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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - María del Mar Ramón]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/maria-del-mar-ramon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - María del Mar Ramón]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La memoria es un animal esquivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/memoria-animal-esquivo_129_12303354.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1550a9c-8e3e-43a5-8f4e-e3de3d364b62_16-9-discover-aspect-ratio_default_1117884.jpg" width="1650" height="928" alt="La memoria es un animal esquivo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Adelanto de la nueva novela de la escritora colombiana María del Mar Ramón, radicada en Buenos Aires. Cuenta la vida de Juan Francisco cuando este, un artista de 70 años, tiene que mirar atrás. </p></div><p class="article-text">
        La casa est&aacute; habitada por ra&iacute;ces y &aacute;rboles. Una maleza verde y vivaz ha crecido con determinaci&oacute;n entre las ranuras que dej&oacute; el concreto. En las baldosas del ba&ntilde;o se asentaron toda clase de musgos y dientes de le&oacute;n florecidos decoran el suelo, aliment&aacute;ndose de una tierra lejana que reposa debajo del cemento. Enredaderas se han colado por las ventanas y las ra&iacute;ces de la araucaria del jard&iacute;n fracturan el piso como si nunca hubiese existido all&iacute; una estructura de hormig&oacute;n capaz de sostener la genealog&iacute;a entera de una familia. Por eso ser&iacute;a una mentira, o al menos una expresi&oacute;n tramposa, asegurar que la casa est&aacute; vac&iacute;a. Mucho vive aqu&iacute;. Naturaleza rebelde y abnegada; esa es
    </p><p class="article-text">
        la forma que adopt&oacute; el paso de los a&ntilde;os. Por eso, supongo, todas las luchas contra el tiempo son luchas contra la naturaleza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Mis pies se anticipan a la nostalgia. Nunca cre&iacute; que fuera a estar en este lugar en soledad; en esta casa donde no exist&iacute;a el silencio. Cada instante de esta mudez me pasma, es testimonio de que he vuelto, de que mi hermano ha muerto, de que nunca me fui.
    </p><p class="article-text">
        	Me decido a recorrerla de nuevo. Me tomar&iacute;a m&aacute;s que la vida entera que me queda limpiarla, aniquilar todo lo que vive ahora y hacerla habitable. Incluso si lograra dejarla revestida de un impoluto cemento reluciente, remodelada a mi antojo, no estoy seguro de que alguien pudiera vivir aqu&iacute;. Esta casa est&aacute; llena de fantasmas y de muertos. Si cierro los ojos escucho los pasos de pap&aacute; y veo su figura larga, su perfil griego, su cintur&oacute;n apretado. Pap&aacute; que tambi&eacute;n muri&oacute; en este sitio y yo que tampoco pude verlo. Y esta casa, que es tumba, altar y ruina al mismo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        	Paso por el que era mi cuarto. Lo que queda de la estructura de la habitaci&oacute;n est&aacute; llena de grafitis que seguramente pintaron los otros, de los que Pablo me escribi&oacute; tantas veces. Yo solo respond&iacute; a sus correos sobre este asunto en una oportunidad: &laquo;Por m&iacute; que la tumben, Pablo. Con lo que haya adentro&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	No recuerdo su respuesta. Aunque s&eacute; que es mi memoria orgullosa que ahora, justo en nuestro cuarto, decide omitir sus palabras. Porque soy yo quien recuerda. Recuerdo sus cartas mecanografiadas; recuerdo las m&iacute;as. Recuerdo sus llamadas por cobrar. Recuerdo cuando nuestras ep&iacute;stolas se convirtieron en correos electr&oacute;nicos, e incluso sus whatsapps espor&aacute;dicos. &Eacute;l y su obsesi&oacute;n por mantener esta casa como un museo de nuestra propia tragedia. &laquo;&iquest;Para qu&eacute;?&raquo;, le dec&iacute;a yo. &laquo;&iquest;Para que en muchos a&ntilde;os vengan arque&oacute;logos a investigar nuestra miseria?&raquo;. &laquo;Usted siempre va a ser un exagerado, Juan Francisco. Un doliente. Le encanta decir all&aacute; que usted es una v&iacute;ctima de todos nosotros. &iquest;Qu&eacute; le hicimos que es tan horrible, tan imperdonable?