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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Alejandro Katz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/alejandro-katz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Alejandro Katz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La izquierda democrática ante la polarización de la política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/izquierda-democratica-polarizacion-politica_129_7832418.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d6b0682-082e-4027-8078-c25ed5b4a244_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La izquierda democrática ante la polarización de la política"></p><p class="article-text">
        <strong>1.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para quienes apreciamos las taxonom&iacute;as, las distinciones claras, la precisi&oacute;n con que los conceptos ayudan a introducir orden en el caos, la escena pol&iacute;tica argentina es <strong>fuente de desasosiego permanente.</strong> No es necesario recorrer la historia del &uacute;ltimo medio siglo para que resulte evidente c&oacute;mo las principales fuerzas pol&iacute;ticas pueden ubicarse alternativamente en distintas y muchas veces contradictorias zonas del mapa ideol&oacute;gico, sea que se trate de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica, del modo -jur&iacute;dico, pol&iacute;tico- de procesar el pasado represivo o de la agenda de derechos. Las fluctuaciones, los corrimientos ideol&oacute;gicos, los modos de desmentir, en un momento, lo dicho o, m&aacute;s aun, lo hecho algunos a&ntilde;os o pocos meses atr&aacute;s ha convertido a la pol&iacute;tica argentina en <strong>un galimat&iacute;as dif&iacute;cil de interpretar. </strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es cierto: la fluidez ideol&oacute;gica no es un fen&oacute;meno exclusivamente local. Tambi&eacute;n es cierto que, dada la crisis de representaci&oacute;n y la multiplicidad de identidades individuales y colectivas, posiblemente sea m&aacute;s interesante juzgar las pol&iacute;ticas que los discursos, y asignar colores por lo realizado antes que por lo dicho si es que, finalmente, resulta imposible resistir el impulso clasificador. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El problema es que ese m&eacute;todo, por as&iacute; llamarlo, de dar legibilidad a la escena pol&iacute;tica resulta m&aacute;s &uacute;til para discurrir sobre el pasado o para tomar posici&oacute;n en el presente que para organizar la acci&oacute;n colectiva con vistas al futuro -lo que, se supone, es uno de los fines principales de la pol&iacute;tica. &iquest;Qui&eacute;n hubiera dicho por ejemplo, mediados los a&ntilde;os 80 del siglo pasado, que para llevar adelante la pol&iacute;tica de castigo de los represores habr&iacute;a que mirar hacia un peronismo que ven&iacute;a de convalidar la amnist&iacute;a con la que los dictadores se hab&iacute;an dado inmunidad y que hab&iacute;a rechazado integrar la CONADEP? &iquest;Y por qu&eacute; quien buscara actuar pol&iacute;ticamente para ampliar la agenda de derechos no adherir&iacute;a a un radicalismo que hab&iacute;a luchado en soledad para obtener la ley de divorcio, pero que luego llegar&iacute;a a la votaci&oacute;n crucial sobre la despenalizaci&oacute;n del aborto integrando una coalici&oacute;n que proporcion&oacute; la mayor cantidad de rechazos en el Congreso? &iquest;Y que para andar el camino de la despenalizaci&oacute;n habr&iacute;a que acomodarse junto con un peronismo que, durante los doce a&ntilde;os de gobiernos kirchneristas -y de hecho desde mucho antes-, hab&iacute;a rechazado incluso el tratamiento legislativo del proyecto? Todo ello, claro, por no hablar de las decisiones de pol&iacute;tica econ&oacute;mica, que encuentran sus &ldquo;momentos populistas&rdquo; tanto como sus &ldquo;ciclos neoliberales&rdquo; ejecutados puntualmente por todos los equipos que han gobernado este pa&iacute;s desde el regreso de la democracia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se me dir&aacute;, no sin raz&oacute;n, que a pesar de la fluidez ideol&oacute;gica, por llamarla de alg&uacute;n modo, que impera en las principales fuerzas de la pol&iacute;tica argentina, no todo es lo mismo. Pero que no todo sea lo mismo no cambia en nada el hecho de que al abandonar la consistencia program&aacute;tica, cuando no directamente el programa, en beneficio de identidades emocionales, lo que esas fuerzas -coaliciones, partidos, espacios- <strong>provocan es un deterioro en varias dimensiones de la esfera de lo pol&iacute;tico.</strong> Enumero r&aacute;pidamente las siguientes: 
    </p><p class="article-text">
        	-Se dificulta, como ya he se&ntilde;alado, la organizaci&oacute;n de la acci&oacute;n colectiva con vistas al futuro. <strong>La ciudadan&iacute;a no puede alinear expectativas de largo plazo con ninguna de esas fuerzas, ya que sus preferencias futuras son inciertas.</strong> Y las fuerzas pol&iacute;ticas, inversamente, dejan de tener compromisos de largo plazo con sus votantes. As&iacute;, tanto la acci&oacute;n pol&iacute;tica como el juicio sobre la acci&oacute;n pol&iacute;tica se agotan en el corto plazo. 
