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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Pablo Mira]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/pablo-mira/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Pablo Mira]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La pobreza, el verdadero (y catastrófico) cepo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/pobreza-verdadero-catastrofico-cepo_129_10075528.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a7196f0e-613c-4fa8-a31c-da0dcf25d5c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La pobreza, el verdadero (y catastrófico) cepo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A raíz de los últimos datos brindados por el INDEC (en el segundo semestre de 2022, la pobreza alcanzó al 39,2% de las personas y al 29,6% de los hogares), el autor se pregunta qué implica ser pobre en Argentina y por qué deben evitarse los discursos que consideran a la pobreza como una situación transitoria.</p></div><p class="article-text">
        Los datos de pobreza revelan, una vez m&aacute;s, la dif&iacute;cil realidad que sigue enfrentando una amplia franja de la sociedad argentina. La estad&iacute;stica publicada por el INDEC tiene que ver exclusivamente con los ingresos reales de las familias, pero &eacute;stos son apenas la punta del iceberg del drama de la pobreza. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La pobreza no debe ser entendida exclusivamente como una situaci&oacute;n eventual o transitoria de falta de ingresos, porque en muchas ocasiones suele transformarse en una trampa.</strong> La trampa funciona como una encerrona, porque estos &aacute;mbitos contribuyen a que esta situaci&oacute;n perdure y sea dif&iacute;cil escaparle. Lo que para la clase media es un mal momento financiero que puede ser sobrellevado con la ayuda de los familiares, en un contexto de pobreza puede representar una pesadilla sostenida con consecuencias duraderas.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo de una dificultad m&aacute;s o menos inmediata que enfrenta un pobre cuando se queda sin recursos son los costos de ser dados de baja de los servicios p&uacute;blicos por falta de pago. Para empezar, reemplazar la falta de luz o de gas con otras alternativas suele ser caro, de modo que el costo de sostener una vida normal aumenta dr&aacute;sticamente. Las empresas proveedoras, adem&aacute;s, aprovechan la falta de pago para ejecutar un castigo financiero extra bajo la forma de intereses brutales, incomprensibles e irreclamables, y tambi&eacute;n elevados pagos para lograr la necesaria reconexi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando las circunstancias son acuciantes, los vulnerables tienden a fallar en sus decisiones, al menos cuando &eacute;stas se eval&uacute;an desde la tranquilidad de quien no pasa por esta situaci&oacute;n. Una gran cantidad de investigaciones revela que la gente en condiciones de escasez econ&oacute;mica es m&aacute;s impulsiva, tiene un peor desempe&ntilde;o escolar y toma decisiones financieras demasiado arriesgadas. <strong>Los pobres no son pobres por sus malas decisiones, sino que son los contextos de pobreza los que detonan una serie de malas decisiones. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Ser pobre significa tener que prestar atenci&oacute;n permanente a los problemas m&aacute;s urgentes. Llevar un plato de comida a la mesa diaria, tratar de que los chicos sigan yendo al colegio o conseguir dinero prestado al precio que sea. Cuando se analizan desde afuera, varias de las estrategias tomadas lucen apresuradas, insuficientes o claramente erradas. Pero de nuevo, son circunstancias tan extremas que har&iacute;an que cualquiera, en la misma situaci&oacute;n, decidiera tan mal como ellos.
    </p><p class="article-text">
        Para ilustrar, volvamos al ejemplo de la desconexi&oacute;n forzada de los servicios p&uacute;blicos. Cuando se consideran todos los costos que termina pagando, es claro que a la familia le hubiese convenido seguir abonando la factura. Pero quiz&aacute;s se hab&iacute;an comprometido esos pesos para comprar un regalo de cumplea&ntilde;os a un hijo, y privilegiaron este objetivo. Un robot racional podr&iacute;a evaluar &ldquo;objetivamente&rdquo; esta decisi&oacute;n y concluir que ha sido un desperdicio, pero &eacute;sta no es la forma de an&aacute;lisis que predomina durante una emergencia.
    </p><p class="article-text">
        Otro ejemplo de resoluciones &ldquo;racionalmente limitadas&rdquo; de los pobres son sus relaciones financieras. A&uacute;n en una econom&iacute;a estable, al pobre se le hace dif&iacute;cil ahorrar porque no es f&aacute;cil definir &ldquo;d&oacute;nde poner la plata&rdquo;. En Argentina, esta dificultad se multiplica porque mantener dinero en efectivo significa perder poder adquisitivo y las alternativas para evitarlo no est&aacute;n f&aacute;cilmente disponibles. Adem&aacute;s, dadas sus necesidades acuciantes y permanentes, los pobres no siempre pueden ejercer sus compras al mejor precio, y es normal que sean estafados con la calidad del producto que adquieren. 
    </p><p class="article-text">
        La tensi&oacute;n permanente que produce la pobreza tambi&eacute;n da lugar a ceder ante las tentaciones, llevando su situaci&oacute;n financiera a&uacute;n m&aacute;s en el l&iacute;mite. Cuando llegan las obligaciones ineludibles y la plata no alcanza, los pobres se endeudan en condiciones adversas. Con tal de resguardar a toda costa su &uacute;nico capital futuro, que son sus hijos, se omite todo c&aacute;lculo de sostenibilidad financiera. Los prestamistas usureros entienden bien esta psicolog&iacute;a, y aprovechan para prestar a tasas estratosf&eacute;ricas, usualmente ocultas bajo la forma de una devoluci&oacute;n &ldquo;en muchas cuotas bajas&rdquo;. Sin embargo, cuando estas cuotas bajas se suman a otras cuotas bajas de otros pr&eacute;stamos, el total empieza a ser alto. Si el cr&eacute;dito no se paga, se corre el riesgo de embargo de los pocos activos que les quedan, y en determinadas circunstancias incluso pueden producirse amenazas a la integridad f&iacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        En la pobreza, adem&aacute;s, el margen de error de decisi&oacute;n es escaso. <strong>Una familia con ingresos holgados puede darse el lujo de fallar una, dos o tres veces en sus elecciones econ&oacute;micas o financieras. Pero en el caso de los m&aacute;s vulnerables, cada error implica un costo enorme, y por lo tanto unos pocos fallos pueden terminar en la p&eacute;rdida total de sus ahorros.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que se difunde el &iacute;ndice de pobreza, debemos recordar que se trata de un fen&oacute;meno que tiende a solidificarse con el tiempo, y que cada d&iacute;a que pasa sin atacarla se traduce en nuevas cadenas que impiden sortear la trampa. Un verdadero cepo, mucho m&aacute;s catastr&oacute;fico que el que nos impide comprar d&oacute;lares. 
    </p><p class="article-text">
        <em>PM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/pobreza-verdadero-catastrofico-cepo_129_10075528.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Mar 2023 09:04:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La pobreza, el verdadero (y catastrófico) cepo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pobreza,Indigencia,Inflación,Cepo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Blanchard, Krugman y el origen de la inflación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/blanchard-krugman-origen-inflacion_129_9896339.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/312b7e1e-2300-4b2f-a10f-a3d876dea14d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Blanchard, Krugman y el origen de la inflación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para el autor, la discusión de Blanchard y Krugman en Twitter “oficializa” la hipótesis del conflicto distributivo como elemento inflacionario, descartando la idea de que es un pensamiento aislado y extravagante de algunos economistas locales.

</p><p class="subtitle"></p><p class="subtitle">El conflicto distributivo y la inflación
</p></div><p class="article-text">
        <strong>Olivier Blanchard</strong>, ex jefe de economista del FMI, prendi&oacute; la mecha. Dijo, palabra m&aacute;s palabra menos, que <strong>la inflaci&oacute;n pod&iacute;a caracterizarse como el resultado de un conflicto distributivo entre precios (empresarios), salarios (trabajadores) y los impuestos (contribuyentes)</strong>. La inaceptable implicancia para muchos ortodoxos: la inflaci&oacute;n no es en todo tiempo y lugar un fen&oacute;meno &uacute;nicamente monetario, el famoso <em>dictum</em> establecido por Milton Friedman. La discusi&oacute;n se extendi&oacute;, fundamentalmente por Twitter, gracias a la intervenci&oacute;n calma y reflexiva de varios economistas famosos, entre ellos Paul Krugman y el argentino Iv&aacute;n Werning, y luego se agregaron algunas cr&iacute;ticas interesantes de los defensores del monetarismo.&nbsp;
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1608967176232525824?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        El argumento original es simple. Cuando un grupo intenta hacerse con una parte mayor de la &ldquo;torta&rdquo; de un ingreso nacional fijo aumentando su precio, puede disparar una reacci&oacute;n del resto para recuperarla ajustando su propio precio. Mayores salarios, por ejemplo, dudosamente dejen imp&aacute;vidas a las firmas que ven perder sus beneficios, y la respuesta m&aacute;s natural ser&aacute; trasladar el mayor costo autom&aacute;ticamente a los precios de los bienes que venden, volviendo al punto de partida. Si los trabajadores presionan m&aacute;s fuerte a&uacute;n en una segunda vuelta, el resultado ser&aacute; una espiral de precios y salarios que qui&eacute;n sabe d&oacute;nde termina.
    </p><p class="article-text">
        Bueno, quiz&aacute;s sobresimplifiqu&eacute; la idea. En la pr&aacute;ctica estas espirales son poco comunes, y adem&aacute;s deben estar sustanciadas por alguna causa concreta que las dispare. Otra limitaci&oacute;n evidente del an&aacute;lisis es que no explica la deflaci&oacute;n: no es f&aacute;cil imaginar que de repente los actores econ&oacute;micos deseen tener <strong>menos</strong> participaci&oacute;n en la torta. En todo caso, podemos usar la idea de Blanchard (que, para ser justos, tiene antecedentes reconocibles en la escuela poskeynesiana) como un complemento para entender un fen&oacute;meno rodeado de complejidades varias.
    </p><p class="article-text">
        Conviene notar que<strong> la hip&oacute;tesis del conflicto distributivo representa a la inflaci&oacute;n como un fen&oacute;meno de ausencia de coordinaci&oacute;n.</strong> Krugman en un art&iacute;culo reciente revive una met&aacute;fora debida a William Nordhaus. La mayor&iacute;a hemos estado en la tribuna popular de una cancha de f&uacute;tbol. All&iacute; la gente puede ver el partido sentada en los escalones (equilibrio bueno), o de pie (equilibrio malo). Cuando ante una jugada de peligro unas pocas personas se levantan, pueden ocurrir dos cosas. En un pa&iacute;s donde &ldquo;lo normal&rdquo; es ver el partido sentado, todos esperar&aacute;n que esos pocos ansiosos vuelvan a sentarse enseguida. Permaneceremos en el buen equilibrio. Pero en un pa&iacute;s donde la experiencia dicta que la gente no se vuelve a sentar, el resto comenzar&aacute; a pararse para poder ver mejor. El punto a remarcar es la asimetr&iacute;a entre pararse cuando estamos sentados, y sentarse cuando estamos parados. El primer equilibrio es &ldquo;inestable&rdquo;, y el segundo es estable. Pararse con todos sentados puede desencadenar contagio, sentarse cuando est&aacute;n todos parados solo produce p&eacute;rdidas individuales en la visual. Krugman extiende con astucia la analog&iacute;a a la pol&iacute;tica monetaria. <strong>Una pol&iacute;tica monetaria pura (aumentar las tasas de inter&eacute;s) equivale a obligar a que el juego no tenga situaciones de peligro (nadie se pondr&aacute; de pie), mientras que operar sobre el p&uacute;blico tratando de que se sienten se asociar&iacute;a a una pol&iacute;tica de ingresos.</strong> (En algunas canchas se intentaba coordinar la sentada al grito de &ldquo;&iexcl;abajo!&rdquo;, no siempre con &eacute;xito y muchas veces creando nuevos conflictos).
    </p><p class="article-text">
        La analog&iacute;a futbolera no es suficiente para pensar el origen de la inflaci&oacute;n (puede ser casi cualquier evento que llame la atenci&oacute;n), pero ayuda a comprender el problema de la inercia inflacionaria. La inercia puede interpretarse como una situaci&oacute;n en la que ya estamos todos de pie. No se conoce a los &ldquo;responsables&rdquo; que se pararon primero, y obviamente identificarlos y hacerlos sentar no resolver&iacute;a el problema, porque el resto sigue parado.
    </p><p class="article-text">
        Otro punto interesante que brota de este ejemplo es el problema de las expectativas. Varios economistas abrazan la hip&oacute;tesis de que los agentes forman sus expectativas racionalmente. En la met&aacute;fora que nos ocupa, esto implica que cada participante sabe que, si se pone de pie, todos har&aacute;n lo propio y a la larga no habr&aacute; ganancia para ninguno. En la econom&iacute;a, un sindicato que pide un mayor aumento nominal podr&iacute;a no lograr nada en t&eacute;rminos reales si sabe que este aumento de los costos se trasladar&aacute;n a precios. Ergo, el espectador jam&aacute;s se parar&aacute; para ver mejor, y el sindicalista jam&aacute;s solicitar&aacute; un aumento para lograr un mayor salario real para sus representados.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero podemos confiar en las expectativas racionales? En contextos estables (es decir, sin inercia previa), es natural esperar que un exaltado de la tribuna pronto note su error y lo modifique sent&aacute;ndose. Pero en contextos donde muchos se paran (se &ldquo;equivocan&rdquo;) al mismo tiempo, se necesita una acci&oacute;n m&aacute;s concreta para corregir el problema. A veces ciertas reglas institucionales sugieren una soluci&oacute;n, como cuando se instalan c&oacute;modas sillas que apuntan a que &eacute;se es el estado natural para ver un partido.
    </p><p class="article-text">
        En el plano inflacionario, las reglas institucionales son importantes para sostener la estabilidad, pero estas normas tienden a consolidarse con el paso del tiempo, y por lo tanto no alcanzan para resolver problemas de inestabilidad recurrente. Es por eso que entender el conflicto distributivo en sus diferentes dimensiones y variantes es crucial para encarar un proceso de estabilizaci&oacute;n que considere todas las formas que adopta el fen&oacute;meno inflacionario. El gran provecho de <strong>la discusi&oacute;n de Blanchard, Krugman y compa&ntilde;&iacute;a es que &ldquo;oficializa&rdquo; la hip&oacute;tesis de conflicto distributivo con varios economistas de renombre</strong>, descartando de plano la idea de que la hip&oacute;tesis de conflicto distributivo (o de falta de coordinaci&oacute;n) provenga de un pensamiento aislado y extravagante de algunos economistas &ldquo;locales&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/blanchard-krugman-origen-inflacion_129_9896339.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Jan 2023 10:58:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Inflación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La rana hervida y los costos de la inflación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/rana-hervida-costos-inflacion_129_9758175.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e67d4c7a-a65f-478c-9adf-5f8ab8ed936c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La rana hervida y los costos de la inflación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cierta incomodidad sin caos macroeconómico es una fórmula vivible, y nadie nota los pequeños desarreglos que se acumulan. Como con el efecto "rana hervida", casi sin darse cuenta, los actores económicos comienzan a incorporar la temperatura de la inflación a su memoria de largo plazo.</p><p class="subtitle">La inflación de octubre fue de 6,3% y rompe la incipiente tendencia a la baja
</p></div><p class="article-text">
        Tras m&aacute;s de medio siglo sufriendo la inflaci&oacute;n, hablar sobre sus costos parece ocioso. Sin embargo<strong>,</strong> la relaci&oacute;n entre inestabilidad de precios y p&eacute;rdida de bienestar no siempre es evidente, y <strong>la raz&oacute;n es que el propio fen&oacute;meno de la inflaci&oacute;n es confuso y dif&iacute;cil de interpretar.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dos per&iacute;odos de la econom&iacute;a argentina bastan para ilustrar este punto. Primero, entre 1950 y 1970 la inflaci&oacute;n promedi&oacute; un 25% anual, pero lejos de afectar el poder adquisitivo y empobrecer a la poblaci&oacute;n, la econom&iacute;a tuvo un desempe&ntilde;o m&aacute;s que aceptable, con elevadas tasas de crecimiento y un reparto de la riqueza recordado como equitativo. Segundo, la Convertibilidad logr&oacute; domar la inflaci&oacute;n durante la d&eacute;cada de los '90, pero tras algunos a&ntilde;os de crecimiento a tasas elevadas, en 1998 comenz&oacute; la lenta agon&iacute;a que culmin&oacute; en el estallido de 2001, sin que la inflaci&oacute;n tuviera nada que ver.
