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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Anaïs Roig]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/anais-roig/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Anaïs Roig]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El cuidado comunitario, una labor de las organizaciones sociales que se visibilizó durante la pandemia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/cuidado-comunitario-labor-organizaciones-sociales-visibilizo-durante-pandemia_1_8200033.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d75f9ec9-4874-4a42-add5-81d1ef8eb495_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El cuidado comunitario, una labor de las organizaciones sociales que se visibilizó durante la pandemia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El “Quédate en tu barrio” como modalidad comunitaria de aislamiento en el AMBA develó la extensión de un entramado organizacional con protagonismo femenino para la provisión de cuidados a familias en los barrios populares y también visibilizó la necesidad de cuidados en las personas mayores.</p></div><p class="article-text">
        Julio 2020. Son alrededor de las 12 y el sol invernal irradia calor a las personas que con recipientes de pl&aacute;stico y peque&ntilde;as ollas en mano hacen fila a los costados del Centro Cultural y Deportivo &ldquo;Los Amigos&rdquo;, m&aacute;s conocido como &ldquo;El mere&rdquo; en alusi&oacute;n a sus or&iacute;genes como &ldquo;copa de leche&rdquo;. Algunas dejan sus bolsas para &ldquo;guardar&rdquo; un lugar y aprovechan para conversar con otras. Son tiempos en que las salidas son espor&aacute;dicas y se atesoran, el temor al contagio pesa sobre los encuentros y se hace presente en las conversaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Adentro, un equipo de cinco personas termina de acomodar los &uacute;ltimos preparativos para servir las raciones de comida. Este a&ntilde;o, el &ldquo;Jard&iacute;n de La monta&ntilde;a&rdquo; no tuvo tiempo de abrir sus puertas. Mientras gran parte del centro comunitario que lo alberga est&aacute; en refacciones, la &ldquo;salita naranja&rdquo; se convirti&oacute; en cocina provisoria para dar de comer diariamente a m&aacute;s de 300 personas. En ella coexiste el mobiliario en su versi&oacute;n mini, juegos y juguetes coloridos que contrastan con el gris met&aacute;lico del horno industrial y de las gigantescas ollas de 100 litros -entregadas por un &aacute;rea de asistencia cr&iacute;tica del Ministerio de Desarrollo Social de Naci&oacute;n (MDSN)-. All&iacute; se cuece el guiso del d&iacute;a. Hoy lleva chorizo, resalta el referente del centro &ldquo;Los Amigos&rdquo;, en el Partido General San Mart&iacute;n. En otra parte de la salita se encuentran cajas y bolsas de alimentos no perecederos, producto de donaciones provenientes de otras ONG y de &ldquo;lo que baja el Estado&rdquo;. Almacenadas en distintos canastos, son rociadas reiteradas veces con alcohol, para espantar ese virus que, en ese entonces, todav&iacute;a parec&iacute;a que se aferraba a las superficies. Destinadas a la olla, tambi&eacute;n ser&aacute;n repartidas a otras organizaciones de la zona que, por econom&iacute;a burocr&aacute;tica, centralizan los pedidos all&iacute;. Comparten escenario los folletos apilados del programa del Ministerio de Educaci&oacute;n de la Naci&oacute;n &ldquo;Seguir Educando&rdquo; rescatados de otro centro comunitario y que se entregan peri&oacute;dicamente a las familias.
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                Cajas de alimentos entregadas en comedores comunitarios                            </span>
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        Taty, una de las &ldquo;se&ntilde;os&rdquo; con su distintivo guardapolvo cuadrill&eacute;, ordena y selecciona ropa de donaciones que ser&aacute; puesta a disposici&oacute;n en un canasto para que la gente la retire seg&uacute;n su conveniencia en el mismo horario de la fila. Ella no cocina, pero cuando no est&aacute; elaborando kits recreativos y pedag&oacute;gicos destinadxs a lxs ni&ntilde;xs del jard&iacute;n y sus hermanxs, hacerle seguimiento, y estar constantemente conectada con las madres y padres a trav&eacute;s del grupo de WhatsApp, es la encargada de tomar los pedidos en la fila de la olla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya casi arranca el &ldquo;rush&rdquo; de las entregas. En una mesa alta se termina de embolsar el pan que acompa&ntilde;ar&aacute; el estofado de poroto blanco con chorizo. Mientras, Taty sale a verificar que todxs lleven barbijos, que mantengan distancia entre s&iacute; y a rociarles las manos con alcohol.
