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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Claudia Piñeiro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/claudia-pineiro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Claudia Piñeiro]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Palabras, textos, y urgencias postergadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/palabras-textos-urgencias-postergadas_1_9301008.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/62906544-4ddd-4341-bbb4-90701a02a05b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x95y76.jpg" width="1200" height="675" alt="Palabras, textos, y urgencias postergadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora abrió la Feria del libro de Rosario con en este texto que habla sobre el oficio de escribir, pero también sobre los incendios en el Delta y la necesidad de una Ley de Humedales.</p></div><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">A Gerardo Rozin, gran lector</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A lo largo de la vida, una escritora, un escritor, escribe. Nuestra tarea es escribir. Buscar dentro del universo de palabras posibles aquellas m&aacute;s apropiada para cada texto, elegirlas, anotarlas, combinarlas, incluso descartar las que no nombran como queremos nombrar. Algunas (algunos) creemos que all&iacute;, en la b&uacute;squeda y elecci&oacute;n de qu&eacute; palabra, hay un acto pol&iacute;tico. Lo sea o no, escribir es una acci&oacute;n concreta. Una (uno) se sienta en su silla, frente a la pantalla -nuestra p&aacute;gina en blanco de hoy-, y aprieta las teclas que pintar&aacute;n letras, palabras, oraciones, frases, p&aacute;rrafos, textos. Escribir hoy est&aacute; muy lejos de ser un acto rom&aacute;ntico, como lo puede haber sido siglos atr&aacute;s. Comparto lo que dice Eugenia Almeida en su libro <em>Inundaci&oacute;n</em>, acercando la escritura a nuestros tiempos y a nuestra realidad. Dice Almeida: <em>&ldquo;Se escribe con el cuerpo. No se trata de una actividad mental. Se escribe con la espalda, las manos, los ojos, la nuca, las piernas. No hay que olvidar eso: cada vez que hay escritura, es un cuerpo el que escribe&rdquo;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Coincido con Almeida, y me pregunto entonces: &iquest;a qu&eacute; ponerle el cuerpo?, &iquest;qu&eacute; escribir?
    </p><p class="article-text">
        La respuesta a esa pregunta var&iacute;a seg&uacute;n el motor que se enciende para dar inicio al acto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la ficci&oacute;n (novela, cuento, dramaturgia o guion) mi motor es el deseo. Hay un deseo de escritura, que aparece con una imagen&nbsp; y a partir de ese deseo surge el texto. Alguna vez acept&eacute; el deseo de otro y escrib&iacute; un cuento a pedido para una antolog&iacute;a o una propuesta de guion, pero siempre apropi&aacute;ndomelo, convirti&eacute;ndolo en m&iacute;o. Y si no lo logr&eacute;, si no pude desear lo que me pidieron, entonces el texto seguramente fue fallido. En los textos que surgen del deseo la libertad est&aacute; s&oacute;lo acotada por la propia escritura, hay l&iacute;mites pero los pone el escritor o la escritora, quien al apuntar las palabras que conformar&aacute;n los primeros p&aacute;rrafos define las fronteras de ese mundo ficcional que est&aacute; naciendo.&nbsp; Dice Amos Oz, en su libro <em>La historia comienza</em>: <em>&ldquo;Todo principio de relato es siempre una especie de contrato entre escritor y lector. Hay, por supuesto, toda clase de contratos, incluyendo los que son insinceros&rdquo;.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Se escriben con el cuerpo incluso los textos insinceros.
    </p><p class="article-text">
        Hay otro tipo de textos que no se originan por el deseo sino a demanda.&nbsp; Alguien, el editor o la editora de un diario o de una revista, o quien dirige una c&aacute;tedra, pide que escribas. Define un tema, una cantidad de caracteres, una fecha de entrega, <strong>con suerte un honorario </strong>y, si acept&aacute;s, escrib&iacute;s. La acci&oacute;n tiene rasgos parecidos pero tambi&eacute;n diferencias sustanciales. En los dos casos se trata de buscar las palabras, de explorar y hacer la mejor selecci&oacute;n posible dentro de ese universo infinito que es el lenguaje, para crear mundos nuevos o describir los existentes. En eso no hay diferencia. Pero en los textos a demanda el motor se enciende con la voluntad de ajustarse al tema propuesto, a un marco, incluso a una l&iacute;nea editorial o a una hip&oacute;tesis dada. Es lo que hay y, zambullida all&iacute;, una (uno) escribe. En ese origen no hay deseo sino reglas, pautas, l&iacute;neas, se toma o se deja. Si se toma, escribir es nadar dentro de andariveles, aplicando el estilo propio en el movimiento pero acot&aacute;ndolo en el recorrido, y con el compromiso de responder a aquello que se acord&oacute;. La libertad de esa escritura existe s&oacute;lo dentro de los l&iacute;mites trazados por otros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Feria del libro de Rosario                            </span>
