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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Jennifer Adair]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/jennifer-adair/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Jennifer Adair]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Alfonsín, el triunfo de la democracia y los derechos humanos y el fracaso de la Economía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alfonsin-triunfo-democracia-derechos-humanos-fracaso-economia_129_9781361.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1836f882-afc9-41e7-a6c6-c04478d11470_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alfonsín, el triunfo de la democracia y los derechos humanos y el fracaso de la Economía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La película taquillera Argentina, 1985 y los celebrados libros sobre Alfonsín y su gobierno de Pablo Gerchunoff y Juan Carlos Torre generaron una revisión de la década de 1980. En un aniversario de la asunción del presidente radical y la recuperación de la democracia en 1983, la historiadora Jennifer Adair analiza las antípodas de esa década. </p></div><p class="article-text">
        Los ochenta est&aacute;n teniendo su momento. Con el 40 aniversario del retorno democr&aacute;tico ya en el horizonte, la publicaci&oacute;n de libros destacados y el estreno de la pel&iacute;cula <em>Argentina, 1985</em> han puesto a la d&eacute;cada &ndash; y al gobierno de Ra&uacute;l Alfons&iacute;n &ndash; en el centro de escena como quiz&aacute;s nunca antes desde la muerte del ex-presidente en 2009.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay un relato dominante de la historia reciente de Am&eacute;rica Latina que salta desde el terrorismo de Estado al neoliberalismo de los 90. Es innegable que los gobiernos de facto de los a&ntilde;os 70 sentaron las bases de las pol&iacute;ticas neoliberales que fueron consolidadas por gobiernos constitucionales dos d&eacute;cadas despu&eacute;s. Pero este relato desdibuja una d&eacute;cada: la llamada &ldquo;d&eacute;cada p&eacute;rdida&rdquo;, nombre que refiere sobre todo a la crisis econ&oacute;mica y fiscal de los 80, la peor desde los a&ntilde;os 30.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa crisis se puede leer en toda su furia en dos libros sobre la &eacute;poca, los complementarios tomos de Pablo Gerchunoff y Juan Carlos Torre, dos integrantes del equipo econ&oacute;mico del gobierno de Alfons&iacute;n. Por momentos se leen como relatos de suspenso, casi cinematogr&aacute;ficos. A pesar de que sabemos c&oacute;mo va a terminar todo, no podemos dejar de seguir a los funcionarios del quinto piso, sus negociaciones con el FMI y los sindicatos, el estallido de la hiperinflaci&oacute;n y la renuncia de Alfons&iacute;n meses antes del final de su mandato. <strong>Son libros demasiados l&uacute;cidos para buscar respuestas contraf&aacute;cticas.</strong> Y sin embargo una pregunta impl&iacute;cita recorre sus p&aacute;ginas: &ldquo;&iquest;podr&iacute;a haber salido distinto?&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El suspenso tiene un registro m&aacute;s heroico en <em>Argentina,</em> <em>1985</em>, la pel&iacute;cula del a&ntilde;o, que llen&oacute; las salas de gente aplaudiendo el &ldquo;Se&ntilde;ores jueces, nunca m&aacute;s&rdquo; de Julio Strassera, un triunfo de la justicia, columna vertebral de una democracia reci&eacute;n renacida, y el Juicio a las Juntas como un regalo de la Argentina a la jurisprudencia internacional y a la historia.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es tentador ver estos relatos &ndash; los libros y la pel&iacute;cula &ndash;&nbsp;como ant&iacute;podas de la d&eacute;cada. </strong>El triunfo de la democracia y los derechos humanos por un lado, y el fracaso econ&oacute;mico por otro. Un reflejo del ciclo de esperanzas y desilusiones que se suele asociar con el gobierno de Alfons&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero para entender la d&eacute;cada no deber&iacute;amos ver estos dos extremos por separado, sino como parte indivisible de la audaz promesa de la democracia alfonsinista. Una promesa que representaba una combianci&oacute;n de derechos pol&iacute;ticos, socio-econ&oacute;micos y humanos que se reforzaban mutuamente y que eran capaces de refundar el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos al 1985. En junio se lanz&oacute; el Plan Austral que atacaba la inflaci&oacute;n y trajo un r&aacute;pido equilibrio econ&oacute;mico. En noviembre las elecciones legislativas mostraron el apoyo popular al mandato de Alfons&iacute;n y confirmaron a la UCR como fuerza mayoritaria en el Congreso. El a&ntilde;o termin&oacute; con el juicio a las juntas. Fue un buen momento para el gobierno de Alfons&iacute;n, en retrospectiva quiz&aacute;s uno de los mejores. Las partes constitutivas de su proyecto democr&aacute;tico parec&iacute;an encaminadas. Pero mirando de cerca, ya se pueden ver sus fisuras.
