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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Tomás Abraham]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/tomas-abraham/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Tomás Abraham]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Mi amor por la avenida Lacroze]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-avenida-lacroze_129_8162032.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fc89ad35-df1a-4c7d-9a89-525d8d565f6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mi amor por la avenida Lacroze"></p><p class="article-text">
        Hay veinte mil manzanas en nuestra ciudad, cada una tiene un per&iacute;metro de cuatrocientos metros, por lo que el embaldosado ocupa ocho millones de metros. Para que el lector tenga una idea aproximada de lo que significa esta distancia, es el trayecto entre Usuahia y La Quiaca, ida y vuelta. Partamos de un punto de vista que no es ni optimista ni pesimista, sino un razonable justo medio, y supongamos que las veredas est&aacute;n rotas en un treinta por ciento, es decir, dos millones cuatrocientos mil metros. &iquest;Cu&aacute;ntas baldosas se necesitan? Las de veinte cent&iacute;metros, tanto las vainillas como los pancitos, en sus colores cremas, rosados y grises, son una caracter&iacute;stica de la vieja Buenos Aires, de gran lucimiento una vez baldeadas y con una nota de nostalgia que hace a la identidad de los barrios. Cada metro tiene a lo largo cinco baldosas, y a lo ancho dos metros sesenta seg&uacute;n el metraje de Barrio Norte, lo que hace que por metro de superficie deben repararse sesenta y cinco baldosas. Dos millones cuatrocientos multiplicado por sesenta y cinco de las vainillas o pancitos nos da: ciento cincuenta y seis millones de baldosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os setenta se hizo famoso en Par&iacute;s un prestigioso lugar de tango que se llamaba Les Trottoirs de Buenos Aires (se pronuncia Buenozer, la &ldquo;z&rdquo; tiene el zumbido de una mosca ts&eacute; ts&eacute;), nombre que era toda una evocaci&oacute;n de nuestras veredas. Pero <strong>hoy la vereda sufre, est&aacute; sola. La hemos abandonado por la irritante costumbre de hablar todo el d&iacute;a de los baches</strong>. La voz del chofer tiene una indebida hegemon&iacute;a que privilegia el pavimento en contra del se&ntilde;or bache, protagonista exclusivo de nuestras maldiciones. Mientras tanto la vereda es vejada ante la indiferencia vecinal que en otras &eacute;pocas se sent&iacute;a responsable de lo que ocurr&iacute;a en el umbral de sus casas y hoy grita &iexcl;que lo arregle la municipalidad, que para eso pagamos impuestos! Eso s&iacute;, siempre hay quienes est&aacute;n prontos para talar &aacute;rboles porque odian las hojas que caen, husmean ra&iacute;ces para denunciarlas a la subsecretar&iacute;a de espacios verdes, pero baldosa floja que escupe agua acumulada y podrida para arriba...que las arregle Montoto.
    </p><p class="article-text">
        Hay que sumar a esta demolici&oacute;n cotidiana a las empresas de servicios que rompen baldosas y losas, las restituyen a bajo costo y sin control municipal con los correspondientes da&ntilde;os futuros.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hoy la vereda sufre, está sola. La hemos abandonado por la irritante costumbre de hablar todo el día de los baches. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Es posible que antes existiera un cierto cari&ntilde;o por la calle que se disfrutaba con cuidado, y que hoy es una ramera que se usa r&aacute;pido y con desprecio. No se trata del turismo, los visitantes, que se hacen nudos con los pies y miran para atr&aacute;s para ver con qu&eacute; tropezaron, suponen que para ser una ciudad del tercer mundo tenemos m&aacute;s de lo que merecemos, y asociar&aacute;n el tango y sus firuletes a una comprobaci&oacute;n vial, pero los fil&oacute;sofos peripat&eacute;ticos ya no pueden pensar mientras caminan bajo la amenaza de lo que le sucedi&oacute; al inmortal Tales: hundirse en la vereda.
    </p><p class="article-text">
        En Mileto todav&iacute;a no hab&iacute;a que sortear caca de perros.
    </p><p class="article-text">
        Pero todo cambia cuando ingresamos al universo m&aacute;gico de la avenida Lacroze. <strong>Hablemos de mi barrio, de mi ciudad, de mi pa&iacute;s, del mundo, de mi calle, de Lacroze. Porque Lacroze no es una avenida, sino todo lo que dije antes.</strong> Comienzo por la estaci&oacute;n de tren en Chacarita, que linda con la avenida Corrientes. Es su mejor porci&oacute;n si pienso en la inevitable pizzer&iacute;a que est&aacute; en frente a la salida de los trenes. Para m&iacute; es la mejor porque tiene una vida proletaria que lamentablemente se ir&aacute; perdiendo a medida que se acerque a Cabildo, ni hablar de la bajada a Luis Mar&iacute;a Campos en donde ya comienza el temible barrio de Belgrano, que culmina en la est&uacute;pida Ca&ntilde;itas, y a medida que nos vamos alejando de la estaci&oacute;n por la vereda de enfrente en que van desapareciendo los vendedores ambulantes y los &uacute;ltimos comercios, que no son m&aacute;s que esos mismos vendedores ambulantes que con un poco m&aacute;s de suerte tienen un techo y un piso al interior que hace pasillo con g&oacute;ndolas y perchas que exhiben &ndash; palabra un poco untuosa para la ocasi&oacute;n &ndash; calzoncillos, broches, medias, cafeteras baratas y enchufes, una vez que desfilan los negocios de proximidad con sus vidrieras ordenadas, nuestros pies caminar&aacute;n por una de las veredas m&aacute;s elegantes de Buenos Aires. Tan anchas, o casi tan anchas, como las de Madison Avenue de Nueva York. Veredas limpias, impecables, c&oacute;modas, otra vez voy a decir anchas, amplias como autopista peatonal, que merecer&iacute;an m&aacute;s de un tango y alguna frase porte&ntilde;a dicha por ac&aacute; o en Par&iacute;s que encari&ntilde;aban a Cort&aacute;zar y a Horacio Ferrer porque estaban rotas, eternamente rotas.
    </p><p class="article-text">
        Bien, no, no es el caso de Lacroze, no hay melancol&iacute;a ni snobismo descendente, t&iacute;pico de nuestra porte&ntilde;ada, coqueteo de looser, <strong>hay olor a Buenos Aires en estas veredas cuidadas entre Chacarita y Colegiales</strong>, que no necesitan de turistas ni de habitu&eacute;s de la Recoleta para lucir sus baldosas. No s&oacute;lo eso, no solamente la prolijidad y la comodidad, sino la calidad, hasta darse el lujo de baldosas de hormig&oacute;n pulido de cuarenta cent&iacute;metros que se siguen con las porte&ntilde;&iacute;simas y baldeadas vainillas que llegan hasta combinar colores, un alarde que llega a conmovernos cuando aparece un adoquinado alisado y una baldosa que presume de laca o de simil piedra, ni hablar de los c&eacute;lebres pancitos que conforman unidades que han duplicado su dimensi&oacute;n habitual y se presentan en sesenta y cuatro cuadraditos con un per&iacute;metro de cuarenta cent&iacute;metros que de acuerdo al ancho de la avenida Lacroze completan quince bloques, &iexcl;lo que nos da una latitud de vereda de seis metros! S&iacute;, mis amigos, la avenida Lacroze entre Corrientes y &Aacute;lvarez Thomas tiene un ancho de seis metros, un doble carril por el que los peatones que circulan en ambas direcciones ni se rozan y pueden mantener el protocolo de dos metros de distancia, por lo que adem&aacute;s de la elegancia del dise&ntilde;o hacen un aporte a la salud p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Si se circula por el lado sur de Lacroze que nos permite gozar del sol ma&ntilde;anero, podemos contemplar al paso las vidrieras que alternan la variedad propia del comercio porte&ntilde;o, zapatillas, remeras deportivas, carnicer&iacute;as, bazares, sushi club, verduler&iacute;as con ofertas de papaia, reparaciones de celulares y maxikioskos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay olor a Buenos Aires en estas veredas cuidadas entre Chacarita y Colegiales, que no necesitan de turistas ni de habitués de la Recoleta para lucir sus baldosas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No s&eacute; si ya lo escrib&iacute;, pero vivir en la triple frontera, es decir, entre Palermo Hollywood, Colegiales y Chacarita, a distancia prudente del temible Belgrano C, me permite disfrutar de una diversidad que no encuentro en otros lares de la ciudad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me gustan los bares en los que hay viejos que leen <em>Clar&iacute;n </em>y no me gustan Varela Varelita, por el que pasaba rumbo a mi relojero los a&ntilde;os que viv&iacute; en Palermo Viejo mientras se convert&iacute;a en Soho con sus paseadores de perros, sus ensayos de carnaval en la plaza Armenia diez meses al a&ntilde;o, las batucadas a la madrugada de aspirantes a raperos, ferias con puestos que venden velas y ropitas para Barbie, y dec&iacute;a que no me gustan los bares que atraen a gente de letras y divanes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Chacarita hay bares de parroquianos y abuelas, de lectores de la p&aacute;gina de deportes, de los que comen milanesa al mediod&iacute;a, a metros de los degustadores del <em>avocado toast</em> con jugo de zanahoria y jengibre adem&aacute;s de toneladas de quinoa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero Lacroze es lo m&aacute;s, porque a&uacute;n cuando despu&eacute;s de &Aacute;lvarez Thomas la vereda se angosta y pierde la majestuosidad que en nada le hace envidiar a la anchura de las grandes avenidas de Nueva York, ni tampoco a la del gran ensamble de la pedante Barcelona, la que podemos llamar Lacroze angosta, por sus veredas reducidas, compensa esta falta con sus negocios inigualables como la confiter&iacute;a Ritz, donde nadie entra con mirada torva con su <em>P&aacute;gina 12</em> bajo el brazo, y en donde se pueden comer masitas con crema levantando el dedo me&ntilde;ique con franqueza.
    </p><p class="article-text">
        Para no mencionar al exquisito submarino. Amo a Lacroze, casi m&aacute;s que a Domingo Faustino Sarmiento, porque en nada me evoca a Amalita que usufructu&oacute; el apellido, y me conduce a comprar en Bonafide mis chocolates de 60% de cacao, a la Juvenil en la que me esperan los tres tipos de pionono acompa&ntilde;ado por el agn&oacute;stico vitel ton&eacute;, para cruzar en la vereda de enfrente a comprar la pila para mi reloj de cuarzo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y la joya, la maravillosa tienda La Primavera en donde cada a&ntilde;o renuevo mi vestuario de&nbsp;bermudas marca Bronco, con el&aacute;stico en la cintura, talle uno de una colecci&oacute;n en serie que llega al talle cinco para quienes llenan por s&iacute; solos un montacargas, en medio de delantales, uniformes, y el maravilloso jardinero Bronco, con sus bolsillos atr&aacute;s, bolsillos adelante, en las piernas, como sue&ntilde;o de carpintero o del Geppetto de Pinocho, que ped&iacute; con botamangas en mi &uacute;ltima compra para desorientaci&oacute;n de las vendedoras, que jam&aacute;s hab&iacute;an visto un jardinero con botamangas ni a un fil&oacute;sofo vestido como un espantap&aacute;jaros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay de todo en Lacroze, para gozar, y detenerse antes de dar el mal paso y caer en la sospechosa avenida Cabildo, que adem&aacute;s del resentimiento por no seguir llam&aacute;ndose Santa Fe, nunca pudo decidirse si pertenece al aborrecible Belgrano C o a Colegiales, y se nota. Es un h&iacute;brido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tomás Abraham]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/amor-avenida-lacroze_129_8162032.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Jul 2021 03:01:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mi amor por la avenida Lacroze]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Filosofía,Ciudad de Buenos Aires]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Filosofía después de Auschwitz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/filosofia-despues-auschwitz_129_8124402.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2d6257b7-36a3-4182-a223-138405fed440_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Filosofía después de Auschwitz"></p><p class="article-text">
        La obra de Primo Levi, Jean Am&eacute;ry e Imre Kert&eacute;sz ha resignificado la filosof&iacute;a contempor&aacute;nea. Para el discurso universitario son extra&ntilde;os a la disciplina ya que no interact&uacute;an con dos mil quinientos a&ntilde;os de historia sino con una experiencia singular e irrepetible. Los tres estuvieron en los campos de exterminio nazis y desde ese momento meditaron sobre lo que vieron, vivieron y sobrevivieron.
