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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Luis Alberto Quevedo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/luis-alberto-quevedo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Luis Alberto Quevedo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los usos de la desconfianza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/usos-desconfianza_129_7296123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69a589da-f591-49b9-a6aa-b6f61e0b300e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los usos de la desconfianza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Un fantasma recorre la pol&iacute;tica argentina: <strong>el fantasma de la antipol&iacute;tica</strong>. Cada vez que surge el debate en torno de la desconfianza ciudadana aparece un primer abordaje seg&uacute;n el cual la desconfianza debe ser le&iacute;da como una reacci&oacute;n de la sociedad por el desempe&ntilde;o de los Estados, gobiernos o funcionarios. Esta interpretaci&oacute;n concibe a la desconfianza como una especie de castigo vigilante de la sociedad civil frente a la &ldquo;mala pol&iacute;tica&rdquo;.&nbsp;Desde nuestra perspectiva, esta lectura padece de varias debilidades. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No todos pierden con la desconfianza: los “políticos” no solo son objetos de la desconfianza, son también sujetos productores de ese sentimiento.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En primer lugar, resulta equivocado pensar la desconfianza como si se tratara de una fuerza exterior a la pol&iacute;tica, dado que la desconfianza es una recurrente y potente herramienta pol&iacute;tica. La desconfianza posee una estructuraci&oacute;n ideol&oacute;gica y en consecuencia admite diferentes usos. No todos pierden con la desconfianza: los &ldquo;pol&iacute;ticos&rdquo; no solo son objetos de la desconfianza, son tambi&eacute;n sujetos productores de ese sentimiento. Por ejemplo, desde sus or&iacute;genes la filosof&iacute;a liberal - y sus descendientes conceptuales y pol&iacute;ticos - es una filosof&iacute;a de la desconfianza hacia el Estado. 
    </p><p class="article-text">
        Para comprender el significado que asume para nosotros esta palabra resulta necesario rebobinar algunos a&ntilde;os y revisar algunos episodios de nuestra historia reciente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de la d&eacute;cada del &acute;90, la sociedad argentina experiment&oacute; un proceso de creciente desafecci&oacute;n pol&iacute;tica que, envuelta por un proceso de destrucci&oacute;n socioecon&oacute;mica, desemboc&oacute; en la crisis de diciembre de 2001 y <strong>en el colapso parcial del sistema de partidos</strong>. Aquella gran crisis fue conceptualizada como una crisis de representaci&oacute;n pol&iacute;tica, cuyo esp&iacute;ritu y lenguaje recordaremos siempre a trav&eacute;s de la consigna <em>&ldquo;Que se vayan todos&rdquo;</em>. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s adelante vendr&iacute;an <em>los a&ntilde;os kirchneristas</em>, en el que se ir&iacute;a configurando un ecosistema cultural muy diferente:<span class="highlight" style="--color:white;"><em> </em></span>un per&iacute;odo de sostenida repolitizaci&oacute;n de la sociedad, por izquierda y por derecha. La pol&iacute;tica volv&iacute;a a estar en el centro de la esfera p&uacute;blica siendo capaz de producir pertenencias e identidades colectivas, un fen&oacute;meno que para muchos pertenec&iacute;a a los libros de historia. La pol&iacute;tica pas&oacute; de los movimientos sociales nuevamente al (siempre fr&aacute;gil) sistema de partidos. Durante esos a&ntilde;os se vivi&oacute; un ciclo de efervescente activaci&oacute;n pol&iacute;tica, muy contrastante con los a&ntilde;os de anemia participativa de las juventudes y privatizaci&oacute;n de las ilusiones que hab&iacute;a signado al ambiente discursivo de los &lsquo;90. Los an&aacute;lisis sobre militancia y participaci&oacute;n juvenil dejaban de ser un material de estudio arqueol&oacute;gico de las d&eacute;cadas del 70 y de los 80; eran ahora un fen&oacute;meno del presente. La plaza p&uacute;blica se llenaba nuevamente de consignas, s&iacute;mbolos y c&aacute;nticos vinculados a proyectos pol&iacute;ticos y dejaban de ser rabiosas erupciones de ira e indignaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">
