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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sofía Mercader]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/sofia-mercader/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sofía Mercader]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[González, Unidos y el campo intelectual argentino de los 80]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/gonzalez-unidos-campo-intelectual-argentino-80_129_8079297.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bbd057f5-a425-46f0-bacd-5f61541c4eb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1022633.jpg" width="1017" height="572" alt="González, Unidos y el campo intelectual argentino de los 80"></p><p class="article-text">
        Este no es un obituario. Es una introducci&oacute;n a una entrevista a Horacio Gonz&aacute;lez, guardada en una carpeta de mi computadora por varios a&ntilde;os. Lo conoc&iacute; personalmente una sola vez, cuando lo entrevist&eacute; en 2014 en Londres para mi trabajo de doctorado sobre intelectuales argentinos en los ochenta. 
    </p><p class="article-text">
        En esos tiempos, Gonz&aacute;lez era director de la Biblioteca Nacional y la cara m&aacute;s visible de Carta Abierta, el grupo intelectual que trat&oacute; de sostener te&oacute;ricamente, aunque un poco en los m&aacute;rgenes (por qu&eacute; no decirlo), al kirchnerismo. Era la &eacute;poca, tambi&eacute;n, en que Beatriz Sarlo y Gonz&aacute;lez eran invitados frecuentemente a la televisi&oacute;n, en calidad de representantes te&oacute;ricos de la discusi&oacute;n central de la Argentina, de la que todav&iacute;a no logramos desembarazarnos: kirchnerismo&ndash;antikirchnerismo.<strong> La dupla Sarlo-Gonz&aacute;lez alimentaba las convicciones de quienes estaban a un lado o al otro de la divisi&oacute;n, pero ambos le agregaban a la discusi&oacute;n un espesor argumentativo que, imagino, es lo m&aacute;ximo a lo que puede aspirar un intelectual p&uacute;blico hoy en d&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esa dupla no hab&iacute;a surgido de la nada, sino que ten&iacute;a una historia que se remontaba, al menos, hasta los a&ntilde;os de la transici&oacute;n a la democracia. Gonz&aacute;lez hab&iacute;a sido fundador de la revista filo-peronista <em>Unidos</em> en 1983 junto con Mario Wainfeld, Jos&eacute; Pablo Feinmann y Carlos &ldquo;Chacho&rdquo; &Aacute;lvarez. Como dice Gonz&aacute;lez en esta entrevista, <em>Unidos</em> surgi&oacute; como contrapunto a <em>Punto de Vista</em>, la revista dirigida por Sarlo en la que participaban los intelectuales que hab&iacute;an sido comunistas (Juan Carlos Portantiero, Jos&eacute; Aric&oacute;, Carlos Altamirano, entre otros). <em>Punto de Vista</em> se hab&iacute;a transformado en la transici&oacute;n, como dijo Jos&eacute; Luis Romero, en &ldquo;el punto de referencia para toda una franja cultural y pol&iacute;tica de nuestra sociedad&rdquo;, no solamente porque la revista promovi&oacute; una renovaci&oacute;n te&oacute;rica en el &aacute;mbito de la historia cultural e intelectual, sino tambi&eacute;n porque articul&oacute; ideas que fueron fundamentales en los ochenta: la cuesti&oacute;n de la memoria y la evaluaci&oacute;n de los juicios a la juntas, la teorizaci&oacute;n sobre la democracia y sobre el lugar de los intelectuales. Represent&oacute;, adem&aacute;s, el giro te&oacute;rico de los intelectuales desde el socialismo revolucionario al socialismo democr&aacute;tico. Por eso, la revista estuvo en sinton&iacute;a con los primeros a&ntilde;os del gobierno de Alfons&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Unidos</strong></em><strong> surgi&oacute; como respuesta a ese vac&iacute;o te&oacute;rico que hab&iacute;a dejado la derrota de Luder.