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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Pablo Touzon]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/pablo-touzon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Pablo Touzon]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Qué hacemos con Menem?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/menem_1_8202842.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d179a8e1-e4b3-419f-8b17-04743be6cdf3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué hacemos con Menem?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Peronistas, kirchneristas, liberales, trotskistas, aceleracionistas, cristianos y socialdemócratas, las autoras y los autores de "¿Qué hacemos con Menem? Los noventa veinte años después" (Siglo XXI, 2021), compilado por Martín Rodríguez y Pablo Touzon, eligen dialogar con los noventa para explicar que el menemismo no es algo ajeno, sino algo que nos salpica y nos constituye, y que revisar a Menem es revisarnos y construir nuevas lianas para intervenir sobre nuestro presente y nuestro futuro. Aquí, un fragmento del texto de Federico Zapata y del de Luciano Chiconi.</p></div><h3 class="article-text"><strong>Menem despu&eacute;s de&nbsp;Menem </strong></h3><p class="article-text">
        <strong>Federico&nbsp;Zapata</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nuestra generaci&oacute;n en el&nbsp;menemismo </strong>
    </p><p class="article-text">
        Para quienes nacimos entre el regreso de Per&oacute;n a la Argentina (1973) y la vuelta de la democracia (1983), la generaci&oacute;n X tard&iacute;a, el menemismo fue nuestro primer acto de autonom&iacute;a pol&iacute;tica. Es decir, fue nuestro ingreso a la ida pol&iacute;tica por decisi&oacute;n propia. Vivimos nuestra adolescencia pol&iacute;tica con Menem. Y en la mayor&iacute;a de los casos, hicimos pol&iacute;tica contra Menem. Menem era la representaci&oacute;n de un &ldquo;mal absoluto&rdquo; que deb&iacute;amos&nbsp;combatir. 
    </p><p class="article-text">
        Hacer pol&iacute;tica en los noventa pod&iacute;a implicar &ndash;al menos principalmente&ndash; tres cosas. Formar parte del peronismo de base, aquel que se hab&iacute;a alejado del Partido Justicialista, que se hab&iacute;a reagrupado en la militancia social y que de a poco comenzaba a construir nuevas bases de representaci&oacute;n pol&iacute;&shy;tica y gremial. La experiencia m&aacute;s significativa de esta v&iacute;a a la iniciaci&oacute;n pol&iacute;tica fue sin dudas el Frente Grande. Y en lo sindical, la CTA (Central de Trabajadores de la Argentina), como forma de representaci&oacute;n gremial alternativa a la CGT (Confederaci&oacute;n General del Trabajo). El carisma de Carlos &ldquo;Chacho&rdquo; &Aacute;lvarez y la honestidad de V&iacute;ctor De&nbsp;Gennaro. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n pod&iacute;a significar formar parte de la corriente trotskista m&aacute;s importante de Am&eacute;rica Latina, que, por esas curiosidades de la historia, era argentina: el MAS (Movimiento al Socialismo). A esta corriente le toc&oacute; protagonizar la primera interna abierta del pa&iacute;s entre los principales referentes de las fuerzas que conformaban Izquierda Unida: Luis Zamora ver&shy;sus N&eacute;stor Vicente. La &ldquo;primavera trotskista&rdquo; parec&iacute;a indicar la hora de Zamora. Sin embargo, nos toc&oacute; presenciar el &uacute;ltimo estertor del poder sovi&eacute;tico: miles de viejos afiliados al PC (Partido Comunista) salieron de debajo de las baldosas y nos dieron una nalgada de socialismo &ldquo;realmente existente&rdquo;. El PC argentino, que parec&iacute;a un r&iacute;o manso, era una organizaci&oacute;n con una masiva n&oacute;mina de afiliados, ciertamente avejentados, que funcionaban como c&eacute;lulas dormidas activables ante un llamamiento de la nomenclatura del&nbsp;Partido. 
