<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Franco Gatti]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/franco-gatti/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Franco Gatti]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiarioar.com/rss/category/author/1038406/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Una mirada desde la alcantarilla, una visión del mundo: el caso de Irene Benito en Tucumán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/mirada-alcantarilla-vision-mundo-caso-irene-benito-tucuman_129_10264026.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d46f5840-52c5-42c1-afca-31f8bdd66c2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una mirada desde la alcantarilla, una visión del mundo: el caso de Irene Benito en Tucumán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta semana la Corte Suprema de Tucumán, mediante el rechazo de un recurso de casación, ratificó la posición de la periodista Irene Benito quien fue víctima de una persecución judicial luego de haber investigado la corrupción en el sistema de justicia provincial.
</p></div><p class="article-text">
        <strong>Irene Benito</strong>, periodista y abogada, ha desarrollado una prol&iacute;fera tarea en Tucum&aacute;n investigando, entre otros asuntos de inter&eacute;s p&uacute;blico, la corrupci&oacute;n estatal y, m&aacute;s precisamente, el nepotismo en el Poder Judicial provincial. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 2015 estaba llevando a cabo una investigaci&oacute;n referida a probables violaciones de derechos humanos perpetradas por autoridades de la Justicia y varios abogados. En ese marco, le anticiparon que utilizar&iacute;an la estructura del sistema judicial para perseguirla a ella y a sus familiares, lo que efectivamente ocurri&oacute; a trav&eacute;s de distintas reacciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de estas represalias se materializ&oacute; con la imputaci&oacute;n que sufri&oacute; en raz&oacute;n de una actividad que cumpli&oacute; en paralelo a su labor period&iacute;stica. Benito hab&iacute;a sido contratada por el Colegio de Abogados de la Capital tucumana para redactar un libro de estilo para abogados, del que entreg&oacute; copias el 16 de diciembre de 2019. En noviembre del 2020, el abogado <strong>Carlos L&oacute;pez de Zaval&iacute;a</strong> cuestion&oacute; este trabajo y, tras ello, <strong>Alfredo Fal&uacute;</strong> -abogado y subsecretario del gobierno de <strong>Juan Manzur</strong>- denunci&oacute; que el libro nunca hab&iacute;a sido entregado y que en realidad la contrataci&oacute;n se hab&iacute;a originado con la finalidad de comprar los servicios period&iacute;sticos de Benito. Espec&iacute;ficamente, se le atribuyeron a la periodista los delitos de administraci&oacute;n fraudulenta, coacci&oacute;n y atentado contra la autoridad.
    </p><p class="article-text">
        La Fiscala <strong>Mariana Rivadeneira</strong>, que debi&oacute; excusarse en raz&oacute;n de que Irene Benito hab&iacute;a concretado investigaciones vinculadas a sus funciones y cuestionado su independencia, intervino en el caso, pidi&oacute; informes al Colegio de Abogados y archiv&oacute; la denuncia argumentando, entre otras cosas,&nbsp;la relevancia de preservar las libertades de prensa y expresi&oacute;n. Sin embargo, un mes despu&eacute;s reabri&oacute; la investigaci&oacute;n, lo que provoc&oacute; la presentaci&oacute;n de una excepci&oacute;n de falta de acci&oacute;n por parte de la defensa de Benito, alegando que Fal&uacute; carec&iacute;a de legitimaci&oacute;n para actuar en el rol de querellante y que, adem&aacute;s, no hab&iacute;a delito configurado. El juez de primera instancia, rechaz&oacute; este planteo y, tras ello,&nbsp;el 21 de diciembre de 2021 se le tom&oacute; declaraci&oacute;n indagatoria a la periodista en calidad de imputada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 8 de julio de 2022, la Camarista <strong>Alicia Freidenberg</strong> hizo lugar al recurso interpuesto por Benito, revoc&oacute; una resoluci&oacute;n de primera instancia y acogi&oacute; la excepci&oacute;n de falta de acci&oacute;n, estableciendo, entre otras cosas, que se estaba ante un presunto incumplimiento contractual.&nbsp;Frente a esta decisi&oacute;n, la Fiscala <strong>Marta Ignacia Jerez</strong> y el abogado Fal&uacute; -querellante-, articularon un recurso de casaci&oacute;n que result&oacute; rechazado por la Corte Suprema de la Provincia de Tucum&aacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No puede soslayarse la intervenci&oacute;n, en calidad de <em>Amicus Curiae</em>, de INECIP (Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales), FOPEA (Foro de Periodismo Argentino) y ACIJ (Asociaci&oacute;n Civil por la Igualdad y la Justicia), en virtud de que ofrecieron al Tribunal consistentes argumentos vinculados con las implicancias de esta controversia para la protecci&oacute;n de la libertad de expresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de las precisiones t&eacute;cnicas de la sentencia del m&aacute;ximo tribunal tucumano, cabe detenerse en las referencias a los est&aacute;ndares nacionales e internacionales sobre la estructural relaci&oacute;n entre democracia y libertad de expresi&oacute;n. Adem&aacute;s de insistir en la ausencia de una conducta t&iacute;pica reprochable penalmente, los magistrados explicitan las repercusiones negativas que posee el empleo del proceso penal para amedrentar al periodismo.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, la Comisi&oacute;n Interamericana de Derechos Humanos, tiene dicho que &ldquo;la funci&oacute;n democr&aacute;tica de la libertad de expresi&oacute;n la convierte en una condici&oacute;n necesaria para prevenir el arraigo de sistemas autoritarios, para facilitar la autodeterminaci&oacute;n personal y colectiva y para hacer operativos los mecanismos de control y denuncia ciudadana&rdquo; (CIDH, Informe Anual, 2003).&nbsp;Asimismo, y en relaci&oacute;n con las sanciones a periodistas, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha determinado que &eacute;stas producen un efecto inhibitorio sobre la libertad de expresi&oacute;n y, desde luego, que la utilizaci&oacute;n del derecho penal debe constituir la &uacute;ltima opci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de pr&aacute;cticas se inscriben en los denominados &ldquo;Strategic Lawsuits Against Public Participation- SLAPP&rdquo; (&ldquo;Pleitos Estrat&eacute;gicos para desanimar la participaci&oacute;n en asuntos p&uacute;blicos&rdquo;), ya que se trata de formas especiales de acoso que se utilizan, fundamentalmente, contra periodistas y defensores de derechos humanos para penalizarlos y evitar que hablen sobre cuestiones de inter&eacute;s p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Lo ocurrido en Tucum&aacute;n da cuenta de la persistencia de estas conductas y, simult&aacute;neamente, de lo determinante que resulta el compromiso de la sociedad civil para visibilizarlas y luchar contra ellas. As&iacute;, FOPEA ha sometido el caso de Irene Benito, junto con otros, al Comit&eacute; de Derechos Humanos de Naciones Unidas el a&ntilde;o pasado, colocando en la escena internacional la preocupaci&oacute;n por el uso del aparato estatal para perseguir e intimidar a periodistas.
