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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Claudia Aberbuj]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/claudia-aberbuj/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Claudia Aberbuj]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Qué hay de educativo en el debate por la presencialidad?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hay-educativo-debate-presencialidad_129_8006467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d6327b9-a8d5-410e-be6c-1136ecbb32ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué hay de educativo en el debate por la presencialidad?"></p><p class="article-text">
        El ingreso del tema educativo en el debate p&uacute;blico resulta espor&aacute;dico y casi siempre vinculado al conflicto y a la cr&iacute;tica. Los paros docentes son el ejemplo m&aacute;s paradigm&aacute;tico, pero lo mismo sucede con los resultados de las pruebas estandarizadas y el rendimiento estudiantil y, junto a ellas, al compromiso y la formaci&oacute;n docente. Dif&iacute;cilmente vemos que la educaci&oacute;n aparezca como un asunto que genere curiosidad, que despierte atracci&oacute;n o que seduzca a p&uacute;blicos no especializados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso, sin embargo, es que sobre esas cr&iacute;ticas o ese desinter&eacute;s, sobrevive una fe casi ciega en la escuela y sus efectos. Podr&iacute;amos resumir ese acto de fe en una idea que repiten actores de un lado y el otro de la grieta: la escuela (en singular, aparentemente &uacute;nica y com&uacute;n) es garant&iacute;a de futuro de un pa&iacute;s. Tambi&eacute;n puede aparecer formulado de esta otra forma: la escuela es una de las pocas instituciones capaces a&uacute;n de transformar sujetos y realidades (aunque, probablemente, tampoco sean tan &uacute;nicas ni tan comunes las aspiraciones en torno a ese futuro ni esas transformaciones).
    </p><p class="article-text">
        Desde hace dos meses, la discusi&oacute;n sobre las clases, presenciales o virtuales, es uno de los temas m&aacute;s controversiales de la agenda pol&iacute;tica. Dirigentes, periodistas, especialistas en el arte de opinar suelen argumentar dicot&oacute;micamente a favor de una y otra posici&oacute;n, tomando como principal referencia para el an&aacute;lisis sus propias experiencias o las de quienes los rodean. <strong>Y aunque esos argumentos parecen estar hablando de los problemas que atraviesa la educaci&oacute;n argentina en sus diferentes niveles, lo extra&ntilde;o es que raramente la conversaci&oacute;n est&aacute; atravesada por alg&uacute;n asunto educativo. </strong>M&aacute;s bien lo que se observa es que se discute de todo menos de educaci&oacute;n: del federalismo, la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica, la crisis sanitaria y de cuidados, la desigualdad social y de g&eacute;nero, la brecha digital, los efectos psicol&oacute;gicos de la pandemia o c&oacute;mo nos gustar&iacute;a que sea (y no es) nuestra realidad cotidiana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;qu&eacute; quiere decir que el problema educativo entr&oacute; en la agenda? En un contexto de pandemia se est&aacute; discutiendo cu&aacute;l es la mejor estrategia para bajar la circulaci&oacute;n de un virus de alta transmisibilidad. Bajar el encuentro de personas representa una tensi&oacute;n entre sectores y como toda tensi&oacute;n implica negociaciones. En ese sentido, la discusi&oacute;n sobre &ldquo;las clases&rdquo; hoy expresa m&aacute;s bien c&oacute;mo estos distintos actores negocian y c&oacute;mo se ajustan necesidades e intereses contrapuestos.<strong> Y por eso, la presencialidad, la virtualidad, el sistema mixto, no se definen como el mejor sistema educativo </strong><em><strong>per se</strong></em><strong> ni en general, sino como la mejor de las peores opciones que se pueden definir en un contexto de crisis</strong> (nadie pone en dudas la esencialidad de la escuela o la importancia del encuentro entre personas).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema es que, en este marco, la discusi&oacute;n viene adquiriendo algunos giros bastante confusos. Por ejemplo, en estos d&iacute;as, es com&uacute;n encontrarse con dirigentes de espacios partidarios que se han enfrentado abiertamente al sistema de educaci&oacute;n p&uacute;blico argentino (a sus actores, sus instituciones, sus tradiciones) o que han mantenido una pol&iacute;tica de reducci&oacute;n presupuestaria sostenida en el tiempo, presentar la suspensi&oacute;n temporal de la presencialidad como el factor fundante de la segmentaci&oacute;n educativa. E incluso m&aacute;s, vemos que se describe esa segmentaci&oacute;n como si se tratara de un problema actual (y no hist&oacute;rico), local (y no mundial) y desvinculado de toda otra pol&iacute;tica no educativa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Y por eso, la presencialidad, la virtualidad, el sistema mixto, no se definen como el mejor sistema educativo per se ni en general, sino como la mejor de las peores opciones que se pueden definir