    </p><p class="article-text">
        Hay tres libros fundamentales en los que expresan su vivencia: &nbsp;&ldquo;Si esto es un hombre&rdquo; ( 1947) de Primo Levi, &ldquo;M&aacute;s all&aacute; de la culpa y la expiaci&oacute;n&rdquo; (1977) de Jean Am&eacute;ry, y &ldquo;Sin destino&rdquo; (1975) de Imre Kert&eacute;sz.
    </p><p class="article-text">
        El libro de Levi impresiona por su prosa. Es la escritura de alguien que no es escritor, un jud&iacute;o de Tur&iacute;n, no practicante, apresado y enviado al campo por distribuir volantes antifascistas. Tiene una licenciatura en qu&iacute;mica. Describe con minucia lo que define como la &ldquo;zona gris&rdquo; de la vida de los condenados a muerte. <strong>En ese mundo no hay s&oacute;lo v&iacute;ctimas y verdugos, sino seres quebrados que para sobrevivir ingresan a un mundo meta&eacute;tico. M&aacute;s all&aacute; de bien y del mal.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un amigo de mi padre, quiz&aacute; su mejor amigo, jud&iacute;o de Eslovaquia enviado a Auschwitz, en una entrevista para el documental que Steven Spielberg hizo sobre los sobrevivientes del Holocausto, ante la pregunta sobre qu&eacute; sent&iacute;a al vivir en un infierno en el que le ordenaban cargar cad&aacute;veres en carros y sepultarlos, entre otras tareas espec&iacute;ficas del genocidio industrial del que era parte,&nbsp;este hombre a quien le mataron a su beb&eacute; en ese campo, respondi&oacute; que lo &uacute;nico que sent&iacute;a era que ten&iacute;a un hambre tal que <strong>solo pensaba en una papa</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Lo dice con una m&iacute;nima sonrisa ante un periodista que desea saber qu&eacute; se siente en un campo de concentraci&oacute;n. Lo intransmisible no tiene palabras ajustadas, m&aacute;s expresiva y denotativa era esa sonrisa que cualquier otra reflexi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El libro de Levi no se puede contar. Hay que leerlo. Uno de los profesores de mi c&aacute;tedra de filosof&iacute;a en el Ciclo&nbsp;B&aacute;sico Com&uacute;n (CBC), en la que cada uno de los docentes elaboraba su propio programa para las comisiones que les adjudicaban, dict&oacute; un curso sobre los autores mencionados. Me pareci&oacute; una decisi&oacute;n surrealista. Por costumbre yo pasaba por cada una de las comisiones y daba una clase o la compart&iacute;a con el docente. Adem&aacute;s estaba presente en la mesa de ex&aacute;menes. Lo hice en la clase de Marcelo Pompei, el profesor al que me refiero.
    </p><p class="article-text">
        Ver como en los ex&aacute;menes finales, los alumnos ante la pregunta del profesor, o sea yo, o Marcelo, sobre sucesos narrados en esos libros, intentaban recordar detalles de la vida de los condenados&nbsp;a veces con aciertos, muchas con errores, otras no recordaban nada, con el mismo inter&eacute;s que en un examen de contabilidad para ingresar a la facultad de econ&oacute;micas un alumno desea ser contador p&uacute;blico, no pod&iacute;a ser m&aacute;s que una consecuencia previsible por impartir un curso a j&oacute;venes de menos de veinte a&ntilde;os que en su casi totalidad jam&aacute;s escucharon hablar del tema.
    </p><p class="article-text">
        Este fue el di&aacute;logo que tuve con un alumno:
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iquest;Decime que pas&oacute; en el tranv&iacute;a cuando unos soldados lo interrogan al muchacho?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iquest;Les dice su nombre?
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Supongo que le preguntan c&oacute;mo se llama, y cu&aacute;ndo le preguntan por su religi&oacute;n, &iquest;qu&eacute; responde?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -		(Silencio)
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iquest;Qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iquest;Cat&oacute;lico?
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iquest;C&oacute;mo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iquest;Jud&iacute;o?
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iquest;De qu&eacute; trata el libro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iquest;Cu&aacute;l, profesor?
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iexcl;El de Kert&eacute;sz! Escuchame, &iquest;le&iacute;ste el libro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo empec&eacute;, profesor, pero no lo termin&eacute;&hellip; Mi abuela estuvo enferma&hellip;..
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vas a tener que volver en marzo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iquest;No me puede hacer otra pregunta? Me acuerdo m&aacute;s del de Legui.
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&iexcl;Levi!</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pensaba en la pel&iacute;cula &ldquo;La vida es bella&rdquo; de Roberto Benigni, que me irrit&oacute; al extremo: me resultaba una fantochada fr&iacute;vola. No s&eacute; si eso que hicimos en el CBC&nbsp;con la mejor buena voluntad disminuy&oacute; mi enojo al director y actor italiano por&nbsp;reconvertir el terror en una escena c&oacute;mica. Una vez que me vi envuelto en una situaci&oacute;n irrisoria entre genocidas, condenados a muerte y estudiantes aburridos.
    </p><p class="article-text">
        Imre K&eacute;rtesz dice haber disfrutado de la pel&iacute;cula de Benigni, harto que estaba de los comentarios espantados y compasivos ante un evento supuestamente &uacute;nico e irrepetible con el que el los europeos purgaban de una vez por todas todo el mal y pod&iacute;an dormir en paz y pensar en un futuro de bienestar.
    </p><p class="article-text">
        El protagonista de &ldquo;Sin destino&rdquo;, al final del libro, tiene 15 a&ntilde;os cuando vuelve a su casa despu&eacute;s de Buchenwald. Cuando le preguntan c&oacute;mo pudo salvarse de aquel infierno les dice a quienes asombrados por verlo despu&eacute;s de un a&ntilde;o desde el momento en que le pidieron hacer un mandado,&nbsp;que nadie le va a quitar los momentos de felicidad vividos ante las puertas de la muerte ni dejar de percibir el aura sombr&iacute;a de quienes cre&iacute;an haberse salvado.
    </p><p class="article-text">
        Lo que verdaderamente importa no es la experiencia vivida por los Levi, Am&eacute;ry y Kert&eacute;sz,&nbsp;sino la percepci&oacute;n que tienen del mundo, y los pensamientos que les gener&oacute; el haber sobrevivido. <strong>No nos dan un sistema de ideas, una concepci&oacute;n del mundo, una lecci&oacute;n moral. No hay odio, no hay rencor, no hay victimizaci&oacute;n</strong>. El lenguaje de Levi y Kert&eacute;sz es vecino a la prosa seca de Kafka y Camus. Es m&aacute;s impactante a&uacute;n por el contenido que sin adjetivaci&oacute;n nos entregan, detallan el horror con sustantivos. El de Kert&eacute;sz es el lenguaje de la consternaci&oacute;n. Solo Amery se rebela, &eacute;l s&iacute; acusa, reinvindica el resentimiento, discute con Levi sin saber que hab&iacute;an sido compa&ntilde;eros de barraca. No se ponen de acuerdo sobre si el hecho de ser o no ser intelectuales, o tener vida interior, daba m&aacute;s o menos recursos para soportar el sadismo de sus captores y la amenaza diaria de ser enviados a la fila de los destinados a las c&aacute;maras de gas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>A Levi le sirvi&oacute; saber qu&iacute;mica, a Am&eacute;ry saber alem&aacute;n, a Kert&eacute;sz haber mentido sobre su edad</strong> (dijo diecisiete cuando ten&iacute;a catorce).
    </p><p class="article-text">
        Levi dice haber escrito su libro porque de no hacerlo lo amenazaba la locura; Kert&eacute;sz agradece haber vivido en Hungr&iacute;a bajo el terror stalinista, no hubiera soportado vivir en un mundo libre en el que todos se dispon&iacute;an a nuevas felicidades; Am&eacute;ry emprendi&oacute; una reflexi&oacute;n que lo llev&oacute; a escribir sendos libros sobre qu&eacute; es envejecer, y sobre el derecho de darse la muerte.
    </p><p class="article-text">
        El libro de Levi fue rechazado y luego de a&ntilde;os vuelto a publicar con amplia difusi&oacute;n. Otros de sus libros, como &ldquo;Hundidos y salvados&rdquo;, agregan nuevas reflexiones al primero. Kert&eacute;sz marginado en Hungr&iacute;a, escribe algunos libros sobre el &uacute;nico tema que le merece importancia: Auschwitz, y recibe el Premio N&oacute;bel de Literatura en el 2002.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo libro de Am&eacute;ry es &ldquo;Charles Bovary, m&eacute;dico rural&rdquo;, un libro por dem&aacute;s extra&ntilde;o en el que se mete en la novela de Flaubert, adopta la identidad del esposo cornudo de la hero&iacute;na tr&aacute;gica y acusa a Flaubert del maltrato al que lo someti&oacute; en la novela.
    </p><p class="article-text">
        Am&eacute;ry se suicida un a&ntilde;o despu&eacute;s. Levi muere en un accidente extra&ntilde;o del que no se pudo saber si fue un suicidio, y Kert&eacute;sz padece el mal de parkinson y fallece en Berl&iacute;n el 31 de marzo de 2016. 
