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    <title><![CDATA[elDiarioAR.com - Luis Sagasti]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/autores/luis-sagasti/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiarioAR.com - Luis Sagasti]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La guerra en una cartulina desde un regimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/guerra-cartulina-regimiento_1_8872995.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3695094f-0375-4c47-8289-a843c80d0177_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La guerra en una cartulina desde un regimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Luis Sagasti hizo el servicio militar durante la Guerra de Malvinas. A 40 años de aquel hecho, cuenta cómo se informaban del conflicto, se lo vivía y se preparaban desde un cuartel de Bahía Blanca.</p></div><p class="article-text">
        Si un d&iacute;a de enero una tarotista te dijera que en cinco meses, luego de enfrentar a la secci&oacute;n m&aacute;s poderosa de la OTAN desde un pozo cavado a pura pala y a temperaturas bajo cero, vas a volver al bar adonde ir&aacute;s esta noche, dir&iacute;as que, si esta mujer ha de estafarte, por lo menos se esmere con algo un poco menos disparatado. Pues algo as&iacute;, sin que nadie les anticipara nada, siquiera por naipes, les lleg&oacute; a suceder a muchos en un pa&iacute;s como Argentina en 1982.
    </p><p class="article-text">
        Para quienes no hicieron el servicio militar la experiencia de la revisaci&oacute;n m&eacute;dica es la &uacute;nica baraja que pueden arrojar sobre el pa&ntilde;o de una conversaci&oacute;n de sobremesa cada vez menos frecuente. Las an&eacute;cdotas se detienen sobre detalles insustanciales y francamente banales para quien s&iacute; hizo la conscripci&oacute;n. De modo semejante les ocurre a quienes estuvieron en un frente de batalla: el entrenamiento previo es un recuerdo nublado, acaso confuso, del que nada tienen para decir y mucho menos escuchar. Hasta la llegada de la dictadura, el servicio militar no era la muerte de nadie sino un trago amargo, a la larga agridulce, condensado en una serie de an&eacute;cdotas acaso graciosas si se compart&iacute;an ciertos c&oacute;digos. Una vez sorteada la rompiente del campito, esos casi dos meses de entrenamiento puro y duro, lo que segu&iacute;a, nos anoticiaban los mayores, era un mar por lo general bastante calmo. Y alguna clase de provecho muchos lograban obtener de esa experiencia ya que no era infrecuente celebrar reuniones y asados de camarader&iacute;a durante a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que la decisi&oacute;n de recuperar las islas Malvinas obedeci&oacute; a un manotazo de ahogado dado por un gobierno tambaleante -y sin inteligencia ni recursos pol&iacute;ticos para sostener su programa- se constata con solo detenerse un instante en el entrenamiento dado a los soldados hasta d&iacute;as antes del desembarco.&nbsp;&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cae sobre la cabeza del soldado una gota de agua china interminable que no cesa aun cuando haya alcanzado su psiquis profunda: la hipótesis de conflicto</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>La instrucci&oacute;n militar puede dividirse en dos claras instancias</strong>. El llamado orden cerrado, donde se ense&ntilde;an protocolos, formalidades y ceremonias que sostienen el dispositivo militar, y la pr&aacute;ctica b&eacute;lica en s&iacute;, desplegada en t&eacute;cnicas de combate y supervivencia, manejo de armas, etc. A todo esto, cae sobre la cabeza del soldado una gota de agua china interminable que no cesa aun cuando haya alcanzado su psiquis profunda: la hip&oacute;tesis de conflicto, es decir, el sentido por el cual, en este caso, los primeros d&iacute;as de febrero de 1982, uno hab&iacute;a ca&iacute;do a un lugar guionado por Groucho Marx en plan Marqu&eacute;s de Sade.