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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Emmanuel Taub]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/emmanuel-taub/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Emmanuel Taub]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Sobre el pudor y el dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pudor-dinero_129_7207031.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/177ad900-5cff-4b97-9f37-9ab587adea74_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre el pudor y el dinero"></p><p class="article-text">
        Todo esto comenz&oacute; en las redes sociales, como suelen comenzar las cosas que marcan &ldquo;lo real&rdquo; en nuestros d&iacute;as de pandemia y existencia. Y todo arranca con unas palabras e ideas que <strong>Tamara Tenenbaum </strong>escribi&oacute; en su columna <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/dinero-cuenta-cosa_129_7199675.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>&ldquo;El dinero cuenta otra cosa&rdquo;</strong></a> el 6 de febrero en <em><strong>ElDiarioAR. </strong></em>
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El hecho de que no exista un concepto de &ldquo;buena pel&iacute;cula&rdquo; compartido por todos los adultos es solo una cuesti&oacute;n de gustos; nuestras diferencias en la percepci&oacute;n de lo que es mucho o poco dinero hablan, en cambio, de distancias menos triviales. Lo intuimos, y por eso nos incomoda. No es mera pacater&iacute;a, no es falta de costumbre, y tampoco es solamente que sea de &ldquo;mal gusto&rdquo; hablar de plata; hist&oacute;ricamente, por caso, fue de mal gusto hablar de sexo, y hoy nos resulta infinitamente m&aacute;s f&aacute;cil que hablar de dinero. &raquo;
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute;a estas palabras y r&aacute;pidamente tuve un <em>flashback </em>a mi infancia. <strong>Cada vez que est&aacute;bamos en un restaurante, en un local de ropa o en un supermercado y mis viejos ten&iacute;an que hablar de dinero, de si era caro o barato lo que iban a pagar, comenzaban a hacerlo en hebreo. De alguna manera, mientras relato aqu&iacute; mi recuerdo, entiendo que comenc&eacute; a aprender la lengua de mis juda&iacute;smos como una evasi&oacute;n, como la forma de evitar una charla sobre &ldquo;plata&rdquo; adelante de </strong><em><strong>un otro</strong></em><strong> que no sea de la familia, en p&uacute;blico. </strong>Y tambi&eacute;n me hace sentir el pudor que experimentaba ante ese escenario porque me daba mucha verg&uuml;enza: de pronto los padres delante de alguien comienzan a hablar en otro idioma: &iexcl;era obvio que hablaban de la guita! o que por lo menos hablaban de algo que no quer&iacute;an que sea entendido por ese alguien.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hablar de guita delante de otro es pudoroso: como bien dice Tenenbaum, nunca sab&eacute;s la situaci&oacute;n de aquel que escucha sobre </strong><em><strong>tu </strong></em><strong>dinero. </strong>Si su sueldo alcanza para una cena donde estamos comiendo; si lo que est&aacute;s pagando un pantal&oacute;n equivale a lo que le env&iacute;a a su familia en otra provincia o pa&iacute;s; si lo que para vos es caro, para el otro es car&iacute;simo; si pens&aacute;s que te est&aacute; cagando con el precio y lo compar&aacute;s a la misma compra que hiciste una semana atr&aacute;s en otro local.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hablar de guita en p&uacute;blico es pudoroso porque inmediatamente nos compromete con la situaci&oacute;n econ&oacute;mica, social y cultural de </strong><em><strong>un otro</strong></em><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Casi en la misma fecha pero dos a&ntilde;os atr&aacute;s, el 9 de febrero de 2019, Tamara hab&iacute;a publicado un nota llamada <a href="https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/profesionales-del-orden-furor-por-los-servicios-que-mantienen-la-casa-organizada-nid2218571" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>&ldquo;Profesionales del orden: furor por los servicios que mantienen la casa organizada&rdquo;</strong></a>  sobre la, en aquel tiempo afamada, Marie Kondo. Para esa nota me hab&iacute;a consultado sobre mi opini&oacute;n de su programa y sus propuestas econ&oacute;micas. Como todo texto de Opini&oacute;n en un diario, el autor va tejiendo su voz con las voces con quienes dialoga, retomando y discutiendo esos postulados. Tenenbaum lo hizo con maestr&iacute;a, mostrando las diferentes capas que se pueden construir sobre un mismo problema, y que ahora vuelve a retomar dos a&ntilde;os despu&eacute;s: el dinero y nuestro tiempo.