    </p><p class="article-text">
        	-<strong>Se degrada el debate p&uacute;blico,</strong> ya que &eacute;ste no gira en torno de ideas, proyectos o alternativas, y se pierde as&iacute; la posibilidad no solo de implicar activamente a la ciudadan&iacute;a en la deliberaci&oacute;n de los asuntos p&uacute;blicos relevantes sino tambi&eacute;n de dotar a la democracia de su ventaja epist&eacute;mica, que surge precisamente de la discusi&oacute;n consistente, con argumentos razonados, en la esfera p&uacute;blica, de las diversas alternativas para cada problema y conflicto.
    </p><p class="article-text">
        	-<strong>Se empobrece notablemente la calidad de los funcionarios</strong>, ya que estos dejan de ser personas comprometidas con ideas, formadas para convertir esas ideas en realidades a trav&eacute;s de la acci&oacute;n pol&iacute;tica y seleccionadas de acuerdo con sus virtudes, para componer cuerpos de funcionarios cuya capacidad fundamental no es ni el saber t&eacute;cnico ni el compromiso intelectual con los programas partidarios sino su capacidad para forjar v&iacute;nculos de lealtad con los l&iacute;deres.
    </p><p class="article-text">
        		Uno de los efectos m&aacute;s nocivos del desd&eacute;n por las ideas y por los programas es el modo en que la pol&iacute;tica emocional produce polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica. Tampoco este es un fen&oacute;meno local, sino resultado de aquella crisis de la representaci&oacute;n en contextos de crecientes desigualdades que es posible observar en pr&aacute;cticamente todas las democracias occidentales, resultado del mismo modo de las incertidumbres respecto de un futuro que se presenta sombr&iacute;o y del efecto nocivo de las redes sociales. De all&iacute; surgen divisiones tan profundas como amargas, cuyas consecuencias, en la vida familiar, laboral y, en general, en casi todos los &aacute;mbitos de sociabilidad, conocemos sobradamente. Es cierto: la pol&iacute;tica tuvo siempre un componente importante, incluso central, de emocionalidad y de construcci&oacute;n identitaria, del mismo modo en que la confrontaci&oacute;n fue muchas veces intensa e incluso agresiva -sin mencionar, claro, los tiempos de violencia, que no fueron tiempos de pol&iacute;tica. Pero lo particular de nuestra &eacute;poca radica en la reducci&oacute;n de la pol&iacute;tica a la emoci&oacute;n, la preeminencia, como se&ntilde;al&oacute; Alain Touraine, de &ldquo;personas y grupos sin ideas, sin direcci&oacute;n, sin programa, sin estrategia, sin lenguaje&rdquo;, lo que a su <strong>vez deteriora aun m&aacute;s la confianza de la ciudadan&iacute;a en las instituciones democr&aacute;ticas:</strong> cuanto m&aacute;s polarizado e incivil se vuelve el ambiente pol&iacute;tico menos lugar hay para mensajes portadores de contenido complejo y m&aacute;s propensi&oacute;n al alineamiento con posiciones facciosas.