    </p><p class="article-text">
        Zamora fue elegido diputado, aunque lo deber&iacute;an haber ungido diputado rebelde. En pleno consenso menemista, mientras todas las bancas aplaud&iacute;an de pie al presidente estadounidense George H. W. Bush, se levant&oacute; de su banca, venci&oacute; la seguridad del Congreso, y le cant&oacute; las cuarenta. &ldquo;Ac&aacute; no pasar&aacute;s, Bush&rdquo;. Bush sonri&oacute;, y vaya si&nbsp;pas&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, y hacia fines de los noventa, cuando estas dos variantes de socializaci&oacute;n pol&iacute;tica comenzaron a mostrar signos de agotamiento, hacer pol&iacute;tica pas&oacute; a ser sin&oacute;nimo de militancia social. Hija de la crisis de representaci&oacute;n, la militancia social fue el refugio de los primeros j&oacute;venes desilusionados de la democracia partidaria: agrupaciones estudiantiles y de trabajadores desocupados de derechos humanos, campesino-&shy;ind&iacute;genas, colectivos de alfabetizaci&oacute;n, cooperativas de tierra y trabajo. No es casual que el primer kirchnerismo se edificara como representaci&oacute;n pol&iacute;tica de estos j&oacute;venes desclasados, militantes sociales &ldquo;vacantes&rdquo; en el sistema de&nbsp;partidos. 
    </p><p class="article-text">
        Parafraseando a Cooke, el menemismo fue el hecho maldito que amalgam&oacute; estos tres posibles recorridos. No se trataba de compartimentos estancos, sino de avenidas con m&uacute;ltiples&nbsp;intersecciones. 
    </p><p class="article-text">
        A principios de los noventa, mi hermano de la vida, Agust&iacute;n, se reuni&oacute; en el centro de la ciudad de C&oacute;rdoba con militantes estudiantiles de diferentes colegios secundarios. La cita era en un caf&eacute;. Uno de los asistentes plante&oacute; moci&oacute;n de orden: &ldquo;Yo quiero militar&rdquo;. Votaci&oacute;n un&aacute;nime por el &ldquo;nosotros tambi&eacute;n&rdquo;. &ldquo;&iquest;D&oacute;nde?&rdquo;, pregunt&oacute; un asistente. Votaci&oacute;n un&aacute;nime de nuevo: &ldquo;En el Frente Grande&rdquo;. Los adolescentes precoces pagaron el caf&eacute; con monedas (literal). Caminaron durante horas. No lograron encontrar el local del Frente Grande. Pero encontraron, en cambio, el local del MAS. Esa tarde empezaron a&nbsp;militar. 
    </p><p class="article-text">
        Meses despu&eacute;s, Agust&iacute;n relat&oacute; lo acontecido a un viejo sindicalista de Luz y Fuerza, quien tom&oacute; papel y l&aacute;piz y anot&oacute; la direcci&oacute;n del local del Frente Grande: Urquiza esquina Santa Rosa. Luego de algunos meses, el grupo de amigos defini&oacute; conjuntamente, como en aquel caf&eacute; de las monedas, pasar del MAS al Frente Grande. A Agust&iacute;n no le gust&oacute; el rumbo que tomaba la fuerza y hacia 1995 concurri&oacute; a un encuentro fundacional: H.I.J.O.S. (con puntitos). All&iacute; se qued&oacute; y all&iacute;&nbsp;creci&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; de porosas y vertiginosas fueron las fronteras pol&iacute;ticas de nuestra generaci&oacute;n. En las tres avenidas, siempre, militar implic&oacute; estar en contra de&nbsp;Menem. Nuestra generaci&oacute;n X tard&iacute;a se lanz&oacute; a aquella experiencia de socializaci&oacute;n democr&aacute;tica, sin dejar por ello de vivir y experimentar el menemismo cultural. Vimos MTV, coleccionamos latas de cerveza importadas, lloramos con Maradona en Italia 90, descubrimos el champ&aacute;n, la NBA, los Simpson, llenamos nuestra pared con p&oacute;steres de la revista <em>13/20</em>, usamos babuchas, pelo largo, Axe o Impulse, aros, nos tatuamos, estudiamos ingl&eacute;s, tuvimos nuestras primeras vacaciones en Brasil (algunos), nos comunicamos con tel&eacute;fono fijo, nos escribimos cartas de amor, fuimos a la matin&eacute;, tuvimos que mudar del casete al CD, del Atari al Family Game, del <em>walkman </em>al <em>discman</em>, de la m&aacute;quina de escribir a la computadora. La Ferrari aspiracional, el Ford Escort&nbsp;posible. 
