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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariana Eva Perez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/mariana-eva-perez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Mariana Eva Perez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Infancias en dictadura: la experiencia silenciada que no entra en los juicios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/infancias-dictadura-experiencia-silenciada-no-entra-juicios_129_13091476.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e68dcad1-5dce-4225-9191-667aef794464_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139332.jpg" width="1759" height="989" alt="Infancias en dictadura: la experiencia silenciada que no entra en los juicios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más allá de las figuras instaladas, persiste una mayoría silenciada: la de quienes fueron niños durante el terrorismo de Estado y hoy buscan inscribir su historia en la memoria colectiva. Dos libros recientes abren un lenguaje para mirar de frente lo inenarrado.</p></div><p class="article-text">
        Hace algunos a&ntilde;os que estudio las <strong>producciones culturales de quienes fuimos ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes durante el terrorismo de Estado en Argentina</strong>. En la literatura, en el cine, en la fotograf&iacute;a, las artes pl&aacute;sticas y esc&eacute;nicas, en todas las disciplinas, encuentro la persistencia de los antiguos problemas, nunca resueltos, en torno al agujero negro de la desaparici&oacute;n, pero tambi&eacute;n una renovaci&oacute;n del repertorio de temas y figuras que, por medio de los procedimientos est&eacute;ticos m&aacute;s diversos, desbordan los discursos institucionalizados.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No es una hip&oacute;tesis m&iacute;a original que la literatura o el arte en general pueden nombrar aquello que otras narrativas no, especialmente cuando esa misma posibilidad de representar fue atacada de forma deliberada</strong>: vista desde el lado de ac&aacute;, de los que quedamos buscando, la desaparici&oacute;n es, primero, un atentado a la percepci&oacute;n, la imposiblidad desesperante de representarse qu&eacute; est&aacute; ocurriendo con las v&iacute;ctimas, d&oacute;nde y c&oacute;mo est&aacute;n. No es una hip&oacute;tesis m&iacute;a original, dec&iacute;a, que ante esto que Gabriel Gatti calific&oacute; de <strong>&ldquo;cat&aacute;strofe del sentido&rdquo;</strong>, los lenguajes del arte sean aquellos que intentan un acercamiento m&aacute;s honesto a lo irreparable. Posan su luz sobre aquello que fue quedando por fuera del campo visual en cuatro d&eacute;cadas de construcci&oacute;n de memoria democr&aacute;tica, aquello que no lleg&oacute; a constituirse en demanda ni mucho menos en agenda. Esquirlas de lo que estall&oacute; que sin embargo no fueron a parar tan lejos, solo hac&iacute;a falta que algo o alguien las iluminase para ver que estaban ah&iacute;, que siempre estuvieron ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hablo, ahora, de las infancias</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Me gusta decir infancias porque es una forma de nombrar no solo a las ni&ntilde;as y ni&ntilde;os que fuimos, sino tambi&eacute;n a ese per&iacute;odo que atrevasamos bajo el terror estatal. <strong>Todo estall&oacute; por los aires, todo se rompi&oacute; sin remedio: lo que fuimos y esa etapa de la vida</strong>. Sobrevivimos, pero perdimos demasiado en el camino: a nuestros padres, hermanos y otros familiares, la casa, el auto, las mascotas, el jard&iacute;n y la escuela, los amigos, los juguetes, la ropa, el pa&iacute;s, la familia extendida, la lactancia, el apego, los nombres, la palabra, la paz, el dinero, la salud. Todo. Tuvimos otras cosas, otras manos que nos cuidaron, otros hogares; pero antes perdimos todo lo que alguna vez tuvimos, incluso m&aacute;s de una vez.
    </p><p class="article-text">
        Pero si les digo &ldquo;infancias v&iacute;ctimas de la dictadura&rdquo;, ustedes piensan en los beb&eacute;s nacidos en los campos de concentraci&oacute;n y luego robados.
    </p><p class="article-text">
        Y si les digo &ldquo;hijos de desaparecidos&rdquo;, ustedes piensan en militantes, artistas o funcionarios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Ignoramos casi todo acerca de la mayor&iacute;a silenciada de hu&eacute;rfanos producidos por el genocidio&rdquo;</strong>, escribimos hace una d&eacute;cada con &Aacute;gueda Goyochea y Sebastian Grynberg, como balance (negativo) provisorio de la experiencia del Colectivo de hijos (Cdh). No podemos decir que hayamos avanzado mucho. Porque <strong>nuestro peregrinar ante los estrados judiciales no se tradujo en un mayor conocimiento ni en el establecimiento de una verdad hist&oacute;rica</strong>. Porque lo que tenemos para contar muchas veces no es tipificable, no se puede traducir a categor&iacute;as penales, pero muchas otras veces s&iacute; y tampoco importa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dos libros reci&eacute;n publicados ponen palabras en ese desierto de lo inenarrado</strong>. Son diferentes y a la vez, parecidos.<strong> </strong><em><strong>Infancias sobrevivientes</strong></em><em> </em>re&uacute;ne art&iacute;culos que reflexionan sobre el lugar hist&oacute;rico de estas infancias y sus reclamos actuales. <em><strong>Materia de memoria</strong></em> compila relatos in&eacute;ditos de escritoras y escritores que antes de escribir fuimos nosotros mismos infancias afectadas por la dictadura, &ldquo;infancias arrasadas&rdquo;, como nos denomina el auxiliar fiscal mendocino Daniel Rodr&iacute;guez Infante en el otro libro, y no me molesta, me parece un paso necesario mirar de frente lo arrasado en nuestras infancias, aunque yo haya podido construir bastante sobre el paisaje arrasado de mi ni&ntilde;ez, aunque de esa tierra arrasada haya surgido tanta belleza como la que sorprende a cada p&aacute;gina de este segundo libro.
