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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Ivan Schuliaquer]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/ivan-schuliaquer/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Ivan Schuliaquer]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El Mayo Francés, según Antonio Seguí: "Ese París de los sueños se acabó un poco a finales de ese año”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/mayo-frances-antonio-segui-paris-suenos-acabo-finales-ano_1_8788183.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f1acd7a-a5c6-40ea-848e-5c4c4a80c6dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Mayo Francés, según Antonio Seguí: &quot;Ese París de los sueños se acabó un poco a finales de ese año”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pintor argentino murió el sábado. Ivan Schuliaquer lo entrevistó para un libro que publicó Capital Intelectual y que, en parte, reproducimos en este artículo.</p></div><p class="article-text">
        Segu&iacute; no hab&iacute;a cumplido 30 a&ntilde;os cuando Par&iacute;s consagr&oacute; su obra. Su producci&oacute;n se transform&oacute;, como dice el cr&iacute;tico y amigo del cordob&eacute;s Edward Shaw, en ic&oacute;nica de los 60. Esa d&eacute;cada fue escenario del contacto cotidiano de Segu&iacute; con el ambiente art&iacute;stico de la ciudad; y su taller fue muchas veces lugar de trabajo compartido con otros artistas y muchas otras, sal&oacute;n de fiesta. Mayo del 68 marc&oacute; las vivencias m&aacute;s intensas de un estilo de vida que para Segu&iacute; se termin&oacute; inmediatamente despu&eacute;s de esa rebeli&oacute;n, cuando decidi&oacute; que su lugar no ser&iacute;a m&aacute;s el caf&eacute;, sino el taller.
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            <span class="title">
                Tapa del libro Antonio Seguí de Ivan Schuliaquer de Capital Intelectual                            </span>
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        -Hasta ese momento, todos &iacute;bamos a los caf&eacute;s. Vos entrabas al Caf&eacute; de Flore y estaban Sartre y Simone de Beauvoir, y en otra mesa dos o tres poetas, y despu&eacute;s ibas al Old Navy, donde a veces se junta ban los argentinos, y estaba Samuel Beckett, Arthur Adamov: todo el d&iacute;a estaban ah&iacute;. Cuando ellos desaparecen, ese Par&iacute;s desapareci&oacute;. Por ejemplo, todos los pl&aacute;sticos cenaban en La Coupole, un caf&eacute; enorme y muy lindo que est&aacute; en Montparnasse. Hoy sigue igual, lleno de gente, pero no encontr&aacute;s un solo artista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y con qu&eacute; otros artistas se cruzaba?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con todos. En La Coupole pod&iacute;as encontrar a Brigitte Bardot, a Alain Delon. Bueno, la gente que circulaba en el medio art&iacute;stico, del cine o de la literatura. Yo era muy pr&oacute;ximo de Copi y durante a&ntilde;os hemos ido todas las noches a comer ah&iacute;. Yo cort&eacute; con ese medio en el 69. Les
    </p><p class="article-text">
        pas&oacute; a todos, no s&oacute;lo a m&iacute;. En ese momento se empez&oacute; a construir mi familia, y pensaba que el tiempo pasaba muy r&aacute;pido y que lo que ten&iacute;a que hacer lo ten&iacute;a que hacer en el taller y no en la calle.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l fue su primer taller en Par&iacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me cruc&eacute; con otro personaje generoso que fue Antonio Berni. Cuando me fui a Par&iacute;s, Berni me dijo: &ldquo;Mir&aacute;, yo tengo un taller en Par&iacute;s, en el que ahora est&aacute;n trabajando unos chicos&rdquo;. Eran el pintor Jack Vanarsky y su mujer, y un chico que era asistente de Berni: Alejandro Marcos. &ldquo;And&aacute;, te van a hacer un lugar y trabaj&aacute;. Cuando consigas algo, lo dej&aacute;s.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n hab&iacute;a tenido antes con Berni?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Toda mi generaci&oacute;n se entusiasm&oacute; mucho con Juanito Laguna y Ramona Montiel. Era un se&ntilde;or grande ya con una tradici&oacute;n moderna, pero no tanto, que hasta ese momento hac&iacute;a una pintura con mucho menor riesgo que cuando se enfrent&oacute; con Juanito Laguna. Si a eso le agreg&aacute;s la frescura del ni&ntilde;o que ten&iacute;a Berni, todos nos quedamos muy sorprendidos con su evoluci&oacute;n. En ese momento hubo una b&uacute;squeda de &ldquo;lo latinoamericano&rdquo;, y &eacute;l miraba m&aacute;s a los mexicanos. Yo pens&eacute; lo mismo, pero si te cre&eacute;s que sos latinoamericano porque pint&aacute;s y listo, est&aacute;s equivocado. Por eso, cuando estuve enfrente de toda esa gente en M&eacute;xico vino mi reacci&oacute;n y me dije: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no hacer una pintura con car&aacute;cter latinoamericano pero de hoy?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo era el taller de Berni de Par&iacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estaba en un barrio de artesanos muy humildes en esa &eacute;poca. El primer piso lo hab&iacute;a comprado Le Parc, y la planta baja se la hab&iacute;a quedado Berni. &Eacute;l me dijo:&ldquo;Mir&aacute;, cuando vaya a Par&iacute;s te aviso,as&iacute; te vas buscando otro taller&rdquo;. Yo me qued&eacute; ah&iacute; meses. Ha pasado cantidad de gente por
