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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Laura Haimovichi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/laura-haimovichi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Laura Haimovichi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Muchachas en flor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/muchachas-flor_129_13613493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57591943-a1e0-4adb-a590-6004a2f5487b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x222y81.jpg" width="1200" height="675" alt="Muchachas en flor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Chicas que hacen oír su voz. Maestras de otras clases de belleza. El exceso, lo exquisito y la desobediencia. Una gorda, Juli Laso, Cristina Banegas y todas las demás.</p></div><p class="article-text">
        Comenc&eacute; a escribir esta columna en febrero de 2022, como una deriva impensada de un texto de auto ficci&oacute;n que permanece in&eacute;dito en el que relato el biodrama (y la biocomedia) de una muchacha excesiva y desobediente: Emilia. Desde peque&ntilde;a, la chica se chupa los dedos y su abuela intenta infructuosamente disuadirla envolviendo sus falanges con cinta adhesiva salpicada en pimienta y otros picores.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s adelante, las tetas le crecen m&aacute;s de lo que su madre y su padre parecen soportar y un m&eacute;dico nutricionista surge como la soluci&oacute;n m&aacute;gica para detener el desarrollo de la p&uacute;ber. Pero no. Porque una cosa es la grasa, otra la crasa, muy distinto estar crazy o a la caza. &ldquo;Que va a ser de ti lejos de casa, nena que va a ser de ti&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Emilia, como una profec&iacute;a autocumplida, comienza a comer &ldquo;dem&aacute;s&rdquo; para (in)satisfacci&oacute;n de una familia que controla sus visitas nocturnas a la heladera y se/ la convierte/n en ladrona de comida.
    </p><p class="article-text">
        Una sexualidad explosiva la amenaza y nadie logra ponerle freno. Emilia ser&aacute; gorda y/o puta, el mandato inconsciente y colectivo. En el camino pasar&aacute;n cosas. Peripecias de su yo, su ello y el supery&oacute;. La alegr&iacute;a no ser&aacute; s&oacute;lo brasilera.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, en la clandestinidad nocturna, se convertir&aacute; en una muchacha que sube y baja de peso, que aparece y desaparece de la vista, porque quiere y no quiere ser &ldquo;la ni&ntilde;a de sus ojos&rdquo;, esa mirada con aceptaci&oacute;n y rechazo por aquellos que le resultan sustantivos y significativos. En ese tira y afloja transcurrir&aacute; su vida, con el peso, la comida y el cuerpo como constante y como obsesi&oacute;n distractiva.
    </p><p class="article-text">
        Los tratamientos m&eacute;dicos, primero, como sistemas modelizadores; el descubrimiento del activismo, la militancia y la escritura, despu&eacute;s, como herramientas transformadoras, le permitir&aacute;n ir comprendiendo el sentido del control, la funci&oacute;n pol&iacute;tica de procurar que todos, todes y todas seamos a imagen y semejanza de un paradigma f&iacute;sico &uacute;nico, &uacute;til para un sistema que nos quiere sumisos, convencidos de que &ldquo;algo habremos hecho&rdquo; y que nos merecemos el malestar.
    </p><p class="article-text">
        Pero es en la doble vara del malestar que incomoda y del movimiento que necesita salir de ah&iacute;, es donde Emilia se unir&aacute; con sus pares para multiplicar los cambios que iniciaron las feministas y las diversidades. Con avances y con retrocesos, con tiempos luminosos y otros oscuros. Las fuerzas revolucionarias y las conservadoras o de la reacci&oacute;n conviven en el interior de cada une, adem&aacute;s de pujar unas contra otras en la arena p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        La f&aacute;bula est&aacute; inconclusa, no tiene moraleja, s&iacute; bestialidad animal. 
    </p><p class="article-text">
        En aquella primera columna de por ac&aacute;, citaba un texto de <strong>Clodet Garc&iacute;a </strong>que dec&iacute;a: &ldquo;&hellip; Pero yo s&eacute; que alg&uacute;n d&iacute;a caer&aacute; el uso de la palabra gorda como insulto. Se caer&aacute; letra a letra, se deslizar&aacute; la g por nuestras luchas. L o se expandir&aacute; orgullosa y extensa. La r se escuchar&aacute; rabiosa. La d dinamitar&aacute; el odio. La a ser&aacute; un grito interminable. Diremos GORDA o GORDE o GORDO y se escuchara como identidad pol&iacute;tica. Como un de nuestros nombres de lucha. Se escribir&aacute; GORDA y se leer&aacute; el pleno derecho de un cuerpo a existir sin opiniones ni juicios, antes que el patriarcado, caer&aacute; el insulto. Haremos propia la palabra que termin&oacute; con los estereotipos de belleza. La belleza como mandato, el disciplinamiento de los cuerpos. Es nuestra la palabra que nos nombra: GORDA. Una palabra redonda, con estr&iacute;as y pozos. Blanca, fuerte y salvaje. GORDA es el nombre de mi revoluci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si la ni&ntilde;a Emilia pens&oacute; durante su infancia que hab&iacute;a un para&iacute;so en la Tierra, un tiempo y un espacio de oro en el que convivir con los dem&aacute;s en plena armon&iacute;a, conc&eacute;danme que esa fue una ilusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Me dec&iacute;a una terapeuta que de ilusi&oacute;n tambi&eacute;n se vive&hellip; pero qu&eacute; mal se vive.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, la conciencia de nuestra potencia, la convicci&oacute;n de que nunca se sabe lo que los cuerpos pueden, esa incerteza, es el fundamento profundo de la alegr&iacute;a, la semilla de la sabidur&iacute;a y la bondad, la apuesta a lo divino que es mucho m&aacute;s que la suma de nosotros como partes. Es la lucha que va construyendo realidad.
    </p><p class="article-text">
        Somos una unidad y lo que le afecta a uno se desparrama hacia los dem&aacute;s. Para bien, para mal.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a <strong>H&eacute;ctor Viel T&eacute;mperley</strong> (vean la pel&iacute;cula de <strong>Gloria Peirano</strong> y <strong>Gustavo Font&aacute;n</strong>, <em>Hospital Brit&aacute;nico</em>, un tesoro en homenaje al poeta): YACE MURI&Eacute;NDOSE Toda la transpiraci&oacute;n de mi cuerpo regresar&aacute; a mis ojos cuando muera el tambor en donde fui formado y hable con &Eacute;l -como un ni&ntilde;o borracho-, entre sillas ca&iacute;das, r&iacute;o crecido y juncos. Todas las l&aacute;grimas de mi vida volver&aacute;n a mis ojos; y por las hondas sedas de un pecho de caballo querr&eacute; internarme, huir, refugiarme en mi casa de trozos esparcidos de ballenas: mi casa como cuerpo de var&oacute;n reci&eacute;n nacido en el t&oacute;rrido vientre del silencio. PARA COMENZAR TODO DE NUEVO Es mi parte de tierra la que llora por los ciruelos que ha perdido. PARA COMENZAR TODO DE NUEVO El verano en que resucitemos tendr&aacute; un molino cerca con un chorro blanqu&iacute;simo sepultado en la vena.
    </p><p class="article-text">
        Un poema, un misal pagano, un crowl en la piscina, un cross a la mand&iacute;bula, un o&iacute;do absoluto, un concierto&hellip; &iexcl;Feliz cumplea&ntilde;os!, con unas horas de atraso, Charly. Gracias por el fuego y por la grasa. &iquest;Qu&eacute; m&uacute;sica es la que escucho que tiene tal sentimiento?
    </p><p class="article-text">
        Regreso de la sala Margarita Xirgu en San Telmo, donde se present&oacute; <em>Fabriquera</em>, el nuevo disco de <strong>Juli Laso</strong>, una int&eacute;rprete de lujo en tributo a <strong>Daniel Melingo</strong>, otro maestro de nuestra m&uacute;sica popular. La artista cant&oacute; cercana a la conversaci&oacute;n. Grave y c&aacute;lida.
    </p><p class="article-text">
        Escribo y todav&iacute;a suena esa voz extra&ntilde;amente rasposa para una muchacha tan tierna, graciosa y sutil, en una ceremonia que celebr&oacute; el tango y las flores de Paraguay. Sonaron cuerdas, entre transparencias y velas, con la direcci&oacute;n de<strong> Mar&iacute;a Alch&eacute;</strong>. Brillaron el inconfundible y melanc&oacute;lico <strong>Vicentico</strong> y el decir magistral de <strong>Cristina Banegas</strong>, mientras el p&uacute;blico, <strong>Liliana Herrero </strong>y <strong>Lucrecia Martel</strong> abrazaron a Juli con sus aplausos. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF&nbsp;&nbsp;</em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/muchachas-flor_129_13613493.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Oct 2026 11:58:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Muchachas en flor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Julieta Laso]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mestizaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mestizaje_129_13594062.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4b7e18fb-330f-467e-81d1-2dde6a6a5578_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x481y185.jpg" width="1200" height="675" alt="Mestizaje"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es 17 de octubre, resuena la marcha del jueves hacia el Congreso y aquella otra fundadora del peronismo, sobre la que escribió bella y descolocadamente Leonidas Lamborghini, con su poema "Las patas en la fuente".  </p></div><p class="article-text">
        No soy peronista, pero estoy encaminada a serlo, tal vez. Las din&aacute;micas ideol&oacute;gicas tienen destinos insospechados, mezcla de reflexi&oacute;n, contexto y emoci&oacute;n. El amor, un amor, te puede inyectar una dosis importante de ese mestizaje cognitivo, concienzudo, sentimental. O no. Me refiero al amor y no al enamoramiento, hablo del sentimiento persistente que supera la alteraci&oacute;n qu&iacute;mica cerebral de los primeros encuentros.
    </p><p class="article-text">
        Es 17 de octubre y pienso que nunca cant&eacute; la marchita. Para m&iacute; Per&oacute;n era (seg&uacute;n relatos gorilones que escuch&eacute; en la infancia entre los adultos de la familia ampliada), el que se cog&iacute;a a las chicas de la UES. Eva, m&aacute;s que la abanderada de los humildes, una chica que se pon&iacute;a pieles y ropa suntuosa para salir de gira y visitar a Franco.
    </p><p class="article-text">
        Claro que tambi&eacute;n y cada vez m&aacute;s, ellos son quienes est&aacute;n detr&aacute;s del poema El solicitante descolocado, aquellas patas en la fuente acu&ntilde;adas por Lamborghini para referirse al sujeto Pueblo, m&aacute;s la constituci&oacute;n del 49 con los derechos para los laburantes, la beca para una <strong>Martha Argerich</strong> de 12 a&ntilde;os que se fue a estudiar piano a Viena, la m&aacute;quina Singer de la madre de <strong>Facundo Cabral</strong> y tantos etc&eacute;teras. 
    </p><p class="article-text">
        Una marcha se canta desde el coraz&oacute;n o porque te lo imponen en el ej&eacute;rcito o en la escuela. Nunca son&oacute; con mi voz &ldquo;Todos unidos triunfaremos&rdquo;. Esa clase de alabanza personalista no iba &iquest;no va? conmigo. En todo caso, siempre prefer&iacute; <em>La Internacional</em> o el <em>Himno de los partisanos</em>. Pero no se puede desconocer lo que es evidente, sobre todo cuando tu sensibilidad est&aacute; direccionada hacia los despojados, los vulnerados, los nadies, al decir de <strong>Eduardo Galeano</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Para la cosmovisi&oacute;n r&iacute;gida que tuve alguna vez, aquella postura frente al peronismo era coherente con un origen comunista, del pec&eacute; pre ca&iacute;da del muro y pre-pre el &ldquo;profesionalismo&rdquo; destacado de Videla frente al fascismo de Pinochet. Me es dado el pu&ntilde;o en alto m&aacute;s que la V, un legado. 
    </p><p class="article-text">
        Mi abuela prosovi&eacute;tica, la rusa Rebeca, lleg&oacute; a la Argentina escapando de los pogroms antisemitas o, mejor dicho, antijud&iacute;os. Mi padre, Isaac, como primer acto militante en la Fede, junt&oacute; papeles plateados que intercambi&oacute; por dinero para ejercer la solidaridad internacionalista con los republicanos espa&ntilde;oles. Rebeca termin&oacute; siendo sionista; Isaac, un devoto de Cristina. Es la din&aacute;mica de la ideolog&iacute;a, fidelidad o traici&oacute;n al origen, un v&iacute;nculo con los padres de amor o desamor y mucho m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En esa genealog&iacute;a se inscribe mi formaci&oacute;n, ni justicialista, ni gorila, independiente y de izquierda. &iquest;Independiente? Nadie puede serlo, aunque se lo crea. Independiente&hellip; todas y todos estamos parados en alg&uacute;n lado, sujetos a, dependientes de tantos &ldquo;lados&rdquo; (no hay s&oacute;lo dos, son casi infinitos).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No me interesa la pol&iacute;tica&rdquo;, dicen, desconociendo que se trata de la actividad que se ejerce para lograr el bien com&uacute;n. Pol&iacute;tica, los gestos hacia la otredad, que no necesariamente est&aacute;n relacionados con los partidos, una de las tantas formas de organizaci&oacute;n social humana, a favor de la especie o en contra, con todos sus matices, el bien y el mal com&uacute;n, tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Visit&eacute; hace algunos d&iacute;as la muestra del fot&oacute;grafo <strong>Uri Gordon</strong>, <em>Apuntes de mi ciudad</em>, que est&aacute; por algunas semanas m&aacute;s en la biblioteca popular Helena Larroque de Roffo, Simbr&oacute;n 3058, Villa del Parque. Las fotos de Gordon responden a una mirada singular: Una pareja de viejos en primer plano, sentados sin tocarse, en un banco de plaza y una pareja, atr&aacute;s, en otro banco, bes&aacute;ndose apasionadamente. Un joven cabizbajo en el interior de un departamento antiguo, visto desde una calle porte&ntilde;a o montevideana e iluminado en contraste con un exterior sombr&iacute;o. &nbsp;Una ni&ntilde;a que est&aacute; subida a un &aacute;rbol, escondida entre el follaje, y que imagino cual bar&oacute;n rampante, como la novela de Italo Calvino.
    </p><p class="article-text">
        Como escribi&oacute; <strong>Susan Sontag</strong> en el libro <em>Sobre la fotograf&iacute;a</em>, se trata de una mirada subjetiva que captura lo que ve como un modo de apropiaci&oacute;n de lo fotografiado. Poseer y guardar im&aacute;genes, no s&oacute;lo es un fen&oacute;meno est&eacute;tico, sino un gesto pol&iacute;tico y &eacute;tico. &iquest;El fot&oacute;grafo se convierte en el propietario de las escenas, en un tiempo acotado? &nbsp;&iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n establece con los sujetos que toma? &iquest;Los convierte en objetos? &iquest;Est&aacute; por encima o a la par? &iquest;Lo que captura representa lo real? &iquest;Hay representaci&oacute;n posible o siempre se trata de una construcci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Hablamos con Gordon de las posibilidades y los l&iacute;mites de su oficio, de la diferencia entre los paparazzis que hacen una guardia para pescar in fraganti a un famoso y los reporteros que se proponen mostrarle al mundo los juegos del poder, las v&iacute;ctimas y los victimarios, esa forma de relaci&oacute;n social donde se expresan no ya las desigualdades, que est&aacute;n en el reparto, sino las asimetr&iacute;as, que radican en la estructura. Por supuesto, en el mestizaje, se puede robar una foto para ganarse el mango e intentar crear conciencia.
    </p><p class="article-text">
        Pol&iacute;tica. Ideolog&iacute;a. &Eacute;tica. De eso se trata. Lo que vemos est&aacute; siempre filtrado, inevitablemente. Y no se trata de relativizar todo, sino de explicitar desde donde se est&aacute; mirando/hablando, para que los otros/las otras no caigan en la trampa de la supuesta incuestionable objetividad.
    </p><p class="article-text">
        La raz&oacute;n siempre es instrumental, las razones son m&uacute;ltiples y est&aacute;n al servicio de fines. No existen flotando en la estrat&oacute;sfera. Ah&iacute; est&aacute; la racionalidad occidental, que es hegem&oacute;nica; la oriental, tan distante de nuestra idiosincrasia; las de los pueblos originarios, variad&iacute;simas, respondiendo a otras formas del saber, descentradas.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a la experiencia, para recordar que tuve una fabulosa con la presencia y la voz de <strong>Miriam Martino</strong>, en la Biblioteca Caf&eacute;, esta semana. La cantante y actriz dio una serie de peque&ntilde;os recitales en los que recorri&oacute; temas de<strong> Eladia Bl&aacute;zquez</strong>, <strong>Silvio Rodr&iacute;guez</strong>, <strong>Violeta Parra</strong>, <strong>H&eacute;ctor Negro</strong>, <strong>Chico Buarque </strong>y otros compositores del continente que el uruguayo <strong>Joaqu&iacute;n Torres-Garc&iacute;a</strong> dibuj&oacute; dado vuelta, el sur al norte. El p&uacute;blico cant&oacute; con ella, como si se tratara de una reuni&oacute;n de amigos. All&iacute; estaban los actores <strong>Roberto Carnaghi</strong>, <strong>Amancay Esp&iacute;ndola</strong>, <strong>Mirta Matto</strong>, la bell&iacute;sima gestora, madre del Tantanakuy y gran amor de <strong>Jaime Torres</strong>, <strong>Elba Boffo</strong>, el locutor <strong>Claudio Orellano</strong> y el &aacute;ngel de <strong>Lidia Catalano </strong>sobrevolando las mesas.
    </p><p class="article-text">
        Como escribi&oacute; el peruano <strong>Nicomedes Santa Cruz</strong>: &ldquo;mi cuate, mi socio, mi hermano, aparcero, camarado, compa&ntilde;ero, mi pata, mijito, paisano. He aqu&iacute; mis vecinos, he aqu&iacute; mis hermanos, las mismas caras latinoamericanas de cualquier punto de Am&eacute;rica Latina&rdquo;. &nbsp;Son los mismos versos que recita tan hondo su compatriota Juan Palomino, son los dichos de otro modo de la Canci&oacute;n con todos. Porte&ntilde;os, argentinos, blancos y marrones, m&aacute;s latinoamericanos que nunca.
    </p><p class="article-text">
        Miriam Martino, <em>Voces en mi canto</em>, una fiesta plena de emoci&oacute;n para amainar la lluvia y el fr&iacute;o de un s&aacute;bado a las cinco de la tarde. <strong>Pepo Lapouble</strong>, pianista e hijo del baterista y compositor de jazz Pocho; <strong>Emilia Tisera</strong> en viol&iacute;n, y la dulce cantautora <strong>Mijal Guinguis</strong>, como acompa&ntilde;antes de lujo. Anot&aacute; esos nombres, atenci&oacute;n, buscalos en la internet, tenelos en cuenta. &iquest;El arte y la pol&iacute;tica nos salvar&aacute;n? No nos salvamos solos, entre nos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mestizaje_129_13594062.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 Oct 2026 13:40:55 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las gratitudes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gratitudes_1_13577424.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/24fb8e63-cc4f-49ad-beb6-c0a53e614407_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x549y255.jpg" width="1200" height="675" alt="Las gratitudes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dar es dar, ser agradecido por lo que se recibe, no permanecer y transcurrir. Del gesto personal al reconocimiento colectivo, valorar la actitud y la palabra de los demás es la evidencia palpable de un modo de transformar el estado de las cosas. Vidas con conciencia, propósito y dignidad.</p></div><p class="article-text">
        Est&aacute;bamos encerrados, con miedo al contagio, pero salimos a las veredas a aplaudirlos. Nadie dec&iacute;a nada, pero a esa hora del final del d&iacute;a, mientras el sol hu&iacute;a, nos enlaz&aacute;bamos en el silencio de nuestras voces y emerg&iacute;a el grito de las manos, para reconocer el trabajo de los m&eacute;dicos. 
    </p><p class="article-text">
        Pandemia. &iquest;Cu&aacute;nta gente fue salvada por la labor de los doctores en los hospitales p&uacute;blicos? Probablemente exista alg&uacute;n registro num&eacute;rico, aunque lo que ahora me interesa es evocar esos d&iacute;as en que buena parte de la ciudadan&iacute;a cumpl&iacute;a con el ritual diario de aplaudir.
    </p><p class="article-text">
        Algunos m&eacute;dicos murieron en las salas, despu&eacute;s de intubar a sus pacientes y contagiarse. El querido <strong>Camilo Verruno</strong>, por ejemplo. Otros sobrevivieron con la marca indeleble de haber atravesado &ldquo;desde adentro&rdquo; la pandemia por covid19.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en el pa&iacute;s, mientras reaparecen enfermedades que cre&iacute;amos desterradas para siempre, como tuberculosis, hepatitis A e influenza, entre otras, las condiciones de trabajo de los m&eacute;dicos, y sus salarios, han empeorado radicalmente. Es injusto, ingrato.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El empobrecimiento del salario llev&oacute; hace pocos d&iacute;as a que residentes de distintos hospitales comenzaran a movilizarse para visibilizar su situaci&oacute;n. En el Hospital Fern&aacute;ndez, dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, entre julio de 2023 y el mismo mes de este a&ntilde;o, los sueldos perdieron un 31% de poder adquisitivo. &ldquo;Tu vida no tiene precio&rdquo;, arranca una consigna. &ldquo;Nuestro trabajo, s&iacute;: 6.250 la hora&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Trabajamos much&iacute;simo, cobramos poco y eso se puede demostrar con los propios datos oficiales&rdquo;, me explica el doctor <strong>Pablo Levit</strong>, de Cl&iacute;nica M&eacute;dica, enfundado en su guardapolvo y con los c&aacute;lculos en la mano. &ldquo;Seg&uacute;n la ordenanza que regula nuestras residencias no podemos trabajar m&aacute;s de 64 horas por semana, guardias incluidas, pero trabajamos un m&iacute;nimo de 80. Un residente, m&eacute;dico graduado, profesional con matr&iacute;cula, cobra 5 mil pesos la hora durante su primer a&ntilde;o, mientras un trabajador promedio de la Ciudad percibe 11.251 pesos. Revivimos pacientes a las cuatro de la ma&ntilde;ana y cobramos la mitad que el promedio. Desde 2022 perdimos el 22% de nuestro poder de compra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La asamblea del Fern&aacute;ndez le exige al Ministerio de Salud porte&ntilde;o una recomposici&oacute;n para todos los residentes de 2.800.000 pesos. &ldquo;E incluso as&iacute; seguir&iacute;amos debajo del promedio, seg&uacute;n las propias estad&iacute;sticas del gobierno. Pedimos un reconocimiento a nuestra labor y dignidad&rdquo;, se&ntilde;alan los j&oacute;venes doctores que se est&aacute;n formando en alguna especialidad, con t&iacute;tulo, responsabilidad legal sobre cada paciente y sosteniendo el hospital d&iacute;a y noche, junto a sus colegas m&aacute;s veteranos. 
