<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Laura Haimovichi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/laura-haimovichi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Laura Haimovichi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/author/1031847/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que la demolición se llevó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/demolicion-llevo_129_13299724.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/05122d67-d1b0-4e66-a76f-b79bce28979c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que la demolición se llevó"></p><p class="article-text">
        <em>Adolescencia gris con vocaci&oacute;n de sombra, con destino de muerte, las escaleras duermen, se derrumba la casa que no supo detenerte. </em>Estos versos refieren a la casa que habit&oacute; en otro tiempo la poeta mexicana <strong>Rosario Castellanos</strong>. En el sur del mismo continente, en la ciudad porte&ntilde;a de Buenos Aires, recorro las calles, percibo la destrucci&oacute;n y tomo conciencia de los pocos adoquines que quedan (se los llev&oacute; el gobierno qui&eacute;n sabe ad&oacute;nde), de los &aacute;rboles enfermos (el personal de parques y jardines p&uacute;blicos fue reducido) y de buena parte del patrimonio arquitect&oacute;nico que est&aacute; cercado o ya no existe.
    </p><p class="article-text">
        Casas, edificios, parques, plazas, veredas y sendas forman el cuerpo de la ciudad, un organismo vivo bastante maltratado donde hoy, en cada cuadra, duermen familias completas rodeadas de suciedad y de basura. La ilusi&oacute;n del bienestar y el progreso se desvanece, quienes tienen que garantizar el acceso a la vivienda digna y la higiene general no se ocupan ni preocupan.
    </p><p class="article-text">
        Entre tantas residencias que van desapareciendo, recuerdo las casas chorizo, con sus habitaciones corridas y el patio lindero. Ya no est&aacute; la Casa del Campo, donde se vend&iacute;an medias, lanas y lencer&iacute;a, sobre la avenida Santa Fe 3381. La destrucci&oacute;n, en setiembre de 2024, se llev&oacute; sus l&iacute;neas rectas verticales y herrajes, relieves y vitrales, el m&aacute;s puro estilo art dec&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco queda en pie la construcci&oacute;n de la esquina de C&oacute;rdoba y Pringles, que se encontraba en un estado impecable, con su p&eacute;rgola en la terraza, sus ventanales y faroles, italianizante o neorrenacentista, con cubiertas de poca inclinaci&oacute;n, aleros, molduras, rejas. Los villanos le dieron v&iacute;a libre al arrasamiento, le hicieron &ldquo;pinto catal&aacute;n&rdquo; a la participaci&oacute;n social y su opini&oacute;n activa. 
    </p><p class="article-text">
        <em>La lonja inm&oacute;vil de los jardines ti&ntilde;&oacute; de luna el anochecer, hoy ya no r&iacute;es por la avenida, chau adoqu&iacute;n</em>, se despidi&oacute; del pedrer&iacute;o gris oscuro que alfombraba las aceras, <strong>Antonio Tarrag&oacute; Ros</strong>. <strong>Luis Alberto Spinetta</strong> titul&oacute; Para los &aacute;rboles un disco-homenaje a esos ejemplares bot&aacute;nicos, de buena madera, que en muchas zonas de nuestra urbe desaparecieron. Ya les hab&iacute;a dedicado canciones a algunos ejemplares en &ldquo;Campos verdes&rdquo;, &ldquo;Sombras en los &aacute;lamos&rdquo;, &ldquo;Durazno sangrando&rdquo;, alabanzas po&eacute;ticas rockeras.
    </p><p class="article-text">
        En el libro<strong> </strong>Memoria de Buenos Aires, <strong>Natalia Kerbabian</strong> y <strong>Fabio M&aacute;rquez</strong> despiertan la sensibilidad de los lectores, exhibiendo los croquis de casas y casonas, palacios, palacetes y mansiones que, en vez de preservarse, se tiraron abajo. La mayor&iacute;a fueron albergues de familia. Como los arroyos, que fueron enterrados y hoy s&oacute;lo recordamos cuando las aguas desbordan por las lluvias, muchas de las construcciones de Buenos Aires se perdieron; ni siquiera las fotograf&iacute;as quedaron como testimonio. 
    </p><p class="article-text">
        Topofilia se llama al amor por los lugares y es lo que expresan los autores del volumen, licenciado en dise&ntilde;o del paisaje, &eacute;l, y arquitecta, ella. En cambio, las mismas autoridades que demuelen para asfaltar calles que no lo requieren, padecen topofobia o, para ser m&aacute;s precisa, hacen sus negocios personales, cortando adem&aacute;s el tr&aacute;nsito vehicular, obstruyendo el paso de los de a pie y sin colocar la carteler&iacute;a que lo advierta con la anticipaci&oacute;n necesaria. 
    </p><p class="article-text">
        Depredan como parte del proceso de gentrificaci&oacute;n. Mantienen la c&aacute;scara para erigir casas Frankenstein o zombies, muecas distorsionadas de lo que representaron, meros decorados fuera de contexto o trofeos de guerra. &ldquo;No hay patrimonio arquitect&oacute;nico que pueda competir con la multiplicaci&oacute;n extrema de metros construibles, si no es considerado como tal. Hace falta un Estado que regule lo edificable en un sentido no exclusivamente de rentabilidad comercial&rdquo;, coinciden los autores de Memoria de Buenos Aires.
    </p><p class="article-text">
        Con el R&iacute;o de la Plata como l&iacute;mite, Buenos Aires supo ser una ciudad balnearia, caracter&iacute;stica natural y recreativa que se perdi&oacute; hace cincuenta a&ntilde;os. Aldabas, herrajes, tapas de servicios en veredas y fachadas, buzones integran tambi&eacute;n la lista de objetos desaparecidos. No se trata de hacer un recuento por la v&iacute;a de la nostalgia, sino de respetar y celebrar los emblemas e &iacute;conos de los barrios, es decir nuestros. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Paseo Col&oacute;n y Brasil existi&oacute; una escuela taller dise&ntilde;ada por <strong>Nicol&aacute;s Parisi</strong>. Fue demolida para &ldquo;facilitar el tr&aacute;nsito vehicular&rdquo;. El edificio hab&iacute;a sido un encargo de la familia Marconetti para que los empleados de su f&aacute;brica de pastas tuvieran una vivienda. Emplazado frente al Parque Lezama, durante la dictadura fue el refugio de muchos artistas pl&aacute;sticos y actores. Primero desprotegida y abandonada, corri&oacute; la misma suerte la fonda y bar O&rsquo;Rondeman, cuna art&iacute;stica de<strong> Carlos Gardel</strong>, en el Abasto. <strong>Alfonsina Storni</strong> recitaba sus poemas en el Cine Minerva para pagar la habitaci&oacute;n donde dorm&iacute;a. La sala brill&oacute; en avenida Rivadavia 7428 y la destruyeron en mayo de 2024.
    </p><p class="article-text">
        Mascarones con rostros, ornamentos florales, animales fant&aacute;sticos, cuernos de la abundancia, copas, soles, estrellas, instrumentos musicales han sido &ldquo;barridos&rdquo;, aunque algunos sobreviven. Como ocurri&oacute; en Rosario hace ya varios a&ntilde;os, siguiendo los lineamientos del pedagogo italiano <strong>Francesco Tonucci</strong>, se podr&iacute;a estimular la curiosidad y lo l&uacute;dico en las infancias, llev&aacute;ndolas a descubrir esas particularidades de ciertas construcciones. Claro que eso deber&iacute;an impulsarlo las instituciones p&uacute;blicas. &ldquo;Un par de cuadras bien elegidas pueden ser un mundo de interpretaciones, a partir de encontrar diferentes situaciones singulares de patrimonio cultural que est&aacute;n al alcance de la mano para disfrutarlo desde experiencias colectivas&rdquo;, sugieren M&aacute;rquez y Kerbabian. Se trata de una propuesta de promoci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a y la sensibilidad por la ciudad, desde corta edad.
    </p><p class="article-text">
        La Unesco estableci&oacute; en un tratado internacional que los bienes culturales tangibles son inestimables e irreemplazables. &ldquo;Por su valor excepcional desde el punto de vista hist&oacute;rico, cient&iacute;fico, est&eacute;tico o simb&oacute;lico&hellip; requieren su conservaci&oacute;n, rehabilitaci&oacute;n y difusi&oacute;n, donde se cuente la historia, se validen sus recuerdos y se afirmen y enriquezcan las identidades y el legado com&uacute;n. Lo heredamos del pasado, lo vivimos hoy en d&iacute;a y lo transmitiremos a las generaciones futuras&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Testimonio gr&aacute;fico y ensayo conceptual, el libro abre preguntas sobre como detener el avance inmobiliario, para cuidar la ciudad que nos pertenece a todos, donde podamos ser m&aacute;s felices. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/demolicion-llevo_129_13299724.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 12:52:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/05122d67-d1b0-4e66-a76f-b79bce28979c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="125043" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/05122d67-d1b0-4e66-a76f-b79bce28979c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="125043" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lo que la demolición se llevó]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/05122d67-d1b0-4e66-a76f-b79bce28979c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los animales como espejo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/animales-espejo_129_13281291.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9da20e82-914d-4f55-af65-98813eb645fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144736.jpg" width="1600" height="900" alt="Los animales como espejo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aves, insectos y mamíferos. Amigables o dañinos. A lo largo de la historia, los filósofos acudieron a la zoología para mostrar las consecuencias de las acciones humanas. Lo narra de manera exquisita Ivana Costa, en su reciente libro Bestiario filosófico. </p></div><p class="article-text">
        En las f&aacute;bulas y las canciones que aprendimos durante los a&ntilde;os de la ense&ntilde;anza elemental, los animales suelen aparecer humanizados para ejemplificar el efecto que provocan las acciones humanas. Relatos que son espejos, alabanzas y sanciones, desde <em>La p&aacute;jara pinta </em>y<em> La vaca estudiosa</em>, de <strong>Mar&iacute;a Elena Walsh</strong>, hasta el poema <em>El grillo</em>, de <strong>Conrado Nal&eacute; Roxlo</strong>, pasando por los cuentos con moraleja de <strong>Esopo</strong> o <strong>La Fontaine</strong>. Entretenimientos y pautas normativas en la formaci&oacute;n de los chicos. Tambi&eacute;n, herramientas s&iacute;mb&oacute;licas para procesar los miedos b&aacute;sicos que se alojan en el inconsciente: a la desaparici&oacute;n de los seres queridos, a la muerte propia y ajena, a la condena por la fealdad o la diferencia, formas de la crueldad.
    </p><p class="article-text">
        Lo explica <strong>Bruno Bettelheim</strong> en su Psicoan&aacute;lisis de los cuentos de hadas, de 1976. &ldquo;Un mundo sin lobos es un mundo donde el pibe no aprende a defenderse&rdquo;, dice el disc&iacute;pulo freudiano. El lobo con su apetito sexual desaforado y el zorro azuzando como los victimarios, los cerditos en tanto v&iacute;ctimas que salen de la pasividad con inteligencia, el patito infiltrado con una est&eacute;tica propia frente a la bella homogeneidad de los cisnes, que es salvado por el afecto de la madre que lo acoge. &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay recompensa, finales felices. Como son ficciones que tienen salida, las infancias pueden elaborar sus terrores y salir de la impotencia frente a la bestia y el monstruo, algo que no siempre ocurre en lo real.
    </p><p class="article-text">
        En esa l&iacute;nea trabaj&oacute; desde la historia del pensamiento la doctora en Filosof&iacute;a <strong>Ivana Costa</strong>, quien ahora publica el libro Bestiario filos&oacute;fico (Mar dulce). En la ciudad primitiva, sugiri&oacute; <strong>Plat&oacute;n</strong>, viv&iacute;amos como cerdos. Para <strong>Hobbes</strong>, en cambio, sin Estado los seres humanos somos lobos, un escenario de conflicto que aparece en su Leviat&aacute;n. En el caso de <strong>Hegel </strong>el saber est&aacute; simbolizado por el b&uacute;ho. 
    </p><p class="article-text">
        El volumen efect&uacute;a un recorrido minucioso que la autora realiza haciendo un barrido exhaustivo, como si fuera un tratado de etiolog&iacute;a, por las distintas temporalidades en las que los grandes pensadores iluminaron a la especie. Y contin&uacute;a: la filosof&iacute;a es una ara&ntilde;a venenosa. Zen&oacute;n procurando demostrar que la tortuga equivale a la detenci&oacute;n del movimiento. El cinismo como resultado de la observaci&oacute;n de los antiguos frente al perro.&nbsp;&nbsp;<strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al unirnos, los humanos nos da&ntilde;amos, propone <strong>Schopenhauer</strong> y Costa lo narra con un estilo exquisito. Y lo ilustra con el dilema del erizo: &nbsp;los animales se juntan para tener menos fr&iacute;o durante el invierno, pero al juntarse se pinchan. Nos necesitamos, pero convivir nos duele. &ldquo;El hombre m&aacute;s feliz es el que menos contacto tiene con los dem&aacute;s&rdquo;. Quienes buscan estar cerca de otros deben saber que la armon&iacute;a plena es una ilusi&oacute;n. Se quieren, pero no se soportan.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que ocurre en la obra <em>La ni&ntilde;a sobre un altar</em>, que dirige con mano diestra y sensibilidad <strong>Oscar Barney Finn</strong>, en la sala Casacuberta del Teatro San Mart&iacute;n. Las mujeres de la familia de Agamen&oacute;n, Ifigenia (la hija) y Clitemnestra (la esposa) son v&iacute;ctimas de la cercan&iacute;a del rey, quien ofrece en sacrificio a su descendencia para ganar batallas. La puesta de la pieza de <strong>Marina Carr</strong>, inspirada en la mitolog&iacute;a cl&aacute;sica, muestra, en clave contempor&aacute;nea, el asesinato aberrante, la sinraz&oacute;n del mal.
    </p><p class="article-text">
        La violencia sobre los cuerpos, los m&aacute;rtires que han sido condenados y la indiferencia de la sociedad se encarnan en los roles que desempe&ntilde;an actores que lo entregan todo: <strong>Paulo Brunetti</strong>, <strong>Analia Couceyro</strong>, <strong>Carlos Kaspar</strong>, <strong>Pablo Mariuzzi</strong>, <strong>Mercedes Fraile</strong>, <strong>Lig&uuml;en Pires</strong> y <strong>Lula Guttfeisch</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Es inevitable pensar en los femicidios que nos llevaron a marchar el mi&eacute;rcoles &uacute;ltimo y que siguen sucediendo, uno cada treinta horas, la mayor&iacute;a perpetrados por puerco espines que conviven con las mujeres da&ntilde;adas hasta la tragedia. Padres, maridos y novios que llegan a l&iacute;mites fuera de toda racionalidad. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Volvamos al libro de Costa. Los fil&oacute;sofos, polemistas con los paradigmas de su tiempo, eligieron a los animales como modelos especulares. Construyeron hip&oacute;tesis, se sirvieron de los mitos, desentra&ntilde;aron lo insalvable de las apor&iacute;as. Dice la autora: &ldquo;Hay tambi&eacute;n algo de rid&iacute;cula vanidad en pretender descifrar racionalmente las met&aacute;foras zool&oacute;gicas de la filosof&iacute;a, pero el ejercicio de contarlas es una invitaci&oacute;n a preguntarse qu&eacute; tipo de animales somos: qu&eacute; comunidades queremos formar, c&oacute;mo contemplamos el universo&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n <strong>Maquiavelo</strong>, nos debe gobernar una mezcla de zorro y de le&oacute;n. El asno sirvi&oacute; para tomarle el pelo para el fil&oacute;sofo medieval <strong>Juan Buridi&aacute;n</strong>. <strong>Schr&ouml;dinger </strong>hizo famoso a su gato cuando quiso mostrar que las paradojas no se pueden resolver, que las probabilidades son m&aacute;s categ&oacute;ricas que la verdad y que la incertidumbre nos domina. Experiment&oacute; encerr&aacute;ndolo en una caja con un mecanismo que lo pueda matar en forma aleatoria, por ejemplo, sellando herm&eacute;ticamente el recept&aacute;culo, el animal-zombie podr&iacute;a estar vivo o muerto en simult&aacute;neo, hasta que se abre la caja.
    </p><p class="article-text">
        No estamos tan lejos de la condici&oacute;n animal. De alg&uacute;n modo, tambi&eacute;n nos habita. En una de las tantas crisis de la racionalidad, la que estamos viviendo, eso que nos distingue de ellos se relativiza. Habr&aacute; que pensar si equiparar al mundo zool&oacute;gico con la brutalidad y la ignorancia es acertado y qu&eacute; lugar ocupamos nosotros en la escala viviente. &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/animales-espejo_129_13281291.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 13:48:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9da20e82-914d-4f55-af65-98813eb645fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144736.jpg" length="381854" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9da20e82-914d-4f55-af65-98813eb645fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144736.jpg" type="image/jpeg" fileSize="381854" width="1600" height="900"/>
      <media:title><![CDATA[Los animales como espejo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9da20e82-914d-4f55-af65-98813eb645fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144736.jpg" width="1600" height="900"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fragmentos de la memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fragmentos-memoria_129_13262868.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b350b46-0e26-407b-a6f2-734e81767ed3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fragmentos de la memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Recuperar el pasado es mucho más que recordar. Es saber y comprender qué pasó, para darle un sentido al presente y proyectar el porvenir.</p></div><p class="article-text">
        Cinco mujeres de distintas edades acompa&ntilde;an a Spasoula, una amiga que se encamina hacia la muerte. De esa p&eacute;rdida que est&aacute;n por sufrir emergen fragmentos que les arroja la memoria, testimonios de vidas que no eligieron, con exilios, en refugios, con canciones tristes, fr&iacute;o y preguntas que ser&aacute;n leit motiv por varias generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Aquellas preguntas intentan responder las causas y consecuencias del enfrentamiento entre turcochipriotas y griegochipriotas, que ocurrieron en el pa&iacute;s mediooriental entre 1963 y 1974, dejando un saldo de dos mil personas desaparecidas. Ese universo remite a lo que aconteci&oacute; en la Argentina durante la &uacute;ltima dictadura c&iacute;vico militar y <strong>Alfredo Staffolani</strong>, el director de <em>Pa&iacute;s amargo</em>, lo pone en juego con su adaptaci&oacute;n del texto original de la escritora y dramaturga <strong>Constantia Soteriou</strong>, al establecer un di&aacute;logo entre las heridas abiertas de ambos territorios.
    </p><p class="article-text">
        Es muy poco lo que sabemos de Chipre. Acaso tengamos una idea vaga de la belleza de sus playas y de su notable herencia arqueol&oacute;gica. Con la obra estrenada en el teatro Sarmiento podemos ir completando algo de su devenir. De todos modos, la pieza no se propone realizar una construcci&oacute;n hist&oacute;rica sino tocar lo m&aacute;s hondo de la emoci&oacute;n de los espectadores.
    </p><p class="article-text">
        Soteriou naci&oacute; en Nicosia en 1975 y se dedic&oacute; a escribir lo que escuch&oacute; de las mujeres mayores de su familia, sobre todo cuando hablaban de los hechos pol&iacute;ticos que condicionaron la vida del pa&iacute;s. Madres, abuelas y t&iacute;as se reun&iacute;an en los patios traseros de las casas y hablaban acerca de la guerra, con sus hombres en el frente, mientras preparaban la comida y el caf&eacute;. Esas narraciones orales para las que se dispuso a abrir los o&iacute;dos fueron la fuente de sus narraciones. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Pa&iacute;s amargo</em> habla de los sacrificios de ellas por amor a sus semejantes y a la patria fracturada, sus sue&ntilde;os y presagios en un territorio cuya l&iacute;nea verde divide a unos y a otros. Todas vestidas de negro, se re&uacute;nen en tribu para asistirse frente al desasosiego.
    </p><p class="article-text">
        Autora de <em>Costumbres de la muerte</em>, Soteriu asisti&oacute; al funeral de un joven desaparecido a los 19 a&ntilde;os cuyos restos fueron hallados. La madre ya ten&iacute;a 90 a&ntilde;os y hab&iacute;a esperado cuarenta para poder enterrarlo. Esa paciencia en la incertidumbre la conmovi&oacute; y escribi&oacute; sobre lo doloroso de la p&eacute;rdida.
    </p><p class="article-text">
        ...
    </p><p class="article-text">
        Ganadora del Premio Ricardo Monti de Dramaturgia, <em>Solanito,</em><strong> </strong>de <strong>Malen Vince</strong>,<strong> </strong>es el tierno y delicioso contrapunto entre Herminia y Solanito, virtuales descendientes del estadista paraguayo <strong>Francisco Solano L&oacute;pez</strong>. La historia nos relata que el mariscal fue un tigre acorralado con su ej&eacute;rcito de inv&aacute;lidos durante la guerra de la Triple Alianza. La pieza la dirige <strong>Santiago Mini&ntilde;o</strong>, en el teatro El Tej&oacute;n, de La Paternal.
    </p><p class="article-text">
        De bat&oacute;n y bast&oacute;n, ella (<strong>Mirta Israel</strong>); vestido a imagen y semejanza de su ancestro, &eacute;l (<strong>Fabi&aacute;n Calixto</strong>), deben abandonar la casa de Remedios de Escalada donde ha transcurrido su vida. Mientras el joven intenta convencer a Herminia de que deben partir porque la antigua construcci&oacute;n se desmorona, ella hace de todo para resistirse, siempre en un tono de humor. La obra surgi&oacute; del parecido f&iacute;sico con el patriota vecino cuya pintura preside la escena y la conexi&oacute;n entre los int&eacute;rpretes es notable.
    </p><p class="article-text">
        ...
