron en la comparación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esta perspectiva acent&uacute;a el car&aacute;cter econ&oacute;mico del neoliberalismo, <strong>pero otras lecturas siguen la hip&oacute;tesis de Michel Foucault seg&uacute;n la cual, antes que nada, el neoliberalismo es una serie de t&eacute;cnicas pol&iacute;ticas, un arte de gobernar.</strong> Esta idea es fundamental para varios textos que critican al neoliberalismo en su dimensi&oacute;n de lo biopol&iacute;tico, de la administraci&oacute;n de la vida: se trata de una racionalidad que fundamenta concepciones del desarrollo humano y atraviesa las relaciones de los individuos con internet y las nuevas tecnolog&iacute;as. Sin embargo, a partir de sucesos recientes, ha primado la cr&iacute;tica a las consecuencias del neoliberalismo en t&eacute;rminos de un programa econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        El ascenso de <strong>Donald Trump</strong>, por ejemplo, se ha le&iacute;do como un s&iacute;ntoma de un sistema fallido.<strong> Otro s&iacute;ntoma es la proclama de un &ldquo;Nuevo consenso de Washington&rdquo; por parte de Jake Sullivan, el asesor de seguridad nacional de Joe Biden. </strong>En mayo de este a&ntilde;o, defini&oacute; este nuevo consenso como una respuesta al fracaso del conocido Consenso de Washington de fines de 1980, caracterizado por una fe extendida en la globalizaci&oacute;n, la desregulaci&oacute;n y la racionalidad benefactora de los mercados; as&iacute; como tambi&eacute;n por la prelaci&oacute;n del sector financiero respecto de otros sectores de la econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Este optimismo ortodoxo mostr&oacute; sus grietas, ya demasiado expuestas como para no proponer otro paradigma, sustentado por mayores regulaciones, inversiones gubernamentales y por la revalorizaci&oacute;n del rol del estado en la estrategia industrial. Sullivan agrega el problema del cambio clim&aacute;tico y la evidencia de la desigualdad como un n&eacute;mesis de la democracia, luego de cuestionar el &eacute;nfasis en la eficacia de los mercados tanto para crecer como para distribuir la riqueza de la mejor manera. Nacionalismo, industrialismo, cr&iacute;tica a la desigualdad, regulaciones estatales: la tentaci&oacute;n de bromear sobre una peronizaci&oacute;n de Estados Unidos es demasiado fuerte y varios pol&iacute;ticos locales incurrieron en la comparaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es necesario matizar y recordar que el &ldquo;Nuevo Consenso&rdquo; se articula cuando el Ave de Minerva del beneficio a las grandes corporaciones ya despleg&oacute; sus alas, cuando ya de hecho los grandes magnates y los sectores triunfantes cumplen funciones del Estado y deciden seg&uacute;n sus deseos sobre cuestiones de bien p&uacute;blico. Esta situaci&oacute;n de poder extremo de las &eacute;lites econ&oacute;micas ha sido caracterizada por economistas como <strong>Yanis Varoufakis</strong> o <strong>Paul Krugman</strong> en t&eacute;rminos de &ldquo;neo feudalismo&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La incógnita sobre la nueva forma del peronismo seguirá en resolución, en un horizonte global incierto en el que ya no cuenta con una clara hegemonía neoliberal a la cual plegarse pero tampoco de una clara oposición contundente luego de un estallido</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Es evidente, y el propio Sullivan lo se&ntilde;ala, que estos cambios obedecen a un dominio norteamericano amenazado en especial por China, y por los efectos de vaciamiento que la globalizaci&oacute;n y la pandemia tuvieron en la industria norteamericana debido a la exportaci&oacute;n de fuentes de trabajo y la p&eacute;rdida de control sobre cadenas de abastecimiento. El asesor, no obstante, pretende generalizar el neo consenso a nivel global: el compromiso es de no &ldquo;dejar a nuestros amigos detr&aacute;s&rdquo; y abordar los problemas de deuda que enfrenta una cantidad creciente de pa&iacute;ses vulnerables, a partir de una colaboraci&oacute;n en un alivio genuino m&aacute;s all&aacute; del &ldquo;extending and pretending&rdquo;; para dicho alivio tanto los gobiernos como los privados deber&iacute;an compartir la carga. En estas l&iacute;neas, se anhela un mensaje auspicioso para nuestro pa&iacute;s, asfixiado por el FMI.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, las desconfianzas en ese esp&iacute;ritu solidario con los pa&iacute;ses endeudados no tardan en aparecer. El economista marxista brit&aacute;nico <a href="https://www.sinpermiso.info/textos/la-economia-de-oferta-moderna-y-el-nuevo-consenso-de-washington" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Michael Roberts</strong></a> afirma que el &ldquo;Nuevo consenso&rdquo; busca sostener la hegemon&iacute;a del capital estadounidense y sus aliados con un enfoque distinto, pero no ofrece nada a los pa&iacute;ses que enfrentan niveles de deuda crecientes. Mientras que para Estados Unidos se propone una estrategia industrial, m&aacute;s controles comerciales y de capital, m&aacute;s inversi&oacute;n p&uacute;blica y m&aacute;s impuestos a los ricos, los pa&iacute;ses endeudados del Sur Global enfrentan un empobrecimiento sin perspectivas de mejora seg&uacute;n el Banco Mundial. De estos pa&iacute;ses se espera austeridad fiscal y recorte del gasto; muy lejos de las seducciones anti ortodoxia de la administraci&oacute;n Biden.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Massa, el tenaz fullero del poder, el de “los amigos con plata”, no se candidatea para gobernar el nacionalista EEUU de Biden. Se candidatea para gobernar la argentina del FMI, el peronismo de la escasez de dólares</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">Doble vara</h3><p class="article-text">
        Ante esta encrucijada, entre estas dobles varas del fin del neoliberalismo, en la primera aparici&oacute;n junto al candidato a presidente por el peronismo <strong>Sergio Massa</strong>, <strong>Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner&nbsp;</strong>finaliz&oacute; con la siguiente admonici&oacute;n: &ldquo;El neoliberalismo quiere como a d&eacute; lugar, a palos o como sea que los trabajadores acepten cualquier resultado de sus ingresos. Les tenemos malas noticias, hay muchos peronistas todav&iacute;a en la Rep&uacute;blica Argentina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la postdictadura, el peronismo es impensable sin el neoliberalismo. Ya sea para instalarlo en Argentina de la mano de Menem o para oponerse a &eacute;l de la mano de los Kirchner, los ataques o las defensas del rol del Estado, de la intervenci&oacute;n, la condena o no a la desigualdad y las odas o los vituperios al individualismo consumista forman parte de los discursos, leyes y pasiones de la pol&iacute;tica argentina de las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas. Es imposible, entonces, no sentir una suerte de eco tard&iacute;o en tantas manifestaciones y debates en pa&iacute;ses desarrollados, y una suerte de <em>d&eacute;j&agrave; vu</em> tem&aacute;tico, que seguramente anim&oacute; la referencia humor&iacute;stica de Cristina a &ldquo;Juan Domingo Biden&rdquo;, como comentario a uno de los hilos de Twitter del presidente de los Estados Unidos que propon&iacute;a los puntos principales de una econom&iacute;a &ldquo;pos neoliberal&rdquo;. Es un lente peronizador similar el que el candidato Sergio Massa aplic&oacute; a su contacto de la administraci&oacute;n Biden, <strong>Juan Sebasti&aacute;n Gonz&aacute;lez</strong>, director de Asuntos para Am&eacute;rica Latina en el Consejo de Seguridad Nacional. Al parecer, Massa ha insistido en la participaci&oacute;n de Gonz&aacute;lez en las marchas en contra del FMI en Nueva York, y esgrimi&oacute; la esperable humorada: &ldquo;Gonz&aacute;lez es peronista&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero Massa, el tenaz </strong><em><strong>fullero </strong></em><strong>del poder, el de &ldquo;los amigos con plata&rdquo;, no se candidatea para gobernar el nacionalista, intervencionista y concernido por la desigualdad Estados Unidos de Biden.</strong> Se candidatea para gobernar la argentina del FMI, el peronismo de la escasez de d&oacute;lares en un momento hist&oacute;rico de oferta electoral corrida a la derecha econ&oacute;mica. Este muestrario deja comparativamente a Massa lejos del representante m&aacute;s cabal del neoliberalismo; ante Milei quien cree que despu&eacute;s del Nobel a Friedman no existi&oacute; el Nobel a Stiglitz o Krugman, y ante la inicua <strong>Patricia Bullrich</strong> que promete coraje para recortar salvajemente el gasto y reprimir sin concesiones a los &ldquo;par&aacute;sitos de la gente&rdquo;, Massa se presenta como un candidato de estabilidad de los mercados, pero tambi&eacute;n como el candidato de la obra p&uacute;blica que garantizar&aacute; los d&oacute;lares necesarios para la cr&oacute;nica escasez de la divisa.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es Cristina quien está más a tono, hace años, con las críticas más efectivas al neoliberalismo a nivel mundial, pero la coyuntura nacional de crisis y las soluciones del horizonte posible la atrapan en un espacio demasiado reducido</p>
