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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Florencia Werchowsky]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/florencia-werchowsky/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Florencia Werchowsky]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Bodas de sangre: un juego de rol exquisito]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bodas-sangre-juego-rol-exquisito_129_9574821.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e3520847-6dbd-4798-80fb-73370d4674a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bodas de sangre: un juego de rol exquisito"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con diseño escenográfico de Guillermo Kuitca, vestuario de Pablo Ramírez, diseño de iluminación de Jorge Pastorino y música de Diego Vainer, el jueves 29 se estrena la puesta de Vivi Tellas sobre el clásico de Lorca, en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín.</p></div><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Ay luna mala! Deja para el amor la oscura rama.</em>
    </p><p class="article-text">
        Le&ntilde;ador, tercer acto de Bodas de sangre.
    </p><p class="article-text">
        Durante una boda arreglada la novia se escapa a caballo con su amante. El bosque tupido los esconde. Unos le&ntilde;adores hachar&aacute;n las ramas para que pueda entrar la luz de la luna y los hombres y mujeres, armados y furiosos, que salieron a cazar a los amantes, finalmente los encuentren. <em>Bodas de sangre</em> (1933), de Federico Garc&iacute;a Lorca, es un drama basado en el crimen de N&iacute;jar, un caso real &mdash;ocurrido en 1928, en Almer&iacute;a&mdash;, como los biodramas de Vivi Tellas, que son realidades escenificadas. En su manifiesto del g&eacute;nero biodrama, a comienzos de este siglo, Tellas detectaba un &ldquo;retorno de lo real en el campo de la representaci&oacute;n&rdquo; y se propon&iacute;a trabajar en las orillas donde eso mismo, lo real, se encuentra con la teatralidad y se indefine.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hay tragedia en cada personaje&rdquo;, le dice Tellas a su elenco, que est&aacute; ensayando en el escenario de la sala Mart&iacute;n Coronado del Teatro General San Mart&iacute;n. Los actores y actrices&nbsp;est&aacute;n durante toda la obra en escena, son testigos de cada circunstancia, y van pasando al frente, como en un caf&eacute; cantante, para encarar su papel. <strong>Cada acci&oacute;n en </strong><em><strong>Bodas de sangre</strong></em><strong> es un presagio de esa tragedia.</strong> La puesta de Tellas es un drama que se refleja en diferentes realidades como en un laberinto de espejos donde la luna, que es &ldquo;un le&ntilde;ador joven con la cara blanca&rdquo; (Lorca dixit) &mdash;interpretada por la brillante Maruja Bustamante&mdash; lo ensombrece todo: &ldquo;Est&aacute;n heridos, todos est&aacute;n bajo la influencia de la luna. La luna los va a llevar a hacer un desastre. Por m&aacute;s chico que sea tu personaje, algo loco vas a hacer hoy porque la luna te enloquece.&rdquo;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>La cama</strong></h3><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Pero ni&ntilde;a! &iquest;Una boda, qu&eacute; es? Una boda es esto y nada m&aacute;s. &iquest;Son los dulces? &iquest;Son los ramos de flores? No. Es una cama relumbrante y un hombre y una mujer.</em>
    </p><p class="article-text">
        La criada, segundo acto de Bodas de sangre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El dise&ntilde;o escenogr&aacute;fico, una obra en s&iacute;, es de Guillermo Kuitca. </strong>Hace 20 a&ntilde;os, en esta misma sala, Tellas estren&oacute; <em>La casa de Bernarda Alba </em>con la participaci&oacute;n de Kuitca.