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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Salvador Marinaro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/salvador-marinaro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Salvador Marinaro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La revolución de las hojas A4, las protestas y represión en Shanghai por dentro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/revolucion-hojas-a4-protestas-represion-shanghai_1_9766386.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4d6f11e7-dc8f-48c5-af44-ca643c897e06_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La revolución de las hojas A4, las protestas y represión en Shanghai por dentro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por primera vez en treinta años, la población china salió a las calles no para cuestionar una determinada medida sino para expresar su frustración con el sistema. De eso se trata la llamada revolución de las hojas A4 en blanco, no hay consignas ya todos saben de qué se trata el malestar. Qué detonó la protesta después de meses de encierro por el Covid-19. </p></div><p class="article-text">
        &nbsp;Apareci&oacute; en uno de los pasillos en la Universidad de Fudan, la casa de estudios m&aacute;s antigua de Shangh&aacute;i, y dec&iacute;a: &ldquo;Antes muerto que esclavizado&rdquo;. Escrito con una letra desprolija, en un papel mal recortado, que colgaba de un broche, daba la sensaci&oacute;n de que su autor ten&iacute;a apuro en esconderse y s&oacute;lo quer&iacute;a tirar una botella al mar, una se&ntilde;al para que el que quiera entender, entienda. Las frases el&iacute;pticas se multiplicaron en comentarios de las redes sociales chinas, como Weibo o Moments, que lograban esquivar a la censura y repet&iacute;an &ldquo;yo tambi&eacute;n soy una persona&rdquo; o &ldquo;los chinos tambi&eacute;n somos personas&rdquo;. Brotaban al azar en letreros de la v&iacute;a p&uacute;blica, en los postes de luz, o entre las manos de aquel hombre, vestido de negro y enfundado con un barbijo. Se detuvo ante los transe&uacute;ntes a la salida del subte de Jing&rsquo;an, uno de los barrios m&aacute;s elegantes de la ciudad y mostr&oacute; un cartel: &ldquo;No estamos haciendo lo suficiente/ vos sab&eacute;s de qu&eacute; hablo&rdquo;, dec&iacute;a y se perdi&oacute; en la multitud.
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo 26 de noviembre, pero de noche estallaron las manifestaciones en las principales ciudades chinas, como Pek&iacute;n, Shangh&aacute;i, Cant&oacute;n y Chengdu o en la provincia de Xinjiang. Norte y sur, este y oeste del pa&iacute;s asi&aacute;tico, en una dispersi&oacute;n geogr&aacute;fica y con una profundidad en sus demandas que s&oacute;lo pueden ser comparadas con las protestas de Tiananm&eacute;n de 1989. Sus consignas var&iacute;an desde el relajamiento de las pol&iacute;ticas de cero tolerancia al covid, que China mantiene desde el 2020, hasta demandas m&aacute;s profundas como derechos humanos o, incluso, la renuncia del presidente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las personas tienen un mensaje com&uacute;n&rdquo;, dijo al <em>New York Times</em> Xiao Qiang, un investigador sobre libertad de expresi&oacute;n de la Universidad de California. &ldquo;Ellos saben que quieren expresar y las autoridades tambi&eacute;n, as&iacute; que la gente no necesita decir nada. Si sostienes un papel en blanco, ya todos saben a qu&eacute; te refieres&rdquo;. De hecho, lo notable, lo extraordinariamente &uacute;nico de estas movilizaciones es que, por primera vez en treinta a&ntilde;os, la poblaci&oacute;n sale a las calles, no para cuestionar una determinada medida, sino para expresar su frustraci&oacute;n con el sistema.
    </p><p class="article-text">
        Hojas A4 en blanco se repiten en Internet o en la v&iacute;a p&uacute;blica y desaparecen al segundo, absorbidas por el aparato de censura. Fotos de los usuarios cambian por emoticones sin labios, ficheros vac&iacute;os, ramos de flores y capturas de pantalla que dicen &ldquo;error del sistema&rdquo;. Hablan sin nombrar, en una muestra de creatividad pol&iacute;tica para expresar la disidencia a un r&eacute;gimen que no tolera la oposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El detonador fue el fuego en la ciudad de Urumqi, capital de la provincia de Xinjiang, una regi&oacute;n en el extremo oeste, tan distante para el imaginario chino que su nombre significa la &ldquo;nueva frontera&rdquo;. All&iacute;, el jueves 24 de noviembre, entre diez y cuarenta personas murieron en un incendio. La cantidad de v&iacute;ctimas var&iacute;a seg&uacute;n los relatos, ya que los medios p&uacute;blicos hablan de diez muertos, pero otros testimonios multiplican esa cifra por cuatro. De hecho, la reacci&oacute;n popular s&oacute;lo se comprende, si se tienen en cuenta los rumores, la informaci&oacute;n paralela, que esquiva al discurso oficial.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los manifestantes, los bomberos no pudieron entrar al edificio ya que las puertas estaban bloqueadas. Los hidrantes no llegaron a tiempo porque las barricadas imped&iacute;an el acceso. Medidas similares se tomaron en las cuarentenas de otras ciudades chinas, donde los comit&eacute;s de barrio (esas unidades heredadas del mao&iacute;smo que mezclan a delegados del partido con conserjes y vecinos que act&uacute;an como voluntarios) colocaron candados y bloquearon con paneles las salidas de emergencia, en un gesto de apoyo a las pol&iacute;ticas de cero covid. Como resultado, los videos muestran c&oacute;mo los chorros de agua apenas acariciaban las llamas que sal&iacute;an del edificio, mientras los vecinos gritaban.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La capacidad de algunos residentes para rescatarse a s&iacute; mismos era muy d&eacute;bil&hellip; y fallaron al escapar&rdquo;, explic&oacute; Li Wensheng, el jefe de la brigada que intervino en el incendio. Su aparici&oacute;n p&uacute;blica respond&iacute;a a las primeras muestras de rechazo social. Y como respuesta, neg&oacute; que las restricciones hayan causado las muertes, culp&oacute; a los autos estacionados y, de paso, a las v&iacute;ctimas, lo que gener&oacute; una indignaci&oacute;n mayor.
