<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Carla Yumatle]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/carla-yumatle/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Carla Yumatle]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/author/1036865/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Educación pública “a la carta”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/educacion-publica-carta_129_9768342.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/207762e2-4614-4e57-ae9d-b9098b237160_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Educación pública “a la carta”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A propósito de recientes cuestionamientos de un senador bonaerense a los contenidos de la educación sexual integral (ESI), la autora sostiene que en una democracia liberal, la obligación del Estado de formar ciudadanos democráticos debe implementarse aun en oposición a los ideales morales particulares de sus padres.</p></div><p class="article-text">
        El senador y candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires, Joaqu&iacute;n de la Torre, se manifest&oacute; en un programa televisivo en contra de los contenidos vigentes de la &ldquo;educaci&oacute;n sexual integral&rdquo; (ESI). <strong>Seg&uacute;n de la Torre, el problema no es la ESI en s&iacute; misma sino su sesgo ideol&oacute;gico.</strong> Los contenidos de la ESI son reprochables porque ense&ntilde;an, por ejemplo, que los varones pueden usar pollera, que la ropa no tiene sexo y que los hombres pueden ser madres. Como estas posiciones le parecen moralmente aberrantes, el senador reivindica el derecho de los padres a <strong>elegir qu&eacute; temas se les ense&ntilde;an a sus hijos en la escuela p&uacute;blica</strong>. En las palabras del legislador: &ldquo;Que la educaci&oacute;n sea p&uacute;blica no quiere decir que los padres no tengan el derecho a elegir qu&eacute; cosas aceptan se les ense&ntilde;e a sus hijos&rdquo;. La ESI &ldquo;no respeta lo que <em>yo</em> creo le tengo que ense&ntilde;ar a mis hijos&rdquo; y por lo tanto el Estado infringe &ldquo;el derecho primero del padre [sic] a elegir qu&eacute; educaci&oacute;n le da a sus hijos&rdquo;. En otras palabras, de la Torre brega por cambiar el contenido de la ESI o, tal vez, admitir excepciones a la curr&iacute;cula p&uacute;blica si los padres objetan su contenido. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La posici&oacute;n del senador pone de relieve una tensi&oacute;n importante que surge en el seno de las democracias liberales: <strong>el respeto por la diversidad social vs. los requerimientos de una ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica. </strong>Para entender las limitaciones de su posici&oacute;n, sugiero evaluar, en primer lugar, el prop&oacute;sito de la educaci&oacute;n p&uacute;blica en un r&eacute;gimen democr&aacute;tico. Una vez definida su funci&oacute;n, podemos dilucidar qu&eacute; contenidos pedag&oacute;gicos y excepciones estar&iacute;an justificados. El punto de inicio no es, como sugiere el senador, &ldquo;el derecho primero del padre&rdquo; que no constituye ni una figura moral ni jur&iacute;dica v&aacute;lida. Por el contrario, la pregunta central del debate refiere a la <em>obligaci&oacute;n</em> del Estado, es decir,<strong> &iquest;cu&aacute;l es el prop&oacute;sito que el Estado debe consagrar en una comunidad democr&aacute;tica a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n p&uacute;blica? </strong>La respuesta a esta pregunta, creo yo, sirve precisamente para delimitar y justificar los contenidos y las excepciones que se admiten a la ense&ntilde;anza p&uacute;blica. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las democracias liberales, la educaci&oacute;n c&iacute;vica estatal tiene un prop&oacute;sito fundamental: <strong>formar ciudadanos democr&aacute;ticos.</strong> Esto es, la ense&ntilde;anza p&uacute;blica debe preparar a los y las alumnas para ejercer los derechos y las responsabilidades que exige la ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica. Dado que el liberalismo pol&iacute;tico no s&oacute;lo impone l&iacute;mites al uso del poder estatal sino tambi&eacute;n a las demandas de los ciudadanos, esa obligaci&oacute;n que el Estado cumple a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n debe implementarse <em><strong>aun en oposici&oacute;n a los ideales morales particulares de sus padres.</strong></em><em> </em>Que ciertas ideas le parezcan moralmente repudiables a algunos ciudadanos<strong> no constituye necesariamente un fundamento </strong>para modificar los contenidos de la educaci&oacute;n inclusiva que el Estado debe instrumentar. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si las aulas cumplen una funci&oacute;n irremplazable en promover el ideal ciudadano democr&aacute;tico en el que todos, como adultos, podemos reconocernos, cuando el Estado se expresa debe hacerlo precisamente<strong> fortaleciendo el ideal de una sociedad plural y diversa</strong>. Por lo tanto, a la inversa de lo que sugiere el senador, el contenido de la ense&ntilde;anza p&uacute;blica no se dirime en la l&oacute;gica &ldquo;mi derecho, contra tu derecho&rdquo;. El pluralismo de valores que se imparte a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n p&uacute;blica se ajusta a los imperativos c&iacute;vico-democr&aacute;ticos consagrados en las leyes vigentes, es decir, en relaci&oacute;n a los consensos democr&aacute;ticos que logra la comunidad pol&iacute;tica independientemente de las concepciones del bien que defienda cada uno de los individuos. Dicho de otro modo,<strong> los l&iacute;mites de la pluralidad del Estado est&aacute;n dados por las leyes aprobadas por los representantes de la voluntad popular.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En nuestro pa&iacute;s, los contornos normativos de la ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica relacionados a los contenidos de la ESI est&aacute;n definidos, entre otras, por las <strong>leyes de identidad de g&eacute;nero, el matrimonio igualitario y el acceso al aborto libre y gratuito</strong>. El Estado, a trav&eacute;s de la ense&ntilde;anza p&uacute;blica, debe garantizar que los ciudadanos incorporen el respeto por todos aquellos que decidan organizar sus vidas y sistemas de creencias de acuerdo a las leyes vigentes y as&iacute; lograr la integraci&oacute;n entre los ciudadanos que conviven democr&aacute;ticamente. &iquest;De qu&eacute; manera vamos a interactuar respetuosamente entre personas adultas si el Estado no fomenta a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n la discusi&oacute;n de estas ideas o permite la opci&oacute;n de salida a todos aquellos que les parezca moralmente reprochable vivir seg&uacute;n las leyes aprobadas colectivamente? De la Torre confunde voluntad popular con sesgo ideol&oacute;gico y omite ver que la democracia requiere que los alumnos est&eacute;n efectivamente expuestos, en su etapa formativa<strong>, a la misma diversidad de ideas que encontrar&aacute;n en la cultura pol&iacute;tica democr&aacute;tica </strong>como ciudadanos adultos y portadores de derechos y obligaciones. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De la Torre confunde tambi&eacute;n debate con adoctrinamiento. La exposici&oacute;n a la multiplicidad de valores que se da en las aulas (en cualquier nivel educativo), no nos transforman autom&aacute;ticamente en defensores ni adherentes de esas ideas.<strong> La educaci&oacute;n p&uacute;blica no deber&iacute;a promover que m&aacute;s varones usen pollera; pero s&iacute; inculcar el respeto por aquellos que decidan hacerlo.</strong> Confrontar, conocer, debatir acerca de los diferentes modos de vida consagrados legalmente a trav&eacute;s del consenso democr&aacute;tico constituye un pre-requisito para la ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica. La integraci&oacute;n social que se manifiesta tanto en el debate p&uacute;blico como en las contrataciones en el sector privado, la administraci&oacute;n p&uacute;blica o la justicia se ense&ntilde;a, en primer lugar, en las escuelas. Si permiti&eacute;ramos excepciones a cada una de las familias con sistemas de creencias en conflicto, <strong>&iquest;cu&aacute;ntas excepciones permitir&iacute;amos?</strong> &iquest;Y de qu&eacute; manera construir&iacute;amos el ideal de ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica que el Estado debe encarnar?
