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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Ignacio Ramírez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/ignacio-ramirez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Ignacio Ramírez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La economía del desacuerdo: cuando la grieta va más allá de la política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/economia-desacuerdo-grieta-politica_129_8146454.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2262bc31-f3cc-4025-a7da-1461eeee1aa3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La economía del desacuerdo: cuando la grieta va más allá de la política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La polarización no sólo refleja la competencia política o mediática: expresa además posiciones antagónicas respecto de la economía. Un relevamiento muestra que la preferencia por una de las dos coaliciones que dominan el escenario electoral indica también una concepción diferente respecto del rol de Estado, las causas de la inflación, los caminos que conducen al progreso personal o si hay que subir o bajar los impuestos.</p></div><p class="article-text">
        En las elecciones del 2019 el 90% de las preferencias electorales de la sociedad argentina se distribuyeron entre solo dos opciones: JxC y FdT. Aquel resultado electoral (un balotaje <em>de hecho</em>) constituy&oacute; la <strong>cristalizaci&oacute;n de un proceso de polarizaci&oacute;n sociopol&iacute;tica que rige la vida p&uacute;blica del pa&iacute;s y tiene su reflejo en la econom&iacute;a.</strong> En 1983 el ingeniero Marcelo Diamand cre&oacute; el concepto &ldquo;el p&eacute;ndulo argentino&rdquo; para caracterizar la alternancia de modelos econ&oacute;micos que tuvo lugar desde mediados de los &rsquo;40. Hoy a la luz de las evidentes diferencias entre el kirchnerismo y el macrismo en materia de pol&iacute;tica econ&oacute;mica podr&iacute;amos sostener que <strong>el p&eacute;ndulo sigue oscilando</strong>, y que su configuraci&oacute;n pol&iacute;tica es la &ldquo;c&eacute;lebre&rdquo; <em>grieta</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se califica este escenario con la categor&iacute;a de &ldquo;grieta&rdquo; se suele poner el foco sobre las discusiones y divergencias de los dirigentes y/o comunicadores de las fuerzas pol&iacute;ticas, como si las tensiones pol&iacute;ticas se redujeran a peleas que llevan adelante los actores que est&aacute;n arriba del &ldquo;escenario&rdquo;. As&iacute;, la grieta ser&iacute;a un fen&oacute;meno de &ldquo;arriba hacia abajo&rdquo;: tanto la sociedad como los agentes econ&oacute;micos estar&iacute;an &ldquo;presos&rdquo; de una clase pol&iacute;tica que los condena a la oscilaci&oacute;n y a la inestabilidad, tanto pol&iacute;tica, institucional como econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el concepto de<em> polarizaci&oacute;n </em>no<em> </em>alude &uacute;nicamente a la dicotomizaci&oacute;n de la competencia pol&iacute;tica y medi&aacute;tica, ni tampoco se agota en la calificaci&oacute;n de las formas (m&aacute;s o menos &aacute;speras, m&aacute;s o menos beligerantes) que adopta ese antagonismo. El concepto de polarizaci&oacute;n <strong>concierne esencialmente a los profundos desacuerdos ideol&oacute;gicos que atraviesan a la sociedad y que se expresan en la esfera de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica.</strong> Esto es, la <em>grieta</em> entonces no ocurre en una sociedad armoniosa y repleta de consensos que es <em>secuestrada</em> por una pol&iacute;tica que provoca divisiones artificiales. Al contrario, cuando se examinan las representaciones e inclinaciones ideol&oacute;gicas de las y los argentinos, quedan en evidencia profundas diferencias, que luego &ldquo;la pol&iacute;tica&rdquo; se encarga de reflejar, articular y muchas veces, tambi&eacute;n, explotar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de las dimensiones de tales desacuerdos, que no es necesariamente la m&aacute;s gravitante en t&eacute;rminos identitarios y electorales, es aquella referida a la econom&iacute;a: la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica de la grieta, con la <strong>falsa dicotom&iacute;a entre &ldquo;rep&uacute;blica&rdquo; o &ldquo;autoritarismo&rdquo;,</strong> tiene cl&aacute;sicos en la esfera econ&oacute;mica que anteceden a la versi&oacute;n contempor&aacute;nea de la grieta: <strong>campo vs industria; mercado interno vs mercado externo; sindicatos vs empresarios; proteccionismo vs libre-cambio, etc.&nbsp;</strong>
