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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Luciano Lutereau]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/luciano-lutereau/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Luciano Lutereau]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un hombre ca(n)sado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-ca-n-sado_129_13169967.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d8110d47-7bef-4085-8955-74d784d75445_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un hombre ca(n)sado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un desliz en una respuesta formal abre una pregunta íntima: ¿qué del cansancio se cifra en el matrimonio? La relación entre el hombre, la mujer y la lógica del síntoma.</p></div><p class="article-text">
        Hace poco fui a hacer un tr&aacute;mite y en la serie de las preguntas formales que me hicieron estuvo la del estado civil. Con un tropiezo, respond&iacute;: &ldquo;Cansado&rdquo; (en lugar de &ldquo;Casado&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Del otro lado del mostrador, la persona se rio y aprovech&eacute; el empuje para salir airoso con la pregunta ret&oacute;rica &ldquo;&iquest;qui&eacute;n no est&aacute; cansado hoy?&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Sin embargo, fue inevitable que me quedara pensando seriamente la cuesti&oacute;n. Ya no por la interpelaci&oacute;n de un agente social, sino ante m&iacute; mismo. Ante ese Otro que, en m&iacute;, hace la pregunta por qu&eacute; cansancio se revela en estar casado.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que se me ocurri&oacute; fue el recuerdo de la vez en que, antes de ser pareja, en el momento de salir con aquella mujer, pens&eacute;: &ldquo;Qu&eacute; fiaca volver a empezar una relaci&oacute;n&rdquo;. En la memoria de nuestro v&iacute;nculo suele estar el chiste de que hicimos todo lo posible para no estar juntos.
    </p><p class="article-text">
        Luego record&eacute; algo que dice Lacan: que la mujer es un s&iacute;ntoma para el hombre. Sobre esta idea quisiera escribir en esta ocasi&oacute;n, independientemente de la an&eacute;cdota; mejor dicho, a partir de la an&eacute;cdota.
    </p><p class="article-text">
        Para entender esta afirmaci&oacute;n es preciso, primero, destacar que &ndash;seg&uacute;n <strong>Jacques Lacan</strong>&ndash; hay una relaci&oacute;n de vecindad entre el padre y la mujer. El primero funda un orden, como excepci&oacute;n, por eso no es raro que de los padres se sospeche, que se les atribuya omnipotencia, como si fueran dioses, cuyas iras y goces se teman y reprueben.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo le ocurre al hombre con la mujer. Quiz&aacute; por eso los hombres tenemos que curarnos de los celos. A diferencia de Freud, que dec&iacute;a que los celos son t&iacute;picos de las mujeres hist&eacute;ricas, Lacan dec&iacute;a que les corresponden mejor a los hombres obsesivos. Esos son los verdaderos celosos, los que dicen (decimos): &ldquo;Pero si yo no soy celoso&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No es raro que el an&aacute;lisis de un obsesivo empiece en el conflicto con el padre y r&aacute;pidamente se traslade al conflicto con la pareja. Es hasta esperable. Incluso es el mejor pron&oacute;stico, es lo que permite medir que ese an&aacute;lisis va por buen camino, cuando &eacute;l se instala en esa posici&oacute;n de &ldquo;Ella me hace sufrir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, ella no lo hace sufrir porque no lo quiere, sino porque lo quiere y a veces hasta mucho. Durante una parte de su vida, &eacute;l sufri&oacute; por no ser amado &ndash;cuando su elecci&oacute;n fue de sustitutos maternos, porque las madres no nos quieren; quiz&aacute; nos aman, pero no nos pueden querer de verdad (ser&iacute;a incestuoso). 
    </p><p class="article-text">
        Luego lleg&oacute; la mujer que lo quiere &ndash;esa que, si es tal, es un sustituto del padre y lo har&aacute; sufrir. Los celos son una manera t&iacute;pica.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &eacute;l tendr&aacute; la chance de amarla de un modo diferente a como se ama a s&iacute; mismo &ndash;porque ese amor de s&iacute; proviene de la madre. Podr&aacute; amarla como se ama un s&iacute;ntoma: primero con rechazo, despu&eacute;s con certeza y confianza. Es extraordinaria esa idea lacaniana de que la relaci&oacute;n con un padre, para un hombre (vale la aclaraci&oacute;n: obsesivo y heterosexual), se resuelve en la transformaci&oacute;n del amor con una mujer.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, hubo una conocida canci&oacute;n de <strong>Emmanuel Horvilleur</strong> que se llamaba &ldquo;Soy tu nena&rdquo;, que muestra muy bien c&oacute;mo otra respuesta posible &ndash;ante ese desplazamiento del padre a la mujer&ndash; puede ser la fantas&iacute;a de feminizaci&oacute;n, m&aacute;s com&uacute;n en la histeria masculina. El Edipo negativo (la posici&oacute;n pasiva con el padre) tambi&eacute;n se resuelve a partir del v&iacute;nculo amoroso.
    </p><p class="article-text">
        La mujer es un s&iacute;ntoma para el hombre; es aquello que lo har&aacute; tropezar, pero tambi&eacute;n la ocasi&oacute;n de que se revele para &eacute;l una causa inconsciente. Durante muchos a&ntilde;os, un hombre puede estar salvo con mujeres que lo amen, pero que no lo quieren. Las mujeres que dicen que <em>no</em>, son una buena seguridad. 
    </p><p class="article-text">
        El contrapunto de esa frase de <strong>Jacques Lacan</strong> es la que dice que el hombre puede ser un estrago para una mujer. Ser&aacute; el tema de la pr&oacute;xima columna.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hombre-ca-n-sado_129_13169967.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 12:21:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un hombre ca(n)sado]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amor y dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-dinero_129_13132027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ad51203e-a6df-43fe-be39-dc84a148aa72_16-9-discover-aspect-ratio_default_1140485.jpg" width="523" height="294" alt="Amor y dinero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
El amor puede ser una forma de interrogar al Otro y de cernir la posición que uno ocupa en el vínculo, poniendo en cuestión si la relación se reduce a un intercambio o si hay algo más, irreductible, en juego.</p></div><p class="article-text">
        Hay dos variables que, para <strong>Sigmund Freud</strong>, constituyen el n&uacute;cleo de la transferencia: tiempo y dinero.
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, era inevitable que Freud se encontrase con el amor de transferencia en una &eacute;poca en que hab&iacute;a tiempo para el amor. En este punto, es importante tener en claro que el amor de transferencia no es enamorarse del analista.
    </p><p class="article-text">
        El amor de transferencia es algo mucho m&aacute;s complejo que una pasi&oacute;n. Es un tipo de formaci&oacute;n que, en el centro del an&aacute;lisis, viene a plantear una pregunta; mejor dicho, el amor de transferencia es usar el amor para hacerle una pregunta a la transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Expliquemos mejor este aspecto. El amor de transferencia es solidario de la posici&oacute;n hist&eacute;rica y su modo de interrogar al Otro. Es una manera de cernir la posici&oacute;n (de objeto) que se tiene ante ese Otro: yo pago y pago, pero este v&iacute;nculo nuestro &iquest;es solo un servicio reducible a un contrato profesional?
    </p><p class="article-text">
        Sin histeria no hay amor de transferencia; es decir, el sujeto hist&eacute;rico recurre al amor como aquello que pone en jaque el intercambio y plantea que hay algo m&aacute;s, irreductible, en la relaci&oacute;n entre analista y paciente.
    </p><p class="article-text">
        Dig&aacute;moslo de otro modo, con una reformulaci&oacute;n de la pregunta hist&eacute;rica: &iquest;c&oacute;mo que soy un paciente entre otros? Recordamos el caso de un amigo y colega que, en cierta ocasi&oacute;n, dec&iacute;a, &ldquo;Yo no podr&iacute;a analizarme si no sintiera que soy especial para mi analista, si no creyera que de alg&uacute;n modo me quiere; es m&aacute;s, &iexcl;tengo la certeza de que me quiere!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, lo propio de la histeria (como modelo de la neurosis y como requisito para el an&aacute;lisis) es llegar al Otro por la v&iacute;a del amor. De ah&iacute; que el hist&eacute;rico tienda a presentar su sufrimiento en t&eacute;rminos amorosos e incluso haga de su desdicha amorosa una manera de demandar amor al analista.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos decir que el sujeto hist&eacute;rico usa el idioma del amor para comunicarse con el analista y, en el v&iacute;nculo con el analista, espera que el amor sea la manera de realizar un m&aacute;s all&aacute; del an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, esta posici&oacute;n no es la m&aacute;s frecuente actualmente. Hay enamoramientos de analistas, pasiones salvajes, pero nada de eso es el amor de transferencia. Son m&aacute;s bien rupturas o enloquecimientos de la transferencia, erotoman&iacute;as que solo precisan tiempo antes de volverse delirios persecutorios.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no es este el contrapunto que nos interesa. A partir de lo que venimos conversando en un grupo de supervisi&oacute;n, aislamos el siguiente hecho: cada vez son m&aacute;s colegas los que cuentan que deben reclamar el pago de las sesiones a los pacientes, ya que estos demoran mucho en hacerlo si no es que, directamente, lo &ldquo;olvidan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No tendr&iacute;a sentido hablar en este punto de una falta de respeto, de que no se cuida el espacio, del no registro del otro, etc. Estos argumentos pueden ser ciertos, pero son sociol&oacute;gicos. A nosotros nos interesa pensar desde la transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Si hablamos de dinero, hablamos de transferencia. Lo que pensamos, entonces, es que esa dificultad para el pago tiene dos caras: por un lado, puede significar un modo de quedar en deuda, aunque se trate de una deuda que no se reconozca. Hace poco una modelo famosa dec&iacute;a que le molestaba tener que pagarle a su analista, como si el pago invalidara lo profundo de lo hablado.
    </p><p class="article-text">
        Propongamos una hip&oacute;tesis: si tengo que pagarle, es porque no me quiere en serio. Ya no se trata del &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo; del pago de la histeria, sino de un &ldquo;m&aacute;s ac&aacute;&rdquo;. Esta posici&oacute;n se parece m&aacute;s bien a la del sujeto melanc&oacute;lico que no se siente amado. En estos casos, el amor es una deuda impagable.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, tenemos a quienes se hacen demandar el pago, o bien dan por sentado que el analista puede esperar, punto en el que este queda en un lugar de Otro primario, sin necesidades, de pura gratificaci&oacute;n. Ya no estamos en el nivel de la transferencia (paterna) de la histeria, sino en la transferencia (materna) del narcisismo.
    </p><p class="article-text">
        El sujeto hist&eacute;rico paga por su deuda, incluso paga de m&aacute;s, cuando &ndash;por ejemplo&ndash; es capaz de agregar un &ldquo;regalito&rdquo; para el analista, ese&nbsp;<em>plus</em>&nbsp;cuyo valor no se mide con el dinero. He aqu&iacute; el amor de transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que el sujeto actual, narcisista y melanc&oacute;lico, vive en funci&oacute;n de una deuda que le hace pagar a otro, equivalente a la falta de amor con se mira a s&iacute; mismo. De este modo, la transferencia pasa de la estructura amorosa tradicional a una nueva formaci&oacute;n que podr&iacute;amos llamar: la deuda de transferencia.
    </p><p class="article-text">
        Esta es una cuesti&oacute;n sobre la que seguiremos pensando; porque, como dijimos al comienzo, tiempo y dinero son variables de la transferencia y esto es lo fundamental que se piensa en un an&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-dinero_129_13132027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 09:02:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Dinero,Histeria,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La imposibilidad de volver a ser]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/imposibilidad-volver_129_13101832.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e9f114d-41b7-4bed-a475-ffba0962f40e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La imposibilidad de volver a ser"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre bandas tributo y hologramas, la música tensiona su vínculo con lo original. Lo que emociona no puede reproducirse sin perder algo esencial: el instante. Tal vez por eso seguimos escuchando canciones tristes, intentando recuperar lo que ya no está.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante muchos a&ntilde;os, una amiga tuvo una vida corporativa. Oficina de lunes a viernes, de 9 a 18. Conexi&oacute;n permanente. Reuniones virtuales fuera de hora. Miles de beneficios, pero a un precio muy alto. Stress, burn out, competencia despiadada. En ese mundo hay gente que est&aacute; muy pasada de rosca.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En un momento tuvo que tomar una licencia, al cabo de la cual la echaron. Durante ese lapso, se ocup&oacute; de s&iacute; misma. Volvi&oacute; a cantar, incluso se incluy&oacute; en una banda de covers. Con ese grupo conoci&oacute; diferentes escenarios y a otras agrupaciones. Volvi&oacute; a trabajar en una empresa, pero ya no con la camiseta puesta. Ahora se maquillaba para los fines de semana.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Seg&uacute;n ella cuenta, el mundo de las bandas tributo es muy autogestivo. Se trata de ir a los lugares, conocer gente, es artesanal y de relaciones concretas. Entonces, a partir de que les cost&oacute; que los convocaran en algunas ocasiones, ella se empez&oacute; a mover y a organizar las fechas. No es algo sencillo, para una noche hay que encontrar el equilibrio: unos hacen </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>AC/DC</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, otros </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Guns n&rsquo; Roses</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, otros </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Pink Floyd</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El tema es que para audicionar a las bandas necesit&oacute; m&aacute;s tiempo y ah&iacute; se la jug&oacute;: dej&oacute; el trabajo y ahora pod&iacute;a irse a escuchar Aerosmith un martes al mediod&iacute;a. Gana menos, pero es m&aacute;s feliz. Lo digo as&iacute; de simple, porque no es la moraleja de este relato. Este texto no tiene moraleja.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Lo que me gusta de la an&eacute;cdota es c&oacute;mo ella cuenta que en ese mundo de imitaci&oacute;n hay un c&oacute;digo enorme. Se cuidan y apoyan; quiz&aacute; porque ninguno aspira a un &eacute;xito real. Una buena noche es poder tocar con tus amigos las canciones que te fascinan desde que eras joven.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En cierto punto es como si la banda tributo fuera no solo una copia, sino un nuevo estado de lo original, al que se puede acceder a trav&eacute;s de un nuevo pacto con el m&eacute;dium: juguemos a que, as&iacute; como yo hago de cuenta que soy tu &iacute;dolo vos pod&eacute;s hacer de cuenta que est&aacute;s en otro tiempo en el que habr&iacute;as disfrutado de esto.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso a las bandas tributo se las ama o se las odia. Todo depende de poder jugar ese juego. En una noche ante una banda tributo a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>The Beatles</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, el espectador juega a ser un adolescente de la beatleman&iacute;a. Ni las bandas originales pueden prometer tanto, salvo cuando se hacen tributo a s&iacute; mismas.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Creo que a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>John Lennon</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> se atribuye la frase, cuando le hicieron la observaci&oacute;n de que </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ringo Starr</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> no era el mejor baterista del mundo, que dice: &ldquo;Ni siquiera es el mejor baterista de los Beatles&rdquo;. Con esta respuesta ir&oacute;nica, ubic&oacute; algo que ya implicaba una trascendencia respecto del talento musical.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La m&uacute;sica &ndash;sobre todo la canci&oacute;n&ndash; tiene el don de conectar con la nostalgia. Quien escucha canciones, se escucha a s&iacute; mismo. Por eso las canciones acompa&ntilde;an momentos muy importantes de nuestras vidas y, tal vez, podemos ubicar una &eacute;poca a partir de una melod&iacute;a. El contrato con el oyente de una canci&oacute;n es la reflexividad emotiva.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso a bandas tributo a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Kiss</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Creedence Clearwater Revival</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, a </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Los Redondos</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, pero nunca dir&iacute;amos que una Filarm&oacute;nica hace un tributo. Puede homenajear, puede tocar el repertorio de tal o cual compositor, pero su performance es ajena a la l&oacute;gica de la copia. Ser&iacute;a una cuesti&oacute;n a pensar con m&aacute;s profundidad el valor de que hablemos de un &ldquo;tributo&rdquo; &ndash;con el campo sem&aacute;ntico del impuesto y el sacrificio que implica. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Dejo esta cuesti&oacute;n para otra ocasi&oacute;n y voy a la &uacute;ltima escena que me interesa: </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Gustavo Cerati</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> devenido holograma en una noche del recuerdo. &iquest;Cu&aacute;ndo fue m&aacute;s Gustavo Cerati &eacute;l mismo que cuando dijo &ldquo;Gracias&hellip; totales&rdquo;? Un holograma est&aacute; condenado a no hacer nada por fuera de lo que Gustavo Cerati hizo, por lo tanto, no puede ser Gustavo Cerati.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Quiz&aacute; de aqu&iacute; a unos a&ntilde;os tambi&eacute;n desaparezcan las bandas tributo, porque solo estar&aacute; la experiencia de bandas que sean solo hologramas de otras bandas. Esto es algo que ya en su momento vieron </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Gorillaz</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> y </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La casa azul</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, pero no resistieron su propio experimento. Crear la narrativa de una banda no es tener una banda.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La m&uacute;sica est&aacute; entrando en un polo melanc&oacute;lico de auto-afectaci&oacute;n, de la que incluso a los m&uacute;sicos activos les cuesta escapar. Fue tambi&eacute;n Cerati quien escribi&oacute; &ldquo;Pon&eacute;s canciones tristes para sentirte mejor&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/imposibilidad-volver_129_13101832.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 09:21:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La imposibilidad de volver a ser]]></media:title>
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      <title><![CDATA[La culpa no es de Narciso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/culpa-no-narciso_129_13065182.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c4615b0-641c-4c7c-9386-a3a5a6348283_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La culpa no es de Narciso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La personalidad narcisista organiza sus vínculos en función de sostener una imagen de sí misma, buscando en el otro confirmación, reflejo o amenaza a esa identidad.</p></div><p class="article-text">
        Hoy se nombra como narcisista a cualquier actitud m&aacute;s o menos ego&iacute;sta, cuando se trata de otra cosa. Tener criterio cl&iacute;nico implica dejar de lado el sentido com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Unos de los puntos m&aacute;s significativos para entender la personalidad narcisista es su tipo de libido. Investir objetos con libido narcisista es algo diferente a hacerlo con libido objetal propiamente dicha.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        La libido narcisista es fuertemente adhesiva, pero tambi&eacute;n muy fr&aacute;gil. Por eso no suele ser elaborada a trav&eacute;s de duelos, tal como ya lo plante&oacute; <strong>Sigmund Freud</strong>. En la personalidad narcisista, se reconoce un criterio vincular: se busca en el otro a uno mismo.