    </p><p class="article-text">
        <em>TA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tomás Abraham]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/filosofia-despues-auschwitz_129_8124402.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Jul 2021 15:07:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Filosofía después de Auschwitz]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Imre Kertész,Jean Améry,Primo Levi,Auschwitz,Filosofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vía dolorosa del hombre teórico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/via-dolorosa-hombre-teorico_129_8077548.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/58726a5b-a5db-47d0-a257-21d2c03f8192_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vía dolorosa del hombre teórico"></p><p class="article-text">
        Peter Sloterdijk en <em>El arte de la filosof&iacute;a</em> cita a Hannah Arendt, que pregunta por el lugar en el que estamos cuando pensamos.&nbsp; No se trata de cualquier lugar sino de un espacio diferenciado en el que se genera un ideal. Para que surja el pensamiento filos&oacute;fico tuvo que concebirse un &ldquo;otro lugar&rdquo; en donde se elaborara el logos. Ese lugar fue la Academia de Plat&oacute;n, le siguen el Liceo de Arist&oacute;teles, El Jard&iacute;n de Epicuro o el P&oacute;rtico de los estoicos, hasta el tonel c&iacute;nico. Podemos seguir por la torre de Montaigne a la universidad de los profesores de filosof&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este lugar se forja una utop&iacute;a que en la antig&uuml;edad fue la del Hombre T&eacute;orico, o fil&oacute;sofo, que necesitaba de un sitio apartado cerca de la ciudad en el que se internaban los candidatos al saber.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como la figura del Sabio evocaba una &eacute;poca perimida despu&eacute;s de la muerte del &uacute;ltimo de los justos, <strong>S&oacute;crates, su descendiente, el hombre te&oacute;rico, es un personaje derrotado de una Atenas en decadencia que tiene por &uacute;ltimo recurso el artificio de la palabra para evitar el derrumbe total.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La idea de heterotop&iacute;a como un espacio aut&oacute;nomo y &aacute;ltero pero cercano al mundo rutinario y convencional de los actores sociales, tiene una continuidad que el fil&oacute;sofo alem&aacute;n traza desde la instituci&oacute;n plat&oacute;nica a la &ldquo;epoch&eacute;&rdquo; de Husserl.&nbsp;Poner entre par&eacute;ntesis lo sabido, como lo establece la fenomenolog&iacute;a, aislar el conocimiento adquirido para llegar a las cosas mismas, es otro ideal heterot&oacute;pico del fil&oacute;sofo moderno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy podemos actualizar el vocabulario y definir como una burbuja filos&oacute;fica a esta pr&aacute;ctica del pensamiento en un espacio propio y diferente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para remitirnos a los comienzos del llamado &ldquo;milagro griego&rdquo;, la filosof&iacute;a nace cuando la pol&iacute;tica se convierte en una necesidad, y ambas surgen cuando la palabra de los sabios ha ca&iacute;do en desuso. En la Atenas democr&aacute;tica rige la arbitrariedad, la corrupci&oacute;n, gobiernan las mayor&iacute;as ignorantes que se dejan embaucar por los sofistas y otros vendedores de ilusiones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No queda m&aacute;s remedio 	que generar una nueva pol&iacute;tica que esta vez no se deje llevar por la &ldquo;doxa&rdquo;, por el &ldquo;me parece&rdquo; de la multitud, y se fundamente en un nuevo saber que es el conocimiento de lo que es en cuanto es, de lo real y de la verdad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por eso el hombre te&oacute;rico contraataca, redobla la apuesta, no se resigna a la p&eacute;rdida del mundo de los sabios.</strong> No es suficiente con evocar al sham&aacute;n y matem&aacute;tico, jefe de una logia en Crotona, Sicilia, como Pit&aacute;goras, ni repetir como los romanos el viejo adagio&nbsp; &ldquo;Heraclitus flens, Democritus ridens, una se lamenta y el otro r&iacute;e, pero ambos &rdquo;ven&ldquo;,&nbsp; sino de emprender una nueva misi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si la ciudad est&aacute; perdida, la humanidad debe salvarse. Si la pol&iacute;tica es imposible, las ideas circular&aacute;n por un mercado cosmopolita para una intelligentzia pospol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo? Escribiendo. Sloterdijk dice que nace una nueva actitud de conquista de la realidad mediante la gram&aacute;tica. Miramos como si ley&eacute;ramos, vista y lectura, libro y mundo, se superponen, y la vida contemplativa ser&aacute; una vida de lector.
    </p><p class="article-text">
        Una actividad estimulante que nace en la dial&eacute;ctica antigua en el que hab&iacute;a que mostrar la habilidad del decir y del contradecir, del legein y del antilegein, y llega a los claustros medievales con la disputatio, la justa oratoria de grupos enfrentados que deciden el combate por un yudo verbal y una victoria al hacer tropezar al adversario que se contradice a s&iacute; mismo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sloterdijk habla de una domesticaci&oacute;n gramatical que caracteriza al hombre te&oacute;rico compuesta por un orden que se suceden letras, s&iacute;labas, renglones, par&aacute;grafos, p&aacute;ginas y cap&iacute;tulos, que compondr&aacute;n un archivo en el que le lector ser&aacute; adem&aacute;s coleccionista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El hombre te&oacute;rico, agente de una nueva forma de concentraci&oacute;n, selecciona y agrupa y de ser coleccionista pasar&aacute; a ser &eacute;l mismo un elemento de una colecci&oacute;n mayor al interior de una memoria enciclop&eacute;dica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Este hombre gram&aacute;tico, adem&aacute;s est&aacute; triste, nunca dejar&aacute; de ser un perdedor, lo ser&aacute; en el romanticismo en momentos en que apelar&aacute; a la intensidad, a la sinceridad y al hero&iacute;smo, o cuando la filosof&iacute;a meditativa nos habla de serenidad, otro modo indirecto de admitir la derrota. Sloterdijk&nbsp; nos pinta el retrato de este personaje a la manera joyceana, como el del humor sombr&iacute;o del joven te&oacute;rico adolescente.
    </p><p class="article-text">
        La vida contemplativa es una vida melanc&oacute;lica.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo superar el letargo si no es por una nueva utop&iacute;a que nace de los mismos l&iacute;mites de la escritura? Hay dos modos de abordarla. La antigua, por la gloria, el logro de que el nombre resplandezca despu&eacute;s de la muerte, la reputaci&oacute;n de una vida y obra ejemplares. La moderna, por el reconocimiento, un modo costoso y doloroso en el que las conciencias se enfrentan para capturar la mirada del otro.
    </p><p class="article-text">
        Labor infinita esta &uacute;ltima porque la captura es imposible, su mismo logro es su fracaso, hacernos due&ntilde;os de la mirada del otro es al mismo tiempo cegarlo. Toda mirada vale si se desv&iacute;a, se llama libertad.
    </p><p class="article-text">
        Y la gloria es el placer p&oacute;stumo, m&aacute;s all&aacute; de nosotros mismos, solo comprensible en un cosmos eterno y augusto como el destino, aquel mundo no es el nuestro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta v&iacute;a dolorosa del hombre te&oacute;rico se interrumpe en el Renacimiento cuando entra en escena el bastidor del pintor y el mapa del cart&oacute;grafo. Pero las im&aacute;genes visuales ingresar&aacute;n a ese mismo mundo en el que los signos reflejar&aacute;n su semejanza.
    </p><p class="article-text">
        La vida contemplativa, la del espectador letrado, tendr&aacute; su fin con los que Sloterdijk denomina&nbsp;&ldquo;asesinos del hombre te&oacute;rico&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Primero Marx con sus tesis sobre Feuerbach de 1845 que anuncia la hora de dejar de interpretar el mundo para transformarlo. Inaugura lo que Sloterdijk denomina&nbsp; &ldquo;la militancia&rdquo; y declara la guerra civil en la filosof&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n Nietzsche, art&iacute;fice de la mirada local inscripta en el cuerpo, en el lugar desde el que se habla, del objetivo contra el que se habla, el aqu&iacute; y ahora de la singularidad de la existencia.
    </p><p class="article-text">
        Por Nietzsche, se&ntilde;ala con perspicacia Sloterdijk, ponemos en tela de juicio la sentencia aristot&eacute;lica de que los humanos en cuanto seres racionales tendemos naturalmente a querer conocer. Una curiosidad originaria que desde el sentido de la vista a la b&uacute;squeda de la sabidur&iacute;a define a la voluntad de verdad del hombre habitado por el logos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sloterdijk&nbsp;recuerda su otra cara, habla de &ldquo;neophobia&rdquo;, la fobia a la novedad, el rechazo a lo que remueve los cimientos de lo ya sabido, la defensa del dogma, y de una muestra variada de la voluntad de no saber. La ignorancia como pasi&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sigue por Gy&ouml;rgy Lukacs, quien habla de conciencia de clase y divide el conocimiento en ciencia burguesa servil y ciencia proletaria emancipadora. Toda filosof&iacute;a no marxista es catalogada como instrumento de conservaci&oacute;n del orden existente, y servir&aacute; de relato apolog&eacute;tico para las pol&iacute;ticas de exterminio de Lenin y Stalin. Otra muestra de la guerra civil en filosof&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El listado de quienes embisten contra el hombre te&oacute;rico refugiado en su &ldquo;otro lugar&rdquo; es profuso. Heidegger que debi&oacute; volver a una actitud te&oacute;rica, de contemplaci&oacute;n y escucha, despu&eacute;s de su paso militante por el nazismo; el fin de la inocencia del conocimiento cient&iacute;fico despu&eacute;s de Nagasaki e Hiroshima; la filosof&iacute;a de la existencia que dignifica el vivir frente al saber; la sociolog&iacute;a del conocimiento que adosa el saber a los intereses como lo llev&oacute; a cabo Max Scheler que habla de tipos de conocimiento orientados a la educaci&oacute;n, a la salvaci&oacute;n y a la dominaci&oacute;n; Thomas Kuhn y Michel Foucault con sus paradigmas y discursos que&nbsp;institucionalizan el saber en redes de un poder; la denuncia de la dominaci&oacute;n masculina; el auge de la neurociencia y el enfoque sobre lo emotivo en la inteligencia; la feria de las vanidades del mundo intelectual descriptas por Pierre Bourdieu; y las intrincadas investigaciones de Bruno Latour sobre la labor de los cient&iacute;ficos en el mundo de los laboratorios. Otra heterotop&iacute;a que disipa la mirada neutral.
    </p><p class="article-text">
        Estas ofensivas contra el hombre te&oacute;rico, finalizan con una cita de <em>El libro del desasosiego</em> de Fernando Pessoa, el poeta de la gloria nocturna que celebra la palabra sin ser nadie.
    </p><p class="article-text">
        <em>TA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tomás Abraham]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/via-dolorosa-hombre-teorico_129_8077548.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Jun 2021 03:02:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vía dolorosa del hombre teórico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Filosofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Historia de un alemán para pensar la pandemia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-aleman-pensar-pandemia_129_8026168.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7d9446f7-05fc-421a-96a6-73f1238630ac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Historia de un alemán para pensar la pandemia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        &iquest;Podemos definir a la pandemia como una cat&aacute;strofe? &iquest;Hasta qu&eacute; punto es posible confiar en que gradualmente sus efectos nefastos se disipar&aacute;n en un mundo que vuelve a la normalidad? Se dice que en los EEUU la gente vive como si nada hubiera pasado. En nuestro pa&iacute;s se dice que el gobierno est&aacute; en un buen momento porque el proceso de vacunaci&oacute;n se acelera, se postergan los pagos de la deuda, ingresamos en un nuevo ciclo en que los commodities tendr&aacute;n una creciente demanda y aumentar&aacute;n de precio, se flexibilizar&aacute; el gasto p&uacute;blico y se transfieren ingentes fondos de la naci&oacute;n&nbsp;a la provincia de Buenos Aires para obras p&uacute;blicas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una normalidad intensificada por la obsesi&oacute;n de que no se interrumpan los espect&aacute;culos deportivos como la Copa Am&eacute;rica y el torneo de Roland Garros. Pero a&uacute;n as&iacute;, &iquest;eliminamos as&iacute; el eventual diagn&oacute;stico de cat&aacute;strofe a la pandemia del Covid-19?
    </p><p class="article-text">
        <strong>La pregunta tiene que ver con la relaci&oacute;n entre una cat&aacute;strofe &ndash; que en hebreo se dice Shoah &ndash; con mutaciones culturales y revoluciones pol&iacute;ticas. </strong>Esta inquietud me la ofrece el libro <em>Historia de un alem&aacute;n</em>&nbsp;de Sebastian Haffner, escrito en 1939 y publicado medio siglo despu&eacute;s. Haffner, cuyo apellido es Pretzel, de origen protestante, es un periodista alem&aacute;n nacido en Berl&iacute;n en 1907 que deja su pa&iacute;s en 1938.
