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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Manuel J. Becerra]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/manuel-j-becerra/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Manuel J. Becerra]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los ignorados que estamos en cada aula y en cada zoom]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/los-ignorados-estamos-aula-cada-zoom_129_8002154.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b58db66-f28b-4495-9b03-ed8a2cc9fa13_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los ignorados que estamos en cada aula y en cada zoom"></p><p class="article-text">
        La pandemia situ&oacute; a la educaci&oacute;n en la agenda de todo el mundo, por una vez, fuera del calendario paritarias-resultados de evaluaciones estandarizadas que configuran el men&uacute; tradicional. A veces, es cierto, ese calendario se ve salpicado por alguna tragedia que rodea la escuela, o por alg&uacute;n relato de superaci&oacute;n individual que casi siempre se refiere a distancias recorridas a pie o en burro. Fuera de eso, la educaci&oacute;n en general es s&oacute;lo un tema del que se habla en las escuelas, en los espacios de gesti&oacute;n e investigaci&oacute;n especializados y en conversaciones espor&aacute;dicas y rutinarias entre familias.
    </p><p class="article-text">
        Una parte importante de la discusi&oacute;n actual est&aacute; relacionada con los impactos que deja no asistir presencialmente a la escuela en ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes. &iquest;En qu&eacute; momento, quienes damos clases presenciales desde hace d&eacute;cadas y resistimos los cantos de sirena tecn&oacute;filos, alguien pudo afirmar que la ense&ntilde;anza virtual es mejor que la presencial? En mi deteriorada memoria, esas proclamas est&aacute;n asociadas a agentes y empresarios de los negocios educativos, y no a las voces de los docentes reales de las aulas reales de los niveles obligatorios. Vale la pena detenerse en este punto:<strong> la discusi&oacute;n gira eludiendo la voz de quienes estamos cotidianamente en la escuela.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Durante 2020, y en lo que va de 2021, florecieron mil conversatorios, webinars, seminarios virtuales y dem&aacute;s encuentros en bits sobre qu&eacute; pasar&aacute; con la educaci&oacute;n despu&eacute;s de la pandemia. Realmente muy pocos docentes de inicial, primaria y secundaria tuvimos voz cantante en esos espacios. Y ahora, que parece aumentar el ritmo de la vacunaci&oacute;n y tal vez podamos salir m&aacute;s tranquilos a respirar la pr&oacute;xima primavera, esa pregunta se vuelve urgente: es un problema para el que habr&iacute;a que estar pensando pol&iacute;ticas concretas desde hace un a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        En general quienes son convocados a analizar la coyuntura educativa son &ldquo;especialistas&rdquo; acad&eacute;micos (las comillas son porque parten de una pregunta: &iquest;Qui&eacute;n puede ser m&aacute;s especialista en educaci&oacute;n que una maestra?) o funcionarios de los distintos niveles de gobierno. Los escritorios ministeriales, tal vez comprensiblemente, vienen con un gui&oacute;n adjunto que justifica sus acciones pasadas, presentes o futuras, por lo general simplificando decisiones e impactos. El p&uacute;lpito acad&eacute;mico, por su parte, no logra asir el territorio, el edificio, las culturas institucionales de las escuelas y c&oacute;mo esta etapa tan hist&eacute;rica de la historia los atraviesa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vale la pena detenerse en este punto, entonces, para plantear lo siguiente: <strong>las soluciones a los grandes problemas educativos -salvo los que requieren masivas inversiones en infraestructura y salarios- ya existen. No s&oacute;lo eso: sino que son obra de docentes militantes, llenos de convicci&oacute;n pol&iacute;tica, &eacute;tica y profesional del trabajo con los otros</strong>,<strong> quienes ensayan nuevos formatos de cursada o nuevas formas de vinculaci&oacute;n con la comunidad -</strong>salir del edificio, ir al barrio, convocar a las familias a pintar y reparar esa infraestructura tan abandonada, patear y matear.