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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sonia Budassi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/sonia-budassi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sonia Budassi]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Pagos chicos y campeones del mundo: la difícil tarea de volver a casa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/mundial-qatar-2022/pagos-chicos-campeones-mundo-dificil-tarea-volver-casa_1_9823893.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16b8a698-da32-4e87-aaee-b4c5d01ef7b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pagos chicos y campeones del mundo: la difícil tarea de volver a casa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mayoría de los  jugadores de la Scaloneta volvió al lugar donde habían nacido y crecido después de lograr la Copa del Mundo en Qatar. Lautaro Martínez llegó a Bahía Blanca el viernes. Sonia Budassi estuvo en su regreso para escribir esta crónica sobre el acto y los festejos del recibimiento y reflexionar sobre lo que pasa cuando alguien del mismo sitio logra un éxito y tiene un regreso triunfal. </p></div><p class="article-text">
        No fue f&aacute;cil. Hubo rumores. Hubo cr&iacute;ticas. Hubo opiniones. Todos somos DT. En todas las &aacute;reas. Comentarios web, de oyentes radiales, y en la TV local juzgaban: &iquest;Por qu&eacute; el homenaje a Lautaro Mart&iacute;nez no se hace en el club Liniers, de d&oacute;nde &ldquo;sali&oacute;&rdquo;? &iquest;Por qu&eacute; no en el Parque de Mayo, en la otra punta de la Avenida Alem m&aacute;s lejos del centro? &iquest;Por qu&eacute; no en la plaza Rivadavia, frente a la Catedral?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y no importaba que fuera a durar apenas unas horas:<a href="https://www.lanueva.com/nota/2022-12-26-10-35-0-cruce-por-el-homenaje-a-lautaro-la-culpa-ajena-es-mas-barata" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> los comerciantes de la zona se quejaron</a>. Tem&iacute;an que la gente no fuera a cumplir con el ritual de las compras de Navidad para cumplir con el otro: recibir a su ciudadano ilustre, al jugador campe&oacute;n del Mundo.&nbsp;
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                Lautaro Martínez saluda en el balcón del Teatro Municipal de Bahía Blanca a su regreso de Qatar 2022                            </span>
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        El Teatro Municipal de Bah&iacute;a Blanca es nuestro peque&ntilde;o Teatro Col&oacute;n. All&iacute; sucede la m&uacute;sica cl&aacute;sica, el ballet, los conciertos de orquestas contempor&aacute;neas atonales; acaso alguna &oacute;pera. Lo que suele llamarse &ldquo;alta cultura&rdquo;. Los bahienses lo veneramos y le tememos. De chicos nos ense&ntilde;aron a mirarlo con respeto: en ese palacio estilo franc&eacute;s, escoltado por leones que a su vez escoltan el monumento a Garibaldi, y un ca&ntilde;&oacute;n que no funciona pero luce poderoso y peligroso, pasan cosas &ldquo;importantes&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tantos a&ntilde;os de televisi&oacute;n que transmite lo que ocurre en la Avenida 9 de Julio hacia rincones ignotos, dispersos, en distancias enormes y no tanto, de todo el pa&iacute;s, hicieron mella en nuestra manera de ver el mundo y nuestras ciudades no capitales: a veces es inevitable la comparaci&oacute;n. Por eso explicamos as&iacute;, a los no bahienses, lo que significa este templo en la avenida m&aacute;s se&ntilde;orial de la ciudad. Y, como contrapartida, por eso nos emocionaba tanto, a los no porte&ntilde;os, el clip de la TV del Mundial Federal: junto a cada jugador, su lugar de origen. &iexcl;Qu&eacute; revancha luego de soportar tantas noticias porte&ntilde;as, omnipresentes, que no nos afectan en nada! Muchos, aunque prefiri&eacute;ramos los relatos de TyC, prend&iacute;amos la TV P&uacute;blica s&oacute;lo para apreciar la bella impronta soberbia de los cartelitos que anclaban a los jugadores a su lugar de origen. Nosotros, los siempre relegados de las mil partes del pa&iacute;s ganamos protagonismo y ve&iacute;amos lugares que no conoc&iacute;amos; abajo el porte&ntilde;ocentrismo. Porque el unitarismo nos hizo, nos volvi&oacute; as&iacute;: tironeados entre el orgullo intenso del chauvinismo puebleril y cierto complejo de inferioridad. Y el placer amoroso, la reivindicaci&oacute;n del sentirnos parte de una unidad aparec&iacute;a junto a la imagen de ellos: santafesinos de Rosario, Casilda y Pujato; cordobeses de Embalse, de Laguna Larga, de Calch&iacute;n, de La Pampa y s&iacute;, &iexcl;dos de Bah&iacute;a Blanca! Lautaro Mart&iacute;nez y Germ&aacute;n Pezzella.&nbsp;
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        Busqu&eacute; y no encontr&eacute; pero seguro lo hice mal y en verdad todos los habitantes de cada ciudad deben hacer lo mismo que nosotros. No lo afirmo ni lo desmiento. Los nacidos ac&aacute; usamos el concepto y el hashtag #OrgulloBahiense. Si la prensa porte&ntilde;a habla de &ldquo;los argentinos que sobrevivieron al tsunami de Jap&oacute;n, y &rdquo;los argentinos que&ldquo; en cualquier situaci&oacute;n de crisis o noticia de impacto mundial, en mi ciudad lo pensamos igual pero en bahiense. Estamos porte&ntilde;ocolonizados a la fuerza, pero hasta ah&iacute;. Para bien o para mal. Y nos agrandamos. Tenemos a Manu Ginobili. Al Nobel de Medicina C&eacute;sar Milstein (fue a mi colegio; y Manu al de una de mis mejores amigas. Cuando emigr&oacute; de Bah&iacute;a para ir a jugar a La Rioja le hicieron bullying, &iexcl;c&oacute;mo iba a dejar el colegio! Nadie imaginaba su destino en el Sal&oacute;n de la Fama de la NBA). Y a tantos m&aacute;s.&nbsp;
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                Lautaro Martínez en Bahía Blanca, saluda desde el balcón del Teatro Municipal                            </span>
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        Ahora somos Campeones del Mundo y tenemos representantes por tres. Por fin lleg&oacute; nuestro turno luego de haber visto el regreso de los otros h&eacute;roes. Los rituales reproducen el regreso de los conquistadores luego de la batalla. Vimos a Dibu en un escenario en Mar del Plata, a Juli&aacute;n &Aacute;lvarez paseando en una autobomba de los bomberos voluntarios de Calch&iacute;n, que apenas tiene 2447&nbsp;habitantes seg&uacute;n el censo de 2010; a Lisandro Mart&iacute;nez en Gualeguay, Entre R&iacute;os, con una pantalla detr&aacute;s con sus jugadas y un entrevistador p&iacute;caro que le preguntaba detalles: un show hermoso. &ldquo;Siempre me voy para el barrio Molina, que es el de mi abuela&rdquo;, dice. All&aacute; se habilit&oacute; el llanto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En mi ciudad no pas&oacute;. S&iacute; pas&oacute; que alguien, en vez de hacer una pregunta, le regal&oacute; a Lautaro los t&iacute;picos &ldquo;cubanitos bahienses&rdquo; durante la conferencia de prensa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pezzella, salido del club Pac&iacute;fico, reci&eacute;n vendr&iacute;a a Bah&iacute;a el 26 pero el acto ten&iacute;a que hacerse antes. Sin Pezzella pero con Lautaro y el &aacute;rbitro Facundo Tello, tambi&eacute;n mundialista; dirigi&oacute; tres partidos, en el que se destaca la eliminaci&oacute;n de Portugal ante la revelaci&oacute;n Marruecos.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Lautaro Martínez de chico en Bahía Blanca                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>La solemnidad ah ah ah, la felicidad</strong></h3><p class="article-text">
        Y ac&aacute; estamos, al final, en el Teatro Municipal.
