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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Sebastián García Uldry]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/sebastian-garcia-uldry/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Sebastián García Uldry]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Un diciembre que duró cuatro años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/diciembre-duro-cuatro-anos_129_8592974.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/05e603b8-a2e5-4994-9264-aec80ad6d3ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un diciembre que duró cuatro años"></p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Foto familiar de los García Uldry                            </span>
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        Nos contamos historias a nosotros mismos para poder vivir, para averiguar qui&eacute;nes somos, qui&eacute;nes fuimos. A veinte a&ntilde;os de diciembre del 2001, todav&iacute;a conservo un &aacute;lbum de fotos en mi cabeza que funciona como una historia en movimiento que se actualiza en el mismo acto de recordar.
    </p><p class="article-text">
        La primera es una foto sacada dos a&ntilde;os antes, a fines de 1999, que en mi vida resume el fin de la d&eacute;cada de los noventa. Estoy en mi casa con mil pesos en la mano. Tengo veintid&oacute;s a&ntilde;os, un trabajo estable y el primer ahorro de mi vida. Se acerca Mat&iacute;as, uno de mis hermanos, y le pregunto si me conviene cambiar los pesos a d&oacute;lares. <em>Es lo mismo</em>, me contesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otra foto en otro pa&iacute;s. El 21 de diciembre de 2001 camino cerca de la Catedral de Granada y paso frente a un puesto de diarios. Entre el collage de colores y formas creo ver una punta parecida al obelisco de Buenos Aires. Freno y miro bien. Realmente es el obelisco. Delante de &eacute;l, aparece una nube de humo negro y un pu&ntilde;ado de polic&iacute;as a caballo. Es la foto principal de la tapa del diario El Pa&iacute;s. El titular, en el centro de la p&aacute;gina, dice: <em>El estallido social en Argentina obliga a dimitir al Presidente De La R&uacute;a</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Narrar una &eacute;poca es asumir que las palabras no alcanzan para representar la realidad. </strong>De lo que se trata es de construir sentido. Unos meses antes yo hab&iacute;a viajado a Espa&ntilde;a y en ese momento trabajaba en una cosecha de aceitunas en un campo al sur de Andaluc&iacute;a. Hab&iacute;a ido a Granada para pasar el fin de semana. Hace diez d&iacute;as no me comunicaba con Argentina. Todav&iacute;a faltaban algunos a&ntilde;os para la llegada de los smartphones, las redes sociales y las videollamadas. Sab&iacute;a de la crisis y del corralito, pero en ese momento no pod&iacute;a imaginar un desenlace as&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un bar, veo en la televisi&oacute;n a una notera espa&ntilde;ola parada sobre la galer&iacute;a principal del Cabildo. Pido que suban el volumen. Habla del estado de sitio, de las cacerolas, la lluvia de piedras, las motos, los treinta y ocho muertos, los remolinos de gente corriendo como met&aacute;fora del desconcierto y hasta de un caballo de la polic&iacute;a doblando sin jinete por la calle Suipacha. <strong>Son fotos que se me presentan reci&eacute;n reveladas, como si todav&iacute;a estuvieran h&uacute;medas en mi cabeza.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Gasto el presupuesto de un mes y compro un Nokia 1100. Hablo con un amigo de Banfield y me dice que viven con las persianas cerradas, que no salen y que el padre a la noche sube a la terraza con la escopeta en la mano para vigilar que nadie quiera meterse. Otro amigo me cuenta que estuvo sobre la Avenida de Mayo y vio c&oacute;mo la polic&iacute;a mat&oacute; a cinco personas en menos de quince minutos.
