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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Iván Budassi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/ivan-budassi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Iván Budassi]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ganancias por el viento traídas, sujetas de impuesto son]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tribuna/ganancias-viento-traidas-sujetas-impuesto-son_129_8942388.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a93723e3-0b57-4485-9fac-a6c87eacfec6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0." width="1200" height="675" alt="Ganancias por el viento traídas, sujetas de impuesto son"></p><p class="article-text">
        Las hojas ca&iacute;das son juguetes del viento, dice en su poema el escritor rom&aacute;ntico espa&ntilde;ol Jos&eacute; de Espronceda. En Argentina y, para sorpresa de muchos, tambi&eacute;n en el Reino Unido y en otros pa&iacute;ses, las ganancias inesperadas &ldquo;tra&iacute;das por el viento&rdquo; generan debates intensos. &iquest;En qu&eacute; bolsillos deber&iacute;an quedar aquellos pesos que no ser&iacute;an fruto del &ldquo;m&eacute;rito&rdquo;, el esfuerzo, la creatividad o la visi&oacute;n comercial?&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de consideraciones econ&oacute;micas o jur&iacute;dicas, el argumento moral y pol&iacute;tico para crear estos impuestos es que&nbsp;el beneficiado no hizo nada en particular para obtener esa acreencia extraordinaria, y entonces debe&nbsp;compartirla con la sociedad, pagando m&aacute;s impuestos.
    </p><p class="article-text">
        Veamos el ejemplo moderno que sirvi&oacute; de base a medidas similares en varios pa&iacute;ses y que, quiz&aacute;s, fue la inspiraci&oacute;n de nuestro ministro de econom&iacute;a para su proyecto vinculado a la &ldquo;renta inesperada&rdquo; derivada&nbsp; de la ocupaci&oacute;n rusa a <strong>Ucrania</strong> en el mercado de alimentos y de energ&iacute;a. Spoiler alert: no mir&oacute; para el lado de Cuba, Venezuela o Corea del Norte.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Thatcher, privatizaciones y un error de c&aacute;lculo</strong></h3><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l fue uno de los problemas m&aacute;s graves que trajo la ola privatizadora de los a&ntilde;os &acute;90? Existe un consenso sobre que la venta de las empresas estatales en el Reino Unido, el este europeo y&nbsp;Latinoam&eacute;rica fueron hechas a precios muy bajos. Es que en aquel entonces no exist&iacute;a un &ldquo;mercado&rdquo; que permitiera establecer su real valor. Las entidades p&uacute;blicas estaban abrumadas por las cr&iacute;ticas por la pobre calidad de sus prestaciones, la indignante dificultad para abastecer la demanda, y la imposibilidad de incorporar capital por el peso enorme que sus estructuras ten&iacute;an sobre los presupuestos p&uacute;blicos. En todos lados hab&iacute;a que esperar a&ntilde;os para conseguir un tel&eacute;fono y los cortes de luz estaban a la orden del d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s m&aacute;s por pragmatismo que por un convencimiento ideol&oacute;gico inicial profundo, <strong>Margaret Thatcher</strong> inici&oacute; una ola privatizadora que se extendi&oacute;&nbsp;al mundo entero. Y digo lo de pragmatismo pues en la plataforma electoral que la llev&oacute; al poder en 1979 no hab&iacute;a una sola palabra, ni siquiera una alusi&oacute;n, ni&nbsp;sugerencia sobre la privatizaci&oacute;n de las empresas p&uacute;blicas. Pero los enormes problemas presupuestarios, las exigencias del FMI (s&iacute;, escuch&oacute; bien) para que disminuyera el d&eacute;ficit fiscal, y un ambiente social envenenado contra el sindicalismo estatal le permitieron encarar un monumental programa de transferencia de activos estatales<strong>.