&raquo;, me respond&iacute;a &eacute;l, y ah&iacute; yo dejaba de hablarle. As&iacute; pasaban los meses, a veces los a&ntilde;os, hasta que una noticia de vida o muerte me obligaba a retomar el contacto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Despu&eacute;s de<em> los otros</em> vino el abandono. Una casa abandonada es una mezquindad. Si cierro los ojos en este cuarto, puedo recuperar el olor de los jazmines rosados en el verano. El aroma intoxicante de los d&iacute;as de todav&iacute;a m&aacute;s calor. Se me vienen a la memoria los a&ntilde;os de las fiebres alt&iacute;simas. Yo en cama, sin que nadie supiera qu&eacute; ten&iacute;a. Ardiendo de un fervor que me hac&iacute;a delirar. Deb&iacute;a ser verano porque todo ol&iacute;a a jazmines. Estaba postrado, con el cuerpo enjuagado en un sudor fr&iacute;o. Ven&iacute;a un m&eacute;dico que dec&iacute;a palabras que yo no entend&iacute;a, y pap&aacute; sal&iacute;a por la puerta de mi cuarto con su inmensidad. Vino hasta un cham&aacute;n que me hizo unos rezos. Lo trajo la t&iacute;a Chela a escondidas de pap&aacute;, que jam&aacute;s habr&iacute;a hecho nada que no autorizara la Iglesia. Pero no mejor&eacute;. Las fiebres siguieron, m&aacute;s intensas, amenazando con desintegrar mi cuerpo escu&aacute;lido y enfermizo.
    </p><p class="article-text">
        	Vino el cura a bendecirme. &laquo;Debe ser la voluntad de tu mam&aacute;&raquo;, me dijo, y lleg&oacute; a darme los santos &oacute;leos en la frente. &laquo;Si Dios as&iacute; lo quiere, hijo m&iacute;o, tendr&aacute;s que irte&raquo;. El t&iacute;o Pacho, a quien ten&iacute;amos que referirnos como Padre Francisco, me bendijo y yo cerr&eacute; los ojos con la ilusi&oacute;n de que al abrirlos estuviera mi madre esper&aacute;ndome, con su abrazo tibio. Los apret&eacute; tan fuerte que sent&iacute; que me desmayaba de una vez. Que esa era la muerte y que mam&aacute;, que me hab&iacute;a amado tanto m&aacute;s que a mis hermanos, que me hab&iacute;a deseado tanto, hab&iacute;a decidido que me fuera con ella. En el cielo que habit&eacute; por segundos ten&iacute;a un vestido que me pon&iacute;a cuando nac&iacute;. All&iacute; no era el ni&ntilde;o que result&eacute;, sino la ni&ntilde;a que ella hab&iacute;a so&ntilde;ado. Mam&aacute; me dec&iacute;a que este mundo no era para nosotros; nosotros, que ten&iacute;amos los mismos ojos tristes y el mismo pelo dorado, como de Ni&ntilde;o Dios. Pero no. Los abr&iacute; y ah&iacute; segu&iacute;a. Todos se hab&iacute;an ido, menos Pablo. El &uacute;nico que se qued&oacute; a mi lado, poni&eacute;ndome pa&ntilde;os de agua fr&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        	Recuerdo escuchar su vocecita en mi o&iacute;do: &laquo;No se muera, por favor. No me deje solo en este cuarto, que a m&iacute; me da miedo la oscuridad y pap&aacute; me rega&ntilde;a. No se muera porque despu&eacute;s va a quedar su fantasma y va a venir a asustarme, como el de mi mam&aacute;. No se muera porque si se muere, pap&aacute; no lo va a soportar y se va a encerrar otra vez. Por favor, Dios m&iacute;o, no te lleves a mi hermano. Si est&aacute; ah&iacute;, mam&aacute;, no se lo lleve todav&iacute;a, d&eacute;jelo ac&aacute; con nosotros&raquo;. Luego lo escuch&eacute; susurrarme con m&aacute;s fuerza: &laquo;Si usted se va, &iquest;qui&eacute;n me va a cuidar de los indios?&raquo;. Quise responderle que los indios ya se hab&iacute;an ido, que el t&iacute;o Pacho los hab&iacute;a tra&iacute;do de la selva del Catatumbo durante unas semanas nom&aacute;s y que ya no iban a volver. Pero Pablo les ten&iacute;a p&aacute;nico. Les hab&iacute;a temido desde la primera vez que cruzaron la puerta con sus taparrabos y sus lanzas, rodeados de monjas benedictinas que les ense&ntilde;aban a rezar. Cuando Luciano y yo jug&aacute;bamos a ver qui&eacute;n aguantaba m&aacute;s tiempo debajo del agua, si los indios o nosotros, Pablo solo miraba aterrado desde la esquina de nuestro cuarto. Y esas noches no pudo dormir de saber que diez ind&iacute;genas motilones en proceso de evangelizaci&oacute;n acampaban en nuestro patio.