    </p><p class="article-text">
        Lautaro Mart&iacute;nez va a saludar desde el balc&oacute;n. Antes, la conferencia de prensa. Antes, apenas unos minutos, los hinchas tempraneros corrieron para verlo llegar en auto; corridas respetuosas, nadie empuja a nadie a&uacute;n en la competencia por la cercan&iacute;a (En la radio local m&aacute;s escuchada se dec&iacute;a horas antes, incomprensiblemente &ldquo;que todo sea en paz&rdquo;). &Eacute;l pasa con las ventanillas bajas, ya entregado. Se deja ver.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todos somos argentinos, todos somos Bah&iacute;a: se juntan las camisetas de Bella Vista, cl&aacute;sico rival de Liniers&nbsp; -en una foto de hace 10 a&ntilde;os se lo ve a Lautaro agarrado al alambrado como un hincha m&aacute;s- como es y debe ser, cada jugador, tambi&eacute;n, hincha de la selecci&oacute;n adem&aacute;s de futbolista profesional. Camisetas de Villa Mitre se cruzan con las de Olimpo, Pac&iacute;fico, las de Argentina y claro, la de<a href="https://www.ole.com.ar/seleccion/lautaro-martinez-liniers-seleccion_0_EySPx1TsH.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> Liniers, club que a&uacute;n visita. </a>
    </p><p class="article-text">
        Orlando Videla fue presidente de ese club cuando Racing compr&oacute; a Lautaro en 2015; el pase que lo cambi&oacute; todo. No va a ir al homenaje porque, aunque lo conoce bien, dice, no le gusta el rol de &ldquo;amigo del campe&oacute;n&rdquo; ni es &ldquo;cholulo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De chico, Lautaro arranc&oacute; en Villa Mitre; ah&iacute; su padre tambi&eacute;n jugaba al f&uacute;tbol. En la conferencia de prensa describir&aacute; su propia forma de patear penales si hubiera sido necesario el quinto en la final contra Francia: fuerte y al medio &ldquo;igual a mi pap&aacute;&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando Mario dej&oacute; Villa Mitre -club donde juega al basquet uno de sus otros hijos, Jano- y pas&oacute; a Liniers se llev&oacute; a Lautaro con &eacute;l. Iban desde el barrio hasta la otra punta de la ciudad, unos cuatro kil&oacute;metros, en una motito destartalada, muchas veces incluso con su mam&aacute;, que era, seg&uacute;n Orlando Videla, &ldquo;el sost&eacute;n espiritual&rdquo;. Dice que al verlo por primera vez ya not&oacute; que era un &ldquo;distinto&rdquo;. No lo sorprendi&oacute; su ascenso. &ldquo;Te das cuenta en el acto, por el movimiento, la ductilidad. Aunque le faltaba pegar el estir&oacute;n ya se mov&iacute;a en el &aacute;rea con estirpe de goleador&rdquo;. Pero hay que tener, dice, actitud y aptitud. &ldquo;La edad cr&iacute;tica es entre los 15 y los 16, cuando puede tirar m&aacute;s la novia, los amigos, los padres&rdquo;. Los cazatalentos suelen preguntar &ldquo;&iquest;c&oacute;mo es este chico y la familia? &iquest;Tiene cabeza?&rdquo;. Al contrario de lo que podr&iacute;a pensarse, tener cabeza en ese &aacute;mbito, est&aacute; mal visto: la cabeza que se busca solo debe pensar en la pelota. No desviarse de ah&iacute;. Despu&eacute;s de que Lautaro se fue a Racing, donde jug&oacute; hasta 2018 cuando pas&oacute; al Inter de Italia- adem&aacute;s es empresario, tiene un restaurante en Mil&aacute;n-, se lo cruz&oacute; a media cuadra de ac&aacute;. Un mediod&iacute;a en Revoque, bar y restaurante de la Avenida Alem, donde ahora se concentran los hinchas con banderas con su cara ploteada en diversos grados de realismo. Al exdirigente de Liniers le sorprendi&oacute; el modo en que le hab&iacute;a cambiado el cuerpo. &ldquo;Se notaba que ya entrenaba a otro nivel&rdquo;. Por el contrario, el tema del cambio en la manera de ser es un verdadero problema para los hijos pr&oacute;digos, sean de Fuerte Apache, Ca&ntilde;uelas, o Bah&iacute;a Blanca: siempre se dice, como un halago (cuestionable), &ldquo;es el mismo de siempre&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Lautaro Martínez en Bahía Blanca.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Los campeones ideales</strong></h3><p class="article-text">
        &iquest;Esperamos demasiado de nuestros h&eacute;roes? Los vecinos de Reconquista, Santa Fe, cuentan con dolor que le pidieron a Gabriel Batistuta, su ciudadano ilustre, que ayudara con el asfaltado de una calle de circunvalaci&oacute;n. &Eacute;l dijo que no les dar&iacute;a dinero pero que podr&iacute;a organizar un partido a beneficio con otros jugadores famosos. Sobre Ginobili, escribi&oacute; Patricio Eleisegui: &ldquo;Hace unos a&ntilde;os, el club del que sali&oacute; &lsquo;Manu&rsquo;, Bahiense del Norte, necesitaba cambiar el piso de su cancha. Lo contactaron al jugador para ver si, de onda, lo pagaba &eacute;l. Era figura en Estados Unidos. Para el club era una enormidad de plata, para Gin&oacute;bili dos mangos. &lsquo;Manu&rsquo; lo resolvi&oacute; armando una rifa. Y &eacute;l compr&oacute; dos n&uacute;meros. Algo as&iacute; como 100 pesos&rsquo;&rdquo;. Eso dice el autor que le dijeron. En una cr&oacute;nica, el cronista de Villa Ca&ntilde;&aacute;s, Pipo Piacentini, cont&oacute; que su coterr&aacute;nea, Mirtha Legrand, fue casi lapidada al volver en los 80. Ella no subi&oacute; al palco especialmente dise&ntilde;ado porque all&iacute; estaba Alfons&iacute;n. &ldquo;Los vecinos siempre se quedan con sabor a poco cuando le piden donaciones a la diva de la TV: una vez les mand&oacute; cajones de lechuga, otra vuelta computadoras incompletas. Quiz&aacute;s Mirtha no debi&oacute; volver nunca a Ca&ntilde;&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Lautaro lleg&oacute; al aeropuerto Comandante Espora en un avi&oacute;n privado se sac&oacute; fotos con los trabajadores aeroportuarios. Pero siempre hay un pero. El precio de la fama, pero (en Bah&iacute;a usamos los &ldquo;pero&rdquo; al final, resignifican lo previo pero no lo pensamos tanto). En una nota titulada <a href="https://www.lanueva.com/nota/2022-12-21-11-1-0-lautaro-martinez-uno-de-los-campeones-del-mundo-ya-esta-en-bahia" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">&ldquo;Lautaro Mart&iacute;nez, uno de nuestros campeones, ya est&aacute; en Bah&iacute;a&rdquo;</a>  se lee: &ldquo;Sali&oacute; por la parte lateral del Aeropuerto, salud&oacute; desde la camioneta y no par&oacute;, lo cual dej&oacute; un sinsabor entre los que pretend&iacute;an una devoluci&oacute;n un poco m&aacute;s afectuosa&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &eacute;xito del hijo pr&oacute;digo incluye una pasional contradicci&oacute;n. Los logros de los campeones, al mismo tiempo, se exageran y vuelven sacrificio lo que tambi&eacute;n podr&iacute;a discutirse: saludar gente que te aclama desde un balc&oacute;n &iquest;tan dif&iacute;cil ser&aacute;? Alguien escribe en un comentario: &ldquo;Un grande. Por qu&eacute; y con qu&eacute; necesidad, un tipo que est&aacute; en su mejor momento (m&aacute;s all&aacute; de que est&eacute; su familia), venir a la chacra asfaltada y minada con macetas pedorras, a aguantar una ceremonia en el Teatro Municipal. Realmente flaco: mis respetos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se puede extra&ntilde;ar todo de verdad?