    </p><p class="article-text">
        <em>Mar&uacute;nica</em> (<strong>Maruja Mallo</strong>, 1902-1995) fue una artista pl&aacute;stica gallega que vivi&oacute; muchos a&ntilde;os en Buenos Aires desde su llegada en 1937. Relacionada con <strong>Salvador Dal&iacute; </strong>en la escuela, quien le present&oacute; a <strong>Federico Garc&iacute;a Lorca</strong>, <strong>Rafael Alberti </strong>y<strong> Luis Bu&ntilde;uel</strong>, &ldquo;el de los ojos de rana&rdquo;, tambi&eacute;n fueron sus compa&ntilde;eros de andanzas. Nacida <strong>Ana Mar&iacute;a G&oacute;mez y Gonz&aacute;lez</strong>, pertenece a la generaci&oacute;n del 27, se dedic&oacute; a la pintura, el collage, la escultura, el tejido, el mobiliario, pero qued&oacute; opacada por sus colegas hombres. Dal&iacute; la defin&iacute;a como &ldquo;mitad &aacute;ngel, mitad marisco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A modo de reportaje period&iacute;stico, la obra de teatro que lleva su nombre est&aacute; situada en el Madrid de los a&ntilde;os veinte del siglo pasado. Permite descubrir a una actriz sensible y muy experimentada, <strong>Cecilia Hopkins</strong>, que va de una juventud muy productiva durante la Segunda Rep&uacute;blica a la vejez y viceversa. La sutileza y un h&aacute;bil manejo de su corporalidad asaltan el escenario y el cl&iacute;max de la pieza se alcanza cuando la int&eacute;rprete -dirigida por <strong>Ana Alvarado</strong>- dialoga con un t&iacute;tere-mu&ntilde;eca que manipula con destreza.
    </p><p class="article-text">
        Ir&oacute;nica y desatada, el personaje dice lo que se le antoja y el maquillaje se convierte en m&aacute;scara. Mar&uacute;nica fue una de las artistas que perteneci&oacute; al surrealismo y prueba de ello son las im&aacute;genes de sus cuadros proyectados en la sala teatral Itaca y en los originales que viven en el Museo Nacional de Bellas Artes, el MALBA y el Museo Quinquela Mart&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Contaba que un d&iacute;a paseaba por la Puerta del Sol con Lorca, Dal&iacute; y una amiga y todos los del grupo se sacaron el sombrero. Unos transe&uacute;ntes les arrojaron piedras e insultaron &ldquo;como si hubi&eacute;semos hecho un descubrimiento, como Cop&eacute;rnico y Galileo&rdquo;. De all&iacute; surgi&oacute; el apodo &ldquo;Las Sinsombrero&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        ...
    </p><p class="article-text">
        En <em>Un punto oscuro </em>(Teatro Zelaya), tres hermanas despiden a su padre agonizante. Ese fin de ciclo, esa constataci&oacute;n de que ya nada ha de volver, las enreda en un tejido de preguntas sobre c&oacute;mo ser&aacute; la vida sin esa figura que cre&iacute;an omnipresente, eterna. Atadas a gruesas lanas que tapizan paredes y suelo, Mar&iacute;a, Caro y Sofi van armando una trama aut&oacute;noma donde el amor entre ellas, su enraizamiento en el pasado y la devoci&oacute;n por los libros son la urdimbre que las sostiene. &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese &uacute;ltimo tramo de presencia paterna, los personajes que componen <strong>Mar&iacute;a Villar</strong>, <strong>Carolina Saade</strong> y <strong>Felipe Saade</strong> juegan, r&iacute;en y leen relatos en los que se adivina un futuro reconfigurado del que emerger&aacute;n sus singularidades. El adi&oacute;s a ese hombre que se desvanece les ofrenda un nuevo y atrayente despertar. Ese punto de quiebre, que es la muerte inminente de un ser querido, se entrelaza con una luminosidad in&eacute;dita.
    </p><p class="article-text">
        Con un recorrido de m&aacute;s de diez a&ntilde;os y la direcci&oacute;n experta de <strong>C&eacute;sar Brie</strong>, <em>El para&iacute;so perdido</em> (Teatro Dumont 4040) guarda algunos vasos comunicantes con <em>Un punto oscuro</em>. En el comienzo, parece que hemos sido invitados a un cumplea&ntilde;os infantil en el que globos coloridos alegran la escena. Sin embargo, a trav&eacute;s de breves relatos, los actores evocan los d&iacute;as lejanos de la ni&ntilde;ez con sus afectos y sus violencias. &ldquo;La infancia es a veces un para&iacute;so perdido y otras es un infierno de mierda&rdquo;, hab&iacute;a escrito el uruguayo <strong>Mario Benedetti</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Se ensamblan destrezas acrob&aacute;ticas, canciones y coreograf&iacute;as para alcanzar un registro preciso sobre las sombras que acompa&ntilde;an esa edad de la inocencia. Como en el poema hom&oacute;nimo del siglo XVII (de <strong>John Milton</strong>), el cielo y el infierno no remiten a espacios f&iacute;sicos sino a estados de &aacute;nimo que dejan su huella en la materialidad de los cuerpos. 
    </p><p class="article-text">
        Parafraseando a Lautremont, todas estas puestas ensamblan &ldquo;un paraguas que hace el amor con una m&aacute;quina de coser en una mesa de disecci&oacute;n&rdquo;. &nbsp;Rompen, as&iacute;, con lo ordinario, para erigir un cosmos nuevo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fragmentos-memoria_129_13262868.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 15:46:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5b350b46-0e26-407b-a6f2-734e81767ed3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="103644" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5b350b46-0e26-407b-a6f2-734e81767ed3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="103644" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Fragmentos de la memoria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5b350b46-0e26-407b-a6f2-734e81767ed3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bajar el precio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bajar-precio_129_13226461.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2a88158-c5ac-4758-bd31-23a95737258f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143144.jpg" width="395" height="222" alt="Bajar el precio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Junto con el derrumbe económico y social existe una caída simbólica del valor de las personas y sus instituciones. En el libro “El desprecio”, el científico social francés, Francois Dubet, explica cómo funciona este combustible del resentimiento y el desánimo, que se extiende por varios países.</p></div><p class="article-text">
        El ment&oacute;n y la nariz en alto, la boca cerrada, las cejas rectas, la mirada hacia abajo haciendo foco en la figura del otro. Estos gestos en conjunto evidencian desprecio, un sentimiento de superioridad frente al semejante como forma de reafirmarse, una sombra que avanza sobre el cuerpo. Sobre ese poderoso energizante de las derechas y su amenaza a las democracias habla el soci&oacute;logo franc&eacute;s <strong>Francois Dubet</strong> en su libro, <em>El desprecio</em>. (Siglo Veintiuno Editores) 
    </p><p class="article-text">
        Desestimar a alguien equivale a rechazarlo, es una resaca emocional que, en la actual sociedad capitalista y tecnocr&aacute;tica est&aacute; causada por injusticias materiales, lo que a unos les sobra y a otros les falta. El que es, no existe, es negado. Mantiene la distancia sin insultar ni odiar, puede generar sensaciones paranoicas. &ldquo;El desd&eacute;n es la goma de borrar; el desprecio, el l&aacute;piz&rdquo;, cita a <strong>Christian Vigouroux</strong>. Una manta de niebla que te reduce a la insignificancia. Un gesto que a fuerza de repetirse nos desconcierta y nos va socavando.
    </p><p class="article-text">
        El anhelo de reconocimiento en las redes sociales y la recepci&oacute;n de unos pocos likes o de ninguno es una forma amplificada de este sentimiento que existi&oacute; siempre y surge de la arrogancia, del que tiene poder sobre el que no lo tiene. La sobreexposici&oacute;n en las redes sociales ha incrementado la degradaci&oacute;n. Nos aplasta el &aacute;nimo y tendemos a silenciarlo, como si &ldquo;no estar a la altura&rdquo; fuera por culpa nuestra.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de lo individual, hay etapas -como la actual- en que es el conjunto, la gran mayor&iacute;a, el que se siente sumergida. Dice el autor de <em>El desprecio</em> que los franceses &ldquo;siempre podemos consolarnos si comparamos a nuestros dirigentes, relativamente civilizados, con Trump, Bolsonaro, Milei u Orb&aacute;n, que convirtieron al insulto y la agresi&oacute;n en un argumento pol&iacute;tico de rutina, en nombre del desprecio del cual ser&iacute;an v&iacute;ctimas sus electores&rdquo;. Pobre pa&iacute;s que ha alimentado liderazgos autoritarios que nos enga&ntilde;an haci&eacute;ndonos creer que elegimos con libertad y que somos absolutamente responsables de nosotros mismos. El desprecio se nos adhiere y alimenta el resentimiento, una pasi&oacute;n triste. Engloba a colectivos y se encarna en los individuos.
    </p><p class="article-text">
        Agrega Dubet, autor de <em>&iquest;Por qu&eacute; preferimos la desigualdad? (aunque digamos lo contrario)</em><strong> </strong>que esa emoci&oacute;n es la fuente de la que bebe un millonario propenso a insultar a sus adversarios, <strong>Donald Trump</strong>, (que) hace reaccionar a los hombres contra las mujeres, a los blancos contra los migrantes y a los no graduados contra las &eacute;lites. 
    </p><p class="article-text">
        Alguien despreciado puede a su vez despreciar, alzarse desde un pedestal. porque la cadena de humillaci&oacute;n es relacional y maleable. Los que desprecian ignoran la cultura del diferente, sea extranjero, gordo, queer, pobre, mujer y tantos etc&eacute;teras posibles. En los setores poulares. Por otra parte, hay que hacer un trabajo colectivo para despojarse del sentimiento de que se merece lo que se obtiene y se obtiene lo que se merece. 
    </p><p class="article-text">
        Le ocurri&oacute; a Garc&iacute;a Lorca, hace noventa a&ntilde;os. <strong>Osmar Nu&ntilde;ez</strong> evoca a Federico, primero despreciado y luego asesinado hace noventa a&ntilde;os por las huestes franquistas en Granada Actor comprometido, Nu&ntilde;ez le rinde homenaje al poeta y dramaturgo <em>de Do&ntilde;a Rosita, la soltera,</em>dirigido por <em>Anal&iacute;a Fedra Garc&iacute;a</em>, quien adem&aacute;s acompa&ntilde;a en el piano. Sobre la escena, en el Centro Cultural de la Cooperaci&oacute;n, el escritor se vuelve presencia real como un remolino, pleno de furia y de ternura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Alberto Moravia</strong> escribi&oacute; una novela llamada <em>El desprecio</em> y <strong>Jean Luc Godard</strong> la adapt&oacute; para el cine, con las actuaciones de <strong>Briggitte Bardot</strong> (Emilia) y <strong>Jack Palance</strong> (Ricargo, guionista de cine), quienes formaban una pareja que se separaba y el valor estaba dado por el nombre y el estatus. Era una reinterpretaci&oacute;n de la <em>Odisea,</em> en la que el desinter&eacute;s por Pen&eacute;lope hac&iacute;a que Ulises se decida por el viaje.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil, aunque no imposible, que las heridas del desprecio cicatricen. Te miran fijamente a los ojos, se concentran en vos, termin&aacute;s siendo carcomido por esa observaci&oacute;n, sobre todo si es constante, Al final, adher&iacute;s a esa mirada y te culp&aacute;s de tu supuesto fracaso. Pero, atenci&oacute;n, no es tuyo, aunque te hagan creer que te pertenece.
    </p><p class="article-text">
        Hoy se derrumban los sistemas simb&oacute;licos que se construyeron en una Argentina que se so&ntilde;aba pr&oacute;spera. Si en tiempos de mayor protecci&oacute;n social, los trabajadores, profesionales y artistas se sent&iacute;an orgullosos, hoy est&aacute;n excluidos de los programas de gobierno y pierden d&iacute;a a d&iacute;a su dignidad. Es una guerra m&aacute;s o menos callada de identidades. La verg&uuml;enza consiste en que nos desenmascaren. El control social mediante ella es eficaz. Es un sentimiento que no proviene del derecho ni la justicia. Es la verg&uuml;enza de la propia historia, la familia, los or&iacute;genes y de all&iacute; surge su intensidad. Es la reputaci&oacute;n del s&uacute;per yo, contra el cuerpo, los gustos, los barrios, los entretenimientos. &nbsp;Algo insoportable hasta que se encuentre el camino pol&iacute;tico y democr&aacute;tico que canalice la ira que provoca. Y el desconcierto. Reflexionar sobre el desprecio es una manera de empezar a caminar por los senderos que se bifurcan.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bajar-precio_129_13226461.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 May 2026 14:05:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c2a88158-c5ac-4758-bd31-23a95737258f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143144.jpg" length="31226" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c2a88158-c5ac-4758-bd31-23a95737258f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143144.jpg" type="image/jpeg" fileSize="31226" width="395" height="222"/>
      <media:title><![CDATA[Bajar el precio]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c2a88158-c5ac-4758-bd31-23a95737258f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143144.jpg" width="395" height="222"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El boleródromo ]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bolerodromo_129_13208579.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ba2fa2b-82a9-4e60-9fb5-d76f17c6e895_16-9-discover-aspect-ratio_default_1142647.jpg" width="1333" height="750" alt="El boleródromo "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como en los clubes de barrio de otros tiempos, Los Amados Bailable convierte al Villa Malcolm, de Villa Crespo, en un salón con pista, en el que la gente va a comer y danzar boleros, chachachá y otros ritmos.</p></div><p class="article-text">
        Hay banderines cruzando el techo, faroles multicolores cuelgan de las paredes, los ventiladores giran imparables. Dos flamencos de madera y una tela estampada con rosas rococ&oacute; fondea el escenario. Suenan en orden las canciones &ldquo;Dev&oacute;rame otra vez&rdquo;, &ldquo;El bomb&oacute;n asesino&rdquo; y &ldquo;No me arrepiento de este amor&rdquo;, de la mano de una DJ. Los que se animan primero a la pista exudan erotismo. 
    </p><p class="article-text">
        Luego de encargar en el tradicional bufete con barra, pizza, empanadas o tarta de verdura a precios populares, y de beberse unos porrones de cerveza, las parejas o amigas sueltas salen a la pista. Es mi&eacute;rcoles y en el club Social y Deportivo Villa Malcolm, fundado el 6 de setiembre de 1928, nos encontramos con un ecosistema cultural con su propia l&oacute;gica. La escena es fresca, libre y vital. Ellos sacan a bailar a ellas, que se emperifollaron con rouge, blusas de lam&eacute;, tacos altos y peinados de peluquer&iacute;a. Est&aacute;n tambi&eacute;n las que prefirieron los jeans y las remeras, m&aacute;s informales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los Amados</strong> desembarcan con sus trajes brillantes, para sentarse frente al teclado y hacer sonar tambi&eacute;n el acorde&oacute;n, la trompeta, las maracas y el bong&oacute;. El alma de la fiesta es el crooner Chino Amado (<strong>Alejandro Viola</strong>), con su jopo habitual y el bigote de estilo. &nbsp;&ldquo;Buenas noches, buenas noches, a ver esas palmas&rdquo;, invita, enfundado en su pantal&oacute;n mostaza de sat&eacute;n y saco estampad&iacute;simo con mostacillas en compos&eacute; con el g&eacute;nero del escenario. Se define como un rom&aacute;ntico no machista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y all&aacute; vamos, a curiosear ese bailongo ardiente con preponderancia de adultos mayores, que se mueven dibujando figuras con sus pies, en un club en el que supieron tocar hace much&iacute;simos a&ntilde;os las orquestas tangueras de <strong>Juan D&rsquo;Arienzo</strong>, <strong>Osvaldo Pugliese</strong> y <strong>An&iacute;bal &ldquo;Pichuco&rdquo; Troilo</strong> y, probablemente, alguna de jazz.
    </p><p class="article-text">
        En Villa Malcolm nos encontramos con un ecosistema cultural con su propia l&oacute;gica. La escena de esta cartograf&iacute;a sentimental es fresca, libre y vital, lo antiguo se hace presente y los pudores desaparecen. Ni ellos cabecean ni ellas van acompa&ntilde;adas por una chaperona. Hay frenes&iacute; y grititos, invocaciones del amor. Chachach&aacute;, rumba, cumbia y merengue y m&aacute;s de treinta a&ntilde;os de animaci&oacute;n con un vestuario dise&ntilde;ado por artistas pl&aacute;sticos. 
    </p><p class="article-text">
        Los Amados surge cuando lo invitan a Viola a cantar en el cumplea&ntilde;os de una amiga. Arm&oacute; una serenata y sali&oacute; tan bien que lo entusiasmaron a seguir. Actuaron en un barco medio hundido, en el Centro Cultural Rojas y en poco tiempo, las producciones de los programas de <strong>Susana Gim&eacute;nez</strong>, <strong>Xuxa</strong> y <strong>Moria Cas&aacute;n</strong> los convocaron. El grupo fue cambiando de integrantes, pero el esp&iacute;ritu&nbsp;se mantuvo.
    </p><p class="article-text">
        Bolsos al hombro, un par de patinadoras baja desde el primer piso. Un grupo de adolescentes con el pelo mojado deja el vestuario luego de un partido de f&uacute;tbol cinco. Miran, se r&iacute;en, comentan sin pudor el movimiento r&iacute;tmico de los bailarines. La pianista, la hondure&ntilde;a Aroma (<strong>Carolina Alberdi</strong>), siempre muy seria, luce una gran flor amarilla en su cabellera negra y un collar de perlas enormes, sin sacarse la cartera. Angelillo en los vientos y Pocholo en la percusi&oacute;n exhiben sus peinados a la gomina y distintos modelos en su vello facial. La cantante Insolaci&oacute;n del Campo (<strong>Paulina Torres</strong>) resplandece con su vestido blanco emplumado. Rememoran los vivos de las orquestas t&iacute;picas de los a&ntilde;os 50.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta nochiiiie en la mesa de los jubilados va a ocurrir cualquier cosa&rdquo;, insin&uacute;a el cantante estirando la i con picard&iacute;a er&oacute;tica. Y arremete con &ldquo;T&uacute; me acostumbraste&rdquo;, rebenque (l&aacute;tigo) en mano, para descender del escenario y desplegar un gesto sadomasoquista. Luego abrir&aacute; un paraguas para entonar el melanc&oacute;lico &ldquo;Esta tarde vi llover&rdquo;<strong>. </strong>En la pista, los cuerpos se entrelazan. La gente ha llegado desde Mataderos, Lan&uacute;s, Belgrano y etc&eacute;teras varios. &ldquo;Con ustedes se mueven hasta los muebles y es genial para las caderas&rdquo;, grita una muchacha rutilante. &nbsp;Y suenan en una seguidilla y contra la tristeza &ldquo;La cumbanchera&rdquo;, &ldquo;La pollera color&aacute;&rdquo; y &ldquo;El d&iacute;a que me quieras&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; miran en la tele estos j&oacute;venes? &iquest;<em>Hollywood en castellano</em>? &iquest;Y qu&eacute; perfume se pusieron? &iquest;7 Brujas, Polyana 555 u Old Spice? Yo me duch&eacute; con Heno de Pravia&rdquo;. Es una &nbsp;lista de marcas anacr&oacute;nica. El recuerdo y un humor delicado se a&uacute;nan. La risa, esa que tambi&eacute;n experiment&oacute; el p&uacute;blico de Espa&ntilde;a donde estuvieron hace poco, es contagiosa. 
    </p><p class="article-text">
        En la mitad de la semana, en la gala inolvidable y kitsch de Villa Crespo, el cl&aacute;sico trencito de los casamientos es un infaltable y corona la fiesta amada. Mirar est&aacute; bien, pero bailar es mejor. A la salida del show, en una mesita cercana a la puerta, est&aacute;n dispuestos los discos del grupo para la venta. Hay quienes compran y prometen volver.&ldquo; La pasamos bomba&rdquo;, dice un bailar&iacute;n de Flores y se va cantando: Cuando calienta el sol aqu&iacute; en la playa, siento tu cuerpo vibrar cerca de m&iacute;&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero no todo es baile para el l&iacute;der de Los Amados. El carism&aacute;tico actor, cantante y director acaba de adaptar y poner en escena una adaptaci&oacute;n de <em>Tim&oacute;n de Atenas</em> de <strong>William Shakespeare</strong>, titulada <em>Tim&oacute;n y las bestias</em>. La obra est&aacute; en Timbre 4 y mezcla comedia, drama y tragedia para contar la traici&oacute;n de un amigo, las heridas que deja y lo dif&iacute;ciles que son de curar.
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos al popurr&iacute; de la banda glamorosa que evoca los carnavales de otros tiempos y al <strong>Pedro Almod&oacute;var</strong> de <em>Mujeres al borde de un ataque de nervios</em>. Ellos proponen acercarse, desearse, encenderse y bailar, bailar, bailar, al comp&aacute;s de su m&uacute;sica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        LH/MF
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bolerodromo_129_13208579.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 13:06:18 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9ba2fa2b-82a9-4e60-9fb5-d76f17c6e895_16-9-discover-aspect-ratio_default_1142647.jpg" length="493923" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9ba2fa2b-82a9-4e60-9fb5-d76f17c6e895_16-9-discover-aspect-ratio_default_1142647.jpg" type="image/jpeg" fileSize="493923" width="1333" height="750"/>
      <media:title><![CDATA[El boleródromo ]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9ba2fa2b-82a9-4e60-9fb5-d76f17c6e895_16-9-discover-aspect-ratio_default_1142647.jpg" width="1333" height="750"/>
      <media:keywords><![CDATA[Los Amados,Alejandro Viola,Club Villa Malcolm]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crónica roja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cronica-roja_129_13189158.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f824f1a-d5f0-4977-b7ea-8c00b157a18c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Crónica roja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un mapeo de vivencias de personas menstruantes se convierte en tres fanzines que publica la editorial Ginecosofía.  Son poemas, ensayos breves y experiencias sobre el sangrar cíclico y se titula “Polifonía menstrual”. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El nacimiento de Occidente fue tambi&eacute;n el de la separaci&oacute;n entre la carne y lo sagrado. De un lado, lo profano; de otro, lo divino y lo casto virginal&rdquo;. La ausencia de la menstruaci&oacute;n presente en la figura de la virgen Mar&iacute;a. &ldquo;No menstr&uacute;a, pero s&iacute; da hijos. Es la Santa por excelencia, sin el temblor visceral del sexo y los fluidos de un cuerpo vivo&rdquo;, dice en uno de los textos <strong>Sof&iacute;a Cuggiari</strong>, psicoterapeuta, performer y escritora, autora del libro <em>Temblar: relatos er&oacute;ticos</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Con tapas rojas, brillantes, leo con voracidad. La sangre menstrual &ldquo;pas&oacute; de sagrada en algunas comunidades antiguas -a veces relacionada con la organizaci&oacute;n comunal- a significar la inmundicia y maldici&oacute;n a partir del Medioevo. La menstruaci&oacute;n como fen&oacute;meno de los cuerpos &uacute;tero-portantes quedara asociada a enfermedad, disfuncionalidad, desecho, contaminaci&oacute;n, defecci&oacute;n, hasta <em>flujo peligroso</em> que pod&iacute;a llegar a arruinar sembrados o matar animales. En &eacute;poca de caza de brujas, sin dudas, obra del diablo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b36f6416-4325-4534-8af8-fea43843d9a4_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b36f6416-4325-4534-8af8-fea43843d9a4_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b36f6416-4325-4534-8af8-fea43843d9a4_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b36f6416-4325-4534-8af8-fea43843d9a4_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b36f6416-4325-4534-8af8-fea43843d9a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b36f6416-4325-4534-8af8-fea43843d9a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b36f6416-4325-4534-8af8-fea43843d9a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En el siglo Diecinueve, tenemos a la histeria como desorden pasional estrella por la presencia del &uacute;tero. Hysteron: del griego, &uacute;tero. La menstruaci&oacute;n como estado sospechoso, patol&oacute;gico. Y en el presente, esa repetici&oacute;n mensual, ese rito de iniciaci&oacute;n cuando la primera vez convierte a las chicas en &ldquo;se&ntilde;oritas&rdquo;, sale del cl&oacute;set, se toma conciencia, se le pone palabras y se empieza a hablar, convoca grupalmente a reuniones de tribu femenina.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo reapropiarse sin culpa, ni miedo, de un cuerpo que est&aacute; significado en la historia del heteropatriarcado, constitutivamente enfermo, defectuosamente pasional o funcionalmente &uacute;til para procrear? &iquest;Cu&aacute;l es la consecuencia de esta separaci&oacute;n entre el propio sentir y el impuesto?, se pregunta Cuggiari. 