    </p><p class="article-text">
        Este escenario se repite, con peque&ntilde;as variaciones, en el resto de las instituciones p&uacute;blicas de salud. No es un hecho aislado ni casual, tampoco que se hayan incrementado los suicidios y los padecimientos mentales, y que haya sectores de la ciudad &ldquo;alfombrados&rdquo; por personas mudadas a la calle porque no tienen como pagar una vivienda. Mudadas y enmudecidas. Los ejemplos de que las cosas no est&aacute;n bien sobran.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, los habitantes de Buenos Aires &ldquo;aguantan los trapos&rdquo;, cada uno desde su lugar. Ocurre con el arte y con la cultura como espect&aacute;culo. Sobre la base del deseo, de la fe que resurge cada d&iacute;a, de la necesidad de no quedar anclados en el malestar personal y social, contra el pesimismo cotidiano, hemos insistido en esta columna en la importancia del arte. Vive y revitaliza porque cada individuo y grupalidad creadora ejerce su oficio como si se tratara de respirar.
    </p><p class="article-text">
        Si durante el per&iacute;odo de encierro, sobrevivimos gracias a las vacunas y los comercios de &ldquo;proximidad&rdquo;, con la Minga me encuentro hace unos d&iacute;as con un ciclo de charlas y debates &ldquo;de proximidad&rdquo;. Es en el marco de la muestra <em>Vyda, de la extinci&oacute;n a la cooperaci&oacute;n</em>, de la artista textil santiague&ntilde;a, <strong>Miri Fioramonti</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Minga, palabra de origen quechua, refiere al encuentro comunitario para levantar la cosecha, construir una vivienda o abrir un camino, sin otro objetivo que hacer el bien. M&aacute;s que una expo, ac&aacute; se trata de un encuentro libre y gratuito en el que cada participante se encuentra en pie de igualdad con sus compa&ntilde;eros eventuales. La mayor&iacute;a no se conoce entre s&iacute; y luego de una conversaci&oacute;n entre Fioramonti y tres oradores, se forman brigadas de conversaci&oacute;n sobre qu&eacute; dejamos afuera cuando solo pensamos en t&eacute;rminos de consumo.
    </p><p class="article-text">
        Miri cuenta el origen de la propuesta y lo sit&uacute;a en la relaci&oacute;n con una de sus abuelas, la ancestra que le ense&ntilde;&oacute; manualidades como el crochet, el bordado y el macram&eacute;, tres lenguajes. Lo dice como si contara una f&aacute;bula, con la poes&iacute;a de su cuerpo, sus obras textiles proyectadas y la musicalidad de la voz. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los oradores, en el Centro Cultural de la Cooperaci&oacute;n, son el pol&iacute;tico y docente <strong>Amado Boudou</strong>, exvicepresidente argentino; la bailarina y core&oacute;grafa <strong>Andrea Servera</strong> y el polit&oacute;logo y profesor de Filosof&iacute;a <strong>Alex Campos Sly</strong>. Cada uno desde su campo de acci&oacute;n brinda sus pareceres sobre el mercado, el deseo y el consumo, &aacute;reas que se superponen, se cruzan, se confunden, nos marean.
    </p><p class="article-text">
        En estas experiencias microf&iacute;sicas de poder tal vez haya una clave, un faro que nos ilumine y nos trascienda. No s&oacute;lo por el contenido sino por la forma en que, por ejemplo, nos sentamos como tribu alrededor de la sabia y los sabios, que no son otros que nosotros mismos, empoderados.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta es la gente del futuro&rdquo;, rockeaba <strong>Miguel Cantilo</strong>, &ldquo;este es el material con el que edificaremos un ma&ntilde;ana total, no sirve para nada clavarse un pu&ntilde;al, tenemos que hacer un mundo mejor, porque &eacute;ste est&aacute; enfermo y nosotros no&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Voy al estreno de <em>Las gratitudes</em>, en el Teatro Picadero. Es una adaptaci&oacute;n de la novela de <strong>Delphin de Vigan</strong>, dirigida por <strong>Juan Tupac Soler</strong> y <strong>Federico Juli&aacute;n Mart&iacute;nez</strong>. Buscando la ra&iacute;z etimol&oacute;gica de la palara gratitud, encuentro que es hermana de grato. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Grato y gratitud tienen una ra&iacute;z com&uacute;n latina: gratus. Se relacionan con el ida y vuelta que produce bienestar, aunque trat&aacute;ndose de la gratitud, no es la cosa en s&iacute; la que nos agrada y satisface sino la persona. &ldquo;No somos otra cosa que v&iacute;nculos&rdquo;, dijo hace poco la protagonista Beatriz Spelzini durante una entrevista. Su papel en la obra es el de una mujer mayor, a punto de retirarse de la vida, internada en un geri&aacute;trico. A Michka, as&iacute; se llama, la acompa&ntilde;an la vecina Marie y el cuidador Jer&oacute;nimo. Spelzini ofrenda al p&uacute;blico una composici&oacute;n inolvidable, la mujer que pierde el lenguaje mientras se va encontrando a s&iacute; misma en el pasado. En un toma y daca de gracias, los personajes de <strong>Javier Lorenzo</strong> y <strong>Antonia Bengoechea </strong>conforman esa familia elegida que los mantienen a salvo de la crueldad del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Las gratitudes son eslabones de una cadena de amor, un viaje hacia el pasado antes del fin. Michka buscar&aacute; con ayuda a un matrimonio que la rescat&oacute; y salv&oacute; durante la guerra; Marie y Jer&oacute;nimo descubrir&aacute;n la belleza de la reciprocidad. Todos ser&aacute;n los karayats y el sistema de intercambio de regalos, el kula o el potlach, seg&uacute;n los antrop&oacute;logos cl&aacute;sicos Malinowsky y Mauss. Es decir, las gratitudes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF&nbsp;</em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/gratitudes_1_13577424.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Oct 2026 11:55:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las gratitudes]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vecinos solidarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vecinos-solidarios_129_13559715.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5c39ace1-b7fc-4512-a7c8-a54f193d551b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x244y196.jpg" width="1200" height="675" alt="Vecinos solidarios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizás como nunca las organizaciones sociales territoriales tuvieron tantas tareas que realizar: conseguir alimentos, distribuirlos y enseñar a sembrar valorando lo propio. Es urgente para paliar el hambre y para recuperar la dignidad.</p></div><p class="article-text">
        Me acuerdo de cierta pol&eacute;mica dilem&aacute;tica de otra &eacute;poca que, vista hoy, me resulta banal: &iquest;ayudar al semejante d&aacute;ndole comida o proveerlo de herramientas para que genere su propio alimento? Como si una descartara la otra en vez de incluirla. Ser un activista social o militar pol&iacute;ticamente, como opciones excluyentes. Actuar para la urgencia del corto plazo, organizando comedores y pedagog&iacute;as populares, o esperar a que sean los tiempos y la Historia los que decidan cu&aacute;ndo y c&oacute;mo llenar las panzas y el esp&iacute;ritu.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Educar en las barriadas creando nuevas formas para los que no pueden acceder a las instituciones oficiales? &iquest;O esperar que se produzca una &ldquo;revoluci&oacute;n cultural&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        Un recorrido por el trabajo callejero y voluntario que realizan algunas organizaciones me convoca a ser testigo de algunas experiencias solidarias. Se va bordando, enlazando, construyendo puentes con el coraz&oacute;n y con las manos. 
    </p><p class="article-text">
        En esas vivencias con cooperaci&oacute;n hay personas que se cayeron del sistema o, mejor dicho, que fueron expulsadas. Tambi&eacute;n, se encuentran los vecinos que, a pesar de atravesar tambi&eacute;n la escasez material, deciden dar una mano a sus semejantes. 
    </p><p class="article-text">
        Compartir con los dem&aacute;s nos constituye, lo que no significa que no haya quienes, por mezquindad, voracidad, alguna patolog&iacute;a mental y falta de sensibilidad son indiferentes a las necesidades de sus semejantes. El individualismo est&aacute; cada vez m&aacute;s de moda. Una moda triste que debe cambiar.
    </p><p class="article-text">
        No se trata ac&aacute; de dilucidar como llegamos al escenario actual, aunque es evidente que la apropiaci&oacute;n de la riqueza por parte de unos pocos, un gobierno que favorece la quita de derechos b&aacute;sicos, la toma alocada de deuda externa y la ausencia de una Justicia productiva y distributiva estar&iacute;an entre las causas. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que me interesa es poner la lupa en el funcionamiento de algunos sustitutos del estado ausente, cuyo peque&ntilde;o gran poder tiene como destino beneficiar a los m&aacute;s vulnerados, aunque no alcanza.
    </p><p class="article-text">
        <em>El Volun</em> nace en 2019, &ldquo;cuando se cierra el voluntariado del Hospital de Cl&iacute;nicas y empezamos a salir con changuitos por la avenida Corrientes para distribuir sandwichitos, ropa y kits de higiene hasta que se complic&oacute; por la pandemia&rdquo;, cuenta Miranda Carini Levit, integrante de la ONG.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Como ten&iacute;amos ganas de tener un punto fijo, nos unimos al Centro Cultural La Ronda, que es recopado. Empezamos a cocinar en Caballito y nos ubicamos los viernes en Plaza Flores. Al comienzo, &eacute;ramos cuatro o cinco entregando unas quince viandas y hoy somos sesenta, cada domingo, repartiendo entre cien y ciento cincuenta. Los viernes preparamos meriendas de sesenta kilos de facturas y 50 litros de bebida caliente. Lo hacemos de 17.30 a 19.30, junto a otra organizaci&oacute;n que se llama Flores Emerge que, a su vez, arma una merienda los martes, cuando tambi&eacute;n colaboramos. Nuestra propuesta es compartir con la gente que pasa y con los vecinos. Adem&aacute;s, tenemos ajedrez gratis y actividades en fechas especiales. Para el D&iacute;a del Ni&ntilde;o hubo panchos, metegol, maquillaje y juguetes nuevos de regalo que aport&oacute; Juegos del Caracol. El 31 de octubre celebraremos Halloween, con premios a los mejores disfraces y con una barra solidaria. Contamos con la colaboraci&oacute;n de algunas Pymes y comercios del barrio. Tenemos una log&iacute;stica de traslado de heladeras y dem&aacute;s. Tambi&eacute;n se puede colaborar a <em>alias EL.VOLUN</em> y nuestro <em>Instagram es @elvolun</em>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Miranda destaca que &ldquo;Queremos que las comidas sean sabrosas y que est&eacute;n bien presentadas. Cada mes y medio armamos una charla para los voluntarios ingresantes. Les transmitimos nuestros valores, funcionamiento, objetivos. Pedimos un m&iacute;nimo de compromiso al mes y tenemos pr&aacute;cticamente prohibida la voz pasiva, es decir el habr&iacute;a que. Nos autogestionamos, no nos banca ning&uacute;n partido pol&iacute;tico ni religi&oacute;n&rdquo;. &nbsp;&nbsp;Los estudiantes de Isla Maciel, en el Dock Sud de Avellaneda, crearon m&aacute;s de mil murales en las fachadas de las casas, como efecto del proyecto art&iacute;stico y social <em>Pint&oacute; la isla</em>, surgido hace unos diez a&ntilde;os. Hace un par de semanas, las calles fueron la sede del Primer Encuentro Internacional de Turismo Comunitario, algo que pocos hubieran imaginado tiempo atr&aacute;s. A la vera del Riachuelo, tras atravesar el Puente Transbordador Nicol&aacute;s Avellaneda, llegaron gestores viajeros de otras partes de Am&eacute;rica Latina que asistieron a una experiencia de valorizaci&oacute;n de lo propio. Los isle&ntilde;os atraen as&iacute; a un turismo local y del exterior, d&aacute;ndole un plus de belleza a su h&aacute;bitat y activando el comercio. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La identidad de la isla est&aacute; ligada al tango y a la cumbia, a la actividad portuaria de otros tiempos y a la memoria de los inmigrantes y los conventillos. Las visitas organizadas por los moradores actuales convocan a variadas caminatas que rescatan el presente y la historia de Maciel para contarse a s&iacute; mismos. Reciben donaciones de pinturas y pinceles, escribiendo a su IG @museocomunitario
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Empec&eacute; yo y despu&eacute;s se sumaron mis hijos, fue sanador&rdquo;, dice R<strong>omina Caba&ntilde;a Vargas</strong>. &ldquo;Me siento muy orgullosa de vivir en este lugar de la Argentina, aunque muchos opinen con desprecio que es una villa miseria. Cuesta llegar a fin de mes para sostenernos, pero me gusta mucho hablarles a los dem&aacute;s de nuestro barrio. Antiguamente era empleada dom&eacute;stica y dec&iacute;an: se cree gu&iacute;a tur&iacute;stica, alguien superior y antes limpiaba mi casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la Facultad de Agronom&iacute;a de la UBA, entre ceibos, pinos, aguaribayes y sembrad&iacute;os, se juntan los Vecinos en Flor. Realizan capacitaciones gratuitas de cultivo, huerta, compostaje y jardiner&iacute;a, promoviendo la inclusi&oacute;n laboral y la autonom&iacute;a de personas con discapacidad a trav&eacute;s del trabajo con la tierra&ldquo;. <strong>Florencia Calonge</strong>, coordinadora de discapacidad, explica que buscan &rdquo;que cada participante encuentre un lugar para aportar y crecer junto a otros. Trabajamos desde una mirada que no infantiliza, sino que reconoce los deseos y las ganas de construir&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Anal&iacute;a Cobas</strong> llega con su bicicleta al predio de la facultad de la UBA y cuenta que &ldquo;ac&aacute; se aprende a cuidar el medio ambiente, darle continuidad a la producci&oacute;n sustentable y a la producci&oacute;n de plantas arom&aacute;ticas y nativas. Hay visitas guiadas una vez por mes y en este momento tan dif&iacute;cil buscamos donaciones de materiales, herramientas e insumos. Para colaborar, hay que acercarse a avenida Beir&oacute; 2424. CABA.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/vecinos-solidarios_129_13559715.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Oct 2026 14:36:56 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recuerdos de un payaso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/recuerdos-payaso_129_13540440.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/30d09eb8-4dd8-4407-be11-62235f1962f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x649y136.jpg" width="1200" height="675" alt="Recuerdos de un payaso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Alberto Olmedo es parte indiscutida de la cultura popular argentina, con sus virtudes y defectos. Una obra teatral ahora rescata al actor que murió trágicamente, espejando las contradicciones de la identidad, las convergencias y divergencias de nuestra sociedad.</p></div><p class="article-text">
        Aunque fue en la llamada D&eacute;cada Ganada, cuando la palabra grieta se torn&oacute; de uso frecuente y con una circulaci&oacute;n in&eacute;dita hasta entonces, la fractura entre los argentinos es muy anterior. Se remonta a los tiempos de la primera colonia y la Revoluci&oacute;n de Mayo. Y a&uacute;n m&aacute;s atr&aacute;s en la Historia. &iquest;O acaso no fueron los conquistadores, esos &ldquo;adelantados&rdquo;, los que vinieron a inaugurar la polarizaci&oacute;n imponi&eacute;ndose por la fuerza a los pueblos originario y desconociendo su cultura?
    </p><p class="article-text">
        Ese abismo de gran magnitud es lo que se conoce como clasismo, brecha de g&eacute;nero, racismo. Una fisura que se manifiesta tanto en la vida material como simb&oacute;lica. En uno de los m&aacute;rgenes de esa antinomia se va construyendo la cultura popular, que surge de abajo hacia arriba; en el otro la Alta Cultura, proveniente de la fascinaci&oacute;n de las elites criollas por las producciones del hemisferio Norte. La realidad, de todos modos, es inaprensible desde un pensamiento maniqueo y sobrepasa cualquier esquema r&iacute;gido. La cultura es mestiza, impura, nunca es homog&eacute;nea. 
    </p><p class="article-text">
        El binarismo es moneda corriente en una sociedad m&aacute;s inclinada a percibir las cosas en blanco y negro que a intentar desentra&ntilde;ar la complejidad. Nos vestimos con camisetas de colores absolutos. Desde las est&eacute;ticas dogm&aacute;ticas y fragmentadas, parece dif&iacute;cil encontrar una s&iacute;ntesis superadora, que admita la posibilidad de albergar las diferencias sin conflicto.
    </p><p class="article-text">
        La cultura de masas es la que podr&iacute;a definirse &ldquo;por la potencia para lograr una l&iacute;nea que atraviesa a todos los sectores&rdquo;, dice Mart&iacute;n Kohan y toma la reconversi&oacute;n de la cumbia, un tipo de m&uacute;sica, que &ldquo;siempre fue propio de los sectores populares y hoy es escuchada y bailada por todos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el &aacute;rea de la actuaci&oacute;n, tuvo que pasar bastante tiempo para que, por caso, un actor como <strong>Alberto Olmedo</strong> fuera valorado por los importadores del buen gusto. Es cierto que muchos de sus sketches ten&iacute;an una fuerte impronta sexista, con las mujeres convertidas en objeto. Si se los emitiera la televisi&oacute;n de hoy, probablemente ser&iacute;an cancelados. Pero en su tiempo, esa clase de machismo con bebotas/rubias taradas estaba naturalizado. Ahora resultar&iacute;a insostenible, porque muchas y muchos hemos sido reeducados en el feminismo y ya no nos reir&iacute;amos de la cosificaci&oacute;n. Es que nuestras emociones tambi&eacute;n son hist&oacute;ricas. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los setenta, el sujeto pueblo consum&iacute;a sin pudor los programas del Negro, que lleg&oacute; a convertirse en un mito por su muerte temprana, en la cima de su carrera. Como ocurr&iacute;a con las telenovelas de <strong>Alberto Migr&eacute;</strong> o las canciones de <strong>Sandro</strong>, se dec&iacute;a que esas &ldquo;mersadas&rdquo; les gustaban a &ldquo;los obreros y las sirvientitas&rdquo;, mientras los intelectuales las despreciaban. Pero buena parte del medio pelo avergonzado tambi&eacute;n formaba parte del p&uacute;blico, claro que a escondidas, hasta que lleg&oacute; la ola de reivindicar lo vintage.
    </p><p class="article-text">
        En ese juego de construcci&oacute;n de las identidades y diferencias surge ahora la obra teatral <em>Yo, Olmedo</em>, que nos devuelve una mirada renovada sobre el creador de capit&aacute;n Piluso, el dictador de Costa Pobre y Chiquito Reyes, esos personajes con los que teji&oacute; su cercan&iacute;a con la audiencia mediante la improvisaci&oacute;n, la ternura y el absurdo.