La polarización política, cristalizada sobre el subyacente desacuerdo social y no capricho discursivo o cuestión de modales, consolidó al kirchnerismo y a Cambiemos como los grandes protagonistas de la escena política argentina.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Avanzando en este itinerario, la crisis del campo de 2008 acentuar&aacute; la conflictividad pol&iacute;tica, y su impacto movilizador, pero alentar&iacute;a tambi&eacute;n lo que un tiempo despu&eacute;s se llamar&iacute;a &ldquo;grieta&rdquo;, y que alude a un proceso de <em>polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica</em> por el que <strong>las divergencias ideol&oacute;gicas que existen en la sociedad tienden a articularse pol&iacute;ticamente en una competencia simplificada y binaria</strong>. Esta marca persiste hasta nuestros d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        La polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica, cristalizada sobre el subyacente desacuerdo social y no capricho discursivo o cuesti&oacute;n de modales, consolid&oacute; al kirchnerismo y a Cambiemos como los grandes protagonistas de la escena pol&iacute;tica argentina. Ambas coaliciones lograron encarnar las visiones, las preocupaciones, los rechazos y los intereses de una porci&oacute;n mayoritaria de la opini&oacute;n p&uacute;blica. Pero la representaci&oacute;n pol&iacute;tica no es pasivo espejo o reflejo del desacuerdo social, es tambi&eacute;n productor y organizador de ese desacuerdo. En efecto, la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica (fuertemente alimentada por los medios de comunicaci&oacute;n) es causa y consecuencia de la polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica que se da en el seno de la sociedad civil: <strong>mapa y territorio se confunden</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Bajo esta atm&oacute;sfera de movilizaci&oacute;n y politizaci&oacute;n, en el a&ntilde;o 2010 comenzamos un trabajo sistem&aacute;tico de medici&oacute;n de estas representaciones ideol&oacute;gicas en la cabeza de las/os ciudadanos. Nos propusimos medir emociones y retratar fragmentos de ese sistema de creencias, saberes y representaciones al que llamamos <em>opini&oacute;n p&uacute;blica argentina</em>. 
    </p><p class="article-text">
        En su edici&oacute;n de 2013, obtuvimos un hallazgo algo contraintuitivo: casi un 60% de las y los argentinos rechaz&oacute; la idea de <em>vestigios dosmilunescos</em> seg&uacute;n la cual &ldquo;todos los pol&iacute;ticos son iguales&rdquo; <strong>(Gr&aacute;fico 1) </strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Nihilismo político                            </span>
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        En el mismo a&ntilde;o en que se generalizaba su uso en los discursos medi&aacute;ticos, la tan criticada grieta mostraba una dimensi&oacute;n virtuosa al permitirle a la sociedad distinguir contrastes marcados en la oferta pol&iacute;tica/electoral. Se empezaban a dibujar dos proyectos enfrentados (en lo pol&iacute;tico pero tambi&eacute;n en los imaginarios sociales) cuya evidente alteridad actuaba como inhibidor de nihilismo. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y de un modo casi parad&oacute;jico, desde aqu&eacute;l a&ntilde;o se observa en las mediciones un lento pero sostenido ascenso del <em>nihilismo pol&iacute;tico</em>. &iquest;De qu&eacute; se trata? La fatiga social por la recesi&oacute;n econ&oacute;mica que empez&oacute; con el gobierno de Macri y se extendi&oacute; con la pandemia, multiplicadora de incertidumbres, el desgaste de la polarizaci&oacute;n eterna y la apuesta del ala radicalizada de Cambiemos por exacerbar las pasiones y los odios de parte de la poblaci&oacute;n parecen ser signos de un nuevo ambiente pol&iacute;tico. &iquest;Asistimos a una nueva etapa de desafecci&oacute;n ciudadana por la pol&iacute;tica? <strong>&iquest;Estamos ante un &ldquo;Que se vayan todos&rdquo; recargado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como dijimos, desde 2013 comenzamos a medir el &ldquo;share social&rdquo; que ten&iacute;a el nihilismo pol&iacute;tico. En 2013 s&oacute;lo un minoritario 36% suscribi&oacute; a la idea de que <em>&ldquo;todos los pol&iacute;ticos son iguales&rdquo; </em>pero en la &uacute;ltima medici&oacute;n ese valor escal&oacute; hasta el 45%.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El sentimiento nihilista no se distribuye homogéneamente en la sociedad. Segmentado por voto de 2019,: el 50% de los votantes de Juntos por el Cambio respalda la postura de escepticismo político, contra solo un 34% de votantes del Frente de Todos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los datos provocan una tentaci&oacute;n interpretativa dif&iacute;cil de resistir: vuelve y crece la &ldquo;antipol&iacute;tica&rdquo;. Desde nuestra perspectiva leer estos datos, y el actual escenario sociopol&iacute;tico con las categor&iacute;as del 2001, es un grave error conceptual.