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        Y luego hay un tercer tipo de texto. Que es este mismo, el que escrib&iacute; para poder leer hoy, aqu&iacute;, en la<strong> Feria del libro de Rosario</strong>. Este discurso de apertura. Un texto at&iacute;pico. Es a pedido, por lo tanto no hay deseo en el origen sino demanda, sin embargo tampoco hay en apariencia reglas ni pautas a seguir. La supuesta libertad es absoluta. Pero &iquest;lo es?, &iquest;cu&aacute;l ser&iacute;a el recorte adecuado para esta ocasi&oacute;n? En el discurso de apertura de cualquier Feria del libro es de esperar que nadie te sugiera de qu&eacute; ten&eacute;s que hablar. Mucho menos, de qu&eacute; no pod&eacute;s hablar. Nadie acota el tema, nadie limita, nadie pide. Pero me pregunto: &iquest;alguien espera?, &iquest;alguien desea que la escritora (el escritor) se refiera a una cuesti&oacute;n en particular? El conjunto de asuntos posibles a tratar es, como el lenguaje, infinito. Y, en esa inmensidad, lo primero que surge es el desconcierto, incluso la par&aacute;lisis. &iquest;Qu&eacute; tema escojo? &iquest;Qu&eacute; dejo de lado? &iquest;C&oacute;mo hago para no defraudar la expectativa que quiz&aacute;s tengan algunos o algunas, acerca de lo que elijo decir? Cuando la libertad supuesta es tan grande aparece el temor. Temor a no estar a la altura de las circunstancias, temor a que no le importe a nadie lo que venimos a decir, temor a que la oportunidad&nbsp; no sea honrada. Incluso, temor concreto a que lo que una (uno) elige decir moleste a personas o a determinados intereses y eso dispare una serie de agresiones posteriores, por diferentes v&iacute;as y de diferente intensidad. Se escribe con el cuerpo, y las agresiones se sienten en el cuerpo. En la actualidad, cuando se supone que no existe censura, vemos a diario c&oacute;mo opera el &ldquo;miedo a decir&rdquo;, limitando el propio discurso. Por eso lo primero que hay que hacer para poder ejercer el acto de escribir y hablar con libertad es relativizar el temor.&nbsp; Poner por encima del temor algo que lo supere, que lo haga peque&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ese algo puede ser la urgencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La urgencia llama a decir lo que hay que decir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De ese modo, el texto at&iacute;pico ya no puede hablar de cualquier cosa porque se convierte en un texto urgente. &iquest;Cu&aacute;l es la urgencia, hoy, ac&aacute;? Estamos en la Feria del libro del Rosario, una ciudad preciosa y querida, donde viven muchos amigos, con una importante vida cultural, pero tambi&eacute;n con altos &iacute;ndices de violencia y de pobreza, aquejada por el narcotr&aacute;fico, el crimen organizado y la crisis ambiental. Y esa ciudad pertenece a un pa&iacute;s donde hace apenas una semana atentaron contra la vida de la vicepresidenta de la Naci&oacute;n, Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner, un tema grav&iacute;simo que atenta tambi&eacute;n contra la democracia que hemos construido con esfuerzo a partir del fin de la dictadura militar. Con todos estos temas: &iquest;deber&iacute;a entonces hablar de libros?, &iquest;de literatura?, &iquest;del oficio de escribir?, &iquest;de la industria editorial?, &iquest;de la precaria situaci&oacute;n del escritor y la escritora dentro de esa industria que navega, como otras, en medio de los avatares de nuestra econom&iacute;a? Apuesto que aqu&iacute; y ahora no es &eacute;sa la urgencia. De esos temas habl&eacute; en el 2018&nbsp; cuando abr&iacute; la Feria del libro de Buenos Aires. Y de la ley de aborto, que era la urgencia entonces. De esos temas habl&oacute; Guillermo Saccomanno cuando abri&oacute; la feria del libro de Buenos Aires este a&ntilde;o y sum&oacute; m&aacute;s urgencias. Pero vuelvo a situar la urgencia en tiempo y espacio: hoy, ac&aacute;, en Rosario, &iquest;ser&iacute;a sensato usar este micr&oacute;fono para hablar s&oacute;lo de libros y de nuestro oficio?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pobreza, la violencia, el narcotr&aacute;fico o el crimen organizado son problemas graves y urgentes pero inmensos, tanto que me costar&iacute;a hacer un recorte para traerlos a este discurso. Problemas que sin dudas exceden a esta ciudad. El intento de magnicidio contra la vicepresidenta, con el consecuente debilitamiento de la democracia, es un tema urgent&iacute;simo y grav&iacute;simo que tambi&eacute;n considero excede a los tiempos que podr&iacute;amos dedicarle en esta apertura, ya que implicar&aacute; conversar, debatir, buscar y agotar instancias para alcanzar acuerdos de convivencia democr&aacute;tica, que hoy, en nuestra sociedad, parecen rotos. Decid&iacute;, entonces, traer a la Feria del libro de Rosario un tema concreto y puntual del que s&iacute; siento podemos y debemos ocuparnos en esta apertura, porque mientras estamos aqu&iacute;, intentando pensar a qu&eacute; ponerle el cuerpo, cu&aacute;l puede ser un texto urgente para esta ocasi&oacute;n, los humedales se queman, los queman, y&nbsp; <strong>EN ROSARIO NO SE PUEDE RESPIRAR</strong>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y si hoy, ayer, ma&ntilde;ana, no se puede respirar, &iquest;no se trata de un tema lo suficientemente urgente para que nos ocupemos de &eacute;l nosotras (nosotros),&nbsp; los funcionarios de los distintos poderes ejecutivos -municipales, provinciales, nacionales-, los legisladores que tengan que sancionar leyes, la justicia a la que le corresponda intervenir?&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Imagen de una protesta anterior en el puente Rosario-Victoria                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Empecemos por buscar palabras, que es la tarea de quienes escribimos. Palabras que nombren lo que hay que nombrar. <strong>Ecocidio. Ecocidio es la destrucci&oacute;n de gran parte del medio ambiente de un territorio, especialmente si es intencionada e irreversible</strong>. Frente al ecocidio del Paran&aacute;, &iquest;c&oacute;mo hablar de libros? &iquest;C&oacute;mo hablar de libros si no se puede respirar? &iquest;C&oacute;mo leer si no se puede respirar?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sumo palabras: ecocidio, agua, r&iacute;o, urgencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>EN ROSARIO NO SE PUEDE RESPIRAR,&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        es una frase que se me repite como un mantra, es la frase que dijeron e hicieron girar en las redes Gabriela Cabez&oacute;n C&aacute;mara, Dolores Reyes, Claudia Aboaf, Maristella Svampa, Soledad Barruti, escritoras ecofeministas que forman el colectivo <em>Mir&aacute;</em>. El ecocidio del Paran&aacute; es tambi&eacute;n el reclamo de personas y organizaciones diversas, con esas mismas palabras o con otras, con esa misma frase o con otras, que denuncian a diario la quema de humedales, los incendios incontrolados, el humo, las enfermedades, la expulsi&oacute;n de lo aut&oacute;ctono, la muerte de todo lo que all&iacute; vive y, a corto o lo largo plazo, nuestra muerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>ECOCIDIO, EN ROSARIO NO SE PUEDE RESPIRAR</strong>, <strong>LEY DE HUMEDALES YA, BASTA DE QUEMAS,</strong>