    </p><p class="article-text">
        Un hombre (encarnado por <strong>Manuel Longueira</strong>) es detenido por la polic&iacute;a por pintar un grafiti en la v&iacute;a p&uacute;blica. Intentan convencerlo de que no es el capoc&oacute;mico y la Justicia le impone un tratamiento terap&eacute;utico con la doctora Jouvet (<strong>Jessica Schultz</strong>), que intentar&aacute; mostrarle su error. En la sesi&oacute;n aparecen los ecos de esa &eacute;poca del espect&aacute;culo criollo en la que Olmedo se destac&oacute; por un humor que mostraba el detr&aacute;s de escena, las costuras e hilvanes de la televisi&oacute;n. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La obra sobre el &iacute;dolo popular fue escrita por <strong>Florencia Aroldi</strong> y la dirige <strong>Antonio C&eacute;lico</strong> (el mismo equipo de la brillante <em>Prestame tu sue&ntilde;o</em>), en El Port&oacute;n de S&aacute;nchez. El p&uacute;blico sale del teatro emocionado, revisando si somos quienes queremos ser. &ldquo;La composici&oacute;n de Manolo es enorme, su parecido f&iacute;sico y su humor inspiraron mi escritura y estuve siempre en los ensayos, en la b&uacute;squeda de una meta teatralidad, que fue lo que invent&oacute; Olmedo&rdquo;, cuenta la dramaturga. &ldquo;Sent&iacute;a algo pendiente, por mi amor hacia &eacute;l y porque es parte de nuestra idiosincrasia, de nuestra argentinidad. Como dice la frase: escribo para vengar su muerte. El teatro nos da la posibilidad de traer a los que no est&aacute;n, en su caso, a quien jugaba con el juego, corriendo la l&iacute;nea de la ficci&oacute;n y lo real. Su humor le permiti&oacute; sobrevivir cuando lleg&oacute; desde Pichincha, un pueblo muy pobre. Fue muy generoso d&aacute;ndoles aire en la pantalla a actores que no eran primeras figuras y muy agradecido por tener el plato de comida en la mesa. Siempre me pregunt&eacute; si su tr&aacute;gica muerte fue el destino o un accidente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Como el personaje que interpreto cree ser Olmedo y lo copia en todo, tuvimos que investigar meticulosamente sus ritmos, sus maneras, sus formas&rdquo;, cuenta Longueira. &ldquo;Su gran aporte fue romper con la ficci&oacute;n, incorporar a los cameraman, exponer el artificio, proponer cosas todo el tiempo como si no alcanzara el texto. Fueron recursos que despu&eacute;s se recuperaron en Todo por dos pesos y Chachach&aacute;, especialmente con Capusotto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se lo asocia mucho a la revista y a lo soez, aunque nunca hubo una mala palabra en su repertorio. Sus primeros &eacute;xitos fueron trabajos para chicos, convocaba a las cinco de la tarde a tomar la leche, era muy amplio. En cambio, en el teatro, estaba m&aacute;s encorsetado en un libreto y tenia menos permisos. Ah&iacute; no era tan efectivo, fue lo que menos me atrajo. Entonces, no tuvo los cuestionamientos que podr&iacute;a tener hoy. Si vamos a la cumbia, el perreo, el reguet&oacute;n, otras expresiones populares, son mucho m&aacute;s sexistas. Por otro lado, me recuerda a Maradona por su origen social. La madre de Olmedo lo tuvo muy joven, el padre estuvo ausente, casi se cri&oacute; en la calle y lleg&oacute; adonde lleg&oacute; a puro talento, lo cual es admirable. Son muy pocos los tocados por la varita, aunque su muerte fue la paradoja del payaso, entre el humor y la tragedia, cerrando un c&iacute;rculo entre vicioso y virtuoso en funci&oacute;n del mito&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/recuerdos-payaso_129_13540440.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Sep 2026 12:29:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Recuerdos de un payaso]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El horror, el dolor, el amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/horror-dolor-amor_129_13523149.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b78783c7-569c-423d-8bfd-a23d45751c25_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x510y250.jpg" width="1200" height="675" alt="El horror, el dolor, el amor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La periodista Carolina Fernández adaptó Putamadre junto a Tere Donato. Es una novela de autoficción en la que cuenta el sufrimiento que le provoca la detención de su hijo. ¿Qué ocurre cuando la maternidad “sale mal”? La obra de teatro a dos voces se estrena en una de las salas de Dumont 4040, el viernes 2 de octubre.</p></div><p class="article-text">
        Al alambrado lo coronaron con unas p&uacute;as. Cada cierta cantidad de metros, al tejido met&aacute;lico lo sostiene una columna de cemento. Nadie podr&iacute;a imaginar un escape. O s&iacute;. Ah&iacute; est&aacute; el hijo; afuera, la mam&aacute;. Baja la pizarra para anunciar la pr&oacute;xima escena del rodaje Alguien pregunta -s&oacute;lo se ven las botas del milico- y Carolina responde: &ldquo;es la historia de Santiago&rdquo;. El joven se encuentra con ella y se abrazan.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando lo miro de afuera pienso que fue un delirio. Ahora lo est&aacute;n filmando&rdquo;, se r&iacute;e &eacute;l. &nbsp;Sentado, confecciona una lista: yerba, prepizza&hellip; &iquest;Me pas&aacute;s la toalla? El c&aacute;mara filma. &ldquo;Me est&aacute;s preguntando cosas raras y no s&eacute; qu&eacute; responder&rdquo;. El joven, tatuaje en el rostro, pelo cort&iacute;simo, da una pitada y el humo le tapa la cara. &ldquo;Tengo la mejor mam&aacute; del mundo&rdquo;, le dicta Carolina. &ldquo;Ella quer&iacute;a que diga eso, qu&eacute; est&uacute;pida&rdquo;, se vuelve a reir.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;sta y otras escenas audiovisuales ser&aacute;n el tel&oacute;n de fondo de <em>Putamadre</em>, la adaptaci&oacute;n al teatro de la novela de auto ficci&oacute;n que la actriz, escritora y periodista <strong>Carolina Fern&aacute;ndez</strong> public&oacute; despu&eacute;s de que su hijo fuera detenido. Pasaron cinco a&ntilde;os y muy pronto el p&uacute;blico podr&aacute; asistir a la puesta, que se estrena en una de las salas de Dumont 4040, con coguionada por <strong>Tere Donato</strong> (<em>Mi vida anterior</em>) y dirigida por <strong>Felicitas Kamien</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        En el derrotero de aceptaci&oacute;n radical en el que la madre intenta sostener a un hijo al que el horror lo alcanz&oacute; demasiado pronto y un hijo que sobrevive a una madre que desea morir se expresan las fallas de un sistema que expulsa a quienes no encajan. Caro y Santi inventan un universo, en los bordes del escenario, de las internaciones, de la c&aacute;rcel.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Decid&iacute; contar mi historia por supervivencia y porque desde el arte encuentro la manera de demostrar los pliegues, sombras y lo enloquecedor que es el sistema no s&oacute;lo para alguien que tiene dificultades en la maternidad&rdquo;, me cuenta esta colega y compa&ntilde;era de oficio. &ldquo;Cada vez que a los periodistas nos cuentan una historia en primera persona vemos que las fallas las provocan un engranaje oxidado. Somos bichitos enredados en una telara&ntilde;a bestial y a veces irreversible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La iron&iacute;a y el humor est&aacute;n presentes en la pieza. Con la autoficci&oacute;n se borran los l&iacute;mites entre realidad y fantas&iacute;a. &ldquo;Me hace bien ponerle el cuerpo a una historia que es dolorosa. Tenemos momentos de felicidad con mi hijo y el v&iacute;nculo. &Eacute;l me despierta cada d&iacute;a dici&eacute;ndome <em>Buen d&iacute;a, te amo</em>. Es lo que nos toc&oacute;, aunque por momentos nos caemos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dirigir esta obra fue muy particular, no hab&iacute;a tenido experiencia con un biodrama, en el que los protagonistas interpretan la obra. El desaf&iacute;o era y es enorme, in&eacute;dito. Me concentr&eacute; en lograr que esa materialidad del relato tuviera potencia teatral&ldquo;, cuenta Felicitas Kamien, la directora. &nbsp;&rdquo;Intent&eacute; no meter sus vidas como espect&aacute;culo, que la ficcionalidad estuviera por delante. La premisa del recorrido fue obtener una textura y temperatura teatral&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi trabajo es maniobrar, manejar, entender, administrar la energ&iacute;a de las personas. La actuaci&oacute;n est&aacute; muy viva con sus cuerpos, emociones, intelectos a flor de piel. Ac&aacute;, en la narraci&oacute;n y el contacto esc&eacute;nico, est&aacute;n muy presentes sus vidas, el color y la crudeza. Hay un desaf&iacute;o en la construcci&oacute;n: la verdad, con matices de ficci&oacute;n. Esta fue una invitaci&oacute;n a encontrar el lenguaje por encima de lo real. Este menjunje con el que coquete&eacute; en los ensayos tiene un resultado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al escribir la novela, Fern&aacute;ndez le ley&oacute; algunos cap&iacute;tulos a su hijo. &ldquo;Lo necesit&aacute;bamos porque tiene lo difuso de la autoficci&oacute;n, Santi me hac&iacute;a devoluciones, preguntaba, me dec&iacute;a lo que s&iacute; y lo que no &hellip; Yo participo porque quiero tener un proyecto con vos, me dijo. Te quiero ayudar a cumplir tu sue&ntilde;o de actuar. Tambi&eacute;n hago esto por &eacute;l, porque le puede ayudar. Nos divertimos y creamos, con el deseo de uno salvar al otro, aunque no hay v&iacute;ctimas ni victimarios. Nos ofrecemos a coraz&oacute;n abierto con todas las idas y vueltas, en el torpe intento de rescatarnos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se encontraron en el arte, en el juego, con una nueva manera de estar cerca en un contexto muy duro. &ldquo;Que est&eacute; privado de su libertad desde hace cinco a&ntilde;os es tremendo, no tendr&iacute;a que estar preso. Pero est&aacute; bien, en una unidad modelo con un pabell&oacute;n que est&aacute; quedando lindo, con talleres literarios, de trabajadores&hellip; La escenograf&iacute;a la hicieron en el de herrer&iacute;a. Santi es un buen l&iacute;der, arma equipo, ahora arrancan con sublimaci&oacute;n y macetas de cemento, talleres aprobados por el servicio penitenciario. Ellos conviven en celdas peque&ntilde;as con mucha gente y generan c&oacute;digos y cuero, es muy complejo, aunque lo logran. Lo van a ver en la obra. No estoy sola en la obra, est&aacute; mi hijo y se van a despejar todas las dudas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Kamien admite que el proyecto le quita el sue&ntilde;o. &ldquo;Apenas empec&eacute; a leer el texto me interpel&oacute; muy directamente con relaci&oacute;n a la maternidad, lo vincular, el lazo. Se dispar&oacute; toda la humanidad con todos sus colores y se cuestiona la moralidad. Nunca terminamos de entender qu&eacute; esta bien o mal, qui&eacute;n tuvo la culpa, a quien queremos, a quien condenamos. Estamos zigzagueando, es inc&oacute;modo para el que mira, no es ni est&aacute;tico ni conocido. Como artista es muy atractivo atravesar esos lugares&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando empezamos a trabajar la llam&eacute; a Tere y me dijo que la actriz ten&iacute;a que ser yo. <strong>Claudio Plano</strong>, alguien muy sensible y con una visi&oacute;n de empresario, la quiso producir. En principio pens&eacute; en mi amiga <strong>Sof&iacute;a Gala</strong> como protagonista, porque es la mejor y conoce a Santi desde chiquito. Sof&iacute;a es un mujer bella y rota, como muchas, y es una contestataria. Le ve los hilos al sistema y tambi&eacute;n le cuesta el mundo. Santi, con su sonrisa, me dijo que le gustaba ser el coprotagonista. Ped&iacute; los permisos y avanzamos en la filmaci&oacute;n. Con Feli se me abri&oacute; el mundo, pese al miedo volv&iacute; al escenario, me sent&iacute; segura. Me preguntaba: &iquest;ser&eacute; muy mala actriz? Es una espinita que todav&iacute;a tengo&rdquo;. &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF&nbsp;</em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/horror-dolor-amor_129_13523149.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Sep 2026 12:47:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El horror, el dolor, el amor]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escúchame entre el ruido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escuchame-ruido_129_13489828.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2e080633-25db-4232-afa1-df48db39d195_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escúchame entre el ruido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con los oídos muy abiertos, los docentes de Artes de la Escritura enseñan en sus aulas a leer y escuchar. Engordan las herramientas para la poesía, los guiones y la narrativa.</p></div><p class="article-text">
        En <em>Treinta minutos de vida</em>, <strong>Moris</strong> canta &ldquo;Esc&uacute;chame entre el ruido&rdquo;: <em>Esc&uacute;chame hermano entre este ruido actual, hermano te lo pido ay&uacute;dame a seguir, no esperes que te entiendan por qu&eacute; lo habr&iacute;an de hacer, son s&oacute;lo maquinitas que no pueden fallar, las m&aacute;quinas fabrican frases para vivir y todos repetimos sin nunca descubrir la libertad del hombre no era de metal, la m&aacute;quina triunf&oacute; y el hombre se acab&oacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es el ruido de esta &eacute;poca? &iquest;Hay algo de belleza en &eacute;l? &iquest;Por qu&eacute; permanece si es una amenaza? &iquest;Podemos rescatarnos?
    </p><p class="article-text">
        Conoc&iacute; a <strong>Sebasti&aacute;n Hacher</strong>, autor del reciente libro <em>Cicuta para los o&iacute;dos</em>, como estudiante de la carrera Artes de la Escritura. Fue mi docente de Cr&oacute;nica, una materia que aprendi&oacute; junto a la maestra <strong>Mar&iacute;a Moreno</strong>. Me sorprendi&oacute; que tuvi&eacute;ramos en com&uacute;n el amor y el oficio del bordado. Texto: textil. Yo cre&iacute;a hasta entonces que esa t&eacute;cnica primorosa y dom&eacute;stica era patrimonio exclusivo de las mujeres. Qu&eacute; prejuicio enorme para una feminista. Ambos somos del oeste. &Eacute;l naci&oacute; en Ciudadela, yo en Haedo, el conurbano.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo que un mi&eacute;rcoles del cuatrimeste nos avis&oacute; que la pr&oacute;xima semana no nos encontrar&iacute;amos en el aula. Se ir&iacute;a de viaje para tomar encontrarse con esos otros, los animales, las mujeres, los hombres, y tomar apuntes para un libro.  
    </p><p class="article-text">
        En nuestras clases de loa Universidad Nacional de las Artes, me sugiri&oacute; algunas herramientas valiosas para corregir y enriquecer la cr&oacute;nica que escrib&iacute; sobre la vida como verdulera de Irma, la mujer que fue esposa del Pastor Gim&eacute;nez. La hab&iacute;a ido a buscar a Santa Teresita, donde vive mi amiga Bel&eacute;n, que me dio el dato y aunque opuso bastante resistencia para hablar, afloj&oacute; la lengua y la emoci&oacute;n. Nunca publiqu&eacute; esa cr&oacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Hacher hab&iacute;a bordado como una forma de intervenci&oacute;n hist&oacute;rica y pol&iacute;tica. Es un hombre de la trama y la urdimbre. Tom&oacute; fotograf&iacute;as de la comunidad mapuche y con mucha paciencia les puso hilos de colores a la tragedia del genocidio: este pueblo originario fue forzado a abandonar su territorio para que el Perito Moreno los encerrara y exhibiera en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; sonidos molestos escucharon durante el trayecto venenoso que hicieron a pie? 
    </p><p class="article-text">
        El escritor y bordador les restituy&oacute; a Inakayal y su gente los colores de su vida en la naturaleza patag&oacute;nica. Mientras tanto, yo bordaba escenas de gordas, sometidas al terrorismo contra los cuerpos de las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, Hacher nos ofrece una experiencia generosa de palabras y trama. Cuenta, como lo hizo con m&uacute;sica <strong>Mauricio Birabent</strong>, una historia sobre el ruido. <em>Cicuta para los o&iacute;dos</em> fue editado por Eterna Cadencia. Narra la salida da la ciudad para irse al campo a vivir la tranquilidad y la demora del tiempo, otro tejido sonoro. All&iacute; sucede el encuentro antropol&oacute;gico donde los saberes dispares carecen se intercambian con el mismo valor para el sujeto de la urbe y el de la naturaleza. &ldquo;Borda y dibuja lejos de la crudeza sonora de la ciudad&rdquo;, dice Moreno en la contratapa de Cicuta.
    </p><p class="article-text">
        Otra maestra de la facultad, <strong>Gloria Peirano</strong> (autora de <em>La ruta de los hospitales</em> y <em>Miramar</em>) film&oacute; con <strong>Gustavo Font&aacute;n</strong>, su compa&ntilde;ero, el <em>Hospital Brit&aacute;nico</em> del <strong>H&eacute;ctor Viel T&eacute;mperley</strong>. Tambi&eacute;n se trata de un acercamiento a la naturaleza, a los versos del poeta nadador. El largometraje tuvo su premier en el Festival Internacional de Marsella. Se presenta el viernes 24 en la sala Leopoldo Lugones, el Complejo Teatral de Buenos Aires.
    </p><p class="article-text">
        El filme es un ensayo, un acercamiento a la vida y la obra del autor de esos versos sencillos y magn&iacute;ficos: <em>Echarse atr&aacute;s. Si el amor fuera un mar, una diosa nodriza, un tragaluz. Si otra vez el vac&iacute;o de la foto se llenara de p&aacute;jaros</em> y <em>El verano en que resucitemos tendr&aacute; un molino cerca con un chorro blanqu&iacute;simo sepultado en la vena.</em>
    </p><p class="article-text">
        No es arbitrario que aparezcan flores y p&aacute;jaros, &aacute;rboles y cielo. Son el coraz&oacute;n m&iacute;stico y epif&aacute;nico de Viel. El bardo, uno de los mejores del siglo veinte, estuvo internado en el hospital cuando lo operaron de la cabeza por un tumor. Camin&oacute; por el jard&iacute;n y sinti&oacute; la presencia de lo divino. La pel&iacute;cula muestra im&aacute;genes luminosas de los paisajes de La Pampa, que Viel visita &ldquo;sacado del mundo&rdquo;. Se completa con la polifon&iacute;a de <strong>Alicia Genovese</strong>, <strong>Teresa Arij&oacute;n</strong> y <strong>Juli&aacute;n L&oacute;pez</strong>.
    </p><p class="article-text">
        L&oacute;pez, otro maestro de la carrera, acaba de sacar la novela <em>Las iracundas</em>, que trata sobre una vieja narradora que escribe de manera epistolar sobre su amante. En el barco, que funciona como residencia art&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        Nos conocimos cuando &eacute;l vend&iacute;a juguetes en una galer&iacute;a de Once y yo unos sweaters que casi nadie compraba. A Juli&aacute;n le gustaba jugar con esos objetos como ahora juega inventado f&aacute;bulas. &Eacute;ramos muy j&oacute;venes, reci&eacute;n terminaba la Guerra de Malvinas y cantaba &ldquo;Yo quer&iacute;a ser mayor&rdquo;, que o&iacute;amos por un altoparlante. La canci&oacute;n &ldquo;Para Victoria&rdquo;, &ldquo;Este es un tiempo y tu momento&rdquo;, hab&iacute;a atravesado mi adolescencia con &ldquo;un cielo azul de golondrinas&rdquo;. Nos aburr&iacute;amos con L&oacute;pez y convers&aacute;bamos sobre qu&eacute; har&iacute;amos en el futuro. Empleados de comercio no estaba en nuestros planes.
    </p><p class="article-text">
        Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, con una novela a medias, me sugiri&oacute; que me inscribiera en Artes de la Escritura. Fue una idea acertada. Hoy curso en el edificio de Bartolom&eacute; Mitre y Callao, donde asisten otros periodistas, veteranos de las redacciones que quieren aprender otro tipo de escritura.
    </p><p class="article-text">
        Alumna es un sustantivo com&uacute;n: voy regularmente a la sede universitaria donde, tal como indican la pr&aacute;ctica y la etimolog&iacute;a, los profesores iluminan. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF  </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/escuchame-ruido_129_13489828.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Sep 2026 14:13:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Escúchame entre el ruido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Moris,Sebastián Hacher,María Moreno]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Con o sin emoción?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/emocion_129_13474340.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/288250b1-641e-41b6-a54e-38ec2e515e40_16-9-discover-aspect-ratio_default_1150094.jpg" width="952" height="536" alt="¿Con o sin emoción?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cumplen 70 años de la muerte de Bertold Brecht. Qué legado nos dejó el dramaturgo alemán?</p></div><p class="article-text">
        Con un padre marxista y actor, era frecuente escuchar en mi casa de la infancia algunas l&iacute;neas de di&aacute;logo de los personajes de <strong>Bertold Brecht</strong> que le toc&oacute; interpretar. 
    </p><p class="article-text">
        Eran los ensayos dom&eacute;sticos que experiment&aacute;bamos mis hermanas y yo, dando vuelta las p&aacute;ginas de los libretos tipeados en m&aacute;quinas de escribir, para que nuestro padre probara la agilidad de su memoria, el buen desempe&ntilde;o en sus roles y cumpliera adem&aacute;s con el deber de un militante materialista y dial&eacute;ctico. El dramaturgo alem&aacute;n era una s&oacute;lida visita inmaterial, como si fuera el fantasma de un t&iacute;o fallecido, que nos ven&iacute;a a revelar ideas luminosas, como que la Historia se repite, la  primera vez como tragedia y la segunda como farsa. En la Argentina de hoy, ser&iacute;a como farsa tr&aacute;gica. 
    </p><p class="article-text">
        De aquel hombre de flequillo y lentes, autor de <em>Madre Coraje y sus hijos</em> y de <em>La &Oacute;pera de tres centavos</em>, se cumplen setenta a&ntilde;os de la muerte. Con esa excusa, la directora y docente teatral <strong>Julieta Grinspan</strong> tom&oacute; el aniversario para revisitarlo con las Jornadas &Eacute;picas: &ldquo;Brecht aport&oacute; la idea de que existen otras maneras de ser y hacer en las artes esc&eacute;nicas, no s&oacute;lo la tradicional. Y fue un pionero. Quisimos mirar de cerca sus pasos,<em> </em>motivados por la fecha. El teatro de Brecht busca desnaturalizar lo que percibimos como natural. Mueve a que podamos ver lo extraordinario en lo cotidiano y se asienta en la posibilidad de que la realidad pueda ser transformable. Ese es el camino largo ya no en l&iacute;nea recta, sino a los saltos, aunque no siempre exista la voluntad de transitarlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El hombre que form&oacute; binomio creativo con el m&uacute;sico <strong>Kurt Weill</strong>, el mismo que jugaba met&oacute;dicamente al ajedrez y tocaba el la&uacute;d en su primera juventud, comenz&oacute; a leer <em>El Capital</em> en 1926, exactamente hace un siglo, una obra monumental y situada, que ensambla la econom&iacute;a con la pol&iacute;tica y marc&oacute; para siempre su producci&oacute;n est&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Como otros artistas compatriotas, Brecht huy&oacute; del nazismo, viajando a los Estados Unidos y se separ&oacute; de su primera mujer, quien adhiri&oacute; al r&eacute;gimen de Hitler.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que con el tiempo ciertas ideas envejecen, sobre todo si se las repite dogm&aacute;ticamente. Pero no siempre sucede, sobre todo cuando las nuevas generaciones son capaces de recuperar su esp&iacute;ritu de cambio, su ampliaci&oacute;n y adaptaci&oacute;n no forzada en nuevos contextos. No es que neguemos la derechizaci&oacute;n global, pero los procesos de la Humanidad no son fijos y la relaci&oacute;n de fuerzas din&aacute;mica. &ldquo;&Eacute;ste es un momento especial para conmemorarlo: nos indica la urgencia de repensarnos en t&eacute;rminos art&iacute;sticos, sociales, pol&iacute;ticos y culturales&rdquo;. Se cumplen 70 a&ntilde;os &iquest;sin Brecht? &ldquo;No, desmiente Grinspan, su legado nos advierte que debemos mantenernos despiertos. Por eso, lo trajimos a trav&eacute;s de encuentros y debates que ponen la lupa en lo extraordinario de lo cotidiano&rdquo;, renovando las lecturas en torno a su obra.
