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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Fernando Miguel Casullo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/fernando-miguel-casullo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Fernando Miguel Casullo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[“Yes, you are": Nine Inch Nails y un pequeño momento para recordar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/yes-you-are-nine-inch-nails-pequeno-momento-recordar_1_8639049.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d71dbe06-3696-4ecd-b1fb-dffe8d640517_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Yes, you are&quot;: Nine Inch Nails y un pequeño momento para recordar"></p><p class="article-text">
        A la hora de recordar recitales hay varios que se vienen a la memoria de forma casi autom&aacute;tica: Queen en el Live Aid del 85, Deep Purple en Estocolmo del 70, la despedida a Freddie Mercury en el 92. Hendrix d&aacute;ndole amor y prendiendo fuego a su guitarra en Monterrey, Ozzy Osbourne mordiendo un murci&eacute;lago y vacun&aacute;ndose contra la rabia en Iowa, las postales en modos runa de Pink Floyd en Pompeya haciendo del elitismo un activo o Britney comi&eacute;ndole la boca a Madonna en los MTV Awards. En el terreno nacional, podemos mencionar el &ldquo;Gracias totales&rdquo; de la despedida de Soda o a Charly cantando <em>Seminare </em>bajo una torrencial lluvia y ni hablar del divertido momento en el que el Colorado Mustaine, mientras brindaba su show en el escenario de Obras en 1994 ,se sorprendi&oacute; con el &ldquo;Megadeth, Megadeth, aguante Megadeth&rdquo; que cantaba la turba al corear su riff de <em>Symphony of Destruction</em>. El c&aacute;ntico, sincretismo thrashero y futbolero, se volvi&oacute; popular y fue adoptado por fans de la banda en todo el mundo. Argentina for export, potencia mundial. <strong>En 1994, el a&ntilde;o de las piernas cortadas y la muerte de Kurt Cobain,</strong> se edit&oacute; una placa de una banda que en vivo produjo otro momento arriba de un escenario digno de recuperarse. Eso s&iacute;, disclaimer, se trata de un instante peque&ntilde;o, minimalista, que de hecho pas&oacute; desapercibido, a diferencia de todos los que mencionamos, que ya son parte del canon de la cultura pop. Pero bueno, vayamos por partes y pongamos en contexto a nuestro rescate olvidado, a nuestro Trinche Carlovich de los recitales.
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        1994 fue un a&ntilde;o especialmente activo no solo en la m&uacute;sica; con decir que el mismo primero de enero el Ej&eacute;rcito Zapatista de Liberaci&oacute;n Nacional inici&oacute; de forma sorpresiva una insurrecci&oacute;n armada en M&eacute;xico de corte anti neoliberal que asombr&oacute; al mundo por su est&eacute;tica y por su <em>timming </em>(al copiar el truquito de Castro de 1959 de combinar pan dulce y garrapi&ntilde;adas con revoluciones campesinas). Sin embargo, el campanazo en pos de los nadies del subcomandante Marcos y sus soldados fue un poco como un rel&aacute;mpago en una noche de oscuridad. En efecto, la cosa ven&iacute;a rumbeada para el otro lado (y las protestas antiglobalizaci&oacute;n m&aacute;s masivas ser&iacute;an especialmente crudas reci&eacute;n al final de la d&eacute;cada, con la cumbre de Seattle en el 99). As&iacute;, <strong>desde al menos la ca&iacute;da de la URSS, los grandes relatos se desvanec&iacute;an en el aire como foto de hermanos de Marty McFly y todo parec&iacute;a ser capitalismo sin contrapesos</strong>. Momentum en el que Francis Fukuyama, con su ya m&iacute;tico <em>El Fin de la Historia,</em> har&iacute;a la de Nietzsche con Dios, pero con el comunismo y todos sus anexos y <em>amenities </em>(loco que, para lo muerto que lo ve&iacute;an entonces, hoy el socialismo sea un villano tan actual). Pero bueno, en definitiva, ese esp&iacute;ritu de estar bailando sobre la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n sin dudas impregn&oacute; mucho del arte de ese per&iacute;odo, menos &eacute;pico y m&aacute;s fragmentado (tras que todo fin de siglo siempre enciende las usinas milenaristas e incalmas). La indagaci&oacute;n en cierta reducci&oacute;n a la unidad (&ldquo;individualismo&rdquo;) se volvi&oacute; muy relevante y los collages y las mezclas parecieron copar la parada. Vanguardia MTV.
