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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Pablo Perantuono]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/pablo-perantuono/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Pablo Perantuono]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Valdano, sobre Menotti: “Te citaba a Borges y luego a un tipo de su barrio”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/valdano-menotti-citaba-borges-luego-tipo-barrio_1_11976189.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da74b704-44d6-446c-a807-beb3a18386bc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Valdano, sobre Menotti: “Te citaba a Borges y luego a un tipo de su barrio”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En esta entrevista con elDiarioAR, el campeón de México '86 recuerda al primer director técnico en conseguir la copa del mundo para selección argentina.</p><p class="subtitle">Jorge Valdano, de discutir con Maradona en las duchas a su mirada de Milei: “Ya nadie es maleducado, todos son auténticos”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Sus charlas&nbsp;&ndash;escribe Jorge Valdano en El Pa&iacute;s&ndash;&nbsp;ten&iacute;an un aire intelectual que lo elevaba por encima de su&nbsp;&aacute;mbito y que mezclaba con giros callejeros que lo devolv&iacute;an a la comunidad futbol&iacute;stica. Nunca supe cu&aacute;l de las dos caracter&iacute;sticas contribu&iacute;a m&aacute;s a su calidad de seductor. Pero por la fuerza de su carisma, la claridad de su discurso y la convicci&oacute;n con que defend&iacute;a sus ideas provocaba un milagro de comunicaci&oacute;n: escucharlo produc&iacute;a ganas de jugar al f&uacute;tbol&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este enero fr&iacute;o de Madrid, el campe&oacute;n de M&eacute;xico '86 habl&oacute; con elDiarioAR sobre el director t&eacute;cnico que consigui&oacute; la primera estrella para la selecci&oacute;n nacional.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Escribiste varias veces sobre&nbsp;Menotti.&nbsp;&iquest;Por qu&eacute;&nbsp;crees que no hay m&aacute;s&nbsp;tipos o t&eacute;cnicos como&nbsp;&eacute;l?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es hijo de influencias que dejaron de existir: la calle, el culto a la amistad, el potrero, la izquierda radical, el amor a la m&uacute;sica popular. Son muchas las cosas que constituyeron a Menotti, al caudal seductor de Menotti, que era un tipo que te citaba a Borges y luego te citaba al negro Nieva, que era un tipo de su barrio. Entonces parec&iacute;a que crec&iacute;a hasta un lugar inalcanzable, pero era de los tuyos, porque te hablaba de personajes que eran comunes a todos nosotros. Creo que esa doble vertiente lo hac&iacute;a muy atractivo, para un chico de 17 a&ntilde;os, que fue cuando yo lo conoc&iacute;, era deslumbrante.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                César Luis Menotti y Diego Armando Maradona                            </span>
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        <strong>&ndash;Su altura incluso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La pinta, la voz.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;El cigarrillo que enfatizaba&nbsp;su temperamento&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Era un personaje muy argentino.&nbsp;Encima iba al fondo de tu sensibilidad, al f&uacute;tbol de potrero, aquello que incluso en su reinado hemos ido perdiendo de vista y que llam&aacute;bamos la nuestra.&nbsp;&Eacute;l era el que le puso palabras a la nuestra, la nuestra era un intangible.&nbsp;&Eacute;l la defini&oacute;, la orden&oacute;, la convirti&oacute;&nbsp;como parte de nuestro orgullo cultural, la llev&oacute;&nbsp;competitivamente hasta el punto de hacerla campe&oacute;n del mundo, d&aacute;ndole un ritmo no de potrero pero aquel era un equipo que jugaba muy bien. Lo que pasa es que la dictadura le hizo perder el vigor en el recuerdo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Viendo el documental Argentina&nbsp;&rsquo;78, uno descubre que en su&nbsp;charla&nbsp;previa a la&nbsp;final dice algo as&iacute;&nbsp;como:&nbsp;&ldquo;vamos a defender nuestra identidad, a hacer feliz a la gente&rdquo;. Hoy es un discurso absolutamente rom&aacute;ntico. Habl&aacute;bamos de la diferencia entre el siglo XX y el XXI,&nbsp;de&nbsp;la tecnolog&iacute;a y todo eso. Pero eso tambi&eacute;n es una gran diferencia.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La respuesta es s&iacute;. Todav&iacute;a el f&uacute;tbol era un patrimonio del pueblo. Ahora estamos haciendo esta nota dos a d&iacute;as de que Espa&ntilde;a se vaya a jugar la Supercopa de Espa&ntilde;a a Arabia Saud&iacute;. A m&iacute;&nbsp;de peque&ntilde;o jam&aacute;s se me hubiera ocurrido pedirles a los reyes una camiseta, yo le ped&iacute;a la pelota. Ahora mi nieto muere por una camiseta. Pero claro, en la pelota est&aacute;&nbsp;impl&iacute;cito el juego, en la camiseta est&aacute;&nbsp;impl&iacute;cito el negocio. Mi nieto es un cliente, tanto como un aficionado. En cambio, yo era un hincha. La palabra comercio, la palabra negocio, la palabra cliente no entraba dentro del relato, no ten&iacute;a nada que ver con nosotros. Ni tampoco cre&iacute;amos estar defendiendo algo rom&aacute;ntico. Sencillamente las cosas eran as&iacute;. Estaba en las conversaciones, ni siquiera hab&iacute;a que ir al potrero.
    </p><p class="article-text">
        <em>PP/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Perantuono]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/valdano-menotti-citaba-borges-luego-tipo-barrio_1_11976189.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jan 2025 20:21:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Valdano, sobre Menotti: “Te citaba a Borges y luego a un tipo de su barrio”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Valdano,César Luis Menotti]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Valdano, Bilardo y la hepatitis en la previa a Italia ‘90]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/valdano-bilardo-hepatitis-previa-italia-90_1_11976185.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/806e2738-eb29-4fdc-be85-74588e669b83_16-9-discover-aspect-ratio_default_1109801.jpg" width="2048" height="1152" alt="Valdano, Bilardo y la hepatitis en la previa a Italia ‘90"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Carlos Bilardo comienza a armar el equipo para Italia '90. Decide llamar a Jorge Valdano, quien llevaba tres años retirado a causa de una hepatits. El campeón de México '86 acepta pero cuando ya estaban a punto de empezar el Mundial, el DT lo baja sin más explicaciones. El recuerdo de un Diego Maradona que se volvía inmanejable.</p><p class="subtitle">Jorge Valdano, de discutir con Maradona en las duchas a su mirada de Milei: “Ya nadie es maleducado, todos son auténticos”</p></div><p class="article-text">
        Buenos Aires, enero de 1990. En su desesperaci&oacute;n por conservar el campeonato Mundial obtenido cuatro a&ntilde;os antes, <strong>Carlos Bilardo</strong> apela a todo, incluso lo imposible, como pedirle a un jugador que lleva tres a&ntilde;os retirado, <strong>Jorge Valdano</strong>, que vuelva a jugar, que se ponga en forma, que lo quiere llevar al Mundial. Valdano, que arrastra una hepatitis, vence sus dudas y resistencias y acepta el reto. Inesperadamente, cuando ya est&aacute;n en Italia, a punto de comenzar, Bilardo le informa al delantero que no lo ve, que cree que no est&aacute;&nbsp;preparado para la alta competencia. Cuando se lo comunica, no le da m&aacute;s explicaciones que esa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Adem&aacute;s de doloroso fue raro,&nbsp;&iquest;no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tengo sospechas, pero las sospechas no se hacen p&uacute;blicas. Hubo una decisi&oacute;n dif&iacute;cil de entender, si atiendo al contexto de d&oacute;nde venimos, de lo que hab&iacute;a conversado con&nbsp;&eacute;l en los&nbsp;&uacute;ltimos d&iacute;as, de lo que hab&iacute;a ocurrido en el&nbsp;&uacute;ltimo entrenamiento. Yo soy muy malo para la incertidumbre y muy bueno para el hecho consumado. Una vez consumado el hecho, me lo plantee de la manera m&aacute;s sana. Dije:&nbsp;&ldquo;desafi&eacute;&nbsp;los l&iacute;mites y me ganaron los l&iacute;mites&rdquo;. Lo que para un futbolista, que nos creemos inmortales en alg&uacute;n tramo de nuestra carrera porque estamos viviendo sin los pies en el suelo, me pareci&oacute;&nbsp;sano. Debo decir que en esos seis meses hab&iacute;a sufrido mucho f&iacute;sicamente.&nbsp;Yo durante tres a&ntilde;os no es que no haya hecho vida de profesional, sino que hab&iacute;a sido un paciente. Yo ten&iacute;a una hepatitis cr&oacute;nica, que por cierto, hice todo eso sin tenerla curada. La hepatitis me la cur&eacute;&nbsp;15 a&ntilde;os despu&eacute;s. El esfuerzo fue terrible. Me dol&iacute;a todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ndash;<strong>La hepatitis,&nbsp;&iquest;qu&eacute;&nbsp;te hac&iacute;a?,&nbsp;&iquest;exacerbaba los dolores, te hac&iacute;a sentir m&aacute;s lento?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ndash;S&iacute;, te sent&iacute;s mucho m&aacute;s cansado. El m&uacute;sculo tampoco tiene las reacciones que ten&iacute;a que tener. Todas las derivas de un paciente. No lo viv&iacute;&nbsp;como algo triste, porque tampoco la convivencia era la del&nbsp;&lsquo;86. Diego era otro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Diego ya era Dios.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Inmanejable.&nbsp;&Eacute;l hac&iacute;a su vida al margen totalmente del grupo. Me da la sensaci&oacute;n de que hubi&eacute;ramos terminado mal posiblemente. No lo s&eacute;. Luego las circunstancias lo llevaron hasta la final, pero en un camino totalmente distinto al nuestro. Nosotros en el&nbsp;&lsquo;86 no es que no jugamos una pr&oacute;rroga, es que no tiramos un penal. Fue un paseo. A partir de Uruguay fue un paseo de verdad, fuimos muy superiores a todos en la cancha. Pero esto eran penales, penales, penales. La convivencia debe ser un polvor&iacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ndash;<strong>&iquest;Es verdad que, cuando Bilardo te desafecta,&nbsp;Ruggeri te dijo&nbsp;c&oacute;mo no reaccionaste o algo as&iacute;?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&ndash;&ldquo;&iquest;No le pegaste?&rdquo;, me dice.&nbsp;Y eso que lo adora a Bilardo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Hay un recuerdo final, que Giusti te pide hacer una foto,&nbsp;cuando est&aacute;s dejando la concentraci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tiene que ver con la sabidur&iacute;a del campesino.&nbsp;Si tengo que elegir un jugador despu&eacute;s de Maradona, elijo a gringo Giusti.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;&ndash;&iquest;Por qu&eacute;?&nbsp;&iquest;Por eso?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Por la influencia tan sana que ten&iacute;a. Ocurr&iacute;an cosas que parec&iacute;an extraordinarias y&nbsp;&eacute;l necesitaba diez palabras para normalizarlas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Una capacidad de condensaci&oacute;n.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Un tipo que es capaz, en el conflicto en el que viv&iacute;amos, de ponerle hielo a todos los problemas, es un aut&eacute;ntico crack. Yo me iba con mi agenda y mi maleta,&nbsp;&eacute;l se iba a entrenar porque Bilardo le hab&iacute;a dicho:&nbsp;&ldquo;nos vamos a Israel, volvemos y te hago una prueba, si salt&aacute;s los alambrados, te qued&aacute;s, si no salt&aacute;s los alambrados...&rdquo;. Luego entend&iacute;&nbsp;que eso era un verso para hacer m&aacute;s cre&iacute;ble lo m&iacute;o, que no se salvaba nadie, ni siquiera Giusti, que era su hijo. Yo estaba ah&iacute;, los dos parados sin saber muy bien qu&eacute;&nbsp;decir y Pacham&eacute;&nbsp;que se hab&iacute;a quedado para entrenar al gringo. Me dice el gringo:&nbsp;&ldquo;qu&eacute;&nbsp;momento m&aacute;s triste, Pacha, and&aacute;&nbsp;a buscar una m&aacute;quina de fotos&rdquo;. La foto es mal&iacute;sima. Viene Pacham&eacute;&nbsp;y dice:&nbsp;&ldquo;sacanos una foto&rdquo;. Estamos los dos abrazados, yo en traje y&nbsp;&eacute;l de futbolista. Me dice:&nbsp;&ldquo;dentro de algunos a&ntilde;os la vamos a mirar y nos vamos a re&iacute;r&rdquo;. Un d&iacute;a estaba en el hotel Hilton, hab&iacute;an pasado cuatro o cinco a&ntilde;os, me dan un paquete y era la foto en un marco. Es la&nbsp;&uacute;nica foto de f&uacute;tbol que tengo ah&iacute;. Tengo una del momento en que tomo conciencia que va a ser gol contra Schumacher, la pelota est&aacute;&nbsp;pasando al lado del pie, hay un solo tipo en la tribuna que levanta el brazo como diciendo:&nbsp;&ldquo;esto es gol&rdquo;. Me la regal&oacute;&nbsp;un periodista que estaba haciendo reportajes a todos los jugadores que hab&iacute;an metido un gol en una final. La tengo ah&iacute;&nbsp;porque es un antes y un despu&eacute;s. En cambio lo del Gringo es una ense&ntilde;anza de vida. Es el&nbsp;&ldquo;todo pasa&rdquo;&nbsp;de Grondona, civilizado, hecho foto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;S&iacute;, en un hecho espec&iacute;fico.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Un fil&oacute;sofo&nbsp;el Gringo.
    </p><p class="article-text">
        <em>PP/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Perantuono]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/valdano-bilardo-hepatitis-previa-italia-90_1_11976185.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jan 2025 19:37:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Valdano,Deportes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jorge Valdano, de discutir con Maradona en las duchas a su mirada de Milei: “Ya nadie es maleducado, todos son auténticos”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/jorge-valdano-discutir-maradona-duchas-mirada-milei-nadie-maleducado-son-autenticos_1_11974127.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f0600a6-3b94-469a-89a2-3039fdb5da8b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x250y61.jpg" width="1200" height="675" alt="Jorge Valdano, de discutir con Maradona en las duchas a su mirada de Milei: “Ya nadie es maleducado, todos son auténticos”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entrevista a fondo con el campeón de México '86 para elDiarioAR. Su recuerdo sobre el Diego, el fútbol como industria de entretenimiento, sus 50 años en España, sus lecturas y su mirada sobre la política. “Soy alguien con muchísima voluntad, pero es algo que nunca se me ha valorado. Sin embargo, es lo único por lo que merezco ser reconocido”, desafía.</p></div><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;El pensador que hizo un gol en la final del mundo&rdquo;. </strong>Tal vez as&iacute; podr&iacute;a titularse un cuento de Osvaldo Soriano o Roberto Fontanarrosa, pero aqu&iacute; no se trata de ficci&oacute;n y, aunque atractiva, la frase ni siquiera alcanza para dimensionar o precisar la fascinante vida de <strong>Jorge Valdano </strong>(Las Parejas, Santa Fe, 1955), una larga aventura trufada de cimas y personajes cuyas f&aacute;bulas y recodos ponen en apuros la capacidad de s&iacute;ntesis de una nota o reportaje. Sus memorias deber&iacute;an ser apuntadas por alguna editorial importante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Enero en Madrid, los ecos de las Navidades todav&iacute;a perviven en sus calles y vidrieras, atestadas de abrigos y rebajas. <strong>Atildado, sonriente, Valdano nos espera en el bar de un elegante hotel cercano al Santiago Bernab&eacute;u, el escenario de muchas de sus tardes de gloria.</strong> Lleva saco oscuro, un sweater de cuello alto al tono y tiene el pelo prolijamente hacia atr&aacute;s. Podr&iacute;a ser un catedr&aacute;tico o un diplom&aacute;tico. A su modo, es ambas cosas. En la semana de la entrevista, una revista alemana &ndash;la tierra de Heidegger y Nietzsche&ndash; <a href="https://www.sueddeutsche.de/sport/valdano-interview-wirtz-musiala-li.3173251?reduced=true&amp;utm_source=Twitter&amp;utm_medium=twitterbot&amp;utm_campaign=3173251" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lo present&oacute; como &ldquo;fil&oacute;sofo&rdquo;</a>. De &eacute;l se han dicho ese y otros eufemismos como una forma de elogiar su inteligencia, su abigarrada locuacidad y sus maneras distinguidas. &ldquo;Fil&oacute;sofo&rdquo; le dec&iacute;an tambi&eacute;n a C&eacute;sar Menotti, y no lo era, claro, pero su capacidad anal&iacute;tica y su argot seductor, que mezclaba calle e ilustraci&oacute;n, lo hac&iacute;an ver como una especie de hechicero de entre siglos. Menotti tocaba una fibra, como lo hacen los artistas populares. Valdano, para quien Menotti fue un referente, es m&aacute;s cartesiano al hablar: el barrio se ha ido de su campo sem&aacute;ntico pero, en cambio, lo que permanece y ha ganado presencia es el aliento literario. Igualmente seductor, Valdano habla con la cadencia y la prolijidad de quien sabe narrar, como lo demuestra en <a href="https://elpais.com/autor/jorge-valdano/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sus columnas en el diario El Pa&iacute;s</a>, peque&ntilde;as piezas de no ficci&oacute;n en las que se mezclan experiencias vividas, sensibilidad y reflexi&oacute;n.&nbsp;
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                    alt="Campeones 1986. Jorge Valdano, primero a la derecha, debajo de Diego Maradona."