    </p><p class="article-text">
        En estos homenajes aflora y sobresale la personalidad de cada jugador: el carisma, la solemnidad o el desd&eacute;n; y siempre la sobreactuaci&oacute;n del agradecimiento y la reinvindicaci&oacute;n del origen. Lautaro sobre el escenario del Teatro Municipal de la &ldquo;chacra asfaltada&rdquo; Bah&iacute;a Blanca; detr&aacute;s suyo, al fondo, una bandera argentina enorme y las butacas vac&iacute;as. Delante suyo, nosotros. Afuera una multitud: la saludar&aacute; desde el balc&oacute;n; cantar&aacute; &ldquo;muchachos&rdquo;, firmar&aacute; camisetas de Liniers y de Argentina que le tiran los hombres ara&ntilde;a que escalan desde los faroles m&aacute;s cercanos para hacernos sufrir por la fragilidad simult&aacute;nea, la de los trepadores hombres flacos y los fierros endebles, y ver tambi&eacute;n el trabajo del h&eacute;roe en eso de firmar y saludar, aunque es una entrega medida; por momentos se va del balc&oacute;n para volver despu&eacute;s. Nadie detiene a los hombre ara&ntilde;as que arrojan camisetas sin parar, ni siquiera el conductor que le da el micr&oacute;fono a Lautaro.
    </p><p class="article-text">
        Eso a&uacute;n no pas&oacute;. Ahora recibe, con sonrisa prudente, placas, cuadritos, certificados, t&iacute;tulos. Se sienta en el escritorio cubierto por una bandera argentina y vuelve a levantarse cada vez que le ofrecen un reconocimiento. Primero, el Club Liniers, La Liga del Sur, La Pe&ntilde;a Racinguista de Bah&iacute;a Blanca. La Universidad Nacional del Sur le otorga la n&oacute;mina de &ldquo;personalidad destacada&rdquo;, el Consejo Deliberante los nombra a &eacute;l y a Facundo Tello, sentado a su lado, como personaje secundario, &ldquo;ciudadanos ilustres&rdquo; de Bah&iacute;a Blanca, y luego del Municipio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las siete distinciones &eacute;l cumple: exhibe certificados, placas, saluda, sobrio, vuelve a sentarse. Terminado el operativo, empieza otro. La rueda de prensa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con una mirada cauta, quiz&aacute; desconfiada, casi nunca entregada a la diversi&oacute;n, responde las preguntas como podr&iacute;a responder cualquier jugador en cualquier circunstancia. El cl&aacute;sico casete. Cero en imaginaci&oacute;n y riesgo. Ya vimos la pel&iacute;cula <em>El ciudadano ilustre</em>. Ya conocemos las historias de gente de la zona que-salvando las enormes distancias- vino a estudiar a Bah&iacute;a y al volver a sus pueblos, apenas m&aacute;s chicos, le dijeron con resentimiento &ldquo;c&oacute;mo te cambi&oacute; la ciudad&rdquo;. A aquella que volvi&oacute; con auto nuevo y le tiraron el rumor &ldquo;debe andar en algo raro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La advertencia oficial era que no todos &iacute;bamos a poder preguntar; los medios &ldquo;nacionales y locales&rdquo; eran demasiados. Logr&eacute; ser de las afortunadas (y la &uacute;nica mujer) a quien se le dio el privilegio de hacer &uacute;nica pregunta permitida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con su pelo cepillo que desaf&iacute;a la ley de gravedad sin tener rastros visibles de gel, su parecido a Sven, el reno personaje de <em>Frozen</em>, las zapatillas blancas de cuero, uniforme de todo futbolista cl&aacute;sico que se precie de tal fuera de la cancha, el rostro siempre mega afeitado, escucha:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; extra&ntilde;&aacute;s de Bah&iacute;a?Y ahora te homenajean a vos. Si fuera al rev&eacute;s, &iquest;a qui&eacute;n le har&iacute;as un homenaje? </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp; </strong>-De Bah&iacute;a extra&ntilde;o todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        (en la desesperaci&oacute;n antisolemnidad, ya sin micr&oacute;fono, me atrev&iacute; a sumar otra pregunta)
    </p><p class="article-text">
        <strong>-&iquest;En serio? &iquest;El viento tambi&eacute;n?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        (Se r&iacute;e) S&iacute;, el viento de ayer tambi&eacute;n.<a href="https://www.labrujula24.com/notas/2022/12/23/el-rato-risueno-de-lautaro-en-la-rueda-de-prensa-el-viento-bahiense-me-dejo-8-horas-sin-luz-n264247/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> Estuve sin luz 8 horas (se r&iacute;e</a>). Termin&eacute; durmiendo en el sill&oacute;n, as&iacute; que imaginate, lo tengo que querer mucho. Pero de Bah&iacute;a extra&ntilde;o todo: mi club, mi casa, mi familia, mis amigos, mi infancia. Siempre lo hablo con mi familia y con mi mujer. Si tendr&iacute;a que hacerle un homenaje ser&iacute;a a toda mi familia. A veces suena reiterativo pero a veces ser&iacute;a muy dif&iacute;cil mantenerse en pie con tantas cosas que se hablan, que suceden, que quiz&aacute;s en el d&iacute;a a d&iacute;a a uno lo lastiman. Uno termina sacando esa fuerza gracias a la familia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
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                Lautaro Martínez y su regreso a Bahía Blanca                            </span>