    </p><p class="article-text">
        En ese humus tan especial, el 8 de marzo aparec&iacute;a<em>The Downward Spiral</em> del grupo Nine Inch Nails (la mejor banda de rock industrial de la historia, consumida por personas propias de un libro de Bajt&iacute;n). <em>La Espiral Descendente</em>, tal su nombre en castellano, fue grabada en Le Pig, un estudio creado ad hoc en la casa donde Sharon Tate fue asesinada a manos del clan Manson (demolido luego de la grabaci&oacute;n). La placa result&oacute; fundacional en el <em>Zeitgeist </em>de toda aquella &eacute;poca de derrotas de las grandes victorias, &aacute;lbum introspectivo, oscuro, pero tambi&eacute;n una apuesta a las texturas, los samplers, la mezcla, la hibridez, un paracetamol de giro ling&uuml;&iacute;stico y, a la saz&oacute;n, pieza fundacional del rock de los noventa. Disco conceptual que giraba en torno al eterno tropo del descenso a los infiernos del protagonista (en los hechos, el propio Trent Reznor, l&iacute;der de la banda, que por entonces atravesaba sus propias tormentas personales).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una creaci&oacute;n escabrosa, tenebrosa por momentos, que jugaba con la herej&iacute;a, la carne, la sangre, la podredumbre, todo para recrear <strong>el fresco de una sociedad entregada como nunca antes al placer de un consumismo ef&iacute;mero</strong> (una potente imagen literaria que m&iacute;nimo paga dividendos desde la conversi&oacute;n de la mujer de Lot en sal en Sodoma). En lo musical, <em>The Downward Spiral</em>&nbsp; result&oacute; una novedad, dado que introduc&iacute;a dentro de las potentes bases distorsionadas del industrial (<em>The March of the Pigs</em>), melod&iacute;as suaves y reconfortantes (como en <em>A warm place</em>), construyendo un sonido muy especial, muchas veces emulado. Una obra nacida para llevar el sello de agua del Parental Advisory por lo al l&iacute;mite de su est&eacute;tica (en especial el recordado video del tema <em>Closer</em>, que pon&iacute;a en situaci&oacute;n im&aacute;genes on&iacute;ricas y chocantes muy propias de la tradici&oacute;n del Gran Gui&ntilde;ol). Un espiral descendente en la locura de un fin de siglo que se mostraba poco amable, malestar de la cultura gore con latex negro. Y, sin embargo, el &uacute;ltimo tema, llamado <em>Hurt</em>, iba para arriba entre tanta espeleolog&iacute;a del dolor. Poco, nada, imperceptible, pero para arriba. Un puntito para salvarse del descenso.
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            </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Hurt</strong></em><strong> fue el tema franquicia de la banda y el que en su suavidad mel&oacute;dica logr&oacute; traspasar las fronteras de un g&eacute;nero freak y disonante</strong>, especialmente cuando Johnny Cash lo reversion&oacute; en el 2002 y lo dom&oacute;, como buen cowboy, llev&aacute;ndolo desde el country al mundo. Una canci&oacute;n que en lo musical aportaba en su grabaci&oacute;n original un truco muy posmo y samplero, explicado por el propio Trent Reznor, que fue grabar un segundo de un viol&iacute;n para meterlo en una reverberaci&oacute;n infinita que generaba un tono fijo como de un &oacute;rgano, no muy afinado pero potente. Ese sonido, puesto al principio del estribillo, generaba un cl&iacute;max muy especial, como de un despertar. <strong>Abrir los ojos, sacar la cabeza del agua, tomar conciencia de s&iacute;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La letra de <em>Hurt</em> iba en la misma l&iacute;nea que la composici&oacute;n y sintetizaba la situaci&oacute;n de desilusi&oacute;n y desencanto de los 90 en particular ,tanto como los grandes temas&nbsp;de la civilizaci&oacute;n occidental en general. &ldquo;I