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                Campeones 1986. Jorge Valdano, primero a la derecha, debajo de Diego Maradona.                            </span>
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        <strong>&ndash;Vamos a empezar muy arriba, con una frase de Borges, nada menos, a ver qu&eacute; te despierta. En un cuento de El Aleph asegura: &ldquo;Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento, el momento en el que un hombre sabe para siempre qui&eacute;n es&rdquo;. Por supuesto, no es necesariamente cierta la frase, sino muy atractiva. Sin embargo, te pregunto, &iquest;sent&iacute;s que tuviste un momento en el que supiste para siempre qui&eacute;n eras? O aunque sea momentos en que dijiste: &ldquo;aqu&iacute; est&aacute; el Jorge Valdano de toda la vida&rdquo;, siendo futbolista, siendo t&eacute;cnico.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es m&aacute;s f&aacute;cil reconocer el antes y el despu&eacute;s. Un antes y un despu&eacute;s fue cuando aterric&eacute; en Espa&ntilde;a con la ingenuidad de los 19 a&ntilde;os, ignorando la cadena de consecuencias que tiene una decisi&oacute;n de estas caracter&iacute;sticas. Cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s, sigo en Espa&ntilde;a. Ese es el antes y el despu&eacute;s vital. El futbol&iacute;stico, el mundial del &rsquo;86, la conciencia de cuando encaraba a Schumacher, que si entraba iba a ser una persona y si no entraba iba a ser otra persona: un poquito m&aacute;s feliz o un poquito m&aacute;s infeliz el resto de mi vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Adem&aacute;s hay otros elementos en el medio de una vida con muchos ingredientes. Llegaste a una Espa&ntilde;a que estaba empezando a ser la Espa&ntilde;a de Europa. Un momento de muchos cambios e hiciste un camino de sostenido ascenso. Pasaste de un club chico, a un club un poco m&aacute;s grande y luego al Madrid. Repasando todos esos cambios, &iquest;crees que cada cosa ser&iacute;a en un momento justo?, &iquest;c&oacute;mo ves eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La decisi&oacute;n de venir fue un poco irresponsable. Argentina era un caos en lo pol&iacute;tico pero tambi&eacute;n en lo organizacional en t&eacute;rminos futbol&iacute;sticos. Yo he sido siempre un muy buen profesional y eso me irritaba mucho, hasta el punto que me hab&iacute;a propuesto irme a la primera oportunidad. Nunca hay que tomar decisiones reactivas. Las decisiones tienen que ser evaluadas desde otro lugar y me falt&oacute; sentido estrat&eacute;gico. Mi padre falleci&oacute; cuando yo ten&iacute;a cuatro a&ntilde;os, el f&uacute;tbol en aquella &eacute;poca era s&oacute;lo cosa de hombres y la decisi&oacute;n la tom&eacute; yo sin pensar demasiado. De hecho me lleg&oacute; una propuesta a las 8 de la tarde y ten&iacute;a que contestar al d&iacute;a siguiente a las 10 de la ma&ntilde;ana. Era un equipo de segunda divisi&oacute;n. En Argentina me hab&iacute;a ido muy bien demasiado r&aacute;pido: llego, juego 4 partidos en Newell&rsquo;s, ese a&ntilde;o Newell&rsquo;s por primera vez en la historia es campe&oacute;n de Argentina, voy a un campeonato juvenil en Toulon, meto el gol consagratorio, debuto en la selecci&oacute;n con dos goles. Me pasaban todas cosas que parec&iacute;a que era un elegido. Yo entend&iacute;a que llegaba al Alav&eacute;s y que inmediatamente conquistaba a un equipo de primera divisi&oacute;n. Imaginaba el Real Madrid, pero entre el sue&ntilde;o y la realidad, hubo diez a&ntilde;os de diferencia. En el Alav&eacute;s me encontr&eacute; con otro f&uacute;tbol, campos embarrados, un fr&iacute;o tremendo, un juego muy violento, dos roturas de peron&eacute;.
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                    alt="Universo Valdano es el nombre del programa que Jorge Valdano conduce en la televisión española. Allí, entre otros, entrevistó a Lionel Scaloni."
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                Universo Valdano es el nombre del programa que Jorge Valdano conduce en la televisión española. Allí, entre otros, entrevistó a Lionel Scaloni.                            </span>
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        <strong>&ndash;Se pegaba en esa &eacute;poca.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Se pegaba mucho, s&iacute;. La primera (patada) era intimidante, a partir de ah&iacute; sab&iacute;as a qu&eacute; atenerte con el marcador. Era cuando los defensas no se atrev&iacute;an a jugar, eran s&oacute;lo defensas y en segunda divisi&oacute;n la torpeza lo hace m&aacute;s violento todav&iacute;a. De todas maneras, lo que s&iacute; define esa escala desde el Alav&eacute;s al Real Madrid, es mi personalidad. Soy resistente, soy insistente, soy muy disciplinado, siempre despu&eacute;s de cada entrenamiento me quedaba una hora m&aacute;s a corregir con la zurda por ejemplo, yo era derecho. Si le pegaba con la zurda me ca&iacute;a. Termin&eacute; mi carrera con el n&uacute;mero 11, cuando los n&uacute;meros significaban algo. Me confund&iacute;an con un extremo izquierdo. Eso fue una conquista de la voluntad, de lo que me siento m&aacute;s orgulloso que de cualquier otra cosa. Pero es algo que nunca se me ha reconocido a m&iacute; y sin embargo es lo &uacute;nico que merece ser reconocido. Soy una persona que tiene mucha voluntad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Acaso una de las trampas de la cima sea esa, la de creer que no hay nada m&aacute;s por aprender.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, el profesionalismo te baja del aprendizaje, hasta por verg&uuml;enza. Cuando estaba en Argentina sobre todo, en donde las figuras eran figuras de verdad, no me quer&iacute;a quedar a entrenar siendo ellos testigos, porque eran testigos de mi torpeza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Iban a explorar tus debilidades.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Quer&iacute;an que se ducharan, que se fueran y yo me quedaba contra una tapia con la zurda. La derecha ense&ntilde;aba y la zurda lo intentaba. Cuando le daba cuatro toques me descoordinaba, otra vez la derecha a ver c&oacute;mo lo hace, ahora con la izquierda. Pero nunca tuve un profesor, siempre fui yo el que me ense&ntilde;aba a m&iacute; mismo. Un autodidacta. Si quer&eacute;s conocer un autodidacta, mirame a m&iacute;.
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                    alt="Valdano, campeón con Argentina en 1986 y estrella del Real Madrid. Vive en España hace 50 años."
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                Valdano, campeón con Argentina en 1986 y estrella del Real Madrid. Vive en España hace 50 años.                            </span>
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        <strong>&ndash;Lo mismo sucede con la literatura tambi&eacute;n, tus columnas est&aacute;n cada vez m&aacute;s enriquecidas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;En literatura m&aacute;s todav&iacute;a porque en el f&uacute;tbol, quieras o no, hay un orden, hay un conocimiento que est&aacute; casi impl&iacute;cito en el argentino. Porque est&aacute; en la esquina, est&aacute; en el bar, est&aacute; en el potrero, est&aacute; en todos lados. Cuando te met&eacute;s en la disciplina de un club, empez&aacute;s a decirte: &ldquo;Yo para esto sirvo, puedo hacer de esto mi medio de vida&rdquo;. Pero en la literatura empec&eacute; de cero, porque en mi casa no hab&iacute;a un libro. A los 15 a&ntilde;os compr&eacute; una colecci&oacute;n de Salvat. Vivir otras vidas, dentro de la din&aacute;mica de un pueblo, con 14 o 15 a&ntilde;os, me parec&iacute;a algo maravilloso. Cuando llegu&eacute; a Espa&ntilde;a, me encontr&eacute; con personajes que se cruzan en el camino y que resultan muy enriquecedores. Me acuerdo de un argentino con el que coincidimos en el hotel y me hizo descubrir a Francisco Umbral. Personajes que te van orientando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;&iquest;Qu&eacute; libros, si es que existe tal cosa, sent&iacute;s que te han cambiado y te han enriquecido?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Muchos. Soy muy desordenado. En este momento estoy leyendo simult&aacute;neamente tres libros y si me pregunt&aacute;s los t&iacute;tulos, no te los s&eacute; decir. Estoy leyendo &ldquo;Abel&rdquo;, de Baricco. Est&aacute; bien, la verdad que siempre se las arregla para sorprenderte. Otro de la premio Nobel, la sur coreana (Han Kang). Est&aacute; bien, tiene potencia. Sigo leyendo, pero un poco ca&oacute;ticamente. Adem&aacute;s leo por disfrute. Soy perfectamente capaz de dejar un libro en la p&aacute;gina 20, por mucho que me lo hayan recomendado. Disfruto mucho la lectura. Ah&iacute; hay un tema muy interesante de c&oacute;mo el juego te descubre la vocaci&oacute;n. A m&iacute; me gustaba jugar al f&uacute;tbol y aquello se termin&oacute; poniendo serio. Cuando se puso serio del todo, se llen&oacute; de obligaciones, de presiones, de ansiedad. Necesitaba una pasi&oacute;n sustitutoria. La encontr&eacute; en los libros, sin los libros hubiera sido imposible la segunda vida m&iacute;a. Una vez que termin&eacute; el f&uacute;tbol, enseguida me met&iacute; en los medios de comunicaci&oacute;n, empec&eacute; a escribir, a dar conferencias. Toda una b&uacute;squeda de medios de vida que tuvieran que ver con mi sensibilidad. Sin la palabra eso hubiera sido imposible. Siempre me ha interesado eso. Lo viv&iacute; con mi hijo. Mi hijo estudiaba Derecho, yo llegaba a las 3 de la ma&ntilde;ana a casa, lo ve&iacute;a viendo una pel&iacute;cula y le dec&iacute;a: &ldquo;Jorge, ma&ntilde;ana a las 8 ten&eacute;s universidad, &iquest;c&oacute;mo est&aacute;s mirando ahora?&rdquo;. &ldquo;No, yo lo manejo, no te preocupes&rdquo;. &ldquo;Lo manej&aacute;s, pero vas a dormir tres horas&rdquo;. &ldquo;S&iacute;, s&iacute;, pero yo lo manejo&rdquo;. Termin&oacute; derecho, hoy es guionista de cine y de televisi&oacute;n. Donde yo cre&iacute;a que hab&iacute;a un problema, estaba la soluci&oacute;n y donde yo pensaba que estaba la soluci&oacute;n, no hab&iacute;a m&aacute;s que una interferencia de su verdadera vocaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Eso tambi&eacute;n te marca, incluso m&aacute;s para tu generaci&oacute;n, esa especie de invectiva cultural de que la vida de cierta manera es lineal, que uno tiene que elegir a los 18 a&ntilde;os lo que hace para siempre. Sin embargo, la vida te demuestra que de ninguna manera es as&iacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Uno termina descubriendo que es la vida la que decide por uno. De hecho, a los 19, para encontrar Vitoria en el mapa me pas&eacute; una hora con el dedo. Se lo cont&aacute;s a un chico y le cuesta entender la dimensi&oacute;n del problema. Adem&aacute;s cuando lo encontr&eacute; dije: &ldquo;Est&aacute; aqu&iacute; en el norte&rdquo;. Cuando llegu&eacute; al norte buscaba a Lola Flores y aquello no ten&iacute;a nada que ver con la Espa&ntilde;a folcl&oacute;rica que hab&iacute;a conocido. Era todo lo contrario. Gente muy seria, gente muy austera, gente que ven&iacute;a del fr&iacute;o. No ten&iacute;a nada que ver con Andaluc&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Una Espa&ntilde;a atrasada.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, sobre todo en t&eacute;rminos sociol&oacute;gicos. En t&eacute;rminos f&iacute;sicos no hab&iacute;a diferencia entre Espa&ntilde;a y Argentina, eran dos pa&iacute;ses equiparables. En t&eacute;rminos sociol&oacute;gicos, nosotros &eacute;ramos una sociedad hip&oacute;crita, pero bastante m&aacute;s adelantada. Aqu&iacute;, en un bar, dec&iacute;as la palabra sexo y se giraba la gente como si estuvieras cometiendo un pecado mortal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Era oscurantista, incluso.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Totalmente. En muy poco tiempo aquello gir&oacute; hacia la Espa&ntilde;a del destape, porque hab&iacute;a un apetito de la gente, muy anterior a la pol&iacute;tica. La gente para ser moderna no esper&oacute; a que se muriera Franco, pero era una modernidad escondida. Eso se ve&iacute;a mucho p&uacute;blicamente. La influencia de la iglesia en la educaci&oacute;n hab&iacute;a sido muy condicionante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Hab&iacute;a penetrado hasta la m&eacute;dula.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;. Como hace la cultura. Como sea, la educaci&oacute;n es un trabajo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Valdano fue el delatero de la Selección en 1986, pero encontró en los libros una pasión. Hoy tiene una columna en el diario El País de España."
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                Valdano fue el delatero de la Selección en 1986, pero encontró en los libros una pasión. Hoy tiene una columna en el diario El País de España.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Con Maradona en la ducha</strong></h2><p class="article-text">
        Cuesta imaginarlo, pero sucedi&oacute;. Durante el primer partido de Argentina ante Corea del Sur en M&eacute;xico &lsquo;86, aquel Mundial que marc&oacute; un tajo en la historia de los que lo jugaron, un quiz&aacute;s ansioso Jorge Valdano, intoxicado por la dopamina del debut, le pidi&oacute; tan insistentemente la pelota al 10 del equipo, un tal Maradona, que este, harto de sus demandas, le respondi&oacute; como lo hacen quienes manejan los &aacute;nimos de un plantel: lo mand&oacute; a la mierda y decidi&oacute; no hablarle m&aacute;s. Terco, disciplinado, el alto delantero santafesino no se amilan&oacute; ante la omert&aacute; del capit&aacute;n, y sigui&oacute; compitiendo con pasi&oacute;n. Al partido siguiente, contra Italia, campe&oacute;n reinante, la guerra fr&iacute;a continuaba, lo que supon&iacute;a una curiosidad pero no un escollo: se sabe que muchas sociedades, en el deporte e incluso en la m&uacute;sica -bandas como Eagles o The Kinks as&iacute; lo demuestran-, alcanzan cimas compositivas apelando a m&iacute;nimas grageas de lenguaje verbal. Se conectan desde la intuici&oacute;n y la sabidur&iacute;a t&eacute;cnica. Fue as&iacute; que a los 34 minutos de ese partido, los dos h&eacute;roes que no se hablaban sintonizaron la misma frecuencia. 
