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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Luciano Lutereau]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/luciano-lutereau/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Luciano Lutereau]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[La historia repetida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-repetida_129_13418776.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c85ca41a-193f-4422-92cf-d06868b837df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La historia repetida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La historia se repite, quizá porque es lo único que vuelve con una capacidad de acierto implacable. Pero conocerla permite reconocer sus señales, desmontar sus disfraces y no recibirla como si fuera enteramente nueva.</p></div><p class="article-text">
        Mis abuelos eran vecinos. As&iacute; se conocieron mis padres y as&iacute; fue durante toda su vida. Eran de esas personas que, una vez que tienen hijos, viven en el mismo lugar para siempre. Hoy dir&iacute;amos que tuvieron la suerte de tener una casa grande, incluso despu&eacute;s de que sus hijos se hubiesen ido.
    </p><p class="article-text">
        Ambos departamentos ten&iacute;an la entrada principal independiente, en edificios distintos, pero estaban conectados por la puerta de servicio &ndash;que era la que ambos m&aacute;s usaban. Visitar a uno era visitar al otro primero y viceversa. Entre ellos no se visitaban, aunque fuesen vecinos.
    </p><p class="article-text">
        	Adem&aacute;s de motivos personales y de temperamento, una diferencia que seguramente no habilitaba la relaci&oacute;n fluida entre mis abuelos es que uno era peronista y el otro m&aacute;s bien anti-peronista. Parad&oacute;jicamente, mi abuelo anti-peronista fue uno de los tres jueces que en, 2022, en la C&aacute;mara Federal de la Seguridad Social vot&oacute; la inconstitucionalidad del recorte del 13% en los haberes jubilatorios.
    </p><p class="article-text">
        Digo que se trata de una paradoja, porque mi abuelo anti-peronista hab&iacute;a votado (como ciudadano) al Gobierno que implement&oacute; previamente esa medida &ndash;en julio de 2001 bajo la idea de una Ley de D&eacute;ficit Cero. En ese entonces yo ten&iacute;a 20 a&ntilde;os y tengo el recuerdo del fastidio de mi abuelo, que dedic&oacute; su vida profesional al derecho previsional, por una ley que castigaba a los jubilados.
    </p><p class="article-text">
        En alg&uacute;n momento me interes&eacute; por los dict&aacute;menes de mi abuelo. Recuerdo otro en que, contra la ANSES, firm&oacute; la restituci&oacute;n de la pensi&oacute;n para un hombre cuyos padres hab&iacute;an muerto y los abogados estatales buscaban suspender el pago porque &ndash;entiendo&ndash; el hombre ten&iacute;a otro trabajo (aunque era ciego). Ah&iacute; se dice que los argumentos de los abogados son &ldquo;lisa y llanamente pura ret&oacute;rica&rdquo; y que &ldquo;no se compadece con los altos principios de la abogac&iacute;a y menos a&uacute;n, cuando quien lo realiza lo hace en nombre del Estado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mi abuelo era muy anti-peronista, pero cre&iacute;a en el Estado. Y, adem&aacute;s, creo que ve&iacute;a con responsabilidad su trabajo. Yo no lo idolatraba, pero s&iacute; me gustaba que fuese un hombre que no les tem&iacute;a a sus contradicciones &ndash;no por haber votado un Gobierno va a estar a favor de todo lo que ese Gobierno proponga&ndash; y que, adem&aacute;s, estuviera en contra de la &ldquo;pura ret&oacute;rica&rdquo;. Quiz&aacute; fue un hombre que un abuelo. Hoy mi hijo menor lleva su nombre.
    </p><p class="article-text">
        Todo este proleg&oacute;meno es para recordar una &eacute;poca, en ese pasaje del 2001 al 2002. Un per&iacute;odo que en Argentina fue tremendo. El viernes pasado fui a ver <em>Diciembre</em>, de <strong>Lucas Gallo</strong>. Se trata de un documental que reconstruye la crisis econ&oacute;mico-pol&iacute;tica y la rebeli&oacute;n popular a partir de un cuidadoso material de archivo.
    </p><p class="article-text">
        El documental empieza con <strong>Carlos Menem</strong> y termina con <strong>Eduardo Duhalde</strong>. En el medio, <strong>Domingo Cavallo</strong> vuelve una y otra vez. Tambi&eacute;n Menem regresa en diferentes ocasiones a la casa Rosada. El presidente <strong>Fernando de La R&uacute;a</strong> evita hacer declaraciones y, luego, la imagen del helic&oacute;ptero. Los saqueos. <strong>Carlos Ruckauf</strong> con palabras medidas. <strong>Adolfo Rodr&iacute;guez Sa&aacute;</strong> con una sonrisa implacable hasta que se le transmuta el gesto. <em>Los d&iacute;as que vivimos en peligro</em>, podr&iacute;amos decir &ndash;con el t&iacute;tulo de una c&eacute;lebre antolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n un mito popular, el 20 de diciembre de 2001 Cavallo huy&oacute; de su domicilio en medio de una protesta. &iquest;C&oacute;mo lo hizo? Dado que muchos manifestantes usaban m&aacute;scaras con su rostro, &eacute;l tambi&eacute;n se puso una. La m&aacute;scara sirvi&oacute; para velar el rostro real, pero si la confusi&oacute;n es posible, &iquest;hay rostro m&aacute;s real que la m&aacute;scara?
    </p><p class="article-text">
        Este ser&iacute;a un argumento digno de <strong>Slavoj &#381;i&#382;ek</strong> y sus t&iacute;picas inversiones dial&eacute;cticas. Lo que me parece relevante es c&oacute;mo en esos a&ntilde;os todo era una mascarada. Y hab&iacute;a mucho temor a levantar el velo porque detr&aacute;s pod&iacute;a no haber nada. Si quit&aacute;bamos la m&aacute;scara y aparec&iacute;a el rostro de Cavallo, &iquest;qu&eacute; hubiera impedido querer levantar tambi&eacute;n ese velo?
    </p><p class="article-text">
        Lo real es lo que hace de tope y, entonces, no hab&iacute;a otro tope que el develamiento que tend&iacute;a al infinito. Cambiaba el presidente a los pocos d&iacute;as, luego otro. Quien asum&iacute;a dec&iacute;a &ldquo;A m&iacute; no me pidan nada que yo voy a estar solo un ratito&rdquo;. Quiz&aacute;s esos fueron los d&iacute;as en que se perdi&oacute; el asidero de lo real. La moneda dej&oacute; de valer, ya no hubo confianza en ninguna de las instituciones, el pr&oacute;jimo era un vecino hasta que se volv&iacute;a un enemigo.
    </p><p class="article-text">
        Una de las im&aacute;genes que m&aacute;s me impact&oacute; del documental es la secuencia que muestra c&oacute;mo los manifestantes entran al Congreso y, de adentro, sacan paneles y escritorios para que se quemen en una especie de hoguera sacrificial. Finalmente, sacan un sill&oacute;n, pero para ese entonces ya no queda claro por qu&eacute; se quema lo que se quema. Es un sacrificio sin ritual, solo queda el fuego y un grupo de encapuchados que gritan &ldquo;Que se vayan todos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otro gran hallazgo del documental es recuperar las canciones de esa &eacute;poca. Este es un pa&iacute;s en el que se canta lindo, incluso en la desgracia. Lo sabemos, en estos d&iacute;as, despu&eacute;s del mundial de f&uacute;tbol. En esos a&ntilde;os, tambi&eacute;n se cantaba: &ldquo;A d&oacute;nde est&aacute; que no se ve esa famosa CGT&rdquo;. Por momentos, las cosas no han cambiado mucho.
    </p><p class="article-text">
        Sal&iacute; del cine despu&eacute;s de la medianoche del viernes, con un gran dolor interno (<em>Dolor pa&iacute;s</em>, dec&iacute;a <strong>Silvia Bleichmar</strong>) y, entonces, me dispuse a escribir estas l&iacute;neas para conjurarlo y recomendar este documental. Sobre todo, ser&iacute;a fant&aacute;stico que quienes en esos a&ntilde;os ten&iacute;amos 20 y hoy estamos entre los 40 y los 50 llevemos a nuestros hijos o sobrinos adolescentes para contarles el contexto, no desde los manuales sino desde nuestra memoria vital.
    </p><p class="article-text">
        No para que la historia no se repita, sino porque la historia es lo &uacute;nico que se repite con una capacidad de acierto implacable. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-repetida_129_13418776.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 09:50:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La historia repetida]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la impotencia a lo imposible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/impotencia-imposible_129_13386768.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/625f15a5-7373-4a10-9344-b6e0f8217232_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x352y337.jpg" width="1200" height="675" alt="De la impotencia a lo imposible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La duda obsesiva no busca resolver una elección, sino mantener al sujeto en una posición indeterminada, oscilando entre alternativas que se vuelven igualmente imposibles. Por eso, el análisis no debe decidir por él ni explicar su deseo, sino ayudarlo a salir del péndulo sintomático asumiendo una posición propia.</p></div><p class="article-text">
        Un hombre llega a la consulta para plantear una duda que lo aqueja. No duda de algo que no sabe, sino respecto de los t&eacute;rminos de una elecci&oacute;n. Hace un tiempo se separ&oacute; de una pareja con la que estuvo muchos a&ntilde;os; actualmente est&aacute; en pareja con otra mujer, pero ocurre que no termina de dar por concluida la relaci&oacute;n anterior, ya que teme perderla&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        El problema es que no siente ning&uacute;n tipo de deseo por su ex pareja, mientras que este se concentra en su pareja actual. No obstante, quisiera que su deseo vuelva a la pareja de origen, con la que se lleva muy bien y comparten muchas cosas; mientras que con la actual discute en diferentes ocasiones&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Se pregunta: &iquest;por qu&eacute; no puedo desear a la mujer que am&eacute; durante tantos a&ntilde;os? &iquest;Por qu&eacute; la mujer que deseo es la que me trae tantos dolores de cabeza? Insiste: &iquest;por qu&eacute; no podr&iacute;a recuperar el deseo con mi pareja anterior, si alguna vez la desee? &iquest;Por qu&eacute; a veces quiero que mi pareja actual no funcione, para volver con mi ex?
    </p><p class="article-text">
        Ninguna de estas preguntas tiene respuesta. Al menos, no en el an&aacute;lisis. Se podr&iacute;an dar muchas explicaciones, desde teor&iacute;as psicol&oacute;gicas, el saber popular y la vida misma, pero en el marco del an&aacute;lisis propiamente dicho, no hay nada que el analista pueda decirle; salvo que las preguntas se plantean como forma de indeterminar su posici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ante la duda obsesiva, la tentaci&oacute;n habitual es inclinar la balanza por uno de los dos t&eacute;rminos. Si el analista hace eso, inmediatamente el neur&oacute;tico har&aacute; fuerza en la otra direcci&oacute;n para restablecer el efecto de incertidumbre del s&iacute;ntoma. Si bien es inevitable caer en la trampa y eventualmente ponerse a conversar en funci&oacute;n de &ldquo;alternativas&rdquo;, este es un p&eacute;ndulo del que, mejor, conviene salir.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n puede responderle cu&aacute;l de las dos opciones es la &ldquo;correcta&rdquo;? Incluso &eacute;l mismo sabe que hay d&iacute;as en que elegir&iacute;a una y, luego, otra. A veces, hasta en el mismo d&iacute;a puede ir de una opci&oacute;n a la alternativa. Por lo tanto, el an&aacute;lisis en sentido estricto comienza cuando se sale de la disyunci&oacute;n y se ubica la encrucijada que la hace posible.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;En qu&eacute; momento dej&oacute; de desear a su ex pareja? Un episodio tr&aacute;gico que golpe&oacute; al v&iacute;nculo plante&oacute; una situaci&oacute;n de vida o muerte, en la que ambos debieron apoyarse como m&aacute;s que amantes; podr&iacute;a decirse que se convirtieron en familia. Ahora bien, &iquest;qui&eacute;n puede desear tener relaciones con un pariente?
    </p><p class="article-text">
        Sabido es que el psicoan&aacute;lisis les reserva un lugar privilegiado a los deseos incestuosos, pero siempre que no se realicen y permanezcan en la fantas&iacute;a. Mejor dicho, cada vez que esta inviste un objeto actual en t&eacute;rminos incestuosos, la deserotizaci&oacute;n est&aacute; garantizada. Es lo que les ocurre a muchas parejas de este tiempo cuando se convierten &ndash;lo dicen&ndash; en &ldquo;hermanos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La fraternalizaci&oacute;n de la pareja es una de las condiciones t&iacute;picas de la p&eacute;rdida del deseo en muchas parejas actuales, que se quieren mucho, que no se quieren separar, que no saben c&oacute;mo vivir sin el otro, etc., aunque el deseo falte a la cita. Que la pareja quede investida por el complejo fraterno es garant&iacute;a de su destituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, de regreso a la situaci&oacute;n inicial, cabe reformular la duda obsesiva &ndash;esclarecer su trasfondo&ndash; ya no en funci&oacute;n de la elecci&oacute;n impotente entre dos mujeres, sino a partir de una imposibilidad: familia o deseo. Nuevamente, esta es una decisi&oacute;n no tiene respuesta en el an&aacute;lisis, pero esta vez el analista s&iacute; tiene algo para decir: si quiere excitarse con esa mujer que es de la familia&hellip; tiene la impotencia asegurada.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, esta intervenci&oacute;n no es la &uacute;nica que el analista tiene para decirle. Se agrega una m&aacute;s, que es muy habitual con hombres que &ndash;por defecto neur&oacute;tico&ndash; suelen cargar con el 100% de la culpa: en lugar de pensar que su ex es una pobre mujer a la que &eacute;l traicion&oacute; con otra, ser&iacute;a bueno que se haga la pregunta de por qu&eacute; tambi&eacute;n ella no lo suelta.
    </p><p class="article-text">
        No es infrecuente que hombres que no pueden asumir con responsabilidad su deseo, por la culpa que les produce, no se den cuenta que el origen de esa culpa es un sustituto materno que les dice: &ldquo;Yo te amo y te espero&rdquo;. El neur&oacute;tico obsesivo nunca puede dejar a nadie que lo ama. Y quien lo ama, por lo general, sabe que no debe retenerlo.
    </p><p class="article-text">
        En los tratamientos con neur&oacute;ticos obsesivos nunca deja de estar presente esa instancia en la que se ponen al hombro el fantasma de su pareja y lo act&uacute;an, como si se tratara de su propio deseo. Ah&iacute; donde creen que seducen, son seducidos. Donde creen que dejan, son m&aacute;s retenido donde no los aman. Y a veces, se quedan.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/impotencia-imposible_129_13386768.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jul 2026 10:33:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la impotencia a lo imposible]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Psicoanálisis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El furor narcisista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/furor-narcisista_129_13352795.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fde9d4a3-85a0-4daf-a559-d4074a09e7db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El furor narcisista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando los términos “psi” se usan como etiquetas sociales, dejan de cuidar y empiezan a injuriar: convierten modos de ser en clasificaciones apresuradas que dañan más de lo que explican.</p></div><p class="article-text">
        Todav&iacute;a tiene vigencia la discusi&oacute;n sobre el perfil de la personalidad narcisista. Una de las dificultades m&aacute;s corrientes es hacer de esta categor&iacute;a una serie de rasgos descriptivos que, de manera imprudente, se aplican sin una evaluaci&oacute;n precisa.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es que cada quien dice que alguien, el otro, es narcisista por un patr&oacute;n de conducta que le resulta displacentero. Seamos claros a este respecto: nadie puede diagnosticar a nadie sin ser profesional y haberlo entrevistado o tenido en tratamiento durante un tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Aprendamos a ser sensatos. &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si anduvi&eacute;semos repartiendo el diagn&oacute;stico de psicosis? &iquest;No es lo que hacemos cuando decimos del hijo de alguien que, para nosotros, tiene TDA, solo por lo que nos cuentan sin haberlo visto jam&aacute;s o en unas pocas ocasiones?
