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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariana Heredia]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/mariana-heredia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariana Heredia]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Cómo reírse de la inflación?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/reirse-inflacion_129_10182185.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75d9803d-d0a8-41b9-b711-93ea4f12e4ee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cómo reírse de la inflación?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si la inflación es una experiencia ecuménica que alcanza ya a varias generaciones de argentinos, la autora rescata que, en sus momentos aciagos, nos ofrece una contrapartida: "el singular privilegio de amonestar a las autoridades". En algunos, memorables, casos, con humor.</p></div><p class="article-text">
        En una entrevista con <strong>Tomas Rebord</strong>, el humorista <a href="https://www.youtube.com/watch?v=n8CNI_zB4Rg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Guille Aquino</strong></a><strong> </strong>comenta que, cuando se encuentra a trabajar con su equipo, conversan sobre cuestiones que los angustian, a veces lloran. De ah&iacute;, salen los mejores chistes. 
    </p><p class="article-text">
        Desde hace m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os, las vi&ntilde;etas de humor gr&aacute;fico retratan nuestra desaz&oacute;n y perplejidad ante la inflaci&oacute;n. Corre 1975 y un almacenero le anuncia a su clienta que le debe 1300 pesos. &ndash;&ldquo;&iquest;necesita que le env&iacute;e un cadete?&rdquo;- pregunta. La se&ntilde;ora resignada le contesta que no, que no es necesario: le alcanza una sola mano para llevar todo lo que acaba de comprar. Llegados a 1981, dos amigos conversan. &ldquo;&rsquo;&iexcl;Qu&eacute; curioso!&rdquo;- dice uno- &ldquo;A medida que el dinero pierde valor, la gente tiene que armarse de coraje&rdquo;. Poquito despu&eacute;s, en 1982, un deudor se acerca a un mostrador con una pila infinita de billetes. El empleado bancario lo previene: &ldquo;Lo siento. No creo que le alcance para pagar la cuota de su departamento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, aunque los billetes abundan, la gente est&aacute; cada vez m&aacute;s desconcertada. En noviembre de 1985, una se&ntilde;ora le pide un kilo de lomo al carnicero. &ldquo;&iquest;Lomo oficial o paralelo?&rdquo; le pregunta el comerciante. Con tipos de cambio desdoblados o mercados negros, la confusi&oacute;n va en aumento. En 1989, una persona vacila: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; subi&oacute; m&aacute;s? &iquest;La carne o el d&oacute;lar?&rdquo; Su interlocutor responde: &ldquo;No s&eacute;... en casa esas cosas no se conocen&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La inflaci&oacute;n es una experiencia ecum&eacute;nica que alcanza ya a varias generaciones de argentinos. <a href="https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/118611/CONICET_Digital_Nro.7dd40eaf-30eb-4954-8ffe-f94a48a7909f_A.pdf?sequence=2&amp;isAllowed=y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Con la soci&oacute;loga </a><a href="https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/118611/CONICET_Digital_Nro.7dd40eaf-30eb-4954-8ffe-f94a48a7909f_A.pdf?sequence=2&amp;isAllowed=y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Claudia Daniel</strong></a>, un grupo generoso de estudiantes y los auspicios de la Agencia I + D + i, nos dedicamos a rastrear en la prensa gr&aacute;fica la manera en que, desde hace d&eacute;cadas, la sociedad ha dejado peque&ntilde;as huellas de su experiencia ante la inflaci&oacute;n. En a&ntilde;os distantes en el tiempo, los argentinos podemos reconocernos ante la estampida de los precios, la p&eacute;rdida del sentido de las equivalencias, el acarreo de billetes de valor irrisorio, la necesidad de postergar o cancelar varios gastos. Intuimos o sabemos que muchos de nuestros contempor&aacute;neos se enfrentan a dolorosas privaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Estos momentos aciagos nos ofrecen una contrapartida: el singular privilegio de amonestar a las autoridades. Y, al hacerlo, de desestimar su capacidad para ayudarnos. 
    </p><p class="article-text">
        Un ni&ntilde;o repasa, en septiembre de 1981, las conjugaciones de los verbos: &ldquo;Yo aumento, tu aumentas, &eacute;l aumenta&rdquo;. El maestro le explica al padre que los observa: &ldquo;De aqu&iacute; van a salir los futuros gobernantes del pa&iacute;s&rdquo;. Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, la Argentina se ubica como el pa&iacute;s con mayores niveles de inflaci&oacute;n del mundo. La historieta P&eacute;rez-Man subraya que somos &ldquo;campeones mundiales&rdquo; en incremento de precios y destaca &ldquo;la excelencia de los directores t&eacute;cnicos&rdquo; que han conducido al pa&iacute;s a este dudoso podio. 
    </p><p class="article-text">
        Y es que esa incapacidad para protegernos se corresponde a su vez con un descr&eacute;dito profundo por aquello que nos dicen. Ya a mediados de los setenta, un se&ntilde;or escucha en la radio: &ldquo;No se modificar&aacute; el precio de la nafta, dijo el ministro&rdquo;. Se apresta entonces a salir inmediatamente a llenar el tanque. Hay tal vez en el pasado, mayor indulgencia frente a las autoridades. En un chiste de 1978, un empleado indica a un se&ntilde;or enojado que se ponga en la cola &ldquo;para polemizar con <strong>Juan Alemann</strong>&rdquo;. El 1 de enero de 1985, un personaje le escribe con premura una carta a los reyes: &ldquo;Como todos los a&ntilde;os -redacta- les dejo mis zapatitos junto con mi pedido: Reduzcan la inflaci&oacute;n al 10% anual. Gracias. PD: &iquest;No son magos acaso?&rdquo; Pero claro, a los magos a veces los trucos les salen mal. En noviembre de 1985, la caricatura de un apesadumbrado Juan Vital Sourrouille sostiene una bomba a punto de estallar. La bomba se llama Plan Austral. 
    </p><p class="article-text">
        No faltaron claro momentos de euf&oacute;rica calma en esta larga lucha contra la inflaci&oacute;n. Parad&oacute;jicamente, el humor gr&aacute;fico parece haber sido menos triunfalista que las autoridades. Cuando los ministros econ&oacute;micos de la posguerra lograban jalar la palanca correcta y detener la estampida, los personajes de las tiras diarias les recordaban que la estabilidad muchas veces se asentaba sobre el sacrificio de las mayor&iacute;as. Desde 1975, con una inflaci&oacute;n que trep&oacute; y se instal&oacute; en los tres d&iacute;gitos, la tarea de estabilizar se hizo m&aacute;s dif&iacute;cil. Pero incluso entonces logr&oacute; producirse el milagro. La Argentina consigui&oacute; pasar de casi 700% de inflaci&oacute;n anual en 1985 a 90% al a&ntilde;o siguiente, de 2300% en 1990 a menos del 25% en 1992; de 25% en 2002 al 6% en 2004. Los mismos term&oacute;metros que anunciaban el abismo -las estad&iacute;sticas econ&oacute;micas y electorales-, se&ntilde;alaron en esos casos la maravilla. Los presidentes elegidos en democracia y capaces de doblegar la inflaci&oacute;n gozaron, al menos por varios meses, de un respaldo casi un&aacute;nime y, en el caso de <strong>Carlos Menem</strong> y <strong>N&eacute;stor Kirchner</strong>, de una suerte de cheque en blanco que le extendieron los medios de comunicaci&oacute;n, los dirigentes empresarios y sindicales, los otros poderes del Estado. 
    </p><p class="article-text">
        Muchos creen hoy que, con un nuevo gobierno, una voluntad f&eacute;rrea y una creatividad t&eacute;cnica que lo habilite, el milagro puede volver a producirse. Tambi&eacute;n aqu&iacute; la historia y el humor gr&aacute;fico tienen algunas experiencias que recordar. Los deseos de corte dr&aacute;stico y mano dura tienen muy poco de originales. La b&uacute;squeda desesperada de un conductor primero y de un buen piloto de tormenta despu&eacute;s es una constante de la cultura pol&iacute;tica argentina. De Uriburu a Per&oacute;n, de Per&oacute;n a Frondizi, de Frondizi a Ongan&iacute;a, de Ongan&iacute;a otra vez a Per&oacute;n y de &eacute;l a Videla, se fueron renovando intactas las esperanzas de que una personalidad providencial sea capaz de ordenar al pa&iacute;s y eliminar sus fracturas. Fastidiada por el bloqueo, la sociedad argentina lleg&oacute; a admitir el uso creciente de la violencia. Nadie podr&iacute;a endilgarle a Videla tibieza en su voluntad de reprimir sindicatos y reducir salarios. Vale recordar que su ferocidad tampoco alcanz&oacute;. Toda esa sangre derramada, todo ese descalabro en la industria y las finanzas para que, en 1980 (el mejor momento del plan econ&oacute;mico seg&uacute;n sus defensores) la inflaci&oacute;n anual apenas lograra bajar al 100%. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Si la violencia nunca es suficiente, pareciera que tampoco lo es una costumbre legada por la dictadura: la capitulaci&oacute;n de las coaliciones partidarias a consensuar un programa econ&oacute;mico y su preferencia por delegar el contenido de decisiones cruciales en superministros. A&uacute;n antes de adoptar peinados extravagantes y ret&oacute;rica virulenta, la intervenci&oacute;n tecnocr&aacute;tica no escatimaba desmesuras. Un chiste de octubre de 1978, poco antes del lanzamiento de la tablita cambiaria, reproduce un di&aacute;logo entre dos personajes: &ldquo;&iquest;Sabe qu&eacute; se me ha ocurrido Sherlock? Que los OVNI son los causantes de la inflaci&oacute;n&rdquo; El otro lo observa y le responde: &ldquo;La idea es descabellada, Wattson, pero por las dudas pat&eacute;ntela antes de comentarla en el Ministerio de Econom&iacute;a.&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        Y es que, en pos de doblegar la inflaci&oacute;n o sostener la estabilidad, las autoridades argentinas no solo ensayaron la tablita cambiaria y una reforma financiera y comercial de consecuencias imprevistas, apelaron luego a varias semi-confiscaciones bancarias, instituyeron por ley del Congreso la paridad fija entre el d&oacute;lar y la moneda nacional, habilitaron la existencia de m&uacute;ltiples signos monetarios provinciales, decretaron el d&eacute;ficit cero... La propuesta de dolarizaci&oacute;n es una receta extrema m&aacute;s, que evidencia la desconfianza de muchos argentinos frente a sus representantes. Tampoco aqu&iacute; hay novedad. Pueden situarse en esta estela los delirios de establecer una banca <em>off-shore</em>, de pagar la deuda externa cediendo territorio nacional o de delegar en autoridades europeas la gesti&oacute;n del Banco Central argentino. Como nuestra comunidad pol&iacute;tica no parece capaz de producir sensatez, &iexcl;import&eacute;mosla!
