<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Daniel Molina]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/daniel-molina/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Daniel Molina]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/author/1031984/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La noche más oscura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/noche-oscura_129_11992802.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d14c3f4a-16eb-40d6-8b93-743d89dc6deb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La noche más oscura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La humanidad ha superado épocas difíciles gracias a pequeñas luces de resistencia cultural, como la revista Cuestionario, en la dictadura, o los monjes medievales que preservaron el conocimiento.</p></div><p class="article-text">
        En el editorial de la revista Cuestionario publicada tres meses despu&eacute;s del golpe del 24 de marzo de 1976, Rodolfo Terragno (director y due&ntilde;o de la publicaci&oacute;n) citaba una idea de Confucio sobre la importancia de los peque&ntilde;os gestos en medio de una gran crisis: &ldquo;Cuando los vientos m&aacute;s poderosos apagan todas las luces el sabio debe esforzarse por mantener encendida aunque sea una peque&ntilde;a l&aacute;mpara. No parece mucho, pero en medio de la noche m&aacute;s negra es importante que no todo sea oscuridad. Una peque&ntilde;a luz titilando a lo lejos se&ntilde;ala un camino para los que est&eacute;n perdidos&rdquo;. Ese fue el &uacute;ltimo n&uacute;mero de la revista de Terragno, quien debi&oacute; exiliarse en Venezuela para salvar su vida.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de su moderaci&oacute;n extrema &mdash;que la obligaba a la autocensura y a hablar entre l&iacute;neas&mdash;, la revista molestaba a la Dictadura: <strong>era esa peque&ntilde;a l&aacute;mpara que titilaba en medio de la noche m&aacute;s oscura</strong>. Cuando Cuestionario cerr&oacute; ya no quedaba ning&uacute;n medio de comunicaci&oacute;n que supusiera la menor cr&iacute;tica a las pol&iacute;ticas y el accionar del gobierno del General Rafael Videla. Hubo que esperar a&ntilde;os para que el tejido intelectual argentino pudiera volver a expresarse, al principio con suma timidez. Fueron los a&ntilde;os m&aacute;s oscuros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4caf353-22d1-4957-8362-1bdebea0413b_16-9-aspect-ratio_50p_1110009.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4caf353-22d1-4957-8362-1bdebea0413b_16-9-aspect-ratio_50p_1110009.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4caf353-22d1-4957-8362-1bdebea0413b_16-9-aspect-ratio_75p_1110009.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4caf353-22d1-4957-8362-1bdebea0413b_16-9-aspect-ratio_75p_1110009.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4caf353-22d1-4957-8362-1bdebea0413b_16-9-aspect-ratio_default_1110009.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f4caf353-22d1-4957-8362-1bdebea0413b_16-9-aspect-ratio_default_1110009.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f4caf353-22d1-4957-8362-1bdebea0413b_16-9-aspect-ratio_default_1110009.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En muchos momentos de la historia ha sucedido algo similar. Pero aunque no las veamos, las peque&ntilde;as l&aacute;mparas que titilan en la oscuridad siempre han existido y gracias a ellas hemos encontrado el camino. Es bueno recordarlo en estos momentos en los que todo lo que hasta hace poco consider&aacute;bamos valioso (como las Variaciones Goldberg, de Bach, interpretadas por Elliott Gould, por ejemplo) ya no vale nada.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; surgiendo una nueva cultura que no soporta ni la belleza ni el bien, al menos tal como la entendimos desde la &eacute;poca de Pericles hasta las obras de Spielberg o Borges. Es m&aacute;s: deber&iacute;amos recordar que durante los veinticinco siglos que median entre Pericles y Spielberg hay muchos momentos de oscuridad, que fueron realmente horribles. Fueron siglos de interrupci&oacute;n de todo lo que en el siglo de Pericles o en lo mejor de la Modernidad se valorizaba.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Está surgiendo una nueva cultura que no soporta ni la belleza ni el bien, al menos tal como la entendimos desde la época de Pericles hasta las obras de Spielberg o Borges</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por ejemplo, en el siglo VII, apenas 150 a&ntilde;os despu&eacute;s de la ca&iacute;da del Imperio Romano de Occidente, nadie en toda Europa sab&iacute;a leer. Era exactamente lo contrario de lo que hab&iacute;a sucedido en los a&ntilde;os del apogeo grecolatino (los mil a&ntilde;os que van entre el siglo VI aC y el V dC), en el que todos los habitantes de Grecia y Roma, incluido gran parte de los esclavos, estaban alfabetizados. Mientras que la Biblioteca de Alejandr&iacute;a &mdash;ya declinante en el a&ntilde;o 500&mdash; hab&iacute;a pose&iacute;do cientos de miles de manuscritos y todo el sistema de bibliotecas p&uacute;blicas y privadas del imperio romano ten&iacute;a millones de manuscritos a disposici&oacute;n de un amplio p&uacute;blico lector, en el siglo VIII la biblioteca m&aacute;s grande de toda Europa solo pose&iacute;a 38 manuscritos y no todos estaban completos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; se vivi&oacute; durante siglos en la Europa que sobrevivi&oacute; a la ca&iacute;da del Imperio y comenz&oacute; fundar los primeros reinos b&aacute;rbaros, que fueron configurando una nueva etapa cultural: la Edad Media. Hubo momentos en los que parec&iacute;a que el viejo esplendor de la inteligencia volver&iacute;a a brillar: as&iacute; sucedi&oacute; bajo el breve reinado de Carlomagno o en ese &ldquo;otro mundo&rdquo; dentro de la Europa cristiana que fue el Califato de C&oacute;rdoba (con su esplendor entre los siglos IX a XIII) y gracias al cual se preservaron los textos griegos y latinos cl&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo en esos siglos de oscuridad se fueron inventando nuevas cosas. Ante la ignorancia generalizada y la falta total de educadores se fue abandonando el lat&iacute;n como lengua hablada por todos desde el Atl&aacute;ntico hasta el Oriente Medio y del Sahara hasta Britania. Comenzaron a aparecer las nuevas lenguas locales, mechando trazos de lat&iacute;n con viejas tradiciones ling&uuml;&iacute;sticas regionales. As&iacute; aparecieron el castellano y el franc&eacute;s (lenguas &ldquo;latinas&rdquo; puras, que tomaron de la antigua lengua de Roma el n&uacute;cleo duro de su l&eacute;xico cotidiano), pero tambi&eacute;n el alem&aacute;n y el ingl&eacute;s (lenguas esencialmente sajonas, que, sin embargo, tomaron gran parte de su l&eacute;xico erudito del lat&iacute;n porque los pueblos sajones eran ignorantes en casi todo lo que no fuera la guerra y lo m&aacute;s elemental de la vida cotidiana).