          </div>

  </blockquote><h3 class="article-text">Orden marcial</h3><p class="article-text">
        El trabajo, los recursos naturales y el acento en la soberan&iacute;a nacional permiten articular a los distintos miembros de la nueva coalici&oacute;n en la campa&ntilde;a electoral, ante una oposici&oacute;n que promete un orden marcial. No obstante, no todas las voces influyentes del anti peronismo demuestran la falta de registro de los fracasos neoliberales: <strong>Carlos Pagni</strong> en su bestseller<em> El nudo </em>afirma que los a&ntilde;os de la convertibilidad, y sobre todo su crisis, &ldquo;engendraron un nuevo pa&iacute;s. Se inaugur&oacute; un ciclo con indicadores socioecon&oacute;micos intolerables para la imagen que la sociedad ten&iacute;a de s&iacute; misma. Emergieron, como una evidencia inc&oacute;moda y con una extensi&oacute;n inocultable, el desempleo y la pobreza.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Queda en un interrogante cu&aacute;nto de los discursos sobre el fin del neoliberalismo y del &ldquo;Nuevo consenso de Washington&rdquo; puedan convertirse en un nuevo consenso argentino, propugnado especialmente por Cristina, la que m&aacute;s reitera la importancia de la igualdad, de la protecci&oacute;n de los intereses nacionales y del control a los m&aacute;s beneficiados econ&oacute;micamente. La vicepresidenta se encuentra en una notable paradoja: es ella quien est&aacute; m&aacute;s a tono, hace a&ntilde;os, con las cr&iacute;ticas m&aacute;s efectivas al neoliberalismo a nivel mundial, pero la coyuntura nacional de crisis y las soluciones del horizonte posible la atrapan en un espacio demasiado reducido.
    </p><p class="article-text">
        La citada presentaci&oacute;n en el acto por la recuperaci&oacute;n del avi&oacute;n de los vuelos de la muerte dej&oacute; asentada la insistencia de Cristina en apuntar a los grandes empresarios y al problema de la concentraci&oacute;n desigual del ingreso acentuada en la pandemia, a partir de una publicaci&oacute;n reciente del Fondo Monetario Internacional. <strong>Massa, por su parte, es conocido por sus nexos y la aquiescencia de un poder cada vez m&aacute;s cuestionado por el anti neoliberalismo: el poder financiero, cada vez menos abocado a la inversi&oacute;n productiva. </strong>Quiz&aacute;s, los d&oacute;lares producto de cosechas sin sequ&iacute;as, la explotaci&oacute;n del litio y los beneficios del Gasoducto Presidente N&eacute;stor Kirchner aceiten las tensiones y los intereses divergentes, pero la inc&oacute;gnita sobre la nueva forma del peronismo seguir&aacute; en resoluci&oacute;n, en un horizonte global incierto en el que ya no cuenta con una clara hegemon&iacute;a neoliberal a la cual plegarse pero tampoco de una clara oposici&oacute;n contundente luego de un estallido. <strong>Michel Foucault sugiri&oacute; en 1979 que la &uacute;nica manera de escapar de la gubernamentalidad neoliberal es inventar otra gubernamentalidad.</strong> La pregunta local es qu&eacute; aportar&aacute; el peronismo en esas nuevas invenciones que ya est&aacute;n en marcha;<strong> &iquest;Puede haber un arte de gobernar peronista en la era de la crisis del Consenso de Washington desde la periferia, uno nuevo que </strong><a href="https://nuso.org/articulo/crisis-neoliberalismo-historia-elites-capitalismo-protestas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>vuelva a la historia</strong></a><strong> m&aacute;s all&aacute; de la mera nostalgia por &eacute;pocas irrepetibles?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los fines del neoliberalismo recuerdan a la fatigada frase de <strong>Antonio Gramsc</strong>i: el viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer y en ese claroscuro surgen los monstruos. Quiz&aacute;s en ese espacio liminar crezca tambi&eacute;n lo que salva, la comunidad organizada que pueda fugarse del rascacielos. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;NI/PI
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalí Incaminato]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sombra-terrible-neoliberarismo_129_10362137.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Jul 2023 03:01:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sombra terrible del neoliberarismo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El género en disputa: el voto libertario y el post-feminismo de Las Pibas de Milei]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/genero-disputa-voto-libertario-post-feminismo-pibas-milei_129_10323102.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba75cafe-0b34-44df-926f-4364c4559b38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El género en disputa: el voto libertario y el post-feminismo de Las Pibas de Milei"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El universo electoral que respalda a Javier Milei tiene un alto predominio de hombres. Sin embargo, según observa la autora, la masculinización del votante no se refleja en el núcleo duro del candidato. Su hermana y su madre forman parte de un armado político leído sardónicamente en clave freudiana. </p></div><p class="article-text">
        El &ldquo;fen&oacute;meno&rdquo; libertario, como se sabe, forma parte hace tiempo del panorama pol&iacute;tico y cultural argentino. A&uacute;n con sus altos y bajos, sus figuras, modos discursivos e ideas inundan las pol&eacute;micas, mueven los ratings, los algoritmos y moldean las previsiones en a&ntilde;o electoral. Con la cl&aacute;sica excitaci&oacute;n de los comicios y sus rutinas de rigor, emergen las encuestas y la gran mayor&iacute;a muestra una diferencia notable en el g&eacute;nero de los votantes ante la candidatura de <strong>Javier Milei</strong>. Solo por mencionar una, la Consultora Proyecci&oacute;n muestra que, en este mes y <strong>en la Provincia de Buenos Aires, la intenci&oacute;n de voto al l&iacute;der de La Libertad Avanza es de un 21,5 % de los varones contra un 11 % de las mujeres.</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿En tan poco tiempo la juventud en su totalidad había olvidado los pañuelos verdes y las banderas arco iris para cantar La Renga y entusiasmarse con la versión criolla de la Alt-right? </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por supuesto, para los usuarios activos de redes sociales y testigos de primera mano de la articulaci&oacute;n de las &ldquo;nuevas&rdquo; derechas &#8213;hace muchos a&ntilde;os, en Estados unidos&#8213; estos datos son parte de lo esperable, pero la narraci&oacute;n sobre el libertarianismo y el avance de Milei por buena parte del periodismo y del an&aacute;lisis pol&iacute;tico local no parec&iacute;a tener en cuenta la masculinizaci&oacute;n. Se us&oacute; y abus&oacute; del sintagma &ldquo;los j&oacute;venes&rdquo; como agentes del giro a la derecha, se insisti&oacute; en la &ldquo;rebeld&iacute;a&rdquo; de Milei, as&iacute; como hace cuatros a&ntilde;os se hab&iacute;a insistido en la &ldquo;revoluci&oacute;n de la marea verde&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El resultado parece extra&ntilde;o, esquizofr&eacute;nico. &iquest;En tan poco tiempo la juventud en su totalidad hab&iacute;a olvidado los pa&ntilde;uelos verdes y las banderas arco iris para cantar <strong>La Renga</strong> y entusiasmarse con la versi&oacute;n criolla de la <em>Alt-right</em>? Algo no cierra en la imagen esquem&aacute;tica y de reemplazo que nos dan los efectivos diagn&oacute;sticos period&iacute;sticos.