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a bueno adoptar una actitud de cuidado. &iquest;No nos damos cuenta de que, por esta v&iacute;a, los diagn&oacute;sticos se vuelven clasificaciones de modos de ser que, al final, injurian? &iquest;No es un buen momento para dejar de usar t&eacute;rminos &ldquo;psi&rdquo; para hablar de los dem&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        En particular, prefiero que se diga de alguien que es un hijo de puta o una mala persona, antes de que se diga que es un psic&oacute;pata o un narcisista. Creo que no somos conscientes de lo que se gesta alrededor de la psicopatologizaci&oacute;n de los v&iacute;nculos, pero este no es el tema que quiero desarrollar en esta nota.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; me interesa mucho m&aacute;s volver a escribir sobre los fundamentos psicoanal&iacute;ticos de la noci&oacute;n de narcisismo. Para <strong>Sigmund Freud</strong>, nombra el modo de situar un conjunto de problemas que no giran en torno al conflicto ps&iacute;quico y, por lo tanto, que quedan al margen de la relaci&oacute;n entre el s&iacute;ntoma y el deseo.
    </p><p class="article-text">
        Para Freud, las cuestiones del narcisismo se desenvuelven alrededor de la pregunta por la identidad, en el sentido del sentimiento de s&iacute;, la autoestima y la continuidad de la vida; por eso en su texto cl&aacute;sico sobre el tema (&ldquo;Introducci&oacute;n del narcisismo&rdquo;) ocupa un lugar fuerte la noci&oacute;n de ideal del Yo &ndash;como instancia ps&iacute;quica que regula la mirada sobre uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        En el psicoan&aacute;lisis posterior, la primera elaboraci&oacute;n sistem&aacute;tica estuvo en los planteos de <strong>Heinz Kohut</strong> y su teor&iacute;a del <em>Self</em> (s&iacute; mismo). Kohut propuso un desplazamiento desde los casos cl&aacute;sicos de neurosis hacia los trastornos narcisistas de la personalidad, en los que hab&iacute;a una mayor prevalencia de la verg&uuml;enza (otra vez la relaci&oacute;n con la mirada) por sobre la culpa neur&oacute;tica. El planteo de Kohut podr&iacute;a resumirse en la letra de la canci&oacute;n de Daniel Melero que dice: &ldquo;Necesito que me ames para poder verme&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para este autor, el origen del trastorno narcisista era un d&eacute;ficit temprano en la crianza, por parte de otro que no hab&iacute;a logrado responder con empat&iacute;a a las necesidades del beb&eacute;. Es en la d&eacute;cada del 80 que este punto de vista es cuestionado para hacer del narcisismo un nuevo tipo de patolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Este cambio de punto de vista se debe a <strong>Otto Kernberg</strong>, para quien ya no se trata de un trastorno narcisista de la personalidad, sino de un trastorno de personalidad narcisista. De ah&iacute; a los manuales diagn&oacute;sticos hubo un solo paso y, adem&aacute;s un prejuicio de g&eacute;nero: ellos son los narcisistas y ellas las <em>borderline</em>. Todav&iacute;a nadie cuestion&oacute; demasiado esta hipoteca.
    </p><p class="article-text">
        Entre las cr&iacute;ticas de Kernberg a Kohut no solo est&aacute; la cuesti&oacute;n de la patologizaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n el &eacute;nfasis en la agresividad. Si Kohut destac&oacute; que los narcisistas se apoyaban en &ldquo;escenas&rdquo; desde las que se ve&iacute;an a s&iacute; mismos como espectadores, Kernberg acu&ntilde;&oacute; la &ldquo;furia&rdquo; narcisista como respuesta a la vacilaci&oacute;n. Esta furia hoy causa furor.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si las cosas no son como &eacute;l, se enoja&rdquo;, suele decirse. &ldquo;Es un divino, pero sin capacidad de autocr&iacute;tica&rdquo;, se agrega. &ldquo;Nunca la culpa cae de su lado, si pasa algo siempre es porque el otro hizo tal o cual cosa&rdquo;; &ldquo;Tiene una respuesta para todo&rdquo;, &ldquo;Siempre sale bien parado&rdquo;, &ldquo;Se deja de hablar cuando &eacute;l quiere&rdquo;, &ldquo;Buscar tener la &uacute;ltima palabra&rdquo;, todas estas son frases t&iacute;picas de tratamientos de pareja con pacientes narcisistas.
    </p><p class="article-text">
        Las sit&uacute;o para destacar que a veces los narcisistas llegan a tratamientos y eventualmente toman una posici&oacute;n analizante respecto de su sufrimiento. Es cierto que, en mi experiencia, fue m&aacute;s com&uacute;n que estos casos llegaran a partir de la psicoterapia de pareja que por la v&iacute;a de tratamientos espont&aacute;neos, salvo en casos de aparente derrumbe depresivo.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s f&aacute;cil decir que los narcisistas no aman, que reconocer que aman de un modo que tiene ciertas dificultades (como muchos otros modos de amar); es m&aacute;s sencillo decir que no consultan, en lugar de reconocer la forma en que lo hacen; es m&aacute;s com&uacute;n decir que son malos o que son enfermos sin recuperaci&oacute;n, en lugar de pensar maneras de tratamiento &ndash;que es lo que el psicoan&aacute;lisis hace desde m&aacute;s de medio siglo.
    </p><p class="article-text">
        Como la vivencia de vac&iacute;o ocupa un lugar destacado en la subjetividad narcisista, en los tratamientos es habitual corroborar cierta frialdad. Esto es algo que <strong>Andr&eacute; Green</strong> destac&oacute; de un modo muy preciso, cuando propuso que el problema central de estos pacientes es el riesgo de la desinvestidura ante la afrenta. 
    </p><p class="article-text">
        Esto es lo que tambi&eacute;n muchas personas dicen cuando, ante un conflicto, dicen que el otro hace &ldquo;ley de hielo&rdquo;. Se interpreta como forma de castigo o represalia, pero es m&aacute;s bien el modo en que en el narcisismo retira la libido del objeto cuando se pone en crisis la imagen del Yo.
    </p><p class="article-text">
        Los casos dif&iacute;ciles siempre ponen en marcha la inventiva de formas de tratamientos que se hagan eco del dolor subjetivo. Son los casos en que, m&aacute;s que la relaci&oacute;n con el deseo, est&aacute; en juego la delgada l&iacute;nea entre la vida y la muerte. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/furor-narcisista_129_13352795.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2026 09:32:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El furor narcisista]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Clínica de la separación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/clinica-separacion_129_13316500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a82011a1-100c-4e4a-b2a4-3d5aee6fad15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Clínica de la separación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nuestra época tiende a pensar la infancia desde la lógica de la crianza -lo que hay que dar al niño-, olvidando que educar también implica introducir la dimensión de lo que es preciso pedirle.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Nuestra &eacute;poca piensa a los ni&ntilde;os desde la lactancia extendida, esto es, desde lo que hay que darles, como si no existiera el complejo de control de esf&iacute;nteres, que plantea la cuesti&oacute;n desde lo que es preciso pedirles.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El complejo de lactancia se opone al de esf&iacute;nteres como criar se opone a educar. A los ni&ntilde;os es necesario criarlos y educarlos. Esto es obvio, o lo era hasta hace un tiempo. El punto que quiero destacar, respecto de la articulaci&oacute;n de ambos complejos, es que en su bisagra se constituye la masturbaci&oacute;n como actividad ps&iacute;quica infantil.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Sigmund Freud</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> insisti&oacute; lo suficiente en c&oacute;mo del pecho se pasa a los genitales. El problema es que cuando no se constituye adecuadamente el complejo de control de esf&iacute;nteres, la masturbaci&oacute;n permanece como pura excitaci&oacute;n autoer&oacute;tica, de la que el ni&ntilde;o no considera que tiene que separarse (como de las heces).</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las madres de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os peque&ntilde;os lo dicen: &ldquo;No para, est&aacute; frot&aacute;ndose todo el tiempo&rdquo;. Esta etapa es algo normal, pero no puede extenderse indefinidamente, para eso est&aacute; su articulaci&oacute;n con el complejo de control de esf&iacute;nteres (es sucio) y su posterior relaci&oacute;n con la verg&uuml;enza (que no me vean).</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En quienes no se dio este pasaje, la masturbaci&oacute;n permanece como la fuerza pulsionante de sus acciones. Es lo que les ocurre a las personas que no se pueden quedar quietas, o que si tienen un minuto meten una actividad &uacute;til (como barrer o lavar) que con esta utilidad justifica su ra&iacute;z er&oacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Estas personas hacen muchas cosas, pero no elaboran. Solo viven procesos de descarga, no pueden tolerar tensiones internas. Decir que son ansiosas es decir poco; decir que sus actos son compulsivos, es decir nada, si no se aclara que la compulsi&oacute;n tiene su origen en la masturbaci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Freud tiene una idea bell&iacute;sima: los s&iacute;ntomas son equivalentes del acto sexual, las compulsiones son continuaciones de la masturbaci&oacute;n. Todav&iacute;a no sacamos todas las conclusiones que se desprenden de esta idea. Ni siquiera la entendemos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por su parte, a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Jacques Lacan</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> le gustaba decir que &ldquo;el deseo es el deseo del Otro&rdquo;. Sin embargo, esto no quiere decir que un deseo es id&eacute;ntico al deseo del otro; entre la primera parte de la frase y la segunda, hay una pausa: &ldquo;El deseo&hellip; es el deseo del Otro&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Esto quiere decir que un deseo es la diferencia respecto de otro deseo. Lacan dec&iacute;a lo mismo cuando afirmaba que el deseo nace de una experiencia de separaci&oacute;n. El deseo es el deseo que se separa (Lacan tambi&eacute;n dec&iacute;a &ldquo;parirse&rdquo;) del deseo del Otro.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Aclaremos: separarse del deseo del Otro no es sin ese deseo, esta es &mdash;por decirlo as&iacute;&mdash; una separaci&oacute;n en el interior del deseo del Otro. Ilustremos esto con un ejemplo sencillo, que permite continuar la articulaci&oacute;n entre complejos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Una mujer cuenta que su hijo, sin que ella supiera, us&oacute; su tarjeta de cr&eacute;dito para un juego. Ella estuvo muy bien: entendi&oacute; que el ni&ntilde;o no se lo quer&iacute;a pedir; porque si se lo ped&iacute;a ella hubiera dicho que s&iacute;. El punto es que ella solo se enoj&oacute; cuando le pregunt&oacute; si hab&iacute;a sido &eacute;l y primero este lo neg&oacute;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Luego el ni&ntilde;o lo reconoci&oacute; y ella le dijo: &ldquo;Yo puedo aceptar que quieras algo que yo no sepa, pero no que despu&eacute;s no puedas responder por eso&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Otro ejemplo es el de un joven que vive estudiando. Es un gran estudioso y va por la tercera carrera. Quiz&aacute;s est&aacute; demasiado c&oacute;modo en la posici&oacute;n autoer&oacute;tica de estudiante. No puede interrogar esa posici&oacute;n, porque lo deja muy bien instalado en relaci&oacute;n a lo que el Otro espera.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Al estudiar, hace lo que le piden; es m&aacute;s, se molesta cuando un docente no expresa con claridad qu&eacute; quiere y da demasiada libertad en la consigna. Definitivamente, no quiere encontrarse con ese intervalo &mdash;esa pausa&mdash; que puede haber entre lo esperado y lo que se produce.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En el primer ejemplo, un ni&ntilde;o ya est&aacute; convirti&eacute;ndose en sujeto de deseo, anudado separadamente a otro deseo; en el segundo, un neur&oacute;tico rechaza obsesivamente que su deseo se efect&uacute;e como deseo del Otro.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El ni&ntilde;o ya est&aacute; destet&aacute;ndose, el joven permanece adherido a los residuos de saber que no quiere dejar ir. Ambos sufren de la dificultad para separarse.</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/clinica-separacion_129_13316500.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 08:47:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Clínica de la separación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un deseo impuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deseo-impuro_129_13277338.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aa564587-d717-4c61-9225-f7b7d8d9d895_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un deseo impuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El análisis permite advertir el goce oculto detrás de los ideales, haciendo caer la ilusión moral y abriendo la posibilidad de actuar desde una causa más singular, menos narcisista.</p></div><p class="article-text">
        La otra noche, despu&eacute;s de cenar, cuando nuestros hijos ya se hab&iacute;an ido a dormir, con mi esposa nos quedamos conversando de sobremesa. Charl&aacute;bamos sobre lo que cada uno hab&iacute;a encontrado m&aacute;s enf&aacute;ticamente en su an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Por mi parte, le cont&eacute; dos cuestiones: por un lado, para m&iacute; el an&aacute;lisis fue la ocasi&oacute;n de descubrir c&oacute;mo detr&aacute;s de todo ideal hay un goce no reconocido; de ah&iacute; que ya no pueda alzar la bandera de un ideal sin tener verg&uuml;enza. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando alguien habla desde un lugar moral &ndash;le contaba&ndash; me acuerdo de esa frase de Carlos Menem en el programa de Mirtha Legrand, en la que el ex presidente dijo: &ldquo;Cuando alguien va a la mesa de uno y entra a hablar de honestidad y entra a hablar de &eacute;tica, cuando se va, hay que contar los&nbsp;cubiertos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dejar caer el velo del ideal puede llevar a una posici&oacute;n c&iacute;nica &ndash;tal vez la de Menem&ndash;, pero tambi&eacute;n es la ocasi&oacute;n de instaurar otra causa para los actos, m&aacute;s singular y menos atada al narcisismo. Renunciar a ser alguien &ldquo;bien visto&rdquo; es un desgarro &iacute;ntimo que, llegado el caso, se decide atravesar.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, le cont&eacute; uno de mis s&iacute;ntomas, apoyado en el tiempo que me tom&oacute; estar con una mujer que amara. Desde mi juventud, este fue el encuentro m&aacute;s rehuido, porque estaba advertido de sus consecuencias: el amor cambia la vida y yo siempre ten&iacute;a algo m&aacute;s importante que hacer. 