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En relaci&oacute;n a los servicios p&uacute;blicos<strong>,</strong> los precios que los compradores pagaron por las empresas a principios de los &acute;80 se consideraron satisfactorios y razonables. Pero con el correr de los a&ntilde;os se revelaron como extremadamente bajos: el gran espacio para mejoras que hab&iacute;a en las empresas p&uacute;blicas privatizadas y el fenomenal e imprevisible avance tecnol&oacute;gico permitieron bajar los costos dram&aacute;ticamente, aumentando as&iacute; de manera exponencial las ganancias. Los organismos reguladores de telecomunicaciones, gas y electricidad corr&iacute;an de atr&aacute;s tratando de recortar las tarifas pero, mientras tanto, las ganancias de los nuevos prestadores se multiplicaban.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Blair y el &ldquo;New Labour&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        Para las elecciones de 1997 los laboristas comenzaron a tramar una estrategia fiscal para gravar a las empresas de servicios p&uacute;blicos por obtener ganancias que estimaron &ldquo;excesivas&rdquo; y <em>&ldquo;tra&iacute;das por el viento&rdquo;</em> (<em>windfall)</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El clima pol&iacute;tico no pod&iacute;a ser m&aacute;s alentador. Los salarios y <em>bonus</em> que percib&iacute;an sus ejecutivos (conocidos como los <em>fat cats</em>, los gatos gordos); los aumentos en las tarifas en sectores antes fuertemente subvencionados como el agua y la electricidad; y la constante suba en el precio de las acciones reclamaban sangre al calor de la campa&ntilde;a electoral que pretend&iacute;a desalojar a conservadores de John Major del poder. Por otro lado, las monumentales ganancias hechas por millones de ciudadanos que, al amparo de las pol&iacute;ticas del &ldquo;capitalismo popular&rdquo; de Thatcher, compraron acciones a precios muy bajos y las vendieron con ping&uuml;es beneficios ya hab&iacute;an sido olvidadas por todos.
    </p><p class="article-text">
        Luego de su ampl&iacute;sima victoria, Tony Blair y su Ministro de Econom&iacute;a Gordon Brown&nbsp;pusieron manos a la obra de inmediato.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Impuesto retroactivo</strong></h3><p class="article-text">
        Ya en su primer presupuesto pusieron en blanco sobre negro lo que hasta entonces s&oacute;lo era una vaga promesa de campa&ntilde;a: se cobrar&iacute;a un impuesto (por &uacute;nica vez) a todas las empresas de servicios p&uacute;blicos privatizadas. Se gravar&iacute;an las &ldquo;<em>ganancias excesivas</em>&rdquo; originadas en los bajos precios iniciales de venta de las empresas p&uacute;blicas y en la regulaci&oacute;n <em>light</em>&nbsp;de los primeros a&ntilde;os de Thatcher.
    </p><p class="article-text">
        El impuesto se dirigi&oacute; exclusivamente a aquellas empresas privatizadas&nbsp;mediante la venta de acciones al p&uacute;blico y que estuvieran sujetas a regulaci&oacute;n econ&oacute;mica por medio de entes especiales: las doce compa&ntilde;&iacute;as regionales de electricidad de Inglaterra y Gales, las diez compa&ntilde;&iacute;as de agua, los dos generadores de electricidad de Inglaterra, los distribuidores y generadores de electricidad de Escocia, la empresa encargada de la operaci&oacute;n de los aeropuertos m&aacute;s importantes del Reino Unido, <em>British Airports Authority</em>, <em>Bristish Gas, British Telecom, </em>y la empresa operadora de infraestructura de los ferrocarriles, <em>Railtrack</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se recaudar&iacute;a la bonita suma de 5.200 millones de libras (algo as&iacute; como 8.800 millones de d&oacute;lares de aquel entonces). El impuesto iba a ser calculado sobre la diferencia entre el precio adjudicado a las acciones de la compa&ntilde;&iacute;a al momento de su privatizaci&oacute;n y el valor de las mismas cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s. La tasa de la contribuci&oacute;n era draconiana: 23%.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>Por las buenas o por las malas</strong></h3><p class="article-text">
        La estrategia pol&iacute;tica de Blair para ir contra las empresas de servicios&nbsp;p&uacute;blicos no pudo estar mejor dise&ntilde;ada.