    </p><h3 class="article-text">Brechas</h3><p class="article-text">
        Algunos especialistas acad&eacute;micos le han restado importancia al asunto de la masculinizaci&oacute;n o han matizado esta tendencia. El soci&oacute;logo y antrop&oacute;logo <strong>Pablo Seman</strong>, en una entrevista con <strong>Alejandro Bercovich</strong>, afirma que se encuentra con votantes femeninas de la opci&oacute;n libertaria, y que el repertorio de defensa de las mujeres contra las agresiones de g&eacute;nero ya forma parte del sentido com&uacute;n, con lo cual alcanza a las &ldquo;pibas&rdquo; que votan a Milei. Por su parte, el especialista <strong>Sergio Morresi </strong>se&ntilde;ala en <a href="https://www.enredando.org.ar/2023/06/11/el-ensamble-libertario/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una entrevista</a> que si bien hay una brecha de g&eacute;nero, no es tan aguda, y deja como interrogante abierto si se mantendr&aacute; esa diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Sin desestimar estos atenuantes, lo cierto es que, ante los datos, algunas voces comienzan a interrogar y proponer hip&oacute;tesis sobre la cuesti&oacute;n. El dossier &ldquo;Las juventudes en a&ntilde;o electoral&rdquo; de Zuban y C&oacute;rdoba revela en su estudio correspondiente a enero de este a&ntilde;o que &ldquo;existen diferencias estad&iacute;sticamente significativas entre las preferencias expresadas por varones y mujeres j&oacute;venes&rdquo;: el 62,4% de los varones consideran que el Partido Libertario es el que genera m&aacute;s pol&iacute;ticas para j&oacute;venes y el 61% de mujeres consideran que, al contrario, es el Frente de Todos. Las preferencias electorales tienen porcentajes similares, ante lo cual los encuestadores plantean que<strong> &ldquo;el v&iacute;nculo entre g&eacute;neros, juventudes y preferencias pol&iacute;ticas debe ser profundizado y los datos nos invitan a preguntarnos si las agendas feministas inciden en esa relaci&oacute;n&rdquo;.</strong>
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                Carolina Píparo y Victoria Villarruel, candidata a gobernadora bonaerense y a vicepresidente                            </span>
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        Ese v&iacute;nculo es el que tratar&eacute; de razonar en estas l&iacute;neas, en una de sus dimensiones fundamentales: el libertarianismo es, en buena medida, una subcultura. M&aacute;s espec&iacute;ficamente, una subcultura fuertemente arraigada en Internet. Dado nuestro car&aacute;cter epigonal y fuertemente traductor de ideas y de formatos globales, es necesario remitirse a los an&aacute;lisis realizados en Estados Unidos para comprender algunas de las caracter&iacute;sticas de estas manifestaciones. El ya cl&aacute;sico <em>Kill all normies </em>de <strong>Angela Nagle</strong>, publicado en 2017 desarrolla c&oacute;mo las guerras culturales de internet que nacieron en plataformas como <em>Tumblr </em>y <em>4chan </em>se articularon en la <em>Alt-right</em> norteamericana, preparada y latente para ser seducida por <strong>Donald Trump</strong>, mediante la asesor&iacute;a de figuras como <strong>Steve Bannon</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Es un camino que incluy&oacute; varias pr&aacute;cticas y diversos intereses: <strong>el simple gusto por la transgresi&oacute;n online, por la incorrecci&oacute;n, el deseo de proteger comunidades masculinizadas tales como los videojuegos de las &ldquo;invasiones&rdquo; violentas de la &ldquo;pol&iacute;tica&rdquo; o de la &ldquo;ideolog&iacute;a de g&eacute;nero&rdquo;, el crecimiento de youtubers incorrectos, el entusiasmo por el ciber bullying y, tambi&eacute;n, el liso y llano neofascismo.</strong> La trayectoria que explica Nagle incluye el surgimiento de influencers conservadores<em> </em>en las plataformas, algunos de los cuales lograron salir de esos espacios y participar de la esfera p&uacute;blica y se corona con el momento en el que &ldquo;el chiste ya no es gracioso&rdquo;: el final del camino en el que las expresiones de ultra derecha pasan al acto <em>offline</em>, en la forma de atentados o de la toma del Capitolio.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">La masculinización del votante de Milei no se refleja, es claro, en el núcleo duro del candidato. Su hermana y su madre forman parte de un armado político leído sardónicamente en clave freudiana</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Muchas de las figuras conocidas en la ultra derecha vern&aacute;cula son copias de la <em>Alt-right</em> como moda ideol&oacute;gica que penetr&oacute; en nuestro pa&iacute;s (a&uacute;n por fuera del libertarianismo): el abogado conservador, el youtuber con una m&aacute;scara, los replicantes de intelectuales neoconservadores para el cupo intelectual y las j&oacute;venes &ldquo;atractivas&rdquo; y antifeministas. En el panorama local, <strong>Juan Ruocco</strong> trabaja con los casos criollos de espacios virtuales plagados de memes y discursos marginales que crecieron hasta adue&ntilde;arse del debate p&uacute;blico. En su libro<em> &iquest;La democracia en peligro? Como los memes y otros discursos marginales de internet se apropiaron del debate p&uacute;blico </em>(Paid&oacute;s), Ruocco explica la din&aacute;mica de retroalimentaci&oacute;n entre usuarios, influencers, intelectuales conservadores y candidatos, un ecosistema que cataliza la aparici&oacute;n de Javier Milei.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Conservadurismo </strong><em><strong>light</strong></em></h3><p class="article-text">
