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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Santiago Levin]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/santiago-levin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Santiago Levin]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Depresión no es cobardía moral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/depresion-no-cobardia-moral_129_8496474.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/14aaa749-c72b-4b24-8aa2-c159114f6470_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Depresión no es cobardía moral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este texto es publicado a pedido del autor del mismo para responder al título de una columna de opinión de elDiarioAR.</p></div><p class="article-text">
        Hace un par de d&iacute;as se public&oacute; en este mismo medio <a href="https://www.eldiarioar.com/opinion/depresion-cobardia-moral_129_8465035.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una nota cuyo t&iacute;tulo dice que la depresi&oacute;n es una forma de cobard&iacute;a moral</a>. La afirmaci&oacute;n es inaceptable desde el punto de vista sanitario, cient&iacute;fico y filos&oacute;fico, a la vez que hiere, innecesariamente,&nbsp;la sensibilidad de quienes intentan superar un episodio depresivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La frase sobre la cobard&iacute;a pertenece a Jacques Lacan, y solo tiene sentido en un contexto muy espec&iacute;fico fuera del cual opera simplemente como un agravio. Se afirma en la nota que un sujeto que se deprime elige de ese modo rechazar un conflicto para no hacerse responsable frente a &eacute;l, y que esto constituye una forma de venganza con el objeto de impotentizar a los dem&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El reduccionismo es una operaci&oacute;n intelectual que se tramita en dos tiempos. Primero, se descompone un fen&oacute;meno complejo en sus partes integrantes; segundo, se selecciona una sola de ellas y se soslayan las dem&aacute;s. El resultado final es una visi&oacute;n sesgada, empobrecida e insuficiente. He pasado muchos a&ntilde;os estudiando y criticando el reduccionismo biol&oacute;gico en psiquiatr&iacute;a, es decir, la reducci&oacute;n y simplificaci&oacute;n del acontecer ps&iacute;quico a sus aspectos biol&oacute;gicos.
    </p><p class="article-text">
        Pero aqu&iacute; estamos frente a otro reduccionismo: el reduccionismo psicol&oacute;gico. La depresi&oacute;n, se nos dice, es una elecci&oacute;n (&iexcl;una elecci&oacute;n!) del sujeto para no hacerse cargo de su deseo y esquivar el conflicto que lo aflige en lugar de enfrentarlo con valent&iacute;a. Podr&iacute;amos denominar a esta postura como reduccionismo&nbsp;moralista. Simplifica lo complejo &mdash;solo se puede simplificar lo complicado&mdash; y carga contra el deprimido. Lo &uacute;ltimo que le faltaba a quien padece un episodio de depresi&oacute;n: enterarse de que el deprimido es un cobarde lleno de odio y deseos de venganza. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) estima que el 5% de los adultos padece depresi&oacute;n, lo que equivale a unas 300 millones de personas (un n&uacute;mero verdaderamente alarmante, empeorado en medida a&uacute;n no conocida con exactitud por la pandemia de coronavirus). La depresi&oacute;n es la principal causa de discapacidad en todo el mundo, y las proyecciones de la propia OMS indican que para el 2050 ser&aacute; el problema de salud m&aacute;s relevante a nivel planetario.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 5% de los adultos padece depresión, lo que equivale a unas 300 millones de personas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sus causas contin&uacute;an siendo objeto de estudio y de controversia, pero algunas cosas sabemos. El enfoque m&aacute;s razonable parece ser el multifactorial. Hay factores internos al sujeto y factores externos, cuya combinatoria es variada y requiere de enfoques flexibles y especializados que permitan el abordaje desde la complejidad y sin reduccionismos. Cerebro, genes, infancia, biograf&iacute;a, personalidad, crisis externas e internas, psicolog&iacute;a, violencias de todo tipo, historia, lenguaje, v&iacute;nculos, inequidad social, son algunos de los factores involucrados. Somos 100% biol&oacute;gicos y 100% culturales, afirmaba el fil&oacute;sofo Edgar Morin para salir de la trampa de los porcentajes e invitarnos a pensar lo complejo. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En plena tercera d&eacute;cada del siglo XXI ya no son aceptables los enfoques reduccionistas en psiquiatr&iacute;a ni en Salud Mental. A quienes nos dedicamos a la asistencia nos cabe el imperativo &eacute;tico de evitar reduccionismos, de respetar radicalmente a quienes nos consultan y de revisar nuestro marco te&oacute;rico con asiduidad en busca de apor&iacute;as, inexactitudes y calles ciegas. La verdad no se aloja con exclusividad en ninguna teor&iacute;a, lo que obliga a un enfoque abierto, humilde y permanentemente cr&iacute;tico que incluye como inter&eacute;s central la escucha atenta del discurso del sujeto que padece.