    </p><p class="article-text">
        En pocas palabras, el pronunciamiento de la Corte resulta valioso para reivindicar, por un lado, la centralidad de la actividad period&iacute;stica en la configuraci&oacute;n de una agenda p&uacute;blica plural y cr&iacute;tica. Y, por otro, para reparar, aunque sea simb&oacute;licamente, el padecimiento de Irene Benito y su familia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Owen Fiss</strong>, hacia fines del siglo pasado, anticip&oacute; la necesidad de estudiar el derecho a la libertad de expresi&oacute;n desde una perspectiva distinta hasta la entonces explorada. Su contribuci&oacute;n radica en sostener que &ldquo;el prop&oacute;sito de la libertad de expresi&oacute;n no es la autorrealizaci&oacute;n individual sino m&aacute;s bien la preservaci&oacute;n de la democracia y del derecho de un pueblo, en tanto pueblo, a decidir qu&eacute; tipo de vida quiere vivir&rdquo;. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En tiempos de incesantes amenazas a este derecho y de violaciones directas e indirectas, son urgentes las resistencias a&uacute;n -y sobre todo- en las trincheras, tal como ocurri&oacute; en Tucum&aacute;n.&nbsp;Es cierto, con Pizarnik, que &ldquo;una mirada desde la alcantarilla puede ser una visi&oacute;n del mundo&rdquo;, pero para que ello ocurra, es menester que todas las miradas quepan, que todas tengan lugar en la discusi&oacute;n sobre nuestras visiones del mundo. Y esa disputa es cada vez, todas las veces.
    </p><p class="article-text">
        <em>FG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Franco Gatti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/mirada-alcantarilla-vision-mundo-caso-irene-benito-tucuman_129_10264026.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Jun 2023 03:01:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d46f5840-52c5-42c1-afca-31f8bdd66c2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4046828" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d46f5840-52c5-42c1-afca-31f8bdd66c2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4046828" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una mirada desde la alcantarilla, una visión del mundo: el caso de Irene Benito en Tucumán]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d46f5840-52c5-42c1-afca-31f8bdd66c2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libertad de expresión,Libertad de prensa,Juan Manzur,Tucumán]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cancelación y otras nuevas ubicaciones del poder en la era de las libertades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cancelacion-nuevas-ubicaciones-libertades_129_9829696.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/572a0d59-86f7-409d-9995-48f7afd7c285_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La cancelación y otras nuevas ubicaciones del poder en la era de las libertades"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Asistimos a un reemplazo de prescripciones bajo la máscara de un incremento de libertad, sostiene el autor. La capacidad del Estado para imponer las normas ha sido desplazada. Y siempre alguien pone las reglas.</p></div><p class="article-text">
        A la hora de intentar transmitir las notas distintivas de las normas jur&iacute;dicas, enfatizamos &ndash;sobre todo en los cursos de Derecho del primer a&ntilde;o- en el respaldo coactivo que revisten. Esto es, las sanciones jur&iacute;dicas, que aparecen en escena cuando se verifican las condiciones previstas en las disposiciones, son aplicadas por el Estado haciendo uso del monopolio de la fuerza.&nbsp;De ese modo, colocamos mucho ah&iacute;nco en diferenciarlas de otro tipo de normas, como las morales o las religiosas. Sin embargo, <strong>las normas que determinan nuestros cursos de acci&oacute;n no se reducen a las incluidas en los sistemas normativos tradicionales.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El vocablo &ldquo;norma&rdquo; viene del lat&iacute;n y hace referencia a una escuadra, por lo que comprende un cotejo entre un est&aacute;ndar y aquello sometido a an&aacute;lisis.&nbsp;As&iacute;, las normas, entendidas a estos fines como prescripciones &ndash;mandatos de cursos de acci&oacute;n, de c&oacute;mo debemos comportarnos-, persiguen un juicio comparativo entre un &ldquo;deber ser&rdquo; y la realidad, lo que es.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo anterior <strong>explica que haya normas por todos lados. </strong>Normas para hablar, para escribir, para comer, para jugar, para tener relaciones sexuales, para curar una enfermedad, para vestirse, para elegir una carrera universitaria, para atravesar un duelo, en fin, para todo lo que hacemos y lo que omitimos hacer. Algunas son f&aacute;ciles de identificar porque est&aacute;n escritas, son p&uacute;blicas, provienen de una autoridad reconocida y se caracterizan por la generalidad. Muchas otras circulan de un modo modesto, escurridizo y, lejos de restarle eficacia, esa suerte de anonimato les imprime un nada despreciable nivel de observancia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; nos gusta lo que nos gusta? &iquest;Por qu&eacute; deseamos lo que deseamos? &iquest;Por qu&eacute; aborrecemos lo que aborrecemos? &iquest;Por qu&eacute; decidimos lo que decidimos?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la familia, como &aacute;mbito primigenio de socializaci&oacute;n, hay normas, existe poder y autoridad. All&iacute; se reproducen sentidos comunes, se &ldquo;normalizan&rdquo; y es sancionado el apartamiento. El poder ingresa en los hogares, vehiculizado de distintas maneras, tra&iacute;do de la f&aacute;brica, de la burocracia estatal, del mercado, de los medios de comunicaci&oacute;n, o de cualquier otro lugar. Una vez adentro adopta su propio circuito, de acuerdo con las particulares relaciones de poder de cada familia.<strong> En ese ejercicio del poder se transmiten normas. </strong>Hace unos a&ntilde;os, en la primera clase de un curso de la Facultad, un estudiante me dijo que hab&iacute;a elegido la carrera &ldquo;para ser alguien en la vida&rdquo;. Ah&iacute; est&aacute; la norma, el deber ir a la Universidad &ndash;y escoger una carrera convencional, de las que te hacen &ldquo;alguien&rdquo;- nada m&aacute;s y nada menos que para &ldquo;ser&rdquo;, borr&aacute;ndose todo lo que quede afuera. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo propio ocurre con las amistades. En esos marcos convergen cosmovisiones &ndash;a veces diversas, en otras ocasiones similares- que configuran tambi&eacute;n un orden normativo. Los roles de g&eacute;nero, por ejemplo, se imponen casi sin discusi&oacute;n: las mujeres cuentan con un abanico de opciones &ndash;para comportarse, enamorarse, hacer deportes, vestirse, decir o callar- y los varones con otro. Tambi&eacute;n all&iacute; se definen normas para la toma de decisiones, se distingue lo valioso de lo <em>disvalioso</em>, se establecen jerarqu&iacute;as. En algunos grupos el centro de la escena lo ocupa el dinero, por lo que todo el entramado de v&iacute;nculos gira alrededor de &eacute;l, mientras que en otros las habilidades deportivas, la relaciones pol&iacute;ticas, la est&eacute;tica, etc. <strong>Lo cierto es que all&iacute; hay poder, siempre alguna versi&oacute;n predomina por sobre las otras, siempre es posible identificar una voz m&aacute;s fuerte</strong> (por la posici&oacute;n econ&oacute;mica, por el status, por el capital social, o por otros motivos).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Luego, est&aacute; m&aacute;s claro el funcionamiento de las normas en la educaci&oacute;n formal, donde m&aacute;s all&aacute; de las pautas jur&iacute;dicas, se reproducen otros &ldquo;deberes&rdquo;, cuyos or&iacute;genes son complejos de escrutar. Aunque el Estado fija contenidos m&iacute;nimos comunes, no es lo mismo cursar en un colegio p&uacute;blico que en uno privado &ndash;a su vez, religioso o no-, en una escuela del centro o en una de la periferia, en un establecimiento de una gran ciudad o en uno de un pueblo de provincia. En fin, es casi una perogrullada, pero <strong>en esos c&iacute;rculos somos normativizados en cada momento. </strong>La variante quiz&aacute;s radica en el contenido de las normas.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Entornos digitales</h3><p class="article-text">
        En nuestro tiempo, la metodolog&iacute;a en la que se construyen, difunden e internalizan este tipo de normas es decididamente peculiar. Sin perjuicio de los escenarios descriptos, los entornos digitales funcionan como usinas de est&aacute;ndares que incorporamos sin tamiz. De hecho, ciertos discursos han penetrado de tal modo que cuentan con vigilantes &ndash;valga la expresi&oacute;n- en cada sitio, reduci&eacute;ndose las chances de incumplimiento o rebeld&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El <strong>fen&oacute;meno de la cancelaci&oacute;n</strong> da cuenta de esta realidad: la conquista del espacio p&uacute;blico de una versi&oacute;n negativa acerca de una persona transforma en obligatorio su repudio, prescindiendo de todo elemento f&aacute;ctico que acredite una dosis de verdad en los hechos. Ni hablar de las prescripciones surgidas al calor de las redes sociales sobre el cuerpo, sobre lo que significa disfrutar una vida, sobre lo que denota el &eacute;xito. Estos enunciados tienen m&aacute;s fuerza normativa que los ubicados en la legislaci&oacute;n estatal, pensemos que llevan a millones de personas a emprender sacrificios, atravesar angustias, mentir sistem&aacute;ticamente, con el fin de cumplir la norma.
