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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Leonardo Padura]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/leonardo-padura/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Leonardo Padura]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los rostros de la salsa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/rostros-salsa_1_8460562.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5126a50-ffd3-4ef3-a620-648a36673f3c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los rostros de la salsa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Conversando con los músicos que lo acuñaron y con sus más célebres intérpretes, en "Los rostros de la salsa" (Tusquets, 2021) Leonardo Padura pinta un retrato de las trayectorias de personajes tan fascinantes como Mario Bauzá, Cachao López, Papo Lucca, Juan Luis Guerra, Rubén Blades, Willie Colón, Johnny Pacheco y Juan Formell, con los célebres Celia Cruz y Tito Puente como telón de fondo. Aquí, el prólogo del autor por la reedición de este libro de 1997.</p></div><h3 class="article-text">Volver a la Salsa, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s</h3><p class="article-text">
        <strong>1</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y a estas alturas, &iquest;para qu&eacute; hablar de la Salsa?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando en 1997 decid&iacute; cerrar y entregar a una editorial cubana <em>Los rostros de la salsa</em>, una colecci&oacute;n de entrevistas a precursores, protagonistas, estrellas y conocedores de este fen&oacute;meno musical, todav&iacute;a el Caribe se mov&iacute;a a los ritmos sincopados de las melod&iacute;as que hab&iacute;an marcado su preferencia cultural durante los treinta a&ntilde;os anteriores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Era cierto que ya para ese momento se advert&iacute;a un relativo cansancio de los mel&oacute;manos y bailadores con los modos de hacer de los m&aacute;s persistentes m&uacute;sicos salseros; que los dos pa&iacute;ses donde se hac&iacute;a m&aacute;s y mejor Salsa eran para ese entonces Colombia (en un per&iacute;odo de devastadora violencia), donde todo el mundo bailaba Salsa, y la recuperada Cuba (curiosamente en medio de una de sus m&aacute;s feroces crisis econ&oacute;micas), donde algunos prefer&iacute;an llamarle &laquo;timba&raquo; a los modos de hacer m&aacute;s contempor&aacute;neos de lo que a&uacute;n pod&iacute;a ser Salsa. Era tambi&eacute;n el momento en el cual entre Nueva York y Puerto Rico iniciaban o consolidaban su obra creadores como Marc Anthony y Gilberto Santa Rosa. Tambi&eacute;n suced&iacute;a que en los a&ntilde;os anteriores se hab&iacute;a creado mucho producto est&aacute;ndar, de corta mira comercial, y domesticado como casi todo el cat&aacute;logo de la llamada &laquo;Salsa er&oacute;tica&raquo;, en la cual importaba m&aacute;s la estampa del cantante que su voz y lo que ella trasmit&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, sobre todo, lo m&aacute;s cierto de todo era que ya en esos instantes est&aacute;bamos en otros tiempos hist&oacute;ricos, sociales, econ&oacute;micos y est&eacute;ticos, cada vez m&aacute;s diferentes o distantes de los que en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 60 hab&iacute;an plantado en el barrio latino de Nueva York la semilla de la salsa, o en los d&iacute;as de 1970 que hab&iacute;an visto crecer el &aacute;rbol y dar sus mejores frutos, o en los a&ntilde;os 1980 que hab&iacute;an disfrutado de una explosi&oacute;n y difusi&oacute;n casi universal de esa m&uacute;sica. Hasta nos distanci&aacute;bamos de los albores del decenio de 1990, cuando hab&iacute;amos visto con regocijo la incorporaci&oacute;n de una nueva generaci&oacute;n de m&uacute;sicos cubanos (Jos&eacute; Luis Cort&eacute;s, Isaac Delgado, Manol&iacute;n &laquo;El M&eacute;dico de la Salsa&raquo;), reconocidamente