    </p><p class="article-text">
        La depresi&oacute;n es un estado muy doloroso y dif&iacute;cil de sobrellevar. No depende de la voluntad del sujeto afectado: tanto sus elementos profundos (inconscientes), como los biol&oacute;gicos y tambi&eacute;n los externos a la persona est&aacute;n muy por fuera del alcance de su voluntad. La buena noticia es que la depresi&oacute;n tiene tratamiento, y las posibilidades de &eacute;xito son m&aacute;s que considerables.
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos al principio. &ldquo;No sos vos, es tu marco te&oacute;rico&rdquo; dec&iacute;a un conocido grafiti porte&ntilde;o, all&aacute; por los a&ntilde;os &rsquo;80 del siglo XX.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y si vamos a hablar de moral, siento la obligaci&oacute;n de decir que llamar cobarde a un sujeto deprimido es (moralmente) un tremendo error, que lesiona innecesariamente a los millones que intentan hallarse a s&iacute; mismos y superar un episodio de esta naturaleza&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Parte de la tarea de quienes nos dedicamos a la asistencia en Salud Mental y creemos en el poder identitario y transformador de lo simb&oacute;lico es medir cuidadosamente nuestras palabras p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        <em>SL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Levin]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/depresion-no-cobardia-moral_129_8496474.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Nov 2021 09:02:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Depresión no es cobardía moral]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Depresión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amamos a Simone, dejémosla en paz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amamos-simone-dejemosla-paz_129_8197275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8194007f-f633-4fd7-8a3b-66f33b28e257_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Amamos a Simone, dejémosla en paz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Tokio 2021 el renunciamiento de Simone Biles puso en los medios el tema de la salud mental. Santiago Levin, presidente de la Asociación de Psiquiatras Argentinos, se pregunta si no hay algo de sobreactuación en esta especie de nuevo deporte que es armar podios morales en los Juegos Olímpicos.</p><p class="subtitle">Salud mental y pandemia. - Llamado urgente a la reconstrucción de la esperanza</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; no se ha dicho estos d&iacute;as acerca de esta brillante atleta afroamericana, su dura infancia, el abuso sexual del que fue v&iacute;ctima, su enorme talento &ldquo;a pesar de&rdquo; (sic) su baja estatura, su desempe&ntilde;o en los Juegos Ol&iacute;mpicos de R&iacute;o de Janeiro de 2016, y sobre todo, sus &uacute;ltimas decisiones en <strong>Tokio 2021</strong>?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se ha dicho casi todo, y un poco m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es conocida la avidez de los medios de comunicaci&oacute;n por todo aquello que atraiga &ldquo;clicks&rdquo; y agite el algoritmo, y las narrativas &eacute;picas casi siempre lo consiguen. Por a&ntilde;adidura, la pandemia viene con sequ&iacute;a de gloria y nos encuentra a todos y todas, consumidores, en plena abstinencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Simone Biles</strong> renuncia al oro por su salud mental, se nos dice. &ldquo;Medalla de oro en salud mental&rdquo;, ser&iacute;a un t&iacute;tulo con gancho. O mejor: &ldquo;Si la salud mental fuera una disciplina ol&iacute;mpica, Simone habr&iacute;a ganado la medalla de oro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es noticia, tambi&eacute;n, el caso de dos atletas de salto en alto que deciden compartir la medalla de oro en lugar de hacer un &uacute;ltimo intento por separado, que les hubiese dado exclusividad; el corredor espa&ntilde;ol que empuja con cari&ntilde;o a un colega keniata,&nbsp;moment&aacute;neamente desorientado, para que llegue primero a la meta &ldquo;porque igual iba a llegar antes &eacute;l,&nbsp; y lo merec&iacute;a&rdquo;; la atleta brasile&ntilde;a que gana una medalla de oro &ldquo;teniendo una madre que trabajaba de empleada dom&eacute;stica&rdquo; (nuevamente: sic).