    </p><p class="article-text">
        En este punto record&eacute; las palabras que &ndash;aparentemente, ya que mi recuerdo se basa en lo que ella me cont&oacute;&ndash; dije el d&iacute;a en que Ver&oacute;nica me cont&oacute; que estaba embarazada: &ldquo;Nos cambi&oacute; la vida&rdquo;. Creo que tambi&eacute;n es un efecto de an&aacute;lisis que la frase del horror, con los a&ntilde;os se haya vuelto la que mejor expresa mi voluntad.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, todo este proleg&oacute;meno es &ndash;en realidad&ndash; para desarrollar otra idea, menos personal (aunque hable de m&iacute;) y que apunta al deseo en que se apoya la pr&aacute;ctica del an&aacute;lisis. No planteo, entonces, los efectos que el an&aacute;lisis tuvo sobre mi como analizante, sino como analista.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El deseo en que se apoya la pr&aacute;ctica del an&aacute;lisis&rdquo;, porque el psicoan&aacute;lisis no se puede practicar desde un ideal. De regreso al principio, cuando alguien empieza con la canci&oacute;n de lo que debe ser un an&aacute;lisis y c&oacute;mo alguien es un buen analista&hellip; a prepararse para contar los cubiertos.
    </p><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis se practica desde un deseo, que, si es tal, es impuro. En mi caso, pude analizar algo de esa impureza en los siguientes t&eacute;rminos: como muchos, empec&eacute; a estudiar la carrera de Psicolog&iacute;a con la idea de &ldquo;ayudar&rdquo; a los dem&aacute;s. Por suerte esa pretensi&oacute;n cay&oacute; al poco tiempo y pude reconocer intereses m&aacute;s personales en su causa.
    </p><p class="article-text">
        Una prueba que atraves&eacute; en mi modo de escuchar fue la precipitaci&oacute;n que me impon&iacute;a el paciente hist&eacute;rico (o el que asum&iacute;a esa posici&oacute;n). Si no sucumb&iacute;a al furor curativo, s&iacute; me inquietaba un poco con los rodeos del saber. Y pod&iacute;a ser un poco severo e impaciente. En esta dimensi&oacute;n reconoc&iacute; la acepci&oacute;n protestante de mi apellido (Lutero).
    </p><p class="article-text">
        Como analista, pude ser un &ldquo;buen pastor&rdquo; que espera que la oveja descarriada regrese al reba&ntilde;o a fuerza de interpretaciones que le enrostran la verdad de lo que (no) sabe. Con los a&ntilde;os, esta dimensi&oacute;n t&eacute;cnica perdi&oacute; su relevancia y acept&eacute; una concepci&oacute;n menos exigente del an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        No uso de manera ingenua la palabra &ldquo;concepci&oacute;n&rdquo;, ya que por aquel entonces algunos sue&ntilde;os de analizantes (que se so&ntilde;aban en el vientre materno), me condujeron a ubicar una segunda acepci&oacute;n de mi apellido (L&rsquo;&uacute;tero). Por esta v&iacute;a, hice la experiencia &ndash;como analista&ndash; del valor de la transferencia en el an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, la palabra &ldquo;histeria&rdquo; proviene etimol&oacute;gicamente de la palabra &ldquo;&uacute;tero&rdquo;. En mi an&aacute;lisis encontr&eacute; un modo de darle un sentido a este tipo cl&iacute;nico para m&iacute; pr&aacute;ctica, que no se basa en lo que estudi&eacute;, sino en mi implicaci&oacute;n con el deseo de analizar. No es un modelo para nadie, solo define una posici&oacute;n desde la que eventualmente practico.
    </p><p class="article-text">
        Como toda posici&oacute;n, tiene sus ventajas y sus s&iacute;ntomas. Pensarme como un analista que tropieza, a pesar de los a&ntilde;os, con su modo de practicar, es el pan de cada d&iacute;a y una causa que no es ut&oacute;pica. Es el camino sin punto de llegada.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deseo-impuro_129_13277338.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jun 2026 00:47:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un deseo impuro]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La culpa del amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/culpa-amor_129_13241290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e237b5ce-65d0-492c-9bf8-71a933ac1a31_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La culpa del amor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A diferencia del arrepentimiento, que recae sobre los hechos, la culpa insiste alrededor de lo no hecho: no haber amado, no haber sabido actuar desde el amor. Quizá sea esa la única culpa posible.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Jacques Lacan</strong> dec&iacute;a que solo podemos ser culpables de haber cedido en el deseo. Esta es una linda manera de definir la represi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima constituye el deseo a partir de la culpa. No es que hay un deseo y, luego, se lo reprime. Lacan busca ser m&aacute;s taxativo: la represi&oacute;n (que separa pulsi&oacute;n y deseo y conduce la primera hacia el s&iacute;ntoma y el segundo hacia la fantas&iacute;a) hace que, al menos para un neur&oacute;tico, no haya manera de desear sin culpa.
    </p><p class="article-text">
        De esto se siguen dos observaciones: por un lado, lo &uacute;ltimo que se espera del an&aacute;lisis es que alguien cumpla con los deseos de sus fantas&iacute;as (en todo caso, el an&aacute;lisis es para encontrar otro sost&eacute;n del deseo, diferente de la fantas&iacute;a); por otro lado, que la culpa no es culpa de o por algo, es decir, no hay objeto de la culpa, sino que la culpa es un indicador de posici&oacute;n subjetiva. Se es culpable, se est&aacute; en falta, por ser sujeto. El deseo sujeta a la culpa.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, este planteo b&aacute;sico &mdash;de gran utilidad cl&iacute;nica y que desarrollamos m&aacute;s ampliamente en el libro&nbsp;<em>El psicoan&aacute;lisis (no) es imposible</em>&mdash; tiene una variaci&oacute;n que nos interesa pensar en t&eacute;rminos de la relaci&oacute;n con el pr&oacute;jimo. Proponemos parafrasear la frase de Lacan (as&iacute; como este parafraseaba a <strong>Sigmund Freud</strong>): solo podemos ser culpables de no haber amado lo suficiente.
    </p><p class="article-text">
        Importa enfatizar la relaci&oacute;n (inversamente proporcional) entre culpa y amor. Resulta relevante situar cu&aacute;ntas veces en los an&aacute;lisis es preciso rectificar al sujeto del amor (en t&eacute;rminos de que eso que Freud llamaba &ldquo;libido de objeto&rdquo;). Muchas m&aacute;s veces alguien se vuelve demasiado mental y se olvida de que ama; es decir, piensa su amor, piensa si el otro se lo merece, piensa si el otro hizo tal o cual cosa, en funci&oacute;n de lo cual deber&iacute;a hacerse tal o cual otra. As&iacute; pierde el amor.
    </p><p class="article-text">
        Hay una contraposici&oacute;n entre ser&nbsp;<em>demasiado</em>&nbsp;mental y amar lo&nbsp;<em>suficiente</em>. Esta &uacute;ltima condici&oacute;n no tiene nada de excesiva. Amar lo suficiente no es el amor incondicional, tampoco es amar con sacrificio, ni pese a todo. Ni m&aacute;s ni menos, es responder a la altura de nuestro amor, no olvidarlo como fundamento de nuestros actos. Cuando lo olvidamos, respondemos con culpa.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, esta &uacute;ltima no es una culpa que se siente como culpa; pero puede ser la culpa que se expresa como enojo, tambi&eacute;n como reproche, o bien como suspicacia, etc. Tambi&eacute;n puede ser que ame con culpa, como cuando soy extremadamente compasivo, o me preocupe por un v&iacute;nculo cuando temo perderlo o que llegue a su fin.
    </p><p class="article-text">
        La culpa no suele sentirse como culpa. La culpa, a diferencia del arrepentimiento, es por lo que no se hizo. Es culpa por no haber amado; por no haber actuado desde el amor. Solo se puede ser culpable por esto &uacute;ltimo. Seg&uacute;n el cristianismo, es por lo &uacute;nico que seremos juzgados. Tal vez sea el modo que encontr&oacute; la religi&oacute;n de enfatizar el valor de la investidura amorosa de los objetos.
    </p><p class="article-text">
        Aunque quiz&aacute; no se trate solo de eso. Tambi&eacute;n podr&iacute;amos pensar que en el mandato de amar incluso a los enemigos, se sit&uacute;a una raz&oacute;n libidinal que el odio desconoce: es amor disfrazado, porque tranquilamente se puede amar con odio. Para amar con amor a veces es necesario un an&aacute;lisis; sobre todo para no amar con la condici&oacute;n de ser amado, para ser amado.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/culpa-amor_129_13241290.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 May 2026 09:37:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La culpa del amor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jacques Lacan,Sigmund Freud,Amor,culpa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El psicoanálisis divertido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/psicoanalisis-divertido_129_13206147.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49383b5e-3445-444d-921b-030e41e0d87d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El psicoanálisis divertido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los Cafres sostienen una alegría serena que evita la melancolía tanguera presente en otras bandas de reggae argentino. Esa diferencia se vincula con la idea lacaniana de un “psicoanálisis divertido”, capaz de desviarse del sentido común y producir un giro en la mirada.</p></div><p class="article-text">
        Con la comida me pasa lo mismo que con la m&uacute;sica. Me gusta pr&aacute;cticamente toda. Solo por motivos muy concretos puede ser que desestime un g&eacute;nero. Quiz&aacute; me vuelva reticente con un modo particular. Por ejemplo, me gusta el punk ingl&eacute;s, tambi&eacute;n el argentino, aunque son muy diferentes. Aqu&iacute; no tengo dudas.
    </p><p class="article-text">
        Donde s&iacute; tengo reparos es con el reggae local. Me gusta, pero es muy diferente al de otras partes del mundo. El reggae argentino tiene una cuota de melancol&iacute;a que me cuesta. Tal vez sea un exceso de acordes menores, pero no creo que se relacione con una cuesti&oacute;n t&eacute;cnica. Es cierta impronta cultural.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, me encantan <strong>Los Cafres</strong>. Creo que consiguen estar siempre arriba, no llevan el modo de cantar hacia el llanto. Es como si en otras bandas, que tambi&eacute;n me gustan, pero a las que distingo de lo que creo que mejor representa la &ldquo;esencia&rdquo; del g&eacute;nero, les pasara que no pueden sortear la a&ntilde;oranza.
    </p><p class="article-text">
        Debe ser una influencia tanguera inevitable. Los Cafres, en cambio, logran la medida justa de alegr&iacute;a y liberaci&oacute;n que el reggae necesita. Lo mismo ocurre con el psicoan&aacute;lisis que se teoriza en este pa&iacute;s, que pareciera haber olvidado una idea lacaniana.
    </p><p class="article-text">
        Cito: &ldquo;Cuando m&aacute;s cerca del&nbsp;psicoan&aacute;lisis divertido&nbsp;estemos, m&aacute;s cerca estaremos del verdadero&nbsp;psicoan&aacute;lisis&rdquo;, dec&iacute;a <strong>Jacques Lacan</strong>. Es cierto que divertido no es lo mismo que alegre, de la misma manera que no hay que olvidar la etimolog&iacute;a de la palabra.
    </p><p class="article-text">
        La palabra &ldquo;divertido&rdquo; incluye las nociones de separaci&oacute;n (prefijo di-) y de movimiento de giro. El psicoan&aacute;lisis divertido es el que va a contrapelo del sentido com&uacute;n, es tambi&eacute;n el que se basa en hacer distinciones. 
    </p><p class="article-text">
        En efecto, el modo m&aacute;s frecuente de subvertir (otra palabra cercana a diversi&oacute;n) lo que se presenta como evidente es el chiste, tambi&eacute;n el humor; pero sin depender de la carcajada, lo cierto es que el psicoan&aacute;lisis precisa interpretaciones antes que explicaciones.
    </p><p class="article-text">
        Pongamos un ejemplo t&iacute;pico del tratamiento de la neurosis. El obsesivo tiene algunas trampas que son conocidas en su relaci&oacute;n con el goce: hacer cosas para generarse un cr&eacute;dito y luego solo &ldquo;gastar&rdquo; lo que le sobra; tambi&eacute;n subirse al modo de hacer de otro como una forma de evitar el costo de una elecci&oacute;n (es especialista en mirar el men&uacute; y pedirle a otro que elija por &eacute;l).
    </p><p class="article-text">
        Esta posici&oacute;n es privilegiada para que el psicoanalista saque su rosario de &ldquo;Todo no se puede&rdquo;, &ldquo;Siempre es preciso perder algo&rdquo; y otras formulaciones que son comunes en analistas argentinos que, tal vez tambi&eacute;n por influencia tanguera, esperan que el lamento sea la manera de reconocer un acto.
    </p><p class="article-text">
        Pareciera que, si el psicoan&aacute;lisis no se sufre, no es psicoan&aacute;lisis. Si no duele, no es un an&aacute;lisis verdadero. Pero esta actitud siempre corre el riesgo de dejar al analista trabajando al servicio del Supery&oacute; (gran Amo de la nostalgia). La cuesti&oacute;n es c&oacute;mo orientar el psicoan&aacute;lisis y su pulsi&oacute;n sufriente hacia lo divertido.
    </p><p class="article-text">
        Los psicoanalistas interpretamos. &iquest;Qu&eacute; es una interpretaci&oacute;n? &ldquo;La&nbsp;cl&iacute;nica&nbsp;psicoanal&iacute;tica consiste en el discernimiento de cosas que&nbsp;importan&nbsp;y que cuando se haya tomado conciencia de ellas ser&aacute;n de gran envergadura&rdquo;, dec&iacute;a Lacan.
    </p><p class="article-text">
        La interpretaci&oacute;n es para &ldquo;discernir&rdquo;, palabra esta tambi&eacute;n cercana a divertir. Pensemos en el caso de un obsesivo que se queja porque est&aacute; cansado de pedirle a su hijo que se ocupe de cosas de la casa.
    </p><p class="article-text">
        Es claro que el modo en que se lo pide hace que el joven nunca le preste atenci&oacute;n. Esto es lo primero que cabe decirle. Y no por una cuesti&oacute;n de forma o estilo de comunicaci&oacute;n, sino porque el hombre espera que el otro haga algo por el solo hecho de que se lo dice&hellip; y al poco tiempo est&aacute; pregunt&aacute;ndole si lo hizo y, al corroborar que no, lo hace &eacute;l. Al muchacho no le queda otra defensa que la de hacerlo esperar. Decir &ldquo;Ah&iacute; voy&rdquo;, para quedarse en el mismo lugar. Una resistencia que lo cuida del empuje feroz del padre.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, despu&eacute;s de notar su alienaci&oacute;n en este circuito imposible, &iquest;qu&eacute; se le puede decir a este hombre? En principio, una constataci&oacute;n: que &eacute;l no espera que el joven haga eso que le pide y que, al final, termina haciendo &eacute;l, sino que espera que lo haga para dejar de pensar en eso.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, la interpretaci&oacute;n circunscribe su s&iacute;ntoma: necesita que el otro haga algo para calmar su pensamiento, porque librado a s&iacute; mismo, este no tiene ninguna libertad y m&aacute;s bien lo esclaviza. 