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            <span class="title">
                Tapa de &quot;Infancias sobrevivientes&quot;                            </span>
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        <strong>Miro los dos libros juntos sobre mi escritorio y me parece que charlan entre ellos</strong>. Por ejemplo, en <em>Infancias sobrevivientes</em>, Mar&iacute;a Eugenia Mendiz&aacute;bal, Cecilia Goldberg y Magdalena Oesterheld identifican como categor&iacute;a para analizar lo sucedido a ni&ntilde;as y ni&ntilde;os v&iacute;ctimas de la patota del &ldquo;Olimpo&rdquo;: &ldquo;naci&oacute; y/o vivi&oacute; en libertad vigilada&rdquo;. En &ldquo;Papel ara&ntilde;a&rdquo;, su cuento para <em>Materia de memoria</em>, Paula Bombara narra la historia de unas ni&ntilde;as hijas de desaparecidos que, luego de creer que lo hab&iacute;an perdido todo, como si la famosa boa constrictor <em>El Principito</em> se hubiera tragado todo el mundo conocido, se reencuentran con su mam&aacute; liberada, &ldquo;flaca, opaca, abatida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La otra novedad sucedi&oacute; a la ma&ntilde;ana siguiente. Desayunaban cuando escucharon que alguien giraba el picaporte primero y tocaba el timbre despu&eacute;s. La boa creci&oacute; como medio metro en un instante. <em>&iquest;Y si pasa de nuevo? &iquest;Y sssiii&hellip;? &iquest;Y sssssssssiiiiiii?</em> Las nenas corrieron al cuarto. La mam&aacute; abri&oacute; y era una voz de hombre que ellas no conoc&iacute;an. Habl&oacute; con la mam&aacute; y con la abuela. Cuando se fue, la mam&aacute; las busc&oacute; y se abrazaron. Despu&eacute;s, las solt&oacute; y abraz&oacute; a la abuela. Una de las nenas pregunto: <em>&iquest;Qui&eacute;n es? Nadie, un tipo que nos va a vigilar. &iquest;Qu&eacute; es &lsquo;vigilar&rsquo;? Va a mirar qu&eacute; hacemos. Creen que nos vamos a ir del pa&iacute;s. &iquest;Nos vamos a ir del pa&iacute;s? No, pero ellos creen que s&iacute;, as&iacute; que este tipo va a pasar de vez en cuando, a ver si estamos. No nos podemos mudar. &iquest;Nos vamos a mudar? Con la abuela lo est&aacute;bamos pensando, pero ya no. No podemos</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Estas historias vienen siendo relatadas por los hijos e hijas que sostenemos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os los juicios por delitos de lesa humanidad</strong>. <strong>Sin propon&eacute;rnoslo, sin ning&uacute;n pasaje expl&iacute;cito de antorcha alguna, hemos heredado de la generaci&oacute;n de nuestros padres, los sobrevivientes y los ausentes, el mandato de dar testimonio</strong>. Somos convocados para contar lo que pudimos reconstruir del destino de nuestros muertos y en el medio (o m&aacute;s bien al final, siempre al final), tratamos de decir algo sobre nosotros mismos, ante la tolerancia o indiferencia de los representantes del Poder Judicial. 
    </p><p class="article-text">
        El testimonio vicario es lo que se espera de nosotros, que traigamos la palabra de esos aut&eacute;nticos testigos que no pueden declarar porque ya no est&aacute;n. Aquello que nos afect&oacute; y afecta todav&iacute;a a nosotros mismos, aquello que necesitamos nombrar (el desarraigo, el desapego forzoso, lo siniestro de los reencuentros acontecidos o imaginados, nuestros s&iacute;ntomas y nuestras pesadillas), todo eso no se ajusta al objeto procesal de la causa, desborda la l&oacute;gica de la prueba en la que se asientan los juicios penales.
    </p><p class="article-text">
        Los dos libros conversan y como viejos amigos, uno empieza las frases y el otro las termina. En &ldquo;La caja de Sof&iacute;a&rdquo;, Josefina Giglio imagina c&oacute;mo tiene que ser un testimonio capaz de conmover a un juez joven y fr&iacute;volo que est&aacute; padeciendo un d&iacute;a de resaca en el trabajo y que solo quiere que todas esas hijas de desaparecidos que desfilan ante &eacute;l se callen de una buena vez.
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        &ldquo;&hellip; por &uacute;ltimo Sof&iacute;a saca un par de sandalitas azules gastadas, gastad&iacute;simas, en cuya suela la abuela Renata escribi&oacute; con letra de abuela 2 de marzo 1978 y se las muestra al tribunal, a los fiscales y a los defensores, se las muestra al p&uacute;blico, dice: Estos son los zapatitos que yo ten&iacute;a puestos esa noche, miren, imaginen mi tama&ntilde;o, estas son las sandalias con las que me encontr&oacute; mi abuela y las guard&oacute; todos esos a&ntilde;os&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&hellip; entonces el juez Fanti se estira un poco m&aacute;s sobre la mesa lustrada que lo separa del resto de los mortales y ve las sandalitas azules, con la hebilla al costado que le debe haber costado a la madre ponerle y sacarle cada vez, ve la suela de crepe gastada y el cuero fino ya gastad&iacute;simo y se imagina esos piecitos caminando con esas sandalitas por las calles de su Mar del Plata, una ciudad tan linda para caminar, y piensa en sus hijas piensa en las mellizas piensa en sus ni&ntilde;as arrancadas de su lado, perdidas en una ciudad ajena sin su madre ni su padre&hellip;&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Necesitamos, entonces, volver a avivar la chispa de la creaci&oacute;n art&iacute;stica para que estas palabras puedan por fin ser escuchadas</strong>. No debiera hacer falta, debi&eacute;ramos poder llegar con nuestro dolor a cuestas y depositarlo de cualquier manera en las lustradas mesas del Poder Judicial, pero al parecer la &eacute;poca otra vez nos exige. Las v&iacute;ctimas no descansamos nunca.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Infancias sobrevivientes</em>, escribe &Aacute;ngela Urondo Raboy: &ldquo;No es f&aacute;cil hablar de infancias en dictadura sin atragantarse. Hay im&aacute;genes que hacen cerrar los ojos de espanto y permanecen escondidas detr&aacute;s de los p&aacute;rpados; se quedan como piedras atascadas en la mente y no se van. Hay un terror a recordar&rdquo;, escribe, y lo repite, <em>hay un terror a recordar, hay un terror a recordar.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tenemos terror de recordar lo que vivimos en la ni&ntilde;ez, pero hay ah&iacute; un terror que debemos recordar, que hay que nombrar, narrar, inscribir en las narrativas de la memoria colectiva, no de cualquier manera, de una transmisible que tenemos que inventar porque nadie lo va a hacer por nosotros.</strong> Habr&aacute; que contar, por ejemplo, el entierro de un desmembrado gato de peluche, como lo hace F&eacute;lix Bruzzone en &ldquo;Municiones&rdquo;, para hablar de la imposibilidad del duelo por los desaparecidos, o detenerse en detalles como &ldquo;se llevaron a mi pap&aacute; sin los anteojos&rdquo;, como escribe Raquel Robles en &ldquo;Triciclos&rdquo;, y ah&iacute; est&aacute; todo, todo lo que los hijos conocen y aman a los padres, toda la angustia y el dolor ante su destino incierto.
