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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - José Garriga Zucal]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/jose-garriga-zucal/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - José Garriga Zucal]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Violencias pandémicas: ¿nada nuevo bajo el sol?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/violencias-pandemicas-nuevo-sol_129_8549233.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77fff636-d85a-4b4c-a935-c8d23347936f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Violencias pandémicas: ¿nada nuevo bajo el sol?"></p><p class="article-text">
        &iquest;Aument&oacute; la violencia durante la pandemia? Esta pregunta, en apariencia sencilla, nos convoca desde hace meses. Diremos, para cubrirnos, que es un interrogante imposible de responder en pocas p&aacute;ginas. Trataremos, por el contrario, de trazar un mapa preliminar de lo que sucedi&oacute; con ciertas violencias en poblaciones vulnerables en el devenir de la pandemia.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, en las entrevistas que realizamos se manifiesta una coincidencia sobre el <strong>incremento de las violencias de g&eacute;nero e intrafamiliares desde el comienzo de la pandemia</strong>. Aqu&iacute; cabe se&ntilde;alar que a&uacute;n no contamos con datos certeros disponibles que nos permitan confirmar este incremento. Sin embargo, esta idea surge con recurrencia entre nuestros interlocutores. Una suerte de verdad sin discusi&oacute;n en donde coinciden actores sociales diversos (polic&iacute;as, funcionarios, militantes sociales, vecinos, entre otros). Sobre este punto aparece algo interesante para el an&aacute;lisis: <em>&iquest;Hay m&aacute;s violencias de g&eacute;nero o cambi&oacute; la sensibilidad para con pr&aacute;cticas recurrentes? </em>Nos animamos a sostener que la construcci&oacute;n de una categor&iacute;a moldea sensibilidades y que, sin duda, formatea la interpretaci&oacute;n de pr&aacute;cticas que siempre existieron pero que antes no eran interpretadas en esa categor&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta l&iacute;nea, es muy sugerente considerar las explicaciones sobre este incremento. Sin justificar las violencias, los entrevistados sostienen como argumento central que las convivencias obligatorias agudizaron los conflictos existentes y, con ello, resoluciones muchas veces violentas. Aqu&iacute; entonces cabe preguntarse por la intensidad de las violencias: si bien no resultan novedosas, se identifica un cambio en su intensidad y recurrencia y nos obliga a pensar no s&oacute;lo nuevas preguntas, sino tambi&eacute;n en otras formas de intervenci&oacute;n y prevenci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por el otro, cabe decir que el accionar de las fuerzas de seguridad para con estas poblaciones - en su mayor&iacute;a <em>pobres, migrantes, trabajadores informales, trabajadores sexuales-</em> no cambi&oacute; sustancialmente con el devenir de la pandemia. <strong>Las rutinas policiales con las poblaciones vulnerables, que a riesgo de simplificar, podemos sintetizar en una combinaci&oacute;n de pr&aacute;cticas de ausencia/hostigamiento, continuaron patrones preexistentes a la pandemia</strong>. Nuestros interlocutores sostienen que las fuerzas de seguridad no est&aacute;n cuando se las necesita, que no acuden a los llamados del 911 y que no intervienen para prevenir los delitos que sufren en abundancia. Por el contrario, algunos de nuestros interlocutores, los m&aacute;s j&oacute;venes, dicen que la &ldquo;gorra&rdquo; est&aacute; solo para maltratarlos, &ldquo;verduguearlos&rdquo;.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Respecto al accionar de las fuerzas de seguridad es importante mencionar las temporalidades que la pandemia impuso. Un primer momento, entre abril y mayo del 2020, donde las fuerzas de seguridad fueron, en palabras de los entrevistados, celosas de las aplicaci&oacute;n de las medidas de aislamiento y otro momento, que algunos identifican desde mediados del 2020, cuando regresaron a sus rutinas de ausencia/hostigamiento. Cabe decir que por diferentes razones las medidas de aislamiento eran de muy dif&iacute;cil aplicaci&oacute;n para las poblaciones vulnerables; el &ldquo;qu&eacute;date en casa&rdquo; es casi imposible cuando la informalidad laboral y d&eacute;ficit habitacional ordenan la vida cotidiana. Una vecina nos dec&iacute;a, para dar cuenta de la inviabilidad del aislamiento, &ldquo;la vereda es mi patio&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para dar cuenta de las continuidades de los patrones de policiamiento, y sin la intenci&oacute;n de justificar y/o naturalizar pr&aacute;cticas abusivas, diremos que, seg&uacute;n los datos analizados, <strong>no se identifica un incremento de la violencia policial</strong> para con los habitantes de barrios vulnerables desde el comienzo de la pandemia. All&iacute; las pr&aacute;cticas de policiamiento, por momentos m&aacute;s intensas y ciertamente dirigidas especialmente a los j&oacute;venes varones,&nbsp; mostraron tambi&eacute;n patrones de continuidad (que incluso podemos observar en casos recientes como <a href="https://www.eldiarioar.com/sociedad/murio-juvenil-futbolista-barracas-central-baleado-policia-ciudad_1_8504490.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el asesinato de Lucas Gonz&aacute;lez</a>, de 17 a&ntilde;os, por parte de la Polic&iacute;a de la Ciudad de Buenos Aires en noviembre 2021).