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        Durante los &uacute;ltimos meses, realizamos un conjunto de estudios de opini&oacute;n p&uacute;blica que permiten conocer, describir y cuantificar las orientaciones, actitudes y representaciones de los votantes de las dos principales coaliciones pol&iacute;ticas de la Argentina. Los resultados se presentan segmentados seg&uacute;n el voto de 2019 con el objetivo de identificar las respuestas de cada &ldquo;hemisferio electoral&rdquo;. La evidencia recogida es elocuente:<strong> en cada una de las dimensiones abordadas, votantes de JxC y votantes de FdT piensan y perciben de la realidad de manera antag&oacute;nica.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es por esta raz&oacute;n que la dimensi&oacute;n econ&oacute;mica de la grieta ideol&oacute;gica es profunda, compuesta de <strong>desacuerdos b&aacute;sicos en materia de intervenci&oacute;n del Estado en la econom&iacute;a, el rol de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas e incluso visiones acerca del funcionamiento del mercado en general</strong>. Si bien la sociedad argentina sigue conservando una mayoritaria inclinaci&oacute;n &ldquo;pro-Estado&rdquo;, esta matriz <em>estatista-igualitaria</em> comienza a chocar (&iquest;cada vez m&aacute;s?) contra&nbsp; extendidas visiones negativas acerca del rol del Estado como &ldquo;igualador&rdquo; de oportunidades, rechazo al gasto p&uacute;blico y especial aversi&oacute;n a los impuestos. Posiblemente el hallazgo m&aacute;s destacado del informe resida en la evidente articulaci&oacute;n que se observa entre tales divergencias y las preferencias electorales de las y los argentinos. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Magnitud de la polarizaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        En materia de intervenci&oacute;n del Estado en la econom&iacute;a, <strong>3 de cada 4 votantes del FdT consideran que el Estado tiene que intervenir &ldquo;mucho y bastante&rdquo; en la econom&iacute;a.</strong> Por su parte, <strong>entre los votantes de JxC esa inclinaci&oacute;n se encoge a menos de la mitad (45%).</strong> Estas diferencias se vinculan con representaciones de la estructura social del pa&iacute;s muy distantes entre s&iacute;. En el mundo del FdT el 69% caracteriza a la Argentina como un pa&iacute;s &ldquo;<strong>desigual</strong>&rdquo;, mientras que en el universo<em> </em>de JxC la mirada que predomina (60%) es la de un pa&iacute;s <strong>&ldquo;mayormente pobre&rdquo;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los contrastes ideol&oacute;gicos tambi&eacute;n se manifiestan en forma pronunciada al abordar la conducci&oacute;n de las empresas estrat&eacute;gicas del pa&iacute;s, como YPF o la aerol&iacute;nea de bandera. Pr&aacute;cticamente el 70% de los votantes del FdT opta por empresas p&uacute;blicas y controladas por el Estado; por el contrario, el 60% de votantes de JxC opina que tienen que ser de propiedad y gesti&oacute;n privada.
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante es que las preferencias sobre pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y rol del Estado est&aacute;n &iacute;ntimamente asociadas con valores m&aacute;s profundos, que no remiten espec&iacute;fica o exclusivamente a la esfera de &ldquo;lo econ&oacute;mico&rdquo;. Por ejemplo, la aspiraci&oacute;n de progreso (compartida por todos, naturalmente) moviliza matrices culturales muy diferentes. Para los votantes del FdT la calidad de vida que puede alcanzar una persona<strong> se vincula fundamentalmente con las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas del gobierno </strong>(38%) y con las oportunidades del contexto (31%). Quienes simpatizan con JxC <strong>expresan un imaginario de progreso personal fundado sobre otros factores</strong>: cerca de la mitad del electorado (ahora) opositor distribuye las razones del<strong> &eacute;xito entre la familia y el esfuerzo individual.</strong> Tales imaginarios, m&aacute;s social o m&aacute;s meritocr&aacute;tico, subyacen en las explicaciones que cada segmento electoral formula sobre la pobreza. 7 de cada 10 votantes oficialistas sostiene que la pobreza es una consecuencia de la &ldquo;desigualdad de oportunidades&rdquo;. Por el contrario, el 55% de los votantes de JxC atribuye la pobreza a la &ldquo;falta de esfuerzo&rdquo; de las personas bajo esa condici&oacute;n.