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un caso paradigm&aacute;tico, Mozert v. Hawkins, la Corte Suprema de Estados Unidos, en consonancia con el tribunal de apelaci&oacute;n, fall&oacute; en contra del pedido de excepci&oacute;n que la familia Mozert demandaba para que sus hijos no asistieran a la clase de educaci&oacute;n c&iacute;vica donde se impart&iacute;an conocimientos que, seg&uacute;n ellos, interfer&iacute;an con el libre ejercicio de la religi&oacute;n de su familia. Una de las objeciones de la familia Mozert era que, al equiparar distintos tipos de religiones, se denigraba la verdad de sus espec&iacute;ficas creencias religiosas. Al igual que de la Torre, la familia Mozert no quer&iacute;a imponer sus ideas sobre otros ni desafiaban la validez de la educaci&oacute;n p&uacute;blica. A diferencia de de la Torre, quien brega por cambiar los contenidos de la ESI, esta familia s&oacute;lo requer&iacute;a que sus hijos fueran eximidos de esa &uacute;nica materia. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; no admitir una &ldquo;tolerancia a la carta&rdquo; en la educaci&oacute;n p&uacute;blica de acuerdo al criterio moral de cada familia? Despu&eacute;s de todo, gozamos del derecho constitucional de prescindir por completo de la ense&ntilde;anza estatal y elegir, en cambio, la educaci&oacute;n privada y/o religiosa. &iquest;Por qu&eacute; no permitir, entonces, que los alumnos contin&uacute;en en la escuela p&uacute;blica pero seleccionando los contenidos seg&uacute;n las creencias morales de cada familia? La raz&oacute;n es que <strong>el Estado debe hacer cumplir una obligaci&oacute;n</strong>, esto es, instalar a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n un ideal de ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica que exprese el respeto (no la coincidencia ideol&oacute;gica ni la adhesi&oacute;n) por todos aquellos que deseen vivir seg&uacute;n las leyes consagradas por la voluntad popular. La ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica se ejerce no s&oacute;lo con derechos sino tambi&eacute;n con obligaciones. El ejercicio del respeto c&iacute;vico no es una opci&oacute;n a discreci&oacute;n que ofrece el Estado. M&aacute;s bien,<strong> es su obligaci&oacute;n garantizarlo y la ense&ntilde;anza p&uacute;blica es tal vez el mecanismo m&aacute;s valioso</strong> para la socializaci&oacute;n temprana de ese respeto democr&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>CC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Yumatle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/educacion-publica-carta_129_9768342.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Dec 2022 03:02:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/207762e2-4614-4e57-ae9d-b9098b237160_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="83694" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/207762e2-4614-4e57-ae9d-b9098b237160_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="83694" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Educación pública “a la carta”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/207762e2-4614-4e57-ae9d-b9098b237160_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[ESI,Educación sexual integral,Educación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La anarquía de lo público]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anarquia-publico_129_9627019.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/47ae266c-4562-4f4a-86f6-408b180febf3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La anarquía de lo público"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para la autora, asistimos al abandono de lo público por parte de la política democrática que no ha sido incapaz de proveer bienes públicos fundamentales o articular un discurso  inclusivo en la diferencia. Y la esfera pública, asegura, ha sido progresivamente intervenida por actores y prácticas autoritarias.</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos meses, la esfera p&uacute;blica local ha sido escenario de eventos con implicancias dis&iacute;miles que, sin embargo, han capturado la atenci&oacute;n de una parte significativa de la ciudadan&iacute;a. Desde el estremecedor y lamentable intento de asesinato a la vice-presidenta Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner, hasta el destrato jactancioso por parte de la propietaria de una camioneta cuatro por cuatro a un encargado de edificio, pasando por la toma de las escuelas p&uacute;blicas en la ciudad, la adhesi&oacute;n de pol&iacute;ticos vern&aacute;culos a agrupaciones pol&iacute;ticas de extrema derecha en Italia, Espa&ntilde;a y Brasil y la represi&oacute;n policial indiscriminada en la provincia de Buenos Aires durante un partido de f&uacute;tbol al que asistieron familias enteras con menores de edad. A pesar de sus enormes e insoslayables diferencias, todos estos eventos confluyen en un punto.<strong> Iluminan, con mayor o menor grado, un tr&aacute;gico y prolongado proceso de abandono de &ldquo;lo p&uacute;blico&rdquo; por parte de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica. </strong>
    </p><p class="article-text">
        El r&eacute;gimen pol&iacute;tico democr&aacute;tico se define por sus elecciones libres y competitivas y ciertas garant&iacute;as constitucionales b&aacute;sicas. Pero en una mirada m&aacute;s amplia, la democracia como ordenamiento social presupone una concepci&oacute;n espec&iacute;fica de &ldquo;lo p&uacute;blico&rdquo; organizado en base a una &eacute;tica igualitaria. Es decir, lo p&uacute;blico concebido democr&aacute;ticamente refiere a<strong> pautas de reciprocidad y respeto que nos identifican m&aacute;s all&aacute; de las diferencias de clase, g&eacute;nero, e ideolog&iacute;as.</strong> Implica, entre otras cosas, la existencia de bienes, servicios, espacios, instituciones, discursos y s&iacute;mbolos atados a la promesa siempre latente de inclusi&oacute;n social. En todas sus encarnaciones, el espacio p&uacute;blico es el lugar donde internalizamos un sentimiento y una disposici&oacute;n&mdash;el respeto c&iacute;vico&mdash;fundado en la idea de que el ordenamiento pol&iacute;tico democr&aacute;tico lo construimos y sostenemos entre todos. Desde la escuela, el transporte, la plaza, la calle, la urna e inclusive el lugar de trabajo, la &eacute;tica democr&aacute;tica requiere un cuidado y respeto entre ciudadanos en virtud de compartir las cargas y beneficios sociales, los derechos y las obligaciones que sostienen nuestra sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La interacci&oacute;n democr&aacute;tica<strong> presupone virtudes c&iacute;vicas que no se despliegan necesariamente en otros reg&iacute;menes pol&iacute;ticos</strong>. Por ejemplo, pensadores como Burke y Tocqueville observaron, con distintas luces, que las virtudes aristocr&aacute;ticas son diferentes e incompatibles con las de una democracia. Ciertamente, &ldquo;nobleza obliga&rdquo; no es el principio &eacute;tico rector en una comunidad pol&iacute;tica de iguales. Las expectativas t&aacute;citas de respeto conciudadano democr&aacute;tico no derivan ni del paternalismo, ni de la indiferencia, ni de la caridad de clase, mucho menos del odio o el resentimiento. Por el contrario, <strong>la esfera p&uacute;blica democr&aacute;tica es el &aacute;mbito cotidiano de la socializaci&oacute;n de la igualdad pol&iacute;tica</strong>. En este sentido, lo p&uacute;blico no es solamente un espacio com&uacute;n transitable por todos. La construcci&oacute;n democr&aacute;tica refiere a sentidos colectivos y compartidos, a una &eacute;tica del cuidado, que presupone una causa y un proyecto com&uacute;n. Es una forma de experiencia colectiva que define nuestra subjetividad pol&iacute;tica. Dicho de otro modo, en democracia, lo p&uacute;blico establece fronteras colectivas a nuestra individualidad ciudadana. 
    </p><p class="article-text">
        Como tal, el espacio p&uacute;blico es el marco para dirimir desacuerdos acerca de qu&eacute; bienes p&uacute;blicos queremos proveer como sociedad y as&iacute; delimitar, moral y simb&oacute;licamente, la estima rec&iacute;proca entre ciudadanos. Para ello, la pol&iacute;tica se organiza a trav&eacute;s de sus l&iacute;deres, partidos, y agrupaciones para que esos debates&mdash;siempre &aacute;lgidos e inerradicables&mdash;se den dentro de par&aacute;metros de respeto que consagren el ideal igualitario. <strong>Sin embargo, hace a&ntilde;os que la pol&iacute;tica argentina, cansina, desgastada, descre&iacute;da y carente de un proyecto com&uacute;n, ha perdido eficacia en instalar pautas democr&aacute;ticas para dirimir diferencias.</strong> Cada vez m&aacute;s, asistimos al abandono de lo p&uacute;blico por parte de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica que, gradualmente, ha sido incapaz de proveer bienes p&uacute;blicos fundamentales o articular un discurso que nos incluya en la diferencia. Con la pol&iacute;tica democr&aacute;tica en retirada, asistimos, lamentablemente, a la <em>anarqu&iacute;a de lo p&uacute;blico</em>. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; sucede cuando &ldquo;lo p&uacute;blico&rdquo; no es organizado democr&aacute;ticamente? Como los memes de la pandemia que mostraban manadas de animales apropi&aacute;ndose de los espacios urbanos despojados de un orden que les impidiera ingresar,<strong> la esfera p&uacute;blica hoy ha sido progresivamente intervenida por actores con inclinaciones y pr&aacute;cticas autoritarias.</strong> Miramos at&oacute;nitos como un grupo de j&oacute;venes sin claridad ideol&oacute;gica, motivados por un resentimiento sin rumbo ni destino, toman la arena p&uacute;blica para asesinar a una vice-presidenta democr&aacute;tica; o c&oacute;mo una mujer, recostada en su cuatro por cuatro, se ufan&oacute; menospreciando a un trabajador en la v&iacute;a p&uacute;blica; o las estridencias e insultos de Milei destruyendo las pautas m&iacute;nimas de decencia c&iacute;vica; o el Estado, que en lugar de imponerse a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n, se impone con su fuerza represiva en un espect&aacute;culo familiar. A pesar de sus marcadas diferencias, cada una de estas instancias<strong> nos impacta no s&oacute;lo por los gritos o el maltrato o el descuido o el sonido del tiro que nunca sali&oacute;, sino porque dejan al desnudo la retirada democr&aacute;tica del espacio p&uacute;blico. </strong>
    </p><p class="article-text">
        La democracia no se hace entre extra&ntilde;os que nunca interactuaron en escuelas, barrios, marchas, o espect&aacute;culos callejeros. Sin embargo, cada vez m&aacute;s la opci&oacute;n de &ldquo;exit&rdquo; del espacio p&uacute;blico es la estrategia predominante. <strong>Nos recluimos y amparamos en ghettos de consumo, barrios, viajes, educaci&oacute;n, cultura, y acceso a servicios b&aacute;sicos como la salud y la seguridad. </strong>Abandonamos de distintas formas aquello que nos une&mdash;y que es imprescindible para mantenernos unidos. La utop&iacute;a libertaria consiste precisamente en privatizar lo p&uacute;blico para que emerja espont&aacute;neamente un orden social de cooperaci&oacute;n entre individuos ego&iacute;stas motivados por sus propios intereses. Pero en lugar de la magia que transforma ese vicio individual en virtudes p&uacute;blicas, el abandono democr&aacute;tico<strong> ha dejado atr&aacute;s una estela nihilista de j&oacute;venes reactivos que irrumpen en un escenario p&uacute;blico an&aacute;rquico.</strong> Una generaci&oacute;n que toma por asalto la vida p&uacute;blica&mdash;los escombros democr&aacute;ticos de los comunes&mdash;que nosotros no supimos cuidar debidamente.
