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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Juan Rapacioli]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/juan-rapacioli/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Juan Rapacioli]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Así habló David Bowie]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablo-david-bowie_129_9585901.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6c3cc1b7-c179-4f1e-8254-970272038b89_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Así habló David Bowie"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el personal ensayo audiovisual de Brett Morgen sobre David Bowie se escucha al artista hablar mientras se traza la trayectoria del hombre que creó un universo propio.</p></div><p class="article-text">
        En un momento de<strong> </strong><em><strong>Moonage Daydream</strong></em>, el personal&iacute;simo ensayo audiovisual de<strong> Brett Morgen</strong> sobre<strong> David Bowie</strong>, se escucha al artista hablar de una experiencia formativa y traum&aacute;tica: la temprana lectura de <em>On the Road</em>. Formativa porque ah&iacute; fue donde el joven David Jones descubri&oacute; la existencia de un mundo distinto al del Brixton gris de posguerra, y traum&aacute;tica porque la persona que le mostr&oacute; la novela de Kerouac fue su hermano mayor Terry, el h&eacute;roe de su infancia que le abri&oacute; la puerta a la contracultura y, m&aacute;s tarde, termin&oacute; apoyando la cabeza en la v&iacute;as del tren, luego de escapar de un instituto psiqui&aacute;trico. Esta tensi&oacute;n, inici&aacute;tica, sostiene el ambicioso trabajo de Morgen que no puede definirse como documentaci&oacute;n period&iacute;stica o retrospectiva de una celebridad, sino como un collage caleidosc&oacute;pico, maximalista y por momentos solemne del hombre que cay&oacute; a la Tierra para cambiar su sonido y visi&oacute;n. Ante todo, la apuesta de Morgen es emotiva, ya que no se detiene tanto en las miserias, tragedias y crisis del ingl&eacute;s inquieto que se puso todas las m&aacute;scaras que pudo para correr hacia el futuro, sino en sus indagaciones filos&oacute;ficas sobre el tiempo, la trascendencia y la vida como un viaje fant&aacute;stico que no puede ser desperdiciado.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Morgen sigue ese primer impulso beat de <em>Bowie-lector-de-Kerouac</em> para componer, con un impresionante material de archivo, la odisea &eacute;pica de un artista que se construye a s&iacute; mismo, proyecta su potencia y revisa sus pasos a cada momento, casi estableciendo la hoja de ruta de un camino que comienza antes del propio dispositivo Bowie, en la ansiedad del extra&ntilde;o rubio de pelo largo que, antes de ser una estrella, fue mod, mimo, budista y heredero del music hall. Pero este no es un documental sobre David Jones y sus intentos fallidos de fama, y tampoco es, gracias al criterio de Morgen, un registro de entrevistas a familiares, amigos y celebridades que buscan explicar la magnitud de un rockstar. Lo de Morgen se mueve en dos sentidos: procedimiento y concepto. El primero tiene que ver con las obsesivas horas de trabajo que, a lo largo de cinco a&ntilde;os, el director le dedic&oacute; al archivo oficial del artista -donde se pueden ver registros emblem&aacute;ticos y rarezas in&eacute;ditas-, y el segundo con el tono elegido para abordar a una figura que ha sido analizada, cuestionada, interrogada y adorada casi desde sus comienzos. Y si bien el trabajo de Morgen fue arduo (en un punto del proceso sufri&oacute; un ataque al coraz&oacute;n), el resultado es revelador no tanto por el car&aacute;cter informativo, sino por una operaci&oacute;n est&eacute;tica de yuxtaposici&oacute;n propia de su objeto de estudio.