hurt myself today/ To see if I still feel/ I focus on the pain/ The only thing that's real&rdquo;, con esa potente l&iacute;nea comenzaba, situando el agobio entre la soledad, el aletargamiento y la crudeza del dolor como conexi&oacute;n con lo real (cuatro versos y ya la boca se nos llenaba de sabor a Kubrik y Burgess). &ldquo;The needle tears a hole/The old familiar sting/Try to kill it all away/ But I remember everything&rdquo;. Borges, tel&eacute;fono. Luego, el estribillo con los temas de la soledad y el aislamiento que generan la percepci&oacute;n del mundo a lo largo de la vida. &ldquo;What have I become? My sweetest friend/ Everyone I know/ Goes away in the end/ You could have it all/ My empire of dirt/ I will let you down/ I will make you hurt&rdquo;. En un punto, lo del Imperio de la Suciedad, del Polvo, tiene un tono post apocal&iacute;ptico, muy Mad Max. &ldquo;I wear this crown of shit/ Upon my liar's chair/ Beneath the stains of time/ The feelings disappear/ You are someone else/ I am still right here&rdquo;. La imagen de la corona de mierda en el trono de mentiras en su crudeza es hermosa porque remite a Victor Hugo y su Jorobado, o a <em>La comedia humana </em>de Balzac. El reino de los abandonados, el rey con la corona de heces que mira la multitud. &ldquo;Full of broken thoughts/ I cannot repair/ Beneath the stains of time/ The feelings disappear&rdquo;, esta es la l&iacute;nea m&aacute;s posmoderna de la canci&oacute;n, los pensamientos rotos, la disociaci&oacute;n que no se puede reparar. Y en final, el remate, en un disco totalmente dark y repleto de tristeza, mostraba de todos modos una salida: &ldquo;If I could start again/ A million miles away/ I would keep myself/ I would find a way&rdquo;. El punto de fuga que, de hecho, generaba una canci&oacute;n como <em>Hurt</em>, metida ah&iacute; para sacar la cabeza despu&eacute;s de tanta bajada al averno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, nuestro nodo, el cenit del art&iacute;culo, que habla sobre dicha canci&oacute;n, en vivo: Nueva York, 30 de julio del 2017, bastantes a&ntilde;os despu&eacute;s. Huelga decir que en entretanto en el mundo hubo varias vueltas y, especialmente Trent Reznor y NIN, hab&iacute;an tenido mil idas y venidas, demonios y adicciones explotadas, conjuradas, elaboradas, atravesadas, todo eso que solemos ver en esos documentales entre sensacionalistas y moralistas que se suelen hacer sobre el rock. Y entonces, en el marco del Panorama Festival, que tampoco importa mucho,&nbsp; cantaron <em>Hurt.</em>
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        <strong>La performance fue conmovedora, con una intensidad menos industrial y m&aacute;s mel&oacute;dica</strong>, usando el sonido del viol&iacute;n encerrado en el infinito de la canci&oacute;n original. Y en un momento en que Trent Reznor cantaba &ldquo;You are someone else, but I still right here&rdquo;, en medio de un silencio respetuoso y embelesado del p&uacute;blico, se escuch&oacute; a alguien gritarle &ldquo;Yes, you are&rdquo;. Ovaci&oacute;n y un momento digno de destacarse. La idea de decirle a un artista caracterizado por dejarlo todo, el &ldquo;si, vos todav&iacute;a est&aacute;s&rdquo; era desde ya un reconocimiento a la trayectoria, a la carrera. Pero, en un nivel m&aacute;s &iacute;ntimo, hab&iacute;a algo en esa frase, mucho m&aacute;s profundo, que apelaba a lo comunitario, al abrazo de los rotos, al momento de la catarsis. Vos, el mejor de nosotros, est&aacute;s ac&aacute;, y cant&aacute;s diciendo que nos vas a desilusionar, y nunca lo hiciste, y si lo hiciste, no importa, porque de dolor est&aacute; hecha la vida, as&iacute; como de agua la sand&iacute;a. Identidad hecha momento, momento de terciopelo.
