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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Mauricio Maronna]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/mauricio-maronna/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Mauricio Maronna]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Perro Negro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/perro-negro_1_8397622.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4f18fef7-d291-49ee-8b75-7fbb5861034d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Perro Negro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un fragmento de "Perro Negro" (UNR Editora, 2021), el segundo libro del periodista Mauricio Maronna, con prólogo de Fabián Casas.</p></div><p class="article-text">
        A veces me desespera no recordar c&oacute;mo eran las voces de mis padres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La vida es haber sobrevivido al vinilo, al casete y al cd.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fumaba tres atados de cigarrillos diarios. Uno cada 20 minutos. Jam&aacute;s pens&eacute; que lo iba a dejar. Y lo dej&eacute;. Si yo dej&eacute; de fumar, todos pueden dejar de fumar.
    </p><p class="article-text">
        Mientras escrib&iacute;a la columna dominical del diario me fumaba 12 cigarrillos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fumar estaba asociado a todos mis placeres, por lo que los primeros d&iacute;as sin cigarrillos no hab&iacute;a placeres, hab&iacute;a malestar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los que fuman tienen olor a cenicero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las perdices en escabeche que hac&iacute;a mam&aacute; eran imbatibles. Las tra&iacute;a mi t&iacute;o Emilio del club de caza. La carne de las perdices ven&iacute;a con restos de bala de plomo incluida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los s&aacute;bados a la noche, antes del boliche, mientras me ba&ntilde;aba, escuchaba a Led Zeppelin. En la disco nos esperaba la bola espejada y Toto, como mejor opci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa frenada del colectivo anuncia el fin de la madrugada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Escuchaba los partidos de &Ntilde;ubel con pap&aacute; en una radio Noblex que ten&iacute;a una antena larga que no serv&iacute;a para nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, la tarde es una canci&oacute;n interminable de Neil Young.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me acuerdo de las bolitas japonesas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hubo una noche en que a pap&aacute; le empezaron a dar morfina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una tarde en la cancha de NOB nos refugiamos con pap&aacute; en la pileta vac&iacute;a del club. La gente quer&iacute;a colgar a un &aacute;rbitro y la polic&iacute;a reprim&iacute;a con balas de goma. Qu&eacute; lindo abrazo nos dimos, no s&eacute; por qu&eacute;. Fue despu&eacute;s de un empate con Ferro o una derrota con Hurac&aacute;n. No me acuerdo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los viernes que &iacute;bamos con Manteca Ferro y el Gordo Venturi a comer pizza y despu&eacute;s al cine, en la Sociedad Espa&ntilde;ola.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los sachecitos de Mielcita ten&iacute;an el mismo gusto que hoy tiene la ampolla de vitamina D. Hab&iacute;a que romperlos con los dientes que, en esos tiempos, estaban fuertes, libres de batallas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Uno de esos d&iacute;as de mi viaje de bodas a Mar del Plata se muri&oacute; Luca Prodan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ayer ten&iacute;a una depresi&oacute;n devastadora.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En aquella casa s&oacute;lo hab&iacute;a silencio.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a 16 a&ntilde;os y un programa en la radio de circuito cerrado de mi pueblo. Se llamaba S&aacute;bados Din&aacute;micos.
