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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Pablo Semán]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/pablo-seman/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Pablo Semán]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Lula, Bolsonaro y la disputa por el voto evangélico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lula-bolsonaro-disputa-voto-evangelico_129_9592075.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bfce589c-954b-40b8-86c6-b834e211b50a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lula, Bolsonaro y la disputa por el voto evangélico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En esta elección aumentó el caudal del voto evangélico en favor del candidato del PT y disminuyó el del actual presidente. Pablo Semán, sociólogo especializado en culturas populares y religión, desmonta varios prejuicios sobre ese voto: sostiene que es cambiante y que será terreno de disputa en la segunda ronda electoral.</p></div><p class="article-text">
        No todas las encuestas se equivocaron en Brasil. No lo hizo la de Parana Pesquisas, que fue presencial y que acert&oacute; en la diferencia entre Bolsonaro y Lula y en el importante caudal de Bolsonaro. Aunque fue realizada entre seis y cuatro d&iacute;as antes de una elecci&oacute;n que se iba definiendo d&iacute;a a d&iacute;a, no ten&iacute;a c&oacute;mo establecer las cifras definitivas. Y se acerc&oacute; bastante la de Atlas, que se hizo on line. En una de ellas, la de PoderData, puede observarse que, en comparaci&oacute;n con 2018, el voto de los electores evang&eacute;licos cambio parcialmente: <strong>disminuy&oacute; la adhesi&oacute;n a Bolsonaro y aument&oacute; el apoyo a Lula.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Retomaremos la cuesti&oacute;n del voto evang&eacute;lico, pero antes debemos ver el resultado general. Lula hizo una muy buena elecci&oacute;n debido a su capacidad de conciliaci&oacute;n y al prestigio de su liderazgo, limpio de las ofensas contra su imagen personal y las derivaciones de su encarcelamiento. Tambi&eacute;n influy&oacute; la amplia movilizaci&oacute;n defensiva que encararon los muchos afectados por la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a bolsonarista. Lula, despu&eacute;s de todo, nunca gan&oacute; en primera vuelta y siempre tuvo enfrenar un pa&iacute;s partido. Por otro lado,  ha quedado muy claro que el bolsonarismo no s&oacute;lo es un episodio, sino una corriente electoral y pol&iacute;tica fuerte, plena de organizaciones, expresiva de un punto de convergencia entre una parte de las &eacute;lites y una parte del electorado de varias clases sociales. La filosof&iacute;a de vida agresiva y expansionista de los vaqueros de la vida que entienden que el riesgo es una condici&oacute;n existencial inevitable y asume la vida social como la vida en una jungla. <strong>El bolsonarismo recoge un antipetismo extendido y estructural, que se fortaleci&oacute; con incentivos econ&oacute;micos de corto plazo aunque muy atractivos para todos sus electorados. </strong>Pero mucho m&aacute;s que eso ha solidificado esa corriente maleable contra el PT un sentido &eacute;tico y ut&oacute;pico que aunque desde nuestro punto de vista resulta repulsivo tiene amplia capacidad de seducci&oacute;n y es preciso entender en su funcionamiento ya que emerge, aunque sea parcialmente, de los errores anal&iacute;ticos y pol&iacute;ticos del campo petista. Algo decisivo para comprender esta pregnancia es la confianza que se tuvo en que la pol&iacute;tica bolsonarista en la pandemia le traer&iacute;a consecuencias negativas mucho m&aacute;s marcadas que las que tuvo. S&oacute;lo con las anteojeras del cesarismo sanitario con que se ilusion&oacute; el progresismo con el retorno del Estado, se puede ignorar el sentido conquistador que promovi&oacute; el bolsonarismo y apela a una dimensi&oacute;n transversal de la experiencia humana. Repudio ese sentido pero tambi&eacute;n que se ignore esa posibilidad en la Argentina como si el progresismo local cada vez m&aacute;s chiquito, homog&eacute;neo y ofensivo no rindiese culto permanente a jefes, tacos y botas. 
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, es preciso explorar lo ocurrido con el voto evang&eacute;lico en esta elecci&oacute;n y en perspectiva hist&oacute;rica. Siguiendo los resultados de PoderData, una de las compa&ntilde;&iacute;as que m&aacute;s se aproxim&oacute; a la diferencia entre los principales candidatos, es posible concluir que Bolsonaro perdi&oacute; una parte significativa de los votos evang&eacute;licos: en la elecci&oacute;n de 2018 hab&iacute;a sacado el 64% contra el 51% de este domingo. Inversamente, Lula vio que sus apoyos evang&eacute;licos aumentaron y pasaron del 24% (en el segundo turno de 2018) al 38% del primer turno en 2022 (<a href="https://cebrap.org.br/agregador-de-pesquisas-eleitorais-por-religiao/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://cebrap.org.br/agregador-de-pesquisas-eleitorais-por-religiao/</a>). 
    </p><p class="article-text">
        La segunda observaci&oacute;n es que este resultado se inserta en el curso de dos tendencias de largo plazo relativamente contrapuestas.<strong> Una de ellas es que el voto evang&eacute;lico es, a pesar de las observaciones inmediatistas, impresionistas y prejuiciosas de de la izquierda pol&iacute;tica y cultural, un voto variable en el tiempo</strong>. En los a&ntilde;os 90 los pastores evang&eacute;licos brasile&ntilde;os apoyaban desde sus iglesias candidatos de centro o derecha (aunque tambi&eacute;n en menor grado apoyaban candidatos petistas). En los a&ntilde;os 2000 alguna de las que presumiblemente eran instituciones evang&eacute;licas influyentes apoyaron a Lula que eligi&oacute; como su vicepresidente en dos mandatos a Jose de Alencar, miembro del partido pol&iacute;tico evang&eacute;lico fundado por la mism&iacute;sima Iglesia Universal del Reino de Dios. En la &uacute;ltima d&eacute;cada esas mismas instituciones pasaron a apoyar a Bolsonaro en la elecci&oacute;n de 2018. Esa tendencia m&oacute;vil y relativamente heterog&eacute;nea se ratific&oacute; en esta elecci&oacute;n. Pero junto con esa tendencia se manifiesta otra que es su contrapeso: el voto evang&eacute;lico se evidencia m&aacute;s r&iacute;gido y m&aacute;s organizado. El efecto del poder adquirido por la Iglesia universal del Reino de Dios en Brasil y su capacidad de imponerles su criterios a otra iglesias evang&eacute;licas, junto a un control de recursos financieros, medi&aacute;ticos y t&eacute;cnicos le han permitido estabilizar un voto que adem&aacute;s ten&iacute;a muchos motivos para ser antipetista. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La tercera observaci&oacute;n es que el voto evang&eacute;lico ha sido y es un proceso en disputa. </strong>Una parte del peso del bolsonarismo entre los evang&eacute;licos ha surgido de la violencia verticalizante con que a trav&eacute;s de las redes y sociales y, sobre todo, los grupos de Whats App se ha disparado un movimiento desesperado de disciplinamiento de electores reticentes por parte del actual presidente. Tarde o temprano podr&aacute; emerger una nueva generaci&oacute;n de evang&eacute;licos desradicalizados, pero en este momento como lo muestran algunos estudios realizados en Brasil por antrop&oacute;logos y soci&oacute;logos calificados ya hay algunos (<a href="https://observo.me/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://observo.me/</a>&nbsp;o @queluciana, mujer afro y evang&eacute;lica se queja en tik tok de la predicaci&oacute;n pol&iacute;tica en las iglesias ). Tampoco faltan expresiones evang&eacute;licas que combaten la orientaci&oacute;n dominante y, no por nada, generan reacciones tan violentas como preocupadas en el mundo bolsonarista evang&eacute;lico: <strong>hace pocos d&iacute;as el presidente del convenci&oacute;n Bautista de Rio de Janeiro anunci&oacute; su voto a Lula y fue obligado a renunciar para evitar que su ejemplo cundiese.</strong> Esa brecha permanece abierta: las mujeres evang&eacute;licas dudan cada vez m&aacute;s del discurso beligerante del bolsonarismo (<a href="https://religiaoepoder.org.br/artigo/mulheres-evangelicas-para-alem-do-voto-concepcoes-sobre-politica-e-cotidiano/)" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://religiaoepoder.org.br/artigo/mulheres-evangelicas-para-alem-do-voto-concepcoes-sobre-politica-e-cotidiano/)</a>. Es tambi&eacute;n a esos comportamientos que buscan y producen un cambio de sensibilidades que se debe la variaci&oacute;n de la votaci&oacute;n evang&eacute;lica en un sentido mas favorable o menos hostil a Lula.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A una opini&oacute;n publicada en Argentina que cree que por poder pronunciar correctamente la palabra &ldquo;neopentecostal&rdquo; tiene alg&uacute;n conocimiento del fen&oacute;meno en juego hay que advertirle que esas situaciones no se dan en la Argentina y ayudar&iacute;a a que no militen el atrevimiento de su ignorancia como si fuese la verdad revelada. <strong>A esa misma opini&oacute;n, hay que contarle que la mejor estrategia que puede tener el PT para con los evang&eacute;licos es no ir a cantarles que la &uacute;nica iglesia que ilumina es la que arde.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>PS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Semán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/lula-bolsonaro-disputa-voto-evangelico_129_9592075.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Oct 2022 17:32:54 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El miedo del jardinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/miedo-jardinero_129_9297801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6faf3ffa-971c-40e1-8070-921611daec4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El miedo del jardinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El intento de asesinato de Cristina Fernández de Kirchner roza nervios casi desconocidos en la sociedad, sostiene Pablo Semán. La política oficialista intenta movilizarlos con el riesgo del efecto boomerang y la política opositora los fogonea sin compromiso democrático. El miedo de los nadies.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El jardinero que trabaja en casa lleg&oacute; y dijo que ten&iacute;a miedo por lo que hab&iacute;a pasado&rdquo;, me dijo el referente de&nbsp;una agrupaci&oacute;n de graduados universitarios en un momento de la marcha del viernes pasado. Los dichos del jardinero constitu&iacute;an para &eacute;l una prueba de que &eacute;ste era un momento de afirmaci&oacute;n de la fuerza del kirchnerismo y que en consecuencia no era necesario &ldquo;acercarse a nadie&rdquo;. No es ni gratuito ni productivo decir esto en un pa&iacute;s en que los espacios pol&iacute;ticos predominantes configuran una polarizaci&oacute;n asim&eacute;trica.  El centro es el Frente de Todos con todas desavenencias de una trieja que dice poliamor cada vez que vez que se descubren cuerne&aacute;ndose, la derecha de Horacio Rodriguez Larreta, la ultraderecha de Mauricio Macri y, en un continumm orgi&aacute;stico, la ultraderecha plus de Javier Milei y Patricia Bullrich.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No contentos con la plusval&iacute;a que extraemos del jardinero tambi&eacute;n le robamos el sentido de su experiencia al confundir, por prepotencia interpretativa de la comunidad de politizados, lo que en realidad es otra reacci&oacute;n con afinidad pol&iacute;tico-identitaria. Una cosa es la sociedad pol&iacute;tica y otra los que viven la &ldquo;vida com&uacute;n&rdquo; y est&aacute;n fuera de la &ldquo;conversaci&oacute;n p&uacute;blica&rdquo;. La oposici&oacute;n entre estos dos elementos es groseramente dicot&oacute;mica, pero es mejor que nada ante los riesgos del remanido &ldquo;la gente anda diciendo&rdquo; en que se montan las autolegitimaciones de las facciones en pugna en el peronismo y en la sociedad argentina (cada politizado lleva en su mochila un manual de hermene&uacute;tica del pueblo). <strong>El miedo de los nadies es otra cosa. </strong>No tiene medios para expresarse, ni editorialistas que lo esteticen por fuera de sus propias intenciones editoriales.  Es como la compasi&oacute;n por los desaparecidos que tuvo la gente com&uacute;n y que en&nbsp;nada se asemeja al encolumnamiento con la postulaci&oacute;n de vidas ejemplares que hemos hecho los familiares y&nbsp;han recolectado de forma sistem&aacute;tica -con excepciones honrosas- las memoriolog&iacute;as acad&eacute;mico-pol&iacute;ticas. No se trata, relativicemos, que los nadies no tienen su claridad pol&iacute;tica o que los militantes y los dirigentes no tienen sentimientos y posiciones m&aacute;s all&aacute; de la &ldquo;l&iacute;nea&rdquo;, pero si quieren malentender haganl&oacute;. Eso no remueve un hecho: la tentativa de asesinato de la vicepresidenta, adem&aacute;s de conmover con un motivo homog&eacute;neo amplias zonas de la sociedad en las que el oficialismo pudo o podr&aacute; movilizar un cr&eacute;dito en su favor, tambi&eacute;n <strong>roza nervios casi desconocidos</strong>. La pol&iacute;tica oficialista no los ve pero intenta movilizarlos con el riesgo del efecto boomerang y la pol&iacute;tica opositora juega con los s&iacute;ntomas y los fogonea a distancia de cualquier idea de responsabilidad y compromiso democr&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        EL repudio al atentado&nbsp;fue plet&oacute;rico de sentidos en el plano del c&iacute;rculo rojo ampliado de la pol&iacute;tica y las militancias de todas las layas. En un abanico de opciones que no necesariamente se excluyen, aparecen los motivos de la defensa de Cristina, de la democracia, del peronismo, o el del repudio al atentado con claro signo neofascista de su ejecutor y a algunos de sus defensores m&aacute;s o menos desembozados en el seno de la clase pol&iacute;tica.&nbsp;Estos sentidos nacen de experiencias y temporalidades muy diferentes del kirchnerismo: la que inici&oacute; una ola de reparaciones luego del calvario menemista, la del kirchnerismo relanzado en el &ldquo;conflicto con el campo&rdquo; como fuerza antiolig&aacute;rquica con que realiz&oacute; CFK sus dos mandatos consecutivos, la de la defensa frente a la hostilidad macrista contra los sectores populares y la de los tiempos turbulentos del mandato de Alberto en que se mezclan las amarguras de la herencia macrista, la pandemia, la guerra, la inflaci&oacute;n y los conflictos internos interminables y repletos de zancadillas. <strong>Habr&iacute;a que incluir en ese abanico las reacciones mezquinas, irresponsables y directamente incendiarias de las tres facciones de la derecha.