    </p><p class="article-text">
        Grupos de manifestantes rompieron las cuarentenas y avanzaron por las calles, reclamando el fin de un aislamiento que ya llevaba m&aacute;s de 105 d&iacute;as. Se reunieron por las noches y empujaron las vallas, se enfrentaron a la polic&iacute;a sanitaria que viste de mameluco blanco y escafandra, los llamados <em>da bai</em>. &ldquo;Mi familia no pudo salir a la puerta de su casa por m&aacute;s de cuatro meses&rdquo;, cuenta Jack Wu, un peluquero de Xinjiang que trabaja en Shangh&aacute;i. Como muchos de los migrantes internos, no ve a su familia hace m&aacute;s de tres a&ntilde;os por las restricciones del gobierno.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez que las pol&iacute;ticas de la pandemia provocan una tragedia en China. El 19 de septiembre un micro que trasladaba enfermos y contactos estrechos a una unidad de aislamiento choc&oacute; en la provincia de Guizhou. Veinte personas murieron y otros 27 resultaron heridos. Y este es s&oacute;lo uno de los casos que tuvo escala p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ya fue demasiado, &iexcl;no se puede vivir as&iacute; por m&aacute;s de tres a&ntilde;os!&rdquo;, explica una estudiante shanghainesa que utiliza redes occidentales para postear en contra de las pol&iacute;ticas. Su opini&oacute;n representa a ese sector de la poblaci&oacute;n, j&oacute;venes de clase media urbana, que el fin de semana pasado se reuni&oacute; en la calle Wulumuqi (Urumqi en mandar&iacute;n) con mensajes de duelo. La tarde del s&aacute;bado, en una de las arterias del centro de Shangh&aacute;i, m&aacute;s de cien personas cargaban flores, velas prendidas o coreaban consignas al azar como &ldquo;<em>ziyou, ziyou</em>&rdquo;, es decir &ldquo;libertad&rdquo;. Como afirm&oacute; una de las manifestantes, la mayor&iacute;a no ten&iacute;an &ldquo;ninguna clase de experiencia en protestar, no mostraban organizaci&oacute;n alguna y de hecho no compart&iacute;an la misma consigna&rdquo;. Su comentario remarca la naturaleza espont&aacute;nea de estas demandas.
    </p><p class="article-text">
        Cuarenta minutos despu&eacute;s la polic&iacute;a delimit&oacute; las cuatro cuadras a la redonda, los primeros manifestantes fueron arrestados, incluso cuando los protestas eran pac&iacute;ficas. Algunos de ellos denunciaron que fueron golpeados, como el corresponsal de la BBC, Edward Lawerence, que fue detenido junto con los participantes el domingo 27 de noviembre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa misma noche, la polic&iacute;a cerr&oacute; la zona. J&oacute;venes con barbijos y ropa de invierno encontraron las barricadas donde antes estaba el memorial a las v&iacute;ctimas del incendio. Y su respuesta fue s&oacute;lo mirar en silencio. Se detuvieron para ver a los agentes de polic&iacute;a, frente a frente. Los miraban fijo sin decir una sola palabra en el m&aacute;s completo silencio.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, la esquina parece un territorio de guerra, no por el desorden, sino por los paneles que tapan las cuadras, los autos blindados en cada esquina, los camiones de polic&iacute;a y los uniformados que recorren, de punta a punta, una de las esquinas que supo ser de las m&aacute;s bellas de Shangh&aacute;i. Su presencia demuestra hasta que punto las protestas fueron excepcionales, no tanto por el n&uacute;mero de sus participantes, sino por la valent&iacute;a de quienes decidieron salir a la calle.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Salvador Marinaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/revolucion-hojas-a4-protestas-represion-shanghai_1_9766386.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Dec 2022 08:41:14 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La variante ómicron llega a China y volvieron los encierros de personas en sus lugares de trabajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/variante-omicron-llega-china-volvieron-encierros-personas-lugares-trabajo_1_8852921.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/082f42e9-f81a-4022-8791-e4aab8a825d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La variante ómicron llega a China y volvieron los encierros de personas en sus lugares de trabajo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pico comenzó el 14 de marzo. Hubo compras de pánico que vaciaron las góndolas de los supermercados. Además de bloqueos totales de ciudades, testeos masivos, hasta cuarentenas segmentadas por barrios y distritos. Muchos profesores, alumnos y empleados quedaron encerrados en universidades y oficinas.</p></div><p class="article-text">