    </p><p class="article-text">
        De nada servir&iacute;a empezar a hablarle a este hombre de la p&eacute;rdida, de la autoridad, de la diferencia generacional, etc. Lo divertido es la demanda en la que se encuentra implicado: le pide algo a otro, no tanto para que lo haga, sino para que no lo haga y, a trav&eacute;s de la negaci&oacute;n esperar algo que nadie puede hacer por &eacute;l, pero que solo &eacute;l hace&hellip; sintom&aacute;ticamente.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/psicoanalisis-divertido_129_13206147.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2026 11:43:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El psicoanálisis divertido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Los Cafres,Jacques Lacan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un hombre ca(n)sado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-ca-n-sado_129_13169967.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d8110d47-7bef-4085-8955-74d784d75445_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un hombre ca(n)sado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un desliz en una respuesta formal abre una pregunta íntima: ¿qué del cansancio se cifra en el matrimonio? La relación entre el hombre, la mujer y la lógica del síntoma.</p></div><p class="article-text">
        Hace poco fui a hacer un tr&aacute;mite y en la serie de las preguntas formales que me hicieron estuvo la del estado civil. Con un tropiezo, respond&iacute;: &ldquo;Cansado&rdquo; (en lugar de &ldquo;Casado&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Del otro lado del mostrador, la persona se rio y aprovech&eacute; el empuje para salir airoso con la pregunta ret&oacute;rica &ldquo;&iquest;qui&eacute;n no est&aacute; cansado hoy?&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Sin embargo, fue inevitable que me quedara pensando seriamente la cuesti&oacute;n. Ya no por la interpelaci&oacute;n de un agente social, sino ante m&iacute; mismo. Ante ese Otro que, en m&iacute;, hace la pregunta por qu&eacute; cansancio se revela en estar casado.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que se me ocurri&oacute; fue el recuerdo de la vez en que, antes de ser pareja, en el momento de salir con aquella mujer, pens&eacute;: &ldquo;Qu&eacute; fiaca volver a empezar una relaci&oacute;n&rdquo;. En la memoria de nuestro v&iacute;nculo suele estar el chiste de que hicimos todo lo posible para no estar juntos.
    </p><p class="article-text">
        Luego record&eacute; algo que dice Lacan: que la mujer es un s&iacute;ntoma para el hombre. Sobre esta idea quisiera escribir en esta ocasi&oacute;n, independientemente de la an&eacute;cdota; mejor dicho, a partir de la an&eacute;cdota.
    </p><p class="article-text">
        Para entender esta afirmaci&oacute;n es preciso, primero, destacar que &ndash;seg&uacute;n <strong>Jacques Lacan</strong>&ndash; hay una relaci&oacute;n de vecindad entre el padre y la mujer. El primero funda un orden, como excepci&oacute;n, por eso no es raro que de los padres se sospeche, que se les atribuya omnipotencia, como si fueran dioses, cuyas iras y goces se teman y reprueben.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo le ocurre al hombre con la mujer. Quiz&aacute; por eso los hombres tenemos que curarnos de los celos. A diferencia de Freud, que dec&iacute;a que los celos son t&iacute;picos de las mujeres hist&eacute;ricas, Lacan dec&iacute;a que les corresponden mejor a los hombres obsesivos. Esos son los verdaderos celosos, los que dicen (decimos): &ldquo;Pero si yo no soy celoso&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No es raro que el an&aacute;lisis de un obsesivo empiece en el conflicto con el padre y r&aacute;pidamente se traslade al conflicto con la pareja. Es hasta esperable. Incluso es el mejor pron&oacute;stico, es lo que permite medir que ese an&aacute;lisis va por buen camino, cuando &eacute;l se instala en esa posici&oacute;n de &ldquo;Ella me hace sufrir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, ella no lo hace sufrir porque no lo quiere, sino porque lo quiere y a veces hasta mucho. Durante una parte de su vida, &eacute;l sufri&oacute; por no ser amado &ndash;cuando su elecci&oacute;n fue de sustitutos maternos, porque las madres no nos quieren; quiz&aacute; nos aman, pero no nos pueden querer de verdad (ser&iacute;a incestuoso). 
    </p><p class="article-text">
        Luego lleg&oacute; la mujer que lo quiere &ndash;esa que, si es tal, es un sustituto del padre y lo har&aacute; sufrir. Los celos son una manera t&iacute;pica.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &eacute;l tendr&aacute; la chance de amarla de un modo diferente a como se ama a s&iacute; mismo &ndash;porque ese amor de s&iacute; proviene de la madre. Podr&aacute; amarla como se ama un s&iacute;ntoma: primero con rechazo, despu&eacute;s con certeza y confianza. Es extraordinaria esa idea lacaniana de que la relaci&oacute;n con un padre, para un hombre (vale la aclaraci&oacute;n: obsesivo y heterosexual), se resuelve en la transformaci&oacute;n del amor con una mujer.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, hubo una conocida canci&oacute;n de <strong>Emmanuel Horvilleur</strong> que se llamaba &ldquo;Soy tu nena&rdquo;, que muestra muy bien c&oacute;mo otra respuesta posible &ndash;ante ese desplazamiento del padre a la mujer&ndash; puede ser la fantas&iacute;a de feminizaci&oacute;n, m&aacute;s com&uacute;n en la histeria masculina. El Edipo negativo (la posici&oacute;n pasiva con el padre) tambi&eacute;n se resuelve a partir del v&iacute;nculo amoroso.
    </p><p class="article-text">
        La mujer es un s&iacute;ntoma para el hombre; es aquello que lo har&aacute; tropezar, pero tambi&eacute;n la ocasi&oacute;n de que se revele para &eacute;l una causa inconsciente. Durante muchos a&ntilde;os, un hombre puede estar salvo con mujeres que lo amen, pero que no lo quieren. Las mujeres que dicen que <em>no</em>, son una buena seguridad. 
    </p><p class="article-text">
        El contrapunto de esa frase de <strong>Jacques Lacan</strong> es la que dice que el hombre puede ser un estrago para una mujer. Ser&aacute; el tema de la pr&oacute;xima columna.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-ca-n-sado_129_13169967.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 12:21:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un hombre ca(n)sado]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amor y dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-dinero_129_13132027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad51203e-a6df-43fe-be39-dc84a148aa72_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140485.jpg" width="523" height="294" alt="Amor y dinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
El amor puede ser una forma de interrogar al Otro y de cernir la posición que uno ocupa en el vínculo, poniendo en cuestión si la relación se reduce a un intercambio o si hay algo más, irreductible, en juego.</p></div><p class="article-text">
        Hay dos variables que, para <strong>Sigmund Freud</strong>, constituyen el n&uacute;cleo de la transferencia: tiempo y dinero.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, era inevitable que Freud se encontrase con el amor de transferencia en una &eacute;poca en que hab&iacute;a tiempo para el amor. En este punto, es importante tener en claro que el amor de transferencia no es enamorarse del analista.
    </p><p class="article-text">
        El amor de transferencia es algo mucho m&aacute;s complejo que una pasi&oacute;n. Es un tipo de formaci&oacute;n que, en el centro del an&aacute;lisis, viene a plantear una pregunta; mejor dicho, el amor de transferencia es usar el amor para hacerle una pregunta a la transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Expliquemos mejor este aspecto. El amor de transferencia es solidario de la posici&oacute;n hist&eacute;rica y su modo de interrogar al Otro. Es una manera de cernir la posici&oacute;n (de objeto) que se tiene ante ese Otro: yo pago y pago, pero este v&iacute;nculo nuestro &iquest;es solo un servicio reducible a un contrato profesional?
    </p><p class="article-text">
        Sin histeria no hay amor de transferencia; es decir, el sujeto hist&eacute;rico recurre al amor como aquello que pone en jaque el intercambio y plantea que hay algo m&aacute;s, irreductible, en la relaci&oacute;n entre analista y paciente.
    </p><p class="article-text">
        Dig&aacute;moslo de otro modo, con una reformulaci&oacute;n de la pregunta hist&eacute;rica: &iquest;c&oacute;mo que soy un paciente entre otros? Recordamos el caso de un amigo y colega que, en cierta ocasi&oacute;n, dec&iacute;a, &ldquo;Yo no podr&iacute;a analizarme si no sintiera que soy especial para mi analista, si no creyera que de alg&uacute;n modo me quiere; es m&aacute;s, &iexcl;tengo la certeza de que me quiere!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, lo propio de la histeria (como modelo de la neurosis y como requisito para el an&aacute;lisis) es llegar al Otro por la v&iacute;a del amor. De ah&iacute; que el hist&eacute;rico tienda a presentar su sufrimiento en t&eacute;rminos amorosos e incluso haga de su desdicha amorosa una manera de demandar amor al analista.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos decir que el sujeto hist&eacute;rico usa el idioma del amor para comunicarse con el analista y, en el v&iacute;nculo con el analista, espera que el amor sea la manera de realizar un m&aacute;s all&aacute; del an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, esta posici&oacute;n no es la m&aacute;s frecuente actualmente. Hay enamoramientos de analistas, pasiones salvajes, pero nada de eso es el amor de transferencia. Son m&aacute;s bien rupturas o enloquecimientos de la transferencia, erotoman&iacute;as que solo precisan tiempo antes de volverse delirios persecutorios.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no es este el contrapunto que nos interesa. A partir de lo que venimos conversando en un grupo de supervisi&oacute;n, aislamos el siguiente hecho: cada vez son m&aacute;s colegas los que cuentan que deben reclamar el pago de las sesiones a los pacientes, ya que estos demoran mucho en hacerlo si no es que, directamente, lo &ldquo;olvidan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No tendr&iacute;a sentido hablar en este punto de una falta de respeto, de que no se cuida el espacio, del no registro del otro, etc. Estos argumentos pueden ser ciertos, pero son sociol&oacute;gicos. A nosotros nos interesa pensar desde la transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Si hablamos de dinero, hablamos de transferencia. Lo que pensamos, entonces, es que esa dificultad para el pago tiene dos caras: por un lado, puede significar un modo de quedar en deuda, aunque se trate de una deuda que no se reconozca. Hace poco una modelo famosa dec&iacute;a que le molestaba tener que pagarle a su analista, como si el pago invalidara lo profundo de lo hablado.
    </p><p class="article-text">
        Propongamos una hip&oacute;tesis: si tengo que pagarle, es porque no me quiere en serio. Ya no se trata del &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo; del pago de la histeria, sino de un &ldquo;m&aacute;s ac&aacute;&rdquo;. Esta posici&oacute;n se parece m&aacute;s bien a la del sujeto melanc&oacute;lico que no se siente amado. En estos casos, el amor es una deuda impagable.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, tenemos a quienes se hacen demandar el pago, o bien dan por sentado que el analista puede esperar, punto en el que este queda en un lugar de Otro primario, sin necesidades, de pura gratificaci&oacute;n. Ya no estamos en el nivel de la transferencia (paterna) de la histeria, sino en la transferencia (materna) del narcisismo.
    </p><p class="article-text">
        El sujeto hist&eacute;rico paga por su deuda, incluso paga de m&aacute;s, cuando &ndash;por ejemplo&ndash; es capaz de agregar un &ldquo;regalito&rdquo; para el analista, ese&nbsp;<em>plus</em>&nbsp;cuyo valor no se mide con el dinero. He aqu&iacute; el amor de transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que el sujeto actual, narcisista y melanc&oacute;lico, vive en funci&oacute;n de una deuda que le hace pagar a otro, equivalente a la falta de amor con se mira a s&iacute; mismo. De este modo, la transferencia pasa de la estructura amorosa tradicional a una nueva formaci&oacute;n que podr&iacute;amos llamar: la deuda de transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una cuesti&oacute;n sobre la que seguiremos pensando; porque, como dijimos al comienzo, tiempo y dinero son variables de la transferencia y esto es lo fundamental que se piensa en un an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-dinero_129_13132027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 09:02:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Amor y dinero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Dinero,Histeria,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La imposibilidad de volver a ser]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/imposibilidad-volver_129_13101832.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e9f114d-41b7-4bed-a475-ffba0962f40e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La imposibilidad de volver a ser"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre bandas tributo y hologramas, la música tensiona su vínculo con lo original. Lo que emociona no puede reproducirse sin perder algo esencial: el instante. Tal vez por eso seguimos escuchando canciones tristes, intentando recuperar lo que ya no está.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante muchos a&ntilde;os, una amiga tuvo una vida corporativa. Oficina de lunes a viernes, de 9 a 18. Conexi&oacute;n permanente. Reuniones virtuales fuera de hora. Miles de beneficios, pero a un precio muy alto. Stress, burn out, competencia despiadada. En ese mundo hay gente que est&aacute; muy pasada de rosca.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En un momento tuvo que tomar una licencia, al cabo de la cual la echaron. Durante ese lapso, se ocup&oacute; de s&iacute; misma. Volvi&oacute; a cantar, incluso se incluy&oacute; en una banda de covers. Con ese grupo conoci&oacute; diferentes escenarios y a otras agrupaciones. Volvi&oacute; a trabajar en una empresa, pero ya no con la camiseta puesta. Ahora se maquillaba para los fines de semana.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Seg&uacute;n ella cuenta, el mundo de las bandas tributo es muy autogestivo. Se trata de ir a los lugares, conocer gente, es artesanal y de relaciones concretas. Entonces, a partir de que les cost&oacute; que los convocaran en algunas ocasiones, ella se empez&oacute; a mover y a organizar las fechas. No es algo sencillo, para una noche hay que encontrar el equilibrio: unos hacen </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>AC/DC</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, otros </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Guns n&rsquo; Roses</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, otros </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Pink Floyd</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El tema es que para audicionar a las bandas necesit&oacute; m&aacute;s tiempo y ah&iacute; se la jug&oacute;: dej&oacute; el trabajo y ahora pod&iacute;a irse a escuchar Aerosmith un martes al mediod&iacute;a. Gana menos, pero es m&aacute;s feliz. Lo digo as&iacute; de simple, porque no es la moraleja de este relato. Este texto no tiene moraleja.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Lo que me gusta de la an&eacute;cdota es c&oacute;mo ella cuenta que en ese mundo de imitaci&oacute;n hay un c&oacute;digo enorme. Se cuidan y apoyan; quiz&aacute; porque ninguno aspira a un &eacute;xito real. Una buena noche es poder tocar con tus amigos las canciones que te fascinan desde que eras joven.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En cierto punto es como si la banda tributo fuera no solo una copia, sino un nuevo estado de lo original, al que se puede acceder a trav&eacute;s de un nuevo pacto con el m&eacute;dium: juguemos a que, as&iacute; como yo hago de cuenta que soy tu &iacute;dolo vos pod&eacute;s hacer de cuenta que est&aacute;s en otro tiempo en el que habr&iacute;as disfrutado de esto.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso a las bandas tributo se las ama o se las odia. Todo depende de poder jugar ese juego. En una noche ante una banda tributo a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>The Beatles</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, el espectador juega a ser un adolescente de la beatleman&iacute;a. Ni las bandas originales pueden prometer tanto, salvo cuando se hacen tributo a s&iacute; mismas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Creo que a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>John Lennon</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> se atribuye la frase, cuando le hicieron la observaci&oacute;n de que </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ringo Starr</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> no era el mejor baterista del mundo, que dice: &ldquo;Ni siquiera es el mejor baterista de los Beatles&rdquo;. Con esta respuesta ir&oacute;nica, ubic&oacute; algo que ya implicaba una trascendencia respecto del talento musical.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La m&uacute;sica &ndash;sobre todo la canci&oacute;n&ndash; tiene el don de conectar con la nostalgia. Quien escucha canciones, se escucha a s&iacute; mismo. Por eso las canciones acompa&ntilde;an momentos muy importantes de nuestras vidas y, tal vez, podemos ubicar una &eacute;poca a partir de una melod&iacute;a. El contrato con el oyente de una canci&oacute;n es la reflexividad emotiva.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso a bandas tributo a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Kiss</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Creedence Clearwater Revival</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Los Redondos</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, pero nunca dir&iacute;amos que una Filarm&oacute;nica hace un tributo. Puede homenajear, puede tocar el repertorio de tal o cual compositor, pero su performance es ajena a la l&oacute;gica de la copia. Ser&iacute;a una cuesti&oacute;n a pensar con m&aacute;s profundidad el valor de que hablemos de un &ldquo;tributo&rdquo; &ndash;con el campo sem&aacute;ntico del impuesto y el sacrificio que implica. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Dejo esta cuesti&oacute;n para otra ocasi&oacute;n y voy a la &uacute;ltima escena que me interesa: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Gustavo Cerati</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> devenido holograma en una noche del recuerdo. &iquest;Cu&aacute;ndo fue m&aacute;s Gustavo Cerati &eacute;l mismo que cuando dijo &ldquo;Gracias&hellip; totales&rdquo;? Un holograma est&aacute; condenado a no hacer nada por fuera de lo que Gustavo Cerati hizo, por lo tanto, no puede ser Gustavo Cerati.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Quiz&aacute; de aqu&iacute; a unos a&ntilde;os tambi&eacute;n desaparezcan las bandas tributo, porque solo estar&aacute; la experiencia de bandas que sean solo hologramas de otras bandas. Esto es algo que ya en su momento vieron </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Gorillaz</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La casa azul</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, pero no resistieron su propio experimento. Crear la narrativa de una banda no es tener una banda.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La m&uacute;sica est&aacute; entrando en un polo melanc&oacute;lico de auto-afectaci&oacute;n, de la que incluso a los m&uacute;sicos activos les cuesta escapar. Fue tambi&eacute;n Cerati quien escribi&oacute; &ldquo;Pon&eacute;s canciones tristes para sentirte mejor&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/imposibilidad-volver_129_13101832.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 09:21:45 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La culpa no es de Narciso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/culpa-no-narciso_129_13065182.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c4615b0-641c-4c7c-9386-a3a5a6348283_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La culpa no es de Narciso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La personalidad narcisista organiza sus vínculos en función de sostener una imagen de sí misma, buscando en el otro confirmación, reflejo o amenaza a esa identidad.</p></div><p class="article-text">
        Hoy se nombra como narcisista a cualquier actitud m&aacute;s o menos ego&iacute;sta, cuando se trata de otra cosa. Tener criterio cl&iacute;nico implica dejar de lado el sentido com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Unos de los puntos m&aacute;s significativos para entender la personalidad narcisista es su tipo de libido. Investir objetos con libido narcisista es algo diferente a hacerlo con libido objetal propiamente dicha.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La libido narcisista es fuertemente adhesiva, pero tambi&eacute;n muy fr&aacute;gil. Por eso no suele ser elaborada a trav&eacute;s de duelos, tal como ya lo plante&oacute; <strong>Sigmund Freud</strong>. En la personalidad narcisista, se reconoce un criterio vincular: se busca en el otro a uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otro modo, la relaci&oacute;n con el otro es bivalente: es la relaci&oacute;n con el otro, pero tambi&eacute;n con uno mismo a trav&eacute;s del otro. A este aspecto apunta la personalidad narcisista; por eso tiende a ocupar roles definidos en los v&iacute;nculos: el/la normal, el/la sano/a, el/la ideal o que hace las cosas bien, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        La contracara de esta b&uacute;squeda de s&iacute; mismo en el otro es que, ante la negativa de este, la vivencia de rechazo despierta agresividad, una culpa que no se puede tolerar y, por lo tanto, se proyecta.