    </p><p class="article-text">
        La apropiaci&oacute;n de lo p&uacute;blico con fines privados y sectarios no consiste s&oacute;lo en la malversaci&oacute;n de fondos p&uacute;blicos. Es tambi&eacute;n el uso indebido de lo p&uacute;blico con fines facciosos&mdash;nuestros discursos, instituciones, e ideales puestos al servicio de un proyecto de poder individual. El uso y abuso de instituciones y s&iacute;mbolos pilares de nuestro r&eacute;gimen pol&iacute;tico como la calle, la desobediencia civil, o la Casa Rosada <strong>pierden su sentido democr&aacute;tico cuando se utilizan con fines sectarios y personales.</strong> Maquiavelo lo denomina, corrupci&oacute;n, es decir, la pol&iacute;tica como instrumento de la ambici&oacute;n personal. Llamativamente, tanto las propuestas reaccionarias y libertarias como la pol&iacute;tica democr&aacute;tica a la deriva y degradada convergen en un punto: <strong>son dos formas de privatizaci&oacute;n de lo p&uacute;blico.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En estas &uacute;ltimas semanas, se ha debatido con fervor la pel&iacute;cula, &ldquo;Argentina, 1985&rdquo;, que relata el extraordinario y ejemplar juicio a los dictadores de las juntas militares. El contraste fue notorio. La emoci&oacute;n vertida en el espacio p&uacute;blico sin los condicionantes reductivistas de la grieta nos uni&oacute; una vez m&aacute;s en aquellas disposiciones democr&aacute;ticas que no debi&eacute;ramos descuidar. Alfons&iacute;n logr&oacute; instalar la idea de que en democracia no s&oacute;lo se vota sino que se habita lo p&uacute;blico de una manera distintiva que se cuida entre todos. Y el peronismo, por su parte, ha dejado un legado de formaci&oacute;n de identidades colectivas en el espacio p&uacute;blico inmensamente valioso. Pero hace tiempo&mdash;con sus vaivenes y momentos de conquista&mdash;esa manera de entender lo p&uacute;blico se ha ido desgarrando. 
    </p><p class="article-text">
        <em>CC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Yumatle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/anarquia-publico_129_9627019.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Oct 2022 03:02:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/47ae266c-4562-4f4a-86f6-408b180febf3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="184380" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/47ae266c-4562-4f4a-86f6-408b180febf3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="184380" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La anarquía de lo público]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/47ae266c-4562-4f4a-86f6-408b180febf3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Espacio Público,Democracia,Autoritarismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El individualismo antidemocrático de Milei]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/individualismo-antidemocratico-milei_129_9139784.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/194b0096-fc05-496a-8660-7e98ba95ddc4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El indivisualismo antidemocrático de Milei"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El reduccionisimo individualista anti-democrático y el reduccionismo colectivista estatal dañan a la democracia. 
El problema de la democracia argentina no es Milei -sostiene la autora-, sino por qué surge Milei.</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiarioar.com/temas/javier-milei/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Javier Milei </a>ha se&ntilde;alado, en varias entrevistas, su criterio para distinguir qui&eacute;nes est&aacute;n del lado bien y qui&eacute;nes del lado del mal. Casta vs. no-casta, no se define, seg&uacute;n Milei, en t&eacute;rminos de la pertenencia a la dirigencia pol&iacute;tica de la cual forma parte como diputado nacional. Es otro el criterio que le permite distinguir qui&eacute;n es parte de la casta, esto es: la distinci&oacute;n entre individualistas vs. colectivistas. Para Milei, los individualistas defienden la libertad y el capitalismo; los colectivistas, por el contrario, desde&ntilde;an la libertad de las personas como valor fundamental y por lo tanto se oponen al capitalismo y contienen el germen del totalitarismo. <strong>La casta es el colectivismo.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ning&uacute;n momento, en esta categ&oacute;rica divisi&oacute;n del mundo moral, figura la democracia como valor predominante. A los individualistas milianos les gusta mucho la libertad individual y la econom&iacute;a de libre mercado, <strong>pero poco conocemos acerca de qu&eacute; piensan sobre la democracia.</strong> Por lo tanto, es importante indagar en el ideario libertario de Milei para discernir sus implicancias para el r&eacute;gimen pol&iacute;tico democr&aacute;tico. Para ello, debemos entender en qu&eacute; consiste la tradici&oacute;n individualista que caracteriz&oacute; a la modernidad y al pensamiento liberal y cu&aacute;nto de esa tradici&oacute;n realmente permanece en la versi&oacute;n &ldquo;leonizada&rdquo; del diputado nacional.
    </p><h3 class="article-text"><strong>&iquest;Qu&eacute; es el individualismo?</strong></h3><p class="article-text">
        El individualismo es una corriente normativa que ha organizado el pensamiento moderno y ha sido fundamento de la teor&iacute;a pol&iacute;tica liberal. En su formulaci&oacute;n m&aacute;s general (y simplificada) el individualismo &eacute;tico presupone que las personas, y no las colectividades sociales, tienen primac&iacute;a moral. Es decir, la fuente &uacute;ltima de valor moral reside en el individuo no en las entidades colectivas como la sociedad, la naci&oacute;n, la cultura, la clase. Hist&oacute;ricamente, esta corriente ha sido plasmada en la noci&oacute;n iluminista de la dignidad humana. Es as&iacute; que se concibe a los individuos como portadores de un atributo moral independiente de las sociedades en las que viven. Los individuos son fuente originaria de valor moral al poseer una cualidad que no se deriva ni depende de las comunidades, de las leyes, de las tradiciones que los regulan. Las sociedades y toda entidad colectiva son, en cambio, un derivado de una instancia de valor moral anterior&mdash;la dignidad humana&mdash;y deben organizarse en funci&oacute;n de ella. Dicho de otro modo, el individuo no existe en funci&oacute;n de la sociedad; la sociedad existe para proteger y promover un atributo moral individual que la antecede.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De este individualismo &eacute;tico se desprenden varias otras formas que incluyen, entre otros, el individualismo pol&iacute;tico, epist&eacute;mico, social, econ&oacute;mico y metodol&oacute;gico. Al mismo tiempo que se ramific&oacute; en todas sus variantes, el individualismo se fue entrelazando hist&oacute;rica y socialmente con otras tradiciones como la democr&aacute;tica que contiene dimensiones tanto individualistas como colectivistas. Por ejemplo, el pensamiento democr&aacute;tico se organiza alrededor del principio &ldquo;una persona, un voto&rdquo; sobre la creencia del individualismo pol&iacute;tico y epist&eacute;mico de que las personas deben organizar su vida en base a sus propias facultades cognitivas y morales. No existe ordenamiento pol&iacute;tico contempor&aacute;neo que se estructure excluyentemente en funci&oacute;n de la tradici&oacute;n individualista y las democracias liberales son una amalgama de aspectos colectivistas e individualistas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>A Milei le incomoda la democracia porque, desde una perspectiva normativa, es un r&eacute;gimen pol&iacute;tico con aspectos claramente colectivistas. </strong>La democracia es un ordenamiento entre individuos que, a la vez, se constituye en la noci&oacute;n colectiva de un pueblo. Su principio regulador es el de la soberan&iacute;a popular. Al mismo tiempo, el r&eacute;gimen democr&aacute;tico se sostiene en un ideal pol&iacute;tico igualitario que requiere, necesariamente, prevenir altos &iacute;ndices de pobreza y desigualdad. Es as&iacute; que la democracia contiene el imperativo moral de redistribuir recursos escasos con el prop&oacute;sito de preservar las condiciones materiales y sociales que hagan posible la igualdad pol&iacute;tica. Del mismo modo, la concepci&oacute;n de libertad, desde un punto de vista democr&aacute;tico, implica una obligaci&oacute;n igualadora que garantice las condiciones efectivas de su ejercicio. La mirada de la democracia es, pues, hol&iacute;stica, no individualista, en tanto que toma en cuenta el impacto de las preferencias individuales en el total de la sociedad. En el universo anarco-capitalista de Milei, cualquier desv&iacute;o de las decisiones individuales tomadas aisladamente a favor de la mirada estructural que incorpore sus consecuencias intencionadas y no intencionadas sobre el conjunto equivale al cercenamiento de la libertad individual. La democracia es colectivista; la democracia es la casta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La gravedad de la defensa de Milei de la defensa de la venta de &oacute;rganos, de ni&ntilde;os y de la libertad personal no reside en que &eacute;l crea que sea viable implementarlo.</strong> La consternaci&oacute;n es por su reduccionismo extremo al individualismo que pone en evidencia que en su razonamiento fantasioso las consideraciones democr&aacute;ticas nunca, ni siquiera imaginariamente, entran dentro de su c&aacute;lculo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Milei, aun en un sentido estrictamente procedimental, la democracia entendida como un m&eacute;todo de acceso al poder pol&iacute;tico a trav&eacute;s de elecciones libres y competitivas, es un sistema irracional. Basado en literatura de economistas, y desconociendo una inmensa y valiosa literatura posterior (inclusive de economistas), Milei se afianza en la idea de que la maquinaria democr&aacute;tica es disfuncional en la agregaci&oacute;n de las preferencias individuales a trav&eacute;s del sistema de votaci&oacute;n para producir un resultado colectivo consistente con las elecciones de los ciudadanos. Por ello, es necesario colocarle un bozal a la irracionalidad democr&aacute;tica con derechos individuales liberales &ldquo;irrestrictos&rdquo; que protejan el valor moral del individuo de esa opresi&oacute;n arbitraria. Su soluci&oacute;n m&aacute;gica a todos los conflictos sociales consiste en respetar irrestrictamente el proyecto de vida del pr&oacute;jimo basado en el principio de no agresi&oacute;n y en defensa al derecho a la vida, la libertad y la propiedad. Pero ning&uacute;n derecho es absoluto y las nociones de agresi&oacute;n, vida, libertad y propiedad se definen, en nuestros ordenamientos pol&iacute;ticos, a trav&eacute;s de la deliberaci&oacute;n democr&aacute;tica. El mantra vac&iacute;o no le evita a Milei caer donde &eacute;l menos quiere.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>&iquest;Qu&eacute; colectivismo?</strong></h3><p class="article-text">
