<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Marina Mariasch]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/marina-mariasch/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Marina Mariasch]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/author/1034599/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Efectos personales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/efectos-personales_129_9118756.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cde2a8c0-1b8f-4abe-9ec3-985d708e711a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Efectos personales"></p><p class="article-text">
        Un cuerpo que cae adopta la velocidad de una fruta. Fruta pasada. Despu&eacute;s del entierro nos fuimos a comer a una parrilla. Era una esquina barata en Villa Crespo y armaron una mesa larga. Primero trajeron los chorizos y las morcillas, como siempre. &Iacute;bamos picoteando el pan y nos re&iacute;amos, la ropa elegante que ten&iacute;amos puesta iba a quedar con olor a grasa. Me di cuenta de que el cuerpo de mi mam&aacute; estaba roto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hasta ese momento la hab&iacute;a pensado divina, como siempre, maquillada, ofreci&eacute;ndome un bocadito, &iquest;No quer&eacute;s darles algo de comer a los chicos? No hab&iacute;a sido f&aacute;cil el entierro, como muchas veces en las historias, en la historia. Fosas comunes, no poder ir, como ahora en pandemia, cementerios superpoblados, tumbas vac&iacute;as. Ese d&iacute;a &eacute;ramos una cantidad elemental de deudos. Nosotras hab&iacute;amos llevado un grabador medio berreta para pasar &laquo;She&acute;s Leaving Home&raquo; mientras el caj&oacute;n bajaba y el pizzicato de viol&iacute;n Marina Mariasch 14 con el que empieza hab&iacute;a salido en ralenti por las pilas gastadas. Otra vez la m&uacute;sica deforme. She&acute;s leaving home, ba, baaaaaaai. El rabino rez&oacute; el kaddish y nos cort&oacute; la ropa. Era parte de la shiv&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nos acompa&ntilde;&oacute; un sol pobre. Tuve la sensaci&oacute;n de que ahora era rica. Iba a heredar. Adem&aacute;s del incordio de la muerte hab&iacute;a otros problemas que tra&iacute;a el hecho de que mam&aacute; se hubiera suicidado. La mutual israelita no nos dejaba enterrarla en el lote familiar. Matarse es pecado. La religi&oacute;n no permit&iacute;a que la enterraran en el cementerio donde estaba mi abuelo. Hubo que negociar con las autoridades y al final nos dejaron enterrarla en un borde, junto al muro. En la antig&uuml;edad, a los suicidas se los enterraba en las encrucijadas del camino para que sus almas se perdieran. Nunca fueron bien recibidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los rituales en el cementerio inclu&iacute;an volver a la entrada por un camino distinto al que se hab&iacute;a tomado para llegar al lugar del entierro y lavarse y enjuagarse tres veces cada mano antes de salir. Tambi&eacute;n, no volver directo a la casa. Despu&eacute;s de la carne, que trajeron en tres braseros de mesa, pedimos flan con dulce. No nos importaba nada. Mi prima, que estaba de viaje y no hab&iacute;a podido venir, me llam&oacute; y me dijo: &iexcl;Qu&eacute; tarada! No estaba preparada para escuchar algo as&iacute;. Las sensaciones se abarrotaban pero no iban en una sola direcci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tarada no era lo que pensaba yo cuando los domingos a la ma&ntilde;ana me acostaba panza abajo con la tapa de Sargent Pepper's entre las manos. M&aacute;s bien pensaba por qu&eacute; mi mam&aacute; tiene que ser tan fan del marr&oacute;n, tan fan&aacute;tica del beige, me daba un poco de pena. Pensaba que mi pap&aacute; deb&iacute;a estar secretamente enamorado de una mujer negro-naranja-violeta, una estridencia misteriosa y no de esa finlandia tenue que vi clara en la pel&iacute;cula <em>Interiores</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora no pod&iacute;a descifrar un sentimiento. No es como la muerte normal si hay algo de normal en la muerte. Nada del ciclo: negaci&oacute;n, ira, negociaci&oacute;n, depresi&oacute;n, aceptaci&oacute;n. Incluso dicho as&iacute; ese proceso suena un tanto esquem&aacute;tico. Esto era: madeja, enjambre, locura, bronca, culpa, verg&uuml;enza, death metal, limbo, fiesta (ten&iacute;a visitas todo el tiempo, las amigas se quedaban a dormir, pijama party), odio, asco, gusto a clavos oxidados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No sent&iacute;a tanta culpa por haberme peleado con ella la &uacute;ltima vez que nos vimos el d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os, nos pele&aacute;bamos siempre. Me daba culpa haber rogado que le pasara algo para que el