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        Cuando admiramos a nuestros paisanos al verlos en la cancha, en los memes, en los medios, sentimos la cercan&iacute;a c&oacute;mplice que podr&iacute;as sentir por tu propio t&iacute;o, por tu abuela, por tu amiga de la infancia, sobredimensionado. El &iacute;dolo naci&oacute; en tu &ldquo;pueblo&rdquo;. Y todo parece verificable: sus m&eacute;ritos, su historia, sus cualidades, sus propiedades. Aunque nosotros podemos lo que ellos no: criticar la ciudad, protestar, decir la frase fea &ldquo;chacra asfaltada&rdquo;. Que es nuestra cuna, imperfecta, chismosa, rutilante gracias a ellos, regodeo de orgullo cuando la vida propia nos falla y cuando no tambi&eacute;n, sentirnos igual de exitosos; la posibilidad de celebrar, de descansar por un rato la identidad, entre la cr&iacute;tica y el festejo. No confiemos. Ya un sobrino m&iacute;o me dijo que el hermano de Lautaro, que juega al b&aacute;squet en Villa Mitre, y es amigo de un amigo, ya no es lo que era: compart&iacute;an las previas pero se nota que &ldquo;se agrand&oacute; un mont&oacute;n&rdquo;. El destino del h&eacute;roe puede ser el destino cat&aacute;rtico de nuestras frustraciones. Y adem&aacute;s, pocas veces se dice, de nuestras ganas de contar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>SB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sonia Budassi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/mundial-qatar-2022/pagos-chicos-campeones-mundo-dificil-tarea-volver-casa_1_9823893.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Dec 2022 08:24:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pagos chicos y campeones del mundo: la difícil tarea de volver a casa]]></media:title>
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      <title><![CDATA[¿Cuánto vale una vida? o cómo Didier Fassin piensa la dignidad humana en la desigualdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/vale-vida-didier-fassin-piensa-dignidad-humana-desigualdad_1_8873079.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/016a70a3-a779-4da9-aa0c-a16bcd79d11e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cuánto vale una vida? o cómo Didier Fassin piensa la dignidad humana en la desigualdad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En enero del 2020, el antropólogo, sociólogo y director de estudios en la École des Hautes Études de Sciences Sociales de París dio una lección inaugural sobre qué dicen las sociedades del hecho de que en algunos países los muy ricos pueden vivir hasta 15 años más que los muy pobres. Siglo veintiuno editores publicó en marzo esa reflexión en un libro que tiene una entrevista al pensador francés y un prólogo de Sonia Budassi, del que publicamos este adelanto.</p></div><p class="article-text">
        Una mujer en &Aacute;frica muestra un cuaderno donde lleva el diario de sus d&iacute;as, que oscilan entre la conciencia de su enfermedad mortal y la esperanza de que, despu&eacute;s de todo, su hijo tenga quiz&aacute; una vida mejor que ella.
    </p><p class="article-text">
        Un inmigrante, con pudor, narra c&oacute;mo debe demostrar ante el Estado franc&eacute;s lo endeble de su condici&oacute;n f&iacute;sica para obtener una ayuda que le permita sobrevivir.
    </p><p class="article-text">
        Polic&iacute;as parisinos confiesan lo aburrido que les resulta patrullar las calles sin que haya mucha &ldquo;acci&oacute;n&rdquo;. Quiz&aacute; alguna vez un hurto, u otros delitos menores. &iquest;Habr&iacute;a modo de que esa rutina no resulte tediosa luego de un entrenamiento casi militar?
    </p><p class="article-text">
        Otros migrantes cuentan que buscan ser calificados como &ldquo;refugiados pol&iacute;ticos&rdquo; para permanecer en el pa&iacute;s de acogida: les ser&iacute;a imposible vivir en el propio sin sufrir violencias (en algunos casos, extremas). All&iacute; donde llegan en busca de una vida mejor hay muchos requisitos para adquirir un estatuto legal que les permita acceder a los mismos derechos que otros ciudadanos. Todos ellos (y varios m&aacute;s) cuentan con la escucha de<strong> Didier Fassin</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Sanitarista, soci&oacute;logo y antrop&oacute;logo, Fassin practica el m&eacute;todo de la inmersi&oacute;n propio de la etnograf&iacute;a cl&aacute;sica, y el an&aacute;lisis y reformulaci&oacute;n de lecturas bibliogr&aacute;ficas y archivos, como lo hace la mejor tradici&oacute;n intelectual. A sus lecturas de soci&oacute;logos, de fil&oacute;sofos cl&aacute;sicos y contempor&aacute;neos, suma voces en proceso, activas, vitales: las que le brinda la experiencia de convivir en grupos y territorios diversos. As&iacute;, desarrolla con profundidad preguntas nuevas, atento a las desigualdades y al modo m&aacute;s preciso de conceptualizarlas. Y pone el foco en el rol del Estado y su incidencia en distintas esferas de la vida social, como las pol&iacute;ticas sanitarias y migratorias y la penalizaci&oacute;n de los delitos. Al mismo tiempo, realiza otro movimiento, fundamental en su trabajo: observa qu&eacute; hacen las personas dentro de ese sistema, c&oacute;mo se adaptan, resisten y desarrollan estrategias propias para seguir adelante.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sanitarista, sociólogo y antropólogo, Fassin practica el método de la inmersión propio de la etnografía clásica, y el análisis y reformulación de lecturas bibliográficas y archivos, como lo hace la mejor tradición intelectual</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Desde la perspectiva de la antropolog&iacute;a cr&iacute;tica, entonces, Fassin se ha dedicado a explorar etnogr&aacute;ficamente la polic&iacute;a, la justicia y la c&aacute;rcel; temas de sus investigaciones han sido, entre otros, las pol&iacute;ticas de salud p&uacute;blica y la desigualdad en Senegal, Ecuador y Sud&aacute;frica, y las acciones humanitarias en Colombia. Como dijimos, actual- mente se ocupa de la inmigraci&oacute;n y de las pol&iacute;ticas de la vida, cuestiones que retoma en la lecci&oacute;n inaugural de la C&aacute;tedra de Salud P&uacute;blica del Coll&egrave;ge de France, que este volumen acerca a los lectores de lengua castellana. Colaborador regular en distintos medios &ndash;donde tambi&eacute;n escribe sobre la irrupci&oacute;n de las llamadas &ldquo;nuevas derechas&rdquo;&ndash;, la participaci&oacute;n de las ciencias sociales en el debate p&uacute;blico siempre fue una de sus preocupaciones. Podemos afirmar que, una vez m&aacute;s, &eacute;l mismo logra ponerlo en juego en este libro, de manera clara, inteligente, exquisita.