    </p><p class="article-text">
        La inflaci&oacute;n es un fen&oacute;meno complejo, en ambos sentidos. Por un lado, es complicada de entender y de combatir mediante pol&iacute;ticas inmediatas. Por el otro, tiene una propiedad de &ldquo;emergencia&rdquo; t&iacute;pica de los sistemas complejos: actuando descentralizada y coordinadamente fijando precios, los agentes econ&oacute;micos terminan provocando una descoordinaci&oacute;n agregada. Como todo sistema complejo, la inflaci&oacute;n crea dificultades en el momento y la dimensi&oacute;n menos esperados. Y dada su manifestaci&oacute;n emergente, <strong>es com&uacute;n fallar en la identificaci&oacute;n de sus causas y de sus consecuencias.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La din&aacute;mica de la inflaci&oacute;n y sus consecuencias pueden asimilarse al<strong> &ldquo;efecto rana hervida&rdquo;</strong>. El experimento que le da nombre consiste en poner a una rana en agua a temperatura ambiente, e ir calent&aacute;ndola lentamente. Seg&uacute;n la creencia popular, el calentamiento ser&aacute; tan sutil que <strong>su cuerpo se ir&aacute; adaptando al cambio</strong>, hasta que finalmente la rana morir&aacute; hervida, <strong>casi sin notarlo.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La inflaci&oacute;n opera de manera similar, s&oacute;lo que los primeros calores pueden resultar incluso bienvenidos. En efecto, en un econom&iacute;a en expansi&oacute;n, <strong>las primeras presiones inflacionarias se reconocen, pero sus da&ntilde;os no. </strong>Al principio sus perjuicios no se sienten y ni los consumidores, ni las empresas, ni los gobiernos se quejan demasiado. Diez puntos de inflaci&oacute;n por a&ntilde;o, despu&eacute;s de todo, es un ritmo aceptable para tomar decisiones informadas, y un n&uacute;mero f&aacute;cil de domar llegado el caso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquel crecimiento con inflaci&oacute;n moderada de los '50 y '60 se reprodujo en otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina y de Asia, pero en el caso argentino fue activando cuatro procesos. El primero fue el acostumbramiento a convivir con la inflaci&oacute;n. Cierta incomodidad sin caos macroecon&oacute;mico es una f&oacute;rmula vivible, y nadie nota los peque&ntilde;os desarreglos que se acumulan. <strong>Casi sin darse cuenta, los agentes-rana comienzan a incorporar la temperatura de la inflaci&oacute;n a su memoria de largo plazo...</strong>
    </p><p class="article-text">
        Segundo, si bien la inflaci&oacute;n promedio del per&iacute;odo no fue elevada, exhibi&oacute; saltos bruscos que hoy recordamos como los ciclos <em>stop-go</em>. Una inflaci&oacute;n baja pero inestable no ayuda a que se asignen recursos eficazmente. La econom&iacute;a empez&oacute; a funcionar sin preocuparse demasiado por los retrasos en el desarrollo de algunos mercados, como los financieros. La rana siente calor y deja de nadar para compensar la mayor temperatura...
    </p><p class="article-text">
        El tercer proceso ata&ntilde;e al gobierno. La inflaci&oacute;n comenzaba lentamente a dificultar la ejecuci&oacute;n y la efectividad de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas. Los presupuestos poco precisos, las pol&iacute;ticas de cr&eacute;dito que la inflaci&oacute;n transformaba en meros subsidios y los aprietos para administrar las cuentas p&uacute;blicas fueron los m&aacute;s evidentes. Con una econom&iacute;a en expansi&oacute;n, estos obst&aacute;culos tend&iacute;an a resolverse pate&aacute;ndolos para adelante,<strong> pero al costo de financiarse crecientemente con emisi&oacute;n monetaria, profundizar regulaciones, y mantener una econom&iacute;a cada vez m&aacute;s cerrada</strong>. La llama que calienta la olla se vuelve m&aacute;s y m&aacute;s dif&iacute;cil de regular&hellip;
    </p><p class="article-text">
        El cuarto proceso fue un <strong>lento pero inexorable aumento de la fragilidad de la econom&iacute;a ante potenciales disrupciones</strong> en un mundo que, de repente, dispon&iacute;a que ya no hab&iacute;a fronteras para el capital. Cuando la globalizaci&oacute;n se hizo realidad y Argentina se sum&oacute; a esta tendencia, se revel&oacute; que la olla comenzaba a calentar demasiado en relaci&oacute;n a lo que ocurr&iacute;a en otros pa&iacute;ses&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Y es as&iacute; que en los '70, el agua hirvi&oacute;. De la moderaci&oacute;n pasamos casi sin notarlo a un r&eacute;gimen de alta inflaci&oacute;n, ahora s&iacute; expl&iacute;citamente da&ntilde;ino. Pero como la maduraci&oacute;n tard&oacute; tanto, pocos reconocieron que alguna vez estuvimos en aquella olla en proceso de calentamiento. La historia, sabemos, no termin&oacute; all&iacute;. En los '90 se produjo un transitorio milagro y el fuego ces&oacute;. El agua se enfri&oacute; r&aacute;pida e inesperadamente, brindando un saludable clima m&aacute;s fresco (aunque no sin costos). Tras el regreso a la inflaci&oacute;n moderada de los 2000, algunos evocaron aquellos grados extra de inflaci&oacute;n de 50 a&ntilde;os antes, sin notar que aquel experimento terminar&iacute;a por quemarnos. Y una vez m&aacute;s, sin que mediara aviso,<strong> la inflaci&oacute;n con crecimiento dej&oacute; paso a la inflaci&oacute;n con estancamiento</strong>. Los viejos problemas de memoria inflacionaria, las dificultades para implementar pol&iacute;ticas y la vulnerabilidad a las perturbaciones externas renacieron.
    </p><p class="article-text">
        La ense&ntilde;anza es que la inflaci&oacute;n moderada pero sostenida en el tiempo <strong>genera da&ntilde;os en el mediano plazo.</strong> Los costos inmediatos de atacar lo que inicialmente parece una molestia suelen ser mayores que sus beneficios, lo que induce un sesgo en favor de retrasar la estabilizaci&oacute;n. Recordemos resumidamente estos costos.
    </p><p class="article-text">
        La inflaci&oacute;n alta y vol&aacute;til (siempre van de la mano) produce redistribuciones indeseadas e inequitativas. La capacidad de cobertura ante <em>shocks</em> imprevistos de inflaci&oacute;n es diferente seg&uacute;n el actor. Quienes logran transferir los aumentos a sus precios de oferta logran resguardarse, o incluso ganar. En el corto plazo, las grandes firmas y los bancos suelen ser los m&aacute;s privilegiados. Los trabajadores registrados ajustan sus salarios pero con un retraso, y los informales sufren m&aacute;s porque no gozan de ning&uacute;n contrato de ajuste inmediato de sus servicios. Los jubilados y los m&aacute;s vulnerables dependen del estado de las finanzas p&uacute;blicas, que r&aacute;pidamente entra en dificultades. Los desempleados, naturalmente, son los m&aacute;s perjudicados.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, las tenencias de efectivo son en t&eacute;rminos relativos mayores en los m&aacute;s pobres, por lo que sufren m&aacute;s el impuesto inflacionario. Mientras tanto, los m&aacute;s ricos gozan de m&aacute;s opciones para cubrirse, ya que pueden ahorrar no solo en instrumentos financieros con cobertura, sino tambi&eacute;n en durables. Y est&aacute;n los que tienen informaci&oacute;n privilegiada y se benefician a costa de los dem&aacute;s. Las redistribuciones regresivas producen un enorme malestar. Toda idea de meritocracia es desmentida de plano a la luz de las interacciones econ&oacute;micas que se viven, y los comportamientos colaborativos se reducen a un m&iacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        La inflaci&oacute;n es, en todo tiempo y lugar, un fen&oacute;meno costoso. Sus presuntos beneficios de corto plazo son en realidad cantos de sirena, encantamientos temporarios que llevan al barco de la econom&iacute;a a estrellarse contra la hiperinflaci&oacute;n, o bien a navegar sin rumbo por los procelosos mares de la incertidumbre, la pobreza y la desigualdad.
    </p><p class="article-text">
        <em>PM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/rana-hervida-costos-inflacion_129_9758175.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Dec 2022 08:57:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La rana hervida y los costos de la inflación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[economías,Inflación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revolución de los sentimientos en economía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/revolucion-sentimientos-economia_129_9557777.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ec00c0e-fabc-40c5-9761-955be84adc7e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La revolución de los sentimientos en economía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Seguridad, confianza y credibilidad son tres demandas que los inversores y consumidores le hacen a la política económica. Las emociones son un factor importante, pero no garantizan la eficiencia de una medida.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Alguna vez la econom&iacute;a se basaba en investigar la psicolog&iacute;a de la sensaci&oacute;n.</strong> Estos desarrollos fueron utilizados posteriormente por los economistas conductuales modernos y por los psic&oacute;logos que investigan el juicio y la toma de decisiones.
    </p><p class="article-text">
        Pero <strong>fue en el primer a&ntilde;o del siglo XX que Wilfredo Pareto propuso la primera f&oacute;rmula para que la econom&iacute;a se desvincule de la psicolog&iacute;a. </strong>Pareto argument&oacute; que las teor&iacute;as econ&oacute;micas deb&iacute;an deducirse de proposiciones emp&iacute;ricas firmemente establecidas sobre la elecci&oacute;n y no sobre la sensaci&oacute;n. Esta fue la piedra fundamental para que la econom&iacute;a se constituyera como una ciencia separada de la psicolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a. Entonces, &iquest;de qu&eacute; va la ciencia econ&oacute;mica? La econom&iacute;a, o al menos la econom&iacute;a pura, deb&iacute;a ser la ciencia de la acci&oacute;n l&oacute;gica, no sensible. El car&aacute;cter deductivo que inaugur&oacute; Pareto fue profundizado por la teor&iacute;a econ&oacute;mica marginalista hasta los a&ntilde;os 30 y 40.
    </p><p class="article-text">
        La separaci&oacute;n dur&oacute; poco. <strong>En la Teor&iacute;a General Keynes habl&oacute; de la influencia decisiva de los </strong><em><strong>animal spirits</strong></em><strong> en las decisiones de inversi&oacute;n,</strong> poniendo como foco central de su libro el estado de &aacute;nimo de los inversores como explicaci&oacute;n de las fluctuaciones macroecon&oacute;micas y de las crisis. Pocas d&eacute;cadas despu&eacute;s la profesi&oacute;n abrazaba el papel central de las expectativas futuras de los agentes econ&oacute;micos como centrales para entender los fen&oacute;menos agregados m&aacute;s importantes. Expectativas fallidas pod&iacute;an dar lugar a situaciones de recesi&oacute;n y desempleo.
    </p><p class="article-text">
        En los 70 una teor&iacute;a llamada &ldquo;expectativas racionales&rdquo; intent&oacute; dar a estas inestabilidades un l&iacute;mite de coherencia. Si todos formamos expectativas teniendo en cuenta toda la informaci&oacute;n relevante disponible para todos, y si procesamos esta informaci&oacute;n adecuadamente, entonces la econom&iacute;a no sufrir&aacute; oscilaciones demasiado graves, ni tampoco crisis.
    </p><p class="article-text">
        En el presente, sin embargo, la discusi&oacute;n se ha sensibilizado. Los sentimientos econ&oacute;micos y sus consecuencias suelen ocupar las primeras planas de los medios. Por ejemplo,<strong> se ha vuelto no solo importante sino fundamental que los empresarios se sientan seguros para llevar adelante sus negocios.</strong> El principio de seguridad jur&iacute;dica apunta justamente en este sentido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s en general, el grado de <strong>confianza</strong> que las empresas y los consumidores tienen acerca del estado de la econom&iacute;a pas&oacute; a ser una condici&oacute;n necesaria para que una econom&iacute;a logre establecer un sendero de crecimiento. Una econom&iacute;a confiable es una econom&iacute;a sin sorpresas; ya que las perturbaciones inesperadas podr&iacute;an alterar y entorpecer el funcionamiento econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Pero esto no es todo. En los &uacute;ltimos tiempos qued&oacute; claro que no hay futuro si el gobierno o el Banco Central no tienen la suficiente <strong>credibilidad</strong> en la consecuci&oacute;n de sus pol&iacute;ticas. Desafortunadamente, seg&uacute;n reza la teor&iacute;a, una pol&iacute;tica poco cre&iacute;ble no tendr&aacute; un efecto nulo, sino una consecuencia seguramente negativa para la econom&iacute;a. M&aacute;s a&uacute;n, la <strong>sensibilidad</strong> de la econom&iacute;a a peque&ntilde;os cambios poco cre&iacute;bles en la pol&iacute;tica econ&oacute;mica pueden tener derivaciones dram&aacute;ticas. El llamado &ldquo;efecto 28d&rdquo; fue un caso en cuesti&oacute;n. Aparentemente, un cambio menor en las se&ntilde;ales de la pol&iacute;tica monetaria del Banco Central el d&iacute;a 28 de diciembre de 2017 dio por tierra con el modelo de endeudamiento del gobierno anterior.
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente, que la econom&iacute;a est&eacute; afectada por un mundo de sensaciones no parece tan disparatado. Pero hemos quedado lejos de aquellos tiempos deductivos de Pareto y sus ac&oacute;litos y la teor&iacute;a econ&oacute;mica se encuentra de repente con la necesidad de reconsiderar las percepciones humanas, las mismas que quiso empezar a descartar hace m&aacute;s de cien a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;nto sabemos los economistas sobre la formaci&oacute;n de expectativas de los verdaderos humanos? &iquest;Si necesitamos de la confianza, c&oacute;mo hacemos para lograrla? &iquest;Podemos hacer m&aacute;s cre&iacute;bles nuestras pol&iacute;ticas econ&oacute;micas? Es raro hacer estas preguntas a un economista, pero en la pr&aacute;ctica deber&iacute;an responderlas porque cada vez m&aacute;s sus teor&iacute;as se basan en entender las sensaciones del p&uacute;blico.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esta nueva moda de psicolog&iacute;a <em>pop</em> en la econom&iacute;a ha sido tierra f&eacute;rtil para la aparici&oacute;n de analistas que pasan por profundos refiriendo a la necesidad de atender el rol de las sensaciones humanas. La soluci&oacute;n est&aacute; en generar confianza, relata el observador medio tras diagnosticar con jerga afectada que tenemos un problema de sostenibilidad fiscal y externo derivado de no respetar las restricciones presupuestarias y la condici&oacute;n de transversalidad de la econom&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuesta mostrarse conforme con la conclusi&oacute;n de que la econom&iacute;a necesita la consulta de una psic&oacute;loga social, y a&uacute;n as&iacute; este es el camino que ha tendido a desarrollar la teor&iacute;a tradicional en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Quiz&aacute;s apelar a los sentimientos sea la reacci&oacute;n natural ante una realidad que por momentos se vuelve ingobernable, pero debemos tener en cuenta algunos puntos cuando se trata de considerar su papel en la econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Primero, los sentimientos son c&iacute;clicos, no fijos. Las olas de optimismo y pesimismo son un hecho incontrastable de la macroeconom&iacute;a, y responden a la actitud usual de varios actores de imitar y retroalimentar las percepciones ajenas. As&iacute;, es m&aacute;s importante determinar los cambios en las din&aacute;micas de la emoci&oacute;n que su estado estacionario.
    </p><p class="article-text">
        Segundo, las econom&iacute;as &ldquo;sin <em>shocks</em>&rdquo; simplemente no existen. No se puede esperar estar tranquila y confiada para actuar, porque esta circunstancia nunca llega. M&aacute;s a&uacute;n, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os el mundo parece ser sacudido por <em>shock</em> tras <em>shock, </em>sin soluci&oacute;n de continuidad. La gran recesi&oacute;n de 2007-2009 fue reemplazada por la crisis de los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos de Europa hasta casi 2013, tras lo cual sobrevino la pandemia y, como frutilla del postre, la guerra en Ucrania.
    </p><p class="article-text">
        Tercero, no solo los <em>shocks</em> se han vuelto m&aacute;s frecuentes, sino que adem&aacute;s la econom&iacute;a global se revela como mucho m&aacute;s vulnerable que en el pasado, en parte por su crecientes v&iacute;nculos productivos y financieros. En este mundo, peque&ntilde;as disrupciones parecen tener efectos ampliados y persistentes.