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        Pasemos en limpio una idea importante antes de presentar los pr&oacute;ximos datos: existe un estrecho nexo entre percepciones y preferencias. En el terreno de las iniciativas orientadas a reducir la desigualdad, los caminos vuelven a bifurcarse. Los votantes de JxC exhiben un contundente consenso: el 86% piensa que la manera a trav&eacute;s de la cual el Estado deber&iacute;a reducir la desigualdad es <strong>&ldquo;bajando impuestos&rdquo;, </strong>mientras que &uacute;nicamente el 5% propone cobrar m&aacute;s impuestos a los ricos. En el universo electoral del FdT, la proporci&oacute;n de <strong>quienes demandan impuestos m&aacute;s altos para los ricos asciende al 44%.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un tema que act&uacute;a como elocuente ejemplo del car&aacute;cter ideol&oacute;gico que ti&ntilde;e las preferencias de pol&iacute;tica econ&oacute;mica alude a la inflaci&oacute;n. Si bien se trata de un problema padecido transversalmente por ambos lados de la grieta, y enfatizado como preocupaci&oacute;n p&uacute;blica con &eacute;nfasis equivalente, a la hora de identificar las causas de la inflaci&oacute;n (y de all&iacute; el camino de su rectificaci&oacute;n), las opiniones divergen. La mitad de los votantes del FdT se&ntilde;ala los <strong>&ldquo;abusos de los empresarios&rdquo;</strong> como la principal causa de la inflaci&oacute;n, mientras que 1 de cada 2 votantes de JxC atribuye el fen&oacute;meno a la <strong>&ldquo;emisi&oacute;n monetaria&rdquo;</strong> y al excesivo gasto p&uacute;blico.
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        <strong>Econom&iacute;a y estabilidad institucional</strong>
    </p><p class="article-text">
        La polarizaci&oacute;n de la sociedad argentina es, al menos, doble: pol&iacute;tica y econ&oacute;mica.<strong> La mejor manera de conocer qu&eacute; opina una persona sobre los problemas econ&oacute;micos del pa&iacute;s es saber a qui&eacute;n vot&oacute;</strong>. El eje de las diferencias que revisamos gira en torno al Estado, sus capacidades, sus responsabilidades en los actuales problemas econ&oacute;micos y su rol a futuro. <strong>Para los votantes del FdT, el Estado es la clave para arreglar un pa&iacute;s que es esencialmente percibido como desigual; para los votantes del JxC el Estado y sus impuestos condenan al pa&iacute;s a la pobreza.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Es tal vez por esta raz&oacute;n que existe una &iacute;ntima correspondencia entre <em>oferta y demanda </em>electoral. Es decir, las orientaciones discursivas y program&aacute;ticas de las dos coaliciones pol&iacute;ticas &ldquo;se parecen&rdquo; bastante al contenido ideol&oacute;gico que manifiestan sus simpatizantes. <strong>El empate hegem&oacute;nico de Portantiero nos condena entonces al p&eacute;ndulo de Diamand: </strong>dado que las dos coaliciones tienen chances ciertas de conducir los destinos del pa&iacute;s, ambas est&aacute;n <strong>presionadas a la hora de gobernar por mostrar resultados r&aacute;pidos y contundentes para evitar el futuro recambio.</strong> Esa premura por los resultados suele conspirar contra la din&aacute;mica econ&oacute;mica que, a posteriori, sufre las oscilaciones del p&eacute;ndulo al calor de la alternancia en el gobierno.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Por otro lado, cada una de las dos coaliciones tiene una marcada coherencia ideol&oacute;gica interna: <strong>no hay un solo &ldquo;n&uacute;cleo duro&rdquo;, sino que hay dos, con cosmovisiones y posiciones ideol&oacute;gicas absolutamente contrapuestas. </strong>Si bien el Estado puede ser un punto de encuentro, la vieja imagen de una sociedad que abraza universalmente un &ldquo;consenso estatista-igualitario&rdquo; requiere ser rectificada y reemplazada por una caracterizaci&oacute;n que d&eacute; cuenta del hecho&nbsp; de que el campo <em>estatista-igualitario</em> compite contra un muy articulado (social y pol&iacute;ticamente) campo <em>meritocr&aacute;tico-antiestatista</em>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &nbsp;<strong>En definitiva, la sociedad argentina est&aacute; atravesada por un intenso antagonismo ideol&oacute;gico.