    </p><p class="article-text">
        Ni en los experimentos estramb&oacute;ticos, ni en los planes de estabilizaci&oacute;n convencionales, ni en la espiral inflacionaria, los argentinos est&aacute;n igualmente expuestos al riesgo y la ca&iacute;da. Como lo saben bien los humoristas, algunos aprendieron a salir ganando. En 1982, un se&ntilde;or le comenta a otro &ldquo;&iexcl;Y seguramente nadie piensa en que hay esforzados sectores de la sociedad que nunca, nunca se van de vacaciones!&rdquo; El otro responde: &ldquo;Los remarcadores de precios, por ejemplo&rdquo;. Ellos claro y todos aquellos que, por su posici&oacute;n en el mercado, pueden poner condiciones mientras otros las padecen. La idea de una tira de septiembre de 1985 se repite una y otra vez. En ella, una liebre y una tortuga corren una carrera. La libre lleva en su pechera un cartel que dice precios, la tortuga, claro, avanza lenta y laboriosamente como los salarios. 
    </p><p class="article-text">
        Compasivas, inteligentes, renuentes a las soluciones milagrosas, las tiras que publicaron <strong>Carlos Basurto</strong>, <strong>Alberto Br&oacute;ccoli</strong>, <strong>Crist</strong>, <strong>Jerry Marcus</strong>, <strong>Mel&eacute;ndez</strong>,<strong> Landr&uacute;</strong>, <strong>Bob Weber</strong> en Clar&iacute;n y La Naci&oacute;n, me recuerdan las primeras estrofas de una <a href="https://open.spotify.com/track/1zYeS19z1Ucwgj5ovzCeQT?si=dvvFQTodQASARQ_sgGGzEw&amp;context=spotify%3Asearch%3Ajardin%2Bdw%2Bg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">canci&oacute;n</a> de Luis Alberto Spinetta y Los Socios del Desierto: &ldquo;Alguien debi&oacute; conservar y cuidar con amor ese jard&iacute;n de gente. Eso es lo que nunca ser&aacute;. C&oacute;mo har&aacute;s para ver y aliviar el dolor en el jard&iacute;n de gente. Alg&uacute;n recuerdo en tu alma tendr&aacute;s&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;De todos estos chistes, hay uno de <strong>Jos&eacute; Miguel de Heredia</strong> de marzo de 1982 que me resulta especialmente triste. Un personaje (un perro de hecho) va al m&eacute;dico y le relata sus males: &ldquo;Me han despedido del empleo. No puedo expresar mis ideas. La inflaci&oacute;n no baja. Los tel&eacute;fonos no funcionan. La televisi&oacute;n es mala. Los precios suben. Los impuestos me abruman&rdquo;. El m&eacute;dico circunspecto le responde: &ldquo;Lo siento, amigo. La que yo trato es otra clase de impotencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>MH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Heredia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/reirse-inflacion_129_10182185.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 May 2023 03:01:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Inflación,Aumento de precios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Feminización de la pobreza y masculinización de la riqueza?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/feminizacion-pobreza-masculinizacion-riqueza_129_10089424.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b8c505fe-4768-460d-b435-370d8e17f1a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Feminización de la pobreza y masculinización de la riqueza?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Existen más mujeres que varones entre los pobres? ¿Se trata de una tendencia que se fue reforzando con el tiempo? La autora ensaya respuestas a estas preguntas partiendo de los datos del último informe del INDEC, según el cual el 29% de los hogares argentinos y 11 millones de personas eran, a finales de 2022, pobres.</p></div><p class="article-text">
        Empecemos por un poco de historia. Fue la Cuarta Conferencia sobre la Mujer organizada por las Naciones Unidas en 1995 en Pek&iacute;n la que contribuy&oacute; a popularizar la noci&oacute;n de &ldquo;feminizaci&oacute;n de la pobreza&rdquo;. Se atribuye su origen a un libro de <strong>Diane Pearce</strong>, publicado en 1978 y que, gracias a los documentos y pol&iacute;ticas de los organismos internacionales, se generaliz&oacute; en los diagn&oacute;sticos y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas adoptados en Am&eacute;rica latina desde los a&ntilde;os 1990. Mucho m&aacute;s tarde, la preocupaci&oacute;n por la concentraci&oacute;n del capital se acompa&ntilde;&oacute; de la denuncia de la afinidad entre neoliberalismo y patriarcado, enfatizando la &ldquo;masculinizaci&oacute;n de la riqueza&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos desde el jueves a la tarde los datos del INDEC y, aunque eran previsibles, no dejan de ser preocupantes. El <a href="https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/eph_pobreza_03_2302A7EBAFE4.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe</a> presenta el estado de la pobreza y la indigencia, para el segundo semestre de 2022, en los principales 31 aglomerados urbanos del pa&iacute;s. La euforia pos-pand&eacute;mica, si la hubo, qued&oacute; atr&aacute;s. Pod&iacute;amos ilusionarnos en 2021 cuando el pa&iacute;s no s&oacute;lo volvi&oacute; a crecer un 10% anual (luego de una ca&iacute;da casi equivalente el a&ntilde;o anterior), sino que logr&oacute;, al mismo tiempo, mejorar la situaci&oacute;n de muchos argentinos. El sost&eacute;n de la actividad en 2022 revel&oacute;, no obstante, que el crecimiento no alcanza para reducir el n&uacute;mero de personas que enfrentan privaciones. Incluso cuando el pa&iacute;s creci&oacute; un 5% el a&ntilde;o pasado, hacia el segundo semestre, los hogares y personas pobres volvieron a incrementarse. <strong>Con una econom&iacute;a que se desacelera y arcas p&uacute;blicas que se ajustan, todo lleva a augurar que dif&iacute;cilmente en 2023 la situaci&oacute;n pueda revertirse. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Las cifras cobran sentido cuando se las mira de cerca. La magnitud es la primera se&ntilde;al de alarma. <strong>Seg&uacute;n el informe, el 29% de los hogares y el 39% de las personas relevadas por el INDEC eran, a finales de 2022, pobres. Nada menos que 11 millones de seres humanos que no lograban alcanzar ingresos suficientes para adquirir una canasta b&aacute;sica de bienes y servicios que les garantizaran umbrales m&iacute;nimos de supervivencia. </strong>Como ocurre desde hace d&eacute;cadas, sabemos que la incidencia de la pobreza alcanza a todas las regiones del pa&iacute;s, pero suele ser m&aacute;s alta en el Norte que en el Centro y en la Patagonia. Como ocurre tambi&eacute;n desde hace tiempo, no todas las personas est&aacute;n igualmente representadas en el universo de la pobreza. <strong>Si se mira a los ni&ntilde;os (de 0 a 14 a&ntilde;os), m&aacute;s de uno de dos son pobres, mientras que en el caso de los adultos mayores de 65 a&ntilde;os, apenas el 14% pertenece al universo de la pobreza.</strong> La proporci&oacute;n de pobres disminuye con el aumento de la edad y la capacidad de conquistar cierta autonom&iacute;a econ&oacute;mica. Muchos sospechar&aacute;n que esto se debe a la mayor tasa de fecundidad de los pobres, pero tambi&eacute;n aqu&iacute; el informe presenta informaci&oacute;n a destacar. Aunque las familias de sectores populares sigan siendo un poco m&aacute;s numerosas (y por ello enfrenten mayores gastos), tambi&eacute;n se redujeron. El tama&ntilde;o promedio de los hogares pobres e indigentes no alcanzaba, en 2022 seg&uacute;n el INDEC, los 4 miembros. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si la singularidad de la pobreza infantil es innegable y hace que los ni&ntilde;os sean m&aacute;s numerosos entre los pobres (32%) que en la poblaci&oacute;n total (23%), &iquest;qu&eacute; ocurre con las mujeres? &iquest;Podemos hablar de una feminizaci&oacute;n de la pobreza y una masculinizaci&oacute;n de la riqueza? Nada dice sobre eso el informe del INDEC, pero es posible aportar algunos indicios y extraer algunas conclusiones. &nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si bien estos t&eacute;rminos ofrecen una f&oacute;rmula concisa que conjuga sensibilidad social y de g&eacute;nero, a la hora de los an&aacute;lisis su polivalencia genera algunos problemas. Por un lado, remiten a la vez a un hecho consumado y a una tendencia. A la hora de analizar la distribuci&oacute;n diferencial por g&eacute;nero, &iquest;existen m&aacute;s mujeres que varones entre los pobres? Ser&iacute;a una primera pregunta. Y la segunda: &iquest;estas tendencias se fueron reforzando con el tiempo? <strong>A priori, la sobrerrepresentaci&oacute;n de las mujeres entre los pobres o de los varones en los estratos socioecon&oacute;micos m&aacute;s altos no estar&iacute;a tan clara: mientras la poblaci&oacute;n argentina est&aacute; compuesta por 48% de varones y 51% de mujeres, las personas pobres y las m&aacute;s ricas reflejan casi la misma proporci&oacute;n.</strong> La evaluaci&oacute;n de las tendencias tambi&eacute;n es compleja. Aunque desde los a&ntilde;os 1970 las desigualdades de g&eacute;nero se atenuaron, esto no impide constatar que las mujeres siguen siendo m&aacute;s numerosas entre las desalentadas o que no buscan activamente trabajo, que de hacerlo suelen estar proporcionalmente m&aacute;s desempleadas, que si logran ocuparse, lo hacen de manera m&aacute;s precaria, en jornadas a tiempo parcial o en la actividades peor recompensadas. &iquest;Por qu&eacute; entonces es tan dif&iacute;cil cuantificar la afinidad entre g&eacute;nero y estrato socioecon&oacute;mico?