</strong> Alfons&iacute;n hab&iacute;a ganado las elecciones y los intelectuales ya consolidados, como los que escrib&iacute;an en <em>Punto de Vista</em>, compart&iacute;an el diagn&oacute;stico alfonisinista sobre el valor de la democracia y la cuesti&oacute;n de los derechos humanos. Como me dijo Gonz&aacute;lez en la entrevista, todo eso era atractivo para ellos y el peronismo deb&iacute;a dar cuenta de este lenguaje nuevo que se impuso a la salida de la dictadura. &ldquo;<em>Unidos</em> era en la superficie peronista, pero en el fondo era una revista alfonsinista&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>Unidos</em>, sosten&iacute;a Gonz&aacute;lez, se hablaba el lenguaje alfonsinista, y eso quer&iacute;a decir que la palabra democracia hab&iacute;a permeado tambi&eacute;n el campo peronista. Pero, tal vez para diferenciarse, desde sus p&aacute;ginas se le objetaba al alfonsinismo su apego a lo formal de la democracia, cuando lo que importaba era la democracia substantiva, es decir, la igualdad. Aquellos en <em>Punto de Vista</em> cre&iacute;an, por el contrario, que el estado de derecho y las instituciones garantizaban el piso para la igualdad, y que sin esa democracia formal no hab&iacute;a democracia sustantiva posible (lxs lectorxs pueden encontrar estas posturas en una mesa redonda publicada en <em>Unidos </em>en 1985, donde participaron Altamirano, Aric&oacute; y Portantiero en calidad de representantes del Club de Cultura Socialista).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa discusi&oacute;n era en realidad sutil: los dos grupos compart&iacute;an un mismo diagn&oacute;stico acerca de la realidad y sus diferencias eran menores que lo que ellos mismos supon&iacute;an. Como escribi&oacute; Sarlo, la historia se parece al cuento de &ldquo;Los te&oacute;logos&rdquo;, de Borges. Por algo tambi&eacute;n, hubo cierta coincidencia de ideas y derivas pol&iacute;ticas m&aacute;s tarde, en el proyecto del Frente Grande comandado por &Aacute;lvarez en los noventa.
    </p><p class="article-text">
        Sigo creyendo, de todas maneras, que a veces esas diferencias m&iacute;nimas son centrales y pueden constituir identidades pol&iacute;ticas. Era importante, por eso, entrevistar a Gonz&aacute;lez para reconstruir las distintas posiciones que se definieron los ochenta, tal vez el momento m&aacute;s interesante de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas dentro de nuestro modesto campo intelectual. &iquest;C&oacute;mo vivi&oacute; &eacute;l la transici&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; significa ser un intelectual peronista? &iquest;C&oacute;mo pensaba &eacute;l que pod&iacute;a contribuir a la sociedad? Su recorrido personal, su &eacute;nfasis en la cuesti&oacute;n nacional, su mirada amplia y su avidez te&oacute;rica se vislumbran en esta entrevista.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>SM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sofía Mercader]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/gonzalez-unidos-campo-intelectual-argentino-80_129_8079297.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Jun 2021 03:05:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[González, Unidos y el campo intelectual argentino de los 80]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Horacio González]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entrevista inédita a Horacio González: "Cristina cita a Perón, pero no habla el lenguaje peronista"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/entrevista-inedita-horacio-gonzalez-cristina-cita-peron-no-habla-lenguaje-peronista_128_8077627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/80cf744c-b7eb-496f-9e12-934f7eeff71b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entrevista inédita a Horacio González: &quot;Cristina cita a Perón, pero no habla el lenguaje peronista&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En esta entrevista inédita de 2014, el entonces director de la Biblioteca Nacional, que falleció el 22 de junio pasado, habló sobre sus años de estudiante de sociología, el peronismo, la vuelta del exilio de Brasil en los 80, los años de Alfonsín, la revista Unidos, los periplos de la carrera intelectual y la relación con el Estado.</p></div><p class="article-text">
        Era octubre de 2014 y <strong>Horacio Gonz&aacute;lez</strong> hab&iacute;a dado, en el marco de cooperaciones culturales entre la Argentina y el Reino Unido, una charla en la British Library sobre W. H. Hudson, el escritor anglo-argentino amante de los p&aacute;jaros. Gonz&aacute;lez disert&oacute; sobre la ornitolog&iacute;a y el paisaje pampeano en la obra de Hudson mientras los que est&aacute;bamos en el auditorio nos sumimos en el b&aacute;lsamo de sus palabras, que a veces eran dif&iacute;ciles de seguir, pero entre las que brillaban ideas iluminadoras y una gran sensibilidad. 