        <strong>El problema para nuestra democracia no es Milei. El problema para nuestra democracia es por qu&eacute; surge Milei.</strong> Si bien sus ideas est&aacute;n equivocadas, el &ldquo;fen&oacute;meno&rdquo; Milei nos dice algo cierto acerca de nuestro sistema pol&iacute;tico. Su emergencia se debe, en parte, a la desvirtuaci&oacute;n de las dimensiones colectivistas de nuestra democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante todos estos a&ntilde;os de democracia ininterrumpida, la sociedad civil organizada y movilizada ha creado sujetos colectivos que han profundizado y arraigado el ethos democr&aacute;tico. La deliberaci&oacute;n, la participaci&oacute;n y la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica desde la sociedad civil desataron la fuerza pedag&oacute;gica de la democracia que se expres&oacute; en la conquista de derechos civiles y la creaci&oacute;n de nuevas subjetividades democr&aacute;ticas. En t&eacute;rminos de reconocimiento social, la democracia argentina ha sido a cada paso m&aacute;s inclusiva gracias a la lucha colectiva <em>desde abajo</em>. Un ejemplo es la irrupci&oacute;n de los movimientos sociales asociados a trabajadores informales, cooperativas y desocupados que dan respuesta a una cuesti&oacute;n democr&aacute;tica central: &iquest;qui&eacute;n est&aacute; en control sobre la manera en que somos gobernados? Pero conjuntamente con esta expansi&oacute;n, se ha acentuado un colectivismo reduccionista <em>desde arriba</em>: el colectivismo democr&aacute;tico del Estado. Un Estado que, a contramarcha de la expansi&oacute;n del reconocimiento social, ha provisto cada vez menos bienes p&uacute;blicos que la efectivicen y ha intentado monopolizar el sentido colectivo de la democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La discusi&oacute;n reciente por el manejo de los planes sociales refleja algunas de estas tensiones. Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner, en una de sus &uacute;ltimas intervenciones p&uacute;blicas, ofreci&oacute; una mirada al respecto con una analog&iacute;a que es o bien inconducente o extremadamente precisa. La vicepresidenta se pregunt&oacute;, ret&oacute;ricamente, c&oacute;mo es que el Estado no goza del control de los planes sociales si tambi&eacute;n detenta el monopolio del uso de la fuerza leg&iacute;tima. Esta &uacute;ltima facultad del Estado no constituye de ninguna manera fundamento para que se apropie tambi&eacute;n de la auditor&iacute;a en el reparto de la ayuda social. A no ser que la vicepresidenta entienda a esos planes como instrumento de control social desde arriba lo que supondr&iacute;a un nuevo avance del colectivismo estatal. La democracia contiene dimensiones colectivistas pero no todo colectivismo es democr&aacute;tico. &Eacute;stas son las condiciones en donde surge el reduccionismo individualista de Milei. 
    </p><p class="article-text">
        <em>CY</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Yumatle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/individualismo-antidemocratico-milei_129_9139784.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Jul 2022 03:02:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/194b0096-fc05-496a-8660-7e98ba95ddc4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="91489" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/194b0096-fc05-496a-8660-7e98ba95ddc4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="91489" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El individualismo antidemocrático de Milei]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/194b0096-fc05-496a-8660-7e98ba95ddc4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Javier Milei]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Crisis de la democracia liberal?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/crisis-democracia-liberal_1_9033700.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cd3b164f-3efe-466a-8d65-6aef142ade5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Crisis de la democracia liberal?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El funcionamiento de las instituciones es una condición necesaria pero no suficiente en la solidez democrática. En un escenario de crisis de representación y erosión del poder decisorio soberano, las sociedades civiles latinoamericanas siguen sin embargo dando muestra de las capacidades creativas de la democracia.</p></div><p class="article-text">
        En su discurso inaugural de asamblea legislativa de este a&ntilde;o, el presidente de los Estados Unidos, Joseph Biden, afirm&oacute; que el prop&oacute;sito de su gesti&oacute;n era salvar la democracia. Meses antes, en diciembre de 2021, el mismo presidente convoc&oacute; a una conferencia global con participaci&oacute;n de actores gubernamentales, de la sociedad civil y del sector privado para debatir la renovaci&oacute;n de la democracia. Estos llamados en defensa del r&eacute;gimen pol&iacute;tico tuvieron lugar luego del evento del 6 de enero de 2021 cuando el Congreso de Estados Unidos&mdash;instituci&oacute;n emblem&aacute;tica de la democracia m&aacute;s antigua del mundo&mdash;fue, por primera vez en su historia, foco de violencia durante una transici&oacute;n presidencial al fin de la gesti&oacute;n del expresidente, Donald Trump. En este contexto, es importante preguntarse: <strong>&iquest;est&aacute; en crisis la democracia liberal? &iquest;y en qu&eacute; medida los problemas de las democracias latinoamericanas deber&iacute;an leerse en la misma clave?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las mediciones sobre el estado de las democracias en el mundo utilizan distintas bases de datos (Freedom House, Varieties of Democracy, World Value Survey, Polity, etc.) con resultados dis&iacute;miles. Algunos estudios han reportado una reducci&oacute;n y deterioro en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de las democracias a nivel mundial. Otros, focalizados en valores y disposiciones actitudinales, indican un declive pronunciado de la confianza en las instituciones pol&iacute;ticas entre los m&aacute;s j&oacute;venes. Algunos, a su vez, identifican cambios generacionales que se reflejan en un clivaje demogr&aacute;fico entre las zonas rurales y las urbanas acentuando la desafecci&oacute;n democr&aacute;tica de las personas mayores. Sin embargo, estos estudios han sido disputados por aquellos que sostienen que el n&uacute;mero de las democracias se mantiene en niveles hist&oacute;ricos altos y que <strong>el mejor predictor de deconsolidaci&oacute;n democr&aacute;tica en reg&iacute;menes avanzados sigue siendo el nivel de desarrollo econ&oacute;mico y el ingreso per c&aacute;pita. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde la teor&iacute;a pol&iacute;tica, parte del problema reside, precisamente, en que muchas de las instituciones democr&aacute;ticas medidas por estas bases de datos persisten en su funcionamiento formal aunque vaciadas de su aspiraci&oacute;n incluyente. Colin Crouch ha denominado &ldquo;pos-democracia&rdquo; este estadio (iniciado en la d&eacute;cada de los 70) caracterizado por la permanencia de elementos caracter&iacute;sticos de la democracia representativa (elecciones libres y competitivas, separaci&oacute;n de poderes, libertad de expresi&oacute;n, alternancia en el poder, etc.) aunque su vaciamiento social ha permitido una<strong> creciente disociaci&oacute;n entre las preferencias de las mayor&iacute;as ciudadanas y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en particular a favor de elites econ&oacute;micas globalizadas.</strong> La par&aacute;bola, seg&uacute;n Crouch, es un retorno a los problemas de la pre-democracia con andamios solo formalmente democr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;les ser&iacute;an entonces los fen&oacute;menos pol&iacute;ticos que sugerir&iacute;an la existencia de la crisis de la democracia liberal? En primer lugar,<strong> se se&ntilde;ala una crisis de representaci&oacute;n pol&iacute;tica que ha da&ntilde;ado el sistema de partidos tradicional</strong> caracterizado por visiones program&aacute;ticas definidas de derecha e izquierda. Un ejemplo, entre otros, del vaciamiento institucional lo ofrece el estudio de Peter Mair sobre la transformaci&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos de masas, que dejaron de agrupar y mediar las preferencias ciudadanas ante el Estado, para convertirse en estructuras de permanencia en el poder con plataformas ideol&oacute;gicas <strong>cada vez menos aglutinantes y formadoras de identidades colectivas y m&aacute;s sensibles a los intereses econ&oacute;micos que financiaron a los pol&iacute;ticos </strong>de carrera. Esta laxitud ideol&oacute;gica afect&oacute; al amplio espectro de la centro-izquierda del norte global (el partido dem&oacute;crata en Estados Unidos, el laborismo brit&aacute;nico, la social democracia alemana, el partido dem&oacute;crata italiano y el socialismo franc&eacute;s) y se tradujo en una mayor dificultad de los gobiernos en dar respuesta a las necesidades y preferencias de las mayor&iacute;as. Martin Gilens y Benjamin Page han concluido en base a un an&aacute;lisis de dos mil pol&iacute;ticas p&uacute;blicas a nivel federal en Estados Unidos que las decisiones de gobierno <strong>responden al 10 por ciento m&aacute;s rico del pa&iacute;s dejando al restante 90 por ciento de la poblaci&oacute;n gozar de una &ldquo;democracia por coincidencia&rdquo;,</strong> es decir, solo cuando aleatoriamente sus preferencias son las mismas que las del percentil superior. &nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Erosi&oacute;n, desconexi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        El desacople entre la ciudadan&iacute;a y la dirigencia pol&iacute;tica se entiende como parte de la <strong>erosi&oacute;n del poder decisorio soberano </strong>cada vez m&aacute;s alejado del proceso de toma de decisiones que ha pasado a ser jurisdicci&oacute;n de una elite tecnocr&aacute;tica, aislada y amparada en un conocimiento burocratizado y complejo que no debe confiarse ni delegarse en las grandes mayor&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Esta<strong> brecha de representatividad </strong>se ve agravada, seg&uacute;n diversos autores, por la creciente y sostenida desigualdad econ&oacute;mica caracterizada por el estancamiento de los ingresos medios y bajos, la reducci&oacute;n en las tasas de crecimiento a nivel nacional, y la <strong>desconexi&oacute;n ascendente entre el nivel de productividad y la compensaci&oacute;n de la clase trabajadora. </strong>Esta desigualdad socio-econ&oacute;mica de ingresos, riqueza y oportunidades, por un lado, ha debilitado la capacidad de acci&oacute;n colectiva de la ciudadan&iacute;a (con sindicatos ya debilitados) y, por el otro, <strong>ha socavado la l&oacute;gica de eficiencia del mercado y la creencia en el progreso material generaciona</strong>l que ha hecho viable, hasta ahora, la relaci&oacute;n entre capitalismo y democracia. 