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero hay, adem&aacute;s, un sentido transversal a las formas que pueden comprenderse desde el punto de vista del ampl&iacute;simo sector de la sociedad que de una manera u otra se identifica, o se ha identificado, con algunos de los motivos de la experiencia kirchnerista en su extensa historia. En una relaci&oacute;n compleja con los temas de la democracia y el peronismo (nadie quiere la democracia de los abogados radicales y cada uno tiene el peronismo que se le ocurre, incluso peronismos superadores del peronismo) much&iacute;simas de las personas presentes en ese acto y de las que asistieron horrorizadas a la tentativa de asesinato de Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner intuyen algo aterrador: a pesar de los c&aacute;lculos pol&iacute;tico-electorales de siempre (el piso, el techo, la tracci&oacute;n y la centralidad de la jefa, etc.), de las banalidades y canchereadas que en general consisten en minimizar los peligros y sobreestimar las virtudes. <strong>A pesar de las declaraciones rutinarias de optimismo de la voluntad propaladas por un r&eacute;gimen discursivo que funciona en piloto autom&aacute;tico y pretende utilizar a los que llaman &ldquo;propios&rdquo; como masa de maniobras de una dirigencia que vive en zig zag</strong> .Y, pese tambi&eacute;n, a un discurso de dirigentes irresponsables que abrevan en las aguas turbias de la claridad con que la ciencia pol&iacute;tica plantea ideas abstractas acerca de la pendularidad de los electorados, las multitudes  temen que lo que sigue despu&eacute;s sea mucho peor que lo que hayamos conocido en cualquier gobierno desde 1983. En la facci&oacute;n contraria de la sociedad pol&iacute;tica tambi&eacute;n se viven miedos espec&iacute;ficos y contradictorios: desde &ldquo;quedar salpicados&rdquo; a no ser lo suficientemente &ldquo;duros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hay discusiones que son de la sociedad pol&iacute;tica ampliada, que va desde los dirigentes y sus mesas chicas a sus ampl&iacute;simas periferias que confunden el &uacute;ltimo seguidor del &uacute;ltimo perif&eacute;rico en Twitter con &ldquo;el pueblo&rdquo; cuando en realidad este comienza varios kil&oacute;metros despu&eacute;s de ese moj&oacute;n. En la sociedad pol&iacute;tica ampliada hecha de comentarios pol&iacute;ticos, alianzas, pasiones y confrontaciones, de intereses, contratos y expectativas, el miedo tiene coordenadas pol&iacute;ticas que son muy distintas de las implicadas en el miedo del jardinero entendido como uno de los tantos miedos de lo que por contraposici&oacute;n podr&iacute;amos llamar, con torpeza, la sociedad civil. El miedo en ning&uacute;n caso es idiota. Y este quiz&aacute;s sea un bien a preservar y a purificar frente a los habituales festilindos del nacionalismo democr&aacute;tico popular que es en parte responsable de que en el 2023 el horizonte de la Argentina pueda ser el de un Bukele o un Bolsonaro. <strong>No se trata de reivindicar el miedo para amedrentarse, sino de entender que ah&iacute; hay una percepci&oacute;n de lo que debe enfrentarse con inteligencia, amplitud y valent&iacute;a que hasta ahora y muchas veces han faltado en situaciones cruciales.</strong> Algo que falta&nbsp;toda vez que se escritura a cuenta propia el miedo del jardinero para ganar la interna del Frente de Todos y la de la sociedad pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El miedo del jardinero es otra cosa que ese miedo de la sociedad pol&iacute;tica.</strong> Se retroalimenta de inflaci&oacute;n, de todo tipo de inseguridades y desenga&ntilde;os propinados por el Estado, de frustraciones pand&eacute;micas acumuladas que nunca fueron contenidas ni suturadas. No surge de &aacute;mbitos colectivos en el que se discuta sistem&aacute;ticamente algo (incluso con la pobreza de nuestras reuniones pol&iacute;ticas en las que el cachetazo verticalizante del referente que baja la l&iacute;nea, la mercader&iacute;a y el merchandising, es la realidad efectiva), sino de una cotidianeidad agobiada que se tramita en conversaciones intermitentes en b&uacute;squeda de consuelo que van del hor&oacute;scopo a las iglesias, del psic&oacute;logo a los libros de autoayuda, del alcohol, las pastillas, el porro y la merca a los tratamientos psiqui&aacute;tricos, -y tambi&eacute;n incluye di&aacute;logos incidentales con los vecinos, los comerciantes, las familias y los amigos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El miedo del jardinero condensa una expectativa angustiada en la que se agolpan, casi en una gota, los efectos de las cat&aacute;strofes que van desde los a&ntilde;os iniciales del estancamiento econ&oacute;mico hasta los efectos recientes del encierro que incluyen las fracturas dom&eacute;sticas, el reinicio agobiante de una vida econ&oacute;mica post pand&eacute;mica empeorada por la inflaci&oacute;n y los contratos desp&oacute;ticos. Puede que este miedo sea menos articulado que el discurso pol&iacute;tico aunque haya que decir que el discurso pol&iacute;tico, salvo excepciones, se quiere a s&iacute; mismo como voz marcial, como grito gutural que apela a las figuras machas que fascinan porque los falsos deconstruidos&nbsp;piensan que hay alguien que goza sin l&iacute;mite alguno. O quiz&aacute;s debamos apreciar la especificidad de los tantos miedos de los tantos que muteamos con nuestras interpretaciones. El miedo del jardinero tiene su propia entidad &ldquo;otra&rdquo;: no nace de un proyecto para reformar el pa&iacute;s en un sentido o en otro sino de la visi&oacute;n de nubarrones, huracanes y sequ&iacute;as que se proyectan sobre su labor cotidiana y la amenazan casi mortalmente. Tiene otro epicentro: <strong>mucha gente teme perder de un golpe lo acumulado, perdido y vuelto a acumular en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y mucha gente teme que la violencia, sea cual sea, venga de donde venga, haga m&aacute;s peligrosa la intemperie que padece actualmente.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mucho de lo poco que conecta a la sociedad pol&iacute;tica con la sociedad civil es algo que malamente se llama discursos de odio y es el efecto estrat&eacute;gico del funcionamiento de apuestas conscientes y mecanismos incontrolables que transforma esos miedos en beligerancias. En ese contexto la expropiaci&oacute;n del miedo del jardinero, extracci&oacute;n de plusval&iacute;a simb&oacute;lica que se refuerza con la que extraemos contratando, no s&oacute;lo es parte&nbsp;de la polarizaci&oacute;n asim&eacute;trica en contra en la que, hasta donde yo s&eacute;, el peronismo no gan&oacute; nada. Esa misma expropiaci&oacute;n simb&oacute;lica es parte del circuito de violencia entre la pol&iacute;tica y la sociedad. Puesto a pelear la pelea de la sociedad pol&iacute;tica el gobierno tiene las de perder por partida doble: frente a la oposici&oacute;n que medra con su necesario desgaste, frente a la sociedad civil a la que se quiere llevar puesta con slogans. <strong>A una semana del atentado esos riesgos son comprobables en encuestas que muestran hasta donde se agrav&oacute; la polarizaci&oacute;n y la poca solidaridad que logra el gobierno encerrado en su c&aacute;mara de eco: tan grande como para no sentirse minor&iacute;a, tan peque&ntilde;a como para no poder formar mayor&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>PS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Semán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/miedo-jardinero_129_9297801.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Sep 2022 11:21:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El miedo del jardinero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cristina Fernández de Kirchner,Atentado contra CFK,Peronismo,nueva derecha]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El triple fracking pandémico a las juventudes argentinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/triple-fracking-pandemico-juventud-argentina_129_8994000.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b3d884cb-169a-4515-82bc-5c34da6f04ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El triple fracking pandémico a las juventudes argentinas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde el inicio de la pandemia las personas jóvenes han enfrentado exigencias superiores a las que habían enfrentado hasta el momento en una fase de la vida que los desborda. Pablo Semán se propone pensar esas experiencias en un contexto en el que la pandemia aún no terminó.</p></div><p class="article-text">
        La parte lateral de la motocicleta que conduce un chico de entre 20 y 25 a&ntilde;os con su mochila de repartidor tiene atravesada una muleta como si fuera la lanza de un soldado. Cuando frena saca la muleta y se apoya en ella para no da&ntilde;ar la pierna enyesada, tocar el timbre y entregar su pedido. Dos veces durante los &uacute;ltimos meses&nbsp;pude observar ese extremo en las calles de Buenos Aires.&nbsp;Tal vez lo peor de los contagios y las muertes por Covid-19 haya pasado. <strong>Pero los horrores pand&eacute;micos no son pasado.</strong>&nbsp;Y tampoco son pasado los sentimientos formados, incubados y todav&iacute;a marchantes por las m&aacute;s diversas procesiones subjetivas: algunas van por dentro, otras son gritos destemplados, otras son s&iacute;ntomas agudizados, pocas de ellas son la superaci&oacute;n definitiva de un golpe y, por eso mismo,&nbsp;<strong>la pandemia no pas&oacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si la exasperaci&oacute;n supera a todos, por todos lados ya no es posible utilizar categor&iacute;as psicol&oacute;gicas individuales, si es que estas existen puras en alguna otra situaci&oacute;n. Por tras de los&nbsp;que aparecen como exabruptos personales est&aacute; un conjunto de dislocamientos que son el efecto de la pandemia, las pol&iacute;ticas destinadas a contenerla y los consecuentes hechos y debates a que han dado lugar el virus y las controversias sobre sus efectos, su tratamiento individual y social y su prevenci&oacute;n masiva. Claro que muchas de las situaciones que pueden discernirse como motivos de la exasperaci&oacute;n no son frutos exclusivos de la pandemia sino tambi&eacute;n de a&ntilde;os previos de estancamiento, perdidas econ&oacute;micas y beligerancia creciente. Pero no es menos cierto que esas proveniencias se anudaron con las situaciones pand&eacute;micas permitiendo las emergencias que estar&aacute;n estallando ante nosotros por mucho m&aacute;s tiempo que el que nos gustar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En el libro que recientemente organizamos con Fernando &ldquo;Chino&rdquo; Navarro, (<em>Dolores, experiencias, salidas: un reporte de las juventudes durante la pandemia en el AMBA</em>)&nbsp;observamos tres niveles de esos anudamientos siguiendo el uso ampliado que Pablo Touzon y Federico Zapata le dan a la palabra fracking. Perforaci&oacute;n triple que viven toda la sociedad y, de manera espec&iacute;fica, las juventudes. Algo de lo que concluimos en ese trabajo sigue aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        A nivel subjetivo y familiar&nbsp;<strong>las personas j&oacute;venes tuvieron que enfrentar situaciones que implicaban exigencias superiores a las que hab&iacute;an enfrentado hasta el momento o a las que esperaban enfrentar.&nbsp;</strong>A veces debieron asumir cargas inesperadas dentro de los hogares, otras cargaron con las consecuencias del empobrecimiento de sus familias y, en general, se vieron obligadas a tomar parte de situaciones educativas poco comunes en las que se enfrentaban a pr&aacute;cticas que implicaban para much&iacute;simas de ellas imposibilidades materiales: no ten&iacute;an datos, conectividad, equipos o entorno adecuado ni docentes preparados. Incertidumbres acerca del proceso educativo, iniciaciones irregulares o postergadas que acentuaban las dificultades, cierres pobres o tambi&eacute;n postergados que abarcaban no s&oacute;lo la dimensi&oacute;n cognitiva sino tambi&eacute;n la emocional e institucional. Tambi&eacute;n afrontaron aceleraciones del tr&aacute;nsito a los papeles laborales o a nuevos y m&aacute;s exigentes papeles familiares debido a que la pandemia impon&iacute;a una reconfiguraci&oacute;n de los roles en el seno de la familia, de la pareja y de su propia subjetividad. Otras veces, por efectos de la combinaci&oacute;n de las restricciones, las tensiones familiares y los l&iacute;mites de la presencia estatal a trav&eacute;s de mediaciones judiciales y/o terap&eacute;uticas padecieron regresiones personales y reconfiguraciones familiares empobrecedoras y violentas. En todos los casos las personas j&oacute;venes debieron extraer energ&iacute;as suplementarias en una fase de la vida que, por definici&oacute;n, los desborda. Esas situaciones encontraron a las juventudes, metaf&oacute;ricamente hablando, en una exploraci&oacute;n de profundidades, sacando leche de piedras, es decir, explorando sus l&iacute;mites en una especie de fracking subjetivo y relacional en su mundo micro. Pero tambi&eacute;n debe hablarse del fracking en las relaciones econ&oacute;micas que tuvieron que asumir las personas j&oacute;venes que ingresaron al mundo del trabajo en el contexto pand&eacute;mico. Incluso los que identificaron oportunidades laborales provechosas que les dieron rendimientos inmediatos y posibilidades in&eacute;ditas a futuro lo hicieron a costa de una explotaci&oacute;n intensiva del tiempo que era posibilitada por las restricciones pand&eacute;micas, pero que era compensada por limitaciones en otros planos. Much&iacute;simo m&aacute;s exigida estaba la situaci&oacute;n de quienes debieron asumir emprendimientos individuales de destino incierto y con capitalizaciones basadas en deudas o mutilaciones patrimoniales, en las que las relaciones costo-beneficio eran apenas ventajosas y exig&iacute;an dedicaciones absorbentes, al mismo tiempo extensas e intensivas. En el mismo plano econ&oacute;mico debe verse la situaci&oacute;n de las personas j&oacute;venes que ingresaron o se mantuvieron en ramas como las de pasteleros y gastron&oacute;micos, que afrontaron recortes salariales o extensiones de la jornada de trabajo no remunerada y, junto a ello, la multiplicaci&oacute;n de sus funciones sin ning&uacute;n tipo de incentivo o premio. En todos estos casos tambi&eacute;n se trat&oacute; de extraer energ&iacute;as suplementarias que se encontraban en un nivel m&aacute;s profundo y menos explorado de la subjetividad y del propio cuerpo. 