    </p><p class="article-text">
        Tal vez un mecanismo de huida frente a la insoportable enajenaci&oacute;n y la posibilidad de confiscarlo de un discurso new age, neoliberal, para producir una subversi&oacute;n, una contra historia.
    </p><p class="article-text">
        En un servicio penitenciario, la doula y docente de yoga <strong>Bel&eacute;n Risau</strong> coordin&oacute; un taller de gesti&oacute;n menstrual con su colega <strong>Natalia Dieguez</strong>. Asist&iacute;an oficialas y administrativas, de m&aacute;s de treinta y cinco a&ntilde;os. Tambi&eacute;n cadetas y un hombre. &ldquo;Para ellas sentir no era una opci&oacute;n. No pueden mostrar debilidad. Si lo hacen las acusan de mariconear. No pueden pedirse ni un d&iacute;a. Tienen que negar sus necesidades para demostrar que pueden hacer las cosas tanto como los hombres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las cadetas estaban m&aacute;s familiarizadas con elementos menstruales sustentables y conoc&iacute;an mejor sus derechos. &ldquo;Muchas nos consultaron por referencias de ginec&oacute;logos/as amigables. No quieren atenderse en la obra social del servicio&rdquo;. Los primeros meses despu&eacute;s del ingreso a la Escuela es muy com&uacute;n que se les corte la menstruaci&oacute;n por el susto que tienen. Es que &ldquo;solo por respirar&rdquo; las pueden castigar con la suspensi&oacute;n de las salidas. No deben ser madres (si lo son, lo ocultan), porque es un requisito indispensable. Un oficial var&oacute;n le cuenta a Risau que ahora los estudiantes pueden denunciar si sufren violencia o abuso. Exageran, opina. En su &eacute;poca, &ldquo;se la bancaban m&aacute;s&rdquo; y &ldquo;no hac&iacute;an esc&aacute;ndalo por cualquier cosa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Menstruar con discapacidad tiene sus particularidades. <strong>Andrea Medina</strong>, fundadora de <a href="http://www.disversa.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">www.disversa.com</a>, primer medio digital chileno sobre discapacidad e inclusi&oacute;n, resalta dificultades que son ausencia de derechos. &ldquo;No puedes ir a un ba&ntilde;o p&uacute;blico, aunque haya uno; no puedes cambiar la toalla higi&eacute;nica, aunque tengas acceso a ellas, o no te puedes cambiar la ropa manchada, aunque tengas ropa limpia&rdquo;. Son barreras sociales y econ&oacute;micas. Sus derechos sexuales y reproductivos est&aacute;n invisibilizados. &ldquo;Se nos infantiliza o se nos considera personas asexuadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Debemos avanzar hacia una sociedad incluyente, reconociendo que las personas somos diversas y aut&oacute;nomas, tenemos cuerpos diferentes y requerimos de insumos menstruales accesibles&rdquo;. Una comunidad que las deje de ignorar o subestimar, donde se les hable a ellas, no a sus acompa&ntilde;antes.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Polifon&iacute;a menstrual</em>, proyecto de <strong>Pabla San Mart&iacute;n</strong>, <strong>Meli Wortman</strong> y la colaboraci&oacute;n de <strong>Flor Monfort</strong>, se leen las an&eacute;cdotas de una deportista ol&iacute;mpica, un pibe trans, una se&ntilde;ora privada de su libertad, una monja. El dolor de la endometriosis y el fluir natural de quienes no padecen. &nbsp;Variaciones moradas de una fase com&uacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Eso que dicen las cosas</em> y<strong> </strong><em>La f&oacute;rmula de la mariposa (o ensayo frustrado sobre la menstruaci&oacute;n</em><strong> </strong>son novelas escritas por la abogada y m&aacute;gister en Bio&eacute;tica<strong> Natalia Monasterolo</strong>, de C&oacute;rdoba. El t&iacute;tulo de su trabajo en <em>Polifon&iacute;a</em> es &ldquo;Menstruar en el manicomio&rdquo; y aborda las vivencias de las pacientes m&aacute;s antiguas en el servicio de Salud Mental del Hospital Regional de Bell Ville.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Recibieron calzones. Algunos grandes o apretados fueron destinados para los d&iacute;as del duende o del diablo. Las que se negaron a usarlos, arranc&aacute;ndoselos como se quita una venda in&uacute;til, fueron tratadas de salvajes, &rdquo;animalitos de Dios, para usar el idioma de la compasi&oacute;n&ldquo;, se&ntilde;alaba una trabajadora.
    </p><p class="article-text">
        Cuando llegaron, muchas de ellas provenientes de la colonia bonaerense Montes de Oca, del oeste bonaerense, ya hab&iacute;an gestado y parido &ldquo;bebitos&rdquo; que brillaban por su ausencia. &nbsp;Algunas se refer&iacute;an a ellos como &ldquo;mu&ntilde;ecas&rdquo;. Dec&iacute;an &ldquo;acaaaa&aacute;&rdquo; y se tocaban la entrepierna. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las carnes enmohecidas, las pieles juntas, los m&uacute;sculos flojos, la palabra negada, la infancia estirada, vitalicia, la rebeld&iacute;a aplacada. &iquest;C&oacute;mo se fabrica un humano en el bald&iacute;o de los sentidos?&rdquo;, interroga Monasterolo.
    </p><p class="article-text">
        En 2021, se cambi&oacute; en el pa&iacute;s la regulaci&oacute;n sobre contracepci&oacute;n quir&uacute;rgica y se estipul&oacute; que las personas con discapacidad tienen derecho a recibir informaci&oacute;n adecuada y a brindar consentimiento para la realizaci&oacute;n de tales pr&aacute;cticas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando a las internas de Bell Ville les anudaron las trompas, los d&iacute;as del duende y del diablo se llenaron de algodones, en las camas, en el piso, en el fondo del inodoro. La cirug&iacute;a del nudo volvi&oacute; abundantes las menstruaciones y los trapitos no alcanzaron para absorber la viscosidad de la sangre. Como si el cuerpo, rebelde, despu&eacute;s de tanto se revelara. Vomit&oacute; fuego, fuego l&iacute;quido y morado. Un drag&oacute;n con la garganta en la vagina, una garganta fabulosa, m&iacute;tica&rdquo;. Tuvieron que ponerle un nombre a la menstruaci&oacute;n, a la regla, a su furia l&iacute;quida.
    </p><p class="article-text">
        La llamaron Pepa. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cronica-roja_129_13189158.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2026 03:01:10 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9f824f1a-d5f0-4977-b7ea-8c00b157a18c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="207922" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9f824f1a-d5f0-4977-b7ea-8c00b157a18c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="207922" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Crónica roja]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9f824f1a-d5f0-4977-b7ea-8c00b157a18c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Menstruación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Excéntrico, juguetón y cotidiano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/excentrico-jugueton-cotidiano_129_13174463.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13837808-350a-4009-81b9-ba008102493f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Excéntrico, juguetón y cotidiano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las artes de Pedro Friedeberg tenían su estilo y su chiste. Un documental recuerda la figura exótica del artista mexicano en su día a día.
</p></div><p class="article-text">
        La joven <strong>Liora Spilk</strong> film&oacute; una pel&iacute;cula sobre la tierna relaci&oacute;n que estableci&oacute; con <strong>Pedro Friedeberg</strong>, el artista visual mexicano de origen jud&iacute;o alem&aacute;n. Puede verse en Netflix y narra la amistad de la cineasta con el creador que falleci&oacute; el &uacute;ltimo marzo, a los 90 a&ntilde;os. No lo conoc&iacute;a y descubr&iacute; su universo fant&aacute;stico gracias a mi hermana Marcela.
    </p><p class="article-text">
        La historia audiovisual retrata con ternura, gracia e intimidad a esta figura fant&aacute;stica del arte azteca del siglo veinte. Narra el arco que va de cierta atm&oacute;sfera de indiferencia frente a la realizadora hasta la construcci&oacute;n de una s&oacute;lida amistad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/088fe7d2-5d86-4f94-b711-ddfae6af2a51_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/088fe7d2-5d86-4f94-b711-ddfae6af2a51_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/088fe7d2-5d86-4f94-b711-ddfae6af2a51_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/088fe7d2-5d86-4f94-b711-ddfae6af2a51_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/088fe7d2-5d86-4f94-b711-ddfae6af2a51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/088fe7d2-5d86-4f94-b711-ddfae6af2a51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/088fe7d2-5d86-4f94-b711-ddfae6af2a51_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Hay mucho en que inspirarse, m&aacute;s bien afuera de los museos&rdquo;, dec&iacute;a el hombre fascinante que naci&oacute; en Florencia, Italia, en 1936. Simp&aacute;tico, elegante, se calzaba un sombrerito distinto en cada ocasi&oacute;n y lleg&oacute; a producir m&aacute;s de 5 mil obras: escaleras que no llegan a ninguna parte, sillas-manos ergon&oacute;micas, altares y cajas esot&eacute;ricas, tipograf&iacute;as ilustradas forman parte de su estilo ecl&eacute;ctico y maximalista. Se consideraba un mal dibujante, (&ldquo;Nunca hubiera podido con la Capilla Sixtina&rdquo;), pero fue prol&iacute;fico y atrevido.
    </p><p class="article-text">
        <em>De vacaciones por la vida</em>, como sus memorias, se llama la muestra que puede verse en estos d&iacute;as en el Museo de los Pintores de Oaxca y estar&aacute; abierta hasta el 2 de agosto. Su casa, a la que se accede por una habitaci&oacute;n de azul pleno, est&aacute; en San Miguel de Allende, Guanajuato, y guarda su legado. Avioncitos, cajas de f&oacute;sforos, juguetes, objetos geom&eacute;tricos y barrocos, m&aacute;s su propia producci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A los dos a&ntilde;os lleg&oacute; con la familia a su pa&iacute;s de adopci&oacute;n huyendo de la persecuci&oacute;n nazi. La tierra azteca fue la fuente principal de inspiraci&oacute;n de Pedro. Entr&oacute; a la Universidad Iberoamericana para estudiar arquitectura, aunque abandon&oacute; la carrera luego de que el escultor <strong>Mathias Goeritz</strong> reconoci&oacute; su talento excepcional.
    </p><p class="article-text">
        Su infancia inmigrante transcurri&oacute; junto a una comunidad extranjera que inclu&iacute;a cient&iacute;ficos e ingenieros ateos, teosofistas vegetarianos, millonarios estadounidenses y arist&oacute;cratas europeos extravagantes, seguidores de <strong>Peter D. Ouspensky</strong>, <strong>Emanuel Swedenborg</strong>, <strong>George Gurdjieff</strong> y <strong>Le&oacute;n Trotsky</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Se nutri&oacute; de los colores y las celebraciones originarias y criollas mexicanas. &Eacute;l mismo era un exc&eacute;ntrico. En los a&ntilde;os 60 integr&oacute; el grupo Los Hartos, irreverente y experimental, en contra de la rigidez del arte moderno. Fue un referente del surrealismo latinoamericano. Elementos bizarros, on&iacute;ricos y una fina iron&iacute;a imprimen su obra.
    </p><p class="article-text">
        De la popular <strong>Mar&iacute;a F&eacute;lix</strong> consideraba que &ldquo;era un fen&oacute;meno, bastante desagradable por mala actriz, intensa e impositiva, pero era bell&iacute;sima y conversba hasta las tres, cuatro, cinco de la madrugada, como una reina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Friedeberg siempre integr&oacute; su experiencia de vida al gran cuerpo radial de obra. Fue testigo y part&iacute;cipe en la evoluci&oacute;n de la historia del arte de la segunda mitad del siglo veinte. Fue amigo de <strong>Man Ray</strong>, <strong>Max Ernst</strong>, <strong>Leonora Carrington</strong>, <strong>Remedios Varo</strong>, <strong>Alexander Calder</strong>, <strong>Kenneth Noland</strong>, <strong>Saul Steinberg</strong> y <strong>Salvador Dal&iacute;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        En una carta manuscrita en Par&iacute;s el 23 de febrero de 1963, el poeta franc&eacute;s <strong>Andr&eacute; Breton</strong> describi&oacute; la mano-silla, la obra m&aacute;s conocida de Friedeberg, como surreal. Incluy&oacute; elementos pop en sus trabajos, mucho antes de que fueran vanguardia. Su obra comenz&oacute; como una protesta contra la arquitectura funcionalista y minimalista derivada de la Bauhaus. Exalt&oacute; el academicismo; se enamor&oacute; del adorno y en su lucha contra el buen gusto explor&oacute; la desmesura y los pliegues del neobarroco.
    </p><p class="article-text">
        La diversidad de los soportes y los temas en la obra de Friedeberg lo colocaron en el centro creativo desde el cual, como los rayos del sol, surgi&oacute; cada una de sus l&iacute;neas de exploraci&oacute;n est&eacute;tica manifestadas en objetos que, en una primera mirada, parecieran ser de estilos y autores diferentes; sin embargo, en su conjunto, componen un cuerpo coherente.
    </p><p class="article-text">
        Las creaciones de Friedeberg son configuraciones muy diferentes entre s&iacute;: esculturas de madera tallada y oro de hoja, ensamblajes de objetos encontrados y transformados, geometr&iacute;as con volumen y caracter&iacute;sticas antropom&oacute;rficas, torres con elementos multiculturales similares a los objetos virtuosos de las catedrales u objetos que evocan a la infancia y el juego. Tambi&eacute;n obras bidimensionales -pinturas de escenograf&iacute;as teatrales barrocas y manieristas con un toque de surrealismo, de espacios creados de poemas y citas escritas- o con figuras geom&eacute;tricas que se repiten desde uno o dos puntos focales, de planos arquitect&oacute;nicos y urban&iacute;sticos, a veces con m&uacute;ltiples puntos de fuga.
    </p><p class="article-text">
        Dise&ntilde;&oacute; series y variaciones o proyectos de arquitectura idealizados que revisitan los estilos hist&oacute;ricos, acompa&ntilde;ados de listas y diagramas enciclop&eacute;dicos, f&oacute;rmulas matem&aacute;ticas, s&iacute;mbolos ling&uuml;&iacute;sticos, m&iacute;sticos y religiosos, animales reales y fant&aacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        La casi totalidad de su obra est&aacute; marcada por el cinismo, un profundo sentido del humor gracioso e ir&oacute;nico, una afici&oacute;n al absurdo y lo rid&iacute;culo, incluso sobre s&iacute; mismo. El humor y la erudici&oacute;n fueron una constante en la personalidad de este hacedor de una vida abierta, multicultural.
    </p><p class="article-text">
        Artista sui generis, dialog&oacute; con el arte &oacute;ptico, el arte pop y el conceptualismo, pero retom&oacute; el ornamento como el elemento principal al volver la historia de la imagen desde el Renacimiento al presente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/excentrico-jugueton-cotidiano_129_13174463.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 10:09:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/13837808-350a-4009-81b9-ba008102493f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="143240" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/13837808-350a-4009-81b9-ba008102493f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="143240" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Excéntrico, juguetón y cotidiano]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/13837808-350a-4009-81b9-ba008102493f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si la muerte pisa mi huerto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/si-muerte-pisa-huerto_129_13152872.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f30e43f6-b557-4bae-a5d9-dcdaacb23db2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Si la muerte pisa mi huerto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como el acto sexual, la muerte nos arranca de nuestra vida cotidiana. La relación no es arbitraria. George Bataille concibió el orgasmo como un momento de vacío similar a la muerte, una sensación abismal, aunque con retorno. Pero parece que la muerte es un tabú aún mayor que la sexualidad.</p></div><p class="article-text">
        Leyendo el libro <em>Morir en Occidente, desde la Edad Media hasta nuestros d&iacute;as</em>, de <strong>Phillipe Ari&eacute;s</strong>, rastreo el lento pero cambiante camino en que la muerte dej&oacute; de ser un hecho domesticado, de familiaridad, cercano, y pas&oacute; a convertirse en un acontecimiento prohibido, maldito y desterrado.
    </p><p class="article-text">
        Las ideas din&aacute;micas frente al final fueron armando diferentes formas de convivencia con el final de la vida. La configuraci&oacute;n actual parece convertir a la huida de ella en la gran tentaci&oacute;n, tanto para pensarla como para conectarse desde las emociones.
    </p><p class="article-text">
        Estudiar la licenciatura en Artes de la Escritura en la (p&uacute;blica y gratuita) Universidad Nacional de las Artes, me regala lecturas magn&eacute;ticas, como me ocurri&oacute; con el volumen de Ari&eacute;s. Curso un seminario sobre las variaciones acerca del mito sobre Eva Per&oacute;n, que dictan <strong>Paola Cort&eacute;s Roca</strong> y <strong>Mart&iacute;n Kohan</strong>. Reflexionamos sobre las disputas por su cuerpo embalsamado, las tretas del poder y de los d&eacute;biles para apropiarse, unos para esconderla; los otros para convertirla en bandera. Descubro en el libro de Ari&eacute;s y en la clase la diacron&iacute;a particular de nuestra cultura sobre las diferentes percepciones acerca de la muerte, tan diferentes de otras concepciones.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente moria en la casa, a la vista de la familia, incluso de los ni&ntilde;os. Lo que marca Ari&eacute;s es que la modernidad establece una interdicci&oacute;n y la muerte se convierte en un fen&oacute;meno que no hay que ver, se separa de la vida cotidiana, se privatiza, el enfermo se va al hospital o a la cl&iacute;nica y el final se institucionaliza&rdquo;, dice Cort&eacute;s Roca. Sin embargo, advierte que de 1870 en adelante se sacan fotos de muertos y fotos de fantasmas, vinculadas al espiritismo, como si fueran rituales de momificaci&oacute;n o embalsamamiento. &ldquo;En lo contempor&aacute;neo, se roban las fotos de las figuras p&uacute;blicas muertas y se las exhibe, como si volvi&eacute;ramos a un momento medieval. Por otra parte, hay una mayor interdicci&oacute;n en retratar la muerte que la genitalidad, para la pornograf&iacute;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para los pueblos originarios de Am&eacute;rica, la muerte no era castigo ni final, sino una etapa m&aacute;s del ciclo de la vida. El Mictl&aacute;n era el inframundo al que iban casi todos los muertos. <strong>Diego de Rivera</strong> construy&oacute; un museo con la arquitectura y los artefactos de ese legado ajeno al infierno cristiano. Ese universo fue pensado como un viaje con distintos niveles, en el que descansabas con la compa&ntilde;&iacute;a de un perro. El kit para ese viaje era agua para la sed, jade y amuletos de papel. El sincretismo fue anudando esa idea de la muerte c&iacute;clica con la otra m&aacute;s solemne y angustiante de la conquista cat&oacute;lica. 
    </p><p class="article-text">
        Las creencias animistas del pueblo Toraja, en Indonesia, nubla el l&iacute;mite entre este mundo y uno pr&oacute;ximo, transformando a los muertos en seres que contin&uacute;an presentes en el aqu&iacute; y ahora. Un funeral puede insumir meses o a&ntilde;os, los cuerpos permanecen en los hogares y los vivos cuidan los restos.
    </p><p class="article-text">
        La adolescente Malena (<strong>Carolina Setton</strong>) es uno de los personajes de la obra teatral <em>Mam&aacute; planta</em>, con dramaturgia y direcci&oacute;n de <strong>Nicol&aacute;s Blandi</strong>, en el teatro El grito. La pieza comienza con la interpretaci&oacute;n de la canci&oacute;n <em>La llorona</em>. La chica, de dulce y potente voz, perdi&oacute; a su madre y convierte su dolor en una idea: su progenitora se convirti&oacute; en una planta que vive en el jard&iacute;n semi abandonado de la casa. Ese recurso emocional para experimentar la muerte le provoca la ilusi&oacute;n de volverse ella misma una planta para lograr el reencuentro. Su plan es enterrarse para volver a crecer como su madre.
    </p><p class="article-text">
        La dificultad de asumir la mortalidad est&aacute; plasmada en la pel&iacute;cula de <strong>Robert Semeckis</strong>, <em>La muerte le sienta bien</em> (1992) protagonizada por <strong>Meryl Streep</strong>, <strong>Goldie Hawn</strong> y <strong>Bruce Willis</strong>. En la comedia sat&iacute;rica, las mujeres beben una poci&oacute;n m&aacute;gica para evitar la vejez y la muerte. Es una recreaci&oacute;n exagerada de la industria cosm&eacute;tica y quir&uacute;rgica que alienta a las mujeres, sobre todo, a intentar detener el paso del tiempo y la llegada de la Parca. 