    </p><p class="article-text">
        Militamos &ndash;sin mucho &eacute;xito&ndash; contra el menemismo pol&iacute;tico y, al mismo tiempo, fuimos transformados por el menemismo cultural. El menemismo estaba lleno de contradicciones. Eso lo hac&iacute;a profundamente&nbsp;argentino. 
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, y m&aacute;s all&aacute; de estas tres corrientes que se solapaban, la experiencia menemista tambi&eacute;n incluy&oacute; la socializaci&oacute;n pol&iacute;tica positiva: los que comenzaron a militar en favor del menemismo. Con el Justicialismo profesionalizado y fragmentado en provincias, a la militancia joven del menemismo la aport&oacute; principalmente la Uced&eacute; (Uni&oacute;n del Centro Democr&aacute;tico) y la agrupaci&oacute;n juvenil UPAU (Uni&oacute;n para la Apertura Universitaria). Buenos alumnos. Para nosotros eran &ldquo;j&oacute;venes avejentados&rdquo;. En verdad, la UPAU hab&iacute;a nacido en 1983 como una reacci&oacute;n al poder&iacute;o universitario de la Franja Morada, de orientaci&oacute;n reformista-&shy;radical (UCR). Durante los ochenta, la agrupaci&oacute;n logr&oacute; consolidar una estructura de poder federal con epicentro en la Universidad de Buenos Aires. En 1987, la UPAU logr&oacute; quedarse con la Secretar&iacute;a General de la Federaci&oacute;n Universitaria de Buenos Aires, un consejero superior en el Rectorado y cuatro centros de estudiantes (Derecho, Ingenier&iacute;a, Veterinaria y Arquitectura). Esos cuadros formados al calor de ideas liberales fueron, inorg&aacute;nicamente, aportando el sustrato del &ldquo;menemismo gubernamental&rdquo;&nbsp;joven. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una revisi&oacute;n cr&iacute;tica treinta a&ntilde;os&nbsp;despu&eacute;s </strong>
    </p><p class="article-text">
        Es posible que nuestra generaci&oacute;n sea la primera no formada en esa escuela de gobierno que fue el menemismo en asumir las riendas del pa&iacute;s. Resulta imprescindible un debate hist&oacute;rico-&shy;generacional sobre esa experiencia que, para bien y para mal, gobern&oacute; y transform&oacute; la Argentina. Parad&oacute;jicamente, tanto como el proceso que se abri&oacute; en&nbsp;1945. 
    </p><p class="article-text">
        Como bien escribi&oacute; Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez, Menem ya fue juzgado. Este ensayo busca problematizar y pensar m&aacute;s all&aacute; de la <em>policy </em>o las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas del menemismo para focalizarse, en cambio, en la <em>politics</em> o la construcci&oacute;n de poder del menemismo. La econom&iacute;a pol&iacute;tica del menemismo. En otros t&eacute;rminos, el texto busca indagar sobre la potencia del menemismo como actor de transformaci&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo logr&oacute; abrir la caja de la Historia (y de las transformaciones)? &iquest;Es posible abstraerse del menemismo program&aacute;tico y extraer la fuerza motora del menemismo pol&iacute;tico-&shy;gubernamental? Pensar el menemismo desde esa clave de lectura puede ser una v&iacute;a para disociar la capacidad y efectividad transformadora de la experiencia, de su programa y de sus resultados. Personalmente, creo que es parte del balance &ldquo;no&rdquo; hecho sobre esa etapa &ldquo;maldita&rdquo; de nuestra cultura&nbsp;pol&iacute;tica. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un sonido&nbsp;conocido. </strong>El primer peronismo de mayor&iacute;a&nbsp;silenciosa </h3><p class="article-text">
        <strong>Luciano&nbsp;Chiconi</strong>