    </p><p class="article-text">
        Alicia Castro, en aquel tiempo embajadora argentina en el Reino Unido, le hab&iacute;a ofrecido a Gonz&aacute;lez quedarse en su residencia oficial de Belgravia, en el centro londinense. All&iacute; tuvo lugar esta entrevista. Esper&eacute; a Gonz&aacute;lez en una de las salas de la residencia, cubierta de alfombras, tapices y cuadros de &eacute;poca. Cuando baj&oacute; de su habitaci&oacute;n, parec&iacute;a sentirse inc&oacute;modo en ese escenario lujoso, que ofrec&iacute;a un contraste notable con su manera humilde de moverse y de hablar. <strong>En esa escena improbable, y ante mis preguntas sobre su pasado, Gonz&aacute;lez volvi&oacute; al cosmos porte&ntilde;o, a sus a&ntilde;os de estudiante de sociolog&iacute;a, a su vuelta de Brasil en los 80, y a su participaci&oacute;n en proyectos intelectuales como el de la revista </strong><em><strong>Unidos</strong></em><strong>. </strong>Tal vez estuviera exhausto de dar entrevistas, pero con gran generosidad me regal&oacute; m&aacute;s de una hora de su tiempo y, cuando me fui, me acompa&ntilde;&oacute; hasta la puerta de la residencia. Estaban empezando a caer gotas del cielo y sonri&oacute;, me dijo, &ldquo;por fin llueve en Londres&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay una palabra que se usa en ingl&eacute;s, <em>humbled</em>, para indicar agradecimiento o humildad ante el reconocimiento recibido. Horacio Gonz&aacute;lez parec&iacute;a agradecido, <em>humbled</em>, con su historia personal, con haber llegado a dirigir la Biblioteca Nacional - un cargo que ocup&oacute; entre 2005 y 2015- y haber sido considerado como uno de los intelectuales argentinos m&aacute;s importantes. Y quiz&aacute;s lo que le importaba m&aacute;s era ese adjetivo, argentino, que el sustantivo, intelectual. Su trayectoria y su manera de pensar, a juzgar por esta entrevista, estuvo siempre fuertemente marcada por la cuesti&oacute;n nacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo fue tu formaci&oacute;n universitaria e intelectual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        A principios de los a&ntilde;os 60, en la facultad que en aquel momento estaba en la calle Viamonte, le&iacute; aplicadamente todo lo que en aquel momento formaba parte de la renovaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza de la sociolog&iacute;a. Ese estilo sociol&oacute;gico, que inaugur&oacute; Gino Germani en Argentina, prosigui&oacute; durante bastantes a&ntilde;os y hoy de alguna manera prosigue, renovado, pero siempre manteniendo la idea de que hay una construcci&oacute;n cient&iacute;fica para conocer la sociedad que incluye ciertas metodolog&iacute;as y exige formas de verificaci&oacute;n y contraste. Todo ese cuerpo de ideas no solo lo olvid&eacute;, sino que pienso que en realidad pertenec&iacute;an a una direcci&oacute;n poco interesante del conocimiento. Habr&eacute; demorado tres o cuatro a&ntilde;os en ser uno de los tantos estudiantes insatisfechos de la universidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, hab&iacute;a ca&iacute;do en mis manos un libro de Wright Mills, un t&iacute;pico personaje de la academia liberal de izquierda norteamericana, que ten&iacute;a mucha gracia en su expresi&oacute;n, y hab&iacute;a publicado algunos libros que hab&iacute;an producido un fuerte impacto y que significaban la cr&iacute;tica a ese tipo de sociolog&iacute;a. Apelaba a otra instancia superior del conocimiento, la llamaba &ldquo;la imaginaci&oacute;n sociol&oacute;gica&rdquo;, y criticaba todos los aspectos de la sociolog&iacute;a en la que cientos de personas est&aacute;bamos embarcados. A un estilo lo llamaba el empirismo abstracto, a otro la gran teor&iacute;a. Se nos invitaba a abandonar ambos errores, uno por ser el mero imperio del dato emp&iacute;rico sin interpretaci&oacute;n y el otro por ser una interpretaci&oacute;n excesiva, llena de abstracciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Wright Mills me llev&oacute; a Gramsci, que es el que me marc&oacute; m&aacute;s. Gramsci hab&iacute;a estado muchos a&ntilde;os preso, su obra la hab&iacute;a escrito en la c&aacute;rcel, era una obra