    </p><p class="article-text">
        La contracara de este nuevo impuesto fue otro pilar fundamental de su campa&ntilde;a pol&iacute;tica: el programa denominado <em>&ldquo;From Welfare to work&rdquo;</em>. Este plan buscaba sacar a millones de brit&aacute;nicos del seguro de desempleo mediante la instrumentaci&oacute;n&nbsp;de planes de reentrenamiento y educaci&oacute;n que deb&iacute;an completarse obligatoriamente, a riesgo de perder el beneficio. El programa costar&iacute;a aproximadamente 3.200 millones de libras (algo as&iacute; como&nbsp;5.400 millones de d&oacute;lares) y ser&iacute;a financiado con el <em>windfall tax</em>.
    </p><p class="article-text">
        En consecuencia, el creador del <em>New Labour </em>puso a las empresas en la disyuntiva de resistirse al impuesto, planteando una lucha abierta en el terreno pol&iacute;tico y judicial (a riesgo de&nbsp; deteriorar a&uacute;n m&aacute;s su ya golpeada imagen), o pasar el mal trago y tratar de negociar en los mejores t&eacute;rminos el futuro de la regulaci&oacute;n con el gobierno reci&eacute;n instalado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las cr&iacute;ticas llovieron. En primer t&eacute;rmino, la aplicaci&oacute;n de un impuesto sobre ejercicios pasados, cerrados y con ganancias ya distribuidas parec&iacute;a un abuso. Adem&aacute;s, al momento de la aplicaci&oacute;n del impuesto&nbsp;las acciones hab&iacute;an cambiado de manos en numerosas oportunidades en los 15 a&ntilde;os transcurridos&nbsp;desde la privatizaci&oacute;n (es m&aacute;s, un cuarto de ellas fueron revendidas el primer d&iacute;a de oferta p&uacute;blica). El impuesto cay&oacute; en realidad sobre los actuales tenedores de las acciones de las empresas,&nbsp;mientras que los propietarios originales embolsaron alegremente sus <em>windfall gains</em>, las ganancias <em>&ldquo;tra&iacute;das por el viento&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        En una decisi&oacute;n de prudencia pol&iacute;tica t&iacute;picamente brit&aacute;nica, todas las compa&ntilde;&iacute;as involucradas se presentaron puntualmente el 1&ordm; de diciembre de 1997 a pagar la primera de las dos cuotas del <em>windfall tax</em>.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>M&aacute;s rentas inesperadas, m&aacute;s impuestos</strong></h3><p class="article-text">
        La l&oacute;gica del razonamiento brit&aacute;nico fue repetida una y otra vez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 2008 y 2009 Suecia, Noruega y Finlandia impusieron un tributo a las empresas el&eacute;ctricas por diversas cuestiones que las hac&iacute;an obtener rentas extraordinarias por circunstancias externas a su gesti&oacute;n. Medidas similares se tomaron en Espa&ntilde;a, Grecia, Bulgaria, Rep&uacute;blica Checa y Rumania entre 2009 y 2013.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con un alza internacional de los precios de los alimentos de m&aacute;s de un 30% y de la energ&iacute;a de un 60% en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, la Argentina y el mundo pueden leg&iacute;timamente preguntarse: &iquest;qui&eacute;n debe quedarse con las rentas inesperadas tra&iacute;das por los vientos de la guerra?