    </p><p class="article-text">
        Valdano recibi&oacute; un pase cualquiera de Giusti y, de primera y de zurda, habilit&oacute; a Maradona sobre la izquierda del &aacute;rea. Fue un pase geom&eacute;trico, alto y combado, ejecutado con maestr&iacute;a y celeridad, dos atributos que, unidos, suelen ser decisivos. A Diego, marcado por Scirea, la pelota le lleg&oacute; llovida pero su recorrido, por el efecto que tra&iacute;a, demandaba una resoluci&oacute;n r&aacute;pida: el pase amenazaba con marchitarse. Entonces Diego hizo lo que hacen los genios: contradecir a la f&iacute;sica. Cuando la pelota reci&eacute;n se desprend&iacute;a del suelo tras picar en el c&eacute;sped, se suspendi&oacute; en el aire para impactarla de zurda y acomodarla contra un palo. Fue un golpe sorpresivo, de una l&oacute;gica singular, extra&ntilde;a. La jugada avanzaba y tra&iacute;a un <em>tempo</em> determinado, pero Diego la hacke&oacute;: intervino la Matrix y le rob&oacute; un segundo al reloj y a la Historia. Adem&aacute;s de est&eacute;tico, fue tan inesperado el movimiento que Galli, el arquero italiano, termin&oacute; sin siquiera empezar. Desnortado y triste, con la gracia de una servilleta usada. <strong>Pero hay una historia m&aacute;s detr&aacute;s de ese gol y de esa pelea, y ocurre luego en las duchas, momento &iacute;ntimo en el que los futbolistas, con la impunidad de la juventud y del despojo, se cruzan bromas en forma de reproches.&nbsp;</strong>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        &ldquo;&Eacute;l se enoja conmigo &ndash;arranca Valdano&ndash; porque yo contra Corea meto el segundo gol y sigo desmarc&aacute;ndome a los gritos. Entonces &eacute;l me dice: &rdquo;&iexcl;Jorge, no te las vamos a dar todas a vos!&ldquo;. Yo le digo: &rdquo;Yo grito y vos me la das o no me la das&ldquo;. &rdquo;&iexcl;No, pero no te las vamos a dar todas!&ldquo;. &rdquo;Vos hac&eacute; lo que te ponga los huevos, pero yo me voy a seguir moviendo y gritando&ldquo;. Una t&iacute;pica discusi&oacute;n de potrero. Mete el gol contra Italia tras el pase m&iacute;o y cuando me abraza me dice: &rdquo;Gracias Jorgito, gracias Jorgito&ldquo;. Termina el partido. Nos vamos a la ducha y est&aacute;bamos, Diego, el Vasco Olarticoechea y yo. Entonces le digo a Diego: &rdquo;Se la comi&oacute; el arquero&hellip;&ldquo;. Para que&hellip; (Valdano enfatiza y exagera su voz, imposta sino el tono, al menos el alarido maradoniano). &rdquo;&iquest;Que se la comi&oacute; el arqueroooo? Ah no, dedicate a otra cosa, no jugu&eacute;s m&aacute;s al f&uacute;tbol, dedicate a otra cosa, trabaj&eacute; contra el pie suyo, no me pod&eacute;s decir que no fue un golazo, no me pod&eacute;s decir que fue suerte, no me pod&eacute;s decir que se equivoc&oacute; el arquero, &iexcl;dedicate a otra cosa!&ldquo;. El Vasco me mira y dice: &rdquo;Agarr&oacute; para el lado de los tomates&hellip;&ldquo;. Jajaja. Al Vasco yo me lo hubiera comido en ese mundial, porque siempre dec&iacute;a lo que ten&iacute;a que decir y adem&aacute;s con esas frases&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Una mezcla de ingenuidad y de justicia.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;. Lo cierto es que Diego se enoj&oacute; otra vez, quer&iacute;a que me dedicara a otra cosa. Al d&iacute;a siguiente le&iacute; unas declaraciones de Galli, el arquero de Italia, que dijo: &ldquo;Me par&eacute; en el arco como si fuera un jugador cualquiera y era Maradona&rdquo;. Encontr&oacute; una soluci&oacute;n absolutamente inesperada porque adem&aacute;s lo hace con una suavidad que es un pase de ballet. Con la marca encima.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Con la marca encima y lo hace quedar al arquero como un est&uacute;pido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Claro, porque parece que duda pero se da cuenta que no llega. Se rinde, no es que duda, es que se rinde. A Diego en ese mundial s&oacute;lo se lo paraba fuera del reglamento. No hab&iacute;a otra manera de pararlo. Era un proyectil que doblaba las esquinas. La potencia, la fuerza. Estuvo un mes comiendo y durmiendo. Bilardo no nos dejaba ni entrenar porque dec&iacute;a que ten&iacute;amos que acumular energ&iacute;a para gastarla en los partidos. S&oacute;lo entrenaba con los suplentes. Lo mand&aacute;bamos a Diego en misi&oacute;n diplom&aacute;tica para que nos dejara jugar una pachanga a la tarde, un partidito, un picado, porque est&aacute;bamos muertos de aburrimiento. No nos dejaba. Diego comiendo y durmiendo. Una vez me lo dijo el Dr. Oliva: &ldquo;Diego es como los gatos, comen, duermen y saltan las tapias&rdquo;. Llev&oacute; un aparato que se lo hab&iacute;a hecho el Dr. Oliva donde met&iacute;a y sacaba el tobillo, hab&iacute;a un sistema de pesos y de contrapesos. El loco Oliva era un genio de la medicina, fue el m&eacute;dico del &lsquo;78, pero a Diego lo cur&oacute; de la terrible patada de Goikoetxea en Barcelona, era su m&eacute;dico. En el segundo partido, le dije: &ldquo;Ya no te para nadie&rdquo;, y dice: &ldquo;Es la primera vez en dos a&ntilde;os que siento el tobillo estable&rdquo;. Porque adem&aacute;s hablamos de todo lo que hizo, pero no hablamos de las condiciones en las que lo hizo.&nbsp;
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            </figure><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Claro, los inconvenientes.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;En primer lugar, el estado de la cancha, era alta, poceada. Uno met&iacute;a el pie y se te iba, se deslizaba. Cuando lo ves a &eacute;l con la pelota en los pies, parece que es un billar eso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Eso lo dice Gary Lineker. Al d&iacute;a siguiente de la muerte de Maradona, en un programa de la BBC, </strong><a href="https://www.youtube.com/watch?v=MKIFPaR_ZIo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dice algo algo relacionado con la cancha</a><strong>, que viniendo de un ingl&eacute;s que pierde un partido tan trascendental adquiere otra dimensi&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y que sabe que lo est&aacute;n escuchando los ingleses. Es un acto de valent&iacute;a, no solamente de justicia. Diego fascinaba a los enemigos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;S&iacute;, eso lo cuenta Andr&eacute;s Burgo en su libro El Partido, que varios ingleses, incluido John Barnes, el moreno grandote que ingresa en el segundo tiempo e inclina la cancha, lo miraban fascinados.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Barnes era buen&iacute;simo. En relaci&oacute;n a &eacute;l, me acuerdo de un episodio posterior, con Bilardo. Hab&iacute;an pasado 15 a&ntilde;os, y en un programa de televisi&oacute;n &eacute;l dijo: &ldquo;Yo me equivoqu&eacute;&rdquo;. Nosotros empezamos con tres centrales y dos laterales, Garr&eacute; y Clausen. Progresa el campeonato y terminamos con tres centrales y dos mediocampistas, el Gringo Giusti por un lado y el Vasco Olarticoechea por el otro. Cuando el gringo Giusti se encuentra con un extremo de verdad, encarador, lo desborda una vez, dos veces, tres veces, y no nos gana el partido porque el Vasco salv&oacute; aquella jugada con la nuca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Suerte que fueron 15 minutos nom&aacute;s que jug&oacute; Barnes&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;. Entonces cuando termina el partido le digo a Carlos: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo no cambi&oacute; al Gringo Giusti?&rdquo;. Ni siquiera hab&iacute;a que cambiar al Gringo, no lo iba a cambiar de ninguna manera porque era su lugarteniente. Le digo: &ldquo;&iquest;Sabe lo que pasa? Que no sabe marcar a un extremo el Gringo&rdquo;. &ldquo;Que aprenda&rdquo;. &ldquo;Pero &iquest;c&oacute;mo va a aprender?, &iquest;en un mundial va a aprender?, eso se aprende afuera del mundial&rdquo;. Pero 15 a&ntilde;os despu&eacute;s, &eacute;l sab&iacute;a que se hab&iacute;a equivocado. Es muy dif&iacute;cil admitir un error 20 minutos despu&eacute;s de terminar un partido. S&oacute;lo por esa v&iacute;a estuvieron a punto. Todo lo dem&aacute;s fue nuestro. Todo. Fue un partido nuestro de arriba a abajo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Ya en el partido anterior, contra Uruguay, Diego la rompe.</strong>
    </p><p class="article-text">
        -Diego hab&iacute;a hecho contra Uruguay un partido fant&aacute;stico, los 90 minutos. Agarraba la pelota: &ldquo;Tom&aacute;, hacelo Valdano&rdquo;, lo erraba. &ldquo;Hacelo Burruchaga&rdquo;, lo erraba. &ldquo;Hacelo Pasculli&rdquo;, lo erraba. Ganamos 1 a 0 un partido de 4 a 0 porque estaba &eacute;l. Yo dije: &ldquo;Imposible jugar mejor&rdquo;.
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                    alt="Maradona y Argentina campeones en 1986. Valdano hizo uno de los goles frente a Alemania en la final."
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                Maradona y Argentina campeones en 1986. Valdano hizo uno de los goles frente a Alemania en la final.                            </span>
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        <strong>&ndash;Y esa final con Alemania, tu gol&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y el empate de c&oacute;rner, &iexcl;a nosotros! Dos cabezazos en el &aacute;rea, a nosotros que ten&iacute;amos chichones de entrenar c&oacute;rner defensivo. Era una obsesi&oacute;n de Bilardo que no nos metieran goles de c&oacute;rner. Nos meten dos en la final de la Copa del Mundo. Por eso el f&uacute;tbol es el juego m&aacute;s hijo de puta que existe.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Muy parecido a la final en Doha. Pocas veces un equipo en una final, fue tan superior a otro.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Totalmente. Adem&aacute;s pocas veces un equipo con un 2 a 0 a favor en una final no especula, sigui&oacute; mereciendo m&aacute;s, una cosa incre&iacute;ble.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Hasta el minuto 80, hasta que el &ldquo;guionista de arriba&rdquo; nos saca el dulce.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;En tres minutos nos cambia la historia, una cosa impresionante. Pero efectivamente &ldquo;el guionista de arriba&rdquo; es insuperable. De hecho no le hemos agarrado la mano, va a terminar nuestra vida y va a ser as&iacute;, seguiremos sin saberlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Los &aacute;rabes, justamente, est&aacute;n comprando el f&uacute;tbol como parte de la industria del entretenimiento, es un contenido m&aacute;s. Ahora, lo que pasa con el p&uacute;blico es curioso. El otro d&iacute;a en un partido del Real Madrid all&iacute;, enfocaron un plano de la platea, y la abrumadora mayor&iacute;a de la gente estaba o filmando o chateando. Es raro.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es verdad lo del contenido. Eso es m&aacute;s f&aacute;cil de encontrarlo en Argentina, donde el poder del hincha todav&iacute;a es muy grande. Los jugadores nos hemos ido, nos seguimos yendo, los directivos no son confiables y el hincha se siente due&ntilde;o del sentimiento. El sentimiento en Argentina todav&iacute;a tiene una raz&oacute;n de ser. Por eso los 5 millones de personas en la calle cuando Argentina gana el mundial. Incluso en Qatar sent&iacute; el ahogo del llanto, viendo que hab&iacute;a algo tan m&iacute;o ah&iacute; que volv&iacute;a a imponerse, porque hab&iacute;a argentinidad en el juego de Argentina. Cuando las papas empezaron a quemar, porque nos empatan, ellos empiezan a cambiar, se iba un grandote y entraba otro que era m&aacute;s grandote, se iba un r&aacute;pido y entraba otro que era m&aacute;s r&aacute;pido. Lleg&oacute; un momento en que abandon&eacute; la grada y me fui al catering que hab&iacute;a a servirme comida porque no pod&iacute;a soportar la tensi&oacute;n. Y eso que soy un profesional del autocontrol. He visto f&uacute;tbol aqu&iacute; en el Madrid como director deportivo, como director general, con una c&aacute;mara apunt&aacute;ndome para ver c&oacute;mo reaccionaba. Me preguntaba, en esa final de Qatar, c&oacute;mo hacemos para sobrevivir. Y sobrevivimos por el oficio. Sobrevivimos por lo que los jugadores recogieron en el club cuando eran peque&ntilde;os, en el orgullo, todo eso que hace al f&uacute;tbol, al aut&eacute;ntico f&uacute;tbol. Yo llego al Real Madrid como director deportivo en la &eacute;poca de los Gal&aacute;cticos, cuando el Real Madrid compra a Figo, a Zidane, a Ronaldo y a Beckham. El departamento de marketing era el que compet&iacute;a conmigo, al punto que el director de marketing me dijo &ldquo;Jorge, lo siento mucho, pero he entendido que s&oacute;lo puedo progresar desde el conflicto contigo&rdquo;. Donde hab&iacute;a una pretemporada, hab&iacute;a que hacer una gira por Jap&oacute;n. Eso hac&iacute;a desaparecer la pretemporada, que parec&iacute;a que era algo que ten&iacute;a que ver con la esencia misma de la competici&oacute;n, la base f&iacute;sica para todo el a&ntilde;o. Ah&iacute; empec&eacute; a escuchar la palabra contenido. Pero de la palabra contenido a la palabra producto, fueron cinco minutos. Porque con los Gal&aacute;cticos uno lo que pretend&iacute;a era provocar que un chino sintonizara tu partido y no otro partido. La raz&oacute;n &uacute;ltima de esa seducci&oacute;n colectiva era convertir al hincha en cliente. En esa estamos en estos momentos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Mencionaste la palabra conflicto y recuerdo una columna tuya en la que habl&aacute;s de (Johan) Cruyff. Una escena en la que &eacute;l te espera en la boca del t&uacute;nel, luego de un Barcelona&ndash;Real Madrid y te dice: &ldquo;M&aacute;talo al presidente&rdquo;. Todo porque vos estabas en crisis como DT del Madrid. Vos no lo hiciste. Es curioso, un holand&eacute;s dici&eacute;ndole a un argentino: &ldquo;Aplic&aacute; mafia&rdquo;, y el argentino diciendo: &ldquo;No, no puedo&rdquo;.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Eso s&oacute;lo se explica en dos personajes que se invierten. Cruyff era un callejero que se cri&oacute; en una cancha de f&uacute;tbol, la madre limpiaba las instalaciones del Ajax. Era un callejero intuitivo con una personalidad superior. Yo no he visto a nadie dentro de una cancha gobernar los partidos con la autoridad y con la inteligencia que lo hac&iacute;a &eacute;l. El &aacute;rbitro era un empleado suyo. Era impresionante. Cuento siempre la an&eacute;cdota de la &uacute;nica vez que jugu&eacute; con &eacute;l, contra &eacute;l, que resultaba irritante porque era el due&ntilde;o del partido. Hablaba, efectivamente, se lesionaba uno y llamaba al m&eacute;dico, como si el &aacute;rbitro no existiera. En una de esas, estaban atendiendo a uno, &eacute;l estaba con la pelota abajo del brazo y le digo: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no te quedas vos con la pelota y nos das otra a los dem&aacute;s para que podamos jugar?&rdquo;. Me mira y me dice: &ldquo;&iquest;T&uacute; qui&eacute;n eres?&rdquo;. &ldquo;Jorge Valdano&rdquo;. &iquest;&ldquo;Y de d&oacute;nde eres?&rdquo;. &ldquo;De Argentina&rdquo;. &ldquo;&iquest;Y cu&aacute;ntos a&ntilde;os tienes?&rdquo;. &ldquo;19&rdquo;. &ldquo;Con 19 a&ntilde;os, a Johan Cruyff se lo trata de usted&rdquo;. &iexcl;Un hijo de puta! Era brav&iacute;simo. Luego como entrenador, invirti&oacute; absolutamente el sentido est&eacute;tico del aficionado espa&ntilde;ol. Eso significa haberse enfrentado culturalmente a lo que se conoc&iacute;a como &ldquo;la furia&rdquo;, que era lo que defin&iacute;a el f&uacute;tbol espa&ntilde;ol hasta ese momento. Lo hizo con una personalidad tremenda, y con suerte, porque gan&oacute; tres ligas definidas a &uacute;ltimo momento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Est&aacute;s cumpliendo 50 a&ntilde;os en Espa&ntilde;a. En todo este tiempo, &iquest;Cu&aacute;ntas veces te preguntaron qu&eacute; les pasa a los argentinos o por qu&eacute; les pasa lo que les pasa?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Lo que la gente aqu&iacute; no entiende es c&oacute;mo un pa&iacute;s tan rico naturalmente se ha empobrecido hasta este punto. Hay un milagro que no es japon&eacute;s. Eso hace al enigma m&aacute;s inexplicable. Porque uno ve aqu&iacute; a muchos argentinos -cuando digo muchos, es muchos- en una proporci&oacute;n en puestos directivos muy importantes de grand&iacute;simas empresas. Te dan ganas de decir: &ldquo;Si coloc&aacute;bamos un CEO en lugar de un pol&iacute;tico, da la sensaci&oacute;n de que nos hubiera dado muchos m&aacute;s resultados&rdquo;. La gente no acaba de entenderlo. Adem&aacute;s, cuando el pa&iacute;s cambia de perfil de una manera tan abrupta, como ahora, con veintitantos millones de pobres ya, se hace incomprensible para nosotros mismos, porque la decadencia ha cambiado el perfil psicol&oacute;gico del pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Cuando aparece una figura tan fuerte como Milei en el sentido de alguien tan brutal, incluso declarando.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Eso tambi&eacute;n tiene que ver con las redes y con el prestigio de la autenticidad. &ldquo;Hay que ser aut&eacute;ntico&rdquo;. Entonces, Trump es aut&eacute;ntico, Milei es aut&eacute;ntico, ya nadie es maleducado, todos son aut&eacute;nticos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Est&aacute; sobrevalorada la autenticidad.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Encima hay personajes parecidos en distintos lugares del mundo que est&aacute;n teniendo cada vez un mayor protagonismo, un mayor dominio de la situaci&oacute;n. Hay malos de c&oacute;mic en todo esto, hay malos de <a href="https://e-noticies.cat/tveoes/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">TVeo</a>. Elon Musk es un malo de TVeo que compra el gobierno de Estados Unidos. Aqu&iacute; el peligro es que Milei se convierta en un empleado del malo de TVeo. El dominio no es puramente econ&oacute;mico, el dominio tiene que ver con la comunicaci&oacute;n, con el dominio de los grandes aparatos que influyen en este momento. El dominio de la informaci&oacute;n es tan grande porque no solamente est&aacute;n los individuos, sino que est&aacute;n las instituciones. Si quer&eacute;s saber si viene un temporal del que te ten&eacute;s que cuidar, ten&eacute;s que estar en X. No es tan f&aacute;cil decirle a la gente: &ldquo;B&oacute;rrense porque si no te conviertes en un c&oacute;mplice de este animal&rdquo;.&nbsp;
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                    alt="&quot;El dominio no es puramente económico, el dominio tiene que ver con la comunicación, con el dominio de los grandes aparatos que influyen en este momento&quot;, dice Valdano, a quien un medio alemán lo catalogó de &quot;filósofo&quot;."
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            <span class="title">
                &quot;El dominio no es puramente económico, el dominio tiene que ver con la comunicación, con el dominio de los grandes aparatos que influyen en este momento&quot;, dice Valdano, a quien un medio alemán lo catalogó de &quot;filósofo&quot;.                            </span>
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        <strong>&ndash;Es como una trampa.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, es una trampa. &Eacute;l la ha sabido tender. Son gente que ha sabido entender las bajas pasiones. Atacan ah&iacute;, en ese punto, y como hay tanta desilusi&oacute;n dando vueltas, al final son muy eficaces.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Los populistas siempre han sabido entender las bajas pasiones, inflamando discursos. A eso hay que agregar el ingrediente de la pandemia y la utilizaci&oacute;n de la palabra libertad que hicieron casi todas las derechas.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Tambi&eacute;n la izquierda se ha entretenido demasiado en las luchas de las minor&iacute;as y se olvid&oacute; de que esto sigue siendo un problema de pobres y ricos. Es de lo &uacute;nico que no se puede olvidar la izquierda. Culturalmente hay que entender como un logro la lucha contra el racismo, en favor del feminismo, pero me da la sensaci&oacute;n de que no est&aacute; sabiendo interpretar d&oacute;nde est&aacute;n las preocupaciones m&aacute;s severas de la gente.&nbsp;
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1735259588952543678?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Reivindicaciones que son viejas, anteriores al capitalismo incluso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, efectivamente. Tenemos que ser sinceros, la izquierda no las ha sabido solucionar en ninguna parte. Hay que aspirar a una socialdemocracia que nos haga un poco m&aacute;s decentes en t&eacute;rminos colectivos, que nos haga pagar los impuestos con una cierta satisfacci&oacute;n, porque sabemos que estamos haciendo un bien social. Pero se hace muy dif&iacute;cil porque uno entiende que los impuestos no van donde hacen falta. Esa desconfianza hacia la integridad de los pol&iacute;ticos ha hecho un da&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;La derecha que se adue&ntilde;&oacute; del discurso en el sentido de que todo lo que no es como ellos, es de izquierda.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, totalmente. Ya estamos en el otro punto. Los primeros sospechosos son los de centro porque hacen digeribles a los zurdos. Entonces no hay escondite posible. Aprendieron a ser violentos. Aprendieron a luchar sin el m&aacute;s m&iacute;nimo pudor. Tampoco lo hacen sin la m&aacute;s m&iacute;nima educaci&oacute;n. Las palabras son muy peligrosas. Generalmente arrastran hechos igual de grandes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ndash;Ha habido una reacci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Atacan lugares que hasta hace dos a&ntilde;os parec&iacute;an por encima del bien y del mal. El otro d&iacute;a le&iacute; algo que <a href="https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-horrendo-efecto-rebote-que-sacude-a-la-argentina-nid28122024/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cont&oacute;</a> Jorge Fern&aacute;ndez D&iacute;az, sobre un espect&aacute;culo que hubo y el que estaba al frente de un espect&aacute;culo dijo: &ldquo;El que se mueve es maric&oacute;n&rdquo;. Hubo uno que se empez&oacute; a mover y &eacute;l desde el escenario empez&oacute;: &ldquo;Puto, puto&rdquo;. Y toda la platea gritando: &ldquo;Puto, puto, puto&rdquo;. Como si fuera algo que merece ser risible. Es terrible. De re&iacute;rte a ser violento, cuidado que no hay demasiada distancia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>MC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Perantuono]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/deportes/jorge-valdano-discutir-maradona-duchas-mirada-milei-nadie-maleducado-son-autenticos_1_11974127.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jan 2025 02:58:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jorge Valdano, de discutir con Maradona en las duchas a su mirada de Milei: “Ya nadie es maleducado, todos son auténticos”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Jorge Valdano,Diego Maradona,Javier Milei,Fútbol,México '86]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Y el tiempo estranguló mi estrella]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tiempo-estrangulo-estrella_129_11433642.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce63ef6f-2982-4db3-8915-e3871d5328cc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Y el tiempo estranguló mi estrella"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A veinte años de la final empachada de "argentinidad" entre Guillermo Coria y Gastón Gaudio en Roland Garros, un recuerdo desde la tribuna y la historia.</p></div><p class="article-text">
        &ndash;&iexcl;Gaudio, vos no te merec&eacute;s esto! &iexcl;Siempre fuiste un cag&oacute;n, Gaudio!