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n se explica, en gran medida, porque las nociones de feminizaci&oacute;n y masculinizaci&oacute;n refieren a atributos individuales y las condiciones y oportunidades de vida de las personas no dependen solo de ellas sino de los hogares en los que residen. Si bien han aumentado mucho, en la Argentina, menos de 1 de cada 4 hogares est&aacute; compuesto por una &uacute;nica persona. La abrumadora mayor&iacute;a de los argentinos no se vale solo de s&iacute; mismo, sino que depende, y as&iacute; se construyen las categor&iacute;as del INDEC, de la cantidad de miembros de su hogar y de la suma y aporte de quienes de entre ellos perciben ingresos. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, el g&eacute;nero no tiene el mismo peso en distintos hogares ni en distintos estratos de la sociedad. Si la pregunta es por las condiciones de vida de los argentinos, la mayor fragilidad se concentra en los hogares en los que las mujeres son las &uacute;nicas o principales proveedoras de ingresos y la mayor riqueza se observa en aquellos donde los varones son particularmente pr&oacute;speros. Podemos responder positivamente a la pregunta del t&iacute;tulo si nos concentramos en los polos. <strong>Por un lado, </strong><a href="https://www.redalyc.org/journal/3579/357965439001/html/#fn5" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>dos investigadores sostienen</strong></a><strong> que puede hablarse de cierta feminizaci&oacute;n de la pobreza en la Argentina en la medida en que aumentaron los hogares encabezados por mujeres y aumentaron los pobres que residen en esos hogares. &nbsp;A su vez, tanto los ricos argentinos listados en Forbes, como los contribuyentes </strong><a href="https://www.argentina.gob.ar/economia/politicatributaria/observatorio-de-tributacion-y-genero/masculinizacion-de-la-riqueza-el" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>que pagaron el Aporte Solidario y Extraordinario</strong></a><strong> a las grandes fortunas, como quienes controlan las grandes empresas y los principales puestos ejecutivos del pa&iacute;s siguen siendo, aunque con una m&iacute;nima tendencia decreciente, mayoritariamente varones. </strong>Si bien el g&eacute;nero resulta particularmente crucial en los extremos; la composici&oacute;n del hogar es, para la mayor&iacute;a de los argentinos, definitoria. 
    </p><p class="article-text">
        La distinci&oacute;n importa porque los organismos internacionales y la militancia corren el riesgo de dar lugar a simplificaciones en las formas de diagnosticar problemas y ofrecer soluciones. Mientras las organizaciones internacionales con sensibilidad feminista insisten en privilegiar a las mujeres en el tratamiento de la pobreza (las Naciones Unidas o el Banco Mundial), otras entidades como Oxfam enfatizan la necesidad de cobrar impuestos a los m&aacute;s ricos, incorporando en sus argumentos evidencias vinculadas al g&eacute;nero. Estas propuestas son v&aacute;lidas, pero necesitan consideraciones que eval&uacute;en su capacidad para revertir los problemas que intentan combatir. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, aunque se encuentren en ciertos puntos, ni el problema del patriarcado se agotar&aacute; con la reversi&oacute;n de las desigualdades socioecon&oacute;micas, ni las desigualdades socioecon&oacute;micas caer&aacute;n junto al patriarcado. Entre los polos extremos donde g&eacute;nero y clase confluyen, la importancia y diversidad de los hogares merece destacarse. M&aacute;s all&aacute; de si est&aacute;n compuestos por mujeres o varones, la relaci&oacute;n entre proveedores de ingresos, ni&ntilde;os o adultos dependientes tiende a perjudicar a los hogares vulnerables (con menos proveedores, menos ingresos, m&aacute;s precarios, peor remunerados y m&aacute;s adultos o ni&ntilde;os a cargo) y a beneficiar a las familias m&aacute;s ricas donde no solo suele haber menos ni&ntilde;os sino donde adem&aacute;s se conforman parejas de profesionales en las cuales dos buenos sueldos se potencian. 
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, las pol&iacute;ticas de protecci&oacute;n y promoci&oacute;n de las mujeres las ayudan a emanciparse econ&oacute;micamente de sus c&oacute;nyuges sin arriesgarse, ellas y sus hijos, a saltar al abismo de la pobreza. Del mismo modo, las pol&iacute;ticas impositivas, pero tambi&eacute;n todas aquellas que pesan sobre los grandes patrimonios permiten redistribuir la riqueza y a la vez enlazar mejor la suerte de esos hombres opulentos con la sociedad. <strong>En todos los casos, en la Argentina como en el resto de la regi&oacute;n e incluso en </strong><a href="https://www.nytimes.com/2023/03/09/magazine/poverty-by-america-matthew-desmond.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>los pa&iacute;ses occidentales avanzados</strong></a><strong>, el problema sigue siendo c&oacute;mo hacer para que las personas y sus hogares puedan acceder a alimentos de calidad, a un trabajo protegido y bien remunerado, a una vivienda digna, a servicios p&uacute;blicos que los curen, los eduquen y les permitan prosperar. </strong>Solo as&iacute;, podr&aacute; vislumbrarse, para el pa&iacute;s en su conjunto, un futuro menos sombr&iacute;o del que se anuncia cuando m&aacute;s de la mitad de los ni&ntilde;os se cr&iacute;a en la miseria.
    </p><p class="article-text">
        <em>MH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Heredia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/feminizacion-pobreza-masculinizacion-riqueza_129_10089424.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Apr 2023 03:04:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Feminización de la pobreza y masculinización de la riqueza?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pobreza y desigualdad,Género,Inflación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estado versus Mercado, la ¿otra? grieta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/versus-mercado-grieta_129_10025730.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3cb8dfa1-87a2-4cee-a7a2-894942af097e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Estado versus Mercado, la ¿otra? grieta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"¿Con qué Estado, qué plan, qué recursos pueden recomponerse quienes defienden la intervención pública? ¿Con qué actividades económicas, qué capitales y a qué costos están dispuestos a avanzar quienes promueven la economía de mercado?" La autora propone pensar respuestas que no se conviertan, a fuerza de volverse banderas electorales, en cáscaras vacías o patrullas perdidas.</p></div><p class="article-text">
        Muchas sobremesas y grupos de WhatsApp se recalentar&aacute;n este a&ntilde;o electoral en la Argentina con la vieja oposici&oacute;n entre Mercado y Estado. Unos subrayar&aacute;n las virtudes de la econom&iacute;a capitalista, la fuerza innovadora de los negocios, los efectos virtuosos de la competencia, para terminar exaltando a la libertad como bien supremo de la civilizaci&oacute;n. Otros, en cambio, destacar&aacute;n la importancia de la intervenci&oacute;n estatal, la necesidad de que las acciones privadas sean controladas y orientadas, la capacidad transformadora de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, para concluir que no puede haber humanidad sin una m&iacute;nima igualdad entre las personas. <strong>Alexis de Tocqueville</strong> planteaba ya en 1856 que las aspiraciones de la Revoluci&oacute;n Francesa se contradicen y tienden a desgarrarse en fuerzas pol&iacute;ticas que las oponen. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ideales de Mercado y Estado respaldan estos antagonismos? El primero suele referir al espacio donde se produce y circula la riqueza, aquel donde trabajadores, empresarios, comerciantes, financistas, consumidores, guiados por su inter&eacute;s, establecen negociaciones entre s&iacute; y, a&uacute;n sin conocerse, logran ponerse de acuerdo en el precio y los t&eacute;rminos del intercambio. Para sus adeptos, el Mercado alienta los esfuerzos individuales y ofrece una coordinaci&oacute;n autom&aacute;tica -la famosa &ldquo;mano invisible&rdquo;- que garantiza a la vez eficiencia y bienestar general. El Estado, por su parte, suele remitir a una comunidad pol&iacute;tica que se congrega bajo el dominio de ciertos derechos y responsabilidades compartidas, justificadas por el bien com&uacute;n y respaldadas por la autoridad p&uacute;blica. Para sus defensores, solo el Estado puede combatir las arbitrariedades, ofrecer un orden que integre y pacifique a las mayor&iacute;as, ejercer un poder leg&iacute;timo respaldado en la superioridad moral y material que le otorga la ley. Dos gigantes que miden sus fuerzas. Dos conjuntos de valores y prop&oacute;sitos que se oponen. Dos preferencias que se reproducen puras, vigorosas, ajenas a la historia.
