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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Laura Haimovichi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/laura-haimovichi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Laura Haimovichi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Crónica roja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cronica-roja_129_13189158.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f824f1a-d5f0-4977-b7ea-8c00b157a18c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Crónica roja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un mapeo de vivencias de personas menstruantes se convierte en tres fanzines que publica la editorial Ginecosofía.  Son poemas, ensayos breves y experiencias sobre el sangrar cíclico y se titula “Polifonía menstrual”. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El nacimiento de Occidente fue tambi&eacute;n el de la separaci&oacute;n entre la carne y lo sagrado. De un lado, lo profano; de otro, lo divino y lo casto virginal&rdquo;. La ausencia de la menstruaci&oacute;n presente en la figura de la virgen Mar&iacute;a. &ldquo;No menstr&uacute;a, pero s&iacute; da hijos. Es la Santa por excelencia, sin el temblor visceral del sexo y los fluidos de un cuerpo vivo&rdquo;, dice en uno de los textos <strong>Sof&iacute;a Cuggiari</strong>, psicoterapeuta, performer y escritora, autora del libro <em>Temblar: relatos er&oacute;ticos</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Con tapas rojas, brillantes, leo con voracidad. La sangre menstrual &ldquo;pas&oacute; de sagrada en algunas comunidades antiguas -a veces relacionada con la organizaci&oacute;n comunal- a significar la inmundicia y maldici&oacute;n a partir del Medioevo. La menstruaci&oacute;n como fen&oacute;meno de los cuerpos &uacute;tero-portantes quedara asociada a enfermedad, disfuncionalidad, desecho, contaminaci&oacute;n, defecci&oacute;n, hasta <em>flujo peligroso</em> que pod&iacute;a llegar a arruinar sembrados o matar animales. En &eacute;poca de caza de brujas, sin dudas, obra del diablo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el siglo Diecinueve, tenemos a la histeria como desorden pasional estrella por la presencia del &uacute;tero. Hysteron: del griego, &uacute;tero. La menstruaci&oacute;n como estado sospechoso, patol&oacute;gico. Y en el presente, esa repetici&oacute;n mensual, ese rito de iniciaci&oacute;n cuando la primera vez convierte a las chicas en &ldquo;se&ntilde;oritas&rdquo;, sale del cl&oacute;set, se toma conciencia, se le pone palabras y se empieza a hablar, convoca grupalmente a reuniones de tribu femenina.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo reapropiarse sin culpa, ni miedo, de un cuerpo que est&aacute; significado en la historia del heteropatriarcado, constitutivamente enfermo, defectuosamente pasional o funcionalmente &uacute;til para procrear? &iquest;Cu&aacute;l es la consecuencia de esta separaci&oacute;n entre el propio sentir y el impuesto?, se pregunta Cuggiari. 
    </p><p class="article-text">
        Tal vez un mecanismo de huida frente a la insoportable enajenaci&oacute;n y la posibilidad de confiscarlo de un discurso new age, neoliberal, para producir una subversi&oacute;n, una contra historia.
    </p><p class="article-text">
        En un servicio penitenciario, la doula y docente de yoga <strong>Bel&eacute;n Risau</strong> coordin&oacute; un taller de gesti&oacute;n menstrual con su colega <strong>Natalia Dieguez</strong>. Asist&iacute;an oficialas y administrativas, de m&aacute;s de treinta y cinco a&ntilde;os. Tambi&eacute;n cadetas y un hombre. &ldquo;Para ellas sentir no era una opci&oacute;n. No pueden mostrar debilidad. Si lo hacen las acusan de mariconear. No pueden pedirse ni un d&iacute;a. Tienen que negar sus necesidades para demostrar que pueden hacer las cosas tanto como los hombres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las cadetas estaban m&aacute;s familiarizadas con elementos menstruales sustentables y conoc&iacute;an mejor sus derechos. &ldquo;Muchas nos consultaron por referencias de ginec&oacute;logos/as amigables. No quieren atenderse en la obra social del servicio&rdquo;. Los primeros meses despu&eacute;s del ingreso a la Escuela es muy com&uacute;n que se les corte la menstruaci&oacute;n por el susto que tienen. Es que &ldquo;solo por respirar&rdquo; las pueden castigar con la suspensi&oacute;n de las salidas. No deben ser madres (si lo son, lo ocultan), porque es un requisito indispensable. Un oficial var&oacute;n le cuenta a Risau que ahora los estudiantes pueden denunciar si sufren violencia o abuso. Exageran, opina. En su &eacute;poca, &ldquo;se la bancaban m&aacute;s&rdquo; y &ldquo;no hac&iacute;an esc&aacute;ndalo por cualquier cosa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Menstruar con discapacidad tiene sus particularidades. <strong>Andrea Medina</strong>, fundadora de <a href="http://www.disversa.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">www.disversa.com</a>, primer medio digital chileno sobre discapacidad e inclusi&oacute;n, resalta dificultades que son ausencia de derechos. &ldquo;No puedes ir a un ba&ntilde;o p&uacute;blico, aunque haya uno; no puedes cambiar la toalla higi&eacute;nica, aunque tengas acceso a ellas, o no te puedes cambiar la ropa manchada, aunque tengas ropa limpia&rdquo;. Son barreras sociales y econ&oacute;micas. Sus derechos sexuales y reproductivos est&aacute;n invisibilizados. &ldquo;Se nos infantiliza o se nos considera personas asexuadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Debemos avanzar hacia una sociedad incluyente, reconociendo que las personas somos diversas y aut&oacute;nomas, tenemos cuerpos diferentes y requerimos de insumos menstruales accesibles&rdquo;. Una comunidad que las deje de ignorar o subestimar, donde se les hable a ellas, no a sus acompa&ntilde;antes.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Polifon&iacute;a menstrual</em>, proyecto de <strong>Pabla San Mart&iacute;n</strong>, <strong>Meli Wortman</strong> y la colaboraci&oacute;n de <strong>Flor Monfort</strong>, se leen las an&eacute;cdotas de una deportista ol&iacute;mpica, un pibe trans, una se&ntilde;ora privada de su libertad, una monja. El dolor de la endometriosis y el fluir natural de quienes no padecen. &nbsp;Variaciones moradas de una fase com&uacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Eso que dicen las cosas</em> y<strong> </strong><em>La f&oacute;rmula de la mariposa (o ensayo frustrado sobre la menstruaci&oacute;n</em><strong> </strong>son novelas escritas por la abogada y m&aacute;gister en Bio&eacute;tica<strong> Natalia Monasterolo</strong>, de C&oacute;rdoba. El t&iacute;tulo de su trabajo en <em>Polifon&iacute;a</em> es &ldquo;Menstruar en el manicomio&rdquo; y aborda las vivencias de las pacientes m&aacute;s antiguas en el servicio de Salud Mental del Hospital Regional de Bell Ville.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Recibieron calzones. Algunos grandes o apretados fueron destinados para los d&iacute;as del duende o del diablo. Las que se negaron a usarlos, arranc&aacute;ndoselos como se quita una venda in&uacute;til, fueron tratadas de salvajes, &rdquo;animalitos de Dios, para usar el idioma de la compasi&oacute;n&ldquo;, se&ntilde;alaba una trabajadora.
    </p><p class="article-text">
        Cuando llegaron, muchas de ellas provenientes de la colonia bonaerense Montes de Oca, del oeste bonaerense, ya hab&iacute;an gestado y parido &ldquo;bebitos&rdquo; que brillaban por su ausencia. &nbsp;Algunas se refer&iacute;an a ellos como &ldquo;mu&ntilde;ecas&rdquo;. Dec&iacute;an &ldquo;acaaaa&aacute;&rdquo; y se tocaban la entrepierna. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las carnes enmohecidas, las pieles juntas, los m&uacute;sculos flojos, la palabra negada, la infancia estirada, vitalicia, la rebeld&iacute;a aplacada. &iquest;C&oacute;mo se fabrica un humano en el bald&iacute;o de los sentidos?&rdquo;, interroga Monasterolo.
    </p><p class="article-text">
        En 2021, se cambi&oacute; en el pa&iacute;s la regulaci&oacute;n sobre contracepci&oacute;n quir&uacute;rgica y se estipul&oacute; que las personas con discapacidad tienen derecho a recibir informaci&oacute;n adecuada y a brindar consentimiento para la realizaci&oacute;n de tales pr&aacute;cticas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando a las internas de Bell Ville les anudaron las trompas, los d&iacute;as del duende y del diablo se llenaron de algodones, en las camas, en el piso, en el fondo del inodoro. La cirug&iacute;a del nudo volvi&oacute; abundantes las menstruaciones y los trapitos no alcanzaron para absorber la viscosidad de la sangre. Como si el cuerpo, rebelde, despu&eacute;s de tanto se revelara. Vomit&oacute; fuego, fuego l&iacute;quido y morado. Un drag&oacute;n con la garganta en la vagina, una garganta fabulosa, m&iacute;tica&rdquo;. Tuvieron que ponerle un nombre a la menstruaci&oacute;n, a la regla, a su furia l&iacute;quida.
    </p><p class="article-text">
        La llamaron Pepa. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cronica-roja_129_13189158.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2026 03:01:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Menstruación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Excéntrico, juguetón y cotidiano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/excentrico-jugueton-cotidiano_129_13174463.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13837808-350a-4009-81b9-ba008102493f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Excéntrico, juguetón y cotidiano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las artes de Pedro Friedeberg tenían su estilo y su chiste. Un documental recuerda la figura exótica del artista mexicano en su día a día.
</p></div><p class="article-text">
        La joven <strong>Liora Spilk</strong> film&oacute; una pel&iacute;cula sobre la tierna relaci&oacute;n que estableci&oacute; con <strong>Pedro Friedeberg</strong>, el artista visual mexicano de origen jud&iacute;o alem&aacute;n. Puede verse en Netflix y narra la amistad de la cineasta con el creador que falleci&oacute; el &uacute;ltimo marzo, a los 90 a&ntilde;os. No lo conoc&iacute;a y descubr&iacute; su universo fant&aacute;stico gracias a mi hermana Marcela.
    </p><p class="article-text">
        La historia audiovisual retrata con ternura, gracia e intimidad a esta figura fant&aacute;stica del arte azteca del siglo veinte. Narra el arco que va de cierta atm&oacute;sfera de indiferencia frente a la realizadora hasta la construcci&oacute;n de una s&oacute;lida amistad.
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        &ldquo;Hay mucho en que inspirarse, m&aacute;s bien afuera de los museos&rdquo;, dec&iacute;a el hombre fascinante que naci&oacute; en Florencia, Italia, en 1936. Simp&aacute;tico, elegante, se calzaba un sombrerito distinto en cada ocasi&oacute;n y lleg&oacute; a producir m&aacute;s de 5 mil obras: escaleras que no llegan a ninguna parte, sillas-manos ergon&oacute;micas, altares y cajas esot&eacute;ricas, tipograf&iacute;as ilustradas forman parte de su estilo ecl&eacute;ctico y maximalista. Se consideraba un mal dibujante, (&ldquo;Nunca hubiera podido con la Capilla Sixtina&rdquo;), pero fue prol&iacute;fico y atrevido.
    </p><p class="article-text">
        <em>De vacaciones por la vida</em>, como sus memorias, se llama la muestra que puede verse en estos d&iacute;as en el Museo de los Pintores de Oaxca y estar&aacute; abierta hasta el 2 de agosto. Su casa, a la que se accede por una habitaci&oacute;n de azul pleno, est&aacute; en San Miguel de Allende, Guanajuato, y guarda su legado. Avioncitos, cajas de f&oacute;sforos, juguetes, objetos geom&eacute;tricos y barrocos, m&aacute;s su propia producci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A los dos a&ntilde;os lleg&oacute; con la familia a su pa&iacute;s de adopci&oacute;n huyendo de la persecuci&oacute;n nazi. La tierra azteca fue la fuente principal de inspiraci&oacute;n de Pedro. Entr&oacute; a la Universidad Iberoamericana para estudiar arquitectura, aunque abandon&oacute; la carrera luego de que el escultor <strong>Mathias Goeritz</strong> reconoci&oacute; su talento excepcional.
    </p><p class="article-text">
        Su infancia inmigrante transcurri&oacute; junto a una comunidad extranjera que inclu&iacute;a cient&iacute;ficos e ingenieros ateos, teosofistas vegetarianos, millonarios estadounidenses y arist&oacute;cratas europeos extravagantes, seguidores de <strong>Peter D. Ouspensky</strong>, <strong>Emanuel Swedenborg</strong>, <strong>George Gurdjieff</strong> y <strong>Le&oacute;n Trotsky</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Se nutri&oacute; de los colores y las celebraciones originarias y criollas mexicanas. &Eacute;l mismo era un exc&eacute;ntrico. En los a&ntilde;os 60 integr&oacute; el grupo Los Hartos, irreverente y experimental, en contra de la rigidez del arte moderno. Fue un referente del surrealismo latinoamericano. Elementos bizarros, on&iacute;ricos y una fina iron&iacute;a imprimen su obra.
    </p><p class="article-text">
        De la popular <strong>Mar&iacute;a F&eacute;lix</strong> consideraba que &ldquo;era un fen&oacute;meno, bastante desagradable por mala actriz, intensa e impositiva, pero era bell&iacute;sima y conversba hasta las tres, cuatro, cinco de la madrugada, como una reina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Friedeberg siempre integr&oacute; su experiencia de vida al gran cuerpo radial de obra. Fue testigo y part&iacute;cipe en la evoluci&oacute;n de la historia del arte de la segunda mitad del siglo veinte. Fue amigo de <strong>Man Ray</strong>, <strong>Max Ernst</strong>, <strong>Leonora Carrington</strong>, <strong>Remedios Varo</strong>, <strong>Alexander Calder</strong>, <strong>Kenneth Noland</strong>, <strong>Saul Steinberg</strong> y <strong>Salvador Dal&iacute;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        En una carta manuscrita en Par&iacute;s el 23 de febrero de 1963, el poeta franc&eacute;s <strong>Andr&eacute; Breton</strong> describi&oacute; la mano-silla, la obra m&aacute;s conocida de Friedeberg, como surreal. Incluy&oacute; elementos pop en sus trabajos, mucho antes de que fueran vanguardia. Su obra comenz&oacute; como una protesta contra la arquitectura funcionalista y minimalista derivada de la Bauhaus. Exalt&oacute; el academicismo; se enamor&oacute; del adorno y en su lucha contra el buen gusto explor&oacute; la desmesura y los pliegues del neobarroco.
    </p><p class="article-text">
        La diversidad de los soportes y los temas en la obra de Friedeberg lo colocaron en el centro creativo desde el cual, como los rayos del sol, surgi&oacute; cada una de sus l&iacute;neas de exploraci&oacute;n est&eacute;tica manifestadas en objetos que, en una primera mirada, parecieran ser de estilos y autores diferentes; sin embargo, en su conjunto, componen un cuerpo coherente.
    </p><p class="article-text">
        Las creaciones de Friedeberg son configuraciones muy diferentes entre s&iacute;: esculturas de madera tallada y oro de hoja, ensamblajes de objetos encontrados y transformados, geometr&iacute;as con volumen y caracter&iacute;sticas antropom&oacute;rficas, torres con elementos multiculturales similares a los objetos virtuosos de las catedrales u objetos que evocan a la infancia y el juego. Tambi&eacute;n obras bidimensionales -pinturas de escenograf&iacute;as teatrales barrocas y manieristas con un toque de surrealismo, de espacios creados de poemas y citas escritas- o con figuras geom&eacute;tricas que se repiten desde uno o dos puntos focales, de planos arquitect&oacute;nicos y urban&iacute;sticos, a veces con m&uacute;ltiples puntos de fuga.
    </p><p class="article-text">
        Dise&ntilde;&oacute; series y variaciones o proyectos de arquitectura idealizados que revisitan los estilos hist&oacute;ricos, acompa&ntilde;ados de listas y diagramas enciclop&eacute;dicos, f&oacute;rmulas matem&aacute;ticas, s&iacute;mbolos ling&uuml;&iacute;sticos, m&iacute;sticos y religiosos, animales reales y fant&aacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        La casi totalidad de su obra est&aacute; marcada por el cinismo, un profundo sentido del humor gracioso e ir&oacute;nico, una afici&oacute;n al absurdo y lo rid&iacute;culo, incluso sobre s&iacute; mismo. El humor y la erudici&oacute;n fueron una constante en la personalidad de este hacedor de una vida abierta, multicultural.
    </p><p class="article-text">
        Artista sui generis, dialog&oacute; con el arte &oacute;ptico, el arte pop y el conceptualismo, pero retom&oacute; el ornamento como el elemento principal al volver la historia de la imagen desde el Renacimiento al presente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/excentrico-jugueton-cotidiano_129_13174463.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 10:09:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Excéntrico, juguetón y cotidiano]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si la muerte pisa mi huerto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/si-muerte-pisa-huerto_129_13152872.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f30e43f6-b557-4bae-a5d9-dcdaacb23db2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Si la muerte pisa mi huerto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como el acto sexual, la muerte nos arranca de nuestra vida cotidiana. La relación no es arbitraria. George Bataille concibió el orgasmo como un momento de vacío similar a la muerte, una sensación abismal, aunque con retorno. Pero parece que la muerte es un tabú aún mayor que la sexualidad.</p></div><p class="article-text">
        Leyendo el libro <em>Morir en Occidente, desde la Edad Media hasta nuestros d&iacute;as</em>, de <strong>Phillipe Ari&eacute;s</strong>, rastreo el lento pero cambiante camino en que la muerte dej&oacute; de ser un hecho domesticado, de familiaridad, cercano, y pas&oacute; a convertirse en un acontecimiento prohibido, maldito y desterrado.
    </p><p class="article-text">
        Las ideas din&aacute;micas frente al final fueron armando diferentes formas de convivencia con el final de la vida. La configuraci&oacute;n actual parece convertir a la huida de ella en la gran tentaci&oacute;n, tanto para pensarla como para conectarse desde las emociones.
    </p><p class="article-text">
        Estudiar la licenciatura en Artes de la Escritura en la (p&uacute;blica y gratuita) Universidad Nacional de las Artes, me regala lecturas magn&eacute;ticas, como me ocurri&oacute; con el volumen de Ari&eacute;s. Curso un seminario sobre las variaciones acerca del mito sobre Eva Per&oacute;n, que dictan <strong>Paola Cort&eacute;s Roca</strong> y <strong>Mart&iacute;n Kohan</strong>. Reflexionamos sobre las disputas por su cuerpo embalsamado, las tretas del poder y de los d&eacute;biles para apropiarse, unos para esconderla; los otros para convertirla en bandera. Descubro en el libro de Ari&eacute;s y en la clase la diacron&iacute;a particular de nuestra cultura sobre las diferentes percepciones acerca de la muerte, tan diferentes de otras concepciones.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente moria en la casa, a la vista de la familia, incluso de los ni&ntilde;os. Lo que marca Ari&eacute;s es que la modernidad establece una interdicci&oacute;n y la muerte se convierte en un fen&oacute;meno que no hay que ver, se separa de la vida cotidiana, se privatiza, el enfermo se va al hospital o a la cl&iacute;nica y el final se institucionaliza&rdquo;, dice Cort&eacute;s Roca. Sin embargo, advierte que de 1870 en adelante se sacan fotos de muertos y fotos de fantasmas, vinculadas al espiritismo, como si fueran rituales de momificaci&oacute;n o embalsamamiento. &ldquo;En lo contempor&aacute;neo, se roban las fotos de las figuras p&uacute;blicas muertas y se las exhibe, como si volvi&eacute;ramos a un momento medieval. Por otra parte, hay una mayor interdicci&oacute;n en retratar la muerte que la genitalidad, para la pornograf&iacute;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para los pueblos originarios de Am&eacute;rica, la muerte no era castigo ni final, sino una etapa m&aacute;s del ciclo de la vida. El Mictl&aacute;n era el inframundo al que iban casi todos los muertos. <strong>Diego de Rivera</strong> construy&oacute; un museo con la arquitectura y los artefactos de ese legado ajeno al infierno cristiano. Ese universo fue pensado como un viaje con distintos niveles, en el que descansabas con la compa&ntilde;&iacute;a de un perro. El kit para ese viaje era agua para la sed, jade y amuletos de papel. El sincretismo fue anudando esa idea de la muerte c&iacute;clica con la otra m&aacute;s solemne y angustiante de la conquista cat&oacute;lica. 
    </p><p class="article-text">
        Las creencias animistas del pueblo Toraja, en Indonesia, nubla el l&iacute;mite entre este mundo y uno pr&oacute;ximo, transformando a los muertos en seres que contin&uacute;an presentes en el aqu&iacute; y ahora. Un funeral puede insumir meses o a&ntilde;os, los cuerpos permanecen en los hogares y los vivos cuidan los restos.
    </p><p class="article-text">
        La adolescente Malena (<strong>Carolina Setton</strong>) es uno de los personajes de la obra teatral <em>Mam&aacute; planta</em>, con dramaturgia y direcci&oacute;n de <strong>Nicol&aacute;s Blandi</strong>, en el teatro El grito. La pieza comienza con la interpretaci&oacute;n de la canci&oacute;n <em>La llorona</em>. La chica, de dulce y potente voz, perdi&oacute; a su madre y convierte su dolor en una idea: su progenitora se convirti&oacute; en una planta que vive en el jard&iacute;n semi abandonado de la casa. Ese recurso emocional para experimentar la muerte le provoca la ilusi&oacute;n de volverse ella misma una planta para lograr el reencuentro. Su plan es enterrarse para volver a crecer como su madre.