</strong> No parece conveniente negarlo bajo enga&ntilde;osas fantas&iacute;as de armon&iacute;a. En las actuales condiciones, si las dos coaliciones se &ldquo;sentaran en una mesa y se pusieran de acuerdo&rdquo;, resulta dif&iacute;cil pensar que ese acuerdo disolver&iacute;a las contradicciones ideol&oacute;gicas que estructuran la opini&oacute;n p&uacute;blica argentina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desafortunadamente, la pandemia acent&uacute;a el conflicto ideol&oacute;gico, multiplica la fragilidad y configura &aacute;nimos sociales inflamables. Pero, afortunadamente, nuestro sistema pol&iacute;tico <strong>ofrece alternativas que traducen las orientaciones dominantes del desacuerdo ideol&oacute;gico nacional, provocando en la esfera pol&iacute;tica e institucional la estabilidad democr&aacute;tica de la cual carece la econom&iacute;a.</strong> Parad&oacute;jicamente, tal vez Argentina sea uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s estables de la regi&oacute;n a nivel social y pol&iacute;tico en parte como consecuencia de su &ldquo;inestabilidad&rdquo; econ&oacute;mica: cada una de las coaliciones sabe que la v&iacute;a electoral es la manera m&aacute;s eficiente para mover el p&eacute;ndulo de la econom&iacute;a en el sentido opuesto. El desacuerdo goza de buena salud, al igual que la pol&iacute;tica.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Emmanuel Alvarez Agis es economista y Director de PxQ Consultora.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Ignacio Ram&iacute;rez </em>es s<em>oci&oacute;logo, consultor pol&iacute;tico y Director del Posgrado de Opini&oacute;n P&uacute;blica de FLACSO</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>WC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emmanuel Álvarez Agis, Ignacio Ramírez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/economia-desacuerdo-grieta-politica_129_8146454.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 18 Jul 2021 03:03:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La economía del desacuerdo: cuando la grieta va más allá de la política]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Grieta,Elecciones 2021]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los usos de la desconfianza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/usos-desconfianza_129_7296123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69a589da-f591-49b9-a6aa-b6f61e0b300e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los usos de la desconfianza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Un fantasma recorre la pol&iacute;tica argentina: <strong>el fantasma de la antipol&iacute;tica</strong>. Cada vez que surge el debate en torno de la desconfianza ciudadana aparece un primer abordaje seg&uacute;n el cual la desconfianza debe ser le&iacute;da como una reacci&oacute;n de la sociedad por el desempe&ntilde;o de los Estados, gobiernos o funcionarios. Esta interpretaci&oacute;n concibe a la desconfianza como una especie de castigo vigilante de la sociedad civil frente a la &ldquo;mala pol&iacute;tica&rdquo;.&nbsp;Desde nuestra perspectiva, esta lectura padece de varias debilidades. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No todos pierden con la desconfianza: los “políticos” no solo son objetos de la desconfianza, son también sujetos productores de ese sentimiento.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En primer lugar, resulta equivocado pensar la desconfianza como si se tratara de una fuerza exterior a la pol&iacute;tica, dado que la desconfianza es una recurrente y potente herramienta pol&iacute;tica. La desconfianza posee una estructuraci&oacute;n ideol&oacute;gica y en consecuencia admite diferentes usos. No todos pierden con la desconfianza: los &ldquo;pol&iacute;ticos&rdquo; no solo son objetos de la desconfianza, son tambi&eacute;n sujetos productores de ese sentimiento. Por ejemplo, desde sus or&iacute;genes la filosof&iacute;a liberal - y sus descendientes conceptuales y pol&iacute;ticos - es una filosof&iacute;a de la desconfianza hacia el Estado. 