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Imaginar la educaci&oacute;n del futuro -esto es una hip&oacute;tesis, o una propuesta parcial- tal vez no se trate de especular con escenarios post humanos, sino ver qu&eacute; de lo que ya ha sido inventado y ensayado es pertinente en los tiempos por venir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo de acciones que empezaron como militancia, luego escalaron a pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, y se vuelven imperiosas es el pasaje a una escuela extramuros, fuertemente imbricada con su contexto y comunidad. Retomando las dimensiones m&aacute;s igualitaristas del sarmientismo que fund&oacute; nuestra cultura escolar (algo de esto hemos planteado con Iv&aacute;n Stoikoff en otro espacio period&iacute;stico), <strong>tal vez se trate de que el Estado nacional y los jurisdiccionales se pongan al hombro campa&ntilde;as de recorrida de barrios en busca de los estudiantes que la pandemia desconect&oacute;</strong>. Y ofrezcan, por ejemplo, alternativas de terminalidad como las que se est&aacute;n anunciando estos d&iacute;as y est&aacute;n establecidas hace a&ntilde;os en las resoluciones del Consejo Federal de Educaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por caso, los programas &ldquo;Vuelvo a Estudiar&rdquo; en Santa Fe, y ATR en la provincia de Buenos Aires. Sin un paraguas oficial -y antes de que existiera- en much&iacute;simas escuelas del pa&iacute;s se sale a convocar a chicos y chicas que por mil y un razones se hab&iacute;an desconectado del edificio y su rutina cl&aacute;sica. En este contexto, ya no tiene que ser un deber de unos pocos docentes comprometidos, sino del Estado en todos sus niveles. Por supuesto, esto bien puede articularse con la expansi&oacute;n de la conectividad y la virtualizaci&oacute;n de algunas instancias educativas.<strong> El futuro es eso: mestizaje. Ninguna utop&iacute;a, ni las m&aacute;s l&uacute;cidas, irrumpi&oacute; en estado de pureza, sino mezclada la coyuntura y con la tradici&oacute;n de todas las generaciones muertas, como dec&iacute;a Marx</strong>. La educaci&oacute;n no es una excepci&oacute;n: slogans como &ldquo;escuela del siglo XIX con docentes del XX y alumnos del XXI&rdquo; no dan cuenta de esa yuxtaposici&oacute;n de tiempos, culturas e identidades que existe en las escuelas.
    </p><p class="article-text">
        Pero claro, comprender la potencialidad futurista de la escuela real implica bajar de escritorios y p&uacute;lpitos, entrar a aulas con paredes descascaradas y vidrios rotos. Pero adem&aacute;s, es necesario otorgar legitimidad a los docentes, un colectivo que entre el gri(e)ter&iacute;o partidista y el desinter&eacute;s social es ridiculizado a dos puntas: de un lado, un sindicalista millonario y c&iacute;nico, del otro la se&ntilde;orita que a pura vocaci&oacute;n y sacrificio dar&aacute; hasta su vida para ense&ntilde;ar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La ret&oacute;rica -no espec&iacute;ficamente antisindicatos docentes, sino antisindical en general; y no espec&iacute;ficamente en Argentina, sino en todo Occidente- contra ellos logr&oacute; dibujar una caricatura exitosa de corporativismo ajeno a la importancia de lo educativo. Es all&iacute; donde se ensa&ntilde;a el lenguaje pol&iacute;tico: la educaci&oacute;n no mejora porque, como sostiene Guillermina Tiramonti y sus replicantes, hay un actor cruel que obtura caprichosamente los cambios virtuosos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el otro extremo, la docencia como un llamado inmaterial, et&eacute;reo, trascendente a trabajar a destajo sin importar carencias infraestructurales, salarios por debajo de la l&iacute;nea de pobreza, sin importar la alienaci&oacute;n de ser un trabajador en el siglo XXI. A esa maestra ideal y pasiva se le realiza una ablaci&oacute;n de agencia pol&iacute;tica: la docente verdaderamente comprometida tiene vedado el tomar posici&oacute;n y reflexionar por s&iacute; misma, y de all&iacute; permitir el aprendizaje cr&iacute;tico -prescripto en cualquier dise&ntilde;o curricular- por parte de los alumnos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Reducidos a esa caricatura es imposible tomar la voz docente de manera leg&iacute;tima, que nos mostrar&iacute;a como lo que somos: ni bur&oacute;cratas ni monjas, sino herederos y herederas de mil tradiciones pol&iacute;ticas, pedag&oacute;gicas y did&aacute;cticas que ponemos en juego en cada aula, en cada Zoom.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La vanguardia educativa est&aacute; -siempre estuvo- en las aulas ignoradas donde ocurren milagros diariamente. S&oacute;lo falta bajar a tierra con una mirada matizada y federal para encontrarse con algunas de las iniciativas que podr&iacute;an tranquilamente ser el camino de salida de esta educaci&oacute;n pand&eacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        <em>MB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel J. Becerra]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/los-ignorados-estamos-aula-cada-zoom_129_8002154.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Jun 2021 10:15:52 +0000]]></pubDate>
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