    </p><p class="article-text">
        Siete siglos de convivencia con <strong>los musulmanes, que por entonces eran mucho m&aacute;s cultos y m&aacute;s desarrollados que los cristianos</strong>, les permiti&oacute; a los antiguos hijos de Roma aprender muchas cosas: por ejemplo, que hab&iacute;an tenido un pasado glorioso que en aquel entonces era preservado y engrandecido por los musulmanes. Y para difundir lo que iban aprendiendo de los &aacute;rabes y de su propio pasado comenzaron a crear las primeras universidades europeas (hacia el siglo XI), siguiendo el modelo que los musulmanes ven&iacute;an ensayando en las grandes capitales del mundo medieval: Bagdad o El Cairo.
    </p><p class="article-text">
        Era una minor&iacute;a tan peque&ntilde;a que si tom&aacute;ramos a todos los cristianos europeos que durante los siglos XII y XIII estaban en las primeras universidades &ldquo;modernas&rdquo; apenas llenar&iacute;amos un teatro modesto. De esos humildes or&iacute;genes llegamos a Oxford y a Cambridge, a Bertrand Russell y Wittgenstein, a Einstein y Bohr, a Marie Curie y a C&eacute;sar Milstein.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, cuando miramos hacia el origen tan modesto de las universidades, vemos las peque&ntilde;as l&aacute;mparas que quedaron encendidas en medio de la noche m&aacute;s oscura. Pero <strong>la gente que vivi&oacute; en aquellos a&ntilde;os vivi&oacute; una vida no solo muy dura, sino muy precaria</strong>. Casi toda la infraestructura urbana que sosten&iacute;a el progreso material de las sociedades desapareci&oacute; y la econom&iacute;a colaps&oacute;. La expectativa de vida apenas si se acercaba a los 25 a&ntilde;os. Hab&iacute;a gente de m&aacute;s de 40 a&ntilde;os, pero era excepcional. Y las mujeres mor&iacute;an antes &mdash;lo que sigui&oacute; sucediendo hasta el siglo XIX&mdash; porque <strong>el parto en condiciones de absoluta falta de higiene sol&iacute;a resultar mortal</strong>. Una mujer de 18 a&ntilde;os, si ten&iacute;a genes privilegiados, hab&iacute;a ya logrado sobrevivir a 4 o 6 partos. Era raro ver mujeres de 30 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Es bueno que recordemos que la humanidad sobrevivi&oacute; a esos momentos dif&iacute;ciles. Es buenos recordarlo ahora que estamos entrando en una nueva &eacute;poca oscura. Ser&aacute; m&aacute;s corta que la que vivieron los antiguos al caer el Imperio Romano de Occidente porque nuestras din&aacute;micas son distintas, pero nuestra ceguera (si no fu&eacute;ramos igualmente tontos y destructivos no vendr&iacute;an a&ntilde;os oscuros) es similar. Sin embargo, tambi&eacute;n debemos recordar que aun en la oscuridad sigue trabajando la luz.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es bueno que recordemos que la humanidad sobrevivió a esos momentos difíciles, ahora que estamos entrando en una nueva época oscura. Será más corta que la que vivieron los antiguos al caer el Imperio Romano de Occidente porque nuestras dinámicas son distintas, pero nuestra ceguera es similar</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Milei, Trump. Vox y los neonazis alemanes son los Atila de nuestra &eacute;poca. Vienen a destruir todo lo bueno y lo bello que alguna vez fue el faro que mov&iacute;a al mundo. Estos jinetes del Apocalipsis se enorgullecen de que donde ellos pasan no vuelve a crecer el pasto. <strong>Pero aun bajo Atila, la luz sigui&oacute; brillando</strong>.