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otro modo, la relaci&oacute;n con el otro es bivalente: es la relaci&oacute;n con el otro, pero tambi&eacute;n con uno mismo a trav&eacute;s del otro. A este aspecto apunta la personalidad narcisista; por eso tiende a ocupar roles definidos en los v&iacute;nculos: el/la normal, el/la sano/a, el/la ideal o que hace las cosas bien, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        La contracara de esta b&uacute;squeda de s&iacute; mismo en el otro es que, ante la negativa de este, la vivencia de rechazo despierta agresividad, una culpa que no se puede tolerar y, por lo tanto, se proyecta.
    </p><p class="article-text">
        Como contrapunto, pensemos ahora en una situaci&oacute;n t&iacute;pica del tratamiento del neur&oacute;tico obsesivo: discute con su pareja y teme que esta pueda dejarlo; pero si teme que pueda dejarlo, es porque ya da por sentado que no lo har&aacute;. Por eso se atrevi&oacute; a discutir.
    </p><p class="article-text">
        La eficacia de ese temor va de la mano de que sienta culpa. Entonces, a partir de ese momento se relacionar&aacute; con su pareja a trav&eacute;s de la culpa. No es que har&aacute; cosas y se sentir&aacute; culpable, sino que las har&aacute; para sentir culpa y, por lo tanto, no separarse.
    </p><p class="article-text">
        De este modo, el reverso del temor de que lo dejen es su posici&oacute;n culposa, basada en no separarse. El obsesivo se pone en pareja con un mandato impl&iacute;cito: no me voy a separar. La culpa asegura que as&iacute; sea.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en otra situaci&oacute;n, la de un hist&eacute;rico, que en el v&iacute;nculo siempre se reserva una parte de s&iacute;, que no comparte, a la que el otro no llega, al punto de que se relaciona con su pareja en funci&oacute;n de que esta no lo conozca del todo.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, la contraparte del temor obsesivo a ser dejado es, en la histeria, el miedo a que el otro se enoje. &iquest;Por qu&eacute; se enojar&iacute;a? Por lo que el hist&eacute;rico no da. Lo que el otro podr&iacute;a sacarle con su enojo es el correlato de lo que el sujeto reserva, tambi&eacute;n con culpa.
    </p><p class="article-text">
        Los hist&eacute;ricos conocen esa pasi&oacute;n por dejarle el enojo siempre al otro; ese enojo al que responden defensivamente &ldquo;No es mi culpa&rdquo; y claro que lo es, pero no por &ldquo;hacer enojar&rdquo; al otro, sino por los rodeos, circuitos y evasiones con que lo dejan fuera de juego.
    </p><p class="article-text">
        La culpa del hist&eacute;rico siempre se afirma con la aclaraci&oacute;n &ldquo;No es mi culpa&rdquo;. Y estas distinciones permiten situar c&oacute;mo la culpa es uno de los modos del goce en las neurosis.
    </p><p class="article-text">
        Los neur&oacute;ticos usan la culpa para relacionarse, al punto de que sus v&iacute;nculos terminan por estar basados en la culpa antes que en el amor. Mejor dicho, aman con y por culpa.
    </p><p class="article-text">
        En la patolog&iacute;a narcisista, en cambio, la culpa tiene otra forma (proyectiva) y no es que se pueda hacer el diagn&oacute;stico diferencial con la neurosis en t&eacute;rminos de presencia-ausencia de culpa.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/culpa-no-narciso_129_13065182.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 11:16:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La culpa no es de Narciso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Personalidad,Narcisismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una idea básica del psicoanálisis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/idea-basica-psicoanalisis_129_13023098.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/016beb63-fde2-4214-b04f-501e7cd91fec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una idea básica del psicoanálisis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La transferencia es una actualización de un conflicto psíquico en un vínculo actual privilegiado, no una simple repetición del pasado.
Ni idealización ni dependencia, representa el modo dinámico en que la conflictividad neurótica se organiza en la relación analítica.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Una de las nociones b&aacute;sicas del psicoan&aacute;lisis que a&uacute;n menos se comprende es la de transferencia. Ya sea porque se la vuelve equivalente a la noci&oacute;n de v&iacute;nculo, o bien porque se tiende a ver todo lo que ocurre en un tratamiento como parte de una re-vivencia infantil.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En principio, es fundamental situar qu&eacute; no es la transferencia. No es una idealizaci&oacute;n, no es cualquier pasi&oacute;n que surja en el marco de un tratamiento, como tampoco es una actitud dependiente que anule la capacidad cr&iacute;tica. Estas versiones de la transferencia son vulgares y no ameritan discusi&oacute;n, aunque sean muy frecuentes incluso entre principiantes.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Qu&eacute; es la transferencia? Es un desplazamiento. Esta es una idea freudiana (desde&nbsp;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">), a la que </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Sigmund Freud</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> nunca le corrigi&oacute; ni una coma. Ahora bien, es preciso pensar qu&eacute; se transfiere y c&oacute;mo. Pensemos un ejemplo, la situaci&oacute;n de alguien que tuvo un conflicto en el trabajo y, al llegar a su casa, discute con su pareja. Podr&iacute;a decirse que desplaz&oacute; el conflicto de una escena a otra.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Complejicemos el ejemplo y pensemos que alguien puede ser que pelee con su pareja para no asumir el conflicto que tuvo en el trabajo. En este punto, el desplazamiento ya no se piensa en t&eacute;rminos de causa y efecto, sino como una actualizaci&oacute;n. De la misma manera, la transferencia no es una repetici&oacute;n del pasado sino un modo din&aacute;mico de constituir un conflicto actual.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por otro lado, cabe destacar que el desplazamiento se realiza en un v&iacute;nculo que asume un car&aacute;cter privilegiado para recoger conflictos no resueltos. Esto es lo propio de la transferencia, ser un canal de recepci&oacute;n y distribuci&oacute;n de la conflictividad neur&oacute;tica. Por eso el analista debe incidir en la transferencia de un modo en que la respuesta no reproduzca el problema de origen.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Volvamos al ejemplo y pensemos cu&aacute;n corriente es que una persona se la pase peleando con su pareja mientras en el trabajo tiene una actitud sumisa ante un jefe al que odia. A veces las parejas lo dicen abiertamente: &ldquo;Es que est&aacute; en uno de esos d&iacute;as&rdquo; y as&iacute; explican que tengan que tolerar el desplazamiento en cuesti&oacute;n, de la misma manera en que si se les ocurriera hacer una observaci&oacute;n sobre aquel no recibir&iacute;an ning&uacute;n eco &ndash;o quiz&aacute; se les hablar&iacute;a con rechazo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso en psicoan&aacute;lisis suele decirse que la transferencia no se interpreta, sino que se analiza. Esto es lo que hace un analista, que funciona como relevo de esa aptitud transferencial particular de la neurosis. Hagamos una aclaraci&oacute;n: algo semejante podr&iacute;a aplicarse para las psicosis, pero ser&iacute;a otro tema y requerir&iacute;a otras consideraciones. Lo dejamos para otro momento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Con lo que no podemos estar de acuerdo es con la idea imaginaria de la transferencia como una re-vivencia de lo que alguien vivi&oacute; con su pap&aacute;, o su mam&aacute;, como si fuera un ni&ntilde;o; b&aacute;sicamente porque esto infantiliza a los pacientes. Y sabemos que la idea que un analista se haga de la transferencia condiciona el modo en que concibe el tratamiento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La transferencia es algo m&aacute;s interesante y serio. Podr&iacute;amos agregar un aspecto m&aacute;s, para no extendernos demasiado. De acuerdo con el ejemplo que mencionamos, podr&iacute;amos pensar en la transferencia con un Otro materno. Cuando el Otro adquiere una condici&oacute;n paterna, no se trata tanto de la constituci&oacute;n de un conflicto sino de un s&iacute;ntoma concreto.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pongamos un ejemplo de esto &uacute;ltimo, a partir del caso de alguien que comienza a tener diarreas durante el tratamiento; semejantes a aquellos que ten&iacute;a cada vez que le tocaba ir a rendir un final. La pregunta cl&iacute;nica, en este contexto, ser&iacute;a con qu&eacute; final lo confronta el an&aacute;lisis en ese momento.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Siempre es bueno que el an&aacute;lisis confronte con un final. Es bueno para llamar al s&iacute;ntoma. Es bueno para que el an&aacute;lisis no se vuelva un suced&aacute;neo del vientre materno, un espacio cerrado en el que se trata de estar seguro y a salvo de la realidad y sus exigencias.</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/idea-basica-psicoanalisis_129_13023098.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 10:53:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una idea básica del psicoanálisis]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis,Transferencia,Sigmund Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi amiga, Anna Freud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amiga-anna-freud_129_12985240.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/96063d6f-91b2-48fe-960d-06aa80c9d793_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi amiga, Anna Freud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La amistad aparece en la latencia como una forma nueva de vínculo que se diferencia del lazo fraterno. Para que exista, debe suspenderse la rivalidad por el amor parental y el lugar privilegiado de “hijo”. Por eso, en la escuela, el alumno más aplicado suele ser burlado: se lo vive como quien encarna el rol de hijo preferido.</p></div><p class="article-text">
        Cuando <strong>Sigmund Freud</strong> escribi&oacute; el art&iacute;culo &ldquo;Pegan a un ni&ntilde;o&rdquo;, estaba preocupado por el an&aacute;lisis de su hija <strong>Anna</strong>. Esta &uacute;ltima ten&iacute;a una inclinaci&oacute;n muy fuerte hacia el fantaseo. En efecto, en el momento de ingresar al movimiento anal&iacute;tico, la hija y paciente del padre del psicoan&aacute;lisis, escribi&oacute; un breve ensayo sobre las fantas&iacute;as de paliza y los sue&ntilde;os diurnos.
    </p><p class="article-text">
        Freud escribi&oacute; su art&iacute;culo sobre todo a partir del an&aacute;lisis de su hija, aunque sin decirlo. Del mismo modo, Anna utiliz&oacute; su caso como si fuera otro en el ensayo en cuesti&oacute;n. &iquest;En qu&eacute; consist&iacute;an las enso&ntilde;aciones de la paciente? Se trataba de historias en las que siempre alguien que estaba a punto de pasar por una situaci&oacute;n desgraciada, era redimido a trav&eacute;s de un evento conciliador.
    </p><p class="article-text">
        En resumidas cuentas, podr&iacute;a decirse que el goce de Anna no era tan extraordinario. Por cierto, muchas de las historias de las telenovelas tratan de personajes que, primero, sufren los m&aacute;s diversos escarnios para, luego, recibir una bendici&oacute;n del destino. Hubo una &eacute;poca en que en Latinoam&eacute;rica los pa&iacute;ses se paraban para ver los cap&iacute;tulos de las series. Y lo m&iacute;nimo que podr&iacute;a decirse es que no se trataba de guiones muy originales.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; como el cap&iacute;tulo VI de <em>La interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os</em> es un libro sobre teor&iacute;a del cine, antes del cine, a Freud le preocupaba la pasi&oacute;n telenovelera de Anna. Ella misma lo dice cuando le cuenta a <strong>Lou Salom&eacute;</strong> que esa inclinaci&oacute;n a fantasear le quita energ&iacute;a para acciones m&aacute;s &uacute;tiles, incluso el trabajo.
    </p><p class="article-text">
        En cierta medida, podr&iacute;a pensarse que a Freud &ndash;como buen hombre de letras del siglo XIX&ndash; no le gustaba que su hija dedicara tiempo a esas formaciones, cuya estructura es el <em>abc</em> de lo que se llama &ldquo;baja cultura&rdquo;. Anna no meditaba acerca del <em>Fausto</em> (de Goethe) sino que se sum&iacute;a en imaginaciones m&aacute;s parecidas a una novela de <strong>Thal&iacute;a</strong>, en que una chica pobre es humillada, para luego casarse con el hijo de una familia de ricos. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del valor cultural que pudieran tener esas formaciones, al punto de que Freud las considerara s&iacute;ntomas &ndash;me divierte la idea de que, as&iacute; como en un viejo art&iacute;culo (creo que de <strong>Jos&eacute; Bleger</strong>) un analista cuenta como un avance del tratamiento que la paciente ve menos televisi&oacute;n, hoy pueda decirse que hay un efecto anal&iacute;tico en usar menos las redes sociales&ndash;, la cuesti&oacute;n es cu&aacute;l es el goce que subtiende esa pasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para Freud, bajo el sue&ntilde;o diurno hay una fantas&iacute;a masoquista que proyecta en la visi&oacute;n de la desgracia ajena una satisfacci&oacute;n puntual. Esta fantas&iacute;a (de humillaci&oacute;n) es propia de una edad espec&iacute;fica, la latencia. &iquest;Qu&eacute; es el periodo de latencia? Esa etapa de la vida que inicia cuando concluye la temprana infancia.
    </p><p class="article-text">
        De los ni&ntilde;os peque&ntilde;os dif&iacute;cilmente podr&iacute;a decirse que disfrutan de mirar el modo en que a otros les va mal; m&aacute;s bien podr&iacute;amos acordar &ndash;con Freud&ndash; en que son directamente crueles. Los latentes ya atravesaron esta etapa e inhiben sus impulsos, incluso sublimaron el complejo fraterno.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; quiere decir esto &uacute;ltimo? En principio, que un amigo no es un hermano. Pero, &iquest;qu&eacute; es un hermano? Es alguien con quien uno se cr&iacute;a y rivaliza por el amor de los padres. Por eso puede haber hijos de mismos padres que, por la diferencia de edad, no funcionen como hermanos. El punto es que, en la latencia, se actualiza el complejo fraterno con otros ni&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; un amigo no es un hermano? Porque justamente con el amigo se trasciende la rivalidad por el amor de los padres. Aunque, por supuesto, hay excepciones. En no pocas telenovelas (y vidas de la far&aacute;ndula, que son las telenovelas contempor&aacute;neas) quienes son como hermanos terminan peleados por una mujer o uno es amante de la pareja del otro; pero si todo va bien, la amistad surge con el pacto de poner en suspenso el complejo fraterno.