    </p><p class="article-text">
        Toda relaci&oacute;n es una relaci&oacute;n de poder. Las de pareja, las amistades, las de padres/madres e hijos/as, las de trabajo, las de consumo, todas. Habr&aacute;, seguramente, suspensiones en el ejercicio de ese poder que habilitan cierta resonancia, algo de horizontalidad, aunque dicha suspensi&oacute;n representa tambi&eacute;n una puesta en acto del poder detentado. En esa din&aacute;mica transitan las normas, como mandatos, requerimientos de comportamientos. Y, a pesar de no encontrarse el &ldquo;garrote&rdquo; del Estado detr&aacute;s, su fuerza, la sanci&oacute;n adquiere otras formas, notoriamente m&aacute;s potentes: el miedo a la exclusi&oacute;n, al rechazo, a perder la pertenencia, al desamor, a la soledad, a la indiferencia, al castigo econ&oacute;mico. Todas opciones m&aacute;s caras a la subjetividad que las que ofrece el sistema jur&iacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        Nos convoca una &eacute;poca signada por las conquistas de libertades, no obstante, no dejamos de estar sujetos &ndash;valga el t&eacute;rmino, nuevamente-. <strong>Concurrimos, en definitiva, a un reemplazo de prescripciones, bajo la m&aacute;scara de un incremento de libertad</strong>. Gozamos, en el capitalismo, de las m&aacute;s impensadas alternativas de compra, aunque todos terminamos comprando lo mismo. La libertad de expresi&oacute;n posee una tutela ampl&iacute;sima, sin embargo las voces que escuchamos no cambian. Podemos, instant&aacute;neamente, informarnos y verificar datos sobre pr&aacute;cticamente todos los asuntos, pero repetimos incesantemente <em>fake news</em> y condenamos a quien plantea un reparo. Somos abanderados de las libertades sexuales y, simult&aacute;neamente, definimos c&oacute;mo se debe amar, qu&eacute; es amor y qu&eacute; no lo es.&nbsp;Lo singular es que en este panorama los centros de poder son absolutamente h&iacute;bridos, indetectables, casi imperceptibles, y operan con una contundencia nunca vista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso, la capacidad del Estado para determinarnos est&aacute; desplazada por una serie de dispositivos en los que se crea sentido, sentido normativo, y que se distinguen por su vigorosa difusi&oacute;n e internalizaci&oacute;n. Los sujetos hacen propias estas prescripciones y las supervisan, algo impensado con las normas jur&iacute;dicas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fito P&aacute;ez canta <strong>&ldquo;yo puse las canciones en tu walkman, el tiempo a m&iacute; me puso en otro lado&rdquo;</strong> y aunque ya no hay walkmans &ndash;s&iacute; listas de Spotify-, vale la interpelaci&oacute;n:
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n pone las canciones en nuestro walkman?&nbsp;Siempre alguien lo hace y no s&eacute; cu&aacute;nta libertad tenemos para detenerlas, pero quiz&aacute;s nos quede un refugio habitable, una reflexi&oacute;n por hacer, una pregunta por disparar, una persona con quien pensar, otras canciones para escuchar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Franco Gatti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/cancelacion-nuevas-ubicaciones-libertades_129_9829696.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Dec 2022 03:06:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/572a0d59-86f7-409d-9995-48f7afd7c285_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="120729" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/572a0d59-86f7-409d-9995-48f7afd7c285_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="120729" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La cancelación y otras nuevas ubicaciones del poder en la era de las libertades]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/572a0d59-86f7-409d-9995-48f7afd7c285_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La democracia que sí nos cambió la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/democracia-si-cambio-vida_129_9718364.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0c877a04-92d3-4374-8200-2eed3310be62_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La democracia que sí nos cambió la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Días atrás el senador Luis Juez dijo que "la democracia no le cambió la vida a los argentinos". Para el autor, Juez "ignoró los casi cuarenta años donde el Estado de Derecho y la vigencia de los derechos humanos conforman un presupuesto mínimo respecto del cual parecía regir un acuerdo".

