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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Laura Haimovichi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/laura-haimovichi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Laura Haimovichi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cierra tus ojos y escucha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cierra-ojos-escucha_129_13407863.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/538cd939-3e28-439e-9fae-da1b3496a055_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148188.jpg" width="546" height="307" alt="Cierra tus ojos y escucha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunas reacciones electroquímicas y las condiciones culturales para gozar o rechazar las músicas. Los sonidos que nos dominan y la emergencia de las creaciones periféricas.</p></div><p class="article-text">
         Es 1974. <strong>Astor Piazzolla</strong> y <strong>Gerry Mulligan</strong> se reunen en Italia, para grabar el disco <em>Reuni&oacute;n cumbre</em>. El bandone&oacute;n del marplatense dialoga con el saxo bar&iacute;tono del soplador de viento norteamericano e interpretan una melod&iacute;a con reminiscencias de tango moderno cruzada con jazz cool, que titulan Cierra tus ojos y escucha. Es un sonido de una profunda melancol&iacute;a. Los m&uacute;sicos invitan a dejarse llevar dejando entre par&eacute;ntesis todos los sentidos, a excepci&oacute;n de la audici&oacute;n. El coraz&oacute;n se abre, los conservadores se cierran.
    </p><p class="article-text">
        El escritor de La Haya <strong>Michel Faber</strong> deja de lado la narrativa (<em>Bajo la piel </em>y <em>El libro de las cosas nunca vistas</em>, entre otros) y se adentra en los mecanismos que determinan cu&aacute;l es la m&uacute;sica que escuchamos y porque lo hacemos. El resultado es el libro <em>Escucha</em>, de Anagrama, con traducci&oacute;n de <strong>Mariano Peyrou</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Es un volumen ambicioso, un ensayo en el que conviven impresiones personales del autor con an&eacute;cdotas y reflexiones sobre los distintos modos en que las audiencias se relacionan con la m&uacute;sica, incluyendo los ruidos y las experiencias cl&aacute;sicas y de vanguardia. Tambi&eacute;n, las conversaciones que el hombre nacido en 1960 y criado en Australia ha tenido con cr&iacute;ticos, oyentes y psicoterapeutas que trabajan con composiciones instrumentales y cantos para sanar a sus pacientes.
    </p><p class="article-text">
        En sus m&aacute;s de 500 p&aacute;ginas, nos damos cuenta de que no fue escrito para eruditos formados en el arte y la t&eacute;cnica sonora. Pr&aacute;cticamente no aparecen la teor&iacute;a ni la arquitectura de las obras, el timbre, la textura, la combinaci&oacute;n de las notas. S&iacute;, la memoria afectiva y las vivencias dis&iacute;miles de la escucha, seg&uacute;n la historia personal del p&uacute;blico, en un tiempo en que rara vez hay silencio.
    </p><p class="article-text">
        Una de las preguntas que aparecen es &iquest;hay m&uacute;sicas mejores que otras? Por ejemplo, &iquest;es Bach &ldquo;el supremo &aacute;rbitro y legislador de la m&uacute;sica? Seg&uacute;n Faber, la celebraci&oacute;n y el imperativo de normatividad de las obras cultas &rdquo;est&aacute; entreverado con un elitismo engre&iacute;do, con una arrogancia imperialista&hellip; e incluso con supremacismo blanco&ldquo;. Es una postura discutible pero v&aacute;lida y aunque la ciencia exacta est&aacute; fuertemente vinculada con la m&uacute;sica, en el arte hay una impronta eminentemente subjetiva de la que carece la matem&aacute;tica. Y el canon es pol&eacute;mico, autoritario.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y que ocurre con los ni&ntilde;os? &ldquo;Un adulto es capaz de emitir frases como: un riff de guitarra siniestro y acechante, aludiendo a la producci&oacute;n de Black Sabbath y el heavy metal. Suena m&aacute;s inteligente y definitivo que: Argh, vampiros&rdquo;. &iquest;qu&eacute; hay en la primera opini&oacute;n que sea mejor que la de las infancias? Tal vez no una cuesti&oacute;n de apreciaci&oacute;n, sino de diferencias l&oacute;gicas de vocabulario, que limitan la expresi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando mis hijos adolescentes comenzaron a escuchar cumbia, me pregunt&eacute; &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a hecho mal en la educaci&oacute;n que les d&iacute;? &iquest;C&oacute;mo era que yo detestaba un g&eacute;nero que era capaz de transfigurar sus cuerpos en los de los bailarines m&aacute;s habilidosos?
    </p><p class="article-text">
        No hay objetivamente algo que indique que determinadas m&uacute;sicas sean malas per se. S&iacute;, prejuicios de clase y raza en cuanto a su origen y consumo. Cuando era joven, al interior de la m&uacute;sica moderno, la disputa que exist&iacute;a era entre progresiva, para escuchar, (<strong>Yes</strong>, <strong>Pink, Floyd</strong>, el primer <strong>Genesis</strong>) y comercial, para bailar (<strong>Abba</strong>, <strong>Donna Summer</strong>, <strong>Bee Gees</strong>), que hoy rescatan muchos de sus primigenios atacantes.
    </p><p class="article-text">
        Lo gustos musicales est&aacute;n moldeados por el entorno, por la cultura y por la pertenencia a determinada tribu. Pertenecer o no pertenecer, esa es la cuesti&oacute;n. El l&iacute;der de un grupo puede dictaminar con arbitrariedad qu&eacute; se debe escuchar. &iquest;&ldquo;Ob-La- Di, Ob-La-Da&rdquo; o &ldquo;Number Nine&rdquo;?  &iquest;Lo alegre y sencillo o lo complejo y vanguardista?  Hay quienes aman el sonido de los trenes o el trinar de los p&aacute;jaros, otros se sienten excitados cuando una gr&uacute;a se pone en marcha.
    </p><p class="article-text">
        Como la magdalena de Proust, la cercan&iacute;a asociada a un recuerdo nos emociona o nos irrita. <strong>The Beatles</strong>, <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Wolfgang Amadeus</strong></span><strong> Mozart</strong>, <strong>Mercedes Sosa</strong> o <strong>Miles Davis</strong> tal vez no sean m&aacute;s que chispas en nuestros neurotransmisores. Cuando se da&ntilde;a el sistema operativo del cerebro, algunas m&uacute;sicas guardadas reaparecen y se sienten en las tripas, es como encontrar archivos extraviados. 
    </p><p class="article-text">
        En un asilo para ancianos, el viejo Henry est&aacute; encorvado y perdido. Alguien conecta un IPod y pone temas de los a&ntilde;os cuarenta. El hombre enciende la mirada y sus manos retorcidas se estiran para seguir el ritmo. En otra residencia, Orma se ha quedado muda hace un tiempo hasta que escucha una canci&oacute;n de <strong>Bing Crosby</strong> y se anima a hablar. Ambos, est&aacute;n &ldquo;de vuelta&rdquo;.          
    </p><p class="article-text">
         Con la llegada a Am&eacute;rica de los esclavos africanos, el blues, los negro spirituals y el jazz revolucionaron la m&uacute;sica. Primero, los guardianes de turno la condenaron: eran sonidos de resistencia. Luego, la innovaci&oacute;n tuvo un &eacute;xito general, aunque m&uacute;sicos y m&uacute;sicas sufrieron discriminaciones alarmantes.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos veinte, treinta a&ntilde;os, composiciones de pueblos originarios fueron rescatadas por buceadores de las producciones no contaminadas por la industria. <strong>Leda Valladares</strong>, <strong>Le&oacute;n Gieco</strong>, <strong>Gustavo Santaolalla</strong> lo hicieron por aqu&iacute;. El gusto popular se abri&oacute; a nuevas formas est&eacute;ticas. De todos modos, por una cuesti&oacute;n netamente pol&iacute;tica y econ&oacute;mica, la m&uacute;sica angloparlante sigue siendo la dominante. Hay que irse muy lejos para dejar de escucharla.
    </p><p class="article-text">
        Desde orgasmos narrativos a l&aacute;grimas imparables, la m&uacute;sica es capaz de generar buenas dosis de sensaciones. En la carrera de la protecci&oacute;n auditiva, Robert Fripp increpado en Texas por un p&uacute;blico demasiado c&oacute;modo que le ped&iacute;a subir el volumen, contest&oacute;: &ldquo;He o&iacute;do una petici&oacute;n de un caballero que hay aqu&iacute; para que toquemos m&aacute;s alto. Voy a hacer una sugerencia: si no tocamos lo bastante alto, se&ntilde;or &iexcl;tal vez usted podr&iacute;a escuchar m&aacute;s atentamente?&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        No corro atr&aacute;s de las novedades como me pasaba hace muchos a&ntilde;os, sobre todo para participar de los intercambios amistosos con otros oyentes. Detesto las playlist porque considero que un disco es una obra integral y no me gusta escuchar fragmentos de ella. No hay como el folleto informativo que viene en un disco. Es una cuesti&oacute;n de gusto. Prefiero el cine a las plataformas. S&iacute;, ya s&eacute; que &eacute;stas son m&aacute;s c&oacute;modas, pero no tienen ni el tama&ntilde;o, ni la magia de una pel&iacute;cula en sala. Ser&eacute; antigua, aunque mejor no juzgar(me).
    </p><p class="article-text">
        Una voz de sirena susurra en el o&iacute;do de Faber:
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Por qu&eacute; no escuchas lo que te apetezca escuchar en Spotify o Youtube?
    </p><p class="article-text">
        Y responde:
    </p><p class="article-text">
        -Porque internet desaparecer&aacute; cuando se derrumbe el capitalismo occidental.
    </p><p class="article-text">
        Probable, pero intrascendente. Es probable que el capitalismo no se derrumbe mientras usted y yo estemos vivos. Y si sucede, tendremos actividades m&aacute;s importantes de las que ocuparnos que como escuchar nuestra m&uacute;sica preferida.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cierra-ojos-escucha_129_13407863.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jul 2026 11:47:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cierra tus ojos y escucha]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mal querer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mal_129_13391755.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0eabf257-9d40-4823-bbfd-758ab29f72b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x687y204.jpg" width="1200" height="675" alt="El mal querer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La fragilidad de las criaturas humanas y de sus afectos, en tres obras que pueden verse en estos días en distintos teatros porteños: "Saraos uranistas", "Lenguajes del adiós" y "El zoo de cristal". </p></div><p class="article-text">
        No fue hace tanto tiempo que la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) descart&oacute; la homosexualidad de su Clasificaci&oacute;n Internacional de Enfermedades. Fue en los a&ntilde;os noventa, pero hasta entonces la medicina y una gran parte de la sociedad la patologizaba.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Saraos uranistas</em>, la obra de <strong>Juanse Rauch</strong>, tres docentes de medicina ense&ntilde;an en su c&aacute;tedra c&oacute;mo combatir la &ldquo;anormalidad&rdquo; sexual, seg&uacute;n el paradigma higienista. Siguen la doctrina arbitraria del italiano <strong>Cesare Lombroso</strong>, quien incluy&oacute; a las personas gay entre los criminales por la medida de sus cr&aacute;neos. Son los primeros a&ntilde;os del siglo veinte.  
    </p><p class="article-text">
        El estilo de ense&ntilde;anza en la ficci&oacute;n arranca las risas de la platea cuando los facultativos con guardapolvo y puntero enlistan en el pizarr&oacute;n un conjunto de medidas rid&iacute;culas que se deben tomar para realizar el diagn&oacute;stico y el tratamiento del &ldquo;mal querer&rdquo;. El texto de la dramaturgia se inspir&oacute; en el antiguo archivo marica.  
    </p><p class="article-text">
        La pieza se mud&oacute; al Maipo porque en el off la demanda de entradas se desbord&oacute;. Todo un suceso. Son espectaculares los trabajos de<strong> Luc&iacute;a Ad&uacute;riz</strong>, <strong>Manuel di Francesco</strong>, <strong>Emiliano Figueredo</strong>, <strong>Tom&aacute;s Wicz</strong> y <strong>Maiamar Abrodos</strong>. Se convierten en las habitantes transformistas de un cabar&eacute; para mostrar sus habilidades brillantes en la actuaci&oacute;n y en el canto, acosadas por la visita inc&oacute;moda de un m&eacute;dico policial, que pretende efectuarles un control sanitario. &Eacute;ste es el mismo personaje que solicita favores para su &ldquo;desahogo&rdquo;, en forma clandestina, aprovechando su poder. La contradicci&oacute;n no puede disimularse, est&aacute; a pleno, pero la unidad en la resistencia lo doblega.
    </p><p class="article-text">
        Sarao fue el nombre que se les daba a las fiestas nocturnas donde se reun&iacute;an las maricas y travestis de comienzos del siglo pasado. Trolo, puto, paki, mariposa o loca, (como luego se intent&oacute; desprestigiar a las Madres de Plaza de Mayo), la forma de llamarlos.  
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica en vivo, con <strong>Gabriel Illanes</strong> al piano, juega un rol central al graduar las emociones a las que convoca el relato en 3 D. El vestuario magn&iacute;ficamente dise&ntilde;ado por<strong> Uriel Cistaro</strong> es otro de los aciertos de la puesta.
    </p><p class="article-text">
        Rausch es el mismo director que estuvo al frente de <em>La revista del Cervantes</em>, un musical exitoso que le tomaba el pelo al gobierno y fue censurado de manera encubierta por las autoridades nacionales de Cultura, con excusas t&eacute;cnicas en las que casi nadie crey&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Otra joyita teatral que vi esta semana, entre partido y partido, fue <em>Lenguajes del adi&oacute;s</em>, donde <strong>Patricio Abadi </strong>parte de filmaciones en video con su madre como figura central. Ella est&aacute; en la casa y en el hospital y fueron halladas en una caja polvorienta. Desde la perspectiva del autor, director y protagonista, vale revisitar a esa mujer que est&aacute; enferma pero a&uacute;n goza de una gran energ&iacute;a. Es seductora, bella, culta, divertida. Ech&oacute; a Abadi del hogar y estuvieron mucho tiempo sin comunicarse.
    </p><p class="article-text">
        Promediando la escena que se desarrolla en el Sal&oacute;n Dorado del Teatro Cervantes y con el lenguaje propio de la carnicer&iacute;a, Abadi recrea un mon&oacute;logo que ella lleg&oacute; a presenciar. Se titula <em>Ya no pienso en matambre ni le temo al vac&iacute;o </em>y nos habla con el lenguaje de la carne vacuna de la excitaci&oacute;n carente de afecto que averg&uuml;enza y que subyuga, pero adem&aacute;s del fracaso, de la desilusi&oacute;n amorosa.
    </p><p class="article-text">
        En la despedida posterior a la muerte, el duelo que es el biodrama <em>Lenguajes del adi&oacute;s</em>, se cuenta adem&aacute;s la reconciliaci&oacute;n y la creaci&oacute;n de un nuevo v&iacute;nculo afectivo. Este hijo act&uacute;a con una &iacute;ntima naturalidad y genera un ida y vuelta con el p&uacute;blico que no puede reprimir las l&aacute;grimas. Arte y vida se articulan en una dial&eacute;ctica precisa.  
    </p><p class="article-text">
        Muy distinto es el v&iacute;nculo que propone <em>El zoo de cristal</em> a trav&eacute;s de Amanda Wingfield, protagonista del cl&aacute;sico de <strong>Tennessee Williams</strong>, que se est&aacute; dando en El Tinglado. El rol lo encarna <strong>Ingrid Pelicori</strong>, abandonada por su marido y atrapada en un pasado idealizado en el que tuvo muchos pretendientes. Es una madre asfixiante preocupada por casar a su hija soltera, Laura (<strong>Malena Fig&oacute;</strong>), t&iacute;mida y con una discapacidad en una de sus piernas.
    </p><p class="article-text">
        La familia vive de los ingresos escasos de su hijo Tom (<strong>Walter Quiroz</strong>), un empleado de zapater&iacute;a y poeta desilusionado. La trama est&aacute; situada en plena crisis econ&oacute;mica de los Estados Unidos, lo que no impide que Amanda siga aferrada a la ilusi&oacute;n del <em>american way of life</em> y le insista a su hijo: &ldquo;lev&aacute;ntate y brilla&rdquo;.   
    </p><p class="article-text">
        La aparici&oacute;n de un compa&ntilde;ero de trabajo de Tom, Jim O&rsquo; Connor (<strong>Mart&iacute;n Urbaneja</strong>) despierta distintas ilusiones en la madre y la hermana, que se ven frustradas de inmediato. El muchacho est&aacute; lleno de vida y marca un contraste con la atm&oacute;sfera sombr&iacute;a del hogar que visita, donde cuelga un enorme retrato del padre ausente. Laura colecciona animalitos de cristal, que son el refugio contra su aislamiento. Los tres personajes de esta familia que hoy llamar&iacute;amos disfuncional, aunque se parece a tantas otras, buscan un sentido para sus vidas en un mundo que se encamina a la autodestrucci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La direcci&oacute;n de <strong>Gustavo Pardi </strong>privilegia la profundidad de un texto realista que, en boca de estos grandes actores, resulta convincente, potente y sensible, pese al paso de los a&ntilde;os y gracias tambi&eacute;n a la adaptaci&oacute;n de Mauricio Kartun. Un texto que revela su costado cr&iacute;tico y su salida en la voz de Tom, el narrador de la historia.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mal_129_13391755.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jul 2026 15:31:06 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Forasteros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/forasteros_129_13373829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/296cd70d-82cc-4259-a0cc-bab515f609b4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147270.jpg" width="685" height="385" alt="Forasteros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una síntesis de las reflexiones acerca del viajar, una actividad frecuentemente idealizada, de la que da cuenta el sociólogo mexicano Roger Bartra. El oficio de ser extranjero durante las vacaciones, el exilio, la migración, la exploración geográfica y otras formas del desplazamiento, con una mirada crítica. </p></div><p class="article-text">
        Leemos a <strong>Charles Baudelaire</strong> en <em>Las flores del mal</em>, cuando escribe sobre un lugar ex&oacute;tico, lleno de esplendor oriental donde se ama con placer, &ldquo;un pa&iacute;s de soles mojados, cielos nublados y las flores m&aacute;s raras. Su poes&iacute;a est&aacute; dedicada a lugares imaginados por ni&ntilde;os que contemplan mapas de alg&uacute;n El Dorado prometido por el destino. Habla de lo que observan los marineros ebrios, luego de navegar por alta mar y que reproducen en sus exquisitas memorias. <em>&iexcl;sumergirse en el fondo del abismo, infierno o cielo, no importa, en el fondo de lo desconocido para/ encontrar lo nuevo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Como Ulises, cuyo prop&oacute;sito es volver mientras se aleja y padece la esclavitud del regreso, otros personajes, cronistas, fil&oacute;sofos han partido de sus lugares natales para contarnos con ojos asombrados qu&eacute; han visto.
    </p><p class="article-text">
        El escritor <strong>Roger Bartra</strong> (M&eacute;xico, 1942) recoge distintas experiencias de ser extranjero. Autor de<em> Melancol&iacute;a y cultura, Chamanes y robots </em>y<em> El mito del hombre lobo, </em>habla de la experiencia vac&iacute;a y enga&ntilde;osa del viaje tur&iacute;stico y la del migrante que debe salir de lo familiar y adaptarse a un mundo desconocido. No se trata solo de un movimiento del cuerpo, sino de una confrontaci&oacute;n de nuestros or&iacute;genes e identidad que producen un distanciamiento emocional y cultural en el viajero. 
    </p><p class="article-text">
        En un escrito sobre la confianza en uno mismo, <strong>Ralph Waldo Emerson</strong> opina que quien viaja debe mostrar en su rostro que transporta sabidur&iacute;a y virtud y que es un visitante soberano, no un intruso. Considera que la falta de una cultura propia o <em>self-culture</em> provoca en muchos estadounidenses una &ldquo;superstici&oacute;n de viaje&rdquo;, cuyos &iacute;dolos son Inglaterra, Egipto o Grecia. &ldquo;El hombre sabio permanece en casa&rdquo;, es all&iacute; donde resuelve sus dilemas existenciales.
    </p><p class="article-text">
        En la misma l&iacute;nea, el autor de <em>El hombre que se cre&iacute;a jueves, </em><strong>G.K. Chesterton</strong>, se&ntilde;ala que viajar estrecha la mente y que &ldquo;todo el objetivo de viajar no es poner el pie en una tierra extranjera; sino por fin poner el pie en el pa&iacute;s propio como si fuera tierra extranjera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De las vacaciones, regresamos exactamente al mismo punto de partida, con suerte&hellip;m&aacute;s descansados. Eso s&iacute;, con infinitas publicaciones en las redes. Un veraneo es la b&uacute;squeda de un cambio que no cambia nada, opina la fil&oacute;sofa <strong>Agnes Callard</strong>, en una nota que publica en 2023 <em>The New Yorker.</em> Cuestiona el poder transformador del turismo, donde el libreto se repite una y otra vez: la selfie con un fondo de monta&ntilde;a, la aglomeraci&oacute;n frente a una pintura en un museo, la sonrisa eterna, aunque se est&eacute; tenso por el cambio de colch&oacute;n y almohada. El viaje separa el tiempo: el segmento previo, con su anhelo ansioso, lo que sucede despu&eacute;s y la melancol&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        La forma m&aacute;s dram&aacute;tica de partir es el exilio. Para el espa&ntilde;ol <strong>George Santayana</strong> es como un nacimiento heroico, se abandona la (in)seguridad original para llegar a un lugar desconocido. &ldquo;Para ser feliz, el exiliado debe nacer de nuevo: debe cambiar su clima moral y el paisaje interior de su mente&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Los modos de ser viajeros son muy variados. Viajar suele fomentar el humor, matar prejuicios y agilizar los pensamientos, claro que esto ocurre si se es flexible y se tiene una disposici&oacute;n a que la realidad novedosa ingrese en nuestro interior.