    </p><p class="article-text">
        gritamos. Y seguiremos gritando, en las calles, en los puentes. Pero siempre queda la duda de si los que tienen que escuchar, escuchan. O escuchan pero se hacen los tontos. Por eso lo repito ahora, frente a este micr&oacute;fono, este d&iacute;a en Rosario, en esta Feria del Libro, cuando tengo que elegir de qu&eacute; hablar y mi motor es la urgencia.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiero traer distintas voces para que sumen literatura y&nbsp; reclamo, para armar juntas (juntos) un texto literario y pol&iacute;tico.&nbsp; <strong>Hablemos, leamos, debatamos entonces acerca del r&iacute;o, de sus humedales y de libros.</strong>&nbsp; Y del <strong>fuego </strong>que as&iacute; como hoy quema humedales tantas veces, a lo largo de la historia, quem&oacute; libros. Y del <strong>ecocidio del Paran&aacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y hablemos de <strong>proyectos de leyes consensuadas</strong> que se postergan sin tratamiento.&nbsp; Y de <strong>responsabilidades compartidas</strong> de lo que se debe hacer, incluso sin la ley sancionada a&uacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El humo de los incendios frente a Rosario cubrió la Ciudad de Buenos Aires                            </span>
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        Met&aacute;monos en el r&iacute;o de la mano de Mariano Pereyra Esteban, con su <em>Vayas&iacute;</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Tiene algo de hipn&oacute;tico el r&iacute;o, es cierto. Las aguas, en permanente movimiento, se confunden con quietud cuando forman un &uacute;nico brillo bajo el sol. Aguas inmemoriales, de caminos infinitos. Asusta un poco dimensionar horas, a&ntilde;os, ante la existencia abrumadora de la naturaleza, de eras sin medida, donde los hombres somos existencias diminutas y fugaces que ocupamos porciones de tiempo, trozos de espacio, que no significar&aacute;n ni siquiera una huella en las arenas infinitas de universo. El r&iacute;o es la majestuosidad en movimiento, indiferente. La naturaleza subsiste a las eras por medio de su laxitud, no entiende de los l&iacute;mites en su existencia, porque en ella todo es cambio, y no hay l&iacute;mites para lo que no tiene forma estable. Asusta, empeque&ntilde;ece.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        El r&iacute;o no tiene tiempo. Pero lo que en &eacute;l vive s&iacute;, y hoy muere. As&iacute; que me temo que, si no hacemos algo, tambi&eacute;n el r&iacute;o tenga sus d&iacute;as contados. Los tiempos del r&iacute;o, nuestros tiempos y los tiempos que se toman los legisladores para sancionar leyes son muy distintos. Hace diez a&ntilde;os se present&oacute; por primera vez un proyecto de ley de humedales. Algunos de esos proyectos simplemente se dejaron caer sin tratamiento, o se les dio un empuj&oacute;n para que cayeran. Unos pocos fueron aprobados en una c&aacute;mara pero no llegaron a tratarse en la otra. Este a&ntilde;o 2022, es el turno del proyecto de <strong>&ldquo;ley de presupuestos m&iacute;nimos de protecci&oacute;n ambiental para el uso racional y sostenible de los humedales&rdquo;,</strong> un proyecto de consenso que se basa en aquel que tuvo dictamen en el 2020, firmado por diputados de distintos partidos, que se trabaj&oacute; con la comunidad cient&iacute;fica, colectivos ambientalistas, organizaciones y asambleas.
    </p><p class="article-text">
        Dice este proyecto de ley en sus fundamentos:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;En medio del ecocidio sufrido en nuestro pa&iacute;s, en el que se reportaron m&aacute;s de 1.300.000 hect&aacute;reas afectadas por incendios durante los a&ntilde;os 2020 y 2021 , entendemos que esta discusi&oacute;n resulta impostergable&rdquo;.</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Agrego una palabra: impostergable. Ecocidio, agua, r&iacute;o, urgencia, impostergable.
    </p><p class="article-text">
        Pero la urgencia se posterga. Y en lo que va de 2022, se quemaron cientos de miles hect&aacute;reas, dif&iacute;cil saber cu&aacute;ntas porque oficialmente nadie se ocupa de contarlas como corresponde. Y, adem&aacute;s, si hubiera conseguido el n&uacute;mero exacto para compartirlo en este texto, deber&iacute;a haberlo modificado cada d&iacute;a despu&eacute;s de terminar de escribirlo, porque el fuego no se detuvo. Tal vez, ahora, mientras hablo, alguien est&eacute; comenzando un incendio en el humedal, o planeando iniciar un incendio ma&ntilde;ana, alguien est&eacute; mirando para otro lado, alguien se prepare para decir: yo no soy responsable. Pasaron diez largos a&ntilde;os desde el primer proyecto. Pasaron cinco largos meses antes de que el nuevo fuera girado a tres comisiones para empezar a ser discutido. &iquest;Cu&aacute;ntos meses tendr&aacute;n que pasar ahora para que la ley de consenso por fin se trate y se sancione? &iquest;Meses o a&ntilde;os?