    </p><p class="article-text">
        A los costados del port&oacute;n de entrada, un cartel indica los horarios en los que la organizaci&oacute;n provee asistencia para la inscripci&oacute;n al IFE, en otro de los muros adyacentes, una exposici&oacute;n de materiales producidos en talleres art&iacute;sticos del centro entretiene las miradas de quienes aguardan. Dividida en dos, &ldquo;el sector VIP&rdquo; de la fila cuenta con sillas para que las personas mayores -prioritarias en la entrega de comida- puedan sentarse. La otra parte de la fila est&aacute; compuesta de hombres y mujeres que esperan las viandas. Si bien la organizaci&oacute;n pide que no se venga con ni&ntilde;os/as para evitar contactos innecesarios, se los/as ve jugando en esa misma calle. Posiblemente para ellos/as, como para sus familiares, tambi&eacute;n es importante poder salir de casa. 
    </p><p class="article-text">
        Taty apunta minuciosamente nombre, apellido y cantidad de raciones solicitadas en el cuaderno en el que se contabiliza diariamente qui&eacute;nes concurrieron a la olla, para as&iacute; anticipar la variaci&oacute;n de personas para las semanas a venir, evitar desperdicios y a su vez poder asistir a todos/as aquellos/as que lo necesiten. Mientras toma nota, saca del bolsillo de su delantal caramelos y los reparte, como para endulzar la espera, fundiendo as&iacute; gestualidad ordenadora con la del afecto hospitalario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre las 12 y las 13 se entrega la comida. All&iacute; tambi&eacute;n, el trabajo est&aacute; minuciosamente organizado. En un banco se dispone de un balde con agua clorada en el que se desinfectan los recipientes tra&iacute;dos por los/as vecinos/as. Seg&uacute;n explica uno de los organizadores, adem&aacute;s de tener una funci&oacute;n higienizante, tiene una funci&oacute;n demostrativa: por un lado, permite mostrarles a los/as vecinos/as que la olla est&aacute; tomando los recaudos necesarios para minimizar riesgos de contagio, por el otro, llama la atenci&oacute;n sobre ciertos h&aacute;bitos nuevos a adquirir. Luego de higienizar y secar los recipientes, otra persona los lleva adentro para servir las porciones correspondientes. El grupo encargado de cocinar hoy recibe &oacute;rdenes de cu&aacute;ntas porciones servir para un mismo envase. La destreza de quien sostiene el cuchar&oacute;n residir&aacute; en ser equitativo con el bien m&aacute;s escaso de las ollas: la carne.&nbsp;
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                Ollas populares en pandemia                            </span>
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        En contexto de emergencia cr&iacute;tica, las organizaciones sociales territoriales dedicaron buena parte de sus actividades, particularmente en los momentos m&aacute;s restrictivos de la cuarentena, a proveer asistencia alimentaria a las familias de sus barrios, incluso para aquellas que no se dedicar&aacute;n espec&iacute;ficamente a ello. El &ldquo;Qu&eacute;date en tu barrio&rdquo; como modalidad comunitaria de aislamiento dispuesta por el gobierno nacional para los barrios populares del &Aacute;rea Metropolitana de Buenos Aires <strong>devel&oacute; la extensi&oacute;n de un entramado organizacional complejo que, con el especial protagonismo de mujeres, asumi&oacute; un rol crucial en la asistencia y la provisi&oacute;n de cuidados a familias en los barrios populares.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pensar c&oacute;mo y qu&eacute; se da de comer, aprender a cocinar para &ldquo;muchos m&aacute;s&rdquo;, obtener recursos para ello, ingeniar un nuevo ordenamiento y divisi&oacute;n del trabajo, adaptar protocolos sanitarios, supuso para esta y otras organizaciones comunitarias movilizar redes y capitales sociales de diverso tipo, algunos de largo plazo, otros in&eacute;ditos y ce&ntilde;idos a la pandemia. Redes entre organizaciones que se potenciaron y entreayudaron mediante sinergias operativas para la adecuaci&oacute;n de los espacios y la obtenci&oacute;n de alimentos, a veces