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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Martín Baña]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/martin-bana/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Martín Baña]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[A seis meses de invasión rusa el planeta tiembla ante la amenaza de una solución nuclear]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/seis-meses-invasion-rusa-planeta-tiembla-amenaza-solucion-nuclear_129_9262732.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b94771b2-e41f-4fdd-9805-e2b9962c47b1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="A seis meses de invasión rusa el planeta tiembla ante la amenaza de una solución nuclear"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A eis meses desde que Vladímir Putin ordenó la invasión de Ucrania lo que se pensaba como una intervención militar corta terminó convirtiéndose en una errática y prolongada ocupación que no avizora un final en el corto plazo. Las  penosas dislocaciones en la región y el mundo.</p></div><p class="article-text">
        El principal perjudicado por la invasi&oacute;n es Ucrania, especialmente su poblaci&oacute;n. Se estima que desde que comenz&oacute; el conflicto, cerca de ocho millones de personas han debido abandonar el pa&iacute;s. Quienes se quedaron, deben convivir con la incertidumbre y la fragilidad de una vida cotidiana atravesada por la amenaza que supone la incesante presencia de misiles y tanques rusos. Lo que sucede en Mariupol, ciudad portuaria y una de las m&aacute;s importantes del pa&iacute;s, sirve como muestra. De acuerdo a <em>The Kyiv Independent</em>, <strong>m&aacute;s de 20.000 personas fueron asesinadas desde que el ej&eacute;rcito ruso comenz&oacute; su asedio, situaci&oacute;n que incluye la acumulaci&oacute;n de tumbas colectivas en las afueras de la ciudad.</strong> Quienes sobrevivieron y padecen hoy la ocupaci&oacute;n lo hacen en condiciones precarias, que generan un promedio de 25 muertes diarias y aumentan la posibilidad de que se propaguen enfermedades como el c&oacute;lera. El avance ruso tambi&eacute;n ha causado un enorme da&ntilde;o material &ndash;del cual Ucrania tardar&aacute; varios a&ntilde;os en recuperarse&ndash; en el que est&aacute;n involucrados viviendas, hospitales, caminos y redes el&eacute;ctricas pero tambi&eacute;n edificios que forman parte del patrimonio cultural, como la Catedral de la Dormici&oacute;n de la ciudad de J&aacute;rkov. Los peligros que se posaron sobre el territorio no est&aacute;n exentos de una posible amenaza nuclear, como queda evidenciado en el caso de la Central de Zaporizhia, que se convirti&oacute; bajo el actual control militar ruso en una bomba (at&oacute;mica) de tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El impacto de la agresi&oacute;n tambi&eacute;n se hizo sentir en el resto del mundo, <strong>especialmente en el aumento global de los precios de alimentos y combustibles</strong> &ndash;que afectan sensiblemente a los sectores m&aacute;s desprotegidos de la poblaci&oacute;n mundial&ndash; y en la amenaza de que Europa no pueda contar con la suficiente energ&iacute;a para afrontar la temporada invernal que se avecina. Pero incluso en el cambio de posicionamientos geopol&iacute;ticos que parec&iacute;an inamovibles, expresados en la hist&oacute;rica neutralidad de pa&iacute;ses como Suecia y Finlandia, que han solicitado su ingreso a la OTAN a ra&iacute;z del accionar ruso. Como era de esperarse, la invasi&oacute;n hizo resurgir en distintas partes del globo <strong>un sentimiento antirruso que se aplica de manera arbitraria y afecta a sujetos que poco tienen que ver con la guerra. </strong>Parad&oacute;jicamente, esa maniobra refuerza las motivaciones del presidente Putin al apuntalar su diagn&oacute;stico de que &ldquo;el mundo odia a Rusia&rdquo;. La rusofobia se expres&oacute; en diversas cancelaciones culturales, acad&eacute;micas y deportivas como qued&oacute; demostrado, por citar un solo ejemplo, en la &uacute;ltima edici&oacute;n del torneo de Wimbledon donde se prohibi&oacute; la participaci&oacute;n de tenistas rusos. La agencia se reemplaza por la esencia.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Rusia no ha quedado indemne de su propia jugada y viene sufriendo tambi&eacute;n dislocaciones en varios niveles. Un impacto importante, al menos al nivel econ&oacute;mico, se puso de manifiesto en la retirada de varias firmas internacionales, como Shell, Visa, McDonald&rsquo;s y Starbucks, por citar algunos casos notorios. En esa direcci&oacute;n contribuyen las distintas sanciones econ&oacute;micas que aplicaron pa&iacute;ses como Estados Unidos, que si bien en el plano ideol&oacute;gico pueden jugar a favor del r&eacute;gimen (nuevamente aparece en el discurso la idea de &ldquo;miren: Occidente no nos quiere y estamos solos frente al mundo&rdquo;) en el plano material afectan la posibilidad de conseguir piezas