    </p><p class="article-text">
        En paralelo, en el Teatro Alvear, con coproducci&oacute;n entre el Complejo Teatral de  Buenos Aires y el Teatro Col&oacute;n, se est&aacute; dando una nueva versi&oacute;n de <em>La &Oacute;pera de tres centavo</em> en una traducci&oacute;n de <strong>Onofre Lovero</strong>, uno de los primeros en poner a Brecht en los escenarios porte&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        La pedagog&iacute;a de Brecht form&oacute; parte de un momento particular del pa&iacute;s en el que, inmerso en las discusiones culturales e ideol&oacute;gicas, se pari&oacute; el teatro independiente y se articul&oacute; lo pol&iacute;tico con la actuaci&oacute;n, el texto, los cuerpos, para que el trabajo en la escena no sea mero entretenimiento, no distraiga ni emocione al p&uacute;blico ya que las sensaciones y sentimientos, pueden opacar la raz&oacute;n, base de la conciencia revolucionaria.
    </p><p class="article-text">
        No es que el suyo haya sido un realismo social, al estilo sovi&eacute;tico. En lo absoluto, rompi&oacute; con el sentido com&uacute;n, el m&aacute;s com&uacute;n de los sentidos, invitando a leer el rev&eacute;s de la trama. Existe un eco, alguna resonancia brechtiano en el espectador actual? &iquest;Qu&eacute; hilos arrojaron y sobreviven hoy para darle continuidad en el contexto adverso y hostil con que el gobierno maltrata a la cultura? &iquest;Funciona su dramaturgia 
    </p><p class="article-text">
        como un espacio de pensamiento, de goce y de transformaci&oacute;n?, se pregunta la organizadora de las Jornadas &Eacute;picas. &ldquo;Tal vez el desaf&iacute;o sea interrogarnos para qu&eacute; y de qu&eacute; manera lo traemos. Lo que no sabremos nunca es qu&eacute; dir&iacute;a Brecht sobre el trabajo f&iacute;sico, ese lenguaje maravilloso de algunos colegas de hoy. Chaplin fue uno de sus actores de referencia y quiz&aacute;s el creador de Galileo lo acompa&ntilde;ar&iacute;a con el clarinete,  sonreir&iacute;a, se limpiar&iacute;a los anteojos. En cuanto a su legado, me gusta pensarlo como una invitaci&oacute;n a gestar pensamiento cr&iacute;tico, no reproductivo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El setenta aniversario supone una apertura en los derechos de representaci&oacute;n y es posible que los herederos art&iacute;sticos se multipliquen &ldquo;en otras formas, otros colores, que remitan a &eacute;l, pero que no sean un sistema de creencias cristalizado&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Podr&iacute;amos afirmar que lo est&eacute;tico estuvo en alg&uacute;n momento escindido de lo pol&iacute;tico?  &ldquo;Basta con estar inmerso en la ciudad y producir, apreciar o ser parte de la m&aacute;quina teatral para constatar que lo pol&iacute;tico va a definir siempre, lo admitamos o no&rdquo;.  Dice un poema que el analfabeto pol&iacute;tico es tan burro, que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que no le interesa la pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Esa negaci&oacute;n abruma tanto como el efecto que provoca el plato que se sirve digerido. El cocinero que acompa&ntilde;a en su carromato a Madre Coraje durante la guerra dice que comer hace buena a la gente. El pan es prioridad, tambi&eacute;n los libros encabezan la lista de lo deseable y necesario. Pero se trata de que los combustibles est&eacute;n en buen estado, que el alimento sea sabroso y no huela mal, y que las p&aacute;ginas que viven en las bibliotecas nos abran los ojos.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/emocion_129_13474340.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Aug 2026 12:18:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Con o sin emoción?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bertold Brecht,Kurt Weill]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El arte del encuentro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/arte-encuentro_129_13461646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76237f09-0d39-4a3b-94a9-492033c7fbfd_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149689.jpg" width="1107" height="623" alt="El arte del encuentro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No sólo ocurre en la producción de la obra, sino en lo que sucede cuando se tiende el puente entre el artista, su objeto y el público. "Poéticas del Encuentro" es un ciclo de prácticas que surge de la idea de que la reunión vuelve a ligar esas tres partes.</p></div><p class="article-text">
        El acontecimiento sucede en el espacio Peces, (Santa Elena 442, Barracas), desde el jueves hasta ma&ntilde;ana. Se llama <em>Presentarse: cuerpo, imagen y representaci&oacute;n</em> y es &ldquo;una muestra de objetos donde se pone en relaci&oacute;n obras, artistas, cuerpos, espacio y p&uacute;blico. Es que m&aacute;s all&aacute; del formato tradicional, nos interesa generar situaciones de encuentro, de intercambio y de presencia, donde la exposici&oacute;n pueda transformarse y adquirir otros sentidos a medida que es habitada&rdquo;, me explica la curadora <strong>Sonia Gonz&aacute;lez</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de poner el cuerpo, pero a no asustarse. &ldquo;Cuando alguien decide estar ah&iacute;, aparece, se hace presente. Las producciones ponen en juego la construcci&oacute;n de la identidad, la representaci&oacute;n, el deseo, la memoria, el personaje, la intimidad y las formas en que somos vistos y nos mostramos. &rdquo;No es s&oacute;lo exhibir una obra, sino aparecer frente a otros y asumirlo. El arte es una manera de ensayar c&oacute;mo es nuestra presencia&ldquo;, contin&uacute;a Gonz&aacute;lez.
    </p><p class="article-text">
        En el compromiso corporal, emocional y espiritual que implica esa especie de religi&oacute;n, en el sentido de volver a ligar, &ldquo;aparece la dimensi&oacute;n de la presencia f&iacute;sica aunque tambi&eacute;n la de involucrarse&rdquo;. El encuentro se despliega entre cuerpos; una dimensi&oacute;n afectiva, que implica disponibilidad hacia el otro; y tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n sensible que no siempre podemos explicar racionalmente.
    </p><p class="article-text">
        La idea es recuperar eso que aparece en la experiencia art&iacute;stica cuando dejamos de pensar en algo que se observa y empezamos a pensarla como algo que nos sucede. &ldquo;Hay obras que trabajan sobre el cuerpo, otras sobre la memoria, la historia, el deseo, la identidad, la intimidad, la representaci&oacute;n o el personaje. Lo er&oacute;tico no funciona como un tema aislado, sino como una forma particularmente intensa de poner el cuerpo en relaci&oacute;n con otro.
    </p><p class="article-text">
        Algunas parten de im&aacute;genes hist&oacute;ricas, otras de experiencias personales, otras de ficciones o de imaginarios colectivos. La muestra es una trama de relaciones que se modifica seg&uacute;n el recorrido, el espacio y la presencia de quienes la habitan. &ldquo;No busc&aacute;bamos reunir artistas bajo una &uacute;nica categor&iacute;a ni construir una muestra generacional. Hay trayectorias y lenguajes muy diferentes, y justamente ah&iacute; est&aacute; el desaf&iacute;o: preguntarnos qu&eacute; puede suceder cuando las obras se encuentran con el espacio y con los otros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la Sala 1, <em>Figura / personaje / memoria</em>, aparecen distintas formas de construir y reconstruir im&aacute;genes de nosotros y de los otros, a trav&eacute;s del trabajo de <strong>Marcos L&oacute;pez</strong>, <strong>Julio Lavall&eacute;n</strong>, <strong>Alejandra Fenochio</strong>, <strong>Daniel Santoro</strong>, <strong>Magdalena Jitrik</strong> y <strong>Lux Lindner</strong>, con trayectorias muy diferentes.
    </p><p class="article-text">
        La Sala 2, <em>Cuerpo / objeto / deseo / huella</em>, tiene una presencia m&aacute;s f&iacute;sica y material. Conviven <strong>Nicola Costantino</strong>, <strong>Santiago Erausquin</strong>, <strong>Lul&uacute; Jankilevich</strong>, <strong>Tom&aacute;s Espina</strong> y <strong>Coco Bedoya</strong>, cuyas obras permiten establecer relaciones muy diversas, alrededor del cuerpo, el objeto, la intimidad, el deseo, la transformaci&oacute;n y la representaci&oacute;n no son relaciones obvias: por ejemplo, Nicola Costantino y Tom&aacute;s Espina trabajan desde lenguajes diferentes, pero ambos ponen en tensi&oacute;n el cuerpo y su representaci&oacute;n; y en di&aacute;logo con Coco Bedoya aparecen otras preguntas sobre la transformaci&oacute;n, la imagen y aquello que queda como huella.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No queremos cerrar una &uacute;nica interpretaci&oacute;n, sino descubrir y que cada visitante pueda preguntarse qu&eacute; sucede cuando una obra queda junto a otra, qu&eacute; asociaciones aparecen y qu&eacute; cambia en nuestra mirada cuando pasamos de una a la siguiente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A esa constelaci&oacute;n se suma<strong> Mart&iacute;n Castillo Morales</strong>, que toma el ba&ntilde;o como un cuarto de revelado, surgiendo y sugiriendo cuestiones como la exposici&oacute;n, el deseo, la intimidad, la mirada, el voyeurismo, el juego, la complicidad y la transgresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El prop&oacute;sito no es que la arquitectura de Peces sea un contenedor, sino que el r&eacute;gimen de la exposici&oacute;n se transforme a medida que el participante avanza en el recorrido.
    </p><p class="article-text">
        Por eso Konzept, la muebler&iacute;a vintage ubicada detr&aacute;s de la galer&iacute;a, se incorpora como espacio asociado. All&iacute; est&aacute; la obra de Santiago Erausquin, y durante las activaciones el espacio adquiere otra intensidad, vincul&aacute;ndose con el car&aacute;cter m&aacute;s corporal, nocturno y perform&aacute;tico. Del mismo modo, la cocina, el bar, el patio y los espacios de circulaci&oacute;n&mdash; se transforman durante las activaciones y dejan de funcionar &uacute;nicamente como espacios expositivos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se genera comunidad en Barracas, por la voluntad de vincular el arte con el territorio, como parte de un tejido cultural m&aacute;s amplio. La articulaci&oacute;n con el barrio busca ampliar el encuentro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La selecci&oacute;n de obras es una constelaci&oacute;n con pr&aacute;cticas diferentes que, al encontrarse, pueden producir algo que quiz&aacute;s no estaba all&iacute; antes. 
    </p><p class="article-text">
        En este tiempo de mediaciones virtuales, la presencia adquiere mayor valor. &ldquo;La pandemia aceler&oacute; procesos de digitalizaci&oacute;n que ya ven&iacute;an en marcha: el trabajo remoto, la educaci&oacute;n h&iacute;brida, el comercio electr&oacute;nico, los pagos virtuales y buena parte de la vida cultural pasaron de respuestas excepcionales a formar parte de nuestra cotidianeidad. La paradoja es que estamos hiperconectados y vivimos el aislamiento de estar frente a las pantallas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, en <em>El Pandenauta</em> (2020), de Alejandra Fenochio, la pintura retrata al compa&ntilde;ero de la artista, dentro de una camioneta, cubierto con barbijo, guantes y un elemento que le protege los ojos. No se cancela el encuentro: lo hace posible. &ldquo;El arte tiene ah&iacute; una posibilidad muy potente: producir situaciones de presencia. No porque rechace las pr&aacute;cticas contempor&aacute;neas con las tecnolog&iacute;as, sino porque hay experiencias que suceden en el encuentro entre cuerpos, objetos, espacios y personas a escala: la proximidad, una voz, un sonido, el tiempo que permanecemos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La exposici&oacute;n no termina en las obras, la conversaci&oacute;n tambi&eacute;n forma parte del acontecimiento, se expande la muestra. &ldquo;Adem&aacute;s, las obras no ilustran una idea previa, abren relaciones, tensiones y preguntas que pueden ir modific&aacute;ndose. Es un dispositivo abierto: lo que aparece forma parte de la vivencia. El espectador no es pasivo, sino un interlocutor que participa con sus asociaciones, su sensibilidad y su manera de establecer relaciones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde una disposici&oacute;n museogr&aacute;fica, hasta el ba&ntilde;o, el bar, el patio y el espacio p&uacute;blico, todos se convierten en lugares de encuentro, circulaci&oacute;n y activaci&oacute;n. La exposici&oacute;n se desborda.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, <em>Po&eacute;ticas del Encuentro</em> no propone solamente mirar, sino preguntarnos qu&eacute; puede aparecer en la reuni&oacute;n y su juego.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/arte-encuentro_129_13461646.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 12:22:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El arte del encuentro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poéticas del encuentro,Espacio Peces,Barracas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un paseo por las bibliotecas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/paseo-bibliotecas_129_13449224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c66fc848-95dc-4fbb-8e2d-c309720b3ef7_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149361.jpg" width="250" height="141" alt="Un paseo por las bibliotecas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dicen que indagar la biblioteca de una persona es recorrer su biografía. Pulcras, anárquicas, decorativas o desbordadas, acá va una excursión breve por el contenido y el continente de algunos libros preciados. </p></div><p class="article-text">
        &iquest;Le&iacute;ste todos estos libros?, me preguntan los reci&eacute;n llegados a mi casa, cuando ven los vol&uacute;menes que desbordan en las bibliotecas del living, la cocina, el comedor, el dormitorio e incluso el sector techado del patio. La verdad es que no, porque llegan nuevos t&iacute;tulos cada mes y no doy abasto.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la relaci&oacute;n de algunos escritores actuales con sus libros, pero sobre todo con los estantes que los contienen, se ocup&oacute; de investigar <strong>Mario Bomheker</strong> para dar a luz el volumen <em>Historias de bibliotecas</em>. Ah&iacute;, nos cuenta a sus lectores que, para Spinoza, la suya, peque&ntilde;a y meticulosamente ordenada, era fuente de estudio y de gozo. <strong>Walter Benjamin</strong> dec&iacute;a que toda pasi&oacute;n limita con lo ca&oacute;tico, pero la del coleccionismo limita con el caos de los recuerdos.
    </p><p class="article-text">
        La palabra biblioteca (Biblos, el nombre que le daban los griegos a los rollos de papiro y Theke, que significa caja o armario) tiene otro sentido: adem&aacute;s de ser el mueble es el ambiente que lo aloja. Existen veh&iacute;culos que funcionan como bibliotecas m&oacute;viles, bibliotecas para llevar en las veredas y distintas formas de bibliotecas circulantes. En la novela de ciencia ficci&oacute;n <em>Fahrenheit 451</em>, de <strong>Ray Bradbury</strong>, las bibliotecas est&aacute;n prohibidas y los bomberos, en vez de sofocar incendios, persiguen a sus propietarios y queman los libros. &ldquo;Donde queman libros, terminan quemando personas&rdquo;, dijo <strong>Enrique Heine</strong>, citado por Bomheker. Y fue desaparecer personas lo que ocurri&oacute; en la &uacute;ltima dictadura en la Argentina, donde libros como <em>Un elefante ocupa mucho espacio</em>, de <strong>Elsa  Bornemann</strong>, fue rid&iacute;culamente censurado.  
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n <strong>Almudena Grandes</strong>, la biblioteca es &ldquo;la casa de la literatura&rdquo;. Y para <strong>Irene Vallejo</strong>, &ldquo;toda biblioteca es un viaje y los libros, un pasaporte sin caducidad&rdquo;. Dec&iacute;a <strong>Ricardo Piglia</strong> que se puede saber c&oacute;mo es uno a lo largo del tiempo solo recorriendo los estantes de su biblioteca. Grandes o peque&ntilde;as, ordenadas por tema, autor y hasta por el color del lomo, con o sin polvo, de hierro, madera o pl&aacute;stico, esa estanter&iacute;a est&aacute; ausente de muchos hogares (y as&iacute; nos va). En la misma l&iacute;nea que el autor de <em>Respiraci&oacute;n artificial</em>, se expresa <strong>Enrique Foffani</strong>, inclu&iacute;do en <em>Historias de bibliotecas</em>. &ldquo;A veces pienso que no s&eacute; verdaderamente qui&eacute;n soy y que, entonces, cuando me hago esa pregunta, la biblioteca puede decir algo muy valioso o al menos algo decisivo, no laudatorio ni ditir&aacute;mbicamente narcisista&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ordenarla? &iquest;Limpiarla? Son acciones muchas veces postergadas. &ldquo;Llevo ya muchos d&iacute;as en la tarea, desde temprano en la ma&ntilde;ana&rdquo;, se&ntilde;ala la ganadora del premio Hans Cristian Andersen, <strong>Mar&iacute;a Teresa Andruetto</strong> y uno la imagina plumero en mano. Enumera algunos tesoros hallados: Un libro de cooperativismo -<em>Los ni&ntilde;os primero</em>-. Un <em>Herbarium</em>, de <strong>Rosa Luxemburgo</strong>. Adem&aacute;s, brillan una edici&oacute;n con tapa en cuero y papel biblia de <em>El Quijote</em>, donde deslumbran los dibujos de Dor&eacute;; una edici&oacute;n econ&oacute;mica del diccionario de <strong>Voltaire</strong> en la que encontr&oacute;, hace ya muchos a&ntilde;os, una carta de su madre, puntapi&eacute; para escribir su <em>Lengua Madre</em>.  
    </p><p class="article-text">
        Bomheker trae a sus p&aacute;ginas el legado de la m&aacute;s c&eacute;lebre biblioteca, la que persigui&oacute; el prop&oacute;sito de reunir todo el conocimiento humano. La de Alejandr&iacute;a se fund&oacute; en el siglo III antes de Cristo, fue declinando paulatinamente, pero cuya destrucci&oacute;n definitiva ocurri&oacute; un siglo despu&eacute;s, como castigo divino porque encarnaba una ambici&oacute;n desmedida. Antes, lleg&oacute; a reunir casi un mill&oacute;n de libros y hubo una mujer, Hypatia, al frente de ella.
    </p><p class="article-text">
        Cuenta Andruetto que los japoneses le dicen Tsundoku al &ldquo;vicio&rdquo; de comprar libros que se acumulan en los anaqueles sin ser le&iacute;dos. <strong>Roberto Juarroz</strong> escribe en un poema: &ldquo;El aire es all&iacute; diferente/ est&aacute; erizado todo por una corriente/ que no viene desde este o aquel texto/ sino que los enlaza a todos/ como un c&iacute;rculo m&aacute;gico&rdquo;, lo menta <strong>Silvia Barei</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Para <strong>Luisa Valenzuela</strong>, su biblioteca es el reino de las historias. Impera en un galp&oacute;n anexado a una f&aacute;brica abandonada devenida en su vivienda. El mueble tiene estantes con puertas vidriadas y est&aacute;n las otras, las de pino, en donde destacan &ldquo;los siete muy amplios estantes de las escritoras latinoamericanas que, por supuesto, se han desbordado de lo lindo (el bordado pertenece a otro rubro)&rdquo;, aclara. Para alejar tentaciones, &ldquo;es que est&aacute;n a mis espaldas los de antropolog&iacute;a, esoterismo, brujer&iacute;a, magia, culturas originarias, religi&oacute;n&rdquo;. En ese &aacute;mbito, tambi&eacute;n llamado biblioteca, se cuelan m&aacute;scaras, mu&ntilde;ecos enmascarados y algunas marionetas y fetiches.  
    </p><p class="article-text">
        Hay bibliotecas populares y bibliotecas herm&eacute;ticas o elitistas, a las que pocos pueden ingresar. Algunas tienen historias fabulosas porque se han ensamblado con las p&aacute;ginas que las habitan; otras, sencillamente, decoran, porque pretenden generar la ilusi&oacute;n de que su poseedor es culto y refinado.
    </p><p class="article-text">
        Hay an&eacute;cdotas que rompen con la idea de que a la causa la sigue un efecto, como una f&oacute;rmula r&iacute;gida. Narradores, poetas y ensayistas, dramaturgos, lectores y cuenteros han nacido en hogares sin bibliotecas y, sin embargo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pero no s&oacute;lo son libros los que reposan en ellas. Estampillas, se&ntilde;aladores, antiguos boletos, cartas, ex libris, fotos insospechadas, flores secas y dinero se esconden en sus estantes.
    </p><p class="article-text">
        Es muy importante que las susodichas vivan en una geograf&iacute;a m&aacute;s bien seca. La humedad enferma a los vol&uacute;menes y las inundaciones y las lluvias pueden arruinarlas. 
    </p><p class="article-text">
        Entre mis bibliotecas favoritas est&aacute;n la ficticia de <strong>Jorge Luis Borges</strong> (<em>La biblioteca de Babel</em>, con su n&uacute;mero infinito de galer&iacute;as hexagonales) y la que invent&oacute; <strong>Umberto Eco</strong> (le&iacute; <em>El nombre de la rosa</em> sin poder detenerme, desde un atardecer hasta el mediod&iacute;a siguiente. Es un gran policial con enigma). Mis hijos de ni&ntilde;os prefer&iacute;an la de la escuela de Hogwarts, con sus vol&uacute;menes de hechicer&iacute;a y magia y su secci&oacute;n de las artes oscuras, prohibida.