    </p><p class="article-text">
        El correlato de este desamparo ciudadano, a los ojos de varios autores, es la emergencia de la pol&iacute;tica de los <em>outsiders</em>, anti-sistema, anti-elite usualmente etiquetada (mal o bien) como populistas de derecha e izquierda <strong>cuya l&oacute;gica pol&iacute;tica es la de la polarizaci&oacute;n extrema que impide el reconocimiento del oponente pol&iacute;tico como actor leg&iacute;timo </strong>en la consecuci&oacute;n de sus intereses. En este juego de extremos, la radicalizaci&oacute;n de las derechas expresada en su nativismo y xenofobia ha advocado por la redefinici&oacute;n de la democracia en t&eacute;rminos &eacute;tnicos y racistas. 
    </p><p class="article-text">
        Las capacidades estatales, cada vez m&aacute;s d&eacute;biles e ineficientes en la provisi&oacute;n de bienes p&uacute;blicos, son a la vez m&aacute;s omnipresentes en su funci&oacute;n represora como garante del orden p&uacute;blico progresivamente m&aacute;s amenazado por las manifestaciones de ciudadanos con demandas b&aacute;sicas insatisfechas. <strong>Una ciudadan&iacute;a que, aunque frustrada, desafectada y desconfiada, muestra una importante capacidad de movilizaci&oacute;n y participaci&oacute;n. </strong>El enojo y la indignaci&oacute;n, no la apat&iacute;a, han pasado a ser las emociones predominantes en la esfera p&uacute;blica transformada en un espacio m&aacute;s reactivo que deliberativo. 
    </p><p class="article-text">
        La deliberaci&oacute;n se ha visto afectada por un lenguaje reiterado, vac&iacute;o, e impenetrable de los pol&iacute;ticos y por<strong> medios de comunicaci&oacute;n que en gran medida claudicaron en su funci&oacute;n de esclarecer e informar al debate c&iacute;vico. </strong>Todo esto recalcitrado por la<strong> din&aacute;mica de las redes sociales que facilitan mayor polarizaci&oacute;n, desinformaci&oacute;n, espionaje, vigilancia, alienaci&oacute;n, destrucci&oacute;n de la privacidad</strong>, y formaci&oacute;n de clivajes culturales e identitarios irreconciliables. Se ha revertido la relaci&oacute;n hist&oacute;rica con la tecnolog&iacute;a: ya no es un instrumento que utilizamos para controlar el mundo externo sino m&aacute;s bien una racionalidad dominante y un modo de creaci&oacute;n de riqueza&mdash;en manos de un pu&ntilde;ado de actores econ&oacute;micos que escapan al contralor pol&iacute;tico&mdash;que moldea y circunscribe nuestra subjetividad ciudadana con implicancias debilitantes para la democracia. 
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Y Am&eacute;rica latina?</h3><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde se ubicar&iacute;a Latinoam&eacute;rica en esta narrativa? El diagn&oacute;stico expuesto ata&ntilde;e principalmente a las democracias consolidadas y modernizadas del mundo euro-atl&aacute;ntico que estar&iacute;an confrontando una par&aacute;bola de decadencia en relaci&oacute;n al per&iacute;odo de oro que se prolong&oacute; durante los treinta a&ntilde;os de posguerra. Latinoam&eacute;rica, por su parte, ha recorrido una trayectoria democr&aacute;tica distinta que se reinicia con la tercera ola de democratizaci&oacute;n durante las d&eacute;cadas de los 80 y 90. El an&aacute;lisis de sus sociedades ha sido hist&oacute;ricamente ce&ntilde;ido a una mirada teleol&oacute;gica de progreso econ&oacute;mico y pol&iacute;tico hacia los estadios superiores caracter&iacute;sticos de las democracias desarrolladas. Los estudios sobre las democracias latinoamericanas contempor&aacute;neas han enfatizado tanto la debilidad institucional como la desigualdad en las explicaciones de la baja calidad democr&aacute;tica en relaci&oacute;n a sus contrapartes del norte. 
    </p><p class="article-text">
        La literatura vigente de la crisis de la democracia liberal <strong>sugiere, en cambio, una reversi&oacute;n de esa teleolog&iacute;a. </strong>Primero, la convergencia de los problemas nos permite afirmar, de modo algo apresurado, que<strong> cada vez m&aacute;s ellos se parecen a nosotros con instituciones fallidas y altos coeficientes de desigualdad social</strong>. Segundo, y m&aacute;s importante, esta convergencia esconde un aspecto importante, esto es, que<strong> el funcionamiento de las instituciones es una condici&oacute;n necesaria pero no suficiente en la solidez democr&aacute;tica. </strong>El an&aacute;lisis sobre la crisis de la democracia liberal se&ntilde;ala precisamente que <strong>la regresi&oacute;n democr&aacute;tica transcurre, no a pesar, sino a trav&eacute;s de las instituciones caracter&iacute;sticamente liberales formalmente igualadoras y republicanas</strong>. En este sentido, hay mucho por aprender de la capacidad de adaptaci&oacute;n de nuestras instituciones. Son las sociedades <em>civiles</em> latinoamericanas las que a trav&eacute;s de la movilizaci&oacute;n y la reapropiaci&oacute;n de mecanismos institucionales tradicionales <strong>siguen dando se&ntilde;ales de las capacidades creativas (no reactivas) de la democracia </strong>en la creaci&oacute;n de nuevas identidades colectivas.
    </p><p class="article-text">
        Los niveles de desigualdad tambi&eacute;n esconden coincidencias y diferencias. Por un lado, las sociedades desarrolladas han generado desigualdad simult&aacute;neamente con un nivel de riqueza nacional sin correlato en la mayor&iacute;a de las democracias del sur. Decisi&oacute;n e imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica mediante, contar&iacute;an con los recursos necesarios para revertir las injusticias de ingreso y oportunidades que las afectan adversamente. Por otro lado, las sociedades latinoamericanas<strong> han importado del norte no los &iacute;ndices de desigualdad sino la interpretaci&oacute;n valorativa de la desigualdad entendida como relaci&oacute;n social</strong>. El ethos neoliberal, hoy instalado en gran parte de las democracias, interpreta la posici&oacute;n relativa en la escala de ingresos en t&eacute;rminos de merecimiento individual. No hay injusticia social en la desigualdad, hay humillaci&oacute;n individual&mdash;a pesar de que los desequilibrios estructurales impidan seguir leyendo las desigualdades sociales como correlatos de la eficiencia y las capacidades individuales. 