</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Las palabras pueden ser como min&uacute;sculas dosis de ars&eacute;nico: se las traga sin prestarles atenci&oacute;n, parecen no hacer ning&uacute;n efecto, y resulta que luego de alg&uacute;n tiempo, el efecto t&oacute;xico se hace sentir&rdquo;. Esto afirma Victor Klemperer en <em>&ldquo;La lengua del Tercer Reich&rdquo;</em> (1975), poniendo en escena el ascenso del nazismo en la lengua alemana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;as atr&aacute;s el senador Luis Juez hizo algunas cosas con sus palabras, pues le atribuy&oacute; a la democracia un impacto nulo sobre la vida de las personas, ignor&oacute; los casi cuarenta a&ntilde;os donde el Estado de Derecho y la vigencia de los derechos humanos <strong>conforman un presupuesto m&iacute;nimo respecto del cual parec&iacute;a regir un acuerdo indubitable.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las chances de quitarle magnitud a estos posicionamientos est&aacute;n multiplicadas, la recurrencia a un traspi&eacute; o exabrupto ser&aacute;n los argumentos para la escapatoria. No obstante, y una vez m&aacute;s, es prudente un esfuerzo anal&iacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alguna vez Jean- Francois Lyotard dijo que &ldquo;un dios pagano es, por ejemplo, un narrador eficaz&rdquo;. Este enunciado nos sirve, simplemente, para quitarle toda inocencia a aquello que pronunciamos. Es que, como se plasm&oacute; en el Informe de la Comisi&oacute;n Verdad y Reconciliaci&oacute;n de Sud&aacute;frica, &ldquo;<strong>el lenguaje, discurso y ret&oacute;rica, hace cosas&rdquo;</strong>, construye categor&iacute;as sociales, da &oacute;rdenes, nos persuade, justifica, explica, da razones, excusa. Construye la realidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <em>&ldquo;C&oacute;mo hacer de verdad cosas con palabras&rdquo;</em>, Barbara Cassin recupera la experiencia de Atenas en torno a la memoria. En s&iacute;ntesis, se refiere a la guerra civil que tuvo lugar en el siglo V a.c y a la ley de amnist&iacute;a que promulgaron, tras su finalizaci&oacute;n, los dem&oacute;cratas conducidos por Tras&iacute;bulo. All&iacute; se hace una suerte de <strong>&ldquo;reglamentaci&oacute;n de la memoria&rdquo;,</strong> puesto que respecto del pasado la norma indica &ldquo;no le est&aacute; permitido a nadie apelar a su recuerdo contra nadie&rdquo;.&nbsp;Decididamente estamos frente a <strong>un acto pol&iacute;tico que, ante todo, es un acto de lenguaje. </strong>Es decir, adem&aacute;s de una amnist&iacute;a es una pol&iacute;tica activa del olvido, de la amnesia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La historia da cuenta de diversas experiencias en torno a la transici&oacute;n entre per&iacute;odos de dictaduras con violaci&oacute;n sistem&aacute;tica de los derechos humanos y la recuperaci&oacute;n democr&aacute;tica. Cada uno de estos procesos fue afrontado con las singulares narrativas y l&oacute;gicas idiosincr&aacute;ticas de los Estados, aunque a esta altura es posible identificar consensos elementales sobre las pautas que deben guiarlos: a) la verdad; b) la rendici&oacute;n de cuentas; c) las reparaciones integrales; d) la memorializaci&oacute;n; y e) las garant&iacute;as de no repetici&oacute;n. <strong>El hilo conductor de todos estos ejes es el reconocimiento, que no es sino lenguaje, fundamentalmente lenguaje.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, reconocer siempre implica una tarea intergeneracional, no para responsabilizar a los j&oacute;venes de lo ocurrido en el pasado, <strong>sino para posicionarlos hacia la no repetici&oacute;n y el ejercicio de la memoria. </strong>Uno de los ejemplos m&aacute;s significativos de este <strong>enlace entre generaciones </strong>es nuestro, el de las abuelas y madres de plaza de mayo, con los hijos y nietos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Argentina la transici&oacute;n tuvo sus bemoles, en virtud de que las potentes presiones dieron lugar a amnist&iacute;as e indultos &ndash;luego revisados y dejados sin efectos-, pero fue un recorrido valiente y, en m&uacute;ltiples aspectos, un espejo en el que el mundo procur&oacute; reflejarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, <strong>el desaf&iacute;o que encierra la democracia no se agota en ning&uacute;n acto, es cada vez.</strong> La llamada &ldquo;justicia de transici&oacute;n&rdquo; exige un claro mensaje de responsabilidad que alcanza al Estado y a la sociedad civil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hacerse cargo del pasado significa saber lo que ocurri&oacute;, para que nadie pueda decir alguna vez &ldquo;yo no sab&iacute;a&rdquo;. No se trata de vivir como antes con sus conciudadanos, sino de construir un pasado com&uacute;n para constituir una comunidad que a&uacute;n no existe. En ese marco, la publicidad es esencial para lo que se comparte. El uso del espacio p&uacute;blico, de la amplificaci&oacute;n de voces propia de los medios de comunicaci&oacute;n, configuran campos de batalla sobre los que no es admisible otorgar concesiones, deben ser ocupados para sacar de la penumbra a los recuerdos.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, &iquest;qu&eacute; mundo contribuimos a producir hablando como hablamos?
    </p><p class="article-text">
        Un mural de Ciudad del Cabo en las postrimer&iacute;as del Apartheid rezaba: <em>&ldquo;How to turn human wrongs in human rights&rdquo;</em> (C&oacute;mo transformar los errores humanos en derechos humanos). <strong>Quiz&aacute;s la respuesta a este interrogante se encuentre en la vereda de enfrente a lo expresado por Luis Juez, es decir, en la democracia.</strong> La democracia que se conquist&oacute;, que se sostuvo, que se vive y que nos permite vivir, pero tambi&eacute;n la democracia que se nombra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>FG</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Franco Gatti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/democracia-si-cambio-vida_129_9718364.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Nov 2022 10:32:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0c877a04-92d3-4374-8200-2eed3310be62_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="306564" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0c877a04-92d3-4374-8200-2eed3310be62_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="306564" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La democracia que sí nos cambió la vida]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0c877a04-92d3-4374-8200-2eed3310be62_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Luis Juez,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los planes sociales y el imaginario que arrastran las políticas contra la pobreza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/planes-sociales-imaginario-arrastran-politicas-pobreza_129_9228651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fdf928ce-a6b0-485d-9e1b-033870230a3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los planes sociales y el imaginario que arrastran las políticas contra la pobreza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada vez más cuestionadas en el discurso público, las políticas para erradicar la pobreza no son sólo un imperativo ético: integran obligaciones jurídicas en cabeza del Estado, según el autor.</p></div><p class="article-text">
        Existen discursos latentes que nunca son abandonados definitivamente, est&aacute;n all&iacute; o ac&aacute;, m&aacute;s cerca o m&aacute;s lejos, pero no desaparecen. Encuentran, de hecho, ocasiones vertiginosas para volver a cuadro y capitalizar el desasosiego. Uno de ellos, quiz&aacute;s el m&aacute;s notorio en nuestros d&iacute;as, es el dirigido contra los &ldquo;planes&rdquo; sociales, avivado -con un nada despreciable papel de los medios de comunicaci&oacute;n- a partir de la exhibici&oacute;n de casos que desatan el enojo p&uacute;blico por el modo en que se otorgan este tipo de ayudas y los controles a los que est&aacute;n sometidas.
    </p><p class="article-text">
        La denominaci&oacute;n &ldquo;plan social&rdquo;, componente ya de nuestro acervo ling&uuml;&iacute;stico, reconoce como momento paradigm&aacute;tico de aparici&oacute;n a la d&eacute;cada de los noventa, concretamente,&nbsp; con la implementaci&oacute;n de los &ldquo;planes trabajar&rdquo; durante el a&ntilde;o 1995. El prop&oacute;sito de esta pol&iacute;tica radicaba en atender a una poblaci&oacute;n excluida, emergente del contexto neoliberal, y el programa contaba con ciertas particularidades: <strong>importantes restricciones para el ingreso y la exigencia de una contraprestaci&oacute;n laboral.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto que la historia es larga, y es factible identificar estrategias similares en otras gestiones &ndash;incluso previas-, pero esta experiencia configura un moj&oacute;n al que le sucedieron otros tantos, todos inalterablemente controvertidos. En la actualidad, podemos asegurar que la noci&oacute;n aqu&iacute; analizada posee un significado emotivo negativo o peyorativo. No obstante, cabe rastrear un pu&ntilde;ado de razones en las que estos juicios encuentran asidero para replantear la cuesti&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        a) Las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para erradicar la pobreza no constituyen, &uacute;nicamente, un imperativo &eacute;tico sino que <strong>integran obligaciones jur&iacute;dicas en cabeza del Estado</strong>, en virtud de los est&aacute;ndares actuales en materia de derechos humanos. En efecto, un poquito m&aacute;s a la izquierda o un tanto m&aacute;s a la derecha, <strong>pero sobre el asunto no hay opci&oacute;n,</strong> los Estados deben adoptar decisiones en este sentido y, desde luego, destinarles el presupuesto suficiente &ndash;<strong>es que los derechos cuestan dinero-.</strong>
    </p><p class="article-text">
        b) Por otro lado, corresponde dejar sentado que el fen&oacute;meno de la pobreza es multidimensional, puesto que abarca un conjunto de aristas, tales como el hambre, la malnutrici&oacute;n, la falta de una vivienda digna, el acceso limitado a otros servicios b&aacute;sicos como la educaci&oacute;n, la informaci&oacute;n o la salud, la discriminaci&oacute;n y la exclusi&oacute;n social, entre otras carencias qu<strong>e no siempre ni necesariamente pueden ser resueltas a trav&eacute;s los ingresos de los hogares.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        c) Asimismo, el abordaje de pobreza desde la perspectiva de los derechos humanos supone partir del reconocimiento de las personas, grupos y colectividades que viven en dicha situaci&oacute;n como<strong> titulares de derechos humanos y agentes de cambio. </strong>Es decir que las personas que viven en condiciones de pobreza no deben ser consideradas como &ldquo;receptoras pasivas de ayuda&rdquo; o &ldquo;sujetos de beneficencia&rdquo;, sino titulares de derechos, que pueden participar de manera activa en la toma de decisiones sobre cuestiones que les ata&ntilde;en, y demandar protecci&oacute;n y rendici&oacute;n de cuentas por parte de las autoridades del Estado.