    </p><p class="article-text">
        	Habr&aacute; sido tan genuino su deseo y su amor que la muerte me dio mucho m&aacute;s tiempo y hasta se lo llev&oacute; a &eacute;l primero.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dijeron que hab&iacute;a sido un milagro y que el milagro lo hab&iacute;a hecho yo. Yo les quise explicar a pap&aacute; y al t&iacute;o Pacho que el milagro lo hab&iacute;a hecho Pablo, que hab&iacute;a rezado todas esas horas
    </p><p class="article-text">
        a mi lado, pero no hubo caso. &laquo;Los ni&ntilde;os no hablan cuando hablamos los mayores&raquo;, me dijo pap&aacute;, sin mirarme siquiera. Elevando la mano en el aire form&oacute; un muro invisible entre su inmensidad y mi peque&ntilde;ez cuando trat&eacute; de explicarle que yo no hab&iacute;a rezado, que yo en realidad me quer&iacute;a ir de este mundo a cualquier otro. A cualquiera donde estuviera mam&aacute;. Entonces el t&iacute;o Pacho me abri&oacute; los ojos, me revis&oacute; la boca y despu&eacute;s me mir&oacute; los dientes, como si yo fuera un perro de la calle. Por esos d&iacute;as hab&iacute;a una epidemia de dengue en la ciudad y la teor&iacute;a m&aacute;s consistente era que yo hab&iacute;a tenido la enfermedad y que el Dios que viv&iacute;a en m&iacute; la hab&iacute;a expulsado. El t&iacute;o Pacho sali&oacute; del cuarto con pap&aacute; y despu&eacute;s pap&aacute; volvi&oacute; solo. Se agach&oacute; por primera vez en la vida para dirigirse a m&iacute;, y me dijo que el t&iacute;o Pacho hab&iacute;a exigido que me fuera al seminario, porque yo ten&iacute;a a Dios en mi interior y deb&iacute;a seguir su camino desde ahora. Vi en los ojos de mi padre una duda cruel, una especie de compasi&oacute;n que nunca le hab&iacute;a visto: una clase de pena. Empacamos la maleta mientras yo lloraba y me limpiaba las l&aacute;grimas con el dorso de la mano, tratando de que no se notaran. Pap&aacute; se dio cuenta, pero no me rega&ntilde;&oacute; por llorar. Pablo, que me ayud&oacute; a empacar, disimulaba su tristeza, y para que yo no me acongojara m&aacute;s, me dijo: &laquo;All&aacute; va a ver a Luciano. Al menos no va a estar solo&raquo;. Tom&eacute; su consuelo con un agradecimiento infantil y vi c&oacute;mo pap&aacute; cerraba la maleta de cuero empolvada.
    </p><p class="article-text">
        	Al otro d&iacute;a, apenas amaneciera, me iban a llevar a la terminal de buses para que me fuera a Bogot&aacute;. El viaje iba a durar dos d&iacute;as. Vino la t&iacute;a Chela a preparar comida para el camino. La escuch&eacute; hablando con pap&aacute; en la cocina. &laquo;Es apenas un ni&ntilde;o, Guillermo. Lo va a mandar al seminario con muchachos m&aacute;s grandes y apenas tiene nueve a&ntilde;os. Est&aacute; reci&eacute;n huerfanito de mam&aacute;. &iquest;A usted s&iacute; le parece?&raquo;. Recuerdo la resignaci&oacute;n de la voz de mi pap&aacute; al responder que eran los designios de Dios, que no pod&iacute;an contradecirse.