    </p><p class="article-text">
        En aquella crisis se registraron los cl&aacute;sicos signos de anomia electoral y desencantamiento del voto: <strong>alta abstenci&oacute;n, extendido voto en blanco, &ldquo;ca&oacute;tica&rdquo; dispersi&oacute;n del voto y una oferta pol&iacute;tica astillada</strong>. Revisemos la reciente experiencia electoral argentina de 2019: el 90% de las preferencias electorales se distribuyeron en dos alternativas, entre las cuales se reconocen contrastes muy pronunciados. Asimismo, y pese a sus tensiones interiores, tales coaliciones no entraron en di&aacute;spora lo cual estabiliza el v&iacute;nculo entre sociedad y pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Podemos afirmar que uno de los efectos positivos de la grieta o polarizaci&oacute;n radica en restaurar el sentido del voto al ofrecer claras alternativas -a veces con el costo de cierto manique&iacute;smo y a veces empobrecimiento del debate-. Votar es elegir y elegir tiene sentido cuando se perciben opciones genuinamente diferentes. Cuando la sociedad percibe la competencia pol&iacute;tica en clave de espect&aacute;culo o simulaci&oacute;n de diferencias, cuando en el fondo no las hay, eso genera las condiciones para la expansi&oacute;n de actitudes c&iacute;nicas y nihilistas, antesala del repliegue ciudadano. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, al profundizar la lectura de los datos se advierte que este sentimiento nihilista no se distribuye homog&eacute;neamente en la sociedad. Segmentado por el voto de 2019, se observa un desnivel importante: el 50% de los votantes de Juntos por el Cambio respalda esta postura de escepticismo pol&iacute;tico, contra solo un 34% de votantes del Frente de Todos. Entonces, el nihilismo pol&iacute;tica se reparte de manera muy asim&eacute;trica en los dos lados de la &ldquo;grieta&rdquo;, lo cual aporta algunas pistas que nos interesa seguir. 
    </p><p class="article-text">
         <strong>Hip&oacute;tesis</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se explica la paradoja de que la mitad de los votantes de Cambiemos sean <em>nihilistas pol&iacute;ticos</em>? En otras palabras, &iquest;por qu&eacute; la expansi&oacute;n de la creencia de que todos los pol&iacute;ticos son iguales es m&aacute;s acentuada entre los seguidores <em>cambiemitas</em> que entre los <em>kirchneristas</em>? Ingresamos en el terreno de la interpretaci&oacute;n. Arrojamos aqu&iacute; <strong>tres hip&oacute;tesis sobre el avance del nihilismo pol&iacute;tico en la base electoral de Cambiemos.</strong> Las dos primeras son end&oacute;genas; la tercera es ex&oacute;gena a la pol&iacute;tica argentina.
    </p><p class="article-text">
        La primera explicaci&oacute;n de esta tendencia en la opini&oacute;n p&uacute;blica es la m&aacute;s intuitiva: <strong>el fracaso del gobierno de Mauricio Macri se tradujo en desencanto en parte de su base de votantes. </strong>Juan Carlos Torre defini&oacute; al segmento no peronista de fines de los &acute;90 y principios de los &acute;2000 como &ldquo;los hu&eacute;rfanos de la pol&iacute;tica de partidos&rdquo;. Con la conformaci&oacute;n de Cambiemos y en la figura de Mauricio Macri este electorado hab&iacute;a encontrado una renovada representaci&oacute;n pol&iacute;tica, pero su decepcionante paso por el poder puede haber reimplantado cierta apat&iacute;a ciudadana respecto a la pol&iacute;tica en general.