    </p><p class="article-text">
        La dificultad de asumir la mortalidad est&aacute; plasmada en la pel&iacute;cula de <strong>Robert Semeckis</strong>, <em>La muerte le sienta bien</em> (1992) protagonizada por <strong>Meryl Streep</strong>, <strong>Goldie Hawn</strong> y <strong>Bruce Willis</strong>. En la comedia sat&iacute;rica, las mujeres beben una poci&oacute;n m&aacute;gica para evitar la vejez y la muerte. Es una recreaci&oacute;n exagerada de la industria cosm&eacute;tica y quir&uacute;rgica que alienta a las mujeres, sobre todo, a intentar detener el paso del tiempo y la llegada de la Parca. 
    </p><p class="article-text">
        No concebirla en nuestro pensamiento, sin embargo, hace que su presencia sea un fantasma con mayor fuerza. El intento de asesinarla siempre es en vano, pura fantas&iacute;a. La muerte es. Ocurrir&aacute;, por m&aacute;s empe&ntilde;o que pongamos en contradecir su existencia. Negarla no colabora con la posibilidad de convivir lo m&aacute;s amablemente posible con ella.
    </p><p class="article-text">
        Obvio que no nos referimos a las muertes por masacres, genocidios, epidemias, experiencias que padecimos y conocemos bien. No hablamos de la muerte por goteo que provocan la miseria y el hambre, las desapariciones. Tampoco de los finales abruptos y violentos, como los femicidios. Hablamos de la muerte &ldquo;natural&rdquo;, la que llega luego de la vejez, por la decadencia natural de la vida. 
    </p><p class="article-text">
        Tal vez una de las p&eacute;rdidas m&aacute;s dif&iacute;ciles sea la de los hijos. En su biograf&iacute;a, <em>Memorias de un zapatero</em>, <strong>Ricky Sarkany</strong> relata c&oacute;mo fue la enfermedad y la muerte a los treinta y un a&ntilde;os de una de sus cuatro hijas, Sof&iacute;a, quien padeci&oacute; c&aacute;ncer. &ldquo;El duelo puede ser luminoso&rdquo;, escribi&oacute;. Trascender no se trata de perpetuar un apellido, sino de dejar algo con sentido.&nbsp;En su &uacute;ltima fiesta de cumplea&ntilde;os, ella le dijo a su familia: la vida me dio mucho m&aacute;s de lo que me sac&oacute;. Y aunque los primeros tiempos fueron duros, el zapatero aprendi&oacute; que el amor no muere.
    </p><p class="article-text">
        Nunca fue f&aacute;cil morir, pero las sociedades tradicionales acompa&ntilde;aban a moribundo. Hoy, salvo excepciones, se les quita el estatuto de personas. No se los escucha ni se los toca. Quienes disponen de dinero se ponen en manos de &ldquo;especialistas&rdquo; en prolongar la vida. Se embarcan en un hacer y hacer imparable, que s&oacute;lo dan resultados epid&eacute;rmicos. Lo cuerpos siguen su marcha. &iquest;Se vive m&aacute;s? S&iacute;. &iquest;Mejor? La respuesta es la duda.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF&nbsp;</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/si-muerte-pisa-huerto_129_13152872.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 01:07:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Si la muerte pisa mi huerto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[muerte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mapa del clítoris]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mapa-clitoris_129_13135657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f25ca14-a84b-4bb5-9f3a-d36f960a35b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El mapa del clítoris"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tres décadas después de que se realice un estudio sobre el pene, diseñan el primer mapa de la red completa de los 8 mil nervios del clítoris, el órgano sexual del aparato genital femenino.</p></div><p class="article-text">
        Ya fuimos a la luna, inventamos internet y la Inteligencia Artificial, descubrimos como renovar las energ&iacute;as, pero hubo que esperar hasta ahora para conocer los detalles del cl&iacute;toris. A trav&eacute;s de rayos X y de escaneos 3D de dos pelvis cedidas por medio de un programa de donaci&oacute;n de &oacute;rganos, <strong>Ju Young Lee</strong>, investigadora asociada del Centro M&eacute;dico Universitario de Amsterdam, Holanda, dio un salto cualitativo en el conocimiento de la salud sexual y reproductiva de las mujeres y personas que tienen vulva (como hombres trans e intersexuales).
    </p><p class="article-text">
        Descubierto en 1559, el anatomista italiano <strong>Mateo Colombo</strong> lo diseccion&oacute; por primera vez. Pero&nbsp;pas&oacute; mucho tiempo hasta que se lo jerarquiz&oacute; como &oacute;rgano del placer. Hoy se sabe que cuando est&aacute; erecto puede llegar a medir entre 10 y 12 cent&iacute;metros de longitud, aunque tres cuartas partes est&aacute;n en el interior.
    </p><p class="article-text">
        El orgasmo se construye en el cerebro.<strong>&nbsp;</strong>A partir de la estimulaci&oacute;n de zonas genitales y extra genitales, se edifica el mapa er&oacute;tico-sensorial, que es singular en cada una. Es el cuerpo completo el territorio de las sensaciones de bienestar y placer er&oacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El cl&iacute;toris, es un &oacute;rgano ligado a la posibilidad de ejercer los derechos sexuales de las personas que tenemos vulva, mediante la b&uacute;squeda de placer y bienestar tanto autoproducido como en los v&iacute;nculos que armamos y experimentamos&rdquo;, me dice <strong>Valeria Isla</strong>, Coordinadora de Proyectos de REDAAS y ex Directora Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (2019-2023).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde &eacute;pocas ancestrales las mujeres tenemos estos conocimientos a trav&eacute;s de la exploraci&oacute;n y vivencias, si, adem&aacute;s, se suma evidencia cient&iacute;fica, como lo es el mapeo del cl&iacute;toris, se prioriza en la agenda p&uacute;blica la importancia de vivir nuestra sexualidad de manera libre y aut&oacute;noma.&nbsp;El financiamiento de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica est&aacute; tambi&eacute;n atravesado por la desigualdad entre g&eacute;neros&rdquo;, lo que explica la demora de este trabajo con relaci&oacute;n a la realizaci&oacute;n de la cartograf&iacute;a sobre el &oacute;rgano sexual masculino.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hist&oacute;ricamente se han priorizado los temas relacionados con la reproducci&oacute;n-maternidad en las mujeres. En cambio, el derecho al placer-goce-autonom&iacute;a ha sido postergado e invisibilizado especialmente en la difusi&oacute;n de resultados de investigadoras feministas sobre el tema&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Responsable del placer sexual femenino, el cl&iacute;toris es uno de los &oacute;rganos menos estudiados del cuerpo humano. <strong>Nerina Mattio</strong>, ginec&oacute;loga de Rosario, le record&oacute; a la colega <strong>Luciana Mazzini Puga</strong>, de la Agencia de Noticias Cient&iacute;ficas de la Universidad Nacional de Quilmes que &nbsp;&ldquo;el placer femenino nunca estuvo en agenda. Fue un tema silenciado por los grandes investigadores,&nbsp;en su mayor&iacute;a hombres, que eran quienes ten&iacute;an acceso al conocimiento&rdquo;. Y continu&oacute;: &ldquo;El cl&iacute;toris es un &oacute;rgano hom&oacute;logo del pene desde el punto de vista embriol&oacute;gico, es decir que en su origen comparten el mismo tejido.&nbsp;Lo &uacute;nico que vemos es su glande y su capuch&oacute;n, pero internamente su extensi&oacute;n es mucho m&aacute;s importante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No es f&aacute;cil de abordar la anatom&iacute;a del cl&iacute;toris porque la mayor&iacute;a de sus partes se encuentran rodeadas por el hueso p&uacute;bico y diversos &oacute;rganos p&eacute;lvicos.&nbsp;&ldquo;Si bien los m&eacute;todos de imagen cl&iacute;nica, como la resonancia magn&eacute;tica, permiten capturar la morfolog&iacute;a tridimensional macrosc&oacute;pica, carecen de la resoluci&oacute;n espacial necesaria para visualizar las estructuras detalladas&rdquo;, explica la l&iacute;der de la investigaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los rayos X generaron im&aacute;genes de tomograf&iacute;a computarizada a escala microm&eacute;trica con un detalle sin precedentes.&nbsp;Revelaron que, dentro del glande del cl&iacute;toris, hay varios troncos nerviosos que miden entre 0,2 y 0,7 mm y se ramifican hacia distintas partes,<strong>&nbsp;</strong>lo que explica por qu&eacute; es una zona tan sensible.&nbsp;Algunas ramas de los nervios llegan al monte de Venus, el tejido graso blando que se encuentra sobre la pelvis, y otras llegan al capuch&oacute;n del cl&iacute;toris, que cubre la parte externa del cl&iacute;toris, conocido como glande, y que representa solo el 10 por ciento del &oacute;rgano.&nbsp;Otros nervios llegan a los pliegues de la piel de la vulva: los labios.
    </p><p class="article-text">
        Algunas investigaciones hechas anteriormente indicaron que el&nbsp;nervio dorsal del cl&iacute;toris, principal responsable de la sensibilidad disminu&iacute;a gradualmente a medida que se acercaba al glande. Pero, las nuevas tomograf&iacute;as parecen demostrar que esto es err&oacute;neo ya que el nervio contin&uacute;a de igual manera hasta el final.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La cartograf&iacute;a de los nervios del cl&iacute;toris logr&oacute; realizarse luego de 28 a&ntilde;os desde que se realiz&oacute; el mismo estudio en los nervios del pene.&nbsp;Inclusive, el &oacute;rgano femenino no se incluy&oacute; en los libros de anatom&iacute;a est&aacute;ndar hasta 1995, pese a que estaba muy a la mano. Por dar solo un ejemplo, el mapa m&aacute;s antiguo conocido es la tabla babil&oacute;nica&nbsp;<em>Imago Mundi</em>&nbsp;(siglo VI a.C.), que muestra Babilonia en el centro del planeta.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El grupo de investigaci&oacute;n detall&oacute; en el estudio que este mapa tiene un impacto inmediato en las intervenciones quir&uacute;rgicas que se realizan en la zona vulvar, como la cirug&iacute;a de afirmaci&oacute;n de g&eacute;nero y la cirug&iacute;a reconstructiva tras la mutilaci&oacute;n genital femenina. Seg&uacute;n la OMS,&nbsp;m&aacute;s de 230 millones de ni&ntilde;as y mujeres vivas hoy en los 30 pa&iacute;ses de &Aacute;frica, Oriente Medio y Asia han sufrido esta mutilaci&oacute;n, en la que se extirpa la parte visible del cl&iacute;toris junto con partes de los labios mayores.
    </p><p class="article-text">
        Esta pr&aacute;ctica es una violaci&oacute;n a los derechos humanos de mujeres y ni&ntilde;as y no tiene ning&uacute;n beneficio para la salud; de hecho, puede provocar problemas como hemorragias graves, infecciones, dificultades para orinar, problemas menstruales y complicaciones en el parto. Seg&uacute;n detall&oacute; Ju Young Lee, primera autora del paper, al diario The Guardian, alrededor del 22% de las mujeres que se someten a una reconstrucci&oacute;n quir&uacute;rgica tras una mutilaci&oacute;n experimentan una disminuci&oacute;n en la experiencia org&aacute;smica&nbsp;despu&eacute;s de la operaci&oacute;n. Es por esto que&nbsp;una mejor comprensi&oacute;n de hasta d&oacute;nde se extienden los nervios podr&iacute;a reducir ese porcentaje.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no fue todav&iacute;a revisada por pares, la investigaci&oacute;n representa un paso gigante en el conocimiento del cuerpo de las personas con vulva. Para Lee, se echa luz a &ldquo;la anatom&iacute;a oculta&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mapa-clitoris_129_13135657.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 13:11:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El mapa del clítoris]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El difícil oficio de maternar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dificil-oficio-maternar_129_13119278.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/baa7953b-6c2a-435e-a48d-dfafd64f05e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El difícil oficio de maternar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo darme cuenta si estoy cansada o deprimida? ¿Cómo hago para conectar con mi bebé? ¿Es normal querer estar más tiempo con mi mamá que con mi pareja? Las tetas, ¿van a volver a su tamaño y color de siempre?</p></div><p class="article-text">
        Una catarata de preguntas nos abruma cuando nos estrenamos como madres. Un peque&ntilde;o monstruo de 50 cent&iacute;metros ha llegado a la casa para quedarse por (cada vez m&aacute;s) largos a&ntilde;os. &iquest;Cu&aacute;nto dura la copa de vino en sangre? &iquest;Cu&aacute;nto tiempo tengo que esperar entre tomar alcohol y dar la teta? &iquest;Es normal querer tomar vino? La lactancia es un acto de fe, porque&hellip; &iquest;c&oacute;mo me doy cuenta si mi leche le alcanza? &iquest;Sue&ntilde;an los beb&eacute;s? &iquest;Es normal re&iacute;rme y llorar sin motivo? &iquest;Es normal que me ataquen recuerdos de tu infancia?
    </p><p class="article-text">
        Maternar, una idealizaci&oacute;n de los actos de parir, cuidar, ser coprotagonista en el crecimiento de los hijos. Pero, &iquest;qu&eacute; lugar habilitado para expresar nuestros sentimientos hostiles nos deja esa romantizaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Tuvimos que callar durante siglos porque nos destinaron al espacio de las reproductoras no deseantes hasta que nos animamos a hablar y darles valor de verdad a las escenas completas. La alegr&iacute;a que produce la relaci&oacute;n con nuestra descendencia directa tambi&eacute;n se combina con molestias y fastidio.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Aquellas sensaciones negativas las reviv&iacute; entre risas hace unos d&iacute;as, cuando fui a ver </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Secretos de un v&iacute;nculo</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> al teatro Border. Basada en el libro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Emociones de la Maternidad,</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> de la psicoanalista </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Adriana Grande</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, fue adaptado a partir de la experiencia de cuatro j&oacute;venes actrices, con la direcci&oacute;n de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Natal&iacute; Aboud</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Fue una hora de humor, entre sue&ntilde;os, pa&ntilde;ales, mamaderas y pesadillas. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Para Aboud, "la crianza dej&oacute; de ser un territorio privado y silencioso, para convertirse en una construcci&oacute;n compartida. En un contexto donde el 'lado B' de la maternidad comenz&oacute; a visibilizarse con fuerza y el escenario se transforma en un laboratorio vivo, un espacio donde las experiencias de la maternidad pueden ser abiertas, miradas y reconstruidas&rdquo;, dice Aboud.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Miro la enredadera de la ventana agarr&aacute;ndose a los barrotes de la reja, as&iacute; me siento, enredada en la cama. Tanto esper&eacute; el momento de ser madre y ahora soy una jarra pinchada&hellip;&rdquo;, dice uno de los personajes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy mitad dormida y mitad despierta. El otro d&iacute;a dando la teta en el sill&oacute;n del living a las cuatro de la ma&ntilde;ana, me imagin&eacute; que detra&#769;s de esas ventanas iluminadas hab&iacute;a madres iguales a mi&#769;, una al lado de la otra, amamantando, y asi&#769; logre&#769; sentirme ma&#769;s acompa&ntilde;ada. Me invaden l&aacute;grimas en las que se entrelazan el cansancio, la alegr&iacute;a y un amor que duele por lo grande que es&rdquo;, cuenta otro. 
    </p><p class="article-text">
        Y contin&uacute;a: &ldquo;No es que est&eacute; mal todo el tiempo, pero me siento agobiada y a la vez lo quiero comer a besos. Pero caigo en lo inevitable: agotamiento, resentimiento, reproches a mi pareja, aunque est&eacute; rodeada de gente me siento sola. No tengo tiempo para nada&hellip; Nunca pens&eacute; que mi vida iba a cambiar asi&#769;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los parlamentos podr&iacute;an ser el continuum de una misma gestante. Y seguramente todas las dem&aacute;s, aquellas que somos madres, nos sentir&iacute;amos identificadas. Esas ser&iacute;an tambi&eacute;n nuestras palabras. &ldquo;Que un bebe&#769; pudiera resultar tan absorbente: la rutina, la casa, deambulo muerta de sue&ntilde;o en camis&oacute;n, sin tiempo ni para ba&ntilde;arme ni hacerme el skin care&hellip; ya est&aacute;, se vencieron los productos&hellip; Lo &uacute;nico que logro es agarrar el celular y mirar Instagram&hellip; mi algoritmo est&aacute; lleno de jirafas pariendo, de mam&iacute;feros amamantando. El otro d&iacute;a vi un video de una gorila a la que le hicieron una ces&aacute;rea de urgencia&hellip; Y parec&iacute;a que se iba a&hellip;. &iexcl;pero estuvo todo bien! Est&aacute; todo bien!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La maternidad, seg&uacute;n la actriz <strong>B&aacute;rbara Goldschtein</strong>, &ldquo;tiene pros y contras, est&aacute; todo mezclado. Ya ni intento clasificarlas porque no tiene sentido. Vivo con la ropa sucia. Siempre. Manchas raras, restos de comida, algo que podr&iacute;a ser zapallo de hace cien d&iacute;as. El lado positivo es que baj&eacute; much&iacute;simo la exigencia con el lavado. No lavo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Mi vida se interrumpe cada treinta segundos. Literal. Estoy haciendo algo y &rdquo;mam&aacute;&ldquo;. Otra vez. Y otra. Pero tambi&eacute;n es liberador: ya no le tengo que echar la culpa a mi falta de concentraci&oacute;n. No soy yo, es el contexto. Mis hijos son una excusa perfecta para cancelar el plan que me daba fiaca. Nadie me discute nada. Todo cierra. Ahora, el d&iacute;a que realmente tengo ganas de ir&hellip; fiebre. Siempre fiebre. Hay una especie de radar invisible que lo detecta&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Desarroll&eacute; habilidades que no sab&iacute;a que exist&iacute;an. Contest&eacute; audios de trabajo mientras cambiaba un pa&ntilde;al, evitaba una situaci&oacute;n bastante cr&iacute;tica con caca involucrada y, al mismo tiempo, comer una empanada. No s&eacute; si es vida o entrenamiento para alg&uacute;n tipo de s&uacute;per poder&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si no le&iacute;ste y te aprendiste los rigurosos consejos del libro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Duermete ni&ntilde;o</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">,</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">imposible para la mayoria de los madres y padres, est&aacute; el tema del sue&ntilde;o. &ldquo;Cu&aacute;ntas horas dormir, la calidad del descanso.&nbsp;No duermo y listo. Es pr&aacute;ctico en cierto punto: una preocupaci&oacute;n menos. Pero tambi&eacute;n hay algo m&aacute;gico: veo el mundo con otros ojos. Un charco es un evento, una caja es un universo y una tarde cualquiera puede convertirse en una aventura. En medio del caos, del cansancio y de la ropa manchada, aparece ese momento, en el que me abrazan como si fuera lo m&aacute;s importante del mundo, y ellos para mi lo son, y yo lo soy.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Despu&eacute;s me escupen un poco encima, pero no importa. Es el amor m&aacute;s profundo que conoc&iacute;, recomiendo&ldquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;ala Grande que, en<span class="highlight" style="--color:white;"> el intercambio colectivo, &ldquo;algunas experiencias se ponen en jaque, otras se observan para comprender mejor el punto de partida&rdquo;. De todos modos, es una oportunidad p</span>ara salir de nuestro narcisismo y conocer la forma m&aacute;s sublime del amor: dar para que otro sea&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Salimos del centro para colocar all&iacute; a &lsquo;su Majestad el beb&eacute;&rsquo;, como <strong>Sigmund Freud</strong> lo llamaba. La psicoanalista tiene una visi&oacute;n m&aacute;s suave, mira el vaso medio lleno. Tener un hijo es &rdquo;sumar una rama m&aacute;s al &aacute;rbol del cual provenimos. Un hijo te deja espiar un futuro en el cual ya no habitaremos&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dificil-oficio-maternar_129_13119278.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2026 13:56:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El difícil oficio de maternar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra la moda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/moda_129_13106135.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0cd9a9ff-2c11-4350-89f2-a86ae9041b72_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra la moda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el libro “¿Por qué son tan geniales?”, la socióloga Daniela Lucena traza un recorrido histórico por las creaciones de la indumentaria criolla que dialogaron con las obras de los artistas.</p></div><p class="article-text">
        Dice la Inteligencia Artificial que &ldquo;genial&rdquo;&nbsp;es un adjetivo que describe algo extraordinario, brillante o muy bueno, y coloquialmente significa estupendo. Se usa para resaltar talento (&ldquo;un artista genial&rdquo;) o ideas brillantes (&ldquo;una idea genial&rdquo;). Tambi&eacute;n funciona como adverbio para indicar que algo est&aacute; muy bien (&ldquo;lo pas&eacute; genial&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Hoy es usual decir genia o genio por mucho menos. &iquest;La palabra se ha devaluado? &iquest;O la din&aacute;mica de la lengua le da un sentido nuevo o una variaci&oacute;n?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Juguetonamente, los artistas visuales <strong>Dalila Puzzovio</strong>,<strong> Edgardo Gim&eacute;nez </strong>y<strong> Charlie Squirru </strong>aparecieron con sus nombres, en 1965, en un panel de grandes dimensiones que interpelaba entre signos de pregunta al p&uacute;blico, en Florida y Viamonte. El interrogante fue tomado por la soci&oacute;loga y doctora en Ciencias Sociales, <strong>Daniela Lucena</strong> para titular su libro. M&aacute;s de 400 p&aacute;ginas llenas de informaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de los datos. Un documento ameno que incluye los discursos sobre la ropa m&aacute;s inusual. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Por qu&eacute; son tan geniales?</em> cuenta el v&iacute;nculo entre el arte y la otra moda en nuestro pa&iacute;s. No la que se renueva en cada temporada por la sinraz&oacute;n del mercado, sino la que cambia por aquella alternativa que corre en paralelo -y en general, en contra- de la indumentaria mainstream. Habla de la historia de esas prendas que no responden a la pretensi&oacute;n de que nos parezcamos unos a otros.