    </p><p class="article-text">
        Morgen, en cierto sentido, enfrenta (hasta fusionar) dos aspectos centrales de Bowie: el viajero beat que escapa de su tierra para expandir sus fronteras mentales y recorre las calles de New York, Filadelfia, Berl&iacute;n, Tokio y Bangkok con pasi&oacute;n antropol&oacute;gica, y el individuo que transita la ciudad fragmentada como en un laberinto de espejos donde la fama es un arma de doble filo, los excesos son calmantes y las m&aacute;scaras son la &uacute;nica forma de mostrarse. A trav&eacute;s de un fren&eacute;tico montaje donde orbitan planetas del universo Bowie como Nietzsche, Kubrick, Crowley, Burroughs, Mishima, Brian Eno o <em>Metr&oacute;polis</em>, el artista outsider que busca signos vitales en los m&aacute;rgenes de la sociedad y la estrella que se ubica en el centro de todas las luces del espect&aacute;culo se entremezclan de forma arm&oacute;nica. Pero esa armon&iacute;a, que cautiva y reconforta desde la dimensi&oacute;n visual, descarta narrativamente cierta alteraci&oacute;n necesaria para comprender la po&eacute;tica disruptiva del artista. En el ensayo de Morgen, la desesperaci&oacute;n de Bowie por alcanzar la trascendencia se desdibuja en una contemplaci&oacute;n espiritual donde no parece haber fisuras, y es justamente en las fisuras donde se alojan los cambios radicales que modificaron el curso de su existencia. Esto, sin embargo, no disminuye la potencia del ensayo, sino que reafirma su naturaleza. Morgen no busca contar ni explicar la vida de Bowie, sino proyectar a su propio Bowie como una forma de ver la vida.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">
Morgen, en cierto sentido, enfrenta (hasta fusionar) dos aspectos centrales de Bowie: el viajero beat que escapa de su tierra para expandir sus fronteras mentales y el individuo que transita la ciudad fragmentada</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de su alucinante despliegue audiovisual, el gran valor del ensayo de Morgen es el trabajo de edici&oacute;n con la voz del propio David -armado con fragmentos de reportajes y declaraciones-, donde desarma su po&eacute;tica y reflexiona sobre sus preocupaciones filos&oacute;ficas. Si bien es conmovedor escuchar al protagonista deconstruir su historia, la coherencia casi zen que esta edici&oacute;n propone hace que el ensayo roce, por momentos, la complacencia. Es como si todo el caos, la violencia y la pulsi&oacute;n de muerte del hombre que cerr&oacute; su obra con <em>Blackstar</em> quedara opacada por el Bowie enamorado de la vida. Y si bien ese amor es real, tambi&eacute;n lo es la oscuridad y el sentimiento de &ldquo;man&iacute;a, ira, melancol&iacute;a, &eacute;xtasis, todo envuelto en uno, como cuando tu cuerpo quiere salir de tu piel&rdquo;, como bien defini&oacute; St. Vincent. Pero este enfoque, de nuevo, no debilita la b&uacute;squeda del director, sino que resalta su intenci&oacute;n: la de ofrecer un visi&oacute;n personal del artista que invent&oacute; el siglo XXI en los a&ntilde;os 70.
    </p><p class="article-text">
        La obsesi&oacute;n de Bowie nunca fue exactamente el futurismo, sino una proyecci&oacute;n hacia lo desconocido con fantasmas del pasado y signos perturbadores del porvenir, un tr&aacute;nsito ambiguo entre la decadencia del mundo y el escapismo fant&aacute;stico, una zona de riesgos, extra&ntilde;eza e ilusi&oacute;n que, aun sin su presencia f&iacute;sica, sigue en expansi&oacute;n. Morgen, en ese sentido, hizo un trabajo honesto: no intentar abarcar lo que siempre est&aacute; cambiando.
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Rapacioli]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/hablo-david-bowie_129_9585901.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Oct 2022 03:03:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Así habló David Bowie]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Aunque vives en mundos de cine: Charly García entre la pantalla y la música]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/vives-mundos-cine-charly-garcia-pantalla-musica_1_8420140.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54d4c84c-00e2-4d69-86d3-a49583e16df9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Aunque vives en mundos de cine: Charly García entre la pantalla y la música"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué es el cine para Charly García? Desde el hippismo melancólico de Vida (1972) a la resurrección conceptual de Random (2017), la intensa carrera del músico está atravesada por los efectos de la gran pantalla. El cine funciona como constructor de sentido para sus canciones.</p></div><p class="article-text">
