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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Alejandro Horowicz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/alejandro-horowicz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Alejandro Horowicz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[La doble derrota del Frente de Todos y la descomposición de la Argentina]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/doble-derrota-frente-descomposicion-argentina_129_8359089.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f390d695-7aa6-4140-b4c6-e19f42d5e2a1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La doble derrota del Frente de Todos y la descomposición de la Argentina"></p><p class="article-text">
        Restan pocas semanas para la elecci&oacute;n del 14 de noviembre. &iquest;C&oacute;mo demostrar, desde el gobierno, que el presidente registra el mensaje de las urnas? El cambio de gabinete no alcanza, pero sostener el anterior hubiera sido suicidio.&nbsp;La pregunta clave puede formularse as&iacute;: <strong>&iquest;el frente oficialista est&aacute; dispuesto a poner fin al ajuste, o solo se trata de una finta de circunstancias?</strong> Esa es la pregunta que se hacen los que pueden cambiar el voto. Poner dinero en el bolsillo ahora, cuando no lo hicieron antes, luce sospechoso. Entonces: &iquest;despejar esa respuesta impone la repetici&oacute;n de la derrota?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El resultado de las PASO sorprendi&oacute;, todav&iacute;a sigue sorprendiendo. No solo a los derrotados. Los &ldquo;vencedores&rdquo; tampoco saben qu&eacute; hacer. La sociedad argentina est&aacute; perpleja. La fotograf&iacute;a de ese &uacute;ltimo muestreo perfecto, de inclinaciones pol&iacute;ticas, impone una reflexi&oacute;n radical. Ni oposici&oacute;n ni oficialismo esperaban estos n&uacute;meros, digerirlos no es f&aacute;cil. Las encuestas aseguraban una victoria estrecha para el peronismo en la provincia de Buenos Aires. Cristina Fern&aacute;ndez sostuvo hace d&iacute;as que no lee encuestas. Es posible, &iquest;pero si hubiera palpitado la derrota, no se hubiera anticipado? No fue su carta p&uacute;blica la que puso en crisis al gobierno, sino la situaci&oacute;n pol&iacute;tica preexistente. La votaci&oacute;n la transcribe en blanco y negro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si Mar&iacute;a Eugenia Vidal&nbsp;hubiera considerado la posibilidad de la victoria, &iquest;hubiera vuelto a cruzar el Riachuelo? Ganar la provincia de Buenos Aires constituye el fundamento de cualquier ambici&oacute;n pol&iacute;tica seria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Juntos por el Cambio,<strong> se trata de una &ldquo;victoria&rdquo; inc&oacute;moda</strong>. No los votaron para que ganaran, sino para que perdiera Alberto Fern&aacute;ndez.&nbsp;Y la primera mala lectura pasa por confundir una cosa con la otra, al menos en las PASO.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El gobierno no hizo demasiado para romper&nbsp;la continuidad del ajuste macrista</strong>. El esfuerzo presidencial por dejar en claro que no gobernaba Cristina consumi&oacute; buena parte de su energ&iacute;a pol&iacute;tica. La pandemia, el resto. Si el horizonte cambiemita fuera hegem&oacute;nico, si la mayor&iacute;a pensara que el ajuste es el camino, no har&iacute;a falta votar contra Alberto. Eso lo saben tirios y troyanos. Por eso est&aacute;n perplejos. Entonces, para frenar el ajuste las v&iacute;ctimas votaron al partido de los ajustadores perpetuos. Consideraron que el gobierno cambiar&iacute;a el rumbo solo si no lo apoyaban. Votar a Juntos por el Cambio constituye el instrumento.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El gobierno no hizo demasiado para romper la continuidad del ajuste macrista. El esfuerzo presidencial por dejar en claro que no gobernaba Cristina consumió buena parte de su energía política. La pandemia, el resto.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los votantes de Alberto y Cristina en el 2019 tuvieron, dos a&ntilde;os despu&eacute;s,&nbsp;comportamientos opuestos. El grueso repiti&oacute; el voto. &iquest;Pero est&aacute;n conformes, o votaron a pesar de no estarlo?&nbsp; En cambio, los que no fueron a votar, o lo hicieron en blanco, o votaron variantes del macrismo, retiraron&nbsp;su confianza. &iquest;El temor a otra victoria cambiemita lograr&aacute; que un fragmento de los que no votaron en septiembre, s&iacute; lo haga en noviembre? Es una probabilidad. Si todos lo hicieran, ara&ntilde;ar el empate ser&iacute;a una victoria. Dif&iacute;cil, pero no imposible. &iquest;Entonces, eso es todo?
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad degradada por crisis a repetici&oacute;n. <strong>Polarizada entre el country y las villas. Con bolsones de pobreza estructural en expansi&oacute;n.</strong> Las reservas de moneda dura peligrosamente escasas, una deuda externa insostenible, con la hiperinflaci&oacute;n en las narices y un sistema de precios relativos a punto de esfumarse no resuelve sus problemas con aspirinas electorales. Con niveles de pobreza que remiten al 2001 y una distribuci&oacute;n del ingreso brutalmente regresiva, donde la &ldquo;justicia&rdquo; determina que Paolo Rocca puede pagar coimas, ya que lo hizo en &ldquo;estado de necesidad&rdquo;, y un ladr&oacute;n de comida es un enemigo p&uacute;blico; con cuentapropistas pobr&iacute;simos que pagan monotributo por no trabajar en blanco, ya que este orden laboral impulsa una precarizaci&oacute;n sistem&aacute;tica, esta sociedad vota como vot&oacute;. Y la oposici&oacute;n va por m&aacute;s: despidos sin indemnizaci&oacute;n, gratuitos para la patronal, precarizaci&oacute;n&nbsp;total. <strong>Fin de todas las conquistas que el peronismo implic&oacute;.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto,&nbsp;la actividad pol&iacute;tica es visualizada por la mayor&iacute;a como una profesi&oacute;n para salvarse. En blanco, mejor salario, posibilidad de aumentar ingresos familiares v&iacute;a otros cargos.&nbsp;Los que votan (millones) eligen qui&eacute;nes se salvan (centenares).&nbsp; El castigo: no te voto; por tanto, no te salv&aacute;s. Los premiados sonr&iacute;en, pero todos saben: el oficialismo perdi&oacute; 6 millones de votantes; la oposici&oacute;n, 2 millones. Y los votados, del primero al &uacute;ltimo, no gozan de excesivo aprecio colectivo.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Comienza la nueva campa&ntilde;a. En la de las PASO, el clima previo a la votaci&oacute;n (absoluta falta de fervor electoral) anticipaba una baja en la concurrencia. Respecto de las elecciones anteriores, la abstenci&oacute;n en sus distintas formas es un 10% mayor y expresa el nivel de rechazo visceral al orden pol&iacute;tico existente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para explicar la intensidad de la crisis econ&oacute;mica, profesionales de la econom&iacute;a aducen verdades sibilinas. Recuerdan que el producto bruto industrial per c&aacute;pita de los 70 termin&oacute; siendo muy similar al actual. En los EEUU o en China ese &iacute;ndice creci&oacute; astron&oacute;micamente, en la Argentina permaneci&oacute; estancado. Entonces, como no somos capaces de producir m&aacute;s y mejor, recibimos de premio 50% de pobres.&nbsp;Los datos son ciertos pero la explicaci&oacute;n, una falacia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los 70 los niveles de pobreza no superaban el 3%; leyeron bien: 3%. De modo que la matriz distributiva se modific&oacute; radicalmente, y la pobreza se multiplic&oacute; por 16. Para que la productividad del trabajo crezca, la inversi&oacute;n debe impulsarla. Es evidente que esa inversi&oacute;n no se hizo. &iquest;Trabajaron a p&eacute;rdida? Si as&iacute; fuera habr&iacute;an quebrado. Entonces, &iquest;qu&eacute; pas&oacute; con el excedente? &iquest;D&oacute;nde fue a parar la ganancia empresaria?&nbsp; Cuando observamos la denominada fuga de capitales se aclara: un PBI y medio de la Argentina est&aacute; radicado en el sistema financiero internacional. 600.000 millones de d&oacute;lares de &ldquo;argentinos&rdquo;, que forman parte de la lista Forbes. Ahora se entiende mejor: la producci&oacute;n no creci&oacute; porque invirtieron los excedentes en el sistema financiero internacional.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese comportamiento no se inici&oacute; la semana pasada. La aspiradora financiera global trabaja todo el tiempo. La historia de la deuda p&uacute;blica, del brutal peso de la deuda en la estructura tributaria nacional, tiene fecha precisa de nacimiento: Jos&eacute; Alfredo Mart&iacute;nez de Hoz, la dictadura terrorista burguesa del 76. Antes, Mar&iacute;a Estela Mart&iacute;nez de Per&oacute;n hab&iacute;a abandonado la &uacute;ltima versi&oacute;n del programa de sustituci&oacute;n de importaciones (el Plan Gelbard); despu&eacute;s, los partidos pol&iacute;ticos abandonaron todo proyecto program&aacute;tico positivo (metas de producci&oacute;n, inversi&oacute;n y distribuci&oacute;n del ingreso). El nuevo programa, a partir de 1983, existe: pagar la deuda.&nbsp;El gobierno K administr&oacute; con relativa inteligencia la crisis de la deuda, sin aportar un nuevo programa para la sociedad argentina. Introdujo una novedad en la discusi&oacute;n p&uacute;blica: c&oacute;mo se paga.&nbsp; No es un asunto menor, pero no resuelve el problema de fondo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es que falta &ldquo;confianza&rdquo;, gritan los talibanes del mercado, por eso no invierten las empresas. Desde 1976 a la fecha pasaron 45 a&ntilde;os, con gobiernos que representaron -salvo la izquierda- todo el arco pol&iacute;tico, incluso el desaparecido partido militar. En medio siglo nadie obtuvo nunca la dichosa confianza, solo generaron deuda.&nbsp;O la pagaron. &iquest;No se ponen rojos de verg&uuml;enza al contar semejante patra&ntilde;a?