    </p><p class="article-text">
        En el ep&iacute;logo de <em>Infancias sobrevivientes</em>, Mar&iacute;a Toninetti, compiladora del libro, describe un proyecto inconcluso del Cdh: &ldquo;un pozo: un hueco al ras del piso que interrumpiera el paso con unos bancos dispuestos alrededor que invitaran a sentarse a mirar lo inenarrable, el silencio, la ausencia, el desamparo&rdquo;. Estos dos libros ensayan diferentes maneras de contemplar de frente ese vac&iacute;o y de ponerle palabras. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Infancias sobrevivientes</em>, de Mar&iacute;a Toninetti y Adriana Taboada (comp.). Buenos Aires, La Minga, 2025 <a href="https://www.cooplaminga.com/product-page/infancias-sobrevivientes" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.cooplaminga.com/product-page/infancias-sobrevivientes</a> 
    </p><p class="article-text">
        <em>Materia de memoria</em>, de Victoria Torres (comp.). Buenos Aires, Emec&eacute;, 2026 <a href="https://www.planetadelibros.com.ar/libro-materia-de-memoria/445651" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">https://www.planetadelibros.com.ar/libro-materia-de-memoria/445651</a> 
    </p><p class="article-text">
        <em>MEP/CRM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Eva Perez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/infancias-dictadura-experiencia-silenciada-no-entra-juicios_129_13091476.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Mar 2026 03:01:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Infancias en dictadura: la experiencia silenciada que no entra en los juicios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dictadura Cívico Militar,Infancias,24 de marzo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fantasmas en escena]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/fantasmas-escena_1_8838842.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/267dfc62-a440-4a7f-adb1-cbc9b4fa1abd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fantasmas en escena"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Fantasmas en escena - Teatro y desaparición" (Paidós/2022), de Mariana Eva Perez, estudia la desaparición de personas en el teatro del período 2001-2015 a través del análisis de cuatro obras: "Un mismo árbol verde", de Claudia Piñeiro; "Los murmullos", de Luis Cano; "La Chira (El lugar donde conocí el miedo)", de Ana Longoni, y "Luisa se estrella contra su casa", de Ariel Farace, todas estrenadas en la ciudad de Buenos Aires. Adelantamos un capítulo del libro.</p></div><h3 class="article-text">Biopol&iacute;tica, terrorismo de Estado y espectralidad</h3><p class="article-text">
        A lo largo de cuatro d&eacute;cadas, diversos actores &ndash;sobrevivientes, familiares de desaparecidos, organismos de derechos humanos, agencias estatales, investigadores, tribunales&ndash; han forjado un vasto conocimiento emp&iacute;rico y te&oacute;rico sobre las desapariciones en Argentina, que mayoritariamente se traduce en los t&eacute;rminos de la narrativa humanitaria, con su fuerte impronta juridicista. Las declaraciones y convenciones de derechos humanos proveen definiciones abstractas de apariencia ahist&oacute;rica, que se presentan como v&aacute;lidas en los m&aacute;s diversos contextos. All&iacute; radica parte importante de su potencial como herramienta de resistencia ante los poderes autoritarios. Sin embargo, como advirti&oacute; Alejandro Kaufman para el caso argentino,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em> [e]sa resistencia fue efectiva en muchos sentidos, pero el discurso que produjo ha de ser objeto de escrutinio. No es una descripci&oacute;n de lo real ni un relato de memoria. No puede renunciar a su car&aacute;cter instrumental. Defiende un orden ilusorio, y pierde eficacia por eso mismo (37-38).</em>
    </p><p class="article-text">
        La conceptualizaci&oacute;n humanitaria de la desaparici&oacute;n prescinde de una memoria de los proyectos emancipadores arrasados por el terror de Estado y reintegra de un modo cuanto menos problem&aacute;tico a las v&iacute;ctimas en un orden jur&iacute;dico impugnado por ellas, tal como se&ntilde;ala Kaufman (41). La narrativa humanitaria vac&iacute;a a la desaparici&oacute;n de su dimensi&oacute;n pol&iacute;tica, la a&iacute;sla de los conflictos que la precedieron y le dan sentido, mientras que las v&iacute;ctimas son presentadas no como sujetos sino como objeto de los actos (terribles) de otros.
    </p><p class="article-text">
        Giorgio Agamben (2002) reflexiona acerca de los derechos humanos y su relaci&oacute;n con la biopol&iacute;tica, para lo cual retoma las observaciones que realizara Hannah Arendt sobre los l&iacute;mites del humanitarismo frente a la figura de los refugiados, privados del derecho de ciudadan&iacute;a. Agamben se&ntilde;ala que las declaraciones de los derechos del hombre aparecen hist&oacute;ricamente al mismo tiempo que el poder soberano politiza la &ldquo;nuda vida&rdquo;, y se pregunta si la propia denominaci&oacute;n <em>&ldquo;D&eacute;claration des droits de l&rsquo;homme et du citoyen&rdquo;</em> hace de alg&uacute;n modo referencia a dos esferas aut&oacute;nomas, correspondientes a los dominios de <em>z&otilde;&eacute;</em> (nuda vida o vida natural) y <em>b&iacute;os</em> (vida calificada del ciudadano) (147). Concluye que
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>[l]a separaci&oacute;n entre lo humanitario y lo pol&iacute;tico [&hellip;] es la fase extrema de la escisi&oacute;n entre los derechos del hombre y los derechos del ciudadano. Las organizaciones humanitarias, que hoy flanquean de manera creciente a las organizaciones supranacionales, no pueden empero, comprender en &uacute;ltima instancia la vida humana m&aacute;s que en la figura de la nuda vida o de la vida sagrada y por eso mismo mantienen, a pesar suyo, una secreta solidaridad con las fuerzas a las que tendr&iacute;an que combatir (155).</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo y desde qu&eacute; otra perspectiva puede ponerse en cuesti&oacute;n esta narrativa humanitaria que pese a todo provey&oacute;, y sigue proveyendo, de herramientas eficaces de resistencia frente a las desapariciones? Estela Schindel (2012) parte de los conceptos de Agamben y Michel Foucault para analizar las desapariciones en Argentina en clave biopol&iacute;tica, trabajo que retomaremos en este cap&iacute;tulo para profundizar en la dimensi&oacute;n espectral de esta biopol&iacute;tica desaparecedora.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Imagen de la obra &quot;Un mismo árbol verde&quot;                            </span>
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        Foucault acu&ntilde;&oacute; la noci&oacute;n de &ldquo;biopol&iacute;tica&rdquo; para referirse a una tecnolog&iacute;a espec&iacute;fica del poder, que rebasa la aplicaci&oacute;n de t&eacute;cnicas &ldquo;anatomopol&iacute;ticas&rdquo;, sin prescindir de ellas. Si las t&eacute;cnicas anatomopol&iacute;ticas se descargan a nivel del cuerpo del individuo, con un prop&oacute;sito disciplinario, la biopol&iacute;tica supone un ejercicio de poder masificador que se dirige no ya al &ldquo;hombre/cuerpo&rdquo; sino al &ldquo;hombre-especie&rdquo; (2014: 220), al nivel de la <em>poblaci&oacute;n</em>, considerada como problema pol&iacute;tico y en consecuencia objeto de <em>regularizaci&oacute;n </em>y<em> normalizaci&oacute;n</em>. En esta l&iacute;nea, Schindel afirma para el caso argentino: &ldquo;La dictadura no fue s&oacute;lo un r&eacute;gimen represivo, destinado a perseguir, prohibir y censurar. Se trat&oacute; de un proyecto dotado tambi&eacute;n de <em>positividad</em>, que se propuso modelar, reconstruir, reorganizar la sociedad argentina&rdquo; (2012: 301; resaltado en el original).