        La clave en estas perspectivas es comprender el peso que tiene internet y las plataformas en la subjetivaci&oacute;n pol&iacute;tica de toda una generaci&oacute;n que ya no busca en esos espacios solo informaci&oacute;n ni entretenimiento, sino tambi&eacute;n afirmaci&oacute;n identitaria, comunidad y deseo de participaci&oacute;n. La divisi&oacute;n binaria de tareas de las plataformas, que claramente distingue espacios feminizados de masculinizados, es una de las claves para pensar por qu&eacute; los varones son m&aacute;s permeables al libertarianismo. Seg&uacute;n varios sondeos de consumos culturales, una red tan politizada como Twitter cuenta con un porcentaje mucho mayor de usuarios masculinos que de usuarias. La masculinizaci&oacute;n notable de los influencers por fuera de pr&aacute;cticas feminizadas (cuidado personal, belleza, astrolog&iacute;a, cocina, far&aacute;ndula) es una clave explicativa de las ideolog&iacute;as a las que pueden estar expuestos los usuarios seg&uacute;n su g&eacute;nero, y es tambi&eacute;n clave para pensar una tendencia anti feminista o &ldquo;anti progresista&rdquo; en internet en general: <strong>los libertarios no hubiesen crecido sin el empuj&oacute;n de grandes figuras de plataformas que trafican una suerte de conservadurismo </strong><em><strong>light </strong></em><strong>y silvestre, sin marco te&oacute;rico.</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las camperas de cuero, el rock, la agresividad casi troll es prerrogativa de los hombres, las mujeres libertarias más visibles adoptan más bien una actitud adocenada, bastante lejana de la estética revulsiva.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hay otra cuesti&oacute;n interesante para pensar la masculinizaci&oacute;n de este voto: el tipo espec&iacute;fico de rebeld&iacute;a que el libertarianismo propone. Es una forma que hay que comprender a la luz de la investigaci&oacute;n de <strong>Kevin Mattson</strong> <em>Todos rebeldes! Una breve historia del pensamiento conservador en la Am&eacute;rica de la postguerra</em>, de 2008. Seg&uacute;n este autor, en la etapa de <strong>Ronald Reagan </strong>ciertas voces dentro del conservadurismo se alzaron para proponer otras maneras de intervenir pol&iacute;ticamente en el espacio p&uacute;blico. Uno de ellos, <strong>David Horowitz</strong>, era de izquierda y se le ocurri&oacute; meter ese esp&iacute;ritu revulsivo y contestatario a su nuevo hogar ideol&oacute;gico, el partido republicano, plagado de miradas m&aacute;s moralistas y serias. Ese nuevo br&iacute;o deb&iacute;a articularse como una rebeld&iacute;a permanente ante un &ldquo;establishment&rdquo;. Para Horowitz, y a&ntilde;os m&aacute;s tarde<strong> para toda la pol&iacute;tica de internet y de la ultraderecha, la agresi&oacute;n es ventajosa porque la pol&iacute;tica es una guerra de posiciones</strong>: un mal Nietzsche de bolsillo para matones.
    </p><p class="article-text">
        Sobre esta apuesta general se monta una est&eacute;tica y una actitud que localiza en los varones esa rebeld&iacute;a. Las camperas de cuero, el rock, la agresividad casi troll es prerrogativa de los hombres, las mujeres libertarias m&aacute;s visibles adoptan m&aacute;s bien una actitud adocenada, bastante lejana de la est&eacute;tica revulsiva. Este modelo diferencial de &ldquo;Rebelde sin causa&rdquo; fue explicitado en 2021 por el asesor de Milei, <strong>Mario Russo</strong>, polit&oacute;logo y especialista en lenguaje no verbal; en una entrevista de <a href="https://revistacrisis.com.ar/notas/el-duran-barba-detras-de-milei" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Revista Crisis</em></a><em> </em>comenta <strong>&laquo;Yo quer&iacute;a un rockstar con campera de cuero que &iacute;bamos a equilibrar con una mujer conservadora (...) en t&eacute;rminos de imagen de campa&ntilde;a, dec&iacute;amos: &ldquo;necesitamos la novia de Recoleta del sure&ntilde;o motoquero, necesitamos que la campa&ntilde;a genere eso y se transmita&rdquo;&raquo;</strong>. Es un modelo, claro est&aacute;, dirigido a una fantas&iacute;a masculina.
    </p><p class="article-text">
        Estas consideraciones sobre la importancia de internet y de la imagen de rebeld&iacute;a no significan sacarle peso a la crisis econ&oacute;mica y a la acumulaci&oacute;n de experiencias gubernamentales fallidas que sustentan una elecci&oacute;n racional de los votantes, una opci&oacute;n de estilo <em>in dubio pro ignoto</em>, dado que Milei nunca gobern&oacute;. Tampoco significan aminorar la importancia de posiciones reaccionarias que se incuban hace tiempo, al calor de un macrismo que no est&aacute; lejos de La Libertad Avanza en varios temas. A&uacute;n considerando estas dimensiones principales, intento subrayar la importancia de las redes como espacios no ya de comunicaci&oacute;n sino de sociabilidad pol&iacute;tica, relevancia que puede explicar en parte la masculinizaci&oacute;n, y de forma m&aacute;s compleja que una lisa y llana reacci&oacute;n a la &ldquo;revoluci&oacute;n de las pibas&rdquo;. No se tratar&iacute;a solamente de una reacci&oacute;n directa y homog&eacute;nea a la marea verde, sino de formas m&aacute;s indirectas, cocidas al calor de diversos agentes y espacios de entretenimiento. <strong>El hecho de que este tipo de opciones hayan crecido tanto en pa&iacute;ses sin inflaci&oacute;n y sin el percudido panorama econ&oacute;mico argentino demuestra que hay algo m&aacute;s que mero &ldquo;voto bronca&rdquo; en el fen&oacute;meno.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La masculinizaci&oacute;n del votante de Milei no se refleja, es claro, en el n&uacute;cleo duro del candidato. Su hermana y su madre forman parte de un armado pol&iacute;tico le&iacute;do sard&oacute;nicamente en clave freudiana. <strong>Carolina P&iacute;paro</strong> se corona como la figura bonaerense, enarbolando su capital punitivista extremo. <strong>Santiago Or&iacute;a</strong>, el publicista de la campa&ntilde;a de La Libertad Avanza, pretende ver en este <em>&ldquo;line-up&rdquo; </em>de mujeres una impresionante &ldquo;manifestaci&oacute;n cultural de un modelo de mujer post-feminismo, a la vanguardia total de la nueva sociedad que se viene&rdquo;. Una vanguardia tan impresionante que tiene a la ya extinta <strong>Phyllis Schlafly</strong> y su descendencia norteamericana del Partido Republicano como inspiraci&oacute;n originaria.
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                Javier Milei con su hermana Karina                            </span>
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        De todos modos, la masculinizaci&oacute;n y el machismo que tratamos de describir como constitutivo de la subcultura libertaria de ninguna manera es privativo de ese movimiento; la cultura pol&iacute;tica argentina, transversalmente, es masculina: no me refiero &uacute;nicamente a los pol&iacute;ticos sino a los distintos agentes de poder &#8213;econ&oacute;mico, sindical, period&iacute;stico, judicial&#8213;. 