importadas para el funcionamiento de distintas industrias, como la automotriz. Estas acciones no solo repercuten en la imposibilidad de la poblaci&oacute;n de acceder a determinados bienes y servicios sino que tambi&eacute;n afectan los niveles de empleo, ya sea por el cierre de locales de empresas extranjeras o por la suspensi&oacute;n de actividades en las f&aacute;bricas que no cuentan con los insumos necesarios para producir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de la apat&iacute;a o del apoyo pasivo &ndash;producto de la propaganda oficial&ndash; expresados por la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n, desde el inicio de la invasi&oacute;n se generaron diversas demostraciones callejeras, pero tambi&eacute;n en redes sociales, que apuntaron a impugnar la decisi&oacute;n del Kremlin. Sin embargo, en los &uacute;ltimos meses esa iniciativa decay&oacute;. Para ello colabor&oacute; una ley sancionada por el gobierno que prev&eacute; la posibilidad de condenar con hasta 15 a&ntilde;os de prisi&oacute;n a todo aqu&eacute;l que emita &ldquo;noticias falsas sobre la operaci&oacute;n militar especial&rdquo;, el eufemismo oficial para hacer referencia a la agresi&oacute;n sobre Ucrania. De acuerdo al prestigioso sitio OVD-Info, m&aacute;s de 16.000 personas fueron encarceladas desde el 24 de febrero. El poder se encarga de acallar la m&aacute;s m&iacute;nima expresi&oacute;n disidente y los ejemplos llegan a situaciones absurdas, como el caso de Aleksey Argunov, profesor de historia y filosof&iacute;a de la ciudad de Barnaul que fue multado por haber colocado <em>likes</em> en diferentes posteos de redes sociales que hablaban en contra de la guerra. Nadie est&aacute; exento de las persecuciones: Vlad&iacute;mir Mau, rector de la Academia Presidencial Rusa de Econom&iacute;a Nacional y Administraci&oacute;n P&uacute;blica y con estrechos contactos con la elite pol&iacute;tica, cay&oacute; en desgracia y fue acusado de fraude, a pesar de haber firmado una carta de rectores de universidades que apoyaban la &ldquo;operaci&oacute;n militar especial&rdquo;. El resultado no es solo la c&aacute;rcel, las multas o la posibilidad de ser etiquetado como &ldquo;agente extranjero&rdquo;&nbsp; &ndash;figura legal que dificulta la vida cotidiana de personas e instituciones se&ntilde;aladas como tal&ndash; sino tambi&eacute;n el silencio &ndash;que refuerza la ya propagada indiferencia social&ndash; o directamente el exilio, como sucedi&oacute; con la pol&iacute;tica Nina Belaieva, la bailarina del Teatro Bolshoy Olga Smirnova y cientos de miles de intelectuales, profesionales y t&eacute;cnicos que debieron abandonar el pa&iacute;s en los &uacute;ltimos seis meses. A pesar de ello, sigue habiendo notables intentos para doblegar la propaganda medi&aacute;tica, como se pone de manifiesto en los proyectos de <em>Doxa Zhurnal</em>, <em>Vestnik Buri</em>, el movimiento <em>Vesn&aacute;</em> y la Resistencia Antiguerra Feminista, entre tantos otros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En los &uacute;ltimos seis meses el presidente Putin reforz&oacute; la tendencia autoritaria y ya directamente dictatorial que se ven&iacute;a observando en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su gobierno</strong>, al punto tal de que ni siquiera el canciller ruso, Serguey Lavrov, sab&iacute;a de antemano el inicio de la invasi&oacute;n. Si bien en un principio la posici&oacute;n oficial apunt&oacute; a una acci&oacute;n preventiva ante la amenaza que significaba el avance de la OTAN &ndash;cuesti&oacute;n que efectivamente la alianza militar nunca dej&oacute; de reforzar&ndash; luego el discurso mut&oacute; a una serie de justificaciones que apelaban a &ldquo;desnazificar Ucrania&rdquo; y a enmendar el &ldquo;error cometido por Lenin y los bolcheviques&rdquo;. Respecto de lo primero, el gobierno nunca pudo encontrar pruebas efectivas que apuntalaran su posici&oacute;n. Por el contrario, su accionar se acerca por momentos a aquello que dice combatir. En el reciente funeral de Daria Dugina, Leonid Slutsky &ndash;diputado de la Duma y l&iacute;der del Partido Liberal Dem&oacute;crata de Rusia&ndash; pronunci&oacute; la frase &ldquo;Un presidente, un pa&iacute;s una victoria&rdquo; que remite directamente al slogan nazi: &ldquo;Un pueblo, un imperio, un l&iacute;der&rdquo;. Respecto de lo segundo, como explica Claudio Ingerflom en su reciente libro <em>El dominio del amo</em>, lo que en verdad se revela son objetivos que remiten al viejo imperialismo ruso basados en la creencia actual de que Rusia debe liderar un nuevo mundo fundado sobre valores tradicionales y reaccionarios. Sin embargo, no deber&iacute;amos descuidar el aspecto interno: como sostiene Boris Kagarlitsky, a lo largo de su historia Rusia ha intentado resolver problemas dom&eacute;sticos apelando al mecanismo de la guerra. Esta cuesti&oacute;n no deber&iacute;a descartarse como un recurso al cual el gobierno apele para reforzar su poder