minuciosa, fragmentada, su pensamiento est&aacute; constituido por notas dispersas y al mismo tiempo cada frase era un momento asombroso de la construcci&oacute;n de un pensamiento. En medio de la reflexi&oacute;n estaba la idea de mito y de catarsis, es decir, a un pensamiento sin tiempo, sin sociedad industrial, sin transici&oacute;n de la sociedad industrial, sin estudio cient&iacute;fico. Era un libro plagado de met&aacute;foras, en realidad, tampoco era un libro -lo cual era todav&iacute;a m&aacute;s atractivo- eran notas de la c&aacute;rcel. Entonces era mucho m&aacute;s interesante leer a un fil&oacute;sofo encarcelado que a un profesor que hace su carrera acad&eacute;mica, y sigo pensando lo mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, en esa &eacute;poca yo opt&eacute; por grupos de izquierda y mi inter&eacute;s por el peronismo me llev&oacute; a leer a Jorge Abelardo Ramos, al que le festej&eacute; su chispa y su picaresca. Y al mismo tiempo estaban los gramscianos argentinos, los reales disc&iacute;pulos de Gramsci en la Argentina: Juan Carlos Portantiero y Jos&eacute; Aric&oacute;, que lo hab&iacute;an le&iacute;do en italiano y que hab&iacute;an producido el corte en el Partido Comunista con la lectura de Gramsci.&nbsp;Hab&iacute;an sacado una revista formidable que era <em>Pasado y Presente</em>, cuya lectura es indispensable para comprender la &eacute;poca. Ahora, alguien que estaba en el peronismo no pod&iacute;a hacerse enteramente gramsciano porque ese lugar ya estaba ocupado por los gramscianos reales, que eran los que ven&iacute;an del Partido Comunista, hab&iacute;an hecho una experiencia importante ah&iacute;. Portantiero era disc&iacute;pulo de Agosti, Agosti era disc&iacute;pulo de An&iacute;bal Ponce, que era disc&iacute;pulo a su vez de Jos&eacute; Ingenieros.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Wright Mills me llevó a Gramsci, que es el que me marcó más. (...) Entonces era mucho más interesante leer a un filósofo encarcelado que a un profesor que hace su carrera académica, y sigo pensando lo mismo. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Yo ya estaba vinculado a grupos del peronismo y critic&aacute;bamos a la izquierda por tener vaguedades internacionalistas sin fijarse en el &aacute;mbito concreto de una sociedad que estaba albergando una gran revoluci&oacute;n, que ten&iacute;a como s&iacute;ntoma caracter&iacute;stico la figura de una persona, que era la persona que introduc&iacute;a el problema y al mismo tiempo la soluci&oacute;n, aparentemente, que era el exiliado de Madrid. Como el peronismo ten&iacute;a su propio lenguaje, era posible por el sistema de porosidades que ten&iacute;a el peronismo introducir otros lenguajes, pero nunca atacar el coraz&oacute;n mismo del sistema -del dispositivo, se dir&iacute;a despu&eacute;s- del peronismo, que era la incorporaci&oacute;n permanente. Este problema lo resolv&iacute;a el encuentro con otra figura central del campo te&oacute;rico argentino que era John William Cooke, que ten&iacute;a adem&aacute;s el atractivo singular e inesperado de haber sido alguien que hab&iacute;a vivido el peronismo, como delegado de Per&oacute;n, autor de una gran correspondencia con Per&oacute;n que es formidable, porque ah&iacute; lo pone a Per&oacute;n a la altura de la revoluci&oacute;n mundial, lo pone a hablar con las categor&iacute;as del marxismo que Per&oacute;n ignoraba o repudiaba, pero que, sin embargo, escucha. Y al mismo tiempo Cooke era dif&iacute;cil de definir, era un marxista refinado, lector de los manuscritos de Marx, de Luk&aacute;cs, de Gramsci, en el peronismo. Al punto tal que la revista <em>Pasado y Presente</em> culmina su tarea con un escrito de Cooke.