    </p><p class="article-text">
        Ac&aacute; encontramos el cuerpo vestido seg&uacute;n la experimentaci&oacute;n y resistencia de creadores disruptivos surgidos de la cantera del arte nativo. Lucena propone el concepto <em>po&eacute;ticas del vestir</em> para enfocarse en la potencia transformadora de la ropa que cuestiona las convenciones con las que habitamos el mundo. Da cuenta de otras sensibilidades, deseos y proyectos.
    </p><p class="article-text">
        Dividido en cap&iacute;tulos por etapas cronol&oacute;gicas, el texto arranca en 1940, contin&uacute;a en 1980 y 1990 y culmina en el milenio actual. Est&aacute; ilustrado en blanco y negro y color y narra en contexto social el recorrido de las obras que los modistos practicaron con dedicaci&oacute;n y entusiasmo, pese al rango inferior en que se ubic&oacute; su tarea artesanal respecto de las bellas artes.
    </p><p class="article-text">
        En la secci&oacute;n El lujo es vulgaridad, se refiere a <strong>Fridl </strong>y<strong> Walter Loos</strong>, quienes huyeron de Austria durante el nazismo y crearon dise&ntilde;os en los que combinaron lunares con rayas en trajecitos sastre, propusieron fajas anudadas en la cintura y el patchwork de impacto geom&eacute;trico. Toda una novedad. Fridl puso en di&aacute;logo lo europeo con lo aut&oacute;ctono de la tradici&oacute;n del noroeste, territorio argentino que la deslumbr&oacute;. Esa identidad diferente, de est&eacute;tica criolla, lleg&oacute; a revistas como <em>Vogue </em>y<em> Harpers Bazaar.</em> 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; problema la creaci&oacute;n de un vestido!&rdquo;, exclamaba la arquitecta <strong>Delfina G&aacute;lvez</strong>. &ldquo;Pocos objetos tienen funciones m&aacute;s dispares: cubrir y descubrir, poner en valor y disimular, sugerir y frenar, llamar la atenci&oacute;n por s&iacute; mismo, para hacerlo fijar en su due&ntilde;a&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lucrecia Moyano</strong>, directora art&iacute;stica desde los a&ntilde;os 30 de la f&aacute;brica Rigolleau, se quemaba los dedos en los hornos de vidrio para crear piezas &uacute;nicas, les llevaba chocolate a los obreros e ideaba un jard&iacute;n de infantes para los hijos de ellos.
    </p><p class="article-text">
        En la f&aacute;brica de alfombras D&aacute;ndolo y Primi, Moyano llev&oacute; a los tapetes las pinturas de <strong>Enio Iommi</strong>, <strong>R&oacute;mulo Maccio</strong>, <strong>Juan del Prete</strong> y <strong>Martha Peluffo</strong>. Y adem&aacute;s se ocup&oacute; de las vidrieras de la tienda Harrods, donde los maniqu&iacute;es llevaban los rostros cubiertos como la famosa pintura de <strong>Salvador Dal&iacute;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Para los agitados a&ntilde;os sesenta, Lucena repone la resistencia de los conservadores a la &ldquo;juventud disconforme&rdquo; y habla de la incorporaci&oacute;n revolucionaria de la minifalda, hasta entonces s&oacute;lo admitida como prenda deportiva. Por entonces, el jean emerg&iacute;a a la par que el rock, como el pantal&oacute;n sexy y rebelde. &ldquo;Ya no era ropa de trabajo, sino de recreo. El estilo casual hab&iacute;a nacido&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; Susana Saulquin, soci&oacute;loga y creadora de la carrera Dise&ntilde;o de Indumentaria de la UBA. En cambio, la directora de la Escuela Normal N&ordm; 4 la condenaba por la inmoralidad de que dejara las rodillas a la vista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quebrando la uniformidad del <em>denim</em>, la tucumana <strong>Mary Tapia</strong> sum&oacute; fajas inspiradas en motivos aut&oacute;ctonos. La rubia Tilda Tamar se puso el poncho que tambi&eacute;n vest&iacute;a una joven <strong>Mercedes Sosa</strong>. El aguayo, los buches de avestruz y las chaguas llegaron al territorio del cuerpo humano. Se super&oacute; la dicotom&iacute;a centro-periferia y luego de una muestra en el Instituto Di Tella, <em>Pachamama pret a porter</em>, Tapia se embarc&oacute; a Par&iacute;s para mostrar su ropa. Con el mate, llegaba la infusi&oacute;n cotidiana m&aacute;s argentina a las telas, inventiva de Puzzovio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Delia Cancela</strong> y <strong>Pablo Mesejean</strong> escrib&iacute;an en un manifiesto &ldquo;Nosotros amamos los d&iacute;as de sol, los Rolling Stones, las medias blancas, rosas y plateadas, a Sonny and Cher, a Rita Tushinham y a Bob Dylan. Las pieles, Saint Laurent y el Young Savage Look&hellip;&rdquo;. Le daban la bienvenida al hippismo. &ldquo;Esta polifon&iacute;a de prendas y estilos est&eacute;ticos, presentada como una suerte de intervenci&oacute;n p&uacute;blica, re&uacute;ne muchos de los elementos de moda que definieron la imagen de los j&oacute;venes de aquel tiempo&rdquo;, se&ntilde;ala la autora de <em>&iquest;Por qu&eacute; son tan geniales?</em>
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os de la &uacute;ltima dictadura c&iacute;vico militar, la ropa singular surgi&oacute; en los s&oacute;tanos del under. Seg&uacute;n el m&uacute;sico <strong>Daniel Melero</strong> &ldquo;modo mata moda, de eso estoy seguro&hellip; Pero entrar en la tribu del estilo es muy distinto que tener la ropa que est&aacute; de moda: es el modo de la elecci&oacute;n, es el modo en que se lleva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los pantalones ajustados y las estridentes musculosas de los integrantes de Virus le imprimieron sensualidad a sus shows. Sumaron la alegr&iacute;a y el baile, con los dise&ntilde;os de Risuelo, que junto a la modista Cristina &Aacute;lvarez fund&oacute; Ropas Argentinas, con el logotipo de la bandera argentina.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Renata Shussheim</strong>, escen&oacute;grafa y vestuarista surgida en el Di Tella, dise&ntilde;&oacute; ropa y tapa de disco de <strong>Charly Garc&iacute;a</strong> y en la primera Bienal de Arte Joven aparecieron otros dise&ntilde;adores que fueron boom en los &uacute;timos a&ntilde;os de la centuria: <strong>Gabriel Grippo</strong>, <strong>Gabriela Bunader</strong> y <strong>M&oacute;nica Van Asperen</strong>, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        Insoslayables son <strong>Sergio De Loof</strong> y <strong>Kelo Romero</strong>, con sus ropas de papel y tules creando arte vivo para hombres. Crearon contra el florecimiento de los shoppings con sus marcas extranjeras. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Luego de la crisis del 2001, un grupo de dise&ntilde;adores j&oacute;venes empez&oacute; a copar Palermo. De apenas 25 locales de ropa, la cifra se dispar&oacute; en 2005 a m&aacute;s de ciento cuarenta, transformando la composici&oacute;n sociocultural del barrio. Pioneros en esa zona porte&ntilde;a fueron <strong>Mart&iacute;n Churba</strong> y <strong>Jessica Trosman</strong>. En su articulaci&oacute;n con el arte, llevaron a sus prendas las pinturas de <strong>Kennet Kemble</strong>, representante del movimiento informalista. Y el mundo <em>grunge </em>con esplendor renacentista fue el resultado del trabajo de la pareja con <strong>Rosa Skific</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        La magia negra de <strong>Pablo Ram&iacute;rez</strong> lleg&oacute; a las galer&iacute;as antes que a las boutiques. Con la oscuridad dominando las telas quiso reflejar el estado emocional y la resistencia a las imposiciones del cambio en la moda. <em>Ay not dead</em> llev&oacute; el misterio en su nombre y se asoci&oacute; con la galer&iacute;a <em>Belleza y Felicidad Fiorito</em> y con <strong>Javier Barilaro</strong>, uno de los fundadores de la editorial <em>Elo&iacute;sa Cartonera</em>, aportando compromiso social.
    </p><p class="article-text">
        Lucena evoca sobre el final de su libro a <strong>Gilles Deleuze</strong>, cuando dice que los poderes no s&oacute;lo buscan imponer sus reglas, sino gestionar y organizar el miedo, la angustia y la desesperanza, porque un cuerpo entristecido es un cuerpo sometido.
    </p><p class="article-text">
        T&eacute;cnica para adornar la indumentaria, <strong>Chiachio y Giannone</strong> llevaron el bordado a las galer&iacute;as y museos, con un ADN propio. Su obra fue a la calle con un desfile con ropa de poetas y escritores: camisa, calz&oacute;n, bombacha, un corpi&ntilde;o, un gorro. Formaron una bandera que flame&oacute; en una Marcha del Orgullo.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/moda_129_13106135.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 13:27:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra la moda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todos estos años de gente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anos-gente_129_13086979.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/981f681d-6ce4-4d80-bf7f-7e33c3c460b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todos estos años de gente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mirar hacia atrás y recordarlos. Imaginar un futuro mejor. A 50 años del golpe, ¿cómo hubieran sido los días de la vida si no hubieran desaparecido?</p></div><p class="article-text">
        Tristeza. Porque empez&oacute; el oto&ntilde;o, las hojas caen secas, amarronadas y se desparraman por el piso. Tristeza, porque en unos d&iacute;as se cumple medio siglo del inicio de la &uacute;ltima dictadura. Porque me sorprendo al comprobar que hay millones de compatriotas indiferentes al dolor ajeno. Porque el hambre azota. Por los que creen que &ldquo;estamos mal, pero vamos bien&rdquo; y no terminamos de encontrar que comprendan que no es as&iacute;. Porque hay amigos y conocidos que se enferman m&aacute;s que nunca. Tristeza. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Juliana Crain ve una pel&iacute;cula que le permite imaginar una realidad distinta a la que est&aacute; viviendo, luego del triunfo de los nazis y los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial: es el Eje el que perdi&oacute; y ya no flamea la bandera con la esv&aacute;stica sobre los edificios ic&oacute;nicos de Nueva York.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Como en la novela hom&oacute;nima de <strong>Philip K. Dick</strong>, la protagonista de la serie <em>El hombre en el castillo</em> (se puede ver por Netflix) imagina un mundo mejor luego de ver una pel&iacute;cula, que ampl&iacute;a las posibilidades de lograr un mundo m&aacute;s feliz que la sociedad compleja e h&iacute;per represiva en la que vive. Esa visi&oacute;n expandida entre muchos (miles, millones) podr&iacute;a ser el motor de un cambio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No estoy segura de que el imaginario colectivo haya sido la &uacute;nica causa del fin de la dictadura que oscureci&oacute; al pa&iacute;s entre 1976 y 1983. Entonces, con los primeros fr&iacute;os, sab&iacute;a qu&eacute; significaba. Mis padres, militantes, me lo hab&iacute;an ense&ntilde;ado. Conoc&iacute; temprano el terror porque amigos de la familia hab&iacute;an tenido que exiliarse en M&eacute;xico y Espa&ntilde;a por las amenazas de la triple A. La infancia transcurr&iacute;a con miedo entre nombres cambiados, cajas con peri&oacute;dicos, libros y discos enterrados. 
    </p><p class="article-text">
        A veces dudo de que ese per&iacute;odo se haya cerrado m&aacute;s por el impulso de las fuerzas democr&aacute;ticas que por el deterioro propio de las fuerzas armadas. Nunca un cambio social tiene una etiolog&iacute;a &uacute;nica y las cosas suelen ser contradictorias y responden a una trama en espiral, no a una relaci&oacute;n de causa y efecto. Muchos de los que entonces apostaban por las mieles de la plata dulce, aplauden la eficacia de la motosierra. Pero hay quienes entonces y ahora han hablado de las flores. 
    </p><p class="article-text">
        Cincuenta a&ntilde;os del golpe del 24 de marzo y yo, que era una nena entonces, no puedo dejar de asociar esa &eacute;poca con el presente. Aunque s&eacute; que nada se repite igual y todo cambia, los tiempos de la Historia son mucho m&aacute;s el&aacute;sticos que los que deseamos para nuestras peque&ntilde;as existencias y la afectaci&oacute;n de la gente por el hambre, la censura y la represi&oacute;n no tiene retorno. Son heridas profundas muy dif&iacute;ciles de sanar.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as, casi toda la dirigencia de las organizaciones pol&iacute;ticas invierte su energ&iacute;a en imaginar cargos en futuros espacios de poder, m&aacute;s que en delinear programas de acci&oacute;n para sancionar a los responsables y revertir el cada vez m&aacute;s miserable estado de las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ocurren hechos que nos devuelven la esperanza. Y m&aacute;s all&aacute; de quienes est&aacute;n a la cabeza de los partidos, sigo creyendo en la pol&iacute;tica. Miles de mujeres de todo el pa&iacute;s bordan los nombres de los treinta mil desaparecidos y convierten una tarea dom&eacute;stica en un recordatorio colectivo. <strong>El Volun</strong> organiza ollas populares en Plaza Flores, como otros tantos agrupamientos de j&oacute;venes que intentan paliar la expulsi&oacute;n del sistema que ejerce el gobierno. Desde el llano, el movimiento no se aquieta.
    </p><p class="article-text">
        Con s&oacute;lo 15 a&ntilde;os, tres meses y medio despu&eacute;s del golpe, <strong>Magdalena Gallardo</strong>, Malena, se transform&oacute; en la desaparecida m&aacute;s joven de la dictadura, entre los 108 estudiantes que fueron asesinados o desaparecidos. Ten&iacute;amos 12, 13 a&ntilde;os, cuando en el invierno de 1974 compartimos un campamento en San Luis, organizado por el centro de estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires. Su belleza brillaba en los fogones nocturnos, era la delegada de primer a&ntilde;o y la referente de la juventud guevarista. Hab&iacute;a nacido en Luis Beltr&aacute;n, donde hace poco un grupo de estudiantes film&oacute; el documental <em>Malena: la &uacute;ltima pared</em>. All&iacute; viv&iacute;a en una casa del campamento de Agua y Energ&iacute;a. Con su familia, a los 10 a&ntilde;os se mud&oacute; a Buenos Aires. Desapareci&oacute; el 8 de julio de 1976 en el barrio de Caballito. Tal vez hoy ser&iacute;a profesora de historia, actriz o abogada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Beatriz Aguilera</strong>, Bety, la hermana mayor de mi amiga Marisa, pas&oacute; la infancia de Rufino, Santa Fe, jugando en la casita de alambre que les hizo el pap&aacute; al lado del gallinero. Bety Aguilera, la preciosa chica de pelo lacio, aprendi&oacute; de su abuela Catalina a tejer con cinco agujas, estudiaba franc&eacute;s e inventaba coreograf&iacute;as con sus amigas mientras ve&iacute;a por la tele los programas <em>Alta Tensi&oacute;n</em> y <em>M&uacute;sica en libertad</em>. Poco despu&eacute;s, Bety empez&oacute; a escuchar en el Wincofon los discos de <strong>Sui Generis</strong> y <strong>Alfredo Zitarrosa</strong>. Y en los ratos libres que le dejaban la militancia y sus estudios de Medicina en Rosario, segu&iacute;a bailando. Quer&iacute;a ser psiquiatra y acaso ahora estar&iacute;a en el CONICET investigando los beneficios de un medicamento para la depresi&oacute;n. Pero fue asesinada el 17 de febrero de 1977, en el Pasaje Marchena, a pocas cuadras de la facultad. Supe de ella muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, porque Marisa -compa&ntilde;era de Periodismo en El Grafo- no lo cont&oacute; hasta muy entrada la democracia. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo hubieran sido sus vidas si Malena y Bety estuvieran? &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;an nuestras vidas si los desaparecidos y asesinados anduvieran por aqu&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anos-gente_129_13086979.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 13:12:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Todos estos años de gente]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La náusea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nausea_129_13068387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fabe3818-23da-4133-a457-0e1fd0170484_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La náusea"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una sensación personal y social de malestar pueden transformarse en un sentimiento con el que se interviene. Se trata de un pasaje complejo aunque posible, dese el rumiar del pensamiento hacia las ideas y la acción. La exigencia de la máxima eficacia en las palabras en "Ventana magnética", el nuevo libro de Fernando Fagnani y el "Diccionario de los sentimientos", de Marina y López Penas.
</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Tiene l&iacute;mites el lenguaje? Probablemente menos que sus usuarios. Disponemos de esta herramienta, propia de la especie, para comunicarnos con los dem&aacute;s y para comprendernos a nosotros mismos, para hacer consciente lo inconsciente. Sin embargo, hay situaciones en que las palabras nos resultan escasas o que malestares como la tristeza y el miedo nos llevan a reducir la expresi&oacute;n al m&iacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Estamos en una discusi&oacute;n y necesitar&iacute;amos explicar, pero lloramos o insultamos. Reducimos una emoci&oacute;n hostil a una palabra fuerte, nos alejamos de nuestro interlocutor, nos descargamos aunque fracasamos. Surge el malentendido. Nos sentimos frustrados y pobres. Un ser querido perdi&oacute; a alguien y nos quedamos mudos. Le decimos: no tengo palabras.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La selva del lenguaje de las sensaciones y de los sentimientos es enorme y compleja. Cuanto m&aacute;s forestado est&aacute; ese jard&iacute;n de palabras, m&aacute;s posibilidades existen de nombrar los estados de &aacute;nimo que serpentean nuestros cuerpos. En la sensaci&oacute;n se toma lo que llega, en el sentimiento se interviene. En <em>Diccionario de los sentimientos</em>, <strong>Jos&eacute; Antonio Marina</strong> y <strong>Marisa L&oacute;pez Penas</strong> cartograf&iacute;an la genealog&iacute;a sentimental de esas expresiones y sus usos hist&oacute;ricos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras los afectos se van especificando, en un proceso de diferenciaci&oacute;n, surgen procesos de conocimiento y de reflexi&oacute;n que nos permiten tener una mejor conexi&oacute;n con nosotros mismos y con el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Supongamos la palabra placer, muy antigua y de uso popular en la Edad Media (sus sin&oacute;nimos agradar y gustar aparecen respectivamente en los siglos XV y XVI) remite a gusto, alegr&iacute;a, contento, regocijo y diversi&oacute;n. &ldquo;Agrado se puede describir como la vivencia que se desea repetir. Desagrado ser&iacute;a lo que deseamos eludir y no queremos que vuelva a suceder&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Placer es todo aquello que excita nuestra complacencia, satisfacci&oacute;n, recreo, sin provocar ning&uacute;n desagrado ni disgusto, pues de lo contrario el placer no ser&iacute;a ni puro ni verdadero sino una falsa imagen de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Delicia es un mayor grado de placer, un sentimiento m&aacute;s fuerte, pero m&aacute;s limitado en cuanto a su objeto pues s&oacute;lo abraza a sensaci&oacute;n material. Delicia indica una cosa voluptuosa, m&aacute;s duradera, se refiere a un solo objeto y permanece m&aacute;s tiempo en &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Delicia, placer y deleite se dirigen a manifestar la agradable sensaci&oacute;n que recibimos del exterior como de nuestro mundo interno. Delicia pertenece al &oacute;rgano del paladar.
    </p><p class="article-text">
        Desde otra perspectiva, luego de conocer el diagn&oacute;stico de una enfermedad, el editor y escritor <strong>Fernando Fagnani</strong> cuenta en su nuevo libro <em>Ventana magn&eacute;tica</em> que, debido a una serie de eventos desafortunados, su sentimiento hacia las palabras se ha radicalizado. &ldquo;Ahora se volvieron cruciales, les exijo la m&aacute;xima eficacia. Que sean pocas, precisas, que tengan prohibido el malentendido. La carga sentimental debe ser m&iacute;nima, la indispensable para que no sean neutras y vac&iacute;as. Sin ser autoritarias, espero que diagnostiquen, cierren heridas, despejen lo confuso; la comunicaci&oacute;n est&aacute; impl&iacute;cita. Importa el rigor, no la vanidad de la elocuencia o el giro ingenioso. Tienen que recorrer r&aacute;pidamente y sin desv&iacute;os lo que media entre la intenci&oacute;n y la expresi&oacute;n, y expresi&oacute;n e intenci&oacute;n deben ser un solo cuerpo, sin fallas ni p&eacute;rdidas. La digresi&oacute;n la escucho como un crimen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras precisas de Fagnani son un refugio que abriga frente a lo inesperado. Elige cada eslab&oacute;n en la cadena de sintagmas como piedras preciosas. Su escritura autobiogr&aacute;fica es clara y distinta, la de quien se asoma al magnetismo de la ciudad desde una ventana donde se apoyan los libros fundamentales de su vida, lo que enriquece hondamente su mirada. 