    </p><p class="article-text">
        <em>IB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iván Budassi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tribuna/ganancias-viento-traidas-sujetas-impuesto-son_129_8942388.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Apr 2022 11:16:44 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[¿Por qué nadie hace nada? París, Villa Gesell, Nueva York y la indiferencia ante el dolor ajeno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tribuna/nadie-paris-pinamar-nueva-york-indiferencia-dolor_1_8702650.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/600cd822-e707-4ca3-b7a4-6978839d0f2b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué nadie hace nada? París, Villa Gesell, Nueva York y la indiferencia ante el dolor ajeno"></p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; nadie ayud&oacute; al fot&oacute;grafo Rene Robert que muri&oacute; en la calle, frente a cientos de personas? Fue <a href="https://www.eldiario.es/cultura/fotografo-flamenco-rene-robert-muere-hipotermia-calle-paris-84-anos_1_8692618.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trending topic y noticia destacada</a> por la crueldad social que pareci&oacute; representar el hecho.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute;, ante una emergencia, muchas personas juntas que podr&iacute;an ayudar a evitar una tragedia, en general no hacen nada? &iquest;Es una locura pensar que prevalece la verg&uuml;enza a &ldquo;sobreactuar&rdquo; ante un hecho porque especulamos que quiz&aacute; sea algo banal o cotidiano? &iquest;Por qu&eacute; no nos &ldquo;metemos&rdquo;? &iquest;Pensamos que otro seguro va a ocuparse? Hay varios hechos que ilustran los graves efectos de esta indiferencia. Desde las Ciencias de la Conducta pudo estudiarse: cuando somos testigos de algo terrible actuamos diferente cuando estamos solos, a cuando estamos entre varios. Repasemos.&nbsp;
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/639873345345863680?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><h3 class="article-text"><strong>Par&iacute;s. Enero 2022. La temperatura apenas supera el nivel de congelamiento</strong></h3><p class="article-text">
        Un hombre yace, inm&oacute;vil, en la zona de la Plaza de la Rep&uacute;blica, pleno centro de Par&iacute;s. Robert era un prestigioso fot&oacute;grafo que capt&oacute; la esencia del flamenco en sus figuras m&aacute;s conocidas y en las an&oacute;nimas bailaoras con vestidos a lunares. Esa noche cientos de personas pasaron a su lado, indiferentes. Reci&eacute;n a las 6 de la ma&ntilde;ana un linyera avis&oacute; a los servicios de emergencia. Los m&eacute;dicos ya nada pudieron hacer para salvar a esa persona congelada de 84 a&ntilde;os que, con un golpe en la cabeza, permaneci&oacute; tirado en la calle desde las 9 de la noche.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/cultura/fotografo-flamenco-rene-robert-muere-hipotermia-calle-paris-84-anos_1_8692618.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es</a> transcribi&oacute; un tweet de un tal Michel Mompontet (@mompontet ), periodista amigo &iacute;ntimo del fallecido: &ldquo;<em>Ren&eacute; Robert, asesinado en plena calle en Par&iacute;s por la indiferencia de los transe&uacute;ntes. Lanzo esta pregunta: &iquest;c&oacute;mo hemos llegado a olvidar la base misma de lo que hace a la humanidad? Descansa en paz, querido amigo&rdquo;</em>.&nbsp;
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/1485655184919437316?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><h3 class="article-text"><strong>Villa Gesell. Enero de 2020</strong></h3><p class="article-text">
        Una patota de rugbiers golpea ferozmente a un pibe a la salida de un boliche. Fernando B&aacute;ez Sosa yace inconsciente, agonizando. Pueden contarse m&aacute;s de 20 personas mirando. Nadie interviene en auxilio de Fernando. Solo una joven trata de ejecutar maniobras de resucitaci&oacute;n. Luego declara: &ldquo;&hellip;estaba inconsciente y nadie se animaba a acercarse.&rdquo;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Graciela y Silvano, padres de Fernando Báez Sosa                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Nueva York. Marzo de 1964</strong></h3><p class="article-text">
        Kitty Genovese, una chica de un barrio tranquilo de Nueva York vuelve a su casa. Seg&uacute;n report&oacute; la polic&iacute;a, durante 35 minutos un hombre la atac&oacute; y apu&ntilde;al&oacute; hasta matarla.<a href="https://www.nytimes.com/1964/03/27/archives/37-who-saw-murder-didnt-call-the-police-apathy-at-stabbing-of.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> El New York Times consign&oacute; que treinta y siete vecinos</a> dijeron que vieron y oyeron cosas sospechosas. Y, otra vez, nadie hizo nada.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Kitty Genovese, asesinada en Nueva York.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>El 911 y el &ldquo;Efecto Espectador&rdquo;</strong></h3><p class="article-text">
        En estos casos -y en tantos m&aacute;s- acontecimientos y reacciones fueron parecidas. &iquest;A qu&eacute; nivel de indiferencia y deshumanizaci&oacute;n hemos llegado? &iquest;C&oacute;mo pueden vecinos y transe&uacute;ntes, seguramente amables vecinos, hermanos fieles, hijos amorosos o padres protectores, no reaccionar ante una persona ca&iacute;da, indefensa, o ante una agresi&oacute;n injustificada? &iquest;Por qu&eacute; nadie hace nada? &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los buenos samaritanos?