    </p><p class="article-text">
        La biopol&iacute;tica no excluye la anatomopol&iacute;tica, sino que &ldquo;la engloba, la integra, la modifica parcialmente y, sobre todo, [&hellip;] la [utiliza] implant&aacute;ndose en cierto modo en ella, incrust&aacute;ndose, efectivamente, gracias a esta t&eacute;cnica disciplinaria nueva&rdquo; (Foucault 2014: 219). Mientras la anatomopol&iacute;tica se corresponde con el antiguo derecho de soberan&iacute;a de &ldquo;hacer morir o dejar vivir&rdquo; (218), la tecnolog&iacute;a del biopoder se arroga el dominio no sobre la muerte sino sobre la vida, un &ldquo;hacer vivir o dejar morir&rdquo; (223). &iquest;En qu&eacute; t&eacute;rminos puede el biopoder continuar arrog&aacute;ndose el derecho soberano de matar? Por medio de la inscripci&oacute;n del racismo en los mecanismos del Estado, a trav&eacute;s de la distinci&oacute;n y jerarquizaci&oacute;n de grupos al interior de la poblaci&oacute;n y el establecimiento de una relaci&oacute;n positiva entre la muerte del otro considerado inferior y la proliferaci&oacute;n de la especie (230-231). En palabras de Schindel, &ldquo;el terrorismo de Estado se inscribi&oacute; en un proyecto biopol&iacute;tico que establece la <em>necesidad</em> de <em>matar</em> para (otros) <em>vivir</em>. [&hellip;] Se mata leg&iacute;timamente a quienes significan una especie de &lsquo;peligro biol&oacute;gico&rsquo; para los dem&aacute;s&rdquo; (2012: 301, 303; resaltado en el original). Este &ldquo;peligro&rdquo;, objeto del racismo estatal, estuvo representado durante el PRN por la figura imprecisa, o al decir de Schindel, <em>viscosa</em>, &ldquo;deliberadamente abierta&rdquo; (67) del <em>subversivo</em>. Como nos recuerda la autora,
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>la condici&oacute;n de subversivo no estaba necesariamente vinculada a la pertenencia a organizaciones armadas sino que implicaba a todo lo que estuviera vagamente a favor del cambio social. [&hellip;] El subversivo pod&iacute;a actuar en forma solapada en todos los planos de la vida social. La noci&oacute;n del &ldquo;enemigo interior&rdquo; de la Doctrina de la Seguridad Nacional empalma perfectamente con esta definici&oacute;n amplia y vaga de la &ldquo;subversi&oacute;n&rdquo;: como el jud&iacute;o del arquetipo antisemita, se presenta en t&eacute;rminos de viscosidad, es un enemigo de localizaci&oacute;n ubicua pero incierta (ibid., resaltado en el original).</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, Schindel recurre a los conceptos de Agamben de &ldquo;nuda vida&rdquo; y &ldquo;homo sacer&rdquo; para pensar la figura del desaparecido. El desaparecido encarna una de las formas modernas de aquel &ldquo;hombre sagrado&rdquo; al que, seg&uacute;n una antigua figura jur&iacute;dica romana, se pod&iacute;a dar muerte sin que esto constituyera un homicidio, pero cuya muerte no pod&iacute;a ser parte de un ritual. Al <em>homo sacer</em> se le des-aplica la soberan&iacute;a, quedando por fuera del orden legal y a merced de cualquiera que le d&eacute; muerte, y al mismo tiempo a su muerte se le niega cualquier conexi&oacute;n con lo divino. En este sentido, es llamativo que el PRN se esforzara por dise&ntilde;ar un entramado jur&iacute;dico que le permitiera juzgar a los &ldquo;subversivos&rdquo; ante consejos de guerra y condenarlos a la pena capital&hellip; y que jam&aacute;s lo utilizara (Schindel 2012: 181).
    </p><p class="article-text">
        La singularidad de esta biopol&iacute;tica desaparecedora residi&oacute; en la des-aplicaci&oacute;n de la soberan&iacute;a a un conjunto significativo de la poblaci&oacute;n, previamente categorizado desde el poder como &ldquo;la subversi&oacute;n&rdquo;. Los &ldquo;subversivos&rdquo; fueron sustra&iacute;dos de la vida social, torturados y asesinados en la clandestinidad y se dispuso de sus restos de manera an&oacute;nima y deshonrosa. Esto se complement&oacute; con otra tecnolog&iacute;a espec&iacute;fica aplicada sobre las mujeres embarazadas y su descendencia, que consisti&oacute; en la segregaci&oacute;n de los hijos y la alteraci&oacute;n de los sistemas de parentesco. Sin embargo, el estatus biopol&iacute;tico de la pr&aacute;ctica desaparecedora no est&aacute; dado s&oacute;lo por el hecho de que estas particulares disposiciones sobre mortalidad, natalidad y linaje se aplicaran sobre un conjunto poblacional en base a una justificaci&oacute;n de tipo racista. Tiene un alcance m&aacute;s amplio, al nivel de la <em>regularizaci&oacute;n y normalizaci&oacute;n de toda la poblaci&oacute;n</em> por medio del terror y la persistencia de los efectos siniestros que provoca la desaparici&oacute;n.&nbsp;
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                Imagen de la obra &quot;Luisa se estrella contra su casa&quot;                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En este punto es pertinente volver a revisar la noci&oacute;n de &ldquo;terrorismo de Estado&rdquo;, no s&oacute;lo para articularla con el concepto de biopol&iacute;tica sino tambi&eacute;n para recuperar la dimensi&oacute;n fant&aacute;stica de la desaparici&oacute;n. La noci&oacute;n del fant&aacute;stico, o lo fant&aacute;stico, que proviene de la literatura y cuya figura emblem&aacute;tica es el espectro, comparte rasgos estructurales con una biopol&iacute;tica de la desaparici&oacute;n: ambos se proponen alcanzar a su destinatario por medio de la producci&oacute;n de incertidumbre, ansiedad y terror. Recordemos la cl&aacute;sica definici&oacute;n de Tzvetan Todorov, para quien el fant&aacute;stico es un g&eacute;nero &ldquo;evanescente&rdquo;, situado en un momento de vacilaci&oacute;n entre otros g&eacute;neros. &ldquo;En un mundo que es el nuestro, el que conocemos [&hellip;] se produce un acontecimiento imposible de explicar por las leyes de ese mismo mundo familiar [&hellip;] Lo fant&aacute;stico ocupa el tiempo de esta incertidumbre&rdquo; (2003: 24). De acuerdo con Michael Taussig: &ldquo;Lo que distingue a las culturas del terror es que el problema epistemol&oacute;gico, ontol&oacute;gico y, por lo dem&aacute;s, filos&oacute;fico, de la representaci&oacute;n [&hellip;] se convierte en un poderoso medio de dominaci&oacute;n.&rdquo; (492). No intento sugerir que los militares argentinos se inspiraran en el fant&aacute;stico literario ni que hayan descubierto las analog&iacute;as estructurales entre el terror como experiencia est&eacute;tica y el terror como forma de dominaci&oacute;n pol&iacute;tica. Pero nosotros s&iacute; podemos analizar esos rasgos en com&uacute;n para alcanzar una mejor comprensi&oacute;n de la naturaleza terrorista del PRN.