    </p><p class="article-text">
        Y no solo el complejo fraterno, sino tambi&eacute;n lo central de la vida de alguien en los m&aacute;s tempranos a&ntilde;os: la posici&oacute;n de hijo. Los ni&ntilde;os peque&ntilde;os no tienen amigos en sentido estricto; la amistad es una formaci&oacute;n de la latencia, que surge a partir del momento en que hay un pacto en torno a que nadie har&aacute; valer su rol de hijo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; en las instituciones educativas muchas veces al que m&aacute;s estudia se lo suele burlar? Porque se entiende que este ocupa el lugar de hijo al que los dem&aacute;s renunciaron. Ser preferido es una suerte de estigma en la escuela, cuando m&aacute;s veces se responde a la sanci&oacute;n con un &ldquo;Fuimos todos&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La latencia es la etapa en que se mata al hijo y esto explica por qu&eacute; tantas veces nos encontramos con fen&oacute;menos dram&aacute;ticos de bullying como correlato de la fantas&iacute;a &ldquo;Pegan a un ni&ntilde;o&rdquo;. Solo con la instalaci&oacute;n de la adolescencia este fen&oacute;meno se modifica y ya no recae sobre el hijo la sa&ntilde;a, porque a partir del despertar sexual se trata de matar a los padres. Desde un punto de vista simb&oacute;lico, claro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es lo que a Freud le preocupaba de su hija? Que esta no terminaba de crecer, que se quedaba en una especie de latencia extendida y que no se desarrollaba como mujer. Tal vez no ayudaba demasiado que su analista fuera su mismo padre. Parad&oacute;jicamente, Anna fue la psicoanalista que primero se ocup&oacute; de pensar la escuela y al ni&ntilde;o en esa etapa de la vida. De su vida sabemos que no se cas&oacute; ni tuvo hijos, aunque s&iacute; que comparti&oacute; la vida con una mujer de la que dec&iacute;a que era su amiga &iacute;ntima.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces se insisti&oacute; en la homosexualidad de Anna Freud, pero su bi&oacute;grafo no es contundente al respecto. S&iacute; es sabido que ella misma, a diferencia de su padre, consideraba la homosexualidad como una enfermedad e incluso se opon&iacute;a que a que homosexuales fueran analistas. Quiz&aacute; esta actitud no haya sido una forma reactiva de encubrir su deseo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando pienso en Anna, la imagino como una mujer que, hoy, mirar&iacute;a telenovelas con su amiga, en un v&iacute;nculo de erotismo tierno, sin condiciones sexuales. Ese disfrute que puede sentir una mujer, al estar con otra mujer, quiz&aacute; sea tan escandaloso que, muchas veces, con un falso benepl&aacute;cito se lo busca transformar en una relaci&oacute;n de pareja.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez esa amistad con una mujer haya sido la manera en que Anna consigui&oacute; dejar de ser hija, posici&oacute;n que no hubiera podido remover en un v&iacute;nculo m&aacute;s formal. Pienso en Anna como una latente cr&oacute;nica, dedicada al estudio, a la sublimaci&oacute;n y al cuidado del legado de su padre, como una buena alumna. Nada de esto le quita m&eacute;rito, al contrario. Quiz&aacute; sea tiempo de revalorizar su obra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amiga-anna-freud_129_12985240.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Feb 2026 09:25:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mi amiga, Anna Freud]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hijos,Hermanos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Se me apagó la tele]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/apago-tele_129_12948548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d4a183c-aa1b-4806-97fb-2345492f709a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Se me apagó la tele"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dormir no es una retirada absoluta del mundo, sino una forma particular de permanecer en él. Aunque el repliegue previo al sueño pensado por Freud podría sugerir desconexión, la observación de los animales muestra lo contrario: se descansa sin romper el lazo con el entorno, en una calma atenta.</p></div><p class="article-text">
        Dormir implica retirarse del mundo, pero no abandonarlo. La idea freudiana de que hay un repliegue que antecede al sue&ntilde;o podr&iacute;a conducir a pensar que quien duerme ya no est&aacute; en el mundo. Sin embargo, no hay m&aacute;s que ver c&oacute;mo duermen los animales para notar c&oacute;mo est&aacute;n saludablemente relacionados con el entorno.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qui&eacute;n pudiera dormir como un animal! Pocas cosas m&aacute;s gratificantes que ver a un gato o un perro echarse en el suelo y cerrar los ojos, para permanecer en un reposo silencioso. Es cierto que, mientras descansan, tambi&eacute;n est&aacute;n alertas. Lo advertimos cuando el menor sonido hace que muevan la oreja en una direcci&oacute;n u otra.
    </p><p class="article-text">
        Para dormir, es preciso estar en una relaci&oacute;n de suma comodidad con el ambiente. Los seres humanos, que tambi&eacute;n somos animales &ndash;nunca est&aacute; dem&aacute;s aclararlo&ndash;, pero atravesados por las consecuencias mort&iacute;feras del lenguaje, tenemos toda una serie de rituales para dormir. Lo mismo que para ir al ba&ntilde;o. Acaso, &iquest;no hay personas que no van al ba&ntilde;o en cualquier parte, de la misma forma en que hay otras (quiz&aacute; algunas son las mismas) que duermen solo en su cama?
    </p><p class="article-text">
        Algunas personas incluso trasladan sus s&aacute;banas y la almohada cuando est&aacute;n de viaje. &iexcl;Qui&eacute;n pudiera dormir como un animal y dejarse descansar en lugares hasta inc&oacute;modos, tal como pueden serlo un colectivo o la sala de espera de un odont&oacute;logo! Curiosamente, esta es una capacidad que tienen los ni&ntilde;os, pero que se pierde con los a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Estamos acostumbrados a reflexionar sobre la temporalidad del dormir. Buscamos el sue&ntilde;o en el interior del fluir de la conciencia. Lo buscamos en los pliegues del cerebro, en alg&uacute;n sentido inconsciente; pero as&iacute; descuidamos su proyecci&oacute;n mundana, lo que implica como v&iacute;a de estar en &iacute;ntimo acuerdo con lo que nos rodea.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en la situaci&oacute;n siguiente: cualquiera de nosotros se sube a una bicicleta, o se dispone a manejar el auto, mientras se dispone a que su cuerpo adquiera ese nuevo espacio. No hace falta hacer c&aacute;lculos mentales para doblar, porque ahora tenemos un cuerpo extendido que va m&aacute;s all&aacute; de la racionalidad. 
    </p><p class="article-text">
        La locomoci&oacute;n asistida es un ejemplo claro para reconocer el car&aacute;cter expansivo de la corporalidad. Los bordes de nuestro cuerpo son m&oacute;viles. El Yo, como dec&iacute;a Freud, es sobre todo una superficie y, como tal, se proyecta y adquiera las tonalidades de aquello que est&aacute; a su alrededor. 
    </p><p class="article-text">
        Gracias a este fen&oacute;meno proyectivo es que hablamos de un &ldquo;hogar&rdquo;, que no es solo nuestra casa. En el hogar est&aacute;n nuestras cosas, que no son solo nuestras pertenencias, sino un reflejo de nuestra vida. El hogar no es solo un refugio &ndash;como la cueva animal&ndash;, sino una sede de un modo de vida singular.
    </p><p class="article-text">
        Por eso algunas personas no pueden dormir fuera de su casa, porque no pueden llevar el hogar a cuestas. Por eso tambi&eacute;n es que hay quienes no pueden dormir ni en su casa, si esta no est&aacute; investida libidinalmente de acuerdo con la proyecci&oacute;n de la que hablamos. Pensemos en lo que ocurre, por ejemplo, despu&eacute;s de una separaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, hay personas que solo pueden dormir con otras personas, apoy&aacute;ndose en el Yo de quien est&aacute; a su lado. Otras requieren un apoyo animista y, para el caso, como el ni&ntilde;o peque&ntilde;o utiliza un oso, u otro objeto, en el que deposita, la capacidad que est&aacute; en el camino de desarrollar, del mismo modo, ponen los almohadones de cierta manera o, como alguna vez escuch&eacute; a alguien que no pod&iacute;a dormir en una cama cuyas s&aacute;banas no estuvieran tendidas, precisa que haya un orden exterior en que encontrar el sost&eacute;n ps&iacute;quico.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qui&eacute;n pudiera dormir como los animales, por el mero placer del descanso y como una manera de estar presentes en el mundo! Algunas personas solo pueden dormir si, por ejemplo, se anulan ps&iacute;quicamente. Necesitan llegar al agotamiento &ndash;a trav&eacute;s de la lectura, o mirando una pantalla, si no es que toman alguna pastilla&ndash; para que el cuerpo se apague. As&iacute; es que lo dicen: &ldquo;Se me apag&oacute; la tele&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Habr&iacute;a que pensar si acaso esto es dormir. La consecuencia, a veces, es que despierten en un estado de sobresalto, alertas, o m&aacute;s cansados que antes. Creer&iacute;a que dormir es un tipo de placer ps&iacute;quico tan importante como comer y la sexualidad. 
    </p><p class="article-text">
        Si alguna vez alguien dijo que pod&iacute;a aplicarse el aforismo &ldquo;Dime c&oacute;mo comes y te dir&eacute; c&oacute;mo eres en la cama&rdquo;, tal se pueda pensar en una variante sobre el dormir; aunque no ser&iacute;a muy original, porque ya Freud dijo una vez que el modo de la satisfacci&oacute;n sexual est&aacute; en el beb&eacute; que dorm&iacute;a despu&eacute;s de mamar.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/apago-tele_129_12948548.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jan 2026 09:09:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Se me apagó la tele]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sueño,placer]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La depresión sin épica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/depresion-epica_1_12913147.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5eecfea7-dec4-46fd-9199-26a2e9a0cc74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La depresión sin épica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con el paso de las décadas, los seres humanos fueron asimilando lógicas propias de los objetos técnicos, hasta pensarse y funcionar como máquinas. El pensamiento rumiante expresa este proceso: una idea inercial que se impone con intensidad, gobierna al sujeto y le quita al pensar su carácter activo y reflexivo.</p></div><p class="article-text">
        Seguramente muchos de nosotros, antes de ir a dormir, ponemos a cargar el tel&eacute;fono. Si no es el tel&eacute;fono, es la computadora. Si no lo hacemos por la noche, lo hacemos durante el d&iacute;a. Si no es el tel&eacute;fono ni la computadora, es otro objeto que requiere carga.
    </p><p class="article-text">
        Nos pasamos buena parte de la vida como instrumentos de carga entre objetos. Ellos se conectan, pero tambi&eacute;n podr&iacute;amos decir que nosotros los conectamos y, por lo tanto, hacemos viable su conectividad. De esto se sigue que la conexi&oacute;n es algo que tambi&eacute;n nos implica a nosotros; es parte de nuestro modo de vida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        As&iacute; es que nuestra sensibilidad conectiva se expresa con f&oacute;rmulas del estilo &ldquo;Ponerse las pilas&rdquo;, o bien hemos dejado de hablar de cansancio &ndash;forma morosa del alma&ndash; para decir que estamos &ldquo;agotados&rdquo;. De la misma manera alguien dice que est&aacute; &ldquo;colgado&rdquo; y otro habla de &ldquo;engancharse&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con estas distinciones es que tambi&eacute;n se entiende la distinci&oacute;n cl&aacute;sica entre angustia y ansiedad, en la medida en que la primera denota el estado de tensi&oacute;n que se debe a un conflicto interno, mientras que la segunda es un exceso de excitaci&oacute;n que no logr&oacute; obtener la suficiente cualidad ps&iacute;quica.
    </p><p class="article-text">
        Suele ocurrir que quien est&aacute; &ldquo;sobrecargado&rdquo; se ponga ansioso; pero m&aacute;s all&aacute; de c&oacute;mo se viva esta intensidad, lo importante es que la conectividad existencial se manifiesta a trav&eacute;s de una b&uacute;squeda continua de est&iacute;mulos. La conectividad requiere procesos continuos de m&aacute;s o menos descarga.
    </p><p class="article-text">
        Cuando estamos aburridos, si es que llegamos a sentir aburrimiento, si no actuamos de manera defensiva contra esa tensi&oacute;n, buscamos alg&uacute;n objeto al que adosarnos. Empezamos a <em>scrollear</em> y, en pocos segundos, ya no estamos viendo nada, sino que deslizamos el dedo de manera autom&aacute;tica sobre la pantalla.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;qui&eacute;n est&aacute; enganchado a qu&eacute; objeto? <strong>Jacques Lacan </strong>invent&oacute; un neologismo para los objetos tecnol&oacute;gicos; los llamaba &ldquo;letosas&rdquo; (<em>lathouses</em>), palabra que condensa la referencia a las ventosas y a la verdad (entendida como <em>aletheia</em>, seg&uacute;n los griegos: develamiento).
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otro modo, los objetos tecnol&oacute;gicos nos chupan la verdad, se convierten en algo m&aacute;s que un &uacute;til; son parte de nuestra esencia, como cuando uno se olvida el tel&eacute;fono y r&aacute;pidamente vuelve a buscarlo. 
    </p><p class="article-text">
        Tampoco falta quien dice que, en el tel&eacute;fono, tiene &ldquo;todo&rdquo;; es decir, su propio ser. Fotos &iacute;ntimas, claves, redes, etc. Definitivamente los tecno-objetos no son objetos cualesquiera, sino aquellos con los que entramos en una dependencia radical.
    </p><p class="article-text">
        Y esta dependencia no se basa en que solo dependamos de ellos, en el sentido de que los precisamos para vivir. Sino que los necesitamos para <em>ser</em>, por eso el neologismo de Lacan tambi&eacute;n incluye una referencia a la <em>ousia</em> (sustancia o esencia, tambi&eacute;n para los griegos).
    </p><p class="article-text">
        Todo esto lo dijo Lacan hace medio siglo, cuando ni siquiera exist&iacute;an computadoras en las casas. As&iacute; funciona la mente de los grandes pensadores, como la de los grandes artistas, anticip&aacute;ndose a la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, lo que me interesa destacar en este breve art&iacute;culo es que, con las d&eacute;cadas, los humanos mismos nos fuimos volviendo tecno-objetos. Adquirimos su funcionamiento y en la relaci&oacute;n con nosotros mismos adquirimos el car&aacute;cter de m&aacute;quinas.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, hay quienes dicen &ldquo;Estoy maquinando&rdquo; para referirse a su pensamiento m&aacute;s o menos rumiante. Por cierto, este &uacute;ltimo es muy distinto al pensamiento neur&oacute;tico obsesivo centrado en la duda. 
    </p><p class="article-text">
        Un pensamiento rumiante ilustra el car&aacute;cter inercial de una idea con toda su ajenidad y su m&aacute;xima fuerza de imposici&oacute;n. Es el pensamiento que queda gobernado por la idea para perder justamente su caracter&iacute;stica intr&iacute;nseca: el pensar.
    </p><p class="article-text">
        Un pensamiento rumiante es un pensamiento que no (se) puede pensar, que no puede despegarse de s&iacute; mismo; que padece la adherencia de una carga imposible de dominar. Es una idea apremiada por una intensidad.