    </p><p class="article-text">
        Una segunda dimensi&oacute;n de fracking que no s&oacute;lo abarca la subjetividad y las energ&iacute;as personales, <strong>sino que las tres dimensiones del fracking pand&eacute;mico tambi&eacute;n opera sobre los marcos laborales.</strong> La pandemia los destroz&oacute; y mucho de lo que hoy puede constatarse como ca&iacute;da de la participaci&oacute;n de los trabajadores en el ingreso nacional se origina en ese desbalance. Finalmente, una tercera dimensi&oacute;n es la de la sobrecarga y el desgaste que abarca a las juventudes como parte de configuraciones sociales que parecen haberse desfondado en sus fundamentos pol&iacute;ticos. Una de las caracter&iacute;sticas centrales de esta epidemia es la letalidad del virus relativamente baja combinada con su alt&iacute;sima difusi&oacute;n y replicabilidad. Este rasgo es el que explica el principal efecto social y pol&iacute;tico de la pandemia al menos en occidente. Dado que su letalidad puede ser controvertida o minimizada puede discutirse m&aacute;s radicalmente la pretensi&oacute;n estatal de establecer un gobierno basado exclusivamente en una regla sanitaria que ten&iacute;a el efecto de paralizar la econom&iacute;a y la vida educativa o recreativa. As&iacute;, los Estados debieron imponer a rega&ntilde;adientes de la sociedad unas medidas que se tomaron por una raz&oacute;n relativamente intangible desde el punto de vista de los ciudadanos:&nbsp;<strong>las medidas sanitarias se anticipaban a posibilidades catastr&oacute;ficas que finalmente no se dieron justamente porque esas medidas se cumplieron en alg&uacute;n grado.</strong>&nbsp;Por eso mismo esa imposici&oacute;n, que result&oacute; en un bien intangible, debilit&oacute; la relaci&oacute;n de los sujetos con el Estado: &eacute;ste los &ldquo;encerr&oacute;&rdquo; para salvarlos de algo que en su representaci&oacute;n y en los resultados finales no era tan peligroso. Una especie de adhesi&oacute;n retrospectiva a Boris Johnson parece acompa&ntilde;ar las penas del mundo post pand&eacute;mico. No es la &uacute;nica reacci&oacute;n: se encuentran tambi&eacute;n la de aquellos que han padecido la enfermedad y la de los que han perdido a seres queridos y cercanos. Pero para estas personas, por otras razones, el Estado tampoco es un santo. Muchos de los que quisieron ser cuidados no pod&iacute;an aceptar los cuidados.&nbsp;<strong>La pandemia debilit&oacute; el poder del Estado de hacerse obedecer y debilit&oacute; muy ampliamente la fe de los sujetos en el Estado: la conjunci&oacute;n de la insubordinaci&oacute;n con el cuestionamiento a las formas de estatalidad vigentes en los distintos pa&iacute;ses expresa el consumo acelerado de un acervo de legitimidad exhausto.</strong>&nbsp;Tercera dimensi&oacute;n, entonces, del fracking pand&eacute;mico que contiene y determina a las dos anteriores.&nbsp;<strong>Este mapa de dolores es el que deben afrontar la sociedad y la pol&iacute;tica para acotar lo m&aacute;s posible el da&ntilde;o de la epidemia al cuerpo social.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>PS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Semán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/triple-fracking-pandemico-juventud-argentina_129_8994000.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 15 May 2022 03:03:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El triple fracking pandémico a las juventudes argentinas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pandemia,Covid-19,juventud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El reino: qué ves cuando lo ves]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/reino-ves-ves_129_8315682.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/88dda943-b1cf-4f83-9b7b-ff76b6cbec12_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El reino: qué ves cuando lo ves"></p><p class="article-text">
        En la controversia que dispar&oacute; el estreno de la serie <em>El Reino</em> un hecho me sorprendi&oacute; gratamente: que una parte de los espectadores y la cr&iacute;tica vislumbr&oacute; sus sesgos y los objet&oacute;. Es all&iacute; que son eficaces los efectos expandidos de la pr&eacute;dica pluralista, principalmente la feminista, en la sensibilidad masiva: a ella,&nbsp;<strong>y no a la conspiraci&oacute;n de tres antrop&oacute;logues y dos soci&oacute;logues</strong>,&nbsp;debemos la expresi&oacute;n cr&iacute;tica respecto de&nbsp;los estereotipos de la serie en las redes sociales y en otras instancias del espacio p&uacute;blico. En ese contexto, el esclarecimiento de que <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/reino-ficcion-mentira_129_8254925.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>El Reino </strong></em></a><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/reino-ficcion-mentira_129_8254925.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>es&nbsp;ficci&oacute;n y la ficci&oacute;n es mentira</strong></a><strong>&nbsp;</strong>produce al mismo tiempo alguna conformidad y varios desacuerdos.&nbsp;Ac&aacute; no se trata de cuestionar ninguna libertad sino de discutir el funcionamiento de la ficci&oacute;n en relaci&oacute;n a la verdad y a lo social. Y en esto nos parece que la cuesti&oacute;n es m&aacute;s compleja que lo que se se&ntilde;ala.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aceptamos el argumento en su intenci&oacute;n de resguardar la libertad de expresi&oacute;n de les artistes de todo tipo. La libertad de expresi&oacute;n no se negocia. Tampoco es posible aceptar ninguna pretensi&oacute;n de que el arte no pueda ser analizado en sus proveniencias y emergencias sociales, sean estas conscientes o inconscientes. En primer lugar, por la raz&oacute;n m&aacute;s simple del mundo:&nbsp;<strong>la libertad para decir es correlativa de la libertad para interpretar </strong>(una instituci&oacute;n en gran parte protestante)<strong>.&nbsp;</strong>En segundo lugar, por una raz&oacute;n compleja que no casualmente el feminismo, entre otras expresiones cr&iacute;ticas y anal&iacute;ticas, ha expuesto de forma ejemplar. Continuando la saga de los estudios culturales, del estructuralismo y sus superaciones, del psicoan&aacute;lisis y de miles de a&ntilde;os de hermen&eacute;utica, se ha demostrado que ideolog&iacute;as hay en todo. Hasta en <em>El se&ntilde;or de los anillos</em>. As&iacute; que, m&aacute;s all&aacute; del estatuto de la ficci&oacute;n en relaci&oacute;n a la verdad-cuesti&oacute;n que tomamos despu&eacute;s- es preciso ver que la supuesta autonom&iacute;a social de la ficci&oacute;n es bastante discutible.&nbsp;La ficci&oacute;n tiene significados sociales, es socialmente interpretable y genera, l&oacute;gicamente, disputas sociales por su interpretaci&oacute;n. En tercer lugar, como el caso espec&iacute;fico de <em>El Reino</em> roza el hecho de la desigualdad religiosa que rige en el pa&iacute;s,&nbsp;<strong>es preciso exigir la misma sofisticaci&oacute;n anal&iacute;tica (y la misma precauci&oacute;n pol&iacute;tica) que pide cualquier otra desigualdad que por ser legitimada encubre un proceso estructural.</strong>&nbsp;En consecuencia, la ficci&oacute;n no s&oacute;lo no puede pretender inmunidad en su lectura social sino tampoco puede asombrarse de <strong>la movilizaci&oacute;n de actores sociales que quieran discutir los procesos de estereotipaci&oacute;n libre que rigen la actividad de la industria cultural.</strong>&nbsp;Y todo esto no quiere decir que, como me dijo un amigo evang&eacute;lico, <a href="https://www.eldiarioar.com/espectaculos/evangelicos-acusaron-guionista-nueva-serie-netflix-reino-comportamiento-fascista_1_8234509.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el comunicado de ACIERA</a> (Alianza Cristiana de las Iglesias Evang&eacute;licas de la Rep&uacute;blica Argentina) no haya sido p&eacute;simo o que haya que establecer censura alguna para purificar nada. Solo subrayo que estos procesos existen y que no ser&iacute;a la primera vez que un grupo movilizado le discute a una compa&ntilde;&iacute;a de entretenimiento la l&oacute;gica de producci&oacute;n de guion.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Volvamos a la autonom&iacute;a del arte. La presentaci&oacute;n rom&aacute;ntica del artista fue veros&iacute;mil en un pasado e incluso en ese pasado, inclusive en el siglo XIX, fue discutida.</strong>&nbsp;La ilusi&oacute;n que le subyac&iacute;a fue discutida y superada incluso en el propio mundo del arte. Y hoy es mucho menos v&aacute;lida para una parte de los artistas, la cr&iacute;tica del arte y la mirada del arte desde las ciencias sociales que son, adem&aacute;s, c&iacute;rculos rec&iacute;procamente relacionados. Y es m&aacute;s que problem&aacute;tica la figura del artista que vive en el cielo incondicionado de su imaginaci&oacute;n y su sensibilidad y reclama una superioridad a la que una buena parte de la historia del arte cuestiona (Silvio Rodr&iacute;guez dec&iacute;a ir&oacute;nicamente &ldquo;Un&nbsp;obrero me ve,&nbsp;me llama artista&nbsp;y noblemente&nbsp;me suma&nbsp;su&nbsp;estatura&rdquo;). Si es dif&iacute;cil de aceptar&nbsp;este argumento en general lo es mucho m&aacute;s en el caso de una producci&oacute;n en la que al genio del artista se sobreimprimen las exigencias organizacionales, ideol&oacute;gicas, pol&iacute;ticas e incluso ling&uuml;&iacute;sticas de tener un producto a la medida de un p&uacute;blico X y las consecuentes obligaciones de adaptar referencias pol&iacute;ticas y culturales a un nicho de p&uacute;blico latinoamericano. Tampoco resulta plausible que se reivindique la posesi&oacute;n del WhatsApp de las musas cuando la obra antes, durante y despu&eacute;s de su lanzamiento se afirm&oacute; y defendi&oacute;, como denuncia, mientras otres la percibieron como agresi&oacute;n. Ni por el proceso social implicado en esta producci&oacute;n art&iacute;stica, ni por sus intenciones expl&iacute;citas estamos ante una obra de arte aut&oacute;noma.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute;, en lo respectivo a lo real, es preciso volver a lo de siempre.&nbsp;<em>El Reino</em> se hace verdad en el lazo que se trama entre una presentaci&oacute;n discutible del caso brasile&ntilde;o y la recepci&oacute;n de un mercado desinformado que compra la posibilidad, casi el hecho, de que en todos lados puede ser o es igual que en Brasil.&nbsp;<strong>La verdad sociol&oacute;gica es que el mundo evang&eacute;lico en Argentina no se ha comportado hasta ac&aacute; como lo hizo el brasile&ntilde;o en ning&uacute;n momento de los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os.&nbsp;</strong>No porque no haya habido partidos evang&eacute;licos en ese lapso (su relativo desconocimiento evidencia su incapacidad de traccionar el supuesto voto evang&eacute;lico). Lo que sucede es que los evang&eacute;licos hasta ahora votan como lo hacen los fieles de otras religiones del mismo sector social y cultural. Si la crisis de la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a pos pand&eacute;micas llevan a un voto anti pol&iacute;tico que congregue tambi&eacute;n a los evang&eacute;licos, quiz&aacute;s el problema no pase por los evang&eacute;licos, <strong>sino por una pol&iacute;tica abandonada a la improvisaci&oacute;n y a un cortoplacismo incre&iacute;bles.</strong>&nbsp;La lectura de Brasil parece m&aacute;s realista, pero tampoco lo es tanto. La relaci&oacute;n entre evang&eacute;licos y pol&iacute;tica en Brasil es m&aacute;s fluida y diversa de lo que se piensa y la misma mayor&iacute;a evang&eacute;lica que quiso a Bolsonaro presidente hoy lo quiere a Lula. Como se puede ver hoy la aprobaci&oacute;n de Bolsonaro entre los evang&eacute;licos es del 29% y de los que ganan m&aacute;s de diez salarios m&iacute;nimos es del 47%. Capaz que la lectura&nbsp;impresionista pero estigmatizante est&aacute; equivocada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En este punto, y aunque no se sepa, la estrategia argumental de la ficci&oacute;n sigue punto por punto la l&iacute;nea que hace 40 a&ntilde;os promovi&oacute; la iglesia cat&oacute;lica, a t&iacute;tulo de investigaci&oacute;n:&nbsp;la &ldquo;cr&iacute;tica&nbsp;de las sectas&rdquo; y la reducci&oacute;n del fen&oacute;meno evang&eacute;lico a iglesias avasallantes, l&iacute;deres ambiciosos, manejos turbios de dinero y poder tuvo&nbsp;muy pobres resultados pol&iacute;ticos y anal&iacute;ticos</strong>.&nbsp;Por este camino, la conversaci&oacute;n sobre la serie deriv&oacute; en un giro que tampoco es nuevo en la historia de estos debates pero asombra tanto por su potencial discriminatorio como por la inconsciencia con que se lo profiere: &ldquo;No queremos ofender las formas de genuinas de fe&rdquo;. &iquest;Y qui&eacute;n las&nbsp;determina como tales? En los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os hemos visto gente ignorante, envarada y poderosa afirmar contra los evang&eacute;licos la necesidad de tener en cuenta las &ldquo;religiones establecidas&rdquo; y no a las &ldquo;sectas&rdquo;. Y veinte a&ntilde;os despu&eacute;s apareci&oacute; la idea de que las respetables eran las monote&iacute;stas, pero no otras (algo que algunos evang&eacute;licos aceptaron). A la pretensi&oacute;n catolicoc&eacute;ntrica ya superada viene a relevarla una lectura del laicismo que por su falta de perspectiva hist&oacute;rica da la vuelta completa para ponerse del lado de la desigualdad religiosa. Laicidad es Estado libre de religi&oacute;n pero, tambi&eacute;n, religi&oacute;n libre de Estado y de fiscales de oficio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En nuestro balance de claroscuros </strong><em><strong>El Reino</strong></em><strong> indica y obtura al mismo tiempo un debate que excede la serie y sus p&uacute;blicos y plantea una tarea&nbsp;para quienes tienen intereses democr&aacute;ticos y populares</strong>.&nbsp;<strong>Los evang&eacute;licos est&aacute;n para quedarse y para crecer por lo que es necesario plantearse pol&iacute;ticas que excedan la hip&oacute;tesis infantil de que no est&aacute;n, se van a ir o van a repudiar su pertenencia religiosa.</strong>&nbsp;Quienes tienen proyectos emancipadores quiz&aacute;s no pueden darse el lujo de combatir privilegiadamente al 25% o 30% de sujetos al mundo popular que tiene reclamos econ&oacute;micos como los de sus vecinos cat&oacute;licos pero es evang&eacute;lico.&nbsp;El debate pol&iacute;tico y el de la serie se unen en un horizonte superador.