        En el segundo tomo del monumental <em>Esta noche toca Charly</em> (Gourmet Musical), Roque Di Pietro se detiene en un momento menos conocido de la famosa entrevista que Jorge Lanata le hizo a Charly Garc&iacute;a en su programa <em>D&iacute;a D</em>. Seg&uacute;n cuenta Di Pietro que cuenta Carlos Polimeni, la animosidad entre el periodista y el m&uacute;sico no se debi&oacute; solamente al exceso de egos, sino a un dato de color cinematogr&aacute;fico: el fragmento de la pel&iacute;cula <em>The Day the Earth Stood Still</em> (Robert Wise, 1951), que Garc&iacute;a eligi&oacute; para la ocasi&oacute;n y que Lanata desconoc&iacute;a. El episodio, aunque anecd&oacute;tico, ilustra la sugestiva y cambiante presencia del s&eacute;ptimo arte en la obra del m&uacute;sico argentino que hoy cumple 70 a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">La m&aacute;quina de mirar&nbsp;</h3><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es el cine para Charly Garc&iacute;a? Desde el hippismo melanc&oacute;lico de <em>Vida</em> (1972) a la resurrecci&oacute;n conceptual de <em>Random</em> (2017), la intensa carrera del hombre nacido como Carlos Alberto Garc&iacute;a Moreno est&aacute; atravesada por los efectos de la gran pantalla. Pero el influjo del invento de los hermanos Lumi&egrave;re en su producci&oacute;n no es solo de orden referencial o admirativo, sino que funciona como constructor de sentido para sus canciones. <strong>Garc&iacute;a no se limita a observar el cine desde su obra, sino que toma sus elementos -planos, encuadres, montajes, cortes- para configurar una po&eacute;tica</strong>. Garc&iacute;a, a lo largo de los a&ntilde;os y de los discos, fue ocupando todos espacios de la experiencia cinematogr&aacute;fica, desde el joven espectador que se preguntaba <em>&iquest;Qu&eacute; se puede hacer salvo ver pel&iacute;culas?</em> hasta el viejo bromista de <em>Ella es tan Kubrick</em>, pasando por la autoconciencia del director que medita la escena: &ldquo;Y yo estoy con la m&aacute;quina de mirar, justo en el para&iacute;so para filmar&rdquo;.&nbsp;
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            </figure><h3 class="article-text">Operaci&oacute;n Densa&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Se podr&iacute;a pensar que hay dos dimensiones en la relaci&oacute;n de Charly Garc&iacute;a con el cine: una p&uacute;blica, otra &iacute;ntima. Lo notable es c&oacute;mo, en cierto momento, estas dimensiones se empiezan a mezclar hasta fusionarse en un cuadro conceptual que no distingue entre vida y obra. Como se&ntilde;ala Luciano Lahiteau en una nota de la revista Caligari, &ldquo;<strong>la obra de Garc&iacute;a es esencialmente un entramado donde lo sonoro y lo visual no pueden separarse. Es cine por otros medios</strong>&rdquo;. Charly mirando a Charly. En sus comienzos, el m&uacute;sico se dedic&oacute; a poblar su trabajo con referencias, gui&ntilde;os, destellos del universo cinematogr&aacute;fico. En la oscura visi&oacute;n de <em>Peque&ntilde;as an&eacute;cdotas sobre las instituciones</em> (1974) -fin del sue&ntilde;o hippie de Sui G&eacute;neris que le dio lugar a una anticipaci&oacute;n kafkiana de la realidad del pa&iacute;s- se pueden escuchar dos pel&iacute;culas breves: <em>Peque&ntilde;as delicias de la vida conyugal</em>, una alegre pero fr&aacute;gil canci&oacute;n sobre el v&iacute;nculo monog&aacute;mico basada en la obra de Ingmar Bergman (<em>Escenas de la vida conyugal</em>, 1973) y <em>Las incre&iacute;bles aventuras del Sr. Tijeras</em>, un retrato ficcional de Miguel Paulino Tato, director del Ente de Calificaci&oacute;n Cinematogr&aacute;fica desde la presidencia de Mar&iacute;a Estela de Per&oacute;n hasta fines de la &uacute;ltima dictadura c&iacute;vico-militar. Conocido por censurar m&aacute;s de 300 pel&iacute;culas, el personaje aparece en la canci&oacute;n como un bur&oacute;crata reprimido y obsesionado con el sexo que termina cortando con sus tijeras a una mujer que sale de la pantalla. La canci&oacute;n, como el &aacute;lbum, hace una aguda reflexi&oacute;n sobre la censura y la opresi&oacute;n de aquellos a&ntilde;os, pero tambi&eacute;n aborda un tema que Garc&iacute;a seguir&iacute;a explorando: el l&iacute;mite difuso entre ficci&oacute;n y realidad. En ese sentido, Garc&iacute;a se apoya en la fantas&iacute;a del cine para observar la realidad. El cine ofrece un escapismo ambiguo: es la posibilidad de habitar una ilusi&oacute;n que, a su vez, devuelve una imagen (m&aacute;s n&iacute;tida) de lo real.