    </p><p class="article-text">
        El libro de Haffner nos da una radiograf&iacute;a de la sociedad alemana en la primera posguerra hasta el ascenso al poder del nazismo. Mi inter&eacute;s por este libro converge con mi &uacute;ltimo trabajo en el que intento comprender c&oacute;mo se fabric&oacute; un nazi en mi pa&iacute;s natal, Rumania, en la entreguerra europea. En este caso se trata de Alemania.<strong> &iquest;C&oacute;mo pudo suceder que un nuevo partido pol&iacute;tico como el nacional socialista, que en el a&ntilde;o 1928 obtuviera el 2,63% de los votos, dominara cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, en el primer trimestre de 1933, todos los n&uacute;cleos y los rincones de la sociedad alemana? &iquest;C&oacute;mo fue que la socialdemocracia y los partidos conservadores de la rep&uacute;blica de Weimar, que sumaban el 65% de los votos en cinco a&ntilde;os, no fueran m&aacute;s que una m&iacute;nima reliquia de un pasado sepultado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Haffner en su relato pone en palabras lo que artistas como George Grosz y Otto Dix ilustraron con sus caricaturas. Sale a la luz otro lado de la vida pol&iacute;tica que sigue el ascenso fulgurante y definitivo de Adolfo Hitler y la nazificaci&oacute;n de la sociedad alemana. Nos referimos a la vida cotidiana.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trata de lo que Gilles Deleuze llam&oacute; microfascismo. Dice Haffner: &ldquo;Lo que uno come y bebe, la persona a la que uno ama, las aficiones a las que dedica su tiempo libre, la gente con la que trata, si sonr&iacute;e o tiene un aspecto siniestro, lo que lee y los cuadros que cuelgan en la pared&hellip;en eso consiste la lucha pol&iacute;tica en Alemania. &Eacute;ste es el campo de batalla sobre el que se deciden de antemano las batallas de la futura guerra mundial. Puede sonar grotesco, pero es as&iacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Haffner nos cuenta su infancia y la de sus amigos, todos nacidos entre 1900 y 1910, que vivieron la guerra como un gran juego. Ni el colegio, ni el paseo con los padres daban sentido a la vida, lo que s&iacute; lo daba era ir corriendo cada d&iacute;a hasta las pizarras en la calle para informarse de los acontecimientos militares del momento, las cifras de prisioneros de cinco d&iacute;gitos, fortalezas derribadas, botines de guerra inconmensurables, trincheras ganadas, enemigos muertos, una numerolog&iacute;a que abarcaba &ldquo;temas infinitos para dar rienda suelta a la imaginaci&oacute;n y la vida ascend&iacute;a imparable&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Muchos de estos ni&ntilde;os ten&iacute;an ya casi veinte a&ntilde;os cuando asesinan a Rosa Luxemburgo y a Karl Liebknecht despu&eacute;s del intento revolucionario de 1918, despu&eacute;s, en 1922, se comete el asesinato del dirigente centrista Walter Rathenau, ministro de Relaciones Exteriores, y, en un clima en el que el crimen pol&iacute;tico es legitimado, entre estos j&oacute;venes hay quienes se unen a la acci&oacute;n de grupos paramilitares nacionalistas como los &ldquo;freikorps&rdquo;. Este clima de violencia se incrementa con la explosi&oacute;n hiperinflacionaria de 1923 en el que conviven mendicidad y cabaret, en que los viejos se suicidan ante la desaparici&oacute;n de todos sus bienes y j&oacute;venes veintea&ntilde;eros se hacen millonarios en horas al ser duchos en la bolsa y en la compra y venta de divisas, cotizaciones alocadas por las que el d&oacute;lar de valer 100 marcos pasa a valer 100 millones, un Banco Central que deja de emitir billetes por falta de papel, en que, como cuenta Grosz en su autobiograf&iacute;a, con 25 centavos de d&oacute;lar se compraba una casa de campo en medio de un festival de n&uacute;meros que vuelve a excitar a la generaci&oacute;n que en la infancia segu&iacute;a los vaivenes num&eacute;ricos de la guerra, una danza de la muerte carnavalesca y gigante como la describe Haffner.&nbsp;La situaci&oacute;n se vuelve intolerable cuando asume un ministro de Econom&iacute;a que hace un ajuste fiscal cruento para tener divisas disponibles y cumplir con las indemnizaciones de guerra por el compromiso firmado en el pacto de Versalles, lo que provoca saqueos a grandes almacenes y manifestaciones de repudio. Nuevos personajes fuera del establishment pol&iacute;tico se hacen notar, como un tal H&auml;user en Berl&iacute;n, otro tal Lambert en Turingia y un Hitler en M&uacute;nich. Cada uno con su propio estilo salvacionista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El pueblo est&aacute; desencantado con la clase pol&iacute;tica a la que considera traidora y cobarde porque lo primero que hacen es irse al extranjero, no asumir responsabilidades o claudicar en principios y acciones. Haffner dice que los alemanes no soportan el aburrimiento y lo apagan con alcohol y supersticiones, a las que combinan con una austeridad propia del puritanismo prusiano, del norte de Alemania, en la que un individuo son dos: persona y funcionario. El deber burocr&aacute;tico ante todo que los aficionados a la filosof&iacute;a reconocemos tanto en Hegel, con su bur&oacute;crata esclarecido, como con el funcionario de la humanidad de Husserl. Funcionario de cadenita de oro y mon&oacute;culo de d&iacute;a, y caberetero rodeado de mujeres semidesnudas a la noche.
    </p><p class="article-text">
        Hitler no hace m&aacute;s que extremar un ambiente que de acuerdo a George Grosz en <em>Un s&iacute; menor y un NO mayor</em>, dice: &ldquo;La capital de nuestra nueva Rep&uacute;blica alemana era una caldera encendida. No se ve&iacute;a quien echaba le&ntilde;a en aquella caldera; solamente sent&iacute;amos el alegre crepitar del fuego y un calor cada vez m&aacute;s intenso. En cada esquina hab&iacute;a un orador, y en todas partes se o&iacute;an cantos de odio. Todos eran odiados: los jud&iacute;os, los capitalistas, los terratenientes, los comunistas, los militares, los propietarios, los obreros, los desocupados, la guardia negra, los organismos de control, los pol&iacute;ticos, las grandes tiendas y nuevamente los jud&iacute;os. Era como una org&iacute;a de intoxicaci&oacute;n, y la rep&uacute;blica era d&eacute;bil, apenas se ten&iacute;a en pie. Aquello no pod&iacute;a acabar m&aacute;s que en un horrendo estallido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nada de este clima interrump&iacute;a la vida cotidiana que Haffner bautiza como la de &ldquo;business as usual&rdquo; que asegura una rutina diaria que genera seguridad y una sensaci&oacute;n de permanencia. Este cocktail, sigue Haffner,&nbsp; entre &ldquo;la apasionada disposici&oacute;n al odio que penetraba en las discusiones privadas que generaba ya de por s&iacute; la sensaci&oacute;n de tener que pensar en la pol&iacute;tica siempre a toda hora y siempre&rdquo;, con el business as usual, hac&iacute;a que &ldquo;de ah&iacute; a la jungla s&oacute;lo hay un paso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Este clima en el que la vida pol&iacute;tica y la vida civil se hacen una y la misma, con el advenimiento de Hitler se le suman aspectos positivos que Haffner destaca.</strong> La camarader&iacute;a en campamentos de j&oacute;venes nazis, los desfiles callejeros con cantos entusiastas, el protagonismo de los espect&aacute;culos deportivos y la importancia de las marcas y los records con sus correspondientes campeones, las parejas bailando en los jardines y los &ldquo;dancings&rdquo;, teatros y caf&eacute;s llenos, veraneantes tumbados en las playas, una felicidad que acompa&ntilde;aba lo que Haffner llama &ldquo;bacilo lobuno&rdquo; derivado de instintos s&aacute;dicos que un&iacute;a en un mismo contagio a toda una poblaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En febrero de 1933, cuatro semanas despu&eacute;s de la asunci&oacute;n de Hitler, se incendia el Reichstag y comienza la cacer&iacute;a de disidentes y adversarios pol&iacute;ticos que se enviar&aacute;n a los primeros campos de concentraci&oacute;n nazis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo a&ntilde;o en nuestro pa&iacute;s se firma el acuerdo Roca&ndash;Runciman, se publica <em>Radiograf&iacute;a de la pampa</em> de Ezequiel Martinez Estrada, se estrena <em>Tango</em>, la primera pel&iacute;cula sonora argentina y Jorge Luis Borges publica en el diario <em>Cr&iacute;tica</em> los primeros relatos de <em>Historia Universal de la infamia</em>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y la pandemia, casi un siglo despu&eacute;s de los acontecimientos que estamos narrando? Quienes preguntan sobre la vida pospand&eacute;mica, por el futuro, al mirar al pasado har&iacute;an mal en espantarse. <strong>El espanto paraliza y no deja pensar. No es lo mismo reconocer el car&aacute;cter catastr&oacute;fico de la pandemia que ser un catastrofista. </strong>Espero no ser parte del esp&iacute;ritu&nbsp;apocal&iacute;ptico que renace de sus cenizas sin necesitar murci&eacute;lagos para dispararse. Que nadie piense que lo que quiero decir es que la pandemia va a ser una nueva f&aacute;brica de nazis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay un peligro evidente en un mundo en que los cient&iacute;ficos est&aacute;n bajo sospecha porque no se sabe si nos curan o nos infectan por lo que elaboran en sus misteriosos laboratorios, los pol&iacute;ticos repudiados por doquier de parte de pueblos disconformes y decepcionados, y un mosaico de ortodoxias religiosas que nos dividen entre hundidos y salvados, como dec&iacute;a Primo&nbsp; Levi. <strong>En este mundo que hace temblar los tres emblemas de la civilizaci&oacute;n como la ciencia, la pol&iacute;tica y la religi&oacute;n, cualquier cosa puede suceder.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute;, por ejemplo?&nbsp;&iquest;Por qu&eacute;, finalmente, tener miedo? &iquest;A qu&eacute; tenerle miedo? &iquest;Acaso lo que sucede en Chile, Per&uacute; y Colombia no es algo bueno? &iquest;Miedo a la reivindicaci&oacute;n de las masas postergadas y excluidas que nos hacen sentir su presencia y escuchar su voz? &iquest;No es acaso cierto que la pandemia no hizo m&aacute;s que develar la injusticia que se intentaba ocultar con sofisticaciones que hoy se vuelven in&uacute;tiles?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Miedo al caos? &iquest;A la ingobernabilidad? &iquest;Para defender un orden vetusto que ha mostrado los privilegios en los que se fundamenta una vez que se le cae la m&aacute;scara? &iquest;Temer una proletarizaci&oacute;n indefinida de la sociedad cuando ya son incontables el n&uacute;mero de pobres?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En nuestro pa&iacute;s la dirigencia opositora y sus voceros culturales piden desobediencia civil contra la infectadura y quieren ver que la gente despierte de su pasividad y salga a la calle. Los del gobierno manifiestan que el principal culpable de los contagios son las fiestas clandestinas. Dicho de este modo nada parece tan grave, cacerolas y consolas no son armas letales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema es m&aacute;s complejo, va m&aacute;s all&aacute; de j&oacute;venes irresponsables y una clase media adormecida. Hay m&aacute;s de 80.000 muertos por Covid, cifras de pesadilla de chicos desnutridos, millones sin trabajo, otros millones sin estudios, miles de comercios y empresas fundidos, y no va a ser sencillo decir &ldquo;PASO&rdquo; e irse al mazo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>TA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tomás Abraham]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/historia-aleman-pensar-pandemia_129_8026168.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Jun 2021 03:27:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Historia de un alemán para pensar la pandemia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nazismo,Alemania,Pandemia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Davos y el desmoronamiento del mundo burgués]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/davos-desmoronamiento-mundo-burgues_129_7983233.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/347d62aa-604f-4d55-86d9-18549e14c753_16-9-discover-aspect-ratio_default_1020073.jpg" width="305" height="171" alt="Davos y el desmoronamiento del mundo burgués"></p><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 1929 se desmorona el mundo burgu&eacute;s. Se trata de la derrota de una concepci&oacute;n del mundo y de un modo de vida sostenido por un marco &eacute;tico-pol&iacute;tico basado en valores como orden y progreso, ciencia e industria, rep&uacute;blica y laicismo, educaci&oacute;n popular. El positivismo fue la &uacute;ltima filosof&iacute;a del capitalismo industrial y colonial.