    </p><p class="article-text">
        No concebirla en nuestro pensamiento, sin embargo, hace que su presencia sea un fantasma con mayor fuerza. El intento de asesinarla siempre es en vano, pura fantas&iacute;a. La muerte es. Ocurrir&aacute;, por m&aacute;s empe&ntilde;o que pongamos en contradecir su existencia. Negarla no colabora con la posibilidad de convivir lo m&aacute;s amablemente posible con ella.
    </p><p class="article-text">
        Obvio que no nos referimos a las muertes por masacres, genocidios, epidemias, experiencias que padecimos y conocemos bien. No hablamos de la muerte por goteo que provocan la miseria y el hambre, las desapariciones. Tampoco de los finales abruptos y violentos, como los femicidios. Hablamos de la muerte &ldquo;natural&rdquo;, la que llega luego de la vejez, por la decadencia natural de la vida. 
    </p><p class="article-text">
        Tal vez una de las p&eacute;rdidas m&aacute;s dif&iacute;ciles sea la de los hijos. En su biograf&iacute;a, <em>Memorias de un zapatero</em>, <strong>Ricky Sarkany</strong> relata c&oacute;mo fue la enfermedad y la muerte a los treinta y un a&ntilde;os de una de sus cuatro hijas, Sof&iacute;a, quien padeci&oacute; c&aacute;ncer. &ldquo;El duelo puede ser luminoso&rdquo;, escribi&oacute;. Trascender no se trata de perpetuar un apellido, sino de dejar algo con sentido.&nbsp;En su &uacute;ltima fiesta de cumplea&ntilde;os, ella le dijo a su familia: la vida me dio mucho m&aacute;s de lo que me sac&oacute;. Y aunque los primeros tiempos fueron duros, el zapatero aprendi&oacute; que el amor no muere.
    </p><p class="article-text">
        Nunca fue f&aacute;cil morir, pero las sociedades tradicionales acompa&ntilde;aban a moribundo. Hoy, salvo excepciones, se les quita el estatuto de personas. No se los escucha ni se los toca. Quienes disponen de dinero se ponen en manos de &ldquo;especialistas&rdquo; en prolongar la vida. Se embarcan en un hacer y hacer imparable, que s&oacute;lo dan resultados epid&eacute;rmicos. Lo cuerpos siguen su marcha. &iquest;Se vive m&aacute;s? S&iacute;. &iquest;Mejor? La respuesta es la duda.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF&nbsp;</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/si-muerte-pisa-huerto_129_13152872.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 01:07:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f30e43f6-b557-4bae-a5d9-dcdaacb23db2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="213402" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f30e43f6-b557-4bae-a5d9-dcdaacb23db2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="213402" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Si la muerte pisa mi huerto]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f30e43f6-b557-4bae-a5d9-dcdaacb23db2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[muerte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mapa del clítoris]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mapa-clitoris_129_13135657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f25ca14-a84b-4bb5-9f3a-d36f960a35b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El mapa del clítoris"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tres décadas después de que se realice un estudio sobre el pene, diseñan el primer mapa de la red completa de los 8 mil nervios del clítoris, el órgano sexual del aparato genital femenino.</p></div><p class="article-text">
        Ya fuimos a la luna, inventamos internet y la Inteligencia Artificial, descubrimos como renovar las energ&iacute;as, pero hubo que esperar hasta ahora para conocer los detalles del cl&iacute;toris. A trav&eacute;s de rayos X y de escaneos 3D de dos pelvis cedidas por medio de un programa de donaci&oacute;n de &oacute;rganos, <strong>Ju Young Lee</strong>, investigadora asociada del Centro M&eacute;dico Universitario de Amsterdam, Holanda, dio un salto cualitativo en el conocimiento de la salud sexual y reproductiva de las mujeres y personas que tienen vulva (como hombres trans e intersexuales).
    </p><p class="article-text">
        Descubierto en 1559, el anatomista italiano <strong>Mateo Colombo</strong> lo diseccion&oacute; por primera vez. Pero&nbsp;pas&oacute; mucho tiempo hasta que se lo jerarquiz&oacute; como &oacute;rgano del placer. Hoy se sabe que cuando est&aacute; erecto puede llegar a medir entre 10 y 12 cent&iacute;metros de longitud, aunque tres cuartas partes est&aacute;n en el interior.
    </p><p class="article-text">
        El orgasmo se construye en el cerebro.<strong>&nbsp;</strong>A partir de la estimulaci&oacute;n de zonas genitales y extra genitales, se edifica el mapa er&oacute;tico-sensorial, que es singular en cada una. Es el cuerpo completo el territorio de las sensaciones de bienestar y placer er&oacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El cl&iacute;toris, es un &oacute;rgano ligado a la posibilidad de ejercer los derechos sexuales de las personas que tenemos vulva, mediante la b&uacute;squeda de placer y bienestar tanto autoproducido como en los v&iacute;nculos que armamos y experimentamos&rdquo;, me dice <strong>Valeria Isla</strong>, Coordinadora de Proyectos de REDAAS y ex Directora Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (2019-2023).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde &eacute;pocas ancestrales las mujeres tenemos estos conocimientos a trav&eacute;s de la exploraci&oacute;n y vivencias, si, adem&aacute;s, se suma evidencia cient&iacute;fica, como lo es el mapeo del cl&iacute;toris, se prioriza en la agenda p&uacute;blica la importancia de vivir nuestra sexualidad de manera libre y aut&oacute;noma.&nbsp;El financiamiento de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica est&aacute; tambi&eacute;n atravesado por la desigualdad entre g&eacute;neros&rdquo;, lo que explica la demora de este trabajo con relaci&oacute;n a la realizaci&oacute;n de la cartograf&iacute;a sobre el &oacute;rgano sexual masculino.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hist&oacute;ricamente se han priorizado los temas relacionados con la reproducci&oacute;n-maternidad en las mujeres. En cambio, el derecho al placer-goce-autonom&iacute;a ha sido postergado e invisibilizado especialmente en la difusi&oacute;n de resultados de investigadoras feministas sobre el tema&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Responsable del placer sexual femenino, el cl&iacute;toris es uno de los &oacute;rganos menos estudiados del cuerpo humano. <strong>Nerina Mattio</strong>, ginec&oacute;loga de Rosario, le record&oacute; a la colega <strong>Luciana Mazzini Puga</strong>, de la Agencia de Noticias Cient&iacute;ficas de la Universidad Nacional de Quilmes que &nbsp;&ldquo;el placer femenino nunca estuvo en agenda. Fue un tema silenciado por los grandes investigadores,&nbsp;en su mayor&iacute;a hombres, que eran quienes ten&iacute;an acceso al conocimiento&rdquo;. Y continu&oacute;: &ldquo;El cl&iacute;toris es un &oacute;rgano hom&oacute;logo del pene desde el punto de vista embriol&oacute;gico, es decir que en su origen comparten el mismo tejido.&nbsp;Lo &uacute;nico que vemos es su glande y su capuch&oacute;n, pero internamente su extensi&oacute;n es mucho m&aacute;s importante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No es f&aacute;cil de abordar la anatom&iacute;a del cl&iacute;toris porque la mayor&iacute;a de sus partes se encuentran rodeadas por el hueso p&uacute;bico y diversos &oacute;rganos p&eacute;lvicos.&nbsp;&ldquo;Si bien los m&eacute;todos de imagen cl&iacute;nica, como la resonancia magn&eacute;tica, permiten capturar la morfolog&iacute;a tridimensional macrosc&oacute;pica, carecen de la resoluci&oacute;n espacial necesaria para visualizar las estructuras detalladas&rdquo;, explica la l&iacute;der de la investigaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los rayos X generaron im&aacute;genes de tomograf&iacute;a computarizada a escala microm&eacute;trica con un detalle sin precedentes.&nbsp;Revelaron que, dentro del glande del cl&iacute;toris, hay varios troncos nerviosos que miden entre 0,2 y 0,7 mm y se ramifican hacia distintas partes,<strong>&nbsp;</strong>lo que explica por qu&eacute; es una zona tan sensible.&nbsp;Algunas ramas de los nervios llegan al monte de Venus, el tejido graso blando que se encuentra sobre la pelvis, y otras llegan al capuch&oacute;n del cl&iacute;toris, que cubre la parte externa del cl&iacute;toris, conocido como glande, y que representa solo el 10 por ciento del &oacute;rgano.&nbsp;Otros nervios llegan a los pliegues de la piel de la vulva: los labios.
    </p><p class="article-text">
        Algunas investigaciones hechas anteriormente indicaron que el&nbsp;nervio dorsal del cl&iacute;toris, principal responsable de la sensibilidad disminu&iacute;a gradualmente a medida que se acercaba al glande. Pero, las nuevas tomograf&iacute;as parecen demostrar que esto es err&oacute;neo ya que el nervio contin&uacute;a de igual manera hasta el final.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La cartograf&iacute;a de los nervios del cl&iacute;toris logr&oacute; realizarse luego de 28 a&ntilde;os desde que se realiz&oacute; el mismo estudio en los nervios del pene.&nbsp;Inclusive, el &oacute;rgano femenino no se incluy&oacute; en los libros de anatom&iacute;a est&aacute;ndar hasta 1995, pese a que estaba muy a la mano. Por dar solo un ejemplo, el mapa m&aacute;s antiguo conocido es la tabla babil&oacute;nica&nbsp;<em>Imago Mundi</em>&nbsp;(siglo VI a.C.), que muestra Babilonia en el centro del planeta.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El grupo de investigaci&oacute;n detall&oacute; en el estudio que este mapa tiene un impacto inmediato en las intervenciones quir&uacute;rgicas que se realizan en la zona vulvar, como la cirug&iacute;a de afirmaci&oacute;n de g&eacute;nero y la cirug&iacute;a reconstructiva tras la mutilaci&oacute;n genital femenina. Seg&uacute;n la OMS,&nbsp;m&aacute;s de 230 millones de ni&ntilde;as y mujeres vivas hoy en los 30 pa&iacute;ses de &Aacute;frica, Oriente Medio y Asia han sufrido esta mutilaci&oacute;n, en la que se extirpa la parte visible del cl&iacute;toris junto con partes de los labios mayores.
    </p><p class="article-text">
        Esta pr&aacute;ctica es una violaci&oacute;n a los derechos humanos de mujeres y ni&ntilde;as y no tiene ning&uacute;n beneficio para la salud; de hecho, puede provocar problemas como hemorragias graves, infecciones, dificultades para orinar, problemas menstruales y complicaciones en el parto. Seg&uacute;n detall&oacute; Ju Young Lee, primera autora del paper, al diario The Guardian, alrededor del 22% de las mujeres que se someten a una reconstrucci&oacute;n quir&uacute;rgica tras una mutilaci&oacute;n experimentan una disminuci&oacute;n en la experiencia org&aacute;smica&nbsp;despu&eacute;s de la operaci&oacute;n. Es por esto que&nbsp;una mejor comprensi&oacute;n de hasta d&oacute;nde se extienden los nervios podr&iacute;a reducir ese porcentaje.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no fue todav&iacute;a revisada por pares, la investigaci&oacute;n representa un paso gigante en el conocimiento del cuerpo de las personas con vulva. Para Lee, se echa luz a &ldquo;la anatom&iacute;a oculta&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mapa-clitoris_129_13135657.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 13:11:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1f25ca14-a84b-4bb5-9f3a-d36f960a35b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="19951" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1f25ca14-a84b-4bb5-9f3a-d36f960a35b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="19951" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El mapa del clítoris]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1f25ca14-a84b-4bb5-9f3a-d36f960a35b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El difícil oficio de maternar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dificil-oficio-maternar_129_13119278.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/baa7953b-6c2a-435e-a48d-dfafd64f05e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El difícil oficio de maternar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo darme cuenta si estoy cansada o deprimida? ¿Cómo hago para conectar con mi bebé? ¿Es normal querer estar más tiempo con mi mamá que con mi pareja? Las tetas, ¿van a volver a su tamaño y color de siempre?</p></div><p class="article-text">
        Una catarata de preguntas nos abruma cuando nos estrenamos como madres. Un peque&ntilde;o monstruo de 50 cent&iacute;metros ha llegado a la casa para quedarse por (cada vez m&aacute;s) largos a&ntilde;os. &iquest;Cu&aacute;nto dura la copa de vino en sangre? &iquest;Cu&aacute;nto tiempo tengo que esperar entre tomar alcohol y dar la teta? &iquest;Es normal querer tomar vino? La lactancia es un acto de fe, porque&hellip; &iquest;c&oacute;mo me doy cuenta si mi leche le alcanza? &iquest;Sue&ntilde;an los beb&eacute;s? &iquest;Es normal re&iacute;rme y llorar sin motivo? &iquest;Es normal que me ataquen recuerdos de tu infancia?
    </p><p class="article-text">
        Maternar, una idealizaci&oacute;n de los actos de parir, cuidar, ser coprotagonista en el crecimiento de los hijos. Pero, &iquest;qu&eacute; lugar habilitado para expresar nuestros sentimientos hostiles nos deja esa romantizaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Tuvimos que callar durante siglos porque nos destinaron al espacio de las reproductoras no deseantes hasta que nos animamos a hablar y darles valor de verdad a las escenas completas. La alegr&iacute;a que produce la relaci&oacute;n con nuestra descendencia directa tambi&eacute;n se combina con molestias y fastidio.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Aquellas sensaciones negativas las reviv&iacute; entre risas hace unos d&iacute;as, cuando fui a ver </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Secretos de un v&iacute;nculo</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> al teatro Border. Basada en el libro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Emociones de la Maternidad,</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> de la psicoanalista </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Adriana Grande</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, fue adaptado a partir de la experiencia de cuatro j&oacute;venes actrices, con la direcci&oacute;n de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Natal&iacute; Aboud</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Fue una hora de humor, entre sue&ntilde;os, pa&ntilde;ales, mamaderas y pesadillas. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Para Aboud, "la crianza dej&oacute; de ser un territorio privado y silencioso, para convertirse en una construcci&oacute;n compartida. En un contexto donde el 'lado B' de la maternidad comenz&oacute; a visibilizarse con fuerza y el escenario se transforma en un laboratorio vivo, un espacio donde las experiencias de la maternidad pueden ser abiertas, miradas y reconstruidas&rdquo;, dice Aboud.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Miro la enredadera de la ventana agarr&aacute;ndose a los barrotes de la reja, as&iacute; me siento, enredada en la cama. Tanto esper&eacute; el momento de ser madre y ahora soy una jarra pinchada&hellip;&rdquo;, dice uno de los personajes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy mitad dormida y mitad despierta. El otro d&iacute;a dando la teta en el sill&oacute;n del living a las cuatro de la ma&ntilde;ana, me imagin&eacute; que detra&#769;s de esas ventanas iluminadas hab&iacute;a madres iguales a mi&#769;, una al lado de la otra, amamantando, y asi&#769; logre&#769; sentirme ma&#769;s acompa&ntilde;ada. Me invaden l&aacute;grimas en las que se entrelazan el cansancio, la alegr&iacute;a y un amor que duele por lo grande que es&rdquo;, cuenta otro. 
    </p><p class="article-text">
        Y contin&uacute;a: &ldquo;No es que est&eacute; mal todo el tiempo, pero me siento agobiada y a la vez lo quiero comer a besos. Pero caigo en lo inevitable: agotamiento, resentimiento, reproches a mi pareja, aunque est&eacute; rodeada de gente me siento sola. No tengo tiempo para nada&hellip; Nunca pens&eacute; que mi vida iba a cambiar asi&#769;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los parlamentos podr&iacute;an ser el continuum de una misma gestante. Y seguramente todas las dem&aacute;s, aquellas que somos madres, nos sentir&iacute;amos identificadas. Esas ser&iacute;an tambi&eacute;n nuestras palabras. &ldquo;Que un bebe&#769; pudiera resultar tan absorbente: la rutina, la casa, deambulo muerta de sue&ntilde;o en camis&oacute;n, sin tiempo ni para ba&ntilde;arme ni hacerme el skin care&hellip; ya est&aacute;, se vencieron los productos&hellip; Lo &uacute;nico que logro es agarrar el celular y mirar Instagram&hellip; mi algoritmo est&aacute; lleno de jirafas pariendo, de mam&iacute;feros amamantando. El otro d&iacute;a vi un video de una gorila a la que le hicieron una ces&aacute;rea de urgencia&hellip; Y parec&iacute;a que se iba a&hellip;. &iexcl;pero estuvo todo bien! Est&aacute; todo bien!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La maternidad, seg&uacute;n la actriz <strong>B&aacute;rbara Goldschtein</strong>, &ldquo;tiene pros y contras, est&aacute; todo mezclado. Ya ni intento clasificarlas porque no tiene sentido. Vivo con la ropa sucia. Siempre. Manchas raras, restos de comida, algo que podr&iacute;a ser zapallo de hace cien d&iacute;as. El lado positivo es que baj&eacute; much&iacute;simo la exigencia con el lavado. No lavo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Mi vida se interrumpe cada treinta segundos. Literal. Estoy haciendo algo y &rdquo;mam&aacute;&ldquo;. Otra vez. Y otra. Pero tambi&eacute;n es liberador: ya no le tengo que echar la culpa a mi falta de concentraci&oacute;n. No soy yo, es el contexto. Mis hijos son una excusa perfecta para cancelar el plan que me daba fiaca. Nadie me discute nada. Todo cierra. Ahora, el d&iacute;a que realmente tengo ganas de ir&hellip; fiebre. Siempre fiebre. Hay una especie de radar invisible que lo detecta&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Desarroll&eacute; habilidades que no sab&iacute;a que exist&iacute;an. Contest&eacute; audios de trabajo mientras cambiaba un pa&ntilde;al, evitaba una situaci&oacute;n bastante cr&iacute;tica con caca involucrada y, al mismo tiempo, comer una empanada. No s&eacute; si es vida o entrenamiento para alg&uacute;n tipo de s&uacute;per poder&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si no le&iacute;ste y te aprendiste los rigurosos consejos del libro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Duermete ni&ntilde;o</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">,</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">imposible para la mayoria de los madres y padres, est&aacute; el tema del sue&ntilde;o. &ldquo;Cu&aacute;ntas horas dormir, la calidad del descanso.&nbsp;No duermo y listo. Es pr&aacute;ctico en cierto punto: una preocupaci&oacute;n menos. Pero tambi&eacute;n hay algo m&aacute;gico: veo el mundo con otros ojos. Un charco es un evento, una caja es un universo y una tarde cualquiera puede convertirse en una aventura. En medio del caos, del cansancio y de la ropa manchada, aparece ese momento, en el que me abrazan como si fuera lo m&aacute;s importante del mundo, y ellos para mi lo son, y yo lo soy.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Despu&eacute;s me escupen un poco encima, pero no importa. Es el amor m&aacute;s profundo que conoc&iacute;, recomiendo&ldquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;ala Grande que, en<span class="highlight" style="--color:white;"> el intercambio colectivo, &ldquo;algunas experiencias se ponen en jaque, otras se observan para comprender mejor el punto de partida&rdquo;. De todos modos, es una oportunidad p</span>ara salir de nuestro narcisismo y conocer la forma m&aacute;s sublime del amor: dar para que otro sea&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Salimos del centro para colocar all&iacute; a &lsquo;su Majestad el beb&eacute;&rsquo;, como <strong>Sigmund Freud</strong> lo llamaba. La psicoanalista tiene una visi&oacute;n m&aacute;s suave, mira el vaso medio lleno. Tener un hijo es &rdquo;sumar una rama m&aacute;s al &aacute;rbol del cual provenimos. Un hijo te deja espiar un futuro en el cual ya no habitaremos&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dificil-oficio-maternar_129_13119278.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2026 13:56:20 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/baa7953b-6c2a-435e-a48d-dfafd64f05e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="403055" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/baa7953b-6c2a-435e-a48d-dfafd64f05e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="403055" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El difícil oficio de maternar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/baa7953b-6c2a-435e-a48d-dfafd64f05e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Maternidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra la moda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/moda_129_13106135.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0cd9a9ff-2c11-4350-89f2-a86ae9041b72_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra la moda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el libro “¿Por qué son tan geniales?”, la socióloga Daniela Lucena traza un recorrido histórico por las creaciones de la indumentaria criolla que dialogaron con las obras de los artistas.</p></div><p class="article-text">
        Dice la Inteligencia Artificial que &ldquo;genial&rdquo;&nbsp;es un adjetivo que describe algo extraordinario, brillante o muy bueno, y coloquialmente significa estupendo. Se usa para resaltar talento (&ldquo;un artista genial&rdquo;) o ideas brillantes (&ldquo;una idea genial&rdquo;). Tambi&eacute;n funciona como adverbio para indicar que algo est&aacute; muy bien (&ldquo;lo pas&eacute; genial&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Hoy es usual decir genia o genio por mucho menos. &iquest;La palabra se ha devaluado? &iquest;O la din&aacute;mica de la lengua le da un sentido nuevo o una variaci&oacute;n?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Juguetonamente, los artistas visuales <strong>Dalila Puzzovio</strong>,<strong> Edgardo Gim&eacute;nez </strong>y<strong> Charlie Squirru </strong>aparecieron con sus nombres, en 1965, en un panel de grandes dimensiones que interpelaba entre signos de pregunta al p&uacute;blico, en Florida y Viamonte. El interrogante fue tomado por la soci&oacute;loga y doctora en Ciencias Sociales, <strong>Daniela Lucena</strong> para titular su libro. M&aacute;s de 400 p&aacute;ginas llenas de informaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de los datos. Un documento ameno que incluye los discursos sobre la ropa m&aacute;s inusual. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Por qu&eacute; son tan geniales?</em> cuenta el v&iacute;nculo entre el arte y la otra moda en nuestro pa&iacute;s. No la que se renueva en cada temporada por la sinraz&oacute;n del mercado, sino la que cambia por aquella alternativa que corre en paralelo -y en general, en contra- de la indumentaria mainstream. Habla de la historia de esas prendas que no responden a la pretensi&oacute;n de que nos parezcamos unos a otros.
    </p><p class="article-text">
        Ac&aacute; encontramos el cuerpo vestido seg&uacute;n la experimentaci&oacute;n y resistencia de creadores disruptivos surgidos de la cantera del arte nativo. Lucena propone el concepto <em>po&eacute;ticas del vestir</em> para enfocarse en la potencia transformadora de la ropa que cuestiona las convenciones con las que habitamos el mundo. Da cuenta de otras sensibilidades, deseos y proyectos.