    </p><p class="article-text">
        <strong>El &ldquo;discurso pol&iacute;tico&rdquo; en boga no invita a pensar, sino a rechazar. </strong>En cada circunstancia el rechazo conquista un nombre propio; pero la clave del desinter&eacute;s por la cosa p&uacute;blica est&aacute; vinculada a la inanidad de la actividad pol&iacute;tica. A la incapacidad de resolver los problemas de la sociedad, que por puro desgaste discursivo se transformaron en problemas de &ldquo;la gente&rdquo;. Antes era preciso resolver un mal modelo de inserci&oacute;n nacional en el mercado mundial, ahora se trata de que cada uno resuelva el d&iacute;a a d&iacute;a. El propioculismo no es un invento personal, sino la consecuencia directa de d&eacute;cadas de pol&iacute;tica de saqueo. Cada uno debe contar con su propio bote, todos lo saben y votan en consecuencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La derrota del oficialismo subraya, se&ntilde;ala la ausencia de&nbsp; proyecto pol&iacute;tico nacional. Pero seamos justos: <strong>Alberto Fern&aacute;ndez no invent&oacute; esta carencia.</strong> Al igual que sus predecesores organiza paliativos de circunstancia (el IFE, Ingreso familiar de Emergencia, a modo de ilustraci&oacute;n). &nbsp;No alcanza. Sin un plan econ&oacute;mico estructural, la degradaci&oacute;n nacional no se detiene. Y los resultados que d&eacute; noviembre o sirven para construirla, o solo ser&aacute;n el anticipo de una interminable seguidilla de derrotas estrat&eacute;gicas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Horowicz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/doble-derrota-frente-descomposicion-argentina_129_8359089.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Oct 2021 03:03:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Alberto Fernández,Cristina Fernández de Kirchner,PASO,Elecciones 2021]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[EEUU en Afganistán: una continua fuga hacia adelante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ee-uu-afganistan-continua-fuga-adelante_129_8254924.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f4229296-c351-4054-840e-59aa5e0e44ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="EEUU en Afganistán: una continua fuga hacia adelante"></p><p class="article-text">
        Me niego a entregar la guerra en Afganist&aacute;n a un quinto presidente de Estados Unidos, ha declarado reiteradamente Joe Biden. La guerra desde el 2009, para Biden que por entonces ejerc&iacute;a la vicepresidencia, ya no ten&iacute;a sentido militar; erradicar a los talibanes supon&iacute;a y todav&iacute;a supone exterminarlos, cuando semejante genocidio no es pol&iacute;ticamente viable. Como el problema talib&aacute;n no tiene soluci&oacute;n militar, <strong>la retirada norteamericana estaba en la naturaleza de las cosas; </strong>por tanto, fue puesta en marcha&nbsp; mediante un acuerdo entre esa guerrilla y el norteamericano &iquest;responsable? del ejecutivo: Donald Trump. La pirueta final, evacuar las tropas, cobr&oacute; inusitada visibilidad; y la derrota termin&oacute; resultando indisimulable: los talibanes reconquistaron el poder.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Creer que un conjunto de t&eacute;cnicas para enfrentar la insurgencia armada, sumadas a miles de millones de d&oacute;lares malgastados en comprar voluntades y organizar una infraestructura moderna de comunicaciones permite la victoria constituy&oacute; <strong>una de las f&aacute;bulas criminales m&aacute;s costosas de la posverdad. </strong>Y otra vez la verdad desnuda se pasea por las calles de Kabul impartiendo una versi&oacute;n de las ense&ntilde;anzas del Cor&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El&nbsp;caos que sigui&oacute; a la evacuaci&oacute;n de las tropas de los Estados Unidos fue un &ldquo;resultado predecible y en su mayor&iacute;a inevitable&rdquo;, sostuvo la semana pasada Biden seg&uacute;n la CNN. <strong>La sociedad norteamericana no piensa igual.</strong> El motivo es simple: durante dos d&eacute;cadas les taladraron la cabeza con la posible reiteraci&oacute;n de ataques terroristas como los del 11 de septiembre. &iquest;Ataque tramado por al Qaeda desde bases en Afganist&aacute;n? Es posible. &iquest;Ataque que la inteligencia militar norteamericana no fue capaz de detectar pese a la enormidad de medios disponibles? Es seguro. Seg&uacute;n esta lectura, la existencia de un gobierno de talibanes afganos deb&iacute;a impedirse a toda costa, ya que la seguridad de EE.UU. &ndash; y por tanto la del &ldquo;mundo occidental&rdquo;- estaba en juego.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo pronosticado no sucedi&oacute;: </strong>ni los ataques se repitieron, ni el gobierno talib&aacute;n desapareci&oacute;; y 20 a&ntilde;os despu&eacute;s la duplicaci&oacute;n de escenas como las de Saig&oacute;n en 1975 &ndash;civiles desesperados luchando por subirse a un avi&oacute;n, cubiertos de sangre, con destino a EE.UU., mientras ISIS comete otro atentado atroz en el aeropuerto de Kabul- se reproducen en las pantallas de la televisi&oacute;n global. La derrota norteamericana a manos de una guerrilla asi&aacute;tica -mientras Washington disputa la hegemon&iacute;a mundial con Pek&iacute;n- vuelve a poner en circulaci&oacute;n un viejo aforismo mao&iacute;sta: <strong>el imperialismo es un tigre de papel. </strong>Y los afilados colmillos nucleares no resultan, una vez m&aacute;s, de excesiva utilidad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una pregunta se impone: &iquest;C&oacute;mo y por qu&eacute; se lleg&oacute; a semejante situaci&oacute;n? Dicho de otro modo: &iquest;c&oacute;mo se arm&oacute; esa trampa?. Un punteo hist&oacute;rico conceptual permite entender.&nbsp; El presidente George W. Bush -de dudosa legitimidad pol&iacute;tica, ya que su victoria electoral para muchos resultaba vidriosa- prometi&oacute; erradicar el terrorismo global.&nbsp; Reci&eacute;n entonces trep&oacute; en las encuestas de opini&oacute;n.<strong> Esa fue la respuesta oficial al atentado contra las torres gemelas</strong>. La desmesura de la promesa s&oacute;lo se comprende como contracara de la debilidad de Bush. No era el presidente que no pudo impedir los atentados, sino <strong>el jefe de una cruzada contra el fundamentalismo musulm&aacute;n.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como la URSS hab&iacute;a implosionado una d&eacute;cada atr&aacute;s,&nbsp; la tesis de Samuel Huntington&nbsp; (Foreign Affairs, 1993) organiz&oacute; el nuevo paradigma interpretativo; el choque de civilizaciones sustituy&oacute; la guerra fr&iacute;a y en Kabul ese choque alcanzaba proporciones absolutas; la distancia entre lo que un ciudadano entiende por derechos individuales y la versi&oacute;n talib&aacute;n de la sharia musulmana, resulta irrecorrible. Bush pidi&oacute;&nbsp; -es una forma de contarlo- a los talibanes afganos, que ya controlaban la mayor parte del pa&iacute;s, la entrega de los l&iacute;deres de Al Qaeda, incluido Osama bin Laden. No sucedi&oacute;. De modo que quienes hab&iacute;an sido considerados por los Estados Unidos, durante la d&eacute;cada del 80, &ldquo;combatientes antisovi&eacute;ticos por la libertad&rdquo;, ahora&nbsp; pasaron a ser, de la noche a la ma&ntilde;ana, enemigos jurados de la civilizaci&oacute;n occidental, por rechazar esa amable invitaci&oacute;n de George W. Bush.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El presidente adopt&oacute;&nbsp; la r&eacute;plica dura:<strong> invadir Afganist&aacute;n.</strong> El 18 de septiembre de 2001, el Congreso autoriz&oacute; a perseguir a los responsables del 11 de septiembre; aunque los legisladores nunca&nbsp; votaron declarar la guerra, ese no fue un obst&aacute;culo y el 7 de octubre de 2001, el Ej&eacute;rcito de los Estados Unidos lanz&oacute; la Operaci&oacute;n Libertad Duradera,&nbsp;con el apoyo del Reino Unido: ataques a&eacute;reos contra objetivos de Al Qaeda y los talibanes. <strong>Era insuficiente. </strong>Para noviembre los primeros 1.300 soldados estadounidenses aterrizaron en Kabul. Cifra que no dej&oacute; de incrementarse hasta el 2011, cuando<strong> totaliz&oacute; 110.000 soldados.</strong> La curva de crecimiento&nbsp; de hombres y pertrechos registr&oacute; <strong>una continua fuga hacia adelante. </strong>Para vencer siempre hac&iacute;an falta m&aacute;s tropas, hasta que la posibilidad misma de contar con ellas se transform&oacute; en nuevo problema pol&iacute;tico. Reemplazar bajas no se resolv&iacute;a tercerizando mercenarios. Y la creaci&oacute;n de un ej&eacute;rcito afgano, capaz de enfrentar talibanes, nunca pas&oacute; de fantas&iacute;a pol&iacute;tica. En teor&iacute;a si ese ej&eacute;rcito existi&oacute;, deb&iacute;a defender Kabul, pero a la hora de la verdad no ofreci&oacute; la menor resistencia. <strong>La similitud con Vietnam no puede ser mayor.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Regresemos al inicio. Las fuerzas de Bush derrocaron al r&eacute;gimen talib&aacute;n, y rodearon a Bin Laden en el complejo de cuevas de Tora Bora, al sureste de Kabul. Hasta que finalmente&nbsp; cruz&oacute; la frontera hacia Pakist&aacute;n. Pero como el gobierno pakistan&iacute; era una fuerza &ldquo;amiga&rdquo;, extender la guerra hasta su territorio exced&iacute;a los objetivos. Y la frontera organiz&oacute; una suerte de santuario, que Bin Laden utiliz&oacute; durante una d&eacute;cada.