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; tu elecci&oacute;n por el peronismo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es un poco extra&ntilde;o porque es cierto que me interesaban los mismos temas que les interesaban a los gramscianos o a los lukacsianos, y a todos esos autores yo los hab&iacute;a le&iacute;do y encima los hab&iacute;a le&iacute;do bien. Y me pesaba mucho -y a&uacute;n me pesa- la idea de que hubiera una circunstancia concreta, de car&aacute;cter nacional (no nacionalista) de la cultura y de la pol&iacute;tica donde, sin postularlo, ser&iacute;an abstractos los procesos sociales de transformaci&oacute;n. A&uacute;n hoy pienso algo de eso, aunque soy m&aacute;s universalista que cuando era joven. As&iacute; y todo, no me parece justo ni adecuado omitir los &aacute;mbitos nacionales por m&aacute;s que est&eacute;n cruzados por todos los &aacute;mbitos tecnol&oacute;gicos y por nuevas formas de sensibilidad o de pulsionalidad que nunca son f&aacute;ciles de identificar. Eso lo he relativizado bastante sin abandonarlo totalmente, porque me parece que hay legados de las culturas nacionales y que esto tiene que participar en las definiciones en donde aparecen condensadas las contradicciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, hoy mismo me parece que el cuerpo de ideas que fueron parte de la construcci&oacute;n del campo intelectual nacional hay que revisarlo de modo tal de desarmar lo que hoy muchos cultivan, que es la contraposici&oacute;n que vendr&iacute;a del siglo XIX entre cosmopolitas, liberales y nacionalistas, que se expresa a veces tomando nombres de las personas: &ldquo;sarmientistas&rdquo;, &ldquo;rosistas&rdquo;, &ldquo;mitristas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Civilizaci&oacute;n y barbarie...</strong>
    </p><p class="article-text">
        O civilizaci&oacute;n y barbarie que es una contraposici&oacute;n dif&iacute;cil de desarmar, pero tambi&eacute;n f&aacute;cil de criticar y al mismo tiempo tambi&eacute;n una vez que termina la cr&iacute;tica, te qued&aacute;s sin muchos conceptos para percibir el juego cultural muy din&aacute;mico que tiene toda sociedad. De modo que sin pensar que uno sea un civilizador frente a la barbarie y tampoco sin pensar lo contrario, que la llamada barbarie es la que condensa a los verdaderos focos de la civilizaci&oacute;n, no dejan de ser pensamientos que ordenaron d&eacute;cadas y d&eacute;cadas de debates en el pa&iacute;s, por lo tanto, desencajarlos de s&iacute; mismos, pero reescribirlos de otra forma no est&aacute; mal. Eso lo intent&oacute; hacer Mart&iacute;nez Estrada, autor que hab&iacute;a le&iacute;do yo cuando era joven.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; hab&iacute;as le&iacute;do?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Radiograf&iacute;a de la pampa</em>. Germani hab&iacute;a condenado a Mart&iacute;nez Estrada y, como a mi me insatisfac&iacute;a el mundo de Germani, o sea, un mundo estrechamente profesional, le&iacute;a al que condenaba: si lo condena Germani a lo mejor es bueno. Y efectivamente, encontr&eacute; un loco lindo influido por toda la literatura vitalista de la &eacute;poca: Spengler, Kafka, Montaigne. Era el espect&aacute;culo de un lector &aacute;vido, que aplicaba alegor&iacute;as griegas, latinas, de cualquier tipo de modernidad, lecturas hechas no al azar. Ten&iacute;a la influencia de Simmel, que era el gran proscripto de la &eacute;poca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Simmel influye en Argentina en Mart&iacute;nez Estrada mucho. Pero tambi&eacute;n en Brasil en el gran escritor brasile&ntilde;o que es Gilberto Freire. Influy&oacute; tambi&eacute;n en Mari&aacute;tegui, en el marxismo original latinoamericano, que es original porque lee originalmente una lectura europea, no porque haya inventado algo de la nada. La idea que hoy reina en la academia es la de hacer estudios de recepci&oacute;n, y esos estudios son muy desalentadores, porque en el fondo est&aacute; la idea de que en toda cultura nacional importa ver qui&eacute;n es el pionero en recibir tal o cual idea y qui&eacute;n la mantuvo dentro de su obra o hizo su obra en relaci&oacute;n con ser el ep&iacute;gono de esa idea. Aunque estos trabajos en general son m&aacute;s complejos que esto que digo, en general dejan el sabor de que los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos son recept&aacute;culos y que si tienen suerte lo hacen con m&aacute;s pionerismo y sino, son m&aacute;s retrasados, los que reciben y se hace la historia de esa recepci&oacute;n a un Gramsci, a un Foucault.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Una edición de &quot;Radiografía de la Pampa&quot;, de Martínez Estrada"