        La primera se&ntilde;al fueron los fideos instant&aacute;neos. El lunes 14 de marzo, pocas horas antes de que el gobierno de Shangh&aacute;i decretara nuevas medidas por la pandemia, las g&oacute;ndolas de los supermercados aparecieron diezmadas. Esta vez, hab&iacute;a fruta, suficiente papel higi&eacute;nico, barbijos y alcohol en gel, pero los tazones de sopa al estilo Maruchan, con sabor a tomate y carne, de pollo y hongos o con pimienta de Sichuan hab&iacute;an desaparecido de la ciudad. Formaban parte del kit de supervivencia b&aacute;sico para el encierro de los pr&oacute;ximos d&iacute;as, a tal punto que se difundi&oacute; un meme: &ldquo;&iquest;Hay otra cosa para comer que no sean fideos?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        China experimenta la subida de casos m&aacute;s dr&aacute;stica desde que empez&oacute; la pandemia en enero del 2020. Grandes metr&oacute;polis, como Shenzhen, Shangh&aacute;i y la provincia de Jilin en el noroeste del pa&iacute;s, anunciaron restricciones que van <strong>desde bloqueos totales, testeos masivos, hasta cuarentenas segmentadas por barrios y distritos. </strong>Seg&uacute;n los cifras oficiales, los casos se elevaron a m&aacute;s de dos mil positivos por d&iacute;a. Tambi&eacute;n el 19 de marzo, las autoridades reconocieron la primera muerte por Covid-19 en m&aacute;s de un a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Si fuera en otro regi&oacute;n del mundo, digamos Occidente, estos n&uacute;meros no despertar&iacute;an miedo ni al m&aacute;s cauto. Pero, en un pa&iacute;s que ha mantenido una pol&iacute;tica de tolerancia cero, ha reducido sus conexiones internacionales al m&iacute;nimo y ha hecho de estas decisiones un motivo de orgullo nacional, estas cifras disparan las alarmas. Como dice Zhang Hao, un traductor que trabaja en Shangh&aacute;i &ldquo;m&aacute;s que al virus, le tengo miedo a las medidas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A principios de marzo, cuando los casos empezaron a crecer despu&eacute;s del A&ntilde;o Nuevo Chino, el aire se sent&iacute;a tenso en la ciudad. Los profesores universitarios, maestros de secundaria y empleados cargaban sus colchonetas inflables y bolsas de dormir a sus lugares de trabajo. Los m&aacute;s precavidos hicieron una valija con lo indispensable por si sus oficinas quedaban bajo <em>lockdown</em>. As&iacute; dictan los reglamentos, en el caso de encontrarse un contacto estrecho, todos deben quedarse en el sitio por 48 horas para ser testeados dos veces.
    </p><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes poblaron las redes: camas en estacionamientos de autos, predios deportivos con un sinf&iacute;n de mantas en el piso, locales de ropa con sus compradores durmiendo en una escena que parece sacada de la pel&iacute;cula <em>La terminal</em>. &ldquo;Prefiero no frecuentar espacios p&uacute;blicos y compro todo por internet&rdquo;, dice Lisa Wen, que trabaja como profesora de mandar&iacute;n. &ldquo;No quiero que me dejen encerrada&rdquo;, comenta.
    </p><p class="article-text">
        Ese fue el caso de Wenxue que pidi&oacute; discreci&oacute;n con su nombre. Despu&eacute;s de dar clases en una universidad shanghainesa, recibi&oacute; el aviso de que los portones del campus se cerraban con profesores, alumnos y personal adentro. Al principio, le dijeron que ser&iacute;a una cuesti&oacute;n de d&iacute;as, pero termin&oacute; cumpliendo dos semanas de aislamiento en una de las aulas. Al parecer, el conductor del bus universitario estaba enfermo. &ldquo;Nunca pas&eacute; tanto tiempo sin ver a mi hijo&rdquo;, dice Wenxue, madre de un nene de dos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Hasta el jueves 17 de marzo, los protocolos ordenaban que los contagiados deb&iacute;an ser hospitalizados, con s&iacute;ntomas o sin ellos. Luego de recibir el tratamiento, deb&iacute;an testear negativo m&aacute;s de dos veces, para ser llevados a una habitaci&oacute;n de hotel por los pr&oacute;ximos catorce d&iacute;as. En la mejor de las situaciones, un enfermo puede pasar, en promedio, un mes sin ver la luz del exterior. En otros, casi dos meses como fue el caso de un argentino que result&oacute; positivo despu&eacute;s de aterrizar en Shangh&aacute;i. En total, vivi&oacute; un encierro de 55 d&iacute;as entre unidades de testeo, hospital y hotel de cuarentena.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las nuevas normativas establecen que los asintom&aacute;ticos ya no deben ser hospitalizados</strong> (en parte, para relajar el sistema m&eacute;dico ante la subida de casos). A&uacute;n as&iacute;, los portadores silenciosos y sus allegados deben realizar cuarentenas centralizadas. Incluso, los segundos contactos, es decir una persona que vio a otra, que estuvo cerca de otro contagiado, deben permanecer aislados.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En esta situaci&oacute;n, prefiero no salir de casa&rdquo;, dice Zhang. Su actitud es la misma de muchos residentes en Shangh&aacute;i, donde a pesar de no haberse declarado el cierre, grandes porciones de la ciudad parecen deshabitadas.