    </p><p class="article-text">
        Acercar&eacute; de un modo tangencial dos acontecimientos en principio inconmensurables que le dan relieve a aquel a&ntilde;o: <strong>la conferencia de Davos</strong> que enfrenta a Ernst Cassirer, autor de <em>La filosof&iacute;a de las formas simb&oacute;licas</em> (1923-1929), con Martin Heidegger, el fil&oacute;sofo de <em>Ser y tiempo</em> (1927), <strong>y la debacle de Wall Street</strong>. Puede parecer rid&iacute;culo trazar un paralelo entre un coloquio en los Alpes Suizos que no re&uacute;ne m&aacute;s que a un par de cientos de estudiantes y acad&eacute;micos europeos, y una cat&aacute;strofe financiera que derrumba un sistema econ&oacute;mico global.
    </p><p class="article-text">
        Pero la diferencia de sus resonancias es temporal. El derrumbe de la bolsa tiene consecuencias inmediatas, mientras la diatriba entre los dos fil&oacute;sofos tuvo efectos retardatarios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mundo burgu&eacute;s se construye de fragmentos que se componen con el tiempo a partir de referencias heterog&eacute;neas. No se sintetiza en un &uacute;nico gesto. Tres &iacute;conos signan su perfil: el Renacimiento, la Reforma y la Ilustraci&oacute;n. Elegimos una bisagra que nos permita ensamblar el tr&iacute;ptico, nos referimos a la hegemon&iacute;a de la palabra. Materialidad verbal que se despliega entre el contrato y la promesa, desde la contabilidad del Quattrocento al contrato social en Rousseau, del sapere aude en Kant al an&aacute;lisis de la responsabilidad en Nietzsche y la &eacute;tica protestante en Max Weber.&nbsp; El mundo, dice Sandor Marai en <em>Confesiones de un burgu&eacute;s</em>, se sostiene en el peso de la palabra.
    </p><p class="article-text">
        Peter Sloterdijk recuerda que este culto a la palabra es el fundamento del humanismo: &ldquo;nada de lo escrito me es ajeno&rdquo;, es su consigna. Existe un v&iacute;nculo entre una antropolog&iacute;a que trasmite una concepci&oacute;n del hombre civilizado y la importancia del dominio de la gram&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; tiene que ver esta imagen del hombre con atributos con el burgu&eacute;s? En que el cumplimiento de la palabra empe&ntilde;ada responde por la respetabilidad, la correcci&oacute;n y la honestidad. Es la moral burguesa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seis meses antes de la debacle financiera, Cassirer defiende este mundo; para &eacute;l la filosof&iacute;a tiene una misi&oacute;n, un deber, una tarea, que se condensa en un trabajo intelectual para ampliar las libertades. El fin del ser humano es hacer uso de su libertad, porque esta libertad, dec&iacute;a Kant, hace del hombre algo m&aacute;s que un ser natural. Al proponerse fines, se convierte en un ser moral, puede mejorarse a s&iacute; mismo. Tiene un horizonte de perfectibilidad.
    </p><p class="article-text">
        Por eso para el jud&iacute;o alem&aacute;n Cassirer, heredero de la Ilustraci&oacute;n y de la Rep&uacute;blica de Weimar, la libertad del hombre se manifiesta en su creatividad. El universo de las formas simb&oacute;licas es la muestra de que la espontaneidad de la raz&oacute;n genera lo que llamamos cultura. Somos creadores y no criaturas. La generaci&oacute;n de s&iacute;mbolos es trascendente, supera los l&iacute;mites de la temporalidad.
    </p><p class="article-text">
        Heidegger responder&aacute; con una nueva filosof&iacute;a alejada de los idealismos. Su visi&oacute;n de una vida aut&eacute;ntica se basa en la asunci&oacute;n del tiempo como r&uacute;brica definitiva de la existencia, que de&nbsp;ser aut&eacute;ntica debe asumir la angustia ante la nada y el ser para la muerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los dos fil&oacute;sofos en principio se disputan sobre el legado de Kant. Para Cassirer se trata de la moral de la libertad, para Heidegger de las consecuencias de la finitud.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La opini&oacute;n p&uacute;blica y la atm&oacute;sfera presente le da el triunfo a Heidegger, es lo nuevo, otra voz, otra inquietud. Cassirer, alto, con el pelo blanco, quince a&ntilde;os mayor que su adversario, de traje y corbata, elegante en sus maneras y un proceder cordial que intenta integrar a su adversario en un discurso com&uacute;n, frente a un nuevo fil&oacute;sofo agresivo, bajo y macizo, que se presenta fuera de hora en ropa de ski. Un alpinista exc&eacute;ntrico que con su descuido de las formas seduce a los j&oacute;venes presentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Heidegger muestra su desprecio por los valores de Weimar, las ilusiones de una burgues&iacute;a decadente montada sobre las cenizas de los soldados muertos hac&iacute;a no m&aacute;s de diez a&ntilde;os, que encarna los modelos extranjerizantes de los que humillaron a la patria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para el futuro rector de la universidad de Friburgo, Weimar no era m&aacute;s que un producto de Londres y Par&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Palabrer&iacute;o moral, cobard&iacute;a, inautenticidad, Heidegger es antihumanista, no existen para &eacute;l valores universales que conforman una entidad llamada humanidad. El hombre es un ser ah&iacute;, arrojado en el mundo, que se sabe mortal y que debe sostener su pregunta sobre el sentido ante la nada.
    </p><p class="article-text">
        La filosof&iacute;a de la existencia nace a mediados del siglo XIX con Kierkegaard que reacciona contra la totalidad del sistema hegeliano, y proclama los derechos del individuo y la singularidad ante el tsunami fatal de la historia. Heidegger, sin la pat&eacute;tica existencial del dan&eacute;s, continua esa tradici&oacute;n con el agregado de la&nbsp; erudici&oacute;n cl&aacute;sica propia de un escol&aacute;stico alem&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es el fin de un mundo filos&oacute;fico, coincidente en el tiempo con el fin de otro mundo, el que ya hemos mencionado, el del burgu&eacute;s.</strong> Por supuesto que perduran restos del antiguo por la inercia misma de los sistemas, hay y habr&aacute; kantianos como pregoneros del librecambio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Con el derrumbe burs&aacute;til de 1929, nacen nuevas sociedades, nuevos sistemas pol&iacute;ticos y nuevos l&iacute;deres. </strong>Stalin, Hitler, Franco, Zalazar, Mussolini, no se trata s&oacute;lo de lo que Hannah Arendt llama totalitarismo, sino tambi&eacute;n de Franklin D. Roosevelt y su New Deal.
    </p><p class="article-text">
        En la entreguerra a&uacute;n languidecen los viejos sistemas como la Francia de Le&oacute;n Blum y &Eacute;douard Daladier o la Gran Breta&ntilde;a de Lloyd George y Chamberlain, pero no pueden disimular su agon&iacute;a y la p&eacute;rdida de su poder. La monarqu&iacute;a imperial y la tercera rep&uacute;blica se disuelven lentamente.
    </p><p class="article-text">
        El imperio americano ya no es burgu&eacute;s, su capitalismo es otro, su relato tampoco es el mismo. A&uacute;n hoy, en que sospechamos su decadencia, no encontramos la palabra precisa para designarlo, como tampoco sabemos c&oacute;mo nombrar a su contendiente, el r&eacute;gimen chino. Como si las palabras comunismo y capitalismo fueran anacr&oacute;nicas, lenguaje viejo para realidades nuevas.
    </p><p class="article-text">
        Los fil&oacute;sofos hablan de vida l&iacute;quida, sociedad del cansancio o de la posverdad, de neoliberalismo, de posmodernidad, neocomunismo o era del vac&iacute;o, da lo mismo, los nombres fallan, s&oacute;lo nombran efectos superficiales y obvios. Inscribir lo banal en una tradici&oacute;n prestigiosa marca la tendencia de nuestros d&iacute;as entre intelectuales globales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre nosotros, los argentinos, alejados de los centros del poder mundial, las repercusiones no dejaron de producirse despu&eacute;s del quiebre econ&oacute;mico y financiero global. En lo fundamental nuestra econom&iacute;a depend&iacute;a del consumo brit&aacute;nico como tambi&eacute;n de Inglaterra derivaba lo que compr&aacute;bamos. Lo que aconteci&oacute; en Wall Street cambia las fichas del tablero mundial y pone en cuesti&oacute;n el modelo agroexportador de nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La d&eacute;cada del treinta, conocida por infame, tuvo una infamia dominante: la impotencia. Ante el nuevo escenario global, no supo qu&eacute; hacer. Ni en lo econ&oacute;mico y menos en lo pol&iacute;tico. En lo econ&oacute;mico dispuso de un excelente gabinete ministerial con el que inici&oacute; un proceso de industrializaci&oacute;n inconcluso al no modificar las relaciones de fuerza con lo que F&eacute;lix Weil &ndash; fundador y mecenas de la escuela de Frankfurt -&nbsp; en <em>El enigma argentino</em>, llam&oacute; &ldquo;el poder de los estancieros&rdquo;. En lo pol&iacute;tico con Uriburu quiso ser fascista y no lo consigui&oacute;. Con Justo quiso ser liberal y fue fraudulento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En nuestro pa&iacute;s durante la d&eacute;cada del treinta se origina un inter&eacute;s creciente sobre nuestra identidad. Emerge una grupo de intelectuales que ante el fin del modelo imaginado por Alberdi y Sarmiento y llevado a la pr&aacute;ctica por Roca, se preguntan por la identidad de la naci&oacute;n y por la argentinidad. Los llamo los &ldquo;argentinistas&rdquo;. Los m&aacute;s interesantes son los que est&aacute;n a la deriva y responden de acuerdo a su desorientaci&oacute;n. Mart&iacute;nez Estrada, Scalabrini Ortiz y Eduardo Mallea son los m&aacute;s notorios.
    </p><p class="article-text">
        En el terreno filos&oacute;fico se reproduce la confrontaci&oacute;n de Davos. Acad&eacute;micos como Alejandro Korn y Francisco Romero se dedicaron a difundir la filosof&iacute;a neokantiana o la filosof&iacute;a de los valores de Max Scheler. Carlos Astrada, becado en Alemania, trae al pa&iacute;s la novedad heideggeriana en sus aspectos primitivistas, que sostendr&aacute; en textos en los que encomia a la tierra, a la pampa y a la figura del gaucho.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otros encuentran una respuesta al ser argentino en la hispanidad, en el catolicismo y la colonia. Son los primeros revisionistas hist&oacute;ricos y los representantes de una derecha reaccionaria que se prolonga en el tiempo. De los hermanos Irazusta en el primer caso a Julio Meinville y Martinez Zuvir&iacute;a como ejemplo de antisemitas de relieve en el &uacute;ltimo.
    </p><p class="article-text">
        Davos, sitio paradis&iacute;aco de un invierno eterno, en el que se reunieron aquellos dos fil&oacute;sofos y desde hace medio siglo congrega a los grandes jerarcas del mundo.
    </p><p class="article-text">
        <em>TA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tomás Abraham]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/davos-desmoronamiento-mundo-burgues_129_7983233.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 May 2021 03:52:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Davos y el desmoronamiento del mundo burgués]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La matanza negada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/matanza-negada_1_7967321.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ebd37f7a-c977-4645-a6c9-2decfc0977c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La matanza negada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En "La matanza negada. Autobiografía de mis padres" (Editorial El Ateneo) Tomás Abraham se pregunta por qué vino de Rumania (y aun así se considera argentino), por qué sus padres se salvaron del genocidio de 350.000 judíos rumanos y por qué en su ciudad natal las sinagogas, sin daños aparentes, están cerradas con candados. Aquí, un fragmento del primer capítulo.</p></div><h3 class="article-text">Soy jud&iacute;o</h3><p class="article-text">
        Soy jud&iacute;o. As&iacute; comienza este escrito de filosof&iacute;a. Nacido en Rumania. De este modo, contin&uacute;a. Adoptado por la Argentina. As&iacute; sigue. 