    </p><p class="article-text">
        En mayo de 2003, el Pent&aacute;gono sostuvo que en Afganist&aacute;n la guerra hab&iacute;a terminado. Al menos la batalla decisiva por el control del territorio. &iquest;El nuevo enfoque?: reconstruir un pa&iacute;s devastado por una guerra eterna; la reconstrucci&oacute;n, que tampoco sucedi&oacute;, ir&iacute;a acompa&ntilde;ada por la instalaci&oacute;n de un sistema pol&iacute;tico occidental<strong>: la rep&uacute;blica isl&aacute;mica. </strong>Muchas de las restricciones anteriores desaparecieron;&nbsp; miles de mujeres j&oacute;venes pudieron asistir a la escuela, salir de casa y trabajar.<strong> Pero los talibanes saben esperar.</strong> La segunda etapa de la guerra contra el terrorismo mundial, la invasi&oacute;n de&nbsp;Irak, se abri&oacute; paso. &nbsp;Kabul perdi&oacute; centralidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 20 de marzo de 2003, Estados Unidos y Gran Breta&ntilde;a sin autorizaci&oacute;n de las Naciones Unidas, con el respaldo de Espa&ntilde;a, Italia, Polonia y Australia, invadieron Irak. Washington sostuvo que el ataque era indispensable: Saddam Husein&nbsp; &ndash;-declam&oacute; Bush- pose&iacute;a&nbsp;armas de destrucci&oacute;n masiva. <strong>La falsedad no pod&iacute;a ser mayor. </strong>Jam&aacute;s se encontraron semejantes armas.&nbsp; La tesis de Huntington (el choque de civilizaciones) vol&oacute; por los aires: Francia y Alemania, que deb&iacute;an integrar la coalici&oacute;n occidental y respaldar la guerra, se opusieron frontalmente en&nbsp; compa&ntilde;&iacute;a de Rusia y China.<strong> La delimitaci&oacute;n civilizatoria hab&iacute;a sido sobredimensionada. </strong>Era la primera vez que la OTAN, desde 1946, no ten&iacute;a pol&iacute;tica militar unificada; vale decir, a 10 a&ntilde;os de finalizada la guerra fr&iacute;a la OTAN -dise&ntilde;ada para librarla- <strong>entraba en crisis irreversible.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La invasi&oacute;n a Irak desencaden&oacute; una guerra cuyo &uacute;nico objetivo termin&oacute; siendo el derrocamiento del gobierno encabezado por&nbsp;Sadam Husein. El&nbsp;9 de abril&nbsp;de&nbsp;2003 fue alcanzado. Bush dio a conocer la &ldquo;verdadera&rdquo; raz&oacute;n&nbsp; de la invasi&oacute;n: los servicios de inteligencia sosten&iacute;an que&nbsp;Sadam&nbsp;manten&iacute;a relaciones secretas con los talibanes. Otra versi&oacute;n indemostrable, y el &ldquo;choque civilizatorio&rdquo; se transform&oacute; en control del petr&oacute;leo iraqu&iacute; por parte de USA.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Opio y pol&iacute;tica</strong>
    </p><p class="article-text">
        La historia del negocio de la droga en Asia Central est&aacute; &iacute;ntimamente relacionada con las operaciones encubiertas de la CIA. Antes de la guerra afgano-sovi&eacute;tica, la producci&oacute;n de opio en Afganist&aacute;n y Paquist&aacute;n iba dirigida a los peque&ntilde;os mercados vecinos. No hab&iacute;a producci&oacute;n local de hero&iacute;na. El estudio de Alfred McCoy confirma que despu&eacute;s de la presencia sovi&eacute;tica &ldquo;los campos lim&iacute;trofes entre Afganist&aacute;n y Paquist&aacute;n<strong> se convirtieron en los mayores productores de hero&iacute;na del mundo, </strong>abasteciendo al 60 por ciento de la demanda de los EEUU&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La CIA controlaba el tr&aacute;fico de hero&iacute;na. A medida que las guerrillas de los talibanes iban conquistando territorio, reduciendo la ocupaci&oacute;n sovi&eacute;tica, ordenaban a los campesinos que plantaran opio como impuesto revolucionario. Al otro lado de la frontera, en Paquist&aacute;n, los l&iacute;deres afganos, bajo la protecci&oacute;n de la inteligencia paquistan&iacute;, pon&iacute;an en marcha laboratorios de hero&iacute;na. Durante los 80, d&eacute;cada de lucha contra el tr&aacute;fico de drogas, la sede de la DEA en Islamabad no consegu&iacute;a capturas. Los funcionarios norteamericanos se negaban a investigar a sus aliados afganos &ldquo;porque la pol&iacute;tica contra los narc&oacute;ticos en Afganist&aacute;n estaba subordinada a la guerra contra la influencia sovi&eacute;tica en el pa&iacute;s&rdquo;,&nbsp; sostuvo Charles Cogan a cargo de la CIA en Afganist&aacute;n. En 1995, Cogan, admiti&oacute; que hab&iacute;an sacrificado esa lucha para vencer. &ldquo;Nuestra misi&oacute;n principal era hacer el mayor da&ntilde;o posible a los sovi&eacute;ticos. En realidad no ten&iacute;amos ni los recursos ni el tiempo suficiente para dedicarlo a la investigaci&oacute;n del tr&aacute;fico de drogas. Pero el objetivo principal se consigui&oacute;. Los sovi&eacute;ticos abandonaron Afganist&aacute;n&rdquo;. Los sovi&eacute;ticos sin duda, la hero&iacute;na no.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>La escalada dem&oacute;crata&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En 2009, los generales recomendaron a Barak Obama un &ldquo;aumento&rdquo; de tropas para debilitar a los talibanes. <strong>El entonces vicepresidente Biden dio a conocer su oposici&oacute;n;</strong> Obama acept&oacute; la propuesta del Pent&aacute;gono. Al tiempo que se compromet&iacute;a con un calendario de retirada para el 2011. En agosto de 2010, las fuerzas superaron los 100.000 efectivos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La CIA descubri&oacute;&nbsp; a Bin Laden en Pakist&aacute;n durante mayo del 2011.&nbsp; No deja de ser curioso que el terrorista m&aacute;s buscado estuviera en territorio &ldquo;aliado&rdquo;, que los EE.UU no lo juzgara tras capturarlo vivo, y <strong>que lo ejecutara sumariamente por orden directa del presidente Obama. </strong>Los chismes sobre los negocios compartidos entre la poderosa familia saud&iacute; de Bin Laden, con la poderosa familia Bush, volvieron a circular. Pero Bin Laden ya no ten&iacute;a oportunidad de confirmarlos ni desmentirlos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Obama anunci&oacute; el fin de las principales operaciones militares en Afganist&aacute;n, el 31 de diciembre de 2014. Era claro, 13 a&ntilde;os despu&eacute;s, que EE.UU. no hab&iacute;a podido estabilizar un gobierno af&iacute;n. Nuevas disminuciones de tropas pusieron a Washington en camino de la retirada total. Cuando su mandato conclu&iacute;a, Obama entendi&oacute; que la fr&aacute;gil situaci&oacute;n de&nbsp; Kabul imped&iacute;a completarla.<strong> 10.000 soldados todav&iacute;a permanec&iacute;an&nbsp; en Afganist&aacute;n,</strong> y el presidente dijo que depender&iacute;a de su sucesor decidir c&oacute;mo continuar. Traducido, retirarse no era otra cosa que aceptar la derrota, y Obama no estaba dispuesto a pagar el precio: clausurar esa posverdad militar.
    </p><p class="article-text">
        Como candidato Donald Trump prometi&oacute; traer las tropas a casa. <strong>No cumpli&oacute;.</strong> Hacerse cargo de la derrota, y de la emergencia de otro grupo fundamentalista, a&uacute;n m&aacute;s intransigente con EE.UU. como ISIS, lo abrum&oacute;. En agosto de 2017 el presidente explic&oacute; el cambio de parecer; record&oacute; que su instinto hab&iacute;a sido retirar a todas las tropas,<strong> pero las condiciones lo volv&iacute;an imposible.</strong> Dej&oacute; abierto el problema rechazando un cronograma para la retirada final. Un a&ntilde;o despu&eacute;s Trump volvi&oacute; a virar. Encarg&oacute; reci&eacute;n entonces a Zalmay Khalilzad, experimentado diplom&aacute;tico afgano-estadounidense, negociaciones directas. En febrero de 2020 alcanzaron un acuerdo: <strong>retirada total a cambio de garant&iacute;as pol&iacute;ticas</strong>; los talibanes reducir&iacute;an la violencia y cortar&iacute;an&nbsp; lazos con grupos terroristas como ISIS. <strong>Nada asegura esas promesas.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Joe Biden cumple el acuerdo que no negoci&oacute;, de la guerra que siempre rechaz&oacute;, en condiciones atroces. Ning&uacute;n dirigente de una potencia global puede desconocer la historia que lo antecede. Solo puede, a veces, enmendarla. Resta saber si este es o no el caso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>AH</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Horowicz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/ee-uu-afganistan-continua-fuga-adelante_129_8254924.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Aug 2021 03:04:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[EEUU en Afganistán: una continua fuga hacia adelante]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Afganistán,EE.UU.,Joe Biden,Donald Trump,Barack Obama,Osama bin Laden]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marx, los 150 años de la Comuna de París y la posverdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/marx-150-anos-comuna-paris-posverdad_129_8165665.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f334b584-460d-4aa5-ae30-69c2ead9cd29_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Marx, los 150 años de la Comuna de París y la posverdad"></p><p class="article-text">
        Los n&uacute;meros redondos potencian el efecto.&nbsp;Hace 150 a&ntilde;os, en 1871, los trabajadores de Par&iacute;s inventaron la Comuna: primer gobierno obrero y popular directo de la historia. Karl Marx comprendi&oacute; inmediatamente la significaci&oacute;n de <strong>esto que llam&oacute;&nbsp;&ldquo;asalto al cielo&rdquo;</strong>. Como resid&iacute;a en Londres,&nbsp; solo el Estrecho de Calais lo separaba del experimento revolucionario. La eventualidad de que Marx intentara conocer de primera mano la marcha de los acontecimientos puede ser considerada. Pero como no sucedi&oacute;, esta posibilidad admite dos estatutos: el de las preguntas (&iquest;por qu&eacute;, estando tan cerca, no intent&oacute; participar?) o el&nbsp;especulativo-ficcional (&iquest;C&oacute;mo&nbsp; podr&iacute;a haber intervenido?).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un ba&ntilde;o ficcional de Comuna, sin que les lectores tengan que desempolvar apolillados documentos, termin&oacute; siendo el camino literario de Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot. Conocedores serios del tema, enfrentan las actuales condiciones de retroceso de la izquierda europea mediante un trabajo riguroso, de divulgaci&oacute;n hist&oacute;rica, armado con instrumentos literarios: imaginan que Marx s&iacute; cruz&oacute; el Estrecho de Calais con su hija Jenny, imaginan un Diario &iacute;ntimo de Jenny recientemente descubierto que relata este viaje. Una buena opci&oacute;n para introducirse a un complejo problema de la teor&iacute;a pol&iacute;tica marxista.