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        En los barrios de las afueras, los altos parlantes anuncian que los vecinos deben quedarse en sus casas hasta haber sido testeados. La escena se repite en cada complejo de viviendas: toldos azules estacionados en las puertas de salida, con un batall&oacute;n de enfermeros vestidos con trajes y m&aacute;scaras transparentes como astronautas en azul y blanco. Un video difundido por WeChat (la red de mensajer&iacute;a china) muestra a los enfermeros practicando la &ldquo;danza del conejo&rdquo;. Bailan una coreograf&iacute;a antes de empezar la jornada laboral para levantar la moral del equipo.
    </p><p class="article-text">
        Es que la palabra y la idea de &ldquo;salud&rdquo; se multiplica a lo largo de la ciudad. En las plazas, entre los pasacalles, en las entradas de las oficinas se pueden leer esl&oacute;ganes que piden &ldquo;cooperar con la salud del barrio&rdquo;, celebran &ldquo;una ciudad saludable con un pueblo saludable&rdquo; o insisten en &ldquo;construir una civilizaci&oacute;n saludable&rdquo;. En China la reacci&oacute;n al coronavirus se interpreta como una raz&oacute;n de Estado.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Cuando el gobierno anunci&oacute; la reapertura de Wuhan (donde empez&oacute; la pandemia), en abril del 2020, la respuesta al virus implic&oacute; un resurgimiento del nacionalismo. Los bajos &iacute;ndices de contagios y la vida cotidiana con clases presenciales, museos y teatros abiertos fue interpretada como un diferenciador social. Los medios oficiales subrayaron la diferencia con la respuesta de Occidente: nosotros o ellos, junto a las im&aacute;genes del colapso sanitario en Europa y Estados Unidos. &ldquo;Te gusta vivir en China, &iquest;no?&rdquo;, dice un conductor de Didi (la versi&oacute;n china de Uber), mientras se acomoda el barbijo. &ldquo;China es el pa&iacute;s m&aacute;s seguro&rdquo;, remata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas, esta respuesta se encontr&oacute; ante uno de sus desaf&iacute;os m&aacute;s grandes por la baja circulaci&oacute;n previa, la velocidad de transmisi&oacute;n de la variante &oacute;micron y el cansancio que genera m&aacute;s de dos a&ntilde;os de pandemia y, claro, mantener las medidas para contenerla.
    </p><p class="article-text">
        <em>SM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Salvador Marinaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/variante-omicron-llega-china-volvieron-encierros-personas-lugares-trabajo_1_8852921.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Mar 2022 09:02:32 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El futuro según China, cuando el sueño es premonición y la idea de felicidad une a la sociedad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/futuro-china-sueno-premonicion-idea-felicidad-une-sociedad_130_8606344.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ddc386c8-f2b8-48b9-a4aa-fb4944613ba3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El futuro según China, cuando el sueño es premonición y la idea de felicidad une a la sociedad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En veinte años, el país asiático realizó transformaciones que, en Occidente, sucedieron en los últimos dos siglos. El escritor y académico Salvador Marinaro analiza, desde Shanghái, cómo desde el gobierno, la cultura y la vida cotidiana se construye una comunidad que ve con optimismo el porvenir.</p><p class="subtitle">¿Querés leer en papel y gratis? - Este artículo se publicó en la revista que elDiarioAR envía a sus socias y socios. Si querés recibirla vos también en tu casa y apoyar a este proyecto periodístico, podés sumarte en este link.</p></div><p class="article-text">
        Un mes despu&eacute;s de que la agencia espacial china pusiera la primera sonda en el lado oscuro de la Luna, un nuevo lanzamiento sacudi&oacute; las pantallas del pa&iacute;s asi&aacute;tico. La pel&iacute;cula <em>La tierra errante</em>, coproducida por la firma estatal China Film Group Corporation y distribuida por Netflix, se estren&oacute; el d&iacute;a del A&ntilde;o Nuevo chino en febrero del 2019. La estrategia comercial dio resultado, o al menos as&iacute; parece, porque el film recaud&oacute; quinientos millones de d&oacute;lares en diez d&iacute;as y, a los pocos meses, se transform&oacute; en el segundo film m&aacute;s taquillero jam&aacute;s filmada dentro de la Gran Muralla.
    </p><p class="article-text">
        El gui&oacute;n cuenta que, ante la expansi&oacute;n del Sol, un hipot&eacute;tico Gobierno Unido de la Tierra (que habla franc&eacute;s y no enfrenta elecciones) decide construir motores para impulsar al planeta fuera del sistema solar. La mitad de la poblaci&oacute;n mundial muere en los preparativos del despegue y la otra mitad se refugia en ciudades subterr&aacute;neas para soportar las penurias del viaje hacia Alfa Centauri. Pero, en el trayecto, algo no sale como estaba calculado y la gravedad de J&uacute;piter amenaza con destruir los &uacute;ltimos vestigios de la &ldquo;civilizaci&oacute;n humana&rdquo;. Entonces, un grupo de adolescentes chinos y su padre astronauta hacen lo imposible para salvar al mundo de su completa destrucci&oacute;n.