    </p><p class="article-text">
        d) Es indispensable subrayar que<strong> la pobreza no es inevitable. </strong>En diferentes Estados la exclusi&oacute;n estaba ligada a la implementaci&oacute;n hist&oacute;rica de pol&iacute;ticas sociales que ignoraban a determinados grupos o no los conceb&iacute;an como destinatarios directos de ellas. Por eso, cuando no son abordadas las desigualdades estructurales econ&oacute;micas, sociales, pol&iacute;ticas y culturales, la pobreza se profundiza.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Las cr&iacute;ticas</h3><p class="article-text">
        Ahora bien, la cr&iacute;tica a las pol&iacute;ticas sociales hace pie en una serie de argumentos, reproducidos sin cesar y capaces de calar muy hondo en el sentido com&uacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Uno de ellos es el que asevera que &ldquo;los planes sociales aniquilan la cultura del trabajo&rdquo;. Pues bien, ante todo habr&iacute;a que identificar con precisi&oacute;n los contornos del concepto &ldquo;cultura del trabajo&rdquo;. Es habitual remitir al relato nost&aacute;lgico de los inmigrantes europeos (nuestros bisabuelos o abuelos), que desembarcaron despose&iacute;dos y a fuerza de voluntad se forjaron un futuro, trabajando a sol y a sombra. En fin, tiempo pasado. <strong>La cultura del trabajo que se le exige ostentar a la poblaci&oacute;n inmersa en la pobreza es la de un sacrificio sin derechos, la de someterse a condiciones indignas sin alzar la voz, puesto que sobre ellos y ellas pesa la carga de demostrar que merecen un salario</strong>. En cambio, los portavoces de esta narrativa no est&aacute;n sometidos a escrutinio alguno, su m&eacute;rito es la herencia o el haber contado con la oportunidad de transitar caminos que los jerarquizan frente al resto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo curioso es que, si efectivamente es cierto que somos hijos, nietos o bisnietos de personas que han padecido el hambre y la miseria, y que para salir de ese dolor tuvieron que resignar gran parte de su vida, pretendamos que otros pasen por lo mismo (otros, no los disparadores de estas consideraciones).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente, se afirma que, en raz&oacute;n del lamentable efecto de este tipo de programas sociales, &ldquo;la mitad del pa&iacute;s trabaja para mantener a la otra mitad&rdquo;. Aqu&iacute; entra en escena el papel de los tributos y la irritaci&oacute;n motivada en que la excesiva presi&oacute;n fiscal se explica con una simple vinculaci&oacute;n entre ella y la proliferaci&oacute;n de &ldquo;planes&rdquo; sociales.&nbsp; En rigor, basta con una lectura r&aacute;pida del presupuesto nacional para detectar que es falsa esa lectura y que <strong>con la recaudaci&oacute;n p&uacute;blica se afronta la garant&iacute;a de derechos de los que todos y todas somos titulares, m&aacute;s all&aacute; de nuestra pertenencia social.&nbsp;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Volvamos al ejemplo del esfuerzo &ndash;sobre el que tanto se recae-: si el Estado debiera destinar recursos s&oacute;lo a los argentinos y argentinas que demuestran merecerlo por su contracci&oacute;n al trabajo,<strong> algunos integrantes de los sectores m&aacute;s privilegiados ser&iacute;an los primeros en quedar afuera.</strong> Recordemos que ellos tambi&eacute;n van a las Universidades p&uacute;blicas, usan el transporte p&uacute;blico, se valen de los subsidios a la energ&iacute;a, entre much&iacute;simos otros ejemplos. En suma, otro argumento que se desvanece, porque el casillero del &ldquo;esfuerzo&rdquo; o el &ldquo;sacrificio&rdquo; no se llena con la herencia o la administraci&oacute;n de capitales.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, tampoco es cierto que la pobreza no pague impuestos. Seg&uacute;n la Relator&iacute;a sobre pobreza extrema y derechos humanos de Naciones Unidas, &ldquo;los tipos impositivos altos para los bienes y servicios y los tipos bajos para los ingresos, la riqueza y la propiedad dan lugar a resultados injustos y discriminatorios&rdquo;.&nbsp; Todos y todas afrontamos impuestos al consumo -como el IVA-, tanto para la adquisici&oacute;n de productos suntuosos como para aquellos de primera necesidad. S&iacute;, incluso las personas m&aacute;s pobres financian al Estado.
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n, la CIDH se&ntilde;ala, a pesar de lo que se cree, que los ingresos tributarios de la regi&oacute;n han sido insuficientes para reducir las desigualdades sociales y que el perfil regresivo de algunos impuestos es particularmente preocupante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, otro factor que limita el rol de la pol&iacute;tica fiscal en la lucha contra la pobreza es l<strong>a inversi&oacute;n social insuficiente y mal distribuida. </strong>Si bien Am&eacute;rica Latina ha tenido notables progresos en aumentar el nivel y la progresividad en esta materia, este sigue siendo bajo para los est&aacute;ndares internacionales. Por ejemplo, <strong>el presupuesto destinado a pol&iacute;ticas sociales en la regi&oacute;n es del 15% del PBI, 60% menos que el promedio de la OCDE.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esto &uacute;ltimo acredita que, a contramano de lo que suele sostenerse, los pa&iacute;ses a los que se mira con admiraci&oacute;n desde aqu&iacute; destinan un porcentaje m&aacute;s alto a pol&iacute;ticas sociales que los nuestros, los de Am&eacute;rica Latina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No caben dudas que, detr&aacute;s de las evaluaciones que estudiamos se ubica la discusi&oacute;n sobre la magnitud o la extensi&oacute;n de las funciones del Estado (Estado grande/chico, presente/ausente, liberal/social, etc.) que registran en la dimensi&oacute;n individual una expresi&oacute;n particular. Parece que en las subjetividades se ha inscripto de un modo muy singular el car&aacute;cter trascendente de la propiedad privada. Hay all&iacute; una vigencia, a&uacute;n en ambientes de laicidad, de la l&oacute;gica religiosa que postula cierta perpetuidad y que, en las sociedades occidentales, se ha depositado en los bienes materiales. Si nos detenemos en los discursos que intentamos recopilar, si los escuchamos en los di&aacute;logos diarios,<strong> se advierte un temor a que esa perpetuidad no sea tal, a admitir su vulnerabilidad.</strong> Es decir, el plan social, la ayuda social, la asistencia social, o cualquier pol&iacute;tica que procure conmover lo que &ldquo;naturalmente&rdquo; debe darse de un cierto modo, es una afrenta contra la ilusi&oacute;n de perpetuidad. <strong>Perpet&uacute;a la propiedad </strong>porque nos sobrevive, en nuestros herederos y, por tanto, nos sobrevive una posici&oacute;n social, nos sobreviven privilegios.<strong> Perpet&uacute;a tambi&eacute;n la pobreza, </strong>porque all&iacute; est&aacute; y sobrevive a quienes la sufren, en sus hijos, en sus nietos, en las esperanzas de &eacute;stos.