    </p><p class="article-text">
        Calveiro (2012: 76) retoma la definici&oacute;n de terrorismo de Alex P. Schmid como proceso comunicativo basado en el terror:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El terrorismo es un m&eacute;todo de acci&oacute;n violenta repetida para inspirar ansiedad, empleado por actores (semi) clandestinos individuales, grupales o estatales, por razones idiosincr&aacute;ticas, criminales o pol&iacute;tirar ansiedad, empleado por actores (semi) clandestinos individuales, cas, en el cual &ndash;por contraste con el asesinato&ndash; el objetivo directo de la violencia no es el blanco principal. Las v&iacute;ctimas humanas inmediatas de la violencia generalmente son elegidas al azar (blancos de oportunidad) o selectivamente (blancos representativos o simb&oacute;licos) de una poblaci&oacute;n objetivo, y sirven como generadoras de mensajes. Los procesos comunicativos basados en la amenaza y la violencia entre (organizaciones) terroristas, (posibles) v&iacute;ctimas y blancos principales se usan para manipular al blanco principal (audiencia[s]), convirti&eacute;ndolo en blanco de terror, blanco de demandas o blanco de atenci&oacute;n, dependiendo si se busca en primer lugar la intimidaci&oacute;n, la coerci&oacute;n o la propaganda&rdquo;-</em>
    </p><p class="article-text">
        En su propia acepci&oacute;n del t&eacute;rmino &ldquo;terrorismo&rdquo;, Calveiro destaca adem&aacute;s el car&aacute;cter masivo e indiscriminado de la violencia contra una sociedad o parte de la misma, as&iacute; como el uso del &ldquo;terror como mecanismo de control e inmovilizaci&oacute;n social&rdquo; (2012: 83). Debido a esto &uacute;ltimo,
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>el terrorismo es un instrumento privilegiado de los poderes totales y autoritarios. Se manifiesta en ellos como terrorismo de Estado y ha sido ampliamente utilizado a lo largo del siglo XX. Incluso es posible afirmar que la mayor cantidad de v&iacute;ctimas del terrorismo proviene de esta modalidad dados los enormes recursos represivos con los que cuenta el aparato estatal (83, resaltado en el original).</em>
    </p><p class="article-text">
        En una biopol&iacute;tica desaparecedora como la llevada a cabo en Argentina, los &ldquo;blancos directos&rdquo; no son elegidos al azar sino, en su gran mayor&iacute;a, por su militancia pol&iacute;tica, social o sindical; sin embargo, existieron tambi&eacute;n lo que Calveiro denomina &ldquo;v&iacute;ctimas casuales&rdquo;:
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<em>[A]unque [este] grupo [&hellip;] fuera minoritario en t&eacute;rminos num&eacute;ricos, desempe&ntilde;aba un papel importante en la diseminaci&oacute;n del terror tanto dentro del campo como fuera de &eacute;l. Eran la prueba irrefutable de la arbitrariedad del sistema y de su verdadera omnipotencia. Es que adem&aacute;s del objetivo pol&iacute;tico de exterminio de una fuerza de oposici&oacute;n, los militares buscaban la demostraci&oacute;n de un poder absoluto, capaz de decidir sobre la vida y la muerte, de arraigar la certeza de que esta decisi&oacute;n es una funci&oacute;n leg&iacute;tima del poder&nbsp;(1998: 45).</em>
    </p><p class="article-text">
        En otras palabras, y retomando la definici&oacute;n de Schmid, la inclusi&oacute;n de v&iacute;ctimas casuales entre los &ldquo;blancos directos&rdquo; del accionar desaparecedor del Estado, atestigua plenamente su car&aacute;cter terrorista. En la inclusi&oacute;n de esos &ldquo;blancos al azar&rdquo; junto con los &ldquo;blancos selectivos&rdquo;, se da el pasaje de una t&eacute;cnica de disciplinamiento sobre los cuerpos a una t&eacute;cnica de normalizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n toda, que constituye el &ldquo;blanco principal&rdquo;. Esta biopol&iacute;tica de la desaparici&oacute;n genera en lo inmediato el terror y la par&aacute;lisis: si tambi&eacute;n desaparecen &ldquo;inocentes&rdquo;, nadie est&aacute; a salvo.
    </p><p class="article-text">
        Pero la particularidad de una biopol&iacute;tica desaparecedora tampoco se agota en su car&aacute;cter terrorista. Mejor dicho, habr&iacute;a que interrogar lo espec&iacute;fico de este car&aacute;cter terrorista. &iquest;Cu&aacute;l es el mensaje impreso sobre el cuerpo de los blancos directos (los ausentados y los que aparecen ejecutados) pero dirigido al blanco principal? Se trata del derecho de vida y muerte del Estado, que no es s&oacute;lo el de tomar la vida (ciertas vidas, en este caso la de los subversivos) para defender <em>la</em> vida (&ldquo;occidental y cristiana&rdquo;, seg&uacute;n la ideolog&iacute;a integrista cat&oacute;lica del PRN). La novedad de la desaparici&oacute;n es la <em>reducci&oacute;n a la espectralidad</em> de esas vidas calificadas como amenazantes para el conjunto. El biopoder modela una nueva forma de existencia, un nuevo estado que no es la vida ni la muerte, sino algo entre ambas, en el l&iacute;mite entre vida y muerte: lo espectral (Derrida 1997: 23). Parafraseando a Foucault, la desaparici&oacute;n <em>hace vivir (como espectros) sin dejar morir. </em>Como respondiera Videla ante una pregunta de la prensa, en el a&ntilde;o 1979, el desaparecido &ldquo;es una inc&oacute;gnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no est&aacute; ni muerto ni vivo, est&aacute; desaparecido&rdquo; (&ldquo;Videla y su hist&oacute;rica explicaci&oacute;n sobre los desaparecidos&rdquo;). As&iacute; permanecen los desaparecidos desde entonces, suspendidos en este tercer estado, materialmente ausentes pero omnipresentes en la vida social y pol&iacute;tica del pa&iacute;s. Este tercer estado de existencia promovido por la biopol&iacute;tica desaparecedora del PRN incluso ha debido plasmarse en el ordenamiento jur&iacute;dico argentino, para hacer posible la gesti&oacute;n de asuntos relativos al estado civil y el patrimonio: la ley 24.321 establece la figura del &ldquo;ausente por desaparici&oacute;n forzada&rdquo; e introduce as&iacute; legalmente esta tercera posibilidad.
    </p><p class="article-text">
        Al considerar al terrorismo de Estado como proceso comunicativo que por medio de la <em>espectralizaci&oacute;n</em> de parte de la poblaci&oacute;n tiende a la normalizaci&oacute;n del conjunto, resalta la pertinencia de atender a la dimensi&oacute;n fant&aacute;stica de esa biopol&iacute;tica terrorista con las herramientas que provee la cr&iacute;tica literaria. Por eso proponemos un abordaje de la desaparici&oacute;n y de la dramaturgia que da cuenta de la misma, a partir de los llamados &ldquo;estudios de la espectralidad&rdquo;, donde confluyen reflexiones provenientes de distintas disciplinas, no s&oacute;lo la cr&iacute;tica literaria, sino tambi&eacute;n la filosof&iacute;a, la sociolog&iacute;a, la antropolog&iacute;a y el psicoan&aacute;lisis. En su an&aacute;lisis de la novela <em>Como en la guerra</em>, de Luisa Valenzuela, Avery Gordon define la desaparici&oacute;n como
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Un procedimiento promovido por el Estado para producir fantasmas que hostiguen angustiosamente a la poblaci&oacute;n hasta someterla [&hellip;]. Est&aacute; [&hellip;] espec&iacute;ficamente dise&ntilde;ada para quebrantar las distinciones entre visibilidad e invisibilidad, certeza y duda, vida y muerte que normalmente utilizamos para sostener en curso una existencia m&aacute;s o menos confiable. La desaparici&oacute;n tiene por objetivo el haunting en s&iacute; mismo, apunta precisamente a ese estado de vulnerabilidad, y tamentre visibilidad e invisibilidad, certeza y duda, vida y muerte que bi&eacute;n de alerta, ante la precariedad del orden social&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        La producci&oacute;n estatal de espectros puede pensarse as&iacute; como lo distintivo, lo singular, de una biopol&iacute;tica de la desaparici&oacute;n. Es, ciertamente, una de las formas de ejercicio del poder que puede adoptar un r&eacute;gimen pol&iacute;tico que apunta a la dominaci&oacute;n por medio del terror, pero sus efectos son m&aacute;s duraderos, en tanto los fantasmas de aquellos que ya no est&aacute;n ni vivos ni muertos se instalan indefinidamente en la vida social. De acuerdo con Pilar Calveiro, el terror &ldquo;[p]roduce un <em>shock</em> paralizante, confunde y desorienta, pero, como sabe que ese efecto es pasajero, <em>opera con velocidad para arrasar, arrebatar, exterminar</em>, mientras su v&iacute;ctima est&aacute; privada de respuesta&rdquo; (2012: 83, resaltado en el original). Pasado el terror, se instaura lo siniestro, entendido en sentido freudiano, como lo &ldquo;espantoso que afecta a las cosas m&aacute;s conocidas y familiares desde tiempo atr&aacute;s&rdquo; (Freud 1981b: 2484).