    </p><p class="article-text">
        Cuarto, la econom&iacute;a depende de la emoci&oacute;n, s&iacute;, pero no s&oacute;lo de ella. <strong>Las pol&iacute;ticas confiables a veces no funcionan, porque la credibilidad por s&iacute; sola no define su eficacia</strong>. Un ajuste fiscal puede ser todo lo cre&iacute;ble que se requiera, pero sus impactos recesivos de corto plazo siguen existiendo, y pueden minar su efectividad y su sostenibilidad.
    </p><p class="article-text">
        Sin dudas, la econom&iacute;a necesita expandir su comprensi&oacute;n de la personalidad humana y de las interacciones sociales. El giro de Pareto es visto en el presente como un intento desatinado de separar la econom&iacute;a de la psicolog&iacute;a y de la sociolog&iacute;a, pero reducir la econom&iacute;a exclusivamente a las sensaciones es simplista y habilita las intervenciones de los charlatanes, siempre listos para introducir soluciones facilistas y milagrosas.
    </p><p class="article-text">
        <em>PM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/revolucion-sentimientos-economia_129_9557777.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Sep 2022 10:41:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La revolución de los sentimientos en economía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[economías]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La importancia de reconocer errores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/importancia-reconocer-errores_129_9221827.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0d7deb5-1a02-4524-9750-5677b5e6d28d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La importancia de reconocer errores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A propósito de un interesante experimento de The New York Times que involucra al economista Paul Krugman: la invitación a reconocer errores es una poderosa herramienta retórica que tiende a matizar las posiciones más extremas del interlocutor de turno y promueve una deliberación racional.</p></div><p class="article-text">
        Hace poco <em>The New York Times</em> llev&oacute; a cabo a cabo un experimento de honestidad brutal con algunos de sus columnistas. Espec&iacute;ficamente, <strong>les pidi&oacute; que reconocieran en qu&eacute; afirmaci&oacute;n, pron&oacute;stico o postura se hab&iacute;an equivocado, y por qu&eacute;</strong>. No solo eso, los convid&oacute; a escribir una columna sobre ello. El resultado fue extraordinario, y quisiera repasar aqu&iacute; algunos de los casos m&aacute;s interesantes.
    </p><p class="article-text">
        Primero, un periodista del diario llamado Farad Manjoo confes&oacute; su desafortunado entusiasmo a principios de 2009, cuando no solo celebr&oacute; el nacimiento y consolidaci&oacute;n de <em>Facebook</em>, sino que adem&aacute;s recomend&oacute; a todo el mundo que se uniera esta red social. En el presente Manjoo no solo se arrepiente de su consejo, sino que <strong>directamente afirma que internet y quiz&aacute;s el mundo ser&iacute;an mejores lugares</strong> <strong>si este monstruo de la industria de la comunicaci&oacute;n social jam&aacute;s hubiera aparecido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Otro caso emblem&aacute;tico fue el de David Brooks, periodista del diario y tambi&eacute;n del <em>Wall Street Journal</em>. Antiguamente este autor era un defensor a ultranza de la revoluci&oacute;n conservadora liderada a principios de los 80s por Ronald Reagan y Margaret Thatcher. En aquel entonces Brooks se mont&oacute; a las ideas emprendedoras e innovativas que parec&iacute;a prometer Silicon Valley, y que &eacute;l vinculaba con los resultados m&aacute;s fascinantes del libre mercado. A principios de los noventa viaj&oacute; a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica (luego Rusia) y se maravill&oacute; con los planes de privatizaci&oacute;n de un socialismo en retirada. Pero hacia 2003 Brooks <strong>empez&oacute; a notar que la m&aacute;quina del capitalismo posindustrial, a&uacute;n con su dinamismo sin igual, ten&iacute;a defectos fundamentales</strong>. Not&oacute; que los estadounidenses con los niveles m&aacute;s altos de educaci&oacute;n acumulaban m&aacute;s y m&aacute;s riqueza y colmaban a sus hijos de ventajas, sembrando una especie de sistema de castas. Empez&oacute; a escribir columnas sobre la desigualdad, pero sus amigos economistas de derecha no ten&iacute;an mucho para decir sobre ella. Para cuando se desat&oacute; la crisis financiera, los defectos del capitalismo moderno le resultaron m&aacute;s y m&aacute;s evidentes, <strong>y no tard&oacute; en apoyar pol&iacute;ticas de intervenci&oacute;n m&aacute;s decididas,</strong> como la que propici&oacute; Obama para contrarrestar la crisis de 2007-2009.
    </p><p class="article-text">
        El caso m&aacute;s interesante, por su protagonismo acad&eacute;mico y medi&aacute;tico, fue el de Paul Krugman. A principios de 2021 el economista se vio envuelto en un intenso debate sobre las posibles consecuencias del Plan de Rescate Estadounidense por 1,9 mil millones de d&oacute;lares llevado adelante para compensar los efectos de la pandemia sobre los ingresos de los ciudadanos. Un grupo advirti&oacute; que el paquete ser&iacute;a peligrosamente inflacionario pero otros especialistas, entre los que se contaba Krugman, estaban bastante tranquilos. 
    </p><p class="article-text">
        Krugman <strong>reconoci&oacute; recientemente esta fue una mala apreciaci&oacute;n</strong>. Su hip&oacute;tesis era que el plan generar&iacute;a un aumento mucho menor en el PIB de lo que suger&iacute;an las estimaciones, y de lo que fue la cifra final. De hecho, se ha acumulado evidencia de que muchos estadounidenses destinaron su cheque de ayuda a ahorrar o a repagar deudas, y no tanto a consumir (Nota <em>nerd</em> 1: este es un resultado consistente con la teor&iacute;a tradicional de que un individuo racional <strong>ahorrar&aacute;</strong> la mayor parte de sus ingresos <strong>transitorios</strong>). 
    </p><p class="article-text">
        Lo extra&ntilde;o de todo esto, cuenta Krugman, es que pese a que el impacto del plan de rescate sobre el gasto fue relativamente bajo, la inflaci&oacute;n haya sido tan alta. De hecho, el argumento del Equipo Alarmado era que tanto la expansi&oacute;n fiscal como la monetaria deber&iacute;an haber generado una demanda excesiva que, imposibilitada de ajustar suficientemente con mayor producci&oacute;n, terminar&iacute;a afectando al alza los precios. En otras palabras, Krugman reconoce que perdi&oacute;, pero tambi&eacute;n que sus adversarios no ganaron, o al menos que no lo merec&iacute;an de acuerdo a la justificaci&oacute;n te&oacute;rica que delinearon en aquel momento.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el economista, <strong>gran parte del aumento de la inflaci&oacute;n reciente parece reflejar las vicisitudes de la pandemia.</strong> Su hip&oacute;tesis (actualizada) es que el miedo a la infecci&oacute;n y las disrupciones permanentes en la oferta durante la pandemia provocaron alteraciones importantes en la combinaci&oacute;n de gastos de la gente, <strong>que consumi&oacute; menos servicios (turismo, restaurantes y espect&aacute;culos no estaban disponibles) y&nbsp;m&aacute;s bienes</strong>, lo que provoc&oacute; una escasez de contenedores de transporte, sobrecarg&oacute; la capacidad portuaria, y provoc&oacute; cuellos de botella en esa parte de la oferta productiva. Sin dudas, el <em>shock</em> de la invasi&oacute;n rusa a Ucrania result&oacute; en un impacto adicional a este efecto, debido al alza significativa del precio de las <em>commodities</em> (Nota <em>nerd</em> 2: si Krugman tiene raz&oacute;n, debemos asignar causas <strong>reales</strong> a la inflaci&oacute;n reciente, contrastando con la visi&oacute;n de Milton Friedman, para quien la inflaci&oacute;n es en todo tiempo y lugar un fen&oacute;meno <strong>monetario</strong>).
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante de todo esto es que si bien al principio la inflaci&oacute;n se limit&oacute; en buena medida a una parte relativamente peque&ntilde;a de la econom&iacute;a, <strong>ahora se ha extendido</strong>. Y no s&oacute;lo eso, tambi&eacute;n se ha dilatado en el tiempo, dando lugar a la aparici&oacute;n de cierta <strong>inercia</strong>. Lo que les est&aacute; pasando a muchos pa&iacute;ses en el mundo es que est&aacute;n redescubriendo una anomal&iacute;a que hace rato hab&iacute;a desaparecido de los libros de econom&iacute;a. Anomal&iacute;a que viene adem&aacute;s con muchos condimentos &ldquo;heterodoxos&rdquo; o &ldquo;estructurales&rdquo; a los que la econom&iacute;a argentina nos tiene acostumbrados. Hoy los diarios se han puesto a discutir sobre si existe o no una Curva de Phillips (la presunta relaci&oacute;n negativa entre inflaci&oacute;n y desempleo), y cu&aacute;l es su forma actual, siendo que durante varias d&eacute;cadas hab&iacute;a desaparecido por completo del radar del economista. 
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de cada caso puntual, resulta interesante el ejercicio del <em>New York Times</em> de proponer a sus columnistas que hagan un reconocimiento de sus errores de discernimiento. En el caso de Krugman, esta intervenci&oacute;n <strong>result&oacute; en una lecci&oacute;n de humildad para su enfoque</strong>. Si bien su perspectiva anal&iacute;tica parece haber funcionado despu&eacute;s de la crisis de 2008, el nuevo mundo moldeado por la pandemia volvi&oacute; poco confiable la extrapolaci&oacute;n, y all&iacute; fue donde fall&oacute;. Y convengamos que no es com&uacute;n que un periodista afirme en p&uacute;blico que se equivoc&oacute;, &iexcl;y mucho menos un economista!
    </p><p class="article-text">
        Me atrevo a afirmar (y espero no arrepentirme en el futuro) que es posible que el debate p&uacute;blico se vea sensiblemente enriquecido si esta pr&aacute;ctica se institucionaliza, especialmente en Argentina. Desde el punto de vista de la psicolog&iacute;a individual, la invitaci&oacute;n a reconocer errores es una <strong>poderosa herramienta ret&oacute;rica</strong> que tiende a matizar las posiciones m&aacute;s extremas del interlocutor de turno. Desde el punto de vista de la reflexi&oacute;n personal tambi&eacute;n es &uacute;til, ya que permite recapacitar sobre pensamientos y conclusiones apresurados. Y quiz&aacute;s lo m&aacute;s importante, desde el punto de vista de la cohesi&oacute;n social, promueve una deliberaci&oacute;n m&aacute;s emp&aacute;tica y racional.
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;CC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/importancia-reconocer-errores_129_9221827.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Aug 2022 10:45:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La importancia de reconocer errores]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[economías,Paul Krugman,The New York Times,Inflación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un cuento de terror: por qué la caída de las criptomonedas descorazona a los entusiastas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/cuento-terror-caida-criptomonedas-descorazona-entusiastas_129_9021087.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4c4ef88-67a9-4aff-b0cd-f7169fb152d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un cuento de terror: por qué la caída de las criptomonedas descorazona a los entusiastas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si bien nos hemos acostumbrado a las indisposiciones transitorias de varias de estas monedas ficticias, el derrumbe de un activo que sugería la convertibilidad uno a uno con el dólar, TerraUSD, ha sido un golpe especialmente duro.</p></div><p class="article-text">
        Los Cuentos de la Cripta fue una serie de televisi&oacute;n estadounidense de los a&ntilde;os 90 basada en un c&oacute;mic de terror. Fue puesta al aire a lo largo de siete temporadas que sumaron 93 episodios de media hora cada uno. Modernamente, la inesperada <em>remake</em> de esta serie son los Cuentos de las Criptos, algunos no menos terror&iacute;ficos que aquellos.
    </p><p class="article-text">
        El paralelismo no es solo un m&oacute;dico juego de palabras. Como suele ocurrir en las ficciones de horror, los protagonistas se muestran al principio despreocupados y entusiasmados, incluso disfrutando de una fiesta descontrolada. El momento propicio, como bien saben los asiduos a este g&eacute;nero, para la aparici&oacute;n de las maldiciones y las fatalidades que provocar&aacute;n el espanto en los protagonistas. En el mundo cripto este contraste es una condici&oacute;n necesaria para el desastre. <strong>Todo proyecto financiero debe contar con un arrebato inicial de optimismo exagerado que construya un castillo en el aire, que luego se derrumbar&aacute; dando lugar al p&aacute;nico generalizado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo cuento de terror de las criptos fue la ca&iacute;da vertical que sufri&oacute; TerraUSD (en breve, UST). En palabras simples, UST es un <em>token</em>, que suena como un elemento muy sofisticado pero no es m&aacute;s que un fich&iacute;n como los que us&aacute;bamos en mi &eacute;poca para los videojuegos, con la diferencia de que es digital y no f&iacute;sico. Los <em>token</em> se crean para recompensar por un trabajo, generar un incentivo, e incluso financiar proyectos de inversi&oacute;n. Doy un ejemplo con el que me top&eacute; &uacute;ltimamente. Un programador elabora una aplicaci&oacute;n para jugar al ajedrez <em>online</em>, y el ganador se lleva un premio en dinero, sin pagar inscripci&oacute;n alguna ni tampoco perder su plata si le dan jaque mate. Este &ldquo;negocio&rdquo; estimula a mucha gente a jugar con esta <em>app</em>, y su creador cuenta entonces con buenas posibilidades de vender publicidad en ella. Pero la venta de publicidad no est&aacute; garantizada, de modo que la gracia del negocio es pagarles a los ganadores no en d&oacute;lares contantes y sonantes, sino en la moneda que inventa el propio programador, un <em>token</em>. A su vez, este fich&iacute;n cotiza en el mercado y, si su demanda (para otros usos o para ahorro) supera a su oferta (la producci&oacute;n de nuevos fichines), entonces subir&aacute; de precio.