<em> </em>Fue un suceso. Dice Tellas: &ldquo;Yo invito a los artistas que me acompa&ntilde;an: a Kuitca, a Rodrigo Gonz&aacute;lez Garillo, que es escen&oacute;grafo; a Diego Vainer, a Pablo Ram&iacute;rez. Les propongo: ven&iacute; a hacer tu obra tambi&eacute;n. Guillermo tiene la tragedia en su obra, las personitas chiquitas con el espacio gigante. Somos chiquitos, estamos perdidos. &Eacute;l trae su mundo a la obra y yo trabajo con eso, se encuentran nuestros mundos. Por eso est&aacute; Rodrigo, que es escen&oacute;grafo y va desarrollando las posibilidades escenogr&aacute;ficas. Guillermo trae su mundo po&eacute;tico. Verlo trabajar me produce &eacute;xtasis, es un genio, es conmovedor&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La puesta se va enrareciendo, densificando, y entre el registro espectral que van adquiriendo los actores a medida en que avanza la historia, la luz que entra por los tajos de unas aberturas en un ambiente fuera de escala, la fiesta de la boda corrida del centro de la escena, de la que vemos el final de una platea de sillas vestidas de casamiento como si fuese un error de coordenadas en un mapa, nos encontramos sumergidas en un hiper-onirismo lyncheano. Las camas y los colchones, im&aacute;genes centrales en la obra de Kuitca, se mudan desde el espacio-h&aacute;bitat hacia el bosque del tercer acto. El bosque es una mara&ntilde;a de &aacute;rboles y camas con s&aacute;banas donde los personajes agonizan como en un fumadero de opio mientras los amantes fugitivos son cazados por la comunidad.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>La sangre</strong></h3><p class="article-text">
        <em>Los dos cayeron, y la novia vuelve te&ntilde;ida en sangre falda y cabellera.</em>
    </p><p class="article-text">
        La mendiga, cuadro &uacute;ltimo de Bodas de sangre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sobre el dise&ntilde;o del vestido de novia de Pablo Ram&iacute;rez, Kuitca plante&oacute; un patr&oacute;n de sangre espec&iacute;fico. </strong>Tras la muerte de los dos hombres, que no vemos, la novia volver&aacute; a escena ensangrentada. Ha abrazado a alguno de ellos, tal vez a los dos, no lo sabemos. Un grupo de expertos y expertas del taller de pintura escenogr&aacute;fica del Teatro San Mart&iacute;n, en un concili&aacute;bulo que parece montado por Herzog, determin&oacute; el modo m&aacute;s eficaz de reproducir el boceto de Kuitca. La sangre debe verse fresca pero no demasiado roja, es sangre que se est&aacute; secando sobre el vestido, no debe haber salpicaduras sino las manchas que quedan a una al abrazar a un reci&eacute;n asesinado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante cuatro meses el elenco de 20 integrantes se fue convirtiendo en una comunidad, asumiendo una primera identidad grupal propia antes de convertirse en los personajes de <em>Bodas de sangre</em> que deb&iacute;an interpretar. Asistida por el guionista y dramaturgo Alejandro Quesada en la investigaci&oacute;n sobre la trayectoria de la obra, Tellas le propuso a los actores improvisar sobre la idea de un pueblo que lee en el diario la noticia del crimen de N&iacute;jar &ndash;el caso real sobre el que Lorca bas&oacute; sus Bodas&ndash;, y luego juega a la interpretaci&oacute;n de esos acontecimientos. Dice Vivi: &ldquo;En la obra de teatro es muy dif&iacute;cil aceptar que se est&aacute; haciendo esa obra, que se est&aacute; representando eso que est&aacute; escrito. Me pregunto, &iquest;eso es todo? Necesito algo que lo sostenga, otra ficci&oacute;n&rdquo;. Cada actor, entonces, asumi&oacute; un rol en esa comunidad imaginaria, que a su vez asume un papel de la obra de Lorca, que est&aacute; basado en un crimen real. Una especie de proyecto de teatro griego que tambi&eacute;n evoca a La Barraca, la compa&ntilde;&iacute;a de teatro itinerante con la que Lorca viajaba de pueblo en pueblo representando a Lope de Vega, Calder&oacute;n de la Barca y Tirso de Molina, mientras escrib&iacute;a sus obras. &ldquo;Se funda la compa&ntilde;&iacute;a de teatro del pueblo con el lechero, el panadero, la costurera, todos los oficios. Ah&iacute; se arm&oacute; la comunidad de ellos, es lo que hace que el elenco encaje bien&rdquo;, cuenta Vivi sobre el proceso.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El cuchillito</strong></h3><p class="article-text">
        <em>Vecinas: con un cuchillo, con un cuchillito, en un d&iacute;a se&ntilde;alado, entre las dos y las tres, se mataron los dos hombres del amor.</em>
    </p><p class="article-text">
        La madre, cuadro &uacute;ltimo de Bodas de sangre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres se juntan alrededor de la madre, con los pu&ntilde;os cerrados y una fiereza en la mirada que hace eco en las militancias contempor&aacute;neas. La madre es interpretada por Mar&iacute;a Onetto, una bomba a punto de estallar en escena, la tensi&oacute;n llevada magistralmente hacia una inesperada pero org&aacute;nica resignificaci&oacute;n del texto.
