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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Carlos Altamirano]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/carlos-altamirano/]]></link>
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      <title><![CDATA[La desfatalización de una historia fatal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desfatalizacion-historia-fatal_129_8118956.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f091bbe9-5393-4229-9a3a-0f8aa7df75ec_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La desfatalización de una historia fatal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lecturas - La moneda en el aire</p></div><p class="article-text">
        Una reflexi&oacute;n a dos voces sobre la experiencia argentina. As&iacute; podr&iacute;an haberse titulado estas conversaciones entre <a href="https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/moneda-aire_1_8006095.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pablo Gerchunoff y Roy Hora que acaba de editar el sello Siglo XXI</a>. Un economista que desde hace tiempo ha puesto su centro de inter&eacute;s en la historia econ&oacute;mica nacional (aunque sus contribuciones no se limitan al &aacute;mbito de lo econ&oacute;mico) y un historiador social que ha incursionado tambi&eacute;n por el territorio de la historia econ&oacute;mica: dos estudiosos a los que distancia la edad &ndash;m&aacute;s de una generaci&oacute;n hay entre ellos&ndash;, pero a los que une el respeto mutuo y el inter&eacute;s por la labor del otro.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no s&eacute; si la expresi&oacute;n &ldquo;experiencia argentina&rdquo; fue acu&ntilde;ada por Jos&eacute; Luis Romero, la le&iacute; por primera vez en uno de sus art&iacute;culos y la tomo de all&iacute;. La palabra experiencia trae a la mente, por asociaci&oacute;n, varios significados y supone la intersecci&oacute;n de al menos dos dimensiones. Evoca, por un lado, la idea de aprendizaje, de lecci&oacute;n que acarrea la experiencia, pero tambi&eacute;n la idea de prueba, de hacer la prueba de la experiencia, de ensayo. Remite, por otro lado, a situaciones hist&oacute;ricas, a las circunstancias en que se hace la prueba, al espacio de la experiencia y de sus protagonistas. Algo de todo esto hay en el di&aacute;logo Gerchunoff/Hora. Ellos han elegido transmitir, desde el t&iacute;tulo, la idea de que el presente est&aacute; abierto a m&aacute;s de un futuro: <em>La moneda en el aire</em>. O sea, <strong>desfatalizar tanto la interpretaci&oacute;n como el relato hist&oacute;ricos. </strong>&iquest;C&oacute;mo no dar la bienvenida a este esp&iacute;ritu en un tiempo de escepticismo sobre la suerte de nuestro pa&iacute;s? Pero lo que impulsa estos di&aacute;logos no es el prop&oacute;sito de levantar el talante de sus lectores ni renunciar al pensamiento cr&iacute;tico sino <strong>reanimar las preguntas sobre el pasado y el presente de la Argentina, revisar narrativas, esbozar algunas nuevas y tambi&eacute;n hacer nuevas distinciones en narrativas ya existentes.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las primeras tres secciones de <em>La moneda est&aacute; en el aire</em> siguen un hilo biogr&aacute;fico. En ese primer bloque de la conversaci&oacute;n Roy Hora hace hablar a Gerchunoff de algunos tramos de su trayecto, de la ni&ntilde;ez y la adolescencia en una familia de cultura comunista, de su paso por el periodismo y sus vaivenes con los estudios universitarios de econom&iacute;a. Hay vistas sobre circuitos en la ciudad de Buenos Aires de los a&ntilde;os cincuenta y sesenta. Para la mirada de nuestros d&iacute;as la m&aacute;s ex&oacute;tica de las im&aacute;genes sobre los cincuenta se halla seguramente en las pocas l&iacute;neas en que el economista recuerda haber acompa&ntilde;ado a sus padres, en 1953, a una sala en que se velaba a Stalin, recientemente fallecido. <strong>A trav&eacute;s de reuniones de duelo como esa, que se reprodujeron en diferentes ciudades del pa&iacute;s en aquel a&ntilde;o, el peque&ntilde;o mundo comunista de la Argentina entraba en contacto simb&oacute;lico con un afuera, el campo socialista que encabezaba la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, donde se verificaban las leyes de la historia y el presente se acercaba al futuro.