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                Tapa del libro de Fassin. ¿Cuánto vale una vida?                            </span>
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        Fassin sigue la tradici&oacute;n que rescata a la antropolog&iacute;a como un saber ya no de lo ex&oacute;tico, sino de lo pr&oacute;ximo y de lo cotidiano, como quienes estudiaron, por ejemplo, los modos en que se reproducen las profesiones o las &eacute;lites se perpet&uacute;an en el poder. En su libro <em>La fuerza del orden</em>, se involucr&oacute; y encontr&oacute; indicios de por qu&eacute; la polic&iacute;a francesa amedrentaba a determinadas comunidades; lo hizo desde el lugar de quien escucha sin dogmas grandilocuentes ni prerrogativas. En efecto, reh&uacute;ye el prejuicio y queda exento de los equ&iacute;vocos que suelen cometer, aun en sus buenas intenciones, algunos estudiosos (quiz&aacute;, nublados por conocer de antemano las injusticias cometidas por estas herramientas del Estado). Donde algunos te&oacute;ricos, a veces de manera simplista y conspirativa, sentencian que las instituciones toman decisiones deliberadas para atacar a un grupo, Fassin desarticula lo que damos por obvio: aquellos trabajos desarrollados en c&aacute;rceles y comisar&iacute;as son solo uno de tantos ejemplos de su praxis de la antropolog&iacute;a cr&iacute;tica. As&iacute;, busca desandar las g&eacute;nesis y los motivos del funcionamiento de entidades p&uacute;blicas y privadas y su relaci&oacute;n con los actores sociales. En ese sentido, <em>La fuerza del orden </em>constata que el &ldquo;giro punitivista&rdquo; producido en Francia con la pol&iacute;tica de &ldquo;mano dura&rdquo; de Nicolas Sarkozy aument&oacute; las detenciones y las penas, sin generar una disminuci&oacute;n de la criminalidad. Mientras tanto, las sociedades parecen cada vez m&aacute;s tolerantes ante los delitos econ&oacute;micos y financieros, no as&iacute; de cara a hurtos o consumo de ciertas drogas.
    </p><p class="article-text">
        Lo que Fassin llama<strong> &ldquo;populismo penal&rdquo; </strong>&ndash;ese hacerse eco, desde el gobierno, de ciertos pedidos de &ldquo;mano dura&rdquo;, expresiones de intolerancia amplificadas por las redes y los medios de comunicaci&oacute;n&ndash; termina produciendo medidas que buscan la simpat&iacute;a de algunos ciudadanos. Y con ellas, se excluye a otras personas que, al contrario de lo que podr&iacute;a pensarse, no son <em>los delincuentes</em>, sino minor&iacute;as, pobres y migrantes. As&iacute; queda en evidencia que se ponderan de manera desigual de- terminadas existencias, tanto como las acciones de los desfavorecidos y de los privilegiados que ostentan capital financiero.
    </p><p class="article-text">
        Estos trabajos sobre &aacute;reas y personas concretas anticipan cuestiones clave de este libro. La constante emerge &ndash;incluso, a veces, de manera sutil&ndash; en las investigaciones del autor. Con audacia, Didier Fassin invirti&oacute; la f&oacute;rmula can&oacute;nica del m&eacute;todo etnogr&aacute;fico. Al acompa&ntilde;ar, desde adentro, actividades de organizaciones humanitarias como M&eacute;dicos sin Fronteras, pas&oacute; de ejercer una &ldquo;observaci&oacute;n participante&rdquo;, propia del modelo cl&aacute;sico, a una &ldquo;participaci&oacute;n observante&rdquo;. Esa decisi&oacute;n le permite descubrir, lejos de la condescendencia pero tambi&eacute;n del cinismo, variables que de otro modo quedar&iacute;an en la opacidad. Porque incluso en el interior de organizaciones que hacen notables intentos por salvar vidas pue- den verse diferencias en la consideraci&oacute;n destinada a sus miembros. Los activistas pertenecientes a determinados territorios son valorados de un modo distinto que quienes llegan desde el extranjero. En <em>Por una repolitizaci&oacute;n del mundo </em>leemos:
    </p><p class="article-text">
        <em>La mayor&iacute;a de las bajas sufridas por las organizaciones humanitarias durante los conflictos no corresponden a &ldquo;expatriados&rdquo; sino a &ldquo;nacionales&rdquo;, es decir, trabajadores locales. En Colombia, Chechenia y Sri Lanka, donde hubo ataques a misiones humanitarias, cada vez resulta m&aacute;s evidente que los beligerantes tienden a distinguir a los agentes [&hellip;] con arreglo a lo que valen sus vidas en el sentido m&aacute;s material de la expresi&oacute;n: los expatriados son secuestrados y se pide un rescate por ellos, a los nacionales simplemente se los mata.</em>
    </p><p class="article-text">
        Al investigar, Fassin descubre paradojas y tambi&eacute;n es capaz de detectar las tensiones alrededor, y dentro, de las grandes problem&aacute;ticas contempor&aacute;neas que atraviesan sus trabajos en territorios como Irak, en sus estudios sobre el vih-sida en &Aacute;frica, los conflictos en Colombia y, en Francia misma, en las c&aacute;rceles pero tambi&eacute;n en la frontera donde quedan varados los migrantes. En lo que &eacute;l llama &ldquo;la raz&oacute;n humanitaria&rdquo;, el lenguaje define v&iacute;ctimas, refugiados, enfermos, que son a la vez categor&iacute;as que vuelven a alguien plausible de recibir ayuda, o no. As&iacute;, lo humanitario se vuelve pol&iacute;tico y determina qui&eacute;n debe vivir y en nombre de qu&eacute;. En sus estudios sobre Palestina, consign&oacute; que, durante la Segunda Intifada, los psiquiatras detectaron &ldquo;traumas&rdquo; en los j&oacute;venes palestinos. Esto permiti&oacute; que aquel sufrimiento fuera tenido en cuenta por la opini&oacute;n p&uacute;blica internacional. Pero, al mismo tiempo, esta categorizaci&oacute;n psicol&oacute;gica puede difuminar la dimensi&oacute;n hist&oacute;rica y pol&iacute;tica del conflicto. Los r&oacute;tulos de este tipo &ndash;ya se apliquen a migrantes en Francia o a enfermos en Sud&aacute;frica, sin que se pretenda una asimilaci&oacute;n, como suele aclarar el autor&ndash; incluyen una verificaci&oacute;n de la verdad del estatuto de &ldquo;v&iacute;ctimas&rdquo; por parte de los gobiernos. Adem&aacute;s, Fassin se&ntilde;ala las complejidades de esos procesos para calificar a los ciudadanos, en un logrado an&aacute;lisis que ser&iacute;a injusto sintetizar aqu&iacute;. Con todo, es posible expresar que el Estado no es &ldquo;el mal&rdquo; ni &ldquo;el bien&rdquo;. Seg&uacute;n se lee en <em>Por una repolitizaci&oacute;n del mundo</em>, &ldquo;entre el Estado y el cuerpo se da una relaci&oacute;n de protecci&oacute;n y persecuci&oacute;n, compasi&oacute;n y&nbsp; represi&oacute;n&rdquo;. Las investigaciones del antrop&oacute;logo otorgan contornos a los claroscuros. En aquel libro tambi&eacute;n apunta que el cuerpo es un recurso para conquistar derechos que, sin lugar a dudas, no pueden reducirse a su dimensi&oacute;n biol&oacute;gica: precisamente porque son derechos y no obligaciones, [&hellip;] es preciso considerarlos pol&iacute;ticos. Esas lu- chas ponen a prueba la democracia en la misma medida en que la fomentan. Una lectura que simplifique la pol&iacute;tica de la vida soslaya esta dial&eacute;ctica, que tiene a los agentes sociales como uno de sus componentes.