    </p><p class="article-text">
        Para finalizar, cabe una reflexi&oacute;n. <strong>Las violencias interpersonales se mantuvieron relativamente estables en la pandemia</strong> -en el 2020, respecto al 2019, aumentaron un 3,8% los homicidios dolosos en el pa&iacute;s y disminuyeron un 7,7% las lesiones dolosas-. La estabilidad, en un contexto de deterioro extremo de las condiciones de vida que supuso la pandemia, y las medidas de aislamiento nos obligan a repensar las relaciones que tantas veces se conjugan prejuiciosamente entre pobreza y violencia. Pero, m&aacute;s all&aacute; de la necesidad de desmontar prejuicios, se vuelve, tambi&eacute;n, necesario analizar los v&iacute;nculos entre la emergencia de diferentes tipos de violencias y las condiciones sociales que la moldean. &nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        En esa l&iacute;nea, se&ntilde;alamos que<strong> las formas de organizaci&oacute;n comunitaria</strong> - redes que es importante destacar son en muchos casos previas a la pandemia-&nbsp; permitieron montar en tiempo r&eacute;cord una red de distribuci&oacute;n de alimentos y de bienes b&aacute;sicos para la reproducci&oacute;n de la vida cotidiana. <strong>Articuladas mayoritariamente por mujeres, la red de distribuci&oacute;n de alimentos y de elementos de higiene result&oacute; central en los barrios para sobrellevar los aspectos m&aacute;s duros de la pandemia</strong> (literalmente, pusieron comida en los platos). Con un esp&iacute;ritu similar, se destacan en las entrevistas menciones a redes de solidaridad y cuidado de mujeres en situaci&oacute;n de violencia de g&eacute;nero. Las redes comunitarias, a las apuradas, conservaron el tejido social que se degrad&oacute; a pasos agigantados con la pandemia. Para las poblaciones vulnerables la mayor parte de las instituciones del Estado perdieron protagonismo durante la pandemia y la estabilidad -del plato de comida y de la regulaci&oacute;n de las violencias- se forj&oacute; gracias al trabajo de las organizaciones y redes comunitarias.&nbsp;Concluimos, entonces: en la pandemia las manifestaciones de las violencias fueron las mismas que anta&ntilde;o, pero se reforz&oacute; la intervenci&oacute;n policial como la cara m&aacute;s visible del Estado entre las poblaciones vulnerables.
    </p><p class="article-text">
        <em>EC/JG/IM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Evangelina Caravaca, José Garriga Zucal, Inés Mancini]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/violencias-pandemicas-nuevo-sol_129_8549233.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Dec 2021 03:29:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Violencia,Pandemia,Violencia de género]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando los transas prestan dinero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/transas-prestan-dinero_129_8445146.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b5184db-9545-4733-b3f2-94c51ce3f561_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando los transas prestan dinero"></p><p class="article-text">
        Juan va hasta lo del transa. La noche cae en C&aacute;rcova. No va a comprar falopa, va a pedir plata. Los conoce a los pibes que venden desde que son chiquitos, adem&aacute;s de vender droga son prestamistas. Juan les deja su tarjeta del plan como seguro de que va a devolver lo prestado. Necesitaba plata para comprar comida, no hab&iacute;a changas y la plata del plan no dur&oacute; nada.&nbsp;El trato es claro, pide 3 lucas y tiene que devolver 6. No hay tiempo para evaluar la tasa de inter&eacute;s exorbitante que acuerda. <strong>Es un servicio financiero con un costo alt&iacute;simo, pero el &uacute;nico disponible en la necesidad y urgencia</strong>.&nbsp;Si salen tres changuitas de pintura devuelve todo y recupera la tarjeta. Pactan una fecha de devoluci&oacute;n en una semana. Juan se va con la plata rumbo a uno de los almacenes del barrio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En otros barrios populares el mecanismo puede tener algunas diferencias. Los transas pueden prestar sin pedir&nbsp;seguro, pr&eacute;stamos a sola cara. Conocen a los vecinos y les dan el dinero. Como los transas est&aacute;n atentos a cada movimiento del barrio, esa vigilancia se acumula en un conocimiento para identificar a qui&eacute;n y cu&aacute;nto pueden prestar.