    </p><p class="article-text">
        Meses, a&ntilde;os, eras. Los tiempos del r&iacute;o versus los tiempos del Estado. Si el proyecto dice impostergable: &iquest;d&oacute;nde est&aacute; el valor de la palabra?
    </p><p class="article-text">
        Dijo el escritor Osvaldo Aguirre, en una nota del diario Perfil, en noviembre de 2021, titulada &ldquo;Territorio m&iacute;tico&rdquo;:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Desde Sarmiento hasta Haroldo Conti, desde Leopoldo Lugones hasta C&eacute;sar Aira, la literatura argentina encuentra en el Delta del r&iacute;o Paran&aacute; el territorio donde establecer una de sus tradiciones m&aacute;s importantes. </em><em><strong>En el curso de esa producci&oacute;n sedimenta el imaginario de un mundo en el que ser&iacute;a posible otra vida, m&aacute;s libre y menos alienada, pero tambi&eacute;n la conciencia creciente sobre un para&iacute;so definitivamente perdido ante el desarrollo inmobiliario y la contaminaci&oacute;n del ambiente</strong></em><em>. Los escritores ven en el r&iacute;o y las islas un paisaje cambiante y contradictorio: un refugio, una escapatoria, el emplazamiento de un centro clandestino durante la dictadura, un sitio que posibilita una nueva existencia, un lugar donde morir.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Y yo agrego:&nbsp; hay responsables, si el Delta del Paran&aacute; dej&oacute; de ser un ideal y se transform&oacute; en un para&iacute;so perdido, hay responsables. Y cuando los responsables se revolean culpas unos a otros, o se lavan las manos, o cuando no act&uacute;an y podr&iacute;an haber actuado -mucho o poco-, cuando demoran, cajonean o hasta hacen caer leyes consensuadas, la responsabilidad es de todos. Porque la responsabilidad no es s&oacute;lo del que quema, del que degrada, del que deja un terreno yermo, del que mata. Tambi&eacute;n lo es del que deja quemar, degradar, convertir el ideal en un para&iacute;so perdido, matar. Y al hablar del que quema o deja quemar, no me esfuerzo - como hice hasta ahora en este texto- por incluir el femenino para lograr el universal de un sustantivo o de un pronombre que sentimos que hoy no nos nombra a las mujeres y disidencias. Esta vez uso el masculino adrede porque los funcionarios que podr&iacute;an haber actuado son en su mayor&iacute;a varones, los que operan para que las leyes de humedales se caigan son en su mayor&iacute;a varones, y los due&ntilde;os de los humedales que incendian intencionalmente son en su mayor&iacute;a varones. En ese caso, el universal masculino aplica perfectamente, porque estamos hablando del poder. Y el poder sigue estando, mayormente, en manos de varones.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Imagen del puente Rosario-Victoria                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Deber&iacute;an tenernos m&aacute;s en cuenta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dice Maristella Svampa,&nbsp; en su art&iacute;culo &ldquo;Feminismos del Sur y Ecofeminismos&rdquo;:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Muy especialmente en su versi&oacute;n libre de esencialismos, el ecofeminismo contribuye a aportar una mirada sobre las necesidades sociales, no desde la carencia o desde una visi&oacute;n miserabilista, sino desde el rescate de la cultura del cuidado como inspiraci&oacute;n central para pensar una sociedad ecol&oacute;gica y socialmente sostenible, a trav&eacute;s de valores como la reciprocidad, la cooperaci&oacute;n y la complementariedad.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Palabras que se escriben con el cuerpo como acci&oacute;n pol&iacute;tica: r&iacute;o, agua, humedal, ecofeminismo, sociedad, cooperaci&oacute;n, reciprocidad, literatura.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s palabras:&nbsp; camalotes, carrizos, canutillos, espada&ntilde;as, totoras, pajas bravas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; como alguna vez repartimos pa&ntilde;uelos verdes en cada banca del Congreso de la Naci&oacute;n, repartir&iacute;a hoy el libro de Marisa Negri y Paula Collini, <em>La voz del ciervo</em>, para que lo leyeran las y los legisladores mientras debaten otros asuntos, que seguramente consideran prioritarios. Dice Marisa Negri:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;En el susurro de la hierba</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y en el grito de las pavas</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que hacen girar los engranajes del mundo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>se quema la isla</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>en el ondular de los peces</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que dejan apenas un trazo en el agua</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>y en el hueco que la ranita saltadora cav&oacute; debajo del ing&aacute;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>se quema la isla.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>(&hellip;)</em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>hay humo en el aire</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>&iquest;Qu&eacute; haremos con lo que arde,</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>con lo que oprime y pavimenta lo no domesticado?&rdquo;</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>EN ROSARIO NO SE PUEDE RESPIRAR</strong>, <strong>LEY DE HUMEDALES YA, SE QUEMA LA ISLA.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Llama la atenci&oacute;n que esto no amerite un tratamiento urgente. &iquest;Hay algo m&aacute;s urgente que no poder respirar? &iquest;Conf&iacute;an en echarle la culpa a la Ni&ntilde;a, a la bajante del Paran&aacute;, a los vientos, a la falta de lluvia?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s palabras: mac&aacute;es, patos, garzas, gallaretas, chaj&aacute;es, burritos, caraus, caracoleros, bigu&aacute;s, mart&iacute;n pescador, pavas de monte, chiv&iacute;s, cardenal azul .