    </p><p class="article-text">
        Escribo mientras sigue resonando en m&iacute; un fragmento del <em>Estudio Revolucionario de Chopin</em> en versi&oacute;n de <strong>Daniel Casablanca</strong>, que se sienta al piano en las funciones de <em>Chau, Macoco</em>, del Teatro Regio. &nbsp;Son los a&ntilde;os ochenta, las artes esc&eacute;nicas est&aacute;n en auge luego de la opresi&oacute;n de la dictadura. Un maestro de teatro les dice a sus alumnos que se relajen y caminen por el espacio. El nuevo de la clase es un cadete, un joven inocente. &ldquo;Profesor, por mi trabajo me la paso caminando, &iquest;estaba haciendo teatro y no lo sab&iacute;a?&rdquo; &ldquo;&iquest;A vos te pagan por eso? Entonces no es teatro&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El humor de <em>Chau, Macoco</em> es un ingenioso ant&iacute;doto contra la sensaci&oacute;n de asqueo o repugnancia que nos produce el mal gobierno de los que est&aacute;n al frente del pa&iacute;s, una comida diaria contaminada que nos da ganas de vomitar. Las viudas de los personajes celebran cuatro d&eacute;cadas de variet&eacute; y clown, en un momento en que la cultura argentina est&aacute; siendo destrozada.
    </p><p class="article-text">
        El asco se desarrolla durante los primeros ocho a&ntilde;os de vida y tiene un gesto caracter&iacute;stico en todas las culturas. El concepto ocupa un lugar destacado entre las sensaciones ligadas a la fisiolog&iacute;a. &ldquo;Algo sucio o desagradable produce rechazo, puede ser de huida o expulsi&oacute;n. La palabra deriva del castellano antiguo usgo; odio o temor. Asqueroso proviene del lat&iacute;n escharosus, lleno de costras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gustave Flaubert </strong>lo cuenta as&iacute;: &ldquo;Nac&iacute; con escasa fe en la felicidad. Siendo muy joven tuve un presentimiento completo de la vida. Era como un nauseabundo olor a cocina, que se escapa por un agujero. No hace falta comerla para saber que es vomitiva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La n&aacute;usea expulsa lo que provoca desagrado y m&aacute;s. Lo interesante es que n&aacute;usea y n&aacute;utico tienen el mismo origen (naut&iacute;a o naus&iacute;a), que significa marea. Otra marea esperanzadora est&aacute; en las calles, pensando, actuando, organiz&aacute;ndose, emergiendo del barro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; que cuando logremos expulsar eso que nos provoca tanto desagrado personal y social dejar&aacute; de dolernos la panza y no seguiremos navegando a la deriva?
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nausea_129_13068387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 13:22:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La náusea]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Que no exista ganar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-exista-ganar_129_13049276.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/db72cb19-1c2d-41de-b962-640ee678211f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138141.jpg" width="1190" height="669" alt="Que no exista ganar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dani Zelko y Caístulo escriben juntos un libro, que es camino, puente y tartamudeo de una nueva forma de sentir y pensar. Inspirados en la sabiduría ancestral judía y wichí, del pueblo de los libros y del de los árboles, paternan un largo poema que alaba la escucha y el encuentro como pares.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La sociedad es una energ&iacute;a de conexiones ancestrales pero grita ahora, ahora, ahora&nbsp;y se pierde de tener o&iacute;do&rdquo;, dicen <strong>Ca&iacute;stulo</strong> y <strong>Dani Zelko </strong>en <em>Un texto camino. El puente espejo. Ritualizar el tartamudeo</em>. Ese ahora es un presente que quiere devorarse todo, incluso auto fagocitarse. Es sordo y pocos se detienen en &eacute;l, aunque tampoco est&aacute;n en el aqu&iacute; ni en el ahora. Es un presente vac&iacute;o que hay que llenar de im&aacute;genes, objetos, oquedades, para darse entidad y reafirmar una identidad que da&ntilde;a pero da sentido.
    </p><p class="article-text">
        Ca&iacute;stuolo es cacique de la comunidad Territorios Originarios Wich&iacute;, en el Gran Chaco, un jardinero de palabras que cuida y riega para llegar a la semilla. Su compa&ntilde;ero de escritura es un artista nacido en Buenos Aires en 1990, que anda por los caminos en busca de otras formas de sentires y pensares. En el libro, dividido en tres breves partes, hablan sobre la falta de atenci&oacute;n entre las personas, absorbidas por la frivolidad desesperante del consumismo. Pero tambi&eacute;n sobre lo que ense&ntilde;an los r&iacute;os, el viento, los &aacute;rboles y los animales en sus arquitecturas naturales. 
    </p><p class="article-text">
        Dif&iacute;cil de clasificar, las l&iacute;neas del volumen del l&iacute;der wich&iacute; y el poeta, m&uacute;sico y editor son los eslabones de una fina joya. Esta suerte de ensayo expresa, a modo de largo poema, una cosmovisi&oacute;n sobre el mundo contempor&aacute;neo en el que los humanos somos los depredadores de todas las especies, incluida la propia, pero desde el que es posible desaprender para dejar de repetir los usos que resultan inservibles para la plenitud de la vida. Una vida donde lo material, lo simb&oacute;lico y lo espiritual conjugados socialmente sean arm&oacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        Zelko viene llevando a cabo el proyecto <em>Reuni&oacute;n</em> desde hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os, en el que se encuentra con personas inmersas en disputas territoriales con el prop&oacute;sito de hacer un libro que tenga alg&uacute;n tipo de influencia pol&iacute;tica entre los actores del lugar. El procedimiento es que &eacute;l escribe lo que se habla durante 5, 6, 7 horas, mientras est&aacute;n sentados, sin grabador, y si hay silencios, se los respeta y se pasa al rengl&oacute;n siguiente. El material luego se tipea en computadora, se lee y se corrige entre los participantes. 
    </p><p class="article-text">
        Los autores se conocieron en el monte, en 2020, en medio de campos de monocultivo, petroleras, proyectos ganaderos e iglesias. Crearon una forma de habla y escucha, un compa&ntilde;erismo espiritual que se prolonga hasta el presente. Sin grabador, cortaron los versos como una inhalaci&oacute;n, pasando al papel el material mientras est&aacute;n reunidos, editando y corrigiendo juntos. &ldquo;Nosotros ponemos las dos orejas, una oreja cada uno, &iquest;qui&eacute;n habla? &iquest;Qui&eacute;n escribe?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa voz ahora impresa podr&iacute;a ser la voz de un mundo que quiere amanecer distinto, transformado, compa&ntilde;ero. A sus casi 80 a&ntilde;os, Ca&iacute;stulo (Juan de Dios L&oacute;pez, Juayuk), al comienzo de la pandemia por el Covid-19, empez&oacute; a cantar los mensajes que le transmiten `las madres&rsquo; que de a ratos parecen ser lo que llamamos &aacute;rboles y de a ratos una fuerza mas inconmensurable y dif&iacute;cil de nombrar. El a&ntilde;o pasado fund&oacute; en su comunidad una peque&ntilde;a escuela donde mujeres adultas est&aacute;n aprendiendo a leer y escribir.
    </p><p class="article-text">
        El libro comienza hablando de una llave que es un canto, un mensaje, una pregunta que va realizando una obra donde hablan todas las especies vivas, a trav&eacute;s de una madre que camina bajo el coraz&oacute;n de la tierra. Ese &aacute;rbol es una antena que emite sabidur&iacute;a, que produce aprendizaje. Aunque parezca exagerado, el mensaje es una mezcla de pensamientos de todas las madres. Sus palabras incluyen las diversidades, tienen la punta filosa de la filosof&iacute;a, traducen y debaten pensamiento, mueven los vientos y unen.
    </p><p class="article-text">
        Esas madres no se quejan ni presentan impotencia, mientras el humano se resiste al futuro. &ldquo;Ah, que yo soy de tal raza, que yo soy de tal pa&iacute;s es un pensamiento mezquino&rdquo;, dicen. Para que las cosas cambien y seamos amigos, compa&ntilde;eros, hay que asociarse, sin apoderarse uno de la lengua de otro. El archivo de los antiguos es grande, es un nido y est&aacute; a disposici&oacute;n. Las personas son herramientas, pero los objetos son la dificultad, porque producen envidia. En cambio, los sonidos de los maestros te abrazan con el mundo.
    </p><p class="article-text">
        El hombre blanco hizo mucho da&ntilde;o cortando madera. Somos torpes. Mientras vemos a los &aacute;rboles como materiales, ellos salen a alumbrar, son antorchas.
    </p><p class="article-text">
        Hay que encontrar algo con lo que el mundo no sue&ntilde;a todav&iacute;a, nacer la palabra aunque te digan loco, dejar que aparezca la fuerza de pensamiento abierto y el encuentro. No crear/criar, fortalece la dominaci&oacute;n, la conquista, la polic&iacute;a, la ley, los due&ntilde;os, la maldad, el mezquino.
    </p><p class="article-text">
        Lo que pensamos hasta ahora, as&iacute;, de ese modo, no ha servido para una vida libre. La propiedad, la apropiaci&oacute;n, proclamar lo que es m&iacute;o, adue&ntilde;arse, nos pone contra nosotros mismos y genera ira contra los seres vivientes-
    </p><p class="article-text">
        El ave dice: yo tambi&eacute;n soy representante, el mundo tiene muchos representantes, &iquest;c&oacute;mo transformar a este ser en un humano de vuelta?
    </p><p class="article-text">
        En<strong> </strong><em>El puente espejo </em>contin&uacute;an las b&uacute;squedas y las preguntas sobre como tranquilizarnos creando un sistema que respete a todos los seres del mundo, con una voz que no los rompa, que sea m&uacute;sica. Acudir al fuego y al hielo para lograr un equilibrio, que no se prolongue la necesidad de decir &ldquo;soy el m&aacute;s fuerte&rdquo;, donde no sea necesario ganar, no exista ganar, no haya ganar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En la copulaci&oacute;n armamos sin pensarlo, nos transformamos en una cosa bell&iacute;sima poderosa&rdquo;, escriben. El sue&ntilde;o es imprescindible. So&ntilde;ar, so&ntilde;ar. En la misma citaci&oacute;n caminan el relajamiento y la fuerza. &ldquo;Cuando mi espejo no est&aacute; en posici&oacute;n entro en el sue&ntilde;o y no descanso&hellip; es la enfermedad que repite, repite, repite&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta reuni&oacute;n trae una m&uacute;sica desde adentro, una m&uacute;sica que es cada uno, un sonido espiritual. El mensaje termina cuando &ldquo;te acompa&ntilde;o, te conozco y te digo sos mi fragancia, soy tu fragancia. Somos hermanos, en otro tiempo no hab&iacute;a lengua wich&iacute; y otras lenguas. El tronco era el mismo y mi padre era hermano de tu padre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En una ceremonia en territorio wich&iacute;, antes del 7 de octubre de 2023 aparece un tatarabuelo de Zelko que le pasa una cuerda y le dice: &ldquo;algo se rompi&oacute; entre nosotros&rdquo;. Ese ancestro hab&iacute;a sido un traductor del movimiento iluminista del siglo 19 y fueron los pueblos originarios argentinos, a trav&eacute;s de los hermanos espirituales Ca&iacute;stulo y Soraya, quienes impulsaron la b&uacute;squeda de la vida de los antepasados jud&iacute;os de Zelko.
    </p><p class="article-text">
        Ham&aacute;s asesina a gran parte de la familia del escritor en territorio israel&iacute;, vecino a Gaza, y en ese duelo feroz, sigui&oacute; escribiendo y pari&oacute; el libro <em>Oreja madre</em>, donde cuenta desde su juda&iacute;smo su posici&oacute;n en contra de la idea de que Israel representa a los jud&iacute;os del mundo y a favor de la justicia por d&eacute;cadas de humillaci&oacute;n contra los palestinos y a favor de una Palestina libre.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-exista-ganar_129_13049276.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2026 13:29:59 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ese claro objeto de deseo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/claro-objeto-deseo_129_13029768.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/492f828e-703d-48a3-a6bc-2a89e3c71f18_16-9-discover-aspect-ratio_default_1137619.jpg" width="340" height="191" alt="Ese claro objeto de deseo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Frente a la anunciada desaparición del libro, una perspectiva histórica de la escritora Irene Vallejo sobre el origen de los habitantes de las bibliotecas y el hallazgo del papiro como materia viva de su hechura.</p></div><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as y noches de verano, en que el descanso es propicio para la lectura, muchas y muchos quedamos cautivados por la letra impresa en p&aacute;ginas de papel. En estas jornadas en las que privilegiados que pudieron juntar unos morlacos, viajamos hacia la costa mar&iacute;tima o a las altas cumbres, materializamos aquello que fue un anhelo durante el a&ntilde;o de trabajo: leer. No los libros de estudio ni los de trabajo, sino aquellos que elegimos por el puro placer de la lectura.
    </p><p class="article-text">
        Son tiempos, todo hay que decirlo, en que se anuncia la extinci&oacute;n del libro en papel, la dominancia del Kindle u otros dispositivos parece una verdad irrefutable y esa desaparici&oacute;n supuesta reiterar&iacute;a la experiencia del dvd o el tel&eacute;fono de l&iacute;nea (como me gustaba digitar los n&uacute;meros&nbsp;en el disco). La revoluci&oacute;n neol&iacute;tica contempor&aacute;nea arrasar&aacute; con todo lo anterior, y convertir&aacute; a antiguos objetos en meras piezas de museo?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No lo sabemos. S&iacute;, que abundan los libros traccionados por el amo y se&ntilde;or marketing intentando convencernos de que los hemos elegido libremente, esos que se digieren r&aacute;pido y &nbsp;no suelen coincidir con los m&aacute;s nutritivos. Las donaciones de vol&uacute;menes para bibliotecas son desechadas y las editoriales cortan los de temporadas anteriores con guillotinas, algo &nbsp;que nos produce sufrimiento a &nbsp;quienes los amamos.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el contexto en que descubro en la biblioteca de mi amiga y colega <strong>Patricia, Pats</strong>, nieta de libaneses, &nbsp;el gordo <em>El infinito es un junco</em>, de <strong>Irene Vallejo</strong>, sobre la invenci&oacute;n de los libros en el mundo antiguo, de la editorial Siruela.
    </p><p class="article-text">
        La colaboradora de El Pa&iacute;s Semanal, autora de la antolog&iacute;a <em>Alguien habl&oacute; de nosotros</em> (2017) investig&oacute; con minucia la historia y se arroj&oacute; a la escritura de un t&iacute;tulo que no s&oacute;lo sacia curiosidades bibli&oacute;filas, sino que est&aacute; narrado con una elegancia poco habitual.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y porqu&eacute; el junco, un junco, porque de all&iacute; proviene el papiro con el que se fabricaron los soportes de lectura luego de la piedra dura. Los libros, esa lucha tenaz contra la destrucci&oacute;n, tuvieron a su gran defensor en <strong>Alejandro, el magno</strong>, que enviaba a misteriosos grupos de hombres a caballo a recorrer los caminos de Grecia para hacerse de las preas escritas, en los violentos territorios fe un mundo en guerra casi constante.
    </p><p class="article-text">
        Alejandro, como algunas cabezas de la Argentina del siglo XIX que quisieron hacer grande a nuestra naci&oacute;n, no s&oacute;lo ejerci&oacute; la violencia, sino que fue un hombre culto, en el polo opuesto de quienes nos gobiernan, quienes a lo sumo han le&iacute;do alg&uacute;n libelo de econom&iacute;a y la est&aacute;n aplicando r&aacute;pido y mal. Smith y Ricardo se volver&iacute;an a morir de inmediato si se levantaran de sus tumbas.
    </p><p class="article-text">
        El rey de Egipto les ha confiado a los caballeros la misi&oacute;n de ir hacia la otra orilla del mar para satisfacer su sed de posesi&oacute;n&hellip; art&iacute;stica y cultural. Libros, buscan libros. Son cazadores que rastrean esos objetos que conformar&aacute;n la biblioteca absoluta y perfecta, la colecci&oacute;n de casi todos los libros que aparecieron desde el principio de los tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Esa era la monarqu&iacute;a que reinaba, como hoy lo hace la web. Vallejo se convierte en la improbable compa&ntilde;era de viaje de aquellos hombres que buscaron tesoros dispersos que ir&iacute;an a parar a Alejandr&iacute;a &ldquo;la capital del sexo y la palabra&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>El infinito es un junco</em> son casi 450 p&aacute;ginas, pero vamos a detenernos en el papiro, ese que crece en el jard&iacute;n de otra amiga y periodista, Alejandra, nieta tambi&eacute;n, como Pats, de sirio libaneses. El junco de papiro, cuenta Vallejos y me saca en esta especificidad de la ignorancia, aunque la reafirma en mucho m&aacute;s, el papiro dec&iacute;a, hunde sus ra&iacute;ces en las aguas del Nilo. &ldquo;El tallo tiene el grosor del brazo de un hombre y su altura se eleva entre tres y seis metros. Con sus fibras flexibles, las gentes humildes fabricaban cuerdas, esteras, sandalias y cestas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mois&eacute;s</strong> fue salvado de las aguas por flotar en una canasta de esos juncos. Y durante siglos los sabios del Pr&oacute;ximo Oriente escribieron en rollos de papiros. Expertos creen que papiro y fara&oacute;n son sin&oacute;nimos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los egipcios descubrieron que con papiro pod&iacute;an fabricar hojas para la escritura. Los reyes se apropiaron de la manufactura y distribuci&oacute;n de ese material. Segan juncos en la ribera del r&iacute;o y el susurro de sus pasos despierta a los p&aacute;jaros dormidos. Luego depositan en los talleres brazadas de juncos, los descortezan y cortan tiras que luego pegan y alisan con piedra p&oacute;mez para que no se noten las junturas.
    </p><p class="article-text">
        La realizaci&oacute;n de esos rollos es un avance fant&aacute;stico. El lenguaje ya tiene su casa, un hogar en la materia viva. Piedra, barro, madera quedan atr&aacute;s, s&oacute;lo para usos ornamentales. El libro nace en la m&eacute;dula de una planta acu&aacute;tica. Es flexible, liviano, no pesa y transportar&aacute; todo el saber y la aventura de la experiencia humana. Va hacia atr&aacute;s para recoger los frutos de la humanidad y lanzarlos al futuro para hechizarnos con su magia.
    </p><p class="article-text">
        Prosigue Vallejo: &ldquo;Hoy existe una iniciativa llamada Proyecto Rosetta que aspira a proteger de la extinci&oacute;n a las lenguas humanas. Los ling&uuml;istas, antrop&oacute;logos e inform&aacute;ticos responsables del proyecto, con sede en San Francisco han dise&ntilde;ado un disco de n&iacute;quel donde se las han ingeniado para grabar en escala microsc&oacute;pica un mismo texto en su traducci&oacute;n a mil idiomas. Aunque muriese la &uacute;ltima persona capaz de recordar alguna de esas mil lenguas, las traducciones paralelas permitir&iacute;an rescatar las sonoridades y significados perdidos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los libros son pedazos dispersos del universo que forman un conjunto dotado de significaci&oacute;n. Nos ordenan frente al caos de alrededor. Son el refugio que nos guarnece como especie&nbsp;y protege todo aquello que hace memoria y tememos olvidar.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/claro-objeto-deseo_129_13029768.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 17:38:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ese claro objeto de deseo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El erotismo y la danza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/erotismo-danza_129_12991421.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d74f0376-bd31-4437-8bab-18fd8d0664a7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El erotismo y la danza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De cierto tipo de verdad en el arte de los cuerpos a fingir un placer que no se siente. 
</p></div><p class="article-text">
        Los brazos se extienden como ramas o espadas, las manos aletean semejantes a p&aacute;jaros, los torsos giran cual trompos o calesitas y el sonido del bandone&oacute;n y de los metales emerge desde lo profundo. Son movimientos brutales, celestiales, o en compos&eacute;, impulsados por las composiciones de <strong>Igor Stravinsky</strong> y <strong>Astor Piazzolla</strong>. Los cuadros son impecables.
    </p><p class="article-text">
        Con sus cuerpos et&eacute;reos, Los bailarines est&aacute;n envueltos en sedas y satenes rojos, bord&oacute;, anaranjados, color piel. Por momentos, ellas son brujas en aquelarre. En otros, a las parejas las impulsa el tango hacia el beso y el abrazo. Ellos son guerreros que se desordenan para volver a armarse.
    </p><p class="article-text">
        El tributo a <strong>Ana Mar&iacute;a Stekelman</strong>, que se estren&oacute; esta semana con el t&iacute;tulo de <em>Stekelman en tres tiempos</em>, en el Teatro San Mart&iacute;n, se coron&oacute; con la entrega de un ramo de flores a la homenajeada. <strong>Julio Bocca</strong> subi&oacute; al escenario para acompa&ntilde;arla, mientras el p&uacute;blico aplaud&iacute;a de pie. Los directores del cuerpo estable son <strong>Andrea Chinetti</strong> y <strong>Diego Poblette</strong>, herederos de la tradici&oacute;n de Stekelman, disc&iacute;pula a su vez de la legendaria <strong>Martha Graham</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica de Stravinski (fragmentos de La consagraci&oacute;n de la primavera) es una de las obras emblem&aacute;ticas de los tiempos de las vanguardias hist&oacute;ricas. Pone en escena un ritual pagano, donde una antigua comunidad celebra la llegada de la estaci&oacute;n de las flores sacrificando a una virgen, quien debe bailar hasta morir para propiciar la fertilidad de la tierra. La de Piazzolla, produjo una revoluci&oacute;n en la m&uacute;sica ciudadana de Buenos Aires y su vigencia la ha convertido en un cl&aacute;sico de nuestra identidad.