salseros, que elevaban la calidad de la m&uacute;sica aun cuando curiosamente ellos tambi&eacute;n la ayudaban a llegar al callej&oacute;n sin salida por donde, lo que todav&iacute;a podemos calificar como Salsa se ha movido desde entonces: el Callej&oacute;n de los Empecinaos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1997, para m&aacute;s ardor, comenzaba a crecer el &laquo;fen&oacute;meno&raquo; Buena Vista luego de las grabaciones hechas en La Habana por Ry Cooder, y de pronto el mundo redescubr&iacute;a una m&uacute;sica que reconoc&iacute;a viejos sones cubanos, con letras si acaso picarescas, tocados por viejos m&uacute;sicos cubanos como vieja m&uacute;sica cubana. Todo un ejercicio postmoderno convertido en un proyecto m&aacute;s comercial que cultural.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo eso suced&iacute;a hacia finales de siglo y de milenio, porque tambi&eacute;n por esas fechas, en parte abonado por el cansancio de la Salsa y la utilizaci&oacute;n comercial del pasado, comenzaba a fraguarse como una reacci&oacute;n entre l&oacute;gica y desesperada lo que hoy todav&iacute;a estamos sufriendo y que, contrario de lo que esper&aacute;bamos, lleg&oacute; pero no se ha ido y&hellip; por lo pronto, no se ir&aacute;: la era del reguet&oacute;n. Lo que comenz&oacute; siendo una utilizaci&oacute;n de los recursos del hip-hop y el rap para ampliar los registros de los salseros, sus posibilidades comunicativas y un modo de tender puentes hacia determinados p&uacute;blicos m&aacute;s j&oacute;venes e iconoclastas, terminar&iacute;a siendo una autopista por donde hoy se mueve la m&uacute;sica de la regi&oacute;n, adornada con sus niveles m&aacute;s bajos de calidad sonora y elaboraci&oacute;n art&iacute;stica, y los m&aacute;s elevados de sexismo, vulgaridad y violencia (con sumergidas en lo escatol&oacute;gico), aunque vale reconocer que en el reguet&oacute;n puede haber de todo, como en cualquier vi&ntilde;a del se&ntilde;or.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Siempre digo, porque lo pienso: el reguet&oacute;n y su est&eacute;tica no son una causa, sino una consecuencia. Si su origen fue contestatario y pretendidamente revolucionario, manifestaci&oacute;n de muchas frustraciones sociales y de la necesidad generacional de hallar nuevas formas expresivas, su extensi&oacute;n ha sido el resultado de la posibilidad de darle forma y visibilidad no solo a esas frustraciones y anhelos, sino al fruto amargo de ellas presente en nuestras sociedades: la marginalidad, la rabia, la desesperaci&oacute;n y tambi&eacute;n la banalidad, la misoginia, el abaratamiento del sexo y de la inteligencia. De tal modo, si se hurga en los contextos socio-culturales y econ&oacute;micos de tres sociedades tan diversas y a la vez similares entre s&iacute; como la puertorrique&ntilde;a, la cubana y la dominicana, se entender&aacute; de d&oacute;nde sale y a qui&eacute;nes llega el reguet&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, en tiempos de reguet&oacute;n, &iquest;para qu&eacute; volver a hablar de la Salsa, qu&eacute; nos importa ya de la Salsa&hellip; y a qui&eacute;n?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; para empezar a responder sea bueno repetir algo que todos sabemos: la cultura de un pa&iacute;s, de una regi&oacute;n, de una lengua no la hace una obra, un artista, un momento. Somos el resultado de una acumulaci&oacute;n y en nuestra capacidad de conocer el pasado puede estar la posibilidad de mejorar el presente y quiz&aacute;s hasta el futuro, a&uacute;n en tiempos de la mayor incertidumbre y de tanta velocidad. Incluso, nos hace albergar la casi siempre ut&oacute;pica pretensi&oacute;n de tener la posibilidad de mejorarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y una parte de nuestro m&aacute;s cercano pasado cultural de caribe&ntilde;os, de latinos, transcurri&oacute; a ritmo de salsa, y todav&iacute;a hoy sus r&eacute;plicas se sienten cuando en lugar de un reguet&oacute;n uno de los sofisticados equipos reproductores de este presente (incierto y veloz, ya lo he dicho) presta su volumen en fiestas, espect&aacute;culos o en locales comerciales a la m&uacute;sica que acompa&ntilde;a a la triste historia de Pedro Navaja o a la picaresca del negro que est&aacute; cocinando, o a la causa rom&aacute;ntica de un ascenso s&uacute;bito de la bilirrubina en la sangre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2</strong>