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                China, antes y después.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &iquest;Suena a clich&eacute;? Desde el presupuesto millonario para efectos especiales, hasta la trama patri&oacute;tica de sacrificio personal por el bien de la humanidad, la producci&oacute;n repite paso a paso la f&oacute;rmula del cine posapocal&iacute;ptico norteamericano, como si fuera la versi&oacute;n china de <em>El d&iacute;a de la Independencia</em>. Pero fue su innegable lectura pol&iacute;tica, en un contexto de confrontaci&oacute;n estrat&eacute;gica y competencia tecnol&oacute;gica con Estados Unidos, lo que volvi&oacute; a la cinta una met&aacute;fora del porvenir para muchos chinos.
    </p><p class="article-text">
        Esta interpretaci&oacute;n, en un pa&iacute;s que no deja discurso al azar, fue por supuesto pretendida. La vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores recomend&oacute; a un periodista que viera la cinta sin que ella se lo preguntara: &ldquo;s&eacute; que esa pel&iacute;cula est&aacute; en llamas en este momento, te aconsejo verla&rdquo;. El vicepresidente de Beijing Culture, una de las productoras que participaron del film, dijo que &ldquo;representaba un gran paso para nuestra habilidad de crear un atractivo global&rdquo;. Y, por si no quedaba claro, un comentario en el peri&oacute;dico oficial del partido <em>People&rsquo;s Daily</em> dijo que el gui&oacute;n reflejaba &ldquo;el esp&iacute;ritu y el coraje de nuestra naci&oacute;n para salvar al mundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es que en China la idea de un porvenir brillante, tecnol&oacute;gicamente avanzado y econ&oacute;micamente pr&oacute;spero, parece una constante. Se repite en las frases del presidente Xi Jinping que proponen un &ldquo;sue&ntilde;o chino&rdquo;, en las entradas de los edificios que piden &ldquo;construir una sociedad armoniosa&rdquo;, en los mingitorios de los ba&ntilde;os p&uacute;blicos que ruegan dar &ldquo;un peque&ntilde;o paso hacia adelante es un gran paso hacia la civilizaci&oacute;n&rdquo;. De hecho, la certeza de un ma&ntilde;ana mejor es uno de los elementos que mantiene unida a la sociedad, mil tres cientos millones de personas repartidos en el tercer territorio nacional m&aacute;s vasto del planeta, ante un objetivo com&uacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Imaginar el mañana es siempre un asunto del presente y como toda imagen del porvenir, al poco tiempo de ser construida queda vieja y se vuelve el sedimento de una época.
</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sue&ntilde;o o premonici&oacute;n. En ese futuro pr&oacute;ximo, China recupera su posici&oacute;n destacada en el sistema global y se presenta al mundo como lo que siempre fue: un pa&iacute;s central, donde suceden los saltos tecnol&oacute;gicos, culturales y t&eacute;cnicos. Y donde tambi&eacute;n empiezan las crisis globales. No por nada, en mandar&iacute;n el pa&iacute;s asi&aacute;tico se pronuncia <em>Zh&#333;nggu&oacute;</em> que se traduce como el &ldquo;Reino del Centro&rdquo; y, seg&uacute;n dicen las tradiciones, el eje del cosmos estar&iacute;a debajo del Templo del Cielo en Pek&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si la sociedad se presenta como una de las m&aacute;s optimistas con respecto a su propio porvenir, el gobierno chino es el &oacute;rgano que m&aacute;s legisla, regula e impera sobre el futuro a nivel mundial. Y no s&oacute;lo porque, seg&uacute;n el Banco Mundial, el pa&iacute;s asi&aacute;tico aporta m&aacute;s de la tercera parte del crecimiento econ&oacute;mico global, sino por la efusiva producci&oacute;n de documentos oficiales, <em>policy papers</em> y esl&oacute;ganes partidarios que establecen pol&iacute;ticas y determinan objetivos a mediano plazo (para la d&eacute;cada pr&oacute;xima) y a largo plazo (a mediados de este siglo).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sin ir m&aacute;s lejos, el libro blanco sobre el f&uacute;tbol publicado en el 2015 establece como objetivo organizar un Mundial y levantar la Copa del Mundo antes del 2050</strong>. Prop&oacute;sitos que pueden parecer ilusorios, sino estuvieran acompa&ntilde;ados por un plan de inversiones en clubes, nuevos estadios, entrenadores y jugadores extranjeros con cifras millonarias, que ya est&aacute; en plena ejecuci&oacute;n. Aparte del f&uacute;tbol, el Consejo de Estado ha publicado libros blancos sobre temas como la Luna, el Polo Norte, la Ant&aacute;rtida y los desaf&iacute;os energ&eacute;ticos del calentamiento global. En muchos de ellos se mencionan actividades impensables con la tecnolog&iacute;a actual, como la extracci&oacute;n minera en la superficie lunar.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s, como en otros campos, los chinos tengan raz&oacute;n para ser tan optimistas con respecto al siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Una postal de la China moderna                            </span>