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; del fracaso de la gesti&oacute;n de Cambiemos, lo que debemos considerar en el visible giro en el <em>mood</em> afectivo de su discursividad. Desde 2018 en adelante <strong>Cambiemos adopta abiertamente la estructura de un partidismo negativo, es decir articula una identidad fundada &uacute;nicamente en el rechazo al Otro</strong>. Su liderazgo &ldquo;emocional&rdquo; (originalmente asociado con la &ldquo;alegr&iacute;a pacificadora&rdquo; y con una forma desapasionada de hacer pol&iacute;tica) comienza a derramar sobre su electorado otro tipo de afectos pol&iacute;ticos. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La identidad política del electorado cambiemita está fundada en la diferencia, en el rechazo al otro. En cambio, la identidad kirchnerista se estructura fundamentalmente sobre una liturgia propia.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sobre este punto es muy importante corregir algunos efectos de la imagen de grieta o incluso de la categor&iacute;a de polarizaci&oacute;n. Tales im&aacute;genes suscitan, inevitablemente, la imagen de un enfrentamiento sim&eacute;trico. Lo cierto es que <strong>la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica argentina - al igual que la polarizaci&oacute;n que enfrenta a dem&oacute;cratas y republicanos - es profundamente asim&eacute;trica</strong>. Adem&aacute;s de orientaciones ideol&oacute;gicas muy divergentes, los electorados de las dos grandes coaliciones tienen estructuras sentimentales muy desniveladas. 
    </p><p class="article-text">
        Una digresi&oacute;n para ilustrar la asim&eacute;trica central: toda identidad pol&iacute;tica se apoya sobre la afirmaci&oacute;n y sobre la diferencia, es decir conjuga un elemento negativo con uno positivo. Lo cierto es que la identidad pol&iacute;tica del electorado <em>cambiemita</em> est&aacute; mucho m&aacute;s fundada en la diferencia, en el rechazo al otro. En cambio, la identidad <em>kirchnerista</em> se estructura fundamentalmente sobre una liturgia propia, no tan dependiente del contraste con los votantes de otras fuerzas. Sociol&oacute;gicamente podemos decir que si bien el macrismo ocup&oacute; el lugar <em>identitario </em>que hab&iacute;a dejado vacante el radicalismo, desarrollar&aacute; esa funci&oacute;n pero sin la fuerza hist&oacute;rica e ideol&oacute;gica que ligaba al radicalismo con las formas tradicionales de hacer pol&iacute;tica. De hecho, la UCR fue el primer partido pol&iacute;tico moderno de la Argentina y se forj&oacute; en las calles y las pasiones pol&iacute;ticas que dieron forma al fin del siglo XIX y comienzos del XX. Queremos decir que <strong>el electorado no peronista de la sociedad argentina cambi&oacute; un liderazgo pol&iacute;tico por otro, y en ese tr&aacute;nsito se experiment&oacute; una metamorfosis</strong> de la piel ideol&oacute;gica de ese sector de la sociedad y de su &ldquo;estructura de sentimientos&rdquo;. Los liderazgos importan. 
    </p><p class="article-text">
        Al respecto, la segunda explicaci&oacute;n sobre el avance del nihilismo pol&iacute;tico se vincula precisamente con los modos, el estilo y las formas de hacer pol&iacute;tica del macrismo. Desde su fundaci&oacute;n, el Pro -<em>alma m&aacute;ter</em> de Juntos por el Cambio- se present&oacute; en p&uacute;blico como el partido de la antipol&iacute;tica. Para ser m&aacute;s exactos, como un grupo pol&iacute;tico que rechazaba la forma de hacer pol&iacute;tica en base a las pasiones que caracteriz&oacute; al siglo XX. Esta pol&iacute;tica de la desafecci&oacute;n ciudadana se alter&oacute; a partir de 2018, cuando ante el fracaso en la gesti&oacute;n econ&oacute;mica, Macri inici&oacute; un giro discursivo centrado en una apelaci&oacute;n identitaria orientada a reforzar la fibra emocional antiperonista/antikirchnerista.