    </p><p class="article-text">
        Casi veinte a&ntilde;os antes de la primera publicaci&oacute;n de <em>Los rostros de la Salsa</em> hab&iacute;a visto la luz una obra &ndash;esa s&iacute; verdaderamente capital, un cl&aacute;sico&mdash; titulada <em>El libro de la salsa (Cr&oacute;nica de la m&uacute;sica del Caribe hispano</em>), escrita por el music&oacute;logo venezolano C&eacute;sar Miguel Rond&oacute;n e impresa por una peque&ntilde;a editorial de Caracas. La salsa, que por entonces viv&iacute;a su momento de mayor auge cultural y de las m&aacute;s arriesgadas pretensiones est&eacute;ticas, tuvo desde entonces su historia, su memoria todav&iacute;a viva (o su cr&oacute;nica), gracias a la investigaci&oacute;n sobre el terreno y entre los protagonistas, de un l&uacute;cido analista que nos explicaba de d&oacute;nde hab&iacute;a salido todo aquello, c&oacute;mo hab&iacute;a crecido, y por qu&eacute; se hab&iacute;a consolidado y triunfado. Curiosamente aquel volumen, quiz&aacute; por estar impreso de forma muy modesta y no haber sido bien distribuido, se convertir&iacute;a pronto en una obra a la cual solo ten&iacute;an acceso los privilegiados enterados, pues en m&aacute;s de dos d&eacute;cadas no se reedit&oacute; y se convirti&oacute; a lo largo de los a&ntilde;os en algo as&iacute; como un misterio religioso: todos sab&iacute;an que exist&iacute;a, mas pocos daban el testimonio de haberlo visto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque las proporciones del fen&oacute;meno musical de la salsa, que tuvo repercusiones diversas &ndash;musicales, sociales, etc.&mdash;, produjo mucha menos reflexi&oacute;n y literatura de la que cab&iacute;a esperar para un proceso de sus proporciones y alcance. Una parte de esa escasa valoraci&oacute;n se dedic&oacute;, incluso, a descalificarla, como ocurri&oacute; por parte de la cr&iacute;tica cubana que reaccion&oacute; de la peor y m&aacute;s f&aacute;cil manera: acus&aacute;ndola de no existir, tild&aacute;ndola de saqueadora sin m&eacute;ritos del viejo repertorio cubano. Solo la llegada a La Habana en 1983 de Oscar D&rsquo;Le&oacute;n y sus apote&oacute;sicas presentaciones en la isla (ning&uacute;n int&eacute;rprete del pa&iacute;s consegu&iacute;a algo as&iacute;) comenzaron a cambiar algo esa perspectiva reduccionista, aunque los m&uacute;sicos cubanos, todav&iacute;a al margen de los circuitos comerciales del movimiento, mantuvieron por a&ntilde;os la postura de la negaci&oacute;n y el desconocimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la salsa exist&iacute;a. Su obra estaba ah&iacute;. En todo el Caribe hispano los nombres de Rub&eacute;n Blades, Willie Col&oacute;n, Cheo Feliciano, Oscar D&rsquo;Le&oacute;n y los viejos maestros como Tito Puente y la extraordinaria Celia Cruz, alcanzaban niveles de popularidad con los que solo hab&iacute;an so&ntilde;ado, en su momento y con sus condiciones, los grandes &iacute;dolos del pasado: Benny Mor&eacute;, D&aacute;maso P&eacute;rez Prado, Ismael Rivera, Arsenio Rodr&iacute;guez. Los salseros hac&iacute;an historia.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qui&eacute;nes eran estos m&uacute;sicos que lograban la fusi&oacute;n de todas las m&uacute;sicas del Caribe sobre el patr&oacute;n del son tradicional cubano y utilizaban su obra para hacer bailar, pensar, experimentar y crecer culturalmente? &iquest;De d&oacute;nde hab&iacute;an salido, c&oacute;mo hab&iacute;an llegado?