    </p><p class="article-text">
        El piedrazo verbal emergi&oacute; del n&uacute;cleo duro del clan Coria y lo escuchamos n&iacute;tido, porque est&aacute;bamos all&iacute;, a pocos metros. Por tratarse de una final entre compatriotas -una obra cumbre que dif&iacute;cilmente vuelva a suceder-, a los pocos periodistas argentinos de gr&aacute;fica que cubrimos Roland Garros 2004 nos dieron un palco especial que nos permiti&oacute; estar cerca de los equipos de cada jugador. Pero cuando la t&iacute;a de Coria arroj&oacute; el exabrupto, sus part&iacute;culas de odio se disolvieron en el bullicio enloquecido de la elegante tribuna del Phillipe Chatrier. 
    </p><p class="article-text">
        Par&iacute;s ya era una fiesta: <strong>Gast&oacute;n Gaudio</strong> acababa de derrotar en cinco sets a <strong>Guillermo Coria</strong> en la final y para festejar hab&iacute;a subido hasta all&iacute;, a escasos metros nuestro, para abrazarse con <strong>Franco Davin</strong>, su coach, y con su preparador f&iacute;sico. Ellos no escucharon el ataque: todo era algarab&iacute;a, euforia. No m&aacute;s de cinco metros arriba, los Coria, que hab&iacute;an llegado en tropel desde Venado Tuerto, se hund&iacute;an en un melodrama familiar del que todav&iacute;a no escapan. Recuerdo el llanto inconsolable de su hermano menor, Federico, en ese entonces de 11 a&ntilde;os, abatido, terminado. Al crack de la familia se le hab&iacute;a escurrido la posibilidad de convertirse en el rey naranja del tenis. Y, a pesar de tener solo 22 a&ntilde;os, nada volver&iacute;a a ser igual para &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        En<em> Los Exc&eacute;ntricos Tenenbaums</em>, un integrante de la familia, tenista profesional, colapsa mentalmente en la final de Wimbledon. Abandona en pleno partido y se pierde, se va a vivir a altamar. A Coria, en ese momento, se le insulariz&oacute; el alma. Sigui&oacute; jugando un tiempo m&aacute;s pero hubo algo &iacute;ntimo que gemi&oacute;, algo m&aacute;s, fisur&oacute; para siempre. Su fuego sagrado qued&oacute; atrapado entre los bosques del boulevard de Boulogne. 
    </p><p class="article-text">
        Aquel insulto significaba m&aacute;s que la frustraci&oacute;n mal digerida de una t&iacute;a intoxicada de pasi&oacute;n. Era tambi&eacute;n el &uacute;ltimo grito de una guerra que se libraba silenciosamente desde mucho antes, una batalla despiadada entre esos dos chicos que marcaron una &eacute;poca de oro del tenis vern&aacute;culo. Montescos y Capuletos criollos, algo plebeyos, resolviendo sus asuntos en una de las mecas del deporte mundial y rodeados del jet set europeo. 
    </p><p class="article-text">
        Como todo duelo de barrio, su guion estuvo empachado de argentinidad. Fue exagerado, ag&oacute;nico, casi insoportable. Un partido para mandar a terapia: por su nervio &oacute;ptico circularon r&aacute;fagas enloquecidas de autoboicot, angustia y de una espesa melancol&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Tal como hab&iacute;a sido su cabalgata hasta all&iacute;, Coria arranc&oacute; arrasando, desliz&aacute;ndose en el court como si calzara patines de tela sobre un piso encerado. M&aacute;s que ir perdiendo, Gaudio estaba siendo humillado por s&iacute; mismo, jugando como un novato sin sangre. A punto de perder m&aacute;s r&aacute;pido que nadie hasta entonces una final, empez&oacute; a mejorar reci&eacute;n en el tercer set, cuando la neurosis se instal&oacute; del otro lado: fue Coria el que empez&oacute; a acalambrarse, nervioso ante la inminencia de la consagraci&oacute;n. Otra vez el desconcierto y el estupor se instalaron en aquella tarde primaveral de Par&iacute;s: parec&iacute;a que ninguno quer&iacute;a ganar. El partido reci&eacute;n fue partido en el quinto set, que gan&oacute; Gaudio 8-6 luego de levantar dos match points.
    </p><p class="article-text">
        Algo de la victoria de Gaudio me recuerda a <em>Desde el jard&iacute;n</em>, el film de <strong>Hal Ashby</strong> en el que su protagonista, Mr Chance (<strong>Peter Sellers</strong>), llega a Primer Ministro de carambola, porque estaba ah&iacute; (de hecho, as&iacute; se llama la pel&iacute;cula, <em>Being there</em>). No, no es lo mismo, lo sabemos: Gaudio t&eacute;cnicamente era un crack -su rev&eacute;s a una mano deber&iacute;a estar guardado en el Louvre-, de ninguna manera era el fronterizo y desorbitado de Chance, pero fue uno de los tipos m&aacute;s fr&aacute;giles e inesperados que pis&oacute; una cancha de tenis. 
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo un episodio del Roland Garros del a&ntilde;o siguiente. Gaudio era el campe&oacute;n reinante, quinto puesto del ranking mundial, las puertas del cielo se hab&iacute;an abierto para &eacute;l. Jugaba por los octavos de final contra <strong>David Ferrrer</strong>, guerrero espa&ntilde;ol, una sanguijuela con raqueta. El partido era parejo, luchado: esos duelos que para el espa&ntilde;ol eran exaltadores de su libido y para Gaudio criptonita pura. Hab&iacute;a muy poca gente -creo que jugaba Nadal a la misma hora- y con un reducido grupo de periodistas argentinos est&aacute;bamos sentados a un costado del peque&ntilde;o estadio auxiliar. Tras un rev&eacute;s paralelo que qued&oacute; en la red, Gaudio nos mir&oacute; con sus ojos de perro mojado y nos dijo, de un saque: &ldquo;Si no tengo confianza en la vida en general, &iquest;c&oacute;mo voy a confiar en mi juego?&rdquo; Pocas veces asist&iacute; a una sesi&oacute;n de <em>streap tease</em> emocional en vivo tan descarnada. Era como ver a un novio, a punto de dar el s&iacute; en el altar, diciendo: &ldquo;La vida no tiene sentido, me caso, pero tambi&eacute;n podr&iacute;a limpiarme&rdquo;. Gaudio, pionero de la generaci&oacute;n de cristal.
    </p><p class="article-text">
        Pero es imposible hablar de la final sin referirse a sus estertores. Porque cuando Coria err&oacute; el segundo <em>match point </em>a favor estando 6-5 arriba con su saque en el quinto set -una derecha ancha-, una ligera falla se produjo en la Matrix del tiempo y por esa grieta se escaparon, sin remedio, trofeos, contratos, gloria personal, un lugar en el Olimpo mayor del deporte. 
    </p><p class="article-text">
        Y al margen de su narcisismo herido, el mundo del tenis en esos d&iacute;as comenzaba a vivir una transformaci&oacute;n brutal, el inicio de una era dorada que transformar&iacute;a el deporte para siempre. Con escasa diferencia de meses, dos cohetes despegaron hacia el cielo: <strong>Roger Federer</strong> y <strong>Rafael Nadal</strong> arrancaron sus notables carreras. En rigor, Federer ya hab&iacute;a ganado Wimbledon un a&ntilde;o antes, pero reci&eacute;n en ese 2004 se consolid&oacute; como el N&deg;1 del mundo. El espa&ntilde;ol, en cambio, en la edici&oacute;n del 2005 -la misma en la que Gaudio sucumb&iacute;a antes sus fantasmas- coloc&oacute; el primer ladrillo de su catedral de haza&ntilde;as. Para Coria fue demasiado: si en los a&ntilde;os 2003 y 2004 se hab&iacute;a convertido en uno de los mejores del mundo, la llegada de esos genios -a quienes al poco tiempo se sum&oacute; <strong>Novak Djokovic</strong>- hizo todav&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil su regreso a la cima. 
    </p><p class="article-text">
        Ya nada fue igual para &eacute;l. El karma de esa derrota se hizo insoportable. Podr&iacute;a decir, parafraseando a <strong>Alejandra Pizarnik</strong>, &ldquo;Y el tiempo estrangul&oacute; mi estrella&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <em>PP/MG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Perantuono]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tiempo-estrangulo-estrella_129_11433642.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Jun 2024 04:13:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Guillermo Coria,Gastón Gaudio,Roland Garros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enrique Symns:  Maldición, extremo y rebeldía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/enrique-symns-maldicion-extremo-rebeldia_129_10041503.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c727d3f0-c384-4c60-8be9-4bc8dca5ff03_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Enrique Symns:  Maldición, extremo y rebeldía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este perfil, del año 2006 y publicado originalmente en la revista Gatopardo, forma parte de “Nada sucede dos veces”, el nuevo libro del periodista y escritor Pablo Perantuono (editorial La Crujía) que recopila textos que van desde el Indio Solari hasta Ricardo Darín y Andrés Calamaro. 
</p><p class="subtitle">Murió a los 77 años el periodista y escritor Enrique Symns</p></div><p class="article-text">
        <em>Leyenda de la cultura under, Enrique Symns es un personaje tan atractivo como desbordante, alguien para quien el oficio de escribir debe vivirse en el borde. Su m&aacute;xima creaci&oacute;n, la revista Cerdos&amp;Peces, es un hito en la historia del periodismo gr&aacute;fico y reflej&oacute; como pocos el bajofondo de la cultura de la ciudad de fines de los a&ntilde;os 80 y comienzos de los 90. Cuando lo entrevist&eacute;, en 2006, lo anteced&iacute;an una rocambolesca relaci&oacute;n con los Redonditos de Ricota, cierta fama en Chile -donde ayud&oacute; a fundar una revisa legendaria, The Clinic- y su oscura prosapia de excesos y traiciones. Su extrema locuacidad ya estaba condicionada por los consumos. Nos vimos varias veces m&aacute;s luego de aquel reportaje e incluso fuimos compa&ntilde;eros en el diario Cr&iacute;tica antes de que sus achaques de salud comenzaran a da&ntilde;arlo.&nbsp; &nbsp; </em>
    </p><h3 class="article-text">El se&ntilde;or de los venenos</h3><p class="article-text">
        Enrique Symns &mdash;argentino, periodista, escritor, performer&mdash; es <strong>un fantasma que deambula </strong>por el fondo de la noche en busca de alguna raz&oacute;n para vivir, sea una navaja afilada o la h&uacute;meda boca de una mujer. Ha tomado, ya, todas las drogas del mundo. Se ha apareado como un mono inquieto con las damas m&aacute;s lindas en las horas m&aacute;s negras. Ha actuado, como monologuista, en escenarios repletos junto a algunas de las bandas m&aacute;s populares de la intensa escena rockera argentina. Ha fundado y fundido una revista m&iacute;tica &mdash;<em>Cerdos &amp; Peces</em>&mdash; y ha agitado las conciencias de al menos dos generaciones de argentinos. Se ha hecho amigo, y luego distanciado, de algunas de las m&aacute;ximas figuras de la cultura rock de Buenos Aires y ha caminado por la cornisa de su existencia sin temor a caerse.
    </p><p class="article-text">
        Todo eso sucedi&oacute; en los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os, pero ahora estamos en 1998, en una madrugada ca&oacute;tica y Enrique Symns est&aacute; desquiciado. No es la primera, y tampoco ser&aacute; la &uacute;ltima, pero esta vez ha cenado dos pastillas de &eacute;xtasis y no ha tomado agua. Para peor fum&oacute; opio colombiano: est&aacute; m&aacute;s loco que nunca. Est&aacute; en Ave Porco, legendario reducto de la fatalidad nocturna, donde en los a&ntilde;os noventa se cocin&oacute; el m&aacute;s famoso caldo del exceso. All&iacute;, entre fiestas pantagru&eacute;licas y noches diab&oacute;licas, congenian artistas, cantantes de rock, enanos, travestis, las primeras drag queens de Buenos Aires. Y all&iacute; Symns, ya de d&iacute;a y delante de todos se ha puesto a coger con la dealer colombiana que le provey&oacute; el opio.
    </p><p class="article-text">
        Una vez terminada su faena, Symns se desembaraza de su presa como quien se arranca una c&aacute;scara. Pero algo sucede, porque a la agitaci&oacute;n y el delirio del momento se suma, de inmediato, un ardor que parece surgir del mismo lugar de donde nace la especie. Symns se da cuenta de que algo anda mal. Estaba lleno de sangre: se le hab&iacute;a roto la pija.
    </p><p class="article-text">
        Lo que sigue es un derrotero angustiante. Symns que se asusta, que se agobia, que se encierra en el ba&ntilde;o. Symns que se pega la piel da&ntilde;ada con poxipol, que le implora a un amigo chileno: &ldquo;Sacame de ac&aacute;, salvame&rdquo;. Fue la en&eacute;sima &mdash;y pen&uacute;ltima&mdash; salvaci&oacute;n de Enrique Symns. Otra pirueta en su biograf&iacute;a, apenas uno m&aacute;s de tantos saltos al vac&iacute;o. Despu&eacute;s de esa noche, Symns se fue a Chile, donde se reinvent&oacute;, renaci&oacute;, padeci&oacute; la gloria y sabore&oacute;, otra vez, el fracaso.
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        Enrique Symns naci&oacute; en Lan&uacute;s, un barrio del sur del gran Buenos Aires, el 2 de enero de 1946. No conoci&oacute; a su padre sino hasta los 8 a&ntilde;os y su madre, sin recursos, decidi&oacute; que viviera con una t&iacute;a en Monte Grande, otro suburbio de la provincia. Su infancia y su ni&ntilde;ez transcurrieron con normalidad, salvo por un detalle: nunca fue al colegio. Ni un solo d&iacute;a. Su t&iacute;a no lo consideraba necesario y no lo mand&oacute;. Marcado por ese despojo, Enrique se volvi&oacute; un muchacho taciturno, algo retra&iacute;do, sin demasiada capacidad para la relaci&oacute;n. <strong>A leer y escribir le ense&ntilde;&oacute; su hermana, lo que fue su perdici&oacute;n, porque a partir de entonces no dej&oacute; los libros</strong>. &ldquo;Recuerdo cuando a los diez a&ntilde;os le&iacute; 120 d&iacute;as de Sodoma y Gomorra &mdash;dice&mdash;. El barrio entero se hizo la paja un mes y medio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esa &eacute;poca cre&iacute;a que era feliz. Conoci&oacute; el mundo y comenz&oacute; a escaparse para tener aventuras extra&ntilde;as. Se hizo delincuente. La adolescencia y la juventud lo encontraron entre los libros y la mala vida, los desbordes lis&eacute;rgicos, las visitas a la comisar&iacute;a y los escarceos con la literatura. Aunque &eacute;l prefiere no hablar de aquellos tiempos, algo de eso puede espiarse en el primer cap&iacute;tulo de <em>El se&ntilde;or de los venenos </em>(El Cuenco de Plata, 2005), donde Symns relata, a trav&eacute;s de un &aacute;lter ego, que pese a no haber ido al colegio consigui&oacute; meterse en la universidad.