    </p><p class="article-text">
        Reconozco que cada uno de estos relatos tiene su emoci&oacute;n, pero&hellip; &iquest;realmente necesitamos estos ejemplos para descubrir la nobleza humana? &iquest;O hay algo de sobreactuaci&oacute;n en esta especie de nuevo deporte que es armar podios morales en los Juegos Ol&iacute;mpicos?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">¿Realmente necesitamos estos ejemplos para descubrir la nobleza humana? ¿O hay algo de sobreactuación en esta especie de nuevo deporte que es armar podios morales en los Juegos Olímpicos?

</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Una nadadora argentina decide bajarse de las redes sociales, angustiada por la catarata de cr&iacute;ticas y mensajes de odio. &ldquo;La gente es muy cruel, y por m&aacute;s que los&nbsp; ignore quiero cuidar mi salud mental por sobre todas las cosas&rdquo;. Y borr&oacute; sus cuentas.
    </p><p class="article-text">
        Lo nuevo no es la solidaridad ni las decisiones valientes. Tampoco esa mezcla irrespetuosa (cito al tango) entre biblia y calef&oacute;n, que por un lado confunde atletas ol&iacute;mpicos con dioses y por el otro lado los castiga de modo implacable por no parecerse a los que habitan en el Olimpo. Que construye campeones morales all&iacute; donde no hay ni m&aacute;s ni menos que humanidad, y luego los destruye con misiles de odio por no mostrar esa perfecci&oacute;n que solo puede exigirse en un mundo muy pero muy equivocado, un mundo que asedia al sujeto con lo que podr&iacute;amos llamar el&nbsp; insoportable peso de todo aquello que no encaja.
    </p><p class="article-text">
        Lo nuevo, lo llamativo, es la apelaci&oacute;n a la salud mental hecha por los propios protagonistas. &ldquo;Tomo esta decisi&oacute;n para cuidar mi salud mental&rdquo;. &ldquo;Mi salud mental est&aacute; primero; la competencia viene despu&eacute;s&rdquo;. Esto s&iacute; es novedoso, y merece toda nuestra atenci&oacute;n como fen&oacute;meno comunicacional. El sintagma &ldquo;salud mental&rdquo;, adem&aacute;s, queda multiplicado por miles de millones gracias a las propias redes sociales y los medios electr&oacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El deporte es salud&rdquo;, nos ense&ntilde;an. &iquest;El deporte es salud?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Depende.
    </p><p class="article-text">
        Si el deporte se transforma en negocio y el deportista en mercanc&iacute;a, si el sponsor es el que pone la m&uacute;sica que hay que bailar y si la competencia es a matar o morir, porque lo &uacute;nico que vale es ser el mejor, entonces no. No es salud. En este caso, y en cualquiera que se le parezca, en el cual el sujeto se sienta abrumado, arrinconado, forzado a ser lo que no se es, la&nbsp; mejor decisi&oacute;n es decir &ldquo;no&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En este caso, y en cualquiera que se le parezca, en el cual el sujeto se sienta abrumado, arrinconado, forzado a ser lo que no se es, la  mejor decisión es decir “no”. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Si el deporte es juego, es equipo,&nbsp; si es compartir alegr&iacute;as y tristezas, si es acompa&ntilde;amiento, si es posible el sentido del humor, si la creatividad es bienvenida y perder es una de las eventualidades posibles, entonces, tal vez, el deporte pueda contribuir a la salud. F&iacute;sica y mental, que en el fondo son una y la misma cosa.