    </p><p class="article-text">
        El olor de la farmacia familiar. Pap&aacute; hab&iacute;a inventado una f&oacute;rmula para las quemaduras o algo as&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La gente no va a los festivales musicales a escuchar m&uacute;sica y ver bandas, va a hacer sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Soy f&oacute;bico al avi&oacute;n. Me priv&eacute; de viajar a Turqu&iacute;a, Dubai, el Caribe jamaiquino. Y todo lo dem&aacute;s tambi&eacute;n. Esas invitaciones, despu&eacute;s, las ligaban otros periodistas del diario.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando nos convocaron a la Sociedad Rural de Rosario para destinarnos como conscriptos del Servicio Militar Obligatorio. Nos subieron a un tren que nos llev&oacute; a un regimiento de Infanter&iacute;a de marina, en el parque Pereyra Iraola.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Luego del alta en la colimba tuve muchas pesadillas en las que me ve&iacute;a ah&iacute; adentro. O que no me devolv&iacute;an el DNI.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lloro cada vez que escucho discos de Pat Metheny. O casi. Se me pone la piel de pollo. Algo se esconde en ese sonido, en ese envoltorio de armon&iacute;as, que logra quebrarme. No s&eacute; qu&eacute; es. Algunos cr&iacute;ticos musicales no entienden a Metheny y se mofan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un mediod&iacute;a en un restaurante de Puerto Madero nos encontramos de casualidad con el ex juez Norberto Oyarbide, quien, porque s&iacute;, me invit&oacute; a compartir su mesa, y a almorzar con champ&aacute;n. Le dije que no tomaba alcohol. Despu&eacute;s me sent&iacute; un pelotudo y me sent&eacute; a su mesa. Parec&iacute;a un se&ntilde;orito de otra &eacute;poca. Me habl&oacute; dos horas sin parar. Pag&oacute; &eacute;l. Un mediod&iacute;a raro en Puerto Madero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una tarde fr&iacute;a de junio le hice la primera entrevista a Carlos Menem en Olivos. Una tarde fr&iacute;a de junio. Me cont&oacute; que hab&iacute;a cenado con el NOB campe&oacute;n de Bielsa y que Fullana (un lateral izquierdo) le hab&iacute;a pedido la Ferrari para dar unas vueltas por la Quinta. &ldquo;Anduvimos tambi&eacute;n con el Chocho Llop&rdquo;, me dijo Menem.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Siempre quise ser el periodista pol&iacute;tico mejor informado. Cuando alguien me ganaba alguna primicia estaba todo el d&iacute;a mal. Hasta que me di cuenta de que el periodismo era una mierda. Y yo tambi&eacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una frase de Fabi&aacute;n Casas: &ldquo;Un periodista solidario en una redacci&oacute;n llama m&aacute;s la atenci&oacute;n que un pullover naranja&rdquo;. Am&eacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El momento en que el obstetra me mostr&oacute; a Maite, apenas sali&oacute; del vientre de la madre. Nunca m&aacute;s sent&iacute; esa sensaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La felicidad debe ser la adolescencia. Pero mi pap&aacute; muri&oacute; cuando yo ten&iacute;a 15 a&ntilde;os. No tuve ning&uacute;n Dios de adolescencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a envidia porque los padres de mis amigos eran menos viejos que los m&iacute;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El concheto del Malba (Eduardo Costantini) me dijo que no sea candidato a presidente. Que los empresarios se quieren dar una ducha de zurda&rdquo;, me cont&oacute; Reutemann un d&iacute;a de septiembre de 2002.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Binner me invitaba a comer asado todos los a&ntilde;os a su casa. Me recib&iacute;a en malla, medias, ojotas y remera. En el quinchito hab&iacute;a una luz mortecina y una radio sintonizada en un programa de tango. Le gustaba hablar de mujeres, y cuando se pon&iacute;a picante yo le preguntaba por la interna con el radicalismo: &ldquo;Para los radicales tengo este&rdquo;. Hac&iacute;a como que le clavaba el cuchillo a alguien.