    </p><p class="article-text">
        <em>CC</em>
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Yumatle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/crisis-democracia-liberal_1_9033700.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 May 2022 03:01:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cd3b164f-3efe-466a-8d65-6aef142ade5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="6341810" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cd3b164f-3efe-466a-8d65-6aef142ade5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="6341810" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Crisis de la democracia liberal?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cd3b164f-3efe-466a-8d65-6aef142ade5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Democracia,Democracias liberales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cuánta pobreza admite la democracia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pobreza-admite-democracia_129_8904912.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c423b32c-6f79-47e4-a01e-422532bf6d97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cuánta pobreza admite la democracia?"></p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima encuesta permanente de hogares elaborada por el Instituto Nacional de Estad&iacute;sticas y Censos (INDEC) arroj&oacute; un &iacute;ndice de pobreza del 37,3%.<strong> M&aacute;s de la mitad (51,4%) de las personas de 0 a 14 a&ntilde;os son pobres mientras que s&oacute;lo el 13% entre los mayores de 65 a&ntilde;os se ubica debajo de esa l&iacute;nea</strong>. Aunque estos datos muestran una reducci&oacute;n de 3,3 puntos porcentuales con respecto al primer semestre de 2021,<strong> la mayor&iacute;a de los ni&ntilde;os y adolescentes del pa&iacute;s contin&uacute;a siendo pobre</strong>. Por su parte, <a href="https://www.eldiarioar.com/economia/tercio-trabajadores-ocupados-argentina-son-pobres-13-puntos_1_8895266.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el CEDLAS comparti&oacute; datos</a> que indican que hoy el porcentaje de trabajadores que no puede acceder a la canasta b&aacute;sica es del 31,5%. Entre los cuales, el 17,5% tienen un empleo asalariado formal y el 50,6% trabaja en la informalidad o es cuentapropista. 
    </p><p class="article-text">
        Estos &iacute;ndices se&ntilde;alan que el problema de la pobreza en Argentina reviste gravedad no s&oacute;lo por la magnitud de los valores absolutos y su persistencia sino tambi&eacute;n por su composici&oacute;n. La mitad de los ni&ntilde;os y j&oacute;venes&mdash;sin responsabilidad alguna&mdash;<strong>est&aacute;n atascados en condiciones de vida indignas mientras que la reasignaci&oacute;n de la riqueza social favorece claramente a los adultos mayores</strong>. Y casi un tercio de la poblaci&oacute;n que, efectivamente trabaja y aporta con su esfuerzo a la econom&iacute;a nacional, de todas formas no puede cubrir las necesidades b&aacute;sicas para su subsistencia. Esto plantea no s&oacute;lo un problema de justicia intergeneracional&mdash;&iquest;c&oacute;mo distribuir nuestros recursos escasos teniendo en cuenta el bienestar de las pr&oacute;ximas generaciones?&mdash;sino tambi&eacute;n uno de legitimidad del r&eacute;gimen pol&iacute;tico:<strong> &iquest;cu&aacute;nta pobreza admite la democracia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva normativa, existen dos maneras de justificar la democracia. Justificamos la democracia, <em>intr&iacute;nsecamente</em>, por el tipo de procedimiento que es; o la justificamos, <em>instrumentalmente</em>, por los resultados que produce. Cuando defendemos la democracia desde la perspectiva intr&iacute;nseca, la valoramos por se<strong>r un procedimiento que consagra la igualdad pol&iacute;tica al permitir que todos los ciudadanos incidan sobre el resultado colectivo. </strong>Si, por el contrario, defendemos la democracia instrumentalmente, lo hacemos por ser un p<strong>rocedimiento que tiende a producir resultados justos</strong>. Desde cualquiera de estas dos perspectivas, <strong>la pobreza estructural en la Argentina est&aacute; da&ntilde;ando los fundamentos normativos de la democracia. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, el hecho de que la mitad de los ni&ntilde;os, en virtud de haber nacido aleatoriamente en una familia determinada, est&eacute;n destinados a la pobreza pone en evidencia la erosi&oacute;n del valor <em>instrumental</em> de la democracia como un procedimiento pol&iacute;tico que tiende a generar resultados justos. Acaso no exista indicador de injusticia m&aacute;s flagrante que la pobreza como atributo arbitrario de origen que adem&aacute;s persiste en el tiempo limitando las oportunidades disponibles a la mitad de los ni&ntilde;os por el mero hecho de haber nacido en esas circunstancias. La pobreza estructural -asociada a una organizaci&oacute;n de la econom&iacute;a con bajo o nulo crecimiento, elevada inflaci&oacute;n y desempleo y una redistribuci&oacute;n de la riqueza que acent&uacute;a pautas de empobrecimiento- <strong>hace cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil una movilidad ascendente que revierta la aberraci&oacute;n moral de la pobreza por loter&iacute;a natural. </strong>Los ni&ntilde;os que nacen en esa condici&oacute;n tienen altas probabilidades de seguir siendo pobres sin nunca haber &ldquo;elegido&rdquo; la pobreza. Arbitraria en su origen y estructural en su organizaci&oacute;n, la pobreza en Argentina pone en evidencia las limitaciones de aquellos que insisten en que la indigencia social es voluntaria y s&iacute;ntoma de irresponsabilidad individual. La democracia argentina, hoy, tr&aacute;gicamente,<strong> tiende a hacer de la pobreza un atributo adscriptivo, no electivo. </strong>
    </p><h3 class="article-text">Redistribuci&oacute;n, crecimiento y bien com&uacute;n</h3><p class="article-text">
        Dos imperativos materiales y uno socio-cultural deber&iacute;an alcanzarse para que la democracia argentina pueda ser justificada por su valor instrumental, es decir, porque tiende a producir resultados justos. La primera es un<strong> esquema de redistribuci&oacute;n social</strong> de la riqueza que contribuya a redimir, en lugar de perpetuar, las injusticias del punto de partida. No obstante, el fracaso persistente en lograr niveles de inclusi&oacute;n social ha corro&iacute;do la alianza de clases y los acuerdos sociales t&aacute;citos favorables a la redistribuci&oacute;n. <strong>Asistimos, desgraciadamente, al fin del consenso social redistributivo</strong>. La clase media, asediada tambi&eacute;n por la constricci&oacute;n de su base social, es cada vez menos receptiva a las penurias de los excluidos. El consenso colectivo redistributivo que ha caracterizado gran parte de la historia pol&iacute;tica argentina est&aacute; cediendo terreno gradualmente al encanto ef&iacute;mero y enga&ntilde;oso de la reivindicaci&oacute;n y salvaci&oacute;n individual. 
    </p><p class="article-text">
        Segundo, no hay manera de consolidar un aval normativo de la democracia como un procedimiento que tiende a generar resultados equitativos<strong> sin crecimiento econ&oacute;mico. </strong>Branko Milanovic, entre otros economistas, han argumentado que <strong>no es posible la reducci&oacute;n significativa de la pobreza sin producir m&aacute;s riqueza.</strong> Los esquemas redistributivos, adem&aacute;s de encontrar cada vez m&aacute;s resistencia social, por s&iacute; solos son insuficientes. Sin embargo, la dirigencia pol&iacute;tica en todo el espectro ideol&oacute;gico sigue sin definir propuestas de un modelo de desarrollo claro y sustentable. 
    </p><p class="article-text">
        Tercero, la legitimidad instrumental de la democracia presupone tambi&eacute;n una cultura pol&iacute;tica que favorezca la construcci&oacute;n de un bien com&uacute;n colectivo. Si la defensa de la democracia consiste en la promesa de sus resultados, <strong>sus instituciones deben ser capaces de promover la justicia y el bien com&uacute;n.</strong> No obstante, la persistencia de la pobreza y la desigualdad han desgarrado el tejido social dejando en su lugar una fragmentaci&oacute;n de intereses contrapuestos y en conflicto. Las experiencias de vida (y de muerte) han pasado a ser tan dis&iacute;miles e insulares en la escala social que dificulta encontrar el norte valorativo que nos defina colectivamente como sociedad.<strong> Cada vez m&aacute;s somos una sociedad-archipi&eacute;lago de enclaves socio-econ&oacute;micos heterog&eacute;neos y enajenados entre s&iacute;.</strong> La actual imposibilidad de consensuar un bien com&uacute;n hace imposible, al mismo tiempo, consensuar qu&eacute; resultados del procedimiento democr&aacute;tico considerar&iacute;amos justos.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, la democracia argentina, cobijando estos niveles de pobreza, tampoco pase el test de su valor <em>intr&iacute;nseco </em>ya<em> </em>que no permite que todos los ciudadanos gocen de chances semejantes en determinar los resultados colectivos. Varios de los efectos adversos para la democracia asociados a la desigualdad&mdash;por ejemplo, la disparidad en la representaci&oacute;n pol&iacute;tica por la influencia asim&eacute;trica en el proceso de toma de decisiones&mdash;se aplican tambi&eacute;n al problema de la pobreza estructural que hace imposible someter las decisiones pol&iacute;ticas a un procedimiento de decisi&oacute;n colectiva en el que cada persona posea igual probabilidad de hacer o&iacute;r sus demandas. 