    </p><p class="article-text">
        La noci&oacute;n de <em>haunting</em> que desarrolla Gordon presenta similitudes con la <em>hantologie</em> (o fantolog&iacute;a) derrideana. <em>Haunting</em> refiere a la acci&oacute;n del fantasma; el verbo <em>to haunt</em> podr&iacute;a traducirse como penar, aparecer, rondar, perseguir, obsesionar, acechar, asediar. Mientras que para Derrida, <em>hanter</em> (que en la edici&oacute;n en espa&ntilde;ol de su obra se traduce como &ldquo;asediar&rdquo;) es el modo de habitar del espectro, &ldquo;habitar sin propiamente habitar&rdquo; (1995: 32). Para ambos autores, lo espectral refiere no s&oacute;lo al fantasma como objeto (leg&iacute;timo) de estudio, sino tambi&eacute;n al modo de conocerlo. Como afirma Derrida, el espectro
    </p><p class="article-text">
        <em>[e]s algo que, justamente, no se sabe, y no se sabe si precisamente es, si existe, si responde a alg&uacute;n nombre y corresponde a alguna esencia. No se sabe: no por ignorancia, sino porque ese no-objeto, ese presente no presente, ese ser-ah&iacute; de un ausente o de un desaparecido no depende ya del saber. Al menos no de lo que se cree saber bajo el nombre del saber. No se sabe si est&aacute; vivo o muerto (1995: 20, resaltado en el original).</em>
    </p><p class="article-text">
        La dimensi&oacute;n espectral de la desaparici&oacute;n no se deja conocer m&aacute;s que como <em>haunting</em>, m&aacute;s que como asedio de lo &ldquo;innombrable&rdquo;, de esa Cosa que &ldquo;nos mira y nos ve no verla incluso cuando est&aacute; ah&iacute;&rdquo; (Derrida 1995: 20-21). El <em>haunting</em> trabaja en sentido inverso a la memoria colectiva, entendida como ejercicio voluntario y consciente del recuerdo. La memoria va en busca del pasado en funci&oacute;n de las necesidades pol&iacute;ticas del presente, mientras que la espectralidad irrumpe desde el pasado en el presente para se&ntilde;ar un estado de cosas injusto y reclamar que se haga algo al respecto. Se presenta como aparici&oacute;n, <em>se aparece</em> tal como se aparece el fantasma, o mejor dicho <em>reaparece</em>, porque siempre se trata de un retorno. Retorno de lo reprimido, lo excluido, lo invisibilizado, que se manifiesta como un reconocimiento de la parad&oacute;jica existencia de lo espectral como dimensi&oacute;n de la vida. El espectro no es un objeto al que ahora podamos prestar atenci&oacute;n desde la perspectiva de un nuevo campo de estudios como cualquier otro, en este caso los estudios sobre la espectralidad. Por el contrario, el de espectro es un &ldquo;concepto sin concepto&rdquo; (Derrida 1997: 23), por eso la <em>hantologie</em> derrideana se plantea en oposici&oacute;n a la ontolog&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo abordar entonces al fantasma? Para Gordon, la respuesta es del orden de lo fenomenol&oacute;gico:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;En estos casos, el haunting solo se puede experimentar, confirmando en una experiencia tal la naturaleza de la cosa misma: una desaparici&oacute;n es real solo cuando es aparicional. Una desaparici&oacute;n solo es real cuando es aparicional porque el fantasma o la aparici&oacute;n es la forma principal por medio de la cual algo perdido o invisible o que aparentemente no est&aacute; all&iacute;, se da a conocer o se nos hace aparente</em>. <em>El fantasma se nos da a conocer a trav&eacute;s del haunting y nos arrastra afectivamente hacia una estructura de sentimientos de una realidad que llegamos a experimentar como un reconocimiento. El reconocimiento espectral (haunting recognition) es una forma especial de saber lo que pas&oacute; o pasa&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Ya Derrida hab&iacute;a afirmado que la visita del espectro, su <em>frecuentaci&oacute;n</em>, es acontecimiento. &ldquo;El espectro [&hellip;] es la <em>frecuencia</em> de cierta visibilidad. Pero la visibilidad de lo invisible&rdquo; (1995: 117, resaltado en el original). Esta perspectiva resulta complementaria de la noci&oacute;n de desaparici&oacute;n como biopol&iacute;tica terrorista: el mensaje grabado en los cuerpos torturados, masacrados y escamoteados de los blancos directos alcanza a toda la poblaci&oacute;n por medio de la <em>aparici&oacute;n</em> o el <em>haunting</em>. Es el modo de darse a conocer de un fen&oacute;meno que se funda en una din&aacute;mica compleja y contradictoria entre lo negado y lo exhibido. Como afirma Calveiro,
    </p><p class="article-text">
        <em>es preciso mostrar una fracci&oacute;n de lo que permanece oculto para diseminar el terror. [&hellip;] El aut&eacute;ntico secreto, el verdadero desconocimiento tendr&iacute;a un efecto de pasividad ingenua pero nunca la par&aacute;lisis y el anonadamiento engendrados por el terror. Aterroriza lo que se sabe a medias, lo que entra&ntilde;a un secreto que no se puede develar (1998: 44, 147).</em>
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.planetadelibros.com.ar/libro-fantasmas-en-escena/343881" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Fantasmas en escena fue publicado por Paid&oacute;s</em></a><em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.passline.com/sitio-evento/fantasmas-en-escena-moran-lee" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">El 23 de marzo a las 19 hay una nueva presentaci&oacute;n del libro en el Cultural Mor&aacute;n</a>
    </p><p class="article-text">
        <em>MEP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Eva Perez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/fantasmas-escena_1_8838842.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Mar 2022 04:13:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fantasmas en escena]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Desaparecidos,Día de la Memoria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo esconder un pelirrojo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/esconder-pelirrojo_129_8384281.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/023bff1a-5a25-4d8b-bcdb-91972f744e91_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo esconder un pelirrojo"></p><p class="article-text">
        La primera referencia que tuve sobre Juan Carlos V&aacute;zquez Sarmiento fue en abril de 2000 cuando trabajaba en el &aacute;rea de investigaci&oacute;n de Abuelas de Plaza de Mayo. Una compa&ntilde;era hab&iacute;a recibido pocos d&iacute;as antes una denuncia sobre el joven apropiado por Francisco G&oacute;mez. Era mi hermano. La denuncia tambi&eacute;n dec&iacute;a: &ldquo;El jefe del apropiador llamado &lsquo;el Colorado&rsquo;, que trabaj&oacute; en esa misma &eacute;poca y lugar, tambi&eacute;n tiene otro chico&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s me toc&oacute; recibir en persona el segundo llamado de la misma denunciante, que result&oacute; ser familiar de G&oacute;mez. Esto transcrib&iacute;, con una letra prolijita en la que no dejo ver ninguna emoci&oacute;n: &ldquo;G&oacute;mez y otro represor (&lsquo;el Colo&rsquo;) lo llevaron a la casa de la denunciante, que le dio el pecho porque estaba amamantando a su hija. Esto fue el 17/11/78&rdquo;. No escrib&iacute; que el beb&eacute; no paraba de llorar pero no puedo olvidarlo, yo que he hecho verdaderos esfuerzos por olvidar, no logro olvidar esa escena: <strong>los dos hombres que bajan de un auto en alguna parte del noroeste del conurbano con un beb&eacute; que no para de llorar.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        Uno de ellos, seguramente G&oacute;mez, le cuenta a la mujer una trama de telenovela: la hija de un militar tuvo un beb&eacute; soltera y no lo quiere. Le piden, o le indican, que le d&eacute; la teta. No puedo escribirlo sin un estremecimiento de horror. G&oacute;mez y el Colo, &iquest;miran, controlan que todo se lleve a cabo en orden? El beb&eacute; se calma, se duerme, es lo m&aacute;s probable, debe estar agotado. Los dos hombres se lo llevan. &iquest;Lo carga ya G&oacute;mez o todav&iacute;a su jefe, que se lo dar&aacute; en su momento oportuno, por los servicios prestados? &iquest;G&oacute;mez lo lleva en brazos mientras el otro maneja, o es al rev&eacute;s, G&oacute;mez maneja hacia su casa mientras lo carga el Colo?