    </p><p class="article-text">
        	Cuando clare&oacute;, pap&aacute; vino a buscarme para que me ba&ntilde;ara. Pablo segu&iacute;a dormido y prefer&iacute; no despertarlo para que pudiera descansar m&aacute;s. Ya en la calle, al frente de la casa, me escap&eacute; del carro y me acost&eacute; en el pavimento. &laquo;Pap&aacute;, te pido por lo que m&aacute;s quieras que no me lleven al seminario. Te lo ruego. Voy a hacer lo que t&uacute; me digas por el resto de la vida, pero por favor d&eacute;jame quedarme ac&aacute; contigo y con Pablo&raquo;. Lo tute&eacute;, nunca lo hac&iacute;a. Nos trat&aacute;bamos de <em>usted</em> en esta casa. Luego me arrodill&eacute; en el pavimento caliente y las piedritas tibias se me clavaron en las rodillas. Cerr&eacute; los ojos esperando la cachetada de mi pap&aacute;, que me levantara del piso de un solo golpe y me dijera que no fuera tan rid&iacute;culo y tan maleducado, pero &eacute;l volvi&oacute; a agacharse y me pidi&oacute; que lo perdonara, antes de alzarme con ternura y devolverme a la parte de atr&aacute;s del carro. Esas fueron las &uacute;ltimas palabras que cruzamos antes de que volviera por primera vez a esta casa. A esta herida.
    </p><p class="article-text">
        	Nunca volvi&oacute; a pedirme perd&oacute;n y yo nunca volv&iacute; a tratarlo de <em>t&uacute;</em>.
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                Tapa de La memoria es un animal esquivo (Concreto)                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[María del Mar Ramón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/memoria-animal-esquivo_129_12303354.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 May 2025 09:55:17 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[La Manada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/manada_129_8845756.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49d60e8b-91e3-4567-a6ed-b3d01c4b1ae9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Manada"></p><p class="article-text">
        <em>Para todos estos hombres: lamento lo que el mundo hizo de ellos, y lamento lo que ellos hicieron despu&eacute;s.</em>
    </p><p class="article-text">
        1.10 de junio de 2004. No fue sino hasta que Hache escuch&oacute; el golpe seco en el suelo que se percat&oacute; de lo que hab&iacute;a hecho. Casi como si ese estruendo lo hubiera despertado de sopet&oacute;n de un sue&ntilde;o, aun- que siempre estuvo despierto. Parpade&oacute; un par de veces y mir&oacute; a su alrededor: cont&oacute; cuatro cuerpos de pie y uno en el suelo.
    </p><p class="article-text">
        Vio el hilo de sangre sobre el pavimento con ese color vinotinto ciruela, espeso y viol&aacute;ceo. La sangre mezclada con el color gris del piso. La sangre pasando sobre las piedritas y la suciedad de la calle. La sangre formando el cauce de un r&iacute;o seco.
    </p><p class="article-text">
        Se mir&oacute; la mano. No porque le doliera, sino para chequear que estaba entero, que sus extremidades segu&iacute;an ah&iacute;. Entonces vio sus nudillos que empezaban a hincharse enrojecidos y con sangre. No supo de d&oacute;nde ven&iacute;a, de qui&eacute;n era, si era suya o ajena. Abri&oacute; la mano y volvi&oacute; a cerrarla. Levant&oacute; la cara; mir&oacute; el cuerpo en el suelo y a los que estaban parados. Sus caras, todav&iacute;a desencajadas, como hienas hambrientas, empezaban a confundirse entre la adrenalina y la preocupaci&oacute;n. Todos miraron el cuerpo en el piso sin acercarse, sin mirar si estaba bien, si respiraba. Con babas en la boca, todav&iacute;a desbocados, permanec&iacute;an inconscientes. El episodio transcurr&iacute;a en c&aacute;mara lenta y Hache no pod&iacute;a calcular el tiempo. Hab&iacute;an pasado segundos, pero en su mente los hechos eran una nebulosa incomprensible, estaban suspendidos como part&iacute;culas min&uacute;sculas que flotan en el aire.