    </p><p class="article-text">
        En algunos momentos cr&iacute;ticos, el Mercado parece correr con ventaja. Una de ellas es el respaldo de la ciencia econ&oacute;mica dominante. Frente a la incertidumbre y a la hora de disputar raz&oacute;n, las ciencias ocupan una posici&oacute;n singular&iacute;sima. Sus afirmaciones reclaman una imparcialidad que se niega a otros productos de la cultura. A la vez, esta independencia no les impide participar de la construcci&oacute;n de dispositivos t&eacute;cnicos (desde las vacunas a los planes econ&oacute;micos o las bombas nucleares) que intervienen sobre nosotros, organizan y transforman nuestro mundo. Desde los a&ntilde;os setenta, algunas vertientes de la ciencia econ&oacute;mica empezaron a afirmar que las sociedades capitalistas pueden funcionar como mercados de competencia perfecta, que para actuar con eficacia los agentes econ&oacute;micos necesitan liberarse de la injerencia p&uacute;blica, que el c&aacute;lculo, la oferta y la demanda pueden expandirse m&aacute;s all&aacute; de las fronteras hasta entonces atribuidas a la econom&iacute;a (de las finanzas a la educaci&oacute;n, de las cuotas de contaminaci&oacute;n a los vientres subrogados).
    </p><p class="article-text">
        La segunda ventaja es que muchas frustraciones no logran encontrar otras alternativas. Como en el desmoronamiento del bloque sovi&eacute;tico, muchos terminan resign&aacute;ndose al avance de los mercados, desilusionados por el &ldquo;Estado realmente existente&rdquo;. Si no se logra controlar el valor de los alimentos, dif&iacute;cil que se pueda erradicar el hambre y la pobreza; si no hay propiedades que se ofrezcan a los inquilinos ni cr&eacute;ditos inmobiliarios a tasas razonables, imposible garantizar el acceso a la vivienda; si los hospitales y las escuelas p&uacute;blicas est&aacute;n de paro o desfinanciadas, se complica ofrecer servicios de calidad; si el propio Estado brinda empleos precarios y no tiene inspectores, las protecciones laborales solo son respetadas cuando hay sindicatos que las defienden. As&iacute;, quienes confiaban en los bienes y la intervenci&oacute;n p&uacute;blica, defraudados por su ineficacia y persuadidos de su incorregibilidad, concluyen que no hay m&aacute;s opci&oacute;n que moderar los anhelos, reducir las regulaciones y agencias p&uacute;blicas, resistir todo lo que se pueda, a la espera de no se sabe bien qu&eacute;. 
    </p><h3 class="article-text">El Estado, &iquest;frustra? El Mercado, &iquest;cumple?</h3><p class="article-text">
        Pero si el Estado realmente existente frustra, &iquest;puede decirse, en cambio, que el Mercado cumple? Por empezar, como recuerdan muchos historiadores y soci&oacute;logos econ&oacute;micos, no siempre capitalismo es sin&oacute;nimo de econom&iacute;a de mercado y menos a&uacute;n de competencia perfecta. Aunque en los comienzos de una actividad (el dise&ntilde;o de aplicaciones digitales, por caso) haya una diversidad de oferentes, la mayor&iacute;a de los mercados tiende a la concentraci&oacute;n. Sin una intervenci&oacute;n estatal que las promueva y las proteja, la relativa libertad e igualdad entre los participantes y la competencia abierta son apenas una etapa, efervescente y creativa tal vez, pero transitoria. Quienes observan actividades -como las finanzas- que se ajustan mejor a estas condiciones concluyen que muchas veces son destructivas e inestables. En su avance, el mercado instrumentaliza al mundo. Sin control, la naturaleza, los trabajadores, los consumidores son solo recursos para obtener ganancias. Solo importan las necesidades si son solventes, sino quedan libradas a su suerte. El desarrollo de ciertas actividades solo se justifica si puede se rentable.&nbsp;Si estas condiciones no existen o las fuerzas del mercado se sacian, fluir&aacute;n hacia mejores horizontes, desentendi&eacute;ndose de las consecuencias. As&iacute;, incluso permitiendo que las fuerzas del mercado se liberen, y la Argentina de los noventa puede dar cabal prueba de ello, ni el crecimiento, ni el bienestar general est&aacute;n garantizados. 
    </p><p class="article-text">
        No sorprende entonces que la oposici&oacute;n entre Estado y Mercado se revele incapaz de ofrecer soluciones a los problemas que nos aquejan. Mientras la discusi&oacute;n se estanca encandilada por ideales abstractos, ninguno de los polos se pregunta por el modo espec&iacute;fico en que se presenta hoy en la vida de los argentinos. Se atribuye a <strong>Adolfo Sturzenegger</strong> (el padre de Federico) una frase que preserva todo su valor: &ldquo;La Argentina es un socialismo sin plan y un capitalismo sin mercado&rdquo;. Para estimular a las coaliciones que se enfrentar&aacute;n este a&ntilde;o, se abren las grandes preguntas, aquellas que articulan los ideales con proyectos superadores y viables. &iquest;Con qu&eacute; Estado, qu&eacute; plan, qu&eacute; recursos pueden recomponerse quienes defienden la intervenci&oacute;n p&uacute;blica? &iquest;Con qu&eacute; actividades econ&oacute;micas, qu&eacute; capitales y a qu&eacute; costos est&aacute;n dispuestos a avanzar quienes promueven la econom&iacute;a de mercado? 
    </p><p class="article-text">
        En su abstracci&oacute;n, la discusi&oacute;n polarizada soslaya que los Estados y capitalismos realmente existentes se complementan y est&aacute;n entretejidos de complicidades. Todos los grandes problemas que nos preocupan, desde la inflaci&oacute;n a la sequ&iacute;a, pasando por la violencia del narcotr&aacute;fico y la deuda enlazan capacidades e impotencias estatales y privadas. No puede haber precios estables sin una moneda confiable; no puede haber autoridad pol&iacute;tica sin exportaciones sostenidas, no puede haber paz en Rosario sin fuerzas de seguridad eficaces, no pude haber solidez fiscal sin empresas que blanqueen su facturaci&oacute;n y paguen impuestos. Parece dif&iacute;cil que un futuro mejor pueda forjarse si todos los actores p&uacute;blicos y privados argentinos est&aacute;n enfrentados y suspendidos en el corto plazo. <strong>Las ciencias sociales nos ense&ntilde;an que no hay Estados s&oacute;lidos sin econom&iacute;as fuertes, tampoco mercados sin leyes e instituciones estatales que las respalden. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que es un a&ntilde;o electoral, que los ideales movilizan sentimientos y votantes. El riesgo es que estas banderas se convierten en c&aacute;scaras vac&iacute;as o patrullas perdidas, repetidas sin m&aacute;s correlato en la vida de los argentinos que la catarsis y la resignaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>MH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Heredia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/versus-mercado-grieta_129_10025730.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Mar 2023 03:07:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Estado versus Mercado, la ¿otra? grieta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estado,Mercado,capitalismo,Socialismo,Elecciones 2023]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra la corrupción, pero ¿cómo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/corrupcion_129_9924712.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6c511b6-b560-4243-8f9e-a53aa201d686_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra la corrupción, pero ¿cómo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si la idea de corrupción remite a un conjunto preciso de personas con conductas perversas, su combate supone develar sus fechorías y sancionar sus transgresiones. Por ese camino, plantea la autora, "se generaliza un resignado acostumbramiento" y "los engorrosos procedimientos adoptados generan lo contrario de lo que dicen perseguir".</p></div><p class="article-text">
        Se publicaron esta semana datos de <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Transparencia Internacional</a>, que dicen medir los niveles de corrupci&oacute;n de 180 pa&iacute;ses en un &iacute;ndice que coloca en 0 a los &ldquo;altamente corruptos&rdquo; y en 100 a los &ldquo;m&aacute;s limpios&rdquo;. Al menos as&iacute; lo presentan los medios de comunicaci&oacute;n globales y locales que invitan a sus ciudadanos a conocer, en perspectiva comparada, cu&aacute;nto mejoraron o empeoraron sus pa&iacute;ses en rectitud institucional. <strong>La Argentina y Brasil no solo salen empatados porque ambos alcanzan 38/100 puntos y comparten la posici&oacute;n 94/180 en el ranking, sino tambi&eacute;n porque a partir de 2019, con un gobierno de centro izquierda y otro de centro derecha, los dos redujeron sus puntajes. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Cierta forma contempor&aacute;nea de la ignorancia cree que la verdad es num&eacute;rica. No importa qu&eacute; ni c&oacute;mo se mida un fen&oacute;meno, cuanto m&aacute;s decimales resista su descripci&oacute;n m&aacute;s cerca estaremos de la objetividad. Lo llamativo es que, ante un coro generalizado de indignados que enjuicia a las instituciones pol&iacute;ticas y administrativas de cada naci&oacute;n (dejando debajo siempre a las m&aacute;s pobres y desiguales como Somal&iacute;a, Sudan o Hait&iacute; y en la cima a las m&aacute;s ricas e igualitarias como Dinamarca, Alemania o Canad&aacute;), casi nadie se pregunta qu&eacute; mide exactamente este &iacute;ndice, hasta qu&eacute; punto refleja cambios significativos y sobre todo cu&aacute;nto el aliento de esta sensibilidad global por la transparencia est&aacute; contribuyendo a disminuir los delitos que denuncia. 