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un contexto de devaluaci&oacute;n de la palabra pol&iacute;tica y una organizaci&oacute;n de la esfera p&uacute;blica dividida de un modo faccioso entre grupos que se niegan mutuamente legitimidad<strong> no parecer&iacute;a ser, como se dice, un campo f&eacute;rtil para promover una alternativa de izquierda democr&aacute;tica</strong> a la consideraci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a. En primer t&eacute;rmino, porque una propuesta de ese tipo es fundamentalmente program&aacute;tica, es decir, fundada en la articulaci&oacute;n de principios, ideas y propuestas. Estos pueden, por supuesto, emocionar, pero ante todo exigen una argumentaci&oacute;n precisa, articulada en un espacio p&uacute;blico que hoy est&aacute; poco dispuesto a la escucha: la polarizaci&oacute;n exacerba los sesgos cognitivos, de modo que mucha gente solo recoge aquello que confirma sus puntos de vista previos y descarta lo que podr&iacute;a hacerla cambiar de opini&oacute;n. En una atm&oacute;sfera de guerra civil larvada, en la que cada bando niega al otro el derecho a la existencia, es sumamente dif&iacute;cil intervenir con razones p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;En segundo t&eacute;rmino, porque una propuesta de izquierda democr&aacute;tica es, aunque radical en sus intenciones, moderada en su formulaci&oacute;n. A diferencia de la radicalizaci&oacute;n conservadora que priva en los espacios pol&iacute;ticos dominantes, radicalizaci&oacute;n gestual pero cuyo fin &uacute;ltimo es preservar el statu quo, el socialismo se propone desafiar las jerarqu&iacute;as vigentes pero sin apartarse en absoluto de sus convicciones democr&aacute;ticas, lo cual supone el reconocimiento de la legitimidad de los otros actores de la vida p&uacute;blica y la necesidad de establecer con ellos una relaci&oacute;n dial&oacute;gica. <strong>Radicalismo en los prop&oacute;sitos, moderaci&oacute;n democr&aacute;tica en las pr&aacute;cticas:</strong> nada m&aacute;s alejado de la escena actual en la cual el conservadurismo popular de unos es el mejor aliado del liberalismo conservador de los otros en la tarea de aumentar las desigualdades y deteriorar la democracia.
    </p><p class="article-text">
        	Estas son dificultades que agravan un escenario tradicionalmente adverso al crecimiento de un espacio de centroizquierda en la Argentina, en raz&oacute;n de lo que se ha dado en llamar<strong> la doble alma del peronismo,</strong> esa potencia que ha mostrado para ocupar alternativa o simult&aacute;neamente el imaginario de izquierda y de derecha, y por el modo en que esa capacidad ha atra&iacute;do hacia &eacute;l, una y otra vez, casi desde sus or&iacute;genes a mediados del siglo pasado, a intelectuales y militantes de izquierda que ven all&iacute; su lugar &ldquo;natural&rdquo;. Encandilados por la pregnancia del peronismo en los sectores populares, v&iacute;ctimas de una conciencia culpable o simplemente sabedores de que en un partido de poder las posibilidades de progreso son mayores, no pocos de quienes se identifican con los principios de la izquierda democr&aacute;tica terminan entramados en un dispositivo que, tomando en consideraci&oacute;n la fenomenolog&iacute;a concreta de sus pr&aacute;cticas de gobierno y de los efectos de dichas pr&aacute;cticas sobre la sociedad, mal podr&iacute;a reconocerse en el ideario socialista. Como lo se&ntilde;al&oacute; mucho antes de la experiencia kirchnerista Juan Carlos Portantiero, &ldquo;los elementos &rdquo;nacional-populares&ldquo; figuraron efectiva y eficazmente en la ideolog&iacute;a del peronismo, pero lo hicieron siempre insertados en los marcos estrictos de una l&oacute;gica que llevaba en &uacute;ltima instancia a depositar en el poder estatal, y particularmente en el de su jefe m&aacute;ximo, la &lsquo;palabra decisiva&rsquo;.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        	Es justamente en el cuestionamiento de la alternativa que se ha querido presentar como la &uacute;nica posible -la disyuntiva entre el imperio del mercado o el del Estado-, donde el socialismo democr&aacute;tico ubica su pensamiento y promueve su acci&oacute;n<strong>: en el espacio de lo p&uacute;blico, que regula al mercado y pone l&iacute;mites al poder del Estado en funci&oacute;n del crecimiento de lo com&uacute;n.