    </p><p class="article-text">
        Hache volvi&oacute; a mirarse la mano, vio sus caras y recapitul&oacute; que el &uacute;ltimo golpe, el que hab&iacute;a sido culpable del desplome de su contrincante, lo hab&iacute;a propinado &eacute;l. Mientras trataba de poner en orden los sucesos en su memoria, uno de los muchachos lo agarr&oacute; por la espalda: &ldquo;&iexcl;Vamos, vamos!&rdquo;. Los otros tres corrieron y Hache sinti&oacute; un empuj&oacute;n para que se uniera a la carrera, as&iacute; que tambi&eacute;n corri&oacute;. Sent&iacute;a c&oacute;mo rebotaba su cuerpo contra el suelo. Corri&oacute; cada vez m&aacute;s r&aacute;pido y empez&oacute; a olvidarse de s&iacute;, a dejarse junto a ese cuerpo tendido en el suelo. Ninguno de los cuatro mir&oacute; hacia atr&aacute;s. Hache quiso, pero no lo hizo. Pens&oacute; en llamar a alguien, pedir perd&oacute;n, preguntar si hab&iacute;a causado mucho da&ntilde;o, esperar ayuda, saber si ese chico se iba a despertar, parar todo lo que estaba pasando, tambi&eacute;n quiso llorar. No hizo ninguna de esas cosas, solo corri&oacute; detr&aacute;s de todos los dem&aacute;s. Corri&oacute; tan r&aacute;pido que logr&oacute; adelantarse a la manada, sus zancadas se hac&iacute;an m&aacute;s veloces y se sent&iacute;a un animal capaz de levantar vuelo. La mano no le dol&iacute;a y en su cabeza qued&oacute; un silencio que acall&oacute; la zozobra.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se empezaron a cansar y decidieron que no ten&iacute;an que huir m&aacute;s, se detuvieron detr&aacute;s de un muro alto en una calle solitaria. Uno le grit&oacute; a Hache, quien, al escuchar, disminuy&oacute; la velocidad y se devolvi&oacute; caminando agotado hacia donde estaban. Le faltaba el aire, pero su cuerpo ten&iacute;a una cadencia nueva, despreocupada. Los hombros altos, pero no tensos. Era como si su figura hubiera ganado algunos cent&iacute;metros. Se sent&iacute;a, de alguna manera, m&aacute;s liviano.
    </p><p class="article-text">
        Al principio no hablaron. Apenas y pod&iacute;an jadear. Hache no les dijo entonces, ni ese d&iacute;a, ni en ning&uacute;n otro, que esa hab&iacute;a sido la primera vez que hab&iacute;a golpeado a alguien. Y que ese, Juani, quien ahora yac&iacute;a inconsciente sobre un charco de su propia sangre, sin siquiera poder preguntarse por qu&eacute; hab&iacute;a sido esa su suerte, era su gran amigo desde la infancia, en su colegio anterior. El vecino de la casa en la que &eacute;l hab&iacute;a vivido hasta hac&iacute;a apenas un a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Hache no les mencion&oacute; que Juani y &eacute;l se hab&iacute;an hecho la primera paja juntos viendo pelis porno a escondidas, a los doce a&ntilde;os. Tampoco les cont&oacute; que cuando el padre de Juani hab&iacute;a muerto, Juani hab&iacute;a vivido con &eacute;l durante un mes mientras la madre se repon&iacute;a del duelo. No les confes&oacute; que lo quer&iacute;a. Juani tampoco pudo dec&iacute;rselos. El ataque fue tan repentino y contundente, los golpes de todos, la sorpresa y la violencia, que &eacute;l tampoco lleg&oacute; a expresar que no entend&iacute;a por qu&eacute; cuatro extra&ntilde;os y un viejo amigo lo golpeaban as&iacute;. &iquest;Fue por miedo? &iquest;Por orgullo? &iquest;Por verg&uuml;enza que Hache mantuvo eso como secreto? Ya no importaba. No lleg&oacute; a confesarlo en ese momento e ignoraba que no llegar&iacute;a a contarlo nunca. Que esa ser&iacute;a la &uacute;ltima vez que ver&iacute;a a su amigo con vida, con la expresi&oacute;n de angustia en los ojos, sin poder hablar, mir&aacute;ndolo con una mezcla de p&aacute;nico y desilusi&oacute;n antes de que &eacute;l, Hache, lo matara de un pu&ntilde;etazo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>MMR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María del Mar Ramón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/manada_129_8845756.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Mar 2022 03:05:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Manada]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cualquier parecido con la realidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/parecido-realidad_129_8845768.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba8902e5-01dc-4f97-8cb7-268bf20316ea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cualquier parecido con la realidad"></p><p class="article-text">