    </p><p class="article-text">
        En abril de 1985, unos meses antes de que se pusiera en marcha el Plan Austral, Alfons&iacute;n convoc&oacute; a un acto masivo en la Plaza de Mayo en defensa a la democracia. El juicio a las juntas reci&eacute;n empezaba y corr&iacute;an fuertes rumores sobre un posible levantamiento militar. Con la plaza llena Alfons&iacute;n habl&oacute; de los logros de la joven democracia y agradeci&oacute; la &ldquo;presencia multitudinaria&rdquo; que representaba a &ldquo;una sociedad que no es indiferente, sino que est&aacute; dispuesta a luchar por conservar sus derechos&rdquo;.&nbsp; A mitad del discurso, Alfons&iacute;n cambi&oacute; su tono: &ldquo;Aqu&iacute; me interesa, sobre todo, hablarles de las dificultades extremas que vamos a atravesar&rdquo;. Y dedic&oacute; el resto del discurso al duro camino por delante en cuestiones econ&oacute;micas, que resumi&oacute; con la frase m&aacute;s notoria de la noche: &ldquo;Es decir, en este estado dif&iacute;cil, frente a esta econom&iacute;a desangrada, tenemos que dar respuesta a requerimientos populares y, al mismo tiempo, tenemos que ordenar la econom&iacute;a y tenemos que crecer. Esto se llama, compatriotas, <em>econom&iacute;a de guerra</em> y es bueno que todos vayamos sacando conclusiones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El impacto de estas palabras fue inmediato. Desde el balc&oacute;n de la casa de gobierno se pod&iacute;an escuchar los gritos y ver c&oacute;mo columnas de organismos de derechos humanos, sindicalistas y partidos pol&iacute;ticos se retiraban de la plaza con una mezcla de bronca y consternaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La apuesta econ&oacute;mica del Plan Austral sali&oacute; bien por un tiempo. <strong>Pero con el pronunciamiento de la econom&iacute;a de guerra Alfons&iacute;n alter&oacute; los t&eacute;rminos de su propio proyecto pol&iacute;tico, desestabilizando la alquimia fr&aacute;gil entre derechos, econom&iacute;a y democracia que nunca se recuper&oacute;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vale decir, claro, que la confluencia de condiciones globales y locales en que oper&oacute; el gobierno del Alfons&iacute;n no fue obra del expresidente. Pero para el final de su mandato, el hombre que tanto hab&iacute;a hecho por consolidar una idea m&aacute;s hol&iacute;stica de la democracia fue testigo del colapso de ese proyecto por efecto de las propias medidas de su gobierno. La exuberancia de la primavera democr&aacute;tica encontr&oacute; un paralelo igualmente intenso en el reconocimiento por parte de la poblaci&oacute;n de que la &ldquo;democracia&rdquo;, lejos de ser la panacea que ven&iacute;a a resta&ntilde;ar los dolores del pasado, pod&iacute;a tambi&eacute;n perpetuarlos y producir sus propias y novedosas contradicciones. Alfons&iacute;n mismo lo resumi&oacute; en 1992, sobre el final de una &uacute;ltima ola de hiperinflaci&oacute;n y en v&iacute;speras de las severas desigualdades de la d&eacute;cada que ven&iacute;a, con una sutil enmienda a su c&eacute;lebre definici&oacute;n de la democracia: &ldquo;Creo que con la democracia se come, se cura y se educa&rdquo;, dijo, &ldquo;pero no se hacen milagros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Alfons&iacute;n muri&oacute;, en marzo de 2009, miles de personas abarrotaron las calles para darle su adi&oacute;s final, una escena emotiva con la que empieza el libro de Gerchunoff. Las procesiones, con sus cantos y sus carteles, tra&iacute;an a la memoria las grandes e impactantes movilizaciones del comienzo del gobierno de Alfons&iacute;n el 10 de diciembre de 1983.