</strong> Porque si el pensamiento de izquierda no tiene dudas de que el mercado debe ser regulado para que la codicia no corroa lo humano de la vida, m&aacute;s dificultades tiene para recordar que todo proceso de estatalizaci&oacute;n provoca &ldquo;un sofocamiento cada vez mayor de los espacios democr&aacute;ticos&rdquo;, como escribi&oacute; Jos&eacute; Aric&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        	Hay un elemento adicional que dificulta el crecimiento de una alternativa de centroizquierda: <strong>el prestigio de sus ideas</strong>. Un prestigio que, por dos v&iacute;as diferentes, es un obst&aacute;culo para el desarrollo de un movimiento socialista democr&aacute;tico en nuestro pa&iacute;s. Por una parte, porque en buena medida se considera que lo que esa tradici&oacute;n a la vez intelectual y pol&iacute;tica ten&iacute;a para ofrecer ya se ha cumplido: la extensi&oacute;n de los derechos de ciudadan&iacute;a, de los derechos del trabajo, de la agenda de g&eacute;nero. La imaginaci&oacute;n que ha conducido a que esos derechos se conviertan en realidad es la imaginaci&oacute;n que la izquierda democr&aacute;tica ha impulsado desde hace por lo menos un siglo y medio, y hay quienes piensan, por buenas y por malas razones, que ya no es posible pedir m&aacute;s de esa tradici&oacute;n. Por otra parte, porque ese prestigio provoca que las principales fuerzas en pugna en la escena argentina la reivindiquen como propia. No hay que ir muy lejos a recoger las evidencias: &ldquo;&iquest;Se podr&iacute;a decir que usted es socialdem&oacute;crata?&rdquo;, le pregunt&oacute; Jorge Fontevecchia a Alberto Fern&aacute;ndez en abril de 2020. &ldquo;S&iacute;&rdquo;, respondi&oacute; el presidente, &ldquo;el peronismo tranquilamente podr&iacute;a calificarse como socialdem&oacute;crata.&rdquo; Mientras tanto, el liberalismo vern&aacute;culo, que poco tiene, en verdad, de liberal, hace un movimiento en el mismo sentido, al ir a buscar en la tradici&oacute;n de la izquierda democr&aacute;tica atributos que le dar&iacute;an una legitimidad cuyas pr&aacute;cticas efectivas desmienten cuando est&aacute; en el ejercicio del poder. En este diario una columna de Hern&aacute;n Iglesias Illa sosten&iacute;a hace apenas unos meses que es en Juntos por el Cambio donde &ldquo;un socialdem&oacute;crata moderno deber&iacute;a estar&rdquo;, reclamo contestado aqu&iacute; mismo con precisi&oacute;n argumentativa por Mariano Schuster y en el Parlamento con precisi&oacute;n f&aacute;ctica por los propios legisladores de Juntos por el Cambio, que no solo votaron mayormente contra la ley que despenalizaba la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo sino tambi&eacute;n a favor, hace unos cuantos d&iacute;as, de la reducci&oacute;n del impuesto a las ganancias. 
    </p><p class="article-text">
        	&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hace menos de cien a&ntilde;os -escribi&oacute; el fil&oacute;sofo Axel Honneth, director de la Escuela de Frankfurt, en el prefacio de un breve e iluminador libro: <em>La idea del socialismo. Una tentativa de actualizaci&oacute;n</em>- el socialismo era un movimiento tan poderoso en la sociedad moderna que casi no exist&iacute;an te&oacute;ricos sociales que no creyeran necesario dedicarle tratados extensos, algunos cr&iacute;ticos, otros con mirada favorable, pero siempre movidos por el respeto.&rdquo; Y sin embargo hoy, nos dice Honneth, parece que ese respeto se ha agotado: &ldquo;no se conf&iacute;a en que [el socialismo] pueda volver a despertar el entusiasmo de las masas ni se lo considera apto para se&ntilde;alar alternativas al capitalismo.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero Honneth impugna esa desconfianza, y emprende, en <em>La idea del socialismo</em>, una tentativa de actualizaci&oacute;n. No est&aacute; solo en esa tarea, que, entre nosotros, llevaron adelante entre otros Jos&eacute; Aric&oacute; y Juan Carlos Portantiero, y no pocos pensadores y pensadoras de todo el mundo, preocupados por encontrar alternativas al capitalismo que fueran al mismo tiempo distintas de aquellas que el as&iacute; llamado socialismo real implement&oacute;, con los pavorosos resultados conocidos, en distintos sitios y con distintas modulaciones. Todos ellos se preocupan por proponer<strong> alternativas en las cuales las personas gocen a la vez de un m&aacute;ximo de libertad y de un m&aacute;ximo de igualdad,</strong> que son las ideas fundamentales de toda propuesta a la vez socialista <em>y</em> democr&aacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En las primeras secciones de este texto me ocup&eacute; de describir algunas de las dificultades que tiene una alternativa pol&iacute;tica de izquierda democr&aacute;tica para hacerse lugar en la Argentina actual. Argumentar esas dificultades no significa, sin embargo, justificar un desistimiento sino, por el contrario, subrayar una necesidad. Es justamente por la existencia de <strong>dos coaliciones que, carentes de programa, oscilan entre los abusos de mercado y los abusos de Estado</strong>, en una escena pol&iacute;tica crecientemente polarizada y facciosa, que <strong>es m&aacute;s necesario que nunca el desarrollo de un espacio pol&iacute;tico de izquierda democr&aacute;tica que contribuya a mejorar la calidad de la vida p&uacute;blica.