&nbsp;Donde los bancos no est&aacute;n y en lugares donde las <em>fintech </em>a&uacute;n son vistas con desconfianza, qu&eacute; mejor que acudir a los transas: presentes y confiables. Los transas est&aacute;n siempre, atienden 7 por 24. Siempre disponibles. Un servicio hiperflexible. Adem&aacute;s proponen un acuerdo sin letras chicas o f&oacute;rmulas ocultas. Un banco a la vuelta de tu casa, abierto todos los d&iacute;as y todo el d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los vecinos saben que si no pagan se meten en l&iacute;os. El apriete tiene diferentes grados de violencia. Empieza como una amenaza y va escalando. Las reglas son claras para los vecinos: plazos, intereses y sanciones. Los plazos se negocian, pero nunca superan los dos o tres meses. Los intereses son com&uacute;nmente del 100%. Y a los morosos les cabe la violencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; las personas aceptan participar en estos servicios financieros que expl&iacute;citamente incluyen el trato violento y la usura? Hay dos cuestiones claves para responder esta pregunta. Por un lado, el ejercicio de la violencia expl&iacute;cita en una relaci&oacute;n de cr&eacute;dito no desentona con un universo social donde ella regula muchos aspectos de la vida cotidiana. Por otro lado, la existencia del uso de la fuerza violenta no deber&iacute;a opacar el hecho fundamental de que los transas prestan un servicio. Estos servicios poseen ciertas propiedades como la flexibilidad (todo se puede renegociar), estar disponibles frente a las urgencias (siempre est&aacute;n cuando los necesitan) y que las reglas son claras (es expl&iacute;cito el riesgo y la violencia).&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>El mecanismo de pr&eacute;stamo no es nuevo, pero se increment&oacute; con la pandemia. Los vecinos sufrieron la crisis y recurrieron m&aacute;s a los transas/prestamistas.</strong> El flujo de dinero aument&oacute;. Hay m&aacute;s deudas por la crisis y adem&aacute;s est&aacute;n obligados a no salir del barrio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cada vez m&aacute;s j&oacute;venes trabajan con los vendedores de drogas. Soldaditos, punteros, matones pululan por los barrios en empleos mejor pagos que el promedio de cualquier trabajo legal. La falopa mueve mucha plata y cada vez se nota m&aacute;s en los barrios como posibilidad de empleo. Ya por el a&ntilde;o 2017, en algunos barrios de San Mart&iacute;n, los vecinos &ldquo;punteros pol&iacute;ticos&rdquo; expresaban &ldquo;ya no alcanza con lo que ofrece el Estado, los planes, no&nbsp; (&hellip;) los transas te dan m&aacute;s guita (&hellip;) adem&aacute;s con los planes&nbsp;te hacen hacer trabajos muy basura o te suben a un micro todo el d&iacute;a por un pan con una feta de queso y paleta&rdquo;. Hay m&aacute;s guita y m&aacute;s beneficio simb&oacute;lico. Para muchos, nunca para todos y no siempre, estar en la movida es una posibilidad de ganar prestigio y reputaci&oacute;n. Prestigio que tener un plan no da. Adem&aacute;s, con la pandemia, el circuito de trabajos informales decay&oacute; al mismo tiempo que aumentaban las posibilidades de acceso al mundo ilegal.
    </p><p class="article-text">
        El consumo de drogas es un problem&oacute;n en los barrios. Las vecinas, las do&ntilde;as, nos dicen que sus hermanos, maridos, padrastros, hijos, tienen problema de consumo, &ldquo;se van a la consumici&oacute;n&rdquo;.&nbsp; Muchos, pero muchos varones, consumen o lo hicieron alguna vez. Las pibas tambi&eacute;n consumen y cada vez m&aacute;s.&nbsp;No todos ni todas pero muchas veces las adicciones se pagan con ilegalismos. Desde choreos a prostituci&oacute;n, de soldaditos a salideras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Los transas se vuelven actores m&aacute;s leg&iacute;timos en los barrios? Sin duda son actores cada vez m&aacute;s protag&oacute;nicos en las barriadas. Ya vimos que los transas diversifican sus funciones: dan pr&eacute;stamos, pero tambi&eacute;n trabajos y venden una codiciada mercanc&iacute;a. Su apuesta sigue siendo que una camiseta del Manchester garpe m&aacute;s que el buzo de las cooperativas.
    </p><p class="article-text">
        <em>RR/AW/JG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Romina Rajoy, Ariel Wilkis, José Garriga Zucal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/transas-prestan-dinero_129_8445146.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 Oct 2021 03:01:44 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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