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muy poco se habla de esa gota; la tragedia de la guerra la reduce a un mero detalle, pero creo que no fue algo para nada menor, dado lo que sobrevino ni bien finaliz&oacute; el adiestramiento. Puntualmente a la hora de la siesta, luego del guiso del almuerzo, sentados como los indios y con el sol fri&eacute;ndonos la cabeza, los soldados atend&iacute;amos las explicaciones de los superiores acerca de lo que el comunismo era y, claro, sus planes de dominio mundial; hablaban con la convicci&oacute;n de quien nunca dice como frase hecha la expresi&oacute;n <em>sucio trapo rojo</em>. De la <em>subversi&oacute;n</em> -creo que nunca dijeron <em>montoneros</em> o <em>ERP-</em> reconoc&iacute;an una inteligencia sagaz y maligna pero tambi&eacute;n la obcecaci&oacute;n propia de una mula, como si nada hubiera aprendido, ya que insist&iacute;a en sus intenciones de regresar a Tucum&aacute;n, de acuerdo nos informaban. En m&aacute;s de una ocasi&oacute;n se hab&iacute;a puesto, sin dar su nombre, como ejemplo vergonzoso de traici&oacute;n a la patria al soldado Invernizzi, que en 1973 hab&iacute;a permitido el ingreso del ERP a un comando de sanidad. De modo que a partir de esa hip&oacute;tesis de conflicto se hab&iacute;an dise&ntilde;ado &ndash;cabe suponer que desde la llegada de la Dictadura-&nbsp; los ejercicios b&eacute;licos para ese a&ntilde;o. Claro que en un lugar un tanto &aacute;rido como es la zona de Bah&iacute;a Blanca hab&iacute;a que usar mucho la imaginaci&oacute;n para convertir unos bosquecitos m&iacute;nimos de cha&ntilde;ares y caldenes en el frondoso monte tucumano. Hubo un par de pr&aacute;cticas de combate urbano tambi&eacute;n por si Montoneros llegaba a tomar alguna peque&ntilde;a ciudad all&aacute; en el norte. Recuerdo que una vez nos dijeron que la subversi&oacute;n envenenaba los pozos y cursos de agua y que, en consecuencia, deb&iacute;amos aprender a racionarla: dos d&iacute;as a puro sol con el agua de una sola cantimplora cargada al amanecer. Un litro para higienizarse, afeitarse, lavarse los dientes, lavar los utensilios, saciar la sed.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No muy lejos de donde hac&iacute;amos las maniobras, alej&aacute;ndonos de nuestros campamentos hacia la derecha, una zona adonde no fuimos nunca, se adivinaba entre los &aacute;rboles los restos de lo que, se supo despu&eacute;s, era la Escuelita, el campo de concentraci&oacute;n del Comando Quinto Cuerpo de Ej&eacute;rcito. Hab&iacute;a sido demolida unos meses antes de nuestra incorporaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a otro conflicto en ciernes del que no se hablaba en forma directa, algo as&iacute; como un mosquito insomne y zumb&oacute;n fuera del plan de estudios. Fueron muchas las noches en las que antes de acostarnos en nuestras carpas deb&iacute;amos rezarle a la Virgen Mar&iacute;a para que hubiera una guerra con Chile. Literalmente. No recuerdo qu&eacute; rez&aacute;bamos, tengo la certeza de que el suboficial improvisaba sobre la marcha. Monaguillos en borcegu&iacute;es, repet&iacute;amos al final de la plegaria: Dame, Se&ntilde;ora, una guerra con Chile, o algo tan sonoro como eso. Un&nbsp; mantra casi eficaz, la Virgen cumpli&oacute; a medias con el pedido, como es notorio.