    </p><p class="article-text">
        Esta conferencia inaugural prosigue esa trayectoria con el abordaje de un tema que ha tenido un inter&eacute;s tanto hist&oacute;rico como contempor&aacute;neo; tema tan presente en la vida cotidiana como en indagaciones filos&oacute;ficas y paradigmas religiosos. Si las noticias dicen que la polic&iacute;a, conforme a lo que suele llamarse &ldquo;gatillo f&aacute;cil&rdquo;, mat&oacute; a sangre fr&iacute;a a un joven de clase media, en las redes sociales, en las universidades, entre amigos, se cuestiona:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;habr&iacute;a tenido la misma visibilidad este caso si hubiera sido asesinada una persona de un barrio popular? Si la represi&oacute;n es ejercida contra una persona trans o contra un mapuche, &iquest;se le dar&iacute;a la misma cobertura? Lo que subyace es el valor otorgado a la vida de los distintos grupos sociales. El trabajo de campo de Fassin rescata los relatos de quienes sufren la guerra, la pobreza, la persecuci&oacute;n policial; los migrantes y refugiados. Y da cuenta de c&oacute;mo se ven a s&iacute; mismos y qu&eacute; acciones pol&iacute;ticas llevan adelante. Como si siguiera, adem&aacute;s, aquella premisa de Paul Ric&oelig;ur sobre la potencia de dimensionar la vida como relato.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>* * *</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ciertos acontecimientos muestran las disparidades en forma exacerbada. Algunos recordar&aacute;n lo sucedido con el soldado israel&iacute; Gilad Shalit, cuyo secuestro se atribuy&oacute; el grupo palestino Ham&aacute;s. Shalit ten&iacute;a en aquel entonces 19 a&ntilde;os y fue liberado, en un acuerdo de &ldquo;intercambio de prisioneros&rdquo;: equivali&oacute; a 477 palestinos en una primera instancia y luego otros 550 (1027, en total). Eso pas&oacute; en 2011: Shalit permaneci&oacute; cautivo cinco a&ntilde;os. Fassin cita el caso de Irak. Dice en su conferencia: &ldquo;Es posible contar e identificar a cada soldado de la coalici&oacute;n fallecido, pero es imposible indicar la cantidad de civiles muertos, m&aacute;s all&aacute; de una estimaci&oacute;n de 100 000 y, m&aacute;s a&uacute;n, darles un nombre&rdquo;. Mientras tanto, en el Mediterr&aacute;neo, los buques de salvataje son asediados por las autoridades europeas, que dejan morir ahogadas a cientos de personas que no ser&aacute;n identificadas ni tendr&aacute;n derecho a sepultura.
    </p><p class="article-text">
        En sus escritos, Fassin expone ciertos aspectos encarados en esta conferencia inaugural: las matrices y manifestaciones de la desigualdad. Las diferencias abisma- les de los indicadores referidos a la expectativa de vida entre pa&iacute;ses ricos y en desarrollo &ndash;brechas que pueden llegar a los 40 a&ntilde;os&ndash; no son, &uacute;nicamente, datos estad&iacute;sticos. Implican m&uacute;ltiples valoraciones atribuidas a la vida. Formado tambi&eacute;n en medicina, el autor entiende la vida biol&oacute;gica como un elemento que convive junto a la vida biogr&aacute;fica, retomando as&iacute; reflexiones de Hannah Arendt y Georges Canguilhem. En estos pivotes, las pol&iacute;ticas de Estado tienen influencia directa en la expectativa y calidad de vida.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; tambi&eacute;n resulta notable su impronta en el abordaje del tema pues, como pocos, Fassin complementa el trabajo etnogr&aacute;fico &ndash;que deviene narrativo&ndash; y la rigurosidad te&oacute;rica. Siempre en la mejor tradici&oacute;n de una literatura de no ficci&oacute;n cuya forma literaria resulta eficaz, compleja, reveladora para comprender al otro. Adem&aacute;s, desarrolla un profundo bagaje conceptual cuyo alcance va m&aacute;s all&aacute; del nicho experto, y gana nuevos lectores.
    </p><p class="article-text">
        En su art&iacute;culo &ldquo;Why ethnography matters&rdquo;, Fassin explicita lo que sus lectores descubren con fruici&oacute;n: &ldquo;Abrirla etnograf&iacute;a a un p&uacute;blico m&aacute;s amplio sin perder sus refinamientos y complicaciones fue, por tanto, una ta- rea delicada. Implicaba asociar historias con desarrollos anal&iacute;ticos y vincular la teor&iacute;a con materiales emp&iacute;ricos. Tambi&eacute;n inclu&iacute;a opciones de legibilidad m&aacute;s t&eacute;cnicas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En los intersticios de la obra de Michel Foucault, Fassin encuentra y crea una noci&oacute;n, la de &ldquo;biolegitimidad&rdquo;, como una suerte de contrapunto al t&eacute;rmino &ldquo;biopoder&rdquo;. &ldquo;Hablar de biolegitimidad en vez de biopoder es hacer hincapi&eacute; en la construcci&oacute;n del significado y los valores de la vida en lugar de insistir en la aplicaci&oacute;n de fuerzas y estrategias para controlarla&rdquo;, se&ntilde;ala.5 Ese despliegue deja en claro que en esta visi&oacute;n que profundiza sobre el valor de la vida, las herramientas del biopoder, como las estad&iacute;sticas, son insuficientes. Las mujeres, por ejemplo, viven m&aacute;s que los hombres, pero &ldquo;son menospreciadas, se las discrimina y, a veces, se las violenta; sus derechos formales no siempre son reconocidos y, cuando lo son, no se los respeta&rdquo;, seg&uacute;n rese&ntilde;a en la lecci&oacute;n inaugural. No puede equipararse longevidad con calidad de vida, factor &ldquo;perceptible en t&eacute;rminos de autonom&iacute;a, emancipaci&oacute;n o realizaci&oacute;n personal&rdquo;. El tiempo por el cual transcurrimos puede&nbsp; ser,&nbsp; tambi&eacute;n,&nbsp; miserable,&nbsp; indigno o sufriente.