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                Una edición de &quot;Radiografía de la Pampa&quot;, de Martínez Estrada                            </span>
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        <strong>Volamos a tu relaci&oacute;n con el peronismo en tu juventud&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tengo esa memoria, la de John William Cooke, Roberto Carri, personas con las que conviv&iacute;. No Cooke, pero s&iacute; Carri. Si hoy uno hiciera el ejercicio de despojar la memoria de la palabra peronismo, son memorias equiparables a las de todos los luchadores sociales, anarquistas, libertarios, socialistas ut&oacute;picos (europeos o latinoamericanos). No es justo realizar ese ejercicio de despojamiento porque pronunciaron esas palabras, probablemente cantaron esas marchas, no me parece justo despojarlo de la identidad que en aquel momento dijeron que ten&iacute;an. As&iacute; que en ese sentido lo mantengo como una peque&ntilde;a luz titilante, sin dejar de ver su momento de decadencia e incapacidad de explicar los propios fen&oacute;menos que muchas veces produce.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y su permanencia en Argentina forma parte de un fen&oacute;meno extra&ntilde;o porque ha tenido muchos fracasos y sus textos son antiguos. Lo menos antiguo es Jauretche, su picaresca gauchesca sigue teniendo cierta repercusi&oacute;n porque pertenece a un momento anterior del peronismo, fundador de la literatura argentina, el g&eacute;nero gauchesco, del cual particip&oacute; Borges tambi&eacute;n. Por eso Jauretche tiene un lugar m&aacute;s actual, porque nunca habl&oacute; el lenguaje del peronismo, siempre habl&oacute; su propio lenguaje basado en la gauchesca, en Hern&aacute;ndez, en Estanislao del Campo, incluso en Ascasubi.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El lenguaje peronista est&aacute; en un plano muy subordinado respecto a este gobierno, incluso la presidenta (Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner) no habla el lenguaje peronista, cita a Per&oacute;n, pero no se sabe bien qu&eacute; lenguaje habla porque es un lenguaje que ha tomado de distintas fuentes de una manera vertiginosa, r&aacute;pida, como si siguiera con ese estilo de citas la vertiginosidad que tiene la pol&iacute;tica y la imposibilidad de detenerse en alg&uacute;n lado espec&iacute;fico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Voy a pasar a unas preguntas relacionadas con tu vuelta de Brasil y con la apertura democr&aacute;tica. Sarlo dice que 1983 fue el mejor momento de la sociedad argentina, porque el pueblo vot&oacute; para que se juzgara a los militares, &iquest;estar&iacute;as de acuerdo con eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo hoy recuerdo la &eacute;poca de Alfons&iacute;n mejor de lo que habl&eacute; en su momento de Alfons&iacute;n. Yo no lo hab&iacute;a votado porque no ven&iacute;a del radicalismo. Pero en ese momento hicimos con Chacho &Aacute;lvarez la revista <em>Unidos</em>, que era un poco el intento de discutir con <em>Punto de Vista</em>, una revista que se basaba en Raymond Williams, en E. P. Thompson, en Roland Barthes. Y nosotros segu&iacute;amos con la idea de que hab&iacute;a con una variable nacional de la cual partir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero de todas maneras us&aacute;bamos el lenguaje alfonsinista para seguir siendo peronistas. <em>Unidos</em> era una revista en el fondo alfonsinista, pero en su superficie peronista. Por eso nos interes&oacute; tanto el discurso de Parque Norte de Alfons&iacute;n, que es quiz&aacute;s el &uacute;nico discurso de la &eacute;poca contempor&aacute;nea en la Argentina. Estaba notoriamente escrito por un grupo intelectual, aunque Alfons&iacute;n le hab&iacute;a agregado mucho, y era un pastiche interesante de mezcla de sociolog&iacute;a del discurso. La sociolog&iacute;a del discurso sosten&iacute;a que se compon&iacute;an acciones a trav&eacute;s de enunciados y uno de los enunciados del discurso de Alfons&iacute;n era que la democracia llevaba a situaciones en que se resolv&iacute;a la educaci&oacute;n, la salud, la vivienda, invirtiendo la idea revolucionaria anterior, donde s&oacute;lo con una revoluci&oacute;n que alterara la democracia liberal se pod&iacute;an garantizar los derechos sociales. Alfons&iacute;n convirti&oacute; a la democracia en una &eacute;pica: &ldquo;con la democracia se come, se educa&hellip;&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Usábamos el lenguaje alfonsinista para seguir siendo peronistas. Unidos era una revista en el fondo alfonsinista, pero en su superficie peronista.