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        En ese cap&iacute;tulo se reconoc&iacute;a como perteneciente a una etnia secreta: la de los depredadores, seres que atraviesan historias disfrazados de alguien desconocido, seres que no saben trabajar, ni estudiar, ni ser amigos de nadie y hasta les resulta dif&iacute;cil existir. &ldquo;Reconozco la casta de los desalmados porque uno de ellos me hizo bajar la cabeza cuando intent&eacute; dar un examen en la universidad&rdquo;, escribi&oacute; all&iacute;. Symns consigui&oacute; un t&iacute;tulo falso del colegio secundario y se inscribi&oacute; en la Facultad de Psicolog&iacute;a de la Universidad de El Salvador. Durante casi un a&ntilde;o fue alumno regular de la facultad y hasta provoc&oacute; la admiraci&oacute;n de algunos profesores por la habilidad para armar su discurso: &ldquo;Le&iacute;a tres p&aacute;ginas de El ser y la nada de Sartre y de inmediato me convert&iacute;a en un experto en existencialismo. Le&iacute;a poemas de Maiakovski, los distorsionaba un poco, y luego recitaba de memoria escupiendo saliva sobre la oreja de una pecosa tetona&rdquo;. El chiste dur&oacute; un a&ntilde;o, hasta que un profesor se dio cuenta del embuste y le cerr&oacute; la puerta en la cara. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando aquella experiencia hab&iacute;a quedado enterrada en el olvido, Symns y cuatro especialistas participaron de un debate sobre la locura organizado por el Ministerio de Salud P&uacute;blica en el Teatro San Mart&iacute;n. La charla era tremendamente aburrida y Symns, para mitigar el tedio, decidi&oacute; esnifarse una l&iacute;nea de coca de manera subrepticia. El efecto fue revelador: entre la gente Symns divis&oacute; un fantasma. &ldquo;En ese momento vi los ojos de rata del hijo de puta que me expuls&oacute; de la universidad, y como si se me hubieran aflojado los esf&iacute;nteres del alma me largu&eacute; a llorar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s pas&oacute; un tiempo en Brasil, donde experiment&oacute; viajes t&oacute;xicos y lecturas alucinantes. Terminaban los a&ntilde;os sesenta, tiempos m&aacute;s que interesantes para un joven de 23 a&ntilde;os que reptaba por las estribaciones de la vida en busca de experiencias conmovedoras. De regreso, trabaj&oacute; dirigiendo teatro en Buenos Aires, pero el aire comenzaba a enrarecerse en Argentina, sobre la que pronto, en 1976, se abatir&iacute;a una dictadura militar. Symns se exili&oacute; en Espa&ntilde;a. Sus m&eacute;todos de supervivencia fueron los habituales: la experimentaci&oacute;n, la marginalidad burguesa, la actuaci&oacute;n callejera, la delincuencia superficial, algunos escritos. En 1983 la democracia regres&oacute; a las calles porte&ntilde;as. Fue el amanecer de una d&eacute;cada agitada: la m&uacute;sica, el teatro, la literatura y el cine le daban a la capital del tango un h&aacute;lito de magia y glamour. La lujuria anidaba en cada pliegue, una fiesta blanca, una noche eterna que promet&iacute;a estrellas y estrellados. A esa Buenos Aires agitada y prometedora lleg&oacute; Enrique Symns. Hab&iacute;a escrito en Espa&ntilde;a un libro an&oacute;nimo llamado <em>La represi&oacute;n sexual en el franquismo</em>. En esa obra Symns volc&oacute; todo aquello que hab&iacute;a visto y experimentado en la calle, el destape espa&ntilde;ol. Aquel libro fue la semilla de su nueva profesi&oacute;n: el periodismo. Symns fue el primer sorprendido en poder hacer un libro as&iacute;. &ldquo;No sab&iacute;a que era periodista&rdquo;, recuerda. De regreso a Buenos Aires, <strong>Jorge Pistochi</strong>, editor de la revista <em>Pan Caliente</em>, se contact&oacute; con &eacute;l. Pistochi estaba convencido de que Symns pod&iacute;a reemplazar al jefe de redacci&oacute;n que se hab&iacute;a ido. Symns estuvo unos meses en <em>Pan Caliente</em>, hasta que lo llamaron del diario <em>Clar&iacute;n</em> para trabajar en proyectos especiales. Por esa &eacute;poca, el diario Clar&iacute;n empezaba a convertirse en una de las corporaciones econ&oacute;micas m&aacute;s poderosas del pa&iacute;s, y Symns dur&oacute; poco tiempo: lo echaron por negarse a marcar su tarjeta de horario. Despu&eacute;s, trabaj&oacute; en una revista llamada <em>El Porte&ntilde;o</em>. Y m&aacute;s tarde fund&oacute; <em>Cerdos &amp; Peces.</em>
    </p><h3 class="article-text">* * *</h3><p class="article-text">
        Como sucede con los hitos legendarios, con <em>Cerdos &amp; Peces</em> ocurre algo curioso: es recordada con m&aacute;s aprecio y adeptos de los que cont&oacute; en vida. La revista hablaba con <strong>un lenguaje rabioso, directo, brutal</strong>, entrevistaba a putas, violadores y pederastas, buceaba en las ca&ntilde;er&iacute;as de la gran ciudad para rescatar y darles voz a los personajes m&aacute;s ominosos y deformes. &ldquo;Por mi experiencia en Madrid, durante el posfranquismo, sab&iacute;a que despu&eacute;s de una dictadura hab&iacute;a que destapar los temas de la marginalidad &mdash;dice&mdash;. Se me ocurri&oacute; hacer primero un suplemento en <em>El Porte&ntilde;o</em>, que se llam&oacute; <em>Cerdos &amp; Peces</em>, y despu&eacute;s se hizo revista&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El 20 de agosto de 1983, y como ap&eacute;ndice de<em> El Porte&ntilde;</em>o, el primer n&uacute;mero de <em>Cerdos &amp; Peces</em> inquir&iacute;a desde su tapa: &ldquo;&iquest;Legalizar la marihuana?&rdquo;, en a&ntilde;os en los que mencionar a las drogas con nombre y apellido era todav&iacute;a un esc&aacute;ndalo. Con la colaboraci&oacute;n de algunos periodistas que m&aacute;s tarde har&iacute;an carrera como<strong> Claudio Kleiman</strong> &mdash;hoy redactor de Rolling Stone&mdash; y la dibujante <strong>Maitena</strong>, entre muchos otros, Cerdos... retrat&oacute; con crudeza una &eacute;poca turbulenta. Hasta el escritor argentino ahora fallecido <strong>Juan Jos&eacute; Saer </strong>publicaba en ella desde Francia. Uno pod&iacute;a hallar textos de Symns que graficaban el cinismo y la voracidad de esa &eacute;poca: &ldquo;M&aacute;gicamente, cada tipo que se toma una raya se transforma en el m&aacute;s sabio, en el m&aacute;s cogedor, en el que tiene m&aacute;s derecho a hablar &mdash;escribi&oacute;&mdash;. Pero, por sobre todo, cada tipo, hasta el m&aacute;s idiota, intenta convertirse en un feroz manipulador. Bajo el poncho de todas sus conversas, cada uno lleva el fac&oacute;n de su inter&eacute;s&rdquo; (<em>Cerdos &amp; Peces</em>, agosto de 1991).
    </p><p class="article-text">
        O encontrarse con portadas que sacud&iacute;an. Dos de ellas fueron legendarias, y una provoc&oacute; el cierre temporal de la revista. La tapa de la primera, de julio de 1984, dec&iacute;a: <strong>&ldquo;Hombres que desean a ni&ntilde;os que desean a hombres&rdquo;</strong> y relataba, sin eufemismos, una espeluznante historia de pedofilia entre un hombre grande y una menor de 7 a&ntilde;os. La justicia clausur&oacute; la publicaci&oacute;n y el caso lleg&oacute; hasta la Corte Suprema, que dictamin&oacute;, un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, que la revista no hab&iacute;a cometido ning&uacute;n delito y solo hab&iacute;a mostrado una realidad oculta. La otra portada inolvidable fue la del regreso tras la clausura: en la portada de la revista de octubre de 1985, Symns redobl&oacute; la apuesta y coloc&oacute; una foto de la menor desnuda que, con su relato, hab&iacute;a provocado el cierre. A partir de ese n&uacute;mero <em>Cerdos &amp; Peces</em> agreg&oacute;, debajo de su nombre, la frase:<strong> &ldquo;La revista de este sitio inmundo&rdquo;</strong>.
    </p><h3 class="article-text">* * *</h3><p class="article-text">
        Por esos a&ntilde;os, Symns entr&oacute; en contacto con una banda de rock que tambi&eacute;n form&oacute; parte de la iconograf&iacute;a b&aacute;sica de los a&ntilde;os ochenta: <strong>Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota,</strong> por entonces el secreto mejor guardado de la escena musical nativa, que 10 a&ntilde;os despu&eacute;s se convertir&iacute;a en el grupo m&aacute;s convocante del pa&iacute;s, por encima, incluso, de otros m&uacute;sicos que conquistaron Latinoam&eacute;rica, como Soda Stereo o Charly Garc&iacute;a. Los Redonditos de Ricota eran una pl&eacute;yade de l&uacute;cidos artistas liderados por<strong> Carlos Indio Solari</strong>, cantante, letrista y sumo sacerdote de la banda. Los sitios en los que tocaban comenzaron a atiborrarse de fans que les profesaban una incondicionalidad in&eacute;dita. Eran una religi&oacute;n y Symns, como un oscuro predicador del desasosiego, aparec&iacute;a en el escenario antes de los shows para recitar sus mon&oacute;logos: &ldquo;Es m&aacute;s c&oacute;modo viajar en silla de ruedas sobre la autopista de las emociones controladas. Es m&aacute;s c&oacute;modo que andar rengueando por caminos desconocidos. Es m&aacute;s c&oacute;modo internarse en el asilo de las costumbres que seguir recorriendo nuestro miedo a la oscuridad&rdquo;. Claro que tambi&eacute;n aprovechaba los recitales para llevar a cabo otro menester algo m&aacute;s mundano: vender coca&iacute;na. Lo cuenta el mismo Symns en su libro <em>Big Bad City </em>(El Cuenco de Plata, 2006), donde relata peripecias colosales durante los shows, aventuras en las que escapa de la polic&iacute;a por cent&iacute;metros, escenas de sexo escatol&oacute;gicas con ni&ntilde;as que podr&iacute;an ser sus hijas y pactos de lealtad con sujetos sin compasi&oacute;n, tipos a los que ninguno de nosotros confiar&iacute;a un secreto pero en los que Symns depositaba sus esperanzas.
    </p><p class="article-text">
        Hacia mediados y finales de esa d&eacute;cada, Cerdos &amp; Peces era una publicaci&oacute;n de culto, que imprim&iacute;a 15 mil ejemplares y, adem&aacute;s, el sue&ntilde;o de Symns convertido en realidad: &ldquo;<strong>Hacer Cerdos &amp; Peces fue una forma de vida sorprendente y perfecta</strong> &mdash;dice&mdash;. La redacci&oacute;n era mi trabajo, mi hotel alojamiento, mi cogedero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para entonces, la cabeza de Symns era una biblioteca abigarrada de cuyos estantes colgaban algunos de los grandes genios del pensamiento moderno. Artaud, Nietzsche, Freud, Rimbaud y otros poetas malditos conviv&iacute;an en esa mente trepidante que generaba algunos de los textos m&aacute;s brillantes del periodismo vern&aacute;culo, alguien capaz de escribir: &ldquo;El placer es una adaptaci&oacute;n del dolor, y la vida es fracaso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su prosa y su estampa, su &eacute;gida y su furia, lo convirtieron en un personaje ineludible del underground porte&ntilde;o, un sabio enojado y prematuramente envejecido, el nombre y el apellido del exceso y la cultura m&aacute;s s&oacute;rdida. Por esos a&ntilde;os, ya era un espantap&aacute;jaros con las sienes de un erudito intranquilo.
    </p><h3 class="article-text">***</h3><p class="article-text">
        El primer encuentro con Symns para esta nota tuvo lugar en un bar de Once, un barrio popular de Buenos Aires. Charlamos con una cerveza de por medio, varios cigarrillos y un s&aacute;ndwich que Symns no mord&iacute;a: casi no tiene dientes y deb&iacute;a trozar el pan con los dedos para luego llev&aacute;rselo a la boca. Luc&iacute;a apagado e inc&oacute;modo, como si estuviera habitado por un sordo malestar. Despu&eacute;s de un rato pidi&oacute; continuar la nota otro d&iacute;a. No estaba bien de salud. Hac&iacute;a 20 a&ntilde;os que no iba al m&eacute;dico, hasta que hace poco se hizo revisar y descubri&oacute; que era diab&eacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Symns no solo estaba agotado por hablar: estaba desanimado por el rumbo de la charla. No parec&iacute;a motivarlo repasar viejas postales. Se me ocurri&oacute; indagar en sus gustos de hoy y el &aacute;nimo cambi&oacute; inmediatamente: se entusiasm&oacute; conversando sobre literatura inglesa moderna, pop brit&aacute;nico y algunos raros sonidos nuevos.<strong> Lo m&aacute;s sorprendente fue saber que escuchaba con fanatismo a Radiohead y que consideraba a Pulp la mejor banda de los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os.</strong> &ldquo;Hay que escuchar lo nuevo... la m&uacute;sica es el sonido que viene del futuro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dos d&iacute;as despu&eacute;s le envi&eacute; un mail a <strong>Andr&eacute;s Calamaro</strong>. Quer&iacute;a contarle de mi encuentro con Symns por varias razones. La primera era corroborar cu&aacute;nta veracidad hab&iacute;a en <em>El se&ntilde;or de los venenos</em>, en el que Symns relata buena parte de sus experiencias en la movida musical de los ochenta y noventa, y en el que describe con lujo de detalles algunas de las escenas de los protagonistas que marcaron a fuego esos a&ntilde;os.<strong> El Indio Solari, Fito P&aacute;ez y Calamaro</strong> aparecen y desaparecen de las p&aacute;ginas en diversas situaciones, como cuando cuenta que a una productora televisiva se le ocurri&oacute; que Symns pod&iacute;a entrevistar a Andr&eacute;s Calamaro. La noche de la entrevista, el estudio de televisi&oacute;n ten&iacute;a el clima de una noche peligrosa. &ldquo;Se aspiraba coca&iacute;na por todos los rincones. Yo llegu&eacute; completamente loco... Ni Calamaro me escuchaba a m&iacute; ni yo a &eacute;l&rdquo;. En su cari&ntilde;osa respuesta Calamaro lo reconoci&oacute; como el Hunter Thompson criollo y acept&oacute; como ciertas, y fidedignamente relatadas, sus apariciones en el libro. &ldquo;No siempre se junt&oacute; con gente a su misma altura. Tengo un lindo recuerdo de un tipo interesante que me cae bien&rdquo;, dijo. El detalle de Radiohead &mdash;le cont&eacute; a Calamaro que Symns escuchaba la banda de Thom Yorke&mdash; lo descoloc&oacute;: &ldquo;Es imperdonable &mdash;dijo Calamaro&mdash;, lo m&iacute;o es imperdonable. En toda mi vida escuch&eacute; un solo tema de Radiohead. Qu&eacute; b&aacute;rbaro Enrique...&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">* * *</h3><p class="article-text">
        A finales de los ochenta, el de Symns ya era un nombre de referencia. En 1989. en una encuesta anual que convocaba Si, el suplemento joven del diario <em>Clar&iacute;n</em>, Symns vot&oacute; como mejor disco del a&ntilde;o el trabajo de un m&uacute;sico rosarino al que nadie conoc&iacute;a y que comenzaba a brillar:<strong> Fito P&aacute;ez</strong>. Encantado con el voto, maravillado porque Symns, el pr&oacute;cer Symns, hab&iacute;a elegido su disco, P&aacute;ez quiso conocerlo. Lo llam&oacute;, se juntaron en un bar, se emborracharon, rieron, discutieron, casi se agarran a golpes y sellaron una amistad.
    </p><p class="article-text">
        La amistad se derrumb&oacute; a&ntilde;os m&aacute;s tarde, cuando Symns escribi&oacute; la biograf&iacute;a del tecladista (P&aacute;ez, Espasa-Calpe, 1996), en la que cont&oacute;, por ejemplo, c&oacute;mo se masturbaba Fito. A&ntilde;os despu&eacute;s, P&aacute;ez rescat&oacute; a Symns de un aljibe de depresi&oacute;n: le mand&oacute; un cheque de cinco mil d&oacute;lares que Symns gast&oacute; en el hip&oacute;dromo. &ldquo;Fito es un conde, pero un conde que viene de la calle &mdash;dice Symns&mdash;. Me acuerdo que cuando compuso &lsquo;Tumbas de la gloria&rsquo; ten&iacute;a piojos y ladillas. &iexcl;Piojos y ladillas! No ten&iacute;a dientes: a m&iacute; me gustaba ese ser, el gitano, el tipo de la calle&rdquo;. Hoy, Fito P&aacute;ez lo evoca con cari&ntilde;o: &ldquo;El libro que escribi&oacute; de m&iacute; no me enoj&oacute;. Lo quiero mucho, es un viejo lobo de mar como los que ya no hay. El viejo es bravo. Y la verdad, tuvimos charlas muy hermosas. Es uno de esos hombres bravos, esos que est&aacute;n en v&iacute;as de extinci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El 19 de abril de 1991, durante un recital de Los Redonditos de Ricota, la polic&iacute;a atac&oacute; ferozmente a un grupo de chicos que pugnaba por entrar. El resultado fue la muerte de un fan del grupo, <strong>Walter Bulacio</strong>. En una actitud que gener&oacute; decenas de cr&iacute;ticas, ninguno de los integrantes del grupo sali&oacute; a condenar el hecho o solidarizarse p&uacute;blicamente con la familia de la v&iacute;ctima. Una de las cr&iacute;ticas m&aacute;s encendidas sali&oacute; de la pluma de Symns, que escupi&oacute; su bronca en Cerdos:<strong> &ldquo;Le escrib&iacute; esa carta al Indio Solari y lo acus&eacute; de complicidad en el crimen: era polic&iacute;a contratada por ellos la que hab&iacute;a matado al muchacho </strong>&mdash;dice&mdash;. Sin embargo, ni el Indio ni Skay, miembros de la banda, reconocieron la muerte como asesinato&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Solari,el l&iacute;der del grupo, no le perdon&oacute; el ataque. En la ilustraci&oacute;n del siguiente &aacute;lbum de la banda, un hombre aparec&iacute;a cortando un ejemplar de <em>Cerdos &amp; Peces</em> con una tijera.