complementados con el apoyo de alguna ONG. Articulaciones pol&iacute;tico-institucionales, con la universidad p&uacute;blica y &aacute;reas diversas de los Estados (provincial, nacional y municipal). Mediaciones en las cuales el Estado encontr&oacute; cierto grado de penetraci&oacute;n capilar en los barrios populares, mientras que las organizaciones sociales hallaron soporte en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, de un modo m&aacute;s o menos intensivo seg&uacute;n los espacios y territorios. Armar redes para la resoluci&oacute;n de problemas contingentes, garantizar el acceso a ciertos derechos supone un trabajo arduo de construcci&oacute;n pol&iacute;tico-organizante desde abajo; conjunto de saberes y experiencias, cuyo valor muchas veces no es reconocido.
    </p><p class="article-text">
        Para varias organizaciones, el desconcierto generado por un panorama inestable, los d&eacute;ficits de infraestructura p&uacute;blica y la virtualizaci&oacute;n de la mayor&iacute;a de las actividades sociales y comunitarias se tradujo en una persistente <strong>inquietud acerca de c&oacute;mo mantener los v&iacute;nculos a pesar del aislamiento.</strong> En funci&oacute;n de lo que ya se sabe de las familias y de su pasar, algunas organizaciones tambi&eacute;n armaron encuestas para complementar e incorporar &ldquo;lo nuevo&rdquo;, y as&iacute; adecuar t&aacute;cticamente su accionar. No sin temores propios a lo in&eacute;dito de la situaci&oacute;n y a los posibles contagios, las organizaciones tambi&eacute;n contuvieron y escucharon a la gente que acompa&ntilde;aban. Una dimensi&oacute;n afectiva e intangible del cuidado que estuvo presente a la hora de tomar decisiones, pero tambi&eacute;n y simplemente -aunque no sea poco-, como disposici&oacute;n hacia el o la otra. En esta mirada y escucha, <strong>aparecen algunas problem&aacute;ticas y sujetos que antes pasaban desapercibidos.</strong> Por ejemplo, las personas mayores, quienes a menudo carecen de espacios comunitarios espec&iacute;ficos y que durante el ASPO fueron mira de cuidados particulares. Como relata Ana, directora del Jard&iacute;n: &ldquo;Ten&iacute;amos cero v&iacute;nculo. No los ve&iacute;amos, nos pregunt&aacute;bamos d&oacute;nde estaban los ancianes del barrio, no ten&iacute;amos v&iacute;nculo; y ahora aparecieron [&hellip;]<strong> </strong>se entabl&oacute; enseguida el di&aacute;logo porque les pedimos que no vengan, que manden a alguien. Y son viejitos solos los que vienen, viejitos que no tienen a alguien que pueda venir por ellos a llevarles comida, les propusimos que dejen de venir para no exponerse al contagio y que se los pueda alcanzar alguna vecina o nosotras y no quisieron. [&hellip;] Es una forma de salir y vincularse con nosotros y entre ellos. [&hellip;] ellos lo encuentran m&aacute;s como un lugar de pertenencia que les da compa&ntilde;&iacute;a y alegr&iacute;a.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Como sabemos, las personas mayores fueron un foco privilegiado de la pol&iacute;tica de prevenci&oacute;n por parte del Estado durante la pandemia, consideradas como una de las poblaciones m&aacute;s vulnerables al virus. En los barrios populares, en algunos casos por iniciativa propia de las organizaciones, en otros mediante una articulaci&oacute;n con programas como el <a href="https://www.argentina.gob.ar/coronavirus/detectar" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Detectar</a> (Ministerio de Salud de la Naci&oacute;n), <a href="https://www.argentina.gob.ar/noticias/se-lanza-el-barrio-cuida-al-barrio-frente-la-pandemia-del-covid-19" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Barrio Cuida al Barrio</a> (MDSN), u otros programas municipales, se llevaron adelante relevamientos de personas mayores. Ese fue el caso de una cooperativa de trabajadoras de cuidado no terap&eacute;utico a personas mayores perteneciente a la Uni&oacute;n de Trabajadores y Trabajadoras de la Econom&iacute;a Popular (UTEP) que, mediante un convenio con el &aacute;rea de la Secretar&iacute;a Nacional de Ni&ntilde;ez, Adolescencia y Familia