    </p><p class="article-text">
        Una ley tambi&eacute;n es un texto compuesto por palabras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dice el proyecto de ley de consenso en sus fundamentos&nbsp; cuando habla de las obligaciones del estado:
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;La conservaci&oacute;n de la diversidad biol&oacute;gica y el uso sostenible de los recursos biol&oacute;gicos son fundamentales para alcanzar y mantener la calidad de vida para las generaciones futuras. Por eso se deben llevar a cabo pol&iacute;ticas claras de conservaci&oacute;n de los humedales en beneficio de las comunidades que viven all&iacute; y para la sociedad en su conjunto.&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Palabras que forman frases: generaciones futuras, uso sostenible, comunidades que viven all&iacute;, la sociedad en su conjunto.
    </p><p class="article-text">
        Dice Juan Jos&eacute; Saer en su ensayo, <em>El r&iacute;o sin orillas</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Visto desde la altura, ese paisaje era el m&aacute;s austero, el m&aacute;s pobre del mundo &ndash;Darwin mismo, a quien casi nada dejaba de interesar, ya hab&iacute;a escrito en 1832: &rdquo;no hay ni grandeza ni belleza en esta inmensa extensi&oacute;n de agua barrosa&ldquo;&ndash;. Y sin embargo ese lugar chato y abandonado era para m&iacute;, mientras lo contemplaba, m&aacute;s m&aacute;gico que Babilonia, m&aacute;s hirviente de hechos significativos que Roma o que Atenas, m&aacute;s colorido que Viena o &Aacute;msterdam, m&aacute;s ensangrentado que Tebas o Jeric&oacute;. Era mi lugar: en &eacute;l, muerte y delicia me eran inevitablemente propias.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Agrego palabras para contradecir a Darwin -y tal vez a Saer-: Juncos, cardas, serruchetas, mataojo, espina de ba&ntilde;ado, chilca, pajonal, acacia mansa, laurel, sauce criollo, alisio del r&iacute;o, curup&iacute;, timb&oacute; blanco, ceibo, ep&iacute;fitas, lianas, ing&aacute;, higuer&oacute;n, canel&oacute;n, anacahuita, palmera pind&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y m&aacute;s palabras: Ranas, rana de las cardas, ranita isle&ntilde;a, sapos, culebras, escuerzo, caimanes, yacar&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y un poco m&aacute;s: Carpinchos, monos aulladores, yaguaret&eacute;s, tortugas, coipo, lobito de r&iacute;o, ciervo de los pantanos, comadrejas, pumas, vizcachas.
    </p><p class="article-text">
        Y m&aacute;s: Surub&iacute;, s&aacute;balo, dorado, boga, pat&iacute;, raya, bagre, tararira, anguilas, pac&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y una m&aacute;s: agua.
    </p><p class="article-text">
        Dice el proyecto de ley:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Estamos asistiendo a lo que los especialistas denominan como una &rdquo;sabanizaci&oacute;n&ldquo; de los ecosistemas.&nbsp; Como si fuera poco, estos incendios adem&aacute;s comprometen la vida de los/as habitantes de las islas (los &rdquo;isle&ntilde;os&ldquo;) y sus modos de vida afectando la pesca y la apicultura mediante la destrucci&oacute;n del h&aacute;bitat de peces y la flora ap&iacute;cola.&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Palabras que no quisiera pronunciar: sabanizaci&oacute;n, indiscriminado, destrucci&oacute;n, muerte, postergaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay un proyecto de ley postergado y funcionarios que parecen no tomar cabal consciencia del valor de los humedales. Si no fuera as&iacute;, har&iacute;an algo. Dice Claudia Aboaf,&nbsp; en su novela dist&oacute;pica <em>El Rey del Agua</em>, que no parece tan lejana en el tiempo, donde los mandan en su ficci&oacute;n s&iacute; se dieron cuenta del valor del agua y no lo usan a nuestro favor sino al de ellos:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El Ministerio de Aguas, instalado en el municipio m&aacute;s rico del mundo, lanzaba la nueva rueda de indemnizaciones. Hab&iacute;a mucho dinero, y mientras al Delta siguiera llegando agua tendr&iacute;an mucha m&aacute;s. Tempe hab&iacute;a logrado que cerraran las arroceras en los esteros y las termas de Entre R&iacute;os. Las represas, en cambio, se mantuvieron abiertas. La cuenca del Paran&aacute; recog&iacute;a agua desde Uruguay y Paraguay, tambi&eacute;n de Brasil. El territorio derramaba desde all&iacute; &mdash;curv&aacute;ndose hacia el sur&mdash; enormes caudales de agua. El acu&iacute;fero guaran&iacute; engrosaba las arcas del municipio. La reserva explotable de agua subterr&aacute;nea formada hace millones de a&ntilde;os. &rdquo;&iexcl;Viaja hacia aqu&iacute;, es nuestra!&ldquo;, declamaba Tempe al final de alguna conferencia, aflautando la voz de tal manera que nadie deseaba repreguntar.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        	La ley dice:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;El pueblo ya gan&oacute; la batalla en la calle. Es el turno de que la dirigencia pol&iacute;tica comprenda que el apoyo a la sanci&oacute;n de una Ley de presupuestos m&iacute;nimos de protecci&oacute;n ambiental para el uso racional y sostenible de los humedales es urgente&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	Una palabra: urgente.