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El brit&aacute;nico E.P. Thompson, hombre bueno e inteligente, escribi&oacute; su historia de la clase obrera en Inglaterra con una comprensi&oacute;n ejemplar del papel de los movimientos religiosos en la estructuraci&oacute;n de una conciencia popular. Los evang&eacute;licos contempor&aacute;neos no son la r&eacute;plica de los radicalismos de origen religioso que hicieron del socialismo ingl&eacute;s una fuerza que deb&iacute;a tanto a Marx como a Cristo. Pero tampoco son ajenos a las lucha defensivas con que las clases populares, desde hace mucho tiempo, enfrentan la violencia dom&eacute;stica, las adicciones, la expropiaci&oacute;n cotidiana, el desarraigo y el des&aacute;nimo organizado como discurso. Y en este punto no est&aacute; dem&aacute;s recordar que&nbsp;el t&iacute;tulo del libro de&nbsp;Thompson&nbsp;(<em>The making of the working english class</em>) no s&oacute;lo se remit&iacute;a al <em>make </em>del hacer, sino el del <em>maker </em>que es, como fue observado por un cr&iacute;tico, el t&eacute;rmino antiguo del ingl&eacute;s para poeta. La ficci&oacute;n tiene relaciones mucho m&aacute;s complejas con la verdad que la de la simple &ldquo;mentira&rdquo;:&nbsp;la refleja, la actualiza, la promueve, la establece, la versiona, juega con sus potencias como lo entend&iacute;a el gran historiador. Desde&nbsp;que al menos una parte de la biblioteca, la m&aacute;s actualizada, dice que la estructura de lo real es ficcional,&nbsp;<strong>&iquest;podemos sostener la dicotom&iacute;a simplificadora de que la ficci&oacute;n es a la mentira lo que el documental a la verdad?&nbsp;Luego si uno quiere hacerse o no responsable de posiciones pol&iacute;ticas frente a una parte importante de los sectores populares o de los sesgos derivados de la falta de ciudadan&iacute;a religiosa en el pa&iacute;s es una decisi&oacute;n personal&iacute;sima que tiene adem&aacute;s muchas inflexiones. Pero no es posible ignorar que esos problemas est&aacute;n.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>PS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Semán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/reino-ves-ves_129_8315682.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Sep 2021 03:02:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El reino: qué ves cuando lo ves]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El Reino,evangelismo,Iglesias evangélicas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más allá de El Reino: la controversia entre misoginia y evangelicofobia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/reino-controversia-misoginia-evangelicofobia_129_8237149.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a265b0b5-59f0-4f85-88f1-32f292fb180b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más allá de El Reino: la controversia entre misoginia y evangelicofobia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        El hecho de que la producci&oacute;n musical, literaria o f&iacute;lmica tenga su sentido estrechamente asociado a las interpretaciones que hacen los p&uacute;blicos que consumen esa producci&oacute;n de forma activa y con un bagaje de concepciones previas que ayuda a construir su sentido nos releva, por ahora, de entrar en el debate de si la serie <em>El reino</em> es ficci&oacute;n (como si se tratase de fantas&iacute;a ex nihilo) o realismo (como si lo real no fuese ficcional). <strong>No es fantas&iacute;a derivada de una exquisita y extraordinaria imaginaci&oacute;n para quienes la defienden con motivos como denuncia, ni tampoco lo es para atacantes que, con sus razones, se sienten ofendidos.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Un m&iacute;nimo relevamiento en las redes sociales permite ver una pluralidad sorprendente de interpretaciones, aunque muchas de ellas coinciden en que la serie trata sobre el mal, sobre la relaci&oacute;n entre pol&iacute;tica, religi&oacute;n, negocios y cr&iacute;menes y, m&aacute;s espec&iacute;ficamente, sobre esta relaci&oacute;n poniendo en el centro a los grupos evang&eacute;licos. Son necesarias algunas aclaraciones. Todos se sienten tocados y no porque &ldquo;algo de eso hay&rdquo;, porque las acusaciones deslizadas de forma semiplena rocen la verdad por el solo descenso de las musas, sino tambi&eacute;n porque, ahora s&iacute;, en el texto y tambi&eacute;n en la interpretaci&oacute;n, hay una vacilaci&oacute;n estrat&eacute;gica: <strong>atacar como si fuese un &ldquo;documental&rdquo; y defenderse como &ldquo;artistas&rdquo;. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Y claro que &ldquo;algo de eso hay&rdquo;. Pero m&aacute;s diverso y contradictorio de lo que se asume en el compromiso entre audiencia y autores. Es que m&aacute;s all&aacute; del estatuto de la serie hay enunciaciones hist&oacute;ricas que resultan agresivas y dolorosas para cada uno de los bandos en pugna. Hoy se condensan en una pol&eacute;mica, en la que cada uno de ellos tiene sus razones y sus yerros. <strong>En parte del mundo evang&eacute;lico se ignora hasta qu&eacute; punto causa dolor la oposici&oacute;n a la agenda de diversidad y de g&eacute;nero que es fuerte en sus filas. </strong>Ignoran incluso que ese dolor es infringido hacia personas que son evang&eacute;licas y reivindican reconocimientos y autonom&iacute;as, aunque sus pastores y pastoras no lo sepan o no quieran saberlo. Ese rechazo de la agenda de g&eacute;nero es el que llev&oacute; a que <a href="https://www.eldiarioar.com/espectaculos/evangelicos-acusaron-guionista-nueva-serie-netflix-reino-comportamiento-fascista_1_8234509.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ACIERA (Alianza Cristiana de las Iglesias Evang&eacute;licas de la Rep&uacute;blica Argentina) se pronunciara p&uacute;blicamente</a> privilegiando en el denuesto de la serie a la mujer guionista y olvidando el var&oacute;n realizador. Desde mi punto de vista cada uno puede creer y decir lo que quiera, pero hay un piso intocable: <strong>la dignidad simb&oacute;lica y jur&iacute;dica de alguien es independiente de sus creencias religiosas, de su genitalidad, de su identidad de g&eacute;nero, de su expresi&oacute;n de g&eacute;nero y de su orientaci&oacute;n sexual (salvo que esta &uacute;ltima se ejerza por fuera de los l&iacute;mites del consenso y la edad) y de su posici&oacute;n frente a la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo, establecida por ley en el marco de un r&eacute;gimen y una votaci&oacute;n democr&aacute;tica. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Si falt&oacute; deconstrucci&oacute;n ah&iacute; tambi&eacute;n falt&oacute; en otro lado: <strong>quienes no tienen ning&uacute;n cuidado en referirse de maneras que ignoran (o no) cu&aacute;n agresivos son sus planteos respecto de los grupos religiosos tampoco tienen en cuenta el hecho de que este pa&iacute;s tampoco es tan plural en el campo religioso y que los evang&eacute;licos han sufrido por d&eacute;cadas estigmas, discriminaciones, violencias.</strong> Y esto no&nbsp;implica que uno olvide que desde las filas evang&eacute;licas se corre hoy el riesgo de obrar con las minor&iacute;as religiosas y sexogen&eacute;ricas como antes lo hicieron las mayor&iacute;as cat&oacute;licas con los evang&eacute;licos: pocos saben lo dif&iacute;cil que era hasta no hace mucho tiempo abrir una iglesia sin recibir todo tipo de agresiones (incluidas las f&iacute;sicas) o lo f&aacute;cil que le resulta <strong>al periodista sin rumbo hacer por millon&eacute;sima vez una nota sobre los &ldquo;evangelistas&rdquo; y desplegar a cielo abierto todo tipo de ignorancias, presunciones falsas y temores adquiridos sin ninguna investigaci&oacute;n seria.</strong> Que en este cruce de agresiones valga el recuerdo del conscripto Carrasco, que muri&oacute; a manos de las dos violencias que hoy se enfrentan, en aquel caso intersectadas: era evang&eacute;lico y t&iacute;mido, as&iacute; que los que lo hicieron ejercitarse hasta morir y luego ocultaron los hechos tal vez lo hayan asesinado por su disidencia religiosa y tal vez, tambi&eacute;n, porque interpretaron que su timidez no era lo suficientemente macha como para para ser un buen soldado. E<a href="https://www.cordialmentepxg.com/2016/11/21/muerte-del-soldado-pentecostal-los-hechos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">l enorme Hilario Winarkzcyck, soci&oacute;logo de origen luterano que ha entendido la especificidad pentecostal como pocos, escribi&oacute; sobre esto</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Paradojalmente son hallazgos te&oacute;ricos del feminismo los que bien pueden servir para entender mejor lo que ocurre con los evang&eacute;licos y con los an&aacute;lisis entregados al goce irrestricto de la prepotencia con una condici&oacute;n que no siempre se acepta, pero es l&oacute;gicamente irrecusable: todos los fen&oacute;menos sociales deben ser abordados con el mismo criterio, no importa si nos gustan o no. Debe subrayarse aquello que dec&iacute;a la antrop&oacute;loga Lila Abu Lughod enfrentando el machismo de los antrop&oacute;logos con los que compart&iacute;a una empresa cr&iacute;tica : la antropolog&iacute;a tiene m&aacute;s que aprender del feminismo que el feminismo de la antropolog&iacute;a. Y en ese aprendizaje estaban las cr&iacute;ticas a las generalizaciones de la viejas ciencias sociales, las cr&iacute;ticas a las formas opresivas que encubre el concepto de &ldquo;cultura&rdquo; de la que han sido elaboradoras decisivas antrop&oacute;logas feministas. No menos ayudan las cr&iacute;ticas al privilegio que se le da a las taxonom&iacute;as por encima de los procesos que, por ejemplo, enfatiza la teor&iacute;a queer, que debe ser aplicada al conocimiento de la poblaci&oacute;n evang&eacute;lica. La mayor parte de quienes asumen el proyecto de la cr&iacute;tica y se jacta de superar la historia de fechas, siglos y leyes positivistas se solaza en el caso de los evang&eacute;licos con tipolog&iacute;as, consideraciones externas, lombrosianismos &nbsp;y siglas&nbsp;(como les gusta decir ACIERA&nbsp;sin tener la m&aacute;s p&aacute;lida idea de su papel sociohist&oacute;rico y suscitar en la interlocuci&oacute;n la convicci&oacute;n de que con dos o tres &ldquo;datitos&rdquo; saben algo!).
    </p><p class="article-text">
        Todo este arsenal est&aacute; embutido en la decodificaci&oacute;n y espec&iacute;ficamente en la lectura generalizante que se da de la mano con la analog&iacute;a m&aacute;s o menos impl&iacute;cita con lo que suponen que sucede en el caso brasile&ntilde;o: los evang&eacute;licos, todos ellos, son una mafia que utiliza los motivos espirituales para hacerse de dinero y luego de poder en combinaciones con la CIA y la derecha. La totalizaci&oacute;n derivada de una parcialidad, muchas veces m&iacute;tica, llama un poco la atenci&oacute;n: los evang&eacute;licos son ped&oacute;filos, mafiosos, est&uacute;pidos que se convencen en base a rituales repetitivos y, por qu&eacute; no, ambiciosos sin l&iacute;mite y eyaculadores precoces. Son tan horribles, que si tienen &eacute;xito en sus maniobras es menos por alguna habilidad que porque son arteros y ruines como la pastora. <strong>Es tiempo de decir que s&iacute; parece mentira que haya que se&ntilde;alar que las mujeres no son cosas, tambi&eacute;n parece mentira que haya que hacer entender que los evang&eacute;licos tambi&eacute;n son humanos. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que la serie recoge de lo que suele decirse de la relaci&oacute;n entre evang&eacute;licos y&nbsp;pol&iacute;tica eleva el prejuicio a la categor&iacute;a de competencia ol&iacute;mpica. Ya no diremos, como lo venimos diciendo desde hace 20 a&ntilde;os, que el voto evang&eacute;lico es variable y que en Brasil los evang&eacute;licos votaron primero a la derecha y luego, cuatro elecciones seguidas, a los candidatos del PT, al que le dieron&nbsp;un vicepresidente durante los dos mandatos de Lula (Jos&eacute; de Alencar). Y no basta porque en los &uacute;ltimos tiempos esa tesis se ha vuelto a corroborar, pese a que los observadores cr&iacute;ticos del mundo evang&eacute;lico resisten el dato para sostener sus certezas pre emp&iacute;ricas. Luego de haber votado en forma mayoritaria pero no total a Bolsonaro en 2017, los evang&eacute;licos est&aacute;n votando hoy de forma mayoritaria pero no absoluta a Luis In&aacute;cio Lula da Silva. En Brasil, donde todo estuvo y est&aacute;&nbsp;dado como para que la alianza evang&eacute;lica con la derecha sea &ldquo;eterna&rdquo;, no se sostiene tanto en el tiempo lo que se propone como analog&iacute;a para Argentina en la hip&oacute;tesis ficcional. En vez de imaginar tanto deber&iacute;a sacarse una conclusi&oacute;n m&aacute;s profunda: la deriva pol&iacute;tica de los evang&eacute;licos, contingente y diversa, como las sexualidades, depende de especificidades hist&oacute;ricas y de lo que quieran hacer los bandos pol&iacute;ticos en pugna con la presencia de ese sujeto. El progresismo no va a lograr ninguna ventaja con pol&iacute;ticas de agresi&oacute;n ciega a un actor cuya presencia en los sectores populares, a los que dice&nbsp;querer conducir, es inexorablemente creciente partiendo de, m&iacute;nimo, un 20 % de evang&eacute;licos en los niveles socio econ&oacute;micos m&aacute;s bajos de la poblaci&oacute;n. El mundo popular no se compone ni de obreros de Carpani ni de amantes de la Delio Valdez. 
    </p><p class="article-text">
        Digamos algo m&aacute;s sobre el &ldquo;peligro brasile&ntilde;o&rdquo; invocado por los espectadores. Mientras que en Brasil los partidos tienen electorados mucho m&aacute;s l&aacute;biles que los de Argentina, en nuestro pa&iacute;s la pregnancia de la matriz peronismo-antiperonismo hace dif&iacute;cil el surgimiento de un partido evang&eacute;lico exitoso (fracasaron&nbsp;en esa tentativa varias veces) y exige que los evang&eacute;licos se relacionen con los partidos subordinando sus posiciones religiosas a las posiciones program&aacute;ticas de los partidos (tal como ocurre con candidatos y electores evang&eacute;licos que a&uacute;n opuestos a la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo no dejan de votar mayoritariamente&nbsp;al peronismo porque coinciden con las que ser&iacute;an sus posiciones menos conservadoras en el campo econ&oacute;mico). Ahora bien: si la impericia, el descuido y los prejuicios de nuestros pol&iacute;ticos llevan al surgimiento de un partido evang&eacute;lico que venga a &ldquo;sanear la naci&oacute;n&rdquo; instaurando un r&eacute;gimen autoritario y excluyente, no nos olvidemos de las responsabilidades hist&oacute;ricas que podr&iacute;an ampliar las fuerzas para prevenirlo: menos Gramsci le&iacute;do de aforismos y m&aacute;s di&aacute;logo real con el conurbano, menos glorificaci&oacute;n impostada del chori y m&aacute;s atenci&oacute;n a la diversidad social, a los sentidos comunes realmente existentes. Y en el caso espec&iacute;fico de los evang&eacute;licos: m&aacute;s atenci&oacute;n a los datos cuantitativos, a las din&aacute;micas de conversi&oacute;n, a la hibridaci&oacute;n activa de imaginarios pol&iacute;ticos y religiosos y menos concesi&oacute;n al prejuicio catolicoc&eacute;ntrico que busca papados como los que no existieron en el mundo evang&eacute;lico. Nunca esta de m&aacute;s pensar que lo poco que se puede hacer no es irrelevante. 