    </p><p class="article-text">
        El caso de Kitty fue objeto de m&uacute;ltiples interpretaciones. Incluso, 50 a&ntilde;os m&aacute;s tarde, <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/The_Witness_(2015_American_film)" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su hermano realiz&oacute; un documental </a>donde desnudaba la mala actuaci&oacute;n policial y la tergiversaci&oacute;n de los testimonios de los testigos. Adem&aacute;s, en un pa&iacute;s a&uacute;n conmocionado por el asesinato de Kennedy, la indignaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica ante la inacci&oacute;n ciudadana para con el otro gener&oacute; debates interminables, y termin&oacute; impulsando la creaci&oacute;n del Sistema 911 para alertas policiales.
    </p><p class="article-text">
        Las explicaciones m&aacute;s evidentes se inclinaban a culpar a la deshumanizaci&oacute;n de la sociedad moderna, a la falta de empat&iacute;a con el otro, y a otras mil obviedades de mesa de caf&eacute; que nos vienen a la cabeza cuando pasan cosas como estas, que levantan la indignaci&oacute;n popular.
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; de la discusi&oacute;n sobre qu&eacute; pas&oacute; la noche de marzo de 1964 en Kew Gardens, el &ldquo;Caso Kitty Genovese&rdquo; se convirti&oacute; en una par&aacute;bola muy &uacute;til para disparar otro an&aacute;lisis en el intento de comprender tantos casos en los que muchas personas contemplan a otras en situaci&oacute;n de grave peligro y no hacen absolutamente nada para ayudar.
    </p><p class="article-text">
        En experimentos de laboratorio y la observaci&oacute;n de casos, psic&oacute;logos y soci&oacute;logos determinaron que, cuanto mayor es la cantidad de personas que observan un evento dram&aacute;tico, menor es la posibilidad de que presten auxilio. La literatura cient&iacute;fica se&ntilde;ala que <strong>a medida que aumenta el n&uacute;mero de espectadores,&nbsp;cada persona percibe el accidente como poco grave,</strong> o considera que no es su responsabilidad intervenir, o estima que son otros los m&aacute;s capacitados para solucionar el problema.
