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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Luciano Lutereau]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/luciano-lutereau/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Luciano Lutereau]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La crianza con emprendimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/crianza-emprendimiento_129_13608227.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4fdf7ed3-eb77-47f1-bccf-463320bd8423_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La crianza con emprendimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La literatura infantil corre el riesgo de convertirse en un instrumento de pedagogía moral y terapia emocional, en lugar de ofrecer experiencias de imaginación, conflicto y ambigüedad.</p></div><p class="article-text">
        Hace poco le le&iacute;a a mi hijo menor un cuento que nunca hab&iacute;amos le&iacute;do. Era una historia sobre un ni&ntilde;o que ten&iacute;a miedos y sus padres le explicaban que tener miedo era algo sano, que a todos nos pasa y as&iacute;, entonces, el ni&ntilde;o superaba el &ldquo;trauma&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Era un cuento tan espantosamente did&aacute;ctico que, cuando le&iacute; quienes eran los autores, no me sorprendi&oacute; que fuesen colegas. La avanzada psi en el campo de la crianza normativa ha sido temeraria. &iquest;D&oacute;nde quedaron esos cuentos sin redenci&oacute;n, pero que serv&iacute;an para que los ni&ntilde;os proyecten sus pulsiones?
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de pensar esta pregunta, me inhib&iacute;. &iquest;C&oacute;mo puedo cuestionar la literatura infantil, cuando yo mismo escrib&iacute; algunos libros de crianza? Entonces le&iacute; un breve pasaje de un ensayo de <strong>Santiago Gerchunoff</strong> y entend&iacute; mejor.
    </p><p class="article-text">
        En ese pasaje, Gerchunoff relata la situaci&oacute;n por la que pas&oacute; una escritora que fue muy criticada porque su libro para ni&ntilde;os ten&iacute;a un contenido que &ndash;se pens&oacute;&ndash; era pol&iacute;ticamente incorrecto. Para defenderse, la autora dijo que ese contenido era ir&oacute;nico y que, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, ten&iacute;a &ldquo;una finalidad edificante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esa aclaraci&oacute;n Gerchunoff reconoce la se&ntilde;al de una derrota. El pasaje al que alud&iacute; es el siguiente: &ldquo;La literatura infantil ser&iacute;a, entonces, una especie de catecismo secular&rdquo;. Es una conclusi&oacute;n l&uacute;cida, que se acompa&ntilde;a de la experiencia del autor como librero al que, en ciertas ocasiones, se le pidi&oacute;: &ldquo;&iquest;Me recomiendas alguno trabajar el duelo? &iquest;Qu&eacute; lindo cuento tienes para trabajar la discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este pasaje proviene de un cap&iacute;tulo titulado &ldquo;La literatura no educa&rdquo; en el libro <em>En la era de los ni&ntilde;os cosa. Ensayos contra la crianza como emprendimiento</em>. Antes dije que, hace unos a&ntilde;os, escrib&iacute; algunos libros sobre crianza. En ese entonces no imaginaba que la crianza iba a terminar como termin&oacute;: un delirio de perfecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuando escrib&iacute; <em>M&aacute;s crianza, menos terapia</em> pensaba en la situaci&oacute;n de profesionales que recib&iacute;amos la consulta por ni&ntilde;os sanos que eran derivados a tratamiento por conflictos t&iacute;picos de la infancia &ndash;en una &eacute;poca en que el conflicto ya no se reconoce como saludable. Unos a&ntilde;os despu&eacute;s escrib&iacute; un texto que se llam&oacute; &ldquo;Menos crianza, m&aacute;s filiaci&oacute;n&rdquo;, cuando not&eacute; que la cosa empezaba a irse para cualquier lado.
    </p><p class="article-text">
        El libro de Gerchunoff hace el diagn&oacute;stico final y m&aacute;s certero. Voy a repasar algunas de sus ideas. Para empezar, el primer cap&iacute;tulo comienza con la afirmaci&oacute;n de que &ldquo;los padres de hoy impedimos que nuestros hijos crezcan&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A partir del an&aacute;lisis de un hecho cotidiano &ndash;como los grupos de WhatsApp&ndash; el autor analiza la pulsi&oacute;n de saber sobre los hijos hasta niveles obscenos, a contrapelo de la idea de que los ni&ntilde;os &ndash;por ejemplo, en la escuela&ndash; deben participar de espacios en los que nosotros no estemos. 
    </p><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os precisan un &ldquo;espacio opaco para que puedan jugar sin testigos&rdquo;. Pienso en lo que hoy ocurre cuando hay padres que no quieren dejar a un ni&ntilde;o en un cumplea&ntilde;os porque no podr&aacute;n verlo. Tambi&eacute;n en otra situaci&oacute;n que Gerchunoff relata: la de los ni&ntilde;os que son &ldquo;vistos&rdquo; mientras duermen a trav&eacute;s de pantallas, cuando esta conducta va de la mano de un reloj que cronometra en qu&eacute; momento se hace cada cosa. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; nace lo que el autor llama el &ldquo;beb&eacute; Tamagotchi&rdquo;. Los ni&ntilde;os se han vuelto cosas y esto es algo que se demuestra con el an&aacute;lisis de otra situaci&oacute;n cotidiana: los hoteles que no admiten peque&ntilde;os. Los pro-ni&ntilde;os suelen argumentar que este es un acto de discriminaci&oacute;n, pero, como bien destaca Gerchunoff: &ldquo;&hellip;en la mente del defensor de los espacios sin ni&ntilde;os, los ni&ntilde;os no aparecen en una lista junto a negros, homosexuales y jud&iacute;os, sino m&aacute;s bien en otra lista junto a mascotas, motos de agua y humo. Es decir, no se discrimina a los ni&ntilde;os en tanto que personas, sino en tanto que cosas; como objetos o propiedades de unos individuos (los padres) que molestan e invaden el espacio de otros.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El argumento de Gerchunoff es maravilloso, porque no opone los buenos a los malos, sino que muestra que ambos comparten el mismo presupuesto: &ldquo;El problema es que los proni&ntilde;os hoy comparten, en realidad, esta visi&oacute;n de los ni&ntilde;os como cosas. Somos tambi&eacute;n los padres de ahora los que nos planteamos (o creemos que nos planteamos) la posibilidad de &lsquo;tener&rsquo; hijos en una misma lista con alternativas como tener un perro, hacer un doctorado, o viajar a la India a meditar.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Al ser objetos de nuestra elecci&oacute;n, creemos que los hijos son nuestros. Sentimos as&iacute; que nuestra responsabilidad es educarlos como quien dice hacerlos o mejorarlos. Los ni&ntilde;os se han vuelto &ldquo;obras&rdquo;. As&iacute; pasamos a otro breve ensayo, en el que el autor cuenta la situaci&oacute;n de los padres que le hablan a sus hijos en otra lengua que (no es) la materna como una forma de capacitaci&oacute;n: &ldquo;Lo inquietante en esa forma de educar es la relevancia suprema que adquiere el ideal de hacer mejores a los hijos. [En el af&aacute;n de darle lo mejor al hijo, al entender la crianza como una especie de entrenamiento] el angloparlante de parque infantil est&aacute; obnubilado por las peque&ntilde;as virtudes: elige la forja del hijo por encima de la relaci&oacute;n con el hijo.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n, el libro discute la decisi&oacute;n de tener hijos, como si fuera una elecci&oacute;n no solo individualista sino extremamente liberal: &ldquo;&iquest;Es posible tomar una sola decisi&oacute;n con la certeza de no estar errando?&rdquo;. La maternidad deseada, entonces, no es incompatible con una cuota de arrepentimiento. 
    </p><p class="article-text">
        Otro tema que el libro discute: la crisis de la autoridad, tambi&eacute;n desde una perspectiva cr&iacute;tica al plantear que &ldquo;si en el antiguo r&eacute;gimen, todos eran adultos [incluidos los ni&ntilde;os], podr&iacute;amos decir que ahora ya todos somos ni&ntilde;os&rdquo;. Por lo tanto, no se trata de pensar que los ni&ntilde;os no respetan a los adultos, sino que estos se han desautorizado a s&iacute; mismos.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo ensayo de la primera parte, interpela con una pregunta inquietante: &ldquo;&iquest;Somos realmente capaces de distinguir entre ni&ntilde;os y mascotas?&rdquo;. El esp&iacute;ritu de la secci&oacute;n se resume con esta frase: &ldquo;Para ayudarlos a ser sujetos, no hay m&aacute;s remedio que dejarlos de tratar como nuestros objetos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La segunda parte del libro (con el t&iacute;tulo general &ldquo;Infancia y narraci&oacute;n en el siglo XXI&rdquo;) la comentar&eacute; de manera m&aacute;s breve, a partir de una idea general: es una reconstrucci&oacute;n de la evoluci&oacute;n de la infancia desde producciones culturales. 
    </p><p class="article-text">
        Si al ni&ntilde;o hu&eacute;rfano del siglo XIX (por ejemplo, en las novelas de Dickens) le sigui&oacute;, con el cambio de centuria, el hijo de padres separados (por ejemplo, Elliot en <em>E.T.</em>) que compens&oacute; su tristeza con una inteligencia adaptativa; en el XXI estamos ante el hijo de padres in&uacute;tiles &ndash;como lo muestran series como Los Simpsons o una pel&iacute;cula como <em>Mi pobre angelito</em>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si el hu&eacute;rfano era un h&eacute;roe luchador, y el hijo de separados era un h&eacute;roe t&iacute;mido, el hijo de padres in&uacute;tiles es un h&eacute;roe ir&oacute;nico&rdquo;, desarrolla Gerchunoff. Y en la misma serie incluye un contrapunto entre Babar y Elmer, para ilustrar la diferencia entre el republicanismo del primero y el liberalismo del segundo: &ldquo;Babar no puede ser recomendado ya que porque es conservador, colonialista, anti-ecologista y heteropatriarcal. [&hellip;] Elmer, en cambio, no puede ser acusado de ninguna de estas fechor&iacute;as. En su simplicidad bonachona, respeta todas las diferencias y no se impone sobre la libertad o el espacio privado de ning&uacute;n otro. Pero, adem&aacute;s, aunque ning&uacute;n pedagogo progresista lo note, la defensa a ultranza de estos valores est&aacute; en el centro de lo que suele llamarse neoliberalismo.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>En la era de los ni&ntilde;os cosa. Ensayos contra la crianza como emprendimiento</em> es un libro breve y contundente, una cachetada al sentido com&uacute;n actual sobre c&oacute;mo relacionarse con los ni&ntilde;os. Es dif&iacute;cil leerlo y resultar indiferente. 
    </p><p class="article-text">
        No es de esos libros que, al concluirlo, uno se entera de algo que no sab&iacute;a, sino que uno se entera de lo que sab&iacute;a y no quer&iacute;a enterarse. Este motivo lo convierte en un libro que debe ser le&iacute;do.
    </p><p class="article-text">
        LL/MF
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/crianza-emprendimiento_129_13608227.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Oct 2026 10:16:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La crianza con emprendimiento]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un cuerpo sin imagen]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuerpo-imagen_129_13573913.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91db5dde-6890-454c-bb11-19de9821bab8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x286y61.jpg" width="1200" height="675" alt="Un cuerpo sin imagen"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La belleza no es objetiva, sino que depende de una mirada interna construida a partir de la validación del Otro, por lo que alguien puede sentirse feo aun cuando los demás lo consideren hermoso. </p></div><p class="article-text">
        El otro d&iacute;a la hija de mi esposa vino a pedirme que retara a su hermano menor, porque este no la dejaba terminar de cambiarse tranquila despu&eacute;s de ba&ntilde;arse. El peque&ntilde;o la llamaba con insistencia para ir a jugar. Ella no quer&iacute;a sentirse apurada: &ldquo;Adem&aacute;s de ponerme la ropa, me tengo que mirar en el espejo&rdquo;, dijo con una espontaneidad divertida.
    </p><p class="article-text">
        La ni&ntilde;a en tr&aacute;nsito hacia la pubertad tiene que mirarse en el espejo, &iquest;por qu&eacute; lo dice como si se tratara de una obligaci&oacute;n? &iquest;A qu&eacute; imperativo obedece? En principio, si se siente concernida de un modo tan exigido con ese acto, es porque sabe &ndash;con un saber que no est&aacute; en la conciencia&ndash; que algo falla en la imagen.
    </p><p class="article-text">
        En este momento de su vida es algo esperable. Quiz&aacute; para toda futura mujer es un gran desaf&iacute;o aprender a verse sin que en el reflejo aparezca &ndash;como en el cuento de Blancanieves&ndash; la voz de la madre mala que dice que la m&aacute;s hermosa es otra. Los cuentos infantiles tienen toda una sabidur&iacute;a en torno a estas cuestiones.
    </p><p class="article-text">
        <em>Un cuerpo sin imagen</em> es el t&iacute;tulo del &uacute;ltimo libro de <strong>Ver&oacute;nica Buchanan</strong>. El subt&iacute;tulo propone la relaci&oacute;n entre las nociones de inhibici&oacute;n, narcisismo y feminidad. La pregunta con la que se lo podr&iacute;a leer es: &iquest;c&oacute;mo consigue una mujer tener un cuerpo que no quede detenido en el encantamiento especular?
    </p><p class="article-text">
        La belleza no es un aspecto objetivo. Hay mujeres que, por m&aacute;s hermosas que sean, se sienten feas. No se trata de la seducci&oacute;n hist&eacute;rica por la que, rebajando la propia condici&oacute;n, se espera que el otro diga lo contrario (&ldquo;No, si est&aacute;s preciosa&hellip;&rdquo;). Se habla aqu&iacute; de un da&ntilde;o que es interno y a veces irreparable.
    </p><p class="article-text">
        La belleza se relaciona m&aacute;s bien con una mirada interna, con poder verse con la mirada de Otro que valid&oacute; nuestra imagen. Nos gustamos porque nos vemos con esos ojos. Por eso, como se dice, podemos ser nuestros peores cr&iacute;ticos y ver lo que otros no ven. En el mundo de las mujeres, hay un juego habitual que plantea la diferencia entre mostrarse y dejarse ver.
    </p><p class="article-text">
        Estas reflexiones conducen a una cr&iacute;tica que Buchanan hace a la concepci&oacute;n freudiana del narcisismo, en la medida en que para Freud el regodeo narcisista en la imagen es un tipo de &ldquo;complacencia&rdquo;, sin que el inventor del psicoan&aacute;lisis advirtiera la complejidad del lazo de una mujer con lo que se ve de ella.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, Buchanan hace tambi&eacute;n una elaboraci&oacute;n de la noci&oacute;n de inhibici&oacute;n para que no se entienda &ndash;como habitualmente ocurre en <strong>Sigmund Freud</strong>&ndash; como una detenci&oacute;n; en una suerte de Freud contra Freud, la autora desarrolla c&oacute;mo en el pensamiento freudiano hay otra v&iacute;a con la que entender la inhibici&oacute;n como una condici&oacute;n de posibilidad.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, para no excederse y ser solo un impulso, la pulsi&oacute;n precisa establecer una distancia en el interior de s&iacute; misma, un vac&iacute;o que articula la satisfacci&oacute;n con un rodeo antes que con una descarga sobre el objeto. As&iacute; es que la compulsi&oacute;n a mirarse de ciertas mujeres precisa una inhibici&oacute;n para que no queden pegadas a s&iacute; mismas.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que hay mujeres que, despu&eacute;s de la primera intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica, le abren las puertas a un infierno del &ldquo;retoque&rdquo; que lleva a que, finalmente, sean todas iguales y hasta se vuelvan irreconocibles. Por mi parte, recuerdo haber trabajado un tiempo con un m&eacute;dico que era muy honesto y, en ciertos casos, antes de aceptar operar, derivaba a psicoterapia.