    </p><p class="article-text">
        Entre los pasajeros est&aacute;n los que s&oacute;lo pueden recorrer de la mano de un gu&iacute;a especializado y los que en 15 d&iacute;as baten el r&eacute;cord de &iquest;conocer? veinte ciudades distintas. Existen los profesionales que asisten a congresos y se escapan para hallar lo m&aacute;s sublime o curioso y los que programan con detalle excursiones, pero nunca se bajan del bus. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>Diarios de motocicleta</em>, <strong>Walter Salles</strong> relata en formato audiovisual c&oacute;mo le cambio la cabeza a <strong>Ernesto Che Guevara</strong> el viaje por Sudam&eacute;rica, en su etapa de estudiante prerrevolucionario. En plena &eacute;poca beatnik, <strong>Jack Kerouac</strong> da testimonio de las vivencias de Sal Paradise con <em>En el camino</em>, una especie de biblia sobre el recorrido desenfrenado por las rutas en busca de jazz, sexo y drogas. <em>Thelma &amp; Louise</em> es el registro ficcional en cine de dos amigas que huyen en auto para liberarse. 
    </p><p class="article-text">
        Al portugu&eacute;s <strong>Fernando Pessoa</strong> la idea de viajar le da n&aacute;useas. <em>En el Libro del desasosiego</em>, su heter&oacute;nimo Bernardo Soares escribe: &ldquo;ya vi todo lo que nunca hab&iacute;a visto. Ya vi lo que todav&iacute;a no vi. El tedio de lo constantemente nuevo, el tedio de descubrir, bajo la falsa apariencia de las cosas y de las ideas, la perenne identidad de todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Bartra el viaje est&aacute; en el inicio de su vida cuando los padres deciden mudarse de M&eacute;xico a los Estados Unidos con la meta de dejar la pobreza al cruzar la frontera. Esa vivencia le inyecta un gran amor por el nomadismo, aunque tambi&eacute;n admite que el viaje es el para&iacute;so de los tontos que s&oacute;lo buscan el confort.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Michel Onfray </strong>da a conocer su <em>Th&eacute;orie du voyage. </em>Se&ntilde;ala que su propuesta<em> es elevar la banalidad del turismo a una experiencia po&eacute;tica, vivir como un flaneur con visiones fugaces totalmente subjetivas. </em>Quien preside la constelaci&oacute;n viajera, <strong>Julio Verne</strong>, no es un gran viajero ni conoce m&aacute;s lenguas que el franc&eacute;s<em>, </em>en tanto que <strong>John Locke</strong> lee bit&aacute;coras para comprobar que los pueblos aut&eacute;nticos no son m&aacute;s bondadosos que el resto de los mortales. Por su parte, <strong>Mark Twain </strong>lo elogia como el mejor remedio contra el fanatismo.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo a las personas que sal&iacute;an de su terru&ntilde;o se las consideraba raras. Y aunque hoy el viaje por placer es m&aacute;s habitual, es privativo de quienes tienen las condiciones materiales, una minor&iacute;a, a excepci&oacute;n de quienes viajan para encontrar mejores modos de vida. 
    </p><p class="article-text">
        Para quien vive en ciudades con forma geom&eacute;trica llegar a la selva es todo un desaf&iacute;o y para quienes viven en una aldea las metr&oacute;polis resultan extravagantes.
    </p><p class="article-text">
        El viaje en tren parece ser una novedad perpetua y los objetos comprados, encantadores, en la medida en que no son como los nuestros. La industria del turismo ha deteriorado muchos lugares y los locales la detestan.
    </p><p class="article-text">
        El extranjero es un ser lleno de ra&iacute;ces laber&iacute;nticas que no dejan de crecer. El ensayista palestino <strong>Edward Said</strong>, un desarraigado que se estableci&oacute; en Estados Unidos, comprendi&oacute; que &ldquo;cuando uno es capaz de abandonar su propio hogar cultural, tanto m&aacute;s f&aacute;cilmente es capaz de juzgarlo con el desapego y la generosidad necesaria para lograr una aut&eacute;ntica visi&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/forasteros_129_13373829.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jul 2026 17:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Forasteros]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las bestias pop]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bestias-pop_129_13356666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50a43499-a25c-4665-8287-582eb5c0c081_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las bestias pop"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunos ejemplares del reino animal se convirtieron en apodos de la política. La burla, la alabanza y la distribución de jerarquías hoy funcionan con Milei, el león, aunque tienen larga data en la Argentina. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Soy el le&oacute;n, rujo contra la casta&rdquo;, se defini&oacute; <strong>Javier Milei </strong>a s&iacute; mismo, para exhibir su prop&oacute;sito de luchar contra el sistema populista. Convirti&oacute; al apodo en logo de campa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Existe una gran variedad de ejemplares en la fauna pol&iacute;tica, integrantes destacados del reino animal. El antropomorfismo traza paralelos, al modo en que <strong>Esopo </strong>y <strong>Jean de La Fontaine</strong> lo hicieron en las f&aacute;bulas, espejando a las bestias en las personas e incluyendo sus consabidas moralejas como remate impl&iacute;cito.
    </p><p class="article-text">
        Antes como despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de la sinonimia yegua-Evita-Cristina, esa asimilaci&oacute;n fue algo bastante corriente, como una forma de re&iacute;rse y distribuir jerarqu&iacute;as. La animalizaci&oacute;n da cuenta de una sobre o subvaloraci&oacute;n de quienes son nombrados como tales. 
    </p><p class="article-text">
        La nominaci&oacute;n bestial convierte a los pol&iacute;ticos en objetos amenazantes. Tortuga, Peludo, Ping&uuml;ino y gorila funcionan como insultos. En el circo de la pol&iacute;tica, los animales requieren ser fijados y domados, para el goce del p&uacute;blico, cada vez que salen de la jaula privada, algo que insiste en una forma de consideraci&oacute;n reduccionista y binaria: buenos y malos, fuertes y d&eacute;biles, racionales o pasionales.
    </p><p class="article-text">
        Antes y ahora, yegua es la mujer p&uacute;blica, la puta, que carece de valores morales y s&oacute;lo busca satisfacer el apetito sexual masculino a cambio de dinero. Si la Perona fue inf&eacute;rtil, la burla impl&iacute;cita, por la contraria, proviene de la etimolog&iacute;a: yegua viene de <em>equa</em>, es decir de la hembra que se reproduce con el caballo, <em>equus</em>. 
    </p><p class="article-text">
        La yegua no deb&iacute;a gobernar por ser bruta, de origen rural, sin educaci&oacute;n ni pedigree. Despu&eacute;s de su muerte, haber sido yegua facilit&oacute; simb&oacute;licamente su profanaci&oacute;n, el ocultamiento de su cad&aacute;ver.  
    </p><p class="article-text">
        La mayor difusi&oacute;n del apodo se extendi&oacute; luego del golpe de la Revoluci&oacute;n Libertadora, de 1955, como parte de la campa&ntilde;a de desprestigio contra el peronismo, &eacute;poca en la que los nombres y apellidos de la pareja Per&oacute;n-Per&oacute;n estuvo prohibida. Yegua ven&iacute;a de la aversi&oacute;n y fue uno de los ep&iacute;tetos m&aacute;s famosos. La jefa espiritual de la Naci&oacute;n, como la llamaron oficialmente ante su muerte, sab&iacute;a de su uso y se lo tomaba con sorna. &ldquo;Prefiero ser yegua del pueblo que dama de la oligarqu&iacute;a&rdquo;, dijo.
    </p><p class="article-text">
        En yegua, hay un dejo de misoginia, por ser una mujer que &ldquo;relinchaba&rdquo;, al conducir a las masas. Equivale, con la popularizaci&oacute;n del lenguaje de la psicolog&iacute;a, a las locas (las Madres de Plaza de Mayo) o las hist&eacute;ricas (en las confrontaciones verbales de los machistas con sus novias y esposas). 
    </p><p class="article-text">
        El mote despectivo fue recuperado por los conservadores para emplearlo contra Cristina Fern&aacute;ndez, la morocha argentina del pante&oacute;n gobernante. Lo volvi&oacute; a poner en circulaci&oacute;n <strong>Hugo Biolcatti</strong>, presidente de la Sociedad Rural Argentina, en 2008, durante el enfrentamiento del poder agro financiero contra la entonces presidenta.  Los militantes peronistas resignificaron el t&eacute;rmino como s&iacute;mbolo de potencia femenina, de una mujer que arremete sin pedir permiso.
    </p><p class="article-text">
        El origen desopilante de gorila, para mencionar a los antiperonistas, surgi&oacute; en el programa de Radio Argentina <em>La revista dislocada</em>, durante 1952. El ciclo fue creado por <strong>D&eacute;lfor Medina</strong> y el gui&oacute;n era de <strong>Aldo Camarota</strong>. Se mantuvo con distintos formatos hasta la dictadura de <strong>Agust&iacute;n Lanusse</strong>, que lo prohibi&oacute;. En 1953 se estren&oacute; la pel&iacute;cula<em> Mogambo</em>, con <strong>Clark Gable</strong>, <strong>Ava Gardner</strong> y <strong>Grace Kelly</strong>. En una de las escenas que transcurre en &Aacute;frica, Kelly escucha fuertes rugidos y se arroja a los brazos de Gable, quien personifica a un cazador. &ldquo;Deben ser los gorilas, deben ser los gorilas&rdquo;, repiten los pobladores nativos. 
    </p><p class="article-text">
        En el ciclo, un coro parodiaba el filme repitiendo el jingle: &ldquo;deben ser los gorilas&rdquo;.  Cuando en el 55 circularon los rumores sobre un posible golpe de estado contra <strong>Juan Domingo Per&oacute;n</strong>, se identific&oacute; esa amenaza con la de los simios del producto hollywoodense. El humorista <strong>Landr&uacute;</strong> dibuj&oacute; con elegancia a un par de monos entrando a la Casa de Gobierno y tambi&eacute;n a un almirante <strong>Isaac Rojas </strong>de nariz aguile&ntilde;a so&ntilde;ando con gorilas que cruzaban un cerco. 
    </p><p class="article-text">
        Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, la jotap&eacute; y los montoneros reunidos en Plaza de Mayo increpaban al viejo l&iacute;der justicialista: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; pasa, general, que est&aacute; lleno de gorilas el gobierno popular?&rdquo; Y el Pocho los descalificaba como &ldquo;imberbes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la novela <em>Cabecita negra</em>, de 1962, <strong>German Rozenmacher</strong> inventa al se&ntilde;or Lanari, un liberal que desenmascara su hostilidad llamando con el nombre del p&aacute;jaro a una muchacha de provincia. Desde la perspectiva de Lanari, la joven es primitiva y brutal. Cabecita negra es un ave t&iacute;pica de Am&eacute;rica del sur. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Cicatrices</em>, el cuento de <strong>Juan Jos&eacute; Saer</strong>, cuenta que el juez Garay, homosexual que encubre su condici&oacute;n, se atormenta al ver la ciudad poblada de gorilas. 
    </p><p class="article-text">
        Un antecedente de la equiparaci&oacute;n persona-animal lo encontramos en el <em>Facundo</em> de Sarmiento. En el libro, Quiroga es un ser feroz, criado en el monte, al que hay que civilizar. Ese tigre de los llanos tiene &ldquo;un cuerpo cuadrado, herc&uacute;leo, hombros anchos, brazos gruesos, m&uacute;sculos de acero, ojos peque&ntilde;os, hundidos, negros y profundamente malignos&hellip; El terror que inspiraba era su &uacute;nica fuerza&rdquo;, escribe el sanjuanino. 
    </p><p class="article-text">
        El genocida <strong>Julio Argentino Roca</strong> fue llamado Zorro por su astucia y capacidad para el enga&ntilde;o. Fue uno de los responsables de la matanza m&aacute;s sangrienta contra los pueblos originarios, la Conquista del Desierto.
    </p><p class="article-text">
        Por su personalidad huidiza, porque rechazaba las entrevistas y se met&iacute;a en la cueva, a <strong>Hip&oacute;lito Yrigoyen</strong> se lo nombraba El Peludo, era el topo dif&iacute;cil de atrapar, que viv&iacute;a encerrado en su casa de la calle Brasil. Una versi&oacute;n socarrona suma el hecho de que su cabello era escaso. 
    </p><p class="article-text">
        Al conservador de derecha &Aacute;lvaro Alsogaray, ministro de Econom&iacute;a durante la presidencia de <strong>Arturo Frondizi</strong>, lo apodaron Chancho. Fue quien inmortaliz&oacute; la nefasta frase &ldquo;hay que pasar el invierno&rdquo;, por el ajuste que padecer&iacute;a el pueblo durante su gesti&oacute;n. La revista <em>T&iacute;a Vicenta</em> cre&oacute; la ilustraci&oacute;n y el apodo. La asimilaci&oacute;n como porcino evoca a la del &ldquo;chancho burgu&eacute;s&rdquo; empleada por la izquierda contra la clase opresora.
    </p><p class="article-text">
        Tiempo despu&eacute;s, <strong>Arturo Illia</strong>, otro presidente radical, fue la tortuga para la oposici&oacute;n, por la lentitud con que ejecutaba los actos de gobierno. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>N&eacute;stor Kirchner</strong> fue el ping&uuml;ino, m&aacute;s que por un rasgo de personalidad por su lugar de nacimiento en R&iacute;o Gallego, donde habitan esas aves. Su manera de caminar con los brazos pegados al cuerpo y la forma de su nariz reforzaron su semejanza con los habitantes marinos. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a buitres, aves rapaces que se caracterizan por ser depredadores carn&iacute;voros, refieren al colectivo que componen los fondos financieros, encabezados por el FMI y la banca internacional. 
    </p><p class="article-text">
        Otro ejemplar, el gato, le cupo a <strong>Mauricio Macri</strong>. Una versi&oacute;n posible se&ntilde;ala que surge del lenguaje carcelario, donde el gato ejerce su autoridad prestada sobre los dem&aacute;s presos. El gato es &ldquo;el mulo del poronga&rdquo;, el aut&eacute;ntico jefe, para quien el gato recauda. 
    </p><p class="article-text">
        El aluvi&oacute;n zool&oacute;gico en el lenguaje popular fue y sigue siendo una herramienta efectiva para cuestionar y re&iacute;rse de los poderosos. El peligro de la animalizaci&oacute;n es que equipara a los pol&iacute;ticos con el elemento transformador de la vida social, la pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bestias-pop_129_13356666.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2026 15:04:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paranoia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/paranoia_129_13338830.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4864098c-1a3f-429a-9761-71c794294a02_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Paranoia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La sospecha infundada de persecución y la creencia de que los demás nos quieren hacer daño son dos de las manifestaciones habituales de la paranoia. ¿Qué sucede cuando el trastorno mental se contagia a una parte de la sociedad y sus referentes?  </p></div><p class="article-text">
        Lo constante en la persona que la padece es un sentimiento abismal de soledad, la incapacidad de replegar la sensaci&oacute;n de asedio y la insistencia en una conducta perversa. No son lo mismo, pero la paranoia favorece a los psic&oacute;patas.
    </p><p class="article-text">
        El estado de alerta y la creencia empecinada en que existen complots en contra suyo son otras de sus caracter&iacute;sticas. Pero &iquest;qu&eacute; pasa cuando la paranoia individual se transforma en un estado social y explota en las masas, por el poderoso contagio pand&eacute;mico que comporta? 
    </p><p class="article-text">
        Corri&oacute; demasiada sangre como para circunscribir el diagn&oacute;stico al exclusivo campo de la Psiquiatr&iacute;a, sugiere el psicoanalista italiano <strong>Luigi Zoja</strong> en el libro <em>Paranoia, la locura que hace la Historia</em>. De formaci&oacute;n junguiana, escritor, licenciado en Econom&iacute;a y alguna vez presidente del Centro de Psicolog&iacute;a Anal&iacute;tica Internacional, afirma que el paranoico es incapaz de una mirada interior, siempre le atribuye los males a los dem&aacute;s y carece de toda &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Son los l&iacute;deres quienes despiertan la paranoia dormida en la gente com&uacute;n o es la sociedad la que erige referentes con la misma habilidad para pedir a viva voz el hostigamiento de una minor&iacute;a o para ayudar a sus hijos en las tareas escolares?
    </p><p class="article-text">
        Revisemos r&aacute;pidamente algunos hechos destacados del pasado de Occidente. Los habitantes de las tierras a las que llegaron los conquistadores debieron convertirse al catolicismo para ser considerados humanos. Con el estalinismo, los acusados fueron forzados a ser parte activa de los procesos que los aniquilar&iacute;an. Los nazis obligaban a las organizaciones jud&iacute;as a redactar listas de personas para mandar a los campos y all&iacute; eleg&iacute;an a un grupo de detenidos para asegurar el funcionamiento de los hornos crematorios. Les exig&iacute;an, adem&aacute;s, una colaboraci&oacute;n econ&oacute;mica para los gastos de la ejecuci&oacute;n. En la c&aacute;rcel de Pl&ouml;tzenzee, Berl&iacute;n, hoy transformada en memorial, se encuentran detalladas las cuentas que se les enviaban a los familiares, incluyendo el costo el franqueo.
    </p><p class="article-text">
        La visi&oacute;n desconfiada entre los pueblos constituye el origen mismo de la Historia. Una de las ofensas originarias surgi&oacute; con el rapto de las mujeres. Los fenicios plantaron la semilla de la discordia en Argos, al llevarse algunas de ellas, entre las que estaba Io, la hija del rey griego, que fue transformada en vaca. M&aacute;s tarde, fueron los griegos quienes secuestraron a Europa, hija del rey de Tiro, y a Medea, hija del rey de la C&oacute;lquide. Luego, lleg&oacute; la captura de Elena, con la Guerra de Troya.
    </p><p class="article-text">
        Nos hemos acostumbrado a la idea de que, a la colonizaci&oacute;n, le sigue la violencia, no la democracia, lo cual da lugar a un sentimiento de superioridad desconfiada. La teor&iacute;a darwiniana llevada a la esfera social produce, en nombre de la ciencia, formas de envidia, desconfianza paranoica e instintos de destrucci&oacute;n. Desde all&iacute; hay apenas un paso a la instauraci&oacute;n de la libertad de mercado, donde el m&aacute;s fuerte domina al m&aacute;s d&eacute;bil, una elecci&oacute;n &eacute;tnica, racial o econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        En los conflictos humanos la disparidad de fuerzas alienta siempre una agresividad feroz. En el inconsciente del m&aacute;s fuerte la decisi&oacute;n de atacar suele estar desde el comienzo. Es un dogma de hierro. Por eso, el gran desaf&iacute;o en medio de la anestesia del consumo es mantener la indignaci&oacute;n, mientras reaprendemos la empat&iacute;a, dice Zoja.
    </p><p class="article-text">
        La iron&iacute;a tr&aacute;gica se constata en otros hechos pret&eacute;ritos: a las brujas se las responsabiliz&oacute; de propagar la peste y se las oblig&oacute; a confesar delitos que nunca cometieron. Los horrendos experimentos de Mengele fueron la continuaci&oacute;n de las investigaciones realizadas por los cient&iacute;ficos estadunidenses que inclu&iacute;an a las prestigiosas fundaciones Rockefeller y Carnegie. Son doctrinas que enga&ntilde;an con la pseudociencia y alivian de culpa a quienes las desarrollan. Tambi&eacute;n fortalecen la buena conciencia de los perseguidores. 
    </p><p class="article-text">
        Pensada en principio como refugio y oasis de seguridad, protecci&oacute;n y paz, el destino de las ciudades fue parad&oacute;jico. En su forma m&aacute;s moderna, metropolitana, se encuentran cada vez m&aacute;s asociada al peligro, al terror, al p&aacute;nico. 
    </p><p class="article-text">
        Sobre esa contradicci&oacute;n se mont&oacute; el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para llevar adelante una campa&ntilde;a de limpieza propagand&iacute;stica, cuando hace pocos d&iacute;as mand&oacute; a empapelar las calles con afiches que daban su grito triunfal sobre la expulsi&oacute;n de los manteros, los ocupas, los piqueteros y los sintecho. A las autoridades las roe la obsesi&oacute;n de la inseguridad. Por eso, trabajan con ah&iacute;nco en la &ldquo;higiene&rdquo; desalojando a quienes considera de segunda, sean habitantes de las villas o integrantes del colectivo LGTBQ+.
    </p><p class="article-text">
        Los l&iacute;deres paranoicos viven en su torre de cristal, impermeables a las ideas y sentimientos ajenos, impulsando el odio entre vecinos y el auto odio, con elementos m&iacute;sticos que inundan sus discursos.