    </p><p class="article-text">
        La Historia de la Filosof&iacute;a occidental est&aacute; determinada por la b&uacute;squeda del orden frente a los avatares hist&oacute;ricos marcados por el caos y las revoluciones. En el fondo, m&aacute;s all&aacute; del hecho pol&iacute;tico, lo que est&aacute; en juego es el problema de la <em>incertidumbre</em>. Y como sabemos, la gran pregunta, la <em>incertidumbre </em>que desvela al ser humano desde que tom&oacute; conciencia de su humanidad, es la muerte y la finitud de la existencia material. Desde all&iacute;, la Historia Universal est&aacute; marcada por los intentos, bastante fallidos, de achicar y encerrar lo m&aacute;s posible esta apor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; se edific&oacute; un orden sostenido sobre la ficci&oacute;n de la soberan&iacute;a de la raz&oacute;n y la idea del ser humano como un ser racional que persigue el bien com&uacute;n. En este sentido, la raz&oacute;n se transform&oacute; en el ideario y gu&iacute;a del pensamiento filos&oacute;fico &ldquo;hegem&oacute;nico&rdquo; y de &ldquo;lo pol&iacute;tico&rdquo;, mientras que en su discurrir dejaba de lado o solapaba los pensamientos basados en la incertidumbre y en la imposibilidad de nuestro lenguaje para dar respuestas sobre la existencia o la finitud. Tal vez uno de los casos hist&oacute;ricos m&aacute;s representativos fue el del Positivismo europeo del siglo XIX que pregonaba, ante el caos desatado por la Revoluci&oacute;n Francesa y sus herencias, la posibilidad de construir una Teor&iacute;a General del orden y el progreso. Una Teor&iacute;a que se extendi&oacute; a todos los recovecos del pensamiento, desde la naciente Sociolog&iacute;a a la Filosof&iacute;a o la Teor&iacute;a de gobierno. Sin embargo, y como la Historia nos ha demostrado, toda Teor&iacute;a que busca volverse absoluta, se convierte en totalitaria y termina fracasado. A pesar de ello, esta b&uacute;squeda fue &ndash;y es&ndash; un s&iacute;ntoma de las necesidades del ser humano para apalear la incertidumbre y el miedo a lo inexplicable. Y, al mismo tiempo, nos ha dejado en el Capitalismo un sistema sostenido por la &ldquo;necesidad&rdquo; del consumo, la acumulaci&oacute;n y la insatisfacci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si el Capitalismo es la Religi&oacute;n moderna, como escribi&oacute; Walter Benjamin en un peque&ntilde;o y extraordinario texto, entonces el consumo ininterrumpido, la acumulaci&oacute;n y el exceso, se transforman en el da&ntilde;o colateral que debemos aceptar o solucionar. </strong>En cuanto a la culpa por el consumo, el fil&oacute;sofo judeo-alem&aacute;n se&ntilde;al&oacute;, no sin iron&iacute;a, que los sacerdotes de nuestro tiempo eran los psicoanalistas, aquellos que hacen que la culpa se extinga para poder seguir consumiendo. El problema que no lleg&oacute; a desarrollar, ya que es un proyecto inacabado, es lo que ocurre con lo que va quedando acumulado: las cosas que forman parte de lo guardado u olvidado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo por esta l&iacute;nea de razonamiento, el ejemplo de Marie Kondo &ndash;y sus m&eacute;todos&ndash; se vuelven un dispositivo de poder sobre la culpa y la cosa acumulada. Es decir, encaja perfectamente en un mundo capitalista que necesita ordenar y aprender a arrojar (&ldquo;desechar&rdquo;) lo que sobra para que, a la larga, se pueda seguir consumiendo. Otro elemento interesante en base al &ldquo;proyecto Kondo&rdquo; que no dista en mucho de la l&oacute;gica moderna del consumo y el mercado, es una reflexi&oacute;n sobre el pasado. Entiendo que el pasado es lo mismo que el olvido, y es por ello que somos nosotros los que debemos actuar, subjetivamente o institucionalmente, sobre el pasado rescatando en la memoria datos, recuerdos y experiencias para testimoniar nuestra existencia. Los &ldquo;tesoros de la memoria&rdquo; son, entonces, el s&iacute;mbolo de un recuerdo, la huella de un tiempo que ya no existe. Cuando Kondo propone liberarse de los objetos &ldquo;obsoletos&rdquo; y acumulados, lo que realmente est&aacute; proponiendo es arrasar con la memoria, con la historia subjetiva, para que podamos liberarnos a habitar el presente con mayor ligereza: para habitar el consumo sin anclas ni remordimientos. Si todo lo s&oacute;lido se desvanece en el aire, as&iacute; tambi&eacute;n el pasado y la Historia.