    </p><p class="article-text">
        lo de Berni en Par&iacute;s: era el centro neur&aacute;lgico para los que llegaban a Par&iacute;s con un poco de desamparo. Y un buen d&iacute;a, estando en el taller, recibo una carta de Berni que me dec&iacute;a: &ldquo;Llego el 15 de este mes&rdquo;. Y la habr&eacute; recibido el 12, porque &eacute;l mandaba las cartas por barco. Con lo cual tuve ese mismo d&iacute;a que salir corriendo a buscar taller. Esa noche hice una cena en casa, a la que vino el pintor Jacques Grinberg que me cont&oacute;: &ldquo;Ayer estuve dando una vuelta por Arcueil y vi un gran dep&oacute;sito que alquilan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Su taller actual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Exacto. Y para m&iacute; Arcueil era la m&uacute;sica de Erik Satie, por quien yo siempre he tenido una enorme admiraci&oacute;n, que vivi&oacute; a 200 metros del taller. Fui a ver el lugar y lo alquil&eacute; inmediatamente. Y vino Lea Lublin despu&eacute;s. Trabajamos juntos un tiempo, despu&eacute;s ella se fue, porque la ciudad de Par&iacute;s le consigui&oacute; un taller en el norte. Era un lindo personaje y creo que fue una de las primeras pintoras conceptuales argentinas. Me acuerdo de que hac&iacute;a una cosa con vidrio de parabrisas de autos con fotos de Belgrano, de San Mart&iacute;n, y el agua ca&iacute;a y el limpiaparabrisas se mov&iacute;a y ah&iacute; tuvimos una disputa porque yo trabajaba y me llegaba un chorro de agua cada vez que ella pon&iacute;a en funcionamiento su aparato. Y por ese taller ha pasado cantidad de gente, porque han trabajado pintores americanos, Mario Gurfein, Carlos Alonso,
    </p><p class="article-text">
        muchos. Todo el que pasaba, se quedaba un poco de tiempo y no ten&iacute;a taller, paraba ah&iacute;. Y no era tan grande.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y la primera inversi&oacute;n del taller fue la parrilla?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro. Es un taller quincho, y fue lo primero que hice cuando entr&eacute; en el 63.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ah&iacute; es donde se armaban las guitarreadas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute;, exactamente. Y bueno, es el lugar que qued&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qui&eacute;n tocaba la guitarra?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo era muy amigo de Don Atahualpa y &eacute;l ven&iacute;a: le hac&iacute;a un asadito, y &eacute;l tra&iacute;a la guitarra. O no, a veces no la tra&iacute;a. Piazzolla vino muchas veces tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo fue su relaci&oacute;n con Atahualpa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, yo lo conoc&iacute;a de C&oacute;rdoba, por supuesto. Del Cerro Colorado. Y ac&aacute; nos segu&iacute;amos viendo, dos o tres veces por a&ntilde;o com&iacute;amos juntos. A veces &iacute;bamos a un restaurante que est&aacute; por Al&eacute;sia, donde &eacute;l viv&iacute;a en Par&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y las charlas con &eacute;l c&oacute;mo eran?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Siempre estaba C&oacute;rdoba presente. O&iacute;me, como cuando te encontr&aacute;s con un cordob&eacute;s, &iexcl;y &eacute;l era m&aacute;s cordob&eacute;s que los yuyos! Adem&aacute;s, el viejo ten&iacute;a unos cuentos de la vieja sociedad cordobesa, que a &eacute;l lo cobij&oacute; en un determinado momento, que eran para matarse de risa. Te pod&iacute;as quedar horas. Y esos chistes me los ten&iacute;a que hacer a m&iacute; y no a otros, porque era yo el que conoc&iacute;a la traducci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo conoci&oacute; a Piazzolla?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fue porque &eacute;l iba caminando por la Concorde en Par&iacute;s, y dos chicos que paraban en mi casa estaban dando vueltas en un autito y lo vieron. Se pararon y le gritaron: &ldquo;&iexcl;Piazzolla!&rdquo;. Ac&aacute; nadie lo conoc&iacute;a. Le dieron la direcci&oacute;n, se vino al taller, nos comimos un asadito y nos empezamos a ver muy seguido. Eso fue en los 60 tambi&eacute;n. &Eacute;l fue uno de los argentinos a los que en Francia se conoci&oacute; bien, junto con la Mecha Sosa y el viejo Atahualpa.