    </p><p class="article-text">
        Como imaginar&aacute; el lector, <strong>esta l&oacute;gica permite la creaci&oacute;n de innumerables criptomonedas nuevas, cuya supervivencia depender&aacute; de su cotizaci&oacute;n en el mercado; esto es, de su grado de aceptaci&oacute;n</strong>. Muchos <em>token</em> morir&aacute;n a poco de nacer, pero otros comenzar&aacute;n a ser utilizados para intercambios. Los m&aacute;s exitosos se usar&aacute;n como reserva de valor, abrigando la esperanza de convertirse en el pr&oacute;ximo <em>bitcoin</em>, agregando un mont&oacute;n de ceros a su valor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un obst&aacute;culo natural para estas iniciativas digitales es que si su precio es muy fluctuante no ser&aacute;n demasiado demandados. Dado que parte de su aceptaci&oacute;n y valor de mercado dependen de su utilidad para comprar y vender bienes (o quiz&aacute;s otras monedas), ser&iacute;a deseable que esta referencia monetaria fuera estable. Esto dio lugar al nacimiento de las llamadas <em>stablecoins</em>, una de las cuales es la conspicua UST. <strong>Una </strong><em><strong>stablecoin</strong></em><strong> promete estar plenamente &ldquo;respaldada&rdquo; en d&oacute;lares* y, por lo tanto, su precio deber&iacute;a ser, si todos le creen, exactamente de un d&oacute;lar. A los argentinos esto definitivamente nos suena.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hasta el 9 de mayo cada UST val&iacute;a un d&oacute;lar porque se confiaba en su plena convertibilidad. Pero en cuanto se sospech&oacute; que tras esta cripto no hab&iacute;a un sill&oacute;n sino una banqueta sin respaldo, su precio se desplom&oacute; y dos d&iacute;as despu&eacute;s val&iacute;a un 70% menos. Tras el p&aacute;nico, se intent&oacute; instrumentar un plan de recuperaci&oacute;n, que dur&oacute; unas pocas horas. Hoy por cada UST se pueden conseguir a lo sumo 8 centavos de d&oacute;lar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Si bien nos hemos acostumbrado a las indisposiciones transitorias de varias de estas monedas ficticias (que suelen contagiar al conjunto de las cripto), el patat&uacute;s de un activo que suger&iacute;a la convertibilidad uno a uno con el d&oacute;lar ha sido un golpe especialmente duro. </strong>El punto es que para muchos oferentes de criptomonedas estos &ldquo;respaldos&rdquo; no son f&aacute;ciles de demostrar, ni de sostener en el tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La credibilidad es un problema t&iacute;pico de los pa&iacute;ses que tienen un sistema convertible de su moneda local, sea en d&oacute;lares o en oro. Estas econom&iacute;as rinden examen de confianza pr&aacute;cticamente todos los d&iacute;as, y deben dar cuenta de forma transparente de sus reservas, y tambi&eacute;n contar con un plan econ&oacute;mico sostenible que asegure la convertibilidad en el futuro. Esto es lo que llamamos <em>fundamentals</em> de un esquema monetario basado en la credibilidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero nada de esto forma parte del mundo cripto. En este planeta la confianza suele basarse en oscuras declaraciones acerca de tecnolog&iacute;as a&uacute;n no implementadas e incomprensibles para la mayor&iacute;a, o tambi&eacute;n en utop&iacute;as pol&iacute;ticas destinadas a convencer principalmente a j&oacute;venes cr&eacute;dulos. Desde luego que algunos de los proyectos de monedas digitales est&aacute;n perfectamente justificados en t&eacute;rminos de los beneficios concretos que prometen. <em>Bitcoin</em> y su tecnolog&iacute;a <em>blockchain</em> (que los expertos siguen esforz&aacute;ndose en explicar a los legos sin resultado aparente) bien podr&iacute;a ser un caso en cuesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo que no existe es una gu&iacute;a para distinguir los </strong><em><strong>fundamentals</strong></em><strong> detr&aacute;s de cada cripto, porque adivinar el futuro es extremadamente dif&iacute;cil y no se dispone de un manual para separar proyectos auspiciosos de los que finalmente ser&aacute;n puro humo. </strong>Los analistas insisten en promover la &ldquo;alfabetizaci&oacute;n financiera&rdquo;, un buen consejo cuando se trata de tomar decisiones sensatas para ahorrar en activos normales. Pero es una fantas&iacute;a creer que la mayor&iacute;a lograr&aacute; discernir entre <em>token</em>s de pl&aacute;stico barato y de metal duro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las cripto pueden ser un excelente veh&iacute;culo para financiar proyectos de avanzada que no tendr&iacute;an lugar si dependieran de los mecanismos tradicionales. Pero es importante tener presente que este veh&iacute;culo circula por la misma v&iacute;a que un tren fantasma, donde cuando uno menos se lo espera puede sufrir un infarto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>*Si bien UST nunca dijo estar respaldada en d&oacute;lares, el nombre de stablecoin, su sigla y su paridad 1 a 1 le sugieren al p&uacute;blico que lo est&aacute;. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Modificado el  27 de mayo de 2021 a las 10.55</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>PM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/cuento-terror-caida-criptomonedas-descorazona-entusiastas_129_9021087.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 May 2022 10:02:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un cuento de terror: por qué la caída de las criptomonedas descorazona a los entusiastas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Criptomonedas,TerraUSD,Opinión]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Justicia de precios para todos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/justicia-precios_1_9004763.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e131e490-9f8b-49ab-be21-7f86af9dbcfa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Justicia de precios para todos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mercado es una herramienta de administración poderosa y gratuita, pero insuficiente cuando la distribución del ingreso es desigual. En situaciones excepcionales, medidas oficiales pueden ayudar a mitigar sus efectos sociales negativos.</p></div><p class="article-text">
        El mercado es un poderoso mecanismo para asignar recursos y constituye el opuesto de las decisiones centralizadas que definen los precios desde una oficina. <strong>Un mercado que &ldquo;funciona bien&rdquo; tiene como ventajas su eficacia y su gratuidad, aunque se podr&iacute;a invocar que a veces torna en resultados injustos, que una autoridad central podr&iacute;a ayudar a reparar.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para comparar estas dos alternativas, supongamos que se produce un faltante de sanitizante debido a la eclosi&oacute;n de una pandemia. El resultado inmediato es que la demanda aumentar&aacute; r&aacute;pidamente y el mercado castigar&aacute; con un precio mayor a los consumidores. Incluso puede suceder que, previendo alzas mayores, algunos especuladores acaparen sanitizante (como ocurri&oacute; en un episodio de Seinfeld con las esponjas anticonceptivas), lo que aumentar&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s el precio de mercado. La inmediata suba del precio redistribuye bienestar. Los m&aacute;s pobres se ver&aacute;n restringidos en el acceso al sanitizante, mientras que los pudientes comprar&aacute;n sin preocupaci&oacute;n lo necesario para cuidar su salud. Si los pobres gastan proporcionalmente m&aacute;s en salud, <strong>el resultado es que el mercado tiende a perjudicarlos m&aacute;s.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente, pocos defender&iacute;an al mercado si el proceso terminara all&iacute;. Y eso es lo que aparece en las investigaciones que consultan a la gente sobre las ventajas o desventajas del mercado. Muchos respondentes, incluso aquellos que no tienen problemas econ&oacute;micos, suelen desaprobar su acci&oacute;n y piden por una intervenci&oacute;n, como por ejemplo fijando un precio m&aacute;ximo a los productos escasos. Pero la labor m&aacute;s eficaz del mercado comienza justamente con la suba inicial de precio. Dados los costos, el aumento de la ganancia podr&iacute;a atraer nuevos oferentes y una mayor producci&oacute;n, en nuestro ejemplo de sanitizante. Si bien es posible que el precio no retorne a su valor original, la creciente presencia de sanitizante contribuir&iacute;a a atender la mayor demanda a un precio algo m&aacute;s razonable. Este proceso parece convincente. Cuando se les explica a los encuestados que renegaban del mercado, aproximadamente un tercio reconoce su efectividad y termina por aprobarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, el mecanismo de mercado se conoce hace centurias. Sus defensores tienden a enfatizar que es eficaz y que se basa en una justicia m&aacute;s o menos inapelable por su impersonalidad. Hace ya casi 50 a&ntilde;os el economista Martin Weitzman demostr&oacute; que el sistema de mercado atiende a los m&aacute;s necesitados de un faltante cuando la distribuci&oacute;n del ingreso es m&aacute;s o menos pareja, pero no cuando es inequitativa. La teor&iacute;a adem&aacute;s avanz&oacute; enormemente estudiando casos en los que la oferta es incapaz de reaccionar, como cuando se venden entradas para ver en la cancha la final del mundial de f&uacute;tbol. All&iacute; todo aumento de precio que busque saciar la demanda significar&aacute; un ingreso extra para los organizadores y solo veremos en el estadio a los inmensamente ricos.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay m&aacute;s. Volvamos al caso de la pandemia y el alcohol en gel. Si la producci&oacute;n puede expandirse pero se retrasa, mientras tanto varios consumidores habr&aacute;n pagado un precio m&aacute;s alto, transfiriendo riqueza a los productores que recibieron un inesperado golpe de suerte. Es m&aacute;s, si la estructura de producci&oacute;n tuviera alg&uacute;n rasgo monop&oacute;lico (por ejemplo, el control de la provisi&oacute;n del insumo clave para producir el bien), la firma podr&aacute; administrar su respuesta productiva si le conviene que el precio m&aacute;s alto perdure, obligando a m&aacute;s consumidores a pagar m&aacute;s caro durante m&aacute;s tiempo. Y si por alguna raz&oacute;n las empresas hab&iacute;an acumulado <em>stocks</em>, recibir&aacute;n una ganancia extraordinaria que no hab&iacute;a sido considerada al producir.
    </p><p class="article-text">
        Otras veces las se&ntilde;ales de precio no son tan claras. Si hay incertidumbre sobre cu&aacute;nto durar&aacute; la pandemia (la situaci&oacute;n de marzo de 2020) las firmas podr&iacute;an no reaccionar hasta confirmar sus expectativas de que el precio m&aacute;s alto se mantendr&aacute; mientras dure el proceso productivo. En general, como producir partiendo de cero es riesgoso y lento, el ajuste suele aparecer por el lado de las importaciones, lo que en algunos pa&iacute;ses puede crear tensiones en su frente externo. En este caso el precio final depender&aacute; de las condiciones del mercado internacional, y en una pandemia es normal asumir que los precios ser&aacute;n m&aacute;s altos en todas partes, al menos temporalmente.
    </p><p class="article-text">
        Todas estas excepciones al buen funcionamiento del mercado lucen justificadas, pero despu&eacute;s de todo el <em>shock</em> negativo de la pandemia debe ser asumido por <em>alguien</em>. Quiero decir, la falta de sanitizante no produce solamente transferencias de ingresos inesperadas entre individuos, sino tambi&eacute;n p&eacute;rdidas netas a la econom&iacute;a en su conjunto, ya que hubo una pandemia y eso debe tener costos en el agregado. &iquest;Qui&eacute;n paga estos costos? Sin juicio de por medio, <strong>en general el mercado dictaminar&aacute; la culpabilidad de aquellos que m&aacute;s consumen el bien que se volvi&oacute; escaso, y afectar&aacute; especialmente a quienes destinan la mayor parte de sus ingresos a subsistir. Es por esta raz&oacute;n que casi todos los estados del mundo intervinieron para paliar las consecuencias de un &ldquo;ajuste autom&aacute;tico&rdquo; de la pandemia</strong>, con pol&iacute;ticas de subsidios financiadas con impuestos que normalmente gravan m&aacute;s a quienes est&aacute;n en mejor posici&oacute;n econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n as&iacute;, entender el funcionamiento del mercado es esencial. Por ejemplo, imponer un precio m&aacute;ximo al sanitizante no ser&iacute;a una respuesta eficaz al problema, porque prevendr&iacute;a la posibilidad de que la oferta reaccione, aunque sea parcialmente. De modo que una alternativa ser&iacute;a subsidiar el precio del producto para que todos puedan comprarlo sin condicionar el mecanismo de mercado. El subsidio, una vez m&aacute;s, se financiar&iacute;a con impuestos progresivos de modo que la pandemia &ldquo;la paguen los m&aacute;s ricos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero esta pol&iacute;tica deja un cabo suelto. Sigue siendo cierto que un grupo de empresas se benefici&oacute; de manera inesperada de un evento imprevisto. Si esta ganancia extra es peque&ntilde;a, es tolerable, porque forma parte del juego azaroso que la vida nos impone. <strong>Pero cuando el </strong><em><strong>shock</strong></em><strong> es grande y el Estado puede incluso enfrentar problemas financieros debido a los subsidios que dispone para paliar los efectos de la pandemia, no ser&iacute;a descabellado intentar rescatar parte de esa renta extraordinaria con un impuesto transitorio y puntual.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El mercado es una herramienta poderosa y gratuita pero su justicia es ciega, en especial cuando la distribuci&oacute;n del ingreso es desigual. Si bien en general su acci&oacute;n es positiva, en situaciones excepcionales medidas igual de excepcionales pueden ayudar a mitigar sus efectos sociales negativos. Lo que no significa que la capacidad y la eficacia del Estado para poner en marcha estas correcciones est&eacute;n aseguradas. Y en ocasiones, son los detalles de implementaci&oacute;n los que terminan definiendo que estos instrumentos cumplan con el objetivo para el que fueron dise&ntilde;ados.
    </p><p class="article-text">
        <em>CC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/justicia-precios_1_9004763.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 May 2022 10:40:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Justicia de precios para todos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[economías]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inflación: una serie de mil temporadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/inflacion-serie-mil-temporadas_129_8914651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8920af78-b62a-405b-a644-5bb2e81c22e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Inflación: una serie de mil temporadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        A lo largo de al menos 50 a&ntilde;os, la serie inflacionaria en Argentina ya ha sumado una cantidad considerable de cap&iacute;tulos. Pero lejos de tratarse de una novela colombiana, su trama no es f&aacute;cil de anticipar y, por lo tanto, no es posible tampoco <em>spoilear</em> su resoluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El <em>show</em> de la inflaci&oacute;n empez&oacute; a tener cierta repercusi&oacute;n desde mediados del siglo pasado. Entre 1950 y 1970 la inflaci&oacute;n rond&oacute;, con un par de <em>outliers</em>, alrededor del 25% anual. Lejos de &ldquo;afectar el poder adquisitivo y empobrecer a la poblaci&oacute;n&rdquo;, durante esos 20 a&ntilde;os la econom&iacute;a se desempe&ntilde;&oacute; bastante bien, con tasas de crecimiento m&aacute;s que decentes para un pa&iacute;s en desarrollo, y un reparto de la creaci&oacute;n de riqueza bastante aceptable asociado al desarrollo de un Estado de Bienestar del tercer mundo, pero efectivo.
    </p><p class="article-text">
        Pero sin que se notara demasiado, porque todo funcionaba dentro de par&aacute;metros normales, Argentina estaba gestando algunas debilidades. El primer proceso que comenz&oacute; a consolidarse fue el acostumbramiento a convivir con la inflaci&oacute;n. Siendo un fen&oacute;meno que produc&iacute;a alguna incomodidad personal pero rara vez caos macroecon&oacute;micos de magnitud, la econom&iacute;a aprendi&oacute; a convivir con ella, sin notar los peque&ntilde;os desarreglos que pod&iacute;a ir acumulando. Por ejemplo, una inflaci&oacute;n moderada pero inestable no ayuda a que los mercados (de por s&iacute; con fallas) puedan contribuir a asignar recursos adecuadamente y los agentes se acostumbraron a vivir en un contexto donde estos mecanismos se vieron afectados. Por dos d&eacute;cadas los espectadores se acostumbraron a ver cap&iacute;tulo tras cap&iacute;tulo de una serie que reconoc&iacute;an y anticipaban y que los anestesiaba un poco. Y comenzaron a incorporarla a su memoria de largo plazo.
    </p><p class="article-text">
        El segundo proceso que comenz&oacute; a extenderse concierne al gobierno. La inflaci&oacute;n comenzaba a dificultar la ejecuci&oacute;n y la efectividad de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas, por distintas v&iacute;as. Presupuestos poco precisos, cr&eacute;ditos a tasa fija que la inflaci&oacute;n pulverizaba, dificultades insalvables para lograr financiar el d&eacute;ficit p&uacute;blico, etc&eacute;tera. Con una econom&iacute;a creciendo, estos obst&aacute;culos se sorteaban con relativo &eacute;xito, pero al costo de financiarse con el Banco Central, establecer regulaciones m&uacute;ltiples, y mantener una econom&iacute;a cerrada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El tercer proceso, al que convergen los otros dos, fue un lento pero inexorable aumento de la fragilidad de la econom&iacute;a ante potenciales disrupciones provocadas por un mundo que, de repente, abr&iacute;a raudamente sus fronteras. Los movimientos de bienes y de capital se internacionalizaron muy r&aacute;pidamente y muchos notaron que nuestra serie estaba bien, pero que quiz&aacute;s las extranjeras estaban mejor desarrolladas.
    </p><p class="article-text">
        Y es as&iacute; que <strong>en los 70 la trama inflacionaria dio un vuelco. De la moderaci&oacute;n con personajes conocidos y repetitivos pasamos a un r&eacute;gimen de alta inflaci&oacute;n con un gui&oacute;n confuso y, ahora s&iacute;, decididamente da&ntilde;ino. </strong>Hasta fines de los 80, buena parte del esfuerzo privado fue destinado a evitar que la inflaci&oacute;n lo perjudicara y buena parte del esfuerzo p&uacute;blico fue destinado a retrasar la llegada de la hiperinflaci&oacute;n. Los planes para cambiar personajes, tramas y la direcci&oacute;n de la serie inflacionaria tuvieron &eacute;xitos ef&iacute;meros. Queriendo cambiar completamente el argumento de la inflaci&oacute;n y estabilizarla definitivamente, el parad&oacute;jico resultado fue que, tras cada fracaso, ni siquiera se pudo volver a aquel <em>pre-seventies-show</em> que el p&uacute;blico se resignaba a ver sin mayores quejas.
    </p><p class="article-text">
        Las dos hiperinflaciones de mediados y fines de 1989 fueron un espasmo dram&aacute;tico, pero a la vez esperanzador. Los espectadores, acostumbrados a reconocer cambios puramente cosm&eacute;ticos, reconocieron que esta vez la serie de la inflaci&oacute;n se hab&iacute;a renovado completamente. Durante unos a&ntilde;os el nuevo <em>show</em> fue ovacionado, pero sobre el final algunos comenzaron a notar que su &eacute;xito depend&iacute;a de la actuaci&oacute;n de unos pocos personajes. &iquest;Podr&iacute;a mantenerse si sus estrellas decidieran jubilarse? Si bien tuvo grandes beneficios iniciales, la estabilidad de los 90 no logr&oacute; desactivar ni la memoria inflacionaria ni la creciente preferencia de los argentinos por el d&oacute;lar (porque los defensores de la convertibilidad afirmaban que peso y d&oacute;lar eran dos monedas indiferentes). Sobre el final de la experiencia, la obstinaci&oacute;n para sostener demasiado tiempo una serie cada vez m&aacute;s artificial termin&oacute; en una nueva explosi&oacute;n. No hubo hiperinflaci&oacute;n, pero la desconfianza respecto de la moneda local retorn&oacute; en pocos a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras el regreso a la inflaci&oacute;n moderada, algunos evocaron aquellos tiempos en los que un poco de ella no era un problema insalvable. Con variantes, la serie volvi&oacute; a ser ese entretenimiento algo <em>na&icirc;f</em> de los 50 y 60 y la moda <em>vintage</em> enamor&oacute; durante un tiempo al p&uacute;blico. Pero pronto pas&oacute; que la inflaci&oacute;n con crecimiento (una fase que en uno de los episodios de la serie es ocurrentemente referida como &ldquo;creflaci&oacute;n&rdquo;) dej&oacute; paso a la inflaci&oacute;n con estancamiento (la m&aacute;s conocida &ldquo;estanflaci&oacute;n&rdquo;, ya no tan risue&ntilde;a). Los viejosproblemas de memoria inflacionaria, dificultades de pol&iacute;tica y falta de resiliencia a perturbaciones externas renacieron.