    </p><p class="article-text">
        En un perdido monasterio de Espa&ntilde;a un grupo de an&oacute;nimos sacerdotes muy j&oacute;venes, quiz&aacute; apenas tuvieran 20 a&ntilde;os, comenzaron a garabatear glosas al margen de viejos c&oacute;dices religiosos en lat&iacute;n. Eran breves ayudamemorias para las lecciones que aprend&iacute;an de los pocos maestros que quedaban. Se les hablaba en lat&iacute;n y deb&iacute;an leer en lat&iacute;n, pero ellos casi no conoc&iacute;an ese idioma: hablaban en su vida cotidiana lo que siglos m&aacute;s tarde se llamar&iacute;a castellano. Esta escena primigenia ocurre hacia mediados del siglo IX (quiz&aacute; fue en 863) en un monasterio alejado de todas partes.
    </p><p class="article-text">
        Esos garabatos son los primeros en castellano que una mano humana haya hecho jam&aacute;s y fueron los que hicieron posible que doce siglos m&aacute;s tarde vos puedas estar leyendo este escrito (o Pedro P&aacute;ramo o los textos de Felisberto Hern&aacute;ndez) y los comprendas. Esos j&oacute;venes monjes estaban inventando el futuro y no lo sab&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Nos seguimos leyendo a trav&eacute;s de los siglos gracias a aquellos primeros glosadores del castellano. Tres siglos m&aacute;s tarde alguien, un an&oacute;nimo, escribir&iacute;a un libro entero en castellano, el Poema de Mio Cid. <strong>Ocho siglos despu&eacute;s de aquellas glosas iniciales el idioma ya era tan potente y maravilloso que permiti&oacute; generar el m&aacute;s grande libro que jam&aacute;s se haya escrito: el Quijote</strong>. Lo dem&aacute;s es historia reciente. Pero la semilla fue plantada en la &eacute;poca m&aacute;s oscura. Muy parecida en decadencia cultural a la que ahora estamos comenzando a vivir.
    </p><p class="article-text">
        Que aquellas peque&ntilde;as l&aacute;mparas que la historia dej&oacute; encendidas en el negro del horizonte nos den la esperanza que necesitamos para tolerar todo lo dif&iacute;cil que nos espera.
    </p><p class="article-text">
        <em>DM/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/noche-oscura_129_11992802.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jan 2025 03:01:13 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d14c3f4a-16eb-40d6-8b93-743d89dc6deb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="145129" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d14c3f4a-16eb-40d6-8b93-743d89dc6deb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="145129" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La noche más oscura]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d14c3f4a-16eb-40d6-8b93-743d89dc6deb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[David Lynch: un corazón salvaje]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/david-lynch-corazon-salvaje_129_11974206.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6844e045-527f-4506-ab30-286170c01ff0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="David Lynch: un corazón salvaje"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Arquitecto de lo extraño, navegó un universo donde el absurdo reina y lo real se esconde. Su obra, un caleidoscopio de belleza, misterio y rareza, desdibuja los límites entre lo cotidiano y lo inquietante. Devoto de Kafka, Camus y la meditación trascendental, plasmó la búsqueda eterna de sentido en un mundo caótico, donde el lenguaje se ha vaciado de certezas.</p></div><p class="article-text">
        Todo se va disolviendo, como figuras de cera que se derriten ante el fuego. Hasta el lenguaje se ha degradado y las viejas palabras, esas que nos permit&iacute;an imaginar un mundo m&aacute;s s&oacute;lido y consistente, ya pueden significar cualquier cosa; lo que es lo mismo que no significar nada. Ahora a cualquier situaci&oacute;n burocr&aacute;tica se la designa &ldquo;kafkiana&rdquo;. La po&eacute;tica obra de Kafka, rica en significaciones complejas, que hizo del absurdo de la existencia la materia misma de su poder creativo, ahora ha quedado reducida a un modismo intrascendente. Justamente <strong>Kafka es una de las claves secretas que nos permiten adentrarnos en los universos flotantes que ha producido David Lynch a lo largo de medio siglo</strong>, creando una de las obras cinematogr&aacute;ficas m&aacute;s originales de la historia.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/espectaculos/muere-director-cine-david-lynch-autor-obras-maestras-terciopelo-azul-twin-peaks-78-anos_1_11970754.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">David Lynch muri&oacute; el mi&eacute;rcoles pasado (la noticia se divulg&oacute; el jueves) en la casa de una de sus hijas</a>. Tuvo que autoevacuarse de urgencia porque su casa estaba en riesgo: se encontraba en la zona de incendios voraces que est&aacute; sufriendo Los &Aacute;ngeles. Sufr&iacute;a de enfisema por d&eacute;cadas de fumador. Ya depend&iacute;a de la m&aacute;quina de ox&iacute;geno para poder trasladarse de un cuarto al otro. El final del gran artista podr&iacute;a ser filmado por el propio Lynch como otra escena sugerente e incomprensible (a la vez que tr&aacute;gicamente c&oacute;mica) de una trama que nunca se completa: el poeta que ya no puede respirar sin ayuda de la m&aacute;quina se ve cercado por el humo que incendia la Meca del Cine y muere ahogado de calor familiar en la casa de una hija.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El final del gran artista podría ser filmado por el propio Lynch como otra escena sugerente e incomprensible (a la vez que trágicamente cómica) de una trama que nunca se completa: el poeta que ya no puede respirar sin ayuda de la máquina se ve cercado por el humo que incendia la Meca del Cine y muere ahogado de calor familiar en la casa de una hija</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        M&aacute;s que surrealista &mdash;otro de los muchos t&eacute;rminos que han sido bastardeados hasta el hartazgo y que todas las rese&ntilde;as han gastado aun m&aacute;s respecto del cine de Lynch&mdash;, el creador de la primera versi&oacute;n f&iacute;lmica de Dune apela siempre al absurdo. Su amor por Kafka y Camus (era devoto de &ldquo;El mito de S&iacute;sifo&rdquo;, en el que el franc&eacute;s reflexiona sobre el absurdo de haber nacido e insistir en vivir &ldquo;arrastrando una piedra hasta la cima de la monta&ntilde;a con el &uacute;nico objeto de dejarla caer&rdquo;) est&aacute; presente casi en cada fotograma de cada una de sus producciones.