    </p><p class="article-text">
        El movimiento de trabajadores&mdash;desocupados y ocupados por debajo de la l&iacute;nea de pobreza&mdash;no se reduce al acampe reciente en la 9 de julio. Los debates leg&iacute;timos acerca de los cortes no deber&iacute;an empa&ntilde;ar el rol que cumplen muchas de las organizaciones de trabajadores en revertir el d&eacute;ficit democr&aacute;tico desde su fundamento intr&iacute;nseco. El fen&oacute;meno at&iacute;pico que sucede en la Argentina de la pobreza movilizada es tambi&eacute;n una lucha por la auto-representaci&oacute;n, buscando una voz equiparable en la incidencia de los resultados, ante una dirigencia inmovilizada. La democracia argentina es hoy, pues, una paradoja.<strong> Aquellos que son expulsados a los m&aacute;rgenes y despojados del poder efectivo para implementar el cambio social son, en parte, los que sostienen la democracia.</strong> Parad&oacute;jicamente, son esos pobres&mdash;los mismos que por su existencia ponen en riesgo el ideal igualitario democr&aacute;tico&mdash;los que al aferrarse al sistema contribuyen a impedir una regresi&oacute;n democr&aacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>CY/CC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Yumatle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/pobreza-admite-democracia_129_8904912.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 10 Apr 2022 03:02:52 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c423b32c-6f79-47e4-a01e-422532bf6d97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="207220" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c423b32c-6f79-47e4-a01e-422532bf6d97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="207220" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Cuánta pobreza admite la democracia?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c423b32c-6f79-47e4-a01e-422532bf6d97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fuga de responsabilidades políticas: ¿se puede gobernar inocentemente?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fuga-responsabilidades-politicas-gobernar-inocentemente_1_8825975.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8cb3b8ee-b6fa-4d8e-b48f-c61f1c6976ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fuga de responsabilidades políticas: ¿se puede gobernar inocentemente?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Durante las &uacute;ltimas semanas, la pol&iacute;tica nacional ha sido escenario de varios reposicionamientos y reacciones por parte de actores de distintos partidos. Por un lado, los legisladores del PRO se retiraron indignados durante el discurso presidencial en la apertura de sesiones ordinarias. Empujados por un sentido de ofensa, abandonaron el recinto porque no les era moralmente aceptable asentir al discurso hiriente del Presidente. Por su parte, M&aacute;ximo Kirchner renunci&oacute; a la presidencia del bloque de diputados, no asisti&oacute; a la sesi&oacute;n inaugural, y d&iacute;as m&aacute;s tarde evit&oacute; dar un discurso de cara a sus representados en el Congreso de la Naci&oacute;n para avalar, junto a otros 28 legisladores de su bancada que integra el partido oficialista, el voto en contra del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Mientras tanto, el ministro del interior, Eduardo &ldquo;Wado&rdquo; de Pedro, asist&iacute;a al discurso presidencial de apertura de legislativas como espectador desinteresado desde Espa&ntilde;a. Finalmente, la vice-presidenta Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner, luego de un largo y prolongado silencio sobre la renegociaci&oacute;n de la deuda externa con el organismo, utiliz&oacute; un video personal que denunciaba un ataque a su despacho para darle una dimensi&oacute;n hist&oacute;rica a su rechazo al acuerdo. 
    </p><p class="article-text">
        De este modo, <strong>la pol&iacute;tica abandon&oacute; las instituciones deliberativas y democr&aacute;ticas y se cataliz&oacute;, en cambio, a trav&eacute;s de un espect&aacute;culo de emociones personales que, de continuarse, podr&iacute;a gradualmente horadar la esfera pol&iacute;tica. </strong>Todos estos actores se concibieron demasiado buenos, &eacute;ticamente hablando, para tolerar lo que ellos perciben como circunstancias pol&iacute;ticas injuriosas y se preocuparon centralmente por su redenci&oacute;n moral individual. Asistimos, as&iacute;, a una <strong>fuga de responsabilidades pol&iacute;ticas</strong> por parte de actores relevantes en la escena nacional. 
    </p><p class="article-text">
        Es importante, entonces, preguntarse acerca de qu&eacute; es y qu&eacute; requiere la responsabilidad pol&iacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        En una primera aproximaci&oacute;n, la idea de responsabilidad alude a m&uacute;ltiples aspectos. Desde cumplir una obligaci&oacute;n, ser confiable, ser evaluado por otros, estar a cargo de algo y de alguien, contraer y pagar deudas, asumir un rol y ejecutarlo, y reconocer y aceptar las consecuencias de nuestras acciones<strong>. Todas estas acepciones suponen que se tiene responsabilidad por algo externo a uno mismo: un principio que se impone, una persona, una comunidad pol&iacute;tica, los afiliados de un partido</strong>. En particular, la responsabilidad pol&iacute;tica nos sit&uacute;a en un entramado de relaciones, contextos y condiciones que le dan el sentido y la envergadura del caso. No hay responsabilidad pol&iacute;tica en el vac&iacute;o sino siempre en una constelaci&oacute;n de causas, intenciones, contextos y respuestas que permite dirimir su alcance. Es un atributo que se ejerce en un entramado de derechos y obligaciones que <strong>requiere cierto grado de libertad para tener significancia y cierto grado de poder para ejecutarla. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Esta necesaria interdependencia con terceros, y su condensaci&oacute;n de libertad y poder, revisten a la idea de responsabilidad con su sentido tr&aacute;gico resaltado, desde los comienzos del pensamiento occidental, por S&oacute;focles, Esquilo y Arist&oacute;teles entre otros. En el pensamiento moderno, son Maquiavelo y Weber los que con acuciante intensidad han remarcado la dimensi&oacute;n tr&aacute;gica de la responsabilidad pol&iacute;tica. Weber, con cierto apesadumbramiento; Maquiavelo, no tanto.
    </p><p class="article-text">
        Maquiavelo lo sentencia en forma de dilema<strong>: pod&eacute;s obtener gloria pol&iacute;tica o pod&eacute;s salvar tu alma pero no las dos cosas a la vez. </strong>La pol&iacute;tica, necesariamente, te confrontar&aacute; con decisiones que, desde tu moral individual, preferir&iacute;as no tomar. &ldquo;El pr&iacute;ncipe&rdquo; es un tratado acerca de c&oacute;mo y cu&aacute;ndo se puede aplicar el mal con vistas siempre a procurar la supervivencia del orden pol&iacute;tico&mdash;y si es una rep&uacute;blica mejor. Eso indica que <strong>la moral pol&iacute;tica no es la de los absolutistas morales.</strong> Si quer&eacute;s hacer el bien, s&oacute;lo haciendo el bien, Maquiavelo te invita a que transcurras tu vida en el monasterio. Esta relaci&oacute;n con los demonios pol&iacute;ticos, Weber la denomin&oacute; la<strong> &ldquo;&eacute;tica de la responsabilidad</strong>&rdquo; y entendi&oacute; que la vocaci&oacute;n pol&iacute;tica <strong>implica el desaf&iacute;o arduo, costoso y nunca perfecto de contemporizar esa responsabilidad con nuestras convicciones. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Responsabilidad pol&iacute;tica no es lo mismo que culpabilidad. Muchas veces la pol&iacute;tica impone su <em>necessit&agrave;</em>, dir&iacute;a Maquiavelo, y el pol&iacute;tico responsable deber&aacute; confrontar una situaci&oacute;n que no produjo. Quedar&aacute; con un alma pesada aun cuando no haya sido totalmente culpable de haber creado la situaci&oacute;n en la que hay que decidir ni su decisi&oacute;n implique culpabilidad. Y precisamente por ello, la noci&oacute;n de responsabilidad adquiere tanta relevancia. Porque en sociedades complejas como las nuestras la asignaci&oacute;n de causalidades y culpabilidades<strong> es siempre engorrosa y dif&iacute;cil</strong> y la responsabilidad pol&iacute;tica que le toca al gobernante de turno<strong> no depender&aacute; proporcionalmente de su participaci&oacute;n causal o su culpabilidad</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        En el torbellino de <em>necessit&agrave;,</em> la din&aacute;mica pol&iacute;tica siempre deja incertidumbre sobre c&oacute;mo actuar&aacute;n los actores relevantes en contextos de decisiones tr&aacute;gicas. En este caso, fue Lilita Carri&oacute;&mdash;siempre m&aacute;s cerca de los absolutistas morales y amparada en la teolog&iacute;a pol&iacute;tica&mdash;quien por el contrario <strong>actu&oacute; con un sentido de responsabilidad</strong>, aun estando lejos del poder, <strong>y diseccion&oacute; un escenario pol&iacute;tico formidablemente dif&iacute;cil y procur&oacute; una soluci&oacute;n.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        El presidente Alberto Fern&aacute;ndez no es un pol&iacute;tico agraciado. Ha gobernado con vacilaciones, ambivalencias, camuflajes, omisiones y mentiras desde la trinchera de la excepcionalidad epidemiol&oacute;gica. En un encuentro reciente, con&nbsp;concejalas e intendentas, el Presidente declar&oacute; constre&ntilde;ido que &eacute;l tambi&eacute;n desprecia al FMI. Tratando de hacer pie en la ci&eacute;naga, esa confesi&oacute;n de manos sucias es tambi&eacute;n una admisi&oacute;n de que no busca su redenci&oacute;n moral y que<strong>, a pesar de no ser un pol&iacute;tico cautivante, es lo suficientemente bueno como para asumir la responsabilidad que le toca. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Los Kirchner, en cambio, han actuado como los absolutistas morales del momento. El video de la vice-presidenta es el serm&oacute;n desde la monta&ntilde;a: su legado hist&oacute;rico, nos dice, le impide ensuciarse las manos. Esto ignora que <strong>hoy es</strong> <strong>su proximidad al poder en virtud de su cargo institucional, y no la historia</strong>, <strong>lo que determina su nivel de responsabilidad en el escenario pol&iacute;tico</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Aunque hoy el ex-presidente, Mauricio Macri, aval&oacute; la votaci&oacute;n en el recinto, cuando ejerci&oacute; el mando pol&iacute;tico, tom&oacute; la decisi&oacute;n de recurrir al FMI y nos ofreci&oacute; uno de los actos de obsecuencia simb&oacute;lica m&aacute;s banales de la pol&iacute;tica argentina reciente. Nos invit&oacute; ligeramente a todos los argentinos y argentinas a que nos enamor&aacute;ramos de Christine Lagarde. Le escap&oacute; a la dimensi&oacute;n tr&aacute;gica de la decisi&oacute;n y quiso creer que gobernaba con las manos limpias sin confrontar dilemas. En lugar de un h&eacute;roe tr&aacute;gico, siempre gobern&oacute; como un absolutista moral. &Eacute;se tambi&eacute;n <strong>fue un gran acto de irresponsabilidad pol&iacute;tica y hoy vivimos con sus consecuencias.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>CY/WC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Yumatle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/fuga-responsabilidades-politicas-gobernar-inocentemente_1_8825975.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 13 Mar 2022 03:04:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8cb3b8ee-b6fa-4d8e-b48f-c61f1c6976ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1709868" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8cb3b8ee-b6fa-4d8e-b48f-c61f1c6976ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1709868" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Fuga de responsabilidades políticas: ¿se puede gobernar inocentemente?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8cb3b8ee-b6fa-4d8e-b48f-c61f1c6976ad_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Acuerdo con el FMI,Cámara de Diputados,Alberto Fernández,Cristina Fernández de Kirchner,Máximo Kirchner,Mauricio Macri]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La democracia y sus apariencias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/democracia-apariencias_129_8510134.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/50fa08f7-631e-4e3b-a401-85db5b810203_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La democracia y sus apariencias"></p><p class="article-text">
        La distinci&oacute;n entre &ldquo;apariencia vs. realidad&rdquo; se ha utilizado a lo largo de la historia del pensamiento occidental para interpretar diversos fen&oacute;menos pol&iacute;ticos. Desde Plat&oacute;n a Nietzsche, pasando por Maquiavelo y Marx entre otros, se han servido de esta dicotom&iacute;a epistemol&oacute;gica que presupone que las apariencias enga&ntilde;an y ocultan el sustrato &uacute;ltimo real. Aquello que vemos y pensamos puede constituir una trampa ilusoria, meros enga&ntilde;os &oacute;pticos que no se corresponden con la verdad. As&iacute;, Plat&oacute;n instala la distinci&oacute;n con su conocida alegor&iacute;a de la caverna como el mundo de sombras y apariencias que nos impide ver la realidad ligada a la dimensi&oacute;n trascendente de formas ideales perfectas.