chico al que hab&iacute;a empezado a ver en esa &eacute;poca me prestara m&aacute;s atenci&oacute;n. &Eacute;l estaba muy ocupado porque su mejor amiga ten&iacute;a a la mam&aacute; enferma y la acompa&ntilde;aba d&iacute;a y noche. Dios, ojal&aacute; me pasara algo as&iacute;, pens&eacute; para adentro una tarde. Nadie lo supo nunca, pero pas&oacute;. Seba se port&oacute; como un duque. Vino al velorio, al entierro, se qued&oacute; a dormir en casa. Se mantuvo a una distancia prudencial. Unas semanas antes se lo hab&iacute;a se&ntilde;alado a mi mam&aacute; desde la mesa de un bar. Me parece muy chico, dijo. Nunca nada le resultaba suficiente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>MM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marina Mariasch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/efectos-personales_129_9118756.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jun 2022 03:02:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cde2a8c0-1b8f-4abe-9ec3-985d708e711a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="79769" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cde2a8c0-1b8f-4abe-9ec3-985d708e711a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="79769" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Efectos personales]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cde2a8c0-1b8f-4abe-9ec3-985d708e711a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Novelas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ensayo del yo en el poema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/ensayo-poema_129_8182850.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/860810c9-e929-4182-9270-a508695a4dcc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ensayo del yo en el poema"></p><p class="article-text">
        Hay golpes en la vida tan fuertes&hellip; yo no s&eacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No le molestar&iacute;a a Tamara, creo, que empezara a escribir sobre ella con un verso de Vallejo, con el primer verso de su primer libro, Los heraldos negros. La vida de living y de libros, clases, bares, charlas, de Tamara podr&iacute;a contarse perfectamente en un patchwork hecho con los versos de los poemas que componen la novela de su vida, la poes&iacute;a de su vida, la novela de su poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Dantesco lo que pas&oacute;, un d&iacute;a estar, otro no estar. Fort- da de Di&uml;s, ser&aacute; de dios. Es Dantesco el t&iacute;tulo de Roberta Iannamico que Tamara am&oacute; desde un principio, sobre todo ah&iacute; cuando las chicas paran en un rinc&oacute;n del bosque para hacer pis en cuclillas. <strong>Esa intimidad no tan inofensiva</strong>. Ya sabemos que los golpes en la vida son as&iacute;. Pero la fuerza de ese verso de Vallejo, nos ense&ntilde;&oacute; Tamara, est&aacute; en los puntos suspensivos, en esa incertidumbre, en la inestabilidad de no poder decir. <strong>Yo no s&eacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo no s&eacute; bien qu&eacute; decir sobre Tamara, ni a qui&eacute;n le importan palabras m&iacute;as. Tampoco quiero salir &ldquo;apurada por la demanda period&iacute;stica&rdquo;. <strong>No se puede llorar apurada.</strong> Ni leer apurada. Lo inestable en el verso de Vallejo ella lo hab&iacute;a aprendido de alguien, no viene a cuento, y fuimos muchos los que aprendimos de ella. La primera vez la visit&eacute; en su casa en la calle Gurruchaga har&aacute; 30 a&ntilde;os. Me hab&iacute;an dicho que lo que escrib&iacute;a era poes&iacute;a, y la fui a ver para que me lo confirmara. La hab&iacute;a visto primero en los versos de Tango bar, en fotocopias, entre los bancos de Pu&aacute;n, y supe que ah&iacute; donde no entend&iacute;a quer&iacute;a quedarme. <strong>Despu&eacute;s fui su fantasma, ella el m&iacute;o, jugamos a eso un rato, imaginen si me atreviera a semejante presunci&oacute;n. </strong>Lo puso entre comillas al decirlo y as&iacute; le invirti&oacute; el valor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo s&oacute;lo arrancaba p&aacute;ginas en La edad de la poes&iacute;a, y recib&iacute;a los faxes de H&eacute;ctor Libertella, todav&iacute;a su marido, para el trabajo editorial que hac&iacute;amos. Por esa &eacute;poca, <strong>Tamara usaba una campera roja de cuero, estaba en llamas, se divorciaba del modernismo</strong>. El alcohol avivaba el fuego y esparc&iacute;a semillas, ya no de hijos, pero de libros. Un d&iacute;a de esos H&eacute;ctor pas&oacute; bajo la puerta el poema que nunca hab&iacute;a escrito hasta entonces con el anagrama de Tamara que muchos a&ntilde;os despu&eacute;s ser&iacute;a El libro de Tamar. No voy a decir inclasificable porque no me interesa clasificar.