    </p><p class="article-text">
        La compulsi&oacute;n femenina por la imagen, antes que un fen&oacute;meno narcisista es &ndash;seg&uacute;n Buchanan&ndash; todo lo contrario; aquella viene a funcionar como una reparaci&oacute;n de un quiebre subjetivo. Aqu&iacute; se asocia, entonces, una discusi&oacute;n sobre el llamado &ldquo;supery&oacute; femenino&rdquo;, al que se dedican varias p&aacute;ginas.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que el supery&oacute; freudiano &ndash;heredero del complejo de Edipo&ndash; es una instancia reguladora, el supery&oacute; femenino &ndash;otra vez en tensi&oacute;n con la idea freudiana de que ellas tienen un supery&oacute; m&aacute;s d&eacute;bil&ndash; es m&aacute;s feroz e inclemente. Algunas mujeres no dicen &ldquo;Soy fea&rdquo; sino que radicalizan la sanci&oacute;n llev&aacute;ndola al extremo &ldquo;Soy horrible&rdquo; o &ldquo;Soy un asco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hay mujeres que, para cada evento, se compran ropa nueva; o que dedican buena parte del tiempo a pensar qu&eacute; se van a poner. Lejos de ser este rasgo un aspecto de superficialidad, podr&iacute;a decirse que la vestimenta es la envoltura del narcisismo: &ldquo;No me puedo ver&rdquo;, dec&iacute;a una mujer en cierta ocasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El supery&oacute; femenino no es un heredero de la relaci&oacute;n temprana con la madre, sino que es la relaci&oacute;n con la madre, pero por otros medios. Por esta v&iacute;a, el libro de Buchanan abre el camino a una reflexi&oacute;n profunda en torno a este v&iacute;nculo primario, sin caer en la ingenuidad de plantear qu&eacute; tiene que hacer una mam&aacute; para que su hija no sufra.
    </p><p class="article-text">
        Este nuevo ensayo de Buchanan &ndash;en la l&iacute;nea de sus libros <em>Por amor al padre</em> y <em>El tab&uacute; de la maternidad</em>&ndash; avanza con hip&oacute;tesis originales y cierra una serie de textos en los que la autora repiensa los fundamentos del deseo desde la &oacute;ptica de las funciones estructurales de la parentalidad (padre, madre, hija).
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cuerpo-imagen_129_13573913.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Oct 2026 09:03:29 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Para qué sirve enojarse?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sirve-enojarse_129_13536807.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf4e1263-5d94-4c5d-8568-a672ccd43d2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Para qué sirve enojarse?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde el psicoanálisis, el enojo puede entenderse no sólo como una descarga destructiva, sino también como una fuerza espontánea que, sin ser incentivada, puede ser reconocida y encauzada.</p></div><p class="article-text">
        Pareciera que existe un debate actual en torno al enojo. Si es una pasi&oacute;n leg&iacute;tima o una mera reacci&oacute;n. Seg&uacute;n el punto de vista, se habla a favor o en contra.
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista del psicoan&aacute;lisis, esta escisi&oacute;n se corrobora. Est&aacute;n quienes dicen que es una forma destructiva que debe ser interpretada como tal, mientras que otros autores le conceden una fuerza espont&aacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        En el relato de su an&aacute;lisis con Winnicott, Margaret Little escribi&oacute; lo siguiente: &ldquo;En una de nuestras primeras sesiones sent&iacute; que nunca lograr&iacute;a hacer que entendiera nada. [&hellip;] me lanc&eacute; sobre un florero con lilas blancas, lo hice trizas y lo pisote&eacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta del analista, luego de irse del consultorio durante unos minutos, cuando regres&oacute; y la encontr&oacute; ordenando el revoltijo, fue decirle: &ldquo;Podr&iacute;a suponer que har&iacute;a eso [aqu&iacute; no queda claro si ordenar o romper], pero m&aacute;s adelante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a decirse que el analista no incentiva la acci&oacute;n agresiva, pero s&iacute; la encauza. Es en otra ocasi&oacute;n que la misma paciente cuenta que <em>explot&oacute;</em> con su madre: &ldquo;Le dije exactamente lo que sent&iacute;a: que ella era cruel y rid&iacute;cula, que no debi&oacute; haberse casado o haber tenido hijos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, la respuesta del analista es: &ldquo;Se lo deb&iacute;a a usted misma desde hace mucho tiempo&rdquo;. Es interesante que el analista no sanciona cr&iacute;tica ni moralmente la agresi&oacute;n, aunque tampoco le concede un valor de verdad.
    </p><p class="article-text">
        Con esto &uacute;ltimo me refiero al giro contempor&aacute;neo por el que a veces se considera que el enojo establece que su contenido es verdadero. Es posible que se trate de un gesto propicio, pero no por eso est&aacute; justificado irreflexivamente.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es qu&eacute; hace alguien despu&eacute;s de enojarse; si puede volver sobre su acci&oacute;n y darle curso a otra actitud, o si la usa para ensimismarse y declararse en posici&oacute;n de v&iacute;ctima incuestionable.
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otra manera, el enojo (la rabia, la ira, la furia, etc&eacute;tera) es impensable si no va de la mano con una actitud de reparaci&oacute;n. Aunque tenga razones para enojarme, igualmente me cabe una responsabilidad por ese acto. Margaret recogi&oacute; los pedazos de jarr&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por esta v&iacute;a es que pueden proponerse diferentes tipos de enojo. El m&aacute;s interesante es el que venimos declinando, en relaci&oacute;n a una reparaci&oacute;n posible; el m&aacute;s improductivo es el que toma un car&aacute;cter narcisista y se posiciona en t&eacute;rminos de un &ldquo;Nada te debo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El enojo en psicoan&aacute;lisis se asocia tambi&eacute;n a una diversidad de pacientes en la consulta. Por un lado, est&aacute;n los que vienen a an&aacute;lisis a hablar de s&iacute;ntomas que requieren desciframiento y eventualmente una reactualizaci&oacute;n en el v&iacute;nculo. Por otro lado, est&aacute;n en los pacientes que buscan un analista menos para una elaboraci&oacute;n que para lo que &ndash;en t&eacute;rminos generales e imprecisos&ndash; podr&iacute;a llamarse una &ldquo;reparaci&oacute;n&rdquo;. Es en estos casos que, por lo general, el enojo ocupa un lugar destacado.
    </p><p class="article-text">
        No me refiero a la fantas&iacute;a neur&oacute;tica de que el analista se enoje (&ldquo;me vas a matar&rdquo;, dice un paciente que llega tarde a una sesi&oacute;n) sino a un enojo en acto asociado a situaciones que traen una frustraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En estos casos, la expectativa no es la de que el analista interprete (un trabajo alrededor del sentido) sino que haga lo que el paciente necesita; lo central del tratamiento pasa a ser la cuesti&oacute;n de la falla en el v&iacute;nculo y su tolerancia progresiva.
    </p><p class="article-text">
        Si nos remontamos a la temprana infancia, el enojo ocupa un lugar destacado. Un beb&eacute; feliz es uno chinchudo, que arroja cosas, las golpea, que se encoleriza con la madre. Un beb&eacute; demasiado d&oacute;cil es quiz&aacute; uno que no est&aacute; creciendo.
    </p><p class="article-text">
        Para crecer, un beb&eacute; necesita rechazar, desplegar su agresividad como apoderamiento (cuando le saca las cosas a otro), afirmarse. El aspecto afirmativo de la hostilidad es un punto a favor de su ejercicio.
    </p><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis de pacientes graves confronta con la situaci&oacute;n de personas que no han sido validadas en sus sentimientos tempranos y cuyo enojo ha sido objetado y reprochado (&ldquo;Eh, siempre est&aacute;s llorando o quej&aacute;ndote de todo&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Por este motivo en los tratamientos es com&uacute;n una regresi&oacute;n a esa instancia dependiente en que se reviven las inhibiciones primarias, en busca de una rectificaci&oacute;n. Este es el sentido espec&iacute;fico en que puede proponerse un uso anal&iacute;tico de la agresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este uso de la agresi&oacute;n no se confunde, como dije antes, con la justificaci&oacute;n narcisista del odio como manera de hacerle sentir al otro lo que nos pasa, como si tuvi&eacute;ramos derecho a enojarnos solo porque sufrimos.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/sirve-enojarse_129_13536807.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Sep 2026 12:22:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Para qué sirve enojarse?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hablar con el síntoma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablar-sintoma_129_13500980.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3e886ac-8e4d-450c-919f-e2b80550c00e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hablar con el síntoma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La adolescencia exige un cambio en el rol de los padres: dejar de criar para empezar a acompañar.</p></div><p class="article-text">
        Un ni&ntilde;o peque&ntilde;o juega sentado en una silla, se balancea, hasta que su madre le dice: &ldquo;Dej&aacute; de hacer eso que te vas a caer&rdquo;. Enseguida el ni&ntilde;o se cae y la madre le dice: &ldquo;&iquest;Viste? Te ca&iacute;ste nom&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No vamos a proponer que el ni&ntilde;o se cay&oacute; porque la madre se lo advirti&oacute; -aunque nunca se puede despreciar la pasi&oacute;n de los m&aacute;s peque&ntilde;os por cumplir las fantas&iacute;as parentales-, solo diremos que, en otra &eacute;poca, ah&iacute; comenzaba un refuerzo insistente de la culpa: &ldquo;&iquest;No ves? Eso te pasa por no hacer caso&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Por esta v&iacute;a, toda una generaci&oacute;n fue criada con la interiorizaci&oacute;n de la culpa como una forma de l&iacute;mite en la relaci&oacute;n con los actos. Dicho de otra manera, esta generaci&oacute;n solo es capaz de frenar cuando se siente culpable; como si la culpa fuera el &uacute;nico afecto que permite tomar conciencia de los actos.
    </p><p class="article-text">
        Este era el problema de otra &eacute;poca, de qu&eacute; manera pasar de la culpa a responsabilidad; es decir, c&oacute;mo soltarse de la voz invalidante de los padres para pensar una relaci&oacute;n con las consecuencias que permitiera anticiparlas y asumirlas, sin llegar a que sea demasiado tarde para tomar una decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esa otra &eacute;poca es la de la neurosis. La nuestra se caracteriza por otras coordenadas de subjetivaci&oacute;n, que se basan tambi&eacute;n en nuevas formas de crianza. Al ni&ntilde;o que hoy juega en la silla, no se le lanza una profec&iacute;a que se autocumple; los padres no son &aacute;vidos espectadores del momento en que se caer&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy los padres nos levantamos de nuestra silla y les hablamos. Los alzamos y, entre los brazos, les damos una explicaci&oacute;n para que entiendan lo que les decimos. Y esperamos que est&eacute;n de acuerdo con lo que les decimos, que sean capaces de reproducir los pensamientos que les inculcamos.
    </p><p class="article-text">
        Somos padres amorosos, pero que a veces no calculan el efecto de que nuestra voz ya no sea un mandato interno sino la conciencia misma. Con el tiempo, nuestros hijos hablan como nosotros, saben imitarnos, de antemano predicen lo que vamos a decir, reproducen nuestra cadencia -en los mejores casos, para re&iacute;rse.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; que pasamos del &ldquo;Te lo digo por &uacute;ltima vez&rdquo; a un &ldquo;No me voy a cansar de decirte lo que pienso&rdquo;? Con el riesgo de que nuestro pensamiento les impida pensar por s&iacute; mismos. Esto que planteo no es del todo relevante en la infancia, pero s&iacute; cuando los chicos empiezan a crecer y precisan convertirse en sujetos de experiencia.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, a un hijo de cuatro a&ntilde;os que en la plaza agarr&oacute; el juguete de otro, le digo: &ldquo;Agarrar algo sin permiso no est&aacute; bien, ten&eacute;s que preguntarle al nene si te lo presta porque tal vez no le gusta&rdquo;. Ahora bien, cuando este hijo tiene m&aacute;s de diez a&ntilde;os, la situaci&oacute;n ya es muy otra. Tratar de explicarle algo que &eacute;l ya sabe bien no solo es redundante, sino que le impide responder por su acto.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en esta situaci&oacute;n. Mi hijo de m&aacute;s de diez a&ntilde;os viene de la escuela con algo que no es suyo. No es que lo haya robado, sino que me doy cuenta de que se hizo el tonto y sac&oacute; una ventaja. Darle un discurso moral que interprete su conducta, hacerlo pensar lo que yo pienso sobre su acto ser&iacute;a tratarlo como a un ni&ntilde;o de cuatro.
    </p><p class="article-text">
        Si hago esta distinci&oacute;n es porque, en el trabajo con padres de hijos que est&aacute;n en proceso de pasaje a la secundaria, es recurrente tener que conversar con ellos que no los traten como si fueran m&aacute;s peque&ntilde;os de lo que son. M&aacute;s que querer pensar con los hijos, para que ellos piensen lo que pensamos, esta es la etapa en que tienen que empezar a desarrollar su propio criterio.
    </p><p class="article-text">
        Para desarrollar criterio, los padres tienen que entender que despu&eacute;s de cierta edad ya no cr&iacute;an, sino que acompa&ntilde;an. Hace poco me invitaron de una instituci&oacute;n escolar a dar una charla para padres de secundaria y me propusieron el t&iacute;tulo &ldquo;Crianza&hellip;&rdquo; e inmediatamente les dije: &ldquo;&iquest;De qu&eacute; crianza hablamos? Los adolescentes ya est&aacute;n criados, para bien o para mal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El problema, en este punto, es que tal vez empezamos a ver la crianza como un proceso continuo que llevar&iacute;a hasta la adultez. As&iacute; es que, como propuse antes, no tenemos en cuenta el riesgo de estar habl&aacute;ndole de m&aacute;s a los hijos, de que tengan nuestra voz como un tel&oacute;n de fondo que les impide generar su criterio y experiencia.
    </p><p class="article-text">
        Para que un pre-p&uacute;ber comience a tener criterio, lo primero es que sepa qu&eacute; piensan los padres. Y que estos aclaren que eso es lo que ellos piensan, d&aacute;ndole al futuro adolescente la ocasi&oacute;n de que -dentro de lo posible- experimente. Aqu&iacute; ya veo que se me dir&aacute; que le doy rienda suelta al libertinaje. Nada m&aacute;s lejos.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, cualquiera de mis hijos sabe que con las drogas &ndash;para m&iacute;&ndash; est&aacute; todo mal. Saben que perd&iacute; amigos en ese mundo tel&uacute;rico y que por respeto a quienes dejaron la vida en ese tormento, para m&iacute; no hay umbral de consumo responsable. Lo que ellos hagan, lo har&aacute;n por su cuenta y riesgo. No espero que est&eacute;n de acuerdo conmigo y si me preguntan les dir&eacute; que drogarse es por fragilidad o estupidez. No se los proh&iacute;bo, solo sepan lo que yo pienso.
    </p><p class="article-text">
        Y en cada ocasi&oacute;n en que conversamos, les pregunto qu&eacute; piensan ellos. No para tratar de convencerlos. Experimentar no es probar sin consecuencias o que estas caigan en la cuenta del otro. Si te vas a emborrachar en una fiesta, por lo menos trata de ser vivo para saber c&oacute;mo te vas a volver. 
    </p><p class="article-text">
        Propongo estas situaciones menos para ofrecerlas como un paradigma que para situar la manera en que plantearles a los hijos nuestro criterio es tambi&eacute;n contarle nuestros s&iacute;ntomas y no hablar desde situaciones ideales. Si cada quien les habla a sus hijos desde sus s&iacute;ntomas, en funci&oacute;n de los efectos que hayan tenido en su vida, la cuesti&oacute;n estar&aacute; encaminada -as&iacute; como todo camino tiene sus tropiezos.
    </p><p class="article-text">
        La expectativa del camino allanado, de la supervisi&oacute;n (por ejemplo, en esa mirada que controla la localizaci&oacute;n de los hijos) como garant&iacute;a, est&aacute; dificultando que los chicos crezcan por discontinuidad y, por eso, permanecen en una adolescencia que es cada vez m&aacute;s una mera prolongaci&oacute;n de la ni&ntilde;ez. 
    </p><p class="article-text">
        No estipulo nada definitivo en estas l&iacute;neas, solo esbozo la cuesti&oacute;n para que se le pueda dar el estatuto de una pregunta que requiere ser retomada. Sin mirar tanto a los adolescentes como a nuestro modo de relacionarnos con ellos.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablar-sintoma_129_13500980.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Sep 2026 09:43:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hablar con el síntoma]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El desprecio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desprecio_129_13471532.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/317f5fd4-b5b2-4238-b274-d238a083585a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x811y234.jpg" width="1200" height="675" alt="El desprecio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pérdida de reconocimiento simbólico de profesiones e instituciones genera desprecio, falta de respeto y una sensación de degradación que no se explica únicamente por los ingresos, y que hoy también se profundiza frente al avance de la inteligencia artificial y la transformación del valor atribuido al trabajo humano.</p></div><p class="article-text">
        La semana pasada conversaba con un amigo abogado que me contaba que siente que la suya fue la &uacute;ltima generaci&oacute;n que &ldquo;pate&oacute;&rdquo; Tribunales. B&aacute;sicamente, porque ahora todos los expedientes son digitales. Este es un motivo por el cual cada vez son menos los estudios que contratan estudiantes o abogados j&oacute;venes para que se ocupen del tedio de las notificaciones y los traslados. 