    </p><p class="article-text">
        Tras esta f&eacute;rtil experiencia hist&oacute;rica, los productores y responsables de la serie han ganado conocimiento. Saben, por la negativa, que la inflaci&oacute;n moderada sostenida genera da&ntilde;os en el mediano plazo, que los planes de estabilizaci&oacute;n apurados fracasaron siempre, que es necesario considerar los factores pol&iacute;ticos y sociales y no s&oacute;lo la t&eacute;cnica econ&oacute;mica. Y que mientres dura un plan de estabilizaci&oacute;n, cualquier cambio en las expectativas o los precios internacionales va a golpear transitoriamente sobre los precios.
    </p><p class="article-text">
        Ahora es momento de buscar un buen final de temporada. Cerrar definitivamente en un &uacute;nico y breve cap&iacute;tulo una serie con tantos personajes y enredos ser&iacute;a un error hist&oacute;rico (quiz&aacute;s equivalente a aquel pol&eacute;mico final de la serie <em>Lost</em>). Lo &uacute;nico que se puede hacer es<strong> ir apagando este legendario vicio televisivo de manera pausada pero sostenida,</strong> hasta que todos y cada uno de sus dilemas se vayan resolviendo de una manera cre&iacute;ble para los espectadores presentes y futuros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/inflacion-serie-mil-temporadas_129_8914651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Apr 2022 19:05:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Inflación: una serie de mil temporadas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inflación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De los tulipanes a Generación Zoe: emprendiendo una estafa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/tulipanes-generacion-zoe-emprendiendo-estafa_129_8796783.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/85d1ba53-b589-4465-9b89-fec4a5a40b1f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De los tulipanes a Generación Zoe: emprendiendo una estafa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La delgada línea entre un negocio y un engaño (o autoengaño), llama a la reflexión. Todo proyecto, al basarse en un futuro que es incierto, tiene necesariamente un poco de ambos.</p></div><p class="article-text">
        Ruido de fichas, pa&ntilde;o verde, alcohol y sue&ntilde;os. La ruleta gira ante la mirada atenta de los personajes extravagantes que rodean las mesas del casino. Entre ellos destacan dos. De un lado est&aacute; Ana, quien acaba de apostar una suma absurdamente grande al color rojo. Justo enfrente, Bob deposita casi la misma cantidad de fichas, pero al negro. Ambos est&aacute;n rifando el total de un pr&eacute;stamo que obtuvieron, cada uno por su lado, en dos bancos diferentes. El destino los uni&oacute; casualmente en esta arriesgada estrategia de doble o nada, de riqueza o quiebra. El due&ntilde;o del casino observa la situaci&oacute;n y sonr&iacute;e divertido. Sabe que esta vez el azar dirimir&aacute; entre dos clientes con p&eacute;rdida cero para la casa, y que con un poco de suerte se llevar&aacute; una jugosa ganancia si hace su aparici&oacute;n el color verde del cero.
    </p><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil notar por qu&eacute; esta historia no puede ser cierta. Ning&uacute;n banco otorga cr&eacute;dito a quien no tiene como garantizarlo (lo que es casi lo mismo que decir que ning&uacute;n banco otorga cr&eacute;dito). Pero imaginemos por un momento que Bob y Ana son dos estrategas brillantes, que han logrado convencer a sus respectivos prestamistas de que no son pobres, sino que est&aacute;n il&iacute;quidos. Bob present&oacute; un proyecto que incluye la creaci&oacute;n de una <em>app</em> novedosa asociada a la emisi&oacute;n de criptomonedas, con rendimientos potencialmente fabulosos. Ana, por su parte, describi&oacute; al oficial de cuenta con todo detalle su idea de crear un club social para magnates en el centro neur&aacute;lgico de la ciudad. <strong>Tras retirar cada uno alrededor de un mill&oacute;n de d&oacute;lares, Bob y Ana se encuentran mano a mano en el casino. </strong>Cruzan sus miradas y saben que solo uno sobrevivir&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Perd&oacute;n por el <em>spoiler</em>, pero el <em>croupier</em> cant&oacute; negro el 29. Con dos millones en el bolsillo, Bob decide devolver de inmediato el pr&eacute;stamo para no tener que pensar en deudas y se dedica a invertir el mill&oacute;n restante en su proyecto original. El negocio resulta ser un &eacute;xito. Pronto recibe capital suficiente para expandirse y se convierte casi sin quererlo en un monopolista del rubro, lo que le permite acceder con facilidad a nuevos negocios relacionados.<strong> En poco tiempo Bob ha creado un unicornio y es reconocido como uno de los m&aacute;s brillantes emprendedores del pa&iacute;s. Ana, como imaginar&aacute;n, termin&oacute; quebrada y presa por defraudaci&oacute;n, dado que el &uacute;nico capital que ten&iacute;a para ser ejecutado por el banco eran sus ideas.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero recordemos nuestro &ldquo;supuesto&rdquo; fundamental: estos bancos otorgaron un cr&eacute;dito a quienes ten&iacute;an ideas, pero no capital. Cualquiera que haya pasado por la experiencia sabr&aacute; que este canal no funciona. Pero en tal caso, &iquest;c&oacute;mo hacen los tozudos emprendedores para conseguir financiamiento y perseguir sus sue&ntilde;os? Un posibilidad es diversificar inversores. En lugar de pedir todo el capital a un &uacute;nico prestamista, se pueden buscar aportes m&aacute;s peque&ntilde;os, pero de m&aacute;s gente. Lo mucho de pocos es poco, lo poco de muchos es mucho. Y si adem&aacute;s estos inversores no preguntan demasiado, mejor.
    </p><p class="article-text">
        Se podr&iacute;a decir que dos tipos de personas eligen esta estrategia: los emprendedores y los estafadores. La diferencia entre ambos, sin embargo, podr&iacute;a ser la misma que la que defini&oacute; la suerte entre Bob y Ana. Uno de ellos tendr&aacute; la suerte de que el mercado demande sus productos, la otra tendr&aacute; la mala suerte de que un banco demande su libertad. Por supuesto, siempre est&aacute;n los timadores profesionales, los que simplemente aman la simulaci&oacute;n y la trampa, y que viven y vivir&aacute;n de los incautos. Pero si detr&aacute;s de la potencial farsa hay alguna idea m&iacute;nimamente cre&iacute;ble, estamos en la delgada l&iacute;nea roja entre lo real y lo fantasioso.
    </p><p class="article-text">
        Consideremos el caso de Carlo Ponzi, tristemente c&eacute;lebre por haber dado su apellido a los esquemas piramidales que cada tanto ocupan las primeras planas. Por lo que sabemos, Ponzi no era un estafador puro y simple. Era s&iacute; un emprendedor sobreconfiado, con una personalidad no tan diferente de la de un timador con poca consciencia de serlo. Ponzi ten&iacute;a en mente un negocio de arbitraje muy ventajoso debido a la diferencia de precio entre estampillas postales asociadas a una diferencia cambiaria, y la suya era una oportunidad real. Pero en el camino se le perdieron dos detalles. Primero, la log&iacute;stica del arbitraje era m&aacute;s dificultosa de lo que hab&iacute;a pensado. Segundo, el dinero de los inversores le ingresaba a borbotones. Este &uacute;ltimo factor fue determinante porque Ponzi estaba convencido de que su negocio tendr&iacute;a una rentabilidad extraordinaria, y por lo tanto pagaba &ldquo;por anticipado&rdquo; intereses exorbitantes a sus primeros socios. Tras estos peque&ntilde;os &eacute;xitos iniciales, se le acercaban hasta los ni&ntilde;os para pedirle que aceptara sus alcanc&iacute;as. Pronto Ponzi se encontr&oacute; con tanto dinero que olvid&oacute; su negocio y se dedic&oacute; a gastar los d&oacute;lares que no cesaban de florecer&hellip; hasta que todo explot&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Los esquemas Ponzi se parecen bastante a las burbujas especulativas que observamos en la bolsa, en el mercado inmobiliario o en algunas monedas (o criptomonedas). En &uacute;ltima instancia,<strong> se trata de que siempre haya alguien dispuesto a poner m&aacute;s plata por un producto que sube y sube de precio. Pero pese a la met&aacute;fora, estas burbujas no se construyen en el aire, y en su origen suelen contar historias de lo m&aacute;s sensatas</strong>, que ser&iacute;an consideradas rentables y seguras por el m&aacute;s esc&eacute;ptico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La burbuja de los tulipanes comenz&oacute; gracias a la expansi&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a Neerlandesa de Indias Orientales, que extendi&oacute; la demanda de estas flores como s&iacute;mbolo de estatus y poder (no tan distinto de la demanda por obras de arte). Esta &ldquo;locura&rdquo; dur&oacute;&hellip; &iexcl;17 a&ntilde;os! A principios del siglo XVIII se produjo una sobrevaluaci&oacute;n de las acciones de la <em>South Sea Company</em>, una empresa que pr&aacute;cticamente monopolizaba el comercio mundial de la &eacute;poca. &iquest;Es esto una estafa? &iquest;Se trata de una &ldquo;clara exageraci&oacute;n&rdquo;? M&aacute;s recientemente, en 1997 el p&uacute;blico se entusiasm&oacute; con las posibilidades de internet, pero todo termin&oacute; en la burbuja de las <em>puntocom</em>. &iquest;Qu&eacute; cosa estaba tan mal en esas expectativas? Desde luego, los que leen el diario del lunes est&aacute;n prestos a proveer sesudos an&aacute;lisis sobre estas man&iacute;as, las m&aacute;s de las veces tildando de embusteros a los inversores, y culpando a un p&uacute;blico inexperto de no ver venir un desenlace a todas luces evidente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La delgada l&iacute;nea entre un negocio y un enga&ntilde;o (o autoenga&ntilde;o), llama a la reflexi&oacute;n. Todo proyecto, al basarse en un futuro que es incierto, tiene necesariamente un poco de ambos.</strong> Todo emprendedor so&ntilde;ador, al poner en riesgo capital propio o ajeno, tiene algo de irresponsable. Pero mal que les pese a nuestros sue&ntilde;os de control de da&ntilde;os, estos personajes ambiciosos y resolutivos constituyen una parte esencial del &eacute;xito del sistema. Tambi&eacute;n cabe preguntarse si la banca tradicional opera como un l&iacute;mite saludable a las aspiraciones alocadas de un grupo de <em>nerds</em>, o como un factor conservador que se empe&ntilde;a en impedir el progreso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es posible incluso que debamos ser indulgentes con Bob y con Ana si reconocemos que la vida, despu&eacute;s de todo, es aquello que sucede entre burbuja y burbuja.
    </p><p class="article-text">
        <em>DT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/tulipanes-generacion-zoe-emprendiendo-estafa_129_8796783.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Mar 2022 04:08:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De los tulipanes a Generación Zoe: emprendiendo una estafa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[economías]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La economía del comportamiento, una llave para diseñar políticas públicas efectivas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/economia-comportamiento-llave-disenar-politicas-publicas-efectivas_129_8647204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/64c2995e-b235-4951-9434-675cb04cd034_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La Argentina está ensayando su propia experiencia nudge en el marco del Consejo Económico y Social"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Existen potenciales intervenciones que, sin afectar la libertad, pueden ayudar a decidir mejor. Las  “oficinas del comportamiento” se expanden en todo el mundo, también en la Argentina.</p></div><p class="article-text">
        Richard Thaler, ganador del premio Nobel de econom&iacute;a en 2017, acaba de publicar junto a Cass Sunstein una nueva versi&oacute;n de unos de los <em>best-seller </em>de la Econom&iacute;a del Comportamiento: <em>Nudge</em>. En ingl&eacute;s, <em>nudge</em> es el empujoncito que le da la mam&aacute; elefanta a su cr&iacute;a para que pueda pararse y empezar a caminar. Este es el esp&iacute;ritu del t&eacute;rmino: <strong>una ayuda decisiva, con resultados futuros provechosos, pero que no establece una relaci&oacute;n de dependencia entre los involucrados.</strong> Curiosamente, o no tanto, los autores agregaron al t&iacute;tulo &ldquo;Edici&oacute;n final&rdquo;, una suerte de <em>autonudge</em> destinado a restringir futuros ajustes del libro.
    </p><p class="article-text">
        El empujoncito parte de la idea obvia (aunque no para todos los acad&eacute;micos) de que no somos <em>homo economicus</em>, sino <em>homo sapiens</em>. Siendo este el caso, es posible contribuir a mejorar las decisiones mediante lo que Thaler y Sunstein llaman &ldquo;paternalismo libertario&rdquo;, dos palabras que por separado generan pol&eacute;mica y juntas son dinamita. El t&eacute;rmino pretende simplemente sugerir que es posible perfeccionar las elecciones humanas, pero sin interferir en la libertad individual. As&iacute;, los <em><strong>nudges</strong></em><strong> pueden contribuir a evitar tanto arrepentimientos personales como costos a mediano plazo que no consideramos en nuestras decisiones inmediatas.</strong> Ejemplo del primero: cuando lamentamos habernos endeudado en exceso con la tarjeta. Ejemplo del segundo: cuando no reciclamos la basura y eso termina por afectar la sostenibilidad ambiental.
    </p><p class="article-text">
        Los <em>nudges</em> parten de la idea de que varias decisiones se presentan bajo una &ldquo;arquitectura&rdquo; estandarizada, pero que se tiende a pasar por alto. Por ejemplo, los restaurantes sol&iacute;an colocar el salero sobre la mesa por defecto, sin que nadie lo pida. Dada la psicolog&iacute;a de las personas, esta arquitectura termina siendo una invitaci&oacute;n sutil a agregarle sal a la comida, perjudicando la salud futura. Pero si la sal no estuviera a la vista, quiz&aacute;s algunos comensales no lo notar&iacute;an y no notar&iacute;an la necesidad de agregar m&aacute;s sodio a sus cuerpos. <strong>Existen potenciales intervenciones que, sin afectar la libertad, pueden ayudar a decidir mejor. </strong>
    </p><p class="article-text">
        El impulso del libro <em>Nudge</em> dio lugar a la multiplicaci&oacute;n de &ldquo;oficinas del comportamiento&rdquo; en todas las econom&iacute;as desarrolladas del mundo. Con un presupuesto limitado (en muchos casos financiado con <em>sponsors</em> privados) estas agencias mostraron &eacute;xitos iniciales sorprendentes y su estilo renov&oacute; la calidad y la efectividad de la pol&iacute;tica p&uacute;blica. Y pronto estas unidades se extendieron a los pa&iacute;ses en desarrollo, quienes pretenden encontrar en la econom&iacute;a del comportamiento una herramienta para lidiar con sus problemas: &iquest;se puede reforzar el compromiso y la calidad de los docentes?, &iquest;extender la prevenci&oacute;n individual de la salud?, &iquest;reducir la evasi&oacute;n impositiva? &iquest;combatir m&aacute;s efectivamente la pobreza? De repente, los <em>nudges</em> se han metido de lleno en las cuestiones m&aacute;s acuciantes del desarrollo y pueden contribuir a mitigarlas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Argentina est&aacute; ensayando la creaci&oacute;n de su propia experiencia </strong><em><strong>nudge</strong></em><strong> a trav&eacute;s de la Unidad de Ciencias del&nbsp;Comportamiento&nbsp;y Pol&iacute;ticas P&uacute;blicas (UCPP), una oficina dependiente del Consejo Econ&oacute;mico y Social</strong>, <a href="https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/241016/20210222" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lanzado oficialmente en febrero de 2021 por el entonces jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.</a> Un aspecto interesante es que esta oficina p&uacute;blica se nutre del trabajo de un grupo de acad&eacute;micos, la Red Argentina de Ciencias del Comportamiento, que est&aacute; a cargo de Joaqu&iacute;n Navajas, cient&iacute;fico e investigador de la Universidad Di Tella. &ldquo;La red opera como nexo entre la UCPP y la sociedad cient&iacute;fica y profesional, que hace rato se viene dedicando a las ciencias del comportamiento en temas muy diversos, y que tiene muchos aportes para sumar desde distintas &oacute;pticas&rdquo;, explica Navajas. &ldquo;La Red funciona como una verdadera asociaci&oacute;n independiente y transversal al signo pol&iacute;tico en el poder; la idea es que sus contribuciones contin&uacute;en a disposici&oacute;n de la sociedad, trascendiendo los cambios de gobierno&rdquo;, se&ntilde;ala. 