    </p><p class="article-text">
        Mucho se ha discutido en estos a&ntilde;os sobre el acercamiento un poco escol&aacute;stico de la generaci&oacute;n X hacia los consumos art&iacute;sticos, y c&oacute;mo las generaciones posteriores viven con m&aacute;s desenfado y menos prejuicios la experiencia cultural (recordemos la pol&eacute;mica por el uso del autotune, por caso). A sabiendas de que ese debate es medio bizantino (y replicado en cada intersecci&oacute;n generacional desde m&iacute;nimo el siglo XVIII) es interesante detenerse un poco para cerrar en el por qu&eacute; fue tan relevante la m&uacute;sica en los 90.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es famosa, ya no importa si fue del todo cierto, la imagen de la escuela que dio clases el d&iacute;a despu&eacute;s de la bomba de Hiroshima. Un maestro decidi&oacute; continuar m&aacute;s all&aacute; de la tragedia y dio su lecci&oacute;n, mientras de fondo se ve&iacute;a el sol que sal&iacute;a a regalarle a la condici&oacute;n humana, plebeya y sucia, otro amanecer. Un relato de la redenci&oacute;n, de la superaci&oacute;n, que todos m&aacute;s o menos conocemos con Jap&oacute;n y su posguerra (aunque tanta industria y radioactividad les costar&iacute;a engendrar un Godzila). Bueno, pensemos que <strong>vivir los 90, montarse sobre el fracaso de un proyecto de 70 a&ntilde;os, casi sobre la ca&iacute;da de la fe de un siglo, para muchos fue como tener una bomba at&oacute;mica explotando en la cabeza</strong> (luego de rebotar en el Muro de Berl&iacute;n). Y as&iacute; la canci&oacute;n, la belleza ah&iacute;, al alcance de la mano, por ejemplo con Nine Inch Nails y su <em>Hurt</em>, fue para muchos el equivalente a vivir aquella clase bella y redentora que daba el maestro el d&iacute;a despu&eacute;s del hongo nuclear. &iquest;Por qu&eacute; no agradecer por eso?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando Miguel Casullo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/yes-you-are-nine-inch-nails-pequeno-momento-recordar_1_8639049.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Jan 2022 11:18:08 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Un adiós a Piltrafa: el héroe de los antihéroes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/adios-piltrafa-heroe-antiheroes_129_8232349.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/93ad85b8-7837-48f4-9537-ea5144f1df81_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un adiós a Piltrafa: el héroe de los antihéroes"></p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; decir del Punk que no se haya afirmado? Nada. Ya se dijo todo. Ya Nietzsche, el primer pistol, mat&oacute; a Dios y Foucault, un ramonero de ley con sus poleras, le asest&oacute; un golpe fatal al sujeto (que igual un poco renace hoy con la literatura selfie del yo). Anthony Burgess con sus drugos ya le pegaron la cagada a palos al Estado Benefactor y el dada&iacute;smo ya se volvi&oacute; el divertimento de las clases subalternas brit&aacute;nicas y el <em>no future</em> hace d&eacute;cadas que ya se llev&oacute; puesta a la paz social de la II posguerra y a Hobsbawm con ella. <strong>La desprolijidad de un movimiento musical que apost&oacute; todo a la performatividad y sus bases mel&oacute;dicos simples y potentes ya se le col&oacute; al supercalifragilisticoespialidoso del Sinf&oacute;nico y el rock conceptual.</strong> Ya no queda nada por innovar en el Lado Escupido de la Luna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo este 13 de agosto los cultores de aquel movimiento en su versi&oacute;n argentina, acaso latinoamericana tambi&eacute;n, recibieron la peor noticia. El Punk local s&iacute; tuvo su cambio radical, <a href="https://www.eldiarioar.com/espectaculos/murio-62-anos-pil-trafa-lider-violadores-figura-central-punk-argentina_1_8219724.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con la muerte de H&eacute;ctor Enrique Chalar, Piltrafa</a>. Rostro, sin&eacute;cdoque del campo, Pil, el que pudo reunir en una sola versi&oacute;n perif&eacute;rica la rabia de John Lydon, el compromiso de Joe Strummer y la dulzura de Joey Ramone, no va a estar m&aacute;s. &ldquo;Est&aacute;s muerto, est&aacute;s muerto antes de nacer&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Chalar naci&oacute; el 1 de febrero de 1959 en Villa Urquiza, exactamente un mes despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n Cubana. Ese mismo d&iacute;a se suscit&oacute; en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica el incidente del paso Di&aacute;tlov, muerte inexplicable y misteriosa de nueve excursionistas en los montes Urales. En la Argentina