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Gerchunoff ser&aacute; llevado a contar tambi&eacute;n su experiencia con la gesti&oacute;n p&uacute;blica cuando fue incorporado al gabinete econ&oacute;mico de Ra&uacute;l Alfons&iacute;n, primero, y al de la Alianza, despu&eacute;s, que presidi&oacute; Fernando de la R&uacute;a. <strong>&ldquo;Pasar por la gesti&oacute;n mata la soberbia y te vuelve m&aacute;s comprensivo de las experiencias ajenas y, si se quiere, m&aacute;s compasivo&rdquo;, afirma Gerchunoff</strong>. As&iacute; resume una de las lecciones que extrajo de su paso por las salas en que se piensan y se toman decisiones de gobierno. Otra ense&ntilde;anza se tradujo en el sesgo que tomar&iacute;an sus estudios del pasado econ&oacute;mico nacional: &ldquo;Mirar no la econom&iacute;a o la historia econ&oacute;mica, sin la historia de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica, y hacerlo con un examen profundo de los procesos decisorios&rdquo;. En la evocaci&oacute;n de su trayectoria pol&iacute;tico-ideol&oacute;gica la figura de Alfons&iacute;n se asocia con un punto de viraje. Como muchos intelectuales, algunos de su edad y otros mayores que &eacute;l, Gerchunoff, hasta entonces, orientado hacia la izquierda y m&aacute;s pr&oacute;ximo al peronismo que a cualquier otra fuerza pol&iacute;tica, se vio atra&iacute;do por el carism&aacute;tico dirigente radical que desde 1982 encarnar&iacute;a la promesa de la democracia.
    </p><p class="article-text">
        Las secciones restantes, que ocupan algo as&iacute; como los dos tercios del libro, est&aacute;n consagradas a eso que al comienzo de estas notas llam&eacute; reflexi&oacute;n a dos voces sobre la experiencia argentina. El punto de partida de las conversaciones es lo que los autores denominan el &ldquo;largo siglo XIX&rdquo; y el eje de las charlas va a ser la historia econ&oacute;mica argentina encuadrada en el marco de relaciones pol&iacute;ticas y sociales que obran en y sobre el curso de esa historia. Ser&iacute;a dif&iacute;cil destacar en poco espacio la multitud de temas que se desencadenan y disparan a partir de ese comienzo (sin ignorar, por otra parte, mi propia incompetencia para hablar de muchos de ellos). De manera que en lo que sigue me limitar&eacute; a destacar algunos de los t&oacute;picos del di&aacute;logo.
    </p><p class="article-text">
        Los dos autores concuerdan en que por una costumbre intelectual arraigada entre los estudiosos argentinos el relato de la historia econ&oacute;mica echa a andar hacia 1880, con Roca, con el grupo pol&iacute;tico-intelectual que suele denominarse &ldquo;generaci&oacute;n del ochenta&rdquo;. A lo sumo, si se indagan los comienzos de una nueva din&aacute;mica, se llega hasta la presidencia de Mitre. Ese relato, que se identifica con el de la modernizaci&oacute;n del pa&iacute;s, es com&uacute;n a economistas puestos a hacer historia como a soci&oacute;logos. Roy Hora resalta el papel de Gino Germani en la adopci&oacute;n de una perspectiva que ten&iacute;a su centro en la formaci&oacute;n de la Argentina contempor&aacute;nea. Tal vez Hora tuviera en mente <em>Argentina, sociedad de masas</em>, que apareci&oacute; en 1965, a&ntilde;o en que conoci&oacute; tres ediciones. &iquest;D&oacute;nde iban a encontrar sus lectores esta obra colectiva editada por Torcuato Di Tella, Gino Germani y Jorge Graciarena