    </p><p class="article-text">
        Menem presidente: el padre de un orden. Si Alfons&iacute;n fue el padre-partero de una democracia pol&iacute;tica urgente (urnas, libertad y derechos), Menem lleg&oacute; al poder con las exigencias impl&iacute;citas de crear la hoja de ruta de la gobernabilidad argentina. El menemismo asomaba bajo la sombra desconfiada de una pregunta pol&iacute;tica: &iquest;c&oacute;mo gobernar las tensiones pol&iacute;ticas, corporativas y sociales en un pa&iacute;s sin represi&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo lograr una formula exitosa para gobernar la Argentina de los votos? Gran parte de esa pregunta social se fundaba en un punto en com&uacute;n antip&aacute;tico que un&iacute;a los finales de la dictadura del Proceso y el gobierno de Alfons&iacute;n: momentos agudos de fracaso econ&oacute;mico y empobrecimiento de la sociedad que pon&iacute;an en crisis a la pol&iacute;tica como&nbsp;hegemon&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        El peronismo observ&oacute; ese proceso desde enfrente, en el llano m&aacute;s &aacute;rido de su historia, mientras la crisis lo transfiguraba de un partido sindical a un partido barrial. La mutaci&oacute;n sociol&oacute;gica de su org&aacute;nica militante al ritmo de la represi&oacute;n militar primero y de la pobreza despu&eacute;s puso en alerta a una nueva dirigencia de cuadros de clase media que se hab&iacute;an replegado sobre la actividad privada durante la represi&oacute;n ilegal de la dictadura (la llamada &ldquo;Renovaci&oacute;n Peronista&rdquo;), dedicados a pensar distintas formas de gobernar la nueva Argentina posmoderna como punto de partida ineludible del reencuentro del peronismo con la victoria y el poder. Si a Alfons&iacute;n le toc&oacute; tallar el contorno pol&iacute;tico liberal realmente existente de la democracia, a Menem le toc&oacute; hacer y actuar el poder&nbsp;democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La vocaci&oacute;n de construir ese orden define el comienzo de la presidencia de Menem antes que toda definici&oacute;n ideol&oacute;gica previa. Menem presidente ya es distinto del Menem de la interna con Cafiero, del Menem renovador de los a&ntilde;os iniciales del <em>refresh</em> peronista de los ochenta, del Menem gobernador riojano que imitaba el humorista Mario Sapag en la televisi&oacute;n, del Menem detenido en Las Lomitas, el Menem filomontonero de 1973. Menem fue quiz&aacute; el pol&iacute;tico peronista m&aacute;s intuitivo de los vientos nuevos de representaci&oacute;n que planeaban sobre la sociedad y tambi&eacute;n el primero en detectar cada uno de esos vientos cuando se transformaban en brisa y dejaban de&nbsp;soplar. 
    </p><p class="article-text">
        Ese vanguardismo pragm&aacute;tico lo deposit&oacute; en la presidencia, pero eso no signific&oacute; que su trayectoria peronista no haya sedimentado algunas convicciones b&aacute;sicas: Menem cre&iacute;a en la eficacia doctrinaria de la Renovaci&oacute;n Peronista como manual operativo para la toma del poder democr&aacute;tico, cre&iacute;a en el peronismo como un partido profesional de cuadros que, apalancado en la org&aacute;nica del Estado (la nueva columna vertebral posmoderna del PJ), construyera el c&oacute;digo pr&aacute;ctico de la nueva hegemon&iacute;a democr&aacute;tica. Antes que cualquier otra cosa, el menemismo fue una idiosincrasia renovada del poder que conect&oacute; al peronismo despu&eacute;s de trece a&ntilde;os con otra sociedad, otra pol&iacute;tica, otro mundo, otras expectativas. Otra&nbsp;historia. 