    </p><p class="article-text">
        Incluso a este mismo amigo le pasa que algunas tareas que podr&iacute;a pedirle a un reci&eacute;n egresado, las realiza con la Inteligencia Artificial. Esta &uacute;ltima se convirti&oacute; en un asistente de mucha calidad, al que no hay que capacitar y que, por cierto, tiene mucho menor costo. As&iacute; es que hoy hay estudios de una sola persona, sin colegas ni administrativos.
    </p><p class="article-text">
        Este amigo me dec&iacute;a que de esta manera se hab&iacute;a convertido en su propio jefe. Y como ocurre cuando escucho esta expresi&oacute;n, pens&eacute; que solo aplica cuando recibe el propio mensaje invertido: uno es su propio esclavo; es decir, se esclaviza a s&iacute; mismo al obedecer al m&aacute;s duro de los amos, el supery&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        La liberaci&oacute;n de la que habla mi amigo, seguramente termine con su profesi&oacute;n. De aqu&iacute; a unos a&ntilde;os, quiz&aacute; muchos procedimientos judiciales se resuelvan con formularios en Internet con validez jur&iacute;dica sin tener que contratar el servicio de un abogado. Tambi&eacute;n hay abogados que han citado fallos inexistentes, por una alucinaci&oacute;n de la IA, como hay otros que le piden que les redacte una apelaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        A esta cuesti&oacute;n se refiere <strong>Fran&ccedil;ois Dubet</strong> cuando habla de las <em>ca&iacute;das simb&oacute;licas</em>: &ldquo;En nuestro presente, algunas instituciones y algunas profesiones se sienten despreciadas porque se est&aacute;n derrumbando los sistemas simb&oacute;licos que les otorgaban una dignidad independiente de los ingresos&rdquo;. Antes mencion&eacute; a los abogados, pero podr&iacute;amos haber pensado en lo que ocurre con los docentes y, por qu&eacute; no, con los psic&oacute;logos.
    </p><p class="article-text">
        Para el soci&oacute;logo franc&eacute;s, las ca&iacute;das simb&oacute;licas llevan a un desprestigio cuyo efecto es la falta de respeto. Hoy escuchamos a los docentes pelear por su salario mientras enfatizan la p&eacute;rdida de reconocimiento del valor de su tarea. Algo parecido ocurre con los psic&oacute;logos, que hablan de pacientes que no pagan o dejan el tratamiento sin aviso.
    </p><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo del libro de Dubet es contundente: <em>El desprecio</em>. El subt&iacute;tulo, un poco m&aacute;s: <em>ese poderoso combustible de las derechas</em>. Ahora bien, cabr&iacute;a preguntar: &iquest;es que las derechas han logrado captar a los despreciados, o estos ya no se encuentran representados por la propuesta de izquierda? El libro se dedica a responder esta pregunta con el prop&oacute;sito de canalizar el desprecio hacia una condici&oacute;n virtuosa, la lucha por una igualdad concreta.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que la izquierda misma es despreciada y, por lo tanto, desprecia. De ah&iacute; que se haya aferrado a una condici&oacute;n de elite cultural desde la que juzga el mundo (m&aacute;s que transformarlo), al punto de que la vertiente progresista adquiri&oacute; una nueva vara moral. &ldquo;Basta con ver cu&aacute;ntos l&iacute;deres de izquierda son acusados de despreciar a los electores de extrema derecha, que habr&iacute;an sido &lsquo;idiotizados&rsquo; por los medios y ser&iacute;an &lsquo;lamentables&rsquo; o directamente &lsquo;unas basuras&rsquo;&rdquo;, destaca Dubet.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco en una reuni&oacute;n una persona le dec&iacute;a a otra &ldquo;desde que sos anti-progresista&rdquo;, a partir de un comentario cr&iacute;tico y a m&iacute; me sorprendi&oacute; un poco el planteo, porque no concibo un progresismo que no sea cr&iacute;tico del progresismo. La trampa actual parece estar m&aacute;s bien en un purismo desenfadado, por el que se establecen ideas absolutas antes que valores (como la pluralidad y consenso). 
    </p><p class="article-text">
        No quiero perderme en an&eacute;cdotas ni entrar en disquisiciones sof&iacute;sticas (por no decir sofisticadas). Me refiero a algo bien simple. Para m&iacute; una posici&oacute;n progresista no afirma una norma como definitiva y homog&eacute;nea. Si necesitamos una norma, es para atender las diversas excepciones y situar ampliaciones que contemplen nuevas formas de vida. Entonces, se trata de buscar una normatividad generosa, que discuta la adaptaci&oacute;n y la disciplina como castigo.
    </p><p class="article-text">
        El libro de Dubet es muy interesante para ubicar c&oacute;mo el desprecio trascendi&oacute; el &aacute;mbito de las clases sociales y se volvi&oacute; transversal. Todos somos despreciados y despreciadores; tal vez despreciamos para no ser despreciados, porque sentimos que nos desprecian. Entonces, se trata de buscar una reivindicaci&oacute;n en despreciar con m&aacute;s fuerza. Este ensayo va de la mano con otro libro del mismo autor: <em>La &eacute;poca de las pasiones tristes</em>.
    </p><p class="article-text">
        Verg&uuml;enza, resentimiento, etc., son pasiones que cobran cada vez m&aacute;s relevancia en un contexto de destituci&oacute;n de la subjetividad, en el que la pertenencia a una comunidad qued&oacute; reemplazada por el desarraigo y la vulnerabilidad de ser, en cualquier momento, el chivo expiatorio para el odio ajeno.
    </p><p class="article-text">
        En lo personal, creo que los v&iacute;nculos humanos deben ser lo m&aacute;s hospitalarios posibles &ndash;de un modo real, no meramente discursivo (enf&aacute;tico o declamatorio)&ndash; ya que el combate hoy est&aacute; en c&oacute;mo la IA y las tecnolog&iacute;as tienden a hacer del ser humano un desecho. Esta l&iacute;nea parece de una trivialidad enorme, pero quiero escribirla igual.
    </p><p class="article-text">
        Mi frase es trivial, pero tengo tanto la impresi&oacute;n de que nuestra agenda se compromete mejor con discursos que con modos efectivos de vincularnos; as&iacute; puedo entender por qu&eacute; cada vez m&aacute;s gente se inclina hacia lo conservador (familia, religi&oacute;n, etc.) no necesariamente reaccionario, en busca de una comunidad real.
    </p><p class="article-text">
        En concreto, la atenci&oacute;n puesta en el mecanismo de desprecio &ndash;como reaseguro de un narcisismo herido&ndash; es un llamado del que no podemos pasar. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desprecio_129_13471532.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Aug 2026 08:59:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El desprecio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Creer en una mujer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/creer-mujer_129_13446391.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/588addc4-3e67-405b-a66d-dd13b958c67b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x236y113.jpg" width="1200" height="675" alt="Creer en una mujer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El vínculo amoroso adquiere verdadero valor cuando permite que cada persona se enfrente con sus propios conflictos, límites y deseos. La alternativa no consiste en volver a las estructuras rígidas del pasado ni en refugiarse en relaciones superficiales y sin compromiso, sino en encontrar en la relación una posibilidad de transformación.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Dios y el hombre no creen en el amor moderno&rdquo;, dice una canci&oacute;n &ndash;ya cl&aacute;sica&ndash; de <strong>David Bowie</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Que Dios no crea en el amor moderno, en la flexibilizaci&oacute;n de los v&iacute;nculos, en la ca&iacute;da del matrimonio como instituci&oacute;n fundamental para regular los lazos amorosos, es algo m&aacute;s que comprensible.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;el hombre? &iquest;No es quien mayores ventajas encuentra en la falta de compromiso y la dispersi&oacute;n afectiva, sin tener que ofrecer garant&iacute;as ni condicionarse a un rol determinado, como el de proveedor?
    </p><p class="article-text">
        La letra de Bowie fue una anticipaci&oacute;n para el desencanto que hoy se constata. Esto es lo que hacen los genios: anticipan lo que va a pasar. La idea de v&iacute;nculos basados en acuerdos lleva al &uacute;nico acuerdo posible &ndash;seg&uacute;n Lacan: el masoquismo.
    </p><p class="article-text">
        Es conocida esa vieja sentencia lacaniana: &ldquo;Se empieza con las cosquillas y se termina en la parrilla&rdquo;, es decir, se empieza con los chistes y se termina a los bifes. La narrativa que m&aacute;s insiste en esta &eacute;poca es la que parte de un idilio que culmina con el descubrimiento de que el otro era un psic&oacute;pata.
    </p><p class="article-text">
        En la canci&oacute;n de Bowie hay un momento en que dice &ldquo;Ll&eacute;vame a la iglesia a tiempo&rdquo;. Es una referencia indirecta a la pieza &ldquo;Get Me to the Church on Time&rdquo; del musical <em>My Fair Lady</em> (1956) en la que un personaje recibi&oacute; una herencia y siente que debe casarse, 
    </p><p class="article-text">
        Este personaje y sus amigos se divierten una &uacute;ltima vez antes de la boda, en una especie de despedida de soltero, pero la canci&oacute;n es una s&uacute;plica a sus amigos para que no dejen que la euforia de la borrachera les haga olvidar sus buenas intenciones y se aseguren de que llegue a la boda.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, Bowie no es nost&aacute;lgico, no dice que el pasado fue mejor, porque tambi&eacute;n ten&iacute;a su hipocres&iacute;a. Est&aacute; en el medio de un mundo que ya no existe (de estructuras r&iacute;gidas) y un mundo vol&aacute;til (l&iacute;quido, se dir&iacute;a hoy) que tampoco lo convence.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n, entonces, es &iquest;en qu&eacute; creer? Aqu&iacute; podr&iacute;a ser &uacute;til recordar una idea Lacan, de uno de sus &uacute;ltimos seminarios, cuando afirm&oacute; que el an&aacute;lisis del hombre estar&iacute;a bien si lo llevara a creer en una mujer.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo esta frase me pareci&oacute; prejuiciosa, pero hoy creo que la puedo entender de otra manera. Por un lado, Lacan no dice que se crea en &ldquo;La&rdquo; mujer o, acaso en lo femenino. Su idea es la de creer en <em>una</em> mujer, como se cree en un s&iacute;ntoma.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se cree en un s&iacute;ntoma? A partir de apostar al efecto que produce. Se sufre, esto nadie lo duda, pero ese sufrimiento est&aacute; orientado, primero, por una suposici&oacute;n de saber y, luego, por el descubrimiento de su verdad.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, que diga que se cree en una mujer es una manera de plantear que no se cree en la madre. Para un hombre, creer en la madre es lo m&aacute;s f&aacute;cil. Es creer en esa mujer que act&uacute;a la amenaza de castraci&oacute;n. Es constatable que hay hombres para los que el enojo de una mujer que los pone en penitencia es una fuente er&oacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Una mujer es, para Lacan, aquella que puede actuar la castraci&oacute;n sin ninguna amenaza. No para castigar, sino para funcionar como causa de un deseo. <strong>Andr&eacute;s Calamaro</strong> lo ilustr&oacute; de la mejor manera al cantar: &ldquo;Lo dijo la chica que te dijo que no: &iexcl;No se puede vivir del amor!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Que una mujer puede ser el relevo de su s&iacute;ntoma, para un hombre, podr&iacute;a ser un tipo de salida para el drama que plantea Dawid Bowie: ni la instituci&oacute;n ni el desencanto, pero s&iacute; un tipo de lazo en el que ella sea capaz de ponerlo a trabajar respecto de su conflicto todav&iacute;a no revelado, para no ser un rebelde en vano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/creer-mujer_129_13446391.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Aug 2026 09:26:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Creer en una mujer]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La historia repetida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-repetida_129_13418776.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c85ca41a-193f-4422-92cf-d06868b837df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La historia repetida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La historia se repite, quizá porque es lo único que vuelve con una capacidad de acierto implacable. Pero conocerla permite reconocer sus señales, desmontar sus disfraces y no recibirla como si fuera enteramente nueva.</p></div><p class="article-text">
        Mis abuelos eran vecinos. As&iacute; se conocieron mis padres y as&iacute; fue durante toda su vida. Eran de esas personas que, una vez que tienen hijos, viven en el mismo lugar para siempre. Hoy dir&iacute;amos que tuvieron la suerte de tener una casa grande, incluso despu&eacute;s de que sus hijos se hubiesen ido.
    </p><p class="article-text">
        Ambos departamentos ten&iacute;an la entrada principal independiente, en edificios distintos, pero estaban conectados por la puerta de servicio &ndash;que era la que ambos m&aacute;s usaban. Visitar a uno era visitar al otro primero y viceversa. Entre ellos no se visitaban, aunque fuesen vecinos.
    </p><p class="article-text">
        	Adem&aacute;s de motivos personales y de temperamento, una diferencia que seguramente no habilitaba la relaci&oacute;n fluida entre mis abuelos es que uno era peronista y el otro m&aacute;s bien anti-peronista. Parad&oacute;jicamente, mi abuelo anti-peronista fue uno de los tres jueces que en, 2022, en la C&aacute;mara Federal de la Seguridad Social vot&oacute; la inconstitucionalidad del recorte del 13% en los haberes jubilatorios.
    </p><p class="article-text">
        Digo que se trata de una paradoja, porque mi abuelo anti-peronista hab&iacute;a votado (como ciudadano) al Gobierno que implement&oacute; previamente esa medida &ndash;en julio de 2001 bajo la idea de una Ley de D&eacute;ficit Cero. En ese entonces yo ten&iacute;a 20 a&ntilde;os y tengo el recuerdo del fastidio de mi abuelo, que dedic&oacute; su vida profesional al derecho previsional, por una ley que castigaba a los jubilados.
    </p><p class="article-text">
        En alg&uacute;n momento me interes&eacute; por los dict&aacute;menes de mi abuelo. Recuerdo otro en que, contra la ANSES, firm&oacute; la restituci&oacute;n de la pensi&oacute;n para un hombre cuyos padres hab&iacute;an muerto y los abogados estatales buscaban suspender el pago porque &ndash;entiendo&ndash; el hombre ten&iacute;a otro trabajo (aunque era ciego). Ah&iacute; se dice que los argumentos de los abogados son &ldquo;lisa y llanamente pura ret&oacute;rica&rdquo; y que &ldquo;no se compadece con los altos principios de la abogac&iacute;a y menos a&uacute;n, cuando quien lo realiza lo hace en nombre del Estado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mi abuelo era muy anti-peronista, pero cre&iacute;a en el Estado. Y, adem&aacute;s, creo que ve&iacute;a con responsabilidad su trabajo. Yo no lo idolatraba, pero s&iacute; me gustaba que fuese un hombre que no les tem&iacute;a a sus contradicciones &ndash;no por haber votado un Gobierno va a estar a favor de todo lo que ese Gobierno proponga&ndash; y que, adem&aacute;s, estuviera en contra de la &ldquo;pura ret&oacute;rica&rdquo;. Quiz&aacute; fue un hombre que un abuelo. Hoy mi hijo menor lleva su nombre.
    </p><p class="article-text">
        Todo este proleg&oacute;meno es para recordar una &eacute;poca, en ese pasaje del 2001 al 2002. Un per&iacute;odo que en Argentina fue tremendo. El viernes pasado fui a ver <em>Diciembre</em>, de <strong>Lucas Gallo</strong>. Se trata de un documental que reconstruye la crisis econ&oacute;mico-pol&iacute;tica y la rebeli&oacute;n popular a partir de un cuidadoso material de archivo.
    </p><p class="article-text">
        El documental empieza con <strong>Carlos Menem</strong> y termina con <strong>Eduardo Duhalde</strong>. En el medio, <strong>Domingo Cavallo</strong> vuelve una y otra vez. Tambi&eacute;n Menem regresa en diferentes ocasiones a la casa Rosada. El presidente <strong>Fernando de La R&uacute;a</strong> evita hacer declaraciones y, luego, la imagen del helic&oacute;ptero. Los saqueos. <strong>Carlos Ruckauf</strong> con palabras medidas. <strong>Adolfo Rodr&iacute;guez Sa&aacute;</strong> con una sonrisa implacable hasta que se le transmuta el gesto. <em>Los d&iacute;as que vivimos en peligro</em>, podr&iacute;amos decir &ndash;con el t&iacute;tulo de una c&eacute;lebre antolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n un mito popular, el 20 de diciembre de 2001 Cavallo huy&oacute; de su domicilio en medio de una protesta. &iquest;C&oacute;mo lo hizo? Dado que muchos manifestantes usaban m&aacute;scaras con su rostro, &eacute;l tambi&eacute;n se puso una. La m&aacute;scara sirvi&oacute; para velar el rostro real, pero si la confusi&oacute;n es posible, &iquest;hay rostro m&aacute;s real que la m&aacute;scara?