        La Manada es mi primera novela y se acaba de lanzar en la Argentina. Cuenta la historia de un chico de 17 a&ntilde;os, un poco t&iacute;mido, un poco insulso, que termina involucrado en el asesinato a pu&ntilde;os del que fuera su mejor amigo. El libro es el recorrido para llegar a ese momento, alimentado de la tensi&oacute;n permanente que constituye <strong>la amistad masculina adolescente y que los lleva a estar rodeados de violencia, f&iacute;sica, sexual y psicol&oacute;gica. </strong>La perspectiva desde la que se narra es la suya. Sus sentimientos, sus observaciones, sus temores y su profunda angustia a la humillaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuando escrib&iacute; la novela quise que se situara en el 2004 porque es una &eacute;poca en la que yo todav&iacute;a no era adolescente y porque me interesaba algo de la est&eacute;tica colombiana de los a&ntilde;os siguientes al 2000: <strong>una sensaci&oacute;n de que todo estaba por estallar, pero nunca estallaba y las formas en las que esa violencia diluida y disipada afectaron la cultura y las vidas de estos chicos.</strong> Cuando escrib&iacute; la novela, tambi&eacute;n estuve consciente de que todo el tiempo iba a estar referenciada a eventos de la vida real, pero nunca me imagin&eacute; que iba a estar en permanente coyuntura y que siempre iba a parecer basada en hechos reales, y eso parece ser&nbsp; la confirmaci&oacute;n de que hay una forma de la violencia masculina que apenas podemos diagnosticar, incluso predecir, pero que todav&iacute;a no podemos ni sabemos c&oacute;mo resolver.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al ser una obra de ficci&oacute;n, no pretende dar respuestas a la gran problem&aacute;tica de la violencia de las masculinidades heterocis sobre s&iacute; mismos y sobre lo que los rodea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>No creo que la ficci&oacute;n deba ser responsable o funcional para ninguna problem&aacute;tica espec&iacute;fica. Eso no es una obligaci&oacute;n de la literatura, y por eso me interes&oacute;.</strong> Esta novela, en realidad, responde a una curiosidad m&aacute;s peque&ntilde;a que para m&iacute; solo pudo ser resuelta por la imaginaci&oacute;n: &iquest;c&oacute;mo es que personas que tienen distintos intereses, distintos temores, y distintos principios terminan coordinando sus voluntades para hacer algo que los lastima o lastima a otros, a&uacute;n cuando no lo premeditan y cuando no est&aacute;n a priori de acuerdo? &iquest;C&oacute;mo se construye ese instante? &iquest;Cu&aacute;l es el lenguaje? Pero todav&iacute;a m&aacute;s simple &iquest;C&oacute;mo se narran a s&iacute; mismos el mundo despu&eacute;s?. La novela entonces es eso: no los perdona, ni los culpa. No los explica, no se&ntilde;ala el origen de su posible maldad, ni siquiera la sugiere: solo pone palabras. Llena con palabras imaginarias lo que ha sido silencio, y son las suyas, las que imagino que todos esos hombres en alg&uacute;n momento tuvieron.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María del Mar Ramón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/parecido-realidad_129_8845768.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Mar 2022 03:02:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cualquier parecido con la realidad]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La foto testimonial para el cupo femenino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cupo-femenino-fotos_129_7068628.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ab7be3ff-2b92-4ed9-a6f9-f1954990dcb4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La foto testimonial para el cupo femenino"></p><p class="article-text">