    </p><p class="article-text">
        Los gobiernos y las sociedades con <em>persecuta</em> requieren de la existencia de un enemigo que se opone a su verdad, un chivo expiatorio al que adjudicarle los males. Pueden ser los jud&iacute;os o los isl&aacute;micos. En la Argentina, demonizan a periodistas, zurdos, la casta, los pol&iacute;ticos ladrones, &ldquo;la lacra asquerosa que se llama Estado&rdquo;, como lo repiti&oacute; hasta el cansancio el presidente.
    </p><p class="article-text">
        En el libro <em>Milei fen&oacute;meno verbal</em>, dice <strong>Juan Jos&eacute; Becerra</strong> que el panelista televisivo que se convirti&oacute; en primer mandatario, lo hizo &ldquo;fumigando masivamente los fantasmas que brotan de cualquier antagonismo&rdquo;. Una muestra de su paranoia y misantrop&iacute;a: la frase &ldquo;lo importante son las ideas, no las personas&rdquo;. &ldquo;Vos no sab&eacute;s, con vos no hablo&rdquo;, desautoriza incontinente a sus opositores. <em>Econoburros</em>, llama a los que adscriben a otras doctrinas econ&oacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;La turba libertaria redobla su ardor, y desde las sombras de un segundo plano llega taconeando <strong>Lilia Lemoine</strong>, embutida en el catsuit de la capitana AnCap (por Anarco Capitalista), hero&iacute;na surgida d una reuni&oacute;n de otakus y aficionados al anim&eacute;&hellip; Milei contempla el disfraz de Capit&aacute;n AnCap&nbsp;con una cita hipnotizada de Alex, el narrador protagonista de <em>La naranja mec&aacute;nica</em>, de <strong>Anthony Burguess</strong> (inventor de la palabra <em>horrorshow</em>), inmortalizado por <strong>Malcom McDowell</strong> en la adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica de <strong>Stanley Kubrick</strong>, mientras se oye el coro de adeptos gritar con la convicci&oacute;n irreversible con la que se sostienen las divisas sectarias: &iexcl;Destrucci&oacute;n!, &iquest;Destrucci&oacute;n!, &iexcl;Destrucci&oacute;n!&rdquo;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El pa&iacute;s regresivo asiste a la aparici&oacute;n de manadas violentas e inquietantes, j&oacute;venes y no tanto reclutados por las mafias o el extremismo de derecha. Horrores que cre&iacute;amos superados ensombrecen el presente a trav&eacute;s de la cultura paranoia <em>soft</em> de los medios. &ldquo;Su majestad, la multitud, el gran tirano de nuestro tiempo&rdquo;, escrib&iacute;a <strong>Hannah Arendt</strong> en <em>Los or&iacute;genes del totalitarismo</em>. Y <strong>Carl Gustav Jung</strong> se preguntaba si frente al delirio paranoico vencer&aacute; la credulidad o la cr&iacute;tica. Todos estamos dotados de ambas potencias. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/paranoia_129_13338830.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 14:28:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Paranoia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hembras en carrera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hembras-carrera_129_13320186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/366f1d12-f8ef-47b1-b09e-4c32f72c79be_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145734.jpg" width="447" height="251" alt="Hembras en carrera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tiernas, mordaces, amargas, humorísticas. Tres obras de teatro sobre el largo viaje femenino de la noche hacia la luz del día: “UNA”, “Silencio de hembra” y “Carrera de fondo”.</p></div><p class="article-text">
        Si hay algo que tienen en com&uacute;n las obras de teatro que vi en los &uacute;ltimos d&iacute;as es que el centro gravitacional de sus historias recae en mujeres, un gineceo articulado con la vida familiar o social de las protagonistas. Mujeres de hielo, mujeres de nieve, en un cuarto (im)propio.
    </p><p class="article-text">
        A veces, los silencios surgen por una amenaza o por el temor que alguien genera cuando te dice que ten&eacute;s que callarte.&nbsp;En el unipersonal <em>Silencio de hembra,</em>&nbsp;de <strong>M&oacute;nica Salvador</strong>, la protagonista elige quedarse callada para resguardarse hasta sentirse segura. Un fino trabajo con su propia potencia la habilitar&aacute; a pegar un grito, emitir un alarido o llorar, con la esperanza de que alguien la escuche. 
    </p><p class="article-text">
        Como un animal herido que se agazapa, la hembra es una v&iacute;ctima que logra expresar lo que guard&oacute; en su cuerpo. Emplea el baile, el toque del piano y la actuaci&oacute;n para contar lo que le dejaron el padre ausente y el hombre que forz&oacute; la sustituci&oacute;n del rol, al unirse con la madre.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os de ultraje, de mudez y dolor, recuerdos que aparecen en la voz para salir de la experiencia del trauma, se encarnan en el cuerpo de <strong>Bel&eacute;n Santos</strong>. La joven actriz se desplaza d&uacute;ctil, con sensibilidad, por un espacio vac&iacute;o donde peque&ntilde;os objetos cobran vida como personajes.
    </p><p class="article-text">
        M&uacute;sica fracturada que se reitera, el tic tac que marca la tensi&oacute;n, la iluminaci&oacute;n que acent&uacute;a la atm&oacute;sfera po&eacute;tica del texto y el <em>in crescendo</em>, todo dirigido por <strong>Herminia Jensezian</strong> quien, con mano diestra, pone en escena la pieza, que se puede ver en el teatro Tadr&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En la comedia negra <em>Carrera de fondo</em> (Teatro Picadero) una mujer procura que su beb&eacute; se duerma y su hijo mayor no se despierte. Su pareja le pide hablar y la charla en la que se enlistan pros y contras de la relaci&oacute;n sucede, de manera dram&aacute;tica o graciosa. Deshacen los acuerdos y la atm&oacute;sfera se torna extra&ntilde;a. Poco despu&eacute;s adviene la separaci&oacute;n y el duelo e intentar&aacute;n recoger los pedazos que quedan.
    </p><p class="article-text">
        Como en una prueba de atletismo de larga distancia, donde se privilegia la resistencia aer&oacute;bica, en una pareja &ldquo;fondista&rdquo; parece necesitarse un ritmo sostenido y una buena distribuci&oacute;n de la energ&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        La prosa mordaz del libro original de <strong>Nadine Lifschitz</strong> traspasa a la dramaturgia. Pone el doloroso desencuentro en los di&aacute;logos entre <strong>Julieta Zylberberg</strong> y <strong>Gadiel Sztry</strong>. La versi&oacute;n teatral funciona como una caja de Pandora de donde emerge lo peor del v&iacute;nculo, se combinan robustas actuaciones con la direcci&oacute;n din&aacute;mica de <strong>Mariana Chaud</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a antes de que todo estallara? &iquest;Qu&eacute; sobrevive luego? En <em>UNA</em>, espl&eacute;ndida adaptaci&oacute;n de la obra de <strong>Luigi Pirandello</strong> (Uno, nessuno e centomila / Uno, ninguno y cien mil), Ang&eacute;lica Moscarda se cuestiona su existencia en relaci&oacute;n con la mirada de los dem&aacute;s. El personaje que en el texto original es un hombre, en la puesta gozoza del teatro Almagna es una mujer (la grandiosa <strong>Miriam Odorico</strong>) cuya corporalidad va de lo blando a lo tenso y viceversa. No s&oacute;lo para mostrar todas las gestualidades posibles de un personaje que ya no se reconoce, sino para convertirse en muchos otros, modulando distintas voces.
    </p><p class="article-text">
        De todos sus textos, para el autor italiano, es &ldquo;la m&aacute;s amarga de todas, profundamente humor&iacute;stica, sobre la descomposici&oacute;n de la vida: Moscarda: uno, nadie y cien mil&rdquo;.&nbsp;Moscarda procura desembarazarse de las observaciones ajenas y va en busca de su yo m&aacute;s genuino, con el &uacute;nico sost&eacute;n de una silla sobre la escena. No hay artificios en la puesta, s&oacute;lo una gran int&eacute;rprete buceando en las aguas m&aacute;s profundas de la teatralidad, dirigida por <strong>Giampaolo Sam&aacute;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El cuerpo disponible de Odorico, a la vez fuerte y delicado, se transforma en los de un contador, un cura, una suegra, un esposo, dos socios, que aparecen para contrariar a la hero&iacute;na de la f&aacute;bula. La alteridad mental y f&iacute;sica, la salud, los v&iacute;nculos y la soledad emergen en una sociedad cuyas autoridades no acompa&ntilde;an y que, en vez de atenuarlas, multiplican las problem&aacute;ticas. &iquest;Qui&eacute;n soy realmente? &iquest;qui&eacute;n cre&eacute;s que sos? o &iquest;c&oacute;mo te ven? &iquest;te ven? En esas preguntas que pesan, la mujer se pierde. Tambi&eacute;n puede desenmascararse.
    </p><p class="article-text">
        Inquirir el sentido y las consecuencias de ser una en el universo, advertir lo que los otros ven y nos pasa desapercibido, pensar c&oacute;mo se ponen l&iacute;mites a quienes nos rodean son decisiones que se pueden ir tomando en paralelo al proceso de autoconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Que un afecto nos se&ntilde;ala algo insignificante como que tenemos la nariz levemente torcida, el cabello demasiado canoso, o la piel muy arrugada nos perturba al punto de ser un disparo contra nuestra existencia y derrumbarnos. Nuestra entidad viva tira abajo la imagen, las ideas y los roles que construimos por elecci&oacute;n o por imposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n soy? &iquest;Qui&eacute;nes somos? &iquest;C&oacute;mo nos ven los dem&aacute;s? &iquest;C&oacute;mo los veo? &iquest;Cu&aacute;ntos personajes caben en cada uno de nosotros?
    </p><p class="article-text">
        Mediante un tono ingenioso, <em>UNA</em> reafirmar la idea de que todos tenemos una personalidad m&uacute;ltiple y que, si alguien examinara profundamente a las criaturas que viven en nosotros, nos tachar&iacute;a de locas y de locos, como acr&oacute;batas dementes.
    </p><p class="article-text">
        Asistir a estas obras sobre las &eacute;picas cotidianas de las mujeres es como meterse en un laberinto con el hilo de Ariadna, o como viajar para descubrir y reivindicar nuestras virtudes y habilidades, en apenas un rato, de un modo tierno o impiadoso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hembras-carrera_129_13320186.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jun 2026 12:04:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hembras en carrera]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que la demolición se llevó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/demolicion-llevo_129_13299724.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/05122d67-d1b0-4e66-a76f-b79bce28979c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que la demolición se llevó"></p><p class="article-text">
        <em>Adolescencia gris con vocaci&oacute;n de sombra, con destino de muerte, las escaleras duermen, se derrumba la casa que no supo detenerte. </em>Estos versos refieren a la casa que habit&oacute; en otro tiempo la poeta mexicana <strong>Rosario Castellanos</strong>. En el sur del mismo continente, en la ciudad porte&ntilde;a de Buenos Aires, recorro las calles, percibo la destrucci&oacute;n y tomo conciencia de los pocos adoquines que quedan (se los llev&oacute; el gobierno qui&eacute;n sabe ad&oacute;nde), de los &aacute;rboles enfermos (el personal de parques y jardines p&uacute;blicos fue reducido) y de buena parte del patrimonio arquitect&oacute;nico que est&aacute; cercado o ya no existe.
    </p><p class="article-text">
        Casas, edificios, parques, plazas, veredas y sendas forman el cuerpo de la ciudad, un organismo vivo bastante maltratado donde hoy, en cada cuadra, duermen familias completas rodeadas de suciedad y de basura. La ilusi&oacute;n del bienestar y el progreso se desvanece, quienes tienen que garantizar el acceso a la vivienda digna y la higiene general no se ocupan ni preocupan.
    </p><p class="article-text">
        Entre tantas residencias que van desapareciendo, recuerdo las casas chorizo, con sus habitaciones corridas y el patio lindero. Ya no est&aacute; la Casa del Campo, donde se vend&iacute;an medias, lanas y lencer&iacute;a, sobre la avenida Santa Fe 3381. La destrucci&oacute;n, en setiembre de 2024, se llev&oacute; sus l&iacute;neas rectas verticales y herrajes, relieves y vitrales, el m&aacute;s puro estilo art dec&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco queda en pie la construcci&oacute;n de la esquina de C&oacute;rdoba y Pringles, que se encontraba en un estado impecable, con su p&eacute;rgola en la terraza, sus ventanales y faroles, italianizante o neorrenacentista, con cubiertas de poca inclinaci&oacute;n, aleros, molduras, rejas. Los villanos le dieron v&iacute;a libre al arrasamiento, le hicieron &ldquo;pinto catal&aacute;n&rdquo; a la participaci&oacute;n social y su opini&oacute;n activa. 
    </p><p class="article-text">
        <em>La lonja inm&oacute;vil de los jardines ti&ntilde;&oacute; de luna el anochecer, hoy ya no r&iacute;es por la avenida, chau adoqu&iacute;n</em>, se despidi&oacute; del pedrer&iacute;o gris oscuro que alfombraba las aceras, <strong>Antonio Tarrag&oacute; Ros</strong>. <strong>Luis Alberto Spinetta</strong> titul&oacute; Para los &aacute;rboles un disco-homenaje a esos ejemplares bot&aacute;nicos, de buena madera, que en muchas zonas de nuestra urbe desaparecieron. Ya les hab&iacute;a dedicado canciones a algunos ejemplares en &ldquo;Campos verdes&rdquo;, &ldquo;Sombras en los &aacute;lamos&rdquo;, &ldquo;Durazno sangrando&rdquo;, alabanzas po&eacute;ticas rockeras.
    </p><p class="article-text">
        En el libro<strong> </strong>Memoria de Buenos Aires, <strong>Natalia Kerbabian</strong> y <strong>Fabio M&aacute;rquez</strong> despiertan la sensibilidad de los lectores, exhibiendo los croquis de casas y casonas, palacios, palacetes y mansiones que, en vez de preservarse, se tiraron abajo. La mayor&iacute;a fueron albergues de familia. Como los arroyos, que fueron enterrados y hoy s&oacute;lo recordamos cuando las aguas desbordan por las lluvias, muchas de las construcciones de Buenos Aires se perdieron; ni siquiera las fotograf&iacute;as quedaron como testimonio. 
    </p><p class="article-text">
        Topofilia se llama al amor por los lugares y es lo que expresan los autores del volumen, licenciado en dise&ntilde;o del paisaje, &eacute;l, y arquitecta, ella. En cambio, las mismas autoridades que demuelen para asfaltar calles que no lo requieren, padecen topofobia o, para ser m&aacute;s precisa, hacen sus negocios personales, cortando adem&aacute;s el tr&aacute;nsito vehicular, obstruyendo el paso de los de a pie y sin colocar la carteler&iacute;a que lo advierta con la anticipaci&oacute;n necesaria. 
    </p><p class="article-text">
        Depredan como parte del proceso de gentrificaci&oacute;n. Mantienen la c&aacute;scara para erigir casas Frankenstein o zombies, muecas distorsionadas de lo que representaron, meros decorados fuera de contexto o trofeos de guerra. &ldquo;No hay patrimonio arquitect&oacute;nico que pueda competir con la multiplicaci&oacute;n extrema de metros construibles, si no es considerado como tal. Hace falta un Estado que regule lo edificable en un sentido no exclusivamente de rentabilidad comercial&rdquo;, coinciden los autores de Memoria de Buenos Aires.
    </p><p class="article-text">
        Con el R&iacute;o de la Plata como l&iacute;mite, Buenos Aires supo ser una ciudad balnearia, caracter&iacute;stica natural y recreativa que se perdi&oacute; hace cincuenta a&ntilde;os. Aldabas, herrajes, tapas de servicios en veredas y fachadas, buzones integran tambi&eacute;n la lista de objetos desaparecidos. No se trata de hacer un recuento por la v&iacute;a de la nostalgia, sino de respetar y celebrar los emblemas e &iacute;conos de los barrios, es decir nuestros. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Paseo Col&oacute;n y Brasil existi&oacute; una escuela taller dise&ntilde;ada por <strong>Nicol&aacute;s Parisi</strong>. Fue demolida para &ldquo;facilitar el tr&aacute;nsito vehicular&rdquo;. El edificio hab&iacute;a sido un encargo de la familia Marconetti para que los empleados de su f&aacute;brica de pastas tuvieran una vivienda. Emplazado frente al Parque Lezama, durante la dictadura fue el refugio de muchos artistas pl&aacute;sticos y actores. Primero desprotegida y abandonada, corri&oacute; la misma suerte la fonda y bar O&rsquo;Rondeman, cuna art&iacute;stica de<strong> Carlos Gardel</strong>, en el Abasto. <strong>Alfonsina Storni</strong> recitaba sus poemas en el Cine Minerva para pagar la habitaci&oacute;n donde dorm&iacute;a. La sala brill&oacute; en avenida Rivadavia 7428 y la destruyeron en mayo de 2024.
    </p><p class="article-text">
        Mascarones con rostros, ornamentos florales, animales fant&aacute;sticos, cuernos de la abundancia, copas, soles, estrellas, instrumentos musicales han sido &ldquo;barridos&rdquo;, aunque algunos sobreviven. Como ocurri&oacute; en Rosario hace ya varios a&ntilde;os, siguiendo los lineamientos del pedagogo italiano <strong>Francesco Tonucci</strong>, se podr&iacute;a estimular la curiosidad y lo l&uacute;dico en las infancias, llev&aacute;ndolas a descubrir esas particularidades de ciertas construcciones. Claro que eso deber&iacute;an impulsarlo las instituciones p&uacute;blicas. &ldquo;Un par de cuadras bien elegidas pueden ser un mundo de interpretaciones, a partir de encontrar diferentes situaciones singulares de patrimonio cultural que est&aacute;n al alcance de la mano para disfrutarlo desde experiencias colectivas&rdquo;, sugieren M&aacute;rquez y Kerbabian. Se trata de una propuesta de promoci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a y la sensibilidad por la ciudad, desde corta edad.
    </p><p class="article-text">
        La Unesco estableci&oacute; en un tratado internacional que los bienes culturales tangibles son inestimables e irreemplazables. &ldquo;Por su valor excepcional desde el punto de vista hist&oacute;rico, cient&iacute;fico, est&eacute;tico o simb&oacute;lico&hellip; requieren su conservaci&oacute;n, rehabilitaci&oacute;n y difusi&oacute;n, donde se cuente la historia, se validen sus recuerdos y se afirmen y enriquezcan las identidades y el legado com&uacute;n. Lo heredamos del pasado, lo vivimos hoy en d&iacute;a y lo transmitiremos a las generaciones futuras&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Testimonio gr&aacute;fico y ensayo conceptual, el libro abre preguntas sobre como detener el avance inmobiliario, para cuidar la ciudad que nos pertenece a todos, donde podamos ser m&aacute;s felices. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/demolicion-llevo_129_13299724.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 12:52:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que la demolición se llevó]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los animales como espejo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/animales-espejo_129_13281291.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9da20e82-914d-4f55-af65-98813eb645fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144736.jpg" width="1600" height="900" alt="Los animales como espejo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aves, insectos y mamíferos. Amigables o dañinos. A lo largo de la historia, los filósofos acudieron a la zoología para mostrar las consecuencias de las acciones humanas. Lo narra de manera exquisita Ivana Costa, en su reciente libro Bestiario filosófico. </p></div><p class="article-text">
        En las f&aacute;bulas y las canciones que aprendimos durante los a&ntilde;os de la ense&ntilde;anza elemental, los animales suelen aparecer humanizados para ejemplificar el efecto que provocan las acciones humanas. Relatos que son espejos, alabanzas y sanciones, desde <em>La p&aacute;jara pinta </em>y<em> La vaca estudiosa</em>, de <strong>Mar&iacute;a Elena Walsh</strong>, hasta el poema <em>El grillo</em>, de <strong>Conrado Nal&eacute; Roxlo</strong>, pasando por los cuentos con moraleja de <strong>Esopo</strong> o <strong>La Fontaine</strong>. Entretenimientos y pautas normativas en la formaci&oacute;n de los chicos. Tambi&eacute;n, herramientas s&iacute;mb&oacute;licas para procesar los miedos b&aacute;sicos que se alojan en el inconsciente: a la desaparici&oacute;n de los seres queridos, a la muerte propia y ajena, a la condena por la fealdad o la diferencia, formas de la crueldad.
    </p><p class="article-text">
        Lo explica <strong>Bruno Bettelheim</strong> en su Psicoan&aacute;lisis de los cuentos de hadas, de 1976. &ldquo;Un mundo sin lobos es un mundo donde el pibe no aprende a defenderse&rdquo;, dice el disc&iacute;pulo freudiano. El lobo con su apetito sexual desaforado y el zorro azuzando como los victimarios, los cerditos en tanto v&iacute;ctimas que salen de la pasividad con inteligencia, el patito infiltrado con una est&eacute;tica propia frente a la bella homogeneidad de los cisnes, que es salvado por el afecto de la madre que lo acoge. &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay recompensa, finales felices. Como son ficciones que tienen salida, las infancias pueden elaborar sus terrores y salir de la impotencia frente a la bestia y el monstruo, algo que no siempre ocurre en lo real.