    </p><p class="article-text">
        Adenda: hubo una sola pr&aacute;ctica de tiro en toda la instrucci&oacute;n, a raz&oacute;n de cinco por soldado. La cifra es significativa teniendo en cuenta la proximidad del conflicto. Cuando alguien daba en el centro del blanco se agitaba una bandera argentina, el soldado deb&iacute;a gritar &ldquo;Viva la patria, mat&eacute; a un chileno&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Fueron muchas las noches en las que antes de acostarnos en nuestras carpas debíamos rezarle a la Virgen María para que hubiera una guerra con Chile</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La guerra tom&oacute; por sorpresa a todo el mundo, oficiales y soldados. De hecho, el 29 de marzo hubo un acuartelamiento por la movilizaci&oacute;n de la CGT al d&iacute;a siguiente. Mi jefe m&aacute;s inmediato era un Mayor de nombre y apellido &aacute;rabe; era santiague&ntilde;o, hablaba lento y daba un err&oacute;neo aspecto de hombre sabio. Hab&iacute;a estado de guardia la madrugada del dos de abril. Esa ma&ntilde;ana nos ense&ntilde;&oacute; orgulloso a los tres soldados a su cargo el parte original recibido por t&eacute;lex que anoticiaba la toma de las Malvinas. Orgulloso, s&iacute;, y sorprendido, como todos all&iacute;&nbsp; en el Comando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando <strong>el desembarco ingl&eacute;s era inminente</strong>, el Mayor me encarg&oacute; dibujar de manera esquem&aacute;tica, en unas cartulinas blancas, todas las unidades de la flota brit&aacute;nica, lo que inclu&iacute;a, claro, los aviones y helic&oacute;pteros de sus portaviones. Pegamos las cartulinas en la pared de su despacho. Una vez comenzada la guerra deb&iacute;a tachar con una X cada barco hundido o avi&oacute;n derribado de acuerdo a la informaci&oacute;n que &iacute;bamos recibiendo. Las noticias no llegaban por cables internos del ej&eacute;rcito, como acaso ser&iacute;a l&oacute;gico suponer, sino que escuch&aacute;bamos por radio los comunicados que el Estado Mayor Conjunto emit&iacute;a diariamente. Puedo recordar que una ma&ntilde;ana tach&eacute; un barco y tres helic&oacute;pteros.
    </p><p class="article-text">
        A todo esto, los soldados del Comando, unos cien donde yo estaba destinado, desfilaban por la plaza de armas cantando la marcha de las Malvinas. No podr&iacute;a afirmar si ese ritual se practicaba&nbsp; todos los d&iacute;as. La impresi&oacute;n es que s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Llego un d&iacute;a en que, de acuerdo a los informes recibidos, y las marcas resultantes en la cartulina, hab&iacute;amos ganado la guerra. Con ingenua cara exultante tach&eacute; el &uacute;ltimo barco y el &uacute;ltimo avi&oacute;n. No recuerdo si tambi&eacute;n hab&iacute;an anunciado el hundimiento del portaviones, la figurita dif&iacute;cil. La cara del Mayor mostraba una expresi&oacute;n contrariada. La guerra claramente continuaba, nadie se hab&iacute;a rendido y all&iacute; estaban esas cartulinas llenas de cruces. Me orden&oacute; ponerme firme y, perdiendo su pachorra santiague&ntilde;a, me acus&oacute; de haber tildado por mi cuenta aviones, helic&oacute;pteros y barcos, de estar boicoteando la guerra, de ser, claramente, un traidor a la patria. Al no poder ordenar mi fusilamiento, deb&iacute;a encerrarme en un calabozo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 14 de junio un soldado que ven&iacute;a de otra repartici&oacute;n me anunci&oacute; con alegr&iacute;a que la guerra hab&iacute;a terminado. Nos abrazamos y re&iacute;mos con discreci&oacute;n. Est&aacute;bamos absolutamente convencidos de que hab&iacute;amos ganado, hasta que la radio, siempre la radio, dio a conocer la rendici&oacute;n de las tropas argentinas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>LS</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Sagasti]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiarioar.com/politica/guerra-cartulina-regimiento_1_8872995.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Apr 2022 03:58:58 +0000]]></pubDate>
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