    </p><p class="article-text">
        Dividido en cap&iacute;tulos por etapas cronol&oacute;gicas, el texto arranca en 1940, contin&uacute;a en 1980 y 1990 y culmina en el milenio actual. Est&aacute; ilustrado en blanco y negro y color y narra en contexto social el recorrido de las obras que los modistos practicaron con dedicaci&oacute;n y entusiasmo, pese al rango inferior en que se ubic&oacute; su tarea artesanal respecto de las bellas artes.
    </p><p class="article-text">
        En la secci&oacute;n El lujo es vulgaridad, se refiere a <strong>Fridl </strong>y<strong> Walter Loos</strong>, quienes huyeron de Austria durante el nazismo y crearon dise&ntilde;os en los que combinaron lunares con rayas en trajecitos sastre, propusieron fajas anudadas en la cintura y el patchwork de impacto geom&eacute;trico. Toda una novedad. Fridl puso en di&aacute;logo lo europeo con lo aut&oacute;ctono de la tradici&oacute;n del noroeste, territorio argentino que la deslumbr&oacute;. Esa identidad diferente, de est&eacute;tica criolla, lleg&oacute; a revistas como <em>Vogue </em>y<em> Harpers Bazaar.</em> 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; problema la creaci&oacute;n de un vestido!&rdquo;, exclamaba la arquitecta <strong>Delfina G&aacute;lvez</strong>. &ldquo;Pocos objetos tienen funciones m&aacute;s dispares: cubrir y descubrir, poner en valor y disimular, sugerir y frenar, llamar la atenci&oacute;n por s&iacute; mismo, para hacerlo fijar en su due&ntilde;a&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lucrecia Moyano</strong>, directora art&iacute;stica desde los a&ntilde;os 30 de la f&aacute;brica Rigolleau, se quemaba los dedos en los hornos de vidrio para crear piezas &uacute;nicas, les llevaba chocolate a los obreros e ideaba un jard&iacute;n de infantes para los hijos de ellos.
    </p><p class="article-text">
        En la f&aacute;brica de alfombras D&aacute;ndolo y Primi, Moyano llev&oacute; a los tapetes las pinturas de <strong>Enio Iommi</strong>, <strong>R&oacute;mulo Maccio</strong>, <strong>Juan del Prete</strong> y <strong>Martha Peluffo</strong>. Y adem&aacute;s se ocup&oacute; de las vidrieras de la tienda Harrods, donde los maniqu&iacute;es llevaban los rostros cubiertos como la famosa pintura de <strong>Salvador Dal&iacute;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Para los agitados a&ntilde;os sesenta, Lucena repone la resistencia de los conservadores a la &ldquo;juventud disconforme&rdquo; y habla de la incorporaci&oacute;n revolucionaria de la minifalda, hasta entonces s&oacute;lo admitida como prenda deportiva. Por entonces, el jean emerg&iacute;a a la par que el rock, como el pantal&oacute;n sexy y rebelde. &ldquo;Ya no era ropa de trabajo, sino de recreo. El estilo casual hab&iacute;a nacido&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; Susana Saulquin, soci&oacute;loga y creadora de la carrera Dise&ntilde;o de Indumentaria de la UBA. En cambio, la directora de la Escuela Normal N&ordm; 4 la condenaba por la inmoralidad de que dejara las rodillas a la vista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quebrando la uniformidad del <em>denim</em>, la tucumana <strong>Mary Tapia</strong> sum&oacute; fajas inspiradas en motivos aut&oacute;ctonos. La rubia Tilda Tamar se puso el poncho que tambi&eacute;n vest&iacute;a una joven <strong>Mercedes Sosa</strong>. El aguayo, los buches de avestruz y las chaguas llegaron al territorio del cuerpo humano. Se super&oacute; la dicotom&iacute;a centro-periferia y luego de una muestra en el Instituto Di Tella, <em>Pachamama pret a porter</em>, Tapia se embarc&oacute; a Par&iacute;s para mostrar su ropa. Con el mate, llegaba la infusi&oacute;n cotidiana m&aacute;s argentina a las telas, inventiva de Puzzovio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Delia Cancela</strong> y <strong>Pablo Mesejean</strong> escrib&iacute;an en un manifiesto &ldquo;Nosotros amamos los d&iacute;as de sol, los Rolling Stones, las medias blancas, rosas y plateadas, a Sonny and Cher, a Rita Tushinham y a Bob Dylan. Las pieles, Saint Laurent y el Young Savage Look&hellip;&rdquo;. Le daban la bienvenida al hippismo. &ldquo;Esta polifon&iacute;a de prendas y estilos est&eacute;ticos, presentada como una suerte de intervenci&oacute;n p&uacute;blica, re&uacute;ne muchos de los elementos de moda que definieron la imagen de los j&oacute;venes de aquel tiempo&rdquo;, se&ntilde;ala la autora de <em>&iquest;Por qu&eacute; son tan geniales?</em>
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os de la &uacute;ltima dictadura c&iacute;vico militar, la ropa singular surgi&oacute; en los s&oacute;tanos del under. Seg&uacute;n el m&uacute;sico <strong>Daniel Melero</strong> &ldquo;modo mata moda, de eso estoy seguro&hellip; Pero entrar en la tribu del estilo es muy distinto que tener la ropa que est&aacute; de moda: es el modo de la elecci&oacute;n, es el modo en que se lleva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los pantalones ajustados y las estridentes musculosas de los integrantes de Virus le imprimieron sensualidad a sus shows. Sumaron la alegr&iacute;a y el baile, con los dise&ntilde;os de Risuelo, que junto a la modista Cristina &Aacute;lvarez fund&oacute; Ropas Argentinas, con el logotipo de la bandera argentina.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Renata Shussheim</strong>, escen&oacute;grafa y vestuarista surgida en el Di Tella, dise&ntilde;&oacute; ropa y tapa de disco de <strong>Charly Garc&iacute;a</strong> y en la primera Bienal de Arte Joven aparecieron otros dise&ntilde;adores que fueron boom en los &uacute;timos a&ntilde;os de la centuria: <strong>Gabriel Grippo</strong>, <strong>Gabriela Bunader</strong> y <strong>M&oacute;nica Van Asperen</strong>, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        Insoslayables son <strong>Sergio De Loof</strong> y <strong>Kelo Romero</strong>, con sus ropas de papel y tules creando arte vivo para hombres. Crearon contra el florecimiento de los shoppings con sus marcas extranjeras. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Luego de la crisis del 2001, un grupo de dise&ntilde;adores j&oacute;venes empez&oacute; a copar Palermo. De apenas 25 locales de ropa, la cifra se dispar&oacute; en 2005 a m&aacute;s de ciento cuarenta, transformando la composici&oacute;n sociocultural del barrio. Pioneros en esa zona porte&ntilde;a fueron <strong>Mart&iacute;n Churba</strong> y <strong>Jessica Trosman</strong>. En su articulaci&oacute;n con el arte, llevaron a sus prendas las pinturas de <strong>Kennet Kemble</strong>, representante del movimiento informalista. Y el mundo <em>grunge </em>con esplendor renacentista fue el resultado del trabajo de la pareja con <strong>Rosa Skific</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        La magia negra de <strong>Pablo Ram&iacute;rez</strong> lleg&oacute; a las galer&iacute;as antes que a las boutiques. Con la oscuridad dominando las telas quiso reflejar el estado emocional y la resistencia a las imposiciones del cambio en la moda. <em>Ay not dead</em> llev&oacute; el misterio en su nombre y se asoci&oacute; con la galer&iacute;a <em>Belleza y Felicidad Fiorito</em> y con <strong>Javier Barilaro</strong>, uno de los fundadores de la editorial <em>Elo&iacute;sa Cartonera</em>, aportando compromiso social.
    </p><p class="article-text">
        Lucena evoca sobre el final de su libro a <strong>Gilles Deleuze</strong>, cuando dice que los poderes no s&oacute;lo buscan imponer sus reglas, sino gestionar y organizar el miedo, la angustia y la desesperanza, porque un cuerpo entristecido es un cuerpo sometido.
    </p><p class="article-text">
        T&eacute;cnica para adornar la indumentaria, <strong>Chiachio y Giannone</strong> llevaron el bordado a las galer&iacute;as y museos, con un ADN propio. Su obra fue a la calle con un desfile con ropa de poetas y escritores: camisa, calz&oacute;n, bombacha, un corpi&ntilde;o, un gorro. Formaron una bandera que flame&oacute; en una Marcha del Orgullo.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/moda_129_13106135.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 13:27:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0cd9a9ff-2c11-4350-89f2-a86ae9041b72_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="60053" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0cd9a9ff-2c11-4350-89f2-a86ae9041b72_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="60053" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Contra la moda]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0cd9a9ff-2c11-4350-89f2-a86ae9041b72_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todos estos años de gente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anos-gente_129_13086979.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/981f681d-6ce4-4d80-bf7f-7e33c3c460b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todos estos años de gente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mirar hacia atrás y recordarlos. Imaginar un futuro mejor. A 50 años del golpe, ¿cómo hubieran sido los días de la vida si no hubieran desaparecido?</p></div><p class="article-text">
        Tristeza. Porque empez&oacute; el oto&ntilde;o, las hojas caen secas, amarronadas y se desparraman por el piso. Tristeza, porque en unos d&iacute;as se cumple medio siglo del inicio de la &uacute;ltima dictadura. Porque me sorprendo al comprobar que hay millones de compatriotas indiferentes al dolor ajeno. Porque el hambre azota. Por los que creen que &ldquo;estamos mal, pero vamos bien&rdquo; y no terminamos de encontrar que comprendan que no es as&iacute;. Porque hay amigos y conocidos que se enferman m&aacute;s que nunca. Tristeza. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Juliana Crain ve una pel&iacute;cula que le permite imaginar una realidad distinta a la que est&aacute; viviendo, luego del triunfo de los nazis y los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial: es el Eje el que perdi&oacute; y ya no flamea la bandera con la esv&aacute;stica sobre los edificios ic&oacute;nicos de Nueva York.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Como en la novela hom&oacute;nima de <strong>Philip K. Dick</strong>, la protagonista de la serie <em>El hombre en el castillo</em> (se puede ver por Netflix) imagina un mundo mejor luego de ver una pel&iacute;cula, que ampl&iacute;a las posibilidades de lograr un mundo m&aacute;s feliz que la sociedad compleja e h&iacute;per represiva en la que vive. Esa visi&oacute;n expandida entre muchos (miles, millones) podr&iacute;a ser el motor de un cambio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No estoy segura de que el imaginario colectivo haya sido la &uacute;nica causa del fin de la dictadura que oscureci&oacute; al pa&iacute;s entre 1976 y 1983. Entonces, con los primeros fr&iacute;os, sab&iacute;a qu&eacute; significaba. Mis padres, militantes, me lo hab&iacute;an ense&ntilde;ado. Conoc&iacute; temprano el terror porque amigos de la familia hab&iacute;an tenido que exiliarse en M&eacute;xico y Espa&ntilde;a por las amenazas de la triple A. La infancia transcurr&iacute;a con miedo entre nombres cambiados, cajas con peri&oacute;dicos, libros y discos enterrados. 
    </p><p class="article-text">
        A veces dudo de que ese per&iacute;odo se haya cerrado m&aacute;s por el impulso de las fuerzas democr&aacute;ticas que por el deterioro propio de las fuerzas armadas. Nunca un cambio social tiene una etiolog&iacute;a &uacute;nica y las cosas suelen ser contradictorias y responden a una trama en espiral, no a una relaci&oacute;n de causa y efecto. Muchos de los que entonces apostaban por las mieles de la plata dulce, aplauden la eficacia de la motosierra. Pero hay quienes entonces y ahora han hablado de las flores. 
    </p><p class="article-text">
        Cincuenta a&ntilde;os del golpe del 24 de marzo y yo, que era una nena entonces, no puedo dejar de asociar esa &eacute;poca con el presente. Aunque s&eacute; que nada se repite igual y todo cambia, los tiempos de la Historia son mucho m&aacute;s el&aacute;sticos que los que deseamos para nuestras peque&ntilde;as existencias y la afectaci&oacute;n de la gente por el hambre, la censura y la represi&oacute;n no tiene retorno. Son heridas profundas muy dif&iacute;ciles de sanar.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as, casi toda la dirigencia de las organizaciones pol&iacute;ticas invierte su energ&iacute;a en imaginar cargos en futuros espacios de poder, m&aacute;s que en delinear programas de acci&oacute;n para sancionar a los responsables y revertir el cada vez m&aacute;s miserable estado de las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ocurren hechos que nos devuelven la esperanza. Y m&aacute;s all&aacute; de quienes est&aacute;n a la cabeza de los partidos, sigo creyendo en la pol&iacute;tica. Miles de mujeres de todo el pa&iacute;s bordan los nombres de los treinta mil desaparecidos y convierten una tarea dom&eacute;stica en un recordatorio colectivo. <strong>El Volun</strong> organiza ollas populares en Plaza Flores, como otros tantos agrupamientos de j&oacute;venes que intentan paliar la expulsi&oacute;n del sistema que ejerce el gobierno. Desde el llano, el movimiento no se aquieta.
    </p><p class="article-text">
        Con s&oacute;lo 15 a&ntilde;os, tres meses y medio despu&eacute;s del golpe, <strong>Magdalena Gallardo</strong>, Malena, se transform&oacute; en la desaparecida m&aacute;s joven de la dictadura, entre los 108 estudiantes que fueron asesinados o desaparecidos. Ten&iacute;amos 12, 13 a&ntilde;os, cuando en el invierno de 1974 compartimos un campamento en San Luis, organizado por el centro de estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires. Su belleza brillaba en los fogones nocturnos, era la delegada de primer a&ntilde;o y la referente de la juventud guevarista. Hab&iacute;a nacido en Luis Beltr&aacute;n, donde hace poco un grupo de estudiantes film&oacute; el documental <em>Malena: la &uacute;ltima pared</em>. All&iacute; viv&iacute;a en una casa del campamento de Agua y Energ&iacute;a. Con su familia, a los 10 a&ntilde;os se mud&oacute; a Buenos Aires. Desapareci&oacute; el 8 de julio de 1976 en el barrio de Caballito. Tal vez hoy ser&iacute;a profesora de historia, actriz o abogada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Beatriz Aguilera</strong>, Bety, la hermana mayor de mi amiga Marisa, pas&oacute; la infancia de Rufino, Santa Fe, jugando en la casita de alambre que les hizo el pap&aacute; al lado del gallinero. Bety Aguilera, la preciosa chica de pelo lacio, aprendi&oacute; de su abuela Catalina a tejer con cinco agujas, estudiaba franc&eacute;s e inventaba coreograf&iacute;as con sus amigas mientras ve&iacute;a por la tele los programas <em>Alta Tensi&oacute;n</em> y <em>M&uacute;sica en libertad</em>. Poco despu&eacute;s, Bety empez&oacute; a escuchar en el Wincofon los discos de <strong>Sui Generis</strong> y <strong>Alfredo Zitarrosa</strong>. Y en los ratos libres que le dejaban la militancia y sus estudios de Medicina en Rosario, segu&iacute;a bailando. Quer&iacute;a ser psiquiatra y acaso ahora estar&iacute;a en el CONICET investigando los beneficios de un medicamento para la depresi&oacute;n. Pero fue asesinada el 17 de febrero de 1977, en el Pasaje Marchena, a pocas cuadras de la facultad. Supe de ella muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, porque Marisa -compa&ntilde;era de Periodismo en El Grafo- no lo cont&oacute; hasta muy entrada la democracia. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo hubieran sido sus vidas si Malena y Bety estuvieran? &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;an nuestras vidas si los desaparecidos y asesinados anduvieran por aqu&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anos-gente_129_13086979.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 13:12:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/981f681d-6ce4-4d80-bf7f-7e33c3c460b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="72474" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/981f681d-6ce4-4d80-bf7f-7e33c3c460b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="72474" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Todos estos años de gente]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/981f681d-6ce4-4d80-bf7f-7e33c3c460b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Desaparecidos,Dictadura,Memoria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La náusea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nausea_129_13068387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fabe3818-23da-4133-a457-0e1fd0170484_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La náusea"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una sensación personal y social de malestar pueden transformarse en un sentimiento con el que se interviene. Se trata de un pasaje complejo aunque posible, dese el rumiar del pensamiento hacia las ideas y la acción. La exigencia de la máxima eficacia en las palabras en "Ventana magnética", el nuevo libro de Fernando Fagnani y el "Diccionario de los sentimientos", de Marina y López Penas.
</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Tiene l&iacute;mites el lenguaje? Probablemente menos que sus usuarios. Disponemos de esta herramienta, propia de la especie, para comunicarnos con los dem&aacute;s y para comprendernos a nosotros mismos, para hacer consciente lo inconsciente. Sin embargo, hay situaciones en que las palabras nos resultan escasas o que malestares como la tristeza y el miedo nos llevan a reducir la expresi&oacute;n al m&iacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Estamos en una discusi&oacute;n y necesitar&iacute;amos explicar, pero lloramos o insultamos. Reducimos una emoci&oacute;n hostil a una palabra fuerte, nos alejamos de nuestro interlocutor, nos descargamos aunque fracasamos. Surge el malentendido. Nos sentimos frustrados y pobres. Un ser querido perdi&oacute; a alguien y nos quedamos mudos. Le decimos: no tengo palabras.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f99f57fb-7d2a-4329-a0d1-e5d04148d859_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La selva del lenguaje de las sensaciones y de los sentimientos es enorme y compleja. Cuanto m&aacute;s forestado est&aacute; ese jard&iacute;n de palabras, m&aacute;s posibilidades existen de nombrar los estados de &aacute;nimo que serpentean nuestros cuerpos. En la sensaci&oacute;n se toma lo que llega, en el sentimiento se interviene. En <em>Diccionario de los sentimientos</em>, <strong>Jos&eacute; Antonio Marina</strong> y <strong>Marisa L&oacute;pez Penas</strong> cartograf&iacute;an la genealog&iacute;a sentimental de esas expresiones y sus usos hist&oacute;ricos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras los afectos se van especificando, en un proceso de diferenciaci&oacute;n, surgen procesos de conocimiento y de reflexi&oacute;n que nos permiten tener una mejor conexi&oacute;n con nosotros mismos y con el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Supongamos la palabra placer, muy antigua y de uso popular en la Edad Media (sus sin&oacute;nimos agradar y gustar aparecen respectivamente en los siglos XV y XVI) remite a gusto, alegr&iacute;a, contento, regocijo y diversi&oacute;n. &ldquo;Agrado se puede describir como la vivencia que se desea repetir. Desagrado ser&iacute;a lo que deseamos eludir y no queremos que vuelva a suceder&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Placer es todo aquello que excita nuestra complacencia, satisfacci&oacute;n, recreo, sin provocar ning&uacute;n desagrado ni disgusto, pues de lo contrario el placer no ser&iacute;a ni puro ni verdadero sino una falsa imagen de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Delicia es un mayor grado de placer, un sentimiento m&aacute;s fuerte, pero m&aacute;s limitado en cuanto a su objeto pues s&oacute;lo abraza a sensaci&oacute;n material. Delicia indica una cosa voluptuosa, m&aacute;s duradera, se refiere a un solo objeto y permanece m&aacute;s tiempo en &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Delicia, placer y deleite se dirigen a manifestar la agradable sensaci&oacute;n que recibimos del exterior como de nuestro mundo interno. Delicia pertenece al &oacute;rgano del paladar.
    </p><p class="article-text">
        Desde otra perspectiva, luego de conocer el diagn&oacute;stico de una enfermedad, el editor y escritor <strong>Fernando Fagnani</strong> cuenta en su nuevo libro <em>Ventana magn&eacute;tica</em> que, debido a una serie de eventos desafortunados, su sentimiento hacia las palabras se ha radicalizado. &ldquo;Ahora se volvieron cruciales, les exijo la m&aacute;xima eficacia. Que sean pocas, precisas, que tengan prohibido el malentendido. La carga sentimental debe ser m&iacute;nima, la indispensable para que no sean neutras y vac&iacute;as. Sin ser autoritarias, espero que diagnostiquen, cierren heridas, despejen lo confuso; la comunicaci&oacute;n est&aacute; impl&iacute;cita. Importa el rigor, no la vanidad de la elocuencia o el giro ingenioso. Tienen que recorrer r&aacute;pidamente y sin desv&iacute;os lo que media entre la intenci&oacute;n y la expresi&oacute;n, y expresi&oacute;n e intenci&oacute;n deben ser un solo cuerpo, sin fallas ni p&eacute;rdidas. La digresi&oacute;n la escucho como un crimen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras precisas de Fagnani son un refugio que abriga frente a lo inesperado. Elige cada eslab&oacute;n en la cadena de sintagmas como piedras preciosas. Su escritura autobiogr&aacute;fica es clara y distinta, la de quien se asoma al magnetismo de la ciudad desde una ventana donde se apoyan los libros fundamentales de su vida, lo que enriquece hondamente su mirada. 
    </p><p class="article-text">
        Escribo mientras sigue resonando en m&iacute; un fragmento del <em>Estudio Revolucionario de Chopin</em> en versi&oacute;n de <strong>Daniel Casablanca</strong>, que se sienta al piano en las funciones de <em>Chau, Macoco</em>, del Teatro Regio. &nbsp;Son los a&ntilde;os ochenta, las artes esc&eacute;nicas est&aacute;n en auge luego de la opresi&oacute;n de la dictadura. Un maestro de teatro les dice a sus alumnos que se relajen y caminen por el espacio. El nuevo de la clase es un cadete, un joven inocente. &ldquo;Profesor, por mi trabajo me la paso caminando, &iquest;estaba haciendo teatro y no lo sab&iacute;a?&rdquo; &ldquo;&iquest;A vos te pagan por eso? Entonces no es teatro&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El humor de <em>Chau, Macoco</em> es un ingenioso ant&iacute;doto contra la sensaci&oacute;n de asqueo o repugnancia que nos produce el mal gobierno de los que est&aacute;n al frente del pa&iacute;s, una comida diaria contaminada que nos da ganas de vomitar. Las viudas de los personajes celebran cuatro d&eacute;cadas de variet&eacute; y clown, en un momento en que la cultura argentina est&aacute; siendo destrozada.