    </p><p class="article-text">
        En esa l&iacute;nea trabaj&oacute; desde la historia del pensamiento la doctora en Filosof&iacute;a <strong>Ivana Costa</strong>, quien ahora publica el libro Bestiario filos&oacute;fico (Mar dulce). En la ciudad primitiva, sugiri&oacute; <strong>Plat&oacute;n</strong>, viv&iacute;amos como cerdos. Para <strong>Hobbes</strong>, en cambio, sin Estado los seres humanos somos lobos, un escenario de conflicto que aparece en su Leviat&aacute;n. En el caso de <strong>Hegel </strong>el saber est&aacute; simbolizado por el b&uacute;ho. 
    </p><p class="article-text">
        El volumen efect&uacute;a un recorrido minucioso que la autora realiza haciendo un barrido exhaustivo, como si fuera un tratado de etiolog&iacute;a, por las distintas temporalidades en las que los grandes pensadores iluminaron a la especie. Y contin&uacute;a: la filosof&iacute;a es una ara&ntilde;a venenosa. Zen&oacute;n procurando demostrar que la tortuga equivale a la detenci&oacute;n del movimiento. El cinismo como resultado de la observaci&oacute;n de los antiguos frente al perro.&nbsp;&nbsp;<strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al unirnos, los humanos nos da&ntilde;amos, propone <strong>Schopenhauer</strong> y Costa lo narra con un estilo exquisito. Y lo ilustra con el dilema del erizo: &nbsp;los animales se juntan para tener menos fr&iacute;o durante el invierno, pero al juntarse se pinchan. Nos necesitamos, pero convivir nos duele. &ldquo;El hombre m&aacute;s feliz es el que menos contacto tiene con los dem&aacute;s&rdquo;. Quienes buscan estar cerca de otros deben saber que la armon&iacute;a plena es una ilusi&oacute;n. Se quieren, pero no se soportan.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que ocurre en la obra <em>La ni&ntilde;a sobre un altar</em>, que dirige con mano diestra y sensibilidad <strong>Oscar Barney Finn</strong>, en la sala Casacuberta del Teatro San Mart&iacute;n. Las mujeres de la familia de Agamen&oacute;n, Ifigenia (la hija) y Clitemnestra (la esposa) son v&iacute;ctimas de la cercan&iacute;a del rey, quien ofrece en sacrificio a su descendencia para ganar batallas. La puesta de la pieza de <strong>Marina Carr</strong>, inspirada en la mitolog&iacute;a cl&aacute;sica, muestra, en clave contempor&aacute;nea, el asesinato aberrante, la sinraz&oacute;n del mal.
    </p><p class="article-text">
        La violencia sobre los cuerpos, los m&aacute;rtires que han sido condenados y la indiferencia de la sociedad se encarnan en los roles que desempe&ntilde;an actores que lo entregan todo: <strong>Paulo Brunetti</strong>, <strong>Analia Couceyro</strong>, <strong>Carlos Kaspar</strong>, <strong>Pablo Mariuzzi</strong>, <strong>Mercedes Fraile</strong>, <strong>Lig&uuml;en Pires</strong> y <strong>Lula Guttfeisch</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Es inevitable pensar en los femicidios que nos llevaron a marchar el mi&eacute;rcoles &uacute;ltimo y que siguen sucediendo, uno cada treinta horas, la mayor&iacute;a perpetrados por puerco espines que conviven con las mujeres da&ntilde;adas hasta la tragedia. Padres, maridos y novios que llegan a l&iacute;mites fuera de toda racionalidad. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Volvamos al libro de Costa. Los fil&oacute;sofos, polemistas con los paradigmas de su tiempo, eligieron a los animales como modelos especulares. Construyeron hip&oacute;tesis, se sirvieron de los mitos, desentra&ntilde;aron lo insalvable de las apor&iacute;as. Dice la autora: &ldquo;Hay tambi&eacute;n algo de rid&iacute;cula vanidad en pretender descifrar racionalmente las met&aacute;foras zool&oacute;gicas de la filosof&iacute;a, pero el ejercicio de contarlas es una invitaci&oacute;n a preguntarse qu&eacute; tipo de animales somos: qu&eacute; comunidades queremos formar, c&oacute;mo contemplamos el universo&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n <strong>Maquiavelo</strong>, nos debe gobernar una mezcla de zorro y de le&oacute;n. El asno sirvi&oacute; para tomarle el pelo para el fil&oacute;sofo medieval <strong>Juan Buridi&aacute;n</strong>. <strong>Schr&ouml;dinger </strong>hizo famoso a su gato cuando quiso mostrar que las paradojas no se pueden resolver, que las probabilidades son m&aacute;s categ&oacute;ricas que la verdad y que la incertidumbre nos domina. Experiment&oacute; encerr&aacute;ndolo en una caja con un mecanismo que lo pueda matar en forma aleatoria, por ejemplo, sellando herm&eacute;ticamente el recept&aacute;culo, el animal-zombie podr&iacute;a estar vivo o muerto en simult&aacute;neo, hasta que se abre la caja.
    </p><p class="article-text">
        No estamos tan lejos de la condici&oacute;n animal. De alg&uacute;n modo, tambi&eacute;n nos habita. En una de las tantas crisis de la racionalidad, la que estamos viviendo, eso que nos distingue de ellos se relativiza. Habr&aacute; que pensar si equiparar al mundo zool&oacute;gico con la brutalidad y la ignorancia es acertado y qu&eacute; lugar ocupamos nosotros en la escala viviente. &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/animales-espejo_129_13281291.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 13:48:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los animales como espejo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fragmentos de la memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fragmentos-memoria_129_13262868.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b350b46-0e26-407b-a6f2-734e81767ed3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fragmentos de la memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Recuperar el pasado es mucho más que recordar. Es saber y comprender qué pasó, para darle un sentido al presente y proyectar el porvenir.</p></div><p class="article-text">
        Cinco mujeres de distintas edades acompa&ntilde;an a Spasoula, una amiga que se encamina hacia la muerte. De esa p&eacute;rdida que est&aacute;n por sufrir emergen fragmentos que les arroja la memoria, testimonios de vidas que no eligieron, con exilios, en refugios, con canciones tristes, fr&iacute;o y preguntas que ser&aacute;n leit motiv por varias generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Aquellas preguntas intentan responder las causas y consecuencias del enfrentamiento entre turcochipriotas y griegochipriotas, que ocurrieron en el pa&iacute;s mediooriental entre 1963 y 1974, dejando un saldo de dos mil personas desaparecidas. Ese universo remite a lo que aconteci&oacute; en la Argentina durante la &uacute;ltima dictadura c&iacute;vico militar y <strong>Alfredo Staffolani</strong>, el director de <em>Pa&iacute;s amargo</em>, lo pone en juego con su adaptaci&oacute;n del texto original de la escritora y dramaturga <strong>Constantia Soteriou</strong>, al establecer un di&aacute;logo entre las heridas abiertas de ambos territorios.
    </p><p class="article-text">
        Es muy poco lo que sabemos de Chipre. Acaso tengamos una idea vaga de la belleza de sus playas y de su notable herencia arqueol&oacute;gica. Con la obra estrenada en el teatro Sarmiento podemos ir completando algo de su devenir. De todos modos, la pieza no se propone realizar una construcci&oacute;n hist&oacute;rica sino tocar lo m&aacute;s hondo de la emoci&oacute;n de los espectadores.
    </p><p class="article-text">
        Soteriou naci&oacute; en Nicosia en 1975 y se dedic&oacute; a escribir lo que escuch&oacute; de las mujeres mayores de su familia, sobre todo cuando hablaban de los hechos pol&iacute;ticos que condicionaron la vida del pa&iacute;s. Madres, abuelas y t&iacute;as se reun&iacute;an en los patios traseros de las casas y hablaban acerca de la guerra, con sus hombres en el frente, mientras preparaban la comida y el caf&eacute;. Esas narraciones orales para las que se dispuso a abrir los o&iacute;dos fueron la fuente de sus narraciones. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Pa&iacute;s amargo</em> habla de los sacrificios de ellas por amor a sus semejantes y a la patria fracturada, sus sue&ntilde;os y presagios en un territorio cuya l&iacute;nea verde divide a unos y a otros. Todas vestidas de negro, se re&uacute;nen en tribu para asistirse frente al desasosiego.
    </p><p class="article-text">
        Autora de <em>Costumbres de la muerte</em>, Soteriu asisti&oacute; al funeral de un joven desaparecido a los 19 a&ntilde;os cuyos restos fueron hallados. La madre ya ten&iacute;a 90 a&ntilde;os y hab&iacute;a esperado cuarenta para poder enterrarlo. Esa paciencia en la incertidumbre la conmovi&oacute; y escribi&oacute; sobre lo doloroso de la p&eacute;rdida.
    </p><p class="article-text">
        ...
    </p><p class="article-text">
        Ganadora del Premio Ricardo Monti de Dramaturgia, <em>Solanito,</em><strong> </strong>de <strong>Malen Vince</strong>,<strong> </strong>es el tierno y delicioso contrapunto entre Herminia y Solanito, virtuales descendientes del estadista paraguayo <strong>Francisco Solano L&oacute;pez</strong>. La historia nos relata que el mariscal fue un tigre acorralado con su ej&eacute;rcito de inv&aacute;lidos durante la guerra de la Triple Alianza. La pieza la dirige <strong>Santiago Mini&ntilde;o</strong>, en el teatro El Tej&oacute;n, de La Paternal.
    </p><p class="article-text">
        De bat&oacute;n y bast&oacute;n, ella (<strong>Mirta Israel</strong>); vestido a imagen y semejanza de su ancestro, &eacute;l (<strong>Fabi&aacute;n Calixto</strong>), deben abandonar la casa de Remedios de Escalada donde ha transcurrido su vida. Mientras el joven intenta convencer a Herminia de que deben partir porque la antigua construcci&oacute;n se desmorona, ella hace de todo para resistirse, siempre en un tono de humor. La obra surgi&oacute; del parecido f&iacute;sico con el patriota vecino cuya pintura preside la escena y la conexi&oacute;n entre los int&eacute;rpretes es notable.
    </p><p class="article-text">
        ...
    </p><p class="article-text">
        <em>Mar&uacute;nica</em> (<strong>Maruja Mallo</strong>, 1902-1995) fue una artista pl&aacute;stica gallega que vivi&oacute; muchos a&ntilde;os en Buenos Aires desde su llegada en 1937. Relacionada con <strong>Salvador Dal&iacute; </strong>en la escuela, quien le present&oacute; a <strong>Federico Garc&iacute;a Lorca</strong>, <strong>Rafael Alberti </strong>y<strong> Luis Bu&ntilde;uel</strong>, &ldquo;el de los ojos de rana&rdquo;, tambi&eacute;n fueron sus compa&ntilde;eros de andanzas. Nacida <strong>Ana Mar&iacute;a G&oacute;mez y Gonz&aacute;lez</strong>, pertenece a la generaci&oacute;n del 27, se dedic&oacute; a la pintura, el collage, la escultura, el tejido, el mobiliario, pero qued&oacute; opacada por sus colegas hombres. Dal&iacute; la defin&iacute;a como &ldquo;mitad &aacute;ngel, mitad marisco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A modo de reportaje period&iacute;stico, la obra de teatro que lleva su nombre est&aacute; situada en el Madrid de los a&ntilde;os veinte del siglo pasado. Permite descubrir a una actriz sensible y muy experimentada, <strong>Cecilia Hopkins</strong>, que va de una juventud muy productiva durante la Segunda Rep&uacute;blica a la vejez y viceversa. La sutileza y un h&aacute;bil manejo de su corporalidad asaltan el escenario y el cl&iacute;max de la pieza se alcanza cuando la int&eacute;rprete -dirigida por <strong>Ana Alvarado</strong>- dialoga con un t&iacute;tere-mu&ntilde;eca que manipula con destreza.
    </p><p class="article-text">
        Ir&oacute;nica y desatada, el personaje dice lo que se le antoja y el maquillaje se convierte en m&aacute;scara. Mar&uacute;nica fue una de las artistas que perteneci&oacute; al surrealismo y prueba de ello son las im&aacute;genes de sus cuadros proyectados en la sala teatral Itaca y en los originales que viven en el Museo Nacional de Bellas Artes, el MALBA y el Museo Quinquela Mart&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Contaba que un d&iacute;a paseaba por la Puerta del Sol con Lorca, Dal&iacute; y una amiga y todos los del grupo se sacaron el sombrero. Unos transe&uacute;ntes les arrojaron piedras e insultaron &ldquo;como si hubi&eacute;semos hecho un descubrimiento, como Cop&eacute;rnico y Galileo&rdquo;. De all&iacute; surgi&oacute; el apodo &ldquo;Las Sinsombrero&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        ...
    </p><p class="article-text">
        En <em>Un punto oscuro </em>(Teatro Zelaya), tres hermanas despiden a su padre agonizante. Ese fin de ciclo, esa constataci&oacute;n de que ya nada ha de volver, las enreda en un tejido de preguntas sobre c&oacute;mo ser&aacute; la vida sin esa figura que cre&iacute;an omnipresente, eterna. Atadas a gruesas lanas que tapizan paredes y suelo, Mar&iacute;a, Caro y Sofi van armando una trama aut&oacute;noma donde el amor entre ellas, su enraizamiento en el pasado y la devoci&oacute;n por los libros son la urdimbre que las sostiene. &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese &uacute;ltimo tramo de presencia paterna, los personajes que componen <strong>Mar&iacute;a Villar</strong>, <strong>Carolina Saade</strong> y <strong>Felipe Saade</strong> juegan, r&iacute;en y leen relatos en los que se adivina un futuro reconfigurado del que emerger&aacute;n sus singularidades. El adi&oacute;s a ese hombre que se desvanece les ofrenda un nuevo y atrayente despertar. Ese punto de quiebre, que es la muerte inminente de un ser querido, se entrelaza con una luminosidad in&eacute;dita.
    </p><p class="article-text">
        Con un recorrido de m&aacute;s de diez a&ntilde;os y la direcci&oacute;n experta de <strong>C&eacute;sar Brie</strong>, <em>El para&iacute;so perdido</em> (Teatro Dumont 4040) guarda algunos vasos comunicantes con <em>Un punto oscuro</em>. En el comienzo, parece que hemos sido invitados a un cumplea&ntilde;os infantil en el que globos coloridos alegran la escena. Sin embargo, a trav&eacute;s de breves relatos, los actores evocan los d&iacute;as lejanos de la ni&ntilde;ez con sus afectos y sus violencias. &ldquo;La infancia es a veces un para&iacute;so perdido y otras es un infierno de mierda&rdquo;, hab&iacute;a escrito el uruguayo <strong>Mario Benedetti</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Se ensamblan destrezas acrob&aacute;ticas, canciones y coreograf&iacute;as para alcanzar un registro preciso sobre las sombras que acompa&ntilde;an esa edad de la inocencia. Como en el poema hom&oacute;nimo del siglo XVII (de <strong>John Milton</strong>), el cielo y el infierno no remiten a espacios f&iacute;sicos sino a estados de &aacute;nimo que dejan su huella en la materialidad de los cuerpos. 
    </p><p class="article-text">
        Parafraseando a Lautremont, todas estas puestas ensamblan &ldquo;un paraguas que hace el amor con una m&aacute;quina de coser en una mesa de disecci&oacute;n&rdquo;. &nbsp;Rompen, as&iacute;, con lo ordinario, para erigir un cosmos nuevo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fragmentos-memoria_129_13262868.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 15:46:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fragmentos de la memoria]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bajar el precio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bajar-precio_129_13226461.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2a88158-c5ac-4758-bd31-23a95737258f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143144.jpg" width="395" height="222" alt="Bajar el precio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Junto con el derrumbe económico y social existe una caída simbólica del valor de las personas y sus instituciones. En el libro “El desprecio”, el científico social francés, Francois Dubet, explica cómo funciona este combustible del resentimiento y el desánimo, que se extiende por varios países.</p></div><p class="article-text">
        El ment&oacute;n y la nariz en alto, la boca cerrada, las cejas rectas, la mirada hacia abajo haciendo foco en la figura del otro. Estos gestos en conjunto evidencian desprecio, un sentimiento de superioridad frente al semejante como forma de reafirmarse, una sombra que avanza sobre el cuerpo. Sobre ese poderoso energizante de las derechas y su amenaza a las democracias habla el soci&oacute;logo franc&eacute;s <strong>Francois Dubet</strong> en su libro, <em>El desprecio</em>. (Siglo Veintiuno Editores) 
    </p><p class="article-text">
        Desestimar a alguien equivale a rechazarlo, es una resaca emocional que, en la actual sociedad capitalista y tecnocr&aacute;tica est&aacute; causada por injusticias materiales, lo que a unos les sobra y a otros les falta. El que es, no existe, es negado. Mantiene la distancia sin insultar ni odiar, puede generar sensaciones paranoicas. &ldquo;El desd&eacute;n es la goma de borrar; el desprecio, el l&aacute;piz&rdquo;, cita a <strong>Christian Vigouroux</strong>. Una manta de niebla que te reduce a la insignificancia. Un gesto que a fuerza de repetirse nos desconcierta y nos va socavando.
    </p><p class="article-text">
        El anhelo de reconocimiento en las redes sociales y la recepci&oacute;n de unos pocos likes o de ninguno es una forma amplificada de este sentimiento que existi&oacute; siempre y surge de la arrogancia, del que tiene poder sobre el que no lo tiene. La sobreexposici&oacute;n en las redes sociales ha incrementado la degradaci&oacute;n. Nos aplasta el &aacute;nimo y tendemos a silenciarlo, como si &ldquo;no estar a la altura&rdquo; fuera por culpa nuestra.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de lo individual, hay etapas -como la actual- en que es el conjunto, la gran mayor&iacute;a, el que se siente sumergida. Dice el autor de <em>El desprecio</em> que los franceses &ldquo;siempre podemos consolarnos si comparamos a nuestros dirigentes, relativamente civilizados, con Trump, Bolsonaro, Milei u Orb&aacute;n, que convirtieron al insulto y la agresi&oacute;n en un argumento pol&iacute;tico de rutina, en nombre del desprecio del cual ser&iacute;an v&iacute;ctimas sus electores&rdquo;. Pobre pa&iacute;s que ha alimentado liderazgos autoritarios que nos enga&ntilde;an haci&eacute;ndonos creer que elegimos con libertad y que somos absolutamente responsables de nosotros mismos. El desprecio se nos adhiere y alimenta el resentimiento, una pasi&oacute;n triste. Engloba a colectivos y se encarna en los individuos.
    </p><p class="article-text">
        Agrega Dubet, autor de <em>&iquest;Por qu&eacute; preferimos la desigualdad? (aunque digamos lo contrario)</em><strong> </strong>que esa emoci&oacute;n es la fuente de la que bebe un millonario propenso a insultar a sus adversarios, <strong>Donald Trump</strong>, (que) hace reaccionar a los hombres contra las mujeres, a los blancos contra los migrantes y a los no graduados contra las &eacute;lites. 
    </p><p class="article-text">
        Alguien despreciado puede a su vez despreciar, alzarse desde un pedestal. porque la cadena de humillaci&oacute;n es relacional y maleable. Los que desprecian ignoran la cultura del diferente, sea extranjero, gordo, queer, pobre, mujer y tantos etc&eacute;teras posibles. En los setores poulares. Por otra parte, hay que hacer un trabajo colectivo para despojarse del sentimiento de que se merece lo que se obtiene y se obtiene lo que se merece. 
    </p><p class="article-text">
        Le ocurri&oacute; a Garc&iacute;a Lorca, hace noventa a&ntilde;os. <strong>Osmar Nu&ntilde;ez</strong> evoca a Federico, primero despreciado y luego asesinado hace noventa a&ntilde;os por las huestes franquistas en Granada Actor comprometido, Nu&ntilde;ez le rinde homenaje al poeta y dramaturgo <em>de Do&ntilde;a Rosita, la soltera,</em>dirigido por <em>Anal&iacute;a Fedra Garc&iacute;a</em>, quien adem&aacute;s acompa&ntilde;a en el piano. Sobre la escena, en el Centro Cultural de la Cooperaci&oacute;n, el escritor se vuelve presencia real como un remolino, pleno de furia y de ternura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Alberto Moravia</strong> escribi&oacute; una novela llamada <em>El desprecio</em> y <strong>Jean Luc Godard</strong> la adapt&oacute; para el cine, con las actuaciones de <strong>Briggitte Bardot</strong> (Emilia) y <strong>Jack Palance</strong> (Ricargo, guionista de cine), quienes formaban una pareja que se separaba y el valor estaba dado por el nombre y el estatus. Era una reinterpretaci&oacute;n de la <em>Odisea,</em> en la que el desinter&eacute;s por Pen&eacute;lope hac&iacute;a que Ulises se decida por el viaje.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil, aunque no imposible, que las heridas del desprecio cicatricen. Te miran fijamente a los ojos, se concentran en vos, termin&aacute;s siendo carcomido por esa observaci&oacute;n, sobre todo si es constante, Al final, adher&iacute;s a esa mirada y te culp&aacute;s de tu supuesto fracaso. Pero, atenci&oacute;n, no es tuyo, aunque te hagan creer que te pertenece.