    </p><p class="article-text">
        Ser, nacer, adoptar. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Desde cu&aacute;ndo soy jud&iacute;o? &iquest;Desde que nac&iacute;? S&iacute; y no. Lo soy desde la circuncisi&oacute;n; es l&oacute;gico. Para ser jud&iacute;o, hace falta el ritual y el nombre.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Desde hace cinco mil setecientos a&ntilde;os? S&iacute; y no. Por pertenecer a una historia que me trasciende, puede ser que lo sea, pero es una historia m&iacute;tica. Se pierde en el abismo. La Biblia es un relato abismal. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por una lengua? No. No hablo hebreo ni <em>yiddish</em>. &iquest;Por la religi&oacute;n? S&iacute; y no. Cumplo con algunas fechas consagratorias (Pesaj, una de la m&aacute;s laicas y en especial pol&iacute;tica: liberaci&oacute;n de la esclavitud), hice bar mitzv&aacute; y soy circunciso por voluntad de mis padres, y no mucho m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los rituales de los jud&iacute;os ortodoxos me parecen lo mismo que los de cualquier cultura ex&oacute;tica, un asunto tribal con ceremonias m&aacute;gicas y supercher&iacute;as curiosas. Con dos agregados: por un lado, no me son tan ex&oacute;ticos ni son equivalentes a las mayas o zul&uacute;es porque son jud&iacute;os, como yo. Me son afines y ajenos. Por otro, los considero una variante de los sistemas de crueldad que inventan autoridades teol&oacute;gico-pol&iacute;ticas para encerrar al grupo y no dejar que se presente fisura alguna en su interior.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y este es el tercer agregado, no puedo saber si una comunidad como la jud&iacute;a, dispersa durante siglos, sin tierra ni naci&oacute;n, con un &uacute;nico sitio alrededor del cual pod&iacute;a congregarse, me refiero al Templo, rodeada por una civilizaci&oacute;n que la acusaba de matar a su dios, pod&iacute;a haber sobrevivido sin organizar un meticuloso y exhaustivo listado de reglas que reforzaran diariamente un sistema de obediencia e identificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, claro, estas justificaciones ya no pueden ser las mismas por varios motivos. Uno es la existencia de una naci&oacute;n con su Estado, Israel, y el otro, que la ortodoxia se suma a la proliferaci&oacute;n de sectas que, luego de la ca&iacute;da del Muro y por la deflaci&oacute;n de las concepciones del mundo universales y emancipatorias de fines del siglo XVIII, me refiero a la proliferaci&oacute;n de evangelismos, islamismos y otras ortodoxias, junto con las reivindicaciones de autonom&iacute;as regionales y secesiones varias, componen este nuevo mundo que ha dado un pisot&oacute;n a los valores de la Ilustraci&oacute;n, con el resultado de una guerra de minor&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Creo en Dios? S&iacute; y no. No s&eacute; nada de &Eacute;l, me extra&ntilde;a singularizarlo, mandarlo al cielo y fijarlo, nombrarlo, pero s&eacute; que somos una gota en el oc&eacute;ano c&oacute;smico; as&iacute; de cursi es mi creencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por mis costumbres? No. &iquest;Por mi fisionom&iacute;a? No creo. Mezcla de eslavo, algo turco, un balc&aacute;nico vacunado con vaya a saber qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por mi apellido? S&iacute;. No cualquiera se apellida <em>Abraham</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero mi <em>ser jud&iacute;o </em>es otra cosa, al menos, desde ahora. Lo soy porque vine; soy porque <em>vine</em>. Mi identidad no se define por un <em>estar</em>, sino por un <em>venir</em>. Vine de Timisoara; me vinieron de Timisoara. Y ahora vuelvo.
    </p><p class="article-text">
        En Rumania, de donde me fui, soy jud&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; nac&iacute; el 5 de diciembre de 1946. Hac&iacute;a un a&ntilde;o y medio que hab&iacute;a terminado la guerra. Por lo que mi concepci&oacute;n se produjo unos diez meses finalizada la Shoah. &iexcl;Qu&eacute; palabra! <em>Shoah</em>. Es la primera vez que la escribo. Genocidio, Holocausto, nunca Shoah. 
    </p><p class="article-text">
        Es posible que mis padres hayan esperado un tiempo antes de decidirse a ser padres. Se casaron en el 43, j&oacute;venes: diecinueve a&ntilde;os, mi madre; veintid&oacute;s, mi padre. Nunca me hablaron de su juventud, poco y nada de su infancia, pocas fotos conservaron. 
    </p><p class="article-text">
        Pens&eacute; escribir un libro con el t&iacute;tulo de <em>Autobiograf&iacute;a de mis padres</em>; quiz&aacute; sea este. 
    </p><p class="article-text">
        En realidad, <em>vine </em>el 13 de octubre de 1948, de ninguna parte, claro, de Rumania, pero me hablaban en h&uacute;ngaro. Y, entre ellos, se hablaban en alem&aacute;n, a veces. Nunca escuch&eacute; una palabra en rumano. 
    </p><p class="article-text">
        Volv&iacute; medio siglo despu&eacute;s, con ellos, y comenc&eacute; a ser jud&iacute;o, no del todo, pero bastante. Quince a&ntilde;os despu&eacute;s, volv&iacute; una segunda vez, esta vez solo, y me volv&iacute; m&aacute;s jud&iacute;o. Hubo una tercera para confirmarme en mi juda&iacute;smo.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un cambio. Escrib&iacute; que, en Rumania, soy jud&iacute;o, pero ahora tambi&eacute;n en la Argentina. De otro modo, porque es mi pa&iacute;s, con el que nos adoptamos. Soy argentino por adopci&oacute;n mutua.
    </p><p class="article-text">
        Soy rumano, adem&aacute;s, &iexcl;qu&eacute; sorpresa! No sab&iacute;a que lo era. A los dieciocho a&ntilde;os, renunci&eacute; sin saberlo a mi rumanidad por el mero hecho de no volver a Rumania, un pa&iacute;s que me lo presentaban como una c&aacute;rcel, no quer&iacute;a se repatriado para hacer el servicio militar. Fui un ap&aacute;trida unos cuatro a&ntilde;os. Desde ese momento, me convert&iacute; en ciudadano argentino. &ldquo;Naturalizado&rdquo; dice el documento; para mi lectura, es <em>adoptado</em>.
    </p><p class="article-text">
        Mi pasaporte azul de &ldquo;Especial para extranjeros&rdquo; que me identificaba en mi estad&iacute;a de estudiante en Francia troc&oacute; por el argentino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me rumanic&eacute; cuando me pregunt&eacute; por la raz&oacute;n que hizo que mis padres se salvaran del exterminio. Para averiguar el destino de vida de mis padres jud&iacute;os en el pa&iacute;s en el que mataron a m&aacute;s de trescientos cincuenta mil, era inevitable <em>rumanizarme</em>, aunque fuera un poco. Ellos nunca me hablaron del tema. Nunca escuch&eacute; la palabra <em>sobreviviente </em>en mi casa ni tampoco <em>refugiado</em>; eran inmigrantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Timisoara pertenece a la regi&oacute;n del Banato, suroeste de Rumania. Abarca partes de Serbia. Mataron a unos cientos de miles de jud&iacute;os en Rumania, pero no en el Banato. En Hungr&iacute;a, asesinaron a unos cuatrocientos mil, etc.
    </p><p class="article-text">
        Creo que lo mejor que puede hacerse cuando se habla de la Shoah es escribir <em>etc</em>. Datos abundan, cifras, la contabilidad; el <em>big data </em>de un genocidio es incalificable, innombrable y, agregar&iacute;a, no cuantificable.
    </p><p class="article-text">
        Las discusiones sobre cantidades son perversas y obscenas, salvo que respondan para denunciar a difamadores y negacionistas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi lengua materna es el h&uacute;ngaro. As&iacute; se dice, <em>materna</em>. El lugar de nacimiento lo llaman patria, <em>paterno</em>. Por padre, soy rumano de ascendencia de los sajones alemanes; por madre, h&uacute;ngaro, de ascendencia eslava, o algo as&iacute;, pero, en realidad, por los dos, soy jud&iacute;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desaprend&iacute; el h&uacute;ngaro; hoy apenas lo hablo y lo entiendo poco. Hay quienes me dijeron que, por haber nacido en Timisoara, era h&uacute;ngaro. Me lo repitieron otros naturalizados argentinos nacidos en mi misma ciudad. No lo acepto ni lo acept&eacute;. Para convencerme, me dijeron que los rumanos eran unos boludos que com&iacute;an polenta (comida nacional rumana, la <em>mamaliga</em>, polenta con queso y crema).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay timisoarenses y transilvanos que prefieren ser h&uacute;ngaros porque es m&aacute;s distinguido. Exhiben su racismo altanero, que oculta su complejo de inferioridad frente a la Viena de los austr&iacute;acos, esas cosas imperiales del <em>mundo de ayer</em>, como evocaba el escritor austr&iacute;aco Stefan Zweig. El Banato era parte del Imperio austroh&uacute;ngaro. Timisoara est&aacute; a quinientos kil&oacute;metros de Budapest.
    </p><p class="article-text">
        La familia Abraham de Transilvania, la de mi padre, que naci&oacute; en Sighisoara, hermosa aldea de la que tambi&eacute;n es originario el empalador Vlad Tepes, alias Dr&aacute;cula &mdash;el Mickey&nbsp;Mouse de los rumanos&mdash;, parientes de los que nunca me habl&oacute; porque creo que ni los conoc&iacute;a ni probablemente tampoco se interesara por ellos, fueron enviados a los campos de exterminio de Polonia por el Ej&eacute;rcito h&uacute;ngaro. Eso lo supe cuando me judaic&eacute; por segunda o tercera vez; lo averig&uuml;&eacute; por mi lado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eran del peque&ntilde;o pueblo de Hida (en h&uacute;ngaro, Hidalmas), de la regi&oacute;n de Salaj, a cuarenta kil&oacute;metros de Cluj (en h&uacute;ngaro, Kolosvar), capital de Transilvania. Se los llevaron los primeros d&iacute;as de junio de 1944.
    </p><p class="article-text">
        Los poqu&iacute;simos Abraham que conoc&iacute; en vida nunca me hablaron de los muchos Abraham sin vida.
    </p><p class="article-text">
        De parte materna, la abuela de mi madre fue capturada por los nazis que invadieron un pueblo, creo que P&aacute;tina, cerca de Novi Sad, hoy Serbia. Nadie nunca me habl&oacute; de ella; no s&eacute; su nombre, quiz&aacute; porque fue <em>repudiada </em>por mi bisabuelo al enterarse de que le fue infiel.
    </p><p class="article-text">
        Soy jud&iacute;o en Rumania; en Francia, durante mis estudios, era ap&aacute;trida; en la Argentina, soy argentino, supongo.
    </p><p class="article-text">
        El adoptado supone que es tan hijo de sus padres como otro natural; lo supone. Esta incertidumbre, aunque sea m&iacute;nima, quiz&aacute; sea otro residuo temporal de la famosa eleg&iacute;a del jud&iacute;o errante. Pensar que Emil Cioran, fil&oacute;sofo rumano afrancesado, dice con humor ser un <em>goy </em>errante.
