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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sara Ahmed]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/sara-ahmed/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sara Ahmed]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Adelanto: "Vivir una vida feminista", de Sara Ahmed]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/adelanto-vivir-vida-feminista-sara-ahmed_129_7217091.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ede7595d-96b1-4172-9ad6-be48a3edd69b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adelanto: &quot;Vivir una vida feminista&quot;, de Sara Ahmed"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Este es un libro escrito cerca de la piel. Como texto filosófico puede llamar la atención, porque Sara Ahmed revela muchos detalles de su historia íntima: la importancia de su tía feminista, las dificultades del matrimonio interracial de sus padres y los motivos de la renuncia a su puesto docente en Goldsmiths cuando ignoraron el problema del acoso sexual en la institución". Así comienza el prólogo de Tamara Tenenbaum en "Vivir una vida feminista". Aquí, un fragmento del libro, a modo de adelanto.</p></div><p class="article-text">
        <strong>INTRODUCCI&Oacute;N: TRAYENDO A CASA LA TEOR&Iacute;A FEMINISTA</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es lo que se escucha cuando alguien pronuncia la palabra <em>feminismo</em>? Es una palabra que me llena de esperanza, de energ&iacute;a. Hace pensar en potentes actos de protesta y rebeli&oacute;n, as&iacute; como en formas silenciosas de dejar de aferrarnos a cosas que nos debilitan. Hace pensar en mujeres que se han puesto de pie, que han respondido, que han arriesgado sus vidas, sus casas y sus v&iacute;nculos en la lucha por conseguir mundos m&aacute;s soportables. Hace pensar en libros desgastados por el uso; libros que nos dieron palabras para algo, un sentimiento, un sentido de la injusticia; libros que, al darnos palabras, nos otorgaron la fuerza para seguir adelante. Feminismo: c&oacute;mo nos levantamos las unas a las otras. Tanta historia en una palabra; ella misma, tambi&eacute;n, se ha reconstruido.
    </p><p class="article-text">
        	Escribo este libro como una manera de abrazarme a la promesa de esa palabra, para dilucidar qu&eacute; significa vivir tu vida reclamando esa palabra como tuya: ser feminista, hacerse feminista, hablar como una feminista. Vivir una vida feminista no significa adoptar un conjunto de ideales o normas de conducta, pero s&iacute; puede implicar hacernos preguntas &eacute;ticas sobre c&oacute;mo vivir mejor en un mundo injusto y desigual (en un mundo no feminista y antifeminista); c&oacute;mo crear v&iacute;nculos m&aacute;s igualitarios con otras personas; c&oacute;mo encontrar maneras de apoyar a aquellas personas a las que los sistemas sociales no contienen o apenas contienen; c&oacute;mo seguir enfrent&aacute;ndonos contra historias que se han vuelto concretas, historias que se han vuelto s&oacute;lidas como muros.
    </p><p class="article-text">
        	Vale la pena subrayar desde el principio que la idea de que el feminismo se trata sobre c&oacute;mo vivir, sobre una manera de pensar c&oacute;mo vivir, se ha entendido muchas veces como una parte del pasado feminista, como una idea anticuada, asociada a la posici&oacute;n moralizante e incluso vigilante de lo que puede llamarse o se ha llamado (por lo general en un tono despectivo) &ldquo;feminismo cultural&rdquo;. No estoy sugiriendo aqu&iacute; que esta versi&oacute;n del feminismo como polic&iacute;a moral, el tipo de feminismo que declara a tal o cual pr&aacute;ctica (y as&iacute; a tal o cual persona) poco feminista o no feminista, sea una mera invenci&oacute;n. He escuchado ese juicio; alguna vez cay&oacute; sobre mis propios hombros.