    </p><p class="article-text">
        Hoy se derrumban los sistemas simb&oacute;licos que se construyeron en una Argentina que se so&ntilde;aba pr&oacute;spera. Si en tiempos de mayor protecci&oacute;n social, los trabajadores, profesionales y artistas se sent&iacute;an orgullosos, hoy est&aacute;n excluidos de los programas de gobierno y pierden d&iacute;a a d&iacute;a su dignidad. Es una guerra m&aacute;s o menos callada de identidades. La verg&uuml;enza consiste en que nos desenmascaren. El control social mediante ella es eficaz. Es un sentimiento que no proviene del derecho ni la justicia. Es la verg&uuml;enza de la propia historia, la familia, los or&iacute;genes y de all&iacute; surge su intensidad. Es la reputaci&oacute;n del s&uacute;per yo, contra el cuerpo, los gustos, los barrios, los entretenimientos. &nbsp;Algo insoportable hasta que se encuentre el camino pol&iacute;tico y democr&aacute;tico que canalice la ira que provoca. Y el desconcierto. Reflexionar sobre el desprecio es una manera de empezar a caminar por los senderos que se bifurcan.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bajar-precio_129_13226461.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 May 2026 14:05:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bajar el precio]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El boleródromo ]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bolerodromo_129_13208579.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ba2fa2b-82a9-4e60-9fb5-d76f17c6e895_16-9-discover-aspect-ratio_default_1142647.jpg" width="1333" height="750" alt="El boleródromo "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como en los clubes de barrio de otros tiempos, Los Amados Bailable convierte al Villa Malcolm, de Villa Crespo, en un salón con pista, en el que la gente va a comer y danzar boleros, chachachá y otros ritmos.</p></div><p class="article-text">
        Hay banderines cruzando el techo, faroles multicolores cuelgan de las paredes, los ventiladores giran imparables. Dos flamencos de madera y una tela estampada con rosas rococ&oacute; fondea el escenario. Suenan en orden las canciones &ldquo;Dev&oacute;rame otra vez&rdquo;, &ldquo;El bomb&oacute;n asesino&rdquo; y &ldquo;No me arrepiento de este amor&rdquo;, de la mano de una DJ. Los que se animan primero a la pista exudan erotismo. 
    </p><p class="article-text">
        Luego de encargar en el tradicional bufete con barra, pizza, empanadas o tarta de verdura a precios populares, y de beberse unos porrones de cerveza, las parejas o amigas sueltas salen a la pista. Es mi&eacute;rcoles y en el club Social y Deportivo Villa Malcolm, fundado el 6 de setiembre de 1928, nos encontramos con un ecosistema cultural con su propia l&oacute;gica. La escena es fresca, libre y vital. Ellos sacan a bailar a ellas, que se emperifollaron con rouge, blusas de lam&eacute;, tacos altos y peinados de peluquer&iacute;a. Est&aacute;n tambi&eacute;n las que prefirieron los jeans y las remeras, m&aacute;s informales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los Amados</strong> desembarcan con sus trajes brillantes, para sentarse frente al teclado y hacer sonar tambi&eacute;n el acorde&oacute;n, la trompeta, las maracas y el bong&oacute;. El alma de la fiesta es el crooner Chino Amado (<strong>Alejandro Viola</strong>), con su jopo habitual y el bigote de estilo. &nbsp;&ldquo;Buenas noches, buenas noches, a ver esas palmas&rdquo;, invita, enfundado en su pantal&oacute;n mostaza de sat&eacute;n y saco estampad&iacute;simo con mostacillas en compos&eacute; con el g&eacute;nero del escenario. Se define como un rom&aacute;ntico no machista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y all&aacute; vamos, a curiosear ese bailongo ardiente con preponderancia de adultos mayores, que se mueven dibujando figuras con sus pies, en un club en el que supieron tocar hace much&iacute;simos a&ntilde;os las orquestas tangueras de <strong>Juan D&rsquo;Arienzo</strong>, <strong>Osvaldo Pugliese</strong> y <strong>An&iacute;bal &ldquo;Pichuco&rdquo; Troilo</strong> y, probablemente, alguna de jazz.
    </p><p class="article-text">
        En Villa Malcolm nos encontramos con un ecosistema cultural con su propia l&oacute;gica. La escena de esta cartograf&iacute;a sentimental es fresca, libre y vital, lo antiguo se hace presente y los pudores desaparecen. Ni ellos cabecean ni ellas van acompa&ntilde;adas por una chaperona. Hay frenes&iacute; y grititos, invocaciones del amor. Chachach&aacute;, rumba, cumbia y merengue y m&aacute;s de treinta a&ntilde;os de animaci&oacute;n con un vestuario dise&ntilde;ado por artistas pl&aacute;sticos. 
    </p><p class="article-text">
        Los Amados surge cuando lo invitan a Viola a cantar en el cumplea&ntilde;os de una amiga. Arm&oacute; una serenata y sali&oacute; tan bien que lo entusiasmaron a seguir. Actuaron en un barco medio hundido, en el Centro Cultural Rojas y en poco tiempo, las producciones de los programas de <strong>Susana Gim&eacute;nez</strong>, <strong>Xuxa</strong> y <strong>Moria Cas&aacute;n</strong> los convocaron. El grupo fue cambiando de integrantes, pero el esp&iacute;ritu&nbsp;se mantuvo.
    </p><p class="article-text">
        Bolsos al hombro, un par de patinadoras baja desde el primer piso. Un grupo de adolescentes con el pelo mojado deja el vestuario luego de un partido de f&uacute;tbol cinco. Miran, se r&iacute;en, comentan sin pudor el movimiento r&iacute;tmico de los bailarines. La pianista, la hondure&ntilde;a Aroma (<strong>Carolina Alberdi</strong>), siempre muy seria, luce una gran flor amarilla en su cabellera negra y un collar de perlas enormes, sin sacarse la cartera. Angelillo en los vientos y Pocholo en la percusi&oacute;n exhiben sus peinados a la gomina y distintos modelos en su vello facial. La cantante Insolaci&oacute;n del Campo (<strong>Paulina Torres</strong>) resplandece con su vestido blanco emplumado. Rememoran los vivos de las orquestas t&iacute;picas de los a&ntilde;os 50.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta nochiiiie en la mesa de los jubilados va a ocurrir cualquier cosa&rdquo;, insin&uacute;a el cantante estirando la i con picard&iacute;a er&oacute;tica. Y arremete con &ldquo;T&uacute; me acostumbraste&rdquo;, rebenque (l&aacute;tigo) en mano, para descender del escenario y desplegar un gesto sadomasoquista. Luego abrir&aacute; un paraguas para entonar el melanc&oacute;lico &ldquo;Esta tarde vi llover&rdquo;<strong>. </strong>En la pista, los cuerpos se entrelazan. La gente ha llegado desde Mataderos, Lan&uacute;s, Belgrano y etc&eacute;teras varios. &ldquo;Con ustedes se mueven hasta los muebles y es genial para las caderas&rdquo;, grita una muchacha rutilante. &nbsp;Y suenan en una seguidilla y contra la tristeza &ldquo;La cumbanchera&rdquo;, &ldquo;La pollera color&aacute;&rdquo; y &ldquo;El d&iacute;a que me quieras&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; miran en la tele estos j&oacute;venes? &iquest;<em>Hollywood en castellano</em>? &iquest;Y qu&eacute; perfume se pusieron? &iquest;7 Brujas, Polyana 555 u Old Spice? Yo me duch&eacute; con Heno de Pravia&rdquo;. Es una &nbsp;lista de marcas anacr&oacute;nica. El recuerdo y un humor delicado se a&uacute;nan. La risa, esa que tambi&eacute;n experiment&oacute; el p&uacute;blico de Espa&ntilde;a donde estuvieron hace poco, es contagiosa. 
    </p><p class="article-text">
        En la mitad de la semana, en la gala inolvidable y kitsch de Villa Crespo, el cl&aacute;sico trencito de los casamientos es un infaltable y corona la fiesta amada. Mirar est&aacute; bien, pero bailar es mejor. A la salida del show, en una mesita cercana a la puerta, est&aacute;n dispuestos los discos del grupo para la venta. Hay quienes compran y prometen volver.&ldquo; La pasamos bomba&rdquo;, dice un bailar&iacute;n de Flores y se va cantando: Cuando calienta el sol aqu&iacute; en la playa, siento tu cuerpo vibrar cerca de m&iacute;&ldquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero no todo es baile para el l&iacute;der de Los Amados. El carism&aacute;tico actor, cantante y director acaba de adaptar y poner en escena una adaptaci&oacute;n de <em>Tim&oacute;n de Atenas</em> de <strong>William Shakespeare</strong>, titulada <em>Tim&oacute;n y las bestias</em>. La obra est&aacute; en Timbre 4 y mezcla comedia, drama y tragedia para contar la traici&oacute;n de un amigo, las heridas que deja y lo dif&iacute;ciles que son de curar.
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos al popurr&iacute; de la banda glamorosa que evoca los carnavales de otros tiempos y al <strong>Pedro Almod&oacute;var</strong> de <em>Mujeres al borde de un ataque de nervios</em>. Ellos proponen acercarse, desearse, encenderse y bailar, bailar, bailar, al comp&aacute;s de su m&uacute;sica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        LH/MF
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bolerodromo_129_13208579.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 13:06:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El boleródromo ]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Los Amados,Alejandro Viola,Club Villa Malcolm]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crónica roja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cronica-roja_129_13189158.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f824f1a-d5f0-4977-b7ea-8c00b157a18c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Crónica roja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un mapeo de vivencias de personas menstruantes se convierte en tres fanzines que publica la editorial Ginecosofía.  Son poemas, ensayos breves y experiencias sobre el sangrar cíclico y se titula “Polifonía menstrual”. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El nacimiento de Occidente fue tambi&eacute;n el de la separaci&oacute;n entre la carne y lo sagrado. De un lado, lo profano; de otro, lo divino y lo casto virginal&rdquo;. La ausencia de la menstruaci&oacute;n presente en la figura de la virgen Mar&iacute;a. &ldquo;No menstr&uacute;a, pero s&iacute; da hijos. Es la Santa por excelencia, sin el temblor visceral del sexo y los fluidos de un cuerpo vivo&rdquo;, dice en uno de los textos <strong>Sof&iacute;a Cuggiari</strong>, psicoterapeuta, performer y escritora, autora del libro <em>Temblar: relatos er&oacute;ticos</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Con tapas rojas, brillantes, leo con voracidad. La sangre menstrual &ldquo;pas&oacute; de sagrada en algunas comunidades antiguas -a veces relacionada con la organizaci&oacute;n comunal- a significar la inmundicia y maldici&oacute;n a partir del Medioevo. La menstruaci&oacute;n como fen&oacute;meno de los cuerpos &uacute;tero-portantes quedara asociada a enfermedad, disfuncionalidad, desecho, contaminaci&oacute;n, defecci&oacute;n, hasta <em>flujo peligroso</em> que pod&iacute;a llegar a arruinar sembrados o matar animales. En &eacute;poca de caza de brujas, sin dudas, obra del diablo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En el siglo Diecinueve, tenemos a la histeria como desorden pasional estrella por la presencia del &uacute;tero. Hysteron: del griego, &uacute;tero. La menstruaci&oacute;n como estado sospechoso, patol&oacute;gico. Y en el presente, esa repetici&oacute;n mensual, ese rito de iniciaci&oacute;n cuando la primera vez convierte a las chicas en &ldquo;se&ntilde;oritas&rdquo;, sale del cl&oacute;set, se toma conciencia, se le pone palabras y se empieza a hablar, convoca grupalmente a reuniones de tribu femenina.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo reapropiarse sin culpa, ni miedo, de un cuerpo que est&aacute; significado en la historia del heteropatriarcado, constitutivamente enfermo, defectuosamente pasional o funcionalmente &uacute;til para procrear? &iquest;Cu&aacute;l es la consecuencia de esta separaci&oacute;n entre el propio sentir y el impuesto?, se pregunta Cuggiari. 
    </p><p class="article-text">
        Tal vez un mecanismo de huida frente a la insoportable enajenaci&oacute;n y la posibilidad de confiscarlo de un discurso new age, neoliberal, para producir una subversi&oacute;n, una contra historia.
    </p><p class="article-text">
        En un servicio penitenciario, la doula y docente de yoga <strong>Bel&eacute;n Risau</strong> coordin&oacute; un taller de gesti&oacute;n menstrual con su colega <strong>Natalia Dieguez</strong>. Asist&iacute;an oficialas y administrativas, de m&aacute;s de treinta y cinco a&ntilde;os. Tambi&eacute;n cadetas y un hombre. &ldquo;Para ellas sentir no era una opci&oacute;n. No pueden mostrar debilidad. Si lo hacen las acusan de mariconear. No pueden pedirse ni un d&iacute;a. Tienen que negar sus necesidades para demostrar que pueden hacer las cosas tanto como los hombres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las cadetas estaban m&aacute;s familiarizadas con elementos menstruales sustentables y conoc&iacute;an mejor sus derechos. &ldquo;Muchas nos consultaron por referencias de ginec&oacute;logos/as amigables. No quieren atenderse en la obra social del servicio&rdquo;. Los primeros meses despu&eacute;s del ingreso a la Escuela es muy com&uacute;n que se les corte la menstruaci&oacute;n por el susto que tienen. Es que &ldquo;solo por respirar&rdquo; las pueden castigar con la suspensi&oacute;n de las salidas. No deben ser madres (si lo son, lo ocultan), porque es un requisito indispensable. Un oficial var&oacute;n le cuenta a Risau que ahora los estudiantes pueden denunciar si sufren violencia o abuso. Exageran, opina. En su &eacute;poca, &ldquo;se la bancaban m&aacute;s&rdquo; y &ldquo;no hac&iacute;an esc&aacute;ndalo por cualquier cosa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Menstruar con discapacidad tiene sus particularidades. <strong>Andrea Medina</strong>, fundadora de <a href="http://www.disversa.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">www.disversa.com</a>, primer medio digital chileno sobre discapacidad e inclusi&oacute;n, resalta dificultades que son ausencia de derechos. &ldquo;No puedes ir a un ba&ntilde;o p&uacute;blico, aunque haya uno; no puedes cambiar la toalla higi&eacute;nica, aunque tengas acceso a ellas, o no te puedes cambiar la ropa manchada, aunque tengas ropa limpia&rdquo;. Son barreras sociales y econ&oacute;micas. Sus derechos sexuales y reproductivos est&aacute;n invisibilizados. &ldquo;Se nos infantiliza o se nos considera personas asexuadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Debemos avanzar hacia una sociedad incluyente, reconociendo que las personas somos diversas y aut&oacute;nomas, tenemos cuerpos diferentes y requerimos de insumos menstruales accesibles&rdquo;. Una comunidad que las deje de ignorar o subestimar, donde se les hable a ellas, no a sus acompa&ntilde;antes.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Polifon&iacute;a menstrual</em>, proyecto de <strong>Pabla San Mart&iacute;n</strong>, <strong>Meli Wortman</strong> y la colaboraci&oacute;n de <strong>Flor Monfort</strong>, se leen las an&eacute;cdotas de una deportista ol&iacute;mpica, un pibe trans, una se&ntilde;ora privada de su libertad, una monja. El dolor de la endometriosis y el fluir natural de quienes no padecen. &nbsp;Variaciones moradas de una fase com&uacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Eso que dicen las cosas</em> y<strong> </strong><em>La f&oacute;rmula de la mariposa (o ensayo frustrado sobre la menstruaci&oacute;n</em><strong> </strong>son novelas escritas por la abogada y m&aacute;gister en Bio&eacute;tica<strong> Natalia Monasterolo</strong>, de C&oacute;rdoba. El t&iacute;tulo de su trabajo en <em>Polifon&iacute;a</em> es &ldquo;Menstruar en el manicomio&rdquo; y aborda las vivencias de las pacientes m&aacute;s antiguas en el servicio de Salud Mental del Hospital Regional de Bell Ville.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Recibieron calzones. Algunos grandes o apretados fueron destinados para los d&iacute;as del duende o del diablo. Las que se negaron a usarlos, arranc&aacute;ndoselos como se quita una venda in&uacute;til, fueron tratadas de salvajes, &rdquo;animalitos de Dios, para usar el idioma de la compasi&oacute;n&ldquo;, se&ntilde;alaba una trabajadora.
    </p><p class="article-text">
        Cuando llegaron, muchas de ellas provenientes de la colonia bonaerense Montes de Oca, del oeste bonaerense, ya hab&iacute;an gestado y parido &ldquo;bebitos&rdquo; que brillaban por su ausencia. &nbsp;Algunas se refer&iacute;an a ellos como &ldquo;mu&ntilde;ecas&rdquo;. Dec&iacute;an &ldquo;acaaaa&aacute;&rdquo; y se tocaban la entrepierna. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las carnes enmohecidas, las pieles juntas, los m&uacute;sculos flojos, la palabra negada, la infancia estirada, vitalicia, la rebeld&iacute;a aplacada. &iquest;C&oacute;mo se fabrica un humano en el bald&iacute;o de los sentidos?&rdquo;, interroga Monasterolo.
    </p><p class="article-text">
        En 2021, se cambi&oacute; en el pa&iacute;s la regulaci&oacute;n sobre contracepci&oacute;n quir&uacute;rgica y se estipul&oacute; que las personas con discapacidad tienen derecho a recibir informaci&oacute;n adecuada y a brindar consentimiento para la realizaci&oacute;n de tales pr&aacute;cticas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando a las internas de Bell Ville les anudaron las trompas, los d&iacute;as del duende y del diablo se llenaron de algodones, en las camas, en el piso, en el fondo del inodoro. La cirug&iacute;a del nudo volvi&oacute; abundantes las menstruaciones y los trapitos no alcanzaron para absorber la viscosidad de la sangre. Como si el cuerpo, rebelde, despu&eacute;s de tanto se revelara. Vomit&oacute; fuego, fuego l&iacute;quido y morado. Un drag&oacute;n con la garganta en la vagina, una garganta fabulosa, m&iacute;tica&rdquo;. Tuvieron que ponerle un nombre a la menstruaci&oacute;n, a la regla, a su furia l&iacute;quida.
    </p><p class="article-text">
        La llamaron Pepa. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cronica-roja_129_13189158.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2026 03:01:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Crónica roja]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Menstruación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Excéntrico, juguetón y cotidiano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/excentrico-jugueton-cotidiano_129_13174463.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13837808-350a-4009-81b9-ba008102493f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Excéntrico, juguetón y cotidiano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las artes de Pedro Friedeberg tenían su estilo y su chiste. Un documental recuerda la figura exótica del artista mexicano en su día a día.
</p></div><p class="article-text">
        La joven <strong>Liora Spilk</strong> film&oacute; una pel&iacute;cula sobre la tierna relaci&oacute;n que estableci&oacute; con <strong>Pedro Friedeberg</strong>, el artista visual mexicano de origen jud&iacute;o alem&aacute;n. Puede verse en Netflix y narra la amistad de la cineasta con el creador que falleci&oacute; el &uacute;ltimo marzo, a los 90 a&ntilde;os. No lo conoc&iacute;a y descubr&iacute; su universo fant&aacute;stico gracias a mi hermana Marcela.
    </p><p class="article-text">
        La historia audiovisual retrata con ternura, gracia e intimidad a esta figura fant&aacute;stica del arte azteca del siglo veinte. Narra el arco que va de cierta atm&oacute;sfera de indiferencia frente a la realizadora hasta la construcci&oacute;n de una s&oacute;lida amistad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Hay mucho en que inspirarse, m&aacute;s bien afuera de los museos&rdquo;, dec&iacute;a el hombre fascinante que naci&oacute; en Florencia, Italia, en 1936. Simp&aacute;tico, elegante, se calzaba un sombrerito distinto en cada ocasi&oacute;n y lleg&oacute; a producir m&aacute;s de 5 mil obras: escaleras que no llegan a ninguna parte, sillas-manos ergon&oacute;micas, altares y cajas esot&eacute;ricas, tipograf&iacute;as ilustradas forman parte de su estilo ecl&eacute;ctico y maximalista. Se consideraba un mal dibujante, (&ldquo;Nunca hubiera podido con la Capilla Sixtina&rdquo;), pero fue prol&iacute;fico y atrevido.
    </p><p class="article-text">
        <em>De vacaciones por la vida</em>, como sus memorias, se llama la muestra que puede verse en estos d&iacute;as en el Museo de los Pintores de Oaxca y estar&aacute; abierta hasta el 2 de agosto. Su casa, a la que se accede por una habitaci&oacute;n de azul pleno, est&aacute; en San Miguel de Allende, Guanajuato, y guarda su legado. Avioncitos, cajas de f&oacute;sforos, juguetes, objetos geom&eacute;tricos y barrocos, m&aacute;s su propia producci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A los dos a&ntilde;os lleg&oacute; con la familia a su pa&iacute;s de adopci&oacute;n huyendo de la persecuci&oacute;n nazi. La tierra azteca fue la fuente principal de inspiraci&oacute;n de Pedro. Entr&oacute; a la Universidad Iberoamericana para estudiar arquitectura, aunque abandon&oacute; la carrera luego de que el escultor <strong>Mathias Goeritz</strong> reconoci&oacute; su talento excepcional.