    </p><p class="article-text">
        Como contrapunto, pensemos ahora en una situaci&oacute;n t&iacute;pica del tratamiento del neur&oacute;tico obsesivo: discute con su pareja y teme que esta pueda dejarlo; pero si teme que pueda dejarlo, es porque ya da por sentado que no lo har&aacute;. Por eso se atrevi&oacute; a discutir.
    </p><p class="article-text">
        La eficacia de ese temor va de la mano de que sienta culpa. Entonces, a partir de ese momento se relacionar&aacute; con su pareja a trav&eacute;s de la culpa. No es que har&aacute; cosas y se sentir&aacute; culpable, sino que las har&aacute; para sentir culpa y, por lo tanto, no separarse.
    </p><p class="article-text">
        De este modo, el reverso del temor de que lo dejen es su posici&oacute;n culposa, basada en no separarse. El obsesivo se pone en pareja con un mandato impl&iacute;cito: no me voy a separar. La culpa asegura que as&iacute; sea.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en otra situaci&oacute;n, la de un hist&eacute;rico, que en el v&iacute;nculo siempre se reserva una parte de s&iacute;, que no comparte, a la que el otro no llega, al punto de que se relaciona con su pareja en funci&oacute;n de que esta no lo conozca del todo.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, la contraparte del temor obsesivo a ser dejado es, en la histeria, el miedo a que el otro se enoje. &iquest;Por qu&eacute; se enojar&iacute;a? Por lo que el hist&eacute;rico no da. Lo que el otro podr&iacute;a sacarle con su enojo es el correlato de lo que el sujeto reserva, tambi&eacute;n con culpa.
    </p><p class="article-text">
        Los hist&eacute;ricos conocen esa pasi&oacute;n por dejarle el enojo siempre al otro; ese enojo al que responden defensivamente &ldquo;No es mi culpa&rdquo; y claro que lo es, pero no por &ldquo;hacer enojar&rdquo; al otro, sino por los rodeos, circuitos y evasiones con que lo dejan fuera de juego.
    </p><p class="article-text">
        La culpa del hist&eacute;rico siempre se afirma con la aclaraci&oacute;n &ldquo;No es mi culpa&rdquo;. Y estas distinciones permiten situar c&oacute;mo la culpa es uno de los modos del goce en las neurosis.
    </p><p class="article-text">
        Los neur&oacute;ticos usan la culpa para relacionarse, al punto de que sus v&iacute;nculos terminan por estar basados en la culpa antes que en el amor. Mejor dicho, aman con y por culpa.
    </p><p class="article-text">
        En la patolog&iacute;a narcisista, en cambio, la culpa tiene otra forma (proyectiva) y no es que se pueda hacer el diagn&oacute;stico diferencial con la neurosis en t&eacute;rminos de presencia-ausencia de culpa.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/culpa-no-narciso_129_13065182.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 11:16:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La culpa no es de Narciso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Personalidad,Narcisismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una idea básica del psicoanálisis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/idea-basica-psicoanalisis_129_13023098.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/016beb63-fde2-4214-b04f-501e7cd91fec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una idea básica del psicoanálisis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La transferencia es una actualización de un conflicto psíquico en un vínculo actual privilegiado, no una simple repetición del pasado.
Ni idealización ni dependencia, representa el modo dinámico en que la conflictividad neurótica se organiza en la relación analítica.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Una de las nociones b&aacute;sicas del psicoan&aacute;lisis que a&uacute;n menos se comprende es la de transferencia. Ya sea porque se la vuelve equivalente a la noci&oacute;n de v&iacute;nculo, o bien porque se tiende a ver todo lo que ocurre en un tratamiento como parte de una re-vivencia infantil.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En principio, es fundamental situar qu&eacute; no es la transferencia. No es una idealizaci&oacute;n, no es cualquier pasi&oacute;n que surja en el marco de un tratamiento, como tampoco es una actitud dependiente que anule la capacidad cr&iacute;tica. Estas versiones de la transferencia son vulgares y no ameritan discusi&oacute;n, aunque sean muy frecuentes incluso entre principiantes.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Qu&eacute; es la transferencia? Es un desplazamiento. Esta es una idea freudiana (desde&nbsp;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">), a la que </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Sigmund Freud</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> nunca le corrigi&oacute; ni una coma. Ahora bien, es preciso pensar qu&eacute; se transfiere y c&oacute;mo. Pensemos un ejemplo, la situaci&oacute;n de alguien que tuvo un conflicto en el trabajo y, al llegar a su casa, discute con su pareja. Podr&iacute;a decirse que desplaz&oacute; el conflicto de una escena a otra.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Complejicemos el ejemplo y pensemos que alguien puede ser que pelee con su pareja para no asumir el conflicto que tuvo en el trabajo. En este punto, el desplazamiento ya no se piensa en t&eacute;rminos de causa y efecto, sino como una actualizaci&oacute;n. De la misma manera, la transferencia no es una repetici&oacute;n del pasado sino un modo din&aacute;mico de constituir un conflicto actual.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por otro lado, cabe destacar que el desplazamiento se realiza en un v&iacute;nculo que asume un car&aacute;cter privilegiado para recoger conflictos no resueltos. Esto es lo propio de la transferencia, ser un canal de recepci&oacute;n y distribuci&oacute;n de la conflictividad neur&oacute;tica. Por eso el analista debe incidir en la transferencia de un modo en que la respuesta no reproduzca el problema de origen.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Volvamos al ejemplo y pensemos cu&aacute;n corriente es que una persona se la pase peleando con su pareja mientras en el trabajo tiene una actitud sumisa ante un jefe al que odia. A veces las parejas lo dicen abiertamente: &ldquo;Es que est&aacute; en uno de esos d&iacute;as&rdquo; y as&iacute; explican que tengan que tolerar el desplazamiento en cuesti&oacute;n, de la misma manera en que si se les ocurriera hacer una observaci&oacute;n sobre aquel no recibir&iacute;an ning&uacute;n eco &ndash;o quiz&aacute; se les hablar&iacute;a con rechazo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso en psicoan&aacute;lisis suele decirse que la transferencia no se interpreta, sino que se analiza. Esto es lo que hace un analista, que funciona como relevo de esa aptitud transferencial particular de la neurosis. Hagamos una aclaraci&oacute;n: algo semejante podr&iacute;a aplicarse para las psicosis, pero ser&iacute;a otro tema y requerir&iacute;a otras consideraciones. Lo dejamos para otro momento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Con lo que no podemos estar de acuerdo es con la idea imaginaria de la transferencia como una re-vivencia de lo que alguien vivi&oacute; con su pap&aacute;, o su mam&aacute;, como si fuera un ni&ntilde;o; b&aacute;sicamente porque esto infantiliza a los pacientes. Y sabemos que la idea que un analista se haga de la transferencia condiciona el modo en que concibe el tratamiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La transferencia es algo m&aacute;s interesante y serio. Podr&iacute;amos agregar un aspecto m&aacute;s, para no extendernos demasiado. De acuerdo con el ejemplo que mencionamos, podr&iacute;amos pensar en la transferencia con un Otro materno. Cuando el Otro adquiere una condici&oacute;n paterna, no se trata tanto de la constituci&oacute;n de un conflicto sino de un s&iacute;ntoma concreto.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pongamos un ejemplo de esto &uacute;ltimo, a partir del caso de alguien que comienza a tener diarreas durante el tratamiento; semejantes a aquellos que ten&iacute;a cada vez que le tocaba ir a rendir un final. La pregunta cl&iacute;nica, en este contexto, ser&iacute;a con qu&eacute; final lo confronta el an&aacute;lisis en ese momento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Siempre es bueno que el an&aacute;lisis confronte con un final. Es bueno para llamar al s&iacute;ntoma. Es bueno para que el an&aacute;lisis no se vuelva un suced&aacute;neo del vientre materno, un espacio cerrado en el que se trata de estar seguro y a salvo de la realidad y sus exigencias.</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/idea-basica-psicoanalisis_129_13023098.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 10:53:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una idea básica del psicoanálisis]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Transferencia,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi amiga, Anna Freud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amiga-anna-freud_129_12985240.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/96063d6f-91b2-48fe-960d-06aa80c9d793_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi amiga, Anna Freud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La amistad aparece en la latencia como una forma nueva de vínculo que se diferencia del lazo fraterno. Para que exista, debe suspenderse la rivalidad por el amor parental y el lugar privilegiado de “hijo”. Por eso, en la escuela, el alumno más aplicado suele ser burlado: se lo vive como quien encarna el rol de hijo preferido.</p></div><p class="article-text">
        Cuando <strong>Sigmund Freud</strong> escribi&oacute; el art&iacute;culo &ldquo;Pegan a un ni&ntilde;o&rdquo;, estaba preocupado por el an&aacute;lisis de su hija <strong>Anna</strong>. Esta &uacute;ltima ten&iacute;a una inclinaci&oacute;n muy fuerte hacia el fantaseo. En efecto, en el momento de ingresar al movimiento anal&iacute;tico, la hija y paciente del padre del psicoan&aacute;lisis, escribi&oacute; un breve ensayo sobre las fantas&iacute;as de paliza y los sue&ntilde;os diurnos.
    </p><p class="article-text">
        Freud escribi&oacute; su art&iacute;culo sobre todo a partir del an&aacute;lisis de su hija, aunque sin decirlo. Del mismo modo, Anna utiliz&oacute; su caso como si fuera otro en el ensayo en cuesti&oacute;n. &iquest;En qu&eacute; consist&iacute;an las enso&ntilde;aciones de la paciente? Se trataba de historias en las que siempre alguien que estaba a punto de pasar por una situaci&oacute;n desgraciada, era redimido a trav&eacute;s de un evento conciliador.
    </p><p class="article-text">
        En resumidas cuentas, podr&iacute;a decirse que el goce de Anna no era tan extraordinario. Por cierto, muchas de las historias de las telenovelas tratan de personajes que, primero, sufren los m&aacute;s diversos escarnios para, luego, recibir una bendici&oacute;n del destino. Hubo una &eacute;poca en que en Latinoam&eacute;rica los pa&iacute;ses se paraban para ver los cap&iacute;tulos de las series. Y lo m&iacute;nimo que podr&iacute;a decirse es que no se trataba de guiones muy originales.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; como el cap&iacute;tulo VI de <em>La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os</em> es un libro sobre teor&iacute;a del cine, antes del cine, a Freud le preocupaba la pasi&oacute;n telenovelera de Anna. Ella misma lo dice cuando le cuenta a <strong>Lou Salom&eacute;</strong> que esa inclinaci&oacute;n a fantasear le quita energ&iacute;a para acciones m&aacute;s &uacute;tiles, incluso el trabajo.
    </p><p class="article-text">
        En cierta medida, podr&iacute;a pensarse que a Freud &ndash;como buen hombre de letras del siglo XIX&ndash; no le gustaba que su hija dedicara tiempo a esas formaciones, cuya estructura es el <em>abc</em> de lo que se llama &ldquo;baja cultura&rdquo;. Anna no meditaba acerca del <em>Fausto</em> (de Goethe) sino que se sum&iacute;a en imaginaciones m&aacute;s parecidas a una novela de <strong>Thal&iacute;a</strong>, en que una chica pobre es humillada, para luego casarse con el hijo de una familia de ricos. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del valor cultural que pudieran tener esas formaciones, al punto de que Freud las considerara s&iacute;ntomas &ndash;me divierte la idea de que, as&iacute; como en un viejo art&iacute;culo (creo que de <strong>Jos&eacute; Bleger</strong>) un analista cuenta como un avance del tratamiento que la paciente ve menos televisi&oacute;n, hoy pueda decirse que hay un efecto anal&iacute;tico en usar menos las redes sociales&ndash;, la cuesti&oacute;n es cu&aacute;l es el goce que subtiende esa pasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para Freud, bajo el sue&ntilde;o diurno hay una fantas&iacute;a masoquista que proyecta en la visi&oacute;n de la desgracia ajena una satisfacci&oacute;n puntual. Esta fantas&iacute;a (de humillaci&oacute;n) es propia de una edad espec&iacute;fica, la latencia. &iquest;Qu&eacute; es el periodo de latencia? Esa etapa de la vida que inicia cuando concluye la temprana infancia.