    </p><p class="article-text">
        En la edici&oacute;n francesa del trabajo el car&aacute;cter ficcional queda debidamente destacado. En la argentina (que acaba de publicar Colihue, bajo el t&iacute;tulo <em>Marx en Paris 1871. El &ldquo;cuaderno azul&rdquo; de Jenny</em>), reci&eacute;n en el Postfacio, al final del libro,&nbsp;nos enteramos que se trata de &ldquo;pol&iacute;tica ficci&oacute;n&rdquo;; en la contratapa leemos, en cambio: &ldquo;A 150 a&ntilde;os de esa espl&eacute;ndida alborada en la que el pueblo parisino, seg&uacute;n las c&eacute;lebres palabras de Marx, se dispuso a crear una nueva sociedad, resplandeciendo de entusiasmo por su iniciativa hist&oacute;rica, la publicaci&oacute;n de este diario de Jenny Marx &ndash; l&uacute;cida y suspicazmente editado por Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot- ofrece una biograf&iacute;a insidiosa de la Comuna, construida a partir de las miradas agudas de Karl Marx y de su hija&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De modo que un lector que no lee el Postfacio cree que est&aacute; ante un &ldquo;diario de Jenny Marx &ndash; l&uacute;cida y suspicazmente editado por Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot&rdquo;. Entonces, <strong>lo que es &ldquo;pol&iacute;tica ficci&oacute;n o de historia imaginaria&rdquo; se presenta como Historia a secas.</strong> Conviene recordar que de un libro, lo primero que se observa es la tapa. Con tipograf&iacute;a fuerte leemos: <strong>Marx en Par&iacute;s 1871</strong>; <strong>El &ldquo;cuaderno azul&rdquo; de Jenny</strong> se lee en tipograf&iacute;a m&aacute;s leve, abajo. Dos nombres encabezan la tapa: Mich&auml;el L&ouml;wy - Olivier Besancenot. Y la contratapa nos permite saber que&nbsp; este diario fue &ldquo;editado por Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot&rdquo;.&nbsp;De modo que forman parte de la tapa en su car&aacute;cter de editores del documento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Guiado por una tapa y contratapa enga&ntilde;osas, al iniciar la lectura&nbsp;pens&eacute; que estaba ante un documento in&eacute;dito. &iexcl;150 a&ntilde;os despu&eacute;s aparece un diario de la visita clandestina de Marx a la Comuna, redactado por su hija Jenny! &iexcl;Incre&iacute;ble! Sin embargo, al adentrarme en <strong>el libro el desagrado fue creciendo.</strong> Un lector avisado no necesita llegar al postfacio para sospechar que no est&aacute; ante un documento hist&oacute;rico. Pero sospechar no es saber. Confieso que el encuentro entre Arthur Rimbaud, Jenny y Karl fue mucho para el precepto de la verosimilitud, francamente no alcanza la mejor de las resoluciones. Que un Rimbaud de 20 a&ntilde;os act&uacute;e como un &ldquo;poeta inmortal&rdquo;, que Jenny lo relate como si fuera perfectamente consciente de su lugar en el canon literario, aunque ni ella ni&nbsp; Karl ten&iacute;an c&oacute;mo saber qu&eacute; pasar&iacute;a con ese muchacho entusiasta militando por la poes&iacute;a en plena Comuna de Par&iacute;s, suena excesivo. En ese punto me sent&iacute; estafado por la tapa y la contratapa: me hab&iacute;an prometido un documento, no ficci&oacute;n literaria. Fui a Google, fui a la edici&oacute;n francesa y ah&iacute; estaba claramente la palabra con la que se presentaba desde la primera letra la edici&oacute;n original del libro: una ucron&iacute;a, una ficci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; la traducci&oacute;n no aporta esa informaci&oacute;n decisiva?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se trata de desconsiderar la erudita labor de L&ouml;wy y Bensancenot -quienes no tienen ninguna responsabilidad en este desaguisado-, sino de entender que este &ldquo;error&rdquo; editorial, no aclarar el car&aacute;cter ficcional del texto,<strong> opera en las condiciones de una sociedad global afectada por la postverdad.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Tapa del libro &quot;Marx en París 1871. El &#039;cuaderno azul&#039; de Jenny&quot;                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Cuando tiembla la distancia entre Historia e historieta&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Posverdad&#8203; o&nbsp;mentira emotiva,&nbsp;neologismo que describe una distorsi&oacute;n deliberada; distorsi&oacute;n donde los hechos objetivos tienen menos influencia que las emociones&nbsp;y las creencias personales.&nbsp;&iquest;El objetivo? Modelar la&nbsp;opini&oacute;n p&uacute;blica, influir en el comportamiento social.&#8203; Si el Corto Malt&eacute;s participa del sitio de Petrogrado, sabemos que es un recurso ficcional. Cuando el personaje de Hugo Pratt escribe sus Memorias no se trata de un documento, no es un testimonio directo aunque sea posible leer el impacto del mundo real en esa estructura literaria. No como quien lee estad&iacute;sticas, sino con los instrumentos de la cr&iacute;tica literaria o de la sensibilidad lectora. Interpretando.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En rigor,<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Posverdad" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong> la posverdad es&nbsp;una falsedad</strong></a><strong>. </strong>Una&nbsp;estafa&nbsp;armada&nbsp;como instrumento de&nbsp;manipulaci&oacute;n c&iacute;nica y consciente. El concepto fue elaborado por el bloguero David Roberts en el 2010. Roberts acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino &ldquo;pol&iacute;tica de la posverdad&rdquo; en la revista electr&oacute;nica&nbsp;<em>Grist</em>&nbsp;el 1 de abril de 2010; la defini&oacute; como una cultura pol&iacute;tica en la que la opini&oacute;n p&uacute;blica y la narrativa de los medios de comunicaci&oacute;n se han desconectado.&#8203; Una combinaci&oacute;n producida por la imposici&oacute;n que trae la TV de cable al plantear un&nbsp; ciclo de noticias de veinticuatro horas (rara vez hay reales noticias period&iacute;sticas a cada instante, entonces&hellip;a inventarlas), y por la creciente presi&oacute;n&nbsp;de las redes sociales sobre los contenidos period&iacute;sticos. Por esa ancha avenida comunicacional transita la postverdad.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el Oxford, un diccionario suficientemente erudito, el t&eacute;rmino &ldquo;posverdad&rdquo; es anterior al bloguero Roberts: fue usado por primera vez en un ensayo de 1992 por el dramaturgo serbio-estadounidense Steve Tesich, en la revista neoyorquina <em>The Nation</em>. Al ocuparse de la&nbsp;Guerra del Golfo, escribi&oacute;: &ldquo;Nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en alg&uacute;n mundo de posverdad&rdquo;. Es que una guerra vista en tiempo real por televisi&oacute;n, con largas secuencias de combate, plante&oacute; un problema conceptual: &iquest;c&oacute;mo distinguir ese noticiero de la pel&iacute;cula que viene a continuaci&oacute;n, despu&eacute;s de los avisos? Peor a&uacute;n, &iquest;c&oacute;mo distinguir cuatro adolescentes que juegan en red, por computadora, un juego de guerra, del artillero sentado frente a una pantalla en un portaaviones, mientras dispara y mata? &iquest;Y del que ni est&aacute; en el portaaviones, porque maneja un dron?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el primer caso, la adrenalina infantil no tiene consecuencias,&nbsp;sigue siendo otro modo de jugar al polic&iacute;a y ladr&oacute;n en la plaza del barrio. En el otro, aunque la persona no est&aacute; en una trinchera ni embarra el uniforme de combate, destroza con fuego preciso a un enemigo militar. Cuando esas diferencias se aplanan, la guerra se transforma en un espect&aacute;culo. El horror se estetiza, desaparece&nbsp; su potencia cr&iacute;tica. Pero cuidado, este &ldquo;espect&aacute;culo&rdquo; mata y adem&aacute;s est&aacute; m&aacute;s pr&oacute;ximo a la lucha entre gladiadores romanos que a un match de box en el Madison Square Garden. No obstante, los tres &ldquo;shows&rdquo; son consumidos en la misma pantalla, con avisos similares, por iguales espectadores. La confusi&oacute;n, la alienaci&oacute;n, no puede ser mayor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo que en los inicios fue una astuta estratagema para reorientar la opinión pública termina siendo el modo en que esa opinión desconfía absolutamente de todo. Así la postverdad triunfa, destruyendo la posibilidad misma de averiguar.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Entonces de la postverdad nos deslizamos a la <em>Post-democracy.</em>&nbsp;Colin Crouch&nbsp;utiliz&oacute; as&iacute; ese concepto: modelo pol&iacute;tico donde &ldquo;las elecciones ciertamente existen y pueden cambiar los gobiernos&rdquo; pero &ldquo;el&nbsp;debate&nbsp;electoral es un espect&aacute;culo controlado por equipos rivales de profesionales expertos en t&eacute;cnicas de&nbsp;persuasi&oacute;n,&nbsp;considerando una peque&ntilde;a gama de temas seleccionados por esos equipos&rdquo;. Crouch lo atribuye directamente a la industria publicitaria, a una comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica basada en la deshonestidad. Algo permanece en las sombras: &iquest;a qu&eacute; se debe tanta deshonestidad simult&aacute;nea? &iquest;Antes &eacute;ramos m&aacute;s honestos?