    </p><p class="article-text">
        Los &oacute;rdenes simb&oacute;licos que nos sostienen facilitan la identificaci&oacute;n de las cosas y de los sujetos en su curso normal, en un sitio en el que est&aacute;n colocados, unas actividades que llevan adelante y unos prop&oacute;sitos a los que pueden apostar. Esto permite que vivamos con cierta calma, pues algunos ya saben que sus hijos por nacer ir&aacute;n a la Universidad o ser&aacute;n los continuadores de una fortuna y que, del otro lado de la vereda, las aspiraciones tendr&aacute;n un car&aacute;cter mucho m&aacute;s austero. Se admitir&aacute;n excepciones, los ejemplos extraordinarios de ni&ntilde;os o ni&ntilde;as que caminan decenas de kil&oacute;metros para estudiar o los jugadores de f&uacute;tbol que nacen en una villa y acaban en la Champions League, sirven para reforzar el relato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que nuestras sociedades viven tranquilas conviviendo con el imaginario de un destino &ndash;o algo que se le parezca-, marcado por las condiciones materiales. Una pol&iacute;tica social que se anime, aunque sea t&iacute;midamente, a conmoverlo, a torcerlo suavemente, es un peligro.
    </p><p class="article-text">
        Descontamos que son infinitas las fallas en el dise&ntilde;o, implementaci&oacute;n y control de las pol&iacute;ticas contra la pobreza y que deber&iacute;a, de manera urgente, revisarse cada uno de estos extremos, elevando su transparencia y pens&aacute;ndolas como decisiones encaminadas a provocar transformaciones estructurales.&nbsp; Sin embargo, su banalizaci&oacute;n esconde, en las profundidades &ndash;sobre las que es menester bucear- <strong>una resistencia al antidestino</strong>, una conservaci&oacute;n de la idea en virtud de la cual los or&iacute;genes devienen condenas.
    </p><p class="article-text">
        <em>CC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Franco Gatti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/planes-sociales-imaginario-arrastran-politicas-pobreza_129_9228651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Aug 2022 10:35:30 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fdf928ce-a6b0-485d-9e1b-033870230a3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1970189" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fdf928ce-a6b0-485d-9e1b-033870230a3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1970189" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los planes sociales y el imaginario que arrastran las políticas contra la pobreza]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fdf928ce-a6b0-485d-9e1b-033870230a3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 24 de marzo contra la lógica del silencio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/24-marzo-logica-silencio_129_8860580.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea180133-fc5b-46a4-852b-cfc97fe6ed67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El 24 de marzo contra la lógica del silencio"></p><p class="article-text">
        Cuando decimos que un pueblo recuerda, en realidad decimos, en primer lugar, que un pasado fue activamente transmitido a las generaciones contempor&aacute;neas a trav&eacute;s de los canales y recept&aacute;culos de la memoria y que, despu&eacute;s, ese pasado transmitido se recibi&oacute; como cargado de un sentido propio. En consecuencia, un pueblo olvida cuando la generaci&oacute;n poseedora del pasado no lo transmite a la siguiente, o cuando &eacute;sta rechaza lo que recibi&oacute; o cesa de transmitirlo. As&iacute; explica Yerushalmi los entramados de la memoria y la necesidad de entenderla m&aacute;s all&aacute; de su dimensi&oacute;n puramente individual.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, cabr&iacute;a preguntarse &ndash;retomando las inquietudes de Ricoeur- <strong>&iquest;de qu&eacute; hay recuerdo? Y &iquest;de qui&eacute;n es la memoria?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vale la pena comprender que la memoria tiene siempre un car&aacute;cter social, cualquier recuerdo, por muy personal que sea, existe en relaci&oacute;n con un conjunto de nociones que nos dominan m&aacute;s que otras, con personas, grupos, lugares, fechas, palabras y formas de lenguaje, incluso con razonamientos e ideas, es decir, con toda la vida material y moral de las sociedades de las que formamos parte. En palabras de Halbwachs, no hay &ldquo;dos memorias sino una, y &eacute;sta resulta de una articulaci&oacute;n social&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hay memoria en el vac&iacute;o absoluto, no existen regiones de nuestro pasado hasta tal punto fuera de nuestra memoria que toda imagen suya no pueda relacionarse con ning&uacute;n recuerdo, y sea una imaginaci&oacute;n pura y simple, o una representaci&oacute;n hist&oacute;rica exterior a nosotros.&nbsp;Est&aacute;n quienes sostienen, como Bergson, que todo el pasado permanece entero en nuestra memoria tal como ha sido para nosotros, pero ciertos obst&aacute;culos, en particular el comportamiento de nuestro cerebro, nos impiden evocar todas sus partes. Otros, como el propio Halbwachs, se&ntilde;alan que lo que persiste no son im&aacute;genes totalmente confirmadas en alguna galer&iacute;a subterr&aacute;nea de nuestro pensamiento, sino, en la sociedad, todas las indicaciones necesarias para reconstruir esas partes de nuestro pasado que concebimos de forma incompleta o indistinta o que incluso creemos enteramente salidas de nuestra memoria. Por eso, la memoria de los otros refuerza y completa la individual, pero siempre en un marco que habilita esa articulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De tal modo, podemos concebir a las memorias colectivas no s&oacute;lo como una serie de informaciones o de im&aacute;genes del pasado, sino tambi&eacute;n como conjuntos de actitudes pr&aacute;cticas, cognitivas y afectivas que prolongan de manera irreflexiva las experiencias pasadas en el presente. Pero, surge con claridad, que estos comportamientos son posibilitados, resistidos &ndash;e incluso impedidos- de acuerdo a las condiciones pol&iacute;ticas vigentes. 