    </p><p class="article-text">
        De los ni&ntilde;os peque&ntilde;os dif&iacute;cilmente podr&iacute;a decirse que disfrutan de mirar el modo en que a otros les va mal; m&aacute;s bien podr&iacute;amos acordar &ndash;con Freud&ndash; en que son directamente crueles. Los latentes ya atravesaron esta etapa e inhiben sus impulsos, incluso sublimaron el complejo fraterno.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; quiere decir esto &uacute;ltimo? En principio, que un amigo no es un hermano. Pero, &iquest;qu&eacute; es un hermano? Es alguien con quien uno se cr&iacute;a y rivaliza por el amor de los padres. Por eso puede haber hijos de mismos padres que, por la diferencia de edad, no funcionen como hermanos. El punto es que, en la latencia, se actualiza el complejo fraterno con otros ni&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; un amigo no es un hermano? Porque justamente con el amigo se trasciende la rivalidad por el amor de los padres. Aunque, por supuesto, hay excepciones. En no pocas telenovelas (y vidas de la far&aacute;ndula, que son las telenovelas contempor&aacute;neas) quienes son como hermanos terminan peleados por una mujer o uno es amante de la pareja del otro; pero si todo va bien, la amistad surge con el pacto de poner en suspenso el complejo fraterno.
    </p><p class="article-text">
        Y no solo el complejo fraterno, sino tambi&eacute;n lo central de la vida de alguien en los m&aacute;s tempranos a&ntilde;os: la posici&oacute;n de hijo. Los ni&ntilde;os peque&ntilde;os no tienen amigos en sentido estricto; la amistad es una formaci&oacute;n de la latencia, que surge a partir del momento en que hay un pacto en torno a que nadie har&aacute; valer su rol de hijo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; en las instituciones educativas muchas veces al que m&aacute;s estudia se lo suele burlar? Porque se entiende que este ocupa el lugar de hijo al que los dem&aacute;s renunciaron. Ser preferido es una suerte de estigma en la escuela, cuando m&aacute;s veces se responde a la sanci&oacute;n con un &ldquo;Fuimos todos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La latencia es la etapa en que se mata al hijo y esto explica por qu&eacute; tantas veces nos encontramos con fen&oacute;menos dram&aacute;ticos de bullying como correlato de la fantas&iacute;a &ldquo;Pegan a un ni&ntilde;o&rdquo;. Solo con la instalaci&oacute;n de la adolescencia este fen&oacute;meno se modifica y ya no recae sobre el hijo la sa&ntilde;a, porque a partir del despertar sexual se trata de matar a los padres. Desde un punto de vista simb&oacute;lico, claro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es lo que a Freud le preocupaba de su hija? Que esta no terminaba de crecer, que se quedaba en una especie de latencia extendida y que no se desarrollaba como mujer. Tal vez no ayudaba demasiado que su analista fuera su mismo padre. Parad&oacute;jicamente, Anna fue la psicoanalista que primero se ocup&oacute; de pensar la escuela y al ni&ntilde;o en esa etapa de la vida. De su vida sabemos que no se cas&oacute; ni tuvo hijos, aunque s&iacute; que comparti&oacute; la vida con una mujer de la que dec&iacute;a que era su amiga &iacute;ntima.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces se insisti&oacute; en la homosexualidad de Anna Freud, pero su bi&oacute;grafo no es contundente al respecto. S&iacute; es sabido que ella misma, a diferencia de su padre, consideraba la homosexualidad como una enfermedad e incluso se opon&iacute;a que a que homosexuales fueran analistas. Quiz&aacute; esta actitud no haya sido una forma reactiva de encubrir su deseo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando pienso en Anna, la imagino como una mujer que, hoy, mirar&iacute;a telenovelas con su amiga, en un v&iacute;nculo de erotismo tierno, sin condiciones sexuales. Ese disfrute que puede sentir una mujer, al estar con otra mujer, quiz&aacute; sea tan escandaloso que, muchas veces, con un falso benepl&aacute;cito se lo busca transformar en una relaci&oacute;n de pareja.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez esa amistad con una mujer haya sido la manera en que Anna consigui&oacute; dejar de ser hija, posici&oacute;n que no hubiera podido remover en un v&iacute;nculo m&aacute;s formal. Pienso en Anna como una latente cr&oacute;nica, dedicada al estudio, a la sublimaci&oacute;n y al cuidado del legado de su padre, como una buena alumna. Nada de esto le quita m&eacute;rito, al contrario. Quiz&aacute; sea tiempo de revalorizar su obra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amiga-anna-freud_129_12985240.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Feb 2026 09:25:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mi amiga, Anna Freud]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hijos,Hermanos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Se me apagó la tele]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/apago-tele_129_12948548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d4a183c-aa1b-4806-97fb-2345492f709a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Se me apagó la tele"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dormir no es una retirada absoluta del mundo, sino una forma particular de permanecer en él. Aunque el repliegue previo al sueño pensado por Freud podría sugerir desconexión, la observación de los animales muestra lo contrario: se descansa sin romper el lazo con el entorno, en una calma atenta.</p></div><p class="article-text">
        Dormir implica retirarse del mundo, pero no abandonarlo. La idea freudiana de que hay un repliegue que antecede al sue&ntilde;o podr&iacute;a conducir a pensar que quien duerme ya no est&aacute; en el mundo. Sin embargo, no hay m&aacute;s que ver c&oacute;mo duermen los animales para notar c&oacute;mo est&aacute;n saludablemente relacionados con el entorno.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qui&eacute;n pudiera dormir como un animal! Pocas cosas m&aacute;s gratificantes que ver a un gato o un perro echarse en el suelo y cerrar los ojos, para permanecer en un reposo silencioso. Es cierto que, mientras descansan, tambi&eacute;n est&aacute;n alertas. Lo advertimos cuando el menor sonido hace que muevan la oreja en una direcci&oacute;n u otra.
    </p><p class="article-text">
        Para dormir, es preciso estar en una relaci&oacute;n de suma comodidad con el ambiente. Los seres humanos, que tambi&eacute;n somos animales &ndash;nunca est&aacute; dem&aacute;s aclararlo&ndash;, pero atravesados por las consecuencias mort&iacute;feras del lenguaje, tenemos toda una serie de rituales para dormir. Lo mismo que para ir al ba&ntilde;o. Acaso, &iquest;no hay personas que no van al ba&ntilde;o en cualquier parte, de la misma forma en que hay otras (quiz&aacute; algunas son las mismas) que duermen solo en su cama?
    </p><p class="article-text">
        Algunas personas incluso trasladan sus s&aacute;banas y la almohada cuando est&aacute;n de viaje. &iexcl;Qui&eacute;n pudiera dormir como un animal y dejarse descansar en lugares hasta inc&oacute;modos, tal como pueden serlo un colectivo o la sala de espera de un odont&oacute;logo! Curiosamente, esta es una capacidad que tienen los ni&ntilde;os, pero que se pierde con los a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Estamos acostumbrados a reflexionar sobre la temporalidad del dormir. Buscamos el sue&ntilde;o en el interior del fluir de la conciencia. Lo buscamos en los pliegues del cerebro, en alg&uacute;n sentido inconsciente; pero as&iacute; descuidamos su proyecci&oacute;n mundana, lo que implica como v&iacute;a de estar en &iacute;ntimo acuerdo con lo que nos rodea.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en la situaci&oacute;n siguiente: cualquiera de nosotros se sube a una bicicleta, o se dispone a manejar el auto, mientras se dispone a que su cuerpo adquiera ese nuevo espacio. No hace falta hacer c&aacute;lculos mentales para doblar, porque ahora tenemos un cuerpo extendido que va m&aacute;s all&aacute; de la racionalidad. 
    </p><p class="article-text">
        La locomoci&oacute;n asistida es un ejemplo claro para reconocer el car&aacute;cter expansivo de la corporalidad. Los bordes de nuestro cuerpo son m&oacute;viles. El Yo, como dec&iacute;a Freud, es sobre todo una superficie y, como tal, se proyecta y adquiera las tonalidades de aquello que est&aacute; a su alrededor. 
    </p><p class="article-text">
        Gracias a este fen&oacute;meno proyectivo es que hablamos de un &ldquo;hogar&rdquo;, que no es solo nuestra casa. En el hogar est&aacute;n nuestras cosas, que no son solo nuestras pertenencias, sino un reflejo de nuestra vida. El hogar no es solo un refugio &ndash;como la cueva animal&ndash;, sino una sede de un modo de vida singular.
    </p><p class="article-text">
        Por eso algunas personas no pueden dormir fuera de su casa, porque no pueden llevar el hogar a cuestas. Por eso tambi&eacute;n es que hay quienes no pueden dormir ni en su casa, si esta no est&aacute; investida libidinalmente de acuerdo con la proyecci&oacute;n de la que hablamos. Pensemos en lo que ocurre, por ejemplo, despu&eacute;s de una separaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, hay personas que solo pueden dormir con otras personas, apoy&aacute;ndose en el Yo de quien est&aacute; a su lado. Otras requieren un apoyo animista y, para el caso, como el ni&ntilde;o peque&ntilde;o utiliza un oso, u otro objeto, en el que deposita, la capacidad que est&aacute; en el camino de desarrollar, del mismo modo, ponen los almohadones de cierta manera o, como alguna vez escuch&eacute; a alguien que no pod&iacute;a dormir en una cama cuyas s&aacute;banas no estuvieran tendidas, precisa que haya un orden exterior en que encontrar el sost&eacute;n ps&iacute;quico.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qui&eacute;n pudiera dormir como los animales, por el mero placer del descanso y como una manera de estar presentes en el mundo! Algunas personas solo pueden dormir si, por ejemplo, se anulan ps&iacute;quicamente. Necesitan llegar al agotamiento &ndash;a trav&eacute;s de la lectura, o mirando una pantalla, si no es que toman alguna pastilla&ndash; para que el cuerpo se apague. As&iacute; es que lo dicen: &ldquo;Se me apag&oacute; la tele&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Habr&iacute;a que pensar si acaso esto es dormir. La consecuencia, a veces, es que despierten en un estado de sobresalto, alertas, o m&aacute;s cansados que antes. Creer&iacute;a que dormir es un tipo de placer ps&iacute;quico tan importante como comer y la sexualidad. 
    </p><p class="article-text">
        Si alguna vez alguien dijo que pod&iacute;a aplicarse el aforismo &ldquo;Dime c&oacute;mo comes y te dir&eacute; c&oacute;mo eres en la cama&rdquo;, tal se pueda pensar en una variante sobre el dormir; aunque no ser&iacute;a muy original, porque ya Freud dijo una vez que el modo de la satisfacci&oacute;n sexual est&aacute; en el beb&eacute; que dorm&iacute;a despu&eacute;s de mamar.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/apago-tele_129_12948548.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jan 2026 09:09:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Se me apagó la tele]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sueño,placer]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La depresión sin épica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/depresion-epica_1_12913147.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5eecfea7-dec4-46fd-9199-26a2e9a0cc74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La depresión sin épica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con el paso de las décadas, los seres humanos fueron asimilando lógicas propias de los objetos técnicos, hasta pensarse y funcionar como máquinas. El pensamiento rumiante expresa este proceso: una idea inercial que se impone con intensidad, gobierna al sujeto y le quita al pensar su carácter activo y reflexivo.</p></div><p class="article-text">
        Seguramente muchos de nosotros, antes de ir a dormir, ponemos a cargar el tel&eacute;fono. Si no es el tel&eacute;fono, es la computadora. Si no lo hacemos por la noche, lo hacemos durante el d&iacute;a. Si no es el tel&eacute;fono ni la computadora, es otro objeto que requiere carga.
    </p><p class="article-text">
        Nos pasamos buena parte de la vida como instrumentos de carga entre objetos. Ellos se conectan, pero tambi&eacute;n podr&iacute;amos decir que nosotros los conectamos y, por lo tanto, hacemos viable su conectividad. De esto se sigue que la conexi&oacute;n es algo que tambi&eacute;n nos implica a nosotros; es parte de nuestro modo de vida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        As&iacute; es que nuestra sensibilidad conectiva se expresa con f&oacute;rmulas del estilo &ldquo;Ponerse las pilas&rdquo;, o bien hemos dejado de hablar de cansancio &ndash;forma morosa del alma&ndash; para decir que estamos &ldquo;agotados&rdquo;. De la misma manera alguien dice que est&aacute; &ldquo;colgado&rdquo; y otro habla de &ldquo;engancharse&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con estas distinciones es que tambi&eacute;n se entiende la distinci&oacute;n cl&aacute;sica entre angustia y ansiedad, en la medida en que la primera denota el estado de tensi&oacute;n que se debe a un conflicto interno, mientras que la segunda es un exceso de excitaci&oacute;n que no logr&oacute; obtener la suficiente cualidad ps&iacute;quica.
    </p><p class="article-text">
        Suele ocurrir que quien est&aacute; &ldquo;sobrecargado&rdquo; se ponga ansioso; pero m&aacute;s all&aacute; de c&oacute;mo se viva esta intensidad, lo importante es que la conectividad existencial se manifiesta a trav&eacute;s de una b&uacute;squeda continua de est&iacute;mulos. La conectividad requiere procesos continuos de m&aacute;s o menos descarga.
    </p><p class="article-text">
        Cuando estamos aburridos, si es que llegamos a sentir aburrimiento, si no actuamos de manera defensiva contra esa tensi&oacute;n, buscamos alg&uacute;n objeto al que adosarnos. Empezamos a <em>scrollear</em> y, en pocos segundos, ya no estamos viendo nada, sino que deslizamos el dedo de manera autom&aacute;tica sobre la pantalla.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;qui&eacute;n est&aacute; enganchado a qu&eacute; objeto? <strong>Jacques Lacan </strong>invent&oacute; un neologismo para los objetos tecnol&oacute;gicos; los llamaba &ldquo;letosas&rdquo; (<em>lathouses</em>), palabra que condensa la referencia a las ventosas y a la verdad (entendida como <em>aletheia</em>, seg&uacute;n los griegos: develamiento).
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otro modo, los objetos tecnol&oacute;gicos nos chupan la verdad, se convierten en algo m&aacute;s que un &uacute;til; son parte de nuestra esencia, como cuando uno se olvida el tel&eacute;fono y r&aacute;pidamente vuelve a buscarlo. 
    </p><p class="article-text">
        Tampoco falta quien dice que, en el tel&eacute;fono, tiene &ldquo;todo&rdquo;; es decir, su propio ser. Fotos &iacute;ntimas, claves, redes, etc. Definitivamente los tecno-objetos no son objetos cualesquiera, sino aquellos con los que entramos en una dependencia radical.