    </p><h3 class="article-text">* * *</h3><p class="article-text">
        Aunque el rock se estaba transformando en un engranaje m&aacute;s de la industria del entretenimiento y sus m&uacute;sicos ahora viajaban en aviones y se hospedaban en hoteles de cinco estrellas, Symns sigui&oacute; buceando en los bajos fondos del underground, donde encontr&oacute; otros rivales para su esgrima verbal, otros compa&ntilde;eros para sus excesos. Se hizo amigo de <strong>Gustavo Cordera</strong>, un exvendedor de autos que lideraba <strong>Bersuit Vergarabat</strong>, una banda que ahora tiene ventas masivas de discos. Cordera se distingui&oacute; porque sub&iacute;a a tocar al escenario en pijama. En sus comienzos, Symns realizaba el mismo acto que hac&iacute;a con Los Redonditos: recitar mon&oacute;logos como proleg&oacute;meno a la aparici&oacute;n de la banda. Pero ahora, hace mucho que no habla con Cordera.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Ni el Indio ni Cordera tienen m&aacute;s inter&eacute;s en m&iacute;</strong> &mdash;dice&mdash;. Cordera es un traidor, peor que Solari, con quien quiero disculparme. El pelado Cordera no me llam&oacute; nunca m&aacute;s cuando le lleg&oacute; el &eacute;xito. Ahora lo produce Gustavo Santaolalla. El &eacute;xito es el envase de Santaolalla, la mediocrizaci&oacute;n absoluta de la creatividad. No hay nada que toque Santaolalla que tenga la menor posibilidad de ser bueno. Todo lo que hace lo convierte en hamburguesa. Tengo ganas de verlos, pero no me dan bola. Soy un interdicto, porque nadie quiere estar conmigo, como si fuera una desgracia ambulante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Escrib&iacute;a dossiers en una publicaci&oacute;n que meses m&aacute;s tarde ser&iacute;a <em>The Clinic,</em> semanario iconoclasta y de iron&iacute;a exquisita que lograr&iacute;a un &eacute;xito sin precedentes en la anquilosada prensa chilena.<strong> </strong><em><strong>The Clinic</strong></em><strong> convirti&oacute; a Symns en un hombre peligroso: una luminaria que com&iacute;a con las luminarias pero que denostaba el estilo de vida de las luminarias.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Acorralada por la crisis, <em>Cerdos &amp; Peces</em> hab&iacute;a cerrado en 1997 y sobrevivir se volvi&oacute; un trabajo arduo para Symns, no tanto por las necesidades de manutenci&oacute;n &mdash;en Buenos Aires siempre hab&iacute;a un bar dispuesto a fiarle&mdash; sino por el escalofriante ritmo de vida, que no solo no se deten&iacute;a, sino que aumentaba en dosis cada semana.
    </p><p class="article-text">
        Y es as&iacute; como llegamos a aquella madrugada de 1998 en Ave Porco, cuando Symns rog&oacute; a su amigo: &ldquo;Sacame de ac&aacute;, salvame&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Symns se hab&iacute;a hecho amigo de <strong>Marcelo Rioseco</strong>, un poeta de Concepci&oacute;n, Chile,&nbsp; que una vez lo hab&iacute;a entrevistado. A &eacute;l fue a quien le pidi&oacute; ayuda. &ldquo;Yo estaba en una &eacute;poca muy suicida, llevaba navaja, quer&iacute;a matar a alguien&rdquo;. Rioseco se lo llev&oacute; a su ciudad, Concepci&oacute;n, como profesor de la universidad del B&iacute;o-B&iacute;o, donde dio un taller que se llamaba &lsquo;El origen m&aacute;gico de la palabra&rsquo;. Entonces, comenz&oacute; otra etapa. Se plant&oacute; la semilla de otra traici&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">* * *</h3><p class="article-text">
        Los ojos de Symns brillaban durante nuestro segundo encuentro. <strong>Eran ojos de fuego, los ojos de un zorro que quiere seguir conquistando al mundo con sus dientes. </strong>Estaba tomando whisky y se hab&iacute;a cortado las u&ntilde;as. Empez&oacute; a hablar de inmediato, fascinado con el encuentro, encantado con festejar la celebraci&oacute;n de la palabra. Hab&iacute;a tomado coca&iacute;na. Ya en nuestra primera despedida me lo hab&iacute;a anticipado: &ldquo;Me aburro mucho. Si no consumo coca&iacute;na me aburro mucho&rdquo;. Y ahora era de nuevo el cronista, el conversador salvaje.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que comprend&iacute; tard&iacute;amente es que la pareja como forma de establecimiento es detestable, es el origen de la econom&iacute;a m&aacute;s m&iacute;sera que existe &mdash;dice Symns&mdash;. La experiencia sexual se degrada r&aacute;pidamente. Pero no encontr&eacute; otra forma. Lo ideal es vivir con amigos o amigas, pero tambi&eacute;n genera problemas. Viv&iacute; con Vera Land mucho tiempo. Era una forma de vida ideal: un hombre y una mujer que no tienen relaciones sexuales, maravilloso. Pero ella qued&oacute; embarazada y se mud&oacute;, se fue a vivir con su novio. Fue mi gran amor, un ser alucinante. Recuerdo la frase de Freud: &lsquo;El encuentro entre el hombre y la mujer es imposible, porque un hombre busca a su madre y la mujer busca en el hombre a Dios&rsquo;. Peor es la frase de Lacan: &lsquo;Desde que termin&oacute; la esclavitud de la mujer comenzaron los problemas para el amor&rsquo;. El amor es, como tambi&eacute;n lo dice Freud, una psicosis socialmente aceptada. Vos proyect&aacute;s sobre otro una idea idealizada, pero el otro no es eso, vos se lo adjudic&aacute;s. La pareja es un contrato mutilatorio de los deseos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; te drogaste hoy?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para venir a charlar m&aacute;s apasionadamente. Si no, me desapego de una manera tan inexplicable... Parezco un fantasma, no estoy en la vida, que se convierte en algo espantoso. La campera me molesta, el cigarrillo, todo. &iquest;Por qu&eacute; sigo tomando? Una amiga me dice que me va a destruir, en el sentido m&aacute;s abismal de la palabra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Que cu&aacute;l es?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que Freud llama el inconsciente, antes era llamado el abismo, una palabra mucho m&aacute;s interesante. Nietzsche dec&iacute;a que cuando vos mir&aacute;s, el abismo, es el abismo el que te mira y te agarra. Y esto, la vida, se convierte en un pozo de ciegos. Como ocurre con la pel&iacute;cula The Enigma of Kaspar Hauser, de Herzog, un ciego conduciendo un auto en el desierto. Bueno, eso es este mundo.
    </p><p class="article-text">
        Ese d&iacute;a lo vi irse orgulloso y decidido, como quien va en busca de nuevas aventuras. Lo segu&iacute;. Se meti&oacute; en un mercado, compr&oacute; agua, galletitas: la cena de esa noche. Sujetaba, abierto, <em>La hermandad de la uva</em>, el libro de John Fante que yo le hab&iacute;a regalado.
    </p><h3 class="article-text">***</h3><p class="article-text">
        En noviembre de 1998 Enrique Symns lleg&oacute; a Concepci&oacute;n, en el sur de Chile, donde comenz&oacute; a dictar clases en la Facultad B&iacute;o-B&iacute;o sobre epistemolog&iacute;a del lenguaje. Fue un periodo medieval no solo porque su herramienta de trabajo era el origen de la palabra, sino porque adopt&oacute; un estilo de vida aldeano brutalmente distinto al hurac&aacute;n autodestructivo que lo arrastraba por las solapas en Buenos Aires. Se instal&oacute; en una casa gigantesca a vivir con estudiantes y se relacion&oacute; de manera fraternal con los vecinos del lugar, que vieron en &eacute;l a un visitante con quien compartir cenas y charlas hasta el agotamiento.
    </p><p class="article-text">
        Pero el entusiasmo, claro, dur&oacute; muy poco: apenas un a&ntilde;o. Lo que en un comienzo se plante&oacute; como una experiencia vital y purificadora se transform&oacute; en una rutina desabrida y sin matices. Las hormigas comenzaron a dar vueltas en el cerebro de Symns. El hast&iacute;o gritaba en su cabeza y se fue a Santiago, la capital. En Chile, la revista <em>Cerdos &amp; Peces </em>era conocida. Como hab&iacute;a ocurrido en otros pa&iacute;ses latinoamericanos, all&iacute; tambi&eacute;n hab&iacute;an ganado prestigio algunas manifestaciones culturales argentinas, en especial el rock, cierta literatura y el periodismo. A finales de los noventa, cuando Symns se mud&oacute; a Santiago, se respiraba el eco de su mito.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ah&iacute; se cag&oacute; todo &mdash;dice&mdash; porque Cerdos...&nbsp; era una revista legendaria. R&aacute;pidamente me introduje, otra vez, en la etiqueta de Enrique Symns. Fue el &uacute;ltimo intento de escaparme de mi identidad, mi destino&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero a diferencia de lo que hab&iacute;a ocurrido en Argentina, donde Symns era un fundamentalista del underground cultural y un alquimista de los m&aacute;rgenes, <strong>en Santiago se convirti&oacute; en una celebridad del establishment, el hombre que hab&iacute;a que conocer.</strong> Entr&oacute; en el jet set, y a ese avi&oacute;n se subi&oacute; todo aquello que lo hab&iacute;a desterrado de Buenos Aires: la droga, el desquicio, la vida disipada, la literatura, la angustia en el lenguaje. Con un aditamento: la fama, la adulaci&oacute;n al personaje. Comenz&oacute; a escribir en el diario <em>Las &Uacute;ltimas Noticias</em> y en el suplemento cultural de <em>El Metropolitano</em>. Su prosa volc&aacute;nica, su estilo sangrante y su vehemencia lo llevaron a un lugar de exposici&oacute;n &mdash;y celebraci&oacute;n&mdash; que no hab&iacute;a tenido en Argentina. De pronto todos quer&iacute;an sentarse a su mesa. Todos: desde el capit&aacute;n de la selecci&oacute;n de f&uacute;tbol hasta las actrices. Desde los pol&iacute;ticos hasta las estrellas de rock. Fue invitado al casamiento de <strong>Mauricio Gallardo</strong>, subdirector de <em>Las &Uacute;ltimas Noticias</em>. Se hizo amigo de <strong>Roberto Brodsky,</strong> uno de los mejores escritores chilenos &mdash;&ldquo;el mejor&rdquo;, seg&uacute;n el fallecido <strong>Roberto</strong> <strong>Bola&ntilde;o</strong>&mdash;, y de <strong>&Aacute;lvaro Henr&iacute;quez,</strong> cantante del grupo de rock<em> </em><strong>Los Tres</strong>. Los bares se peleaban por tenerlo en sus barras, pese a que la noche pod&iacute;a terminar con los vidrios hechos pedazos, las sillas volando y Symns jugando a estirar los l&iacute;mites de la existencia como si todo fuera a terminar ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        Hasta la televisi&oacute;n le abri&oacute; sus puertas. En el programa <em>Plaza Italia</em>, que se emit&iacute;a por el extinto Canal 2 de la televisi&oacute;n abierta, Symns era cr&iacute;tico literario. En Rock del fin del mundo, que se emit&iacute;a por la se&ntilde;al de cable V&iacute;a X, era entrevistador. Sus reportajes, con personajes del ambiente art&iacute;stico, siempre se desarrollaban en un bar. Symns comenz&oacute; a escribir dossiers en una publicaci&oacute;n, germen de lo que meses m&aacute;s tarde ser&iacute;a la revista<em> The Clinic</em>, un semanario iconoclasta y de iron&iacute;a exquisita que lograr&iacute;a un &eacute;xito casi sin precedentes en la anquilosada prensa chilena. Pero pese al boom editorial, <em>The Clinic </em>convirti&oacute; a Symns en un hombre peligroso: <strong>era una luminaria que com&iacute;a con las luminarias pero que denostaba el estilo de vida de las luminarias.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La coca&iacute;na, adem&aacute;s, hac&iacute;a estragos: desataba el demonio interno de Symns, que no med&iacute;a ni el tenor ni el lugar donde soltaba sus palabras. La gente empez&oacute; a temerle por miedo a ser el blanco de su inquina. Symns hablaba con la impunidad de los locos o de los que no tienen nada. Symns ten&iacute;a mucho, pero sab&iacute;a que aquello no era suyo. O no le interesaba conservarlo.
    </p><p class="article-text">
        Le encargaron realizar un libro sobre <strong>Los Tres</strong>, famoso grupo de rock chileno, y en lugar de hacer una biograf&iacute;a bufonesca y funcional &mdash;como suelen ser las biograf&iacute;as de los &iacute;dolos populares&mdash; revel&oacute; en La &uacute;ltima canci&oacute;n (Aguilar, 2003, escrito a d&uacute;o con Vera Land) que <strong>Javiera Parra,</strong> novia de &Aacute;lvaro Henr&iacute;quez y hermana de &Aacute;ngel, ambos integrantes de la banda, tambi&eacute;n ten&iacute;a una vinculaci&oacute;n sentimental con los otros miembros del grupo. Fue un esc&aacute;ndalo, y el grupo, que ya ten&iacute;a planes de separaci&oacute;n, estall&oacute; como un big bang y se disolvi&oacute; (aunque ahora vuelven a estar juntos). Despu&eacute;s Henr&iacute;quez le dedic&oacute; un tema a Symns, llamado &lsquo;No hables tanto&rsquo;. Javiera Parra, en cambio, no eligi&oacute; la poes&iacute;a para atacar a Symns. Fue m&aacute;s dura: &ldquo;El libro fue escrito por un cocain&oacute;mano decadente&rdquo;, le dijo a la revista Surcos.
    </p><p class="article-text">
        Una noche, en un bar de Santiago, Symns invit&oacute; a pelear al ministro de Trabajo de entonces, <strong>Ricardo Solari</strong>. Y, como ya hab&iacute;a comenzado a quejarse porque cre&iacute;a que ganaba poco en <em>The Clinic</em>, exacerb&oacute; sus quejas y termin&oacute; de enemistarse del todo con el Pato Fern&aacute;ndez, el director. Y se fue. &ldquo;Yo hab&iacute;a participado de la fundaci&oacute;n de la revista y cobraba un cuarto de lo que ganaban otros. Ped&iacute; aumento. No me lo dieron y me fui. El Pato Fern&aacute;ndez me defraud&oacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Santiago, en cambio, dicen otra cosa. Porque Symns pod&iacute;a ser audaz, erudito, pintoresco, an&aacute;rquicamente verborr&aacute;gico, pero tambi&eacute;n era argentino, drogadicto, impiadoso y oscuramente desesperado. Hab&iacute;a sido un agitador cultural revulsivo y tal vez necesario, pero ahora era la bestia negra. La gente no quer&iacute;a a un suicida social. El escritor chileno <strong>Rafael Gumucio,</strong> su compa&ntilde;ero de aventuras en <em>The</em> <em>Clinic</em> y uno de los fundadores de la revista, lo recuerda as&iacute;: &ldquo;Symns es uno de los tipos m&aacute;s perversos y malvados que he conocido. Quiz&aacute; no sea &eacute;l el malvado y el perverso, sino la coca&iacute;na, de la que se ha convertido en el t&iacute;tere inarticulado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Del aura mitol&oacute;gica que lo preced&iacute;a por haber fundado <em>Cerdos &amp; Peces</em>, Gumucio guarda una reflexi&oacute;n metaf&oacute;rica: &ldquo;No s&eacute; qui&eacute;n era el pez, pero el cerdo era visiblemente Symns&rdquo;. Cautivado al principio por la explosi&oacute;n de intensidad que significaba estar a su lado, Gumucio se acerc&oacute; a Symns infantilmente. All&iacute; el escritor chileno comprob&oacute; su infinita capacidad de desdoblarse: &ldquo;Pasaba de ser un viejito simp&aacute;tico e inteligente a un demonio rabioso y resentido, incapaz de la menor coherencia&rdquo;. Seg&uacute;n Gumucio, Symns en The Clinic se dedicaba a parodiar sus reportajes de <em>Cerdos &amp; Peces </em>y a inventar entrevistas. &ldquo;Se rodeaba de grupos de rock que le repart&iacute;an un poco de coca&iacute;na a cambio de su triste espect&aacute;culo de adolescente revenido&rdquo;. Asegura que Symns se rob&oacute; la caja chica de <em>The Clinic</em>, pidi&oacute; que le pagaran millones por no hacer nada y &ldquo;hasta acos&oacute; periodistas&rdquo;. &ldquo;Luego supimos que otra periodista &mdash;muy talentosa&mdash; llevaba meses escribiendo las cr&oacute;nicas que cobraba &eacute;l sin darle ni un peso&rdquo;. Incluso las cr&iacute;ticas de filmes porno, que tambi&eacute;n firmaba, las escrib&iacute;a su proveedor de pel&iacute;culas.
    </p><p class="article-text">
        Fiel a su ADN autodestructivo, en poco tiempo Symns prendi&oacute; fuego a todo lo que hab&iacute;a edificado en Santiago: &ldquo;Del Liguria, bar en que lo trataban como a un dios pagano, fue expulsado al gritar a voz en cuello que el due&ntilde;o era tan cocain&oacute;mano como &eacute;l&rdquo; agrega Gumucio. Su recuerdo final llega con una imagen tan poderosa como lapidaria: &ldquo;Siempre me pareci&oacute; que su falta de dientes revelaba &mdash;en una persona que viv&iacute;a obsesionada por ganar plata a cualquier costa&mdash; una falta total de escr&uacute;pulos&rdquo;. Tras salir de <em>The Clinic</em>, Symns se instal&oacute; en la playa, en Vi&ntilde;a del Mar, pero gast&oacute; sus ahorros en coca&iacute;na. <strong>Le cortaron el gas, la luz, el agua. Dej&oacute; de comer y hasta de masturbarse. Pas&oacute;, sin escalas, de ser un conde a vivir como un mendigo.</strong> Lo rescat&oacute;, una vez m&aacute;s, un amigo que le pag&oacute; el pasaje de regreso a Buenos Aires. Fue la &uacute;ltima salvaci&oacute;n, el &uacute;ltimo descenso a los infiernos.