    </p><p class="article-text">
        Hace algunos a&ntilde;os, contrat&eacute; a una flamante licenciada en Artes de la Escritura para que me ayude a organizar la m&iacute;a. Le propuse que lo hiciera por pa&iacute;s y g&eacute;nero y ella cumpli&oacute; con el encargo. Claro, no conoc&iacute;a todos los t&iacute;tulos ni los autores (nadie podr&iacute;a) y hubo algunas confusiones, pero eso se los cuento otro d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Hered&eacute; la de mi abuelo materno, escritor, periodista y traductor, que se intern&oacute; en un prestigioso sanatorio psiqui&aacute;trico cordob&eacute;s, a los treinta y pico. Siendo una adolescente, cuando me acercaba a mirar sus t&iacute;tulos, comenzaba a sentir un sopor, me mareaba y llegu&eacute; a desmayarme varias veces. En el div&aacute;n de mi analista indagu&eacute; el tema y descubr&iacute; que el malestar proven&iacute;a del temor a contagiarme. Felizmente, aquel hombre que entonces no pod&iacute;a nombrar y se llamaba <strong>Aar&oacute;n Spivak</strong>, me leg&oacute; el amor por los libros. Creo que no hubo ninguna otra clase de contaminaci&oacute;n.    
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/paseo-bibliotecas_129_13449224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Aug 2026 13:55:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un paseo por las bibliotecas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Luis Borges,Umberto Eco,Biblioteca]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mala suerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mala-suerte_129_13436100.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/67552f6d-4087-4806-b7eb-731cc5969493_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x418y136.jpg" width="1200" height="675" alt="Mala suerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
Sendos homenajes al oficio teatral y a los intérpretes relegados a la sombra de sus pares famosos bucean en el valor del arte frente a los mandatos frívolos del mundo del espectáculo y de la sociedad. Estas puestas son, a todas luces, declaraciones de amor a la escena.</p></div><p class="article-text">
        Mientras la obra <em>Las Adoro</em> (que vi en el Galp&oacute;n de Guevara) pone la lente en dos hermanos de m&aacute;s de ochenta a&ntilde;os que actuaron durante toda su vida sin llegar a ser populares, <em>La suerte de la fea</em> (a la que asist&iacute; en Timbre 4) reivindica a una m&uacute;sica escondida en el foso del escenario y que ejecuta su instrumento para deleite de la platea. 
    </p><p class="article-text">
        La primera pieza fue creada por <strong>Juanse Rauch</strong>, el mismo de <em>Saraos Uranistas</em>, <em>Paquito, la cabeza contra el suelo</em> y <em>La Revista del Maipo</em>. La segunda, es una invenci&oacute;n del prol&iacute;fico dramaturgo <strong>Mauricio Kart&uacute;n</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Estas historias son el rev&eacute;s de la marquesina. Nos muestran la distancia que existe entre el resplandor y los m&aacute;rgenes del &eacute;xito y de la masividad. Hay que tener una gran destreza para evitar el dolor que resiste lejos del reconocimiento del p&uacute;blico, cuando se estuvo tan cerca de las estrellas, sin alcanzar el firmamento.
    </p><p class="article-text">
        Hablando de distanciamiento, en estos d&iacute;as en que se cumplen setenta a&ntilde;os de la muerte de <strong>Bertold Brecht</strong>, es oportuno hablar de la t&eacute;cnica que cre&oacute; el director y escritor alem&aacute;n para su teatro pol&iacute;tico. Su prop&oacute;sito era lograr extra&ntilde;amiento en la audiencia, es decir, que el espectador pueda pensar en el material esc&eacute;nico sin apegarse a las emociones que, para el autor de El c&iacute;rculo de tiza caucasiano, impiden la reflexi&oacute;n cr&iacute;tica. La conciencia es el motor de la acci&oacute;n revolucionaria.
    </p><p class="article-text">
        Su propuesta es un cambio de paradigma respecto del teatro cl&aacute;sico, incluso del renovador de Stanislavsky, ese que apela a los sentimientos del int&eacute;rprete recuperando la memoria emotiva. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>La suerte de la fea</em> (con direcci&oacute;n de <strong>Paula Ransenberg</strong>) nos trasladamos a la porte&ntilde;idad de comienzos del Siglo Veinte, cuando el variet&eacute; con distintas atracciones transforma a las orquestas de se&ntilde;oritas en el gancho para atraer el anhelo sexual de los hombres.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, las m&uacute;sicas se esconden con sus instrumentos por debajo o por detr&aacute;s del proscenio y la falsa orquesta se convierte en la vidriera de los cuerpos figurantes m&aacute;s apreciados. Toda una simulaci&oacute;n de ingenier&iacute;a cruel. 
    </p><p class="article-text">
        En Occidente, lo feo y lo viejo siempre han sido desplazados a la sombra. Son los fetiches m&aacute;s baratos de la mercanc&iacute;a. En las dos obras, el cuerpo de la actriz, del actor y de la m&uacute;sica funcionan como un archivo hist&oacute;rico de la lucha. Los personajes (Herminia es la genial <strong>Luc&iacute;a Ad&uacute;riz</strong> y Jos&eacute;, (el fuera de serie <strong>Mariano Saborido</strong>) y la fea (impecable la Viola de <strong>Luciana Dulitzky</strong>) intentan contra viento y marea salir de la oscuridad que les impusieron.
    </p><p class="article-text">
        Los personajes transitan con fragilidad y ternura el paso del tiempo y la exclusi&oacute;n. El escenario es el albergue contra el olvido, la discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero y el espacio para la reivindicaci&oacute;n y la dignidad de un rol que no eligieron, disidente de los patrones. 
    </p><p class="article-text">
        Son voces inmateriales, fantasmas dispuestos a ser mirados y existir, saliendo de la invisibilidad. Forman parte de la m&aacute;quina del Show Business, como segundones necesarios, aunque no imprescindibles y al borde del descarte.
    </p><p class="article-text">
        Su mala consideraci&oacute;n ocurre en el pasado, aunque permanece en el presente, sobre todo a trav&eacute;s del uso de los dispositivos visuales. No son la excepci&oacute;n sino la norma del Patriarcado.
    </p><p class="article-text">
        Un fantasma aparece tambi&eacute;n en Noche de c&uacute;pulas, la visita que realic&eacute; al edificio de la London, de Avenida de Mayo al 500. Ese espectro de una mujer et&eacute;rea, enfundada en un g&eacute;nero blanco y enf&aacute;tica en sus modos, da paso al arribo de una bailarina que es art&iacute;fice del vodevil y danza entre los asistentes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Adriana Cichero</strong>, la Reina de las C&uacute;pulas, nos invita a acceder al espacio de techo semiesf&eacute;rico, v&iacute;a una peque&ntilde;a escalera. La b&oacute;veda celeste simboliza lo divino, la uni&oacute;n entre el cielo y la Tierra. Desde all&iacute; se aprecian el Cabildo, la Legislatura y la Casa Rosada. Las c&aacute;maras se disparan incesantes para capturar el instante. 
    </p><p class="article-text">
        En el descenso, nos cuentan que el g&eacute;nero musical criollo tuvo sus inicios a finales del Siglo Diecinueve, con el sainete y la zarzuela, poco antes del desarrollo de la burgues&iacute;a local y el emplazamiento de las cuatrocientas c&uacute;pulas de Buenos Aires. Mucho tiempo despu&eacute;s, el g&eacute;nero absorbe sin freno los espect&aacute;culos de Broadway.
    </p><p class="article-text">
        En la ocasi&oacute;n, se recrea en lo alto, muy cerca del coronamiento, a puro entretenimiento de un viernes soleado. Con pasajes cantados en los teatros del West End y de la avenida norte-sur m&aacute;s antigua de Nueva York, surgen <em>Los miserables</em>, <em>El rey Le&oacute;n</em>, <em>Billy Elliot</em>, <em>Next Normal</em> y tantos otros. 
    </p><p class="article-text">
        La experiencia inmersiva se acompa&ntilde;a con una cazuela regada por Malbec. <strong>Juli&aacute;n Rubino</strong>, <strong>Sol Bloise</strong> en voces, <strong>Mariana Levitin</strong> en cello y <strong>Hern&aacute;n Matorra</strong> en piano son los artistas. Hay una perla: en la confiter&iacute;a de la planta baja, una escultura de resina representa a un <strong>Julio Cort&aacute;zar</strong> tomando un caf&eacute;. Es que all&iacute;, escribi&oacute; su primera novela, <em>Los Premios</em>, una f&aacute;bula cuyo punto de partida es la reuni&oacute;n de un grupo de viajeros premiados con un viaje extra&ntilde;o a bordo de un crucero, el Malcolm. Viajeros que no saben cu&aacute;l ser&aacute; su destino.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mala-suerte_129_13436100.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Aug 2026 13:03:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mala suerte]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Moldes, géneros y tijeras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/moldes-generos-tijeras_129_13428662.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1dc20f9c-88be-4beb-9e20-d8b6be8bf85a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x652y299.jpg" width="1200" height="675" alt="Moldes, géneros y tijeras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Renata Schussheim publica "Figurines", un libro fascinante que dedica a los diseños para los espectáculos en los que participó como vestuarista. </p></div><p class="article-text">
        Mi abuelo Mauricio fue sastre, mi abuela Regina cortaba y cos&iacute;a en su casa &ldquo;para afuera&rdquo;, mi padre Isaac, ofici&oacute; de peletero. Con el cent&iacute;metro abrazaban los cuerpos para tomarles las medidas, cent&iacute;metro en mano, y para dibujar sobre papel madera o manteca el modelo que les ped&iacute;a la fiel clientela.
    </p><p class="article-text">
        Reci&eacute;n despu&eacute;s llegaban las tijeras para recortar y darle forma. El taller ten&iacute;a un aroma particular, insustituible en mi memoria, mezcla de aceite de m&aacute;quina y vapor de plancha. Olor a textil sobrevolando alfileres, hilos, agujas, telas. Lo sabe bien <strong>Renata Schussheim</strong>, vestuarista por antonomasia de la escena argentina, quien acaba de publicar el libro <em>Figurines</em>, de las editoriales Eudeba y Ampersand.   
    </p><p class="article-text">
        Antes de la elecci&oacute;n de los g&eacute;neros, del corte y la confecci&oacute;n, de las pruebas de vestuario, los ensayos y el primer trazo, aparece la epifan&iacute;a. El figur&iacute;n del espect&aacute;culo es el trasvasamiento de un p&aacute;lpito: como deben vestir los int&eacute;rpretes de la obra para que en el escenario la conjunci&oacute;n de la dramaturgia, la actuaci&oacute;n, la escenograf&iacute;a, la m&uacute;sica, las luces y la indumentaria produzcan una cohesi&oacute;n que forme un todo dram&aacute;tico, la obra.
    </p><p class="article-text">
        Voy pasando las p&aacute;ginas, recorro, texto e ilustraciones a color y desfilan m&aacute;s de medio siglo de dibujos, escoltando algunas de las producciones del teatro, la danza, la &oacute;pera rock de estas tierras. Las creaciones sobrepasan la escena, son aut&oacute;nomas y viven m&aacute;s all&aacute; de la producci&oacute;n inicial.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Que le corten la cabeza! evoca <strong>Oscar Araiz</strong>, aludiendo a la sentencia de <strong>Lewis Carroll</strong> e identific&aacute;ndola como Iracebeth, la Reina Roja de Alicia, frente a los l&iacute;mites de una l&oacute;gica reduccionista. &ldquo;Con formato de <em>fumetto</em> encerrando palabras y pensamientos, sonaba la &eacute;poca entre dos d&eacute;cadas. Esto incluye las rupturas y escraches sociales y las experimentaciones del Di Tella, que serv&iacute;an de resonancia en simult&aacute;neo a los estallidos internacionales. &iexcl;Crash!&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        Figurines es un conjunto variado que recorre el universo de una de las artistas criollas m&aacute;s singulares, donde el dibujo es la columna vertebral. Faldas muy amplias ce&ntilde;idas en la cintura que acarician las tablas que sostienen la fragilidad de los artistas, un saquito cuello esmoking, con el mismo rojo furioso de la cabellera de Renata, lucen en la portada.
    </p><p class="article-text">
        Maestr&iacute;a, provocaci&oacute;n, desfachatez desde los a&ntilde;os setenta hasta hoy son el sello de una exhibici&oacute;n del imaginario on&iacute;rico y desmesurado, con aves, perros, reinas y arlequines. Renata es luminosa y radiante, aunque a veces la oscuridad aparece. Recuerdo la revista Burda, con sus variados patrones, la seder&iacute;a Don Eduardo, en Haedo, y al hombre de las telas desenrollando metros y metros.
    </p><p class="article-text">
        Las piezas constituyen &ldquo;un archivo del arte contempor&aacute;neo en sus invenciones poco obedientes a la historia y su rigor m&aacute;s literal que simb&oacute;lico&rdquo;, dice <strong>Mar&iacute;a Moreno</strong> en el ep&iacute;logo.
    </p><p class="article-text">
        Los dibujos no se esfuman cuando el vestuario est&aacute; listo. Muchos de ellos fueron colgados en exposiciones. La esencia de esos g&eacute;neros que forman parte del montaje &ldquo;casi no pasan por la cabeza&rdquo;, cuenta Schussheim. &ldquo;Es como ver un color y decir: esto es azul&rdquo;. Condensan un modo de ver los cuerpos y de imaginarlos en movimiento.
    </p><p class="article-text">
        La artista ha participado de <em>Bestiario</em> en 1992, en el teatro San Mart&iacute;n, en <em>Bocca Rock</em>, con direcci&oacute;n de <strong>Ricky Pashkus</strong>, estrenada en el Luna Park, en 1998; en <em>Boquitas pintadas</em>, la primera vez y a veinticinco a&ntilde;os del debut. Tambi&eacute;n ha ilustrado las tapas de discos de <strong>Charly Garcia</strong>, como <em>Bicicleta</em> y colabor&oacute; con <strong>Luis Alberto Spinetta</strong> y <strong>Federico Moura</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Destinados a espect&aacute;culos que volvieron a leer desde el presente a <strong>William Shakespeare</strong>, <strong>Manuel Puig</strong> y <strong>Federico Garc&iacute;a Lorca</strong>, en <em>Figurines </em>se revela el detr&aacute;s de escena de un &aacute;rea misteriosa: dise&ntilde;os, bocetos e imaginer&iacute;a surgidas en el l&aacute;piz y el papel en la antesala de la subida del tel&oacute;n.    
    </p><p class="article-text">
        En el comienzo, el core&oacute;grafo Oscar Araiz, que ha formado dupla con la autora, enhebra sus observaciones. Su madre, Ruth, &ldquo;tan liberal como la m&iacute;a&rdquo;, sostiene uno de los pioneros del ballet del teatro San Mart&iacute;n, viendo un recital de <strong>Renate Schttelius</strong>, hab&iacute;a anunciado que ese ser&iacute;a el nombre de su hija (el segundo es Irma). Compitieron por el obsequio m&aacute;s kitsch: enanos de jard&iacute;n en yeso o cerdos con cartapesta forrados en lentejuelas. Absurdo y desconcierto gobernaban esos d&iacute;as tempranos. Venc&iacute;a ella con su &ldquo;obsesiva minuciosidad artesanal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dice adem&aacute;s el pr&oacute;logo: &ldquo;nos unieron -entre otros cientos de temas y objetos de deseo- la mirada desprejuiciada, ciertas obsesiones, los amores animales, los perfumes y los sabores, la capacidad de saltar por zonas minadas y para sin mucho miramiento de un  lenguaje a otro, algo que podr&iacute;a llamarse modo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En aquellos d&iacute;as juveniles de violentas fricciones sociales, &ldquo;y el impulso est&eacute;tico y los atrevimientos tem&aacute;ticos y formas de discurso, en esa atm&oacute;sfera de aparentes contradicciones, la producci&oacute;n cultural asum&iacute;a el rol de librar y contener, simult&aacute;neamente, el imaginario colectivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre sus maestros se destacan <strong>Carlos Alonso </strong>y <strong>Juan Batlle Planas</strong>. La declararon Personalidad destaca de la Cultura porte&ntilde;a, Trabaj&oacute; para muchas &oacute;peras que vio el p&uacute;blico de Espa&ntilde;a, Francia, Portugal y Rusia. Dise&ntilde;&oacute; un afiche que ped&iacute;a la libertad de <strong>Raimundo Ongaro</strong>, <strong>Agust&iacute;n Tosco</strong> y otros presos pol&iacute;ticos. &ldquo;A la actualidad pol&iacute;tica, y como puedo, la sigo, pero aqu&iacute; y en el mundo por momentos se vuelve nauseabunda&rdquo;, le dijo a <strong>Carlos Ulanovsky.</strong>
    </p><p class="article-text">
         En la intimidad, lleva, trae y juega con las nietas, Aurora y Camelia, de su hijo <strong>Dami&aacute;n Laplace</strong>. &ldquo;Federico (Fellini) ador&oacute; tu dibujo&rdquo;, le dijo una amiga com&uacute;n, emisaria de un retrato con sombrero que semejaba una Torre de Babel con hombrecitos que intentaban treparla. 
    </p><p class="article-text">
        Escritora tambi&eacute;n, elogiada por Mar&iacute;a Moreno, una de sus obsesiones son las nadadoras, &ldquo;la vida misma, es sumergirte, nadar a favor, en contra de la corriente, salir, bracear en mares oscuros -hacer una breve pausa- y la posibilidad de ascender&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/moldes-generos-tijeras_129_13428662.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Aug 2026 19:45:06 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cierra tus ojos y escucha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cierra-ojos-escucha_129_13407863.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/538cd939-3e28-439e-9fae-da1b3496a055_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148188.jpg" width="546" height="307" alt="Cierra tus ojos y escucha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunas reacciones electroquímicas y las condiciones culturales para gozar o rechazar las músicas. Los sonidos que nos dominan y la emergencia de las creaciones periféricas.</p></div><p class="article-text">
         Es 1974. <strong>Astor Piazzolla</strong> y <strong>Gerry Mulligan</strong> se reunen en Italia, para grabar el disco <em>Reuni&oacute;n cumbre</em>. El bandone&oacute;n del marplatense dialoga con el saxo bar&iacute;tono del soplador de viento norteamericano e interpretan una melod&iacute;a con reminiscencias de tango moderno cruzada con jazz cool, que titulan Cierra tus ojos y escucha. Es un sonido de una profunda melancol&iacute;a. Los m&uacute;sicos invitan a dejarse llevar dejando entre par&eacute;ntesis todos los sentidos, a excepci&oacute;n de la audici&oacute;n. El coraz&oacute;n se abre, los conservadores se cierran.
    </p><p class="article-text">
        El escritor de La Haya <strong>Michel Faber</strong> deja de lado la narrativa (<em>Bajo la piel </em>y <em>El libro de las cosas nunca vistas</em>, entre otros) y se adentra en los mecanismos que determinan cu&aacute;l es la m&uacute;sica que escuchamos y porque lo hacemos. El resultado es el libro <em>Escucha</em>, de Anagrama, con traducci&oacute;n de <strong>Mariano Peyrou</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Es un volumen ambicioso, un ensayo en el que conviven impresiones personales del autor con an&eacute;cdotas y reflexiones sobre los distintos modos en que las audiencias se relacionan con la m&uacute;sica, incluyendo los ruidos y las experiencias cl&aacute;sicas y de vanguardia. Tambi&eacute;n, las conversaciones que el hombre nacido en 1960 y criado en Australia ha tenido con cr&iacute;ticos, oyentes y psicoterapeutas que trabajan con composiciones instrumentales y cantos para sanar a sus pacientes.
    </p><p class="article-text">
        En sus m&aacute;s de 500 p&aacute;ginas, nos damos cuenta de que no fue escrito para eruditos formados en el arte y la t&eacute;cnica sonora. Pr&aacute;cticamente no aparecen la teor&iacute;a ni la arquitectura de las obras, el timbre, la textura, la combinaci&oacute;n de las notas. S&iacute;, la memoria afectiva y las vivencias dis&iacute;miles de la escucha, seg&uacute;n la historia personal del p&uacute;blico, en un tiempo en que rara vez hay silencio.
    </p><p class="article-text">
        Una de las preguntas que aparecen es &iquest;hay m&uacute;sicas mejores que otras? Por ejemplo, &iquest;es Bach &ldquo;el supremo &aacute;rbitro y legislador de la m&uacute;sica? Seg&uacute;n Faber, la celebraci&oacute;n y el imperativo de normatividad de las obras cultas &rdquo;est&aacute; entreverado con un elitismo engre&iacute;do, con una arrogancia imperialista&hellip; e incluso con supremacismo blanco&ldquo;. Es una postura discutible pero v&aacute;lida y aunque la ciencia exacta est&aacute; fuertemente vinculada con la m&uacute;sica, en el arte hay una impronta eminentemente subjetiva de la que carece la matem&aacute;tica. Y el canon es pol&eacute;mico, autoritario.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y que ocurre con los ni&ntilde;os? &ldquo;Un adulto es capaz de emitir frases como: un riff de guitarra siniestro y acechante, aludiendo a la producci&oacute;n de Black Sabbath y el heavy metal. Suena m&aacute;s inteligente y definitivo que: Argh, vampiros&rdquo;. &iquest;qu&eacute; hay en la primera opini&oacute;n que sea mejor que la de las infancias? Tal vez no una cuesti&oacute;n de apreciaci&oacute;n, sino de diferencias l&oacute;gicas de vocabulario, que limitan la expresi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando mis hijos adolescentes comenzaron a escuchar cumbia, me pregunt&eacute; &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a hecho mal en la educaci&oacute;n que les d&iacute;? &iquest;C&oacute;mo era que yo detestaba un g&eacute;nero que era capaz de transfigurar sus cuerpos en los de los bailarines m&aacute;s habilidosos?