    </p><p class="article-text">
        Narrador sensible, m&aacute;s all&aacute; de las teorizaciones que pueden horadar nuestras certezas, Didier Fassin logra conmover al mostrar a sus personajes en acci&oacute;n. En el limbo de Calais &ndash;nos cuenta&ndash;, los j&oacute;venes migrantes sirios exhiben fotos de sus &eacute;pocas de estudiantes, en un intento por mostrar cu&aacute;n dignas eran sus vidas.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil salir de esta lectura sin repensar los sustratos de preguntas a las que nos enfrenta. &iquest;Por qu&eacute; toleramos ciertas injusticias, y no otras? &iquest;C&oacute;mo es posible que en nuestras sociedades ciertas vidas <em>valgan menos</em>? &iquest;Qu&eacute; de- termina que permitamos, como ciudadanos, algunos sufrimientos mientras reaccionamos ante otros? &iquest;Y c&oacute;mo ponderamos, entonces, las acciones de los estados que privilegian ciertas existencias por sobre otras? Fassin cita <em>El hombre sin atributos </em>de Robert Musil. Y construye una analog&iacute;a con la actitud del antrop&oacute;logo cr&iacute;tico, que arroja cierta ilusi&oacute;n: &ldquo;Si el mundo puede ser de otra forma &ndash;y, por cierto, lo ha sido en el pasado y lo es en otros lugares&ndash;, entonces el cambio siempre es posible y alimenta otras esperanzas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>SB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sonia Budassi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/vale-vida-didier-fassin-piensa-dignidad-humana-desigualdad_1_8873079.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Apr 2022 04:00:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Cuánto vale una vida? o cómo Didier Fassin piensa la dignidad humana en la desigualdad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Desigualdad,Pobreza,Didier Fassin]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Narrativas de Israel y Palestina: ¿Quién es la mejor víctima?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/narrativas-israel-palestina-mejor-victima_129_7952370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef976823-8321-419b-ac81-e1fb86d260d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Narrativas de Israel y Palestina: ¿Quién es la mejor víctima?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La guerra tiene una dimensión real, medida en pérdidas materiales y humanas-indescriptibles en su crueldad. ¿Por qué la lucha se retroalimenta en las redes, en películas, y noticias aunque no sepamos tanto de sobre ese conflicto? Una puesta al día sobre la disputa que, a pesar de Twitter y la TV, tiene más de continuidad que de ruptura.</p></div><p class="article-text">
        Si, sin ser palestina ni israel&iacute; ni jud&iacute;a ni &aacute;rabe, visitaras <strong>Israel</strong> y <strong>Palestina</strong>, sus habitantes te dir&iacute;an: &ldquo;la gente habla sin saber, hay que estar ac&aacute;&rdquo;. Y te llevar&iacute;an a recorrer, por ejemplo, en el sur de Israel, el pueblo de Sderot. Ah&iacute; comprobar&iacute;as que los juegos para los ni&ntilde;os son como los de varias plazas del mundo. Hamacas, toboganes, alguna calesita. Y, adem&aacute;s, un enorme drag&oacute;n, sonriente, colorido y hueco que, te explican, funciona como refugio: cuando el ej&eacute;rcito israel&iacute;, con su tecnolog&iacute;a &ldquo;Iron Dome&rdquo; detecta que desde la Franja de Gaza -donde gobierna Hamas- disparan misiles, activa una alarma que suena est&eacute;s donde est&eacute;s. Si est&aacute;s fuera de casa, donde seguro, como en cada hogar al sur, ten&eacute;s tu propio refugio antimisiles, podr&iacute;as protegerte en la panza de la simp&aacute;tica bestia de concreto. Si estuvieras lejos de tu casa y de la plaza, te explican, lo mejor es agacharse junto a una pared o un auto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si visit&aacute;s Cisjordania, parte del territorio palestino que est&aacute; separado de Gaza, gobernado por el partido Al Fatah, es decir, por la Autoridad Nacional Palestina, pod&eacute;s encontrar en una callecita por donde no pasan autos, a chicos y chicas jugando a la pelota. Seguro gritan los goles de manera exagerada pero aut&eacute;ntica, como cuando los pude ver, a la salida del centro cultural del campo de refugiados de Bel&eacute;n. El potrero de estos chicos palestinos est&aacute; limitado por la &ldquo;valla de seguridad&rdquo; o &ldquo;muro del apartheid&rdquo;, seg&uacute;n qui&eacute;n lo diga. Resulta cuanto menos opresivo ver esos metros altos y largos de hormig&oacute;n condenados por el Tribunal de la Haya. Es que con esas paredes, dice Israel, disminuy&oacute; la cantidad de atentados durante las intifadas. &ldquo;Aqu&iacute; nom&aacute;s quiso pasar una embarazada con bombas atadas al cuerpo&rdquo;, se justific&oacute; un soldado israel&iacute;. Para moverse en ese territorio que qued&oacute; dividido, los palestinos de Cisjordania deben pasar por puestos de control israel&iacute;es. Muchas veces, esos ni&ntilde;os acompa&ntilde;an a sus familias en las largas filas para llegar, por ejemplo, a un hospital. Hemos visto embarazadas a punto de dar a luz en esa situaci&oacute;n. El panorama en Gaza es a&uacute;n peor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esto pasa en lo que muchos llaman tiempos de &ldquo;paz&rdquo;, palabra poco precisa. En esta zona, la guerra podr&iacute;a pensarse como de baja y alta intensidad; una continuidad</strong>. Que sigue extendi&eacute;ndose, en ciclos, a lo largo de los a&ntilde;os. Lo que se vive hoy con el bombardeo cruzado, ya pas&oacute; antes de un modo parecido. Israel ha llamado a sus operaciones b&eacute;licas sobre Gaza &ldquo;Plomo Fundido&rdquo; en 2008, &ldquo;Pilar Defensivo&rdquo; en 2012 y &ldquo;Margen Protector&rdquo; en 2014. En ese &uacute;ltimo murieron 66 soldados, 5 civiles israel&iacute;es y 2310 palestinos.
    </p><p class="article-text">
        Como bien se sabe, la guerra no solo tiene una dimensi&oacute;n real, medida en p&eacute;rdidas materiales y humanas-indescriptibles en su crueldad-, sino el del plano discursivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si lo mir&aacute;s de lejos, te dar&iacute;as cuenta: muchas de las narrativas vinculadas a Medio Oriente suelen estar filtradas por posturas maniqueas y exageradas conspiranoias. Lo comprobamos, una vez m&aacute;s, en estos d&iacute;as. Y es extra&ntilde;o: hasta los documentales, pel&iacute;culas y series m&aacute;s atentas a la imparcialidad, nos llevan a preguntarnos, a quienes estuvimos en el territorio y nos interesa la cuesti&oacute;n, &ldquo;&iquest;est&aacute; a favor de Palestina o de Israel?&rdquo;: ni las exitosas Fauda, Shtizel, o documentales como <em>Los guardianes</em> sobre el servicio secreto Shin Bet, y Mosad, solo por mencionar algunas, escapan a este interrogante. Sobre la gran cantidad de producciones estilo &ldquo;Hollywood&rdquo; acerca de su pa&iacute;s, el periodista Nissan Shon escribi&oacute; en el diario israel&iacute; Hareetz hace un tiempo: &ldquo;Hombre ara&ntilde;a, afuera-; Rafi Eitan &ndash; adentro&rdquo;. Se refer&iacute;a al ex comandante israel&iacute; que particip&oacute; en el operativo que captur&oacute; a Adolf Eichmann en Buenos Aires, en 1962.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;Qu&eacute; pasa ahora con todos esos consumos cuando ya no se elige verlos en una plataforma de streaming sino que aparecen, en nuestros timelines de Twitter e Instagram y Facebook, en la radio y la televisi&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo funcionan los relatos cuando la violencia entre Israel y Palestina no solo est&aacute; en los medios, sino que se contin&uacute;an en conversaciones cotidianas? Si cada palabra es pol&iacute;tica en cualquiera de sus expresiones (una agencia informativa, una cadena internacional de noticias, memes en las redes sociales), <strong>la guerra en aquella zona es, de forma subrayada, tan simb&oacute;lica como real e incluye operaciones ret&oacute;ricas que pueden terminar en la negaci&oacute;n del &ldquo;otro&rdquo;, sea palestino o israel&iacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si aquella sospecha de manipulaci&oacute;n ante ficciones y documentales es pragm&aacute;tica y semiol&oacute;gica, cuando el tema es noticia, puede propiciar discursos de odio. </strong>Entre los actores del conflicto, el centro de la sospecha recae en quienes narran: ellos determinan qui&eacute;n es la &ldquo;mejor&rdquo; v&iacute;ctima; qui&eacute;n es el &ldquo;m&aacute;s malo&rdquo;, qui&eacute;n mata a m&aacute;s civiles, qui&eacute;n tiene mayor superioridad moral. Cuando la materia prima de la narrativa proviene de hechos violentos que se ven en continuado, el foco se pone en el recorte: &iquest;qu&eacute; se elige mostrar?&iquest;Un misil cayendo sobre Tel Aviv o un edificio de la prensa internacional en Gaza que se derrumba por un bombardeo israel&iacute;? &iquest;Los ni&ntilde;os muertos de qu&eacute; lado de la frontera?