    </p><p class="article-text">
        Este ser&iacute;a un argumento digno de <strong>Slavoj &#381;i&#382;ek</strong> y sus t&iacute;picas inversiones dial&eacute;cticas. Lo que me parece relevante es c&oacute;mo en esos a&ntilde;os todo era una mascarada. Y hab&iacute;a mucho temor a levantar el velo porque detr&aacute;s pod&iacute;a no haber nada. Si quit&aacute;bamos la m&aacute;scara y aparec&iacute;a el rostro de Cavallo, &iquest;qu&eacute; hubiera impedido querer levantar tambi&eacute;n ese velo?
    </p><p class="article-text">
        Lo real es lo que hace de tope y, entonces, no hab&iacute;a otro tope que el develamiento que tend&iacute;a al infinito. Cambiaba el presidente a los pocos d&iacute;as, luego otro. Quien asum&iacute;a dec&iacute;a &ldquo;A m&iacute; no me pidan nada que yo voy a estar solo un ratito&rdquo;. Quiz&aacute;s esos fueron los d&iacute;as en que se perdi&oacute; el asidero de lo real. La moneda dej&oacute; de valer, ya no hubo confianza en ninguna de las instituciones, el pr&oacute;jimo era un vecino hasta que se volv&iacute;a un enemigo.
    </p><p class="article-text">
        Una de las im&aacute;genes que m&aacute;s me impact&oacute; del documental es la secuencia que muestra c&oacute;mo los manifestantes entran al Congreso y, de adentro, sacan paneles y escritorios para que se quemen en una especie de hoguera sacrificial. Finalmente, sacan un sill&oacute;n, pero para ese entonces ya no queda claro por qu&eacute; se quema lo que se quema. Es un sacrificio sin ritual, solo queda el fuego y un grupo de encapuchados que gritan &ldquo;Que se vayan todos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otro gran hallazgo del documental es recuperar las canciones de esa &eacute;poca. Este es un pa&iacute;s en el que se canta lindo, incluso en la desgracia. Lo sabemos, en estos d&iacute;as, despu&eacute;s del mundial de f&uacute;tbol. En esos a&ntilde;os, tambi&eacute;n se cantaba: &ldquo;A d&oacute;nde est&aacute; que no se ve esa famosa CGT&rdquo;. Por momentos, las cosas no han cambiado mucho.
    </p><p class="article-text">
        Sal&iacute; del cine despu&eacute;s de la medianoche del viernes, con un gran dolor interno (<em>Dolor pa&iacute;s</em>, dec&iacute;a <strong>Silvia Bleichmar</strong>) y, entonces, me dispuse a escribir estas l&iacute;neas para conjurarlo y recomendar este documental. Sobre todo, ser&iacute;a fant&aacute;stico que quienes en esos a&ntilde;os ten&iacute;amos 20 y hoy estamos entre los 40 y los 50 llevemos a nuestros hijos o sobrinos adolescentes para contarles el contexto, no desde los manuales sino desde nuestra memoria vital.
    </p><p class="article-text">
        No para que la historia no se repita, sino porque la historia es lo &uacute;nico que se repite con una capacidad de acierto implacable. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-repetida_129_13418776.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 09:50:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La historia repetida]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la impotencia a lo imposible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/impotencia-imposible_129_13386768.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/625f15a5-7373-4a10-9344-b6e0f8217232_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x352y337.jpg" width="1200" height="675" alt="De la impotencia a lo imposible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La duda obsesiva no busca resolver una elección, sino mantener al sujeto en una posición indeterminada, oscilando entre alternativas que se vuelven igualmente imposibles. Por eso, el análisis no debe decidir por él ni explicar su deseo, sino ayudarlo a salir del péndulo sintomático asumiendo una posición propia.</p></div><p class="article-text">
        Un hombre llega a la consulta para plantear una duda que lo aqueja. No duda de algo que no sabe, sino respecto de los t&eacute;rminos de una elecci&oacute;n. Hace un tiempo se separ&oacute; de una pareja con la que estuvo muchos a&ntilde;os; actualmente est&aacute; en pareja con otra mujer, pero ocurre que no termina de dar por concluida la relaci&oacute;n anterior, ya que teme perderla&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        El problema es que no siente ning&uacute;n tipo de deseo por su ex pareja, mientras que este se concentra en su pareja actual. No obstante, quisiera que su deseo vuelva a la pareja de origen, con la que se lleva muy bien y comparten muchas cosas; mientras que con la actual discute en diferentes ocasiones&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Se pregunta: &iquest;por qu&eacute; no puedo desear a la mujer que am&eacute; durante tantos a&ntilde;os? &iquest;Por qu&eacute; la mujer que deseo es la que me trae tantos dolores de cabeza? Insiste: &iquest;por qu&eacute; no podr&iacute;a recuperar el deseo con mi pareja anterior, si alguna vez la desee? &iquest;Por qu&eacute; a veces quiero que mi pareja actual no funcione, para volver con mi ex?
    </p><p class="article-text">
        Ninguna de estas preguntas tiene respuesta. Al menos, no en el an&aacute;lisis. Se podr&iacute;an dar muchas explicaciones, desde teor&iacute;as psicol&oacute;gicas, el saber popular y la vida misma, pero en el marco del an&aacute;lisis propiamente dicho, no hay nada que el analista pueda decirle; salvo que las preguntas se plantean como forma de indeterminar su posici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ante la duda obsesiva, la tentaci&oacute;n habitual es inclinar la balanza por uno de los dos t&eacute;rminos. Si el analista hace eso, inmediatamente el neur&oacute;tico har&aacute; fuerza en la otra direcci&oacute;n para restablecer el efecto de incertidumbre del s&iacute;ntoma. Si bien es inevitable caer en la trampa y eventualmente ponerse a conversar en funci&oacute;n de &ldquo;alternativas&rdquo;, este es un p&eacute;ndulo del que, mejor, conviene salir.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n puede responderle cu&aacute;l de las dos opciones es la &ldquo;correcta&rdquo;? Incluso &eacute;l mismo sabe que hay d&iacute;as en que elegir&iacute;a una y, luego, otra. A veces, hasta en el mismo d&iacute;a puede ir de una opci&oacute;n a la alternativa. Por lo tanto, el an&aacute;lisis en sentido estricto comienza cuando se sale de la disyunci&oacute;n y se ubica la encrucijada que la hace posible.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;En qu&eacute; momento dej&oacute; de desear a su ex pareja? Un episodio tr&aacute;gico que golpe&oacute; al v&iacute;nculo plante&oacute; una situaci&oacute;n de vida o muerte, en la que ambos debieron apoyarse como m&aacute;s que amantes; podr&iacute;a decirse que se convirtieron en familia. Ahora bien, &iquest;qui&eacute;n puede desear tener relaciones con un pariente?
    </p><p class="article-text">
        Sabido es que el psicoan&aacute;lisis les reserva un lugar privilegiado a los deseos incestuosos, pero siempre que no se realicen y permanezcan en la fantas&iacute;a. Mejor dicho, cada vez que esta inviste un objeto actual en t&eacute;rminos incestuosos, la deserotizaci&oacute;n est&aacute; garantizada. Es lo que les ocurre a muchas parejas de este tiempo cuando se convierten &ndash;lo dicen&ndash; en &ldquo;hermanos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La fraternalizaci&oacute;n de la pareja es una de las condiciones t&iacute;picas de la p&eacute;rdida del deseo en muchas parejas actuales, que se quieren mucho, que no se quieren separar, que no saben c&oacute;mo vivir sin el otro, etc., aunque el deseo falte a la cita. Que la pareja quede investida por el complejo fraterno es garant&iacute;a de su destituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, de regreso a la situaci&oacute;n inicial, cabe reformular la duda obsesiva &ndash;esclarecer su trasfondo&ndash; ya no en funci&oacute;n de la elecci&oacute;n impotente entre dos mujeres, sino a partir de una imposibilidad: familia o deseo. Nuevamente, esta es una decisi&oacute;n no tiene respuesta en el an&aacute;lisis, pero esta vez el analista s&iacute; tiene algo para decir: si quiere excitarse con esa mujer que es de la familia&hellip; tiene la impotencia asegurada.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, esta intervenci&oacute;n no es la &uacute;nica que el analista tiene para decirle. Se agrega una m&aacute;s, que es muy habitual con hombres que &ndash;por defecto neur&oacute;tico&ndash; suelen cargar con el 100% de la culpa: en lugar de pensar que su ex es una pobre mujer a la que &eacute;l traicion&oacute; con otra, ser&iacute;a bueno que se haga la pregunta de por qu&eacute; tambi&eacute;n ella no lo suelta.
    </p><p class="article-text">
        No es infrecuente que hombres que no pueden asumir con responsabilidad su deseo, por la culpa que les produce, no se den cuenta que el origen de esa culpa es un sustituto materno que les dice: &ldquo;Yo te amo y te espero&rdquo;. El neur&oacute;tico obsesivo nunca puede dejar a nadie que lo ama. Y quien lo ama, por lo general, sabe que no debe retenerlo.
    </p><p class="article-text">
        En los tratamientos con neur&oacute;ticos obsesivos nunca deja de estar presente esa instancia en la que se ponen al hombro el fantasma de su pareja y lo act&uacute;an, como si se tratara de su propio deseo. Ah&iacute; donde creen que seducen, son seducidos. Donde creen que dejan, son m&aacute;s retenido donde no los aman. Y a veces, se quedan.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/impotencia-imposible_129_13386768.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jul 2026 10:33:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la impotencia a lo imposible]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Psicoanálisis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El furor narcisista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/furor-narcisista_129_13352795.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fde9d4a3-85a0-4daf-a559-d4074a09e7db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El furor narcisista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando los términos “psi” se usan como etiquetas sociales, dejan de cuidar y empiezan a injuriar: convierten modos de ser en clasificaciones apresuradas que dañan más de lo que explican.</p></div><p class="article-text">
        Todav&iacute;a tiene vigencia la discusi&oacute;n sobre el perfil de la personalidad narcisista. Una de las dificultades m&aacute;s corrientes es hacer de esta categor&iacute;a una serie de rasgos descriptivos que, de manera imprudente, se aplican sin una evaluaci&oacute;n precisa.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es que cada quien dice que alguien, el otro, es narcisista por un patr&oacute;n de conducta que le resulta displacentero. Seamos claros a este respecto: nadie puede diagnosticar a nadie sin ser profesional y haberlo entrevistado o tenido en tratamiento durante un tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Aprendamos a ser sensatos. &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si anduvi&eacute;semos repartiendo el diagn&oacute;stico de psicosis? &iquest;No es lo que hacemos cuando decimos del hijo de alguien que, para nosotros, tiene TDA, solo por lo que nos cuentan sin haberlo visto jam&aacute;s o en unas pocas ocasiones?
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a bueno adoptar una actitud de cuidado. &iquest;No nos damos cuenta de que, por esta v&iacute;a, los diagn&oacute;sticos se vuelven clasificaciones de modos de ser que, al final, injurian? &iquest;No es un buen momento para dejar de usar t&eacute;rminos &ldquo;psi&rdquo; para hablar de los dem&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        En particular, prefiero que se diga de alguien que es un hijo de puta o una mala persona, antes de que se diga que es un psic&oacute;pata o un narcisista. Creo que no somos conscientes de lo que se gesta alrededor de la psicopatologizaci&oacute;n de los v&iacute;nculos, pero este no es el tema que quiero desarrollar en esta nota.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; me interesa mucho m&aacute;s volver a escribir sobre los fundamentos psicoanal&iacute;ticos de la noci&oacute;n de narcisismo. Para <strong>Sigmund Freud</strong>, nombra el modo de situar un conjunto de problemas que no giran en torno al conflicto ps&iacute;quico y, por lo tanto, que quedan al margen de la relaci&oacute;n entre el s&iacute;ntoma y el deseo.
    </p><p class="article-text">
        Para Freud, las cuestiones del narcisismo se desenvuelven alrededor de la pregunta por la identidad, en el sentido del sentimiento de s&iacute;, la autoestima y la continuidad de la vida; por eso en su texto cl&aacute;sico sobre el tema (&ldquo;Introducci&oacute;n del narcisismo&rdquo;) ocupa un lugar fuerte la noci&oacute;n de ideal del Yo &ndash;como instancia ps&iacute;quica que regula la mirada sobre uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        En el psicoan&aacute;lisis posterior, la primera elaboraci&oacute;n sistem&aacute;tica estuvo en los planteos de <strong>Heinz Kohut</strong> y su teor&iacute;a del <em>Self</em> (s&iacute; mismo). Kohut propuso un desplazamiento desde los casos cl&aacute;sicos de neurosis hacia los trastornos narcisistas de la personalidad, en los que hab&iacute;a una mayor prevalencia de la verg&uuml;enza (otra vez la relaci&oacute;n con la mirada) por sobre la culpa neur&oacute;tica. El planteo de Kohut podr&iacute;a resumirse en la letra de la canci&oacute;n de Daniel Melero que dice: &ldquo;Necesito que me ames para poder verme&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para este autor, el origen del trastorno narcisista era un d&eacute;ficit temprano en la crianza, por parte de otro que no hab&iacute;a logrado responder con empat&iacute;a a las necesidades del beb&eacute;. Es en la d&eacute;cada del 80 que este punto de vista es cuestionado para hacer del narcisismo un nuevo tipo de patolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Este cambio de punto de vista se debe a <strong>Otto Kernberg</strong>, para quien ya no se trata de un trastorno narcisista de la personalidad, sino de un trastorno de personalidad narcisista. De ah&iacute; a los manuales diagn&oacute;sticos hubo un solo paso y, adem&aacute;s un prejuicio de g&eacute;nero: ellos son los narcisistas y ellas las <em>borderline</em>. Todav&iacute;a nadie cuestion&oacute; demasiado esta hipoteca.
    </p><p class="article-text">
        Entre las cr&iacute;ticas de Kernberg a Kohut no solo est&aacute; la cuesti&oacute;n de la patologizaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n el &eacute;nfasis en la agresividad. Si Kohut destac&oacute; que los narcisistas se apoyaban en &ldquo;escenas&rdquo; desde las que se ve&iacute;an a s&iacute; mismos como espectadores, Kernberg acu&ntilde;&oacute; la &ldquo;furia&rdquo; narcisista como respuesta a la vacilaci&oacute;n. Esta furia hoy causa furor.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si las cosas no son como &eacute;l, se enoja&rdquo;, suele decirse. &ldquo;Es un divino, pero sin capacidad de autocr&iacute;tica&rdquo;, se agrega. &ldquo;Nunca la culpa cae de su lado, si pasa algo siempre es porque el otro hizo tal o cual cosa&rdquo;; &ldquo;Tiene una respuesta para todo&rdquo;, &ldquo;Siempre sale bien parado&rdquo;, &ldquo;Se deja de hablar cuando &eacute;l quiere&rdquo;, &ldquo;Buscar tener la &uacute;ltima palabra&rdquo;, todas estas son frases t&iacute;picas de tratamientos de pareja con pacientes narcisistas.
    </p><p class="article-text">
        Las sit&uacute;o para destacar que a veces los narcisistas llegan a tratamientos y eventualmente toman una posici&oacute;n analizante respecto de su sufrimiento. Es cierto que, en mi experiencia, fue m&aacute;s com&uacute;n que estos casos llegaran a partir de la psicoterapia de pareja que por la v&iacute;a de tratamientos espont&aacute;neos, salvo en casos de aparente derrumbe depresivo.
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s f&aacute;cil decir que los narcisistas no aman, que reconocer que aman de un modo que tiene ciertas dificultades (como muchos otros modos de amar); es m&aacute;s sencillo decir que no consultan, en lugar de reconocer la forma en que lo hacen; es m&aacute;s com&uacute;n decir que son malos o que son enfermos sin recuperaci&oacute;n, en lugar de pensar maneras de tratamiento &ndash;que es lo que el psicoan&aacute;lisis hace desde m&aacute;s de medio siglo.
    </p><p class="article-text">
        Como la vivencia de vac&iacute;o ocupa un lugar destacado en la subjetividad narcisista, en los tratamientos es habitual corroborar cierta frialdad. Esto es algo que <strong>Andr&eacute; Green</strong> destac&oacute; de un modo muy preciso, cuando propuso que el problema central de estos pacientes es el riesgo de la desinvestidura ante la afrenta. 