    </p><p class="article-text">
        En las semanas que siguieron a su muerte, los homenajes a Alfons&iacute;n parecieron asegurarle un lugar en la memoria colectiva como el gran portador de las virtudes c&iacute;vicas y la decencia pol&iacute;tica. &ldquo;Se fue un hombre digno&rdquo;, declar&oacute; el entonces presidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcati. Esta valoraci&oacute;n, formulada desde una de las instituciones m&aacute;s notoriamente opositoras al gobierno de Alfons&iacute;n, se reiter&oacute; en los pronunciamientos p&uacute;blicos de adversarios y amigos por igual: &ldquo;Gran estadista argentino&rdquo;, &ldquo;Hombre de la &eacute;tica&rdquo;, &ldquo;Anti-corrupto&rdquo; y desde luego, la m&aacute;s o&iacute;da, &ldquo;Padre de la democracia&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es ser &ldquo;Padre de la democracia&rdquo;?<strong> El t&iacute;tulo deja a Alfons&iacute;n como s&iacute;mbolo de una nueva frontera, que se abrir&iacute;a entre los ciclos cada vez m&aacute;s violentos de alternancia c&iacute;vico-militar y una era de constitucionalidad y derechos. Pero el r&oacute;tulo tambi&eacute;n se presta a confusiones, en la medida en que simplifica las expectativas y disputas que definieron la extensa participaci&oacute;n de Alfons&iacute;n en la escena pol&iacute;tica nacional.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la historia, el relato de esperanzas y desilusiones en torno al gobierno de Alfons&iacute;n en cierta forma funciona. Pero al igual que con el t&iacute;tulo de &ldquo;Padre de la democracia&rdquo; hace que la mirada sobre Alfons&iacute;n sea incompleta. Convendr&iacute;a entonces revisar los intersticios entre los momentos de gravitaci&oacute;n de Alfons&iacute;n en el escenario nacional. El dram&aacute;tico ir y venir del retorno a la democracia, atenazado entre el ocaso de la guerra fr&iacute;a y el alba de la era neoliberal, dio cuenta de los intentos de un proyecto hegem&oacute;nico que, en &uacute;ltima instancia, facilit&oacute; la transici&oacute;n de una &eacute;poca a otra.
    </p><p class="article-text">
        Los recuerdos sobre los ochenta revelan tanto las preocupaciones del presente como respecto de las realidades de los a&ntilde;os del gobierno de Alfons&iacute;n. Hace unas semanas Jos&eacute; Manuel Salazar-Xirinachs, flamante secretario ejecutivo de CEPAL, declar&oacute; que la actual crisis econ&oacute;mica de Am&eacute;rica Latina es peor que en los a&ntilde;os ochenta, y amenaz&oacute; con una nueva y duradera &ldquo;d&eacute;cada p&eacute;rdida&rdquo;. Ahora, que la democracia est&aacute; por cumplir 40 a&ntilde;os, la b&uacute;squeda de una democracia capaz que dar de comer, educar y curar sigue siendo tan urgente hoy como en 1983.