    </p><p class="article-text">
        Celebro que empecemos a hablar de nuestra salud mental. Hablar de salud mental es hablar, tambi&eacute;n, de qu&eacute; valores se sostienen desde nuestra compleja, despiadada y a la vez maravillosa cultura contempor&aacute;nea. Hablar de salud mental es tambi&eacute;n hablar de Salud P&uacute;blica, brazo sanitario de la equidad social.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Seamos humanos y permitamos a nuestros deportistas la humana imperfecci&oacute;n. Dejemos de pedirles todo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vaya desde esta modesta columna mi solidaridad con todos y todas las atletas que juegan su deporte con el coraz&oacute;n, que sue&ntilde;an, y que comprenden que parte de ese juego consiste en cuidar su propio jard&iacute;n interior, es decir, su capacidad de sentir amor por s&iacute; mismos y por los dem&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Levin]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amamos-simone-dejemosla-paz_129_8197275.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Aug 2021 11:35:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Amamos a Simone, dejémosla en paz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Simone Biles,Tokio 2020,Juegos Olímpicos,Salud mental]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llamado urgente a la reconstrucción de la esperanza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/llamado-urgente-reconstruccion-esperanza_129_7872548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0390dfcf-bef6-4a49-b62e-d7623c0d25dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Llamado urgente a la reconstrucción de la esperanza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La segunda ola de la pandemia nos encuentra agotados. El desánimo es funcional a los vendedores de caos. Precisamos una narrativa esperanzadora porque nuestra salud mental se nutre de esperanza, ese sentimiento que habilita esfuerzos en función de un bienestar por venir.</p></div><p class="article-text">
        Propongo pensar la pandemia con un enfoque m&aacute;s amplio que el epidemiol&oacute;gico. La pandemia es mucho m&aacute;s que un virus respiratorio y altamente contagioso que genera una crisis sanitaria a escala global al superar la capacidad de respuesta del sistema. La pandemia es tambi&eacute;n todo aquello que nuestra cultura contempor&aacute;nea est&aacute; haciendo con ella, y aqu&iacute; debemos incluir un numeroso conjunto de elementos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pandemia es tambi&eacute;n la fallida colaboraci&oacute;n global para encararla, el inaceptable lucro de unos pocos con la fabricaci&oacute;n de vacunas, para luego distribuirlas antes entre los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos, la preeminencia de la puja geopol&iacute;tica por encima del bienestar de la humanidad&hellip; y un largo etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La segunda ola de la pandemia nos encuentra agotados</strong>. Nos cuesta, como conjunto, aceptar que el enorme esfuerzo deba repetirse. Desanima volver a ver las calles desiertas por las noches, las escuelas cerradas, la nocturnidad cancelada. Nos cuesta tambi&eacute;n pensar en las y los trabajadores de la salud, exhaustos luego de m&aacute;s de un a&ntilde;o de entrega total, sin descansos y sin el reconocimiento social y econ&oacute;mico que esperan y merecen.
    </p><p class="article-text">
        Y el desaliento se profundiza a&uacute;n m&aacute;s cuando parte de<strong> la clase dirigente hace un uso indebido de la crisis social y sanitaria en procura de r&eacute;ditos electorales</strong>, o cuando buena parte de los medios masivos de comunicaci&oacute;n se dedican a calentar las pantallas mostrando enfrentamientos, violencia y contradicciones, que en pandemia no escasean, pero que repetidos sin descanso construyen caos donde no lo hay, envenenando subjetividades.