    </p><p class="article-text">
        	Una frase: el pueblo ya gan&oacute; la batalla en la calle.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; esperan los que tienen que actuar, legislar, condenar? &iquest;Qui&eacute;n frena? Su trabajo no es demorar, no es trabar, no es parecer que les importa pero no. Diez a&ntilde;os desde la primera ley. Cinco meses desde que se present&oacute; el &uacute;ltimo proyecto. Los humedales del Paran&aacute; se vienen quemando por a&ntilde;os a repetici&oacute;n, los incendios son intencionales y responden a intereses econ&oacute;micos de unos pocos que no tienen derecho a quemar, a degradar, a expulsar, a matar.&nbsp; Seguir&aacute; pasando si no se encara el asunto de verdad y con seriedad. &iquest;De qu&eacute; hablan en esas comisiones de diputados mientras <strong>EN ROSARIO NO SE PUEDE RESPIRAR</strong>?
    </p><p class="article-text">
        	Durante la pandemia, Gabriela Cabez&oacute;n C&aacute;mara escribi&oacute; este texto que le&iacute;mos hace unos d&iacute;as en el Congreso, en una audiencia p&uacute;blica a la que convocaron el Frente de Izquierda y Trabajadores- Unidad. El texto se llama &ldquo;Humo&rdquo;. Y dice:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Hay humo (&hellip;) &iquest;te acord&aacute;s qu&eacute; animalito m&aacute;s dulce? Lo quemaron, miralo, queda el ojito nom&aacute;s y todo lo otro que era, todo ese cuerpo que met&iacute;a en el agua y tomaba sol en la cabeza y el lomo y cuidaba a las cr&iacute;as y con las manitos agarraba las hojas tiernas, todo eso, y las hojas tiernas y las duras y los &aacute;rboles tambi&eacute;n, es cenizas ahora. Quedar&aacute;n huesos por ah&iacute;, y tocones. &iquest;Nos mira? &iquest;Qu&eacute; mira el ojo de los que han sido quemados? Es un remolino de humo que se espirala y se arrepolla en rosa y el bot&oacute;n de la rosa es el ojo de un animalito calcinado.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        	Una pregunta: &iquest;qu&eacute; mira el ojo de los que fueron quemados?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>	</strong>Frases urgentes: <strong>EN ROSARIO NO SE PUEDE RESPIRAR, SE QUEMAN LAS ISLAS,</strong> <strong>LEY DE HUMEDALES YA,</strong> <strong>BASTA DE QUEMAS.</strong>
    </p><p class="article-text">
        	Que nos salven las palabras, las frases, los textos, los libros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Que nos salven las leyes, tambi&eacute;n que nos salven las leyes.
    </p><p class="article-text">
        	Que nos salve <em>La sequ&iacute;a,</em> de James Ballard; y <em>El mundo es un bosque, </em>de Ursula K Le guin. Que nos salve <em>Pobres Corazones,</em> de Melita Torres; y <em>Tres veces luz,</em> de Juan Mattio. Que no salven&nbsp; <em>La jueza muerta, </em>de Eduardo D&acute;Anna; y <em>Rojo sangre, </em>de Rafael Bielsa; y <em>El portador,</em> de Macelo Scalona. Que nos salve <em>Un crimen argentino,</em> de Reynaldo Sietecases; y <em>Cuaderno de V</em>, de Virginia Ducler; y <em>Perversidad, de </em>Marcos Mizzi. Que nos salve<em> Los monos, </em>de Hern&aacute;n Lascano y Germ&aacute;n de los Santos; y <em>Qui&eacute;n cav&oacute; estas fosas,</em> de Mart&iacute;n Stoianovich; y <em>El imperio de Pichincha</em> de Rafael Ielpi; y <em>Fuera de C&aacute;mara, </em>de Evelyn Arach; y <em>Postales de un mapa imposible</em> de Javier Nu&ntilde;ez. Que nos salven <em>El d&iacute;a que el r&iacute;o se qued&oacute; sin agua,</em> de Mara Digiovana; y <em>Las aventuras de Curimba,</em> de Eugenio Magliocca Piazza; y <em>Guardianes de Rosario,</em> de Silvia Pessino; y <em>Lagartos al sol, </em>de Alma Maritano; y <em>Un hechizo pluripotente,</em> de Virginia Giacosa.&nbsp; Que nos salve <em>C&oacute;mo sacar un murci&eacute;lago, </em>de Luciano Redigonda. Que nos salve la poes&iacute;a de Beatriz Vallejos, y la de Fabi&aacute;n Yausaz, y la de Francisco Madariaga, y la de Beatriz Vignoli,&nbsp; y la de Alejandra Benz. Y la de Juan L Ortiz y la de Diana Bellessi. Y toda la reunida en <em>Las cenizas llegaron a mi patio, </em>claro. Que nos salve <em>El r&iacute;o, </em>de D&eacute;bora Mundani, y <em>Arroyo, </em>de Susana Pampin, y <em>40&nbsp; Watts,</em> de Oscar Taborda, y <em>Transg&eacute;nica,</em> de&nbsp; Gaby de Cicco. Que nos salven los cuentos de Lila Gianelloni, Valeria Correa Fiz, Marcelo Britos y Pablo Colacrai,&nbsp; y las novelas de Patricio Pron, Osvaldo Aguirre y Romina Tamburello. Que nos salven los ensayos de Alberto Giordano, Nora Avaro y Mart&iacute;n Prieto;&nbsp; y el teatro de Patricia Su&aacute;rez y Leonel Giacometto. Que nos salven todos los libros de Elvio Gandolfo, Francisco Bitar y Maia Morosano. Que nos salven Wernicke y Haroldo Conti. Que nos salven Ang&eacute;lica Gorodischer,&nbsp; Jorge Riestra, Beatriz Guido, Aldo Oliva, Laiseca, Roger Pla, Mirta Rosemberg, Noem&iacute; Ulla, Hugo Diz, y el Negro Fontanarrosa.