    </p><p class="article-text">
        Para comprender el significado que asume para nosotros esta palabra resulta necesario rebobinar algunos a&ntilde;os y revisar algunos episodios de nuestra historia reciente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de la d&eacute;cada del &acute;90, la sociedad argentina experiment&oacute; un proceso de creciente desafecci&oacute;n pol&iacute;tica que, envuelta por un proceso de destrucci&oacute;n socioecon&oacute;mica, desemboc&oacute; en la crisis de diciembre de 2001 y <strong>en el colapso parcial del sistema de partidos</strong>. Aquella gran crisis fue conceptualizada como una crisis de representaci&oacute;n pol&iacute;tica, cuyo esp&iacute;ritu y lenguaje recordaremos siempre a trav&eacute;s de la consigna <em>&ldquo;Que se vayan todos&rdquo;</em>. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s adelante vendr&iacute;an <em>los a&ntilde;os kirchneristas</em>, en el que se ir&iacute;a configurando un ecosistema cultural muy diferente:<span class="highlight" style="--color:white;"><em> </em></span>un per&iacute;odo de sostenida repolitizaci&oacute;n de la sociedad, por izquierda y por derecha. La pol&iacute;tica volv&iacute;a a estar en el centro de la esfera p&uacute;blica siendo capaz de producir pertenencias e identidades colectivas, un fen&oacute;meno que para muchos pertenec&iacute;a a los libros de historia. La pol&iacute;tica pas&oacute; de los movimientos sociales nuevamente al (siempre fr&aacute;gil) sistema de partidos. Durante esos a&ntilde;os se vivi&oacute; un ciclo de efervescente activaci&oacute;n pol&iacute;tica, muy contrastante con los a&ntilde;os de anemia participativa de las juventudes y privatizaci&oacute;n de las ilusiones que hab&iacute;a signado al ambiente discursivo de los &lsquo;90. Los an&aacute;lisis sobre militancia y participaci&oacute;n juvenil dejaban de ser un material de estudio arqueol&oacute;gico de las d&eacute;cadas del 70 y de los 80; eran ahora un fen&oacute;meno del presente. La plaza p&uacute;blica se llenaba nuevamente de consignas, s&iacute;mbolos y c&aacute;nticos vinculados a proyectos pol&iacute;ticos y dejaban de ser rabiosas erupciones de ira e indignaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">
La polarización política, cristalizada sobre el subyacente desacuerdo social y no capricho discursivo o cuestión de modales, consolidó al kirchnerismo y a Cambiemos como los grandes protagonistas de la escena política argentina.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Avanzando en este itinerario, la crisis del campo de 2008 acentuar&aacute; la conflictividad pol&iacute;tica, y su impacto movilizador, pero alentar&iacute;a tambi&eacute;n lo que un tiempo despu&eacute;s se llamar&iacute;a &ldquo;grieta&rdquo;, y que alude a un proceso de <em>polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica</em> por el que <strong>las divergencias ideol&oacute;gicas que existen en la sociedad tienden a articularse pol&iacute;ticamente en una competencia simplificada y binaria</strong>. Esta marca persiste hasta nuestros d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        La polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica, cristalizada sobre el subyacente desacuerdo social y no capricho discursivo o cuesti&oacute;n de modales, consolid&oacute; al kirchnerismo y a Cambiemos como los grandes protagonistas de la escena pol&iacute;tica argentina. Ambas coaliciones lograron encarnar las visiones, las preocupaciones, los rechazos y los intereses de una porci&oacute;n mayoritaria de la opini&oacute;n p&uacute;blica. Pero la representaci&oacute;n pol&iacute;tica no es pasivo espejo o reflejo del desacuerdo social, es tambi&eacute;n productor y organizador de ese desacuerdo. En efecto, la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica (fuertemente alimentada por los medios de comunicaci&oacute;n) es causa y consecuencia de la polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica que se da en el seno de la sociedad civil: <strong>mapa y territorio se confunden</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Bajo esta atm&oacute;sfera de movilizaci&oacute;n y politizaci&oacute;n, en el a&ntilde;o 2010 comenzamos un trabajo sistem&aacute;tico de medici&oacute;n de estas representaciones ideol&oacute;gicas en la cabeza de las/os ciudadanos. Nos propusimos medir emociones y retratar fragmentos de ese sistema de creencias, saberes y representaciones al que llamamos <em>opini&oacute;n p&uacute;blica argentina</em>. 
    </p><p class="article-text">
        En su edici&oacute;n de 2013, obtuvimos un hallazgo algo contraintuitivo: casi un 60% de las y los argentinos rechaz&oacute; la idea de <em>vestigios dosmilunescos</em> seg&uacute;n la cual &ldquo;todos los pol&iacute;ticos son iguales&rdquo; <strong>(Gr&aacute;fico 1) </strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Nihilismo político                            </span>