    </p><p class="article-text">
        La cr&iacute;tica de la masividad evang&eacute;lica acude a una sociolog&iacute;a impl&iacute;cita que tiene incorporada la hist&oacute;rica diatriba contra la potencia de la industria cultural y sus efectos homogeneizantes y subordinantes. Resulta extra&ntilde;o que la audiencia, que es gente tan conforme con su suspicacia, no se d&eacute; cuenta que tambi&eacute;n vive una captura: son una audiencia, una cuenta de Netflix y padecen sobre s&iacute; la solicitaci&oacute;n algor&iacute;tmica, la extracci&oacute;n de dinero y formaci&oacute;n acr&iacute;tica de convicciones que denuncian en el resto de la humanidad. En temas de an&aacute;lisis cultural tambi&eacute;n est&aacute; el problema de&nbsp;la viga en el ojo propio. 
    </p><p class="article-text">
        <em>PS&nbsp;</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Semán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/reino-controversia-misoginia-evangelicofobia_129_8237149.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Aug 2021 03:04:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Más allá de El Reino: la controversia entre misoginia y evangelicofobia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[El Reino,evangelismo,Religión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las vacunas, el combustible espiritual de una nación rota]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vacunas-combustible-espiritual-nacion-rota_129_8100949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/18af396b-a4f3-4006-af9a-79971e5727c5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las vacunas, el combustible espiritual de una nación rota"></p><p class="article-text">
        El repartidor, un hombre mayor que lleg&oacute; en un peque&ntilde;o utilitario, me cuenta que desde el momento en que entr&oacute; al vacunatorio se sinti&oacute; fortalecido. &ldquo;Tal vez sea psicosom&aacute;tico&rdquo;, me dijo tratando de racionalizar una alegr&iacute;a que por el tono del relato y la sonrisa superaba la voluntad de ser sobrio.&nbsp;En alg&uacute;n sentido ten&iacute;a raz&oacute;n: la vacunaci&oacute;n fortalece &ldquo;psicosom&aacute;ticamente&rdquo; un arco que va&nbsp;del cuerpo de cada sujeto al cuerpo social entero. <strong>El esp&iacute;ritu individual y social tambi&eacute;n reacciona a la inmunizaci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La vacuna previene el contagio o mitiga los efectos de la infecci&oacute;n. Pero adem&aacute;s sana tres heridas. <strong>La primera es la del temor viviendo en el cuerpo desde hace meses.</strong> La representaci&oacute;n de los casos agudos de la dolencia como dependientes de la asignaci&oacute;n de una bolilla negra en la loter&iacute;a de babilonia de los azares de la vida hace del contagio posible una espada de Damocles que cada ciudadano siente pendiendo sobre su cabeza, cuando no es posible quedarse en casa para ganarse la diaria. Es el caso de este repartidor que sabe de los peligros del virus, pero no puede dejar de arriesgarse. Y en ese plano, que no solo es individual, <strong>el aumento de inmunidad sana del miedo a transmitir el virus a un mayor </strong>y tambi&eacute;n de algo que se invoca y se siente m&aacute;s all&aacute; de las probabilidades:&nbsp;del espanto de contagiar a un ni&ntilde;o de la familia.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos meses vi un joven repartidor que se desplazaba en su moto de baja cilindrada portando en el costado derecho un par de muletas que deb&iacute;a usar cuando se bajaba para entregar las pizzas. La luxofractura de tobillo que se hab&iacute;a hecho unas semanas atr&aacute;s no pod&iacute;a convertirse, so pena de hambre o desalojo, en un obst&aacute;culo para desempe&ntilde;ar su ocupaci&oacute;n. Y con esa imagen recuerdo un segundo motivo de alivio tan vivo y tan v&aacute;lido como el que ataca al sujeto con el fantasma de una muerte cruel.&nbsp;Si no hay otra que salir a ganarse la diaria que sea menos riesgoso, que deje de estar en juego la dicotom&iacute;a salud/econom&iacute;a en el c&aacute;lculo de cada uno en cada momento. <strong>As&iacute; la vacuna no s&oacute;lo protege al individuo abstracto, sino tambi&eacute;n a las personas que consumen, pagan impuestos y servicios o abastecen un hogar.</strong> Este es el segundo alivio. Pocas cosas han atacado tanto&nbsp; la autoimagen de aquellos que deben paralizarse obligatoriamente y ven su casa caerse a pedazos o a sus hijos con hambre.&nbsp; <strong>Pocas cosas pueden amargar tanto a la gente como tener necesidades y deseos y&nbsp;tener que obedecer el l&oacute;gico mandato sanitario de no hacer lo necesario para satisfacerlas y realizarlos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si han vivido un terremoto. Es impresionante. La fuerza de lo inevitable amenazando todo bajo tus propios pies. La tierra se abre y uno se siente definitivamente superado mientras s&oacute;lo atina a tratar de cubrirse y a pedirle a Dios que el fen&oacute;meno cese. Uno no imagina qu&eacute; cosa le puede poner freno a ese temblor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El terremoto es menos cruel y menos cr&iacute;tico que la pandemia.</strong> Sucede como una irrupci&oacute;n moment&aacute;nea en lugares donde los hombres los esperan sin saber cu&aacute;ndo suceder&aacute;n. <strong>La pandemia, en cambio, es un terremoto largo y lento en el que todo lugar y todo el tiempo est&aacute;n habitados por la amenaza y por un derrumbe constante. </strong>El futuro se vuelve una imprevisible amenaza. C&oacute;mo dicen en M&eacute;xico: lo malo no es lo duro sino lo tupido. Durante este terremoto hemos vivido con nuevas olas, nuevas cepas y diagn&oacute;sticos provisorios. Todas frustraciones que acent&uacute;an la impotencia con que que se vive el momento. Por todo eso con la pandemia empezamos a desconfiar, y cada vez m&aacute;s, de aquello que habitualmente se toma por dado: se activa un nivel de prevenci&oacute;n y alerta que se instala en el tejido que une cada cada sujeto al universo humano, econ&oacute;mico, biol&oacute;gico y mineral en un sentido tan profundo que implica una transformaci&oacute;n radical&nbsp;de las expectativas. <strong>Luego de esto podremos creer que cualquier cat&aacute;strofe es posible. </strong>Y la vacuna viene aqu&iacute; a cumplir un papel que excede la biolog&iacute;a y la econom&iacute;a al apuntar a un efecto que solo podr&aacute; lograr a medias: recuperar la confianza que han perdido los humanos entre si y de los humanos con la materia del mundo.&nbsp;As&iacute; el tercer alivio que provee la vacuna, de forma indirecta y no planeada, ata&ntilde;e a un plano fundante de las existencias humanas al que el galope global del virus ha hecho visible justo en el momento en que, tambi&eacute;n, lo hizo trizas. <strong>Alivio ontol&oacute;gico, digamos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La vacunaci&oacute;n creciente y realmente masiva comenz&oacute;, como todo en esta tierra,<strong> enferma de grieta</strong>. Las vacunas fueron despreciadas por los opositores y sobreofertadas por el oficialismo, que estuvo obligado a jugar a ciegas en el&nbsp;mercado internacional de las vacunas. Al principio, y todav&iacute;a sucede, las im&aacute;genes p&uacute;blicas eran de personas que reivindicaban su vacunaci&oacute;n como un acto pol&iacute;tico. Los dedos en v de la foto en Instagram se mimetizaban con un voto o con la asistencia a un acto. Pocos al principio, cada vez m&aacute;s ahora, manifiestan en redes sociales su alegr&iacute;a existencial exhibiendo su potencial sanitario, su vuelta a las canchas de la vida. La vacunaci&oacute;n ya no solo es parte del c&iacute;rculo rojo y sus dial&eacute;cticas anti o pro vacuna, anti o pro Pfizer. <strong>Los m&aacute;s amplios p&uacute;blicos, los que no pueden sino ver la ventaja de un cierto arreglo del mundo, de sus perspectivas de trabajo y de su seguridad sanitaria comienzan a dar muestras de su alegr&iacute;a con s&iacute;mbolos que se distancian de las ortodoxias. </strong>El gobierno deber&iacute;a valorar esto m&aacute;s que agua en un incendio. No es un ej&eacute;rcito de agradecidos al l&iacute;der y al proyecto. Es la gente com&uacute;n que con m&aacute;s dolores que nunca vuelve a la vida y recupera t&iacute;midamente algo de confianza. <strong>Las vacunas son el combustible espiritual de una naci&oacute;n rota. </strong>No hay mejor intento de &ldquo;capitalizar&rdquo; que no intentar hacerlo y dejar que fluya el aire nuevo.
    </p><p class="article-text">
        <em>PS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Semán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vacunas-combustible-espiritual-nacion-rota_129_8100949.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Jul 2021 03:04:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las vacunas, el combustible espiritual de una nación rota]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pandemia,Coronavirus,Vacunación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir la fe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/vivir-fe_1_7955302.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5a80646a-edcd-4e17-b18b-199ad606e80e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivir la fe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sostenido en la riqueza del acercamiento etnográfico, en "Vivir la fe. Entre el catolicismo y el pentecostalismo, la religiosidad de los sectores populares en la Argentina" Pablo Semán se aproxima a la religiosidad popular realmente existente para mostrar cuán determinantes son sus lazos con las trayectorias familiares, las coyunturas políticas y económicas, los medios masivos y la cultura. Edita siglo veintiuno.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Jes&uacute;s es reloco, el mundo es careta&rdquo;. Mientras convers&aacute;bamos, esta frase de Daniel, creyente de una iglesia evang&eacute;lica, me peg&oacute; como una verdadera toma de judo. Parec&iacute;a decirme: &ldquo;Tom&aacute; vos, hippie, Jes&uacute;s es verdaderamente cuestionador&rdquo;.&nbsp;Durante a&ntilde;os recog&iacute;, segu&iacute; de cerca, analic&eacute; y cont&eacute; historias en las que personas como Daniel narraban sus experiencias de lo sagrado en funci&oacute;n de sus pr&aacute;cticas, su visi&oacute;n del mundo y los momentos que sent&iacute;an verdaderamente cruciales en su vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el curso de la investigaci&oacute;n pude constatar c&oacute;mo los evang&eacute;licos (sobre todo pentecostales) crec&iacute;an a expensas de los cat&oacute;licos por razones muy diferentes a las que promueve el sentido com&uacute;n progresista: lo hac&iacute;an por su capacidad de sinton&iacute;a con la poblaci&oacute;n, no por hipnosis, enga&ntilde;o o presi&oacute;n medi&aacute;tica. Como muchas veces se dijo, una cosa es la &ldquo;opci&oacute;n por los pobres&rdquo; de la teolog&iacute;a cat&oacute;lica y otra cosa es la &ldquo;opci&oacute;n de los pobres&rdquo; por distintas alternativas religiosas o, incluso, por distintas maneras de ser cat&oacute;lico. Pero hay algo m&aacute;s importante todav&iacute;a: pude reconocer denominadores comunes y transversales a las diversas pertenencias religiosas. El pentecostalismo y el catolicismo se articulaban con formas de entender el peronismo, con formas de adherir a tratamientos psicoterap&eacute;uticos, con formas de acudir a personas sanadoras o con las culturas juveniles. Y en ese discernimiento surgi&oacute; este libro, que trata de hacer visibles esas experiencias a partir del punto de vista de los protagonistas, para poder describir lo que yo entend&iacute; que es la religiosidad popular realmente existente, esa que se estructura a partir de una visi&oacute;n que llam&eacute; <em>cosmol&oacute;gica</em>.