    </p><p class="article-text">
        	Pero la figura de la feminista vigilante es irresponsable por una raz&oacute;n. Es m&aacute;s f&aacute;cil despreciar al feminismo cuando se lo ve como un movimiento que se trata de hacer sentir mal a las personas por sus deseos y compromisos. Se acude a la figura de la feminista vigilante porque es &uacute;til; o&iacute;r a las feministas como si fueran polic&iacute;as es una manera de deso&iacute;r al feminismo. Muchas figuras del feminismo son instrumentos del antifeminismo, aunque siempre podemos reciclarlas para nuestros propios fines. Un reciclaje posible podr&iacute;a ser el siguiente: si por se&ntilde;alar el sexismo nos acusan de polic&iacute;as, pues seremos la polic&iacute;a feminista. N&oacute;tese que el reciclaje de figuras antifeministas no significa que estemos de acuerdo con el juicio implicado en estas figuras (que cuestionar el sexismo es ser polic&iacute;a) sino que, m&aacute;s bien, rechazamos la premisa y la convertimos en promesa (si piensan que cuestionar el sexismo es ser polic&iacute;a, entonces seremos la polic&iacute;a feminista).
    </p><p class="article-text">
        	Al hacer del feminismo una pregunta sobre la vida, seremos acusadas de prejuiciosas. En este libro me niego a relegar al pasado la pregunta de c&oacute;mo se vive una vida feminista. Vivir una vida feminista es hacer de todo lo que existe algo cuestionable. La cuesti&oacute;n de c&oacute;mo vivir una vida feminista es una pregunta viva, y al mismo tiempo una cuesti&oacute;n vital.
    </p><p class="article-text">
        	Si nos hacemos feministas por la desigualdad y la injusticia del mundo, por lo que el mundo no es, &iquest;qu&eacute; clase de mundo estamos construyendo? Para construir moradas feministas necesitamos desmantelar lo que ya ha sido armado; necesitamos preguntarnos contra qu&eacute; estamos, a favor de qu&eacute; estamos, teniendo muy en claro que este <em>nosotras </em>no es una base, sino aquello por lo que estamos trabajando. Al entender qu&eacute; es lo que queremos, estaremos comprendiendo tambi&eacute;n ese <em>nosotras</em>, ese significante esperanzador que constituye una colectividad feminista. Donde hay esperanza, hay dificultad. Las historias feministas son historias de la dificultad de ese <em>nosotras</em>, una historia de quienes han tenido que luchar para ser parte de un colectivo feminista, o incluso han tenido que luchar contra un colectivo feminista para defender una causa feminista. La esperanza no existe a costa de la lucha, sino que impulsa la lucha; la esperanza nos hace pensar que tiene sentido dilucidar las cosas y trabajarlas. La esperanza no apunta solo o siempre hacia el futuro, sino que nos ayuda a seguir adelante cuando el terreno es dif&iacute;cil, cuando el camino por el que vamos nos hace m&aacute;s complicado avanzar. La esperanza nos apoya cuando tenemos que trabajar para que algo sea posible.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>UN MOVIMIENTO FEMINISTA&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El feminismo es un movimiento en muchos sentidos. Algo nos mueve a hacernos feministas. Puede ser un sentido de la injusticia, de que algo no est&aacute; bien. Un movimiento feminista es un movimiento pol&iacute;tico colectivo. Muchos feminismos significa muchos movimientos. Un colectivo es aquello que no permanece quieto sino que crea y es creado por el movimiento. Imagino la acci&oacute;n feminista como ondas en el agua: una peque&ntilde;a ola, posiblemente creada por la agitaci&oacute;n del clima, aqu&iacute; y all&aacute;, cada movimiento haciendo posible otro, otra onda, hacia afuera, creciendo. Feminismo: el dinamismo de crear conexiones. Y as&iacute; y todo a un movimiento hay que construirlo. Para pertenecer a un movimiento debemos hallar puntos de encuentro. Un movimiento es tambi&eacute;n un refugio. Nos reunimos; tenemos una convenci&oacute;n. Un movimiento viene a existir para transformar lo que hay. Un movimiento necesita suceder en alg&uacute;n lugar. Un movimiento no es meramente o solamente un movimiento; hay algo que necesita permanecer quieto, que le sea dado un espacio, si algo nos mueve a transformar lo que existe.