        Hace algunos a&ntilde;os se populariz&oacute; un blog llamado <em>&ldquo;</em><a href="https://allmalepanels.tumblr.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">congrats, you have an all male panel&rdquo;</a>, que juntaba fotos de eventos de todo el mundo donde los &uacute;nicos expositores eran varones <em>cis</em>. Al lado de cada foto, sal&iacute;a una divertida calcoman&iacute;a del estelar Baywatch David Hasselhof con el pulgar arriba y el nombre del blog, a manera de ir&oacute;nico sello de calidad. El blog se burlaba de<strong> una realidad patriarcal insoportable</strong>: los varones cis suelen tener la palabra p&uacute;blica y muchos m&aacute;s lugares de poder y reconocimiento que las mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las feministas <strong>nos hicimos muy &aacute;giles en rechazar esa clase de convocatorias a trav&eacute;s de redes y medios</strong>. Cada vez que aparec&iacute;an esas fotos de reuniones oficiales hac&iacute;amos toda clase de cr&iacute;ticas, desde comentarios serios e indignados hasta algunos divertidos como &ldquo;mucho olor a huevo&rdquo; e incluso record&aacute;bamos la hist&oacute;rica frase que Christine Lagarde le dijo al ex Ministro Nicol&aacute;s Dujovne cuando vio al equipo econ&oacute;mico del ex presidente Macri: <em>&ldquo;You look short on woman&rdquo;</em>. Debimos ser muy eficientes, porque a mediados del a&ntilde;o pasado, el Poder Ejecutivo hizo oficial la presentaci&oacute;n de un protocolo ceremonial con perspectiva de g&eacute;nero que especifica que todas las audiencias de m&aacute;s de 4 personas con el presidente deben ser celebradas con 33% de mujeres.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/994917971536564224?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Las fotos de puros tipos se hicieron cada vez m&aacute;s extra&ntilde;as y anacr&oacute;nicas, aunque todav&iacute;a las hay. Esa imagen lamentable de hace apenas unos meses que mostraba la reuni&oacute;n de Alberto Fern&aacute;ndez y algunos de sus ministros con la UIA titulada &ldquo;el Presidente se reuni&oacute; con empresarios y sindicalistas&rdquo;, tuvo tanto repudio que parecer&iacute;a no volver a repetirse. En su momento, hasta la Secretaria legal y t&eacute;cnica del Presidente, Vilma Ibarra, tuvo que salir a levantar la voz por lo absurdo que era que ni el ejecutivo ni representantes de sectores sindicales y empresariales tuvieran mujeres, as&iacute; fuera para la foto. Todas celebramos la escasez de esas im&aacute;genes y la eficiencia de nuestros repudios como una victoria simb&oacute;lica muy contundente. Yo tambi&eacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Unas semanas atr&aacute;s, una compa&ntilde;era que cumple un rol legislativo -excelente profesional y mucho m&aacute;s capacitada que la mayor&iacute;a de sus compa&ntilde;eros y superiores, como casi todas las mujeres en espacios p&uacute;blicos y pol&iacute;ticos que conozco-, me contaba que se hab&iacute;a incomodado porque<strong> la hab&iacute;an invitado a un evento de alt&iacute;simo rango solo para que saliera en la foto. </strong>Por supuesto que nadie se lo dijo expl&iacute;citamente, pero ella era la &uacute;nica mujer y el tema no era su &aacute;rea de expertise. En su momento yo le di un abrazo optimista. Est&aacute; bien, le dije, es mejor ocupar cualquier espacio a no ocupar ninguno. No importa c&oacute;mo llegues, le repet&iacute;, lo importante es que vas a estar ah&iacute; y quiz&aacute;s puedas hablar y ser tomada en cuenta y valorada como deber&iacute;an haberte reconocido hace tiempo. Es un avance, la consol&eacute;, que al menos no quieran el escrache en Twitter (del que euf&oacute;ricamente he participado cuando se trata de fotos de eventos en las que solo hay hombres cis) y te inviten <em>as&iacute; sea para la foto</em>.