    </p><p class="article-text">
        Lynch era un renacentista: <strong>es famoso por su cine o por la serie Twin Peaks, pero hizo de todo</strong>. Dise&ntilde;&oacute; muebles, escribi&oacute; libros de todo tipo (algunos son considerados de autoayuda), fue publicista, trabaj&oacute; con grandes m&uacute;sicos (su amistad con David Bowie es legendaria).
    </p><p class="article-text">
        Nacido en Montana (pero con mudanzas constantes por el trabajo de su padre), de ni&ntilde;o fue <em>boy scout</em>, lo que lo mantuvo en contacto constante con la naturaleza y le dio la experiencia de orden y organizaci&oacute;n que le permiti&oacute; afrontar los m&aacute;s diversos proyectos a lo largo de una vida muy fecunda. A los 15 a&ntilde;os fue uno de los j&oacute;venes acomodadores que ubicaban a los invitados especiales en la Casa Blanca, con motivo de la asunci&oacute;n del presidente John Fitzgerald Kennedy.
    </p><p class="article-text">
        Como se ve en los films de los cineastas que Lynch admiraba (de Stanley Kubrick a Roman Polanski, pasando por Jacques Tati, Ingmar Bergman y Werner Herzog) debajo de las apariencias estalla lo Real. De all&iacute; que el &ldquo;clima lyncheano&rdquo; sea una mezcla de misterio y estupor, en el que parece que siempre se est&aacute; por develar un secreto, pero nunca se devela nada.
    </p><p class="article-text">
        Aunque los g&eacute;neros a los que pertenecen sus pel&iacute;culas son muy variados (desde lo metaf&iacute;sico a la ciencia ficci&oacute;n) todos sus films se basan en el suspenso, como si el relato policial fuera la &uacute;nica forma humana de interpretar lo Real cuando aparece desnudo ante nuestra mirada asombrada. El sentido del mundo (el sinsentido, en realidad) es lo que nos impulsa a investigar, pero lo que encontramos nunca es lo que busc&aacute;bamos.
    </p><p class="article-text">
        La gran diferencia del cine de Lynch con casi todo lo dem&aacute;s que se hizo tras la c&aacute;mara es que <strong>no importa ni qui&eacute;n es el asesino ni los motivos del crimen</strong>. Lo Real siempre es delictivo, siempre es mortal, siempre es peligroso, adem&aacute;s de que nunca terminamos de comprenderlo. Su cine pone en escena la b&uacute;squeda insaciable. B&uacute;squeda que es llevada al extremo de lo bello, lo raro y lo perfecto (todo al mismo tiempo) en los que, para m&iacute;, son sus dos grandes obras maestras: Blue Velvet y Wild at Heart.
    </p><p class="article-text">
        Justamente en Blue Velvet se repite todo el tiempo la frase que podr&iacute;a ser la clave de toda la obra de Lynch: &ldquo;Este es un mundo extra&ntilde;o&rdquo;. En varias entrevistas el cineasta dijo que lo que m&aacute;s le interesaba era hacer arte &ldquo;porque el universo en el que vivimos est&aacute; conformado por opuestos y en el arte podemos apelar al truco de reconciliar los opuestos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lynch sosten&iacute;a que nuestra &eacute;poca ha vivido una degradaci&oacute;n radical del lenguaje y las frases ya no significan lo que antes cre&iacute;amos entender en ellas. Por eso ahora queda el arte para intentar no restaurar los viejos sentidos sino mostrar el sinsentido, el absurdo en el que estamos inmersos. Como en Esperando a Godot, de Samuel Beckett, en las pel&iacute;culas de Lynch los personajes est&aacute;n perdidos y buscan un redentor. A diferencia de los de Beckett, los personajes de Lynch logran, a veces (como en su primer film, Eraserhead, aunque tambi&eacute;n en Blue Velvet y Wild at Heart), una epifan&iacute;a o una trascendencia. No es casual que &eacute;l fuera practicante de la meditaci&oacute;n trascendental y que tuviera una fundaci&oacute;n que ense&ntilde;aba a realizarla en las c&aacute;rceles, en los hogares para personas indigentes y en los correccionales de muchachos que tienen muchos problemas con la ley.
    </p><p class="article-text">
        Es que <strong>para Lynch el gran secreto es dejar de flotar como motas de polvo en la oscuridad de un mundo absurdo</strong>; motas que son arrastradas por los vientos del caos, para encontrar en nuestro coraz&oacute;n lo &uacute;nico que vale la pena: la paz, que no es meramente una palabra (degradada como todas las otras) sino un estado de la mente.