    </p><p class="article-text">
        	Podemos decir que un movimiento tiene fuerza cuando presenciamos un momento de impulso: m&aacute;s personas se re&uacute;nen en las calles, m&aacute;s personas firman cartas de protesta, m&aacute;s personas usan un nombre para identificarse. Creo que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos sido testigos del fortalecimiento gradual de un impulso en torno al feminismo: en las protestas globales contra la violencia contra las mujeres, en el n&uacute;mero creciente de libros sobre feminismo que devienen populares, en la alta visibilidad del activismo feminista en redes sociales, en c&oacute;mo la palabra <em>feminismo </em>puede prender fuego el escenario en los shows de artistas y celebridades como Beyonc&eacute;. Como docente, he sido testigo presencial de este fortalecimiento: cada vez son m&aacute;s las estudiantes que quieren identificarse como feministas, que demandan que demos m&aacute;s cursos sobre feminismo. Los eventos que organizamos sobre feminismo tienen una popularidad asombrosa, en especial aquellos que tratan sobre feminismo queer y transfeminismo. El feminismo convoca.
    </p><p class="article-text">
        	No toda presencia feminista&nbsp;puede detectarse&nbsp;con tanta facilidad. Un movimiento feminista no siempre se manifiesta en p&uacute;blico. Un movimiento feminista puede suceder en el momento en que una mujer explota porque ya no puede m&aacute;s, en ese instante en el que ya no puede soportar la violencia que satura su mundo, un mundo. Un movimiento feminista puede producirse cuando se ampl&iacute;an las conexiones entre aquellas personas que reconocen algo &ndash;las relaciones de poder, la violencia de g&eacute;nero, el g&eacute;nero como violencia&ndash; como eso a lo que se oponen, incluso si se valen de palabras diversas para nombrarlo. Si pensamos en el lema del feminismo de la segunda ola, &ldquo;lo personal es pol&iacute;tico&rdquo;, podemos pensar que el feminismo sucede justamente en los espacios que han sido hist&oacute;ricamente etiquetados como no pol&iacute;ticos. En los acuerdos dom&eacute;sticos, en el hogar, cada habitaci&oacute;n de la casa puede convertirse en una habitaci&oacute;n feminista, en qui&eacute;n hace qu&eacute; d&oacute;nde; lo mismo puede ocurrir en la calle, en el parlamento, en la universidad. El feminismo est&aacute; donde sea que tenga que estar. El feminismo tiene que estar en todas partes.
    </p><p class="article-text">
        	El feminismo tiene que estar en todas partes porque el feminismo no est&aacute; en todas partes. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el feminismo? Es una buena pregunta. Podemos agregar: &iquest;d&oacute;nde nos encontramos el feminismo, o d&oacute;nde nos encontr&oacute; el feminismo? Formulo este interrogante como una cuesti&oacute;n vital en la primera parte de este libro. Una historia siempre empieza antes de poder ser contada. &iquest;Cu&aacute;ndo fue que <em>feminismo </em>se convirti&oacute; en una palabra que no solamente nos hablaba a nosotras &ndash;a cada una de nosotras&ndash;, sino que tambi&eacute;n nos hablaba <em>de </em>nosotras? &iquest;Que te hablaba de tu existencia, que te hac&iacute;a existir? &iquest;Cu&aacute;ndo fue que el sonido de la palabra <em>feminismo </em>se convirti&oacute; en tu sonido? &iquest;Qu&eacute; signific&oacute;, que es lo que produce aferrarse al feminismo, pelear en su nombre, sentir en sus altibajos, en sus idas y venidas, tus altibajos, tus idas y venidas?