    </p><p class="article-text">
        Me doy cuenta de que este t&eacute;rmino puede sonar raro, as&iacute; que intentar&eacute; un desv&iacute;o para explicarlo. El sentido de la realidad de quienes participan en el circuito social en que un libro como este se lee y se escribe &ndash;un circuito pr&oacute;ximo al &aacute;mbito acad&eacute;mico o period&iacute;stico, a los compromisos pol&iacute;ticos emancipatorios&ndash; se nutre de un sedimento hist&oacute;rico: los resultados del desencantamiento del mundo, la dram&aacute;tica experiencia que Max Weber define en su obra sobre la &eacute;tica protestante como la separaci&oacute;n entre los dioses y los hombres y la desaparici&oacute;n de la experiencia del milagro como factor explicativo de la realidad. Para las ciencias sociales en general, a partir del siglo XVI Occidente habr&iacute;a avanzado hacia una situaci&oacute;n de menos religi&oacute;n en el mundo e incluso menos religi&oacute;n en las instituciones religiosas (si por religi&oacute;n entendemos las intervenciones del m&aacute;s all&aacute; en nuestro mundo).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, en su di&aacute;logo con la modernidad, las religiones, sobre todo los distintos cristianismos &ndash;al menos sus &eacute;lites y sus teolog&iacute;as oficiales&ndash;, parecieron reflejar ese diagn&oacute;stico de religi&oacute;n menguante y mundana: desde su perspectiva, ya no se trataba de testimoniar o mediar expresiones de lo sagrado en el mundo, sino m&aacute;s bien de promover mensajes morales, conductas sociales e hist&oacute;ricas. Hay que decir que hoy ese diagn&oacute;stico luce bastante errado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por oposici&oacute;n y contraste con esa visi&oacute;n desencantada, llamo &ldquo;cosmol&oacute;gica&rdquo; a la percepci&oacute;n de la realidad que tienen personas como Daniel, para quienes lo sagrado es parte de la vida cotidiana y no un plano trascendente o sobrenatural. Si el desencantamiento instaur&oacute; el abismo entre el aqu&iacute; y ahora y el m&aacute;s all&aacute;, entre los hombres y los dioses, no todas las visiones del mundo que coexisten en nuestro tiempo y lugar comparten ese presupuesto. La visi&oacute;n cosmol&oacute;gica est&aacute; &ldquo;m&aacute;s ac&aacute;&rdquo; de las distinciones entre lo trascendente y lo inmanente, lo natural y lo sobrenatural, y supone que lo sagrado es un nivel m&aacute;s de la realidad, no una ilusi&oacute;n. La diferencia de posiciones respecto de lo sagrado en la experiencia desencantada y en la cosmol&oacute;gica se vuelve evidente en una manifestaci&oacute;n clave: la categor&iacute;a de &ldquo;milagro&rdquo;. Para la experiencia desencantada, milagro es sin&oacute;nimo de &ldquo;excepcional e inexplicable&rdquo;. En la experiencia cosmol&oacute;gica, en cambio, el t&eacute;rmino se emplea con frecuencia, pero con otro sentido: el milagro est&aacute; a la orden del d&iacute;a e implica una definici&oacute;n de la totalidad que siempre incluye lo espiritual y lo divino como causas. Cuando se habla de milagro se apunta, ni m&aacute;s ni menos, a la eficacia de uno de los principios constitutivos de lo real. O como dice Fernandes, a la &ldquo;presencia en la tierra de una fuerza superior a las fuerzas terrenales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero esa visi&oacute;n cosmol&oacute;gica no existe en abstracto, ni est&aacute; detenida o encapsulada en un tiempo tradicional. Por el contrario: entra en di&aacute;logo con instituciones, temas, inquietudes y pr&aacute;cticas de la modernidad. La visi&oacute;n encantada se hace dialecto en contrapunto con las cosas de &ldquo;todo el mundo y de todos los d&iacute;as&rdquo;. Es desde esa visi&oacute;n que hay que comprender la apropiaci&oacute;n de formatos terap&eacute;uticos, culturas pol&iacute;ticas e incluso propuestas religiosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, el objeto de este libro es la forma en que, en casos muy diversos, una parte de las clases populares de nuestro pa&iacute;s compone la perspectiva cosmol&oacute;gica con experiencias pol&iacute;ticas, culturales y generacionales. La fragmentaci&oacute;n del cosmos es el resultado de un proceso en el que diversos agentes que parten de visiones cosmol&oacute;gicas las redefinen y las combinan con experiencias que ponen en juego otras perspectivas y otros saberes que, aun cuando erosionan esa visi&oacute;n cosmol&oacute;gica, nunca la agotan del todo ni le quitan su car&aacute;cter rector en la experiencia. Es all&iacute;, en ese proceso en el que la visi&oacute;n cosmol&oacute;gica se declina en diversas visiones y experiencias, donde se produce la religiosidad popular realmente existente. Ocurre, como dijimos, a partir de sujetos que pertenecen a los sectores populares y en ensambles que van de la casa a la calle, de la iglesia evang&eacute;lica a las publicaciones que ayudan a elaborar la subjetividad, del rock a la unidad b&aacute;sica, y as&iacute; todo el tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Semán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/vivir-fe_1_7955302.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 May 2021 14:18:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vivir la fe]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A un año del inicio de la cuarentena, la mitad de los habitantes del AMBA duda que pueda contagiarse de Covid-19]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/coronavirus/ano-inicio-cuarentena-mitad-argentinos-duda-pueda-contagiarse-covid-19_1_7325553.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e14091c5-df83-4e2e-8860-e03ac7c68e52_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A un año del inicio de la cuarentena, la mitad de los habitantes del AMBA duda que pueda contagiarse de Covid-19"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Así lo revela un estudio de PASCAL-UNSAM para Escuela IDAES-UNSAM realizado en base a una muestra del Área Metropolitana de Buenos Aires. En su interpretación de los resultados, Pablo Semán y Ariel Wilkis resaltan que para la sociedad argentina la relación con la pandemia no entra en la grieta.</p></div><p class="article-text">
        La pandemia lo ha tocado todo. Hasta nuestra estructura pol&iacute;tica. A un a&ntilde;o de la declaraci&oacute;n del ASPO y ante la posibilidad inminente de una nueva ola de contagios impulsada por el cambio estacional y por mutaciones m&aacute;s agresivas del virus como las surgidas en Brasil y el Reino Unido, el an&aacute;lisis de la relaci&oacute;n entre la pol&iacute;tica y sociedad mediado por las controversias en torno a la gesti&oacute;n de la pandemia resulta revelador de un equilibrio din&aacute;mico, tenso e imposible entre los vectores de la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A finales de marzo de 2020, sin que hubiera unanimidad, parec&iacute;a haber un consenso sanitario extendido en la sociedad. El ASPO era apoyado y respetado y la agenda estaba escasamente desarrollada en temas e intensidad de las controversias. Hoy la situaci&oacute;n es diferente: la interacci&oacute;n entre las potencialidades poco a poco conocidas del virus, las voces partidarias, la actuaci&oacute;n de los epidemi&oacute;logos, las disposiciones estatales emergentes en ese contrapunto, las situaciones asociadas a la deriva de los mercados mundiales y locales afectados por fen&oacute;meno global han pluralizado e intensificado las controversias. al mismo tiempo que se han creado nuevas, pocas, &aacute;reas de consenso extendido. <strong>La &eacute;pica sanitaria ha sido sometida a las inclemencias del erosivo paso del tiempo sin soluciones definitivas. La sociedad convive con el virus sufriendo.</strong>&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El proceso social y pol&iacute;tico est&aacute; cada vez m&aacute;s formateado por la pandemia: entre sociedad y pol&iacute;tica emerge una agenda de temas y controversias que redefine las sensibilidades pol&iacute;ticas e incluye: el ASPO, el DISPO y sus diversas modulaciones, la temporada de verano, el horario y modo de cierre y apertura de la empresas gastron&oacute;micas y de entretenimiento, las escuelas y los modos de regular la convivencia en ellas y, finalmente, todo lo relativo a las vacunas. La pandemia complejiza la situaci&oacute;n pol&iacute;tica reforzando, pero tambi&eacute;n diversificando, los puntos de conflicto de la pol&iacute;tica&nbsp; En esa agenda que agrega dimensiones a la vida pol&iacute;tica conviven acuerdos, polarizaciones alineadas con la grieta y disensos pol&iacute;ticos transversales al binarismo de la grieta. Veamos cu&aacute;l es&nbsp; el estado actual de la relaci&oacute;n entre sociedad pol&iacute;tica y pandemia para estimar los efectos del a&ntilde;o transcurrido, como para comprender en qu&eacute; sentido este presente condiciona un futuro en el que habr&aacute;n de convivir la nueva ola de contagios con un&nbsp;proceso de vacunaci&oacute;n que avanza menos r&aacute;pido que lo necesario para que el virus pierda centralidad.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los datos de la encuesta* que aqu&iacute; comentamos, realizada entre habitantes del AMBA, permiten interrogar un hecho: &iquest;la emergencia de la dimensi&oacute;n sanitaria le pone propiedades irreductibles a la larga serie de crisis que ha vivido nuestro pa&iacute;s?</strong> Nuestra hip&oacute;tesis es que a las pendulaciones pol&iacute;ticas, los estrangulamientos econ&oacute;micos que conllevan reactivaciones cada vez m&aacute;s breves e inflacionarias y restricciones externas cada vez m&aacute;s marcadas y de peores consecuencias se ha sumado un factor global, disruptivo y pleno de efectos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Corresponde preguntarse entonces: &iquest;Qu&eacute; sucede cuando la sociedad y la pol&iacute;tica se ponen en relaci&oacute;n a trav&eacute;s de la disputa de normas, situaciones&nbsp; y conocimientos epidemiol&oacute;gicos que se ponen en tensi&oacute;n con el resto de las aspiraciones sociales y econ&oacute;micas?&nbsp; &iquest;De qu&eacute; manera la sociedad y la pol&iacute;tica han interiorizado la pandemia?
    </p><p class="article-text">
        Para responder este interrogante hicimos un estudio emp&iacute;rico basados en un hecho que hemos corroborado antes:&nbsp; <strong>a distancia del discurso oficial se despliega una amplia y heterog&eacute;nea epidemiolog&iacute;a &ldquo;popular&rdquo; que tiene modos propios de articular y expresar el conocimiento de la relaci&oacute;n entre situaciones y pr&aacute;cticas de contagio, la aceptaci&oacute;n o el rechazo de la importancia, peligrosidad o relevancia de la pandemia.</strong> En este contexto nos preguntamos c&oacute;mo interact&uacute;a esa variable inicialmente externa a posiciones pol&iacute;ticas previas: &iquest;C&oacute;mo se entraman en el proceso hist&oacute;rico las sensibilidades pol&iacute;tico-ideol&oacute;gicas previas, las controversias que genera la gesti&oacute;n de la pandemia y las epidemiolog&iacute;as populares?&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Un año del ASPO en Argentina                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Acuerdos, polarizaciones y disensos transversales</strong></h3><p class="article-text">
        De forma deliberada hicimos preguntas que intentaban captar matices m&aacute;s que extremar los puntos de vista sobre el virus, los cuidados y la evaluaci&oacute;n de la gesti&oacute;n de diversos segmentos de la pandemia para vincularlos a las posiciones pol&iacute;ticas. El an&aacute;lisis del conjunto de respuestas nos permiti&oacute; discernir tres formas de conjugar nociones de cuidado, gesti&oacute;n sanitaria y posicionamiento pol&iacute;tico: acuerdos, disensos correlativos al conflicto pol&iacute;tico dominante de la sociedad argentina y conflictos&nbsp;que no siguen ese eje vigente en los &uacute;ltimos lustros. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El 50% considera probable el contagio (un acuerdo sin distinci&oacute;n de posicionamientos pol&iacute;ticos, disminuido en todo caso por expectativas, conocimientos de distribuci&oacute;n bastante homog&eacute;nea).</strong>&nbsp; El 70% de los consultados considera que el contagio de Covid es algo grave. Esto sucede en un marco espec&iacute;fico: los votantes de los espacios pol&iacute;ticos mayoritarios en la &uacute;ltima elecci&oacute;n presidencial se comportan de manera homog&eacute;nea, alineados con la tendencia general de la sociedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cambio, la evaluaci&oacute;n general de la gesti&oacute;n de la pandemia muestra una clara polarizaci&oacute;n graficada en una distribuci&oacute;n sim&eacute;trica pero invertida entre los votantes de Alberto Fern&aacute;ndez y Mauricio Macri en las elecciones de 2019. Mientras la gesti&oacute;n tiene una aprobaci&oacute;n general del 39,5%, cuando vemos su distribuci&oacute;n por voto aumenta a 63% en votantes del oficialismo y tiene un rechazo del 70% de los opositores.
    </p><p class="article-text">
        Los datos del consenso sobre la gravedad del virus y la polarizaci&oacute;n sobre el modo de gestionar la pandemia por parte del gobierno son reveladores, pero es importante subrayar que los desacuerdos var&iacute;an en su distribuci&oacute;n pol&iacute;tica: no todos ellos acompa&ntilde;an la l&oacute;gica de la grieta, los acuerdos y desacuerdos con ciertas pol&iacute;ticas no se superponen con el eje oficialismo-oposici&oacute;n, Frente de Todos-Cambiemos.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Todos contra el virus</h3><p class="article-text">
        <strong>La mayor&iacute;a expresa un desacuerdo con respecto al comportamiento que privilegia la voluntad individual frente al acatamiento de normas sanitarias que tienen significado y ejecuci&oacute;n colectiva (53%).</strong> Pero este comportamiento tiene&nbsp;magnitudes muy diferentes seg&uacute;n el voto de los encuestados. Los votantes oficialistas se oponen m&aacute;s firmemente que los opositores a la afirmaci&oacute;n que reivindica la validez de la ruptura de normas colectivas (57 % y 40 % respectivamente). Los opositores, sin embargo, tambi&eacute;n est&aacute;n atravesados por una fuerte disidencia al respecto; el contingente que sostiene la prioridad de seguir el orden colectivo es del 40%, mientras el&nbsp;39,9% se opone.
    </p><p class="article-text">
        La obligatoriedad de la vacunaci&oacute;n es compartida por el 64,7% de la muestra. Con un aporte bastante mayor a esta postura de parte de votantes de Alberto Fern&aacute;ndez (75,4%) frente a votantes de Mauricio Macri (54,2%) aunque estos &uacute;ltimos expresan tanto un porcentaje mayoritario a favor de la vacunaci&oacute;n como una minor&iacute;a considerable contra esa posibilidad (28,5%).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Frente a una posible segunda ola de contagios, la disposici&oacute;n general de la sociedad es aumentar de manera mayoritaria los cuidados personales (72,2%). </strong>El antecedente del voto incide pero no evidencia clivajes considerables. El 77,5% de los votantes de Alberto Fern&aacute;ndez y el 64,3% de Mauricio Macri son proclives a intensificar los cuidados personales. La diferencia reside en que el polo opositor provee el doble de posiciones contrarias a esta disposici&oacute;n al cuidado entre la minor&iacute;a de la poblaci&oacute;n que opta por esta respuesta (20% vs 10,6%).