    </p><p class="article-text">
        Ahora me resulta injusto haberle dado ese consejo. &iquest;Es suficiente? No. No lo es. Y adem&aacute;s es tremendamente humillante. Seguramente lo fue para ella, como lo ha sido para m&iacute; y como lo ha sido para todas las mujeres que conozco que muchas veces tenemos que ocupar lugares testimoniales que con condescendencia y temor nos abren, pero no participar de las reuniones, de las discusiones, del poder. <strong>A veces pienso que deber&iacute;amos dejarlos sacarse sus fotos de mierda solo con hombres y rehusarnos al rol simb&oacute;lico. Que ya no estamos para eso.</strong> Que hasta que no nos inviten con voz y voto se tengan que aguantar nuestra burla en todas partes y el bochorno. Despu&eacute;s pienso en que la foto esa ser&iacute;a arcaica y que mal que bien es un avance, diminuto, injusto, pero hay que ver el vaso medio lleno. Nosotras siempre tenemos que ver el vaso medio lleno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima vez que fui invitada para una foto ya no me sent&iacute; alegre y agradecida por haber logrado ese lugar, cualquiera que fuera, y poder estar en una reuni&oacute;n en la que todo el mundo me trataba con condescendencia y de la que no ten&iacute;a participaci&oacute;n real. <strong>M&aacute;s bien sent&iacute; que trabajaba para fortalecer a un enemigo. </strong>Fui, me sent&eacute;, mis intervenciones no fueron tenidas en cuenta y pos&eacute; sonriente cuando lleg&oacute; la c&aacute;mara a documentar una charla que en la vida real solo hab&iacute;an tenido tipos, pero estaba yo, para que no se vieran &ldquo;<em>short on woman&rdquo;</em>. Cuando se divulg&oacute; la bochornosa imagen de los empresarios y sindicalistas con el presidente Fern&aacute;ndez, muchos de los participantes argumentaron que en las altas esferas de esos espacios simplemente no hay mujeres, y que no las pod&iacute;an embutir en una foto porque ellas no hab&iacute;an estado en la reuni&oacute;n. En el momento igual nos pareci&oacute; desatinado que se juntaran solo entre ellos, pero me pregunto si, al cumplirse el nuevo cupo del 33% de mujeres en la reuni&oacute;n, el di&aacute;logo no hubiera sido exactamente igual, solo que con el mensaje p&uacute;blico de que era un ambiente m&aacute;s &ldquo;diverso&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El problema no es que faltaran mujeres en la foto, es que hay muy pocas en los lugares de poder y toma de decisiones. Me pregunto cu&aacute;l podr&aacute; ser una estrategia m&aacute;s eficiente para que seamos las mujeres tambi&eacute;n las representantes de las y los sindicalistas y las y los empresarios, en lugar de las acompa&ntilde;antes decorativas que nos invitan a ser. No tengo la respuesta, pero me resulta cada vez menos grato para m&iacute; y para compa&ntilde;eras valiosas y brillantes, tener que prestarnos a esa clase de roles ornamentales como si no nos di&eacute;ramos cuenta, como si no supi&eacute;ramos que lo que hacemos es un favor, y ya no s&eacute; bien a qui&eacute;n favorece. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> El problema no es que faltaran mujeres en la foto, es que hay muy pocas en los lugares de poder y toma de decisión.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La paridad en los espacios es una iniciativa importante para lograr la igualdad de g&eacute;nero en &aacute;mbitos de poder y toma de decisi&oacute;n. Nadie, a esta altura, podr&iacute;a criticar eso. Sin embargo, esta clase de an&eacute;cdotas, sumado a la cantidad de directrices (oficiales y extraoficiales) que se&ntilde;alan que lo que hay que cuidar son las im&aacute;genes que llegan al p&uacute;blico, nos da la creciente sensaci&oacute;n de ser usadas para la foto y para evitar las cr&iacute;ticas, pero no estar teniendo ni m&aacute;s voz ni m&aacute;s voto. <strong>Temo que esas medidas empiecen a tener una intenci&oacute;n &uacute;nicamente cosm&eacute;tica y que nos quedemos a mitad de camino emitiendo recomendaciones para que aparezcan mujeres y hombres en todas las reuniones, </strong>aplaudiendo esas im&aacute;genes, haciendo una fiscalizaci&oacute;n excesiva de todo lo que sucede en la esfera p&uacute;blica, pero perdiendo de vista que esos gestos no se est&aacute;n traduciendo en un cambio de pr&aacute;cticas fuera de los flashes de las c&aacute;maras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La foto en la que sali&oacute; mi conocida, por supuesto, pas&oacute; sin pena ni gloria porque ah&iacute; estaba ella: obediente y con sonrisa. Nadie la escrut&oacute; ni la critic&oacute; ni la repudi&oacute;. Yo tampoco.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María del Mar Ramón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cupo-femenino-fotos_129_7068628.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Jan 2021 01:55:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La foto testimonial para el cupo femenino]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Feminismos,Vilma Ibarra]]></media:keywords>
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