    </p><p class="article-text">
        Esta modificaci&oacute;n de la sensibilidad, de un tiempo a esta parte, puso sobre la mesa una transformaci&oacute;n de las categor&iacute;as b&aacute;sicas del tiempo y el espacio. Para funcionar como objetos con cargas, necesitamos espacializarnos cada vez m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El sujeto fue perdiendo progresivamente su dimensi&oacute;n temporal para adquirir cada vez m&aacute;s el car&aacute;cter de una superficie sobre la que se desplazan fuerzas que tiene que tramitar. De ah&iacute; que cada vez sean m&aacute;s frecuentes las t&eacute;cnicas del Yo que drenan &ldquo;energ&iacute;as&rdquo; y cada vez hay menos confianza en los procesos de elaboraci&oacute;n (como la psicoterapia).
    </p><p class="article-text">
        El sujeto espacial, eminentemente proyectivo, pierde de a poco su interior y se siente vac&iacute;o en la relaci&oacute;n consigo mismo. Se vac&iacute;a de historias. Siente que cada vez tiene menos que contar, como no sean los acontecimientos disruptivos que lo invaden.
    </p><p class="article-text">
        En una pr&oacute;xima columna desarrollar&eacute; por qu&eacute; esta espacializaci&oacute;n se vincula con que cada vez m&aacute;s el sujeto se reconozca en miedos antes que en deseos. Y este cambio incide en diversos procesos vitales, como el dormir.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La depresi&oacute;n sin &eacute;pica&rdquo;, como dice la canci&oacute;n de <em>El Mat&oacute; A Un Polic&iacute;a Motorizado</em> define el estatuto del sujeto contempor&aacute;neo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/depresion-epica_1_12913147.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jan 2026 13:01:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La depresión sin épica]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Depresión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Renunciar al goce]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/renunciar-goce_129_12881592.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a7c92f92-40dd-466d-befe-cc570c33e82a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1133584.jpg" width="6073" height="3416" alt="Renunciar al goce"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El más allá del goce no está en su renuncia sino en la posibilidad de compartirlo, sacarlo del propio cuerpo y encontrarlo en otro. La pregunta freudiana es cómo un ser humano autoerótico puede pasar de la excitación personal al vínculo, algo que el psicoanálisis piensa más allá de la mera estimulación recíproca.</p></div><p class="article-text">
        Siempre valor&eacute; a las personas capaces de contar un chiste. En los albores de mi pre-pubertad, iba al grupo los s&aacute;bados de mi colegio. Jug&aacute;bamos al f&uacute;tbol y ten&iacute;amos charlas sobre temas relevantes para nuestro crecimiento. All&iacute; hab&iacute;a un coordinador (un muchacho que me parec&iacute;a de otra generaci&oacute;n, pero esa era la impresi&oacute;n que nos produc&iacute;an en ese tiempo los chicos de la secundaria) que nos contaba chistes. Su arte estaba en tomar cuentos que quiz&aacute; eran conocidos, pero pod&iacute;a desarrollarlos durante varios minutos y hasta crear una sensaci&oacute;n de novedad. 
    </p><p class="article-text">
        Hay una gran diferencia entre quien cuenta un chiste y quien hace re&iacute;r. Hoy esto es lo m&aacute;s frecuente. Quiz&aacute;s sea una costumbre que comenz&oacute; con los <em>bloopers</em> en los &rsquo;90. Tengo el recuerdo de haber escuchado mucho antes a <strong>Luis Landriscina</strong> en el auto de mi abuelo, en un viaje de varias horas. Hay un abismo entre el arte de ese viejo cuentista y el efectismo del <em>stand up</em> contempor&aacute;neo. Este &uacute;ltimo me gusta en algunos casos puntuales, pero en muchos otros me resulta un poco invasivo y f&aacute;cil.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &iquest;Qu&eacute; es lo que me atra&iacute;a de ese muchacho capaz de hacer que una veintena de ni&ntilde;os se quedasen quietos y expectantes? Si lo tuviera que decir con palabras actuales, dir&iacute;a que ten&iacute;a el don de compartir el goce. Lo digo de otro modo: tenemos la idea de que el goce es algo a lo que es preciso renunciar; sin embargo, lo que trasciende el goce es compartirlo, sacarlo del cuerpo propio y encontrarlo en otro.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta b&aacute;sica del pensamiento freudiano es c&oacute;mo un animal autoer&oacute;tico como el ser humano es capaz de pasar de una fuente de excitaci&oacute;n personal a un v&iacute;nculo; es decir, de un auto a un hetero-erotismo. De lo contrario, la sexualidad no ser&iacute;a m&aacute;s que un simple ejercicio de estimulaci&oacute;n rec&iacute;proca. A decir verdad, este es el ideal de buena parte de la sexolog&iacute;a actual; se trata de aprender a franelearnos. El psicoan&aacute;lisis va por otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Compartir es algo que se les ense&ntilde;a a los ni&ntilde;os desde muy peque&ntilde;os, sobre todo en los jardines de infantes. &ldquo;Hay que compartir&rdquo;, dice mi hijo menor de tres a&ntilde;os. Que lo enuncie de un modo superyoico, como una obligaci&oacute;n, muestra cu&aacute;nto le cuesta a&uacute;n: afirma la m&aacute;xima universal cuando el (objeto de) goce es de otro, pero cuando es a &eacute;l a quien le toca ceder dice &ldquo;No quiero compartir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia de la renuncia es diferente a la de la p&eacute;rdida. En psicoan&aacute;lisis hablamos mucho de la &ldquo;castraci&oacute;n&rdquo;, operaci&oacute;n simb&oacute;lica que denota el pasaje por una instancia de m&aacute;s o menos negatividad; por ejemplo, el final de una relaci&oacute;n amorosa supone alguna manera de castraci&oacute;n, en la medida en que la separaci&oacute;n conducir&aacute; a un duelo. A trav&eacute;s de este, lo que se pierde se recupera.
    </p><p class="article-text">
        La castraci&oacute;n no es una mera inscripci&oacute;n negativa; es la simbolizaci&oacute;n de la p&eacute;rdida y, por lo tanto, el surgimiento de un nuevo modo de desear. En el caso del duelo, la aparici&oacute;n de la nostalgia benigna, que permite reencontrarse en los recuerdos que les dan una matriz y un sost&eacute;n a nuevos deseos &ndash;una nostalgia que no a&ntilde;ora volver al pasado, tendencia que m&aacute;s bien se vincula con la pulsi&oacute;n de muerte.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, la renuncia es una operaci&oacute;n distinta. Al renunciar no se pierde un goce, sino que se lo trasciende. A trav&eacute;s de la renuncia se le pone un freno a la descarga inmediata, para que haya un encuentro con el otro. Por eso <strong>Sigmund Freud</strong> planteaba que es con la renuncia a la pulsi&oacute;n que se funda una civilizaci&oacute;n. Esa renuncia no es la represi&oacute;n, sino una inhibici&oacute;n de la acci&oacute;n individual y directa, para crear el espacio de lo com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia entre el chiste y el humor est&aacute; en que este &uacute;ltimo es una acci&oacute;n que se da entre dos o m&aacute;s, de manera com&uacute;n, mientras que el chiste es la simple satisfacci&oacute;n personal, aunque sea entre varias personas conjuntamente. El humor funda una comunidad, mientras que el chiste reclama el goce del idiota. Por eso en el chiste suele generarse el malentendido que a veces lleva a decir &ldquo;No fue gracioso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es un aspecto corriente en la neurosis obsesiva que haga chistes que, para los dem&aacute;s, sean formas de agresi&oacute;n encubiertas. En el chiste, el obsesivo justamente no renuncia a su agresi&oacute;n, solamente la disimula y &ndash;podr&iacute;amos decir&ndash; &ldquo;se caga en el otro&rdquo;, refugi&aacute;ndose en el semblante de un lazo social.
    </p><p class="article-text">
        La renuncia tiene mala prensa, quiz&aacute; por el &eacute;nfasis que en una sociedad individualista tiene la aspiraci&oacute;n de que las cosas empiecen y terminen en uno. Por eso la present&eacute; a trav&eacute;s de uno de sus modos comunitarios, el humor. &ldquo;Cambio todo por el don que hace a las mujeres re&iacute;r&rdquo;, dice una canci&oacute;n de <strong>Babas&oacute;nicos </strong>que ilustra bien lo que se gana en la renuncia.
    </p><p class="article-text">
        El don que hace re&iacute;r no es el mismo que produce efectos de seducci&oacute;n. Como suele pasar con <strong>Adri&aacute;n D&aacute;rgelos</strong>, sus letras son mucho m&aacute;s profundas de lo que suponemos. La canci&oacute;n no pide el poder m&aacute;gico que lo vuelve irresistible ante las mujeres, sino un modo de v&iacute;nculo que es refractario al mero intercambio &ndash;el don&ndash; y que se basa en la intimidad del humor con lo que este tiene de amoroso.
    </p><p class="article-text">
        Esta canci&oacute;n de Babas&oacute;nicos le responde al verso de <strong>Los Redondos</strong> que planteaba &ldquo;Las minitas aman los payasos&rdquo;. Entre una letra y otra, hay dos formas de entender el lazo er&oacute;tico y su fundamento en la constituci&oacute;n de un espacio com&uacute;n de renuncia. En el &ldquo;Cambio todo&rdquo; del verso de D&aacute;rgelos est&aacute; la referencia a la ofrenda que trasciende al individuo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; significa compartir? Aprender a renunciar, sin que esta operaci&oacute;n sea la una pura p&eacute;rdida. Todo lo contrario. En la renuncia, lo que hay se multiplica y alcanza para todos, tal como ense&ntilde;a el milagro b&iacute;blico de los peces y los panes. Al compartir, lo poco es un mont&oacute;n y hasta deja un resto.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/renunciar-goce_129_12881592.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jan 2026 12:46:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Chiste,Luis Landriscina,Adrián Dárgelos,Goce]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fiestas de egresados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fiestas-egresados_129_12857656.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5cc0f785-0119-42fe-8b99-b00ad01b126e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fiestas de egresados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
¿Será que estamos destinados a regresionar hasta esa etapa efusiva y dilapidatoria que es la adolescencia? ¿El “egreso” será el único ritual que nos va quedando y, por lo tanto, se lo usa para todo?</p></div><p class="article-text">
        Hace poco un amigo me cont&oacute; que despu&eacute;s de una jornada profesional sobre consumos problem&aacute;ticos, el evento concluy&oacute; con una fiesta en la que estuvieron todos drogados. Lo que &eacute;l se&ntilde;alaba era la contradicci&oacute;n entre lo planteado en un &aacute;mbito y lo realizado en el otro, pero lo que a m&iacute; interes&oacute; fue otra cuesti&oacute;n: &iquest;por qu&eacute; no pudieron celebrar de otro modo?
    </p><p class="article-text">
        Unos d&iacute;as despu&eacute;s vi en las redes el video de un casamiento al que los novios llegaban a las corridas y dando saltos y, cada uno con su grupo de amigos, se abrazaron y terminaron en una especie de pogo al grito de &ldquo;Eh eh eh&rdquo;. Es una de las cosas m&aacute;s extra&ntilde;as que vi en el &uacute;ltimo tiempo. La celebraci&oacute;n de un matrimonio parec&iacute;a una fiesta de egresados.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Por cierto, es notable c&oacute;mo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se festejan no solo los egresos de los secundarios, sino tambi&eacute;n el fin de la primaria y, m&aacute;s recientemente, la salida del jard&iacute;n de infantes. Seguramente ustedes tambi&eacute;n han visto ni&ntilde;os con buzos de &ldquo;egresaditos&rdquo; y alg&uacute;n nombre o apodo estampado en la espalda.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que no son los ni&ntilde;os los interesados en esa promoci&oacute;n. Somos nosotros, los padres, los que proyectamos alg&uacute;n tipo de emoci&oacute;n en esa instancia de pasaje. Ahora bien, &iquest;cu&aacute;l es el motivo por el que el pasaje se vive con la f&oacute;rmula del egreso? &iquest;De qu&eacute; ser&aacute; que no podemos salir, para festejar de este modo?
    </p><p class="article-text">
        Para los adolescentes se trata de un acto comprensible; se trata de un ritual que celebra la mayor&iacute;a de edad. El egreso determina el pasaje al mundo adulto y, como todo rito, va de la mano de excesos que los j&oacute;venes toman de la parodia adulta (consumos de sustancias m&aacute;s o menos prohibidas).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es la adultez en juego para un ni&ntilde;o que termina el jard&iacute;n de infantes o la escuela primaria? Como dije antes, somos m&aacute;s bien nosotros, los padres, los que &ndash;pareciera que&ndash; tenemos que hacer un duelo para aceptar una p&eacute;rdida, del ni&ntilde;o peque&ntilde;o, del advenimiento a la pubertad, etc. 
    </p><p class="article-text">
        El punto es que hacemos ese duelo con una exaltaci&oacute;n juvenil. &iquest;Ser&aacute; que no somos lo suficientemente adultos, como para que nuestros hijos crezcan? Por otro lado, &iquest;por qu&eacute; tantas fiestas de fin de a&ntilde;o laborales toman la forma de remedos de fiestas de egresados? Lo dicho al principio sobre una jornada profesional se extiende a muchos casos en estos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Un hombre me cuenta que organiza la fiesta de fin de a&ntilde;o de su empresa. Es en un t&iacute;pico boliche para j&oacute;venes y contratan a una banda de las que suelen tocar en el Movistar Arena. Se tiene la impresi&oacute;n de que es algo distinguido. Uno de los gerentes avisa que llevar&aacute; pastillas y se produce gran expectativa entre los empleados.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo algunas fiestas de fin de a&ntilde;o de otra &eacute;poca, cuando lo interesante &ndash;para m&iacute;&ndash; era poder ver a alguno de mis jefes en un rol que no fuera el formal. Ah&iacute; conoc&iacute;a, detr&aacute;s del jefe, al padre, al hombre, la sensibilidad detr&aacute;s de la norma, un gusto singular (quiz&aacute;s alg&uacute;n hobbie) detr&aacute;s de la instrucci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; que, en este mundo sin padres ni hombres, estamos destinados a regresionar hasta esa etapa efusiva y dilapidatoria que es la adolescencia? El egreso &iquest;ser&aacute; el &uacute;nico ritual que nos va quedando y, por lo tanto, se lo usa para todo? Lejos de una ampliaci&oacute;n de la capacidad de disfrute, esto habla de todo lo contrario.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, &iexcl;quiero aclarar que no estoy en contra de las fiestas! S&iacute; me pasa que no me est&aacute;n gustando las fiestas de hoy, cuando todo se festeja de la misma manera. Tengo m&aacute;s bien la impresi&oacute;n de que la madurez no implica dejar de ir o hacer fiestas; su esencia est&aacute; en reconocer que los modos del festejo se diversifican. 
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que, cada tanto, alguien puede mandarse una regresi&oacute;n a la juventud y vivir la noche del recuerdo (como cuando se junta con los amigos del secundario), pero ese revival es acartonado y su valor est&aacute; en la eventualidad. Otra cosa es la fiesta de egresados devenida en modelo de simbolizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los adultos de esta &eacute;poca parecemos capturados en una madurez larvada, que no termina de hacer el pasaje y, por lo tanto, precisa recrearlo indefinidamente. Nos dedicamos a nuestros asuntos m&aacute;s o menos serios, pero despu&eacute;s tenemos que festejarlos de un modo que los ponga en cuesti&oacute;n &ndash;como si esa seriedad fuera artificial.
    </p><p class="article-text">
        Este es el prejuicio adolescente de creer que madurar es perder espontaneidad, resignar y hacer cosas obligadas. La ritualidad de la fiesta de egresados es una desmentida de nuestra adultez, que nos incomoda, a la que no le terminamos de creer. Creemos que ser grandes es hacer cosas de grandes, no serlo.