    </p><p class="article-text">
        Y esta dependencia no se basa en que solo dependamos de ellos, en el sentido de que los precisamos para vivir. Sino que los necesitamos para <em>ser</em>, por eso el neologismo de Lacan tambi&eacute;n incluye una referencia a la <em>ousia</em> (sustancia o esencia, tambi&eacute;n para los griegos).
    </p><p class="article-text">
        Todo esto lo dijo Lacan hace medio siglo, cuando ni siquiera exist&iacute;an computadoras en las casas. As&iacute; funciona la mente de los grandes pensadores, como la de los grandes artistas, anticip&aacute;ndose a la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, lo que me interesa destacar en este breve art&iacute;culo es que, con las d&eacute;cadas, los humanos mismos nos fuimos volviendo tecno-objetos. Adquirimos su funcionamiento y en la relaci&oacute;n con nosotros mismos adquirimos el car&aacute;cter de m&aacute;quinas.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, hay quienes dicen &ldquo;Estoy maquinando&rdquo; para referirse a su pensamiento m&aacute;s o menos rumiante. Por cierto, este &uacute;ltimo es muy distinto al pensamiento neur&oacute;tico obsesivo centrado en la duda. 
    </p><p class="article-text">
        Un pensamiento rumiante ilustra el car&aacute;cter inercial de una idea con toda su ajenidad y su m&aacute;xima fuerza de imposici&oacute;n. Es el pensamiento que queda gobernado por la idea para perder justamente su caracter&iacute;stica intr&iacute;nseca: el pensar.
    </p><p class="article-text">
        Un pensamiento rumiante es un pensamiento que no (se) puede pensar, que no puede despegarse de s&iacute; mismo; que padece la adherencia de una carga imposible de dominar. Es una idea apremiada por una intensidad.
    </p><p class="article-text">
        Esta modificaci&oacute;n de la sensibilidad, de un tiempo a esta parte, puso sobre la mesa una transformaci&oacute;n de las categor&iacute;as b&aacute;sicas del tiempo y el espacio. Para funcionar como objetos con cargas, necesitamos espacializarnos cada vez m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El sujeto fue perdiendo progresivamente su dimensi&oacute;n temporal para adquirir cada vez m&aacute;s el car&aacute;cter de una superficie sobre la que se desplazan fuerzas que tiene que tramitar. De ah&iacute; que cada vez sean m&aacute;s frecuentes las t&eacute;cnicas del Yo que drenan &ldquo;energ&iacute;as&rdquo; y cada vez hay menos confianza en los procesos de elaboraci&oacute;n (como la psicoterapia).
    </p><p class="article-text">
        El sujeto espacial, eminentemente proyectivo, pierde de a poco su interior y se siente vac&iacute;o en la relaci&oacute;n consigo mismo. Se vac&iacute;a de historias. Siente que cada vez tiene menos que contar, como no sean los acontecimientos disruptivos que lo invaden.
    </p><p class="article-text">
        En una pr&oacute;xima columna desarrollar&eacute; por qu&eacute; esta espacializaci&oacute;n se vincula con que cada vez m&aacute;s el sujeto se reconozca en miedos antes que en deseos. Y este cambio incide en diversos procesos vitales, como el dormir.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La depresi&oacute;n sin &eacute;pica&rdquo;, como dice la canci&oacute;n de <em>El Mat&oacute; A Un Polic&iacute;a Motorizado</em> define el estatuto del sujeto contempor&aacute;neo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/depresion-epica_1_12913147.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jan 2026 13:01:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La depresión sin épica]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Depresión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Renunciar al goce]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/renunciar-goce_129_12881592.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a7c92f92-40dd-466d-befe-cc570c33e82a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1133584.jpg" width="6073" height="3416" alt="Renunciar al goce"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El más allá del goce no está en su renuncia sino en la posibilidad de compartirlo, sacarlo del propio cuerpo y encontrarlo en otro. La pregunta freudiana es cómo un ser humano autoerótico puede pasar de la excitación personal al vínculo, algo que el psicoanálisis piensa más allá de la mera estimulación recíproca.</p></div><p class="article-text">
        Siempre valor&eacute; a las personas capaces de contar un chiste. En los albores de mi pre-pubertad, iba al grupo los s&aacute;bados de mi colegio. Jug&aacute;bamos al f&uacute;tbol y ten&iacute;amos charlas sobre temas relevantes para nuestro crecimiento. All&iacute; hab&iacute;a un coordinador (un muchacho que me parec&iacute;a de otra generaci&oacute;n, pero esa era la impresi&oacute;n que nos produc&iacute;an en ese tiempo los chicos de la secundaria) que nos contaba chistes. Su arte estaba en tomar cuentos que quiz&aacute; eran conocidos, pero pod&iacute;a desarrollarlos durante varios minutos y hasta crear una sensaci&oacute;n de novedad. 
    </p><p class="article-text">
        Hay una gran diferencia entre quien cuenta un chiste y quien hace re&iacute;r. Hoy esto es lo m&aacute;s frecuente. Quiz&aacute;s sea una costumbre que comenz&oacute; con los <em>bloopers</em> en los &rsquo;90. Tengo el recuerdo de haber escuchado mucho antes a <strong>Luis Landriscina</strong> en el auto de mi abuelo, en un viaje de varias horas. Hay un abismo entre el arte de ese viejo cuentista y el efectismo del <em>stand up</em> contempor&aacute;neo. Este &uacute;ltimo me gusta en algunos casos puntuales, pero en muchos otros me resulta un poco invasivo y f&aacute;cil.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &iquest;Qu&eacute; es lo que me atra&iacute;a de ese muchacho capaz de hacer que una veintena de ni&ntilde;os se quedasen quietos y expectantes? Si lo tuviera que decir con palabras actuales, dir&iacute;a que ten&iacute;a el don de compartir el goce. Lo digo de otro modo: tenemos la idea de que el goce es algo a lo que es preciso renunciar; sin embargo, lo que trasciende el goce es compartirlo, sacarlo del cuerpo propio y encontrarlo en otro.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta b&aacute;sica del pensamiento freudiano es c&oacute;mo un animal autoer&oacute;tico como el ser humano es capaz de pasar de una fuente de excitaci&oacute;n personal a un v&iacute;nculo; es decir, de un auto a un hetero-erotismo. De lo contrario, la sexualidad no ser&iacute;a m&aacute;s que un simple ejercicio de estimulaci&oacute;n rec&iacute;proca. A decir verdad, este es el ideal de buena parte de la sexolog&iacute;a actual; se trata de aprender a franelearnos. El psicoan&aacute;lisis va por otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Compartir es algo que se les ense&ntilde;a a los ni&ntilde;os desde muy peque&ntilde;os, sobre todo en los jardines de infantes. &ldquo;Hay que compartir&rdquo;, dice mi hijo menor de tres a&ntilde;os. Que lo enuncie de un modo superyoico, como una obligaci&oacute;n, muestra cu&aacute;nto le cuesta a&uacute;n: afirma la m&aacute;xima universal cuando el (objeto de) goce es de otro, pero cuando es a &eacute;l a quien le toca ceder dice &ldquo;No quiero compartir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia de la renuncia es diferente a la de la p&eacute;rdida. En psicoan&aacute;lisis hablamos mucho de la &ldquo;castraci&oacute;n&rdquo;, operaci&oacute;n simb&oacute;lica que denota el pasaje por una instancia de m&aacute;s o menos negatividad; por ejemplo, el final de una relaci&oacute;n amorosa supone alguna manera de castraci&oacute;n, en la medida en que la separaci&oacute;n conducir&aacute; a un duelo. A trav&eacute;s de este, lo que se pierde se recupera.
    </p><p class="article-text">
        La castraci&oacute;n no es una mera inscripci&oacute;n negativa; es la simbolizaci&oacute;n de la p&eacute;rdida y, por lo tanto, el surgimiento de un nuevo modo de desear. En el caso del duelo, la aparici&oacute;n de la nostalgia benigna, que permite reencontrarse en los recuerdos que les dan una matriz y un sost&eacute;n a nuevos deseos &ndash;una nostalgia que no a&ntilde;ora volver al pasado, tendencia que m&aacute;s bien se vincula con la pulsi&oacute;n de muerte.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, la renuncia es una operaci&oacute;n distinta. Al renunciar no se pierde un goce, sino que se lo trasciende. A trav&eacute;s de la renuncia se le pone un freno a la descarga inmediata, para que haya un encuentro con el otro. Por eso <strong>Sigmund Freud</strong> planteaba que es con la renuncia a la pulsi&oacute;n que se funda una civilizaci&oacute;n. Esa renuncia no es la represi&oacute;n, sino una inhibici&oacute;n de la acci&oacute;n individual y directa, para crear el espacio de lo com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia entre el chiste y el humor est&aacute; en que este &uacute;ltimo es una acci&oacute;n que se da entre dos o m&aacute;s, de manera com&uacute;n, mientras que el chiste es la simple satisfacci&oacute;n personal, aunque sea entre varias personas conjuntamente. El humor funda una comunidad, mientras que el chiste reclama el goce del idiota. Por eso en el chiste suele generarse el malentendido que a veces lleva a decir &ldquo;No fue gracioso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es un aspecto corriente en la neurosis obsesiva que haga chistes que, para los dem&aacute;s, sean formas de agresi&oacute;n encubiertas. En el chiste, el obsesivo justamente no renuncia a su agresi&oacute;n, solamente la disimula y &ndash;podr&iacute;amos decir&ndash; &ldquo;se caga en el otro&rdquo;, refugi&aacute;ndose en el semblante de un lazo social.
    </p><p class="article-text">
        La renuncia tiene mala prensa, quiz&aacute; por el &eacute;nfasis que en una sociedad individualista tiene la aspiraci&oacute;n de que las cosas empiecen y terminen en uno. Por eso la present&eacute; a trav&eacute;s de uno de sus modos comunitarios, el humor. &ldquo;Cambio todo por el don que hace a las mujeres re&iacute;r&rdquo;, dice una canci&oacute;n de <strong>Babas&oacute;nicos </strong>que ilustra bien lo que se gana en la renuncia.
    </p><p class="article-text">
        El don que hace re&iacute;r no es el mismo que produce efectos de seducci&oacute;n. Como suele pasar con <strong>Adri&aacute;n D&aacute;rgelos</strong>, sus letras son mucho m&aacute;s profundas de lo que suponemos. La canci&oacute;n no pide el poder m&aacute;gico que lo vuelve irresistible ante las mujeres, sino un modo de v&iacute;nculo que es refractario al mero intercambio &ndash;el don&ndash; y que se basa en la intimidad del humor con lo que este tiene de amoroso.
    </p><p class="article-text">
        Esta canci&oacute;n de Babas&oacute;nicos le responde al verso de <strong>Los Redondos</strong> que planteaba &ldquo;Las minitas aman los payasos&rdquo;. Entre una letra y otra, hay dos formas de entender el lazo er&oacute;tico y su fundamento en la constituci&oacute;n de un espacio com&uacute;n de renuncia. En el &ldquo;Cambio todo&rdquo; del verso de D&aacute;rgelos est&aacute; la referencia a la ofrenda que trasciende al individuo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; significa compartir? Aprender a renunciar, sin que esta operaci&oacute;n sea la una pura p&eacute;rdida. Todo lo contrario. En la renuncia, lo que hay se multiplica y alcanza para todos, tal como ense&ntilde;a el milagro b&iacute;blico de los peces y los panes. Al compartir, lo poco es un mont&oacute;n y hasta deja un resto.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/renunciar-goce_129_12881592.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jan 2026 12:46:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Chiste,Luis Landriscina,Adrián Dárgelos,Goce]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fiestas de egresados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fiestas-egresados_129_12857656.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5cc0f785-0119-42fe-8b99-b00ad01b126e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fiestas de egresados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
¿Será que estamos destinados a regresionar hasta esa etapa efusiva y dilapidatoria que es la adolescencia? ¿El “egreso” será el único ritual que nos va quedando y, por lo tanto, se lo usa para todo?</p></div><p class="article-text">
        Hace poco un amigo me cont&oacute; que despu&eacute;s de una jornada profesional sobre consumos problem&aacute;ticos, el evento concluy&oacute; con una fiesta en la que estuvieron todos drogados. Lo que &eacute;l se&ntilde;alaba era la contradicci&oacute;n entre lo planteado en un &aacute;mbito y lo realizado en el otro, pero lo que a m&iacute; interes&oacute; fue otra cuesti&oacute;n: &iquest;por qu&eacute; no pudieron celebrar de otro modo?
    </p><p class="article-text">
        Unos d&iacute;as despu&eacute;s vi en las redes el video de un casamiento al que los novios llegaban a las corridas y dando saltos y, cada uno con su grupo de amigos, se abrazaron y terminaron en una especie de pogo al grito de &ldquo;Eh eh eh&rdquo;. Es una de las cosas m&aacute;s extra&ntilde;as que vi en el &uacute;ltimo tiempo. La celebraci&oacute;n de un matrimonio parec&iacute;a una fiesta de egresados.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Por cierto, es notable c&oacute;mo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se festejan no solo los egresos de los secundarios, sino tambi&eacute;n el fin de la primaria y, m&aacute;s recientemente, la salida del jard&iacute;n de infantes. Seguramente ustedes tambi&eacute;n han visto ni&ntilde;os con buzos de &ldquo;egresaditos&rdquo; y alg&uacute;n nombre o apodo estampado en la espalda.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que no son los ni&ntilde;os los interesados en esa promoci&oacute;n. Somos nosotros, los padres, los que proyectamos alg&uacute;n tipo de emoci&oacute;n en esa instancia de pasaje. Ahora bien, &iquest;cu&aacute;l es el motivo por el que el pasaje se vive con la f&oacute;rmula del egreso? &iquest;De qu&eacute; ser&aacute; que no podemos salir, para festejar de este modo?
    </p><p class="article-text">
        Para los adolescentes se trata de un acto comprensible; se trata de un ritual que celebra la mayor&iacute;a de edad. El egreso determina el pasaje al mundo adulto y, como todo rito, va de la mano de excesos que los j&oacute;venes toman de la parodia adulta (consumos de sustancias m&aacute;s o menos prohibidas).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es la adultez en juego para un ni&ntilde;o que termina el jard&iacute;n de infantes o la escuela primaria? Como dije antes, somos m&aacute;s bien nosotros, los padres, los que &ndash;pareciera que&ndash; tenemos que hacer un duelo para aceptar una p&eacute;rdida, del ni&ntilde;o peque&ntilde;o, del advenimiento a la pubertad, etc. 