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        Un paseo por Shangh&aacute;i, la metr&oacute;polis m&aacute;s rica del pa&iacute;s asi&aacute;tico, parece un recorrido por futuros alternativos. Durante el periodo de Reforma y Apertura, en la d&eacute;cada de 1980, la ciudad fue designada como la punta de lanza dentro del plan de desarrollo industrial y comercial que impulsaba el gobierno de Deng Xiaoping. A partir de esta segunda fundaci&oacute;n, la ciudad se transform&oacute; en el globo de ensayo de pol&iacute;ticas urbanas que luego se aplicar&iacute;an a lo largo del territorio. Sin embargo, imaginar el ma&ntilde;ana es siempre un asunto del presente y como toda imagen del porvenir, al poco tiempo de ser construida queda vieja y se vuelve el sedimento de una &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, cierto retrofuturismo se percibe en los edificios con c&uacute;pulas como platillos voladores y antenas como torres de control en la c&eacute;ntrica avenida Nanjing, porvenir de los 80 y 90 que contrasta con las oficinas espejadas del Pudong, el distrito financiero en la ribera opuesta del r&iacute;o. Desde la rambla, se puede ver la postal cl&aacute;sica de la ciudad donde se tocan tres de las torres m&aacute;s altas del mundo, interconectadas por una vereda en altura que se ilumina por las noches. Este paisaje de futurismo g&oacute;tico sirvi&oacute; como escenario para la pel&iacute;cula <em>Her, </em>en la que Joaquin Fenix se enamora de una computadora con la voz de Scarlett Johansson.
    </p><p class="article-text">
        Los libros de historia que narran el crecimiento explosivo chino suelen empezar con la misma imagen del Pudong. En 1990, un par de dep&oacute;sitos industriales disputaban los terrenos a los arrozales en la ribera, mientras los barcos cargueros surcaban el Hangpu. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, all&iacute; se levant&oacute; un barrio de acero, cristal y bicisendas, con locales de marcas de lujo como Gucci o Prada, la sede regional de la financiera Morgan Stanley y un museo de arte moderno.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mientras cambiaba el paisaje también lo hacía la sociedad porque, según las estimaciones del Banco Mundial, 800 millones de personas salieron de la pobreza en los últimos cuarenta años.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Esta prisa y monumentalidad no es un detalle aislado: en China, entre 2011 y 2013, se consumi&oacute; m&aacute;s concreto que en Estados Unidos durante todo el siglo XX</strong>; en una d&eacute;cada, se construyeron m&aacute;s casas y departamentos que todas las disponibles en Europa; en ese mismo tiempo se puso en circulaci&oacute;n la red de trenes de alta velocidad m&aacute;s extensa del planeta, junto al sistema de autopistas de mayor kilometraje, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera. Mientras cambiaba el paisaje tambi&eacute;n lo hac&iacute;a la sociedad porque, seg&uacute;n las estimaciones del Banco Mundial, 800 millones de personas salieron de la pobreza en los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En China, entre 2011 y 2013, se consumió más concreto que en EEUUU durante todo el siglo XX; en una década, se construyeron más casas y departamentos que todas las disponibles en Europa</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Estas son algunas de las razones que hicieron que, seg&uacute;n un informe realizado por Pew Reserch Center en 2016, cerca del 90 por ciento de la poblaci&oacute;n fuese optimista con respecto al futuro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La primera vez que me di un ba&ntilde;o en el interior de mi casa ten&iacute;a quince a&ntilde;os&rdquo;, recuerda Tang Xiaoli, sentada en uno de los caf&eacute;s de la calle Nanjing. Tiene menos de cuarenta a&ntilde;os, naci&oacute; en una ciudad vecina en la costa este de China y emigr&oacute; a Shangh&aacute;i donde termin&oacute; su doctorado en Historia de Am&eacute;rica Latina, antes de transformarse en una de las traductoras del espa&ntilde;ol m&aacute;s conocidas de la ciudad. Su historia es la de muchos chinos que, en dos generaciones dejaron de vivir en complejos comunitarios con un solo ba&ntilde;o para toda la manzana, accedieron a una vivienda propia, se educaron en universidades y hasta viajaron m&aacute;s de una vez al extranjero.
    </p><p class="article-text">
        Si bien los efectos econ&oacute;micos son m&aacute;s o menos conocidos, no lo es tanto <strong>la profundidad de los desaf&iacute;os a los que se enfrentan. China se transform&oacute; de la noche a la ma&ntilde;ana de una sociedad rural en el pa&iacute;s con el mayor n&uacute;mero de urbes del planeta. </strong>Y lo hizo con un costo ambiental tan alto que la poluci&oacute;n ti&ntilde;&oacute; de gris el cielo de ciudades como Pek&iacute;n o Xi&rsquo;an. La desigualdad entre ricos y pobres tambi&eacute;n se dispar&oacute; a una velocidad m&aacute;s r&aacute;pida que el crecimiento econ&oacute;mico.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La sociedad china es de las más optimistas con respecto a su propio porvenir, el gobierno chino es el órgano que más legisla, regula e impera sobre el futuro a nivel mundial.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En ese tiempo, se produjeron cambios fundamentales en la estructura social: migraciones masivas del campo a las ciudades, nuevos h&aacute;bitos entre j&oacute;venes y adultos, variaciones de los roles de g&eacute;nero, de familia, en la manera de consumir, vestirse y hasta pagar al verdulero en la esquina que ya no recibe dinero f&iacute;sico sino a trav&eacute;s de una aplicaci&oacute;n en el celular. Es que el pa&iacute;s asi&aacute;tico experiment&oacute;, en veinte a&ntilde;os, las transformaciones que se sucedieron en los &uacute;ltimos dos siglos en el Occidente desarrollado.