    </p><p class="article-text">
        LL/MF
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fiestas-egresados_129_12857656.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Dec 2025 09:22:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fiestas de egresados]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[adolescencia,Fiestas,Adultez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir enfermos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vivir-enfermos_129_12822501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3112a26c-2c2f-4b40-9675-146d8f0e452d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivir enfermos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El aumento de enfermedades graves en jóvenes podría anticipar un futuro en el que “vivir será equivalente a vivir enfermos”, lo que obligará a pasar de “soy (un) enfermo” a “estoy enfermo” para que la enfermedad no defina la identidad.</p></div><p class="article-text">
        Cada vez es m&aacute;s com&uacute;n escuchar que personas j&oacute;venes se enferman con gravedad. Una estad&iacute;stica muestra que, de aqu&iacute; a unos a&ntilde;os, vivir ser&aacute; equivalente a vivir enfermos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vivir enfermos&rdquo;, expresi&oacute;n que plantea el desaf&iacute;o contempor&aacute;neo de no identificarse con la enfermedad para poder vivirla. Este pasaje se resume en t&eacute;rminos del movimiento de &ldquo;soy (un) enfermo&rdquo; a &ldquo;estoy enfermo&rdquo; &ndash;sin que la enfermedad me defina.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n, entonces, radica en c&oacute;mo pensar ese modo de &ldquo;estar&rdquo; que se pone en juego con una enfermedad. Se trata de una capacidad. Porque, as&iacute; como existe la capacidad de estar solos, tambi&eacute;n existe la capacidad de estar enfermo. 
    </p><p class="article-text">
        En general las capacidades tienen que ver con el &ldquo;estar&rdquo;. En nuestros modos afectivos se reconoce f&aacute;cil, ya que algunos necesitan verbos activos (como amar), pero otros se realizan a trav&eacute;s de una capacidad; por ejemplo &ldquo;estar triste&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estar triste&rdquo; es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil que amar. &ldquo;Estar triste&rdquo; a veces no es algo diferente a simplemente estar. Es como estar solo o estar enfermo, que suponen que nuestro psiquismo pueda regresionar sin fragmentarse &ndash;o sin recurrir a defensas primarias (como la negaci&oacute;n, la man&iacute;a, la proyecci&oacute;n). 
    </p><p class="article-text">
        En el caso puntual de estar enfermos, la regresi&oacute;n depende del narcisismo (a diferencia de la regresi&oacute;n de estar solo que es pulsional). Para entender esto no hay m&aacute;s que pensar en qu&eacute; le pasa a un ni&ntilde;o cuando enferma: se vuelve mucho m&aacute;s ni&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Hay un chiste que habla de c&oacute;mo los varones, cuando enfermamos, somos mucho m&aacute;s exagerados y dram&aacute;ticos que las mujeres. Ser el falo de la madre (no &ldquo;haberlo sido&rdquo;, porque esta posici&oacute;n no se deja en la masculinidad) tiene consecuencias que traspasan cualquier edad.
    </p><p class="article-text">
        Devenir ni&ntilde;o con una enfermedad puede ser tambi&eacute;n un acto de duelo y reparaci&oacute;n. Por eso la enfermedad tiene un costado virtuoso. No se la puede oponer a la salud: la capacidad de enfermar consiste en desarrollar una relaci&oacute;n saludable con la enfermedad &ndash;aunque suene parad&oacute;jico.
    </p><p class="article-text">
        Hay ni&ntilde;os que se enferman recurrentemente. Porque a veces es el &uacute;nico modo en que pueden crecer.
    </p><p class="article-text">
        Cuando somos grandes, a veces nos enfermamos en situaciones muy puntuales. Por eso, aunque la enfermedad pueda ser un proceso org&aacute;nico, no deja tener condiciones ps&iacute;quicas de las que suele ser importante hacer una lectura.
    </p><p class="article-text">
        Con una enfermedad no se puede hacer una interpretaci&oacute;n determinista (objetivista) ni m&iacute;stica (el cl&aacute;sico &ldquo;me enferm&eacute; porque&hellip;&rdquo;). Los dos puntos de vistan buscan justificaciones, cuando apenas nos queda &ndash;como ocurre en an&aacute;lisis&ndash; una interpretaci&oacute;n de los efectos.
    </p><p class="article-text">
        No podemos evitar una enfermedad. Ojal&aacute; nos encuentre en las mejores condiciones an&iacute;micas para transitarla.
    </p><p class="article-text">
        LL/MF
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vivir-enfermos_129_12822501.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Dec 2025 09:48:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vivir enfermos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[enfermedad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desear la muerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desear-muerte_129_12785507.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/44e956b1-0d9f-4d66-bec3-83fd6908967d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Desear la muerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para que el deseo de muerte no se vuelva un deseo de matar es necesario un duelo, solo el duelo “deja morir al otro”.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">De mi trabajo con personas adultas que tuvieron que acompa&ntilde;ar a familiares enfermos, cuidarlos durante una internaci&oacute;n, a veces hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a, extraje una conclusi&oacute;n que creo que es &uacute;til: es inevitable &ndash;como efecto de autoconservaci&oacute;n (vivir con un enfermo es muy desgastante)&ndash; que tengan un deseo de muerte.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando se les vuelve consciente, lo pueden justificar (para que no sufra, para que est&eacute; mejor, etc.), pero un deseo no se explica. En todo caso, si a veces lo justifican es necesario entender por qu&eacute;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Creo que si no pueden vivir ese deseo (en la medida en que un deseo de muerte es un deseo, despu&eacute;s de todo) es porque se les presenta de otra forma, se interpreta como deseo homicida. Se defienden del deseo de muerte porque lo viven como un deseo de matar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Por qu&eacute; ocurre esto? En casi todos los casos en que lo corrobor&eacute;, la causa es una fijaci&oacute;n en el complejo de Edipo, que es la matriz de un deseo parricida.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Esta fijaci&oacute;n est&aacute; tambi&eacute;n en un temor propio de personas adultas con miedo a que sus padres (que ya son viejos y, como sabemos, la muerte es un proceso natural en la vejez) se mueran.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Puede ser que estas personas digan que se debe a la desprotecci&oacute;n que sentir&iacute;an sin sus padres, pero &iquest;qu&eacute; deseo da cuenta de haber llegado a la adultez con la expectativa de ser protegidos? &iquest;De qu&eacute;, sino del propio deseo de muerte?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La versi&oacute;n homicida del deseo de muerte se refuerza con la culpa. Es &uacute;ltima surge cuando alguien piensa en lo que se podr&iacute;a haber hecho si..., en lo que podr&iacute;a haber pasado si no hubiera pasado tal cosa, etc.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">De este modo se entiende que para que el deseo de muerte no se vuelva un deseo de matar es necesario un duelo. Solo el duelo deja morir al otro y esta cuesti&oacute;n es importante porque permite hacer otra distinci&oacute;n cl&iacute;nica: entre el deseo de muerte y un deseo mort&iacute;fero.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Este &uacute;ltimo es el que se expresa cuando se busca hacer vivir a alguien a cualquier precio. Esto ocurre por motivos culposos, pero el problema es que hacer vivir a alguien sobre cualquier costo suele ocasionarle dolor, lo mortifica.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Este es un dato curioso: podemos albergar un deseo de muerte, pero el deseo de hacer vivir no es un deseo en sentido estricto.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Todas estas disquisiciones son para m&iacute; un buen ejemplo para transmitir la vigencia del complejo de Edipo y el uso que tiene en la pr&aacute;ctica anal&iacute;tica. De qu&eacute; forma me sirve para hacer distinciones y orientar procesos terap&eacute;uticos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Cuando leo que hay quienes critican el Edipo y no proponen otros ordenamientos cl&iacute;nicos (en casos concretos), sino que permanecen en una cr&iacute;tica abstracta y sin consecuencias, en la medida en que no exponen c&oacute;mo se articulan en su pr&aacute;ctica los argumentos con que se arrogan una verdad definitiva, me pregunto: &iquest;no tendr&aacute;n que curarse de un deseo parricida a&uacute;n?</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desear-muerte_129_12785507.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Nov 2025 12:04:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Desear la muerte]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ideal del Yo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ideal_129_12748594.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7744ef47-2878-4547-85d5-a7772dd39a9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1129909.jpg" width="557" height="313" alt="Ideal del Yo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El trabajo analítico consiste en desconfía de los ideales porque, bajo su amparo, se justifican actos muy distintos y se oculta el goce que los impulsa.</p></div><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis desconf&iacute;a de los ideales. Porque en nombre de estos se justifican las m&aacute;s diversas acciones. &iquest;Qu&eacute; no se puede hacer con un buen prop&oacute;sito? Sin embargo, los ideales mienten sobre el goce que los alienta.
    </p><p class="article-text">
        En su art&iacute;culo sobre narcisismo, <strong>Sigmund Freud</strong> dijo que el ideal impone un punto de vista para que el Yo sea vea a s&iacute; mismo como bondadoso y digno de amor. Por esto mismo enfatiz&oacute; que el ideal del Yo es el principal agente de la represi&oacute;n ps&iacute;quica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En su seminario sobre los conceptos fundamentales del psicoan&aacute;lisis, Lacan sostuvo que de un an&aacute;lisis se espera la &ldquo;m&aacute;xima distancia&rdquo; entre el ideal y el goce. El padre que pega a un hijo dici&eacute;ndole que es por su bien, se esconde &ndash;para s&iacute; mismo&ndash; la satisfacci&oacute;n que le produce golpear.
    </p><p class="article-text">
        Los ideales son encubridores. Se presentan con un brillo irresistible, convencen a las mayor&iacute;as, pero ocultan su fundamento pulsional. Podr&iacute;a ilustrar esta din&aacute;mica con la obra de una artista que se llama <strong>Luciana Rondolini</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, recuerdo haber visto una serie de objetos que ella confeccionaba y que se exhibieron en diferentes ocasiones. Se trataba de diversas frutas que ten&iacute;an varios apliques y engarces que las hac&iacute;an aparentar como piedras preciosas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando uno las ve&iacute;a en el primer d&iacute;a de la muestra, eran realmente piezas encantadoras. Ahora bien, imag&iacute;nese el lector lo que ocurr&iacute;a con el paso del tiempo; cuando pasadas varias semanas la fruta comenzaba a pudrirse&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Con los d&iacute;as, sobre las obras sobrevolaban moscas, hab&iacute;a olor a podrido, lo que brillaba no era oro sin pl&aacute;stico decr&eacute;pito. Los ideales, con el tiempo, son eso: desechos. Por eso es poco frecuente que alguien que se haya analizado conf&iacute;e en los discursos que se motorizan con la idea de Bien. Arruinan a quienes los encarnan.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;an mencionarse distintas circunstancias y ejemplos hist&oacute;ricos para ilustrar c&oacute;mo l&iacute;deres revolucionarios traicionaron los movimientos que los impulsaron y, con los a&ntilde;os, se aburguesaron. En la literatura no son pocos los casos de escritores que militan causas de moda y temas de agenda con los que se ganan premios. Luego, son olvidados.
    </p><p class="article-text">
        En una entrevista reciente, <strong>Constanza Michelson</strong> dijo: &ldquo;Me interesan los que se creen buenos, pero aman la destrucci&oacute;n&nbsp;del&nbsp;otro&rdquo;. De este modo, la psicoanalista chilena carg&oacute; las tintas contras los idealistas de nuestra &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no me interesa llevar la cuesti&oacute;n hacia el escenario social. Si la cuesti&oacute;n me importa es por su alcance en la cl&iacute;nica cotidiana. &iquest;Cu&aacute;ntas veces alguien que se dedica a una profesi&oacute;n loable, le pide a su familia que espere mientras &eacute;l se ocupa de lo importante? Es un perfil de nuestra sociedad el hombre que se apa&ntilde;a en su trabajo para que no se reclame nada (&ldquo;Yo que me rompo por ustedes&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Tengo un amigo m&eacute;dico que siempre se levanta de la mesa cuando suena su tel&eacute;fono. La urgencia de sus pacientes le permite interrumpir cualquier escena. &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a decirle algo? &Eacute;l desconoce el goce que lo pone en la situaci&oacute;n de hacerse demandar y vivir con un stress masoquista. Solo dice: &ldquo;El deber me llama&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En su escrito &ldquo;Kant con Sade&rdquo;, <strong>Jacques Lacan</strong> mostr&oacute; c&oacute;mo la &eacute;tica del deber tiene su base en el sacrificio sadiano. Esta idea no desestima los principios, las convicciones, los valores; al contrario, lo que m&aacute;s se espera del an&aacute;lisis es que alguien tenga una posici&oacute;n, pero no una que sea precipitada o ingenua. 
    </p><p class="article-text">
        Porque hasta en la queja por el goce hay un goce.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ideal_129_12748594.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Nov 2025 09:40:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ideal del Yo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicoanálisis]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La histeria y el superyó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/histeria-superyo_129_12713248.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ce9273a-cd2d-4975-82ff-2efe473d453e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La histeria y el superyó"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La maniobra histérica consiste en “devolver” la crítica —“castigar al amo con sus propias armas”— y ubica al superyó como una función del lazo social encarnada por quienes “saben” sobre nuestro deseo, sean madres, parejas, amigos, incluso marcas.</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En el libro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El yo y el ello</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> hay dos ideas que me parecen muy importante: Freud plantea que el yo no solo se defiende del deseo (el ello), sino tambi&eacute;n de las cr&iacute;ticas del supery&oacute; y que la histeria suele tener un modo privilegiado de rechazar estas cr&iacute;ticas: devolverlas, es decir, &ldquo;castigar al amo con sus propias armas&rdquo;. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es una idea bell&iacute;sima, que muestra claramente el funcionamiento de la histeria, en particular en sus discusiones con esa forma del supery&oacute; que puede ser una pareja. Cuando su pareja le dice que algo no le gust&oacute;, no le hizo bien, le caus&oacute; sufrimiento, la histeria responde: &ldquo;Pero vos la otra vez...&rdquo;, &ldquo;Vos tambi&eacute;n hac&eacute;s cosas que a m&iacute; me hacen mal...&rdquo;, etc. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">De esta forma la histeria se blinda y se mantiene inc&oacute;lume. Intocable, no se le puede decir nada. Sin duda es todo un momento en el an&aacute;lisis de la histeria, llegar a ese punto en que pueda escuchar... sin atajarse, sin que el ataque sea la mejor defensa. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es cierto que tambi&eacute;n el atajarse demuestra la posici&oacute;n del otro como supery&oacute;. El supery&oacute; no es algo que est&aacute; en el cerebro o la mente, sino que est&aacute; en el lazo con los otros. Funciona como supery&oacute; no solo todo aquel a quien se le devuelven las cr&iacute;ticas hist&eacute;ricamente (en redes es muy lindo esto: alguien postea algo y ah&iacute; ya est&aacute; la histeria comentando cualquier cosa, hablando de todo lo que el posteo no considera; si el posteo es sobre canguros, ah&iacute; la histeria comenta sobre que no hay que olvidarse de los osos panda, con lo que no hace m&aacute;s que dar cuenta de cu&aacute;n afectada result&oacute; por el texto), sino quien dice conocernos, como el supery&oacute; sabe (del ello) lo que el yo no sabe.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por eso las madres suelen ser superyoicas, pero tambi&eacute;n las parejas, los amigos... No por nada el slogan de un conocido supermercado es &ldquo;Yo te conozco&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; es lo que sabe ese supermercado? Que nos alcanza con creer que ahorramos, mucho m&aacute;s que gastar menos; por eso hace esas promociones en que, sobre precios altos, incluye el descuento en una segunda unidad. Sabe que somos neur&oacute;ticos, que nos alcanza con una creencia antes que con un acto, porque si quisi&eacute;ramos pagar menos, no ir&iacute;amos a Coto. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Es muy importante la observaci&oacute;n freudiana: la defensa respecto de la cr&iacute;tica de quien sabe sobre nosotros algo que no sabemos (sobre nuestro deseo). En las relaciones de pareja heterosexuales es com&uacute;n que ellas (la esposa es una versi&oacute;n del supery&oacute;) sepan mejor que ellos sobre su erotismo: &iquest;Por qu&eacute; te escribe esa mujer? &iquest;Por qu&eacute; te compraste una camisa nueva? Puede ser fren&eacute;tico y enloquecedor &ndash;para una mujer&ndash; funcionar en el lugar del supery&oacute;. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">A veces se confunde con los celos, pero no tiene nada que ver. Son cosas distintas. Y si &eacute;l es un obsesivo, responder&aacute; con fastidio, se molestar&aacute; para llegar finalmente hasta la m&aacute;s disparatada de las reconvenciones: &ldquo;Entiendo lo que dec&iacute;s, pero no es la forma&rdquo;, &ldquo;De acuerdo, pero no te pod&eacute;s poner as&iacute;&rdquo; y es claro que decirle a una mujer c&oacute;mo (no) tiene que ponerse es como tirar nafta a un fuego. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No por nada Freud dec&iacute;a, tambi&eacute;n, que el supery&oacute; hunde sus ra&iacute;ces en el ello.</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/histeria-superyo_129_12713248.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Oct 2025 16:44:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La histeria y el superyó]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Análisis,Histeria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El goce y el llanto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/goce-llanto_129_12672448.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/711356da-1f34-4328-a1b7-99eb3d46e035_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El goce y el llanto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la clínica aparece, en muchas mujeres, un dolor específico: admitir que ya no aman. En varones, en cambio, suele predominar alivio o culpa, más que dolor.</p></div><p class="article-text">
        Una idea freudiana es la del narcisismo femenino. Mientras que el hombre, seg&uacute;n Freud, pierde narcisismo cuando se enamora, por sobrestimaci&oacute;n del otro, la mujer no lo perder&iacute;a. Este es el modo en que Freud pareciera hacerse eco del sentido com&uacute;n que, popularmente, suele afirmar que las mujeres son m&aacute;s ego&iacute;stas que los hombres. 