    </p><p class="article-text">
        <strong>3</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el arte de la novela un principio b&aacute;sico es que una buena historia solo alcanza su mejor cualidad si est&aacute; montada sobre la vida de unos personajes capaces de provocar reacciones en el lector, positivas o negativas, pero siempre revulsivas, de alg&uacute;n modo aleccionadoras. El drama de la vida humana, los comportamientos de su condici&oacute;n esencial, el reconocimiento por parte de quien lo recibe de c&oacute;mo las actitudes de un personaje pueden ser tambi&eacute;n las suyas, constituye el modo de penetraci&oacute;n no solo en la realidad sino tambi&eacute;n en el alma de las gentes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En mis quince a&ntilde;os de periodista profesional uno de los g&eacute;neros que distingu&iacute; y practiqu&eacute; con m&aacute;s frecuencia fue el de la entrevista. Quiz&aacute; porque ya pensaba en ser escritor y, sin plena conciencia de mis actitudes, me preparaba para ello. Por supuesto dialogu&eacute; con muchos escritores y trat&eacute; de conocer no solo sus estrategias literarias, sino tambi&eacute;n sus maneras de vivir y entender la vida. Pero con igual insistencia me acerqu&eacute; a gentes de las m&aacute;s diversas profesiones que por alguna raz&oacute;n pod&iacute;an tener una experiencia vital interesante, y me propuse conocer sus historias de vida. As&iacute;, convers&eacute; con jugadores de beisbol (tengo un libro donde re&uacute;no esas entrevistas), pintores profesionales y aficionados, testigos de alguna historia y muchos m&uacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        Hurgar en la vida de los m&uacute;sicos y registrar las peripecias que en sus diversos tiempos hist&oacute;ricos vivieron esos artistas cuya obra se hace de cara a la gente, en el escenario, casi siempre en la noche, fue para m&iacute; un modo de entrar en intimidades de existencias muchas veces agitadas, maravillosas, en ocasiones tr&aacute;gicas en su relaci&oacute;n entre la fama y el olvido. Primero escrib&iacute; historias de vida de personajes tan singulares como el gran percusionista cubano Chano Pozo, h&eacute;roe de tragedia, o los dram&aacute;ticos timbaleros Chori y Manengue, entre otros. Y luego empec&eacute; a hablar con los vivos&hellip; y a intentar conocer sus vidas y pasiones.