    </p><p class="article-text">
        El Oxford declar&oacute;&nbsp;<em>post-truth</em>&nbsp;(posverdad) como la palabra internacional del a&ntilde;o 2016; registra un aumento de 2.000&nbsp;% en su uso, si se compara con el 2015. Los rumores falsos (la supuesta religi&oacute;n musulmana del presidente Barak Obama) se convierten en temas pol&iacute;ticos importantes. &#8203;La etiqueta &ldquo;posverdad&rdquo; fue usada, adem&aacute;s, para describir tanto la&nbsp;campa&ntilde;a presidencial de Donald Trump, como el debate pol&iacute;tico argentino contempor&aacute;neo.&nbsp;Las elecciones presidenciales del 2015 y las del 2019 deben inteligirse desde ese nuevo &aacute;ngulo de lectura. Conviene recordar la siguiente paradoja. Las encuestas, utilizadas para la exitosa construcci&oacute;n de la postverdad, miden la desconfianza absoluta de la audiencia en los medios de comunicaci&oacute;n que las divulgan. El 65% de los lectores de diarios, en la Argentina, desconf&iacute;a de lo que lee. En este punto hemos alcanzado una suerte de curva perfecta y tremenda: lo que en los inicios fue una astuta estratagema para reorientar la opini&oacute;n p&uacute;blica termina siendo el modo en que esa opini&oacute;n desconf&iacute;a absolutamente de todo. As&iacute; la postverdad triunfa, destruyendo la posibilidad misma de averiguar. Esa es la c&iacute;nica propuesta que atraviesa el mundo de los signos.
    </p><p class="article-text">
        Es tiempo de volver a nuestro punto de partida: la leg&iacute;tima ficci&oacute;n pol&iacute;tica de Mich&auml;el L&ouml;wy y Olivier Besancenot que un editor empuj&oacute; hacia las procelosas aguas del equ&iacute;voco.&nbsp;Basta que un lector confundido asegure que Marx particip&oacute; de la Comuna y su hija Jenny document&oacute; la experiencia, que lo haga de la mejor fe, para que un s&oacute;lido suceso hist&oacute;rico -la Comuna misma- sufra la erosi&oacute;n de la sospecha.&nbsp;Y la sospecha &ndash;qui&eacute;n lo ignora&ndash; no solo termina con la reputaci&oacute;n mejor avalada, sino con la posibilidad misma de disponer de tal cosa. Por eso ahora no se habla m&aacute;s de reputaci&oacute;n, sino de imagen positiva. Es decir: lo que aun sobrevive cuando la reputaci&oacute;n ha sido definitivamente enterrada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Horowicz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/marx-150-anos-comuna-paris-posverdad_129_8165665.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Jul 2021 03:02:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Marx, los 150 años de la Comuna de París y la posverdad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Karl Marx,Posverdad,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Horacio en el barro de la Historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/horacio-barro-historia_129_8068217.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6bd3bf16-8169-4ca1-8d83-b212dc6f4524_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Horacio en el barro de la Historia"></p><p class="article-text">
        <em><strong>El fiord intenta explorar los l&iacute;mites de la lengua narrativa, aglutinando en sus &ldquo;puntos de tensi&oacute;n&rdquo; todas las significaciones de una escena revolucionaria crispada, considerada como un suplicio tot&eacute;mico de los cuerpos y el lenguaje. El efecto intolerable que buscaba esa escritura que, m&aacute;s que pensar la violencia, intentaba inventarle un idioma con su vocabulario y&nbsp; gram&aacute;tica completa, era el de poner a prueba todo el armaz&oacute;n de la literatura nacional.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Horacio Gonz&aacute;lez, &ldquo;El boom: rastros de una palabra en la literatura y la cr&iacute;tica argentina&rdquo;. Volumen XI, </strong><em><strong>Historia Cr&iacute;tica de la Literatura Argentina</strong></em><strong>.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Contra mi voluntad me he transformado &ndash; pandemia mediante &ndash; en redactor de obituarios. No termino de acomodar en mi cabeza la muerte de Juan Forn, cuando irrumpe la de Horacio Gonz&aacute;lez. Antes Pablo Lev&iacute;n y un rato antes, Adri&aacute;n Blanco. Mis amigos caen en fila india. <strong>El talento no los guarece de este tiempo cruento, y la sociedad no cuida a nadie.</strong> No es esa exactamente una novedad.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La revista <em>Unidos</em>, en la d&eacute;cada del 80 del siglo pasado,&nbsp; tuvo en Horacio uno de sus brillantes protagonistas. Acababa de ser derrotado electoralmente el peronismo, algo que se cre&iacute;a imposible. Entonces, el peronismo deb&iacute;a reconvertirse y Horacio puso manos a la obra. Antes, el tercer peronismo, ese que nace con el regreso del general Per&oacute;n a la Argentina en 1972, tambi&eacute;n hab&iacute;a sido vencido, y de modo bastante m&aacute;s terrible que en un accidente electoral. Entonces, todos los que apostamos a la transformaci&oacute;n revolucionaria de Am&eacute;rica Latina hab&iacute;amos sido diezmados en simultaneidad.&nbsp; No necesariamente lo metabolizamos tan claro, pero hab&iacute;a sido as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        1976 simboliza esta llaga tr&aacute;gica. Y <em>Unidos</em> intent&oacute;, junto a la renovaci&oacute;n peronista, pensarla en sus propios t&eacute;rminos. <strong>Horacio Gonz&aacute;lez asumi&oacute; en primera persona del plural esa pesada tarea hist&oacute;rica</strong>. Por eso, como &eacute;l afirma que hizo Osvaldo Lamborghini en <em>El Fiord,</em> &ldquo;puso a prueba todo el armaz&oacute;n&rdquo; de lo que entend&iacute;amos entonces por pol&iacute;tica nacional. Es decir, all&iacute; inici&oacute; la tarea que demand&oacute; el resto de su vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el n&uacute;mero 10 de <em>Unidos</em>, Horacio escribe sobre&nbsp; &ldquo;Actualizaci&oacute;n pol&iacute;tica y doctrinaria para la toma del poder&rdquo; (una entrevista al general Per&oacute;n, filmada por Octavio Getino y Pino Solanas), reflexiona sobre la l&oacute;gica m&iacute;tica del peronismo y dice: &ldquo;&hellip; la historia de la Patria contada por quien era una de sus &uacute;ltimas encarnaciones. Per&oacute;n acepta de buen grado el esquema conceptual propuesto, pero en muchos momentos se nota una disparidad de contenidos.&nbsp; El historicismo de Solanas era uno, el de Per&oacute;n otro. El primero era tercermundista estricto, basado en un realismo hist&oacute;rico radical, en secuencias de acciones cada vez m&aacute;s lineales y definidas, hasta que los pueblos y el imperialismo se encontraban, por &uacute;ltima vez, en el terreno de confrontaci&oacute;n de las sociedades modernas, industrializadas y dependientes. El historicismo de Per&oacute;n conten&iacute;a todo eso, pero subordinadamente. Era, en realidad, <strong>un&nbsp; historicismo basado mucho menos en el libre albedrio de la historia que en el libre albedri&oacute; del conductor</strong>&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dicho con sencillez: <strong>Horacio entiende que aceptar el peronismo supone admitir los l&iacute;mites de Per&oacute;n o intentar quebrarlos contra el propio general.</strong> Per&oacute;n hab&iacute;a convocado a los m&aacute;s radicalizados para enfrentar al general Lanusse, pero una vez salteada la valla electoral puso el l&iacute;mite del 20 de junio. El socialismo nacional qued&oacute; para mejor oportunidad. Los que lo aceptaron sin rechistar no tuvieron mayores inconvenientes, para los otros estaba la &ldquo;Triple A&rdquo;. Nuestra generaci&oacute;n eligi&oacute; ampliar de mil modos el &ldquo;libre albedrio de la historia&rdquo;; result&oacute; vencida. Mar&iacute;a Estela Mart&iacute;nez de Per&oacute;n se ocup&oacute; del tema y las organizaciones pol&iacute;tico militares fueron duramente golpeadas.&nbsp; La cacer&iacute;a de militantes alcanz&oacute; su pico a partir del 24 de marzo de 1976. Entre ese yunque y aquel martillo, muri&oacute; la d&eacute;cada del 70.