    </p><p class="article-text">
        Su infancia inmigrante transcurri&oacute; junto a una comunidad extranjera que inclu&iacute;a cient&iacute;ficos e ingenieros ateos, teosofistas vegetarianos, millonarios estadounidenses y arist&oacute;cratas europeos extravagantes, seguidores de <strong>Peter D. Ouspensky</strong>, <strong>Emanuel Swedenborg</strong>, <strong>George Gurdjieff</strong> y <strong>Le&oacute;n Trotsky</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Se nutri&oacute; de los colores y las celebraciones originarias y criollas mexicanas. &Eacute;l mismo era un exc&eacute;ntrico. En los a&ntilde;os 60 integr&oacute; el grupo Los Hartos, irreverente y experimental, en contra de la rigidez del arte moderno. Fue un referente del surrealismo latinoamericano. Elementos bizarros, on&iacute;ricos y una fina iron&iacute;a imprimen su obra.
    </p><p class="article-text">
        De la popular <strong>Mar&iacute;a F&eacute;lix</strong> consideraba que &ldquo;era un fen&oacute;meno, bastante desagradable por mala actriz, intensa e impositiva, pero era bell&iacute;sima y conversba hasta las tres, cuatro, cinco de la madrugada, como una reina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Friedeberg siempre integr&oacute; su experiencia de vida al gran cuerpo radial de obra. Fue testigo y part&iacute;cipe en la evoluci&oacute;n de la historia del arte de la segunda mitad del siglo veinte. Fue amigo de <strong>Man Ray</strong>, <strong>Max Ernst</strong>, <strong>Leonora Carrington</strong>, <strong>Remedios Varo</strong>, <strong>Alexander Calder</strong>, <strong>Kenneth Noland</strong>, <strong>Saul Steinberg</strong> y <strong>Salvador Dal&iacute;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        En una carta manuscrita en Par&iacute;s el 23 de febrero de 1963, el poeta franc&eacute;s <strong>Andr&eacute; Breton</strong> describi&oacute; la mano-silla, la obra m&aacute;s conocida de Friedeberg, como surreal. Incluy&oacute; elementos pop en sus trabajos, mucho antes de que fueran vanguardia. Su obra comenz&oacute; como una protesta contra la arquitectura funcionalista y minimalista derivada de la Bauhaus. Exalt&oacute; el academicismo; se enamor&oacute; del adorno y en su lucha contra el buen gusto explor&oacute; la desmesura y los pliegues del neobarroco.
    </p><p class="article-text">
        La diversidad de los soportes y los temas en la obra de Friedeberg lo colocaron en el centro creativo desde el cual, como los rayos del sol, surgi&oacute; cada una de sus l&iacute;neas de exploraci&oacute;n est&eacute;tica manifestadas en objetos que, en una primera mirada, parecieran ser de estilos y autores diferentes; sin embargo, en su conjunto, componen un cuerpo coherente.
    </p><p class="article-text">
        Las creaciones de Friedeberg son configuraciones muy diferentes entre s&iacute;: esculturas de madera tallada y oro de hoja, ensamblajes de objetos encontrados y transformados, geometr&iacute;as con volumen y caracter&iacute;sticas antropom&oacute;rficas, torres con elementos multiculturales similares a los objetos virtuosos de las catedrales u objetos que evocan a la infancia y el juego. Tambi&eacute;n obras bidimensionales -pinturas de escenograf&iacute;as teatrales barrocas y manieristas con un toque de surrealismo, de espacios creados de poemas y citas escritas- o con figuras geom&eacute;tricas que se repiten desde uno o dos puntos focales, de planos arquitect&oacute;nicos y urban&iacute;sticos, a veces con m&uacute;ltiples puntos de fuga.
    </p><p class="article-text">
        Dise&ntilde;&oacute; series y variaciones o proyectos de arquitectura idealizados que revisitan los estilos hist&oacute;ricos, acompa&ntilde;ados de listas y diagramas enciclop&eacute;dicos, f&oacute;rmulas matem&aacute;ticas, s&iacute;mbolos ling&uuml;&iacute;sticos, m&iacute;sticos y religiosos, animales reales y fant&aacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        La casi totalidad de su obra est&aacute; marcada por el cinismo, un profundo sentido del humor gracioso e ir&oacute;nico, una afici&oacute;n al absurdo y lo rid&iacute;culo, incluso sobre s&iacute; mismo. El humor y la erudici&oacute;n fueron una constante en la personalidad de este hacedor de una vida abierta, multicultural.
    </p><p class="article-text">
        Artista sui generis, dialog&oacute; con el arte &oacute;ptico, el arte pop y el conceptualismo, pero retom&oacute; el ornamento como el elemento principal al volver la historia de la imagen desde el Renacimiento al presente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/excentrico-jugueton-cotidiano_129_13174463.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 10:09:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Excéntrico, juguetón y cotidiano]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si la muerte pisa mi huerto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/si-muerte-pisa-huerto_129_13152872.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f30e43f6-b557-4bae-a5d9-dcdaacb23db2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Si la muerte pisa mi huerto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como el acto sexual, la muerte nos arranca de nuestra vida cotidiana. La relación no es arbitraria. George Bataille concibió el orgasmo como un momento de vacío similar a la muerte, una sensación abismal, aunque con retorno. Pero parece que la muerte es un tabú aún mayor que la sexualidad.</p></div><p class="article-text">
        Leyendo el libro <em>Morir en Occidente, desde la Edad Media hasta nuestros d&iacute;as</em>, de <strong>Phillipe Ari&eacute;s</strong>, rastreo el lento pero cambiante camino en que la muerte dej&oacute; de ser un hecho domesticado, de familiaridad, cercano, y pas&oacute; a convertirse en un acontecimiento prohibido, maldito y desterrado.
    </p><p class="article-text">
        Las ideas din&aacute;micas frente al final fueron armando diferentes formas de convivencia con el final de la vida. La configuraci&oacute;n actual parece convertir a la huida de ella en la gran tentaci&oacute;n, tanto para pensarla como para conectarse desde las emociones.
    </p><p class="article-text">
        Estudiar la licenciatura en Artes de la Escritura en la (p&uacute;blica y gratuita) Universidad Nacional de las Artes, me regala lecturas magn&eacute;ticas, como me ocurri&oacute; con el volumen de Ari&eacute;s. Curso un seminario sobre las variaciones acerca del mito sobre Eva Per&oacute;n, que dictan <strong>Paola Cort&eacute;s Roca</strong> y <strong>Mart&iacute;n Kohan</strong>. Reflexionamos sobre las disputas por su cuerpo embalsamado, las tretas del poder y de los d&eacute;biles para apropiarse, unos para esconderla; los otros para convertirla en bandera. Descubro en el libro de Ari&eacute;s y en la clase la diacron&iacute;a particular de nuestra cultura sobre las diferentes percepciones acerca de la muerte, tan diferentes de otras concepciones.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente moria en la casa, a la vista de la familia, incluso de los ni&ntilde;os. Lo que marca Ari&eacute;s es que la modernidad establece una interdicci&oacute;n y la muerte se convierte en un fen&oacute;meno que no hay que ver, se separa de la vida cotidiana, se privatiza, el enfermo se va al hospital o a la cl&iacute;nica y el final se institucionaliza&rdquo;, dice Cort&eacute;s Roca. Sin embargo, advierte que de 1870 en adelante se sacan fotos de muertos y fotos de fantasmas, vinculadas al espiritismo, como si fueran rituales de momificaci&oacute;n o embalsamamiento. &ldquo;En lo contempor&aacute;neo, se roban las fotos de las figuras p&uacute;blicas muertas y se las exhibe, como si volvi&eacute;ramos a un momento medieval. Por otra parte, hay una mayor interdicci&oacute;n en retratar la muerte que la genitalidad, para la pornograf&iacute;a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para los pueblos originarios de Am&eacute;rica, la muerte no era castigo ni final, sino una etapa m&aacute;s del ciclo de la vida. El Mictl&aacute;n era el inframundo al que iban casi todos los muertos. <strong>Diego de Rivera</strong> construy&oacute; un museo con la arquitectura y los artefactos de ese legado ajeno al infierno cristiano. Ese universo fue pensado como un viaje con distintos niveles, en el que descansabas con la compa&ntilde;&iacute;a de un perro. El kit para ese viaje era agua para la sed, jade y amuletos de papel. El sincretismo fue anudando esa idea de la muerte c&iacute;clica con la otra m&aacute;s solemne y angustiante de la conquista cat&oacute;lica. 
    </p><p class="article-text">
        Las creencias animistas del pueblo Toraja, en Indonesia, nubla el l&iacute;mite entre este mundo y uno pr&oacute;ximo, transformando a los muertos en seres que contin&uacute;an presentes en el aqu&iacute; y ahora. Un funeral puede insumir meses o a&ntilde;os, los cuerpos permanecen en los hogares y los vivos cuidan los restos.
    </p><p class="article-text">
        La adolescente Malena (<strong>Carolina Setton</strong>) es uno de los personajes de la obra teatral <em>Mam&aacute; planta</em>, con dramaturgia y direcci&oacute;n de <strong>Nicol&aacute;s Blandi</strong>, en el teatro El grito. La pieza comienza con la interpretaci&oacute;n de la canci&oacute;n <em>La llorona</em>. La chica, de dulce y potente voz, perdi&oacute; a su madre y convierte su dolor en una idea: su progenitora se convirti&oacute; en una planta que vive en el jard&iacute;n semi abandonado de la casa. Ese recurso emocional para experimentar la muerte le provoca la ilusi&oacute;n de volverse ella misma una planta para lograr el reencuentro. Su plan es enterrarse para volver a crecer como su madre.
    </p><p class="article-text">
        La dificultad de asumir la mortalidad est&aacute; plasmada en la pel&iacute;cula de <strong>Robert Semeckis</strong>, <em>La muerte le sienta bien</em> (1992) protagonizada por <strong>Meryl Streep</strong>, <strong>Goldie Hawn</strong> y <strong>Bruce Willis</strong>. En la comedia sat&iacute;rica, las mujeres beben una poci&oacute;n m&aacute;gica para evitar la vejez y la muerte. Es una recreaci&oacute;n exagerada de la industria cosm&eacute;tica y quir&uacute;rgica que alienta a las mujeres, sobre todo, a intentar detener el paso del tiempo y la llegada de la Parca. 
    </p><p class="article-text">
        No concebirla en nuestro pensamiento, sin embargo, hace que su presencia sea un fantasma con mayor fuerza. El intento de asesinarla siempre es en vano, pura fantas&iacute;a. La muerte es. Ocurrir&aacute;, por m&aacute;s empe&ntilde;o que pongamos en contradecir su existencia. Negarla no colabora con la posibilidad de convivir lo m&aacute;s amablemente posible con ella.
    </p><p class="article-text">
        Obvio que no nos referimos a las muertes por masacres, genocidios, epidemias, experiencias que padecimos y conocemos bien. No hablamos de la muerte por goteo que provocan la miseria y el hambre, las desapariciones. Tampoco de los finales abruptos y violentos, como los femicidios. Hablamos de la muerte &ldquo;natural&rdquo;, la que llega luego de la vejez, por la decadencia natural de la vida. 
    </p><p class="article-text">
        Tal vez una de las p&eacute;rdidas m&aacute;s dif&iacute;ciles sea la de los hijos. En su biograf&iacute;a, <em>Memorias de un zapatero</em>, <strong>Ricky Sarkany</strong> relata c&oacute;mo fue la enfermedad y la muerte a los treinta y un a&ntilde;os de una de sus cuatro hijas, Sof&iacute;a, quien padeci&oacute; c&aacute;ncer. &ldquo;El duelo puede ser luminoso&rdquo;, escribi&oacute;. Trascender no se trata de perpetuar un apellido, sino de dejar algo con sentido.&nbsp;En su &uacute;ltima fiesta de cumplea&ntilde;os, ella le dijo a su familia: la vida me dio mucho m&aacute;s de lo que me sac&oacute;. Y aunque los primeros tiempos fueron duros, el zapatero aprendi&oacute; que el amor no muere.
    </p><p class="article-text">
        Nunca fue f&aacute;cil morir, pero las sociedades tradicionales acompa&ntilde;aban a moribundo. Hoy, salvo excepciones, se les quita el estatuto de personas. No se los escucha ni se los toca. Quienes disponen de dinero se ponen en manos de &ldquo;especialistas&rdquo; en prolongar la vida. Se embarcan en un hacer y hacer imparable, que s&oacute;lo dan resultados epid&eacute;rmicos. Lo cuerpos siguen su marcha. &iquest;Se vive m&aacute;s? S&iacute;. &iquest;Mejor? La respuesta es la duda.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF&nbsp;</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/si-muerte-pisa-huerto_129_13152872.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 01:07:41 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mapa del clítoris]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mapa-clitoris_129_13135657.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f25ca14-a84b-4bb5-9f3a-d36f960a35b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El mapa del clítoris"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tres décadas después de que se realice un estudio sobre el pene, diseñan el primer mapa de la red completa de los 8 mil nervios del clítoris, el órgano sexual del aparato genital femenino.</p></div><p class="article-text">
        Ya fuimos a la luna, inventamos internet y la Inteligencia Artificial, descubrimos como renovar las energ&iacute;as, pero hubo que esperar hasta ahora para conocer los detalles del cl&iacute;toris. A trav&eacute;s de rayos X y de escaneos 3D de dos pelvis cedidas por medio de un programa de donaci&oacute;n de &oacute;rganos, <strong>Ju Young Lee</strong>, investigadora asociada del Centro M&eacute;dico Universitario de Amsterdam, Holanda, dio un salto cualitativo en el conocimiento de la salud sexual y reproductiva de las mujeres y personas que tienen vulva (como hombres trans e intersexuales).
    </p><p class="article-text">
        Descubierto en 1559, el anatomista italiano <strong>Mateo Colombo</strong> lo diseccion&oacute; por primera vez. Pero&nbsp;pas&oacute; mucho tiempo hasta que se lo jerarquiz&oacute; como &oacute;rgano del placer. Hoy se sabe que cuando est&aacute; erecto puede llegar a medir entre 10 y 12 cent&iacute;metros de longitud, aunque tres cuartas partes est&aacute;n en el interior.
    </p><p class="article-text">
        El orgasmo se construye en el cerebro.<strong>&nbsp;</strong>A partir de la estimulaci&oacute;n de zonas genitales y extra genitales, se edifica el mapa er&oacute;tico-sensorial, que es singular en cada una. Es el cuerpo completo el territorio de las sensaciones de bienestar y placer er&oacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El cl&iacute;toris, es un &oacute;rgano ligado a la posibilidad de ejercer los derechos sexuales de las personas que tenemos vulva, mediante la b&uacute;squeda de placer y bienestar tanto autoproducido como en los v&iacute;nculos que armamos y experimentamos&rdquo;, me dice <strong>Valeria Isla</strong>, Coordinadora de Proyectos de REDAAS y ex Directora Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (2019-2023).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde &eacute;pocas ancestrales las mujeres tenemos estos conocimientos a trav&eacute;s de la exploraci&oacute;n y vivencias, si, adem&aacute;s, se suma evidencia cient&iacute;fica, como lo es el mapeo del cl&iacute;toris, se prioriza en la agenda p&uacute;blica la importancia de vivir nuestra sexualidad de manera libre y aut&oacute;noma.&nbsp;El financiamiento de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica est&aacute; tambi&eacute;n atravesado por la desigualdad entre g&eacute;neros&rdquo;, lo que explica la demora de este trabajo con relaci&oacute;n a la realizaci&oacute;n de la cartograf&iacute;a sobre el &oacute;rgano sexual masculino.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hist&oacute;ricamente se han priorizado los temas relacionados con la reproducci&oacute;n-maternidad en las mujeres. En cambio, el derecho al placer-goce-autonom&iacute;a ha sido postergado e invisibilizado especialmente en la difusi&oacute;n de resultados de investigadoras feministas sobre el tema&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Responsable del placer sexual femenino, el cl&iacute;toris es uno de los &oacute;rganos menos estudiados del cuerpo humano. <strong>Nerina Mattio</strong>, ginec&oacute;loga de Rosario, le record&oacute; a la colega <strong>Luciana Mazzini Puga</strong>, de la Agencia de Noticias Cient&iacute;ficas de la Universidad Nacional de Quilmes que &nbsp;&ldquo;el placer femenino nunca estuvo en agenda. Fue un tema silenciado por los grandes investigadores,&nbsp;en su mayor&iacute;a hombres, que eran quienes ten&iacute;an acceso al conocimiento&rdquo;. Y continu&oacute;: &ldquo;El cl&iacute;toris es un &oacute;rgano hom&oacute;logo del pene desde el punto de vista embriol&oacute;gico, es decir que en su origen comparten el mismo tejido.&nbsp;Lo &uacute;nico que vemos es su glande y su capuch&oacute;n, pero internamente su extensi&oacute;n es mucho m&aacute;s importante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No es f&aacute;cil de abordar la anatom&iacute;a del cl&iacute;toris porque la mayor&iacute;a de sus partes se encuentran rodeadas por el hueso p&uacute;bico y diversos &oacute;rganos p&eacute;lvicos.&nbsp;&ldquo;Si bien los m&eacute;todos de imagen cl&iacute;nica, como la resonancia magn&eacute;tica, permiten capturar la morfolog&iacute;a tridimensional macrosc&oacute;pica, carecen de la resoluci&oacute;n espacial necesaria para visualizar las estructuras detalladas&rdquo;, explica la l&iacute;der de la investigaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los rayos X generaron im&aacute;genes de tomograf&iacute;a computarizada a escala microm&eacute;trica con un detalle sin precedentes.&nbsp;Revelaron que, dentro del glande del cl&iacute;toris, hay varios troncos nerviosos que miden entre 0,2 y 0,7 mm y se ramifican hacia distintas partes,<strong>&nbsp;</strong>lo que explica por qu&eacute; es una zona tan sensible.&nbsp;Algunas ramas de los nervios llegan al monte de Venus, el tejido graso blando que se encuentra sobre la pelvis, y otras llegan al capuch&oacute;n del cl&iacute;toris, que cubre la parte externa del cl&iacute;toris, conocido como glande, y que representa solo el 10 por ciento del &oacute;rgano.&nbsp;Otros nervios llegan a los pliegues de la piel de la vulva: los labios.
    </p><p class="article-text">
        Algunas investigaciones hechas anteriormente indicaron que el&nbsp;nervio dorsal del cl&iacute;toris, principal responsable de la sensibilidad disminu&iacute;a gradualmente a medida que se acercaba al glande. Pero, las nuevas tomograf&iacute;as parecen demostrar que esto es err&oacute;neo ya que el nervio contin&uacute;a de igual manera hasta el final.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La cartograf&iacute;a de los nervios del cl&iacute;toris logr&oacute; realizarse luego de 28 a&ntilde;os desde que se realiz&oacute; el mismo estudio en los nervios del pene.&nbsp;Inclusive, el &oacute;rgano femenino no se incluy&oacute; en los libros de anatom&iacute;a est&aacute;ndar hasta 1995, pese a que estaba muy a la mano. Por dar solo un ejemplo, el mapa m&aacute;s antiguo conocido es la tabla babil&oacute;nica&nbsp;<em>Imago Mundi</em>&nbsp;(siglo VI a.C.), que muestra Babilonia en el centro del planeta.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El grupo de investigaci&oacute;n detall&oacute; en el estudio que este mapa tiene un impacto inmediato en las intervenciones quir&uacute;rgicas que se realizan en la zona vulvar, como la cirug&iacute;a de afirmaci&oacute;n de g&eacute;nero y la cirug&iacute;a reconstructiva tras la mutilaci&oacute;n genital femenina. Seg&uacute;n la OMS,&nbsp;m&aacute;s de 230 millones de ni&ntilde;as y mujeres vivas hoy en los 30 pa&iacute;ses de &Aacute;frica, Oriente Medio y Asia han sufrido esta mutilaci&oacute;n, en la que se extirpa la parte visible del cl&iacute;toris junto con partes de los labios mayores.
    </p><p class="article-text">
        Esta pr&aacute;ctica es una violaci&oacute;n a los derechos humanos de mujeres y ni&ntilde;as y no tiene ning&uacute;n beneficio para la salud; de hecho, puede provocar problemas como hemorragias graves, infecciones, dificultades para orinar, problemas menstruales y complicaciones en el parto. Seg&uacute;n detall&oacute; Ju Young Lee, primera autora del paper, al diario The Guardian, alrededor del 22% de las mujeres que se someten a una reconstrucci&oacute;n quir&uacute;rgica tras una mutilaci&oacute;n experimentan una disminuci&oacute;n en la experiencia org&aacute;smica&nbsp;despu&eacute;s de la operaci&oacute;n. Es por esto que&nbsp;una mejor comprensi&oacute;n de hasta d&oacute;nde se extienden los nervios podr&iacute;a reducir ese porcentaje.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no fue todav&iacute;a revisada por pares, la investigaci&oacute;n representa un paso gigante en el conocimiento del cuerpo de las personas con vulva. Para Lee, se echa luz a &ldquo;la anatom&iacute;a oculta&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mapa-clitoris_129_13135657.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 13:11:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El mapa del clítoris]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El difícil oficio de maternar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dificil-oficio-maternar_129_13119278.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/baa7953b-6c2a-435e-a48d-dfafd64f05e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El difícil oficio de maternar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo darme cuenta si estoy cansada o deprimida? ¿Cómo hago para conectar con mi bebé? ¿Es normal querer estar más tiempo con mi mamá que con mi pareja? Las tetas, ¿van a volver a su tamaño y color de siempre?</p></div><p class="article-text">
        Una catarata de preguntas nos abruma cuando nos estrenamos como madres. Un peque&ntilde;o monstruo de 50 cent&iacute;metros ha llegado a la casa para quedarse por (cada vez m&aacute;s) largos a&ntilde;os. &iquest;Cu&aacute;nto dura la copa de vino en sangre? &iquest;Cu&aacute;nto tiempo tengo que esperar entre tomar alcohol y dar la teta? &iquest;Es normal querer tomar vino? La lactancia es un acto de fe, porque&hellip; &iquest;c&oacute;mo me doy cuenta si mi leche le alcanza? &iquest;Sue&ntilde;an los beb&eacute;s? &iquest;Es normal re&iacute;rme y llorar sin motivo? &iquest;Es normal que me ataquen recuerdos de tu infancia?