    </p><p class="article-text">
        Ante las complejidades que presenta definir jur&iacute;dicamente el t&eacute;rmino corrupci&oacute;n, la dificultad que supone registrar pr&aacute;cticas ilegales y el hecho de que sus v&iacute;ctimas muchas veces ni se enteran de lo sucedido, Transparencia Internacional opta por medir <em>percepciones. </em>Es decir, no recuenta hechos concretos sino lo que un panel de expertos y empresarios opina como la situaci&oacute;n imperante. Es notable observar la distancia entre las advertencias metodol&oacute;gicas que incluye el documento y las afirmaciones perentorias que acompa&ntilde;an la publicaci&oacute;n. Mientras en las primeras se reconoce que el &iacute;ndice &ldquo;no es un veredicto de los niveles de corrupci&oacute;n de naciones&rdquo; (FAQ, p. 2), en la <a href="https://www.transparency.org/en/cpi/2022" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">portada</a> se denuncia que &ldquo;...155 pa&iacute;ses no hicieron ning&uacute;n progreso significativo contra la corrupci&oacute;n o incluso declinaron desde 2021.&rdquo; Ni aqu&iacute; ni en los medios que difunden los resultados hay mayores esfuerzos por contrastar estos &iacute;ndices con la renovaci&oacute;n de autoridades, ni su correspondencia con la efectiva observaci&oacute;n de los delitos sospechados.
    </p><p class="article-text">
        Claro est&aacute;, la preocupaci&oacute;n es leg&iacute;tima, y muy grave que unos pocos se beneficien a costa de las mayor&iacute;as. La cuesti&oacute;n, como plantea<strong> </strong><a href="https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/pereyra_final.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Sebasti&aacute;n Pereyra</strong></a>, es <strong>apreciar cu&aacute;nto esta forma moralizada de concebir al fen&oacute;meno contribuye a revertirlo</strong>. Desde la perspectiva que transmiten estos &iacute;ndices y que tanto se populariz&oacute; en la Argentina, la corrupci&oacute;n remite a un conjunto preciso de personas con conductas perversas. La forma de combatir a esos seres y sus actos es develar sus fechor&iacute;as (con esc&aacute;ndalos), sancionar sus transgresiones (con juicios ejemplares) y dise&ntilde;ar dispositivos que alienten la rendici&oacute;n de cuentas (con crecientes controles administrativos). El problema es que mientras la sospecha se propaga, la frustraci&oacute;n crece y, en el l&iacute;mite, se generaliza un resignado acostumbramiento, los juicios avanzan lento, casi nadie es condenado y los engorrosos procedimientos adoptados generan lo contrario de lo que dicen perseguir. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, <strong>poco se dice de la corrupci&oacute;n como efecto sist&eacute;mico de ordenes pol&iacute;ticos, judiciales y administrativos que recurren a estos mecanismos espurios para solucionar sus problemas</strong>. Oficialismo y oposici&oacute;n, cuyas campa&ntilde;as se financian de manera oscura, prefieren denunciar a sus competidores como delincuentes y judicializar sus conflictos en lugar de resolverlos con las artes que les son propias. Ambos eligen seguir alimentando redes afines, en lugar de garantizar la independencia judicial. Por su parte, conscientes de los resortes que dictar&aacute;n sus ascensos, los jueces se suplantan o se reconvierten seg&uacute;n el clima pol&iacute;tico en el que les toque intervenir. A su vez, pocos piensan en fortalecer un funcionariado p&uacute;blico que adem&aacute;s de completar planillas de gastos irrisorios, tenga los conocimientos, la experiencia, la responsabilidad y sobre todo la dignidad que requieren las instituciones que se aspira a construir. Hay otras formas de resolver el problema. En la <a href="https://vocesenelfenix.economicas.uba.ar/estrategias-para-reducir-la-corrupcion-empresaria/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Red Mar&iacute;tima Anticorrupci&oacute;n</a>, por ejemplo, <strong>en lugar de denunciar testimonialmente a los malos, se identific&oacute; el problema que resolv&iacute;an esas pr&aacute;cticas condenables y se busc&oacute; solucionarlos de un modo m&aacute;s virtuoso para la comunidad</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras las transgresiones a las normas se multiplican, nos quedan al menos los n&uacute;meros. Con la fuerza de las estad&iacute;sticas y la conciencia tranquila, sigamos replicando entonces el negocio complaciente e inocuo de esta nueva Inquisici&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <em>MH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Heredia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/corrupcion_129_9924712.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Feb 2023 03:05:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra la corrupción, pero ¿cómo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Corrupción,Transparencia Internacional,Argentina,Brasil]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Selección campeona, la tierra santa y la Argentina federal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/seleccion-campeona-tierra-santa-argentina-federal_129_9821925.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d757036d-4e63-4654-877d-f768790943a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Selección campeona, la tierra santa y la Argentina federal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un aviso de la televisión pública se convirtió durante el Mundial en una postal argentina. Para la autora, la Selección pudo ser federal por una alquimia de pasiones populares, escuelas y clubes de barrio, cazadores de talentos, negocios millonarios y liderazgo. Sin ellos, la Scaloneta no hubiera sido posible. </p></div><p class="article-text">
        Se suman de a poco. Aparecen primero los de Buenos Aires y sobre las camisetas albicelestes, un cartel con el nombre de cada uno y su ciudad. Mientras se suceden una docena de jugadores, de la pampa rica al conurbano empobrecido, suena Trueno: <em>Si preguntan qui&eacute;n soy, qu&eacute; llevo, a d&oacute;nde voy, soy de tierra santa. </em>Despu&eacute;s de un chispazo, aparece un porte&ntilde;o. <em>Soy de donde nac&iacute;, donde voy a morir, mi tierra santa.</em> Llegan entonces los cinco santafecinos, de Rosario, Casilda y Pujato.<em> </em>Luego los cuatro de C&oacute;rdoba, de Embalse, de Laguna Larga, de Calch&iacute;n y vuelve a comenzar la canci&oacute;n. <em>Si preguntan qui&eacute;n soy</em>...es el turno de un jugador de Tucum&aacute;n, de otro de La Pampa y uno m&aacute;s de Neuqu&eacute;n para que sonr&iacute;a al final Lisandro Mart&iacute;nez de Entre R&iacute;os... <em>de tierra santa</em>. Como fondo, van apareciendo con letras may&uacute;sculas las provincias y detr&aacute;s de ellas se adivina el campo de juego, las gradas de un estadio repleto, la luz de los reflectores. Al final ya est&aacute;n todos, de cuerpo entero, barbudos y lampi&ntilde;os, marrones y pelirrojos, adolescentes y maduros, con Messi y Scaloni apenas m&aacute;s adelante. Y suenan con fuerza los bombos, para que la televisi&oacute;n p&uacute;blica se d&eacute; el gusto de subrayar que la Selecci&oacute;n Federal est&aacute; en el canal m&aacute;s federal.<strong> Una publicidad del mundial. Una postal argentina.&nbsp;</strong>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        La conmoci&oacute;n sigue en las calles y en la canci&oacute;n de Trueno: <em>A veces pierdo, a veces gano. Pero no es en vano morirme por la tierra que amo.</em> En estos d&iacute;as de alegr&iacute;a, la tierra santa es la familia que espera, las ciudades que celebran, los amigos de la infancia, el asado, el mate y el dulce de leche, la forma de pronunciar la &ldquo;ye&rdquo;, el perfume de los jazmines, las &ldquo;s&rdquo; perdidas por ah&iacute;. La tierra argentina es ese mosaico de paisajes que se llenar&aacute;n de turistas las pr&oacute;ximas semanas, orgullosos de un pa&iacute;s con todos los climas y colores. La tierra en clave federal viene de lejos y perdura como una comunidad de rituales y sentimientos, como una promesa intacta.