    </p><p class="article-text">
        <strong>La polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica no contiene los niveles de desacuerdo internos a cada coalici&oacute;n. </strong>En este caso, la mayoritaria propensi&oacute;n de los votantes de Juntos por el Cambio a intensificar los cuidados personales ante la perspectiva de una segunda ola contrasta con el discurso y las manifestaciones p&uacute;blicas de sus referentes pol&iacute;tico-partidarios y de sus int&eacute;rpretes medi&aacute;ticos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La posibilidad de un nuevo ASPO de cara a una segunda ola revela aceptaci&oacute;n mayoritaria (56,3%) con un polo de rechazo considerable.</strong> Esta respuesta est&aacute; coordinada con una distribuci&oacute;n claramente a favor en el caso de los votantes de Alberto Fern&aacute;ndez (68,3%) y con un espacio polarizado en el caso de los votantes de Mauricio Macri (43% a favor y 43% en contra).&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Pero no tanto</h3><p class="article-text">
        Es preciso contrastar lo que&nbsp; la gente dice y lo que hace o lo que dice sobre lo que ha hecho. Al identificar controversias sobre la gesti&oacute;n de la pandemia se verifican disensos que afectan la plenitud de las afirmaciones anteriores en un sentido que hace esperar conflictos si se vuelve necesaria la adopci&oacute;n de nuevas medidas de aislamiento. As&iacute;, la cuarentena del a&ntilde;o 2020 es evaluada como excesivamente larga por el 58,4% de los encuestados que, pese a que aportan caudales muy diferentes seg&uacute;n el voto, son mayoritarios en sus respectivos espacios pol&iacute;ticos. El 74% de los votantes de Mauricio Macri tiene esta evaluaci&oacute;n de la cuarentena y el 49% de los votantes de Alberto Fern&aacute;ndez&nbsp;coincide con ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y otro tanto ocurre con la disposici&oacute;n a priorizar la apertura del sistema educativo en cualquier circunstancia: esta es mayoritaria (53%) en el conjunto de la muestra, pero heterog&eacute;nea desde el punto de vista del voto.<strong> Los votantes oficialistas respondieron de manera m&aacute;s d&eacute;bil que los votantes de Mauricio Macri (43% vs 72%) y tambi&eacute;n dieron m&aacute;s respuestas negativas que los de la oposici&oacute;n (31% vs 16%). La disidencia en esta controversia se traslada al interior de los distintos espacios pol&iacute;ticos de este universo de encuestados y, m&aacute;s notablemente a&uacute;n, se acent&uacute;a entre los votantes del oficialismo.</strong>
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                    alt="El 53% está a favor de priorizar la apertura del sistema educativo en cualquier circunstancia"
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                El 53% está a favor de priorizar la apertura del sistema educativo en cualquier circunstancia                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Ante la conclusi&oacute;n apresurada de una disposici&oacute;n al ASPO mayoritaria revelada por la primera serie de datos cabe preguntarse si la mirada cr&iacute;tica sobre el pasado de la cuarentena y sobre el valor presente de la apertura educativa no son condicionantes de la disposici&oacute;n a aceptar efectivamente un nuevo ASPO.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las evaluaciones sobre la gesti&oacute;n no s&oacute;lo nos dan indicios de c&oacute;mo se dar&iacute;a esa disposici&oacute;n sino tambi&eacute;n la especificidad pol&iacute;tica de la pandemia. La obtenci&oacute;n de la vacuna Sputnik es considerada como un logro del Gobierno por el 51% de los encuestados y esta respuesta se explica porque los votantes del oficialismo aportan gran parte de la aprobaci&oacute;n (73% de ellos la aprueba) mientras los votantes de Mauricio Macri expresan la mayor parte de los rechazos que, adem&aacute;s, son dominantes en su propio espacio (48,3%).&nbsp; Sin embargo, a la hora de evaluar la prioridad en la distribuci&oacute;n y asignaci&oacute;n de las vacunas solo el 28,9% del total de encuestados est&aacute; de acuerdo que el Gobierno ha realizado una distribuci&oacute;n y asignaci&oacute;n correcta. <strong>Y si bien el espacio del voto opositor aporta gran parte de la disconformidad (71% de estos expresaron su desacuerdo) es en el espacio del oficialismo donde se observa una disidencia interna expresada en 23,6% que critica en este punto a la gesti&oacute;n del gobierno y un 43% que lo apoya. La crisis del vacunatorio vip ha ejercido sus efectos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y la pregunta sobre el car&aacute;cter de la pandemia como un evento extraordinario que restringe la capacidad de acci&oacute;n de los gobiernos resulta reveladora de una disposici&oacute;n que no cabe en la grieta. Si bien los votantes de Alberto Fern&aacute;ndez son mucho m&aacute;s proclives a aceptar esta afirmaci&oacute;n (65%) y los votantes de Mauricio Macri a rechazarlo (44%) hay un n&uacute;cleo de un 25% dentro de este &uacute;ltimo universo de encuestados que concede que la pandemia limita las acciones de todos los gobiernos.&nbsp;<strong>Las exigencias para con la gesti&oacute;n de la pandemia no son las mismas que para el resto de las pol&iacute;ticas.&nbsp;</strong>
    </p><h3 class="article-text"><strong>Visualizar la complejidad</strong></h3><p class="article-text">
        Hemos visto hasta aqu&iacute; informaci&oacute;n relativa a una serie de datos parciales: formas de&nbsp; percibir la pandemia y la gesti&oacute;n de la misma seg&uacute;n el voto de los encuestados en 2019. Los hallazgos de nuestro trabajo se hacen m&aacute;s tangibles y relevantes para responder las preguntas iniciales si disponemos esos resultados en un an&aacute;lisis que integra varios elementos. All&iacute; puede percibirse m&aacute;s claramente el hecho de que los posicionamientos frente a la&nbsp; pandemia mantienen un contrapunto con la grieta: por un lado, es imposible&nbsp; decir que la cuesti&oacute;n sanitaria es absolutamente independiente de la pol&iacute;tica partidaria. Pero por otro lado, tambi&eacute;n es imposible reducir esta cuesti&oacute;n a la grieta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Del &iacute;ndice que distribuye la poblaci&oacute;n seg&uacute;n posiciones anti-cuidados y pro-cuidados, se desprende que el universo del anti-cuidado no es sim&eacute;trico al universo de votantes opositores ni el universo de votantes oficialistas concentra todos los encuestados con actitudes pro-cuidados. <strong>Casi el 30% de los anti-cuidados han votado en la &uacute;ltima elecci&oacute;n Alberto Fern&aacute;ndez y alrededor del 40% del universo de los pro-cuidados han votado a la oposici&oacute;n.</strong> 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Índice de prácticas de cuidado según voto en última elección                            </span>
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        Tomando en cuenta el &iacute;ndice que distribuye a la poblaci&oacute;n de acuerdo a evaluaciones negativas y positivas a la gesti&oacute;n de la pandemia,&nbsp;estas proporciones se desbalancean. <strong>El 75% de los cr&iacute;ticos de esta gesti&oacute;n han votado a la oposici&oacute;n y un 25% lo hicieron por Alberto Fern&aacute;ndez. </strong>El universo de encuestados que eval&uacute;an positivamente la gesti&oacute;n de la pandemia est&aacute; compuesto en un casi 90% de votantes del oficialismo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Índice de evaluación de gestión según voto última elección                            </span>
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        El peso de estas din&aacute;micas recorta a la sociedad en cuatro posiciones (pro-gesti&oacute;n y pro-cuidados, pro-gesti&oacute;n y anti-cuidado, anti-gesti&oacute;n y pro-cuidados y anti-gesti&oacute;n y anti-cuidados) con incidencia variable seg&uacute;n voto oficialista o voto oposici&oacute;n en la &uacute;ltima elecci&oacute;n.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Tipología según voto en última elección                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>Esta tipolog&iacute;a es el resultado de un equilibrio provisorio de las din&aacute;micas de consensos, polarizaciones y disensos transversales a la grieta que&nbsp;formatean y condicionan el v&iacute;nculo entre sociedad, pol&iacute;tica y pandemia a un a&ntilde;o del ASPO.&nbsp; Tenemos entonces consensos (pocos), disensos alineados con la estructura de la grieta y, finalmente,&nbsp; disensos que no se corresponden con la grieta e introducen la especificidad de un conflicto societal plasmado por la pandemia.</strong> Hay que destacar aqu&iacute; una especificidad: si bien algunos&nbsp; disensos tienden a estructurarse a semejanza de la&nbsp;estructura de la grieta, pero otros, como lo hemos mostrado, no lo hacen y ello denota una dimensi&oacute;n hist&oacute;rica introducida por la pandemia y un interrogante relativo a su procesamiento pol&iacute;tico.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Horizontes ante la segunda ola</strong></h3><p class="article-text">
        Debido a la autonom&iacute;a y especificidad del eje sanitario es que se hace evidente la insuficiencia de la reducci&oacute;n de la pol&iacute;tica a la epidemiolog&iacute;a experta y, su complemento, la reducci&oacute;n de la experiencia de la pandemia a la &ldquo;grieta pol&iacute;tica&rdquo;. La primera normativiza a la sociedad (la sociedad debe entrar en la norma sanitaria y los desbordes frente a ella son interpretados como irracionalidad, ego&iacute;smo, etc). La segunda pasa de largo la especificidad de la experiencia de la pandemia, la sociedad debe entrar, podemos decir, en una norma pol&iacute;tica que es indiferente de alguna manera a la experiencia vivida de la pandemia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;grieta&rdquo; pol&iacute;tica no contiene todas las fracturas de la epidemiolog&iacute;a masiva:&nbsp;tiene l&iacute;neas de corte no codificadas con las l&iacute;neas pol&iacute;ticas m&aacute;s reconocidas. Conocer en profundidad esa nueva dimensi&oacute;n de la vida pol&iacute;tica nos lleva a entrever qu&eacute; hizo la pandemia con las sensibilidades pol&iacute;tico-ideol&oacute;gicas y c&oacute;mo estas pueden condicionar la pol&iacute;tica de pandemia futura. Y este conocimiento es clave para&nbsp; afrontar el interrogante que plantea el futuro inmediato: &iquest;cu&aacute;l ser&aacute; la reacci&oacute;n de la sociedad ante una muy probable ola de contagios? &iquest;Los consensos sanitarios se mantendr&aacute;n y podr&aacute;n ser movilizados e incluso ampliados en una pol&iacute;tica de cuidados cuyo alcance la pol&iacute;tica intentar&aacute; acuerdos? &iquest;Los disensos alineados con la grieta ser&aacute;n el combustible de una configuraci&oacute;n que agudiza los perfiles pre trazados de la grieta? &iquest;Cu&aacute;l ser&aacute; el papel de los disensos transversales a los espacios pol&iacute;ticos? &iquest;Ser&aacute;n en el fundamento&nbsp;de una relativa prudencia de las fuerza pol&iacute;ticas mayoritarias y el condicionante de una visi&oacute;n m&aacute;s compleja de la pol&iacute;tica sanitaria o ser&aacute;n arrasados por las pasiones encendidas del conflicto pol&iacute;tico, relanzado sobre las bases de la grieta con acusaciones cruzadas&nbsp;destinadas a producir el alineamiento de cada fuerza sobre su fracci&oacute;n mayoritaria: presenciaremos la alianza de los cr&iacute;ticos de los cuidados y la gesti&oacute;n con los opositores y la correlativa uni&oacute;n de los defensores de la gesti&oacute;n sanitaria, del gobierno y los cuidados?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Nota actualizada el 20 de marzo a las 13 hs para aclarar que se trata de un an&aacute;lisis basado en una muestra correspondiente al AMBA y no a todo el pa&iacute;s</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>*Encuesta realizada entre el 26 de febrero y el 1 de marzo de 2021 por el programa PASCAL-UNSAM para Escuela IDAES-UNSAM. Unidad de muestreo: tel&eacute;fonos celulares del &Aacute;rea Metropolitana de Buenos Aires contactados por m&eacute;todo IVR. T&eacute;cnica muestral: muestreo aleatorio simple. La muestra final fue calibrada en funci&oacute;n de las variables sociodemogr&aacute;ficas de edad, sexo y nivel educativo y del voto de la &uacute;ltima elecci&oacute;n presidencial. Tama&ntilde;o muestral: 969 casos. Margen de error: 3.6% Nivel de confianza: 95%. Procesamiento Factor-Data de Escuela IDAES-UNSAM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ariel Wilkis, Pablo Semán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/coronavirus/ano-inicio-cuarentena-mitad-argentinos-duda-pueda-contagiarse-covid-19_1_7325553.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Mar 2021 10:57:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[A un año del inicio de la cuarentena, la mitad de los habitantes del AMBA duda que pueda contagiarse de Covid-19]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Pandemia,Alberto Fernández]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las vacunas y las creencias argentinas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vacunas-creencias-argentinas_129_7217791.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ebb37862-1910-4e6d-b1f9-398acb5fc815_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las vacunas y las creencias argentinas"></p><p class="article-text">
        &iexcl;Vos no pod&eacute;s decirme eso! &iquest;C&oacute;mo vas a tomar di&oacute;xido de cloro? &iexcl;Est&aacute;s loco! No hab&iacute;a argumento que pudiera convencer a mi interlocutor de que los dichos de un animador de televisi&oacute;n no tienen la misma validez que los de un m&eacute;dico. Y yo, que reaccionaba airado, no pod&iacute;a admitir como razonable ni siquiera como existente lo que, de todas maneras, estaba oyendo en una conversaci&oacute;n que me hizo perder la paciencia recomendada a los antrop&oacute;logos. Unas semanas antes de esta conversaci&oacute;n mi interlocutor hab&iacute;a dicho que todo se solucionaba con t&eacute; de ajo, miel y jengibre. D&iacute;as despu&eacute;s de la conversaci&oacute;n sobre el di&oacute;xido de cloro me dijo, como buscando mi convicci&oacute;n sin buscarla, que hab&iacute;a escuchado que la ivermectina ser&iacute;a una soluci&oacute;n.&nbsp;<strong>Del lim&oacute;n hacemos limonada y de la bronca aprendizaje: la diversidad de opiniones que nos rodea es mayor que la que sospechamos. Tiene ra&iacute;ces, causas, apuntalamientos que las hacen presentes, plurales y capaces de reformulaciones constantes. Hasta nuestro asombro que tiene bastante de reacci&oacute;n en defensa de nuestros lugares comunes debe ser superado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde el comienzo de la pandemia hasta hoy vibr&oacute; la expectativa de que la raz&oacute;n, la ciencia y los intereses colectivos fueran expresados por un Estado que retornaba. Y sin embargo esa expectativa se ha visto cuestionada por la explosi&oacute;n de los contrarios de la racionalidad cient&iacute;fica y la jerarquizaci&oacute;n de lo colectivo:&nbsp;el s&aacute;lvese quien pueda y los cuestionamientos al saber epidemiol&oacute;gico y a la existencia misma del virus.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay algo que no se puede de asumir de una vez y para siempre: <strong>entre lo que recorre subterr&aacute;neamente a la sociedad argentina est&aacute;n las &ldquo;creencias&rdquo; que de boca en boca, o trav&eacute;s de redes sociales desaf&iacute;an la ilusi&oacute;n de un estado que penetra rampante las &ldquo;oscuridades&rdquo; que se disuelven con su luz. </strong>Cada vez que el estado sanitario pone su pica en la corteza opaca y delgada de ciertos &aacute;mbitos sociales surgen como g&eacute;iseres la verdad de la conspiraci&oacute;n farmac&eacute;utica, el poder de las medicinas tradicionales, los remedios ocultos o el chip que vehiculizar&iacute;an las vacunas comunistas frente a las verdades del virus, el barbijo y la vacuna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hasta donde desafiar&aacute; el proceso de vacunaci&oacute;n el poder de la muy mal llamada Argentina profunda, ese conjunto de narrativas que asumen con acentos propios las narrativas oficiales sobre la pandemia y la vacunaci&oacute;n?</strong>&nbsp;Las creencias no son susceptibles de transformarse por el puro poder de la palabra esclarecedora. Tampoco son el efecto o el motivo de una entrega desenfrenada a&nbsp;una comunidad que como el fuego atrae y quema a sus fieles. Hace varias d&eacute;cadas un historiador, Paul Veyne,&nbsp;comenzaba&nbsp;<em>&iquest;Creyeron los griegos en sus mitos?