    </p><p class="article-text">
        El asco se desarrolla durante los primeros ocho a&ntilde;os de vida y tiene un gesto caracter&iacute;stico en todas las culturas. El concepto ocupa un lugar destacado entre las sensaciones ligadas a la fisiolog&iacute;a. &ldquo;Algo sucio o desagradable produce rechazo, puede ser de huida o expulsi&oacute;n. La palabra deriva del castellano antiguo usgo; odio o temor. Asqueroso proviene del lat&iacute;n escharosus, lleno de costras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gustave Flaubert </strong>lo cuenta as&iacute;: &ldquo;Nac&iacute; con escasa fe en la felicidad. Siendo muy joven tuve un presentimiento completo de la vida. Era como un nauseabundo olor a cocina, que se escapa por un agujero. No hace falta comerla para saber que es vomitiva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La n&aacute;usea expulsa lo que provoca desagrado y m&aacute;s. Lo interesante es que n&aacute;usea y n&aacute;utico tienen el mismo origen (naut&iacute;a o naus&iacute;a), que significa marea. Otra marea esperanzadora est&aacute; en las calles, pensando, actuando, organiz&aacute;ndose, emergiendo del barro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; que cuando logremos expulsar eso que nos provoca tanto desagrado personal y social dejar&aacute; de dolernos la panza y no seguiremos navegando a la deriva?
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nausea_129_13068387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 13:22:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fabe3818-23da-4133-a457-0e1fd0170484_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="76085" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fabe3818-23da-4133-a457-0e1fd0170484_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="76085" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La náusea]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fabe3818-23da-4133-a457-0e1fd0170484_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Que no exista ganar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-exista-ganar_129_13049276.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/db72cb19-1c2d-41de-b962-640ee678211f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138141.jpg" width="1190" height="669" alt="Que no exista ganar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dani Zelko y Caístulo escriben juntos un libro, que es camino, puente y tartamudeo de una nueva forma de sentir y pensar. Inspirados en la sabiduría ancestral judía y wichí, del pueblo de los libros y del de los árboles, paternan un largo poema que alaba la escucha y el encuentro como pares.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La sociedad es una energ&iacute;a de conexiones ancestrales pero grita ahora, ahora, ahora&nbsp;y se pierde de tener o&iacute;do&rdquo;, dicen <strong>Ca&iacute;stulo</strong> y <strong>Dani Zelko </strong>en <em>Un texto camino. El puente espejo. Ritualizar el tartamudeo</em>. Ese ahora es un presente que quiere devorarse todo, incluso auto fagocitarse. Es sordo y pocos se detienen en &eacute;l, aunque tampoco est&aacute;n en el aqu&iacute; ni en el ahora. Es un presente vac&iacute;o que hay que llenar de im&aacute;genes, objetos, oquedades, para darse entidad y reafirmar una identidad que da&ntilde;a pero da sentido.
    </p><p class="article-text">
        Ca&iacute;stuolo es cacique de la comunidad Territorios Originarios Wich&iacute;, en el Gran Chaco, un jardinero de palabras que cuida y riega para llegar a la semilla. Su compa&ntilde;ero de escritura es un artista nacido en Buenos Aires en 1990, que anda por los caminos en busca de otras formas de sentires y pensares. En el libro, dividido en tres breves partes, hablan sobre la falta de atenci&oacute;n entre las personas, absorbidas por la frivolidad desesperante del consumismo. Pero tambi&eacute;n sobre lo que ense&ntilde;an los r&iacute;os, el viento, los &aacute;rboles y los animales en sus arquitecturas naturales. 
    </p><p class="article-text">
        Dif&iacute;cil de clasificar, las l&iacute;neas del volumen del l&iacute;der wich&iacute; y el poeta, m&uacute;sico y editor son los eslabones de una fina joya. Esta suerte de ensayo expresa, a modo de largo poema, una cosmovisi&oacute;n sobre el mundo contempor&aacute;neo en el que los humanos somos los depredadores de todas las especies, incluida la propia, pero desde el que es posible desaprender para dejar de repetir los usos que resultan inservibles para la plenitud de la vida. Una vida donde lo material, lo simb&oacute;lico y lo espiritual conjugados socialmente sean arm&oacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        Zelko viene llevando a cabo el proyecto <em>Reuni&oacute;n</em> desde hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os, en el que se encuentra con personas inmersas en disputas territoriales con el prop&oacute;sito de hacer un libro que tenga alg&uacute;n tipo de influencia pol&iacute;tica entre los actores del lugar. El procedimiento es que &eacute;l escribe lo que se habla durante 5, 6, 7 horas, mientras est&aacute;n sentados, sin grabador, y si hay silencios, se los respeta y se pasa al rengl&oacute;n siguiente. El material luego se tipea en computadora, se lee y se corrige entre los participantes. 
    </p><p class="article-text">
        Los autores se conocieron en el monte, en 2020, en medio de campos de monocultivo, petroleras, proyectos ganaderos e iglesias. Crearon una forma de habla y escucha, un compa&ntilde;erismo espiritual que se prolonga hasta el presente. Sin grabador, cortaron los versos como una inhalaci&oacute;n, pasando al papel el material mientras est&aacute;n reunidos, editando y corrigiendo juntos. &ldquo;Nosotros ponemos las dos orejas, una oreja cada uno, &iquest;qui&eacute;n habla? &iquest;Qui&eacute;n escribe?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa voz ahora impresa podr&iacute;a ser la voz de un mundo que quiere amanecer distinto, transformado, compa&ntilde;ero. A sus casi 80 a&ntilde;os, Ca&iacute;stulo (Juan de Dios L&oacute;pez, Juayuk), al comienzo de la pandemia por el Covid-19, empez&oacute; a cantar los mensajes que le transmiten `las madres&rsquo; que de a ratos parecen ser lo que llamamos &aacute;rboles y de a ratos una fuerza mas inconmensurable y dif&iacute;cil de nombrar. El a&ntilde;o pasado fund&oacute; en su comunidad una peque&ntilde;a escuela donde mujeres adultas est&aacute;n aprendiendo a leer y escribir.
    </p><p class="article-text">
        El libro comienza hablando de una llave que es un canto, un mensaje, una pregunta que va realizando una obra donde hablan todas las especies vivas, a trav&eacute;s de una madre que camina bajo el coraz&oacute;n de la tierra. Ese &aacute;rbol es una antena que emite sabidur&iacute;a, que produce aprendizaje. Aunque parezca exagerado, el mensaje es una mezcla de pensamientos de todas las madres. Sus palabras incluyen las diversidades, tienen la punta filosa de la filosof&iacute;a, traducen y debaten pensamiento, mueven los vientos y unen.
    </p><p class="article-text">
        Esas madres no se quejan ni presentan impotencia, mientras el humano se resiste al futuro. &ldquo;Ah, que yo soy de tal raza, que yo soy de tal pa&iacute;s es un pensamiento mezquino&rdquo;, dicen. Para que las cosas cambien y seamos amigos, compa&ntilde;eros, hay que asociarse, sin apoderarse uno de la lengua de otro. El archivo de los antiguos es grande, es un nido y est&aacute; a disposici&oacute;n. Las personas son herramientas, pero los objetos son la dificultad, porque producen envidia. En cambio, los sonidos de los maestros te abrazan con el mundo.
    </p><p class="article-text">
        El hombre blanco hizo mucho da&ntilde;o cortando madera. Somos torpes. Mientras vemos a los &aacute;rboles como materiales, ellos salen a alumbrar, son antorchas.
    </p><p class="article-text">
        Hay que encontrar algo con lo que el mundo no sue&ntilde;a todav&iacute;a, nacer la palabra aunque te digan loco, dejar que aparezca la fuerza de pensamiento abierto y el encuentro. No crear/criar, fortalece la dominaci&oacute;n, la conquista, la polic&iacute;a, la ley, los due&ntilde;os, la maldad, el mezquino.
    </p><p class="article-text">
        Lo que pensamos hasta ahora, as&iacute;, de ese modo, no ha servido para una vida libre. La propiedad, la apropiaci&oacute;n, proclamar lo que es m&iacute;o, adue&ntilde;arse, nos pone contra nosotros mismos y genera ira contra los seres vivientes-
    </p><p class="article-text">
        El ave dice: yo tambi&eacute;n soy representante, el mundo tiene muchos representantes, &iquest;c&oacute;mo transformar a este ser en un humano de vuelta?
    </p><p class="article-text">
        En<strong> </strong><em>El puente espejo </em>contin&uacute;an las b&uacute;squedas y las preguntas sobre como tranquilizarnos creando un sistema que respete a todos los seres del mundo, con una voz que no los rompa, que sea m&uacute;sica. Acudir al fuego y al hielo para lograr un equilibrio, que no se prolongue la necesidad de decir &ldquo;soy el m&aacute;s fuerte&rdquo;, donde no sea necesario ganar, no exista ganar, no haya ganar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En la copulaci&oacute;n armamos sin pensarlo, nos transformamos en una cosa bell&iacute;sima poderosa&rdquo;, escriben. El sue&ntilde;o es imprescindible. So&ntilde;ar, so&ntilde;ar. En la misma citaci&oacute;n caminan el relajamiento y la fuerza. &ldquo;Cuando mi espejo no est&aacute; en posici&oacute;n entro en el sue&ntilde;o y no descanso&hellip; es la enfermedad que repite, repite, repite&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta reuni&oacute;n trae una m&uacute;sica desde adentro, una m&uacute;sica que es cada uno, un sonido espiritual. El mensaje termina cuando &ldquo;te acompa&ntilde;o, te conozco y te digo sos mi fragancia, soy tu fragancia. Somos hermanos, en otro tiempo no hab&iacute;a lengua wich&iacute; y otras lenguas. El tronco era el mismo y mi padre era hermano de tu padre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En una ceremonia en territorio wich&iacute;, antes del 7 de octubre de 2023 aparece un tatarabuelo de Zelko que le pasa una cuerda y le dice: &ldquo;algo se rompi&oacute; entre nosotros&rdquo;. Ese ancestro hab&iacute;a sido un traductor del movimiento iluminista del siglo 19 y fueron los pueblos originarios argentinos, a trav&eacute;s de los hermanos espirituales Ca&iacute;stulo y Soraya, quienes impulsaron la b&uacute;squeda de la vida de los antepasados jud&iacute;os de Zelko.
    </p><p class="article-text">
        Ham&aacute;s asesina a gran parte de la familia del escritor en territorio israel&iacute;, vecino a Gaza, y en ese duelo feroz, sigui&oacute; escribiendo y pari&oacute; el libro <em>Oreja madre</em>, donde cuenta desde su juda&iacute;smo su posici&oacute;n en contra de la idea de que Israel representa a los jud&iacute;os del mundo y a favor de la justicia por d&eacute;cadas de humillaci&oacute;n contra los palestinos y a favor de una Palestina libre.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-exista-ganar_129_13049276.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2026 13:29:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/db72cb19-1c2d-41de-b962-640ee678211f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138141.jpg" length="738030" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/db72cb19-1c2d-41de-b962-640ee678211f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138141.jpg" type="image/jpeg" fileSize="738030" width="1190" height="669"/>
      <media:title><![CDATA[Que no exista ganar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/db72cb19-1c2d-41de-b962-640ee678211f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138141.jpg" width="1190" height="669"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ese claro objeto de deseo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/claro-objeto-deseo_129_13029768.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/492f828e-703d-48a3-a6bc-2a89e3c71f18_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137619.jpg" width="340" height="191" alt="Ese claro objeto de deseo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Frente a la anunciada desaparición del libro, una perspectiva histórica de la escritora Irene Vallejo sobre el origen de los habitantes de las bibliotecas y el hallazgo del papiro como materia viva de su hechura.</p></div><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as y noches de verano, en que el descanso es propicio para la lectura, muchas y muchos quedamos cautivados por la letra impresa en p&aacute;ginas de papel. En estas jornadas en las que privilegiados que pudieron juntar unos morlacos, viajamos hacia la costa mar&iacute;tima o a las altas cumbres, materializamos aquello que fue un anhelo durante el a&ntilde;o de trabajo: leer. No los libros de estudio ni los de trabajo, sino aquellos que elegimos por el puro placer de la lectura.
    </p><p class="article-text">
        Son tiempos, todo hay que decirlo, en que se anuncia la extinci&oacute;n del libro en papel, la dominancia del Kindle u otros dispositivos parece una verdad irrefutable y esa desaparici&oacute;n supuesta reiterar&iacute;a la experiencia del dvd o el tel&eacute;fono de l&iacute;nea (como me gustaba digitar los n&uacute;meros&nbsp;en el disco). La revoluci&oacute;n neol&iacute;tica contempor&aacute;nea arrasar&aacute; con todo lo anterior, y convertir&aacute; a antiguos objetos en meras piezas de museo?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6757c148-09e8-4cd1-8243-eebd90228351_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6757c148-09e8-4cd1-8243-eebd90228351_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6757c148-09e8-4cd1-8243-eebd90228351_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6757c148-09e8-4cd1-8243-eebd90228351_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6757c148-09e8-4cd1-8243-eebd90228351_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6757c148-09e8-4cd1-8243-eebd90228351_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6757c148-09e8-4cd1-8243-eebd90228351_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        No lo sabemos. S&iacute;, que abundan los libros traccionados por el amo y se&ntilde;or marketing intentando convencernos de que los hemos elegido libremente, esos que se digieren r&aacute;pido y &nbsp;no suelen coincidir con los m&aacute;s nutritivos. Las donaciones de vol&uacute;menes para bibliotecas son desechadas y las editoriales cortan los de temporadas anteriores con guillotinas, algo &nbsp;que nos produce sufrimiento a &nbsp;quienes los amamos.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el contexto en que descubro en la biblioteca de mi amiga y colega <strong>Patricia, Pats</strong>, nieta de libaneses, &nbsp;el gordo <em>El infinito es un junco</em>, de <strong>Irene Vallejo</strong>, sobre la invenci&oacute;n de los libros en el mundo antiguo, de la editorial Siruela.
    </p><p class="article-text">
        La colaboradora de El Pa&iacute;s Semanal, autora de la antolog&iacute;a <em>Alguien habl&oacute; de nosotros</em> (2017) investig&oacute; con minucia la historia y se arroj&oacute; a la escritura de un t&iacute;tulo que no s&oacute;lo sacia curiosidades bibli&oacute;filas, sino que est&aacute; narrado con una elegancia poco habitual.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y porqu&eacute; el junco, un junco, porque de all&iacute; proviene el papiro con el que se fabricaron los soportes de lectura luego de la piedra dura. Los libros, esa lucha tenaz contra la destrucci&oacute;n, tuvieron a su gran defensor en <strong>Alejandro, el magno</strong>, que enviaba a misteriosos grupos de hombres a caballo a recorrer los caminos de Grecia para hacerse de las preas escritas, en los violentos territorios fe un mundo en guerra casi constante.
    </p><p class="article-text">
        Alejandro, como algunas cabezas de la Argentina del siglo XIX que quisieron hacer grande a nuestra naci&oacute;n, no s&oacute;lo ejerci&oacute; la violencia, sino que fue un hombre culto, en el polo opuesto de quienes nos gobiernan, quienes a lo sumo han le&iacute;do alg&uacute;n libelo de econom&iacute;a y la est&aacute;n aplicando r&aacute;pido y mal. Smith y Ricardo se volver&iacute;an a morir de inmediato si se levantaran de sus tumbas.
    </p><p class="article-text">
        El rey de Egipto les ha confiado a los caballeros la misi&oacute;n de ir hacia la otra orilla del mar para satisfacer su sed de posesi&oacute;n&hellip; art&iacute;stica y cultural. Libros, buscan libros. Son cazadores que rastrean esos objetos que conformar&aacute;n la biblioteca absoluta y perfecta, la colecci&oacute;n de casi todos los libros que aparecieron desde el principio de los tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Esa era la monarqu&iacute;a que reinaba, como hoy lo hace la web. Vallejo se convierte en la improbable compa&ntilde;era de viaje de aquellos hombres que buscaron tesoros dispersos que ir&iacute;an a parar a Alejandr&iacute;a &ldquo;la capital del sexo y la palabra&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>El infinito es un junco</em> son casi 450 p&aacute;ginas, pero vamos a detenernos en el papiro, ese que crece en el jard&iacute;n de otra amiga y periodista, Alejandra, nieta tambi&eacute;n, como Pats, de sirio libaneses. El junco de papiro, cuenta Vallejos y me saca en esta especificidad de la ignorancia, aunque la reafirma en mucho m&aacute;s, el papiro dec&iacute;a, hunde sus ra&iacute;ces en las aguas del Nilo. &ldquo;El tallo tiene el grosor del brazo de un hombre y su altura se eleva entre tres y seis metros. Con sus fibras flexibles, las gentes humildes fabricaban cuerdas, esteras, sandalias y cestas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mois&eacute;s</strong> fue salvado de las aguas por flotar en una canasta de esos juncos. Y durante siglos los sabios del Pr&oacute;ximo Oriente escribieron en rollos de papiros. Expertos creen que papiro y fara&oacute;n son sin&oacute;nimos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los egipcios descubrieron que con papiro pod&iacute;an fabricar hojas para la escritura. Los reyes se apropiaron de la manufactura y distribuci&oacute;n de ese material. Segan juncos en la ribera del r&iacute;o y el susurro de sus pasos despierta a los p&aacute;jaros dormidos. Luego depositan en los talleres brazadas de juncos, los descortezan y cortan tiras que luego pegan y alisan con piedra p&oacute;mez para que no se noten las junturas.
    </p><p class="article-text">
        La realizaci&oacute;n de esos rollos es un avance fant&aacute;stico. El lenguaje ya tiene su casa, un hogar en la materia viva. Piedra, barro, madera quedan atr&aacute;s, s&oacute;lo para usos ornamentales. El libro nace en la m&eacute;dula de una planta acu&aacute;tica. Es flexible, liviano, no pesa y transportar&aacute; todo el saber y la aventura de la experiencia humana. Va hacia atr&aacute;s para recoger los frutos de la humanidad y lanzarlos al futuro para hechizarnos con su magia.
    </p><p class="article-text">
        Prosigue Vallejo: &ldquo;Hoy existe una iniciativa llamada Proyecto Rosetta que aspira a proteger de la extinci&oacute;n a las lenguas humanas. Los ling&uuml;istas, antrop&oacute;logos e inform&aacute;ticos responsables del proyecto, con sede en San Francisco han dise&ntilde;ado un disco de n&iacute;quel donde se las han ingeniado para grabar en escala microsc&oacute;pica un mismo texto en su traducci&oacute;n a mil idiomas. Aunque muriese la &uacute;ltima persona capaz de recordar alguna de esas mil lenguas, las traducciones paralelas permitir&iacute;an rescatar las sonoridades y significados perdidos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los libros son pedazos dispersos del universo que forman un conjunto dotado de significaci&oacute;n. Nos ordenan frente al caos de alrededor. Son el refugio que nos guarnece como especie&nbsp;y protege todo aquello que hace memoria y tememos olvidar.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/claro-objeto-deseo_129_13029768.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 17:38:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/492f828e-703d-48a3-a6bc-2a89e3c71f18_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137619.jpg" length="33958" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/492f828e-703d-48a3-a6bc-2a89e3c71f18_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137619.jpg" type="image/jpeg" fileSize="33958" width="340" height="191"/>
      <media:title><![CDATA[Ese claro objeto de deseo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/492f828e-703d-48a3-a6bc-2a89e3c71f18_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137619.jpg" width="340" height="191"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El erotismo y la danza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/erotismo-danza_129_12991421.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d74f0376-bd31-4437-8bab-18fd8d0664a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El erotismo y la danza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De cierto tipo de verdad en el arte de los cuerpos a fingir un placer que no se siente. 
</p></div><p class="article-text">
        Los brazos se extienden como ramas o espadas, las manos aletean semejantes a p&aacute;jaros, los torsos giran cual trompos o calesitas y el sonido del bandone&oacute;n y de los metales emerge desde lo profundo. Son movimientos brutales, celestiales, o en compos&eacute;, impulsados por las composiciones de <strong>Igor Stravinsky</strong> y <strong>Astor Piazzolla</strong>. Los cuadros son impecables.
    </p><p class="article-text">
        Con sus cuerpos et&eacute;reos, Los bailarines est&aacute;n envueltos en sedas y satenes rojos, bord&oacute;, anaranjados, color piel. Por momentos, ellas son brujas en aquelarre. En otros, a las parejas las impulsa el tango hacia el beso y el abrazo. Ellos son guerreros que se desordenan para volver a armarse.
    </p><p class="article-text">
        El tributo a <strong>Ana Mar&iacute;a Stekelman</strong>, que se estren&oacute; esta semana con el t&iacute;tulo de <em>Stekelman en tres tiempos</em>, en el Teatro San Mart&iacute;n, se coron&oacute; con la entrega de un ramo de flores a la homenajeada. <strong>Julio Bocca</strong> subi&oacute; al escenario para acompa&ntilde;arla, mientras el p&uacute;blico aplaud&iacute;a de pie. Los directores del cuerpo estable son <strong>Andrea Chinetti</strong> y <strong>Diego Poblette</strong>, herederos de la tradici&oacute;n de Stekelman, disc&iacute;pula a su vez de la legendaria <strong>Martha Graham</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica de Stravinski (fragmentos de La consagraci&oacute;n de la primavera) es una de las obras emblem&aacute;ticas de los tiempos de las vanguardias hist&oacute;ricas. Pone en escena un ritual pagano, donde una antigua comunidad celebra la llegada de la estaci&oacute;n de las flores sacrificando a una virgen, quien debe bailar hasta morir para propiciar la fertilidad de la tierra. La de Piazzolla, produjo una revoluci&oacute;n en la m&uacute;sica ciudadana de Buenos Aires y su vigencia la ha convertido en un cl&aacute;sico de nuestra identidad.
    </p><p class="article-text">
        La core&oacute;grafa y bailarina, de 81 a&ntilde;os, fue la creadora de Tangokinesis, un grupo de danza que combinaba el tango con la danza contempor&aacute;nea. Antes, fund&oacute; el Grupo de Danza Contempor&aacute;nea del teatro oficial, junto con <strong>Oscar Araiz</strong> y <strong>Mauricio Wainrot</strong>. El a&ntilde;o pr&oacute;ximo se cumplen cincuenta a&ntilde;os de la vida de este conjunto. 