    </p><p class="article-text">
        Pero la Argentina federal tambi&eacute;n es, de tanto en tanto,<strong> una fractura expuesta. </strong>Lo ha sido esta semana, con la resoluci&oacute;n de la Corte Suprema de Justicia de laudar a favor de la ciudad capital en su reclamo por el recorte de la coparticipaci&oacute;n. Como si ese fuera el significante complementario del federalismo, como si las pasiones mundialistas yacieran sobre una estructura de cristal de la que dependen todos los poderes del Estado. El de la Justicia y el Ejecutivo, el del Congreso, el de las provincias del Norte grande frente a las del cintur&oacute;n sojero, el de las patag&oacute;nicas frente a la potencia demogr&aacute;fica de Buenos Aires, el de la ciudad capital, aut&oacute;noma y a la vez &ldquo;de todos los argentinos&rdquo;. Hace rato que el federalismo gira en torno del tesoro y que los ajustes en la coparticipaci&oacute;n son el tri&aacute;ngulo de las Bermudas de toda reforma institucional ambiciosa. <strong>Como el Aleph, la distribuci&oacute;n de los recursos se erige como el principio vital de la naci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La vicepresidenta tambi&eacute;n contribuy&oacute; en estos d&iacute;as a evidenciar las fracturas federales y las amenazas que conllevan para el pluralismo democr&aacute;tico. Con su decisi&oacute;n de abstenerse de disputar cualquier cargo electivo en 2023, Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner no solo abri&oacute; el juego para quienes buscan sucederla, en un mismo movimiento puso de manifiesto que existen poderes inexpugnables en la Argentina reciente. Desde la experiencia metropolitana, creemos ver en la grieta la continuidad del bipartidismo. Desde las provincias, la crisis del radicalismo y el peronismo se hace m&aacute;s clara y las coaliciones se arman con socios cambiantes. Claro que el juego es all&iacute; mucho menos abierto y din&aacute;mico. Mientras algunas provincias como Corrientes, Entre R&iacute;os, Mendoza, Santa Fe y Tucum&aacute;n proh&iacute;ben la reelecci&oacute;n inmediata de sus gobernadores, en otras, la perpetuaci&oacute;n es la norma. En Catamarca, Formosa, San Luis y Salta se observan autoridades con cinco mandatos, al tiempo que en San Juan, La Pampa y Neuqu&eacute;n se detentaron cuatro. Ante semejante reproducci&oacute;n, algunos argumentan con Edward Gibson que existen &ldquo;autoritarismos subnacionales en pa&iacute;ses democr&aacute;ticos&rdquo;. Otros subrayan que, con una din&aacute;mica pol&iacute;tica nacional impredecible, es l&oacute;gico que muchos gobernadores separen su calendario electoral del de la naci&oacute;n para blindarse en los territorios que controlan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Acaso no fue siempre as&iacute;? Eso podr&iacute;a pensarse<strong> en esta Argentina del eterno retorno donde, tras los festejos y las tensiones, volveremos a un equilibrio federal sin mayores novedades</strong>. Los medios de comunicaci&oacute;n de masas y las discusiones de caf&eacute; podr&aacute;n reconcentrar su energ&iacute;a en torno de la Casa Rosada. El espect&aacute;culo metropolitano del oficialismo y la oposici&oacute;n no escatimar&aacute; esfuerzos propin&aacute;ndose pu&ntilde;etazos en este cuadril&aacute;tero embarrado al que se asocia cada vez m&aacute;s a &ldquo;la&rdquo; clase pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el federalismo argentino no fue siempre el mismo. Cuando se toma distancia, la erosi&oacute;n reciente de la naci&oacute;n se evidencia menos como falta de liderazgo que como una larga herencia neoliberal. La centralidad de la presidencia fue una tarea laboriosa de dirigentes como Roca, Yrigoyen o Per&oacute;n, que <strong>priorizaron las potestades de la naci&oacute;n sobre el arbitrio de las provincias.</strong> Fueron ellos quienes ampliaron los servicios y las prestaciones del Estado nacional: del Ej&eacute;rcito al sistema de salud y la educaci&oacute;n p&uacute;blica, del Registro civil a las obras de transporte e infraestructura, de la expansi&oacute;n del Banco Naci&oacute;n a la universalizaci&oacute;n de la seguridad social, de las empresas nacionales de energ&iacute;a, aviaci&oacute;n y telecomunicaciones a la regulaci&oacute;n de muchos mercados. En contraposici&oacute;n, gobernadores e intendentes ten&iacute;an menos funciones y poco poder. Si hac&iacute;a falta, las intervenciones provinciales expresaban la capacidad disciplinadora del centro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde el derrocamiento de Per&oacute;n en 1955, pero sobre todo a partir de 1976 y 1989, todo cambi&oacute;. La privatizaci&oacute;n de las empresas p&uacute;blicas, la desregulaci&oacute;n de los mercados y la descentralizaci&oacute;n de funciones estatales fragment&oacute; el poder que ejerc&iacute;a la presidencia ante gobernadores con mayor autonom&iacute;a. <strong>Desde entonces, las provincias gestionan la educaci&oacute;n, la salud y la asistencia p&uacute;blica de sus ciudadanos</strong>. La reforma de la Constituci&oacute;n en 1994 las hizo, adem&aacute;s, &aacute;rbitros de la explotaci&oacute;n de sus recursos naturales. Dif&iacute;cil saber cu&aacute;nto las esperanzas de una mayor sensibilidad regional se honraron en este pasaje. Sin financiamiento previsible, apuntalamiento t&eacute;cnico ni inter&eacute;s y control de otros argentinos, cada elite provincial pudo decidir m&aacute;s al tiempo que sus habitantes quedaban m&aacute;s librados a su suerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta nueva divisi&oacute;n del trabajo entre naci&oacute;n y provincias apenas se revirti&oacute; en los primeros tres lustros del siglo XXI con un Ejecutivo Nacional acaudalado y generoso. Tambi&eacute;n con la voluntad de establecer criterios comunes y organizar &ldquo;consejos federales&rdquo; para consensuarlos. La Casa Rosada sigue reteniendo claro la potestad de intervenir sobre la orientaci&oacute;n macroecon&oacute;mica, de emitir moneda y endeudar a la naci&oacute;n. Sin eficacia ni recursos, su conducci&oacute;n se desacredita y se vuelve m&aacute;s limitada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se acallen los festejos y se restablezcan los acuerdos, una vieja complicidad seguir&aacute; sedimentando. De un lado, <strong>un poder central hipervisible pero devaluado que se desentiende de ciertas potestades y las descentraliza a los niveles intermedios. </strong>Del otro, <strong>distintos poderes institucionales que pujan por apropiarse de recursos, para hacer luego con ellos seg&uacute;n su juicio y conveniencia</strong>. En este acuerdo t&aacute;cito, la presidencia puede contentarse con <strong>una notoriedad cada vez m&aacute;s vac&iacute;a;</strong> las provincias, con <strong>el ejercicio de poderes discretos, perimetrados, protegidos y por eso, m&aacute;s fuertes y discrecionales.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La selecci&oacute;n argentina pudo ser federal por una alquimia de pasiones populares, escuelas y clubes de barrio, cazadores de talentos, negocios millonarios y liderazgo. Sin ellos, la Scaloneta no hubiera sido posible. Como esas condiciones escasean, <strong>la Argentina federal es cada vez m&aacute;s una yuxtaposici&oacute;n de provincias. </strong>Hoy cada universidad, cada ministerio provincial, cada fuerza de seguridad, cada tribunal juega su juego como si la ciencia, el alfabeto, la pobreza, el crimen pudieran enfrentarse de manera descentralizada y con particularidades regionales irreductibles. A menos que se desplacen a la capital, los pampeanos no pueden competir con los cordobeses ni los santafesinos con los tucumanos. Y sobre todo, son pocas las oportunidades para encontrarse en un espacio que comprenda la especificidad de sus destrezas, que los congregue, los coordine, les permita desplegar todo lo que son capaces de dar. Con esta trama institucional, tal vez haya una Argentina federal. M&aacute;s all&aacute; de los sentimientos y rituales, <strong>se vuelve cada vez m&aacute;s ilusoria la idea misma de naci&oacute;n. </strong>Si en el f&uacute;tbol ocurriera lo mismo, Marcos Acu&ntilde;a seguir&iacute;a jugando en un potrero de Zapala y Juli&aacute;n &Aacute;lvarez seguir&iacute;a siendo solo el nombre de una calle de la capital.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Heredia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/seleccion-campeona-tierra-santa-argentina-federal_129_9821925.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Dec 2022 04:01:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La Selección campeona, la tierra santa y la Argentina federal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Selección Argentina,Argentina campeón del mundo,Federalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién dijo que sólo se puede ser sensible en la holgura?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dijo-sensible-holgura_129_9766965.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16ff3aad-3179-4289-9ef8-0a23dc7e58a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién dijo que sólo se puede ser sensible en la holgura?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ajuste arrancó hace rato y las previsiones prometen que los recortes presupuestarios se profundizarán en los años por venir, señala Mariana Heredia. El igualitarismo de la distribución es solo aparente y, sin embargo, no parece haber una amenaza inminente a la paz social.</p></div><p class="article-text">