    </p><p class="article-text">
        Reviso el buz&oacute;n de Yahoo y encuentro el primer mail que envi&eacute; a mi madre cuando llegu&eacute; a Barcelona:&nbsp; <em>Estoy bien, es re lindo por ac&aacute;. Los quiero</em>. Todav&iacute;a no exist&iacute;a el euro (se estrenar&iacute;a unos meses despu&eacute;s, en enero del 2002) as&iacute; que finalmente, antes de viajar, cambi&eacute; los mil pesos por mil d&oacute;lares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El campo donde trabajo lo administra un ingeniero agr&oacute;nomo que se declara anarco ecologista. En la cosecha, las cuadrillas est&aacute;n formadas por inmigrantes como yo, gitanos, okupas y gente de Bobadilla, el pueblo m&aacute;s cercano. En ese momento, ser trabajador golondrina en el sur de Andaluc&iacute;a me une con las ideas m&aacute;s ambiciosas, desmedidas e ingenuas que tengo en mi vida. <strong>Soy feliz hasta que llega la foto que nunca nadie espera, la foto de una tragedia familiar.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En febrero del 2002 asaltan en Buenos Aires a mis hermanos para robarles el auto. El m&aacute;s grande, con dos tiros, sobrevive de milagro; el otro, Mat&iacute;as, muere en el acto. La &uacute;ltima vez que hablo por tel&eacute;fono con &eacute;l, me comenta c&oacute;mo van las primeras semanas de Duhalde como presidente. <em>Ahora s&iacute; vamos a andar bien,</em> ironiza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, es lo &uacute;nico que me acuerdo de esa &uacute;ltima charla.</strong> En esa divisi&oacute;n hist&oacute;rica, tajante y arbitraria entre lo p&uacute;blico y lo privado, me pregunto en qu&eacute; medida asociamos el destino de nuestra vida familiar a las contingencias pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas del pa&iacute;s en el que vivimos. Entre todas las sensaciones y pensamientos que se me cruzan, me pregunto si el asesinato de mi hermano forma parte, de alg&uacute;n modo, de la crisis social del pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando me entero, vuelvo de urgencia. Me tomo el Renfe desde Andaluc&iacute;a hasta Barcelona, y ah&iacute; espero doce horas para volver en un vuelo directo a Buenos Aires. Llego un s&aacute;bado a la ma&ntilde;ana, el 16 de febrero de 2002, a una ciudad en apariencia tranquila.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Todo ese a&ntilde;o fue una carrera de postas para eludir el resentimiento. El duelo fue un monstruo indomable que con los a&ntilde;os se transform&oacute; en un tatuaje quieto en el medio del pecho. </strong>No me deprim&iacute;, todo lo contrario, entr&eacute; en una etapa man&iacute;aca productiva: otra vez me instal&eacute; en Buenos Aires, retom&eacute; la carrera de psicolog&iacute;a que hab&iacute;a interrumpido un a&ntilde;o antes, fui coayudante de una materia y me met&iacute; en una agrupaci&oacute;n pol&iacute;tica universitaria independiente de los partidos nacionales. Empec&eacute; a leer a autores posmarxistas como Ignacio Lewcowicz, Ernesto Laclau o Toni Negri. Todo ese esp&iacute;ritu entre progresista y revolucionario, me encontr&oacute; listo para abrazar y ser consecuente con el mayor titular que dejaron los hechos del 2001: <em>que se vayan todos, que no quede ni uno solo</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hoy me doy cuenta: en mi vida, diciembre del 2001 dur&oacute; cuatro a&ntilde;os.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En todo ese tiempo, colabor&eacute; con organizaciones sociales, f&aacute;bricas recuperadas, movimientos piqueteros y proyectos productivos que intentaban organizarse por fuera de la l&oacute;gica del Estado y el sistema de partidos. Con Punta del Iceberg, la agrupaci&oacute;n en la que militaba, form&aacute;bamos parte del Frente Independiente de la UBA, un movimiento pol&iacute;tico que termin&oacute; siendo, a la luz de la historia, una especie de precuela de La C&aacute;mpora. Yo me fui un poco antes de eso, cuando el primer gobierno de Kirchner y sus pol&iacute;ticas de derechos humanos pusieron en cuesti&oacute;n nuestros principios de independencia a los partidos pol&iacute;ticos nacionales. Muchos de los que militaron en aquellos a&ntilde;os, desde el 2001 al 2004, terminaron en La C&aacute;mpora, en agrupaciones afines al gobierno o directamente como funcionarios p&uacute;blicos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Depende c&oacute;mo ordenamos las fotos del pasado, podemos armar nuestro &aacute;lbum a medida: unidad latinoamericana, populismo, que se sigan yendo todos o volvimos pero mejores.