    </p><p class="article-text">
        No hay objetivamente algo que indique que determinadas m&uacute;sicas sean malas per se. S&iacute;, prejuicios de clase y raza en cuanto a su origen y consumo. Cuando era joven, al interior de la m&uacute;sica moderno, la disputa que exist&iacute;a era entre progresiva, para escuchar, (<strong>Yes</strong>, <strong>Pink, Floyd</strong>, el primer <strong>Genesis</strong>) y comercial, para bailar (<strong>Abba</strong>, <strong>Donna Summer</strong>, <strong>Bee Gees</strong>), que hoy rescatan muchos de sus primigenios atacantes.
    </p><p class="article-text">
        Lo gustos musicales est&aacute;n moldeados por el entorno, por la cultura y por la pertenencia a determinada tribu. Pertenecer o no pertenecer, esa es la cuesti&oacute;n. El l&iacute;der de un grupo puede dictaminar con arbitrariedad qu&eacute; se debe escuchar. &iquest;&ldquo;Ob-La- Di, Ob-La-Da&rdquo; o &ldquo;Number Nine&rdquo;?  &iquest;Lo alegre y sencillo o lo complejo y vanguardista?  Hay quienes aman el sonido de los trenes o el trinar de los p&aacute;jaros, otros se sienten excitados cuando una gr&uacute;a se pone en marcha.
    </p><p class="article-text">
        Como la magdalena de Proust, la cercan&iacute;a asociada a un recuerdo nos emociona o nos irrita. <strong>The Beatles</strong>, <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Wolfgang Amadeus</strong></span><strong> Mozart</strong>, <strong>Mercedes Sosa</strong> o <strong>Miles Davis</strong> tal vez no sean m&aacute;s que chispas en nuestros neurotransmisores. Cuando se da&ntilde;a el sistema operativo del cerebro, algunas m&uacute;sicas guardadas reaparecen y se sienten en las tripas, es como encontrar archivos extraviados. 
    </p><p class="article-text">
        En un asilo para ancianos, el viejo Henry est&aacute; encorvado y perdido. Alguien conecta un IPod y pone temas de los a&ntilde;os cuarenta. El hombre enciende la mirada y sus manos retorcidas se estiran para seguir el ritmo. En otra residencia, Orma se ha quedado muda hace un tiempo hasta que escucha una canci&oacute;n de <strong>Bing Crosby</strong> y se anima a hablar. Ambos, est&aacute;n &ldquo;de vuelta&rdquo;.          
    </p><p class="article-text">
         Con la llegada a Am&eacute;rica de los esclavos africanos, el blues, los negro spirituals y el jazz revolucionaron la m&uacute;sica. Primero, los guardianes de turno la condenaron: eran sonidos de resistencia. Luego, la innovaci&oacute;n tuvo un &eacute;xito general, aunque m&uacute;sicos y m&uacute;sicas sufrieron discriminaciones alarmantes.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos veinte, treinta a&ntilde;os, composiciones de pueblos originarios fueron rescatadas por buceadores de las producciones no contaminadas por la industria. <strong>Leda Valladares</strong>, <strong>Le&oacute;n Gieco</strong>, <strong>Gustavo Santaolalla</strong> lo hicieron por aqu&iacute;. El gusto popular se abri&oacute; a nuevas formas est&eacute;ticas. De todos modos, por una cuesti&oacute;n netamente pol&iacute;tica y econ&oacute;mica, la m&uacute;sica angloparlante sigue siendo la dominante. Hay que irse muy lejos para dejar de escucharla.
    </p><p class="article-text">
        Desde orgasmos narrativos a l&aacute;grimas imparables, la m&uacute;sica es capaz de generar buenas dosis de sensaciones. En la carrera de la protecci&oacute;n auditiva, Robert Fripp increpado en Texas por un p&uacute;blico demasiado c&oacute;modo que le ped&iacute;a subir el volumen, contest&oacute;: &ldquo;He o&iacute;do una petici&oacute;n de un caballero que hay aqu&iacute; para que toquemos m&aacute;s alto. Voy a hacer una sugerencia: si no tocamos lo bastante alto, se&ntilde;or &iexcl;tal vez usted podr&iacute;a escuchar m&aacute;s atentamente?&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        No corro atr&aacute;s de las novedades como me pasaba hace muchos a&ntilde;os, sobre todo para participar de los intercambios amistosos con otros oyentes. Detesto las playlist porque considero que un disco es una obra integral y no me gusta escuchar fragmentos de ella. No hay como el folleto informativo que viene en un disco. Es una cuesti&oacute;n de gusto. Prefiero el cine a las plataformas. S&iacute;, ya s&eacute; que &eacute;stas son m&aacute;s c&oacute;modas, pero no tienen ni el tama&ntilde;o, ni la magia de una pel&iacute;cula en sala. Ser&eacute; antigua, aunque mejor no juzgar(me).
    </p><p class="article-text">
        Una voz de sirena susurra en el o&iacute;do de Faber:
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Por qu&eacute; no escuchas lo que te apetezca escuchar en Spotify o Youtube?
    </p><p class="article-text">
        Y responde:
    </p><p class="article-text">
        -Porque internet desaparecer&aacute; cuando se derrumbe el capitalismo occidental.
    </p><p class="article-text">
        Probable, pero intrascendente. Es probable que el capitalismo no se derrumbe mientras usted y yo estemos vivos. Y si sucede, tendremos actividades m&aacute;s importantes de las que ocuparnos que como escuchar nuestra m&uacute;sica preferida.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cierra-ojos-escucha_129_13407863.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jul 2026 11:47:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cierra tus ojos y escucha]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mal querer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mal_129_13391755.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0eabf257-9d40-4823-bbfd-758ab29f72b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x687y204.jpg" width="1200" height="675" alt="El mal querer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La fragilidad de las criaturas humanas y de sus afectos, en tres obras que pueden verse en estos días en distintos teatros porteños: "Saraos uranistas", "Lenguajes del adiós" y "El zoo de cristal". </p></div><p class="article-text">
        No fue hace tanto tiempo que la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) descart&oacute; la homosexualidad de su Clasificaci&oacute;n Internacional de Enfermedades. Fue en los a&ntilde;os noventa, pero hasta entonces la medicina y una gran parte de la sociedad la patologizaba.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Saraos uranistas</em>, la obra de <strong>Juanse Rauch</strong>, tres docentes de medicina ense&ntilde;an en su c&aacute;tedra c&oacute;mo combatir la &ldquo;anormalidad&rdquo; sexual, seg&uacute;n el paradigma higienista. Siguen la doctrina arbitraria del italiano <strong>Cesare Lombroso</strong>, quien incluy&oacute; a las personas gay entre los criminales por la medida de sus cr&aacute;neos. Son los primeros a&ntilde;os del siglo veinte.  
    </p><p class="article-text">
        El estilo de ense&ntilde;anza en la ficci&oacute;n arranca las risas de la platea cuando los facultativos con guardapolvo y puntero enlistan en el pizarr&oacute;n un conjunto de medidas rid&iacute;culas que se deben tomar para realizar el diagn&oacute;stico y el tratamiento del &ldquo;mal querer&rdquo;. El texto de la dramaturgia se inspir&oacute; en el antiguo archivo marica.  
    </p><p class="article-text">
        La pieza se mud&oacute; al Maipo porque en el off la demanda de entradas se desbord&oacute;. Todo un suceso. Son espectaculares los trabajos de<strong> Luc&iacute;a Ad&uacute;riz</strong>, <strong>Manuel di Francesco</strong>, <strong>Emiliano Figueredo</strong>, <strong>Tom&aacute;s Wicz</strong> y <strong>Maiamar Abrodos</strong>. Se convierten en las habitantes transformistas de un cabar&eacute; para mostrar sus habilidades brillantes en la actuaci&oacute;n y en el canto, acosadas por la visita inc&oacute;moda de un m&eacute;dico policial, que pretende efectuarles un control sanitario. &Eacute;ste es el mismo personaje que solicita favores para su &ldquo;desahogo&rdquo;, en forma clandestina, aprovechando su poder. La contradicci&oacute;n no puede disimularse, est&aacute; a pleno, pero la unidad en la resistencia lo doblega.
    </p><p class="article-text">
        Sarao fue el nombre que se les daba a las fiestas nocturnas donde se reun&iacute;an las maricas y travestis de comienzos del siglo pasado. Trolo, puto, paki, mariposa o loca, (como luego se intent&oacute; desprestigiar a las Madres de Plaza de Mayo), la forma de llamarlos.  
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica en vivo, con <strong>Gabriel Illanes</strong> al piano, juega un rol central al graduar las emociones a las que convoca el relato en 3 D. El vestuario magn&iacute;ficamente dise&ntilde;ado por<strong> Uriel Cistaro</strong> es otro de los aciertos de la puesta.
    </p><p class="article-text">
        Rausch es el mismo director que estuvo al frente de <em>La revista del Cervantes</em>, un musical exitoso que le tomaba el pelo al gobierno y fue censurado de manera encubierta por las autoridades nacionales de Cultura, con excusas t&eacute;cnicas en las que casi nadie crey&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Otra joyita teatral que vi esta semana, entre partido y partido, fue <em>Lenguajes del adi&oacute;s</em>, donde <strong>Patricio Abadi </strong>parte de filmaciones en video con su madre como figura central. Ella est&aacute; en la casa y en el hospital y fueron halladas en una caja polvorienta. Desde la perspectiva del autor, director y protagonista, vale revisitar a esa mujer que est&aacute; enferma pero a&uacute;n goza de una gran energ&iacute;a. Es seductora, bella, culta, divertida. Ech&oacute; a Abadi del hogar y estuvieron mucho tiempo sin comunicarse.
    </p><p class="article-text">
        Promediando la escena que se desarrolla en el Sal&oacute;n Dorado del Teatro Cervantes y con el lenguaje propio de la carnicer&iacute;a, Abadi recrea un mon&oacute;logo que ella lleg&oacute; a presenciar. Se titula <em>Ya no pienso en matambre ni le temo al vac&iacute;o </em>y nos habla con el lenguaje de la carne vacuna de la excitaci&oacute;n carente de afecto que averg&uuml;enza y que subyuga, pero adem&aacute;s del fracaso, de la desilusi&oacute;n amorosa.
    </p><p class="article-text">
        En la despedida posterior a la muerte, el duelo que es el biodrama <em>Lenguajes del adi&oacute;s</em>, se cuenta adem&aacute;s la reconciliaci&oacute;n y la creaci&oacute;n de un nuevo v&iacute;nculo afectivo. Este hijo act&uacute;a con una &iacute;ntima naturalidad y genera un ida y vuelta con el p&uacute;blico que no puede reprimir las l&aacute;grimas. Arte y vida se articulan en una dial&eacute;ctica precisa.  
    </p><p class="article-text">
        Muy distinto es el v&iacute;nculo que propone <em>El zoo de cristal</em> a trav&eacute;s de Amanda Wingfield, protagonista del cl&aacute;sico de <strong>Tennessee Williams</strong>, que se est&aacute; dando en El Tinglado. El rol lo encarna <strong>Ingrid Pelicori</strong>, abandonada por su marido y atrapada en un pasado idealizado en el que tuvo muchos pretendientes. Es una madre asfixiante preocupada por casar a su hija soltera, Laura (<strong>Malena Fig&oacute;</strong>), t&iacute;mida y con una discapacidad en una de sus piernas.
    </p><p class="article-text">
        La familia vive de los ingresos escasos de su hijo Tom (<strong>Walter Quiroz</strong>), un empleado de zapater&iacute;a y poeta desilusionado. La trama est&aacute; situada en plena crisis econ&oacute;mica de los Estados Unidos, lo que no impide que Amanda siga aferrada a la ilusi&oacute;n del <em>american way of life</em> y le insista a su hijo: &ldquo;lev&aacute;ntate y brilla&rdquo;.   
    </p><p class="article-text">
        La aparici&oacute;n de un compa&ntilde;ero de trabajo de Tom, Jim O&rsquo; Connor (<strong>Mart&iacute;n Urbaneja</strong>) despierta distintas ilusiones en la madre y la hermana, que se ven frustradas de inmediato. El muchacho est&aacute; lleno de vida y marca un contraste con la atm&oacute;sfera sombr&iacute;a del hogar que visita, donde cuelga un enorme retrato del padre ausente. Laura colecciona animalitos de cristal, que son el refugio contra su aislamiento. Los tres personajes de esta familia que hoy llamar&iacute;amos disfuncional, aunque se parece a tantas otras, buscan un sentido para sus vidas en un mundo que se encamina a la autodestrucci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La direcci&oacute;n de <strong>Gustavo Pardi </strong>privilegia la profundidad de un texto realista que, en boca de estos grandes actores, resulta convincente, potente y sensible, pese al paso de los a&ntilde;os y gracias tambi&eacute;n a la adaptaci&oacute;n de Mauricio Kartun. Un texto que revela su costado cr&iacute;tico y su salida en la voz de Tom, el narrador de la historia.
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/mal_129_13391755.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jul 2026 15:31:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El mal querer]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Forasteros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/forasteros_129_13373829.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/296cd70d-82cc-4259-a0cc-bab515f609b4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147270.jpg" width="685" height="385" alt="Forasteros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una síntesis de las reflexiones acerca del viajar, una actividad frecuentemente idealizada, de la que da cuenta el sociólogo mexicano Roger Bartra. El oficio de ser extranjero durante las vacaciones, el exilio, la migración, la exploración geográfica y otras formas del desplazamiento, con una mirada crítica. </p></div><p class="article-text">
        Leemos a <strong>Charles Baudelaire</strong> en <em>Las flores del mal</em>, cuando escribe sobre un lugar ex&oacute;tico, lleno de esplendor oriental donde se ama con placer, &ldquo;un pa&iacute;s de soles mojados, cielos nublados y las flores m&aacute;s raras. Su poes&iacute;a est&aacute; dedicada a lugares imaginados por ni&ntilde;os que contemplan mapas de alg&uacute;n El Dorado prometido por el destino. Habla de lo que observan los marineros ebrios, luego de navegar por alta mar y que reproducen en sus exquisitas memorias. <em>&iexcl;sumergirse en el fondo del abismo, infierno o cielo, no importa, en el fondo de lo desconocido para/ encontrar lo nuevo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Como Ulises, cuyo prop&oacute;sito es volver mientras se aleja y padece la esclavitud del regreso, otros personajes, cronistas, fil&oacute;sofos han partido de sus lugares natales para contarnos con ojos asombrados qu&eacute; han visto.
    </p><p class="article-text">
        El escritor <strong>Roger Bartra</strong> (M&eacute;xico, 1942) recoge distintas experiencias de ser extranjero. Autor de<em> Melancol&iacute;a y cultura, Chamanes y robots </em>y<em> El mito del hombre lobo, </em>habla de la experiencia vac&iacute;a y enga&ntilde;osa del viaje tur&iacute;stico y la del migrante que debe salir de lo familiar y adaptarse a un mundo desconocido. No se trata solo de un movimiento del cuerpo, sino de una confrontaci&oacute;n de nuestros or&iacute;genes e identidad que producen un distanciamiento emocional y cultural en el viajero. 
    </p><p class="article-text">
        En un escrito sobre la confianza en uno mismo, <strong>Ralph Waldo Emerson</strong> opina que quien viaja debe mostrar en su rostro que transporta sabidur&iacute;a y virtud y que es un visitante soberano, no un intruso. Considera que la falta de una cultura propia o <em>self-culture</em> provoca en muchos estadounidenses una &ldquo;superstici&oacute;n de viaje&rdquo;, cuyos &iacute;dolos son Inglaterra, Egipto o Grecia. &ldquo;El hombre sabio permanece en casa&rdquo;, es all&iacute; donde resuelve sus dilemas existenciales.
    </p><p class="article-text">
        En la misma l&iacute;nea, el autor de <em>El hombre que se cre&iacute;a jueves, </em><strong>G.K. Chesterton</strong>, se&ntilde;ala que viajar estrecha la mente y que &ldquo;todo el objetivo de viajar no es poner el pie en una tierra extranjera; sino por fin poner el pie en el pa&iacute;s propio como si fuera tierra extranjera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De las vacaciones, regresamos exactamente al mismo punto de partida, con suerte&hellip;m&aacute;s descansados. Eso s&iacute;, con infinitas publicaciones en las redes. Un veraneo es la b&uacute;squeda de un cambio que no cambia nada, opina la fil&oacute;sofa <strong>Agnes Callard</strong>, en una nota que publica en 2023 <em>The New Yorker.</em> Cuestiona el poder transformador del turismo, donde el libreto se repite una y otra vez: la selfie con un fondo de monta&ntilde;a, la aglomeraci&oacute;n frente a una pintura en un museo, la sonrisa eterna, aunque se est&eacute; tenso por el cambio de colch&oacute;n y almohada. El viaje separa el tiempo: el segmento previo, con su anhelo ansioso, lo que sucede despu&eacute;s y la melancol&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        La forma m&aacute;s dram&aacute;tica de partir es el exilio. Para el espa&ntilde;ol <strong>George Santayana</strong> es como un nacimiento heroico, se abandona la (in)seguridad original para llegar a un lugar desconocido. &ldquo;Para ser feliz, el exiliado debe nacer de nuevo: debe cambiar su clima moral y el paisaje interior de su mente&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Los modos de ser viajeros son muy variados. Viajar suele fomentar el humor, matar prejuicios y agilizar los pensamientos, claro que esto ocurre si se es flexible y se tiene una disposici&oacute;n a que la realidad novedosa ingrese en nuestro interior.
    </p><p class="article-text">
        Entre los pasajeros est&aacute;n los que s&oacute;lo pueden recorrer de la mano de un gu&iacute;a especializado y los que en 15 d&iacute;as baten el r&eacute;cord de &iquest;conocer? veinte ciudades distintas. Existen los profesionales que asisten a congresos y se escapan para hallar lo m&aacute;s sublime o curioso y los que programan con detalle excursiones, pero nunca se bajan del bus. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>Diarios de motocicleta</em>, <strong>Walter Salles</strong> relata en formato audiovisual c&oacute;mo le cambio la cabeza a <strong>Ernesto Che Guevara</strong> el viaje por Sudam&eacute;rica, en su etapa de estudiante prerrevolucionario. En plena &eacute;poca beatnik, <strong>Jack Kerouac</strong> da testimonio de las vivencias de Sal Paradise con <em>En el camino</em>, una especie de biblia sobre el recorrido desenfrenado por las rutas en busca de jazz, sexo y drogas. <em>Thelma &amp; Louise</em> es el registro ficcional en cine de dos amigas que huyen en auto para liberarse. 
    </p><p class="article-text">
        Al portugu&eacute;s <strong>Fernando Pessoa</strong> la idea de viajar le da n&aacute;useas. <em>En el Libro del desasosiego</em>, su heter&oacute;nimo Bernardo Soares escribe: &ldquo;ya vi todo lo que nunca hab&iacute;a visto. Ya vi lo que todav&iacute;a no vi. El tedio de lo constantemente nuevo, el tedio de descubrir, bajo la falsa apariencia de las cosas y de las ideas, la perenne identidad de todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Bartra el viaje est&aacute; en el inicio de su vida cuando los padres deciden mudarse de M&eacute;xico a los Estados Unidos con la meta de dejar la pobreza al cruzar la frontera. Esa vivencia le inyecta un gran amor por el nomadismo, aunque tambi&eacute;n admite que el viaje es el para&iacute;so de los tontos que s&oacute;lo buscan el confort.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Michel Onfray </strong>da a conocer su <em>Th&eacute;orie du voyage. </em>Se&ntilde;ala que su propuesta<em> es elevar la banalidad del turismo a una experiencia po&eacute;tica, vivir como un flaneur con visiones fugaces totalmente subjetivas. </em>Quien preside la constelaci&oacute;n viajera, <strong>Julio Verne</strong>, no es un gran viajero ni conoce m&aacute;s lenguas que el franc&eacute;s<em>, </em>en tanto que <strong>John Locke</strong> lee bit&aacute;coras para comprobar que los pueblos aut&eacute;nticos no son m&aacute;s bondadosos que el resto de los mortales. Por su parte, <strong>Mark Twain </strong>lo elogia como el mejor remedio contra el fanatismo.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo a las personas que sal&iacute;an de su terru&ntilde;o se las consideraba raras. Y aunque hoy el viaje por placer es m&aacute;s habitual, es privativo de quienes tienen las condiciones materiales, una minor&iacute;a, a excepci&oacute;n de quienes viajan para encontrar mejores modos de vida. 
    </p><p class="article-text">
        Para quien vive en ciudades con forma geom&eacute;trica llegar a la selva es todo un desaf&iacute;o y para quienes viven en una aldea las metr&oacute;polis resultan extravagantes.
    </p><p class="article-text">
        El viaje en tren parece ser una novedad perpetua y los objetos comprados, encantadores, en la medida en que no son como los nuestros. La industria del turismo ha deteriorado muchos lugares y los locales la detestan.