    </p><p class="article-text">
        Lacan tiene una explicaci&oacute;n m&aacute;s clara y, quiz&aacute;, menos prejuiciosa de esta cuesti&oacute;n, cuando sostiene que la relaci&oacute;n de la mujer con la p&eacute;rdida es diferente a la que tiene el hombre. La explicaci&oacute;n lacaniana parte de una constataci&oacute;n cl&iacute;nica: el hombre no puede dejar de fantasear con un padre que estar&iacute;a exceptuado de la castraci&oacute;n y tendr&iacute;a un goce sin l&iacute;mite.
    </p><p class="article-text">
        Es como si el hombre dijese: &ldquo;Por mi p&eacute;rdida de goce, hay alguien que goza&rdquo;. Ese alguien es el padre, cuyo relevo suele ocupar la mujer. No son pocos los hombres que se enojan con las mujeres cuando ellos hacen algo mal; as&iacute; las castigan, por el goce que les suponen.
    </p><p class="article-text">
        Ese goce supuesto tambi&eacute;n se refleja en los celos y otros s&iacute;ntomas t&iacute;picos. Esta es la ra&iacute;z inconsciente de lo que Freud llam&oacute; &ldquo;odio a lo femenino&rdquo;. Ese odio no es esencial, sino que est&aacute; derivado del conflicto masculino con el padre.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, la idea del ego&iacute;smo de las mujeres es una fantas&iacute;a masculina; expresa el odio a que la mujer no constituya su narcisismo a trav&eacute;s de la renuncia (&ldquo;Por el narcisismo del falo es que el ni&ntilde;o abandona la masturbaci&oacute;n&rdquo;, dec&iacute;a Freud). Ahora bien, que el narcisismo femenino no est&eacute; articulado a la renuncia no quiere decir que no tenga l&iacute;mite o sea excesivo. Ese narcicismo est&aacute; articulado a lo imposible. 
    </p><p class="article-text">
        En el an&aacute;lisis de mujeres es com&uacute;n encontrar el dolor que les produce reconocer que dejaron de amar a una persona. Los hombres no sufren de esto; al contrario, les produce alivio. O bien culpa. Pero no dolor.
    </p><p class="article-text">
        Ese dolor, a veces inadmisible y ante el que una mujer puede enga&ntilde;arse durante mucho tiempo, es una forma de plantear el problema de &ldquo;la castraci&oacute;n en la mujer&rdquo;. De alg&uacute;n modo, ya lo hab&iacute;a entrevisto Freud cuando dijo que el equivalente de la castraci&oacute;n en la mujer era la p&eacute;rdida de amor. Esto es cierto si no se lo piensa como dejar de ser amada, sino como el dolor de ya no amar. El sufrimiento por no ser amada, para el caso, puede ser una defensa ante el dolor de ya no amar.
    </p><p class="article-text">
        Pero sigamos con la cuesti&oacute;n del goce, que es el motivo de esta nota. Lacan dec&iacute;a que el goce es lo in&uacute;til, lo que no sirve para nada. Tambi&eacute;n habr&iacute;a que decir que el goce es lo que no tiene causa. Sin duda hay producci&oacute;n de goce &ndash;por ejemplo, a trav&eacute;s de un discurso (el de lo saludable produce el goce de la restricci&oacute;n alimenticia, la requiere)&ndash;, pero otra cosa es causar un goce.
    </p><p class="article-text">
        Nunca el goce es efecto de un objeto. Cualquier intento de atribuirle uno, en el lugar de causa, le da una medida f&aacute;lica. El falo puede ser el &oacute;rgano masculino, pero tambi&eacute;n el seno turgente, los labios rellenados. 
    </p><p class="article-text">
        El goce f&aacute;lico es una versi&oacute;n del goce, aquel con el que tropieza la neurosis. Para hablar de otro goce, Lacan us&oacute; el t&eacute;rmino &ldquo;femenino&rdquo;, pero quiz&aacute; no fue una buena elecci&oacute;n. Por dos motivos: porque el llamado &ldquo;goce femenino&rdquo; no es el goce de las mujeres y porque el uso de ese t&eacute;rmino plantea la relaci&oacute;n entre goces como una oposici&oacute;n &ndash;a partir de identificar f&aacute;lico con masculino&ndash; que es todo lo contrario de lo que Lacan quiso plantear.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, es cierto es que hay un fen&oacute;meno m&aacute;s frecuente en las mujeres que es un indicador de este rasgo propio del goce. Me refiero al llanto, a esa forma de llorar que deja perplejos a muchos hombres.
    </p><p class="article-text">
        Primero, porque ellos est&aacute;n m&aacute;s acostumbrados a llorar cuando no queda otra, por dolor o tristeza, mientras que hay mujeres que, por ejemplo, lloran despu&eacute;s de hacer el amor. Hay algunas que lo hacen durante, seg&uacute;n me lo han relatado. Nunca un hombre me cont&oacute; que le pasara algo as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Segundo, porque ellos no entienden que ellas puedan llorar y no saber por qu&eacute;. Eso los desespera. Les piden una explicaci&oacute;n, necesita una respuesta. Por todos los medios precisan una raz&oacute;n f&aacute;lica para el goce. Y as&iacute; como existe el llanto, son muchos los otros fen&oacute;menos de ilustran la dimensi&oacute;n de ese otro goce que, por prisa, Lacan llam&oacute; femenino, pero que es el goce propiamente dicho.
    </p><p class="article-text">
        Entre el goce que se supone y el goce efectivo, suele haber un abismo. No por nada se habla del goce de las peque&ntilde;as cosas.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/goce-llanto_129_12672448.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Oct 2025 02:27:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Sigmund Freud,Jacques Lacan]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La palabra y el síntoma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/palabra-sintoma_129_12633801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c26b0ef8-4857-4abc-92ac-0c0d1075d929_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La palabra y el síntoma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La palabra no es solo un medio para transmitir significados, sino una experiencia que afecta y transforma a quien la escucha y a quien la emite. Es en el reconocimiento del otro, y no en el simple acto de hablar, donde se funda la subjetividad.</p></div><p class="article-text">
        El otro d&iacute;a conversaba con un hombre que me contaba que estaba agotado por una serie de tr&aacute;mites que hab&iacute;a llevado adelante esa semana. Su aturdimiento, cont&oacute;, proven&iacute;a de que, todos esos procedimientos, tuvo que hacerlos digitalmente a trav&eacute;s de plataformas. En ning&uacute;n caso pudo hablar con otro ser humano.
    </p><p class="article-text">
        Y no es que no lo haya intentado. Parte del malestar estuvo tambi&eacute;n en que varias veces cay&oacute; en la trampa de presionar el bot&oacute;n para que un &ldquo;operador&rdquo; lo atienda y quedar colgado en una espera continua con una musiquita saturada que le quitaba las ganas de confiar. No es que se trate de un hombre grande, pero s&iacute; de alguien de otra &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Entiendo que hay personas que disfrutan efusivamente de hacer mil diligencias desde su tel&eacute;fono y no tener que hablar con nadie. La contracara que seguramente nadie a&ntilde;ora es la burocracia infinita que, en otras d&eacute;cadas, hac&iacute;a que uno fuese a resolver un problema y dado que le faltaba una fotocopia sellada que ten&iacute;a que conseguir en otro lugar, se fuese con dos o m&aacute;s problemas. 
    </p><p class="article-text">
        Ni una cosa ni la otra. No obstante, no es el universo de la cantidad de procedimientos en que se desenvuelven nuestras vidas el tema de mi inter&eacute;s. Quisiera escribir sobre la palabra y su funci&oacute;n. Me interesa dedicar unas pocas l&iacute;neas a lo que ocurre cuando hablamos con otra persona y la necesidad que tenemos de que, de vez en cuando, as&iacute; sea.
    </p><p class="article-text">
        El hombre del que hablo es alguien que, curiosamente, tiene mucho temor a la hora de tener que tomar la palabra. Le cuesta hablar en p&uacute;blico, a veces tambi&eacute;n se le hace dif&iacute;cil la charla m&aacute;s &iacute;ntima. Mientras me contaba su ajetreo, hizo la pregunta: &iquest;c&oacute;mo puede ser que algo tan f&aacute;cil resulte tan complicado?
    </p><p class="article-text">
        La respuesta es simple, si tenemos en cuenta que solo secundariamente la palabra sirve a los fines de la comunicaci&oacute;n. Siempre es divertido cuando, por ejemplo, los psicoterapeutas dicen que una pareja tiene problemas porque no se comunica bien. La idea de que si tuvieran una mejor comunicaci&oacute;n no tendr&iacute;an los mismos problemas, o incluso unos peores, es de una ingenuidad absoluta.
    </p><p class="article-text">
        Solo secundariamente la palabra es portadora de sentido. En su dimensi&oacute;n m&aacute;s esencial, la palabra afecta y conmueve. Recuerdo la situaci&oacute;n de una amiga que, con los a&ntilde;os, inici&oacute; estudios de psicolog&iacute;a, despu&eacute;s de trabajar muchos a&ntilde;os en una empresa de reclamos. Esta decisi&oacute;n surgi&oacute; de constatar que muchas veces no pod&iacute;a solucionar las demandas de la gente, pero si las personas se sent&iacute;an lo suficientemente escuchadas, se iban conformes.
    </p><p class="article-text">
        La palabra llega al otro. Esto es mucho m&aacute;s que transmitir significados. El intercambio significativo es algo que tambi&eacute;n hacemos con las m&aacute;quinas. Sin embargo, ni el extremo del desarrollo de la inteligencia artificial va a constituir un v&iacute;nculo. La palabra es instauradora de la dimensi&oacute;n de la alteridad para cualquier sujeto.
    </p><p class="article-text">
        Lo digo de otra manera, porque no quisiera que se entienda hay un sujeto que, dado que habla, funda al otro. Por el contrario, es porque se reconoce al otro como tal que, como consecuencia, uno adquiere el estatuto de sujeto. Si vuelvo a la relaci&oacute;n con la IA, creo que lo m&aacute;s interesante no es que se pueda perfeccionar como para reemplazar a un humano, sino que su uso puede destituirnos de nuestra subjetividad humana.
    </p><p class="article-text">
        Usar la palabra no es lo mismo que constituirse como sujeto a trav&eacute;s de aquella. Esto &uacute;ltimo implica estar dispuesto a padecer los efectos que la palabra tiene sobre la relaci&oacute;n que cada quien tiene consigo mismo. Camino por la calle y me cruz&oacute; con un amigo al que se me ocurre preguntarle por su pareja. Entonces, me dice que se separ&oacute; y est&aacute; destruido. Luego yo me pregunto qui&eacute;n me mand&oacute; a abrir la boca.
    </p><p class="article-text">
        Si pienso esta &uacute;ltima secuencia, en la verg&uuml;enza consecuente a mi intromisi&oacute;n es que se establece para m&iacute; la relaci&oacute;n de ser sujetado a la palabra. Me deshago en disculpas y a cada intento de corregir lo dicho, me averg&uuml;enzo m&aacute;s. Que la palabra puede ser la v&iacute;a por la que la relaci&oacute;n &iacute;ntima de cada quien consigo mismo se desgarra para abrirle lugar a un s&iacute;ntoma es el descubrimiento elemental del psicoan&aacute;lisis.
    </p><p class="article-text">
        Nadie se averg&uuml;enza con la IA. Al contrario, el usuario de esta inteligencia tiene como condici&oacute;n cierta desverg&uuml;enza y, sobre todo, una curiosidad espec&iacute;fica, la del ni&ntilde;o que no se priva de espiar. Es notable c&oacute;mo, de un tiempo a esta parte, muchas personas consultan por pensamientos invasivos, a veces rumiantes o catastr&oacute;ficos, que no ser&iacute;a extra&ntilde;o reconducir a esa derivaci&oacute;n del goce de la mirada &ndash;sost&eacute;n pulsional de la inspecci&oacute;n curiosa&ndash; cuando no lo afecta la represi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestras sociedades invitan a la relaci&oacute;n instrumental de la palabra. Sus consecuencias sintom&aacute;ticas est&aacute;n desactivadas, forcluidas. Quiz&aacute; por eso nos encontramos con ansiedades cada vez m&aacute;s descontroladas y correlativas de una pasi&oacute;n por asegurarlo todo. Van siendo menos las personas capaces de encontrarse en esa disrupci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica que surge cuando alguien se permite no saber qu&eacute; quiso decir.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Perd&oacute;nalos, no saben lo que hacen&rdquo;, es la c&eacute;lebre sentencia b&iacute;blica que, en el mundo de la neurosis se traduc&iacute;a como &ldquo;No saben lo que dicen&rdquo;, posici&oacute;n que sin duda requer&iacute;a de una disculpa, ya que el neur&oacute;tico quedaba atrapado en la culpa por esa misma interrupci&oacute;n. El sujeto contempor&aacute;neo, en cambio &ndash;as&iacute; como Peter Sloterdijk hablaba de la raz&oacute;n c&iacute;nica de quienes &ldquo;saben lo que hacen y, por eso, justamente lo hacen&rdquo;&ndash;, es el que pretende saber muy bien lo que dice y no admite otra cosa. El costo de esta posici&oacute;n, ya no neur&oacute;tica, es la paranoia.
    </p><p class="article-text">
        Nos relacionamos instrumentalmente no solo con las m&aacute;quinas, sino entre nosotros. Es lo que resume esa frase viral que dice: &ldquo;Esta reuni&oacute;n podr&iacute;a haber sido un mail&rdquo;. Es cierto, las reuniones son agotadoras, sobre todo cuando son reuniones eternas en las que no se llega a nada. La reuni&oacute;n por la reuni&oacute;n es el equivalente del tr&aacute;mite que requiere otro tr&aacute;mite. La otra cara est&aacute; en el empleado eficiente que solo recibe, procesa y emite informaci&oacute;n, que no sabe que en breve ser&aacute; sustituido. O s&iacute; lo sabe, pero no le importa, porque ya est&aacute; pensando en irse a otro puesto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/palabra-sintoma_129_12633801.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Sep 2025 09:43:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La palabra y el síntoma]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida, eso que pasa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vida-pasa_129_12596653.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ff88dcc-038e-4f73-bef1-3c3d5cb39460_16-9-discover-aspect-ratio_default_1125604.jpg" width="4496" height="2529" alt="La vida, eso que pasa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nuestras vidas ya casi no tienen el desarrollo lento y progresivo de vivencias incomprensibles que solo se van a entender con el tiempo.