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y ahora me doy cuenta de ello, desde la Revoluci&oacute;n industrial y el avance del Capitalismo como modo de vida moderno, el <em>&nbsp;nomos oculto</em> del poder soberano no ha sido ni la religi&oacute;n institucional y practicada de forma privada, ni el Estado naci&oacute;n que act&uacute;a en lo p&uacute;blico, sino el dinero, la <em>guita</em>, la <em>plata</em>, los <em>morlacos</em>, o la <em>r&uacute;culeta</em>, citando esa magistral definici&oacute;n de Quiosquini, ese personaje emblem&aacute;tico de Migue Granados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cre&iacute;mos que con el dinero se pod&iacute;a comprar todo, hasta la muerte. Que realmente pod&iacute;amos </strong><em><strong>venderle </strong></em><strong>el alma al Diablo, en una transacci&oacute;n comercial, a cambio de la inmortalidad. Cre&iacute;mos que Dr&aacute;cula podr&iacute;a vampirizarnos a cambio de los d&oacute;lares que ya ten&iacute;a. Y sin embargo, ni el dinero, ni el Diablo ni Dr&aacute;cula, nos pueden comerciar algo que va en contra de nuestra naturaleza humana: la muerte. Lo vampirizado es el dinero.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n imaginamos, resignados por el mundo que supimos construir, que si la felicidad es excepcional y pasajera, el dinero pod&iacute;a sostenerla. La felicidad se puede comprar con dinero, pero ning&uacute;n d&oacute;lar puede convertir la felicidad en un estado de existencia, sino que nos permite esconder el vac&iacute;o de la <em>incertidumbre </em>tras los ropajes, italianos o franceses, que visten al Capitalismo como Religi&oacute;n. Pagar significa existir, y existir <em>en</em> el dinero siempre es a costa de <em>un otro</em>: para comprar alguien tiene que vender, y vender es ponerle precio a nuestra &ldquo;obra&rdquo;, &ldquo;profesi&oacute;n&rdquo;, &ldquo;servicio&rdquo;, &ldquo;producto&rdquo;; vender se convierte en la p&eacute;rdida de una parte de nuestra subjetividad. En el mercado, en la transacci&oacute;n, perdemos algo nuestro, experimentamos algo de esa finitud que intentamos esconder creyendo que los procesos de creaci&oacute;n nos vuelven eternos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En este mundo nada es eterno a excepci&oacute;n del dinero.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si el dinero es el medio y la transacci&oacute;n el acto, entonces el pudor de &ldquo;hablar de guita en p&uacute;blico&rdquo; es, quiz&aacute;, el &uacute;ltimo rasgo de humanidad de lo humano, una huella &eacute;tica que nos detiene, aunque sea por un instante, de no mostrarle a </strong><em><strong>ese otro</strong></em><strong> que ha perdido algo de su ser, que es ahora a&uacute;n m&aacute;s mortal de lo que era y que pertenece, como cada uno de nosotros, a la l&oacute;gica que vuelve intrascendente su existencia al mismo tiempo que alimenta y refuerza m&aacute;s al dinero como par&aacute;metro de vida.</strong> Tener <em>pudor </em>no debe sonrojarnos sino recordarnos ese instante, excepcional y pasajero, que a veces llamamos &ldquo;felicidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emmanuel Taub]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pudor-dinero_129_7207031.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Feb 2021 03:04:57 +0000]]></pubDate>
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