    </p><p class="article-text">
        Algunos analistas y estudiosos de estas radicalizaciones han subrayado c&oacute;mo vienen alertando sobre el fen&oacute;meno de forma temprana, casi excepcional, sin ser escuchados. Pero deber&iacute;an saber, probablemente saben, que no hab&iacute;a tal excepcionalidad: son much&iacute;simas las periodistas, referentes del feminismo y usuarixs de redes que alertan y conocen de primera mano la peligrosidad y la intolerancia de los grupos referenciados con Javier Milei. <strong>Las feministas, las personas trans, queer, las mujeres que hablan de pol&iacute;tica en redes, se cansaron de escribir frase invisible tras frase invisible de alarma y de gritar denuncias mudas. </strong>Esa desatenci&oacute;n se explica tambi&eacute;n, en parte, por una corriente de &ldquo;cansancio del feminismo&rdquo;, por efluvios de cr&iacute;tica a la defensa de causas de identidad sexo gen&eacute;ricas y a formas sutiles, pero igualmente efectivas, de ridiculizaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Pero esas voces insisten, y esto genera un esperable panorama de tensiones con nuevas demandas feministas, que, lamentablemente, se dan en parte en un territorio digital muy viciado y fragmentado, no solo por las viejas grietas que han fatigado los diagn&oacute;sticos recientes sino por elecciones de consumidor que incluyen un notable sesgo de g&eacute;nero. Saltar esas barreras es quiz&aacute;s la tarea para quienes no deseen caer en la f&aacute;cil tentaci&oacute;n anti feminista y, a la vez, quieran articular las demandas de g&eacute;nero en un &ldquo;nosotros&rdquo; pol&iacute;tico m&aacute;s amplio.
    </p><p class="article-text">
        <em>NI/PI</em>	&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalí Incaminato]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/genero-disputa-voto-libertario-post-feminismo-pibas-milei_129_10323102.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Jun 2023 05:11:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El género en disputa: el voto libertario y el post-feminismo de Las Pibas de Milei]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Peronismo para la juventud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/peronismo-juventud_1_8271932.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c618e126-5fcf-4e18-860c-2fc231b00394_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Peronismo para la juventud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con jovialidad y un estilo en el que se mezcla sin estridencias la formación teórica, el humor, la incorrección política y la ironía típica de las y los millennials, "Peronismo para la juventud" (Paidós, 2021), de Natalí Incaminato (@LaInca_ en Twitter), repasa la historia del movimiento peronista y sus reflejos en la literatura para, a partir de la reflexión sobre el pasado, intuir el futuro.</p></div><h3 class="article-text"><strong>Como dijeron Evita y Per&oacute;n, &ldquo;Black lives matter&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Es imposible negar que muchas oposiciones y cuestionamientos al peronismo desde su irrupci&oacute;n, el 17 de octubre, estaban justificados: varios ven&iacute;an desde sindicatos y formaciones ideol&oacute;gicas socialistas y comunistas que no estaban de acuerdo con la voluntad de conciliaci&oacute;n de clases de Per&oacute;n, y otros tambi&eacute;n denunciaban &mdash;con raz&oacute;n&mdash; la persecuci&oacute;n pol&iacute;tica a los opositores. Sin embargo, una nota fundamental se patentiza en el liso y llano horror racista que generaron las manifestaciones peronistas. Adem&aacute;s de &ldquo;descamisado&rdquo;, otros de los t&eacute;rminos estrella de la gorilada (que contin&uacute;an hasta hoy) son &ldquo;negro&rdquo; y &ldquo;negrada&rdquo;, excitados especialmente por el desplazamiento de migrantes del interior del pa&iacute;s hacia las industrias con sede en Buenos Aires. La gente bien, la gente como uno, la chetada saludable hablaba de &ldquo;la negrada de Per&oacute;n&rdquo;, de los &ldquo;cabecitas negras&rdquo; y, como se sabe, del &ldquo;aluvi&oacute;n zool&oacute;gico&rdquo;. La animalizaci&oacute;n de los simpatizantes peronistas era parte de los discursos que los describ&iacute;an: hab&iacute;a algo visceral y profundamente corporal en el rechazo de personas calificadas como &ldquo;hordas, turbas, masas, lumpenproletariat, malevaje, mal&oacute;n, chusma, obreros, descamisados, negros, alpargatas, tribu, elementos del hampa&rdquo; (&ldquo;Elementos del hampa&rdquo; da muy banda punk tributo a Flema).
    </p><p class="article-text">
        Un sector de los habitantes de la ciudad se sent&iacute;a parte de un espacio blanco y cosmopolita, de una comunidad cognoscible llena de Starbucks de antes con los ojos puestos en Europa y morochos empleados que no incurr&iacute;an en el desatino de quejarse y pedir m&aacute;s de lo que ten&iacute;an. Un ejemplo claro se encuentra en las expresiones de Escard&oacute;, m&eacute;dico y decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Seg&uacute;n el tipo, la capital del pa&iacute;s &ldquo;es mucho m&aacute;s blanca (blanqu&iacute;sima) que Nueva York, que para conservarse blanca tiene que hacer racismo a piedra y lodo. Tampoco tiene aindiados ni mulatos. Sus hombres y mujeres no poseen todos el mismo color ni en la piel ni en el cabello, pero son blancos&rdquo;. &ldquo;Para conservarse blanca tiene que hacer racismo a piedra y lodo&rdquo;: la quintaesencia del &ldquo;cero threads&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Escard&oacute; hab&iacute;a m&aacute;s orgullo blanco que en un encuentro casual de amigas en el Recoleta Urban Mall o en una juntada de libertarios promedio. Un poco m&aacute;s ir&oacute;nico, y en un rapto de milipilismo autoconsciente, F&eacute;lix Luna rememora: &ldquo;Los mir&aacute;bamos desde la vereda, con un sentimiento parecido a la compasi&oacute;n. &iquest;De d&oacute;nde sal&iacute;an? &iquest;Entonces exist&iacute;an? &iquest;Tantos? &iquest;Tan diferentes a nosotros?&rdquo;, y afirma: &ldquo;Ese d&iacute;a, cuando empezaron a estallar las voces y a desfilar las columnas de rostros an&oacute;nimos color tierra, sent&iacute;amos vacilar algo que hasta entonces hab&iacute;a sido inconmovible&rdquo;. El color, entonces, se adue&ntilde;a de las percepciones de estos grupos y se convierte en un elemento que, al parecer, ya hab&iacute;a sido esgrimido como insulto por la &eacute;lite tradicional, que habl&oacute; de &ldquo;los negros radicales&rdquo; en referencia a quienes apoyaban a Yrigoyen.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, este racismo se expres&oacute; en contubernio con el clasismo, y all&iacute; el citado t&eacute;rmino &ldquo;descamisado&rdquo; tiene mucho para decir. Varias cr&oacute;nicas del 17 de octubre se escandalizaron porque muchos de los manifestantes marchaban en mangas de camisa (como cuando hace unos a&ntilde;os Feinmann y algunos medios se horrorizaron con las feministas en tetas frente a la Catedral). Esto de ir sin saco era&nbsp;escandaloso en el centro de la ciudad (un poco como caer a rendir el &uacute;ltimo final con la camiseta de Boquita y chinelas Adidas).