    </p><p class="article-text">
        Esto es lo que tambi&eacute;n muchas personas dicen cuando, ante un conflicto, dicen que el otro hace &ldquo;ley de hielo&rdquo;. Se interpreta como forma de castigo o represalia, pero es m&aacute;s bien el modo en que en el narcisismo retira la libido del objeto cuando se pone en crisis la imagen del Yo.
    </p><p class="article-text">
        Los casos dif&iacute;ciles siempre ponen en marcha la inventiva de formas de tratamientos que se hagan eco del dolor subjetivo. Son los casos en que, m&aacute;s que la relaci&oacute;n con el deseo, est&aacute; en juego la delgada l&iacute;nea entre la vida y la muerte. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/furor-narcisista_129_13352795.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2026 09:32:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El furor narcisista]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Clínica de la separación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/clinica-separacion_129_13316500.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a82011a1-100c-4e4a-b2a4-3d5aee6fad15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Clínica de la separación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nuestra época tiende a pensar la infancia desde la lógica de la crianza -lo que hay que dar al niño-, olvidando que educar también implica introducir la dimensión de lo que es preciso pedirle.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Nuestra &eacute;poca piensa a los ni&ntilde;os desde la lactancia extendida, esto es, desde lo que hay que darles, como si no existiera el complejo de control de esf&iacute;nteres, que plantea la cuesti&oacute;n desde lo que es preciso pedirles.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El complejo de lactancia se opone al de esf&iacute;nteres como criar se opone a educar. A los ni&ntilde;os es necesario criarlos y educarlos. Esto es obvio, o lo era hasta hace un tiempo. El punto que quiero destacar, respecto de la articulaci&oacute;n de ambos complejos, es que en su bisagra se constituye la masturbaci&oacute;n como actividad ps&iacute;quica infantil.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Sigmund Freud</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> insisti&oacute; lo suficiente en c&oacute;mo del pecho se pasa a los genitales. El problema es que cuando no se constituye adecuadamente el complejo de control de esf&iacute;nteres, la masturbaci&oacute;n permanece como pura excitaci&oacute;n autoer&oacute;tica, de la que el ni&ntilde;o no considera que tiene que separarse (como de las heces).</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las madres de ni&ntilde;as y ni&ntilde;os peque&ntilde;os lo dicen: &ldquo;No para, est&aacute; frot&aacute;ndose todo el tiempo&rdquo;. Esta etapa es algo normal, pero no puede extenderse indefinidamente, para eso est&aacute; su articulaci&oacute;n con el complejo de control de esf&iacute;nteres (es sucio) y su posterior relaci&oacute;n con la verg&uuml;enza (que no me vean).</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En quienes no se dio este pasaje, la masturbaci&oacute;n permanece como la fuerza pulsionante de sus acciones. Es lo que les ocurre a las personas que no se pueden quedar quietas, o que si tienen un minuto meten una actividad &uacute;til (como barrer o lavar) que con esta utilidad justifica su ra&iacute;z er&oacute;tica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Estas personas hacen muchas cosas, pero no elaboran. Solo viven procesos de descarga, no pueden tolerar tensiones internas. Decir que son ansiosas es decir poco; decir que sus actos son compulsivos, es decir nada, si no se aclara que la compulsi&oacute;n tiene su origen en la masturbaci&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Freud tiene una idea bell&iacute;sima: los s&iacute;ntomas son equivalentes del acto sexual, las compulsiones son continuaciones de la masturbaci&oacute;n. Todav&iacute;a no sacamos todas las conclusiones que se desprenden de esta idea. Ni siquiera la entendemos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por su parte, a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Jacques Lacan</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> le gustaba decir que &ldquo;el deseo es el deseo del Otro&rdquo;. Sin embargo, esto no quiere decir que un deseo es id&eacute;ntico al deseo del otro; entre la primera parte de la frase y la segunda, hay una pausa: &ldquo;El deseo&hellip; es el deseo del Otro&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Esto quiere decir que un deseo es la diferencia respecto de otro deseo. Lacan dec&iacute;a lo mismo cuando afirmaba que el deseo nace de una experiencia de separaci&oacute;n. El deseo es el deseo que se separa (Lacan tambi&eacute;n dec&iacute;a &ldquo;parirse&rdquo;) del deseo del Otro.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Aclaremos: separarse del deseo del Otro no es sin ese deseo, esta es &mdash;por decirlo as&iacute;&mdash; una separaci&oacute;n en el interior del deseo del Otro. Ilustremos esto con un ejemplo sencillo, que permite continuar la articulaci&oacute;n entre complejos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Una mujer cuenta que su hijo, sin que ella supiera, us&oacute; su tarjeta de cr&eacute;dito para un juego. Ella estuvo muy bien: entendi&oacute; que el ni&ntilde;o no se lo quer&iacute;a pedir; porque si se lo ped&iacute;a ella hubiera dicho que s&iacute;. El punto es que ella solo se enoj&oacute; cuando le pregunt&oacute; si hab&iacute;a sido &eacute;l y primero este lo neg&oacute;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Luego el ni&ntilde;o lo reconoci&oacute; y ella le dijo: &ldquo;Yo puedo aceptar que quieras algo que yo no sepa, pero no que despu&eacute;s no puedas responder por eso&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Otro ejemplo es el de un joven que vive estudiando. Es un gran estudioso y va por la tercera carrera. Quiz&aacute;s est&aacute; demasiado c&oacute;modo en la posici&oacute;n autoer&oacute;tica de estudiante. No puede interrogar esa posici&oacute;n, porque lo deja muy bien instalado en relaci&oacute;n a lo que el Otro espera.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Al estudiar, hace lo que le piden; es m&aacute;s, se molesta cuando un docente no expresa con claridad qu&eacute; quiere y da demasiada libertad en la consigna. Definitivamente, no quiere encontrarse con ese intervalo &mdash;esa pausa&mdash; que puede haber entre lo esperado y lo que se produce.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En el primer ejemplo, un ni&ntilde;o ya est&aacute; convirti&eacute;ndose en sujeto de deseo, anudado separadamente a otro deseo; en el segundo, un neur&oacute;tico rechaza obsesivamente que su deseo se efect&uacute;e como deseo del Otro.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El ni&ntilde;o ya est&aacute; destet&aacute;ndose, el joven permanece adherido a los residuos de saber que no quiere dejar ir. Ambos sufren de la dificultad para separarse.</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/clinica-separacion_129_13316500.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 08:47:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Clínica de la separación]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un deseo impuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deseo-impuro_129_13277338.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aa564587-d717-4c61-9225-f7b7d8d9d895_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un deseo impuro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El análisis permite advertir el goce oculto detrás de los ideales, haciendo caer la ilusión moral y abriendo la posibilidad de actuar desde una causa más singular, menos narcisista.</p></div><p class="article-text">
        La otra noche, despu&eacute;s de cenar, cuando nuestros hijos ya se hab&iacute;an ido a dormir, con mi esposa nos quedamos conversando de sobremesa. Charl&aacute;bamos sobre lo que cada uno hab&iacute;a encontrado m&aacute;s enf&aacute;ticamente en su an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Por mi parte, le cont&eacute; dos cuestiones: por un lado, para m&iacute; el an&aacute;lisis fue la ocasi&oacute;n de descubrir c&oacute;mo detr&aacute;s de todo ideal hay un goce no reconocido; de ah&iacute; que ya no pueda alzar la bandera de un ideal sin tener verg&uuml;enza. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando alguien habla desde un lugar moral &ndash;le contaba&ndash; me acuerdo de esa frase de Carlos Menem en el programa de Mirtha Legrand, en la que el ex presidente dijo: &ldquo;Cuando alguien va a la mesa de uno y entra a hablar de honestidad y entra a hablar de &eacute;tica, cuando se va, hay que contar los&nbsp;cubiertos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dejar caer el velo del ideal puede llevar a una posici&oacute;n c&iacute;nica &ndash;tal vez la de Menem&ndash;, pero tambi&eacute;n es la ocasi&oacute;n de instaurar otra causa para los actos, m&aacute;s singular y menos atada al narcisismo. Renunciar a ser alguien &ldquo;bien visto&rdquo; es un desgarro &iacute;ntimo que, llegado el caso, se decide atravesar.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, le cont&eacute; uno de mis s&iacute;ntomas, apoyado en el tiempo que me tom&oacute; estar con una mujer que amara. Desde mi juventud, este fue el encuentro m&aacute;s rehuido, porque estaba advertido de sus consecuencias: el amor cambia la vida y yo siempre ten&iacute;a algo m&aacute;s importante que hacer. 
    </p><p class="article-text">
        En este punto record&eacute; las palabras que &ndash;aparentemente, ya que mi recuerdo se basa en lo que ella me cont&oacute;&ndash; dije el d&iacute;a en que Ver&oacute;nica me cont&oacute; que estaba embarazada: &ldquo;Nos cambi&oacute; la vida&rdquo;. Creo que tambi&eacute;n es un efecto de an&aacute;lisis que la frase del horror, con los a&ntilde;os se haya vuelto la que mejor expresa mi voluntad.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, todo este proleg&oacute;meno es &ndash;en realidad&ndash; para desarrollar otra idea, menos personal (aunque hable de m&iacute;) y que apunta al deseo en que se apoya la pr&aacute;ctica del an&aacute;lisis. No planteo, entonces, los efectos que el an&aacute;lisis tuvo sobre mi como analizante, sino como analista.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El deseo en que se apoya la pr&aacute;ctica del an&aacute;lisis&rdquo;, porque el psicoan&aacute;lisis no se puede practicar desde un ideal. De regreso al principio, cuando alguien empieza con la canci&oacute;n de lo que debe ser un an&aacute;lisis y c&oacute;mo alguien es un buen analista&hellip; a prepararse para contar los cubiertos.
    </p><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis se practica desde un deseo, que, si es tal, es impuro. En mi caso, pude analizar algo de esa impureza en los siguientes t&eacute;rminos: como muchos, empec&eacute; a estudiar la carrera de Psicolog&iacute;a con la idea de &ldquo;ayudar&rdquo; a los dem&aacute;s. Por suerte esa pretensi&oacute;n cay&oacute; al poco tiempo y pude reconocer intereses m&aacute;s personales en su causa.
    </p><p class="article-text">
        Una prueba que atraves&eacute; en mi modo de escuchar fue la precipitaci&oacute;n que me impon&iacute;a el paciente hist&eacute;rico (o el que asum&iacute;a esa posici&oacute;n). Si no sucumb&iacute;a al furor curativo, s&iacute; me inquietaba un poco con los rodeos del saber. Y pod&iacute;a ser un poco severo e impaciente. En esta dimensi&oacute;n reconoc&iacute; la acepci&oacute;n protestante de mi apellido (Lutero).
    </p><p class="article-text">
        Como analista, pude ser un &ldquo;buen pastor&rdquo; que espera que la oveja descarriada regrese al reba&ntilde;o a fuerza de interpretaciones que le enrostran la verdad de lo que (no) sabe. Con los a&ntilde;os, esta dimensi&oacute;n t&eacute;cnica perdi&oacute; su relevancia y acept&eacute; una concepci&oacute;n menos exigente del an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        No uso de manera ingenua la palabra &ldquo;concepci&oacute;n&rdquo;, ya que por aquel entonces algunos sue&ntilde;os de analizantes (que se so&ntilde;aban en el vientre materno), me condujeron a ubicar una segunda acepci&oacute;n de mi apellido (L&rsquo;&uacute;tero). Por esta v&iacute;a, hice la experiencia &ndash;como analista&ndash; del valor de la transferencia en el an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, la palabra &ldquo;histeria&rdquo; proviene etimol&oacute;gicamente de la palabra &ldquo;&uacute;tero&rdquo;. En mi an&aacute;lisis encontr&eacute; un modo de darle un sentido a este tipo cl&iacute;nico para m&iacute; pr&aacute;ctica, que no se basa en lo que estudi&eacute;, sino en mi implicaci&oacute;n con el deseo de analizar. No es un modelo para nadie, solo define una posici&oacute;n desde la que eventualmente practico.
    </p><p class="article-text">
        Como toda posici&oacute;n, tiene sus ventajas y sus s&iacute;ntomas. Pensarme como un analista que tropieza, a pesar de los a&ntilde;os, con su modo de practicar, es el pan de cada d&iacute;a y una causa que no es ut&oacute;pica. Es el camino sin punto de llegada.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/deseo-impuro_129_13277338.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jun 2026 00:47:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un deseo impuro]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La culpa del amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/culpa-amor_129_13241290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e237b5ce-65d0-492c-9bf8-71a933ac1a31_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La culpa del amor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A diferencia del arrepentimiento, que recae sobre los hechos, la culpa insiste alrededor de lo no hecho: no haber amado, no haber sabido actuar desde el amor. Quizá sea esa la única culpa posible.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Jacques Lacan</strong> dec&iacute;a que solo podemos ser culpables de haber cedido en el deseo. Esta es una linda manera de definir la represi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima constituye el deseo a partir de la culpa. No es que hay un deseo y, luego, se lo reprime. Lacan busca ser m&aacute;s taxativo: la represi&oacute;n (que separa pulsi&oacute;n y deseo y conduce la primera hacia el s&iacute;ntoma y el segundo hacia la fantas&iacute;a) hace que, al menos para un neur&oacute;tico, no haya manera de desear sin culpa.
    </p><p class="article-text">
        De esto se siguen dos observaciones: por un lado, lo &uacute;ltimo que se espera del an&aacute;lisis es que alguien cumpla con los deseos de sus fantas&iacute;as (en todo caso, el an&aacute;lisis es para encontrar otro sost&eacute;n del deseo, diferente de la fantas&iacute;a); por otro lado, que la culpa no es culpa de o por algo, es decir, no hay objeto de la culpa, sino que la culpa es un indicador de posici&oacute;n subjetiva. Se es culpable, se est&aacute; en falta, por ser sujeto. El deseo sujeta a la culpa.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, este planteo b&aacute;sico &mdash;de gran utilidad cl&iacute;nica y que desarrollamos m&aacute;s ampliamente en el libro&nbsp;<em>El psicoan&aacute;lisis (no) es imposible</em>&mdash; tiene una variaci&oacute;n que nos interesa pensar en t&eacute;rminos de la relaci&oacute;n con el pr&oacute;jimo. Proponemos parafrasear la frase de Lacan (as&iacute; como este parafraseaba a <strong>Sigmund Freud</strong>): solo podemos ser culpables de no haber amado lo suficiente.
    </p><p class="article-text">
        Importa enfatizar la relaci&oacute;n (inversamente proporcional) entre culpa y amor. Resulta relevante situar cu&aacute;ntas veces en los an&aacute;lisis es preciso rectificar al sujeto del amor (en t&eacute;rminos de que eso que Freud llamaba &ldquo;libido de objeto&rdquo;). Muchas m&aacute;s veces alguien se vuelve demasiado mental y se olvida de que ama; es decir, piensa su amor, piensa si el otro se lo merece, piensa si el otro hizo tal o cual cosa, en funci&oacute;n de lo cual deber&iacute;a hacerse tal o cual otra. As&iacute; pierde el amor.
    </p><p class="article-text">
        Hay una contraposici&oacute;n entre ser&nbsp;<em>demasiado</em>&nbsp;mental y amar lo&nbsp;<em>suficiente</em>. Esta &uacute;ltima condici&oacute;n no tiene nada de excesiva. Amar lo suficiente no es el amor incondicional, tampoco es amar con sacrificio, ni pese a todo. Ni m&aacute;s ni menos, es responder a la altura de nuestro amor, no olvidarlo como fundamento de nuestros actos. Cuando lo olvidamos, respondemos con culpa.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, esta &uacute;ltima no es una culpa que se siente como culpa; pero puede ser la culpa que se expresa como enojo, tambi&eacute;n como reproche, o bien como suspicacia, etc. Tambi&eacute;n puede ser que ame con culpa, como cuando soy extremadamente compasivo, o me preocupe por un v&iacute;nculo cuando temo perderlo o que llegue a su fin.
    </p><p class="article-text">
        La culpa no suele sentirse como culpa. La culpa, a diferencia del arrepentimiento, es por lo que no se hizo. Es culpa por no haber amado; por no haber actuado desde el amor. Solo se puede ser culpable por esto &uacute;ltimo. Seg&uacute;n el cristianismo, es por lo &uacute;nico que seremos juzgados. Tal vez sea el modo que encontr&oacute; la religi&oacute;n de enfatizar el valor de la investidura amorosa de los objetos.