    </p><p class="article-text">
        <em>IS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ivan Schuliaquer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/lecturas/mayo-frances-antonio-segui-paris-suenos-acabo-finales-ano_1_8788183.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Feb 2022 03:01:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Antonio Seguí,Antonio Berni,Astor Piazzolla]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Seguí, el pintor que está en todos lados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/antonio-segui-pintor-lados_1_8788168.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/19681774-c4d5-4323-a227-0c430f89a918_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Antonio Seguí, el pintor que está en todos lados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El pintor argentino, que murió el sábado, vivió sus últimos 58 años en París. Fue uno de los artistas más internacionales, pero siempre mantuvo su tono campechano. Un perfil de su trayectoria.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Antonio Segu&iacute;</strong> vivi&oacute; sus &uacute;ltimos 58 a&ntilde;os en Par&iacute;s, pero cualquier desprevenido que lo tratara por primera vez, y escuchara su tono campechano y su simpleza, pod&iacute;a pensar que nunca hab&iacute;a dejado la sierra cordobesa. El pintor argentino m&aacute;s internacional, uno de los principales artistas de la historia latinoamericana, siempre pivote&oacute; entre uno y otro lugar, a pesar de las distancias. &Eacute;l ten&iacute;a una f&oacute;rmula para decirlo: &ldquo;Yo trabajo en Par&iacute;s y vivo en C&oacute;rdoba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como hijo de la burgues&iacute;a de su provincia, Segu&iacute; accedi&oacute; a ciertos beneficios para despuntar su pasi&oacute;n temprana: la pintura. Eso incluy&oacute; estad&iacute;as tempranas en Europa para formarse en Par&iacute;s y en Madrid, donde empez&oacute; a reconocerse como latinoamericano. Luego de eso, regres&oacute; a C&oacute;rdoba y pocos a&ntilde;os despu&eacute;s se lanz&oacute; a recorrer el continente. Poco tiempo antes, en ese camino, hab&iacute;a estado un vecino de su infancia, el Che Guevara. Todos lo mencionaban en distintas ciudades latinoamericanas que visitaba, aunque el recuerdo m&aacute;s fuerte que ten&iacute;a Segu&iacute; de &eacute;l era que hab&iacute;a sido la primera persona a la que hab&iacute;a visto usar jeans. Cuando lleg&oacute; a M&eacute;xico, el pintor se qued&oacute; durante dos a&ntilde;os a estudiar grabado y vivi&oacute; en la casa del escritor H&eacute;ctor Tiz&oacute;n. Hab&iacute;a ido a buscar a los muralistas, pero le pareci&oacute; que el movimiento se hab&iacute;a comercializado. De paso, David Siqueiros le dijo que su trabajo no le gustaba.