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Canci&oacute;n de Hollywood&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Si bien hay muchos nombres que se mueven en el imaginario cinematogr&aacute;fico de Charly -de Billy Wilder a Quentin Tarantino, pasando por Luis Bu&ntilde;uel, Akira Kurosawa y la siempre inalcanzable Marylin Monroe-, hay uno que atraviesa su producci&oacute;n con especial densidad: Stanley Kubrick, el hombre que con 13 pel&iacute;culas revolucion&oacute; el cine contempor&aacute;neo. En 1972, cuando Charly comenzaba su aventura musical entre la formaci&oacute;n cl&aacute;sica, la herencia del tango, el legado de los Beatles y cierto aire folk de protesta, David Bowie le daba vida a Ziggy Stardust, un alien&iacute;gena andr&oacute;gino que respond&iacute;a a muchas obsesiones del brit&aacute;nico, entre ellas, la est&eacute;tica ultra-violenta de <em>La naranja mec&aacute;nica</em> (1971), adaptaci&oacute;n que hizo Kubrick de la novela hom&oacute;nima de Anthony Burgess. Algunos a&ntilde;os antes, Bowie hab&iacute;a lanzado al espacio a Major Tom, el protagonista de la canci&oacute;n <em>Space Oddity</em>, inspirada en <em>2001: Odisea del espacio</em> (1968), la pel&iacute;cula con la que Kubrick cambi&oacute; para siempre el cine de ciencia ficci&oacute;n y que impact&oacute; definitivamente en la cultura popular.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Los temas del filme -la alienaci&oacute;n, los l&iacute;mites de lo humano, la inteligencia artificial, la soledad- determinaron la po&eacute;tica de Bowie y la de Charly Garc&iacute;a, que asimil&oacute; el clima espacial en <em>La hija de la l&aacute;grima</em> (1994), el &aacute;lbum que divide su obra en dos grandes bloques de creaci&oacute;n y anuncia un modo de producci&oacute;n ca&oacute;tico, excesivo, sobreproducido pero siempre calculado. En t&eacute;rminos cinematogr&aacute;ficos, es como si Charly hubiese abandonado la butaca de espectador (&ldquo;El cine de mi barrio ya me mostr&oacute; la escena&rdquo;) para pasar a ser la escena. Como en la novela de Lewis Carroll que Garc&iacute;a ley&oacute; en clave de rock en <em>Canci&oacute;n de Alicia en el pa&iacute;s</em>, el personaje Charly se mete en su propia pel&iacute;cula y vive la fantas&iacute;a proyectada por &eacute;l mismo. Si antes era un fabricante de mentiras, ahora es un ilusionista que mira desde la pantalla. As&iacute; como la fusi&oacute;n de g&eacute;nero musical y ego art&iacute;stico qued&oacute; cristalizada en <em>Rock and Roll YO</em> (donde se escucha un fragmento de <em>Lolita</em> de Kubrick), el concepto en clave f&iacute;lmica podr&iacute;a ser <em>Cine YO</em>. El entrelazamiento del Charly autor y el Charly personaje llega a su extremo en <em>Kill Gil</em>, descargo violento de un artista al borde de s&iacute; mismo. Garc&iacute;a se inspira en <em>Kill Bill</em> para concebir su propio relato de venganza.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Lo que dice la lluvia&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Renacimiento y reconfiguraci&oacute;n, <em>Random </em>(2017) es un regreso a las fuentes que condensa muchas etapas (muchas escenas) del universo Garc&iacute;a. Un mon&oacute;culo fant&aacute;stico que deja ver el aire fresco de sus primeros a&ntilde;os hasta la densidad <em>say no more. </em>En uno de los grandes temas del &aacute;lbum, <em>Lluvia</em>, el personaje reconecta con el espectador de la ilusi&oacute;n: &ldquo;Me escap&eacute; una vez, me met&iacute; en un cine sucio y vi c&oacute;mo &eacute;l bailaba en la lluvia&rdquo; (<em>Singin&rsquo; in the Rain</em>, 1952). Al final, Charly sale de la pantalla y vuelve a mirar la pel&iacute;cula que vio una vez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>JR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Rapacioli]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/vives-mundos-cine-charly-garcia-pantalla-musica_1_8420140.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Oct 2021 03:37:08 +0000]]></pubDate>
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