    </p><p class="article-text">
        La core&oacute;grafa y bailarina, de 81 a&ntilde;os, fue la creadora de Tangokinesis, un grupo de danza que combinaba el tango con la danza contempor&aacute;nea. Antes, fund&oacute; el Grupo de Danza Contempor&aacute;nea del teatro oficial, junto con <strong>Oscar Araiz</strong> y <strong>Mauricio Wainrot</strong>. El a&ntilde;o pr&oacute;ximo se cumplen cincuenta a&ntilde;os de la vida de este conjunto. 
    </p><p class="article-text">
        Sobre el programa reversionado que se presenta en el teatro de la avenida Corrientes, Stekelman record&oacute; que &ldquo;son obras que hice hace mucho, pero no hubo correcciones, est&aacute;n id&eacute;nticas, aunque a la vez son otras obras, porque los bailarines les dan su impronta. Verlas renacer es algo muy extra&ntilde;o, que me trastoca, porque en ese momento era muy joven&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sin embargo, me siento identificada con c&oacute;mo las baila esta compa&ntilde;&iacute;a, sus integrantes son muy eficientes y c&aacute;lidos, entienden los sentidos. Los movimientos son muy complejos y ellos los captan muy bien en su totalidad&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las tres piezas emblem&aacute;ticas correspondientes a tres momentos distintos de su carrera son &ldquo;Bailando en la oscuridad&rdquo;, el d&uacute;o &ldquo;Romance del diablo&rdquo; y &ldquo;La consagraci&oacute;n del tango&rdquo;, que cre&oacute; tiempo atr&aacute;s para que los bailara Bocca.&nbsp;&nbsp;Pueden verse hasta el 15 de este mes en la Sala Mart&iacute;n Coronado.
    </p><p class="article-text">
        A pocos metros del edificio que dise&ntilde;aron los arquitectos <strong>Mario Roberto &Aacute;lvarez</strong> y <strong>Macedonio Oscar Ruiz</strong>, est&aacute; el complejo La Plaza donde brilla <strong>Cecilia Ce</strong>, la psic&oacute;loga y sex&oacute;loga medi&aacute;tica cuya performance en los escenarios se inici&oacute; con <em>Beer &amp; Sex Night</em>&nbsp;en 2018, primero en caf&eacute; concert y despu&eacute;s, desde 2021, en salas teatrales.
    </p><p class="article-text">
        El nombre de su unipersonal actual es <em>Encend&eacute; tu motor</em> y se trata de un show participativo en el que realiza una pedagog&iacute;a din&aacute;mica y con humor sobre la sexualidad, el s&iacute;mil de una conferencia en el que el deseo, el placer y las dificultades en el erotismo son los temas dominantes. 
    </p><p class="article-text">
        Vestida como una corredora de autos, la especialista en dar c&aacute;tedra sobre las fantas&iacute;as y las acciones sexuales se refiere al uso de los aceleradores y los frenos para conectarse con las sensaciones. Orgasmo, menopausia, punto G, desconexi&oacute;n, son algunos de los temas que matiza con la invitaci&oacute;n a que los asistentes cuenten brevemente experiencias o hagan preguntas. No se trata de sugerir posiciones, ni de presionar a nadie mediante recetas El estr&eacute;s puede ahogar el deseo en unos casos, mientras que a otros los prende. No hay que compararse ni meterse m&aacute;s presi&oacute;n: hay que entender las diferencias individuales con una mirada amorosa y compasiva&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una de las asistentes, la psic&oacute;loga <strong>Susana Scornavaca</strong>, se&ntilde;ala que este tipo de espect&aacute;culos son positivos &ldquo;porque hay mucha desinformaci&oacute;n, incluso en las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes. Se confunde el uso del cuerpo con tener o no la informaci&oacute;n para tener o dar placer de una manera responsable. Hay mucho tab&uacute; sobre todo en las mujeres en pedir lo que nos gusta, en donde, de qu&eacute; manera, en qu&eacute; ritmo. Sigue habiendo una sexualidad orientada al var&oacute;n. En las relaciones homosexuales hay otras coordenadas, no digo que lo pasan mejor, sino que tienen c&oacute;digos. En las hetero, las mujeres queremos hacer sentir contento al var&oacute;n y es urgente empezar a deconstruirlo porque entonces &eacute;l sigue sin consultar y nosotras tenemos temor de decir por herir su hombr&iacute;a. La sexualidad sigue siendo falo c&eacute;ntrica, aunque algo est&aacute; cambiando&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Scornavaca, &ldquo;debemos dejar de fingir&rdquo;. Al consultorio llegan temas como &ldquo;la incomunicaci&oacute;n, la falta de deseo, ansiedad de desempe&ntilde;o, eyaculaci&oacute;n precoz, much&iacute;simo consumo de pornograf&iacute;a. Esto impide armar escenas favorables porque se tiene un gui&oacute;n pensado. Adem&aacute;s, hay alguna diferencia de frecuencia entre hombres y mujeres. En teor&iacute;a ellos quieren m&aacute;s veces que ellas, algo que tambi&eacute;n se est&aacute; desarmando de a poco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otro de los inconvenientes serios es la distorsi&oacute;n del esquema corporal, no habitar con comodidad el propio cuerpo. &ldquo;Se piensa m&aacute;s en c&oacute;mo se ven que lo que se siente. El pensamiento rumiante es un obst&aacute;culo. La idea es salir del formato exitoso de lo que es una relaci&oacute;n sexual y armar la propia escena en donde dos personas o m&aacute;s, si hay consensos se sientan c&oacute;modos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/erotismo-danza_129_12991421.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Feb 2026 13:55:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El erotismo y la danza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salir del infierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/salir-infierno_129_12971601.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/89e3d31c-8f52-4b6d-a8df-5b79b42096eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Salir del infierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dos escritores atraviesan situaciones muy dolorosas. A Roque Farrán le disparan y experimenta un coma inducido, del que sale vivo. Juan Carlos Kreimer pierde a su mujer y descubre que el amor convive con la simulación del que no le importa querer ni ser querido.</p></div><p class="article-text">
        Dice el cordob&eacute;s <strong>Roque Farr&aacute;n</strong> en su reciente libro <em>Escribir es respirar</em>, que la escritura &ldquo;es un recurso medular para vivir y sobrevivir&rdquo;. Lo mismo podr&iacute;a expresar <strong>Juan Carlos Kreimer</strong>, autor de la novela <em>La ingrata tarea de no dejarme querer</em><strong>.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Frente a la pulsi&oacute;n de vida, Eros, y de la muerte, T&aacute;natos, ambos escritores -de distintas maneras- recurrieron a la herramienta que se les dio m&aacute;s a la mano para salvarse.
    </p><p class="article-text">
        El primero, de la muerte por un disparo, cuando el 12 de octubre de 2014 volv&iacute;a a su casa con la familia y al cruzar las v&iacute;as del tren los interceptan dos personas en moto para arrebatarle la cartera a su madre. Farr&aacute;n siente un soplido, le hab&iacute;an disparado con un calibre 22 que rebot&oacute; entre los &oacute;rganos. Destroz&oacute; el bazo y roz&oacute; el pulm&oacute;n. &ldquo;Me salv&eacute; de milagro&rdquo; y a las pocas semanas naci&oacute; su hija Camila. Ahora est&aacute; por ser padre por segunda vez.
    </p><p class="article-text">
        Kreimer se redime del desamor. Antes de morir, su compa&ntilde;era le pide que re&uacute;na los diarios personales y luego de cuatro a&ntilde;os, los pone a dialogar con escritos propios. El rechazo a admitir el amor profundo provoca que, cuando se entregan, no tienen la capacidad de disfrutar del estar juntos.
    </p><p class="article-text">
        Ambos, es evidente, tras atravesar situaciones l&iacute;mites o cruzar cierta frontera.
    </p><p class="article-text">
        Farr&aacute;n la emprende con un di&aacute;logo polif&oacute;nico con los presentes, la calle, los ausentes y su hija, que le permite intentar superar ese roce con el final. Pas&oacute; por un coma inducido y logr&oacute; reponerse, aunque la huella de aquel momento es a&uacute;n muy profunda. <em>Escribir es respirar</em> tambi&eacute;n propone ejercicios de escritura para asumir la propia muerte, el duelo y el nacimiento.
    </p><p class="article-text">
        Kreimer, luego de la muerte de su compa&ntilde;era, cuando re&uacute;ne sus diarios personales y los pone a dialogar con textos propios, en un camino en el que convivieron el amor profundo y la simulaci&oacute;n de que se puede prescindir de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        La disposici&oacute;n del narrador de <em>Escribir es respirar</em> ante la muerte &ldquo;no es pesimismo ontol&oacute;gico o hipocondr&iacute;a generalizada sino, al contrario, habilitar el encuentro con la alegr&iacute;a en cada gesto de amor&rdquo;. Cree que el infierno son los otros y que vale la pena &ldquo;buscar lo que no es infierno&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Investigador independiente del Conicet y director del programa &ldquo;El giro pr&aacute;ctico en el pensamiento contempor&aacute;neo&rdquo;, Farr&aacute;n considera que las letras se tejen con cuidado y firmeza. &ldquo;Si uno no se sostiene, el resto se suelta&rdquo;. Su escritura hace cuerpo, &ldquo;sigue la raz&oacute;n de los afectos&rdquo;. Al publicar, apuesta tambi&eacute;n por la transmisi&oacute;n &ldquo;La potencia contagia y es una responsabilidad constituir lazo con la narraci&oacute;n existencial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Acaso el impacto de los disparos produjo despu&eacute;s la p&eacute;rdida de dramatismo frente a la idea de la muerte personal. &ldquo;Esa noci&oacute;n &rdquo;se pone a escala de las transformaciones incesantes del universo, y se asume as&iacute;, no somos m&aacute;s que materia que se renueva y descompone a su tiempo&ldquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Escribir me ayuda a procesar y tolerar con cierta elegancia mis caos internos&rdquo;, dice Kreimer, autor de <em>Punk, la muerte joven</em> y editor de la legendaria revista <em>Uno mismo</em>. Los per&iacute;odos en los que no escribi&oacute; regularmente sobre este mundo, cuando trabajaba como periodista o como editor, &ldquo;creo haber dejado pasar algo, estuve dormido ante estas realidades. El que escribe en m&iacute; es quien me despierta de tanto en tanto&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        En escritos anteriores a<strong> </strong><em>La ingrata tarea de no dejarme querer</em> se hab&iacute;a inspirado en algunas situaciones vividas y las hab&iacute;a reformulado en funci&oacute;n de la estructura interna del relato. &ldquo;Describ&iacute;a algo que me hab&iacute;a pasado a m&iacute;, o usaba materiales de mi conflictivas internas como una cantera&rdquo;. Mientras escrib&iacute;a este libro no supo a qu&eacute; g&eacute;nero pertenec&iacute;a. No fue solo copiar tramos de los diarios personales y pegarlos alternadamente: &ldquo;en casi todas las entradas, intent&eacute; ver qu&eacute; le estaba pasando de veras a cada uno los protagonistas, mostrar sus fantasmas. Y dejar que la intimidad surgiera de la sinceridad con que cada uno se hablaba a s&iacute; mismo en el momento de registrarlo en su diario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Escribir sobre vivencias muy personales no fue una decisi&oacute;n, no se le ocurri&oacute; hacerlo de otro modo. &ldquo;Si tomaba esos materiales no era para armar otra novela. Era para sacarlos a la luz, comprenderlos. Me pareci&oacute; que el registro era escribir lo m&aacute;s verdaderamente posible y dejar que hablaran por s&iacute; mismos. No decid&iacute; exponerme, o exponerla a ella, sino dejar que los relatos fueran los que nos expusieran. Los dos protagonistas eran de correr riesgos. Exponerse en un libro es algo menor en relaci&oacute;n a lo que busc&aacute;bamos con el otro: quitarnos todas las m&aacute;scaras, no no condicionarnos por su mirada, ser juntos quien &eacute;ramos solos, acompa&ntilde;arnos desde ah&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace tiempo, Kreimer escribe libros de investigaci&oacute;n sobre determinados emergentes. El andar en bici y el zen, el vivir en el ahora, las zonas comunes entre la creaci&oacute;n art&iacute;stica y la b&uacute;squeda espiritual, el sentido de estar aqu&iacute;, en la Tierra. &ldquo;Son m&aacute;s bien cr&oacute;nicas de mi viaje por los temas que me afectan y despiertan las ganas de escribir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me parec&iacute;a que hab&iacute;a otras realidades, especialmente en el campo de la conciencia, que me ped&iacute;an que las contara. Mis &uacute;ltimos libros est&aacute;n escritos en una prosa m&aacute;s de novela que de ensayo. En esta novela estoy ensayando hacer la cr&oacute;nica de c&oacute;mo vivimos el amor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante tres a&ntilde;os, hubo una voz (la suya) que le dec&iacute;a &ldquo;no, todav&iacute;a no, todav&iacute;a est&aacute;s muy tomado por el dolor de su partida. Ella todav&iacute;a estaba presente a mi lado y repet&iacute;a: esto no es del todo as&iacute;, esto es tuyo, no m&iacute;o, esto querr&iacute;a que fuera dicho de otro modo. Hasta que en el verano pasado, de vacaciones en Traslasierra, y en los mismos lugares adonde sol&iacute;amos ir, en La casa de Wanda, en el arroyo Los Molles, en la pulper&iacute;a de Villa Las Rosas, sentado como nos sent&aacute;bamos debajo de algunos &aacute;rboles, me puse a escribir lo que dec&iacute;a cada entrada como si lo estuviera viviendo en ese momento. A puro presente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para el narrador, evocar fue una experiencia en s&iacute; misma: le permiti&oacute; entender como muy significativas algunas situaciones que en su momento le hab&iacute;an parecido menores. El libro se divide en cap&iacute;tulos por a&ntilde;os y todos suelen comenzar en las vacaciones y terminar en medio de las fiestas. &ldquo;Tuve en cuenta hasta qu&eacute; niveles, cada situaci&oacute;n que viv&iacute;a transformaba a los protagonistas, los acercaba o era motivo de desilusiones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al escribir descubri&oacute; que las motivaciones por las que amamos y por las que creemos que nos aman, no siempre se ajustan a lo que suponemos. &ldquo;Creo que tenemos patterns invisibles y cuando algo, propio o del otro, se escapa de &eacute;l, suponemos que la cosa no va m&aacute;s. Creo que ah&iacute; es cuando las ilusiones y automatismos del amar muestran lo que hay debajo y esa fuerza centr&iacute;peta toma cuerpo. Los imaginarios pierden poder y tu sensibilidad se abre a lo que se produce entre ambos. La vivencia es m&aacute;s fuerte que cuanto pueda decirse con palabras. O la captas y te la banc&aacute;s y aprendes a gozar eso, o segu&iacute;s jugando a las figuritas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/salir-infierno_129_12971601.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Feb 2026 13:04:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Salir del infierno]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Papeles que viajan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/papeles-viajan_129_12952705.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7f24fc15-39e7-4d24-95a2-9c187a841918_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Papeles que viajan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pausa, la atención, el afecto y el pensamiento vuelven a través de las cartas, un modo de comunicación que está ganando cada día más adeptos.</p></div><p class="article-text">
        Escucho el precioso disco <em>A&ntilde;os despu&eacute;s</em>, de <strong>Edgardo Cardozo</strong>, cuya imagen de tapa exhibe una abrumadora soledad. Es el asiento de cuerina marr&oacute;n, tajeado, de un antiguo vag&oacute;n de tren. Igual que&nbsp;aquel en el que me sentaba con mis hermanas cuando&nbsp;recorr&iacute;amos el oeste con el boleto naranja y blanco en la mano, que el guarda picaba. Media hora de Haedo a Caballito los domingos, para visitar a la bobe que revolv&iacute;a la olla humeante con sus comidas jud&iacute;as y camin&aacute;bamos despreocupadas con mis primos para subir a la calesita en Plaza Irlanda.
    </p><p class="article-text">
        Era el tiempo demorado de los buzones rojos, el de la espera y&nbsp;las cartas de ida y vuelta donde se exhib&iacute;a todo tipo de letra. Hay un tema que canta Cardozo, de inquietante melancol&iacute;a y letra muy breve, que dice: <em>Cartas como fotos blanco y negro/ que el desgarro del sobre me revela/ Cartas como ausencias/ las que no llegan/ las que hubieran cambiado el sentido de todo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Dice, y habr&iacute;a que confirmarlo con las autoridades del correo, que pese al email y a las redes, las cartas de papel volvieron. Es un gesto peque&ntilde;o, artesanal, de resistencia, que regresa. Se abre con delicadeza un sobre, tal vez se reconoce la letra, se acarician las hojas que pasaron por las manos de otra persona. En un contexto vertiginoso,&nbsp;<a href="https://www.hola.com/padres/20220606333481/memoria-escribir-mano-beneficios/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escribir a mano</a>&nbsp;y enviar ese texto <strong>&iacute;ntimo es una forma de conectar de verdad.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para este a&ntilde;o, las cartas cobrar&aacute;n auge entre las generaciones z y millenial, seg&uacute;n Pinterest Predicts 2026.&nbsp;Apoyan su hip&oacute;tesis en el aumento de los sellos en un 105 por ciento, en un 35 de cartas de amigos por correspondencia y en un 45 de cartas a mano.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hoy escribimos en un mundo que corre hacia no se sabe d&oacute;nde. La escritura lenta nos interpela, involucramos el cuerpo de otra manera, pensamos especialmente en alguien, se lo mostramos. Es un modo de prestarle atenci&oacute;n, cederle tiempo y espacio a la conversaci&oacute;n sin voz o de bajo volumen.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez alguien vuelva a pedir &ldquo;quem&aacute; esas cartas&rdquo;, mientras la mayor&iacute;a deja de lado la opcion de la fogata y digita la tecla de borrar/delete o env&iacute;en lo escrito a la papelera de reciclaje. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Seguir&aacute;n existiendo esos escritores fantasma, como en la novela <em>El coraz&oacute;n en invierno</em>, de <strong>Kevin Barry</strong> (Edhasa) donde el protagonista, l&iacute;rico y desvergonzado, es el autor de cartas de amor ajenas, en el pueblo minero de Butte, Montana? &iquest;Alguno de ustedes moj&oacute; sus labios en los &uacute;ltimos meses para pegar una estampilla? &iquest;Sigue existiendo el papel de avi&oacute;n, finito y transparente?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las amistades epistolares fueron (son) un lugar de afecto y reflexi&oacute;n. Contiene pasiones, peleas, amores, sorpresas, bellos encabezamientos y la firma, &uacute;nica. Hace un tiempo, en Se&uacute;l, surgi&oacute; el primer caf&eacute; postal: Nuldam Space. Se replic&oacute; en Par&iacute;s, en el caf&eacute; Pli y en Buenos Aires, en el barrio de Retiro, con el agregado de que en la versi&oacute;n porte&ntilde;a funciona desde fin de 2025 la unidad postal oficial del Correo Argentino 5828. 
    </p><p class="article-text">
        La gestora de Caf&eacute; Posdata es <strong>Carolina Barone</strong>, oriunda de Venado Tuerto, Santa Fe, descendiente de trabajadores ferroviarios, estaci&oacute;n donde las cartas y las encomiendas formaban parte del cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        En Posdata hay noventa casillas postales, el men&uacute; te llega como una carta y la mayor parte de las actividades ocurren con diarios, libros, sobres, sellos, stickers, es decir: papel. Hay lapiceras para escribir y, eso s&iacute;, pod&eacute;s usar el c&oacute;digo QR para tener wifi.
    </p><p class="article-text">
        Un profesor de Mataderos, <strong>Nito Basavilbaso</strong>, le escribi&oacute; doce cartas a su amigo <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong>, en la ficci&oacute;n que protagoniz&oacute; <strong>Juan Palomino</strong> y que se repone de tanto en tanto. Se llama <em>Cartas para Julio</em> y su autor es <strong>Gabriel D. Lerman</strong> (Astier Libros).
    </p><p class="article-text">
        Dice Lerman, &ldquo;me cautiv&oacute; algo bastante obvio: la centralidad que ten&iacute;a el g&eacute;nero epistolar en las relaciones interpersonales de hace cincuenta a&ntilde;os. No hab&iacute;a chat ni Skype ni Internet, pero tampoco hab&iacute;a demasiado tel&eacute;fono, ni tanta posibilidad de retruque o reposici&oacute;n de informaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Era otra manera de estar en el mundo. &ldquo;En las cartas se expresaba todo: desde un complejo pensamiento te&oacute;rico, una posici&oacute;n pol&iacute;tica, hasta el listado de ropa a llevar en un viaje o un pedido de devoluci&oacute;n de libros o el aviso de olvido de un cepillo de dientes. Todo se pon&iacute;a en las cartas. Con posdatas, con adendas, con anexos, con notitas al margen. Y esperar una respuesta espec&iacute;fica por escrito pod&iacute;a significar el cambio de rumbo de una vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La correspondencia entre <strong>Albert Camus</strong> y <strong>Rene Char</strong>, dos de los mayores escritores franceses del siglo veinte, parece escrita hoy. &ldquo;Cada vez seremos un incordio para la frivolidad de los explotadores de nuestra &eacute;poca. Este nuevo combate apenas comienza y con &eacute;l, nuestra raz&oacute;n de existir&rdquo;, escribi&oacute; el segundo.