el <em>stop and go</em> hac&iacute;a lo suyo y en unos pocos meses la escasez de divisas y de pax frondizista har&iacute;an llamar a pasar al invierno a Alsogaray. Postales de un mundo que atravesaba el fr&iacute;o de una guerra &iacute;dem con la carne l&iacute;vida y tr&eacute;mula. Pil, un beb&eacute; que lleg&oacute; con la geopol&iacute;tica bajo el brazo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Enrique no fue ni m&aacute;s ni menos que un boomer tard&iacute;o o un X temprano, devenido adolescente en esos 70 a los que ya no le quedan una baldosa por revisar. Fue en la segunda mitad de esa d&eacute;cada donde a nuestro pa&iacute;s estaba llegando aquel movimiento tan potente como simpl&oacute;n que, entre salivazos y aromas a pie, estaba sacudiendo la grandilocuencia de una escena marcada por los discos conceptuales y los mil m&uacute;sicos en el escenario. En el marco de esa primera ola que de a poco empezaba a abrirse camino en la Argentina, Chalar se conect&oacute; con Pedro Braun (Hari-B el introductor), Gustavo &ldquo;Stuka&rdquo; Fossa y Sergio Gram&aacute;tica, formando Los Violadores en plena Dictadura Militar, de hecho, el nombre de la banda se vio modificado por la censura imperante. El rock duro en nuestro pa&iacute;s naci&oacute; traumado por la represi&oacute;n, no por el aburrimiento comprado con los d&oacute;lares del Plan Marshall.<strong> Mientras los m&uacute;sicos brit&aacute;nicos o norteamericanos sumaban hast&iacute;o existencial, los argentinos coleccionaban ingresos en las comisar&iacute;as.</strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La banda tuvo una alquimia medio instant&aacute;nea y debut&oacute; con la placa <em>Los Violadores</em> en 1983, obra furiosa y potente. Luego, en 1984, crear&iacute;an el disco central del g&eacute;nero en toda Am&eacute;rica Latina, <em>Y ahora qu&eacute; pasa eh</em>, en donde mezclaron con maestr&iacute;a los t&oacute;picos desgarrados de la salida de la dictadura con los del recrudecimiento de la Guerra Fr&iacute;a. En el siguiente disco, <em>Fuera de Sektor</em>, el m&aacute;s dark de todos, aparecieron bases m&aacute;s pop y el despliegue en su prosa de conflictos existenciales propios de la literatura postapocal&iacute;ptica, con una pluma que por momentos parec&iacute;a surgir de una ronda de tragos entre Borges, Isaac Asimov y Enrique Symns. Con esa primera trilog&iacute;a Los Violadores se har&iacute;an acreedores de la franquicia del movimiento en Am&eacute;rica Latina. Luego, es sabido, se regalaron unas cuantas peleas, una separaci&oacute;n traum&aacute;tica y tres vueltas, una 1995, otra en el 2002 y una m&aacute;s en el 2016, con la formaci&oacute;n de los primeros tres discos, que fue sencillamente antol&oacute;gica, colosal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Mientras los músicos británicos o norteamericanos sumaban hastío existencial, los argentinos coleccionaban ingresos en las comisarías.  </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero hablemos un poco m&aacute;s de Pil. Ya hicimos los saludos a la bandera de la historia del rock, ya pas&oacute; el momento Documental de Canal Encuentro, la clase de historia de la cultura en los a&ntilde;os del Proceso de Reorganizaci&oacute;n Personal. D&eacute;monos un segundo m&aacute;s para hablar sobre por qu&eacute; nos pega tanto su muerte si, en un punto, hace un mont&oacute;n que nadie lo escuchaba merodear por los grandes escenarios (aunque ah&iacute; est&aacute; su &uacute;ltima placa, <em>Carne, Tierras y Sangre, </em>de Pilsen, ganadora del Gardel al disco de Rock Pesado/Punk mostrando que tan oxidado no estaba). Para la Generaci&oacute;n X su partida es orfandad (y esto en desgarrador tandem con el fallecimiento de Palo Pandolfo, un par de semanas atr&aacute;s). <strong>Con &eacute;l se muere un poco m&aacute;s la adolescencia de quienes crecieron en la monta&ntilde;a rusa de una devaluada primavera democr&aacute;tica seguida de un convertible menemismo. Se fue H&eacute;ctor Enrique Chalar, ya no va a estar ah&iacute; tirando pasivos agresivos con Stuka, ni remando cada una de sus bandas, como obrero laborioso del rock que fue. </strong>Nada ser&aacute; como la primera vez, no volver&aacute; a suceder.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay algo en el ethos de los h&eacute;roes, sucios, de barro, como el que fue Pil, que les impide ser reconocidos o narrados en su totalidad. Tal vez por haber quedado un poco &ldquo;pegados&rdquo; a aquel recorrido conceptual que describimos (punk, rabia contra la dictadura, Piero, traidor, comete las begonias que le est&aacute;s tirando a los hippies, etc), es que nunca fueron rescatados desde su lugar m&aacute;s humano. La l&iacute;nea potente y contracultural que volvi&oacute; &iacute;dolo a Pil tambi&eacute;n un poco lo dej&oacute; en ese lugar inc&oacute;modo del sitial, del pante&oacute;n. Del pante&oacute;n Punk, encima, erigido para ser salivado. Sin embargo, Pil, con una carrera honesta y constante, desarroll&oacute; una iconoclasia autoinmune, y mil veces se baj&oacute; para compartir con los de a pie, una birra, un acorde, una charla. Si &eacute;l fue un &iacute;dolo de barro, <strong>aguante el barro.</strong>