sino en ese p&uacute;blico joven para el cual el pensamiento del mundo social hab&iacute;a entrado en una nueva &eacute;poca? Como lo deja ver otro libro colectivo, editado cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, en este caso por Torcuato Di Tella y Tulio Halperin Donghi, <em>Los fragmentos del poder. De la oligarqu&iacute;a a la poliarqu&iacute;a argentina</em>. En la breve nota introductoria, Halperin Donghi destaca el lazo intelectual con la compilaci&oacute;n de 1965. &iquest;Y de qu&eacute; se ocupa el articulo con que el historiador contribuye al volumen, &ldquo;La expansi&oacute;n ganadera en la campa&ntilde;a de Buenos Aires&rdquo;? De la formaci&oacute;n de la clase que a su juicio desempe&ntilde;ar&aacute; un papel rector en el per&iacute;odo del &ldquo;crecimiento hacia afuera&rdquo; de la Argentina, la oligarqu&iacute;a. En resumen, me parece que lo propio del esp&iacute;ritu de aquel tiempo fue el convencimiento de la colaboraci&oacute;n necesaria de soci&oacute;logos, historiadores sociales y economistas (enti&eacute;ndase: economistas del desarrollo). Basta reparar en cu&aacute;n compartido era el lenguaje conceptual. No se trataba, por otra parte, de una vibraci&oacute;n exclusivamente argentina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El foco de inter&eacute;s puesto en la gestaci&oacute;n de la modernizaci&oacute;n del pa&iacute;s, en los rasgos y los actores de esa empresa, tendr&iacute;a como contraparte que la investigaci&oacute;n no le prestara gran atenci&oacute;n a otros aspectos de la formaci&oacute;n hist&oacute;rica nacional. Por ejemplo, al desarrollo dispar de sus regiones en el proceso que sigui&oacute; al dislocamiento acarreado por la independencia, proceso que iba a cristalizar en un &ldquo;federalismo desigual&rdquo;, como lo llama Gerchunoff, con un litoral rico y un interior pobre. Todo punto de vista conlleva una ceguera, podr&iacute;a concluirse. El <em>Estudio sobre las guerras civiles argentinas</em> (1914), de Juan &Aacute;lvarez, resplandeci&oacute; solitario durante mucho tiempo. Roy Hora se&ntilde;ala algunas de las cuestiones que hasta tiempos recientes de la indagaci&oacute;n erudita permanecieron ignoradas o inadvertidas, como la historia de las clases subalternas y sus jefes (los caudillos) en el curso que sigui&oacute; la vida p&uacute;blica del R&iacute;o de la Plata despu&eacute;s de 1810. Las investigaciones de Gabriel di Meglio y de Ra&uacute;l Fradkin han significado una fuerte innovaci&oacute;n en este sentido. (Dicho esto, sin olvidar que, como preocupaci&oacute;n, la presencia y la acci&oacute;n de las &ldquo;multitudes&rdquo; estuvieron presentes muy tempranamente en los c&iacute;rculos de la &eacute;lite letrada.)&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante el car&aacute;cter desigual de la marcha, el progreso fue un hecho de la rep&uacute;blica olig&aacute;rquica. Tanto Gerchunoff como Hora destacan en la conversaci&oacute;n &ndash;y ya lo hab&iacute;an mostrado en algunos de sus trabajos&ndash; que ese &ldquo;desarrollo hacia afuera&rdquo; no hab&iacute;a sido f&aacute;cil y los beneficios del progreso no quedaron confinados en las familias de la clase dirigente y sus allegados. La Argentina de la movilidad social tuvo sus comienzos bajo el signo de esa rep&uacute;blica. Al preguntarse por el limitado eco de la acci&oacute;n proselitista de los partidos de izquierda en las filas de los trabajadores, Hora ya hab&iacute;a apuntado a ese rasgo de la Argentina que surgi&oacute; de la modernizaci&oacute;n: en los centros urbanos del Litoral y durante las primeras d&eacute;cadas del siglo XX, tambi&eacute;n los asalariados fueron parte de la marcha y de las perspectivas del ascenso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La visi&oacute;n que ofrecen los autores de los gobiernos radicales, los de Yrigoyen y el de Alvear, es una de las m&aacute;s innovadoras que ofrecen estas conversaciones.