    </p><p class="article-text">
        Sobre el programa reversionado que se presenta en el teatro de la avenida Corrientes, Stekelman record&oacute; que &ldquo;son obras que hice hace mucho, pero no hubo correcciones, est&aacute;n id&eacute;nticas, aunque a la vez son otras obras, porque los bailarines les dan su impronta. Verlas renacer es algo muy extra&ntilde;o, que me trastoca, porque en ese momento era muy joven&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sin embargo, me siento identificada con c&oacute;mo las baila esta compa&ntilde;&iacute;a, sus integrantes son muy eficientes y c&aacute;lidos, entienden los sentidos. Los movimientos son muy complejos y ellos los captan muy bien en su totalidad&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las tres piezas emblem&aacute;ticas correspondientes a tres momentos distintos de su carrera son &ldquo;Bailando en la oscuridad&rdquo;, el d&uacute;o &ldquo;Romance del diablo&rdquo; y &ldquo;La consagraci&oacute;n del tango&rdquo;, que cre&oacute; tiempo atr&aacute;s para que los bailara Bocca.&nbsp;&nbsp;Pueden verse hasta el 15 de este mes en la Sala Mart&iacute;n Coronado.
    </p><p class="article-text">
        A pocos metros del edificio que dise&ntilde;aron los arquitectos <strong>Mario Roberto &Aacute;lvarez</strong> y <strong>Macedonio Oscar Ruiz</strong>, est&aacute; el complejo La Plaza donde brilla <strong>Cecilia Ce</strong>, la psic&oacute;loga y sex&oacute;loga medi&aacute;tica cuya performance en los escenarios se inici&oacute; con <em>Beer &amp; Sex Night</em>&nbsp;en 2018, primero en caf&eacute; concert y despu&eacute;s, desde 2021, en salas teatrales.
    </p><p class="article-text">
        El nombre de su unipersonal actual es <em>Encend&eacute; tu motor</em> y se trata de un show participativo en el que realiza una pedagog&iacute;a din&aacute;mica y con humor sobre la sexualidad, el s&iacute;mil de una conferencia en el que el deseo, el placer y las dificultades en el erotismo son los temas dominantes. 
    </p><p class="article-text">
        Vestida como una corredora de autos, la especialista en dar c&aacute;tedra sobre las fantas&iacute;as y las acciones sexuales se refiere al uso de los aceleradores y los frenos para conectarse con las sensaciones. Orgasmo, menopausia, punto G, desconexi&oacute;n, son algunos de los temas que matiza con la invitaci&oacute;n a que los asistentes cuenten brevemente experiencias o hagan preguntas. No se trata de sugerir posiciones, ni de presionar a nadie mediante recetas El estr&eacute;s puede ahogar el deseo en unos casos, mientras que a otros los prende. No hay que compararse ni meterse m&aacute;s presi&oacute;n: hay que entender las diferencias individuales con una mirada amorosa y compasiva&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una de las asistentes, la psic&oacute;loga <strong>Susana Scornavaca</strong>, se&ntilde;ala que este tipo de espect&aacute;culos son positivos &ldquo;porque hay mucha desinformaci&oacute;n, incluso en las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes. Se confunde el uso del cuerpo con tener o no la informaci&oacute;n para tener o dar placer de una manera responsable. Hay mucho tab&uacute; sobre todo en las mujeres en pedir lo que nos gusta, en donde, de qu&eacute; manera, en qu&eacute; ritmo. Sigue habiendo una sexualidad orientada al var&oacute;n. En las relaciones homosexuales hay otras coordenadas, no digo que lo pasan mejor, sino que tienen c&oacute;digos. En las hetero, las mujeres queremos hacer sentir contento al var&oacute;n y es urgente empezar a deconstruirlo porque entonces &eacute;l sigue sin consultar y nosotras tenemos temor de decir por herir su hombr&iacute;a. La sexualidad sigue siendo falo c&eacute;ntrica, aunque algo est&aacute; cambiando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Scornavaca, &ldquo;debemos dejar de fingir&rdquo;. Al consultorio llegan temas como &ldquo;la incomunicaci&oacute;n, la falta de deseo, ansiedad de desempe&ntilde;o, eyaculaci&oacute;n precoz, much&iacute;simo consumo de pornograf&iacute;a. Esto impide armar escenas favorables porque se tiene un gui&oacute;n pensado. Adem&aacute;s, hay alguna diferencia de frecuencia entre hombres y mujeres. En teor&iacute;a ellos quieren m&aacute;s veces que ellas, algo que tambi&eacute;n se est&aacute; desarmando de a poco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otro de los inconvenientes serios es la distorsi&oacute;n del esquema corporal, no habitar con comodidad el propio cuerpo. &ldquo;Se piensa m&aacute;s en c&oacute;mo se ven que lo que se siente. El pensamiento rumiante es un obst&aacute;culo. La idea es salir del formato exitoso de lo que es una relaci&oacute;n sexual y armar la propia escena en donde dos personas o m&aacute;s, si hay consensos se sientan c&oacute;modos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/erotismo-danza_129_12991421.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Feb 2026 13:55:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d74f0376-bd31-4437-8bab-18fd8d0664a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="131858" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d74f0376-bd31-4437-8bab-18fd8d0664a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="131858" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El erotismo y la danza]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d74f0376-bd31-4437-8bab-18fd8d0664a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salir del infierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/salir-infierno_129_12971601.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/89e3d31c-8f52-4b6d-a8df-5b79b42096eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Salir del infierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dos escritores atraviesan situaciones muy dolorosas. A Roque Farrán le disparan y experimenta un coma inducido, del que sale vivo. Juan Carlos Kreimer pierde a su mujer y descubre que el amor convive con la simulación del que no le importa querer ni ser querido.</p></div><p class="article-text">
        Dice el cordob&eacute;s <strong>Roque Farr&aacute;n</strong> en su reciente libro <em>Escribir es respirar</em>, que la escritura &ldquo;es un recurso medular para vivir y sobrevivir&rdquo;. Lo mismo podr&iacute;a expresar <strong>Juan Carlos Kreimer</strong>, autor de la novela <em>La ingrata tarea de no dejarme querer</em><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Frente a la pulsi&oacute;n de vida, Eros, y de la muerte, T&aacute;natos, ambos escritores -de distintas maneras- recurrieron a la herramienta que se les dio m&aacute;s a la mano para salvarse.
    </p><p class="article-text">
        El primero, de la muerte por un disparo, cuando el 12 de octubre de 2014 volv&iacute;a a su casa con la familia y al cruzar las v&iacute;as del tren los interceptan dos personas en moto para arrebatarle la cartera a su madre. Farr&aacute;n siente un soplido, le hab&iacute;an disparado con un calibre 22 que rebot&oacute; entre los &oacute;rganos. Destroz&oacute; el bazo y roz&oacute; el pulm&oacute;n. &ldquo;Me salv&eacute; de milagro&rdquo; y a las pocas semanas naci&oacute; su hija Camila. Ahora est&aacute; por ser padre por segunda vez.
    </p><p class="article-text">
        Kreimer se redime del desamor. Antes de morir, su compa&ntilde;era le pide que re&uacute;na los diarios personales y luego de cuatro a&ntilde;os, los pone a dialogar con escritos propios. El rechazo a admitir el amor profundo provoca que, cuando se entregan, no tienen la capacidad de disfrutar del estar juntos.
    </p><p class="article-text">
        Ambos, es evidente, tras atravesar situaciones l&iacute;mites o cruzar cierta frontera.
    </p><p class="article-text">
        Farr&aacute;n la emprende con un di&aacute;logo polif&oacute;nico con los presentes, la calle, los ausentes y su hija, que le permite intentar superar ese roce con el final. Pas&oacute; por un coma inducido y logr&oacute; reponerse, aunque la huella de aquel momento es a&uacute;n muy profunda. <em>Escribir es respirar</em> tambi&eacute;n propone ejercicios de escritura para asumir la propia muerte, el duelo y el nacimiento.
    </p><p class="article-text">
        Kreimer, luego de la muerte de su compa&ntilde;era, cuando re&uacute;ne sus diarios personales y los pone a dialogar con textos propios, en un camino en el que convivieron el amor profundo y la simulaci&oacute;n de que se puede prescindir de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        La disposici&oacute;n del narrador de <em>Escribir es respirar</em> ante la muerte &ldquo;no es pesimismo ontol&oacute;gico o hipocondr&iacute;a generalizada sino, al contrario, habilitar el encuentro con la alegr&iacute;a en cada gesto de amor&rdquo;. Cree que el infierno son los otros y que vale la pena &ldquo;buscar lo que no es infierno&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Investigador independiente del Conicet y director del programa &ldquo;El giro pr&aacute;ctico en el pensamiento contempor&aacute;neo&rdquo;, Farr&aacute;n considera que las letras se tejen con cuidado y firmeza. &ldquo;Si uno no se sostiene, el resto se suelta&rdquo;. Su escritura hace cuerpo, &ldquo;sigue la raz&oacute;n de los afectos&rdquo;. Al publicar, apuesta tambi&eacute;n por la transmisi&oacute;n &ldquo;La potencia contagia y es una responsabilidad constituir lazo con la narraci&oacute;n existencial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Acaso el impacto de los disparos produjo despu&eacute;s la p&eacute;rdida de dramatismo frente a la idea de la muerte personal. &ldquo;Esa noci&oacute;n &rdquo;se pone a escala de las transformaciones incesantes del universo, y se asume as&iacute;, no somos m&aacute;s que materia que se renueva y descompone a su tiempo&ldquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Escribir me ayuda a procesar y tolerar con cierta elegancia mis caos internos&rdquo;, dice Kreimer, autor de <em>Punk, la muerte joven</em> y editor de la legendaria revista <em>Uno mismo</em>. Los per&iacute;odos en los que no escribi&oacute; regularmente sobre este mundo, cuando trabajaba como periodista o como editor, &ldquo;creo haber dejado pasar algo, estuve dormido ante estas realidades. El que escribe en m&iacute; es quien me despierta de tanto en tanto&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        En escritos anteriores a<strong> </strong><em>La ingrata tarea de no dejarme querer</em> se hab&iacute;a inspirado en algunas situaciones vividas y las hab&iacute;a reformulado en funci&oacute;n de la estructura interna del relato. &ldquo;Describ&iacute;a algo que me hab&iacute;a pasado a m&iacute;, o usaba materiales de mi conflictivas internas como una cantera&rdquo;. Mientras escrib&iacute;a este libro no supo a qu&eacute; g&eacute;nero pertenec&iacute;a. No fue solo copiar tramos de los diarios personales y pegarlos alternadamente: &ldquo;en casi todas las entradas, intent&eacute; ver qu&eacute; le estaba pasando de veras a cada uno los protagonistas, mostrar sus fantasmas. Y dejar que la intimidad surgiera de la sinceridad con que cada uno se hablaba a s&iacute; mismo en el momento de registrarlo en su diario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Escribir sobre vivencias muy personales no fue una decisi&oacute;n, no se le ocurri&oacute; hacerlo de otro modo. &ldquo;Si tomaba esos materiales no era para armar otra novela. Era para sacarlos a la luz, comprenderlos. Me pareci&oacute; que el registro era escribir lo m&aacute;s verdaderamente posible y dejar que hablaran por s&iacute; mismos. No decid&iacute; exponerme, o exponerla a ella, sino dejar que los relatos fueran los que nos expusieran. Los dos protagonistas eran de correr riesgos. Exponerse en un libro es algo menor en relaci&oacute;n a lo que busc&aacute;bamos con el otro: quitarnos todas las m&aacute;scaras, no no condicionarnos por su mirada, ser juntos quien &eacute;ramos solos, acompa&ntilde;arnos desde ah&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace tiempo, Kreimer escribe libros de investigaci&oacute;n sobre determinados emergentes. El andar en bici y el zen, el vivir en el ahora, las zonas comunes entre la creaci&oacute;n art&iacute;stica y la b&uacute;squeda espiritual, el sentido de estar aqu&iacute;, en la Tierra. &ldquo;Son m&aacute;s bien cr&oacute;nicas de mi viaje por los temas que me afectan y despiertan las ganas de escribir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me parec&iacute;a que hab&iacute;a otras realidades, especialmente en el campo de la conciencia, que me ped&iacute;an que las contara. Mis &uacute;ltimos libros est&aacute;n escritos en una prosa m&aacute;s de novela que de ensayo. En esta novela estoy ensayando hacer la cr&oacute;nica de c&oacute;mo vivimos el amor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante tres a&ntilde;os, hubo una voz (la suya) que le dec&iacute;a &ldquo;no, todav&iacute;a no, todav&iacute;a est&aacute;s muy tomado por el dolor de su partida. Ella todav&iacute;a estaba presente a mi lado y repet&iacute;a: esto no es del todo as&iacute;, esto es tuyo, no m&iacute;o, esto querr&iacute;a que fuera dicho de otro modo. Hasta que en el verano pasado, de vacaciones en Traslasierra, y en los mismos lugares adonde sol&iacute;amos ir, en La casa de Wanda, en el arroyo Los Molles, en la pulper&iacute;a de Villa Las Rosas, sentado como nos sent&aacute;bamos debajo de algunos &aacute;rboles, me puse a escribir lo que dec&iacute;a cada entrada como si lo estuviera viviendo en ese momento. A puro presente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para el narrador, evocar fue una experiencia en s&iacute; misma: le permiti&oacute; entender como muy significativas algunas situaciones que en su momento le hab&iacute;an parecido menores. El libro se divide en cap&iacute;tulos por a&ntilde;os y todos suelen comenzar en las vacaciones y terminar en medio de las fiestas. &ldquo;Tuve en cuenta hasta qu&eacute; niveles, cada situaci&oacute;n que viv&iacute;a transformaba a los protagonistas, los acercaba o era motivo de desilusiones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al escribir descubri&oacute; que las motivaciones por las que amamos y por las que creemos que nos aman, no siempre se ajustan a lo que suponemos. &ldquo;Creo que tenemos patterns invisibles y cuando algo, propio o del otro, se escapa de &eacute;l, suponemos que la cosa no va m&aacute;s. Creo que ah&iacute; es cuando las ilusiones y automatismos del amar muestran lo que hay debajo y esa fuerza centr&iacute;peta toma cuerpo. Los imaginarios pierden poder y tu sensibilidad se abre a lo que se produce entre ambos. La vivencia es m&aacute;s fuerte que cuanto pueda decirse con palabras. O la captas y te la banc&aacute;s y aprendes a gozar eso, o segu&iacute;s jugando a las figuritas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/salir-infierno_129_12971601.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Feb 2026 13:04:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/89e3d31c-8f52-4b6d-a8df-5b79b42096eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="28629" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/89e3d31c-8f52-4b6d-a8df-5b79b42096eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="28629" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Salir del infierno]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/89e3d31c-8f52-4b6d-a8df-5b79b42096eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Papeles que viajan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/papeles-viajan_129_12952705.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7f24fc15-39e7-4d24-95a2-9c187a841918_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Papeles que viajan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pausa, la atención, el afecto y el pensamiento vuelven a través de las cartas, un modo de comunicación que está ganando cada día más adeptos.</p></div><p class="article-text">
        Escucho el precioso disco <em>A&ntilde;os despu&eacute;s</em>, de <strong>Edgardo Cardozo</strong>, cuya imagen de tapa exhibe una abrumadora soledad. Es el asiento de cuerina marr&oacute;n, tajeado, de un antiguo vag&oacute;n de tren. Igual que&nbsp;aquel en el que me sentaba con mis hermanas cuando&nbsp;recorr&iacute;amos el oeste con el boleto naranja y blanco en la mano, que el guarda picaba. Media hora de Haedo a Caballito los domingos, para visitar a la bobe que revolv&iacute;a la olla humeante con sus comidas jud&iacute;as y camin&aacute;bamos despreocupadas con mis primos para subir a la calesita en Plaza Irlanda.
    </p><p class="article-text">
        Era el tiempo demorado de los buzones rojos, el de la espera y&nbsp;las cartas de ida y vuelta donde se exhib&iacute;a todo tipo de letra. Hay un tema que canta Cardozo, de inquietante melancol&iacute;a y letra muy breve, que dice: <em>Cartas como fotos blanco y negro/ que el desgarro del sobre me revela/ Cartas como ausencias/ las que no llegan/ las que hubieran cambiado el sentido de todo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Dice, y habr&iacute;a que confirmarlo con las autoridades del correo, que pese al email y a las redes, las cartas de papel volvieron. Es un gesto peque&ntilde;o, artesanal, de resistencia, que regresa. Se abre con delicadeza un sobre, tal vez se reconoce la letra, se acarician las hojas que pasaron por las manos de otra persona. En un contexto vertiginoso,&nbsp;<a href="https://www.hola.com/padres/20220606333481/memoria-escribir-mano-beneficios/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escribir a mano</a>&nbsp;y enviar ese texto <strong>&iacute;ntimo es una forma de conectar de verdad.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para este a&ntilde;o, las cartas cobrar&aacute;n auge entre las generaciones z y millenial, seg&uacute;n Pinterest Predicts 2026.&nbsp;Apoyan su hip&oacute;tesis en el aumento de los sellos en un 105 por ciento, en un 35 de cartas de amigos por correspondencia y en un 45 de cartas a mano.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hoy escribimos en un mundo que corre hacia no se sabe d&oacute;nde. La escritura lenta nos interpela, involucramos el cuerpo de otra manera, pensamos especialmente en alguien, se lo mostramos. Es un modo de prestarle atenci&oacute;n, cederle tiempo y espacio a la conversaci&oacute;n sin voz o de bajo volumen.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez alguien vuelva a pedir &ldquo;quem&aacute; esas cartas&rdquo;, mientras la mayor&iacute;a deja de lado la opcion de la fogata y digita la tecla de borrar/delete o env&iacute;en lo escrito a la papelera de reciclaje. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Seguir&aacute;n existiendo esos escritores fantasma, como en la novela <em>El coraz&oacute;n en invierno</em>, de <strong>Kevin Barry</strong> (Edhasa) donde el protagonista, l&iacute;rico y desvergonzado, es el autor de cartas de amor ajenas, en el pueblo minero de Butte, Montana? &iquest;Alguno de ustedes moj&oacute; sus labios en los &uacute;ltimos meses para pegar una estampilla? &iquest;Sigue existiendo el papel de avi&oacute;n, finito y transparente?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las amistades epistolares fueron (son) un lugar de afecto y reflexi&oacute;n. Contiene pasiones, peleas, amores, sorpresas, bellos encabezamientos y la firma, &uacute;nica. Hace un tiempo, en Se&uacute;l, surgi&oacute; el primer caf&eacute; postal: Nuldam Space. Se replic&oacute; en Par&iacute;s, en el caf&eacute; Pli y en Buenos Aires, en el barrio de Retiro, con el agregado de que en la versi&oacute;n porte&ntilde;a funciona desde fin de 2025 la unidad postal oficial del Correo Argentino 5828. 
    </p><p class="article-text">
        La gestora de Caf&eacute; Posdata es <strong>Carolina Barone</strong>, oriunda de Venado Tuerto, Santa Fe, descendiente de trabajadores ferroviarios, estaci&oacute;n donde las cartas y las encomiendas formaban parte del cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        En Posdata hay noventa casillas postales, el men&uacute; te llega como una carta y la mayor parte de las actividades ocurren con diarios, libros, sobres, sellos, stickers, es decir: papel. Hay lapiceras para escribir y, eso s&iacute;, pod&eacute;s usar el c&oacute;digo QR para tener wifi.
    </p><p class="article-text">
        Un profesor de Mataderos, <strong>Nito Basavilbaso</strong>, le escribi&oacute; doce cartas a su amigo <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong>, en la ficci&oacute;n que protagoniz&oacute; <strong>Juan Palomino</strong> y que se repone de tanto en tanto. Se llama <em>Cartas para Julio</em> y su autor es <strong>Gabriel D. Lerman</strong> (Astier Libros).
    </p><p class="article-text">
        Dice Lerman, &ldquo;me cautiv&oacute; algo bastante obvio: la centralidad que ten&iacute;a el g&eacute;nero epistolar en las relaciones interpersonales de hace cincuenta a&ntilde;os. No hab&iacute;a chat ni Skype ni Internet, pero tampoco hab&iacute;a demasiado tel&eacute;fono, ni tanta posibilidad de retruque o reposici&oacute;n de informaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Era otra manera de estar en el mundo. &ldquo;En las cartas se expresaba todo: desde un complejo pensamiento te&oacute;rico, una posici&oacute;n pol&iacute;tica, hasta el listado de ropa a llevar en un viaje o un pedido de devoluci&oacute;n de libros o el aviso de olvido de un cepillo de dientes. Todo se pon&iacute;a en las cartas. Con posdatas, con adendas, con anexos, con notitas al margen. Y esperar una respuesta espec&iacute;fica por escrito pod&iacute;a significar el cambio de rumbo de una vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La correspondencia entre <strong>Albert Camus</strong> y <strong>Rene Char</strong>, dos de los mayores escritores franceses del siglo veinte, parece escrita hoy. &ldquo;Cada vez seremos un incordio para la frivolidad de los explotadores de nuestra &eacute;poca. Este nuevo combate apenas comienza y con &eacute;l, nuestra raz&oacute;n de existir&rdquo;, escribi&oacute; el segundo.
    </p><p class="article-text">
        <em>Ya te llegar&aacute;</em> fue el t&iacute;tulo que Eterna Cadencia eligi&oacute; para publicar la correspondencia que mantuvieron entre 1984 y 1997 lasescritoras <strong>Margo Glantz</strong> y <strong>Tamara Kamenszain</strong>, guardada en Princeton. El proyecto naci&oacute; con el encuentro de un pil&oacute;n de cartas separadas con una banda el&aacute;stica<strong>. </strong>La relaci&oacute;n de pareja, la dificultad de vivir de la escritura, el humor como ant&iacute;doto contra el malestar social, las cr&iacute;ticas literarias, los encuentros con pares, son algunos de los temas que recorren con gran vitalidad las plumas de dos mujeres que criaron hijos e hijas mientras escrib&iacute;an textos fundamentales de la literatura latinoamericana.