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Con él se muere un poco más la adolescencia de quienes crecieron en la montaña rusa de una devaluada primavera democrática seguida de un convertible menemismo.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La ni&ntilde;ez en los a&ntilde;os posteriores a la dictadura fue algo as&iacute; como una mierda para un mont&oacute;n de gente. No estaba bueno vivir en un Mundo como el de los 80 y los 90, m&aacute;s all&aacute; de lo bien que la pasaban Boby Goma, el Tubbie 3 y la Tubbie 4 en la tele. Si la infancia es la verdadera patria de las personas, como supo decir Rilke, la ni&ntilde;ez en los ochenta y los noventa fue un pa&iacute;s en guerra, tipo el L&iacute;bano o Ruanda. La infancia pos estanflaci&oacute;n (y crisis de la Deuda), esa que tantas veces retrat&oacute; el cine o las series, de criaturas solas, abandonadas todo el d&iacute;a por padres laburantes, si es que tuvo un lugar de respiro, fue la m&uacute;sica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La m&uacute;sica, la banda preferida, defini&oacute; as&iacute; para aquellas generaciones una trazabilidad de su propia identidad, en un momento donde formar parte y pertenecer a los grupos era fundamental. Por eso, los X tienen con sus consumos culturales de la ni&ntilde;ez, la pre adolescencia y la adolescencia, una comuni&oacute;n completa y absoluta. Una suerte de adoraci&oacute;n (un poco acr&iacute;tica, un poco avinagrada, obvio), que ha podido atravesar el cedazo de lo bizarro y de lo avejentado. Una generaci&oacute;n que lleg&oacute; a la adultez en los a&ntilde;os de la Alianza y el 2001 y que tiene asociada la felicidad de forma casi literal con escuchar m&uacute;sica. Seleccionarla, conseguirla, estudiarla, catalogarla. Fil&oacute;logos autodidactas, cazadores del casete perdido en el Parque Rivadavia de turno.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para aquellos que, de paso, encontraban en la cultura la clave para sublimar cierto rechazo a las convenciones sociales, la presencia de Piltrafa y Los Violadores (y Sumo, Virus, Viudas e hijas, V8, Soda, Redondos, Pericos y un largo etc.) fue casi como un campo de fuerza entre tanta malaria y rechazo. En un recorrido vital donde si las zapas no eran Nike, sufr&iacute;as, si bailabas mal en los asaltos, sufr&iacute;as, si nadie gustaba de vos sufr&iacute;as, escuchar canciones como <em>M&aacute;s all&aacute; del Bien o del Mal</em>, <em>Mercado Indio</em>, <em>Contra la Pared </em>o <em>Petr&oacute;leo y Sangre</em>, fue ganarse un ticket al amor propio. Con Los Violadores, los drugos y las drugas locales, gente de barrio escapando de la hiper con m&aacute;s hambre que violencia, pudieron sentirse valientes, completados, al menos por un rato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un momento donde los dict&aacute;menes del mainstream (y de Ronald Reagan y Rocky) obligaban al &eacute;xito, <strong>con Los Violadores te sent&iacute;as orgullosamente afuera. </strong>Te sent&iacute;as parte de algo m&aacute;s grande, chill&oacute;n, estridente, raro. Qui&eacute;n nunca hizo el gesto, sarliano, intoxicado, rid&iacute;culo, de subir la m&uacute;sica para que alg&uacute;n ocasional testigo sintiese a todo volumen eso de &ldquo;no quieren transformar, no lo lograr&aacute;n&rdquo;, que tire el primer pogo. Los equivocados eran los que no escuchaban Violadores, no <em>nosotros</em>. Gracias Pil por eso, por hacer de la periferia un gesto de autoafirmaci&oacute;n, snobista, re, pero lleno de orgullo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Te queremos, tit&aacute;n, te extra&ntilde;aremos, hermoso. <strong>Nada ni nadie te pudo doblegar.</strong> Vamos a romper todo en tu honor.
    </p><p class="article-text">
        <em>FC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando Miguel Casullo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Aug 2021 10:12:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un adiós a Piltrafa: el héroe de los antihéroes]]></media:title>
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