y tener un mejor margen de maniobra ante una situaci&oacute;n social de crisis, en medio de rumores de un presidente enfermo y sin sucesor a la vista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde hace seis meses asistimos a un conflicto armado en una regi&oacute;n central del mundo (Europa), con una potencia mundial (Rusia) involucrada y otras (Estados Unidos) envueltas indirectamente al prestar apoyo econ&oacute;mico y log&iacute;stico. Rusia pretende imponerse como un eventual l&iacute;der en el reordenamiento mundial. Estados Unidos no quiere perder ese lugar. Dentro de esta situaci&oacute;n, el escenario que se vislumbra es el de un conflicto de, al menos, una mediana duraci&oacute;n: ninguna de las elites gobernantes globales parece estar dispuesta a salir derrotada. Mientras tanto, quienes siguen perdiendo son los habitantes de Ucrania, los soldados rusos que mueren en una invasi&oacute;n absurda, los disidentes de ese pa&iacute;s, la inmensa poblaci&oacute;n pobre del mundo que sufre los efectos de la inflaci&oacute;n y la escasez y un planeta que tiembla ante la latente amenaza de una soluci&oacute;n nuclear.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>MB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Baña]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/seis-meses-invasion-rusa-planeta-tiembla-amenaza-solucion-nuclear_129_9262732.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Aug 2022 11:05:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Rusia,Vladimir Putin,#Ucrania Guerra]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quien no extraña al comunismo no tiene corazón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/no-extrana-comunismo-no-corazon_1_8525702.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/efd30012-fa40-45bc-9314-c75d12988a4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Quien no extraña al comunismo no tiene corazón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A treinta años de la caída Unión Soviética, Martín Baña ofrece una lectura aguda, sensible e informada del complejo y contradictorio proceso que determinó el fin de la URSS y del comunismo tal como fue conocido durante décadas, pero también del derrotero político que colocó a Vladimir Putin como el núcleo de poder en la Federación Rusa. Aquí, un fragmento de "Quien no extraña al comunismo no tiene corazón. De la disolución de la Unión Soviética a la Rusia de Putin" (Editorial Critica, 2021).</p></div><h3 class="article-text"><strong>Antes del principio</strong></h3><p class="article-text">
        En diciembre de 2010 el entonces primer ministro y antes dos veces presidente de la Federaci&oacute;n Rusa, Vlad&iacute;mir Putin, particip&oacute; de Conversaci&oacute;n con Vlad&iacute;mir Putin. La continuaci&oacute;n, un programa anual de televisi&oacute;n producido por la secretar&iacute;a de Prensa del Kremlin. Su formato era simple: un conductor que oficiaba de maestro de ceremonias coordinaba la intervenci&oacute;n de panelistas y de ciudadanos comunes que dirig&iacute;an sus preguntas hacia el entrevistado desde el estudio o desde m&oacute;viles ubicados en diferentes partes de Rusia. Estas nunca eran incisivas y sol&iacute;an ser una excusa para que Putin hiciera una suerte de balance anual de su gesti&oacute;n y, sobre todo, una enumeraci&oacute;n de sus logros. Entre los participantes de esa emisi&oacute;n se encontraba Aleksandr Zaldostanov, el l&iacute;der de los Lobos Nocturnos, un club de motociclistas con tendencias hom&oacute;fobas y nacionalistas surgido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. El propio Putin supo montar una Harley Davidson y compartir con ellos algunos de sus multitudinarios e imponentes desfiles. Cuando le toc&oacute; intervenir, el Cirujano &ndash;como tambi&eacute;n se lo conoce a Zaldostanov&ndash; record&oacute; una charla que hab&iacute;a tenido con Putin tiempo atr&aacute;s y cit&oacute; una frase que este &uacute;ltimo supuestamente le hab&iacute;a dicho. No era una cita textual, pero &eacute;l la recordaba as&iacute;: &ldquo;Quien no quiere la unificaci&oacute;n con Ucrania no tiene coraz&oacute;n, pero quien la quiere perdi&oacute; la raz&oacute;n&rdquo;. Entonces, le pregunt&oacute; al primer ministro si estaba de acuerdo con la idea de que el coraz&oacute;n pod&iacute;a reemplazar en ocasiones a la mente pero que la mente jam&aacute;s podr&iacute;a reemplazar al coraz&oacute;n. Putin no entendi&oacute; muy bien de qu&eacute; se trataba la pregunta pero record&oacute; enseguida la conversaci&oacute;n. Y lo corrigi&oacute;: &ldquo;Recuerdo lo que dije. Estaba hablando sobre la disoluci&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Y dije que quien no lamenta la disoluci&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica no tiene coraz&oacute;n pero quien quiere restaurarla en su forma anterior no tiene cabeza. Dejemos esto entre corchetes. Es cosa del pasado&rdquo;. Y enseguida cambi&oacute; de tema. 