    </p><p class="article-text">
        * * *
    </p><p class="article-text">
        Symns estaba molesto la tercera y &uacute;ltima vez que nos encontramos en el mismo bar del barrio de Once, en Buenos Aires. Se mov&iacute;a inquieto en su silla, sin encontrar una posici&oacute;n c&oacute;moda. Comenz&oacute; a hablar del barrio en el que vive ahora, de los chicos que abren las puertas de los taxis y fuman paco (pasta base de coca&iacute;na), la nueva droga de la marginalidad bonaerense, tan atroz que en cuesti&oacute;n de meses destruye con la efectividad de una bala el cerebro de los que la consumen, y dijo que el paisaje de Buenos Aires lo hab&iacute;a sorprendido al regresar de la pesadilla chilena. &ldquo;Cuando volv&iacute; a Buenos Aires en el 2002 me encontr&eacute; con una ciudad desconsiderada, habitada por gente desalmada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un amigo lo rescat&oacute; y se lo llev&oacute; a El Bols&oacute;n, a la Patagonia, a escribir. All&iacute; escribi&oacute; <em>Big Bad City.</em> Ahora vive de algunos derechos de autor, de la participaci&oacute;n en un programa de radio y de algunas colaboraciones. En total, gana cerca de mil pesos por mes (trescientos d&oacute;lares). &ldquo;Por suerte las colaboraciones las voy cobrando de a poco, porque si no me las gastar&iacute;a en ya sab&eacute;s qu&eacute;. Vivo ac&aacute; a dos cuadras, en un departamento con tres tipos m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El departamento donde vive Symns con otros tres est&aacute; frente a los restos de Cromagnon, un local bailable de Buenos Aires que protagoniz&oacute; una de las tragedias m&aacute;s terribles de los &uacute;ltimos a&ntilde;os cuando, el 30 de diciembre de 2004, murieron como insectos ciento noventa y cuatro personas mientras escapaban del fuego desatado all&iacute; durante un concierto de rock. El gerente del lugar era <strong>Omar</strong> <strong>Chab&aacute;n</strong>, un empresario del underground argentino, que hoy est&aacute; preso. Como apoyo a ese hombre cada tanto Symns porta un sombrero que le perteneci&oacute;. Lo lleva con cierta arrogancia, cierta altivez, cierto aire de patriarca.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La vida baja cobardemente por la ladera, y es una mierda. Cuando era joven era un aventurero. Pero uno se acojona, y la vida odia el miedo. En la vida no basta con comer y dormir, falta sentir &eacute;xtasis. Y &eacute;sa es la peor derrota. Hace falta la intensidad de vivir. Bueno, yo creo que por eso mis amigos me evitan&rdquo;, confiesa finalmente. Symns se revuelve. Est&aacute; inc&oacute;modo. Hoy es un ser molesto y contrariado, un sujeto interrumpido y taciturno, con los ojos muertos.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Por qu&eacute; est&aacute;s tan inc&oacute;modo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Me pas&eacute; de tuerca. Me di con todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Pero por qu&eacute; te mov&eacute;s tanto?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Es que... es que me duele el culo. Tengo hemorroides y no me aguanto m&aacute;s. &iquest;Podemos terminar ac&aacute;? &iquest;No te molesta?
    </p><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a seguir hablando, preguntarle por qu&eacute; no puede parar. O por qu&eacute; parece destruir todo lo que construye: amistades, pactos, trabajos. Pero es una pregunta idiota: hace tiempo que lo viene respondiendo. Cada encuentro con &eacute;l se parece a un largo y afiebrado mon&oacute;logo, escrito como el epitafio de una tumba imprecisa. Symns se va. Y antes de irse me pregunta: &ldquo;Vos... &iquest;Tomaste coca&iacute;na alguna vez?&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Perantuono]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/conexiones/enrique-symns-maldicion-extremo-rebeldia_129_10041503.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Mar 2023 22:20:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Enrique Symns:  Maldición, extremo y rebeldía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Enrique Symns,Cerdos & Peces,The Clinic,Los Redonditos de Ricota,Andrés Calamaro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rey de Fiorito, pequeña historia audiovisual de Maradona]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/rey-fiorito-pequena-historia-audiovisual-maradona_1_8445388.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e35714e-8acd-4d72-9009-88adf65a6bea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rey de Fiorito, pequeña historia audiovisual de Maradona"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy, 30 de octubre, el futbolista cumpliría 61 años. Un recuerdo de su vida a través de los medios escrito por Pablo Perantuono y que fue publicado en Rey de Fiorito, crónicas políticas y sociales de la vida de Diego Maradona. Editado por Sipreba y Ediciones Carrascosa.</p></div><p class="article-text">
        Es la noche del 14 de octubre de 2009, y Argentina acaba de clasificarse para el Mundial de 2010 luego de derrotar 1 a 0 a Uruguay en Montevideo. El gol lo hizo Mario Bolatti, que de esa manera conoci&oacute; la gloria ef&iacute;mera universal.
    </p><p class="article-text">
        En conferencia de prensa, rodeado de ese clima ca&oacute;tico y magn&eacute;tico que tienen ese tipo de citas post partido, Diego Maradona, el pelo corto, dos relojes, un cansancio tan grande como su alivio, se seca la cara con una toalla azul y escucha las preguntas de los periodistas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya en sus primeras respuestas, deja un par de detalles rutilantes, frases que inmediatamente ser&aacute;n opacadas por lo que pasar&iacute;a despu&eacute;s, pero que revelaban el tono despechado de su discurso. Primero dijo que &ldquo;la mamen&rdquo; los que no confiaron en &eacute;l, y luego se neg&oacute; a denominar &ldquo;proceso&rdquo; su ciclo al frente del equipo porque &ldquo;le sonaba a Videla y Galtieri&rdquo;. Pero fue luego de la quinta pregunta que el 10, una vez m&aacute;s, incrust&oacute; otro momento maradoniano en la historia audiovisual vern&aacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Diego, aqu&iacute; Juan Carlos Pasman, estamos saliendo en vivo para Am&eacute;rica 24...
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Vos tambi&eacute;n Pasman &ndash;interrumpi&oacute; Diego, mir&aacute;ndolo fijo y moviendo la cabeza de arriba hacia abajo-, vos tambi&eacute;n la ten&eacute;s adentro.
    </p><p class="article-text">
        Y repiti&oacute;, enseguida:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;La ten&eacute;s adentro.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Pasman respondi&oacute; casi de inmediato, pero la oraci&oacute;n, como una flecha, ya hab&iacute;a sido disparada hacia el futuro, ya era parte de todos. Con esas tres palabras, Maradona volv&iacute;a a agrandar su antolog&iacute;a personal de frases c&eacute;lebres, esta vez a caballo de una construcci&oacute;n de innegables ribetes homof&oacute;bicos que le deb&iacute;a m&aacute;s al rencor y a la procacidad que al absurdo o al pensamiento lateral, como muchas otras que supo perge&ntilde;ar a lo largo de su vida. Ten&iacute;a, claro est&aacute;, la inapelable atracci&oacute;n de lo espont&aacute;neo, de haber sido pronunciada en vivo y de haber dado en el centro blando de cierta prensa deportiva amarilla con la que Diego se pele&oacute; o pact&oacute; de acuerdo a sus necesidades y &aacute;nimos.
    </p><p class="article-text">
        Pero ten&iacute;a algo m&aacute;s. Pronunciada hoy, vaciada de contenido por el uso y por el tiempo, convertida en sticker o en sigla (LTA), banalizada o directamente impugnada por incorrecta, la frase parece haber perdido el impacto que provoc&oacute; entonces. Porque por m&aacute;s que parezca ser deudora de cierto ingenio de arrabal, ese arrabal en el que abreva el f&uacute;tbol y en el que el sexo anal no es goce sino dolor y humillaci&oacute;n, la frase tiene el inefable copyright maradoniano. Y a&uacute;n cuando Diego la hubiese escuchado en alg&uacute;n&nbsp;rinc&oacute;n, hasta que sus labios no la pronunciaron en vivo no se populariz&oacute; y se convirti&oacute; en insulto o cargada masiva.
    </p><p class="article-text">
        Esa misma noche, Maradona hab&iacute;a entregado otra auto definici&oacute;n protot&iacute;pica, esas que pronunciaba lleno de orgullo: &ldquo;Yo soy blanco o negro: gris no voy a ser en mi vida&rdquo;. Junto con el de la pelota, es probable que Maradona no haya tejido un v&iacute;nculo m&aacute;s intenso que el que tuvo con los medios de comunicaci&oacute;n. Es imposible pensarlo sin ellos, imposible escindir su dimensi&oacute;n de estrella universal, de dios pagano, sin pasarlo por ese tamiz, ese artefacto omnisciente que muchas veces estableci&oacute; una relaci&oacute;n parasitaria o de vasallaje hacia con el crack, y que en otras funcion&oacute; como una plataforma celebratoria y redentoria o impiadosa y miserable, pero que estuvo delante o detr&aacute;s suyo desde los 15 a&ntilde;os, cuando era un potrillo enrulado lleno de candor y porvenir, hasta el mismo momento de su muerte, a los 60, cansado y oto&ntilde;al, con cuatro vidas encima.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Rey de Fiorito, el libro editado por Sipreba y Ediciones Carrascosa                            </span>
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        La foto transmite algo que asusta, que nos interpela y que nos revela lo monstruoso de la vida del crack (&iquest;Hubo alguien m&aacute;s retratado y asediado que &eacute;l en los &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os?). La foto, dec&iacute;amos, fue tomada en Zagreb, en noviembre de 2016, en ocasi&oacute;n de la final de la Copa Davis entre el local, Croacia, y Argentina, que finalmente ganar&iacute;a la serie y obtendr&iacute;a por primera vez el famoso trofeo ten&iacute;stico.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Maradona en Zagreb, en otra foto mítica y hecha por Bolavip"
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            <span class="title">
                Maradona en Zagreb, en otra foto mítica y hecha por Bolavip                            </span>
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        La imagen es a&eacute;rea y en ella, en el centro, tomado desde arriba, se distingue a Maradona ingresando al estadio, con varios custodios abri&eacute;ndole el paso. Alrededor, como part&iacute;culas &aacute;vidas por reunirse con su n&uacute;cleo, decenas de personas se agolpan sobre los contornos de su avance, intentando verlo, sacarle alguna foto o, acaso, capturar alguna parte de su mito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sobrecargada de significados, lo que genera estupor en la fotograf&iacute;a, lo que conforma una suerte de fresco expresionista, es ese soplo existencial que desprende la muchedumbre abism&aacute;ndose, ese clamor palpitante de brazos extendidos intentando captar la historia. La marcha de Maradona es como la marcha de un emperador, o como la manifestaci&oacute;n de un hito de nuestra civilizaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La leyenda cuenta que cuando Napole&oacute;n Bonaparte ingres&oacute; cabalgando sobre el suelo de Jena (Alemania), donde tendr&iacute;a lugar su triunfo final contra el ej&eacute;rcito prusiano (1806), Hegel, que ense&ntilde;aba en la universidad de esa ciudad, conmocionado por la presencia del mariscal franc&eacute;s al que vio pasar por su ventana, escribi&oacute;: &ldquo;He visto el esp&iacute;ritu montado a caballo&rdquo;. El fil&oacute;sofo alem&aacute;n hablaba de un hombre que encarnaba a su tiempo como nadie. Que era la representaci&oacute;n m&aacute;s acabada de su &eacute;poca. El de Zagreb era un&nbsp;Maradona crepuscular, cansado, que hac&iacute;a casi 20 a&ntilde;os que se hab&iacute;a retirado, pero que conservaba intacto el poder de resonancia que implicaba su irrupci&oacute;n en cualquier ciudad del mundo. Nadie sintetiz&oacute; la era del espect&aacute;culo como &eacute;l. Su reinado medi&aacute;tico se extendi&oacute; &ndash;en rigor, lo trasciende&ndash; hasta m&aacute;s all&aacute; del momento de su muerte.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La muerte de Maradona es investigada por la Justicia.                            </span>
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        Aunque con 12 a&ntilde;os ya hab&iacute;a sido motivo de breves notas en <em>El Gr&aacute;fico </em>y en la televisi&oacute;n, desde el mismo d&iacute;a de su debut la vida deportiva y personal de Maradona estuvo signada por la presencia de los medios de una manera infrecuente. La historia es conocida: Diego debut&oacute; en la Primera de Argentinos Juniors el mi&eacute;rcoles 20 de octubre de 1976 ante Talleres de C&oacute;rdoba, en un partido jugado en la cancha del primero y en el que ingres&oacute; en el segundo tiempo en reemplazo de Rub&eacute;n Giacobetti. En una de las primeras pelotas que toc&oacute; le lanz&oacute; un metamensaje al futuro: le hizo un ca&ntilde;o a Juan Domingo Cabrera, experimentado volante del rival. Fue curioso que el estadio en La Paternal estuviera repleto, sobre todo siendo la tarde de un d&iacute;a de semana, pero se debi&oacute;, en parte, a que Argentinos Juniors ven&iacute;a segundo en la tabla de posiciones y si ganaba llegaba a la cima, y en parte tambi&eacute;n a que Talleres, que sol&iacute;a ofrecer un f&uacute;tbol vistoso, ven&iacute;a jugando muy bien &ndash;estaba cuarto&ndash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s curioso a&uacute;n fue que al d&iacute;a siguiente, jueves, una imagen del partido, aunque no de Maradona, fuese la foto principal de la tapa del diario <em>Clar&iacute;n, </em>el de mayor tirada por entonces. Dentro del mismo medio, la cr&oacute;nica del partido, sin firma aunque escrita por Miguel Angel Bertolotto, entonces con 22 a&ntilde;os, ponderaba la habilidad del proyecto de crack y aseguraba: &ldquo;La entrada del chico Maradona le dio mayor movilidad al ataque, pero no fue la soluci&oacute;n para sellar en la valla cordobesa esa mayor tenencia del bal&oacute;n. Porque Maradona &ndash;un gran habilidoso&ndash; no tuvo con qui&eacute;n tocar. Sus intentos generalmente terminaron chocando contra la f&eacute;rrea marca de Talleres, quien en toda la segunda parte se dedic&oacute; a contragolpear&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como la expectativa del debut de Maradona hab&iacute;a despertado cierto inter&eacute;s en el ambiente del f&uacute;tbol, la cr&oacute;nica del partido en <em>El Gr&aacute;fico </em>-que sal&iacute;a los martes-, biblia del deporte en aquellos tiempos, fue escrita por H&eacute;ctor Vega Onesime, el director, quien adem&aacute;s estuvo acompa&ntilde;ado por tres periodistas m&aacute;s de la redacci&oacute;n, Ernesto Cherquis Bialo entre ellos. Durante el partido, que Argentinos perdi&oacute; 1-0, Diego se enfrent&oacute; a dos futuros compa&ntilde;eros suyos de la selecci&oacute;n con los que jugar&iacute;a el Mundial de Espa&ntilde;a 82, Luis Galv&aacute;n y Daniel Valencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Apenas diez d&iacute;as despu&eacute;s, Maradona cumpli&oacute; 16 a&ntilde;os y dos semanas m&aacute;s tarde, el 17 de noviembre de 1976, el mismo diario, a trav&eacute;s de su cronista estrella, Horacio Pagani, le realiz&oacute; el primer reportaje. &ldquo;Un sueno de barrilete&rdquo;, fue el t&iacute;tulo del art&iacute;culo, en el que un enrulado y sonriente Maradona, fotografiado en el entrenamiento, confesaba que llevaba la cuenta de sus goles pero tambi&eacute;n la de los ca&ntilde;os que met&iacute;a (dec&iacute;a que en su segundo partido le hizo uno a Am&eacute;rico Gallego, pero que el volante de Newell&rsquo;s enseguida se lo devolvi&oacute;), que su &iacute;dolo era Ricardo Bochini, que segu&iacute;a estudiando &ndash;estaba en 3er a&ntilde;o&ndash;, y que ten&iacute;a claro los peligros del v&eacute;rtigo, de ir muy r&aacute;pido: &ldquo;Pero no me voy a marear. Lo digo en serio. Tengo mucha gente que me aconseja bien. Estoy en tercer a&ntilde;o del comercial pero tal vez no pueda seguir por los entrenamientos. Yo quiero jugar a la pelota. Es algo que me sale de adentro...&rdquo;&nbsp;
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                Maradona durante uno de los últimos partidos dirigiendo a Gimnasia                            </span>
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        En el libro <em>Vivir en los medios</em>, su autor Leandro Zanoni cuenta los pormenores de lo que signific&oacute; una de las &ldquo;resurrecciones&rdquo; m&aacute;s notables de Maradona, aquella que se produjo cuando decidi&oacute; conducir su propio programa de TV, &ldquo;El show del 10&rdquo;, por Canal 13 en 2006.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o antes, en enero de 2005, Diego ingresaba caminando con mucha dificultad &ndash;de hecho, era asistido por dos personas&ndash;, al estadio Karaiskaki de Atenas, Grecia. Hab&iacute;a sido invitado para presenciar el duelo entre Olympiakos e Iraklis, y fue homenajeado y ovacionado en la mitad de la cancha. Pesaba 120 kilos y ten&iacute;a una mirada ausente, casi abstracta. Por el viaje, que incluy&oacute; una entrevista para una cadena de TV local, cobr&oacute; 80 mil d&oacute;lares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa era su vida por aquel entonces, con 44 a&ntilde;os: el consumo gastron&oacute;mico, el paseo de su leyenda por el mundo y la capitalizaci&oacute;n de aquel resplandor, cobrando la mayor&iacute;a de sus notas en los medios. Unos d&iacute;as antes, el diario deportivo franc&eacute;s <em>L&rsquo;Equipe</em>, cuyo prestigio period&iacute;stico es proporcional a su capacidad para demoler reputaciones, hab&iacute;a publicado una nota de casi 20 p&aacute;ginas en la que aseguraba que Maradona era el vago recuerdo de su mito. En el art&iacute;culo, el medio galo se preguntaba: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo ha podido este hombre, equivalente de Mozart o de Nietzsche, convertirse en ese payaso obeso que se exhibe cada cierto tiempo, pat&eacute;tico, con la esperanza de una paga irrisoria?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero a&uacute;n cuando nada en su cuerpo as&iacute; lo indicaba, el &iacute;dolo, unas semanas antes, hab&iacute;a comenzado un proceso de recuperaci&oacute;n que tuvo como primer paso una internaci&oacute;n en una cl&iacute;nica neuropsiqui&aacute;trica con el fin de terminar con su adicci&oacute;n a la coca&iacute;na. Dos meses m&aacute;s tarde de su atribulada aparici&oacute;n en Atenas, el astro se someti&oacute; a una&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        operaci&oacute;n de by pass g&aacute;strico que le extirp&oacute; el 80 por ciento de su est&oacute;mago. &ldquo;La cirug&iacute;a fue un &eacute;xito y a los pocos meses Maradona pesaba casi la mitad, aseguraba haber dejado las drogas y se lo notaba m&aacute;s l&uacute;cido. El primer milagro hab&iacute;a ocurrido&rdquo;, cuenta Zanoni en su libro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un pu&ntilde;ado de meses, Maradona, cuyo estado de &aacute;nimo iba en zaga con su nuevo esplendor, firm&oacute; un contrato con Boca Juniors para ser director deportivo (a cambio de US$ 1,5 millones), sigui&oacute; facturando por dar notas, fue contratado por la televisi&oacute;n inglesa para comentar la final de la Champions y hasta se dio tiempo para concurrir al Festival de Cannes, donde se fotografi&oacute;, con la costa azul a sus espaldas, junto al cineasta serbio Emir Kusturica, que filmaba un documental sobre su vida. Diego aseguraba que hab&iacute;a cambiado de h&aacute;bitos. Que ya no viv&iacute;a de noche. Que no se drogaba m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo aquello pareci&oacute; el preludio perfecto para la obra mayor de aquellos d&iacute;as: el anuncio de que conducir&iacute;a un programa propio. La noticia la dio Adri&aacute;n Suar, director art&iacute;stico de Artear, quien asegur&oacute; una producci&oacute;n monstruosa, a la altura del conductor: 260 personas, 14 c&aacute;maras, invitados internacionales, locaciones de lujo, pantallas gigantes, bailarines. &ldquo;La noche del 10&rdquo; fue emitido durante 13 lunes consecutivos a las 22, con picos de casi 40 puntos de rating. En &eacute;l, Diego no solo mostr&oacute; una figura envidiable&nbsp;sino, asesorado por especialistas, visti&oacute; ropa canchera y cool como pocas veces hab&iacute;a exhibido, y se mostr&oacute; encendido, sin edad, lleno de vida. Entrevist&oacute; a todo tipo de personajes ligados al deporte (de Pel&eacute; a Mike Tyson), jug&oacute; un f&uacute;tbol tenis con Messi y, en el cenit de un narcisismo solo tolerable en alguien de su talla y en alguien tan querido, se entrevist&oacute; a s&iacute; mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para el primer programa se mont&oacute; una carpa especial al lado del estudio para albergar a los casi 300 periodistas acreditados, muchos de otros pa&iacute;ses. Con las empresas del Grupo Clar&iacute;n a su disposici&oacute;n (el diario, Radio Mitre, TN, Canal 13, Ciudad Internet), Maradona no dej&oacute; pasar un solo d&iacute;a sin hacer declaraciones radiales, salir en tapas de diarios y revistas y asistir como invitado a los programas de televisi&oacute;n con m&aacute;s audiencia&rdquo;, escribi&oacute; Zanoni en el libro.&nbsp;
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                Maradona en su programa &quot;La noche del diez&quot; cuando se entrevistó a sí mismo.                            </span>
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        Aquel fue un Maradona &ldquo;fit&rdquo;: un ejemplo de adecuaci&oacute;n, para utilizar el argot que se us&oacute; durante el debate de la ley de, justamente, Medios. Pero tambi&eacute;n, por qu&eacute; no, fue un Maradona pasteurizado y sobre-guionado, un Maradona que hab&iacute;a perdido la ferocidad y el filo, su costado iconoclasta. Diego siempre fue Diego por su incomodidad con cierto establishment pero ahora, y no fue la &uacute;nica vez que se usaron mutuamente, era su planta nuclear, un Atocha del mismo sistema. Hist&oacute;ricamente, su combustible hab&iacute;a sido la bronca &ndash;justificada o no&ndash; con las situaciones que &eacute;l consideraba injustas, esas que le disparaban su astucia oral m&aacute;s procaz, visceral y fresca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Diego era un abonado al drama. Ahora, ataviado con sacos de corte italia&ntilde;os y pantalones chupines, Diego sonre&iacute;a a las c&aacute;maras sacudiendo el rating y atrayendo anunciantes pero, tambi&eacute;n, generando cierto clima artificial, la sensaci&oacute;n de espect&aacute;culo montado.