    </p><p class="article-text">
        Entonces Horacio tuvo que exilarse en Brasil, donde hizo su doctorado. Antes se hab&iacute;a recibido de soci&oacute;logo en Filosof&iacute;a y Letras de la UBA. Con la vuelta democr&aacute;tica se sum&oacute; a <em>Unidos</em> y a la docencia en la Universidad de Buenos Aires.<strong> A la carrera de Sociolog&iacute;a, lugar para todos los que no ten&iacute;amos ninguno. </strong>&nbsp;Escrib&iacute;a copiosamente. Podemos decir que pensaba con los dedos. Y de colaborar con publicaciones de diversa ralea, paso a tener la propia: <em>El ojo mocho</em> termin&oacute; siendo el primer proyecto colectivo que Horacio encabez&oacute;. El grupo con que lo arm&oacute; (Mar&iacute;a P&iacute;a L&oacute;pez, Christian Ferrer, Eduardo Rinesi) era un cruce de disc&iacute;pulos y contertulios. Los que fueron primero alumnos terminaron sum&aacute;ndose con su propia entonaci&oacute;n. J&oacute;venes talentosos que mostrar&iacute;an su val&iacute;a, acompa&ntilde;ada de una marca identitaria: <strong>actuar desde el peronismo, con independencia cr&iacute;tica</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Me top&eacute; con Horacio, en esa &eacute;poca, en la librer&iacute;a Premier. Al lado del cine hom&oacute;nimo, a pasos de La Paz; el torrente de la calle Corrientes nos junt&oacute;. Una magnifica nota que escribiera sobre el celebrado libro de Louise Michel (<em>Mis recuerdos de la Comuna</em>) facilit&oacute; la charla. As&iacute; me enter&eacute; que la bibliogr&aacute;fica sobre <em>Los Cuatro peronismos</em>, que escribi&oacute; en <em>Unidos</em> Mario Wainfeld,&nbsp; deb&iacute;a haber sido escrito por Gonz&aacute;lez. Pero el apuro del cierre y las dificultades de una revista hecha a pulm&oacute;n lo impidieron. &ldquo;Tuviste suerte&rdquo;, me dijo, &ldquo;Mario es menos peronista que yo&rdquo;. Esa fue la primera vez que nos re&iacute;mos con ganas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los 90 so&ntilde;amos libros que nunca escribi&oacute;. Mejor dicho, de los que no fui editor. En una de nuestras largas conversaciones consideramos una &ldquo;historia de las ideas pol&iacute;ticas&rdquo; posterior a la generaci&oacute;n del 80. La idea le encant&oacute;. Propuse un contrato en regla con Planeta, y el cobro de un adelanto significativo. Me hizo saber que no asum&iacute;a semejantes compromisos. Nunca entend&iacute; sus motivos, pero resultaron irreductibles.&nbsp; Eso s&iacute;, tomo la idea y puedo decir, sin exagerar mucho, que <em>Las multitudes argentinas</em> tuvo ese origen. No es poco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La verdadera estatura de Horacio se hizo visible para todos cuando lo nombraron director de la Biblioteca Nacional. Cargo que ejerci&oacute; durante una d&eacute;cada. No fue nada f&aacute;cil. <strong>Con paciencia de lama, sin presupuesto, hostigado por una burocracia insensible, logr&oacute; llevar adelante una tarea imposible para un organismo p&uacute;blico. </strong>Como si quisiera hacer, de eso que hab&iacute;a pensado en Osvaldo Lamborghini, una pol&iacute;tica cultural, &ldquo; m&aacute;s que pensar la violencia&rdquo; argentina,&nbsp; reconstruy&oacute; su &ldquo;idioma con su vocabulario y&nbsp; gram&aacute;tica completa&rdquo;, y lo hizo reproduciendo las publicaciones cr&iacute;ticas que&nbsp; permit&iacute;an socializar sin reduccionismos un tema de tan intensa complejidad (las revistas <em>Contorno</em>, <em>Los Libros</em>, etc). En el pa&iacute;s de los &ldquo;dos demonios&rdquo;, &eacute;l cambi&oacute; el discurso: permiti&oacute; que las enso&ntilde;aciones pulverizadas en la mesa de tortura tuvieran lugar. No solo organiz&oacute; un completo repositorio de textos, adem&aacute;s los puso al alcance de todos, internet mediante. Sin olvidarse de rescatar&nbsp; libros notables, a veces ni siquiera traducidos, como el de Felix Weil,&nbsp; <em>El laberinto argentino;</em> tambi&eacute;n puso en valor a un gran pensador argentino que la derrota y las modas universitarias ninguneaban con impunidad: public&oacute; las obras completas de Le&oacute;n Rozitchner. Que el fil&oacute;sofo marxista argentino m&aacute;s importante circule hoy por Am&eacute;rica Latina, y entre nuestros j&oacute;venes, que se haya traducido por primera vez al ingl&eacute;s, son logros de Horacio, que adem&aacute;s organiz&oacute; en la Biblioteca unas Jornadas sobre Le&oacute;n, cuyas ponencias se publicaron en un tomo, &ldquo;<em>Le&oacute;n Rozitchner: contra la servidumbre voluntaria</em>&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Puesto a pensar, Horacio no ten&iacute;a l&iacute;mite.</strong> La Biblioteca le permiti&oacute; editar, reeditar, organizar ciclos por donde pasaba el coraz&oacute;n de la vida cultural argentina; arm&oacute; con Mar&iacute;a P&iacute;a L&oacute;pez el Museo del libro y de la Lengua, no dej&oacute; nunca de intervenir conceptualmente en la vida p&uacute;blica. Tanto desde Carta Abierta, que lo tuvo de animador intelectual, como desde diversas columnas en los diarios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s pasaron cosas y lleg&oacute;&nbsp; Macr&iacute;; Horacio regres&oacute; a la ense&ntilde;anza p&uacute;blica, a dictar seminarios en la UBA y en todos los lugares donde lo convocaban. Nunca se subi&oacute; a la loma, nunca permiti&oacute; que le cambiaran el jean por un Armani. Nunca dej&oacute; de intercambiar con las nuevas generaciones, de leer la &uacute;ltima literatura&nbsp; argentina, de pensar cualquier nueva idea que irrump&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Nos cruz&aacute;bamos en presentaciones de&nbsp; libros, mesas redondas, cumplea&ntilde;os de amigos.&nbsp; Una obra sobre la crisis del 2008, &ldquo;<em>Las batallas por la renta&rdquo;</em> (Ed. Las Cuarenta),&nbsp; nos junt&oacute; por primera vez en un libro.&nbsp; No fue el &uacute;nico, hay otro que atesoro: cuando Cristian Suksdorf organiz&oacute; <em>Qu&eacute; queda de Los cuatro peronismos</em> (Ed. Octubre), &eacute;l y Eduardo Gr&uuml;ner comentaron con generosidad las vetas de mi libro. Ley&eacute;ndolos, tuve un privilegio: espiar a los integrantes m&aacute;s interesantes de mi generaci&oacute;n mientras pensaban mi caja de herramientas.
    </p><p class="article-text">
        Escribo todo esto y pienso cu&aacute;nto construy&oacute; Horacio en una sociedad que mayoritariamente refuta el pensamiento, cu&aacute;ntas preguntas dej&oacute; escritas en un pa&iacute;s al que las preguntas le molestan, cu&aacute;nta gente nueva lo ley&oacute; y lo admira, cu&aacute;nta fue alentada por su entusiasmo y su audacia. <strong>Nos lega la honestidad intelectual, el compromiso pol&iacute;tico, el amor al conocimiento sin fronteras ni prejuicios y esa capacidad de ser modesto pero hacerse escuchar sin estridencias. Siempre.&nbsp; </strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Horowicz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/horacio-barro-historia_129_8068217.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Jun 2021 14:22:49 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un adiós a Levín, el profesor argentino que corrigió a Marx]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/adios-levin-profesor-argentino-corrigio-marx_129_7962367.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/404ac911-e1aa-43fb-9297-a6a684fc23e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un adiós a Levín, el profesor argentino que corrigió a Marx"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Autor de un libro fundamental, El Capital tecnológico, reconocido profesor de la Universidad de Buenos Aires y mentor intelectual de Axel Kiciloff, Pablo Levín murió esta semana en Buenos Aires. Alejandro Horowicz, colega y amigo suyo, escribe sobre su obra y su vida.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Pocas cosas son m&aacute;s pr&aacute;cticas que una buena teor&iacute;a&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Immanuel Kant
    </p><p class="article-text">