    </p><p class="article-text">
        La frase de Putin se hizo mundialmente famosa y en su versi&oacute;n en castellano se la conoci&oacute; con una leve variaci&oacute;n, en forma de sentencia: &ldquo;Quien no extra&ntilde;a a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica no tiene coraz&oacute;n, quien quiere restaurarla no tiene cerebro&rdquo;. Como sea, el sentido de esa reflexi&oacute;n sintetiza muy bien un aspecto central de la Rusia contempor&aacute;nea: su problem&aacute;tica y a&uacute;n no resuelta relaci&oacute;n con el pasado sovi&eacute;tico. &iquest;Qu&eacute; debe hacer un pa&iacute;s capitalista con su pasado comunista? &iquest;Es ese legado un obst&aacute;culo para el desarrollo de una nueva econom&iacute;a de mercado o, por el contrario, un elemento que estabiliza el nuevo sistema? &iquest;Es lo sovi&eacute;tico un factor de resistencia o un recurso de adaptaci&oacute;n a la realidad de un orden neoliberal? &iquest;Qu&eacute; efectos tuvo la racionalidad c&iacute;nica constituida al calor de tantos a&ntilde;os de desfase entre discurso y realidad en la v&iacute;a sovi&eacute;tica al capitalismo? &iquest;C&oacute;mo interpretar la actual nostalgia por la experiencia sovi&eacute;tica expresada por los mismos que fueron responsables de su disoluci&oacute;n? M&aacute;s a&uacute;n, &iquest;es el autoritarismo del actual sistema pol&iacute;tico ruso una consecuencia de su pasado comunista o m&aacute;s bien un producto de las transformaciones que el capitalismo produjo en un espacio semiperif&eacute;rico durante la d&eacute;cada de 1990? &iquest;O ambas cosas? Para responder estos interrogantes sobre la Rusia del presente es necesario dirigirnos a su pasado reciente y, particularmente, a un hecho inesperado para ese pa&iacute;s pero trascendental para el orden mundial: la disoluci&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica ocurrida en diciembre de 1991. 
    </p><p class="article-text">
        A treinta a&ntilde;os de un suceso tan impensado como significativo, este libro se propone explicar el fin de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica intentando abarcar la multiplicidad de factores que intervinieron. Tres d&eacute;cadas es distancia suficiente para volver a un evento de tal magnitud como tambi&eacute;n para hacer necesario ese regreso: es posible que muchos de los lectores de estas p&aacute;ginas todav&iacute;a no hubieran nacido cuando ocurri&oacute; y que palabras como perestroika tal vez les remitan m&aacute;s a una banda pop rusa que a un amplio proceso de reformas. &iquest;C&oacute;mo explicarles que de la noche a la ma&ntilde;ana el enorme territorio que compon&iacute;a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica se convirti&oacute; en quince rep&uacute;blicas con nombres, sistemas pol&iacute;ticos y relaciones de propiedad diferentes? &iquest;C&oacute;mo contarles que la Guerra Fr&iacute;a que tuvo en vilo a varias generaciones por la amenaza de una destrucci&oacute;n nuclear finaliz&oacute; de un modo pac&iacute;fico? Pero tambi&eacute;n, &iquest;c&oacute;mo ofrecerles a aquellos que fueron testigos, y recib&iacute;an d&iacute;a a d&iacute;a las noticias, una visi&oacute;n global del complejo proceso del cual esos acontecimientos aislados formaron parte? Las preocupaciones sobre el presente son las que orientan las preguntas que le hacemos al pasado con la esperanza de encontrar all&iacute; claves que nos ayuden a mejorar nuestra actualidad. Para entender los motivos de la disoluci&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y el verdadero alcance del impacto que gener&oacute; en el espacio ruso y en el mundo es necesario indagar su pasado y explorar sus alcances hasta hoy.
    </p><p class="article-text">
        La Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica fue el sistema que naci&oacute; de la Revoluci&oacute;n rusa de 1917 y que se propuso como un proyecto mundial alternativo al capitalismo, conocido indistintamente como socialismo &ndash;en su fase previa&ndash; y comunismo &ndash;en lo que ser&iacute;a su &uacute;ltima y definitiva etapa&ndash;. Por factores propios y extra&ntilde;os, su devenir no fue el imaginado por los revolucionarios y su experiencia termin&oacute; resultando opresiva. Hubo all&iacute; persecuciones, temores, muertes y ausencia de libertad. Sin embargo, fue un espacio en el que el terror convivi&oacute; con la utop&iacute;a, las privaciones con la movilidad social ascendente &ndash;con un acceso a la educaci&oacute;n y la salud impensado para generaciones pasadas de rusos&ndash; y en el que un relativo igualitarismo coexisti&oacute; junto a los privilegios reservados para una capa burocr&aacute;tica conocida como la <em>nomenklatura</em>. El sistema sovi&eacute;tico puso l&iacute;mites a la libertad creativa de los artistas y los intelectuales pero tambi&eacute;n llev&oacute; a cabo un amplio plan de ilustraci&oacute;n que cre&oacute; para ellos una audiencia y oportunidades antes impensadas. Para muchos de sus ciudadanos, los valores y las realidades de la vida socialista &ndash;como el sentido de igualdad, el altruismo, la amistad, la educaci&oacute;n o el trabajo&ndash; fueron de una importancia vital. Sin embargo, todav&iacute;a hoy la interpretaci&oacute;n dominante la sigue describiendo como algo malo y defini&eacute;ndola como un r&eacute;gimen est&aacute;tico. Esas descripciones no son &uacute;tiles para dar cuenta de lo que realmente se experiment&oacute; en ese gigante territorio que va de Europa a Asia. 