    </p><p class="article-text">
        	La lista es interminable. Seguramente en la anterior faltan escritoras y escritores fundamentales que nos ayudar&iacute;an a entender esta ciudad, y el r&iacute;o. Porque as&iacute; como alguien ahora quema, alguien lee, alguien escribe. Podr&iacute;a sumar tantos otros y otras. Queda abierta para que ustedes tambi&eacute;n sumen palabras, frases, textos y sus propios libros salvadores.
    </p><p class="article-text">
        	Yo, para terminar, quiero traer un &uacute;ltimo texto que siento clave para entender todo lo que estamos hablando. Es un fragmento de <em>No es un r&iacute;o, </em>&nbsp;de Selva Almada.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Un viento se mete justo entre los &aacute;rboles y est&aacute; todo tan callado por la hora que el rumor de las hojas crece como la respiraci&oacute;n de un animal enorme. Oye como respira. Un bufido. Las ramas se mueven como costillas, infl&aacute;ndose y desinfl&aacute;ndose con el aire que se mete en las entra&ntilde;as.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No son solamente &aacute;rboles. Ni yuyos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No son solamente p&aacute;jaros. Ni insectos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>El quitilipi no es un gato mont&eacute;s aunque de repente pueda parecer.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No son unos cuises. Es este cuis.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Esta yarar&aacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Este caraguat&aacute;, &uacute;nico, con su centro rojo como la sangre de una mujer.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Si alarga la vista, donde la calle baja, llega a ver el r&iacute;o. Un resplandor que humedece los ojos. </em><em><strong>Y otra vez: no es un r&iacute;o, es ese r&iacute;o. Ha pasado m&aacute;s tiempo con &eacute;l que con nadie&rdquo;.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        	Claro que no es un r&iacute;o, es ese r&iacute;o. Ese r&iacute;o. El nuestro. Lo dijo Selva Almada, nosotros lo sabemos. Ojal&aacute; quienes tienen que entender entiendan, y hagan lo que es su obligaci&oacute;n hacer.
    </p><p class="article-text">
        <em>CP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Claudia Piñeiro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/palabras-textos-urgencias-postergadas_1_9301008.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Sep 2022 22:30:07 +0000]]></pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[En El Reino, la ficción también es mentira]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/reino-ficcion-mentira_129_8254925.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4255c2af-6f24-4709-b8ac-191646f69af2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En El Reino, la ficción también es mentira"></p><p class="article-text">
        Escribo ficci&oacute;n. <strong>Y la ficci&oacute;n es mentira. </strong>Puede ser una mentira veros&iacute;mil o no, entretenida o no, que abre debates en la sociedad o no. Pero siempre mentira. Aunque una mentira que no pretende enga&ntilde;ar, como s&iacute; lo hace otro tipo de discursos, porque advierte que lo es y se define a s&iacute; misma en el contrato ficcional. Quien est&aacute; del otro lado acepta o no ese contrato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con Marcelo Pi&ntilde;eyro, director de cine con una trayectoria y un prestigio que no hace falta que recuerde en esta&nbsp;columna, escribimos una serie de ocho cap&iacute;tulos, <em>El Reino</em>, que puede verse en la plataforma Netflix en m&aacute;s de 190 pa&iacute;ses. Aunque pasaron apenas dos semanas del estreno, tuvo un &eacute;xito de espectadores que no tiene antecedentes ni en nuestro pa&iacute;s, ni en muchos otros sitios. Se escuchan personas hablando de <em>El Reino</em> por la calle, en los bares, en programas de radio o tev&eacute; (de espect&aacute;culos, pol&iacute;ticos o deportivos). Se le han dedicado infinidad de notas de todo tipo en los medios gr&aacute;ficos, circulan <em>memes</em> con frases y personajes de la serie, caricaturas, <em>reels</em> en IG o TikTok. Netflix acaba de anunciar una segunda temporada y los fans de la serie invadieron las redes pidiendo precisiones sobre la fecha de estreno.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <em>El Reino</em> abri&oacute; un debate. <strong>Tal vez, &eacute;se sea uno de sus mayores e impensados logros</strong>: que a partir de lo que esta ficci&oacute;n cuenta, se haya habilitado en la sociedad una discusi&oacute;n que permita pensar en voz alta algo que estaba latente, que necesitaba hablarse puertas afuera,&nbsp;entre todos, discutirse. No s&eacute; si se le puede pedir mucho m&aacute;s a una ficci&oacute;n. Un escritor, como cualquier otra artista, ejerce su tarea con libertad. La libertad creativa es un derecho que, felizmente, hoy no s&oacute;lo no se discute sino que, ante ataques, nuestra sociedad defiende como un valor que no estamos dispuestos a perder. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, algunos le piden m&aacute;s de lo que es a la ficci&oacute;n. O al menos a<em> El Reino</em>. Se le pide, casi, que no sea ficci&oacute;n, que quien la cre&oacute; acepte algunas &ldquo;indicaciones&rdquo; de todo tipo que pretenden poner l&iacute;mites a la libertad creativa. Que el Pastor Emilio o la Pastora Elena no sean los que inventamos sino otros, m&aacute;s ajustados a los pastores que se describen desde las ciencias sociales, por ejemplo. O mejor dicho, los que describen algunos especialistas consultados en las ciencias sociales, cada uno con su campo de estudio acotado al que definieron al momento de hacer su propia investigaci&oacute;n, y que por lo general deja afuera alguna provincia, alguna Iglesia en particular, alg&uacute;n fen&oacute;meno religioso o empresarial que no interesa para su estudio. Seguramente est&aacute; bien que as&iacute; sea. Yo no s&eacute; de investigaci&oacute;n en ciencias sociales as&iacute; que no opino sobre esos trabajos, m&aacute;s all&aacute; de que me interesen y los lea. 