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante es que estas actitudes no son conscientes: no es que las personas tomen una decisi&oacute;n reflexiva de no participar. Parecen ser reacciones instintivas, mec&aacute;nicas, r&aacute;pidas. Se presentan espont&aacute;neas y naturales e implican poco esfuerzo y poco consumo de energ&iacute;a cerebral. Ante situaciones inesperadas este sistema &ldquo;autom&aacute;tico&rdquo; toma el comando de nuestra capacidad decisoria. Y pueden hacernos pasar de largo ante un anciano ca&iacute;do en la calle. Y as&iacute; como de manera r&aacute;pida y &ldquo;sin pensar&rdquo; ayudar&iacute;amos a alguien cuando s&oacute;lo nosotros lo vemos en riesgo, de la misma manera y en una situaci&oacute;n id&eacute;ntica, &ldquo;sin pensar&rdquo; somos indiferentes si hay otros.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Las Ciencias del Comportamiento y c&oacute;mo pensamos que pensamos</strong></h3><p class="article-text">
        Ante estos eventos, las reacciones son las del amigo del fot&oacute;grafo, o la de cualquier argentino ante lo que le pas&oacute; a Fernando en Pinamar, o la de la opini&oacute;n p&uacute;blica con el homicidio de Katty: &ldquo;Pero que gente HDP, c&oacute;mo no ayuda&rdquo;. El &ldquo;efecto espectador&rdquo; nos parece s&oacute;lo una explicaci&oacute;n intelectualizada para lavar nuestra conciencia: las personas son grandes, capaces, y deben responder por las decisiones que toman.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, m&aacute;s all&aacute; de los dilemas morales ineludibles, las Ciencias del Comportamiento nos ayudaron a comprender el por qu&eacute; y a darnos cuenta de que este an&aacute;lisis que parece tan sencillo y directo se basa en algo que no siempre sucede: no es cierto, en la pr&aacute;ctica, que las decisiones sean siempre producto de una reflexi&oacute;n consciente y pausada. Y que se evalue toda la informaci&oacute;n disponible y que, luego de analizarla, se elija ir hacia un lado o hacia el otro. El t&iacute;pico ejemplo de este patr&oacute;n decisor racional es el &ldquo;homo economicus&rdquo; de los modelos econ&oacute;micos tradicionales que los te&oacute;ricos comportamentales cuestionan. Ellos pudieron determinar que en algunos casos priman decisiones como las del &ldquo;efecto espectador&rdquo;, que nos hacen resolver r&aacute;pida y autom&aacute;ticamente, en vez de lenta y &ldquo;racionalmente&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tanto &eacute;xito tuvo esta refutaci&oacute;n de los modelos cl&aacute;sicos, que no s&oacute;lo sus sostenedores ganaron los premios Nobel de Econom&iacute;a de los a&ntilde;os 2002, 2017 y 2019, sino que ya hay m&aacute;s de 400 unidades estatales de Ciencias del Comportamiento en todo el mundo (Argentina tiene una desde Julio de 2021). Estos equipos tratan de sistematizar esas decisiones r&aacute;pidas e instintivas, para formular pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que respondan a c&oacute;mo pensamos en realidad, m&aacute;s que a c&oacute;mo &ldquo;pensamos que pensamos&rdquo;. Es decir, ver qu&eacute; sucede desde un punto de vista pr&aacute;ctico para tratar de mejorar nuestros comportamientos, fuera de toda teorizaci&oacute;n de c&oacute;mo deber&iacute;amos actuar si nos castigan o nos dan incentivos econ&oacute;micos.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, en el caso del &ldquo;efecto espectador&rdquo; en vez de promover la indignaci&oacute;n general sobre lo mala que es la gente, el Estado puede advertir y hacer conocer que este efecto existe, para estar atentos y tomar la responsabilidad de actuar si algo pasa y no esperar a que otro intervenga. Y si somos v&iacute;ctimas, no gritar pidiendo ayuda en general sino se&ntilde;alar a alguien para que se sienta interpelado a darnos una mano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero teng&aacute;moslo presente: siempre debemos sobreponernos a nuestra reacci&oacute;n autom&aacute;tica, y acudir en auxilio de quien nos necesita. Eli Wiesel, pensador estadounidense, y profesor de Boston University, Premio Nobel de la Paz de 1986, sobreviviente de los campos de concentraci&oacute;n nazi, ha dicho: &ldquo;Lo que m&aacute;s duele a la v&iacute;ctima no es la crueldad del opresor, sino el silencio del espectador&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>IB</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iván Budassi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/tribuna/nadie-paris-pinamar-nueva-york-indiferencia-dolor_1_8702650.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Jan 2022 10:32:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué nadie hace nada? París, Villa Gesell, Nueva York y la indiferencia ante el dolor ajeno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fernando Báez Sosa,Pinamar,París,The New York Times]]></media:keywords>
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