    </p><p class="article-text">
        Es condici&oacute;n de lo cl&aacute;sico admitir, resistir y reinterpretarse en el presente y estas <em>Bodas de sangre</em> de Tellas son feministas y diversas pero sin panfleto. Son naturalmente progresistas, sin esfuerzo ni pose. Lo natural es que Agust&iacute;n Daulte &mdash;rubio espigado y gr&aacute;cil&mdash; represente el rol de la criada o que Sow Mbagnyv &ndash;un inmigrante senegal&eacute;s que en el 2018 protagoniz&oacute; el biodrama <em>Los amigos</em>&ndash; diga sus textos de la obra en franc&eacute;s. &ldquo;Tengo esa idea: est&aacute; mal elegido el elenco. Eso me fascina, me da una gracia que creo que tiene Lorca. Esa es la novedad que yo quiero agregar a la tradici&oacute;n, no voy a convertir esta tragedia en comedia &ndash;que es un procedimiento que no soporto&ndash; sino encontrar en esta obra los momentos de gracia, lo que Lorca est&aacute; se&ntilde;alando como poeta, como p&iacute;caro, como irreverente.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dice Roger Caillois que durante el juego las leyes intrincadas de la vida real son reemplazadas por unas m&aacute;s claras, precisas, que debemos acatar en el tiempo y espacio que dura ese juego. Tambi&eacute;n dice que las leyes crean ficciones. El elenco termin&oacute; fabricando un sistema propio de ficciones dentro de ese margen de bio/drama en el que Tellas les propuso explorar la dramaturgia de Bodas de sangre y que funciona, como un juego, perfectamente con sus propias reglas. En este ejercicio, los y las int&eacute;rpretes se convirtieron en un bloque homog&eacute;neo que elimina en escena las diferencias de trayectorias. Es una puesta trans en tanto mutaci&oacute;n, transformaci&oacute;n de un texto cl&aacute;sico hacia unas formas impredecibles. La obra tiene una plasticidad que Tellas supo aprovechar: &ldquo;Me parece fascinante de los cl&aacute;sicos que todos sepan de qu&eacute; se trata. Umberto Eco dice que lo cl&aacute;sico encierra un misterio que nunca se resuelve, siempre hay otro misterio. Voy a trabajar con lo que vos ya sab&eacute;s: la obra, Lorca, el espectador y yo. Ah&iacute; se arma un movimiento muy interesante, vamos revisando lo que vos sab&eacute;s de la obra. Nada va a quedar en su lugar. Trato de desarmar esa idea de rigidez de los cl&aacute;sicos, que aplasta cualquier texto. Trabajo con la idea de que no hay error, que todo es lo que est&aacute; sucediendo. No hay una forma bien y una forma mal, odio lo binario, soy muy <em>no binarie</em> en ese sentido. Me gusta fluir, siempre a mi elenco y a mi equipo les propongo que trabajemos en este sentido, est&aacute; sucediendo esto. Por supuesto tenemos pautas, marcas, tenemos un mapa. Eso puede salir de otra manera, no est&aacute; determinado. El error te da una situaci&oacute;n nueva. Acertar&eacute;, cambio, es siempre lo mismo&rdquo;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>El caballo</strong></h3><p class="article-text">
        <em>Un hombre con su caballo sabe mucho y puede mucho para poder estrujar a una muchacha metida en un desierto.</em>
    </p><p class="article-text">
        La novia, segundo acto de Bodas de sangre.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;nico personaje que tiene nombre en <em>Bodas de sangre </em>es Leonardo: el amante es un hombre con identidad. Y despu&eacute;s est&aacute;n los asesinos, los F&eacute;lix, familia a la que Leonardo pertenece, pero que est&aacute;n presos entonces no se ven. Los dem&aacute;s roles son gen&eacute;ricos: la novia, el novio, el padre, la madre, la vecina, las muchachas, la criada, la suegra, etc&eacute;tera. Leonardo es el primero en advertirnos lo que las gentes del pueblo no queremos escuchar: &ldquo;Callar y quemarse es el castigo m&aacute;s grande que nos podemos echar encima (&hellip;) Porque t&uacute; crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. &iexcl;Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque!&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pareja central est&aacute; formada por Miranda de la Serna y Nicol&aacute;s Goldschmidt y los enga&ntilde;ados son Alfredo Staffolani y Laura Nevole. Los cuatro, de diferentes trayectorias y procedencias, transmiten una energ&iacute;a todopoderosa, como si en sus actuaciones estuviese encerrado el presagio: los que se desmarcan deben morir. Lorca fue asesinado por el franquismo por los siguientes cr&iacute;menes: ser homosexual y ser poeta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cierra Tellas: <strong>&ldquo;A esta altura de mi camino no creo en los buenos actores, no s&eacute; qu&eacute; es ser buen actor. El virtuosismo, la solvencia, la seguridad me aburren mucho, no hay nada para m&iacute; en eso. Prefiero la fragilidad, la incertidumbre, lo inestable. </strong>La actuaci&oacute;n es imposible, &iquest;qui&eacute;n puede actuar? C&oacute;mo trat&aacute;s de hacerlo, eso es lo lindo. C&oacute;mo son tus caminos para tratar de llevar adelante un personaje y evidentemente no lograrlo nunca. Es imposible. Lo que se ve en Bodas es ese intento, ese camino de tratar de hacerlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>FW</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Werchowsky]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/bodas-sangre-juego-rol-exquisito_129_9574821.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Sep 2022 12:22:32 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La renuncia de Paloma Herrera: una controversia clásica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/renuncia-paloma-herrera-controversia-clasica_129_8714962.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c3214417-67bc-4181-9ae6-a97ace1052f4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La renuncia de Paloma Herrera: una controversia clásica"></p><p class="article-text">
        Hasta el martes pasado, Paloma Herrera fue todos los d&iacute;as a trabajar a uno de los edificios m&aacute;s hermosos de la Ciudad que, no casualmente, aloja un patrimonio tan valioso como intangible: el Teatro Col&oacute;n es su carcasa y tambi&eacute;n es todos los artistas que forma, que contrata y que exhibe. Paloma, por caso, fue alumna del Instituto Superior de Arte del Col&oacute;n &ndash;el ISA&ndash; hasta que a los 15 a&ntilde;os se instal&oacute; en Nueva York y all&iacute;, a los 19, fue nombrada primera bailarina del American Ballet Theatre. Desde entonces dio la vuelta al mundo varias veces encantando en cada escenario que pis&oacute; hasta que se retir&oacute;, a los 40, y acept&oacute; venir a dirigir nuestro Ballet Estable. Siempre es v&aacute;lido recordarlo: el Teatro Col&oacute;n es una instituci&oacute;n estatal financiada con los impuestos de quienes habitamos la Ciudad de Buenos Aires y sus artistas son, por lo tanto, empleados p&uacute;blicos. Como tales, gozan de estabilidad, vacaciones pagas y algunos pocos derechos adquiridos relativos a su tarea. Y se jubilan a los 60 y 65, como cualquier empleado p&uacute;blico hijo de vecino. Algunos esperan mansamente en sus casas a cumplir la edad requerida, otros se reubican en tareas para las que no fueron formados y que muchas veces no tienen que ver con la actividad art&iacute;stica, otros prefieren agarrar los magros &ndash;a veces hasta el insulto&ndash; retiros voluntarios y rehacer sus vidas como pueden. Esta particularidad es, probablemente, la base del conflicto sist&eacute;mico que llev&oacute; a Paloma a renunciar a su cargo. Como dijo en<a href="https://www.instagram.com/palomaherrera_oficial/?hl=es" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> la carta con la que comunic&oacute; su dimisi&oacute;n</a>: &ldquo;Es de p&uacute;blico conocimiento que de la planta de 100 bailarines del Teatro, a duras penas los que trabajan llegan a 50&rdquo;. Pocas compa&ntilde;&iacute;as del mundo cuentan con estas condiciones laborales, mucho menos el ABT, donde los contratos son por temporada y los bailarines pasan algunos meses al a&ntilde;o a la deriva, sin la contenci&oacute;n de la instituci&oacute;n para la que trabajan. Paloma se choc&oacute;, entonces, despu&eacute;s de una carrera desarrollada en Estados Unidos y signada por la &eacute;pica personal, con nuestro paradigma estatal-colectivo.&nbsp;
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                La primera página de la renuncia de Paloma Herrera                            </span>