    </p><p class="article-text">
        Este libro se form&oacute; entonces por un prop&oacute;sito humano y literario, por una acumulaci&oacute;n en la que mucho influy&oacute; la casualidad de estar en un momento donde deb&iacute;a estar, y porque el proceso cultural de la salsa se lo merec&iacute;a. Y no es el libro que quiz&aacute; hubiera urdido un music&oacute;logo, un especialista, sino el que pod&iacute;a concebir un curioso de profesi&oacute;n empe&ntilde;ado en penetrar en las vidas de los otros, o sea, un novelista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, a la distancia de veinte a&ntilde;os de su primera edici&oacute;n, cuando me pregunto incluso yo mismo para qu&eacute; nos sirve otra vez y a estas alturas hablar de la salsa y sus cultores, encuentro dos respuestas que al menos a m&iacute; mucho me satisfacen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera es porque el legado de la m&uacute;sica Salsa aliment&oacute; y alimenta todo un proceso cultural y de identidad. No por gusto cuando le pregunto qui&eacute;n es &eacute;l, Rub&eacute;n Blades me responde que un caribe&ntilde;o de Panam&aacute;. Y revisitar ese archivo cultural es una forma de reconocerlo, de valorarlo, un acto m&aacute;s necesario en &eacute;pocas de gran desconcierto hist&oacute;rico, social, est&eacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La segunda apunta m&aacute;s a lo humano. Este libro recoge los testimonios de algunos de los nombres m&aacute;s trascendentes de la historia musical latinoamericana, incluso con conexiones y aportes a la norteamericana y quiz&aacute;s a la universal. Desde sus respectivos, personales y a veces contradictorios puntos de vista ellos enjuician su creaci&oacute;n y la relaci&oacute;n de sus trabajos con el conjunto de la m&uacute;sica de sus tiempos. Y este arco cubre una distancia de m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os, quiz&aacute; los m&aacute;s gloriosos de la m&uacute;sica hecha por los caribe&ntilde;os, las d&eacute;cadas precisas en que la conciencia de las peculiaridades, la definici&oacute;n y singularidad del universo latinoamericano obsesionaba a muchos de nuestros intelectuales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, en la que casi con total certeza fue la &uacute;ltima entrevista que Mario Bauz&aacute; concediera, se puede penetrar en lo que signific&oacute; la vida y la obra del m&uacute;sico latino en aquel Nueva York que se convirti&oacute; en la cuna del jazz latino (gracias a ese mismo Mario Bauz&aacute;), la ciudad que despu&eacute;s fomentar&iacute;a la creaci&oacute;n de la salsa. Tambi&eacute;n la que aqu&iacute; se incluye debe ser una de las &uacute;ltimas que respondi&oacute; Cachao L&oacute;pez, el m&iacute;tico Cachao, quien con su contrabajo a cuestas marc&oacute; el ritmo latino en largas d&eacute;cadas de labor art&iacute;stica muy protag&oacute;nica. Y est&aacute;n las memorias y testimonios siempre precisos (aunque l&oacute;gicamente interesados) de un hombre esencial para la m&uacute;sica de la regi&oacute;n, el director, int&eacute;rprete y empresario Johnny Pacheco. Voces que desde su autoridad, experiencias, prejuicios incluso, moldean la imagen de &eacute;pocas dif&iacute;ciles que ellos convirtieron en per&iacute;odos feraces.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si con este libro rescatado alguien siente que ha conocido mejor la historia de un intenso y glorioso momento musical del Caribe hispano, y que ha estado cerca de lo que en su momento pensaron, vivieron, crearon algunos de sus protagonistas, pues me dar&eacute; por satisfecho y habr&eacute; comprobado algo que sab&iacute;a cuando decid&iacute; preparar esta reedici&oacute;n: y es que todav&iacute;a hoy, incluso en medio de lo que estamos viviendo, resulta pertinente hablar de la salsa y recordar que hubo artistas que levantando o negando su etiqueta se convirtieron en &iacute;dolos de toda una regi&oacute;n del mundo en donde la m&uacute;sica es su m&aacute;s elevado, reconocido y eficaz instrumento de creaci&oacute;n humana y cultural.