    </p><p class="article-text">
        La oposici&oacute;n al peronismo, entonces, tuvo su componente claramente est&eacute;tico. As&iacute; lo hizo notar el diario <em>Cr&iacute;tica</em>, que evalu&oacute; los hechos del 17 de la siguiente manera: &ldquo;Aparte de otros peque&ntilde;os desmanes, s&oacute;lo cometieron atentados contra el buen gusto y contra la est&eacute;tica ciudadana afeada por su presencia en nuestras calles&rdquo;. &ldquo;Afeada.&rdquo; &ldquo;Nuestras.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Como dijimos, la estrategia de Juan Domingo fue dar vuelta el estigma: en diciembre de 1945, en plena campa&ntilde;a electoral, dijo en su discurso: 
    </p><p class="article-text">
        <em>Desfilaremos por nuestras calles tranquilos, entusiastas de nuestra causa, sin calificar a nadie de chusma ni de descamisados, para contrapesar a ellos que han lanzado el calificativo despectivo. &iexcl;Tendremos el coraz&oacute;n bien puesto debajo de una camisa, que es mejor que tenerlo mal debajo de una chaqueta!</em>
    </p><p class="article-text">
        Y m&aacute;s tarde, en 1951, Evita: &ldquo;Para m&iacute; los hombres y mujeres de trabajo son siempre, y ante todo, descamisados. Descamisados fueron todos los que estuvieron en la Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945&rdquo;, &ldquo;Aun si hubo all&iacute; alguien que no lo fuese, materialmente hablando, un descamisado, &eacute;se se gan&oacute; el&nbsp;t&iacute;tulo por haber sentido y sufrido aquella noche con todos los aut&eacute;nticos descamisados; y para m&iacute; &eacute;se fue y ser&aacute; siempre un descamisado aut&eacute;ntico&rdquo;. Tambi&eacute;n son descamisados quienes hoy o ma&ntilde;ana har&iacute;an lo mismo que &ldquo;los primeros descamisados&rdquo;, porque &ldquo;es el que se siente pueblo aunque no vista como pueblo, que esto es lo accidental&rdquo;. Para Eva, descamisado no es esencia sino devenir.
    </p><p class="article-text">
        Per&oacute;n, m&aacute;s agarrado al significado literal que ten&iacute;a el t&eacute;rmino y no a la potencia pol&iacute;tica intempestiva que le dio Evita, afirm&oacute; en 1952 que gracias a los logros sociales de su gobierno los que eran descamisados en 1945 ya no lo eran, &ldquo;aunque les guste y nos guste llamarlos as&iacute; como un homenaje al &lsquo;descamisado&rsquo; que todos los peronistas llevamos en el coraz&oacute;n&rdquo;. Este es un punto importante y lo ser&aacute; en el futuro: es moneda corriente escuchar que al peronismo actual se lo acusa de &ldquo;pobrismo&rdquo;, por reivindicar los valores y pr&aacute;cticas de las clases populares y as&iacute; &ldquo;nivelar para abajo&rdquo;, y por &ldquo;querer que los pobres se queden as&iacute;&rdquo;. Incomprensi&oacute;n radical del movimiento que efect&uacute;a el peronismo, que qued&oacute; demostrado con la idea de&nbsp;&ldquo;descamisado&rdquo;: al elemento &ldquo;menor&rdquo; de la jerarqu&iacute;a se lo reivindica en uno de los momentos de la historieta, al principio, para luego directamente desactivar el binarismo y la oposici&oacute;n entre descamisados/gente decente y bien vestida. En definitiva, es tentador sospechar que lo que les molesta tiene un tufillo a&hellip; orgullo blanco y de clase.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;Otro&rdquo; del gorilaje es, desde hace d&eacute;cadas, el &ldquo;cabecita negra&rdquo;: el que proviene del interior del pa&iacute;s y cuenta con ascendencia ind&iacute;gena y, por lo tanto, tiene todos los n&uacute;meros para entrar dentro de las frondosas dicotom&iacute;as que sembr&oacute; el liberalismo argentino. Ese &ldquo;Otro&rdquo; ser&aacute; pensado en el marco de lo culto y lo inculto, la tradici&oacute;n y la modernidad, la civilizaci&oacute;n y la barbarie. Esta gente &ldquo;anticabecita negra&rdquo;, que claramente no hab&iacute;a visto todav&iacute;a ni un video de YouTube sobre la deconstrucci&oacute;n explicada para todos, sosten&iacute;a dualidades que constru&iacute;an un &ldquo;Otro&rdquo; &ldquo;no blanco&rdquo;, b&aacute;rbaro, rural y atrasado que sirvi&oacute; incluso para reforzar una supuesta homogeneidad racial de la clase media blanca (ex inmigrantes) durante el peronismo.
    </p><p class="article-text">
        Hay dos relatos argentinos muy citados que ponen en primer plano la dimensi&oacute;n racista de las reacciones ante el peronismo. Uno de ellos es &ldquo;Cabecita negra&rdquo;, de Germ&aacute;n Rozenmacher, de 1962. En este cuento, el se&ntilde;or Lanari, que ser&iacute;a una suerte de porte&ntilde;o de clase media que usa chomba, lee con fruici&oacute;n los editoriales de Pablo Sirv&eacute;n y cree que Dieguito Leuco es un &ldquo;muchacho bien informado&rdquo;, sufre insomnio y sale a caminar. Detr&aacute;s de la niebla nocturna encuentra a una &ldquo;cabecita negra sentada en el umbral de un hotel con el letrero luminoso <em>Para damas</em> en la puerta, despatarrada y borracha, casi una ni&ntilde;a, con las manos ca&iacute;das sobre la falda [la joven ped&iacute;a dinero], vencida y sola y perdida&rdquo;. Ante ella el respetable se&ntilde;or Lanari siente una vaga piedad: &ldquo;Se dijo que as&iacute; eran estos negros, qu&eacute; se iba a hacer&rdquo; y le da 100 pesos que le permiten despreciarla con fruici&oacute;n. Toda la escena es observada por un polic&iacute;a, que interpreta lo sucedido como un intercambio prostituyente. Lanari intenta explicarle la situaci&oacute;n al agente, al que ve como un animal &mdash;&ldquo;otro cabecita negra&rdquo;&mdash; y los invita a los dos a su casa para poder hablar tranquilos, pero todo sale mal: el agente resulta ser el hermano de la joven y lo faja al creer que el hombre quiso prostituirla. Ante toda esa situaci&oacute;n, &ldquo;el se&ntilde;or Lanari record&oacute; vagamente a los negros que se hab&iacute;an lavado alguna vez las patas en las fuentes de plaza Congreso. Ahora sent&iacute;a lo mismo. La misma vejaci&oacute;n, la misma rabia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este relato, seg&uacute;n Ricardito Piglia, anticipa elmomento en que muchos sectores de clase media se peronizar&aacute;n (rayo peronizadorrr) o revisar&aacute;n ciertos esquemas en torno al peronismo; en este caso, la dimensi&oacute;n racista que exist&iacute;a en la oposici&oacute;n a ese movimiento, proceso que culminar&iacute;a diez a&ntilde;os&nbsp;despu&eacute;s con el triunfo de C&aacute;mpora (treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, pas&oacute; algo similar).