    </p><p class="article-text">
        Aunque quiz&aacute; no se trate solo de eso. Tambi&eacute;n podr&iacute;amos pensar que en el mandato de amar incluso a los enemigos, se sit&uacute;a una raz&oacute;n libidinal que el odio desconoce: es amor disfrazado, porque tranquilamente se puede amar con odio. Para amar con amor a veces es necesario un an&aacute;lisis; sobre todo para no amar con la condici&oacute;n de ser amado, para ser amado.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/culpa-amor_129_13241290.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 May 2026 09:37:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La culpa del amor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jacques Lacan,Sigmund Freud,Amor,culpa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El psicoanálisis divertido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/psicoanalisis-divertido_129_13206147.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49383b5e-3445-444d-921b-030e41e0d87d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El psicoanálisis divertido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los Cafres sostienen una alegría serena que evita la melancolía tanguera presente en otras bandas de reggae argentino. Esa diferencia se vincula con la idea lacaniana de un “psicoanálisis divertido”, capaz de desviarse del sentido común y producir un giro en la mirada.</p></div><p class="article-text">
        Con la comida me pasa lo mismo que con la m&uacute;sica. Me gusta pr&aacute;cticamente toda. Solo por motivos muy concretos puede ser que desestime un g&eacute;nero. Quiz&aacute; me vuelva reticente con un modo particular. Por ejemplo, me gusta el punk ingl&eacute;s, tambi&eacute;n el argentino, aunque son muy diferentes. Aqu&iacute; no tengo dudas.
    </p><p class="article-text">
        Donde s&iacute; tengo reparos es con el reggae local. Me gusta, pero es muy diferente al de otras partes del mundo. El reggae argentino tiene una cuota de melancol&iacute;a que me cuesta. Tal vez sea un exceso de acordes menores, pero no creo que se relacione con una cuesti&oacute;n t&eacute;cnica. Es cierta impronta cultural.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, me encantan <strong>Los Cafres</strong>. Creo que consiguen estar siempre arriba, no llevan el modo de cantar hacia el llanto. Es como si en otras bandas, que tambi&eacute;n me gustan, pero a las que distingo de lo que creo que mejor representa la &ldquo;esencia&rdquo; del g&eacute;nero, les pasara que no pueden sortear la a&ntilde;oranza.
    </p><p class="article-text">
        Debe ser una influencia tanguera inevitable. Los Cafres, en cambio, logran la medida justa de alegr&iacute;a y liberaci&oacute;n que el reggae necesita. Lo mismo ocurre con el psicoan&aacute;lisis que se teoriza en este pa&iacute;s, que pareciera haber olvidado una idea lacaniana.
    </p><p class="article-text">
        Cito: &ldquo;Cuando m&aacute;s cerca del&nbsp;psicoan&aacute;lisis divertido&nbsp;estemos, m&aacute;s cerca estaremos del verdadero&nbsp;psicoan&aacute;lisis&rdquo;, dec&iacute;a <strong>Jacques Lacan</strong>. Es cierto que divertido no es lo mismo que alegre, de la misma manera que no hay que olvidar la etimolog&iacute;a de la palabra.
    </p><p class="article-text">
        La palabra &ldquo;divertido&rdquo; incluye las nociones de separaci&oacute;n (prefijo di-) y de movimiento de giro. El psicoan&aacute;lisis divertido es el que va a contrapelo del sentido com&uacute;n, es tambi&eacute;n el que se basa en hacer distinciones. 
    </p><p class="article-text">
        En efecto, el modo m&aacute;s frecuente de subvertir (otra palabra cercana a diversi&oacute;n) lo que se presenta como evidente es el chiste, tambi&eacute;n el humor; pero sin depender de la carcajada, lo cierto es que el psicoan&aacute;lisis precisa interpretaciones antes que explicaciones.
    </p><p class="article-text">
        Pongamos un ejemplo t&iacute;pico del tratamiento de la neurosis. El obsesivo tiene algunas trampas que son conocidas en su relaci&oacute;n con el goce: hacer cosas para generarse un cr&eacute;dito y luego solo &ldquo;gastar&rdquo; lo que le sobra; tambi&eacute;n subirse al modo de hacer de otro como una forma de evitar el costo de una elecci&oacute;n (es especialista en mirar el men&uacute; y pedirle a otro que elija por &eacute;l).
    </p><p class="article-text">
        Esta posici&oacute;n es privilegiada para que el psicoanalista saque su rosario de &ldquo;Todo no se puede&rdquo;, &ldquo;Siempre es preciso perder algo&rdquo; y otras formulaciones que son comunes en analistas argentinos que, tal vez tambi&eacute;n por influencia tanguera, esperan que el lamento sea la manera de reconocer un acto.
    </p><p class="article-text">
        Pareciera que, si el psicoan&aacute;lisis no se sufre, no es psicoan&aacute;lisis. Si no duele, no es un an&aacute;lisis verdadero. Pero esta actitud siempre corre el riesgo de dejar al analista trabajando al servicio del Supery&oacute; (gran Amo de la nostalgia). La cuesti&oacute;n es c&oacute;mo orientar el psicoan&aacute;lisis y su pulsi&oacute;n sufriente hacia lo divertido.
    </p><p class="article-text">
        Los psicoanalistas interpretamos. &iquest;Qu&eacute; es una interpretaci&oacute;n? &ldquo;La&nbsp;cl&iacute;nica&nbsp;psicoanal&iacute;tica consiste en el discernimiento de cosas que&nbsp;importan&nbsp;y que cuando se haya tomado conciencia de ellas ser&aacute;n de gran envergadura&rdquo;, dec&iacute;a Lacan.
    </p><p class="article-text">
        La interpretaci&oacute;n es para &ldquo;discernir&rdquo;, palabra esta tambi&eacute;n cercana a divertir. Pensemos en el caso de un obsesivo que se queja porque est&aacute; cansado de pedirle a su hijo que se ocupe de cosas de la casa.
    </p><p class="article-text">
        Es claro que el modo en que se lo pide hace que el joven nunca le preste atenci&oacute;n. Esto es lo primero que cabe decirle. Y no por una cuesti&oacute;n de forma o estilo de comunicaci&oacute;n, sino porque el hombre espera que el otro haga algo por el solo hecho de que se lo dice&hellip; y al poco tiempo est&aacute; pregunt&aacute;ndole si lo hizo y, al corroborar que no, lo hace &eacute;l. Al muchacho no le queda otra defensa que la de hacerlo esperar. Decir &ldquo;Ah&iacute; voy&rdquo;, para quedarse en el mismo lugar. Una resistencia que lo cuida del empuje feroz del padre.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, despu&eacute;s de notar su alienaci&oacute;n en este circuito imposible, &iquest;qu&eacute; se le puede decir a este hombre? En principio, una constataci&oacute;n: que &eacute;l no espera que el joven haga eso que le pide y que, al final, termina haciendo &eacute;l, sino que espera que lo haga para dejar de pensar en eso.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, la interpretaci&oacute;n circunscribe su s&iacute;ntoma: necesita que el otro haga algo para calmar su pensamiento, porque librado a s&iacute; mismo, este no tiene ninguna libertad y m&aacute;s bien lo esclaviza. 
    </p><p class="article-text">
        De nada servir&iacute;a empezar a hablarle a este hombre de la p&eacute;rdida, de la autoridad, de la diferencia generacional, etc. Lo divertido es la demanda en la que se encuentra implicado: le pide algo a otro, no tanto para que lo haga, sino para que no lo haga y, a trav&eacute;s de la negaci&oacute;n esperar algo que nadie puede hacer por &eacute;l, pero que solo &eacute;l hace&hellip; sintom&aacute;ticamente.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/psicoanalisis-divertido_129_13206147.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2026 11:43:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El psicoanálisis divertido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Los Cafres,Jacques Lacan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un hombre ca(n)sado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-ca-n-sado_129_13169967.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d8110d47-7bef-4085-8955-74d784d75445_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un hombre ca(n)sado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un desliz en una respuesta formal abre una pregunta íntima: ¿qué del cansancio se cifra en el matrimonio? La relación entre el hombre, la mujer y la lógica del síntoma.</p></div><p class="article-text">
        Hace poco fui a hacer un tr&aacute;mite y en la serie de las preguntas formales que me hicieron estuvo la del estado civil. Con un tropiezo, respond&iacute;: &ldquo;Cansado&rdquo; (en lugar de &ldquo;Casado&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Del otro lado del mostrador, la persona se rio y aprovech&eacute; el empuje para salir airoso con la pregunta ret&oacute;rica &ldquo;&iquest;qui&eacute;n no est&aacute; cansado hoy?&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Sin embargo, fue inevitable que me quedara pensando seriamente la cuesti&oacute;n. Ya no por la interpelaci&oacute;n de un agente social, sino ante m&iacute; mismo. Ante ese Otro que, en m&iacute;, hace la pregunta por qu&eacute; cansancio se revela en estar casado.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que se me ocurri&oacute; fue el recuerdo de la vez en que, antes de ser pareja, en el momento de salir con aquella mujer, pens&eacute;: &ldquo;Qu&eacute; fiaca volver a empezar una relaci&oacute;n&rdquo;. En la memoria de nuestro v&iacute;nculo suele estar el chiste de que hicimos todo lo posible para no estar juntos.
    </p><p class="article-text">
        Luego record&eacute; algo que dice Lacan: que la mujer es un s&iacute;ntoma para el hombre. Sobre esta idea quisiera escribir en esta ocasi&oacute;n, independientemente de la an&eacute;cdota; mejor dicho, a partir de la an&eacute;cdota.
    </p><p class="article-text">
        Para entender esta afirmaci&oacute;n es preciso, primero, destacar que &ndash;seg&uacute;n <strong>Jacques Lacan</strong>&ndash; hay una relaci&oacute;n de vecindad entre el padre y la mujer. El primero funda un orden, como excepci&oacute;n, por eso no es raro que de los padres se sospeche, que se les atribuya omnipotencia, como si fueran dioses, cuyas iras y goces se teman y reprueben.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo le ocurre al hombre con la mujer. Quiz&aacute; por eso los hombres tenemos que curarnos de los celos. A diferencia de Freud, que dec&iacute;a que los celos son t&iacute;picos de las mujeres hist&eacute;ricas, Lacan dec&iacute;a que les corresponden mejor a los hombres obsesivos. Esos son los verdaderos celosos, los que dicen (decimos): &ldquo;Pero si yo no soy celoso&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No es raro que el an&aacute;lisis de un obsesivo empiece en el conflicto con el padre y r&aacute;pidamente se traslade al conflicto con la pareja. Es hasta esperable. Incluso es el mejor pron&oacute;stico, es lo que permite medir que ese an&aacute;lisis va por buen camino, cuando &eacute;l se instala en esa posici&oacute;n de &ldquo;Ella me hace sufrir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, ella no lo hace sufrir porque no lo quiere, sino porque lo quiere y a veces hasta mucho. Durante una parte de su vida, &eacute;l sufri&oacute; por no ser amado &ndash;cuando su elecci&oacute;n fue de sustitutos maternos, porque las madres no nos quieren; quiz&aacute; nos aman, pero no nos pueden querer de verdad (ser&iacute;a incestuoso). 
    </p><p class="article-text">
        Luego lleg&oacute; la mujer que lo quiere &ndash;esa que, si es tal, es un sustituto del padre y lo har&aacute; sufrir. Los celos son una manera t&iacute;pica.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &eacute;l tendr&aacute; la chance de amarla de un modo diferente a como se ama a s&iacute; mismo &ndash;porque ese amor de s&iacute; proviene de la madre. Podr&aacute; amarla como se ama un s&iacute;ntoma: primero con rechazo, despu&eacute;s con certeza y confianza. Es extraordinaria esa idea lacaniana de que la relaci&oacute;n con un padre, para un hombre (vale la aclaraci&oacute;n: obsesivo y heterosexual), se resuelve en la transformaci&oacute;n del amor con una mujer.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, hubo una conocida canci&oacute;n de <strong>Emmanuel Horvilleur</strong> que se llamaba &ldquo;Soy tu nena&rdquo;, que muestra muy bien c&oacute;mo otra respuesta posible &ndash;ante ese desplazamiento del padre a la mujer&ndash; puede ser la fantas&iacute;a de feminizaci&oacute;n, m&aacute;s com&uacute;n en la histeria masculina. El Edipo negativo (la posici&oacute;n pasiva con el padre) tambi&eacute;n se resuelve a partir del v&iacute;nculo amoroso.
    </p><p class="article-text">
        La mujer es un s&iacute;ntoma para el hombre; es aquello que lo har&aacute; tropezar, pero tambi&eacute;n la ocasi&oacute;n de que se revele para &eacute;l una causa inconsciente. Durante muchos a&ntilde;os, un hombre puede estar salvo con mujeres que lo amen, pero que no lo quieren. Las mujeres que dicen que <em>no</em>, son una buena seguridad. 
    </p><p class="article-text">
        El contrapunto de esa frase de <strong>Jacques Lacan</strong> es la que dice que el hombre puede ser un estrago para una mujer. Ser&aacute; el tema de la pr&oacute;xima columna.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-ca-n-sado_129_13169967.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 12:21:46 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amor y dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-dinero_129_13132027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad51203e-a6df-43fe-be39-dc84a148aa72_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140485.jpg" width="523" height="294" alt="Amor y dinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
El amor puede ser una forma de interrogar al Otro y de cernir la posición que uno ocupa en el vínculo, poniendo en cuestión si la relación se reduce a un intercambio o si hay algo más, irreductible, en juego.</p></div><p class="article-text">
        Hay dos variables que, para <strong>Sigmund Freud</strong>, constituyen el n&uacute;cleo de la transferencia: tiempo y dinero.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, era inevitable que Freud se encontrase con el amor de transferencia en una &eacute;poca en que hab&iacute;a tiempo para el amor. En este punto, es importante tener en claro que el amor de transferencia no es enamorarse del analista.
    </p><p class="article-text">
        El amor de transferencia es algo mucho m&aacute;s complejo que una pasi&oacute;n. Es un tipo de formaci&oacute;n que, en el centro del an&aacute;lisis, viene a plantear una pregunta; mejor dicho, el amor de transferencia es usar el amor para hacerle una pregunta a la transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Expliquemos mejor este aspecto. El amor de transferencia es solidario de la posici&oacute;n hist&eacute;rica y su modo de interrogar al Otro. Es una manera de cernir la posici&oacute;n (de objeto) que se tiene ante ese Otro: yo pago y pago, pero este v&iacute;nculo nuestro &iquest;es solo un servicio reducible a un contrato profesional?
    </p><p class="article-text">
        Sin histeria no hay amor de transferencia; es decir, el sujeto hist&eacute;rico recurre al amor como aquello que pone en jaque el intercambio y plantea que hay algo m&aacute;s, irreductible, en la relaci&oacute;n entre analista y paciente.
    </p><p class="article-text">
        Dig&aacute;moslo de otro modo, con una reformulaci&oacute;n de la pregunta hist&eacute;rica: &iquest;c&oacute;mo que soy un paciente entre otros? Recordamos el caso de un amigo y colega que, en cierta ocasi&oacute;n, dec&iacute;a, &ldquo;Yo no podr&iacute;a analizarme si no sintiera que soy especial para mi analista, si no creyera que de alg&uacute;n modo me quiere; es m&aacute;s, &iexcl;tengo la certeza de que me quiere!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, lo propio de la histeria (como modelo de la neurosis y como requisito para el an&aacute;lisis) es llegar al Otro por la v&iacute;a del amor. De ah&iacute; que el hist&eacute;rico tienda a presentar su sufrimiento en t&eacute;rminos amorosos e incluso haga de su desdicha amorosa una manera de demandar amor al analista.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos decir que el sujeto hist&eacute;rico usa el idioma del amor para comunicarse con el analista y, en el v&iacute;nculo con el analista, espera que el amor sea la manera de realizar un m&aacute;s all&aacute; del an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, esta posici&oacute;n no es la m&aacute;s frecuente actualmente. Hay enamoramientos de analistas, pasiones salvajes, pero nada de eso es el amor de transferencia. Son m&aacute;s bien rupturas o enloquecimientos de la transferencia, erotoman&iacute;as que solo precisan tiempo antes de volverse delirios persecutorios.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no es este el contrapunto que nos interesa. A partir de lo que venimos conversando en un grupo de supervisi&oacute;n, aislamos el siguiente hecho: cada vez son m&aacute;s colegas los que cuentan que deben reclamar el pago de las sesiones a los pacientes, ya que estos demoran mucho en hacerlo si no es que, directamente, lo &ldquo;olvidan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No tendr&iacute;a sentido hablar en este punto de una falta de respeto, de que no se cuida el espacio, del no registro del otro, etc. Estos argumentos pueden ser ciertos, pero son sociol&oacute;gicos. A nosotros nos interesa pensar desde la transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Si hablamos de dinero, hablamos de transferencia. Lo que pensamos, entonces, es que esa dificultad para el pago tiene dos caras: por un lado, puede significar un modo de quedar en deuda, aunque se trate de una deuda que no se reconozca. Hace poco una modelo famosa dec&iacute;a que le molestaba tener que pagarle a su analista, como si el pago invalidara lo profundo de lo hablado.