</strong> A la fe ciega que unos tienen en el mercado los otros oponen, cada vez m&aacute;s, una creencia casi religiosa en las virtudes del Estado, confundiendo al Estado con lo p&uacute;blico y con la sociedad. Su eslogan da cuenta de su ceguera: &ldquo;Estado presente&rdquo;, repiten una y otra vez. &ldquo;El verdadero hogar del socialismo no es el gobierno -escribi&oacute; Michael Walzer-; es el espacio pol&iacute;tico que existe afuera del gobierno [&hellip;]. La mayor parte de las veces los militantes y los activistas deben crearlo y defenderlo por s&iacute; mismos. El espacio siempre es impugnado, y el locus de esa impugnaci&oacute;n es la sociedad civil.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>Argentina est&aacute; en v&iacute;as</strong> <strong>de descomposici&oacute;n</strong>. Todav&iacute;a, es cierto, conservamos ciertos lazos: una Constituci&oacute;n no demasiado vulnerada -aunque tampoco notablemente respetada-, algunas instituciones que, aunque heridas, siguen funcionando, una leve idea de democracia, que no va mucho m&aacute;s all&aacute; de la regularidad de los procesos electorales. <strong>Pero hemos perdido toda idea de comunidad pol&iacute;tica o, m&aacute;s grave a&uacute;n, de comunidad</strong> sin m&aacute;s: los v&iacute;nculos que tenemos son o bien mercantiles o bien tribales. No hay entre nosotros un sentimiento de respeto, reconocimiento y solidaridad por cada uno de los otros por el solo hecho de que formen parte de una misma comunidad; <strong>no creemos que nuestro destino dependa del destino de los otros.</strong> Entre la estatalidad jer&aacute;rquica, autoritaria y unanimista de unos y el individualismo exacerbado, depredador y competitivo de los otros, una opci&oacute;n de izquierda democr&aacute;tica permitir&iacute;a <strong>reconstruir una vida en com&uacute;n a la vez igualitaria y pluralista, respetuosa de la diversidad no solo de proyectos y estilos de vida sino tambi&eacute;n de los variados arreglos econ&oacute;micos y sociales que existen en una sociedad compleja</strong>, sobre la base de la cooperaci&oacute;n y el reconocimiento. Porque es ese renovado proyecto socialista el &ldquo;defensor moral&rdquo;, como escribe Honneth, de ampliaciones de la libertad no solo en las condiciones de la producci&oacute;n, sino tambi&eacute;n en las relaciones personales y en las posibilidades de cogesti&oacute;n pol&iacute;tica. Un futuro mejor no debe pensarse solo en t&eacute;rminos de mayor igualdad econ&oacute;mica y pol&iacute;tica, sino tambi&eacute;n en las condiciones de libertad social, en las relaciones familiares y personales y en los&nbsp;procedimientos de construcci&oacute;n de la voluntad p&uacute;blica, y es solo un proyecto socialista el que puede encarar esas tareas. Como escribe Honneth: &ldquo;solo cuando cada miembro de la sociedad pueda satisfacer la necesidad, compartida con todos los dem&aacute;s miembros, de intimidad corporal y emocional, de independencia econ&oacute;mica y de autodeterminaci&oacute;n pol&iacute;tica, confiando en que sus pares en la interacci&oacute;n se interesar&aacute;n por &eacute;l y le brindar&aacute;n ayuda, se habr&aacute; transformado nuestra sociedad en una sociedad social en todo el sentido de la palabra.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>Alejandro Katz es editor y ensayista. Realiza an&aacute;lisis pol&iacute;tico, social y cultural en distintos medios de Argentina e Iberoam&eacute;rica.</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Katz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/izquierda-democratica-polarizacion-politica_129_7832418.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Apr 2021 03:33:11 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los derechos humanos estratégicos no son derechos humanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/derechos-humanos-estrategicos-no-son-derechos-humanos_129_7254545.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/65b86a81-393d-42f5-8a07-8747cc07e35a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los derechos humanos estratégicos no son derechos humanos"></p><p class="article-text">