</p></div><p class="article-text">
        Una mujer est&aacute; en pareja con un hombre y, en cierta ocasi&oacute;n, decide encontrarse con otro hombre. Lleva un tiempo escribi&eacute;ndose con este, d&aacute;ndole curso a una fantas&iacute;a en la que no cree ciegamente. Se analiz&oacute; lo suficiente como para saber que ella es la causa de aquello con lo que se ilusiona. 
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, se encuentra con este hombre y, mientras est&aacute; con &eacute;l, deja que la fantas&iacute;a que la acompa&ntilde;&oacute; durante tanto tiempo, se desinfle progresivamente. Pasan la noche juntos y, como en una novela de Milan Kundera, ella lo saluda amorosamente con la seguridad de que ya no lo volver&aacute; a ver.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se podr&iacute;a decir que ella es infiel? Depende qui&eacute;n lo diga. &iquest;Podr&iacute;a decirse que traicion&oacute; a su pareja? S&iacute;, pero no es un psicoanalista quien deba hacer esa valoraci&oacute;n. A este s&iacute; le va a importar el acto ps&iacute;quico que ella realiza cuando toma una decisi&oacute;n para desprenderse de una fantas&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Luego de esa decisi&oacute;n, ella regresa al v&iacute;nculo con su pareja y se siente radiante. Ya no piensa en el otro hombre, sino en el que tiene a su lado, al que ama, del que nunca est&aacute; del todo segura c&oacute;mo distanciarse para no quedar fijada en el rol que representa en la relaci&oacute;n que tienen. Lo ama, pero tambi&eacute;n se siente asfixiada.
    </p><p class="article-text">
        En otra &eacute;poca, algunas mujeres miraban telenovelas &ndash;en las que galanes seduc&iacute;an a mujeres&ndash; para suplementar el aburrimiento en la relaci&oacute;n con sus maridos. Ser&iacute;a trivial decir que ese aburrimiento proviene de la instituci&oacute;n matrimonial. Hoy el matrimonio est&aacute; en crisis y no por eso muchas mujeres en pareja dejan de buscar una telenovela en la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Desde un punto de vista moral, se trata de un acto inadecuado. El psicoan&aacute;lisis apunta a pensar la necesidad de la ficci&oacute;n como sost&eacute;n de la vida er&oacute;tica, necesidad que no surge de la crisis del amor, de que la pareja no est&aacute; bien, de que pase algo m&aacute;s o menos malo que venga a explicarla. 
    </p><p class="article-text">
        La moral precisa que lo que no nos gusta pase por algo malo y que, al final, el bien le gane al mal. Muchas orientaciones psicoterap&eacute;uticas, al final, son moralistas. Proponen v&iacute;as y estrategias para que ciertas cosas no pasen, con un ideal de armon&iacute;a que no se corrobora en la pr&aacute;ctica o que solo se consegu&iacute;a a trav&eacute;s de la represi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en otra situaci&oacute;n, la de un hombre que est&aacute; en pareja con una mujer, de la que no quiere separarse, pero con la que siente que no puede ser &eacute;l mismo. La sola idea de que la relaci&oacute;n pueda terminar, que &eacute;l dude, le produce una angustia incontenible y que solo resuelve adapt&aacute;ndose m&aacute;s al v&iacute;nculo.
    </p><p class="article-text">
        Cada tanto piensa en tener algo con otra mujer, pero en su caso la fantas&iacute;a va junto con el miedo a reemplazar a su pareja. Se detiene. Al mismo tiempo, no puede evitar resentirse al pensar que con ella es imposible hablar de algo de esto y que este es un problema con el que va a tener que lidiar por s&iacute; mismo. Parafraseando a Chesterton, para ponerse de acuerdo dos personas tienen que fingir ser tontas.
    </p><p class="article-text">
        Su mayor problema es que &eacute;l no puede ser otro en la relaci&oacute;n, como tampoco puede que ella sea otra para &eacute;l. Ella no puede representar otra instancia que la de una demanda que una y otra vez lo pone en un lugar de proveedor que, a &eacute;l, le resulta insoportable. La odia, pero con un odio que refuerza el amor.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Habr&iacute;a que decirle que su relaci&oacute;n no funciona? &iquest;Proponerle una terapia de pareja? Es una posibilidad, pero como a cualquiera se le puede decir que su relaci&oacute;n no funciona. Si mal no recuerdo era Marx quien dec&iacute;a que solo hay dos estructuras que funcionan a partir de no funcionar: el capitalismo y el matrimonio.
    </p><p class="article-text">
        Una de las dificultades de nuestra &eacute;poca es que cuesta mucho escuchar una historia y no juzgar; entender que el desarrollo es complejo, que los actos no van en la l&iacute;nea de una suerte de resoluci&oacute;n l&iacute;mpida. Cuanto m&aacute;s escuchamos a alguien en el transcurso de un an&aacute;lisis, nos damos cuenta de que nada de lo que le pasa est&aacute; en la v&iacute;a de llegar a una conclusi&oacute;n m&aacute;s o menos definitiva o de resolver un problema.
    </p><p class="article-text">
        Aunque parezca una nimiedad, lo cierto es que las personas viven. Y sus actos son una v&iacute;a de conocerse y desarrollarse a partir de sus vidas. Muchos de esos actos les parecen hasta incomprensibles, incluso parad&oacute;jicos. La acci&oacute;n humana no est&aacute; basada en una deliberaci&oacute;n racional. Entonces, &iquest;por qu&eacute; tantos modelos psicoterap&eacute;uticos piden al ser humano que sepa qu&eacute; quiere y piense &ndash;sobre todo piense&ndash; qu&eacute; va a hacer?
    </p><p class="article-text">
        No me refiero a ninguna escuela te&oacute;rica en particular. Y lo mismo que critico se puede leer en el marco de la orientaci&oacute;n que defiendo, la del psicoan&aacute;lisis. Es como si se hubiera perdido la lucidez para atender a la dimensi&oacute;n extra&ntilde;a del humano en su conducta. Hoy todo se trata de saber, entender, comprender; ya no hay lugar para el enigma y la contradicci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Alguien llega a la consulta y plantea que hace algo que no sabe por qu&eacute; lo hace. &iquest;Qu&eacute; nos hace creer que, con nosotros, lo va a saber? &iquest;De qu&eacute; le servir&iacute;a? &iquest;Desde cu&aacute;ndo lo propio de la psicoterapia es la explicaci&oacute;n? As&iacute; es que tenemos a un mont&oacute;n de personas que saben, piensan, entienden, pero no viven, no les pasa nada, solo incrementan una autoobservaci&oacute;n que es un sacrificio al servicio del supery&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        La vida es eso que pasa mientras nos evaluamos, pensamos de qu&eacute; lado estamos, cu&aacute;l es modo correcto de tomar peque&ntilde;as decisiones que, al final, no tomamos. Nuestras vidas ya casi no tienen el desarrollo lento y progresivo de vivencias incomprensibles que solo se van a entender con el tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestras vidas ya no tienen la densidad de una novela, as&iacute; como las novelas cada vez tienen menos p&aacute;ginas y son apenas la descripci&oacute;n m&iacute;nima de un episodio sin anagn&oacute;risis.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vida-pasa_129_12596653.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Sep 2025 09:35:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida, eso que pasa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Infidelidad,Racionalidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El goce de pegar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/goce-pegar_129_12563709.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/639de898-79ef-4ad9-9c65-919f738e7277_16-9-discover-aspect-ratio_default_1124754.jpg" width="666" height="374" alt="El goce de pegar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mayoría de las personas rehúyen los actos agresivos, pero a través de las imágenes realizan lo que nunca harían en la realidad. Esta es la mediación de la fantasía. En el ser humano, el placer de ver es más potente que el de actuar.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No me peguen, soy Giordano&rdquo;, dijo una vez un c&eacute;lebre estilista y dicha frase pas&oacute; a la posteridad. Es dif&iacute;cil pensar que le hayan dejado de pegar por ese motivo. Al contrario, si la frase adquiri&oacute; popularidad es por la impotencia que denot&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco hubo un penoso episodio en una cancha de f&uacute;tbol &ndash;como tantos otros&ndash; y no falt&oacute; la multiplicaci&oacute;n de im&aacute;genes. De este desplazamiento (de los hechos a las im&aacute;genes) se desprende una conclusi&oacute;n freudiana: ver c&oacute;mo le pegan a otro puede ser m&aacute;s excitante que el mismo acto de pegar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se explica esto? La mayor&iacute;a de las personas reh&uacute;yen los actos agresivos, pero a trav&eacute;s de las im&aacute;genes realizan &ndash;mediadamente&ndash; lo que nunca har&iacute;an en la realidad. Esta es la mediaci&oacute;n de la fantas&iacute;a. Entonces, no es tan claro que hacer algo a trav&eacute;s de la fantas&iacute;a sea en verdad un equivalente de la acci&oacute;n real. En el medio est&aacute; el placer de ver.
    </p><p class="article-text">
        En el ser humano, el placer de ver es m&aacute;s potente que el de actuar. Verse haciendo algo que nunca se har&iacute;a es m&aacute;s excitante que verse haciendo lo que se har&iacute;a. Esto sirve para ubicar el modo en que la fantas&iacute;a le agrega un <em>plus</em> a la realidad y permite entender un dato b&aacute;sico de la neurosis: los neur&oacute;ticos fantasean con actos que, si los hicieran, les causar&iacute;a horror.
    </p><p class="article-text">
        Hace un tiempo una amiga me cont&oacute; que, leyendo una escena de terror en una novela, sinti&oacute; placer sexual y tuvo que realizar un acto de descarga. Eso despu&eacute;s le produjo culpa; por suerte no dej&oacute; de hacerse la pregunta: &iquest;por qu&eacute; me excit&eacute; de ese modo? Una inquietud de este tenor es la que llev&oacute; a <strong>Sigmund Freud</strong> a escribir un art&iacute;culo que se titul&oacute; &ldquo;Pegan a un ni&ntilde;o&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo maravilloso de este texto es que nace de la experiencia de an&aacute;lisis de algunos pocos casos, entre ellos, el de su hija Anna. Como analista de su hija, Freud descubri&oacute; una fantas&iacute;a de flagelaci&oacute;n como principal excitante de su erotismo. Incluso, la misma Anna escribi&oacute; una ponencia en la que detallo esta fantas&iacute;a &ndash;claro, como si fuera un caso bajo su tratamiento y no su propio caso.
    </p><p class="article-text">
        La idea central de Freud es que la excitaci&oacute;n de la fantas&iacute;a, en que se ve que se le pega a otro, proviene de la desfiguraci&oacute;n de una posici&oacute;n masoquista (ser pegado). Excita ver que se le pega a otro &ndash;algo que nunca har&iacute;amos&ndash; como un modo de velar el deseo inconsciente de ser pegados. No son pocos los neur&oacute;ticos que, por cierto, se alivian con la idea de que a otro le pase algo terrible, con la superstici&oacute;n de que as&iacute; zafaron ellos.
    </p><p class="article-text">
        Un derivado de esta actitud neur&oacute;tica la vemos en el morbo de quienes no pueden dejar de mirar un accidente que ocurre al costado de la ruta. En efecto, no son pocos los accidentes que se producen porque un neur&oacute;tico se puso a mirar el accidente de otro. Habr&iacute;a que llegar a otra conclusi&oacute;n freudiana: el goce del placer de ver se resuelve con el golpe masoquista.
    </p><p class="article-text">
        Si hubiera que ilustrar esto &uacute;ltimo con la informaci&oacute;n que proviene de otra experiencia, para darle una confirmaci&oacute;n ampliada, habr&iacute;a que decir que algo semejante ocurre con los porn&oacute;grafos, que se satisfacen mucho m&aacute;s en el placer pasivo que le suponen a la mujer que con la identificaci&oacute;n con el hombre que penetra. En la cl&iacute;nica con neur&oacute;ticos obsesivos, no es extra&ntilde;o escuchar que la masturbaci&oacute;n pornogr&aacute;fica muchas veces tiene como acto final ir al ba&ntilde;o a defecar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Jacques Lacan</strong> dijo alguna vez que el masoquismo femenino es una fantas&iacute;a masculina. Esta frase se entiende de la misma manera que la afirmaci&oacute;n freudiana: el placer que se juega en la fantas&iacute;a es encubridor. Nadie goza de que aquello que le da placer. El placer justamente es un modo de reprimir el goce. Entonces, volvamos con esta idea a nuestro punto de partida, para entender mejor el sentido de esta reflexi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces nos preguntamos por qu&eacute; alguien se dedica a ver aquello que, desde un punto de vista consciente, no le representa placer. Lo verificamos en la situaci&oacute;n de quienes ven videos de accidentes, de palizas, los medios los anticipan: &ldquo;A continuaci&oacute;n im&aacute;genes que son sensibles&rdquo;. Luego se transforman en contenidos virales.
    </p><p class="article-text">
        El placer de ver no se sostiene de lo placentero, sino todo lo contrario. Y esto se debe a que encubre un goce oscuro y masoquista, del que el neur&oacute;tico no quiere saber nada. Lacan ten&iacute;a un modo muy gracioso de avanzar en esta idea, cuando dec&iacute;a que Sade no era s&aacute;dico sino m&aacute;s bien masoquista &ndash;en la medida en que vivi&oacute; encarcelado buena parte de su vida por la voluntad de nada menos que su suegra.
    </p><p class="article-text">
        Mientras concluyo estas l&iacute;neas, pienso en la situaci&oacute;n cotidiana en que diferentes ni&ntilde;os en una plaza se excitan al ver c&oacute;mo retan a otro. Ni hablar de la demanda cotidiana en que un ni&ntilde;o, con cierto aire de justicia, pide que otro sea castigado. El placer de reclamar castigos es tambi&eacute;n una fuente de excitaci&oacute;n sexual. A veces no se sabe ni de qu&eacute; se habla, pero nunca faltan los que hacen de una gota de sangre el secreto de su poluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Anna Freud</strong> vivi&oacute; toda su vida pregunt&aacute;ndose por aquello que la excitaba en su fantas&iacute;a. Eso la hizo una gran psicoanalista y una analizante consecuente. Vivi&oacute; una vida en la que no quiso enga&ntilde;arse con un placer sin conocer el goce que lo causaba.
    </p><p class="article-text">
        <em>LL/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/goce-pegar_129_12563709.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Aug 2025 09:45:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El goce de pegar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sigmund Freud,Jacques Lacan,Anna Freud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La falsa adultez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/falsa-adultez_129_12536446.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e5088f6e-7930-450d-8209-4b2045553f5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La falsa adultez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un hombre de mediana edad atraviesa un pasaje trunco hacia la adultez: su regresión narcisista lo lleva a que solo encuentra placer cuando está solo porque los estímulos sociales lo agobian y el trabajo ya no lo desafía para nada.</p></div><p class="article-text">
        Un hombre cuenta que hace tiempo que no est&aacute; bien. Solo encuentra placer cuando est&aacute; solo. Atraviesa lo que se llama &ldquo;mediana edad&rdquo; y &ndash;recuerda&ndash; dej&oacute; atr&aacute;s esos a&ntilde;os en que salir de noche era una opci&oacute;n esperada.
    </p><p class="article-text">
        En un primer momento, por cierta rigidez de car&aacute;cter y desvalorizaci&oacute;n de los afectos, pude pensar que se trataba del &ldquo;t&iacute;pico var&oacute;n obsesivo&rdquo; y, en particular, destaco lo de obsesivo, como forma de neurosis. Luego pens&eacute; que estaba haciendo un diagn&oacute;stico sin tener en cuenta para qu&eacute; lo quer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, hab&iacute;a un rasgo que &ndash;justamente&ndash; no estaba presente (es decir, no estaba ese rasgo) y que hubiera sido definitivo para hablar de neurosis obsesiva: la duda, respecto de uno o varios actos que reclaman alguna decisi&oacute;n. De todos modos, como escrib&iacute; reci&eacute;n, no supe hasta despu&eacute;s por qu&eacute; me precipit&eacute; en un diagn&oacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Esa precipitaci&oacute;n hablaba m&aacute;s de mi angustia que de una necesidad objetiva. Entonces, cuando supervis&eacute; esa angustia pude escuchar mejor. Se trata de un hombre que no puede hacer lo que hace la mayor&iacute;a de las personas de su edad: cada tanto juntarse con unos amigos y repetir conductas juveniles como forma de escape de la adultez.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;En qu&eacute; consiste esta adultez? En un falso movimiento de adaptaci&oacute;n. Alguien empieza a hacer cosas de adulto, pero conserva de manera latente un punto de fuga que, cada tanto, se actualiza; no solo en salidas en las que se recrea la juventud, ya que otras personas hacen lo mismo a trav&eacute;s de hobbies. 