    </p><p class="article-text">
        Desde otra perspectiva, y escrito en el coraz&oacute;n de la experiencia peronista, el relato de Cort&aacute;zar &ldquo;Las puertas del cielo&rdquo;, de 1951, pone en escena tambi&eacute;n esta dimensi&oacute;n visceral del racismo en la lucha de clases que el peronismo no disimul&oacute; en su fractura expuesta. En este cuento, el narrador es un abogado amigo de una pareja de clase social m&aacute;s baja, Mauro y Celina. Tras la muerte de Celina, el abogado va con el viudo a un baile popular y, como si fuese una suerte de antrop&oacute;logo de la barbarie peroncha, visualiza como &ldquo;monstruos&rdquo; a los que est&aacute;n all&iacute; meneando la carrocer&iacute;a:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Est&aacute; el olor, no se concibe a los monstruos sin ese olor a talco mojado contra la piel, a fruta pasada, uno sospecha los lavajes presurosos, el trapo h&uacute;medo por la cara y los sobacos, despu&eacute;s lo importante, lociones, rimmel, el polvo en la cara de todas ellas, una costra blancuzca y detr&aacute;s las placas pardas trasluciendo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Otras frases iguales o peores desfilan en el texto que no reproducimos por piedad al pobre blancuzco&nbsp;Cort&aacute;zar, quien, adem&aacute;s, luego se arrepinti&oacute; de ciertas dimensiones de este cuento y en una entrevista con Paco Urondo en 1970 dijo:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Las puertas del cielo&rdquo;, donde se describen los bailes populares del Palermo Palace, es un cuento reaccionario; eso me lo han dicho muchos cr&iacute;ticos con cierta raz&oacute;n, porque hago all&iacute; una descripci&oacute;n de lo que se llamaban los &ldquo;cabecitas negras&rdquo; en esa &eacute;poca, que es en el fondo muy despectivo; los califico as&iacute; y hablo incluso de los monstruos, digo &ldquo;yo voy ah&iacute; de noche a ver llegar los monstruos&rdquo;. Ese cuento est&aacute; hecho sin ning&uacute;n cari&ntilde;o, sin ning&uacute;n afecto; es una actitud realmente de antiperonista blanco, frente a la invasi&oacute;n de los &ldquo;cabecitas negras&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la autocr&iacute;tica de Julio, lo que experimentamos en estos dos resonados ejemplos del antiperonismo ficcional es el poder de la literatura de decirlo todo: el racismo negado, reprimido y esquivado en los textos incluso m&aacute;s &ldquo;cient&iacute;ficos&rdquo; se describe y se hace carne con todo su peso inc&oacute;modo.
    </p><p class="article-text">
        Algo notable de los relatos es que en ambos casos el objeto de desprecio es una mujer, <em>una</em> &ldquo;cabecita&nbsp;negra&rdquo;, lo cual ha sido le&iacute;do como parte de ansiedades no s&oacute;lo pol&iacute;ticas y clasistas ante esos cuerpos desagradables e &ldquo;invasores&rdquo;, sino tambi&eacute;n como molestias de g&eacute;nero ante la sexualidad femenina. Lo ha dicho el historiador Omar Acha: es probable que el peronismo ofreciera una pol&iacute;tica de reconocimiento y de justicia social, especialmente para las mujeres, que no ha sido debidamente valorada hasta el momento desde miradas que ubicaban a las &ldquo;mujeres peronistas&rdquo; como complemento del obrero peronista. Acha recuerda el lugar fundamental de las mujeres en ese momento hist&oacute;rico: en la reelecci&oacute;n de Per&oacute;n, en 1951, m&aacute;s del 63% de los votos fueron femeninos. Pero, adem&aacute;s, m&aacute;s de la mitad de la migraci&oacute;n interna estuvo conformada por mujeres solas que llegaban a buscar trabajo a las ciudades, y esto se conecta con el hecho de que en la literatura de la &eacute;poca, como se ve en los relatos que citamos antes y en otros documentos del primer peronismo, el temor y la atracci&oacute;n no era respecto del &ldquo;cabecita negra&rdquo; sino de la joven trabajadora de piel oscura, la sirvienta, o la que se dedicaba a veces a la prostituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En general, y como vemos en las cr&oacute;nicas y los cuentos, la cuesti&oacute;n territorial, del espacio &ldquo;propio&rdquo; invadido por el &ldquo;Otro&rdquo; es fundamental en el imaginario peronista y antiperonista. Las ideas de dislocaci&oacute;n y de ocupaci&oacute;n acechan las representaciones de todos aquellos que han emprendido la tarea quijotesca de&nbsp;comprender lo sucedido en 1945 y despu&eacute;s. El ya citado soci&oacute;logo Gino Germani, por ejemplo, asoci&oacute; directamente la ubicaci&oacute;n espacial urbana de los migrantes internos con el peronismo: los &ldquo;nuevos&rdquo;, las personas que ven&iacute;an de otras provincias y se instalaban en la ciudad, constitu&iacute;an la &ldquo;base social&rdquo; de Juan Domingo. Muchos estudios han demostrado que esta concepci&oacute;n tiene m&aacute;s de imaginario de ciudad blanca amenazada que de realidad: las din&aacute;micas de las migraciones fueron m&aacute;s indirectas, incongruentes con la visi&oacute;n de &ldquo;aluvi&oacute;n zool&oacute;gico&rdquo; que subyace incluso en los textos&nbsp;cient&iacute;ficos de la &eacute;poca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalí Incaminato]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/peronismo-juventud_1_8271932.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Sep 2021 03:03:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Peronismo para la juventud]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Peronismo,Juan Domingo Perón]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Al análisis político le sobran varones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/analisis-politico-le-sobran-varones_129_6668081.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1fe21c17-9c55-4eaf-8508-278352d4eccf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Al análisis político le sobran varones"></p><p class="article-text">
        <strong>El an&aacute;lisis pol&iacute;tico en Argentina es patrimonio masculino.</strong> <strong>En contrapartida, la pol&iacute;tica representativa parece mostrar algunas proporciones diferentes en t&eacute;rminos de g&eacute;nero, en buena medida por mecanismos de cupo que han sido cuestionados, en su momento, con las armas retardatarias de la meritocracia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasa, entonces, con el terreno de los que piensan, leen y escriben sobre pol&iacute;tica? Una reflexi&oacute;n sobre las desigualdades de g&eacute;nero que no quiera ser s&oacute;lo denuncia debe tener en cuenta varios aspectos articulados entre s&iacute;, algunos de ellos de larga duraci&oacute;n: si se trata de pensar la relaci&oacute;n de la mujer (y otras identidades por fuera de la l&oacute;gica binaria) con la pol&iacute;tica, el desenvolvimiento de uno de los hilos nos lleva al &ldquo;origen&rdquo;: la <em>Pol&iacute;tica </em>de Arist&oacute;teles, en la que leemos cosas como &ldquo;la hembra y el esclavo tienen la misma posici&oacute;n, y la causa de ello es que no tienen el elemento gobernante por naturaleza&rdquo;. Para el fil&oacute;sofo griego, hay una jerarqu&iacute;a natural en la aptitud de mando que debe organizar