    </p><p class="article-text">
        El primer d&iacute;a de Menem presidente ya es distinto de todos los Menem previos tambi&eacute;n por razones m&aacute;s inexorables relacionadas con el clima terminal que se viv&iacute;a en 1989: sin un proceso previo de reconstrucci&oacute;n de la autoridad pol&iacute;tica que ahuyentara la pesada sensaci&oacute;n de falta de gobernabilidad que sent&iacute;a la sociedad, era dif&iacute;cil que el gobierno de Menem pudiera desarrollar un programa consistente de reformas liberales sobre la econom&iacute;a. La confluencia de toda acci&oacute;n pol&iacute;tica al establecimiento de un orden creci&oacute; en la conciencia peronista sobre una base acumulada de hiperinflaci&oacute;n, alzamientos militares (cada vez con m&aacute;s adhesi&oacute;n de&nbsp;la suboficialidad del Ej&eacute;rcito) y el Muro de Berl&iacute;n en situaci&oacute;n de derrumbe. La foto program&aacute;tica de un peronismo de centroizquierda, que hab&iacute;a debatido la Renovaci&oacute;n a principios de los ochenta como espejo de la renovaci&oacute;n alfonsinista de la UCR, ya no ten&iacute;a una econom&iacute;a viable que ofrecer a la coyuntura argentina y se volvi&oacute; vieja. Se podr&iacute;a decir que Menem desbarat&oacute; esa dimensi&oacute;n ideol&oacute;gica y se qued&oacute; con el activo m&aacute;s potente del triunfo renovador: un partido preparado para representar a la clase media. Un partido preparado para entender el nuevo Estado democr&aacute;tico. Un partido orientado a consolidarse como corporaci&oacute;n pol&iacute;tica frente a otras corporaciones. Un partido del&nbsp;orden.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Rodríguez, Pablo Touzon]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/menem_1_8202842.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Aug 2021 03:01:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué hacemos con Menem?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Historia,Carlos Menem]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cristina, el tuit fijado de la política argentina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cristina-tuit-fijado-politica-argentina_129_6739880.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/189661ef-ed95-4364-b32f-806091c8134b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cristina, el tuit fijado de la política argentina"></p><p class="article-text">
        La Navidad y el A&ntilde;o Nuevo del 2020 &ndash;tal vez, las fiestas m&aacute;s esperadas y temidas del siglo XXI en la Argentina, ese que se abri&oacute; el 21 de diciembre de 2001- concluyeron con un balance relativamente favorable para el gobierno, medido en sus propios t&eacute;rminos. La aprobaci&oacute;n de la Ley de Interrupci&oacute;n Voluntaria del Embarazo, claro, sobre el tel&oacute;n de fondo de un dato para nada evidente en el inicio de la explosi&oacute;n pand&eacute;mica: &ldquo;No explot&oacute;&rdquo; diciembre. 
    </p><p class="article-text">
        El fantasma del estallido social estival se transform&oacute; hace rato en el pa&iacute;s en un indicador duro de la gravedad de la crisis, una suerte de test anual de su &ldquo;gobernanza&rdquo;. Este ejercicio resulta muy &uacute;til sobre todo para las Casas Rosadas, no importa su orientaci&oacute;n: situar la crisis en una fecha pero tambi&eacute;n en una geograf&iacute;a determinada (b&aacute;sicamente, el Conurbano en su conjunto y los barrios populares a lo largo del pa&iacute;s) le permite al poder pol&iacute;tico crearle un contorno y un cuerpo n&iacute;tidos a esa elusiva hidra de mil cabezas que es la crisis secular argentina. Concentrar esfuerzos y recursos escasos en algunas semanas del a&ntilde;o y fabricarse un triunfo de vara baja, visible por todos en lo que <em>no sucedi&oacute;</em>. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El fin del A&ntilde;o de la Peste y su acumulaci&oacute;n de desgracias parec&iacute;an preanunciar algo as&iacute; como una final de la copa del mundo de los </strong><em><strong>diciembres</strong></em><strong> argentinos, y, en este sentido, su &ldquo;no detonaci&oacute;n&rdquo; implic&oacute; un respiro no s&oacute;lo para el gobierno, sino para toda la dirigencia pol&iacute;tica nacional.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dentro de un mapa tan m&oacute;vil, se dibujan algunas certezas. Una de ellas, tal vez la principal, porta sobre la naturaleza interna del Gobierno y de la coalici&oacute;n oficialista. Qu&eacute; es, qu&eacute; no fue y qu&eacute; no ser&aacute; la presidencia de Alberto Fern&aacute;ndez. Si el 2020 fue, en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos, el a&ntilde;o de las dudas (&iquest;existir&iacute;a un nuevo peronismo?, &iquest;cu&aacute;l seria el rol de Cristina?, &iquest;habr&iacute;a diferencias de esta nueva etapa con las anteriores?) el 2021 amanece con algunas respuestas que parecen bastante definitivas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La &ldquo;centralidad de Cristina&rdquo; despunta reforzada, consolidando y profundizando el </strong><em><strong>tweet fijado </strong></em><strong>de la pol&iacute;tica peronista &ndash;y nacional- de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. </strong>Sea por el &eacute;xito de Alberto en su pol&iacute;tica activa de &ldquo;no armar el albertismo&rdquo;, sea por la inercia de una voluntad de poder del cristinismo de la que otros carecen, sea por el vac&iacute;o conceptual y pol&iacute;tico del resto del peronismo, o, m&aacute;s probablemente, por una combinaci&oacute;n de todas esas cosas juntas, la realidad es que la mollera del <em>Frente de Todos</em> parece cada vez mas sellada. <strong>El presidente no saldr&aacute; nunca del per&iacute;metro de poder que se autodise&ntilde;&oacute;: falta que se tat&uacute;e ese mantra en la espalda, el &uacute;nico tema sobre el cual no quiere dejar sembrada ninguna ambig&uuml;edad. </strong><em><strong>&ldquo;Me ir&iacute;a a una isla desierta con M&aacute;ximo Kirchner&rdquo;</strong></em><strong>, declar&oacute; en una entrevista radial con Ernesto Tenembaum. </strong>Sergio Massa, durante las semanas de la corrida un proto primer ministro nacional y luego &ldquo;reordenado&rdquo; en un alianza llena de vaivenes con el l&iacute;der de La C&aacute;mpora, parece haber encontrado en el rol de int&eacute;rprete y articulador ante el establishment empresarial una funcionalidad posible que le sienta naturalmente bien y que marida con sus menguadas posibilidades electorales actuales. <strong>El resto del peronismo calla, concede, y hace peque&ntilde;as cuentas municipales, en un ejercicio de permanente repliegue territorial y pol&iacute;tico: se desnacionaliza cada vez m&aacute;s, en un proceso que es concurrente con la reconurbanizaci&oacute;n extrema que propone el kirchnerismo 2021.</strong> La &ldquo;guerra&rdquo; en dos frentes llevada a cabo contra dos contendientes mayores &ndash;Macri y Cristina- lo dej&oacute; exhausto y seco, al borde de la inanici&oacute;n.&nbsp;Lejos de representarlo, Alberto parecer&iacute;a pegarle el tiro del final. Tan as&iacute; es que si en el peronismo de aquel 2002 todos los gobernadores quer&iacute;an ser presidentes, en el peronismo de 2021 ninguno quiere pasar ni cerca del Sill&oacute;n de Rivadavia.