    </p><p class="article-text">
        Para comprender el sistema sovi&eacute;tico debemos dejar de lado las visiones esquem&aacute;ticas que lo condenan ciegamente pero tambi&eacute;n las lecturas simplistas que lo romantizan de manera c&aacute;ndida. La vida en la URSS fue mutando a lo largo de sus siete d&eacute;cadas de existencia, reflejando los cambios econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos que se estaban produciendo en el pa&iacute;s y en el mundo. Lo sovi&eacute;tico puede ser considerado como una especie de integridad hist&oacute;rica y cultural pero en ning&uacute;n caso como un todo inmutable y unificado, como suelen hacer los autores que reducen su historia a un <em>r&eacute;gimen</em>&nbsp;<em>totalitario</em>&nbsp;indeseable o, por el contrario, a los nost&aacute;lgicos que a&ntilde;oran a un gran pa&iacute;s perdido a manos de esp&iacute;as y traidores. Como sostiene el soci&oacute;logo Boris Kagarlitsky, en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica convivieron tendencias opuestas que, hasta cierto punto, se complementaban y compensaban entre s&iacute;. Cuando el sistema comenz&oacute; a mostrar sus l&iacute;mites, y la interacci&oacute;n conflictiva de esas tendencias dio se&ntilde;ales de agotamiento, la dirigencia intent&oacute; una serie de ajustes para mantenerlo a flote. 
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que las primeras reformas importantes comenzaron a ensayarse luego de la muerte de Stalin en 1953. Sin embargo, el proceso m&aacute;s sustancial fue el iniciado por el secretario general del Partido Mija&iacute;l Gorbachov en 1985, el cual pretend&iacute;a ser m&aacute;s profundo porque los problemas se evaluaban como tales. Por entonces la dirigencia pensaba que la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica era reformable. Pero los cambios implementados atravesaron tres ejes sensibles: uno econ&oacute;mico que termin&oacute; desmantelando el sistema sin poder reemplazarlo en lo inmediato por otro; uno cultural que favoreci&oacute; el desmembramiento de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica; y uno pol&iacute;tico que acab&oacute; minando el monopolio del poder del cual gozaba el Partido Comunista. Las reformas dieron lugar a una serie de cambios que intentaron revigorizar a un sistema que, sin embargo, arrastraba importantes problemas. A su vez, abrieron un canal que habilit&oacute; el surgimiento de una coalici&oacute;n que vio con buenos ojos una transici&oacute;n hacia la econom&iacute;a de mercado. En el marco de esa din&aacute;mica, la p&eacute;rdida del monopolio del poder pol&iacute;tico del Partido resultar&iacute;a fatal, ya que dejar&iacute;a de controlar el destino de esas transformaciones. 
    </p><p class="article-text">
        La Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica no dej&oacute; de existir por la portaci&oacute;n de un gen defectuoso, la existencia de movimientos revolucionarios masivos, la supuesta incapacidad rusa para lidiar con la democracia o el importante peso de sus l&iacute;deres pol&iacute;ticos. No hay documentos que permitan sostener ninguna de estas argumentaciones. Las causas m&aacute;s importantes de su disoluci&oacute;n, aunque no las &uacute;nicas, hay que buscarlas en el agotamiento del sistema y la decisi&oacute;n pol&iacute;tica de una elite que, temerosa de perder sus privilegios, aprovech&oacute; las reformas para operar su reemplazo por una econom&iacute;a de mercado. El grueso de la poblaci&oacute;n acompa&ntilde;&oacute; el proceso y lo justific&oacute; as&iacute;: &ldquo;el capitalismo no puede ser peor que lo que nos toc&oacute; vivir&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        (...)
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Quien no extra&ntilde;a el comunismo no tiene coraz&oacute;n&rdquo; es un juego de palabras compuesto con la famosa frase de Putin que intenta sintetizar el objetivo al que apunta este libro: contar una historia que permita pensar y unir las piezas del rompecabezas que explican tanto la disoluci&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica como la Rusia actual, animados por la convicci&oacute;n de que los relatos hist&oacute;ricos deben ser divulgados y circular por todos los espacios del tejido social y no solo en revistas acad&eacute;micas o aulas universitarias. Ese intento lo hacemos a trav&eacute;s de una narraci&oacute;n &ndash;no carente de tensi&oacute;n dram&aacute;tica&ndash; que, por un lado, retoma y sintetiza los saberes producidos por los diversos especialistas del campo &ndash;cuyas referencias completas se encuentran en la secci&oacute;n de la bibliograf&iacute;a&ndash; y, por el otro, ofrece un marco interpretativo para las distintas acciones significativas del per&iacute;odo abordado. Aunque pueden aparecer otras regiones y actores, nos concentramos mayormente en los acontecimientos ocurridos en las dos capitales y en los grandes procesos que se desarrollaron a nivel pol&iacute;tico, econ&oacute;mico, social y cultural. 