    </p><p class="article-text">
        Tamara nunca regal&oacute; los halagos, hasta el viernes pasado que nos dijo a Anah&iacute; y a m&iacute; que sin nosotras la c&aacute;tedra no exist&iacute;a y me encomend&oacute; un poema dif&iacute;cil para el te&oacute;rico. &ldquo;Chicas es una palabra dulce que no tenemos que dejar de lado aunque nuestra edad la desmienta&rdquo;. Chicas nos dec&iacute;a siempre, en la catedral de la poes&iacute;a que hab&iacute;a inventado para llevar los versos m&aacute;s barrosos a las aulas. <strong>Una catedral profana, donde flotamos juntas la nataci&oacute;n de dios.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tienta leer Chicas&hellip; en clave y adivinar ah&iacute; &uacute;ltimos gui&ntilde;os, decir aqu&iacute; est&aacute;: &ldquo;Fin de la historia&rdquo;. Pero no se escribe ah&iacute; <em>con muerte</em> como dec&iacute;a ella que escrib&iacute;a Alejandra, o la l&iacute;rica terminal que le&iacute;amos en Viel, en Lihn, y de la que a veces nos dec&iacute;a: Chicas, es un baj&oacute;n, no lo demos. Ser abuela la hab&iacute;a devuelto nena, la Tamara p&iacute;cara nunca se fue, estuvo siempre, los ojitos vivaces mirando hacia delante.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/73b3ad4c-e0e7-4d81-9746-6efb65c826b1_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/73b3ad4c-e0e7-4d81-9746-6efb65c826b1_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/73b3ad4c-e0e7-4d81-9746-6efb65c826b1_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/73b3ad4c-e0e7-4d81-9746-6efb65c826b1_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/73b3ad4c-e0e7-4d81-9746-6efb65c826b1_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/73b3ad4c-e0e7-4d81-9746-6efb65c826b1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/73b3ad4c-e0e7-4d81-9746-6efb65c826b1_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Una dedicatoria de Tamara"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una dedicatoria de Tamara                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tamara fue t&iacute;a -una t&iacute;a brillante y canchera que se llama Alicia de las mil maravillas- despu&eacute;s tambi&eacute;n fue un poco mam&aacute;, pieza en ese rompecabezas de mam&aacute;s que una se arma cuando no tiene. Todo era y no era poes&iacute;a. <strong>A Tamara la convocaban intensamente las Historias de amor, y era buena consejera, zorra y sabia. Nos cuidaba.</strong> A nadie le interesa lo que a m&iacute; refiere pero no est&aacute; ella para seguir escribiendo as&iacute; que nos queda releerla y rastrearla, quienes quieran, claro, en las im&aacute;genes de quienes la tuvimos un rato, un poco cerca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tamara quer&iacute;a cambiar el programa que se hilaba con el yo, el sujeto l&iacute;rico -la poes&iacute;a como herramienta privilegiada para leer los cambios que se operan en el plano de la subjetividad-, por otro que pensara el v&iacute;nculo entre poes&iacute;a y ensayo. Ven&iacute;amos haciendo la transici&oacute;n. La hizo ella en sus libros, en el de Tamar, en el de las Chicas, &ldquo;&acute;Nadie escribe desde el m&aacute;s all&aacute;, &rdquo;, y sin embargo, y sin embargo&hellip;&ldquo; la seguiremos leyendo y escribiendo sobre ella, y esas lecturas productivas son tambi&eacute;n obra de ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marina Mariasch]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/ensayo-poema_129_8182850.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Jul 2021 21:28:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/860810c9-e929-4182-9270-a508695a4dcc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="131812" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/860810c9-e929-4182-9270-a508695a4dcc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="131812" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ensayo del yo en el poema]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/860810c9-e929-4182-9270-a508695a4dcc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