    </p><p class="article-text">
        Y por suerte, lejos de procrastinar, la red y la UCPP ya produjeron los primeros resultados. Tal como precis&oacute; Navajas, contribuy&oacute; al dise&ntilde;o de un llamado que finaliz&oacute; con la selecci&oacute;n de 10 proyectos con pol&iacute;ticas concretas. <strong>Hay propuestas de todo tipo, que incluyen favorecer el medioambiente gestionando mejor los residuos, mejorar los h&aacute;bitos alimenticios, disminuir la morosidad crediticia, ampliar la inclusi&oacute;n social de grupos en desventaja o aportar a la igualdad de g&eacute;nero. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Si bien la oficina se viene cimentando a ritmo pausado, este tr&aacute;nsito cauteloso puede ser la estrategia m&aacute;s efectiva. Por un lado, es necesario reforzar nuestro aprendizaje de la econom&iacute;a del comportamiento en general y tambi&eacute;n estar seguros de cu&aacute;les son las aplicaciones m&aacute;s seguras a la hora de empezar a disipar tantos problemas que aquejan a nuestro pa&iacute;s. Por el otro, la Argentina es un pa&iacute;s con tantas dificultades que por momentos cuesta encarar una acci&oacute;n para atenuar un problema espec&iacute;fico sin meterse en otro. En una palabra se trata de aplicarse, como lo hicieron Thaler y Sunstein, un <em>autonudge</em> para asegurar que se cumplan los pasos adecuados para la conformaci&oacute;n de una oficina <em>behavioral</em> que se sostenga y cumpla lo mejor posible con su misi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>PM/DT</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/economia-comportamiento-llave-disenar-politicas-publicas-efectivas_129_8647204.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Jan 2022 10:48:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La economía del comportamiento, una llave para diseñar políticas públicas efectivas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[economías]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Querer es poder? El dilema del beneficio futuro versus los costos presentes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/dilema-beneficio-futuro-versus-costos-presentes_129_8520618.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4d7ca501-bc9e-4df5-9832-44d674d89b2a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Querer es poder? El dilema del beneficio futuro versus los costos presentes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        El cambio clim&aacute;tico es para la gran mayor&iacute;a el m&aacute;ximo desaf&iacute;o para la supervivencia del planeta. La ciencia ha demostrado que se trata de una preocupaci&oacute;n real, y la reacci&oacute;n de la humanidad ha sido contundente&hellip; multiplicar las frases de alarma y las sobreactuaciones, haciendo en la pr&aacute;ctica muy poco para mitigar la amenaza. Todo indica que, <strong>a la hora de comparar el presente con el futuro, nuestras intenciones suelen ser bastante m&aacute;s en&eacute;rgicas que las acciones concretas. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero por m&aacute;s que lo parezca, no todo es hipocres&iacute;a pura y dura. Existe una actitud muy humana que tiende a sobreponderar la percepci&oacute;n de que &ldquo;querer es poder&rdquo;. Para entender los fundamentos de este fallo cognitivo, consideremos los planes t&iacute;picos que aparecen en nuestra mente cada fin de a&ntilde;o. El a&ntilde;o que comienza, nos convencemos, nos ver&aacute; bajar de peso, hacer m&aacute;s ejercicio, mejorar el nivel de ingl&eacute;s y completar aquel curso de capacitaci&oacute;n tan importante para nuestra profesi&oacute;n. Despu&eacute;s el a&ntilde;o se ocupa, mes a mes, de boicotear estos fant&aacute;sticos proyectos que empiezan a retrasarse, olvidarse o ignorarse. 
    </p><p class="article-text">
        Es importante notar el aspecto com&uacute;n entre estas metas personales incumplidas y las pol&iacute;ticas contra el cambio clim&aacute;tico que se postergan o se omiten: en ambos casos no hay intenci&oacute;n de aparentar o de actuar hip&oacute;critamente. M&aacute;s bien, estos ejemplos sugieren que nos enga&ntilde;amos a nosotros mismos. Dicho lo cual, es necesario reconocer que <strong>la mayor responsabilidad le cabe sin duda a los gobiernos, quienes deber&iacute;an estar al tanto de este tipo de sesgos y corregirlos mediante compromisos cumplibles. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero adem&aacute;s de los planes exagerados, la pol&iacute;tica debe lidiar con una dificultad m&aacute;s aguda. En la pr&aacute;ctica, la elecci&oacute;n entre el presente y el futuro suele presentarse bajo la forma de alternativas de hierro. Pese a que la angustia por el fin de la humanidad es compartida por la mayor&iacute;a, pocos ponen el foco en la comparaci&oacute;n expl&iacute;cita, la pregunta concreta acerca de<strong> cu&aacute;nto debemos sacrificar del bienestar presente por una vida mejor para nuestros tataranietos. </strong>
    </p><p class="article-text">
        La respuesta es f&aacute;cil para los pa&iacute;ses desarrollados, que podr&iacute;an prescindir de algunas pocas excentricidades y colaborar, incluso con cierto reconocimiento social, de peque&ntilde;os esfuerzos favorecedores del medio ambiente, como el consumo de bienes reciclables. Pero <strong>en los pa&iacute;ses con severas vulnerabilidades sociales el dilema es m&aacute;s dr&aacute;stico: en el extremo, se trata de sacrificar las oportunidades de quienes no tienen nada en el presente por un futuro mejor. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Para tomar una decisi&oacute;n m&aacute;s racional sobre este problema la econom&iacute;a propone estimar la Tasa de Preferencia Temporal Social (TPTS), que mide la percepci&oacute;n subjetiva promedio de la poblaci&oacute;n del valor del presente <em>versus</em> el futuro. Cuanto m&aacute;s baja la tasa, m&aacute;s ponderamos el ma&ntilde;ana en relaci&oacute;n al hoy. En general los intentos de calcular la TPTS no han sido demasiado exitosos. Su valor es muy diferente seg&uacute;n la persona (y el pa&iacute;s), seg&uacute;n qu&eacute; cosa est&eacute; en juego en la decisi&oacute;n, y seg&uacute;n los per&iacute;odos de tiempo considerados. Para dar una idea de lo raro de los resultados, las investigaciones se&ntilde;alan tasas medias superiores al 20% anual (con estabilidad de precios). Dado que la tasa de inter&eacute;s de mercado es apenas el 3%, como mucho, si estas estimaciones fueran correctas deber&iacute;amos observar una oleada de solicitudes de pr&eacute;stamo para consumir, con su consecuente efecto alcista sobre el inter&eacute;s de mercado. Nada de esto ocurre en la pr&aacute;ctica.
    </p><p class="article-text">
        Debido a estas dificultades, un grupo de investigadores decidi&oacute; preguntar en 2015 cu&aacute;l deber&iacute;a ser la TPTS de largo plazo directamente a 200 expertos, algunos de los cuales participan del debate sobre el cambio clim&aacute;tico. El valor &ldquo;recomendado&rdquo; por los expertos fue en promedio 2,27% anual, y aunque los rangos van del 0% al 10%, m&aacute;s del 90% considera adecuado una tasa entre 1% y 3%. Estos resultados son bastante menores a los de una encuesta previa de 2001, que ubicaba la TPTS cerca del 4%.
    </p><p class="article-text">
        Algunos especialistas son m&aacute;s estrictos y consideran tasas a&uacute;n m&aacute;s bajas, incluso cero. Es el caso de Tyler Cowen, quien se pregunta si el descuento temporal no es en realidad una ilusi&oacute;n, pues cuando llegue el momento ese futuro ser&aacute; tan real como nuestro presente actual. La conclusiones de Cowen coinciden con las de Derek Parfit, un fil&oacute;sofo que sostiene que no podemos compararnos con nosotros mismos en el futuro, porque seremos personas diferentes. As&iacute;,<strong> elegir el presente sobre el futuro es un autoenga&ntilde;o cognitivo, no mucho m&aacute;s que otro aspecto del sesgo presente que caracteriza a nuestra especie.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que no es f&aacute;cil escapar a estos dilemas. Por m&aacute;s que j&oacute;venes bienintencionados se enojen con las insuficientes reacciones de la pol&iacute;tica ante el deterioro ambiental, no siempre queda expl&iacute;cito en sus diatribas que un futuro mejor implica un costo presente en t&eacute;rminos de asignaci&oacute;n de recursos. A&uacute;n as&iacute;, este conjunto de reflexiones s&iacute; dejan en claro que<strong> estos costos deben ser afrontados por las econom&iacute;as m&aacute;s desarrolladas, que en su camino para convertirse en ricos seguramente acumularon la mayor parte del da&ntilde;o ambiental que hoy sufre el planeta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>PM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/dilema-beneficio-futuro-versus-costos-presentes_129_8520618.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Nov 2021 10:41:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Querer es poder? El dilema del beneficio futuro versus los costos presentes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[economías]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un Nobel para el análisis empírico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/nobel-analisis-empirico_129_8389990.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/18e9737a-fe99-4708-b067-835f3ffd5ed2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un Nobel para el análisis empírico"></p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o el N&oacute;bel de Econom&iacute;a se reparti&oacute; entre David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens. Es otro premio al an&aacute;lisis emp&iacute;rico, pero sobre todo <strong>al desarrollo de herramientas econom&eacute;tricas destinadas a medir de manera confiable las conjeturas que propone la teor&iacute;a</strong>. Entre los premiados debi&oacute; figurar tambi&eacute;n Alan Krueger, un extraordinario economista que fue colaborador de este grupo, pero que se quit&oacute; la vida en 2019.
    </p><p class="article-text">
        El inter&eacute;s principal de estos economistas reside <strong>en el an&aacute;lisis del mercado de trabajo</strong>. Hasta la llegada de las novedosas t&eacute;cnicas que incorporaron estos experimentadores, la econom&iacute;a convencional sol&iacute;a dar por buenas varias de las conclusiones derivadas de su teor&iacute;a. Pero la puesta a prueba en el campo demostr&oacute; que estas &ldquo;verdades&rdquo; eran m&aacute;s elusivas de lo imaginado. 
    </p><p class="article-text">
        Card, por ejemplo, decidi&oacute; testear la idea &ldquo;obvia&rdquo; de que las subas en los salarios m&iacute;nimos reducen el empleo, una proposici&oacute;n que se ense&ntilde;a como evidente en los cursos iniciales de econom&iacute;a. El economista elabor&oacute; un experimento perspicaz para investigar esta cuesti&oacute;n: compar&oacute; los impactos sobre el empleo en restaurantes de dos Estados, Pennsylvania y New Jersey, que son similares en varios aspectos excepto en uno: el segundo sancion&oacute; una ley de salario m&iacute;nimo en 1992 y el primero no. Para su sorpresa, Card no encontr&oacute; ning&uacute;n efecto. Si bien este resultado fue inicialmente recibido con escepticismo por la academia, nuevos estudios confirmaron el hallazgo de Card <strong>y pusieron en tela de juicio la teor&iacute;a tradicional que asegura que un salario m&iacute;nimo m&aacute;s elevado reduce la demanda de trabajo por parte de las firmas.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Para ponerle un poco de picante a un Premio N&oacute;bel que cada vez es m&aacute;s aburrido, agreguemos cierto morbo. El galard&oacute;n a Card signific&oacute; un espaldarazo importante en su debate con David Neumark, con quien tuvo interminables discusiones sobre los estudios de salario m&iacute;nimo. Neumark sosten&iacute;a que el efecto negativo sobre el empleo era real, pero que hab&iacute;a que buscarlo mejor. Para sorpresa de quienes consideran que en econom&iacute;a hay una voz &uacute;nica, la pelea contin&uacute;a tras m&aacute;s de &iexcl;25 a&ntilde;os de investigaciones!&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Card tambi&eacute;n estudi&oacute; los impactos de la afluencia de inmigrantes sobre los niveles de empleo en trabajadores con bajos niveles de educaci&oacute;n, una preocupaci&oacute;n t&iacute;pica de las ideolog&iacute;as m&aacute;s conservadoras de los Estados Unidos. Nuevamente, Card encontr&oacute; que el impacto era m&iacute;nimo y que el miedo a que el inmigrante reemplace las oportunidades laborales de los locales no estaba fundado. 
    </p><p class="article-text">
        Angrist, tambi&eacute;n junto a Krueger, <a href="https://uh.edu/~adkugler/Angrist&amp;Krueger_CS.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">intentaron a principios de la d&eacute;cada de</a> 1990 medir los beneficios en t&eacute;rminos de ingresos de a&ntilde;os adicionales de educaci&oacute;n. Sus estimaciones indicaron que cada a&ntilde;o extra de instrucci&oacute;n produc&iacute;a un aumento del 9% de los ingresos. Pero lo importante de este trabajo no fue la medici&oacute;n en s&iacute;, sino los m&eacute;todos que utilizaron para realizar una estimaci&oacute;n que permitiera aislar los factores que confund&iacute;an las relaciones causa-efecto. Imbens particip&oacute; luego junto a Angrist en el desarrollo de la teor&iacute;a impl&iacute;cita en estas t&eacute;cnicas para lograr establecer conclusiones v&aacute;lidas en los experimentos emp&iacute;ricos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Resulta interesante que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os los premios se hayan otorgado casi exclusivamente a economistas preocupados por el an&aacute;lisis emp&iacute;rico. Por un lado, esto podr&iacute;a revelar cierto parate en la producci&oacute;n de teor&iacute;as de gran alcance. Por el otro, existe indudablemente un inter&eacute;s creciente en establecer hasta qu&eacute; punto lo que nos dice la teor&iacute;a se aplica a la realidad. Y por qu&eacute; no, por usar estas ideas para dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas. Los m&aacute;s entusiastas de las t&eacute;cnicas de los ganadores sostienen que estos nuevos m&eacute;todos permiten establecer conclusiones firmes para acometer pol&iacute;ticas  &ldquo;basadas en evidencia&rdquo;, pero los expertos en epistemolog&iacute;a de la econom&iacute;a (que estudian el m&eacute;todo cient&iacute;fico de la profesi&oacute;n) advierten que estos resultados podr&iacute;an depender del contexto en el que se aplicaron, y que no necesariamente son replicables en otras circunstancias geogr&aacute;ficas o temporales.