    </p><p class="article-text">
        Esta masividad y la rapidez del desarrollo es el fundamento del pacto social chino: ese v&iacute;nculo que une los miembros de una sociedad entre s&iacute; y con el Estado. Como pensaba Thomas Hobbes, las personas est&aacute;n dispuestas a entregar grandes porcentajes de su libertad a cambio de sentirse seguras. En este caso, la seguridad es ante todo econ&oacute;mica: la constataci&oacute;n de un cambio material que ha involucrado a grandes porcentajes de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Esa poblaci&oacute;n, que vivi&oacute; una transformaci&oacute;n material que no imaginaron sus abuelos, que abasteci&oacute; por d&eacute;cadas la mano de obra de la &ldquo;factor&iacute;a del mundo&rdquo;, ahora sue&ntilde;a con el ma&ntilde;ana. Ese ma&ntilde;ana en el cual China ser&aacute; una sociedad econ&oacute;micamente pr&oacute;spera, tecnol&oacute;gicamente de vanguardia y fuerte militar y geopol&iacute;ticamente, tiene una fecha para su concreci&oacute;n: 2049 cuando se cumpla el primer centenario de la Rep&uacute;blica Popular.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
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                Postal de China moderna                            </span>
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        Cuando se acercaba el aniversario de los cien a&ntilde;os del Partido Comunista el 23 de junio de este a&ntilde;o, los jardineros estaban atareados. A lo largo de las avenidas y los parques, se pod&iacute;an ver canteros con arreglos de flores, rosas y peon&iacute;as que dibujaban tres caracteres: <em>Zh&#333;nggu&oacute; M&egrave;ng</em>, que suele traducirse como el &ldquo;sue&ntilde;o chino&rdquo;, repetido con precisi&oacute;n en cada esquina y espacio p&uacute;blico. Se trata de una de las frases m&aacute;s utilizadas por el presidente Xi Jinping. Combina, en tres palabras, las aspiraciones para el porvenir, con una interpretaci&oacute;n sobre la historia reciente del pa&iacute;s asi&aacute;tico, mezclando pasado, presente y futuro.
    </p><p class="article-text">
        Si a primera vista parece una reapropiaci&oacute;n del &ldquo;sue&ntilde;o americano&rdquo;, las oraciones en chino tienen una compleja red de citas con poemas cl&aacute;sicos y significados flotantes. En mandar&iacute;n, la frase &ldquo;sue&ntilde;o chino&rdquo; tambi&eacute;n podr&iacute;a traducirse como &ldquo;China sue&ntilde;a&rdquo;. Esta f&oacute;rmula identifica a los individuos con la totalidad del Estado: los chinos sue&ntilde;an con el sue&ntilde;o de una China &ldquo;pr&oacute;spera, fuerte, avanzada culturalmente y armoniosa&rdquo;. O por lo menos, as&iacute; rezan los discursos oficiales en los cuales cada t&eacute;rmino se repite en el mismo orden y la misma secuencia.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&quot;El sueño chino&quot; puede ser una reapropiación del “sueño americano”, pero las oraciones en chino tienen una compleja red de citas con poemas clásicos y significados flotantes. En mandarín, la frase “sueño chino” también podría traducirse como “China sueña”</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Xi utiliz&oacute; por primera vez la idea de un &ldquo;sue&ntilde;o chino&rdquo; en un art&iacute;culo que se public&oacute; en noviembre de 2012. Con &eacute;l, felicitaba al Museo Nacional de Pek&iacute;n por la apertura de la exhibici&oacute;n &ldquo;El camino hacia el rejuvenecimiento nacional&rdquo;. La muestra ofrec&iacute;a un recorrido por los &uacute;ltimos doscientos a&ntilde;os de historia, pasando por las penurias de la Guerras del Opio y la ocupaci&oacute;n japonesa durante la Segunda Guerra Mundial hasta la proclamaci&oacute;n de Mao Zedong en 1949 cuando se fund&oacute; la Rep&uacute;blica Popular de China.
    </p><p class="article-text">
        En las escuelas, el periodo que va desde 1842 hasta 1949 se conoce como los &ldquo;cien a&ntilde;os de humillaci&oacute;n&rdquo; durante el cual las potencias coloniales dividieron al pa&iacute;s en zonas de influencia inglesa, francesa, rusa o alemana y m&aacute;s tarde japonesa. Durante este periodo, al Imperio Qing fue forzado a firmar una serie de tratados que abrieron el territorio al comercio extranjero luego de dos derrotas militares. A partir de este momento, los intelectuales chinos propusieron una transformaci&oacute;n de las instituciones pol&iacute;ticas que acelerara el tr&aacute;nsito hacia una econom&iacute;a industrial con un ej&eacute;rcito moderno, como hab&iacute;a hecho Jap&oacute;n cincuenta a&ntilde;os antes.