    </p><p class="article-text">
        Es urgente que quienes tenemos alguna responsabilidad p&uacute;blica &mdash;cada quien desde el lugar que le toca&mdash; comprendamos que la construcci&oacute;n de una nueva esperanza colectiva es necesaria de un modo imperativo. Porque es probable que lo peor de la pandemia est&eacute; a&uacute;n por venir en esta regi&oacute;n del planeta. Y es m&aacute;s apremiante que nunca contrarrestar la devaluaci&oacute;n que este entorno t&oacute;xico produce en los discursos que producen futuro, que resta&ntilde;an lazo social, que habilitan la solidaridad. Porque quienes medran con la grieta necesitan que predomine la sensaci&oacute;n de que no es posible un futuro. <strong>El des&aacute;nimo es funcional a los vendedores de caos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Frente a la adversidad y las p&eacute;rdidas, algunas noticias reconfortan. Las vacunas est&aacute;n llegando, y es posible incluso que podamos fabricarlas en nuestro pa&iacute;s. Ya hemos vacunado a varios millones, y quienes han recibido la vacuna exhiben una clara protecci&oacute;n frente a las formas severas de la enfermedad producida por el SARS-CoV-2.
    </p><p class="article-text">
        Precisamos <strong>una narrativa esperanzadora porque nuestra salud mental se nutre de esperanza, ese sentimiento que habilita esfuerzos en funci&oacute;n de un bienestar por venir. </strong>Me esfuerzo hoy porque anhelo un ma&ntilde;ana. La percepci&oacute;n del paso del tiempo y la noci&oacute;n de pasado, presente y futuro es, tal vez, uno de nuestros rasgos culturales m&aacute;s llamativos. Su fundamento es el lenguaje, el uso de palabras, de abstracciones, que nos habilitan el puente hacia la realidad. Para nosotros, seres humanos, no existe la pandemia sin palabras; no existen las cosas sin las palabras. Nuestro mismo aparato ps&iacute;quico est&aacute; modelado a partir de las palabras pronunciadas por otros significativos, aprendidas por nosotros, hechas carne en nuestro proceso de ingreso en la cultura. Soslayar la importancia del registro simb&oacute;lico podr&iacute;a llegar a constituirse en el mayor de los errores sanitarios posibles en una crisis como la actual.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Precisamos una narrativa esperanzadora porque nuestra salud mental se nutre de esperanza, ese sentimiento que habilita esfuerzos en función de un bienestar por venir. Me esfuerzo hoy porque anhelo un mañana.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El futuro se construye con palabras y con pol&iacute;ticas palpables. En el segundo grupo podemos incluir a las vacunas; en el primero, a la comunicaci&oacute;n social, pol&iacute;tica sanitaria de la m&aacute;s alta jerarqu&iacute;a en la que a&uacute;n cierta dirigencia no termina de confiar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Queremos una ciudadan&iacute;a que acepte el desaf&iacute;o y que haga propias las indicaciones sanitarias? Se puede. <strong>Pero hay que empezar a hablar de un ma&ntilde;ana posible, sin mentir, sin banalizar, sin infantilizar</strong>. Una clara alternativa al camino de la desesperanza y del caos.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro ser biol&oacute;gico precisa de la vacuna para entrenar a nuestro sistema inmune, en lo individual, y para alcanzar, en el conjunto, la deseada inmunidad de reba&ntilde;o; nuestro ser cultural se nutre de palabras, de met&aacute;foras, en el proceso de construcci&oacute;n de futuro, construcci&oacute;n colectiva que solo se alcanza cuando se llega a la solidaridad de reba&ntilde;o, es decir, cuando se comprende que el valor supremo a cuidar no es el individuo aislado sino el conjunto mismo.
    </p><p class="article-text">
        La vacuna es uno de los inventos m&aacute;s maravillosos de la ciencia moderna, y su llegada en plena pandemia, una buena y esperada noticia. Pero las vacunas significan bastante poco por s&iacute; solas si no son incluidas en una narrativa esperanzadora que les otorgue sentido. Sentido a las vacunas, sentido al esfuerzo, sentido a pertenecer a una comunidad.
    </p><p class="article-text">
        <em>SL</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Levin]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/llamado-urgente-reconstruccion-esperanza_129_7872548.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Apr 2021 10:13:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Llamado urgente a la reconstrucción de la esperanza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Salud pública,Salud mental,Segunda ola]]></media:keywords>
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