    </p><p class="article-text">
        El hombre al que me refiero sufre porque no conserva nada del que fue y su regresi&oacute;n es m&aacute;s primitiva. No regresa a la adolescencia, tampoco a la infancia (como le ocurre a las personas que se apasionan por los juegos, desde un punto de vista t&eacute;cnico, sin que estos comporten una verdadera actitud l&uacute;dica) sino a una instancia previa: el narcisismo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;En qu&eacute; consiste esta regresi&oacute;n narcisista? Este hombre descansa cuando est&aacute; consigo mismo. Los est&iacute;mulos sociales lo agobian, las relaciones con otros lo aburren, como todo lo que impone que salga de su &ldquo;burbuja&rdquo; &ndash;seg&uacute;n su expresi&oacute;n&ndash;. Podr&iacute;a decirse que sufre de alg&uacute;n tipo de depresi&oacute;n, pero no ser&iacute;a claro para qu&eacute; ser&iacute;a necesario el diagn&oacute;stico. Ser&iacute;a sucumbir de nuevo a una tentaci&oacute;n clasificatoria.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos su caso desde un punto de vista existencial, no como si fuera la encarnaci&oacute;n de una categor&iacute;a formal ni una idea abstracta de patolog&iacute;a. Sufre porque no puede &ndash;tampoco le interesa&ndash; salir de s&iacute; mismo ni abandonar una soledad cuasi ontol&oacute;gica. En el despliegue de las circunstancias que lo llevaron a ese estado, cuenta una situaci&oacute;n particular.
    </p><p class="article-text">
        Desde que se convirti&oacute; en padre, empez&oacute; a sentirse m&aacute;s responsable &ndash;pero no de forma aut&eacute;ntica, sino a trav&eacute;s de un forzamiento, con preocupaci&oacute;n por las cuestiones que siente que tiene que asegurar&ndash;. Su relaci&oacute;n con el mundo adquiri&oacute; un estatuto operativo, que no incluye ning&uacute;n aspecto exploratorio. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, no es que el trabajo le cueste o le represente un desaf&iacute;o. Al contrario, a su edad ya tiene una posici&oacute;n consolidada y m&aacute;s bien pasa que el trabajo no lo desaf&iacute;a para nada ni espera una mayor realizaci&oacute;n en su campo. Sufre porque no tiene otro lugar donde estar, a no ser en s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de escucharlo durante un tiempo, pienso que el drama que aqueja la vida de este hombre est&aacute; en un pasaje trunco hacia la adultez. Entonces recuerdo la situaci&oacute;n de otro hombre, que desde un primer momento hablaba de sus crisis de ansiedad.
    </p><p class="article-text">
        Este segundo hombre se describe a s&iacute; mismo como alguien que se hace &ldquo;mala sangre&rdquo;. &iquest;En qu&eacute; consiste lo que designa con esta expresi&oacute;n popular? A que tiende a ver las cosas de un modo eminentemente pr&aacute;ctico y, cuando tiene que cumplir con un objetivo, le cuestan los contratiempos.
    </p><p class="article-text">
        A esto se suma la satisfacci&oacute;n que obtiene de mostrar una imagen suya, como la de una persona &ldquo;resolutiva&rdquo;. En su relato biogr&aacute;fico, este tipo de personalidad no condice con lo que cuenta de su infancia, en la que fue un ni&ntilde;o intr&eacute;pido que tuvo la experiencia de ser libre. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute; en el medio?
    </p><p class="article-text">
        En este punto, narra que transit&oacute; una adolescencia tortuosa, en la que &ndash;por diferentes motivos&ndash; sinti&oacute; un impacto en su autoestima; entonces se refugi&oacute; en una actitud complaciente para compensar el malestar. Los a&ntilde;os pasaron y se desarroll&oacute; adecuadamente, desde un punto de vista laboral y en t&eacute;rminos de constituir una pareja, pero ya no volvi&oacute; a sentir que era &eacute;l mismo y que su vida le gustaba.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos al mecanismo de su sufrimiento. No puede admitir contratiempos y siempre est&aacute; pensando en el pr&oacute;ximo paso que debe realizar. Alcanza con que reciba un mensaje para que ya piense que es un est&iacute;mulo insidioso del que debe defenderse y reducir. Solo encuentra placer eventualmente, cuando escucha m&uacute;sica y entra en un estado parecido a un trance. 
    </p><p class="article-text">
        No es que le guste la m&uacute;sica en funci&oacute;n de sus g&eacute;neros, bandas, identificaciones con un estilo, etc. Le interesa el efecto de enso&ntilde;aci&oacute;n que adquiere cuando se pone los auriculares y, en cierta medida, se a&iacute;sla de un entorno agresivo para recrear un ambiente intraps&iacute;quico que se parece a la indiferenciaci&oacute;n pre-natal. En lugar de una regresi&oacute;n al narcisismo, como en el caso anterior, aqu&iacute; tenemos un repliegue que tal vez sea autoer&oacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        No es mi intenci&oacute;n justificar diagn&oacute;sticos ni precisar la pertinencia de los conceptos que mencion&eacute; (narcisismo, autoerotismo); mi inter&eacute;s al escribir estas l&iacute;neas est&aacute; m&aacute;s bien en situar lo que ambos casos comparten: una falla en el desarrollo ps&iacute;quico que, manifiesto en la adolescencia, no conserva los recursos de esta como habitualmente se hace, para ser un adulto a medias &ndash;que, a la primera, a&ntilde;ora su juventud&ndash; sino que plantea un regreso a instancias m&aacute;s primarias. 
    </p><p class="article-text">
        Parad&oacute;jicamente, estos dos hombres, porque no hacen lo que la mayor&iacute;a de las personas &ndash;actuar la vida que no tienen, en una pseudo-adaptaci&oacute;n&ndash; sufren m&aacute;s que otros, pero tambi&eacute;n tienen la chance de enfrentarse a s&iacute; mismos para dar pasos sobre seguro y tener una vida que sea aut&eacute;ntica. La cuesti&oacute;n no es desestimar un diagn&oacute;stico, sino qu&eacute; tan capaces somos de escuchar un modo de vida afectado.
    </p><p class="article-text">
        Estoy convencido de que yo no hubiera podido escuchar m&aacute;s atentamente a estos dos hombres si, a trav&eacute;s de la supervisi&oacute;n de sus casos, no hubiera advertido que comparto sus preguntas &iacute;ntimas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/falsa-adultez_129_12536446.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Aug 2025 03:02:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La falsa adultez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Adultez,Narcisismo,Autoerotismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Viejas y nuevas canciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/viejas-nuevas-canciones_129_12507551.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d16ed1cb-67cd-49f6-b34f-31618a80d37a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viejas y nuevas canciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con el paso del tiempo, cambian nuestros gustos musicales y emocionales, especialmente en relación con la música que escuchaban nuestros padres y llega el momento de redescubrir aquello que había se reprimido.</p></div><p class="article-text">
        El tiempo pasa, nos vamos volviendo viejos. Y nos empieza a gustar m&uacute;sica que antes no nos gustaba. M&uacute;sica que incluso despreci&aacute;bamos, porque cre&iacute;amos que era de viejos. Era la m&uacute;sica que escuchaban nuestros padres.
    </p><p class="article-text">
        Me pas&oacute; con el disco <em>Serious Hits&hellip; Live!</em>, de <strong>Phil Collins</strong>. Durante mucho tiempo, en particular en los viajes en auto, escuch&eacute; la m&uacute;sica que le gustaba a mi pap&aacute;. En 1991 se lanz&oacute; este disco y, al a&ntilde;o siguiente, sali&oacute; <em>El amor despu&eacute;s del amor</em>, de <strong>Fito P&aacute;ez</strong>. Definitivamente, ah&iacute; fue que nos separamos. Ese pasaje marc&oacute; para m&iacute; una brecha generacional.
    </p><p class="article-text">
        Entr&eacute; a la adolescencia de la mano del &aacute;lbum m&aacute;s exitoso del rock nacional, el que &ndash;en mi psiquismo musical&ndash; reprimi&oacute; otro disco de grandes &eacute;xitos, pero internacional. En aquel entonces era inevitable que el amor reprimiera la seriedad.
    </p><p class="article-text">
        En una &eacute;poca se dec&iacute;a que en cada casa hab&iacute;a un ejemplar de <em>El amor despu&eacute;s&hellip;</em> Creo que lo mismo puede decirse del disco de Phil Collins. Hace un tiempo, para mi cumplea&ntilde;os 43, la esposa de un amigo me regal&oacute; el vinilo de Fito y mi esposa el otro. Hoy escucho m&aacute;s el segundo, no porque me parezca mejor, sino para recuperar el tiempo perdido.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no s&eacute; muy bien qu&eacute; tiempo perd&iacute;, porque curiosamente &ndash;cuando lo empec&eacute; a escuchar&ndash; me di cuenta de que conoc&iacute;a todas las canciones de ese disco. Las conoc&iacute;a, pero no les hab&iacute;a prestado atenci&oacute;n. Sin duda ese es el efecto de la represi&oacute;n. Lo digo muy en serio: reprimir no es que algo desaparezca, a veces es que permanezca en la conciencia, pero sin consecuencias. 
    </p><p class="article-text">
        De repente me di cuenta de que muchas de esas canciones eran de una gran sabidur&iacute;a, solo que yo no lo sab&iacute;a. Mejor dicho, no sab&iacute;a que lo sab&iacute;a. Algo parecido ocurre con aquello que amamos, cuando muchas veces no sabemos cu&aacute;nto lo amamos. Del mismo modo, hay una parte en que el amor por un padre permanece reprimido durante un tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Y es necesario que as&iacute; sea, porque de lo contrario, &iquest;qui&eacute;n podr&iacute;a crecer? Si olvid&aacute;semos de alg&uacute;n modo lo que sabemos, &iquest;c&oacute;mo har&iacute;amos para tener nuestra experiencia? El amor por Fito P&aacute;ez vino &ndash;para m&iacute;&ndash; despu&eacute;s del amor por Phil Collins, un amor que estaba ah&iacute;, como una huella inconsciente, a la espera de ser le&iacute;da.
    </p><p class="article-text">
        En alg&uacute;n momento nos reencontramos con nuestros padres. Las huellas inconscientes del v&iacute;nculo con ellos se reactualizan. Como dice el refr&aacute;n: la manzana no cae lejos del &aacute;rbol. Al final, termin&eacute; escuchando Phil Collins y, en este tiempo, tambi&eacute;n me di cuenta de que hay un mont&oacute;n de canciones que despreci&eacute; y que son extraordinarias. 
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, durante muchos a&ntilde;os me pareci&oacute; de una cursiler&iacute;a enorme que hubiese una canci&oacute;n que empezara diciendo: &ldquo;&iquest;Te dije &uacute;ltimamente que te amo? &iquest;Te dije &uacute;ltimamente que no hay nadie por encima de ti?&rdquo;. Y no es que no hubiese amado antes, o que no supiese qu&eacute; es enamorarse. Tal vez la diferencia est&aacute; en que antes cre&iacute;a que el amor ten&iacute;a que estar en un sentimiento excepcional y hoy me parece que es el m&aacute;s simple y cotidiano de los afectos. Es lo que siento cuando veo a mi esposa y me dan ganas de decirle ese verso de otra canci&oacute;n que tambi&eacute;n en otro momento me pareci&oacute; incre&iacute;blemente cursi: &ldquo;Querida, est&aacute;s maravillosa esta noche&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a, despu&eacute;s de la cuarta d&eacute;cada de vida, te das cuenta de que cuando jug&aacute;s con tus hijos sos tan feliz como cuando tu pap&aacute; jugaba con vos. Entonces su m&uacute;sica se transforma en tu m&uacute;sica y la brecha generacional tiende a cerrarse. En ese momento, decir &ldquo;Te amo&rdquo; es lo m&aacute;s parecido a decir &ldquo;Gracias&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Mi esposa me cont&oacute; que su pap&aacute; tambi&eacute;n escuchaba ese disco de Phil Collins. Hace poco &eacute;l dej&oacute; este mundo. En el velorio y, luego en el funeral, ella dijo unas palabras que me hicieron pensar: habl&oacute; de Bob como de un hombre que hab&iacute;a vivido una vida y que siempre se preocup&oacute; por sus hijos y los hijos de sus amigos; la escuch&eacute; hablar con tanto amor de su pap&aacute;, que me alegr&oacute; que ella hubiese resuelto mejor la represi&oacute;n ps&iacute;quica.
    </p><p class="article-text">
        Voy a intentar explicarme. Para un hombre es comprensible que el amor por el padre tenga que pasar por la represi&oacute;n, porque de lo contrario quedar&aacute; subordinado en su virilidad. Pero, &iquest;c&oacute;mo es para la mujer? Si ella siguiese amando al padre, quedar&iacute;a infantilizada. De lo contrario, si amase al padre como mujer&hellip; esa tendencia adquirir&iacute;a un car&aacute;cter incestuoso. El trabajo ps&iacute;quico que tiene que hacer una mujer es mucho m&aacute;s complejo: tiene que poder amar al padre sin quedarse en la posici&oacute;n de hija.
    </p><p class="article-text">
        No es raro que haya mujeres que toda la vida amen a su padre como &ldquo;nenas de pap&aacute;&rdquo;. Un hombre se convierte en otro hombre, junto a su padre, cuando puede ser un sucesor. Uno que, parad&oacute;jicamente, llevar&aacute; las huellas del anterior. Como dice el aforismo: se busca lo mismo, pero por un camino diferente. Este es el n&uacute;cleo de la filiaci&oacute;n masculina, pero &iquest;hay filiaci&oacute;n femenina?
    </p><p class="article-text">
        No estoy seguro, pero creo que el desaf&iacute;o para una mujer est&aacute; en convertirse en la hija de un hombre. Solo as&iacute; podr&aacute; amarlo sin que ese amor sea incestuoso. Es un lugar com&uacute;n que se diga que los hombres son infieles, pero esta afirmaci&oacute;n es para velar la m&aacute;s com&uacute;n de las infidelidades: los hombres sabemos que contra el amor de una mujer por su padre se puede hacer muy poco, aunque ese amor est&eacute; hecho de odio.
    </p><p class="article-text">
        Es extra&ntilde;o, pero creo que hay una diferencia sustancial entre ser la nena de pap&aacute; o una mujer que ama a su padre. Lo segundo jam&aacute;s me puso celoso. Porque una mujer solo puede amar a su padre a condici&oacute;n de haber renunciado a &eacute;l. Parad&oacute;jicamente, si una mujer no ama mucho a su padre, no puede amar a un hombre. Una nena de pap&aacute; idealiza a su padre, hace de la idea del amor una vara con la que medir a los hombres, incluso cada tanto se prenda de uno para invalidarlo o hacerlo competir con ese superhombre. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando en la despedida de su padre escuch&eacute; hablar a mi esposa, me qued&eacute; pensando en que era una mujer que hablaba de un hombre. Por eso mismo es que yo pude amar un poco m&aacute;s a ese hombre, que no fue mi padre. Por caminos diferentes, a veces se llega a las mismas canciones. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciano Lutereau]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/viejas-nuevas-canciones_129_12507551.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Aug 2025 09:32:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Viejas y nuevas canciones]]></media:title>
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