    </p><p class="article-text">
        Maternar, una idealizaci&oacute;n de los actos de parir, cuidar, ser coprotagonista en el crecimiento de los hijos. Pero, &iquest;qu&eacute; lugar habilitado para expresar nuestros sentimientos hostiles nos deja esa romantizaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Tuvimos que callar durante siglos porque nos destinaron al espacio de las reproductoras no deseantes hasta que nos animamos a hablar y darles valor de verdad a las escenas completas. La alegr&iacute;a que produce la relaci&oacute;n con nuestra descendencia directa tambi&eacute;n se combina con molestias y fastidio.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Aquellas sensaciones negativas las reviv&iacute; entre risas hace unos d&iacute;as, cuando fui a ver </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Secretos de un v&iacute;nculo</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> al teatro Border. Basada en el libro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Emociones de la Maternidad,</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> de la psicoanalista </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Adriana Grande</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, fue adaptado a partir de la experiencia de cuatro j&oacute;venes actrices, con la direcci&oacute;n de </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Natal&iacute; Aboud</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Fue una hora de humor, entre sue&ntilde;os, pa&ntilde;ales, mamaderas y pesadillas. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Para Aboud, "la crianza dej&oacute; de ser un territorio privado y silencioso, para convertirse en una construcci&oacute;n compartida. En un contexto donde el 'lado B' de la maternidad comenz&oacute; a visibilizarse con fuerza y el escenario se transforma en un laboratorio vivo, un espacio donde las experiencias de la maternidad pueden ser abiertas, miradas y reconstruidas&rdquo;, dice Aboud.</strong></span>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Miro la enredadera de la ventana agarr&aacute;ndose a los barrotes de la reja, as&iacute; me siento, enredada en la cama. Tanto esper&eacute; el momento de ser madre y ahora soy una jarra pinchada&hellip;&rdquo;, dice uno de los personajes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy mitad dormida y mitad despierta. El otro d&iacute;a dando la teta en el sill&oacute;n del living a las cuatro de la ma&ntilde;ana, me imagin&eacute; que detra&#769;s de esas ventanas iluminadas hab&iacute;a madres iguales a mi&#769;, una al lado de la otra, amamantando, y asi&#769; logre&#769; sentirme ma&#769;s acompa&ntilde;ada. Me invaden l&aacute;grimas en las que se entrelazan el cansancio, la alegr&iacute;a y un amor que duele por lo grande que es&rdquo;, cuenta otro. 
    </p><p class="article-text">
        Y contin&uacute;a: &ldquo;No es que est&eacute; mal todo el tiempo, pero me siento agobiada y a la vez lo quiero comer a besos. Pero caigo en lo inevitable: agotamiento, resentimiento, reproches a mi pareja, aunque est&eacute; rodeada de gente me siento sola. No tengo tiempo para nada&hellip; Nunca pens&eacute; que mi vida iba a cambiar asi&#769;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los parlamentos podr&iacute;an ser el continuum de una misma gestante. Y seguramente todas las dem&aacute;s, aquellas que somos madres, nos sentir&iacute;amos identificadas. Esas ser&iacute;an tambi&eacute;n nuestras palabras. &ldquo;Que un bebe&#769; pudiera resultar tan absorbente: la rutina, la casa, deambulo muerta de sue&ntilde;o en camis&oacute;n, sin tiempo ni para ba&ntilde;arme ni hacerme el skin care&hellip; ya est&aacute;, se vencieron los productos&hellip; Lo &uacute;nico que logro es agarrar el celular y mirar Instagram&hellip; mi algoritmo est&aacute; lleno de jirafas pariendo, de mam&iacute;feros amamantando. El otro d&iacute;a vi un video de una gorila a la que le hicieron una ces&aacute;rea de urgencia&hellip; Y parec&iacute;a que se iba a&hellip;. &iexcl;pero estuvo todo bien! Est&aacute; todo bien!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La maternidad, seg&uacute;n la actriz <strong>B&aacute;rbara Goldschtein</strong>, &ldquo;tiene pros y contras, est&aacute; todo mezclado. Ya ni intento clasificarlas porque no tiene sentido. Vivo con la ropa sucia. Siempre. Manchas raras, restos de comida, algo que podr&iacute;a ser zapallo de hace cien d&iacute;as. El lado positivo es que baj&eacute; much&iacute;simo la exigencia con el lavado. No lavo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Mi vida se interrumpe cada treinta segundos. Literal. Estoy haciendo algo y &rdquo;mam&aacute;&ldquo;. Otra vez. Y otra. Pero tambi&eacute;n es liberador: ya no le tengo que echar la culpa a mi falta de concentraci&oacute;n. No soy yo, es el contexto. Mis hijos son una excusa perfecta para cancelar el plan que me daba fiaca. Nadie me discute nada. Todo cierra. Ahora, el d&iacute;a que realmente tengo ganas de ir&hellip; fiebre. Siempre fiebre. Hay una especie de radar invisible que lo detecta&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">&ldquo;Desarroll&eacute; habilidades que no sab&iacute;a que exist&iacute;an. Contest&eacute; audios de trabajo mientras cambiaba un pa&ntilde;al, evitaba una situaci&oacute;n bastante cr&iacute;tica con caca involucrada y, al mismo tiempo, comer una empanada. No s&eacute; si es vida o entrenamiento para alg&uacute;n tipo de s&uacute;per poder&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si no le&iacute;ste y te aprendiste los rigurosos consejos del libro </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Duermete ni&ntilde;o</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">,</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">imposible para la mayoria de los madres y padres, est&aacute; el tema del sue&ntilde;o. &ldquo;Cu&aacute;ntas horas dormir, la calidad del descanso.&nbsp;No duermo y listo. Es pr&aacute;ctico en cierto punto: una preocupaci&oacute;n menos. Pero tambi&eacute;n hay algo m&aacute;gico: veo el mundo con otros ojos. Un charco es un evento, una caja es un universo y una tarde cualquiera puede convertirse en una aventura. En medio del caos, del cansancio y de la ropa manchada, aparece ese momento, en el que me abrazan como si fuera lo m&aacute;s importante del mundo, y ellos para mi lo son, y yo lo soy.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Despu&eacute;s me escupen un poco encima, pero no importa. Es el amor m&aacute;s profundo que conoc&iacute;, recomiendo&ldquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;ala Grande que, en<span class="highlight" style="--color:white;"> el intercambio colectivo, &ldquo;algunas experiencias se ponen en jaque, otras se observan para comprender mejor el punto de partida&rdquo;. De todos modos, es una oportunidad p</span>ara salir de nuestro narcisismo y conocer la forma m&aacute;s sublime del amor: dar para que otro sea&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Salimos del centro para colocar all&iacute; a &lsquo;su Majestad el beb&eacute;&rsquo;, como <strong>Sigmund Freud</strong> lo llamaba. La psicoanalista tiene una visi&oacute;n m&aacute;s suave, mira el vaso medio lleno. Tener un hijo es &rdquo;sumar una rama m&aacute;s al &aacute;rbol del cual provenimos. Un hijo te deja espiar un futuro en el cual ya no habitaremos&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dificil-oficio-maternar_129_13119278.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2026 13:56:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra la moda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/moda_129_13106135.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0cd9a9ff-2c11-4350-89f2-a86ae9041b72_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra la moda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el libro “¿Por qué son tan geniales?”, la socióloga Daniela Lucena traza un recorrido histórico por las creaciones de la indumentaria criolla que dialogaron con las obras de los artistas.</p></div><p class="article-text">
        Dice la Inteligencia Artificial que &ldquo;genial&rdquo;&nbsp;es un adjetivo que describe algo extraordinario, brillante o muy bueno, y coloquialmente significa estupendo. Se usa para resaltar talento (&ldquo;un artista genial&rdquo;) o ideas brillantes (&ldquo;una idea genial&rdquo;). Tambi&eacute;n funciona como adverbio para indicar que algo est&aacute; muy bien (&ldquo;lo pas&eacute; genial&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Hoy es usual decir genia o genio por mucho menos. &iquest;La palabra se ha devaluado? &iquest;O la din&aacute;mica de la lengua le da un sentido nuevo o una variaci&oacute;n?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Juguetonamente, los artistas visuales <strong>Dalila Puzzovio</strong>,<strong> Edgardo Gim&eacute;nez </strong>y<strong> Charlie Squirru </strong>aparecieron con sus nombres, en 1965, en un panel de grandes dimensiones que interpelaba entre signos de pregunta al p&uacute;blico, en Florida y Viamonte. El interrogante fue tomado por la soci&oacute;loga y doctora en Ciencias Sociales, <strong>Daniela Lucena</strong> para titular su libro. M&aacute;s de 400 p&aacute;ginas llenas de informaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de los datos. Un documento ameno que incluye los discursos sobre la ropa m&aacute;s inusual. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Por qu&eacute; son tan geniales?</em> cuenta el v&iacute;nculo entre el arte y la otra moda en nuestro pa&iacute;s. No la que se renueva en cada temporada por la sinraz&oacute;n del mercado, sino la que cambia por aquella alternativa que corre en paralelo -y en general, en contra- de la indumentaria mainstream. Habla de la historia de esas prendas que no responden a la pretensi&oacute;n de que nos parezcamos unos a otros.
    </p><p class="article-text">
        Ac&aacute; encontramos el cuerpo vestido seg&uacute;n la experimentaci&oacute;n y resistencia de creadores disruptivos surgidos de la cantera del arte nativo. Lucena propone el concepto <em>po&eacute;ticas del vestir</em> para enfocarse en la potencia transformadora de la ropa que cuestiona las convenciones con las que habitamos el mundo. Da cuenta de otras sensibilidades, deseos y proyectos.
    </p><p class="article-text">
        Dividido en cap&iacute;tulos por etapas cronol&oacute;gicas, el texto arranca en 1940, contin&uacute;a en 1980 y 1990 y culmina en el milenio actual. Est&aacute; ilustrado en blanco y negro y color y narra en contexto social el recorrido de las obras que los modistos practicaron con dedicaci&oacute;n y entusiasmo, pese al rango inferior en que se ubic&oacute; su tarea artesanal respecto de las bellas artes.
    </p><p class="article-text">
        En la secci&oacute;n El lujo es vulgaridad, se refiere a <strong>Fridl </strong>y<strong> Walter Loos</strong>, quienes huyeron de Austria durante el nazismo y crearon dise&ntilde;os en los que combinaron lunares con rayas en trajecitos sastre, propusieron fajas anudadas en la cintura y el patchwork de impacto geom&eacute;trico. Toda una novedad. Fridl puso en di&aacute;logo lo europeo con lo aut&oacute;ctono de la tradici&oacute;n del noroeste, territorio argentino que la deslumbr&oacute;. Esa identidad diferente, de est&eacute;tica criolla, lleg&oacute; a revistas como <em>Vogue </em>y<em> Harpers Bazaar.</em> 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; problema la creaci&oacute;n de un vestido!&rdquo;, exclamaba la arquitecta <strong>Delfina G&aacute;lvez</strong>. &ldquo;Pocos objetos tienen funciones m&aacute;s dispares: cubrir y descubrir, poner en valor y disimular, sugerir y frenar, llamar la atenci&oacute;n por s&iacute; mismo, para hacerlo fijar en su due&ntilde;a&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lucrecia Moyano</strong>, directora art&iacute;stica desde los a&ntilde;os 30 de la f&aacute;brica Rigolleau, se quemaba los dedos en los hornos de vidrio para crear piezas &uacute;nicas, les llevaba chocolate a los obreros e ideaba un jard&iacute;n de infantes para los hijos de ellos.
    </p><p class="article-text">
        En la f&aacute;brica de alfombras D&aacute;ndolo y Primi, Moyano llev&oacute; a los tapetes las pinturas de <strong>Enio Iommi</strong>, <strong>R&oacute;mulo Maccio</strong>, <strong>Juan del Prete</strong> y <strong>Martha Peluffo</strong>. Y adem&aacute;s se ocup&oacute; de las vidrieras de la tienda Harrods, donde los maniqu&iacute;es llevaban los rostros cubiertos como la famosa pintura de <strong>Salvador Dal&iacute;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Para los agitados a&ntilde;os sesenta, Lucena repone la resistencia de los conservadores a la &ldquo;juventud disconforme&rdquo; y habla de la incorporaci&oacute;n revolucionaria de la minifalda, hasta entonces s&oacute;lo admitida como prenda deportiva. Por entonces, el jean emerg&iacute;a a la par que el rock, como el pantal&oacute;n sexy y rebelde. &ldquo;Ya no era ropa de trabajo, sino de recreo. El estilo casual hab&iacute;a nacido&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; Susana Saulquin, soci&oacute;loga y creadora de la carrera Dise&ntilde;o de Indumentaria de la UBA. En cambio, la directora de la Escuela Normal N&ordm; 4 la condenaba por la inmoralidad de que dejara las rodillas a la vista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quebrando la uniformidad del <em>denim</em>, la tucumana <strong>Mary Tapia</strong> sum&oacute; fajas inspiradas en motivos aut&oacute;ctonos. La rubia Tilda Tamar se puso el poncho que tambi&eacute;n vest&iacute;a una joven <strong>Mercedes Sosa</strong>. El aguayo, los buches de avestruz y las chaguas llegaron al territorio del cuerpo humano. Se super&oacute; la dicotom&iacute;a centro-periferia y luego de una muestra en el Instituto Di Tella, <em>Pachamama pret a porter</em>, Tapia se embarc&oacute; a Par&iacute;s para mostrar su ropa. Con el mate, llegaba la infusi&oacute;n cotidiana m&aacute;s argentina a las telas, inventiva de Puzzovio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Delia Cancela</strong> y <strong>Pablo Mesejean</strong> escrib&iacute;an en un manifiesto &ldquo;Nosotros amamos los d&iacute;as de sol, los Rolling Stones, las medias blancas, rosas y plateadas, a Sonny and Cher, a Rita Tushinham y a Bob Dylan. Las pieles, Saint Laurent y el Young Savage Look&hellip;&rdquo;. Le daban la bienvenida al hippismo. &ldquo;Esta polifon&iacute;a de prendas y estilos est&eacute;ticos, presentada como una suerte de intervenci&oacute;n p&uacute;blica, re&uacute;ne muchos de los elementos de moda que definieron la imagen de los j&oacute;venes de aquel tiempo&rdquo;, se&ntilde;ala la autora de <em>&iquest;Por qu&eacute; son tan geniales?</em>
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os de la &uacute;ltima dictadura c&iacute;vico militar, la ropa singular surgi&oacute; en los s&oacute;tanos del under. Seg&uacute;n el m&uacute;sico <strong>Daniel Melero</strong> &ldquo;modo mata moda, de eso estoy seguro&hellip; Pero entrar en la tribu del estilo es muy distinto que tener la ropa que est&aacute; de moda: es el modo de la elecci&oacute;n, es el modo en que se lleva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los pantalones ajustados y las estridentes musculosas de los integrantes de Virus le imprimieron sensualidad a sus shows. Sumaron la alegr&iacute;a y el baile, con los dise&ntilde;os de Risuelo, que junto a la modista Cristina &Aacute;lvarez fund&oacute; Ropas Argentinas, con el logotipo de la bandera argentina.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Renata Shussheim</strong>, escen&oacute;grafa y vestuarista surgida en el Di Tella, dise&ntilde;&oacute; ropa y tapa de disco de <strong>Charly Garc&iacute;a</strong> y en la primera Bienal de Arte Joven aparecieron otros dise&ntilde;adores que fueron boom en los &uacute;timos a&ntilde;os de la centuria: <strong>Gabriel Grippo</strong>, <strong>Gabriela Bunader</strong> y <strong>M&oacute;nica Van Asperen</strong>, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        Insoslayables son <strong>Sergio De Loof</strong> y <strong>Kelo Romero</strong>, con sus ropas de papel y tules creando arte vivo para hombres. Crearon contra el florecimiento de los shoppings con sus marcas extranjeras. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Luego de la crisis del 2001, un grupo de dise&ntilde;adores j&oacute;venes empez&oacute; a copar Palermo. De apenas 25 locales de ropa, la cifra se dispar&oacute; en 2005 a m&aacute;s de ciento cuarenta, transformando la composici&oacute;n sociocultural del barrio. Pioneros en esa zona porte&ntilde;a fueron <strong>Mart&iacute;n Churba</strong> y <strong>Jessica Trosman</strong>. En su articulaci&oacute;n con el arte, llevaron a sus prendas las pinturas de <strong>Kennet Kemble</strong>, representante del movimiento informalista. Y el mundo <em>grunge </em>con esplendor renacentista fue el resultado del trabajo de la pareja con <strong>Rosa Skific</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        La magia negra de <strong>Pablo Ram&iacute;rez</strong> lleg&oacute; a las galer&iacute;as antes que a las boutiques. Con la oscuridad dominando las telas quiso reflejar el estado emocional y la resistencia a las imposiciones del cambio en la moda. <em>Ay not dead</em> llev&oacute; el misterio en su nombre y se asoci&oacute; con la galer&iacute;a <em>Belleza y Felicidad Fiorito</em> y con <strong>Javier Barilaro</strong>, uno de los fundadores de la editorial <em>Elo&iacute;sa Cartonera</em>, aportando compromiso social.
    </p><p class="article-text">
        Lucena evoca sobre el final de su libro a <strong>Gilles Deleuze</strong>, cuando dice que los poderes no s&oacute;lo buscan imponer sus reglas, sino gestionar y organizar el miedo, la angustia y la desesperanza, porque un cuerpo entristecido es un cuerpo sometido.
    </p><p class="article-text">
        T&eacute;cnica para adornar la indumentaria, <strong>Chiachio y Giannone</strong> llevaron el bordado a las galer&iacute;as y museos, con un ADN propio. Su obra fue a la calle con un desfile con ropa de poetas y escritores: camisa, calz&oacute;n, bombacha, un corpi&ntilde;o, un gorro. Formaron una bandera que flame&oacute; en una Marcha del Orgullo.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/moda_129_13106135.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 13:27:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra la moda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todos estos años de gente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anos-gente_129_13086979.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/981f681d-6ce4-4d80-bf7f-7e33c3c460b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todos estos años de gente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mirar hacia atrás y recordarlos. Imaginar un futuro mejor. A 50 años del golpe, ¿cómo hubieran sido los días de la vida si no hubieran desaparecido?</p></div><p class="article-text">
        Tristeza. Porque empez&oacute; el oto&ntilde;o, las hojas caen secas, amarronadas y se desparraman por el piso. Tristeza, porque en unos d&iacute;as se cumple medio siglo del inicio de la &uacute;ltima dictadura. Porque me sorprendo al comprobar que hay millones de compatriotas indiferentes al dolor ajeno. Porque el hambre azota. Por los que creen que &ldquo;estamos mal, pero vamos bien&rdquo; y no terminamos de encontrar que comprendan que no es as&iacute;. Porque hay amigos y conocidos que se enferman m&aacute;s que nunca. Tristeza. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Juliana Crain ve una pel&iacute;cula que le permite imaginar una realidad distinta a la que est&aacute; viviendo, luego del triunfo de los nazis y los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial: es el Eje el que perdi&oacute; y ya no flamea la bandera con la esv&aacute;stica sobre los edificios ic&oacute;nicos de Nueva York.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Como en la novela hom&oacute;nima de <strong>Philip K. Dick</strong>, la protagonista de la serie <em>El hombre en el castillo</em> (se puede ver por Netflix) imagina un mundo mejor luego de ver una pel&iacute;cula, que ampl&iacute;a las posibilidades de lograr un mundo m&aacute;s feliz que la sociedad compleja e h&iacute;per represiva en la que vive. Esa visi&oacute;n expandida entre muchos (miles, millones) podr&iacute;a ser el motor de un cambio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No estoy segura de que el imaginario colectivo haya sido la &uacute;nica causa del fin de la dictadura que oscureci&oacute; al pa&iacute;s entre 1976 y 1983. Entonces, con los primeros fr&iacute;os, sab&iacute;a qu&eacute; significaba. Mis padres, militantes, me lo hab&iacute;an ense&ntilde;ado. Conoc&iacute; temprano el terror porque amigos de la familia hab&iacute;an tenido que exiliarse en M&eacute;xico y Espa&ntilde;a por las amenazas de la triple A. La infancia transcurr&iacute;a con miedo entre nombres cambiados, cajas con peri&oacute;dicos, libros y discos enterrados. 