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        En el mismo a&ntilde;o en que se generalizaba su uso en los discursos medi&aacute;ticos, la tan criticada grieta mostraba una dimensi&oacute;n virtuosa al permitirle a la sociedad distinguir contrastes marcados en la oferta pol&iacute;tica/electoral. Se empezaban a dibujar dos proyectos enfrentados (en lo pol&iacute;tico pero tambi&eacute;n en los imaginarios sociales) cuya evidente alteridad actuaba como inhibidor de nihilismo. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y de un modo casi parad&oacute;jico, desde aqu&eacute;l a&ntilde;o se observa en las mediciones un lento pero sostenido ascenso del <em>nihilismo pol&iacute;tico</em>. &iquest;De qu&eacute; se trata? La fatiga social por la recesi&oacute;n econ&oacute;mica que empez&oacute; con el gobierno de Macri y se extendi&oacute; con la pandemia, multiplicadora de incertidumbres, el desgaste de la polarizaci&oacute;n eterna y la apuesta del ala radicalizada de Cambiemos por exacerbar las pasiones y los odios de parte de la poblaci&oacute;n parecen ser signos de un nuevo ambiente pol&iacute;tico. &iquest;Asistimos a una nueva etapa de desafecci&oacute;n ciudadana por la pol&iacute;tica? <strong>&iquest;Estamos ante un &ldquo;Que se vayan todos&rdquo; recargado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como dijimos, desde 2013 comenzamos a medir el &ldquo;share social&rdquo; que ten&iacute;a el nihilismo pol&iacute;tico. En 2013 s&oacute;lo un minoritario 36% suscribi&oacute; a la idea de que <em>&ldquo;todos los pol&iacute;ticos son iguales&rdquo; </em>pero en la &uacute;ltima medici&oacute;n ese valor escal&oacute; hasta el 45%.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El sentimiento nihilista no se distribuye homogéneamente en la sociedad. Segmentado por voto de 2019,: el 50% de los votantes de Juntos por el Cambio respalda la postura de escepticismo político, contra solo un 34% de votantes del Frente de Todos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los datos provocan una tentaci&oacute;n interpretativa dif&iacute;cil de resistir: vuelve y crece la &ldquo;antipol&iacute;tica&rdquo;. Desde nuestra perspectiva leer estos datos, y el actual escenario sociopol&iacute;tico con las categor&iacute;as del 2001, es un grave error conceptual.
    </p><p class="article-text">
        En aquella crisis se registraron los cl&aacute;sicos signos de anomia electoral y desencantamiento del voto: <strong>alta abstenci&oacute;n, extendido voto en blanco, &ldquo;ca&oacute;tica&rdquo; dispersi&oacute;n del voto y una oferta pol&iacute;tica astillada</strong>. Revisemos la reciente experiencia electoral argentina de 2019: el 90% de las preferencias electorales se distribuyeron en dos alternativas, entre las cuales se reconocen contrastes muy pronunciados. Asimismo, y pese a sus tensiones interiores, tales coaliciones no entraron en di&aacute;spora lo cual estabiliza el v&iacute;nculo entre sociedad y pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Podemos afirmar que uno de los efectos positivos de la grieta o polarizaci&oacute;n radica en restaurar el sentido del voto al ofrecer claras alternativas -a veces con el costo de cierto manique&iacute;smo y a veces empobrecimiento del debate-. Votar es elegir y elegir tiene sentido cuando se perciben opciones genuinamente diferentes. Cuando la sociedad percibe la competencia pol&iacute;tica en clave de espect&aacute;culo o simulaci&oacute;n de diferencias, cuando en el fondo no las hay, eso genera las condiciones para la expansi&oacute;n de actitudes c&iacute;nicas y nihilistas, antesala del repliegue ciudadano. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, al profundizar la lectura de los datos se advierte que este sentimiento nihilista no se distribuye homog&eacute;neamente en la sociedad. Segmentado por el voto de 2019, se observa un desnivel importante: el 50% de los votantes de Juntos por el Cambio respalda esta postura de escepticismo pol&iacute;tico, contra solo un 34% de votantes del Frente de Todos. Entonces, el nihilismo pol&iacute;tica se reparte de manera muy asim&eacute;trica en los dos lados de la &ldquo;grieta&rdquo;, lo cual aporta algunas pistas que nos interesa seguir. 
    </p><p class="article-text">
         <strong>Hip&oacute;tesis</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se explica la paradoja de que la mitad de los votantes de Cambiemos sean <em>nihilistas pol&iacute;ticos</em>? En otras palabras, &iquest;por qu&eacute; la expansi&oacute;n de la creencia de que todos los pol&iacute;ticos son iguales es m&aacute;s acentuada entre los seguidores <em>cambiemitas</em> que entre los <em>kirchneristas</em>? Ingresamos en el terreno de la interpretaci&oacute;n. Arrojamos aqu&iacute; <strong>tres hip&oacute;tesis sobre el avance del nihilismo pol&iacute;tico en la base electoral de Cambiemos.</strong> Las dos primeras son end&oacute;genas; la tercera es ex&oacute;gena a la pol&iacute;tica argentina.