    </p><p class="article-text">
        <em>Ya te llegar&aacute;</em> fue el t&iacute;tulo que Eterna Cadencia eligi&oacute; para publicar la correspondencia que mantuvieron entre 1984 y 1997 lasescritoras <strong>Margo Glantz</strong> y <strong>Tamara Kamenszain</strong>, guardada en Princeton. El proyecto naci&oacute; con el encuentro de un pil&oacute;n de cartas separadas con una banda el&aacute;stica<strong>. </strong>La relaci&oacute;n de pareja, la dificultad de vivir de la escritura, el humor como ant&iacute;doto contra el malestar social, las cr&iacute;ticas literarias, los encuentros con pares, son algunos de los temas que recorren con gran vitalidad las plumas de dos mujeres que criaron hijos e hijas mientras escrib&iacute;an textos fundamentales de la literatura latinoamericana.
    </p><p class="article-text">
        Glantz es una de las voces imprescindibles de las letras mexicanas de los siglos XX y XXI. Tiene un estilo &ldquo;saltar&iacute;n y elegante&rdquo;, en tanto que la escritura de Tamara, una de las inspiradoras de la carrera Artes de la Escritura en la UNA, es m&aacute;s &ldquo;concentrada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las cartas tambi&eacute;n son testimonio de los horrores de la humanidad. Contaba el periodista espa&ntilde;ol <strong>Jes&uacute;s Ruis Nestosa</strong> que el jerarca nazi Himmler le escrib&iacute;a a su mujer que lamentaba &ldquo;tanto haberme olvidado de nuestro aniversario por primera vez&rdquo; y en otra, muy escueta: &ldquo;Viajo a Auschwitz. Besos: tu Heini&rdquo;. Ella: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo nos dejar&aacute; esta banda de jud&iacute;os para que podamos disfrutar de la vida?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Son legendarios los intercambios epistolares entre <strong>Alejandra Pizarnik</strong> y <strong>Silvina Ocampo</strong>, <strong>Virginia Woolf</strong> y <strong>Vita Sackville-West</strong>, o <strong>Simone de Beauvoir</strong> y <strong>Violette Leduc</strong>. Para ellas, era un modo de pensar en voz alta, de sostenerse, de existir en el campo literario que a veces las dejaba de lado. 
    </p><p class="article-text">
        Detenerse, escribir y leer sin urgencia nos da otra percepci&oacute;n de la temporalidad. Lo hacemos en un mundo que va cada vez m&aacute;s r&aacute;pido. Volver a las cartas es una manera de recuperar el tiempo, el pensamiento, la atenci&oacute;n y la conversaci&oacute;n amable.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/papeles-viajan_129_12952705.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Jan 2026 14:51:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Papeles que viajan]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cartas,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pileta como paraíso o infierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pileta-paraiso-infierno_129_12932901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4816be46-f1db-41a8-bced-786e92ea9e6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134947.jpg" width="284" height="160" alt="La pileta como paraíso o infierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritura se sumerge y se desplaza como la natación, en estilos variados: crol, mariposa, pecho o espalda. Textos que tienen el ritmo de las brazadas, pasan del realismo de la superficie a un mundo oscuro y fantástico, para anclar en el agua.</p></div><p class="article-text">
        Pas&oacute; gran parte de enero y aunque no todos los d&iacute;as fueron muy calurosos, como otros veranos, persiste la idea de inscribirme en una pileta para nadar y refrescarme. Si no me atrapa la procastinaci&oacute;n, febrero ser&aacute; el mes del retorno a las aguas, as&iacute; que tendr&eacute; que ir renovando las antiparras.
    </p><p class="article-text">
        Me atrae poderosamente la escena de hundirme en el medio l&iacute;quido para mover cada parte de mi cuerpo. Y avanzar. Recuerdo algunas pel&iacute;culas sobre la relaci&oacute;n con el agua<em>: La ca&iacute;da</em>, de la argentina <strong>Luc&iacute;a Puenzo</strong>, <em>Las Nadadoras,</em> de la galesa <strong>Sally El Hosaini</strong>, y <em>Azul profundo</em>, del franc&eacute;s <strong>Luc Besson</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Nadar con estilo y soltura implica sintonizar bien el aparato que aspira y exhala. Algo as&iacute; ocurre con la m&uacute;sica y la escritura: requieren de un cierto tipo de respiraci&oacute;n para sonar mejor.
    </p><p class="article-text">
        La evocaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica me lleva inevitablemente a algunas obras literarias sobre el nado, que no es lo mismo que la nada. En una &iquest;(in)acci&oacute;n?, los incidentes suelen ser eventuales y en la otra, lo que hay es el mism&iacute;simo vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Hace un tiempo y durante tres d&iacute;as, <strong>Cristina Rivera Garza</strong> subi&oacute; a la web varios tuits con reflexiones personales sobre la nataci&oacute;n, pensamientos que acompa&ntilde;&oacute; de fotos suyas desplaz&aacute;ndose en una pileta descubierta. &ldquo;Entre flotar y caer, nadar. Uno va a la alberca (as&iacute; se dice pileta, en M&eacute;xico) para estar solo&rdquo;. La autora de <em>El invencible verano de Liliana</em> y ganadora del Pulitzer record&oacute; a su hermana, v&iacute;ctima de femicidio: &ldquo;Su patada era mejor que la m&iacute;a; pero mi brazada era m&aacute;s precisa que la suya. Nunca hablamos de la nataci&oacute;n como algo especial. Solo era algo que hac&iacute;amos. Juntas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El poeta argentino <strong>H&eacute;ctor Viel T&eacute;mperley</strong> escribi&oacute; en versos &nbsp;su experiencia m&iacute;stica y acu&aacute;tica: &ldquo;Soy el nadador, Se&ntilde;or, soy el hombre que nada./ Soy el hombre que quiere ser aguada/ para beber tus lluvias con la piel de su pecho./ Soy el nadador, Se&ntilde;or, bota sin pierna bajo el cielo/ para tus lluvias mansas,/ para tus fuertes lluvias,/ para todas tus aguas./ Las aguas como lonjas de una piel infinita,/ las aguas libres y la de los lagos, / que no son m&aacute;s que cielos arrastrados/ por tus ca&iacute;dos &aacute;ngeles. Soy el nadador, Se&ntilde;or, soy el hombre que nada./ Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las m&aacute;s bajas/ aguas de los arroyos se sostiene vibrante, /como en medio del aire&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me atravesaba un r&iacute;o/ me atravesaba un r&iacute;o&rdquo;, reitera Juan L. Ortiz en su duplicidad sintagm&aacute;tica. Ese espacio de comuni&oacute;n con la naturaleza es una fuente de profunda reflexi&oacute;n sobre la vida, el destino y el tiempo, la conexi&oacute;n que fluye de adentro y afuera y viceversa.
    </p><p class="article-text">
        Escribi&oacute; <strong>Marcelo Cohen</strong> sobre el volumen <em>Aguas</em><strong>,</strong> donde la flamante ganadora del Segundo Premio Nacional de Poes&iacute;a, <strong>Alicia Genovese</strong>, se arriesga a las zonas de contacto entre su oficio, la gram&aacute;tica y el deporte solitario. &ldquo;El agua es c&iacute;clica, pagana, y nadar es mantenerse entre la forma y el deseo, entre la afirmaci&oacute;n y el abandono: &rdquo;Abrir el pecho / empujando en c&iacute;rculos / los brazos. Las piernas / en &aacute;ngulo de rana / y echar hacia atr&aacute;s / lo que no acompa&ntilde;a; / acostumbrarse a perder&hellip;. Y as&iacute; como los versos van dejando los rigores de la sintaxis por el tempo de la brazada, los nombres particulares &ndash;traje de neoprene, gorra de goma, caparazones rotos, v&eacute;rtebra de ballena, filamentos de agua viva&ndash; dejan paso a los gen&eacute;ricos y los neutros, como en los dos d&iacute;sticos finales: y, otra vez, el grito / de mojadura bajo los chaparrones / el avance del drenaje del coraz&oacute;n / y la lluvia sobre lo seco.&ldquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>F&eacute;lix Bruzzone</strong>, el autor de <em>Barrefondo</em>, es un higienista de piscinas, un limpiador de piletas, para decirlo en criollo. Luego de 13 a&ntilde;os de ganarse la vida trabajando como piletero en barrios cerrados de Don Torcuato, en el conurbano, sale a flote con la escritura de <em>Piletas</em>, desde las profundidades de su experiencia. Hay algo siniestro y calmo en ese mundo callado y transparente en el que los ricos se refrescan.&nbsp;&nbsp;Bruzzone se percibe como una de tantas &ldquo;mucamas del agua sin cargas sociales&rdquo;, con frases sorprendentes como si fueran suaves olas, que convierten la dimensi&oacute;n realista en otra fant&aacute;stica. Frente a las consecuencias dram&aacute;ticas del cloro y el sol y los desplantes de clienta sirena rubia, aparecen otros otros personajes pintorescos o pat&eacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Piletas </em>es una especie de bit&aacute;cora que registra un abanico de an&eacute;cdotas y estampas en torno a un piletero, hom&oacute;nimo del autor, o rebautizado por la exleona <strong>Magui Aicega</strong>, &ldquo;la primera vez que le dije mi nombre entendi&oacute; &lsquo;Erik&rsquo; en lugar de &lsquo;F&eacute;lix&rsquo;. Desde entonces, para ella, y para las amigas a las que me recomienda, soy Erik, el piletero&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El&nbsp;portentoso cuento&nbsp;<em>El nadador</em>, del estadounidense <strong>John Cheever</strong>, narra un episodio en la vida de&nbsp;Neddy Merrill, un habitante adinerado de los suburbios, que decide regresar a su casa nadando, a trav&eacute;s de las piscinas de los vecinos de su barrio. A medida que avanza, comienza a darse cuenta de que algo no anda bien. El personaje (inmortalizado por <strong>Burt Lancaster</strong> en el cine) atraviesa lujosos pozos de agua en las afueras de la ciudad. Va con su traje de ba&ntilde;o nadando hacia su casa, cada vez m&aacute;s asombrado con las distintas atm&oacute;sferas, eras geol&oacute;gicas, temperaturas y memorias que se presentan.&nbsp;En ese viaje se encuentra con cosas inesperadas, pero evita reflexionar, deprimi&eacute;ndose cada vez m&aacute;s, recordando el pasado y sus problemas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Leanne Shapton</strong> recurre a su experiencia como nadadora profesional, en&nbsp;<em>Bocetos de nataci&oacute;n.</em><strong> </strong>No escribe la cr&oacute;nica de cuando entrenaba seis horas por d&iacute;a seis d&iacute;as a la semana. Su libro se estructura a partir del nado como una ruta o un idioma &uacute;til para entrar en todas partes, referirse a lo m&aacute;s hostil y lo m&aacute;s cercano. La nataci&oacute;n es un m&eacute;todo que emplea tanto en contarnos un momento cotidiano como en la elaboraci&oacute;n de una relaci&oacute;n amorosa o la indagaci&oacute;n de los cuerpos. 
    </p><p class="article-text">
        Evoca <strong>Leo Baldo</strong> una idea de <strong>Gast&oacute;n Bachelard</strong>: &ldquo;La fatiga es el destino del nadador&rdquo;. Y agrega que &ldquo;El salto en el mar reaviva, m&aacute;s que cualquier otro acontecimiento f&iacute;sico, los ecos de una iniciaci&oacute;n peligrosa (&hellip;). Es la &uacute;nica imagen exacta del salto en lo desconocido&rdquo;. Quien nad&oacute; en el mar, lejos de la orilla, como lo hicimos alguna vez junto a Mauro Aguilar, guardavidas de rescate extremo, seguramente sinti&oacute; la electricidad del peligro, pero la base radica en la respiraci&oacute;n bien controlada, con pulmones, alv&eacute;olos y bronquios trabajando sincronizadamente para mantener un nado &oacute;ptimo, r&iacute;tmico, bien acoplado al elemento en el cual se est&aacute;. Tal vez suceda lo mismo, no hay certezas, con la escritura. Una narraci&oacute;n que no respira bien, se ahoga como un nadador, pero siempre pod&eacute;s flotar y dejar que el resto venga y te impulse&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        La francesa <strong>Irma Pelatan</strong> hace de la nataci&oacute;n una po&eacute;tica en <em>El olor a cloro</em>. Nadadora habitual, practic&oacute; la disciplina acu&aacute;tica varios d&iacute;as a la semana en una pileta dise&ntilde;ada por Le Corbusier y mientras el cuerpo se fund&iacute;a con el agua en un ritmo singular, descubri&oacute; su voz: &ldquo;A la noche, insistente, me molestaba para dormir. En el agua, por lo general, se alejaba de la inquietud y llegaba al territorio de lo sin objeto, la flotaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La materialidad de la pileta se vuelve deseo, angustia, verg&uuml;enza, libertad, exploraci&oacute;n. &ldquo;Por debajo de la superficie enseguida me despliego, largo aire en burbujas brillantes y de repente una patada potente, luego ondulo, nado debajo de la superficie, llego a este espacio que adoro; luego de golpe; la libertad por delante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pileta-paraiso-infierno_129_12932901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2026 13:29:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La pileta como paraíso o infierno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Piletas,Nadar,Agua]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una relación íntima]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/relacion-intima_129_12915346.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/06df704c-d711-4c2b-8954-3d5dd92ebeea_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134502.jpg" width="563" height="316" alt="Una relación íntima"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La presencia de la emoción y el cuerpo en la relación de los músicos con sus instrumentos, a propósito del estreno del espectáculo “Historia contrabajo" y otras anécdotas sentimentales y sonoras. </p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Hubo un tiempo muy lejano en que los instrumentos musicales no se conoc&iacute;an entre s&iacute;. Cada familia viv&iacute;a separada de las otras, y, verdaderamente, era una l&aacute;stima&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El actor </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Juan Carlos Thorry</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> le daba su voz, as&iacute;, al relato de la obra musical</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> P&iacute;colo, Saxo y Compan&iacute;a</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, con la que muchos de quienes vivimos nuestra infancia en los a&ntilde;os 1960/70 nos acercamos por primera vez a la m&uacute;sica cl&aacute;sica. Fue parte de la educaci&oacute;n sentimental de las generaciones X y Baby Bommers. Recuerdo ese texto como un poema que, de tanto repetirlo, se te graba. </span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Fueron los peque&ntilde;os violines quienes, por casualidad, descubrieron que no eran los &uacute;nicos instrumentos en el Reino de la m&uacute;sica&rdquo;, segu&iacute;a Thorry. &ldquo;Un d&iacute;a, muy entusiasmados, fueron a buscar al abuelo Contrabajo: Abuelo, abuelo -dijeron los Violines-, &iquest;a que no sabes qu&eacute; pasa?&hellip; Est&aacute;bamos paseando y, de pronto, en la otra orilla del r&iacute;o, vimos unos instrumentos que no se nos parecen en nada, pero hablan una m&uacute;sica muy bonita&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">As&iacute; que solo se tratar&iacute;a de cruzar el r&iacute;o, para conocerse, intercambiar impresiones y entenderse. Lo escuchamos tantas veces en el tocadiscos de marca Continental junto a mis dos hermanas, que lleg&oacute; un momento en que la fritura que produc&iacute;a la p&uacute;a sobre el long play rayado sonaba m&aacute;s fuerte que la m&uacute;sica. Era algo usual que ocurr&iacute;a entonces por la delicadeza de los discos.</span>
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica no s&oacute;lo se escucha y aprende con los o&iacute;dos sino con todo el cuerpo, como ense&ntilde;an las maestras en las aulas. Bailando, saltando, marchando, moviendo cabezas, tronco, cadera, brazos y piernas. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En 1957, en su apogeo pleno como compositor, el autor franc&eacute;s </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Andr&eacute; Popp</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> (1924-2014) cre&oacute; una obra sinf&oacute;nica para iniciar al p&uacute;blico infantil en la m&uacute;sica cl&aacute;sica. Puso manos a la obra y con su amigo </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Jean Broussolle </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">crearon el cuento musical mencionado.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La evocaci&oacute;n surgi&oacute; la noche de la semana pasada en que fui al estreno del espect&aacute;culo </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Historia contrabajo</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, en el que con la direcci&oacute;n de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>C&eacute;sar Brie</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, su sobrino Pablo cuenta c&oacute;mo es andar por la vida con semejante instrumento. Y, por supuesto, Lo primero que nos cuenta el m&uacute;sico y actor es que el contrabajo es una pesada carga, un armatoste que adem&aacute;s de su belleza sonora, da&nbsp;mucho trabajo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El rechazo&nbsp;a trasladarlo de los choferes de bondis, taxis y remises, la pregunta insistente sobre porqu&eacute; no eligi&oacute; tocar la flauta, la otra sobre la potencial funci&oacute;n del instrumento de alojar a los muertos en su interior, como si fuera el caj&oacute;n de una funeraria, son algunos de los temas que se desarrollan con m&uacute;sica y humor en el subsuelo de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>El camar&iacute;n de las musas</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Roberto es gordo, macizo y picaflor: galante con la trompeta, acaramelado con la tuba, se hace el chistoso con la viola y el seductor con las damas con su mole imponente y su voz de bajo. Para empeorar las cosas, le gusta viajar. Si no hay coche nos vamos en bus y si en bus no se puede viajamos en cami&oacute;n&rdquo;. Roberto nunca va solo, con &eacute;l viaja Pablo, flaco, debilucho, el que se ocupa de horarios, boletos, asientos, reservas. Roberto es harag&aacute;n, el contrabajista lo carga, lo sube, lo baja, lo cuida, lo viste, lo afina&ldquo;. El ejecutante del cord&oacute;fono ha sufrido de tendinitis, se ha peleado con colectiveros, conductores y azafatas, ha llegado tarde contra su voluntad a los ensayos y conciertos: &rdquo;El gordo va con el equipaje&ldquo;, lo discriminan. -&rdquo;Pero si le pagu&eacute; el boleto&ldquo;, se sorprende su protector.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"> Los sufrimientos terminan cuando la m&uacute;sica comienza. Si Pablo toca y Roberto canta, todo lo dem&aacute;s deja de existir.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Pablo abraza a su compa&ntilde;ero, y lo convierte en personaje de un espect&aacute;culo que, &eacute;l dice, tiene cuerda para rato.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La relaci&oacute;n de los m&uacute;sicos con sus instrumentos es s&uacute;per &iacute;ntima, de cuerpo y alma, suponiendo que &eacute;sta existe. A su viol&iacute;n Guarneri,&nbsp;</span><strong>Niccol&ograve; </strong><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Paganini</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> lo llamaba &ldquo;Il Cannone&rdquo; por su potencia y resonancia. Su ejecutante estaba tan enamorado de &eacute;l, se dice, que lo llamaba &ldquo;mi esposa&rdquo;. Lo cuidaba con obsesi&oacute;n y ten&iacute;a ataques de ansiedad cuando se separaban. Era tan exigente cuando interpretaba una obra que sol&iacute;a romperle las cuerdas para seguir tocando.&nbsp;En su lecho de muerte, pidi&oacute; que los enterraran juntos. Se lo llevaron, toc&oacute; una pieza y dio su &uacute;ltimo suspiro.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Jimi Hendrix</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> ten&iacute;a una relaci&oacute;n apasionada y er&oacute;tica con su guitarra Fender Stratocaster: la tocaba con los dientes, la espalda, y hasta la incendi&oacute; en el escenario durante los festivales de Woodstock y Monterrey. La viola del autor de &ldquo;Hey Joe&rdquo;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">era una extensi&oacute;n de su cuerpo y de sus emociones y juntos crearon shows ic&oacute;nicos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Yo-Yo Ma</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> hablaba de su chelo como de un &ldquo;amigo &iacute;ntimo&rdquo;. Cuando el instrumento se da&ntilde;aba, sent&iacute;a como si un ser querido hubiera sido herido.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Blackie, la famosa guitarra de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Eric Clapton</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, era una Fender Stratocaster de 1956 a la que el m&uacute;sico consideraba su &ldquo;beb&eacute;&rdquo;. Cuando la vendi&oacute; en 2004, el autor de &ldquo;Layla&rdquo; recaud&oacute; millones de d&oacute;lares para su fundaci&oacute;n de rehabilitaci&oacute;n para adicciones. El centro de salud mental fue fundado por &eacute;l tras superar sus propias luchas y la p&eacute;rdida de su hijo, Conor, que inspir&oacute; la canci&oacute;n &ldquo;</span><a href="https://www.google.com/search?q=Tears+in+Heaven&amp;rlz=1C1CHZN_esAR991AR991&amp;oq=eric+clapton+fundacin&amp;gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIJCAEQIRgKGKABMgkIAhAhGAoYoAEyCQgDECEYChigAdIBCDU1NTlqMGo3qAIAsAIA&amp;sourceid=chrome&amp;ie=UTF-8&amp;ved=2ahUKEwisyKKsxYuSAxV2GbkGHaKEE6AQgK4QegQIARAD" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">Tears in Heaven</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">&rdquo;</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Ringo Starr</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> es conocido por su estilo relajado y su bater&iacute;a es la &ldquo;mejor amiga&rdquo;. Dicen que el ritual de uno de los fabulosos cuatro antes de subir al escenario es hablar con ella.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El legendario saxofonista de jazz, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Charlie Parker</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, prolongaba su cuerpo en el saxo. Tocaba melod&iacute;as complejas sin mirar las notas, solo con la memoria muscular. Como escribi&oacute; </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Julio Cort&aacute;zar</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en el cuento &ldquo;El perseguidor&rdquo;, del libro de 1959 </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Las armas secretas</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>,</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> que lo evoca. &ldquo;Esto lo estoy tocando ma&ntilde;ana&rdquo; dice un ficticio Johnny Carter. Metaforiza as&iacute; &nbsp;la relaci&oacute;n del refinado solista con su instrumento tenor, el tiempo, la creaci&oacute;n y una dimensi&oacute;n existencial m&aacute;s all&aacute; de la ordinaria. De ese modo, el escritor amante del jazz, que emple&oacute; las caracter&iacute;sticas de este g&eacute;nero en su literatura, revela que el arte permite experimentar el futuro como un presente eterno a trav&eacute;s del cuerpo.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/relacion-intima_129_12915346.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Jan 2026 13:11:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una relación íntima]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tales se cae y Kant se emborracha ]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cae-kant-emborracha_129_12898641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/62c18b05-b243-4c54-a0e7-1ba30b21dc82_16-9-discover-aspect-ratio_default_1134028.jpg" width="199" height="112" alt="Tales se cae y Kant se emborracha "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Eligieron pensar como la actividad principal de sus vidas y protagonizaron algunos episodios disparatados, de los que se tenían pocas noticias... hasta ahora. </p></div><p class="article-text">
        Lejos del imaginario con el que asociamos la seriedad y compostura con los grandes reflex&oacute;logos de la Historia,&nbsp;el profesor portugu&eacute;s <strong>David Erlich</strong> me cuenta algunas escenas desconocidas que tienen como figuras principales a <strong>Tales de Mileto</strong>, <strong>Di&oacute;genes</strong>, <strong>Immanuel Kant</strong>, <strong>John</strong> <strong>Stuart Mill</strong>, entre otros amantes disciplinados del saber. Con reflexolog&iacute;a no me refiero a la pr&aacute;ctica del masaje en los pies, sino a las vibraciones en las mentes quietas que causa el ejercicio de la filosof&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Aquellas escenas se suceden durante una noche de conversa y sabores, en el barrio de Alfama, mientras nos servimos un tinto del Alentejo. Y arrancan risas y sonrisas entre los comensales que participamos de una cena en la casa del padre de David, el excelente contrabajista <strong>Alex Erlich Oliva</strong>. 