    </p><p class="article-text">
        En las recientes elecciones legislativas, la coalici&oacute;n opositora, Juntos por el Cambio, obtuvo un triunfo de 8,6 puntos a nivel nacional para diputados por sobre la coalici&oacute;n gobernante, el Frente de Todos. Se impuso por un punto en la provincia de Buenos Aires y por 22 en la ciudad. Esta victoria electoral no fue reconocida por ninguna de las principales figuras pol&iacute;ticas del Frente de Todos, incluyendo el presidente de la Naci&oacute;n, Alberto Fern&aacute;ndez. Por el contrario, asistimos a un mundo discursivo de espejismos propio del personaje Humpty Dumpty de &ldquo;Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas&rdquo; en donde el que pierde gana y el que gana pierde y donde triunfar no es vencer. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una de las tantas lecciones valiosas que nos deja el pensamiento de Maquiavelo es que la esfera fluctuante de la pol&iacute;tica es inescapablemente un mundo plagado de apariencias. </strong>La pol&iacute;tica no se trasunta s&oacute;lo con sinceridad.<strong> </strong>La ilusi&oacute;n, el enga&ntilde;o, la hipocres&iacute;a son vicios intolerables para la &eacute;tica del ciudadano com&uacute;n pero habilidades fundamentales para el accionar pol&iacute;tico. Sin embargo, no todo vale. <strong>La pol&iacute;tica es un arte en el manejo y la administraci&oacute;n de la apariencia.</strong> Como todo en Maquiavelo, las cualidades se transforman en <em>virt&ugrave;</em> s&oacute;lo si se aplican en el momento y en su proporci&oacute;n correcta con el objetivo de mantener y preservar el orden pol&iacute;tico. Desde esta perspectiva, podr&iacute;amos preguntarnos &iquest;qu&eacute; uso de la apariencia es v&aacute;lido en democracia? &iquest;qu&eacute; ilusi&oacute;n y semblanza debemos crear y mantener como dirigentes y ciudadanos democr&aacute;ticos?
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica, aun la democr&aacute;tica, se recuesta en &uacute;ltima instancia en el ejercicio leg&iacute;timo de la violencia. Los ordenamientos sociales recurren constantemente al uso de ficciones y apariencias que ayudan a soslayar la latente amenaza de coerci&oacute;n que subyace todo lo dem&aacute;s. El famoso dictum de Maquiavelo&mdash;que el pr&iacute;ncipe implemente las decisiones despreciables todas juntas y al comienzo de su gobierno&mdash;tiene en parte que ver con la capacidad del gobernante de restaurar r&aacute;pidamente una fachada de artificios que contribuya al olvido de la violencia y el desgarro inicial. En sus distintas etapas, el arte de la ilusi&oacute;n ayuda a suavizar la aspereza del poder. 
    </p><p class="article-text">
        Pero del mismo modo que saber fingir hace digerible las verdades ominosas de la autoridad pol&iacute;tica, la ilusi&oacute;n tambi&eacute;n debe ser usada, parad&oacute;jicamente, para acercarnos a la realidad. De este modo, la dicotom&iacute;a entre apariencia y realidad revierte su sesgo y lo espectral, en lugar de alejarnos, nos aproxima a la verdad que de otro manera queda enterrada por los vaivenes del conflicto pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        En democracia, ese momento en que la apariencia revela la realidad ocurre cada vez que se reconoce una derrota electoral. El ritual de la concesi&oacute;n o del traspaso de mando presidencial&mdash;en la superficie una mera danza de ritos y discursos&mdash;rememora una verdad que en el ideario democr&aacute;tico siempre es necesario evocar. En una de sus acepciones m&iacute;nimas, la democracia es el regimen pol&iacute;tico que nos permite evitar la guerra cada vez que el poder est&aacute; en disputa. <strong>El reconocimiento de la victoria del contrincante es la liturgia esc&eacute;nica que rememora una realidad normativa altamente intrincada y rica que sustenta a la democracia.</strong> Desde el acuerdo t&aacute;cito de que no estamos dispuestos a dirimir nuestros conflictos de otra manera que no sea a trav&eacute;s del voto hasta los ideales de igualdad, libertad, participaci&oacute;n, deliberaci&oacute;n, realizaci&oacute;n, reciprocidad, respeto y tantos otros quedan cristalizados al momento de la elecci&oacute;n y la aceptaci&oacute;n p&uacute;blica del resultado. 
    </p><p class="article-text">
        Por ello, l<strong>a admisi&oacute;n expl&iacute;cita de la derrota ante un adversario pol&iacute;tico es la ficci&oacute;n propia y correcta de la democracia.</strong> Una apariencia ceremonial que nos recuerda cada dos a&ntilde;os la realidad de que los votos se prefieren por sobre la fuerza. Nada importa, en esta ocasi&oacute;n, las apreciaciones personales que se tengan los contrincantes entre s&iacute;. No importa si se estiman o desprecian. Conceder en la derrota es, en todo caso, la hipocres&iacute;a correcta del r&eacute;gimen democr&aacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El Frente de Todos ha ido socavando esta ilusi&oacute;n democr&aacute;tica en m&aacute;s de una elecci&oacute;n. Y en su lugar ha instalado un discurso de sombras que nos alejan del entramado heterog&eacute;neo de valores democr&aacute;ticos rubricado en el proceso electoral y el reconocimiento del resultado.</strong> El arte de la disimulaci&oacute;n a trav&eacute;s de las demostraciones de fuerza y la movilizaci&oacute;n, las adulaciones y la informaci&oacute;n sesgada tiene su lugar en la pol&iacute;tica democr&aacute;tica y apunta a construir un escenario favorable para uno mismo que el contrincante acepte como real. Pero &eacute;sta no es la apariencia correcta cuando se debe admitir la derrota de los votos. Porque el lado oscuro de toda simulaci&oacute;n, nos recuerda Maquiavelo, es caer en la trampa de nuestras propias decepciones. 
    </p><p class="article-text">
        La <em>realidad </em>democr&aacute;tica&mdash;un sustrato complejo de valores dif&iacute;cil de articular en la cotidianidad pol&iacute;tica&mdash;debe ser venerada y rememorada en el ritual que m&aacute;s la define. <strong>En democracia, hay algo bello, sino en la derrota, en el ritual de la derrota. Y es una apariencia que debemos preservar.</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Yumatle]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/democracia-apariencias_129_8510134.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Nov 2021 03:02:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/50fa08f7-631e-4e3b-a401-85db5b810203_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="119719" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/50fa08f7-631e-4e3b-a401-85db5b810203_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="119719" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La democracia y sus apariencias]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/50fa08f7-631e-4e3b-a401-85db5b810203_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Democracia,Frente de Todos,Elecciones 2021]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