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Respecto de todos los gobernadores que trat&eacute;, el que ten&iacute;a una visi&oacute;n global era Miguel Lifschitz. Bien racional, de ingeniero. Entraba a los restaurantes mirando para abajo. Va m&aacute;s de un a&ntilde;o del gobierno de Omar Perotti. Le cuesta tenerme confianza.&nbsp; Antonio Bonfatti, a veces, me invitaba a comer a la casa. Jorge Obeid era correcto, pero sab&iacute;a que yo prefer&iacute;a al Lole. Y ellos eran enemigos &iacute;ntimos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Decile a Reutemann que yo me qued&eacute; sordo de un o&iacute;do por las bombas de las marchas y la militancia&rdquo;, me dijo Obeid un d&iacute;a. &ldquo;D&iacute;gale a Obeid que yo me qued&eacute; sordo de un o&iacute;do por pegarle a un guardrail, entrando a 253 kil&oacute;metros a una curva en M&oacute;naco&rdquo;, me respondi&oacute; Lole otro d&iacute;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta madrugada en que s&oacute;lo hay humo y sirenas de ambulancia desesperadas. Y suena The Bomb, de Hot Chip, en una serie de LateNightTales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un lunes a la noche en un doble recital de Pastoral y Vivencia en el Teatro El C&iacute;rculo, casi vac&iacute;o. Un murci&eacute;lago daba vueltas cerca de los que est&aacute;bamos en el Para&iacute;so. Creo que fue en 1982. Hab&iacute;a perros negros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llego a mi pueblo. Miro a mi casa de costado. Ah&iacute; no hab&iacute;a nadie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nadie te espera, nadie desea verte. Vas a otra casa. Pero no es tu casa. Tu casa est&aacute; vac&iacute;a. Abr&iacute;s puertas y no hay m&aacute;s que olor h&uacute;medo. Ni olores ni sudores. Hay hormigueros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Donde hab&iacute;a una plaza, hay tristeza. Y perros negros.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mauricio Maronna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/perro-negro_1_8397622.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Oct 2021 03:13:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Perro Negro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Perro Negro, la historia que se aloja en cada uno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/perro-negro-historia-aloja_129_8397594.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/895eab46-bbe8-47a9-9619-602e34bdf2da_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Perro Negro, la historia que se aloja en cada uno"></p><p class="article-text">
        Para atr&aacute;s y para adelante. Escribir. Toda persona tiene derecho a escribir su diario, en cada uno se aloja la historia. Eso intent&eacute; hacer con <em>Perro Negro</em>, mi segundo libro, despu&eacute;s de <em>Del Derrumbe a la Ilusi&oacute;n</em>. Soy periodista pol&iacute;tico, pero siempre quise ser autor, escritor. Me siento realizado con <em>Perro Negro</em>, pero voy por m&aacute;s. Como Georg Christoph Lichtenberg, quien serializ&oacute; su vida en cuadernos. Volumen 1, 2, 3, 4. Y as&iacute;. Porque, repito, toda vida tiene derecho a ser contada. 
    </p><p class="article-text">
        En este trabajo hay una mirada retrospectiva, esas historias que no le pasan solo a uno, les suceden a casi todos. Est&aacute;n algunas historias pol&iacute;ticas vividas en primera persona (al fin estuve 21 a&ntilde;os al frente de la Secci&oacute;n Pol&iacute;tica del Diario <em>La Capital</em>), hay momentos del aqu&iacute; y ahora y algunas ideas absorbentes. Ya lo dijo Spinetta: la vida es una mancha de tinta. Sin m&aacute;s pretensi&oacute;n que la de contar historias en forma micro, porque la literatura es el arte de podar palabras, <em>Perro Negro</em> sali&oacute; a la calle. Gracias a la Universidad Nacional de Rosario, que le puso pilas al asunto, a Fabi&aacute;n Casas, quien escribi&oacute; el pr&oacute;logo, y muchos m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <em>MM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mauricio Maronna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/perro-negro-historia-aloja_129_8397594.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 Oct 2021 03:05:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Perro Negro, la historia que se aloja en cada uno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El diferente que le dijo que no a la presidencia de la república]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/diferente-le-dijo-no-presidencia-republica_129_8116683.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/25a98815-f287-40e2-ba57-8621a518ea04_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El diferente que le dijo que no a la presidencia de la república"></p><p class="article-text">