    </p><p class="article-text">
        Con &ldquo;extra&ntilde;ar el comunismo&rdquo; apuntamos tambi&eacute;n a rescatar otra dimensi&oacute;n que involucra el fin de la URSS: la de repensar los proyectos emancipatorios. Para muchas personas en el mundo, la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica encarn&oacute; una idea de futuro promisorio. Hoy no existe m&aacute;s y para muchos es la prueba irrefutable de la inviabilidad de cualquier proyecto emancipatorio. Sin embargo, creemos que revisar este cap&iacute;tulo de su historia nos puede ayudar a comprender los errores del pasado y a librarnos de sus lastres en el presente para poder imaginar proyectos liberadores en el futuro. &ldquo;Extra&ntilde;ar el comunismo&rdquo; debe leerse tambi&eacute;n como &ldquo;seguir imaginando un mundo mejor&rdquo; y no como una repetici&oacute;n &ndash;ni deseable ni posible&ndash; del pasado. Los cambios se dan con las masas en las calles. Los libros de historia pueden servir para hacernos comprender algunas cuestiones y moldear nuestras identidades pero de por s&iacute; no realizan ning&uacute;n cambio. En un contexto de confusi&oacute;n social que es testigo de una impugnaci&oacute;n de los proyectos emancipatorios y del resurgimiento de nuevas fuerzas conservadoras, este libro recupera un entramado hist&oacute;rico que aspira a colaborar en la compresi&oacute;n de esa experiencia del pasado para estimular la capacidad de actuar en el espacio p&uacute;blico del presente. De nosotros sigue dependiendo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Baña]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/no-extrana-comunismo-no-corazon_1_8525702.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Nov 2021 10:45:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Quien no extraña al comunismo no tiene corazón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Rusia,Comunismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Kronstadt, 100 años después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/kronstadt-100-anos-despues_1_7356313.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea4aa0fb-04a8-476d-86ff-0665c98a2875_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Kronstadt, 100 años después"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando los bolcheviques reprimieron al “orgullo y la gloria” de la Revolución rusa.</p></div><p class="article-text">
        En 1921, luego de cuatro a&ntilde;os en el poder y de finalizada la guerra civil, los bolcheviques se enfrentaron a una nueva rebeli&oacute;n armada. Pero esta vez el desaf&iacute;o provino de sus propias filas y no de los contrarrevolucionarios. Los marineros de la fortaleza naval de Kronstadt hab&iacute;an sido considerados por el propio Trotsky como el &ldquo;orgullo y la gloria&rdquo; de la Revoluci&oacute;n rusa. Pero ahora se rebelaban y pon&iacute;an en el primer plano una inc&oacute;moda pregunta: &iquest;era la Rusia sovi&eacute;tica en verdad una Rep&uacute;blica de obreros y campesinos o se hab&iacute;a transformado en una <em>comisariocracia</em>?
    </p><p class="article-text">
        <strong>La rebeli&oacute;n de Kronstadt se inici&oacute; en marzo de 1921, en un pa&iacute;s en bancarrota econ&oacute;mica, agotado tras las dos guerras previas, inmerso en una ola de huelgas obreras en la capital y atravesado por estallidos rurales contra las requisas del &ldquo;comunismo de guerra&rdquo;. </strong>Todas estas movilizaciones pusieron en alerta a los bolcheviques, quienes a&uacute;n tem&iacute;an intervenciones externas, despu&eacute;s de la agotadora guerra civil, y explosiones sociales en las grandes ciudades. A este clima de crisis contribu&iacute;a la desmovilizaci&oacute;n de los soldados, fuente potencial de nuevos disturbios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El descontento rural ten&iacute;a correas directas de transmisi&oacute;n hacia quienes habitaban la base naval del B&aacute;ltico. Estos eran, a fin de cuentas, campesinos transformados en marineros, sensibles a los padecimientos de sus familiares y aldeas. Para colmo de males, el invierno fue especialmente riguroso durante ese a&ntilde;o. En medio de la escasez de combustibles y de raciones alimentarias, reducidas a&uacute;n m&aacute;s por la crisis y por los problemas de transporte ferroviario, esa situaci&oacute;n pod&iacute;a poner a parte de la poblaci&oacute;n al borde de la muerte por congelamiento. Adem&aacute;s,<strong> un sistema segmentado de racionamiento alimentario, que colocaba a unas categor&iacute;as laborales y socioecon&oacute;micas por encima de otras, no pod&iacute;a sino tensar la cuerda del descontento.</strong> Este era tan grande que en 1920 muchos de los afiliados al Partido Bolchevique rompieron su carnet en se&ntilde;al de protesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Kronstadt era una ciudad fortificada mandada a construir por Pedro el Grande en el siglo XVIII y base naval estrat&eacute;gica para proteger a Petrogrado, que era como se hab&iacute;a empezado a llamar a San Petersburgo durante la Primera Guerra Mundial para disimular su germanismo. Erigida sobre el r&iacute;o Neva, se encontraba en la isla de Kotlin. Cuando el mar se congelaba, la base quedaba unida al continente por una estepa helada.
    </p><p class="article-text">
        Como explica Paul Avrich en <em>Kronstadt 1921</em>, un muy buen &ndash;y y sutil&ndash; libro sobre este evento hist&oacute;rico, los marineros de Kronstadt &ldquo;constitu&iacute;an una estirpe inquieta e independiente que abominaba de todo privilegio y autoridad, y parec&iacute;an siempre a punto de estallar en actos de violencia abierta contra sus oficiales o el gobierno central, que consideraban como una fuerza ajena y coercitiva&rdquo;. Ese car&aacute;cter hab&iacute;a sido funcional a los bolcheviques, que tuvieron en los marineros de esta isla a uno de sus principales grupos de choque, dispuestos a ir a Petrogrado a defender a la revoluci&oacute;n, por ejemplo cuando el general Lavr Kornilov intent&oacute; el golpe contra el gobierno provisional surgido de los eventos de febrero o cuando Lenin los necesit&oacute; para reforzar a los Guardias Rojos durante la toma del Palacio de Invierno en octubre de 1917. Pero ahora los marineros de acorazados m&iacute;ticos del mar B&aacute;ltico eran quienes se embarcaban en la &ldquo;segunda Comuna de Par&iacute;s&rdquo;. En Kronstadt estaban las modernas embarcaciones Petropavlovsk y Sebastopol y la isla estaba atravesada por una densa organizaci&oacute;n desde abajo: comit&eacute;s de edificio, de barco, de f&aacute;brica, de taller, alimentarios, etc., adem&aacute;s de constituir una fortaleza dif&iacute;cil de penetrar.