    </p><p class="article-text">
        <em>DM/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/david-lynch-corazon-salvaje_129_11974206.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jan 2025 03:00:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6844e045-527f-4506-ab30-286170c01ff0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="466080" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6844e045-527f-4506-ab30-286170c01ff0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="466080" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[David Lynch: un corazón salvaje]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6844e045-527f-4506-ab30-286170c01ff0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[David Lynch,Cine surrealista,Absurdo,Misterio,Franz Kafka,Cine,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La que nos enseñó a pensar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/enseno-pensar_1_11909728.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/446254bf-307b-49c6-8e25-23b896042ce5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La que nos enseñó a pensar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Beatriz Sarlo fue una intelectual excepcional y una maestra del debate cultural argentino. Entendía la política con profundidad y defendía ideales con independencia. Su vida fue pedagógica: siempre aprendió y enseñó. Con su muerte, se cierra una época de pensamiento riguroso y queda un vacío en el mundo de la crítica y la conversación.</p></div><p class="article-text">
        En el comienzo de la democracia, a mediados de 1984, yo estaba en la casa de Mar&iacute;a Teresa Gramuglio y Pablo Renzi en Caballito entrevistando a Juan Jos&eacute; Saer &mdash;quien, de visita en el pa&iacute;s, paraba con ellos&mdash; para la revista El Porte&ntilde;o. Era la hora del crep&uacute;sculo cuando lleg&oacute; Beatriz Sarlo con una botella de whisky JB. Fue entonces que la conoc&iacute; y fuimos amigotes (nunca fuimos amigos, en el sentido fuerte del t&eacute;rmino) durante m&aacute;s de 40 a&ntilde;os. Hicimos algunas cosas juntos, la vida nos cruz&oacute; muchas veces y cada encuentro &mdash;casual o planificado&mdash; fue siempre un placer y un aprendizaje. Beatriz no dejaba indiferente a nadie. Esa noche fue un anuncio de muchas otras que vendr&iacute;an: en principio yo me iba a retirar al terminar la entrevista (digamos a las 19), pero reci&eacute;n ah&iacute; comenz&oacute; la charla. Corr&iacute;a el whisky. Comimos. Seguimos charlando y termin&eacute; y&eacute;ndome, del brazo de Beatriz, a las 7 de la ma&ntilde;ana del d&iacute;a siguiente.
    </p><p class="article-text">
        Borges divide a los genios en tres g&eacute;neros: escritores, pensadores y conversadores. Aunque Beatriz public&oacute; varios libros y cientos de art&iacute;culos, aunque le gustaba pensarse como una gran polemista p&uacute;blica (y realmente lo fue toda su vida), yo creo que fue esencialmente una conversadora genial. Incluyo en sus &ldquo;conversaciones&rdquo; tanto sus clases en la facultad de Filosof&iacute;a y Letras como las entrevistas, muchas de las cuales est&aacute;n registradas en medios gr&aacute;ficos o en videos. As&iacute; como hay un Borges oral podemos hablar de una Sarlo oral, tan genial (si no m&aacute;s) que la gran ensayista que fue.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Así como hay un Borges oral podemos hablar de una Sarlo oral, tan genial (si no más) que la gran ensayista que fue</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sarlo no pod&iacute;a no opinar. Estaba aquejada de la enfermedad del intelectual moderno (esa figura que comenz&oacute; a delinearse con la Revoluci&oacute;n Francesa y que ha desaparecido con el iPhone y Twitter, los medios que hicieron que todo el mundo fuera opinador, en especial los que no saben nada sobre el tema del que hablan). <strong>Sarlo sab&iacute;a. Sarlo dudaba. Afirmaba sus convicciones. No pocas veces con vehemencia, pero dudaba siempre</strong>. Y cambiaba mucho. Siempre fue &ldquo;de izquierda&rdquo;, aunque el lugar de esa izquierda a la que ella sent&iacute;a pertenecer cambiara mucho en las d&eacute;cadas que van desde sus primeras intervenciones a fines de los 60 hasta nuestros d&iacute;as.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/384e57be-cd8f-40eb-8976-145274a594ff_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/384e57be-cd8f-40eb-8976-145274a594ff_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/384e57be-cd8f-40eb-8976-145274a594ff_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/384e57be-cd8f-40eb-8976-145274a594ff_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/384e57be-cd8f-40eb-8976-145274a594ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/384e57be-cd8f-40eb-8976-145274a594ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/384e57be-cd8f-40eb-8976-145274a594ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Fue militante del comunismo maoista &mdash;que en los a&ntilde;os 70 apoyaba al gobierno de Isabel Per&oacute;n&mdash;. Vio en Alfons&iacute;n la posibilidad de una socialdemocracia que nos alejara tanto del populismo peronista como del eterno riesgo de las dictaduras militares. Fue cr&iacute;tica de Menem, de Cristina Kirchner, de Macri y de Milei. Mantuvo su independencia intelectual manteni&eacute;ndose en ese lugar dif&iacute;cil: <strong>al margen del gobierno, pero con una mirada comprensiva</strong>. Beatriz entend&iacute;a la pol&iacute;tica, a diferencia de muchos intelectuales que solo creen en ideales.