        La escena era desoladora. Carlos Reutemann tirado sobre el parqu&eacute; de su despacho, con un arn&eacute;s sobre el sill&oacute;n y barba de tres d&iacute;as. &ldquo;La herida no se va m&aacute;s y es desde la cabeza al tal&oacute;n de los pies. &iquest;Cree que a m&iacute; me gusta decirle que no a la Presidencia dela Naci&oacute;n&rdquo;?&nbsp;Fue el d&iacute;a despu&eacute;s de haber dicho que no en cinco idiomas a los periodistas acreditados en Casa Rosada.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>Reutemann era presidente con s&oacute;lo decir &ldquo;s&iacute;&rdquo; en 2003.</strong> Ten&iacute;a 57% de intenci&oacute;n de voto. Pero dijo que no. En alg&uacute;n momento del operativo clamor peronista, el Lole ech&oacute; de su despacho a un consultor que le aconsejaba usar corbata roja y lo quer&iacute;a monitorear como un valet.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Un d&iacute;a de septiembre de2002, en la Quinta de Olivos, Reutemann agarr&oacute; del brazo a un periodista de La Capital de Rosario y lo llev&oacute; a la sala de conferencias, donde quince minutos m&aacute;s tarde el presidente Eduardo Duhalde anunciar&iacute;a obras para Santa Fe. &ldquo;<strong>Ahora le voy a decir por qu&eacute; no quiero ser presidente. Porque tengo que gobernar con esos que est&aacute;n ah&iacute;&rdquo;, revel&oacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>&ldquo;Ah&iacute;&rdquo; estaba Luis Barrionuevo con los cachetes colorados y cuatro dirigentes del duhaldismo espectral. Con esos, ni a la esquina, era el mensaje del expiloto de F&oacute;rmula 1, un hombre &ldquo;tormentoso y atormentado&rdquo;, seg&uacute;n la definici&oacute;n de don Enzo Ferrari.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;A partir de ese momento la leyenda de Reutemann se hizo gigante, como su campera roja con la que hizo mil campa&ntilde;as. Siempre mano a mano con la gente, como le ense&ntilde;&oacute; Carlos Menem el d&iacute;a que lo larg&oacute; ala cancha.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El mito citadino de que vio &ldquo;algo&rdquo; que no le gust&oacute; fue desmentido por el personaje. &ldquo;Un d&iacute;a aparece el Gordo Lanata, pone las patas arriba del escritorio, me larga el humo en la cara y me dice: &rdquo;&iquest;Boludo, qu&eacute; viste?&ldquo;. Y luego sali&oacute; con eso de que &rdquo;vi algo que no me gust&oacute;&ldquo;. Puras mentiras&rdquo;, cont&oacute; con precisi&oacute;n de orfebre.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El Lole le cont&oacute;  a este periodista &ldquo;que ten&iacute;a pesadillas con Amancay Ardura&rdquo;, que so&ntilde;aba que lo colgaba de la Pir&aacute;mide de Mayo. Ardura era un lumpen que hac&iacute;a de cacique piquetero en una corriente &ldquo;clasista y combativa&rdquo;. Y agreg&oacute; que &ldquo;el cheto del Malba (Eduardo Costantini) le hab&iacute;a dicho que los empresarios se quer&iacute;an dar un ba&ntilde;o de zurdaje&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>&ldquo;&iquest;Sabe qui&eacute;n es bueno? El Flaco Kirchner. De la Sota no mueve el amper&iacute;metro&rdquo;</strong>, fue otra de sus definiciones de la previa a la elecci&oacute;n del candidato oficial, cuando el sure&ntilde;o ten&iacute;a 6% de intenci&oacute;n de voto. Reutemann hab&iacute;a dicho que no, pero no quer&iacute;a ungirlo ni a De la Sota ni a Felipe Sola. <strong>&ldquo;Miden menos que una tutuca&rdquo;, dec&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a deseos, el Chueco Mazz&oacute;n (operador de mil batallas) pregunt&oacute;: &ldquo;Che, si el piloto (apodo de Reutemann en el ambiente pol&iacute;tico) no quiere ser candidato va a venir el Tuerto y nos va a romper el orto&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>El Lole y Jorge Obeid hac&iacute;an en la pol&iacute;tica santafesina un &ldquo;uno-dos&rdquo; formidable.