    </p><p class="article-text">
        Al comienzo los marineros levantaron demandas pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas pero la situaci&oacute;n pronto se radicaliz&oacute;. Las asambleas celebradas en la Plaza del Ancla no solo terminaron poniendo en cuesti&oacute;n al poder bolchevique, sino que organizaron un desafiante Comit&eacute; Revolucionario Provisional que tom&oacute; a su cargo el gobierno local. El l&iacute;der de la revuelta era el marinero Stepan Petrichenko.
    </p><p class="article-text">
        Primero se aprob&oacute; una resoluci&oacute;n del Petropavlovsk firmada por Petrichenko como Presidente de la Asamblea de la Escuadra. <strong>Este verdadero manifiesto era un desaf&iacute;o pol&iacute;tico al gobierno, ya que se ped&iacute;an nuevas elecciones para los soviets, con plena participaci&oacute;n de los partidos socialistas, libertad para los presos pol&iacute;ticos socialistas o vinculados a las huelgas y movilizaciones obreras y campesinas, e igualaci&oacute;n de raciones alimentarias (con algunas escasas excepciones). Y se denunciaba la deriva autoritaria del gobierno. Este programa ser&iacute;a el de la propia rebeli&oacute;n, cuyas proclamas eran sintetizadas en consignas como &ldquo;Fuera la comisariocracia&rdquo; y &ldquo;soviets libres&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como muestra Avrich, los marineros estaban lejos de una visi&oacute;n democr&aacute;tica &ldquo;liberal&rdquo;. De hecho, miembros de la flota hab&iacute;an tenido un importante rol en la represi&oacute;n a la Asamblea Constituyente, que los bolcheviques disolvieron despu&eacute;s de la revoluci&oacute;n por no representar con rigor a la totalidad de las fuerzas de izquierda. En lo que a algunos podr&iacute;a resultar sorprendente, hab&iacute;a sido el marinero anarquista Anatoly Zhelezniakov quien estuvo al mando de los destacamentos que, bayoneta en mano, acabaron con una asamblea en manos de fuerzas socialistas adversarias de los bolcheviques.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El programa de Kronstadt recuperaba, m&aacute;s bien, una sensibilidad anarcopopulista (populista en el sentido ruso de <em>nar&oacute;dnik</em>, que en ese idioma est&aacute; m&aacute;s cerca de la idea de ser un &ldquo;servidor del pueblo&rdquo;) que despreciaba los poderes centrales -incluida una Asamblea Constituyente vista como mero parlamentarismo- y propiciaba una suerte de federaci&oacute;n laxa de comunas de trabajadores y campesinos, con un m&iacute;nimo de autoridad estatal. Este programa se parec&iacute;a bastante al de los llamados maximalistas, una variante radicalizada de los socialistas revolucionarios, una de las corrientes del campo de la revoluci&oacute;n. Como sostiene la escritora libertaria Ida Mett en su libro <em>La comuna de Kronstadt</em>, no hubo una influencia directa y organizada de los anarquistas en el levantamiento. La anarquista norteamericana Emma Goldman, que pas&oacute; una larga temporada en Rusia, intent&oacute; mediar entre los insurgentes y el gobierno bolchevique para evitar un enfrentamiento que anticipaba traum&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un primer momento, los bolcheviques intentaron negociar y enviaron al presidente de la Rep&uacute;blica sovi&eacute;tica, Mija&iacute;l Kalinin, quien era de origen campesino, pero la combinaci&oacute;n de falta de tacto del enviado con el clima de exaltaci&oacute;n en los marineros termin&oacute; con una catarata de insultos y la retenci&oacute;n temporaria del funcionario bolchevique. A partir de entonces todo se desmadr&oacute;. El Comit&eacute; Revolucionario, sin &eacute;xito en sus intentos de expandir el movimiento a Petrogrado, se dedic&oacute; a organizar la resistencia al asalto gubernamental, mientras que el gobierno comenz&oacute; a preparar la conquista a sangre y juego de la fortaleza antes del deshielo, que liberar&iacute;a a los barcos de guerra en manos de los sublevados e impedir&iacute;a llegar con artiller&iacute;a a trav&eacute;s de la superficie congelada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los bolcheviques, por su parte, buscaron mostrar que los marineros de 1921 ten&iacute;an poco que ver con los de 1917. Por el contrario, florecieron los viejos prejuicios: estos eran ahora campesinos peque&ntilde;o burgueses en uniforme, producto de los cambios durante la guerra civil. Seg&uacute;n escribi&oacute; Trotsky, los marineros &ldquo;inclu&iacute;an un gran porcentaje de elementos completamente desmoralizados que luc&iacute;an vistosos pantalones de bota campana y cortes de pelo deportivos. La desmoralizaci&oacute;n, basada en el hambre y en la especulaci&oacute;n, hab&iacute;a aumentado en gran medida a fines de la guerra civil&rdquo;. Pero sobre todo, los bolcheviques cre&iacute;an verdaderamente que no se pod&iacute;an permitir dejar ning&uacute;n resquicio para la contrarrevoluci&oacute;n tras los padecimientos que conllev&oacute; la victoria sobre los ej&eacute;rcitos mon&aacute;rquicos.