    </p><p class="article-text">
        	Cuando en este libro pienso en mi vida feminista pregunto &ldquo;&iquest;de d&oacute;nde?&rdquo; pero tambi&eacute;n &ldquo;&iquest;de qui&eacute;n?&rdquo;. &iquest;De qui&eacute;n saqu&eacute; el feminismo? Siempre recordar&eacute; una conversaci&oacute;n que tuve cuando era joven a finales de la d&eacute;cada de 1980. Fue una charla con mi t&iacute;a Gulzar Bano. Pienso en ella como una de mis primeras maestras feministas. Yo le hab&iacute;a pasado algunos de mis poemas. En uno de ellos hab&iacute;a usado el pronombre &eacute;l. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; usas <em>&eacute;l </em>&ndash;me pregunt&oacute; con dulzura&ndash; cuando podr&iacute;as haber usado <em>ella</em>?&rdquo; La pregunta, formulada con tanta calidez y amabilidad, me provoc&oacute; mucho pesar y mucha tristeza, cuando me di cuenta de que las palabras y los mundos que hasta entonces hab&iacute;a imaginado abiertos para m&iacute; no lo estaban en lo absoluto. <em>&Eacute;l </em>no incluye a <em>ella</em>. La lecci&oacute;n deviene instrucci&oacute;n. Para dejar mi marca, ten&iacute;a que desalojar a ese <em>&eacute;l</em>. Convertirse en <em>ella </em>es convertirse en parte del movimiento feminista. Una feminista se convierte en <em>ella</em>, incluso si ya la hab&iacute;an designado como <em>ella</em>, cuando escucha en esa palabra un rechazo de &eacute;l, un rechazo a la inclusi&oacute;n que <em>&eacute;l </em>promete. Una feminista toma esa palabra, <em>ella</em>, y la hace suya.
    </p><p class="article-text">
        	Empec&eacute; a darme cuenta de algo que ya sab&iacute;a: que la l&oacute;gica patriarcal va a fondo, al hueso. Ten&iacute;a que encontrar maneras de no reproducir su gram&aacute;tica en lo que yo dec&iacute;a, en lo que escrib&iacute;a; en lo que yo hac&iacute;a, pero tambi&eacute;n en lo que yo era. Es importante el hecho de que haya aprendido esta lecci&oacute;n feminista de mi t&iacute;a en Lahore, Pakist&aacute;n; una mujer musulmana, una musulmana feminista, una feminista marr&oacute;n [<em>brown feminist</em>]. Podr&iacute;a suponerse que el feminismo es algo que Occidente le da a Oriente. Ese supuesto viaja; cuenta una historia feminista en una direcci&oacute;n determinada, una historia que se ha contado muchas veces: una historia de c&oacute;mo el feminismo se vuelve &uacute;til como regalo imperial. Esa no es mi historia. Necesitamos contar otras historias feministas. El feminismo viaj&oacute; hacia m&iacute;, que crec&iacute; en Occidente, desde Oriente. Mis t&iacute;as pakistan&iacute;es me ense&ntilde;aron que mi mente me pertenece (que es lo mismo que decir que no le pertenece a nadie m&aacute;s); me ense&ntilde;aron a hablar por m&iacute; misma; a denunciar la violencia y la injusticia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>D&oacute;nde encontramos al feminismo importa; de qui&eacute;n nos viene el feminismo importa</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	El feminismo en cuanto movimiento colectivo est&aacute; hecho de eso que nos mueve a hacernos feministas en el di&aacute;logo con otras personas. Un movimiento requiere que nos movamos. Exploro esta necesidad pasando revista a la cuesti&oacute;n de la conciencia feminista en la parte I de este libro. Pensemos por qu&eacute; los movimientos feministas siguen siendo necesarios. Quiero tomar aqu&iacute; la definici&oacute;n de bell hooks del feminismo como &ldquo;el movimiento para terminar con el sexismo, la explotaci&oacute;n sexual y la opresi&oacute;n sexual&rdquo;.