    </p><p class="article-text">
        Creo que fue mi hermano el que me dijo su nombre, cuando tres d&iacute;as despu&eacute;s de recibir esa denuncia fui a buscarlo a su trabajo, a contramano del protocolo institucional de entonces. &Eacute;l sab&iacute;a qui&eacute;n era el Colo y se acordaba de sus hijos, de Ezequiel y tambi&eacute;n de su hermana. Despu&eacute;s apareci&oacute; una denuncia previa sobre ellos, y a partir de esa denuncia, sus partidas de nacimiento: partos en domicilio constatados por el m&eacute;dico aeron&aacute;utico Pedro Alejandra Canela. Como la partida de mi hermano. Un modus operandi. Canela lleg&oacute; a ser indagado y procesado, pero muri&oacute; sin sentencia: V&aacute;zquez Sarmiento, en cambio, se dio a la fuga.
    </p><p class="article-text">
        En 2012 mi primo Marcelo Rub&eacute;n Moreyra declar&oacute; por primera vez en el juzgado de Daniel Rafecas. Con &eacute;l &ldquo;me dejaron&rdquo;, as&iacute; dec&iacute;amos en mi familia, a mis viejos se los hab&iacute;an llevado pero a m&iacute; me hab&iacute;an dejado en la casa de mis t&iacute;os de Olivos, con Marcelo. No pens&aacute;bamos que para dejarme primero hab&iacute;an debido sacarme de mi casa, de mi siesta quiz&aacute;s, y nadie se hab&iacute;a dado cuenta de que al viaje de mi casa a la de mi primo le sobraban horas. En el juzgado, Marcelo relat&oacute; un operativo de magnitudes para m&iacute; sorprendentes, inveros&iacute;miles, describi&oacute; a varios represores de los que recordaba alg&uacute;n rasgo o actitud particular. Habl&oacute; de uno que parec&iacute;a a cargo del operativo y que estaba muy nervioso; parec&iacute;a ser el mayor de todos, de unos 35 a&ntilde;os. Era pelirrojo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Recuerdo el momento como en c&aacute;mara lenta. Le acercan a mi primo una carpeta con fotos de legajos del personal de inteligencia de la Fuerza A&eacute;rea, fotos en blanco y negro, sin nombres, de mala calidad. Entre ellas, Marcelo reconoce al pelirrojo: Juan Carlos V&aacute;zquez Sarmiento.</strong> Rafecas lo procesa. Pero el Colo sigue pr&oacute;fugo, ahora no solo en la causa que investiga el robo de Ezequiel sino tambi&eacute;n en la que intenta reconstruir el destino de mis padres en la Regional de Inteligencia Buenos Aires (RIBA), donde trabajaban (&iquest;se dice as&iacute;, no suena demasiado decente?) V&aacute;zquez Sarmiento y G&oacute;mez.
    </p><p class="article-text">
        Se ofrece una recompensa a quien informe sobre su paradero. Se publican dos fotos en blanco y negro, tres cuartos de perfil, &iexcl;una incluso con gorra!, donde su rasgo caracter&iacute;stico, ese que le vali&oacute; el apodo, no se aprecia ni se menciona. Oh, sorpresa, no lo encuentran.
    </p><p class="article-text">
        Pasan los a&ntilde;os. Rafecas eleva la causa RIBA a juicio oral. Por la privaci&oacute;n ilegal de la libertad y los tormentos contra mi mam&aacute; y mi pap&aacute; (s&iacute;, solo por eso, no por sus muertes) son condenados Francisco G&oacute;mez, Luis Tom&aacute;s Trillo como responsable de la RIBA y Omar Rubens Graffigna, como autor mediato. V&aacute;zquez Sarmiento sigue pr&oacute;fugo. Cada tanto me acuerdo de &eacute;l y me pregunto: &iquest;c&oacute;mo puede sostener una fuga tan prolongada? &iquest;De qu&eacute; vive? &iquest;De verdad no se comunica con<em> nadie</em>, <em>nunca</em>?