</strong> As&iacute; lleg&oacute; el 2009, cuando gan&oacute; las elecciones a senador nacional derrotando a los portentosos aparatos pol&iacute;ticos del gobierno provincial y del gobierno nacional. Fue esa vez que tuvo que ir al programa de Tinelli con una planta de soja y el cuartetazo &ldquo;El Lole senador&rdquo;. Ya no era el Reutemann &ldquo;outsider&rdquo; que le escapaba a esa f&oacute;rmula medi&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>Siempre hab&iacute;a sido un peronista &ldquo;sui generis&rdquo; pero peronista al fin, hasta que se pas&oacute; a Juntos por el Cambio.</strong> En una primera reuni&oacute;n, Marcos Pe&ntilde;a quiso obligarlo a que abriera cuentas en redes sociales. La respuesta fue lac&oacute;nica: &ldquo;No&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo anduvo esa reuni&oacute;n con esa gente del PRO?&ldquo;, le pregunt&oacute; en off un periodista rosarino con los que el dos veces gobernador se entend&iacute;a a la perfecci&oacute;n: &rdquo;Demasiado olor a perfume importado&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Poco a poco, el hombre que dec&iacute;a &ldquo;somatizar por el culo&rdquo;, se fue alejando de los primeros planos. Esquivaba a los que lo hab&iacute;an ayudado y parec&iacute;a encerrado en una caja de marfil, como la canci&oacute;n de Andr&eacute;s Calamaro, con quien Reutemann comparti&oacute; tiempo en el Hotel Plaza Francia de la Recoleta.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Para alguien que tuvo alfombra roja a los 20 a&ntilde;os, tutearse con Silvio Berlusconi era cosa de todos los d&iacute;as. &ldquo;Ciao Silvio&rdquo;, lo salud&oacute; al atender una llamada telef&oacute;nica, ante la vista de este cronista. Hay una an&eacute;cdota que pinta al personaje.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica vez que pareci&oacute; tener un gesto extra&ntilde;o fue cuando, en la Bolsa de Comercio de Rosario, uno de esos personajes, mitad cheto, mitad garca, le dijo: &ldquo;Mir&aacute; Lole, tenemos la misma marca de reloj&rdquo;. Reutemann lo midi&oacute; como Dibu Mart&iacute;nez al Gordo Cardona y contest&oacute;: <strong>&ldquo;S&iacute;, la &uacute;nica diferencia es que a m&iacute; me lo regal&oacute; Carolina de M&oacute;naco&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como con Miguel Lifschitz hace poco, la &ldquo;parca&rdquo; se llev&oacute; a uno de los m&aacute;ximos referentes dela pol&iacute;tica santafesina. El que salv&oacute; al peronismo de haber perdido el poder en Santa Fe 17 a&ntilde;os antes. Un ex corredor de F&oacute;rmula 1 al que no le gustaba contar an&eacute;cdotas a los que no ten&iacute;an nada que ver con ese mundo.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El Lole no fue ni mejor ni peor. <strong>Fue diferente a toda la clase pol&iacute;tica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        MM
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mauricio Maronna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/diferente-le-dijo-no-presidencia-republica_129_8116683.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Jul 2021 12:36:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Carlos Reutemann]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Del unánime #FuerzaMiguel a una muerte que sacude a Santa Fe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/unanime-fuerzamiguel-muerte-sacude-santa-fe_129_7917623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/117209ed-c797-448b-9391-bf4d22471150_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Del unánime #FuerzaMiguel a una muerte que sacude a Santa Fe"></p><p class="article-text">
        La muerte de Miguel Lifschitz es un hecho impactante e influyente para la pol&iacute;tica santafesina. De hecho, el coronavirus se llev&oacute; al dirigente mejor posicionado en todas las encuestas de imagen e intenci&oacute;n de voto.