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                Hombre Urbano, de Antonio Seguí                            </span>
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        Luego de un viaje exitoso y de exposiciones en distintos lugares, Segu&iacute; regres&oacute; a Argentina, aunque despu&eacute;s de un mes en C&oacute;rdoba se dio cuenta de que no podr&iacute;a vivir de su trabajo ah&iacute; y enfil&oacute; hacia Buenos Aires. Lleg&oacute; en 1961, estuvo dos a&ntilde;os, y form&oacute; parte de las muestras art&iacute;sticas m&aacute;s vanguardistas y ruidosas de ese tiempo. Sin embargo, el mundo art&iacute;stico porte&ntilde;o le result&oacute; hostil, lleno de celos. Fue por entonces que parti&oacute; a Par&iacute;s: su esposa de aquel momento hab&iacute;a ganado una beca y &eacute;l hab&iacute;a sido invitado a participar de la Bienal de J&oacute;venes Artistas. <strong>Lo de Segu&iacute; fue rutilante: aunque su plan era pasar por Nueva York y luego regresar a Argentina, enseguida le llegaron invitaciones de dos de las galer&iacute;as m&aacute;s importantes de Par&iacute;s para exponer.</strong> Y nunca dej&oacute; la capital francesa. &Eacute;l tambi&eacute;n ten&iacute;a una frase para eso, dec&iacute;a que prefiri&oacute; ser &ldquo;un latinoamericano en Par&iacute;s que un cordob&eacute;s en Buenos Aires&rdquo;. Antes de cumplir los 30 ya era un artista consagrado, algo que perdur&oacute; hasta sus 88 a&ntilde;os. No vamos a repasar sus pergaminos, pero basta decir que hizo m&aacute;s de 300 exposiciones individuales y que sus cuadros est&aacute;n en las colecciones p&uacute;blicas de los museos m&aacute;s importantes del planeta.
    </p><p class="article-text">
        En un primer momento en Par&iacute;s, se instal&oacute; en el taller de Antonio Berni, que ten&iacute;a la costumbre de ayudar y darle espacio a los reci&eacute;n llegados. Poco tiempo despu&eacute;s, Segu&iacute; consigui&oacute; su atelier definitivo, donde replic&oacute; a Berni innumerables veces: su taller tambi&eacute;n cobij&oacute; a los que andaban sin espacio. La primera inversi&oacute;n fue la construcci&oacute;n de una parrilla, que coloc&oacute; en el centro y que anim&oacute; las visitas de m&uacute;ltiples figuras que estaban en Par&iacute;s en los sesenta y setenta, lo que la transform&oacute; en una especie de embajada latinoamericana. Atahualpa Yupanqui era un comensal asiduo, que iba con la guitarra y con el que se divert&iacute;an contando historias de C&oacute;rdoba. Astor Piazzolla, al que hab&iacute;a conocido en la calle de casualidad, tambi&eacute;n se volvi&oacute; un habitu&eacute;. Por ese quincho tambi&eacute;n pasaron Marcel Duchamp, Pablo Neruda, Alejo Carpentier o su gran compinche Copi. Segu&iacute; tambi&eacute;n hospedaba en su casa a distintos amigos que viajaban a Par&iacute;s, como Rodolfo Walsh, Paco Urondo y John William Cooke.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La vida del pintor es un claro ejemplo de que el dilema entre &ldquo;quedarse en el pa&iacute;s para pelearla&rdquo; o &ldquo;irse y abandonarlo&rdquo; es falso. Siempre depende de c&oacute;mo se viva y qu&eacute; se haga en cada lugar. D&eacute;cadas despu&eacute;s de instalado, Segu&iacute; compr&oacute; el petit-hotel de tres plantas y tres subsuelos que estaba delante de su taller, que en el siglo XIX hab&iacute;a pertenecido al militante de la rep&uacute;blica Fran&ccedil;ois Vincent Raspail, y que se transform&oacute; en su casa. Desde entonces, reserv&oacute; tres habitaciones especiales para hu&eacute;spedes, sobre todo j&oacute;venes artistas que llegaban sin mucho dinero.