    </p><p class="article-text">
        El punto es que hacemos ese duelo con una exaltaci&oacute;n juvenil. &iquest;Ser&aacute; que no somos lo suficientemente adultos, como para que nuestros hijos crezcan? Por otro lado, &iquest;por qu&eacute; tantas fiestas de fin de a&ntilde;o laborales toman la forma de remedos de fiestas de egresados? Lo dicho al principio sobre una jornada profesional se extiende a muchos casos en estos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Un hombre me cuenta que organiza la fiesta de fin de a&ntilde;o de su empresa. Es en un t&iacute;pico boliche para j&oacute;venes y contratan a una banda de las que suelen tocar en el Movistar Arena. Se tiene la impresi&oacute;n de que es algo distinguido. Uno de los gerentes avisa que llevar&aacute; pastillas y se produce gran expectativa entre los empleados.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo algunas fiestas de fin de a&ntilde;o de otra &eacute;poca, cuando lo interesante &ndash;para m&iacute;&ndash; era poder ver a alguno de mis jefes en un rol que no fuera el formal. Ah&iacute; conoc&iacute;a, detr&aacute;s del jefe, al padre, al hombre, la sensibilidad detr&aacute;s de la norma, un gusto singular (quiz&aacute;s alg&uacute;n hobbie) detr&aacute;s de la instrucci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; que, en este mundo sin padres ni hombres, estamos destinados a regresionar hasta esa etapa efusiva y dilapidatoria que es la adolescencia? El egreso &iquest;ser&aacute; el &uacute;nico ritual que nos va quedando y, por lo tanto, se lo usa para todo? Lejos de una ampliaci&oacute;n de la capacidad de disfrute, esto habla de todo lo contrario.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, &iexcl;quiero aclarar que no estoy en contra de las fiestas! S&iacute; me pasa que no me est&aacute;n gustando las fiestas de hoy, cuando todo se festeja de la misma manera. Tengo m&aacute;s bien la impresi&oacute;n de que la madurez no implica dejar de ir o hacer fiestas; su esencia est&aacute; en reconocer que los modos del festejo se diversifican. 
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que, cada tanto, alguien puede mandarse una regresi&oacute;n a la juventud y vivir la noche del recuerdo (como cuando se junta con los amigos del secundario), pero ese revival es acartonado y su valor est&aacute; en la eventualidad. Otra cosa es la fiesta de egresados devenida en modelo de simbolizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los adultos de esta &eacute;poca parecemos capturados en una madurez larvada, que no termina de hacer el pasaje y, por lo tanto, precisa recrearlo indefinidamente. Nos dedicamos a nuestros asuntos m&aacute;s o menos serios, pero despu&eacute;s tenemos que festejarlos de un modo que los ponga en cuesti&oacute;n &ndash;como si esa seriedad fuera artificial.
    </p><p class="article-text">
        Este es el prejuicio adolescente de creer que madurar es perder espontaneidad, resignar y hacer cosas obligadas. La ritualidad de la fiesta de egresados es una desmentida de nuestra adultez, que nos incomoda, a la que no le terminamos de creer. Creemos que ser grandes es hacer cosas de grandes, no serlo.
    </p><p class="article-text">
        LL/MF
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fiestas-egresados_129_12857656.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Dec 2025 09:22:00 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir enfermos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vivir-enfermos_129_12822501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3112a26c-2c2f-4b40-9675-146d8f0e452d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivir enfermos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El aumento de enfermedades graves en jóvenes podría anticipar un futuro en el que “vivir será equivalente a vivir enfermos”, lo que obligará a pasar de “soy (un) enfermo” a “estoy enfermo” para que la enfermedad no defina la identidad.</p></div><p class="article-text">
        Cada vez es m&aacute;s com&uacute;n escuchar que personas j&oacute;venes se enferman con gravedad. Una estad&iacute;stica muestra que, de aqu&iacute; a unos a&ntilde;os, vivir ser&aacute; equivalente a vivir enfermos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vivir enfermos&rdquo;, expresi&oacute;n que plantea el desaf&iacute;o contempor&aacute;neo de no identificarse con la enfermedad para poder vivirla. Este pasaje se resume en t&eacute;rminos del movimiento de &ldquo;soy (un) enfermo&rdquo; a &ldquo;estoy enfermo&rdquo; &ndash;sin que la enfermedad me defina.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n, entonces, radica en c&oacute;mo pensar ese modo de &ldquo;estar&rdquo; que se pone en juego con una enfermedad. Se trata de una capacidad. Porque, as&iacute; como existe la capacidad de estar solos, tambi&eacute;n existe la capacidad de estar enfermo. 
    </p><p class="article-text">
        En general las capacidades tienen que ver con el &ldquo;estar&rdquo;. En nuestros modos afectivos se reconoce f&aacute;cil, ya que algunos necesitan verbos activos (como amar), pero otros se realizan a trav&eacute;s de una capacidad; por ejemplo &ldquo;estar triste&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estar triste&rdquo; es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil que amar. &ldquo;Estar triste&rdquo; a veces no es algo diferente a simplemente estar. Es como estar solo o estar enfermo, que suponen que nuestro psiquismo pueda regresionar sin fragmentarse &ndash;o sin recurrir a defensas primarias (como la negaci&oacute;n, la man&iacute;a, la proyecci&oacute;n). 
    </p><p class="article-text">
        En el caso puntual de estar enfermos, la regresi&oacute;n depende del narcisismo (a diferencia de la regresi&oacute;n de estar solo que es pulsional). Para entender esto no hay m&aacute;s que pensar en qu&eacute; le pasa a un ni&ntilde;o cuando enferma: se vuelve mucho m&aacute;s ni&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Hay un chiste que habla de c&oacute;mo los varones, cuando enfermamos, somos mucho m&aacute;s exagerados y dram&aacute;ticos que las mujeres. Ser el falo de la madre (no &ldquo;haberlo sido&rdquo;, porque esta posici&oacute;n no se deja en la masculinidad) tiene consecuencias que traspasan cualquier edad.
    </p><p class="article-text">
        Devenir ni&ntilde;o con una enfermedad puede ser tambi&eacute;n un acto de duelo y reparaci&oacute;n. Por eso la enfermedad tiene un costado virtuoso. No se la puede oponer a la salud: la capacidad de enfermar consiste en desarrollar una relaci&oacute;n saludable con la enfermedad &ndash;aunque suene parad&oacute;jico.
    </p><p class="article-text">
        Hay ni&ntilde;os que se enferman recurrentemente. Porque a veces es el &uacute;nico modo en que pueden crecer.
    </p><p class="article-text">
        Cuando somos grandes, a veces nos enfermamos en situaciones muy puntuales. Por eso, aunque la enfermedad pueda ser un proceso org&aacute;nico, no deja tener condiciones ps&iacute;quicas de las que suele ser importante hacer una lectura.
    </p><p class="article-text">
        Con una enfermedad no se puede hacer una interpretaci&oacute;n determinista (objetivista) ni m&iacute;stica (el cl&aacute;sico &ldquo;me enferm&eacute; porque&hellip;&rdquo;). Los dos puntos de vistan buscan justificaciones, cuando apenas nos queda &ndash;como ocurre en an&aacute;lisis&ndash; una interpretaci&oacute;n de los efectos.
    </p><p class="article-text">
        No podemos evitar una enfermedad. Ojal&aacute; nos encuentre en las mejores condiciones an&iacute;micas para transitarla.
    </p><p class="article-text">
        LL/MF
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vivir-enfermos_129_12822501.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Dec 2025 09:48:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vivir enfermos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[enfermedad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desear la muerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desear-muerte_129_12785507.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/44e956b1-0d9f-4d66-bec3-83fd6908967d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desear la muerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para que el deseo de muerte no se vuelva un deseo de matar es necesario un duelo, solo el duelo “deja morir al otro”.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">De mi trabajo con personas adultas que tuvieron que acompa&ntilde;ar a familiares enfermos, cuidarlos durante una internaci&oacute;n, a veces hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a, extraje una conclusi&oacute;n que creo que es &uacute;til: es inevitable &ndash;como efecto de autoconservaci&oacute;n (vivir con un enfermo es muy desgastante)&ndash; que tengan un deseo de muerte.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando se les vuelve consciente, lo pueden justificar (para que no sufra, para que est&eacute; mejor, etc.), pero un deseo no se explica. En todo caso, si a veces lo justifican es necesario entender por qu&eacute;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Creo que si no pueden vivir ese deseo (en la medida en que un deseo de muerte es un deseo, despu&eacute;s de todo) es porque se les presenta de otra forma, se interpreta como deseo homicida. Se defienden del deseo de muerte porque lo viven como un deseo de matar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Por qu&eacute; ocurre esto? En casi todos los casos en que lo corrobor&eacute;, la causa es una fijaci&oacute;n en el complejo de Edipo, que es la matriz de un deseo parricida.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Esta fijaci&oacute;n est&aacute; tambi&eacute;n en un temor propio de personas adultas con miedo a que sus padres (que ya son viejos y, como sabemos, la muerte es un proceso natural en la vejez) se mueran.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Puede ser que estas personas digan que se debe a la desprotecci&oacute;n que sentir&iacute;an sin sus padres, pero &iquest;qu&eacute; deseo da cuenta de haber llegado a la adultez con la expectativa de ser protegidos? &iquest;De qu&eacute;, sino del propio deseo de muerte?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La versi&oacute;n homicida del deseo de muerte se refuerza con la culpa. Es &uacute;ltima surge cuando alguien piensa en lo que se podr&iacute;a haber hecho si..., en lo que podr&iacute;a haber pasado si no hubiera pasado tal cosa, etc.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">De este modo se entiende que para que el deseo de muerte no se vuelva un deseo de matar es necesario un duelo. Solo el duelo deja morir al otro y esta cuesti&oacute;n es importante porque permite hacer otra distinci&oacute;n cl&iacute;nica: entre el deseo de muerte y un deseo mort&iacute;fero.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Este &uacute;ltimo es el que se expresa cuando se busca hacer vivir a alguien a cualquier precio. Esto ocurre por motivos culposos, pero el problema es que hacer vivir a alguien sobre cualquier costo suele ocasionarle dolor, lo mortifica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Este es un dato curioso: podemos albergar un deseo de muerte, pero el deseo de hacer vivir no es un deseo en sentido estricto.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Todas estas disquisiciones son para m&iacute; un buen ejemplo para transmitir la vigencia del complejo de Edipo y el uso que tiene en la pr&aacute;ctica anal&iacute;tica. De qu&eacute; forma me sirve para hacer distinciones y orientar procesos terap&eacute;uticos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando leo que hay quienes critican el Edipo y no proponen otros ordenamientos cl&iacute;nicos (en casos concretos), sino que permanecen en una cr&iacute;tica abstracta y sin consecuencias, en la medida en que no exponen c&oacute;mo se articulan en su pr&aacute;ctica los argumentos con que se arrogan una verdad definitiva, me pregunto: &iquest;no tendr&aacute;n que curarse de un deseo parricida a&uacute;n?</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desear-muerte_129_12785507.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Nov 2025 12:04:00 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Ideal del Yo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ideal_129_12748594.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7744ef47-2878-4547-85d5-a7772dd39a9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1129909.jpg" width="557" height="313" alt="Ideal del Yo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El trabajo analítico consiste en desconfía de los ideales porque, bajo su amparo, se justifican actos muy distintos y se oculta el goce que los impulsa.</p></div><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis desconf&iacute;a de los ideales. Porque en nombre de estos se justifican las m&aacute;s diversas acciones. &iquest;Qu&eacute; no se puede hacer con un buen prop&oacute;sito? Sin embargo, los ideales mienten sobre el goce que los alienta.
    </p><p class="article-text">
        En su art&iacute;culo sobre narcisismo, <strong>Sigmund Freud</strong> dijo que el ideal impone un punto de vista para que el Yo sea vea a s&iacute; mismo como bondadoso y digno de amor. Por esto mismo enfatiz&oacute; que el ideal del Yo es el principal agente de la represi&oacute;n ps&iacute;quica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En su seminario sobre los conceptos fundamentales del psicoan&aacute;lisis, Lacan sostuvo que de un an&aacute;lisis se espera la &ldquo;m&aacute;xima distancia&rdquo; entre el ideal y el goce. El padre que pega a un hijo dici&eacute;ndole que es por su bien, se esconde &ndash;para s&iacute; mismo&ndash; la satisfacci&oacute;n que le produce golpear.
    </p><p class="article-text">
        Los ideales son encubridores. Se presentan con un brillo irresistible, convencen a las mayor&iacute;as, pero ocultan su fundamento pulsional. Podr&iacute;a ilustrar esta din&aacute;mica con la obra de una artista que se llama <strong>Luciana Rondolini</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, recuerdo haber visto una serie de objetos que ella confeccionaba y que se exhibieron en diferentes ocasiones. Se trataba de diversas frutas que ten&iacute;an varios apliques y engarces que las hac&iacute;an aparentar como piedras preciosas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando uno las ve&iacute;a en el primer d&iacute;a de la muestra, eran realmente piezas encantadoras. Ahora bien, imag&iacute;nese el lector lo que ocurr&iacute;a con el paso del tiempo; cuando pasadas varias semanas la fruta comenzaba a pudrirse&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Con los d&iacute;as, sobre las obras sobrevolaban moscas, hab&iacute;a olor a podrido, lo que brillaba no era oro sin pl&aacute;stico decr&eacute;pito. Los ideales, con el tiempo, son eso: desechos. Por eso es poco frecuente que alguien que se haya analizado conf&iacute;e en los discursos que se motorizan con la idea de Bien. Arruinan a quienes los encarnan.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;an mencionarse distintas circunstancias y ejemplos hist&oacute;ricos para ilustrar c&oacute;mo l&iacute;deres revolucionarios traicionaron los movimientos que los impulsaron y, con los a&ntilde;os, se aburguesaron. En la literatura no son pocos los casos de escritores que militan causas de moda y temas de agenda con los que se ganan premios. Luego, son olvidados.
    </p><p class="article-text">
        En una entrevista reciente, <strong>Constanza Michelson</strong> dijo: &ldquo;Me interesan los que se creen buenos, pero aman la destrucci&oacute;n&nbsp;del&nbsp;otro&rdquo;. De este modo, la psicoanalista chilena carg&oacute; las tintas contras los idealistas de nuestra &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no me interesa llevar la cuesti&oacute;n hacia el escenario social. Si la cuesti&oacute;n me importa es por su alcance en la cl&iacute;nica cotidiana. &iquest;Cu&aacute;ntas veces alguien que se dedica a una profesi&oacute;n loable, le pide a su familia que espere mientras &eacute;l se ocupa de lo importante? Es un perfil de nuestra sociedad el hombre que se apa&ntilde;a en su trabajo para que no se reclame nada (&ldquo;Yo que me rompo por ustedes&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Tengo un amigo m&eacute;dico que siempre se levanta de la mesa cuando suena su tel&eacute;fono. La urgencia de sus pacientes le permite interrumpir cualquier escena. &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a decirle algo? &Eacute;l desconoce el goce que lo pone en la situaci&oacute;n de hacerse demandar y vivir con un stress masoquista. Solo dice: &ldquo;El deber me llama&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En su escrito &ldquo;Kant con Sade&rdquo;, <strong>Jacques Lacan</strong> mostr&oacute; c&oacute;mo la &eacute;tica del deber tiene su base en el sacrificio sadiano. Esta idea no desestima los principios, las convicciones, los valores; al contrario, lo que m&aacute;s se espera del an&aacute;lisis es que alguien tenga una posici&oacute;n, pero no una que sea precipitada o ingenua. 
    </p><p class="article-text">
        Porque hasta en la queja por el goce hay un goce.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ideal_129_12748594.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Nov 2025 09:40:48 +0000]]></pubDate>
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