    </p><p class="article-text">
        En la ficci&oacute;n no hay campo de estudio ni conclusiones fruto de investigaciones hechas con m&eacute;todos cient&iacute;ficos. Ni tiene por qu&eacute; haberlos, a menos que quien la conciba los necesite para inventar ese mundo al que quiere darle forma. La ficci&oacute;n no propone&nbsp; conclusiones a las que s&iacute; pueden arribar los investigadores de las ciencias sociales sino, como dije antes, un contrato ficcional: el espectador, el lector, sabe que eso que se le cuenta es mentira y, ante la propuesta, decide entrar o no a ese mundo que alguien abri&oacute; delante de &eacute;l sin otra pretensi&oacute;n que contarle una historia. 
    </p><p class="article-text">
        Yo conf&iacute;o en ese otro y esa otra que est&aacute; all&iacute; para decidir qu&eacute; quiere que le cuenten y que no. Yo conf&iacute;o y defiendo la libertad de creaci&oacute;n de quien quiera contar una historia. Los y las escritores de narrativa, guionistas, dramaturgos creamos personajes, y esos personajes, para bien y para mal, <strong>son &uacute;nicos, no responden a un promedio, sino a una particularidad. </strong>Dar cuenta de todos los distintos tipos de pastores evang&eacute;licos que hay en la Argentina, desde el Chaco hasta Tierra del Fuego, en un solo personaje ser&iacute;a una tarea que a ning&uacute;n guionista que quiera hacer bien su trabajo se le cruzar&iacute;a por la cabeza. Ni siquiera &ldquo;mostrar&rdquo; por ac&aacute; y por all&iacute;, en alguna escena sin necesidad dram&aacute;tica, que hay una infinidad de otro tipo de pastores diferentes a Emilio V&aacute;zquez Pena, para que nadie pueda decir que no sabemos que s&iacute;, que efectivamente, existen otros. Porque si lo hici&eacute;ramos, esa ficci&oacute;n no funcionar&iacute;a, no abrir&iacute;a debate, no permitir&iacute;a la discusi&oacute;n, no posibilitar&iacute;a que los especialistas en la materia dieran su punto de vista sobre la realidad que estudian y de la que no se hablaba en el debate p&uacute;blico del modo en que se habla despu&eacute;s de un fen&oacute;meno como &eacute;ste.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el arranque de Ana Karenina, Tolstoi dice:&nbsp; &laquo;Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada&raquo;. Y, claro, a la ficci&oacute;n le interesan m&aacute;s las familias y personajes que tienen conflictos, claroscuros, secretos, desgracias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Celebro que <em>El Reino</em> haya abierto un debate sobre ciertas iglesias y su relaci&oacute;n con el poder. Sobre todo, acerca de c&oacute;mo algunos partidos de derecha, desde Estados Unidos al sur del continente americano, han unido agenda con algunas iglesias para obtener beneficios que nada tienen que ver con la fe religiosa genuina de sus propios fieles, ajenos a esta manipulaci&oacute;n. <strong>Porque en definitiva de eso habla</strong><em><strong> El Reino</strong></em><strong>. Del poder.</strong> Y ojal&aacute; la discusi&oacute;n p&uacute;blica se extienda a otros poderes de los que tambi&eacute;n se habla en la serie. Los servicios de inteligencia, por ejemplo. O la pol&iacute;tica y los pol&iacute;ticos. O la justicia. O qui&eacute;n maneja hoy el mundo. En estos d&iacute;as aparecieron hilos maravillosos de personas que saben mucho m&aacute;s que yo de todos estos temas. Uno de los que m&aacute;s me interes&oacute; habla de irregularidades en el sistema judicial argentino cuando debe investigar casos de abusos, de desaparici&oacute;n de menores, de padres que reclaman por sus hijos e hijas en puertas que nadie abre, o que incluso cierran a pedido. Ojal&aacute; nuestra sociedad tambi&eacute;n habilite ese debate, el del funcionamiento de la justicia de las &ldquo;peque&ntilde;as causas&rdquo;, las que no ocupan las primeras planas de los diarios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as recib&iacute; testimonios conmovedores de personas que vivieron muchos a&ntilde;os dentro de algunas iglesias y que se sintieron identificadas por lo que cuenta <em>El Reino</em>: desde haber perdido su casa o gran parte de su patrimonio, hasta haberse sentido abusados de distinta manera. Tambi&eacute;n recib&iacute; mensajes de personas que, por el contrario, se sintieron protegidas y ayudadas en iglesias evang&eacute;licas donde encontraron lo que buscaban. En algunos mensajes&nbsp;me cuentan que conocieron a pastores iguales a los de <em>El Reino</em>, y en otros que conocieron a pastores muy distintos, a veces mejores, a veces incluso peores. El mundo que cuenta esta serie es acotado, el que se abri&oacute; a debate es mucho mayor. <strong>Al debate podemos pedirle m&aacute;s debate, pero a la ficci&oacute;n no podemos pedirle que no sea ficci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>CP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Claudia Piñeiro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/reino-ficcion-mentira_129_8254925.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Aug 2021 03:02:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En El Reino, la ficción también es mentira]]></media:title>
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