    </p><p class="article-text">
        El 2021 y el devenir de lo que termin&oacute; siendo en la pr&aacute;ctica el Frente de Todos cristaliz&oacute; la quiebra y el fin definitivo de los sue&ntilde;os del peronismo alternativo y de cualquier tipo de reformismo interno en la galaxia peronista. Bajo el principio de que aquello que no mata hace mas fuerte, Cristina consolid&oacute; internamente un poder incluso mayor que el anterior: de la formaci&oacute;n de Unidad Ciudadana y el <em>Peronexit</em> de 2017 a la asunci&oacute;n familiar &ndash;en un principio din&aacute;stico no demasiado plebeyo- de todos los poderes del &uacute;nico PJ que importa en el peronismo contempor&aacute;neo, el bonaerense. La ex presidente puede exhibir como trofeos hoy en su living las cabezas de los que hace poco fueran sus principales impugnadores. <strong>Las internas en el oficialismo parecen rebeliones en un jard&iacute;n de infantes: se terminan cuando llega la maestra.</strong> Y todo termina orden&aacute;ndose en funci&oacute;n de la &uacute;nica pol&iacute;tica que parece existir: la suya. La amalgama del Frente de Todos finalmente termin&oacute; logr&aacute;ndose pero no con la creaci&oacute;n de una nueva identidad superadora sino con la fusi&oacute;n con la m&aacute;s poderosa de las identidades preexistentes: el kirchnerismo. Una suerte de contrarreforma en los hechos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esta reafirmaci&oacute;n del poder&iacute;o cristinista no est&aacute;, desde ya, exenta de paradojas. Hoy por hoy, sigue siendo mucho m&aacute;s </strong><em><strong>interno</strong></em><strong> que </strong><em><strong>externo</strong></em><strong>: en enero del 2021, Cristina es en t&eacute;rminos relativos una de las figuras pol&iacute;ticas que m&aacute;s rechazo tiene en el pa&iacute;s, manteniendo intactos sus pisos y sus techos. </strong>Un fen&oacute;meno que est&aacute; lejos de ser nuevo: desde el 54% en adelante, al cristinismo le fue dif&iacute;cil trasladar el &eacute;xito de su operatoria de poder al campo electoral. En su momento, Insaurralde, Scioli fueron los nombres de una t&aacute;ctica recurrente destinada a supurar este problema &ndash;un &ldquo;centrismo&rdquo; de urgencia- que hoy parece ya definitivamente agotado tras la experiencia Alberto. A Cristina muchas veces ser el principio vertebrador del sistema pol&iacute;tico argentino le jug&oacute; en contra, y no a favor. Contra ella es m&aacute;s f&aacute;cil ordenarse. Por eso la unidad del peronismo, contra la cual oper&oacute; activamente entre los a&ntilde;os 2013 y 2019 en la era de <em>Unidos y Organizados</em> y <em>Unidad Ciudadana</em>, le es hoy tan relevante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La pregunta importante que subyace, tal vez la m&aacute;s relevante, es: &iquest;todo ese poder para qu&eacute;? Muchas veces, la descripci&oacute;n de los Juegos de Tronos argentinos oculta el interrogante sobre esta dimensi&oacute;n central. Se suman y cuentan diputados y senadores, intendentes y jueces, sin saber muy bien para qu&eacute; sirven. A qu&eacute; sirven. Acumular intendentes del Conurbano, &iquest;para hacer qu&eacute; exactamente? &iquest;Qu&eacute; pol&iacute;tica territorial, social o econ&oacute;mica? M&aacute;s all&aacute; del cristinismo, hoy en la pol&iacute;tica nacional hay muchos m&aacute;s proyectos de poder que proyectos de pa&iacute;s. O el que tiene el uno no tiene el otro. El poder en Argentina parece tener s&oacute;lo un principio de autoreproducci&oacute;n como meta &uacute;ltima; la acumulaci&oacute;n por la acumulaci&oacute;n misma. Al poder se lo mete en la caja de seguridad y no se lo invierte. Una concepci&oacute;n fetichista que se vuelve r&aacute;pidamente parasitaria. Esto es complementario con otro axioma, que podr&iacute;amos llamar el principio de sustituci&oacute;n: la Revoluci&oacute;n existe porque los revolucionarios est&aacute;n en el poder. No por lo que hacen, sino por lo que son. </strong>La Argentina es capitalista porque Macri es capitalista y la Argentina es socialmente peronista porque los peronistas est&aacute;n en el poder. La pol&iacute;tica del Ser y no del Hacer, que perdi&oacute; casi su capacidad transformadora. La toma del poder ya se hizo una y mil veces pero la Revoluci&oacute;n se hace esperar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;El poder para qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los analistas del universo opositor suelen construirle