las formas del buen gobierno; hoy nos gustar&iacute;a estar lejos de estas representaciones, pero el panorama de los nombres que rubrican el 80 % de los an&aacute;lisis pol&iacute;ticos demuestran que no es tan as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de todas las transformaciones profundas que desestabilizaron esas m&aacute;ximas -por cierto, algunas demasiado recientes, tales como el voto femenino- varios esquemas siguen activos. El estudio <em>La dominaci&oacute;n masculina</em> del soci&oacute;logo Pierre Bourdieu se&ntilde;ala c&oacute;mo las potencialidades objetivas de los g&eacute;neros se rigen por expectativas asociadas a oposiciones entre el universo p&uacute;blico, masculino, y el mundo privado ligado a lo femenino. La pol&iacute;tica, como actividad del <em>&Aacute;gora</em>, es el espacio de los hombres, y se deslinda del &aacute;mbito privado e &iacute;ntimo de las mujeres; estas divisiones tienen sus ramificaciones en las inclinaciones laborales. <strong>Si en la pol&iacute;tica representativa el peso (y el poder) de ciertas mujeres es indudable y en el an&aacute;lisis pol&iacute;tico no (y esto sucede en medios muy diversos, de todo el espectro ideol&oacute;gico) cabe pensar en la relaci&oacute;n que esta &uacute;ltima actividad tiene con el periodismo, esto es, con el mercado. Podr&iacute;a decirse que si en los poderes legislativo y ejecutivo los mecanismos de cupo y una tradici&oacute;n de mujeres en la pol&iacute;tica argentina lograron cierta presencia (a pesar de los ataques machistas que recibieron y reciben), en el periodismo rige otra l&oacute;gica de elecci&oacute;n dictada por los productores y consumidores del an&aacute;lisis.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las razones de esa elecci&oacute;n no son dif&iacute;ciles de dilucidar porque, en efecto, &iquest;qu&eacute; elementos buscamos y apreciamos en alguien que habla de pol&iacute;tica? &iquest;Mediante qu&eacute; valores un analista se convierte en una <em>firma</em>, un autor, un columnista? En principio, la seguridad en las afirmaciones, algunas apuntaladas por cierta informaci&oacute;n obtenida por fuentes que delatan una actividad de la <em>arri&egrave;re-pens&eacute;e</em>, del motivo oculto que s&oacute;lo conoce el informante en tanto m&eacute;dium entre los entretelones del poder y el p&uacute;blico. <strong>En cuanto al estilo, valoramos cierto ingenio como condimento de las reflexiones y los comentarios, ya sea mediante la pol&eacute;mica, la&nbsp;iron&iacute;a, el chiste o el sobreentendido. Todas estas caracter&iacute;sticas se asocian a un desempe&ntilde;o masculino: la astucia, la firmeza, la &ldquo;calle&rdquo;, el caf&eacute; como espacio de los intercambios, las &ldquo;conexiones&rdquo;, cierto humor, son caracter&iacute;sticas que se suelen adosar m&aacute;s f&aacute;cilmente a los hombres que a las mujeres en nuestra sociedad, sin mencionar el v&iacute;nculo m&aacute;s general que subyace entre la voz del hombre y la lucidez, la racionalidad, la frialdad anal&iacute;tica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los muchachos se ponen distintos nombres: los hay peronistas, los hay gorilas, los hay socialdem&oacute;cratas, trotskistas, radicales, macristas, los hay de medios importantes y de medios emergentes, pero son todos buenos muchachos con la falo-contrase&ntilde;a del </strong><em><strong>nosotreo</strong></em><strong>. Si hay mujeres, son excepciones: sabemos que es un g&eacute;nero m&aacute;s apto para la poes&iacute;a, los consejos de belleza o el an&aacute;lisis cultural </strong><em><strong>light</strong></em><strong>; el juego de la pol&iacute;tica es un juego de hombres, y cuando ellas opinan, lo deseable es que lo hagan en tanto consumidoras de nuestros planteos y reflexiones mistificadas por el aura perenne de la masculinidad sin fisuras.</strong>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, se da una situaci&oacute;n peculiar entre los analistas, periodistas y columnistas pol&iacute;ticos: muchos de ellos suelen cultivar una comprensible &eacute;tica del di&aacute;logo m&aacute;s all&aacute; de las grietas partidarias. De este modo, se conforma una suerte de comunidad de encuentro posible, a la manera de la academia de Hipatia conformada por disc&iacute;pulos de distintas religiones en la convulsionada Alejandr&iacute;a del siglo V: todos se dedican a pensar una pr&aacute;ctica, todos est&aacute;n <em>en lo mismo</em> y esa comunidad permite establecer una buena comunicaci&oacute;n y ciertos lazos, por otra parte necesarios para toda sociedad de bombos mutuos que busca reforzar e incrementar la posibilidad de lectores por fuera de los nichos ideol&oacute;gicos. Esta situaci&oacute;n especial de camarader&iacute;a, por muy valiosa que pueda resultar en sus efectos de saltar los antagonismos sin di&aacute;logo, sostiene y refuerza los c&iacute;rculos masculinos: su potencia de tolerancia pol&iacute;tica no se corresponde con su apertura desde el punto de vista del g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por supuesto, no debe imaginarse todo esto como una suerte de conjura escrotal consciente y malvada que expulsa a las mujeres e identidades no binarias de forma abierta; se trata m&aacute;s bien de disposiciones, h&aacute;bitos, peque&ntilde;as elecciones y pr&aacute;cticas sostenidas en buena medida por el poder de la inercia, incluso efectuadas por agentes adscriptos a ideolog&iacute;as no conservadoras, cuyos idearios articulados van en contra -en teor&iacute;a- de esas pr&aacute;cticas de exclusi&oacute;n. </strong>Existen, en este plano, cambios y anuncios de algo distinto de la mano del movimiento feminista, en dos dimensiones. Por un lado, el feminismo produce una interrogaci&oacute;n radical de &ldquo;lo pol&iacute;tico&rdquo;, de sus alcances, de las escisiones cl&aacute;sicas entre lo p&uacute;blico y lo privado y lo &ldquo;universal&rdquo; y lo &ldquo;particular&rdquo;, cuestionamiento que ha obligado a prestar atenci&oacute;n al fen&oacute;meno feminista incluso a los analistas y columnistas varones (a veces, hasta se arrogaron la autoridad de explicarlo adecuadamente). En la otra dimensi&oacute;n, <strong>el feminismo gener&oacute; nuevas formaciones y alianzas entre mujeres y disidencias en la creaci&oacute;n de medios nuevos, de voces pol&iacute;ticas, anal&iacute;ticas y de comunidades de lectura que pugnan no s&oacute;lo por ser las representantes de un &ldquo;particularismo&rdquo; (tal como quieren y pretenden los agentes dominantes del actual estado de cosas) sino por disputar en pie de igualdad con las firmas masculinas consagradas. Esta nota no es otra cosa que un mero efecto y confirmaci&oacute;n de ese nuevo campo de inteligibilidad que el feminismo argentino ilumin&oacute; de una vez y para siempre.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>NI</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Natalí Incaminato]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Jan 2021 01:36:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Al análisis político le sobran varones]]></media:title>
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