    </p><p class="article-text">
        Si hoy viajo al extranjero y me preguntan qu&eacute; soy, digo argentino, menos en Rumania y en Hungr&iacute;a; ah&iacute; digo que soy jud&iacute;o
    </p><p class="article-text">
        Ser, nacer, adoptar. Soy porque s&iacute;. Ni por esencia, ni por mis padres, ni por la Biblia. Soy el que soy, como Dios. Absolutamente. No me defino como Hombre; no lo soy. Es de Perogrullo o una tonter&iacute;a sostener que no soy un perro, es vacuo, pero ser jud&iacute;o no lo es. Es una plenitud fisurada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para un jud&iacute;o religioso, u ortodoxo, no soy jud&iacute;o ni cristiano; no soy nada, o algo como la nada, esta vez s&iacute; como una especie de perro. El ortodoxo me mira con asco, ni siquiera soy <em>goy</em>; soy un renegado, un jud&iacute;o que se aborrece a s&iacute; mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo lamento, no lo pienso as&iacute;; ni los nazis lo pensaban as&iacute;. Y los nazis no es que tuvieran raz&oacute;n, en el sentido kantiano del t&eacute;rmino, pero les fue bien. Nos pusieron el nombre de jud&iacute;o en nombre del Hombre. Del Ario. Concretaron en una soluci&oacute;n que llamaron <em>final </em>un proceso de un par de siglos de odio al jud&iacute;o. Con ciencia e industria, la era de la t&eacute;cnica (Heidegger).
    </p><p class="article-text">
        Para un israel&iacute;, un sabra, soy algo menos a&uacute;n que un perro; no soy m&aacute;s que un jud&iacute;o quejoso, complaciente con su incomodidad, un llor&oacute;n consuetudinario que sigue hablando de la Shoah y que no tiene el coraje de ir a vivir a Israel, el hogar que solucion&oacute; el eterno problema de la di&aacute;spora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Para Dios, ser&eacute; jud&iacute;o?
    </p><p class="article-text">
        Dios, para los jud&iacute;os, se llama Jehov&aacute;. En realidad, no tiene nombre; se compone de un par de consonantes sin vocales. Se lo representa con una serie de hip&oacute;stasis, como Hashem o Adonai, que lo nombran sin mancharlo o marcarlo. No se lo ve; no se lo nombra; no se lo representa. Y es severo. Un juez. Un censor. No ama; ordena.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, no soy del todo jud&iacute;o. No me gusta que me aten, que me hagan callar o que me obliguen a decir. Opero como un mal rezador, al menos, hasta este momento; la plegaria tradicional no es lo m&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Aunque he rezado, pero una oraci&oacute;n dom&eacute;stica, de fabricaci&oacute;n casera, es un ese o ese, un pedido de socorro, una ayudita, en ocasiones, desesperado, un ruego, a veces, discreto, para no abusar del Supuesto Poder. Nada eclesi&aacute;stico ni protocolar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tomás Abraham]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/matanza-negada_1_7967321.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 May 2021 10:48:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La matanza negada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vélez, el club de las pasiones sin resentimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/velez-club-pasiones-resentimiento_129_7936197.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/99f114b3-db46-4d03-abf5-9c9f9e9f4ca2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vélez, el club de las pasiones sin resentimiento"></p><p class="article-text">
        Nosotros los fortineros salimos subcampeones en el 53. Yo iba a la cancha con mis padres, mis t&iacute;os y mis primos. Almorz&aacute;bamos en un depto de&nbsp;Ciudadela, escuch&aacute;bamos&nbsp;en la radio la revista Dislocada, un programa c&oacute;mico, y enfil&aacute;bamos a ver la tercera, la reserva y la primera. Les puedo decir c&oacute;mo formaba el equipo pero se los ahorro porque no conocen a nadie. &iquest;O acaso saben qui&eacute;n es Ovide? &iquest;Alguien les dijo que hubo otro Cholo Simeone antes de este Cholo Simeone?
    </p><p class="article-text">
        Tuvimos a un director t&eacute;cnico que es un patriarca: Victorio Spinetto, maestro de maestros, y luego a Carlos Bianchi, Marcelo Bielsa, Miguel Russo, Ricardo Gareca. Y todos por uno o varios campeonatos y con gloria. No los us&aacute;bamos de forro para salvar la ropa.
    </p><p class="article-text">
        Pero si hay algo insufrible son los melanco del f&uacute;tbol o esos escritores que para darse una p&aacute;tina de <em>sex appeal </em>dicen que a pesar de leer a Joyce nunca salieron del barrio. <strong>Es el populismo tonto. </strong>No me saco chapa por haber jugado en el Pasaje San Cayetano de Flores con pelota de trapo &ndash; en mi casa sobraban medias viejas y era f&aacute;cil hacerla&nbsp; -, o con pelotas de cuero duro en los potreros de la calle Yerbal. Ni que jugu&eacute; de titular a veces y otras suplente en el equipo de Bourth de la segunda regional del futbol franc&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No me averg&uuml;enza confesar que me retir&eacute; de las competencias un d&iacute;a en que en un partido de todos contra todos un pibe que no sab&iacute;a si pasarme la pelota me pregunt&oacute;: &iquest;vos para qui&eacute;n jug&aacute;s? Junt&eacute; mis cosas y me fui.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Soy un estudioso del f&uacute;tbol y amo el f&uacute;tbol. En ese sentido, soy bien argentino. Lo completo con el chorip&aacute;n y los fideos con tuco, mis platos preferidos. En lo dem&aacute;s soy un turista rumano que lleg&oacute; al pa&iacute;s el martes. Veo toda la Champions, veo la Premier, al Barca, los dos Madrid y el Sevilla, al Inter, es decir, f&uacute;tbol. &iquest;Ustedes sabe qui&eacute;n es Harry Kane? &iquest;Pogb&aacute;? &iquest;Kant&eacute;? &iquest;De Bruyne, Sadio Man&eacute;?&nbsp; &iquest;Lo siguen a Lo Celso en el Tottenham, al Pacu? &iquest;Saben qui&eacute;n es el argentino arquero del Aston Villa? &iquest;C&oacute;mo anda Foyth en el Villarreal?
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; el f&uacute;tbol argentino me queda chico. La verdad es que con la pandemia y otras cosas de las que prefiero no hablar son muchas las cosas que encogieron, adem&aacute;s de las cabezas. Pero soy un hincha total de la selecci&oacute;n argentina. Scaloni hizo un milagro. De Paul, Paredes, Ocampo, Lautaro, Nicol&aacute;s Gonz&aacute;lez, Lo Celso, Mart&iacute;nez Cuarta. Aire nuevo, por fin.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, es cierto, saco chapa por ser un invitado de V&iacute;ctor Hugo y el Mariscal Perfumo, de Fernando Niembro, de Cherquis Vialo, de Alejandro Fantino.&nbsp; Opin&eacute; de f&uacute;tbol, de lo que s&eacute;. Cubr&iacute; el Mundial del 2018 para <em>Clar&iacute;n </em>y escrib&iacute; para <em>P&aacute;gina 12</em> un texto can&oacute;nico, &ldquo;&Eacute;l bache metaf&iacute;sico&rdquo;, en el que analizaba el juego de Claudio Borghi.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        V&eacute;lez est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de los resultados. No somos s&oacute;lo un club de f&uacute;tbol. Hace rato que tenemos primaria, secundaria y terciaria. Yo present&eacute; un libro en el club. Soy un cholulo de los jugadores. Me honra haber viajado en ascensor con Chilavert. Tuve el honor durante a&ntilde;os de ser un parroquiano de &ldquo;Limbo&rdquo;, el bar rest&oacute; de Palermo Soho del Rifle Pandolfi y de Christian Bassedas. Cuando me saludaban me hac&iacute;a el d&iacute;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No tenemos enemigo como los pobres de esp&iacute;ritu que si son bosteros y le ganan a River los gozan por todo el a&ntilde;o, o los cuervos con los del globo, la lepra con los canallas, los pinchas, los del diablo con&hellip;ya saben. Nosotros, no. Cuando nos quieren programar un cl&aacute;sico no encuentran a nadie. <strong>Por eso no odiamos: somos los &uacute;nicos fan&aacute;ticos del mundo sin odio.</strong> Antonio Carrizo cre&iacute;a que me ofend&iacute;a cuando me dec&iacute;a que no &eacute;ramos un club sino una mutual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sabemos de pasiones sin resentimiento.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Confieso que no puedo ver seguido los partidos de V&eacute;lez. Los discontin&uacute;o. Estoy fuera de m&iacute;. Imaginen los futboleros a un adulto mayor en su casa frente al televisor, totalmente solo &ndash; hace a&ntilde;os que siempre veo f&uacute;tbol solo &ndash; puteando y agit&aacute;ndose frente a la pantalla como un Cholo en la l&iacute;nea de cal, pero sin chupines ni saco de cuero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Soy todo furia cuando Hoyos se la da a Delafuente y &eacute;ste a Giannetti, y vuelta atr&aacute;s corta porque encima un contrario y se arma un bolonqui. Y as&iacute; en m&aacute;s. En el f&uacute;tbol argentino tenemos que acostumbrarnos a que un defensor salga del &aacute;rea chica con panorama, con una estancia enfrente, levante la vista y se la d&eacute; a un contrario que tiene a un costado. &iquest;Es ciego? &iquest;Est&aacute; mamado? No lo aguanto a mi equipo. Lo quiero demasiado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi viejo a los 90 a&ntilde;os ve&iacute;a a V&eacute;lez en su minitelevisor. Entro a su cuarto y veo que desembucha un Valium y se lo manda con vaso de agua antes que empiece el partido. &iquest;Qu&eacute; hac&eacute;s si ni empez&oacute; el partido?, le pregunto.&nbsp; Es para prevenir, me dice. Vivi&oacute; cuatro a&ntilde;os m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se fue el Gringo Heinze, se me cay&oacute; el alma al piso; cuando se deshizo la l&iacute;nea media con la venta de Robertone, Nicol&aacute;s Dominguez y Gast&oacute;n Gim&eacute;nez, se me pudri&oacute; el futuro. Y, de repente, el milagro. &iquest;Qui&eacute;nes son estos ignotos? &iquest;Lucero? &iquest;Janson? &iquest;Orellano? &iquest;Ortega? &iquest;el pibito Almada? &iquest;Tarragona?
    </p><p class="article-text">
        Antes del Gringo hubo un par de temporadas en que V&eacute;lez cay&oacute; en un pozo y yo con &eacute;l. Sufr&iacute; de acedia futbolera, un pecado venal de acuerdo a los padres de la Iglesia que se expresa en desinter&eacute;s y aburrimiento. Ni sab&iacute;a c&oacute;mo formaba el equipo, sent&iacute;a el fuego del infierno, el que nos achicharra en el descenso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        V&eacute;lez es el mejor equipo del campeonato con River. Los relatores deportivos se babean cuando lo ven jugar, hasta, dir&iacute;a, exageran. Pero en TyC, ESPN, Sportcenter, s&oacute;lo hablan de Boca y River.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        V&eacute;lez perdi&oacute; de 13 partidos s&oacute;lo dos, tiene 13 goles en contra, y en un solo partido le metieron siete. &iquest;Saben qui&eacute;n?&nbsp; Boca!&nbsp; Pellegrino, hola!, est&aacute;s ah&iacute;?, te gualicharon, alguien te la vendi&oacute;, te dijeron que Boca no le hace un gol ni al arco iris, y planteaste un 2-3-5. Un desastre. Se vino todo abajo, los de Boca no lo pod&iacute;an creer, al mejor equipo le hicieron siete con dos colombianos y nueve muertos. Boca con el 46,15% de puntos ganados, nos hizo siete.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No me importa c&oacute;mo sale V&eacute;lez el domingo con Racing por los cuartos de final de la copa Maradona. Los tenemos que golear, pero estoy acostumbrado con este equipo de Pellegrino que podemos hacer un gran partido como perder con Patronato. El hecho es que en esta liga sacamos 31 puntos de 39. Hagan la cuenta: 79, 48% de los puntos conseguibles. &iquest;Le renovar&iacute;an el contrato que vence en junio a un t&eacute;cnico como Pellegrino? Por supuesto que s&iacute;!&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qui&eacute;n le importa lo que digo? A nadie. Todos los programas deportivos hablan de River y de Boca, y de Boca y River. De River vaya y pase, junto a V&eacute;lez todav&iacute;a juegan a algo parecido al f&uacute;tbol, pero &iquest;Boca? Son horribles. &iquest;C&oacute;mo puede ser que todav&iacute;a sigan con T&eacute;vez que hasta en China hizo un papel&oacute;n? <strong>Lo &uacute;nico interesante de Boca es Riquelme, el pol&iacute;tico m&aacute;s astuto de la rep&uacute;blica Argentina, futuro presidente de la Naci&oacute;n. </strong>Es lo m&aacute;s vivo que hay. A pesar de ser peronista es un fiel heredero de Irigoyen. <strong>No habla, digita, se esconde, y baja el dedo.</strong> Tinelli es un poroto al lado suyo.