    </p><p class="article-text">
        El extranjero es un ser lleno de ra&iacute;ces laber&iacute;nticas que no dejan de crecer. El ensayista palestino <strong>Edward Said</strong>, un desarraigado que se estableci&oacute; en Estados Unidos, comprendi&oacute; que &ldquo;cuando uno es capaz de abandonar su propio hogar cultural, tanto m&aacute;s f&aacute;cilmente es capaz de juzgarlo con el desapego y la generosidad necesaria para lograr una aut&eacute;ntica visi&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/forasteros_129_13373829.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jul 2026 17:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Forasteros]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las bestias pop]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bestias-pop_129_13356666.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50a43499-a25c-4665-8287-582eb5c0c081_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las bestias pop"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunos ejemplares del reino animal se convirtieron en apodos de la política. La burla, la alabanza y la distribución de jerarquías hoy funcionan con Milei, el león, aunque tienen larga data en la Argentina. </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Soy el le&oacute;n, rujo contra la casta&rdquo;, se defini&oacute; <strong>Javier Milei </strong>a s&iacute; mismo, para exhibir su prop&oacute;sito de luchar contra el sistema populista. Convirti&oacute; al apodo en logo de campa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Existe una gran variedad de ejemplares en la fauna pol&iacute;tica, integrantes destacados del reino animal. El antropomorfismo traza paralelos, al modo en que <strong>Esopo </strong>y <strong>Jean de La Fontaine</strong> lo hicieron en las f&aacute;bulas, espejando a las bestias en las personas e incluyendo sus consabidas moralejas como remate impl&iacute;cito.
    </p><p class="article-text">
        Antes como despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de la sinonimia yegua-Evita-Cristina, esa asimilaci&oacute;n fue algo bastante corriente, como una forma de re&iacute;rse y distribuir jerarqu&iacute;as. La animalizaci&oacute;n da cuenta de una sobre o subvaloraci&oacute;n de quienes son nombrados como tales. 
    </p><p class="article-text">
        La nominaci&oacute;n bestial convierte a los pol&iacute;ticos en objetos amenazantes. Tortuga, Peludo, Ping&uuml;ino y gorila funcionan como insultos. En el circo de la pol&iacute;tica, los animales requieren ser fijados y domados, para el goce del p&uacute;blico, cada vez que salen de la jaula privada, algo que insiste en una forma de consideraci&oacute;n reduccionista y binaria: buenos y malos, fuertes y d&eacute;biles, racionales o pasionales.
    </p><p class="article-text">
        Antes y ahora, yegua es la mujer p&uacute;blica, la puta, que carece de valores morales y s&oacute;lo busca satisfacer el apetito sexual masculino a cambio de dinero. Si la Perona fue inf&eacute;rtil, la burla impl&iacute;cita, por la contraria, proviene de la etimolog&iacute;a: yegua viene de <em>equa</em>, es decir de la hembra que se reproduce con el caballo, <em>equus</em>. 
    </p><p class="article-text">
        La yegua no deb&iacute;a gobernar por ser bruta, de origen rural, sin educaci&oacute;n ni pedigree. Despu&eacute;s de su muerte, haber sido yegua facilit&oacute; simb&oacute;licamente su profanaci&oacute;n, el ocultamiento de su cad&aacute;ver.  
    </p><p class="article-text">
        La mayor difusi&oacute;n del apodo se extendi&oacute; luego del golpe de la Revoluci&oacute;n Libertadora, de 1955, como parte de la campa&ntilde;a de desprestigio contra el peronismo, &eacute;poca en la que los nombres y apellidos de la pareja Per&oacute;n-Per&oacute;n estuvo prohibida. Yegua ven&iacute;a de la aversi&oacute;n y fue uno de los ep&iacute;tetos m&aacute;s famosos. La jefa espiritual de la Naci&oacute;n, como la llamaron oficialmente ante su muerte, sab&iacute;a de su uso y se lo tomaba con sorna. &ldquo;Prefiero ser yegua del pueblo que dama de la oligarqu&iacute;a&rdquo;, dijo.
    </p><p class="article-text">
        En yegua, hay un dejo de misoginia, por ser una mujer que &ldquo;relinchaba&rdquo;, al conducir a las masas. Equivale, con la popularizaci&oacute;n del lenguaje de la psicolog&iacute;a, a las locas (las Madres de Plaza de Mayo) o las hist&eacute;ricas (en las confrontaciones verbales de los machistas con sus novias y esposas). 
    </p><p class="article-text">
        El mote despectivo fue recuperado por los conservadores para emplearlo contra Cristina Fern&aacute;ndez, la morocha argentina del pante&oacute;n gobernante. Lo volvi&oacute; a poner en circulaci&oacute;n <strong>Hugo Biolcatti</strong>, presidente de la Sociedad Rural Argentina, en 2008, durante el enfrentamiento del poder agro financiero contra la entonces presidenta.  Los militantes peronistas resignificaron el t&eacute;rmino como s&iacute;mbolo de potencia femenina, de una mujer que arremete sin pedir permiso.
    </p><p class="article-text">
        El origen desopilante de gorila, para mencionar a los antiperonistas, surgi&oacute; en el programa de Radio Argentina <em>La revista dislocada</em>, durante 1952. El ciclo fue creado por <strong>D&eacute;lfor Medina</strong> y el gui&oacute;n era de <strong>Aldo Camarota</strong>. Se mantuvo con distintos formatos hasta la dictadura de <strong>Agust&iacute;n Lanusse</strong>, que lo prohibi&oacute;. En 1953 se estren&oacute; la pel&iacute;cula<em> Mogambo</em>, con <strong>Clark Gable</strong>, <strong>Ava Gardner</strong> y <strong>Grace Kelly</strong>. En una de las escenas que transcurre en &Aacute;frica, Kelly escucha fuertes rugidos y se arroja a los brazos de Gable, quien personifica a un cazador. &ldquo;Deben ser los gorilas, deben ser los gorilas&rdquo;, repiten los pobladores nativos. 
    </p><p class="article-text">
        En el ciclo, un coro parodiaba el filme repitiendo el jingle: &ldquo;deben ser los gorilas&rdquo;.  Cuando en el 55 circularon los rumores sobre un posible golpe de estado contra <strong>Juan Domingo Per&oacute;n</strong>, se identific&oacute; esa amenaza con la de los simios del producto hollywoodense. El humorista <strong>Landr&uacute;</strong> dibuj&oacute; con elegancia a un par de monos entrando a la Casa de Gobierno y tambi&eacute;n a un almirante <strong>Isaac Rojas </strong>de nariz aguile&ntilde;a so&ntilde;ando con gorilas que cruzaban un cerco. 
    </p><p class="article-text">
        Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, la jotap&eacute; y los montoneros reunidos en Plaza de Mayo increpaban al viejo l&iacute;der justicialista: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; pasa, general, que est&aacute; lleno de gorilas el gobierno popular?&rdquo; Y el Pocho los descalificaba como &ldquo;imberbes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En la novela <em>Cabecita negra</em>, de 1962, <strong>German Rozenmacher</strong> inventa al se&ntilde;or Lanari, un liberal que desenmascara su hostilidad llamando con el nombre del p&aacute;jaro a una muchacha de provincia. Desde la perspectiva de Lanari, la joven es primitiva y brutal. Cabecita negra es un ave t&iacute;pica de Am&eacute;rica del sur. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Cicatrices</em>, el cuento de <strong>Juan Jos&eacute; Saer</strong>, cuenta que el juez Garay, homosexual que encubre su condici&oacute;n, se atormenta al ver la ciudad poblada de gorilas. 
    </p><p class="article-text">
        Un antecedente de la equiparaci&oacute;n persona-animal lo encontramos en el <em>Facundo</em> de Sarmiento. En el libro, Quiroga es un ser feroz, criado en el monte, al que hay que civilizar. Ese tigre de los llanos tiene &ldquo;un cuerpo cuadrado, herc&uacute;leo, hombros anchos, brazos gruesos, m&uacute;sculos de acero, ojos peque&ntilde;os, hundidos, negros y profundamente malignos&hellip; El terror que inspiraba era su &uacute;nica fuerza&rdquo;, escribe el sanjuanino. 
    </p><p class="article-text">
        El genocida <strong>Julio Argentino Roca</strong> fue llamado Zorro por su astucia y capacidad para el enga&ntilde;o. Fue uno de los responsables de la matanza m&aacute;s sangrienta contra los pueblos originarios, la Conquista del Desierto.
    </p><p class="article-text">
        Por su personalidad huidiza, porque rechazaba las entrevistas y se met&iacute;a en la cueva, a <strong>Hip&oacute;lito Yrigoyen</strong> se lo nombraba El Peludo, era el topo dif&iacute;cil de atrapar, que viv&iacute;a encerrado en su casa de la calle Brasil. Una versi&oacute;n socarrona suma el hecho de que su cabello era escaso. 
    </p><p class="article-text">
        Al conservador de derecha &Aacute;lvaro Alsogaray, ministro de Econom&iacute;a durante la presidencia de <strong>Arturo Frondizi</strong>, lo apodaron Chancho. Fue quien inmortaliz&oacute; la nefasta frase &ldquo;hay que pasar el invierno&rdquo;, por el ajuste que padecer&iacute;a el pueblo durante su gesti&oacute;n. La revista <em>T&iacute;a Vicenta</em> cre&oacute; la ilustraci&oacute;n y el apodo. La asimilaci&oacute;n como porcino evoca a la del &ldquo;chancho burgu&eacute;s&rdquo; empleada por la izquierda contra la clase opresora.
    </p><p class="article-text">
        Tiempo despu&eacute;s, <strong>Arturo Illia</strong>, otro presidente radical, fue la tortuga para la oposici&oacute;n, por la lentitud con que ejecutaba los actos de gobierno. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>N&eacute;stor Kirchner</strong> fue el ping&uuml;ino, m&aacute;s que por un rasgo de personalidad por su lugar de nacimiento en R&iacute;o Gallego, donde habitan esas aves. Su manera de caminar con los brazos pegados al cuerpo y la forma de su nariz reforzaron su semejanza con los habitantes marinos. 
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a buitres, aves rapaces que se caracterizan por ser depredadores carn&iacute;voros, refieren al colectivo que componen los fondos financieros, encabezados por el FMI y la banca internacional. 
    </p><p class="article-text">
        Otro ejemplar, el gato, le cupo a <strong>Mauricio Macri</strong>. Una versi&oacute;n posible se&ntilde;ala que surge del lenguaje carcelario, donde el gato ejerce su autoridad prestada sobre los dem&aacute;s presos. El gato es &ldquo;el mulo del poronga&rdquo;, el aut&eacute;ntico jefe, para quien el gato recauda. 
    </p><p class="article-text">
        El aluvi&oacute;n zool&oacute;gico en el lenguaje popular fue y sigue siendo una herramienta efectiva para cuestionar y re&iacute;rse de los poderosos. El peligro de la animalizaci&oacute;n es que equipara a los pol&iacute;ticos con el elemento transformador de la vida social, la pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bestias-pop_129_13356666.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2026 15:04:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las bestias pop]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paranoia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/paranoia_129_13338830.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4864098c-1a3f-429a-9761-71c794294a02_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Paranoia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La sospecha infundada de persecución y la creencia de que los demás nos quieren hacer daño son dos de las manifestaciones habituales de la paranoia. ¿Qué sucede cuando el trastorno mental se contagia a una parte de la sociedad y sus referentes?  </p></div><p class="article-text">
        Lo constante en la persona que la padece es un sentimiento abismal de soledad, la incapacidad de replegar la sensaci&oacute;n de asedio y la insistencia en una conducta perversa. No son lo mismo, pero la paranoia favorece a los psic&oacute;patas.
    </p><p class="article-text">
        El estado de alerta y la creencia empecinada en que existen complots en contra suyo son otras de sus caracter&iacute;sticas. Pero &iquest;qu&eacute; pasa cuando la paranoia individual se transforma en un estado social y explota en las masas, por el poderoso contagio pand&eacute;mico que comporta? 
    </p><p class="article-text">
        Corri&oacute; demasiada sangre como para circunscribir el diagn&oacute;stico al exclusivo campo de la Psiquiatr&iacute;a, sugiere el psicoanalista italiano <strong>Luigi Zoja</strong> en el libro <em>Paranoia, la locura que hace la Historia</em>. De formaci&oacute;n junguiana, escritor, licenciado en Econom&iacute;a y alguna vez presidente del Centro de Psicolog&iacute;a Anal&iacute;tica Internacional, afirma que el paranoico es incapaz de una mirada interior, siempre le atribuye los males a los dem&aacute;s y carece de toda &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Son los l&iacute;deres quienes despiertan la paranoia dormida en la gente com&uacute;n o es la sociedad la que erige referentes con la misma habilidad para pedir a viva voz el hostigamiento de una minor&iacute;a o para ayudar a sus hijos en las tareas escolares?
    </p><p class="article-text">
        Revisemos r&aacute;pidamente algunos hechos destacados del pasado de Occidente. Los habitantes de las tierras a las que llegaron los conquistadores debieron convertirse al catolicismo para ser considerados humanos. Con el estalinismo, los acusados fueron forzados a ser parte activa de los procesos que los aniquilar&iacute;an. Los nazis obligaban a las organizaciones jud&iacute;as a redactar listas de personas para mandar a los campos y all&iacute; eleg&iacute;an a un grupo de detenidos para asegurar el funcionamiento de los hornos crematorios. Les exig&iacute;an, adem&aacute;s, una colaboraci&oacute;n econ&oacute;mica para los gastos de la ejecuci&oacute;n. En la c&aacute;rcel de Pl&ouml;tzenzee, Berl&iacute;n, hoy transformada en memorial, se encuentran detalladas las cuentas que se les enviaban a los familiares, incluyendo el costo el franqueo.
    </p><p class="article-text">
        La visi&oacute;n desconfiada entre los pueblos constituye el origen mismo de la Historia. Una de las ofensas originarias surgi&oacute; con el rapto de las mujeres. Los fenicios plantaron la semilla de la discordia en Argos, al llevarse algunas de ellas, entre las que estaba Io, la hija del rey griego, que fue transformada en vaca. M&aacute;s tarde, fueron los griegos quienes secuestraron a Europa, hija del rey de Tiro, y a Medea, hija del rey de la C&oacute;lquide. Luego, lleg&oacute; la captura de Elena, con la Guerra de Troya.
    </p><p class="article-text">
        Nos hemos acostumbrado a la idea de que, a la colonizaci&oacute;n, le sigue la violencia, no la democracia, lo cual da lugar a un sentimiento de superioridad desconfiada. La teor&iacute;a darwiniana llevada a la esfera social produce, en nombre de la ciencia, formas de envidia, desconfianza paranoica e instintos de destrucci&oacute;n. Desde all&iacute; hay apenas un paso a la instauraci&oacute;n de la libertad de mercado, donde el m&aacute;s fuerte domina al m&aacute;s d&eacute;bil, una elecci&oacute;n &eacute;tnica, racial o econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        En los conflictos humanos la disparidad de fuerzas alienta siempre una agresividad feroz. En el inconsciente del m&aacute;s fuerte la decisi&oacute;n de atacar suele estar desde el comienzo. Es un dogma de hierro. Por eso, el gran desaf&iacute;o en medio de la anestesia del consumo es mantener la indignaci&oacute;n, mientras reaprendemos la empat&iacute;a, dice Zoja.
    </p><p class="article-text">
        La iron&iacute;a tr&aacute;gica se constata en otros hechos pret&eacute;ritos: a las brujas se las responsabiliz&oacute; de propagar la peste y se las oblig&oacute; a confesar delitos que nunca cometieron. Los horrendos experimentos de Mengele fueron la continuaci&oacute;n de las investigaciones realizadas por los cient&iacute;ficos estadunidenses que inclu&iacute;an a las prestigiosas fundaciones Rockefeller y Carnegie. Son doctrinas que enga&ntilde;an con la pseudociencia y alivian de culpa a quienes las desarrollan. Tambi&eacute;n fortalecen la buena conciencia de los perseguidores. 
    </p><p class="article-text">
        Pensada en principio como refugio y oasis de seguridad, protecci&oacute;n y paz, el destino de las ciudades fue parad&oacute;jico. En su forma m&aacute;s moderna, metropolitana, se encuentran cada vez m&aacute;s asociada al peligro, al terror, al p&aacute;nico. 
    </p><p class="article-text">
        Sobre esa contradicci&oacute;n se mont&oacute; el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para llevar adelante una campa&ntilde;a de limpieza propagand&iacute;stica, cuando hace pocos d&iacute;as mand&oacute; a empapelar las calles con afiches que daban su grito triunfal sobre la expulsi&oacute;n de los manteros, los ocupas, los piqueteros y los sintecho. A las autoridades las roe la obsesi&oacute;n de la inseguridad. Por eso, trabajan con ah&iacute;nco en la &ldquo;higiene&rdquo; desalojando a quienes considera de segunda, sean habitantes de las villas o integrantes del colectivo LGTBQ+.
    </p><p class="article-text">
        Los l&iacute;deres paranoicos viven en su torre de cristal, impermeables a las ideas y sentimientos ajenos, impulsando el odio entre vecinos y el auto odio, con elementos m&iacute;sticos que inundan sus discursos.
    </p><p class="article-text">
        Los gobiernos y las sociedades con <em>persecuta</em> requieren de la existencia de un enemigo que se opone a su verdad, un chivo expiatorio al que adjudicarle los males. Pueden ser los jud&iacute;os o los isl&aacute;micos. En la Argentina, demonizan a periodistas, zurdos, la casta, los pol&iacute;ticos ladrones, &ldquo;la lacra asquerosa que se llama Estado&rdquo;, como lo repiti&oacute; hasta el cansancio el presidente.
    </p><p class="article-text">
        En el libro <em>Milei fen&oacute;meno verbal</em>, dice <strong>Juan Jos&eacute; Becerra</strong> que el panelista televisivo que se convirti&oacute; en primer mandatario, lo hizo &ldquo;fumigando masivamente los fantasmas que brotan de cualquier antagonismo&rdquo;. Una muestra de su paranoia y misantrop&iacute;a: la frase &ldquo;lo importante son las ideas, no las personas&rdquo;. &ldquo;Vos no sab&eacute;s, con vos no hablo&rdquo;, desautoriza incontinente a sus opositores. <em>Econoburros</em>, llama a los que adscriben a otras doctrinas econ&oacute;micas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;La turba libertaria redobla su ardor, y desde las sombras de un segundo plano llega taconeando <strong>Lilia Lemoine</strong>, embutida en el catsuit de la capitana AnCap (por Anarco Capitalista), hero&iacute;na surgida d una reuni&oacute;n de otakus y aficionados al anim&eacute;&hellip; Milei contempla el disfraz de Capit&aacute;n AnCap&nbsp;con una cita hipnotizada de Alex, el narrador protagonista de <em>La naranja mec&aacute;nica</em>, de <strong>Anthony Burguess</strong> (inventor de la palabra <em>horrorshow</em>), inmortalizado por <strong>Malcom McDowell</strong> en la adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica de <strong>Stanley Kubrick</strong>, mientras se oye el coro de adeptos gritar con la convicci&oacute;n irreversible con la que se sostienen las divisas sectarias: &iexcl;Destrucci&oacute;n!, &iquest;Destrucci&oacute;n!, &iexcl;Destrucci&oacute;n!&rdquo;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El pa&iacute;s regresivo asiste a la aparici&oacute;n de manadas violentas e inquietantes, j&oacute;venes y no tanto reclutados por las mafias o el extremismo de derecha. Horrores que cre&iacute;amos superados ensombrecen el presente a trav&eacute;s de la cultura paranoia <em>soft</em> de los medios. &ldquo;Su majestad, la multitud, el gran tirano de nuestro tiempo&rdquo;, escrib&iacute;a <strong>Hannah Arendt</strong> en <em>Los or&iacute;genes del totalitarismo</em>. Y <strong>Carl Gustav Jung</strong> se preguntaba si frente al delirio paranoico vencer&aacute; la credulidad o la cr&iacute;tica. Todos estamos dotados de ambas potencias. 
    </p><p class="article-text">
        <em>LH/MF</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/paranoia_129_13338830.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 14:28:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Paranoia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hembras en carrera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hembras-carrera_129_13320186.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/366f1d12-f8ef-47b1-b09e-4c32f72c79be_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145734.jpg" width="447" height="251" alt="Hembras en carrera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tiernas, mordaces, amargas, humorísticas. Tres obras de teatro sobre el largo viaje femenino de la noche hacia la luz del día: “UNA”, “Silencio de hembra” y “Carrera de fondo”.</p></div><p class="article-text">
        Si hay algo que tienen en com&uacute;n las obras de teatro que vi en los &uacute;ltimos d&iacute;as es que el centro gravitacional de sus historias recae en mujeres, un gineceo articulado con la vida familiar o social de las protagonistas. Mujeres de hielo, mujeres de nieve, en un cuarto (im)propio.
    </p><p class="article-text">
        A veces, los silencios surgen por una amenaza o por el temor que alguien genera cuando te dice que ten&eacute;s que callarte.&nbsp;En el unipersonal <em>Silencio de hembra,</em>&nbsp;de <strong>M&oacute;nica Salvador</strong>, la protagonista elige quedarse callada para resguardarse hasta sentirse segura. Un fino trabajo con su propia potencia la habilitar&aacute; a pegar un grito, emitir un alarido o llorar, con la esperanza de que alguien la escuche. 
    </p><p class="article-text">
        Como un animal herido que se agazapa, la hembra es una v&iacute;ctima que logra expresar lo que guard&oacute; en su cuerpo. Emplea el baile, el toque del piano y la actuaci&oacute;n para contar lo que le dejaron el padre ausente y el hombre que forz&oacute; la sustituci&oacute;n del rol, al unirse con la madre.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os de ultraje, de mudez y dolor, recuerdos que aparecen en la voz para salir de la experiencia del trauma, se encarnan en el cuerpo de <strong>Bel&eacute;n Santos</strong>. La joven actriz se desplaza d&uacute;ctil, con sensibilidad, por un espacio vac&iacute;o donde peque&ntilde;os objetos cobran vida como personajes.