        Argentina, diciembre de 2022. La inflaci&oacute;n no cede, la pobreza aumenta, el temor por la escalada de la extrema derecha es equivalente al desconcierto de quienes anhelan la construcci&oacute;n de una sociedad m&aacute;s igualitaria. Cuando el fervor del mundial de f&uacute;tbol se acalla, en las altas esferas del poder, las encuestas electorales preocupan y comienzan los c&aacute;lculos a un a&ntilde;o de la elecci&oacute;n presidencial. Mientras se discute el presupuesto, en los despachos estatales, los altos funcionarios intentan que las carteras que dirigen crezcan o al menos pierdan lo menos posible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lejos del v&eacute;rtigo de las proyecciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas, los empleados p&uacute;blicos las ven pasar. <strong>El ajuste arranc&oacute; hace rato y las previsiones prometen, tanto en el presupuesto enviado por el oficialismo como en las promesas electorales de la oposici&oacute;n, que los recortes se profundizar&aacute;n en los a&ntilde;os por venir. </strong>Entretanto, alica&iacute;das y amenazadas, las partidas de los Estados nacionales y provinciales siguen fluyendo a los docentes de las aulas p&uacute;blicas, a los m&eacute;dicos y enfermeros en los hospitales, a los asistentes sociales que recorren los barrios populares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dirigentes oficialistas y opositores subrayan la importancia que atribuyen a la educaci&oacute;n y a la salud de las mayor&iacute;as, a la necesidad de garantizar la seguridad de los argentinos, a la centralidad de los j&oacute;venes en la construcci&oacute;n de un pa&iacute;s mejor. Unos y otros insisten en que, para que esos altos ideales tengan asidero, primero hay que ganar elecciones, segundo hay que conseguir recursos, tercero hay que ocupar posiciones con equipos propios y leales. As&iacute;, mientras todas las miradas se concentran en el Ministerio de Econom&iacute;a y en su capacidad de liberar o restringir fondos, <strong>la mayor&iacute;a de las reparticiones del Estado se reproduce entregada cada una a su propia inercia.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>El ajuste en la Argentina parece ser por momentos la contracara perfecta de la holgura fiscal</strong>. Desde la d&eacute;cada de los setenta, en los pocos a&ntilde;os en los que hubo recursos, la felicidad de las mayor&iacute;as se derram&oacute; como un tri&aacute;ngulo invertido y alcanz&oacute; a todos los dem&aacute;s. En momentos en que los recursos parec&iacute;an ilimitados, no parec&iacute;a importar mucho para qu&eacute; fueran los planes porque lo importante era que fueran muchos, no importaba si necesit&aacute;bamos m&aacute;s funcionarios p&uacute;blicos, lo importante es que aumentaran; no importaba qu&eacute; hiciera (y c&oacute;mo) el Estado, lo que importaba es que creciera la presencia estatal. Ahora, en un contexto adverso, parece pasar exactamente lo contrario: <strong>no hay cuadernos, no hay hojas, no hay gasas, no hay recursos m&iacute;nimos para reponer computadoras en las oficinas p&uacute;blicas.</strong> Exceptuando algunos gestores l&uacute;cidos, no se incita coordinaci&oacute;n alguna que anticipe el impacto, no se plantean iniciativas que calibren objetivos, que establezcan prioridades, que focalicen esfuerzos. Como antes avanz&oacute; la marea de recursos, se retira ahora, desordenada, sin capacidad para establecer m&aacute;s prioridad que el combate contra el hambre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La gran ausente de la democracia: la sinton&iacute;a fina, nunca es bienvenida. En los momentos de prosperidad es innecesaria; en los de ajuste, impracticable. Ante reclamos particulares incapaces de encontrar una f&oacute;rmula de compromiso, pareciera que el Estado puede ofrecer a cada uno lo que reclama. <strong>Pero el igualitarismo de la distribuci&oacute;n es solo aparente. No solo hay jerarqu&iacute;as de beneficiarios, muchas son inconfesables. </strong>La falta de criterios expl&iacute;citos perjudica sobre todo a los que tienen menos amigos o menos poder de fuego: el r&eacute;gimen de promoci&oacute;n de las industrias de Tierra del Fuego se incrementa m&aacute;s que las partidas jubilatorias, los privilegios impositivos de magistrados y empleados judiciales se preservan mientras los alimentos siguen pagando IVA, los subsidios y salarios estatales de algunas provincias resisten al ajuste mucho mejor que en otras, la publicidad de todos los oficialismos se multiplica sin control.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su ocaso, el ciclo de holgura iniciado despu&eacute;s de la crisis de 2001 revela la distancia entre la sociedad de bienestar y la sociedad de consumo. Las primeras nunca se financiaron solo con el impuesto a los ricos o a las exportaciones primarias, se fundaron en un sistema solidario que distribu&iacute;a beneficios porque expand&iacute;a la formalizaci&oacute;n (y por lo tanto la responsabilidad) de empresas y trabajadores. La nostalgia por los reg&iacute;menes sociales de la posguerra deber&iacute;a recordar que estaban lejos de ofrecer a cada uno libertades discrecionales. Ning&uacute;n Estado cuenta con financiamiento infinito y una autoridad bien ejercida podr&iacute;a definirse como aquella que es capaz de delimitar y hacer cumplir una jerarqu&iacute;a de obligaciones y prerrogativas, que puede establecer prioridades que trascienden los intereses sectoriales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque todo parezca en calma, la corrosi&oacute;n del Estado social empez&oacute; hace rato. Altos funcionarios indolentes o arbitrarios terminan empujando a muchos empleados estatales a hacer &ldquo;justicia por mano propia&rdquo;. Abonan as&iacute; las justificaciones de los detractores de la intervenci&oacute;n estatal alentando o consintiendo pr&aacute;cticas desviadas. Muchos titulares de c&aacute;tedra, jefes de servicios hospitalarios, jueces o fiscales se ven tentados de acortar sus horarios o eludir obligaciones &ndash; que pocas veces se les exigi&oacute; que cumplieran-, mientras el recelo de la sociedad se concentra en los &ldquo;privilegios&rdquo; de los empleados p&uacute;blicos de rangos m&aacute;s bajos que muchos gestores pol&iacute;ticos no saben siquiera hacia qu&eacute; objetivos orientar. Se potencia as&iacute; la aceptaci&oacute;n del estereotipo popularizado por Gasalla: esa empleada p&uacute;blica indolente que la democracia tendi&oacute; a crear y alimentar y a la que se empuja a sucesivas generaciones de j&oacute;venes que llegan al Estado por oleadas, con ilusiones renovadas y con contratos cada vez m&aacute;s precarios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nada de esto amenaza de manera inminente la paz social. </strong>La degradaci&oacute;n de los establecimientos educativos, la ausencia de los docentes de primaria, las esperas eternas en los hospitales p&uacute;blicos, la falta de material m&eacute;dico indispensable, el trato descuidado de adultos mayores y enfermos mentales, el dilatado retraso en los expedientes judiciales, la connivencia de los comisarios con los negocios narcos trascender&aacute; en los medios si se convoca a una huelga o estalla un esc&aacute;ndalo. E incluso en estos casos fortuitos, los raptos de indignaci&oacute;n probablemente se olvidar&aacute;n. Como otros desatendidos, los empleados p&uacute;blicos comprometidos con su tarea comprenden que su impotencia es solitaria y que lo mejor que pueden hacer es irse a otra parte o permanecer en silencio, enfrentando la realidad que les toca con una cuota de cinismo y discreci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hay fondos&rdquo;, dicen quienes atienden al estado de las cuentas p&uacute;blicas. Y sin recursos, afirman, el Estado nacional no puede dar soluciones. &ldquo;Estamos ante una coalici&oacute;n de gobierno fracturada&rdquo;, acotan los analistas pol&iacute;ticos. Y en esta situaci&oacute;n de fragilidad, cada funcionario apenas puede velar por preservar los pocos apoyos que lo sostienen. Mientras tanto, todos los niveles del Estado, todas las agencias p&uacute;blicas, todos los eventuales amigos del poder parecen lanzados a una disputa de recursos y prebendas sin m&aacute;s horizonte que el abismo.
    </p><p class="article-text">
        Menos atenci&oacute;n despierta el Estado y la Sociedad. Si se los mira es para afirmar que todos se sienten v&iacute;ctimas en la crisis, que en la sociedad de consumidores insatisfechos todos tienen algo que pedir y nadie parece dispuesto ceder. Tal vez eso es el igualitarismo argentino. La sumatoria de las partes, el c&aacute;lculo que agrega voluntades imperativas que quieren alcanzar la movilidad social, a cualquier precio, aunque sea en soledad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero ese ideal supo ser otra cosa. No fue solo el c&aacute;lculo (de votos y partidas), no solo la subdivisi&oacute;n del capital y el poder. Fue tambi&eacute;n el anhelo y a veces la concreci&oacute;n de instituciones judiciales, educativas, sanitarias m&aacute;s justas. Fue el orgullo de que el hijo del portero y del m&eacute;dico compartieran un aula y sellaran una amistad. Todo eso parece tan lejos y a la vez tan cerca con Argentina 1985. Esa pel&iacute;cula, tan ecum&eacute;nicamente celebrada, donde late un recuerdo y una advertencia. El recuerdo de lo que fuimos capaces de instituir, la advertencia de qu&eacute; pasar&aacute; cuando ya no alcancen los horrores de la dictadura para fundar una autoridad democr&aacute;tica leg&iacute;tima. <strong>&iquest;Qu&eacute; esperan entonces quienes creen en la justicia social? &iquest;Que la soluci&oacute;n m&aacute;gica la traigan los pr&oacute;ximos comicios? &iquest;El advenimiento salvador de un nuevo </strong><em><strong>commodity </strong></em><strong>de exportaci&oacute;n? &iquest;Qui&eacute;n dijo que solo se puede ser sensible cuando hay holgura fiscal?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>MH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Heredia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/dijo-sensible-holgura_129_9766965.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Dec 2022 03:02:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién dijo que sólo se puede ser sensible en la holgura?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ajuste,distribución del ingreso,Inflación,Paz social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La epopeya de la urgencia y los límites del rebote]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/epopeya-urgencia-limites-rebote_129_8503404.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7d3771ab-3400-4304-b535-00a2c001fcea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La epopeya de la urgencia y los límites del rebote"></p><p class="article-text">