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        Mucho antes de que la ciencia se convierta en una disciplina separada de la filosof&iacute;a, en el siglo VII antes de nuestra era, Tales funda la escuela de los Milesios, en una ciudad ubicada en la costa oeste de la Turqu&iacute;a actual.
    </p><p class="article-text">
        Durante su b&uacute;squeda de la causa primera que pone al mundo en movimiento, encuentra en el agua el origen de todo. Tales es un astr&oacute;nomo y fil&oacute;sofo para quien observar el cielo es una maravilla en s&iacute; misma. Muy joven, se cae en un pozo, cuando una mujer mucho m&aacute;s grande que &eacute;l lo lleva a mirar las estrellas y el muchacho distra&iacute;do tropieza y termina adentro de un gran agujero, en la v&iacute;a p&uacute;blica. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo pretendes conocer el cielo si ni siquiera pod&eacute;s ver lo que est&aacute; enfrente tuyo?&rdquo;, es la pregunta ret&oacute;rica que le formula ella. 
    </p><p class="article-text">
        La sierva destaca en su amo el ansia de conocer las cosas del firmamento, que deja escapar lo que tiene enfrente, debajo de los pies. Incluso, trat&aacute;ndose del primer fil&oacute;sofo occidental.
    </p><p class="article-text">
        El griego <strong>Pit&aacute;goras </strong>estudia los tri&aacute;ngulos y lidera un grupo espiritual casi mon&aacute;stico que sigue r&iacute;gidas restricciones. Entre esas normas prohibitivas, dos dan cuenta de su precauci&oacute;n: apartar los cuchillos afilados y no estrechar las manos con facilidad. Pero las m&aacute;s llamativas son las relacionadas con la micci&oacute;n, el hacer pis: no orinar mirando al sol y no hacerlo sobre las u&ntilde;as y los cabellos cortados. Estas regulaciones extra&ntilde;as son, por lo menos, misteriosas. Sobre todo, si tenemos en cuenta que la gran divisa de los pitag&oacute;ricos es &ldquo;todo es n&uacute;mero&rdquo;, antecedente del lema de Galileo: el universo est&aacute; escrito en lengua matem&aacute;tica&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A contramano de muchos colegas, Pit&aacute;goras admite mujeres entre sus filas. Y as&iacute; como se ocupa de las operaciones algebraicas, descifra los misterios de la m&uacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; tienen en com&uacute;n el poeta japon&eacute;s del Siglo Diecisiete, <strong>Matsuo Basho</strong>, y los maestros chinos del Siglo Octavo, <strong>Linji Yixuan</strong> y <strong>Changqing Daan</strong>? Lo responde Erlich: el gusto por el arroz y el budismo zen, una tradici&oacute;n filos&oacute;fica no religiosa surgida en la segunda mitad del siglo VI antes de <strong>Cristo</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Aclarada la opci&oacute;n gastron&oacute;mica, el amante del saber residente en Lisboa recuerda entre bocados que el budismo fue creado por el pr&iacute;ncipe <strong>Siddhartha Gautama</strong>, educado en el hindu&iacute;smo, cuando&nbsp;abandona el palacio lujoso donde vive. Renombrado como <strong>Buda</strong> (iluminado) permanece sentado, pierde el sentido del tiempo y tiene visiones inspiradoras y prosaicas:&nbsp;envejecer es inevitable, todos estamos sujetos al dolor por el deseo y la ignorancia, la liberaci&oacute;n puede llegar con una vida &eacute;tica y con meditaci&oacute;n,&nbsp;todos los seres vivos seremos cad&aacute;veres.
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos al grano con la cuesti&oacute;n gastron&oacute;mica. No se trata de querer arroz en cantidades ni ahora. El acto de comer arroz se encamina a romper con la distinci&oacute;n sujeto-objeto, a unirse con lo que necesita aqu&iacute; para el cual la iluminaci&oacute;n zen despierta. El budismo conf&iacute;a en los gestos simples, no se dirige a un &eacute;xtasis de all&aacute;, ni a la inmanencia de ac&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Lejos del pre-juicio que los ubica frente al fuego crepitante de una chimenea o sentados en un escritorio prolijo rodeados de un ambiente silencioso, muchos fil&oacute;sofos cl&aacute;sicos deambulaban por calles o&nbsp;plazas, de un lado para otro. Di&oacute;genes, por ejemplo, vive dentro de un barril y camina con sus pobres ropas y una jarra de vino vac&iacute;a atada a su cuerpo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Alejandro el Grande</strong>, admirador de la cultura helen&iacute;stica, encuentra al hombre y le dice: pedime lo que quieras. Y el c&iacute;nico le responde: devu&eacute;lveme el sol. Di&oacute;genes menea sus caderas en las arenas durante el verano y abraza las estatuas en invierno. A veces anda con una especie de linterna de dia &ldquo;para encontrar un hombre honesto&rdquo;. O se enfrenta a los poderosos como un espectador &ldquo;de su ambici&oacute;n insaciable&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        El austero Kant, parece, tiene sus a&ntilde;os locos, en los tiempos en que estudia en la universidad de Konigsberg, capital de Prusia Oriental. El autor de obras escritas rigurosas, estructurales y estructurantes, juega al billar por las noches, enfundado en ropa de colores brillantes.
    </p><p class="article-text">
        No deja de ser paradojal que el fil&oacute;sofo que intenta sintetizar el racionalismo cartesiano y el empirismo de <strong>John Locke</strong>,&nbsp;el mismo de los imperativos categ&oacute;ricos, sea recordado tambi&eacute;n como un joven alcoh&oacute;lico. Hijo de artesanos humildes, en una ocasi&oacute;n llega a beber tanto vino, que no encuentra la forma de regresar solo a su casa. 
    </p><p class="article-text">
        Antes de que nacieran los primeros pelos de su barba, John Stuart Mill lee a los cl&aacute;sicos, en griego y lat&iacute;n. Pero previo a cumplir veinte a&ntilde;os se abandona a una depresi&oacute;n de la que sale gracias a <strong>Harriet Taylor</strong>, la mujer de su vida. Con esta elegante y desafiante intelectual, a quien conoce en una cena de amigos, toma contacto con el feminismo y se indigna porque su amada no puede separarse legalmente de su primer esposo. &ldquo;Esos poderes execrables&rdquo;, dice al acusarlos de impedir su felicidad personal.
    </p><p class="article-text">
        El utilitarista Mill escribe en Londres <em>El sometimiento de las mujeres</em>, un tratado sobre la igualdad de g&eacute;nero. El principio que regula las relaciones entre los sexos, la subordinaci&oacute;n de uno a otro, est&aacute; equivocado. Debe ser sustituido por otro de perfecta igualdad, que no admita poder ni privilegio para una de las partes.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, Mill se opone a <strong>Arthur Schopenhauer</strong>, para quien la naturaleza femenina es cuidadora, poco propensa al pensamiento y la creatividad. La mujer vive en un estado de minoridad intelectual, considera. 
    </p><p class="article-text">
        Estos y otros relatos m&aacute;s est&aacute;n inclu&iacute;dos en el libro <em>A bebedeira de Kant</em>, (La borrachera de Kant), el libro de Erlich que editorial Planeta public&oacute; en el pa&iacute;s de Pessoa y Saramago. Tal vez, el volumen sea una puerta de entrada a lecturas m&aacute;s sesudas como la <em>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura </em>o<strong>&nbsp;</strong><em>El capital</em>. Mientras tanto, el lector se entretiene con las an&eacute;cdotas de estos grandes pensadores y aprende algo de filosof&iacute;a. Ni barata, ni con zapatos de goma.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cae-kant-emborracha_129_12898641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jan 2026 19:11:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tales se cae y Kant se emborracha ]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Filosofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gente que viene y va]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gente-viene_129_12892025.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/44d86867-cf5c-47b0-9bd3-94ec4c21f32c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1133857.jpg" width="4078" height="2294" alt="Gente que viene y va"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Año Nuevo y el balance del viaje. El disfrute de estar juntos versus la obligación de compartir.</p></div><p class="article-text">
        Ahora que pasaron las fiestas findea&ntilde;eras y que estoy de regreso en Buenos Aires luego de girar por Espa&ntilde;a, Francia y Portugal llega la hora del balance de 2025.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me refiero a balancear en la m&aacute;quina que mide y pesa lo que hay y lo que falta, para -ser&aacute; posible?- direccionar el presente en pos de una vida mejor.
    </p><p class="article-text">
        Desde que se inaugur&oacute; y se expandi&oacute; hace bastante m&aacute;s de dos siglos el paradigma del Iluminismo, existe la esperanza o la ilusi&oacute;n de que la existencia progresa, que es teleol&oacute;gica y que lo que vendr&aacute; superar&aacute; el pasado.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia hist&oacute;rica no parece confirmarlo y sin embargo, esa cosmovisi&oacute;n contin&uacute;a. Es dif&iacute;cil zafar de una determinada manera de ver, cultural y colectivamente construida, aunque mucho de todo lo que conocimos, material y simb&oacute;lico, se vaya cayendo.
    </p><p class="article-text">
        Algunos visionarios lo han logrado. Artistas, locos, revolucionarios y cient&iacute;ficos, personas de mente abierta, que se opusieron a las ideas dominantes y abrieron caminos in&eacute;ditos en el pensamiento.
    </p><p class="article-text">
        Por estos d&iacute;as, pienso en la celebraci&oacute;n de Navidad y A&ntilde;o Nuevo, en la presi&oacute;n social de las fiestas, esa especie de deber de compartir con gente por exclusivos lazos consangu&iacute;neos, a la que vemos poco o nunca, con la que tenemos que sentarnos a la mesa porque as&iacute; lo indica la tradici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        C&oacute;mo si les adeud&aacute;ramos una intimidad que finge una cercan&iacute;a que no lo es, pregunto: queremos la pr&oacute;xima vez formar comunidad sostenida en base a la convenci&oacute;n de las fechas?
    </p><p class="article-text">
        Dice <strong>Mar&iacute;a Gait&aacute;n</strong> en la columna post nochebuena <em>La obligaci&oacute;n de estar juntos</em>, publicada por el diario asturiano La Nueva Espa&ntilde;a: &ldquo;nos acompa&ntilde;a una hipocres&iacute;a emocional&rdquo;. Y digo yo: qu&eacute; tal si comenzamos a ser m&aacute;s francos? El costo de hacerle ol&eacute; a los conflictos, las disputas, los di&aacute;logos vac&iacute;os, ser&aacute; menor que ponernos la m&aacute;scara del est&aacute; todo bien.
    </p><p class="article-text">
        Elegir decir No es una forma del cuidado. Tomemos esa herramienta, si la necesitamos. Especialmente las mujeres, destinadas a ser en su mayor&iacute;a las que cocinan y las que se levantan primeras de la mesa para reponer, lavar y secar la vajilla. Son tareas dom&eacute;sticas no apreciadas y, sin embargo, imprescindibles.
    </p><p class="article-text">
        Una de cal y una de arena.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; gozoso fue el reencuentro con mi hija. Qu&eacute; bellos y sentidos los abrazos, tan necesarios, luego de un a&ntilde;o sin vernos. En Oviedo, nuestra &uacute;ltima parada antes de regresar a Lisboa donde reside, nos deleitamos con la fabada. Es un espect&aacute;culo ver c&oacute;mo se sirve en altura la sidra natural. El mozo estira uno de sus brazos hacia el cielo, botella en mano, y la sirve apuntando a la copa, sostenida con la mano contraria, a la altura de la cintura. El prop&oacute;sito es que la bebida se oxigene y adquiera mejor gusto y aroma para tomarla de un trago.
    </p><p class="article-text">
        Ya a la hora del postre, conversamos sobre la migraci&oacute;n. En avi&oacute;n, barcos, buses o botes improvisados. A veces, con riesgo para la vida. La humanidad, siempre, buscando mejorar sus condiciones de existencia.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque un tal Jaime, en la rambla de Gij&oacute;n, vaticina que en el futuro gran parte de la poblaci&oacute;n de Europa se ir&aacute; a vivir a Latinoam&eacute;rica, ahora es m&aacute;s frecuente tomar el camino inverso.
    </p><p class="article-text">
        Madrid, Barcelona, M&aacute;laga, Canarias Lisboa, Porto, Azores, por solo mencionar el sur del continente.
    </p><p class="article-text">
        Ex compa&ntilde;eras y compa&ntilde;eros de Mile, mi hija, de la escuela, del barrio y del club, hoy buscan oportunidades en la vieja Europa, con o sin documentos, con guerras cercanas, racismo y una pol&iacute;tica trumpista neo imperial que amenaza al mundo entero.
    </p><p class="article-text">
        Si en 2022, con 3851 peregrinos, Oviedo fue el concejo asturiano que m&aacute;s habitantes gan&oacute; gracias a los intercambios de poblaci&oacute;n, en 2024 fueron 4775 los que llegaron para radicarse. Un r&eacute;cord en lo que va del siglo.
    </p><p class="article-text">
        Dicen los peri&oacute;dicos que la ciudad es muy atractiva para residir. Desde el monte Naranco con sus casonas majestuosas que tocan los picos nevados, hasta el centro hist&oacute;rico con sus locales comerciales, museos e iglesias.
    </p><p class="article-text">
        Las autoridades gestionaron cambios en la movilidad urbana, tales como la creaci&oacute;n de una zona de bajas emisiones t&oacute;xicas. Son recientes las medidas pero tienen un objetivo sanitario que implicar&aacute; para 2030 una reducci&oacute;n en las emisiones de CO2 en un veinte por ciento. Ser&aacute; una ciudad donde se usar&aacute;n m&aacute;s bicis y se caminar&aacute; m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Los mercados navide&ntilde;os a cielo abierto, las panader&iacute;as con turrones de Gij&oacute;n y tartas dulces de queso, el Museo de Bellas Artes con obras de El Greco y Dal&iacute;, las callejuelas onduladas enamoran.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, all&iacute; y en otras urbes la poblaci&oacute;n envejece sin reemplazo. El planeta est&aacute; desequilibrado. Con la concentraci&oacute;n de la riqueza en una parte m&iacute;nima de la poblaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, los habitantes de &Aacute;frica aumentan y algunos gobiernos progresistas intentan hacer m&aacute;s feliz a la gente que representan.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gente-viene_129_12892025.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Jan 2026 09:12:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gente que viene y va]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los caminos que se bifurcan]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/caminos-bifurcan_129_12872981.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d5e251c-242c-4763-9227-f307e7533236_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los caminos que se bifurcan"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El juego de "El amigo invisible", durante una navidad en el bosque. La fábula del diseñador de La Defense, uno de los monumentos más imponentes de París. </p></div><p class="article-text">
        Cu&aacute;ntas historias ocultas se esconden bajo los efectos patol&oacute;gicos del capitalismo. El sistema enferma y fulmina. A grandes artistas y so&ntilde;adores, a infancias y vejeces.
    </p><p class="article-text">
        El poder del dinero precede y persigue al arte, para bien y para mal. Aqu&iacute;, all&aacute; y en todas partes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        De eso trata la pel&iacute;cula&nbsp;francesa de 2025, <em>El gran arco</em>, de <strong>St&eacute;phane Demoustier</strong>. Cuenta la historia del dan&eacute;s que dise&ntilde;&oacute; La Defense e intent&oacute; resistir los atropellos de la burocracia y la tecnocracia estatal, en la Par&iacute;s de hace cuarenta a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Basada en una historia real,&nbsp;adaptada del relato hom&oacute;nimo,&nbsp;<em>The Great Arch&nbsp;</em>nos lleva a la Francia de 1983, cuando el desconocido <strong>Johan Otto von Spreckelsen</strong> (interpretado por <strong>Claes Bang</strong>) gana un concurso, lanzado por el presidente socialista <strong>Fran&ccedil;ois Mitterrand</strong>, para construir una nueva gran obra en Par&iacute;s: el Arco de La D&eacute;fense.
    </p><p class="article-text">
        El combate entre burocracia y arte para sacar adelante el proyecto es el eje narrativo. Von Spreckelsen es un profesor de 53 a&ntilde;os que se entera de la distinci&oacute;n que obtuvo mientras se encuentra tranquilo, pescando a la orilla de un arroyo.
    </p><p class="article-text">
        Solo ha construido su propia casa y algunas peque&ntilde;as iglesias. La pasi&oacute;n que profesa por la arquitectura es evidente y su visi&oacute;n del &ldquo;Cubo&rdquo;, c&oacute;mo &eacute;l denomina a la estructura, es clara. Tanto como la visi&oacute;n perfeccionista que r&aacute;pidamente choca con el pragmatismo franc&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; surge la tensi&oacute;n de la pel&iacute;cula: el fanatismo de un hombre obsesionado con ejecutar la idea como la dise&ntilde;&oacute;, sin que se aparte un cent&iacute;metro del original, contra obst&aacute;culos log&iacute;sticos y dinerarios, y la burocracia kafkiana que implica tratar de superarlos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay una escena en una&nbsp;cantera, porque el vidrio que imagin&oacute; emplear debe ser reemplazado por m&aacute;rmol italiano.&nbsp;Hay tires y aflojes entre los requerimientos del profesional distinguido y la real pol&iacute;tik.
    </p><p class="article-text">
        Escrito por Demoustier, el filme atrapa en cada&nbsp;negociaci&oacute;n entre el protagonista y su entorno. Los efectos visuales sumergen al p&uacute;blico en la &eacute;poca en que se erigi&oacute; el monumental Arco.
    </p><p class="article-text">
        El papel que encarna Claes Bang es magn&eacute;tico, un arquitecto decidido a que se respete&nbsp;su proyecto, contra viento y marea. Si el sistema modifica su obra, es evidente que deja de ser suya, por lo que lucha para evitarlo. Con una firmeza inspiradora o desesperante, la actuaci&oacute;n del actor resulta hipn&oacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula y los procesos que atraviesa Von Spreckelsen son un reflejo de la cultura francesa de su tiempo, donde se privilegia lo material sobre el valor propio del arte.
    </p><p class="article-text">
        Al comenzar, el arquitecto es apoyado por Mitterrand, presidente socialista enamorado del arte. Pero esa sinton&iacute;a es erradicada con la llegada de un gobierno de derecha que de inmediato busca recortar gastos en la cultura. El pragmatismo implacable del capitalismo emerge como el gran enemigo. Demoustier ofrece una biopic que transforma la grandiosidad de un monumento hist&oacute;rico para recordarnos el poder que tiene la maquinaria del sistema social y econ&oacute;mico. Asistimos al&nbsp;dolor de ver como el dinero mutila una planta con el potencial de ser un &aacute;rbol.
    </p><p class="article-text">
        Hasta hace unas pocas semanas no imaginaba que pasar&iacute;a Nochebuena y Navidad en Biscarrose, una comuna del sureste franc&eacute;s, situada en el departamento de Landas, Nueva Aquitania. Llegu&eacute; con Mile, mi hija, invitadas por la familia franco-argentina Rumolino.
    </p><p class="article-text">
        Biscarrose est&aacute; marcada por la hidroaviaci&oacute;n de los a&ntilde;os treinta del siglo pasado. Varias leyendas de los cielos surcaron los aires desde aqu&iacute;: Mermoz, Saint Exup&eacute;ry y Bonnot.
    </p><p class="article-text">
        La fuente de inspiraci&oacute;n de <em>El principito</em> naci&oacute; entre sus cielos estelares y la tierra&nbsp;boscosa, plena de los sonidos de los p&aacute;jaros.
    </p><p class="article-text">
        Es probable que Biscarrose signifique dos carruajes; bi y carrose, porque el camino a la villa se bifurca, entre el bosque y el mar. Proponemos jugar una versi&oacute;n r&aacute;pida de <em>El amigo invisible</em>, que consiste en enviarnos mensajes encriptados cuyo autor cada participante deber&aacute; revelar al final.