    </p><p class="article-text">
        JA
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jennifer Adair]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alfonsin-triunfo-democracia-derechos-humanos-fracaso-economia_129_9781361.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Dec 2022 03:05:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Raúl Alfonsín,Derechos humanos,crisis económica,Pablo Gerchunoff,Juan Carlos Torre]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El PAN de Alfonsín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pan-alfonsin_129_7984401.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/efe254b3-87fd-42cb-92e9-29855b3f8c7e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El PAN de Alfonsín"></p><p class="article-text">
        Ra&uacute;l Alfons&iacute;n prometi&oacute;, al asumir su presidencia en 1983, que ning&uacute;n ni&ntilde;o volver&iacute;a a pasar hambre en la Argentina. Casi cuatro d&eacute;cadas m&aacute;s tarde Alberto Fern&aacute;ndez anunci&oacute; la erradicaci&oacute;n del hambre como prioridad de su gobierno. Evocaba en su asunci&oacute;n el famoso mantra alfonsinista que ligaba la democracia a la comida, la educaci&oacute;n y la salud. Esa promesa, tan vital en el 2019 como en el 1983, se volvi&oacute; m&aacute;s urgente con los impactos de la pandemia y las extremas desigualdades que siguen aumentando. Y ahora el lanzamiento de la Tarjeta Alimentar volvi&oacute; a poner al hambre en el centro de disputas sobre c&oacute;mo enfrentar la pobreza.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En realidad, la comida y el acceso a ella han sido una prueba de fuego de la democracia inaugurada en 1983.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hacia finales de la dictadura la extensi&oacute;n de las ollas populares y las historias sobre ni&ntilde;os desnutridos, sobre todo en las periferias urbanas, desafiaban la imagen de un pa&iacute;s f&eacute;rtil y productor de alimentos en donde el hambre no exist&iacute;a. <strong>Con el retorno de la democracia se descubri&oacute; que casi el 25% de la poblaci&oacute;n ten&iacute;a necesidades b&aacute;sicas insatisfechas.</strong> Eso quer&iacute;a decir que, si bien el cuarto de la poblaci&oacute;n no padec&iacute;a de hambre extremo, su bienestar estaba en riesgo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Programa Alimentario Nacional, mejor conocido como el PAN, fue la respuesta a esa emergencia social dejada por la dictadura. El PAN fue el mayor programa de alimentos de la historia argentina, y la primera vez que un gobierno nacional se vio compelido a depender de una distribuci&oacute;n masiva de alimentos para dar de comer a sus ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        En su momento m&aacute;s alto, en 1986, el PAN entregaba alrededor de un mill&oacute;n 300 mil cajas de comida por mes. Aproximadamente 5 millones 600 mil personas recib&iacute;an la ayuda alimentaria del PAN, casi el 17% de la poblaci&oacute;n de ese momento. En Buenos Aires, la producci&oacute;n del PAN en el Mercado Central pod&iacute;a alcanzar las 55.000 cajas por d&iacute;a. En Entre R&iacute;os, el centro de distribuci&oacute;n responsable de todas las entregas del PAN en la regi&oacute;n Noreste, la producci&oacute;n rondaba un promedio de 20.000 cajas por d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la d&eacute;cada de los &lsquo;80 era dif&iacute;cil ignorar el PAN. La comida ven&iacute;a embalada en una gran caja de cart&oacute;n, con el inconfundible logo azul del PAN estampado en ambos lados. &ldquo;Es hora de compartir el pan&rdquo;, dec&iacute;a una campa&ntilde;a publicitaria extendida, que reivindicaba la alimentaci&oacute;n como parte de un momento de altruismo nacional y de restituci&oacute;n de derechos fundamentales. Los spots de televisi&oacute;n inclu&iacute;an una canci&oacute;n infantil y una voz en off que anunciaba: <strong>&ldquo;La solidaridad puede vencer la soledad&rdquo;.</strong> Hace unos a&ntilde;os una galer&iacute;a de arte en San Telmo expon&iacute;a una caja PAN en el centro de una muestra, brillando como una caja pop de Andy Warhol &ndash; un artefacto de la democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La caja ofrec&iacute;a alrededor de 15 kilos de alimentos no perecederos, que inclu&iacute;an leche en polvo, yerba, aceite de cocina, fideos, polenta, harina, merluza, <em>corned beef</em> y az&uacute;car. Los contenidos de la caja PAN variaron continuamente durante sus seis a&ntilde;os de operaci&oacute;n, pero su objetivo principal, no: proveer el 30 por ciento de los requerimientos cal&oacute;ricos mensuales para una familia de cuatro integrantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los beneficiarios eran inscriptos por trabajadores sociales, conocidos como &ldquo;agentes PAN&rdquo; &ndash; un ej&eacute;rcito de &ldquo;soldados de democracia&rdquo;, como algunos se auto llamaban. Cada mes la jefa del hogar era convocada a una reuni&oacute;n junto con otras 30 mujeres, para recoger la caja en centros de distribuci&oacute;n montados en escuelas, iglesias, clubes de barrio y edificios municipales. La reuni&oacute;n era una parte importante del dise&ntilde;o del programa, que inclu&iacute;an proyectos de &ldquo;solidaridad social&rdquo; que iban desde talleres de nutrici&oacute;n hasta la creaci&oacute;n de jardines comunitarios.