    </p><p class="article-text">
        Mantilla, verano de 2019
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leonardo Padura]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/rostros-salsa_1_8460562.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Nov 2021 10:52:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los rostros de la salsa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Salsa,Música,Cuba]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un alarido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alarido_129_8144101.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b69bb800-4a43-453d-8241-a430f57edf3f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un alarido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor cubano Leonardo Padura pidió difundir este texto con su opinión sobre la situación en Cuba a partir de las protestas del domingo 11 de julio. Es "el resultado de la desesperación de una sociedad que atraviesa no solo una larga crisis económica y una puntual crisis sanitaria, sino también una crisis de confianza y una pérdida de expectativas", explica.</p></div><p class="article-text">
        Parece muy posible que todo lo ocurrido en Cuba a partir del pasado domingo 11 de julio lo hayan alentado un n&uacute;mero mayor o menor de personas opuestas al sistema, pagadas incluso algunas de ellas, con intenciones de desestabilizar el pa&iacute;s y provocar una situaci&oacute;n de caos e inseguridad. Tambi&eacute;n es cierto que luego, como suele suceder en estos eventos, ocurrieron oportunistas y lamentables actos de vandalismo. Pero pienso que ni una ni otra evidencia le quitan un &aacute;pice de raz&oacute;n al alarido que hemos escuchado. Un grito que es tambi&eacute;n el resultado de la desesperaci&oacute;n de una sociedad que atraviesa no solo una larga crisis econ&oacute;mica y una puntual crisis sanitaria, sino tambi&eacute;n una crisis de confianza y una p&eacute;rdida de expectativas. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un grito que es también el resultado de la desesperación de una sociedad que atraviesa no solo una larga crisis económica y una puntual crisis sanitaria, sino también una crisis de confianza y una pérdida de expectativas. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A ese reclamo desesperado, las autoridades cubanas no deber&iacute;an responder con las habituales consignas, repetidas durante a&ntilde;os, y con las respuestas que esas autoridades quieren escuchar. Ni siquiera con explicaciones, por convincentes y necesarias que sean. Lo que se impone son las soluciones que muchos ciudadanos esperan o reclaman, unos manifest&aacute;ndose en la calle, otros opinando en las redes sociales y expresando su desencanto o inconformidad, muchos contando los pocos y devaluados pesos que tienen en sus empobrecidos bolsillos y muchos, muchos m&aacute;s, haciendo en resignado silencio colas de varias horas bajo el sol o la lluvia, con pandemia incluida, colas en los mercados para comprar alimentos, colas en las farmacias para comprar medicinas, colas para alcanzar el pan nuestro de cada d&iacute;a y para todo lo imaginable y necesario. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Creo que nadie con un m&iacute;nimo de sentimiento de pertenencia, con un sentido de la soberan&iacute;a, con una responsabilidad c&iacute;vica puede querer (ni siquiera creer) que la soluci&oacute;n de esos problemas venga de cualquier tipo de intervenci&oacute;n extranjera,</strong> mucho menos de car&aacute;cter militar, como han llegado a pedir algunos, y que, tambi&eacute;n es cierto, representa una amenaza que no deja de ser un escenario posible. 
    </p><p class="article-text">
        Creo adem&aacute;s que cualquier cubano dentro o fuera de la isla sabe que el bloqueo o embargo comercial y financiero estadounidense, como quieran llamarlo, es real y se ha internacionalizado y recrudecido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y que es <strong>un fardo demasiado pesado para la econom&iacute;a cubana</strong> (como lo ser&iacute;a para cualquier otra econom&iacute;a). Los que viven fuera de la isla y hoy mismo quieren ayudar a sus familiares en medio de una situaci&oacute;n cr&iacute;tica, han podido comprobar que existe y cu&aacute;nto existe al verse pr&aacute;cticamente imposibilitados de enviar una remesa a sus allegados, por solo citar una situaci&oacute;n que afecta a muchos. Se trata de una vieja pol&iacute;tica que, por cierto (a veces algunos lo olvidan) pr&aacute;cticamente todo el mundo ha condenado por muchos a&ntilde;os en sucesivas asambleas de Naciones Unidas. 