al cristinismo una homogeneidad y coherencia ideol&oacute;gicas&nbsp;leninistas; una unidad de proyecto &ldquo;bolivariano&rdquo; impecable, necesaria para su propia demonizaci&oacute;n. La realidad, sin embargo, suele ser m&aacute;s contradictoria y ramplona; &iquest;hoy por hoy, qui&eacute;n tiene, ya no en el oficialismo, sino en toda la pol&iacute;tica nacional &ldquo;no marginal&rdquo; un programa econ&oacute;mico integral alternativo al de Martin Guzm&aacute;n? Probablemente nadie, y el kirchnerismo no es la excepci&oacute;n a esta regla. En el fondo, la l&oacute;gica del &ldquo;anexo&rdquo;, de adosarle al guzmanismo siempre una pol&iacute;tica por &ldquo;izquierda&rdquo; &ndash;caso impuesto a la grandes fortunas- implica una renuencia en la pr&aacute;ctica a asumir la propia centralidad. Un sembrad&iacute;o de &ldquo;pol&iacute;ticas sectoriales&rdquo; contra los &ldquo;sectores concentrados&rdquo; que no construye un todo integral ni coherente, y que dificulta el armado de cualquier esquema de alianzas sociales necesarias para sostener el plan que sea: una econom&iacute;a pol&iacute;tica, sin la cual no prospera tampoco ning&uacute;n viento de cola.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esta renuencia, este </strong><em><strong>si</strong></em><strong> pero </strong><em><strong>no</strong></em><strong>, este es mi gobierno pero a la vez no lo es, construye en el cristinismo una suerte de intermitente fuga hacia delante, una obsesi&oacute;n por el poder </strong><em><strong>futuro, </strong></em><strong>cuando la realidad indica que, por default del resto o por voluntad propia, el poder nacional ya se le cay&oacute; encima. Para bien o para mal, este es su gobierno, y su tiempo es el del presente. </strong>&iquest;Para qu&eacute; usar&aacute; esta nueva oportunidad hist&oacute;rica? En 2012, una hegemon&iacute;a mucho m&aacute;s poderosa y menos ajada fue invertida en la construcci&oacute;n de un poder propio alternativo al del peronismo y en una agenda de &ldquo;temas&rdquo;: la democratizaci&oacute;n de la justicia, el Acuerdo con Ir&aacute;n, el 7D. Visto desde el 21, podr&iacute;a sostenerse que lo primero triunf&oacute; notablemente y lo segundo fracas&oacute; en igual medida.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Para que sirve la centralidad de Cristina, en t&eacute;rminos argentinos ya y no exclusivamente peronistas? &iquest;Puede construirse algo diferente a lo anterior sobre ese dato que es ya hoy insoslayable? En la tercera certeza de una de sus cartas habl&oacute; de un acuerdo nacional sobre el tema de la econom&iacute;a bimonetaria y el d&oacute;lar que despert&oacute; expectativas. M&aacute;s all&aacute; del escepticismo obvio, ten&iacute;a sentido: claramente, en la actualidad y por los pr&oacute;ximos a&ntilde;os en el poder no existe posibilidad de acuerdo social que no la incluya, y no existe posibilidad de realizaci&oacute;n de un programa econ&oacute;mico y social que no incluya alguna forma de acuerdo. L&oacute;gico, tal vez demasiado l&oacute;gico para ser verdad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hoy Cristina es la mujer m&aacute;s libre de la Argentina: su </strong><em><strong>ratio </strong></em><strong>de acci&oacute;n pol&iacute;tica es de 180 grados. Imaginemos. Podr&iacute;a subirse a un avi&oacute;n, presenciar la asunci&oacute;n del nuevo gobierno de Joseph Biden, reestructurar la relaci&oacute;n argentino-americana despu&eacute;s de la desastrosa </strong><em><strong>ent&eacute;nte </strong></em><strong>endeudadora de Macri y Trump y ser la garant&iacute;a pol&iacute;tica &ndash;la &uacute;nica posible-del &eacute;xito de un acuerdo con el Fondo: Nixon en China. </strong>De ah&iacute; podr&iacute;a volar a Beijing y Mosc&uacute;, entrevistarse con Putin y Xi Jinping y sentar las bases de di&aacute;logo de una Argentina en este nuevo mundo. Un uso del poder que abre, que ampl&iacute;a y que mira desde arriba, fuera de la din&aacute;mica asfixiante, claustrof&oacute;bica, de efecto invernadero, de la pol&iacute;tica del conteo de intendentes y jueces y de la compra de medios por empresarios amigos.
    </p><p class="article-text">
        <em>PT</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Touzon]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Jan 2021 01:45:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cristina, el tuit fijado de la política argentina]]></media:title>
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