    </p><p class="article-text">
        A veces dudo de que ese per&iacute;odo se haya cerrado m&aacute;s por el impulso de las fuerzas democr&aacute;ticas que por el deterioro propio de las fuerzas armadas. Nunca un cambio social tiene una etiolog&iacute;a &uacute;nica y las cosas suelen ser contradictorias y responden a una trama en espiral, no a una relaci&oacute;n de causa y efecto. Muchos de los que entonces apostaban por las mieles de la plata dulce, aplauden la eficacia de la motosierra. Pero hay quienes entonces y ahora han hablado de las flores. 
    </p><p class="article-text">
        Cincuenta a&ntilde;os del golpe del 24 de marzo y yo, que era una nena entonces, no puedo dejar de asociar esa &eacute;poca con el presente. Aunque s&eacute; que nada se repite igual y todo cambia, los tiempos de la Historia son mucho m&aacute;s el&aacute;sticos que los que deseamos para nuestras peque&ntilde;as existencias y la afectaci&oacute;n de la gente por el hambre, la censura y la represi&oacute;n no tiene retorno. Son heridas profundas muy dif&iacute;ciles de sanar.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as, casi toda la dirigencia de las organizaciones pol&iacute;ticas invierte su energ&iacute;a en imaginar cargos en futuros espacios de poder, m&aacute;s que en delinear programas de acci&oacute;n para sancionar a los responsables y revertir el cada vez m&aacute;s miserable estado de las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ocurren hechos que nos devuelven la esperanza. Y m&aacute;s all&aacute; de quienes est&aacute;n a la cabeza de los partidos, sigo creyendo en la pol&iacute;tica. Miles de mujeres de todo el pa&iacute;s bordan los nombres de los treinta mil desaparecidos y convierten una tarea dom&eacute;stica en un recordatorio colectivo. <strong>El Volun</strong> organiza ollas populares en Plaza Flores, como otros tantos agrupamientos de j&oacute;venes que intentan paliar la expulsi&oacute;n del sistema que ejerce el gobierno. Desde el llano, el movimiento no se aquieta.
    </p><p class="article-text">
        Con s&oacute;lo 15 a&ntilde;os, tres meses y medio despu&eacute;s del golpe, <strong>Magdalena Gallardo</strong>, Malena, se transform&oacute; en la desaparecida m&aacute;s joven de la dictadura, entre los 108 estudiantes que fueron asesinados o desaparecidos. Ten&iacute;amos 12, 13 a&ntilde;os, cuando en el invierno de 1974 compartimos un campamento en San Luis, organizado por el centro de estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires. Su belleza brillaba en los fogones nocturnos, era la delegada de primer a&ntilde;o y la referente de la juventud guevarista. Hab&iacute;a nacido en Luis Beltr&aacute;n, donde hace poco un grupo de estudiantes film&oacute; el documental <em>Malena: la &uacute;ltima pared</em>. All&iacute; viv&iacute;a en una casa del campamento de Agua y Energ&iacute;a. Con su familia, a los 10 a&ntilde;os se mud&oacute; a Buenos Aires. Desapareci&oacute; el 8 de julio de 1976 en el barrio de Caballito. Tal vez hoy ser&iacute;a profesora de historia, actriz o abogada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Beatriz Aguilera</strong>, Bety, la hermana mayor de mi amiga Marisa, pas&oacute; la infancia de Rufino, Santa Fe, jugando en la casita de alambre que les hizo el pap&aacute; al lado del gallinero. Bety Aguilera, la preciosa chica de pelo lacio, aprendi&oacute; de su abuela Catalina a tejer con cinco agujas, estudiaba franc&eacute;s e inventaba coreograf&iacute;as con sus amigas mientras ve&iacute;a por la tele los programas <em>Alta Tensi&oacute;n</em> y <em>M&uacute;sica en libertad</em>. Poco despu&eacute;s, Bety empez&oacute; a escuchar en el Wincofon los discos de <strong>Sui Generis</strong> y <strong>Alfredo Zitarrosa</strong>. Y en los ratos libres que le dejaban la militancia y sus estudios de Medicina en Rosario, segu&iacute;a bailando. Quer&iacute;a ser psiquiatra y acaso ahora estar&iacute;a en el CONICET investigando los beneficios de un medicamento para la depresi&oacute;n. Pero fue asesinada el 17 de febrero de 1977, en el Pasaje Marchena, a pocas cuadras de la facultad. Supe de ella muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, porque Marisa -compa&ntilde;era de Periodismo en El Grafo- no lo cont&oacute; hasta muy entrada la democracia. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo hubieran sido sus vidas si Malena y Bety estuvieran? &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;an nuestras vidas si los desaparecidos y asesinados anduvieran por aqu&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anos-gente_129_13086979.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 13:12:25 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La náusea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nausea_129_13068387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fabe3818-23da-4133-a457-0e1fd0170484_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La náusea"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una sensación personal y social de malestar pueden transformarse en un sentimiento con el que se interviene. Se trata de un pasaje complejo aunque posible, dese el rumiar del pensamiento hacia las ideas y la acción. La exigencia de la máxima eficacia en las palabras en "Ventana magnética", el nuevo libro de Fernando Fagnani y el "Diccionario de los sentimientos", de Marina y López Penas.
</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Tiene l&iacute;mites el lenguaje? Probablemente menos que sus usuarios. Disponemos de esta herramienta, propia de la especie, para comunicarnos con los dem&aacute;s y para comprendernos a nosotros mismos, para hacer consciente lo inconsciente. Sin embargo, hay situaciones en que las palabras nos resultan escasas o que malestares como la tristeza y el miedo nos llevan a reducir la expresi&oacute;n al m&iacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Estamos en una discusi&oacute;n y necesitar&iacute;amos explicar, pero lloramos o insultamos. Reducimos una emoci&oacute;n hostil a una palabra fuerte, nos alejamos de nuestro interlocutor, nos descargamos aunque fracasamos. Surge el malentendido. Nos sentimos frustrados y pobres. Un ser querido perdi&oacute; a alguien y nos quedamos mudos. Le decimos: no tengo palabras.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        La selva del lenguaje de las sensaciones y de los sentimientos es enorme y compleja. Cuanto m&aacute;s forestado est&aacute; ese jard&iacute;n de palabras, m&aacute;s posibilidades existen de nombrar los estados de &aacute;nimo que serpentean nuestros cuerpos. En la sensaci&oacute;n se toma lo que llega, en el sentimiento se interviene. En <em>Diccionario de los sentimientos</em>, <strong>Jos&eacute; Antonio Marina</strong> y <strong>Marisa L&oacute;pez Penas</strong> cartograf&iacute;an la genealog&iacute;a sentimental de esas expresiones y sus usos hist&oacute;ricos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras los afectos se van especificando, en un proceso de diferenciaci&oacute;n, surgen procesos de conocimiento y de reflexi&oacute;n que nos permiten tener una mejor conexi&oacute;n con nosotros mismos y con el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Supongamos la palabra placer, muy antigua y de uso popular en la Edad Media (sus sin&oacute;nimos agradar y gustar aparecen respectivamente en los siglos XV y XVI) remite a gusto, alegr&iacute;a, contento, regocijo y diversi&oacute;n. &ldquo;Agrado se puede describir como la vivencia que se desea repetir. Desagrado ser&iacute;a lo que deseamos eludir y no queremos que vuelva a suceder&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Placer es todo aquello que excita nuestra complacencia, satisfacci&oacute;n, recreo, sin provocar ning&uacute;n desagrado ni disgusto, pues de lo contrario el placer no ser&iacute;a ni puro ni verdadero sino una falsa imagen de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Delicia es un mayor grado de placer, un sentimiento m&aacute;s fuerte, pero m&aacute;s limitado en cuanto a su objeto pues s&oacute;lo abraza a sensaci&oacute;n material. Delicia indica una cosa voluptuosa, m&aacute;s duradera, se refiere a un solo objeto y permanece m&aacute;s tiempo en &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Delicia, placer y deleite se dirigen a manifestar la agradable sensaci&oacute;n que recibimos del exterior como de nuestro mundo interno. Delicia pertenece al &oacute;rgano del paladar.
    </p><p class="article-text">
        Desde otra perspectiva, luego de conocer el diagn&oacute;stico de una enfermedad, el editor y escritor <strong>Fernando Fagnani</strong> cuenta en su nuevo libro <em>Ventana magn&eacute;tica</em> que, debido a una serie de eventos desafortunados, su sentimiento hacia las palabras se ha radicalizado. &ldquo;Ahora se volvieron cruciales, les exijo la m&aacute;xima eficacia. Que sean pocas, precisas, que tengan prohibido el malentendido. La carga sentimental debe ser m&iacute;nima, la indispensable para que no sean neutras y vac&iacute;as. Sin ser autoritarias, espero que diagnostiquen, cierren heridas, despejen lo confuso; la comunicaci&oacute;n est&aacute; impl&iacute;cita. Importa el rigor, no la vanidad de la elocuencia o el giro ingenioso. Tienen que recorrer r&aacute;pidamente y sin desv&iacute;os lo que media entre la intenci&oacute;n y la expresi&oacute;n, y expresi&oacute;n e intenci&oacute;n deben ser un solo cuerpo, sin fallas ni p&eacute;rdidas. La digresi&oacute;n la escucho como un crimen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las palabras precisas de Fagnani son un refugio que abriga frente a lo inesperado. Elige cada eslab&oacute;n en la cadena de sintagmas como piedras preciosas. Su escritura autobiogr&aacute;fica es clara y distinta, la de quien se asoma al magnetismo de la ciudad desde una ventana donde se apoyan los libros fundamentales de su vida, lo que enriquece hondamente su mirada. 
    </p><p class="article-text">
        Escribo mientras sigue resonando en m&iacute; un fragmento del <em>Estudio Revolucionario de Chopin</em> en versi&oacute;n de <strong>Daniel Casablanca</strong>, que se sienta al piano en las funciones de <em>Chau, Macoco</em>, del Teatro Regio. &nbsp;Son los a&ntilde;os ochenta, las artes esc&eacute;nicas est&aacute;n en auge luego de la opresi&oacute;n de la dictadura. Un maestro de teatro les dice a sus alumnos que se relajen y caminen por el espacio. El nuevo de la clase es un cadete, un joven inocente. &ldquo;Profesor, por mi trabajo me la paso caminando, &iquest;estaba haciendo teatro y no lo sab&iacute;a?&rdquo; &ldquo;&iquest;A vos te pagan por eso? Entonces no es teatro&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El humor de <em>Chau, Macoco</em> es un ingenioso ant&iacute;doto contra la sensaci&oacute;n de asqueo o repugnancia que nos produce el mal gobierno de los que est&aacute;n al frente del pa&iacute;s, una comida diaria contaminada que nos da ganas de vomitar. Las viudas de los personajes celebran cuatro d&eacute;cadas de variet&eacute; y clown, en un momento en que la cultura argentina est&aacute; siendo destrozada.
    </p><p class="article-text">
        El asco se desarrolla durante los primeros ocho a&ntilde;os de vida y tiene un gesto caracter&iacute;stico en todas las culturas. El concepto ocupa un lugar destacado entre las sensaciones ligadas a la fisiolog&iacute;a. &ldquo;Algo sucio o desagradable produce rechazo, puede ser de huida o expulsi&oacute;n. La palabra deriva del castellano antiguo usgo; odio o temor. Asqueroso proviene del lat&iacute;n escharosus, lleno de costras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gustave Flaubert </strong>lo cuenta as&iacute;: &ldquo;Nac&iacute; con escasa fe en la felicidad. Siendo muy joven tuve un presentimiento completo de la vida. Era como un nauseabundo olor a cocina, que se escapa por un agujero. No hace falta comerla para saber que es vomitiva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La n&aacute;usea expulsa lo que provoca desagrado y m&aacute;s. Lo interesante es que n&aacute;usea y n&aacute;utico tienen el mismo origen (naut&iacute;a o naus&iacute;a), que significa marea. Otra marea esperanzadora est&aacute; en las calles, pensando, actuando, organiz&aacute;ndose, emergiendo del barro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; que cuando logremos expulsar eso que nos provoca tanto desagrado personal y social dejar&aacute; de dolernos la panza y no seguiremos navegando a la deriva?
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/nausea_129_13068387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 13:22:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La náusea]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Que no exista ganar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-exista-ganar_129_13049276.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/db72cb19-1c2d-41de-b962-640ee678211f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138141.jpg" width="1190" height="669" alt="Que no exista ganar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dani Zelko y Caístulo escriben juntos un libro, que es camino, puente y tartamudeo de una nueva forma de sentir y pensar. Inspirados en la sabiduría ancestral judía y wichí, del pueblo de los libros y del de los árboles, paternan un largo poema que alaba la escucha y el encuentro como pares.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La sociedad es una energ&iacute;a de conexiones ancestrales pero grita ahora, ahora, ahora&nbsp;y se pierde de tener o&iacute;do&rdquo;, dicen <strong>Ca&iacute;stulo</strong> y <strong>Dani Zelko </strong>en <em>Un texto camino. El puente espejo. Ritualizar el tartamudeo</em>. Ese ahora es un presente que quiere devorarse todo, incluso auto fagocitarse. Es sordo y pocos se detienen en &eacute;l, aunque tampoco est&aacute;n en el aqu&iacute; ni en el ahora. Es un presente vac&iacute;o que hay que llenar de im&aacute;genes, objetos, oquedades, para darse entidad y reafirmar una identidad que da&ntilde;a pero da sentido.
    </p><p class="article-text">
        Ca&iacute;stuolo es cacique de la comunidad Territorios Originarios Wich&iacute;, en el Gran Chaco, un jardinero de palabras que cuida y riega para llegar a la semilla. Su compa&ntilde;ero de escritura es un artista nacido en Buenos Aires en 1990, que anda por los caminos en busca de otras formas de sentires y pensares. En el libro, dividido en tres breves partes, hablan sobre la falta de atenci&oacute;n entre las personas, absorbidas por la frivolidad desesperante del consumismo. Pero tambi&eacute;n sobre lo que ense&ntilde;an los r&iacute;os, el viento, los &aacute;rboles y los animales en sus arquitecturas naturales. 
    </p><p class="article-text">
        Dif&iacute;cil de clasificar, las l&iacute;neas del volumen del l&iacute;der wich&iacute; y el poeta, m&uacute;sico y editor son los eslabones de una fina joya. Esta suerte de ensayo expresa, a modo de largo poema, una cosmovisi&oacute;n sobre el mundo contempor&aacute;neo en el que los humanos somos los depredadores de todas las especies, incluida la propia, pero desde el que es posible desaprender para dejar de repetir los usos que resultan inservibles para la plenitud de la vida. Una vida donde lo material, lo simb&oacute;lico y lo espiritual conjugados socialmente sean arm&oacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        Zelko viene llevando a cabo el proyecto <em>Reuni&oacute;n</em> desde hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os, en el que se encuentra con personas inmersas en disputas territoriales con el prop&oacute;sito de hacer un libro que tenga alg&uacute;n tipo de influencia pol&iacute;tica entre los actores del lugar. El procedimiento es que &eacute;l escribe lo que se habla durante 5, 6, 7 horas, mientras est&aacute;n sentados, sin grabador, y si hay silencios, se los respeta y se pasa al rengl&oacute;n siguiente. El material luego se tipea en computadora, se lee y se corrige entre los participantes. 
    </p><p class="article-text">
        Los autores se conocieron en el monte, en 2020, en medio de campos de monocultivo, petroleras, proyectos ganaderos e iglesias. Crearon una forma de habla y escucha, un compa&ntilde;erismo espiritual que se prolonga hasta el presente. Sin grabador, cortaron los versos como una inhalaci&oacute;n, pasando al papel el material mientras est&aacute;n reunidos, editando y corrigiendo juntos. &ldquo;Nosotros ponemos las dos orejas, una oreja cada uno, &iquest;qui&eacute;n habla? &iquest;Qui&eacute;n escribe?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa voz ahora impresa podr&iacute;a ser la voz de un mundo que quiere amanecer distinto, transformado, compa&ntilde;ero. A sus casi 80 a&ntilde;os, Ca&iacute;stulo (Juan de Dios L&oacute;pez, Juayuk), al comienzo de la pandemia por el Covid-19, empez&oacute; a cantar los mensajes que le transmiten `las madres&rsquo; que de a ratos parecen ser lo que llamamos &aacute;rboles y de a ratos una fuerza mas inconmensurable y dif&iacute;cil de nombrar. El a&ntilde;o pasado fund&oacute; en su comunidad una peque&ntilde;a escuela donde mujeres adultas est&aacute;n aprendiendo a leer y escribir.
    </p><p class="article-text">
        El libro comienza hablando de una llave que es un canto, un mensaje, una pregunta que va realizando una obra donde hablan todas las especies vivas, a trav&eacute;s de una madre que camina bajo el coraz&oacute;n de la tierra. Ese &aacute;rbol es una antena que emite sabidur&iacute;a, que produce aprendizaje. Aunque parezca exagerado, el mensaje es una mezcla de pensamientos de todas las madres. Sus palabras incluyen las diversidades, tienen la punta filosa de la filosof&iacute;a, traducen y debaten pensamiento, mueven los vientos y unen.
    </p><p class="article-text">
        Esas madres no se quejan ni presentan impotencia, mientras el humano se resiste al futuro. &ldquo;Ah, que yo soy de tal raza, que yo soy de tal pa&iacute;s es un pensamiento mezquino&rdquo;, dicen. Para que las cosas cambien y seamos amigos, compa&ntilde;eros, hay que asociarse, sin apoderarse uno de la lengua de otro. El archivo de los antiguos es grande, es un nido y est&aacute; a disposici&oacute;n. Las personas son herramientas, pero los objetos son la dificultad, porque producen envidia. En cambio, los sonidos de los maestros te abrazan con el mundo.
    </p><p class="article-text">
        El hombre blanco hizo mucho da&ntilde;o cortando madera. Somos torpes. Mientras vemos a los &aacute;rboles como materiales, ellos salen a alumbrar, son antorchas.
    </p><p class="article-text">
        Hay que encontrar algo con lo que el mundo no sue&ntilde;a todav&iacute;a, nacer la palabra aunque te digan loco, dejar que aparezca la fuerza de pensamiento abierto y el encuentro. No crear/criar, fortalece la dominaci&oacute;n, la conquista, la polic&iacute;a, la ley, los due&ntilde;os, la maldad, el mezquino.
    </p><p class="article-text">
        Lo que pensamos hasta ahora, as&iacute;, de ese modo, no ha servido para una vida libre. La propiedad, la apropiaci&oacute;n, proclamar lo que es m&iacute;o, adue&ntilde;arse, nos pone contra nosotros mismos y genera ira contra los seres vivientes-
    </p><p class="article-text">
        El ave dice: yo tambi&eacute;n soy representante, el mundo tiene muchos representantes, &iquest;c&oacute;mo transformar a este ser en un humano de vuelta?
    </p><p class="article-text">
        En<strong> </strong><em>El puente espejo </em>contin&uacute;an las b&uacute;squedas y las preguntas sobre como tranquilizarnos creando un sistema que respete a todos los seres del mundo, con una voz que no los rompa, que sea m&uacute;sica. Acudir al fuego y al hielo para lograr un equilibrio, que no se prolongue la necesidad de decir &ldquo;soy el m&aacute;s fuerte&rdquo;, donde no sea necesario ganar, no exista ganar, no haya ganar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En la copulaci&oacute;n armamos sin pensarlo, nos transformamos en una cosa bell&iacute;sima poderosa&rdquo;, escriben. El sue&ntilde;o es imprescindible. So&ntilde;ar, so&ntilde;ar. En la misma citaci&oacute;n caminan el relajamiento y la fuerza. &ldquo;Cuando mi espejo no est&aacute; en posici&oacute;n entro en el sue&ntilde;o y no descanso&hellip; es la enfermedad que repite, repite, repite&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta reuni&oacute;n trae una m&uacute;sica desde adentro, una m&uacute;sica que es cada uno, un sonido espiritual. El mensaje termina cuando &ldquo;te acompa&ntilde;o, te conozco y te digo sos mi fragancia, soy tu fragancia. Somos hermanos, en otro tiempo no hab&iacute;a lengua wich&iacute; y otras lenguas. El tronco era el mismo y mi padre era hermano de tu padre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En una ceremonia en territorio wich&iacute;, antes del 7 de octubre de 2023 aparece un tatarabuelo de Zelko que le pasa una cuerda y le dice: &ldquo;algo se rompi&oacute; entre nosotros&rdquo;. Ese ancestro hab&iacute;a sido un traductor del movimiento iluminista del siglo 19 y fueron los pueblos originarios argentinos, a trav&eacute;s de los hermanos espirituales Ca&iacute;stulo y Soraya, quienes impulsaron la b&uacute;squeda de la vida de los antepasados jud&iacute;os de Zelko.
    </p><p class="article-text">
        Ham&aacute;s asesina a gran parte de la familia del escritor en territorio israel&iacute;, vecino a Gaza, y en ese duelo feroz, sigui&oacute; escribiendo y pari&oacute; el libro <em>Oreja madre</em>, donde cuenta desde su juda&iacute;smo su posici&oacute;n en contra de la idea de que Israel representa a los jud&iacute;os del mundo y a favor de la justicia por d&eacute;cadas de humillaci&oacute;n contra los palestinos y a favor de una Palestina libre.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-exista-ganar_129_13049276.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2026 13:29:59 +0000]]></pubDate>
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