    </p><p class="article-text">
        Y creo que tampoco nadie puede negar que tambi&eacute;n se ha desatado <strong>una campa&ntilde;a medi&aacute;tica en la que, hasta de las formas m&aacute;s burdas, se han lanzado informaciones falsas que al principio y al final solo sirven para restar credibilidad a sus gestores. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero creo, junto con todo lo anterior, que los cubanos necesitan recuperar la esperanza y tener una imagen posible de su futuro. Si se pierde la esperanza se pierde el sentido de cualquier proyecto social humanista. Y la esperanza no se recupera con la fuerza. Se le rescata y alimenta con esas soluciones y los cambios y los di&aacute;logos sociales, que, por no llegar, han causado, entre otros muchos efectos devastadores, las ansias migratorias de tantos cubanos y ahora provocaron el grito de desesperaci&oacute;n de gentes entre las que seguramente hubo personas pagadas y delincuentes oportunistas, aunque me niego a creer que en mi pa&iacute;s, a estas alturas, pueda haber tanta gente, tantas personas nacidas y educadas entre nosotros que se vendan o delincan. Porque si as&iacute; fuera, ser&iacute;a el resultado de la sociedad que los ha fomentado. 
    </p><p class="article-text">
        La manera espont&aacute;nea, sin la atadura a ning&uacute;n liderazgo, sin recibir nada a cambio ni robar nada en el camino, con que tambi&eacute;n una cantidad notable de personas se ha manifestado en las calles y en las redes, debe ser <strong>una advertencia y pienso que es una muestra alarmante de las distancias que se han abierto entre las esferas pol&iacute;ticas dirigentes </strong>y la calle (y as&iacute; lo han reconocido incluso dirigentes cubanos). Y es que solo as&iacute; se explica que haya ocurrido lo que ha ocurrido, m&aacute;s en un pa&iacute;s donde casi todo se sabe cuando quiere saberse, como todos tambi&eacute;n sabemos. 
    </p><p class="article-text">
        Para convencer y calmar a esos desesperados el m&eacute;todo no puede ser las soluciones de fuerza y oscuridad, como imponer el apag&oacute;n digital que ha cortado por d&iacute;as las comunicaciones de muchos, pero que sin embargo no ha impedido las conexiones de los que quieren decir algo, a favor o en contra. Mucho menos puede emplearse como argumento de convencimiento la respuesta violenta, en especial contra los no violentos. Y ya se sabe que la violencia puede ser no solo f&iacute;sica. 
    </p><p class="article-text">
        Muchas cosas parecen estar hoy en juego. Quiz&aacute;s incluso si tras la tempestad regresa la calma. Tal vez los extremistas y fundamentalistas no logren imponer sus soluciones extremistas y fundamentalistas, y no se enra&iacute;ce un peligroso estado de odio que ha ido creciendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, en cualquier caso, resulta necesario que lleguen las soluciones, unas respuestas que no solo deber&iacute;an ser de &iacute;ndole material sino tambi&eacute;n de car&aacute;cter pol&iacute;tico, y as&iacute; una Cuba inclusiva y mejor pueda atender las razones de este grito de desesperaci&oacute;n y extrav&iacute;o de las esperanza que, en silencio pero con fuerza, desde antes del 11 de julio, ven&iacute;an dando muchos de nuestros compatriotas, esos lamentos que no fueron o&iacute;dos y de cuyas lluvias surgieron estos lodos. 
    </p><p class="article-text">
        Como cubano que vive en Cuba y trabaja y crea en Cuba, asumo que es mi derecho pensar y opinar sobre el pa&iacute;s en que vivo, trabajo y donde creo. Ya s&eacute; que en tiempos como este y por intentar decir una opini&oacute;n, suele suceder que &laquo;Siempre se es reaccionario para alguien y rojo para alguien&raquo;, como alguna vez dijera Claudio S&aacute;nchez Albornoz. Tambi&eacute;n asumo ese riesgo, como hombre que pretende ser libre, que espera ser cada vez m&aacute;s libre. 
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>En Mantilla, 15 de julio de 2021.&nbsp;</strong></em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leonardo Padura]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/alarido_129_8144101.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Jul 2021 18:04:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un alarido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuba]]></media:keywords>
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