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En el discurso le&iacute;do en Parque Norte, en la costanera, dec&iacute;a que la pol&iacute;tica era una oraci&oacute;n laica. Y &eacute;l mismo hab&iacute;a hecho su campa&ntilde;a, ante la burla del peronismo, citando el pr&oacute;logo de la Constituci&oacute;n. Es un tema interesante para analizar. El peronismo est&aacute; muy escrito, tiene una doctrina, tiene verdades, hay una folleter&iacute;a inacabable, no alcanzan bibliotecas para contener todo lo que public&oacute; el peronismo durante su gobierno como forma de educaci&oacute;n popular, con un sello pedag&oacute;gico muy uniformizante, ante el cual protestaban las clases medias. El alfonsinismo no estuvo tan escrito, pero ese discurso era un discurso nuclear y al mismo tiempo que anunciaba la nueva etapa del predominio de los discursos en Argentina. El peronismo se burlaba de la cita a la Constituci&oacute;n, pero resultaba que eso estaba inscripto en la memoria social argentina -escolar, pedag&oacute;gica, ingenua, como quieras llamarlo- como un rango de utop&iacute;a. El pa&iacute;s de la paz que atra&iacute;a a los inmigrantes, y Alfons&iacute;n recitaba eso ante la burla de los que quer&iacute;an hablar realmente de los cambios sociales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        E hizo otra cosa m&aacute;s Alfons&iacute;n: dialog&oacute; cr&iacute;ticamente con los que hab&iacute;an empu&ntilde;ado las armas en el periodo anterior, diciendo que eso no se puede hacer contra la democracia. Esa fue la fuerza del alfonsinismo a la cual no permanecimos indemnes. A partir de ah&iacute; siempre se crea un contrapunto con la revista <em>Punto de Vista</em> y que a&uacute;n hoy perdura con Beatriz Sarlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y ustedes &iquest;qu&eacute; caracterizaci&oacute;n hac&iacute;an de eso? Porque en </strong><em><strong>Unidos</strong></em><strong> aparece una cuesti&oacute;n de frustraci&oacute;n respecto de lo que hab&iacute;a pasado con el peronismo en 1983.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Volv&iacute; de Brasil para votar en un viaje de &oacute;mnibus de 40 horas, porque pens&eacute; que era el billete de entrada para seguir discutiendo dentro del lugar donde era necesario, indispensable y casi &uacute;nico para discutir. Por eso vot&eacute; a Luder, aunque no me gustaba. Hice lo que hac&iacute;a todo peronista en ese momento. Para emplear una expresi&oacute;n de Luk&aacute;cs, compraba un billete de entrada. Luck&aacute;cs lo dec&iacute;a con respecto a algo peor, el estalinismo, que no le gustaba, pero le daba el derecho a seguir discutiendo en el lugar donde supon&iacute;an que yac&iacute;an las masas populares que buscaban mejor orientaci&oacute;n que la que ten&iacute;an en el anterior momento. Discutir sobre las masas populares, el sujeto de la historia y la revoluci&oacute;n se ten&iacute;a que hacer en el lugar malo de la historia, pero ah&iacute; estaba lo que hab&iacute;a que desentra&ntilde;ar. En cambio, Alfons&iacute;n no era malo, pero era insulso e inoperante, y adem&aacute;s no pod&iacute;a ganar. Todas esas convicciones se diluyeron de inmediato cuando percibimos que no era as&iacute;, que Alfons&iacute;n pod&iacute;a ganar citando la Constituci&oacute;n. Eso me pas&oacute; a m&iacute;, pero creo que fue el tono de lo que empez&oacute; a pensar mucha gente. Ese pensamiento termin&oacute; en la vicepresidencia del Chacho con De la R&uacute;a, o sea que tampoco termin&oacute; bien. El pensamiento de los que dijimos &ldquo;bueno, no era as&iacute; como hab&iacute;amos pensado, Alfons&iacute;n pod&iacute;a ganar y para discutir cosas importantes de la Argentina no necesariamente hab&iacute;a que estar adentro del peronismo&rdquo;. <em>Unidos</em>, por ejemplo, aceptaba la teor&iacute;a democr&aacute;tica, pensaba al peronismo como una fuerza m&aacute;s que conviv&iacute;a con otras en la competencia electoral.