    </p><p class="article-text">
        M&uacute;sica fracturada que se reitera, el tic tac que marca la tensi&oacute;n, la iluminaci&oacute;n que acent&uacute;a la atm&oacute;sfera po&eacute;tica del texto y el <em>in crescendo</em>, todo dirigido por <strong>Herminia Jensezian</strong> quien, con mano diestra, pone en escena la pieza, que se puede ver en el teatro Tadr&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En la comedia negra <em>Carrera de fondo</em> (Teatro Picadero) una mujer procura que su beb&eacute; se duerma y su hijo mayor no se despierte. Su pareja le pide hablar y la charla en la que se enlistan pros y contras de la relaci&oacute;n sucede, de manera dram&aacute;tica o graciosa. Deshacen los acuerdos y la atm&oacute;sfera se torna extra&ntilde;a. Poco despu&eacute;s adviene la separaci&oacute;n y el duelo e intentar&aacute;n recoger los pedazos que quedan.
    </p><p class="article-text">
        Como en una prueba de atletismo de larga distancia, donde se privilegia la resistencia aer&oacute;bica, en una pareja &ldquo;fondista&rdquo; parece necesitarse un ritmo sostenido y una buena distribuci&oacute;n de la energ&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        La prosa mordaz del libro original de <strong>Nadine Lifschitz</strong> traspasa a la dramaturgia. Pone el doloroso desencuentro en los di&aacute;logos entre <strong>Julieta Zylberberg</strong> y <strong>Gadiel Sztry</strong>. La versi&oacute;n teatral funciona como una caja de Pandora de donde emerge lo peor del v&iacute;nculo, se combinan robustas actuaciones con la direcci&oacute;n din&aacute;mica de <strong>Mariana Chaud</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a antes de que todo estallara? &iquest;Qu&eacute; sobrevive luego? En <em>UNA</em>, espl&eacute;ndida adaptaci&oacute;n de la obra de <strong>Luigi Pirandello</strong> (Uno, nessuno e centomila / Uno, ninguno y cien mil), Ang&eacute;lica Moscarda se cuestiona su existencia en relaci&oacute;n con la mirada de los dem&aacute;s. El personaje que en el texto original es un hombre, en la puesta gozoza del teatro Almagna es una mujer (la grandiosa <strong>Miriam Odorico</strong>) cuya corporalidad va de lo blando a lo tenso y viceversa. No s&oacute;lo para mostrar todas las gestualidades posibles de un personaje que ya no se reconoce, sino para convertirse en muchos otros, modulando distintas voces.
    </p><p class="article-text">
        De todos sus textos, para el autor italiano, es &ldquo;la m&aacute;s amarga de todas, profundamente humor&iacute;stica, sobre la descomposici&oacute;n de la vida: Moscarda: uno, nadie y cien mil&rdquo;.&nbsp;Moscarda procura desembarazarse de las observaciones ajenas y va en busca de su yo m&aacute;s genuino, con el &uacute;nico sost&eacute;n de una silla sobre la escena. No hay artificios en la puesta, s&oacute;lo una gran int&eacute;rprete buceando en las aguas m&aacute;s profundas de la teatralidad, dirigida por <strong>Giampaolo Sam&aacute;</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El cuerpo disponible de Odorico, a la vez fuerte y delicado, se transforma en los de un contador, un cura, una suegra, un esposo, dos socios, que aparecen para contrariar a la hero&iacute;na de la f&aacute;bula. La alteridad mental y f&iacute;sica, la salud, los v&iacute;nculos y la soledad emergen en una sociedad cuyas autoridades no acompa&ntilde;an y que, en vez de atenuarlas, multiplican las problem&aacute;ticas. &iquest;Qui&eacute;n soy realmente? &iquest;qui&eacute;n cre&eacute;s que sos? o &iquest;c&oacute;mo te ven? &iquest;te ven? En esas preguntas que pesan, la mujer se pierde. Tambi&eacute;n puede desenmascararse.
    </p><p class="article-text">
        Inquirir el sentido y las consecuencias de ser una en el universo, advertir lo que los otros ven y nos pasa desapercibido, pensar c&oacute;mo se ponen l&iacute;mites a quienes nos rodean son decisiones que se pueden ir tomando en paralelo al proceso de autoconocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Que un afecto nos se&ntilde;ala algo insignificante como que tenemos la nariz levemente torcida, el cabello demasiado canoso, o la piel muy arrugada nos perturba al punto de ser un disparo contra nuestra existencia y derrumbarnos. Nuestra entidad viva tira abajo la imagen, las ideas y los roles que construimos por elecci&oacute;n o por imposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n soy? &iquest;Qui&eacute;nes somos? &iquest;C&oacute;mo nos ven los dem&aacute;s? &iquest;C&oacute;mo los veo? &iquest;Cu&aacute;ntos personajes caben en cada uno de nosotros?
    </p><p class="article-text">
        Mediante un tono ingenioso, <em>UNA</em> reafirmar la idea de que todos tenemos una personalidad m&uacute;ltiple y que, si alguien examinara profundamente a las criaturas que viven en nosotros, nos tachar&iacute;a de locas y de locos, como acr&oacute;batas dementes.
    </p><p class="article-text">
        Asistir a estas obras sobre las &eacute;picas cotidianas de las mujeres es como meterse en un laberinto con el hilo de Ariadna, o como viajar para descubrir y reivindicar nuestras virtudes y habilidades, en apenas un rato, de un modo tierno o impiadoso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hembras-carrera_129_13320186.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jun 2026 12:04:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hembras en carrera]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que la demolición se llevó]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/demolicion-llevo_129_13299724.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/05122d67-d1b0-4e66-a76f-b79bce28979c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que la demolición se llevó"></p><p class="article-text">
        <em>Adolescencia gris con vocaci&oacute;n de sombra, con destino de muerte, las escaleras duermen, se derrumba la casa que no supo detenerte. </em>Estos versos refieren a la casa que habit&oacute; en otro tiempo la poeta mexicana <strong>Rosario Castellanos</strong>. En el sur del mismo continente, en la ciudad porte&ntilde;a de Buenos Aires, recorro las calles, percibo la destrucci&oacute;n y tomo conciencia de los pocos adoquines que quedan (se los llev&oacute; el gobierno qui&eacute;n sabe ad&oacute;nde), de los &aacute;rboles enfermos (el personal de parques y jardines p&uacute;blicos fue reducido) y de buena parte del patrimonio arquitect&oacute;nico que est&aacute; cercado o ya no existe.
    </p><p class="article-text">
        Casas, edificios, parques, plazas, veredas y sendas forman el cuerpo de la ciudad, un organismo vivo bastante maltratado donde hoy, en cada cuadra, duermen familias completas rodeadas de suciedad y de basura. La ilusi&oacute;n del bienestar y el progreso se desvanece, quienes tienen que garantizar el acceso a la vivienda digna y la higiene general no se ocupan ni preocupan.
    </p><p class="article-text">
        Entre tantas residencias que van desapareciendo, recuerdo las casas chorizo, con sus habitaciones corridas y el patio lindero. Ya no est&aacute; la Casa del Campo, donde se vend&iacute;an medias, lanas y lencer&iacute;a, sobre la avenida Santa Fe 3381. La destrucci&oacute;n, en setiembre de 2024, se llev&oacute; sus l&iacute;neas rectas verticales y herrajes, relieves y vitrales, el m&aacute;s puro estilo art dec&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco queda en pie la construcci&oacute;n de la esquina de C&oacute;rdoba y Pringles, que se encontraba en un estado impecable, con su p&eacute;rgola en la terraza, sus ventanales y faroles, italianizante o neorrenacentista, con cubiertas de poca inclinaci&oacute;n, aleros, molduras, rejas. Los villanos le dieron v&iacute;a libre al arrasamiento, le hicieron &ldquo;pinto catal&aacute;n&rdquo; a la participaci&oacute;n social y su opini&oacute;n activa. 
    </p><p class="article-text">
        <em>La lonja inm&oacute;vil de los jardines ti&ntilde;&oacute; de luna el anochecer, hoy ya no r&iacute;es por la avenida, chau adoqu&iacute;n</em>, se despidi&oacute; del pedrer&iacute;o gris oscuro que alfombraba las aceras, <strong>Antonio Tarrag&oacute; Ros</strong>. <strong>Luis Alberto Spinetta</strong> titul&oacute; Para los &aacute;rboles un disco-homenaje a esos ejemplares bot&aacute;nicos, de buena madera, que en muchas zonas de nuestra urbe desaparecieron. Ya les hab&iacute;a dedicado canciones a algunos ejemplares en &ldquo;Campos verdes&rdquo;, &ldquo;Sombras en los &aacute;lamos&rdquo;, &ldquo;Durazno sangrando&rdquo;, alabanzas po&eacute;ticas rockeras.
    </p><p class="article-text">
        En el libro<strong> </strong>Memoria de Buenos Aires, <strong>Natalia Kerbabian</strong> y <strong>Fabio M&aacute;rquez</strong> despiertan la sensibilidad de los lectores, exhibiendo los croquis de casas y casonas, palacios, palacetes y mansiones que, en vez de preservarse, se tiraron abajo. La mayor&iacute;a fueron albergues de familia. Como los arroyos, que fueron enterrados y hoy s&oacute;lo recordamos cuando las aguas desbordan por las lluvias, muchas de las construcciones de Buenos Aires se perdieron; ni siquiera las fotograf&iacute;as quedaron como testimonio. 
    </p><p class="article-text">
        Topofilia se llama al amor por los lugares y es lo que expresan los autores del volumen, licenciado en dise&ntilde;o del paisaje, &eacute;l, y arquitecta, ella. En cambio, las mismas autoridades que demuelen para asfaltar calles que no lo requieren, padecen topofobia o, para ser m&aacute;s precisa, hacen sus negocios personales, cortando adem&aacute;s el tr&aacute;nsito vehicular, obstruyendo el paso de los de a pie y sin colocar la carteler&iacute;a que lo advierta con la anticipaci&oacute;n necesaria. 
    </p><p class="article-text">
        Depredan como parte del proceso de gentrificaci&oacute;n. Mantienen la c&aacute;scara para erigir casas Frankenstein o zombies, muecas distorsionadas de lo que representaron, meros decorados fuera de contexto o trofeos de guerra. &ldquo;No hay patrimonio arquitect&oacute;nico que pueda competir con la multiplicaci&oacute;n extrema de metros construibles, si no es considerado como tal. Hace falta un Estado que regule lo edificable en un sentido no exclusivamente de rentabilidad comercial&rdquo;, coinciden los autores de Memoria de Buenos Aires.
    </p><p class="article-text">
        Con el R&iacute;o de la Plata como l&iacute;mite, Buenos Aires supo ser una ciudad balnearia, caracter&iacute;stica natural y recreativa que se perdi&oacute; hace cincuenta a&ntilde;os. Aldabas, herrajes, tapas de servicios en veredas y fachadas, buzones integran tambi&eacute;n la lista de objetos desaparecidos. No se trata de hacer un recuento por la v&iacute;a de la nostalgia, sino de respetar y celebrar los emblemas e &iacute;conos de los barrios, es decir nuestros. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Paseo Col&oacute;n y Brasil existi&oacute; una escuela taller dise&ntilde;ada por <strong>Nicol&aacute;s Parisi</strong>. Fue demolida para &ldquo;facilitar el tr&aacute;nsito vehicular&rdquo;. El edificio hab&iacute;a sido un encargo de la familia Marconetti para que los empleados de su f&aacute;brica de pastas tuvieran una vivienda. Emplazado frente al Parque Lezama, durante la dictadura fue el refugio de muchos artistas pl&aacute;sticos y actores. Primero desprotegida y abandonada, corri&oacute; la misma suerte la fonda y bar O&rsquo;Rondeman, cuna art&iacute;stica de<strong> Carlos Gardel</strong>, en el Abasto. <strong>Alfonsina Storni</strong> recitaba sus poemas en el Cine Minerva para pagar la habitaci&oacute;n donde dorm&iacute;a. La sala brill&oacute; en avenida Rivadavia 7428 y la destruyeron en mayo de 2024.
    </p><p class="article-text">
        Mascarones con rostros, ornamentos florales, animales fant&aacute;sticos, cuernos de la abundancia, copas, soles, estrellas, instrumentos musicales han sido &ldquo;barridos&rdquo;, aunque algunos sobreviven. Como ocurri&oacute; en Rosario hace ya varios a&ntilde;os, siguiendo los lineamientos del pedagogo italiano <strong>Francesco Tonucci</strong>, se podr&iacute;a estimular la curiosidad y lo l&uacute;dico en las infancias, llev&aacute;ndolas a descubrir esas particularidades de ciertas construcciones. Claro que eso deber&iacute;an impulsarlo las instituciones p&uacute;blicas. &ldquo;Un par de cuadras bien elegidas pueden ser un mundo de interpretaciones, a partir de encontrar diferentes situaciones singulares de patrimonio cultural que est&aacute;n al alcance de la mano para disfrutarlo desde experiencias colectivas&rdquo;, sugieren M&aacute;rquez y Kerbabian. Se trata de una propuesta de promoci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a y la sensibilidad por la ciudad, desde corta edad.
    </p><p class="article-text">
        La Unesco estableci&oacute; en un tratado internacional que los bienes culturales tangibles son inestimables e irreemplazables. &ldquo;Por su valor excepcional desde el punto de vista hist&oacute;rico, cient&iacute;fico, est&eacute;tico o simb&oacute;lico&hellip; requieren su conservaci&oacute;n, rehabilitaci&oacute;n y difusi&oacute;n, donde se cuente la historia, se validen sus recuerdos y se afirmen y enriquezcan las identidades y el legado com&uacute;n. Lo heredamos del pasado, lo vivimos hoy en d&iacute;a y lo transmitiremos a las generaciones futuras&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Testimonio gr&aacute;fico y ensayo conceptual, el libro abre preguntas sobre como detener el avance inmobiliario, para cuidar la ciudad que nos pertenece a todos, donde podamos ser m&aacute;s felices. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/demolicion-llevo_129_13299724.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 12:52:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que la demolición se llevó]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Los animales como espejo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/animales-espejo_129_13281291.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9da20e82-914d-4f55-af65-98813eb645fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144736.jpg" width="1600" height="900" alt="Los animales como espejo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aves, insectos y mamíferos. Amigables o dañinos. A lo largo de la historia, los filósofos acudieron a la zoología para mostrar las consecuencias de las acciones humanas. Lo narra de manera exquisita Ivana Costa, en su reciente libro Bestiario filosófico. </p></div><p class="article-text">
        En las f&aacute;bulas y las canciones que aprendimos durante los a&ntilde;os de la ense&ntilde;anza elemental, los animales suelen aparecer humanizados para ejemplificar el efecto que provocan las acciones humanas. Relatos que son espejos, alabanzas y sanciones, desde <em>La p&aacute;jara pinta </em>y<em> La vaca estudiosa</em>, de <strong>Mar&iacute;a Elena Walsh</strong>, hasta el poema <em>El grillo</em>, de <strong>Conrado Nal&eacute; Roxlo</strong>, pasando por los cuentos con moraleja de <strong>Esopo</strong> o <strong>La Fontaine</strong>. Entretenimientos y pautas normativas en la formaci&oacute;n de los chicos. Tambi&eacute;n, herramientas s&iacute;mb&oacute;licas para procesar los miedos b&aacute;sicos que se alojan en el inconsciente: a la desaparici&oacute;n de los seres queridos, a la muerte propia y ajena, a la condena por la fealdad o la diferencia, formas de la crueldad.
    </p><p class="article-text">
        Lo explica <strong>Bruno Bettelheim</strong> en su Psicoan&aacute;lisis de los cuentos de hadas, de 1976. &ldquo;Un mundo sin lobos es un mundo donde el pibe no aprende a defenderse&rdquo;, dice el disc&iacute;pulo freudiano. El lobo con su apetito sexual desaforado y el zorro azuzando como los victimarios, los cerditos en tanto v&iacute;ctimas que salen de la pasividad con inteligencia, el patito infiltrado con una est&eacute;tica propia frente a la bella homogeneidad de los cisnes, que es salvado por el afecto de la madre que lo acoge. &nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay recompensa, finales felices. Como son ficciones que tienen salida, las infancias pueden elaborar sus terrores y salir de la impotencia frente a la bestia y el monstruo, algo que no siempre ocurre en lo real.
    </p><p class="article-text">
        En esa l&iacute;nea trabaj&oacute; desde la historia del pensamiento la doctora en Filosof&iacute;a <strong>Ivana Costa</strong>, quien ahora publica el libro Bestiario filos&oacute;fico (Mar dulce). En la ciudad primitiva, sugiri&oacute; <strong>Plat&oacute;n</strong>, viv&iacute;amos como cerdos. Para <strong>Hobbes</strong>, en cambio, sin Estado los seres humanos somos lobos, un escenario de conflicto que aparece en su Leviat&aacute;n. En el caso de <strong>Hegel </strong>el saber est&aacute; simbolizado por el b&uacute;ho. 
    </p><p class="article-text">
        El volumen efect&uacute;a un recorrido minucioso que la autora realiza haciendo un barrido exhaustivo, como si fuera un tratado de etiolog&iacute;a, por las distintas temporalidades en las que los grandes pensadores iluminaron a la especie. Y contin&uacute;a: la filosof&iacute;a es una ara&ntilde;a venenosa. Zen&oacute;n procurando demostrar que la tortuga equivale a la detenci&oacute;n del movimiento. El cinismo como resultado de la observaci&oacute;n de los antiguos frente al perro.&nbsp;&nbsp;<strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al unirnos, los humanos nos da&ntilde;amos, propone <strong>Schopenhauer</strong> y Costa lo narra con un estilo exquisito. Y lo ilustra con el dilema del erizo: &nbsp;los animales se juntan para tener menos fr&iacute;o durante el invierno, pero al juntarse se pinchan. Nos necesitamos, pero convivir nos duele. &ldquo;El hombre m&aacute;s feliz es el que menos contacto tiene con los dem&aacute;s&rdquo;. Quienes buscan estar cerca de otros deben saber que la armon&iacute;a plena es una ilusi&oacute;n. Se quieren, pero no se soportan.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que ocurre en la obra <em>La ni&ntilde;a sobre un altar</em>, que dirige con mano diestra y sensibilidad <strong>Oscar Barney Finn</strong>, en la sala Casacuberta del Teatro San Mart&iacute;n. Las mujeres de la familia de Agamen&oacute;n, Ifigenia (la hija) y Clitemnestra (la esposa) son v&iacute;ctimas de la cercan&iacute;a del rey, quien ofrece en sacrificio a su descendencia para ganar batallas. La puesta de la pieza de <strong>Marina Carr</strong>, inspirada en la mitolog&iacute;a cl&aacute;sica, muestra, en clave contempor&aacute;nea, el asesinato aberrante, la sinraz&oacute;n del mal.
    </p><p class="article-text">
        La violencia sobre los cuerpos, los m&aacute;rtires que han sido condenados y la indiferencia de la sociedad se encarnan en los roles que desempe&ntilde;an actores que lo entregan todo: <strong>Paulo Brunetti</strong>, <strong>Analia Couceyro</strong>, <strong>Carlos Kaspar</strong>, <strong>Pablo Mariuzzi</strong>, <strong>Mercedes Fraile</strong>, <strong>Lig&uuml;en Pires</strong> y <strong>Lula Guttfeisch</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Es inevitable pensar en los femicidios que nos llevaron a marchar el mi&eacute;rcoles &uacute;ltimo y que siguen sucediendo, uno cada treinta horas, la mayor&iacute;a perpetrados por puerco espines que conviven con las mujeres da&ntilde;adas hasta la tragedia. Padres, maridos y novios que llegan a l&iacute;mites fuera de toda racionalidad. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Volvamos al libro de Costa. Los fil&oacute;sofos, polemistas con los paradigmas de su tiempo, eligieron a los animales como modelos especulares. Construyeron hip&oacute;tesis, se sirvieron de los mitos, desentra&ntilde;aron lo insalvable de las apor&iacute;as. Dice la autora: &ldquo;Hay tambi&eacute;n algo de rid&iacute;cula vanidad en pretender descifrar racionalmente las met&aacute;foras zool&oacute;gicas de la filosof&iacute;a, pero el ejercicio de contarlas es una invitaci&oacute;n a preguntarse qu&eacute; tipo de animales somos: qu&eacute; comunidades queremos formar, c&oacute;mo contemplamos el universo&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n <strong>Maquiavelo</strong>, nos debe gobernar una mezcla de zorro y de le&oacute;n. El asno sirvi&oacute; para tomarle el pelo para el fil&oacute;sofo medieval <strong>Juan Buridi&aacute;n</strong>. <strong>Schr&ouml;dinger </strong>hizo famoso a su gato cuando quiso mostrar que las paradojas no se pueden resolver, que las probabilidades son m&aacute;s categ&oacute;ricas que la verdad y que la incertidumbre nos domina. Experiment&oacute; encerr&aacute;ndolo en una caja con un mecanismo que lo pueda matar en forma aleatoria, por ejemplo, sellando herm&eacute;ticamente el recept&aacute;culo, el animal-zombie podr&iacute;a estar vivo o muerto en simult&aacute;neo, hasta que se abre la caja.
    </p><p class="article-text">
        No estamos tan lejos de la condici&oacute;n animal. De alg&uacute;n modo, tambi&eacute;n nos habita. En una de las tantas crisis de la racionalidad, la que estamos viviendo, eso que nos distingue de ellos se relativiza. Habr&aacute; que pensar si equiparar al mundo zool&oacute;gico con la brutalidad y la ignorancia es acertado y qu&eacute; lugar ocupamos nosotros en la escala viviente. &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Haimovichi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/animales-espejo_129_13281291.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 13:48:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los animales como espejo]]></media:title>
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