    </p><p class="article-text">
        Sarlo siempre comprendi&oacute; que los gobiernos tienen compromisos que los alejan de los ideales. Ella dijo muchas veces que<strong> lo importante no es ver que un gobierno no es perfecto y puro sino cu&aacute;nto se aleja o traiciona aquellos ideales y valores por los que quiere seguir gobernando</strong>. Si al final un gobierno se convierte en &ldquo;otro m&aacute;s&rdquo; que no aporta nada a la mejora del mundo, entonces realmente no vale nada, pero si mejora el mundo aunque no satisfaga las ideas que el intelectual defiende, entonces ese gobierno vale la pena. Por eso apoy&oacute; a Alfons&iacute;n hasta la ca&iacute;da misma, cuando ya hasta los fan&aacute;ticos se escond&iacute;an ante el hombre atribulado por el fracaso econ&oacute;mico de la hiperinflaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sarlo se meti&oacute; muchas veces en el barro de la lucha cotidiana por las ideas y las pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas y obviamente casi nunca sali&oacute; inmaculada de esas intervenciones. Pero siempre sali&oacute; m&aacute;s sabia. Aprend&iacute;a siempre. Eso nos ense&ntilde;&oacute; a todos los que la conocimos m&aacute;s de cerca y tambi&eacute;n a los much&iacute;simos que fueron sus alumnos circunstanciales: <strong>hay que meterse en el n&uacute;cleo de la &eacute;poca y tratar de entenderlo, aunque salgamos magullados</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Parafraseando a Oscar Wilde: &ldquo;Uno debe enfrentarse solo con la gente que puede aportarnos algo, con los mejores, aunque no nos agraden&rdquo;. Sarlo se enfrent&oacute; con todos los que val&iacute;a la pena discutir: desde David Vi&ntilde;as &mdash;un genio que ten&iacute;a muy malas maneras y algunas malas pr&aacute;cticas&mdash; hasta Horacio Gonz&aacute;lez. Con algunos coincidi&oacute; al final, al menos en parte. Con otros nada. Ella aprendi&oacute; en esos debates y nosotros tambi&eacute;n. La vida de Sarlo fue pedag&oacute;gica, fue la gran maestra del debate cultural argentino de los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Durante un par de a&ntilde;os fui parte de la c&aacute;tedra de Literatura Argentina del Siglo XX, de la que ella era la titular. Eso me permiti&oacute; participar no solo de las clases sino del seminario interno en el que se preparaba el temario que dictar&iacute;amos en el cuatrimestre pr&oacute;ximo. No gustaba ni de la literatura de Manuel Puig ni de la de C&eacute;sar Aira, que para la mayor&iacute;a de nosotros eran los m&aacute;s grandes escritores argentinos luego de Borges. Pero Sarlo no hac&iacute;a prevalecer su gusto. Ella comprend&iacute;a el lugar que ambos &mdash;Puig y Aira&mdash; ya ten&iacute;an en la literatura y en sus clases los inclu&iacute;a y los analizaba con inteligencia cr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La muerte de Beatriz Sarlo es un fin de &eacute;poca. <strong>Parece un lugar com&uacute;n decir este lugar com&uacute;n, pero en este caso es cierto. Ya casi no quedan intelectuales como ella (tal vez Tom&aacute;s Abraham sea el &uacute;ltimo ejemplar)</strong>. Todo un mundo que estaba centrado en la lectura &mdash;lectura implicaba conocer y criticar miles de libros; ir, volver, descartar y rescatar cientos de grandes autores&mdash; ese mundo ya no existe.
    </p><p class="article-text">
        Sarlo siempre se interes&oacute; por las nuevas tecnolog&iacute;as y por las nuevas pr&aacute;cticas sociales. Escribi&oacute; varios libros sobre ello. Pero en ese mundo tecno <strong>ella era una antrop&oacute;loga que miraba desde la distancia cr&iacute;tica un mundo del que no participaba</strong> o que le era en gran parte ajeno, como nos pasa a todos los que nos hemos criado en una biblioteca.
    </p><p class="article-text">
        Tuve el placer, el honor, la alegr&iacute;a de haber compartido cientos de horas de conversaci&oacute;n con Beatriz. Muri&oacute; una mujer genial a la que yo (como casi todos los que la conocieron) quer&iacute;a. Estamos m&aacute;s hu&eacute;rfanos que antes. Estamos m&aacute;s solos y m&aacute;s a oscuras. Con el tiempo se comprender&aacute; todo lo que se fue con ella.
    </p><p class="article-text">
        <em>DM/JJD</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/enseno-pensar_1_11909728.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Dec 2024 17:43:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/446254bf-307b-49c6-8e25-23b896042ce5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="546298" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/446254bf-307b-49c6-8e25-23b896042ce5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="546298" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La que nos enseñó a pensar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/446254bf-307b-49c6-8e25-23b896042ce5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Beatriz Sarlo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué no soy feminista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-feminista_129_7238172.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8cf65804-c1e4-4c7a-84bc-c350c37aa025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué no soy feminista"></p><p class="article-text">
        Uno deja de ser joven cuando en la calle nos para alguien y nos trata de &ldquo;se&ntilde;or&rdquo;. Y uno comienza a ser viejo cuando empieza a enterrar a gente de su edad. Pertenezco a la generaci&oacute;n que comenz&oacute; a enterrar a sus contempor&aacute;neos en la adolescencia y ya no par&oacute; m&aacute;s. Aprend&iacute; a ser viejo antes de dejar de ser joven. Esa condici&oacute;n me puso siempre en un lugar inc&oacute;modo, pero que hoy (a los 67 a&ntilde;os) valoro mucho: ver que todo es vanidad, como dice el Eclesiast&eacute;s. Todo lo humano est&aacute; condenado al olvido y que nada hay m&aacute;s transitorio que las verdades eternas, ya sean las de la Revoluci&oacute;n socialista de los 70 o las de la actual revoluci&oacute;n feminista. Todo pasa.