    </p><p class="article-text">
        En Argentina, la transici&oacute;n democr&aacute;tica, con sus bemoles,<strong> apunt&oacute; fuertemente a la creaci&oacute;n de un escenario propicio para el ejercicio de la memoria colectiva. </strong>El Juicio a las Juntas Militares de 1985 signific&oacute; un emblema y una referencia para la gram&aacute;tica acerca del Estado de Derecho que aqu&iacute; intent&aacute;bamos reconstruir, pero tambi&eacute;n para los procesos de justicia transicional que afrontaron otros pa&iacute;ses. De igual modo, los juicios por la memoria, la verdad y la justicia, iniciados a partir del a&ntilde;o 2003, configuran mojones insoslayables, no s&oacute;lo por el impacto propio de las sentencias emitidas, sino tambi&eacute;n &ndash;y fundamentalmente-, por sus aportaciones a la reflexi&oacute;n com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La contracara est&aacute; dada por la denominada<strong> &ldquo;l&oacute;gica del silencio&rdquo;, muy presente en ciertas coyunturas pol&iacute;ticas </strong>&ndash;Chile, Espa&ntilde;a o en la Francia de la posguerra- en la que la voluntad de reconstrucci&oacute;n es vivida como contradictoria con mensajes ligados a los horrores del pasado.&nbsp;Los silencios respecto del franquismo espa&ntilde;ol acreditan con creces esta indicaci&oacute;n, entre otros ejemplos incluso m&aacute;s cercanos en el tiempo.&nbsp;Ocurre, o se intenta que ocurra, lo que Yerushalmi llama el<strong> &ldquo;olvido social&rdquo;, </strong>apelando a una &ldquo;necesidad de reconciliaci&oacute;n&rdquo; o de dejar atr&aacute;s el dolor sufrido. As&iacute;, se fuerza una invisibilizaci&oacute;n que, m&aacute;s temprano que tarde, acaba fracasando, porque como sintetizan Francoise Davoine y Jean &ndash;Max Gaudilli&egrave;re &ldquo;cualquiera sea el sufrimiento, cualquiera sea el silencio, hay una necesidad que conduce las historias forcluidas hasta el decir. Si por alguna raz&oacute;n esas historias no pueden ser transmitidas entonces ser&aacute;n dichas por boca de otro&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Elizabeth Jelin nos ense&ntilde;&oacute; que las fechas y los aniversarios son momentos de activaci&oacute;n de la memoria. La esfera p&uacute;blica es ocupada por la conmemoraci&oacute;n, en efecto, el trabajo de la memoria se comparte.&nbsp;Aparecen las voces de nuevas y viejas generaciones que preguntan, relatan, crean espacios intersubjetivos, comparten claves de lo vivido, de lo escuchado, o de lo omitido. All&iacute; se inscribe nuestro 24 de marzo, como una, de las tantas &ldquo;marcas o hitos de memoria&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja de la memoria, explica Paolo Jedlowski, reside en que el pasado estructura el presente a trav&eacute;s de sus legados, <strong>pero es el presente el que selecciona estos legados reteniendo algunos y abandonando otros al olvido, y que constantemente reformula la imagen del mismo pasado, </strong>contando siempre una y otra vez la historia.&nbsp;Por ello, es nuestro presente, necesariamente, un tiempo de memoria.
    </p><p class="article-text">
        <em>Profesor e Investigador de la Facultad de Derecho de la UNR</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Master in Global Rule of Law and Constitutional Democracy</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>CC</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Franco Gatti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/24-marzo-logica-silencio_129_8860580.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Mar 2022 21:06:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ea180133-fc5b-46a4-852b-cfc97fe6ed67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3669663" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ea180133-fc5b-46a4-852b-cfc97fe6ed67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3669663" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El 24 de marzo contra la lógica del silencio]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ea180133-fc5b-46a4-852b-cfc97fe6ed67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Día de la Memoria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ser olvidado: el derecho frente a los recuerdos lesivos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/olvidado-derecho-frente-recuerdos-lesivos_129_8762170.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a5da755f-d188-4f7a-8bd1-fb58be739a3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ser olvidado: el derecho frente a los recuerdos lesivos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Borges, Proust, Natalia Denegri y el derecho al olvido, por Juan José Becerra</p></div><p class="article-text">
        La Corte Suprema de Justicia de la Naci&oacute;n convoc&oacute; a la primera audiencia p&uacute;blica del a&ntilde;o en la que se discutir&aacute; la causa que tiene como actora a Natalia Denegri y que motivar&aacute; un pronunciamiento acerca del denominado <strong>&ldquo;derecho al olvido&rdquo;.</strong> En ese contexto, atendiendo a las disrupciones implicadas en el tema, una reflexi&oacute;n sobre las fronteras conceptuales y el significado de la memoria y el olvido en el discurrir de la vida humana, pueden contribuir a sumergirnos en el debate.
    </p><p class="article-text">
        Nietzsche comienza su texto &ldquo;Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida&rdquo; con la siguiente escena: &ldquo;Contempla el reba&ntilde;o que pasta delante de ti: ignora lo que es el ayer y el hoy, brinca de aqu&iacute; para all&aacute;, come, descansa, digiere y vuelve a brincar, y as&iacute; desde la ma&ntilde;ana a la noche, de un d&iacute;a a otro, en una palabra: atado a la inmediatez de su placer y disgusto, en realidad atado a la estaca del momento presente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; ubica el autor una diferencia sustancial entre los animales y los seres humanos. Para nosotros, el pasado es una cadena que siempre nos acompa&ntilde;a. Es asombroso, dice el pensador, &ldquo;ah&iacute; est&aacute; el instante presente, pero en un abrir y cerrar de ojos desaparece. Surge de la nada para desaparecer en la misma nada. Sin embargo, luego regresa como un fantasma perturbando la calma de un presente posterior&rdquo;.&nbsp; El hombre intenta levantarse con todas sus fuerzas de ese gran y pesado lastre que es su pasado. &Eacute;ste no hace sino aplastarlo hacia abajo o doblegarlo hacia los lados, obstaculizando su marcha como un peso invisible y oscuro.
    </p><p class="article-text">
        En las m&aacute;s peque&ntilde;as y grandes dichas hay algo que hace que la felicidad sea tal: <strong>el poder olvidar o, dicho de manera m&aacute;s erudita, la capacidad de poder sentir de manera no hist&oacute;rica, abstray&eacute;ndose de toda duraci&oacute;n</strong>. Por eso, quien carezca de esa posibilidad padecer&aacute; una vida insoportable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Borges, en un sentido similar, nos ense&ntilde;&oacute; a trav&eacute;s de &ldquo;Funes, el memorioso&rdquo; este caso extremo de un hombre que se encontraba despose&iacute;do completamente de la fuerza de olvidar, alguien que lo recordaba todo.&nbsp; En el cuento, el protagonista confiesa: &ldquo;m&aacute;s recuerdos tengo yo solo que los que habr&aacute;n tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo&rdquo;, &ldquo;mis sue&ntilde;os son como la vigilia de ustedes&rdquo;,&nbsp; y m&aacute;s adelante a&ntilde;ade: &ldquo;mi memoria, (&hellip;) es como vaciadero de basuras&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si bien, fuera de la arena ficcional, no existe un Funes entre nosotros, las nuevas tecnolog&iacute;as, y concretamente el irrefrenable poder de internet, ocupan de alg&uacute;n modo ese sitio.&nbsp; All&iacute; parece que nada se pierde, conviven los relatos verdaderos con los falsos, los elogiosos con los ofensivos, los placenteros con los fastidiosos, los presentes con los pasados. Pero, no s&oacute;lo cohabitan en un espacio intangible, sino que gozan de m&aacute;xima disponibilidad y la priorizaci&oacute;n de uno por sobre el resto depende de diversos factores, entre los cuales la voluntad de quien busca ocupa un lugar relegado.
    </p><p class="article-text">
        En pocas palabras, <strong>la potencia del olvido, </strong>o por lo menos la aptitud para armonizarlo con la memoria, que nos permite una vida vivible, no basta con verificarse en los procesos subjetivos individuales, ni siquiera es suficiente que se aten&uacute;en ciertos recuerdos en el seno de nuestros v&iacute;nculos sociales, ahora tambi&eacute;n debe ped&iacute;rsele clemencia a Google.