    </p><p class="article-text">
        Glantz es una de las voces imprescindibles de las letras mexicanas de los siglos XX y XXI. Tiene un estilo &ldquo;saltar&iacute;n y elegante&rdquo;, en tanto que la escritura de Tamara, una de las inspiradoras de la carrera Artes de la Escritura en la UNA, es m&aacute;s &ldquo;concentrada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las cartas tambi&eacute;n son testimonio de los horrores de la humanidad. Contaba el periodista espa&ntilde;ol <strong>Jes&uacute;s Ruis Nestosa</strong> que el jerarca nazi Himmler le escrib&iacute;a a su mujer que lamentaba &ldquo;tanto haberme olvidado de nuestro aniversario por primera vez&rdquo; y en otra, muy escueta: &ldquo;Viajo a Auschwitz. Besos: tu Heini&rdquo;. Ella: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo nos dejar&aacute; esta banda de jud&iacute;os para que podamos disfrutar de la vida?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Son legendarios los intercambios epistolares entre <strong>Alejandra Pizarnik</strong> y <strong>Silvina Ocampo</strong>, <strong>Virginia Woolf</strong> y <strong>Vita Sackville-West</strong>, o <strong>Simone de Beauvoir</strong> y <strong>Violette Leduc</strong>. Para ellas, era un modo de pensar en voz alta, de sostenerse, de existir en el campo literario que a veces las dejaba de lado. 
    </p><p class="article-text">
        Detenerse, escribir y leer sin urgencia nos da otra percepci&oacute;n de la temporalidad. Lo hacemos en un mundo que va cada vez m&aacute;s r&aacute;pido. Volver a las cartas es una manera de recuperar el tiempo, el pensamiento, la atenci&oacute;n y la conversaci&oacute;n amable.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/papeles-viajan_129_12952705.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Jan 2026 14:51:48 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7f24fc15-39e7-4d24-95a2-9c187a841918_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="80487" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7f24fc15-39e7-4d24-95a2-9c187a841918_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="80487" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Papeles que viajan]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7f24fc15-39e7-4d24-95a2-9c187a841918_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cartas,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pileta como paraíso o infierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pileta-paraiso-infierno_129_12932901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4816be46-f1db-41a8-bced-786e92ea9e6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134947.jpg" width="284" height="160" alt="La pileta como paraíso o infierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritura se sumerge y se desplaza como la natación, en estilos variados: crol, mariposa, pecho o espalda. Textos que tienen el ritmo de las brazadas, pasan del realismo de la superficie a un mundo oscuro y fantástico, para anclar en el agua.</p></div><p class="article-text">
        Pas&oacute; gran parte de enero y aunque no todos los d&iacute;as fueron muy calurosos, como otros veranos, persiste la idea de inscribirme en una pileta para nadar y refrescarme. Si no me atrapa la procastinaci&oacute;n, febrero ser&aacute; el mes del retorno a las aguas, as&iacute; que tendr&eacute; que ir renovando las antiparras.
    </p><p class="article-text">
        Me atrae poderosamente la escena de hundirme en el medio l&iacute;quido para mover cada parte de mi cuerpo. Y avanzar. Recuerdo algunas pel&iacute;culas sobre la relaci&oacute;n con el agua<em>: La ca&iacute;da</em>, de la argentina <strong>Luc&iacute;a Puenzo</strong>, <em>Las Nadadoras,</em> de la galesa <strong>Sally El Hosaini</strong>, y <em>Azul profundo</em>, del franc&eacute;s <strong>Luc Besson</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Nadar con estilo y soltura implica sintonizar bien el aparato que aspira y exhala. Algo as&iacute; ocurre con la m&uacute;sica y la escritura: requieren de un cierto tipo de respiraci&oacute;n para sonar mejor.
    </p><p class="article-text">
        La evocaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica me lleva inevitablemente a algunas obras literarias sobre el nado, que no es lo mismo que la nada. En una &iquest;(in)acci&oacute;n?, los incidentes suelen ser eventuales y en la otra, lo que hay es el mism&iacute;simo vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Hace un tiempo y durante tres d&iacute;as, <strong>Cristina Rivera Garza</strong> subi&oacute; a la web varios tuits con reflexiones personales sobre la nataci&oacute;n, pensamientos que acompa&ntilde;&oacute; de fotos suyas desplaz&aacute;ndose en una pileta descubierta. &ldquo;Entre flotar y caer, nadar. Uno va a la alberca (as&iacute; se dice pileta, en M&eacute;xico) para estar solo&rdquo;. La autora de <em>El invencible verano de Liliana</em> y ganadora del Pulitzer record&oacute; a su hermana, v&iacute;ctima de femicidio: &ldquo;Su patada era mejor que la m&iacute;a; pero mi brazada era m&aacute;s precisa que la suya. Nunca hablamos de la nataci&oacute;n como algo especial. Solo era algo que hac&iacute;amos. Juntas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El poeta argentino <strong>H&eacute;ctor Viel T&eacute;mperley</strong> escribi&oacute; en versos &nbsp;su experiencia m&iacute;stica y acu&aacute;tica: &ldquo;Soy el nadador, Se&ntilde;or, soy el hombre que nada./ Soy el hombre que quiere ser aguada/ para beber tus lluvias con la piel de su pecho./ Soy el nadador, Se&ntilde;or, bota sin pierna bajo el cielo/ para tus lluvias mansas,/ para tus fuertes lluvias,/ para todas tus aguas./ Las aguas como lonjas de una piel infinita,/ las aguas libres y la de los lagos, / que no son m&aacute;s que cielos arrastrados/ por tus ca&iacute;dos &aacute;ngeles. Soy el nadador, Se&ntilde;or, soy el hombre que nada./ Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las m&aacute;s bajas/ aguas de los arroyos se sostiene vibrante, /como en medio del aire&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me atravesaba un r&iacute;o/ me atravesaba un r&iacute;o&rdquo;, reitera Juan L. Ortiz en su duplicidad sintagm&aacute;tica. Ese espacio de comuni&oacute;n con la naturaleza es una fuente de profunda reflexi&oacute;n sobre la vida, el destino y el tiempo, la conexi&oacute;n que fluye de adentro y afuera y viceversa.
    </p><p class="article-text">
        Escribi&oacute; <strong>Marcelo Cohen</strong> sobre el volumen <em>Aguas</em><strong>,</strong> donde la flamante ganadora del Segundo Premio Nacional de Poes&iacute;a, <strong>Alicia Genovese</strong>, se arriesga a las zonas de contacto entre su oficio, la gram&aacute;tica y el deporte solitario. &ldquo;El agua es c&iacute;clica, pagana, y nadar es mantenerse entre la forma y el deseo, entre la afirmaci&oacute;n y el abandono: &rdquo;Abrir el pecho / empujando en c&iacute;rculos / los brazos. Las piernas / en &aacute;ngulo de rana / y echar hacia atr&aacute;s / lo que no acompa&ntilde;a; / acostumbrarse a perder&hellip;. Y as&iacute; como los versos van dejando los rigores de la sintaxis por el tempo de la brazada, los nombres particulares &ndash;traje de neoprene, gorra de goma, caparazones rotos, v&eacute;rtebra de ballena, filamentos de agua viva&ndash; dejan paso a los gen&eacute;ricos y los neutros, como en los dos d&iacute;sticos finales: y, otra vez, el grito / de mojadura bajo los chaparrones / el avance del drenaje del coraz&oacute;n / y la lluvia sobre lo seco.&ldquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>F&eacute;lix Bruzzone</strong>, el autor de <em>Barrefondo</em>, es un higienista de piscinas, un limpiador de piletas, para decirlo en criollo. Luego de 13 a&ntilde;os de ganarse la vida trabajando como piletero en barrios cerrados de Don Torcuato, en el conurbano, sale a flote con la escritura de <em>Piletas</em>, desde las profundidades de su experiencia. Hay algo siniestro y calmo en ese mundo callado y transparente en el que los ricos se refrescan.&nbsp;&nbsp;Bruzzone se percibe como una de tantas &ldquo;mucamas del agua sin cargas sociales&rdquo;, con frases sorprendentes como si fueran suaves olas, que convierten la dimensi&oacute;n realista en otra fant&aacute;stica. Frente a las consecuencias dram&aacute;ticas del cloro y el sol y los desplantes de clienta sirena rubia, aparecen otros otros personajes pintorescos o pat&eacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Piletas </em>es una especie de bit&aacute;cora que registra un abanico de an&eacute;cdotas y estampas en torno a un piletero, hom&oacute;nimo del autor, o rebautizado por la exleona <strong>Magui Aicega</strong>, &ldquo;la primera vez que le dije mi nombre entendi&oacute; &lsquo;Erik&rsquo; en lugar de &lsquo;F&eacute;lix&rsquo;. Desde entonces, para ella, y para las amigas a las que me recomienda, soy Erik, el piletero&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El&nbsp;portentoso cuento&nbsp;<em>El nadador</em>, del estadounidense <strong>John Cheever</strong>, narra un episodio en la vida de&nbsp;Neddy Merrill, un habitante adinerado de los suburbios, que decide regresar a su casa nadando, a trav&eacute;s de las piscinas de los vecinos de su barrio. A medida que avanza, comienza a darse cuenta de que algo no anda bien. El personaje (inmortalizado por <strong>Burt Lancaster</strong> en el cine) atraviesa lujosos pozos de agua en las afueras de la ciudad. Va con su traje de ba&ntilde;o nadando hacia su casa, cada vez m&aacute;s asombrado con las distintas atm&oacute;sferas, eras geol&oacute;gicas, temperaturas y memorias que se presentan.&nbsp;En ese viaje se encuentra con cosas inesperadas, pero evita reflexionar, deprimi&eacute;ndose cada vez m&aacute;s, recordando el pasado y sus problemas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Leanne Shapton</strong> recurre a su experiencia como nadadora profesional, en&nbsp;<em>Bocetos de nataci&oacute;n.</em><strong> </strong>No escribe la cr&oacute;nica de cuando entrenaba seis horas por d&iacute;a seis d&iacute;as a la semana. Su libro se estructura a partir del nado como una ruta o un idioma &uacute;til para entrar en todas partes, referirse a lo m&aacute;s hostil y lo m&aacute;s cercano. La nataci&oacute;n es un m&eacute;todo que emplea tanto en contarnos un momento cotidiano como en la elaboraci&oacute;n de una relaci&oacute;n amorosa o la indagaci&oacute;n de los cuerpos. 
    </p><p class="article-text">
        Evoca <strong>Leo Baldo</strong> una idea de <strong>Gast&oacute;n Bachelard</strong>: &ldquo;La fatiga es el destino del nadador&rdquo;. Y agrega que &ldquo;El salto en el mar reaviva, m&aacute;s que cualquier otro acontecimiento f&iacute;sico, los ecos de una iniciaci&oacute;n peligrosa (&hellip;). Es la &uacute;nica imagen exacta del salto en lo desconocido&rdquo;. Quien nad&oacute; en el mar, lejos de la orilla, como lo hicimos alguna vez junto a Mauro Aguilar, guardavidas de rescate extremo, seguramente sinti&oacute; la electricidad del peligro, pero la base radica en la respiraci&oacute;n bien controlada, con pulmones, alv&eacute;olos y bronquios trabajando sincronizadamente para mantener un nado &oacute;ptimo, r&iacute;tmico, bien acoplado al elemento en el cual se est&aacute;. Tal vez suceda lo mismo, no hay certezas, con la escritura. Una narraci&oacute;n que no respira bien, se ahoga como un nadador, pero siempre pod&eacute;s flotar y dejar que el resto venga y te impulse&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        La francesa <strong>Irma Pelatan</strong> hace de la nataci&oacute;n una po&eacute;tica en <em>El olor a cloro</em>. Nadadora habitual, practic&oacute; la disciplina acu&aacute;tica varios d&iacute;as a la semana en una pileta dise&ntilde;ada por Le Corbusier y mientras el cuerpo se fund&iacute;a con el agua en un ritmo singular, descubri&oacute; su voz: &ldquo;A la noche, insistente, me molestaba para dormir. En el agua, por lo general, se alejaba de la inquietud y llegaba al territorio de lo sin objeto, la flotaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La materialidad de la pileta se vuelve deseo, angustia, verg&uuml;enza, libertad, exploraci&oacute;n. &ldquo;Por debajo de la superficie enseguida me despliego, largo aire en burbujas brillantes y de repente una patada potente, luego ondulo, nado debajo de la superficie, llego a este espacio que adoro; luego de golpe; la libertad por delante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pileta-paraiso-infierno_129_12932901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2026 13:29:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4816be46-f1db-41a8-bced-786e92ea9e6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134947.jpg" length="12254" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4816be46-f1db-41a8-bced-786e92ea9e6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134947.jpg" type="image/jpeg" fileSize="12254" width="284" height="160"/>
      <media:title><![CDATA[La pileta como paraíso o infierno]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4816be46-f1db-41a8-bced-786e92ea9e6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134947.jpg" width="284" height="160"/>
      <media:keywords><![CDATA[Piletas,Nadar,Agua]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una relación íntima]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/relacion-intima_129_12915346.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/06df704c-d711-4c2b-8954-3d5dd92ebeea_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134502.jpg" width="563" height="316" alt="Una relación íntima"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La presencia de la emoción y el cuerpo en la relación de los músicos con sus instrumentos, a propósito del estreno del espectáculo “Historia contrabajo" y otras anécdotas sentimentales y sonoras. </p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Hubo un tiempo muy lejano en que los instrumentos musicales no se conoc&iacute;an entre s&iacute;. Cada familia viv&iacute;a separada de las otras, y, verdaderamente, era una l&aacute;stima&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El actor </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Juan Carlos Thorry</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> le daba su voz, as&iacute;, al relato de la obra musical</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> P&iacute;colo, Saxo y Compan&iacute;a</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, con la que muchos de quienes vivimos nuestra infancia en los a&ntilde;os 1960/70 nos acercamos por primera vez a la m&uacute;sica cl&aacute;sica. Fue parte de la educaci&oacute;n sentimental de las generaciones X y Baby Bommers. Recuerdo ese texto como un poema que, de tanto repetirlo, se te graba. </span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b144c739-4831-404b-a03e-7836e1a43194_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Fueron los peque&ntilde;os violines quienes, por casualidad, descubrieron que no eran los &uacute;nicos instrumentos en el Reino de la m&uacute;sica&rdquo;, segu&iacute;a Thorry. &ldquo;Un d&iacute;a, muy entusiasmados, fueron a buscar al abuelo Contrabajo: Abuelo, abuelo -dijeron los Violines-, &iquest;a que no sabes qu&eacute; pasa?&hellip; Est&aacute;bamos paseando y, de pronto, en la otra orilla del r&iacute;o, vimos unos instrumentos que no se nos parecen en nada, pero hablan una m&uacute;sica muy bonita&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">As&iacute; que solo se tratar&iacute;a de cruzar el r&iacute;o, para conocerse, intercambiar impresiones y entenderse. Lo escuchamos tantas veces en el tocadiscos de marca Continental junto a mis dos hermanas, que lleg&oacute; un momento en que la fritura que produc&iacute;a la p&uacute;a sobre el long play rayado sonaba m&aacute;s fuerte que la m&uacute;sica. Era algo usual que ocurr&iacute;a entonces por la delicadeza de los discos.</span>
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica no s&oacute;lo se escucha y aprende con los o&iacute;dos sino con todo el cuerpo, como ense&ntilde;an las maestras en las aulas. Bailando, saltando, marchando, moviendo cabezas, tronco, cadera, brazos y piernas. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En 1957, en su apogeo pleno como compositor, el autor franc&eacute;s </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Andr&eacute; Popp</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (1924-2014) cre&oacute; una obra sinf&oacute;nica para iniciar al p&uacute;blico infantil en la m&uacute;sica cl&aacute;sica. Puso manos a la obra y con su amigo </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Jean Broussolle </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">crearon el cuento musical mencionado.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La evocaci&oacute;n surgi&oacute; la noche de la semana pasada en que fui al estreno del espect&aacute;culo </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Historia contrabajo</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, en el que con la direcci&oacute;n de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>C&eacute;sar Brie</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, su sobrino Pablo cuenta c&oacute;mo es andar por la vida con semejante instrumento. Y, por supuesto, Lo primero que nos cuenta el m&uacute;sico y actor es que el contrabajo es una pesada carga, un armatoste que adem&aacute;s de su belleza sonora, da&nbsp;mucho trabajo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El rechazo&nbsp;a trasladarlo de los choferes de bondis, taxis y remises, la pregunta insistente sobre porqu&eacute; no eligi&oacute; tocar la flauta, la otra sobre la potencial funci&oacute;n del instrumento de alojar a los muertos en su interior, como si fuera el caj&oacute;n de una funeraria, son algunos de los temas que se desarrollan con m&uacute;sica y humor en el subsuelo de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El camar&iacute;n de las musas</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Roberto es gordo, macizo y picaflor: galante con la trompeta, acaramelado con la tuba, se hace el chistoso con la viola y el seductor con las damas con su mole imponente y su voz de bajo. Para empeorar las cosas, le gusta viajar. Si no hay coche nos vamos en bus y si en bus no se puede viajamos en cami&oacute;n&rdquo;. Roberto nunca va solo, con &eacute;l viaja Pablo, flaco, debilucho, el que se ocupa de horarios, boletos, asientos, reservas. Roberto es harag&aacute;n, el contrabajista lo carga, lo sube, lo baja, lo cuida, lo viste, lo afina&ldquo;. El ejecutante del cord&oacute;fono ha sufrido de tendinitis, se ha peleado con colectiveros, conductores y azafatas, ha llegado tarde contra su voluntad a los ensayos y conciertos: &rdquo;El gordo va con el equipaje&ldquo;, lo discriminan. -&rdquo;Pero si le pagu&eacute; el boleto&ldquo;, se sorprende su protector.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"> Los sufrimientos terminan cuando la m&uacute;sica comienza. Si Pablo toca y Roberto canta, todo lo dem&aacute;s deja de existir.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pablo abraza a su compa&ntilde;ero, y lo convierte en personaje de un espect&aacute;culo que, &eacute;l dice, tiene cuerda para rato.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La relaci&oacute;n de los m&uacute;sicos con sus instrumentos es s&uacute;per &iacute;ntima, de cuerpo y alma, suponiendo que &eacute;sta existe. A su viol&iacute;n Guarneri,&nbsp;</span><strong>Niccol&ograve; </strong><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Paganini</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> lo llamaba &ldquo;Il Cannone&rdquo; por su potencia y resonancia. Su ejecutante estaba tan enamorado de &eacute;l, se dice, que lo llamaba &ldquo;mi esposa&rdquo;. Lo cuidaba con obsesi&oacute;n y ten&iacute;a ataques de ansiedad cuando se separaban. Era tan exigente cuando interpretaba una obra que sol&iacute;a romperle las cuerdas para seguir tocando.&nbsp;En su lecho de muerte, pidi&oacute; que los enterraran juntos. Se lo llevaron, toc&oacute; una pieza y dio su &uacute;ltimo suspiro.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Jimi Hendrix</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> ten&iacute;a una relaci&oacute;n apasionada y er&oacute;tica con su guitarra Fender Stratocaster: la tocaba con los dientes, la espalda, y hasta la incendi&oacute; en el escenario durante los festivales de Woodstock y Monterrey. La viola del autor de &ldquo;Hey Joe&rdquo;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">era una extensi&oacute;n de su cuerpo y de sus emociones y juntos crearon shows ic&oacute;nicos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Yo-Yo Ma</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> hablaba de su chelo como de un &ldquo;amigo &iacute;ntimo&rdquo;. Cuando el instrumento se da&ntilde;aba, sent&iacute;a como si un ser querido hubiera sido herido.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Blackie, la famosa guitarra de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Eric Clapton</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, era una Fender Stratocaster de 1956 a la que el m&uacute;sico consideraba su &ldquo;beb&eacute;&rdquo;. Cuando la vendi&oacute; en 2004, el autor de &ldquo;Layla&rdquo; recaud&oacute; millones de d&oacute;lares para su fundaci&oacute;n de rehabilitaci&oacute;n para adicciones. El centro de salud mental fue fundado por &eacute;l tras superar sus propias luchas y la p&eacute;rdida de su hijo, Conor, que inspir&oacute; la canci&oacute;n &ldquo;</span><a href="https://www.google.com/search?q=Tears+in+Heaven&amp;rlz=1C1CHZN_esAR991AR991&amp;oq=eric+clapton+fundacin&amp;gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIJCAEQIRgKGKABMgkIAhAhGAoYoAEyCQgDECEYChigAdIBCDU1NTlqMGo3qAIAsAIA&amp;sourceid=chrome&amp;ie=UTF-8&amp;ved=2ahUKEwisyKKsxYuSAxV2GbkGHaKEE6AQgK4QegQIARAD" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">Tears in Heaven</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">&rdquo;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ringo Starr</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> es conocido por su estilo relajado y su bater&iacute;a es la &ldquo;mejor amiga&rdquo;. Dicen que el ritual de uno de los fabulosos cuatro antes de subir al escenario es hablar con ella.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El legendario saxofonista de jazz, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Charlie Parker</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, prolongaba su cuerpo en el saxo. Tocaba melod&iacute;as complejas sin mirar las notas, solo con la memoria muscular. Como escribi&oacute; </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Julio Cort&aacute;zar</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en el cuento &ldquo;El perseguidor&rdquo;, del libro de 1959 </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Las armas secretas</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>,</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> que lo evoca. &ldquo;Esto lo estoy tocando ma&ntilde;ana&rdquo; dice un ficticio Johnny Carter. Metaforiza as&iacute; &nbsp;la relaci&oacute;n del refinado solista con su instrumento tenor, el tiempo, la creaci&oacute;n y una dimensi&oacute;n existencial m&aacute;s all&aacute; de la ordinaria. De ese modo, el escritor amante del jazz, que emple&oacute; las caracter&iacute;sticas de este g&eacute;nero en su literatura, revela que el arte permite experimentar el futuro como un presente eterno a trav&eacute;s del cuerpo.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/relacion-intima_129_12915346.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jan 2026 13:11:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/06df704c-d711-4c2b-8954-3d5dd92ebeea_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134502.jpg" length="55300" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/06df704c-d711-4c2b-8954-3d5dd92ebeea_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134502.jpg" type="image/jpeg" fileSize="55300" width="563" height="316"/>
      <media:title><![CDATA[Una relación íntima]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/06df704c-d711-4c2b-8954-3d5dd92ebeea_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134502.jpg" width="563" height="316"/>
      <media:keywords><![CDATA[Jimi Hendrix,Eric Clapton]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