    </p><p class="article-text">
        La primera explicaci&oacute;n de esta tendencia en la opini&oacute;n p&uacute;blica es la m&aacute;s intuitiva: <strong>el fracaso del gobierno de Mauricio Macri se tradujo en desencanto en parte de su base de votantes. </strong>Juan Carlos Torre defini&oacute; al segmento no peronista de fines de los &acute;90 y principios de los &acute;2000 como &ldquo;los hu&eacute;rfanos de la pol&iacute;tica de partidos&rdquo;. Con la conformaci&oacute;n de Cambiemos y en la figura de Mauricio Macri este electorado hab&iacute;a encontrado una renovada representaci&oacute;n pol&iacute;tica, pero su decepcionante paso por el poder puede haber reimplantado cierta apat&iacute;a ciudadana respecto a la pol&iacute;tica en general.
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; del fracaso de la gesti&oacute;n de Cambiemos, lo que debemos considerar en el visible giro en el <em>mood</em> afectivo de su discursividad. Desde 2018 en adelante <strong>Cambiemos adopta abiertamente la estructura de un partidismo negativo, es decir articula una identidad fundada &uacute;nicamente en el rechazo al Otro</strong>. Su liderazgo &ldquo;emocional&rdquo; (originalmente asociado con la &ldquo;alegr&iacute;a pacificadora&rdquo; y con una forma desapasionada de hacer pol&iacute;tica) comienza a derramar sobre su electorado otro tipo de afectos pol&iacute;ticos. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La identidad política del electorado cambiemita está fundada en la diferencia, en el rechazo al otro. En cambio, la identidad kirchnerista se estructura fundamentalmente sobre una liturgia propia.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sobre este punto es muy importante corregir algunos efectos de la imagen de grieta o incluso de la categor&iacute;a de polarizaci&oacute;n. Tales im&aacute;genes suscitan, inevitablemente, la imagen de un enfrentamiento sim&eacute;trico. Lo cierto es que <strong>la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica argentina - al igual que la polarizaci&oacute;n que enfrenta a dem&oacute;cratas y republicanos - es profundamente asim&eacute;trica</strong>. Adem&aacute;s de orientaciones ideol&oacute;gicas muy divergentes, los electorados de las dos grandes coaliciones tienen estructuras sentimentales muy desniveladas. 
    </p><p class="article-text">
        Una digresi&oacute;n para ilustrar la asim&eacute;trica central: toda identidad pol&iacute;tica se apoya sobre la afirmaci&oacute;n y sobre la diferencia, es decir conjuga un elemento negativo con uno positivo. Lo cierto es que la identidad pol&iacute;tica del electorado <em>cambiemita</em> est&aacute; mucho m&aacute;s fundada en la diferencia, en el rechazo al otro. En cambio, la identidad <em>kirchnerista</em> se estructura fundamentalmente sobre una liturgia propia, no tan dependiente del contraste con los votantes de otras fuerzas. Sociol&oacute;gicamente podemos decir que si bien el macrismo ocup&oacute; el lugar <em>identitario </em>que hab&iacute;a dejado vacante el radicalismo, desarrollar&aacute; esa funci&oacute;n pero sin la fuerza hist&oacute;rica e ideol&oacute;gica que ligaba al radicalismo con las formas tradicionales de hacer pol&iacute;tica. De hecho, la UCR fue el primer partido pol&iacute;tico moderno de la Argentina y se forj&oacute; en las calles y las pasiones pol&iacute;ticas que dieron forma al fin del siglo XIX y comienzos del XX. Queremos decir que <strong>el electorado no peronista de la sociedad argentina cambi&oacute; un liderazgo pol&iacute;tico por otro, y en ese tr&aacute;nsito se experiment&oacute; una metamorfosis</strong> de la piel ideol&oacute;gica de ese sector de la sociedad y de su &ldquo;estructura de sentimientos&rdquo;. Los liderazgos importan. 