&nbsp;Podemos aprender much&iacute;simo de esta definici&oacute;n. El feminismo es necesario por todo aquello que no ha terminado: el sexismo, la explotaci&oacute;n sexual y la opresi&oacute;n sexual. Y para hooks, &ldquo;el sexismo, la explotaci&oacute;n sexual y la opresi&oacute;n&rdquo; no pueden separarse del racismo, del modo en que el presente est&aacute; atravesado por las historias coloniales &ndash;incluyendo a la esclavitud&ndash;, que son centrales para la explotaci&oacute;n del trabajo bajo el capitalismo. La interseccionalidad es un punto de partida, el punto desde el que debemos empezar si queremos ofrecer una descripci&oacute;n de c&oacute;mo funciona el poder. El feminismo ser&aacute; interseccional &ldquo;o ser&aacute; una mierda&rdquo;, para recurrir a la elocuencia de Flavia Dzodan. A esta clase de feminismo me refiero a lo largo de este libro (a menos que indique lo contrario, aludiendo espec&iacute;ficamente al feminismo blanco).
    </p><p class="article-text">
        	Un paso importante para un movimiento feminista es reconocer lo que no se ha terminado. Y dar este paso es muy dif&iacute;cil. Es un paso lento y doloroso. Puede que pensemos que hemos dado este paso, solo para descubrir que tenemos que hacerlo de nuevo. Quiz&aacute;s incluso hayas ca&iacute;do en una fantas&iacute;a de igualdad: que las mujeres ahora s&iacute; pueden conseguir la igualdad, o incluso que ya la tienen, o que la tendr&iacute;an si solo se esforzaran lo suficiente; que las mujeres individuales pueden acabar con el sexismo y con otras barreras (que podr&iacute;amos describir como un techo de cristal o una pared de ladrillos) vali&eacute;ndose solamente de su esfuerzo, persistencia o voluntad. Ponemos tanto peso sobre nuestros propios cuerpos. Podr&iacute;a llamarse a esto una fantas&iacute;a posfeminista: que una mujer individual pueda acabar con eso que bloquea el avance de su movimiento; o que el feminismo haya terminado con &ldquo;el sexismo, la explotaci&oacute;n sexual o la opresi&oacute;n sexual&rdquo;, como si el feminismo hubiera llegado a un punto de &eacute;xito tal que hace innecesaria su existencia o que estos fen&oacute;menos son ellos mismos parte de una fantas&iacute;a feminista, un apego a algo que nunca existi&oacute; o no existe m&aacute;s. Podr&iacute;amos tambi&eacute;n pensar en la idea de post-raza como una fantas&iacute;a a trav&eacute;s de la cual el racismo sigue operando: como si el racismo quedara atr&aacute;s porque ya no creemos en la raza, o como si el racismo pudiera quedar atr&aacute;s si dej&aacute;ramos de creer en la raza. Se supone que quienes venimos a encarnar la diversidad para las instituciones podemos, con nuestra sola presencia, terminar con la blanquitud para siempre.
    </p><p class="article-text">
        	Cuando una se hace feminista, hay algo que descubre inmediatamente: algunas personas no reconocen la existencia de eso con lo que se quiere terminar. Este libro investiga este descubrimiento. Gran parte del trabajo del feminismo y del antirracismo consiste en intentar convencer a otras personas de que el sexismo y el racismo no han terminado; de que el sexismo y el racismo son pilares fundamentales&nbsp;de las injusticias del capitalismo tard&iacute;o; de que importan. El simple hecho de hablar de sexismo y racismo aqu&iacute; y ahora implica rechazar un desplazamiento; es rehusarse a plegar tu discurso al posfeminismo o a la post-raza, lo que te exigir&iacute;a el uso del tiempo pret&eacute;rito (en aquella &eacute;poca) o la referencia a un lugar ajeno (all&aacute; lejos).