    </p><p class="article-text">
        Las contribuciones de los ganadores son significativas, sobre todo porque sus novedosos m&eacute;todos experimentales se han trasladado con &eacute;xito a muchas otros &aacute;mbitos del an&aacute;lisis econ&oacute;mico<strong>. Por otra parte, una vez m&aacute;s el galard&oacute;n fue monopolizado por hombres, y por profesores de universidades de Estados Unidos (aunque dos de los tres no nacieron en ese pa&iacute;s). Cabe preguntarse si el Banco de Suecia, encargado de seleccionar a los ganadores, recorre suficientemente el espinel de la profesi&oacute;n, o si simplemente elige lo m&aacute;s seguro, que es laurear a los acad&eacute;micos m&aacute;s conocidos y prestigiosos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/nobel-analisis-empirico_129_8389990.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Oct 2021 21:03:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un Nobel para el análisis empírico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Premio Nobel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El factor multiplicativo y el factor aditivo: la arquitectura de la desigualdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/factor-multiplicativo-factor-aditivo-arquitectura-desigualdad_129_8327484.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/788e5099-d96a-4dca-b3b8-49c84ded4ea8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El factor multiplicativo y el factor aditivo: la arquitectura de la desigualdad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aún cuando las competencias individuales sean idénticas, la desigualdad puede surgir de forma espontánea porque el rendimiento del trabajo es menor al rendimiento del ahorro (o del capital). Los Estados deben lograr el truco de aprovechar el capital y, al mismo tiempo, compensar sus efectos con impuestos progresivos.</p></div><p class="article-text">
        El debate sobre desigualdad ha renacido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. El economista Simon Kuznets confiaba en una tendencia igualadora de los ingresos a medida que el desarrollo se hac&iacute;a extensivo a todos los participantes de la econom&iacute;a. Pero si bien entre 1930 y 1980 la desigualdad se redujo en la mayor&iacute;a de sus dimensiones, esto ocurri&oacute; primariamente debido a la ca&iacute;da de los ingresos de los m&aacute;s ricos durante las guerras mundiales y la gran depresi&oacute;n, y por las activas pol&iacute;ticas fiscales y regulatorias. Tras estos desarrollos, la desigualdad sigui&oacute; su curso ascendente, tal como lo han mostrado diversos autores, entre ellos el famoso economista franc&eacute;s Thomas Piketty.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;les son los determinantes de la desigualdad? Los favorecedores del capitalismo liberal &ldquo;meritocr&aacute;tico&rdquo; suelen atribuirla a las diferencias individuales relacionadas con la personalidad, la capacidad y el esfuerzo. Esta explicaci&oacute;n es atractiva pero tiene un problema emp&iacute;rico fundamental: mientras que estas cualidades se distribuyen entre la poblaci&oacute;n de manera aproximadamente normal (en forma de campana) y sim&eacute;trica, la distribuci&oacute;n de la riqueza es muy asim&eacute;trica, con un pu&ntilde;ado acumulando mucho, y una mayor&iacute;a con muy poco.<strong> Si se ganara de acuerdo al m&eacute;rito y todos lo tenemos en parte, &iquest;por qu&eacute; la riqueza no se distribuye m&aacute;s equitativamente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s existen fuerzas desigualadoras que no estamos considerando. Una postura extrema propone que es el Estado, con su presi&oacute;n impositiva, el que contribuye a profundizar la brecha de riqueza. Pero la evidencia indica que en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses la desigualdad se modera cuando se consideran los ingresos despu&eacute;s de la intervenci&oacute;n del sector p&uacute;blico. Lejos de empeorar la distribuci&oacute;n, la acci&oacute;n del Estado la contiene.
    </p><p class="article-text">
        Consideremos otra posibilidad. <strong>A&uacute;n cuando las competencias individuales sean id&eacute;nticas, la desigualdad puede surgir de forma espont&aacute;nea porque el rendimiento del trabajo es menor al rendimiento del ahorro (o del capital).</strong> Para ilustrar la idea, consideremos dos historias de vida en un pa&iacute;s desarrollado. Andrea gana 3.000 d&oacute;lares al mes, pero se arregla gastando s&oacute;lo 2.000, de modo que ahorra 1.000 d&oacute;lares por per&iacute;odo. Puede guardar este dinero bajo el colch&oacute;n, comprar acciones seguras, o bien arriesgar una parte invirtiendo en una tecnol&oacute;gica de Silicon Valley, o tal vez apostando al Bitcoin. Bernardo, en cambio, tiene un salario de 500 d&oacute;lares y no solo no ahorra, sino que apenas alcanza a llegar a fin de mes cuando lo ayudan el Estado o sus amigos.
    </p><p class="article-text">
        En estas condiciones, es f&aacute;cil advertir que las vidas econ&oacute;micas de Andrea y Bernardo se habr&aacute;n bifurcado en poco tiempo. La raz&oacute;n principal es que los ahorros de Andrea siguen un proceso <strong>multiplicativo</strong>: su capital se va multiplicando porque, adem&aacute;s de que cada mes le agrega nuevos d&oacute;lares, sus retornos se acumulan a la riqueza del per&iacute;odo anterior, por la v&iacute;a del inter&eacute;s compuesto. A&uacute;n siendo una mala administradora de sus finanzas, tras varios a&ntilde;os no ser&iacute;a nada raro que Andrea haya amasado una peque&ntilde;a fortuna.
    </p><p class="article-text">
        En cambio, la fuerza de trabajo de Bernardo siguen un proceso <strong>aditivo</strong>. Aunque se esfuerce y agregue horas de labor a las que ya tiene, esto apenas le permitir&aacute; sumar ingresos, pero no multiplicarlos. El trabajo no est&aacute; sujeto a rendimientos compuestos como los ahorros, y esto limita sus posibilidades a futuro. Tras pocos a&ntilde;os de remarla mes a mes, lo m&aacute;s probable es que las deudas persigan a Bernardo y que deba rescatarlo el Estado&hellip; s&oacute;lo para comenzar un nuevo ciclo. Como la multiplicaci&oacute;n crece m&aacute;s r&aacute;pido que la suma, Bernardo quedar&aacute; rezagado en la distribuci&oacute;n de la riqueza. La &uacute;nica chance que tiene para cambiar su suerte es experimentar un cambio suficientemente positivo en su riqueza que le permita acceder a la l&oacute;gica multiplicativa. Pero esta probabilidad es baja y lo normal es que con el paso del tiempo la diferencia entre la riqueza de Andrea y Bernardo se ampl&iacute;e indefinidamente.
    </p><p class="article-text">
        Esta explicaci&oacute;n permite entender por qu&eacute; aquellos que viven los apremios continuos que atormentan a Bernardo suelen apostar a juegos de azar con &ldquo;esperanza negativa&rdquo;, es decir, con premios menores a las chances de ganar (por ejemplo, en la quiniela uno tiene una posibilidad en 100 de ganar, pero le pagan 70 si elige el n&uacute;mero ganador). Para el an&aacute;lisis tradicional, los Bernardos que apuestan en estas condiciones son exageradamente &ldquo;propensos al riesgo&rdquo;. Pero hay una justificaci&oacute;n m&aacute;s convincente: ellos buscan simplemente una chance para salir de la mala y adherirse a los beneficios de contar con un capital m&iacute;nimo porque intuyen, correctamente, que &ldquo;la plata hace la plata&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para dar una idea de c&oacute;mo la diferencia entre lo multiplicativo y lo aditivo afecta la distribuci&oacute;n del ingreso, supongamos que 100 personas parten de una situaci&oacute;n de equidad total. En cada per&iacute;odo cada una de las familias obtiene un rendimiento <strong>multiplicativo</strong> al azar de sus inversiones del 5% (con un riesgo de m&aacute;s/menos 5%). Se incluye adem&aacute;s un m&iacute;nimo ahorro que representa el esfuerzo personal, y que reporta ganancias <strong>aditivas</strong>. Cuando este ahorro es peque&ntilde;o, este proceso genera una tendencia &ldquo;natural&rdquo; a la desigualdad debido a que quienes han tenido la suerte de lograr un piso de riqueza suficiente pueden aprovechar al m&aacute;ximo la multiplicaci&oacute;n de sus ahorros. Para dar una idea de los resultados, tras una simulaci&oacute;n de 10.000 per&iacute;odos, apenas 7 personas de esta sociedad se quedan con la mitad de la riqueza. Adem&aacute;s, 52 de los 100 individuos terminan con una riqueza que no alcanza siquiera el 1% de la que ten&iacute;an al principio, y entre todos ellos acumulan apenas el 11% de la riqueza total. 
    </p><p class="article-text">
        Varios gobiernos alcanzan a notar los resultados de estas tendencias, y a&uacute;n cuando no identifiquen claramente su origen, intentan suavizarlas mediante pol&iacute;ticas redistributivas. La raz&oacute;n no es que reprueben la meritocracia, sino que advierten que por m&aacute;s esfuerzo que pongan los trabajadores con ingresos <strong>aditivos</strong>, apenas unos pocos tienen la fortuna de que su m&eacute;rito se materialice en ahorros suficientes que les permitan acceder al mundo <strong>multiplicativo</strong> del capital. 
    </p><p class="article-text">
        Es importante aclarar que la diferencia de rendimiento entre capital y trabajo no necesariamente refleja la explotaci&oacute;n del segundo por parte del primero. El factor multiplicativo del capital puede ser el resultado de que los ahorros financien nuevos descubrimientos y permitan desarrollar tecnolog&iacute;as con elevada productividad. El capital podr&iacute;a ser &ldquo;naturalmente&rdquo; m&aacute;s productivo que el trabajo, pero como no todos acceden a &eacute;l, la torta no se distribuye de acuerdo al esfuerzo de cada uno. <strong>Si la inequidad es el precio del progreso, son los Estados los que deben lograr el truco de aprovechar el capital y, al mismo tiempo, compensar sus efectos con impuestos progresivos.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/factor-multiplicativo-factor-aditivo-arquitectura-desigualdad_129_8327484.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Sep 2021 13:26:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El factor multiplicativo y el factor aditivo: la arquitectura de la desigualdad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[economías]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pospandemia: ¿los nuevos locos años '20?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/pospandemia-nuevos-locos-anos-20_129_8197171.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5d5adb7-1065-4d22-8c84-9a2d6affc3e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pospandemia: ¿los nuevos locos años &#039;20?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        La pandemia dej&oacute; 50 millones de muertos y una recesi&oacute;n mundial sin precedentes, con ca&iacute;das de la actividad de entre 16% y 25% en solamente un a&ntilde;o, en varios pa&iacute;ses. Tuvo que ver la decisi&oacute;n oficial de cerrar escuelas, hoteles, restaurantes y lugares de entretenimiento bajo techo, que se sum&oacute; a la restricci&oacute;n al movimiento en transporte p&uacute;blico y al cierre de fronteras.&nbsp; Los gobiernos han intentado compensar el desastre con pol&iacute;ticas activas, pero sus finanzas se deterioraron gravemente y necesitar&aacute;n a&ntilde;os para normalizarse. La alta inflaci&oacute;n resultante afect&oacute; los retornos de la inversi&oacute;n y la incertidumbre salpica las expectativas empresariales. Las perspectivas desde el lado productivo tambi&eacute;n son sombr&iacute;as. Buena parte de los fallecidos por el virus fueron adultos en condiciones de trabajar. Los ni&ntilde;os no s&oacute;lo detuvieron su educaci&oacute;n; los afectados por la gripe sufrir&aacute;n consecuencias de salud en su vida adulta. La devastaci&oacute;n se siente tambi&eacute;n en el hartazgo social, y hay focos de revoluci&oacute;n en varias partes del mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este no es un relato de la historia presente, sino de la del mundo casi exactamente cien a&ntilde;os atr&aacute;s. <strong>La gripe espa&ntilde;ola hizo estragos en la econom&iacute;a y la salud y, pese al final de la Gran Guerra, la econom&iacute;a mundial no paraba de empeorar. Y sin embargo&hellip; ese fue el preludio de una de las d&eacute;cadas m&aacute;s pr&oacute;speras del capitalismo: los dorados a&ntilde;os '20. </strong>Los <em>roaring twenties</em> se plantaron fuerte sobre la tecnolog&iacute;a, el fordismo y el entretenimiento de masas. Hab&iacute;a razones de sobra: la generalizaci&oacute;n de la electricidad, la aparici&oacute;n de electrodom&eacute;sticos ahorradores de mano de obra, la adopci&oacute;n de la l&iacute;nea de montaje, el invento de la radio y del cine, la explosi&oacute;n de la moda y del jazz revolucionaron la vida de millones. Fueron marcas de una d&eacute;cada que contagi&oacute; a muchos, pero en lugar de un virus, el agente transmisor fue el consumismo y la cultura de masas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estas novedades significaron diez a&ntilde;os de exuberancia y experimentaci&oacute;n reflejada en una euforia econ&oacute;mica y financiera sin precedentes. La fiebre del progreso no encontr&oacute; obst&aacute;culos en la profusi&oacute;n de gobiernos autoritarios, ni en instituciones p&uacute;blicas poco confiables, ni en los crecientes aranceles al comercio. La psicolog&iacute;a de los negocios pudo m&aacute;s y las bolsas del mundo se excitaron con retornos financieros dantescos, sostenidos en buena medida en la recuperaci&oacute;n de un gasto largamente reprimido, m&aacute;s la fantas&iacute;a de que el nuevo mundo durar&iacute;a para siempre. <strong>La mixtura de im&aacute;genes pinta aquel tiempo con colores variados: para algunos un logro fant&aacute;stico del capitalismo, para otros un abuso de opulencia decadente de creciente desigualdad social.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Parados en 2021, los paralelismos cabal&iacute;sticos no se hicieron esperar. El semanario <em>The</em> <em>Economist </em>conf&iacute;a en una nueva d&eacute;cada de prosperidad basada en el &ldquo;efecto adopci&oacute;n&rdquo; de las tecnolog&iacute;as disponibles. Una vez que las personas descubran c&oacute;mo emplear los inventos que est&aacute;n ah&iacute; afuera la econom&iacute;a se pondr&aacute; en marcha y la productividad pegar&aacute; un salto de calidad. Personalidades destacadas como Paul Krugman, Matt Yglesias o Tyler Cowen se suman al coro de los tecno-optimistas y presagian una fuerte recuperaci&oacute;n tras el desastre. &iquest;Ser&aacute; que debemos disponernos a gozar de unos renovados locos a&ntilde;os 20?
    </p><p class="article-text">
        Algunas correspondencias entre los 20 actuales y los de hace un siglo son manifiestas.<strong> El consumo que la pandemia contuvo deber&iacute;a explotar en los primeros a&ntilde;os tras el &eacute;xodo del Covid. </strong>La vuelta definitiva del turismo, de los eventos multitudinarios y de las salidas a cenar activar&aacute;n el comercio y la producci&oacute;n. Pero la simple aritm&eacute;tica nos alerta que esto no puede sostenerse. Tras volver a los niveles pre-pandemia, es la incorporaci&oacute;n de nuevos procesos productivos y tecnolog&iacute;as lo que har&aacute; que la bonanza perdure. As&iacute;, <strong>necesitamos que esas modernidades que nos sorprenden en las redes se apresuren a formar parte de nuestra realidad diaria. </strong>Hay que abrazar de una vez las fuentes alternativas de energ&iacute;a limpia, incorporar la inteligencia artificial, apostar a los robots cuidadores, formalizar el teletrabajo, y encarar reformas ingeniosas del espacio p&uacute;blico. La pandemia coordin&oacute; el decisivo paso de animarnos a algunas de estas novedades, y las empresas han prometido <em>aggiornarse</em> a venideros '20 modernizando su relaci&oacute;n con sus empleados.
    </p><p class="article-text">
        Pero a las ilusiones tecno-optimistas podr&iacute;amos oponer el desencanto de los ciclo-pesimistas. Si los nuevos locos '20 se exceden en hedonismo y voluptuosidad nadie nos asegura que no vayamos a terminar, como hace un siglo, en otra Gran Depresi&oacute;n.<strong> Los ciclos de maduraci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a son tan reales como los ciclos de crisis creados por negocios con expectativas demasiado confiadas. </strong>Despu&eacute;s de todo, si los viejos '20 fueron pr&oacute;digos en ganancias de productividad gracias a tecnolog&iacute;as aut&eacute;nticas, &iquest;a qui&eacute;n debemos culpar por el <em>crack</em> del 29 y su posterior drama econ&oacute;mico-social de casi 5 a&ntilde;os?