</em>, un libro complej&iacute;simo,&nbsp;con una pregunta y una respuesta que conten&iacute;an su tesis: &iquest;Creen los ni&ntilde;os en Pap&aacute; Noel? Un poco si, un poco no, entran y salen. Las creencias est&aacute;n en la encrucijada de un camino en que los sujetos se enlazan con otros, justamente, gracias a esas creencias. Los contenidos de las creencias pasan, los lazos, m&aacute;s o menos, van quedando porque los enlazados por la creencia renuevan promesas para dejar atr&aacute;s las frustraciones del pasado o para continuar en el futuro las satisfacciones que m&aacute;s o menos fueron recibidas. El campo de posibilidades del creer de cada &eacute;poca es m&uacute;ltiple. <strong>Alguien, una instituci&oacute;n, un l&iacute;der se hace garante de algunas de esas posibilidades y permanece como art&iacute;fice de la confianza si sus promesas son lo suficientemente ambiguas como para no ser absolutamente contrastables.</strong> El creyente, por su parte, afirma creer pero no se juega la vida en ese trance. Sabe que podr&iacute;a ser diferente y en esa ambig&uuml;edad el lazo se mantiene.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si la oposici&oacute;n al gobierno ha logrado diseminar todo tipo de dudas acerca de la vacuna es porque ha instrumentado con alguna eficiencia esas probabilidades del creer.</strong> Ha nutrido los lazos pol&iacute;ticos e identitarios que habitualmente son su sost&eacute;n con astillas que calientan ese lazo. <strong>Las enormidades del comunismo envuelto en sueros y la&nbsp;mala praxis cient&iacute;fica del gobierno conforman un arsenal esperable de argumentos para una expectativa creyente disponible. </strong>En ese accionar no deja de llamar la atenci&oacute;n, sin embargo, un movimiento paradojal. En el proceso de validaci&oacute;n de la vacuna Sputnik la preferencia por la garant&iacute;a expresada por <em>The Lancet</em> por sobre las ofrecidas por la ANMAT, se explica menos por una satisfacci&oacute;n emp&iacute;ricamente resuelta que por una curiosa mezcla de devoci&oacute;n a la&nbsp;ciencia con chauvinismo invertido. <strong>El secreto exigido por la firma rusa se mantuvo en los dos casos, pero los dictaminadores de la revista brit&aacute;nica merecen m&aacute;s confianza a los ojos de Mafaldas sexagenarias que abandonaron sus sue&ntilde;os de paz mundial y cuyo cosmopolitismo se basa en la convicci&oacute;n de que Argentina es el peor pa&iacute;s del mundo.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista del funcionamiento de las creencias es m&aacute;s complicado e interesante el preocupante hecho de que algunos de estos fantasmas se hayan instalado con alguna fuerza en los sectores populares tal cual lo testimonian, adem&aacute;s de algunas encuestas y observaciones, las expresiones de referentes sociales que intentan llegar all&iacute; donde el Estado no est&aacute; llegando. En esa zona las dudas sobre la vacuna se retroalimentan de tradiciones, pero ayudan a consolidar otros lazos pol&iacute;ticos. Y no es casual. <strong>Es un tiempo de expectativas, decepciones y dolores que pueden llevar a duelar en cualquier lado.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 1904 en R&iacute;o de Janeiro se desat&oacute; la que fue conocida como la revuelta de la vacuna. El gobierno hab&iacute;a impulsado la vacunaci&oacute;n obligatoria contra la viruela en el marco de una serie de medidas de higiene urbana que dinamizaban un sentido excluyente de la modernizaci&oacute;n de la entonces capital de Brasil. Y en el r&iacute;o revuelto del descontento las elites opositoras intentaron un golpe de estado que aprovechaba el des&aacute;nimo de amplias capas populares. &Eacute;stas que ten&iacute;an preocupaciones tan urgentes y tan graves como la viruela y resultar&iacute;an tan marginalizadas por la reforma (que dio lugar a las favelas) como por la enfermedad (que sigui&oacute; produciendo muertes por varios a&ntilde;os m&aacute;s).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La campa&ntilde;a de vacunaci&oacute;n contra el Covid-19, lenta peregrinaci&oacute;n en un valle de l&aacute;grimas, intentar&aacute; no s&oacute;lo&nbsp;inmunizar y permitir la ansiada movilidad de los ciudadanos, sino, justamente, hacer crecer el lazo ciudadano.</strong> Para ello ser&aacute; preciso que en este tr&aacute;nsito la acci&oacute;n del estado y los movimientos sociales que son su polea de transmisi&oacute;n se cuiden del&nbsp;c&oacute;ctel explosivo a que pueden dar lugar la combinaci&oacute;n de las&nbsp;manipulaciones del creer con la erosi&oacute;n de los lazos pol&iacute;ticos hasta ahora duraderos en los sectores populares y las transformaciones estructurales que han ocurrido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y se han intensificado con la pobreza pand&eacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        <em>PS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Semán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vacunas-creencias-argentinas_129_7217791.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Feb 2021 02:55:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las vacunas y las creencias argentinas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Vacunación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pandemia y su equilibrio imposible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pandemia-equilibrio-imposible_129_6739848.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40466881-695b-4659-819a-99ba6f441a28_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La pandemia y su equilibrio imposible"></p><p class="article-text">
        <strong>La pandemia ya se instal&oacute; en la serie hist&oacute;rica de las grandes crisis de la Argentina democr&aacute;tica,&nbsp;como lo fue la hiperinflaci&oacute;n de 1989 y el estallido de 2001. </strong>Son un modo recurrente de inflexiones que parecen ser totales en el sentido de que afectan la pol&iacute;tica, la econom&iacute;a y los lazos sociales en todas las escalas. As&iacute; la pol&iacute;tica de control de da&ntilde;os tiene una dimensi&oacute;n m&aacute;s a la cual atender: el desgaste de la autoridad presidencial y, al mismo tiempo, la distancia creciente con que los ciudadanos arrasados por la incertidumbre, las perdidas y los temores observan a la clase pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los encuentros cara a cara son los hechos sociales malditos de la sociedad pand&eacute;mica.&nbsp;</strong>A lo largo de estos meses descubrimos que esos encuentros pueden tener m&uacute;ltiples formatos -fortuitos, planificados, laborales, l&uacute;dicos, legales o clandestinos- y siempre suponen la copresencia f&iacute;sica. Econ&oacute;micamente y moralmente vitales, son el veh&iacute;culo para la expansi&oacute;n de contagios y muertes por Covid-19.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las decisiones recientes del gobierno nacional respecto de la gesti&oacute;n de esos encuentros (indicaciones que adaptar&aacute;n como puedan las autoridades locales y provinciales) reflejan este condicionamiento crucial. <strong>Todas las medidas sanitarias se instalan en un delicad&iacute;simo y a la larga imposible equilibrio entre las necesidades e interpretaciones de la sociedad, exigencias epidemiol&oacute;gicas, necesidades econ&oacute;micas y los recursos pol&iacute;ticos y estatales.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el doble contexto de especificidad de la pandemia y las tendencias de largo plazo a la crisis de nuestra sociedad es necesario que la promoci&oacute;n de cualquier medida destinada a prevenir los contagios se proponga m&aacute;s all&aacute; de acusaciones morales.</strong> <strong>Deben reconocerse los dolores de todos y bien lejos de la dicotom&iacute;a cuidados-solidaridad del Gobierno y la dicotom&iacute;a libertad-individualismo de la oposici&oacute;n.</strong> No es una preferencia caprichosa sino un deseo informado por datos y por an&aacute;lisis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Guste o no, es un hecho objetivo que la extensi&oacute;n, variaci&oacute;n y mediatizaci&oacute;n de la pandemia (y de los modos de enfrentarla) han transformado a la sociedad en varios aspectos incluida la masificaci&oacute;n de la opini&oacute;n respecto de casi todos los rubros de salud p&uacute;blica. <strong>A finales del mes de marzo, la sociedad no ten&iacute;a esa experiencia y por lo tanto tend&iacute;a a seguir los motivos y las razones de una cuarentena exigente que propon&iacute;an las autoridades pol&iacute;ticas apoyadas en el conocimiento de los expertos. A medida que pasa el tiempo la experiencia de la cuarentena -c&oacute;mo se la vive y significa- provee elementos poderosos para explicar por qu&eacute; se sigue o no esta norma.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esas interpretaciones expresan c&oacute;mo efectivamente se viven, sienten y piensan tanto el ASPO como el DISPO y alimentan reacciones de los ciudadanos que se distribuyen entre la adhesi&oacute;n y el rechazo pasando por todo tipo de fragmentaciones y negociaciones de la regla. Estas experiencias y sus interpretaciones tienen la propiedad de no ser experimentos, o discutibles como tales. Por eso no pueden ser contrastadas, ni tampoco descartadas por la pol&iacute;tica p&uacute;blica de un Estado que no goza de obediencia generalizada e inmediata, no posee recursos para paliar los costos de una nueva paralizaci&oacute;n de las actividades y no dispone f&aacute;cilmente de la posibilidad coercitiva que imponga la norma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>As&iacute; sucede que las interpretaciones de la sociedad no pueden ser descartadas, desconocidas, rechazadas ni negadas, sino comprendidas en sus motivos y en su eficacia en el proceso en el que es necesario gestionar diversas etapas y formas de combate al virus.</strong> La imagen piramidal y verticalista de la sociedad en que se sostienen las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, especialmente las destinadas a atender una emergencia, deben conceder a este hecho y complejizar esa imagen para poder mantener su capacidad de conducci&oacute;n. Y conste aqu&iacute; que la comprensi&oacute;n que reivindicamos como procedimiento nada tiene que ver con la justificaci&oacute;n y si, en cambio, con la captaci&oacute;n de los motivos plurales que desempe&ntilde;an el papel de contratendencias que erosionan o imposibilitan el cumplimiento de la norma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La prudencia pol&iacute;tica y el realismo sociol&oacute;gico evitan que el gobierno plebiscite su autoridad ante cada nueva medida de prevenci&oacute;n sanitaria que necesariamente debe aplicarse, pero cuyas condiciones de eficacia dependen de una sociedad que tiene esos modos polimorfos y contradictorios de relacionarse con las reglas.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El rechazo parcial o total a la norma puede significar adhesiones a otras comunidades adem&aacute;s de las pol&iacute;ticas, como las religiosas o las generacionales. <strong>El rechazo expresa tambi&eacute;n posibilidades que var&iacute;an con el nivel socioecon&oacute;mico y el tipo de empleo. Hay ciudadanos cuyos ingresos y subsistencias no solo dependen de circular para ir a&nbsp;trabajar sino de que haya sociabilidad f&iacute;sica.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los j&oacute;venes en los balnearios de clase media alta tienen el boleto picado para quienes miran escandalizados su irrespeto a las normas y la vida.</strong> <strong>Nos gustar&iacute;a acompa&ntilde;ar esta perturbaci&oacute;n y mirar para otro lado cuando la fiesta y el deporte no brotan de las playas de Pinamar, sino de las periferias m&aacute;s castigadas por la pobreza y por la pandemia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El vitalismo transclase, que no s&oacute;lo es juvenil, se hace fuerte en la idea de que &ldquo;no podemos tener miedo ante una cosa tan chiquita, cuya letalidad es &iacute;nfima y focalizada en los mayores&rdquo;.&nbsp;<strong>Un poco sobre la base de un recorte arbitrario de la informaci&oacute;n sobre qui&eacute;nes son las v&iacute;ctimas mortales privilegiadas del virus, o sobre las secuencias de contagio se saca una conclusi&oacute;n que al mismo tiempo es portadora de un discurso moral y pasible de ser moralizada: &ldquo;&iexcl;los j&oacute;venes son los que enferman!&rdquo; o la respuesta&nbsp;&ldquo;ustedes dicen eso porque no son emp&aacute;ticos con las consecuencias del encierro&rdquo;. En ese debate </strong>todos y nadie tienen la raz&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La grieta es un fen&oacute;meno de minor&iacute;as intensas.&nbsp;Activarla a prop&oacute;sito de la gesti&oacute;n de la pandemia es jugar con el peligro de que se amplifique y de que todo el mundo encuentre un lugar en ese falso refugio que oculta la complejidad de la sociedad y las fracturas reales.</strong> Con la grieta nunca ganan ni el pa&iacute;s ni el actual oficialismo que a veces se complace en el furor cortoplacista de la supuesta batalla definitiva. La grieta es una posibilidad que est&aacute; instalada en las disposiciones de los argentinos porque es el decantado de lo pol&iacute;tico en los esquemas de la acci&oacute;n social con que much&iacute;simos sujetos eval&uacute;an, perciben y act&uacute;an. <strong>La sociedad est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la grieta pol&iacute;tica, aunque no lo sepa y deba acudir a ella para hacer inteligible y decodificable p&uacute;blicamente sus opiniones e inter&eacute;s.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>La interpretaci&oacute;n que enfoca como criminales a los j&oacute;venes que vacacionan en Pinamar y rompen las normas omite que no son solo j&oacute;venes ni ricos los que por diversas razones cumplen de forma fragmentaria, limitada e incluso nula las recomendaciones del DISPO.</strong> Y con ello corre el riesgo de debilitar a&uacute;n m&aacute;s la adhesi&oacute;n a las medidas sanitarias e incluso incentivar el esp&iacute;ritu de insubordinaci&oacute;n que se legitima en el valor de la libertad con el efecto no deseado de aglutinar a quienes usan fragmentariamente la norma con aquellos que la rechazan activa y globalmente. La norma tiene usos con significados m&uacute;ltiples. La promoci&oacute;n de la misma o el combate a su incumplimiento no pueden alinearse en discursos morales que siguen las l&iacute;neas m&aacute;s twiteras de la grieta so pena de ayudar a que se produzca ese efecto de galvanizaci&oacute;n reactiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la promoci&oacute;n de la salud no debe confundirse el conjunto de la sociedad al que hay que contener con un segmento de la propia base electoral. <strong>La mirada estatal sobre la pandemia no puede alinearse s&oacute;lo con quienes tienen todas las posibilidades de ser epidemiol&oacute;gicamente correctos. </strong>El Estado debe encarnar un punto de vista m&aacute;s amplio&nbsp;que el de un sector que ha identificado en el objetivo salud la posibilidad de hacer valer la prioridad de lo colectivo (y de su versi&oacute;n de lo colectivo). Este sector es una parte visible de su base electoral, pero de ninguna manera su totalidad y menos todav&iacute;a de la sociedad argentina a la que debe gobernar. <strong>El decreto presidencial que gobernadores e intendentes deber&aacute;n interpretar y ejecutar de acuerdo a sus realidades es, justamente, una tentativa de armonizar todos los factores en un promedio: una medida de no muy alto impacto epidemiol&oacute;gico, de no tan alto costo pol&iacute;tico y con la esperanza de que la vacunaci&oacute;n genere otras condiciones. Gobernar la conjunci&oacute;n de la pandemia con los resultados de una de las m&aacute;s grandes crisis de endeudamiento de la historia no parece dejar muchas alternativas. Es gobernar un terremoto en c&aacute;mara lenta.</strong>&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>PS AW</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Semán, Ariel Wilkis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pandemia-equilibrio-imposible_129_6739848.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Jan 2021 01:45:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La pandemia y su equilibrio imposible]]></media:title>
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