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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Guadalupe Nettel]]></title>
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      <title><![CDATA[Las minas de Tamara Tenenbaum]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/minas-tamara-tenenbaum_129_7959423.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c339cce4-bb0d-4540-b64f-f069932f5459_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las minas de Tamara Tenenbaum"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lecturas - Todas nuestras maldiciones se cumplieron</p></div><p class="article-text">
        Hace tiempo que yo me preguntaba por qu&eacute; no exist&iacute;a una voz como la de Tamara Tenenbaum, una voz contempor&aacute;nea que contara con la naturalidad de Natalia Ginzburg o Irene Nemirovsky, la vida de una chica jud&iacute;a de Am&eacute;rica Latina en la actualidad. Su vida familiar pero tambi&eacute;n su vida social, su vida amorosa, su vida interior, es decir las cosas que se le ocurren en cualquier momento, sus fantas&iacute;as, sus dudas existenciales. <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/maldiciones-cumplieron_1_7370889.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Todas nuestras maldiciones se cumplieron</em></a><a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/maldiciones-cumplieron_1_7370889.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>est&aacute; escrita con esa voz. Tamara Tenenbaum (Buenos Aires, 1989) conoce muy bien las cualidades y los defectos de la vida dentro de la comunidad, pero ha marcado respecto a ellos una distancia suficiente como para poder referirlos desde distintas perspectivas, a veces con iron&iacute;a, a veces con incredulidad, con apiadada ternura, o incluso con una pizca de velada nostalgia por un mundo en un evidente proceso de extinci&oacute;n: &ldquo;&hellip;van apareciendo las torres, las tiendas de muffins y las familias reci&eacute;n hechas y Corrientes 3480 va convirti&eacute;ndose en una isla, en un museo, en una baldosa que recuerda a alguien que se muri&oacute;.&rdquo; <strong>Al hacerlo retoma una tradici&oacute;n potent&iacute;sima (cuyos m&aacute;ximos exponentes son para m&iacute; Singer, Gornick y Ph. Roth) que ha viajado de Varsovia a Brooklyn o a Nueva Jersey y de ah&iacute; a Buenos Aires. Cuando digo que retoma esa tradici&oacute;n me refiero a que comparte con sus autores varias cosas, entre ellas la curiosidad antropol&oacute;gica por su familia y en general por su clan, un humor omnipresente a veces muy oscuro que no perdona nada y se deleita en la autocr&iacute;tica, o el autosarcasmo, el asombro ante la vida cotidiana.</strong> Tamara cuenta la historia del Once y de sus habitantes como hizo Singer con la calle Krochmalna. Describe con asombro el d&iacute;a a d&iacute;a en la escuela religiosa que frecuentaba por las tardes, los personajes que a&uacute;n atienden en los comercios, los trucos con los que su familia y otros vecinos intervienen la instalaci&oacute;n el&eacute;ctrica de los edificios para no tener que presionar el interruptor en shabat.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando alguien abandona la vida religiosa, tan estrictamente reglamentada, los ortodoxos dicen que &ldquo;dej&oacute; la respuesta&rdquo; o &ldquo;entr&oacute; en la pregunta&rdquo;. Eso es exactamente lo que hizo Tamara: su novela est&aacute; llena de interrogantes planteadas no con la actitud de quien pretende encontrar nuevas verdades, sino la de alguien que ha asumido que la vida es irremediablemente absurda y se deleita inventando explicaciones, incluidas las m&aacute;s descabelladas, las m&aacute;s terribles y las m&aacute;s po&eacute;ticas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay una libertad y una desfachatez admirables en la escritura de esta autora.</strong> Entre sus prioridades estil&iacute;sticas est&aacute; la de mantenerse en la oralidad, en el lenguaje coloquial, en preservar las delicias de una charla entre amigas m&aacute;s que en dosificar las repeticiones o en ce&ntilde;irse a los m&aacute;rgenes cada vez m&aacute;s difusos de los g&eacute;neros literarios. As&iacute;, esta novela tiene tambi&eacute;n algo de cuento, de cr&oacute;nica, de diario, de autobiograf&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Todas nuestras maldiciones se cumplieron</em> se lee con una sonrisa constante y a veces con carcajadas, pero no es un libro fr&iacute;volo. Al contrario, hay mucha sabidur&iacute;a en estas p&aacute;ginas, el tipo de sabidur&iacute;a que se adquiere tras los eventos tr&aacute;gicos de la existencia. Se trata de uno de esos libros que nos atrapan por su prosa amena y por su aparente ligereza pero que, sin que nos demos cuenta, nos va sembrando en la cabeza una serie de minas explosivas que a veces la alcanzan a ella misma: &ldquo;No es gracioso ser as&iacute; de c&iacute;nica y que nada te interpele, y la familiaridad no es excusa, y no hay nada pintoresco, y no hay nada rescatable y no hay ninguna ternura, ning&uacute;n juda&iacute;smo folkl&oacute;rico para venderle a los goim en forma de cuento costumbrista.&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guadalupe Nettel]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 May 2021 04:15:10 +0000]]></pubDate>
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