        Carlos Abalo me present&oacute; a Pablo Lev&iacute;n, a fines de las d&eacute;cada del 80, en el Instituto de Investigaciones Econ&oacute;micas (IIE) de la UBA. Precedido por una leyenda urbana, el principal disc&iacute;pulo de Julio H. G. Olivera &ndash; hist&oacute;rico profesor de Econom&iacute;a Pol&iacute;tica, de la UBA y&nbsp; director del IIE&ndash;&nbsp; hab&iacute;a escrito en Venezuela una tesis doctoral que todos esper&aacute;bamos leer. Cosa que sucedi&oacute;, aunque llev&oacute; su tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Lev&iacute;n era ma&ntilde;anero.&nbsp;Se acostaba muy temprano y a las 5 am estaba de pie.&nbsp;Propuso encontrarnos en su despacho del&nbsp;IIE de la calle C&oacute;rdoba a las 7.&nbsp;Negociamos y acept&oacute; a&nbsp;las 9. Con extrema puntualidad acud&iacute; a la cita. Pablo estaba armando un centro de investigaci&oacute;n y quer&iacute;a sumarnos. Ni Carlos ni yo &eacute;ramos de institucionalidad sencilla. Y aunque nos sent&iacute;amos halagados por la propuesta, las dificultades burocr&aacute;ticas que supon&iacute;a terminaron venciendo nuestra endeble capacidad organizativa. El centro existe, como la mayor parte de las instituciones que Pablo apadrin&oacute;, aunque nosotros no fuimos de la partida; se llama Centro de Estudios de la Planificaci&oacute;n y el Desarrollo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el &iacute;nterin no dejamos de intercambiar ideas.&nbsp;Pablo se interes&oacute; por nuestra sistematizaci&oacute;n de los ciclos largos del mercado mundial mediante el uso de las curvas de Kondratiev, sin dejar de sonre&iacute;r frente a las dificultades emp&iacute;ricas que semejante trabajo supon&iacute;a. Todav&iacute;a no sab&iacute;amos que la tesis doctoral de Pablo jugar&iacute;a un papel tan importante en nuestra propia elaboraci&oacute;n.&nbsp;Pero nos fuimos enterando por aproximaciones sucesivas. Pablo ley&oacute; &ldquo;La democracia de la derrota&rdquo; (mi pr&oacute;logo a una edici&oacute;n de <em>Los cuatro peronismos</em>) y me invit&oacute; a dar dos conferencias en el marco de su materia, &ldquo;Historia del pensamiento econ&oacute;mico&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fue una experiencia fuerte. Los alumnos no solo ten&iacute;an le&iacute;do el texto, sino que los ayudantes (Leandro Haberfeld, Axel Kicillof y Eduardo Crespo) preguntaban en serio. Lo que arranc&oacute; como una m&oacute;dica exposici&oacute;n se fue transformando en un rico y complejo debate. Las invitaciones se sucedieron y el intercambio continu&oacute;. Haberfeld utiliz&oacute; una parte en sus trabajos posteriores, con Kiciloff iniciamos un cruce amigable. Y cuando Axel defendi&oacute; su tesis doctoral (con la que Pablo tuvo tanto que ver), pude observar de cerca su rica caja de herramientas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando le&iacute;mos con Abalo una versi&oacute;n mimeografiada de la tesis doctoral que Pablo hab&iacute;a escrito en el exilio venezolano, se nos parti&oacute; la cabeza.<strong> Postulaba una diferencia respecto de la noci&oacute;n de capital en Marx, una diferencia que era fruto de una in&eacute;dita situaci&oacute;n hist&oacute;rica. Levin establec&iacute;a una nueva forma: el capital tecnol&oacute;gico. En Marx, la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica resulta accidental: quien descubre un procedimiento nuevo tiene ventaja sobre sus competidores, hasta que la innovaci&oacute;n se metaboliza.</strong> Los dem&aacute;s la copian y la ventaja&nbsp; del innovador se pierde; la tasa de ganancia, que en el inicio beneficiaba&nbsp; a quien dispon&iacute;a de la novedad t&eacute;cnica, avanza hacia su punto de equilibrio. Como el mercado es finito, la tasa de ganancia tiende a caer cuando este alcanza su l&iacute;mite, cuando ya no es posible ampliarlo. La tendencia hacia la concentraci&oacute;n monop&oacute;lica permite mantenerla relativamente, evitar que caiga, porque elimina a los competidores. Entonces, se produce una reconcentraci&oacute;n entre muy pocos monopolios, asociados a estados nacionales a trav&eacute;s del sistema financiero internacional. El enfrentamiento entre potencias regidas por el capital monopolista (Lenin dixit) se resuelve mediante la guerra.&nbsp; Hasta ac&aacute;, Marx y Lenin. &iquest;Qu&eacute; descubri&oacute; Pablo Lev&iacute;n?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Levin demuestra que la invenci&oacute;n tecnol&oacute;gica accidental se ha transformado &ndash;tercera revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica mediante- en invenci&oacute;n permanente. Pablo establece una nueva diferenciaci&oacute;n cualitativa en los capitales: por un lado, el capital indiferenciado que, como siempre, se reproduce fabricando series de objetos de consumo; por el otro, nace un capital </strong><em><strong>diferenciado</strong></em><strong>, que ya no s&oacute;lo se reproduce, sino que incorpora la innovaci&oacute;n permanente como condici&oacute;n operativa. Lo que antes era un hecho accidental que contribu&iacute;a a ventajas temporales de las empresas se autonomiza como un capital en s&iacute;, capaz de subsumir a todos los dem&aacute;s, porque toda la producci&oacute;n tiene que depender de &eacute;l para funcionar.</strong> As&iacute;, cuando el mercado llega a su l&iacute;mite, la tasa de ganancia no tiene por qu&eacute; reducirse porque gracias al capital tecnol&oacute;gico, el tiempo socialmente necesario para producir riqueza en general tiende a disminuir perpetuamente. Cada vez menos trabajadores y trabajadoras del capital tecnol&oacute;gico, en menos tiempo, producen m&aacute;s.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dos caminos se abren paso para la econom&iacute;a global: 1) Aumentar de continuo el n&uacute;mero de desocupados y mal ocupados p&eacute;simamente retribuidos, soluci&oacute;n tradicional del capitalismo en curso, concentrando la riqueza en un polo hiper rico (el 1% de la poblaci&oacute;n global usufruct&uacute;a m&aacute;s del 50% de la renta). 2) Una dr&aacute;stica reducci&oacute;n de la jornada laboral de todes.&nbsp;Es decir, las condiciones materiales so&ntilde;adas para una sociedad justa, no capitalista, ya est&aacute;n dadas. Que el mundo no se d&eacute; por enterado, que las luchas no logren imponerlo, no supone que la teor&iacute;a no est&eacute; ac&aacute;, al alcance de todos: <strong>Pablo Lev&iacute;n escribi&oacute; la teor&iacute;a econ&oacute;mica del siglo XXI, aunque con un estilo literario pr&oacute;ximo al XIX y un vitri&oacute;lico humor del siglo XX.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando ca&iacute; en la cuenta de la importancia decisiva de su trabajo, propuse que esa versi&oacute;n reproducida como apunte, en el viejo mime&oacute;grafo con est&eacute;ncil,&nbsp;se transformara en libro. Y, finalmente, tras una larga peripecia, la editorial Cat&aacute;logos, en acuerdo con la UBA, en abril de 1997 dio a la luz <em>El capital tecnol&oacute;gico</em>; la aparici&oacute;n de ese libro me transform&oacute; en editor de Lev&iacute;n. Pocas veces me sent&iacute; tan honrado. Siete a&ntilde;os despu&eacute;s, el 23 de noviembre del 2004, el trabajo recibi&oacute; el Premio Nacional de Econom&iacute;a 1996/1999. Es el reconocimiento acad&eacute;mico m&aacute;s relevante para un economista argentino. Reconocimiento que pone en foco el oscuro destino sudamericano de Lev&iacute;n, ya que apenas logr&oacute; atravesar los l&iacute;mites de la lengua castellana.
    </p><p class="article-text">
        Antes, a fines de los 90, presentamos el libro en la Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, con Le&oacute;n Rozitchner. Arracimados, alumnos y alumnas de Lev&iacute;n y un pu&ntilde;ado de colegas festejamos el acontecimiento. A nadie se le escapaba que nos est&aacute;bamos incorporando a una leyenda.&nbsp;<strong>Si en lugar de nacer en Buenos Aires, el azar migratorio lo hubiera premiado con Canad&aacute;, si en lugar de publicar en castellano lo hubiera hecho en ingl&eacute;s, ser&iacute;a hoy considerado en el mundo entero. </strong>En tal caso la divulgaci&oacute;n de su punto de vista tendr&iacute;a otro rango, pero yo me hubiera privado de repasar en su compa&ntilde;&iacute;a &ndash;mientras camin&aacute;bamos por la Reserva Ecol&oacute;gica-&nbsp; los argumentos de mi ensayo, <em>El hurac&aacute;n rojo</em>. <strong>La aptitud de Pablo para una escucha atenta, la generosidad de reconocer una buena idea ajena y ponerse a su servicio, de se&ntilde;alar un problema y aportar un camino de resoluci&oacute;n o una bibliograf&iacute;a, es conocida por quienes lo han tratado.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de ser el economista de producci&oacute;n marxista m&aacute;s relevante en lengua castellana, era un docente excepcional. Basta recorrer las redes sociales para ver los innumerables testimonios de ex estudiantes, tesistas, colegas. Hemos aprendido del sard&oacute;nico humor de Pablo, de su pudorosa aptitud para el afecto, y los que tuvimos la excepcional fortuna de tratarlo de cerca estamos ac&aacute;, intentando convivir con la triste novedad de su ausencia.