    </p><p class="article-text">
        Desde la distancia geogr&aacute;fica, Segu&iacute; siempre estuvo conectado con Argentina. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, siempre viajaba alrededor de tres veces al a&ntilde;o, con escala en Buenos Aires, a la casa familiar en Villa Allende. Pero los v&iacute;nculos fueron m&uacute;ltiples y cotidianos. En Mayo del 68, que fue un parteaguas para su generaci&oacute;n, no solo particip&oacute; activamente de las protestas y de la confecci&oacute;n de afiches, sino que tambi&eacute;n estuvo en la toma de la Casa Argentina en Par&iacute;s, en tiempos de gobierno militar, cuando lo renombraron &ldquo;Pabell&oacute;n Che Guevara&rdquo;. En aquel momento, junto con Roberto Matta, hicieron un mural que se llamaba &ldquo;&iexcl;General! La patria agradecida&rdquo;, donde se ve&iacute;a a un militar argentino cayendo, tirado por un caballo. Durante la &uacute;ltima dictadura, Segu&iacute; no pudo volver a Argentina, pero adem&aacute;s fue perseguido en Francia. Recib&iacute;a amenazas de muerte constantemente, lo encarcelaban en el ministerio del Interior cada vez que viajaba un funcionario importante de la dictadura y, lo peor, en 1982 ametrallaron su casa. Fue herido en la cabeza, pero se salv&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Durante d&eacute;cadas, Segu&iacute; no acept&oacute; la nacionalidad francesa. Incluso despu&eacute;s de tanto tiempo en Par&iacute;s, dec&iacute;a que no sab&iacute;a escribir en franc&eacute;s.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Segu&iacute; tuvo una generosidad inmensa, que toc&oacute; a muchos. Yo estuve entre los privilegiados. Y, perd&oacute;n, ac&aacute; paso a la primera persona: cuando yo ten&iacute;a 26 a&ntilde;os, y sab&iacute;a tan poco de arte como ahora, acept&oacute; que escribiera un libro biogr&aacute;fico sobre &eacute;l, basado en entrevistas. Nos juntamos varias veces, en Buenos Aires y en Par&iacute;s, a charlar de su historia durante horas. Desde entonces, cada vez que pas&eacute; por Par&iacute;s, me invit&oacute; a tomar un caf&eacute; en su taller, donde habl&aacute;bamos bastante.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Antonio Seguí, hace un año, posando en el MALBA con Manifestación de Berni, artista que lo recibió en Paris en 1963.                            </span>
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        A Segu&iacute; le interesaba conversar y siempre se preocupaba por su interlocutor. Se acodaba en la mesa, con un cigarrillo en la mano &ndash;a veces encendido, a veces apagado&ndash;. Cada vez que hablaba lo hac&iacute;a con una musicalidad y una coreograf&iacute;a gestual &uacute;nicas, fruto de su entusiasmo a la hora de contar. El bigote &ndash;canoso en las puntas y casta&ntilde;o en el centro&ndash; bailaba en sube y baja al ritmo de sus palabras; los ojos celestes se le achicaban, pero se le hac&iacute;an m&aacute;s profundos y visibles a trav&eacute;s de los anteojos cuadrados y grandes, y el acento cordob&eacute;s resonaba en el eco de las erres bien marcadas y en la melod&iacute;a de sus relatos. Segu&iacute; ten&iacute;a un tono alegre y tajante y, de a ratos, hablaba en signos de admiraci&oacute;n. Dos palabras que siempre usaba eran &ldquo;fant&aacute;stico&rdquo; y &ldquo;terrible&rdquo;. Su risa inigualable, con un origen dif&iacute;cil de determinar entre la garganta y la tr&aacute;quea, era seca, de bajo volumen, recurrente y muy contagiosa.
    </p><p class="article-text">
        En ese libro le pregunt&eacute;, en alg&uacute;n momento, c&oacute;mo se llevaba con la idea de la muerte. Me respondi&oacute;: &ldquo;Por el momento no reflexiono demasiado, no estoy apresurado. Pero, bueno, ahora la gente ha tomado la costumbre de morirse y tendr&eacute; que morir con todos, qu&eacute; va a hacer. Aunque nosotros los que pintamos, por lo menos esos que creemos que las cosas buenas las vamos a hacer m&aacute;s adelante, siempre nos morimos con cierta esperanza, algo que no todos tienen. Eso cuando tiene que llegar, llega. Yo pensaba m&aacute;s en la muerte cuando era m&aacute;s joven, ahora me interesa menos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Queda su obra y queda tambi&eacute;n lo que multiplic&oacute; en la enorme cantidad de gente a la que ayud&oacute;. Y le hizo honor a su despreocupaci&oacute;n: se interes&oacute; tan poco por la muerte que, ahora que lleg&oacute;, su vida est&aacute; por todos lados.
    </p><p class="article-text">
        <em>IS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ivan Schuliaquer]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/cultura/antonio-segui-pintor-lados_1_8788168.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Feb 2022 03:01:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Antonio Seguí, el pintor que está en todos lados]]></media:title>
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