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, tras un primer asalto fallido con numerosas bajas gubernamentales, el general Mija&iacute;l Tujachevsky despleg&oacute; un ej&eacute;rcito de alrededor de 50.000 hombres, muchos de ellos mimetizados en el hielo con mamelucos blancos, y adem&aacute;s atac&oacute; con aviones desde el aire y con ca&ntilde;ones desde el continente. Sola y aislada, y hambrienta, la fortaleza sufri&oacute; once d&iacute;as de fuego de artiller&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 17 de marzo, cuando todo estaba perdido, once miembros del Comit&eacute; Revolucionario, incluido Petrichenko, escaparon a trav&eacute;s del hielo hacia Finlandia, y los refugiados ascendieron a unos 8.000.<strong> Los muertos se contaron por centenares en ambos bandos. </strong>Las fuerzas gubernamentales ten&iacute;an la desventaja de avanzar por la explanada de hielo a campo abierto, pero los marineros sufrieron la represi&oacute;n posterior. No hay cifras de los fusilamientos y enviados a trabajos forzados, m&aacute;s all&aacute; de los 13 supuestos cabecillas condenados a muerte, pero fueron sin duda varias centenas. <strong>Petrichenko admitir&iacute;a luego que la rebeli&oacute;n fue prematura y mal organizada: se lanz&oacute; cuando las huelgas de Petrogrado estaban en retirada y no esperaron a que se derritiera el hielo, lo que habr&iacute;a dificultado el asalto gubernamental a la fortaleza. Sea como fuere, sus posibilidades de &eacute;xito eran casi inexistentes: en 1921 pocos imaginaban ya vencer a los bolcheviques por medio de las armas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde el comienzo, los bolcheviques acusaron a los marineros de Kronstadt de ser funcionales a los blancos. Es cierto que, como revelan algunos documentos hist&oacute;ricos, hubo apoyos del C&iacute;rculo Militar de Petrogrado liderado por el profesor V. Tagantsev. C&iacute;rculos de emigrados, sobre todo del partido Kadete (dem&oacute;crata constitucional) as&iacute; como socialistas revolucionarios, buscaron apoyar materialmente a los marineros e incluso se comunicaron con ellos. Se descubri&oacute; un documento del Centro Nacional &ndash;un grupo en el exilio&ndash; que hablaba de un estallido en la isla semanas antes de que ocurriera. Y en numerosas publicaciones los exiliados se entusiasmaban con que Kronstadt fuera la tumba del bolchevismo. Pero las potencias se mostraron reticentes a intervenir en una sublevaci&oacute;n improvisada. Y si bien estos hallazgos explican la susceptibilidad bolchevique, la evidencia hist&oacute;rica hace dif&iacute;cil sostener que los blancos hayan tenido una real influencia en la rebeli&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Despu&eacute;s de realizar la Revoluci&oacute;n de Octubre, la clase trabajadora hab&iacute;a esperado lograr su emancipaci&oacute;n. Pero el resultado fue una esclavizaci&oacute;n aun mayor de la personalidad humana. El poder de la polic&iacute;a y de la monarqu&iacute;a gendarme pas&oacute; a manos de los usurpadores comunistas&hellip; En Kronstadt se ha puesto la primera piedra de la tercera revoluci&oacute;n [despu&eacute;s de las de Febrero y Octubre], rompiendo las &uacute;ltimas cadenas de las masas laboriosas y abriendo un nuevo y amplio camino para la creatividad socialista&rdquo; , dec&iacute;a un extracto del manifiesto <em>Por qu&eacute; estamos luchando</em> de marzo de 1921.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Luego, correr&iacute;an r&iacute;os de tinta sobre este acontecimiento. Como sostiene el historiador Simon Pirani, Kronstadt no termin&oacute; formando parte de ninguna &ldquo;tercera revoluci&oacute;n&rdquo; ya que por entonces<em> </em>no hab&iacute;a una unificaci&oacute;n de las luchas ni tampoco apoyo generalizado para sacar a los bolcheviques del gobierno, aunque los deseos de restaurar los soviets multipartidistas se mezclaran con ciertos sentimientos antibolcheviques.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La rebeli&oacute;n de Kronstadt, aunque de manera exaltada, puso en evidencia las tensiones entre las fuerzas emancipatorias de la revoluci&oacute;n y la deriva autoritaria del partido &uacute;nico que se iba procesando en la Rusia sovi&eacute;tica. Luego de vencido el alzamiento, los bolcheviques rechazar&iacute;an cualquier tipo de apertura que todav&iacute;a pudiera representar una alternativa al unipartidismo y se aferrar&iacute;an con fuerza a su dominio.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>(Este art&iacute;culo se basa en el libro &ldquo;Todo lo que necesitas saber sobre la Revoluci&oacute;n Rusa&rdquo;, publicado por los autores en editorial Paid&oacute;s en 2017).</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Martín Baña, Pablo Stefanoni]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/kronstadt-100-anos-despues_1_7356313.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Mar 2021 12:52:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Kronstadt, 100 años después]]></media:title>
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