    </p><p class="article-text">
        <em>AH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Horowicz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/adios-levin-profesor-argentino-corrigio-marx_129_7962367.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 May 2021 03:05:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un adiós a Levín, el profesor argentino que corrigió a Marx]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 42% de pobres y la vagancia de los intelectuales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/42-pobres-vagancia-intelectuales_129_7374401.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7debee7f-cca3-4efa-8718-fa02db39408f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El 42% de pobres y la vagancia de los intelectuales"></p><p class="article-text">
        Dos &ldquo;utop&iacute;as&rdquo; organizan el imaginario popular de la sociedad Argentina: movilidad social y justicia social. Las separa el tiempo, y las correlaciona el peronismo. Ese v&iacute;nculo configura un horizonte din&aacute;mico compartido. Y<strong> es precisamente ese horizonte, el que est&aacute; en violent&iacute;simo debate. Ac&aacute; y en el mundo entero. Entender c&oacute;mo se llega al 42 % de pobreza actual en Argentina impone una cierta historia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La constituci&oacute;n nacional, en su pre&aacute;mbulo de 1852, invita a &ldquo;todos los hombres de bien&rdquo; a integrar una naci&oacute;n en construcci&oacute;n. Los inmigrantes no leyeron el texto en sus pa&iacute;ses de origen. Pero el hambre que intentaban dejar atr&aacute;s y la diferencia salarial &ndash;un trabajador en 1890 ganaba en G&eacute;nova, o en Marsella, un tercio de lo que se pagaba en Buenos Aires- mostraban que el &ldquo;ascenso social&rdquo; se lograba no bien se bajaba de la cubierta del barco. Los alimentos eran m&aacute;s baratos, de mejor calidad&nbsp; (la carne se inclu&iacute;a entonces por primera vez en su men&uacute; diario), y conseguir empleo resultaba relativamente sencillo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Bastaba con cambiar de escenario para pasar de clase social. Mejor dicho, la misma clase social en Italia o en Espa&ntilde;a no viv&iacute;a del mismo modo que en la Argentina. Por eso la poblaci&oacute;n creci&oacute; impulsada por el torrente inmigratorio.</strong> Una precisi&oacute;n adicional: ni en sus pa&iacute;ses de origen, ni en la Argentina, los que bajaban de los barcos eran ciudadanos. Los extranjeros no votaban, la compacta mayor&iacute;a de los obreros lo era, y hasta 1916 los nativos tampoco pudieron hacerlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bast&oacute; que Hip&oacute;lito Yrigoyen accediera a la presidencia, que el plebeyo comisario de Balvanera encabezara un movimiento popular, para que hijos de inmigrantes, educaci&oacute;n p&uacute;blica mediante, pudieran acceder a los puestos reservados para la oligarqu&iacute;a tradicional. Los apellidos de los ministros radicales lo atestiguan. El presidente Ortiz, que por cierto surge de las fraudulent&iacute;simas elecciones de 1938 contra Alvear, era hijo de inmigrantes espa&ntilde;oles pero al recibirse de abogado, en la UBA, pudo especializarse en finanzas; y la pol&iacute;tica radical le permiti&oacute; ser primero ministro de Justo y despu&eacute;s acceder a la primera magistratura. Nunca en la historia nacional un hijo de extranjeros&nbsp; hab&iacute;a alcanzado la presidencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>A partir de 1945 (salvo para los miembros de los pueblos originarios, las mujeres y los negros) todos los accesos fueron relativamente democratizados.&nbsp;</strong>La utop&iacute;a de la movilidad social y la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica que postul&oacute; la &ldquo;justicia social&rdquo; se vieron reforzadas&nbsp; por la plebeya irrupci&oacute;n de los trabajadores. El 17 de octubre un movimiento de masas impuso candidato presidencial; y el hijo de un matrimonio indocumentado, Juan Per&oacute;n, casado con una &ldquo;actriz&rdquo; mucho m&aacute;s joven, sin reconocimiento paterno, tras una convivencia con estatuto p&uacute;blico, se transform&oacute; en presidente constitucional&nbsp;a los 50 a&ntilde;os. En 1951, con el voto femenino, impulsado por Eva Per&oacute;n, la sociedad argentina se pone a la altura de las pol&iacute;ticamente m&aacute;s avanzadas. En esa fecha la cantidad de senadoras y diputadas superaba las actuales; no reg&iacute;a entonces el cupo femenino, el dedo presidencial dirigido por Evita hizo la diferencia. En esa Argentina todo parec&iacute;a so&ntilde;able.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sociolog&iacute;a urbana, y clases dominantes</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un trabajador mal ocupado, nacido en el interior, se ven&iacute;a a Buenos Aires para mejorar su suerte en la d&eacute;cada del 40 o el 50 del siglo pasado. <strong>Consegu&iacute;a empleo, con las horas extras y el pago de las primeras 3 cuotas acced&iacute;a a un terreno pr&oacute;ximo a la Capital Federal.</strong>&nbsp;Los remates de tierra lo hac&iacute;an posible. Terrenos que pasaban del uso rural al urbano organizaron un ping&uuml;e negocio. Y los fines de semana, acompa&ntilde;ado por su novia y los parientes, trabajadores que viv&iacute;an en conventillos o villas miseria levantaban&nbsp;las primeras paredes de ladrillo. Una casa propia con ba&ntilde;o y cocina, sin red cloacal, crec&iacute;a junto a la familia suburbana. Una vez concluido el revoque fino, colocados los pisos y prolijamente pintadas las paredes con cal, se iniciaba la carrera de los electrodom&eacute;sticos: cocina, heladera, lavarropas, y a partir de la d&eacute;cada del 60: televisor y auto usado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los hijos iban casi todos a la primaria; los varones terminaban en mayor proporci&oacute;n que las chicas la secundaria, pero solo los m&aacute;s esforzados llegaban hasta la universidad. Interesado en una educaci&oacute;n de calidad t&eacute;cnica, el peronismo no solo impuls&oacute; la escuela f&aacute;brica, sino instal&oacute; una universidad para obreros. De modo que un trabajador calificado pod&iacute;a acceder&nbsp; al ansiado t&iacute;tulo de ingeniero. Era un nuevo tope para el cursus honorum que nunca antes hab&iacute;a sido vislumbrado. De modo que&nbsp; justicia social (buenos salarios) y ascenso social (posibilidad de integrarse a la clase media) se dieron definitivamente la mano. Entonces lleg&oacute; la revoluci&oacute;n sexual y la d&eacute;cada del 60.&nbsp; Antes hab&iacute;a ca&iacute;do el peronismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una dura batalla por el destino nacional se desarrolla hasta 1975. <strong>Entre tantos tr&aacute;gicos retrocesos, el 76 primero y la reforma menemista de la educaci&oacute;n despu&eacute;s, le hicieron saber a la sociedad argentina que el hijo de la portera ya no ser&iacute;a doctor. Y el plano inclinado de la degradaci&oacute;n social, de la ca&iacute;da de la participaci&oacute;n popular en el ingreso nacional, se vio acompa&ntilde;ado por el desguace del Estado.</strong> De modo que la educaci&oacute;n y la salud p&uacute;blica perdieron calidad y sus usuarios y trabajadores perdieron ingresos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con precisi&oacute;n Pablo Gerchunoff muestra la traducci&oacute;n matem&aacute;tica de este relato: &ldquo;El PBI por persona creci&oacute; al 2 por ciento anual entre 1880 y 1928, lo que ubic&oacute; a Argentina en el puesto 3 entre 34 pa&iacute;ses que se pudieron computar para la &eacute;poca; entre 1928 y 1958 &ndash;la primera fase de la industrializaci&oacute;n protegida&ndash; creci&oacute; al 1 por ciento anual, lo que ubic&oacute; a Argentina en el puesto 37 entre 54 pa&iacute;ses; entre 1958 y 1974 &ndash;con centro en el desarrollismo de los a&ntilde;os 60&ndash; creci&oacute; al 1,8 por ciento anual, lo que ubic&oacute; a Argentina en el puesto 97 entre 156 pa&iacute;ses; entre 1974 y 2011 &ndash;la globalizaci&oacute;n hasta que &eacute;sta proyectara sus primeras sombras&ndash; creci&oacute; al 0,9 por ciento anual, lo que ubic&oacute; a Argentina en el puesto 100 entre 152 pa&iacute;ses; entre 2011 y 2019 &ndash;la globalizaci&oacute;n inestable&ndash;&nbsp;<em>decreci&oacute;</em>&nbsp;al 1,3 por ciento anual, lo que ubic&oacute; a Argentina en el puesto 151 entre 166 pa&iacute;ses (solo naciones en guerra quedaron detr&aacute;s)&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los n&uacute;meros son rigurosos. <strong>Pocas veces se ha realizado una radiograf&iacute;a m&aacute;s sint&eacute;tica y m&aacute;s cruel de la incompetencia del bloque de clases dominantes de la sociedad argentina. Clases que son dominantes pero de ning&uacute;n modo dirigentes, que no promueven programa alguno, y que salvo formar parte de la lista Forbes no tienen proyecto.</strong> La pregunta obvia -por qu&eacute; decrece este decisivo indicador- no se hace;&nbsp; y sin embargo tiene&nbsp;una respuesta cantada: <strong>la inversi&oacute;n privada decrece.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;adonde fue a parar la inversi&oacute;n? Si se compara la deuda externa hist&oacute;rica con la fuga de capitales se comprueba que casi resultan intercambiables. Y si se registra que la fuga asciende 1,6 veces el producto bruto de la argentina del 2015, termina quedando claro donde est&aacute; lo que no se invirti&oacute;: en el sistema financiero internacional. La fuga de capitales, durante el gobierno de Mauricio Macri, no es m&aacute;s que ese comportamiento estructural.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por eso la sociedad argentina es todos los d&iacute;as m&aacute;s desdichada como comunidad, el 42 % de sus integrantes son pobres,  seg&uacute;n acaba de informar el Instituto Nacional de Estad&iacute;sticas y Censos&nbsp; (INDEC), mientras los que mandan concentran niveles de riqueza imp&uacute;dicos. </strong>Y a la hora de tributar un impuesto a la riqueza &ndash;que se va imponiendo en el mundo entero&ndash; se resisten fren&eacute;ticamente. Imposible no correlacionar un fen&oacute;meno &ndash;la fuga de capitales- con el otro: incremento de la pobreza. Es cierto que Alberto Fern&aacute;ndez &ldquo;hered&oacute;&rdquo; esta situaci&oacute;n, pero el plano inclinado no se detuvo. Es cierto que la pandemia trab&oacute; el despegue; y que fue preciso evitar tanto el default de la deuda externa como la hiperinflaci&oacute;n, cosa que el gobierno logr&oacute; hacer,&nbsp; <strong>pero los instrumentos terminaron siendo los de siempre: ajuste del consumo popular. La pandemia permiti&oacute; ajustar sin mayores enfrentamientos.&nbsp;Y esa termin&oacute; siendo la soluci&oacute;n en marcha.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De modo que organizar el partido de los defensores de las exportaciones argentinas, propuesta de Gerchunoff,&nbsp; con ser inevitable no es suficiente. Ese partido sirve para pagar la deuda,&nbsp;pero no necesariamente garantiza la inversi&oacute;n. Y sin un incremento sustantivo de la inversi&oacute;n privada el programa de la movilidad social y la justicia social se vuelven una iron&iacute;a sangrienta.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>AH</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Horowicz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/42-pobres-vagancia-intelectuales_129_7374401.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Apr 2021 02:59:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Pobreza y desigualdad]]></media:keywords>
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