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En un perfil escrito por Luc&iacute;a &Aacute;lvarez para </strong><em><strong>Anfibia</strong></em><strong>, ella te retrata como un tipo de intelectual &ldquo;en extinci&oacute;n&rdquo;, para vos &iquest;hay un intelectual en extinci&oacute;n? y a lo sumo &iquest;cu&aacute;l ser&iacute;a la tarea intelectual hoy?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo hice carrera intelectual, lo que en el caso de muchas personas tiene ciertos costos. En mi caso tuvo menos costos porque por esos vericuetos inexplicables de la vida de los pa&iacute;ses aparec&iacute; de director de la Biblioteca Nacional, lo cual me permiti&oacute; una sobrevida intelectual muy grande.&nbsp;Porque en la universidad, donde yo era un paria, me jubilaron por concurso. Pero en el mundo de las bibliotecas no soy un paria, lo ser&eacute; muy poco tiempo m&aacute;s, as&iacute; que no va a cambiar mucho. Simplemente extendieron mi vida &uacute;til, debido a mi anterior participaci&oacute;n en el peronismo. Escrib&iacute; mucho en revistas peronistas, siempre de una forma discordante, pero ah&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo viv&iacute; la universidad en donde no era necesario ser doctor, hacer carrera profesional, era la universidad de Jos&eacute; Luis Romero y Tulio Halper&iacute;n Donghi. Pero lo cierto es que el intelectual hoy es el intelectual de la academia, el intelectual de los medios, el intelectual subvencionado por grandes empresas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, un intelectual que se considera en extinci&oacute;n -que no creo que est&eacute; en extinci&oacute;n- ser&iacute;a alguien que pudiera insistir en tener una vida intelectual sin condicionamientos vinculados ni al Estado, ni a instituciones educativas ni pedag&oacute;gicas de la sociedad civil. No se si eso es posible, tendr&iacute;a que ser como una segunda cuerda, un Mart&iacute;nez Estrada, por ejemplo, un intelectual en extinci&oacute;n ser&iacute;a ese tipo de intelectual, que era empleado de correos, que ten&iacute;a un estilo intelectual que era reconocible y que buscaba algo tambi&eacute;n de car&aacute;cter moral revolucionario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces uno dir&iacute;a, mejor que no se extingan, que pasen a hacer carreras intelectuales convirti&eacute;ndose en tutores de futuros intelectuales, pero as&iacute; har&iacute;amos solo memorialismo y se transmitir&iacute;a generacionalmente una memoria de los textos a la manera de una gran curadur&iacute;a muse&iacute;stica de la vida intelectual. Nada de eso pienso que est&eacute; mal, pero me parece que hay otro tipo de intelectual que no sabr&iacute;a bien c&oacute;mo definir y que de mi parte no puedo pensar que tengo derecho a definirlo tambi&eacute;n porque estoy vinculado al Estado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces hay en extinci&oacute;n algo, yo no me siento en extinci&oacute;n, pero s&iacute; lo est&aacute;n el Gramsci, el Luk&aacute;cs, escribiendo en condiciones sumamente desfavorables, sometidos a disciplinas. El intelectual de la carrera universitaria no tiene esos dilemas de lo que podr&iacute;amos llamar la tragedia de los intelectuales, ya sea porque callen o porque lo hagan solo en sistemas establecidos. Yo conozco grandes trabajos hechos bajo este r&eacute;gimen, a la manera de sacerdotes o cl&eacute;rigos medievales que conservan la memoria. El otro es el intelectual que se arroja a la vida p&uacute;blica sin saber las consecuencias, incluso produciendo consecuencias inesperadas.
    </p><p class="article-text">
        <em>SM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sofía Mercader]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Jun 2021 03:05:43 +0000]]></pubDate>
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