        Muchos analistas pol&iacute;ticos repitieron estos d&iacute;as que nadie imaginaba, apenas unos meses atr&aacute;s, la profundidad del rev&eacute;s que sufri&oacute; el oficialismo en las elecciones y el desencuentro que evidenciaron entre el peronismo y los sectores populares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seguramente la sorpresa se funda en la experiencia de los primeros meses de la pandemia y en cierto <em>d&eacute;j&agrave;-vu</em> de situaciones pasadas. Como en 1989 o en 2002, la crisis del Covid-19 activ&oacute; un dispositivo caro al peronismo desde el retorno a la democracia: la epopeya de la urgencia. Funcionarios reci&eacute;n designados accediendo a sus cargos en una situaci&oacute;n econ&oacute;mica cr&iacute;tica, con una sociedad castigada, sostenidos en una coalici&oacute;n heterog&eacute;nea que encuentra su norte en la reconstrucci&oacute;n desesperada de umbrales m&iacute;nimos de gobernabilidad. En los tres casos, los antagonismos refundacionales ofician de p&oacute;cimas m&aacute;gicas y surten (al menos al principio) el efecto deseado. La voluntad presidencial conquista niveles in&eacute;ditos de popularidad y cosecha apoyos en la adversidad. La &eacute;pica moviliza los agentes estatales y la onda expansiva alcanza a las redes comunitarias, los trabajadores sociales, los sindicatos...&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como en crisis anteriores, <strong>durante el 2020 las estad&iacute;sticas prometieron dibujar los contornos de una doble V, a la vez la curva de un rebote econ&oacute;mico y la V de una victoria</strong>. Efectivamente, despu&eacute;s de semanas de ca&iacute;da libre, la actividad comenz&oacute; a recuperarse lentamente. En tiempo r&eacute;cord, la ayuda monetaria y financiera fluy&oacute; a los hogares y empresas necesitados. Se suspendieron las cargas impositivas, los despidos y los desalojos. Y todo eso en el marco de un consenso entre las principales dirigencias del oficialismo y la oposici&oacute;n, encolumnadas detr&aacute;s de las recomendaciones sanitarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los relatos sobre esos primeros meses cr&iacute;ticos son coincidentes y, en el caso de los gestores y mediadores de la ayuda estatal, est&aacute;n envueltos de m&iacute;stica y orgullo: el gerente de un banco p&uacute;blico que atraviesa la ciudad desierta a altas horas de la noche para terminar de calibrar una aplicaci&oacute;n que facilite la operaci&oacute;n a distancia, un joven empleado del Ministerio de Producci&oacute;n que dise&ntilde;a cr&eacute;ditos para los sectores m&aacute;s perjudicados por la crisis, operarios y funcionarios de la ANSES que facilitan el empadronamiento de nuevos beneficiarios, personal de la salud que arriesga su vida en la lucha contra el virus...Y una sociedad expectante de empresarios, trabajadores, amas de casa y j&oacute;venes que manifiestan, con pocos matices, su apoyo por las medidas del gobierno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pas&oacute; despu&eacute;s? &iquest;Por qu&eacute; resurgieron tan r&aacute;pido los l&iacute;mites econ&oacute;micos, institucionales y hasta afectivos de esta nueva patriada heroica? &iquest;Por qu&eacute; &ldquo;la&rdquo; sociedad y sobre todo esos sectores populares y medios que deber&iacute;an agradecer los esfuerzos del gobierno le son ahora renuentes?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nadie puede negar que la crisis del Covid-19 tiene aspectos in&eacute;ditos y que instituy&oacute; en la Argentina y el mundo una incertidumbre radical. No obstante, hay fuerzas que subyacen a esa novedad y revelan la particular fragilidad contempor&aacute;nea. No solo los apoyos electorales y militantes ya no pueden darse por descontados, los rebotes son cada vez m&aacute;s cortos y las transferencias de ingreso no redundan en mejoras sustantivas en la vida de las personas. <strong>Con el correr de los meses, la asistencia en la urgencia se pareci&oacute; menos a una gesta revolucionaria y dignificante que al acolchonamiento de una ca&iacute;da que volv&iacute;a a dejar a cada quien enfrentado a su propia orfandad.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Con el correr de los meses, la asistencia en la urgencia se pareció menos a una gesta revolucionaria y dignificante que al acolchonamiento de una caída que volvía a dejar a cada quien enfrentado a su propia orfandad.  </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En un estudio en curso en ocho provincias del pa&iacute;s, registramos muchas escenas de la vida cotidiana que ilustran la insuficiencia de los esfuerzos realizados. &Aacute;ngela vive en Santa Rosa, La Pampa, con su pareja y su hija. Estudia derecho en la universidad mientras su marido dicta algunas horas de clase como profesor de educaci&oacute;n f&iacute;sica. La pandemia la encontr&oacute; con problemas de trabajo, apoy&aacute;ndose en la Asignaci&oacute;n Universal por Hijo y el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). Una de las cosas que m&aacute;s le pesaron en la pandemia fue el ajuste en su alimentaci&oacute;n: &ldquo;Para no comer arroz otra vez, directamente tom&aacute;bamos mate con pan&rdquo;. Su hija extra&ntilde;aba las frutas, tanto como ella y su marido los asados. El IFE podr&iacute;a haberlos ayudado a variar la dieta. No fue el caso. Esos recursos se destinaron a pagar la deuda que hab&iacute;an contra&iacute;do con la escuela privada de la ni&ntilde;a. Conviven as&iacute; en muchos hogares argentinos las ayudas alimentarias que no alcanzan con la privatizaci&oacute;n de servicios fundamentales como la educaci&oacute;n, que el Estado ofrece de manera deficitaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las afueras de C&oacute;rdoba vive Romina, con sus once hijos, sobreviviendo gracias a la ayuda del gobierno y los ingresos que le procura la recolecci&oacute;n de cart&oacute;n. Una oportunidad extraordinaria le permiti&oacute; mudarse a un mejor barrio desde el que esperaba apuntalar la educaci&oacute;n de sus hijos y conseguir m&aacute;s changas. La crisis del Covid-19 la oblig&oacute; a volver sobre sus pasos. En la villa ten&iacute;an una red de contenci&oacute;n que le permit&iacute;a enfrentar sus necesidades b&aacute;sicas sin dinero. Como veinte a&ntilde;os atr&aacute;s, la trama de ayuda del barrio le permit&iacute;a amortiguar la ca&iacute;da. En todos esos a&ntilde;os, no obstante, no hab&iacute;a logrado prosperar ni adquirir mayor autonom&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Daniel tiene una peque&ntilde;a industria en Lan&uacute;s. Despu&eacute;s de crecer gracias al est&iacute;mulo al mercado interno de la etapa kirchnerista, apenas logr&oacute; mantenerse a flote durante el gobierno de Cambiemos. La crisis del Covid-19 lo encontr&oacute; con una estructura flexible: inyectaba las matrices de sus juguetes con un equipo m&iacute;nimo y luego delegaba en casas de familia, sin ninguna relaci&oacute;n contractual con &eacute;l, el ensamble de las piezas. Cuatro integrantes de la empresa lograron cobrar la Ayuda al Trabajo y la Producci&oacute;n, pero fueron sobre todo los cr&eacute;ditos del gobierno y el cierre de las importaciones los que le permitieron alcanzar <em>&ldquo;</em>el mejor momento en a&ntilde;os&rdquo;. La empresa de Daniel expresa con claridad la fortaleza y los l&iacute;mites de las pol&iacute;ticas de industrializaci&oacute;n de los gobiernos populares: el sost&eacute;n de PYMES con trabajo informal, precios crecientes y cuya sobrevida ser&iacute;a impensable en una econom&iacute;a m&aacute;s abierta. &iquest;A qu&eacute; empleo y a qu&eacute; producci&oacute;n se ha continuado apostando?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las experiencias son diversas y despliegan la creatividad de las empresas, los trabajadores y las familias para redistribuir sacrificios y protegerse de mayores da&ntilde;os</strong>. Para las unidades productivas que cerraron o los hogares con necesidades extremas, la dignidad qued&oacute; da&ntilde;ada y la &uacute;nica epopeya es el aguante. Mientras la fragilidad persist&iacute;a, los compromisos externos y la espiral inflacionaria alertaron sobre la magnitud de un gasto p&uacute;blico insostenible. Se hizo evidente la imposibilidad de ajustar los criterios de asignaci&oacute;n de las ayudas. Al fin, las transferencias monetarias se acabaron en 2020 aunque la segunda ola de la pandemia azotar&iacute;a al pa&iacute;s varios meses m&aacute;s tarde. En paralelo, el gobierno nacional que hab&iacute;a concentrado el liderazgo y la m&iacute;stica deleg&oacute; en gobernadores y municipios la gesti&oacute;n de la emergencia. Las opiniones que registramos tuvieron la heterogeneidad de las historias recogidas: algunos dejaron de caer, otros se recuperaron, varios siguieron sumergidos en el mismo desamparo. Desde distintas posiciones, muchos se preguntaban por qu&eacute; ese Estado que dec&iacute;a protegerlos los hab&iacute;a abandonado a medio camino.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La volatilidad parece ser el signo de los tiempos que corren. Las curvas de crecimiento como las encuestas de imagen y los apoyos electorales se revelan desde hace treinta a&ntilde;os cada vez m&aacute;s estert&oacute;reos. A su vez, la militancia y su m&iacute;stica ya no son patrimonio de los movimientos que pugnan por una mayor redistribuci&oacute;n de los recursos. La beligerancia en las calles no es necesariamente popular ni se circunscribe al peronismo o las izquierdas. La demograf&iacute;a de las luchas se ha ido complejizando y se aleja de aquellos que padecen las necesidades m&aacute;s b&aacute;sicas. En este marco,<strong> los resultados electorales ofician de advertencia: la epopeya de la urgencia y el rebote socioecon&oacute;mico necesitan una estrategia.</strong> Como la plata argentina, la militancia redistributiva est&aacute; exhausta. Hacen falta m&aacute;s pesos para comprar una leche como hacen falta m&aacute;s argentinos reclamando para evitar la fractura social. Hay muchos responsables y muchas causas del desgaste. Como sea, la profundidad de la crisis tal vez pueda ense&ntilde;arnos que con la asistencia no alcanza.&nbsp; &nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        <em>MH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Heredia]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Nov 2021 03:03:46 +0000]]></pubDate>
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