</strong> En mi entorno, mis compa&ntilde;eros pon&iacute;an una foto atr&aacute;s de otra para formar una escalera hasta la puerta de entrada y abierta al sistema de partidos y al poder estatal, representado por el primer gobierno de Nestor Kirchner.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El antes y el despu&eacute;s se resume en dos fotos. La primera, el 26 de junio de 2002, con los cuerpos agonizantes de Maximiliano Kosteki y Dar&iacute;o Santill&aacute;n cerca del puente Pueyrred&oacute;n. La segunda, dos a&ntilde;os despu&eacute;s, Juan Cabandie, un nieto recuperado, da un discurso en la ESMA el 24 de marzo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En poco tiempo, se afianz&oacute; en nosotros una idea de soberan&iacute;a que ven&iacute;a del pasado pero que se nos presentaba como nueva. Esa idea donde todo lo p&uacute;blico y lo estatal es mejor, sin importar mucho cu&aacute;les son los modos de producci&oacute;n para sostener una econom&iacute;a a largo plazo. <em>Que sangren otros</em>, me escuch&eacute; diciendo desde la posici&oacute;n c&oacute;moda de los que no tienen que gobernar. La militancia de base te da eso. Pod&eacute;s apuntar a los grandes poderes sin tener que hacerte cargo. Durante todo el a&ntilde;o 2003 y 2004, lo intent&eacute;, pero de a poco, todas las ideas que defend&iacute;a chocaron contra la pared alta del Estado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La ebullici&oacute;n social del 2001 se fue apagando con las luces de un gobierno que empez&oacute; a cambiar tarjetas de pertenencia por fidelidad. Con los a&ntilde;os, vi c&oacute;mo los militantes se volvieron soldados, c&oacute;mo el pensamiento cr&iacute;tico se diluy&oacute; en la repetici&oacute;n de sintagmas cristalizados, consignistas, que apuntaban -que apuntan- a sostener la propia identidad; los fantasmas inconscientes se pusieron al servicio de la ideolog&iacute;a y se consolid&oacute; una memoria sin movimiento, sin pensamiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Conoc&iacute; un fen&oacute;meno nuevo: el militante tard&iacute;o, el que disminuye su conciencia de culpa con gestos y consignas pero que no se compromete en nada que ponga en riesgo lo sustancial de su vida. Todos necesitamos creer en algo m&aacute;s que en proyectos individuales.</strong> A&nbsp; la distancia, veo con ternura a m&iacute; Yo de esa &eacute;poca que ten&iacute;a una convicci&oacute;n ciega en que la militancia era la actividad social m&aacute;s elevada para poder cambiar el estado de cosas, mucho m&aacute;s que, por ejemplo, un trabajo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; bien cu&aacute;ndo fue, pero sin dudas renunci&eacute; a lo que ese tipo de militancia te obligaba; esa inteligencia de las apariencias, de lo que conviene decir y lo que hay que hacer para vencer al enemigo. Nada de eso te vuelve mejor ciudadano o mejor persona. La vida no es una unidad que tiene que negar sus grises para poder ser afirmada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, veo c&oacute;mo la esencia del militante conserva las mismas caracter&iacute;sticas y el mismo desaf&iacute;o: &iquest;c&oacute;mo sostener tus ideales sin negar la experiencia vital en toda su complejidad, ese &aacute;lbum de fotos pegado a las paredes de tu existencia, con todas sus contradicciones, tal y como se presenta en nosotros y en cada una de las personas que conocemos?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián García Uldry]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/diciembre-duro-cuatro-anos_129_8592974.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Dec 2021 10:20:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un diciembre que duró cuatro años]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crisis 2001]]></media:keywords>
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