    </p><p class="article-text">
        Al respecto, la segunda explicaci&oacute;n sobre el avance del nihilismo pol&iacute;tico se vincula precisamente con los modos, el estilo y las formas de hacer pol&iacute;tica del macrismo. Desde su fundaci&oacute;n, el Pro -<em>alma m&aacute;ter</em> de Juntos por el Cambio- se present&oacute; en p&uacute;blico como el partido de la antipol&iacute;tica. Para ser m&aacute;s exactos, como un grupo pol&iacute;tico que rechazaba la forma de hacer pol&iacute;tica en base a las pasiones que caracteriz&oacute; al siglo XX. Esta pol&iacute;tica de la desafecci&oacute;n ciudadana se alter&oacute; a partir de 2018, cuando ante el fracaso en la gesti&oacute;n econ&oacute;mica, Macri inici&oacute; un giro discursivo centrado en una apelaci&oacute;n identitaria orientada a reforzar la fibra emocional antiperonista/antikirchnerista.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El nihilismo actual convive con la participación ciudadana, la movilización social y el activismo callejero. Esa es justamente la paradoja: es un nihilismo estimulado, en parte, desde la propia política</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Como Trump en Estados Unidos y Bolsonaro en Brasil, Cambiemos -o, dir&iacute;amos, el macrismo- tiene hoy una estrategia de acumulaci&oacute;n pol&iacute;tica basada &uacute;nicamente en el refuerzo de la identidad pol&iacute;tica negativa, es decir, en <strong>la noci&oacute;n de que el peronismo/kirchnerismo es la clave de b&oacute;veda de todos los problemas del pa&iacute;s</strong>. En parte por esto, la desconfianza ciudadana actual no es comparable con la del 2001. Hace dos d&eacute;cadas hab&iacute;a un divorcio claro entre pol&iacute;tica y sociedad; hoy hay un sector de la pol&iacute;tica que agita los rencores, la indignaci&oacute;n y el resentimiento de la sociedad -lo que el soci&oacute;logo franc&eacute;s Fran&ccedil;ois Dubet denomina las <em>pasiones tristes</em>- contra la propia clase pol&iacute;tica. Ubicamos al nihilismo pol&iacute;tico, en su versi&oacute;n actual, en este repertorio de pasiones tristes. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pasamos de la desconfianza en la pol&iacute;tica a la pol&iacute;tica de la desconfianza.</strong> El nihilismo actual convive con la participaci&oacute;n ciudadana, la movilizaci&oacute;n social y el activismo callejero. Esa es justamente la paradoja: <strong>es un nihilismo estimulado, en parte, desde la propia pol&iacute;tica</strong>. Es un nihilismo productivo, que no desconecta al ciudadano de la escena p&uacute;blica sino que le propone sumarse desde la desconfianza, el odio y el rechazo antes que a las propuestas positivas.
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute; presentamos dos posibles explicaciones inherentes a la pol&iacute;tica local. La tercera es ex&oacute;gena. El avance del nihilismo pol&iacute;tico en la opini&oacute;n p&uacute;blica se ensambla con un clima de &eacute;poca m&aacute;s general signado por un escepticismo radical que se extiende a nivel global y que ti&ntilde;e los debates p&uacute;blicos en todo el mundo occidental. Este <em><strong>terraplanismo ideol&oacute;gico</strong></em> se vio exacerbado por la pandemia, un hecho social total que afect&oacute; todas las relaciones y representaciones sociales.
    </p><p class="article-text">
        En todas las encuestas de opini&oacute;n, un porcentaje considerable manifiesta no creer en las vacunas, en los expertos ni en el conocimiento cient&iacute;fico, ni en la OMS, ni en las pol&iacute;ticas de cuidado que desarrollan los estados, ni en la valoraci&oacute;n de la salud sobre la econom&iacute;a, entre otras desconfianzas. El sentimiento nihilista y sus fen&oacute;menos asociados -el avance de la anomia social y el debilitamiento de los lazos de solidaridad- exceden las fronteras nacionales y sus causas profundas est&aacute;n por fuera de los actores pol&iacute;ticos argentinos.
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                Confianza en la Sputnik V                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Al respecto, un segundo indicador ilustra lo que venimos abordando: la desconfianza como pol&iacute;tica. Mientras que el 75% de los votantes del FdT conf&iacute;a en la vacuna Sputnik, esa confianza se reduce al 29% entre los votantes de Cambiemos. Desde ya, no se trata de una desconfianza &ldquo;natural o espont&aacute;nea&rdquo;. Esto es, el nihilismo pol&iacute;tico es tambi&eacute;n signo de una pol&iacute;tica nihilista, es decir: destructora de confianza y de capital social. <strong>La desconfianza en la pol&iacute;tica debe ser analizada a la luz de las pol&iacute;ticas de la desconfianza. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Frente a este escenario, gobierno y oficialismo tienen desaf&iacute;os diferentes. La oposici&oacute;n seguir&aacute; explotando esta corrosiva emoci&oacute;n pol&iacute;tica. Por lo tanto es principalmente el gobierno el que tiene el desaf&iacute;o de no intentar satisfacer estas (cultivadas) pulsiones sociales, muy dif&iacute;ciles de representar, a trav&eacute;s de discursos o medidas. <strong>Con la antipol&iacute;tica debe tenerse mucho cuidado, porque acaba devorando a sus padres y a sus hijos.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        <em>PI</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Ramírez, Luis Alberto Quevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/usos-desconfianza_129_7296123.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Mar 2021 23:15:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los usos de la desconfianza]]></media:title>
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