    </p><p class="article-text">
        Propongamos una hip&oacute;tesis: si tengo que pagarle, es porque no me quiere en serio. Ya no se trata del &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo; del pago de la histeria, sino de un &ldquo;m&aacute;s ac&aacute;&rdquo;. Esta posici&oacute;n se parece m&aacute;s bien a la del sujeto melanc&oacute;lico que no se siente amado. En estos casos, el amor es una deuda impagable.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, tenemos a quienes se hacen demandar el pago, o bien dan por sentado que el analista puede esperar, punto en el que este queda en un lugar de Otro primario, sin necesidades, de pura gratificaci&oacute;n. Ya no estamos en el nivel de la transferencia (paterna) de la histeria, sino en la transferencia (materna) del narcisismo.
    </p><p class="article-text">
        El sujeto hist&eacute;rico paga por su deuda, incluso paga de m&aacute;s, cuando &ndash;por ejemplo&ndash; es capaz de agregar un &ldquo;regalito&rdquo; para el analista, ese&nbsp;<em>plus</em>&nbsp;cuyo valor no se mide con el dinero. He aqu&iacute; el amor de transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que el sujeto actual, narcisista y melanc&oacute;lico, vive en funci&oacute;n de una deuda que le hace pagar a otro, equivalente a la falta de amor con se mira a s&iacute; mismo. De este modo, la transferencia pasa de la estructura amorosa tradicional a una nueva formaci&oacute;n que podr&iacute;amos llamar: la deuda de transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una cuesti&oacute;n sobre la que seguiremos pensando; porque, como dijimos al comienzo, tiempo y dinero son variables de la transferencia y esto es lo fundamental que se piensa en un an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-dinero_129_13132027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 09:02:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Amor y dinero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Dinero,Histeria,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La imposibilidad de volver a ser]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/imposibilidad-volver_129_13101832.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e9f114d-41b7-4bed-a475-ffba0962f40e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La imposibilidad de volver a ser"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre bandas tributo y hologramas, la música tensiona su vínculo con lo original. Lo que emociona no puede reproducirse sin perder algo esencial: el instante. Tal vez por eso seguimos escuchando canciones tristes, intentando recuperar lo que ya no está.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante muchos a&ntilde;os, una amiga tuvo una vida corporativa. Oficina de lunes a viernes, de 9 a 18. Conexi&oacute;n permanente. Reuniones virtuales fuera de hora. Miles de beneficios, pero a un precio muy alto. Stress, burn out, competencia despiadada. En ese mundo hay gente que est&aacute; muy pasada de rosca.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En un momento tuvo que tomar una licencia, al cabo de la cual la echaron. Durante ese lapso, se ocup&oacute; de s&iacute; misma. Volvi&oacute; a cantar, incluso se incluy&oacute; en una banda de covers. Con ese grupo conoci&oacute; diferentes escenarios y a otras agrupaciones. Volvi&oacute; a trabajar en una empresa, pero ya no con la camiseta puesta. Ahora se maquillaba para los fines de semana.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Seg&uacute;n ella cuenta, el mundo de las bandas tributo es muy autogestivo. Se trata de ir a los lugares, conocer gente, es artesanal y de relaciones concretas. Entonces, a partir de que les cost&oacute; que los convocaran en algunas ocasiones, ella se empez&oacute; a mover y a organizar las fechas. No es algo sencillo, para una noche hay que encontrar el equilibrio: unos hacen </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>AC/DC</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, otros </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Guns n&rsquo; Roses</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, otros </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Pink Floyd</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El tema es que para audicionar a las bandas necesit&oacute; m&aacute;s tiempo y ah&iacute; se la jug&oacute;: dej&oacute; el trabajo y ahora pod&iacute;a irse a escuchar Aerosmith un martes al mediod&iacute;a. Gana menos, pero es m&aacute;s feliz. Lo digo as&iacute; de simple, porque no es la moraleja de este relato. Este texto no tiene moraleja.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Lo que me gusta de la an&eacute;cdota es c&oacute;mo ella cuenta que en ese mundo de imitaci&oacute;n hay un c&oacute;digo enorme. Se cuidan y apoyan; quiz&aacute; porque ninguno aspira a un &eacute;xito real. Una buena noche es poder tocar con tus amigos las canciones que te fascinan desde que eras joven.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En cierto punto es como si la banda tributo fuera no solo una copia, sino un nuevo estado de lo original, al que se puede acceder a trav&eacute;s de un nuevo pacto con el m&eacute;dium: juguemos a que, as&iacute; como yo hago de cuenta que soy tu &iacute;dolo vos pod&eacute;s hacer de cuenta que est&aacute;s en otro tiempo en el que habr&iacute;as disfrutado de esto.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso a las bandas tributo se las ama o se las odia. Todo depende de poder jugar ese juego. En una noche ante una banda tributo a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>The Beatles</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, el espectador juega a ser un adolescente de la beatleman&iacute;a. Ni las bandas originales pueden prometer tanto, salvo cuando se hacen tributo a s&iacute; mismas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Creo que a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>John Lennon</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> se atribuye la frase, cuando le hicieron la observaci&oacute;n de que </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ringo Starr</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> no era el mejor baterista del mundo, que dice: &ldquo;Ni siquiera es el mejor baterista de los Beatles&rdquo;. Con esta respuesta ir&oacute;nica, ubic&oacute; algo que ya implicaba una trascendencia respecto del talento musical.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La m&uacute;sica &ndash;sobre todo la canci&oacute;n&ndash; tiene el don de conectar con la nostalgia. Quien escucha canciones, se escucha a s&iacute; mismo. Por eso las canciones acompa&ntilde;an momentos muy importantes de nuestras vidas y, tal vez, podemos ubicar una &eacute;poca a partir de una melod&iacute;a. El contrato con el oyente de una canci&oacute;n es la reflexividad emotiva.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso a bandas tributo a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Kiss</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Creedence Clearwater Revival</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Los Redondos</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, pero nunca dir&iacute;amos que una Filarm&oacute;nica hace un tributo. Puede homenajear, puede tocar el repertorio de tal o cual compositor, pero su performance es ajena a la l&oacute;gica de la copia. Ser&iacute;a una cuesti&oacute;n a pensar con m&aacute;s profundidad el valor de que hablemos de un &ldquo;tributo&rdquo; &ndash;con el campo sem&aacute;ntico del impuesto y el sacrificio que implica. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Dejo esta cuesti&oacute;n para otra ocasi&oacute;n y voy a la &uacute;ltima escena que me interesa: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Gustavo Cerati</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> devenido holograma en una noche del recuerdo. &iquest;Cu&aacute;ndo fue m&aacute;s Gustavo Cerati &eacute;l mismo que cuando dijo &ldquo;Gracias&hellip; totales&rdquo;? Un holograma est&aacute; condenado a no hacer nada por fuera de lo que Gustavo Cerati hizo, por lo tanto, no puede ser Gustavo Cerati.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Quiz&aacute; de aqu&iacute; a unos a&ntilde;os tambi&eacute;n desaparezcan las bandas tributo, porque solo estar&aacute; la experiencia de bandas que sean solo hologramas de otras bandas. Esto es algo que ya en su momento vieron </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Gorillaz</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La casa azul</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, pero no resistieron su propio experimento. Crear la narrativa de una banda no es tener una banda.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La m&uacute;sica est&aacute; entrando en un polo melanc&oacute;lico de auto-afectaci&oacute;n, de la que incluso a los m&uacute;sicos activos les cuesta escapar. Fue tambi&eacute;n Cerati quien escribi&oacute; &ldquo;Pon&eacute;s canciones tristes para sentirte mejor&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/imposibilidad-volver_129_13101832.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 09:21:45 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La culpa no es de Narciso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/culpa-no-narciso_129_13065182.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c4615b0-641c-4c7c-9386-a3a5a6348283_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La culpa no es de Narciso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La personalidad narcisista organiza sus vínculos en función de sostener una imagen de sí misma, buscando en el otro confirmación, reflejo o amenaza a esa identidad.</p></div><p class="article-text">
        Hoy se nombra como narcisista a cualquier actitud m&aacute;s o menos ego&iacute;sta, cuando se trata de otra cosa. Tener criterio cl&iacute;nico implica dejar de lado el sentido com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Unos de los puntos m&aacute;s significativos para entender la personalidad narcisista es su tipo de libido. Investir objetos con libido narcisista es algo diferente a hacerlo con libido objetal propiamente dicha.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La libido narcisista es fuertemente adhesiva, pero tambi&eacute;n muy fr&aacute;gil. Por eso no suele ser elaborada a trav&eacute;s de duelos, tal como ya lo plante&oacute; <strong>Sigmund Freud</strong>. En la personalidad narcisista, se reconoce un criterio vincular: se busca en el otro a uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otro modo, la relaci&oacute;n con el otro es bivalente: es la relaci&oacute;n con el otro, pero tambi&eacute;n con uno mismo a trav&eacute;s del otro. A este aspecto apunta la personalidad narcisista; por eso tiende a ocupar roles definidos en los v&iacute;nculos: el/la normal, el/la sano/a, el/la ideal o que hace las cosas bien, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        La contracara de esta b&uacute;squeda de s&iacute; mismo en el otro es que, ante la negativa de este, la vivencia de rechazo despierta agresividad, una culpa que no se puede tolerar y, por lo tanto, se proyecta.
    </p><p class="article-text">
        Como contrapunto, pensemos ahora en una situaci&oacute;n t&iacute;pica del tratamiento del neur&oacute;tico obsesivo: discute con su pareja y teme que esta pueda dejarlo; pero si teme que pueda dejarlo, es porque ya da por sentado que no lo har&aacute;. Por eso se atrevi&oacute; a discutir.
    </p><p class="article-text">
        La eficacia de ese temor va de la mano de que sienta culpa. Entonces, a partir de ese momento se relacionar&aacute; con su pareja a trav&eacute;s de la culpa. No es que har&aacute; cosas y se sentir&aacute; culpable, sino que las har&aacute; para sentir culpa y, por lo tanto, no separarse.
    </p><p class="article-text">
        De este modo, el reverso del temor de que lo dejen es su posici&oacute;n culposa, basada en no separarse. El obsesivo se pone en pareja con un mandato impl&iacute;cito: no me voy a separar. La culpa asegura que as&iacute; sea.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en otra situaci&oacute;n, la de un hist&eacute;rico, que en el v&iacute;nculo siempre se reserva una parte de s&iacute;, que no comparte, a la que el otro no llega, al punto de que se relaciona con su pareja en funci&oacute;n de que esta no lo conozca del todo.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, la contraparte del temor obsesivo a ser dejado es, en la histeria, el miedo a que el otro se enoje. &iquest;Por qu&eacute; se enojar&iacute;a? Por lo que el hist&eacute;rico no da. Lo que el otro podr&iacute;a sacarle con su enojo es el correlato de lo que el sujeto reserva, tambi&eacute;n con culpa.
    </p><p class="article-text">
        Los hist&eacute;ricos conocen esa pasi&oacute;n por dejarle el enojo siempre al otro; ese enojo al que responden defensivamente &ldquo;No es mi culpa&rdquo; y claro que lo es, pero no por &ldquo;hacer enojar&rdquo; al otro, sino por los rodeos, circuitos y evasiones con que lo dejan fuera de juego.
    </p><p class="article-text">
        La culpa del hist&eacute;rico siempre se afirma con la aclaraci&oacute;n &ldquo;No es mi culpa&rdquo;. Y estas distinciones permiten situar c&oacute;mo la culpa es uno de los modos del goce en las neurosis.
    </p><p class="article-text">
        Los neur&oacute;ticos usan la culpa para relacionarse, al punto de que sus v&iacute;nculos terminan por estar basados en la culpa antes que en el amor. Mejor dicho, aman con y por culpa.
    </p><p class="article-text">
        En la patolog&iacute;a narcisista, en cambio, la culpa tiene otra forma (proyectiva) y no es que se pueda hacer el diagn&oacute;stico diferencial con la neurosis en t&eacute;rminos de presencia-ausencia de culpa.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/culpa-no-narciso_129_13065182.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 11:16:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La culpa no es de Narciso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Personalidad,Narcisismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una idea básica del psicoanálisis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/idea-basica-psicoanalisis_129_13023098.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/016beb63-fde2-4214-b04f-501e7cd91fec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una idea básica del psicoanálisis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La transferencia es una actualización de un conflicto psíquico en un vínculo actual privilegiado, no una simple repetición del pasado.
Ni idealización ni dependencia, representa el modo dinámico en que la conflictividad neurótica se organiza en la relación analítica.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Una de las nociones b&aacute;sicas del psicoan&aacute;lisis que a&uacute;n menos se comprende es la de transferencia. Ya sea porque se la vuelve equivalente a la noci&oacute;n de v&iacute;nculo, o bien porque se tiende a ver todo lo que ocurre en un tratamiento como parte de una re-vivencia infantil.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En principio, es fundamental situar qu&eacute; no es la transferencia. No es una idealizaci&oacute;n, no es cualquier pasi&oacute;n que surja en el marco de un tratamiento, como tampoco es una actitud dependiente que anule la capacidad cr&iacute;tica. Estas versiones de la transferencia son vulgares y no ameritan discusi&oacute;n, aunque sean muy frecuentes incluso entre principiantes.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Qu&eacute; es la transferencia? Es un desplazamiento. Esta es una idea freudiana (desde&nbsp;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">), a la que </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Sigmund Freud</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> nunca le corrigi&oacute; ni una coma. Ahora bien, es preciso pensar qu&eacute; se transfiere y c&oacute;mo. Pensemos un ejemplo, la situaci&oacute;n de alguien que tuvo un conflicto en el trabajo y, al llegar a su casa, discute con su pareja. Podr&iacute;a decirse que desplaz&oacute; el conflicto de una escena a otra.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Complejicemos el ejemplo y pensemos que alguien puede ser que pelee con su pareja para no asumir el conflicto que tuvo en el trabajo. En este punto, el desplazamiento ya no se piensa en t&eacute;rminos de causa y efecto, sino como una actualizaci&oacute;n. De la misma manera, la transferencia no es una repetici&oacute;n del pasado sino un modo din&aacute;mico de constituir un conflicto actual.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por otro lado, cabe destacar que el desplazamiento se realiza en un v&iacute;nculo que asume un car&aacute;cter privilegiado para recoger conflictos no resueltos. Esto es lo propio de la transferencia, ser un canal de recepci&oacute;n y distribuci&oacute;n de la conflictividad neur&oacute;tica. Por eso el analista debe incidir en la transferencia de un modo en que la respuesta no reproduzca el problema de origen.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Volvamos al ejemplo y pensemos cu&aacute;n corriente es que una persona se la pase peleando con su pareja mientras en el trabajo tiene una actitud sumisa ante un jefe al que odia. A veces las parejas lo dicen abiertamente: &ldquo;Es que est&aacute; en uno de esos d&iacute;as&rdquo; y as&iacute; explican que tengan que tolerar el desplazamiento en cuesti&oacute;n, de la misma manera en que si se les ocurriera hacer una observaci&oacute;n sobre aquel no recibir&iacute;an ning&uacute;n eco &ndash;o quiz&aacute; se les hablar&iacute;a con rechazo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso en psicoan&aacute;lisis suele decirse que la transferencia no se interpreta, sino que se analiza. Esto es lo que hace un analista, que funciona como relevo de esa aptitud transferencial particular de la neurosis. Hagamos una aclaraci&oacute;n: algo semejante podr&iacute;a aplicarse para las psicosis, pero ser&iacute;a otro tema y requerir&iacute;a otras consideraciones. Lo dejamos para otro momento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Con lo que no podemos estar de acuerdo es con la idea imaginaria de la transferencia como una re-vivencia de lo que alguien vivi&oacute; con su pap&aacute;, o su mam&aacute;, como si fuera un ni&ntilde;o; b&aacute;sicamente porque esto infantiliza a los pacientes. Y sabemos que la idea que un analista se haga de la transferencia condiciona el modo en que concibe el tratamiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La transferencia es algo m&aacute;s interesante y serio. Podr&iacute;amos agregar un aspecto m&aacute;s, para no extendernos demasiado. De acuerdo con el ejemplo que mencionamos, podr&iacute;amos pensar en la transferencia con un Otro materno. Cuando el Otro adquiere una condici&oacute;n paterna, no se trata tanto de la constituci&oacute;n de un conflicto sino de un s&iacute;ntoma concreto.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pongamos un ejemplo de esto &uacute;ltimo, a partir del caso de alguien que comienza a tener diarreas durante el tratamiento; semejantes a aquellos que ten&iacute;a cada vez que le tocaba ir a rendir un final. La pregunta cl&iacute;nica, en este contexto, ser&iacute;a con qu&eacute; final lo confronta el an&aacute;lisis en ese momento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Siempre es bueno que el an&aacute;lisis confronte con un final. Es bueno para llamar al s&iacute;ntoma. Es bueno para que el an&aacute;lisis no se vuelva un suced&aacute;neo del vientre materno, un espacio cerrado en el que se trata de estar seguro y a salvo de la realidad y sus exigencias.</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/idea-basica-psicoanalisis_129_13023098.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 10:53:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una idea básica del psicoanálisis]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Transferencia,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi amiga, Anna Freud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amiga-anna-freud_129_12985240.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/96063d6f-91b2-48fe-960d-06aa80c9d793_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi amiga, Anna Freud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La amistad aparece en la latencia como una forma nueva de vínculo que se diferencia del lazo fraterno. Para que exista, debe suspenderse la rivalidad por el amor parental y el lugar privilegiado de “hijo”. Por eso, en la escuela, el alumno más aplicado suele ser burlado: se lo vive como quien encarna el rol de hijo preferido.</p></div><p class="article-text">
        Cuando <strong>Sigmund Freud</strong> escribi&oacute; el art&iacute;culo &ldquo;Pegan a un ni&ntilde;o&rdquo;, estaba preocupado por el an&aacute;lisis de su hija <strong>Anna</strong>. Esta &uacute;ltima ten&iacute;a una inclinaci&oacute;n muy fuerte hacia el fantaseo. En efecto, en el momento de ingresar al movimiento anal&iacute;tico, la hija y paciente del padre del psicoan&aacute;lisis, escribi&oacute; un breve ensayo sobre las fantas&iacute;as de paliza y los sue&ntilde;os diurnos.