        El 24 de marzo de 2004 N&eacute;stor Kirchner orden&oacute; al general Roberto Bendini que retirara los retratos de Jorge Videla y de Reynaldo Bignone de una de las salas del Colegio Militar. Una decisi&oacute;n que parec&iacute;a oportuna, en todos los sentidos del t&eacute;rmino: a la vez institucional y moralmente adecuada y pol&iacute;ticamente provechosa. Aunque es posible discutir los efectos perniciosos de ese <em>borramiento de la memoria</em>, Kirchner obtuvo de ese gesto inmensos beneficios sin tener que asumir por ello ning&uacute;n costo y, sobre todo, sin exponerse a ning&uacute;n riesgo. <strong>Se trat&oacute; de una escena preparada con anticipaci&oacute;n, que le permitir&iacute;a inscribirse en una tradici&oacute;n que le resultaba ajena: la de la lucha por los derechos humanos en la Argentina dictatorial y en las exigencias de justicia en la inmediata posdictadura.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La vida p&uacute;blica no aborrece de las puestas en escena. Adem&aacute;s de permitirle capturar en su favor la simpat&iacute;a de un sector social que, desde los indultos otorgados por Menem, observaba con angustia e indignaci&oacute;n el devenir de los procesos sancionatorios de los cr&iacute;menes de Estado, la orden dada por Kirchner a Bendini, cifrada en una palabra tomada de la jerga militar &ndash;&ldquo;proceda&rdquo;- ratificaba al mismo tiempo la primac&iacute;a del poder pol&iacute;tico y reconstru&iacute;a un hilo de sentido hist&oacute;rico con la labor de la Conadep y los Juicios a las Juntas. Que no hubiera nada heroico -hab&iacute;a sido Menem quien concluy&oacute; con el proceso de subordinar a los militares al poder pol&iacute;tico- ni especialmente novedoso no habr&iacute;a quitado a ese gesto el valor de reponer la continuidad en la construcci&oacute;n de una tradici&oacute;n de lucha por los derechos humanos en la que la democracia argentina se debat&iacute;a de un modo todav&iacute;a zigzagueante.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>Pero la decisi&oacute;n de Kirchner no era la de dar continuidad a una tradici&oacute;n inscribi&eacute;ndose, al hacerlo, en ella: era establecer el lugar de una fundaci&oacute;n, y reivindicar para s&iacute; mismo el car&aacute;cter fundante.</strong> Porque el mismo d&iacute;a, en el acto en el que firm&oacute; el decreto de creaci&oacute;n del Museo de la Memoria y para la Promoci&oacute;n de los Derechos Humanos, proclam&oacute; el amargamente famoso pedido de perd&oacute;n en nombre de un Estado que habr&iacute;a &ldquo;callado durante 20 a&ntilde;os de democracia (&hellip;) tantas atrocidades&rdquo;. Kirchner no solo pretendi&oacute; as&iacute; reescribir su propia biograf&iacute;a, ofreci&eacute;ndose una historia de la que carec&iacute;a, sino que aspir&oacute; con esa sola frase a reformular la historia de las luchas por los derechos humanos, tanto las de las organizaciones como las del mismo Estado democr&aacute;tico que hab&iacute;a creado la Conadep y juzgado a las Juntas Militares.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al negar los procesos de justicia realizados durante la transici&oacute;n -que, nunca est&aacute; de m&aacute;s recordarlo, se hab&iacute;an producido en contra de la posici&oacute;n del peronismo, partidario de aceptar la amnist&iacute;a que se hab&iacute;an concedido a s&iacute; mismos los militares, y que hab&iacute;a rechazado integrar la Conadep-, Kirchner no solo se situ&oacute; en el origen de un proceso que le aportar&iacute;a una legitimidad de la que carec&iacute;a ante la sociedad.<strong> La exclusi&oacute;n de las luchas primeras en la narrativa kirchnerista de los derechos humanos redujo una exigencia colectiva a una pol&iacute;tica de facci&oacute;n.</strong> Esas luchas, as&iacute; como la demanda de castigo a los perpetradores, dejar&iacute;an de ser ya lo com&uacute;n a hombres y mujeres de la democracia para integrar el dispositivo discursivo de solo uno de los espacios que organizan la pol&iacute;tica argentina: la pretensi&oacute;n de fundar llevaba consigo, simult&aacute;neamente, la voluntad de excluir. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El gesto result&oacute;, en efecto, inaugural: por una parte, de la posterior din&aacute;mica agonal de la pol&iacute;tica que el kirchnerismo impuls&oacute; cada vez m&aacute;s aceleradamente en los a&ntilde;os siguientes. Por otra, aunque posiblemente no sea m&aacute;s que el reverso igualmente oscuro de una misma, deslucida medalla, signific&oacute; la ruptura del pacto democr&aacute;tico basado no sobre los derechos humanos sino sobre la universalidad de los mismos, en el doble sentido de alcanzar a todos pero tambi&eacute;n de ser enunciados por todos. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde entonces, la idea misma de los derechos humanos fue retirada de un espacio compartido de construcci&oacute;n de una comunidad pol&iacute;tica que se reconoce a s&iacute; misma en el reconocimiento de la primac&iacute;a de esos derechos, para convertirse crecientemente en un instrumento de la lucha pol&iacute;tica, un instrumento cuyas derivadas no pocas veces se metamorfosearon con la venalidad de unas pr&aacute;cticas de lo pol&iacute;tico crecientemente degradadas.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero al trayecto que hab&iacute;a iniciado la idea de los derechos humanos bajo el impulso de los gobiernos kirchneristas le faltaba el fundamento de una teor&iacute;a propia, una que no fuera la extensi&oacute;n hacia este campo de la teor&iacute;a de la hegemon&iacute;a de Laclau. Como si hacer expl&iacute;cita la idea que organiza el problema le hubiera restado valor a lo que muchos hubieran querido que se impusiera con la fuerza de una evidencia portadora de toda argumentaci&oacute;n, volviendo as&iacute; las palabras in&uacute;tiles. M&aacute;s que pensar, se trataba de se&ntilde;alar, al mismo tiempo a los r&eacute;probos y a los salvados, a los victimarios y a las v&iacute;ctimas, en un movimiento que en la acusaci&oacute;n subsum&iacute;a la explicaci&oacute;n y que serv&iacute;a para establecer qui&eacute;n tiene derecho a decir qu&eacute;. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si hiperb&oacute;licamente fue el jefe de Gabinete quien por fin puso la palabra en su lugar (<em>&ldquo;A nosotros no nos van</em> a decir qu&eacute; hacer con los derechos humanos&rdquo;, afirm&oacute;, asumiendo de paso que el &ldquo;nosotros&rdquo; y el &ldquo;ellos&rdquo; son objetividades transparentes para todos) fueron Paula Litvachky y Ximena Tordini quienes, quiz&aacute; inadvertidamente, formularon el esbozo de la teor&iacute;a en la que se fundamentan tantos a&ntilde;os de pr&aacute;cticas asociadas con los derechos humanos: &ldquo;La idea de que los derechos humanos son de todos, de que son un universal, es una verdad normativa, que est&aacute; en la Constituci&oacute;n y en los tratados, pero lejos est&aacute; de ser una caracter&iacute;stica del modo en el que funciona el mundo&rdquo;, <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/derechos-humanos-no-son-lamentablemente_129_7217617.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">escribieron en una nota publicada en elDiarioAR</a>. <strong>Lo interesante no resulta de una constataci&oacute;n que es autoevidente, sino de las consecuencias que de ella se derivan. Porque lo que las autoras sostienen a continuaci&oacute;n no es que la acci&oacute;n de los organismos de derechos humanos o, en general, de toda pol&iacute;tica orientada a protegerlos, debe aspirar a que ese universal se cumpla, sino a seleccionar los derechos humanos de qui&eacute;nes deben ser reivindicados y protegidos y los de qui&eacute;nes no forman parte de ese prop&oacute;sito, que por tanto deja de ser universal.</strong> Y no se trata de una decisi&oacute;n pragm&aacute;tica, fundada en la evaluaci&oacute;n de las capacidades disponibles para atender unas situaciones y no otras, ni de la prelaci&oacute;n con que una situaci&oacute;n exige atenci&oacute;n de preferencia sobre una alternativa porque los da&ntilde;os que produce son m&aacute;s graves o son m&aacute;s dif&iacute;cilmente reparables. Lo que Litvachky y Tordini sostienen es la legitimidad de que la agenda de los derechos humanos se defina en funci&oacute;n de afinidades partidarias. &ldquo;La politizaci&oacute;n -escriben- no es un mal para el &lsquo;paradigma de los derechos humanos&rsquo;, sino m&aacute;s bien lo contrario. Postular que las organizaciones de derechos humanos deben ser neutrales es pretender sacarlas de la lucha pol&iacute;tica, es decir del lugar donde la realidad adquiere sus formas. Es con m&aacute;s pol&iacute;tica, no con menos, que los derechos de todes pueden no solo respetarse sino realizarse.&rdquo; El texto de Litvachky y Tordini introduce entonces una novedad: <strong>ellas vienen a decir por primera vez que la&nbsp;desigualdad y las violaciones de derechos ya no son algo que se combate incondicionalmente sino que pueden ser aceptables para un grupo. </strong>Introducen, as&iacute;, la dimensi&oacute;n <em>estrat&eacute;gica</em> en el discurso y en la pol&iacute;tica de los derechos humanos, una dimensi&oacute;n cuya ausencia era la que les confer&iacute;a a aquellos su especificidad y, tambi&eacute;n, su fortaleza. 