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El nihilismo actual convive con la participación ciudadana, la movilización social y el activismo callejero. Esa es justamente la paradoja: es un nihilismo estimulado, en parte, desde la propia política</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Como Trump en Estados Unidos y Bolsonaro en Brasil, Cambiemos -o, dir&iacute;amos, el macrismo- tiene hoy una estrategia de acumulaci&oacute;n pol&iacute;tica basada &uacute;nicamente en el refuerzo de la identidad pol&iacute;tica negativa, es decir, en <strong>la noci&oacute;n de que el peronismo/kirchnerismo es la clave de b&oacute;veda de todos los problemas del pa&iacute;s</strong>. En parte por esto, la desconfianza ciudadana actual no es comparable con la del 2001. Hace dos d&eacute;cadas hab&iacute;a un divorcio claro entre pol&iacute;tica y sociedad; hoy hay un sector de la pol&iacute;tica que agita los rencores, la indignaci&oacute;n y el resentimiento de la sociedad -lo que el soci&oacute;logo franc&eacute;s Fran&ccedil;ois Dubet denomina las <em>pasiones tristes</em>- contra la propia clase pol&iacute;tica. Ubicamos al nihilismo pol&iacute;tico, en su versi&oacute;n actual, en este repertorio de pasiones tristes. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pasamos de la desconfianza en la pol&iacute;tica a la pol&iacute;tica de la desconfianza.</strong> El nihilismo actual convive con la participaci&oacute;n ciudadana, la movilizaci&oacute;n social y el activismo callejero. Esa es justamente la paradoja: <strong>es un nihilismo estimulado, en parte, desde la propia pol&iacute;tica</strong>. Es un nihilismo productivo, que no desconecta al ciudadano de la escena p&uacute;blica sino que le propone sumarse desde la desconfianza, el odio y el rechazo antes que a las propuestas positivas.
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute; presentamos dos posibles explicaciones inherentes a la pol&iacute;tica local. La tercera es ex&oacute;gena. El avance del nihilismo pol&iacute;tico en la opini&oacute;n p&uacute;blica se ensambla con un clima de &eacute;poca m&aacute;s general signado por un escepticismo radical que se extiende a nivel global y que ti&ntilde;e los debates p&uacute;blicos en todo el mundo occidental. Este <em><strong>terraplanismo ideol&oacute;gico</strong></em> se vio exacerbado por la pandemia, un hecho social total que afect&oacute; todas las relaciones y representaciones sociales.
    </p><p class="article-text">
        En todas las encuestas de opini&oacute;n, un porcentaje considerable manifiesta no creer en las vacunas, en los expertos ni en el conocimiento cient&iacute;fico, ni en la OMS, ni en las pol&iacute;ticas de cuidado que desarrollan los estados, ni en la valoraci&oacute;n de la salud sobre la econom&iacute;a, entre otras desconfianzas. El sentimiento nihilista y sus fen&oacute;menos asociados -el avance de la anomia social y el debilitamiento de los lazos de solidaridad- exceden las fronteras nacionales y sus causas profundas est&aacute;n por fuera de los actores pol&iacute;ticos argentinos.
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                Confianza en la Sputnik V                            </span>
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        Al respecto, un segundo indicador ilustra lo que venimos abordando: la desconfianza como pol&iacute;tica. Mientras que el 75% de los votantes del FdT conf&iacute;a en la vacuna Sputnik, esa confianza se reduce al 29% entre los votantes de Cambiemos. Desde ya, no se trata de una desconfianza &ldquo;natural o espont&aacute;nea&rdquo;. Esto es, el nihilismo pol&iacute;tico es tambi&eacute;n signo de una pol&iacute;tica nihilista, es decir: destructora de confianza y de capital social. <strong>La desconfianza en la pol&iacute;tica debe ser analizada a la luz de las pol&iacute;ticas de la desconfianza. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Frente a este escenario, gobierno y oficialismo tienen desaf&iacute;os diferentes. La oposici&oacute;n seguir&aacute; explotando esta corrosiva emoci&oacute;n pol&iacute;tica. Por lo tanto es principalmente el gobierno el que tiene el desaf&iacute;o de no intentar satisfacer estas (cultivadas) pulsiones sociales, muy dif&iacute;ciles de representar, a trav&eacute;s de discursos o medidas. <strong>Con la antipol&iacute;tica debe tenerse mucho cuidado, porque acaba devorando a sus padres y a sus hijos.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        <em>PI</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Ramírez, Luis Alberto Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/usos-desconfianza_129_7296123.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Mar 2021 23:15:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los usos de la desconfianza]]></media:title>
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