    </p><p class="article-text">
        Freud escribi&oacute; su art&iacute;culo sobre todo a partir del an&aacute;lisis de su hija, aunque sin decirlo. Del mismo modo, Anna utiliz&oacute; su caso como si fuera otro en el ensayo en cuesti&oacute;n. &iquest;En qu&eacute; consist&iacute;an las enso&ntilde;aciones de la paciente? Se trataba de historias en las que siempre alguien que estaba a punto de pasar por una situaci&oacute;n desgraciada, era redimido a trav&eacute;s de un evento conciliador.
    </p><p class="article-text">
        En resumidas cuentas, podr&iacute;a decirse que el goce de Anna no era tan extraordinario. Por cierto, muchas de las historias de las telenovelas tratan de personajes que, primero, sufren los m&aacute;s diversos escarnios para, luego, recibir una bendici&oacute;n del destino. Hubo una &eacute;poca en que en Latinoam&eacute;rica los pa&iacute;ses se paraban para ver los cap&iacute;tulos de las series. Y lo m&iacute;nimo que podr&iacute;a decirse es que no se trataba de guiones muy originales.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; como el cap&iacute;tulo VI de <em>La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os</em> es un libro sobre teor&iacute;a del cine, antes del cine, a Freud le preocupaba la pasi&oacute;n telenovelera de Anna. Ella misma lo dice cuando le cuenta a <strong>Lou Salom&eacute;</strong> que esa inclinaci&oacute;n a fantasear le quita energ&iacute;a para acciones m&aacute;s &uacute;tiles, incluso el trabajo.
    </p><p class="article-text">
        En cierta medida, podr&iacute;a pensarse que a Freud &ndash;como buen hombre de letras del siglo XIX&ndash; no le gustaba que su hija dedicara tiempo a esas formaciones, cuya estructura es el <em>abc</em> de lo que se llama &ldquo;baja cultura&rdquo;. Anna no meditaba acerca del <em>Fausto</em> (de Goethe) sino que se sum&iacute;a en imaginaciones m&aacute;s parecidas a una novela de <strong>Thal&iacute;a</strong>, en que una chica pobre es humillada, para luego casarse con el hijo de una familia de ricos. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del valor cultural que pudieran tener esas formaciones, al punto de que Freud las considerara s&iacute;ntomas &ndash;me divierte la idea de que, as&iacute; como en un viejo art&iacute;culo (creo que de <strong>Jos&eacute; Bleger</strong>) un analista cuenta como un avance del tratamiento que la paciente ve menos televisi&oacute;n, hoy pueda decirse que hay un efecto anal&iacute;tico en usar menos las redes sociales&ndash;, la cuesti&oacute;n es cu&aacute;l es el goce que subtiende esa pasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para Freud, bajo el sue&ntilde;o diurno hay una fantas&iacute;a masoquista que proyecta en la visi&oacute;n de la desgracia ajena una satisfacci&oacute;n puntual. Esta fantas&iacute;a (de humillaci&oacute;n) es propia de una edad espec&iacute;fica, la latencia. &iquest;Qu&eacute; es el periodo de latencia? Esa etapa de la vida que inicia cuando concluye la temprana infancia.
    </p><p class="article-text">
        De los ni&ntilde;os peque&ntilde;os dif&iacute;cilmente podr&iacute;a decirse que disfrutan de mirar el modo en que a otros les va mal; m&aacute;s bien podr&iacute;amos acordar &ndash;con Freud&ndash; en que son directamente crueles. Los latentes ya atravesaron esta etapa e inhiben sus impulsos, incluso sublimaron el complejo fraterno.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; quiere decir esto &uacute;ltimo? En principio, que un amigo no es un hermano. Pero, &iquest;qu&eacute; es un hermano? Es alguien con quien uno se cr&iacute;a y rivaliza por el amor de los padres. Por eso puede haber hijos de mismos padres que, por la diferencia de edad, no funcionen como hermanos. El punto es que, en la latencia, se actualiza el complejo fraterno con otros ni&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; un amigo no es un hermano? Porque justamente con el amigo se trasciende la rivalidad por el amor de los padres. Aunque, por supuesto, hay excepciones. En no pocas telenovelas (y vidas de la far&aacute;ndula, que son las telenovelas contempor&aacute;neas) quienes son como hermanos terminan peleados por una mujer o uno es amante de la pareja del otro; pero si todo va bien, la amistad surge con el pacto de poner en suspenso el complejo fraterno.
    </p><p class="article-text">
        Y no solo el complejo fraterno, sino tambi&eacute;n lo central de la vida de alguien en los m&aacute;s tempranos a&ntilde;os: la posici&oacute;n de hijo. Los ni&ntilde;os peque&ntilde;os no tienen amigos en sentido estricto; la amistad es una formaci&oacute;n de la latencia, que surge a partir del momento en que hay un pacto en torno a que nadie har&aacute; valer su rol de hijo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; en las instituciones educativas muchas veces al que m&aacute;s estudia se lo suele burlar? Porque se entiende que este ocupa el lugar de hijo al que los dem&aacute;s renunciaron. Ser preferido es una suerte de estigma en la escuela, cuando m&aacute;s veces se responde a la sanci&oacute;n con un &ldquo;Fuimos todos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La latencia es la etapa en que se mata al hijo y esto explica por qu&eacute; tantas veces nos encontramos con fen&oacute;menos dram&aacute;ticos de bullying como correlato de la fantas&iacute;a &ldquo;Pegan a un ni&ntilde;o&rdquo;. Solo con la instalaci&oacute;n de la adolescencia este fen&oacute;meno se modifica y ya no recae sobre el hijo la sa&ntilde;a, porque a partir del despertar sexual se trata de matar a los padres. Desde un punto de vista simb&oacute;lico, claro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es lo que a Freud le preocupaba de su hija? Que esta no terminaba de crecer, que se quedaba en una especie de latencia extendida y que no se desarrollaba como mujer. Tal vez no ayudaba demasiado que su analista fuera su mismo padre. Parad&oacute;jicamente, Anna fue la psicoanalista que primero se ocup&oacute; de pensar la escuela y al ni&ntilde;o en esa etapa de la vida. De su vida sabemos que no se cas&oacute; ni tuvo hijos, aunque s&iacute; que comparti&oacute; la vida con una mujer de la que dec&iacute;a que era su amiga &iacute;ntima.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces se insisti&oacute; en la homosexualidad de Anna Freud, pero su bi&oacute;grafo no es contundente al respecto. S&iacute; es sabido que ella misma, a diferencia de su padre, consideraba la homosexualidad como una enfermedad e incluso se opon&iacute;a que a que homosexuales fueran analistas. Quiz&aacute; esta actitud no haya sido una forma reactiva de encubrir su deseo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando pienso en Anna, la imagino como una mujer que, hoy, mirar&iacute;a telenovelas con su amiga, en un v&iacute;nculo de erotismo tierno, sin condiciones sexuales. Ese disfrute que puede sentir una mujer, al estar con otra mujer, quiz&aacute; sea tan escandaloso que, muchas veces, con un falso benepl&aacute;cito se lo busca transformar en una relaci&oacute;n de pareja.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez esa amistad con una mujer haya sido la manera en que Anna consigui&oacute; dejar de ser hija, posici&oacute;n que no hubiera podido remover en un v&iacute;nculo m&aacute;s formal. Pienso en Anna como una latente cr&oacute;nica, dedicada al estudio, a la sublimaci&oacute;n y al cuidado del legado de su padre, como una buena alumna. Nada de esto le quita m&eacute;rito, al contrario. Quiz&aacute; sea tiempo de revalorizar su obra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amiga-anna-freud_129_12985240.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Feb 2026 09:25:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mi amiga, Anna Freud]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hijos,Hermanos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Se me apagó la tele]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/apago-tele_129_12948548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d4a183c-aa1b-4806-97fb-2345492f709a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Se me apagó la tele"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dormir no es una retirada absoluta del mundo, sino una forma particular de permanecer en él. Aunque el repliegue previo al sueño pensado por Freud podría sugerir desconexión, la observación de los animales muestra lo contrario: se descansa sin romper el lazo con el entorno, en una calma atenta.</p></div><p class="article-text">
        Dormir implica retirarse del mundo, pero no abandonarlo. La idea freudiana de que hay un repliegue que antecede al sue&ntilde;o podr&iacute;a conducir a pensar que quien duerme ya no est&aacute; en el mundo. Sin embargo, no hay m&aacute;s que ver c&oacute;mo duermen los animales para notar c&oacute;mo est&aacute;n saludablemente relacionados con el entorno.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qui&eacute;n pudiera dormir como un animal! Pocas cosas m&aacute;s gratificantes que ver a un gato o un perro echarse en el suelo y cerrar los ojos, para permanecer en un reposo silencioso. Es cierto que, mientras descansan, tambi&eacute;n est&aacute;n alertas. Lo advertimos cuando el menor sonido hace que muevan la oreja en una direcci&oacute;n u otra.
    </p><p class="article-text">
        Para dormir, es preciso estar en una relaci&oacute;n de suma comodidad con el ambiente. Los seres humanos, que tambi&eacute;n somos animales &ndash;nunca est&aacute; dem&aacute;s aclararlo&ndash;, pero atravesados por las consecuencias mort&iacute;feras del lenguaje, tenemos toda una serie de rituales para dormir. Lo mismo que para ir al ba&ntilde;o. Acaso, &iquest;no hay personas que no van al ba&ntilde;o en cualquier parte, de la misma forma en que hay otras (quiz&aacute; algunas son las mismas) que duermen solo en su cama?
    </p><p class="article-text">
        Algunas personas incluso trasladan sus s&aacute;banas y la almohada cuando est&aacute;n de viaje. &iexcl;Qui&eacute;n pudiera dormir como un animal y dejarse descansar en lugares hasta inc&oacute;modos, tal como pueden serlo un colectivo o la sala de espera de un odont&oacute;logo! Curiosamente, esta es una capacidad que tienen los ni&ntilde;os, pero que se pierde con los a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Estamos acostumbrados a reflexionar sobre la temporalidad del dormir. Buscamos el sue&ntilde;o en el interior del fluir de la conciencia. Lo buscamos en los pliegues del cerebro, en alg&uacute;n sentido inconsciente; pero as&iacute; descuidamos su proyecci&oacute;n mundana, lo que implica como v&iacute;a de estar en &iacute;ntimo acuerdo con lo que nos rodea.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en la situaci&oacute;n siguiente: cualquiera de nosotros se sube a una bicicleta, o se dispone a manejar el auto, mientras se dispone a que su cuerpo adquiera ese nuevo espacio. No hace falta hacer c&aacute;lculos mentales para doblar, porque ahora tenemos un cuerpo extendido que va m&aacute;s all&aacute; de la racionalidad. 
    </p><p class="article-text">
        La locomoci&oacute;n asistida es un ejemplo claro para reconocer el car&aacute;cter expansivo de la corporalidad. Los bordes de nuestro cuerpo son m&oacute;viles. El Yo, como dec&iacute;a Freud, es sobre todo una superficie y, como tal, se proyecta y adquiera las tonalidades de aquello que est&aacute; a su alrededor. 
    </p><p class="article-text">
        Gracias a este fen&oacute;meno proyectivo es que hablamos de un &ldquo;hogar&rdquo;, que no es solo nuestra casa. En el hogar est&aacute;n nuestras cosas, que no son solo nuestras pertenencias, sino un reflejo de nuestra vida. El hogar no es solo un refugio &ndash;como la cueva animal&ndash;, sino una sede de un modo de vida singular.
    </p><p class="article-text">
        Por eso algunas personas no pueden dormir fuera de su casa, porque no pueden llevar el hogar a cuestas. Por eso tambi&eacute;n es que hay quienes no pueden dormir ni en su casa, si esta no est&aacute; investida libidinalmente de acuerdo con la proyecci&oacute;n de la que hablamos. Pensemos en lo que ocurre, por ejemplo, despu&eacute;s de una separaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, hay personas que solo pueden dormir con otras personas, apoy&aacute;ndose en el Yo de quien est&aacute; a su lado. Otras requieren un apoyo animista y, para el caso, como el ni&ntilde;o peque&ntilde;o utiliza un oso, u otro objeto, en el que deposita, la capacidad que est&aacute; en el camino de desarrollar, del mismo modo, ponen los almohadones de cierta manera o, como alguna vez escuch&eacute; a alguien que no pod&iacute;a dormir en una cama cuyas s&aacute;banas no estuvieran tendidas, precisa que haya un orden exterior en que encontrar el sost&eacute;n ps&iacute;quico.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qui&eacute;n pudiera dormir como los animales, por el mero placer del descanso y como una manera de estar presentes en el mundo! Algunas personas solo pueden dormir si, por ejemplo, se anulan ps&iacute;quicamente. Necesitan llegar al agotamiento &ndash;a trav&eacute;s de la lectura, o mirando una pantalla, si no es que toman alguna pastilla&ndash; para que el cuerpo se apague. As&iacute; es que lo dicen: &ldquo;Se me apag&oacute; la tele&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Habr&iacute;a que pensar si acaso esto es dormir. La consecuencia, a veces, es que despierten en un estado de sobresalto, alertas, o m&aacute;s cansados que antes. Creer&iacute;a que dormir es un tipo de placer ps&iacute;quico tan importante como comer y la sexualidad. 
    </p><p class="article-text">
        Si alguna vez alguien dijo que pod&iacute;a aplicarse el aforismo &ldquo;Dime c&oacute;mo comes y te dir&eacute; c&oacute;mo eres en la cama&rdquo;, tal se pueda pensar en una variante sobre el dormir; aunque no ser&iacute;a muy original, porque ya Freud dijo una vez que el modo de la satisfacci&oacute;n sexual est&aacute; en el beb&eacute; que dorm&iacute;a despu&eacute;s de mamar.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/apago-tele_129_12948548.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jan 2026 09:09:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Se me apagó la tele]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sueño,placer]]></media:keywords>
    </item>
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