</strong> Temperamentos p&uacute;blicos diferentes, hubo m&aacute;s continuidad que discontinuidad entre ambos en lo relativo a sus pol&iacute;ticas de gobierno, sobre todo en lo que concierne a la pol&iacute;tica social. La imagen del Alvear &ldquo;galerita&rdquo; pierde relevancia. En cuanto a la personalidad de Hip&oacute;lito Yrigoyen, los dos rasgos que se destacan son aquellos con que ya Tulio Halperin Donghi hab&iacute;a caracterizado al caudillo de Balvanera: una mentalidad pol&iacute;tica moldeada en las luchas c&iacute;vicas del siglo XIX y una capacidad notable para armar una muy eficaz m&aacute;quina electoral, habilidad que desplegar&aacute; plenamente en el nuevo siglo. Hay que decir que ese jefe adorado por las masas sugestion&oacute; m&aacute;s a sus contempor&aacute;neos. Muchos escritores probaron sus plumas haciendo la pintura del personaje visto o entrevisto casi siempre rodeado de misterio. Entre ellos estuvo uno de los mejores prosistas de la primera mitad del siglo XX, Alberto Gerchunoff, quien har&aacute; un retrato nada lisonjero de Yrigoyen (<em>El nuevo r&eacute;gimen</em>, 1918).
    </p><p class="article-text">
        Dos figuras asociadas con la experiencia y la idea de la naci&oacute;n industrial son abordadas en la misma secci&oacute;n, &ldquo;De Per&oacute;n a Frondizi&rdquo;. <strong>El hecho que los autores resaltan de los a&ntilde;os peronistas es la transformaci&oacute;n igualitaria que produjo y que tendr&iacute;a largos efectos.</strong> Dice Gerchunoff: &ldquo;La d&eacute;cada peronista de 1945-1955 fue un salto igualitario notable en un contexto autoritario, y sus consecuencias todav&iacute;a no se han borrado del todo&rdquo;. El economista delimitar&aacute; m&aacute;s adelante el tiempo de ese salto justiciero: los tres primeros a&ntilde;os del primer gobierno de Per&oacute;n. La imagen del l&iacute;der justicialista que ofrecen tanto Gerchunoff como Hora es la del dirigente realista, desprejuiciado, para quien la pol&iacute;tica ten&iacute;a la primac&iacute;a. Esa representaci&oacute;n de un Per&oacute;n como pol&iacute;tico pragm&aacute;tico puede hallar respaldo en algunos de los virajes que dio su pol&iacute;tica durante su gobierno. Pero choca con otros comportamientos. Por ejemplo, la crisis de las relaciones con la Iglesia. &iquest;Por qu&eacute; Per&oacute;n se enred&oacute; y atiz&oacute; un conflicto que le acarrear&iacute;a consecuencias catastr&oacute;ficas, dado que iba a arrojar a la disidencia activa a una vasta masa de los cat&oacute;licos, entre ellos a los militares? Tambi&eacute;n los percances del gobierno de Frondizi, un dirigente que igualmente se quer&iacute;a realista, solicitan la atenci&oacute;n sobre aquellos aspectos de la vida p&uacute;blica argentina que le pueden dar inteligibilidad. &iquest;D&oacute;nde insertar de otro modo el discurso de marzo de 1962 en que el presidente desarrollista pronunciar&iacute;a aquellas dram&aacute;ticas palabras: &ldquo;No me suicidar&eacute;, ni me ir&eacute; del pa&iacute;s, ni ceder&eacute;&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        Estas notas motivadas por la rica conversaci&oacute;n Gerchunoff/Hora se han hecho muy largas. La moneda est&aacute; en el aire, dicen sus autores. Ojal&aacute; lo que Joaqu&iacute;n V. Gonz&aacute;lez llamaba &ldquo;ley de la discordia&rdquo; y hoy denominamos &ldquo;grieta&rdquo; deje paso a otra vida p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        <em>CA</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos Altamirano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/desfatalizacion-historia-fatal_129_8118956.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jul 2021 21:30:05 +0000]]></pubDate>
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