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        A&uacute;n para las personas que nunca entraron al Col&oacute;n, que nunca vieron &oacute;pera, ballet o fueron a un concierto, ni se apuntaron en las visitas guiadas, el Teatro representa nuestro potencial como naci&oacute;n, es nuestra promesa de excelencia, nuestro lugar en la cultura del mundo. Esta es su funci&oacute;n principal: lo que representa como icono nacional, m&aacute;s all&aacute; de lo que se presenta en su escenario, al que accede &ndash;por razones que van desde los precios de sus entradas a una idea de arte de &eacute;lite&ndash; un porcentaje baj&iacute;simo no solo de los argentinos sino de los porte&ntilde;os que lo sostienen. Podemos enorgullecernos de los artistas que somos capaces de formar all&iacute;, como Marianela N&uacute;&ntilde;ez, primera bailarina en el Royal Ballet; Daniel Proietto, bailar&iacute;n y core&oacute;grafo contempor&aacute;neo que descolla en los teatros de Europa; Ludmila Pagliero, &eacute;toile de L&rsquo;Opera de Paris; Herman Cornejo, primer bailar&iacute;n del ABT o la misma Paloma, de una generaci&oacute;n m&aacute;s cercana a otros dos grandes: Julio Bocca y Maximiliano Guerra. Todos forman parte de nuestra categor&iacute;a favorita: argentinos triunfando en el exterior. Son much&iacute;simos los bailarines y las bailarinas que exportamos, es decir, que se van. Y luego est&aacute;n los que se quedan, no menos valiosos, no menos entrenados, en absoluto menos talentosos. Las diferencias entre unos y otros suelen ser accidentes biogr&aacute;ficos, oportunidades aprovechadas, acceso, familias decididas a dejarlo todo por la carrera de la nena o del nene. Somos una cantera inagotable de talento en la adversidad, somos capaces de no saldar jam&aacute;s la brecha entre los argentinos que triunfan en el exterior y los que pelean por sus condiciones laborales en nuestro pa&iacute;s. Idem cient&iacute;ficos, &iacute;dem deportistas.
    </p><p class="article-text">
        Ya nadie cree en la promesa del arte impoluto que cierto imaginario todav&iacute;a retrata al hablar de las y los bailarines cl&aacute;sicos: hadas, cisnes, puntas de pie, los sacrificios que se redimen con el sue&ntilde;o cumplido. Para haber llegado a formar parte del Ballet Estable, los bailarines y bailarinas debieron entrenarse desde ni&ntilde;os, en general se formaron en el ISA, como Paloma y todos los arriba mencionados, tomando clases por la ma&ntilde;ana, y luego en estudios privados, por la tarde. Todos se convirtieron, de alg&uacute;n modo, en extra&ntilde;os en sus entornos familiares o escolares, aprendieron a lidiar con el dolor del cuerpo, con la disciplina y con las exigencias de un trabajo de adultos siendo chicos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los bailarines y las bailarinas en nuestro Teatro Col&oacute;n son, tal vez como en ning&uacute;n otro teatro p&uacute;blico del mundo, miembros de la controversia pol&iacute;tica-social-cultural de la agenda diaria.</strong> Est&aacute;n atravesados por el debate, organizan huelgas en el escenario, cada tanto abrazan simb&oacute;licamente a su amada carcasa y son solidarios con los y las bailarinas que desde fuera de la instituci&oacute;n pelean por una ley nacional de la danza. El Col&oacute;n es, tambi&eacute;n en este sentido, un s&iacute;mbolo nacional.
    </p><p class="article-text">
        Vale hacerse la pregunta sobre las razones que, como ciudadanos, nos impulsan a seguir manteniendo un proyecto tan caro y exclusivo. Es de suponer que las autoridades se lo planteen cada tanto y que generalmente, entre voces encontradas, lleguen a la conclusi&oacute;n de que el Teatro Col&oacute;n no existir&iacute;a si no fuese estatal. No habr&iacute;a Ballet Estable ni Paloma Herrera ni argentinos brillando afuera por nosotros. Es un proyecto econ&oacute;micamente deficitario, y por eso mismo, por estar al margen de la utilidad y a&uacute;n as&iacute; seguir generando artistas extraordinarios, es que vale su peso en oro.
    </p><p class="article-text">
        <em>FW</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Florencia Werchowsky]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Feb 2022 11:57:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La renuncia de Paloma Herrera: una controversia clásica]]></media:title>
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