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                Una de las fotos típicas de Maradona                            </span>
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        Mucho tiempo despu&eacute;s, el mismo Suar relatar&iacute;a algunas de las particularidades que tuvo esa trepidante asociaci&oacute;n art&iacute;stica que tanto &eacute;l como Pablo Codevilla, su subalterno y amigo, mantuvieron con Maradona durante esos meses. Algunas an&eacute;cdotas incluyen detalles de ribetes disparatados. Con todo armado para el inicio del ciclo, dos d&iacute;as antes, Claudia Villafa&ntilde;e, que fue una de las productoras del programa, lo llam&oacute; a Suar para decirle que Diego no lo quer&iacute;a hacer. Al borde del colapso nervioso, Suar se fue volando a la casa de Maradona en Devoto junto a Codevilla en su auto. Cuando llegaron, ninguno de los dos se animaba a bajar. Con el tiempo agot&aacute;ndose, Suar finalmente lo hizo, toc&oacute; el timbre, pero no lo atendieron. Volvi&oacute; a tocar y nada. Suar mir&oacute; hacia una de las ventanas y not&oacute; que detr&aacute;s de una de las persianas hab&iacute;a una sombra. Decidi&oacute; acercarse, pero del otro lado la bajaron del todo. En el barrio no hab&iacute;a nadie. Suar volvi&oacute; al auto. Mientras hablaba con Codevilla, notaron que Maradona hab&iacute;a salido por otra puerta y, montado a su camioneta, se hab&iacute;a escapado. No sab&iacute;an qu&eacute; hacer, y decidieron esperar ah&iacute;. Ten&iacute;a que volver. As&iacute; ocurri&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Una hora y media despu&eacute;s, les toc&oacute; la ventanilla. Suar logr&oacute; sentarse a hablar. &ldquo;Diego estaba asustado &ndash;relat&oacute; el productor&ndash;, sent&iacute;a que no lo pod&iacute;a hacer y lo manifest&oacute; fug&aacute;ndose. Le hab&iacute;a agarrado p&aacute;nico esc&eacute;nico&rdquo;. Hoy, casi 15 a&ntilde;os despu&eacute;s, es v&aacute;lido observar aquello como la manera que encontr&oacute; el astro, en su desesperaci&oacute;n y en su deseo, para ponerse un reto delante y volver a ser admitido en los salones en los que su nombre, por origen, modos y consumos, era vilipendiado. &iquest;Era necesario que fuese tan brutal ese viraje? Acaso como har&iacute;a Jorge Lanata poco tiempo despu&eacute;s, otro excesivo medi&aacute;tico de origen plebeyo, fue un contrato de complicidad por necesidades mutuas. Lo de Lanata con el grupo Clar&iacute;n dura hasta hoy y adquiri&oacute; ribetes insospechados, a veces absurdos; Maradona, en cambio, coment&oacute; el Mundial de Brasil 2014 para Telesur, con Rafael Correa y V&iacute;ctor Hugo Morales en la misma mesa. Como tantas otras veces, aquel episodio con Canal 13 llev&oacute; a&ntilde;adido, entre sus pliegues, iguales dosis de originalidad, dinero y pulsi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como su vida misma.&nbsp;
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            <span class="title">
                Las tapas de los diarios del mundo anunciaron la muerte de Diego Maradona                            </span>
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        Hay varios pasajes del notable documental &ldquo;Maradona&rdquo;, de Asif Kapadia, que forman parte de la antolog&iacute;a absoluta de grandes escenas del crack. Uno de esos pasajes est&aacute; en el comienzo mismo: una c&aacute;mara lo acompa&ntilde;a apenas unos metros detr&aacute;s durante el mediod&iacute;a de su llegada a N&aacute;poles. Es una largu&iacute;sima secuencia en la que es posible intuir, por primera vez, la pasi&oacute;n, el caos y la desmesura que lo acompa&ntilde;ar&iacute;a en toda esa fase, la fase del imperio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No solo se escucha el rugido &ndash;como el soundtrack de un Coliseo&ndash; de las 50 mil personas que colman el San Paolo y que esperan por &eacute;l, tambi&eacute;n se percibe el temperamento y el ecosistema an&iacute;mico de la ciudad, su simp&aacute;tica hostilidad, sus maneras exageradas de amar, tan af&iacute;n a cualquier argentino, tan af&iacute;n a Maradona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay otros tramos conmovedores, e incluso una de las fotos que se eligi&oacute; para promocionar el documental simboliza muy bien aquella zozobra que desat&oacute; su llegada: Diego se asoma por el t&uacute;nel del San Paolo vestido de jogging y una constelaci&oacute;n de fot&oacute;grafos &ndash;una arquitectura humana de cuerpos contorne&aacute;ndose&ndash; lo espera gatillando sus m&aacute;quinas, excitados por retratar ese instante. &iquest;C&oacute;mo es posible afrontar y procesar todo aquello sin que el esp&iacute;ritu &ndash;volviendo a Hegel&ndash; se profane, sin que una parte de la personalidad confunda ese minuto con lo eterno?
    </p><p class="article-text">
        Pero hay un aspecto, medular y jugoso, que abrig&oacute; el documental que, como suele ocurrir, no est&aacute; incluido en &eacute;l, y fue la relaci&oacute;n particular que entabl&oacute; el director, el prestigioso Asif Kapadia, con el mism&iacute;simo Diez. Kapadia, c&eacute;lebre por sus notables pel&iacute;culas sobre Ayrton Senna y Amy Winehouse &ndash;por el que obtuvo un Oscar&ndash;, le escribi&oacute; al entorno de Maradona para tratar de entrevistarlo. Les inform&oacute; que ya hab&iacute;a hablado con una de sus hermanas &ndash;un logro que muy pocos periodistas consiguieron&ndash;, con Claudia Villafa&ntilde;e y con algunos otros personajes de su entorno. Ya hab&iacute;a estado en N&aacute;poles y en Villa Fiorito. Ya hab&iacute;a escudri&ntilde;ado en la oce&aacute;nica bibliograf&iacute;a del crack. Enterado de todo eso, Diego, que dirig&iacute;a en Dubai por aquel entonces, acept&oacute; el reportaje.
    </p><p class="article-text">
        A Maradona, seg&uacute;n cont&oacute; el mismo director, le hab&iacute;a gustado el film sobre Senna. Kapadia, que viv&iacute;a en Londres, sopes&oacute; qu&eacute; hacer: o viajaba con un equipo chico de gente, intentando que ese fuera el primero de una serie de encuentros, o, por las dudas, volaba hacia Oriente con un staff m&aacute;s nutrido por la posibilidad de que aquello fuera un &ldquo;one shot&rdquo;, una sola chance para la cual hab&iacute;a que tener la gente y los &ldquo;fierros&rdquo;. Despu&eacute;s de cavilar, se decidi&oacute; por esta &uacute;ltima opci&oacute;n, llegando a Dubai con siete personas m&aacute;s. El equipo, que inclu&iacute;a a los productores ejecutivos del proyecto -o sea, los que consiguen el financiamiento-, se hosped&oacute; en un hotel cinco estrellas. Tras siete d&iacute;as de espera, y con un asistente de Diego asegur&aacute;ndoles en vano que el astro los atender&iacute;a en cualquier&nbsp;momento, el plantel se hab&iacute;a gastado todo el presupuesto en el bar del hotel, entre horas muertas e incertidumbre.
    </p><p class="article-text">
        Pero de Maradona ni se&ntilde;ales. Casi resignado, Kapadia hizo su jugada maestra. Le dijo a un asistente del astro que necesitaba verlo al menos 5 minutos para darle el p&oacute;ster del film que hab&iacute;a dise&ntilde;ado especialmente para el encuentro. As&iacute; ocurri&oacute;. Dos d&iacute;as m&aacute;s tarde, Diego, que sol&iacute;a despertarse todos los d&iacute;as cerca de las 5 de la tarde, se encontr&oacute; con Kapadia a esa hora. Mientras desayunaba en el bar del hotel, le estrech&oacute; la mano y acept&oacute; el p&oacute;ster. Cuando se desped&iacute;an, Maradona le asegur&oacute; que lo atender&iacute;a cuatro d&iacute;as m&aacute;s tarde y le se&ntilde;al&oacute;, prof&eacute;tico, que el ingl&eacute;s har&iacute;a un gran documental.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente Kapadia volvi&oacute; a Londres con su equipo, para volver otra vez a Dubai esta vez solo en compa&ntilde;&iacute;a de una asistente-traductora. Durante todo ese tiempo de espera, el ingl&eacute;s entendi&oacute; en profundidad la imprevisible naturaleza del crack. Se arm&oacute; de paciencia.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una imagen del velatorio en la Casa Rosada                            </span>
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        Y volvi&oacute; a la carga. Al segundo d&iacute;a de su regreso lo invitaron a la casa-habitaci&oacute;n en la que viv&iacute;a el crack. Cuando lleg&oacute;, Diego miraba a Boca por televisi&oacute;n. Kapadia se sent&oacute; y acept&oacute; una taza de caf&eacute; bien negro. El crack no parec&iacute;a en buena forma. &ldquo;Estaba como medicado&rdquo;, contar&iacute;a el director en el diario brit&aacute;nico <em>The Guardian</em>. La situaci&oacute;n no era la ideal. Para peor, Kapadia no eligi&oacute; el mejor tema para iniciar la charla: le pregunt&oacute; por Jorge Cyterszpiler, primer representante de Maradona, suicidado unas semanas antes, con quien el crack, luego de separarse unos treinta a&ntilde;os atr&aacute;s, nunca m&aacute;s volvi&oacute; a contactarse. &ldquo;No quiero hablar de &eacute;l, me rob&oacute; dinero&rdquo;, respondi&oacute; Diego, mientras segu&iacute;a mirando el partido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El clima era de tensi&oacute;n. Kapadia deb&iacute;a actuar r&aacute;pido. Finalmente, obviando la formalidad inglesa y hasta lo aconsejable para una entrevista de calidad, decidi&oacute; sentarse en el suelo, al lado del sill&oacute;n de Maradona. Crey&oacute; que de esa forma, imposibilitado de hacer contacto visual con el entrevistado, estar&iacute;a lo m&aacute;s cerca posible de &eacute;l, lograr&iacute;a alg&uacute;n tipo mayor de intimidad. Diego apenas percibi&oacute; el cambio de posici&oacute;n del ingl&eacute;s, quien, sentado, ten&iacute;a en primer plano la pierna izquierda del crack quien, como casi siempre, estaba en pantal&oacute;n corto. Entonces a Kapadia, el ya afamado director, el hombre que hab&iacute;a desentra&ntilde;ado las vidas de legendarios m&aacute;rtires de la cultura contempor&aacute;nea como Senna y Winehouse, le ocurri&oacute; algo en apariencia absurdo, pero que, trat&aacute;ndose de Maradona, no parece tal: comenz&oacute; a sentir un deseo irrefrenable de tocarle el pie, el famoso pie izquierdo. &ldquo;Me he encontrado con muchas estrellas a trav&eacute;s de los a&ntilde;os, pero nunca hab&iacute;a tenido la necesidad de tocarlas. El, en cambio, me gener&oacute; una alocada necesidad de hacerlo. Mi siguiente pregunta fue: &iquest;es este el tobillo que Goikoetxea te quebr&oacute;? Y entonces le tom&eacute; el tobillo&rdquo;. El resultado fue el previsible:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Diego, a quien no le gusta que lo toquen, le pate&oacute; la mano a Kapadia, que con su mano choc&oacute; contra el micr&oacute;fono que estaba a su lado. &ldquo;S&eacute; que fue muy poco profesional lo m&iacute;o, pero no pude evitar hacerlo&rdquo;, cont&oacute; el cineasta.
    </p><p class="article-text">
        Desprovisto de los clich&eacute; y, mucho menos, de la cartograf&iacute;a habitual que el periodismo deportivo sol&iacute;a utilizar en los mano a mano con Maradona &ndash;ese contrato t&aacute;cito que implica no incomodarlo&ndash;, Kapadia insisti&oacute; para tener otro encuentro, el &uacute;ltimo. Como solo hab&iacute;a recibido respuestas vagas, en esa nueva reuni&oacute;n quiso ir a fondo y evitar las dilaciones y los eufemismos. &ldquo;Diego, no me interesa que me hables de la FIFA o de Blatter, estoy interesado en que me cuentes por qu&eacute; nunca reconociste a tu hijo&rdquo;, le aclar&oacute;. Esta vez Maradona s&iacute; hizo contacto visual, es m&aacute;s, de su mirada se desprendi&oacute; un rel&aacute;mpago: &ldquo;Qu&eacute; coraje... &iquest;Qui&eacute;n te crees que sos? Nadie se atreve a hablarme a m&iacute; de esa manera&rdquo;. Se hizo un silencio inc&oacute;modo, que Kapadia no sab&iacute;a c&oacute;mo mitigar. Hasta que Diego volvi&oacute; a hablar: &ldquo;Por eso es que te respeto. La mayor&iacute;a de la gente no tiene el coraje de hacerme esas preguntas en mi cara, lo hacen a mis espaldas&rdquo;. Fue la &uacute;ltima vez que hablaron.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Unos meses despu&eacute;s, Kapadia estrenar&iacute;a el documental y volver&iacute;a a ser aclamado por su talento. Su Maradona fue uno de los mejores retratos que se hizo del Diez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>PP</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Perantuono]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/rey-fiorito-pequena-historia-audiovisual-maradona_1_8445388.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Oct 2021 04:21:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rey de Fiorito, pequeña historia audiovisual de Maradona]]></media:title>
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