    </p><p class="article-text">
        Al cumplir 30 a&ntilde;os ya llevaba casi una d&eacute;cada en prisi&oacute;n (pas&eacute; entre rejas mi veintena completa). Soy gay -consiente de serlo desde que ten&iacute;a 4 a&ntilde;os-; y todos se daban cuenta que era homosexual con solo verme. Si alguien no lo notaba, yo se lo dec&iacute;a. Incluso en la c&aacute;rcel. Eso jam&aacute;s me hizo f&aacute;cil la vida. <strong>Ser gay en la Argentina de los 60 era verdaderamente duro. Sin embargo, jam&aacute;s asum&iacute; el papel de v&iacute;ctima. Ser v&iacute;ctima no es ning&uacute;n m&eacute;rito e instalarse en ese lugar es, por el contrario, un chantaje emocional a los que nos rodean.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Alrededor de los 17 a&ntilde;os dej&eacute; de creer en Dios. Cre&iacute;, ingenuamente, que me hab&iacute;a convertido en ateo. &iexcl;No existe nada m&aacute;s dif&iacute;cil que ser ateo! Yo soy ateo (tampoco es un m&eacute;rito; solo insisto en esto porque tiene importancia en el desarrollo de mi forma de ver el mundo). <strong>Soy completamente ateo: no creo en ninguna religi&oacute;n. Por eso no puedo ser feminista, ya que el feminismo es la religi&oacute;n de nuestra &eacute;poca.</strong> Es la creencia religiosa que se ha impuesto en todo el espacio p&uacute;blico de occidente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Yo fui feminista.</strong> As&iacute; como a comienzos de los 70 milit&eacute; en la izquierda, tambi&eacute;n me acerqu&eacute; a los primeros movimientos que promovieron los derechos de los gays (como el Frente de Lucha de los Homosexuales) y comenc&eacute; a leer los primeros libros feministas que circularon por entonces. Recuerdo una conversaci&oacute;n en 1970 en la cocina de casa tratando de convencer a mi madre de que el aborto deb&iacute;a ser legal. Ten&iacute;a 16 a&ntilde;os. Cincuenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde fue ley.
    </p><p class="article-text">
        Desde que tengo memoria recuerdo haber estado a favor de la igualdad del var&oacute;n y la mujer. Tanto la igualdad de derecho como la igualdad en dignidad. No solo entre el var&oacute;n y la mujer, sino de todas las identidades sexuales que existen y las que imaginemos en el futuro (mientras nos interese seguirnos pensando seg&uacute;n las identidades, algo que tambi&eacute;n alguna vez caducar&aacute; y olvidaremos). Le&iacute; <em>El Antiedipo</em> en 1973 y a Foucault desde 1972. No solo creo en los derechos de las identidades sexuales sino de las &eacute;tnicas, culturales y de cualquier color de piel o rasgo que se&ntilde;ale una diferencia. <strong>Y fue hermoso ver en este medio siglo de luchas por los derechos de todas las minor&iacute;as que la mayor&iacute;a de esos derechos se fueron conquistando. El mundo ha mejorado mucho en estos &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una caracter&iacute;stica fundamental de los &ldquo;viejos&rdquo; movimientos por los derechos de las minor&iacute;as era la civilidad: la discusi&oacute;n que entablaban en la sociedad era pol&iacute;tica y legal, alejada de cualquier teolog&iacute;a. Eso se acab&oacute;. El pensamiento religioso se col&oacute; y transform&oacute; a los movimientos de las minor&iacute;as en iglesias. Esto sucedi&oacute; hace dos d&eacute;cadas. La irrupci&oacute;n del pensamiento religioso fue lenta, pero sin pausas y se basa en la creencia absoluta en la identidad como lo esencial de cada persona.