    </p><p class="article-text">
        El PAN fue concebido como un programa de emergencia paliativa y, sobre todo, de corto plazo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s por eso al momento de su lanzamiento, el PAN hab&iacute;a tenido el apoyo de casi todo el espectro pol&iacute;tico. En 1984 los legisladores aprobaron el PAN por dos a&ntilde;os, tiempo que cre&iacute;an suficiente, con el optimismo de la primavera democr&aacute;tica, para revertir el hambre y la recesi&oacute;n econ&oacute;mica que la dictadura hab&iacute;a dejado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando la esperada recuperaci&oacute;n no lleg&oacute;, no tardaron en aparecer las cr&iacute;ticas que vieron en el PAN la prueba y la raz&oacute;n de la crisis de un estado benefactor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1987, Antonio Cafiero, reci&eacute;n elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires, apunt&oacute; al PAN en nombre de un peronismo en plena renovaci&oacute;n. <strong>Calific&oacute; a las cajas PAN como limosnas que &ldquo;enturbian la mente de los argentinos&rdquo;. </strong>Algo similar fue la conclusi&oacute;n de Mar&iacute;a Julia Alsogaray, entonces diputada por la UCeD&eacute;, partido que se potenci&oacute; a lo largo de la d&eacute;cada del &lsquo;80 como principal defensor del ajuste. Alsogaray culp&oacute; al PAN de crear &ldquo;una generaci&oacute;n de ni&ntilde;os del Estado. Al recibir alimentos de manos del Estado y no de sus padres se cambia fundamentalmente su estructura psicol&oacute;gica, y no podemos esperar que tengan la dosis necesaria de energ&iacute;a y actividad individual que es fundamental para impulsar a este pa&iacute;s hacia adelante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si al comienzo del gobierno de Alfons&iacute;n la eliminaci&oacute;n del hambre formaba parte de sus esperanzas iniciales, la comida tambi&eacute;n estuvo en el centro de los acontecimientos que marcaron su fin.</strong> En medio de la hiperinflaci&oacute;n de 1989, la necesidad de aliviar la emergencia alimentaria parec&iacute;a m&aacute;s apremiante que en 1983. Con el estallido social y los saqueos a los supermercados, se suspendi&oacute; el PAN en varios lugares del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de sus seis a&ntilde;os de operaci&oacute;n, el PAN reflej&oacute; la promesa de una democracia capaz de satisfacer las necesidades b&aacute;sicas, pero tambi&eacute;n sus profundos l&iacute;mites. Si bien el PAN respondi&oacute; al sufrimiento acuciante, proporcionando a muchos una asistencia cr&iacute;tica en nombre de &ldquo;derechos humanos fundamentales,&rdquo; tambi&eacute;n, al poner el hambre en el centro de las nuevas cuestiones sociales, inaugur&oacute; una visi&oacute;n m&aacute;s restringida del bienestar social, una visi&oacute;n que se ocupa de la necesidad m&aacute;s elemental, pero lo hace con escasa capacidad para satisfacer otras demandas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El asistencialismo se instal&oacute; como principal respuesta a una emergencia social continua. Los gobiernos que vinieron despu&eacute;s de Alfons&iacute;n implementaron sus propios planes alimentarios, siguiendo de alg&uacute;n modo el modelo PAN de entrega de comida, reemplazando cajas por bolsas o tarjetas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las cr&iacute;ticas al PAN durante los &lsquo;80 &ndash; &ldquo;su clientelismo&rdquo;, su car&aacute;cter de una caridad desmovilizadora &ndash; se vuelvan escuchar en estos d&iacute;as con las cr&iacute;ticas al Tarjeta Alimentar. Con una importante diferencia: la emergencia de hoy de es m&aacute;s profunda y estructural que los &lsquo;80.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Para qu&eacute; sirve el PAN?&rdquo;, preguntaba un art&iacute;culo del diario Clar&iacute;n en 1986, poco despu&eacute;s de que el programa fuese extendido por primera vez. &iquest;C&oacute;mo se podr&iacute;a resolver &ldquo;el d&eacute;ficit nutricional de varios millones de argentinos&rdquo;, si el PAN &ldquo;no alcanza a generar el trabajo para solucionar los problemas econ&oacute;micos nacionales ni para combatir la pobreza de ma&ntilde;ana&rdquo;?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jennifer Adair]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pan-alfonsin_129_7984401.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 May 2021 03:52:34 +0000]]></pubDate>
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