    </p><p class="article-text">
        Dos veces intendente de Rosario (2007-2011-2011-2015), Lifschitz supo administrar el florecimiento de la ciudad, de la mano de las inversiones, sobre todo en la zona de la costanera que suelen visitar los turistas. Luego de esa gesti&oacute;n fue gobernador de la provincia durante cuatro a&ntilde;os, con buen desempe&ntilde;o general en materia de obra p&uacute;blica, pero con muchas dificultades en el &aacute;rea de seguridad.
    </p><p class="article-text">
        Por ese motivo, no le pudo traspasar la banda a Antonio Bonfatti, en 2019. Omar Perotti gan&oacute; por un argumento expl&iacute;cito: su promesa de paz y orden, elucubrado en la oficina porte&ntilde;a del consultor Ramiro Agulla.&nbsp;Hoy, la inseguridad est&aacute; peor que nunca.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>Lifschitz era el s&iacute;mbolo de paz que buscaban dirigentes que orbitan en el no peronismo para alcanzar un &ldquo;frente de frentes&rdquo; (Frente Progresista + Juntos por el Cambio) pero el ex gobernador, para llevar adelante eso, deb&iacute;a romper el Partido Socialista, algo que jam&aacute;s &ldquo;iba a hacer&rdquo;, seg&uacute;n su propia revelaci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Primero la gravedad del cuadro y luego la muerte generaron desasosiego en el socialismo, que pierde a su &uacute;nica pieza capaz de ganar las elecciones a gobernador de 2023. <strong>Pero lo m&aacute;s impactante fue la solidaridad, el apoyo y el #FuerzaMiguel que se dejaba ver en todos lados. </strong>Esas muestras de cari&ntilde;o sorprendieron a todos. Lifschitz no era un l&iacute;der carism&aacute;tico, pero s&iacute; <strong>un prototipo del di&aacute;logo y el sentido com&uacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lifschitz (quien estaba al frente de la C&aacute;mara de Diputados por haber sido el m&aacute;s votado en 2019 a ese cargo) fue una buena persona y un buen gestor, un socialista m&oacute;dico que se guiaba por la moderaci&oacute;n, esa palabrita que de tan usada parece no decir nada, pero que en el caso del rosarino era un muestrario de su laboratorio pol&iacute;tico. A tal punto que Horacio Rodr&iacute;guez Larreta, Mart&iacute;n Lousteau (y muchos otros que militan en carpas diferentes) quer&iacute;an ficharlo para las pr&oacute;ximas elecciones legislativas.
    </p><p class="article-text">
        La muerte de Lifschitz tal vez acelere los tiempos para el intendente progresista-radical de Rosario, Pablo Javkin y obligue a salir de nuevo a la cancha a Antonio Bonfatti. Falta tiempo para que la pol&iacute;tica santafesina vuelva a poder ser mostrada en un tablero de ajedrez.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El socialismo perdi&oacute; hace unos meses atr&aacute;s a Hermes Binner -su arquitecto- y ahora a su m&aacute;xima espada electoral. Demasiado para un partido chico, de cuadros, que tiene que pelear el liderazgo del no peronismo con el PRO, la UCR y una derecha celeste que se hace cada vez m&aacute;s competitiva.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Al fin, con Lifschitz se va una buena persona, un buen administrador y un gran elector. No es poco.
    </p><p class="article-text">
        MM
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mauricio Maronna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/unanime-fuerzamiguel-muerte-sacude-santa-fe_129_7917623.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 May 2021 12:09:21 +0000]]></pubDate>
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