    </p><p class="article-text">
        	El solo hecho de describir algo como sexista y racista aqu&iacute; y ahora puede meterte en problemas. Al se&ntilde;alar las estructuras, te dicen que todo est&aacute; en tu cabeza. Lo que describimos como algo material se desprecia como algo mental. Pienso que estos desprecios nos ense&ntilde;an algo sobre la materialidad, como intentar&eacute; mostrar en la parte II de este libro, que trata acerca del trabajo de diversidad. Y pensemos tambi&eacute;n en lo que se nos exige: el trabajo pol&iacute;tico imprescindible de tener que insistir en que eso que estamos describiendo no se trata solamente de lo que nosotras sentimos o pensamos. Un movimiento feminista depende de nuestra capacidad de seguir insistiendo en algo: la existencia persistente de esas mismas cosas con las que queremos terminar. Lo que describo en este libro es el trabajo de esa insistencia. Aprendemos de ser feministas.
    </p><p class="article-text">
        	Un movimiento feminista requiere entonces que adoptemos tendencias feministas, una disposici&oacute;n a seguir a pesar de o incluso a causa de todo aquello con lo que chocamos. Podemos pensar este proceso como un ejercicio de feminismo pr&aacute;ctico. Si tendemos hacia el mundo de una forma feminista, si repetimos ese movimiento una y otra vez, adquirimos tendencias feministas. La esperanza feminista es la imposibilidad de eliminar este potencial de adquisici&oacute;n. Y sin embargo, una vez que te hiciste feminista, puede sentirse como si lo hubieras sido siempre.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es posible que lo hayas sido siempre? &iquest;Es posible que hayas sido feminista desde el principio? Quiz&aacute; te parece que siempre tuviste esa inclinaci&oacute;n. Quiz&aacute; ten&iacute;as esa tendencia hacia el feminismo porque ya te inclinabas a ser una chica rebelde o incluso voluntariosa, una chica que no aceptaba el lugar que le hab&iacute;an asignado. O tal vez el feminismo es una forma de empezar de nuevo: de manera que tu historia, en cierto modo, empieza con el feminismo.
    </p><p class="article-text">
        	Un movimiento feminista est&aacute; hecho de muchos momentos de empezar de nuevo. Y esta es una de mis preocupaciones centrales: en qu&eacute; medida la adquisici&oacute;n de una tendencia feminista a devenir ese tipo de chica o de mujer &ndash;el tipo incorrecto, o el tipo malo, el tipo de mujer que dice lo que piensa, que pone su firma, que levanta su brazo en se&ntilde;al de protesta&ndash; es necesaria para un movimiento feminista. Las luchas individuales son importantes; un movimiento colectivo las necesita. Pero por supuesto, el hecho de que seamos chicas incorrectas no implica necesariamente que estemos siempre en lo correcto. Muchas injusticias pueden ser y han sido perpetradas por aquellas que se autoperciben como las incorrectas &ndash;sea que se vean a s&iacute; mismas como mujeres incorrectas o como feministas incorrectas&ndash;. No hay ninguna garant&iacute;a de que en la lucha por la injusticia nosotras mismas seremos justas. Tenemos que dudar, atemperar con la duda la fuerza de nuestras tendencias; vacilar cuando estamos seguras, o incluso porque estamos seguras. Un movimiento feminista que procede con excesiva seguridad ya nos ha costado demasiado caro. Exploro la necesidad de dudar de nuestras convicciones en la parte III. Si a lo que aspiramos es a la construcci&oacute;n de una tendencia feminista, esa tendencia no nos provee un terreno estable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Ahmed]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/adelanto-vivir-vida-feminista-sara-ahmed_129_7217091.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Feb 2021 12:50:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Adelanto: "Vivir una vida feminista", de Sara Ahmed]]></media:title>
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