    </p><p class="article-text">
        La reflexi&oacute;n previa pretende aterrizar en el caso que ha recuperado estado p&uacute;blico a partir de su inclusi&oacute;n en la agenda de audiencias p&uacute;blicas que la Corte Suprema fij&oacute; para este a&ntilde;o. Se trata de la controversia planteada por Natalia Denegri, quien solicit&oacute; judicialmente la supresi&oacute;n de toda vinculaci&oacute;n de los buscadores pertenecientes a &ldquo;Google Inc.&rdquo; (Google y Youtube), entre su nombre y cualquier imagen o video, obtenidos hace veinte a&ntilde;os o m&aacute;s, que exhiban eventuales escenas que pudo haber protagonizado cuyo contenido pueda mostrar agresiones verbales o f&iacute;sicas, insultos, discusiones en tono elevado, escenas de canto y/o baile, as&iacute; como tambi&eacute;n videos de posibles reportajes televisivos en los que la actora hubiera brindado informaci&oacute;n de su vida privada.&nbsp;<strong> Todo ello relacionado con el denominado caso &ldquo;Coppola&rdquo; que condujo a la condena y destituci&oacute;n de un juez federal, su secretario y ex polic&iacute;as.</strong>&nbsp; Sus razones dan cuenta que, am&eacute;n de la veracidad de la informaci&oacute;n, se trata de noticias perjudiciales y que carecen de inter&eacute;s p&uacute;blico, hist&oacute;rico, cient&iacute;fico, por lo que deber&iacute;an ser removidas por el paso del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Tanto la primera instancia como la Sala H de C&aacute;mara Nacional de Apelaciones en lo Civil, acogieron parcialmente la pretensi&oacute;n de Denegri, pero frente a la interposici&oacute;n de un Recurso Extraordinario Federal por parte de Google, es el tiempo de la Corte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, se discute acerca de la existencia de un &ldquo;derecho al olvido&rdquo;, espec&iacute;ficamente concerniente a los entornos digitales (&ldquo;Derecho al olvido digital&rdquo;), es decir, la cuesti&oacute;n es controvertida en virtud de los alcances que pretende d&aacute;rsele y las tensiones con el derecho a la libertad de expresi&oacute;n y el derecho a la informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de otros antecedentes, el caso &ldquo;Google Spain, Google Inc. y AEPD, Mario Costeja Gonz&aacute;lez&rdquo; (conocido como &ldquo;Caso Costeja&rdquo;), del Tribunal de Justicia de la Uni&oacute;n Europea constituye un punto de referencia ineludible.&nbsp; En el a&ntilde;o 1998 el Diario &ldquo;La Vanguardia&rdquo; de Espa&ntilde;a hab&iacute;a publicado por mandato de la Tesorer&iacute;a de la Seguridad Social dos anuncios sobre una subasta de inmuebles titularizados por Mario Costeja, para afrontar una serie de deudas. Desde luego que la normativa preve&iacute;a este tipo de anuncios, a pesar de la incomodidad que pudiesen generar. El inconveniente apareci&oacute; cuando, tras el transcurso de un tiempo relevante y superada la subasta, las publicaciones permanec&iacute;an vigentes &ndash;una vez digitalizada la hemeroteca del peri&oacute;dico- y ofrecidas en la lista de resultados para las b&uacute;squedas asociadas con el nombre del implicado. Por eso, Costeja requiri&oacute; tanto a &ldquo;La Vanguardia&rdquo; como a &ldquo;Google&rdquo; la supresi&oacute;n de esa informaci&oacute;n con el prop&oacute;sito de preservar su honor y de que se protejan sus datos en la red.&nbsp; Tras el derrotero procesal,<strong> el Tribunal reconoci&oacute; la obligaci&oacute;n de Google de retirar el acceso a determinados contenidos para garantizar&nbsp;as&iacute; el &ldquo;derecho al olvido&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, los derechos alegados por Costeja prevalec&iacute;an, seg&uacute;n el fallo, no s&oacute;lo sobre el inter&eacute;s econ&oacute;mico del gestor del motor de b&uacute;squeda, sino tambi&eacute;n sobre el inter&eacute;s del p&uacute;blico en acceder a la mencionada informaci&oacute;n en una b&uacute;squeda que verse sobre el nombre de esa persona.&nbsp; Pero, en la decisi&oacute;n consta una aclaraci&oacute;n que adquiere significaci&oacute;n para pensar el asunto &ldquo;Denegri&rdquo;: no se arribar&iacute;a al mismo resultado si &ldquo;por razones concretas, como el papel desempe&ntilde;ado por el interesado en la vida p&uacute;blica, la injerencia en sus derechos fundamentales est&aacute; justificada por el inter&eacute;s preponderante de dicho p&uacute;blico en tener, a ra&iacute;z de esta inclusi&oacute;n, acceso a la informaci&oacute;n de que se trate&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De tal modo, para que opere esta prerrogativa no basta con el disgusto del afectado, <strong>debe acreditarse que efectivamente la informaci&oacute;n disponible es da&ntilde;ina (no es suficiente el simple deseo)</strong>, adem&aacute;s del transcurso de un tiempo razonable, la ausencia de trascendencia hist&oacute;rica de los datos y, por lo tanto, que no se torne necesaria su permanencia para asegurar el derecho a la informaci&oacute;n. Estos elementos, sumados a que Denegri &ndash;a diferencia de Costeja- es una figura p&uacute;blica, conducen a la conclusi&oacute;n de que el contenido del &ldquo;derecho al olvido&rdquo;, en los t&eacute;rminos empleados por el Tribunal de Justicia de la Uni&oacute;n Europea,<strong> no ser&iacute;a linealmente trasladable.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, no es prudente soslayar que las restricciones a la libertad de expresi&oacute;n deben siempre interpretarse de manera estricta, por el impacto que posee este derecho para la vigencia de la vida democr&aacute;tica, sobre todo si se persigue el bloqueo o filtrado de v&iacute;nculos a una herramienta de b&uacute;squeda en internet. En esta sinton&iacute;a se ha expedido el Procurador ante la Corte V&iacute;ctor Abramovich, desmarc&aacute;ndose de los pronunciamientos emitidos por las instancias inferiores.
    </p><p class="article-text">
        En suma, la Corte Suprema tendr&aacute; ocasi&oacute;n de reconocer o negar a Natalia Denegri su derecho al olvido, aunque m&aacute;s all&aacute; de los contornos del caso, ser&aacute; un escenario atractivo para que el discurso jur&iacute;dico tome posici&oacute;n en aquella preocupaci&oacute;n planteada por Nietzsche.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si necesitamos de ciertos olvidos, del alg&uacute;n tipo de interrupci&oacute;n frente a la continuidad incesante de lo que pas&oacute;, de un juicio que discrimine aquello que merece ser recordado de lo que no, entonces, corresponder&aacute; trazar esos l&iacute;mites. L&iacute;mites que no podr&aacute;n apagar totalmente al &ldquo;Funes&rdquo; que vive en el espacio digital, ni borrar definitivamente los hechos de la memoria humana, pero quiz&aacute;s contribuyan para que algunos sujetos <strong>se desaten &ndash;un poco- de los recuerdos lesivos</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <em>Profesor e Investigador de la Facultad de Derecho de la UNR</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Franco Gatti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/opinion/olvidado-derecho-frente-recuerdos-lesivos_129_8762170.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Feb 2022 03:03:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a5da755f-d188-4f7a-8bd1-fb58be739a3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="247859" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a5da755f-d188-4f7a-8bd1-fb58be739a3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="247859" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ser olvidado: el derecho frente a los recuerdos lesivos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a5da755f-d188-4f7a-8bd1-fb58be739a3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Corte Suprema,Derecho al olvido,Natalia Denegri]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