    </p><p class="article-text">
        	Como ha se&ntilde;alado justamente Hugo Vezzetti en esta misma pol&eacute;mica, lo propio de la idea misma de derechos humanos es que esta se desarroll&oacute; contra la larga historia &ldquo;de la subordinaci&oacute;n de los derechos a la pol&iacute;tica&rdquo;, con el prop&oacute;sito de hacerlos aut&oacute;nomos de la lucha pol&iacute;tica y, por tanto, <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/politica-autonomia-etica-derechos-humanos_129_7234265.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;respecto del poder, sea del Estado, de un partido o de una facci&oacute;n</a>&rdquo;. Al oponer una supuesta &ldquo;neutralidad&rdquo; del discurso de los derechos humanos a su utilizaci&oacute;n en el marco de las &ldquo;luchas pol&iacute;ticas&rdquo;, atribuy&eacute;ndose tambi&eacute;n la autoridad para decidir cuales son las vulneraciones de derechos que deben ser combatidas y cuales, como las de Formosa, silenciadas, Litvachky y Tordini resignfican el lenguaje de los derechos humanos y en consecuencia sus pr&aacute;cticas: como escribe Michael Walzer, la estrategia es &ldquo;el otro lenguaje de la guerra&rdquo;; es, &ldquo;como la moral, un lenguaje de justificaci&oacute;n&rdquo;. La primac&iacute;a del derecho es as&iacute; sustituida por la primac&iacute;a de la lucha. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si la promoci&oacute;n y defensa de los derechos humanos constituyen el pacto original de la democracia recuperada, lo son porque al situar ciertos derechos m&aacute;s all&aacute; del lenguaje de la justificaci&oacute;n -es decir, fundamentalmente, m&aacute;s all&aacute; de la posibilidad de argumentar que en determinados casos los derechos humanos pueden ser violados, o que esa violaci&oacute;n no ser&iacute;a merecedora de reprobaci&oacute;n un&aacute;nime aduciendo razones pol&iacute;ticas- al situarse m&aacute;s all&aacute; de cualquier argumento estrat&eacute;gico esos derechos establecen el per&iacute;metro de una comunidad pol&iacute;tica que, fundada bajo el horror de los cr&iacute;menes de la dictadura, decidi&oacute; que toda controversia ser&aacute; tramitada por medios no violentos, y que por tanto <em>en ning&uacute;n caso</em> ser&aacute; ya posible <em>justificar</em> una violaci&oacute;n de los derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al formular un argumento a favor del uso estrat&eacute;gico de los derechos humanos, Litvachky y Tordinni est&aacute;n diciendo, tambi&eacute;n, que esa concepci&oacute;n de los derechos humanos supone una idea de comunidad pol&iacute;tica distinta de la formulada en la salida de la dictadura, una idea en la cual, una vez m&aacute;s, la estrategia, ese otro lenguaje de la guerra, se impone sobre el derecho y sobre los derechos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Katz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/derechos-humanos-estrategicos-no-son-derechos-humanos_129_7254545.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Feb 2021 04:20:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los derechos humanos estratégicos no son derechos humanos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Derechos humanos,Néstor Kirchner]]></media:keywords>
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