    </p><p class="article-text">
        Boca y River son dos cuadros que no jugar&iacute;an en la primera de la liga espa&ntilde;ola.&nbsp; Y digo espa&ntilde;ola porque en la inglesa figurar&iacute;an en el f&uacute;tbol amateur. &iquest;Qu&eacute; no soy objetivo? &iquest;Y eso con qu&eacute; se come? Lo &uacute;nico que s&eacute; es que hinco el diente hasta el final aunque duela. Soy duro en especial con mi equipo. Nunca insulto al rival ni al refer&iacute;. Trato de superarme a m&iacute; mismo como hincha, ser mejor fan&aacute;tico. Estar a la altura de Daniel Willington. Para elevar mi nivel de consciencia, medito , eso de la meditaci&oacute;n trascendental, esos veinte minutos en que recito un mantra. Lo hago dos veces por d&iacute;a, hace a&ntilde;os. No s&eacute; para qu&eacute; sirve. Y me dejo llevar por el movimiento de mi mente, cierro los ojos, y habla el pensamiento&hellip;omm&hellip; Almada, Vidara, &iquest;juega Brizuela?, extra&ntilde;o la cancha omm, el Loco Gatti ten&iacute;a raz&oacute;n omm, no jueguen para atr&aacute;s, por qu&eacute; no tiraste con ganas omm, pongan h&hellip;.omm&hellip;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tomás Abraham]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/velez-club-pasiones-resentimiento_129_7936197.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 May 2021 03:04:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vélez, el club de las pasiones sin resentimiento]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fútbol,Vélez Sarsfield]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sueños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/suenos_129_7884595.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d54cc0c-7836-491e-adc4-5c5058df8bdc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sueños"></p><p class="article-text">
        El mundo de los sue&ntilde;os es el &uacute;nico mundo m&aacute;gico que conozco. Si fuera un novelista como lo es C&eacute;sar Aira, o cualquier otro que se inspira en el surrealismo, el material de mis escritos ser&iacute;an los sue&ntilde;os. <strong>Es un universo m&aacute;gico, es decir el del disparate, un absurdo, un sin sentido.</strong> El mundo de Lewis Caroll, el del pa&iacute;s de las maravillas, o el de Raymond Roussel.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Freud encar&oacute; ese mundo para encontrarle un sentido. Su intento dio lugar a teor&iacute;as, a reducciones &ldquo;vigilantes&rdquo;, a relaciones de la vigilia. Por m&aacute;s que se diga inconsciente, o deseo, finalmente se trata de relaciones. <strong>Madre hijo, padre, hordas, incesto, parricidio. </strong>Deleuze se dio cuenta que ese mundo que apareci&oacute; en el sue&ntilde;o como primer material del psicoan&aacute;lisis era reducido a la vigilia, a lo que llamaba familia. Y en su Antiedipo intent&oacute; cambiar el c&oacute;digo de lectura, sacarlo de la vigilia y enviarlo a otro tipo de mundo fant&aacute;stico que llam&oacute; esquizoan&aacute;lisis. Intent&oacute; mantener la extra&ntilde;eza de ese mundo fant&aacute;stico que atisb&oacute; Freud, no intentar comprenderlo de un modo normal, vincular. El universo de m&aacute;quinas, de flujos, pretende alterar el sentido com&uacute;n en el que se hab&iacute;a convertido la supuesta revoluci&oacute;n freudiana.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; por qu&eacute; Deleuze llam&oacute; a su intento capitalismo y esquizofrenia, quiz&aacute; para amoldarse al ambiente del mayo franc&eacute;s, a la nueva juventud. Es lo menos interesante, ese prop&oacute;sito global de interpretar con el mismo modelo el paseo del esquizo, la tierra primitiva, la axiom&aacute;tica capitalista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vale lo del nomadismo, el paseo, la intemperie, el territorio, la desterritorializaci&oacute;n, el rizoma, el mundo animal. Deleuze con Kafka vuelve a la extra&ntilde;eza, en el checo hay sue&ntilde;o, pesadilla, cucarachas, chinos, monos. Lo no digerible, lo indigesto.
    </p><p class="article-text">
        Deleuze embisti&oacute; contra Lacan porque ve&iacute;a una astucia que pretendiendo salir del esquema familiarista freudiano lo sustituye con un artilugio que Deleuze con su compa&ntilde;ero Guattari llaman &ldquo;significante&rdquo;. De las personas o figuras, rubricado como &ldquo;imaginario&rdquo;, a la letra, a la composici&oacute;n de la lengua, a su estructura.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo que hizo Foucault con su lectura del Roussel, explicar el absurdo del poeta por un azar ling&uuml;&iacute;stico, restituirle su contenido artificial a lo indomable, hacerlo controlable. Porque por m&aacute;s que ese universo de pura letra o puro significante, pretenda despersonalizarnos, mostrar que hay Otro que habla a trav&eacute;s nuestro, lo que finalmente logra es que nos creamos due&ntilde;os de la frase. Porque la letra se escribe, es escritura, como dec&iacute;a Derrida, es materialidad, y la materia, el artificio, es construcci&oacute;n, es apoderable, es nuestro.
    </p><p class="article-text">
        El sue&ntilde;o se va, nos sorprende, se nos va. Es un mundo irreductible, y quiz&aacute; el talento de un Aira es el de restituir en algunos de sus libros esa rareza, ese no saber de qu&eacute; se trata porque lo que aparece no es una historia, no es un relato, no es una unidad de lugar y tiempo. Es una fuga, bien lo dijo Deleuze cuando usaba a destajo una de sus mejores palabras: fuga, l&iacute;nea de fuga.
    </p><p class="article-text">
        El sentido que se escapa, ese sin sentido que ya en su &ldquo;L&oacute;gica del sentido&rdquo; Deleuze intentaba pescar, o cazar, atrapar, en una serie de cap&iacute;tulos que merodeaban entre Lewis Caroll - &iquest;acaso era un abuso fotografiar ni&ntilde;as y mostrarlas seductoras, incitantes, hermosas? - hasta Antonin Artaud y Lucrecio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Deleuze lo llamaba el mundo del simulacro, otro modo de capturar el sue&ntilde;o, el arte como simulaci&oacute;n, como no verdad, como enga&ntilde;o y falsificaci&oacute;n. Pero de un modo tal en que lo falso se escabulle, no tiene un original que lo demistifique, no hay autenticidad, no es una copia mal hecha. Se trata de otro mundo, como el sue&ntilde;o, no se explica por una fuente ni por un sujeto que lo genere, se nos escapa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando Deleuze lee a Plat&oacute;n, lo muestra como quien no soporta a los poetas, por eso los quiere fuera de su ciudad, los poetas no mienten sino que inventan, crean mitos. A los mentirosos se los puede enfrentar en nombre de la verdad, por eso los sofistas son enemigos y hay que combatirlos. Ning&uacute;n sofista crea mundos, es expl&iacute;cito en su proyecto, reconoce el mundo real, es realismo puro, sabe de lo cotidiano. Los sofistas tienen&nbsp; &eacute;xito entre los burgueses de Atenas, entre los comerciantes, los pol&iacute;ticos, el mundo del poder.
    </p><p class="article-text">
        Los poetas, los artistas, no pertenecen a ese mundo, no tienen que ver ni con el poder ni con la verdad, no son sabios, es decir, aquellos que saben y pueden. Todo el problema de Plat&oacute;n, y bien lo vio Foucault, es que en su mundo el problema es que el que sabe no puede y el que puede no sabe. El proyecto de la Rep&uacute;blica es la creaci&oacute;n de la ciudad de los sabios en la que la pol&iacute;tica se fundamente finalmente en la ciencia, la praxis en el logos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>(Entre par&eacute;ntesis: muchos se horrorizan porque en estos tiempos de pandemia la ciencia parece mandar, se apropia del mundo real y de nuestros deseos de curaci&oacute;n, el sue&ntilde;o de Plat&oacute;n)</strong>
    </p><p class="article-text">
        El poeta sue&ntilde;a, y si en alg&uacute;n momento el mundo de los sue&ntilde;os puede llegar a tener un sitio en la ciudad de Plat&oacute;n, es porque no todo se puede decir. Hay cosas que se ven pero no pueden decirse, est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; de lo comunicable, no se dejan asir por la palabra. Es lo que sucedi&oacute; con el elegido que sale de la Caverna y ve la luz, eso que llama el Bien, el Todo lum&iacute;nico, el Logos palpitante.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Elegido nada puede decir porque nada distingue, y la lengua, sabemos, se compone de diferencias, y la pura luz las borra.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Plat&oacute;n usa al mito, aunque fuere pocas veces, nos entrega una visi&oacute;n on&iacute;rica, un mito, un sue&ntilde;o, porque no puede decir lo que sabe, y el sue&ntilde;o al ser lo indescifrable mostrado, otra pura presencia como una luz, le permite continuar con una escritura que sabe que es in&uacute;til.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero hay un problema. <strong>La escritura se impone, la literatura manda, ordena. No es lo mismo so&ntilde;ar que escribir. Del sue&ntilde;o nos olvidamos, la escritura fija, retiene.</strong> <strong>Cuando escribimos estamos conscientes, cuando so&ntilde;amos estamos dormidos.</strong> Desde la vigilia no se puede atrapar el sue&ntilde;o. Al despertarnos se nos va.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Freud quiso atraparlo, Artemidoro tambi&eacute;n, lo mismo Descartes. El fil&oacute;sofo comenz&oacute; su batalla contra la duda encarando al sue&ntilde;o, porque quien se propone el camino de la verdad, el de la certeza, debe rendirle cuentas a la vigilia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El sue&ntilde;o, para Descartes, es una secreci&oacute;n del Genio Maligno, el satan&aacute;s que confunde y nos confunde. El universo m&aacute;gico no es una creaci&oacute;n divina como lo cuentan las religiones, esas prolongaciones on&iacute;ricas, sino diab&oacute;lica. &iquest;Qu&eacute; podemos hacer para comprender al sue&ntilde;o? &iquest;Contarlo? &iquest;Invitarlo como Borges? &iquest;Asociar libremente para disipar la vigilia? Bien sabemos que contar un sue&ntilde;o duerme a quien nos escucha, pero no porque el pr&oacute;jimo quiera so&ntilde;ar sino por aburrimiento. Nos aburre que nos cuenten una pel&iacute;cula. El cine, con la religi&oacute;n, son los artificios que m&aacute;s se parecen al sue&ntilde;o. Para disfrutarlos hay que ir al cine o tener fe.
    </p><p class="article-text">
        Es probable que cualquier intento de hacer del sue&ntilde;o una propiedad que se venda, alquile, preste, termine por aburrir, o asustar. Es el logro de la religi&oacute;n. <strong>Toda religi&oacute;n encierra una pesadilla, lo que es un mal sue&ntilde;o. Al rev&eacute;s de los cuentos de hadas, esos que se cuentan para hacer dormir.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>TA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tomás Abraham]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/suenos_129_7884595.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 May 2021 03:02:19 +0000]]></pubDate>
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