responsable de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas hacia la vejez, asisti&oacute; a dicha poblaci&oacute;n. En ese marco y durante tres meses, cerca de veinte mujeres de la Cooperativa Cuidar registraron y sistematizaron manzana por manzana a las personas mayores de 60 a&ntilde;os y m&aacute;s, en dos barrios populares de la Ciudad de Buenos Aires. Identificaron sus posibles afecciones de salud, sus eventuales coberturas m&eacute;dicas y pensiones, problemas de acceso a la salud p&uacute;blica y/o a ciertos derechos. Junto a un equipo t&eacute;cnico se elaboraron colectivamente criterios de priorizaci&oacute;n, protocolos y procedimientos para la atenci&oacute;n y asistencia de estas personas.&nbsp;
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                El trabajo de las organizaciones sociales en pandemia                            </span>
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        Las trabajadoras tejieron redes comunitarias e institucionales de cuidado, a los fines de obtener medicamentos y turnos m&eacute;dicos en centros de salud del barrio, as&iacute; como en hospitales. Madrugar en las filas de los CESAC o del hospital de proximidad; hablar con los profesionales de salud sobre la situaci&oacute;n de tal adulto/a; conseguir insumos m&eacute;dicos espec&iacute;ficos (por ejemplo, una silla de ruedas o pa&ntilde;ales); aprovisionar con bolsones de comida de alguno de los comedores de la zona en caso de ser necesario; transmitir pautas sobre pr&aacute;cticas de autocuidado y asesorar sobre la inscripci&oacute;n al plan de vacunaci&oacute;n nacional por Covid, fueron algunas de las labores cotidianamente llevadas a cabo por esta cooperativa. 
    </p><p class="article-text">
        Luego de mapearlas artesanalmente, las cuidadoras -como se autodenominan-, brindaron informaci&oacute;n sobre dependencias del Estado en el barrio para la realizaci&oacute;n de tr&aacute;mites administrativos, cuando no ayudaron a su concreci&oacute;n. Protocolos mediante, visitaron regularmente a las personas mayores para controlar sus signos vitales (presi&oacute;n, ox&iacute;geno en sangre y temperatura). Esto permit&iacute;a la detecci&oacute;n de casos (no solo por Covid-19) que requirieran de intervenci&oacute;n m&eacute;dica. Estas acciones que pueden denominarse de salud comunitaria orientadas espec&iacute;ficamente al cuidado de personas mayores conllevan disposiciones que componen lo que las propias trabajadoras consideran como un &ldquo;buen cuidado&rdquo;: la &ldquo;empat&iacute;a&rdquo;, la &ldquo;paciencia&rdquo; y sobre todo la &ldquo;escucha&rdquo;, que  habr&iacute;an permitido sortear la desconfianza inicial de las personas asistidas. Ejercicio y aprendizaje de una escucha atenta que, al decir de las mismas, es valorado por los/las mayores del barrio, en momentos de repliegue en el espacio dom&eacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Sin &aacute;nimos de cerrar la discusi&oacute;n en este universo heterog&eacute;neo de pr&aacute;cticas que suele denominarse cuidado comunitario,<strong> la situaci&oacute;n de emergencia permiti&oacute;, no obstante, visibilizar toda una producci&oacute;n de valores por parte de organizaciones sociales.</strong> De su acci&oacute;n puede decirse que dieron lugar a formas notables de valor pol&iacute;tico-organizante, valor contenci&oacute;n y valor salud comunitaria. Dimensiones de un trabajo valorizable que, como lo han se&ntilde;alado diversas contribuciones te&oacute;ricas y pol&iacute;ticas, son la parte sist&eacute;micamente ocultada y/o desvalorizada de la producci&oacute;n de econom&iacute;a y de sociedad en el orden capitalista (v&eacute;ase, por ejemplo, Fraser 2016: <a href="https://newleftreview.es/issues/100/articles/nancy-fraser-el-capital-y-los-cuidados.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las contradicciones del capital y los cuidados. </a><a href="https://newleftreview.es/issues/100/articles/nancy-fraser-el-capital-y-los-cuidados.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>New Left Review</em></a>).