    </p><p class="article-text">
        De a poco esta teolog&iacute;a feminista hizo su trabajo de zapa en el movimiento de los derechos civiles: al principio con algunos t&oacute;picos de la Teor&iacute;a de G&eacute;nero y de la Teor&iacute;a Queer (exacerbando a Derrida y hasta a Judith Butler), luego copando todo el espacio de lo que hoy se llama ir&oacute;nicamente (ya que la filosof&iacute;a presupone cr&iacute;tica y duda) &ldquo;Filosof&iacute;a Feminista&rdquo;. <strong>El mundo ahora se ha convertido en un campo de batalla entre El Patriarcado (el demonio que habita en la mente de los perversos) y el &aacute;ngel (o &ldquo;&aacute;ngela&rdquo;) exterminador del Feminismo (como revelaci&oacute;n de La Verdad).</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay muchos feminismos. Dir&iacute;a incluso que cada persona que se siente feminista tiene una forma propia de pensar y vivir el feminismo. Pero exactamente lo mismo sucede con el cristianismo -y con el catolicismo, una de las muchas variantes cristianas-. Y no por eso dejamos de pensar el cristianismo como un todo y cada una de sus grandes variantes como un cuerpo cultural que podemos analizar en conjunto.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, dentro de la religi&oacute;n feminista algunas teolog&iacute;as sostienen que los varones son intr&iacute;nsecamente perversos y que la &uacute;nica pol&iacute;tica feminista v&aacute;lida es el lesbianismo para las mujeres y la castraci&oacute;n qu&iacute;mica y el aislamiento total de los varones. Muchas feministas no est&aacute;n de acuerdo con esto y por muchas razones distintas (incluso porque no aceptan ya que existan &ldquo;varones&rdquo; y &ldquo;mujeres&rdquo;). Pero todas se ponen de acuerdo en participar en cuanto escrache o cancelaci&oacute;n surja en las redes sociales contra alguien que ha sido calificado como malvado por una denuncia femenina.<strong>&ldquo;Yo te creo, hermana&rdquo; es un mandamiento del catecismo de todos los feminismos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Aunque algunos feminismos no acepten que las mujeres son angelicales, brillantes de por s&iacute; y hacedoras del bien, sin embargo ning&uacute;n feminismo quiere discutir en p&uacute;blico estas diferencias. En eso el feminismo se parece al comunismo sovi&eacute;tico entre los a&ntilde;os 1930-1990: &ldquo;la cr&iacute;tica se hace adentro del movimiento porque los demonios viven acos&aacute;ndonos&rdquo;. <strong>Como toda religi&oacute;n fan&aacute;tica, tambi&eacute;n el feminismo se vive como v&iacute;ctima constante. &ldquo;Nos quieren matar a todas&rdquo; es otro mandamiento del catecismo feminista.</strong> Catecismo contradictorio como el de toda religi&oacute;n, porque otro de los mandamientos propone que las mujeres (que eran v&iacute;ctimas totales) est&aacute;n empoderadas y con ese poder cambiar&aacute;n el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Como el puritanismo, el feminismo es una religi&oacute;n que desprecia el erotismo y el placer: propone un nuevo mundo victoriano, alejado completamente del cuerpo y sus excesos. Una de las grandes obispas contempor&aacute;neas de la religi&oacute;n feminista, Sara Ahmed, propone enorgullecerse de ser &ldquo;la feminista aguafiestas&rdquo;, la que cuestiona a &ldquo;quienes est&aacute;n a gusto en un mundo plagado de injusticias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay feministas (muy a favor de ser &ldquo;la aguafiestas&rdquo;) que escriben columnas en las que afirman amar el placer: pero solo aceptan las relaciones &ldquo;placenteras&rdquo; que han sido discutidas previamente en cada uno de sus t&eacute;rminos y registradas en alguna parroquia o escriban&iacute;a con testigos, por si luego hay una discusi&oacute;n sobre c&oacute;mo se consum&oacute; el acto sexual. </strong>Las feministas &ldquo;aguafiestas&rdquo; sue&ntilde;an con una transparencia absoluta de las emociones: hay que ser totalmente sincero y decir siempre la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Como en todos los movimientos fan&aacute;ticos, en el feminismo tampoco se tolera el humor (quiz&aacute; por eso inventaron &ldquo;el humor feminista&rdquo;). Se puede decir del feminismo religioso lo que dijo Reinaldo Arenas del castrismo: &ldquo;Toda dictadura es casta y anti vital; toda manifestaci&oacute;n de vida es en s&iacute; un enemigo para cualquier r&eacute;gimen dogm&aacute;tico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para que la lucha contra el Patriarcado sea efectiva el feminismo copa el Estado (en esto se parece a todas las religiones intolerantes): desde el aparato estatal, con todo el poder de la m&aacute;quina burocr&aacute;tica en sus manos, quiere transformar las conciencias de los que aun no est&aacute;n convencidos y fortalecer a los santos. Tambi&eacute;n destruir a los r&eacute;probos. El feminismo como fanatismo religioso se piensa siempre en combate: es una lucha constante contra el demonio. &ldquo;Mi nombre es Legi&oacute;n, dice Lucifer. Estoy en todas partes y adopto todas las formas&rdquo;, as&iacute; se presenta el diablo en la Biblia. As&iacute; se piensa el Patriarcado en el feminismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hoy no se puede no ser feminista y trabajar en el Estado argentino. </strong>La Ley Micaela obliga a todo trabajador estatal a participar de los seminarios de sensibilizaci&oacute;n feminista. Hay que acordar con este catecismo. Todo este sistema es muy parecido a la mentalidad que construy&oacute; los campos de reeducaci&oacute;n de burgueses que no ser&iacute;an fusilados en el comunismo cubano y chino de los 60.
    </p><p class="article-text">
        Soy viejo. Morir&eacute; baj&oacute; el dominio feminista totalitario. No ver&eacute; nacer la nueva libertad, pero llegar&aacute;. No me queda suficiente tiempo de vida para ver a esta religi&oacute;n fan&aacute;tica destronada. Pero ser&aacute; derrocada. Todo pasa. Hasta la religi&oacute;n feminista alguna vez caer&aacute;. Como dijo Churchill mientras los aviones nazis bombardeaban a Inglaterra a comienzo de 1940: &ldquo;Soy optimista, creo que el totalitarismo al final caer&aacute;. No s&eacute; c&oacute;mo lo haremos, pero lo haremos. No se puede tener una actitud mejor que el optimismo en estas circunstancias.&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Daniel Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/no-feminista_129_7238172.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Feb 2021 02:59:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8cf65804-c1e4-4c7a-84bc-c350c37aa025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="220052" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8cf65804-c1e4-4c7a-84bc-c350c37aa025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="220052" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Por qué no soy feminista]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8cf65804-c1e4-4c7a-84bc-c350c37aa025_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismos]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