    </p><p class="article-text">
        Tampoco se deben subestimar los riesgos de una desigualdad creciente. <strong>El mundo ya ha alcanzado niveles de inequidad chocantes,</strong> y si los beneficios de la prosperidad ir&aacute;n a engrosar las fortunas del uno por mil, es l&iacute;cito preguntarse si la cuerda de la paciencia social no se tensar&aacute; demasiado. Y no hay que olvidar que, si bien un famoso economista se anim&oacute; a decir que &ldquo;el problema macroecon&oacute;mico ha sido resuelto&rdquo;, esto s&oacute;lo vale para un peque&ntilde;o grupo de pa&iacute;ses. No es nada obvio c&oacute;mo se las arreglar&aacute;n las econom&iacute;as menos desarrolladas para beneficiarse de la esperada <em>rave</em> tecno de la d&eacute;cada que empieza.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s estos malos augurios puedan ser prevenidos por gobiernos m&aacute;s maduros y con una centuria de experiencia. Y quiz&aacute;s la sociedad est&eacute; lista para apoyar a las autoridades y plegarse a una utop&iacute;a de un cambio social basado en la solidaridad y el amor al pr&oacute;jimo. De la pandemia saldremos mejores, sostienen algunos. Pero esto ya lo vivimos. <strong>Como ocurre cada vez que se toca fondo, las estrategias colectivas y solidarias ganan adeptos, pero duran lo que un juego de una sola vuelta de Nash. Pronto las conductas se tornan ego&iacute;stas y la empat&iacute;a cede lugar a una creciente indulgencia hacia los acaparadores de siempre.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por ahora, el &uacute;nico milagro econ&oacute;mico palpable es el chino. El resto del mundo est&aacute; esperando hace tiempo que el respeto al libre comercio y al mercado redunde en una din&aacute;mica de crecimiento que se parezca un poco m&aacute;s a los &ldquo;milagros&rdquo; de posguerra. Pero quiz&aacute;s los dorados '50 y '60, como aquellos locos '20, no vuelvan nunca m&aacute;s. Al menos para la mayor&iacute;a de los humanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/pospandemia-nuevos-locos-anos-20_129_8197171.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Aug 2021 11:18:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pospandemia: ¿los nuevos locos años '20?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[economías,Pospandemia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El miedo global a la inflación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/miedo-global-inflacion_129_8068588.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e62548fc-fb28-43ba-b4da-f8eaf329bcde_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El miedo global a la inflación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La suba generalizada y sostenida de los precios vuelve a ser noticia en el mundo desarrollado, donde llevaba medio siglo sin ser un problema. Por qué preocupa a trabajadores, familias, empresas y a los gobiernos latinoamericanos.</p></div><p class="article-text">
        <strong>La inflaci&oacute;n vuelve a ser noticia. No en Argentina, donde hace al menos 60 a&ntilde;os que lo es, sino en el mundo desarrollado.</strong> Si bien un grupo viene alertando sobre la inflaci&oacute;n en pa&iacute;ses ricos desde hace bastante, en las &uacute;ltimas semanas se han visto algunos n&uacute;meros concretos: la suba de precios en Estados Unidos fue de 4,2% anual en abril y se aceler&oacute; a 5% en mayo. Si bien todo parece asociado a la suba del petr&oacute;leo (y en parte a los alimentos), la &uacute;ltima vez que un aumento en un insumo clave afect&oacute; a la inflaci&oacute;n en Estados Unidos se produjo una revoluci&oacute;n en su pol&iacute;tica monetaria. Fue a fines de los 70 y aquella vez, como ahora, tambi&eacute;n tienen voz quienes culpan a los excesos en el gasto p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Las encuestas indican que la preocupaci&oacute;n por la inflaci&oacute;n recrudece&hellip; bueno&hellip; cuando hay inflaci&oacute;n. En EE.UU nadie se preocupaba por ella hasta los 70, pero a partir de all&iacute; m&aacute;s de la mitad de los americanos expresaban su espanto ante tasas con picos de 15% anual, m&eacute;tricas que para nosotros ser&iacute;an una bendici&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La inquietud por el regreso de la inflaci&oacute;n en el mundo deber&iacute;a estar asociada a sus contrariedades y, si bien afirmar que la inflaci&oacute;n es da&ntilde;ina parece una verdad de perogrullo, explicar por qu&eacute; no lo es tanto<strong>. Una parte de la sociedad asocia la aceleraci&oacute;n de la inflaci&oacute;n con la p&eacute;rdida de poder adquisitivo de los trabajadores. </strong>La frase que hemos escuchado una y otra vez es que &ldquo;los salarios van por la escalera, pero los precios por el ascensor&rdquo;. Pero la evidencia en este sentido es mixta. En m&aacute;s de un episodio inflacionario los salarios le terminan ganando a los precios. M&aacute;s a&uacute;n, la teor&iacute;a tradicional ha sostenido durante mucho tiempo que el lado nominal y el lado real de la econom&iacute;a est&aacute;n divorciados, lo que significa que la suba de salarios y precios deber&iacute;a, si todo funciona bien, ser similar.
    </p><p class="article-text">
        Desde luego, en la pr&aacute;ctica &ldquo;no todo funciona bien&rdquo;, en el sentido de que al final algunos trabajadores zafan, otros ganan, y otros pierden. Y lo mismo para cada decil de ingresos, para cada sector productivo, para cada jurisdicci&oacute;n gubernamental y tambi&eacute;n para cada empresario (&iquest;o acaso no escuchamos a estos supuestos beneficiarios de la inflaci&oacute;n quejarse sistem&aacute;ticamente de ella?). Los impactos son entonces diferentes a nivel desagregado, pero si en promedio la inflaci&oacute;n no es tan perjudicial, &iquest;por qu&eacute; la aprensi&oacute;n generalizada?
    </p><p class="article-text">
        Comencemos por las familias. <strong>En los pa&iacute;ses estables, la mayor&iacute;a de los hogares puede ahorrar y lo hace en activos que no se ajustan por inflaci&oacute;n, por la sencilla raz&oacute;n de que hist&oacute;ricamente nunca fue una variable a considerar.</strong> Cuando el fen&oacute;meno se presenta, lo hace de manera s&uacute;bita e inesperada, y afecta las tenencias en t&eacute;rminos reales de estos hogares, generando tensiones en su patrimonio. (Esta explicaci&oacute;n me la se&ntilde;al&oacute; hace 25 a&ntilde;os el brillante economista Miguel Bein, lamentablemente fallecido recientemente).
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a los empresarios, el argumento es parecido pero corresponde al otro lado del mostrador. Las deudas nominales cambian con la inflaci&oacute;n en t&eacute;rminos de bienes y en momentos de inestabilidad debe modificarse la l&oacute;gica del contrato financiero y ajustarse por inflaci&oacute;n. En EE.UU., una econom&iacute;a donde el cr&eacute;dito es clave para su funcionamiento, el cambio de las reglas con los clientes o los proveedores trajo enormes dolores de cabeza. La inflaci&oacute;n gener&oacute; una sensaci&oacute;n general de injusticia, la idea de que otros se estaban llevando lo propio solo porque hab&iacute;an logrado anticiparse a los cambios de precios futuros, y otros no. La incertidumbre inflacionaria tambi&eacute;n impacta negativamente en las decisiones de inversi&oacute;n de mediano y largo plazo. Parece arriesgado invertir en un entorno donde los precios son inestables y los precios relativos futuros se desconocen. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Estos argumentos subrayan como costo de la inflaci&oacute;n su aspecto sorpresivo y su variabilidad, no la inflaci&oacute;n en s&iacute; misma.</strong> Una inflaci&oacute;n sostenida, elevada pero estable podr&iacute;a no tener las mismas consecuencias que una sorpresiva o vol&aacute;til, y quiz&aacute;s no deber&iacute;a provocar tantos sobresaltos en el p&uacute;blico y en las autoridades. (Para ser justos, la inflaci&oacute;n alta y estable tambi&eacute;n tiene consecuencias negativas, pero examinarlas requiere de una nota por separado). 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Desde esta experiencia inflacionaria en Estados Unidos, que dur&oacute; unos pocos a&ntilde;os, el pavor a la inflaci&oacute;n es tal que cada peque&ntilde;o riesgo de que vuelva es tomado con seriedad, y a veces con excesiva seriedad.</strong> Tanto que en la pr&aacute;ctica algunos analistas &ldquo;han predicho diez de los &uacute;ltimos cero episodios inflacionarios&rdquo;. Se trata de quienes establecen una relaci&oacute;n autom&aacute;tica desde el aumento en el d&eacute;ficit fiscal del Tesoro americano hacia la aceleraci&oacute;n de precios. Estos agoreros han fallado sistem&aacute;ticamente pero no se rinden, y hoy disponen de una nueva oportunidad para reivindicarse. 
    </p><p class="article-text">
        De todos modos, son los datos los que avivaron la reacci&oacute;n de los vigilantes de las cuentas fiscales y no se descarta que las autoridades se suban al tren y ajusten su pol&iacute;tica monetaria. La &uacute;ltima vez que esto ocurri&oacute; de manera abrupta fue durante la &eacute;poca de Ronald Reagan, cuando<strong> </strong>el presidente de la Reserva Federal Paul Volcker decidi&oacute;, en 1981, una violenta suba de las tasas de inter&eacute;s de referencia, que se acercaron a m&aacute;ximos de 20%. El objetivo: acabar con la inflaci&oacute;n lo antes posible y a cualquier precio. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El resultado de este salto en las tasas internacionales fue la crisis de la deuda en buena parte de una Am&eacute;rica Latina altamente endeudada, que signific&oacute; un descalabro financiero may&uacute;sculo en la regi&oacute;n y nuestra primera d&eacute;cada perdida. Con todo, el riesgo de que hoy suceda algo similar es bajo. </strong>El recalentamiento de la econom&iacute;a de Estados Unidos debido&nbsp;a los precios internacionales (y en parte a los est&iacute;mulos del Plan Biden) puede significar una suba transitoria de precios, pero es dif&iacute;cil que esto se transforme en una inercia de las expectativas en lo inmediato. Por otro lado, si las presiones inflacionarias se sostienen, lo m&aacute;s probable es que la Reserva Federal esta vez no reaccione con histeria, sino con subas pausadas de la tasa, y seguramente con un mejor <em>timing</em> que el de aquella vez.
    </p><p class="article-text">
        <em>PM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/miedo-global-inflacion_129_8068588.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Jun 2021 10:14:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El miedo global a la inflación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[economías]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Psicología Bitcoin]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/psicologia-bitcoin_129_7998172.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31753d4d-1680-4e88-9670-3e5544cd12a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Psicología Bitcoin"></p><p class="article-text">
        Las criptomonedas son el <em>new game in town</em>. La palabra <em>game</em> (juego) es apropiada para la edad de los inversores. <em>Bitcoin</em> y sus replicantes se han convertido en la nueva alternativa de inversi&oacute;n de los m&aacute;s j&oacute;venes, esos que aman el juego y el peligro. M&aacute;s atractivo todav&iacute;a porque el entretenimiento se puede monetizar sin demasiado esfuerzo. Como en la mayor&iacute;a de los juegos de mercado, para ganar primero se debe convencer al resto de que jugar vale la pena. Cuanto m&aacute;s gente se aliste, m&aacute;s ganan los que est&aacute;n adentro. Con una ventaja adicional respecto de otros juegos competitivos: los nuevos integrantes no amenazan a los que est&aacute;n, sino que los benefician. En el deporte <em>bitcoin</em>, el esfuerzo conviene ponerlo en la publicidad, no en la productividad.
    </p><p class="article-text">
        Para ciertos grupos el <em>bitcoin</em> y suced&aacute;neos son bastante m&aacute;s que una diversi&oacute;n. Las visiones m&aacute;s ut&oacute;picas est&aacute;n convencidas de que&nbsp; el &eacute;xito de las cripto son el s&iacute;ntoma del fracaso de las sociedades regladas por el Estado. La moneda privada ser&iacute;a el ataque mortal a sus fuerzas fundamentales, las de las instituciones financieras regulatorias. Como en un <em>comic</em> de <em>Marvel</em>, estos <em>avengers</em> pelean por la libertad y, seg&uacute;n prometen, ella traer&aacute; beneficios econ&oacute;micos potencialmente infinitos para la sociedad toda. En esta historieta, los bancos centrales son seres del mal que maximizan su poder concentrado llamado &ldquo;se&ntilde;oreaje&rdquo;, que les permite robarle con la ley de su lado al sector privado. Recursos reales a cambio de papelitos sin respaldo. Una misi&oacute;n que en los &uacute;ltimos tiempos, sin embargo, parece algo contradictoria, porque el h&eacute;roe que podr&iacute;a reemplazar a los malvados banqueros centrales no es otro que <em>Muskman</em>, otro s&uacute;permonopolio.
    </p><p class="article-text">
        Trasladar este dibujo a la realidad, empero, necesita de m&aacute;s vi&ntilde;etas. El <em>bitcoin</em> puede ser una opci&oacute;n financiera para algunos arriesgados, pero su amenaza a la macro es poco cre&iacute;ble. Las cripto en general, y el <em>bitcoin</em> en particular, no le han hecho hasta ahora ni cosquillas a las monedas oficiales. La raz&oacute;n es simplemente que estas monedas no cumplen con eficacia las dos principales funciones del dinero: medio de cambio y reserva de valor. Los billetes oficiales se utilizan desde hace siglos para transacciones econ&oacute;micas de todo tipo, pero el <em>bitcoin</em> sirve apenas en unos pocos negocios <em>cool</em>, y otros no tan <em>cool</em>, como el pago de rescates en extorsiones y fraudes inform&aacute;ticos. A&uacute;n cuando reci&eacute;n est&eacute;n empezando, las billeteras electr&oacute;nicas parecen haberle sacado ventaja, pese a ser potencialmente menos seguras. En cuanto a la reserva de valor, el <em>bitcoin</em> es una opci&oacute;n, pero tiene una debilidad fundamental: su enorme volatilidad de corto plazo lo hace menos demandado por los individuos que ya dejaron la edad de la propensi&oacute;n al riesgo y quieren asegurar su futuro. Oro, ladrillos y d&oacute;lares, ejemplos de activos que sirven como reserva de valor para los argentinos, matan <em>bitcoin</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cambio, no hay duda de que las criptomonedas son una alternativa financiera para los inversores sofisticados. Pero &iquest;qu&eacute; es un inversor sofisticado? La respuesta corta es que se trata de alguien que &ldquo;sabe de finanzas&rdquo;. Para el ojo no avisado, esta caracterizaci&oacute;n puede ser suficiente. Cuando yo era joven y empec&eacute; a estudiar econom&iacute;a, pensaba que alguien me iba a explicar &ldquo;c&oacute;mo funciona la bolsa&rdquo;. T&eacute;cnicamente: de qu&eacute; depende el precio de los activos. Menos t&eacute;cnicamente: c&oacute;mo hacerme rico pronosticando los precios de las acciones. Estudio, entiendo, gano plata: buen negocio. Quiz&aacute;s algo similar ocurre con la psicolog&iacute;a de aquellos que &ldquo;estudian para invertir en <em>bitcoin</em>&rdquo;, que quieren aprender c&oacute;mo los sofisticados hacen plata con &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Lamentablemente, tras a&ntilde;os de estudio comprend&iacute; que entender econom&iacute;a era entender por qu&eacute; esto no se puede saber. Varias teor&iacute;as y art&iacute;culos emp&iacute;ricos muestran que es imposible ganarle sistem&aacute;ticamente al promedio de mercado, del mismo modo que es imposible ganarle sistem&aacute;ticamente a la ruleta.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no significa que bolsa y ruleta sean lo mismo, pues la primera a la larga permite ganar, mientras que la segunda lleva a la quiebra. Cabe preguntarse si el caso del <em>bitcoin</em> se asemeja m&aacute;s a la bolsa o a la ruleta. Lo primero que debe notarse es que, pese a que la bolsa te da y la ruleta te quita, la gente juega mucho m&aacute;s a la segunda. Pero la esperanza del <em>bitcoin</em> hace lugar a todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute;n los emprendedores que apostando a alg&uacute;n fundamento de las cripto arriesgan una parte de su cartera; y est&aacute;n los apostadores instintivos. Entre &eacute;stos &uacute;ltimos podemos distinguir a su vez dos clases. Por un lado, los m&aacute;s irreflexivos que conf&iacute;an en sus sentimientos personales, los que creen poder ganar a cualquier juego (incluso a la ruleta) por alguna raz&oacute;n m&iacute;stica. Aqu&iacute; no hay mucho para criticar por el momento, porque m&aacute;s all&aacute; de alguna correcci&oacute;n reciente, los que invirtieron en criptos han logrado ganancias notables. Buenos sentimientos, podr&iacute;amos decir. Y despu&eacute;s contamos a quienes ya hemos presentado, aquellos que conf&iacute;an en que el <em>bitcoin</em> encarna la revoluci&oacute;n de la liga de la justicia libertaria, que derrocar&aacute; un sistema estatal corrupto. Este grupo liga el &eacute;xito del <em>bitcoin</em> (su demanda) a este objetivo pol&iacute;tico megal&oacute;mano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, est&aacute;n las defensas t&eacute;cnicas. Cada vez que se sostiene que el <em>bitcoin</em> es una burbuja, sus defensores replican que se desconocen los beneficios de su tecnolog&iacute;a impl&iacute;cita, el <em>blockchain</em>. Pero la mayor&iacute;a de los inversores reales son incapaces de explicar estas ventajas, que por otra parte dependen de beneficios a&uacute;n altamente potenciales. El riesgo es que esta defensa sea un atajo psicol&oacute;gico para autoconvencerse de que el activo vale y que seguir&aacute; subiendo. Lamentablemente, en la pr&aacute;ctica hasta las burbujas m&aacute;s absurdas se justificaron en &ldquo;fundamentos&rdquo;, pero la historia nos ense&ntilde;a que la mayor&iacute;a resultaron ilusorios.
    </p><p class="article-text">
        <em>PM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Mira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/economia/psicologia-bitcoin_129_7998172.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Jun 2021 10:30:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[economías,Bitcoin,Criptomonedas]]></media:keywords>
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