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a me encuentro habl&aacute;ndole de &eacute;l a mi hijo. Suelo decir que gracias al juicio RIBA puedo contarles a mis hijxs la verdad (parcial) de que los malos que desaparecieron a sus abuelos est&aacute;n en la c&aacute;rcel, pero aqu&iacute; me tienen, habl&aacute;ndole al mayor del colorado pr&oacute;fugo. <strong>Tal vez esta informaci&oacute;n innecesaria para su edad, la compulsi&oacute;n a darle esta informaci&oacute;n, la imposibilidad de callar ese hecho sobre el que trato de no pensar demasiado pero que evidentemente me desborda, sea una de las formas en que el terror de entonces nos alcanza todav&iacute;a en el presente.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La semana del 6 de octubre, como la pasada, siempre es dif&iacute;cil. Era la tarde del viernes 6 de octubre de 1978 cuando V&aacute;zquez Sarmiento, G&oacute;mez y otros militares y civiles de la RIBA (muchos ya identificados pero todav&iacute;a impunes) entraron a mi casa en Palermo y nos secuestraron a m&iacute; y a mi mam&aacute; Patricia Julia Roisinblit, embarazada de 8 meses. Esa misma tarde se llevaron a mi pap&aacute; Jos&eacute; Manuel Perez Rojo y a su socio Gabriel Pontnau de su comercio en Mart&iacute;nez. Reci&eacute;n a la noche se produjo ese operativo en Olivos que parec&iacute;a estar a cargo de V&aacute;zquez Sarmiento, en el que me entregaron a mi primo, un chico de 17 a&ntilde;os al que siguieron controlando y amenazando durante meses. Cuando se acerca octubre en el calendario, anticipo la impotencia, el llanto que no sale, el des&aacute;nimo, el insomnio, las im&aacute;genes que vuelven y que no dan respiro, im&aacute;genes de tortura, fragmentos de conversaciones hirientes con un hermano que me robaron y nunca recuper&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pero esta semana se cierra con <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/detienen-represor-responsable-apropiacion-nieto-102-profugo-19-anos_1_8383991.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la detenci&oacute;n de V&aacute;zquez Sarmiento</a>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuando me enter&eacute;, grit&eacute;. Mucho. Grit&eacute; y tembl&eacute;. Tambi&eacute;n llor&eacute; un poquito. Tembl&eacute; mucho rato. Ahora siento alivio, ahora me doy cuenta hasta qu&eacute; punto V&aacute;zquez Sarmiento en libertad me daba miedo</strong>. Hasta qu&eacute; punto me dan miedo los otros tipos de la RIBA que siguen en libertad, como si solo Trillo y G&oacute;mez hubieran visto a mis padres o interactuado con ellos y el resto nada, el resto hac&iacute;a contabilidad y dibujo t&eacute;cnico sin enterarse de que en la oficina de al lado se torturaba.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los 19 años que Vázquez Sarmiento pasó prófugo son un tiempo de descuento del que él gozó, mientras de este lado, ante la falta de información sobre el destino de nuestros seres queridos, nos seguimos imaginando cosas terribles sin poder cerrar nada. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El a&ntilde;o pasado se murieron Graffigna y G&oacute;mez. Graffigna muri&oacute; gozando del beneficio de la prisi&oacute;n domiciliaria, pero muri&oacute; condenado. Hab&iacute;a sido absuelto en el Juicio a las Juntas, pero muri&oacute; condenado por lo que hicieron con mi mam&aacute; y mi pap&aacute;. Me gusta. G&oacute;mez muri&oacute; en la c&aacute;rcel. Tambi&eacute;n muri&oacute;, sin condena, Carlos Orlando Generoso, el penitenciario al que llamaban Fragote en la ESMA, y que me dio a entender que hab&iacute;a estado presente cuando mataron a mi mam&aacute;, al regresar de la ESMA a la RIBA. <strong>V&aacute;zquez Sarmiento es el &uacute;ltimo de los &uacute;ltimos que vieron a mi mam&aacute; con vida</strong>. No lo s&eacute; con certeza pero lo deduzco de la escena siguiente, &eacute;l y G&oacute;mez con mi hermano de tres, cuatro d&iacute;as llorando en un auto. Solo hay una escena anterior posible: aquella en la que le arrebatan su beb&eacute; reci&eacute;n nacido a una pu&eacute;rpera detenida-desaparecida. La escena de la separaci&oacute;n. No quiero imaginarla. Valientes soldados de la Patria estos que supieron dar batalla contra pu&eacute;rperas y beb&eacute;s. Soy madre, atraves&eacute; puerperios: no hay momento m&aacute;s vulnerable. Sangr&aacute;s a mares, te duelen los pezones, los entuertos. Por no hablar de las hormonas, por no sumarle al <em>baby blues</em> la incertidumbre sobre tu destino y el de tu pareja y tu hijo. <strong>Hay que ser una basura de proporciones fuera de lo normal para quitarle su beb&eacute; y matar a una mujer en esas condiciones.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso es V&aacute;zquez Sarmiento. Eso hizo. No una vez. Dos veces. Al menos.
    </p><p class="article-text">
        Eso es V&aacute;zquez Sarmiento y por alguna raz&oacute;n que deber&iacute;amos indagar tuvo los medios para mantenerse pr&oacute;fugo por diecinueve a&ntilde;os. &ldquo;Adonde vayan los iremos a buscar&rdquo;, nos gusta decir. Pero no hab&iacute;a que ir tan lejos. Lo atraparon en Ituzaing&oacute; visitando a su esposa. <strong>Qu&eacute; lindo, qu&eacute; reparador ser&iacute;a que alguien rinda cuentas por estos diecinueve a&ntilde;os sin encontrar al pelirrojo. </strong>Que despu&eacute;s de estos diecinueve a&ntilde;os no debamos esperar durante a&ntilde;os la instrucci&oacute;n ni la elevaci&oacute;n a juicio oral ni las audiencias. D&eacute;jenme so&ntilde;ar: que V&aacute;zquez Sarmiento vaya a juicio por el secuestro de mis padres, por el m&iacute;o, por el de Gabriel Pontnau y el resto de las v&iacute;ctimas de la RIBA que declararon como testigos, por su rol en la apropiaci&oacute;n de mi hermano y naturalmente por la apropiaci&oacute;n de Ezequiel. Que se investiguen de una buena vez las conexiones entre la RIBA y Virrey Cevallos, los dos centros clandestinos de la Fuerza A&eacute;rea que compart&iacute;an torturadores. Que no sigan muriendo impunes como el militar Juan Manuel Taboada, que declar&oacute; como testigo en el juicio RIBA y se fue, a pesar de haber sido reconocido por Osvaldo L&oacute;pez, sobreviviente de Virrey Cevallos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los diecinueve a&ntilde;os que V&aacute;zquez Sarmiento pas&oacute; pr&oacute;fugo son un tiempo de descuento del que &eacute;l goz&oacute;, mientras de este lado, ante la falta de informaci&oacute;n sobre el destino de nuestros seres queridos, nos seguimos imaginando cosas terribles sin poder cerrar nada. </strong>Tantos a&ntilde;os pasaron que mi primo Marcelo no va a poder reconocerlo en persona, porque muri&oacute; poco despu&eacute;s de declarar en el juicio oral. <strong>No soporto pensar que a ese tiempo que V&aacute;zquez Sarmiento se agenci&oacute;, le vaya a seguir otro igual de chicle, un juicio oral por un caso y despu&eacute;s otro y otro m&aacute;s, todos parciales, todos chiquitos, una condenita por aqu&iacute; y otra por all&aacute; y alguna absoluci&oacute;n tambi&eacute;n, para seguir en esa tradici&oacute;n tan arraigada de hacer la vista gorda ante los cr&iacute;menes de la Fuerza A&eacute;rea, que viene del Juicio a las Juntas con sus irrisorios cuatro a&ntilde;os y seis meses de condena a Orlando Ram&oacute;n Agosti.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El martes el juez Rafecas va a indagar a V&aacute;zquez Sarmiento por la desaparici&oacute;n de mis padres. No espero nada de &eacute;l, espero todo de la Justicia.
    </p><p class="article-text">
        <em>MEP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mariana Eva Perez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/esconder-pelirrojo_129_8384281.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Oct 2021 03:03:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo esconder un pelirrojo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Dictadura Cívico Militar,Lesa humanidad]]></media:keywords>
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