    </p><p class="article-text">
        Ambas cosas pasaron en estos d&iacute;as. El conflicto est&aacute; disponible en vivo, editado o por streaming, con estruendosos registros que, parad&oacute;jicamente, siendo documentales aparecen repletos de golpes bajos, sensacionalismo, heridas y cad&aacute;veres; incluso de ni&ntilde;os. Pese a su estatus de realidad, a veces claro, a veces turbio, cada grabaci&oacute;n se vuelve maleable, lista para ser consumida por un p&uacute;blico lejano al territorio, lejano a la causa. A veces, con un halo de espect&aacute;culo como aquella guerra televisada con aura de FX, como cuando Estados Unidos bombardeaba Bagdad de noche, en la Guerra del Golfo. Esta semana se viraliz&oacute; la foto de luminosos misiles antes de ser interceptados por el domo de hierro, una figura digna de una pel&iacute;cula de guerras intergal&aacute;cticas vistas desde la Tierra.
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                    alt="La guerra del Golfo de 1991, la guerra televisada."
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                La guerra del Golfo de 1991, la guerra televisada.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Comunicados oficiales y ciudadanos de ambos lados suelen quejarse no solo por la (no) intervenci&oacute;n de la comunidad internacional, sino tambi&eacute;n, sobre lo que se comunica y c&oacute;mo. Los voceros del Estado de Israel, ante momentos de mayor calma social y en los de mayor virulencia suelen quejarse: &iquest;por qu&eacute; los medios no muestran lo que pasa en reg&iacute;menes autoritarios?&iquest;Por qu&eacute; no mencionan la represi&oacute;n en Myanmar?&iquest;Por qu&eacute; se ensa&ntilde;an con nosotros al mostrar los bombardeos sobre Gaza, cuando somos una naci&oacute;n que respeta los derechos LGTBI, &ldquo;la &uacute;nica democracia de la regi&oacute;n&rdquo; y trabajamos por la igualdad de g&eacute;nero? Hace unos a&ntilde;os, bajo este argumento, deportaron activistas de Derechos Humanos y les entregaron una carta p&uacute;blica. El tono ir&oacute;nico no tiene desperdicio:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Estimado activista, apreciamos tu decisi&oacute;n de elegir a Israel como objetivo de tus preocupaciones humanitarias. Sabemos que ten&eacute;s muchas opciones. Podr&iacute;as haber elegido protestar contra el r&eacute;gimen sirio y su cotidiana crueldad en contra de su propia gente (&hellip;) contra la brutal represi&oacute;n por parte del r&eacute;gimen iran&iacute;&#769; sobre los disidentes,&nbsp; (&hellip;) Pudiste haber elegido protestar contra el gobierno de Hamas en Gaza, donde las organizaciones terroristas cometen un doble crimen de guerra disparando sus cohetes a civiles y escondi&eacute;ndose entre civiles. Pero en lugar de eso, elegiste protestar contra Israel, la &uacute;nica democracia en Medio Oriente, donde las mujeres son iguales, la prensa critica al gobierno, las organizaciones de Derechos Humanos operan libremente, la libertad religiosa es respetada para todos y las minor&iacute;as no viven con miedo. (&hellip;)</em>
    </p><p class="article-text">
        Es cierto. Hamas no podr&iacute;a considerarse el paradigma de la democracia, mucho menos un ejemplo de tolerancia religiosa o a la igualdad de g&eacute;nero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es cierto que Palestina, cuyo territorio est&aacute; separado, en un extremo y otro de Israel, tiene dos gobiernos que no gozan de los derechos como los pa&iacute;ses que pueden establecer un estado. En la laica Autoridad Nacional Palestina, en Cisjordania, no pueden ejercer derechos b&aacute;sicos; se habla de &ldquo;milicias&rdquo; pero porque no pueden armar un ej&eacute;rcito leg&iacute;timo: no se les permite erigir un Estado con todas las de la ley. Por eso, los palestinos suelen decir que los medios est&aacute;n &ldquo;del lado&rdquo; israel&iacute;. A ellos, dicen, se los muestra agresivos, asesinos, terroristas y no en sus padecimientos cotidianos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta semana, en la reuni&oacute;n del Consejo de Seguridad de la ONU, el representante palestino preguntaba cu&aacute;ntos ni&ntilde;os y civiles m&aacute;s deb&iacute;an morir para que la comunidad internacional interviniera. Al momento de escribir este texto los muertos de un lado y otro son, en Palestina 219, incluidos 63 ni&ntilde;os, seg&uacute;n el&nbsp; Ministerio de Sanidad de Gaza y los heridos 1.530. Del lado israel&iacute;, seg&uacute;n consigna la agencia aleman DW, hubo 12 v&iacute;ctimas fatales y 312 heridos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El foco en los relatos suele estar puesto en el uso desproporcionado de la fuerza por parte de Israel.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as desde Gaza, algunos influencers, como lo fue en su momento la adolescente, que hoy tiene 23 a&ntilde;os y 200 mil seguidores <a href="https://twitter.com/Farah_Gazan" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Farah Gazan </a>se&ntilde;alan que la guerra discursiva se da en las redes m&aacute;s que antes. Pero lo cierto es que esto pasa, de manera intensa, desde 2012.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La din&aacute;mica es similar. Los actores discuten qu&eacute; se dice, qu&eacute; se oculta, y qu&eacute; no dicen los &ldquo;terceros del discurso&rdquo;. Hasta negar al otro. En nuestra vida privada puede resultar f&aacute;cil deslizarse por el dulce tobog&aacute;n de la autocompasi&oacute;n. En la narrativa geopol&iacute;tica, el planteo por ganar el lugar de la mejor v&iacute;ctima termina, o puede terminar, por anular al otro en cuanto humano, en cuanto a colectivo. Si habl&aacute;ramos en t&eacute;rminos de ficci&oacute;n, dir&iacute;amos que los personajes son estereotipados, que el juego de armar dualidades de h&eacute;roes y villanos no es interesante. Pero cuando eso pasa en los relatos de no ficci&oacute;n, tiene consecuencias, crueles, sobre la vida de personas reales. Tambi&eacute;n podremos creer que cuando la tensi&oacute;n m&aacute;s expl&iacute;cita y evidente, la que provoca im&aacute;genes viralizables de cad&aacute;veres, bombardeos sobre ciudades, misiles recortados en la noche, disminuye el problema est&aacute; resuelto. Pero la tregua entre Israel y Palestina es solo eso: una pausa. No el fin de la guerra.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sonia Budassi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/narrativas-israel-palestina-mejor-victima_129_7952370.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 May 2021 11:30:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Narrativas de Israel y Palestina: ¿Quién es la mejor víctima?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Israel,Palestina]]></media:keywords>
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