en un contexto de crisis </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Del mismo modo, ciertos medios de comunicaci&oacute;n retratan las profundas (y diversas) desigualdades que atraviesan a nuestros ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes, reduciendo los abismos entre sus realidades a la discusi&oacute;n sobre los efectos de la virtualidad. <strong>All&iacute; donde el dilema se presenta entre &ldquo;educaci&oacute;n por whatsapp o educaci&oacute;n por zoom&rdquo;, se vislumbra de fondo una diferencia de oportunidades marcada por muchas otras cuestiones determinantes: el barrio en el que se cr&iacute;an, el acceso de sus padres al trabajo, las condiciones habitacionales de sus hogares, la posibilidad de contar con tiempo libre, el acceso a una salud de calidad. Diferencias que, por otro lado, tambi&eacute;n tienen sus propias expresiones en &ldquo;la escuela&rdquo; durante la presencialidad.</strong> Porque las escuelas, aunque el t&eacute;rmino se haya puesto de moda, no funcionan como burbujas de nuestra sociedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro de los argumentos en defensa de la presencialidad sin importar los n&uacute;meros de contagios y muertes es el temor por &ldquo;la p&eacute;rdida&rdquo; de tiempo, de ritmo, de contenidos, como si all&iacute; se alojara la posibilidad de un &ldquo;embrutecimiento&rdquo; de nuestras pr&oacute;ximas generaciones. En respuesta a ese peligro, se apela a sostener la presencialidad a como d&eacute; lugar y tratar de <em>aprovechar </em>el tiempo del que disponemos para ense&ntilde;ar los contenidos pautados. Pero si bien todos/as quisi&eacute;ramos que nuestros mundos no est&eacute;n cruzados por crisis como esta, hacer como si nada estuviera pasando (o que lo que sucede no interfiere con la tarea educativa) no parece una empresa exitosa ni deseable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque las escuelas sean espacios en los que el tiempo productivo se suspende y los roles cambian, los l&iacute;mites entre el adentro y el afuera resultan mucho m&aacute;s porosos de lo que a veces queremos ser conscientes. Y aceptar esto no supone, en ning&uacute;n caso, resignarse a no ofrecer experiencias de calidad ni dejar que el contexto se apodere del objeto de ense&ntilde;anza. Como sabemos, los procesos formativos son largos (no aprendemos todos/as todo al mismo tiempo ni de la misma forma) y si hoy no aprendemos algo espec&iacute;fico, lo podremos hacer m&aacute;s adelante siempre y cuando generemos las condiciones de posibilidad para todas/os nuestros estudiantes.
    </p><p class="article-text">
        Justamente por eso, quiz&aacute; este sea un buen momento para priorizar aprendizajes que sean la base de cualquier otro aprendizaje futuro. Revisar nuestros criterios de selecci&oacute;n y centrarnos en privilegiar contenidos y experiencias centrales, aquellos que son la base de otros y que permitan robustecer el lazo social y los v&iacute;nculos de responsabilidad mutua, que colaboren con la formaci&oacute;n de sociedades integradas, que no dejan por fuera a nadie, que tiendan a priorizar el bienestar colectivo por sobre los privilegios individuales. Y hacer todo eso mientras se aprende a escribir o a calcular. Dicho de otro modo, <strong>tal vez sea el momento de desacelerar en la carrera por cubrir los contenidos de los programas y volver a pensar a la escuela como el espacio que democratiza el tiempo no productivo, pero por sobre todo como la instituci&oacute;n que posibilita el encuentro con otros/as y sus mundos.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entonces, para cerrar, &iquest;qu&eacute; hay de educativo en este debate? Lo primero es lo ya dicho: la pandemia puso ante nuestros ojos un problema de desigualdad social y educativa que no es novedoso y que parece haberse pronunciado durante la crisis sanitaria. Junto a esa ampliaci&oacute;n de las desigualdades materiales y reales entre las personas (y por ende, entre estudiantes), queda a&uacute;n pendiente saber si se ampli&oacute; tambi&eacute;n nuestra voluntad real para construir una sociedad m&aacute;s justa. Si m&aacute;s all&aacute; de la indignaci&oacute;n aparente por la desigualdad social y educativa, existe un inter&eacute;s pr&aacute;ctico y cotidiano de afrontar estas nuevas y viejas injusticias, y de encontrar la imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica necesaria en un momento de escasez de recursos. Y en ese marco, la pregunta por el rol de la escuela, por lo que en ella se puede aprender y se puede ense&ntilde;ar, por lo que podemos ofrecerles a los/as reci&eacute;n llegados para comprender, moverse y mejorar el mundo que les toca, s&iacute; que resulta fundamental.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía Álvarez, Claudia Aberbuj]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hay-educativo-debate-presencialidad_129_8006467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Jun 2021 11:23:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Clases Presenciales]]></media:keywords>
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