    </p><p class="article-text">
        El vecino de las amigas y los amigos de la casa es un ingl&eacute;s de m&aacute;s de noventa y seis a&ntilde;os, Donald, que vive con su mujer, Angela, en una gran residencia. Ac&aacute; no lo cuenta mucho, pero es el creador de las c&aacute;maras de seguridad tan usadas en la actualidad, lo que convirti&oacute; al se&ntilde;or de la video- vigilancia en un millonario. En su jard&iacute;n hay una peque&ntilde;a embarcaci&oacute;n, varios autos de alta gama y no muy lejos, el hangar en el que guarda un jet.
    </p><p class="article-text">
        Donald nunca aprendi&oacute; a hablar franc&eacute;s. De vez en cuando invita a los chicos del barrio a ver pel&iacute;culas en el cine que construy&oacute; en la casa. La &uacute;ltima que exhibi&oacute; fue una documental sobre las danzas tradicionales irlandesas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora sale poco, aunque en un tiempo pret&eacute;rito era frecuente que se cruzara con los jabal&iacute;es salvajes y los ciervos de la zona. Nosotras llegamos a ver un Bambi. Por suerte, nos quedan pendientes los jabal&iacute;es destruyendo los jardines hogare&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Nos amigamos con Manuelo, el gato de la familia de Laurentine, nuestra anfitriona.
    </p><p class="article-text">
        Laurentine es Lo o Lol&oacute; Saturnina, por los nombres de la matriarca espa&ntilde;ola que fue su bisabuela, mujer de armas tomar que marc&oacute; a la progenie y que a los treinta a&ntilde;os ya hab&iacute;a enviudado dos veces. Aquella Lol&oacute; llego a vivir m&aacute;s de cien a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Biscarrose tiene algunas de las playas m&aacute;s lindas del sur franc&eacute;s. La m&aacute;s cercana est&aacute; a unos 10 kilometros. La villa-balneario se fund&oacute; en 1277 y fue el refugio de Eduardo de Woodstock, el pr&iacute;ncipe negro, durante la Guerra de los Cien a&ntilde;os. En estos d&iacute;as, la temperatura descendi&oacute; a cero grados y la sensaci&oacute;n t&eacute;rmica es de menos 2. Imposible no calentar las casas o salir, m&iacute;nimo, con menos de dos pares de medias y de guantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya preparamos las valijas para dirigirnos a Oviedo, en Asturias. Se nos hace agua la boca pensando en la fabada que vamos a comer.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/caminos-bifurcan_129_12872981.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Dec 2025 13:39:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los caminos que se bifurcan]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los pasteles lusitanos y los de la Occitania]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pasteles-lusitanos-occitania_129_12862657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ae28c7bf-2953-47c5-bbb1-cb6dc061777f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los pasteles lusitanos y los de la Occitania"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El abrazo del reencuentro con la hija migrante, durante un viaje por la Lisboa del fado. El paseo por Toulouse, la ciudad de la poesía y los colores rosado y azul pastel.</p></div><p class="article-text">
        Una de las delicias de Lisboa es el past&eacute;i de nata, original de Bel&eacute;n. Un dulce ic&oacute;nico, con varias capas de hojaldre, crocante, con una crema estilo pastelera que explota y se derrama en la boca.
    </p><p class="article-text">
        Estoy con mi hija, en el p&oacute;rtico de ingreso a la Iglesia de Santo Antonio, desde donde se ven las siete colinas. A Milena no la veo desde que migr&oacute; a Portugal hace un a&ntilde;o. Hubo tanta saudade.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Llegamos en un tuk tuk, especie de motocicleta con techo, cubierta por un pl&aacute;stico de cierre herm&eacute;tico, que protege del fr&iacute;o. Quien lo conduce es una amiga de Mile, la chilena Mica, periodista n&oacute;made, culta y viajera.
    </p><p class="article-text">
        La iglesia es la m&aacute;s antigua de Alfama, con azulejos azules del siglo XVIII, que representan el triunfo de lo divino contra los pecados del demonio.
    </p><p class="article-text">
        El milagro que convirti&oacute; a Antonio en un santo fue rescatar a un ni&ntilde;o ahogado, sacarlo del r&iacute;o y devolverlo a la vida. Sus devotos le ruegan al cristiano casamiento y el hallazgo de cosas queridas que se han perdido.
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos a los past&eacute;is: surgieron en el monasterio de los Jer&oacute;nimos, donde las monjas usaban las claras de huevo donadas por la nobleza para planchar la ropa y preparar bebidas alcoh&oacute;licas. En 1837 la receta original fue vendida para convertirse en un secreto a voces. Los sabore&eacute; en un barcito de Guardia Vieja y Estado de Israel, en Villa Crespo. A&uacute;n no conoc&iacute;a a sus hermanas elegidas: Sol, Bel&eacute;n y Giuli.
    </p><p class="article-text">
        Lisboa cuenta con m&aacute;s de doscientas formas de preparar la t&iacute;pica delicatessen, derivadas del past&eacute;i de Bel&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La historia me la cuenta Mica, con quien terminamos el recorrido tomando una sidra y un vino caliente en altura. Es el fin del oto&ntilde;o y ac&aacute;, en Lisboa, el tejido sonoro es el fado tradicional y tambi&eacute;n, el contempor&aacute;neo de Madredeus. Al despertar, veo desde un gran ventanal los edificios bajos de colores con sus azulejos antiguos y la ropa tendida al sol.
    </p><p class="article-text">
        Hac&iacute;a un a&ntilde;o que no nos ve&iacute;amos con la Mile (sus amigas cordobesas y migrantes anteponen el art&iacute;culo al nombre) y el abrazo es dif&iacute;cil de narrar: cuerpos como ramas entrelazadas, corazones estallados, aquelarre alrededor del fuego en el vaiv&eacute;n de las emociones.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as que llevo con <em>minha filha</em> lloramos, nos re&iacute;mos, paseamos, revisitamos el r&iacute;o Tejo, Morer&iacute;a, Alfama, bebimos ginja de un trago, trabajamos la arcilla con sus c&oacute;frades, mientras charlamos de menstruaciones, amores, oscuridades, migraci&oacute;n, esperanza.
    </p><p class="article-text">
        La escucho, descubro que el silencio nos acerca, soy la depositaria que atesora sus pasares, gozos y pesares.
    </p><p class="article-text">
        Mile parti&oacute; a los veinti&uacute;n a&ntilde;os y la recibi&oacute; el t&iacute;o <strong>Alex Erlich Oliva</strong>, cofundador de Anacrusa y contrabajista de la Orquesta Gulbenkian. Conoci&oacute; a su primo <strong>David Erlich</strong>, el profesor de filosof&iacute;a de la familia, autor del libro <em>A bebedeira do Kant</em>, quien la aloj&oacute; con su afecto y continu&oacute; su habitual viaje hacia nuestras abuelas, <strong>Perla </strong>y <strong>Regina Selzer</strong>, que eran hermanas. David tiene los ojos azules y la dulzura de Perla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese tiempo, la ni&ntilde;a hizo un voluntariado en Bucarest, el terru&ntilde;o de mi zeide, y otro en un festival de teatro en Frankfurt, donde naci&oacute; la cr&iacute;tica a la industria cultural de la mano de Marcuse, Adorno y Horkheimer. Asisti&oacute; al director teatral <strong>Claudio Hochman</strong>, cre&oacute; el grupo Lobas de gesti&oacute;n art&iacute;stica y yo me convert&iacute; en la madre orgullosa que soy, por la claridad de sus deseos, por la inteligencia de sus decisiones, por su franqueza emocional y por sus concreciones lusitanas, mientras a la distancia la ve&iacute;a crecer, florecer.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, da clases de arte esc&eacute;nico en dos centros culturales, Amira y F&aacute;brica do Prata, y canta en los bares lisboetas. Para pagar las cuentas, cada ma&ntilde;ana modera publicaciones en Tik Tok, el tipo de trabajo que en parte enajena, en parte permite sostenerse. Nos vamos en unos d&iacute;as a Toulouse, Bordeaux y Oviedo, a aventurarnos.
    </p><p class="article-text">
        En fin, que la alegr&iacute;a nos atraviesa y hay saudades anticipadas. Estoy disponible para venir m&aacute;s tiempo una pr&oacute;xima vez, si ella quisiera. Tal vez a escribir un nuevo libro o simplemente a caminar por los palacios de Sintra, recordando que este pa&iacute;s pobre que se ha gentrificado fue alguna vez un imperio conquistador. Es Mile ahora quien con su vocaci&oacute;n territorial, avanza sobre &eacute;l conquist&aacute;ndose a s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        C&oacute;mo contar en detalle la experiencia del reencuentro? C&oacute;mo narrar la vivencia del viaje compartido? Las im&aacute;genes, por supuesto, ayudan. Ofrecen un contexto, reproducen los gestos que espejan el alma, aunque hay imposibles, como esos momentos &iacute;ntimos en que la joven de veintitr&eacute;s a&ntilde;os se convierte en una ni&ntilde;a peque&ntilde;a que se sienta en mi regazo y se acurruca en el hueco que forma el cuerpo que la abraza. O, al pasar del llanto a la risa sin mediaciones, porque recordamos esos tiempos en la casa de La Espiga donde fuimos otra familia, una que ya no es, y porque bailamos el repertorio completo de la Walsh, Oasis y los Beatles. Nuestro franc&eacute;s es pobre, el m&iacute;o m&aacute;s a&uacute;n. Hacemos una lista de las palabras deliciosas que se argentinizaron: hotel, creme, restaurante, chef, bufet, piyama, crep&eacute;. Su pronunciaci&oacute;n es preciosa, la m&iacute;a un desastre. Pido disculpas por los errores y horrores de tipeo, escribo desde el celular.
    </p><p class="article-text">
        Caminamos las callecitas de Lisboa, su pueblo/su aldea, ahora las de Toulouse, en la Occitania, y saltamos en las veredas resbaladizas, procurando no caernos y que nuestras manos unidas conserven calor frente al fr&iacute;o del fin del oto&ntilde;o. Las suyas siguen sinti&eacute;ndose aterciopeladas, como cuando era beb&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque en la ciudad predomina el rosado, el azul pastel lo complementa en la indumentaria. Surge del te&ntilde;ido de telas caracter&iacute;stico la, que proviene de la isatis tinctoria, una planta de la que se requiere una tonelada para lograr que unos pocos tejidos luzcan como el color del mar.
    </p><p class="article-text">
        La primera noche cenamos en El Bodeg&oacute;n Argentino una milanesa a la napolitana con papas fritas, cuyo sabor la migrante extra&ntilde;aba. M&aacute;s tarde, le comparto las interpretaciones de <strong>George Brassens</strong>, <strong>Ives Montand </strong>y <strong>Charles Aznavour</strong>, que ella desconoc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, caminamos y nos deslumbran las construcciones rosadas y los edificios de un g&oacute;tico meridional, cruzamos la Garonne por el Pont San Michel y regresamos por el Pont Neuf, luego de andar por la zona hospitalaria que aloj&oacute; a los enfermos en tiempos de pestes.
    </p><p class="article-text">
        Luego descubrimos que en el convento de los jacobinos est&aacute; la sepultura de <strong>Santo Tomas de Aquino</strong>. Sus ideas sobre la complementariedad de la fe y la raz&oacute;n permanecen hoy. Toulouse respira una intelectualidad sacra.
    </p><p class="article-text">
        Mile se arma un puchito, le pido un par de pitadas, bebemos vino caliente, probamos tostadas con foiegras y racklette, admiramos la limpieza de los espacios p&uacute;blicos, nos entristecen las personas que piden dinero para la comida. La pobreza no tiene excepciones en el planeta.
    </p><p class="article-text">
        Nuestras piernas no pueden m&aacute;s y descansamos en el cuarto. Vemos una serie con el actor de <em>Mr. Bean</em> en la computadora. Le digo que siempre la imagin&eacute; viviendo en Europa. Y aunque la migraci&oacute;n es dif&iacute;cil, ha comenzado a realizar sus sue&ntilde;os. El futuro es incierto. El amor contin&uacute;a. Lo disfruto con ella y lo atesoro en esta bit&aacute;cora.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pasteles-lusitanos-occitania_129_12862657.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Dec 2025 17:18:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los pasteles lusitanos y los de la Occitania]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lisboa,Fado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El erotismo plateado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/erotismo-plateado_129_12843368.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b8d0dc82-c0b4-4b21-a042-06b95be7300f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El erotismo plateado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Al contrario del éxtasis y el desasosiego que la sexualidad suele producir en los años tempranos, durante la vejez la sexualidad resulta más gozosa, suave y serena. </p></div><p class="article-text">
        <em>Eroto&ntilde;al</em> se instala en la paradoja habitual de haber querido ser mayor en la juventud y desear volver a la din&aacute;mica de aquel tiempo. Se trata de un libro sobre el erotismo y la vejez, escrito por <strong>Elena de la Aldea</strong>, autora de <em>Los cuidados en tiempos de descuido</em> y <em>Lo com&uacute;n, la comuna y lo comunitario</em>.
    </p><p class="article-text">
        Nacida en Barcelona en 1938, la psic&oacute;loga y psicoterapeuta de grupos contextualiza los lugares de esta etapa en la historia y la cultura, escribiendo sin pudor sobre el placer, el goce y la sexualidad en el oto&ntilde;o de la existencia.
    </p><p class="article-text">
        Al contrario del torbellino de desasosiego y &eacute;xtasis que el erotismo provoca en el despertar, la presencia del amor en los d&iacute;as plateados no desaparece, sino que resulta menos acuciante, m&aacute;s suave, descansada y serena.
    </p><p class="article-text">
        El inter&eacute;s sobre el tema en la autora, de orgullosos y alegres 85 a&ntilde;os, se activ&oacute; ya hace tiempo con la salida de <strong>Nelson Mandela</strong> de la prisi&oacute;n y su casamiento con <strong>Samora Machel</strong>, la viuda del presidente de Mozambique. &ldquo;Con ella reverdec&iacute; como una flor&rdquo;, dijo entonces el l&iacute;der de la lucha contra el apartheid.
    </p><p class="article-text">
        El genial <strong>Charles Chaplin</strong> se enamor&oacute; de <strong>Oona O&rsquo;Neill</strong>, 36 a&ntilde;os menor que &eacute;l y adem&aacute;s de tener ocho hijos, mantuvieron una relaci&oacute;n intensa hasta sus &uacute;ltimos d&iacute;as juntos.
    </p><p class="article-text">
        La cantante y actriz <strong>Cher</strong> encontr&oacute; a los 76 a&ntilde;os un amor en <strong>Alexander Edwards</strong>, de 40. <strong>Catherine Zeta Jones</strong>, veintinco a&ntilde;os menor que Michael Douglas, desafi&oacute; las normas y permance a su lado. La diferencia de edad y el hecho de que uno sea un adulto mayor no es un obst&aacute;culo cuando hay amor.
    </p><p class="article-text">
        El libro aborda la importancia de romper con el silencio, lo inspiradora que provoca la experiencia er&oacute;tica ajena, los detalles sutiles de los encuentros afectivos en esta etapa de la vida avanzada, el placer pese al inevitable deterioro del cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que no hab&iacute;a previsto en absoluto en aquel cuerpo terso y liviano eran los pliegues, las arrugas y las partes que cuelgan. Sin embargo, tampoco hab&iacute;a previsto la gran adquisici&oacute;n de estos tiempos: la impunidad, la libertad de hacer y decir lo que deseo&rdquo;, dice una de sus entrevistadas, profesional de 84 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&Eacute;l es sabio y paciente, me da tiempo para ir llegando&rdquo;, comenta&nbsp;una mujer de 80 sobre su pareja de 76. Su compa&ntilde;ero desde hace cuarenta a&ntilde;os destaca: &ldquo;ella me provoca con todo su cuerpo, y valora todo lo que hago&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Otra mujer, de89 a&ntilde;os, cuenta que ha tenido amantes con momentos de plenitud y disfrute y otros en que la pasi&oacute;n se desvanec&iacute;a. Esas situaciones no se diferenciaban de lo que le pasa en la actualidad, ya que como le sucede al resto de los mortales cada experiencia ha tenido sus luces y sombras.
    </p><p class="article-text">
        Una entrevistada se preocupa por la disminuci&oacute;n del deseo sexual en la posmenopausia y se&ntilde;ala que a pesar de haberse sentido siempre bella y atractiva, teme ser invisible y poco valorada. Y otra construye con su cuidadora una relaci&oacute;n amorosa, con relaciones sexuales incluidas. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Simone de Beauvoir</strong> escrut&oacute; las ramificaciones emocionales, sociales y filos&oacute;ficas del proceso de envejecimiento. Eso s&iacute;, opt&oacute; por una actitud negadora en lo personal: sac&oacute; todos los espejos de su casa para no enfrentarse a los cambios de la edad.
    </p><p class="article-text">
        Desafiando clich&eacute;s y estereotipos, De la Aldea escribe para darle palabras relucientes, con consciencia y respeto, a realidades ocultas, prohibidas, castigadas, vividas en silencio y con verg&uuml;enza. Como si diera permiso, la lectura de <em>Eroto&ntilde;al</em><strong> </strong>es una llave que se abre a la plenitud y cierra los temores.
    </p><p class="article-text">
        Si en el pasado las relaciones anales y la masturbaci&oacute;n eran lo m&aacute;s pecaminoso, hoy parece esencial tener un cuerpo de dise&ntilde;o, ser joven o aparentarlo y consumir siempre los productos elaborados por las industrias de la belleza y farmac&eacute;utica. La cultura cosm&eacute;tica y m&eacute;dico-c&eacute;ntrica nos quiere capturar como bot&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esas subjetividades moldeables y mod&eacute;licas se imponen desde el poder para que se reproduzcan a escala global, pero es imposible alcanzarlas y nos percibimos fracasados. De ser dependientes nos convertimos en nuestros propios explotadores: esclavos y amos a la vez. Son las formas m&aacute;s sofisticadas de la dominaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, cada uno es &uacute;nico y el deseo no se extingue, ni con los a&ntilde;os ni con el ejercicio de la opresi&oacute;n, que nunca es omnipotente. Es posible explorar nuevas formas de alcanzar sensaciones satisfactorias y nuevas formas de expresarlas. &ldquo;Mi abuela, cuenta una joven, &rdquo;disfruta de la piel y el olor de su marido, porque dice que huele a pan tostado&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Gestos sutiles como los que ofrecen las manos con sus caricias, la lentitud en los movimientos, las palabras tiernas o una mirada profunda pueden ser fuente de hedonismo, de reconocimiento, de orgasmos, de vitalidad. Siempre atendiendo a lo que la otra parte del binomio amoroso requiere y no encerr&aacute;ndose en la idea obstinada del &ldquo;yo lo s&eacute;&rdquo; y &ldquo;no hace falta que me expliques&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Las actividades creativas son alternativas para el deleite. Por eso, en&nbsp;<em>Ringtone</em>, de la bailarina <strong>Brenda Angiel</strong>, de sesenta a&ntilde;os, conviven la danza como lenguaje y la propia biograf&iacute;a de una mujer que cierra los a&ntilde;os de su juventud. Esta artista del movimiento toma las tem&aacute;ticas del paso del tiempo y los l&iacute;mites en su carrera para coreografiarlas.
    </p><p class="article-text">
        Son hechos que los espectadores del espect&aacute;culo en A&eacute;rea Teatro no registrar&iacute;an si la protagonista no lo dijera a modo de una catarsis, como si fuera una terapia esc&eacute;nica en la que se sacude, se estiliza, se expande, se empeque&ntilde;ece, r&iacute;e, abraza y se agiganta. Angiel baila sola y con su hija de 21 a&ntilde;os,&nbsp;<strong>Sara Becker</strong>, adem&aacute;s de incluir a sus alumnos <strong>Guillermo P&eacute;rez</strong>, <strong>Agust&iacute;n Farf&aacute;n</strong>, <strong>Celina Rodr&iacute;guez</strong>, <strong>Agust&iacute;n Salinas</strong> y <strong>Giselle Pezoa</strong>, convirtiendo la obra danzada en un espect&aacute;culo de profunda conexi&oacute;n entre generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Con potencia, humor y delicadeza, el <em>Para Elisa</em>, de Beethoven, y la versi&oacute;n de Sandro como fondo sonoro, vence el estereotipo de la edad y expone sus placeres y padecimientos. La pionera de la danza a&eacute;rea cuenta que sufre una hernia discal y una artrosis de cadera, que la obligan a estar medicada en forma cr&oacute;nica para poder soportar el dolor.
    </p><p class="article-text">
        Angiel hab&iacute;a interrumpido su rol de int&eacute;rprete para dedicarse a dirigir, pero volvi&oacute; a bailar por un impulso vital pos-pandemia, que la sac&oacute; del estado de imposibilidad para goce propio y agradecimiento del p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        El contexto es fascinante y aterrador, dice De la Aldea. Se refiere a las amenazas de riesgo nuclear, los genocidios que vemos por la tele sin que el mundo entero grite y los denuncie, el consumo abusivo, sin l&iacute;mites a la vista. Sin embargo, la invitaci&oacute;n al disfrute y el descubrimiento de la &uacute;ltima etapa de la vida est&aacute;n disponibles. Se potencian con la apertura y participaci&oacute;n en los colectivos. Son los grupos que se organizan, conversan, se apoyan y son ejemplo de que es posible vivir en mayor armon&iacute;a, cuando se tejen redes afectivas que nos conectan.
    </p><p class="article-text">
        LH/MF
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/erotismo-plateado_129_12843368.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Dec 2025 14:15:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El erotismo plateado]]></media:title>
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