    </p><p class="article-text">
        Para el fil&oacute;sofo hongkon&eacute;s Yuk Hui el deseo de actualizaci&oacute;n, sobre todo cient&iacute;fico y t&eacute;cnico, est&aacute; en el centro de los debates intelectuales durante todo el siglo XX. Para &ldquo;salvar a China&rdquo; de la amenaza extranjera se necesitaba una metamorfosis del viejo sistema confuciano que apresurara el desarrollo material para equipararse a los avances de Occidente. De hecho, en 1957, un eslogan del gobierno de Mao Zedong, instaba a la poblaci&oacute;n a &ldquo;superar al Reino Unido y alcanzar a Estados Unidos&rdquo; en producci&oacute;n industrial. Esta afirmaci&oacute;n tardar&iacute;a casi un siglo en realizarse.
    </p><p class="article-text">
        Los discursos presidenciales y los panfletos partidarios hablan de la franja comprendida entre los &ldquo;dos centenarios&rdquo; como el momento para alcanzar el sue&ntilde;o de una &ldquo;sociedad moderadamente acomodada en todos los aspectos&rdquo;. Mientras tanto, las medidas que se tomaron en los &uacute;ltimos a&ntilde;os sirven como una aproximaci&oacute;n a c&oacute;mo el gobierno imagina que ser&aacute; la China del centenario.
    </p><p class="article-text">
        Y un elemento se repite con insistencia: la inversi&oacute;n en ciencia e innovaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Una muestra de realidad virtual en China                            </span>
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        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1902, el escritor y reformista Liang Qichao public&oacute; un relato en la revista <em>Xin xiaoshuo </em>(o Nueva ficci&oacute;n) que podr&iacute;a ser visto casi como premonitorio. Su &ldquo;cr&oacute;nica del futuro de la Nueva China&rdquo; imaginaba que, en 1962, Shangh&aacute;i ser&iacute;a la sede de la Exposici&oacute;n Mundial. El narrador presentaba un mundo feliz en el que China lideraba el sistema mundial con armon&iacute;a y cientos de j&oacute;venes occidentales estudiaban mandar&iacute;n para tener mejores oportunidades laborales. Por supuesto, el escrito serv&iacute;a como cr&iacute;tica a la decadente administraci&oacute;n imperial que termin&oacute; en 1911, y ofrec&iacute;a una exposici&oacute;n de los ideales republicanos que defend&iacute;a su autor. En ese momento, se debat&iacute;an las reformas que deb&iacute;an emprenderse para sacar a China del atraso.
    </p><p class="article-text">
        Llama la atenci&oacute;n que se reitere un elemento en las narraciones de principios de siglo como en los documentos oficiales del presente: la constataci&oacute;n de que la tecnolog&iacute;a es el fundamento del poder global y que quien ostenta los avances t&eacute;cnicos, tambi&eacute;n dirige los destinos del planeta. En este sentido, los planes actuales del gobierno apuntan a lo que ser&aacute; el siguiente salto hacia adelante.
    </p><p class="article-text">
        El plan<em> Made in China 2025</em>, publicado en el 2015 por el primer ministro Li Keqian, propuso incentivar el desarrollo de altas tecnolog&iacute;as para que China se transformara en l&iacute;der de productos y servicios con un mayor valor agregado. Este plan puso en alerta a los sectores clave de Estados Unidos y Europa que ve&iacute;an afectados sus intereses. Pero eso no detuvo que la inversi&oacute;n en ciencias creciera a un ritmo del diez por ciento anual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El pa&iacute;s asi&aacute;tico ya es el primer inversor a nivel mundial en inteligencia artificial, </strong><em><strong>big data</strong></em><strong> y computaci&oacute;n cu&aacute;ntica</strong>: adelantos que para los especialistas definir&aacute;n el mundo que se viene. De hecho, el casi centenario Henry Kissinger, uno de los art&iacute;fices de la estrategia diplom&aacute;tica de Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XX, dijo que la inversi&oacute;n y regulaci&oacute;n de las computadoras inteligentes debe ser una prioridad para Washington.
    </p><p class="article-text">
        Mientras el gobierno chino anunci&oacute; una ampliaci&oacute;n de su programa espacial y de exploraci&oacute;n de los polos, se augura que la siguiente Guerra Fr&iacute;a estar&aacute; centrada en los avances t&eacute;cnicos. En ese sentido, los sue&ntilde;os de futuro en el pa&iacute;s asi&aacute;tico imaginan una China hipertecnologizada para mediados de siglo XXI y &iquest;qui&eacute;n sabe? quiz&aacute;s tambi&eacute;n levanten la Copa del Mundial del 2050.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>SM</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Salvador Marinaro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/mundo/futuro-china-sueno-premonicion-idea-felicidad-une-sociedad_130_8606344.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Jan 2022 11:01:08 +0000]]></pubDate>
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