    </p><p class="article-text">
        Un informe del <a href="https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2021/05/informe_completo_renatep.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Econom&iacute;a Popular</a> ofrece una aproximaci&oacute;n num&eacute;rica a este sector, hasta ahora desconocido por los modos oficiales de registrar. De las 2.093.850 personas inscriptas hasta febrero 2021, 28,6% declaran desempe&ntilde;arse en servicios socio comunitarios, de las cuales 63,2% son mujeres, con una fuerte predominancia de la actividad en comedores y merenderos.&nbsp;<strong>Se trata de una econom&iacute;a, al momento, mayormente feminizada que obliga a actualizar el debate acerca de la tensi&oacute;n entre el reconocimiento de la vida social y su transformaci&oacute;n.</strong> El desfasaje entre una &ldquo;esencialidad&rdquo; burocr&aacute;ticamente establecida que conced&iacute;a permiso para circular libremente, y sus valencias en t&eacute;rminos de reconocimiento pol&iacute;tico, social y econ&oacute;mico, es se&ntilde;alado por m&uacute;ltiples voces, bajo el grito &ldquo;somos esenciales&rdquo; como deuda pendiente. En la distinci&oacute;n temporal que se abre, se desliza otra tensi&oacute;n irresuelta -objeto de vivos debates- entre la forma salarial y la forma designada &ldquo;social&rdquo; como modos de remuneraci&oacute;n laboral, as&iacute; como sus derechos asociados. Derrotero en el cual, como lo aprendimos de la sociolog&iacute;a feminista, se pone en juego el reconocimiento y la econom&iacute;a del cuidado comunitariamente organizada, a la vez que el horizonte de una asignaci&oacute;n igualitaria de responsabilidades que implican dichas tareas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de diversas acciones p&uacute;blico-estatales emprendidas, el tiempo presente apremia y renueva la posibilidad de tratar el cuidado como una categor&iacute;a pol&iacute;tica, donde, visibilidad, habla y escucha p&uacute;blicas pone dram&aacute;ticamente en pugna el sentido del trabajo y del valor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Esta nota recupera y adapta algunos elementos de un trabajo de mi autor&iacute;a: Roig, A. (2020). Enlazar cuidados en tiempos de pandemia. Organizar vida en barrios populares del AMBA. En Comisi&oacute;n Econ&oacute;mica para Am&eacute;rica Latina y el Caribe (CEPAL), Cuidados y mujeres en tiempos de COVID-19: la experiencia en la Argentina, Documentos de Proyectos (LC/TS.2020/153). Santiago: Comisi&oacute;n Econ&oacute;mica para Am&eacute;rica Latina y el Caribe (CEPAL), 67-99.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>AR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Anaïs Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/sociedad/cuidado-comunitario-labor-organizaciones-sociales-visibilizo-durante-pandemia_1_8200033.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Aug 2021 03:00:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El cuidado comunitario, una labor de las organizaciones sociales que se visibilizó durante la pandemia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pandemia,Comedores,Covid-19,Organizaciones sociales]]></media:keywords>
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